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Carlo Ginzburg El Hilo y Las Huellas 2010

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El hilo y las huella
Lo verdadero, lo falso, lo ficticio
CARLO GINZBURG
S e c c ió n
de
O bras
de
H is t o r ia
EL HILO Y LAS HUELLAS
Traducción de
L u c ia n o P adilla L ó pez
CARLO GINZBURG
EL HILO Y LAS HUELLAS
Lo verdadero, lo falso, lo ficticio
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
M éxico - A r g e n tin a - B rasil - C olom bia - C hile - E spaña
E stados U n id o s
de
A m érica - G uatemala - P erú - V enezuela
Primera edición en italiano, 2006
Primera edición en español, 2010
Ginzburg, Cario
El hilo y las huellas : lo verdadero, lo falso, lo ficticio . - l a
ed. - Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica, 2010.
492 p . ; 21x14 cm. - (Historia)
Traducido pon Luciano Padilla López
ISBN 978-950-557-837-5
1. Historiografía. 2. Historia Cultural. I. Padilla López,
Luciano, trad. II. Título
CDD 907.2
Armado de tapa: Juan Balaguer
Foto de solapa: Luisa Ciammitti
Título original: 11filo e le tracce. Vero falso finto
ISBN de la edición original: 88-07-10395-8
© 2006, Giangiacomo Feltrinelli Editore Milano
D.R. © 2010, F ondo de C ultura E conómica de Argentina , S.A.
El Salvador 5665; 1414 Buenos Aires, Argentina
[email protected] / www.fce.com.ar
Carr. Picacho Ajusco 227; 14738 México D.F.
ISBN: 978-950-557-837-5
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I m i -k i s o i'.n A k o k n t in a - P r in t k ü
in
A r g e n t in a
Hec ho t*l dt*|)ósilo que previene la ley 11.723
ÍNDICE
In tro d u c c ió n ..............................................................................
I.
II.
III.
IV.
V.
VI.
VIL
VIII.
IX.
X.
XI.
XII.
XIII.
XIV.
XV.
Descripción y c i ta ............................................................
La conversión de los judíos
de Menorca (417-418).....................................................
Montaigne, los caníbales y las grutas..........................
París, 1647: un diálogo acerca
de ficción e historia..........................................................
Los europeos descubren (o redescubren)
a los ch a m a n e s................................................................
Tolerancia y comercio. Auerbach lee
a Voltaire...........................................................................
Anacharsis interroga a los indígenas.
Una nueva lectura de un viejo best s e lle r ..................
Tras las huellas de Israel Bertuccio...............................
La áspera verdad. Un desafío de Stendhal
a los historiadores............................................................
Representar al enemigo. Acerca de la prehistoria
francesa de los P ro to c o lo s............................................
Unus testis. El exterminio de los judíos
y el principio de realidad................................................
Detalles, primeros planos, microanálisis.
Notas marginales a u n libro
de Siegfried K racauer.....................................................
Microhistoria: dos o tres cosas
que sé de ella ....................................................................
El inquisidor com o antropólogo ...................................
Brujas y ch a m a n e s.........................................................
7
9
19
55
73
109
133
159
197
219
241
267
297
327
351
395
413
8
EL HILO Y LAS HUELLAS
Apéndice. Pruebas y posibilidades (Posfacio
a Natalie Zemon Davis, II ritorno di Martin Guerre.
Un caso di doppia identitá nella Francia
del Cinquecento, 1 9 8 4 )..............................................
433
Nota .....................................................................................
índice de nombres y obras....................................................
467
469
INTRODUCCIÓN
1. L os GRIEGOS CUENTAN q u e Teseo recibió, com o reg alo de
A riadna, u n hilo. C on ese h ilo se o rien tó en el laberin to , e n ­
c o n tró al M in o tau ro y le dio m uerte. De las huellas que Teseo dejó al v ag ar p o r el la b erin to , el m ito no habla.
Lo que m a n tie n e u n id o s los cap ítu lo s de este libro, de­
d ic a d o s a te m a s m u y h etero g én e o s, es la rela ció n e n tre el
h ilo -e l hilo del relato, q u e nos ayu d a a o rien tam o s en el la­
b e rin to de la r e a lid a d - y las h u e lla s.1 H ace m u c h o tiem p o
q u e tra b a jo de h isto ria d o r: in te n to relatar, v alién d o m e de
h u ellas, h isto ria s v erd a d eras (que algunas veces tien en p o r
o b je to lo falso). E n n u e s tro s días, n in g u n o de los térm in o s
d e e s ta d e fin ic ió n (re la ta r, h u e lla s , h is to ria , v e rd a d e ro ,
falso) m e p a re c e in d isc u tib le . C uando em pecé a a p re n d e r
este oficio, h a c ia finales d e los añ o s c in c u e n ta , la a c titu d
p re v a le n te en la c o rp o ra c ió n e ra c o m p le ta m e n te d istin ta .
E scribir, c o n ta r la h isto ria , no era co n sid erad o u n tem a de
reflexión serio. R ecu erd o u n a ú n ic a excepción: A rsenio Frugoni, q u e p o r m o m e n to s en sus se m in a rio s p ísa n o s reg re­
saba, com o m ás ta rd e co m prendí, al tem a del ca rácter su b ­
jetiv o de las fu en te s n a rra tiv a s que h a b ía afro n ta d o pocos
1
F. de La Mothe Le Vayer, Discours sur l’Histoire, en CEuvres, 15 vols.,
vol. n, París, 1669, p. 152: "C’est le temps qui compose ce qu’on nomme
proprement le fil de l’Histoire. Car la Chronologie est un filet plus necessaire á se démeller d’une narration historique, que ne fut iamais á Thesée
celuy qui le tira de tous les détours du Labyrinthe [El tiempo conforma lo
que en sentido estricto damos en llamar Historia. En efecto, la Cronología
es un hilado más necesario para salir airoso de una narración histórica que
cuanto fuera vez alguna a Teseo aquel que lo sacó de todos los meandros
del Laberinto]".
9
EL HILO Y LAS HUELLAS
10
años antes en su Amaldo da Brescia.2 Frugoni me propuso
-yo cursaba el segundo año de la facultad- preparar un co­
loquio acerca de la escuela de los Anuales; empecé a leer a
Marc Bloch. En su Apología para la historia o el oficio del
historiador di con una página, la cual -sin que yo tomara
plena conciencia de ello- me ayudó a reflexionar acerca de
las huellas mucho tiempo después.3 Pero en esos años los
historiadores tampoco hablaban de huellas.
2. Aludo a ese clima para explicarme a mí mismo la irracio­
nal euforia que sentí cuando escribí las primeras frases de
mi primer libro.4 Me parecía que los docum entos que to­
maba como base para mi trabajo -actas de procesos de la
Inquisición- abrían una gama muy amplia de posibilidades
narrativas. La tendencia a hacer experimentos en ese sen­
tido, indudablemente suscitada también por mis orígenes
familiares, encontraba en las fuentes un impulso y un límite.
Sin embargo, estaba convencido de que entre testimonios,
ya sea narrativos o no narrativos, y realidad testimoniada
hay una relación que debe ser analizada en cada uno de los
casos. Esa convicción sigue existiendo. La eventualidad de
que alguien pudiera poner radicalmente en duda esa rela­
ción no pasaba siquiera por mi mente.
2 A. Frugoni, Amaldo da Brescia nelle fonti del secolo xu, Roma, 1954
(nueva ed. con introducción de G. Sergi, Turín, 1989).
3 M. Bloch, Apología della storia, o Mestiere di storico, trad. it. de G.
Gouthier, Turín, 1998, pp. 48 y ss., en especial pp. 50 y 51 [trad. esp.: Intro­
ducción a la historia, México, Fondo de Cultura Económica, 1952; actual­
mente esa versión coexiste con la traducción de la edición crítica preparada
por h. Bloch: Apología para la historia o el oficio de historiador, México,
Fondo de Cultura Económica, 1996],
4 ( Gin/.hiiri', / benandanti. Stregoneria e culti agrari tra Cinquecento e
Srurntu, lui ín, 1966 [trad. esp.: h>s benandanti. Brujería y cultos agrarios
rntii> los styjas xvi y vi///, Guadalajara, Universidad de Guadalajara-Editorial
I J m i v « i s i I;» i i . t ,
200*) |
INTRODUCCIÓN
11
Todo ello fo rm a p a rte de la p reh isto ria de este libro. D u­
ra n te la se g u n d a m ita d de los años sesenta, el clim a com enzó
a c a m b ia r. D esp u é s de a lg ú n tie m p o , llegó el clam o ro so
a n u n c io : los h is to ria d o re s escrib en . C reo h a b e r p e rm a n e ­
cido, en u n p rim e r m om ento, indiferente a las im plicaciones
h ip e rc o n stru c tiv ista s - e n efecto, e s c é p tic a s- de esa revela­
ción. P ercib o u n a evidencia de ello en u n tram o del ensayo
“S pie” (1979), que sin alu d ir a eventuales objeciones escépti­
cas se d etien e en el nexo en tre descifram iento de las huellas
y n a rra c ió n .5 El giro p a ra m í recién se produjo cuando, g ra­
cias a u n en say o de A m aldo M om igliano, noté las im p lica­
ciones m o rales y políticas, adem ás de cognitivas, de la tesis
q u e en esencia b o rra b a la d istinción en tre relatos históricos
y re la to s d e ficción. El p o sfacio (1984) que escrib í p a ra la
tra d u c c ió n al ita lia n o de E l regreso de M artin Guerre, de Natalie Davis (véase A péndice), reg istra esta conciencia: tardía,
a fin de cuen tas.
Q u ien a sí lo d esee p u e d e e m p e z a r este lib ro p o r esas
p á g in a s. Allí e n c o n tra rá , d e lin e a d o de m o d o su m a rio , u n
p ro g ra m a de investigación y su objetivo polém ico. Más p re­
c is a m e n te , lo c o n tra rio : la pars d estru en s lle g ab a an tes,
co m o acaso su c ed a en to d a o p o rtu n id a d . C ontra la ten d en ­
c ia d el e s c e p tic ism o p o sm o d e rn o a d ifu m in a r la fro n te ra
e n tre n a rr a c io n e s de ficc ió n y n a rra c io n e s h istó ric as, en
n o m b re del e le m e n to c o n stru c tiv o q u e las p o n e en pie de
igualdad, p ro p o n ía co n sid erar el vínculo en tre u n as y otras
5
C. Ginzburg, “Spie. Radici di un paradigma indiziario" [1979], luego
recopilado en Miti emblemi spie, Turín, 1986, pp. 158-209, en especial, pp.
166 y 167 [trad. esp.: "Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, en Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia, Barcelona,
Gedisa, 1994, pp. 138-175], Véase también, de quien esto escribe, Nessuna
isola é u n ’isola. Quattro sguardi sulla letteratura inglese, Milán, 2002, pp. 13
y 14 [trad. esp.: Ninguna isla es una isla. Cuatro visiones de la literatura in­
glesa desde una perspectiva mundial, Villahermosa, Universidad Autónoma
Juárez Tabasco, 2003].
12
EL HILO Y LAS HUELLAS
como una disputa por la representación de la realidad. Pero
antes que una guerra de trincheras, planteaba la hipótesis
de un conflicto hecho de desafíos, préstamos recíprocos, hi­
bridaciones. Si las cosas se presentaban en esos términos,
no se podía combatir el neoescepticismo mediante la repeti­
ción de viejas certidumbres. Hacía falta aprender del ene­
migo para pelear con él de manera más eficaz.
Son éstas las hipótesis que guiaron, a lo largo de veinte
años, las investigaciones que confluyen en este libro.6 El
significado del desafío lanzado por las "malas cosas nue­
vas”, com o decía Bertolt Brecht (véase capítulo i), tanto
como la elección del campo en el cual hacerle frente fueron
esclareciéndose sólo paulatinamente en mí. Hoy en día, los
posmodernistas parecen menos estrepitosos, m enos segu­
ros de sí; acaso el viento de la moda ya sople en otras direc­
ciones. No importa. Las dificultades surgidas de esa discu­
sión y los intentos de resolverlas subsisten.
3. El ataque escéptico a la cientificidad de los relatos histó­
ricos insistió en el carácter subjetivo de estos últimos, que
los asimilaría a las narraciones de ficción. Las narraciones
históricas no nos hablarían de la realidad tanto como, antes
bien, de quien las construyó. Inútil objetar que un elemento
constructivo está presente en cierta medida también en las
ciencias llamadas "duras”: ellas fueron igualmente objeto
de una crítica análoga a la ya recordada.7 Hablem os, en
6
La afirmación vale también para tres libros que forman un entramado
con éste: Occhiacci di legno. Nove riflessioni sulla distanza, Milán, 1998 [trad.
esp.: Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, Barcelona, Pe­
nínsula, 2000]; Rapporti di forza. Storia, retorica, prova, Milán, 2000; Nessuna isola é un'isola, op. cit. Recuerdo una oportunidad importante para
reflexionar: el simposio Proof and Persuasión in History, organizado por Anlliony («rallón y Sue Marchand (Davis Center for Historical Studies, PrinceIon, IW1).
1
IJ ejemplo más conocido es el de P. Fcyerabend. Véase, de quien esto
est nl)c, (kchiacci dt legno, op. cit., pp. 155-159,
INTRODUCCIÓN
13
cam bio, de la h isto rio g ra fía . Q ue ésta tiene u n com p o n en te
subjetivo es sabido: p ero las conclusiones radicales que los
e s c é p tic o s d e r iv a ro n d e ese d a to de h e c h o no te n ía n en
c u e n ta u n ca m b io de ru m b o fu n d am e n tal al cual B loch se
refirió en sus reflexiones m etodológicas p o stu m as. "H oy...
[1942-1943], h a s ta e n los te stim o n io s m á s d e c id id a m e n te
v o lu n tario s -e s c rib ía B loch-, lo que nos dice el texto h a d e­
ja d o e x p re s a m e n te d e s e r el o b je to p re fe rid o de n u e s tra
a te n c ió n .” Las M ém oires [M em orias] de S ain t-S im o n o las
vidas de sa n to s de la Alta E d ad M edia nos in teresan (p ro si­
gue B loch) no ta n to p o r sus referencias a datos de hecho, a
m e n u d o inventados, cu a n to p o r la luz que echan acerca de la
m e n ta lid a d de q u ie n escrib ió esos textos. “E n n u e s tra in e­
vitable su b o rd in a c ió n al pasado, condenados, com o lo esta­
m os, a conocerlo ú n ic a m e n te p o r sus huellas, p o r lo m enos
hem os co n seg u id o sa b e r m u ch o m ás acerca de él que lo que
tuvo a b ie n d e ja m o s dich o .” Y concluía: “bien m irad o , es u n
g ran d esq u ite de la in teligencia sobre los h echos”.8 E n o tro
tra m o de Apología para la historia o el oficio del historiador,
B loch rep licab a a las d u d as de quienes la m en tan la im posi­
bilid ad de c o rro b o ra r d eterm in ad o s acontecim ien to s h istó ­
ricos: p o r ejem plo, las circ u n sta n cia s en que se d isp a ra ro n
los tiro s de fusil q u e h a b ría n d esen cad en ad o la revolución
de 1848 en P arís. Se tra ta -o b serv ab a B lo ch - de u n escepti­
cism o que no ro za aquello que está p o r debajo del aco n teci­
m iento; esto es, las m en talid ad es, las técnicas, la sociedad,
la ec o n o m ía : “Lo q u e h ay en la h isto ria de m ás p ro fu n d o
p o d ría se r ta m b ié n lo q u e hay de m ás se g u ro ”.9 E n co n tra
del escepticism o p o sitivista que ponía en du d a la fiabilidad
8 M. Bloch, Apología della storia..., op. cit., pp. 50 y 51 (pero he utilizado
la traducción de C. Pischedda, Turín, 1969, p. 69).
9 Ibid.. p. 80 (trad. de C. Pischedda, p. 99). Respecto de este pasaje,
véase, de quien esto escribe, "A proposito della raccolta dei saggi storici di
Marc Bloch”, en Síudi Medievali, 3a serie, vi, 1965, pp. 335-353, en especial,
pp. 338-340.
14
EL HILO Y LAS HUELLAS
de tal o cual documento, Bloch hacía valer, por un lado, los
testimonios involuntarios; por el otro, la posibilidad de ais­
lar dentro de esos testimonios voluntarios un núcleo invo­
luntario, y por ende, más profundo.
Para contrarrestar el escepticismo radicalmente antipo­
sitivista que ataca la referencialidad de los textos en cuanto
tales, puede usarse una argumentación en ciertos aspectos
análoga a la recordada por Bloch. Si se indaga en el interior
de los textos, a contrapelo de las intenciones de quien los
produjo, pueden sacarse a la luz voces no controladas: por
ejemplo, las de las mujeres o de los hombres que, en los
procesos por brujería, de hecho se apartaban de los estereo­
tipos sugeridos por los jueces (capítulo xiv). En los roman­
ces medievales pueden detectarse testimonios históricos in­
voluntarios acerca de usos y costumbres, si dentro de la
ficción se aíslan fragmentos de verdad: un descubrimiento
que hoy nos parece casi banal, pero que sonaba paradójico
en París cuando, hacia mediados del siglo xvi, se formuló
explícitamente por primera vez (capítulo iv). Era una estra­
tegia de lectura no demasiado distinta a la delineada por
Bloch a propósito de las vidas de santos altomedievales. La
brecha abierta por esa actitud, sim ultáneam ente distan­
ciada y partícipe, para con la literatura del pasado tuvo, a la
larga, resultados imprevisibles. En esta senda encontramos,
tres siglos más tarde, a un gran estudioso (Erich Auerbach)
que analiza fragmentos de Voltaire y de Stendhal, leyendo
las Letíres philosophiques [Cartas filosóficas] y Le Rouge et le
Noir [Rojo y negro] no com o docum entos históricos sino
como textos impregnados de historia. La interpretación es in­
finita, aunque sus contenidos no son ilimitados: las interpre­
taciones de Auerbach pueden ser leídas desde una perspec­
tiva distinta con respecto a las intenciones y a la perspectiva
de su autor, si uno se vale de las huellas que él dejó de modo
más o menos involuntario (capítulos VI y IX). La ficción, ali­
mentada por la historia, se vuelve materia de reflexión his­
INTRODUCCIÓN
15
tó rica, o b ie n de ficción, y así sucesivam ente. Ese en tra m ad o
im previsible p u ed e estre c h a rse en u n nudo, un n o m b re (ca­
p ítu lo viii).
L eer los te stim o n io s h istó ric o s a co n trap elo -c o m o s u ­
g e ría W a lte r B e n ja m in -, en c o n tra de las in te n c io n e s de
q u ie n los p ro d u jo -a u n q u e , d esd e luego, esas in te n cio n es
d eb e n te n erse e n c u e n ta -, significa su p o n e r que ca d a texto
incluye elem e n to s no c o n tro la d o s.10 E so vale ta m b ié n p a ra
los textos lite ra rio s q u e q u ie re n co n stitu irse com o re a lid a ­
d es a u tó n o m a s . T a m b ié n en ellos se in s in ú a algo o paco,
c o m p a ra b le a las p e rc e p c io n e s que la m ira d a re g istra sin
co m p re n d er, co m o el ojo im p a sib le de la c á m a ra fo to g rá ­
fica: te m a q u e K ra c a u e r re to m ó a p a r tir de P roust, q u ien a
su vez re fo rm u la b a u n p asaje de S aint-S im on (capítulo x ii ).
E sta s zonas o p acas so n alg u n as de las huellas que u n texto
(to d o texto) d eja d e trá s de sí. Las en c o n tré c u a n d o in ten té
re fle x io n a r s o b re m i p r o p ia in v e stig ació n , en dos e x p e ri­
m e n to s su g e rid o s p o r la d ista n c ia te m p o ral (y, en u n caso,
ta m b ié n espacial) (capítulos xm y xv).
4. R ealizar u n inventario de las form as adoptadas p o r la fic­
ción al servicio de la verdad sería u n a ta re a obviam ente im ­
posible. El gusto m a n ierista p o r lo grotesco y lo extravagante
h a b ía n u trid o la g en ero sid ad h u m a n a e intelectual que in s­
p iró a M ontaigne el ensayo acerca de los caníbales b rasile­
ños (capítulo iii). E l te n u e hilo n arrativo del Voyage du jeune
A n acharsis en Gréce [Viaje del joven A nacharsis a G recia]
p e rm itió a B a rth éle m y o rg a n iz a r u n a en o rm e m asa de d a ­
tos a n tic u a rio s volviéndolos accesibles, en el tran sc u rso de
u n siglo, a u n m uy vasto p úblico rep a rtid o p o r E u ro p a en ­
te ra (capítulo vil). M ontaigne es considerado u n a excepción;
B arthélem y, a lo sum o, u n a anom alía. Pero am bos rem iten a
10 Cf. C. Ginzburg, Rapporti di forza, op. cit., pp. 47 y 87-108.
16
EL HILO Y LAS HUELLAS
una elección que modeló, sin que me diera cuenta de ello, gran
parte de la fisonomía de este libro. Por tratarse de un campo
infestado de lugares comunes y vaguedades, el vínculo entre
relatos históricos y relatos de ficción debía afrontarse de la
manera más concreta posible, por medio de una serie de
ejemplos. Queda englobado en esta perspectiva el capítulo v,
que pretende reconstruir “no la excepción sino la regla". Pero
consiste, precisamente, en una excepción. De manera retros­
pectiva, me di cuenta de que la mayor parte de los temas que
había afrontado no eran ilustraciones o ejemplos referidos a
una norma preexistente, sino casos: historia en miniatura
que, según la definición de André Jolles, plantean una pre­
gunta sin aportar la respuesta, señalando una dificultad no
resuelta.11 Cuando empecé a trabajar sobre los testimonios
que hablan de un judío sobreviviente, y único testigo, del ex­
terminio de su propia comunidad, pensaba que casos como
éste demostraban cuán insostenible es la posición de los es­
cépticos que de hecho asimilan relatos de ficción y relatos
históricos. Si un relato se sostiene sobre una sola fuente,
¿cómo es posible evitar plantearse preguntas acerca de su
autenticidad (capítulo xi)? Casi contemporáneamente me en­
contré formulando la misma pregunta a propósito de un do­
cumento del siglo v que relata un caso temprano de hostili­
dad entre cristianos y judíos: la carta del obispo Severo de
Menorca (capítulo n). Aquí el unus testis. único testisp suqerviviente, es un documento, no un individuo, como sucede en
cambio en los escritos jurídicos medievales que reflexiona­
ban acerca de las características de una comunidad (universitas) por medio del caso ficticio de un solo sobreviviente.12
11
A. Jolles, Forme setnplici, cap. "II caso”, en I travestimenti della letteratura. Scritti critici e teorici (1897-1932), ed. al cuidado de S. Contarini,
Milán, 2003, pp. 379-399, en especial, p. 393.
u Wase el ensayo de Y. Tilomas, "L’cxtréme et l’ordinaire. Remarques
sin Ir t ;is módilval de la communautó dispam c”, en J.-C. Passeron y J.
Krvrl Miis ), Penser par cas, París, 2005, pp. 45-73. El experimento men­
INTRODUCCIÓN
17
Lo q u e im p lícitam en te se p rese n tab a com o u n exp erim ento
m ental, u n exemplum fictum escogido de entre la casuística,
te n ía u n d ram á tic o correlato en la realidad.
5. De la selva de las relacio n es e n tre ficción y verdad h em os
visto d e s p u n ta r u n te rc e r térm ino: lo falso, lo no au tén tico .
Lo ficticio q u e se h ace p a s a r p o r v e rd a d e ro .13 Es te m a q u e
c a u s a in c o m o d id a d a los escép tico s, p o rq u e p re su p o n e la
re a lid a d : esa re a lid a d ex te rn a q u e ni siq u ie ra las co m illas
lo g ra n e x o rc iz a r (c a p ítu lo xi). P o r su p u e sto , d e sp u é s de
M arc B loch (Les rois taumathurges [Los reyes taumaturgos])
y G eorges L efebvre (La grande peur de 1789 [El gran pánico
de 1789]) n ad ie p e n sa rá que sea inú til e stu d ia r leyendas fal­
sas, a c o n te c im ie n to s falsos, d o c u m e n to s falsos. P ero u n a
to m a de p o sic ió n p re lim in a r so b re su falsedad o a u te n tic i­
d a d es, ca d a vez, in d isp en sa b le. Al respecto, en to m o a los
ta n r e p u ta d o s Protocolos a n tis e m ita s (c a p ítu lo x), n a d a
tengo q u e agregar. Me lim ité a leer a la p a r los falsos Proto­
colos y su p rin c ip a l fu en te, el diálogo im ag in ario de M auric e Joly. De ese co tejo aflo ran , a d e m á s de m u c h a p ésim a
co sa vieja, ta m b ié n algunas "m alas cosas nuevas": verdades
d esag rad a b les so b re las cuales vale la p en a reflexionar.
Los h isto ria d o re s -e sc rib ió A ristóteles en Poética, 5 1 b h a b la n de aquello que h a sido (lo verdadero); los poetas, de
tal, propuesto por Hobbes en el De corpore, que describe la annihilatio del
mundo a excepción de un solo individuo (véase G. Paganini, "Hobbes, Gassendi und die Hypothese von Weltvemichtung", en M. Mulsow y M. Stamm
[eds.], Konstellationsforschung, Fráncfort del Meno, 2005, pp. 258-339), po­
dría tener una raigambre casuística.
13 "La historia -escribió el gramático Asclepíades de Mirlea- puede ser
o verdadera o falsa o ‘como-si-fuese-verdadera’: verdadera es aquella que
tiene por objeto los hechos realmente acontecidos, falsa es la que tiene por
objeto ficciones o mitos, 'como-si-fuese-verdadera' es aquella que puede
encontrarse en las comedias y en los mimos. (Sexto Empírico, Contro i
matematici, i, 252, trad. it. de A. Russo, Barí, 1972, p. 82.) Véase, además,
el capítulo m del presente libro.
18
EL HILO Y LAS HUELLAS
aquello que podría haber sido (lo posible). Pero desde luego,
lo verdadero es un punto de llegada, no un punto de par­
tida. Los historiadores (y, de un modo distinto, los poetas)
hacen por oficio algo propio de la vida de todos: desenredar
el entramado de lo verdadero, lo falso y lo ficticio que es la
urdimbre de nuestro estar en el mundo.
Bolonia, diciembre de 2005
Agí udr/.ro a lodos los bibliotecarios que con solvencia y gentileza ayudaron
a mis investigaciones; de modo especial, los del Archiginnasio (Bolonia) y
los de l.i ( I i í j i I c s K Ymmg Research I.ibraiy (Los Ángeles).
I. DESCRIPCIÓN Y CITA
A Amaldo Momigliano
1. H oy e n d ía térm in o s com o verdad o realidad se volvieron,
p a ra alg u n as personas, im p ro n u n ciab les a m enos que estén
e n c e rra d o s e n tre com illas, escrita s o m im a d a s.1 E ste gesto
ritu a l, d ifu n d id o en los á m b ito s académ icos estad o u n id en ­
ses, a n te s de volverse u n a m o d a esp o n tán e a e inv o lu n taria
[irriflessa] fingía ex o rcizar el esp ectro del positivism o inge­
n u o: la a c titu d de q u ie n c o n sid e ra posible con o cer de m a ­
n e ra directa, sin m ediaciones, la realidad. Por detrás de esta
po lém ica previsible solía a so m a r u n a posición escéptica, di­
v e rsa m e n te a rg u m e n ta d a . C o n tra ella se form u laro n - ta m ­
bién lo hizo quien esto e scrib e- objeciones m orales, políticas
e in telectu ales. P ero m a n te n e rse virtu o sam en te alejados de
las ex a g eracio n es de los positiv istas y de los escépticos no
llevaría a n in g ú n lado. Com o dijo u n a vez B ertolt B recht a su
am ig o W alter B en jam ín , “no em pieces p o r las viejas cosas
b u e n a s, sin o p o r las m a las n u ev a s”.2 E scépticos y deconstru c tiv is ta s re sp o n d e n , casi sie m p re de m odo c la m o ro sa ­
m e n te in a d e c u a d o , a d e m a n d a s reales. E n o tro sitio pole-
1 Al respecto, remito al capítulo xi (“Unus testis. El exterminio de los
judíos y el principio de realidad"), en especial a las acotaciones marginales
al escrito de Renato Serra (pp. 322-325).
2 W. Benjamín, Avanguardia e rivoluzione. Saggi sulla letteratura, trad. it.
de A. Marietti, Turín, 1973, p. 233 (pero sigo la traducción francesa: Essais
sur Bertolt Brecht, París, 1969, p. 149 [trad. esp.: Tentativas sobre Brecht.
Iluminaciones ///, Madrid, Taurus,1990]).
19
20
EL HILO Y LAS HUELLAS
micé con sus respuestas.3 En esta oportunidad querría hacer
frente a algunas de sus preguntas.
2. Una afirmación falsa, una afirmación verdadera y una
afirmación inventada no presentan, desde el punto de vista
formal, diferencia alguna. Cuando Benveniste analizó los
tiempos del verbo francés, no dudó en valerse de ejemplos
tomados tanto de novelas com o de libros de historia.4 En
una novela breve titulada P ondo Pilatos, Roger Caillois ex­
ploró con mucha inteligencia las implicaciones de esta ana­
logía.5 Es de noche: a la mañana siguiente Jesús será juz­
gado. Pilatos todavía no decidió qué sentencia dictará. Para
inducirlo a optar por la condena, un personaje predice una
larga serie de acontecimientos que seguirán a la muerte de
Jesús: algunos importantes, otros intrascendentes, pero
-com o el lector comprende- todos verdaderos. A la mañana
siguiente, Pilatos decide absolver al imputado. Los discípu­
los de Jesús reniegan de él; la historia de la hum anidad
toma un rumbo com pletam ente distinto. La contigüidad
entre ficción e historia hace pensar en esos cuadros de Magritte en que se representa, uno junto a otro, un paisaje y su
reflejo en un espejo roto.
Afirmar que un relato histórico tiene semejanzas con un
relato inventado es obvio. Considero más interesante pre­
guntar por qué percibimos como reales los acontecimientos
narrados en un libro de historia. Por lo general, es un resul­
tado producido por elementos tanto extratextuales cuanto
1 Véase, más adelante, el capítulo xi.
4
E. Benveniste, “Les relations de temps dans le verbe franjáis", en Problemes de linguistique générale, vol. i, París, 1966, pp. 237-250 [trad. esp.:
I.as relaciones de tiempo en el verbo francés", en Problemas de lingüística
y,enera!, vol. i, México, Siglo xxi, 1971],
1
R Caillois, Ponzio Pílalo, trad. it. de L. De Maria, Tlirín, 1963 [trad.
esp Pniu io Pílalos. / i! dilema del poder, Buenos Aires, Sudamericana, 1962;
M-rd Hai(doria, Kdliasa, 1994],
DESCRIPCIÓN Y CITA
21
textuales. Me d e te n d ré en estos últim os, con la in ten ció n de
d a r c u e n ta d e algunos proced im ien to s, ligados a convencio­
n es literaria s, co n los que h isto ria d o res antiguos e h isto ria ­
d o re s m o d e rn o s in te n ta ro n c o m u n ic a r ese “efecto de ver­
d a d ” q u e c o n s id e r a b a n p a r te e s e n c ia l de la ta re a q u e se
fijaban de a n te m a n o .6
3. E m p ie z o p o r u n fra g m e n to de las H istorias de P o lib io
(xxxiv, 4, 4) citad o p o r E strab ó n . P ara d e m o stra r la veraci­
d a d de H o m ero , P olibio escribe:
Ahora la finalidad a que tiende la historia es la verdad; por
ello, encontram os que en el Catálogo de las Naves el poeta
menciona las características específicas de cada lugar, y llama
“rocosa" a una ciudad, mientras que de otra dice que "está si­
tuada en el confín", de otra que "tiene muchas palomas", y de
otra que está "cerca del mar”; y el propósito al que tienden es­
tos detalles es la vividez, como en las escenas de batalla; la fi­
nalidad del mito, en cambio, es causar placer o sorpresa.
E n la c o n tra p o s ic ió n e n tre h is to ria y m ito , H o m ero está
p u es firm em e n te del lado de la h isto ria y de la verdad: la fi­
n a lid a d {telos) a la cual tien d e su poesía es, de hecho, la “vi-
6 Esta expresión responde al "effet du réel” [efecto de realidad] referido
por Roland Barthes, pero desde una perspectiva opuesta a la suya. Para
Barthes, que identifica realidad y lenguaje, "el hecho nunca tiene más que
una existencia lingüística" y la "verdad”, entre comillas, es asimilada a
la polém ica contra el "realismo" (trad. it.: "II discorso della storia", en II
brusio della lingua. Saggi critici iv, Turín, 1988; en especial, pp. 147 y 149,
véanse también pp. 151-159) [trad. esp.: “El discurso de la historia", en El
susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura, Madrid, Paidós,
1999, pp. 163-177]. Según pienso, los hechos también tienen una existencia
extralingüística, y la noción de verdad forma parte de una historia suma­
mente larga, que acaso coincida con la historia de la especie. Sin embargo,
los procedim ientos usados para controlar y comunicar la verdad cambia­
ron con el paso del tiempo.
EL HILO Y LAS HUELLAS
22
videz” (enárgeian). En algunos manuscritos encontramos
enérgeian en vez de enárgeian, pero el contexto nos hace
pensar que la lección más convincente es la segunda.7 Una
confusión análoga se produce en la tradición manuscrita de
un tramo de la Retórica de Aristóteles (1411b, 33-34), cuyo
eco resuena en textos verdaderamente más tardíos y llega
hasta nosotros.8 En realidad, nada tienen en com ún esas
dos palabras: enérgeia significa “acto, actividad, energía”;
enárgeia, "claridad, vividez”.9 La importancia del primer
término en la term inología aristotélica, decisiva para el
léxico intelectual europeo, explica por qué enérgeia sobrevi­
vió en tantas lenguas: bastará pensar en energía, energy,
énergie, y otras formas diversas. Enárgeia, en cambio, es una
palabra ya perimida. Sin embargo, es posible reconstruir su
7 Cf. F. W. Walbank, A Historical Commentary on Polybius, vol. m, Oxford,
1979, p. 585, que se basa en P. Pédech, La méthode historique de Polybe,
París, 1964, p. 583, n. 389. Véase también F. W. Walbank, A Historical Com­
mentary on Polybius, vol. ii, Oxford, 1967, p. 496, y P. Pédech, La méthode...,
op. cit., p. 258, n. 19. Además, A. Roveri, Studi su Polibio, Bolonia, 1964,
índice, en la entrada “enárgeia”, y especialmente G. Schepens, "Emphasis
und enargeia in Polybios’Geschichtstheorie", en Rivista Storica dell'Antichitá,
5, 1975, pp. 185-200. Acerca de una lectura distinta de Polibio, xxxiv, 3
(enérgeia antes que enárgeia), cf. K. Sachs, Polybius on the Writing o f History, Berkeley, 1981, p. 154, n. 8.
8 Cf. T. Cave, The Comucopian Text, Oxford, 1979, p. 28, n. 39; A. Wartelle, Lexique de la Rhétorique d ‘A ristote, París, 1982, pp. 142-144; P. Pirani,
Dodici capi pertinenti aliarte histórica del Mascardi, Venecia, 1646, pp. 56,
84 (acaso debido a una errata); S. Leontief Alpers, "Ekphrasis and aesthetic
altitudes in Vasari’s Lives", en Journal o f the Warburg and Courtauld Institutes, 23, 1960, p. 194, n. 18, inducida a error por F. Junius, The Painting o f
the Ancients, Londres, 1638, p. 300 (Energía)] pero véase el texto original,
¡Je pictura veterum, Amstelaedami (Ámsterdam), 1637, p. 185 (enárgeia).
No pude ver C. Nativel, "La théorie de l’enargeia dans le De pictura veterum
dr Iranciscus Junius: Sources antiques et développements m odem es”, en
k Démoris (ed), Hommage á Elizabeth Sophie Chéron. Texis et peintures á
l'áye t lawH/ue, París, 1992, pp. 73-85.
' l a i oiilusión ya era señalada por Agostino Mascardi (1636): véase más
.íd rk i/ili’, p 50,
ii
.
70.
DESCRIPCIÓN Y CITA
23
significado: m ás p rec isam en te , la constelación de significa­
d os que g iran a su alre d ed o r.10
E n los p o em as hom éricos, a m enudo vistos com o ejem ­
plo su p rem o de enárgeia, no figura ese té rm in o .11 E n c o n tra ­
m os enargés, aso ciad o a la "presencia m anifiesta" de los d io ­
ses {llíada, xx, 131; Odisea, XVI, 161), y un adjetivo conexo,
argos, que significa “blanco, b rilla n te” -c o m o u n cisne, com o
u n b u e y - o, si no, "rápido". S egún P ierre C hantraine, "debe­
m os su p o n e r en su o rigen u n a noción que expresa a la vez la
b la n c u ra re sp la n d e c ie n te del relá m p ag o y la v elo cid ad ".12
P u ede tra d u c irse enargés, según los contextos, com o "claro";
si no, com o "tangible". Al igual que enárgeia, es u n térm in o
q u e se vincula a u n a esfera de experiencia inm ediata, com o
su giere o tro fra g m en to de P olibio (xx, 12, 8): "Juzgar cosas
d e o íd a s n o es lo m ism o q u e hacerlo p o r h a b e r sido testigo
10 Las páginas que siguen, correspondientes a los parágrafos 3-6, per­
m anecieron sustancialm ente sin cambios respecto de la versión originaria
(1988). En las notas agregué referencias a estudios publicados posterior­
mente acerca del tema de la enárgeia (muchas son citadas por B. Vouilloux,
"La description des ceuvres d’art dans le román frangais au xixe siécle", en
La description de l ’ceuvre d ’art. D u modéle classique aux variations contemporaines, actas del coloquio organizado por O. Bonfait, Roma, 2004, pp.
153-184, en especial, p. 179, n. 13; pero el volumen completo es impor­
tante). Me resultaron especialmente útiles: C. Caíame, "Quand dire c’est
faire voin l'évidence dans la rhétorique antique", en Études de Lettres, 4,
1991, pp. 3-20; A. D. Walker, "Enargeia and the spectator in Greek Historiography", en Transactions o f the American Philological Association, 123,
1993, pp. 353-377; P. Galand-Hallyn, Les yeux de leloquence. Poétiques hum anistiques de l ’évidence, Orleans, 1995.
11 Cf. G. M. Rispoli, “Phantasia ed enargeia negli scoli sW’Iliade", en Vichiana, 13, 1984, pp. 311-339; G. Zanker, “Enargeia in the Ancient Criticism
of Poetry”, en Rheinisches M useum, nueva serie, 124, 1981, pp. 296-311, en
especial, pp. 304, n. 29 y 310, n. 57.
12 Cf. P. Chantraine, Dictionnaire Étymologique de la Langue Grecque,
vol. i, París, 1968, p. 104. Cf. también D. Mülder, "Gótteranrufungen in Ilias
und Odysee", en Rheinisches Museum, 79, 1930, pp. 7-34, en especial, p. 29.
Tampoco menciona enargés C. Mugler, Dictionnaire historique de la terminologie optique des Grecs, París, 1964.
24
EL HILO Y LAS HUELLAS
de ellas: hay una gran diferencia. Una convicción fundada
sobre el testimonio ocular [he katá ten enárgeian pistis] siem ­
pre vale más que cualquiera otra".13 Tanto este tramo como
el concerniente a Homero que se citó más arriba se refieren
al conocimiento histórico. En ambos, la enárgeia es conside­
rada una garantía de veracidad.
El historiador antiguo debía comunicar la verdad de
aquello que estaba diciendo. Y para conmover o convencer a
sus lectores debía valerse de la enárgeia: término técnico que
según el autor del tratado De lo sublime (xv, 2) designaba la
finalidad de los historiadores, diferente de los poetas que
procuraban subyugar a su público. En la tradición retórica
latina se intentó repetidamente encontrar términos que equi­
valieran a enárgeia. Quintiliano (Institutio Oratoria [Institu­
ción oratoria], iv, 2, 63) propuso evidentia in narratione. "La
evidencia en la exposición -observó- es, en la medida de mi
entendimiento, sí, gran virtud, toda vez que no hace falta de­
cir tanto cuanto en determinado modo poner de manifiesto
una verdad.”14 En otro tramo (vi, 2, 32), Quintiliano notó
que Cicerón había usado inlustratio et evidentia como sinó­
nimos de enárgeia, "que parece no tanto decir cuanto m os­
trar una cosa; por su medio, los afectos seguirán de modo no
diferente a si estuviéramos asistiendo al desarrollo m ism o
de los hechos".15 En efecto, para Cicerón "inlustris... oratio"
designaba "la parte del discurso que, por así decir, pone ante
13 Cf. A. Roveri, Studi su Polibio..., op. cit., pp. 76 y 77.
14 Marco Fabio Quintiliano, L'istituzione oratoria, ed. al cuidado de R.
baranda, Turín, 1968, i, p. 489: "Evidentia in narratione est quidem magna
virius, cum quid veri non dicendum, sed quodammodo etiam ostendenduiii cst”.
1' Cl ibid ., i, p. 719: "Quae non lam dicere videtur quam ostendere, et
¡idlcc lus non aliter quam si rebus ipsis intersimus sequentur”; y véanse las
i i o I í j s ;i Ouinlihano, histitutiori Oratoire, vol. iv, ed. al cuidado de J. Cousin,
l'uiís, 1977, libios vi y vil, pp. 194 y 195, acerca de la importancia de la
t Htityym rn el prnsamienlo histórico griego y romano.
DESCRIPCIÓN Y CITA
25
los ojos el h ec h o ".16 El a u to r an ó n im o de la Rhetorica ad Here n n iu m u só p a la b ra s sim ilares p a ra d efinir las d em onstra­
tio : “E s c u a n d o la cosa se expresa con p alab ras tales q u e el
h ec h o parece d esarro llarse an te n u estro s ojos [...] declara la
co sa e n te ra y, p o r así decir, la sitú a ante n uestros ojos".17
D em onstrado. Los té rm in o s corresp o n d ien tes a esta p a ­
la b ra en las lenguas eu ro p eas m o d e rn a s -dim ostrazione, dem o n stra tio n , d ém o n stra tio n , y así su c e siv a m e n te - o c u lta n
b ajo u n velo eu clíd eo su n ú cleo retó rico . D em onstratio h a ­
c ía re fe re n c ia al g esto del o r a d o r q u e se ñ a la b a u n o b jeto
invisible, volviéndolo casi p alp ab le -enargés- p a ra q u ien lo
oía, g rac ias al p o d e r casi m ág ico de sus p ro p ias p a la b ra s.18
De m o d o análogo, el h isto ria d o r lo g rab a co m u n ica r su p ro ­
p ia ex p e rie n c ia -d ire c ta , en c u a n to testigo, o in d ire c ta - a
su s lecto res, p o n ie n d o a n te sus ojos u n a realid ad invisible.
E nárgeia e ra u n in s tru m e n to p a r a c o m u n ic a r la autopsia,
vale decir, la visión in m ed iata, en v irtu d del estilo.19
4. T am b ién el a u to r del fam oso tra ta d o Sobre el estilo -D e ­
m e trio , d u r a n te m u c h o tie m p o identificado e rró n ea m en te
co n D em etrio F a le re o - dedicó u n a sección b astan te am p lia
a la enárgeia, y la d e sc rib ió co m o u n efecto estilístico que
m a n a de u n a d escrip ció n en la que n a d a es superfluo. Des­
p u és de c ita r u n a co m p a ra c ió n h o m é rica (llíada, xxi, 257),
observó: "Aquí la vividez [enárgeia] depende de que se m en ­
c io n e n to d a s las c irc u n s ta n c ia s c o n c o m ita n te s y n a d a se
16 Cicerón, Partitiones Oratoriae, 20: "Haec pars orationis, quae rem
constituat paene ante oculos”.
17 Rhetorica ad Herennium, iv, 68: “Demonstratio est, cum ita verbis res
exprimatur, ut geri negotium et res ante oculos videatur [...] Statuit enim
rem totam et prope ponit ante oculos”.
18 Cf. J. de Romilly, Magic and Rhetoric in Ancient Greece, Cambridge
( m a ) , 1975.
19 Acerca de este concepto, cf. G. Schepens, L' autopsie dans la méthode
des historiens grecs du v* siécle avant J.-C., Bruselas, 1980.
26
EL HILO Y LAS HUELLAS
omita".20 Pero más adelante nos sale al paso una definición
más amplia, que designa como ejemplos de “vividez” también
la cacofonía y los términos onomatopéyicos usados por Ho­
mero. Nos hemos alejado, así, de la discusión acerca de los mé­
todos de la historia -que era nuestro punto de partida-, aunque
sólo en apariencia. La definición de enárgeia como acum u­
lación de detalles echa una luz inesperada sobre la reivindica­
ción, que entre los historiadores griegos es recurrente, de haber
registrado todos los acontecimientos, o al menos todos los
acontecimientos de importancia.21 En una sociedad en la que
los archivos eran infrecuentes y la cultura oral todavía ocupaba
una posición dominante, Homero ofrecía a los historiadores
un modelo que era, simultáneamente, estilístico y cognitivo.
En el primer capítulo de Mimesis, Erich Auerbach contra­
pone dos tipos distintos de relato: la riqueza analítica de Ho­
mero y la sintética concisión de la Biblia. Por un lado, la im­
portancia del estilo narrativo homérico para que en Grecia
naciese un nuevo modo de representar el cuerpo humano y,
por el otro, la importancia de la historia como género literario
han sido enfatizadas, respectivamente, por Emst Gombrich y
Hermann Strasburger.22 Este último, uno de los estudiosos
20 Demetrio, Dello stile, prólogo de D. M. Schenkeveld, trad. it. de A.
Ascani, Milán, 2002, §§ 209-220, pp. 173-179. Cf. W. R. Roberts, Demetrius
on Style [1902], Hildesheim, 1969, pp. 209 y ss. Cf. también B. Weinberg,
"Translations and Commentaries of Demetrius On Style to 1600: A Bibliography", en Philological Quarterly, xxx, 4, octubre de 1951, pp. 353-380;
D. M. Schenkeveld, Studies in Demetrius on Style, Ámsterdam, 1964, p. 61;
P. O. Kristeller y F. E. Cranz (eds.), Catalogas translationum et commentariorum..., vol. n, Washington dc , 1971, pp. 27-41 (B. Weinberg); G. Morpurgo-Tagliabue, Demetrio: dello stile, Roma, 1980.
21 Cf. L. Canfora, Totalitá e selezione nella storiografia classica, Barí, 1972.
n Véanse E. H. Gombrich, Art and IIlusión, Londres, 1962, pp. 99 y ss.
(li ad ¡i : Arte c iIlusione, Turín, 1965, pp. 143 y ss.) [trad. esp: Arte e ilusión,
Mam-lona, Débale, 2004]; H. Strasburger, Die Wesensbestimmung der Gesr Iiii lite tJurch die anlike (ieschichtssclireibung, Wiesbaden, 1978 (Sitzungsbrndite der wiswnscluiftlit'hen Gesellschaft an der Johann Wolfgang Goethe
lhnw r\m u l'Htiik¡urt/Maiu, vol. v, 3, 1966), pp. 78, n. I y 79, n. 3.
DESCRIPCIÓN Y CITA
27
q u e co n m a y o r eficacia se d etu v iero n en las im p licacio n es
teóricas de la enárgeia, observó que el térm ino adoptó u n sig­
nificado m ás técnico en la era helenística, cuando histo riad o ­
res co m o D uris de S am os y su seg u id o r Filarco cre aro n u n
n u evo tip o de h isto rio g rafía, que se in sp irab a en los po etas
trágicos y ap u n ta b a a efectos de tipo m im ético.23
5. H asta aquí, la enárgeia se fue configurando com o u n a n o ­
ció n situ a d a en el lím ite e n tre histo rio g rafía y retórica. Sin
em barg o , a este ám b ito se m án tico debem os agreg ar la p in ­
tu ra . A nte nosotros, u n a m e táfo ra to m a d a de u n diálogo de
Platón, E l político: "N uestro discurso, precisam ente en cuanto
re p re se n ta c ió n de u n a figura viva, d a la sensación de h a b e r
re p ro d u c id o b a sta n te b ien los rasgos exteriores, sin todavía
h a b e r logrado, p o r lo dem ás, ese relieve [enárgeia] que se ob­
tiene con los pigm entos y con la m ezcla de colores".24
23 Cf. H. Strasburger, Die Wesensbestimmung..., op. cit. Desde una pers­
pectiva más limitada, cf. E. Burck, Die Erzahlungskunst des T. Livius, Berlín,
1934; G. Avenarius, Lukians Schrift zur Geschichtsschreibung, Meisenheim/
Glan, 1956, pp. 130 y ss. Enárgeia es mencionada en J. Martin, Antike Rhetorik, Munich, 1974, pp. 252 y 253, 288 y 289. Un análisis más amplio en H.
Lausberg, Handbuch der literarischen Rhetorik, Munich, 1960, §§ 810-819
[trad. esp: Manual de retórica literaria, 3 vols., Madrid, Gredos, 1966-1969];
y cf. P. Galand, "L"enargeia’ chez Politien”, en Bibliothéque d'Humanisme et
Renaissance, x l e x , 1, 1987, pp. 25-53 (ambos son muy útiles, aunque no se
ocupan de la relación con la historiografía). Acerca de las implicaciones fi­
losóficas de enárgeia, cf. A. A. Long, "Aisthesis, Prolepsis and Linguistic
Theory in Epicurus”, en Bulletin o f the Institute o f Classical Studies, London,
18, 1971, pp. 114-133. En cuanto a Duris, además de H. Strasburger, Die
W esensbestim m ung..., op. cit., véanse las discusiones entre los ya citados G.
Schepens, “Em phasis...", op. cit., y K. Sachs, Polybius..., op. cit., pp. 149 y
ss. Otra bibliografía en J. R. Morgan, "Make-Believe and Make Believe: The
Fictionality of the Greek Novéis", en C. Gilí y T. P. Wiseman (eds.), Lies and
Fiction in the Ancient World, Austin ( t x ) , 1993, pp. 175-229, en especial, p.
184, n. 15.
24 Platón, Político, trad. it. de E. Martini, en Tutte le opere, ed. al cuidado
de G. Pugliese Carratelli, Florencia, 1974, p. 296 [trad. esp.: Critón. El polí­
tico, Madrid, Alianza, 2008].
28
EL HILO Y LAS HUELLAS
Estas implicaciones de enárgeia surgen plenamente, a
muchos siglos de distancia, en una trama de las Imágenes de
Filóstrato el Joven, célebre recopilación de descripciones
(iekphraseis) de obras de arte, presumiblemente imaginarias.
En la descripción de una pintura que representaba el escudo
de Pirro -inspirada en la del escudo de Aquiles que consta en
la litada, modelo de este género literario-, se lee este pasaje:
Y si o b serv aras ta m b ié n los reb a ñ o s de bueyes que se e n c a m i­
n a n a p astar, seguidos p o r los pasto res, acaso n o te m a ra v illa­
ría el color, a u n q u e todos estén h ec h o s de o ro y estañ o . P ero
q u e ca si los oigas m ugir, p in ta d o s co m o e s tá n , y q u e te p a ­
rezca o ír el estré p ito del río, a lo largo del cu al e stá n los b u e ­
yes, ¿no es acaso el colm o de la vividez [enárgeia]?25
Podría compararse esta pregunta retórica con el gesto de un
orador: una demonstratio que se propone señalar un objeto
invisible, vuelto vivido y casi tangible por la potencia de la
ékphrasis. Llegados a este punto, podemos comprender por
qué en su breve tratado Sobre la fama de los atenienses Plu­
tarco comparó (347a) una pintura de Eufranor que repre­
sentaba la batalla de Mantinea con la descripción que de
esa misma batalla aporta Tucídides. Plutarco elogió la “viva­
cidad pictórica [graphiké enárgeia]" de Tucídides; más tarde,
esclareció las implicaciones teóricas de esa comparación:
Con to d o , es c ie rto q u e S im ó n id e s d e fin e la p in tu r a c o m o
p o esía m u d a y la p o esía co m o p in tu r a q u e h ab la: d e h e c h o ,
aq u ellas accio n es que los p in to re s re p re s e n ta n co m o si e s tu ­
v ie ra n s u c e d ie n d o , los re la to s las e x p o n e n y d e s c rib e n ya
acontecidas. Sin em bargo, si esos m ism o s te m as los p in to re s
‘ 1 lilósl/ato i*l Joven, h u n iü ^ in i, 10 (utilicé, con leves modificaciones,
l;i iiadiu <ióii <le V. I.ancetti,
opere dei d u e F ilostrati, vol. n, Milán, 1831)
lliad esj» lim i^ en e s D escripcion es, Madrid, Símela, 1993].
DESCRIPCIÓN Y CITA
29
los representan con los colores y el dibujo mientras los escri­
tores los exponen con nombres y palabras, difieren en el ma­
terial y en la técnica de la imitación, pero ambos se proponen
un solo fin; y el historiador de mayor valía es aquel que hace
su narración describiendo los sentim ientos y delineando el
carácter de los personajes como si de una pintura se tratase.
Así, Tucídides con su prosa siempre se esfuerza por obtener
esta eficacia expresiva, am bicionando ardientemente hacer
del oyente un espectador y volver vivas para quien lee las
em ocionantes y conmovedoras alternativas a que los testigos
oculares asistían.26
6. Tal co m o h a c ía P lu tarc o , algunos de los estu d io so s m ás
a u to riz a d o s de la h isto rio g ra fía griega y ro m a n a reconocie­
r o n en la ékphrasis la finalidad de los rela to s históricos. La
ékphrasis - e s c rib e H e rm a n n S tra s b u rg e r- e ra u n a n o ció n
q u e a b a rc a b a u n ám b ito m uy am plio, e n el cual q u ed a b an
en g lo b ad as escenas de b atallas llenas d ep a th o s, la peste de
A tenas de q u e h a b la Tucídides, d escripciones de te n o r geo­
gráfico o etnográfico (ekphraseis tu topu).27 Si la enárgeia era
la finalidad de la ékphrasis, la verdad e ra el efecto de la enár­
geia . 2 8 P odem os im a g in a r u n a secuencia de este tipo: relato
h istó ric o -d e sc rip c ió n -v iv id e z -v e rd a d . L a d ife re n c ia e n tre
n u e stro co n cep to de h isto ria y el p ropio de los antiguos po­
d ría resu m irse de este m odo: p ara los griegos y los rom anos,
la v erdad h istó ric a se fu n d ab a sobre la evidentia (el equiva­
26 Plutarco, La gloria di Atene, ed. al cuidado de I. Gallo y M. Mocci,
Nápoles, 1992, p. 51.
27 Cf. H. Strasburger, Die W esensbestimmung..., op. cit., pp. 80 y 87, n. 3.
Caíame sostiene que la relación entre la ékphrasis y la descripción era mar­
ginal; con todo, la ékphrasis en sentido lato incluía las exposiciones detalla­
das (cf. "Quand d ire...”, op. cit., pp. 5, 13 y 14).
28 Sobre la presencia de estos conceptos en las discusiones estéticas con­
temporáneas presta testim onio M. Krieger, Ekphrasis. The Illusion o f the
Natural Sign, Baltimore, 1992 (acerca de enárgeia, véanse pp. 67-112).
30
EL HILO Y LAS HUELLAS
lente latino de enárgeia propuesto por Quintiliano); para no­
sotros, sobre los documentos (en inglés, evidence)29
Ello no consiste en una simplificación excesiva. En un
tramo de la Institutio Oratoria (iv, 2, 64-65), Quintiliano ob­
servaba que algunos habían protestado contra el uso de la evidentia in narratione "porque, según ellos, en determinadas
causas la verdad debe velarse. Lo cual es ridículo: quien quiere
velarla expone lo falso en vez de lo verdadero, y de este modo
debe sudar la gota gorda para que las cosas más evidentes
parezcan tales".30 Esta desprejuiciada descripción del compor­
tamiento de los abogados podría haberse extendido a los his­
toriadores, dado el muy estrecho vínculo entre historia y retó­
rica. El criterio definitivo de verdad no coincidía con las
reacciones del público. No obstante, se consideraba que la ver­
dad era fundamentalmente un problema de persuasión, ligado
sólo de manera marginal a un control objetivo de los hechos.
7. Los historiadores que, del siglo xvi en adelante, se conside­
raron herederos de Heródoto, Tucídides y Livio habrían dado
por descontada esta conclusión. La fractura surgió luego. Re­
cién en la segunda mitad del siglo xvii hubo quien empezó a
analizar sistemáticamente las diferencias entre fuentes pri­
marias y fuentes secundarias. En su célebre ensayo "Storia
antica e antiquaria”, Amaldo Momigliano demostró que ese
aporte decisivo al método histórico provino de anticuarios
que usaban testimonios no literarios para reconstruir hechos
ligados a la religión, a las instituciones políticas o administra-
2<> Esa misma contraposición fue sugerida, de manera independiente,
por T. P. Wiscman, "Lying Historians: Seven Types of Mendacity", en C. Gilí
y I. P. Wiseman (eds.), Lies and Fiction..., op. cit., pp. 122-146, en especial,
pp. 145 y 146.
*" Ouia in quibusdam causis obscuranda vcritas esset. Quod est ridiculuiri; nain qiii obscura re vult, narra! falsa pro veris, et in iis quae narrat debrt laboiaic ui videanlur quam evidentissima" (Quintiliano, L’istituzione,
op i ii , i, p 489, ti aducción levemente modificada).
DESCRIPCIÓN Y CITA
31
ti vas, a la econom ía: ám bitos no tocados po r la historiografía,
cuya tendencia la o rien tab a h acia la historia política y militar,
y h ac ia el presente. F ren te a la crítica corrosiva, a veces em ­
p u ja d a h a sta la p arad o ja, que escépticos com o La M othe Le
Vayer alzaban co n tra los historiadores griegos y rom anos, los
a n tic u a rio s o b je taro n q u e m edallas, m onedas, estatu as, in s­
cripciones ofrecían u n a m asa de m aterial docum entarlo tanto
m ás sólido, y ta n to m ás atendible, que las fuentes narrativas
co rrom pidas p o r errores, supersticiones o m entiras. La histo­
riografía m o d e rn a nació de la convergencia -q u e p o r prim era
vez se concretó en la o b ra de E dw ard G ibbon- entre dos tra ­
d icio n es in te le ctu a les d istin ta s: la histoire philosophique al
uso de Voltaire y la indagación an ticu a ría.31
8. S in em bargo, la tray e cto ria vigorosam ente delineada p o r
M om igliano debe a n ted a tarse u n siglo. Al p rom ediar el siglo
xvi, ta n to la crisis escéptica com o su superación en el cam po
de la a n ticu a ría h ab ían sido form uladas lúcidam ente p o r u n
filó lo g o -an ticu a rio de g ra n ingenio, F ran cesco R obortello,
o rig in a rio de U dine. E n n u estro s días, se lo conoce en espe­
cial p o r su escrito pio n ero acerca de la em m endatio de textos
a n tig u o s (1557), q u e fue a m p lia y a d e cu a d am en te d isc u ti­
d o .32 Las pocas y su m a m e n te densas páginas sobre la histo-
31 A. Momigliano, "Ancient History and the Antiquarian”, en The Journal
o f the Warburg and Courtauld Institutes, 19, 1950 (trad. it.: "Storia antica e
antiquaria", en Sui fondamenti della storia antica, Turín, 1984). Pero véase
también su "The Rise of Antiquarian Research”, en R. Di Donato (ed.), The
Classical Foundations o f Modem Historiography, Berkeley y Los Ángeles,
1990 (Sather Lectures, 1961-1962), cap. 3, pp. 54-79 (trad. it.: Le radici ctassiche della storiografia moderna, Florencia, 1992, con el agregado de una
nueva introducción del compilador, pp. 59-83).
32 F. Robortello, De convenientia supputationis Livianae Ann. cum marm oribus Rom. quae in Capitolio sunt. Eiusdem de arte, sive ratione corrigendi
veteres authores, disputatio. Eiusdem Emendationum libri dúo, Patavii (Pa­
vía), 1557. Cf. A. Carlini, L’a ttivitá filológica di Francesco Robortello, Udine,
1IhZ l\tú.ddl'AccjidPM ?.io-¿Uldw£.-yo\. vil. séptima serie, 1966-1969, pp.
32
EL HILO Y LAS HUELLAS
ría (De histórica facúltate disputado, 1548) corrieron distinta
suerte. A su buen éxito durante el Cinquecento, reconfirmado
por su inclusión postuma en la primera compilación de es­
critos respecto del método histórico (Artis historicae penus,
1579 [Compilación de escritos sobre el método histórico]),
siguió, en una época más cercana a nosotros, una lectura a
menudo distraída y superficial.33
De la originalidad de esas páginas, Robortello tenía
plena conciencia. Su edad apenas superaba los 30 años, en­
señaba en el Studio di Pisa, era amigo del gran filólogo Pier
Vettori. Con el tono agresivo que le era característico d e ­
53-84); E. J. Kenney, The Classical Text, Berkeley, 1974, pp. 29-36 (al cual
acaso aludiera S. Timpanaro cuando observaba que el escrito de Robortello
"merece ser recordado sin severidad anacronista"; La genesi del método del
Lachmann [1963], Turín, 2003, p. 13, n. 1). Acerca de la biografía, siempre
es útil G. G. Liruti, Notizie delle vite ed opere scritte da'letterati del Friuli, vol.
m, Venecia, 1762, pp. 413-483; pero la denuncia de Celio Secondo Curione
como herético de parte de Robortello habrá de controlarse posteriormente,
también a la luz de lo afirmado en la nota siguiente.
33
E Robortello, De historia facúltate, disputado. Eiusdem Laconici, seu
sudationis explicatio. Eiusdem de nominibus Romanorum. Eiusdem de rhe­
torica facúltate. Eiusdem explicatio in Catulli Epithalam ium ..., Florentiae
(Florencia), 1548. La Disputatio fue reeditada por el polaco Stanislao Ilovius, discípulo de Curione, en dos volúmenes a su cuidado: cf. Dionisio de
Halicamaso, Nonnulla opuscula..., "ex officina Roberti Stephani”, Lutetiae
(París), 1556, pp. 42-62 -le sigue una carta a Curione-; Demetrio Falereo,
De elocutione liber, "per Ioannem Oporinum", Basileae (Basilea), 1557, pp.
226-246. Esta última compilación incluye un escrito de Ilovius que desde
su título calca el de Robortello (De histórica facúltate libellus, op. cit., pp.
215-226). Al modo en que las ideas de Robortello fueron retomadas por
Francesco Patrizi, que lo definía como "maestro" (Della historia, dieci dialoghi, Venecia, 1560, c. 6r), cuento con volver en otra oportunidad. Tanto
Robortello como Patrizi están presentes en la compilación Artis historicae
penus, ed. al cuidado de J. Wolff, Pietro Pema, Basileae (Basilea), 1579. La
importancia de la Disputatio de Robortello y la deuda de Speroni y Patrizi
con ¿I pasaron inadvertidas para G. Spini, "I trattatisti dell’arte storica nella
Control iforrna italiana”, en Contributi alia storia del Concilio di TYento, i,
(Juadrnii di Hclfa^or, 1948, pp. 109-136 (véase además n. 47). Mucho mejor,
au n q u e «*n parle condicionado por el ensayo anterior, G. Cotroneo, / trattalisli dril ars histórica”, Nápoles, 1971, pp. 121-168 (acerca de Robortello).
DESCRIPCIÓN Y CITA
33
claró, en su d ed ica to ria a Lelio Torelli (el ju rista filólogo que
alg u n o s a ñ o s m á s ta rd e p u b lic a ría la p rim e ra ed ició n del
c é le b re m a n u s c r ito flo re n tin o de las P andectas), h a b e rse
p ro p u e sto u n a m e ta a b so lu ta m e n te nueva: sa c a r a la luz el
a rte y el m é to d o la ten tes en la e scritu ra de la historia.
L a fin alid ad del h isto ria d o r -a firm a R obortello al p rin ­
c ip io - es el relato , a u n q u e in m e d ia ta m e n te despu és aclara
q u e h is to ria d o r es aq u e l q u e "relata y explica”. Sigue u n a
a c la ra c ió n a d ic io n a l: el h is to ria d o r ex p lica "las accio n es
q u e lo s h o m b r e s m is m o s e fe c tú a n " (q u a s ip si h o m in e s
gerunt). N o inventa, sin o que explica (non est effictor rerum,
sed explanator). La h is to ria es d istin ta a la poesía, y acaso
- a l p ro p o n e r ejem plos de lo que es ju sto e in ju sto - su p erio r
a la filo so fía . La im p o r ta n c ia d e e s ta ú ltim a a firm a c ió n
su rg e alg u n as p ág in as después, cu a n d o R obortello refiere la
c rític a , q u e c o n s id e ra p o r e n te ro in é d ita , fo rm u la d a p o r
S exto E m p írico , “a u to r griego que expuso todas las ideas de
los p irro n ista s". A ello sigue u n a larga cita, trad u cid a al la ­
tín p e ro e n tre m e z c la d a co n frases y té rm in o s griegos, del
tr a ta d o A dversus m a th em a tico s [Contra los m atem áticos, o
b ie n Contra los profesores], de Sexto E m pírico (i, 252-260):
el filósofo h e le n ístic o q u e c o n stitu y e la fuente prin cip al, y
en cierto s aspectos única, acerca del escepticism o griego.
E l orgullo de R obortello al in sistir en lo novedoso de su
cita e ra justificado. E n ese m om ento, Sexto E m pírico to d a­
vía e ra casi sólo u n n om bre. Ingresaría, triunfante, en la fi­
lo so fía e u ro p e a en 1562, m o m e n to en que H enri E stien n e
tra d u jo al la tín los Esbozos pirrónicos . 3 4 P reviam ente, com o
ya se se ñ aló , S exto E m p íric o h a b ía te n id o u n solo le cto r
34
Sextiphilosophi Pyrrhonianum hipotipioseon libri ///... latine nuncprim um editi, interprete Heneo Stefano, Parisiis (París), 1562. Acerca de todo
esto, cf. R. Popkin, The History o f Scepticism. From Savonarola to Bayle. edi­
ción revisada y aumentada, Oxford, 2003, en especial, pp. 17 y ss. Véanse
también, A. Seifert, Cognitio histórica, Berlín, 1976, pp. 17 y 18; L. Floridi,
Sextus Empiricus: The Transmission o f Pyrrhonism, Oxford, 2002, p. 31.
34
EL HILO Y LAS HUELLAS
moderno, Gian Francesco Pico, autor de un Examen vanitatis doctrinae gentium [Examen de la vacuidad de la doctrina
pagana]: virulenta crítica realizada en nombre del cristia­
nismo intransigente de Savonarola, a quien seguía. En esta
am plísim a obra, que tomaba com o base los escritos de
Sexto Empírico, también aparecen las páginas utilizadas
casi treinta años después por Robortello.35 Pero acaso éste
no las haya visto; y, aunque las haya visto, consultó sin em ­
bargo el texto griego, probablemente en el ms. Laur. 85, 11,
datado en 1465, que contiene dos obras de Sexto, los Esbo­
zos pirrónicos y Adversus m athem aticos.36
La segunda parte de esta última obra se refiere a los gra­
máticos. Algunos de ellos, entre los cuales se cuenta el famoso
Dionisio Tracio, habían sostenido que la gramática tiene una
parte histórica.37 Sexto Empírico objetó que la historia no
tiene método: no es una tekhne (en latín, ars), sino una mera
acumulación de hechos, irrelevantes, inciertos y quiméricos.
Robortello intentó demostrar, en contra de él, la existencia de
una “ars storica", expresión polémica que debía inspirar el tí­
tulo de una antología como Artis historicae penus, concebida
a modo de respuesta -igualmente polém ica- a la expansión
del escepticismo con relación a la historiografía.38
Robortello empieza su argumentación afirmando que el
elemento metódico de la historia se identifica con la retórica.
No obstante, concede, es cierto que los antiguos -tal como
35
G. F. Pico, Examen vanitatis doctrinae gentium, et veritatis Christiane
disciplinae, distinctum in libros sex, impressit Mirandulae Joannes Maciochius Bundcnus, c. lxxxii r (libro m, cap. 3: "Quid sceptici contra grammalicarn solcant disputare: ubi et quaepiam ex aliis auctoribus"). Véase C. B.
Schrnitt, (lian Francesco Pico della Mirándolo (1460-1533) and His Critique
of Anstotle, La Haya, 1967, p. 49.
u’ II. Mutschmann, "Die Überlieferung der Schriften des Sextus Empiri* us , en Rheinisches Museum, nueva serie, l.xiv, 1909, pp. 244-283.
(/ Al i especio, véase más adelante el capítulo in.
,H l.a primera edición del Adversus mathematicos de Sexto Empírico
( 16 n i I *>69, Artis historicae penus es de diez años más larde.
DESCRIPCIÓN Y CITA
35
re c u e rd a C icerón en De Oratore [Diálogos del orador], n - es­
crib ían anales com pletam ente desprovistos de m étodo, in m u ­
nes a p reocupaciones retóricas. Pero si se inventan (effingantu r) discu rso s y co m p o rtam ie n to s verosím iles y apropiados,
co m o h ac e T ucídides, c laram e n te se p ercibe que la retó rica
es la m a d re de la historia.
La p o sic ió n de R obortello fue identificada con esta res­
p u e sta , q u e de p o r sí n a d a te n ía de p a rtic u la rm e n te o rig i­
n a l.39 N o se p e rc ib ió q u e la in siste n c ia en la ca p ac id a d de
in v e n ta r (effingere) discu rso s c o n tra d ec ía la afirm ación p re ­
via a c e rc a del h is to ria d o r q u e n o inventa, sino que explica
(n on est effictor rerum , sed explanator). P ero sobre to d o no
se n o tó que, in m e d ia ta m e n te después, el escrito de R obor­
tello sigue u n cau ce diferente.
Lo q u e el h is to r ia d o r to m a en c o n s id e ra c ió n so n las
ac cio n es, p ú b lic a s y p riv ad as, y p o r e n d e inelu d ib lem en te
los n o m b re s de q u ie n e s las e fe c tu a ro n . S egún afirm a R o ­
b o rte llo , éste es el elem e n to p a r tic u la r (“aq uello que Alcib ía d es h iz o o pad eció ") que A ristóteles h ab ía d etectad o en
la h isto ria , c o n tra p o n ié n d o lo a la u n iv e rsa lid a d de la p o e­
sía. P o r d e trá s de esa afirm a ció n está el tra b a jo de R obor­
tello e n dos lib ro s p u b lic ad o s en ese m ism o añ o de 1548: el
c o m e n ta rio a la Poética de A ristóteles y la o b ra eru d ita De
n o m in ib u s R o m a n o ru m [S o b re los n o m b re s de los ro m a ­
nos]. El n o m b re -v a le decir, el d ato q u e es la espina dorsal
del g é n e ro a n a lís tic o - a r r a s tra consigo u n a reflexión acer­
ca d el o r d e n d e la n a r r a c ió n h is tó ric a . E n el elogio que
A ristó teles h a c e a H o m ero p o r h a b e r co m en zad o sus p ro ­
p io s r e la to s in m ed ia s res, R o b o rte llo lee u n a in v itac ió n
39 Véase, por ejemplo, E. Kessler, Theoretiker humanistischer Geschichtsschereibung, Múnich, 1971 (superficial). Completamente descaminado, J.
Jehasse, La Renaissance de la critique. L’e ssor de l'humanisme érudit de
1560 á 1614, París, 2002, p. 101, que atribuye a Robortello un "subjectivisme radical” que excluye la posibilidad de corroborar aun las verdades
de hecho.
36
EL HILO Y LAS HUELLAS
implícita a que los historiadores sigan en cambio el orden
cronológico, para relatar "una larga serie de años”. Por
cierta que fuera la hipótesis de un reinicio cíclico formu­
lada por algunos filósofos -observa Robortello-, los histo­
riadores deben sin embargo proponerse relatar la historia
empezando por aquellos toscos, agrestes inicios de la espe­
cie humana que los poetas describieron: "Pero si el histo­
riador debe volverse hacia esa larguísim a serie de años,
resulta evidente que su competencia debe abrazar toda la
Antigüedad: todo cuanto es pertinente a las costumbres, el
modo de sustentarse, la fundación de las ciudades, las m i­
graciones de los pueblos”.
Por tanto, para Robortello, la historia es sinónim o de
estudio anticuario, aunque sea muy distinta al am ontona­
miento de hechos insignificantes ridiculizado por Sexto
Empírico. Y así prosigue:
V álganos de ejem plo T ucídides, q u e e n el lib ro sex to explica
en m a n e ra asaz d e ta lla d a y v e ríd ic a las a n tig ü e d a d e s d e las
ciudades y de los poblad o res de S icilia e n tera. Y d eb id o a q u e
p a ra c o n o c er estas a n tig ü ed a d es so n su m a m e n te ú tiles ta n to
los resto s de edificios v etu sto s c u a n to los ep íg rafes g rab a d o s
en el m árm o l, en el oro, en el b ro n ce y en la p lata, es in d isp e n ­
sable que ta m b ié n se los tenga en cuen ta. U na vez m ás T ucídi­
des -¿y acaso hace falta b u sc a r u n a a u to rid a d d istin ta a la de
un h isto ria d o r tan ilu stre ? - d e m u e stra [probat], so b re la b ase
de u n ep ígrafe cin celad o en u n m á rm o l co lo ca d o en la A cró­
polis p a ra que sirva de ad m o n ic ió n a la p o ste rid a d , algo q u e
m uchos h ab ían negado, a saber: que aq u el se refería a H ipias,
tiran o de A tenas, que hab ía tenido cinco h ijo s.40
10
"'IHucydides nobis cxemplo sil, qui libro sexto omnem antiquitatem
mbium, ai; populomm Siciliae diligentissimc ac verissime cxplicit. Et quoniam ad liant antiquitatem cognoscendum multum nos iuvant vctustorum
ardilii ¡<>i mu leliquiae, atque aut m aim ón bus, aut auto, aere, et argento in-
DESCRIPCIÓN Y CITA
37
Con visión certera, R obortello elegía en la o bra de Tucídides
u n a p ágina (vi, 54-55) que ap o rta b a a su exposición: ese razo ­
n a m ie n to tra n s f o r m a b a u n ep íg ra fe fra g m e n ta rio en u n a
p rueba. A ello seguía u n a invitación a am p liar el m arco de la
indagación. La histo ria, p arte in teg ran te de la retórica, debe
a b a rc a r todo aquello de lo que se ocupa la retórica: las form as
po líticas, la elección de los m ag istrad o s, el funcio n am ien to
de los trib u n a le s, el a rte m ilitar. La h isto ria debe d escrib ir
"los ríos, los lagos, los p an tan o s, las m o n tañ as, las llanuras,
los enclaves de las ciudades". É sa es u n a alusión a Luciano,
ex p líc ita m e n te m e n c io n a d o al final del escrito: "El ó p tim o
a u to r de h is to ria d eb e p o se e r los dos sig u ien tes req u isito s
p rincipales: inteligencia política y capacidad expresiva”.41
Las de R ob o rtello no e ra n ex hortaciones abstractas. D u­
ra n te su ac tiv id ad de filólogo-anticuario en m endó u n a serie
de p asaje s de Livio to m a n d o com o base epígrafes: u n cap í­
tu lo de la p ro lo n g a d a , p o n z o ñ o sa p o lém ica que lo o p u so a
C ario S ig o n io .42 T á c ita m e n te soslayó, e n ca m b io , el g ra n ­
d io so p ro y ec to esb o za d o en la D isp u ta d o : c o m b in a r h isto ­
ria p o lítica y a n tic u a ría .
9. Las p á g in a s de R o b o rte llo b u llía n de ideas y c o n tra d ic ­
ciones. La h isto ria e ra d efen d id a de la acusació n de falta de
m é to d o q u e h a b ía fo rm u la d o S exto E m p íric o d esd e u n a
p ersp ectiv a retó ric a: pero no q u ed a b a en claro qué en ten d ía
cisae literae haec quoque teneat oportet. Idem Thucydides (quid enim opus
est ab huius tanti praeclari historici authoritate discedere?) ex inscriptione
marmoris, quod in arce fuerat positum, ut posteris esset monimentum,
probat, quod multi aliter recensebant: Hippiam Atheniensium fuisse tyrannum, et liberos quinqué suscepisse."
41 Luciano, Come si debe scrivere la storia, ed. de F. Montanari y A. Barabino, Milán, 2002, §§ 19 y 34.
42 Cf. F. Robortello, Emendationum libri dúo (en la compilación De convenientia..., op. cit.), cc. 34v-37r; véanse c. 22v, etc. Una pormenorizada
reconstrucción de la polém ica en W. McCuaig, Cario Sigonio. The Changing
World o f the Late Renaissence, Princeton, 1989, pp. 28 y ss.; pp. 43 y ss.
38
EL HILO Y LAS HUELLAS
Robortello por "retórica". En un primer momento, él identi­
ficaba ese término con los discursos ficticios de Tucídides;
en un segundo momento, con el desciframiento, también
ejemplificado por Tucídides, de testim onios no literarios,
según los lincamientos de la anticuaría. Ambas acepciones
de retórica no eran necesariamente incompatibles: en la Re­
tórica de Aristóteles, las pruebas tenían una importancia
muy grande.43 Pero Robortello parece vacilante acerca de
este punto. Después de rechazar, haciéndose eco de Cicerón,
los anales a causa de su tosquedad estilística, Robortello
volvía a presentarlos, de soslayo, como marco cronológico
de una historia anticuaría que habría de tomar como punto
inicial la más remota Antigüedad. Esa restitución de los
anales, propuesta de modo vacilante, encontró un desarro­
llo imprevisible en el ámbito paduano, que en otra época
había sido teatro de la polémica entre Robortello y Sigonio.
Según una definición tradicional, los anales se configu­
raban como una suerte de género intermedio entre historia
y anticuaría.44 El gramático Verrio Flaco, citado por Aulo
Gelio (Noctes Atticae [,Noches áticas], v, 18), afirmaba: "La
diferencia entre 'historia' y 'anales' reside, según algunos,
en que -así sean una y los otros una narración de aconteci­
mientos efectuados- la historia lo es estrictamente de h e­
chos en cuyo desenvolvimiento tomó parte el narrador”.45
Esa distinción -a cuyo respecto Flaco tenía dudas- cobró
43 Discutí este tema en Rapporti di forza. Storia, retorica, prova, Milán,
2000. Cotroneo (/ trattatisti..., op. cit.) insiste en la dimensión aristotélica y
retórica de la Disputatio, aunque no capta el nexo entre retórica y prueba.
44 No pude acceder a G. Lloyd, "Annalen, Geschichten, Mythen”, en M.
leich y A. Müller (eds.), Historia Magistra Vitae?, en Osterreichische Zeitschrift für Geschichtswissenschaften, xvi, 2, 2005, pp. 27-47.
“'Historiam' ab annalibus' quidam differre eo putant, quod, cum
uii muque sit remm gestanim narratio, earum tamen proprie rerum sit ‘hisloria quibus rebus gerendis intrefuerit is qui narret” (trad. it.: Aulo Gelio,
/>' iiotu utlu lw, i , ed. al cuidado de G. Bernardi-Perini, T\irln, 1992, p. 523)
|iiad. esp Noches áticas, México, ijnam, 2002],
DESCRIPCIÓN Y CITA
39
reso n a n cia s varios siglos desp u és en la g ran o b ra en ciclo p é­
d ic a de Isid o ro de Sevilla (E tym ologiae, i, 44): “La d iferen cia
e x iste n te e n tre h is to ria y an a le s re sid e en q u e la h is to ria
co n c ie rn e a épo cas q u e h em o s podido ver, m ie n tras que los
a n a le s c o n c ie rn e n a a ñ o s q u e n u e s tra e ra n o c o n o c ió ”.46
D esde luego, se to m a b a en co n sid e ra c ió n la h isto ria com o
u n gén ero m u c h o m á s com plejo que los anales. Com o escri­
b ió Gelio, re p o sa n d o so b re la a u to rid a d de S em pro n io Aselió n, la h is to ria m o s tra b a n o só lo aq u ello q u e h a b ía su c e ­
d id o , sin o ta m b ié n “c o n q u é in te n c ió n y p o r q u é m o tiv o
[q uo consilio q u a q u e ra tio n e ]” h ab ía sucedido.
D eben te n erse p re se n te s estas definiciones p a ra evaluar
las im p lica cio n es p o lé m ic a s de la tesis p ro p u e sta p o r Spero n e S p e ro n i (1500-1588) en su Dialogo della Istoria [D iá­
logo de la H istoria]: u n escrito in com pleto en el que trab ajó
in te n sa m e n te h a s ta su m u e rte .47 El diálogo, en dos p artes,
46 "Historia est eorum temporum quae vidimus, annáles vero sunt
eorum annorum quos aetas nostra non vidit" (trad. it.: Etimologie o origini,
vol. i, ed. al cuidado de A. Vilastro Canale, Turín, 2004, p. 183) [trad. esp.:
Etimologías, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2004],
47 Cf. S. Speroni degli Alvarotti, Dialogo della Istoria, en Opere... tratte de'
mss. originali, vol. n, Venecia, 1740, pp. 210-328. Los responsables de la
edición, Natale delle Laste y Marco Forcellini, definieron com o "mons­
truosa" una edición previa (Dialoghi, Venecia, Meietti, 1596, pp. 361-502; el
pasaje es citado en M. Pozzi [ed.], Trattatisti del Cinquecento, vol. i, Milán y
Nápoles, 1978, p. 503). En realidad, com o observó J.-L. Foum el ("II Dialogo
della Istoria-, daJl'oratore al religioso", en Sperone Speroni, Filología Véneta,
n. 1989, pp. 139-167; en especial, pp. 150 y 151), la primera parte del diá­
logo impresa por Meietti en 1596 sobre la base de un manuscrito ya inhalla­
ble reproduce una redacción anterior bastante distinta. (Posteriormente,
Foum el se refirió, con cautela a mi parecer injustificada, a una anterioridad
probable antes que segura: Les dialogues de Sperone Speroni: libertés de pa­
role et régles de lecriture, Marburgo, 1990, p. 235.) Esta cronología relativa
es corroborada por la serie de apuntes al final de la primera parte (Dialoghi,
op. cit., pp. 411 y 412), luego desarrollados en la redacción sucesiva, es decir,
la última: en Opere..., op. cit., vol. n, pp. 250 y ss. Las cartas que Alvise Mocenigo escribió a Speroni entre el 27 de agosto de 1585 y el 11 de octubre de
1587 (también en Opere..., op. cit., vol. v, pp. 378-381) para informarle el
40
EL HILO Y LAS HUELLAS
consiste en una discusión, que se imagina desarrollada en
Roma, entre el erudito Paolo Manuzio, hijo del famoso im ­
presor veneciano; Silvio Antoniano, desde 1568 secretario
del colegio cardenalicio, y el paduano Girolamo Zabarella.48
En la primera parte, Zabarella refiere el contenido de un libretto inédito (hoy inhallable) de Pomponazzi acerca de la
historia. No consistía en una "obra integral y distinguida,
cual son las demás por aquel autor publicadas, sino antes
bien comentario”.49 Pomponazzi había dado ese libretto a un
discípulo, quien en ese entonces tenía 21 o 22 años, para
que lo transcribiese; éste, que seguía viviendo en Padua, "an­
ciano de más de 86 años”, había regalado su copia a Zabare­
lla. El discípulo era, por supuesto, el propio Speroni, y el li­
bretto de Pomponazzi habrá sido escrito en 1520 o 1521.50
estado de la transcripción del Dialogo della Istoria se refieren a la penúltima
redacción, como deja ver el tramo luego suprimido en que el antiguo discí­
pulo de Pomponazzi -esto es, el propio Speroni, nacido en 1500- es descrito
como "un viejo de más de 86 años" (p. 373). Entre octubre de 1587 y el 2 de
junio de 1588, fecha de su muerte, Speroni encontró la fuerza para trabajar
en una nueva redacción de la primera parte del Dialogo. Este último, erró­
neamente datado en 1542, fue presentado como el inspirador de la Disputaíio acerca de la historia, escrita por "otro de los pesos pesados de la pedan­
tería del Cinquecento, Francesco Robortello" (G. Spini, "I trattatisti dell'arte
storica...", op. cit., pp. 113 y 114). Una cuota de pedantería habría permitido
restablecer la cronología de ambas obras, y su relación.
48 Acerca de estos personajes, véase la nota preliminar de M. Pozzi a la
edición de la segunda parte del Dialogo della Istoria en Trattatisti del Cinque­
cento, op. cit., pp. 725-727.
49 S. Speroni, Opere..., op. cit., vol. n, p. 222. Este testimonio no atrajo
la curiosidad de los estudiosos -desde Bruno Nardi hasta Paul Oskar Kristellcr- que trabajaron sobre la obra de Pomponazzi. Que el libretto es hoy
inhallable está confirmado por A. Daniele, "Sperone Speroni, Bemardino
lomilano e l'Accademia degli Infiammati di Padova", en Sperone Speroni...,
op cit., J ). 16.
0
í I. S. Speroni, Dialoghi, ed. de 1596, op. cit., p. 373. El pasaje no figura
t /i la edición de las Opere, lo cual no impidió a Foumel ("II Dialogo della
tslona (lall'oiütore al religioso", op. cit., p. 163) reconocer la identidad del
iililiyuo <lis< ípiilo
DESCRIPCIÓN Y CITA
41
L a te s is d e P e r e tto (a sí se lla m a b a fa m ilia r m e n te a
P o m p o n az zi) e ra sim ple. In v irtien d o el ju ic io desp reciativ o
q u e se re m o n ta b a a C icerón, P e re tto a firm a b a que, si b ie n
e stilístic a m e n te b u rd o s, los an ales valían m ás que la h isto ­
ria , d e la c u a l so n el fu n d a m e n to . E n la p e n ú ltim a re d a c ­
c ió n de la p r im e ra p a r te del Dialogo della Istoria, S p ero n i
d io a m p lio espacio, p o r m ed io de las p a la b ra s de G irolam o
Z a b a re lla , a las a r g u m e n ta c io n e s de su a n tig u o m a e stro .
Pese a q u e los "anales no existen en el m u n d o si no p o r p or­
ciones, co m o las e sta tu a s de los ciu d ad a n o s, y arcos y te m ­
p lo s d e la c iu d a d " -o b s e rv ó Z a b a re lla -, "si se los co n o c e
b ie n y se m e d ita al re s p e c to p a r a e n s e ñ a rlo s p a re c e q u e
n a d a d e ellos se h a p erdido". Los rela to s [narrazioni] in clu i­
d os en los an ales
son a juicio de m i libretto los más fieles, más útiles tanto como
más honrados [...] que labrar pueda la mano humana. Digo la
mano, y no la industria, o el ingenio, para dar a entender que
son tan sencillos sus hechos, y claros y francos, que casi antes
fueron escritos, que proferidos o pensados.51
S encillos, p u ro s, claros, francos: p o r in term ed io de Z abare­
lla, su p o rtav o z , S p e ro n i ex p re sa b a u n a a b ie rta h o stilid ad
h a c ia la re tó ric a y su s o rn a to s. E n o tro escrito, el Dialogo
seco n d o sopra Virgilio [S e g u n d o d iá lo g o so b re V irgilio],
S p ero n i a trib u ía u n a in to leran c ia an álo g a al filósofo aristo ­
télico P ie tro T rap o lin o (T rapolin). D espués de afirm ar que
es "h isto ria p o r n a tu ra le z a p ro p ia la E neida, pero tiene b a s­
ta n te de p o esía", T ra p o lin e x p lic a b a q u e "las d éc ad a s de
51 ["A ben conoscerli et ragionam e per insegnarli par che niente ne sia
perduto”; “sono al giudicio del mió libretto le piü fedeli, et piü utili et piü
honorate (...) che notar possa la mano umana. Dico la mano, et non la in­
dustria, o l’ingegno, a significare tanto esser semplici i fatti loro, et pun, et
chiari et aperti, che prima quasi fussero scritti, che proferid o pensati .] S.
Speroni, Dialoghi, ed. de 1596, op. cit., pp. 386 y 392.
42
EL HILO Y LAS HUELLAS
Tito Livio son, por cierto, historias, aunque por las muchas
alocuciones que en su interior las inflan, desdichadamente
tengan un dejo de retórica y de sus causas".52 En esa esto­
cada directa del paduano Speroni contra la gloria ciuda­
dana por interm edio del paduano Trapolino, m aestro y
luego colega de Pomponazzi, reconocemos una vez más la
tesis de la superioridad de los anales expuesta en el libretto
de este último.53
Sin embargo, otros tramos de los escritos de Speroni
prestan testimonio de una actitud más flexible.54 En el Dia­
logo della Istoria, Silvio Antoniano interviene en la discu­
sión acerca de la licitud de incluir discursos ficticios en una
obra de historia, proponiendo una solución de com pro­
miso. Hay que conceder al buen historiador,
p a ra p ro c u r a r solaz a los lecto res, a d o r n a r la v erd a d co n a l­
gún añadido: sin d iferir de cóm o e n los talleres de los p alacio s
h ac ia el fren te se a d o rn a el m á rm o l c o n ta ra c e a s y el in te rio r
con p in tu ra s; o b ra s a m b a s q u e n o so n tra b a jo de a q u e l q u e
h ace de m a estro de obras, sino de p in to r y escu lto r.55
52 ["Le deche di Tito Livio son certo historia, non ostante che per le molte
orazioni che vi sono entro a gonfiarla, pur troppo sentano della rettorica
e delle sue cause."] S. Speroni, Opere..., op. cit., vol. n, p. 201. El diálogo
fue impreso por primera vez en los Dialoghi póstumos de 1596. La afirma­
ción atribuida a Trapolino retomaba en forma más agresiva un tramo en
que Julio César Escalígero definía a Livio como poeta por haber insertado,
al igual que Tucídides, arengas completamente inventadas; cf. Julio César
Escalígero, Poetices libri septem, Genevae (Ginebra), 1561, p. 5.
53 Acerca de Trapolino, véanse B. Nardi, Studi su Pietro Pomponazzi,
Florencia, 1965, pp. 104-121; E. Garin, Storia della filosofía italiana, vol. i i ,
Turín, 1966, pp. 564 y 565.
'4 Cf. M. Pozzi, "Sperone Speroni e il genere epidittico", en Sperone Sperinii..., op, cit., pp. 55-88.
[ 'Per dileltare i lettori, lomare il vero d’alcuna aggiunta: non altrimenti
i he nelle fahhi ii lie de' palagi verso la strada si adomi il maimón) con intagli e
«juel (h dentro con dipinlure; le quai due opre non son lavom di luí che mura,
ma di pilloie «• di slaluario."| S. Speroni, O pere..., op. cit., vol. II, p. 319.
DESCRIPCIÓN Y CITA
43
D isc u rso s ficticio s de jefes d e ejé rc ito s o de c o n ju ra s so n
a c e p ta b le s en c u a n to o rn a m e n to s, p e ro co n u n a salvedad:
q u e se los señ ale co m o d iscu rso s directo s. Si en vez de ello
el h isto ria d o r
lo hace en su nombre con una oblicua narración, parece afir­
mar por cosa experimentada, tal com o porción de historia,
aquello que no sabe, debido a que no estuvo presente, y mostrar
en ese punto com o aquellos que hubieron de hacer otra cosa
que hilvanar palabrillas, para referirlas a quien las escribiera.56
Al c o m p a ra r las oracio n es de los histo riad o res con las p in tu ­
ras que a d o rn a n los palacios, S peroni h a b rá pensado tal vez
en los frescos p in ta d o s veinte años an tes p o r Paolo Veronese
p a ra Villa B arb aro , co n stru id a en M aser p o r Palladio. Frente
a las im ágenes de V eronese, las cuales p o r u n m om en to e n ­
g a ñ a n los ojos d el e s p e c ta d o r co n su esp lén d id a, ilu so ria
evidencia, S p ero n i h a b ría p odido evocar la enárgeia, la vividez de la re tó ric a a n tig u a (véase ilu stració n 1). Pero con res­
p ecto a las o b ras de h istoria, la indulgencia de Speroni hacia
los o rn a to s te n ía lím ites m uy precisos. U n engaño durable,
u n d isc u rs o in d ire c to q u e se h ic ie ra p a s a r p o r au tén tico ,
v iolaría el d e b e r del h isto ria d o r p a ra con la verdad.
E s a a c titu d n a d a to le ra n te se c o n d e c ía co n las ideas
p ro p u g n a d a s p o r P o m p o n az zi en la m e m o rab le d iscu sió n
c o n el h u m a n is ta griego L ascaris que se lee en o tro escrito
de S peroni, el Dialogo delle tingue [Diálogo de las lenguas].57
Lo h izo c o n s ta r u n o de los in te rlo cu to re s del Dialogo della
Istoria, P aolo M anuzio:
56 ["II fa in nom e suo con una obliqua narrazione, par che egli affermi
per cosa esperta, siccom e parte d’historia, quel che non sa, non sendo stato
presente, e li presentí in quel punto avendo avuto a fare altro che infilzar
parolette, per riferirle a chi le scrivesse."] Ibid., pp. 319 y 320.
57 Reeditado en M. Pozzi (ed.), Discussioni linguistiche del Cinquecento,
Turín, 1988.
I l\io lo V eronese, h o sc o s de Vilki Maser: niña que abre la puerta
DESCRIPCIÓN Y CITA
45
Mucho amaba el Peretto (si es cierto cuanto se dice) la verdad
descrita con sencillez, sin reparar en la latinidad de la lengua;
por ello, siempre leía el texto de su Aristóteles traducido en
tiempos antiguos, poco cuidándose de las elegantes traduccio­
nes de los profesores de ambas lenguas, que imitaran a Cice­
rón; y por énde acaso haya llegado la afección que al parecer
destina a los anales.58
Y d irig ié n d o s e a Z a b a re lla , c o n c lu ía así: "S u tilm en te vos
asem ejasteis la verd ad de los anales a las p rem isas del silo ­
g ism o y o tro s p rin c ip io s de las ciencias, y la verdad de las
h isto ria s p articu la re s, que de los anales dependen, a las co n ­
clu siones silo g izad as".59
La p rovocativa orig in alid ad de la exaltación a los anales
en ta n to n ú cleo m e d u la r de la h isto rio g ra fía no pasó in a d ­
v e rtid a p o r Alvise M ocenigo, el ta n ce rcan o am igo de S pe­
ro n i que ib a tra n sc rib ie n d o la p en ú ltim a versión del Dialogo
della Istoria.
