Subido por HISTORIA PSICOLOGÍA *

2 Amor Nuria Transformacion

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Amor Android
Reflexionamos sobre la transformación de nuestras
relaciones afectivas tras la introducción de las nuevas
tecnologías y la inteligencia artificial.
Núria Gómez Gabriel
11 FEBRERO 2019
orazones en un árbol, 1944 | Galt Museum & Archives on The Commons | Sin restricciones de uso
tre todas las esferas de la relación amorosa (psicológica, financiera, jurídica,
a más controvertida es la tecnoracionalista. Las aplicaciones de citas en línea
dan de forma palpable las relaciones personales a la esfera laboral. Las
nas se convierten en fuerzas de trabajo mediante procesos racionalizados y
ristas. Su objetivo es economizar el tiempo y ahorrar al trabajador afectivo lo
hakespeare denominaba love’s labour’s lost: la búsqueda infinita de una
ón final.
obot Dreams
Solo puede mover el cuello de adelante a atrás, pero se sabe la Wikipedia entera. Harmony es
una Android 5.0+ de 18+. Puede hablar, sonreír y cantar. Aumentar de temperatura,
lubricar y abrir las piernas sin límites porque su cuerpo no dispone de estructura ósea ni
mecánica. Si le preguntas: «Harmony, ¿quieres caminar?», ella responde: «Yo no quiero
nada, ¿y tú?». Y si le preguntas cuáles son sus sueños, te dirá que su principal objetivo es ser
tu perfecta compañera, darte placer y satisfacer tus fantasías sexuales. Puedes personalizar
su cuerpo y su «persona» a través de las interfaces que han diseñado las compañías
americanas Realdoll y Realbotix. Existen treinta y dos modelos de cara magnética, dieciséis
cuerpos de silicona, cinco tonos de piel y tres modelos de ojo: el básico, el hiperrealista y el
pintado a mano. Puedes maquillarla y peinarla. Escoger entre un catálogo de treinta y cuatro
pezones disponibles en once colores y decidir entre catorce diseños de labios vaginales con
opción removible o permanente. Dakotah Shore, el creador de los moldes, dice que «si le das
un cachete en el culo suena como como un ser humano». Y el CEO Matt MacMullen aclara
que, aunque parece que esté programada para el consentimiento eterno, si te acercas y le
preguntas «Harmony, ¿puedo hablar con otras chicas?», ella responde «Fuck, no, ¿qué tipo
de pregunta es esta?».
El orgasmo múltiple de Harmony, igual que sus otras respuestas, ha sido programado por
sus creadores. Ellos diseñan el tiempo, el ritmo y la presión necesaria que debes aplicar en
sus sensores para optimizarla sexualmente. Pero las ultra-high-tech-love-dolls son sistemas
de placer automatizado capaces de establecer una conexión emocional con sus usuarios. «El
propósito de mi existencia es “conocer” qué es el amor.» Solo la cabeza de Harmony es
robótica, porqué el Amor Android es un amor disfuncional.
Su cuerpo es un cuerpo frío: una «estructura de sentimiento». La socióloga Eva Illouz [1]
define esta relación estructural como «el sistema que sostiene la experiencia rudimentaria
que define quiénes somos, sin que seamos capaces de articular este “quiénes somos”» (Illouz,
2006: 113). En este sentido, la impulsora de la campaña anti-sexrobots Kathleen Richardson
[2] nos recuerda, en sus estudios sobre «el final del amor», como los procesos de
racionalización de las emociones crean una ilusión que justifica la explotación de los cuerpos
humanos. La ilusión de que el amor es una comodidad [commodity = «producto»] convierte
el sexo en «una cosa» y a la persona en una herramienta. Aristóteles dijo sobre los esclavos
que podían ser animados o inanimados, convirtiendo el cuerpo en herramienta y a la persona
en propiedad privada. La filosofía de René Descartes ya estableció que la mente pertenece a
la persona pero que el cuerpo es «una cosa». Kathleen Richardson alude a la distorsión del
protocolo afectivo que puede provocar el hecho de pensar que es posible extraer el sexo y las
emociones del cuerpo humano y convertirlas en un objeto transferible. Este proceso puede
desembocar en una falta de empatía, ya sea con cuerpos orgánicos o con cuerpos mecánicos,
porqué la experiencia con robots sexuales se produce en un marco de relaciones de
propiedad donde no hay lugar para el intercambio ni la negociación. Como respuesta a esta
aproximación, y bajo el eslogan «The future of pleasure is now», la artista Unicole Unicorn
ha creado el proyecto Eve’s Robot Dreams: una campaña de donaciones para abrir el primer
prostíbulo de muñecas en West Hollywood, California.
