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CASTILLORosana-Clase3- Foro2- Corregido

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Psicolingüística
Rosana Castillo
Objetivos


Que el alumno conozca las tareas de análisis e interpretación semántica
de las oraciones a partir de la ejercitación de distintas estrategias.
Que identifique el significado de la micro y macroestructura para mejorar
la comprensión lectora.
La docente proyectará en la clase una pequeña reseña de los libros de Ruiz
Zafón.
https://www.youtube.com/watch?v=-nWwGmzzM8c
Les dejará un link, para aquel alumno que desee continuar con la lectura del
texto trabajado.
http://www.carlosruizzafon.com/descargas_web/primer_capitol/la_sombra_del_vient
o.pdf
Se llevará a cabo una interacción dialógica con alumnos de tercer año para
hacer un pequeño homenaje a Carlos Ruiz Zafón en
conmemoración por su fallecimiento.
Actividades
Luego de la lectura del texto (en anexo) responde:
1. ¿Quién crees que es el narrador? ¿Posee algún
nombre? Comprensión del discurso. Inferencia.
2. Sustituye las expresiones subrayadas, por otras que
no alteren el significado de las oraciones. (A partir de
alguna información sobre un fragmento del mundo,
tratar de establecer un esquema proposicional) Comprensión del discurso.
a) Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi
madre:
….….…………………………………………………………………………………
b) …cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para
responderme: ………………………………………………………………………
c) Me crié entre libros, haciendo amigos invisibles en páginas que se
deshacían en polvo: ……………………………………………………………….
3. ¿Cuántos años tenía el niño cuando sucedió lo de su madre? Comprensión del
discurso. Inferencia.
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Rosana Castillo
4. ¿Por qué crees que el texto se llama El Cementerio de los Libros
Olvidados? Razona y responde brevemente. Comprensión del discurso.
Relaciones inferenciales.
5. Señala si las siguientes afirmaciones sobre el texto son verdaderas (V) o falsas
(F). Comprensión del discurso. Relaciones inferenciales.
a) Daniel no le podía contar su secreto a Nacho……………………...
b) La madre murió el día que el niño cumplió cuatro años…………...
c) El padre y el niño vivían en una casa junto a la plaza……………..
d) Daniel todavía recuerda el olor de los libros………………………..
6. Determina si los verbos de estas expresiones corresponden a una acción, un
estado o un proceso. (Establecer el esquema proposicional de oraciones
simples)
a) Recuerdo que aquel alba de junio me desperté gritando………………….
b) El corazón me batía en el pecho……………………………………………..
c) Yo me acordaré por los dos…………………………………………………..
d) Me crié entre libros……………………………………………………………..
e) … me sostuvo en sus brazos…………………………………………………
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Psicolingüística
Rosana Castillo
Anexo
CARLOS RUIZ ZAFÓN
(Barcelona, 1964 - Los Ángeles, 2020). Carlos Ruiz Zafón era uno de
los autores más reconocidos de la literatura internacional de nuestros
días y el escritor español más leído en todo el mundo después de
Cervantes. Sus obras han sido traducidas a más de cincuenta
idiomas. En 1993 se dio a conocer con El Príncipe de la Niebla, que
forma, con El Palacio de la Medianoche y Las Luces de Septiembre,
la Trilogía de la Niebla. En 1998 llegó Marina. En 2001 publicó La
Sombra del Viento, la primera novela de la saga de El Cementerio de
los Libros Olvidados, que incluye El Juego del Ángel, El Prisionero
del Cielo y El Laberinto de los Espíritus, un universo literario que se
ha convertido en uno de los grandes fenómenos de las letras
contemporáneas en los cinco continentes.
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Rosana Castillo
Para Joan Ramón Planas, que merecería algo mejor
El Cementerio de los Libros Olvidados
Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el
Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945
y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de
vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre
líquido.
—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a
tu amigo Tomás. A nadie.
—¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz. Mi padre suspiró, amparado en aquella
sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.
—Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes
contárselo todo.
Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La
enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo
el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la
voz para responderme. Seis años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía
un espejismo, un silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras. Mi
padre y yo vivíamos en un pequeño piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza de la iglesia.
El piso estaba situado justo encima de la librería especializada en ediciones de
coleccionista y libros usados heredada de mi abuelo, un bazar encantado que mi padre
confiaba en que algún día pasaría a mis manos. Me crié entre libros, haciendo amigos
invisibles en páginas que se deshacían en polvo y cuyo olor aún conservo en las manos.
De niño aprendí a conciliar el sueño mientras le explicaba a mi madre en la penumbra
de mi habitación las incidencias de la jornada, mis andanzas en el colegio, lo que había
aprendido aquel día... No podía oír su voz o sentir su tacto, pero su luz y su calor ardían
en cada rincón de aquella casa y yo, con la fe de los que todavía pueden contar sus años
con los dedos de las manos, creía que si cerraba los ojos y le hablaba, ella podría oírme
desde donde estuviese. A veces, mi padre me escuchaba desde el comedor y lloraba a
escondidas.
Recuerdo que aquel alba de junio me desperté gritando. El corazón me batía en el pecho
como si el alma quisiera abrirse camino y echar a correr escaleras abajo. Mi padre acudió
azorado a mi habitación y me sostuvo en sus brazos, intentando calmarme.
—No puedo acordarme de su cara. No puedo acordarme de la cara de mamá —murmuré
sin aliento.
Mi padre me abrazó con fuerza.
—No te preocupes, Daniel. Yo me acordaré por los dos. Nos miramos en la penumbra,
buscando palabras que no existían. Aquélla fue la primera vez en que me di cuenta de
que mi padre envejecía y de que sus ojos, ojos de niebla y de pérdida, siempre miraban
atrás. Se incorporó y descorrió las cortinas para dejar entrar la tibia luz del alba.
(…)
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Rosana Castillo
Finalmente, mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el
tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver
abandonado de un palacio, o un museo de ecos y sombras. —Daniel, lo que vas a ver hoy
no se lo puedes contar a nadie. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
(…)
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