Claramente sé que la historia que sirve a las operaciones no es
otra cosa que los anales; que las demás están para gloria de quien
las escribe, y ello para provecho de quien los lee; y sin aquellos
muy a ciegas se deambularía en las deliberaciones, dado que en
ellas -tal como en las demás cosas-, el buen principio se toma de
la experiencia, la cual se funda en los anales, que dejan memoria
de ello, y son guía para la consideración del futuro.60
58 ["Amava m olto il Peretto (se ’1 ver si dice) la venta semplicemente
descritta, senza por mente alia latinitá della lingua: et pero sempre leggeva
il testo del suo Aristotele anticamente tradotto, poco curando delle eleganti traduttioni de’ professori delle due lingue, che Cicerone imitassero; et
quindi é forse venuta l’affettione che par che porti alli annali. ] S. Speroni,
Dialoghi, ed. de 1596, op. cit., p. 387.
59 ["Sottilmente voi som igliaste la veritá delli annali alie premesse del
silogism o et alli principii delle scienze, et la veritá delle historie particolari,
che delli annali son dipendenti, alie conclusioni silogizzate. ] Ibid., p. 389.
60 ["Conosco chiaramente che la istoria che serve all’operazioni, non
é altro che lo annale; che le altre sono a gloria di chi le scrive questo ad
46
EL HILO Y LAS HUELLAS
En un ámbito que había conocido la enseñanza y los escri­
tos de Robortello, las ideas de Pomponazzi acerca de la his­
toria eran recibidas con menores dificultades. Sólo si se ha­
llara el libretto perdido sería factible reinsertar estas ideas
en el contexto en que se las había pensado. ¿Pero por qué
Speroni las retomó a casi setenta años de distancia?
La respuesta a esta pregunta debe buscarse probable­
mente en la presencia, entre los personajes del Dialogo della
Istoria, de Silvio Antoniano, desde 1568 secretario del cole­
gio cardenalicio y vicerrector de La Sapienza. En el m o­
mento en que el muy anciano Speroni exaltaba, mediante el
libretto de Pomponazzi, la superioridad de los anales por so­
bre la historia, Silvio Antoniano recibía de Cesare Baronio el
primer volumen de los Armales Ecclesiastici [Anales eclesiás­
ticos], recién terminado, para que lo viera y aprobara antes
de su publicación (1588). No puede ser un hecho casual.
Sperone Speroni retomaba los temas y los términos de la
antigua batalla que acometió Pomponazzi por la verdad de
las cosas en contra de los ornatos verbales, y volvía a pre­
sentarlos en un contexto completamente distinto: ponién­
dolos al servicio de la grandiosa empresa erudita antiprotes­
tante, nacida en el ámbito del Oratorio de san Filippo Neri,
con el cual ya sea Baronio, ya Antoniano tenían vínculos
sumamente estrechos.61
utilitá di chi lo legge; e senza esso molto alia cieca si camminerebbe nelle
deliberazioni, poiché in esse, siccome nell’altre cose, il buon principio si
prende dalla esperienza, la qual é fondata nell’annale, che ne fa memoria,
ed e guida alia considerazione del futuro.”] S. Speroni, Opere..., vol. v, op.
c i t , p. 380. Por los motivos antes mencionados (nota 47), la carta ha de
referirse a la penúltima versión del Dialogo.
MHuronio residía desde 1578 en Santa María della Vallicella, donde Antoniano predicaba todas las semanas (un documento de 1581 lo definía como
hombre nuestro, pero que no cohabita"): cf. L. Ponnelle y L. Bardet, San
l ilippn Nen v la socieíá romana del sua tempo (1515-1595), Florencia, 1931,
\> í c>2, n 10 Véanse también las entradas "Baronio, Cesare” y “Antoniano,
Silvio del l)i/jnnario biográfico degli italiani, artículos al cuidado, respectiva-
DESCRIPCIÓN Y CITA
47
10. C om o h em o s visto, trad icio n a lm e n te se creía que anales
e h isto ria e ra n g én ero s literario s m uy distin to s. Los anales,
o rie n ta d o s h a c ia la re c o n stru cció n de aco n tecim ien to s m ás
rem o to s, e ra n co n sid erad o s m ás cercanos a la erud ició n que
a la re tó ric a . In icialm e n te , B aro n io h a b ía p en sad o escrib ir
u n a H istoria ecclesiastica controversa [D isp u ta acerca de la
h isto ria eclesiástica]: títu lo que, de fo rm a verosím il, p r e s u ­
p o n ía u n a o b ra m u y d istin ta a la co n c reta d a m ás ta rd e .62 La
d ecisió n de o rie n ta rse h a c ia el género de los anales seg u ra­
m e n te h a b ía sid o d ic ta d a p o r la v o lu n ta d de c o n fro n ta r la
h is to rio g ra fía p r o te s ta n te de los c e n tu ria d o re s de M agdeb u rg o e n el c a m p o de los hechos. S in em bargo, esa o pción
se ju stific ó lu eg o e n té rm in o s e s tric ta m e n te religiosos, no
sólo a tin e n te s a la contro v ersia. E n la in tro d u c ció n general
al p r im e r to m o d e los A nuales E cclesiastici, p u b lic ad o en
1588, B a ro n io d e c la ró h a b e r q u e rid o e v ita r la co stu m b re
p a g a n a (p ero e n v erd a d no sólo p ag a n a) de in se rta r largos
d iscu rso s ficticios, entretejid o s con o rn ato s retóricos. Él h a ­
b ía q u e rid o obedecer, an tes bien, a la ex hortación de Cristo:
“M as sea v u estro hab lar: Sí, sí; no, no; p o rq u e lo que es m ás
de esto, de m a l [se. del m aligno] proviene [Sit au tem serm o
vester: E st, est; no n , non; q u o d au tem h is ab u n d a n tib u s est,
a m alo est]" (M t. 5, 37).63
mente, de A. Pincherle y P. Prodi. El "mito" de la inspiración filipina de los
Annales de Baronio (cf. S. Zen, Baronio storico. Controriforma e crisi del mé­
todo umanistico, Nápoles, 1994, pp. 117 y ss.) transfiguró una situación real.
62 A. Pincherle se limita a registrar el cambio de título ("Baronio, Ce­
sare”, op. cit., p. 472). En 1581, en la minuta de una carta a Carlos Borromeo, Filippo Neri m encionaba entre las tareas del Oratorio la Historia
ecclesiastica" (L. Ponnelle y L. Bardet, San Filippo Neri..., op. cit., p. 277).
63 Cf. C. Baronio, Annales Ecclesiastici, i, Romae (Roma), 15934, introduc­
ción: "Relinquemus historiéis Ethnicis locutiones illas per longiorem ambitum periphrastice circumductas, orationesque summa arte concinnatas,
fictas, ex sententia cuiusque compositas, ad libitum dispositas; et Annales
potius quam Historiam scribemus [Dejaremos a los historiadores paganos
aquellas alocuciones dispuestas perifrásticamente en un arco de larga exten­
48
EL HILO Y LAS HUELLAS
La pugna entre religión y retórica, y el intento por supe­
rarla, volvieron a presentarse con gran frecuencia en la his­
toria del cristianismo: bastará pensar en la famosa carta en
que san Jerónimo relató haber soñado con Jesús en ropajes
de juez, que lo condenaba a ser azotado reprochándole ser
más ciceroniano que cristiano.64 En el caso de Baronio, la
exclusión de los discursos ficticios, impuesta por el género
de los anales, obedecía a una actitud antirretórica basada en
una comunicación concisa, despojada, seguramente inspi­
rada -o, al menos, vista de modo favorable- por san Filippo
Neri, fundador de la Congregación del Oratorio. La búsqueda
de la verdad le parecía a Baronio incompatible con un dis­
curso de gran refinamiento y estilísticamente homogéneo. Él
decía haberse abstenido todo lo posible de comentarios, ci­
tando las palabras usadas por las fuentes, por burdas y poco
elegantes que fueran, “quamvis horridula et incomposita".65
La brusca disonancia estilística creada por la inserción de
términos tomados de documentos tardoantiguos o medieva­
les era enfatizada tipográficamente por las notas. Lo que he
escrito -declaró Baronio- no se basa en habladurías de igno­
rantes (indoctas fabulas), sino sobre testimonios sumamente
autorizados, fácilmente hallables en los márgenes de mis pá­
ginas, sin tener que buscar en una larga lista de autores.66
sión, discursos articulados y creados con óptima arte, entremezclados con di­
chos de toda suerte; y escribiremos Anales, no una Historia]”. Cf. también C.
K. Pullapilly, Caesar Baronius, Counter-Reformation Historian, Notre-Dame,
1975, p. 171. Acerca de la sencillez de la predicación deseada por el Oratorio,
cf L. Ponnellc y L. Bardet, San Filippo Neri..., op. cit., pp. 328 y 329.
64 Patrología Latina (en adelante, p l , Migne), XXII, 7, 30 (a Eustoquio).
M Un cco de una carta de Cicerón a Ático ( ii. 1): "Horridula mihi atque
incompta visa sunt".
M Cf C Baronio, Annales.. . , i, op. cit., p p . 4 y 5. Aluden a e s t e t r a m o A. Pint her ir, entrada "Baronio, Cesare” del Dizionario biográfico..., op. cit., p . 476; A.
fjrallon, /he Footnote. A Curious History, Cambridge ( m a ), 1999, p . 164 [ t r a d .
esp l/>s orígenes trágicos de la erudición. Breve tratado sobre la nota al pie de
pdgma. Buenos Aires, Pondo de Cultura Económica, 1998],
DESCRIPCIÓN Y CITA
49
11. Las n o ta s al m argen, cuyas lla m a d as en el texto de los
Armales Ecclesiastici consistían en u n a letra m inúscula, seña­
lan el com ienzo de la cita, que se introduce con verbos com o
inquit, ait, tradit, dicit, scribit [dice, señala, transm ite, afirma,
escribe], y así sucesivam ente. R eg u larm en te, el final de la
cita se introduce p o r m edio de u n corchete (]). El uso de sig­
nos tipográficos en el m argen izquierdo de la página (") para
s e ñ a la r las c ita s e ra c o rrie n te d esd e m á s de m ed io siglo
a trá s.67 Posterior, si no yerro, es el uso de marginalia,68
Las citas, n o tas y signos lingüístico-tipográficos que las
a c o m p a ñ a n p u e d e n s e r c o n s id e ra d o s , e n ta n to p ro c e d i­
m ientos ten d ien tes a c o m u n ica r u n efecto de verdad, com o
c o rrela to s de la enárgeia. D esde luego, e ra n signos conven­
cionales: p a ra S p ero n e S peroni. £omo_sej'ecordará_/*L/Us=.
cu rso in d ire cto -q u e po d ríam o s im a g in a r precedido p o r co-
67 Cf. A. L. Lepschy y G. C. Lepschy, “Punto e virgola. Considerazioni
sulla punteggiatura italiana e europea", en I. Fried y A. Carta (eds.), Le espe rienze e le correnti culturali europee del Novecento in Italia e in Ungheria,
Budapest, 2003, pp. 9-22, en especial, pp. 20 y 21. A. Castellani ("Le virgolette in Aldo Manuzio", en Studi Linguistici Italiani, 22, 1996, pp. 106-109),
señala que la introducción de las comillas es un ejemplo de la dependencia
del libro impreso con respecto al manuscrito: de hecho, los ápices (") al
margen retoman la diple usada en los manuscritos griegos y romanos: cf.
P. McGurk, "Citation marks in Early Latin Manuscripts”, en Scriptorium,
xv, 1961, pp. 3-13. Acerca de una precoz discusión sobre la diple, véase P.
Vettori, Explicationes suarum in Ciceronem castigationum, Parisiis (París),
1538, p. 48 (se ocupa de Cicerón, Ad Atticum, vni, 2). Sobre la base de la
nota de Castellani habrá de corregirse C. J. Mitchell, "Quotation Marks,
National Compositorial Habits and False Imprints", en The Library, sexta
serie, 5, 1983, pp. 360-384, en particular, pp. 362 y 363.
68 Un ejemplo de ambos (1597) es reproducido en M. B. Parkes, Pause
and Effect. Punctuation in the West, Berkeley y Los Ángeles, 1993, p. 261.
Una indagación acerca de la historia de la nota -acaso notas al margen,
antes que a pie de página, pero la distinción no toca el punto esencial- ha
de realizarse todavía: en el brillante flashback de A. Grafton (The Footnote,
op. cit.), la trayectoria que precede "the Cartesian origins of the footnote
[los orígenes cartesianos de la nota al pie]" -esto es, Bayle (cap. 7)- tiene
una importancia decididamente inadecuada.
50
EL HILO Y LAS HUELLAS
m illas- anunciaba un discurso ficticio. Pero la analogía de
las funciones pone de relieve la diferencia de los instrumen­
tos. La enárgeia estaba ligada a una cultura basada sobre la
oralidad y la gestualidad; las citas al margen, los reenvíos al
texto y los paréntesis angulares, a una cultura dominada
por la imprenta. La enárgeia quería comunicar la ilusión de
presencia del pasado; las citas enfatizan que el pasado sólo
nos es accesible de modo indirecto, mediado.
12. En 1636 se publicó en Roma un tratado cuyo título era
DelVarte histórica [Acerca del arte de la Historia]. Su autor, el
jesuita Agostino Mascardi, polemizaba explícitamente con
Speroni, afirmando que la indagación de las causas es tarea
de los filósofos, no de los historiadores.69 La perspectiva de
Mascardi era prevalentemente retórica y estilística. Con gran
agudeza, analizaba los procedimientos estilísticos utilizados
por los historiadores antiguos y modernos, entre los cuales
consta la enárgeia, italianizada por él en "enargia" y diferen­
ciada, en polémica con Julio César Escalígero, de la enér­
geia.10 La atención que los historiadores pasados y presentes
le prestaban al lenguaje se correspondía con un desinterés
por las fuentes, con una importante excepción. Mascardi se­
ñalaba que en la Grecia antigua no existían “los archivos,
que hasta el día de hoy son costumbre entre nos, y fueron
venerables y sacrosantos en todas las naciones, por conser­
var las escrituras, especialmente del [ámbito] público”. Pero
aun donde existen archivos, los historiadores no deben ha­
cerse ilusiones: “Encaminan los Príncipes sus asuntos con
secreto tan grande que penetrarlos hasta su meollo es tanto
más difícil de lo que fue la elucidación del enigma planteado
A Mascardi, Dell'arte h istó rica , Roma, 1636, pp. 25, 313 y 314.
Ihtrf , pp 419 y ss., en especial, pp. 426 y 427. Julio César Escalígero,
a quien le costaba diferenciar ambos términos, había traducido ent^xeia
<omo c-lluat la" (l’dctici's..., op. cit., pp. 1 16 y ss.).
DESCRIPCIÓN Y CITA
51
p o r la E sfinge".71 E n pág in as m uy vivaces, M ascardi, a u to r
de u n a o b ra acerca de la co n ju ra de G ianluigi Fieschi, obser­
vaba que las m an io b ras de los soberanos no dejan m arcas en
los epistolarios de los em bajadores o bien dejan m arcas dis­
to rsio n ad as y engañosas.72 P ara M ascardi la historia era su s­
tan cialm en te h isto ria política. Ni siquiera u n a palab ra de los
A nnales Ecclesiastici de B aronio, u n best setter europeo que
se h a b ía vuelto blan co de críticas feroces. De las investiga­
ciones de los an ticu a rio s, M ascardi h ab lab a con o sten to sa
suficiencia en u n tram o que aludía, sin nom brarlo, al Museo
cartaceo de Cassiano dal Pozzo:
Los restos de los arcos de Constantino y de Septimio en Roma,
último despojo de la voracidad del tiempo y de la bravura de
los bárbaros; las dos columnas de Trajano y Antonino, ambas
con efigies en bajorrelieve, contienen memorias tan bellas que
todos los anticuarios han copiado de allí gran cantidad de co­
sas, para enriquecer sus tan eruditos libros, muchos ropajes
militares, muchos instrumentos de guerra, muchos accesorios
de los triunfos y, por cuanto sé, de aquellos libros de mármol
se han tomado y trasladado a los libros de papel para adiestra­
miento general. Pero ni aun tal suerte de memorias me he
propuesto por objeto del arte histórico que compongo.73
71 ["Gli archivi, che fino al di d'hoggi si costumano fra di noi, e furono
in ogni natione venerabili e sagrosanti, per conservar le scritture, specialmente del pubblico”; "Incaminano (...) i Princi i loro affari con segretezza
si grande che il penetrargli fino al midollo é assai piü malagevole che non
fu la dichiaratione dell’enimma posta dalla Sfinge”.] A. Mascardi, Dell'arte
histórica, op. cit., pp. 122 y 123.
72 Ibid., pp. 125 y ss. Véanse, también de Mascardi, La congiura del Conte
Gio. Luigi de’ Fieschi, Venecia, 1629; Oppositione e difesa alia congiura del
Conte Gio. Luigi de’ Fieschi descritta da Agostino Mascardi, Venecia, 1630.
73 ["Le reliquie degli archi di Costantino e di Settimio in Roma, ultimo
avanzo della voracitá del tempo e della fierezza de’ barbari: le due colonne
di Traiano e d'Antonino, tutte a basso rilievo effigiate, contengono memorie
si belle, che tutti gli antiquarii hanno di la gran cose copíate, per arrie-
52
EL HILO Y LAS HUELLAS
13. Aquello que el "arte histórica" de Mascardi había descui­
dado tomó revancha. En especial, gracias a la historia ecle­
siástica y a la anticuaría, la prueba documental (evidence)
se impuso sobre la enárgeia (evidentia in narratione). Aun­
que en nada son incompatibles, actualmente no hay histo­
riador que pueda pensar en valerse de la segunda como su­
cedánea de la primera.
Pese a ello, se había iniciado muy pronto una tenue deva­
luación de la historiografía de base anticuaría, tal como un
célebre texto de Manuele Crisolora, el docto griego que se
trasladó a Italia hacia 1395, deja en evidencia. En 1411, des­
pués de dirigirse a Roma, envió a Manuel Paleólogo, empera­
dor de Oriente, una larga epístola elaborada a partir de la
confrontación entre Roma, antigua y cristiana, y la nueva
Roma, Constantinopla.74 De la Roma antigua, Crisolora des­
cribía las ruinas majestuosas, entre las cuales se contaban “los
trofeos y arcos, erigidos en recuerdo de aquellos triunfos con
chime i loro eruditissimi libri, molti habiti militan, molti strumenti di gue­
rra, molti abbigliamenti de’ trionfi, e che so io, da que' libri di marmo tratti
si sono, e ne' libri di carta per commune ammaestramento, trasfusi. Ma né
anche cotal sorte di memorie mi son proposto per oggetto dell’arte histó­
rica che compongo.”] El fragmento es citado por E Haskell, History and Its
Images. Art and the Interpretation o f the Past, New Haven y Londres, 1993,
pp. 93 y 94, que curiosamente no señala la alusión a una figura estudiada de
manera ejemplar por él en Patrons and Painters (1963, luego reeditado re­
petidas veces con agregados y correcciones). Muchas novedades acerca de
Cassiano dal Pozzo y sus actividades en D. Freedberg, The Eye o f the Lynx.
Galileo, His Friends, and the Beginnings o f Natural History, Chicago, 2002.
Varios volúmenes del Museo cartaceo fueron publicados en una serie, es­
pléndidamente ilustrada, dirigida por Francis Haskell y Jennifer Montagu.
74 Cf. M. Crisolora, Roma parte del cielo. Confronto tra l'Antica e la Nuova
Roma, intr. de E. V. Maltese, trad. it. de G. Cortassa, Turín, 2000 (con abun­
dante bibliografía). Para identificar el destinatario de la carta, cf. ihid., p.
59, n 2. Véanse* también, de M. Baxandall, "Guarinci, Pisanello and Manuel
( hiyv)loras”, en Journal of the Warhurg and Courtauld Institutes, 28, 1985,
pp. 1Hí 204, en especial, pp. 197-199, y Giotto and the Orators, Oxfoixl,
1971, pp HO y H|
DESCRIPCIÓN Y CITA
53
sus m a rc h as solem nes, esculpidos con las im ágenes m ism as
de las guerras, de los prisioneros, del botín, de los asedios".
A c o n tin u ac ió n , llegaba u n a ékphrasis que, en especial,
to m a b a co m o base el arco de C onstantino:
Y aún es posible ver allí a las últimas víctimas sacrificiales, los
altares, las ofrendas votivas, las batallas navales, los combates
de los infantes y de los caballeros y -e s lícito decir- todo gé­
nero de batallas, de máquinas de guerra y de armas, y sobera­
nos sojuzgados, ya sean ellos Medos o Persas o íberos o Celtas
o Asirios, cada cual con su propio atuendo, los pueblos vuel­
tos esclavos, los generales que sobre ellos celebran el triunfo
[...] Y todo esto es posible captar en las representaciones
com o si de una realidad viva se tratase, al igual que resultan
perfectamente comprensibles todos y cada uno de los detalles
gracias a las inscripciones allí grabadas: tanto es así que puede
verse con claridad qué armas y qué vestidos se usaban en
tiempos antiguos, qué signos distintivos de los cargos, cómo
eran las formaciones, las batallas.
A sam bleas, espectáculos, fiestas, actividades laborales eran
rep rese n tad o s "según los usos de los diversos pueblos". "Por
h a b e r re p rese n tad o algunos de ellos", concluía Crisolora,
se considera que Heródoto y otros historiadores nos prestaron
un útil servicio; pero en estas obras es posible ver todo, como
si en verdad se viviera en esos tiempos y entre los diferentes
pueblos, tanto que son una historiografía que lo define todo
de modo sencillo, e incluso no una obra histórica [historian]
sino -según personalmente me propondría decir- casi la vi­
sión directa [autopsíari] y la presencia efectiva [parousían] de
toda la vida que en esas épocas se desenvolvía en cada sitio.75
75 M. Crisolora, R om a..., op. cit., pp. 59-98, en especial, pp. 65 y 66. Dada
la alusión a "Heródoto y otros historiadores”, no sigo a P. N. Miller, quien
EL HILO Y LAS HUELLAS
54
De la palabra escrita a la evocación inmediata que vuelve
presente la vida misma: la secuencia ékphrasis-autopsía-parousía ponía el acento sobre la enárgeia de la epístola. Tanto
más infrecuente era la contraposición entre Heródoto y las
estatuas del arco de Constantino, a lo cual seguía el recono­
cimiento de la superioridad de éstas por sobre aquél.76 La
ékphrasis, tan a menudo usada como herramienta al servi­
cio de la historiografía, en este caso enfatizaba aquello que
los historiadores habían ignorado o representado en m a­
nera insuficiente. Pero, en la carta de Crisolora, a la evoca­
ción que vuelve casi presente el pasado seguía el reconoci­
m iento de la ineludible caducidad del poderío pagano.
Vencedores y vencidos padecieron la misma suerte: “todo es
ya polvo [tutto é nella polvere]”.77
Ese tema no era nuevo: nuevo era el recelo ante la posi­
bilidad de evocar, gracias al virtuosismo retórico, el pasado
como un todo consumado. En su lugar, comenzaba a aflorar
la conciencia de que nuestro conocim iento del pasado es
inevitablemente incierto, discontinuo, lagunoso: basado so­
bre una masa de fragmentos y ruinas.
propone traducir historian como “descripción": véase su ensayo "Descriplion íiTminable and Interminable”, en Historia. Empiricism and Erudition
in harly Modcm F.urope, cd. al cuidado de G. Pomala y N. G. Siraisi, CamIxidKt- ( m a ) , 2005, pp. 357 y 358.
Si llín K. V Maltosc, osla afirmación "no tiene precedentes en la liteialuia anilina ' (inlr. a M. Crisolora, Roma..., op. cit., p. 20)
" Ibni . p V6
II. LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS
DE MENORCA (417-418)*
1. A s i s t im o s a u n e x p e r im e n t o in corpore nobilissim o. The
Cult o f the S a in ts (1981) [El culto de los san to s] de P eter
B row n es u n libro espléndido: elegante, docto, lleno de im a­
ginación. A un las p erplejidades que iré exponiendo d em os­
tra rá n cu á n p ro fu n d a es m i d euda intelectual con respecto a
la o b ra de P ete r B row n.
Al final del q u in to cap ítu lo ("Praesentia"), B row n ejem ­
p lifica el "p o d e r id e al 'in c o n ta m in a d o ' [clean] a h o ra aso ­
ciado a las reliquias de los sa n to s” con u n episodio p o sterio r
a la llegada de las reliquias de san E ste b an a M enorca en el
a ñ o 417. La co ex isten cia pacífica e n tre ju d ío s y cristian o s
en la c iu d a d de M ah o n se vio b ru sc a m e n te in te rru m p id a.
S u rg ió u n a se rie de tensiones; los ju d ío s se a trin c h e ra ro n
en la sinagoga, ag e n cián d o se b asto n es y p ied ras. D espués
de varios en fren tam ien to s, los cristian o s d errib aro n y a rra ­
sa ro n la sinagoga; luego in citaro n a los ju d ío s a convertirse.
E n g ra n p a rte , esos in te n to s se v ie ro n co ro n a d o s p o r el
éxito, a u n q u e T eodoro -e l defensor civitatis, rep rese n tan te
m á s d e s ta c a d o d e la c o m u n id a d j u d í a - d u r a n te alg ú n
tiem po o puso u n a o b stin ad a resistencia a las presiones con­
ju n ta s de c ristian o s y ju d ío s ya convertidos. E n u n a discu ­
sión p ú b lic a resp e cto de asu n to s religiosos, T eodoro logró
* Muchas gracias a Peter Brown, Sofía Boesch Gajano, Pier Cesare Bori,
Augusto Campana y Richard Landes por sus valiosas sugerencias. Estas
páginas son la traducción, levemente modificada en ciertos puntos, de un
paper leído en el simposio Chñstendom and Its Discontents, Los Ángeles,
u c l a , 24-26 de enero de 1991: véase el volumen homónimo, al cuidado de S.
L. Waugh y P. D. Diehl, Cambridge y Nueva York, 1996.
55
EL HILO Y LAS HUELLAS
56
casi llevar la mejor parte frente al propio obispo. Final­
mente cedió. Llegado ese momento, la última resistencia
judía, que incluía a algunas mujeres, se disolvió.
Aunque se hicieron cristianos -esc rib e B ro w n - [los judíos] m a n ­
tuvieron su pleno estatu s social d en tro de su co m u n id ad , a u n ­
que ah o ra sujetos al patrocinium suprem o de san E steban, y se
sentaron ju n to al obispo com o p atro n o s cristianos. De tal m odo,
lejos de ser erradicado, el p o d er “contam inado" [unelean] de las
fam ilias ju d ías establecidas en la isla h ab ía sido "purificado de
toda m ácula" [washed clean] p o r m edio de su in te g ració n a la
com unidad cristiana bajo el patro cin io de sa n E ste b an .1
Brown no niega que “violencia y temor de una violencia aún
mayor cumplieron una función decisiva” en esos aconteci­
mientos. Sin embargo, las observaciones que realiza a m odo
de conclusión insisten en que judíos y cristianos se integra­
ron dentro de una comunidad única, y no en el precio -en
términos hum anos- pagado para alcanzarla. Dicha conclu­
sión es preparada por el uso de analogías negativas: "Fue
un suceso relativamente menos vergonzante que un sencillo
y mero pogrom”; la llegada de Esteban "a Menorca no fue
vista como una oportunidad para 'purgar de judíos la isla”.2
Anacronismos deliberados como "pogrom” o "purgar” no
parecen especialm ente esclarecedores en un caso com o
éste, que es uno de los primeros ejemplos de tensiones entre
judíos y cristianos. Dudas aún mayores suscita la oposición
entre poder clean y unclean, “incontaminado” y "contami­
nado”, que en la presentación de los acontecim ientos de
Menorca realizada por Brown tiene una función crucial, se­
1
CI P Hrown, // culto dei santi, trad. it. de L. Repici Cambiano, Tiirín,
I M I. pp 140-142.
‘ Ibitl , p 141. IJso "purgar" antes que "depurar” [epurare], verbo elegido
poi l.i 1 1 ;i(!u< (oí a italiana como equivalente de to purge.
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
57
g ú n él escribe: "El le c to r m e p e rd o n a rá si, al d e s c rib ir u n
a s u n to m uy sucio [...], he de lim ita rm e a a d o p ta r la p e rs­
pectiv a del ob isp o Severo, n u e s tra ú n ic a fuente, y a h a b la r
del patro cin iu m de sa n E steb an com o de u n p o d er 'in co n ta­
m in a d o ' [c lea n ]”. E l p ro b le m a de m é to d o p la n te a d o p o r
B ro w n es o b v ia m e n te m u y se rio . P ero las p a la b ra s leve­
m e n te a m b ig u a s q u e cité recién p o d ría n in d u c ir a que a l­
g ú n le c to r e n te n d ie ra , de m a n e ra erró n ea , que categ o rías
co m o clean y unclean -"in c o n ta m in a d o " y “co n tam in ad o "d e riv a n d e la fu e n te m ism a. E n ca m b io , c o n siste n - p a r a
u s a r la te rm in o lo g ía del lin g ü ista estad o u n id en se P ik e- en
categ o rías etic y no em ic, im p lícitam en te inspiradas p o r Purity a nd Danger [Pureza y peligro], de M aiy Douglas, no p o r
la extensa c a rta de Severo acerca de los acontecim ientos de
M e n o rc a .3 C o n s titu y e u n a o p c ió n p le n a m e n te le g ítim a,
co m o resu lta evidente, a u n q u e alguien, a la luz de la aso cia­
ción hostil p ro p u esta m ucho tiem po después en tre ju d ío s y
su ciedad, p o d ría o b je tar la idea de en globar a paganos y ju ­
díos bajo la categoría de p o d e r unclean, "contam in ad o ".4
E s ta s o b se rv a c io n e s a c e rc a del m o d o en q u e B ro w n
afro n tó en térm inos h istó rico s el episodio de M enorca están
d e stin a d a s a p e rm a n e c e r en u n nivel superficial. P ara p ro ­
fu n d iz a r m ás, h ac e fa lta in te g ra rla s co n u n an á lisis de la
fu en te so b re la cual se basó el p ro p io Brow n: la ca rta escrita
p o r Severo, obispo de M enorca, el añ o 418. E sta afirm ación,
3 Acerca de emic y etic, cf. K. L. Pike, Language in Relation to a Unified
Theory o f Structure o f Human Behavior, 2a ed. revisada, La Haya y París,
1967, pp. 37 y ss.; E. Gellner, Relativism and the Social Sciences, Cambridge,
1985, pp. 144 y 145. Otro libro de Maiy Douglas (Natural Symbols) es elo­
giado por P. Brown en II culto dei santi, op. cit., p. 176, n. 102; "Pureza y peli­
gro, el libro fundamental de Mary Douglas", es recordado en P. Brown, "The
Saint as Exemplar", en Representations, 2, 1983, pp. 1-25, p. 11, en un con­
texto que muestra la incrementada distancia del autor en relación con una
“vertiente de antropología posdurkheimiana y funcionalista británica .
4 Cf., por ejemplo, M. Kriegel, "Un trait de psychologie sociale”, en An­
uales e s c , 31, 1976, pp. 26-30.
58
EL HILO Y LAS HUELLAS
que debería ser obvia, no lo es desde ninguna perspectiva.
"La historia de la historiografía sin historiografía”, como la
definía con ironía Arnaldo M omigliano, se puso cada vez
más de moda durante las dos últimas décadas.5 Una tajante
división entre los relatos históricos y el trabajo de investiga­
ción sobre el cual éstos se basan fue propuesta por Benedetto Croce ya en 1895.6 Un siglo después, en un clima inte­
lectual muy distinto, ese modo de practicar la historia de la
historiografía ya alcanzó, por motivos que no intentaré ex­
plicar aquí, una enorme difusión.
Sus límites (por no decir riesgos) son obvios, como re­
sultará evidente de inmediato a partir del caso que estoy tra­
tando, basado en una sola fuente documental.7 Dudas acerca
de la autenticidad de la carta de Severo se alzaron también
en el pasado, com o observó Gabriel Seguí Vidal en la edi­
ción a su cuidado en 1937.8 Más recientemente, en muy di5 Cf. el aporte de A. Momigliano, en R. Di Donato (ed.), La contraddizione
felice? Ernesto De Martino e gli altri, Pisa, 1990, p. 198 (esta frase fue agre­
gada por Momigliano a último momento: véase la nota del editor en p. 11).
En cuanto a un análogo rechazo por la “historia de la historiografía como
historia de una particular forma de pensamiento, el pensamiento histórico",
cf. D. Cantimori, "Storia e storiografia in Benedetto Croce" [1966], reprodu­
cido en Storici e storia, Turín, 1971, pp. 397-409, especialmente pp. 407-409
[trad. esp.: Los historiadores y la historia, Barcelona, Península, 1985], Mo­
migliano se refería implícitamente a Hayden White y a sus continuadores:
Cantimori se refería de forma explícita a seguidores de Croce no mayor­
mente especificados, tanto como, en cierta medida, al propio Croce. Intenté
indagar los motivos de esa convergencia en “Unus testis. El exterminio de
los judíos y el principio de realidad” (véase más adelante, capítulo xi).
6 Cf. B. Croce, "La storia ridotta sotto il concetto generale dell’arte"
f 1895], en Primi saggi, Bari, 1927, pp. 38 y ss. (la importancia de este en­
sayo juvenil fue enfatizada por H. White, Metahistory, Baltimore, 1975, pp.
^H1 y ss. [trad. esp.: Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del
siglo xix, México, Fondo de Cultura Económica, 1992]).
1 V éase al resp ecto el ya m en c io n a d o e n sa y o "Unus testis".
*
Cl (, S egu í Vidal, h i carta-encíclica del obispo Severo..., P alm a d e M a­
lí" '1 ¡l' 19^7, PP 1 y ss. T raducción al españ ol: La historia general del reyno
baleam o, tiad. d e J H. D am eto, M allorca, 1632, pp. 150 y ss.; Im sinagoga
haleat n Insiitrin de lu \ ju d ío s de Mallorca, trad. d e J. d e la P uerta V izcaín o,
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
59
versas o p o rtu n id a d e s, B e m h a rd B lu m en k ran z expresó con
a u to rid a d la o p in ió n de que la c a rta es u n a su p erch ería del
siglo vil (a u n q u e su a n u n c ia d a d e m o stra c ió n d etallad a no
vio la lu z h a s ta el p re s e n te ).9 B row n, q u e no m e n cio n a la
e d ició n de S eguí Vidal ni las crítica s de B lum en k ran z, u sa
u n a de las dos ediciones casi idénticas de la ca rta de Severo
rep ro d u cid a s en la Patrología Latina de M igne; am bas to m an
co m o b ase (si se ex c ep tú an algunas correccio n es de o rd en
m enor) la editio princeps ofrecida p o r B aronio en sus A nua­
les E cclesiastici (1588) [Anales eclesiásticos]. P ara ev alu ar
có m o e n c a ró B row n los ac o n te cim ien to s de M enorca, u n a
d iscusión de la c a rta de Severo parece ineludible.10
Q uiero se ñ a la r de in m e d ia to que B row n te n ía p erfecta
ra z ó n al a c e p ta r tá c ita m e n te la a u te n tic id a d de la epístola:
fue d e m o stra d a m ás allá de cu alq u ier d u d a a p a rtir de algu­
n os te stim o n io s d e scu b ie rto s de poco tiem p o a esta p arte.
S in e m b a rg o , u n a veloz re c a p itu la c ió n de las d iscu sio n es
a c e rc a de su a u te n tic id a d p u ed e c o n trib u ir a e c h a r luz so­
b re los sucesos descritos en ella.
2 _En_su-edición. 5eeyí Vidal observó que el estilo de la carta
de Severo no era perfectam ente com patible con un a datación
Palma de Mallorca, 1951 (reproduce la Ia ed.( 1857). El texto latino, al cual
sigue una traducción al español y otra al catalán, consta en Epístola Severí
episcopi - Carta del obispo Severo - Carta del Bisbe Sever, ed. al cuidado de
E. Lafuente Hernández, Menorca, 1981. Pero véase ahora Severo de Me­
norca, Letter on the Conversión o f the Jews, ed. crítica y trad. de S. Bradbury, Oxford, 1996 (precedida poruña excelente introducción).
9 Cf. B. Blumenkranz, "Altercatio Ecclesiae contra Synagogam. Texte inédit du x e siécle”, en Revue du Moyen Age Latín, x, 1954, p. 46; Juifs et Chrétiens dans le monde occidental (430-1096), París y La Haya, 1960, pp. 282284; Les autheurs chrétiens latins du Moyen Age, París y La Haya, 1963, pp.
106-110; “Juden und Jüdische in chrisdiche Wundererzálung", en Juifs et
Chrétiens. Patristique et Moyen Age, Londres, 1977, pp. 419 y 420.
10 Según me consta, el problema de la autenticidad de la carta no fue
mencionado por los numerosos reseñadores de II culto dei santi.
60
EL HILO Y LAS HUELLAS
a comienzos del siglo v.11 Casi veinte años más tarde, en un
ensayo redactado junto con J. N. Hillgarth, Seguí introdujo
dos argumentos adicionales: a) la identificación del commonitorium -mencionado por Severo al final de la carta- con un
tratado seudoagustiniano, Altercado Ecclesiae contra Synagogam [Disputa de la Iglesia contra la Sinagoga]; b) excavacio­
nes arqueológicas que harían suponer que en Menorca existía
una basílica paleocristiana de grandes dimensiones.12 Como
señaló de manera acertada J. Vives, este último argumento no
tiene peso alguno en una discusión acerca de la fecha de la
carta de Severo, que en cualquiera de los casos es probable­
mente anterior a la basílica.13 Por otro lado, la identificación
del comm onitorium con la Altercado, aceptada por Vives, fue
rechazada de modo convincente por Blumenkranz, quien de­
mostró que la Altercado es un texto más tardío, probablemente
datable en el siglo x.14 Según Blumenkranz, la carta atribuida
a Severo (sin más, se refiere a un seudo-Severo) refleja preocu­
paciones de un período más tardío: por ejemplo, el episodio
del obispo Severo a punto de ser derrotado por Teodoro aludi­
ría a los riesgos inherentes al debate público con los judíos
acerca de cuestiones religiosas. A esas consideraciones, Blu­
menkranz sumó un argumento (más bien impreciso) de tenor
lingüístico: las palabras "Theodorus in Christum credidit”,
gritadas por los cristianos y mal interpretadas por los judíos
como "Theodore crede in Christum", implicarían una homofonía entre "cree" (imperativo) y "cree" (indicativo) en español,*
11 Cf. G. Seguí Vidal, La carta-encíclica..., op. cit., pp. 130 y ss.
12 Cf. G. Seguí y J. N. Hillgarth, La Altercado y la basílica paleocristiana
<Ic’ Son fíou de Menorca, Palma de Mallorca, 1955.
n Cf. J. Vives, en Hispania Sacra, 9, 1956, pp. 227-229.
" Cl M. Blumcnkran/., "Altercatio...", op. cit.
Icodoro creyó [cree] en Cristo” y "[Ah,] Teodoro, cree en Cristo”. El
msk del perfecto latino UrcditU, que dificulta aún iníis la hipótesis de una
hoiiiolonía ailoinani/ada” subyacente) debería entonces atribuirse a al>.m i m uso di- div m i s o indirecto. [ N. del T.)
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
61
que sería incom patible con u n a fecha ta n tem p ran a com o el
siglo v.15
¿Siglo v o vn? Cracco Ruggini rechazó acertad am en te la
fecha ta rd ía p ro p u e sta p o r B lum enkranz, a u n q u e dio exce­
siva im p o rta n c ia a la d o cu m en ta ció n arqueológica adu cid a
p o r Seguí y H illgarth: u n argum ento m ás que dudoso, com o
ya se h a visto.16 P o r otro lado, Díaz y Díaz, al expresar u n in­
fu n d ad o escepticism o acerca de la d atació n precoz, hizo al­
g u n as ob serv acio n es im p o rta n te s .17 O bservó que todos los
m anuscritos (nueve) usados p o r Seguí p a ra su edición crítica
incluían, ju n to a la c a rta de Severo, el conocido com o Líber
de M iraculis Sancti Stephani Protomartyris [Libro de los Mi­
lagros de S an E ste b an P ro to m ártir], que describ e los m ila­
gros producidos p o r las reliquias de san E steban en u n a ciu­
d ad africana, U zalis.18 Ambos textos com ienzan con la m ism a
c ita b íb lic a (Tob., 12, 7): el se g u n d o c ita al p rim ero , afir­
m a n d o ( p l , 41, 835) que las reliquias del sa n to h ab ían sido
llevadas a Uzalis con u n a ca rta escrita p o r Severo, obispo de
M enorca. E n la ca rta, que d ebería hab erse leído en voz alta
desde el pulpito, se d ab a n a conocer las extraordinarias p roe­
zas efectuadas p o r esas m ism as reliquias d u ra n te la conver­
15 Cf. Blumenkranz, Les autheurs..., op. cit., p. 108, n. 14. Acerca de la
carta de Severo desde una perspectiva lingüística, cf. C. Paucker, "De latinitate scriptorum quorundum saeculi quarti et ineuntis quinti p. C. minorum
observationes", en Zeitschrift für die oesterreichischen Gymnasien, 32, 1881,
pp. 481-499 (no citado por Blumenkranz). Extrañamente, ningún estudioso
discutió la palabra argistinum, que según Severo en el dialecto de Menorca
significaba "granizo fino” (ed. de Bradbury, p. 112: "grando minutissima,
quam incolae insulae huius gentili sermone ‘argistinum’ vocant [granizo
sumamente tenue, que los isleños en su lengua vulgar llaman argistinum] .
Por cuanto sé, argistinum es un hápax.
16 Cf. L. Cracco Ruggini, "Note sugli ebrei in Italia dal iv al xvi secolo
(a proposito di un libro e di altri contributi recenti) , en Rivista Storica
Italiana, 76, 1964, pp. 926-956, especialmente pp. 936-938.
17 Cf. M. C. Díaz y Díaz, "De patrística española", en Revista Española de
Teología, 17, 1956, pp. 3-12.
18 p l , Migne, 41, 833-854.
62
EL HILO Y LAS HUELLAS
sión de los judíos de Menorca. Llegado a este punto, Díaz y
Díaz propuso dos posibilidades alternativas: a) la alusión a la
carta de Severo incluida en el Líber de Miraculis, que consti­
tuye la única prueba externa de la fecha temprana de la carta,
es fruto de una interpolación; b) la carta misma es una su­
perchería construida sobre la base de la alusión del Líber}9
Esas sagaces conjeturas fueron desmentidas cuando J.
Divjak descubrió un grupo de cartas de san Agustín y a él.
Éstas incluyen dos cartas escritas desde las Baleares por
Consencio (personaje ya conocido de modo independiente
en tanto corresponsal de Agustín).20 En una de ellas (12*),
Consencio se refiere a la carta de Severo respecto de la con­
versión de los judíos, pretendiendo incluso haber tenido
cierta responsabilidad en su redacción.21 Sin embargo, se
observó que el estilo sencillo y directo de Severo es muy dis­
tinto al de Consencio.22
19 Cf. M. C. Díaz y Díaz, "De patrística...", op. cit., p. 12, n. 30.
20 Algunas dudas, no convincentes, acerca de esta identificación fueron
planteadas por R. Van Dam, "‘Sheep in Wolves Clothing’: The Letters of
Consentius to Augustine", en Journal o f Ecclesiastical History, 37, 1986, pp.
515-535.
21 Cf. san Agustín, CEuvres, "Bibliothéque Augustinienne", vol. 46 B, ed.
al cuidado de J. Divjak, París, 1987, pp. 184 y ss. En cuanto al tramo que
nos interesa (12*, 13), cf. pp. 248-250: “Eodem tempore accidit, ut quaedam apud nos ex praecepto domini mirabilia gererentur. Quae cum mihi
beatus antistes, frater patemitatis tuae Severus episcopus cum ceteris qui
affuerant rettulisset, irrupit propositum meum summis viribus caritatis et,
ut epistolam quae rei gestae ordinem contineret ipse conscriberet, sola a
me verba mutuatus est [En ese mismo momento sucedió que por volun­
tad del Señor algunos de nosotros realizaron milagros. Cuando el bendito
superior Severo, par tuyo en el obispado, me contó -junto con otros que
acudieron- lo sucedido, quebró con la suprema fuerza de la caridad mi
propósito y consiguió que yo le dictase mis únicas palabras para que él
escribiera una carta en la cual incluir la reseña de esos acontecimientos]".
Consencio también dicc haber redactado un tratado antijudío (aparente­
mente no conservado); recomienda a su corresponsal que no divulgue esa
noticia. I.a importancia de la carta y de algunos ensayos acerca de él me fue
^••utilmente señalada por Peter Brown.
“ M I Wankenne, en san Augustín, (F.uvres, op. cit., vol. 46 H, etc., p. 492.
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
63
3. La d isc u sió n a c e rc a d e la fecha y la a u te n tic id a d de la
c a rta de Severo llegó a u n a conclusión. C ualquier d u d a re ­
m a n e n te sobre estos dos p u n to s surge, según m e parece, de
u n a a c titu d h ip e rc rític a .23 E n cam bio, o tro s p ro b lem as es­
tá n m uy lejos de se r resueltos. Dos ensayos recien tes in sis­
te n en a n a liz a r la c a rta com o si fuera u n do cu m en to que se
vale p o r sí solo, referid o a u n acon tecim ien to m ás o m enos
a is la d o .24 B ajo n in g ú n co n c e p to p u e d e afirm a rse q u e ese
p la n te o es in ú til. In te n ta r é a q u í m o s tra r el p o te n c ia l que
en c ie rra u n ab o rd a je d istinto, b asado en u n co n ju n to de do­
c u m e n ta c ió n m ás am p lio , refe re n te a u n a serie m ás larga
d e ac o n te cim ien to s: p resu p o n e , p o r ende, la c o n stru c ció n
(o rec o n stru cció n ) de u n objeto h.;stórico diferente.
El nexo e n tre la c a rta de Severo y el Líber de M iraculis
S a n c ti S te p h a n i ya fue p u e s to de relieve p o r D íaz y Díaz.
A m bos textos están vinculados en cierto m odo co n la m ism a
p e rso n a : P au lo O rosio, a u to r de los H istoríarum adversus
Paganos libri vil [Los sie te lib ro s de la H isto ria c o n tra los
p a g a n o s], la p r im e ra h is to ria u n iv e rsa l e s c rita d esd e u n
p u n to de v ista c ristia n o . Las c irc u n sta n c ia s de la vida de
O rosio explican su s relacio n es co n los dos textos. D espués
d e d e ja r su ciu d ad n atal, B raga - e n ese entonces española,
23 Cf. M. Moreau, "Lecture de la Lettre 11* de Consentius á Augustin”,
en Les lettres de Saint Augustin découvertes par Johannes Divjak, Communi­
cations présentées au colloque des 20 et 21 septembre 1981, París, 1983, pp.
215-223.
24 Cf. E. D. Hunt, "St. Stephen in Minorca: An Episode in Jewish-Christian Relations in the Early 5lh Century a . d . " , en The Journal o f Theological
Studies, nueva serie; 33, Pt. 1, 1982, pp. 106-123; L.-J. Wankenne y B. Hambenne, “La lettre-encyclique de Severus évéque de Minorque au début du
ve siécle”, en Revue Bénédictine, 103, 1987, pp. 13-27. Ambos artículos dan
por descontada la autenticidad de la carta de Severo tanto com o su fecha
temprana; sólo el segundo artículo -escrito desde una perspectiva más aco­
tada- tiene en cuenta la carta de Consencio (12*). Ésta fue oportunamente
discutida por J. Amengual i Batle, "Noves Fonts per a la história de les
Balears dins el Baix Imperi", en Bolletí de la Societat Arqueológica Lulliana,
segunda serie, xcvi, vol. 37, 1980, pp. 99-111.
64
EL HILO Y LAS HUELLAS
hoy portuguesa-, Orosio viajó a África para encontrarse
con Agustín y ser su alumno. Agustín confió en él, tanto
que lo envió a Jerusalén (415) para luchar contra Pelagio y
sus ideas.25 Orosio participó en el concilio de Dióspolis,
que concluyó con un logro para Pelagio. Durante el conci­
lio se encontraron en Caphar-Gamala, no lejos de Jerusa­
lén, las reliquias de san Esteban, de Gamaliel y de Nicodemo. Un sacerdote de nombre Luciano, que había sido
guiado a Caphar-Gamala por una serie de visiones noctur­
nas, dictó a pedido de un sacerdote de Braga, Avito, las cir­
cunstancias del extraordinario hallazgo. Luciano hablaba
griego, lengua que Avito conocía. Después de preparar una
traducción latina de la relación de Luciano (que llegó a no­
sotros con el título De revelatione corporis Sancti Stephani
[Acerca de la aparición del cuerpo de San Esteban]), Avito
la confió, junto con algunas reliquias de san Esteban, a su
conciudadano Orosio, que debía llevarle todo a Palconio,
obispo de Braga.26 En 416, Orosio dejó Jerusalén con su va­
liosa carga y, después de hacer una escala en África, fue a
Menorca con la intención de llegar a España. Las cosas to­
maron otro rumbo. En su propia carta, escrita a comienzos
de 418,27 Severo se refiere a un sacerdote llegado desde Je­
rusalén que, sin poder alcanzar España, después de algún
tiempo cam bió de idea y volvió a África, dejando en Me­
norca, "por inspiración divina", algunos fragm entos del
cuerpo de san Esteban. Ya hace mucho tiempo que este sa­
cerdote fue identificado con Orosio. No sabem os qué lo
” No con el objetivo de "apoderarse de las reliquias de san Esteban"
(que todavía no habían sido descubiertas), como afirma en cambio W. H. C.
ÍTend, I he North-African Cult of Martyrs”, en A rch aeologv a n d H isto ry in
lite S iu d v of C h ristia n ity, Londres, 1988, ensayo núm. ix, p. 164.
l,¡ i*i , Mi^ne, 41, 805-816.
" Respecto de esta fecha, correspondiente al 2 de febrero de 418, cf. V.
S;ix»-i, Mnrt m a rtyrs riliq u es en Afrique cíirétieu u e attx p re m ie rs siécles, París,
l'VHO, |, 24í>
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
65
convenció p a ra que ren u n ciase a su proyecto prim igenio: si
fu ero n las to rm e n ta s de la te m p o ra d a invernal, los b arcos
de los vándalos o am b as cosas. E n cu alq u iera de los casos,
p odem os d a r cré d ito al tra m o del Líber de M iraculis Sancti
S tephani que m e n c io n a la c a rta de Severo. El in n o m in ad o
q ue llevó la c a rta a Uzalis, ju n to con algunos fragm entos del
tesoro -a p a re n te m e n te in a g o tab le- co n stitu id o p o r las reli­
q uias de san E steb an , era sin lugar a d u d a Orosio. Las Historiae a d ve rsu s P aganos, p u b lic a d a s p ro b a b le m e n te ese
”iin s in o 'á n J t^ íí> y m iQ ^ T ía ir q Q c -<¿'i<rparlae~ sirm a e^ iro
A g u stín - O ro sio re c h a z a b a la p ersp e ctiv a a p o c alíp tic a en
q u e S evero h a b ía in se rta d o , al final de la ca rta, la conver­
sión de los ju d ío s de M enorca.28
4. A esta a ltu ra p o d ría p ensarse que el protagonista de toda
esa se cu e n cia es O rosio. E n realid ad , fue sim p lem en te u n
in te rm e d ia rio , si b ie n im p o rta n te . E l v erd a d ero p ro ta g o ­
n ista es E steban. La llegada de sus reliquias a África desen­
cad en ó u n a serie de m ilagros, d eb id am e n te registrad o s al­
gunos años m ás ta rd e en el Líber de M iraculis Sancti Stephani
Protom artyris, escrito a p a rtir del im pulso de Evodio, obispo
de Uzalis. Ya desde joven, Evodio h ab ía sido u no de los dis­
cípulos m ás cercanos a san A gustín.29 E n el pasado, Agustín
28 Estoy muy agradecido a Richard Landes por haber llamado mi aten­
ción sobre este punto: cf., en general, su ensayo "Let the Millenium Be Fulfilled: Apocalyptic Expectations and the Pattem of Western Chronography
100-00 c e ” , en W. Verbeke, D. Verhelst y A. Welkenhuysen (eds.), The Use and
Abuse o f Eschatology in the Middle Ages, Lovaina, 1988, pp. 137-211, en espe­
cial, pp. 156-160, a propósito de la discusión epistolar, desarrollada en 418
o 419 (y por ende, casi contemporánea a la carta de Severo) entre Agustín y
el obispo dálmata Esiquio, sobre el tema del inminente fin del mundo. En
cuanto a la fecha de Orosio, cf. A. Lippold, introducción a Orosio, Le storie
contro i pagani, vol. i, trad. it. de A. Bartalucci, Milán, 1976, p. xxn.
29 Cf. P. Brown, Agostino d'Ippona, trad. it. de G. Fragnito, Turín, 1971,
passim-, P. Monceaux, Histoire littéraire de l’Afrique chrétienne..., París,
1923, vol. vn, pp. 42-45.
66
EL HILO Y LAS HUELLAS
había expresado un franco escepticismo con relación a los
milagros. Ni siquiera había reaccionado frente al descubri­
miento de las reliquias de dos mártires desconocidos, Gerva­
sio y Protasio, realizado en Milán el año 386, del cual inme­
diatamente sacó provecho san Ambrosio como de un arma
simbólica en la lucha contra los arrianos.30 En el tratado De
vera religione (389-391) [De la verdadera religión], Agustín ha­
bía explicado que, dada la difusión de la fe cristiana, los m i­
lagros se habían vuelto imposibles: en caso contrario, la
gente sólo habría deseado bienes materiales.31 El título del
capítulo vin del último libro ( x x ii ) de De civitate Dei [La ciu­
dad de Dios], escrito en 425, suena como una retractación de
estas afirmaciones, y a la vez marca un auténtico punto de
inflexión en la historia del culto a los santos: "De miraculis,
quae ut mundus in Christum crederet facta sunt et fieri
mundo credente non desinunt [Acerca de los milagros, los
cuales se realizaron para que el mundo creyera en Cristo, y
que aún hoy se realizan aunque el mundo cree en Él]". El
30 Cf. L. Cracco Ruggini, "Ambrogio e le opposizioni anticattoliche fra
il 383 e il 390", en Augustinianum, 14, 1974, pp. 409-449; M. Simonetti,
"La politica antiariana di Ambrogio", en G. Lazzati (ed.), Ambrosius Episcopus, Atti..., vol. i, Milán, 1976, pp. 226-285; A. Lenox-Conyngham, "The
Topography of the Basílica Conflict of A. D. 385-6 in Milán", en Historia, 31,
1982, pp. 353-363; G. Nauroy, "Le fouet et le miel. Le combat d’Ambroise
en 386 contre 1’Arianisme milanais", en Recherches Augustiniennes, x x i i i ,
1986, pp. 3-86.
31 De vera religione, xxv, 47; "Cum enim Ecclesia catholica per totum
orbem diffusa atque fundata sit, nec miracula illa in nostra témpora du­
rare permissa sunt, ne animus semper visibilia quaereret, ut eorum consuctudine frigesceret genus humanus [Ya que la Iglesia Católica se fundó
expandida por el orbe entero, y no es dado que aquellos milagros perduren
un nuestra época, para que el espíritu no busque siempre los bienes m a­
teriales, pues la frecuentación de ellos quebrantaría al género humano]”.
Citado por G. Bardy en una nota acerca de los milagros, que forma parte de
su edición del Di’ civitate Dei, en san Agustín, (Ettvres, “Bibliothéque Auguslinieime", vol. xxxvii, París, 1960, pp. 825-831 [trad. esp.: La ciudad de Dios,
Madiid, léenos, 20071. Cf. C. Courcelle, Recherches sur les Confessions de
Saint Augustin, nueva edición aumentada, París, 1968, pp. 139 y ss.
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
67
c u lto a las re liq u ia s de los m á rtire s e s ta b a d ifu n d id o en
África: el concilio de C artago (398) h ab ía in ten tad o co n tro ­
larlo de algún m odo, o rd en a n d o la destrucción de todos los
altares supersticiosos o ilegítim os.32 Sin em bargo, el cam bio
de a c titu d de A gustín e s ta b a ligado de m a n e ra específica,
co m o d e m o stró V ictor Saxer, a la o le ad a de m ilag ro s co ­
n ectados con el lu g ar de culto (m em oria) de san E steb an en
U zalis.33 ¿P or qué era ta n im p o rta n te sa n E steban ? P orque
e ra el p ro to m á rtir, d esde luego; su p asió n te n ía ecos de la
p asió n de Cristo. Pero u n análisis del extraordinario hallazgo
de sus reliquias hace su rg ir otros elem entos. H em os iniciado
el trayecto en 418 (fecha de la carta de Severo); luego avan­
zam os en el tiem po. A hora volvamos atrás, h asta el año 415.
5. El hallazgo de las reliquias de san E steban se p ro d u jo en
el m om en to ju sto y en el lu g ar justo: ésta es u n a observación
re a liz a d a p o r u n e s tu d io so e m in e n te com o Saxer, c ie rta ­
m e n te n o so sp e ch a d o de a n ticlerica lism o m ilita n te .34 Ese
ac o n te c im ie n to refo rzó el p restig io de u n h o m b re q u e sin
d u d a h ab ía tenido g ran injerencia en ello: Ju an II, obispo de
Je ru sa lé n . E n u n en say o rec ien te , M ichael van E sb ro eck
sostuvo que algunos cultos apoyados de m a n era activa p o r
Ju a n II - p a r a em pezar, el ren d id o a san E steban, u n o de es­
pecial im p o rta n c ia - h ac en p e n sa r en u n a política religiosa
coherente, dirigida en fo rm a deliberada hacia grupos judeo-
32 Cf. C. Cecchelli, "Note sopra il culto delle reliquie nell’Africa romana",
en Rendiconti della Pontificia Accademia Romana di Archeologia, xv, 1939,
p p .131 y 132.
33 Cf. V. Saxer, Morí martyres réliques..., op. cit., pp. 245 y ss. Cf. también
C. Lambot, "Collection antique de sermons de S. Augustin", en Revue Bénédictine, 57, 1947, pp. 89-108, en especial, pp. 105 y 106, y "Les sermons de
Saint Augustin pour les fétes des martyres", en Revue Bénédictine, 79, 1969,
p. 94; R-P. Verbraken, Études critiques sur les sermons authentiques de Saint
Augustin, La Haya y Tumhout, 1976 (sermones 314-320).
34 Cf. V. Saxer, Mort martyres réliques..., op. cit., pp. 293 y 294.
68
EL HILO Y LAS HUELLAS
cristianos.35 Es una sugerencia importante: sin embargo, Van
Esbroeck descuidó las connotaciones polémicas, por no de­
cir agresivas, del suceso en cuestión. El hallazgo de las tum­
bas de Nicodemo y Gamaliel, que sugería una continuidad
entre el Viejo y el Nuevo Testamento, había sido más que
compensado por el hallazgo de las reliquias de san Esteban,
el protomártir, primer hombre que “luchó por el Señor con­
tra los judíos” (prim um adversus Judeos dom inica bella
bellavit).3b Estas palabras, incluidas en ambas versiones del
De revelatione corporis Sancti Stephani, son bastante elocuen­
tes.37 Cercanía religiosa y competición religiosa iban a la par.
Como demostró Marcel Simón en su gran libro, la preten­
sión de ser el verus Israel por parte de los cristianos tenía
implicaciones ambivalentes y potencialmente trágicas.38
Dichas tensiones traslucen por detrás del hallazgo de
las reliquias de san Esteban. También los estudiosos que
pusieron de relieve cóm o ese descubrim iento se produjo
exactamente en el momento justo descuidaron (al m enos
según me consta) el elemento que estoy por mencionar. El
20 de octubre de 415, el emperador le quitó a Gamaliel VI,
patriarca de Jerusalén, el título que tradicionalmente le ca­
bía de praefectus honorarius. La supresión del título estaba
significativamente motivada por el proselitismo judaico, ex­
presado en la construcción de nuevas sinagogas y en la cir­
35 Cf. M. van Esbroeck, "Jean II de Jérusalem et les cuites de S. Étienne, de
la Sainte-Sion et de la Croix", en Analecta Bollandiana, 102, 1984, pp. 99-134.
36p l , Mignc, 41, 813, 815 y 816.
37 Acerca de esas dos versiones, cf. P. P[eeters], “Le sanctuaire de la
lapidation de S. Étienne”, en Analecta Bollandiana, x x v i i , 1908, pp. 364367; J. Martin, "Die revelatio S. Stephani und Verwandtes", en Historisches
Jahrbuch, 77, 1958, pp. 419-433. Acerca de los sucesos en conjunto, cf. E. D.
llunt, H oly l/jn d Pilf>rimage in the Later Román Empire. ad 3 12 -4 6 0 , Oxford,
1982, pp. 212-220.
,H( I M Simón, Verus Israel. Étude sur les relations entre Chrétiens et Juifs
dans I l-.inpire Komain (135-425) 11948], 2“ cd. aumentada, París, 1964.
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
69
cu n cisió n de cristian o s y g en tiles.39 A los ojos de los ju d ío s
de P alestina y de la d iáspora, el p a tria rc a era la m áx im a a u ­
to rid a d p o lític a y e s p iritu a l; O ríg en es lo h a b ía d e fin id o
com o u n a su e rte de m o n a rc a de los judíos.
La su p resió n de la praefectura honoraria h ab ía llevado,
años m ás tard e, a la desap arició n del p a tria rc a d o .40 Sin em ­
bargo, el d eb ilitam ien to de la posición de los ju d ío s bajo los
e m p erad o res c ristia n o s se volvió evidente, a m en o s de dos
m eses de distancia, a p a rtir de otro golpe sim bólico: el in o ­
p in a d o resu rg im ien to de las reliquias de san E steban, a n u n ­
ciado p o r las visiones de L uciano a com ienzos de diciem bre
de 415.
6. Q ue ta rd e o te m p ra n o esas reliquias d eb ían resu rg ir p a ­
rece re tro sp e c tiv a m e n te obvio. P a ra ju stific a r esta afirm a­
ción, es in d is p e n sa b le d a r o tro p aso a trá s: h a s ta los m uy
célebres serm o n es c o n tra los cristianos ju d a izan tes p ro n u n ­
ciados en A ntioquía p o r sa n Ju a n C risóstom o en 385-386.41
La c o m p le ja re a lid a d relig io sa q u e esos se rm o n e s p re s u ­
p o n e n fue a n a liz a d a en u n en say o m a g istra l p o r M arcel
39 Cf. Codex Theodosianus, ed. al cuidado de T. Mommsen, Berlín, 1962,
p p .892 y 893.
40 Cf. J. Juster, Les Juifs dans l'Empire Romain. Leur condition juridique,
économique et sociale, París, 1914, vol. i, pp. 391 y ss.; A. M. Rabello, "The
Legal Condition of the Jews in the Román Empire”, en H. Temporini (ed.),
Aufstieg und Niedergang der rómischen Welt, Berlín y Nueva York, 1980, vol.
n, 13, pp. 713-716 (pero en 415, el patriarca Gamaliel no fue "depuesto”,
com o se lee en la p. 714, n. 212); B. S. Bachrach, "The Jewish Community
of the Later Román Empire”, en J. Neusner y E. S. Frerichs (eds.), "7o
See Ourselves as Others See Us": Christians, Jews,“Others" in Late Antiquity,
Chico ( c a ) , 1985, pp. 412-415; G. Stemberger, Juden und Christen im Heiligen Land, Munich, 1987, pp. 208-213.
41 Cf. Saint John Chrysostom, Discourses against Judaizing Christians,
trad. ingl. de P. W. Harkins, Washington, 1979. Cf. también R. L. Wilken,
John Chrysostom and the Jews. Rhetoric and Reality in the Late 4th Century,
Berkeley, 1983; W. A. Meeks y R. L. Wilken, Jews and Christians in Antioch
in the First Four Centuries o f the Common Era, Missoula ( m t ) , 1979.
70
EL HILO Y LAS HUELLAS
Simón.42 Tanto judíos com o cristianos, por ejemplo, hon­
raban con un ferviente culto las reliquias de los siete macabeos y de su madre, que estaban conservadas (según se
creía) en una iglesia cristiana. Este gesto, que bajo ningún
concepto es excepcional,43 pone en evidencia las im plica­
ciones ambivalentes de la fórmula verus Israel. El deseo de
enfatizar la continuidad entre el Viejo y el Nuevo Testa­
mento podía inspirar tanto la inclusión de los macabeos en
el calendario religioso de Antioquía como la conquista vio­
lenta del lugar sacro donde se conservaban sus reliquias.44
El culto a los hermanos macabeos y a su madre no es­
taba vivo sólo en Antioquía. En 338, como se nota en una
carta de san Ambrosio, algunos heréticos atacaron en Calínico, sobre la ribera izquierda del Éufrates, a un grupo de
monjes que, "según una antigua tradición”, cantaban salmos
mientras se dirigían a un santuario de los macabeos. Por
motivos que ignoramos, también en este caso la sinagoga lo­
cal fue destruida por esos mismos monjes, inspirados por el
obispo (auctore episcopo).45 Un culto tan difundido, compar­
tido por judíos y cristianos, tenía sin duda raíces profundas.
El modelo de 2 Mac. 7 fue detectado por detrás de la descrip­
ción de Blandina, la mártir cristiana a quien se dio muerte
42
M. Simón, "La polémique antijuive de saint Jean Chrysostome et le
mouvement judaísant d’Antioche", en Recherches d ’h istoire Judéo-Chrétienne, París y La Haya, 1962, pp. 140-153.
45
Cf. Card. [M.] Rampolla [del Tindaro], "Martyre et sépulture des Macchabécs”, en Revue de l’a rt Chrétien, xui, 1899, cuarta serie, vol. x, pp.
290-305.
44 E. Bikcrman (“Les Macchabées de Malalas”, en Byzantion, 21, 1951,
pp. 74-75) observa que las sinagogas eran consideradas lugares sacros se­
gún el derecho romano, mientras que no lo eran según el ritual hebraico;
sin embargo, la actitud de los cristianos -incluidos aquellos que se apode­
raron de la sinagoga de Antioquía- era presumiblemente más cercana al
primero que al segundo.
'' ( I san Ambrosio, Kp. 40, 16, citado por L. Cracco Ruggini, "Ebrei
e Oí icnlali nell'lialia settentrionale fi a il iv e il vi scc. d. C.”, en Studia et
Monumento Mistarme el Inris, xxv, 1959, pp. 198 y 199.
LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DE MENORCA
71
en Lyon en 177.46 Se su p u so que la n o ción m ism a de martyrium deriva, en ú ltim a instancia, de la h istoria de los siete
h e rm a n o s ju d ío s y de su m ad re, a quienes se to rtu ró y dio
m u erte p o r haberse negado a co m er carne de cerd o .47
Algunos intentos p o r cristian iza r el culto de estos protom á rtire s ju d ío s ya fueron m encionados. El nuevo equilibrio
de poder, surgido en tre finales del siglo iv y com ienzos del v,
llevó al descu b rim ien to de las reliquias del p ro to m á rtir cris­
tian o , que según la tra d ic ió n h ab ía sido m u e rto p o r los j u ­
díos. E ste b a n c o n tra los m a c a b e o s.48 E n M enorca, las te n ­
s io n e s g e n e ra d a s p o r la lle g a d a de las re liq u ia s de sa n
E ste b a n d e se n c a d e n a ro n u n a a u té n tic a lucha: "Los ju d ío s
-e sc rib e Severo en su c a rta - se dieron ánim o uno al o tro re­
c o rd a n d o los ejem plos del tiem po de los m acabeos, y a n h e ­
la b an m o rir p ara d efender su Ley".49
7. H a sta a h o ra m e re fe rí a u n este re o tip o hagiográfico li­
g ad o a u n n o m b re ("E steban"). P o d ría d arse u n p aso m ás,
en el in te n to p o r a is la r -s o b re la b ase de H echos, 6-8- al
E ste b a n h istó rico y su a c titu d h ac ia la trad ició n h e b ra ic a .50
P o r su p u e sto , n o poseo la co m p ete n cia n ecesaria p a ra u n
in te n to de ese tipo. S in em bargo, la docum entació n que re ­
copilé deja en evidencia, si no yerro, que la actitud de fuerte
46 Cf. W. H. C. Frend, "Blandina et Perpetua: Two Early Christian Heroines", en Les Martyrs de Lyon (177), Colloques Internationaux du c n r s , núm.
575, París, 1978, pp. 167-177, en especial, p. 173.
47 Cf. W. H. C. Frend, Martyrdom and Persecution in the Early Church,
Oxford, 1965, pp. 21 y 87, en polémica con la tesis de H. Delehaye.
48 Cf. M. Simón, "Les Saints d’lsrael dans la dévotion de l’Eglise ancienne", en Recherches..., op. cit., pp. 154-180, en especial, p. 157 (Gregorio
Nacianceno, Hom. 3 in Mach., pg, 35, 627).
49 "Judaei igitur exem plis se Machabaei temporis cohortantes, mortem quoque pro defendendis legitim is suis desiderabant (ed. de Bradbury, p. 86).
50 Un estimulante intento en ese sentido fue realizado por M. Simón, St.
Stephen and the Hellenists in the Primitive Church, Londres, 1958.
'JA&VI0ÍLLA&
ambivalencia de los cristianos hacia los judíos tuvo un peso
decisivo en el surgimiento del culto a los santos cristianos.
Los hechos de violencia religiosa que tuvieron lugar en Me­
norca son sólo un episodio de una historia tanto más larga,
en la que san Esteban, o al menos sus reliquias, inevitable­
mente cumplieron una función antijudía.51
Esa función es obvia, tanto que Peter Brown, en las pági­
nas que tomé como punto de partida, no la mencionó siquiera.
Ese silencio me parece significativo, por estar en conexión
con una propensión más amplia a poner en sordina tensiones,
rupturas, oposiciones (de todo tipo: sociales, culturales, reli­
giosas). En un fragmento de autobiografía intelectual, Brown
observó (con una pizca de autocrítica) que la antropología
funcionalista británica tuvo "la tendencia a aislar al hombre
santo [...] del mundo de valores compartidos en que él ac­
tuaba como un ejemplo”.52 En vez de ello, Brown prefiere in­
sistir en elementos compartidos por una comunidad en su
conjunto. La crítica formulada en el primer capítulo de The
Cult o f the Saints con relación al espíritu más o menos abier­
tamente paternalista con que a menudo se estudió la historia
religiosa de los grupos no alfabetizados encuentra mi pleno
acuerdo. Más discutible me parece el tácito tránsito, llevado a
cabo por Brown, desde ese tipo de crítica hacia un rechazo
por aquello que él define como "modelo a dos franjas" (twotier model) -esto es, por cualquier planteo que presuponga la
existencia de dicotomías culturales y religiosasThe Cult o f the Saints es un libro insustituible. Pero el
modo en que afronta (y no afronta) la dicotomía hebraicocristiana me parece difícil de aceptar.*
■' La importancia de este tema fue puesta de relieve por Blumenkranz
en su I j >s aulheurs..., op. cit., p . 108, n. 14.
Cl. P. Brown, "The Saint as Exemplar’’, op. cit., p. 12.
*
A pioposito del tema aquí discutido, véase la amplia reserta crítica de J.
Amengua! i Baile, “Conscntius/Severusde Minorca. Vint-i-cinc anysd’estudis,
\,H K, 2000”, en Aran de Textos Catatanv Antics, 20, 2001, pp. 599-700.
III. MONTAIGNE, LOS CANÍBALES
Y LAS GRUTAS*
1. H ay f ig u r a s d e l p a s a d o q ue el tie m p o a c erca an tes que
alejarlas. M ontaigne es u n a de ellas. N os vem os irresistible­
m e n te a tra íd o s p o r su a p e r tu ra fre n te a c u ltu ra s lejanas,
p o r su c u rio s id a d so b re lo m ú ltip le y div erso de las vidas
h u m a n as, p o r el diálogo cóm plice e im piadoso que entabla
consigo m ism o. Esos rasgos ap a ren te m en te contrad icto rio s
lo to m a n c e rcan o a n o so tro s. P ero es u n a im p resió n en g a­
ñosa: M ontaigne nos rehúye. D ebem os in te n ta r acercam o s
a él a p a r tir de sus categorías, no de las n uestras.
E so no significa in te rp re ta r a M ontaigne p o r m edio de
M ontaigne: perspectiva discutible y, en ú ltim a instancia, es­
téril. H aré la p ru e b a de leer el ensayo “De los caníbales" to ­
m a n d o com o p u n to de p a rtid a los elem en to s contextúales
h allables, d ire c ta o in d ire cta m en te, en el texto. Seguiré u n
itin e ra rio sin u o so , que p o r m o m e n to s p a re c e rá te n e r ecos
de las digresiones ta n caras al p ro p io M ontaigne. In ten taré
m o stra r cóm o esos contextos a c tu a ro n sobre el texto m ode­
lándolo, dán d o le form a: com o lazos y com o desafíos.
2. E l p r im e r co n tex to , lite ra l y m e ta fó ric o a la vez, está
c o n s titu id o d esd e luego p o r el lib ro del cu al fo rm a p a rte
"De los caníb ales": los Ensayos. U na rela ció n e n tre p artes
y todo existe p a ra cada u n o de los ensayos de M ontaigne (y
*
Éste es el texto, modificado en algunos puntos, de la Alan Marre Maccabeans Centenary Lecture dictada en noviembre de 1993 en el University
College de Londres. Estoy muy agradecido a Samuel R. Gilbert por sus
observaciones.
73
74
EL HILO Y LAS HUELLAS
para cada uno de los libros); pero en este caso, dicha rela­
ción tiene un significado especial. Se comprende inmediata­
mente a partir de las palabras que el autor dirige al lector
cuando presenta su propio libro: “Si [lo hubiera escrito]
para buscar el favor de la gente, me habría provisto mejor
[de ornatos] y me presentaría con un porte estudiado. Quiero
que aquí se me vea en mi forma de ser sencilla, natural y
habitual, sin afectación ni artificio: pues soy yo m ism o a
quien retrato”.
Sin embargo, la decisión de representar sus propios
“defectos [...] en vivo” y su propia "forma natural” tuvo que
afrontar, según explica M ontaigne, el “respeto público”.
Cuando presenta al lector el resultado de ese comprom iso
-el libro-, Montaigne expresa su nostalgia por "esas nacio­
nes que según se dice viven aún en la dulce libertad de las
primitivas leyes de la naturaleza”. Si viviera entre esa gente,
concluye, "te aseguro que de muy buena gana me habría
retratado de cuerpo entero, y completamente desnudo”.1
En la zona liminar del libro encontramos a los salvajes
brasileños que reaparecerán en el ensayo "De los caníbales".
Su desnudez remite a dos temas fundamentales, estrecha­
mente ligados entre sí: por un lado, la oposición entre coustum e y nature\ por el otro, el propósito del autor de hablar
1
Cf. M. de Montaigne, Saggi, 2 vols. con paginación continua, trad. de
F. Garavini, Milán, 1992, p. 3; ed. fr.: Essais, ed. al cuidado de A. Thibaudet,
París, 1950, p. 24 [en adelante, los números de página de la edición fran­
cesa citada por el autor aparecerán entre corchetes]. En el primer volumen
de las Recherches de la France (Orleans, 1567), Étienne Pasquier declaró
no dirigirse a protectores o amigos, sino simplemente a "su lector". Que
un noble como Montaigne se dirigiera sin más “al lector” es comprensible;
per-í» ello nada quita al carácter provocativo de su discurso.
|May numerosas traducciones al español de los ensayos de Montaigne
(entre ellas, una de las más recientes: Ensayos completos, Madrid, Cátedra,
2001). Para seguir las versiones preferidas por Ginzburg, las citas se tra­
dujeron direc tamente del Irancés, haciendo las adecuaciones pertinentes.
N d ,| | |
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
75
de sí m ism o en la m a n e ra m ás directa, m ás inm ediata, m ás
v eraz posible. Q ue se h ab le de salvajes d esn u d o s y de ver­
d ad al d esn u d o n ad a tiene de sorp ren d en te. Pero la conver­
gencia de esos dos tem as p resu p o n e u n eslabón in term edio
lig a d o a u n a de las id e as m á s a u d a c e s d e M on taig n e: la
id e n tificació n de la c o stu m b re o tra d ic ió n (co u s tu m e ) con
el artificio. Los vestidos, se lee en el ensayo "S obre el ves­
tu a rio " (i, 36), d em u estra n que nos hem os alejado de la ley
de n a tu ra le z a , del "o rd en g en eral del m u n d o , do n d e n ad a
p u e d e h a b e r de a d u lte ra d o ".2 La d e sn u d e z e ra la u sa n z a
"o rig in a ria de los h om bres": p a la b ra s que elucid an la a lu ­
sión, ya se ñ ala d a, a la au sen c ia de co nstricciones, que era
u n a m a rc a d istintiva de la edad de oro: la “dulce lib ertad de
las prim itiv as leyes de la n a tu ra le z a ".3 E nco n tram o s an tici­
p ad a s en fo rm a concisa algunas de las ideas fundam entales
que se d e sarro llarán en los Ensayos .4
¿P ero c u á n extendida estab a entonces la conexión entre
ed ad de oro, d esnudez y lib ertad de las constricciones de la
civilización? Aquí vem os d e s p u n ta r o tro contexto posible.
E so s tr e s m o tiv o s c o n v e rg e n e n u n fam o so tra m o de la
A m inta, el p o em a p asto ra l de Tasso, a quien M ontaigne co n ­
sid e ra b a "un h o m b re de los m ás juiciosos, ingeniosos y for­
m a d o s en el e sp íritu de aq u ella an tig u a y p u ra po esía que
haya h ab id o desde largo tiem po en tre los poetas italian o s".5
El coro que cierra el p rim e r acto de la A m inta es u n a evoca­
ción, im p re g n ad a de nostalgia p o r la edad de oro y las n in ­
fas d e s n u d a s q u e la p o b la b an : u n a ed a d en que el p la ce r
2 Montaigne, Saggi, op. cit., p. 296 [pp. 262 y 263]; cf. también la "Apología
di Raymond Sebond", en Saggi, op. cit., n, 12, pp. 589-591 [pp. 502 y 503].
3 La analogía entre edad de oro e indígenas americanos reaparece en el
ensayo "DelTesperienza", en Saggi, op. cit., ni, 13, pp. 1424 y 1425 [p. 1196],
4 Cf. G. Genette, Seuils, París, 1987 [trad. esp.: Umbrales, México, Siglo
xxi, 2001],
5 Montaigne, Saggi. op. cit., p. 641 [p. 546], Se trata de n, 12, la "Apologia
di Raymond Sebond".
76
EL HILO Y LAS HUELLAS
erótico no se ponía por debajo del vínculo del honor, “ese
vano / nombre sin sujeto [quel vano / nome senza soggetto]”.6
Se da la casualidad de que Pierre de Brach, primer conse­
jero del Parlamento de Burdeos y autor de la primera tra­
ducción de la A m inta al francés (1584), era amigo de Mon­
taigne.7 Pero la eventualidad de que Montaigne, quien sabía
muy bien italiano, se hiciera eco de los versos de Tasso en
las palabras dirigidas a su propio lector es, sin más, algo
que excluir. La primera edición de los E nsayos de M on­
taigne -que ya incluía esa página- apareció en el verano eu-
6 Cf. T. Tasso, Aminta, w. 656 y ss. El parecido entre Montaigne y Tasso
fue señalado por R. Cody, The Landscape o f the Mind, Oxford, 1969, p. 57.
Cf. también los versos del “Discours contre Fortune" de Ronsard, dirigido
al explorador Villegagnon: "Comme ton Amérique, oü le peuple incognu /
Erre innocentement tout farouche y tout nu / D’habit tout aussi nu qu’il est
nu de malice, / Qui ne cognoist les noms de vertu ny de vice, / De Senat ny
de Roy, qui vit á son plaisir / Porté de l’appetit de son premier desir, / Et qui
n a dedans lam e ainsi que nous emprainte / La frayeur de la loy qui nous
fait vivre en crainte: / Mais suivant sa nature est seule maistre de soy, / Soymesme est sa loy, son Senat et son Roy: / Qui de coutres trenchans la terre
n’importune, / Laquelle comme l’air á chascun est commune, / Et comme
l’eau d’un fleuve, est commun tout leur bien, / Sans procez engendrer de
ce mot Tien et Mien [Tal como tu América, donde gente ignota / Vaga con
inocencia salvaje y desnuda, / De traje desnuda tanto como de malicia, /
Sin conocer los nombres de virtud y de vicio, / Ni de Senado o Rey, y vive
a gusto / Guiada por la apetencia de su primer deseo, / Y no hay dentro de
su alma marca impresa / Del temor a la ley que nos pone en recelo: / Sino
según natura es de sí única ama, / Ella misma es su ley, su Senado y su Rey:
/ Que con rejas de arado no importuna a la tierra, / Común a todos así como
el aire, / Y como el agua de un río, comunes son sus bienes / Sin entablar
litigio por voz de Tuyo y Mío]" ("Le second livre des poémes", en CEuvres
Completes, ed. al cuidado de G. Cohén, ii, París, 1994, p. 778). Véanse E.
Armstrong, Ronsard and the Age o f Gold, Cambridge, 1968; y en términos
más generales, N. Pellegrin, "Vétemcnts de peau(x) et de plumes: la nudité
des Indicns et la diversité du monde au xvi° siécle", en J. Céard y J.-C. Marg o l i n (cds.), Voyagerála Renaissance, París, 1987, pp. 509-530.
7 U . L. 1”. Hcncdctto, "II Montaigne a Sant'Anna”, en Giomale Storicodella
í j ’lh’raliini Italiana, 7 3 , 1 9 1 9 , pp. 2 1 3 - 2 3 4 , en especial, pp. 2 1 8 y 2 1 9 , n. 2;
I ( icnioiia, l.influetice de / ’Aminta sur la pastorale dramatique franfaise,
París, 1 9 7 7 , pp. V I y ss. (que ignora el ensayo anterior).
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
77
ropeo de 1580, pocos m eses después de que se p u b licara la
p rim e ra edición de la A m in ta .8 E n la segunda edición de los
E nsayos (1582), M ontaigne intercaló la conm ovida alusión
a su e n c u e n tro co n Tasso, en c errad o com o d em en te en el
h ospital de Sant'A nna, en F e rra ra .9
M ontaigne no pod ía h a b e r leído la A m inta p o r m otivos
cronológicos; Tasso, q u e leía m al el francés, no p u d o leer
los E nsayos p o r m otivos ya sea lingüísticos, ya cro n o ló g i­
cos. Las analogías e n tre los dos textos deben atrib u irse en ­
to n ces a u n te m a d ifu n d id o . Lo d e m u e stra u n a p ág in a de
La m étam orphose d ’Ovide figurée [Figuras de la M etamorfo­
sis de Ovidio]: u n a ad a p ta ció n en versos franceses de la Me­
ta m o rfo sis de O vidio que se p u b lic ó en Lyon en 1557. El
g ra b a d o r, B e rn a rd S alo m o n , lla m a d o “el p e q u e ñ o Salom o n ”, rep rese n tó la ed ad de oro com o el triu n fo de la d es­
n u d ez y el a m o r libre: en ese tiem po, explica la didascalia,
"sin ley, sin fuerza ni constricciones / se m a n ten ían la fe, el
derecho y el h o n o r [sans loy, forcé, ou co n train te / On meinte n o it la foy, le dro it, l’h o n n e u r]"10 (véase ilustració n 2 ).
8 Cf. R. A. Sayce y D. Maskell, A Descriptive Bibliography o f Montaigne's
Essais, 1580-1700, Londres, 1983. Tasso recibió las primeras copias de la
primera edición de la Aminta, publicada en Cremona, el 3 de diciembre de
1580 (cf. La raccolta tassiana della Biblioteca Civica "A. Mai" di Bergamo, s. 1.,
s. f., p. 261).
9 Cf. Montaigne, Saggi, op. cit. , p. 641 [p. 546], Corresponde a la "Apología
di Raymond Sebond" (n, 12); L. F. Benedetto, "II Montaigne a Sant’Anna",
op. cit.
10La métamorphose d ’Ovide figurée, Lyon, Jean de Toumes, 1557 (la reed.
facsimilar de 1933, "Colíection d’unica et de livres rares”, núm. 3, incluye
un folio explicativo con una nota de R. Brun "acerca de las ilustraciones ).
Cf. H. Levin, The Myth ofGolden Age in the Renaissance, Bloomington, 1969,
primera página; y véase el apéndice, pp. 197 y 198. Acerca del autor de los
grabados, cf. N. Rondot, Bernard Salomon, peintre et tailleur d histoires á
Lyon, au XVF siécle, Lyon, 1897, que señala (p. 53) que las grotescas que
acompañan a la traducción francesa de Ovidio son similares a las ilustra­
ciones de La plaisante et joyeuse histoire de Gargantua et Pantagruel (cf.
Les songes drolatiques de Pantagruel, La Chaux-de-Fonds, 1989, con una
brillante introducción de M. Jeanneret: "Rire á la face du monstre ). Salo-
78
EL HILO Y LAS HUELLAS
El tono es m enos agresivo, pero estam os cerca de la
denuncia del honor por parte de Tasso y del lamento nos­
tálgico de Montaigne por la "dulce libertad de las primiti­
vas leyes de la naturaleza”.11 Con todo, La m étam orphose
d ’Ovide figurée nos remite a Montaigne también desde otro
punto de vista. La figuración de la edad de oro está enmar­
cada por grotescas: decoraciones que se habían puesto de
moda a finales del siglo xv, después del descubrimiento de
los frescos que decoraban las grutas de la Domus Aurea.12
En un tramo famoso, Montaigne comparó sus propios en­
sayos con
grotescas, que son p in tu ra s fantásticas, las cuales o tro m é rito
n o tie n e n q u e su v a rie d a d y e x tra ñ e z a . ¿Q ué so n e n v e rd a d
ta m b ié n éstos, si no grotescas y cu erp o s m o n stru o so s, re u n ió n
de d istin to s m ie m b ro s, sin u n a fig u ra d e te rm in a d a , q u e n o
tienen o tro o rd en ni vínculo ni p ro p o rc ió n m ás que c a s u a l? 13
mon, que usualmente firmaba con una estrella de cinco puntas (ibid., p.
27), acaso fuese un judío converso. Cf. también M. D. Henkel, "Illustrierte
Ausgaben von Ovids Metamorphosen im xv., xvi. und xvn. Jahrhundert",
en Bibliothek Warburg Vortrdge 1926-1927, Berlín, 1930, pp. 58-144; en es­
pecial pp. 77 y ss., 87 y ss. Algunas grotescas de Salomon fueron utilizadas
-pese a la presencia de ciertos detalles obscenos- en la traducción de los
salmos realizada por Clément Marot y Théodor de Béze: Les Pseaumes mis
en rime franfoise, en Lyon, por obra de Jean de Toumes, 1563, cc. Q i v (ps.
l ic x ), R v v (ps. l x v i i i ), etcétera.
11 H. Levin (The Myth..., op. cit., pp. 197 y 198) señala una anticipación
de Tasso en el elogio al amor libre incluido en la segunda quartina que
acompaña al grabado.
12 Cf. N. Dacos, La découverte de la Domus Aurea et la formation des grotesques á la Renaissance, Londres y Leiden, 1969; y su aporte en N. Dacos v
C. Hurlan, Giovanni di Udine, i, Udine, 1987. Cf. también H. de Geymüller,
¡j;s du Cerceau, leur vie et leur oeuvre, París, 1887. Otra documentación en
C. Ossola, Autunno del Rinascimento, Florencia, 1971, pp. 184-207.
11
Cf. Montaigne, Saggi, op. cit., pp. 242 y 243 (i, 28: “Deiramicizia”,
traducción levemente modificada) [p. 218], André Chatel citó este tramo
al comieri/.o de su ensayo Im grottesque, París, 1988 (trad. it.: La grottesca,
'I i i i í i i , 19H9).
2. B ernard S a lo m o n , grab ad o para La m éta m o rp h o se d ’O vide
figurée, Lyon, 1557.
80
EL HILO Y LAS HUELLAS
Los grabados que acompañaban a La métamorphose d ’Ovide figurée contribuyeron a difundir en Francia ese tipo de
decoraciones. Una serie de frescos ejecutados hacia media­
dos del siglo xvi en el castillo de Villeneuve-Lembrun, cerca
del Puy-de-Dóme, tomaba como base precisamente los gra­
bados de Bernard Salom on .14 Podem os considerar esas
ilustraciones, que Montaigne podría haber conocido, com o
un paralelo visual (y un contexto) del tramo que citam os
recién.
La comparación con las grotescas tenía un significado
doble, negativo y positivo. Por un lado, marcaba lo que no
eran los ensayos: “sin una figura determinada, sin otro orden
ni vínculo ni proporción más que casual”. Por el otro, lo que
eran: “pinturas fantásticas”, “cuerpos m onstruosos”. En el
juicio falsamente modesto de Montaigne se advierte el narci­
sismo cómplice que bien conocen sus lectores: “Otro mérito
no tienen que su variedad y extrañeza”. Jean Céard demostró
que palabras como "variedad”, "extrañeza”, "monstruo" te­
nían para Montaigne una connotación positiva.15 Pero res­
pecto de sus implicaciones estéticas hay algo que agregar.
3. Montaigne tenía una verdadera pasión por la poesía. So­
bre la base del Journal de voyage en Italie [Diario del viaje a
Italia], se pensó que las artes visuales le interesaban poco. No
14 Cf. F. Enaud, “Peintures murales de la seconde moitié du xvie siécle découvcrtes au cháteau de Villeneuve-Lembrun (Puy-de-Dóme)", en A. Chastel (ed.), Actes du Colloque International sur Vart de Fontainebleau, París,
1975, pp. 185-197, en especial, p. 194. Cf. también J. Adhémar, "L’éstampe
et la transmission des formes maniéristes", en Le triomphe du Maniérisme
Fiuropéen, Ámsterdam, 1955, pp. 34-36.
n Cf. J. Céard, Ia Nature et les prodiges. L'insolite, au xvt* siécle, en France,
Ginebra, 1977, pp. 387 y ss. (cap. xvi: "L’idée de variété dans les Essais”); I.
Hiiffum, L'influence du voyage de Montaigne sur les Essais, Princeton ( n j ) ,
1946, pp 121-133 (cap. v: "Unité et diversité”). Para un interesante parale­
lismo, cf. ( Del I.ungo, "La Zucca del Doni e la struttura della 'grottesca”’,
en Pamdtgma. 2, 1978, pp 71-91.
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
81
se en c o n trarán ciertam ente en el Journal com entarios acerca
de los frescos en la Sixtina o de La últim a cena de Leonardo.
Sin em bargo, eso sim plem ente p rueba que M ontaigne -q u ien ,
p o r lo d em ás, a n o ta b a to d o cu a n to v e ía - v iajaba sin llevar
en el bolsillo u n a guía decim onónica o novecentista. E n reali­
dad, los tram os del Journal dedicados a las ville de Pratolino,
Castello, B agriaia y C aprarola son testim o n io de u n interés
m uy específico, dirigido p o r sobre todo a jardines, fuentes y
g ru ta s.16 E n sus descripciones, M ontaigne se abstuvo de tér­
m inos técnicos: ello no causa sorpresa si se piensa en su alu­
sión irónica a "nuestros arquitectos" que se inflan "con esos
grandes térm inos com o pilares, arquitrabes, m arcos, de fac­
tu ra corin tia y dórica, y sim ilares" en referencia a "las m íse­
ras piezas de la p u erta de m i cocina".17
A ndré C hastel escribió que este tram o "m uestra p o r so­
b re todo que M ontaigne te n ía m ayor fam iliaridad con a u to ­
res an tig u o s co m o S én ec a o C icerón q u e co n V itruvio".18
R esulta u n a afirm ació n poco convincente. Es pro b ab le que
M ontaigne co n o ciera la descripción de los toscos y brutales
co m ienzos de la especie h u m a n a que se lee en el De Architectura de V itruvio. A dem ás del o rig in a l latin o , ree d itad o
m u c h as veces, M ontaigne p o d ría h a b e r visto la trad u cció n
16 Cf. M. de Montaigne, Journal du voyage du [¡!] Michel de Montaigne
en Italie..., ed. al cuidado de A. D’Ancona, Cittá di Castello, 1895, pp. 163
y 164, 177 y 178, 527-530 (que no deja de ser importante, a pesar de la
reciente edición al cuidado de F. Rigolot, París, 1992) [trad. esp: Diario de
viaje a Italia, por Suiza y Alemania, Barcelona, Edicions 62, 1986]. Cf. tam­
bién L. Pertile, “Montaigne in Italia: arte, técnica e scienza dal Journal agli
Essais", en Saggi e Ricerche di Letteratura Francese, nueva serie, xii, 1973,
pp. 49-82; R. A. Sayce, "The Visual Arts in Montaigne s Journal de Voyage",
en R. C. La Charité (ed.), O un amy! Essays on Montaigne in Honor o f Donald M. Frame, Lexington, 1977, pp. 219-241.
17 Montaigne, Saggi, op. cit., pp. 397 y 398 (i, 51: Della vanitá delle
parole") [p. 344].
18 Cf. A. Chastel, The Palae o f Apollidon, The Zaharoff Lecture for 19841985, Oxford, 1986, p. 3.
82
EL HILO Y LAS HUELLAS
francesa (1547) al cuidado de Jean Martin, basada a su vez
en la traducción italiana de Cesare Cesariano (Como, 1521).
En su comentario al tramo de Vitruvio acerca de la inven­
ción del fuego, Cesariano detectó los laboriosos comienzos
de la especie humana con la edad de oro (aurea aetas) y
comparó a los primeros hombres con los habitantes de las
tierras recientemente descubiertas en Asia Meridional, quie­
nes, tal como se había aprendido por obra de los viajeros
españoles y portugueses, todavía vivían en las cavernas
(véase ilustración 3).19
En el ensayo acerca de los caníbales, los salvajes brasile­
ños son descritos como primitivos y, simultáneamente, cerca­
nos a los pueblos de la edad de oro. No es factible afirmar si
Montaigne había tomado inspiración en los comentarios a
Vitruvio. Pero el asunto es otro. La frase irónica de Montaigne
respecto de la jerga de los arquitectos modernos no impli­
caba en modo alguno una falta de interés por la arquitectura.