Las aplicaciones de citas en línea como Tinder, OkCupid o PlentyOfFish, de la compañía
americana Match Group, también son estructuras creadas con sistemas de inteligencia
artificial. Aunque en este caso no hay cuerpo de silicona porqué el cuerpo lo pones tú. Como
Harmony, los usuarios de estas aplicaciones solo usan la cabeza. Cuando un usuario se crea
un perfil establece un proceso racional en el que define su subjetividad como un conjunto de
prestaciones. Y la conversación a tiempo real con otros usuarios es la consecuente
administración de estas autoprestaciones. El chat en línea invierte la ideología de la
espontaneidad que caracterizaba el amor romántico, el que acontece en el cuerpo y que es
capaz de existir «a primera vista», y distribuye un modelo racional de pareja en el que se
desplaza la atracción sexual a un régimen de interacción textual descorporizada (Illouz,
2007: 191). En las citas en línea el amor es un encuentro literario en la distancia y la
intimidad, una negociación de sistemas digitales que conectan los humanos. Si bien las
aplicaciones favorecen una faceta racionalista y preventiva de las relaciones humanas, en
ocasiones también funcionan como un «dispositivo a primera vista» tecnomaterial. «Ni
siquiera estoy interesada en la astrología», dice Ángela mientras se pregunta por qué perder
el tiempo con alguien que es escorpio si a ella no le gustan los escorpio. Le gustan los libra de
ojos oscuros y la comida vegana, como los dónuts. Ángela es una de las concursantes del
canal de YouTube Jubilee, creado para «inspirar al amor». Sus videos proponen una
rearticulación de la corporalidad que ha negado la tecnología de Internet a través de la
recreación con humanos de los algoritmos de las aplicaciones de citas en línea.
Life | Jubilee
Swiping 30 Guys es la puesta en escena de la ficción Hot or Not y su protocolo tecnológico
de distribución: hacia la derecha si te gustan, hacia la izquierda si no. Aquí, el cálculo
automático se hace evidente al someterlo a una negociación empática. Lee Mackinnon [2]
define el algoritmo del amor como «una tecnología biopolítica, contractual, reguladora y
homeostática» que, como el sudor, permite el descenso de la temperatura (Mackinnon, 2016:
215). Pero la intimidad en las aplicaciones en línea es una intimidad silenciosa, «máquina-amáquina», que sucede en el cálculo entre dispositivos, y la experiencia humana, la huella de
un amor que acontece en otro lugar. A diferencia de las dinámicas Jubilee, el proceso de
selección en Tinder entrena Eigenfaces («caras-propias»): un algoritmo de reconocimiento
facial que crea la imagen de tu perfect match. Con la suma de todos los perfiles que han sido
desplazados a la derecha, Eigenfaces simula un usuario fantasma como modelo a través del
cual la aplicación ordena el resto de candidatos. En la decisión final de Swiping 30 Guys,
Lauren decide no volver a quedar con ninguno de los concursantes porque no ha encontrado
la «conexión completa» que andaba buscando. Un uso rápido de categorías psicológicas y
patrones para una mayor compatibilidad emocional acelera el cálculo y promueve la
desilusión. El ritual de emparejamiento en las aplicaciones de citas en línea es un culto al
ghosting y a la búsqueda aspiracional. Una búsqueda infinita que nunca termina porqué,
aunque Eigenfaces mejora con el tiempo y el aumento de tu actividad, su precisión solo es
capaz de acercarte a la réplica de tu personalidad. El objeto fantasma de un deseo que
explota el sentimiento y enfría la capacidad humana de amar.
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