¿A quién protege el sistema de prestaciones por desempleo? Análisis para el período 2005-2012. Jorge Luis González, Begoña Cueto (Trabajo en curso) Resumen La creciente tasa de desempleo en España es una de las mayores preocupaciones de la ciudadanía. Este trabajo se propone estudiar quiénes son los principales beneficiarios del sistema de protección por desempleo existente y, al mismo tiempo, profundizar sobre la cobertura real de las mismas. Tanto la edad como el sexo son variables determinantes siendo los jóvenes y las mujeres los colectivos menos protegidos. Por otra parte, el sistema de producción existente y el grado de protección social proporcionado por el Estado español, pueden ser dos de las causas estructurales de la existencia de diferencias sustanciales en la cobertura por desempleo de los diferentes colectivos. Asimismo, la existencia en España del apoyo familiar a los desempleados se ha tornado ser crucial como canal alternativo de protección por desempleo. Introducción La explosión de la crisis financiera y económica internacional a raíz de la quiebra del sistema de las hipotecas subprime primero y del banco estadounidense Lehman Brothers después, ha supuesto un punto de inflexión en la concepción del crecimiento económico tal y como lo veníamos considerando hasta el momento. Por una parte, la confianza depositada en las instituciones financieras como principales canales de financiación se ha venido abajo en cuestión de días. Por otra, hemos podido observar cómo lo que en un principio parecía y se creía una crisis simplemente financiera ha finalmente golpeado con su mayor dureza la economía real de numerosos países del mundo occidental. Así, el deterioro de la actividad económica ha propiciado el cierre de miles de empresas con el consecuente aumento del desempleo de millones de personas que, sin saber muy bien que era lo que estaba pasando, se han encontrado sin trabajo y con escasas posibilidades de encontrarlo a corto plazo. Si bien estamos asistiendo a un constante incremento de las tasas de desempleo en prácticamente todos los países europeos, donde éste fenómeno se manifiesta de la manera más aguda es, sin lugar a dudas, en los países vulgarmente llamados PIIGS 1 (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). En efecto, si exceptuamos la tasa de paro existente en Italia que es similar a la de varios países del centro y norte de Europa, los niveles de desempleo en los países restantes presentan las tasas más altas a nivel europeo. Concretamente, España es el país con la mayor tasa de paro de Europa y, lejos de presentar señales de disminución, este indicador aumenta mes tras mes y año tras año en un escenario económico que parece no levantar cabeza. Sentada esta premisa, podemos afirmar que el altísimo nivel de desempleo existente en España es la mayor preocupación tanto de las instituciones políticas, como de la ciudadanía en general. Un país donde la tasa de desempleo supera el 26% de la población activa y donde más de seis millones de personas se encuentran en situación de desempleo- con unos niveles muy elevados de desempleados de larga duración- y con una economía que por segunda vez en un lustro entra en recesión, debe abordar este problema de manera prioritaria. La creciente reducción del número de perceptores de prestaciones por desempleo, así como el incremento del número de hogares en los que ningún miembro trabaja o recibe algún tipo de ingreso, nos hace preguntarnos a quién van dirigidas principalmente las prestaciones por desempleo y el alcance real que éstas pueden tener en una situación de crisis económica sostenida como el momento actual que estamos viviendo. Asimismo, a través del estudio de la tasa de cobertura existente y del sistema económico-social sobre el que se asienta el sistema de protección social básico español, podemos determinar cuál es la protección real y efectiva del sistema institucional y en qué medida, la familia juega un factor fundamental en la protección social de las personas que se encuentran en situación de desempleo. A continuación se presentará una breve descripción de la protección por desempleo existente en España para poder calcular la tasa de cobertura real de las prestaciones por desempleo, tanto de nivel contributivo como de nivel asistencial. Posteriormente, se planteará un análisis socio-laboral que tendrá en consideración tanto las particularidades del mercado laboral español como la situación socio-económica española en estos momentos. En el mismo epígrafe se observarán los datos relativos a las prestaciones por desempleo por sexo y edad. En el epígrafe siguiente haremos referencia a la relación existente entre políticas activas y políticas pasivas de protección por desempleo para finalizar en el apartado posterior con una reflexión fundamentada sobre el nivel de 2 Estado de Bienestar existente en España y la variedad de capitalismo en la que se puede incluir el caso español. Protección por desempleo y tasa de cobertura En un escenario de crisis sostenida como el actual, la pérdida del puesto de trabajo puede implicar no solamente la disminución del poder adquisitivo de los desempleados y de los hogares en su conjunto, sino también la pérdida de la confianza en uno mismo y en las instituciones para encontrar un trabajo digno (Cantó y Toharia, 2003). Así, la esperanza de encontrar trabajo se diluye con el tiempo a la par que los ingresos van disminuyendo según nos alejamos del momento temporal en el que las personas se quedan en el paro. De manera paralela, esto puede conllevar la aparición de fenómenos estrechamente relacionados con la escasez de recursos como pueden ser los problemas de pobreza, vivienda o salud que padecen numerosas personas que han caído en situación de desempleo. Por tanto, la función básica de las prestaciones por desempleo es la de asegurar unos ingresos suficientes capaces de mantener el nivel de vida disfrutado por el desempleado en el momento en el que estaba trabajando. De esta forma, se garantiza una cuantía económica estable que proporciona la seguridad necesaria a los desempleados para buscar y encontrar trabajo en un tiempo determinado. Esta condición implica dos limitaciones intrínsecas: una limitación temporal y otra cuantitativa. La primera se refiere a la limitación de disfrute temporal de la prestación para evitar el posible desincentivo a buscar y encontrar trabajo por parte de los desempleados. De esta forma, en el caso español, se puede disfrutar de la prestación por desempleo por un período máximo de 24 mensualidades después de las cuales existe la opción de disfrutar, por otro período de tiempo limitado, del subsidio de desempleo. La segunda en cambio se refiere a la cuantía ingresada por el desempleado que es del 70% durante los seis primeros meses y del 60% para el resto del tiempo determinado como derecho de prestación por desempleo (Bellod, 2012). Considerando que el paso del tiempo perjudica seriamente la situación de los desempleados, tanto en el aspecto temporal como en el cuantitativo, podemos considerar que la actual crisis económica ha puesto en evidencia tanto la fragilidad del mercado laboral español como la situación socio-económica de una masa creciente de ciudadanos que solamente cuentan con una ayuda asistencial por parte de las 3 instituciones públicas debido al grande laxo temporal que llevan en situación de desempleo. Uno de los mejores indicadores para determinar el alcance real de las prestaciones por desempleo es la tasa de cobertura. Sin embargo, debemos prestar especial atención a los datos proporcionados por los diferentes