El Journal de voyage en Italie demuestra lo contrario.
Aquí vemos cómo describió Montaigne la Villa Medici
de Pratolino, cerca de Florencia:
H ay de e x tra o rd in ario u n a g ru ta de varios nich o s y salas: esta
p arte su p e ra todo cu a n to hay am o s visto en sitio alguno. E stá
in c ru sta d a y fo rm a d a en to d o p o r c ie rto m a te ria l q u e d ic en
ser to m ad o de algunas m o n ta ñ as, y de m odo im p e rcep tib le lo
han u nido con clavos. No sólo hay m ú sica y a rm o n ía cre ad as
p o r el m o v im ien to del agua, sin o q u e ta m b ié n se g e n e ra u n
m ovim iento de e s ta tu a s y p u e rta s co n d iv ersas ac cio n es [...]
varios anim ales que se zam bullen p ara beber, y cosas sim ilares.
u Cl Vitruvio, De A rch iteclu ra, cd. al cuidado de C. Herselle Krinsky
(reimpresión loiolípica de la cd. de 1521), Munich, 1969, introducción, pp.
v (y, lex io i
Cl. tam b ién A rch itectu re ou Art de bien bastir, de M arc
V iim ve Polltoti A u th eu r R onuún A ntique, m is de L atín en F ra n fo is p a r lan
M anm , l’;n is, I S47, cc. c ii v y ss.
!óufnto.i.c5gre£arionc dcliomini aut p rcfpccío de fupplicstione a Dio in 1c Ecclcííe: aut pcaufi deludían quinao d;
iffrati fono agregan: am fe p qualche ai tro refpetfo in uno loco la mnlriiudinc puene: & dicif a puenio qd propne eft cc
or Vifg.inprimo ¡eneldos: counenjum quibusautodm exúdeletyTanúammerusacercrar. Salu .poft^unüm locúocs?*
rCóucnto anchora lignítica coniunaione: íuue .&ry. 6. Cóuentú tan» &pa¿W & fponíálianoftra tépeftate-paras:dicil
lemus in íudicui uocams ab aliqno .Vndc cóuenncula: quale quafi femp fe pjgha ¿n mala pane :hoc eítp iJ cónento &•' ce
atione de fediuoíi Si fcelcnu.CTConcilio fie una mulríiudinede populo congregara per ro p e ro di coniultare: ófonio ¡
>Captenti & diunii: quamopiu fe pueneno al beneedmune: p cheomne bonúquáto córounius: tanto diuinius :a Cóalio
iliabulú loe us ni qüo -jKihú -Jgregaí Feftus.C’Conuiílo fi ederiuato a uiHus: qd plañe figmíicat omne id qd ad ribu poo
re: quare firequemerhee dúo cómngimus uiclü flíueftuu: ViAo anchora lignítica una gcncrarione di uitaquáto a li coltur
le diccmo: C o n u c o : fi e una cémunccongregatione coadunata a mucre in una focietare como faria 1c pfonc de uuagr
apia: uel de qualche magna religione :o uero hofpioli: quale nó canto manzano Síbeueno de cópagnia :ma anche ufam
lemi coíhmii: Dice ad ancha Vimjuiola inuentíone dil foco hauer cógregato ad uiuete &habitare inferna &ufare li mcd<
mui feu lege p li monali: qualiprmio ne lefilue djfperfi& con le íctc uagauano s & quefto nó eflere fta diflicilc lo denioni
:ndoda la natura lhomo qual e animal fociabile nó como li altri aíali ¿>ni í cena eflere al rallo abie¿lo:Mfl cneflo a ?icpiar<
j M í nttR'iificérp del C a lo & Srelleql coja áchoraOuidio ha di cío primo metamor. Pfona^quó fpcfleni aialia cartera te
3. T om ad o d e Vitruvio, De A rch itectu ra, co n co m en ta rio de Cesare
C esariano, C om o, 1521.
84
EL HILO Y LAS HUELLAS
[...] Es im posible d escrib ir m in u c io sa m en te la b elleza y la r i­
queza de este lugar.20
La fuente, construida por Bernardo Buontalenti, fue des­
truida. Podemos formamos una idea de ella gracias a otra
gruta, también construida por Buontalenti, que en este m o­
mento todavía puede verse en el jardín florentino de Boboli.
La construcción de la fachada de la gruta, comenzada
por Vasari, fue continuada por Buontalenti en 1583, dos
años después del viaje de Montaigne a Italia, y concluida en
1593. En 1585 se instalaron en ella los dos Prigioni de Mi­
guel Ángel, actualmente reemplazados por copias.21 En Ita­
lia, la moda de las grutas había empezado algunas décadas
antes. En 1543, Claudio Tolomei describió las grutas que
micer Agapito Bellomo había hecho construir en su villa ro­
mana, y habló del
ingenioso artificio n u e v a m e n te re c u p e ra d o de h a c e r fu en te s,
el cu al se ve u sa d o en v ario s lu g a re s de R o m a. E n és to s, al
m ezclarse el a rte con la n atu ra lez a, no se sab e d isc e rn ir si ella
20 Giomale del viaggio de Michel de Montaigne en Italie, vol. i, trad. de G.
Natoli, Florencia, 1958, pp. 138 y 139 (Montaigne, Journal de voyage..., op.
cit., pp. 163 y 164).
[Hay numerosas traducciones al español de esta obra, aunque las citas
se tradujeron directamente del francés de Journal de voyage en Italie par la
Suisse et L’Allemagne, etc., ed. crítica de Maurice Rat, París, Gamier, 1942.
N. del T.]
21 Cf. D. Heikamp, “La grotta grande del giardino di Boboli", en Antichitá Viva, iv, 4, 1965, pp. 27-43; E. Maurer, "Zwischen Gestein und Gestalt.
Zur Grossen Grotte im Boboli-Garten in Florenz” [1977], en Manierismus.
Figura serpentinata und andere Figurenideale, Zúrich, 2001, pp. 131-137;
I M. Bollo, "Buonialenti, Bernardo”, en Dizionario Biográfico degli Italiani;
Cf. también W. Smyth, "Pratolino", en Journal o f the Society o f Architectural
llistorians, 20, 1961, pp. 155-168; Boholi '90, Atti del convegno internazionale di studi, 2 vols., Florencia, 1989. Acerca de Castello, cf. L. Cháteletl.anj/c, rhe Grolto ol (he Unicom and the Garden of the Villa of Castello”,
en An Hnllelm, 50. 196H, pp. 51-58.
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
85
es obra de ésta o de aquél, o bien a otro parece un natural ar­
tificio, cuando no artificiosa naturaleza: se ingenian en esta
época para ensamblar una fuente de modo tal que, no casual­
mente sino con domeñable arte, la naturaleza lo haría. A di­
chas obras aportan mucho ornato y belleza estas piedras es­
pumosas que nacen en Tívoli, las cuales, al ser formadas por
el agua, vuelven como resultado de la obra de ella al servicio
del agua; y la exornan con su variedad y amenidad mucho
más que el ornato recibido de ella.22
El elogio de Tolom ei a los m ecan ism o s caracteriza d o s p o r
“u n n a tu ra l artificio, y [...] u n a artificiosa n atu ra lez a” in m e­
d ia ta m e n te h a c e n p e n s a r en el e n tu sia sm o de M o n taig n e
p o r la g ru ta de P ra to lin o .23 É sta es u n a convergencia in sp i­
ra d a p o r u n g u sto en co m ú n : el b rilla n te m e n te an a liz ad o
p o r E m s t K ris m u c h o s añ o s a tr á s .24 Al e stu d ia r los calcos
d ’aprés nature de dos escu lto res del ta rd ío siglo xvi, el ale­
m á n W enzel Ja m n itz e r y el francés B ernard de Palissy, Kris
los in te rp re tó co m o ex p resio n es de u n a fo rm a de n a tu ra ­
lism o extrem o que den o m in ó style rustique. E n tre los ejem ­
plos de ese estilo, K ris citó los ja rd in es y las grutas de Tosca n a ta n ap reciados p o r M ontaigne.25
22 El fragmento es citado por D. Heikamp, "La grotta...", op. cit., p. 43.
23 Véase, por ejemplo: "Me parece haber leído en Plutarco (que entre to­
dos los autores que conozco es aquel que mejor unió el arte a la naturaleza
y el ingenio a la doctrina)”. Corresponde a Montaigne, Saggi, op. cit., "Delle
carrozze" (ra, 6), p. 1195 [p. 1006].
24 Cf. E. Kris, "Der Stil ‘rustique’. Die Verwendung des Naturabgusses
bei Wenzel Jamnitzer und Bemard Palissy”, enJahrbuch der kunsthistorischen Sammlungen in Wien, nueva época, i, 1926, pp. 137-208.
25 Ibid., p. 196: "El gran hombre se muestra aquí, aun en las peque­
ñas cosas, com o verdadero hijo de su tiempo”. A conclusiones análogas
llega también, de modo independiente, M. Butor, Essai sur les Essais, París,
1968, pp. 66-71, 114-119. Cf. además N. Miller, "Domain of Illusion: The
Grotto in France", en E. B. MacDougall (ed.), Fons Sapientiae, Renaissance
Garden Fountains, Dumbarton Oaks, 1978, pp. 175-205; J. Céard, “Relire
Bemard Palissy", en Revue de l'Art, 78, 1987, pp. 77-83.
86
EL HILO Y LAS HUELLAS
Investigaciones más recientes demostraron que ese es­
tilo "rústico” había sido difundido tempranamente en Fran­
cia por Sebastiano Serlio, célebre arquitecto y teórico de la
arquitectura. En el cuarto volumen de su tan difundido Li­
bro di architettura [Libro de arquitectura], publicado en
1537, Serlio identificó el orden toscano (al cual Vitruvio ha­
bía dedicado una veloz alusión) con el orden rústico, ci­
tando como ejemplo de esta "mixtura" de órdenes el "bellí­
sim o” Palazzo Te: la residencia de campo de los Gonzaga
-entonces situada no lejos de Mantua- que pocos años an­
tes había construido Giulio Romano.26 Serlio elogió en par­
ticular el uso que Giulio Romano había hecho de la piedra
áspera y de la piedra pulida en la fachada de Palazzo Te, lo­
grando que pareciera "en parte obra de naturaleza y en
parte obra de artífice".27
Pocos años después, Serlio encontró un nuevo protector
en Francisco I y dejó definitivamente Italia por Francia. En
1551, publicó en Lyon un libro casi enteramente dedicado al
"orden rústico”: Libro estraordinario, nel quale si dimostrano
trenta porte di opera rustica m ista con diversi ordini [Libro
extraordinario en que se exponen treinta puertas de labor
rústica mezclada con varios órdenes].28 En la introducción,
26 Cf. S. Serlio, Rególe generali di architettura, Venecia, 15513. libro iv, cc.
xiv-xxnr. Cf. J. S. Ackerman, "The Tuscan / Rustic Order: A Study in the Metaphoric Language of Architecture", en Distance Points. Essays in Theory
and Renaissance Art and Architecture, Cambridge (ma), 1991, pp. 496-545.
Cf. también Natura e artificio. L’ordine rustico, le fontane e gli autom i nella
cultura del Manierismo europeo, ed. al cuidado de M. Fagiolo, Roma, 1979.
27 Insistió al respecto E. H. Gombrich, "Zum Werke Giulio Romanos", en
Jahrhuch der kunsthistorischen Sammlungen in Wien, nueva época, vm, 1934,
pp. 79-104; rx, 1935, pp. 121-150 (ensayo del que aprendí mucho); cf. en es­
pecial pp. 86 y 87. Véase también su "Architecture and Rhetoric in Giulio
R o m a n o s Palazzo del Te”, en New Light in Oíd Masters, Londres, 1986, pp.
161-170 (trad. il.: Antichi maestri, nuove letture, Tlirín, 1987, pp. 175-186)
lirad esp. Nuevas visiones de viejos maestros, Barcelona, Debate, 2000].
/H l.a importancia de esta obra fue enfatizada por J. Onians, Bearers
of Meaning. '¡'he Classical Orders in the Antiquity, the Middle Ages and the
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
87
Serlio se disculpó frente a los seguidores (presum iblem ente
italianos) de V itruvio, del cual se había ap a rtad o "no en d e­
m a sía ”, d a n d o a e n te n d e r que las tran sg resio n es p o r él co­
m etidas estab an dictadas p o r el deseo de com placer al gusto
francés ("tengan contem p lació n p o r el país donde estoy").29
Acaso la justificación de Serlio tuviera u n núcleo de verdad.
La d istan c ia física resp ecto de la arq u ite c tu ra ro m an a y de
su ap lastan te legado p o d ría h ab e r tenido sobre él u n efecto
liberador. C iertam en te, ta n to los edificios co n stru id o s p o r
Serlio en F o ntainebleau - la m ayor parte de ellos ya destruida
en nuestro s d ía s - com o su tratad o de arq u itectu ra co n trib u ­
y eron a la difusión de u n estilo que desarrollaba algunas de
las ideas m ás audaces de G iulio R om ano. Un escrito com o la
Architecture et O rdonnance de la grotte rustique de Monseigneur le duc de M ontm orency connestable de France [Arquitec­
tu ra y em plazam iento de la g ru ta rústica del señor duque de
M ontm orency, condestab le de F rancia], publicado p o r Bern a rd Palissy en 1563, es testim onio del profundo influjo ejer­
cido p o r S erlio so b re la arq u ite c tu ra francesa. P ara que el
lector en ten d iera la m onstruosité que caracterizaba a u n a de
las gru tas p o r él co nstruidas, Palissy hizo u n a lista con u n a
serie de detalles en los que la im itación fiel de la naturaleza
e stab a aso ciad a co n la b ú sq u e d a de efectos extravagantes:
Renaissance, Princeton ( n j ) , 1988, pp. 263-286. Un útil panorama de los
estudios acerca de Serlio (junto a un intento, menos útil, de presentarlo
en clave posm odem a) en J. Onians, "Serlio and the History of Architec­
ture”, en G. Perini (ed.), Il luogo e il m olo della cittá di Bologna tra Eu­
ropa continentale e mediterránea, Bolonia, 1992, pp. 181-199. Cf. también
C. Toenes (ed.). Sebastiano Serlio. Sesto Seminario Intemazionale di Storia
dell'Architettura, Milán, 1989.
29
Me valí de la edicióm impresa en Venecia el año 1566. La cita de
J. S. Ackerman (Distance Points..., op. cit., p. 543) que alude a la foresta
de Fontainebleau parece tomada de la primera edición, que no pude ver.
Acerca de la presencia de Rosso, Primaticcio y otros pintores italianos en
Fontainebleau, cf. S. Béguin, L’École de Fontainebleau. Le Maniérisme á la
courde France, París, 1960.
88
EL HILO Y LAS HUELLAS
estatuas de terracota que simulaban los efectos causados por
el tiempo, columnas hechas de conchilla, columnas esculpi­
das en forma de rocas erosionadas por el viento, columnas
rustiquées que hacían pensar que alguien la había empren­
dido a mazazos contra ellas, y así sucesivamente.30
El entusiasmo de Montaigne por Pratolino, Bagnaia y
Caprarola, registrado en el Journal de voyage en Italie, for­
maba parte de un gusto que podría ayudar a entender m e­
jor la estructura y el estilo de los Ensayos. Es una posibili­
dad que ha de indagarse.
4. Antoine Compagnon sostuvo que Montaigne probable­
mente se inspiró en un modelo antiguo: las Noctes Atticae
[Noches áticas] que el gramático Aulo Gelio escribió alrede­
dor del año 150 d. C. Consiste en una obra compuesta por
una serie de capítulos que se suceden de manera desorde­
nada: cada uno toma como eje una palabra, un dicho, una
anécdota, o bien un tema de carácter general. Compagnon
enfatizó que la semejanza estructural entre ambas obras es
reforzada por una serie de analogías: el rechazo por el sa­
ber, el uso frecuente de títulos que tienen una relación muy
vaga con el contenido de los ensayos, la gran cantidad de
citas tomadas de una masa de libros heterogéneos.31 Es una
hipótesis muy convincente. ¿Pero por qué causó tanto im ­
pacto en Montaigne la obra de Gelio, que citó repetidas ve­
ces? ¿Y de qué modo la habrá leído?
Una respuesta a estas preguntas puede encontrarse en
un tramo de la introducción de las Noctes Atticae. Después
de armar una lista con una serie de títulos, elegantes y algo
10
Cf. B Palissy, Architecture et Ordonnance de la grotte rustique de Mon\eignenr le duc de Motil more ncy connestable de France, recd. de París, 1919,
»onloniK- a la cd. de La Rochellc. 1563.
" Cl. A ( ompagnon, Im seconde main, ou le travail de la citation, París.
1979. pp 2 W y s s .
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
89
p retensiosos, de o b ras de estudiosos célebres, Gelio explica
cóm o llegó a elegir el títu lo de su p ropio libro:
En cambio, por nuestra parte, conocedores de nuestros lími­
tes, hemos titulado Noches áticas, sin estudio ni reflexión, y
casi al descuido [.subrustice], a partir del lugar y el tiempo de
nuestras veladas invernales: aun en el decoro del título cede­
mos el paso a los demás, tal como lo cedimos en el cuidado y
en la elegancia de la escritura.32
La p a la b ra fu n d am e n tal de ese fragm ento -subrustice, “p o r
así decir, de m o d o rú s tic o " - n o im p licab a, com o es obvio,
u n a re fe re n c ia lite ra l a los ca m p e sin o s. El u so del o rd en
rú stico p o r p a rte de G iulio R om ano en el Palazzo Te, la es­
p lé n d id a re sid e n c ia de ca m p o de los G onzaga, e ra ig u a l­
m ente m etafó rico (véase ilustración 4).
Lo q u e en a m b o s casos se su g ería e ra u n a d elib erad a,
c o n tro la d ísim a a u s e n c ia de refin am ien to estilístico . M on­
taigne, m ie n tra s escrib ía e n c errad o en la to rre de su casti­
llo de p ro v in c ia , h a b r á visto co n sim p a tía la iró n ic a m o ­
d e s tia de G elio y su re c h a z o p o r la eleg a n cia re tó ric a en
n o m b re de u n a re tó ric a diferente, b a sa d a en la sencillez y
el d e s o rd e n .33 La e s tru c tu ra c a p rich o sa y la g ra n ca n tid a d
de citas h etero g én eas in c ru stad a s en los capítulos de Gelio
se re a liz a b a n a p ro p ó s ito p a ra se d u c ir a u n le c to r com o
M ontaigne, proclive a violar las leyes de la sim etría clásica.
C o n fo rm e a u n e s p íritu no d ife re n te , en la in tro d u c ­
ción a su Libro estraordinario, S erlio se u fan ó con orgullo
de su “licen zio sitá ", q u e lo h a b ía in d u c id o a ex a sp e ra r los
32 "Nos vero, ut captus noster est, incuriose et inmeditate ac prope etiam
subrustice ex ipso loco ac tempore hibemarum vigiliarum Atticas noctes
inscripsimus”: Aulo Gelio, Le notti attiche, trad. de G. Bemardi-Perini, i,
Turín, 1992, p. 81 [trad. esp.: Noches áticas, México, u n a m , 2002],
33 Desarrollo aquí algunas alusiones de A. Compagnon, La seconde
m ain..., op. cit., pp. 299 y ss.
4. ( i i u l i o R o m a n o , Pala/./.o Te, M a n t u a .
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
91
e x p e rim e n to s de G iulio R o m an o , in se rta n d o fra g m en to s
a n tig u o s en u n a m e z c o la n z a de d iv erso s ó rd en e s. E n tre
ellos h a b ía incluso u n "orden bestial", a b so lu ta m en te d es­
p ro v isto de p rec ed en tes: al d irig irse a aquellos “h o m b res
ex tra v ag a n tes, q u e b u sc a n la n o vedad [h u o m in i b izzarri,
ch e cercan o novitá]", Serlio afirm ó su voluntad de "q u eb rar
y d esg asta r la form a de esta bella p u e rta dórica" (véase ilus­
tra c ió n 5).34 E n an alogía con ella, u n a voluntad de tran sg re­
sió n , a u n q u e m e n o s b ru ta l, se ad v ierte en el elogio a las
g ro tesc as p ro n u n c ia d o p o r Serlio: ta m b ié n ellas p ro p ic ia ­
b a n la “licenziositá", el libre juego de los elem entos d ec o ra­
tiv o s, le g itim a d o p o r ejem p lo s de la R o m a a n tig u a q u e
G iovanni d a U dine no sólo h ab ía im itad o sino su p erad o en
los p alacios v a tic a n o s.35
R echazo p o r la sim etría, hipertrofia de detalles, violación
de las no rm as clásicas: Serlio h ab ría aprobado la estru ctu ra
ca p rich o sa y la asim e tría estilística de los ensayos de M on­
taigne. Los bruscos desplazam ientos del estilo de M ontaigne
p ueden ser com parados con el uso alternado de la piedra p u ­
lida y la piedra en bruto en el Palazzo Te, que a Serlio le pare­
cía “en p arte obra de naturaleza, en p arte obra de artífice".36
34
S. Serlio, Libro estraordinario, nel quale si dimostrano trenta porte di
opera rustica con diversi ordini, Venetia (Venecia), 1566, cc. 29v-30r: "Si no
estuviera [presente] la extravagancia [bizzarria] de los hombres, no se co­
nocería la modestia de los demás. Y por ello podía yo hacer aquesta puesta
dórica pura, com o en efecto se ve, sin irla quebrando con hacha ni cuñas,
v^roEnnpc-su_heUfiza-Pecojv£_aqe,siemDj'e hubo. hav„v„habrá, según creo,
hombres extravagantes, que buscan novedad, quise quebrar y desgastar la
bella forma de esta puesta dórica".
35 Cf. S. Serlio, Libro primo (-quinto) d ’a rchitettura, Venetia (Venecia),
1566, libro iv, cap. xi, c. 192r.
36 Cf. S. Serlio, Rególe generali..., op. cit., c. xi v: "É stato parer degli
antiqui Romani mescolare col Rustico non pur il Dorico, ma lo Ionico, e 1
Corinthio anchora, il perché non sará errore se du n a sola maniera si fará
una mescolanza, rappresentando in questa parte opera di natura, e parte
opera d'artefice [Fue decisión de los antiguos romanos mezclar con lo rús­
tico no sólo el dórico, sino aun lo jónico y lo corintio, ya que no habrá error
b
i
lom ad o di- Sebastiano Serlio, I.ihro c s tn u m iin a r io , Lyon, 1 SS 1.
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
93
E n su ensayo acerca de los caníbales, M ontaigne cita u n o a
continuación de otro, com o autoridades, u n escrito atribuido
de m o d o in c ie rto a A ristóteles -e l De m irabilibus auditis
[Acerca de las m aravillas escuchadas]- y a un “hom bre simple
y tosco". Pero se juzga m ás atendible al segundo, porque había
vivido diez o doce años en el Nuevo M undo: “Este relato de
A ristóteles ya no se condice con nuestras nuevas tierras. Este
h o m b re que estab a conm igo era u n ho m b re sim ple y tosco,
que es condición apta para volver veraz un testim onio".37
Los lectores de la p rim e ra edición de los Ensayos (Bur­
deos, 1580) se e n c o n tra ro n an te u n texto com o éste, en el
que se h ab ía im preso cad a ensayo sin indicación de corte de
p á rra fo s.38 Los editores m odernos que p artieron el fragm ento
con u n “p u n to y aparte" y san g ría a te n u a ro n su ru d o sa b o r
originario, au n q u e no lo hicieron desaparecer del todo.
5. “U ne m a rq u e te rie m al join te", u n a ta ra c e a m al en s am ­
blad a: m ás allá de la u su a l co q u etería, esta definición que
M ontaigne dio de sus p ropios escritos te stim o n ia (com o la
o tra acerca de las grotescas) u n a fuerte conciencia literaria.
M o n ta ig n e a lu d ía a la su p e rfic ie estilístic a m e n te no u n i­
fo rm e de los E nsayos, a c e n tu a d a con los agregados de va­
ria s d im e n sio n e s que confluyeron en las re im p re sio n e s.39
P ocos añ o s d espués de la m u e rte de M ontaigne, u n a frase
si de un solo modo ha de hacerse la mezcla: al representar en parte obra de
naturaleza, y en parte obra de artífice]”.
37 Montaigne, Saggi, op. cit., p. 271 [i, 31, p. 242],
38 Cf. M. Eyquem de Montaigne, Essais, réproduction photographique
de l’é dition origínale de 1580, ed. al cuidado de D. Martin, Ginebra y París,
1976, p. 303v.
39 Cf. Montaigne, Saggi, op. cit., p. 1283 [ni, 9, p. 1078]: "Hago agregados,
pero no corrijo". Cf. A. Chastel, "Le fragmentaire, l’hybride, l'inachevé", en
Fables, formes, figures, vol. n, París, 1978, pp. 33-45; J. Lafond, "Achévement/
inachévement dans les Essais" y A. Tripet, "Projet, développment, achéve­
ment dans les Essais", ambos en Bulletin de la Société des Amis de Montaigne,
séptima serie, julio-diciembre de 1988/enero-junio de 1989, núms. 13-16.
94
EL HILO Y LAS HUELLAS
análoga a la suya fue escrita por un lector sobre un margen
de su propia copia interfoliada de la Gerusalemme liberata
[.Jerusalén liberada']. La narración de Tasso, observó Galileo,
resu lta p o r ello an tes u n a p in tu ra ta ra c e a d a q u e co lo re ad a al
óleo, ya que al ser las taraceas u n fárrago de m ad erita s de d is­
tintos colores, con las cuales ya n u n ca p u eden acoplarse y u n irse
su a v em en te sin que sus p e rím e tro s q u e d e n c o rta n te s y r u d a ­
m ente diferenciados p o r la disparidad de pigm entos, p o r fuerza
to m a n secas, rudas, im precisas y chatas sus figuras.
A contraluz se lee, inevitable, la comparación con Ariosto,
que al final se torna explícita: según escribió Galileo, Or­
lando furioso es comparable a una pintura al óleo, "suave,
precisa, con fuerza y relieve".40
La analogía entre la complaciente definición que Mon­
taigne hace de sí mismo y el juicio hostil respecto de Tasso
formulado por Galileo parece sugerir una vez más la exis­
tencia de un contexto en común. Éste fue recordado por Panofsky en un célebre ensayo, donde el comentario de Gali­
leo se cita com o prueba de la pertenencia de Tasso a la
cultura manierista de un Salviati o un Bronzino. La defini­
ción de Panofsky puede extenderse también a Montaigne.
40
["Ne riesce piü presto una pittura intarsiata, che colorita a olio: per­
ché, essendo le tarsie un accozzamento di legnetti di diversi colorí, con i
quali non possono giá mai accoppiarsi e unirsi cosí dolcemente che non
restino i lor confini taglienti e dalla diversitá de’ colorí crudamente distinti,
rcndono per necessitá le lor figure secche, crude, senza tondezza e rilievo”;
"mórbida, tonda, con forza e con rilievo.”] Cf. E. Panofsky, G alileo as a Cri­
ne of the Arts, La Haya, 1954, pp. 17 y 18 (trad. it.: G alileo c ritic o delle a rti,
ed. al cuidado de M. C. Mazzi, Venecia, 1985, pp. 58 y 59). Según parece
confirmado, las C o n siderazion i de Galileo fueron redactadas en una fecha
incluida en el per íodo entre 1595 y 1609 ( ib id ., pp. 19 y 20, n. 2); también
véase (, Galilei, S critli letterari, ed. al cuidado de A. Chiari, Florencia, 1970,
PP 491 y 494. Otros testimonios pertinentes en C. Ossola, A u tu n n o d el Riiiti'.im ien to , op. cit., pp. H6-94.
MONTAIGNE, LOS CANIBALES Y LAS GRUTAS
95
Sé m uy bien q u e esta afirm ación no es novedosa. E n las ú l­
tim a s d é c a d a s, M o n ta ig n e fue id e n tific a d o v aria s veces
co m o u n típ ic o r e p re s e n ta n te del m a n ie ris m o .41 S in e m ­
b argo, la c a te g o ría de m a n ierism o , de p o r sí discutible, se
volvió de m a n e ra p a u la tin a m ás in d e te rm in a d a . S erá p ru ­
d en te u tiliza rla desde u n a perspectiva rig u ro sam en te n o m i­
n alista: co m o u n a c o n stru c ció n del siglo xx cuya p e rtin e n ­
cia d eb e se r c o rro b o ra d a en ca d a o p o rtu n id a d . Todos los
elem entos del contexto que poco a poco vim os su rg ir -Tasso,
la g ru ta de P ra to lin o , Serlio, la fac h ad a de P alazzo Te, las
ta ra c e a s u s a d a s c o m o m e tá fo ra e s tilís tic a , n u e v a m e n te
T asso - se a trib u y e ro n , de m o d o in d e p en d ie n te , al m a n ie ­
rism o . A p a r ti r d e e s ta s c o n v e rg e n c ia s, la d e fin ic ió n de
M ontaigne com o m a n ierista p are cerá m enos arb itra ria . Sin
em b arg o , el sin u o so itin e ra rio se g u id o h a s ta aq u í m e p a ­
rece m ás im p o rta n te que el p u n to de llegada.
6. "C uando en tro en el Furioso -escribió G alileo- veo abrirse
u n vestidor, u n a trib u n a, u n a galería real, exornada con cien
estatu as an tig u as de los m ás célebres escultores”. E n tra r en
la G erusalem m e, en cam bio, le d ab a la im presión
d e e n tr a r e n u n p e q u e ñ o e s tu d io d e a lg ú n h o m b r e c illo c u ­
r io s o , q u e s e h a y a recr ea d o a d o r n á n d o lo c o n c o s a s q u e p or
a n tig ü e d a d , r a rez a u o tro m o tiv o te n g a n a lg o d e p ereg rin o ,
p ero q u e n o o b sta n te sean , p u es, p eq u eñ a s cosillas: habrá allí,
p o r a sí decir, u n can grejo p etrificad o, u n ca m a le ó n se co , una
m o sc a y u n a a rañ a en g ela tin a d en tro d e u n a p o rció n d e á m ­
bar, a lg u n o s d e e s o s fa n to c h e s q u e se g ú n s e d ic e se e n c u e n ­
41 Cf. A. Hauser, Der Manierismus, Munich, 1964, pp. 325-327 (trad. it.:
11 manierismo, Turín, 1965, pp. 301 y ss.) [trad. esp.: El manierismo, Bar­
celona, Guadarrama, 1965]; R. A. Sayce, "Renaissance et Maniérisme dans
l’oeuvre de Montaigne", en Renaissance, Maniérisme, Baroque, París, 1972,
pp. 137-151.
96
EL HILO Y LAS HUELLAS
tra n en los se p u lcro s an tig u o s de E gipto; y tal co m o ello, en
m a teria de p in tu ra , alg ú n bocetito de B accio B an d in elli o del
P arm igiano, y algunas o tras cosillas p o r el estilo .42
Comenta Panofsky: "En este caso, Galileo retrata a la per­
fección y con placer manifiesto una de esas extravagantes
Kunst-und W underkammem tan típicas de la era del manie­
rismo".43 En una de estas W underkamm em podemos imagi­
nar el calco de un insecto proveniente del taller de Palissy, tal
como los objetos que Montaigne coleccionaba y guardaba en
su propia casa: "Lechos[,] cordones[,] espadas y [...] brazale­
tes de maderaf, y] grandes cañas, abiertas por un extremo",
que los indígenas brasileños usaban como instrumentos mu­
sicales en sus danzas.44
El gusto es un filtro que tiene implicaciones morales y
cognitivas, además de estéticas.45 El esfuerzo de Montaigne
42 ["Quando entro nel Furioso veggo aprirsi una guardaroba, una tri­
buna, una gallería regia, omata di cento statue antiche de’ piü celebri scultori"; "d’entrare in uno studietto di qualche ometto curioso, che si sia dilettato di adornarlo di cose che abbiano, o per antichitá o per raritá o per
altro, del pellegrino, ma che pero sieno in eífetto coselline, avendovi, come
saña a diré, un granchio petrificato, un camaleonte secco, una mosca e un
ragno in gelatina in un pezzo d’ambra, alcuni di quei fantoccini di térra che
dicono trovarsi ne i sepolcri antichi d'Egitto, e cosí, in materia di pittura,
qualche schizzetto di Baccio Bandinelli o del Parmigiano, e simili altre cosette”.] G. Galilei, Scritti letterari, op. cit., pp. 502 y 503.
43 Cf. E. Panofsky, Galileo..., op. cit., pp. 60 y 61 (traducción modificada).
44 Cf. Montaigne, Saggi, op. cit., pp. 275 y 276 [i, 31, p. 246]. Cf. también
E. Kris, "Der Stil 'rustique'...", op. cit., p. 143. Y véase J. von Schlosser, Die
Kunst-und Wunderkammem der Spütrenaissance, Leipzig, 1908 (consulté la
traducción italiana, provista de útiles notas: Raccolte darte e di meraviglie
del tardo Rinascimento, ed. al cuidado de P. Di Paolo, Florencia, 1974).
Acerca de las implicaciones morales del estilo, cf. E. H. Gombrich,
Visual Mctaphors of Valué of Art”, en Meditations on a Hobby Horse, Lon­
dres, 1963, pp. 12-29 y 163-165 (trad. it.: A cavallo di un manico di scopa.
Saggi di leona dell'arle, Turín, 1971, pp. 20-47 y 249-252) [trad. esp.: Mediuu iones sobre un caballo de juguete, Barcelona, Seix Barral, 1968]. Y véase
de quien esto escribe, "Stile”, en Occhiacci di legno. Nove rifles-
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
97
p o r co m p re n d er a los indígenas brasileños se n u tría de u n a
a tra c c ió n p o r aq u ello que era extrav ag an te, rem o to y exó­
tico, p o r las novedades y curiosidades, p o r las o bras de arte
q u e im ita b a n la n a tu ra le z a y p o r los pueb lo s que p are cía n
cercanos al estad o de n atu raleza. E n el ensayo acerca de los
caníbales, M ontaigne echó luz sobre las im plicaciones m o ­
rales e intelectuales de la W underkam m er,46
7. El coleccionism o a p u n ta a la com pletud: principio que p o r
tendencia ignora las jerarquías, incluidas las religiosas, étn i­
cas o culturales. Es u n a conclusión que salta a la vista cuando
se hojea Les vrais pourtraits et vies des hom m es illustres grecz,
latín et payens recueilliz de leurs tableaux, livres, medailles antiques et m odem es [Los veraces retrato s y vidas de hom bres
fam osos griegos, latinos y paganos, a p a rtir de sus retratos,
libros y m edallas an tig u as y m odernas]: infolio volum inoso,
ricam en te ilustrado, que se publicó en P arís en 1584. Su a u ­
tor, el franciscano A ndré Thevet, era conocido en ese en to n ­
ces esp ec ialm en te com o cosm ógrafo. S u rela ció n de la ex­
p e d ic ió n fra n c e sa al B rasil (Les singularitez de la France
antarctique, 1577 [M aravillas de la F rancia A ntártica]) h abía
sido a ta c a d a co m o m e n d a z p o r el h u g o n o te Je an de Léry.
M ontaigne, que cu an d o se refería al Nuevo M undo declaraba
re p a ra r en "aquello que al respecto dicen los cosm ógrafos",
tal vez co m p artía las críticas de Léry a Thevet.47 Pero el volu­
m en dedicado a Les vrais pourtraits et vies des hom m es illus­
tres h a b rá estim u lad o la cu rio sid ad de M ontaigne. E ra u n a
sioni sulla distanza, Milán, 1998, pp. 136-170 [trad. esp.: Ojazos de madera.
Nueve reflexiones sobre la distancia, Barcelona, Península, 2000].
46 Al respecto, véase R. A. Sayce, "Renaissance, Mannerism and Baroque”, en The Essays o f Montaigne. A Critical Exploration, Londres, 1972, pp.
319 y 320.
47 Cf. Montaigne, Saggi, op. cit., p. 271 [i, 31, p. 242]. Cf. también E Lestringant, André Thevet, cosmographe des demiers Valois, Ginebra, 1991 (con
abundante bibliografía).
98
EL HILO Y LAS HUELLAS
empresa en la cual Thevet había trabajado durante muchos
años, esforzándose por dar -para cada personaje- con un re­
trato atendible; luego había transmitido ese retrato al graba­
dor "pour graver et representer au nai'f lair et lepourtrait des
personnages que ie propose [para grabar y representar en
forma similar la fisonomía y los rasgos de los personajes que
presento]”.48 Se había excluido a quienes estuvieran vivos.
Los retratos, acompañados por perfiles biográficos, estaban
ordenados por categorías: papas, obispos, guerreros, poetas,
y así sucesivamente. El cosmógrafo Thevet había mirado
más allá de los límites de Europa, y llegó a incluir en su libro
(como el título anunciaba) a personajes "paganos”, ni griegos
ni latinos. En el libro vm, donde se ocupa de "emperadores y
reyes”, figuraban Julio César, Fergus -prim er rey de Esco­
cia-, Saladino, Tamerlán, Mahoma II, Tomombey -últim o
sultán de Egipto-, Atabalipa -rey del Perú-, Motzume -rey
de México- [5c.: Atahualpa y Moctezuma]. En este grupo va­
riopinto también aparecía Nacolabsou, rey del promontorio
de los caníbales (véase ilustración 6).49
En su estudio acerca de la religión tupinambá, Alfred Métraux se valió ampliamente de Thevet, elogiando su curiosi­
dad, fruto de su capacidad de asombro.50 Desde luego, Thevet
48 Cf. A. Thevet, Les vrais pourtraites et vies des hommes illustres..., París,
1584, c. b ivr. Una lista de las ediciones y traducciones de esa obra en F.
Lestringant, André Thevet. .., op. cit., pp. 376-381. Y véase F. Haskell, History
and Its Images. Art and Interpretation o f the Past, New Haven y Londres,
1993, pp. 51 y 52.
49 Cf. A. Thevet, Les vrais pourtraits et vies des hommes illustres..., op.
cit., c. 650r. Reproducido en F. Lestringant (ed.), Le Brésilde Montaigne. Le
Non vean Monde des "Essais" (1580-1592), París, 2005, p. 204.
Citado por J. Baudry, introducción a A. Thevet, Les singularitez de la
France antarctiqne, autrement notnmée Amérique, París, 1981, p. 40.
ÍPara olías referencias a Thévet por parte de A. Métraux, cf. su “The
lupinamha", en J H. Steward (ed.), Handbook o f South American Indians
(Hulh'tin o f the Hincan of American Ethnology, Smithsonian ¡nstitution,
1111111 141). vol V The ¡Yopical Forest Dibes, Washington, United States
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
99
no es com parable a M ontaigne en originalidad e inteligencia.
S in em bargo, am bos c o m p a rtía n u n a ac titu d ín tim am en te
an tije rá rq u ica, que p erm itió a Thevet la inclusión de Nacolabsou, rey del prom ontorio de los caníbalesren u n a serie de
em p erad o res y reyes que com enzaba con Julio César. La se­
rie, en esta versión, tuvo larga vida. U ves o f the Noble Grecian
& R om a n s, u n a trad u c ció n inglesa de las Vidas de P lutarco
b asad a sobre la versión francesa de Amyot, fue reeditada en
1657 co n u n ap éndice titu lad o The Lives o f Twenty Selected
E m inent Persons, o f Ancient and Latter Times [Vidas de veinte
personajes em inentes, antiguos y recientes]. E n ese apéndice,
que incluía u n a selección de los Pourtraits de Thevet, figuraba
A ntalipa, rey del P erú (véase ilustración 7).51
E sta "m ix tu ra ” e ra u n a p a rte esen cial del proyecto de
Thevet. Los Vrais pourtraits et vies des hom m es illustres se­
g u ía n el m o d e lo de los Elogia virorum bellica virtute illustriu m [Elogios de los h om bres ilustres p o r su valor m ilitar]
y d e los E logia viro ru m litteris illu striu m [E logios de los
h o m b res de letras ilustres], dos volúm enes infolio p u b lica­
d os en B a sile a d u ra n te 1577: p ro d u c to del m useo que su
autor, P aolo Giovio, h ab ía hecho c o n stru ir p ara sí en su vi­
lla cerca de Com o. A su vez, la colección de retrato s de h o m ­
bres fam osos (reyes, generales, eruditos) reunida en el M u­
seo G ioviano, y p o sterio rm en te dispersada, se basaba en u n
m odelo clásico: los setecientos retrato s de hom bres ilustres
q ue V arrón h a b ía descrito en u n a de sus obras perdidas, las
Im agines o H ebdom ades .52 E n sus escritos históricos, Giovio
observó co n m u c h a aten c ió n el Im p erio otom ano y, en tér­
m inos generales, acontecim ientos que se h abían producido
Government Printing Office, 1948, pp. 95-136, en especial, pp. 131-133, con
exhaustiva bibliografía hasta la fecha de publicación. N. del T.]
51 Cf. E. Lestringant, André Thevet..., op. cit., p. 380.
52 Cf. E. Müntz, Le musée desportraits de PaulJove. Contribution pourservir
á l'iconographie du Moyen Age et de la Renaissance, separata de las Mémoires
de l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, xxxvi (parte n), 1900.
100
EL HILO Y LAS HUELLAS
fuera de Europa.53 Los Elogia virorum bellica virtute illustrium incluían a reyes africanos y asiáticos (véase ilustra­
ción 9); sin embargo, no a americanos.
En el Museo Gioviano estaban expuestos un retrato de
Hernán Cortés y una esmeralda en forma de corazón, do­
nada por él.54 Entre los objetos provenientes del Nuevo
Mundo expuestos en el gabinete de curiosidades de Thevet
estaba el famoso manuscrito azteca, actualmente en Oxford,
llamado Codex Mendoza: transcripto por Carlos V, había
sido sustraído a un galeón español por un pirata francés
que se lo había dado a Thevet, y éste lo había vendido a Ri­
chard Hakluyt.55 Los retratos de los reyes americanos inser­
tos en los Vrais pourtraits et vies des hom m es illustres se ins­
piraban en el Codex Mendoza.56
8. El gusto por lo exótico y la pasión del coleccionista im ­
pulsaron a Montaigne a incluir en su ensayo acerca de los
caníbales la traducción de dos cantos brasileños, acompa­
ñada por una calurosa apreciación.57 Alguien quiso ver en
Montaigne al fundador de la antropología, aquel que por
vez primera habría intentado sustraerse a las deform acio­
nes etnocéntricas que usualmente van a la par de la relación
con “el Otro”.58 De este modo, im ponem os a M ontaigne
53 En este aspecto insistió F. Chabod, "Paolo Giovio”, en Scritti sul Rinascimento, Turín, 1967, pp. 243-267, en especial, pp. 262 y ss.
54 Cf. E. Müntz, Le musée..., op. cit., pp. 13 y 14. Para un planteo general,
véase C. Feest, "México and South America in the European Wunderkammer", en O. Impey y A. MacGregor (eds.), The Origins o f Museurns, Oxford,
1985, pp. 237-244.
55 Cf. F. Lestingant, André Thevet....op. cit., pp. 38 y 39. Y véase también J.
Adhémar, Frére André Thevet, París, 1947 ("Profils franciscains", 28), p. 28.
Cf. F. Lcslingant, André Thevet..., op. cit., p. 378.
,7 cr. Montaigne, Saggi, op. cit., pp. 282 y 283 [i, 31, pp. 251 y 252].
hs ésia la terminología que por lo general utiliza T. Todorov en La
cntiquéte de l’Amérique. Im question de l'autre, París, 1982 [trad. esp.: La con­
quista de América til problema del otro. México, Siglo xxi, 2003]. Pero véanse
E v x quiontpriiuplíifirde furetet les aro. _ fcsdesgucrrej,qui pour le iourdhuy a n a nuncntlesEítais decem onde.ontponí la
plui-pirt (comme 1'on dit) rompu fangoiDc
11] gcnouü.pour lucít qu'ils n’ont p u rcgardé plus loinqucleurnés.& fe foDt contan­
tes fili pouuoyent coucher feulement par
7. A ntalipa, rey del Perú.
Tom ado de André Thevet,
Les vrais pourtraits et vies
des hommes illustres,
París, 1584.
6. N a co la b so u , rey del p ro­
m o n to rio de los can íb ales.
T om ad o d e André Thevet,
Les vrais pourtraits et vies
des hom m es illustres,
París, 1584.
E s hommes plus n o b les, riches tC puif
íknsdcla terre Pera fíennc furent les logvpcuplesfclor^bclÜ queui & fubcil* aupof
[JÉ? fibÍe.iiTusdVnpeupleTiguicata,preftant k
^
d‘vne vÜlc,íituce aupresd’vnUc.enla
.......
»..w.ww.vv v.*v*^.v«víWVUiVVHM.\l VilJUVA*.
W.MOrví vO.VÍ'CAOVNUU 1S-Ot'MON I ) 6V j-V iU liUE -■■*
H. Im agen del Vergilius R o m m u ts (Vat. Lat. 3867).
Horda-, qua? á laxarte ad Volgam amnem,& vltra id flumen v/q; ad Mo>
ícam fedes habent. Hordas enim agmína Tartarorum vocant,quai incerrís
íémpcr fcdibus per ímínenlas íblitudines víque ad Imaum montem eua^
gantur, Amaxobq ab anciquis vocaci, quod ín curribus centone protectíS
aduerfus fr/gora vitam deganc.HarumHordarum máxime potentes &Cbe!
iicofe Caisanía,Sciabania , Nogaiaq'ue MoícouítiS commerdo familiares
Tamerlani panicrunc. Nam reliqusc remotiores á magno Cañe Cathaín o, qui in ora Oceani regioneque Sínarum potentiísimus regnat, ímpería acopiant. Sublatis icaque fignis Tanterlanes,eam m ultitudinerátranando Volgam traduxit, curfus rapiditate &T multitudine aquarum poffc
Nüum & Iltrum fluuiorum amplilsimú.Sed ís diducfhis in léptem comna
quibus in mare Calpium turbidus 5c Icnior erumpít,commodioremtranlI
9. Im ag en to m a d a de Paolo Giovio, Elogia virorum bellica virtute
illustrium, Basilea, 1577.
104
EL HILO Y LAS HUELLAS
nuestro lenguaje. Intentemos aprender de él, procurando
hablar el suyo.
Puede considerarse a M ontaigne, además de tantas
otras cosas, también un anticuario, siquiera sui generis.59
Es una afirmación casi paradójica: desde hace más de dos
siglos, anticuario es sinónim o de pedante, y M ontaigne
odiaba la pedantería. Sin embargo, un fragmento del Jour­
nal de voyage en Italie hace pensar que esta definición tiene
un fundamento. Durante su visita a la Biblioteca Vaticana,
Montaigne vio un manuscrito de Virgilio que, debido a su
escritura de gran porte, estrecha y alargada, le pareció que
se remontaba a la era de Constantino. En el manuscrito no
figuraban los cuatro versos autobiográficos ("lile ego qui
quondam...”) a menudo incluidos antes de la Eneida: Mon­
taigne vio en ello una confirmación de lo que pensaba; vale
decir, que dichos versos no eran auténticos.60
En este último asunto, Montaigne tenía razón.61 Su hi­
pótesis de datación estaba más alejada de la verdad. El m a­
nuscrito que él vio en la Vaticana fue identificado hace m u­
las agudas observaciones de A. Compagnon, Chat-en-poche. Montaigne et
Vallégorie, París, 1993, pp. 41 y ss. (acerca de T. Todorov y R. Romano).
59 R. A. Sayce, “Imitation and Originality: Montaigne and Books", en The
Essays of Montaigne, op. cit., pp. 31 y 32, divisó un elemento anticuario en
el ensayo "De las costumbres antiguas" (i, xlix).
60 Cf. Montaigne, Journal de voyage..., op. cit., pp. 274 y 275. Y véase
Giomale, op. cit., ir, p. 10: "Vi un Virgilio escrito a mano, con una letra infi­
nitamente grande y con esos caracteres largos y estrechos que vemos aquí
en las inscripciones del tiempo de los emperadores, tal como en tom o al
siglo de Constantino, que tienen cierto porte gótico y han perdido la pro­
porción cuadrada que es propia de los antiguas escrituras latinas".
hl S. Timpanaro considera "una enormidad” que en el pasado se haya
tenido por auténticos esos versos (Perla storia della filología virgiliana antica,
Roma, 1986, pp. 16 y 17). Pero de este parecer todavía es, por ejemplo, J.
Perrel (t.neide, París, 1981, col. "Les Belles Lettres”: cf. p. x l v i ). Una amplia
discusión en W. Schmid, Vergil- Proble m e, Sluttgart, 1983 (Gflppinger Akademisc hc Bciti ilgi*, 120), que tcimina por atribuir los cuatro vei'sos a Virgilio.
( I también R. Sahhadini, ¡á‘ scoperte dei codici latini e greci nei secoli xiv e
ni' | I905|, 2 vols , vol. t, ed. al cuidado de K. Garin, Florencia, 1967, p. 154.
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
105
ch o tie m p o con el co nocido com o Vergilius R o m a n u s (Vat.
Lat. 3867)62 (véase ilu stració n 8). Tras u n a discusión que se
p ro lo n g ó d u ra n te d écadas los estu d io so s tienden hoy a d a ­
ta r el m a n u sc rito hacia finales del siglo v: u n siglo y m edio
d esp u és de la fecha a p ro x im ativ a p ro p u e sta p o r M o n taig ­
n e .63 Todo ello n o m e n g u a la o rig in a lid a d de sus o b serv a­
ciones. C in cu en ta añ o s an tes, el an tic u a rio francés Claude
Belliévre h ab ía exam inado el Vergilius R o m a n u s y h ab ía n o ­
ta d o la fo rm a a la rg a d a de la le tra, y asim ism o u n d etalle
o rto g rá fic o (“V ergilius" e n vez de “V irgilius") a cuyo re s ­
p ec to h a b ía lla m a d o la a te n c ió n P o lizian o en su Miscellanea.64 S in em barg o , M on taig n e no h a b ía leído los escrito s
filológicos de Poliziano. N o era u n filólogo; no era u n paleó ­
logo, n i h a b ría p odido serlo, p o rq u e la paleografía en el sen­
tid o m o d e rn o del té rm in o surgió recién hacia finales del si­
glo x v i i . La a te n c ió n co n q u e e s c ru tó u n d etalle m ín im o
com o la fo rm a de las letras de u n m a n u scrito form aba p arte
de su ilim itad a curio sid ad p o r todo cu an to era concreto, es­
p ec ífico , sin g u lar. E ra é s ta (co m o e sc rib ió en el en say o
acerca de la educación) la disposición que h acía falta su sci­
ta r e n u n joven: "Q ue se insufle a su fan ta sía u n a h o n esta
62 Montaigne, Journal de voyage..., op. cit., p. 275, n. 1.
63 Poliziano había datado el texto en tom o al siglo vi: cf. R. Sabbadini,
Le scoperte..., op. cit., vol. i, pp. 154 y 169. Quien propuso por primera
vez un cotejo entre las miniaturas del Vat. Lat. 3867 y las esculturas de la
era de Constantino fue C. Nordenfalk, Der Kalendar vom Jahre 354 und die
lateinische Buchmalerei des IV. Jahrhunderts, Gotemburgo, 1936, pp. 3136; cf. E. Rosenthal, The Illuminations o f the Vergilius Romanus (Cod. Vat.
Lat. 3867). A Stylistic and Iconographic Analysis, Zúrich, 1972, p. 9. D. H.
Wright, Der Vergilius Romanus und die Ursprünge des mittelalterlichen Bu­
ches, Stuttgart, 2001, propende por una fecha en tom o al año 480. Si no
yerro, ninguno de estos estudiosos menciona a Montaigne.
64 Cf. C. Belliévre, Souvenirs de voyages en Italie et en Orient: Notes historiques, piéces de vers, ed. al cuidado de C. Perrat, Ginebra, 1956, pp. 4 y
5 (en su cuaderno Belliévre reprodujo la escritura del manuscrito); cf. A.
Grafton, "The Scholarship of Poliziano and its Context”, en Defenders ofthe
Text, Cambridge ( m a ), 1991, pp. 47 y 48.
106
EL HILO Y LAS HUELLAS
curiosidad de informarse de todas las cosas; todo aquello
que de singular haya a su alrededor, él lo verá: un edificio,
una fuente, un hombre, el lugar de una antigua batalla, por
dónde pasó César o Carlomagno”.65
Eran los temas encarados por los anticuarios, y siste­
máticamente ignorados por los historiadores.66 “Un hom ­
bre” podía ser el “hombre simple y tosco”, sobreviviente del
Nuevo Mundo, que avivó la curiosidad de Montaigne. La et­
nografía surgió cuando la curiosidad y los métodos de los
anticuarios se desplazaron de pueblos lejanos en el tiempo,
como los griegos y los romanos, a pueblos lejanos en el es­
pacio. Todavía ha de sondearse el aporte de M ontaigne a
este decisivo cambio de rumbo.67
9. Esta mirada anticuaría permitió a Montaigne tomar en
consideración a los indígenas brasileños com o individuos
pertenecientes a una civilización diferente y diferenciada,
aunque la palabra “civilización" todavía no existía.68 Se
negó a definir como "bárbaras" las poesías creadas por ellos:
"Nada tiene de barbárico esta idea”; "nada hay de barbárico
en esta imagen”.69 Por lo general -observó Montaigne-, "me
65 Cf. Montaigne, Saggi, op. cit., p. 205 [i, 26, p. 189].
66 Al respecto, véase A. Momigliano, "Storia antica e antiquaria" [1950],
en Su i fondamenti della stoña antica, Turín, 1984.
67 Aludí rápidamente a este tema en Rapporti di forza. Stoña retorica
prova, Turín, 2001, pp. 100-105. Falta un tratamiento adecuado.
68 Cf. L. Febvre, Civilisation: le mot et l'idée (volumen de la serie "Publications du Centre International de Synthése"), París, 1930, pp. 1-55 (trad.
it.: Problemi di método storico, trad. de C. Vivanti, Turín, 1976, pp. 3-45); E.
Benveniste, "Civilisation: contribution á l’histoire du mot", en Hommage á
Luden Févre. Éventail de l'histoire vivante, vol. i, París, 1953, pp. 47-54.
MCf. Montaigne, Saggi, op. cit., pp. 282 y 283 [i, 31, pp. 251 y 252]. Estas
observaciones habían sido preparadas por la cita de Plutarco que se lee al
priru ipio del ensayo: "No sé qué bárbaros son éstos (pues así llamaban los
y rilaos a todos los pueblos extranjeros), pero la disposición de este ejército
que veo no es en modo alguno bárbara” (ibid., p. 268). Al respecto, cf. E. M.
I)uv;il, l.essonsof the New World: Design and Meaning in Montaigne’s ‘Des
MONTAIGNE, LOS CANÍBALES Y LAS GRUTAS
107
p a re c e [...] q u e n a d a hay en este p u eb lo de b á rb a ro o sa l­
vaje, se g ú n m e h a n referid o , a n o se r q u e alguno s lla m a n
b a rb a rie a lo que no está en sus pro p ias usanzas".70
S in e m b a rg o , este sig n ific a d o p u ra m e n te rela tiv o de
"b árbaro" adq u iere pocas p áginas después u n a con n o tació n
n egativa. D ado q u e n o so tro s, g en te civilizada, so m o s m ás
c ru e les q u e los can íb a les, los v erd a d ero s b á rb a ro s som os
n osotros: "Pienso que hay m ás b a rb a rie en com er a u n h o m ­
b re vivo q u e e n co m erlo m u e rto [...] B ien podem os, pues,
llam arlo s b árb a ro s, h ab id a cu e n ta de las reglas de la razón,
p ero no con relació n a nosotros, que los superam os en to d a
su e rte de b arb a rie ".71
U n te rc e r significado, e sta vez positivo, a trib u id o a la
p a la b ra "bárbaro", a n tic ip a b a ese cam bio de signo. Los in ­
d íg en as b rasileñ o s p u e d e n se r llam ad o s "bárbaros" o "sal­
vajes" p o rq u e todavía están cerca del estado de n atu raleza y
de sus leyes:
Son salvajes, al igual que llamamos salvajes los frutos que la
naturaleza, por sí sola y por su avance usual, ha producido
[...] Esos pueblos me parecen, pues, bárbaros debido a que
han recibido en muy poca medida el modelo del espíritu hu­
mano, y todavía están muy cerca de su sencillez originaria.
Los gobiernan aún las leyes naturales, muy poco bastardeadas
por las nuestras.72
Tres significados d istin to s. C ada u n o de ellos im plica u n a
d istancia: "Hay u n a ex tra o rd in aria d istan cia entre su m odo
de se r y el n u e stro " .73 S in em bargo, com o ya se observó, a
Carímbales’ (i, 31) and ‘Des coches’ (ni, 6)", en Yale French Studies, 64, 1983,
pp. 95 y ss.
70 Cf. Montaigne, Saggi, op. cit., p. 272 [i, 31, pp. 242 y 243],
71 Cf. ibid., p. 278 [p. 248],
72 Cf. ibid., pp. 271 y 273 [pp. 243 y 244],
73 Cf. ibid., p. 282 [p. 251].
EL HILO Y LAS HUELLAS
108
Montaigne lo atraían la distancia y la diferencia, tanto desde
el punto de vista estético como desde el punto de vista inte­
lectual. Así, se esforzó por entender la vida y las costumbres
de esos extraños pueblos. Luego, con una repentina inver­
sión de perspectiva, miró hacia nosotros, gente civilizada, a
través de los ojos de los indígenas brasileños que habían
sido llevados ante el rey de Francia, en Rouen. Lo que vie­
ron, y lo que él vio a través de sus ojos, carecía de sentido.
En la conclusión de su ensayo, Montaigne registró el estu­
por de los salvajes brasileños frente a nuestra sociedad. Sus
palabras fueron citadas innumerables veces, pero no deja­
ron de herimos:
D ijeron [...] n o ta r que e n tre n o so tro s h a b ía h o m b re s c o lm a ­
dos h a s ta el g a rg u e ro de to d a s u e rte de co m o d id ad e s, y q u e
sus m itad e s [esto es, en su lengua, o tro s h o m b res] ib a n m e n ­
d ig a n d o a las p u e rta s de aq u e llo s, d e m a c ra d o s de h a m b re y
pobreza; y les p are cía ex tra ñ o có m o p o d ía n esas m ita d e s m e ­
n e s te ro sa s to le ra r tal in ju stic ia , sin q u e to m a ra n a los o tro s
p o r el gañ o te o in c en d ia ra n sus ca sa s.74
/4
(
I Moiilai|>nr.
S a y X i . <>!> f i t . .
p. 2H4 11, I I , p. 2531.
IV.
PARÍS, 1647: UN DIÁLOGO
ACERCA DE FICCIÓN E HISTORIA*
1. A ñ o s a t r á s , M arcel D etienne habló con ironía del intento
de M oses Finley p o r d etectar elem entos históricos en los poe­
m as h o m érico s.1 H acer h isto ria elim inando el elem ento m í­
tico -observó D etienne- es u n a actitud típica de los h isto ria­
dores: valdría la pen a exam inarla históricam ente, desde sus
rem otas raíces.2 Analizaré u n episodio im portante de esta se­
cuencia, desde u n a perspectiva m uy d istinta a la de Detienne.
2. El diálogo De la lecture des vieux rom ans [Acerca de la lec­
tu ra de viejos rom ances], escrito po r Jean Chapelain a finales
de 1646 o a principios de 1647, perm aneció inédito largo tiem ­
po; su publicación postu m a aparece ochenta años después.3
*
Agradezco a R. Howard Bloch, quien leyó una primera versión de es­
tas páginas, señalándome algunos errores; y a Peter Burke, quien notó la
ausencia de La Mothe Le Vayer en una versión un poco posterior, leída en
Cambridge y luego publicada.
1 M. Detienne, L’invention de la mythologie, París, 1981, pp. 53-59 [trad.
esp.; La invención de la mitología, Barcelona, Edicions 62, 1985], Según
Detienne (p. 56, n. 29) la introducción a la llíada de Vidal-Naquet (1975)
"toma distancia de la interpretación histórica de Finley”. En realidad, la ac­
titud de Vidal-Naquet tiene muchos otros matices: véase "lllliade sans tra­
vestí”, en La démocratie grecque vue d ’ailleurs, París, 1990, pp. 38 y 39 [trad.
esp.: La democracia griega, una nueva visión, Madrid, Akal, 1992]; y, en el
mism o volumen, "Economie et société dans la Gréce ancienne: l’ceuvre de
Moses Finley", pp. 54-94, en especial pp. 59 y ss. Véase también la reseña
de A. Momigliano a la L’invention de la mythologie de Detienne, en Rivista
Storica Italiana, 94, 1982, pp. 784-787.
2 M. Detienne, L’invention de la mythologie, op. cit., p. 107, n. 75.
3 Acerca de la fecha, sigo actualmente a Jean-Pierre Cavaillé, "Galanterie et histoire de 1’ ‘antiquité m odem e’. Jean Chapelain, De la lecture des
vieux romans, 1647", en x vif siécle, 50, 1998, pp. 387-415, luego vuelto a
109
110
EL HILO Y LAS HUELLAS
En ese entonces, Chapelain estaba trabajando en La Pucelle ou
la France delivrée [La Doncella o Francia liberada], un ambi­
cioso poema que, después de un buen éxito inicial, fue objeto
de críticas feroces y cayó en total descrédito.4 Tanto más signi­
ficativa parece hoy en día la actividad de Chapelain en cuanto
literato, ejercida con gran autoridad por medio de los ensayos
críticos y el copiosísimo epistolario.5 De la lecture des vieux romans tuvo numerosas ediciones: 1728 (la primera), 1870,1936,
1971, 1999.6 Pero es un escrito a cuyo respecto todavía hay
mucho que decir.
El diálogo está dedicado a Paul de Gondi, en ese enton­
ces vicario del arzobispo de París, más tarde célebre com o
cardenal de Retz.7 Además de Chapelain, participan en el
publicar como intoducción a la edición a su cuidado de De la lecture des
vieux romans, París, 1999.
4 Dio el golpe de gracia al poema de Chapelain la parodia de Voltaire,
La Pucelle d ’Orléans.
5 Véanse Lettres de Jean Chapelain, 2 vols., ed. al cuidado de P. Tamizey
de Larroque, París, 1880-1893; J. Chapelain, Soixante-dix-sept lettres inédites á Nicolás Heinsius (1649-1658), ed. al cuidado de B. Bray, La Haya,
1966. Respecto de su carrera literaria, véase C. Jouhaud, Les pouvoirs de la
littérature. Histoire d ’un paradoxe, París, 2000, pp. 97-150.
6 Seguí (salvo una mínima corrección) el texto al cuidado de A. C. Hunter: J. Chapelain, Opuscules critiques, París, 1936, pp. 205-241. Otras edi­
ciones: [Desmolets], Continuation des mémoires de littérature et d'histoire,
París, 1728, ed. al cuidado de A. Feillet, quien volvió a publicar el diálogo
creyéndolo inédito (París, 1870; reed. Ginebra, 1968); F. Gegou, Lettre-traité
de Pierre-Daniel Huet sur l'origine des romans... suivie de La lecture des vieux
romans par Jean Chapelain, París, 1971 (con un útil comentario); y, por so­
bre todo, la obra ya citada al cuidado de Jean-Pierre Cavaillé, París, 1999.
Véanse además: J. de Beer, "Literary circles in París, 1619-1660", en pmla , 53,
1938, pp. 730-780, en especial, pp. 757 y 758; J. Frappier, "Voltaire amateur
de vieux romans", en Amour courtois et Table Ronde, Ginebra, 1973, pp. 283
y ss.; C. Delhe/.-Sarlet, “Le Lancelot ‘fabuleux et historique’: vraisemblance
el crédibililé d'un récit au xvnc siécle”, en Métanles offerts á Rita Lejeune,
vol. ii, Gembloux, 1969, pp. 1535 y ss.
1
Hacia mediados de 1600, alrededor del cardenal de Retz se reunían
poetas, ( tilicos y anticuarios: cf. J. de Beer, "Literary circles...”, op. cit.
Ac e n a de los libertinos, siempre es fundamental R. Pintare!, Le líbertmuge
PARÍS, 1647
111
d iálogo dos literato s m ás jóvenes: el e ru d ito Gilíes M énage
y Je a n -F ra n g o is S a ra sin , h is to ria d o r y p o e ta .8 C h ap elain
c u e n ta q u e M énage y S a ra sin lo so rp re n d ie ro n m ie n tra s
le ía u n ro m a n c e m edieval: Lancelot du Lac [Lancelot del
lago]. (C hapelain, según co n sta en el catálogo de su biblio­
teca, p o seía dos ediciones im p re sas de ese texto.)9 Los dos
am igos h a b ía n rea ccio n ad o de d istin to m odo. S arasin h a ­
b ía o b se rv a d o qu e Lancelot e ra “la fu en te de todos los ro ­
m a n ce s q u e en los ú ltim o s c u a tro o cin co siglos tu v iero n
g ra n fo rtu n a en to d a s las cortes europeas". M énage, p a rti­
d ario de los antiguos, h ab ía d eclarad o su propio e stu p o r al
v er que u n h o m b re de b u en gusto com o C hapelain alab ab a
u n libro que a u n los seguidores de los m o dernos desp recia­
b an . C h a p elain h a b ía rep licad o d ic ien d o que h ab ía em p e­
zado a le e r Lancelot p a ra rec o p ilar m a teria l en vista de u n
érudit dans la premiére m oitié du x v if siécle, París, 1943 (reed., con una
nueva introducción, Ginebra y París, 1983). Véase también T. Gregory et
al., Ricerche su letteratura libertina e letteratura clandestind nel Seicento,
Florencia, 1981.
8 Paul de Gondi era en ese entonces el protector de Ménage; en 1652, sus
relaciones se malograron. Ménage rechazó la invitación, que le fue trans­
mitida de inmediato por Sarasin, a entrar al servicio de Monseigneur de
Conti: véanse G. G., "Ménage et le cardinal de Retz", en Revue d'Histoire
Littéraire de la France, 38, 1931, pp. 283-285; introducción de B. Bray a J.
Chapelain, Soixante-dix-sept lettres..., op. cit., pp. 168 y 169, n. 2. Ménage y
Sarasin siguieron siendo amigos; Chapelain rompió con ambos (ibid., pp.
112 y 285). Entre las obras de Sarasin, publicadas al cuidado de Ménage,
hay un diálogo titulado S ’ilfau t qu ’un jeune homme soit amoureux, que cla­
ramente toma com o modelo a De la lecture des vieux romans y, si bien fue
escrito pocos m eses antes, permaneció inédito (J.-F. Sarasin, CEuvres, París,
1694, pp. 139-235, en especial, p. 208). Aparte de M. de Pille y Louis Aubry,
sieur de Trilleport, los personajes de ambos diálogos son los mismos; en
el de Sarasin, la discusión se desarrolla a partir del Román de Perceforest,
antes que de Lancelot.
9 Véase Catalogue de tous les livres du feu M. Chapelain, ed. al cuidado
de C. Searles, Stanford, 1912, p. 70, nn. 2328 y 2329. Se trata de Histoire de
Lancelot, París, 1520, 1591; Le premier volume de Lancelot du Lac nouvellement itnprimé, París, 1633.
112
EL HILO Y LAS HUELLAS
libro acerca de los orígenes del francés: una idea sugerida
precisamente por Ménage.10 En Lancelot encontré palabras
y expresiones —afirma Chapelain—que muestran cóm o la
lengua francesa pasó de un tosco inicio al refinamiento de
hoy en día. A ese proyecto de estudio nada tenía para obje­
tar Ménage. Pero cuando Chapelain dijo que había em pe­
zado a apreciar el Lancelot, Ménage no logró contener su
indignación: “¿Cómo osáis elogiar esta horrenda carcasa,
despreciada aun por los ignorantes y por el vulgo? ¿No que­
rréis descubrir en este escritor bárbaro a un hombre com ­
parable con Homero o Livio?”.
Era una pregunta retórica, por supuesto. Sin embargo,
a esta doble, paradójica comparación, Chapelain había reac­
cionado de modo inesperado. Desde el punto de vista lite­
rario, Homero y el autor de Lancelot eran muy distintos:
noble y sublime el primero, vulgar y bajo el segundo. Pero
la materia de sus obras era similar: ambos habían escrito
10
Un eco de las conversaciones con Chapelain se advierte en las cartas
de dedicatoria a Jacques Dupuy que Ménage colocó al com ienzo de su
Origines de la langue frangaise, París, 1650: “Et pour remonter jusques á
la source [...] il faudroit avoir leu tous nos vieux Poetes, tous nos vieux
Romans, tous nos vieux Coustumiers, et tous nos autres vieux Escrivains,
pour suivre comme á la piste et découvrir les altérations que nos mots ont
souffertes de temps en temps. Et je n’ay qu’une légére conoissance de la
moindre partie de toutes ces choses [Y para remontamos hasta la fuente
haría Jaba Jiahejc.lpJdo_ a_todos. Jcuw*stEos-axüiena^)j>nf*^s_JLodos.jaii/‘stros___
antiguos romances, todos nuestros antiguos costumbristas, y todos nues­
tros restantes escritores, para seguir esa suerte de rastro y descubrir las
alteraciones que nuestras palabras sufrieron de vez en cuando. Por mi
parte, no tengo más que una leve noción de todas esas cosas]”. Este tramo
se lee al final de una prodigiosa lista que incluye "l’Hébreu et le Chaldée
[las lenguas hebrea y caldea]”, "la langue qui se parle en Basse-Bretagne,
et l’Alleman avec tous ses differens dialectes [la lengua que se habla en
Baja Bretaña y el alemán con sus diversos dialectos]”, "les divers idiomes
de nos Provinces, et le langage des paysans, parmi lesquels les langues se
conserven! plus longuement [los diversos idiomas de nuestras provincias
y el lenguaje de los aldeanos, entre quienes las lenguas se conservan por
tiempo más largo]".
PARÍS, 1647
113
"relato s in v e n tad o s" (fab les).u A ristóteles h a b ría ju z g ad o
f a v o ra b le m e n te L a n celo t, ta l co m o h a b ía h e c h o co n los
p o e m a s d e H o m ero : el u so de la m a g ia en el p rim e ro no
e ra d e m a sia d o d is tin to a la in te rv e n c ió n de los dio ses en
los segundos.
P uede aproxim arse todo ello a los escritos de los eruditos
d ieciochescos q u e alla n a ro n el cam in o a M abillon y M ontfaucon, la n z a n d o las p re m isa s p a ra el d e scu b rim ie n to del
M edioevo: lo que C hapelain define "antigüedad m o d e rn a ".12
(De la querella e n tre an tig u o s y m odernos, el diálogo De la
lecture des vieu x ro m a n s es u n d o cu m en to te m p ran o , y en
c ie rto s a sp e c to s e x c é n tric o .)13 E l a u to r de L ancelot -d ic e
C h a p elain - e ra "un b árb a ro , que fue elogiado p o r los b á rb a ­
ro s [...] au n q u e n o fuese en teram e n te b árbaro". E n esta a te­
n u a c ió n - a c o m p a ñ a d a p o r el re c o n o c im ie n to de q u e d es­
p u és de to d o u n ro m a n c e com o Lancelot se co rre sp o n d ía
c o n las n o rm a s de A ristó te les- p o dem os rec o n o cer re tro s ­
p e c tiv a m e n te los co m ien zo s de u n a p ro fu n d a tra n sfo rm a ­
ció n del g u sto . P ero en el caso de C hapelain, el d e s c u b ri­
m ie n to del M edioevo n o e sta b a ligado a la lite ra tu ra ta n to
co m o, a n te s b ie n , a la h isto ria . La p a rte m á s o rig in a l del
diálogo em pieza aquí.
M énage p re g u n ta iró n ic am e n te si el a u to r del Lancelot
debe se r co m p arad o co n Livio. C hapelain contesta:
11 "Fable", se lee en el Dictionnaire de l'Académie, significa "una narra­
ción inventada que quiere enseñar o divertir [...] Fable significa también
tema de un poema épico o dramático, o bien tema de un romance" (C. So­
rel, De la connoissance des bons livres, ed. al cuidado de L. Moretti, Roma,
1974, p. 84, n. 23).
12 J. Chapelain, Opuscules. .., op. cit., p. 219. Acerca de esta expresión, y
otras análogas, véase el libro, aún fundamental, de N. Edelman, Attitudes
o f Seventeenth-Century France toward the Middle Ages, Nueva York, 1946,
pp. 1-23.
13 El diálogo no es mencionado en la recopilación La querelle des Anciens
et des Modemes, al cuidado y con introducción de M. Fumaroli, posfacio de
J.-R. Armogathe, París, 2001.
114
EL HILO Y LAS HUELLAS
C o m p a ra r Lancelot y Livio se ría ab su rd o , a sí co m o se ría a b ­
su rd o c o m p a ra r V irgilio y Livio, lo falso y lo v erd ad ero . Y no
o b sta n te ello m e atrev o a d e c ir q u e si b ie n L ancelot, al e s ta r
basad o so b re ac o n tecim ien to s im ag in ario s, no p u ed e se r c o m ­
p ara d o co n Livio com o ejem plo de rela to v erd ad ero [par la vérité de l’histoire], p u ed e serlo en o tra dim ensión , en ta n to im a ­
gen v erd a d era de usos y c o stu m b re s [par la vérité des m ceurs et
des coutum es]. E n esta d im e n sió n a m b o s au to re s n o s d a n u n a
reseñ a perfecta: de la e ra resp e cto de la cual el p rim e ro [Livio]
escrib ió , o de la e ra re sp e c to d e la c u a l el o tro [el a u to r d e
Lancelot] escrib ió .14
Ménage está perplejo. Chapelain intenta justificar su propio
juicio, y lo hace en términos generales. Un escritor que in­
venta una historia -una narración imaginaria que tiene por
protagonistas a seres hum anos- debe representar persona­
jes basados en los usos y costumbres de la época en que vi­
vieron: de otro modo, no serían dignos de crédito.15 Chape­
lain alude im plícitam ente al fam oso pasaje de la Poética
(1451b) en que Aristóteles afirma que "la obra del poeta no
consiste en referir los acontecimientos reales, sino hechos
que pueden suceder y hechos que son posibles, en el ámbito
de lo verosímil y de lo necesario”. Sin embargo, apartán­
dose de la tradición, Chapelain detecta en la verosimilitud
poética un elemento no lógico o psicológico, sino históri­
co.16 Lancelot, dice,
14 Cf. J. Chapelain, Opuscules..., op. cit., p. 209. En cuanto a la ambigüe­
dad de la palabra histoire, análoga a la del italiano storia [o el español his­
toria], véase el Dictionnaire de Furetiére: "Histoire puede referirse también
a los romances, a narraciones basadas en acontecimientos inventados pero
no inirínsecamenle imposibles, imaginados por un escritor o presentados
en forma no inmediatamente reconocible” (C. Sorel, De la connoissance des
b o u s tivres, op. cit., p. 84, n. 23).
n Cf J. Chapelain, Opuscules..., op. cit., p. 217.
Cl Aristóteles, Dell'arte poética, ed. de C. Gallavotti, Milán, 1987, p.
íl 111 I esp 1*1nftic a , ed. trilingüe al cuidado de García Yebra, Madrid,
PARÍS, 1647
115
al haber sido escrito en los oscuros tiempos de nuestra antigüe­
dad moderna, inspirado sólo por el libro de la naturaleza, da una
imagen fiel, si no de aquello que verdaderamente sucedió entre
los reyes y los caballeros de esa época, al menos de aquello que
se suponía que había sucedido, sobre la base de costumbres aná­
logas todavía en uso, o bien de documentos en los cuales consta
que costumbres análogas habían tenido vigencia en el pasado.
De allí la co n clu sió n : Lancelot nos d a “u n a rep rese n tac ió n
g e n u in a [un e représentation n a iv e] a m é n de, p o r así d ecir
[p o u r a insi dire], u n a h isto ria cierta y exacta de las co stu m ­
b res q u e im p e ra b a n en las cortes de ese entonces [une histoire certaine et exacte des mceurs qui régnaient dans les cours
d'alors]”.
3. L a id e a de to m a r de escrito s de invención elem en to s jd e________
in fo rm ació n h istó ric a no e ra nueva. Intento s en ese sentido
se p u e d e n e n c o n tra r ta m b ié n e n tre los h isto ria d o re s a n ti­
guos. Tucídides, p o r ejem plo, in te n tó rec o n stru ir las d im en ­
siones de las an tig u as naves griegas valiéndose del catálogo
de las naves de la Ilíada.17 P ero cu an d o C hapelain p ro p o n ía
Credos, 1999], Entendió mal este punto M. Magendie, Le román frangais
au x v if siécle, París, 1932, p. 131. Más pertinente es la reacción polémica
de Detienne que la afirmación de Finley -que la verosimilitud era una de las
condiciones planteadas por los oyentes de los poemas homéricos-: "Mais
qui peut vouloir dire qu’un auditoire exige la vraisemblance? Que veut dire
vraisemblance? A coup sur, autre chose que n'entendait Aristote [¿Pero
quién puede decir que un público exige verosimilitud? ¿Qué quiere decir
verosimilitud? Con seguridad, algo distinto a lo que por ello entendía Aris­
tóteles]” (M. Detienne, L’invention de la mythologie, op. cit., p. 57, n. 33).
17
Acerca de este fragmento, cf. [Desmolets], Continuation des mémoires
de littérature et d ’h istoire, op. cit., pp. 6, 304, que me permitió corregir un
descuido de la edición Hunter. Para una reacción a la primera publica­
ción del diálogo de Chapelain, cf. La Cume de Sainte-Palaye, Mémoires sur
l'ancienne chevalerie [1759], vol. i, ed. al cuidado de C. Nodier, París, 1829,
pp. 431 y 432. Véase en particular "Mémoire concemant la lecture des anciens romans de chevalerie”, en ibid., pp. 436 y 437: "Je ne dissimulerai
116
EL HILO Y LAS HUELLAS
leer Lancelot más como un documento que como un monu­
mento, pensaba indudablemente en la actividad de los anti­
cuarios.18 En sus Recherches de la France (publicadas por
primera vez en 1560, y luego reimpresas muchas veces con
agregados), Étienne Pasquier había insertado una sección
acerca de los orígenes m edievales de la poesía francesa.
T i v í u a r i á l a p - a _ . ,rJaiide_Faiichet .habíalescrito un Recueil de l origine de la langue et poésie frangoise,
ryme et rom ans [Recopilación del origen de la lengua y la
poesía francesas, rima y romances], en el que había hecho
una lista de los nombres y obras de 127 poetas franceses
que vivieron antes del año 1300.19 Aún más evidente resulta
la analogía con otra obra de Fauchet, Origine des dignitez et
magistrats de la France [Origen de las dignidades y los m a­
gistrados de Francia], en la cual se utilizaban fragmentos
del Rom án de la Rose o de los romances de Chrétien de Troyes para esclarecer las incumbencias de dignatarios com o
el maire du Palais, el sénéschal o el grand maistre.20
Al final del diálogo, Chapelain mencionó un tratado toda­
vía inédito de Chantereau Le Févre, en el que el "gran anti­
cuario" había citado repetidas veces el Lancelot com o una
autoridad en materia de usos y costumbres medievales. En
realidad, en el Traité des fiefs et de leur origine [Tratado de los
point qu’aprés avoir achévé ce mémoire, j’appris que j’avais été prévenu
il y a longtemps par M. Chapelain [Bajo ningún concepto disimularé que
después de terminar esta memoria me di cuenta de que había sido antece­
dido hace largo tiempo por el señor Chapelain]", etc. Véase al respecto L.
Gossmann, Medievalism and the Ideologies o f the Enlightenment: The World
and Work o f La Cume de Sain le-Palaye, Baltimore, 1968, p. 153.
18
Véase A. Momigliano, “Storia antiqua e antiquaria" [1950], en Sui
¡ondamenti della storia antica. Turín, 1984, pp. 3-45.
v> C Fauchcl, U's (üitvres... revues et corrigées, París, 1610, pp. 482 y ss.
Véas»* sobre él J. G. Rspiner-Scott, Gande Fauchet. París, 1938 (en la p. 372
súrtala <|iu- no se menciona el nombre de Fauchet en el diálogo de Chapelain) ( I también I, Gossman, Medievalism..., op. cit., p. 153.
* l am lirt, Ir s tvuvres. ., op. cit., p. 591.
PARÍS, 1647
117
feudos y de su origen] publicado 17 años después p o r el hijo
de C hantereau Le Févre, aparece sólo una, au n q u e significa­
tiva, cita del Lancelot, explicando que el a u to r (un m onje, sin
duda) h ab ía querido describir, m ediante u n a tram a inventada
y n o m b res im ag in ario s, "las co stu m b res y el m odo de vida
[les m ceurs et la m aniere de vivre\ de los caballero s de ese
tiem po".21 E n u n escrito que tenía ecos del diálogo de Chape­
la in y p e rm a n e c ió in éd ito , S a ra sin co m p a ró la le c tu ra de
Lancelot con la anticuaría: “Los antiguos tapices, las antiguas
p inturas, las antiguas esculturas que nos fueron transm itidas
p o r n u estro s an tep a sad o s son sim ilares a esos an tig u o s ro ­
m ances que (com o dijo C hapelain) nos d an u n a im agen fiel
de los usos y costum bres de ese tiem po”.22
E n su diálogo, C hap elain h ab ía d esarro llad o la m ism a
an alogía en o tra dirección. De los relatos de ficción pueden
ex traerse testim onios m ás esquivos, pero m ás valiosos, pre­
cisam ente porque se tr a ta de relatos de ficción: “Los m éd i­
cos an a liz an los h u m o res co rru p to s de sus pacientes a p ar­
21 L. Chantereau Le Févre, Traité des fiefs et de leur origine avec les preuves
tirées de divers autheurs anciens et modemes, de capitulaires de Charlemagne,
de Louis le Débonnaire, de Charles le Chauve, et des ordonnances de S. Louis,
et de quantité d'autres actes mss. extraicts de plusiers cartulaires authentiques,
París, 1662, pp. 87-89, a propósito de méfaire (pero en el fragmento corres­
pondiente de Lancelot figura un sinónimo, mesprendre). El amplio estudio
de G. Baer Fundenburg, Feudal France in French Epic: A Study o f Feudal
French Institutions in History and Poetry, Princeton, 1918, no menciona la
tradición anticuaría del siglo xvn. Desde una perspectiva más compleja, que
tiene en cuenta la dimensión narrativa, véanse D. Maddox, "Lancelot et le
sens de la coutume", en Cahiers de Civilisation Médiévale, 29, 1986, pp. 339353, e "Yvain et le sens de la coutume", en Romanía, 109, 1988, pp. 1-17.
22 L. Chapelain, Opuscules..., op. cit., p. 219. En dirección análoga, casi
un siglo después, véase la observación de B. de Montfaucon: “Ce différent
goüt de sculpture, et de peinture en divers siécles peut méme étre compté
parmi les faits historiques [Este gusto distinto en escultura y en pintura
en diversos siglos acaso pueda contarse aun entre los hechos históricos]’.
Fragmento de Les monuments de la monarchie frangoise, vol. i, París, 1729,
p. 11, citado por G. Previtali, La fortuna dei prim itivi dal Vasari ai neoclassici,
Turín, 1964, p. 70.
118
EL HILO Y LAS HUELLAS
tir de sus sueños; de igual modo podemos analizar los usos
y costumbres del pasado sobre la base de las fantasías re­
presentadas en sus escritos”.
Aislar la historia de la poesía, la verdad de la imagina­
ción, la realidad de la posibilidad significaba reformular
implícitamente las distinciones trazadas por Aristóteles en
la Poética. ¿Pero definir al autor anónimo del Lancelot como
“historiador de las costum bres de su tiempo" -preguntó
Ménage, resumiendo el parecer de Chapelain- no es acaso
el más alto elogio posible? Principalmente porque, prosi­
guió, vosotros afirmáis que su obra
c o n stitu y e u n a in te g ra c ió n de las c ró n ic a s e x iste n te s . E lla s
nos d icen sólo que u n p rín c ip e nació, que u n p rín c ip e m u rió ;
ha c e n listas de los a c o n te c im ie n to s m á s im p o rta n te s d e su s
re in a d o s, y allí te rm in a to d o . P o r m e d io de u n lib ro c o m o
Lancelot, en ca m b io , n os volvem os am ig o s ín tim o s d e a q u e ­
llos pérsonajes, h a s ta c a p ta r la esencia m ism a de su s a lm a s.23
4. Chapelain había comenzado su propia defensa de Lancelot
acortando provocativamente la distancia, en la dimensión de
la veracidad, entre ese texto y las más famosas crónicas m e­
dievales: las de Saxo Grammaticus, de Froissart, de Monstrelet. Pero luego había aumentado la apuesta, llegando a soste­
ner la superioridad de la histoire des mceurs por encima de la
despojada superficialidad de las crónicas, aunque reconocía
con prudencia que entre una y las otras había una relación
complementaria. En nuestros días, esas afirmaciones tienen
un sello de fuerte originalidad.24 Pero así las consideraban
también sus contemporáneos. Proponer una forma más pro-
J C hapelain, O p u s c u le s ..., op. c it., p. 221.
14
Prestan testim o n io , seg ú n escrib ió M. M agen d ie, d e u n “se n s d u relatil ia ie au xvii1 súY le [un a p ercep ció n d e lo relativo in fr ecu en te en el sig lo
xvn| ( I r m in a n .... op. cit., p. 121).
PARÍS, 1647
119
fu n d a de h isto ria b asán d o se en u n ro m an ce com o Lancelot
e ra -o b se rv ó M én ag e- el colm o de la p aradoja: significaba
“p re se n ta r com o digno de fe a u n escritor cuyas narracio n es
son, según vosotros m ism os adm itisteis, p o r entero inventa­
d as [fabuleuses]" 25 P ara a c la ra r el significado de estas p ala­
b ras debem os h acer u n a digresión, siquiera sólo ap arente.
5. El red e scu b rim ie n to del escepticism o antiguo, que Bayle
h a c ía c o in c id ir co n el n a c im ie n to de la filosofía m o d ern a,
tuvo varias etapas, en g ran m ed id a ligadas a la publicació n
de los escritos de Sexto E m p írico . A la p rim e ra trad u c ció n
la tin a de los Esbozos pirrónicos (1562), al cuidado de H enri
E stienne, siguió u n a reim p resió n que tam bién incluía el tr a ­
tad o Adversus m athem aticos [Contra los m atem áticos, o bien
Contra los profesores] en la versión latin a de G entian H ervet
(1569). E n 1621 se volvieron a pu b licar estas dos trad u ccio ­
nes latinas en u n volum en infolio, im preso en cuatro ciu d a­
des europeas, que tam b ién incluía el texto original griego.26
Los escritos de Sexto E m pírico, principal fuente acerca
del e sce p ticism o an tig u o , p u sie ro n en m a rc h a u n a d is c u ­
sió n del “p irro n ism o histó rico ": esto es, del co n o cim ien to
histó rico y sus lím ites, que se extendió p o r un siglo y m edio.
La fórm ula, p olém ica e indefinida, hizo olvidar los textos a
p a r tir de los cuales la d isc u sió n h ab ía com en zad o .27 E n tre
estos, las p ág in as q u e a m e d iad o s del siglo xvi h a b ía n lla­
m ado la aten c ió n de F rancesco Robortello: Adversus mathe-
25 J. Chapelain, Opuscules..., op. cit., p. 217.
26 R. Popkin, The History o f Scepticism. From Savonarola to Bayle, edi­
ción revisada y ampliada, Oxford, 2003, pp. 36 y 37. Para una descripción
de la edición de 1621, cf. L. Floridi, Sextus Empiricus: The Transmission
and Recovery ofPyrrhonism, Oxford, 2002, pp. 53 y 54.
27 Hasta un valioso libro com o el de C. Borghero (La certezza e la sto­
ria. Cartesianesimo, pirronismo e conoscenza storica, Milán, 1983) empieza
afirmando que la categoría "pirronismo histórico” engendró un "espejismo
historiográfico” (p. 9), pero luego no analiza los escritos de Sexto.
120
EL HILO Y LAS HUELLAS
maticos, i, 248-2Ó9.28 En ellas. Sexto Empírico polemizaba
con algunos gramáticos -Taurisco, Asclepíades de Mirlea,
Dionisio de Tracia- que habían deslindado diversas partes
de la gramática, una de las cuales era la histórica.29 Ascle­
píades, por ejemplo, había sostenido que debía subdividirse
la parte histórica de la gramática en tres categorías: “La his­
toria puede ser o verdadera o falsa o ‘como-si-fuese-verdadera': verdadera es aquella que tiene por objeto los hechos
realmente acontecidos, falsa es la que tiene por objeto fic­
ciones o m itos, 'como-si-fuese-verdadera' es aquella que
puede encontrarse en las comedias y en los mimos”.30
Sexto objetó: la historia verdadera es una acumulación
de innumerables hechos y pequeños incidentes sin impor­
tancia; por ende -a diferencia de la medicina o de la m úsicano tiene método, no es una tekhne (en latín, ars). La historia
falsa -es decir, el m ito- y la historia como-si-fuese-verdadera
-es decir, la comedia y el m im o- se refieren a hechos no su­
cedidos: imposibles en el primer caso; posibles, pero mera­
mente hipotéticos, en el segundo. Pero ya que
28 Sexti Philosophi Opera quae extant, Parisiis (París), Talleres de Abrahami Pacardi, 1621, en dos partes con paginación separada, parte n, pp.
49-53 (y véase supra, capítulo i).
29 Acerca de Dionisio de Tracia, cf. P. Matthews, "La lingüistica grecolatina", en G. C. Lepschy (ed.), Storia della Lingüistica, vol. i, Bolonia,
1990, pp. 246-248. Acerca de la supuesta tekhne de Dionisio, cf. R. Pfeiffer,
History o f Classical Scholarship from the Beginnings to the End o f the Hellenistic Age, Oxford, 1968, pp. 266-272, que sostuvo la tesis de la autentici­
dad contra la acuciante argumentación de V. Di Benedetto, "Dionisio Trace
e la techné a lui attribuita", en Annali della Scuola Nórmale Superiore di
Pisa. Classe di Lettere, segunda serie, x x v i i , 1958, pp. 169-210; xxvm, 1959,
pp. 87-118.
10 Sexto Empírico, Contro i matematici, i, 252; trad. it. de A. Russo, Bari,
1972, p 82. La traducción de Gentian Hervet reza así: "Ex historia enim
aliam quidcm dicit cssc veram, aliam vero falsam, aliam autem tanquam
veram. El veram quidcm, eam, quae versatur in rebus quae gcruntur. Fal­
sam autem, quae versatur in figmcntis et fabulis. Tanquam veram autem,
cijiijmihkJi eM comedia et mimi".
PARÍS, 1647
121
no hay arte alguno que tenga com o objeto cosas falsas e
inexistentes, y ya que son falsos e inexistentes esos mitos y
esas ficciones en que se demora de modo particular la parte
histórica de la gramática, se deberá llegar a la conclusión de
que no es posible la existencia de arte alguno que concierna a
la parte histórica de la gramática.31
Con todo, algunos o b je tab a n que si bien la m ateria de la h is­
to ria está desprovista de m étodo, el ju icio form ulado acerca
de d ic h a m a te ria no lo está, p o rq u e se b asa en u n criterio
qu e p erm ite d iferen ciar en tre lo v erdadero y lo falso. A esta
o b jeció n , S exto rep licó á sp e ra m e n te : en p rim e r lugar, los
g ram ático s no proveen u n criterio p a ra d iferenciar lo v erda­
d e ro de lo falso; en se g u n d o lugar, n in g u n o de los hech o s
referidos p o r ellos es cierto, com o lo d em uestran, p o r ejem ­
plo, los distin to s m itos acerca de la m u e rte de Ulises.
6 . H isto ria verdadera, h isto ria falsa, h isto ria com o-si-fuesev erd ad era: u n a trip le m eta, m ás com pleja de lo que u su a l­
m en te hem os asociado al red escu b rim ien to de Sexto E m p í­
rico en el siglo xvn. E n n u estros días, la expresión “p irro n ism o
h istó rico " activa de in m e d ia to u n a referen cia al escrito Du
peu de certitude q u ’i l y a dans l ’histoire (1668) [Acerca de la
p o ca c e rtid u m b re que hay en la H istoria], de La M othe Le
Vayer, el d o cto escép tico a q u ie n se h a b ía confiado la in s­
tru c c ió n del D elfín.32 D esde luego, la h isto ria cuya incerti-
31 Ibid., i, 265; en la trad. it. de A. Russo, p. 86. Trad. de G. Hervet: "Non est
ars aliqua in iis quae sunt falsa et esse non possunt: falsa autem sunt et esse
non possunt quae sunt in fabulis et figmentis, in quibus máxime historicae
partís versatur grammatica: non est ars aliqua in histórica parte grammatica".
32 F. La Mothe Le Vayer, Du peu de certitude qu ’i l y a dans l’h istoire, en
CEuvres, 15 vols., vol. xni, París, 1669, pp. 409-448. Cf. A. Momigliano, Sto­
ria antiqua e antiquaria", op. cit., pp. 17 y 18; acerca de La Mothe Le Vayer,
también de A. Momigliano, Le radici classiche della storiografia moderna,
ed. al cuidado de R. Di Donato, Florencia, 1992, pp. 60 y 61. Amplia discu­
122
EL HILO Y LAS HUELLAS
dumbre enfatizaba La Mothe Le Vayer, ya más que septua­
genario, era la historia que pretende ser verdadera. Pero ésa
era sólo una etapa en un itinerario intelectual más tortuoso,
como testimonia el Jugement sur les anciens et principaux
historiens grecs et latins, dont il nous reste quelques ouvrages
[Juicios acerca de los principales historiadores de la Anti­
güedad griegos y latinos, de cuyas obras algunas subsisten],
que La Mothe Le Vayer había publicado veinte años antes
(1646).33 Sobre este libro pesó el juicio de Bayle, quien ha­
bló de él como de una obra compilatoria, aunque de buena
factura.34 Es un juicio inmerecido.
