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Desarrollo de capacidades fundamentales aprendizaje (Horacio Ferreyra)

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COMPETENCIAS BÁSICAS
Desarrollo de capacidades fundamentales: aprendizaje
relevante y educación para toda la vida.
Horacio Ademar Ferreyra;
Gabriela Cristina Peretti1
1
Universidad Católica de Córdoba.
[email protected]
[email protected];
[email protected];
1- INTRODUCCIÓN
La caracterización de la sociedad actual como civilización sociocognitiva supone
fenómenos que atraviesan lo social, lo político, lo ético, lo económico, lo cultural, lo
educativo…con diversidad de efectos y consecuencias en todos los campos. Con la
mirada centrada en el sistema educativo, diferentes autores destacan las nuevas
demandas, que exigen una redefinición de las concepciones de enseñanza, de
aprendizaje, de contenido escolar y de las relaciones entre éstos.
Tales demandas hacen evidente la necesidad de diversas renovaciones en los
modelos didácticos. Así, el énfasis antes puesto en el conocimiento como contenido
escolar/producto y en la enseñanza como transmisión de contenidos, se traslada a la
propuesta de adquisición y desarrollo de capacidades que habiliten a los estudiantes
para afrontar los desafíos de los nuevos contextos y escenarios. Esto no conduce, sin
embargo, a un recorte arbitrario del currículo o a la incorporación de nuevos
contenidos a las propuestas curriculares. Se trata de pensar en la adquisición y el
desarrollo de aquellas capacidades que permitan abordar los diferentes tipos de
contenidos (conceptos/ideas estructurantes, procedimientos y/o actitudes básicas)
inherentes a los núcleos de aprendizajes prioritarios2, que son imprescindibles tanto
para el desempeño escolar de los estudiantes como para la resolución de las múltiples
situaciones que se les presentan en la vida cotidiana.
Las capacidades contempladas en esta comunicación no son las únicas que se
pueden abordar en la escuela, pero son fundamentales por estar estrechamente
relacionadas con las grandes intencionalidades del currículo, resultar más potentes
para la apropiación de conocimientos y constituir un requisito para seguir aprendiendo.
Por otra parte, si bien para su análisis van a ser abordadas por separado, es
fundamental tener presente que, en las prácticas, aparecen fuertemente vinculadas.3
Avanzar en un desarrollo pedagógico centrado en capacidades implica, entonces,
una nueva lectura de los marcos y materiales curriculares vigentes desde una
perspectiva reflexiva de la práctica docente y desde la lógica del trabajo de gestión
institucional. Supone dar la posibilidad a los actores involucrados -tanto docentes
como estudiantes- de enfrentar diferentes contextos y situaciones, promoviendo su
participación e involucramiento críticos. En consecuencia, contribuye a hacer efectivo
el derecho a una educación de calidad.
2
En la República Argentina, y en el marco de la Ley de Educación Nacional, desde el Consejo Federal
de Educación, se ha acordado la aprobación de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) con la
intención de promover la integración del Sistema Educativo Nacional. Los NAP para los diferentes Niveles
y Ciclos fueron elaborados por representantes políticos, técnicos, supervisores y docentes de las
provincias argentinas y de la Ciudad de Buenos Aires y por los equipos técnicos del Ministerio de
Educación nacional, y aprobados por las autoridades educativas de todas las Jurisdicciones en la sesión
del Consejo del 13 de octubre de 2004.
3
Para la elaboración de la presente ponencia los autores quieren agradecer las reflexiones compartidas
con Silvia Vidales y Yasmin Alegre en torno al desafío de pensar las capacidades.
1
2- DEMOCRATIZACIÓN
CONOCIMIENTO
EN
EL
ACCESO
Y
APROPIACIÓN
DEL
En reiteradas ocasiones se afirma que la esperanza de la sociedad, en el
siglo XXI, está depositada en la distribución equitativa del conocimiento, de la ciencia y
de la tecnología, como derecho humano, bajo la expectativa de que la concreción de
este objetivo contribuirá a movilizar los otros derechos humanos. En este marco, en el
que “educar es humanizar”, re-significamos y re-enunciamos las capacidades
consideradas fundamentales para enfrentar los desafíos de una vida más digna para
todos.