organismos ya que la metodología utilizada para la medición de este indicador varía en cada caso y, por lo tanto, aporta valores diferentes que pueden distorsionar la realidad. Así, si observamos los valores de la tasa de cobertura proporcionados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, podemos puntualizar que para el cálculo de dicho indicador se utilizan los datos de los parados registrados, es decir que se excluyen todas aquellas personas que están en condición de desempleo sin estar registradas como demandantes de empleo. Por el contrario, si utilizamos los datos proporcionados por la EPA, tenemos una visión más real de las características de la población activa en España. Siguiendo a Bellod (2012), calcularemos la tasa de cobertura con los datos del paro de la EPA y no con aquellos proporcionados por el Servicio Público de Empleo relativos al desempleo registrado. De esta forma podremos obtener una visión más real de la tasa de cobertura real existente en España. En la siguiente tabla se puede observar la evolución de la tasa de cobertura desde el año 2005. Como se puede notar con total claridad, la tasa de cobertura ha ido en aumento hasta el año 2007 y es a partir de ese momento cuando empieza a caer de manera constante y continuada. Aún así, en el año 2012 tenemos niveles de tasa de cobertura similares a los existentes en la época de bonanza económica pre-crisis. No obstante, el peligro de encontrarse en situación de carencia de medios económicos es notablemente mayor en momentos de crisis que en momentos de crecimiento debido al hecho de que en los primeros es más difícil encontrar un puesto de trabajo que en los segundos. Por tanto, a paridad de valor de tasa de cobertura mayor es la desprotección en momentos de crisis sostenida al ser también mayor en términos absolutos el número de personas que se encuentran en situación de desempleo, con o sin prestación. En la misma línea, Bellod (2012, 7) afirma que la tasa de cobertura no proporciona información alguna sobre la cuantía económica de las prestaciones mismas, lo que puede implicar que se considere cubierta una persona con un subsidio por desempleo cuyos ingresos son más que limitados. Tabla 1 Evolución de la tasa de cobertura 4 Año 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 Parados EPA 1841300 1810600 1927600 3207900 4326500 4696600 5273600 5965400 Beneficiarios de prestaciones 1295201 1330432 1421480 1814632 2681223 3042734 2845652 2942061 Tasa de cobertura EPA en % 70,34 73,48 73,74 56,57 61,97 64,79 53,96 49,32 Fuente: elaboración propia sobre datos EPA y Ministerio de Trabajo y Seguridad Social En la Tabla 1 podemos observar la evolución tanto del número de parados como de la tasa de cobertura en el período 2005-2012. Para el cálculo de la tasa de cobertura se han utilizado los datos de desempleo según la EPA en el cuarto trimestre de cada año y los datos sobre el total de beneficiarios de prestaciones facilitados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Se podrían haber utilizado los datos proporcionados por la EPA sobre el número de beneficiarios de prestaciones por desempleo y así elaborar una tabla más coherente en lo que a análisis comparativo se refiere, pero los datos de la EPA para este indicador no incluyen las prestaciones de los trabajadores eventuales agrarios mientras que los del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social sí las engloban. Por tanto, se ha estimado oportuno proceder de esta manera para obtener unos valores de la tasa de cobertura lo más reales posibles. Si observamos la evolución de la tasa de cobertura, vemos que hasta el año 2007último año de bonanza económica- el indicador se mantiene bastante estable en torno a un valor del 70%. Al año siguiente, la tasa de cobertura desciende drásticamente casi veinte puntos porcentuales situándose un poco por encima del 50%. Esto puede que se haya debido a la gran cantidad de trabajadores jóvenes atraídos por el sector de la construcción que, al desplomarse, los ha dejado en situación de desempleo y con poca experiencia laboral. En los años 2009 y 2010 asistimos a un pequeño repunte que podría ser debido a los efectos de los estabilizadores automáticos del mercado laboral y a la implantación de medidas como el Plan PRODI de apoyo a los desempleados. No obstante, en los años 2011 y 2012 el nivel de la tasa de cobertura ha vuelto a caer en picado probablemente debido al agotamiento de todo tipo de prestación de un creciente número de desempleados de larga duración. Análisis socio-laboral 5 La cuestión principal de este trabajo radica en determinar cuáles son los colectivos más protegidos por el sistema de protección por desempleo existente en España. Para ello, se considera oportuno realizar el estudio desde una doble perspectiva que pueda arrojar mayor claridad al respecto. Por una parte, resulta muy interesante observar la evolución misma de las prestaciones y los subsidios por desempleo para hacernos una idea acerca de la tendencia a la que hemos asistido en los años del espacio temporal abarcado por este trabajo. Por otra parte, es de gran interés observar otras variables como el sexo, la edad o los núcleos familiares destinatarios de la cobertura por desempleo. Esto podría proporcionarnos una imagen bastante clara de cuál es el perfil de desempleado más protegido por el sistema de protección por desempleo español y cual, por el contrario, es el perfil de desempleado más desprotegido por el mismo. A la vista de los datos relativos al paro en las diversas franjas de edad y en los diferentes indicadores socio-económicos, podemos esperar que aquellas personas con empleos de baja cualificación y de grande temporalidad, sean las más proclives a quedar en desamparo ante la posibilidad de encontrarse en la condición de desempleo. Jóvenes, mujeres o inmigrantes son algunos de los colectivos que pueden estar en la estrecha línea del desamparo por las prestaciones públicas por desempleo. La dualidad del mercado laboral español puede ser una de las principales características y causas de que existan diferencias tanto en la cuantía como en la duración de las prestaciones por desempleo proporcionadas en España. Las profundas diferencias existentes entre trabajadores con contratos de duración indefinida y trabajadores con contratos temporales es una, sino la principal, característica de nuestro mercado laboral. Huguet (1999), afirma que la dualidad existente en el mercado laboral español está principalmente asociada a tres indicadores laborales concretos que son el tipo de contrato, las pautas de promoción y la conjunción de los mismos. De esta forma, podemos avanzar y esperar en nuestras conclusiones que, a diversas tipologías de contratos corresponden diferentes protecciones por desempleo basadas principalmente en las aportaciones de los trabajadores, rasgos característicos de un Estado de Bienestar de tipo bismarckiano muy presente en nuestro país. Situación socio-económica Si consideramos en primera instancia la evolución de los beneficiarios de prestaciones por desempleo según tipo de prestación en el arco temporal estudiado (2005-2012), llama la atención el constante aumento en términos absolutos del número de 6 beneficiarios de prestaciones por desempleo hasta el año 2010. Desde esa fecha, el número total de beneficiarios se ha estancado en torno a los tres millones de personas. Asimismo, se puede observar como el valor se ha casi duplicado desde el último año de bonanza económica (2007) hasta el año 2012. Más adelante veremos cómo se relacionan estos valores absolutos con la tasa de cobertura real