La carta dedicatoria a Mazarin gira en tom o a la rela­
ción entre historia y poesía. Podría pensarse -dice La Mothe
Le Vayer- que poemas com o los de Lucano y Silio Itálico
son, desde el punto de vista del contenido, definibles como
historias. Pero la poesía "no puede prescindir de la ficción
[fable]", mientras que la historia "es digna de mención sólo
por la verdad [vérité], y considera un enemigo mortal a la
mentira”. Confundir cosas tan distintas sería absurdo. Sin
embargo, mi análisis de los historiadores antiguos, concluye
La Mothe Le Vayer, tendrá escasa fortuna entre "la infinita
cantidad de personas que prefieren los relatos imaginarios
[contes fabuleux] a los relatos verdaderos [narrations vérita-
sión en C. Borghero, La certezza e la storia, op. cit., pp. 57 y ss., en especial,
p. 71, donde el Du peu de certitude es definido como “fundamental".
33 V. I. Comparato, "La Mothe Le Vayer dalla critica storica al pirro­
nismo”, en T. Gregory et a i, Ricerche su letteratura libertina..., op. cit., pp.
259-279, en especial, pp. 271-273.
34 P. Bayle, Dictionnaire historique et critique, vol. IV, pp. 408 y ss., en
especial, p. 413, n. K: "[Le livre] des historiens est bon: mais comme Mr.
Baillet le remarque finement, il ne lui a pas coúté beaucoup de peine [El
libro de los historiadores es bueno; pero, como finamente señala el señor
Baillet, no le insumió mucho esfuerzo]". Remite así a A. Baillet, Jugemens
<h'\ savans sur les principaux ouvrages des auteurs, vol. ii, París, 1722, p.
121. Implk itamentc se hace eco de ello C. Borghero, La certezza e la storia,
<>P n i., p. 71, n. 100; "Una suerte de catálogo razonado".
PARÍS, 1647
123
bles], y la h isto ria de los ro m an c es a to d a la h isto ria de los
ro m an o s [l'histoire des R om ans á toute celle des R om ains]”,15
Im p o sib le n o pen sar, c u a n d o se lee esta p ág in a, en el
d iálogo De la lecture des vieux rom ans escrito en tre finales de
1646 y co m ien zo s de 1647. S in d u d a, éste se refería im p lí­
c ita m e n te al Jugem ent de La M othe Le Vayer, que acab ab a
de p u b licarse.36 P ero se tra ta b a de u n a discusión, no de u n a
re a c c ió n po lém ica. A lo largo del Jugem ent, la co n tra p o si­
ción e n tre fable e histoire en u n ciad a p o r La M othe Le Vayer
en la d ed ica to ria a M azarin se rep rese n ta en form as p au lati­
n am en te m ás com plejas y m atizadas, a p a rtir del p rim er ca­
pítulo, d ed ica d o a H eródoto. D esde la A ntigüedad, su o b ra
de h is to ria d o r h a b ía sid o ta c h a d a de fa b u la , de m en d az:
acusació n rec h aza d a p o r H enri E stien n e (Stephanus), el p ri­
m e r e d ito r de Sexto E m pírico, quien en su Apología pro Herodoto [Apología de H eródoto] hab ía reivindicado la veraci­
d a d de H eró d o to so b re la b ase de rela cio n e s de viajeros al
N uevo M u n d o .37 L a defensa de La M othe Le Vayer se basa,
en cam bio, en u n arg u m en to interno del texto de H eródoto:
No puede decirse ni que él ha mezclado indiferentemente verdad
y mentira sin diferenciarlas ni que ha sido un embustero, aunque
35 F. La Mothe Le Vayer, Jugement sur les anciens et principaux historiens
grecs et latins, dont il nous reste quelques ouvrages, París, 1646, s. n.
36 En las cartas de Chapelain publicadas por Tamizey de Larroque hay
una laguna que corresponde a los años 1641-1658: cf. Lettres..., op. cit., vol.
i, p. xiv. Entre los corresponsales falta La Mothe Le Vayer, cuyo nombre
suele aparecer sin embargo en las cartas a Guez de Balzac (1638-1640), a
menudo acompañado por juicios críticos. Se vislumbra una relación com­
petitiva, especialmente en el momento en que a Chapelain se le ofrece el
puesto de institutor del Delfín, luego ocupado por La Mothe Le Vayer. Ha­
cia el año 1600 debió de haber un acercamiento, com o resultado también
de la amistad en común con Fran^ois Bemier, a quien La Mothe Le Vayer
era muy apegado (véase Lettres..., op. cit., vol. n, pp. 186 y 187 y passim).
37 Cf. A. Momigliano, "Il posto di Erodoto nella storia della storiografia",
en La storiografia greca, Turín, 1982, pp. 138-155.
124
EL HILO Y LAS HUELLAS
a m enudo haya vuelto a citar los em bustes ajenos, lo cual es ad ­
m itido p o r las m ás rigurosas leyes históricas. P recisam ente esas
leyes nos obligan, antes bien, a referir las m urm uraciones que cir­
culan y las distintas opiniones de los hom bres, com o observa de
m anera m uy oportuna H eródoto en su Polimnia a propósito de los
argivos, en u n a advertencia que vale p ara la o bra entera.38
En efecto, Heródoto había reivindicado en muy claros tér­
minos cuánta distancia tomaba respecto de la materia que
él trataba: “Por mi parte, debo contar lo que se cuenta, pero
de ninguna manera debo creérmelo todo (y valga esta ad­
vertencia mía para toda mi narración)'' (vil, 152).39
La Mothe Le Vayer extiende esta indicación a la histo­
riografía en general. Nadie lo muestra mejor que Polibio, a
quien se reprocha injustamente ser más filósofo que histo­
riador.40 Entre historia y filosofía existe una afinidad pro­
funda: la historia puede ser definida com o “una filosofía
llena de ejemplos".41 Polibio, al final del sexto libro de sus
Historias -prosigue La Mothe Le Vayer-, observa
que la su p e rstició n c o n d e n a d a e n tre los re sta n te s p u eb lo s era
considerada p o r los ro m an o s u n a virtud. Si fuera posible, afirm a
38 La Mothe Le Vayer, Jugement..., op. cit., p. 11.
39 Heródoto, Le storie, ed. al cuidado de L. Annibaleto, Milán, 1982, i i , p.
230 [trad. esp.: Los nueve libros de la Historia, trad. y estudio preliminar de
María Rosa Lida de Malkiel, vol. x x i i , Buenos Aires, Jackson, col. "Clásicos
Jackson”, 1949, p. 424; hay reed. de esa traducción en la "Biblioteca perso­
nal” de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Hyspamérica, 1987)] .
40 La Mothe Le Vayer atribuye ese juicio a Francesco Patrizi; probable­
mente se trata de una confusión con un pasaje de Bodin donde se afirma
que Polibio se puso tanto la máscara de filósofo como la de historiador”:
cf. Methodus ad facilem historiarum cognitionem, en J. Wolff (ed.), Artis
historicae penus. Basileae (Basilea), Pietro Pema, 1579, pp. 52 y 53. (En esa
recopilación figuran lanto los diálogos acerca de la historia de Patrizi como
la Methodus de Bodin; el pasaje de este último está marcado en el índice
i oii mi reenvío a Polibio corno "nimis Philosophus".)
41 I.a Mollie l e Vayer, Jugement..., op. cit., p. 50.
PARÍS, 1647
125
él [dit-if], formar un estado compuesto únicamente por hom­
bres sabios y virtuosos, debemos reconocer que estas opiniones
imaginarias [opinions fabuleuses] acerca de los Dioses y los In­
fiernos serían por completo inútiles. Pero dado que no existen
estados en que el pueblo sea distinto a lo que vemos, proclive a
toda suerte de acciones descontroladas y malvadas, debemos
valemos, para mantenerlo refrenado, de los temores imagina­
rios suscitados por nuestra religión, y de los terrores pánicos al
otro mundo que los antiguos tan oportunamente introdujeron,
y que hoy sólo individuos temerarios y privados del uso de la
razón podrían contradecir.42
P o r m e d io de u n a p á g in a fa m o sa del filósofo h is to ria d o r
Polibio (vi, 56, 6-15), La M othe Le V ayer volvía a p ro p o n e r
la tesis del origen y la fu n ció n políticos d e la religión, ca ra a
los lib e rtin o s e ru d ito s.43 E scu d á n d o se en la cita, La M othe
Le Vayer p o d ía h a b la r tra n q u ila m e n te de los "tem ores im a­
g inarios suscitad o s p o r n u e s tra religión [craintes im aginaires q u 'im p rim e n o stre religión]". E l le c to r d esp re ju ic iad o
(deniaisé) c o m p re n d ía in m e d ia ta m e n te que en ese caso no
se tr a ta b a sólo de la relig ió n de los ro m an o s. T anto e n to n ­
ces com o en n u estro s días, el pueblo d ebía ser ten id o a raya
m erced al te rro r ca u sa d o p o r u n infierno inexistente. Tanto
en to n ces co m o en n u e stro s días, esa v erdad es sa b id a sólo
p o r u n o s pocos privilegiados. P olibio e ra u n o de ellos. P re­
se n tarlo com o u n h o m b re "devoto a la religión de su tiem po"
es im posible: en vano C asaubon -c o m e n ta irónicam en te La
M othe Le V ayer- in te n tó defenderlo a to d a costa.44
42 Ibid., pp. 48 y 49.
43 C. Ginzburg, "Mito”, en Occhiacci di legno. Nove riflessioni sulla dis­
tanza, Milán, 1998, p. 56 [trad. esp.: Ojazos de madera. Nueve reflexiones
sobre la distancia, Barcelona, Península, 2000].
44 Cf. la dedicatoria a Enrique IV antepuesta por Casaubon a su traduc­
ción de Polibio (Fráncfort, 1609).
EL HILO Y LAS HUELLAS
126
El historiador filósofo que refiere las creencias del vulgo
sin compartirlas adopta el semblante del libertino erudito.
A la inversa, el libertino erudito, que contempla desde lejos
las creencias del vulgo, sin compartirlas, se reconoce en el
historiador: en Heródoto, y aún más en Polibio. De este
modo, La Mothe Le Vayer rechazaba de hecho la acusación
que Sexto Empírico había dirigido a la historia: vale decir,
no ser un arte. La historia es un arte que, contrariamente a
lo que sostenía Sexto Em pírico, muy bien puede tener
“como objeto cosas falsas e inexistentes", o sea, mitos y fic­
ciones. Para La Mothe Le Vayer, una de las tareas de la his­
toria consiste en exponer aquello que es falso.45
7. Pese a todo, las páginas más inflamadas del Jugement no
están reservadas a Tucídides o a Polibio, sino a un historia­
dor de índole completamente distinta: Diodoro Sículo. Al­
gunos criticaban su historia com o vacua e inconsistente;
pero La Mothe Le Vayer era de parecer completamente dis­
tinto. "Estaría dispuesto a dirigirme hasta el fin del mundo,
por así decir -escribe enfáticamente- si pensara que puedo
encontrar tan grande tesoro”, es decir, los libros perdidos
de Diodoro.46 Y explica:
E n c u a n to a ta ñ e a las ficciones [les fa b les] y la ex celen te m i­
tología in c lu id a en los p rim e ro s cin co lib ro s de D io d o ro , no
sólo no los co n d en o , sin o q u e co n sid e ro q u e so n lo m á s p r e ­
ciado que la A ntigüedad n os dejó. A parte de q u e las ficciones
pueden se r co n ta d a s se ria m e n te [on p e u t conter des fables serie u sem e n t] y q ue, si fu e ra n p o r c o m p le to in ú tile s, d e b e ría -
V ía se tam bién La M olh c Le Vayer, Jugement..., op. cit. , p. 339, acerca de
los pasajes en que I leród oto lom a d istan cia de los m itos co n cern ien tes a Abaiis v de las creencias de los escitas ligadas a los lob os salvajes (se trata d e un
pielac io que el ed itor declara haber en con trad o entre los p ap eles del autor).
ll>nl , p SH
PARÍS, 1647
127
mos rechazar junto con el Timeo de Platón no pocas otras
obras famosas, podemos decir que ellos [los primeros libros
de Diodoro] nos hicieron conocer por entero la teología de
los idólatras. Y si fuera lícito llamar con un nombre sacro
una cosa profana, me atrevería a definir los cinco libros de
los que estoy hablando la Biblia del paganismo. En primer
lugar, nos hacen conocer las creencias de los paganos acerca
de la eternidad y de la creación del mundo. Luego describen
el nacimiento de los primeros hombres según la inteligencia
natural...47
La ú ltim a o ra c ió n e lu cid a el significado de las a n terio res.
Se tr a ta de u n h o m e n a je im p lícito a G iulio C esare Vanini,
q u em ad o en T oulouse p o r la In q u isició n en 1619 com o h e ­
rético, ateo y b la sfe m o .48 E n su De adm irandis Naturae arcanis (1616) [S obre los ad m irab les m isterios de la natu raleza],
V anini h a b ía a firm a d o q u e los p rim e ro s h o m b re s h a b ía n
n ac id o del b a rro en tib ia d o p o r el sol ta l com o, seg ú n D io­
d o ro (i, 10), las ra ta s n ac en del fango del N ilo.49 Los p rim e­
ros libros de la h isto ria de D iodoro p u ed e n leerse com o u n a
h e rra m ie n ta que p erm ite p o n e r en perspectiva la Biblia: en
cierto se n tid o , u n a anti-B iblia. S in em barg o , La M othe Le
Vayer reconoce que a D iodoro puede "reprobársele su g ran
su perstición, de lo cual d a p ru e b a en sus p ropios escrito s”,
47 Ibid., pp. 64 y 65.
48 J.-L. Guez de Balzac, en una carta a Chapelain, definió irónicamente
a Le Vayer com o "sucesor de Montaigne y Charron, e incluso, si le cabe,
de Cardano y Vanini, cuya memoria es bendita en Toulouse” (J.-L. Guez de
Balzac, Lettres inédites á Chapelain, ed. al cuidado de Tamizey de Larroque, París, 1873, pp. 410, 418, citado por R. Pintard, Le libertinage érud it..., op. cit., pp. 145 y 146).
49 Cf. el fragmento de G. C. Vanini, De admirandis Naturae arcanis, Parísiis (París), 1616, citado en M. Ferrari y C. Ginzburg, "La colombara ha
aperto gli occhi”, en Quademi storici, 38, 1978, pp. 631-639, en especial, p.
639, n. 27.
128
EL HILO Y LAS HUELLAS
precisamente como puede ser reprobado Livio entre los his­
toriadores latinos.50
En este caso, pues, la distancia crítica respecto de la
materia tratada no es obra de Diodoro sino de sus lectores,
el primero de todos, La Mothe Le Vayer. Para él, la historia
se nutría no sólo de lo falso sino de la historia falsa -para
usar una vez más las categorías de los gramáticos alejandri­
nos, retomadas polémicamente por Sexto Em pírico-. Las
ficciones (fables) reproducidas, y compartidas, por Diodoro
podían volverse materia de historia.51 Chapelain, quien daba
por descontada la veracidad de Livio, extendió la argumen­
tación del Jugement a las ficciones (fables) de Homero y de
Lancelot: ambas podían volverse materia de historia.
8. Lo que denominamos distancia crítica tiene resultados a
menudo imprevisibles. Pero en su raíz encontram os inva­
riablemente un sentido de superioridad: social, intelectual,
religiosa. (El caso más famoso es el de la superioridad con
respecto al judaism o proclamada por el cristianismo, a la
cual debemos la idea de perspectiva histórica.)52 La Mothe
Le Vayer y los libertinos eruditos miraban desde lo alto, en
general con desprecio, al vulgo prisionero de las ficciones
de la religión.53 A la crítica de esas ficciones, el vulgo debía
permanecer rigurosamente ajeno: si el miedo al infierno hu­
biera desaparecido, la violencia latente en la sociedad ha-
,0 La Mothe Le Vayer, Jugement..., op. cit., p. 68.
” Escribe V. I. Comparato que “las 'fables' se rebajaban de su rango de
causas para volverse material etnográfico" (“La Mothe Le Vayor...", op. cit.,
p. 269).
,2 Cf C. Ginzburg, "Distanza e prospettiva: due metafore”, en Occhiacci
di legua, op. cit , pp. 171-193.
u Cf R Pinlard, Í£ libertinage érudit..., op. cit., pp. 531-533; y véanse
»*n pp. xxxv y xxxvi las críticas al La Mothe Le Vayer escéptico cristiano
propuesto por R. Popkin La respuesta de este último (The History ofScepI» tsm, ap , ,i , |>|(. H2 H7) es débil.
PARÍS, 1647
129
b ría estallad o , d e s tru y é n d o la .54 A este se n tid o de d ista n te
su p e rio rid a d d eb e m o s el sím il e n tre m ito s p ag a n o s y re la ­
to s d e la B ib lia p ro p u e s to p o r La M o th e Le V ayer en los
Cinq dialogues faits á Vim itation des anciens [Cinco diálogos
a la m a n e ra de los h o m b re s de la A n tig ü ed ad ].55 La te n ta ­
c ió n d e v er en las relig io n es u n a su c e sió n de erro re s era
fuerte. S in em bargo, la dem istificación ta m b ié n p o d ía alla­
n a r el ca m in o al in te n to p o r e n ten d e r el e rro r desde dentro,
d esde el p u n to de vista de quienes h a b ía n sido sus p ro tag o ­
n istas o, si se prefiere, sus v íctim as.56
E l d iálogo de C h ap elain De la lecture des vieu x rom ans
ejem plifica ese trán sito . C hapelain no co m p artía el carácter
im pío y e ru d ito de los libertinos: su sentido de su p erio rid ad
con relació n a la “an tig ü ed a d m oderna" surgía en el cam po
del gusto. E n u n a so c ied a d d o m in a d a p o r los su m a m e n te
veloces ca m b io s e n la m oda, los p ro d u cto s literario s de lo
que se d a ría en lla m a r E d ad M edia p are cía n cad a vez m ás
re m o to s.57 P oco después, el gusto prom ovido p o r Luis XIV
y p o r su c o rte a c e le ra ría esta d ista n c ia . "¿Q uién es q u e se
divierte leyendo a G uillaum e de Loris o a Jean de M eun - e s ­
c rib ió en 1665 V ale n tín C o n ra rt, p r im e r se c re ta rio de la
A c a d e m ia - si n o es m ovido p o r u n a c u rio sid a d an á lo g a a
54 A. M. Battista, Alie origini del pensiero político libertino. Montaigne e
Charron, Milán, 1966, y "Come giudicano la 'política' libertini e moralisti
nella Francia del Seicento", en S. Bertelli (ed.), II libertinismo in Europa,
Milán y Nápoles, 1960, pp. 25-80.
55 "De la diversité des religions”, en Cinq dialogues faits á l'imitation des
anciens, Lieja, 1671; cf. C. Ginzburg, Occhiacci di legno, op. cit., pp. 57 y 58.
56 Esas dos actitudes no se excluyen recíprocamente, tal como demostró
M. Bloch, Les rois thaumaturges [1924]. Véase, de quien esto escribe, "A
proposito della raccolta dei saggi storici di Marc Bloch”, en Studi Medievali,
tercera serie, vi, 1965, pp. 335-353, en especial, pp. 352 y 353.
57 Véase F. de Grenaille, Sieur de Chatouniéres, La Mode ou Charactere
de la Religión. De la Vie. De la Conversation. De la Solitude. Des Compliments. Des Habits. Et du Style du temps, París, 1642 (cuento con volver a
tratar esta publicación pronto).
130
EL HILO Y LAS HUELLAS
la que podían tener los romanos que en la era de Augusto
leían los versos de los hermanos Salios, que no estaban en
condiciones de comprender?"58 Sin embargo, esta curiosi­
dad anticuaría no era nueva. Cincuenta años antes del adve­
nimiento del nuevo Augusto, el erudito Claude Fauchet ha­
bía escrito: "Cualquier escritor, aun el peor, puede en ciertos
casos resultar útil, cuando menos en condición de testigo de
su tiempo [au moins pour le témoignage de son temps]".59
Aun el peor, o acaso precisamente el peor: la lejanía res­
pecto del gusto dominante facilitó la lectura de los textos lite­
rarios medievales según una óptica documentaría. Pero Cha­
pelain dio un paso más allá, transformando la distancia en
cercanía emotiva. Lo comprendió Ménage, que hacia el final
del diálogo De la lecture des vieux romans parece aceptar el
punto de vista de su interlocutor: “Por medio de un libro
como Lancelot [...] nos volvemos amigos íntimos de aquellos
personajes, hasta captar la esencia misma de sus almas”.60
9. Estas palabras enfáticas remiten a algo que conocem os
bien: el impulso imperceptible que se produce cada una de
las veces en que nos acercamos a un texto de ficción. Viene
a nuestra mente el famoso fragmento en que Coleridge, to­
mando como punto inicial un caso extremo (la descripción
de sucesos sobrenaturales), intentó definir los efectos de la
poesía en general. Según escribió Coleridge, se trata de
tra n sfe rir desde n u e stra n a tu ra le z a in te rn a u n a a p a rie n c ia de
verdad suficiente p a ra p ro c u ra r a estos fan ta sm a s de la im ag i­
nación aquella deliberada, te m p o ra ria su sp en sió n de la in c re ­
dulidad que constituye la fe poética [a sem blance of tru th suffi-
,,H I I. (iiir z do Malzac, Uiitvres, " p uh liícs par V. C on rait”, París, 166S
ÍM-c-d. (liiu -b ia, 1971), vol i, c. *ii r (pero toda la in tod u cción es im portante).
' ( la u i lirl, / jí'\ ii'u v t v s .. ., op. cit., p. 5 9 1 .
1,(11 ( liap clam , O p u sc u le s . . . , op cit., p. 2 2 1 .
PARÍS, 1647
131
cient to procure for these shadows of imagination that willing
suspensión of disbelief for the moment, which constitutes poetic faith].61
La fe p o ética d a cu erp o a las som bras, les da ap arien cia de
realidad, nos hace su frir “¡por nada! ¡Por H é c u b a!”.62 La fe
h istó ric a fu n cio n a b a (y funciona) de m o d o com p letam en te
d ife re n te .63 E lla n os p e rm ite s u p e ra r la in c re d u lid a d , a li­
m e n ta d a p o r las o b jecio n es re c u rre n te s del escep ticism o ,
a trib u y e n d o a u n p a sa d o invisible, m e d ia n te u n a serie de
o p o rtu n a s operaciones, m arcas traz ad a s en el papel o en el
pergam ino; m onedas, fragm entos de estatu as corroídas p o r
el tiem po, e tc é te ra .64 No sólo eso: nos perm ite, com o dem os­
tró C hapelain, c o n s tru ir la v erdad so b re esas ficciones (fables), la h isto ria verd ad era sobre la ficticia.
61 S. Coleridge, Biographia Literaria, Londres, 1907, cap. xiv, n, p. 6. Ese
fragmento se refiere a las Lyrical Ballads de Coleridge y Wordsworth.
62 Hamlet, acto m, escena n. Desarrollo, en dirección levemente distinta,
una frase de Giacomo Magrini que Cesare Gárboli utilizó como epígrafe de
Pianura proibita, Milán, 2002.
63 M. Vólkel, "Pyrrhonismus historicus” und "fides Histórica". Die Entwicklung der deutschen historischen Methodologie unter den Gesichtspunkt
der historischen Skepsis, Fráncfort del Meno, 1987.
64 "Fede é sustanza di cose sperate / ed argomento delle non parventi [Fe
es sustancia de cosas anheladas / y argumento de las invisibles] : Dante,
Paradiso, xxrv, 64-65, que traduce Heb. 11,1: "Est fides sperandarum substantia rerum, argumentum non apparentium".
V.
LOS EUROPEOS DESCUBREN
(O REDESCUBREN) A LOS CHAMANES
1. E n UN LIBRO PUBLICADO e n V e n e c i a el a ñ o 1565, y luego
re e d ita d o y tr a d u c id o m u c h ísim a s veces -L a historia del
m ondo nuovo [H istoria del nuevo m u n d o ]-, el m ilanés Girolam o B enzoni d escribió lo que h ab ía visto d u ra n te u n a serie
de viajes q u e d u ró 14 años, en las "islas y m ares re c ie n te ­
m e n te h a lla d o s [isole et m a ri n u o v a m e n te ritro v ati]" m ás
allá del O céano. E n la isla de H ispaniola, relató,
tal como en ciertas otras provincias de estos nuevos países,
donde hay ciertos arbustos no demasiado grandes, a guisa de
cañas, que producen una hoja de forma similar a la del nogal,
pero de tamaño más bien mayor, la cual (donde se acostum­
bra) es tenida por los pobladores en enorme estima, y muy
preciada por los esclavos que los españoles han trasladado
desde Etiopía. Cuando llega la estación de estas hojas, las re­
cogen, y atadas en racimos las cuelgan donde prenden fuego,
hasta que están bien secas. Cuando quieren usarlas, toman
una chala de su grano, colocando en su interior una de esas
otras, las envuelven juntas en forma cilindrica; luego dan
fuego a uno de los lados y sostienen la otra parte con su boca a
la vez que toman una bocanada de aire de ellas, por lo cual ese
humo va a la boca, a la garganta y a la cabeza. Lo soportan
tanto cuanto pueden tolerar, derivan de ello placer, y tanto se
colman de ese humo cruel que se enajenan de su conciencia.
Hay algunos que con tanta fuerza lo toman que caen al suelo
como si estuvieran muertos, y permanecen allí, abotagados, la
mayor parte del día, o bien de la noche. [...] Ved cuán pestí­
fero y malvado veneno del diablo es éste. Con gran frecuencia
133
134
EL HILO Y LAS HUELLAS
tuve, al ir p o r la p ro v in cia de G u attim a lla y N ica raq u a, o p o r­
tu n id a d de e n tra r en c a sa de a lg ú n in d io q u e h a b ía to m a d o
esta hierba, que en lengua m ex ican a se llam a ta b a c o .1
Al seguir los pasos de los formalistas rusos -e l primero de
todos, Víctor Shklovski-, aprendimos a buscar el extraña­
miento en la mirada del salvaje, del niño, o tal vez del ani­
mal: seres ajenos a las convenciones de la vida social, que
registran con mirada estupefacta o indiferente, denunciando
así indirectamente la insensatez.2 En este caso, nos vemos
1
[“Come in alcune altre provincie di questi nuovi paesi, vi sono certi arboscelíi non troppo grandi, a modo di canne, che producono una foglia di
forma come quella della noce, peró piü tosto maggiore, della quale da' paesani (dove si costuma) é tenuta in grandissima stima et da gli schiavi pregiata
assai, i quali hanno condotti gli Spagnoli d’Etiopia. Essendo adunque queste
foglie di stagione, le colgono, et legate in mazzi dove fanno fuoco le sospendano sin’a tanto che siano ben secche, et quando le vogliano usare pigliano
una foglia di spiga del lor grano, et mettendovi dentro una di quelle altre, le
avolgono come un cannone insieme, poi da un lato v'appicano fuoco e tenendo l’altra parte in bocca tirano il fiato a loro, onde quel fumo va in bocca,
in gola et nella testa, et quanto posson tolerare, lo sopportano havendone
piacere, e tanto s’empieno di questo fumo crudele, che vanno fuori del sentimento; et vi sono di quegli che tanto forzatamente lo pigliano, che cadono in
térra come se fossero morti, et quivi stanno la maggior parte del giom o storditi, o della notte. (...) Vedete che pestífero et malvagio veleno del diavolo é
questo. A me é accaduto spesse volte, andando per la provincia di Gauttimalla
et Nicaraqua, entrare in casa di qualche Indiano che presa haveva quest’erba
che in lingua mesicana é chiamata tabacco.”] G. Benzoni, La historia del
nuovo mondo, Venecia, 1572, cc. 54v-55r (2a ed., reproducción fototípica al
cuidado de F. Anders, Graz, 1962; en pp. xxv-xxxi, una lista de reediciones y
traducciones) [trad. esp.: Historia del nuevo mundo, Madrid, Alianza, 1989].
Véase también cl aporte de A. Martinengo en P. Collo y P. L. Crovetto (eds.),
Nuovo Mondo. Gli italiani (1492-1565), Turín, 1991, pp. 549-552, y la entrada
"Ben/.oni, Giralamo" redactada por A. Codazzi para cl Dizionario Biográfico
degh italiani. vol 8, pp. 732 y 733, que cita parte del fragmento reproducido
aquí según la primera edición (véase, más adelante, nota 16).
‘ (.. (jin/l>urg, ‘‘Straniamento: preistoria di un procedimento letterario",
n i ()<i litan i di legno. Nove riflessioni sulla distanza, Milán, 1998, pp. 15-39
[liad esp ()jn:os de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, Barce­
lona, Península, 2000).
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN)...
135
fre n te a u n a s itu a c ió n p a ra d ó jic a m e n te su b v ertid a: el ex­
tra ñ o y ex tra ñ ad o es el m ilanés G irolam o Benzoni; quienes
e fe c tú a n a n te su m ira d a el gesto in se n sa to de p re n d e r u n
cig a rrito y fu m arlo so n los salvajes indios, con trafig u ra de
n o so tro s m ism o s, h a b ita n te s del m u n d o civilizado. E n la
fuga de G irolam o B enzoni ("e in m e d ia ta m e n te desp u és de
se n tir el acre h e d o r de este en verdad diabólico y pestilente
h um o, estab a yo forzado a p a rtir a g ran velocidad e ir a otro
sitio [et sú b ito se n tito il feto re a c u to di q uesto v eram en te
d iabolico e puzzolente fum o, e ra forzato a p artirm i con g ran
p re ste z z a et a n d a te in a ltro loco]") se h a in te n ta d o ver la
an ticip ac ió n sim bólica de u n fenóm eno histórico plurisecular: el re tra s o de los no fu m ad o res con resp ecto a la av a n ­
za d a - q u e ac aso h ay a alc a n z a d o su lím ite e x tre m o - de la
h u este de fum adores de tabaco.
L a p á g in a del viajero m ilan é s es u n o de los in n u m e ra ­
bles testim o n io s del en c u en tro en tre los europeos y las co n ­
m o c io n a n te s n o v ed a d es de a lle n d e el O céano: an im ales,
p la n tas, co stu m b res. H oy en d ía está de m o d a an a liz a r es­
tos d o c u m e n to s m e rc ed a u n a ca te g o ría su m a m e n te vaga,
la del en c u en tro con el Otro: expresión que tiene cierto dejo
m etafísico, y sin em bargo en fatiza o p o rtu n am en te la estre­
ch a im b ricació n , en esas reacciones, de alterid ad n atu ra l y
alterid a d cultural. A la invectiva de G irolam o Benzoni co n ­
tr a los efectos del ta b a c o ("Ved c u á n p estífero y m alvado
veneno del diablo es éste") sigue de allí a poco u n a descrip­
ción del m odo en que la p la n ta era utilizad a con fines te ra ­
p é u tic o s p o r los m é d ic o s in d íg e n a s . E l e n fe rm o , “im briacato" p o r el h u m o , "al volver en sí decía m il especies,
h a b e r estad o en el concejo de los dioses, reg istran d o altas
v isiones [rito rn a n d o in sé diceva m ille m a terie , di essere
sta to al concilio degli dei, p assan d o visione alte]”: entonces,
los m édicos lo "ro tab an tres o cu a tro veces, y con las m anos
le h a c ía n friegas en el c u e rp o y en los flancos, efectu an d o
m u c h as cosas con el ro stro , m a n te n ie n d o un hu eso o u n a
136
EL HILO Y LAS HUELLAS
piedra en la boca; dichas cosas las conservan las mujeres al
figurarse que les resultan buenas para el alumbramiento".3
Sin duda, bajo la mirada del viajero milanés, los médicos
indígenas eran meros brujos; y los efectos del tabaco sumi­
nistrado por ellos, meras alucinaciones diabólicas.
Esas connotaciones negativas dél tabaco vuelven a en­
contrarse, si bien entrelazadas con consideraciones de signo
opuesto, en un libro posterior en pocos años, obra del m é­
dico sevillano Monardes: Primera y segunda y tercera partes
de la historia m edicinal.4 Por un lado, exaltaciones de las
"grandes virtudes” curativas del tabaco, introducido poco
tiempo antes en los jardines y huertas de España, con rela­
ción a cualquier tipo de dolencia: asma, angina de pecho,
dolores estomacales o de la matriz. Por el otro, descripcio­
nes escandalizadas del uso que los indios hacían de esa
hierba milagrosa en sus cerem onias religiosas. Los sacer­
dotes -escribe M onardes-, antes de adivinar el futuro, se
aturdían con el humo de tabaco hasta caer al suelo com o
muertos. Luego, una vez vueltos a sus cabales, respondían
a los interrogantes que se les habían formulado, interpre­
tando "a su modo, o siguiendo la inspiración del Dem onio”,
los fantasmas y las ilusiones percibidos en estado de catalepsia. Pero no eran sólo los sacerdotes quienes se "embo­
rrachaban” con el humo del tabaco: los indios tenían el há­
bito de hacer lo mismo para obtener de las imágenes que se
presentaban en su mente placer o indicaciones para el fu-
’ [’Voltavano (...) tre oquattro volte, et lo fregavano con le mani il corpo
ct le rcni, faccndogli moliti atti con la faccia, tenendo un osso o una pietra
in bocca; le quali cose conservano le donne per sante, tenendo che le siano
bm ine per lar partorire.”] G. Benzoni, La h istoria..., op. cit., cc. 55r y 56r.
4
Cf. N Monardes, Primera y segunda y tercera partes de la historia m edi­
cinal, de las cosas que se traen de nuestras Indias incidentales, que s in ’en en
Mfdicina [1571], Sevilla, 1580, c i . 32r y ss., especialmente, 36v-39r. Víase
también N A Ket co, Rentm medicarían Novae f/ispaniae T h esau n ts... , Romur (Roma), I 64M, pp. 171-177 (I. v, cap. i., 1: “De Pycielt, sen Tabaco’’).
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
137
tu ro . "El D em onio, que es en g a ñ a d o r y conoce las virtudes
de las h ie rb a s -c o m e n ta M o n a rd e s-, h a en señ a d o a los in ­
dios la v irtu d del tabaco: y los induce a en gaño m ed ian te las
im ag in acio n es y fan tasm as que el ta b ac o p ro c u ra ”.
P a ra M onardes, u n a de las características del tab aco es,
p o r ta n to , la fac u ltad de p ro c u ra r “im aginaciones y fan tas­
m a s” que los m édicos de la A ntigüedad h a b ía n atrib u id o a
la ra íz del solano furioso, al anís, al r á b a n o .5 P ero la co m p a­
ra c ió n m á s d e ta lla d a versa, en la o b ra de M onardes, sobre
d os su sta n c ia s, a m b a s d o ta d a s de v irtu d e s alu cin ó g en as,
a m p lia m e n te c o n su m id a s en las In d ia s O rientales: el ban­
gue y el a n fió n , re sp e c tiv a m e n te id e n tific a b a s co n la m a ­
rih u a n a y co n el opio. Acerca del bangue (o Cannabis indica,
com o fue d en o m in ad o p o r los botán ico s europeos), M onar­
des cita y u tiliz a las p ág in as d ed ica d as a esta p la n ta p o r el
m é d ic o p o rtu g u é s G a rc ia d a O rta, a u to r de u n a o b ra en
fo rm a de diálogo respecto de las h ierb as y los arom as de las
In dias O rientales; sin em bargo, agrega detalles y precisiones
b asad o s en observaciones d ire c ta s.6 G arcia da O rta se refe­
ría g en é rica m en te a la d ifu sió n del bangue y del opio; M o­
n ard e s afirm a que este ú ltim o es u sa d o en especial p o r los
pobres, m ie n tras que los ricos prefieren el bangue, de m ejor
gusto y perfum e. Unos años antes el m édico de Burgos Cris­
tó bal A costa h ab ía delineado, en su Tractado de las drogas y
m edicinas de las Indias Orientales, u n a tipología de los co n ­
sum idores de bangue: algunos lo to m a n p ara olvidar el can ­
sancio, y d o rm ir sin preo cu p acio n es; otros, p a ra recrearse
m ien tras d u erm e n con sueños e ilusiones variopintos; otros,
5 Cf. P. A. Mattioli, Idiscorsi... nelli sei libri di Pedacio Dioscoride Anazarbeo
rtt>Hn materia medicínale, Venecia, 1568, p. 1476, acerca del "solatro maniaco
over furioso", que es diferenciado del "doricnio” (p. 1132: Mattioli afinma que
no ha logrado identificarlo), también mencionado por Dioscórides.
6 Garcia da Orta, Coloquios dos simples e drogas da India, Lisboa, 1891,
anotado por el conde de Ficalho, pp. 95-110. La primera edición, que no pude
ver, apareció en Goa en 1563. La transcripción usada actualmente es bhang.
138
EL HILO Y LAS HUELLAS
para embriagarse; otros, por sus efectos afrodisíacos (que
en cambio Monardes calla por completo); los grandes seño­
res y capitanes, para llamar al olvido sobre aquello que los
preocupa.7 Todos los testimonios coinciden en poner de re­
lieve la dependencia que los habitantes de las Indias Orien­
tales tienen de estas sustancias estupefacientes: cinco gra­
nos de opio -observaba Monardes admirado- matan a uno
de nosotros; sesenta granos les dan a ellos salud y reposo.
Reposo, descanso: los bárbaros de las Indias Occidenta­
les (una vez más, es Monardes quien escribe) recurren al
tabaco para espantar el cansancio; los de las Indias Orienta­
les recurren en cambio al opio -sustancia que allí es muy
común y se vende en las tiendas-.8 En Perú, informaba por
su parte Girolamo Benzoni, los indígenas "llevan en su boca
una hierba llamada coca, y la llevan como para sustento, ya
que caminan todo un día sin comer ni beber; y esta hierba
es su principal mercancía”.9 El significado de estos testim o­
nios es -para quien los examine desde una perspectiva am­
plia, plurisecular- muy claro. Los viajes de exploración
transoceánica activaron una circulación de sustancias em :
briagadoras y estupefacientes tan vasta e intensa que puede
ser comparada con la unificación microbiana del planeta
ejemplificada por Emmanuel Le Roy Ladurie en un famoso
ensayo.10 A lo largo de algunos siglos, de hecho, tabaco,
opio, marihuana y derivados de la coca penetraron de dis­
7 Cf. C. Acosta, Tracíado de las drogas, y m edicinas de las Indias O rienta­
les, con sus plantas debuxadas al b iv o ..., Burgos, 1578, pp. 360 y 361. En la
dedicatoria al lector, Acosta alude discretamente a las imperfecciones de su
predecesor Garcia de Orta.
* Cf. N. Monardes, Prim era..., op. cit., c. 38r.
'*[ "Portano in bocca un’herba chiamata coca, et la portano come per un
mantenimento, percioché caminaranno tutto un giom o senza mangiare et
s e n /.a beie: et qtiesta herba
la lor principale mercantia"] Cf. G. Benzoni,
U¡ h isto ria , op. cit., c. 169r.
10
( I Iv f .e Roy Ladurie, "Un concept: l'tmiíication miembienne du monde
(xiv* xvii* si ^ t les) ", e n U te r r it o ir e d e I h i s t o r i e n , vol. u. París, 1978, pp. 37-97.
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN)...
139
tin to m o d o y en m e d id a m u y v a ria d a e n la c u ltu ra de los
pu eblos colonizadores; en tiem p o s m u c h o m ás veloces, vino
y licores, en las cu ltu ras de los pueblos colonizados.
H e to c a d o u n p ro b le m a trág ico , q u e suele a fro n ta rse
co n irre sp o n sa b le ligereza. P o r ello m e u rge d isip a r de in ­
m e d iato u n posible equívoco. A lguien sostuvo que, d ebido a
q u e to d a s las su sta n c ia s e m b ria g a d o ra s y estu p efac ie n tes
son, e n ta n to “d ro g a s”, p o te n c ia lm e n te nocivas, es in ev ita­
ble - s i no se desea ca er en u n insostenible prohib icio n ism o
g e n e ra liz a d o - legalizar sin excepciones su venta. C onsidero
q u e esta conclusión es artificiosa, y falsa la prem isa que d e­
b e ría fu n d a m e n ta rla . M u ch as de las so cied ad es h u m a n as,
acaso su m a y o r parte, u tiliza ro n y u tiliza n -e n form as y cir­
c u n s ta n c ia s m u y d isím iles e n tre s í- su sta n c ia s que p e rm i­
te n a q u ien las ad o p ta u n acceso te m p o rario a u n a esfera de
experiencias d istin ta a la usual. La evasión te m p o raria (par­
cial o to ta l) resp e cto de la h isto ria es u n ing red ien te inelim in a b le de la h is to ria h u m a n a . S in em b arg o , el g rad o de
c o n tro l q u e ejerce so b re e sta s su sta n c ia s ca d a u n a de las
c u ltu ra s - y obviam ente, los individuos que las constituyen,
to m a d o s a isla d a m e n te - es m uy variado, y sólo en p arte ex­
plicable m e d ian te u n análisis farm acológico de sus efectos.
C ada vez interviene ta m b ié n u n filtro, co m p o n en te cu ltu ral
cuyo fu n c io n a m ie n to en g ra n m e d id a p a sa d esap e rc ib id o
p o r noso tro s. ¿P or qué las bebidas alcohólicas, con las c u a ­
les b ie n o m al las sociedades eu ropeas ap re n d iero n a convi­
vir d u ra n te el tran sc u rso de algunos m ilenios (en el caso del
vino) o de alg u n o s siglos (en el caso de los licores d estila­
dos), tuvieron, en cam bio, en u n lapso de pocas décadas, u n
efecto ta n p ro fu n d a m en te destructivo sobre las cu ltu ras in ­
dígenas de A m érica del N orte?
Se tra ta de u n ejem plo que se da p o r descontado. Lo cito
aq u í po rq u e m e sirve a m odo de in tro d u cció n p ara u n a p á ­
gina extraordinaria, tom ada de la relación que el jesuíta fran ­
cés Paul de B rebeuf envió en 1636 al provincial de la Com pa­
140
EL HILO Y LAS HUELLAS
ñía para informarle los acontecimientos que tuvieron lugar
ese año en la misión del Quebec. Uno de los padres les había
explicado a los indígenas (desde luego, la relación los llama
“sauvages") que la gran mortalidad que los azotaba se debía
al vino y a los licores, de los cuales no sabían hacer un uso
moderado. “¿Por qué no le escribes a tu gran Rey -había di­
cho uno de los indígenas- que prohíba llevar esas bebidas
que nos matan?” Los franceses, había contestado el jesuita,
la necesitan para hacer frente a los viajes por mar y a los
grandes fríos de estas regiones. “Entonces -contestó el otrohaz lo necesario para que sólo ellos sean quienes las beban”.
Llegado este punto, se había puesto de pie otro indígena:
“No, no son estas bebidas las que nos quitan la vida, son
vuestras escrituras: desde que describisteis nuestro país,
nuestros ríos, nuestras tierras, nuestros bosques, empezamos
a morir todos, como antes de vuestra llegada no sucedía”.
Paul de Brebeuf y sus cofrades habían recibido con
grandes risas estas palabras.11 Hoy en día, a tres siglos y m e­
11
Relation de ce qui s'est passé en la Nouvelle France en l’année 1636, envoyée au R. Pére Provincial de la Compagnie de Jésus en la Province de France
parle P. PaulLejeune de la mesme Compagnie, supérieurde la Résidence de Kébec, vol. i, París, 1637, pp. 199 y 200: "Monsieur Gand parlant aux Sauvages,
comme i’ay dit cy-dessus, leur remonstroit, que s’ils mouroient si souvent,
ils sen falloit prendre á ces boissons, dont ils ne s^auroient user par m e­
sure. Que n'écris tu á ton grand Roy, firent-ils, qu’il défende d’apporter de
ces boissons qui nous tuent. Et sur ce qu on leur repartit, que nos Fran^ois
en avoient besoin sur la mer, et dans les grandes froidures de leur país, Fais
done en sorte qu'ils les boivent tous seuls. On s’efforcera, comme j’espére,
d’y teñir la main; mais ces Barbares sont importuns au dernier point. Un
autre prenant la parole, prit la défense du vin et de l’eau de vie. Non, dit-il,
ce ne sont pas ces boissons qui nous ostent la vie, mais vos écritures: car
depuis que vous ave/, décry nostre país, nos fleuves, nos terres, et nos bois
nous mourons tous, ce qui n'arrivoit pas devan que vous vinssiez icy. Nousnous inismes á rire entendans ces causes nouvelles de leurs maladies. le
leur dy que nous dócrivinns tout le monde, que nous décrivions nostre país,
<fluy dos lluions, dos lliroquois, bref toute la torre, et cepeiulant qu’on ne
mouroil point aillours, comme on fait on leurs país, qu’il falloit done que
Ioiii inoit provint d’aillours; ils s’y accord^reiU [Tal como ya dije, el señor
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
141
dio de d istan cia, podem os a d m ira r la lucidez de ese desco­
nocido indígena y finalm ente darle la razón. La geografía de
los jesu ita s e ra u n a avanzada de la co n q u ista colonial eu ro ­
pea, e ra u n p rim e r paso de é s ta .12 La d esm ed id a ad o p ció n
de las b eb id as alcohólicas llevadas p o r los europeos no era
m ás q u e u n asp ecto de la disgregación cu ltu ral de los in d í­
genas p ro d u c id a p o r la colonización.
A un el u so de s u s ta n c ia s e m b ria g a d o ra s y e s tu p e fa ­
cientes p o r p a rte de los pueblos co lonizadores estuvo seg u ­
ra m e n te c o n d icio n a d o p o r filtros de c a rá c te r cu ltu ral. Sin
e m b a rg o , n a d a obvio re s u lta el m o d o en que esos filtros
accio n aro n . Un im a g in a rio a p o s ta d o r del siglo xvi que h u ­
biese in te n ta d o prever, b asad o en las reaccio n es de los via­
jero s, m isio n e ro s y m éd ico s-b o tán ico s, cuál de las su sta n ­
cias em b ria g a d o ra s o estu p efacien tes difu n d id as p o r fuera
de E u ro p a se ría la p rim e ra en e n tra r a fo rm a r p arte de los
c o n s u m o s d el viejo c o n tin e n te p re s u m ib le m e n te h a b ría
a p o sta d o al bangue, el opio o la coca. De hecho, en to m o a
Gand les demostró que debía imputarse a esas bebidas, que no sabían usar
con mesura, la gran frecuencia de muertes entre ellos. '¿Por qué no escribes
a tu Rey -afirmaron ellos- para que prohíba traer esas bebidas que nos
matan?' Y com o retrucáramos que a nuestros franceses les hacían falta en
el mar, y durante los grandes fríos de su país: ‘Entonces haz de modo que
las beban ellos solos’. Según espero, se hará el esfuerzo de refrenar la mano;
pero esos bárbaros son importunos en grado extremo. Al tomar otro la pa­
labra, adoptó la defensa del vino y el aguardiente. ‘No -dijo-, no son esas
bebidas las que nos quitan la vida, sino vuestras escrituras, pues desde que
describisteis nuestro país, nuestros ríos, nuestras tierras y nuestros bos­
ques, morimos todos, lo cual no sucedía antes de que vinierais aquí'. Nos
echamos a reír al oír esas nuevas causas de sus enfermedades. Le dije que
nosotros describíamos todo el mundo, describíamos nuestro país, el de los
hurones, de los iraqueses; en suma, toda la tierra, y no obstante ello no
había muerte alguna en otros sitios, como sucede en su país; que entonces
es forzoso que su muerte proviniera de otra parte, con lo cual se mostraron
de acuerdo]”. El padre de Brebeuf fue muerto por los iraqueses. Cf. Dictionnaire de Biographie Frangaise, ad vocem.
12
Cf. F. de Dainville, La géographie des humanistes, París, 1640; nueva
edición, 1991.
142
EL HILO Y LAS HUELLAS
ellos se usa -al menos en los testimonios que conozco- un
tono neutro, distante, desprovisto de cualquier reproba­
ción moral o religiosa. El tabaco, en cambio -au n en las
páginas de quien, como el médico sevillano Monardes, in­
siste en sus extraordinarias virtudes medicinales-, recuerda
con insistencia el vicio, el pecado, o incluso al dem onio.
Pero pese a esas condenas -o quizás en parte también gra­
cias a ellas- se impuso en Europa precisam ente el “pestí­
fero y malvado" tabaco.13
2. ¿Por qué estas sustancias embriagadoras suscitaron en
los viajeros europeos del siglo xvi reacciones tan variadas?
Una respuesta a esta pregunta no puede no ser cauta y pro­
visoria. Según me consta, la marihuana (o bhang, si así pre­
fiere llamársela), el opio y la coca no cuentan con una bi­
bliografía razonada y sistem ática comparable a los cinco
volúmenes infolio que Jerome E. Brooks publicó a partir de
1937 con el título Tobacco.14 Presumiblemente, las conjetu­
ras que estoy por formular deberán ser corregidas sobre la
base de indagaciones más amplias y profundas.
Tomaré como punto de partida algunas páginas de una
obra célebre: la Historia general y natural de las Indias, de
Gonzalo Fernández de Oviedo (1535). El segundo capítulo
del quinto libro está dedicado al uso del tabaco en la isla
Hispaniola. Desde el comienzo resuena en la voz de Oviedo
un tono de fuerte reprobación moral: "Usaban los indios de
esta isla, entre otros vicios, uno muy malo: que es tomar
13 Acerca de la hostilidad (que perduró hasta finales del siglo xvn) de la je­
rarquía católica en tomo al consumo de tabaco, cf. J. Tedeschi, "Literary Piracy in Sevcntccnth Century Florence: Giovanni Battista Neris De iudice S.
hu/uisitionis Opusculum " , en The Prosecution of Heresy. Collected Studies on
the Inquisitum in Harly Moderti Ilaly, Binghamton ( n y ) , 1991, pp. 259-272.
14 ( í J. I-.. Brooks, Tobacco, lis H istory ¡llustrated by the Books, Manttscripts and l.ngravm gs in the Lihrary of'George Arents, jr., 5 vols., Nueva York,
1917 y ss
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
143
u n a s a h u m a d a s , q u e ellos lla m a n ta b a c o s, p a ra p e rd e r el
se n tid o ".15 A ello sigue u n a d escripción que coincide en va­
rios p u n to s con aquella, algunas d écadas posterior, del m ila­
nés G irolam o B enzoni (quien verosím ilm ente tuvo an te sus
ojos la o b ra de Oviedo al re d a c ta r la su y a).16 Los indios - o b ­
serva O v ied o - cu ltiv a b an la p la n ta , p o r co n sid e ra r que su
u so "no ta n so la m e n te les e ra co sa sa n a, p ero m uy sa n cta
cosa". A veces rec u rren a ella p a ra aliviar sus dolores físicos;
y así lo hace ta m b ié n algún cristiano. Los esclavos negros se
valen de él p a ra elim in a r el cansancio acum ulado al final de
u n a jo m a d a de trabajo. Pero a estas observaciones d escrip ­
tivas sobreviene nuevam ente la con d en a en el párrafo final:
Aquí me paresce que cuadra una costumbre viciosa e mala
que la gente de Tracia usaba entre otros criminosos vicios su­
yos, segund el Abulensis escribe sobre Eusebio De observatione temporum [libro m, cap. 168], donde dice que tienen por
costumbre todos, varones e mujeres, de comer alrededor del
fuego, y que huelgan mucho de ser embriagos, o ló parescer; e
que como no tienen vino, toman simientes de algunas hierbas
que entre ellos hay, las cuales, echadas en las brasas, dan de sí
15 Cf. G. Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, ed.
al cuidado de J. Pérez de Tudela Bueso, vol. i, Madrid, 1959, pp. 116-118.
16 La palabras ya citadas de Benzoni "fumo... che in lingua mesicana é
chiamato tabacco [hum o... que en lengua mexicana se llama tabaco]", luego
corregidas en la segunda edición con "quest’erba che, etc.", podrían haber
sido sugeridas por la observación de Oviedo: los indios denominan tabaco al
humo o las cañas para inhalarlo, no ya -com o creyeron algunos- la hierba o
la somnolencia en que caen después de fumarla (Historia.... op. cit., p. 116).
Autores posteriores como, por ejemplo, Monardes llaman en cambio "ta­
baco” a la planta, según el uso que luego prevaleció. Según A. Emst, "On the
Etymology of the Word Tobacco”, en American Anthropologist, u, 1889, pp.
133-141, el instrumento descrito y reproducido por Oviedo -en lengua gua­
raní, taboca- era y es usado en el continente americano para inhalar humo
no de tabaco sino de legumináceas que contienen alcaloides. La hipótesis de
que Benzoni nunca haya realizado los viajes por él descritos es discutida (y
rechazada) por A. Codazzi y A. Martinengo en los escritos citados en nota 1.
EL HILO Y LAS HUELLAS
144
u n tal olor, que em briagan a todos los presentes, sin algo b e ­
ber. A m i parescer, esto es lo m ism o que los tabacos que estos
indios to m a n .17
“El Abulensis" es el teólogo español Alonso de Madrigal,
más conocido como Alonso Tostado, obispo de Avila. En su
comentario a la Historia eclesiástica, impreso en Salamanca
en 1506, se refiere -a partir de un fragmento del Polyhistor,
la divulgada compilación de Solino- a la costumbre de los
tracios de reunirse alrededor del fuego para embriagarse
con el humo de ciertas semillas tostadas.18 Pero la alusión
de Tostado a la ausencia de vino entre los tracios deriva de
la fuente de Solino, el geógrafo Pomponio Mela. Éste, du­
rante el primer siglo después de Cristo, redactó una obra,
De orbis situ, que en el capítulo dedicado a Tracia (n, 2) des­
cribe la ceremonia que ya conocemos.19
La historia no termina aquí, porque a su vez Pomponio
Mela había trasladado a los tracios la descripción aportada
por Heródoto (iv, 73-75) de una costumbre escita. Pero de
17 G. Fernández de Oviedo, H istoria..., op. cit., vol. i, p. 117.
18 Cf. Tostado sobre el Eusebio, Salamanca, Hans Gysser, 1506, vol. ni, c.
ld c v (cap. c l x v i i i ) ; C. Julius Solinus, Polyhistor, rerum toto orbe m em orabilium thesaurus locupletissim us , Basileae (Basilea), 1538, p. 36: "Uterque
sexus epulantes, focos ambiunt, herbarum quas habent semine ignibus superiecto, cuius nidore perculsi, pro laetitia habent, imitari ebrietatem sensibus sauciatis [Los convivas de uno y otro sexo rodean las fogatas, y des­
pués de haber arrojado a las llamas las semillas de ciertas hierbas que
poseen, se ven agitados por el perfume que éstas exhalan para su deleite,
cual si imitaran la ebriedad con que turba los sentidos el alcohol]".
Iv Cf. Pomponio Mela, De orbis situ libri tres, accuratissim e emendad,
una cuín commentariis Joachimi Vadiani..., Parisiis (París), 1540, p. 90:
Vini usus quibusdam ignotus est: epulantibus tamen ubi super ignes, quos
circumsident, quaedam semina ingesta sunt, similis ebrietati hilaritas ex
nidore contingit [Pl uso de vino es desconocido para todos; sin embargo,
cuando reunidos a la vera del fuego, en torno al cual se sientan, una vez
que arrojan ciertas semillas, sobreviene en ellos por obra de los perfumes
exhalados una hilaridad similar a la embriaguez]”.
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN)...
145
ello se tra ta rá m ás adelante. A ntes qu iero a c la ra r el sentido
de esta digresión. Ella m e p osibilitó re c o n stru ir el filtro cul­
tu ra l q u e p e rm itía a O viedo (y no sólo a él, com o se verá)
d o m e s tic a r la a lte rid a d n a tu ra l y c u ltu ra l del c o n tin e n te
n o rte a m e ric a n o . G racias a P o m p o n io M ela y a S olino, la
h ie rb a em b ria g a d o ra fu m ad a p o r los indios se identificaba
co n aquella, no bien identificada pero de efectos igualm ente
em briag ad o res, u sa d a p o r los tracios. D icha asim ilación era
p ro p ic ia d a p o r u n elem ento obvio: la eb riedad cau sad a p o r
las b eb id as alcohólicas, y en p rim e r lu g a r p o r el vino, co n s­
titu ía ta n to p a ra u n cosm ógrafo latin o del siglo i d. C. com o
p a ra u n viajero francés o ita lia n o de 14 o 15 siglos después
el m o d elo im p lícito p a ra d e s c rib ir y ev a lu a r la acción p ro ­
v o ca d a p o r c u a lq u ie r s u s ta n c ia em b riag ad o ra . P o m p o n io
M ela o b servaba que los tracios, a u n q u e no conocían el vino,
e n tra b a n e n u n estad o de e u fo ria sim ila r a la em b riag u ez
a s p ira n d o el h u m o q u e su rg ía de las sem illas to sta d a s de
u n a h ie rb a no m ay o rm en te identificada. E n 1664, el jesu íta
F ra n ^ o is du C reux e scrib ía en su h is to ria del C anadá q u e
los h a b ita n te s de esas tie rra s v iajaban siem pre m unidos de
p etu n - e s to es, ta b a c o - y de u n “tu b o b a sta n te largo", u n a
su e rte de pipa, p a ra p o d e r e n tra r en u n estado de ebriedad
"análoga a la p ro c u ra d a p o r el vino".20 Es m uy factible que
este d o cto je su ita , d isp u e sto a c o m p a ra r el n o m ad ism o de
los indíg en as canad ien ses con el de los escitas,21 conociera
el p asaje de P om p onio Mela. P ero la percepción del tabaco
com o u n a altern ativ a al vino va m ucho m ás allá de u n o ca­
sional eco erudito, ya que im pregna el vocabulario de viaje­
ros y m isioneros: “Se en c u en tra a algunos que se com placen
20 Frangois du Creux, Historiae Canadensis, seu Novae Franciae libri decem , a d a n n u m usque Christi m dclvi, Parisiis (París), 1664, p. 76: ‘Ebrie-
tatemque enim inducunt, vini instar". Frente a ese misma página hay una
ilustración que muestra a un indígena que fuma en pipa.
21 Ibid.. p. 56.
146
EL HILO Y LAS HUELLAS
sorbiendo este humo [Se ne trovano di quegli che si contentano di bere questo fumo]”, escribía Girolamo Benzoni a
propósito de los indígenas de la isla de Hispaniola. Los sal­
vajes de Canadá "usent aussi du petun [vale decir, tabaco] et
en boivent la fumée [también usan el petun y sorben su
humo]" leemos en una relación redactada medio siglo más
tarde por el jesuita Pierre Biard.22
Muchos observadores europeos no pasaron por alto que
el tabaco era usado por los indígenas norteamericanos en
ocasiones de carácter ritual. Una vez más, es Pierre Biard
quien enfatiza que entre los salvajes de la Nueva Francia
cualquier ceremonia -desde la toma de decisiones hasta los
tratados o recepciones públicas- prevé el uso del petun: "Se
disponen en círculo alrededor de un fuego, pasándose la
pipa de mano en mano, y de este modo transcurren con
gran placer muchas horas juntos".23 El reconocimiento de
una dimensión ritual, si no incluso religiosa, en el uso del
tabaco se advierte también en las palabras ya evocadas de
Oviedo: para los indígenas de Hispaniola, eso "no tan sola­
mente les era cosa sana, pero muy sancta cosa". Ya se ha
tratado del empleo que de él hacían los sacerdotes de esa
misma isla. Todo ello sugiere que el tabaco, en cuanto ins­
trumento de placeres privados y rituales públicos, se m os­
tró a la mirada de los observadores europeos como un vino
al cual se invirtiera el signo: una suerte de bebida sacro­
santa, pero utilizada por los indígenas en ceremonias que
eran consideradas idolátricas. De ello deriva la diferencia
entre la actitud distante adoptada con relación al opio, el
b h a n g y la coca -sustancias embriagadoras que los observa­
dores europeos asociaban, de manera errada o acertada,
co n un tipo de consumo puramente privado-y la hostilidad
n ( \ l’ Hiard, (iivnoblois, de la Cnmpagnic de J£sus, Relatiou de la tiotnv'/•'1
de ves ierres, tmlnrel du País, et de ses Habitans. .. Lyon. 1616, p. 78.
n Und , |>|> 7H y 7 ‘i
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
147
ex p re sad a fre n te al ta b a c o .24 U na h o stilid a d d estin a d a, de
to d o s m o d o s, a c e d e r a n te la c o n tu n d e n te o fensiv a de los
p ro d u cto res de tabaco, cigarros y p ip a s.25
C om o se re c o rd a rá , a p rin c ip io s del siglo xvi, Oviedo
h a b ía d e sc ifra d o a los in d io s fu m ad o res de ta b ac o v alién ­
dose de los textos de P om ponio M ela y de S olino acerca de
los trac io s. A m e d iad o s del siglo sigu ien te, la situ ac ió n se
invirtió; y el g ra n eru d ito Isaac Vassius leyó en el fragm ento
de P om p o n io M ela u n a alusión al tabaco. La hiedra, el m a ­
d roño, el ciclam en p u ed e n p ro c u ra r la ebriedad; ¿pero qué
o tra h ie rb a , "p ra e te r n ic o tia n am [excepto la nicotínica]" es
capaz de o b n u b ila r con su h u m o ? 26
D icha p re g u n ta retó ric a d ab a p o r d escontado que el ta ­
b aco ya era conocido en la A ntigüedad: tesis pro p u esta m u ­
ch as veces d esd e el siglo x v i.27 Volvió a d isc u tir el a su n to
con am p litu d , en 1724, el docto je su ita Joseph-F ran^ois Lafitau: d e c isió n inevitable, en u n a o b ra titu la d a Maeurs des
sauvages am ériquains, com parées a u x maeurs des premiers
tem ps (1724).28 A p ro p ó sito de los g riegos y los ro m an o s,
24 Acerca del uso del bhang en contextos rituales, cf. R. G. Wesson, Soma,
Divine Mushroom o f Immortality, Nueva York, s. f., pp. 128 y ss., que discute
y rechaza la propuesta de identificar el bhang con el soma mencionado en los
poemas védicos (a propósito de B. L. Mukheijee, "The Soma Plant", en Journal
o f the RoyalAsiatic Society, 1921, pp. 241-244; hay un opúsculo de ese mismo
autor, de idéntico título, publicado en Calcuta en 1922, que no pude ver).
25 Cf. S. Schama, The Embarrassment o f Riches, Nueva York, 1987, pp.
193 y ss. Sin embargo, a esta altura la contraofensiva contra el tabaco, sus
productores y consumidores está en pleno desarrollo.
26 Cf. I. Vossius, Observationes ad Pomponium Melam de situ orbis, Hagae Comitis (La Haya), 1658, pp. 124 y 125.
27 La más antigua representación del tabaco por parte de un botánico
europeo (el holandés Rembert Dodoens, 1554) identifica esa planta con el
Hyoscyamus luteus descrito por Dioscórides; cf. J. Stannard, "Dioscorides
and Renaissance Materia Medica", en M. Florkin (ed.), Materia Medica in
the Sixteenth Century, Oxford, 1966, p. 113 (y n. 93); F. Edelmann, Nicotiniana, separata de Flammes et Fumées, 9, 1977, pp. 73-128.
28 Cf. J.-F. Lafitau, Maeurs des sauvages amériquains, comparées aux
maeurs des premiers temps, vol. n, París, 1724, pp. 126 y ss., a cuyo respecto
148
EL HILO Y LAS HUELLAS
Lafitau llegó, quizá con alguna mala gana, a una conclusión
negativa. Sin embargo, le pareció que un pasaje de Máximo
de Tiro acerca de los escitas,29 así como los ya recordados de
Pomponio Mela y Solino acerca de los tracios, constituían
pruebas sólidas aunque no definitivas del uso de tabaco por
parte de aquellas poblaciones barbáricas. Era un elemento
que se sumaba a los innumerables otros que, según Lafitau,
testimoniaban el origen europeo de los primeros habitantes
del continente americano.30 Con todo, la demostración de la
antigüedad del uso del tabaco desembocaba en una encen­
dida exaltación de sus virtudes, significativa por estar re­
dactada en términos resueltamente no eurocéntricos, con lo
cual se sacudían las connotaciones negativas previas. Lo
que en Europa era mero consumo placentero, en América
era (recalcaba Lafitau) una hierba sagrada, "con múltiples
usos religiosos [á plusiers usages de religión]". Además de
atribuírsele el poder de
sofo car el fuego de la co n c u p isc en c ia y las reb e lio n es de la
carne, [el tabaco sirve] p ara ilu m in ar el alm a, p a ra purificarla,
y predisponerla a sueños y visiones extáticas; p ara evocar a los
espíritus, forzándolos a com unicarse con los h o m b res y a a c u ­
dir al encuentro de las necesidades de los pueblos que les rin ­
den hom enaje; y p ara c u ra r todas las enferm edades del alm a y
del cuerpo.31
véanse A. Pagden, La caduta deliuomo naturale, trad. it. de I. Legati, Turín,
1989, pp. 256-270 [trad. esp.: La caída del hombre natural, Madrid, Alianza,
1988]; A. Saggioro, "Lafitau e lo spettacolo deH"altro\ Considerazioni iniziali in margine a un comparatista ante litteram", en Studi e Materiali di
Storia de¡le Religión i, 63, 1997, pp. 191-208.
2> Cf. Máximo de Tiro, Sermone sive disputationes xu, Parisiis (París),
1557, p. 90 (sermón xi).
CI. J -k Lafitau, Mémoire presenté au Duc d'Orléans concemant ¡a pré<ten\e plante de (Un Seng de Tartarie découverte au Canuda. París, 1718.
" O J.-F. Lafitau, Mtvurs..., op. cit., vol. n, p. 133: "II est certain que le
lal>a« est rn Amlricjiu* mu* lierbc conssicrée íi plusiers exorcices, et á plu-
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN)...
149
3. S ueños y visiones extáticas, com u n icació n con los esp íri­
tus: nos e stam o s ac erca n d o al te m a an u n c ia d o en el títu lo
an tep u e sto a estas páginas, "Los europeos d escu b ren (o re­
d e sc u b re n ) a los ch a m a n es". Todo lo afirm ad o h a s ta aq u í
co nstituye u n a serie de digresiones sólo aparentes, im p u es­
tas p o r el c a rá c te r h u id izo del objeto de la argum en tació n .
D u ra n te los a ñ o s en q u e el je s u ita L afitau d a b a a las
p ren sa s el fru to de sus g randiosas y arriesg ad as m ed itacio ­
nes re sp e c to de las c o stu m b re s del c o n tin e n te am erica n o ,
el ingreso ru so en Asia C entral y en E xtrem o O riente estab a
en pleno d esarrollo. D escripciones de esas tie rra s rem o tas y
de los p u eb lo s n ó m a d es que las h ab itab a n , red a cta d as p o r
los m ás variados personajes, em p ez aro n a llegar a O cciden­
te .32 E n 1698, u n m e rc a d e r de Lübeck, A dam B rand, secre­
ta rio de u n a e m b aja d a enviada a C hina p o r P edro el G rande,
escribió u n a relación, p ro n to trad u cid a a varias lenguas eu ­
ro p eas, q u e p o r p rim e ra vez re g istra b a el té rm in o tu n g ú s
"scham an" com o sinónim o de sacerdote o m ago .33 Años des­
p u és (1704), se hizo eco de B ran d el m e rc ad e r holandés E.
Isb ra n ts Ides, q u ie n h a b ía c o m an d a d o esa m ism a em b aja­
d a .34 Poco después, el ca p itá n de dragones Jo h a n n B em h ard
siers usages de Religión. Outre ce que ja i déjá dit de la vertu qu’ils lui attribuent pour amortir le feu de la concupiscence et les révoltes de la chain pour
éclairer l’áme, la purifier, et la rendre propre aux songes et aux visions extatiques; pour évoquer les esprits, et les forcer de communiquer avec les hommes; pour rendre ces esprits favorables aux besoins des nations qui les servent, et pour guérir toutes les infirmités de 1ame et du corps”.
32 Cf. G. Henning, "Die Reiseberichte über Sibirien von Heberstein bis
Ides", en Mitteilungen des Vereins für Erdkunde zju Leipzig, 1905, pp. 241-394;
y véase G. Flaherty, Shamanism and the Eighteenth Century, Princeton, 1992.
33 Cf. J. N. Bremmer, The Rise and Fall o f the Afterlife, Londres, 2002, pp.
26 y 27, que integró en este punto mi reconstrucción.
34 E. I. Ides, Voyage de Moscou á la Chine, en Recueil de voiages au Nord,
contenant divers mémoires tres útiles au commerce et á la navigation, vol.
vm, Ámsterdam, 1727 (en el catálogo de la Bibliothéque Nationale de París
esta obra está catalogada bajo el nombre de su editor, Jean-Frédéric Ber­
nard), p. 54: "A quelques joum ées de chemin á ’Ilinskoi il y a une grande
150
EL HILO Y LAS HUELLAS
Müller -en otro tiempo al servicio del rey de Suecia, y luego
prisionero de guerra de los rusos- incluyó en una relación
acerca de los ostiacos y sus costumbres, una descripción
analítica (aunque verosímilmente no basada sobre un testi­
monio directo) de una sesión chamánica, acompañada por
catalepsia y adivinaciones.35 Hacia mediados del siglo X V II I
empezaron a aparecer los trabajos, a menudo imponentes,
de estudiosos que habían participado en auténticas expedi­
ciones científicas a Siberia, como aquella que se extendió a
lo largo de casi una década, formada por Johann Georg
Gmelin (profesor de química y botánica en Tubinga), el mé­
dico Messerschmidt, el filólogo Müller y el botánico Am­
mán. En una prolija relación de viaje en tres volúmenes,
Gmelin refirió sus encuentros con los chamanes tunguses y
buriatas, que en algunos casos le revelaron sus trucos.36
Desde luego, Gmelin consideraba burdos estafadores a es­
tos individuos, pero de todas formas transcribió escrupulo­
samente sus cantos.37 Aun sus éxtasis le causaban curiosi­
dad: en su gran obra acerca de la flora siberiana, señaló que
cascade, ou pente d'eau, qu’on appelle Chute du Schaman, ou Chute du
Magicien.k cause a^ieJ eJameauc.Sehauman..njumasgíúívnAss^Tim^gus^ ,v * »
cabane auprés de cet endroit [A algunas jomadas de marcha de Ilinskoi hay
una gran cascada o salto de agua que se da en llamar Caída del Chamán, o
Caída del Mago, a causa de que el famoso chamán, o mago de los tunguses,
tiene su cabaña cerca de ese sitio]”. La versión original holandesa de la
relación de Ides vio la luz en Ámsterdam el año 1704. Respecto del término
"chamán", cf. S. M. Shirokogoroff, Psychomental Complex o f the Tungus,
Londres, 1935, pp. 268 y 269, que también remite a B. Laufer, "Origin of the
Word Shaman", en The American Anthropologist, 19, 1917, pp. 361-371.
35
Cf. J. B. Müller, Les mceurs et usages des Ostiackes et la maniére dont ils
furent convertís en 1712 á la religión chrétienne du rit grec, en Recueilde voiages au Nord..., op. cit., vol. viii, Ámsterdam, 1727, pp. 382 y ss., en especial,
p. 412 (consiste en la traducción de una versión alemana, que no pude ver).
Cf. J. Ci. Gmelin, Reise durch Sibirien, von dem Jahr ¡733 bis 1743, 3 vols.,
Golingu, 1751-1752; véase en especial vol. i, pp. 283 y ss., 351, 397; vol. n, pp. 45,
46, K2 y ss., 351; vol. m, prefacio, pp. 69 y ss., 330 y ss., 347 y ss. De esta obra hay
tradiu <ión francesa, muy abreviada, Voyage en Sihfrie. 2 vols., Parts, 1767.
*'( I J <» («inclín, Reise. ., op. cit., vol. m, pp. 370 y ss., 522 y ss.
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN)...
151
los b u ria ta s se valían del enebro p a ra h ac er que sus “praestig ia to res” (esto es, c h a m a n e s) volviesen a sus cab ales, y
ta m b ié n q u e los h a b ita n te s de K a m c h a tk a u sa b a n en sus
cu ltos id o látrico s la ortiga, de la cual se decía que era m uy
a d e c u a d a p a ra p ro c u ra r v isiones.38
E sta convergencia de investigaciones aseguró a los ch a­
m a n es siberianos, en el lapso de pocas décadas, u n sitio de
im p o rta n c ia en el p a n o ra m a traz ad o p o r la ciencia co m p a­
ra d a de las religiones, entonces en proceso de elaboración.39
U n ejem p lo sign ificativ o en este se n tid o lo co n stitu y e u n
o p ú scu lo de u n profeso r de G otinga, M einers: Grundrijl der
G eschichte aller Religionen (Lemgo, 1785). El título es enga­
ñoso: se tra ta de u n incunable de la fenom enología, no de la
h isto ria de las religiones. Al o p ta r p o r u n a exposición “b a ­
sada sobre la sucesión n atu ra l de los elem entos constitutivos
m ás im p o rtan tes [nach d e r n atü rlich en Folge ih rer wichtigsten B estanstheile]" antes que sobre la sucesión cronológicogeográfica, to m a b a en co n sid erac ió n a todas las religiones
en bloque, reveladas o no, con obvias im plicaciones deístas.
Se asig n ab a u n nicho ap a rte a los cham anes, en el capítulo
d ed ica d o -c o n significativa y u x ta p o sic ió n - a los Jongleurs
(juglares o m alab aristas) y a los sa ce rd o te s.40 Sin em bargo,
m ás ad elante la subdivisión p o r tem as h acía reaparecer a los
ch am anes en los puntos m ás im pensados: p o r ejemplo, al fi­
nal de las notas bibliográficas del capítulo acerca del sacrifi­
cio (que tam b ién incluía los sacrificios hum anos), las cuales
co m ienzan con el Pentateuco, prosiguen con autores griegos
38 Cf. J. G. Gmelin, Flora sibirica sive historia plantarum Sibiriae, vol. i,
Petropoli (San Petersburgo), 1747, p. 184; vol. m, 1748, p. 31. Una biografía
de Gmelin, redactada por el rector de la Universidad de Tubinga, precede a
J. G. Gmelin, Sermo academicus de novorum vegetabilium post creationem
divinam exortu, Tubingae (Tubinga), 1749.
39 Cf. E E. Manuel, The Eighteenth Century Confronts the Gods, Cam­
bridge (ma), 1959.
*°Ibid., pp. 137-145.
152
EL HILO Y LAS HUELLAS
y romanos y terminan con un viajero contemporáneo, J. G.
Georgi, autor de una descripción de Siberia.41
Diez años antes, Meiners había publicado un amplio en­
sayo "Acerca de los misterios de los antiguos, y en particular
acerca de los secretos eleusinos”, precedido por una intro­
ducción de carácter comparativo.42 En esta última había di­
ferenciado entre misterios celebrados por sacerdotes y m is­
terios ligados a doctrinas orales o escritas; en ninguno de
esos dos sentidos podía considerarse universal el fenómeno.
Era desconocido para los samoyedos, para los habitantes de
Kamchatka, para las hordas de los tártaros (a cuyo respecto
Meiners remitía a Gmelin), para los califomianos, los esqui­
males, los lapones y los groenlandeses. En lo atinente a esos
pueblos -observaba Meiners-, no puede hablarse de religión
común o de dioses nacionales; ni siquiera de sacerdotes en
sentido estricto, sino sólo de "charlatanes y adivinos” (Quacksalber und Wahrsager).43 Con ello, los chamanes, siquiera
evocados y no directamente nombrados, entraban de modo
estable en la historia religiosa de la humanidad para ser un
rasgo distintivo de su estadio más pobre, más elemental.
4. Así, gracias a la expansión del imperio ruso hacia Oriente,
los europeos descubrieron a los chamanes. Los descubrieron
o, mejor dicho, redescubrieron. Esta especificación me pa­
rece oportuna por dos motivos. Ante todo, entre el siglo xvi y
41 F. E. Manuel, The Eighteenth Century..., op. cit., pp. 73 y 74. Cf. J. G.
Georgi, Bemerkungen einer Reise itn russischen Reich irn Jahre 1772, 2 vols.,
San Pctersburgo, 1775.
42 Cf. C. Meiners, "Über die Mysterien der Alten, besonders über die
FJeusinischcn Geheimnisse”, en Vermischte Philosophische Schriften, vol.
ni, Leipzig, 1776, pp. 164-342. Acerca de Meiners (apenas mencionado por
Manuel) llarnó la atención S. Landucci, / filosofi e i selvaggi, 1580-1780,
H.ni, 1972, pp. 463-465 y p assiw , acerca de la perspectiva eurocéntrica y
racista de sus escritos, véase L. Marino, / tnaesfri delta Gemianía, Góttingen,
1770 ¡H2t), Turín. 1975, pp. 103-112.
" ( I ( Miiners, "Über die Mysterien...", op. cit., pp. 169-171.
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
153
el xvii, eruditos com o P eucer y S cheffer h abían recopilado y
tran sm itid o noticias acerca de los encantadores de Laponia,
estre c h a m e n te em p aren ta d o s (com o m uy bien hab ía p erc i­
b id o M einers) con los c h a m a n e s sib e ria n o s.44 E n segundo
lugar, com o in tenté d em o strar am pliam ente en o tra o p o rtu ­
n id ad , u n an tiq u ísim o núcleo ch a m á n ico estab a en cerrad o
en el m arco del m uy conocido estereotipo del sabb at propio
de brujos y hechiceros.45
C o n o c er (o re c o n o c e r) so n o p e ra c io n e s com p licad as.
P ercepciones y esquem as cu ltu rales se en trelazan condicio­
n án d o se altern ad a m e n te, u n a s a otras. P ara el m édico sevi­
llano M onardes, los sacerdotes indios que al salir de las cata le p s ia s p ro c u ra d a s p o r el h u m o del ta b a c o se p o n ía n a
a d iv in a r el fu tu ro e s ta b a n in sp ira d o s p o r el dem o n io . Un
g ran e ru d ito com o Vossius h ab ía reconocido en los tracio s
de P o m p o n io M ela a fu m ad o res de tab aco . D esde ya, Vos­
sius se equivocaba (y con él Lafitau). E n cam bio, ten ía com ­
pleta raz ó n cu a n d o recordaba, a pro p ó sito del fragm ento de
P o m ponio Mela, la d escripción de u n rito escita to m ad a del
libro iv de H eró d o to .46 Aquí la tenem os:
Después de [un funeral], los escitas se purifican de esta ma­
nera: primero se untan y lavan; y después proceden así; y des­
pués proceden así por lo que toca al cuerpo: plantan tres palos
cuyas puntas se unen; alrededor de ellos tienden fieltros de
lana y, apretándolas lo más que pueden, meten unas piedras
hechas ascuas en una pila colocada en medio de los palos y
fieltros. Nace en el país el cáñamo, muy parecido al lino, me­
44 Cf. C. Peucer, Commentarius de praecipuis generibus divinationum,
Witebergae (Wittenberg), 1560; J. Scheffer, Lapponia, Francofurti et Lipsiae (Fráncfort del Meno y Leipzig), 1674.
45 Cf. C. Ginzburg, Storia nottuma. Una decifrazione del sabba, Turín,
1989 [trad. esp.: Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre. Barce­
lona, Muchnik, 1991].
46 Cf. 1. Vossius, Observationes..., op. cit., p. 124.
154
EL HILO Y LAS HUELLAS
nos en lo grueso y alto [...] Crece ta n to silvestre com o c u lti­
vado. Los tracios h acen de él ro p as m uy sem ejan tes a las de
lino [...] Así, pues, los escitas tom an la sem illa de este cáñam o,
entran bajo los fieltros y luego echan la sem illa sobre las p ie­
dras hechas ascuas. La semilla, echada al fuego, sah ú m a y des­
pide tan to vapor, que nin g u n a estufa griega la excedería. Los
escitas gritan, encantados con el sahum erio; y esto les sirve de
baño, pues no se lavan en absoluto el cuerpo con ag u a.47
Los pasajes más o menos análogos de Máximo de Tiro, Pom­
ponio Mela y Solino, que respectivamente se refieren a los es­
citas (el primero) y a los tracios (los dos restantes), derivan de
esta página de Heródoto, la cual constituye un documento
histórico de gran importancia. Por cuanto sé, el primer paso
hacia su correcta interpretación fue dado por un anticuario
naturalista, Engelbert Kaempfer (1651-1716).48 Los cuadros
que acompañan la recopilación de observaciones acumuladas
a lo largo de años y años de viaje -Amoenitatum Exoticarum
politico-physico-medicarum fasciculi v [Cinco cuadernillos de
exóticas amenidades político-físico-médicas]- dan una idea
de la ilimitada curiosidad de Kaempfer: se pasa de una ins­
cripción en caracteres cuneiformes, transcrita de las ruinas
de Persépolis, a una cuidadísima representación de los pun­
tos utilizados por los acupunturistas japoneses para curar la
47
Heródoto, iv, 73-75 (trad. it.: Le storie, vol. i, ed. al cuidado de L. Annibaletto, Milán, 1982, pp. 389 y 390) [trad. esp.: Los nueve libros de la his­
toria, vol. x x i i , e d . al cuidado de María Rosa Lida de Malkiel, Buenos Aires,
Jackson, col. "Clásicos Jackson", 1949, pp. 241 y 242; luego reeditada sin
-I estudio introductorio en la "Biblioteca personal" de Jorge Luis Borges
(Buenos Aires, Hyspamérica, 1987)].
1HCf- K. Meicr-Lemgo, Engelbert Kümpfer, der erste deutsche Forscltungsreisvnde 1651-1716, Hamburgo, 1960. Véase también, al cuidado de ese
mismo autor, “Die Briefe Engelbert Kaempfers", en Akademie der Wissens<hallen und der Literatur in Main:., Abhandlungen der matematisch-natu n vi sw-íií Imflu herKlasse, 6, 1965, pp. 267-314; Die Reiseta^ebücher Engelhfit Kiienipfers. Wii-sbaden, 1968.
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
155
d ia rre a c ó lic a .49 U na de las observaciones (‘‘K heif seu Keif,
sive in e b ria n tia P ersaru m et In d o ru m [K heif o Keif, o bien
las sustancias em briagadoras de persas e indios]") discute las
p ro p ied ad es y los efectos de tabaco, o pio y cannabis o bang u e: en esta últim a, K aem pfer identificó la planta que con su
h u m o em briagaba a escitas y tracios.50
S egún m e consta, esas líneas p a sa ro n desapercibidas. A
finales del siglo xvm o tro no m e n o s e x tra o rd in a rio p e rso ­
naje, el co n d e Ja n P otocki - a u to r del M a n u scñ t trouvé á Saragosse [M anuscrito encontrado en Zaragoza], la novela que
u n a e d ició n p a rc ia l al c u id ad o de R o g er Caillois volvió fa­
m osa en to d o el m u n d o - , 51 llegó in d e p en d ien tem en te a co n ­
clusiones sim ilares. E n u n ad m irab le lib ro que ap areció en
S an P e te rsb u rg o en 1802, la H istoire p rim itive des peuples
de la R u ssie [H isto ria p rim itiv a de los p u eb lo s de R usia],
P otocki d escifró p u n tu a lm e n te en el c u a rto libro de H eró ­
d o to los u so s de los p u eb lo s n ó m a d es d e Asia C entral. E n
los adivinos escitas reco n o ció sin v acilar a “les S cham anes
de la S ib érie".52 N o h ab ía detectad o e n tre los pueblos tá rta ­
49 E. Kaempfer, Amoenitatum Exoticarum politico-physico-medicarum
fasciculi v, Lemgoviae (Leipzig), 1712, pp. 333, 334, 528 y 529. Cf. también
D. Haberland (ed.), Engelbert Kaempfer (1651-1716). Ein Gelehrtenleben
zwischen Tradition und Innovation, Wiesbaden, 2004 (con reenvíos a la bi­
bliografía, que en los últimos años se volvió muy copiosa).
50 Cf. E. Kaempfer, Am oenitatum ..., op. cit., pp. 638 y ss., en especial, p.
647. La fuente de Kaempfer es Alessandro d’Alessandro, Genialium dierum
libri sex, Parisiis (París), 1561, cc. 137v y 138v (1. iii, xi).
51 Hay una nueva edición integral al cuidado de R. Radrizzani, Manus­
cñ t trouvé a Saragosse, París, 1990.
[La edición (1958) de Caillois, La duchesse d'Avila (Manuscñt trouvé á Sa­
ragosse), todavía disponible en múltiples reediciones de la serie “Folio" de Gallimard, con un nuevo prefacio y extractos del anterior, sirvió de base para
la traducción al español de José Bianco: Manuscrito encontrado en Zaragoza,
Buenos Aires, Minotauro, 1967; hay otras ediciones, más completas. N. del T.]
52 Cf. J. Potocki, Histoire primitive des peuples de la Russie, San Peters­
burgo, 1802, p. 128. En la reedición al cuidado del orientalista Julius Klaproth, discípulo de Potocki, acompañada por una introducción e impor­
tantes notas críticas, se lee "chaman”: cf. J. Potocki, Voyage dans les steps
156
EL HILO Y LAS HUELLAS
ros la costumbre de obnubilarse con el humo de semillas de
cáñamo tostadas; pero observaba que el hachís, muy exten­
dido en El Cairo (donde él mismo había permanecido algún
tiempo en 1790), causaba una embriaguez que difería de la
ocasionada por el opio y los licores fermentados, ya que
"tient davantage de la folie [es más afín a la locura]".53
Aun estas intuiciones pasaron inadvertidas. En un ensayo
leído en 1811 y luego reelaborado para su publicación en
1828, Niebuhr trazó con mano maestra los lincamientos de la
historia más antigua de escitas, getas y sármatas, llegando a
conclusiones sustancialmente similares a las de Potocki pero
sin mencionarlo, ciertamente porque no conocía su obra. En
la ceremonia funeraria descrita por Heródoto (iv, 73-75), Nie­
buhr vio sin vacilación un ritual chamánico, que refrendaba
la hipótesis por él sostenida (y aún discutida) de un origen
mongólico de una parte de los pueblos escitas.54
La convergencia entre Potocki y Niebuhr en este punto
específico no es casual. En su curso acerca de la literatura
eslava, dictado en el Collége de France en 1842-1843, Adam
Mickiewicz dijo que Potocki había sido
[ // ] d'Astrakhan et du Caucase. Histoire prim itive des peuples qui ont habité
anciennement des contrées. Nouveau périple du P ont-E uxin... , ed. al cuidado
de J. Klaproth, vol. ii, París, 1829, p. 171.
53
Cf. J. Potocki, H istoire..., op. cit., p. 134; y, también de Potocki, Voyages en Turquie et en Egypte, en Hollande, au Maroc, ed. al cuidado de F.
Beauvois, París, 1980, con una útil introducción [trad. esp.: Viaje a Turquía
y Egipto, Barcelona, Laertes, 1985]. Me pregunto si el parentesco secreto
-por sobre todo, de índole estructural- que siempre me pareció vislumbrar
entre el Manuscrit trouvé á Saragosse y La civetta cieca de Sadeq Hedayat
-con respecto a él, véase el reciente volumen de Y. Ishaghpour, Le tombeau
de Sadégh Hedayát, París, 1991- no debe buscarse en la reelaboración, en
clave muy distinta, de una experiencia alucinatoria análoga.
Cl. Ii. C». Niebuhr, IJntersuchungen tll)er die Geschichte der Skvthen, Getvn, und Sarniaten (Nach eincm 181! vorlegesenen Aufsatz neu gearbeitet 1828),
<n M ane hisumsche und phiblogische Schrifteu, vol. i, Bonn, 1828, pp. 352-
V>H, i*ii cspccial, pp. 161 y 162.
LOS EUROPEOS DESCUBREN (O REDESCUBREN).
157
el primero entre los historiadores de la Europa moderna en
reconocer la importancia de la tradición oral. Niebuhr pedía
explicaciones sobre la historia de Rómulo y Remo a los cam­
pesinos y a las ancianas de los mercados romanos. Mucho
tiempo antes que él, Potocki había meditado sobre la historia
de los escitas en las tiendas de los tártaros.
Y concluía: P otocki viajó, observó los lugares, hab ló con la
gente, lo cual n in g ú n an ticu a rio h ab ía h echo an tes que él.55
C om o resu lta com prensible, M ickiew icz exageraba: b as­
ta r á p e n s a r e n los v iajes e m p re n d id o s, h a c ia fines del si­
glo xvii, p o r el an ticu a rio y n a tu ra lista K aem pfer. Pero, p o r
cierto, te n ía raz ó n al p o n e r el acento so b re la riqu eza de u n
p la n te o q u e fue red e scu b ie rto , en las ú ltim as décad as, p o r
los e s tu d io s o s d e e tn o h is to ria . E sa s e n d a h a b ía se g u id o
K arl M euli, q u ie n en u n ensayo a p a re c id o e n el a ñ o 1935
(Scythica [De las cosas de E scitia]) en c ie rta m ed id a red es­
cubrió, q u izá p o r ú ltim a vez, las connotacio n es cham án icas
d el rito f u n e ra rio e s c ita q u e a n ta ñ o d e s c rib ía H eró d o to .
Digo “en cierta m e d id a red e scu b rió ” p o rq u e en las copiosí­
sim as n o ta s que a c o m p a ñ a n las p ág in as de Scythica faltan
los n o m b re s d e K a e m p fe r y P otocki, q u ie n es en m a y o r o
m e n o r m e d id a h a b ía n a n tic ip a d o las tesis fu n d am e n tales
55
Cf. A. Mickiewicz, L'Eglise officielle et le messianisme, 2 vols., París,
1845, vol. i: Cours de littérature slave au Collége de France (1842-1843), pp.
123-125: “Le premier de tous les historiens de l’Europe modeme, il reconnut
rimportance de la tradition órale. Niebuhr demandait aux paysans et aux vieilles femmes, sur les marchés de Rome, des explications sur l’histoire de Romulus et de Rémus. Longtemps avant lui, Potocki, dans les huttes des Tartares, méditait sur l'histoire des Scythes [...] Potocki le premier a tiré la science
du cabinet. 11 a voyagé, observé le pays, parlé avec les peuples, ce qu'aucun
antiquaire navait fait avant lui”. Este pasaje es señalado por E. Krakowski,
Un témoin de l ’Europe des Lumieres: le comte Jean Potocki, París, 1963, p.
149. Acerca de la importancia atribuida por Niebuhr a la tradición oral, cf. A.
Momigliano, "Perizonio, Niebuhr e il carattere della tradizione romana pri­
mitiva”, en Sui fondamenti della storia antica, Turín, 1984, pp. 271-293.
158
EL HILO Y LAS HUELLAS
de aquél; no sucede lo mismo con el nombre de Niebuhr.56
Ello nada quita a la originalidad del bellísimo ensayo de
Meuli, que por primera vez analizaba en profundidad tanto
los elementos chamánicos presentes en la cultura escita
como su absorción por parte de los colonos griegos estable­
cidos a orillas del Mar Negro.57
Los resultados de una excavación arqueológica realizada
pocos años antes entre las montañas de Altai oriental ha­
bían aportado, sin que Meuli lo supiera, una imprevisible
confirmación por anticipado a las conclusiones de su en­
sayo. En una localidad de nombre Pazyryk se habían hallado
algunas tumbas, que se remontaban a dos o tres siglos antes
de Cristo, donde habían permanecido conservados bajo el
hielo un caballo disfrazado de reno (hoy exhibido en el Hermitage); un tambor similar a los usados por los chamanes;
algunas semillas de cannabis sativa, en parte conservadas en
una borracha de cuero, en parte chamuscadas entre las pie­
dras contenidas en una pequeña bacía de bronce.58
5. Creo que la acumulación de conocimiento siempre se pro­
duce de este modo: por líneas fracturadas más que continuas;
mediante inicios fallidos, correcciones, olvidos, redescubri­
mientos; gracias a filtros y esquemas que simultáneamente
enceguecen y hacen ver. En este sentido, la secuencia inter­
pretativa que reconstruí con minucia acaso excesiva puede
ser tenida por casi banal: no la excepción, sino la regla.
Corrijo, gracias a Bremmer (The Rise and Fall..., op. cit., p. 146, n. 16),
un descuido que se había insinuado en la primera versión de estas páginas.
,7 Cf. K. Meuli, Scythica, en Gesammelte Schriften, ed. al cuidado de T.
íjlm/ci, basilea y’Stuttgart, 1975, pp. 817-879 (con agregados respecto de
la veision publicada en 1935). Cl. también, de quien esto escribe. Storia
m u i urna, cp. <it., p. 198, n 4. Para una crítica de la tesis de Meuli. véase el
i (Tiente volumen de Bremmer, The Rise and Fall...,op. cit., pp. 27-40.
'H( I Storia noli urna, op. cit., p. 188.
VI. TOLERANCIA Y COMERCIO
AUERBACH L E E A VOLTAIRE*
A A drian o Sofri
1. E n l a s e x t a de las Lettres philosophiques [Cartas filosófi­
cas] de V oltaire (1734, p e ro escritas algunos años an tes) se
en c u e n tra u n a p ág in a fam osa:
Entrad a la Bolsa de Londres, ese lugar más respetable que
muchas cortes; allí veréis reunidos a los diputados de todas
las naciones en pro de la utilidad de los hombres. Aquí el ju­
dío, el mahometano y el cristiano discuten juntos como si fue­
ran de la misma religión, y sólo tratan de infiel a quienes caen
en bancarrota; más allá el presbiteriano se fía del anabaptista,
y el anglicano recibe la promesa del cuáquero. Al salir de esas
pacíficas y libres reuniones, unos van a la sinagoga, los otros
van a beber; un tal va hacerse bautizar en una gran palangana
en nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo; tal otro
hace cortar el prepucio de su hijo y farfullar sobre el niño pa­
labras hebreas de las cuales no entiende ninguna; otros más
* En 1999 discutí una versión previa a estas páginas, en inglés, con
mis estudiantes de la u c l a , con los participantes del European History
& Culture Colloquium (Department of History, u c l a ) , con Pier Cesare
Bori, con Alberto Gajano, con Francesco Orlando, con Adriano Sofri.
La versión italiana da cuenta de sus observaciones, y de las críticas que
me fueron com unicadas por David Feldman. Hago constar mi agradeci­
m iento a todos.