La necesidad de redefinir qué es lo básico o fundamental que han de aprender
los estudiantes es una constante en el debate pedagógico. Más allá de las respuestas
teóricas que se han dado a esta inquietud, lo cierto es que la sobrecarga de
contenidos que caracteriza a los currículos en muchos países atenta contra la calidad
de la educación.
En el informe de la UNESCO Educación de calidad para todos. Un asunto de
derechos humanos (2007) se señala que la educación no sólo debe promover las
competencias básicas tradicionales, sino que también ha de proporcionar los
elementos necesarios para ejercer plenamente la ciudadanía; contribuir a una cultura
de paz y a la transformación de la sociedad. Por ello, afirmamos que enseñar a
aprender a aprender, a convivir y a emprender en la escuela del siglo XXI se ha vuelto
un imperativo si se pretende dar respuesta a los retos propios de la complejidad de la
vida cotidiana, social, política – regional, nacional y mundial- y , además, conciliar esta
ineludible responsabilidad social con un proyecto personal de vida.4
Se demanda a la educación relevancia y pertinencia, es decir, que promueva
aprendizajes relevantes y significativos desde el punto de vista de las exigencias
sociales y de desarrollo personal y que -a la vez- considere las características y
necesidades de cada persona, mediatizadas por el contexto social y cultural en que
vive. Pero ante los nuevos requerimientos de la sociedad y las presiones de los
distintos actores sociales, “se van agregando nuevos contenidos al currículo, sin
eliminar otros en la misma medida, y sin reflexionar suficientemente sobre qué
aprendizajes debieran ser asumidos por la educación escolar y qué otros deberían ser
responsabilidad de otros agentes e instancias educativas”5.
Al llegar al aula, la decisión sobre qué enseñar debería realizarse considerando de
qué manera se contribuye a alcanzar los fines de la educación, en la búsqueda de un
equilibrio entre las demandas sociales, las del desarrollo personal y las derivadas del
proyecto político, social y cultural que se desea promover mediante la educación
escolar6. Responder a estas diferentes exigencias no es una tarea fácil; por el
contrario, implica optar - tras reflexionar- sobre lo imprescindible y lo deseable: una
4
Para ampliar, véase FERREYRA Y PERETTI, 2006.
UNESCO, 2007, p.38
6
Para ampliar, véase COLL Y MARTÍN, 2006.
5
2
diferenciación que, sin estar exenta de dificultades, puede servir de ayuda para
seleccionar qué contenidos enseñar y qué capacidades desarrollar, puesto que, de no
hacerlo, pueden derivar consecuencias importantes para el futuro aprendizaje.
3- CAPACIDADES: ALGUNAS APROXIMACIONES CONCEPTUALES
Desde la perspectiva que orienta esta comunicación, “capacidad”7, implica una
cualidad o conjunto de cualidades de las personas cuyo desarrollo y adquisición les
permite enfrentar la realidad en condiciones más favorables. En tanto potencialidades
inherentes a los sujetos y que éstos procuran desarrollar a lo largo de toda su vida,
suelen clasificarse como macrohabilidades o habilidades generales, talentos o
condiciones de las personas, que les permiten tener un mejor desempeño o actuación
en la vida cotidiana.
Es así que las capacidades están asociadas a procesos cognitivos y socioafectivos, que garantizan la formación integral de la persona; se manifiestan a través
de un contenido o conjunto de ellos y constituyen, en este sentido, una base desde la
cual se siguen procesando, incorporando y produciendo nuevos conocimientos. Por
este carácter integral e integrador, las capacidades atraviesan de manera horizontal y
vertical las propuestas curriculares de los distintos niveles y modalidades del sistema
educativo y deben ser abordadas por las distintas disciplinas, áreas o espacios
curriculares para el logro de más y mejores aprendizajes para todos.
