Subido por Patricia García Martínez

Suetoni Mort de Juli César Estudi

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Suetonio La vida dels 12 césars
I, Juli César 80-81
Conspiraron contra el más de sesenta personas, siendo los cabecillas de
la conjura Gayo Casio Marco y Décimo Bruto. Dudaban primero si,
divididos en dos grupos, unos lo arrojarían del puente mientras llamaba a
las tribus a votar durante las elecciones en el Campo de Marte y otros lo
recogerían abajo para matarle, o si le atacarían en la Vía Sacra o al entrar
al teatro, pero, cuando se convocó al Senado para los idus de marzo en
la curia de Pompeyo, no dudaron en preferir esta fecha y lugar.
Empero, prodigios evidentes anunciaron a Cesar el asesinato del que iba
a ser víctima. Pocos meses antes, cuando los colonos establecidos en la
colonia de Capua por la ley Julia demolían unos sepulcros
antiquísimos para levantar casas de campo y lo hacían con un gran
esmero por el hecho de que al explorarlos encontraban numerosos vasos
de factura antigua, se halló en la tumba en que, según la tradición, estaba
enterrado Capis, fundador de Capua, una tabla de bronce escrita en
lengua y caracteres griegos con el siguiente significado: que en el
momento en que se hubiesen desenterrado los huesos de Capis tendría
lugar la muerte de un descendiente de Julo a manos de sus hermanos de
raza, vengada luego con grandes desastres para Italia. Para que no se
considere esta historia como un cuento totalmente inventado, tenemos
como garantía de ella la autoridad de Cornelio Balbo, amigo muy íntimo
de César. Unos días antes de su muerte, tuvo noticias de que las manadas
de caballos, que había consagrado al río Rubicón al atravesarlo y dejado
sueltas y sin
guardián, rehusaban obstinadamente el pasto y vertían abundantes
lágrimas. Mientras el hacia un sacrificio, el arúspice Espurina le aconsejó
también que se guardara de un peligro que no se aplazaría mas allá de los
idus de marzo. La víspera de estos mismos idus, unas aves de diferentes
especies se lanzaron, desde un bosque cercano, en persecución de un
pájaro reyezuelo que, llevando una rama de laurel, penetraba en la curia
de Pompeyo, y lo despedazaron allí mismo; mas, la noche que precedió
al día del crimen el propio Cesar se vio a sí mismo en sueños, unas veces
volando por encima de las nubes, otras estrechando la diestra de Júpiter;
por su parte, su mujer Calpurnia se figuró que se derrumbaba el techo de
la casa y que su marido era asesinado en sus brazos; y de improviso las
puertas del dormitorio se abrieron solas. Debido a estos presagios, y
también al mal estado de su salud, estuvo largo tiempo dudando si
quedarse en casa y aplazar los asuntos que tenía pensado tratar en el
Senado; pero al fin, como Décimo Bruto le exhortaba a no defraudar a
los senadores, que, en gran número, le esperaban desde hacía tiempo,
salió de casa aproximadamente a la hora quinta; a su paso, un individuo
le tendió un escrito que delataba la conjura, pero Cesar lo juntó con las
demás peticiones que llevaba en la mano izquierda, como para leerlo más
tarde. Luego, después de haber sacrificado muchas víctimas y en vista de
que no podía conseguir presagios favorables, entró en la curia
despreciando el escrúpulo religioso, riéndose de Espunna y acusándolo
de farsante, porque los idus de marzo habían llegado sin que a él le
sobreviniera ningún mal, aunque aquel replicó que, efectivamente,
habían llegado, pero que no habían pasado.
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