159
160
EL HILO Y LAS HUELLAS
van a su iglesia a e sp e ra r la in sp ira ció n de Dios co n el so m ­
brero puesto, y todos están conten to s.1
Sobre este texto se detuvo largamente Erich Auerbach en su
gran libro {Mimesis, 1946). Su análisis comenzaba con una
advertencia: la descripción de Voltaire no tiene pretensio­
nes de realismo. La frase no es obvia, así como no era obvia
para Auerbach la noción de realismo.2 Entre las múltiples
1Voltaire, Lettres philosophiques, en Mélanges, ed. al cuidado de J. van den
Heuvel, París, 1961, pp. 17 y 18 [trad. esp.: Cartas filosóficas, Madrid, Akal,
1985]: "Entrez dans la Bourse de Londres, cette place plus respectable que
bien de cours; vous y voyez rassemblés les députés de toutes les nations pour
l’utilité des hommes. Lá le juif, le mahométan et le chrétien traitent l’un avec
l’autre comme s'ils étaient de la méme religión, et ne donnent le nom d'infidéles qu’á ceux qui font la banqueroute; lá le presbytérien se fie á l’anabaptiste,
et l’anglican regoit la promesse du quaker. Au sortir de ces pacifiques et libres
assemblées, les uns vont á la synagogue, les autres vont boire; celui-ci va se
faire baptiser dans une grande cuve au nom du Pére par le Fils au Saint-Esprit; celui-lá fait couper le prépuce de son fils et fait marmotter sur l’enfant
des paroles hébraíques qu’il n’entend point; ces autres vont dans leur église attendre l’inspiration de Dieu, leur chapeau sur la téte, et tous sont contents".
2 Erich Auerbach, Mimesis. II realismo nella letteratura occidentale, trad.
it. (modificada) de A. Romagnoli y H. Hinterháuser, Turín, 1964, vol. II, pp.
161-166, en especial, p. 163 [trad. esp.: Mimesis. La representación de reali­
dad en la literatura occidental, México, Fondo de Cultura Económica, 1950,
pp. 378-388, en especial, pp. 378-383; en adelante, los números de página
correspondientes a la edición en español aparecerán entre corchetes]. A.
Compagnon, Le démon de la théorie, París, 1998, p. 103, afirma que en Mi­
mesis "la notion de réalisme allait encore de soi [todavía se daba por des­
contada la noción de realismo]". Pero en la conclusión del libro Auerbach
escribió: "Pues ni siquiera la expresión ‘realista’ es unívoca” (op. cit., vol. n,
p. 342 [p. 524). En la dimensión estrictamente fáctica, la descripción de
Voltaire era tal vez bastante precisa. Un plano de la Bolsa de Londres dalado "Aoút et septembre 1784 [Agosto y septiembre de 1784]’’ (École des
Ponts et Chaussées, ms. 8, m anuscript o f Le Sage, 1784) señala que a algu­
nas minorías religiosas se les asignaban determinados sectores ("Place des
Quakcrs , "Place des Juifs”). Esa clasificación aparentemente se interseclaba con otra basada en las profesiones o el sector de actividad comercial
( Place des Drapiers", "Place de la Jamaíque”, etc.). Agradezco calurosa­
mente a Margare! Jacob por haberme explicado el plano y haberme dado
una reproducción.
TOLERANCIA Y COMERCIO
161
v a ria n te s de rea lism o an a liz a d a s en M im esis en c o n tram o s
el re a lism o m o d e rn o ejem plificado p o r las novelas de Balzac y S tendhal, en las cuales acontecim ientos y experiencias
in d iv id u ales se e n tre la z a n co n fu erza s h istó ric as im p e rso ­
n a le s.3 U na de estáis fuerzas es el m ercad o m undial evocado
p o r V oltaire en la p á g in a a c e rc a de la B olsa de L o n d res.
A uerbach prefirió, en cam bio, p o n e r de relieve las c a ra c te ­
rístic as d ec id id a m e n te d isto rsiv as de u n a d escrip ció n que,
ex tra y en d o de sus resp ectiv o s contex to s los detalles de las
cerem o n ias religiosas, h ace de ellas algo ab su rd o y cóm ico.
S egún o b servaba A uerbach, consiste en u n a "técnica del re ­
flector" (Scheinw erfertechnik) típ ica de la propaganda:
El público cae una y otra vez en semejantes trampas, sobre
todo en tiempos agitados: todos conocemos ejemplos de sobra
en el pasado inmediato. [...] Cuando a una forma de vida o a
un grupo humano les ha sonado su hora o han perdido el fa­
vor y la tolerancia de que disfrutaban, cualquier injusticia que
la propaganda comete con ellos se siente vagamente como tal
y, sin embargo, es saludada con regocijo sádico.4
La referen cia im p lícita al n azism o vuelve a aflorar después
de in m e d ia to en u n a observación am arg am en te iró n ica res­
p ec to de G o ttfried K eller: "El a fo rtu n a d o K eller no p o d ía
im a g in a rse n in g ú n cam b io político im p o rta n te que no tr a ­
je ra co n sig o u n e n s a n c h a m ie n to de la lib ertad ". M im esis
-esc rib ió retrospectivam ente A uerb ach - "es, de m odo co m ­
3 Erich Auerbach, Mimesis, op. cit., vol. n, pp. 220-268 (cap. "All'hótel de
La Mole", acerca de Stendhal, Balzac, Flaubert) [pp. 426-463, cap. x v i i i : "La
mansión de La Mole"]. Auerbach nunca aclaró de modo explícito las rela­
ciones entre los distintos tipos de realismo. Esa reticencia fue interpretada,
erradamente, en clave antiteórica. Cf. R. Wellek, "Auerbachs Special Realism ”, en The Kenyon Review, 16, 1954, pp. 299-307 [trad. esp. en: Historia
literaria. Problemas y conceptos, Barcelona, Laia, 1983, pp. 15 y 16].
4 Erich Auerbach, Mimesis, op. cit., vol. n, p. 165 [p. 380].
162
EL HILO Y LAS HUELLAS
pletamente consciente, un libro escrito por determinado
hombre, en determinada situación, a comienzos de los años
cuarenta en Estambul".5 Con esas palabras, Auerbach rea­
firmaba su fidelidad al perspectivismo crítico, que había
elaborado al reflexionar acerca de la Scienza nuova [Ciencia
nueva] de Vico.6
Desde la publicación de Mimesis pasaron ya más de cin­
cuenta años. La voz de Voltaire en la página comentada por
Auerbach resuena hoy más fuerte que nunca. Pero para leer
adecuadamente esa página debemos utilizar una perspec­
tiva doble, bifocal, que tome en cuenta a Voltaire tanto
como a su muy agudo lector.
2. La broma acerca de la palabra “infidéle" así como -en tér­
minos generales- la página de Voltaire acerca de la Bolsa de
Londres podrían haber sido inspiradas por el célebre elogio
de la libertad intelectual y religiosa de Ámsterdam, incluido
en el último capítulo del Tractatus theologico-politicus [Tra­
tado teológico-político] de Spinoza (1670):
Tóm ese de ejem plo la ciudad de Á m sterdam , que con su g ran
provecho y adm iración de todos los pueblos p ru eb a los frutos
de esa libertad. E n este tan floreciente E stado, en esta ciu d ad
sin superior, todos los hom bres, cu alesq u iera sean su p ro v e­
niencia y su secta, viven la m áxim a de las arm o n ías, y an tes
de confiar sus bienes a alguien quieren sab er sólo si es rico o
5
"Epilegomena zu Mimesis”, citado por A. Roncaglia en su introduc­
ción a M im esis, op. cit., vol. i, p. xx; corregí una leve imprecisión en la
traducción. En la portada del libro se lee: “Scritto a Istanbul tra il maggio
1942 e l'aprile 1945 [Escrito en Estambul entre mayo de 1942 y abril de
1945] Cf. la introducción de J. M. Ziolkowski a Erich Auerbach, Literary
h m g u a g e a n d lis Public in ¡Míe luitin A n tiqu ity an d in the M iddle Ages, Princelon, 1993, p. xxil.
Véase, de quien esto escribe, O cchiacci d i legno. N ove riflession i sulla
<h\laii;a. Milán, 1998, pp. 171-193 [trad. esp.: O jazos de m adera, nueve teflexiones só b rela dista n cia, Barcelona, Península, 2000],
TOLERANCIA Y COMERCIO
163
pobre, y si acostumbra obrar con buena o mala fe [num bona
fide, an dolo solitus sit agere].7
Las ú ltim a s p a la b ra s, en la a n ó n im a tra d u c c ió n fra n ce sa
del Tractatus theologico-politicus p u b lic ad a en 1678 y d ifu n ­
d id a co n tres frontispicios distintos, so n u n calco cercano al
o rig inal latino: “S'il est h o m m e de b o n n e foy ou acco ü tu m é
á tro m p e r".8
E n los escritos de Spinoza, la p alab ra "fides" tiene, según
los contextos, d istintos significados, religiosos y no: cred u li­
dad. pfeiyicio. piedad .le a lta d ^sL sucesiw am eote.i.FLtráur.
sito desde el ám bito religioso h acia el político es explícito en
el últim o capítulo del Tractatus theologico-politicus:
7
B. de Spinoza, Tractatus theologico-politicus, cap. xx: “Urbs Amstelodamum exemplum sit, quae tanto cum suo incremento, et omnium nationum
admiratione hujus libertatis fructus experitur; in hac enim florentissima
República, et urbe praestantissima om nes cujuscunque nationis et sectae
homines summa cum concordia vivunt, et ut alicui bona sua credant, id tantum scire curant, num dives, an pauper sit, et num bona fide, an dolo solitus
sit agere” (Opera, ed. al cuidado de C. Gebhardt, Heidelberg, vol. m, 1925,
pp. 245 y 246 [trad. esp.: Tratado teológico-político, Madrid, Alianza, 2008]).
8 [B. de Spinoza], Traite des ceremonies superstitieuses des Juifs tant An­
ciens que M odemes, Ámsterdam, 1678, p. 527. Consulté otro ejemplar con
un frontispicio distinto: La clef du sanctuaire par un sgavant homme de notre siécle, Leiden, 1678.
9 B. de Spinoza, Tractatus theologico-politicus, prefacio: "Fides jam nihil aliud sit quam credulitas et praejudicia [La fe ya no ha de ser nada más
que credulidad y prejuicios]’’; cap. xiv: "Superest jam, ut tándem ostendam, inter fidem, sive theologiam, et philosophiam, nullum esse commercium [Ya huelga decir, com o finalmente demostraré, que entre fe -o bien
teología- y filosofía no hay relación alguna]”; cap. xx: “Fides ejusque fun­
damentaba determinanda sunt; quod quidem in hoc capite facere consti­
tuí, sim ulque fidem philosophia separare, quod totius operis praecipuum
intentum fuit [En cuanto a la fe, han de determinarse sus fundamentos;
ello es lo que me propuse hacer en este capítulo, a la vez que trazaría
distinciones entre fe y filosofía, lo cual fue el objetivo primordial de mis
obras en su conjunto]" (Opera, op. cit., vol. m, pp. 8, 179, pp. 275 y 276).
Respecto de todo ello, véase E. Giancotti Boscherini, Lexicón Spinozanum,
La Haya, 1970, pp. 423-427.
164
EL HILO Y LAS HUELLAS
Finalm ente, si tenem os en cuenta que la devoción de u n h o m ­
bre h ac ia el E stado, com o aquella hacia Dios, sólo p u ed e co ­
nocerse p o r m edio de las acciones [Q uod si d en iq u e ad h o c
e tiam a tte n d a m u s, q u o d fides u n iu sc u ju sq u e erg a re m p u blicam , sicuti erga Deum, ex solis operibus cognosci p o test].10
En estas palabras resuena el eco de uno de los autores prefe­
ridos de Spinoza. En los Discorsi sopra la prima Deca di Tito
Livio [Discursos sobre la primera década de Tito Livio], Maquiavelo había sostenido que una república bien ordenada re­
quiere un vínculo religioso, una religión cívica comparable
a la existente en la antigua Roma.11Sin embargo, en el elogio a
Ámsterdam y a sus libertades, "fides" -m ás específicamente,
la noción jurídica de "bona fides"- significa confiabilidad co­
mercial.12 Spinoza parece haber allanado el camino para la
broma de Voltaire acerca de la bancarrota como forma de
infidelidad. Volvemos a encontrarla, transformada en decla­
ración solemne, en el dorso de los billetes que circulan en
Estados Unidos: "In God we trust [En Dios confiamos]".13
10 B. de Spinoza, Opera, op. cit., vol. III, p. 243.
11 G. Procacci, M achiavelli nella cu ltu ra europea d e ll’e tá m odern a, Barí,
1995, pp. 275 y 276.
12 L. Lombardi, Dalla "fides" alia "bon a fid e s”, Milán, 1961; G. Freyburger, Fides. É tude sém a n tiqu e et religieuse d ep u is les origin es ju s q u ’á l'époque
augustéenne, París, 1986. En 1584, Johannes Molanus, profesor en la uni­
versidad de Lovaina, publicó una obra titulada Libri q u in q u é de fide haereticis servando, tres de fide rebellibus servan da\ véase A. Prosperi, “Fede,
giuramento, inquisizione”, en P. Prodi y E. Mtlller-Luckner (eds.), Glaube
u n d E id , Munich, 1993, pp. 157-171.
13 Me lo hizo notar Pier Cesare Bori, a quien agradezco. La tesis propuesta
con argumentos muy convincentes por A. O. Hirschman en The Passion a n d
the In terests (Princeton, 1977 [trad. esp.: Las pasion es y los intereses, Barcelona,
Península, 1999]) puede extenderse a la religión. Hacia el año 1833, Stendhal
hizo una desdeñosa alusión a la “joven América en que todas las pasiones, o
casi, so reducen al culto del dólar (esbozo de intixxlucción a las Chroniques
halienne.s, en Rom ans et nouvelles. ed. al cuidado de H. Martineau, Parts, 1947,
p 544 (trad. esp.: Crónicas italianas, Madrid, Alianza, 2008]).
TOLERANCIA Y COMERCIO
165
La c o n fr o n ta c ió n e n tre el elogio d e Á m ste rd a m y la
d escrip ció n de la B olsa de L ondres refu erza la hipótesis, ya
fo rm u lad a so b re u n a b ase c o m p letam e n te d istin ta , de que
V oltaire c o n o c ió el Tractatus theologico-politicus a n tes de
p u b lic a r sus Lettres ph ilo so p h iq u es.14 S in em barg o , el tono
de los d o s fra g m e n to s difiere. P a ra S p in o za , Á m sterd am
era la d em o strac ió n viviente de la tesis de que la lib ertad de
p e n s a m ie n to n o es p elig ro sa d esde el p u n to de v ista p o lí­
tico; es m ás: co n trib u y e a la felicidad g eneral p o r m edio de
la p ro sp e rid a d del com ercio. M ás de m e d io siglo después,
V oltaire d a b a a e n te n d e r que en L ondres la p ro sp erid a d del
co m ercio h a b ía v u elto p o r co m p leto irre le v an te s las divi­
siones religiosas. E n la b atalla h istó ric a e n tre raz ó n e in to ­
le ra n cia religiosa, In g laterra era u n m odelo p a ra Voltaire:
¡Vamos! ¿Sólo en Inglaterra, entonces,
osan pensar los mortales?
[Quoi! N'est done qu'en Angleterre
Que les mortels osent penser?]
E stos versos, que corro siv am en te d isto rsio n ab a n el signifi­
cado de u n pasaje de H oracio (Ep., i, n, 40, ad Lollium ) tran s­
form ando el sapere en penser, form an p arte de u n a poesía es­
crita p o r Voltaire en ocasión de la m uerte de la actriz Adrienne
Lecouvreur. M edio siglo m ás tarde, K ant eligió esas m ism as
p alab ras de H oracio, en la m ism a acepción disto rsio n ad a,
p ara su fam osa definición del ilum inism o: "Sapere aude!”.15
14 R Vemiére, Spinoza et la pensée frangaise avant la Révolution, vol. u, Pa­
rís, 1954, pp. 498 y 499. R. Pomeau, La religión de Voltaire, nueva edición,
París, 1969, p. 54, n. 82, sostiene en cambio que en esa época Voltaire cono­
cía la obra de Spinoza sólo indirectamente. Cf. también C. Porset, "Notes
sur Voltaire et Spinoza", en O. Bloch (ed.), Spinoza au x vu f siécle, París,
1990, pp. 225-240.
15 ‘"Osent penser’, expression remarquable [notable expresión: osan
pensar’]”, observó R. Pomeau a propósito del fragmento de Voltaire ( Les
166
EL HILO Y LAS HUELLAS
3. Para expresar la irrelevancia de las diferencias religiosas,
Voltaire se valió del extrañamiento, vale decir, del recurso
literario que transforma algo familiar -un objeto, una acti­
tud, una institución- en algo extraño, insensato, ridículo.
Shklovski, el primero en identificar y analizar este procedi­
miento, notó que los philosophes habían hecho un gran uso
de él. En las Lettres philosophiques se lo encuentra a cada
paso. Aquí vemos cómo Voltaire describe en la primera
carta su encuentro con un cuáquero no identificado: “En la
fisonomía franca y humana de su rostro había más genti­
leza que en la costumbre de colocar una pierna por detrás
de la otra y tomar en la mano aquello que se hizo para cu­
brir la cabeza".16
Con una perífrasis laboriosa, deliberadamente torpe,
Voltaire invita al lector a compartir el desprecio del cuá­
quero por los ritos sociales. Poco después, el desprecio se
extiende a los ritos religiosos. Así, el cuáquero dice: “Somos
'Lettres philosophiques’: le projet de Voltaire", en S tu d ies on Voltaire a n d
the Eighteenth Century, 179, 1979, pp. 11-24, en especial, p. 12). I. O. Wade
enfatizó la importancia de Horacio para Voltaire en The In tellectu al Dev&lopm en t o f Voltaire, Princeton, 1969, pp. 15-18. Acerca de "sapere aude",
véanse las hermosas páginas de E Venturi, "Contributi a un dizionario
storico, i: Was ist Aufldárung? Sapere aude!", en R ivista S torica Italian a,
lxxi, 1959, pp. 119-128; del mismo autor, U topia e riform a n ell'Illu m in ism o,
Turín, 1970, pp. 12-18 (y véase también, de quien esto escribe, "L’alto e il
basso", en M iti em b lem i spie, Turín, 1986, pp. 107-132 [trad. esp.: "Lo alto y
lo bajo. El tema del conocimiento vedado en los siglos xvi y xvii”, en M itos,
em blem as, in dicios. M orfología e h istoria, Barcelona, Gedisa, 1994, pp. 94116]). Voltaire poseía un ejemplar de la edición de Horacio traducida por
Dacier (Ámsterdam, 1727), donde el pasaje es interpretado correctamente
en una acepción moral, no intelectual: "Ayez le courage d'étre vertueux [Te­
ned la valentía de ser virtuosos]”; cf. F. Venturi, "Contributi...", op. cit., p.
I20. Descubrir que la distorsión de las palabras de Horacio se remontaba a
Voltaire habría causado ciertamente gran placer a Venturi.
IA II y av ait p lu s d e p o lite sse d a n s l'a ir o u v e il d e s o n visage q u ’il n ’y e n a
d a n s I usaj't* d e tire r u n e ja m b e d e r r ii r e l’a u tr e e t d e p o r te r íl la m a in ce q u i
<*st lail p o u r c o u v rir la l i l e (V oltaire, lu'ttres philosophiques, en Mtflangt's,
< > P ( I I . |> 1)
TOLERANCIA Y COMERCIO
167
cristianos, y nos p ro p o n em o s se r b uenos cristianos; p ero no
creem os que el cristian ism o co n sista e n e c h a r agu a fría so ­
b re la cabeza, co n u n poco de sal".17
D espués del b a u tism o , la g u erra. V aliéndose del u su al
p ro c e d im ie n to de e x tra ñ a m ie n to , el c u á q u e ro d escrib e -y
c o n d e n a - la co n scrip ció n m ilitar:
Nuestro Dios, que nos ordenó amar a nuestros enemigos y su­
frir sin lam entam os, ciertamente no quiere que crucemos el
mar para ir a degollar a nuestros hermanos porque asesinos
vestidos de rojo con un birrete de dos pies de alto enrolan a
ciudadanos haciendo ruido con dos palillos sobre una piel de
asno bien tensada.18
El p ro c e d im ie n to lite ra rio u tiliza d o p o r V oltaire tien e p o r
d etrás u n a larga trad ició n que se rem o n ta a M arco A urelio.19
E n sus M editaciones, M arco A urelio afirm ó de la laticlavia
de los se n a d o re s ro m an o s: “E sa v estim e n ta o rlad a de p ú r­
p u ra no es m á s q u e la n a de oveja im p re g n ad a de la sangre
de u n pez”. V oltaire tuvo u n a m ira d a sim ilar sobre los co m ­
po rtam ien to s sociales, reduciendo acontecim ientos y p erso­
nas a sus com ponentes esenciales. Los soldados no son m ás
que "asesinos vestidos de rojo con u n b irre te de dos pies de
alto”; en vez de h ac er redobles con sus tam bores, ellos hacen
"ruido con dos palillos sobre u n a piel de asno bien tensada".
Aun los gestos m ás obvios se vuelven extraños, opacos, a b ­
17 "Nous som m es chrétiens, et táchons d etre bons chrétiens; mais nous
ne pensons pas que le christianisme consiste á jeter de l’eau froide sur la
tete, avec un peu de sel” {ibid., p. 2).
18 “Notre Dieu, qui nous a ordonné d’aimer nos ennemis et de souffrir
sans murmure, ne veut pas sans doute que nous passions la mer pour aller
égorger nos fréres, parce que des meurtriers vétus de rouge, avec un bonnet haut de deux pieds, enrólent des citoyens en faisant de bruit avec deux
petits bátons sur une peau d'áne bien tendue" {ibid., p. 4).
19 C. Ginzburg, Occhiacci di legno, op. cit., pp. 18-20.
168
EL HILO Y LAS HUELLAS
surdos, como si se los viera con los ojos de alguien ajeno a
ellos: un salvaje o un philosophe ignorant, como Voltaire se
definió a sí mismo en un escrito posterior.
Sin embargo, el modelo de Voltaire era inglés. En uno
de sus cuadernos de apuntes, redactado durante el exilio
londinense (1726-1728), escribió deprisa una aproximación
que anticipaba la sustancia de la sexta carta filosófica: "In­
glaterra es el punto de encuentro de todas las religiones, así
como la Bolsa es el punto de encuentro de todos los extran­
jeros". En otro pasaje, Voltaire anotó, con su insegura escri­
tura inglesa, una versión más elaborada de esa misma idea:
Donde no hay libertad de conciencia rara vez se encuentra li­
bertad de comercio, porque la misma tiranía pone impedi­
mentos a comercio y religión. En las repúblicas y en los de­
más países libres la cantidad de religiones que se encuentra
en un puerto marítimo es idéntica a la de barcos. El mismo
dios es adorado en distintas formas por judíos, mahometa­
nos, paganos, católicos, cuáqueros, anabaptistas, que obsti­
nadamente escriben unos contra los otros, pero comercian
entre sí libremente, con ánimo confiado y pacífico, tal como
buenos actores que después de haber mostrado buen temple
combatiendo entre sí en escena pasan el resto del tiempo be­
biendo juntos.20
20 "England is meeting of all religions, as the Royal exchange is the ren­
d e/ vous of all forcigners”; "Where there is not liberty of conscience, there
is scldom liberty of trade, the same tyranny encroaching upon the commcrcc as upon Religión. In the Commonwealths and other free contrys one
may sce in a see port, as many relligions as shipps. The same god is there
diffrrently worship’d by jews, mahometans, heathens, catholiqucs, quackerv anabaplistcs, which write strenuously one against another; but deal
ingether freely and with trust and pcacc; likc good players who after having
Immour'd their parís and fought one against another upon the stage, spend
the irni «»f their time in drinking together” ( Volíaire's Notebooks, vol. i, «I. al
t tildado de I Hestri man, Ginebra. I9682 [Les (ruvres com plites de Voltaire,
vul MI |, pp M v
TOLERANCIA Y COMERCIO
169
El título p u esto a este pasaje - “A Tale of a T ub"- fue juzgado
com o "desorientador" p o r el responsable m o derno de ed itar
los cu a d ern o s de ap u n te s de V oltaire.21 E n realidad, ese tí­
tulo nos dice p o r cuáles sendas la técnica de extrañ am ien to
en tró a fo rm a r p a rte de la elaboración de las Lettres philoso­
phiques. E n A Tale o f a Tub [Cuento de una barrica], de 1704,
Swift h a b ía relatado, con constantes digresiones, la h isto ria
de tres h ijo s en litigio p o r el te sta m e n to de su p ad re: u n a
p a rá b o la q u e sim b o liz a b a las d isp u ta s e n tre la Iglesia de
R om a, la Iglesia de In g laterra y los disidentes protestantes.
A unque criticase con aspereza ta n to a católicos com o a en ­
tu siasta s, S w ift d e c la ra b a a b ie rta m e n te que los p u n to s de
coincidencia en tre los cristianos era n m ás im p o rtan tes que
su s d iv e rg e n c ia s .22 E n su s a p u n te s , V o lta ire volvió a la
fuente de la p a rá b o la de Swift, a la h isto ria de los tres an i­
llos que u n p a d re a n c ia n o deja a sus hijos, p ero am p lió la
referencia o rig in a ria a cristianos, ju d ío s y m usulm anes, in ­
cluyendo ta m b ié n a los p ag an o s. E n la versió n final, a m ­
b ie n tad a en la B olsa de L ondres antes que en u n p u erto m a­
rítim o , los p a g a n o s d e s a p a re c ie ro n , y el m e n sa je d e ísta
resu ltó m ás a ten u a d o . P ero la d eu d a de V oltaire con Swift
es m ás am p lia. A Tale o f a Tub a n u n c ia b a la in m in en te p u ­
b licació n de o tro s escrito s de su a n ó n im o autor, e n tre los
cuales se en c o n tra b a "Un viaje a Inglaterra de u n a perso n a
em in e n te de Terra Incógnita tra d u c id o del original": idea
que reap areció años después en form a invertida en los Los
viajes de G ulliver (1726). S in estos últim o s, V oltaire n u n ca
h ab ría llegado a ser él m ism o.23 Podem os im aginar el en tu ­
21 Ibid., p. 43, n. 2.
22 J. Swift, A Tale o f a Tub..., ed. al cuidado de A. C. Guthkelch, D. N.
Smith, Oxford, 1920, p. 139 [trad. esp.: Cuento de una barrica, Madrid, Cá­
tedra, 2000],
23 Ibid., pp. 345 y 346. Cf. también J. Swift, Journal to Stella, vol. i: April
14, 1711, ed. al cuidado de H. Williams, Oxford, 1948, pp. 254 y 255. R. Po­
meau, La religión..., op. cit., pp. 131 y 132, afirma erróneamente que hasta
170
EL HILO Y LAS HUELLAS
siasmo con que leyó el inventario de objetos guardados en
los bolsillos de Gulliver, escrupulosamente redactado por
dos minúsculos habitantes de Lilliput:
de la landre derecha, que albergaba en el fondo una maravillosa
variedad de máquina, colgaba hacia fuera una gran cadena de
plata. Le indicamos que extrajera lo que quiera que hubiera al
final de aquella cadena y que parecía ser como una esfera plana,
mitad de plata, mitad de algún metal transparente, pues en la
parte transparente se veían ciertos signos extraños dibujados en
círculo [...] Nos acercó a la oreja este aparato, que hacía un
ruido constante como el de una aceña, y conjeturamos que se
trata bien de algún animal desconocido, bien del dios que él
adora, aunque nos inclinamos por esto último.24
Swift transforma un objeto cotidiano en algo sacro; Vol­
taire transforma un acontecim iento sacro en algo coti­
diano: "Celui-ci va se faire baptiser dans une grande cuve
[éste va hacerse bautizar en una gran palangana ]".25 En
ambos casos, vemos desplegarse la misma estrategia desfa-
1756, Voltaire recuerda a Swift sólo en cuanto autor de Gulliver. Pomeau
cita Wolff, Elementa matheseos universae, como posible fuente de Microméf>as, sin mencionar los Viajes de Gulliver (Voltaire, Romans et contes, París,
1966, p. 125). Sin embargo, véase I. O. Wade, Voltaire's “Micromégas”: A
Study in the Fusión o f Science, Myth, and Art, Princeton, 1950, p. 28.
24 J. Swift, ! viaggi di Gulliver, trad. de A. Valori, Génova, 1913 ( Gulliver's
Travels, ed. al cuidado de J. Dixon y J. Chalker, Harmondsworth, 1967, p.
70: "A grcat silver chain, with a wonderful kind of engine at the bottom.
Wc dircctcd him lo draw out whatever was at the end of that chain; which
appeared to be a globo, half silver, and half of some transparent metal; for
on the transparent side wc saw ccrtain strange figures circularly drawn [...1
Mr pul this engine to our ears, which made an incessant noise like that of
j watrrmill And wc conjecture it is either some unknown animal, or the
god lh.it worships") [trad. esp.: lx>\ viajes de Gulliver, Buenos Aires, Hvspaméru a, t ol “Jorge l uis Horges-Bibliotec» personal”, 1985, p. 36]. Véase G.
( rlali, "Intiodu/ione" a J Swift, / v ia ^ i di Gulliver, Milán, 1997, p. xix.
J1 I as « tusivas me pertenecen.
TOLERANCIA Y COMERCIO
171
m iliariz ad o ra. La m ira d a estu p efac ta del extrañ o destru y e
el a u ra g e n e ra d a p o r lo h a b itu a l o p o r la reveren cia. N in ­
g ú n a u ra c irc u n d a , p o r el co n tra rio , los in te rc a m b io s co ­
m erciales que se d e sarro llan en la Bolsa de Londres: su r a ­
cion alid ad es obvia.
E n la secció n de las Lettres philosophiques d ed ica d a a
Swift ("V ingt-deuxiém e lettre: S u r M. Pope et quelques a u ­
tres poetes fam eux [V igésim osegunda carta: Acerca de Pope
y o tro s po etas fam o so s]”) no se alude siq u iera a Los viajes
de Gulliver. P ero en la edición am p liad a, que salió a la luz
en 1756, V oltaire in sertó u n largo pasaje acerca de A Tale o f
a Tub, id e n tifica n d o su s fu en te s en la h isto ria de los tres
anillos y en Fontenelle. Y llegó a esta conclusión:
Por ende, casi todo es imitación. La idea de las Cartas persas
está tomada de la idea del Espía turco. Boiardo imitó a Pulci;
Ariosto imitó a Boiardo. Las mentes más originales toman,
unas de las otras, cosas prestadas. [...] Con los libros sucede
com o con el fuego de nuestros hogares; uno va a tomar ese
fuego a casa de su vecino, lo prende en su propia casa, se lo da
a otros, y pertenece a todos.26
E spléndida confesión disfrazada.
4. Todo indicaría que A uerbach no h ab ía leído el ensayo de
S hklovski a c e rc a del e x tra ñ a m ie n to .27 S in em b arg o , las
ideas de Shklovski, m ediadas p o r Serguei Tretiákov, h ab ían
26 "Ainsi presque tout est imitation. L’idée des Lettres persanes est prise
de celle de YEspion ture. Le Boiardo a imité le Pulci, 1’Arioste a imité le
Boiardo. Les esprits les plus originaux empruntent les uns des autres. [...]
II en est des livres comme du feu dans nos foyers; on va prendre ce feu dans
son voisin, on Tallirme chez soi, on le communique á d’autres, et il appartient á tous” (Voltaire, Mélanges, op. cit., p. 1394).
27 R. Lachmann, "Die ‘Verfremdung’ und das 'Neue Sehen bei Viktor
Sklovskij", en Poética, ra, 1969, pp. 226-249.
172
EL HILO Y LAS HUELLAS
tenido una influencia decisiva sobre la obra de Brecht, a
quien ciertamente Auerbach conocía muy bien. El Verfremdung-E ffekt [“efecto v"] de Brecht, tan profundamente li­
gado a la tradición del iluminismo, recuerda inmediata­
mente la "técnica del reflector” usada por Voltaire.28 De esa
técnica Auerbach enfatiza sólo los riesgos, no el potencial
crítico: un juicio unilateral que causa sorpresa. Ciertamente,
los procedimientos artísticos son meras herramientas, que
pueden usarse para fines diferentes o incluso opuestos. Un
arma (y el extrañamiento también lo es) puede servir para
dar muerte a un niño o para impedir que se le dé muerte.
Pero si analizamos más de cerca la función del extraña­
miento en los escritos de Voltaire, vemos emerger una his­
toria más complicada, que echa nueva luz sobre la descrip­
ción de la Bolsa de Londres e -indirectam ente- sobre la
lectura que de ella hizo Auerbach.
La publicación de las Lettres philosophiques (1734) coin­
cidió con la redacción del Traité de métaphysique [Tratado de
m etafísica ], reelaborado hasta 1738.29 En esa obra incom­
pleta, que no estaba destinada al público y se editó recién
después de su muerte, Voltaire indagó a fondo las demole­
doras potencialidades de la mirada extrañante que había
posado sobre la sociedad inglesa. En la introducción (“Doutes sur rhomme” [Dudas acerca del hombre]) escribió:
Pocos tienen una noción amplia de qué es el hombre. Los
campesinos de una parte de Europa tienen de nuestra especie
esta única idea: que se trata de un animal con dos pies, de piel
grisácea, que articula unas pocas palabras, que cultiva la tie-
( f F Orlando, Illnniintstno e retorica freudiana, Ttirín, 1982, p. 163.
n Voltaire, Métanles, op. cit.. pp. 157 y ss. En cuanto a la fccha de esa
<*l)ia, < I I O Wadr, Studirs on Voltaire, Princelon, 1947, pp. 87-129. Cf.
también la edii irtn al cuidado de W. H. Harher, en Voltaire, Les truvres com ­
plete*.
14
O xl. m i,
IVHV
TOLERANCIA Y COMERCIO
173
rra, que pasa sin saber por qué ciertos tributos a otro animal
al cual ellos llaman rey, que vende sus productos tan caros
como puede y ciertos días del año se reúne para cantar plega­
rias en una lengua que esos mismos campesinos no entienden
en absoluto.30
Sólo tre in ta años después V oltaire se arriesgó a publicar, en
fo rm a re to c a d a , este fra g m en to en la se u d ó n im a Philosop h ie de l ’histoire [Filosofía de la historia], luego re e d ita d a
com o in tro d u cció n al Es sai su r les maeurs [Ensayo sobre las
costum bres]?' E n la nueva versión, la descripción extrañ ad a
de la so c ied a d fra n c e sa se a trib u ía , de m odo c ie rta m e n te
m ás plausible, al p ro p io V oltaire. E n el Traité de m étaphysique, en cam bio, el p u n to de vista de los cam pesinos p resen ­
ta b a , e n veloz su c esió n , los -ig u a lm e n te p a rc ia le s - de u n
rey, u n joven parisino, u n joven turco, u n sacerdote, u n filó­
sofo. P ara su p e ra r esas perspectivas lim itadas, V oltaire im a­
g in a b a u n se r llegado d esd e el espacio: invención de cuño
sw ifteano reto m ad a luego en M icrom égas.22 D espués de par-
30 "Peu de gens s’avisent d’avoir une notion bien étendue de ce que c’est
que l'homme. Les paysans d’une partie de l'Europe n'ont guére d’autre idée
de notre espéce que celle d’un animal á deux pieds, ayant une peau bise,
articulant quelques paroles, cultivant la terre, payant, sans savoir pourquoi,
certains tributs á un autre animal qu’ils appellent roi, vendant leur denrées
le plus cher qu'ils peuvent, et s’assemblant certains jours de l'année pour
chanter des priéres dans une langue qu’ils n’entendent point" (Voltaire, Mélanges, op. cit., p. 157).
31 Voltaire, La philosophie de l'histoire, ed. al cuidado de J. H. Brumfitt,
2a ed. revisada (Les oeuvres complétes de Voltaire, vol. 59), Ginebra, 1969, p.
109 [trad. esp.: Filosofía de la historia, Madrid, Tecnos, 2008]. Acerca de las
versiones posteriores de este fragmento, véase C. Ginzburg, Occhiacci di
legato, op. cit., p. 28.
32 I. O. Wade, Voltaire's “Micromégas''..., op. cit., p. 28, sostiene que el
texto publicado conserva marcas de una versión más antigua perdida, de
título Voyage du barón de Gangan [1739]. W. H. Barber, "The genesis of
Voltaire’s ‘Micromégas"’, en French Studies, xi, 1957, pp. 1-15, rechaza la
mayor parte de los argumentos de Wade, pero concuerda en la derivación
174
EL HILO Y LAS HUELLAS
tir para buscar al hombre, el viajero ve “monos, elefantes,
negros: todos parecen tener cierto destello de razón imper­
fecta". A partir de estas experiencias, declara:
El hombre es un animal negro que tiene lana en la cabeza,
que camina en dos patas, casi derecho como un mono, pero
menos fuerte que los demás animales que tienen sus mismas
dimensiones, con algunas ideas más que ellos y mayor facili­
dad para expresarlas; por lo demás, está sujeto a las mismas
necesidades: nace, vive y muere tal como ellos.33
La ingenuidad del viajero llegado desde el espacio, por un
lado, hace caer en una generalización ridicula y, por el otro
(conforme a una ambigüedad cara a Voltaire), le permite
vislumbrar una verdad decisiva: los seres humanos son ani­
males. Poco a poco, el viajero descubre que aquellos seres
pertenecen a especies distintas, cada una de ellas con ori­
gen independiente y un lugar preciso en la grandiosa jerar­
quía del cosmos: “Al fin veo hombres que me parecen supe­
riores a los negros, así como los negros son superiores a los
monos, y los monos son superiores a las ostras y los demás
animales de ese mismo tipo".34
Para enfatizar la diferencia entre las especies humanas,
Voltaire las comparó con distintos tipos de árboles. Veinte
años después, esa analogía fue retomada y desarrollada en
de la idea originaría de Micromégas de los intereses científicos de Voltaire
durante cl decenio 1730-1740.
M '"Des singes, des éléphants, des négres, qui semblent tous avoir quelque lucur d’une raison imparfaite [...] L’homme est un animal noir qui a
de la laínc sur la téte, marchan! sur deux pattes, presque aussi adroit qu’un
singr, moins fon que les aut res animaux de sa taille, ayant un peu plus
d idér* qu’rux, et plus de facilité pour les exprimer; sujet d’ailleurs á toutes
Ir» mémrft nécessités, naissant, vivant et mourant tout comme eux” (Voltunr. Métannes, o¡). ctl., pp. I 59 y I60).
14 Ihui , p IHO Cf S. I.andina, I filosofi t i selw/mi, Barí, 1972, pp. 80
Vh*
TOLERANCIA Y COMERCIO
175
el E ssai su r les maeurs (cap. cxiv). U na vez m ás, los negros
te n ía n u n a im p o rta n c ia decisiva en la a rg u m e n ta c ió n de
Voltaire:
La membrana mucosa de los negros, que se confirmó de color
negro y es causa del color de ellos, prueba de modo manifiesto
que en toda especie humana hay, tal como en las plantas, un
principio que la diferencia. La naturaleza subordinó a ese prin­
cipio los distintos grados de la índole de los pueblos y esos ras­
gos de los pueblos que tan rara vez vemos cambiar. Eso motiva
que los negros sean esclavos de los otros hombres. Se compran
como animales en las costas africanas multitudes de estos ne­
gros y se los traslada a nuestras colonias de América, donde
sirven a una cantidad muy reducida de europeos.35
V oltaire p en sab a que la h isto ria h u m a n a se h ab ía d e sa rro ­
llado d en tro de la je ra rq u ía co n stitu id a p o r d istin tas espe­
cies h u m a n as; ac tu a lm e n te las llam aríam o s razas. A unque
los térm inos "raza" y "racism o" no existían en ese entonces,
p reg u n tarse (com o ta n ta s veces se hizo) si V oltaire era o no
ra c ista p are ce a b so lu ta m e n te legítim o.36 De todos m odos,
parece ú til tra z a r u n a diferen cia p re lim in a r en tre racism o
35 “La membrane muqueuse des négres, reconnue noire, et qui est la
cause de leur coleur, est une preuve manifeste qu’il y a dans chaqué espéce
d’hommes, comme dans les plantes, un principe qui les différencie. La natuD?¿« j;ubocdQon/.iixenflnr.tnp res différents deerfés de eénie et ces caractéres des nations qu’on voit si rarement changer. C'est par lá que les négres
sont les esclaves des autres hommes. On les achéte sur les cotes d’Afrique
comme des bétes, et les multitudes de ces noirs, transplantés dans nos colonies d’Amérique, servent un trés petit nombre d’Européens" (Voltaire, Essai
sur les maeurs, vol. n, ed. al cuidado de R. Pomeau, París, 1963, p. 335).
36
Cf. M. Duchet, Anthropologie et Histoire au siécle des lumiéres, París,
1971; C- Hunting, "The Philosophers and Black Slavery: 1748-1765", en
Journal o f the History o f Ideas, julio-septiembre de 1978, pp. 405-418. Cf.
también G. Gliozzi, "Poligenismo e razzismo agli albori del secolo dei
Lumi”, enR ivista di Filosofía, l x x , 1979, pp. 1-31.
176
EL HILO Y LAS HUELLAS
en sentido lato y racismo en sentido estricto. El primero
sostiene que a) las razas humanas existen y b) están dis­
puestas en una escala jerárquica. El segundo, además de
suscribir a) y b), sostiene que c) ni la educación ni la cul­
tura pueden modificar la jerarquía entre razas. Voltaire, que
sin duda era un racista en sentido lato, nunca adhirió ple­
namente al racismo en sentido estricto, pero llegó muy
cerca de éste cada vez que tuvo oportunidad de referirse a
los negros. “La mayor parte de los negros, y todos los ca­
fres, se han hundido en la misma estupidez”, escribió en la
Philosophie de Vhistoire. Pocos años más tarde, en 1775,
agregó: “Y allí permanecerán estancados largo tiempo”.37
5. La actitud de Voltaire frente a la cuestión de la raza, y
más específicamente frente a los negros, era ampliamente
compartida por los philosophes .38 Sin embargo, un dato
personal puede haber contribuido a intensificarla. Desde jo­
ven, Voltaire había invertido enormes sumas en la Compa­
ñía de Indias, que estaba muy involucrada en el tráfico de
esclavos.39 Voltaire, quien -com o es sabido- tenía gran ol­
fato para los negocios, sin duda estaba al tanto de ese he­
cho. Y, en cualquier caso, la trata de esclavos era un ele-
,7 "La pluspart des négres, tous les Cafres sont plongés dans la méme
stupidité” (Im Philosophie de Vhistoire, op. cit., p. 96); "Et y croupiront
longtcmps” (ibid.). Véase también la broma racista incluida en Les Lettres
d'Amabed (Voltaire, Romans et contes, ed. al cuidado de F. Deloffre y J. van
den Heuvcl, París, 1979, pp. 507 y 508). C. Hunting, "The Philosophes...",
op. a t , p 417, n. 16, sostiene -de modo no convincente- que ese fragmento
quería poner en ridículo las opiniones usuales acerca de los negros. De opi­
nión contraria, Deloffre, l*s Isttres d'Amabed, op. cit., p. 1136 n.
'* l.o niega C Hunting, "The Philosophes", op. cit.\ pero véase A. Burgio,
K;i//isitio e lumi Su un paradosso’ storico”, en Studi Settecenteschi, 13.
IW2
IW Vpp
29M29.
w W ;isr el ¡ir tíi tilo, no poco apologético, de H. P. A banim e, "Voltaiix*
j n ii e v h<v;itfMe". en Studies on Voltaire and the Fighteenth Centura, 182,
VtVi. |)|> l 17 IM
TOLERANCIA Y COMERCIO
177
m en tó im p o rta n te del sistem a económ ico cuyas loas cantó
en el p o em ita "Le m o n d a in " (al cual siguió su "D éfense du
m o n d ain ou l'apologie d u luxe", 1736):
Lo superfluo, cosa muy necesaria,
Reunió a uno y otro hemisferio.
¿No veis aquellos ágiles bajeles
Que de Texel, de Londres, de Burdeos
Van a buscar, en feliz intercambio,
Nuevos bienes de la fuente del Ganges,
Mientras lejos, nuestros vinos de Francia
Vencen a musulmanes, embriagan a sultanes?
[Le superflu, chose tres nécessaire,
A réuni l’un et l'autre hémisphére.
Voyez-vous pas ces ágiles vaisseux
Qui du Texel, de Londres, de Bordeaux,
Sen vont chercher, par un heureux échange,
Des nouveaux biens, nés auz sources du Gange,
Tandis qu'au loin, vainqueurs des musulmans,
Nos vins de France enivrent les sultans?]40
El tono frívolo de este p oem ita rococó co n tra sta con la g ra­
vedad de su con ten id o . U na de las m ercan cías que h ab ían
co ntribuido a unificar am bos hem isferios eran los "anim ales
negros" vendidos com o esclavos. El lujo estim ula el progreso,
h abía explicado M andeville en La fábula de las abejas:41 Pero
40 Voltaire, Mélanges, op. cit., p. 203.
41 Cf. A. Morize, L'apologie du luxe au xvnf siecle et “Le mondain "de Voltaire,
París, 1909; I. O. Wade, Studies on Voltaire, op. cit., pp. 22-49; A. O. Aldridge,
"Mandeville and Voltaire", en I. Primer (ed.), Mandeville Studies, La Haya,
1975, pp. 142-156. Wade sostiene que Voltaire conoció The Fable o f the Bees
recién en 1735, cuando escribió "La défense du mondain"; nótese, sin em­
bargo, que el propio Wade mostró que "Le mondain" estaba influido por Me­
lón, Essai politique sur le commerce [1736], a su vez influido por Mandeville.
178
EL HILO Y LAS HUELLAS
la paradoja de Mandeville acerca de los vicios privados que
engendran virtudes públicas se refería únicamente a los Es­
tados europeos. El paraíso terrestre evocado en la eufórica
conclusión de "Le mondain" (“El paraíso terrenal está donde
yo estoy”) era fruto del saqueo sistemático del mundo.
6 . Las raíces dieciochescas de las ideologías racistas más
tardías, aunque frecuentemente censuradas, están fuera de
discusión. Con todo, no creo que expliquen el acercamiento
entre Voltaire y la propaganda nazi propuesto por Auer­
bach. No puede excluirse, desde ya, que Auerbach se sin­
tiese personalmente ofendido por el comentario sarcástico
de Voltaire acerca de los ritos judaicos. La persecución nazi
había hecho de Auerbach un judío y un exiliado.42 El verso
de Marvell utilizado como epígrafe de M im esis (“Had we
but world enough and tim e...”) alude con ironía a las lim i­
taciones históricas y geográficas que habían condicionado
la génesis del libro. La ironía ocultaba otra, más amarga:
Marvell prosigue asegurando a su amada renuente que, si
quiere, puede oponerle resistencia "hasta la conversión de
los judíos [till the conversión of the Jews]".43 Pero la repulsa
mezclada con admiración que Auerbach expresa con rela­
ción a Voltaire tenía implicaciones más amplias.
Al comienzo de su exilio en Estambul, Auerbach escri­
bió algunas cartas a Walter Benjamin, con quien evidente­
mente sostenía vínculos de amistad. En una de ellas, fe­
chada el 3 de enero de 1937, Auerbach habló de sus primeras
impresiones acerca de Turquía:
42
Al día de hoy no se cuenta con una biografía de Auerbach. Muchos
dalos útiles constan en H. U. Gumbrecht, "Pathos of de Earthly Progress”,
en LUerury History and the Challenge o f Philology, cd. al cuidado de S. Lcrer,
Slaiilord, 1996, pp. 13-35.
41
l os versos son citados por Y. H. Yemshalmi, "Assimilation and Racial
Auli Semiiism I he Iberian and the Germán Models", en The Leo Baeck
Memorial l<ei ture, 26, 1992, pp. 21 y 22.
TOLERANCIA Y COMERCIO
179
El resultado [de la política de Kemal Atatürk] es un naciona­
lismo fanáticamente hostil a la tradición; un rechazo de toda la
herencia cultural mahometana; la construcción de un vínculo
imaginario con una identidad originaria turca, y una moderni­
zación tecnológica en sentido europeo [...] El resultado es un
nacionalismo extremo, acompañado por la destrucción simul­
tánea del carácter nacional histórico. Este panorama, que en
países com o Alemania, Italia y hasta Rusia (¿?) no es visible
para todos, aquí se muestra en plena evidencia.
A ello seguía u n a previsión:
Para mí, cada vez se está volviendo más claro que la actual si­
tuación internacional no es más que una astucia de la providen­
cia [List der Vorsehung], orientada a llevamos, a través de un
sendero tortuoso y sangriento, hacia una internacional de trivia­
lidad y un esperanto cultural. Una sospecha de ese tipo ya me
había surgido en Alemania y en Italia, al ver la tremenda inautenticidad de la propaganda de “sangre y suelo"; pero sólo aquí
las pruebas de esta tendencia me parecieron casi seguráis.44
Las d ic ta d u ra s n a c io n a lista s (el té rm in o "R usia", siq u iera
ac o m p añ ad o p o r u n signo de interrogación, es sintom ático)
era n , pu es, u n a e ta p a de u n p ro ce so h istó ric o que h ab ría
term in ad o p o r b o rra r todos los rasgos específicos, incluidos
los nacionales, llevando a la conso lid ació n de u n a civiliza­
ción in d ife re n c ia d a a escala m u n d ia l. E sa p a ra d ó jic a tr a ­
y ec to ria le su g e ría a A uerbach la exp resió n "a stu cia de la
providencia": u n a fusión, in sp irad a p o r u n a observación de
Croce, de la provid en cia de Vico con la astu cia de la razón
44 Cf. K. Barck, "5 Briefe Erich Auerbachs an Walter Benjamín in Pa­
rís", en Zeitschñft für Germanistik, 9, 1988, pp. 688-694, en especial, p. 692.
Debo el conocim iento de estas cartas a Stephen Greenblatt, a quien agra­
dezco calurosamente.
180
EL HILO Y LAS HUELLAS
de Hegel.45 Auerbach no tenía dudas: ese proceso marcaría
una gran pérdida en el ámbito cultural. Idéntica preocupa­
ción resurge, después del final de la Segunda Guerra Mun­
dial, en el ensayo "Philologie der Weltliteratur” (1952) [Filo­
logía de la literatura mundial].46 La guerra fría, que había
dividido al mundo según dos modelos contrapuestos pero
íntimamente similares, tendía a producir una estandariza­
ción, una pérdida de diferencias, una uniformidad que de­
bilitaban todas las tradiciones individuales y nacionales.
La continuidad evidente entre la carta a Benjamín de
1937 y el ensayo de 1952 echa luz sobre un texto cronoló­
gicamente intermedio, el capítulo de M imesis que analiza
la página de Voltaire respecto de la Bolsa de Londres. En
esa página Auerbach leyó la anticipación de una sociedad
de masas culturalmente homogénea, regida por leyes racio­
nales de mercado. Pese a sus enormes diferencias, iluminismo y nazismo le resultaron etapas de un proceso histó­
rico muy prolongado, que reduciría las particularidades
(religiosas y de otro tipo) a elementos variopintos e irrele­
vantes, antes de borrarlas de manera definitiva.
Una tesis muy similar fue propuesta por Adorno y Horkheimer en la Dialéctica del ilum inism o (1947; pero escrita
en 1944). Las veloces anotaciones de Auerbach en la carta a
Benjamín no pueden compararse con la elaborada comple­
jidad de los "fragmentos filosóficos” de Adorno y Horkheimer. Pero no resulta arduo imaginar un diálogo de exiliados
4' B. Croce, La filosofía d i G ia m b a ítista Vico, 2a ed. revisada, Bari, 1922,
p. 254. Auerbach iradujo al alemán tanto la S cien za N u ova (1925) como la
monografía de Croce acerca de Vico (1927, junto con T. Lücke).
R. Auerbach, "Philology and Weltliteratur”, en The C en ten n ial R eview ,
I V 1969, pp. 1-17 (publicado originariamente como "Philologie der Weltliteratur", cu W. Hen/.en, W. Muschg y E. Staiger [eds ], W eltliteratur. Festyabe fü r Frit 7. S trich , Berna, 1952, pp. 39-50). Véase también una alusión de
/inlkowski en la introducción de L iterary ÍMnguage a n d ¡ts P ublic in Late
Ijjtin A n tu /n itv a n d 111 the M uidle Ages, op. cit., p. xxv.
TOLERANCIA Y COMERCIO
181
e n tre E sta m b u l y S a n ta M ónica, a co m ien z o de los añ o s
cu a ren ta , acerca de la am bivalencia del ilum inism o.
7. E sa am bivalencia es d eclarad a ya en la introdu cció n a la
Dialéctica del ilum inism o. “La crítica a la cual en [el prim er]
ensayo se som ete al ilu m in ism o -e sc rib e n los dos a u to re s tien e p o r objeto p re p a ra r u n co ncepto positivo [del ilu m i­
nism o], que lo libere de la petrificación en ciego dom inio."47 A
lo largo del libro, esa noción positiva de ilum inism o revela, m e­
d iante u n a torsión dialéctica, que está basada sobre la nega­
ción: "El objeto de la teoría no es lo bueno sino lo malo. [...] Su
elem ento es la libertad, su tem a, la opresión. Cuando la lengua
se to m a apologética está ya corrom pida [...] Hay sólo u n a ex­
presión para la verdad: el pensam iento que niega la injusticia".
Q uien h a en c am ad o ese p en sam ien to es Voltaire, al cual
los au to re s se dirigen patéticam ente: "H as proclam ad o a los
c u a tr o v ie n to s - c o n p a th o s, co n m o c ió n , v io len cia y sa r­
c a sm o - la ignom inia de la tiran ía".48 S in em bargo, com o ya
sabem os, el h o m b re que escribió el Tratado sobre la toleran­
cia c o m p a rtía co n la m a y o r p a rte de sus co n tem p o rán e o s
u n a serie de postu ras, en especial respecto de la cuestión de
las razas h u m an as, que afirm aban la injusticia a n tes de n e ­
garla. R esulta inútil re p e tir el lu g ar com ú n acerca de los lí­
m ites h istó ric o s de u n m o v im ien to en su m ayoría m a sc u ­
lino, b lan co y n acido en E uro p a. Pero bajo n in g ú n aspecto
es cierto que el ilu m in ism o hay a m u erto . P recisam ente, la
b iografía intelectual de V oltaire, que es el em blem a del ilu ­
m inism o, m u e stra la riqueza y la com plejidad de las co n tra­
dicciones señaladas p o r H o rkheim er y Adorno.
47 M. Horkheimer y T. W. Adorno, Dialettica deWillummismo, trad. it. de R.
Solmi, Turín, 1980, p. 8 [trad. esp.: Dialéctica del iluminismo, trad. de H. A. Mu­
rena, Buenos Aires, Sudamericana, 1987, p. 12; en adelante, los números de
página correspondientes a la edición en español aparecerán entre corchetes],
48 Ibid., pp. 234 y 235 [pp. 258 y 259].
182
EL HILO Y LAS HUELLAS
8 . En esa biografía hay un punto de inflexión célebre, ligado
al terremoto de Lisboa en 1755. La destrucción de una ciu­
dad entera y la muerte de una gran cantidad de inocentes
compelieron a Voltaire a encarar el problema del mal. En
su Poéme sur le désastre de Lisbonne ou examen de cet
axiome: Tout est bien [Poema sobre el desastre de Lisboa, o
examen de este axioma: “Todo está bien”], compuesto poco
después de ese acontecim iento, Voltaire contem pló el
mundo entero como una cadena interminable de horrores:
E lem entos, anim ales, hom bres, todo está en guerra.
F uerza es reconocerlo: el m al está en la tierra;
Ignoto n os resu lta su secreto principio.
[É lém ents, anim aux, hum ains, to u t est en guerre.
Il le fau t avouer, le m al est s u r la terre:
S on p rin cip e secret ne n ous est p o in t connu.]
Voltaire buscó ese "principio secreto” en los escritos de Bayle,
quien había meditado con tanta profundidad a propósito
del mal, pero inútilmente. Tampoco Bayle daba respuestas.
Voltaire rechazó la máxima de Pope ("Todo lo que es está
bien”) y su propia filosofía previa: "Les sages me trompaient,
et Dieu seul a raison [Los sabios me engañaban, y sólo Dios
tiene razón]”.
Voltaire no era, por cierto, un gran poeta. Sin embargo,
los versos pedestres de su poema acerca del terremoto de
Lisboa expresan una verdadera participación: en última ins­
tancia, más intelectual que emotiva.49 En el prefacio (1756)
y, por sobre todo, en el post scriptum, Voltaire se expresó
con mayor cautela: "Desgraciadamente, siempre es necesaH. Masen), "Voltaire s Sermón against Optimism: The Podme sur le
désastre de Lisbonne ", en G. Barber y C. P. Courtney (eds.), Enlightenment
l-.wav', ni Memory it¡ Roben Shacklelon, Oxford, 1988, pp. 189-203.
TOLERANCIA Y COMERCIO
183
rio a d v e rtir q u e las objeciones que u n a u to r se realiza a sí
m ism o so n d is tin ta s a sus re sp u e sta s a las o b jecio n es".50
Pero su actitu d m ental h ab ía cam biado profundam ente. Un
tram o de u n escrito previo m u estra h asta qué p u n to él h abía
sido "engañado": “E n cu a n to a los reproches de injusticia y
de crueld ad dirigidos a Dios, respondo en p rim e r lu g ar que
a u n en el supuesto de que haya u n m al m oral (y ello m e p a­
rece u n a quim era), ese m al es igualm ente inexplicable en el
siste m a b a sa d o en la m a te ria que en aq u e l b asad o en un
Dios". De hecho, c ru e ld a d e in ju sticia son n o cio n es p u ra ­
m ente hum anas:
Por nuestra parte, no tenemos otras ideas de la justicia que las
que hemos formado de toda acción útil a la sociedad, y con­
formes a las leyes establecidas por nosotros en pro del bien
común: ahora bien, al no ser esa más que una idea de relación
de hombre a hombre, no puede tener analogía alguna con
Dios. En ese sentido, es igualmente absurdo decir de Dios que
Él es justo o injusto y que Él es azul o cuadrangular.
Por ende, es insensato reprochar a Dios que las moscas
sean comidas por las arañas.51
50 "D est toujours malheureusement nécessaire d’avertir qu’il faut distinguer les objections que se fait un auteur de ses réponses aux objections"
(Voltaire, (Euvres, vol. ix, ed. al cuidado de L. Moland [en adelante, ed.
Moland], París, 1877, p. 469).
51 "A l’égard des reproches de injustice et de cruauté qu'on a fait á Dieu,
je réponds d’abord que supposé qu’il y ait un mal moral (ce qui me parait
une chimére), ce mal moral est tout aussi impossible á expliquer dans le
systéme de la matiére que dans celui d’un Dieu [...] nous n’avons d’autres
idées de la justice que celles que nous sommes formées de toute action utile
á la société, et conformes aux lois établies par nous, pour le bien commun;
or, cette idée n’étant qu’une idée de relation d’homme á homme, elle ne
peut avoir aucune analogie avec Dieu. II est tout aussi absurde de dire de
Dieu, en ce sens, que Dieu est juste ou injuste, que de dire que Dieu est bleu
ou carré.
Il
est done insensé de reprocher á Dieu que les mouches soient mangées par les araignées" (Voltaire, Mélanges, op. cit., pp. 169 y 170).
184
EL HILO Y LAS HUELLAS
El fragmento está tomado del Traité de métaphysique. Cuando
lo escribió, Voltaire tenía 40 años, estaba sano, era feliz, se
encontraba en plena historia de amor con madame Du
Chátelet. El mal simplemente no existía para él. La vejez, tal
como el propio Voltaire reconoció en el Poéme sur le desastre
de Lisbonne, había contribuido a su conversión intelectual:
E n to n o m enos lú g u b re se m e vio an tañ o
C an tar las se d u cto ras leyes de los placeres;
O tros tiem pos y usanzas; p o r la vejez instruido,
C om parto la endeblez de los h u m a n o s desviados,
M ientras busco la luz en u n a n o che oscura,
Ú nicam ente sé sufrir, que no m u rm u rar.
[S u r u n ton m oins lugubre on m e vit autrefois
C h an ter des doux p laisirs les séd u isan tes lois;
D’a u tre s tem ps, d 'au tres mceurs: in stru it p a r la vieillesse,
Des h u m a in s égarés p a rta g e a n t la faiblesse,
D ans u n e épaisse n u it c h e rc h a n t á m eclairer,
Je ne sais que souffrir, et n on pas m u rm u re n ]52
En esa composición, Voltaire aludía a dos opúsculos escri­
tos inmediatamente después del Traité de métaphysique: "Le
mondain" (ya recordado) y su apología, "La défense du mon­
dain''. En esta última, Voltaire polemizaba con un imagina­
rio crítico de "Le mondain", recordándole que el lujo en que
vivía era posibilitado por la circulación mundial de mercan­
cías. Una de ellas era la plata:
E sta plata fina, cincelada, ad am ascad a,
T ransform ada en platos, vasijas, posacopas,
A la p rofunda tierra fue a rra n c a d a
De Potosí, seno del Nuevo M undo.
f.d Moland, vol. ix, p 478, n. 12.
TOLERANCIA Y COMERCIO
185
[Cet argent fin, ciselé, godronné,
En plats, en vase, en soucoupe toumé,
Fut arraché dans la terre profonde
Dans le Potose, au sein du Nouveau Monde.]53
Y d esp reo cu p ad am en te, V oltaire concluía: "Tout l'univers a
travaillé p o u r vous [El u n iv e rso e n te ro trab a jó p a ra vos]".
E n esos versos juveniles no ap a recían agentes h um an o s. Pa­
sa ro n los años. E n el Essai su rte s maeurs (cap. cxlviii), Vol­
taire habló de las m in as p eru a n as de m odo m enos im perso­
nal y, m ás grave, alu d ien d o a "negros, com prados en África
y tra n sp o rta d o s al P erú, com o anim ales destinado s a servir
a los hom bres", sum án d o lo s a los m ineros indígenas.54
E sa alusión p o d ría rem o n tarse a los p rim eros m eses de
1756, cuando Voltaire trabajaba sim ultáneam ente en el Essai
sur les maeurs y en el Poéme su r le désastre de Lisbonne.55 Una
eta p a p o ste rio r de e sta reflexión está te stim o n ia d a en u n
ag regado que co n sta en la edición de 1761 del E ssai su r les
maeurs (cap. clii). E n ella se ve surgir u n a actitud m ucho m ás
com pasiva con relación a los esclavos y sus padecim ientos:56
53 Voltaire, Mélanges, op. cit., p. 208.
54 "Des négres qu’on achetait en Afinque, et qu’on transportait au Pérou
comme des animaux destinés au service des hommes" (Voltaire, Essai sur
les maeurs, op. cit., p. 360).
55 Cf., por ejemplo, Voltaire, Correspondance, ed. al cuidado de T. Besterman, Ginebra, 1971, vol. xvn, D 6709, 6738, 6758, 6776.
56 Una argumentación análoga parece haber sido presentada por R.
Arruda en su disertación inédita "La réaction littéráíre de'Vóltáire et ses
contemporains au tremblement de terre de Lisbonne de 1755” (1977,
Middlebury College): cf. F. A. Spear, con participación de E. Kreager,
Bibliographie concem ant des écrits relatifs á Voltaire 1966-1990, Oxford,
1992, p. 294. Para los agregados al Essai sur les maeurs utilicé la edición al
cuidado de Pomeau. Cf., en general, H. Duranton, "Les manuscrits et les
éditions corrigés de T'Essai sur les mceurs”', en L. Hay y W. Woesler (eds.),
Die Nachlassedition - La publication des manuscrits inédits, Berna, 1979,
pp. 54-62.
186
EL HILO Y LAS HUELLAS
En la Santo Domingo francesa se registraban, en 1757, cerca de
treinta mil personas, y cien mil esclavos negros o mulatos, que
trabajaban en las azucareras, en las plantaciones de añil, de ca­
cao, acortando su propia vida para satisfacer nuestras nuevas
necesidades, que no conocían nuestros padres. Para comprar
esos negros vamos a las costas de Guinea, a la Costa de Oro, y a
la de Marfil. Treinta años atrás, se podía tener un buen negro
por cincuenta libras, esto es, cerca de cinco veces menos que el
precio de un buen buey gordo [...] A ellos les decimos que son
hombres como nosotros, redimidos por la sangre de un Dios
que murió por ellos, e inmediatamente los hacemos trabajar
como bestias de carga: se los alimenta mal; si quieren escapar,
se les corta una pierna, y se les hace girar a pulso el árbol de los
trapiches azucareros, después de darles una pierna de madera.
¡Y todavía nos atrevemos a hablar de derecho de gentes! [...]
Ese comercio en nada enriquece a un país; muy por el contra­
rio, es causa de que perezcan hombres, provoca naufragios y,
sin lugar a duda, no redunda en un verdadero bien; pero debido
a que los hombres crearon para sí nuevas necesidades, impide
que Francia compre a precio caro en el extranjero un bien superfluo que se volvió indispensable.57
57 “On comptait, en 1757, dans la Saint-Domingue franfaise, environ
trente mille personnes, et cent mille esclaves négres ou mulátres, qui travaillaient aux sucreries, aux plantations d'indigo, de cacao, et qui abrégent
leur vie pour flatter nos appétits nouveaux, en remplissant nos nouveaux
besoins, que nos péres ne connaissaient pas. Nous allons acheter ces né­
gres á la cote de Guinée, á la cóte d'Or, á celle d’Ivoire. II y a trente ans
qu'on avait un beau négre pour cinquante livres; c’est á peu prés cinq fois
moins qu'un boeuf gras [...]. Nous leurs disons qu’ils sont hommes comme
nous, qu'ils sont rachetés du sang d’un Dieu mort pour eux, et ensuite on
les fait travailler comme des bétes de somme: on les nourrit plus mal; s’ils
veuleni s’cníuir, on leur coupe une jambe, et on leur fait toumer á bras
l'arbrc des moulins á sucre, lorsqu’on leur a donné une jambe de bois.
Aprés cela nous osons parler du droit des gens! [... 1Ce commerce n'enrichit
point un pays; bien au contrairc, il fait périr les hommes, il cause des nauh ages, il n’esl pas sans doute un vrai bien; mais les hommes s'étant fait des
néccssités nouvelles, il em píche que la Franco n'achéte chérement de
TOLERANCIA Y COMERCIO
187
E n las ú ltim as p alab ras reso n a b a u n verso de "Le m ondain",
e sc rito casi c u a re n ta añ o s an tes: "Lo superfluo, cosa m uy
necesaria". La au to cita se realizab a a conciencia, y acaso no
e s tu v ie ra d e sp ro v ista de a u to iro n ía . E n su ju v e n tu d , Vol­
ta ire h ab ía ab ra zad o eufó ricam en te el m u n d o tal com o era;
al envejecer, h ab ía te rm in ad o p o r a c ep tar el dolor y el su fri­
m ie n to com o p a rte de la co n d ició n h u m an a. Sin em bargo,
co m o escribió La R ochefoucauld, "tenem os todos suficiente
fu erza com o p a ra s o p o rta r los m ales ajenos".58 La esclavi­
tu d resp o n d ía a nuevos deseos, a nuevas necesidades, n u e ­
vos apetitos: en definitiva, e ra -se g ú n d ab a a e n ten d e r Vol­
ta ir e - u n resu ltad o cruel p ero inevitable del progreso.
9. S in em bargo, el terrem o to de L isboa de 1755 influyó en el
p e n sa m ie n to de V oltaire ta m b ié n en u n sentido m ás gene­
ral. E l re c h a z o de la n e c e sid a d (in c lu id a la n ec esid ad del
m al) lo llevó, en form a no del todo coherente, a rech azar la
id ea de la g ran cad en a del se r e n u n ciad a con elocuencia p o r
Pope en su Essay on M an [Ensayo sobre el hom bre].59 "Pro­
b ab lem e n te haya u n a in m e n sa d istan c ia en tre el h o m b re y
el an im al, en tre el h o m b re y las su stan cias superiores", es­
c rib ió V oltaire en u n a n o ta al Poéme su r le désastre de L is­
b o n n e.60 P ero ta m b ié n este frágil an tro p o c en trism o te rm i­
n a ría p o r resquebrajarse.
l’étranger un superflu devenu nécessaire” (Voltaire, Essai sur les maeurs,
op. cit., pp. 379 y 380).
58 La Rochefoucauld, Máximes, ed. al cuidado de J. Truchet, París, 1967,
p. 11 [trad. esp.: Máximas, Barcelona, Edhasa, 1999].
59 Cfr. A. O. Lovejoy, The Great Chain o f Being, Cambridge, 1961, pp.
252, 253 y 365, n. 15 [trad. esp.: La gran cadena del ser, Barcelona, Icaria,
1983]. Y véase también Dictionnaire philosophique [1764], vol. i, ed. al
cuidado de C. Mervaud, Oxford, 1994, pp. 513-521, artículo "Chaine des
étres créés".
60 "Il y a probablement une distance immense entre l’homme et la brute,
entre l'homme et les substances supérieures" (ed. Moland, vol. ex, p. 47).
188
EL HILO Y LAS HUELLAS
“Daría los cuarenta y nueve invitados que tuve a cenar
con tal de teneros a vos", escribió Voltaire a D'Alembert el 8
de octubre de 1760. D'Alembert respondió comparando en
broma las cenas de Femey con la Bolsa de Londres descrita
por Voltaire: el jesuíta y el jansenista, el católico y el sociniano, el agitador y el enciclopedista se encontraban para
abrazarse y reír juntos.61 Pero había quienes participaban
en esos agasajos no para comer sino para ser comidos. Po­
cos años después (1763), Voltaire quiso darles voz en el
“Diálogo del capón y la pularda" ["Dialogue du chapón et de
la poularde”].62 A lo largo de unas pocas páginas, escritas en
tono aparentemente ligero, una pularda y un capón se con­
fiesan: fueron castrados. El capón, con mayor experiencia
del mundo, le revela a la ingenua pularda el destino que les
espera: los matarán, cocerán y comerán. Llega el ayudante
del cocinero; la pularda y el capón se despiden.
El diálogo de animales es un género que se remonta a la
Antigüedad griega y romana. Por lo general, consiste en es­
critos con una finalidad didáctica: las voces humanizadas
de los animales imparten una lección moral a los seres hu­
manos. Voltaire tomó como punto de partida esa tradición,
pero la retocó, recurriendo una vez más al extrañamiento.
La forma dialógica le permitió prescindir del observador
externo. No se trataba de una elección obligada. En el Gali­
matías dramatique, escrito en 1757 y publicado en 1765, un
41 d 9289, d 9329 (en Voltaire, Correspondance, vol. xxn, ed. al cuidado
de T. Besterman). La respuesta de D'Alembert incluye una alusión sarcás­
tica a Rousseau, sugerida por una estampa titulada Repas de nos phiiosophes. y por la comedia Les Philosophes de Charles Palissot, ambas de ese
mismo aAo 1760.
42 El diálogo figura, de todo* modos, en el volumen antológico de la
Pifiad*, ya citado varias veces (Voltaire, Mélan&s. op. cit.). Cf. también C.
Mervaud, Voltaire á table. Platsir du corps, plaisir de l'espnt, Parts, 1998, pp
154-156 H. Hastings, Man and Beast in the French Thougfrl of the Eighleenih
Century, Baltimore, 1936, pp. 257 y 258, lo define, con cierto apresura
miento. “hunutrous
TOLERANCIA Y COMERCIO
189
je su íta , u n ja n se n ista , u n cu áq u ero , u n anglicano, u n lu te­
ran o , u n p u rita n o y u n m u su lm á n e n ta b la n u n a d iscusión
te o ló g ic a q u e re c u e rd a n u e v a m e n te la d e sc rip c ió n de la
B olsa de L ondres. El papel del o b serv ad o r d istan te y ra z o ­
n able se confía no al n a rra d o r sino a u n chino, que tiene la
ú ltim a p a la b ra : esto s eu ro p eo s están to d o s locos, hay que
en c errarlo s en u n m a n ico m io .63 E n el "Diálogo del capón y
la p u la rd a ", en cam b io , el e x tra ñ a m ie n to es confiado a la
voz de los dos actores.
S in em bargo, actores no es el té rm in o correcto. Los dos
an im a le s so n v íctim as: n o a c tú a n , sin o que p a d e c e n .64 Al
ca p ó n que le p re g u n ta p o r qué está ta n triste, la p u lard a le
co n testa d escribiendo m in u cio sam en te la feroz operación a
la cual fue som etida: "U na m ald ita sirvienta m e tom ó sobre
su falda, m e m e tió u n a ag u ja la rg a en el culo, sostuvo m i
m a triz, la en ro lló a lre d e d o r de la aguja, la a rra n c ó y se la
dio de co m er a su gato".65
¿El d eseo de a lim e n ta rse co n p la to s exquisito s p u ed e
ju stifica r ta n feroz m u tilación? V oltaire obliga a que quien
lee se p lantee esa pregunta. Un hábito (alim entarse de pollos
y gallinas) que la m ayoría de nosotros da p o r descontado es
repen tin am en te desfam iliarizado; el distanciam iento intelec­
63 Voltaire, Mélanges, op. cit., pp. 323-335.
64 E. Auerbach, "Remarques sur le mot passion'", en Neuphilotogische
Mitteilungen, 38, 1937, pp. 218-224; y "Passio ais Leidenschaft”, en Gesammelte Aufsátze zur romanischen Philologie, Berna, 1967, pp. 161-175.
[Hay versión francesa de este último estudio, "De la Passio aux passions”, en la antología Le cuite des passions. Essais sur le xviF siécle frangais,
París, Macula, 1998. Se dispone en español del "Apéndice. Gloria passionis” al capítulo i, "Sermo humilis”, de Lenguaje literario y público en la
baja latinidad y en la Edad Media, trad. del vol. Literatursprache... (1958)
ya mencionado, Barcelona, Seix Barral, col. "Biblioteca Breve , 1969, pp.
70-81. N. del T.]
65 "Une maudite servante m'a prise sur ses genoux, m’a plongé une longue aiguille dans le cul, a saisi ma matrice, l’a roulée autour de 1aiguille,
la arrachée et l’a donnée á manger á son chat” (Voltaire, Mélanges, op. cit.,
p. 679).
190
EL HILO Y LAS HUELLAS
tual crea las premisas de una repentina identificación emo­
tiva. El capón acusa a los seres humanos observando que al­
gunos espíritus iluminados vedaron el consumo de carnes
animales: los brahmanes indios, Pitágoras y el filósofo neoplatónico Porfirio. El escrito de Porfirio titulado De abstinentia [Acerca de la abstinencia] fue traducido al francés con el
título Traité... touchant Vabstinence de la chair des anim aux
(1747) [Tratado... que versa sobre la abstinencia respecto de
la carne de los animales]. Voltaire poseía un ejemplar de esta
obra, algunas de cuyas páginas subrayó.66 Pero más impor­
tante, y más cercana al espíritu del “Diálogo del capón y la
pularda", es una fuente hasta ahora no detectada: La fábula
de las abejas de Mandeville. Una de las notas, señalada con la
letra "p", incluye una fábula que inspiró el poema de Voltaire
"Le marseillois et le lion" (1768) [El marsellés y el león].67 Al
comentar la fábula, Mandeville aludió al hábito de castrar a
los animales para suavizar su carne, y describió en tono apa­
sionado cómo se daba muerte a un buey: "Guando se le abre
una gran herida, y se le corta la vena yugular, ¿qué mortal
puede oír sin sentir compasión los dolientes mugidos que se
mezclan con el manar de la sangre?”.
En su juventud, Mandeville se había graduado en medi­
cina y la había practicado durante algunos años. En ese en­
tonces había escrito un opúsculo (De brutorum operationibns, 1690 [Acerca del comportamiento de los animales]) que
seguía a Descartes cuando sostenía que, como carecen de
alma, los animales son máquinas. La conclusión de la nota
"p" de La fábula de las abejas suena como una palinodia:
C uando u n a c ria tu ra ha d ad o p ru e b a s tan con v in cen tes, ta n
claras de los te n o re s de que es presa, de los dolores y padece-
''' K fía llia n i, "Voltaire, P orphyre et les a n im a u x ”, en Studies on Voltaire
mu! the lurfitcenth Centnty, 199, 1981. pp. 125-138.
1,1 l .d M o lan d , vol. x, pp 140-148.
TOLERANCIA Y COMERCIO
191
res que experimenta, ¿hay acaso algún discípulo de Descartes
que esté tan habituado a la sangre que no refute, con su pro­
pia compasión, la filosofía de ese vano razonador?68
El capón presentado p o r Voltaire se hacía eco de Mandeville:
En efecto, mi querida pularda, ¿no sería un ultraje a la divini­
dad afirmar que tenemos sentidos para no sentir, y un cerebro
para no pensar? Esta fantasía -digna, según se dice, de un
desquiciado de nombre Descartes-, ¿no sería acaso el colmo
del ridículo y una inútil justificación de la barbarie?69
“Diálogo del capón y la p u larda" parece, m ás que u n a exal­
ta ció n del v egetarianism o, u n a reflexión acerca de la p o si­
bilidad de am p lia r los lím ites de la tolerancia, hasta incluir
a los an im ales, o p o r lo m e n o s a alg u n o s de ello s.70 T anto
m ás ch o can te resu lta el ataq u e que Voltaire lanza, p o r boca
de la p u la rd a , c o n tra los judíos. R etom ando u no de sus te­
m as preferidos, a u n q u e sin recurrir, com o o tras veces, a re­
to rcidos testim onios bíblicos, V oltaire acu sa a los ju d ío s de
canibalism o al exclam ar: "Es ju sto que u n a especie ta n per­
v ersa se devore a sí m ism a, y q u e la tie rra sea p u rg ad a de
esa ra z a ".71 P alabras com o "especie" o "raza" sugieren cierta
d ista n c ia e n tre la p u la rd a y V oltaire, q u ie n en g en eral se
68 Mandeville, Fable o f the Bees. vol. i, ed. al cuidado de F. B. Kaye,
Oxford, 1924, pp. 169-181. Ese fragmento debe agregarse al análisis deta­
llado de los ecos de Mandeville en la obra de Voltaire preparado por Wade,
Studies on Voltaire, op. cit., pp. 12-56. Acerca de Descartes y los animales:
cf. H. Hastings, Man and Beast..., op. cit.; L. Cohén Rosenfield, From
Beast-Machine to Man-Machine, Nueva York, 1941. Hago la advertencia de
que mi conocim iento del De brutorum operationibus de Mandeville es sólo
indirecto.
69 Voltaire, Mélanges, op. cit., p. 682.
70 C. Mervaud, Voltaire á table..., op. cit., pp. 153-168.
71 II est juste qu’une espéce si perverse se dévore elle-méme, et que la
terre soit purgée de cette race” (Voltaire, Mélanges, op. cit., p. 681).
192
EL HILO Y LAS HUELLAS
refiere a los judíos como "pueblo".72 Ni aun las víctimas
inocentes -parece sugerir irónicamente Voltaire- son in­
munes a los prejuicios. El capón hace esta definición de los
hombres: "Aquellos animales que son bípedos como noso­
tros y son muy inferiores a nosotros porque no tienen plu­
mas”. El capón y la pularda comparten los prejuicios de
sus perseguidores, lo cual simultáneamente los vuelve ri­
dículos y familiares. Al final del diálogo el capón, que ha
hablado con desprecio de los cristianos por sus crueles há­
bitos alim entarios, muere pronunciando las palabras de
Jesús: "¡Ay! Me toman por el cuello. Perdonemos a nues­
tros enemigos”.73
Es por cierto una alusión desprovista de intenciones
blasfemas. Se compara al sufriente siervo de Isaías -tomado
como modelo por Jesús, por su imagen retocada durante la
redacción, o por ambos- con un cordero inocente llevado al
matadero (Is. 53, 7).74 Para la mayoría de los seres humanos,
los sufrimientos de los animales parecen insignificantes si
se los compara con sus propios sufrimientos. Sin embargo,
muchas culturas recurren a los animales para expresar, con­
denándola, la muerte que se da a seres humanos inocentes.
10. En 1772, Voltaire escribió una "diatriba” titulada II faut
prendre un partí ou le principe d ’action [Hay que tomar par­
tido; o bien, el principio de acción]. Tenía 78 años. Una vez
72
Cf. N. Hudson, "From Nation to Race: The Origin of Racial Classification in Eighteenth Century Thought”, en Eighteenth Century Studies, 29,
1996, pp. 247-264 (que me fue señalado por Daniel Stolzenberg). Acerca del
supuesto canibalismo de los judíos, cf. Voltaire, Dictionnaire philosophique,
vol. i, "Anthropophages", pp. 347-349; vol. n, "Jephté", pp. 240-242, y asi­
mismo B. K. Schwarzbach, "Voltaire et les Juifs: bilan et plaidoyer”, en
Studies on Voltaire und the Eighteenth Century, 358, 1998, pp. 27-91, en espci i;il, pp H2 y 81.
71
"A lt’ ! On nú- picnd par le con. Pardonnons i\ nos ennemis” (Voltaire.
Mt'langes, op. cit., p. 684).
/l Cl. C C■¡ii/ liiit k . (kchm cci di legno, op. cit., pp. 100-1 17.
TOLERANCIA Y COMERCIO
193
m ás, re to m a b a te m a s a cuyo resp e cto h a b ía reflexionado
obsesivam ente d u ra n te el tran sc u rso de su larga vida: Dios,
el m al, la tolerancia. V oltaire se ocupó del S er E terno, de las
leyes etern as de la n atu raleza, a las cuales todo se r vivo está
sujeto. D escribió el m u n d o com o u n a escena de exterm inio
recíproco:
Todos los animales se masacran recíprocamente, llevados por
un impulso irrefrenable [...] no hay animal que no tenga su
presa y que, para apoderarse de ella, no recurra al equivalente
de la astucia y a la furia con que la reprobable araña atrae y
devora la mosca inocente. Al pacer en la hierba, un rebaño de
ovejas devora en el lapso de una hora una cantidad de insec­
tos que supera la de hombres en el planeta.
E sa m a sa c re -o b se rv ó V o lta ire- fo rm a p a rte del pro y ecto
de la n a tu ra le z a : "E stas v íctim as m u e re n sólo d esp u és de
que la n a tu ra le z a h ay a provisto o tras nuevas. Todo renace
m erced al asesin a to ”.75
D icha p á g in a c a u só u n a im p re sió n im b o rra b le e n u n
lector co n tem p o rán e o a ella: el m arqués de Sade. E n su cé­
lebre panfleto ¡Franceses, haced u n esfuerzo m ás si queréis
ser republicanos!, S ade sostuvo que el asesinato es u n co m ­
p o rta m ie n to p o r co m pleto norm al, d a d o que en el m u n d o
n a tu ra l está en to d a s p a rte s .76 V oltaire h a b ía llegado a u n a
75 “Tous les animaux s’égorgent les uns les autres; ils y sont portés par un
attrait invincible [...] il n’est point d'animal qui n’ait sa proie, et qui, pour la
saisir, n’emploie l’équivalent de la ruse et de la rage avec laquelle l'exécrable
araignée attire et dévore la mouche innocente. Un troupeau de moutons dévore en une heure plus d'insectes, en broutant l’herbe, qu’il n’y a d'hommes
sur la terre [...] Ces victimes n ’expirent qu'aprés que la nature a soigneusement pourvu á en foum ir de nouvelles. Tout renait pour le meurtre" (ed.
Moland, vol. xxvni, París, 1880, p. 534).
76 Sade, La philosophie dans le boudoir, en (Euvres, vol. m, ed. al cuidado
de M. Deion, París, 1998, pp. 143-153 [trad. esp.: La filosofía en el tocador,
Barcelona, Tusquets, 1989]. Volveré en otra oportunidad a este tema.
194
EL HILO Y LAS HUELLAS
conclusión distinta. Él usó palabras dictadas por la compa­
sión, como "víctimas” y "asesinato”, y las reforzó con una
condena de los hábitos carnívoros de los seres humanos:
"¿Qué hay más abominable que alimentarse constantemente
de cadáveres?".77
De los sufrimientos de los animales Voltaire pasó a los
sufrimientos de los seres humanos. El mal existe: guerras,
enfermedades, terremotos lo demuestran. El principio "Todo
lo que es está bien" es absurdo. ¿El Ser Supremo es, por tan­
to, responsable del mal? En II faut prendre un partí discuten
un ateo, un maniqueo, un pagano, un judío, un turco, un teís­
ta y un ciudadano. La autorrepresentación de los diversos
interlocutores hace que se trasluzca la posición de Voltaire
respecto de ellos. Por las argumentaciones del ateo siente res­
peto, pero su portavoz es el teísta, quien explica que el mal es
resultado de la distancia entre el creador y las criaturas: una
argumentación insatisfactoria, como el propio Voltaire ad­
mite. El teísta toma en solfa todas las religiones, y critica,
por sobre todo, a los judíos:
Los cafres, los h o tentotes, los negros de G uinea son seres m u ­
cho m ás razonables y h onestos que los judíos [...] V osotros [ju­
díos] habéis prevalecido p o r sobre todos los pueblos en cu an tó
a h a b la d u ría s im p e rtin e n te s, m a la c o n d u c ta y b a rb a rie ; de
todo eso lleváis con vosotros la pena: ése es vuestro destino.
El turco, en cambio, es alabado por su tolerancia: "En espe­
cial, seguid siendo tolerantes: ése es el verdadero modo de
complacer al Ser de los Seres, que es el padre de turcos y
rusos, de chinos y japoneses, de negros, rojos y amarillos,
de la naturaleza toda”.78
" l'.il Mol.md, vol. xxvni, p. 549.
/M Les Cafres, les Hottentots, les négres de Guinée, sont des étres beau<oiip plus misonnaMes el plus honnltes que les .luifs [...] Vous [Juils] l ave/
TOLERANCIA Y COMERCIO
195
El b ru sco paso de la in to leran c ia (hacia los ju d ío s) a la
to leran cia (hacia todos los dem ás, al m enos en teoría) revela
u n a p ro fu n d a in c o h e re n c ia en el p en sam ien to de V oltaire.
Su Dios h a b rá sido indiferente al color de la piel; V oltaire no
solía serlo. P o r lo general, no era u n p en sad o r riguroso. Sin
em bargo, la incap acid ad de vivir a la altu ra de los principios
universales del ilu m in ism o no a ta ñ e sólo a Voltaire. El ilum in ism o , com o se h a d ich o a m en u d o , es u n p ro y ecto in ­
com p leto . Al final de II fa u t prendre un partí, el ciu d ad a n o
a u sp icia la to le ran cia, am p lia n d o sus lím ites h a s ta in c lu ir
(siquiera en fo rm a risueña) ta m b ié n a los anim ales: "En to ­
d as las d isc u sio n e s q u e se p ro d u zc an , está ex p lícitam en te
p ro h ib id o tra ta rse de perro, a u n en la cim a de la ira, a m e­
n os q u e se tra te a los p e rro s com o si fu e ra n h o m b res, en
caso de q u e n os ro b e n la ce n a o n os m u e rd a n , etc., etc.,
etcétera”.79
E n la so c ied a d to le ra n te b o sq u e ja d a al final de II fa u t
prendre un partí, las m ujeres no son siq u iera m encionadas.
Q uizás este com po rtam ien to , así com o el que se ad o p ta con
los esclavos, h ay a de a trib u irs e a los lím ites h istó rico s del
ilum inism o, y en cu a n to tal deb a se r diferenciado de su le­
gado ideal. A lguien p u e d e p re g u n ta rn o s si este leg ad o es
realizable. P uede p re g u n ta m o s si realizarlo es auspiciable.
Com o se h a visto, A uerbach respondió afirm ativam ente a la
p en ú ltim a pregunta, y negativam ente a la últim a.
11. La re a p e rtu ra de la B olsa de N ueva York pocos días d es­
pués de los aten tad o s co n tra las to rres del W orld Trade Cente r dejó en evidencia (com o m e hizo n o ta r A driano Sofri) la
emporté sur toutes les nations en fables impertinentes, en mauvaise conduite, et en barbarie; vous en portez la peine, tel est votre destin . Continuez
surtout á étre tolérants; c’est le vrai moyen de plaire á l’Étre des étres, qui est
également le pére des Tures et des Russes, des Chinois et des Japonais, des
négres, des tannés et des jaunes, et de la nature entiére (ibid., p. 551).
79 Ibid.
196
EL HILO Y LAS HUELLAS
extraordinaria actualidad de la página de Voltaire acerca de
la Bolsa de Londres. La racionalidad y globalidad del mer­
cado financiero fueron contrapuestas al fanatismo sectario
de los fundamentalismos religiosos: gesto en el que Voltaire
se habría reconocido con entusiasmo.
La reacción de Auerbach habría sido obviamente dis­
tinta. Él estaba habituado a mirar lejos y desde lejos. En las
sangrientas alternativas que se suceden ante nuestra mirada
habría visto una etapa del tortuoso itinerario destinado a
imponer en el mundo entero, entre convulsiones de todo
tipo, una sociedad hom ogénea en térm inos culturales.
Desde su perspectiva, la intolerancia (como aquella de la
que personalmente era víctima) y la tolerancia contribuían
por vías contrarias a un mismo resultado. Auerbach tal vez
habría compartido también las preocupaciones de quien,
según una perspectiva cósmica, considera que la disminu­
ción de la diversidad tanto biológica como cultural puede
ser a muy largo plazo un riesgo para las capacidades de
adaptación de la especie humana. El físico Freeman Dyson
formuló esta preocupación en uno de los capítulos más in­
tensos de su autobiografía, titulado "Clades and clones".80
Ya pasaron veinte años, y entre tanto, nació Dolly.
M
0 F. Dyson, D is tu rh in f’ the Universe, Nueva York, 1979, p. 223 [trac!,
Trastornando el u nive rso , México, Fondo de Cultura Económica, 1982],
esp.:
Pero
véanse también las observaciones acerca de las relaciones entre las culturas
loimuladas porC. I.évi-Strauss, Ij> renard éloigné, París, 1983, pp. 11-17, 214H |ti.ul esp : / / / mirada ilista n te , Barcelona, Argos Versara, 1984 1-
VIL ANACHARSIS INTERROGA
A LOS INDÍGENAS
UNA NUEVA LECTURA DE UN VIEJO B E S T SE LL E R *
1. “T o d o s l o s j u e v e s p o r l a t a r d e , él escrib ía u n a exten sa
c a rta a su m a d re , co n tin ta ro ja y tres sellos de lacre p a ra
cerrarla; luego re p a sab a sus cuadernos de h isto ria o leía u n
viejo volum en de A nacharsis que la n g u id ecía en el recin to
de estu d io .”1
Ya desde la p rim e ra pág in a de M adam e Bovary, Charles,
fu tu ro m a rid o de la p ro ta g o n ista , es p re se n ta d o com o u n
in dividuo m e d io cre y rid íc u lo . (La d im e n sió n h ero ic a del
p ersonaje em erg erá ú n ic am e n te al final de la novela.) Cada
detalle que le atañ e , in c lu id a la a lu sió n al “viejo volum en
de A nacharsis” leído en el colegio de R ouen, tien e algo de
to rpe, de ra n c io y cad u co . F la u b e rt im a g in a que la tra m a
de M adam e B ovary c o m ie n z a en to rn o a 1835. E n esa fe­
cha, el Voyage du jeune A nacharsis en Gréce [Viaje del joven
A nacharsis a Grecia], de Je an -Jac q u es B arthélem y, p u b li­
cado en 1788, to d a v ía e ra u n g ra n best seller. E n el lapso
de u n siglo tuvo ce rca de o c h e n ta ediciones, si se cu e n ta n
ta m b ié n las an to lo g ías y las ad a p ta cio n e s p a ra adolescen-
*
Agradezco a Fran^ois Hartog, a quien debo mi primer encuentro con
el Voyage du jeune Anacharsis en Gréce\ y a Cheryl Goldstein, quien me
llamó la atención acerca del pasaje de Flaubert citado al comienzo.
1
G. Flaubert, La signora Bovary, trad. de N. Ginzburg, Turín, 1983, p. 10
(Madame Bovary. Maeurs de province, París, 1947, p. 9: "Le soir de chaqué
jeudi, il écrivait une longue lettre á sa mére, avec de l’encre rouge et trois
pains á cacheter; puis il repassait ses cahiers d’histoire ou bien lisait un
vieux volume á’Anacharsis qui trainait dans l’étude") [trad. esp.: Madame
Bovary. Costumbres de provincia, Madrid, Akal, 2004],
197
198
EL HILO Y LAS HUELLAS
tes. Fue traducido a los idiomas inglés, español, alemán,
italiano, danés, holandés, griego moderno, y hasta al ar­
m enio. Por intermedio de este larguísimo libro, genera­
ciones de lectores jóvenes -y no tan jóvenes- adquirieron
familiaridad con la historia y las antigüedades de Grecia.
El "viejo volumen de Anacharsis”, que Charles Bovary leía
en las largas noches del colegio, estaba ajado por el uso.
Pero para Flaubert era también un objeto del pasado: el
testim onio de un gusto y de un mundo cuyo colapso era
definitivo.2
A la enorme fortuna le siguió el olvido. Actualmente po­
demos permitimos mirar el Voyage con ojos ecuánimes. "Es
un libro que puede ser liberado del polvo que lo cubre", es­
cribió V.-L. Saulnier.3 Acaso sea cierto lo contrario. Lo que
en nuestros días interesa del Voyage du jeune Anacharsis es
su inactualidad.
2. Jean-Jacques Barthélemy había nacido en 1716 en Aubagne, Provenza, en una familia de comerciantes de buen pa­
sar.4 Estudió en un seminario, pero probablemente nunca
tomó en seria consideración la idea de proseguir su carrera
eclesiástica; quedó para siempre como el abbé. Una serie de
aportes eruditos lo hicieron conocido en el ámbito de los an­
ticuarios. En 1753 llegó a ser secretario del Cabinet des Médailles. Al año, dejó el cargo y partió hacia Roma, siguiendo a
Étienne-Fran^ois de Stainville, luego duque de Choiseul,
quien había sido nombrado embajador de Francia.
2
Acerca de la relación entre esos elementos, véase F. Orlando, Gli oggetti
desueti nelle immagini della letteratura, Turín, 1993.
’ Así termina la entrada "J.-J. Barthélemy", en Dictionnaire de la biographie (ranga ise.
4
Véase el retrato trazado por C. A. Sainte-Beuve, Causeries du lundi, vol.
vil, V rd , Parts, s. d., pp. 186-223. Otros datos biográficos en M. Badolle,
I'abbé Jean-Jacques fíarthélemy (¡716-1795) et l'hellénisnie en France dans
la setnnde nuntié du w n r sítele, París, 1927.