Se pueden alcanzar diferentes grados de desarrollo de una capacidad y ésta se va
perfeccionando con la práctica. En este sentido, una capacidad es un aprendizaje
permanente que, según su nivel de evolución y perfeccionamiento, supone el manejo
adecuado de determinadas destrezas y habilidades. Son complejas en cuanto
entrañan una serie de operaciones o procesos interiores de distinto grado de
interrelación mutua. Por otra parte, su posesión habilita a las personas a usarlas en
variadas situaciones, es decir, no se ajustan a un patrón único de actuación, sino que
posibilitan un manejo contextualizado, que depende de la persona que las utiliza.
Existe discusión acerca de si corresponde hablar de construcción o de desarrollo
de capacidades. Al respecto, consideramos que el segundo término -que implica un
proceso orgánico de crecimiento y progreso- es más apropiado que el de construcción,
7
A diferencia de la capacidad, la “competencia” es inherente al mundo social: es estructurada y
demandada desde fuera del sujeto, por el medio, por terceros y esencialmente por el mercado o “los
mercados” (de consumo, del trabajo, profesional). Por lo tanto, puede ir cambiando de contenido
conforme van desarrollándose los procesos histórico-sociales de una determinada comunidad organizada
e implica poner en práctica técnicas y conocimientos relativos al “saber hacer”, ciertas predisposiciones
definidas desde fuera de las instituciones educativas y a las cuales, supuestamente, ellas mismas
tendrían que adecuarse para reformular sus prácticas curriculares. Para ampliar, véase documento
Desarrollo de Capacidades EGB 3 – Polimodal
(MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CIENCIA Y
TECNOLOGÍA DE LA NACIÓN, 2001).
3
el cual supone actividades que son planificadas y ejecutadas cuidadosamente, de
acuerdo con un proyecto minucioso y acabado, dirigido exclusivamente desde “fuera”
de la persona del estudiante. Así, el desarrollo y adquisición de capacidades no puede
“realizarse” exclusivamente desde afuera: un docente puede informar y proporcionar
ayudas al estudiante con la intención de promover o estimular el desarrollo y
adquisición de capacidades, pero los mejores resultados implican la definición de
objetivos y estrategias basadas en intereses mutuos y en colaboración, así como una
ejecución de planes flexibles, que permitan modificar lo planificado, a medida que las
condiciones cambian y se avanza en el desarrollo.
4- ACERCA DE LAS CAPACIDADES FUNDAMENTALES
Las capacidades fundamentales se caracterizan por un alto grado de complejidad;
se desarrollan de manera conectiva y procuran el máximo despliegue de las
potencialidades de la persona. En este sentido, cada área de conocimiento o disciplina
- desde su particularidad, naturaleza y finalidades formativas- contribuye al
fortalecimiento, desarrollo y adquisición de las capacidades fundamentales, ya que
estos logros se alcanzan al operar con diferentes contenidos, cada uno de los cuales
deja su impronta sobre ese desarrollo, y lo enriquece.
Para poder cumplir, entonces, con las funciones formativas de los diferentes
niveles educativos, la institución escolar trabaja para el desarrollo y adquisición de
aquellas capacidades que deberían potenciarse para que todos los estudiantes se
apropien de los aprendizajes considerados prioritarios. Tales capacidades son:
•
•
•
•
•
Comprensión y producción de textos orales y escritos.
Abordaje y resolución de situaciones problemáticas.
Comprensión y explicación de la realidad social y natural, empleando
conceptos, teorías y modelos.
Trabajo en colaboración para aprender a relacionarse e interactuar.
Pensamiento crítico y creativo.
Las capacidades enumeradas no son las únicas8 que deben abordarse en la
escuela, pero sí son aquéllas que todos los estudiantes tienen que desarrollar pues se
trata de las necesarias para que puedan conocer, comprender, interpretar y participar
en el mejoramiento de su calidad de vida y, por ende, la de su comunidad de
pertenencia, tomando decisiones fundamentadas que les permitan continuar
aprendiendo más allá de la escolaridad, dentro de un proceso de educación
permanente9.
