Subido por Alejandra Sánchez Ortega

Repetición y Goce en las toxicomanías

Anuncio
1
Entre la Repetición y el goce en las toxicomanías
Mgter. Silvia Maioli
Abstract: “Este trabajo seguirá las líneas trazadas por J. Lacan en el Seminario XVIII respecto del
valor de letra y de lo escrito cuyos efectos inciden en la repetición y el goce aplicado a las
toxicomanías”
Trabajo presentado en la “Diplomatura en Adicciones” U. Kennedy 2016
Palabras Claves: Repetición – Letra – Toxicomanías - Adicciones
Al recorrer algunas puntuaciones lacanianas de los Escritos en los cuales
ya estaba la idea principal de la repetición y el goce será en la “La Carta robada”
texto de Allan Poe, E. donde describe el destino fundamental de la repetición, en
el sentido de que no puede ser comprendida desde el lado de la ley (en la Carta
sería la policía). Esta incapacidad de comprender es el sustrato material de la
Carta; ésta se encuentra sobre todo fuera de la dimensión espacial. Dicho esto
agrega que los hechos suceden así porque toda la repetición se sostiene
mayormente a nivel del registro imaginario, o sea que propone su ampliación
(Lacan, J. 2009/1971, p. 90-92) lo cual tendrá su incidencia en el registro
simbólico.
Aquí se perfila según el autor que la identificación al rasgo unario,
(propuesta del 61-61) no se encuentra ni en lo imaginario ni en lo simbólico, sino
en lo real, tal como Freud en la expresión eineinzigerzug lo describe, en su
carácter de palote. (p. 92)
¿Cómo pensar esta repetición en el Discurso del Amo? El rasgo unario se
presenta como algo del sujeto que tiene el carácter de irreductible, alude al
inconciente pero Lacan destaca algo que sorprende: dice que ese sujeto se
distingue por su especial imbecilidad, o sea que la idea esencial respecto de la
repetición, es la de un sujeto que no comprende absolutamente nada (p. 95).
2
Pero ese empuje de la repetición es contradictorio, ya que se trata de
un Hombre que se atreve a cualquier cosa. Quizás sea significativo que Lacan
hable de hombre en el extremo de la repetición al portar su Rasgo Unario como
marca de goce. Es un viraje interesante para pensar la falta de vergüenza y la
posibilidad de producir un escándalo que estos sujetos modernos y/o toxicómanos
o adictos nos proponen, se trata de “la burla” a la castración, su evitación la deja
en suspenso.
Tal como se viene planteando en la repetición, Lacan sugiere que “no
se entiende nada” pero por eso mismo constituye “la gran esperanza” ya que ese
signo está afectado por algo. Ahora bien, ¿Por qué algo ilegible tendría un
sentido? (p. 98) Por la simple razón de que está escrito, y será desde la función
del mito como eso escrito se articulará en torno a la inscripción del falo y la
relación sexual. Esa misma repetición que para Lacan tiene un efecto feminizante
se observa en la imposibilidad de decir La Mujer: o sea que un Hombre no puede
hacer referencia a “todas las mujeres”. Porque esta sería la posición del padre
mítico de Tótem y Tabú (Freud, S.1992/1913): él las tenía a todas…..entonces
¿Como entrar en el signo de la imposibilidad y soportar el peso del falo?
Interrogación valida respecto de la neurosis (p. 99)
Lo que sin duda se observa en las toxicomanías es que la falta de
regulación, la ausencia de relación sexual traslada la idea de partenaire sexual a
un objeto-sustancia que debió haber sido ocupado por un objeto de amor, en este
caso, una mujer. Pero el toxicómano hace existir a La Mujer, figura esencial que
escapa a la ley. Por esta razón, para el toxicómano-adicto, una mujer es su
esclava, deberá someterse a su propia ley, condenada al goce, a un goce que
privilegia el objeto-sustancia, antes que el sufrimiento de esa mujer. Por esta
cuestión no tenemos en las toxicomanías un goce sexual tramitable, sino solo un
circuito de goce. Quizás la posibilidad de hiancia, de producción inconciente se
produzca al admitir el discurso como tal, en su total dimensión (p. 100)
Respecto de la inclusión del goce sexual plantea que:
3
“solo adquiere su estructura a partir de la prohibición que recae sobre el
goce dirigido al cuerpo propio, es decir, precisamente, en esa arista y esa frontera
donde confina con el goce mortal” (p. 100)
A lo que agrega en forma aclaratoria que:
“Y solo alcanza la dimensión sexual haciendo recaer lo prohibido sobre el
cuerpo del que proviene el cuerpo propio, a saber, sobre el cuerpo de la madre.