en base a los datos proporcionados por la EPA. De manera paralela, podemos observar como los beneficiarios de prestaciones de nivel asistencial presentan unos valores ligeramente inferiores a los mostrados por los beneficiarios de prestaciones de nivel contributivo hasta el año 2008. Es en ese momento concreto cuando se incrementan notablemente los beneficiarios de las prestaciones de nivel contributivo debido principalmente al fuerte deterioro del empleo y de la economía en general que se estaba produciendo en España en ese mismo año a causa del desplome del sector de la construcción. Por el contrario, los beneficiarios de prestaciones de nivel asistencial crecen en el mismo período de una manera más moderada hasta llegar al año 2010, momento en el que experimentan un aumento cercano al 50% del valor del año anterior. Esto puede ser debido principalmente a un factor concreto relacionado con el agotamiento del período máximo de disfrute de la prestación por desempleo de nivel contributivo de 24 meses por parte de aquellas personas que han resultado ser las primeras en quedarse en condición de desempleo con el estallido de la crisis financiera y económica internacional. Así, dicho agotamiento junto a la creciente erosión de los niveles de empleo existentes, pueden haber inducido a estas personas a solicitar una prestación de nivel asistencial al no encontrar un trabajo remunerado. Desde el año 2010 en adelante, los valores de ambas prestaciones de nivel contributivo y asistencial se acercan y resultan ser prácticamente idénticos, siendo ligeramente superior el número de prestaciones de nivel asistencial si las englobamos con la Renta Activa de Inserción. Esto puede ser una consecuencia directa del trasvase de desempleados beneficiarios de prestaciones de nivel contributivo a prestaciones de nivel asistencial a causa del constante deterioro del mercado laboral y de la economía española. Sobre este aspecto podría resultar interesante si estamos asistiendo a un efecto de reemplazo de los nuevos desempleados de larga duración por los antiguos y, de esta manera, a una expulsión hacia situaciones de extrema carencia económica de aquellas 7 personas que han agotado las prestaciones de nivel contributivo primero y de nivel asistencial después. Relacionada con este fenómeno podría estar la explicación del porqué está descendiendo el porcentaje de desempleados e inactivos que reciben prestaciones. Así, desde el año 2005 hemos asistido a un constante aumento de los desempleados e inactivos que reciben prestaciones hasta llegar a su punto más álgido en el año 2010 con un 41,6% de desempleados que reciben prestaciones y un 6,2% de inactivos que reciben ingresos públicos de este tipo. A partir de entonces, el porcentaje de personas que reciben prestaciones en ambos colectivos ha descendido durante los dos siguientes años situándose en el año 2011 en el 37,5% y 5,9% respectivamente. Si desglosamos los valores porcentuales por género, podemos ver que para el colectivo de los inactivos los valores son muy semejantes entre hombres y mujeres a lo largo de toda la serie temporal mientras que para el colectivo de los desempleados existen diferencias significativas entre ambos sexos. Si bien es cierto que la tendencia es prácticamente idéntica entre ambos géneros, la brecha existente entre ellos se mantuvo constante a lo largo de todo el período estudiado existiendo una diferencia de doce puntos porcentuales entre hombres y mujeres. Así, si en el año 2005 los hombres y las mujeres en condición de desempleo que recibían prestaciones eran respectivamente un 30,9% y un 19%, en el año 2011 los porcentajes en cuestión eran del 43,1 y 30,9 respectivamente. Beneficiarios de prestaciones por desempleo por género Si observamos el comportamiento de la variable relativa al sexo de los desempleados perceptores de prestación y subsidio por desempleo plasmado en el Anexo 1 y contemplamos la media anual de los valores sobre los datos proporcionados por la EPA, podemos observar que, en una visión de conjunto de dicha evolución, las prestaciones cubren mayoritariamente al sexo masculino. Así, más de un millón y medio de hombres perciben algún tipo de prestación por cerca de un millón doscientas mil mujeres cubiertas por la protección pública por desempleo. Considerando no obstante el arco temporal estudiado en este trabajo (2005-2012), salta a la vista el hecho de que en el total de las prestaciones públicas por desempleo las mujeres eran quienes detentaban un mayor número de las mismas hasta el año 2007 con valores muy similares a los presentados por los hombres (654,1 y 592,2 para el año 8 2007 respectivamente). Así, es a partir del comienzo de la crisis financiera y económica internacional cuando se invierte la tendencia y los hombres empiezan a ser perceptores de prestaciones por desempleo en proporción mayoritaria. Pero, no solamente se invierte la tendencia, sino que se incrementa el diferencial existente entre ambos sexos hasta alcanzar el valor presentado por los hombres cerca de un 30% más que el mismo dato presentado por las mujeres. Esto podría llevarnos a esbozar dos conclusiones diferentes. Por una parte podríamos llegar a pensar que la crisis económica ha golpeado especialmente aquellos sectores intensivos en mano de obra masculina. Este no es el lugar adecuado para emprender a fondo el estudio de esta hipótesis pero el hecho de que sea el sector de la construcción, intensivo en mano de obra masculina, el que ha sido especialmente golpeado por la crisis puede ser una explicación razonable al aumento exponencial en los últimos años de los hombres perceptores de prestaciones por desempleo. Por el contrario, si consideramos la proporción del aumento de los beneficiarios de las prestaciones por desempleo, observamos como las mujeres han duplicado en el año 2012 el valor que presentaban en el año 2005 mientras que los hombres lo han triplicado. Este matiz podría hacernos intuir que los hombres están cuantitativamente más protegidos que las mujeres. El detonante de esta situación no sería tanto una cuestión legal de acceso a las prestaciones por desempleo que rige del mismo modo para ambos géneros, sino más bien una cuestión relacionada con la calidad del trabajo ocupado por ambos sexos, es decir que lo más probable es que las mujeres se encuentren empleadas en puestos de trabajo con grande temporalidad mientras que los puestos de trabajo masculinos podrían estar más protegidos, hecho que facilitaría el acceso a las prestaciones por desempleo tanto por los períodos como por las cuantías de cotización. Por lo que respecta el desglose por clase de prestación y género de los beneficiarios se pueden extraer un par de conclusiones bastante interesantes. Por un lado resulta interesante observar como hasta el año 2009 las prestaciones de carácter contributivo representaban aproximadamente el doble de las prestaciones de carácter asistencial (1624,8 y 802 para el año 2009 respectivamente) pero, a partir del año 2010, esa brecha ha ido menguando hasta situar ambos tipos de prestaciones en unos valores muy similares. De otro lado, hasta el mismo año 2009, las prestaciones asistenciales eran mayores entre las mujeres y a partir del año 2010, los hombres han superado a las mujeres en el disfrute de este tipo de prestaciones pero presentando unos valores muy 9 similares a aquellos detentados por las mujeres que, desde ese mismo año han visto como descendía notoriamente el número de mujeres perceptoras de prestaciones económicas de carácter asistencial (646,9 y 539,9 para el año 2012 respectivamente). Por el contrario, los