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
199
E n R om a, d onde p erm an eció tres años, B arthélem y e n ­
co n tró u n am b ien te in telectual m uy vivaz. Conoció a Winck elm ann, con quien tra b ó vínculo epistolar; estuvo in v o lu ­
crad o en las discusiones g eneradas p o r los descubrim ientos
arqueológicos realizados en H erculano; com enzó u n a inves­
tigación, que publicó algunos años después, acerca del m o ­
saico n iló tico de P a le s trin a .5 E n ese p erío d o em pezó a re ­
flexionar acerca de u n nuevo proyecto, m uy alejado de sus
investigaciones e ru d itas h a b itu a le s.6 E n sus m em orias, p u ­
b licadas cin cu e n ta años m ás tarde, lo describió así:
Me encontraba en Italia y, más que en la condición presente
de las ciudades que recorría, sentía interés por su antiguo es­
plendor. Me remontaba espontáneamente al siglo en que ellas
se habían disputado la gloria de dar vida a las ciencias y las
artes, y pensaba que la relación de un viaje prolongado, efec­
tuado a ese país en tiempos de León X, habría podido situar­
nos frente a uno de los espectáculos más provechosos e intere­
5 J.-J. Barthélemy, "Explication de la mosaique de Palestrine”, en Mémoires de littérature tirés des registres de l’A cadémie Royale des Inscñptions
et Belles-Lettres, vol. xxx, París, 1764, pp. 503-538.
6 Una lista sin pretensión alguna de exhaustividad da una idea de la
variedad de temas encarados por Barthélemy en ese período: "Remarques
sur une inscription grecque, trouvée par M. l’Abbé Fourmont dans le tem­
ple d’Apollon Amycléen, et contenant une liste des prétresses de ce Dieu",
en Histoire de l ’A cadémie des Inscñptions avec les Mémoires de Littérature,
vol. xxrn, París, 1756, pp. 394-421; "Essai d’une paléographie numismatique", en Mémoires de littérature tirés des registres de l'Académie Royale des
Inscñptions et Belles-Lettres, vol. xxiv, París, 1756, pp. 30-48; "Dissertation
sur deux médailles samaritaines d'Antigonus roi de Judée”, ibid., pp. 49-66;
"Mémoires sur les anciens monumens de Rome”, ibid., vol. xxvi, París, 1759,
pp. 532-556; "Dissertations sur les médailles arabes”, ibid., pp. 557-576; "Réflexions sur l’alphabet et sur la langue dont on se servoit autrefois á Palmyre”, ibid., pp. 577-597; "Réflexions sur quelques monumens phéniciens et
sur les alphabets que en résultent", ibid., vol. xxx, París, 1764, pp. 405-427;
“Remarques sur quelques médailles publiées par differens autheurs , ibid.,
vol. xxn, París, 1768, pp. 671-684; "Explication d’un bas-relief égyptien et de
l’inscription phénicienne qui l’accompagne”, ibid., pp. 725-738.
EL HILO Y LAS HUELLAS
200
santes p a ra la h isto ria del esp íritu h u m a n o . U na d escrip ció n
su m a ria b a s ta rá p a ra d a r u n a idea de ello. U n fran cés cru z a
los Alpes: en P avía e n c u e n tra a G erolam o C a rd a n o [...]. E n
P arm a ve a C orreggio que está p in ta n d o frescos en la cú p u la
de la catedral; en M antua, al conde B aldassar C astiglione [...].
E n F e rra ra ve a A riosto [...]. E n Florencia, a M aquiavelo y los
h isto riad o res G uicciardini y Paolo Giovio [...] en R om a, a M i­
guel Ángel, que está co nstruyendo la cú p u la de S an Pedro, y a
R afael, q u e p in ta las g alerías del V aticano [...]. E n N áp o les
e n c u e n tra a T alesio [¡!] - a q u ie n B acon define co m o p rim e r
re sta u ra d o r de la filosofía-, ocu p ad o en re h a c e r el sistem a de
P arm énides; e n c u e n tra a G iordano B runo, a q u ien la n a tu ra ­
leza parece h a b e r elegido com o in té rp re te .7
Barthélemy se refirió a lo largo de páginas y páginas a este
proyecto que quedó trunco. El tema derivaba con seguridad
del Essai sur les moeurs (1760) [Ensayo sobre las co stu m ­
bres]: más precisamente, del capítulo en que Voltaire con­
trapone las efímeras luchas entre las ciudades italianas al
progreso intelectual alcanzado en el siglo xvi.8 Barthélemy
dio otro paso más, y planteó la hipótesis de que el progreso
artístico e intelectual había sido producido por la “tenden­
cia a la emulación por parte de los diversos gobiernos” en
que estaba dividida Italia: tesis luego retomada por Sismondi y Burckhardt.9 A la par de Michelet y de Burckhardt,
Barthélemy veía en "esta sorprendente revolución [cette
étonante revolution]" un primer y decisivo paso hacia el mun­
do moderno: "Porque, después de todo, el siglo de León X fue
7 J.-J. Barthélemy, Voyage en Italie, "á Paris l’an x”, 1802; reed. Ginebra,
1972, pp. 397 y ss.
" Voltaire, F.ssai su r les inceurs, vol. n, cd. al cuidado de R. Pomeau, Pa­
rís, 1961, cap. xxi, p. 168.
.11 Barthélemy, Voyage en Italie, op. cit., p. 402. Cf. también W. Kaegi,
h u o h H nrckhardt, Fine H iographie, vol. m, Basilea y Stuttgart, 1956, pp.
<S7H y 6 7 9 .
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
201
la a u ro ra de los que siguieron; y m uchos de los genios que
b rilla ro n en v arias n ac io n e s d u ra n te los siglos xvn y xvm
deben g ran p a rte de su gloria a aquello que Italia h ab ía p ro ­
du cido en los siglos previos".10
El p royecto c o b ra ría la fo rm a de u n a relació n de viaje
re d a c ta d a p o r u n francés: tra n sp a re n te alter ego del autor.
E sa invención n arrativ a, v agam ente in sp ira d a en las Aven­
tures de Télémaque [Aventuras de Telémaco] de Fénelon, vin­
c u la b a la p re s e n ta c ió n a u n p e río d o de tie m p o b a s ta n te
a c o ta d o .11 El im a g in a rio v iajero fra n cé s asistía , tal com o
p arece co m p re n d erse a p a rtir del esbozo b asta n te confuso
de B arthélem y, a la deco ració n de las Stanze, realizad a p o r
R afael e n tre 1511 y 1514, y a la co n stru c ció n de la cú p u la
de S an P edro, q u e M iguel Ángel co m en zó en 1550; veía a
Correggio m ie n tras rea liza b a sus frescos en la cúp u la de la
c a te d ra l de P a rm a el a ñ o 1526, y e n c o n tra b a a G io rd an o
B runo en N ápoles cerca de m edio siglo después. Todos esos
acontecim ientos e ra n com patibles con la vida de u n indivi­
d u o b astan te longevo. S in em bargo, B arthélem y no d u d ab a
en fo rz ar las constricciones narrativ as que se h ab ía autoim p u esto. E n tre los co n tem p o rán e o s de A riosto in clu ía a P e­
tra r c a , q u ie n h a b ía vivido u n siglo a n te s q u e aq u él, y a
Tasso, nacido 11 años después. Al prim ero, p orque sus obras
10 J.-J. Barthélemy, Voyage en Italie, op. cit., p. 408. En cuanto a un uso
análogo del término “revolución" referido al período 1453-1648, véase J.
Koch, Tableau des revolutions de l’Europe, Lausana y Estrasburgo, 1771,
citado por D. Cantimori, Studi di storia, Turín, 1958, pp. 355 y 356.
11 El 23 de octubre de 1771, madame Du Deffand, amiga de Barthélemy,
le escribió a la duquesa de Choiseul que había leído el Télémaque y lo ha­
bía encontrado "mortalmente aburrido [...] El estilo es tedioso, sin vigor;
intenta conseguir cierta unción, carente de calor”. Contestando en nombre
de la duquesa, Barthélemy admitió: "Es cierto: es disperso, un poco m onó­
tono, demasiado lleno de descripciones, pero lleno de una moral elevada
(Correspondance complete de Mme du Deffand avec la duchesse de Choiseul,
l'abbé Barthélemy et Ai. Craufurt, con una introducción de M. le M[arqu]is
de Sainte-Aulaire, vol. n, París, 1877, pp. 75 y 77).
202
EL HILO Y LAS HUELLAS
eran leídas y comentadas en el siglo xvi; y al segundo, por­
que se había inspirado en Ariosto: "De igual modo -com entó
Barthélemy- llamamos Nilo tanto a su nacimiento como a
su desembocadura".12 El panorama de la vida artística e in­
telectual de la Italia del Cinquecento evocaría, en forma
condensada, un proceso histórico tanto más prolongado.
Mediante la descripción de su proyecto malogrado, Barthé­
lemy podría haber influido en la presentación sincrónica
del Renacimiento italiano propuesta por Burckhardt en su
famoso libro.
Barthélemy abandonó el proyecto porque se dio cuenta
de que su preparación acerca del siglo xvi era inadecuada.
Sin embargo, trasladó ese mismo artificio a un período his­
tórico que sus investigaciones eruditas habían vuelto fami­
liar para él: la Grecia del siglo iv a. C. Imaginé -se lee en la
advertencia preliminar a la primera edición del Voyage- que
un escita de nombre Anacharsis efectúa un viaje a Grecia
observando los usos y costumbres de los pueblos, asistiendo
a las fiestas, encontrándose con una serie de personajes fa­
mosos: "Con ello se compuso un viaje, antes que una histo­
ria, porque en un viaje todo se pone en uso, aun las m íni­
mas circunstancias, que no es lícito a un historiador referir
[qu'on y permet des détails interdits á rhistorien]”.13
3. Una novela histórica atiborrada de erudición, una m ezco­
lanza indigesta inspirada en las Aventures de Télémaque de
Fénelon: ésas son en nuestros días las imágenes asociadas al
Voyage du jetine Anacharsis. Sin embargo, el tramo recién
citado deja vislumbrar un experimento más complejo. El te­
12 J.-J. Barthólcm y, Voyage en Italie, op. cit., pp. 403 y 404.
M .1.-.1. H arlliólem y, Voyage du jeune Anacharsis en Grüce..., vol. i, París,
I7 ‘> l ', pp i-ni (para la Irailuccirin se g u í Viaggio d'Anacarsi il giovine nella
Grecia verso la tnetá del quarto socolo avant i lera volgare, vol. l, V enecia.
I 7'VI, p vil)
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
203
n u e m ecanism o novelesco puesto en m ovim iento p o r el im a­
g in a rio viajero escita era p a ra B arthélem y un instru m en to ,
no u n fin.14 ¿Pero cuáles e ra n las "m ínim as circu n stan cias,
q ue n o es lícito a u n h isto ria d o r referir", recu p erad as g ra ­
cias al artificio narrativo? U na m ira d a al Voyage ap o rta u n a
p rim e ra resp u e sta . E n la te rc e ra edició n (1791), el p rim e r
volum en se ocupa de rec ap itu lar la h istoria política y m ilitar
de G recia. Los seis volúm enes siguientes tienen u n a fisono­
m ía p o r com pleto distinta. P ululan en la exposición las notas
a pie de página (20 mil, proclam ó con orgullo B arthélem y).15
T om em os u n cap ítu lo al azar, el xxv: "De las casas y de las
com id as de los A tenienses" ("Des m a iso n s et des rep as des
A theniens"). El lector se en c u en tra frente a la m inuciosa des­
c rip c ió n de u n sim posio, que en n o ta s rem ite a pasajes de
a u to re s griegos y, m en o s a m e n u d o , latinos; excep cio n al­
m en te se cita ta m b ié n a alg ú n a u to r m oderno, com o Isaac
C asaubon (por su com entario a Ateneo) y Jacob S p o n.16 Los
capítulos del Voyage acerca de las cerem onias religiosas, las
fiestas, las distin tas localidades visitadas p o r A nacharsis es­
tá n construidos del m ism o m o d o .17
E ra n éstos los tem as trad icio n a lm e n te tratad o s p o r los
a n tic u a rio s .18 E n su s m e m o ria s, B a rth é le m y d ec la ró h a ­
berse valido, p o r sobre todo, de la gran colección de an tig ü e­
dades griegas al cu idado de G ronovius: 12 volúm enes info­
lio, que incluyen, e n tre otro s, los tra ta d o s de E m m ius, de
14 Cf. K. Stewart, "History, Poetry and the Terms of Fiction in the Eighteenth Century", en Modem Philology, 66, 1968, pp. 110-120.
15 J.-J. Barthélemy, (Euvres diverses, 2 vols., vol. i, “á París la n vi , p.
L X X II.
16 J. Spon, Voyage d'Italie, de Dalmatie, de Gréce et du Levant, fait és années 1675 et 1676, Lyon, 1678-1680.
17 C. A.' Sainte-Beuve, Causeries du lundi, op. cit., vol. vn, p. 208: Il est
le Tillem ont de la Gréce”.
18 A. M omigliano, "Storia antiqua e antiquaria” [1950], en Sui fondam enti della storia antica, Turín, 1984, pp. 3-45.
204
EL HILO Y LAS HUELLAS
Cragius, de M eursius.19 B arthélem y se inspiró en especial
en la obra de este últim o, organizada por tem as. Para col­
m ar las lagunas dejadas por sus predecesores, Barthélem y
controló m eticulosam ente todo tipo de textos, sin pasar por
alto algunas inscripciones recientem ente publicadas. Una
m iríada de dim inutas teselas, basadas sobre otras tantas ci­
tas, se vieron yuxtapuestas para com poner un m osaico gi­
gantesco: el Voyage du jeune Anacharsis.
4. Para que el proyecto llegase a térm ino debieron p asar
treinta años. En una carta a su am iga m adam e Du Deffand,
el 18 de febrero de 1771, Barthélem y aludió con am argura
a la decisión que h ab ía tom ado m ucho tiem po antes, en
1755: seguir a Rom a al duque de Choiseul, dejando su p ro ­
pio em pleo en el C abinet des M édailles. Desde entonces,
afirm aba, las obligaciones contraídas con relación al d u ­
que y la duquesa de Choiseul (de quienes era, respectiva­
m ente, el protegido y el chevalier servant, acaso el am ante)
le h abían im pedido seguir su verdadera vocación, la del
eru d ito .20 Pasados algunos m eses, en diciem bre de 1771,
Luis XV cedió ante la insistencia de m adam e Du B arry y
exilió al poderosísim o duque de Choiseul a su residencia
de cam po en Chanteloup, cerca de Amboise. Poco después,
tam bién B arthélem y perdió su posición (y gran parte de la
p rebenda co rre sp o n d ie n te ) de se cre ta rio general de las
G uardias S u izas.21 Tras algunas vacilaciones decidió se ­
19 J. Gronovius, Thesaurus Graecarum Antiquitatum , 13 vols., Lugduni
Batavorum (Leiden), 1697-1702.
20 Barthélemy a m adam e Du Deffand, Chanteloup, 18 de febrero de 1771
(Corresponda tice compléte de Mtne du Deffand..., op. cit., vol. i, carta ccx, pp.
14*5-Í47). Acerca de la liaison entre Barthélemy y la duquesa de Choiseul,
véase la introducción, p. xi.vn. En el mom ento en que Barthélemy fue arreslado durante el Terror, la duquesa logró arrancarlo de la cárcel (p. cxxix).
21 Correspondance complete de Mm e du Deffand..., op. cit.. vol. i, pp. c xv
y i xvi, llo n u e Walpole ’s Correspondente, ed. al cuidado de W. S. Lcwis,
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
205
g u ir al d u q u e y a la d u q u e s a a su exilio ag reste: d u ra n te
c u a tr o a ñ o s vivió c o n ello s e n la a tm ó s fe ra a p a r ta d a y
tra n q u ila de C h anteloup.
P ara los duques de Choiseul y su pequeña corte, B arthé­
lem y h a b ía e sc rito alg ú n tie m p o a n tes u n p o e m ita heroicó m ico titu la d o "La C hanteloupée, ou la guerre des puces
c o n tre M m e L .(o u ise) D .(u ch esse) d.(e) C h.(oiseu l)" [La
C hanteloupée, o la gu erra de las pulgas con tra Mme. Louise,
d u quesa de C hoiseul].22 É ste fue publicado, con cierta inco­
m o d id ad , rec ién d esp u és de su m u e rte. E n el a ñ o vi de la
R epública, u n escrito com o ése, testim o n io del m ás frívolo
A n d en Régime, parecía indigno de figurar entre las obras de
Barthélemy. Pero la descripción de la casa de Dinias, rico h a ­
b ita n te de A tenas, in clu id a en el ya citado capítulo xxv del
Voyage, evoca u n clim a m uy distinto. A nacharsis le pide a la
m u jer de Dinias, Lysistrata, perm iso p ara visitar su m orada:
La tablilla para peinarse acaparó antes que nada mi atención.
Observé jofainas y aguamaniles de plata, espejos de distintos
materiales, fíbulas para arreglar el cabello, piezas de hierro
para rizarlos (a), cintas más o menos largas para mantenerlo
unido, redecillas para recogerlo (b), polvo cerúleo para vol­
verlo rubio (c), varias suertes de brazaletes y zarcillos, estu­
ches de carmín y albayalde, y de pasta negra para teñir las
pestañas; y todo cuanto puede ser menester para mantener
aseados los dientes (d).
Estaba yo examinando esos implementos con atención; y
Dinias no comprendía cómo podían ser novedosos para un
escita.23
vol. v: Madame du Deffand and Mlle Sanadon, t. ni, New Haven ( i l ) , 1939,
p. 155 (12 de diciembre de 1771).
22 J.-J. Barthélemy, (Euvres diverses, op. cit., vol. i, pp. 163-195.
23 J.-J. Barthélemy, Voyage..., op. cit., vol. n, p. 368 (trad. it.: Viaggio
d ’A nacarsi, op. cit., vol. iv, p. 90).
206
EL HILO Y LAS HUELLAS
Las notas a pie de página, cuyas llamadas son letras entre pa­
réntesis, remiten a Luciano, Homero, Esiquio, e incluso a un
escolio a Teócrito: pasajes utilizados para componer la des­
cripción de un boudoir ateniense del siglo iv a. C., que es un
fragmento de anticuaría rococó. Ni un historiador antiguo ni
uno dieciochesco habrían admitido la posibilidad de dete­
nerse en detalles de esa índole: frivolos, irrelevantes y por ello
prohibidos (interdits). Para un anticuario como Barthélemy,
en cambio, era obvio detenerse en los aspectos de lo que hoy
llamamos vida material, con tan amplia presencia en el Vo­
yage du jeune Anacharsis. La requisitora mirada del viajero
bisoño, el bárbaro Anacharsis, reenvía a la mirada juiciosa
del anticuario Barthélemy. La distancia ingenua en tomo a la
cual gira la ficción abre camino a la distancia crítica.
5. El Voyage no es un tratado sistemático de anticuaría ni un
relato histórico. Barthélemy siguió una tercera vía, en la inter­
sección entre novela y erudición. A esa opción no debió ser
ajeno el entorno en que transcurrió gran parte de su propia
vida: un ámbito aristocrático abierto a curiosidades intelec­
tuales de todo tipo, dominado por la imponente figura de ma­
dame Du Deffand, de quien la duquesa de Choiseul y el abbé
Barthélemy eran íntimos amigos y con quien intercambiaban
cartas casi a diario.24 En 1771, cuando recibió el inesperado
desahogo epistolar de Barthélemy acerca de sus relaciones
con los duques de Choiseul (junto con el ruego, desoído, de
destruirlo), madame Du Deffand tenía 74 años. Estaba ciega
desde más de dos décadas atrás, sumamente vital e inteligente.
Juzgaba a personas y libros con absoluta independencia. Le
resultaba "detestable" el drama Les Scythes [Los escitas], de
Voltaire, con quien probablemente había tenido una relación
M Una refinada biografía basada sobre una amplia selección de las car­
tas puede verse en H. Craveri, Múdame du Deffand e il suo mondo, Milán,
l ‘>H2 | ti ad. esp Madame du Deffand y su mundo, Madrid, Símela, 2005].
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
207
en su juventud, y con quien m antenía lazos epistolares.25 A sus
78 años leía S ur la législation et le commerce des grains [Acerca
de la legislación y el comercio de granos], de Necker.26 Con 81
años, le escribió a B arthélem y, que le h ab ía aconsejado leer
la History o f America [H istoria de los Estados Unidos] de Robertson: “Recito u n a palinodia sobre la America de Robertson.
De entre todas las cosas que no m e im portan en absoluto es la
m ás agradable, la m ejor escrita, casi interesante".27
E n las ca rtas de m a d am e Du D effand suelen salir al paso
frases de ese tipo. A la d u q u esa de Choiseul le escribió:
Ya no sé qué leer, los libros de filosofía y de moral no los so­
porto, los libros de historia me parecen novelas sumamente
largas y tediosas acerca de acontecimientos que no siempre
son verdaderos y, aunque lo fueran, a menudo ya no resulta­
rían interesantes: por tanto, no resta más que la conversación,
y me contento con ello porque no tengo alternativas; ciertas
veces es de buena calidad, pero raramente sucede.28
M adam e Du D effand ac ab a b a de leer -o , m ejor form ulado,
de o je a r- los 12 volúm enes de Cléopatre, publicados a m edia­
dos del siglo x v ii p o r La Calprenéde. Pero au n en esa novela
interm inable y (com o la propia Deffand reconocía) aburrida,
h abía encontrado tram os "absolutam ente hermosos": la con­
v ersación en tre A gripa y A rtam an, con "conm ovedora" des­
c rip c ió n de u n a b a ta lla de g la d ia d o re s.29 La d u q u e sa de
25 Madame Du Deffand a Walpole, 4 de abril de 1767 (Correspondance
complete de Mme du Deffand..., op. cit., vol. i, p. 95).
26 Madame Du Deffand a la duquesa de Choiseul, 20 de abril de 1775
(ibid., vol. m, p. 167).
27 Madame Du Deffand a la duquesa de Choiseul, 2 de septiembre de
1778 (ibid., vol. in, p. 338).
28 Madame Du Deffand a la duquesa de Choiseul, 9 de diciembre de
1773 (ibid., vol. m, pp. 48 y 49).
29 Ibid.
208
EL HILO Y LAS HUELLAS
Choiseul y el abbé Barthélemy, más jóvenes que madame Du
Deffand (la diferencia era de 40 y 19 años, respectivamente),
en m ateria de novelas y libros de historia tenían gustos com­
pletam ente distintos a los de ella. La duquesa de Choiseul,
para quien La Calprenéde era insoportable, escribió a m a­
dame Du Deffand contraponiendo al poder despótico de Ca­
talina de Rusia, tan exaltado por Voltaire, la gloria humilde
pero genuina ("aquella que inflama el corazón y la im agina­
ción") del m arqués Ginori, el hom bre que había sentado las
bases de la prosperidad de Livomo: "¡Nos hablan de Catalina,
y no conocemos al marqués Ginori!".30 Madame Du Deffand,
que no sentía interés por la navegación de los romanos y de
los cartagineses y se aburría cuando leía a Robertson, recibió
el reproche de Barthélemy: lo que le faltaba -observó- era ese
sólido conocim iento de la Antigüedad que se adquiere m e­
diante la lectura de los autores griegos y romanos.
Las em p re sas de esos pueblos [ro m an o s y cartag in en ses] son
pacíficas -escribió B arthélem y-, pero p resentan g ran agitación;
y el m ovim iento llam a la atención e interesa. Es cierto que ese
interés es tranquilo: tan to mejor, po rq u e M. de B ucq p rete n d e
que la dicha no es o tra cosa que un interés calm o. Prefiero ver a
los ro m an o s y a los cartagineses c ru z a r los m ares p a ra d escu ­
b rir nuevos países antes que ver a las facciones de güelfos y gibelinos y las facciones de las R osas ro ja y b lan ca a rre m e te r a
hierro y fuego con todo para g obernar a pueblos que tran q u ila­
m ente prescindirían de ellas.31
10
"On nous parle de Catherine, et le marquis Ginori nous est inconnu!"
(Corresptnularwe cotnpléte de Mme du Deffand..., op. cit., vol. i, p. 119).
” "Les enlreprises de ces peuples sont paisibles, mais présentent de
grands inouvemenls, et c’esl le mouvement qui fixe l'attention et qui intétesse. II esl vrai que cet intórót est tranquille, et tant mieux, car M. de Bucq
piYlend que le bonheur n'esl autre chose que l'intérdt dans la calme. Jaime
mieux voir les romains el les carthaginois, les espagnols et les portugais
11 ;iverser les meix pour diVouvrir de nouveaux pays, que de voir les tac-
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
209
La co n trap o sició n en tre las pasiones y los intereses, en sen ­
tido tan to psicológico com o económ ico, había surgido a fina­
les del siglo xvn, y a lo largo del x v iii se había vuelto u n tem a
fu n d am en tal de la filosofía política.32 Las palabras de B arthé­
lem y m u e stran que esa m ism a contraposición había surgido,
si bien de m odo m ás soterrado, en el ám bito historiográfico.
La alusión polém ica a la G uerra de las Dos Rosas se refería
p ro b a b le m e n te a la Histoire de la rivalité de la France et de
l’Angleterre (1771) [H istoria de la rivalidad entre Francia e In ­
glaterra] de Gaillard, u n libro que m adam e Du Deffand había
apreciado m u ch ísim o .33 G aillard se o cupaba de guerras y lu ­
chas in tern as p ara sostener que los E stados europeos tenían
necesidad de paz: "E uropa es civilizada, E uro p a se cree ilus­
trada, ¡y sin em bargo hace la guerra! Nos hem os apresurado
d em asiad o a ap lau d ir n u estra s Luces. ¡E uropa todavía está
en la b a rb a rie !".34 B arthélem y d ab a la razó n a Gaillard; pero
su H istoire lo d ejab a im pasible. Los h isto ria d o res estab an
aprendiendo a h ab lar de las actividades de la paz, de las acti­
vidades com erciales que h ab ían posibilitado la sup rem acía
de E u ro p a p o r sobre el resto del m undo: pero era u n género
que se a b ría cam in o le n ta m e n te .35 P ara describir las ap aci­
bles ocupaciones de los hom bres y las m ujeres que vivían en
tions des Guelfes et des Gibelins et celles des Roses rouge et blanche mettre
tout á feu et á sang pour gouvemer des peuples qui se seraient bien passés
d’elles” (ibid., vol. in, p. 336).
32 Es la tesis del bellísimo libro de A. O. Hirschman, The Passions and
the Interests, Princeton, 1977 (trad. it.: Le passioni e gli interessi, Milán,
1979) [trad. esp.: Las pasiones y los intereses, Barcelona, Península, 1999].
33 Madame Du Deffand a la duquesa de Choiseul (Correspondance compléte de Mme du Deffand..., op. cit., vol. i, p. 442).
34 G. H. Gaillard, Histoire de la rivalité de la France et de l'Angleterre, vol.
i, París, 1771, prefacio, p. 2: "L’Europe est polie, l’Europe se croit éclairée,
et l’Europe fait la guerre! Nous nous som m es trop pressés d applaudir á nos
lumiéres, l’Europe est encore barbare!”
35 Entre las excepciones, P.-D. Huet, Histoire du commerce et de la navigation des anciens, "á Lyon, 1763" (reimpresión de la ed. de 1715; el libro
había sido escrito a instancias de Colbert).
210
EL HILO Y LAS HUELLAS
la Grecia del siglo iv a. C.f Barthélemy no se inspiró en los
historiadores sino en los anticuarios, veraces y falaces.
6. En 1789 The M onthly Review reseñó el Voyage du jeune
Anacharsis. El juicio, sustancialmente favorable, terminaba
lanzando un dardo envenenado: ¿era posible que Barthé­
lemy se hubiese inspirado en las Athenian Letters [Cartas
atenienses]?36 Esa alusión resultaba más que críptica. Con
ese título había aparecido en Cambridge en 1741, en forma
casi privada (se imprimieron sólo 12 copias), un epistolario
apócrifo, sin m ención de autor.37 En ese texto, un espía
persa de nombre Cleander y sus corresponsales intercam­
bian informaciones detalladas respecto de la Grecia de la
era de Pericles, Egipto, Persia. Cleander describía sus en­
cuentros con Heródoto, Sócrates, Aspasia; hablaba de tea­
tro, filosofía, religión; contraponía la libertad política y la
vitalidad comercial ateniense al despotismo persa: transpa­
rente alegoría del conflicto entre Inglaterra y Francia.38
36 The Monthly Review, vol. l x x x i , 1789, apéndice, pp. 577-593 (citado
también en J.-J. Barthélemy, Travels o f Anacharsis the Younger in Greece,
during the Middle o f the Fourth Century before the Christian Aera, vol. i, trad.
al inglés, Londres, 18064, p. m, "Translator’s Preface").
37 Cf. la entrada "Yorke, Philip" del Dictionary o f National Biography ; y
véase The Monthly Review, vol. l x x x i , 1789, apéndice, p. 592.
38 Consulté uno de los 12 ejemplares de la primera edición, conservado
en la s Special Collections de la Young Research Library, u c l a : Athenian
Letters, or the Epistolary Correspondence o f an Agent o f the King o f Persia,
residing at Athens during the Peloponnesian War, Containing the History of
the Times, in Dispatches to the Ministers o f State at the Persian Court. Besides
Ijetters on Various Subjects between Him and His Friends, 4 vols., Londres,
1741 -1743. Una nota manuscrita en el frontispicio de los volúmenes tercero
y cuarto advierte: "Supposed lo be wrote [¡!] by Ld Ch[arles] N [Yorke] 12
copies pi inled not more [Escrito, al parecer, por lord Charles N. Yorke: sólo
se lian impreso 12 copias]”. El ejemplar incluye notas y agregados manus<i ilos, redac'lados posiblemente por uno de los autores, luego añadidos de
loi nui parcial a las ediciones sucesivas. Ello surge de un cotejo entre la primeia edición y la tercera, en dos volúmenes, aparecida en Dublín durante
I 7‘>2 (peío no piule ver la 2* ed., de 1781, que según parece es idéntica a la
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
211
Las A thenian Letters e ra n p re se n ta d a s com o la tra d u c ­
ción al inglés, q u e h a b ía hecho re a liz a r el cónsul inglés en
T ú n e z , d e u n a tr a d u c c ió n e s p a ñ o la , p r e p a ra d a p o r u n
“docto judío" a p a rtir de u n original escrito en "antigua len­
gua p e rsa ” d escu b ierto en la biblioteca de Fez. La au ten tici­
d ad de las c a rta s e ra a c e n tu a d a p o r n o ta s a pie de página:
en u n a de ellas, la v era cid a d de u n a in sc rip ció n griega re ­
c ie n te m e n te p u b lic a d a (el M arm or Sandvicense) era co m ­
p ro b ad a de m a n e ra p arad ó jica p o r las afirm aciones ficticias
de C leander, el e sp ía p e r s a .39 U na c a rta q u e d escrib ía, en
fo rm a de visió n p ro fé tic a , los av ances científicos fu tu ro s,
h asta N ew ton y Boyle, era d en u n c ia d a com o su p erch ería y
p o r ello re le g a d a al ap é n d ic e: a ra b e sc o final que iró n ic a ­
m e n te re c a lc a b a la a u te n tic id a d de las A thenian Letters en
c o n ju n to .40 C ada c a rta iba aco m p a ñ ad a p o r u n a inicial m a­
yúscula: la ú n ic a m a rc a dejada delib erad am en te p o r los a u ­
to res de este ju eg o eru d ito . La id e n tid a d de ellos se develó
sólo en o c a sió n de la re e d ic ió n (u n c e n te n a r de co p ias,
a p ro x im a d a m e n te ) de las A thenian Letters, que tuvo lu g ar
en 1781.41 E l nuevo prefacio estab a im p reg n ad o de m elan ­
colía: e n tre ta n to , casi to d o s los a u to re s h a b ía n m u e rto .
Uno de los sobrevivientes escribió: "C uando ha tran scu rrid o
cierto p e río d o de tie m p o la v erd ad p u ed e se r revelada; la
ilusión se desvanece, la m a sc a ra d a h a te rm in a d o ".42 Algu­
tercera): véanse, p o r ejemplo, ed. 1741, vol. i, p. 148, y ed. 1792, vol. i, p.
133; ed. 1741, vol. i, p. 166, y ed. 1792, vol. i, p. 149.
39 Athenian Letters, op. cit., vol. m, pp. 91 y 92, donde se rem ite a una
disertación acerca del M armor Sandvicense, poco antes publicada por John
Taylor, C antabrigiae (Cambridge), 1743.
40 Athenian Letters, op. cit., vol. iv, pp. 227 y ss.
41 No vi las ediciones posteriores (1800, 1810), tam poco la traducción al
francés (Lettres Athéniennes, 1803).
42 Athenian Letters, vol. i, Dublín, 1792, Introducción. En ella se alude
tam bién a un a o bra de Crébillon hijo (Lettres Athéniennes, extraites du portefeuille d ’A lcybiade: cf. Collection complete des ceuvres, vols. xn-xiv, Londres
-es decir, París-, 1777) que es obra de im aginación. Análogo carácter pa­
212
EL HILO Y LAS HUELLAS
nos de los participantes habían cum plido funciones públi­
cas: Charles Yorke -autor, junto con su herm ano Philip, de
la m ayor parte de la recopilación- había ocupado el cargo
de lord chancellor; William Heberden, quien en una carta
había descrito un encuentro con Hipócrates, se había vuelto
un médico famoso.43 Todos habían sido estudiantes de Cam­
bridge; casi todos habían estado ligados al Corpus Christi
College. E n el grupo -u n a docena de personas en total- h a­
bía anticuarios com o Daniel Wray y Thom as Birch, quien
había proyectado la iniciativa; u n filólogo com o Sam uel
Salter; un escritor de asuntos religiosos como Henry Coventry. Resulta notable la presencia de Catherine Talbot, luego
autora de ensayos reeditados num erosas veces: acaso la pri­
m era m ujer de E uropa en escribir de historia, aunque en
este caso se trataba de historia ficticia.44
En una carta a la Monthly Review, Barthélemy, aun re­
conociendo la sem ejanza entre la estructura de las Athenian
Letters y la del Voyage, rechazó enérgicam ente la acusación
de plagio.45 Para dem ostrar su originalidad, declaró que en
un p rim er m om ento, du ran te su estadía en Rom a, había
rece tener un libro que no he visto (cuyo título tiene ecos del de M araña
m encionado m ás adelante): The Athenian Spy, Discovering the Secret Letters
which were sent to the Athenian Society by the Most Ingenious Ladies o f the
Three Kingdoms, relating to Management o f their Affections. Being a Curious
System o f Love Cases, Platonic and Natural, Londres, 1704 (reeditado en
forma am pliada en 1709).
43 Cf. Dictionary o f National Biography, en las entradas correspondientes
a estos nombres: Birch, Thomas; Coventry, Henry; Creen, John; Heberden,
William; Salter, Samuel; Talbot, Catherine; Wray, Daniel; Yorke, Charles;
Yorke, Philip. El artículo acerca de Philip Yorke incluye en la lista de quie­
nes participaron en la iniciativa al doctor Rooke (luego Master de Christ’s
College); John Hcaton (rede Eaton) de Christ s College; John Lawry. Véase
además E. Heberden, William Heberden Physician o f the Age ofReason, Lon­
dres, 19H9.
44 Véase, al respec to, N. Z. Davis, "History’s Two Bodies”, en The Amerit un Historical Review, 93, 1988, pp. 1-30.
4' The Monthly Review. nueva époea, vol. i, 1790, apéndice, pp. 477 y 478.
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
213
p en sad o en esc rib ir u n libro b asad o en las experiencias de
un viajero francés a la Italia de León X; en u n segundo m o­
m e n to h a b ía decidido, en cam bio, h a c e r fructificar sus co ­
n o cim ie n to s a n tic u a rio s, tra n sfo rm a n d o al viajero francés
en el escita A nacharsis. E stas afirm aciones -lu eg o re to m a ­
das en las m em o rias au to b io g ráficas- acaso fu eran veraces;
poco creíble resu lta la otra, h a b e r sabido de la existencia de
la rec o p ilac ió n inglesa sólo desp u és de h a b e r p u b lic ad o el
Voyage. H o ra c e W alpole, q u ie n h a b ía fre c u e n ta d o larg o
tie m p o a B arthélem y, co n o c ía m uy b ie n a m u c h o s de los
Y u n o de los p erso n ajes
a u to re s de las A thenian Letters
im ag in ario s del Voyage -e se A rsam e m in istro del rey de Per­
sia en el que los lectores co n tem p o rán eo s, a p a rtir de W al­
pole, re c o n o c ie ro n u n tra n sp a re n te h o m e n aje al d u q u e de
C h o ise u l- h a c ía reco rd ar, m á s b ie n d em asiad o , a u n en el
n o m b re, al s á tra p a O rsam es, u n o de los in te rlo cu to re s de
las A thenian Letters.47
7. E n el Voyage du jeune Anacharsis, todos los detalles están
escru p u lo sa y p u n tillo sa m en te docum en tad o s; en las Athe­
nian Letters, los docum entos inventados sirven p ara ap u n ta­
la r los genuinos. E n am bos casos, la h íb rid a m ezcolanza de
au ten ticid ad y ficción in ten ta su stitu ir los lím ites de la histo­
riografía existente. ¿Pero cóm o c o n tar la vida cotidiana, "las
m ínim as circunstancias, que no es lícito a u n histo riad o r re­
ferir"? Aquí la d ep e n d en c ia del Voyage de B arthélem y con
relación a las A thenian Letters resu lta evidente: Cleander, el
e sp ía p ersa , es el obvio p ro g e n ito r del escita A nacharsis.
V einticinco añ o s an tes del E ssai su r les mceurs de Voltaire,
46 En lo atinente a uno de ellos, Thomas Birch, Walpole expresó un jui­
cio despreciativo. Cf. la entrada correspondiente del Dictionary o f National
Biography.
47 J.-J. Barthélemy, Voyage du jeune Anacharsis en Gréce, vol. iv, París,
1824, pp. 1 1 7 y ss.
214
EL HILO Y LAS HUELLAS
esos textos expresaban la necesidad de un tipo de historio­
grafía que todavía no existía: "Estas cartas de nuestros agen­
tes, que figuran de prim era m ano los com portam ientos de
los griegos y los persas, nos dan de sus costum bres una idea
m ás adecuada de cuanto pueden hacer los severos anticua­
rios, con sus tratados elaborados y formales”.48
Pero ni siquiera Cleander era una invención original.
Hoy en día, las Athenian Letters invitan de inm ediato a pen­
sar en las Lettres Persanes [Cartas persas]. Sin em bargo, el
modelo de las Athenian Letters, m encionado explícitamente
en la introducción a la reedición de 1781, no era el libro de
M ontesquieu, sino aquel en que M ontesquieu se había ins­
pirado: L’e sploratore turco (1681) [El explorador turco], de
Gian Paolo M araña, que traducciones y reelaboraciones en
francés e inglés habían difundido por toda Europa {L’espión
ture [El espía turco], L’espion du grand seigneur dans les
cours des princes chrétiens [El espía del Gran Señor en las
cortes de los príncipes cristianos], The Turkish Spy).49
El artificio narrativo es sim ilar; com pletam ente distin­
tos son los resultados. La m irada corrosiva de Montesquieu,
anticipada en ciertos puntos por el libertino M araña (por
ejemplo, en la descripción de la eucaristía), observa sin com ­
prender las costum bres sociales que nos rodean, develando
con ello su carácter absurdo y arbitrario.50 En las Athenian
48 Athenian Letters, op. cit., vol. i, p. v i i i .
49 Athenian Letters, ed. de 1792, op. cit., p. xvm: "The general character
of Cleander is taken from M ahm ut, the Turkish Spy". Cf. G. C. Roscioni,
Sulle tracce de¡i"Esploratore turco", Milán, 1992. De la prim era edición ita­
liana se conoce un solo ejemplar.
V l [ ( j . P Maraña], L'espion dans les cours des princes chrétiens, ou lettres
t’t mémoires d'un envoyé secret de la Porte dans les Cours d'Europe; oü Von
voit les découvertes qu 'il a faites dans toules les Cours oü il s ’e st trouvé, avec
nne dissertation enríense de leurs Forces, Politique, et Religión, “ü Cologne,
I7V /', vol i, p. 41: "C’est alors M urante la Cuaresma] q u ’ils s'appliquent
davanlage aux exorcices de piólií; et q u ’apr^s avoir purgó leur consciente
pai des p^nilences, el par des confessions secretles q u’ils se lont les uns
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
215
Letters y en el Voyage du jeune Anacharsis, el extranjero (el es­
pía, el viajero) pide sin intención polém ica alguna datos res­
p ecto de las usan zas m ás sim ples. E n u n caso, la finalidad es
d esfam iliarizar u n p resente que tendem os a d a r p o r descon­
ta d o .51 E n el otro, fam iliariz am o s con u n pasado cuya fiso­
n o m ía c o tid ia n a nos es huid iza: o p era ció n a p a ren te m en te
b anal, que en realidad p resu p o n ía u n p rofundo quiebre d en ­
tro de la trad ició n historiográfica nacid a en Grecia.
8. H e ró d o to (vm , 26) re la ta q u e Jerjes, rey de P ersia, d e s­
p u és de la b a ta lla de las T erm opilas le p reg u n tó a u n g ru p o
de d e se rto re s de la A rcadia q u é e s ta b a n h acien d o los g rie­
gos. T ras sa b e r que e s ta b a n c e le b ra n d o los juego s o lím p i­
cos, les p reg u n tó cuál era el prem io. U na corona de olivo, le
c o n te sta ro n .
La p reg u n ta de Jeijes, que n in g ú n griego h ab ría soñado
hacer, re m a rc a b a irre m e d iab lem e n te su barbarie, y su ajen id a d a u n m u n d o en que el valor, no el dinero, con stitu ía el
p rem io m ás am bicionado. La co ro n a reservada al vencedor
de los ju e g o s te rm in ó p o r sim b o liz a r la rela ció n de re c í­
p ro c a ajen id a d e n tre griegos y b á rb a ro s. E n u n diálogo de
aux autres, ils mangent d’un certain pain qu’ils appellent le Sacrement de
l’Eucharistie, oü ils imaginent que leur Messie est réellement present, aussitót que leur Prétres ont prononcé certaines paroles. As-tu jamais vu de si
fou? [En ese momento <durante la Cuaresma> se aplican ante todo a los
ejercicios de piedad; y después de purgar su conciencia mediante peniten­
cias, y mediante confesiones secretas que se hacen unos a otros, comen
cierto pan que llaman el Sacramento de la Eucaristía, donde imaginan que
su Mesías está en verdad presente, tan pronto como sus sacerdotes hayan
pronunciado ciertas palabras. ¿Has visto vez alguna algo tan alocado?]". La
versión originaria italiana de este fragmento era mucho más cauta, como
releva G. Almansi, “L’*Esploratore Turco’ e la genesi del romanzo epistolare
pseudo-orientale", en Studi Secenteschi, vn, 1966, pp. 35-65, en especial, p.
60, n. 104; cf. también G. C. Roscioni, Sulle tracce. .., op. cit., p. 171.
51
Cario Ginzburg, “Straniamento", en Occhiacci di legno. Nove riflessioni sulla distanza. Milán, 1998, pp. 15-39 [trad. esp.: Ojazos de madera.
Nueve reflexiones sobre la distancia, Barcelona, Península, 2000],
216
EL HILO Y LAS HUELLAS
Luciano de Samosata, una vez que un escita llegado a Gre­
cia supo que los jóvenes disputaban por una corona de olivo
salvaje o de pino, estalló en carcajadas. El nombre del es­
cita es Anacharsis.52
Su homónimo, el héroe del Voyage de Barthélemy, era
igualmente desconocedor de las reglas de juego vigentes en
la sociedad griega. Las preguntas de este bárbaro sacaban
a la luz todo aquello que los historiadores, tanto antiguos
como modernos, habían dado por sentado y por ello no se
habían molestado en mencionar.
9. Durante la tan prolongada gestación del Voyage du jeune
Anacharsis apareció una obra de género completamente
distinto, destinada a una fama en verdad más perdurable:
The History o f Decline and Fall o f the Rom án Empire [Histo­
ria de la decadencia y caída del Imperio Rom ano]. Su autor,
Edward Gibbon, se había nutrido en la cultura anticuada
de la cual provenía Barthélemy: la cultura de la Académie
des Inscriptions.53 Pero en la formación de Gibbon habían
confluido además otros elementos: en primer término, las
ideas de los philosophes, a quienes de hecho el abbé Barthé­
lemy había permanecido ajeno.54 Gibbon fue definido como
52 Cf. Cario Ginzburg, Rapporti di forza. Stoña, retorica, prova, Milán,
2000, pp. 55 y 56. Y véase G. C. Roscioni, Sulle tracce..., op. cit., p. 164.
53 Cf. A. Momigliano, "II contributo di Gibbon al método storico", en Sui
fondamenti della storia antica, op. cit., pp. 294-311.
54 Madame du Deffard, que había quedado extasiada por el espíritu de
Gibbon, reaccionó tibiamente a su libro: "Je souscris á vous éloges sur la
Üécadence de l ’Empire -escribió a Horace W alpole-je n’en ai lu que la moitié, il ne m'amuse ni m’intéresse; toutes les histoires universelles et les recherches des causes m'ennuient; ja i épuisé tous les romans, les contes, les
ihéAtres; il n'y a plus que les lettres, les vies particuliéres et les mémoires
éc i ils par c eux qui font leur propre histoirc qui m’amusent et m’inspirent
q u elq ue i uiiosilé. La inórale, la métaphysique me causent un ennui morleí O ne vou s dirai-je? J a i trop vécu [Suscribo vuestros elogios aceira de
la !)<•( adem
del Imperio: no leí míls que la mitad, no me entretiene ni
m e m leiesa ; in d as las historias wniveiNales y los sondeos de las causas me
ANACHARSIS INTERROGA A LOS INDÍGENAS
217
el fu n d a d o r de la h isto rio g ra fía m o d e rn a p o r h a b e r sabido
fu sio n a r an ticu a ría e histoire p h ilo s o p h iq u e s La senda tra n ­
sitada, en u n a escala infinitam ente m ás m odesta, p o r el abbé
B arth élem y p resu p o n ía la fusión en tre a n ticu a ría y novela:
u n a estrategia, a la larga, p erdedora.
E l siglo xix m iró h a c ia la G recia de B arthélem y com o
h a c ia u n g igantesco p a n o ra m a .56 La fo rtu n a del Voyage du
jeune Anacharsis fue u n a lla m a ra d a p asaje ra que d u ró cien
añ o s, a c tu a lm e n te a p a g a d a p a r a sie m p re. Y sin em b arg o
ac aso sea ju sto rec o n o cer en ese libro, que ya resu lta ilegi­
ble, u n in c u n a b le de la e tn o g ra fía h istó ric a; y en el escita
A n ac h arsis, a d e m á s de u n d e s c e n d ie n te del e sp ía anglop e rsa C leander, u n a n te p a sa d o in v o lu n tario de a n tro p ó lo ­
gos, o inquisidores, m ás cercanos a n o so tro s.57
aburren; agoté todas las novelas, los cuentos, los teatros; para divertirme
e inspirarme alguna curiosidad ya no quedan más que las cartas, las vidas
peculiares y las memorias escritas por aquellos que hacen su propia his­
toria. La moral, la metafísica me causan un aburrimiento mortal. ¿Pero
qué he de deciros? He vivido demasiado]". Hornee Walpole’s Correpondence,
vol. vi, Madame du Deffand and Wiart, ed. al cuidado de W. S. Lewis, New
Haven ( i l ) , 1939, t. iv, pp. 469 y 470 (madame Du Deffand a Walpole, 23 de
agosto de 1777).
55 Cf. A. Momigliano, “II contributo di Gibbon...’’, op. cit.
56 S. Bordini, Storia del panorama. La visione totale nella pittura del xix
secolo, Roma, 1984. Y véase la sección "panorama” en W. Benjamín, Parigi capitale del xix secolo, ed. al cuidado de R. Tiedemann, Turín, 1986,
pp. 679 689 [trad. esp.: “París, capital del siglo x d í " , en Baudelaire. Poesía
y capitalismo. Iluminaciones //, Madrid, Taurus, 1993].
57 Véase, más adelante, el capítulo xiv: "El inquisidor como antropólogo”.
VIII. TRAS LAS HUELLAS
DE ISRAEL BERTUCCIO*
1. E l c a p í t u l o d e l a a u t o b i o g r a f í a de E ric H obsbaw m titu ­
lad o “E n tre los h isto ria d o res” com ienza con esta pregunta:
“¿Cóm o cam bió la historiografía a lo largo de m i vida?”. La
resp u e sta tra z a u n cu ad ro lleno de luces y som bras. Se em ­
pieza con u n a larga batalla en tre innovadores (o “m odem izadores”, com o los llam a H obsbaw m ) y tradicionalistas, que se
in au g u ró hacia 1890 y culm inó a m ediados del siglo xx. Du­
ra n te alg ú n tiem po, los innovadores se definieron a sí m is­
m os com o "historiadores sociales”: expresión vaga, en la que
H o b sbaw m no se reconoce del todo. S u blanco era la “tenden ciosidad tradicional de los h istoriadores convencionales
a favor de los reyes, los m inistros, las batallas y los tratados,
esto es, a favor de todos aquellos que tom ab an las decisiones
de alto nivel en las esferas m ilita r y p o lítica ”.1 H obsbaw m
explica cóm o los innovadores g an a ro n u n a estim a cada vez
m ayor en la escena internacional: “H acia 1970 parecía razo-
*
Distintas versiones de estas páginas fueron presentadas en el Archivo
Estatal de Venecia durante enero de 2005 (por los 150 años de la Escuela de
Archivística, Paleografía y Diplomática); en el Departamento de Historia de la
Universidad de Siena en abril de 2005; en el Departamento de Historia de
la Universidad de Pisa en noviembre de 2005.
1
E. Hobsbawm, Anni interessanti: autobiografía di uno storico, trad. it.
de D. Didero y S. Mancini, Milán, 2002, pp. 312 y 318 (E. Hobsbawm, Interesting Times: A Twentieth-Century Life, Londres, 2002, p. 288 [trad. esp.:
Años interesantes. Una vida en el siglo xx, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 260
y 266]; en adelante, los números de página correspondientes a la edición
inglesa citada por el autor aparecerán entre paréntesis y los de la edición en
español entre corchetes). Como es evidente, en la traducción italiana el
subtítulo fue modificado.
219
EL HILO Y LAS HUELLAS
220
nable suponer que se había ganado la guerra por la moderni­
zación de la historiografía, iniciada en la década de 1890”.2
Sin embargo, durante los años setenta, el panorama cambia
de improviso; y está claro que para Hobsbawn no consistió
en un progreso. Para ejemplificar esta modificación se cita,
por un lado, El Mediterráneo (1949) de Braudel; por el otro, el
“brillante tour de forcé de 'descripción densa’” de Clifford
Geertz dedicado a la riña de gallos en Bali (1973):* un volu­
minoso libro y un breve ensayo que simbolizan, respectiva­
mente, el estudio de la “estructura” y de la “cultura".
Se p ro d u jo u n cam bio - c o n tin ú a H o b sb aw m - de los m odelos
h istó ric o s o de los "grandes p orqués", se ab a n d o n ó el "m odo
an a lítico p o r el descriptivo", la e s tru c tu ra eco n ó m ica y social
p o r la cu ltu ra, la rec u p eració n del h echo p o r la rec u p eració n
de la sensación, el telescopio p o r el m icroscopio, com o p u ed e
a p re c ia rse en la m o n o g rafía, n o p o r breve m en o s influyente,
del joven h isto ria d o r italiano Cario G in zb u rg acerca de la cosm ovisión de u n excéntrico m olinero friulano del siglo xvi.3
Hobsbawm observa en una nota que I benandanti [Los be­
nandanti], el primer (y, desde su perspectiva, “más intere­
2 E. Hobsbawm, Anni interessanti, op. cit., p. 324 (p. 293) [pp. 270 y 271].
*
Se refiere a F. Braudel, La Méditerranée et le monde méditérranéen á
l'époque de Philippe II, París, 1960 [trad. esp.: El Mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II, México, Fondo de Cultura Económica,
1976)], y C. Geertz, “Deep Play: Notes on the Balinese cock-fight", incluido
en su The Interpretation o f Cultures, Nueva York, 1973 [trad. esp.: La inter­
pretación de las culturas, Barcelona, Gedisa, 1988]. Hobsbawm expone de
modo más o menos explícito esta contraposición en varios de los escritos
reunidos en On History, Londres, Weidenfeld and Nicolson, 1997 [trad.
esp.: Sobre la Historia, Barcelona, Crítica, 1998; cf., en especial, "Sobre el
remuerde la narrativa”, pp. 190-195]. [N. del T.]
' ív H o b sb a w m , Anni interessanti, op. cit., p. 3 2 5 (p. 2 9 4 ) [p. 2 7 1 ]. La
o p o sic ió n en tre estilo a n a lítico y estilo d escrip tiv o está tom ad a d e L. S to n e,
"Tlic Revivid o í N a n a liv e R ellection s o n a N ew Oíd H istory”, en Past «ti
l’h'u-nt,
H5, I 9 7 9 , pp . 3 -2 4 .
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAEL BERTUCCIO
221
sa n te " ) lib ro de q u ie n e sto esc rib e , q u e p o r su p a rte él
m ism o reseñó de inm ediato en el Times Literary Supplem ent,
"cu rio sam en te no atrajo entonces n in g u n a aten ció n ”.4
Ya h a n p a sa d o casi c u a re n ta añ o s. El ya no ta n joven
h isto ria d o r rec u erd a con g ratitu d esa generosa reseña y au n
antes la fu erte im presión cau sad a p o r la lectura de algunos
escritos de H o b sb aw m .5 A ctualm ente, H obsbaw m ve en m is
tra b a jo s u n a ex p re sió n del re p u d ia b le c a m b io de ru m b o
que p u so en riesgo los efectos positivos del m ovim iento in ­
novador. N o m e reconozco p o r com pleto en su ca racteriza­
ció n - p o r ejem plo, cre o h a b e rm e m a n te n id o en todo m o ­
m e n to aleja d o de la d escrip ció n lisa y lla n a -, p ero eso no
im porta. Lo que m e interesa son las observaciones de H obs­
b aw m acerca del estado de la historiografía hoy en día y sus
im plicaciones. Según H obsbaw m , las am biciones de co n o ­
cim iento p ro p ias de la historiografía fu ero n debilitadas p or
los n uevos m o v im ien to s sociales su rg id o s en los añ o s se­
senta: "La h isto ria está siendo revisada o inventada hoy m ás
que n u n c a p o r p e rso n a s q u e no d esea n co n o c er el v e rd a ­
d ero p asad o , sino sólo aquel que se ac o m o d a a sus o b jeti­
vos. La a c tu a l es la g ra n era de la m ito lo g ía histórica". La
d em an d a de reconocim iento proveniente de las m ujeres, de
las m in o rías étnicas o sexuales, y así sucesivam ente, h a cho­
cado c o n tra la p re te n sió n de la h isto rio g ra fía de fo rm u lar
u n discu rso p otencialm ente universal. Lo que se ha m inado
es "la creencia en que las investigaciones de los h isto riad o ­
res, realizadas siguiendo las no rm as aceptadas p o r todos de
la lógica y la p rueba, d istinguen en tre el hecho y la ficción,
4 E. Hobsbawm, Anni interessanti, op. cit., p. 473, n. 14 (p. 428, n. 12)
[p. 389, n. 12]. La reseña, no firmada -com o en ese entonces era norma del
Times Literary Supplement- fue reproducida como prefacio a la traducción
inglesa de I benandanti (The Night Battles: Witchcraft and Agrarian Cults in
the Sixteenth and Seventeenth Centuries, Londres, 1983).
5 Véase, más adelante, el capítulo xv: "Brujas y chamanes".
222
EL HILO Y LAS HUELLAS
entre lo que puede ser determinado como hecho y lo que
no, entre lo que es y lo que nos gustaría que fuese".6
En este último punto comparto plenamente las preocu­
paciones de Hobsbawm: gran parte de lo que escribí en los
últimos veinte años versa precisamente sobre ese tem a.7
Mucho habría para decir acerca de lo anterior. También la
liquidación del posm odem ism o, tratado como una moda
que sólo rozó marginalmente la historiografía me parece
demasiado apresurada.8 En términos generales, me resulta
indispensable diferenciar entre preguntas y respuestas: lec­
ción que aprendí de alguien que también fue muy impor­
tante para Hobsbawm. Las reflexiones de Gramsci que
figuran en sus cuadernos de la cárcel nacen de la concien­
cia de que el fascismo había ganado porque supo dar una
respuesta (reaccionaria) a preguntas que reaccionarias no
eran.9 Esta observación tiene implicaciones profundas, que
también inciden en el trabajo del historiador. Un asunto es
rechazar respuestas caducas o irrelevantes en el ámbito in­
telectual; y otro distinto es rechazar las preguntas que las
generaron.
En diciembre de 2004, Le Monde diplomatique publicó,
con el título "Manifeste pour l'histoire”, un texto que Eric
6 E. Hobsbawm, Anni interessanti, op. cit., p. 327 (p. 296) [p. 273].
7 Cf., por ejemplo, "Unus testis. El exterminio de los judíos y el princi­
pio de realidad” (en este volumen, capítulo xi); Occhiacci di legno. Nove
riflessioni sulla distanza, Milán, 1998 [trad. esp.: Ojazos de madera. Nueve
reflexiones sobre la distancia, Barcelona, Península, 2000]; Rapporti di forza.
Storia, retorica, prova, Milán, 2000.
8 E. Hobsbawm, Anni interessanti, op. cit., p. 325 (p. 294) [p. 271].
'* Cf. C. Gin/.burg, "L'historicn ct l’avocat du diable", segunda entrega de
una conversación con L. Vidal y C. Illouz, en G enéses, 54, marzo de 2004,
en especial, pp. 1 17-121; y véase del mismo autor "Mitología germanica e
na/ismo: su un vecchio libro di Georges Dumé/.il”, en M ili e m b lem i spie.
M orfología e storia, Tur ín, 1986, p. 210 [trad. esp.: "Mitología germánica y
na/ismo. Acerc a de un viejo libro de Georges Oumézil”, en M itos, em b le­
m as, in dicios. M orfología e h isto ria , Barcelona, Gedisa, 1994, pp. 176-1971
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAEL BERTUCCIO
223
H o b sb a w m h a b ía le íd o el m es a n te r io r en u n sim p o sio
ac erca de la h isto rio g ra fía m a rx ista org an izad o p o r la British Academy. La versión francesa incluía un tram o (que no
figura en el texto o riginal) en que u n a vez m ás H obsbaw m
o bservaba que la h istoriografía de los últim os tiem pos pasó
“de u n a p erspectiva cu a n titativ a a u n a perspectiva cu a lita­
tiva, de la m a cro h isto ria a la m icro h isto ria, del análisis es­
tru c tu ra l a las narraciones, de la h isto ria de la sociedad a la
h isto ria de la c u ltu ra ”.10 E n esta serie de contrap o sicio n es
m e e n c u en tro co n stan tem e n te en la p a rte equivocada. Pero
cu a n d o H obsbaw m escribe que "el m ay o r riesgo político in ­
m ed iato p a ra la h isto rio g rafía hoy es el 'antiuniversalism o ’,
vale decir, la convicción de que 'm i verdad vale ta n to com o
la tuya, indepen d ien tem en te de las p ruebas aducid as'” estoy
co m p letam en te de acu erd o con él.
Puede librarse la m ism a batalla u sando tácticas diferen­
tes. E n el caso aq u í an a liz ad o in te n té com batir, ad o p tan d o
u n a escala m icroscópica, la ten d en cia p o sm o d e m a a abolir
la distinción entre h istoria y ficción. E n otras palabras, entré
al cam po del adversario y tom é com o p u n to inicial sus p re­
guntas: pero llegué a respuestas com pletam ente distintas.
2. "¿Acaso Israel B ertuccio n o tiene m ás carácter que todos
esos nobles venecianos?, se decía n u e stro plebeyo rebelde
[n otre plébéien révolté]...”
Q uien h a b la es Ju lie n S orel, el p ro ta g o n ista de Rojo y
negro. S te n d h a l e sc rib ió su n ovela en u n ra p to e n d e m o ­
n iad o e n tre 1828 y 1830, y sus g aleradas se te rm in aro n de
co rreg ir in m e d ia tam en te después de la revolución de julio.
La frase que acabo de leer está to m ad a de uno de los ca p ítu ­
10
E. Hobsbawm, "Manifeste pour l’histoire", en Le Monde diplomatique,
diciembre de 2004, p. 20. Agradezco a Eric Hobsbawm por darme a leer el
texto expuesto en el simposio de la British Academy y por contestar a mis
preguntas acerca de las discrepancias entre ambos escritos.
224
EL HILO Y LAS HUELLAS
los más extraordinarios de esa novela. Julien Sorel acom­
paña a Matilde de la Mole a un baile de la alta sociedad pa­
risina. La narración, en tercera persona, constantemente es
interrumpida por las reflexiones de los personajes.11 El lec­
tor ve el baile, sobre todo, a través de los ojos de Julien, un
hijo de campesinos que mira con odio y desprecio a la alta
sociedad, de la cual no forma parte y a la que sueña con
destruir. Julien compara mentalmente a la nobleza vene­
ciana, que se remonta al año 700, con la aristocracia pari­
sina, tanto más reciente, y concluye para sí: "¡Y bien! En
medio de esos nobles de Venecia, tan ilustres por naci­
miento, de quien uno se acuerda es de Israel Bertuccio”.
¿Quién es ese Israel Bertuccio con quien Julien Sorel,
"plebeyo rebelde”, se identifica? El propio Stendhal esclarece
la alusión: “Resultaba que, justamente, Julien había visto Ma­
rino Faliero, la tragedia de Casimir Delavigne”.12 Se trata de
una referencia específica pero que, como se verá, despista.
La primera función del Marino Faliero de Delavigne se
había dado el 30 de mayo de 1829 en París, en el teatro de
la Porte Saint-Martin.13 El 7 de mayo ya había precedido a la
tragedia una parodia: un vaudeville de Vamer y Bayard, titu­
lado Marino Faliero á París, en el que se entremezclaban to­
11 Analicé esa técnica en "La áspera verdad. Un desafío de Stendhal a los
historiadores” (en este volumen, capítulo dí). Véase también S. Crippa, "Au
bal avec Stendhal", en L’Année Stendhalienne, 1, 2002, pp. 190-206.
12 Stendhal, Le Rouge et le Noir, en CEuvres romanesques complétes, i,
ed. al cuidado de Y. Ansel y P. Berthier, París, 2005, p. 616: "11 se trouvait
que, justement l’avant-veille, Julien avait vu Marino Faliero, tragédie de M.
Casimir Delavigne.
Israül Bertuccio n’a-t-il pas plus de caractére que tous ces nobles vénitiens? Se disail notre plébéien révolté" (trad. it. de D. Valen, II rosso e il
ñero, Turín, 1976, pp. 302 y 303, con ligeras modificaciones [para la versión
in español se lomó en cuenta además la ed. Gallimard, 1972]). Véase, más
adelante, p. 623: "Son tlisie róle de plébéien révolté [su triste papel de ple­
beyo leheldej".
11 C. De lavigne, Marino l ’aliero, en (liuvres, 4 vols., vol. m, Bruselas, 1832.
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAÉL BERTUCCIO
225
n adillas de este tipo: “M achine! / Ce qui dom ine / C'est cela; /
M achine / Le siécle est lá [¡Máquina! / Es lo que im pera; / M á­
q u ina / E n eso consiste / El siglo]”.14 P ero tam poco en la tra ­
gedia de Delavigne faltaban referencias al presente, y en par­
tic u la r a u n fu tu ro que el p úblico p a risin o de 1829 h a b rá
sentido com o inm inente. El discurso del anciano doge M arín
F alie r a los c o n ju ra d o s p re fig u ra u n a so cied ad en la que
“sólo el trab a jo d ará riqueza, el talento d ará poder, y las vir­
tudes d a rá n n o b le za”: la sociedad b u rg u e sa .15 La m asa que
im pulsa la con ju ra está integrada p o r pescadores, artesanos,
gondoleros com andados p o r Israel B ertuccio, a quien se des­
cribe com o "un h o m m e du peuple [...] u n p a tró n de galére
[un h o m b re de pueblo (...) p atró n de g alera]”.16 La escena en
que el gondolero P ietro palm ea con fam iliaridad el hom bro
del doge, y frente al desprecio de aquel exclam a asom brado
"¡E ntre iguales!", p u ed e h a b e r in sp ira d o la reflexión de Julien Sorel: "U na conspiración anula todos los títulos otorga­
dos p o r cap rich o s sociales".17 Sin em bargo, el B ertuccio de
D elavigne, que re p ro c h a al g o ndolero P ietro y reafirm a la
a u to rid a d del doge, es u n a figura d escolorida, así com o el
Marino Faliero de Delavigne es descolorida im itación del ori­
ginal: el M arino Faliero de Byron, escrito en 1820. Aparte de
la idea, banal, de tran sfo rm ar en ad ú ltera a la m ujer del doge
anciano, p rese n tad a p o r Byron com o el blanco im p ertu rb a­
ble de u n a calum nia, Delavigne siguió a desgano su m odelo
m ie n tras reiv in d icab a u n a o riginalidad inex isten te.18 Tam ­
14 A.-F V am ery J.-E-A. Bayard, Marino Faliero á París, "folie-á-propos,
vaudeville en un acte”, París, 1829, p. 15.
15 C. Delavigne, Marino Faliero, op. cit., p. 87: "Les travaux, eux seuls,
donneront la richesse; / le talent le pouvoir; les vertus, la noblesse".
16 Ibid., p. 27.
17 "Une conspiration anéantit tous les titres donnés par les caprices sociaux” (Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., pp. 616 y 617).
18 C. Delavigne, Marino Faliero, París, 1829, pp. 11 y 12 (el prefacio falta
en las (Euvres completes publicadas en Bruselas en 1832). No pude ver K.
226
EL HILO Y LAS HUELLAS
bién lo notó Stendhal, quien en un artículo publicado en el
New M onthly Magazine se refirió fríamente a la tragedia de
Delavigne, escritor al cual no estimaba.19 La actitud de Ju­
lien Sorel y la de Stendhal no coinciden. Stendhal despista,
como es usual en él, a los lectores: el reenvío explícito a De
lavigne oculta una remisión implícita a Byron.
Stendhal había frecuentado a Byron en Milán entre
1816 y 1817. Muchos años después, lo recordó perenne­
mente “agitado [...] por alguna pasión”: en él se alternaban
sin reposo el genio del poeta, la fatuidad del noble y una
vanidad que se veía im pulsada hasta la locura.20 Pero
cuando, cediendo a uno de esos caprichos infantiles de los
cuales gustaba, Stendhal se dedicaba a hacer una lista de
los tres hombres más grandes con quienes hubiera tenido
encuentros, Napoleón iba invariablemente acompañado por
Byron, seguidos, según los casos, por Canova o Rossini.21
Mientras Byron vivió, Stendhal aguardó sus escritos con
impaciencia. En diciembre de 1820 escribió a un amigo pi­
diéndole que le mandase un ejemplar de la segunda edición
del Marino Faliero de Byron -la primera ya se había ago­
Kiesel, Byron s und Delavigne's Marino Faliero, Dusseldorf, 1870; T. Schorr,
Über Casimir Delavigne, Giessen, 1926.
19 Stendhal, Courrier Anglais. New Monthly Magazine, vol. m, ed. al cui­
dado de H. Martineau, París, 1935, pp. 480 y ss. (retroversión a partir del
texto inglés; el original francés se perdió). Véase también la despreciativa
alusión a Delavigne en Correspondance générale, vol. m, ed. al cuidado de V.
Del Litto, París, 1999, p. 619.
20 Ibid., vol. m, pp. 455-459 (carta a Louise Swanton-Belloc, quien la pu­
blicó en su propio libro acerca de Byron, 1824); "Souvenirs sur Lord Byron”
(agosto de 1829), publicados por Romain Colomb (Journal littéraire, vol. ni.
París, 1970, pp. 167-173 [ed. Du Divan, vol. 35]); "Lord Byron en Italie. Réd l d’un lémoin oculaire (1816)”, publicados en la Revue de París, marzo de
IH^O (Mélanges: ii, Journalisme, París, 1972 [ed. Du Divan, vol. 46]).
21 Stendhal, Correspondance générale, op. cit., vol. m, p. 106 (a Adolphe
di- Maresle, 14 de abril de 1818). En 1830, la lista es algo distinta: Rossini,
Napoleón, lord Hyron (p. 754, a Sophie Duvancel). Otra tríada stendhaliana ('oiieggio, Mozarl, Napoleón.
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAEL BERTUCCIO
227
ta d o -, con la condición de que el libro no fuese d em asiado
c a ro .22 S in duda, lo h a b rá leído m ás te m p ran o que tarde.
In te n ta ré d escifrar la identificación de Julien Sorel con
Israel B ertuccio gracias a la luz que ech a esta plausible lec­
tura. Sin em bargo, antes h a b rá que d ec ir algo respecto de la
tra m a del M arino Faliero.21
Ya d esd e el títu lo , B yron a n u n c ió que la tra g e d ia ib a
a c o m p a ñ a d a p o r n o ta s , q u e c o m p ro b a b a n la v e ra c id a d
h istó ric a de c ie rto s d etalles. A las n o ta s se g u ía u n a p é n ­
dice, en el que se re p ro d u c ía n p asajes de cron istas o h isto ­
ria d o re s , re la tiv o s a la p e rip e c ia de M a rin Falier. E n las
cró n icas -o , m e jo r dicho, en p a rte de ellas-, la co n ju ra a n ­
tia risto c rá tic a de 1355 se d escrib ía co m o la reacció n frente
a u n d oble u ltra je, del cual h a b ía n sido víctim as, resp ecti­
v am en te , el a n c ia n o doge M a rin F alier, a q u ie n se b u rla
(com o m a rid o tra ic io n a d o ) en los ca rtele s escrito s p o r a l­
gunos jó v en es n obles, e Isra él B e rtu ccio , jefe del A rsenal,
ab o fe te a d o p o r u n n o b le d e s p u é s d e u n a lte rc a d o fú til.
B yron re to m a ese paralelism o: los d estin o s de am bos h o m ­
bres, ta n d ista n te s u n o del otro, se e n tre la z a n en el tra n s ­
curso de u n a velada. Los c o n ju ra d o s e stá n d ispu esto s a la
acción. A la m a ñ a n a siguiente, el 15 de abril, el doge h a rá
so n a r la c a m p a n a con u n m artillo, señal de peligro m áxim o
(está en plen o d esarro llo la g u erra con los genoveses). Los
nobles a c u d irá n al p alac io d ucal: allí se los m a sa c ra rá , y
sus casas se rá n saqueadas. P ero u n o de los conju rad o s co ­
m ete traició n , y la iniciativa se m alogra. Es descu b ierta la
co n sp ira ció n ; los jefes que no tie n e n o rig en noble, Israél
B ertuccio y Filippo C alendario, son enviados a la horca; el
doge es d ecapitado.
22 Ibid.., vol. ni, p. 323.
23 Lord Byron, Marino Faliero, doge o f Venice. An Historical Tragedy in
Five Acts with Notes. The Prophecy o f Dante, a Poem, Londres, 1821, p. xx
(salvo indicación contraria, las citas están tomadas de esa edición).
228
EL HILO Y LAS HUELLAS
Para Byron, así como para sus lectores, las resonancias
contemporáneas de esa trama eran obvias. Ello fue reitera­
damente puesto de relieve.24 Byron escribió el Marino Fa­
liero en 1820, en Ravena, donde vivía con Teresa Guiccioli;
no obstante, la idea se remontaba a tres años antes. Por in­
termedio de los familiares de Guiccioli, él se había aproxi­
mado al mundo de los carbonarios. Por cierto, lo que iba
bien para Italia no iba necesariamente bien para Inglaterra.
En febrero de 1820, por ejemplo, Byron condenó duramente
lo que se conoce como conjura de Cato Street, que debería
haber dado muerte a algunos ministros. Esa reacción valo­
riza la tradicional lectura del Marino Faliero en clave auto­
biográfica: en la incertidumbre del anciano doge, que duda
ante la perspectiva de causar una matanza entre la nobleza
veneciana, lord Byron habría proyectado su propia ambiva­
lencia con relación a su origen aristocrático.25
Esas hipótesis, todas ellas plausibles, nos llevan a los
umbrales de la obra. Aquí vemos cómo cobran forma las
opciones compositivas de Byron. En suma, él siguió la tra­
dición histórica, pero se apartó de ella (como señaló en el
prefacio) al presentar como ya formada la conjura. En la
tragedia, el doge adhiere a la conjura, "mientras que en reali­
dad había sido él, junto con Israél Bertuccio, quien la había
preparado”. La voluntad de construir una tragedia modelada
según las unidades aristotélicas, y por ello desprovista de la
"irregularidad que constituye el baldón de las composiciones
teatrales inglesas", indujo a Byron a poner en el centro de la
acción a Israél Bertuccio.26 La importancia de esa elección
24
Cf. A. Richardson, “Byron and the Theatre”, en The Cambridge Cotnpanion to Byron, ed. al cuidado de D. Bone, Cambridge, 2004, pp. 133-150,
en especial, pp. 139-141.
” Lord Byron, Marino Faliero, en The Complete Poetical Works, vol. tv,
ed. al cuidado de J. J. McGann, Oxford, 1992, pp. 525 v 526.
Jl' Ibid., p. xx: "I lorgot to mention that the des ire of preserving, though
slill loo remóle, a nearer approach to unity than the iiregularity, which is
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAEL BERTUCCIO
229
e s tru c tu ra l pasó in a d v ertid a p o r los críticos: a u n aquellos
que d em o straro n cóm o Byron, p recisam en te cuan d o rec h a­
zaba a S hakespeare en nom bre de las unidades aristotélicas,
escribía u n a tragedia que rezu m ab a u n dejo shakespeareano,
en especial de M a cb eth 21 Com o ya se h a señalado, la depen­
dencia del M arino Faliero respecto de Macbeth está m arcada
p o r u n a huella sangrienta. D espués del asesinato de Banquo,
M acbeth exclam a ato rm en ta d o p o r el rem ordim iento: "This
my H an d will ra th e r / The m u ltitu d in o u s Seas in cam ad in e /
M aking th e G reene, one R ed [E sta m a n o m ía teñ irá con su
rojo en c am ad o el tum ultuoso mar, de lo verde haciendo sólo
u n e s c a rla ta ]”.28 E n este caso, in ca m a d in e es verbo. E n el
M arino Faliero, esa m ism a p alab ra reaparece com o adjetivo:
"W hen all is over -d ic e el doge dirigiéndose a Israel B ertuc­
cio - you'll be free an d merry, / an d calm ly w ash those hands
in c a m a d in e [C uando todo h ay a te rm in a d o tú serás libre y
feliz, y la v arás co n ca lm a esas m a n o s ro jas de sa n g re ]”.29
Pero la an a lo g ía e n tre los dos frag m en to s h ace em erg er la
d iferencia. M acbeth está ap lastad o p o r el rem o rd im ien to a
causa de lo que h a hecho; el rem ordim iento del doge obedece
a lo que se dispone a hacer: la m a tan z a de los nobles que se­
rá n convocados al palacio ducal. La an títe sis en tre la ato r­
the reproach of the English theatrical compositions, permits, has induced
me to represent the conspiracy as already formed, and the Doge acceding to
it, whereas in fact it was of his own preparation and that of Israel Bertuccio
[Olvidé mencionar que el deseo de preservar, aunque todavía demasiado
remoto, un acercamiento más estrecho a la unidad antes que lo permitido
por la irregularidad, la cual es el baldón de las composiciones teatrales
inglesas, me llevó a figurar la conspiración com o ya formada, y al Doge
permitiéndola, mientras que de hecho la habían preparado Israel Bertuccio
y él m ism o]’’.
27 R. Landsdown, Byrons Historical Dramas, Oxford, 1992, pp. 102 y ss.; y
véase el apéndice, "Shakesperian Allusions in Marino Faliero" (pp. 237 y ss.).
28 Macbeth, acto u, escena n, pp. 62 y ss.; cito la trad. it. de G. Baldini: W.
Shakespeare, Tragedie, Milán, 1963, p. 628 [trad. esp.: Macbeth, Buenos Aires,
Sudamericana, col. "Obras Maestras Fondo Nacional de las Artes , 1970],
29 Lord Byron, Marino Faliero, op. cit., acto m, esc. i i , p. 95.
230
EL HILO Y LAS HUELLAS
mentada indecisión del doge y la implacable firmeza de Is­
raél Bertuccio es un calco de la antítesis entre la débil voluntad
de Macbeth y la feroz determinación de lady Macbeth. Pero
Byron relee y reescribe a Shakespeare mirando simultánea­
mente atrás, a la Revolución Francesa, y adelante, a un fu­
turo que va cobrando forma. Israél Bertuccio encarna una
realidad nueva: la despiadada inocencia del revolucionario.
Durante un diálogo en que la solidaridad y el odio de clase
se contraponen con extrema violencia, el doge exclama, diri­
giéndose a Israél Bertuccio: "You are a patriot, a plebeian
Gracchus [Tú eres un patriota, un Graco plebeyo]”.30 Es con
ese “plebeian Gracchus" que se identifica Julien Sorel, “plébéien révolté”: jacobino a destiempo, cuya desesperada ener­
gía desemboca trágicamente, mezquina, en un gesto de vio­
lencia privada.31 Y -tal como Israél Bertuccio- Julien Sorel,
quien echa al cura que acude a visitarlo antes de la condena
a muerte, ignora cualquier sentimiento de culpa. También
éste será uno de los rasgos "atroces" del personaje que es­
candalizaban hasta a un lector inteligentísimo y algo cínico
como Mérimée.32
Escandalosos resultaban asimismo los escritos de Byron,
amén de la figura de su autor. En el año 1822, el autor de
una áspera crítica al Cain, que se ocultaba bajo el seudó­
nimo de "Philo-Milton”, puso de relieve que las obras de
invención [fiction] son tanto más peligrosas que los ensa­
yos y los libros de historia porque su precio es mucho más
30
Lord Byron, Marino Faliero, op. cit., acto m, escena ii, p. 93. Véase
también M. Simpson, Closet Performances. Political Exhibition and Prohibition in the Dramas o f Byron and Shelley, Stanford, 1998, pp. 172 y ss.
11
Si noté bien, en el drama de Delavigne hay una sola aparición del
término pttbéien, durante un soliloquio (acto m, escena ni) de Falier: "Mais
prince ou plébéien, que je régne ou conspire / Je ne puis échapper aux
soii|)(,ons que ¡'inspire [Sin embargo, sea yo príncipe o plebeyo, reine o
conspire, no puedo rehuir los recelos que inspirol”.
u Acerca de esto, ve.ise el capítulo IX: "La áspela verdad. Un desalío de
Stendhal a los historiadores".
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAEL BERTUCCIO
231
a c c e sib le y e s tá n a d isp o s ic ió n de u n p ú b lic o ta n to m ás
am plio. E n el caso de o b ras p o r co m pleto nocivas -esc rib ía
“P h ilo -M ilto n "-, es in d isp e n sa b le im p e d ir co n los m edios
m ás eficaces su c irc u la c ió n .33 E so h a b ía suced id o p rec isa­
m e n te el a ñ o a n te rio r con el M arino Faliero, re p rese n tad o
en el D ru ry L añ e de L o n d res en u n a v e rsió n ca stra d a . El
e je m p la r de la tra g e d ia de B y ro n co n se rv a d o en la H untin g to n L ib rary de S an M arino (C alifornia) m u e stra que el
ce n so r h a b ía su p rim id o la m itad del texto, encarn izán d o se
en especial co n las réplicas p ro n u n cia d as p o r el doge y p o r
Israel B e rtu cc io .34 P a ra la censura, u n a trag e d ia com o Ma­
rino Faliero e ra d o b lem en te peligrosa p o rq u e u n ía los peli­
gros de la h is to ria c o n los p u n to s a tra c tiv o s de la in v en ­
ción. P a ra n o so tro s, los perso n ajes de S tendhal, Delavigne
y B yron p e rte n e c e n al m u n d o de la ficción lite ra ria . P ara
Byron, las co sas e s ta b a n p la n te a d a s de u n m o d o d istin to :
en el p re fa c io al M arino Faliero o b servó que - a excepción
de A ngiolina, e sp o sa del doge- to d o s los p e rso n a je s e ra n
"rig u ro sam en te h istó rico s [strictly historical]"; y en cu an to
a los real facts, rem itió a los lectores a los textos publicados
en el a p é n d ic e .35
A ceptem os su invitación. La p rin cip al fuente de Byron
acerca de la co n ju ra son las Vite dei dogi [Vida de los dogí],
de M arín S añudo, explícitam ente citad as de los Rerum Italicarum Scriptores [H isto riad o res de sucesos italianos], de
M u ra to ri.36 E n el texto de S añ u d o evocado p o r B yron e n ­
co n tra m o s a Israel B ertucci: "E nviaron p o r F ilippo Calend aro, h o m b re de m a r y de g ran p red ic am e n to , y p o r Ber33 [Philo-Milton], A Vindication o f the Paradise Lost from the Charge o f
Exculpating “Cain". A Mystery, Londres, 1822.
34 T. L. Ashton, "The Censorship of Byrons Marino Faliero", en The Huntington Library Quarterly, 36, invierno de 1972, pp. 27-44. Véase también M.
Simpson, Closet Performances..., op. cit., pp. 172 y ss.
35 Lord Byron, Marino Faliero, op. cit., pp. xx y xxi.
36 Ibid., pp. 175-184.
232
EL HILO Y LAS HUELLAS
tucci Israello, constructor y hombre de enorme astucia”.37
Aquí surgen dos dificultades. La primera, aparentemente
soslayable, es la inversión del nombre: Bertucci Israello, an­
tes que Israél Bertuccio (o Bertucci), como esperaríamos.
La segunda es el oficio: ingegnere [constructor, "maqui­
nista”] antes que almirante, como se lee en la tragedia de
Byron. Esta segunda dificultad se resuelve con facilidad. La
"crónica antica” transcrita por Sañudo relataren el pará­
grafo previo al pasaje recién citado, que un noble de casa
Barbaro había dado un puñetazo al almirante del Arsenal,
quien había ido a lamentarse ante el doge. Byron fusionó
ambos pasajes, identificando tácitamente a Israél Bertuccio
con el almirante del Arsenal. Sin embargo, la primera difi­
cultad es más grave de lo que parece a primera vista. Si con­
frontamos el fragmento de Sañudo citado en el apéndice del
Marino Faliero con el tramo correspondiente en el volumen
del Rerum Italicarum Scriptores, descubrimos que la trans­
cripción de Byron (o de quien la haya realizado por él) es
inexacta. El texto reproducido por Muratori se refiere a un
"Bertucci Isarello, Ingegniere y hombre muy astuto”.38
¿Israello o Isarello? No es una disyunción irrelevante.
Si aceptamos la alternativa "Isarello”, se desvanece la posi­
bilidad o probabilidad de que pudiera tratarse de un judío
(por lo demás, ¿podía un judío en la Venecia del Trecento
llegar a ser, no digo almirante, sino ingegnere, cualquiera
sea el significado de ese término?). Una compulsa de los
textos es indispensable. Hoy en día, la edición de las Vite dei
dogi que se lee en los Rerum Italicarum Scriptores se nos
muestra nada fiable: consiste en una versión italianizada,
17
("Mandarono per Filippo Calendara, uom o m arítimo e di gran se­
quilo, e per Bertucci Israello, ingegnere c uom o astutissimo."] Lord Byron,
M arino Faliero, op. cit., p. 179.
Hi'rnni Italicarum Scriptores, vol. xxil, ed. al cuidado de L. A. MuraIon, M ediolani (Milán), I73Í, cois. 628-635, en especial, col. 632.
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAEL BERTUCCIO
233
p lagada de lagunas e im precisiones.39 De un cotejo con u n a
copia m a n u scrita de la p a rte correspondiente de las Vite dei
dogi (el se g u n d o v o lu m e n del m a n u s c r ito a u tó g ra fo de
S a ñ u d o se h a p e rd id o ), e m e rg e u n a vez m ás la le cc ió n
"Isarello".40 P ero la in d a g ac ió n no p u ed e d eten e rse en ese
p u n to . U no de los te stim o n io s m ás an tig u o s ac e rc a de la
co n ju ra de M arin F alie r está incluido en la cró n ic a latina,
in com pleta, de L orenzo de' M onaci, can ciller de Creta, es­
c rita po co d esp u és de 1420 p e ro im p re sa rec ién en 1758.
E n tre los episodios referidos en la crónica está la bo fetad a o
p u ñ e ta z o d a d o p o r u n n o b le (a q u í id e n tific a d o c o n Giov an n i D ándolo) a u n “B e rtu c iu m Israelo " p ro v en ie n te de
S an B asilio, h o m b re de m a r con u n b u en p a s a r ("notabilis
conditionis in te r m arinarios"): acaso u n arm ador. E n el ín ­
dice de n om bres de la cró n ica de L orenzo de' M onaci se lee
u n a e n tra d a : “B e rtu cc iu s Isra el rebellis [B ertu ccio Israel,
reb e ld e]".41 V olvem os a e n c o n tr a r ese n o m b re tra n s c rito
(según creo, in d e p e n d ie n te m e n te ) en el ap é n d ic e del M a­
rino Faliero de B yron. ¿Es éste el verdadero n o m b re del per­
so n aje cuyas h u ellas esta m o s sig u ien d o ? ¿O es, en vez de
ello, u n d isfraz de fa c tu ra h u m a n ista que tran sfo rm ó “Isarelio" en "Israelo"? ¿Y si ese cam b io de ro p aje s existió, a
quién debem os atrib u irlo ? ¿A L orenzo de' M onaci o al eru ­
d ito d ie cio ch esco q u e p u b lic ó la o b ra de aquél? U na re s­
p u esta a esta ú ltim a p re g u n ta p o d rá llegar desde los m a n u s­
crito s del C hronicon de rebus Venetis [C rónica de sucesos
39 M. Sañudo el Joven, Le vite dei dogi 1423-1474, vol. i: 1423-1457, ed. al
cuidado de A. Caracciolo Arico, Venecia, 1999, "Introduzione .
40 Cf. Biblioteca Correr, Marin Sañudo, Vite dei dogi, ms. Cicogna 11051106 (3768-3767). La parte acerca de la conjura de Marin Falier se encuen­
tra en el ms. Cicogna 1105 (3768), cc. 178v-181v.
41 Laurentii de Monacis Veneti Cretae Cancellarii Chronicon de rebus
Venetis ab U. C. ad annum m cccliv sive ad conjurationem ducis Faledro...
omnia ex mss. editisque codicibus eruit, recensuit, praefationibus illustravit
Flaminius Cronelius senator Venetus, Venetiis (Venecia), 1758, p. 316.
234
EL HILO Y LAS HUELLAS
venecianos], de Lorenzo de’ Monaci (el Iter Italicum de Kristeller registra uno, del siglo xvn, conservado en la British
Library).42 Sin embargo, las demás preguntas quedarían de
todos modos en pie.
Todo ello nos lleva lejos, como resulta obvio, de la idea
(compartida por Byron, quien aún no era un historiador) de
que en las crónicas se encuentran los real facts, las cosas tal
como en verdad se dieron. Para descifrar las contradiccio­
nes entre las crónicas debemos intentar leerlas críticamente,
insertándolas, si fuese posible, en un contexto documental
más amplio. En definitiva, debemos continuar nuestra mar­
cha a contrapelo que, siguiendo el nombre de Israél Bertuc­
cio, nos llevó de una novela a una tragedia (es más, a dos), y
desde allí hasta las crónicas. Pero antes de pasar a la próxima
etapa será oportuno dejar en claro el sentido de conjunto de
esta trayectoria.
Hemos echado a andar desde los ecos literarios de la
conjura de Marín Falier; a fuerza de retroceder con empeño
llegamos a la conjura. Acerca de ella disponíamos de m u­
chos estudios específicos: excelentes, en ocasiones; falta una
adecuada investigación de conjunto. Dado el carácter ex­
cepcional de esa trama, y el carácter excepcional de la his­
toria de Venecia, cabe augurar que una investigación por el
estilo se efectúe (es una afirmación sólo en apariencia para­
dójica) desde un punto de vista comparativo. De ahora en
más parece lícito, pese a todo, dudar de la interpretación
propuesta en las últimas décadas por autorizados estudio­
sos: esto es, que la conjura de Marín Falier debe atribuirse a
42
Add. Mss. 8574; cf. P. O. Kristeller, Iter Italicum , vol. iv, Leiden, 1989,
p. 69, que remite (con una errata en la fecha del ms.) a C. Foligno, "Codici di
materia véneta nelle hiblioteche inglesi”, en A/novo A rchivio Veneto, nueva
('•poc a, 10, 1905, p. 104, n. 10. Filippo de Vivo (a quien agradezco calurosa­
mente) me informa que en e. 158rese m ism o personaje aparece com o "Berlasium Isaulo”, "Hertiiciiis”, "Berlucius ergo Isardo". Fsta última vanante
rsl.'t ( oí regida, por nna mano distinta a la del copista, por "Isarelo”.
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAÉL BERTUCCIO
235
u n e n fren ta m ie n to e n tre facciones o p artid o s no b iliario s.43
E sta in te rp re tac ió n p arece d ecididam ente incom patib le con
q u e se involucrasen en la conjura, ju n to con el doge, p erso ­
n ajes p ro v e n ie n te s del popolo grasso ("p o p u la ris p in g u is
c o n d itio n is", co m o los d e n o m in ó L oren zo d e’ M o n aci).44
L as d e ta lla d a s d e s c rip c io n e s -lu e g o d e s a rro lla d a s p o r la
trad ició n lite ra ria - de la afren ta que h ab ría n sufrido en p a ­
ralelo el doge y u n perso n aje de orígenes populares son evi­
d e n te m e n te u n in te n to p o r ex p licar en clave an e cd ó tica la
alianza social an ó m ala que dio vida a la conjura.
¿Es posible s u p o n e r q u e en algún caso esas an écd o tas
r e fo rm u la ro n , a m p lific á n d o lo , u n a c o n te c im ie n to real?
V ittorio L azzarini, el eru d ito que co n trib u y ó m ás que n in ­
g ún o tro al co n o cim ien to de la co n ju ra de M arin Falier, no
excluyó esa ev en tu alid ad . E n u n a de las ad m irab le s inves­
tig a cio n es e ru d ita s p u b lic a d a s a finales del siglo xix y re ­
c o p ilad as luego en u n volum en en 1963, L azzarini analizó
la p ág in a del cro n ista L orenzo de’ M onaci a pro p ó sito de la
b o feta d a que el noble G iovanni D ándolo h ab ría dad o a Bertu cci Isarello.45 (E n verdad, com o ya se vio, De' M onaci se
o cu p a b a de u n B ertuccio Israelo: v arian te no reg istrad a p o r
L azzarini.) E n las cró n icas sucesivas se reto m a y am plifica
el episodio. C am bian los n o m b res de los p rotagon istas: en
la llam ad a cró n ica B a rb a ra, quien d a la bofetada es M arco
B arb ara; quien la recibe es S tefano Giazza, conocido com o
Gisello, a lm ira n te del A rsenal. E ste ú ltim o le h a b ría dicho
a M arin Falier: "M icer doge: a las b estia s m alig n as se las
ata; y si no se las p u ed e a ta r se las u ltim a [M eser lo dose, le
43 G. Pillinini, "Marino Falier e la crisi economica e política della metá
del '300 a Venezia”, en Archivio Veneto, quinta serie, 119, 1968, pp. 45-71.
Ciertamente más cauteloso, F. C. Lañe, Venice. A Maritime Republic, Balti­
more, 1973, pp. 181-183.
44 Laurentii de Monacis Veneti Cretae Cancellañi Chronicon de rebus Ve­
netis, op. cit., p. 317.
45 V. Lazzarini, Marino Faliero, Florencia, 1963, p. 155.
236
EL HILO Y LAS HUELLAS
bestie maligne se liga, e se ne le se pol ligar le se ammazza]".
Lazzarini comentó:
S ospecham os que los dos relatos, diferentes, so n la trad ició n
de u n solo hecho, y en ca d a u n a de las m odalidades aceptam os
lo referente a D ándolo y a B ertuccio Isarello, p o rq u e está rela­
tad o p o r u n cro n ista casi contem poráneo, com o es De' M onaci,
po rq u e G iovanni D ándolo e ra en ese entonces sopracom ito* y
consejero del capitano da mar,** p o rq u e B ertuccio Isarello es
p erso n a histórica, m ie n tras que Stefano G iazza n u n c a aparece
en los d o cum entos y crónicas de esa m ism a era.46
"Bertuccio Isarello es persona histórica”: detrás de esa afir­
mación hay una investigación realizada con extraordinario
celo y precisión a lo largo de los repertorios notariales vene­
cianos. De los cinco documentos detectados por Lazzarini
bastará recordar dos, ambos provenientes del fondo Grazie.
En el primero, fechado el 13 de julio de 1330, consta que
Bertuccio Isarello era entonces nauclero -vale decir, patrón
de un navio- junto con Jacobello Lambardo.47 El segundo,
fechado el 22 de febrero de 1345, informa que a Bertuccio
Isarello se le condona una multa equivalente a la mitad de
lo que valía una carga de pimienta.48
Ése es el nombre del hombre que habría participado,
junto con su suegro Filippo Calendario, en la conjura del
doge Marin Falier. En un ensayo ejemplar, Lazzarini refutó
la tradición que identificaba a Filippo Calendario con el ar­
*
Comandante de galera; jerarquía que sólo podían alcanzar los patri­
cios venecianos. [N. del T.]
** Comandante general de la flota. [N. del T.]
46 V. Lazzarini, M arino Faliero, op. cit., pp. 156 y 157.
41
Archivo Estatal de Venecia ( a s v ) , Grazie, vol. m, c. 56 (cf. V. Lazzaririi, M arino Faliero, op. cit., p. 158; corrijo la lección novelero, presumible
errata).
4MIbiti , vol. x, c. H1 (cf. V. Lazzarini, Marino Faliero, op. cit., p. 158).