Únicamente de este modo su estructura se alcanza en el discurso lo que solo la
ley puede aportar, a saber, lo que atañe al goce sexual” (p. 100)
Sera aquí donde nos detenemos para reflexionar sobre el lugar de la
palabra, de su recorrido, de vueltas en función de esas marcas tan primitivas que
llevan al toxicómano-adicto a caer en su propia trampa: su goce, tal como lo
se4ñalo Lacan, es un hombre imbécil, así pensara este autor al hombre del futuro,
que bajo las marcas primitivas como Rasgo Unario soporta las consecuencias del
engaño del Otro, quien no introdujo diferencias. Para ello, algo del amor deberá
quedar incluido en el inconciente e introducir el goce sexual, quedando advertidos
que esta operación es producto de la relación el sujeto con el saber.
Sera la palabra en su dimensión de la verdad lo que traerá en el discurso la
imposibilidad de la relación sexual, sirve de punto de partida. De este modo, esa
fórmula donde Lacan explica que no hay Otro, el S (A/) léase significante de una
falta en el Otro, enuncia que no hay garantía; no hay aval sobre el goce del Otro
(p. 101) Goce irreductible del cual el sujeto toxicómano está impregnado,
condenado a sucumbir. ¿Sera el psicoanálisis una posibilidad de reversión?
¿Podrá responsabilizar al sujeto toxicómano respecto de su goce mortífero?
¿Cómo reducir los impactos del goce del Otro si el mismo es un resto, un
deshecho?
Lacan se pregunta algo más… ¿o bien es el psicoanálisis el que muestra su
convergencia con lo que nuestra época revela de un desbocamiento del antiguo
lazo con el que se sofrena la polución de la cultura? (p. 106) Nos recuerda la
manera con que Freud, S. (1993/1913) en “El malestar en la cultura” refiere lo que
4
ella misma incide sobre todos los sujetos que la padecen. En este sentido es que
Lacan propone que “la civilización se asemeja a una cloaca” (p. 106) expresión
que alude a la realización de un fantasma social tan perverso como astuto. Como
ya en el año 1971 suponía que el empuje al goce era hacia lo peor, hacia un
desbocamiento del lazo social mediante la caída del Discurso del Amo (p. 106107)
Y aunque Freud (citado por Lacan, J. 2009/1971, p. 109) haya realizado
una sorprendente y exquisita versión propia de Dostoievsky para resaltar y revelar
como desde el Psicoanálisis puede leerse otra cosa, otra versión de algo que ya
estaba escrito por su autor, Lacan destaca el valor de lo escrito en el texto de
Freud, ese valor de letra que marca el goce ya la repetición que cualquier
toxicómano-adicto evidencia.
De este modo, para Lacan la oposición entre verdad y saber supone la
crítica de una letra, que indomable repite, propone que se trata de una frontera
que separa dos territorios; o sea que la letra podría ser la instancia, la razón que
daría al inconciente su entrada? Esa razón ya probada por Lacan en los Escritos
en “La Instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud…razón que
podrá aparecer bajo la forma de un sueño, fallido pero indudablemente en un
discurso (Lacan, J. A. 2003/ Escritos
Aunque se presenta en lo real, esa letra, podría dejar de ser “literal”,
¿podría dejar de ser un límite? Es tan solo el borde del agujero en el saber, que
mediante su aparición el psicoanálisis lo obliga a poner en movimiento (Lacan, J.
A. 2009/1971, p. 109)
Esa letra tal como se nos presenta en el discurso del paciente, se
caracteriza por su carácter primitivo pero que tiene valor de instrumento: es su
función provocar algo que el sujeto dice “al pie de la letra” lo cual no alcanza para
que tenga valor significante (p. 110)
¿Cómo nos muestra Lacan que algo es “literal”? A partir de una experiencia
en la cual el autor se encuentra regresando de Japón por una ruta nueva a bordo
5
de un avión cuando este atraviesa la planicie siberiana del circulo ártico, destaca
“nueva ruta” para descubrir algo mediante la observación: se trata de lo
asombroso que a la vista surge como primeras huellas, aquellas que se forman
como terraplén, modificaciones que parecen barras que separan un lugar de otro,
también por su perspectiva de verticalidad podríamos decir palotes que se
remontan a una dimensión sin espacialidad, puro literal o litoral (p. 114)
Con esta revelación Lacan introduce la idea de que el inconciente se
produjo por un “aluvión” en el cual habrá efectos de huella, de marcas que como
surcos diferencian la planicie, ese desierto que en su desolación sin vegetación,
en ella se produce solo reflejos de aluvión, sombras que no resplandecen (p. 112)
Es un rasgo primero, es una parte de la Cosa, tal como el Inconsciente se
inaugura, lo llamativo es que es por su borradura del rasgo como se designa el
sujeto. Es un rasgo,….pero unario porque algo se borró, algo quedó tachado.