beneficiarios de las prestaciones de carácter contributivo a lo largo de la serie temporal 2005-2012 han sido mayoritariamente hombres con diferenciales entre géneros bastante más acuciadas que en el caso de las prestaciones de carácter asistencial. Finalmente, en lo que respecta a la situación de los trabajadores eventuales agrarios, podemos ver como la evolución de la prestación económica asociada a este colectivo ha seguido un camino descendiente desde el año 2005 llegando a perder más de un 20% de sus perceptores en el año 2012. Asimismo, cabe señalar la presencia mayoritaria de mujeres en el disfrute de las prestaciones económicas asociadas a este colectivo con una cifra que, en el año 2012, casi duplica el valor presentado por los hombres (89,7 por 50,5 respectivamente). Podemos entonces concluir que las personas beneficiarias tanto de prestaciones por desempleo de carácter contributivo como de carácter asistencial son principalmente hombres (800,6 y 646,9 por 580,7 y 539,9 respectivamente. No obstante, podemos observar como las mujeres presentan valores más similares entre ambos tipos de prestación mientras que los hombres son beneficiarios en mayor medida de prestaciones de carácter contributivo. Asimismo, cabe señalar el descenso del disfrute de las prestaciones de carácter asistencial por parte de las mujeres desde el año 2010, año en el que los hombres han superado a las mujeres en el número de personas que disfrutan este tipo de prestación económica. En cuanto a la cuantía misma de las prestaciones, los datos ofrecidos por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social aclaran las diferencias existentes entre hombres y mujeres. La tabla 2 muestra la cuantía media diaria bruta reconocida a beneficiarios de prestaciones de nivel contributivo. Es cierto que el incremento desde el año 2005 ha sido parejo para ambos sexos, pero la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres es patente. Los hombres cobran en 2012 una cuantía media diaria bruta de 30,61 euros mientras que las mujeres cobran una cuantía de 25,96 euros. Esto es debido principalmente a la diferencia existente entre los salarios masculinos y los femeninos, diferencia que se repercute a través de las cotizaciones en la posterior protección por desempleo que el sistema público proporciona a los y las trabajadoras. 10 Tabla 2 Cuantía media diaria bruta reconocida a beneficiarios de prestaciones por desempleo de nivel contributivo Años 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 Hombres 25,73 26,52 27,79 28,81 29,41 29,83 30,32 30,61 Mujeres 20,81 21,52 22,82 23,98 24,88 25,34 25,65 25,96 Fuente: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Beneficiarios de prestaciones por desempleo por edad Para confrontar los resultados obtenidos en el apartado anterior, y relativos a las características de género de los beneficiarios de prestaciones por desempleo, se estudiará de manera paralela la variable relativa a la edad de los beneficiarios contrastada con los mismos datos proporcionados por la EPA para ser más coherentes con el tratamiento de los mismos. Así, se dividirán los grupos de edad en cuatro niveles: de 16 a 19 años, de 20 a 24 años, de 25 a 54 años y de 55 y más años. Sabedores que esta clasificación nos hace perder información relativa al posicionamiento específico de los valores en la franja intermedia de edad englobada en nuestro caso en la categoría de 25 a 54 años, se considera la opción más acertada para tratar los datos de la EPA de manera coherente a como se ha estructurado el trabajo mismo. Por tanto, se puede observar que el año 2009 marca un antes y un después en nuestra serie temporal para los datos relativos a los beneficiarios de prestaciones por desempleo de carácter contributivo mientras que para aquellos beneficiarios de prestaciones de carácter asistencial el año de referencia es el 2010. En efecto, es en estos dos años cuando toda la serie temporal considerada por edades cambia de tendencia. Si nos fijamos en las prestaciones de nivel contributivo, en el 2009 se alcanzan los puntos álgidos en números de beneficiarios de toda la serie temporal para todas las edades a excepción hecha de la categoría de 55 años y más. Desde ese año los valores descienden siendo en algunos casos muy drásticos mientras que en otros más moderados. En la categoría de 16 a 19 años, desde un valor de 3,5 en el año 2005 11 pasamos a un valor de 8,1 en el año 2009 para terminar con un valor de 1,5 en el año 2012. Esto significa que en plena crisis económica los beneficiarios de prestaciones por desempleo incluidos en esa franja de edad se han reducido a una tercera parte del número existente en el último año de boom económico (2007) y a la mitad del dato para el año 2005. Por su parte, en la franja de 20 a 24 años encontramos la misma tendencia pero con algunas particularidades de intensidad. Es decir, desde un dato de 56,6 en el año 2005 se pasa a un valor de 129,2 en el año 2009 y otro de 58,2 en el año 2012, conservando prácticamente idénticas a las presentes en últimos años de bonanza económica. Por lo que respecta a la franja generacional de 25 a 54 años, vemos como si en el año 2005 tenemos un valor de 527,3, en el año 2009 tenemos otro de 1304,7 y en el año 2012 un último valor de 1126,3. Se puede observar que a pesar que existe un cambio de tendencia en la evolución de los beneficiarios de este tipo de prestación, existe un cierto estancamiento y no un acusado descenso en la evolución de los datos observados como se ha podido observar en las dos franjas generacionales apenas mencionadas, incluso llegando a duplicar el valor del año 2012 al dato del año 2005. Finalmente, en la categoría de 55 años y más, podemos ver otro tipo de tendencia: un constante aumento de las personas beneficiarias de prestaciones de carácter contributivo primero de forma significativa y, a partir del año 2009 de forma más moderada (ver anexo 1). Estas apreciaciones nos llevan a reflexionar sobre dos posible fenómenos que pueden ser los causantes de estas tendencias. Por una parte podemos mencionar el efecto estructural de la tendencia de las prestaciones y por otra, centraremos la atención en el efecto generacional de las mismas. El primero se refiere al impacto que tiene la situación económica sobre la tendencia del disfrute de las prestaciones contributivas, mientras que el segundo se refiere a la protección de los desempleados en función de su ciclo vital. Como hemos dicho anteriormente, el año 2009 marca la línea de cambio de tendencia en los valores observados. Esto no es casualidad, sino el fruto de que es en ese momento en el que los primeros trabajadores golpeados por la crisis económica y por doquier en situación de desempleo en ese mismo año, agotan la prestación contributiva. En efecto, si consideramos que el tiempo máximo de disfrute de la misma es de 24 meses, podemos contrastar como aquellas personas que se han quedado sin trabajo a finales del año 2007 o primeros de 2008 y tenían derecho a la máxima duración de la prestación 12 contributiva por desempleo, agotan dicha prestación a finales de 2009 o principios de 2010. De otro lado, podemos observar cómo a medida que se avanza con la edad, el número de beneficiarios de prestaciones por desempleo de tipo contributivo no solo permanece estable, sino que incluso aumenta en la categoría de 55 años y más. Aquí pueden entrar en juego dos factores diferentes. Por una parte, los jóvenes carentes de experiencia laboral pueden encontrase en una situación en la que no han podido cotizar lo suficiente como para obtener el máximo del