8
En este sentido, los autores se encuentran trabajando en la definición de una sexta competencia fundamental a la que
han titulado “Sensibilidad y apreciación artística cultural”.
9
Para ampliar, véase FERREYRA Y PERETTI, 2008.
4
4.1 Comprensión y producción de textos orales y escritos
Asumir la enseñanza desde un enfoque centrado en las prácticas de oralidad,
lectura y escritura, entendidas en tanto acciones lingüístico-comunicativas, mediadas
por la sociedad y la cultura y que suponen numerosas estrategias de carácter
cognitivo y metacognitivo de las cuales los estudiantes deben apropiarse, implica
considerar como eje central de la acción didáctica y como aprendizaje prioritario la
capacidad de comprensión y producción de textos orales y escritos. Esta capacidad
supone el abordaje de las actividades lingüísticas claves: hablar, escuchar, leer y
escribir en el marco de las diferentes prácticas sociales de lenguaje que les dan
sentido. Por su carácter genérico y transversal a todos los aprendizajes, el desarrollo
de esta capacidad es incumbencia de todas las áreas y disciplinas curriculares.
Desde un punto de vista cognitivo, comprender es una acción compleja que se
realiza por medio de distintas estrategias de diferente índole, encaminadas a lograr
una representación semántica del contenido del texto y de sus implicancias - lo que el
texto dice y le dice al lector- y pragmática: por qué y para qué lo dice.
Ser capaz de producir textos orales o escritos supone, ante todo, estar en condiciones
de construir un mensaje que permita dar respuesta a una necesidad de comunicar
sentido y establecer una interacción socio-comunicativa. Esta producción requiere
representarse la escritura como un problema por resolver ya que escribir demanda
poner en juego una serie de saberes: conocimientos lingüísticos (gramática oracional y
textual, aspectos normativos, etc.), conocimiento del tema, conocimientos sobre el
proceso de composición (planificar, redactar, revisar, corregir) y conocimiento de las
estrategias para resolver las demandas de la situación comunicativa).
La capacidad de comprender y producir textos orales y escritos se vincula
plenamente con los objetivos de la política educativa por cuanto garantiza a todos los
estudiantes el acceso a las condiciones para “tomar la palabra”, es decir, poder
expresar lo que se siente, se sabe y se necesita, en forma oral o por escrito, lo cual
allana el camino a la inclusión y la igualdad.
4.2 Abordaje y resolución de situaciones problemáticas.
Un problema puede definirse como toda situación nueva o sorprendente que un
individuo o un grupo desea modificar y de la cual se conoce el punto de partida y a
dónde se desea llegar, pero se desconoce un procedimiento directo para lograrlo10.
Por ello, la descripción de una situación no retrata un problema hasta que no se
incluye en el análisis a la persona que intentará modificar dicha situación; es decir,
existen situaciones que no serían consideradas un problema si quien las resuelve ya
sabe cómo hacerlo11.
10
Ver POZO, J. I., POSTIGO, Y. y GÓMEZ CRESPO, M. A. 1995
Con el tiempo, sea por entrenamiento específico o por el propio desarrollo normal (evolución cognitiva e
interacciones sociales), adquirimos progresivamente procedimientos de solución a diferentes tipos de
situaciones que van dejando de ser problemas. A lo largo de nuestra vida aprendemos modos de eliminar
11
5
Existen al menos dos modos diferentes de resolver los problemas con los que
nos enfrentamos: uno, la transmisión cultural directa de la solución de dichos
problemas de manos de alguien que ya no lo considera un problema, con indicaciones
precisas de cómo se resuelve y con alguna clase de entrenamiento que permita
automatizar su solución; el otro modo consiste en dejar que sea el propio individuo
quien explore el problema y vaya construyendo soluciones adecuadas, con o sin
ayuda y supervisión de expertos.