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAÉL BERTUCCIO
237
q u ite c to del p a la c io d u c a l.49 E n los d o c u m e n to s, F ilip p o
sie m p re es se ñ a la d o co m o “taiapiera";* a no se r en la ya
re c o rd a d a “crónica antica" tra n sc rita p o r S añudo , que h a ­
b la de u n "F ilip p o C a le n d aro , h o m b re de m a r y d e g ra n
p red ic am e n to , y [...] B ertu zzi Isarello, c o n s tru c to r y h o m ­
b re de g ra n a stu c ia [F ilip p o C alen d aro h om o m a rítim o et
di g ra n se g u ito e t (...) B e rtu z z i Isa re llo in g e g n ie r h o m o
a s tu tis s im o ]”.50 L a z z a rin i su p u so co n p e rsp ic a c ia q u e en
ese tra m o se h a b ía n in te rc a m b ia d o las profesiones de su e­
gro y yerno: B ertuccio Isarello h ab ría sido "hom bre de m a r
y de g ra n p re d ic a m e n to " .51 P a ra co m p re n d e r la im p o rta n ­
cia de este ú ltim o p u n to b a s ta rá re c o rd a r de qué m odo h a ­
b ría d eb id o d e s a rro lla rse la co n ju ra . N icoló Trevisan, que
en ese en tonces fo rm a b a p a rte del Concejo de los Diez, es­
c rib ió en su c ró n ic a q u e "la n o ch e de la co n ju ra , F ilip p o
C alendario y todos los de Castello, esto es, los h o m b res de
m ar, d e b ía n a c u d ir a tie r ra firm e".52 De los diez h o m b res
cuyo pescuezo recibió el n u d o de la h o rca en ta n to resp o n ­
sables de la conjura, cinco eran, con diversos rótulos, "hom ­
49 V. Lazzarini, "Filippo Calendario l'architetto della tradizione del palazzo ducale", en Marino Faliero, op. cit., pp. 299-314. Y véase también la
entrada correspondiente redactada por L. Puppi para el Dizionario Biográ­
fico degli Italiani.
* Picapedrero, cincelador. [N. del T.]
50 Biblioteca Correr, Marin Sañudo, Vita dei dogi, ms. Cicogna 1105
(3768), c. 179v.
51 V. Lazzarini, Marino Faliero, op. cit., p. 300. El intercambio ya se per­
fila en un tramo de la crónica de Nicoló Trevisan retomado por Sañudo:
"En el acuerdo estaban estos jefes: Bertuzi Isarello picapedrero de San
Trovaso, Filippo Calandario, su yerno [Erano nel tractado questi capi: Ber­
tuzi Isarello tajapiar a San Trovaso, Filippo Calandario suo genero] (Cod.
Marc., el. vil it., 800, c. 199v).
52 ["Philippo Calendario con tutti quelli de Castello cioé li homeni de
mar in qUella nocte propria <de la conjura> dovevan corer a la térra. ]
Utilicé la copia del siglo xv, conservada en a s v , Miscellanea Codici i, Storia
veneta 142 (anteriormente Miscell Codd. 728), c. lv. Respecto de esta cró­
nica, cf. V. Lazzarini, Marino Faliero, op. cit., p. 98.
238
EL HILO Y LAS HUELLAS
bres de mar”.53 Otros cuatro "hombres de mar que fueron
artífices y traidores en dicha traición [homeni da mar che
fumo grandi auctori er traditori inlo detto tradimento]” lo­
graron huir y fueron proscritos.54 Tan sólo una investiga­
ción exhaustiva podrá señalar qué impulsaba a esos "hom­
bres de mar" para que respaldasen, después de la victoria
de los genoveses en Porto Longo, la tentativa de Marín Fa­
lier de hacerse "gran señor despótico [signore a bacheta]"
de Venecia. Por cierto, los conjurados no estaban en una
posición aislada. Los cuatro magistrados que el Concejo de
los Diez designó para hacer frente a la situación actuaron
con extrema rapidez. Hacía falta dar un ejemplo, e impedir
que se extendiera el contagio: "la tierra estaba agitada [la
térra era in moto]”, dice lacónicamente una crónica.55
En las condenas se vislumbra una jerarquía simbólica.
En la cúspide encontramos a Bertuccio Isarello y a Filippo
Calendario. El 16 de abril, un día después del descubri­
miento de la conjura, fueron colgados del pescuezo "con
grampas en la boca [con sparanghe in bocha]”: seguramente
para evitar que arengaran a la multitud.56 Ninguno de los
otros condenados compartió ese macabro privilegio. El 17
de mayo fue decapitado el doge, después de que se hubiera
tirado al suelo su birrete.
3. La travesía a contrapelo desde las bibliotecas hacia el ar­
chivo, de Julien Sorel a la conjura de Marín Falier, se desa­
rrolló bajo el signo de la discontinuidad. Entre Israél Ber-
53
Es el resultado que arrojan las investigaciones de V. Lazzarini, Marino
Faliero. op. cit., pp. 159 y ss.
™ asv, Miscellanea Codici i, Storia veneta 142 (a n te rio rm e n te Miscell.
Codd. 728) c. 5 r.
” Cronaca pseudo-Txtncaruola, B iblioteca M arciana, vu it., 50 (9275), c.
<<( xir
u as v, M iuellanea Codici i, Storia veneta 142 ( a n t e r i o r m e n t e , Miscell.
( o,Id 72H), i 2v.
TRAS LAS HUELLAS DE ISRAÉL BERTUCCIO
239
tu c c io y B e rtu c c io Isa re llo n o sólo ex iste la b re c h a q u e
separa la ficción de la realidad histórica. E n la con stante va­
riación de los contextos, todo -d el n o m b re a la connotación
s o c ia l- se diluye. V iene a la m e n te el a fo rism o de Lichtenberg: "Si de m i cuchillo cam bio prim ero el filo y después
el m ango, ¿todavía tengo el m ism o cuchillo?”.
S in em bargo, u n ap a sio n a d o le cto r de L ichtenberg nos
invita a ver en fo rm a d istin ta el tem a. M e refiero a Ludw ig
W ittgenstein y a su idea de "parecidos de fam ilia”. W ittgenste in h a b ía p a rtid o de los "retra to s co m p u esto s” de F rancis
G alton: im ágenes co n fo rm ad as p o r la su p erp o sició n de fo­
to grafías de in te g ran te s de u n a m ism a fam ilia, o de u n de­
term in ad o grupo social.57 E n u n p rim e r m om ento, W ittgens­
te in u só esos " re tra to s c o m p u e s to s ” a m o d o de ejem p lo
ac erca de la p o sib ilid a d de a isla r u n elem e n to com ún, u n
hilo ro jo (m e tá fo ra to m a d a de Las afinidades electivas de
G oethe) d en tro de u n d eterm in ad o conjunto. Más tarde, en
las reflexiones p u b lic ad a s d esp u és de su m u e rte co n el tí­
tulo Investigaciones filosóficas [Philosophische Untersuchung en], W ittg e n ste in volvió al e x p e rim e n to de G alto n p a ra
p ro p o n e r u n p u n to de v ista c o m p le ta m e n te d istin to . Los
co n to rn o s d ifu m in ad o s de los "retrato s com puestos", fruto
de en trecru zam ien to s y superposiciones parciales, sugerían
u n a n o ció n d istin ta , no esencialista, de p arecidos de fam i­
lia. A la m etáfo ra de u n hilo rojo que corre a lo largo de toda
la cu e rd a sobreviene u n en tra m ad o ta n to m ás com plejo. En
u n a se rie de ilu m in a d o re s ensayos, el an tro p ó lo g o inglés
R odney N eed h am rec o n stru y ó los an tec ed e n tes históricos
de la idea p ro p u e sta p o r W ittgenstein, d em o stran d o que el
b otánico dieciochesco A danson ya h ab ía elaborado u n a cla­
sificación análoga. Las series que N eedham definió "polité57
C. Ginzburg, "Somiglianze di famiglia e alberi genealogici. Due metafore cognitive”, en C.-C. Hárle (ed.), Ai limiti dell’immagine, Macerata,
2005, pp. 227-250.
240
EL HILO Y LAS HUELLAS
ticas" pueden incluir componentes caracterizados por ras­
gos distintivos del tipo aba, bcb, dcd...: en un caso por el
estilo, el primero y el último elemento de la serie no tienen
rasgo alguno en común.58
4. Con el paso de los siglos, la larga sombra proyectada por
Bertuccio Isarello es una sombra ficticia, una sombra ajena.
Su voz, sofocada en el patíbulo, no nos ha llegado. Sin em­
bargo, precisamente porque resulta importante distinguir en­
tre realidad y ficción, debemos aprender a reconocer cuándo
una se entrelaza con la otra, transmitiéndole algo que podría­
mos llamar, con el término que gustaba a Stendhal, energía.59
58 R. Needham, "Polythetic classification", en Against the Tranquility of
Axioms, Berkeley y Los Ángeles, 1983, pp. 36-65.
59 Cf. C. Wang (ed.), One China, Many Paths, Londres, 2003, pp. 254 y
255: un muchacho proveniente del campo -para más precisión, del con­
dado de Yancheng, provincia de Jiangsu- mencionó en su diario a Julien
Sorel como a un modelo para aquel que deseara hacer carrera en una so­
ciedad burocratizada y opresiva. La compiladora observa que la alusión
probablemente no se refiera a la novela de Stendhal sino a la película de
Aiitant l.ara -que circuló en China durante la década de 1980-, en la que
Soiel estaba pei>>oiii(icado poi (lérard Philipe.
IX.
LA ÁSPERA VERDAD
UN DESAFÍO DE STENDHAL A LOS HISTORIADORES*
1. B alzac lanzó un explícito desafío a los h isto riad o res de
su p ro p io tiem po; S tendhal, u n desafío im plícito a los h isto ­
riad o res del futuro. El p rim e ro es conocido, el segundo no.
De este últim o in te n ta ré a n a liz ar u n aspecto.
E rich A uerbach dedicó u n o de los capítulos centrales de
M im esis a la relación de S tendhal y B alzac con la h isto ria .1
P ara evaluarlo hace falta se ñ ala r u n d ato extrañ am en te des­
c u id ad o p o r los co m en tad o res: en la larg a serie de pasajes
an alizados en M im esis, p oetas y novelistas -H o m ero , D ante,
S tendhal, B alzac, P ro u st, y así su c esiv a m e n te- se a ltern an
con histo riad o res com o T ácito, A m iano M arcelino y G rego­
rio de Tours, o con m em o rialistas com o S aint-Sim on.
E n n u estros días, u n a coexistencia de ese tipo p uede p a ­
re c e r pacífica. M uchos lectores d an p o r se n tad o que todos
los textos d isc u tid o s p o r A uerbach son en m ay o r o m e n o r
m e d id a textos de ficción. E sa in te rp re ta c ió n de M im esis,
*
Distintas versiones de este ensayo fueron presentadas en Harvard
durante una mesa redonda acerca de literatura e historia; en la Siemens
Stiftung de Munich y en el Departamento de Historia de la Universidad
de Siena. En la persona de su director, Heinrich Meyer, agradezco a la Sie­
mens Stiftung por haberme permitido pasar un provechoso período de in­
vestigación en Múnich (2000).
1 Cf. E. Auerbach, Mimesis. II realismo nella letteratura occidentale, vol.
n, trad. it. de A. Romagnoli y H. Hinterháuser, Turín, 1970, pp. 220 y ss.; y
véase la conclusión, p. 339 [trad. esp.: Mimesis. La representación de la reali­
dad en la literatura occidental, México, Fondo de Cultura Económica, 1950,
pp. 426-463; y en el epílogo, p. 522; en adelante, los números de página
correspondientes a la edición en español aparecerán entre corchetes].
241
242
EL HILO Y LAS HUELLAS
que sin duda contribuyó a su perdurable fama en las univer­
sidades estadounidenses, habría horrorizado a Auerbach.2
El subtítulo de su libro es, no lo olvidemos. La representa­
ción de la realidad en la literatura occidental [Dargestellte
Wirldichkeit in der abendlandischen Literatur].3 Auerbach te­
nía un fortísimo sentido de la realidad, y en primer lugar de
la realidad social. Su planteo "perspee tivista”, que se inspi­
raba en Vico -aunque su núcleo central era, a mi entender,
una versión secularizada de una idea de san Agustín-, se ba­
saba en la idea de que el desarrollo histórico tiende a gene­
rar múltiples acercamientos a la realidad.4 Pero Auerbach
no era un relativista. Al comentar las descripciones de las
revueltas militares que encontramos en Tácito y en Amiano,
Auerbach hizo hincapié en que esos historiadores no se preo­
cupaban por "problemas objetivos” como "las condiciones
de la población romana", y relevó que "un historiador m o­
derno no hubiera dejado de plantear el problema de cómo
fue posible semejante degeneración del pueblo. Pero esto no
le interesa a Amiano, quien a este respecto va aún más lejos
que Tácito".5
Auerbach, por tanto, llega a caracterizar la índole espe­
cífica de los pasajes de Tácito o de Amiano contraponiendo
1
Cf. H. White, "Auerbachs Literary History: Figural Causation and Modemist Historicism", en Figural Realism. Studies in the Mimesis Effect, Bal­
timore y Londres, 1999, pp. 87-100 (discuto este ensayo en un estudio de
próxima publicación acerca de Auerbach y Dante).
3 El subtítulo de la traducción italiana (II realismo nella ¡etteratura
occidentale) es arbitrario. No obstante, debe señalarse que en la conclu­
sión Auerbach escribe acerca de "Realismus des Mittelalters”, poniendo
de relieve tanto la diferencia como la continuidad respecto del moderno
(Mimesis: Dargestellte Wirklichkeit in der abendlándischen Literatur [1946],
Tubinga, 1994, p. 516).
4 C. Ginzburg, Occhiacci di legno. Nove riflessioni sulla distanza, Milán,
1998, pp. 171-193 [trad. esp.: Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre ¡a
distancia, Barcelona, Península, 2000].
1
íi. Auerbach, Mimesis, vol. i, op. cit., p. 60 (traducción modificada)
[p ^6]
LA ÁSPERA VERDAD
243
su p u n to de vista con u n o m ás m o d e rn o y m ás veraz. No se
tr a ta de u n ejem p lo aislado. A un c u a n d o an a liz a o b ras de
in v e n ció n , A u erb ach sie m p re to m a e n c o n sid e ra c ió n -y a
sea explícita o im p líc ita - la rea lid ad h istó ric a tal com o fue
p erc ib id a p o r la conciencia m od ern a. E n el capítulo acerca
de S tendhal, p o r ejem plo, A uerbach escribe:
La perspectiva temporal está siempre presente en su espíritu
[...]. Si tenemos en cuenta que el realismo moderno serio no
puede representar al hombre más que inserto en una realidad
total, en constante evolución político-económico-social -com o
sucede ahora en cualquier novela o película-, habremos de
considerar a Stendhal como un fundador.6
S in em bargo, según A uerbach, el realism o serio, "m oderno”,
de S ten d h al no era, después de todo, plen am en te m oderno:
La mentalidad con que Stendhal capta el acaecer y trata de
reproducirlo con sus complicaciones apenas debe algo al historicismo [Historismus]. [...] Su forma de representar el acae­
cer dentro del sentido de la psicología moral clásica persigue
una analyse du cazur humain, y no el estudio o vislumbre de
fuerzas históricas: encuéntranse en él motivos racionalistas,
empiristas, sensualistas, pero casi ninguno de tipo románticohistoricista.7
P ara e n c o n tra r u n a a u té n tic a a c titu d h isto ric ista -o b serv a
A u erb ac h -, deb em o s volvem os h a c ia B alzac. E n él, nove­
lista e h isto ria d o r convergen, m o stran d o la verdad de la idea
ro m án tica de que las m últiples form as culturales de u n pe­
ríodo están unidas p o r u n a coherencia subterránea: "Historicism o am bien tal y realism o am biental se relacionan estre6 Ibid., vol. n, pp. 230 y 231 [pp. 433 y 435].
7 Ibid., vol. n, p. 231 [p. 435].
244
EL HILO Y LAS HUELLAS
chámente; Michelet y Balzac son arrastrados por la misma
corriente [...]. Concepción y práctica tales son [en Balzac]
completamente historicistas”.8
Llegado a este punto, uno se vería tentado de identifi­
car el punto de vista de Auerbach con el H istorism us ale­
mán, categoría que no habrá de confundirse con el historicismo italiano ni con el New Historicism estadounidense.9
Y ciertamente muchos tramos de Mimesis van en esa direc­
ción. Sin embargo, poco antes del final, el libro toma otra
senda. Auerbach afirma explícitamente aquello que el lec­
tor ya había empezado a sospechar: esto es, que los prota­
gonistas del último capítulo de M imesis, Virginia Woolf y
Marcel Proust, inspiraron también los principios formales
sobre cuya base se construyó el libro. De To the Lighthouse
[Al faro] y la Recherche [En busca del tiempo perdido], Auer­
bach tomó la idea, por completo ajena a las historias de la
literatura tradicionales, de que m ediante un acon teci­
miento accidental, una vida cualquiera, un fragmento to­
mado al azar, se puede arribar a una comprensión más pro­
funda del todo.10
¿Cómo se concilia esa perspectiva histórica con las ca­
racterísticas de los pasajes, tomados de libros de historia y
de ficción, examinados a lo largo de M im esis? Auerbach,
quien desconfiaba de las formulaciones teóricas explícitas,
evitó hacerse esa pregunta.11 Podemos intentar una res­
puesta si ponemos en perspectiva a un maestro del perspectivismo como Auerbach. El punto de partida de este juego
de cajas chinas o mise en abime será el pasaje tomado de
Rojo y negro desde el cual Auerbach cobró impulso para
HE. Auerbach, Mimesis, vol. n, op. cit., pp. 244 y 253 [pp. 445 y 452].
■' Auerbach alude repetidamente a F. Meinecke, Die Entstehung des Hislorismus (1936); véase Mimesis, op. cit., índice.
1,1 Ihiii, vol. i i , pp. 332 y 333 [pp. 514-517],
11
llnri, vol n, pp. 341 y 342 [pp. 523 y 524] (véase la conclusión com ­
pleta).
LA ÁSPERA VERDAD
245
u n o de sus análisis m ás céleb res.12 Pero antes será útil p re­
se n tar algunos elem entos contextúales.
2. E n la h o ja de g u a rd a del e je m p la r de Rojo y negro que
fo rm a p a rte del F o n d o B ucci co n serv ad o en la B ib lio teca
C om unale S o rm a n i de M ilán, S tendhal g arrap a teó algunas
frases:
Roma, 24 de mayo de 1834. Durante mi juventud escribí bio­
grafías (Mozart, Miguel Ángel), que en cierto modo son libros
de historia. Me arrepiento de ello. Creo que la verdad acerca de
las cosas pequeñas como de las grandes es casi imposible de al­
canzar, al menos una verdad algo detallada. Monsieur de Tracy
me decía: [tachado: sólo hay verdad en] ya no se puede alcanzar
la Verdad si no es en las novelas. Cada día noto más que en cual­
quier otro sitio no es más que una presunción.13
Los epígrafes colocados al com ienzo de cada u n o de los dos
volúm enes que co m p o n en Rojo y negro ech an cierta luz so­
12 Ibid.., vol. ii, pp. 220 y ss. [pp. 426 y ss.] Con respecto al tema general,
cf. L. Dállenbach, Le récit spéculaire. Essai sur la mise en abime, París, 1977
[trad. esp.: El relato especular, Madrid, Librería Antonio Machado, 1991].
13 Ejemplar interfoliado de Le Rouge et le Noir, conservado en el Fondo
Bucci, Biblioteca Comunale Sormani, Milán: “Rome, 24 mai 1834. Jai écrit
dans ma jeunesse des biographies (Mozart, Michelange) qui sont une espéce d’histoire. Je m’en repens. Le vrai sur les plus grandes, comme sur les
plus petites choses, me semble presque impossible á atteindre, au moins un
vrai un peu détaillé. M. de Tracy me disait: [canc.: il ny a plus de vérité que
dans] on ne peut plus atteindre au Vrai, que dans le Román. Je vois tous
les jours davantage que partout ailleurs c’est une prétention". Una trans­
cripción casi idéntica consta en la edición al cuidado de Y. Ansel (Stendhal,
(Euvres romanesques completes, París, 2005, p. 997), de la cual se tomaron
todas las citas que siguen.
[Hay varias traducciones al español de Rojo y negro (por ejemplo, Ma­
drid, Alianza, 2008 o Barcelona, Lumen, 2001). Sin embargo, con el ob­
jeto de reproducir la edición utilizada por Ginzburg, las citas se traducirán
desde el francés. N. del T.]
EL HILO Y LAS HUELLAS
246
bre estas cláusulas. La primera es atribuida a Danton: "La
vérité, l'ápre vérité [La verdad, la áspera verdad]”. La se­
gunda es atribuida a Sainte-Beuve: “Elle n'est pas jolie, elle
n'a point de rouge [Ella no es agraciada, no usa carmín]".
Para Stendhal, “verdad” quería decir, antes que cualquier
otra cosa, rechazo por toda belleza cosmética. Mi libro -d e­
claraba con orgullo- no es agraciado: es inmediato, directo,
áspero. Una crónica áspera: el subtítulo que se lee en la por­
tada de la primera edición de la novela (1831) es Chronique
du xix* siécle (crónica del siglo xix), pocas páginas después
modificado en Chronique de 1830 (crónica de 1830). Ciertas
veces, las ediciones más recientes eliminan uno de los dos
subtítulos.14
Desde luego, ningún lector tomó jamás en serio la pala­
bra "crónica". Rojo y negro siempre fue leído como una no­
vela. Pero las intenciones de Stendhal son evidentes. Por
medio de un relato basado en personajes y acontecim ien­
tos inventados, él intentaba alcanzar una verdad histórica
más profunda. Es una actitud compartida con otros nove­
listas de comienzos del siglo xix: en primer lugar, con Bal­
zac, "aquel gran historiador", como lo definió Baudelaire.15
Sin embargo, Stendhal tenía objetivos distintos, y siguió
otra senda.
3. En el tramo de Rojo y negro que Auerbach eligió como
punto de partida para su análisis, el protagonista de la no­
vela, Julien Sorel, y su protector, el abad jansenista Pirard,
14
La edición de la Pléiade al cuidado de H. Martineau daba sólo el se­
gundo. Auerbach (M im esis, op. cit., pp. 455 y 480 [pp. 427 y 452]) cita am­
bos subtítulos sin mayores comentarios. Según R. Alter, A Lion for Love,
Nueva York, 1979, p. 201 n., el subtítulo original fue cambiado en el caso
de Chronique de IHM) porque parecía aludir a las barricadas de julio de
IH W .
11
pletes. vol
liaudelaire, Couseils aux jeunes littérateurs [1846], en (Euvres c o m ­
ed. al c uidado de C. Pichois, París, 1976, p. 17.
ii,
LA ÁSPERA VERDAD
247
co n v e rsan en el p alac io del m a rq u é s de la M ole. Ju lien ya
em pezó a tra b a ja r p a ra el m arq u és, quien lo invitó a p a rti­
c ip a r en sus co m id as. Ju lie n le p id e al ab a d P ira rd q u e le
p ro c u re el p erm iso p a ra re c h a z a r la invitación, p o rq u e en
esas co m id as se a b u rre d em asiad o . P ira rd , "véritable p a r­
v en ú ”, e stá e sc a n d a liz a d o p o r la in so len c ia de ese h ijo de
ca m p e sin o s. Un "ligero ru id o " revela q u e la hija del m a r­
qués, m a d em o iselle de la M ole, e stá o yendo la co n v e rsa ­
ción: "Ella h a b ía ido a b u sc a r u n libro y lo h ab ía oído todo;
e in m e d ia tam en te sin tió cierta estim a p o r Julien. Tenem os
aq u í a u n o que no n ació de rodillas -p e n só -, com o ese viejo
abad. ¡Válgame Dios, qué feo es!".16
M ás adelan te volverem os a este pasaje. Pero en tre tan to
vem os el co m en ta rio de A uerbach:
Lo que nos interesa en esta escena es lo siguiente: que sería
casi incomprensible sin el conocimiento preciso y minucioso
de la situación política, de las clases sociales y de las circuns­
tancias económ icas de un momento histórico bien determi­
nado, a saber, el de Francia poco antes de la revolución de ju­
lio, de acuerdo en esto con el subtítulo que lleva la novela:
Chronique de 1830. Ya el aburrimiento en la mesa y en los sa­
lones de esta mansión noble, de que se lamenta Julien, no es
un aburrimiento cualquiera, no se debe a la casual apatía per­
sonal de las gentes reunidas: entre ellas encontramos persona­
jes muy cultos e ingeniosos, a veces destacados, y el señor de
la casa es inteligente y amable; no, el aburrimiento es más
bien un fenómeno histórico, político-espiritual, de la época de
la Restauración. En los siglos x v ii y x v in , los salones de esta
especie eran todo, menos aburridos.17
16 E. Auerbach, Mimesis, vol. n, op. cit., p. 455 [p. 426] (Stendhal, II rosso
e il ñero, trad. it. de D. Valen, Turin, 1976, p. 260, levemente modificada).
Cf. Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., p. 578.
17 E. Auerbach, Mimesis, vol. n, op. cit., pp. 221 y 222 [p. 427].
248
EL HILO Y LAS HUELLAS
Las observaciones de Auerbach son muy perspicaces, pero
sus conclusiones son discutibles. Puede demostrarse que
Stendhal consideraba el aburrimiento no sólo como un fe­
nómeno del pasado, ligado a la sociedad francesa durante
la Restauración, sino como un fenómeno que habría de ca­
racterizar al presente -esto es, la sociedad que siguió a la
revolución de julio-, tanto como al futuro previsible. Como
sustento de esta interpretación puede citarse la reseña de
Rojo y negro que el propio Stendhal preparó en 1832 para la
revista L'Antología. No sólo esa reseña de sí m ism o sino
también el artículo de Vincenzo Salvagnoli basado en indi­
caciones de Stendhal tuvieron apenas una publicación pos­
tuma.18 Auerbach escribió Mimesis durante su exilio, en Es­
tambul, dentro de un contexto donde el acceso a las fuentes
secundarias le estaba de antemano impedido, y la disponi­
bilidad de fuentes primarias era limitada. La elección del
pasaje de Rojo y negro y el comentario de Auerbach podrían
haber sido influenciados por un vago recuerdo de la reseña
realizada por el propio Stendhal.
Se trata de un texto extraordinario: auténtico y cabal
ejercicio de extrañamiento. Dirigiéndose a un público extran­
jero por detrás del velo del seudónimo, Stendhal contempló
desde una doble distancia, geográfica y cultural, la novela
que había publicado dos años antes. Las costumbres y los
comportamientos morales descritos en Rojo y negro se ha­
bían arraigado en Francia -observó Stendhal- "entre 1806 y
1832". La vida de provincia en Francia antes de la revolución
era muy alegre, como consta en la "graciosa novelita" de Be18
Cf. Stendhal, “Projet d’article sur Le Rouge et le Noir" [1832], en (E u vres rom anesques..., op. cit., pp. 822-838 (trad. de D. Valeri, pp. 517-535);
V. Salvagnoli, Dei rom anzi in Francia e del rom anzo in particolare di M.
Stendhal Le Rouge cl le Noir (1832), inédito con agregados autógrafos y
aposlillas de Stendhal, ed. al cuidado de A. Bottacin, Florencia, 1999. Véase
también A Jeflerson, "Stendhal and the uses of reading: Le Rouge et le
Noir", en French Studies, 37, 1983, pp. 168-183, en especial, p. 175.
LA ÁSPERA VERDAD
249
senval titu la d a Le Spleen. "N ada sim ila r o cu rre hoy en día
-p ro sig u e S tendhal-: todo es triste y m edido en las ciudades
de seis a ocho m il alm as. Allí el extranjero se siente d u ran te
la velada ta n incóm odo com o en Inglaterra."19
Los lecto res de S ten d h a l p u ed e n le er con prov ech o Le
Spleen de Besenval. E sta novela tran sc u rre en Besan^on, uno
de los lugares donde se desarrolla la acción de Rojo y negro;
el no m b re de la protagonista, m ad am e de Rennon, recuerda
al de m ad am e de Renal; el pro tag o n ista odia a su padre, así
com o lo o diaba Julien Sorel (y el propio S tendhal).20 Sin em ­
b arg o , m ás significativo re su lta que S ten d h a l p a rta de Le
Spleen de B esenval p a ra id e n tific a r en el a b u rrim ie n to el
te m a c e n tra l de R ojo y negro. C om o ju s ta m e n te e n fa tiz a
A uerbach, el a b u rrim ie n to es p a ra S ten d h a l u n fenóm eno
h istó ric o , lig ad o a u n esp ac io y a u n tie m p o específicos.
Pero el perío d o señalado -e n tr e 1806, poco después del co ­
m ienzo del im perio de N apoleón, y 1832, año en que el p ro ­
pio S ten d h al red a cta b a la rese ñ a-, al igual que el sím il con
Inglaterra, no son conciliables con la idea de Auerbach: que
el a b u rrim ie n to d e s c rito en la novela d eb a situ a rse en la
"F rancia poco antes de la revolución de julio".
¿Q ué es en to n ces el ab u rrim ie n to ? Es el p ro d u cto -e x ­
plica la reseñ a del a u to r- de la m oralidad, de u n a “F rancia
m oral" to davía d esco n o cid a p a ra los extranjeros, p ero que
se dispone a volverse u n m odelo p ara E u ro p a entera:
La Francia moral es ignorada en el extranjero; aquí los moti­
vos, antes de pasar a hablar de la novela de m onsieur de
Stendhal: hizo falta decir que nada se parece menos a la Fran­
19<Euvres romanesques..., op. cit., p. 824: “Rien desemblable aujourd hui,
tout est triste et guindé dans les villes de six á huit mille ámes. Létranger
y est aussi embarassé de sa soirée qu’en Angleterre (trad. de D. Valeri, p.
519, modiñcada).
20 Cf. P.-V. barón de Besenval, Le Spleen... [1806], París, 1895.
25 0
EL HILO Y LAS H UELLAS
cia alegre, divertida, algo libertina, que fue desde 1 7 1 5 a 1789
el m odelo de E u ro p a entera, que la F ra n cia grave, m oral, m o ­
ro sa q u e n o s leg aro n los jesu íta s, las cong reg acio n es y el go­
b iern o de los B orb o n es de 1814 a 1830. C om o en m a te ria de
novelas n a d a es m ás difícil que p in ta r la rea lid ad y n o copiar
de los libros, todavía n adie an tes de m o n sieu r de S ten d h al h a ­
b ía o sa d o r e tr a ta r esas c o stu m b re s ta n p o co a d o ra b le s p ero
que, pese a ello, d ad a la m e n talid ad ovejuna de E u ro p a, te rm i­
n a rá n p o r im p e ra r desde N ápoles h a s ta S an P ete rsb u rg o .21
Así se veía Stendhal a sí mismo en 1832. ¿Es posible que
deformase retrospectivamente el significado de su propia
novela? Esta pregunta suscita de manera im plícita una
cuestión a cuyo respecto mucho se discutió: la fecha de
com posición de Rojo y negro. En la reseña de sí mismo,
Stendhal escribió que, "al retratar a la sociedad de 1829
(época en que fue escrita la novela)”, el autor había corrido
el riesgo de ser encarcelado.22 En la "Advertencia” que pre­
cede a Rojo y negro, Stendhal había marcado una fecha dis­
tinta: "Tenemos margen para creer que las hojas que siguen
fueron escritas en 1827”.23
21 Stendhal, "Projet d’article", en CEuvres romanesques.... op. cit., p. 827:
"La France morale est ignorée á l’étranger, voilá pourquoi avant d en venir
au román de M. de S[tendhal] il a fallu dire que ríen ne ressemble moins
h la France gaie, amusante, un peu libertine, qui de 1715 á 1789 fut le m o­
déle de l'Europe, que la France grave, morale, morose que nous ont leguée
les jésuites, les congrégations et le gouvernement des Bourbons de 1814
á 1830. Comme rien n’est plus difficile en fait des romans que de peindre
d'aprds nature, de ne pas copier des livres, personne encore avant de M. de
Sftendhal] nc s’était hasardé á faire le portrait de ces mceurs si peu aimables, rnais que malgré cela, vu l’esprit mouton de l’Europe, finiront par régncrdc Naples í» Sainl-Pétcrsbourg” (trad. de D. Valeri, pp. 522 y 523).
21
Ibid., p. 827: "En faisant le portrait de la sociélé de 1829 (époque oü le
loman a i*l¿ ¿crit)” (trad. de D. Valeri, p. 523).
21
Und , p. 349: "Nous avons lieu de croire que les feuilles suivantes fuirni (Viilrs en IH27" (liad, de I). Valeri, p. 3).
LA ÁSPERA VERDAD
251
E sas dos fechas, apenas divergentes, son inexactas. Sabe­
m os p o r el propio S tendhal que el p rim e r destello de la idea
de Rojo y negro se le h ab ía o currido en M arsella, d u ran te la
trasnoche del 25 al 26 de octubre de 1829. Trabajó en la n o ­
vela d u ran te el invierno de 1829-1830 y firm ó un contrato con
el ed ito r Levavasseur el día 8 de abril de 1830. A lo largo del
mes de m ayo de ese año corrigió las prim eras galeradas; pero
el Io de ju n io de 1830 todavía estaba “dictando" la escena de
la ca te d ra l de B esan^on in cluida en el cap ítu lo xxvm de la
p rim era parte. La im p o rtan cia de estos últim os añadidos no
pasó inadvertida p ara V ictor Del L itto.24 Resulta evidente que
S tendhal siguió volviendo a la novela m ie n tras corregía las
galeradas. U na enigm ática no ta al pie fechada "11 de agosto
de 1830” m u e stra que esa corrección - ta l vez aco m p añ ad a
p o r etapas de escritura o ree scritu ra- todavía estaba en desa­
rrollo después de la revolución de julio. M ichel C rouzet sos­
tuvo que Rojo y negro fue “escrito p o r entero antes de julio de
1830, y p o r ello está intrínsecam ente conectado con la agonía
de la R estauración". Es u n a tesis no convincente. El propio
C rouzet m e n cio n a en u n a n o ta al pie u n elem ento que no
c o n c u erd a co n su cronología: Louis L ablache, el ca n ta n te
que S tendhal retrató con el nom bre de G éronim o, am igo de
Julien Sorel, en c am ó con gran éxito el papel de G eronim o en
el M atrim onio segreto de C im arosa el 4 de noviem bre de 1830
en P arís.25 Ese dato hace suponer, com o sugiere H enri Martineau, que Stendhal "siguió trabajando en la redacción y en la
revisión de la novela h asta noviem bre”. Él podría hab er dic­
tado el tram o que alude al triunfo de G éronim o el 6 de n o ­
24 Stendhal, (Euvres intimes, ed. al cuidado de V. Del Litto, París, 1982,
vol. n, p. 129: "Je dicte la scéne de la cathédrale de Bisontium [i. e. Besangon]"; y véase el comentario de Del Litto en la p. 1079.
25 M. Crouzet, Le Rouge et le Noir. Essai sur le romanesque stendhalien,
París, 1995, pp. 10 y 11. Cf. la entrada "Lablache, Louis” en Nouvelle Biographie Frangaise. Cf. también Y. Ansel en Stendhal, (Euvres romanesques...,
op. cit., pp. 960-962.
252
EL HILO Y LAS HUELLAS
viembre, en vísperas de su propia partida de París hacia
Trieste, donde había sido nombrado cónsul. La publicación
de Rojo y negro se anunció el 15 de noviembre.26
Esta minuciosa discusión cronológica podrá parecer pe­
dantesca y, en última instancia, irrelevante. Sin embargo, los
testimonios recién enumerados explican por qué Stendhal
fechó la redacción de la novela en 1827 (en la "Advertencia”)
y en 1829 (en la reseña de su propio libro). Las dos fechas,
ambas inexactas, querían sugerir a los lectores -e incluso
Auerbach se dejó engañar- que Rojo y negro era una repre­
sentación escrupulosa de la sociedad francesa bajo la Res­
tauración. Escrupulosa era, sin duda; pero las características
descritas estaban destinadas a prolongarse tanto más allá de
su emplazamiento originario, como Stendhal sugirió indirec­
tamente en uno de los dos subtítulos de esa novela: Crónica
del siglo xix. En una nota a pie de página colocada hacia el fi­
nal del texto, que a primera vista pretendía señalar el valor
puramente arbitrario de los lugares en que se desarrolla la
acción (Verriéres, Besangon), Stendhal aludió a las implica­
ciones históricas más generales de la trama relatada: "El in­
conveniente del imperio de la opinión pública, que por lo de­
más procura la libertad, es que aquélla se inmiscuye en lo que
no le concierne; por ejemplo: la vida privada. A ello obedece
la tristeza de América y de Inglaterra".27
Mediante el uso de términos como "opinión" y "libertad",
que evocan el talante político de la revolución de 1830,
Stendhal señaló la importancia de la novela para la Francia
2lS H. Marlineau, introducción a Stendhal, Romans et nouvelles, vol. i,
París, 1956, p. 198.
27
Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., p. 807: "L’inconvénient du régne
de l'opinion, qui d’ailleurs procure la liberté, c’est qu’ellc se méle de ce dont
elle n'a que la i re; par exemple: la vie privée. De líl la tristesse de l'Amérique
et de rAngleterre" (trad. de D. Valeri, p. 514, levemente modificada). Cl.
Correspinidance, vol. n, ed. al cuidado de V. Del Litio y H. Marlineau, París,
1967, pp 19} y 194 íiaita a Daniello Herlinghieii).
LA ÁSPERA VERDAD
253
del perío d o p o ste rio r a la R estauración. La referen cia a In ­
g laterra y a E stados U nidos era en idéntica m edida elocuente.
P ara S tendhal, esos dos países sim bolizaban el futuro: u n fu­
tu ro m oro so , en el q u e d e sa p a re c e ría n to d as las p asio n es
m enos u n a, la p a sió n p o r el d in e ro .28 A b u rrim ien to y tris ­
teza, producidos p o r la in tru sió n de la m oralid ad en la vida
privada, e ra n las características de las sociedades in d u stria­
les m odernas, en tre las cuales p ronto se con taría F ran cia.29
4. A u e rb a c h e s c rib ió q u e B alzac "s u p e ra c o n m u c h o [a
S ten d h al] p o r lo q u e resp e cta a la tra b a z ó n o rg án ica en tre
h o m b re e historia. C oncepción y p rác tica tales son com ple­
tam en te h istoricistas".30 É sa es u n a observación que no hace
ju sticia a S tendhal. A uerbach, desviado p o r el H istorism us,
n o n o tó que en las novelas de S ten d h a l la au sen c ia de u n
nexo orgánico en tre el ho m b re y la h istoria es el resultado de
u n a elecció n d e lib e ra d a , ex p re sad a m e d ia n te u n p ro c e d i­
m ie n to fo rm al específico. El aisla m ien to de los h éro es de
S te n d h a l es re c a lc a d o e in te n sific a d o p o r sus p ro p ia s re ­
flexiones interiores, que altern án d o se con la descripción de
sus acciones d an lu g ar a u n a suerte de contrapunto . Ese p ro ­
cedim iento, que fue definido com o "discurso directo libre”,
u su a lm e n te se p re se n ta así: u n a n a rra c ió n en te rc e ra per­
so n a es in te rru m p id a b ru sca m en te p o r u n a serie de breves
frases atrib u id as a u n o de los p rotagonistas de la n arrac ió n .31
A unque esté ta n to m ás estru ctu rad o que el flujo inform e del
m onólogo interior, el discurso directo libre pone al lector en
28 Páginas iluminadoras acerca de este tema en F. Moretti, II romanzo di
ii: "Waterloo Story", pp. 82-141.
29 Uno de los títulos usuales del cap. xix del libro ii de Rojo y negro es
"Un siécle moral" (cf. (Euvres romanesques..., op. cit., p. 1104; acerca de los
títulos usuales, véanse -e n términos generales- pp. 981-983).
30 E. Auerbach, Mimesis, vol. n, op. cit., p. 253 [p. 452],
31 Excelentes observaciones en J. T. Booker, "Style Direct Libre: The
Case of Stendhal”, en Stanford French Review, 1985, pp. 137-151.
formazione [1986], Turín, 1999, cap.
254
EL HILO Y LAS HUELLAS
estrecha relación, casi íntima, con los personajes más im­
portantes de la novela: Julien Sorel, madame de Rénal, mademoiselle de la Mole. Releamos el pasaje que describe la
reacción de mademoiselle de la Mole frente al diálogo entre
Julien y el abad Pirard: "Ella había ido a buscar un libro y lo
había oído todo; e inmediatamente sintió cierta estima por
Julien. Tenemos aquí a uno que no nació de rodillas -pensó-,
como ese viejo abad. ¡Válgame Dios, qué feo es!”.32
Como se ve, Stendhal hace un uso muy sobrio de los sig­
nos de puntuación.33 Ninguna comilla introduce las dos fra­
ses, aunque ambas están caracterizadas por oraciones direc­
tas o por interjecciones: "pensait-elle", en la primera; la
interjección “Dieu!”, en la segunda. Pero cuando los signos
de puntuación están ausentes, el desplazamiento de la ter­
cera a la primera persona -ya sea que se produzca dentro de
una sola frase o bien en dos frases contiguas- es más brusco,
y tanto más sorprendente. Presentamos aquí dos ejemplos,
referidos respectivamente a Julien Sorel y a Mathilde de la
Mole, citados primero en su texto original y más adelante en
la versión italiana de Diego Valeri:
32 E. Auerbach, Mimesis, vol. ii, op. cit., p. 221 [p. 426] (Stendhal, Ilrosso
e il ñero, trad. de D. Valeri, op. cit., p. 260). He revisado la puntuación sobre
la base del original.
33 F. Mylne, "The Punctuation of Dialogue in Eighteenth-Century French
and English Fiction", en The Library: A Quarterly Journal o f Bibliography, 1,
1979, pp. 43-61. En contra de la llamada ponctuation forte -esto es, abun­
dante-, pueden leerse dos escritos publicados durante un mismo año: A.
Frcy, anden prote et correcteur d’imprimerie, Principes de ponctuation fondés sur la nature du langage écrit, París, 1824; y el Traité raisonné de ponc­
tuation publicado en apéndice a F. Raymond, Dictionnaire des termes appropriés aux arts et aux sciences, et des mots nouveaux que l'usage a consacrés...,
P;n-fs, 1824. Del apéndice a este último véase en especial el cap. x, p. xxvm,
;i propósito de paréntesis, comillas (guillemets), etc.: "Leur apposition dans
Ir langage est presque abandonnéc dans ce moment. Les auteurs en général
éviieiit les parenlhéses, le ti reí el les guillemets, le plus posible [Su colocai ión en el lenguaje rsl.i casi abandonada en este momento. Por lo general,
los auloies evitan lodo cuanto pueden paréntesis, guiones y comillas]”.
LA ÁSPERA VERDAD
255
A forcé d'examiner le comte Norbert, Julien remarqua qu’il
était en bottes et en éperons; [punto y com a] et moi je dois
étre en souliers, apparemment comme inférieur [A fuerza de
escrutar al conde Norbert, Julien notó que él llevaba botas y
espuelas; y yo debo llevar alpargatas, evidentemente como un
inferior].
Ce Sorel a quelque chose de l’air que mon pére prend quand il
fait si bien Napoléon au bal. [punto] Elle avait tout á fait oublié
Danton. [punto] Décidément, ce soir, je m’ennuie. [punto] Elle
saisit le bras de son frére... [Este Sorel tiene algo de la actitud
que adopta mi padre cuando hace de Napoleón en los bailes
de disfraces. Ella había olvidado del todo a Danton. Decidi­
dam ente, esta noche me aburro. Se tom ó del brazo de su
hermano...].34
E n la tra d u c c ió n italian a, la p u n tu a c ió n de am bos pasajes
fue n o rm a liz a d a , y v u elta m á s conv en cio n al: “A fo rza di
esam in are il co n te N orberto, n o to que aveva gli stivali e gli
sp eroni [punto]. E io devo p o rta re le scarpe basse, evidente­
m en te p erché sono un inferiore! [signo de exclam ación]".
Quel Sorel ha qualcosa che mi ricorda mió padre cuando fa il
Napoleone nei balli in costume -. [guión pequeño y punto] Ella
aveva completamente dimenticato Danton.- [punto y guión
pequeño] “Decisamente questa sera mi annoio" [entrecomi­
llado]. Prese sotto braccio suo fratello...35
El tra d u c to r parece h a b e r tem ido que el lector, siquiera p o r
u n a fracción de segundo, p u d ie ra verse desorientado: de allí
34 Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., pp. 569 y 612.
35 Stendhal, II rosso e il ñero, trad. de D. Valen, op. cit., pp. 249 y 298.
256
EL HILO Y LAS H UELLAS
la inserción de puntos, signos de exclamación, guiones y
puntos, comillas. Sin embargo, el propósito de Stendhal era
justamente ése: desorientar al lector imprimiendo a la na­
rración un ritmo agitado, febril, basado en una puntuación
quebrada y fragmentada, que introduce repentinos cambios
de perspectiva.36
5. En el tramo analizado por Auerbach, Julien evoca a Mathilde para justificar el aburrimiento sentido durante las co­
midas organizadas por el marqués: "Vea que en ocasiones
bosteza aun mademoiselle de la Mole". Capítulos después,
Mathilde reaparece, bostezando y fijando en Julien "aquellos
hermosos ojos suyos, de los cuales emanaba el tedio más
profundo".37 Mathilde le pide a Julien que la acompañe a un
baile. Julien comprende que debe aceptar; pero apenas co­
mienza el baile deja de interesarse en ella. Llegado este
punto, la escena (una de las más extraordinarias de toda la
novela) es vista a través de los ojos de Mathilde. Los únicos
pensamientos a los cuales tenemos acceso son los suyos:
"Decididamente me aburro", etc. Julien se sumerge en una
apasionada conversación con el conde Altamira, un exiliado
que dejó Nápoles para sustraerse (tal como había hecho Domenico Fiore, amigo de Stendhal) a una condena a muerte
por motivos políticos. Los dos hombres se acercan. Mathilde
"no perdía una sílaba de la conversación. El aburrimiento
había desaparecido".38
36
Cf. F. Moretti, 11 romanzo di formazione, op. cit., p. 107: “Ciertas pági­
nas de Stendhal abiertas y casi despedazadas por los bruscos pasos de un
punto de vista a otro”.
,7 Stendhal, 11 rosso e il ñero, trad. de D. Valeri, op. cit, p. 288.
1HStendhal, te Rouge et le Noir, op. cit., p. 613: “Mathilde ne perdait pas
uno syllube de leur conversation. L’cnnui avait disparu" (trad. de D. Valeri,
p. 299). Acerca de las circunstancias que probablemente hayan inspirado a
Stendhal, cl. C. I.iprandi, “Sur un ópisode du Rouge et Noir: le bal du Duc
de Reí/.”, en Revue des Sciences Humaines, 76, octubre-diciembre de 1954,
pp. 40 } 417.
LA ÁSPERA VERDAD
257
T anto M athilde com o Julien e stán fascinados p o r Altam ira. Su a p a sio n a d o co m p ro m iso político es la verd ad era
antítesis del ab u rrim ie n to . A ltam ira le dice a Julien: "Ya no
hay v erdaderas p asiones en el siglo x d í; p o r eso un o se a b u ­
rre ta n to en F ra n cia".39
A lta m ira h a b la del siglo xix co m o si la F ra n c ia de la
R e sta u ra ció n fuese u n caso específico que confirm a u n a ley
m ás general. E n ese sentido, no hace m ás que d a r reso n a n ­
cia a los ecos de los dos su b títu lo s divergentes de la novela:
Crónica del siglo xix, Crónica de 1830. A lta m ira h a b la en
n o m b re de S ten d h a l. H a b rá q uien objete que los p rim ero s
lecto res de R ojo y negro le y ero n esas p á g in a s - e s m ás, la
novela e n te r a - a la luz de la revolución de julio. El pasaje
en que A ltam ira a u g u ra que la experiencia de los países de
A m érica del S u r tra n s m itirá a E u ro p a los ideales de liber­
tad va a c o m p a ñ ad o p o r u n a n o ta a pie de p ágina del ed ito r
(p lau sib lem en te e s c rita p o r el p ro p io S ten d h a l) en la cual
se a d v ierte de m o d o la có n ic o q u e esa p a rte de la novela,
"enviada a im p re n ta el 25 de julio de 1830" fue "im presa el
4 de agosto". S obre esa base, M ichel C rouzet sostuvo que la
escena del b aile y las reflexiones de A ltam ira "co n cu erd an
en todo co n la revolución [de julio], de la cual son sim u ltá­
n eam en te au sp icio y anuncio. S tendhal le dice al lector que
su novela lleva a las b arrica d as, a u n sin n o m b rarla s".40 Sin
e m b arg o , la n o ta al p ie y la novela tie n e n u n significado
c o m p le ta m e n te d istin to . Ju lie n S orel n o es u n liberal, es
u n ja co b in o fu era de tiem po: Rojo y negro rela ta la h isto ria
39 Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., p. 614: "Il n'y a plus des passions
véritables au xrxe siécle; c’est pour cela que l’on s’ennuie tant en France"
(trad. de D. Valen, pp. 299 y 300).
40 M. Crouzet, Le Rouge et le Noir, op. cit., p. 11: "Les propos du bal de
Retz et les pensées d'Altamira sont en parfaite consonance avec la Révolution, ils l'appellent et l’annoncent. Stendhal indique au lecteur qu’il avait
bien dit que son román conduit aux barricades et les contient, méme s il
n’en parle pas”.
258
EL H ILO Y LAS HUELLAS
de una trágica derrota individual, no de una revolución
victoriosa. Stendhal pensaba que la política, tal com o la
había vivido bajo Napoleón, durante la campaña de Rusia,
pertenecía al pasado, y que por obra de la era tediosa de la
industria y del comercio se había vuelto obsoleta. Y la his­
toriografía, tradicionalmente identificada con la historia
de la vida pública, ya había quedado superada por las no­
velas, como Destutt de Tracy le había explicado a Stendhal.
Los acontecimientos históricos estaban destinados a repe­
tirse, pero en forma reducida y deformada. Mathilde se da
cuenta de ello oscuram ente mientras contem pla a Altamira: "No veo otra cosa que distinga a un hombre si no es
la condena a muerte, pensó Mathilde, es la única cosa que
no se compra”.41
Aquí, como suele suceder en las novelas de Stendhal, se
anticipan de modo oscuro o simbólico acontecimientos que
están más allá, que han de llegar. Mathilde sepultará la ca­
beza cortada de Julien, así como la reina Margarita de Na­
varra había sepultado la cabeza de su amante, Boniface de
la Mole, decapitado en la época de las guerras de religión.
Julien no morirá por motivos políticos, sino por haber in­
tentado dar muerte a su amante, madame de Renal; no m o­
rirá como un héroe, sino com o un criminal. En "una era
degenerada y tediosa”, como dice Mathilde, todo puede ser
comprado, y el heroísmo es imposible.42
6 . Volvamos a la escena del baile. Vemos a Mathilde m ien­
tras oye la conversación entre Julien y Altamira: “Mademoi41
Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., p. 607: "Je ne vois que la condarnnation íi moit qui distingue un homme, pensa Mathilde, c’est la seule chose
qui ne s’achétc pas'' (trad. de D. Valen, p. 292; modifiqué la puntuación).
w Sthcndal, ¡e Rouge et le Noir, op. cit., p. 644. Una observación muy
similar lúe realizada por A. Sonncnlcld, "Romantisme (ou ironie): les épigi apiles du ‘Rouge et Noir’”, en Stendhal Club, 7 8 , ene de 1 9 7 8 , pp. 1 4 3 I 54, en espeeial p I 5 V
id
LA ÁSPERA VERDAD
259
selle de la M ole, que in c lin a b a su ca b ez a con el m ás vivo
interés, estab a ta n cerca que su h erm oso cabello casi tocaba
el h o m b ro de él".43
U na vez m ás, M athilde es re tra ta d a en plena acción de
oír, de p re sta r oído, así com o S tendhal presta oído a los d is­
cursos de sus personajes, forzando a quien lee a h ac er o tro
tan to . P ara S tendhal, el yo es sinónim o de m ultiplicidad. A
veces se e s c ru ta b a co n te m p le d iv ertid o , p erp le jo o a b u ­
rrid o , co m o en la o ra c ió n e s c rita en u n e je m p la r de Arm a n ce: "D om ingo ab u rrid o , p aseo p o r el Corso con M íster
S ten[dhal], y así d u ra n te to d a la vida till the death”.44
H ace c in c u e n ta añ o s, J e a n S ta ro b in sk i in d ag ó en u n
m uy b rillan te ensayo la p asió n de S tendhal p o r los seu d ó n i­
m os (se conocen casi doscientos, usados en ocasiones tan to
p ú b lic as com o p riv ad a s). S taro b in sk i, crítico y p sic o a n a ­
lista, en fa tizó la v e rtie n te de vo y eu r en S ten d h al, c itan d o
com o respaldo de su in te rp re tac ió n u n pasaje de los diarios
en el que éste se refiere a sus pro p ias inclinaciones am o ro ­
sas. E n dicho ensayo, S taro b in sk i no se ocupa de la o b ra de
S tendhal. La relación e n tre la o b ra literaria y la psicología
del a u to r es todo lo co n tra rio a sencilla: el crítico -o b serv ó
S taro b in sk i- deb ería in d a g ar el espacio situado en tre u n a y
la o tr a .45 Las nov elas de S te n d h a l e s tá n im p re g n a d a s de
erotism o, pero los en cu en tro s am orosos en tre sus p erso n a­
43 Stendhal, Le Rouge et le Noir, op. cit., p. 613: "Mlle de la Mole, penchant la tete avec le plus vif intéret, était si prés de lui, que ses beaux cheveaux touchaient presque son épaule” (trad. de D. Valeri, p. 299).
44 Stendhal, Romans..., vol. i, op. cit., p. 1432: "Dimanche ennuyeux,
promenade au Corso with Mister Sten[dhal], et pour toute sa vie ainsi till
the death. 15 mars 35” (anotación en el ejemplar Bucci de Armance, desci­
frada sólo parcialmente en (Euvres romanesques..., op. cit., p. 896).
45 J. Starobinski, L’ceil vivant, París, 1961, cap. "Stendhal pseudonyme",
pp. 191-240 [trad. esp.: El ojo vivo, Valladolid, Cuatro Ediciones, 2002];
también de Starobinski, "Leo Spitzer et la lecture stylistique , introducción
a L. Spitzer, Études de style, París, 1970, pp. 27 y 28.
260
EL HILO Y LAS HUELLAS
jes quedan siempre librados a la imaginación del lector.46
En cuanto escritor, Stendhal siempre se abstuvo del voyeurismo en sentido estricto; pero, en cambio, el fisgoneo acús­
tico tuvo, como ya se notó, una función importante en sus
relatos.47 El discurso directo libre había sido usado, de modo
ocasional, por Goethe en Las afinidades electivas: novela que
Stendhal leyó y amó, y a la cual rindió homenaje en el título
de un capítulo de Rojo y negro (i, vil). Pero al uso sistemático
de ese procedimiento por parte de Stendhal puede haber
contribuido también un elemento de carácter psicológico.
7. En 1834-1835, Stendhal releyó Rojo y negro, con senti­
mientos contradictorios. En el manuscrito de L u d e n Leuwen garrapateó sus propios comentarios. Entre otras cosas,
criticó "ciertas frases discordantes y la falta de esas peque­
ñas palabras que ayudan a que la imaginación del lector be­
névolo se figure las cosas”.48 La novela le pareció "veraz,
pero seca”; el estilo, "demasiado brusco, demasiado inco­
nexo"; "cuando yo la escribía -observó- sólo cuidaba de la
sustancia de las cosas".49
Stendhal, que por lo general escribía en un estado de
exaltación, era incapaz de revisar sus propios textos.50 La
insatisfacción por la "sequedad” de Rojo y negro parece an­
ticipar el estilo más armonioso de la La cartuja de Parma.
46 Cf. las observaciones de Y Ansel en Stendhal, (Euvres romanesques,
op. cit., pp. 1131-1133.
47 Debo esta fórmula a Vyacheslav Ivanov.
48 Stendhal, Romans..., vol. i, op. cit., p. 1401: "5 mai 1834. [...] A Marseille, en 1828, je crois, je fis trop court le manuscrit du Rouge. Quand jai
voulu le faire imprimer á Lutdce, il m’a fallu faire de la substance au lieu
d'éífaccr quelques pages et de corriger le style. De lá, entre autres défauts,
des phrases heurtées et l’absence de ces petits mots qui aident l’imagination
du Icctcur hénévole á se ligurer les d ioses”.
4‘; ¡bul., vol. i, pp. 1458, 1483. Actualmente, la primera anotación es inha­
llable: el. (Euvres romanesques, op. cit., p. 992.
Vl k Altor, A Lion..., op cit., p. 168.
LA ÁSPERA VERDAD
261
Pero esa "sequedad" era el p u n to de llegada de u n proyecto
in telectu al que se re m o n ta b a a la ju v en tu d de S tendhal. El
29 de m a rz o de 1805, cu a n d o te n ía u n o s 20 años, escribió
en su diario:
Tengo la manía de mostrar a todos una figura lacerada. Como
un pintor que quisiera cimentarse en el género propio de Albani y juiciosamente empezara por el estudio de la anatomía,
y para quien, como objeto útil, ésta se hubiera vuelto tan agra­
dable que, en lugar de pintar un bello seno, en su deseo de
encantar a los hombres, pintaría sin velos y sangrantes todos
los músculos que forman el pecho de una mujer bella, tanto
más horrible, en su idiota manía, en cuanto se esperase algo
más agradable. Ellos procuran un nuevo disgusto por la ver­
dad de los objetos que presentan. Uno no haría más que des­
preciarlos, si fueron falsos, pero son verdaderos, y asedian la
imaginación.51
V einticinco añ o s después, M érim ée le escribió a S tendhal,
u no de sus am igos m ás cercanos, lo que p en sab a de Rojo y
negro, rec ien tem en te publicado. R etom ó la m etáfo ra u sad a
p o r el joven S tendhal, que acaso h ubiera oído d u ran te u n a de
sus conversaciones; pero en vez de identificarse con el pintor,
51
Stendhal, (Euvres intimes, vol. i: Journal, ed. al cuidado de V. del Litto,
París, 1981, pp. 301 y 302: "C est un peintre qui voudrait s'illustrer dans le
genre de l’Albane, qui aurait judicieusement commencé par l’étude de l’anatomie, et pour qui, com me objet utile, elle serait devenue tellement agréable, qu’au lieu de peindre un joli sein, voulant enchanter les hommes, il
peindrait á découvert et sanglants tous les muscles qui forment la poitrine
d’une jolie femme, d’autant plus horrible, en leur sotte manie, qu'on s’attendait á une chose plus agréable. Ils procurent un nouveau dégoüt par la
vérité des objets qu’ils présentent. On ne ferait que les mépriser s’ils étaient
faux, mais ils sont vrais, ils poursuivent rimagination" (Diario, vol. i, trad.
it. de E. Rizzi, Turín, 1977, p. 164, modificada). Cf. también Stendhal, (Eu­
vres intimes, vol. i i : Journal, op. cit., p. 108, 13 de diciembre de 1829: "Il faut
avoir le courage des Carrache”.
262
EL HILO Y LAS HUELLAS
se identificó con el público horrorizado. En la primera parte
de la carta, que se perdió, Mérimée afirmaba que alguien ha­
bía acusado a Stendhal del más grave de los delitos, "el de
desnudar y poner en plena luz ciertas llagas del corazón hu­
mano que son demasiado desagradables de ver".
"Esta observación me pareció justa", escribió Mérimée.
"El carácter de Julien tiene rasgos atroces; innegablemen­
te verdaderos, pero siguen siendo horribles. La finalidad
del arte no es echar luz sobre esos perfiles de la naturaleza
humana." Y comparó Rojo y negro con El vestidor de la se­
ñora de Swift, observando: "Estáis lleno de estas verdades
intolerables".52
8 . La comparación con Swift propuesta por Mérimée no debe
tomarse al pie de la letra. Nada tiene de escatológico Rojo
y negro. Lo chocante para Mérimée era la actitud distante de
Stendhal con relación a las convenciones sociales, y la volun­
tad de dejarlas al desnudo. Sin embargo, esa propuesta de
comparación entre Stendhal y Swift debe profundizarse.
En una anotación en el margen del manuscrito de Mina de
Vanghel, que quedó incompleta, Stendhal observó que
en u n a novela, [a u n o lo] d eja frío d e s c rib ir u so s y c o s tu m ­
b res. Se tie n e la im p re s ió n de algo m o ra liz a n te . H ay q u e
tra n s fo rm a r la d e sc rip c ió n en estupor, in tro d u c ir a u n a ex­
52
Stendhal, Correspondance, vol. ii, ed. al cuidado de V. del Litto y H.
Martineau, París, 1962, pp. 858 y 859. Mérimée observó que Stendhal, da­
das sus relaciones con madame Azur, no podía -a diferencia de Swift- adu­
cir la coartada de la impotencia. Tanto Mérimée como Stendhal habían
sido amantes de madame Azur (Alberthe de Rubempré), quien poco antes
en un salón parisino había hablado con entusiasmo de las proezas eróticas
de Stendhal: cf. R. Alter, A Lion..., op. cit., pp. 183 y 184. Stendhal había
aludido a la impotencia de Swift cuando se refirió a la trama de Annatice
en una caria a Mérimée del 23 de diciembre de 1826 (cf. Rom ans..., vol. i,
<>!> <it., pp 190-192).
LA ÁSPERA VERDAD
263
tranjera que se asom bra, y transformar la descripción en un
sentim iento.53
S te n d h a l y a se h a b ía v a lid o d e ese p ro c e d im ie n to . J u lie n
S orel, h ijo de u n c a m p e sin o , se m u e v e so rp re n d id o e n tre la
c a sa de m a d a m e d e R enal, el se m in a rio , el p a la c io d el m a r­
q u és d e la M ole. S te n d h a l c o n te m p la b a a la so c ie d a d f ra n ­
ce sa d esd e u n p u n to re m o to , a trav é s d e los ojos d e u n jo v e n
d e sp ro v isto d e e s p e ra n z a y so c ia lm e n te d e s a rra ig a d o . M érim é e c o m p a rtía el a m o r d e S te n d h a l p o r los d etalles c o n c re ­
to s, e tn o g rá fic o s; p e r o la " á s p e r a v e rd a d " d e R o jo y negro
e ra d e m a sia d o p a r a él.
Los dos am ig o s e ra n m u y d istin to s, ya sea co m o e s c rito ­
res o co m o p e rso n a s. E n u n r e tr a to a fe c tu o sa m e n te iró n ic o ,
p u b lic a d o p o c o s a ñ o s d e s p u é s d e la m u e r te d e S te n d h a l,
M é rim ée escribió:
Durante toda su vida fue dom inado por su im aginación y no
hizo nada si no era bruscam ente y por su entusiasm o. Pese a
ello, se enorgullecía de siem pre obrar conform e a la razón.
"En todas las cosas hay que regirse por la ló-GI-Ca", decía, ha­
ciendo una pausa entre las sílabas. Pero sufría, perdiendo la
paciencia, porque la lógica de los otros no era la suya.54
E n este rasg o p sico lógico, c a p ta d o p o r la in tu ic ió n d e M é ri­
m ée, v em os d e s p u n ta r el d o b le y c o n tra d ic to rio v ín c u lo d e
S te n d h a l c o n el ilu m in is m o y c o n el r o m a n tic is m o , c o n la
53 Citado por M. Augry-Merlino, Le cosm opolitism e dans les textes courts
de Stendhal et M éñmée, Ginebra y París, 1990, p. 102.
54 P. Mérimée, "H. B." [1850], en Portraits histoñ qu es et littéraires, ed. al
cuidado de P. Jourda, París, 1928, p. 155: "Toute sa vie il fut dominé par son
imagination, et ne fit ríen que brusquement et d’enthousiasme. Cependant,
il se piquait de n’agir jamais que conformément á la raison. 'Il faut en tout
se guider par la ’ , disait-il en mettant un intervalle entre la premiére syllabe et le reste du mot. Mais il souffrait impatiemment que la logique des autres ne füt pas la sienne".
l o
g iq u e
264
EL HILO Y LAS H UELLAS
racionalidad y con las emociones, con la lógica y con las
creencias. Como se percibe en la Vida de Henry Brulard, ese
entramado ya estaba presente en Stendhal cuando contaba
con 14 años de edad. Había empezado a estudiar matemá­
tica; y no lograba entender cómo era que al multiplicar nú­
meros negativos se obtiene un número positivo. Pero lo
peor todavía estaba por llegar:
Al com ienzo de la geo m etría está dicho: "Se da el n o m b re de
paralelas a dos rectas que, prolo n g ad as h a sta el infinito, n u n ca
se cruzarían ". Y ya desde el com ienzo de la Estática, esa bestezuela de Louis M onge dice poco m ás o m enos esto: "Dos re c ­
ta s p a ra le la s p u e d e n se r c o n s id e ra d a s co m o se ca n tes si las
prolongam os al infinito".
Creí leer u n catecism o, y p o r a ñ a d id u ra u n o de los m ás n e ­
cios. E n vano pedí explicaciones a M. C habert [otro docente de
m atem ática ]:
—H ijo m ío -d ijo , a d o p ta n d o ese to n o p a te rn a l q u e ta n to
m ás se co n d ice con el zo rro viejo delfinático, con cierto a ire
de E d o u a rd M o u n ier (p ar de F ra n c ia en 1836)-, hijito, lo s a ­
bréis m ás tarde.
Y el m o n stru o , a c ercá n d o se a la p iz a rra de tela en cerad a,
trazó en ella dos rectas p aralelas y m uy cercanas:
—Ved - m e d ijo -: en el infinito p u ed e d ecirse q u e se cru z an .
Sin m ás estuve p o r p la n ta r definitivam ente todo. Un confesor,
háb il y b u e n je su íta , en ese m o m e n to h a b ría p o d id o co n v er­
tirm e co m en ta n d o esta m áxim a:
—Veis que todo es e rro r o, mejor, que n ad a hay falso, n ad a
verdadero; todo es convención. A doptad la convicción que os
vuelva m ás p ro p icio el m u n d o . La to sca plebe es p a trio ta y
e n su cia rá siem pre este perfil de la cuestión; haceos a risto c rá ­
tico com o vuestros fam iliares y p o r n u estra parte e n c o n tra re ­
m os el m odo de m a n d a ro s a P arís y re c o m e n d a ro s a las d a ­
m as influyentes.
LA ÁSPERA VERDAD
265
Para expresarlo con fuerza, me habría vuelto un truhán y
al día de hoy, en 1836, sería extrem adamente rico.55
O b servando retro sp e ctiv a m e n te ese episodio, S ten d h a l enlazó
su p ro p ia p asió n p reco z p o r la lógica c o n el o dio p o r las c o n ­
venciones. S in em b arg o , lo q u e m a n tie n e c o n vida ese ep iso ­
d io d u r a n te ca si c u a r e n ta a ñ o s e n la m e m o ria de S te n d h a l
d eb e h a b e r sid o el im p ro v iso d e s c u b rim ie n to d e u n a g rie ta
en la g e o m e tr ía d e E u c lid e s, q u e le h a b ía p a re c id o só lid a
c o m o u n a ro c a . E se d e s c u b r im ie n to p o d r ía h a b e r c o n tr i­
b u id o a su d u ra b le fa sc in a c ió n p o r los fe n ó m e n o s irra c io n a ­
les, c o m o las p a sio n e s, q u e la ra z ó n d e b e a p r e n d e r a a n a li­
zar. E l jo v e n S te n d h a l te n ía u n a g ra n a d m ira c ió n p o r P ascal,
a q u ie n c o m p a r ó n o só lo c o n S h a k e s p e a r e s in o c o n s ig o
m ism o: "C u an d o leo a P ascal - e s c rib ió -, te n g o la im p re sió n
d e le erm e a m í m ism o [...] c re o que, e n tre to d o s los e s c rito ­
res, él es el m á s c e rc a n o a m i a lm a ".56 E s a a firm a c ió n , q u e
n o p a re c e h a b e r lla m a d o la a te n c ió n d e los e s tu d io s o s, es
m enos s o rp re n d e n te de lo q u e p are ce. A los in g e n u o s p ro v in ­
ciales q u e le p re g u n ta b a n cu á l e ra su p ro fe sió n , S te n d h a l te ­
n ía p o r h á b ito c o n testar: "O b serv ad o r d el c o ra z ó n h u m a n o ".57
Tal vez volvía a p e n s a r en la fam o sa fra se d e P ascal, “el c o ra ­
zó n tie n e su s raz o n es, q u e la ra z ó n n o conoce". E n u n a c a rta
a su h e r m a n a P au lin e , ta n q u e rid a p o r él, S te n d h a l tra d u jo
las p a la b r a s d e P a sc a l e n el Q ue-sais-je? [¿Q u é sé y o?] d e
M o n ta ig n e : “R eleo la Logique d e T racy c o n vivo p la c e r; in ­
te n to r a z o n a r d e m o d o c o r r e c to p a r a e n c o n tr a r u n a r e s ­
p u e s ta e x a cta a la p re g u n ta : ‘¿Q ué es lo q u e d e s e o ? ’”.58
55 Stendhal, Vie d ’Henry Brulard, en (Euvres intim es, vol. i i , op. cit., pp.
858 y 859 [trad. esp.: Vida de Henry Brulard, Madrid, Alfaguara, 2004],
56 Cf. ibid., vol. i, p. 208; Journal littéraire, en (Euvres com pletes, vol.
xxxiv, op. cit., p. 172; cf. también pp. 166 y 168.
57 P. Mérimée, "[Stendhal] Notes et souvenirs", en Portraits, op. cit., p. 179.
58 Stendhal, Correspondance, vol. i, op. cit., p. 352 (a Pauline Beyle, 3 de
junio de 1807): "Je relis la Logique de Tracy avec un vif plaisir; je cherche
266
EL HILO Y LAS HUELLAS
En los Recuerdos de egotismo, Stendhal escribió: “Uno
puede conocerlo todo, excepto a uno mismo".59
9. El discurso directo libre da voz al aislamiento de los per­
sonajes de Stendhal, a su ingenua vitalidad derrotada por
un proceso histórico que sacude y humilla sus ilusiones.60
Es un procedimiento que parece de antemano vedado a los
historiadores, ya que por definición el discurso directo libre
no deja huella documental. Estamos en una zona situada
más acá (o más allá) del conocimiento histórico, e inaccesi­
ble para éste. Sin embargo, los procedimientos narrativos
"stji i 'LunruTTcmipusn ragi áí ¿mus.~pruvuuai i~prt5g in í cavy ii trami
docum entos potenciales.61 En ese sentido, un procedi­
miento como el discurso directo libre, nacido para respon­
der, en el campo de la ficción, a una serie de preguntas plan­
teadas por la historia, puede ser considerado un desafío
indirecto lanzado a los historiadores. Un día ellos podrían
hacerlo propio, en formas que hoy no logramos imaginar.
á raisonner juste pour trouver une réponse exacte á cette question: 'Que
désiré-je?’”.
59 Stendhal, Souvenirs d'égotisme, ed. al cuidado de B. Didier, París,
1 98 3 , p. 114: "On peut tout connaitre, excepté soi-méme” [trad. esp.: Re­
cuerdos de egotismo y otros escritos íntimos, Barcelona, Anagrama, 1 9 7 4 ],
60 N. Chiaromonte, "Fabrizio a Waterloo", en Credere e non credere, Bo­
lonia, 199 3 , pp. 2 3 -4 8 , en especial, p. 3 0 , escribe: "Stendhal no sólo no cree
en la Historia con mayúscula, sino tampoco siquiera en la que él narra”. En
realidad, él croe en ambas: de allí surge el entramado de desprecio (durante
los últimos años, disgusto) y alegría que es sólo suyo.
M ( ’. (¿in/burg, Rapporti di forza. Storia, retorica, prova, Milán, 2 0 0 0 ,
p 4H
X. REPRESENTAR AL ENEMIGO
ACERCA D E LA P R E H IS T O R IA FRA NCESA
D E LO S P R O T O C O L O S*
1. H ablaré de dos textos y d e la r e la c ió n q u e los v in c u la .
E l p r im e r o es c o n o c id o c a s i ú n ic a m e n te p o r los e s tu d io ­
sos, el se g u n d o e s tá d ifu n d id o e n to d o el m u n d o . E m p e z a ré
p o r el p rim e ro . E l D iálogo en el infierno entre M a q u ia velo y
M o n tesquieu a p a re c ió a n ó n im o e n B ru se la s e n 1864.1 E n la
p o r ta d a , el a u to r, M a u ric e Joly, se a u to d e f in ía c o m o "u n
c o n te m p o rá n e o ”. Al a ñ o sig u ien te , Joly fue id e n tifica d o p o r
la p o lic ía fra n c e s a , p ro c e s a d o , y c o n d e n a d o a 15 a ñ o s d e
p ris ió n p o r h a b e r e s c rito fra se s se d ic io sa s y o fe n siv a s c o n
re la c ió n a N a p o le ó n III. E l Diálogo fue in m e d ia ta m e n te tr a ­
d u cid o al alem á n ; en 1868 fu e re e d ita d o dos veces e n B ru s e ­
las, c o n el n o m b r e d el a u to r .2 P a s a d o el d e r r u m b e d el se*
Versiones levemente distintas de este ensayo fueron presentadas en el
Darwin College, Cambridge, y los Departamentos de Historia de las Univer­
sidades de Siena y de Cagliari. Gopal Balakrishnan, Michele Battini, Pier
Cesare Bori, Cesare G. De Michelis, Andrea Ginzburg, María Lyisa Catoni,
Mijaíl Gronas y Serguéi Kozlov me ayudaron a mejorar estas páginas.
1 M. Joly, Dialogue aux Enfers entre M achiavel et M ontesquieu, con una
introducción de J.-F. Revel, París, 1968. Las citas han sido tomadas de M.
Joly, Dialogo agli Inferí tra Machiavelli e M ontesquieu, ed. al cuidado de R.
Repetti, trad. it. de E. Nebiolo Repetti, Génova, 1995 [trad. esp.: Diálogo en
el infierno entre M aquiavelo y M ontesquieu, Barcelona, Muchnik, 2002].
2 Acerca de la biografía de Joly, cf. P. Charles, Les Protocoles des sages de
Sion [1938], vuelta a publicar en Les Protocoles des Sages de Sion, 2 vols.,
ed. al cuidado de P-A. Taguieff (en adelante, ed. Taguieff), París, 1992, vol.
u, pp. 9-37; en especial, p. 25 (corregí una inexactitud respecto de la edición
de 1868). Cf. también M. Joly, D ialogo..., op. cit., p. 12, n. 4. En 1870, Joly
declaró que una segunda edición ampliada del Diálogo, en la cual había tra­
bajado durante su reclusión en Sainte-Pélagie, estaba en prensa; no consta
267
/
268
EL HILO Y LAS H UELLAS
gundo imperio, Joly, que sin mucho éxito ejercía como
abogado, intentó la carrera política. Después de una vio­
lenta polémica con Jules Grévy, quien había sido su protec­
tor político durante cierto tiempo, Joly se vio com pleta­
mente aislado. En 1878 se mató; tenía menos de 50 años.
Una traducción al español del Diálogo se publicó en
Buenos Aires en el año 1898;* luego el libro fue olvidado.
Fue redescubierto durante 1921, en el m omento en que
-com o diré más adelante- fue identificado como fuente de
los Protocolos de los sabios de Sión, el panfleto antisemita
aparecido en 1903.
Durante mucho tiempo, la malhadada fortuna de los
Protocolos, hoy en día más virulenta que nunca, opacó la
originalidad del Diálogo en el infierno. Pero recientemente
el libro de Joly fue redescubierto, en especial en Francia,
como un texto importante del pensamiento político del si­
glo xix. Alguien lo definió como "un clásico". Intentaré ana­
lizar los motivos y las implicaciones de esta tardía fortuna.
2. En un escrito autobiográfico redactado en 1870, Joly des­
cribió la génesis del Diálogo en el infierno:
U na noche, m ie n tra s p a se a b a p o r el te rra p lé n a lo larg o del
río, ce rca del P o n t R oyal -c o n u n tiem p o tu rb u le n to q u e to ­
davía re c u e rd o -, el n o m b re de M o n tesq u ieu vino de golpe a
mi p en sam ien to com o p ersonificando todo u n sesgo de ideas
que alguna vez haya aparecido (Maurice Joly. Son Passé, son programme,
par lui-méme, París, 1870, p. 10, n. 2).
*
Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu o La política
de Maquiavelo en el siglo xix. Por un contemporáneo, Buenos Aires, J. Real
y Prado, 1898, según relevó en una carta al New York Times Denys P. Myers
el 10 de septiembre de 1921. Podemos mencionar además la edición regis­
trada en el catálogo de la Biblioteca Nacional Argentina: Buenos Aires, La
Anliciiaria, 1898. [N. del T.]
REPRESENTAR AL ENEMIGO
269
que yo quería expresar. ¿Pero quién sería el interlocutor de
M otitesquieu?
Una idea brotó de m i m ente; ¡y diantres, es Maquiavelo'.
Maquiavelo, quien representará la política de la fuerza junto a
M ontesquieu, quien representará la política de derecho; y Ma­
quiavelo será Napoleón III, quien por sí solo retratará su abo­
minable política.3
L a p o lític a y los ju e c e s q u e c o n d e n a r o n a Jo ly le y e ro n el
Diálogo en el infierno se g ú n las in te n c io n e s d e su au to r. F o r­
ta le c id o s p o r e s ta c o n v e rg e n c ia , p o d ría m o s lle g a r a la c o n ­
c lu sió n d e q u e el sig n ific a d o d e l D iálogo es c la ro y c a r e n te
d e c u a lq u ie r a m b ig ü e d a d . P e ro u n a le c tu r a d e c e r c a h a c e
s u rg ir u n a h is to ria d is tin ta y m á s co m p leja.
D esde h a c e m u c h o tie m p o , los c rític o s n o s e n s e ñ a ro n a
m ir a r c o n e sc e p tic ism o las in te n c io n e s d e los a u to re s. Ig n o ­
ra rla s s e ría o b v ia m e n te a b s u rd o ; p e ro , p o r c ie rto , el a u to r
n o es n e c e s a ria m e n te el in té rp re te m á s a d e c u a d o d e su p r o ­
p ia o b ra . E l c a so d e M a u ric e Jo ly es, d e s d e e s te p u n to d e
v ista, ejem plar.
Lo p rim e ro q u e d e b e m o s p r e g u n ta m o s es a q u é g én e ro
o su b g é n e ro lite ra rio p e rte n e c e el D iálogo en el in fiern o . E l
fra g m e n to q u e leí re c ié n m u e s tra q u e Joly h a b ía p e n s a d o e n
e s c rib ir u n d iá lo g o a n te s d e q u e a c u d ie ra n a su m e n te los
n o m b re s d e M a q u iav elo y d e M o n te sq u ie u . Joly afirm ó q u e
la id ea d e e s c rib ir u n d iá lo g o le h a b ía su rg id o p e n s a n d o e n
3 M. Joly, Maurice Joly. Son Passé..., op. cit., pp. 9 y 10: "Un soir que je
me promenais sur la terrace au bord de l'eau, prés du Pont Royal, par un
temps de boue, dont je me souviens encore, le nom de Montesquieu me vint
tout á coup á l’esprit comme personifiant tout un cóté de mes idées que je
voulais exprimen Mais quel serait l'interlocuteur de Montesquieu?
Une idée jaillit de mon cerveau: et pardieu c’est Machiavel! Machiavel
qui représente la politique de la forcé á cóté de Montesquieu qui représentera la politique du droit; et Machiavel, ce sera Napoléon III, qui peindra á
lui-méme son abominable politique".
27 0
EL HILO Y LAS HUELLAS
el Dialogue sur le commerce des bleds [Diálogos sobre el co­
mercio de trigo] del abad Galiani, publicado en forma anó­
nima en 1770 y reeditado múltiples veces. Sin embargo, la
presunta conexión entre ambos textos, de la cual se hacen
eco todos los comentaristas del Diálogo en el infierno, no es
muy convincente. En el panfleto de Galiani, el cavalier Zanobi, portavoz del autor, discute con dos desconocidos, uno
de ellos designado únicamente con sus iniciales.4 La alusión
hecha por Joly en otra circunstancia a la Satyre Ménippée
[Sátira menipea], panfleto anticatólico que vio la luz durante
las guerras de religión, inspirado en Luciano de Samosata,
parece tanto más pertinente.5 El diálogo imaginario entre
dos personajes famosos, Maquiavelo y Montesquieu, evoca
inmediatamente el género literario de los diálogos de los
muertos, vuelto famoso (si no incluso inventado) en el siglo
ii d. C. por Luciano de Samosata.6 Como se verá, esta opera­
ción preliminar de contextualización enfatiza la originalidad
del Diálogo en el infierno de Joly antes que reducirla.
3. Un género es definido por una serie de características
que implican simultáneamente constricciones y posibilida­
des. En tiempos pasados, esas características se definían
como "leyes” -que, como sucede con las auténticas leyes,
pueden ser violadas o modificadas-. En los Diálogos de los
muertos de Luciano se da el caso de encontrar personajes
4 F. Galiani, Dialogue sur le comtnerce des bleds, en Opere (Illuministi ita­
liani, vol. vi), ed. al cuidado de F. Diaz, Milán y Nápoles, 1975, pp. 357-612
[trad. esp.: Diálogos sobre el comercio de trigo, Madrid, J. Iban-a, 1775],
5 Satyre Ménippée ou la vertu du Catholicon d'Espagne, 2 vols., ed. al
cuidado de C. Nodier, París, 1824.
6 Una vez que terminé la escritura de estas páginas vi que esa conexión
ya había sido propuesta por Johannes Rentsch, Lukian-Studien, Plauen,
1 895, p. 39 (cita d o por N. M arcialis, Caronte e Caterina: dialoghi dei morti
nclla letteratura russa del xvm secolo, R om a, 1989, p. 19). R en tsch m e n cio n ó
la traducc ión al a lem á n del Dialogue aux Enfers entre Machiavel et Montes(/hh'u, p u b licada sin m en ción de autor.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
271
re a le s ju n to a fig u ra s m ític a s , c o m o e n la c o n f r o n ta c ió n ,
in s p ira d a in d ire c ta m e n te p o r P lu ta rc o , e n tre A n íb al y Ale­
ja n d ro M agno (co n M inos, q u e tie n e su e s c a ñ o co m o ju ez, y
E scip ió n , q u e llega d e im p ro v iso , h a c ia el final del d iá lo g o ).7
P e ro a fin a le s d e l sig lo x v n , F o n te n e lle , e n s u s N o u v e a u x
d ia logues des m o rís [N uevos d iá lo g o s d e los m u e rto s ], e li­
m in ó las fig u ra s m ito ló g ic a s y d io c a b id a ú n ic a m e n te a los
p e r s o n a je s re a le s: d e ese m o d o re in v e n tó , m o d ific á n d o lo ,
u n g é n e ro q u e le o fre c ía la p o s ib ilid a d d e p o n e r d e relieve,
co n ir ó n ic a lig e re z a , la s u p e r io r id a d d e los m o d e rn o s p o r
so b re los a n tig u o s .8 E s ta f ó rm u la lite r a r ia tu v o veloz d ifu ­
sió n p o r to d a E u ro p a , d e F ra n c ia a In g la te rra , d e A lem an ia
a R u s ia .9
Joly, q u ie n h a b r á co n o c id o b ie n los N o u v e a u x dialogues
des m o rts d e F o n te n e lle , re to m ó el g é n e ro d e sd e u n a p e r s ­
p e c tiv a d is tin ta . L a d is c u s ió n e n tre M a q u ia v e lo y M o n te s­
q u ie u e n los in fie rn o s se d e sg lo sa a lo la rg o d e 25 d iá lo g o s
(m ás u n epílogo, e sc rito alg u n o s a ñ o s d esp u és, q u e só lo r e ­
c i e n t e m e n t e f u e r e e d i t a d o e n u n a p é n d i c e a l te x to
p rin c ip a l).10 M o n te sq u ie u e m p ie z a re c o rd a n d o las id eas q u e
7 Cf. Luciano, Dialoghi dei m orti, 12 [trad. esp.: Diálogo de los dioses.
Diálogo de los m uertos, Madrid, Alianza, 2005].
8 B. de Fontenelle, Nouveaux dialogues des m orts [1683], nueva edición
aumentada, "á Londres, 1711", dedicada a Luciano: "Jai supprimé Pluton,
Carón, Cerbére, et tout ce qui est usé dans les Enfers [Suprimí a Platón,
Caronte, Cerbero, y todo cuanto se usa en los Infiernos]". Acerca de la opo­
sición entre antiguos y modernos, véase, por ejemplo, el diálogo entre Erasístrato y Hervé (Harvey).
9 J. Egilsrud, Le “Dialogue des M orts” dans les littératures frangaise, allemande et anglaise (1644-1789), tesis, París, 1934; F. Keener, English Dialo­
gues o f the Dead: A Critical History, an Anthology, and a Check-List, Nueva
York, 1973; N. Marcialis, Caronte e Caterina..., op. cit. Un ejemplo típico:
[A.-A. Bruzen de la Martiniére], Entretiens des om bres aux Champs Elysées,
Ámsterdam, 1723, que incluye un diálogo (el sexto) entre Confucio y Ma­
quiavelo (vol. n, pp. 111-232).
10 M. Joly, Dialogue aux Enfers entre M achiavel et M ontesquieu, prece­
dido por L'Etat retors de Michel Bounan, París, 1987, 19993. El epílogo fue
272
EL HILO Y LAS H UELLAS
había formulado en su Esprit des Lois [El espíritu de las le­
yes]: la primera de todas, la autonomía recíproca entre los
tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial. Montesquieu
piensa que el triunfo de ese principio, que es un rasgo distin­
tivo de los Estados modernos en toda Europa, ya se da por
descontado; pero su información acerca de la historia re­
ciente no va más allá del año 1847. Con maligna complacen­
cia, Maquiavelo pone a Montesquieu al corriente de lo suce­
dido después de esa fecha, exponiendo en forma velada los
acontecimientos franceses más recientes: la revolución de
1848 y sus sangrientas secuelas; el golpe de Estado del 2
de diciembre de 1851; el plebiscito y la proclamación del se­
gundo imperio un año después. Por tanto, concluye Maquia­
velo, en uno de los países más avanzados de Europa, lace­
rado por tensiones políticas y sociales, un individuo (Luis
Napoleón) se hizo con el poder mediante la fuerza, instau­
rando un nuevo régimen que combina eficazmente la paz
social y la prosperidad. Se trata de la solución más adecuada
a la fragilidad que pone en riesgo a todas las sociedades mo­
dernas, como explica Maquiavelo en una elocuente apología
del régimen de Napoleón III:
No consigo ver salvación posible p a ra estas sociedades, v erd a­
deros colosos con pies de arcilla, a m enos que se in stau re u n a
cen traliza ció n a u ltran za, que p o n g a to d a la fu erza p ú b lic a a
d isp o sició n de q uienes gobiern an ; u n a ad m in istra c ió n je rá r ­
quica p are cid a a la del im perio rom ano, que regule m e cán ica­
m ente todos los m ovim ientos de los individuos; u n vasto sis­
te m a d e le g isla ció n q u e re c u p e re to d a s y c a d a u n a de las
libertades que fueron im p ru d en tem en te dadas; u n desp o tism o
g ig an tesco , p o r ú ltim o , que in m e d ia ta m e n te y en to d o m o-
publicado como texto autónomo: M. Joly, Le plebiscite. Epilogue du Dialo­
gue aux Enfers entre Machiavel et Montesquieu, con posfacio de F. Leclercq.
París, 1W6
REPRESENTAR AL ENEMIGO
273
m entó pueda caer sobre todo aquello que oponga resistencia,
sobre todo aquello que se queje. Me parece que el cesarismo
del bajo im perio realiza suficientem ente bien cuanto deseo
para el bienestar de las sociedades m odernas. Gracias a esos
enorm es aparatos que ya funcionan, según alguien me dijo,
en m ás de un país europeo, aquellas podrán vivir en paz, tal
com o en China, Japón, India. No es lícito que un vulgar pre­
juicio haga despreciar esas civilizaciones orientales, cuyas
instituciones se aprende cada día m ás a respetar. El pueblo
chino, po r ejem plo, es m uy em prendedor en el com ercio y
está muy bien adm inistrado.11
Para los primeros lectores del Diálogo en el infierno, las pala­
bras de Maquiavelo tenían un significado transparente. En
1850, Auguste Romieu había acuñado el término “cesa­
rismo" para definir un régimen que era el "resultado necesa­
rio de una etapa de extrema civilidad [...] ni monarquía ni
imperio, ni despotismo ni tiranía, sino algo peculiar todavía
no bien conocido".12 Al año siguiente, Romieu escribió un
11 M. Joly, Dialogo..., op. cit.) Dialogue..., op. cit., p. 40 (final del cuarto
diálogo): "Je ne vois de salut pour ces sociétés, véritables colosses aux pieds
d’argile, que dans l’institution d’une centralisation á outrance, qui mette
toute la forcé publique á la disposition de ceux qui gouvement; dans une
administration hiérarchique semblable á celle de l’empire romain, qui ré­
gle mécaniquement tous les mouvements des individus; dans un vaste systéme de législation qui reprenne en détail toutes les libertés qui ont été imprudemment données; dans un despotisme gigantesque, enfin, qui puisse
frapper immédiatement et á toute heure, tout ce qui résiste, tout ce qui se
plaint. Le Césarisme du Bas-Empire me parait réaliser assez bien ce que
je souhaite pour le bien-étre des sociétés modemes. Gráce á ces vastes appareils qui fonctionnent déjá, m'a-t-on dit, en plus d’un pays de l’Europe,
elles peuvent vivre en paix, comme en Chine, comme au Japón, comme
dans l’Inde. II ne faut pas qu’un vulgaire préjugé nous fasse mépriser ces
civilisations orientales, dont on apprend chaqué jour á mieux apprécier les
institutions. Le peuple chinois, par exemple, est trés commergant et trés
bien administré”.
12 Tomo la cita de A. Momigliano, “Per un desame della storia dell’idea di
cesarismo”, en Sui fondamenti della storia antica, Turín, 1984, pp. 378-388;
274
EL HILO Y LAS H UELLAS
opúsculo titulado Le spectre rouge de 1852 [El espectro rojo
de 1852], que presentaba el inminente golpe de Estado de
Luis Napoleón como la única solución capaz de evitar una
revuelta de las clases inferiores. Romieu elogiaba el uso de la
fuerza y, en tono despreciativo, liquidaba la noción de dere­
cho natural: “Creo que hay necesidades sociales, no derechos
naturales. Para mi raciocinio, el término d e r e c h o no tiene
sentido alguno, ya que no veo en parte alguna su traducción
en la naturaleza. Consiste en una invención humana...".13
Al respecto, Maquiavelo se hacía eco de Romieu: "Todos
los poderes soberanos fueron originados por la fuerza; esto
equivale a decir, por la negación del derecho. [...] Por otra
parte, ¿no notáis que el término 'derecho' es de por sí de una
vaguedad infinita?".14 Pero el Maquiavelo de Joly asociaba
brutalmente el "cesarismo" a un "despotismo gigantesco".
Todo estribaba en una provocación dirigida a Montesquieu
-el verdadero-, que había visto en el despotismo oriental la
antítesis misma del progreso, encarnado en la civilización
especialmente, p. 380, n. 5. Cf. también "Contributi ad un dizionario storico: J. Burckhardt e la parola cesarismo’”, ibid., pp. 389-392. Momigliano
no menciona el Dialogue aux Enfers... de Joly. La deuda intelectual de este
último con respecto a la Ére des Césars de Romieu fue puesta de relieve por
T. Sarfatti, "Reading Machiavelli in Mid-Nineteenth Century France: Auguste Romieu, Maurice Joly and a Critique of Liberalism" (paper presentado
en un seminario -coordinado por quien esto escribe- en la u c l a , invierno de
2002). Acerca del tema en conjunto es fundamental I. Cervelli, "Cesarismo:
alcuni usi e significad della parola (secolo xix)", en Annali delVlstituto Storico Italo-Germanico di Trento, 22, 1996, pp. 61-197 (véanse en especial pp.
103 y ss. acerca de Romieu; acerca de Joly, pp. 135 y 136, n. 255).
13
A. Romieu, Le spectre rouge de 1852, París, 18512, pp. 5 y 6: "Je crois á
des besoins sociaux, non á des droit naturels. Le mot d r o i t n a aucun sens
pour mon esprit, parce que je n'en vois, nulle part, la traduction dans la
naturc. II est d'invenlion humaine...”.
" M. Joly, Dialogo..., op. cit., p. 33; Dialogue..., op. cit., p. 12 (primer
diálogo): "Tous les pouvoirs souverains ont cu la forcé pour origine, ou, ce
c|iii esl la mOme chose, la négation du droit [...]. Ce mot de droit lui-móme,
d’ailleurs, ne voye/vons pas qu’il est d’un vague inlini?”.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
275
e u ro p e a .15 C ie rta m e n te , Jo ly h a b r á p e n s a d o en las a m a rg a s
reflexiones d e T ocqueville a c e rc a del f u tu ro d e las s o c ie d a ­
d es d e m o c rá tic a s, e n el q u e u n a fo rm a n u e v a d e s e rv id u m ­
b re, "re g u la d a , a p a c ib le y tr a n q u ila " , h a b r ía p o d id o m e z ­
clarse c o n “a lg u n a d e las fo rm a s e x te rn a s d e la lib e rta d [... ]
b ajo el a m p a ro de la s o b e ra n ía p o p u la r".16 P ero T ocqueville
to d a v ía v eía e n la lib e rta d d e p re n s a el a n tíd o to m á s fu e rte
c o n tra los m a les d e la ig u a ld a d .17 Joly, q u e h a b ía p a s a d o p o r
la ex p e rien c ia del se g u n d o im p e rio , n o se h a c ía ilu sio n es en
esa m a te ria . S e g ú n su M aq u iav elo , el fu tu ro m á s a d e c u a d o
p a ra las so c ied a d es m o d e rn a s s e rá u n a fo rm a d e d e sp o tism o
-p o d ría m o s d efin irlo d e s p o tism o o c c id e n ta l- q u e d e ja rá in ­
ta cto s el sis te m a p a rla m e n ta rio y la lib e rta d d e p ren sa :
Uno de mis grandes principios -d ice el M aquiavelo de Joly- es
contraponer cosas sim ilares entre sí. Al igual que uso la prensa
contra la prensa, usaré la tribuna contra la tribuna [...]. Dieci­
nueve vigésim os de la Cámara habrían de ser hom bres m íos
que votarían conform e a m i consigna, m ientras por mi parte
haría mover los hilos de una oposición ficticia y reclutada su­
brepticiamente. 18
15 A propósito de las discusiones dieciochescas, véase F. Venturi, “Des­
potismo orientale", en R ivista Storica Italiana, l x x i i , 1960, pp. 117-126.