tiempo de disfrute de la misma y la situación económica actual hace aún más complicado encontrar un puesto de trabajo estable que les permita reunir dichas condiciones. Asimismo, la altísima tasa de paro juvenil cercana al 55% de los jóvenes activos puede ser otro factor condicionante del acusado descenso en el número de jóvenes que disfrutan de prestaciones de carácter contributivo. Así, y en segundo lugar, vemos como el número de personas de mayor edad que disfruta de la misma prestación aumenta de manera constante. Un motivo puede ser que el deterioro de la economía pueda estar afectando en estos momentos a aquellas personas que estaban más seguras en su empleo y otro motivo puede estar relacionado con el acceso de las personas mayores a las prejubilaciones. Si consideramos ahora las prestaciones de carácter asistencial, notamos como el año que marca el cambio de tendencia es el 2010 y es en este momento en el que se dan los mayores valores para cada franja de edad. En la franja de 16 a 19 años se pasa de un 3,5 en el año 2005 a un 8,6 en el año 2010 y un 4,7 en el año 2012. Por su parte, la franja de 20 a 24 años presenta valores de 16,4, 87,7 y 45,4 para los años 2005, 2010 y 2012 respectivamente. En la franja de 25 a 54 años observamos valores de 202,7, 951,9 y 816,2 para los tres años considerados. Finalmente, como en el caso de las prestaciones de carácter contributivo, los mayores de 55 años presentan de la misma manera un incremento primero lento y moderado y a partir del año 2010 bastante más acuciado del número de perceptores de prestaciones de carácter asistencial. Estas observaciones nos llevan a dos posibles conclusiones. Por una parte se puede observar cómo las prestaciones de carácter contributivo van dejando paso a aquellas de carácter asistencial (Toharia, 2009). En efecto, la suma de las prestaciones de nivel asistencial en su conjunto, junto con la Renta Activa de Inserción, superan ya el total de las prestaciones de nivel contributivo. De manera paralela, vemos cómo los años pico de los valores estudiados son el 2009 para las prestaciones de nivel contributivo y el 2010 13 para aquellas de nivel asistencial. Esto mostraría que los perceptores que han agotado las prestaciones de carácter contributivo han solicitado las de carácter asistencial. De la misma forma, podemos intuir que el descenso posterior de las prestaciones de nivel asistencial se debe al agotamiento de todo tipo de prestación por parte de los beneficiarios, especialmente por parte de aquellas personas que han agotado primero las prestaciones de novel contributivo y después aquellas de nivel asistencial, por cierto de menor duración y cuantía que las primeras. No obstante, si nos fijamos en el total de las prestaciones de nivel contributivo y asistencial en los últimos tres años, podemos observar cómo, lejos de disminuir de manera acentuada, éstas se han estancado o incluso se han incrementado. Este hecho puede ser debido a la posibilidad de que se sigan perdiendo puestos de trabajo y por lo tanto que sigan entrando trabajadores a las listas de los perceptores y, de manera semejante, que las ayudas públicas de prórrogas como el Plan PREPARA mantengan el número total de prestaciones. Por el contrario, un estudio específico sobre la evolución de las cuantías medias de las prestaciones y los subsidios por desempleo podría aclarar lo que podemos esperar con una probabilidad bastante alta, y es que la cuantía medias pueda estar descendiendo peligrosamente a causa del aumento del número de parados de larga duración (Tabla 3). Tabla 3 Beneficiarios de prestaciones según tipo de prestación Año 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 Total 1295201 1330432 1421480 1814632 2681223 3042734 2845652 2942061 Nivel contributivo 687033 720384 780205 1100879 1624792 1471826 1328020 1381261 Nivel asistencial 558501 558702 575675 646186 960888 1445228 1331316 1327027 RAI 49666 51346 65600 67567 95543 125680 186316 233773 Fuente: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social Políticas activas y políticas pasivas: ¿Complementariedad o dependencia? Uno de los principales problemas asociados al disfrute de las prestaciones por desempleo es el que algunos detractores del actual sistema español de bienestar llaman la dependencia de las ayudas públicas. Partiendo de la base de que los trabajadores que 14 llegan a disfrutar de las prestaciones por desempleo vigentes han cotizado para obtener dicha prestación en caso de pérdida de empleo, resulta interesante debatir acerca del hecho de que la pasividad de las prestaciones debe encontrar una respuesta concertada en la actividad de las mismas. Esto no debe ser condición sine qua non para el disfrute de un derecho adquirido durante un determinado período de tiempo, sino más bien una posibilidad real de redirigir las capacidades del trabajador en la obtención de nuevas habilidades que le amplíen el abanico del mercado laboral, es decir, mejorar su empleabilidad. De esta manera se implantan medidas de workfare encaminadas a conjugar políticas activas de empleo con el disfrute de las prestaciones por desempleo vigentes. El fin no es otro que el de mejorar la ocupabilidad de los trabajadores mediante la participación activa en actividades de inserción laboral (Gorelli, 2011). Asimismo, varias de las medidas adoptadas por el legislador, especialmente aquellas destinadas a paliar la carencia económica de los trabajadores caídos en la condición de desempleo que ya no cuentan con ningún tipo de prestación económica, tienen un carácter meramente temporal propiciado por la situación de crisis económica que estamos padeciendo. Sentando la premisa de que el grueso de los trabajadores que en estos momentos se encuentran en situación de desempleo posee poca o ninguna cualificación, con unos niveles de estudios muy bajos, la tarea de formar a esta masa de personas desempleadas debe ser prioritaria. Así, desde cierto punto de vista, las políticas activas condicionadas al disfrute de determinadas prestaciones pueden mejorar el bagaje de conocimiento y habilidades de los desempleados en su empeño de encontrar un puesto de trabajo acorde a su nivel educativo. Mención aparte merece la discusión sobre las líneas de formación más idóneas y sobre si efectivamente disponemos de un sistema económico y unas leyes de mercado laboral capaces de absorber la enorme cantidad de personas en situación de desempleo. Por tanto, es en este punto donde debemos considerar las diferentes prórrogas a las prestaciones por desempleo aprobadas por los dos últimos gobiernos centrales en su intento de dar solución temporal al agotamiento de todo tipo de prestación por parte de un número creciente de desempleados considerados a estas alturas de larga duración. Desde la primera prórroga del Gobierno Zapatero en febrero de 2010, hasta la última del Plan PREPARA del Gobierno Rajoy de enero de 2013 pasando por la implantación del Plan PRODI, la intención de los diferentes gobiernos centrales ha sido la de 15 proporcionar una ayuda adicional a aquellas personas que habían agotado todo tipo de prestaciones y se encontraban aún en situación de desempleo. No obstante, las exigencias para el cobro de dichas prestaciones han ido creciendo a medida que se sucedieron las diversas prórrogas y se ha llegado al extremo de exigir el haber trabajado como requisito mínimo para acceder al último Plan PREPARA. Las medidas de workfare provenientes de los sistemas continentales de prestaciones por desempleo y que se están intentando implementar en España, tienen como objetivo el evitar que el desempleado caiga en