Si lo que preocupa no es tanto enseñar una respuesta de la manera más rápida
posible, sino utilizar cada problema que se va presentando como una nueva
oportunidad para la adquisición y desarrollo de las capacidades de la persona,
entonces será necesario dar tiempo al estudiante para que se involucre en el problema
e intente encontrar modos de abordarlo por sus propios medios. Esto supone formarse
una idea integral de la situación a la que se refiere el problema, identificar los aspectos
que lo componen y los sujetos implicados; buscar varios caminos para solucionarlo
(obtener datos, verificarlos, dar respuesta a lo que se ignora), seleccionar uno, aplicar
el camino elegido, recorrerlo para solucionar el problema. Esto implica ser capaz de
codificar, almacenar, recuperar y transformar la información, además de monitorear y
evaluar la propia actuación.
En el ámbito de la propuesta didáctica, resulta imprescindible poder diferenciar
entre problemas y ejercicios. Mientras éstos tienen por finalidad el desarrollo de
destrezas que se aplicarán luego a situaciones idénticas o muy similares a las que se
utilizaron durante el entrenamiento, los problemas buscan el desarrollo de una
habilidad compleja cuyo campo de acción se pretende que sea tan amplio como sea
posible. Así, si en la escuela se pretende tomar un rol activo en el desarrollo de la
capacidad de abordaje y resolución de problemas, deberán darse a los estudiantes
oportunidades frecuentes y variadas de enfrentarse a situaciones desafiantes,
apoyadas en los contenidos de las distintas áreas curriculares. Pero para ello es
necesario percibir las implicaciones de las diferentes aproximaciones que realizan los
estudiantes; si son fructíferas o no y qué podrían hacer en lugar de eso; decidir cuándo
intervenir, qué sugerencias ayudarán sin restar autonomía. Corresponde, finalmente,
que el docente supere la propia ansiedad por tener que trabajar sin saber todas las
respuestas posibles.
4.3 Comprensión y explicación de la realidad social y natural, empleando
conceptos, teorías y modelos.
La comprensión del mundo que nos rodea en toda su complejidad es una
capacidad humana que se desarrolla a través de diversas intervenciones culturales,
problemas culturalmente identificados, desde el dominio de la gramática hasta los juicios sobre la validez
de un silogismo.
6
entre las cuales la enseñanza escolar ocupa un papel central debido a su carácter
sistemático, gradual y planificado.
Las construcciones mentales que utilizamos para comprender el mundo y
materializar esa comprensión en mensajes comunicables son los conceptos, los
modelos y las teorías. Desde la tarea docente, desarrollar estas construcciones
cognitivas y ayudar a los estudiantes a que puedan usarlas para “leer los mundos”
supone intervenciones tales como: proporcionar claves disciplinares para establecer
un recorte adecuado de un fenómeno o situación; ayudar a reconocer lo que
permanece y lo que cambia; acompañar en la identificación de los hechos que
desencadenan un suceso o fenómeno, o que son consecuencias de éste; enseñar a
tener en cuenta los múltiples factores que operan en una situación (multicausalidad);
enseñar a tener en cuenta las diversas interpretaciones de hechos y acontecimientos a
través de la historia y en diferentes culturas; ayudar a reconocer los condicionantes
geográficos, históricos y éticos de los avances científicos y tecnológicos, entre otras.
Todo esto implica que la capacidad pueda enriquecerse como resultado de un
proceso conciente de aprendizaje impulsado por la acción educativa, situándose en el
punto de vista de un contexto determinado de producción de conocimiento (por
ejemplo la Historia, la Biología, la Matemática, la Tecnología, etc.) y empleando las
preguntas relevantes, los modelos explicativos, las formas de pensar y de hacer
propias de estos contextos, como herramientas para abordar el estudio de una
situación, objeto, fenómeno o proceso. Pero esta capacidad también puede ser
necesaria al plantearse preguntas sobre una situación, objeto, fenómeno o proceso
complejo para el que no sea suficiente la lectura particular de una disciplina científica,
por lo que en estos casos se requieren intervenciones planificadas a nivel de la
escuela que signifiquen oportunidades para que surjan estas preguntas multi o interdisciplinares y que luego puedan derivarse a tratamientos disciplinares convergentes.