¿Eso que queda es un rasgo por esta operación de tachadura que no logra el
estatuto de huella? Pero que adquiere valor como rasgo e introduce un surco en la
tierra como “litura pura”. ¿Cuál será la esencia de lo escrito? ¿Porque tendría valor
la caligrafía?
Para responder a estos interrogante4s deducimos que lo que se produce a
partir de un “aluvión” es una única marca, esta será brindada por el Otro y que al
ser tachada por su presencia misma elide el inconciente “como productor de
surcos, de elementos llamados palotes o barras que solo si adquieren valor de
trazo se escriben”. Sera de este modo que Lacan valora la escritura japonesa,
aquella donde el trazo vertical escribe con exactitud mediante la perfección de una
caligrafía que explica por gráficos artísticos la unión como un matrimonio entre el
arte y la escritura” (p. 110)
Esta similitud entre lo que se escribe en la escritura chino-japonesa y el
inconciente remite al valor que Lacan le da a lo que viene del Otro. Lo que nos
sugiere como pregunta es admitir que el psicoanálisis es propio de occidente
6
porque es propio del fracaso del Otro, en tanto queda como marca literal sobre un
fondo litoral-frontera que solo se sostiene por su valor de real.
Lacan observa efectos muy diferentes en la escritura japonesa. Le
sorprendió el valor significante que como rasgo o letra porta sobre sí misma.
Recalca que lo importante es “lo que agrega” y a ello llama “literatura”. Cada letra
constituye “la jugada de una apuesta” ¿Cuál? La del semblante, pero la
observación critica de Lacan sobre este valor que tiene la caligrafía o el arte
japonés se basa en algo muy importante: advierte que esa escritura “padece de
exceso metafórico”, o sea que “su sentido cambia carácter por carácter”. De allí su
dificultad para aprenderlo. Es una escritura cuya función de referente (significante)
es excesiva, porque todo está calculado, tiene “demasiados apoyos” y agrega que
“tenerlos es lo mismo que no tenerlos” (p. 116).
Cabe señalar que en ese idioma las variaciones en el enunciado son
variaciones de cortesía, o sea que “la estructura de verdad refuerza la estructura
de ficción” que resalta gracias a la cortesía. Lo que nos sugiere sobre este idioma
entonces es ¿qué sentido tendría enfrentarse a lo reprimido, si este es un
producto aniquilado desde el origen? Nos referimos a la interrogación. Pero si
damos por descontado que allí el registro imaginario se satisface con la referencia
a lo ya escrito, por lo cual la palabra quedo desplegada, se entiende lo que
expresa Barthes, R. (citado por Lacan, J. p. 117) cuando dice que “el sujeto
japonés no envuelve nada” (frase expresada en su libro “El imperio de los signos”
obra que Lacan destaca de su amigo).
A estas ideas Lacan opone otra: “un sujeto que esconde algo tiene más
valor que no esconder nada”. Lo que sugiere que tendrá más valor entonces
observar ese vacío significante causado por la escritura que muestra un semblante
a pesar del goce, se lo podrá invocar para articularlo a algún artificio. Sera el
camino que propone el psicoanálisis como subjetivación.
Al volver sobre el otro lado, cuando todo está escrito y el sujeto no
cuestiona su imperio, logran verdaderas proezas como
lo muestran sus
7
ceremoniales, su arte, su valor respecto de los objetos, además de su poder de
contemplación. Ellos con sus éxitos nos manipulan, por eso siempre necesitan
interprete, que su idioma sea traducido, ya que la letra impide por completo la
interpretación (p. 117) De este modo, aliviado concluye Lacan que “el japonés es
la traducción perpetua hecha lenguaje. Por este motivo, el japonés “comunica” y
eso impide el dialogo (p. 118)
Tal vez nuestros pacientes toxicómanos-adictos nos “comuniquen” no su
saber sobre el semblante, sino su modo de goce que como una astilla en el
desierto, es lo único que lo sostiene aunque desconozca que algo del Otro quedó
tachado, borradura necesaria que marca el rasgo, que en su condición de unario
revelara una mínima conexión al significante inaugurando la efectividad de una
cadena que remite al lugar del Otro en la estructura, quedando habilitada una
estructura que remite tanto a la falta como a la relación sexual, en lo que
promueve que ese hombre genérico asuma un lugar como sujeto producto del
saber.
Referencias Bibliográficas
Lacan J. A. Escritos II “La Carta Robada”, Edit. Paidos, 2003
Lacan J. A. 1971 “De un discurso que no fuera de semblante”, Seminario 18 Edit.
Paidos, 2009
Freud, S. “Totem y Tabu” 1913, Edit. Amorrortu,
Lacan, J. Escritos I “La instancia de la letra o la razón desde Freud”, Edit. Paidos,
2003
Descargar