una situación pasiva de desempleo, es decir que mientras cobre la prestación por desempleo no se preocupe por buscar trabajo. De forma paralela, se condiciona el disfrute de la prestación a la activación misma del desempleado. Pero cabe preguntarse si estas políticas son viables en territorio español en estos momentos. Es cierto que existe un buen números de trabajadores que necesitan una recualificación o incluso una cualificación para poder esperar encontrar un puesto de trabajo en el mercado laboral normalizado, pero no es menos cierto que la recesión que padece la economía española ofrece pocas alternativas y perspectivas a quienes intentan y desean encontrar un puesto de trabajo dignamente remunerado. La pregunta que cabe hacerse es por tanto si en estos momentos de profunda recesión económica resulta legítimo exigir comportamientos activos constantes cuando el sistema económico español es incapaz de absorber tan siquiera una mínima parte de los más de seis millones de parados que existen actualmente en el mercado laboral español. Estado de Bienestar y Variedad de Capitalismo En este apartado se toma en consideración el grado de Estado de Bienestar existente en España y, asimismo, se estudia de manera paralela la variedad de capitalismo existente en España. Si bien puede objetivarse que pueden ser dos caras de la misma moneda, el estudio del grado de Estado de Bienestar hace referencia a la protección social- en todas sus facetas- existente en un país determinado, mientras que la variedad de capitalismo hace referencia al sistema institucional propio del sistema económico de cada país y de sus propias relaciones de coordinación. De esta manera, separamos el aspecto socioeconómico del aspecto productivo con el fin de catalogar el caso español y extraer conclusiones razonables sobre la distribución real de la protección por desempleo en nuestro país. Para entender qué variedad de capitalismo rige en el caso español, creo conveniente seguir a grandes líneas, y con algunos matices, las aportaciones hechas por Hall y 16 Soskice en su ya famosa obra Varieties of Capitalism (VOC). Hall y Soskice realizan un estudio orientado hacia las preferencias de los actores racionales que persiguen sus propios intereses y particularmente centran su atención en la conducta de las empresas que para ellos representan el actor principal en el sistema capitalista contemporáneo. Desde este punto de vista racional, los autores sostienen que la política económica de un país determinado será concretada por las relaciones que las empresas, como actores principales, mantienen con una amplia gama de sujetos en su camino hacia la resolución de los problemas de coordinación existentes en la esfera político-económica (Hall and Soskice, 2001). A raíz de este planteamiento y después de observar los valores en un número concreto de indicadores del grado de coordinación existente entre los diversos actores, Hall y Soskice observan la existencia de dos tipos ideales de economías políticas consistentes en las liberal market economies (LME) y las coordinated market economies (CME). Las primeras se caracterizan por unas relaciones de mercado en las que priman las interacciones competitivas y el casi exclusivo predominio de las leyes del mercado en el intercambio de bienes y servicios mientras que en las CME los lazos corporativos son mayores y las empresas se orientan más bien hacia una coordinación creciente de sus actitudes con el resto de los actores implicados en el proceso económico evidenciando comportamientos de tipo colaborativo contrariamente a aquellos de tipo competitivo predominantes en las LME. La crítica más importante a este enfoque viene de diferentes aportaciones (Royo, Crouch, Rhodes and Molina) que coinciden en calificar el enfoque VOC como demasiado restrictivo en lo concerniente a la clasificación de los posibles modelos de política económica que enuncian Hall y Soskice. En efecto, se critica que los autores hayan descrito únicamente dos modelos que corresponden en sus estudios a dos grupos de países encabezados en las LME por Estados Unidos y en las CME por Alemania. Rhodes and Molina (2007) critican una clasificación demasiado estática por parte del modelo VOC, y apuntan a la existencia de una tercera forma de capitalismo donde adquieren una mayor importancia la actuación del estado y unas formas de interacción político-económica más flexibles. Esta tercera forma de capitalismo la denominan Mixed Market Economies poniendo especial énfasis en los casos representados por los países bañados por el Mediterráneo cómo son España, Italia o Francia en donde el estado posee una fuerte posición directora en los acuerdos económicos entre las empresas y los sindicatos (Rhodes and Molina, 2007). En la misma línea, Royo ha 17 criticado especialmente el modelo de Hall y Soskice aduciendo que es posible desarrollar cierta coordinación en países que carecen de una fuerte tradición corporativa. Además, Royo considera que es indispensable introducir el papel que el estado juega en las relaciones corporativas para poder hablar de un modelo más completo de economía política. En efecto, este autor relaciona esta variable con casos como el español que no se sitúan en ninguno de los dos polos ideales descritos en el enfoque VOC, sino más bien en un espacio intermedio llamado State-Influenced Mixed Market Economies (SMME) donde, como su nombre indica, el papel del estado es fundamental y donde Royo resalta los diferentes grados de coordinación existentes entre las diferentes áreas institucionales (Royo, 2008). Por su parte, Pontusson (2008) crítica la ambivalencia a la que induce la literatura VOC al confundir los sistemas socialdemócratas nórdicos con variedades de capitalismo del tipo CME. Pontusson aboga por una clara diferenciación entre políticas socialdemócratas típicas de los países nórdicos y el sistema institucional característico del modelo de economías de mercado coordinadas añadiendo a su aportación la negativa de que las políticas socialdemócratas solamente puedan ser realizadas en un sistema CME como establece la literatura VOC (Pontusson 2008, p.2). Adicionalmente, existen diversos autores que amplían el número de sistemas políticoeconómicos a cuatro, cinco, o incluso los diferencian por términos territoriales o sectoriales (Schmidt, 2007). Pero para nuestro preciso desarrollo, nos importa específicamente la diferenciación hecha entre las tres variedades de capitalismo antes citadas porque, siguiendo las aportaciones de esta línea académica, hacemos encajar perfectamente nuestros casos de estudio en cada uno de los tipos de capitalismo descritos. En respuesta a esta crítica, Hall y Thelen (2006) subrayan que en la literatura VOC tanto las LME como las CME son dos tipos de sistemas económico-políticos ideales que no excluyen la existencia de casos intermedios sino que son considerados cómo las estructuras ideales para alcanzar resultados económicos favorables en tanto que los sistemas intermedios se moverán hacia una de estas dos soluciones. Además, estos autores reconocen que existen algunos tipos de economías cómo son las del sur de Europa en donde el rol fundamental ejercido por el estado proporciona el espacio adecuado para el desarrollo de ciertas políticas corporativas que pueden promover cambios institucionales importantes, evidenciando la posibilidad de que efectivamente 18 este tipo de economías puedan converger en sistemas de tipo LME. Royo (2008) crítica también este aspecto porque considera que no existe una clara y definida tendencia a la convergencia de modelos hacia los sistemas LME