Utilizar de manera significativa y relevante los conocimientos adquiridos para
analizar más profundamente una situación, objeto, fenómeno o proceso del contexto
natural y social, permitiría operar sobre la realidad con mayor conocimiento y
compromiso.
4.4 Trabajo en colaboración para aprender a relacionarse e interactuar.
El valor de la educación reside, hoy más que nunca, en su potencial para
contribuir a la construcción de un mundo para todos. Esto sólo será posible en la
medida en que la escuela ofrezca a los estudiantes experiencias en las que el
aprender a ser, a saber y a hacer se plantee como una empresa colectiva, basada en
el saber convivir, en un simultáneo reconocimiento de lo que en tanto sujetos humanos
los iguala y de todo lo que los hace diferentes.
Esta capacidad se refiere a la posibilidad de interacción y supone el desarrollo
y adquisición de habilidades para receptar las ideas de los demás (escucha activa) y
exponer las propias; contribuir a lograr los objetivos del trabajo conjunto; mejorar las
7
prácticas cooperativas; apreciar los frutos de esas prácticas; cooperar con el desarrollo
del entorno y valorar la tarea grupal.
Receptar las ideas de los demás y exponer las propias implica aprender con otros y de
otros. Tanto la expresión como la escucha atenta y solidaria son requisitos básicos
para el desarrollo de esta capacitad.
Elaborar acuerdos, establecer conclusiones, solucionar conflictos y sostener
consensos son algunas de las habilidades que se pueden desarrollar a partir del
trabajo con otros. La escuela y el aula constituyen uno de los primeros ámbitos en
donde se aprende (o no) a valorar el trabajo conjunto y estas experiencias tendrán su
impronta en la futura vida laboral–profesional de los estudiantes.
Los problemas son resueltos por el equipo, y quienes intervienen en él
desarrollan las habilidades de liderazgo, comunicación, confianza, toma de decisiones,
solución de conflictos y responsabilidad por los resultados.
La capacidad de trabajo en colaboración para aprender a relacionarse e
interactuar supone reconocer la alteridad y aceptar al otro en tanto otro diferente. De
esta manera, colabora con el proceso de aprendizaje en el que nos reconocemos
como ciudadanos en un mundo complejo, culturalmente diverso y desigual. La escuela
debe propiciar que los estudiantes superen el egocentrismo y potencien su capacidad
para distinguir entre el propio punto de vista y la perspectiva de los demás.
4.5 Pensamiento crítico y creativo.
El contexto actual - caracterizado por profundos procesos de transformación;
en el que impera lo audiovisual; donde los medios de comunicación tienen una
presencia y un poder enormes, que pueden reducir el ser ciudadano a un mero ser
espectador y donde todo queda al mismo nivel de significación- reviste una gran
importancia el fortalecimiento de la capacidad del ciudadano para conmoverse, para
discriminar, para pensar y actuar. Se trata de formar ciudadanos críticos y creativos,
capaces de dirigir su visión, de observar, de situarse en el mundo, de desnaturalizarlo,
de interpretarlo y comprenderlo y, así, poner en práctica nuevas ideas originales e
innovadoras que contribuyan a crear un nuevo orden social.
El pensamiento contiene aspectos críticos y creativos. Es importante, por lo
tanto, que cualquier tentativa de mejorar las capacidades del pensamiento preste
atención a ambas dimensiones. El pensamiento crítico es necesario para analizar
discusiones y para la toma racional de decisiones, mientras que el pensamiento
creativo es necesario para desarrollar alternativas deseables. El pensamiento creativo
implica la generación de ideas, el pensamiento crítico se refiere a su evaluación.
Ambos se correlacionan.
