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Amor - de la pasión a la decisión - Corea-Cantarelli

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Institución:
Lugar:
Coordinación:
Fecha:
Reunión Nº:
Perfil:
Estudio Lewkowicz
Buenos Aires
Mariana Cantarelli, Cristina Corea
26-08-02
001
Reseña
Subjetividad contemporánea. Varones y mujeres:
de la pasión a la decisión
Reseña no. 1
1. La idea de este taller es abrir un campo de pensamiento propio de la experiencia del
amor, que no esté en disputa ni con el psicoanálisis ni con los estudios sobre género,
es decir, con los dos discursos que han hegemonizado hasta hoy las reflexiones sobre
el amor. El procedimiento para pensar la condición del amor actual no es construir un
saber sobre el amor, sino pensar habitando la experiencia amorosa. Se trata de pensar
esta experiencia y al mismo tiempo las condiciones para que pensar sea una experiencia. Los dispositivos del saber constituyen discursos sobre un tema. El agotamiento de
esta forma del saber es correlativo con la destitución de las teorías. La pregunta por el
amor actual no se arma en la discusión con una teoría sobre el amor, sino en la conversación con amigos, amigas, esposos, etc. Otro campo muy potente para pensar esta problemática es el del cine y la televisión. Algunas series y películas dan cuentan de
la variación en la constitución subjetiva de la mujer y del varón, y también de las modalidades de habitar las situaciones amorosas. Entonces, la idea es, por un lado, poner
en suspenso las teorías sobre el amor –el psicoanálisis y los estudios sobre género– y
por otro lado, intentar pensar en conexión con experiencias y con las nuevas configuraciones que aparecen en las series televisivas y las películas.
2. El recorrido del taller parte de El último tango en París –paradigma del amor pasional– para llegar a Matrix – ejemplo del amor como decisión–, pasando por la serie televisiva Nikita, las películas Terminator y Blade Runner. En estas últimas películas,
aparece el amor en condiciones de catástrofe. En condiciones de destitución general de
las instituciones burguesas, el saber y la transmisión del saber se agotan y el único
modo de habitar esas condiciones es pensar. El pensamiento permite habitar una situación catastrófica. Cuando la vida ya no transcurre en condiciones de estabilidad es
necesario pensar para habitar esa destitución general. Cuando no hay saber, el problema es cómo se construyen los dispositivos para pensar. Mientras en el mundo moderno se disponía de un saber sobre el amor que permitía pensar las situaciones amorosas, en las condiciones contemporáneas ya no hay saber que permita orientarse en
la experiencia amorosa. Desde la experiencia, el sujeto se constituye sólo si piensa eso
que lo afecta. Es decir, el sujeto no es previo a la experiencia sino que se constituye
en ella. Por otra parte, también la experiencia misma si no es pensada se desvanece.
3. El procedimiento del saber –que necesita de las condiciones de acumulación, verificación, coherencia interna– se vuelve imposible en un mundo de extrema velocidad,
de cambio permanente, de información, de fluidez. Cuando el saber entorpece la posibilidad de habitar situaciones es necesario pensar. Pero para poder pensar es necesario declarar el agotamiento del saber, es decir, decidir que el saber previo ya no sirve
para habitar las situaciones actuales, decidir que el saber previo no sirve para pesar la
experiencia amorosa en su novedad, en su contemporaneidad. Para pensar las situaCantarelli, Corea
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ciones contemporáneas es necesario suspender las representaciones estatales heredadas del amor.
4. En el mundo contemporáneo, pensar las situaciones amorosas es también pensar
las condiciones de desfondamiento general de las instituciones. No es posible pensar
qué es el amor post-institucional si no se parte de estas nuevas condiciones.