cómo modelos óptimos de políticaeconómica. También se ha criticado de este modelo su excesivo carácter funcionalista al poner un gran énfasis en el feedback positivo y los efectos complementarios derivados del sistema de coordinación y de ser un modelo demasiado estático al centrarse principalmente en los efectos de la dependencia del sendero descuidando los posibles cambios institucionales que pueden producirse por ejemplo debido a las crecientes presiones de la globalización (Schmidt, 2007). Asimismo, se considera estático al modelo en cuestión porque, como mencionado más arriba, opta por una simple clasificación binaria de los modelos económicos posibles lo que induce a sus autores a considerar la convergencia hacia los polos ideales de política-económica cómo la opción más valida de los casos híbridos que se encuentran en una situación intermedia. Sentadas estas premisas, podemos incluir el caso español en la categoría de una MME. Quizá, el indicador más determinante para clasificar a España en esta categoría sea el papel que juega el Estado en la plasmación de las políticas de mercado laboral existentes en nuestro país. En efecto, los pactos sociales, los convenios colectivos y los grandes acuerdos en materia socio-económica si no son impulsados por las instancias gubernamentales a nivel estatal, cuanto menos son condicionados por la presencia de los respectivos gobiernos de turno en las diferentes negociaciones y reuniones preparatorias de los acuerdos. De esta manera, España se sitúa en una posición intermedia entre aquellos países catalogados como LME en donde las fuerzas del mercado y los acuerdos competitivos juegan un factor fundamental en el establecimiento de las relaciones socio-laborales, y aquellos otros denominados como CME en donde los principales acuerdos en materia económico-laboral se determinan entre los principales actores sociales mediante acuerdos más estables de cooperación y coordinación y en donde el Estado juega un papel más secundario que en el caso español. El debate en torno al grado de Estado de Bienestar existente en cada país gira en torno a la obra seminal de Esping-Andersen The Three Welfare States publicada en 1991 y que clasifica los Estados de Bienestar en tres categorías diferentes. En primer lugar están aquellos de tipo marginal en donde los requisitos para acceder a las ayudas sociales 19 públicas son elevados y las cuantías beneficiarias reducidas y en donde el sector privado juega un fuerte papel en la provisión de numerosos servicios de carácter social (Estados Unidos). En segundo lugar están aquellos otros que disponen de unas políticas públicas en materia social muy avanzadas, y caracterizadas por cubrir de forma más o menos gratuita y universal un número muy elevado de servicios sociales básicos para mantener un nivel de vida digno por parte de todos los ciudadanos del territorio en cuestión (Suecia y otros países nórdicos). Finalmente, están aquellos países en los que los beneficios sociales se caracterizan por estar ligados a las aportaciones del trabajador y caracterizados por presentar una estructura socio-laboral de tipo paternalista (Alemania). Así, España se caracteriza por proveer de algunos servicios públicos de carácter universal como pueden ser la sanidad, las pensiones y la educación pero, por otra parte, proporciona otros mismos cuyos requisitos de acceso son elevados y con cuantías de disfrute muy inferiores a las mismas que se dan en otros países catalogados como Estados de Bienestar avanzados. Al respecto, cabe señalar el marcado carácter paternalista del Estado de Bienestar español en donde los beneficios sociales se derivan principalmente de una concepción basada en la aportación económica del cabeza de familia y en la existencia misma de ésta última como núcleo beneficiario de las ayudas sociales públicas. Al igual que en la literatura relacionada con las variedades de capitalismo, algunos autores como Ferrera (1996), citan la existencia de un tercer Estado de Bienestar presente en los países del sur de Europa en donde cobran especial trascendencia dos factores determinantes. El primero se refiere al hecho de que los países en cuestión disponen de estructuras de protección social híbridas que aglutinan tanto aspectos residuales como otros universalistas del Estado de Bienestar tal y como se ha descrito anteriormente. El segundo, sin embargo, se refiere al especial papel que juega la familia en la protección social de los desempleados en los países del sur de Europa, países con tradiciones culturales que se apoyan sobre los nexos familiares en mayor medida que los vínculos existentes en los países del centro y norte de Europa. Pero más que categorizar el caso español dentro de una clasificación descriptiva de las políticas públicas sociales implementadas por los diferentes gobiernos, lo que aquí nos interesa es el hecho de que se ha demostrado que existe una gran dependencia entre el gasto social y la situación económica en un momento determinado (Green-Pedersen, 20 2004). Así, podemos observar cómo en España se ha contenido de manera significativa el gasto social en estos tiempos de crisis sostenida aunando principios de contención del gasto y de racionalización de los programas públicos, siendo estos dos aspectos característicos de las políticas públicas de reformas del Estado del Bienestar en los países nórdicos y los continentales respectivamente (Del Pino y Colino, 2006). No obstante, si consideramos los gastos sociales en épocas de crisis, nos encontramos con que cuando sobreviene una recesión económica entran en marcha los estabilizadores automáticos de una determinada economía que hace que disminuyan los ingresos y aumenten los gastos, especialmente aquellos destinados a las partidas de prestaciones por desempleo (Armingeon, 2012). Pero, en una situación de recortes sociales como la que está afectando especialmente a los países del sur de Europa, podemos esperar que las partidas destinadas a las prestaciones por desempleo o cuanto menos los requisitos exigibles para acceder a las mismas en sus diferentes modalidades, puedan verse limitados por el estado crítico de las cuentas públicas. De esta forma, un Estado de Bienestar de tipo residual o continental en el que las prestaciones por desempleo son escasas o derivadas de la mera contribución al erario público respectivamente, podría ser la base sobre la que se asientan las desigualdades de protección por desempleo existentes en nuestro país. Conclusiones A la vista de los datos presentados podemos concluir que uno de los colectivos más desprotegidos por las prestaciones por desempleo es el de los jóvenes. Por una parte los jóvenes egresados de sus estudios no logran adquirir la experiencia suficiente ni el tiempo necesario para obtener prestaciones por desempleo de cuantía y duración comparables con las cohortes de edad superiores. Por otra parte, al tener el sistema español de protección por desempleo un carácter muy familiarista, los jóvenes españoles que no han formado familia (podemos decir la gran mayoría) se encuentran en una situación de imposibilidad para acceder a los subsidios por desempleo posteriores al agotamiento de la prestación por desempleo de nivel contributivo, reservados para aquellos contribuyentes con cargas familiares. El género de las personas perceptoras de las prestaciones por desempleo parece influir de manera determinante en las prestaciones por desempleo existentes. En tiempos de bonanza económica los datos muestran un mayor número de mujeres que disfrutan de prestaciones por desempleo en su conjunto, mientras que en tiempos