Pensar críticamente es buscar argumentos para asumir o refutar lo que se sabe
o piensa. El pensamiento crítico cuestiona las creencias infundadas, los prejuicios, y
trata de sustituirlos por ideas argumentalmente sostenidas. De la misma manera,
examina los supuestos conocimientos, rescata lo que tengan de verdad y tantea
8
nuevas verdades, reconociendo que ellas son construcciones humanas susceptibles
de nuevas críticas y refutaciones. En síntesis, el pensamiento creativo complementa al
pensamiento crítico, le da libertad para generar nuevas ideas y arribar a una solución
original e innovadora. En este sentido, aprender a pensar de manera crítica y creativa
es aprender a ser sujeto; es aprender a construir la propia subjetividad; es valorarse
como ser capaz de producir significados e interpretar el mundo; es atreverse a pensar,
a hacer y a ser.
El breve desarrollo de cada capacidad que hemos presentado nos ha permitido
mostrar el estrecho lazo que existe entre el desarrollo de cada una de las capacidades
fundamentales y la adquisición o despliegue de las otras. Más aún: es posible afirmar
que el desarrollo y adquisición de una capacidad se potencia cuando se pone en el
marco del trabajo con otras.
5. EL TRABAJO EN LAS ESCUELAS
Asumir con responsabilidad el desarrollo de un currículum centrado en el
trabajo con capacidades supone un cambio en la cultura pedagógica de los docentes y
de la institución escolar. Es preciso el trabajo en equipo para operar sinérgicamente,
ya que en el desarrollo y adquisición de las capacidades fundamentales están
comprometidas todas las áreas desde la especificidad de contenidos que les es propia
y, simultáneamente, con la mirada puesta en la interrelación de los conocimientos. En
consecuencia, focalizar la enseñanza en el desarrollo y fortalecimiento de las
capacidades fundamentales implica aprendizajes cuya consecución no es
responsabilidad exclusiva del accionar de un área, asignatura o disciplina
determinada, sino que requiere de estrategias de enseñanza convergentes y
sostenidas a lo largo del tiempo, que generen nexos y conexiones entre distintos
campos del saber y del hacer.
Cabe aclarar que no es suficiente la mención de las capacidades en las
planificaciones anuales, sino que deben estar presentes en la preparación de cada
instancia de aprendizaje. Esto supone que, al preparar las clases, el docente deberá
tener en cuenta las capacidades que se incentivarán en ella, así como la planificación
de la evaluación del grado de desarrollo que los estudiantes han logrado.
Las principales técnicas didácticas que se sugieren para el desarrollo y
adquisición de las capacidades, así como para la adquisición de conocimientos y la
asunción de actitudes y valores son el Aprendizaje Basado en Problemas, el
Aprendizaje Orientado a Proyectos, el
Estudio de Casos y el
Aprendizaje
Cooperativo. Las estrategias de enseñanza surgirán de las adaptaciones y
contextualizaciones que el docente realice de estas técnicas. Por otra parte, se
procurará que las actividades permitan al estudiante desempeñar un papel activo,
dándole la oportunidad de planificar, de participar en el desarrollo de las tareas y de
sus resultados, y de revisar y mejorar sus esfuerzos.
9
Es necesario que el estudiante comprenda la importancia del desarrollo y
adquisición de sus capacidades para su crecimiento integral y desempeño exitoso en
el mundo actual. Por ello, el docente debe reconocer las habilidades y estrategias
implícitas en la capacidad que pretende desarrollar, valorar el nivel alcanzado al
respecto por los estudiantes, comunicar el sentido y la importancia de su adquisición y
explicar en qué consiste.