5. Si el amor es ese encuentro entre dos que desafía las formas instituidas, si el amor
es trasgresión, deseo o pasión, hay bibliotecas enteras para pensarlo. Pero si el amor
no adquiere estas formas: ¿qué estatuto tiene? ¿qué estatuto tiene el amor cuando la
época se altera radicalmente? En un mundo donde la subjetividad está constituida por
las instituciones disciplinarias, donde la subjetividad está atravesada por la ley, el
amor-pasión tiene una fuerza subjetiva enorme. Pero cuando las condiciones generales
son de desfondamiento o cuando la subjetividad no está constituida a partir de la ley,
el amor trasgresor pierde potencia. Entonces, ¿qué intensidad produce el encuentro
amoroso bajo estas otras condiciones? Cuando el amor no toma su potencia de la
trasgresión de la ley, ¿cuál es su intensidad?. Esta pregunta es también la pregunta
por el sentido del amor en un contexto pasional y en un contexto de decisión. En la
pasión, el sentido proviene de la trasgresión de las instituciones –familia, iglesia, etc.
Es decir, el sentido se transfiere. En la decisión, el sentido procede de la situación y la
intensidad procede de la posibilidad de ganar existencia con el encuentro.
6. Toda escena pasional se organiza con tres términos. Ese tercer término es la institución. Cada término de la situación cobra intensidad en su relación con el tercero instituido. En una situación amorosa triangular, el vínculo con el amante es más intenso
que el vínculo con el esposo, pero la existencia del esposo es lo que le da intensidad al
amante.
7. La idea de la pasión está ligada a una determinada idea del mundo. En un mundo
sólido, el movimiento es vida. En la solidez el movimiento produce subjetivación porque opera sobre la estructura alienante que condiciona al sujeto. Cuando el mundo es
fluido, el movimiento es un dato, entonces, la operación subjetiva ya no se dirige a introducir movimiento sino a cohesionar, a articular, a armar un encuentro. En el pasaje
de la solidez a la fluidez, las operaciones amorosas son de cohesión y no de trasgresión. Contra la solidez: pasión. En la fluidez: decidir un encuentro y sostenerlo.
8. Con el amor pasa lo que pasa con la política. En condiciones nacionales hay un instituido o un estabilizador de la política: el Estado; y hay un instituido del amor: el matrimonio. La voluntad estatal tiende a estabilizar estas pasiones para reproducir su lógica, para perdurar. Tanto el amor como la política en tiempos nacionales buscan ser
estabilizados por la vía estatal. Y las estrategias subjetivas respecto del amor y la política buscan romper el instituido marital y el instituido estatal. Entonces, en condiciones
nacionales estas dos situaciones son muy intensas porque adquieren la forma de la rebelión. La ruptura con lo instituido es una operación subjetivante cuando el mundo es
estable. En condiciones de fluidez, las instituciones se desvanecen y uno deviene superfluo. Uno es superfluo hasta que se constituye en la experiencia. Las situaciones
amorosas o políticas son una experiencia de constitución subjetiva cuando la subjetividad no está producida por las instituciones. Si el horizonte actual es la condición superflua, y no las instituciones disciplinarias, el problema es cómo se produce subjetividad bajo esa condición. La experiencia subjetiva actual no es de ruptura sino de producción.
9. Entre El último tango en París y Matriz, hay un cambio de género: uno es drama, el
otro es acción. Esta variación da cuenta del cambio sustancial en la configuración del
amor. En condiciones estatales el género del amor es el drama. En el drama, el amor
es trágico, es la búsqueda siempre fallida de un objeto, es un otro que no llega a colmar la significación interna, es el ideal del sujeto. En cambio, el género de las condiciones actuales es la acción. En la acción, el amor está más ligado a las circunstancias
que a la interioridad subjetiva. En la pasión, el sujeto está constituido previamente al
encuentro amoroso: el sujeto tiene su mundo, sus ideales, su novela neurótica; y el
encuentro busca colmar esas significaciones internas. En la decisión, el sujeto amoroso
se constituye una vez que decide estar con otro, una vez que decide estar con otro
que lo acompañe en la invención de un mundo que si no se inventa en común no existe. Si el sujeto está constituido previamente al encuentro, el otro es un objeto que va
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a cargar con las significaciones internas del sujeto. Si el punto de partida es la superfluidad, y no la subjetividad instituida –el yo–, el otro es condición para la subjetivación. Es posible constituirse en una situación amorosa, pero el punto de partida no es
el yo, sino la des-existencia, la superfluidad. Sólo se gana ser si se decide ser con otro.