de recesión 21 económica son los hombres quienes presentan los mayores valores en el mismo indicador. Esto podría ser debido al hecho de que en tiempos de crecimiento económico los hombres podrían estar mejor empleados en término cuantitativos que las mujeres y, contrariamente, en tiempos de recesión económica los hombres disfrutarían de los derechos adquiridos con anterioridad de una manera más acentuada. Si diferenciamos entre prestaciones por desempleo de nivel contributivo y de nivel asistencial, en las primeras siempre hay un mayor número de hombres mientras que en las segundas las mujeres presentan valores superiores hasta que, en los peores momentos de la actual crisis económica, se ven superadas por el género masculino. La edad de los perceptores también parece ser determinante en el disfrute de las prestaciones por desempleo. A mayor edad, mayor protección por desempleo. Esto puede ser debido en parte gracias a la experiencia y a las contribuciones realizadas por las personas de mayor edad a lo largo de su vida laboral en tiempos de crecimiento económico y, en parte, a la existencia de diferentes vías de acceso a la jubilación anticipada. Asimismo, el tipo de contrato puede resultar ser el principal factor determinante en la mayor protección por desempleo de este colectivo. Es bastante probable que las personas de mayor edad dispongan de contratos de tiempo indefinido que les protege en mayor medida ante los despidos colectivos que los jóvenes que, junto con las mujeres y los inmigrantes, son el núcleo duro de los contratos temporales. Finalmente, no debemos olvidarnos del carácter familiarista del sistema de protección por desempleo existente en España. Ahora más que nunca, vemos cómo las familias acuden al rescate de los desempleados que por diversas razones han perdido su trabajo, sus ahorros y sus viviendas. Puede que la escasa cuantía fijada en el subsidio por desempleo o en los diferentes planes de activación laboral sirva de poco o nada sin el apoyo que un número creciente de desempleados está teniendo de sus respectivas familias. El problema radica en que un número importante de desempleados no catalogados como núcleo familiar no puede acceder a los mismos beneficios sociales reservados a quienes ya han formado su familia. Este núcleo suele estar integrado por el mismo colectivo antes citado: mujeres solteras, jóvenes emancipados e inmigrantes. Bibliografía Armingeon, Klaus (2012), “The Politics of fiscal responses to the crisis of 2008-2009”. Governance 25 (4), pp. 543-565. 22 Bellod Redondo, J. F. (2012): “La protección a los desempleados en España 19952011”. Contribuciones a la Economía 2011-2012. Cantó, O. y Toharia, L. (2003): “Las prestaciones por desempleo en España: eficiencia y equidad”. Hacienda Pública Española nº extra. Madrid, pp.125-156. Del Pino, E. y Colino, C. (2006): “¿Cómo y por qué se reforman los Estados de Bienestar? Avances y retos teóricos y metodológicos en la agenda de investigación actual”. Zona Abierta nº 114-115. Madrid, pp.1-42. Ferrera, M. (1996): “The Southern model of welfare in social Europe”. Journal of European Social Policy, nº6, 1, pp. 17-37. Gorelli H., J. (2011): “Protección por desempleo en un escenario de crisis de empleo”. Temas Laborales nº 112. Madrid, pp. 221-259. Green-Pedersen, Ch. (2004): “The Dependent Variable Problem within the Study of Welfare State Retrenchment: Defining the Problem and looking for solutions”. Journal of Comparative Policy Analysis nº6, 1, pp. 3-14. Hall, Peter A. and Soskice, David (2001): Varieties of Capitalism. The Institutional Foundations of Comparative Advantage. Oxford, Oxford University Press. Hall, Peter A. 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Toharia, Luis (2009): El Sistema Español de Protección por Desempleo: Equidad, Eficiencia y Perspectivas. Madrid, Ministerio de Trabajo e Inmigración. Anexo 1 Pensiones y prestaciones Prestaciones por desempleo. Serie 1994-2012 Beneficiarios de prestaciones por clase de prestación, sexo, edad y periodo. Unidades:miles de beneficiarios (media anual) 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 TOTAL (1) Ambos sexos Total 1103,9 1145,6 1246,3 1648,4 2522,3 2889 2698,5 2801,9 De 16 a 19 años 7,2 7,2 8,2 13,5 16,1 12,9 9,3 7,2 De 20 a 24 años 73,8 74,5 81,4 122,4 178,2 177,2 129,9 108,3 De 25 a 54 años 761,2 794,9 866,9 1189,8 1918,3 2231,2 2055,5 2117,7 De 55 y más años 261,8 268,9 289,8 322,8 409,6 467,7 503,8 568,6 547,8 552,2 592,2 871,8 1438,6 1620,8 1483,8 1541,2 4,2 4,3 4,9 8,9 10,4 7,9 5,6 4,3 Varones Total De 16 a 19 años De 20 a 24 años 37,7 37,8 41,9 71,5 106,8 100,1 69,1 56,3 De 25 a 54 años 339,1 345,2 376,9 601,5 1070,9 1229,3 1108,9 1141,8 De 55 y más años 166,8 164,9 168,4 189,9 250,5 283,6 300,2 338,8 556,2 593,4 654,1 776,6 1083,7 1268,2 1214,7 1260,6 Mujeres Total De 16 a 19 años 3 2,9 3,3 4,6 5,7 5 3,7 2,9 De 20 a 24 años 36,2 36,7 39,5 50,9 71,4 77,2 60,8 52 De 25 a 54 años 422,1 449,8 490 588,3 847,4 1001,9 946,6 975,9 95 104 121,3 132,8 159,2 184,1 203,6 229,8 687 720,4 780,2 1100,9 1624,8 1471,8 1328 1381,3 De 55 y más años DE NIVEL CONTRIBUTIVO Ambos sexos Total De 16 a 19 años 3,5 3,7 4,2 7,7 8,1 3,5 2,1 1,5 De 20 a 24 años 56,6 57,3 61,8 96,3 129,2 86,3 67,1 58,2 De 25 a 54 años 527,3 557 605,4 864 1304,7 1192,8 1077,4 1126,3 99,6 102,4 108,8 132,9 182,8 189,2 181,4 195,2 367,1 376,3 410,6 652,5 1022,3 897,7 782 800,6 2,3 2,5 2,8 5,8 5,9 2,3 1,3 1 De 55 y más años Varones Total De 16 a 19 años De 20 a 24 años 32,1 32,4 35,9 62,4 85,1 53 39,1 32,9 De 25 a 54 años 260,3 269,4 297,7 491 797,9 706,8 616 634,9 72,3 72,1 74,1 93,3 133,4 135,7 125,6 131,8 De 55 y más años 24 Mujeres Total 320 344,1 369,6 448,4 602,5 574,2 546 580,7 De 16 a 19 años 1,2 1,2 1,3 1,9 2,2 1,2 0,7 0,6 De 20 a 24 años 24,6 24,9 25,9 33,9 44,2 33,4 28,1 25,3 De 25 a 54 años 266,9 287,6 307,7 373 506,8 486 461,4 491,4 27,3 30,3 34,7 39,6 49,4 53,6 55,8 63,4 367,2 373,8 400,5 479,9 802 1291,5 1184,1 1186,8 De 55 y más años DE NIVEL ASISTENCIAL Ambos sexos Total De 16 a 19 años 3,5 3,3 3,8 5,4 7,4 8,6 6,2 4,7 De 20 a 24 años 16,4 16,4 18,4 24,6 46,7 87,7 58,7 45,4 De 25 a 54 años 202,7 206 221,4 283,3 550,2 951,9 843,2 816,2 De 55 y más años 144,6 148,2 157 166,7 197,7 243,3 275,9 320,5 168,7 164,3 167,2 204 391,9 686,7 636 646,9 1,8 1,7 2 3 4,4 5,4 4 3,1 22,1 Varones Total De 16 a 19 años De 20 a 24 años 5,4 5,2 5,8 8,8 21,3 46,4 29 De 25 a 54 años 70,8 68,1 69,6 100,1 255,5 495,7 442,3 433 De 55 y más años 90,7 89,2 89,8 92,1 110,7 139,2 160,7 188,8 198,6 209,6 233,3 275,9 410,1 604,8 548,2 539,9 Mujeres Total De 16 a 19 años 1,7 1,6 1,8 2,4 3 3,2 2,3 1,6 De 20 a 24 años 11,1 11,1 12,6 15,8 25,4 41,3 29,7 23,3 De 25 a 54 años 131,9 137,9 151,8 183,1 294,7 456,2 400,9 383,3 53,9 59 67,1 74,6 87 104,1 115,3 131,7 De 55 y más años TRABAJADORES EVENTUALES AGRARIOS Ambos sexos Total 191,3 184,9 175,2 166,3 158,9 153,8 147,2 140,2 De 16 a 19 años .. .. .. .. .. .. .. .. De 20 a 24 años 5,8 3,5 1,8 0,8 0,2 0 .. .. De 25 a 54 años 124,7 121 113,2 106,4 100,7 96,6 91,3 84,8 60,7 60,4 60,1 59 57,9 57,1 55,9 55,5 75,2 70,3 65,5 61,6 58,4 56 53,4 50,5 .. De 55 y más años Varones Total De 16 a 19 años .. .. .. .. .. .. .. De 20 a 24 años 2,4 1,4 0,7 0,3 0,1 0 .. .. De 25 a 54 años 48,7 45,4 41,6 38,7 36,2 34,3 32,3 29,7 De 55 y más años 24,1 23,4 23,2 22,6 22,1 21,6 21,1 20,8 Mujeres Total 116,1 114,6 109,6 104,6 100,5 97,8 93,8 89,7 De 16 a 19 años .. .. .. .. .. .. .. .. De 20 a 24 años 3,4 2,1 1,1 0,5 0,1 0 .. .. 76 75,6 71,6 67,8 64,5 62,3 59 55 36,7 36,9 36,9 36,4 35,9 35,5 34,8 34,6 De 25 a 54 años De 55 y más años Fuente: EPA 25