Orientar la acción de enseñanza hacia el desarrollo y adquisición de
capacidades, supone convertir a la escuela y al aula en verdaderas comunidades de
aprendizaje, cuyas características distintivas inciden decisivamente en los procesos,
modalidades y criterios de evaluación, si es que éstos pretenden ser coherentes con el
enfoque en cuestión. Para ello, será importante, entonces, tener en cuenta:
- Que si una de las condiciones básicas del desarrollo y adquisición de capacidades es
que se ofrezca al estudiante la posibilidad de participación en variadas y asiduas
ocasiones de aprendizaje auténticas y situadas, la evaluación ha de adscribir también
a esta condición, configurándose a través de tareas que no descontextualicen los
conocimientos, brinden tiempo y posibilidad de exploraciones, admitan múltiples vías
de solución, no determinen explícitamente las acciones adecuadas.
- Que el aprendizaje no es una empresa individual y solitaria, sino una tarea
compartida, en la que se involucran, cooperativamente, estudiantes, docentes y
también las familias y otros adultos significativos de la comunidad. Una tarea en la cual
inciden, además, el entorno, y los recursos e instrumentos que están a disposición.
Ninguna evaluación será auténtica en la medida que no tome en cuenta estos factores.
- Que en la búsqueda y construcción de conocimientos importa no sólo la capacidad
personal que se pone en juego, sino también los valores compartidos y el espíritu
cooperativo.
- Que el sentido de la evaluación ha de fundarse en el seguimiento de los logros
progresivos de los estudiantes y no en la mera comprobación (o sanción) de sus
obstáculos, dificultades y/o fracasos. Sólo así será posible asumir el proceso de
enseñanza y aprendizaje como instancia para el desarrollo de las potencialidades de
los sujetos.
- Que la evaluación ha de permitir a los estudiantes la toma de conciencia acerca de
sus dificultades y sus logros y, al mismo tiempo, alentarlos a asumir la responsabilidad
de sus posibilidades de avance y mejora. Para ello es necesario que los procesos de
evaluación, más allá de su valor instrumental en función de la acreditación, sean
concebidos de manera que puedan constituir, en sí mismos, nuevas y valiosas
ocasiones de aprendizaje, que promuevan en los estudiantes deseos de superación y,
en los docentes, la revisión y la correspondiente reformulación y/o consolidación de las
prácticas.
- Que en tanto el aprendizaje es siempre contextualizado y diferente según el
individuo, no cabe pensar la evaluación desde una perspectiva homogeneizadora.
- Que, dada la importancia de la actividad metacognitiva en el efectivo desarrollo y
adquisición de capacidades, la evaluación también ha de orientarse a valorar la
10
progresiva toma de conciencia del estudiante acerca de sus “modos” de afrontar y
resolver situaciones nuevas; los avances en las estrategias de monitoreo,
autorregulación y autocorrección; la adquisición de autonomía…
- Que es fundamental que – en una situación de evaluación- exista en los estudiantes
una conciencia explícita de los objetivos que la orientan y puedan participar de la
determinación de lo que se espera que ellos estén en condiciones de saber y poder
hacer. Esta condición contribuye a que se satisfaga la necesidad de que el estudiante
otorgue sentido a la tarea y, consecuentemente, se involucre en ella, como
participante y no como objeto.
- Que al momento de decidir qué evaluar ha de tenerse en cuenta que los verdaderos
aprendizajes que la escuela ha de asegurar que los estudiantes adquieran no son
aquéllos vinculados con conocimientos puntuales, de corta duración, sino
aprendizajes significativos, funcionales, innovadores.
En síntesis. Desde un enfoque de enseñanza para el desarrollo y adquisición
de capacidades, el desafío radica en considerar el error como punto de partida para la
corrección y mejora, en entender la evaluación desde una perspectiva holística, como
herramienta pedagógica que brinda información acerca del momento en que se
encuentra el estudiante en el desarrollo de cierta potencialidad; una evaluación, por
consiguiente, adaptada a los diferentes estilos de aprendizaje, que plantea alternativas
a la situación de los diferentes estudiantes y sus posibilidades; que pretende saber
más que, cuánto sabe el estudiante, cómo lo sabe, ya que su objetivo no es valorar el
contenido sino el grado o nivel de desarrollo de la capacidad en cuestión.
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