En la fórmula amorosa pasional: uno es para el otro –aunque el encuentro siempre sea
fallido–, se trata de dos subjetividades constituidas previamente. En cambio, en la experiencia del amor actual: uno es condición para el otro. Cuando uno es condición para
el otro es necesario decidir que uno es condición para el otro y que el otro es condición
para uno. La subjetividad amorosa es radicalmente distinta si se parte del otro como
condición o si se parte del como objeto. El otro puede ser objeto de dependencia de
uno u ocasión de constitución de la subjetividad.
10. En la lógica estatal, el conflicto se da entre el deseo de un yo y el instituido que
produce la sociedad bajo las instituciones disciplinarias; entre lo que quiere el yo y lo
que la sociedad le pide a ese yo. El deseo le permite al yo ese despliegue que la sociedad acota, reprime, aliena. Hoy, en cambio, el conflicto se da entre la nada y la existencia. En este sentido, el amor es un proyecto de producción de existencia, es la ocasión que transforma lo superfluo en un sujeto. Si la amenaza para el amor pasional es
que el deseo se apague, la amenaza del amor contemporáneo es devenir superfluo para el otro.
11. En suelo estatal todos somos necesarios y la existencia está asegurada. Es por eso
que la reflexión moderna del erotismo y el amor gira en torno de la relación con la
muerte; se liga al amor como experiencia de lo imposible con la muerte porque la vida
no constituye un problema, la vida está asegurada desde el estado. En cambio, cuando
todos somos contingentes, el problema no es la muerte sino la existencia, la posibilidad de la vida –en términos de humanización. Por eso deshabitar una experiencia implica perder ser. En condiciones estatales, deshabitar una situación no pone en riesgo
la existencia.
12. El pasaje de la pasión a la decisión es correlativo con el pasaje del régimen de los
sentimientos, como modo de relación en el amor, al régimen del afecto. El sentimiento
es un instituido, es el resultado de un “flechazo”, se produce cuando el encuentro con
el otro responde a la significación ideal que posee el sujeto. Cuando el amor se juega
en el terreno de la decisión, el régimen no es el de los sentimientos, sino el de los
afectos. Ya no cuenta tanto qué se siente por el otro sino cómo uno se deja afectar por
el otro, cómo se deja afectar por la experiencia amorosa. En ese caso es necesario decidir de qué modo uno se va a dejar afectar por el otro, ya que el régimen de afectación no está establecido. Los sentimientos se precipitan o se liberan respecto del orden
instituido –la pasión es ese sentimiento que va más allá de lo instituido. El afecto se
decide. Con este cambio de régimen cambia también el estatuto de la responsabilidad
en el amor. La responsabilidad estatal es instituida, está determinada por el estado; la
responsabilidad actual se decide: se decide sobre qué uno se va a hacer responsable.
En términos estatales la responsabilidad está referida a obedecer o a transgredir un
mandato. En las condiciones actuales la responsabilidad no está establecida: es espacio de decisión, de pensamiento, de constitución subjetiva.
13. El sufrimiento amoroso actual es muy distinto del sufrimiento en el amor pasional.
En la pasión se sufre por el desencuentro con el objeto deseado. En el mundo actual se
sufre por la dificultad de constituirse amorosamente en una situación de desfondamiento.
Integrantes:
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Reseña:
Última revisión:
Ruta:
Cecilia Aragón, Alejandra B. de Besozzi, Leda Campana, Mariano
Cerdá, Diana Chanquía, Peggy Fejerman, Adriana Fernández, Susana
Felder, Mateo Gómez Ortega, Martín Krynkiewicz, María Emilia López, Claudia Lowestein, Verónica Millnaar, Laura Pizzi, Mariana Salas, Mariana Stavile, Emilce Vénere
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