16 A. de Tocqueville, De la Dém ocratie en Am éñque, vol. u, ed. al cui­
dado de F. Furet, París, 1981, p. 386 [trad. esp.: La dem ocracia en América,
México, Fondo de Cultura Económica, 1957]: "J'ai toujours cru que cette
sorte de servitude, réglée, douce et paisible, dont je viens de faire le tableau, pourrait se combiner mieux qu’on ne l’imagine avec quelques-unes
des formes extérieures de la liberté, et qu’il ne lui serait pas impossible
de s’établir á l’ombre méme de la souveraineté du peuple”. Véase además
C. Cassina, "Alexis de Tocqueville e il dispotismo ‘di nuova specie’”, en D.
Felice (ed.), D ispotism o. Genesi e sviluppi di un concetto politico-filosofico,
vol. n, Nápoles, 2002, pp. 515-543.
17 A. de Tocqueville, De la Démocratie en Am éñque, vol. u, op. cit., p. 392.
18 M. Joly, D ialogo..., op. cit., p. 130; D ialogue..., op. cit., pp. 153 y 154
(finid del quinceavo diálogo): "Un de mes grands principes est d’opposer les
semblables. De méme que j’use la presse par la presse, j'userai la tribune par
276
EL HILO Y LAS HUELLAS
Esa estrategia -observa Montesquieu, su interlocutor- lle­
vará a “la aniquilación de los partidos y la destrucción de
las fuerzas de la colectividad", aunque la libertad política
permanecerá formalmente intacta.19 Maquiavelo se declara
de acuerdo. Por su parte, se propone usar una estrategia
análoga con relación a la prensa:
E ntreveo la posibilidad de n e u tra liz a r a la p ren sa co n la p ren sa
m ism a. Ya que hay u n a fuerza ta n g rande com o el p eriodism o,
¿sabéis qué h a ría m i g o b iern o ? Se h a ría p erio d ista, se ría la
e n c a m a c ió n del p e rio d is m o [...] C om o el d io s V ish n ú , m i
p ren sa te n d rá cien brazos, y esos brazos d a rá n la m an o a to d o
m a tiz de o p in ió n so b re la faz del país. Se p e rte n e c e rá a m i
p artid o sin saberlo. Q uienes cre an h a b la r su len g u a h a b la rá n
la m ía, quienes c re an o b ra r en p ro de su p a rtid o lo h a rá n en
p ro del m ío, qu ien es c re a n m a rc h a r b ajo sus b a n d e ra s m a r­
c h a rá n bajo las m ías.
"¿Son concepciones realizables o fantasmagorías? Eso me
da vértigo", murmura.Montesquieu.20
la tribune [...] Les dix-neuf vingtiémes de la Chambre seraient des hommes
á moi qui voteraient sur une consigne, tandis que je ferais mouvoir le fils
d’une opposition factice et clandestinement embauchée".
19 M. Joly, Dialogo..., op. cit., p. 131; Dialogue..., op. cit., p. 155 (co­
mienzo del décimo sexto diálogo): “L'anéantissement des partís et la destruction des forces collectives”.
20 M. Joly, Dialogo..., op. cit., pp. 103 y 104; Dialogue..., op. cit., pp. 112
y 114 (doceavo diálogo): "J’entrevois la possibilité de neutraliser la presse
par la presse elle-méme. Puisque c'est une si grande forcé que le joumalisme, savez-vous ce que ferait mon gouvemement? II se ferait joumaliste,
ce scrait le joumalisme incamé. [...] Comme le dieu Wishnou, ma presse
aura cent bras, et ces bras donneront la main á toutes les nuances d’opinion
quelconquc sur la surface entiére du pays. On sera de mon parti sans le
savoir. Ceux qui croiront parler leur langue parleront la mienne, ceux qui
croiront agitcr leur parti agiteront le mien, ceux qui croiront marcher sous
leur drapeau marcheront sous le mien”. "Sont-ce lá des conceptions réalisablrs ou des fantasmagorics? Cela donne le veilige.”
REPRESENTAR AL ENEMIGO
277
4. E sp o le a d o p o r la im p la c a b le lógica d e M aquiavelo, M o n ­
te sq u ie u o sc ila p e rd id o e n tre el e s tu p o r y el h o rro r. M o n te s­
q u ie u es u n h o m b re d el p a sa d o ; M a q u iav e lo es u n h o m b re
d el p re se n te y, ta l vez, d el fu tu ro . L a in v e rsió n p a ra d ó jic a d e
la s itu a c ió n d e los d o s p e rs o n a je s e n la h is to ria in v ie rte el
sig n ific ad o q u e, d e F o n te n e lle e n a d e la n te , so lía a trib u irs e
al g é n e ro “d iá lo g o d e los m u e rto s ”; e n té rm in o s g e n e ra le s,
p a r e c e liq u id a r s a r c á s tic a m e n te la id e a d e p ro g re s o . S in
e m b a rg o , Jo ly u s a la fo rm a d ia ló g ic a d e m a n e r a ta n s u til
c o m o p a r a o c u lta r su p r o p ia a c titu d , h a s ta volverla ca si in ­
d e s c ifra b le . C u a n d o Jo ly a f ir m a b a h a b e r s e b o r ra d o c o m o
a u to r, a c a s o d ije se a lg o q u e ib a m á s a llá d el o b v io sig n ifi­
ca d o lite ra l: la p r u d e n te d e c is ió n d e n o e x h ib ir su n o m b re
en la p o r ta d a del D iálogo en el in fiern o .21
C om o se re c o rd a rá , Joly d e c la ró re tro sp e c tiv a m e n te q u e
la id e a d e p o n e r e n e s c e n a a M o n te s q u ie u le h a b ía h e c h o
p e n s a r q u e M aq u iav elo "sería N a p o le ó n III, q u e d e s c rib iría
su p ro p ia d e te sta b le p o lític a ".22 Al c ita r e s ta s p a la b ra s olvi­
d a m o s m e n c io n a r lo q u e Jo ly h a b ía e s c rito p o ca s lín e as a n ­
tes; e s to es, h a b e r p e n s a d o e n M o n te sq u ie u “c o m o [en ] a l­
g u ie n q u e h a b r ía d e p o d e r e n c a m a r p le n a m e n te u n a faceta
d e la s id e a s q u e q u e r ía e x p re s a r" . M o n te s q u ie u n o e n c a r ­
n a b a to d a s la s id e a s d e Joly, a s í c o m o M a q u ia v e lo n o e n ­
c a m a b a to d a s las id e as y la p o lític a d e N a p o le ó n III.
U n fra g m e n to m o s tr a r á c u á n f u n d a d a e s tá e sa a firm a ­
ción. M aqu iav elo ex p lica a M o n te sq u ie u q u e la n u ev a C o n s­
titu c ió n s u rg id a d el g o lp e d e E s ta d o s e rá so m e tid a a v o ta ­
21 M. Joly, Dialogue..., op. cit., p. 4: "On ne demandera pas quelle est la
main qui a tracé ces pages: une ceuvre comme celle-ci est en quelque sorte
impersonnelle. Elle répond á un appel de la conscience; tout le monde l’a
conque, elle est executée, l’auteur s’efface [Nadie habrá de preguntar qué
mano trazó estas páginas: una obra como la presente es en cierto modo
impersonal. Responde a un llamado de la conciencia; todo el mundo la
concibió, se la lleva a cabo, el autor se borra]".
22 En ed. Taguieff, vol. i, pp. 70 y 71.
278
EL HILO Y LAS H UELLAS
ción popular, que la aceptará o rechazará en su conjunto.
Obviamente, ésa es una alusión al plebiscito del 2 de di­
ciembre de 1852, que hizo de Luis Napoleón un emperador
legitimado por el voto popular: un híbrido sin precedentes
en la historia.23 Maquiavelo rechaza de inmediato el ejem­
plo de América: estamos en Europa y la idea de discutir la
Constitución antes de votarla sería absurda. Una Constitu­
ción debe ser obra de un solo individuo, porque "nunca las
cosas sucedieron de otro modo; pongo como evidencia la
historia de todos los fundadores de imperios, el ejemplo de
los Sesostris, de los Solón, de los Licurgo, de los Carlomagno, los Federico II, los Pedro I”.
"Lo que os disponéis a desarrollar es un capítulo de uno
de vuestros discípulos”, observa Montesquieu.
"¿De quién, pues?”, pregunta Maquiavelo.
"De Joseph de Maistre”, responde Montesquieu. “En ello
hay consideraciones generales no carentes de veracidad,
pero que considero inaplicables."24
Montesquieu alude de manera implícita a un tramo de
las Considérations sur la France [Consideraciones sobre Fran­
cia] de Joseph de Maistre. En el capítulo vi, cuyo título tra­
ducido es "De la influencia divina sobre las constituciones
políticas", se lee: “Una asamblea cualquiera de hombres no
puede constituir una nación, e incluso esta iniciativa excede
23 Acerca del sufragio universal como nueva forma de legitimación, cf.
D. Losurdo, Democrazia o bonapartismo. Trionfo e decadenza del suffragio
universale, Turín, 1993; A. O. Hirschman, Shifting Involvements. Prívate Interest and Public Action, Princeton, 1982, en especial, pp. 112-120 (que me
fue señalado por Andrea Ginzburg).
24 M. Joly, Dialogo..., op. cit., p. 83; Dialogue..., op. cit., p. 80 (noveno
diálogo): ‘"Jamais les choses ne se sont passées autrement, je n atteste l’histoire de tous les fondateurs d’empire, l’exemple des Sésostris, des Solon,
des I.ycurgue, des Charlemagnc, des Frédéric II, des Pierre I1'.’ ‘C’est un
c hapilrc d’un de vos disciples que vous allez me développer líl.' ‘Et de qui
done?. De Joseph de Maistre. II y a lá des considérations générales qui ne
sont p;is s;ins vóiiló, mais que je tiouve sans application”’.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
279
en lo c u ra a q u e llo q u e to d o s los Bedlams [m a n ic o m io s , c a ­
sas d e lo co s] d el u n iv e rso p u e d e n e n g e n d r a r d e a b s u rd o y
de e x tra v a g a n te ".25
C o m o r e s p a ld o d e e s ta a f ir m a c ió n d e s p re c ia tiv a , De
M a istre c itó e n u n a n o ta u n fra g m e n to to m a d o d e los Dis-
corsi sopra prima deca di Tito Livio [Discursos sobre la pri­
mera década de Tito Livio] de M aquiavelo (i, 9): “E s in d is p e n ­
sable, p a r a c u a le s q u ie ra ó rd e n e s sim ila re s, q u e se a u n solo
h o m b re , a q u e l d e c u y a m e n te d e p e n d e rá n , q u ie n d isp o n g a
su m o d a lid a d ".26 P oco d esp u és, e n ese m is m o c a p ítu lo de las
Considérations, D e M a istre c o m p a ró ir ó n ic a m e n te a M o n ­
te sq u ieu c o n u n p o e ta p e d a n te , y a L icurgo, aq u e l q u e h a b ía
d a d o las leyes a E s p a r ta , c o n H o m e ro . P o r en d e , c o n r e s ­
p ecto a las c o n stitu c io n e s, De M aistre se re m itía a la a u to ri­
d ad de M aquiavelo, n o d e M o n te sq u ie u , a q u ie n c o n s id e ra b a
u n te ó rico a b s tra c to , sin in c id e n c ia so b re la rea lid ad .
Joly c o m p a rtía ese ju ic io , d a d o q u e e n m a te r ia d e c o n s ­
titu c io n e s se r e m itía a la a u to r id a d d e l u ltr a r r e a c c io n a r io
De M a istre, n o a la d e M o n te sq u ie u . U n a ñ o a n te s d el Diá­
logo en el infierno, Jo ly p u b lic ó u n lib ro titu la d o Le barreau
de Parts. Études politiques et littéraires [E l F o ro d e P arís. E s­
tu d io s p o lític o s y lite ra rio s]: u n a se rie d e reflex io n es g e n e ­
rales m e z c la d a s c o n re tra to s , a m e n u d o e n to n o sa tíric o , de
a b o g ad o s, e n o c a sio n e s d e sig n a d o s c o n se u d ó n im o . E n u n a
n o ta a Le barreau de Paris, Joly alu d ió p e y o ra tiv a m e n te a “lo
d e s q u ic ia d o d e las c o n s titu c io n e s " y a "su in c a p a c id a d d e
c o n s tru ir c o s a a lg u n a " . I n m e d ia ta m e n te d e s p u é s elo g ió a
De M aistre, d efin ién d o lo co m o u n " a u to r c u y a voz p ro fé tic a
go zaba, a p rin c ip io de siglo, de u n a a u to rid a d in d iscu tid a",
25J. de Maistre, Considérations sur la France, ed. al cuidado de J. Toulard,
París, 1980, p. 63 [trad. esp.: Consideraciones sobre Francia, Madrid, Tecnos, 1990]: "Une assemblée quelconque d'hommes ne peut constituer une
nation; et méme cette entreprise excéde en folie ce que tous les Bedlams de
l’univers peuvent enfanter de plus absurde et de plus extravagant”.
26 Ibid., p. 110, n. 9.
280
EL HILO Y LAS HUELLAS
y citó con aprobación una serie de fragmentos tomados del
Essai sur le principe générateur des constitutions politiques et
des autres institutions humaines [Ensayo sobre el principio
generador de constituciones políticas y de otras institucio­
nes humanas] escrito por De Maistre, que calcaban el pa­
saje de las Considérations sur la France ya citado, incluido el
reenvío a los Discorsi de Maquiavelo.27
Me doy cuenta de que mi línea argumentativa es bas­
tante intrincada; intento resumirla. Contrapuse cuatro li­
bros, dos escritos por De Maistre (Considérations sur la
France y Essai sur le principe générateur des constitutions) y
dos de Joly (Le barreau de Paris y Diálogo en el infierno entre
Maquiavelo y M ontesquieu). El primer libro de De Maistre
es citado en el segundo; se hace referencia a ambos, de ma­
nera implícita o explícita, en los dos libros de Joly, escritos
casi simultáneamente: los lectores del Diálogo en el infierno
no dejarán que les pase inadvertida una alusión al "maquia­
velismo infernal" en Le barreau de Paris.29, Podemos conside­
rar que esos cuatro libros son fragmentos de un mismo con­
texto. Pero si los yuxtaponemos, vemos surgir una figura
ambigua. Los límites entre realidad e invención se difuminan: el Maquiavelo imaginario desarrolla argumentaciones
ya presentadas por el verdadero De Maistre, que a su vez
desarrolla argumentaciones presentadas por el verdadero
27 J. de Maistre, Essai sur le principe générateur des constitutions politi­
ques et des autres institutions humaines, París, 1814, p. vi.
28 M. Joly, Dialogue..., op. cit., pp. 142 y 143: "Un machiavélisme infernal
s’emparant des préjugés et des passions populaires a propagé partout une
confusion de principes qui rend toute entente impossible entre ceux qui
purlent la méme langue et qui ont les mémes intéréts [Un maquiavelismo
infernal que señorea en los prejuicios y las pasiones populares propagó por
doquier una confusión de principios que vuelve imposible todo entendi­
miento entre quienes hablan la misma lengua y tienen los mismos intere­
ses
Ese pasaje también es citado por H. Rollin, L’Apocalypse de notre
tnnps ¡rs des sous de la propaga tule allemande d'aprés des documents inédits,
Píii Is, m y (1991), p. 235.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
281
M aq uiavelo. E l elogio a De M a istre c o m o “d iscíp u lo " o "se­
g u id o r" d el M a q u ia v e lo v e rd a d e ro , q u e e n el Diálogo en el
infierno Jo ly h a c e p r o n u n c ia r a M o n te s q u ie u , d e b e e x te n ­
d e rse e n ú ltim a in s ta n c ia ta m b ié n al M a q u iav e lo im a g in a ­
r io .29 E n d efin itiv a, c a b r ía d e c ir q u e Jo ly p ro y e c tó alg o de
sí m is m o e n a m b o s in te rlo c u to re s del d iá lo g o . P o r u n lado,
Jo ly c o m p a r tía la s id e a s lib e ra le s d e M o n te s q u ie u ; p o r el
o tro , p re s e n tó las a r g u m e n ta c io n e s de M a q u iav e lo c o m o si
fu e r a n m á s f u e rte s , si n o in c lu s o ir re f u ta b le s . E s ta d o lo ro s a e s c is ió n p o n e a l le c to r fre n te a u n d iá lo g o b a s a d o e n
u n a b r e c h a in sa lv a b le e n tre id e ale s y re a lid a d , e n tre d eseo s
e id e as: u n a te n s ió n q u e es lo c o n tr a r io a u n p e n s a m ie n to
a u to c o n s o la to r io .30
5. L a a c titu d d e Jo ly fre n te al ré g im e n d e N a p o le ó n III e ra
d e c id id a m e n te h o stil. S in e m b a rg o , el Diálogo en el infierno
entre Maquiavelo y Montesquieu es m u c h o m á s q u e u n p a n ­
fleto p o lé m ic o . Jo ly a ta c ó a L u is N a p o le ó n y el u s o c ín ic o
q u e é ste h a c ía d el p o d er, p e ro a la vez in te n tó c o m p re n d e r
u n ré g im e n q u e a su s o jo s e ra u n a fo rm a c ió n h is tó ric a sin
p re c e d e n te s. Jo ly le d io al p le b isc ito d el 2 d e d ic ie m b re d e
1852 u n a im p o r ta n c ia v e rd a d e ra m e n te m a y o r q u e al g o lp e
d e E sta d o del 2 d e d ic ie m b re d e 1851. L a v io le n cia u tiliz a d a
p o r N a p o le ó n p a r a a p la s ta r a su s o p o s ito re s e r a ta n to m e ­
n o s o rig in a l q u e su re su lta d o : u n a h íb r id a m ix tu ra de c o n ­
tro l p o lic ia l y d e lib e rta d de p re n sa , d e d e s p o tism o y de legi­
tim id a d p o p u la r. P a r a e n te n d e r e s ta s n o v e d a d e s - a f ir m a
im p líc ita m e n te Jo ly -, es n e c e s a r ia la a c titu d d is ta n c ia d a ,
29 M. Joly, Dialogue..., op. cit. , p. 49 (sexto diálogo): “Un des plus vos illus"“ ansTrarasanyí^eáseThMoielfoTragnleimrniéncíuliaatrsHpnr, pi?. ?8-ou.
30 H. Speier, "La vérité aux enfers: Maurice Joly et le despotisme moJ uerrí’e , erTcommeKcaires'; d o '
í-flíy y z , pp' "6V
^speciaiy pí TT/j.
Cf. también F. Leclercq, “Maurice Joly, un suicidé de la démocratie", posfacio a M. Joly, Le plébiscite. Epilogue du Dialogue aux Enfers entre Machiavel
et M ontesquieu, op. cit., pp. 107 y 108.
282
EL HILO Y LAS H UELLAS
c a r e n t e d e s e n t i m e n t a l i s m o s , p r o p i a d e u n M a q u ia v e lo
p u e s to a l d ía ; n o la s ilu s io n e s d e M o n te s q u ie u . N o o b s ta n te ,
e n la a m a r g a p r o f e c ía d e l p a s a d o m á s r e c ie n te q u e M a q u ia ­
v elo p r o n u n c ia n o h a y r a s tr o s d e l s e n tid o d e tr iu n f o q u e p o ­
d r í a m o s e s p e r a r d e u n p o r t a v o z d e N a p o le ó n I II . E l M a ­
q u ia v e lo d e J o ly e s u n a f ig u r a m á s c o m p le ja , e n la q u e el
v e r d a d e r o M a q u ia v e lo ( e n e s p e c ia l e l a u t o r d e P r in c ip e ),
N a p o le ó n I I I y el p r o p io J o ly se s u p e r p o n e n , c r e a n d o u n r e ­
tr a t o h e te r o g é n e o q u e r e c u e r d a lo s e x p e r im e n to s f o to g rá f i­
c o s in ic ia d o s p o c o s a ñ o s m á s ta r d e p o r F r a n c is G a lto n .31
L a im a g e n f u e r a d e fo c o q u e c o n s t r u y ó G a lto n p u e d e
s u g e r i r u n e q u i v a le n te v is u a l d e la a m b i g ü e d a d d e la q u e
e s tá p e r m e a d o el D iá lo g o e n el in fie r n o . E n s u i n t e n t o p o r
c o m p r e n d e r el s e g u n d o im p e r io , J o ly e n t r ó e n u n a r e la c ió n
c o m p le ja y a m b iv a le n te c o n el p e r s o n a je q u e , c o n el n o m ­
b r e d e M a q u ia v e lo , d e b e r ía d e s e m p e ñ a r e l p a p e l d e N a p o ­
le ó n III. P e r o a l m is m o tie m p o la f o r m a d ia ló g ic a p e r m i tió
q u e el a u t o r p r e s e r v a s e c ie r ta d is t a n c ia r e s p e c to d e lo s p e r ­
s o n a je s c r e a d o s p o r él. D a la s e n s a c ió n d e q u e J o ly se e s tu ­
v ie s e o y e n d o a sí m is m o , b a jo lo s r o p a je s d e M o n te s q u ie u ,
e n p le n o a c to d e s e r a g r e s iv a m e n te c r it ic a d o p o r s í m is m o
b a jo lo s r o p a je s d e M a q u ia v e lo .
L a v o z d e e s te M a q u ia v e lo im a g in a r io es la v o z d e l e n e ­
m ig o . N o c i ta r é e n e s ta o p o r tu n id a d la m u y c o n o c id a f ra s e
d e C a ri S c h m i t t a c e r c a d e l e n e m ig o (h o s t i s ) q u e e n c a r n a
n u e s tr a s p r o p ia s c u e s tio n e s . R e c o r d a r é , m á s b ie n , u n v e rs o
d e O v id io (M e t., 4, 4 2 8 ) q u e J o ly p o d r í a h a b e r c o n o c id o :
" N a m e t fa s e s t e t a b h o s te d o c e r i" , ta m b ié n h a y q u e s a b e r
11
Cf. P. Saurisse, "Portraits composites: la photographie des types phvsionoiniques ñ la fin du xix1' siécle”, en Histoire de l'Art, 37-38, mayo de 1997,
pp. 69-78; y de quien esto escribe, “Somiglian/.e di famiglia e albcri genealogici. Duc melafore cognilive”, en C.-C. Hílrle (cd.), Ai limiti dell'imtnagme,
Macérala, 2005, pp. 227-250. En 1878, arto de la muerte de Jolv, Galton
rinpc/ó a trabajar en torno a los retíalos compuestos.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
283
a p r e n d e r d el e n e m ig o .32 Joly p o d ría h a b e r d ic h o : p o r sobre
to d o d e l e n e m ig o . De él d e b e m o s a p r e n d e r la s c a u s a s d e
n u e s tra d e rro ta .
6. La fo rm a m o d e rn a de d e s p o tism o - e s c rib ió Jo ly - in clu y e
eleccio n es lib re s y lib e rta d de p re n sa . E n to m o a u n a s y a la
o tra n o c o m p a rtía , p o r cierto , las ilu s io n e s d e los lib erales;
se g ú n su p e rsp e c tiv a , el v e rd a d e ro p o d e r e s ta b a s itu a d o en
o tro sitio . E n 1864, e n o c a s ió n d e la p r im e r a p u b lic a c ió n
del D iálogo en el infierno, u n a s e rto d e ese tip o h a b r á p a r e ­
cid o p a ra d ó jic o a m u c h o s lecto res. S u e n a e n v e rd a d m e n o s
p a r a d ó jic o h o y e n d ía . P o r m i p a r te , ta m b ié n c re o q u e la
d e m o c ra c ia es, c o m o d e c ía W in sto n C h u rc h ill, “el p e o r de
los reg ím en es, a ex c ep c ió n d e to d o s los d e m á s ”. P ero c u a n d o
e n E s ta d o s U n id o s d e A m é ric a , el p a ís d e m o c r á tic o m á s
g ra n d e d el m u n d o , e n las elec cio n e s p o lític a s só lo u n a m i­
n o ría d e los c iu d a d a n o s e jerce el d e re c h o al v o to - d e r e c h o
e n el q u e su e le a g o ta rs e su p a r tic ip a c ió n p o lític a -, la a u to le g itim a c ió n d e la d e m o c ra c ia se m u e s tr a fu e rte m e n te tu r­
b ad a . A ún m á s d u d o s a es la c a p a c id a d d e los v o ta n te s p a r a
in c id ir e n los c e n tro s d e p o d e r re a le s y e n su s d ec isio n es. A
c o m ien z o s del siglo xxi, los E sta d o s d e m o c rá tic o s se m u e s ­
tr a n ta n to m á s p o te n te s q u e 150 a ñ o s a trá s , c u a n d o Joly p u ­
b licó su a n á lis is d el d e s p o tism o m o d e rn o ; su c o n tro l so b re
la so c ie d a d p a re c e m u c h o m á s re fin a d o y eficaz, y el p o d e r
d e los c iu d a d a n o s in fin ita m e n te m enor.
T odo ello e c h a lu z s o b re la re c e p c ió n d el D iálogo en el
in fiern o d u r a n te el sig lo xx. E n los a ñ o s v e in te y tr e in ta ,
co m o v e re m o s, se lo d is c u tió e x c lu siv a m e n te p o r su s r e la ­
cio n es c o n los Protocolos. D esp u és d e q u e te rm in a s e la S e­
32
C. Ginzburg, Nessuna isola é un'isola, Milán, 2002, p. 55 [trad. esp.:
Ninguna isla es una isla. Cuatro visiones de la literatura inglesa desde una
perspectiva mundial, Villahermosa, Universidad Autónom a Juárez de Tabasco, 2003].
284
EL HILO Y LAS H UELLAS
gunda Guerra Mundial, el Diálogo en el infierno fue publi­
cado tres veces en Francia, cuatro en Alemania, dos en
España, una vez en Italia y una en Estados Unidos.33 Algu­
nos lectores vieron en el Diálogo en el infierno una lúcida
profecía de los totalitarismos del siglo pasado.34 Sin em ­
bargo, la edición francesa más reciente, reimpresa tres ve­
ces (1987, 1992, 1999), presenta el Diálogo en el infierno
bajo una luz distinta. Para el autor del prólogo, Michel
Bounan, es "un clásico de la política que, con cien años de
anticipación, dejó al desnudo los procedimientos del despo­
tismo moderno” surgido del derrumbe de los regímenes to­
talitarios.35 Esa conclusión, que Bounan desarrolló en una
serie de ensayos recientes, descifra el Diálogo en el infierno
de Joly por medio de su imprevisible, distorsionada fortuna
postuma: los Protocolos de los sabios de Sión. Un juicio acer­
ca del análisis de Bounan requiere ante todo un examen del
nexo que enlaza esas dos obras.
7. Alguien escribió que en la tabla mundial de best sellers los
Protocolos ocupan el segundo puesto, inmediatamente des­
pués de la Biblia. Es probable que sea una exageración; sin
embargo, es cierto que nuevas ediciones de los Protocolos
aparecen año a año, en Medio Oriente, América Latina, Ja­
pón, Europa (recuerdo haberlos visto en la vidriera de una
librería en el centro de Budapest). Como se sabe, los Proto­
colos pretenden ser las actas del sim posio secreto de un
33
Para una lista de las ediciones francesas y de las traducciones, cf. M.
Joly, Dialogue..., París, 1999. Véase M. Joly, The Dialogue in Hell between
Machiavelli and Montesquieu, ed. al cuidado de J. S. Waggoner, Lanham
( m d ) , 2003 (Ia cd., 2002).
14 H. Barth, "Maurice Joly, der plisbiszitáre CSsarismus und die "Protokollc der Weisen von Zion’”, en Nene Zürcher Zeitung, 31 de marzo de
1962; W. Kaegi, “Jacob Burckhardt c gli inizi del cesarismo moderno”, en
Rivista Storica italiana, i.xxvi, 1964, pp. 150-171, en especial, pp. 150-152.
11
"IJn classique de la politique qui, avec un siéele de distance, a mis íi
nu les pmiédés du despotismo moderne.”
REPRESENTAR AL ENEMIGO
285
g ru p o d e c o n s p ira d o re s ju d ío s q u e p la n ific a n u n a in filtra ­
ció n de la so c ied a d a to d a escala: la e c o n o m ía , la p re n sa , el
e jé rc ito , los p a r tid o s p o lític o s, etc. E l triu n f o d e e ste c o m ­
p lo t lle v a r á a u n a m o n a r q u í a ju d a ic a q u e d o m in a r á el
m u n d o . Los Protocolos v a n a c o m p a ñ a d o s p o r u n “p o st scríptu m d e l tra d u c to r " , e n el c u a l se e x p lic a q u e el te x to es la
v ersió n a c tu a liz a d a d e u n p ro y e c to co n s p ira tiv o id e a d o p o r
S a lo m ó n y p o r los S ab io s d e S ió n e n el a ñ o 929 a. C.
U n a g ra n c a n tid a d d e e s tu d io s a n a liz a r o n e n d e ta lle la
r e d a c c ió n y la e x t r a o r d i n a r ia f o r tu n a d e lo s Protocolos.
P re s e n to a q u í lo s d a to s s u s ta n c ia le s .36 E l lib r o fu e p u b li­
c a d o p o r p r im e ra vez e n R u s ia e n 1903; o tr a s v e rsio n e s r u ­
sa s , p a r c ia lm e n te d is t in ta s , a p a r e c i e r o n e n lo s a ñ o s s i­
g u ie n te s. S in e m b a rg o , la d ifu s ió n m u n d ia l d e los Protocolos
e m p e z ó d e s p u é s d e la R e v o lu c ió n d e O c tu b re , a c o n te c i­
m ie n to q u e u n a p a r te d e la p r e n s a r e a c c io n a r ia p r e s e n tó
c o m o el r e s u lta d o d e u n a c o n s p ir a c ió n h e b r a ic a . L a t r a ­
d u c c ió n a le m a n a , p u b lic a d a e n 1919, fu e s a lu d a d a p o r el
Times u n a ñ o d e s p u é s c o m o u n d o c u m e n to im p o r ta n te y,
p o r en d e , im p líc ita m e n te , d ig n o d e fe. E n 1921, P h ilip G ra ­
ves, c o rr e s p o n s a l d e l Times e n E s ta m b u l, e s c rib ió tr e s a r ­
tíc u lo s d e m o s tra n d o q u e los Protocolos e r a n u n a s u p e rc h e ­
ría, d a d o q u e m u c h o s tra m o s se g u ía n d e c e rc a fra g m e n to s
d e u n lib ro o lv id a d o , a p a re c id o m á s d e m e d io sig lo a n te s :
el Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de
M a u ric e Joly. G rav es h a b ía te n id o n o tic ia d el n e x o q u e li­
g a b a los d o s te x to s p o r la in te rv e n c ió n d e u n p e rs o n a je q u e
n o n o m b r a b a , u n e m ig ra d o ru so , lu e g o id e n tific a d o co m o
36
Me lim ito a citar N. Cohn, Warrant for Genocide. The Myth of the
Jewish World Conspiracy and the Protocols of the Elders of Zion, Londres,
1967; Les Protocoles des Sages de Sion, ed. al cuidado de P.-A. Taguieff, op.
cit.-, C. G. De M ichelis, II manoscrito inesistente. I "Protocolli dei Savi di
Sion": un apócrifa del xx secolo, Venecia, 1998 (y véase la traducción al in­
glés con agregados: The Non-Existent Manuscript. A Study of the Protocols
of the Sages ofZion, Lincoln y Londres, 2004).
286
EL HILO Y LAS H UELLAS
M ija íl R aslo v lev . S i b ie n a l g u n a s " f u e n te s ” d e lo s P ro to c o lo s
h a b í a n s id o s e ñ a la d a s p r e v ia m e n te , lo s a r tíc u lo s d e G ra v e s
g e n e r a r o n g r a n e s c á n d a l o .37 S in e m b a r g o , la d if u s i ó n d e
lo s P r o to c o lo s p r o s ig u ió s in i n t e r r u p c i o n e s . E l m o n s e ñ o r
J o u in , p r o t o n o t a r i o a p o s tó lic o q u e h a b í a tr a d u c id o lo s P ro ­
to c o lo s a l f ra n c é s , c o m e n tó : " P o c o im p o r ta si lo s P ro to c o lo s
so n a u té n tic o s ; b a s ta c o n q u e s e a n v e rd a d e ro s [P e u im ­
p o r te q u e le s P ro to c o le s s o ie n t a u t h e n ti q u e s ; il s u ffit q u ’ils
s o ie n t v r a is ]".38 C o n e s e m is m o e s p ír itu , lo s c lé r ig o s m e d ie ­
v a le s h a b í a n f o r ja d o s u s p i a e fr a u d e s : s u p e r c h e r ía s i n s p i r a ­
d a s e n la v e r d a d e r a r e lig ió n . C u a n d o e n 1934 a lg u n a s o r g a ­
n iz a c io n e s h e b r a i c a s d e S u iz a i n t e n t a r o n u n p r o c e s o p o r
d if a m a c i ó n c o n t r a d o s d ir ig e n te s n a c io n a ls o c i a li s ta s lo c a ­
le s, q u e d iv u lg a b a n lo s P ro to c o lo s c o m o p r u e b a c o n f e s a d a
d e la e x i s te n c ia d e u n c o m p lo t j u d a i c o m u n d ia l, la d i s c u ­
s ió n s e e n f o c ó u n a v e z m á s e n lo s p a s a je s d e l D iá lo g o d e
J o ly p la g ia d o s e n lo s P r o to c o lo s .39
" C o m o V is h n ú , m i p r e n s a t e n d r á c ie n b r a z o s ”, d ic e el
M a q u ia v e lo d e Jo ly ; " c o m o el íd o lo in d io V ish n ú , te n d r e m o s
c ie n m a n o s ”, d ic e n lo s S a b io s d e S ió n e n u n c a p ítu lo d e lo s
P ro to c o lo s q u e e x h o r ta a i n f ilt r a r lo s ó r g a n o s d e p r e n s a d e
c u a l q u i e r t e n d e n c i a p o l í t i c a .40 L a lis ta d e e s to s p la g io s es
37 P. Charles,
Les Protocoles..., op. cit.-, J.-F. M o isan , "Les Protocoles des
Sages de S ion en G rand e-B retagn e et aux u s a " , en ed. Taguieff, vol. i i , p p .
163-216. Y véase ah ora M . Olender, La chasse aux évidences. Sur quelques
fortnes de racisme entre mythe et histoire, París, 2005, p p . 187-242: "La
chasse aux ‘évidences’. P ierre Charles (s. j.) face aux Protocoles des Sages
de Sion".
38 P. P ierrard , "L’entre-deux-guerres: Les Protocoles des Sages de Sion et
la déno nciation du péril ju d é o -m a c o n n iq u e ” (to m ad o de Juifs et catholiques
frunzáis. De Drummont á Jules Isaac (1886-1945), París, 1970; edición a u ­
m entada: 1997), en cd. Taguieff, vol. ii, p. 241; véase ta m b ién el ap orte de
P.-A. Taguieff, en ed. Taguieff, vol. i, p. 94.
w P. Chal les, Ijí’s Protocoles..., en ed. Taguieff, vol. i i , pp. 11-37.
M . Joly, Dialogue..., op. cit., p. 114 (d uo décim o diálogo); C. G. De M ic liclis, II nian oscritto..., op. cit., p. 264.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
287
la rg a .41 Q u ie n c o n fe c c io n ó los P rotocolos u tiliz ó el D iálogo
en el in fie rn o c o m o m o d e lo , a m e n u d o c a y e n d o e n a lg ú n
d e s c u id o , ta l c o m o lo d e m u e s tr a el h e c h o d e q u e e n o tro
c a p ítu lo de los P rotocolos r e a p a re z c a la m e tá fo ra en to m o a
V ish n ú .42 H ay u n a fu e rte s im ilitu d e s tru c tu r a l e n tre las e s ­
tra te g ia s q u e se p r o p o n e n c o n tro la r las so c ie d a d e s d e s c rita s
re sp e c tiv a m e n te p o r los S a b io s d e S ió n y p o r el M aq u iav elo
d e Joly; p o r e je m p lo , se d ic e q u e el a n tis e m itis m o te r m i­
n a r á p o r in te n sific a r el p o d e r o c u lto d e los ju d ío s, a sí co m o
los o p o sito re s p o lítico s te rm in a r ía n p o r volverse u n a h e r r a ­
m ie n ta d e l r é g im e n d e N a p o le ó n III. ¿C ó m o se e x p lic a n
esas se m ejan za s?
De p o co tie m p o a e s ta p a r te to d a v ía se c o n s id e ra b a q u e
los Protocolos h a b ía n sid o co n fe c c io n a d o s e n F ra n c ia e n tre
1894 y 1899.43 E n s u re c ie n te v o lu m e n II m a n o scritto inesistente, C e sare G. D e M ic h elis p ro p u s o , b a s a d o e n o tro s e le­
m e n to s in te rn o s , u n a te sis d is tin ta : los P rotocolos h a b r ía n
sid o c o n fe c c io n a d o s e n R u s ia e n el p e r ío d o 1 9 0 2 -1 9 0 3 .44
P ero el h ip o té tic o o rig e n r u s o m a l p u e d e c o n c illa rse c o n la
e s tre c h a d e p e n d e n c ia d e los P rotocolos re sp e c to d el Diálogo
en el infierno d e Joly: u n te x to olv id ad o , y difícil d e h a lla r.45
De M ic h elis o b je ta q u e el D iálogo en el in fiern o n o e r a e n
ab so lu to “u n a o b ra p rá c tic a m e n te d esco n o cid a"; p e ro co m o
re sp a ld o d e esa a firm a c ió n sólo p u e d e c ita r la tra d u c c ió n al
41 En la traducción al italiano de los Protocolos publicada por De M iche­
lis, en apéndice a II manoscritto... (op. cit., pp. 227-289), los tramos tom a­
dos del Diálogo en el infierno de Joly están impresos en cursiva.
42 C. G. De Michelis, II manoscritto..., op. cit., p. 276.
43 Así N. Cohn (citado por G. C. De Michelis, II manoscritto..., op. cit.,
p. 17).
44 Cf. ibid., pp. 58-60.
45 "La discusión acerca de la ‘rareza’ del texto de Joly se revela estéril;
term ina por interesar sólo a los más celosos”, esto es, a los zelatori, partida­
rios de la autenticidad de los Protocolos, escribe De Michelis (ibid., p. 40).
Sin embargo, el uso instrum ental de un hecho no basta para demostrar su
inexistencia.
288
EL HILO Y LAS H UELLAS
c a s te lla n o a p a r e c id a , d e s p u é s d e tr e s d é c a d a s d e s ile n c io , e n
B u e n o s A ire s e n el a ñ o 1 8 9 8 .46 P o r lo d e m á s , D e M ic h e lis ,
q u ie n c o n s id e r a q u e el lib r o d e J o ly es u n " s u b te x to ” d e lo s
P r o to c o lo s y q u e s e v a le d e l p r i m e r o p a r a r e c o n s t r u i r la
tr a n s m is ió n te x tu a l d e lo s s e g u n d o s , lu e g o se v e c o m p e lid o
a s u p o n e r, a u n q u e e n té r m in o s m u y v a g o s , q u e lo s a u t o r e s
( p r e s u n ta m e n te r u s o s ) d e la s u p e r c h e r ía h a b í a n te n id o u n a
s e r ie d e la z o s c o n F r a n c ia , p o r lo c u a l h a b r í a n o b te n id o el
lib r o d e J o ly o, a l te r n a t iv a m e n te , u n c e n tó n d e c ita s t o m a ­
d a s d e l l ib r o d e J o ly .47 E s a m is c e lá n e a s e g u r a m e n t e h a b r í a
i n c l u i d o t a m b i é n lo s p a s a j e s d e a u t o r e s f r a n c e s e s c o m o
T a rd e o C h a b ry , c u y o s e c o s s e p e r c ib e n e n lo s P ro to c o lo s.48
Y
p o r c o n s ig u ie n te , y a e s ta m o s d e r e g r e s o e n F r a n c ia .
¿ P e ro c ó m o e s p o s ib le d e t e c t a r u n e s la b ó n f ra n c é s q u e u n a
el lib r o d e J o ly a lo s P ro to c o lo s ? E x tr a ñ a m e n te , D e M ic h e lis
n o m e n c io n a el in te n to , c o n j e tu r a l p e r o in te r e s a n te , d e d a r
r e s p u e s ta a e s ta p r e g u n t a q u e s e r e a liz a e n u n lib r o q u e él
d e fin e " p ie d r a b a s a l” d e la l i t e r a t u r a a c e r c a d e lo s P ro to c o ­
los: L 'A p o ca lyp se d e n o tre te m p s. L es d e s s o u s de la p ro p a g a n d e
a lle m a n d e d ’a p ré s d e s d o c u m e n ts in é d its [E l A p o c a lip s is d e
n u e s t r a e r a . L o s e n t r e te l o n e s d e la p r o p a g a n d a a l e m a n a , a
p a r t i r d e d o c u m e n to s in é d ito s ] , d e H e n r i R o llin .49 C o n s is te
e n u n a o b r a v e r d a d e r a m e n te n o ta b le , e s c r ita p o r u n h i s t o ­
r ia d o r a je n o a l á m b ito a c a d é m ic o - R o lli n tr a b a ja b a p a r a lo s
se rv ic io s s e c r e to s f r a n c e s e s - , p u b lic a d a e n 1939, in m e d ia ta ­
m e n te d e s p u é s d e l e s ta llid o d e la S e g u n d a G u e r r a M u n d ia l,
y r e e d ita d a e n 1991. R o llin r e c o n s tr u y ó c o n g r a n in te lig e n ­
c ia y e r u d ic ió n el c o n te x to e n q u e s u r g ie r o n lo s P ro to c o lo s.
E n c ie r to p u n t o r e le v ó q u e d u r a n t e 1872 J o ly h a b í a e m p e ­
46 C. G. De M ichelis, Il m an oscritto..., op. cit., p. 53. La ú ltim a edición
francesa se rem o n tab a a 1868.
47 Ibid., p. 230 (y véase, con relación a la hipótesis del centón, p. 56).
4H ¡bul., p. 50 (Tarde); p. 52 (C h abry).
,,y París, 1939; nueva edición; París, 1991. Y véase C. G. De M ichelis, 11
mnnos< nttu. . . , op. cit., p. 11.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
289
z a d o a c o la b o r a r - c ir c u n s ta n c ia q u e n o p u e d e c a u s a r so r­
p r e s a - e n u n p erió d ico de e x tre m a d e re c h a , La liberté. E n tre
los p e rio d ista s q u e tr a b a ja b a n e n La liberté e s ta b a É d o u a rd
D ru m o n t, m á s ta rd e p o rtav o z d e u n v io len to a n tise m itism o ,
p o r m e d io d e lib ro s co m o La France ju iv e (1886) [La F ra n c ia
ju d ía j y el p e rió d ic o La libre parole, d e l c u a l e r a d ire c to r.50
D ru m o n t m e n c io n ó a Joly ("ce b o n Jolly"), d is to rs io n a n d o
le v em e n te el n o m b re , ta n to e n La France ju iv e (1886) co m o
en s u a u to b io g ra fía , titu la d a Le te s ta m e n t d ’u n a n tisé m ite
(1 8 91) [E l te s ta m e n to d e u n a n t is e m ita ].51 E n 1894, m o ­
m e n to e n q u e el p r e s id e n te d e la r e p ú b lic a fra n c e s a S a d i
C a m o t fu e a s e s in a d o p o r u n a n a r q u is ta ita lia n o , D ru m o n t
h u y ó a B ru se las p a r a su stra e rse a las p o sib les co n sec u en cias
de alg u n o s a rtíc u lo s q u e in c lu ía n fra ses v a g a m e n te filoanárq u icas (D ru m o n t c o m b in a b a c o n h a b ilid a d te m a s del a n tise ­
m itism o c a tó lico y te m a s d el a n tise m itis m o so c ia lista).52 E n
u n a e n tre v ista p u b lic a d a e n el Fígaro el 18 de ju lio d e 1894,
D ru m o n t a m e n a z ó c o n r e s u c ita r los p a n fle to s a n tin a p o le ó ­
n ic o s p u b lic a d o s d u r a n te el s e g u n d o im p e rio : “D e b e m o s
50 R. Repetti, introducción a M. Joly, Dialogo..., op. cit., p. 19.
51 É. Drum ont, La France juive, París, 1885; vol. n, París, 188623, pp. 410
y 411; y Le testament d ’un antisémite, París, 1891, p. 285.
52 Algunos ejemplos de la vertiente antisem ita católica; el abbé E.-A. Chabauty, "chanoine honoraire d'Angouléme et de Poitiers”, Les Juifs, nos
Maitres! Documents et developpements nouveaux de la question juive, París,
1882 (de ese m ism o autor: Lettre sur les prophéties modemes et concordance
de toutes les prédictions jusqu’au régne d ’Henri v inclusivement, 2a ed. corre­
gida y aum entada, Poitiers, 1872; Les prophéties modemes vengées, ou Dé­
fense de la concordance de toutes le prophéties, Poitiers, 1874; acerca de Chabauty, P. Pierrard, Juifs et catholiques frangais, op. cit.)-, C. C. de Saint-André
(i. e.: "Yabbé Chabotet" [;!]: añadido a m ano en el catálogo de la b n ) , FrancsMagons et Juifs. Sixiéme age de l'Eglise d ’aprés l ’Apocalypse, París, 1880; Jean
Brisecou, La grande conjuration organisée pour la ruine de la France, prólogo
de E. Drumont, París, 1887. Como ejemplo de la vertiente antisem ita socia­
lista, véanse A. Toussenel, Les juifs, rois de l ’époque. Histoire de la féodalité
financiére, 2 vols., París, 18453 (18472; libro reim preso en 1886 y elogiado
por Drumont, La France juive, vol. i, op. cit., pp. 341 y 342); de ese mismo
autor, véase Travail et fainéantise. Programme démocratique, París, 1849.
290
EL HILO Y LAS H UELLAS
p r e p a r a r a lg ú n n u e v o P ropos de L a b ié n u s " , e x c la m ó . L u eg o ,
s e ñ a la n d o u n a g r a n ca ja : " ¡D o c u m e n to s - d o c u m e n to s a u t é n ­
tic o s - ! H a s t a h o y p e r m a n e c í e n s ile n c io , im p u ls a d o p o r la
c o m p a s i ó n o p o r la c a r id a d c r is t ia n a . L ib r é u n a g u e r r a s e ­
g ú n la s re g la s . P e r o si u n a le y in ju s ta lle g a a d e ja m o s f u e r a
d e la ley, in ic ia r é u n a g u e r r a d e s p ia d a d a ”. R o llin s u p o n e q u e
D r u m o n t h a b í a d a d o c o n el D iálogo e n el in fie rn o , o b r a d e su
a n tig u o c o le g a : p o r c ie r to , u n lib r o h a lla b le m á s f á c ilm e n te
e n B ru s e la s , d o n d e h a b í a s id o p u b lic a d o , q u e e n P a r ís .53 E s ­
p e c ia lm e n te s ig n ific a tiv a e s la a lu s ió n d e D r u m o n t a “a lg ú n
n u e v o P ro p o s d e L a b ié n u s ”: u n a s á t i r a c o n t r a N a p o le ó n III
p r e s e n ta d a c o m o u n d iá lo g o im a g in a r io e n t r e d o s a n tig u o s
r o m a n o s , q u e o b v ia m e n te se in s p i r a b a e n el D iálogo d e Joly,
a p a r e c id o u n a ñ o a n t e s .54 E l 10 d e e n e r o d e 1896, D r u m o n t
v e n tiló d e n u e v o e n L ibre p a ro le la p o s ib ilid a d d e e s c r ib ir u n
“a g r a d a b le p a n fle to " q u e s e r ía u n a c o n t in u a c ió n d e lo s P ro­
p o s d e L a b ié n u s [ O r a t o r i a d e L a b ie n o ] . D ie z d ía s d e s p u é s
v o lv ió a e s e m is m o te m a : "S i lo s D iá lo g o s de lo s m u e r to s to ­
d a v ía e s tu v ie r a n d e m o d a . . . ”.55 T o d o ello n o p r u e b a q u e D r u ­
m o n t h a y a r e to m a d o el D iálogo e n el in fie rn o c o m o u n te x to
p o te n c ia lm e n te a n tis e m ita , p r e s e n ta n d o u n te x to d e fic c ió n
c o m o si fu e s e u n d o c u m e n to ; ta m p o c o p r u e b a q u e D r u m o n t
h a y a t r a n s m i t i d o el te x to d e J o ly a q u ie n c o n f e c c io n ó , e n
R u s ia , lo s P ro to c o lo s. P e r o la p is t a D r u m o n t, s u g e r id a p o r
R o llin , m e r e c e s e r in d a g a d a . D u r a n te el tr a n s c u r s o d e 1898
-l'a n n é e ju iv e , c o m o a m a r g a m e n te e s c r ib ió D r u m o n t m ie n ­
tr a s e s e a ñ o lle g a b a a s u f in -, u n a s e r ie d e a c o n te c im ie n to s
d r a m á tic o s r e a b r ie r o n d e r e p e n te el affaire D re y fu s . E l d o c u ­
m e n to q u e p r o b a b a la c u lp a b ilid a d d e D re y fu s re v e ló s e r u n
H. Rollin, L’A pocalypse de notre tem ps, op. cit., p. 260.
,4 A. R og eartl, I^es propos de Labiénus, 22* éd. précédée de Vhistoire d'une
brochare [ 1 8 6 . U Par ís, 1870.
” II. Rollin, L’Apocalypse de notre tem ps, op. cit., p. 283 (el c a p í t u l o lleva
el líln lo " D r u m o n t , p r o í e s s c u r d e p l a g i a t ”).
REPRESENTAR AL ENEMIGO
291
fra u d e ; el c o ro n e l H enry, e n c a r c e la d o al s e r id e n tific a d o
co m o a u to r de esa falsificación, se q u itó la vida. L legado ese
p u n to , D ru m o n t o p tó p o r el a ta q u e . La libre parole la n zó u n a
g r a n s u s c r ip c ió n p a r a e r ig ir u n m o n u m e n to al c o ro n e l
H enry, u n h o m b re q u e -s e g ú n e s c rib ió D ru m o n t- p o r in g e ­
n u o h a b ía c o m e tid o u n a in s e n s a te z , in fin ita m e n te m e n o s
grave “q u e los m e d io s in fa m e s u s a d o s p o r los ju d ío s p a r a
e n riq u e c e rse y volverse n u e s tro s a m o s ".56 De allí a p o co , el
26 d e fe b re ro d e 1899, La libre p arole p u b lic ó e n p r im e ra
p la n a u n a rtíc u lo firm ad o p o r Gyp. D etrá s de ese se u d ó n im o
se e s c o n d ía S y bille G ab rie lle M a rie A n to in e tte c o n d e sa d e
M irab e au -M a rte l, m u y c é le b re a u to ra d e e s c rito s b rilla n te s
de co n te n id o u ltra n a c io n a lista y a n tise m ita . E se artícu lo , ti­
tu lad o "L'affaire ch e z les m o rts", r e to m a b a e n to n o g ro tesco
el g é n e ro "d iálo g o s d e los m u e rto s ” q u e h a b ía in s p ira d o el
D iálogo en el in fie rn o d e Joly. G yp p r e s e n ta b a a C alv in o ,
Ju a n a d e A rco, C a ta lin a d e M edici, V oltaire, N ap o le ó n , Gav ro ch e e n tr a n c e d e in s u lta r y a g r e d ir a M oisés, J e re m ía s ,
M ayer R o tsc h ild , Ja c q u e s d e R e in a c h : a to d o s los id e n tifi­
c a b a el h e c h o d e h a b la r fra n c é s c o n a c e n to a le m á n . U n a
b ro m a v u lg a r que, le íd a e n n u e s tro s días, tie n e p o r m o m e n ­
tos u n a re s o n a n c ia s in ie s tra m e n te p ro fé tic a . "¡T antas voces
se a lz a ro n e n m i c o n tra a lo largo d e la H istoria! - d ic e C a ta­
lin a de M e d ic i- y sin e m b a rg o , d e h a b e r u n a n o c h e d e S an
B arto lo m é ju d ía , n o m e c a u sa ría so rp re sa a lg u n a ".57 L a c o n ­
fección d e los Protocolos, q u e to m a b a c o m o b a se el Diálogo
56 E. Drum ont, "La fin d’un soldat”, en La libre parole, ed. correspon­
diente al 3 de septiembre de 1898: "Ce qu’il a fait n’est pas bien, mais c’est
un enfantillage á cóté de tous les moyens infámes que les Juifs ont employé
pour s'enrichir et devenir nos maitres". D rum ont contraponía a Henry
-quien m urió cubierto de in fam ia-, con Bismarck, autor del telegrama de
Ems, cuya muerte estuvo rodeada de gloria.
57 Gyp, "L’affaire ches les morts", en La libre parole, 26 de febrero de 1899:
"On a beaucoup crié contre moi dans l’histoire! [...] et pourtant il y aurait
une Sainte-Barthélemy Juive que j'en ne serais pas autrement surprise”.
292
EL HILO Y LAS HUELLAS
en el in fie rn o d e J o ly - l ib r o q u e y a n a d ie le ía - , d e b e d e h a b e r
n a c id o e n e s e c lim a , y a c a s o e x a c ta m e n te e n e s o s m e s e s .58
8. N o o b s ta n te , la s im ilitu d e n tr e el D iá lo g o e n el in fie rn o d e
J o ly y lo s P r o to c o lo s d e b e d i s c u t i r s e t a m b i é n d e s d e o t r a
p e r s p e c tiv a , q u e in c id e d e m a n e r a d ir e c ta s o b r e e l p r e s e n te .
E l D iá lo g o in c lu y e u n a s o la a lu s ió n , h o s til, a lo s ju d ío s , e n
u n p a s a je r e to m a d o p o r lo s P ro to c o lo s (d o n d e , n o o b s ta n te ,
se o m itió la a lu s ió n a lo s j u d ío s ).59 P e r o e s te p u n to d e in te r ­
s e c c ió n a is la d o tie n e p o c a im p o r ta n c ia . T a n to m á s r e le v a n te
- e i n q u i e t a n t e - es el is o m o rf is m o d e c o n j u n to e n t r e a m b o s
te x to s p a r a q u ie n a c e p te la id e a d e q u e m e d ia n t e el a n á lis is
d e l s e g u n d o im p e r io , c o n c e b id o c o m o e je m p lo d e " d e s p o ­
tis m o m o d e r n o ”, J o ly d e s c if r ó u n f e n ó m e n o d e la r g a d u r a ­
c ió n , q u e lle g a e n d is tin ta s f o rm a s h a s t a n o s o tr o s .60 P e r o si
58 L a alusión de los Protocolos a la elección de u n presidente que en su
pasado tenga "algún P anam á" debe referirse a la elección de E m ile Loubet,
previam ente in vo lu crad o en el escándalo de P anam á, com o presidente de
la república, el 18 de febrero de 1899 (C. G. D e M ic h elis, II manoscritto...,
op. cit., p. 58): esta fecha debe entenderse com o terminus ante quem non
para la redacció n de los Protocolos.
59 M . Joly, Dialogue..., op. cit., p. 39 (cuarto diálogo): “D e la lassitude des
idées et du choc des révolutions sont sorties des sociétés froides et désabusées qui sont arrivées á l ’indifférence en p o litiq u e co m m e en relig ión, qui
n ’ont plus d ’au tre stim u la n t que les jouissances m atérielles, qu i ne vivent
plus que p a r l ’in térét, qui n ’on t d ’autre cuite que l ’or; d o n t les moeurs m er­
cantiles le dispu ten t á celles des ju ifs q u ’ils o n t pris p o u r m odéles [D e la pe­
reza de las ideas y del im pacto de las revoluciones sugieran sociedades frías
y decepcionadas que llegaron a la in d ife re n cia en po lític a tanto com o en
religión, que no tienen ya o tro estim ulan te que no sean los goces m ateriales,
que no viven ya si no es p o r el interés, que no tienen o tro culto que el re n ­
dido al oro; cuyos usos m ercantiles en tran en pugna con los característicos
de los judíos, a quienes to m a ro n de m o d e lo ]”. Cf. Protocoles, op. cit., cap. iv
(C. G. De M ichelis, / / manoscritto..., op. cit., p. 251). Ese pasaje de Joly es
m encionado p o r R o llin , L'Apocalypse de notre temps, op. cit., pp. 290 y 291.
60 C. G. De M ic h elis, "La d e fm izio n e di re g im e ”, en La Repubblica, 2
de febrero de 2004, en fa tiz a las "sim ilitu des es tru ctu ra les” en tre cl "m o ­
delo m a q u ia v é lic o -b o n a p a rtis ta ” descrito p o r Joly y cl "ré g im e n ” de S ilvio
M c tIiin co iií.
REPRESENTAR AL ENEMIGO
293
la c u e stió n se p la n te a e n eso s té rm in o s , ¿c ó m o in te r p re ta r
los P rotocolos? ¿C om o u n a c a ric a tu ra ? M ichel B o u n a n form iíío u n a^ m p ó iesií^ áíie rertte:1 lo s Y r ó r o c ó io fr u e r o n ' iar ráisificación p o lic ía c a d e u n c la m o r re v o lu c io n a rio ".61 E sa defi­
n ic ió n p a r e c e p r e s u p o n e r la fa m o s a d e fin ic ió n d e A u g u st
B ebel -" e l a n tise m itis m o es el so c ialism o d e los im b é ciles"-,
p e ro va m u c h o m á s allá. S eg ú n B o u n a n , el c o m p lo t rea l q u e
in sp iró el c o m p lo t falso - lo s P ro to co lo s- es u n ejem p lo c lá ­
sico de u n a c a ra c te rís tic a d istin tiv a d el s is te m a d e s c rito p o r
Joly: "Un co m p lo t o cu lto y p erm a n en te d el E s ta d o m o d e rn o ,
te n d ie n te a p r e s e r v a r in d e f in id a m e n te la d e p e n d e n c ia "
(a u n q u e B o u n a n u sa , a c a so de m a n e ra d e lib e ra d a , la á s p e ra
p a la b ra d e T ocqueville: servitu d e).62
De la b io g ra fía d e M ich el B o u n a n es m u y p o c o lo q u e
co n o zco . A p a r tir d e a lg u n a s alu sio n e s d is p e rs a s e n su s e s­
critos, y de alg u n a s n o tic ia s d isp o n ib les e n In te rn e t, se sa b e
q u e estu v o c e rc a d e G uy D eb o rd y de los situ a c io n is ta s , ese
g ru p ú scu lo q u e tuvo u n a in te rv en ció n d e p rim e r p la n o en la
rev u e lta p a ris in a d u r a n te m ay o del '68. H oy e n día, B o u n a n
p are ce se r el in s p ira d o r d e u n a p e q u e ñ a e d ito ria l q u e ree d itó
dos lib ro s e n to m o a los cu ales g ira e s ta in d a g a c ió n , el D iá­
logo en el infierno d e Jo ly y L ’A pocalypse de notre te m p s d e
R ollin. E n u n a se rie d e ensay o s eleg an tes y co nciso s, explíci­
ta m e n te in sp ira d o s en esas o b ras, B o u n a n d e sa rro lló u n a vi­
sió n c o h e re n te m e n te c o n s p ira tiv a d e la h is to ria . E n las so ­
cied ad es m o d e rn a s el p o d e r lo im p re g n a todo; las fu erza s de
c a d a u n o (co n ex cep ció n de u n a p e q u e ñ a elite d e p riv ileg ia­
do s) so n d e sv iad a s p o r falso s c o m p lo ts y falsa s fin alid ad es;
ta m b ié n se b o rró d e la p e rc e p c ió n de las v íc tim a s - e s to es,
de to d o s - el se n tim ie n to d e s e r v íc tim a s d e la in ju stic ia . El
panfleto m á s re c ie n te de B o u n a n , Logique d u terrorism e [Ló­
61 M . Bounan, "L’É tat retors”, introducción a M . Joly, Dialogue aux En­
fers entre Machiavelet Montesquieu, París, 1991, pp. xvii y xvm.
62 M . Bounan, "L’É tat retors", op. cit., p. xn.
294
EL HILO Y LAS H UELLAS
g ic a d e l te r r o r is m o ] , p u b lic a d o e n 2 0 0 3 , a n a liz a lo s a c o n te ­
c im ie n to s d e lo s a ñ o s m á s r e c ie n te s d e s d e e s a p e rs p e c tiv a .
N u n c a c o m p a r tí la d iv u lg a d a a c tit u d q u e d e s c a lific a a u ­
to m á tic a m e n te c o m o a b s u r d a s to d a s la s te o r ía s e x p lic a tiv a s
b a s a d a s e n el c o m p lo t. E s c ie r to , la m a y o r p a r te d e e s a s te o ­
r ía s s o n e f e c tiv a m e n te a b s u r d a s , y e n c u a lq u ie r a d e lo s c a ­
s o s s o n a lg o p e o r. P e ro , ta l c o m o re le v é tie m p o a t r á s e n u n
lib r o d e d i c a d o a l e s te r e o t ip o d e l s a b b a t d e lo s b r u jo s , lo s
c o m p lo ts e x is te n , y lo s fa lso s c o m p lo ts s u e le n e s c o n d e r c o m ­
p lo ts d e s e n tid o c o n t r a r i o ,63 o b s e r v a c ió n q u e p o r s u p a r t e
ta m b ié n h a c e B o u n a n . D e s p u é s d e lo s u c e d id o el 11 d e s e p ­
tie m b r e d e 2001 e n N u e v a Y o rk y - p o d e m o s a g r e g a r - el 11
d e m a r z o d e 2 0 0 4 e n M a d rid , la e x is te n c ia d e c o m p lo ts e n ­
c u e n tr a m e n o s d e s c r e im ie n to ; p e r o s é m u y b ie n q u e lo s i n ­
te n to s p o r d e t e c t a r fa ls o s c o m p lo ts q u e o c u l t a n c o m p lo ts
v e r d a d e r o s p u e d e lle v a r a c o n c lu s io n e s , c o m o m ín im o , e x ­
tr a v a g a n te s . ¿ E s p o s ib le t r a z a r u n a f r o n t e r a e n t r e u n s a n o
e s c e p tic i s m o f r e n te a c i e r ta s v e r s io n e s o f ic ia le s y la o b s e ­
s ió n p o r lo s c o m p lo ts ? S e g ú n c r e o , B o u n a n r e b a s ó e s e lí­
m ite , d e j á n d o s e g u i a r p o r el d a ñ i n o p r i n c i p i o “is fe c it c u i
p r o d e s t ” , q u e d e u n a m a n e r a p o r c o m p le t o iló g ic a t r a n s ­
fo rm a r e tr o s p e c tiv a m e n te e n n e x o c a u s a l u n fin a lc a n z a d o .
(E l h e c h o d e q u e u n g o b ie r n o u tilic e la s p e r s p e c tiv a s p o lít i­
c a s a b i e r ta s p o r u n a ta q u e t e r r o r is ta p a r a d e s e n c a d e n a r u n a
g u e r r a n o p r u e b a q u e el a t a q u e te r r o r i s t a h a y a s id o o r g a n i­
z a d o p o r e s e g o b ie r n o .) D a r ía la s e n s a c ió n d e q u e B o u n a n
e s tá h i p n o ti z a d o p o r s u p r o p io o b je to d e in v e s tig a c ió n , lo s
P ro to c o lo s, y p o r s u fu e n te , el D iá lo g o e n el in fie rn o d e Joly.
S in e m b a r g o , r e c h a z a r u n a v is ió n c o n s p ir a tiv a d e la h i s t o ­
ria p o r q u e c o n s is tir ía e n u n a v e r s ió n in v e r tid a d e lo s P ro to ­
co lo s n o e s s u f ic ie n te . I n t e n t a r é d e j a r e n c la r o m i p e r s p e c -
h’ C Ciin/.hurg, Storia notturna. Una decifrazione del sabba, Tu rín, 1989,
Pl> xxvi, 2^ y 24 [trad . esp.: Historia nocturna. Un desciframiento del aque­
larre, H jiv clo iia, M m hnik, 1991).
REPRESENTAR AL ENEMIGO
295
ti va: p a r a ello volveré u n a vez m á s a la s re la c io n e s e n tre el
Diálogo en el infierno de Joly y los P rotocolos.
Jo ly te rm in ó p o r p a g a r tr ib u to a la fo rm a lite r a r ia en
q u e fo rm u ló su s id e as. E l M a q u iav e lo d el D iálogo en el in ­
fierno d e sc rib e d e m a n e ra d e ta lla d a , e n p rim e ra p e rso n a , las
e s tra te g ia s p o lític a s q u e a d o p ta r á , d a n d o la im p re s ió n de
q u e la r e a lid a d (q u e y a se c o n s u m ó ) n o p o d r á n o c o n fo r­
m a rse a su a rb itrio . V eloces alu sio n e s a fen ó m e n o s m á s v as­
to s y an ó n im o s, co m o la fra g ilid a d d e las so c ied a d es m o d e r­
n as, so n so slay ad a s d e in m e d ia to . Im a g in a n d o u n in d iv id u o
o m n ip o te n te q u e m o d e la la so c ie d a d se g ú n su s p ro p ia s in ­
te n cio n e s, Joly alla n ó de m a n e ra in v o lu n ta ria el c a m in o a la
d e s d ic h a d a fo rtu n a p o s tu m a del D iálogo en el infierno. Q u ie­
n e s c o n fe c c io n a ro n los P rotocolos v e r tie ro n los m a te ria le s
to m a d o s d e l e s c rito d e Jo ly e n u n p a t r ó n p re e x is te n te : el
f a n ta s m á tic o c o m p lo t ju d a ic o . P e ro a e s a o p e r a c ió n ta m ­
b ié n h ic ie r o n su a p o r te e le m e n to s in te g r a n te s d el m o d e lo
fo rm a l u tiliz a d o p o r Joly. D e sa p a re c ió c u a lq u ie r a m b ig ü e ­
d a d p o sib le . U n a re fin a d a p a r á b o la p o lític a se tr a n s fo rm ó
en u n a b u r d a falsificación.
XI. UNUS TESTIS
EL E X T E R M IN IO D E LOS JU D ÍO S
Y E L P R IN C IP IO D E REALIDAD*
A Primo Levi
1. E l 16 d e m a y o d e 1348, la c o m u n id a d ju d ía d e L a B au m e,
u n a p e q u e ñ a a ld e a p ro v en z al, fue e x te rm in a d a . E se a c o n te ­
c im ie n to es sólo u n e s la b ó n de u n a la rg a c a d e n a d e h ec h o s
de v io len cia a c tiv a d a e n la F ra n c ia m e rid io n a l a p a r tir de la
irru p c ió n d e la p e s te n e g ra , e n a b ril d e ese m is m o a ñ o . L a
h o s tilid a d c o n tr a los ju d ío s , a q u ie n e s m u c h o s c o n s id e r a ­
b a n c u lp ab le s d e h a b e r e s p a rc id o la p e s tile n c ia al e c h a r ve­
n e n o e n los p o zo s, fu e n te s y río s, se h a b ía c ris ta liz a d o p o r
p r im e r a vez e n T olón, d u r a n te la S e m a n a S a n ta . H a b ía n
a s a lta d o el g u e to y d a d o m u e rte a h o m b re s , m u je re s y n i­
ñ o s. E n las s e m a n a s p o s te rio re s se p r o d u je r o n h e c h o s de
v io le n cia a n á lo g o s e n o tra s lo c a lid a d e s d e P ro v e n za , co m o
Riez, D igne, M a n o sq u e, F orcalquier. E n L a B a u m e h u b o u n
so lo s o b re v iv ie n te : u n h o m b r e q u e d ie z a ñ o s a n te s h a b ía
p a r tid o h a c ia A viñón, a d o n d e lo h a b ía c o n v o c a d o la r e in a
Ju a n a . E ste h o m b re dejó u n co n m o v id o re c u e rd o del a c o n ­
te c im ie n to e n u n a s p o c a s lín e a s e s c rita s so b re u n e je m p la r
*
La presente es la traducción de un paper (su título original: "Just One
Witness") presentado ante el simposio The Extermination of the Jews and
the Limits of Representation, que se celebró en Los Ángeles, en la u c l a , del
25 al 29 de abril de 1990. Cf. S. Friedlander (ed.), Probing the Limits of Re­
presentation. Nazism and the "Final Solution", Cambridge ( m a ) , 1992 [trad.
esp: En tomo a los límites de la representación. El nazismo y la solución
final, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2007], Modifiqué en
algunos aspectos el texto original.
297
298
EL HILO Y LAS HUELLAS
d e la T orá, a c t u a l m e n t e c o n s e r v a d o e n la Ó s te r r e i c h is c h e
N a t i o n a l b i b l i o t h e k d e V ie n a . J o s e p h S h a tz m ille r , c o m b i ­
n a n d o e n u n b e llís im o e n s a y o u n a n u e v a l e c tu r a d e l f r a g ­
m e n to e s c r ito s o b r e la Torá y u n d o c u m e n to to m a d o d e u n
r e g is tr o fisc a l, lo g r ó d a r c o n e l n o m b r e d e l s o b r e v iv ie n te :
D a y a s Q u in o n i. E n 1 3 4 9 , él s e h a b í a e s t a b l e c i d o e n A ix,
d o n d e r e c ib ió el e j e m p l a r d e la Torá. S i a lg u n a v e z v o lv ió a
L a B a u m e d e s p u é s d e la m a s a c r e , n o lo s a b e m o s .1
H a b la r é b r e v e m e n te a h o r a d e u n c a s o d is tin to , a u n q u e
c o n e x o e n c ie r to m o d o . L a a c u s a c ió n d e e x p a n d ir la p e s te ,
la n z a d a c o n t r a lo s ju d ío s e n 1348, s e g u ía d e c e r c a la e s te la
d e u n e s q u e m a q u e y a h a b í a s u r g id o u n a g e n e r a c ió n a n te s .
E n 1321, d u r a n t e la S e m a n a S a n ta , d e r e p e n te c o r r ió la v o z
p o r to d a F r a n c ia y a lg u n a s z o n a s lin d e r a s ( o e s te d e S u iz a ,
n o r te d e E s p a ñ a ) . L o s le p ro s o s o, s e g ú n o tr a s v e r s io n e s , lo s
le p ro s o s in s tig a d o s p o r lo s ju d ío s - o b ie n lo s le p r o s o s in s t i­
g a d o s p o r lo s j u d í o s i n s t ig a d o s p o r lo s r e y e s m u s u l m a n e s
d e G r a n a d a y T ú n e z - h a b í a n u r d id o u n c o m p lo t p a r a e n v e ­
n e n a r a lo s c r i s t i a n o s s a n o s . L o s r e y e s m u s u l m a n e s e r a n ,
o b v ia m e n te , in a lc a n z a b le s ; s in e m b a r g o , d u r a n t e d o s a ñ o s ,
le p ro s o s y ju d ío s se v o lv ie r o n el b la n c o d e u n a s e r ie d e h e ­
c h o s d e v io le n c ia c o m e tid o s ta n to p o r lo s p o b la d o r e s c o m o
p o r la s a u t o r i d a d e s p o lític a s y r e lig io s a s . E n o t r a o p o r t u n i ­
d a d in te n té d e s e n t r a ñ a r e s e c o m p le jo e n t r a m a d o d e a c o n te ­
c im ie n to s .2 Q u e r r ía a n a l i z a r a q u í u n f r a g m e n to to m a d o d e
u n a c r ó n ic a la tin a , e s c r ita a c o m ie n z o s d e l sig lo x iv , p o r a l ­
g u ie n c o n o c id o c o m o el c o n t in u a d o r d e G u ille r m o d e N a n gis: u n m o n je a n ó n i m o q u e , c o m o s u p re d e c e s o r, v iv ía e n el
c o n v e n to d e S a in t-D e n is .
1 Cf. J. S h atzm iller, "Les Juifs de Provence pend ant la Peste N o ir e ”.
en Rcvue
469-472.
des Études Juives, 133, 1974, pp. 45 7 -4 8 0 , especialm ente pp.
2 Cf. Cai lo G inzburg, Storia nottuma. Una decifrazione del sabba, Tu rín,
1989, pp 5-35 [trad esp : Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre.
Maicclona, Mnc linik, 1991 |
UNUS TESTIS
299
U n a vez d e s c u b ie rto el s u p u e s to c o m p lo t, m u c h o s j u ­
d ío s fu e ro n e je c u ta d o s, e n e s p e c ia l e n F ra n c ia s e p te n tr io ­
nal. E n los a lre d e d o re s d e V itry -le-F ran g o is - a f ir m a el c r o ­
n is ta - , c e rc a d e c u a r e n ta ju d ío s fu e ro n a p r e s a d o s e n u n a
to rre . P a ra e v ita r q u e los c ris tia n o s les d ie ra n m u e rte , d e s ­
p u és de larg as d isc u sio n e s d e c id ie ro n m a ta rs e u n o s a o tro s.
Del gesto se e n c a rg a ro n u n a n c ia n o , de g ra n a u to rid a d , y u n
joven. L uego el a n c ia n o le p id ió al jo v e n q u e le d ie ra m u e rte .
E l jo v e n a c e p tó de m a la g an a ; p e ro e n vez d e s u ic id a rs e se
a p o d e ró del o ro y la p la ta c o n te n id o s e n tre las p r e n d a s d e
los ca d áv e re s q u e y a c ía n e n el suelo. L uego in te n tó e s c a p a r
d e la to r re v alién d o se d e u n a c u e rd a h e c h a d e s á b a n a s a t a ­
d as. P e ro la c u e r d a n o e r a su fic ie n te m e n te la rg a : el jo v e n
cayó al suelo q u e b rá n d o se u n a p ie rn a y le d ie ro n m u e rte .3
E l ep iso d io e n sí n o d e ja d e s e r p la u sib le . N o o b s ta n te
ello, p re s e n ta a lg u n a s in n e g ab le s afin id ad es c o n d o s tra m o s
d e La guerra de los ju d ío s d e F lavio Jo sefo. 1) E l p r im e r fra g ­
m e n to (m , 8) se refiere a c u a r e n ta in d iv id u o s q u e d e s p u é s
d e o c u lta rse en u n a g r u ta c e rc a n a a Jo ta p a ta , e n G alilea, se
s u ic id a n to d o s m e n o s d o s: el p r o p io J o se fo y u n s o ld a d o
a m ig o su y o q u e a c e p ta n o m a ta rlo ; 2 ) el s e g u n d o d e s c rib e
el c é le b re a s e d io d e M a sa d a , la d e s e s p e ra d a r e s is te n c ia d e
lo s ju d ío s re u n id o s d e n tro d e la fo rta le z a , a la c u a l s ig u ió
u n su ic id io colectivo, y ta m b ié n e n este caso c o n d o s ex cep ­
ciones: dos m u je re s (vil, 8-9).4 ¿C óm o in te r p re ta r las a n a lo ­
3 Cf. Bouquet, Recueil des historiens des Gaules et de la France, París,
1840, vol. xx, pp. 629 y 630.
4 Cf. Flavio Josefo, La guerra giudaica, ed. al cuidado de V. Vitucci, M i­
lán, 1982 [trad. esp.: La guerra de los judíos, Madrid, Gredos, 1997], Cf.
P. Vidal-Naquet, “Flavius Joséphe et Masada", en Les Juifs, la mémoire, le
présent, París, 1981, pp. 43 y ss., que con agudeza analiza los paralelismos
entre esos dos fragmentos [trad. esp.: Los judíos, la memoria y el presente,
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1996]. La versión italiana de
ese ensayo, no incluido en la recopilación Gli ebrei, la memoria e il presente,
consta en P. Vidal-Naquet, II buon uso del tradimento, trad. de D. Ambrosino, Roma, 1980, pp. 161-183.
300
EL HILO Y LAS H UELLAS
g ía s e n t r e e s o s d o s f r a g m e n to s d e J o s e fo y e l y a m e n c io n a d o
d e l a c r ó n i c a e s c r i t a p o r e l c o n t i n u a d o r d e G u ille r m o d e
N a n g is ? ¿ D e b e m o s s u p o n e r u n a c o n v e r g e n c ia e n lo s h e c h o s
o , p o r el c o n t r a r i o , la p r e s e n c ia d e u n to p o s h is to r io g r á f ic o
(q u e e n la v e r s ió n m á s r e c ie n te in c l u i r í a t a m b ié n u n a a l u ­
s ió n a o tr o to p o s, la c o d ic ia ju d ía ) ?
L a h ip ó te s is d e u n to p o s h is t o r io g r á f ic o y a f u e f o r m u ­
la d a c a u t a m e n t e a p r o p ó s i t o d e la r e s e ñ a d e lo s a c o n t e c i ­
m ie n to s d e M a s a d a a p o r ta d a p o r J o s e f o .5 L a o b r a d e F la v io
J o s e f o , a m p l i a m e n t e c o n o c i d a e n e l M e d io e v o , t a n t o e n
g r ie g o c o m o e n la f a m o s a v e r s ió n l a t i n a p r e p a r a d a b a j o la
d i r e c c i ó n d e C a s io d o r o , e s t a b a e s p e c i a l m e n t e d i v u lg a d a
( c o n f o rm e p u e d e ju z g a r s e a p a r t i r d e la c a n tid a d d e m a n u s ­
c r ito s lle g a d o s a n o s o tr o s ) e n F r a n c i a d e l N o r te y e n F la n d e s .6 S a b e m o s q u e F la v io J o s e fo f o r m a b a p a r te d e la s le c tu ­
r a s p r e s c r ita s d u r a n te la c u a r e s m a e n el m o n a s te rio d e
C o rb ie e n t o m o a 1050; n o o b s ta n te , s u s o b r a s n o s o n m e n ­
c io n a d a s e n u n a lis ta d e l sig lo x iv d e le c tu r a s p r e s c r ita s a lo s
m o n je s d e S a in t- D e n is , e n t r e lo s c u a le s e s ta b a , c o m o y a se
d ijo , e l c o n t in u a d o r d e G u ille r m o d e N a n g is .7 A d e m á s, f a lta
u n a p r u e b a d i r e c t a d e la p r e s e n c i a d e m a n u s c r i t o s d e L a
g u erra de lo s ju d ío s d e F la v io J o s e fo e n la b ib lio te c a d e S a in tD e n is .8 P e r o el a n ó n im o c r o n is t a h a b r ía p o d id o c o n s u lta r lo s
s in d if ic u lta d : e n t r e lo s m u c h o s m a n u s c r i t o s q u e p o s e e la
5 Cf. P. V id a l-N aq u et, "Flavius Jo sép he...”, op. cit., pp. 53 y ss.
6 Cf. The Latin Josephus, vol. i, ed. al cuidado de F. B latt, Aarhus, 1958,
pp. 15 y 16. Cf. ta m b ién G. N . D eutsch, Iconographie et illustration de Fla­
vius Joséphe au Temps de Jean Fouquet, Leiden, 1986, p. x i (m ap a).
7 Cf. P. S chm itz, "Les lectures de table á l’abbaye de S ain t-D en is á la fin
du M o yen Age", en Revue Bénédictine, 42, 1930, pp. 163-167; A. W ilm a rt,
"Le couvent et la biblio théque de C lun y vers le m ilie u du XI* siécle", en Re­
vue Mabdlon, 11, 1921, pp. 89-124, especialm ente pp. 93 y 113.
*
Cf. D. N e b b ia i-D a lla G u ard a,
La bibliothéque de l ’a bbcye de Saint-Denis
en France du tx* au xvtii* siécle, París, 1985, a propósito de un pedido e n ­
viado de R eichcnau a S ain t-D en is para ob ten er una copia de las
te s Judau ae de Flavio Josefo (p 61; cf. tam b ién p. 294).
Antiquita-
UNUS TESTIS
301
B ib lio th é q u e N atio n ale d e P a rís h ay u n o (que se re m o n ta al
siglo x i i ) p ro v en ie n te de la b ib lio te c a d e S ain t-G erm ain -d esP ré s .9 T odo lo a n te r io r p e rm ite a firm a r q u e el c o n tin u a d o r
de G u ille rm o d e N an g is p u e d e h a b e r c o n o c id o La guerra de
los ju d ío s de F lavio Jo sefo (o su a d a p ta c ió n del siglo rv c o n o ­
c id a c o m o H eg esip p o ) .10 P e ro d e ello n o se sig u e fo rz o s a ­
m e n te q u e el su ic id io co le c tiv o c e rc a d e V itry -le-F ran ^ o is
n u n c a se h a y a p ro d u c id o . A cerca d e ese a s u n to h a b r á q u e
tr a b a ja r to d a v ía , a u n q u e a c a s o r e s u lte im p o s ib le lle g a r a
u n a co n c lu sió n cierta.
2. E sa s v ic isitu d e s q u e se r e m o n ta n a u n p a s a d o re m o to y
s e m io lv id a d o e s tá n c o n e c ta d a s p o r m ú ltip le s h ilo s c o n el
te m a q u e se ñ a lé e n el su b títu lo . De ello se m u e s tr a a g u d a ­
m e n te c o n sc ie n te P ierre V idal-N aquet, visto q u e d ec id ió vol­
v er a p u b lic a r e n el m is m o v o lu m e n (Les Juifs, la m ém oire,
le présent, P arís, 1981) u n en say o a c e rc a de "Flavio Jo sefo y
M asad a" y o tro a c e rc a d e u n "E ic h m a n n de papel": u n a d is ­
c u s ió n p o rm e n o r iz a d a d e e s a h is to rio g ra fía lla m a d a "rev i­
sio n ista " q u e so stie n e la in e x iste n c ia d e los c a m p o s d e ex ­
te rm in io n a z is .11 S in e m b a rg o , la p re s e n c ia d e c o n te n id o s
an á lo g o s - l a p e rse c u c ió n c o n tra los ju d ío s e n la E d a d M e­
dia, el e x te rm in io d e ju d ío s e n el siglo x x - es a m i e n te n d e r
m e n o s im p o rta n te q u e la a n a lo g ía d e los p ro b le m a s de m é ­
to d o p la n te a d o s en a m b o s casos. In te n to ex p lica r p o r qué.
The Latin Josephus, op. cit., p. 50.
10 Hegesippi qui dicuntur historiarum libri v, ed. al cuidado de V. Ussani
9 B. N. Lat. 12511; cf.
("Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum ”, vol. l x v i ) , Vindobonae (Viena), 1932, 1960, prefacio de K. Mras (acerca del asedio a Masada,
cf. vol. v, pp. 52, 53 y 407-417). La Bibliothéque Nationale de París posee
12 manuscritos de Hegesippus, escritos entre el siglo x y el xv: cf. G. N.
Deutsch, Iconographie..., op. cit., p. 15.
11 Una traducción al inglés de este últim o ensayo se publicó en Democracy, abril de 1981, pp. 67-95: "A Paper Eichmann?" (nótese el signo de
interrogación, ausente en el título original francés; en cuanto a la trad. it.,
cf. "Un Eichmann di carta", en Gli ebrei..., op. cit., pp. 195 y ss.).
302
EL HILO Y LAS HUELLAS
L a s a n a lo g ía s e n t r e lo s d o s f r a g m e n t o s d e J o s e fo , q u e
r e s p e c tiv a m e n te t r a t a b a n d e l e p is o d io d e J o t a p a t a y el a s e ­
d io a M a s a d a , v e r s a n - a d e m á s d e s o b r e e l s u ic id io c o le c ­
t i v o - s o b r e la s u p e r v iv e n c ia d e d o s in d iv id u o s : J o s e f o y el
s o ld a d o a m ig o s u y o , e n el p r i m e r c a s o ; la s d o s m u je r e s , e n
el s e g u n d o .12 L a s u p e rv iv e n c ia d e u n s o lo in d iv id u o e r a u n
r e q u is ito n e c e s a r io p a r a q u e se d ie r a te s tim o n io ; ¿ p e r o p a r a
q u é d o s ? P ie n s o q u e la e le c c ió n d e lo s d o s te s tig o s s e e x ­
p lic a m e d ia n t e el ta n c o n o c id o r e c h a z o , p r e s e n te t a n t o e n la
tr a d i c ió n j u r í d i c a r o m a n a c o m o e n la ju d a ic a , d e r e c o n o c e r
e n u n a s e d e ju d ic ia l la v a lid e z d e u n te s tig o ú n ic o .13 A m b a s
tr a d ic io n e s e r a n , c o m o r e s u lt a o b v io , f a m ilia r e s p a r a u n j u ­
d ío d e v e n id o c i u d a d a n o r o m a n o c o m o F la v io J o s e f o . M á s
ta rd e , el e m p e r a d o r C o n s ta n tin o tr a n s f o r m ó e l r e c h a z o p o r
el te s tig o ú n ic o e n a u t é n ti c a ley, la c u a l fu e p o s te r i o r m e n te
in c l u i d a e n e l C ó d ig o J u s t i n i a n o . 14 E n la E d a d M e d ia , la
a lu s ió n im p líc ita a D e u t. 19, 15 {N o n s ta b it te s tis u n u s c o n ­
tra a liq u e m [N o v a ld r á u n < so lo > te s tig o c o n t r a a lg u ie n < e n
c u a lq u ie r d e l i t o ] ) s e v o lv ió te stis u n u s , te stis n u llu s [ u n s o lo
te stig o , n in g ú n te stig o ]: m á x im a r e c u r r e n te , e n f o r m a im p lí­
c ita o e x p líc ita , e n lo s p r o c e s o s y e n la li t e r a t u r a le g a l.15
I n te n te m o s im a g in a r p o r u n in s ta n te q u é s u c e d e r ía si u n
c r ite r io d e e s e tip o se a p lic a s e a la in v e s tig a c ió n h is tó ric a . L o
12 M enos convincente m e parece la propuesta de M a ría D araki, m encio­
nada po r P. V id a l-N a q u e t (Les Juifs..., op. cit., p. 59, n. 48; trad. it.: II buon
uso. ..,op. cit. , p. 173, n. 50), p ara la cual en el p rim e r caso el paralelism o de­
bería atrib u irse a la m u je r que denunció a Flavio Josefo y sus com pañeros.
13 Cf. H . van V lie t, No Single Testimony ("S tu d ia Th eo logica R henoTraiectina", iv), U trech t, 1958. La ventaja de co n ta r con m ás de un testigo
es en fatizada desde un punto de vista general (o sea, lógico) p o r P. V id a lN aquet, tes Juifs..., op. cit., p. 5 1 .
14 Cf. H. van V lic t, No Single Testimony, op. cit., p. 11.
n Cf., por ejem plo, A. Libois, "Á propos des m odes de preuve et plus
sp ícia lem en l de la preuve par tém oins dans la ju ris d ictio n de Léau au xv1'
sidele", en Hommage au Professeur Paul Bonenfant
1965, pp 512-546, especialm ente pp. 539-542.
(1899-1965), Bruselas.
UNUS TESTIS
303
q u e sa b e m o s d e los a c o n te c im ie n to s q u e se p r o d u je ro n en
La B a u m e e n m a y o d e 1348, ce rc a de V itry-le-F ran g o is d u ­
ra n te u n d ía n o especificado del v era n o d e 1321 y en la g ru ta
en las c e rc a n ía s d e J o ta p a ta d u r a n te ju lio d e 67 se b a s a en
u n te stim o n io m á s o m e n o s directo. S on, resp e ctiv am e n te, el
in d iv id u o - s e ñ a la d o c o m o D ayas Q u in o n i- q u e e sc rib ió las
lín eas q u e se leen so b re la Torá h oy c o n se rv a d a en la N ation alb ib lio th ek de Viena; el c o n tin u a d o r d e G u illerm o de N a n ­
gis; F lav io Jo se fo . N in g ú n h is to r ia d o r s e n s a to re c h a z a ría
esos te stim o n io s d e fin ié n d o lo s c o m o in tr ín s e c a m e n te in a ­
cep tab les. S eg ú n la p rá c tic a h isto rio g rá fic a n o rm a l, el v alo r
de c a d a u n o de ellos d e b e rá s e r c o rro b o ra d o m e d ia n te u n a
serie de cotejos. E n o tra s palab ras, d eb e rá co n stru irse u n a se­
rie q u e incluya al m e n o s d os d o c u m en to s. P ero su p o n g a m o s
p o r u n m o m e n to q u e el c o n tin u a d o r d e G u ille rm o d e N a n ­
gis, en su d e sc rip c ió n del suicid io colectivo ac o n te c id o en las
cercan ías d e V itry-le-Fran£O Ís, se lim itó a h a c e rse eco d e La
guerra de los ju d ío s de F lavio Josefo. E l su p u e sto su icid io co ­
lectivo te r m in a r ía p o r d iso lv e rse e n c u a n to h e c h o ; p e se a
ello, su d e s c rip c ió n c o n s titu iría e n to d o m o m e n to u n d o c u ­
m e n to im p o rta n te d e la d ifu sió n - la c u a l es ta m b ié n , salvo
p a ra alg ú n in v e te ra d o positivista, u n " h e c h o " - d e la o b ra de
Flavio Josefo e n Ile-de-F rance a p rin c ip io s del siglo xiv.
E l d e r e c h o y la h is to rio g r a fía tie n e n e n to n c e s , se g ú n
p arece, reg las y fu n d a m e n to s ep iste m o ló g ic o s q u e n o sie m ­
p re c o in cid e n . Así, los p rin c ip io s ju ríd ic o s n o p u e d e n tr a s ­
la d a rse u n o a u n o , in v ia riad o s, a la in v e stig a ció n h is tó ric a .16
E sta c o n c lu sió n p a re c e c o n tra d e c ir la e s tre c h a c o n tig ü id a d
e n q u e h ic ie r o n h in c a p ié d u r a n te el sig lo xvi e s tu d io s o s
co m o F ra n ^ o is B a u d o u in , el h is to r ia d o r d el d e re c h o q u e
16
Acerca de este tema, véanse las alusiones, no poco apresuradas, de P.
Peeters, "Les aphorismes du droit dans la critique historique”, en Académie
Royale de Belgique, Bulletin de la Classe des Lettres..., vol. x x x i i , 1946, pp. 82
y ss. (pp. 95 y 96 a propósito de testis urius, testis nullus).
304
EL HILO Y LAS HUELLAS
d e c la r ó s o le m n e m e n te q u e “lo s e s tu d io s h is t ó r i c o s d e b e n
r e p o s a r s o b r e u n s ó li d o f u n d a m e n t o le g a l, y la j u r i s p r u ­
d e n c ia d e b e e s t a r u n i d a a la h i s t o r i o g r a f í a ”.17 D e s d e u n a
p e r s p e c ti v a d if e r e n te , lig a d a a la in v e s tig a c ió n a n t i c u a r í a ,
el je s u i t a H e n r i G riffe t, e n s u T raité d es d iffé re n te s so r te s de
p r e u v e s q u i s e r v e n t á é ta b lir la v é r ité d e l ’h is t o ir e (1 7 6 9 )
[ T r a ta d o a c e r c a d e la s d is t in ta s ín d o le s d e p r u e b a s q u e s ir ­
v e n p a r a c o r r o b o r a r la v e r d a d d e la h i s t o r ia ] , c o m p a r ó a l
h i s t o r i a d o r c o n u n j u e z q u e c o r r o b o r a la f ia b i lid a d d e lo s
d is t in to s te s t i m o n i o s .18
H o y e s a a n a lo g ía tie n e u n a r e s o n a n c i a d e c id id a m e n te
f u e r a d e m o d a . E s p r o b a b le q u e m u c h o s h is to r ia d o r e s r e a c ­
c i o n a r a n c o n c i e r ta in c o m o d id a d a la p a l a b r a c r u c ia l e n el
títu lo d e l lib r o d e G riffe t, p r e u v e s , p r u e b a s . P e r o a lg u n a s d is ­
c u s io n e s r e c ie n te s d e m u e s t r a n q u e la c o n e x ió n e n t r e p r u e ­
b a s , v e r d a d e h is t o r ia , s o b r e la c u a l p o n e el a c e n t o G riffe t,
n o p u e d e s o s la y a r s e f á c ilm e n te .
3. Ya m e n c io n é el e n s a y o a c e r c a d e u n “E ic h m a n n d e p a p e l"
e s c r ito p o r P ie r r e V id a l-N a q u e t p a r a r e f u t a r la d e s g r a c ia d a
te s is , p r o p u e s t a p o r R o b e r t F a u r i s s o n y o tr o s , d e q u e lo s
c a m p o s d e e x t e r m in io n a z is n u n c a h a b r í a n e x i s tid o . 19 E s e
17 F. B au dou in, De institutione historiae urtiversae et ejus cum jurisprudentia conjunctione, prolegomenon libri n, cit. p o r D. R. Kelley, Foundations
o f Modem Historical Scholarship, N ueva Y o rk y Londres, 1970, p. 116 (p ero
todo el lib ro es im p o rta n te ).
18 Consulté la segunda edición (L ieja , 1770). La im p o rta n c ia de este
breve tratado fue ag ud am ente en fatizad a p o r A. Johnson, The Historian
and Historical Evidence [1 9 2 6 ], N ueva York, 1934, p. 114, qu ien lo defin ió
com o "the most significant book on m ethod a fte r M a b illo n ’s De re diplomá­
tica [cl más im p o rta n te lib ro acerca de m étodo desde el De re diplomática
de M a b illo n ]”. Cf. A. M o m ig lia n o , "S toria an tiq u a c a n tiq u a ria ” [1 9 5 0 ], en
Sni fondamenti della storia antica, T tirín , 1984, p. 19.
17
C f R. Faurisson, Mémoire en défense. Contre ceux qui m'accusent de
fal\i(wr l'histoire. Iai question des chambres á gaz, prólogo de N. Chomsky,
París, I9H0.
UNUS TESTIS
305
m is m o en say o fue re e d ita d o re c ie n te m e n te e n u n p e q u e ñ o
v o lu m e n titu la d o Les a ssa ssin s de la m ém o ire [Los a sesin o s
de la m em o ria ], q u e V idal-N aquet d ed icó a su p ro p ia m a d re ,
m u e rta e n A u sch w itz e n 1944. N o r e s u lta d ifíc il im a g in a r
los m otiv o s m o ra le s y p o lític o s q u e im p u ls a ro n a V id al-N a­
q u e t a d e ja rs e in v o lu c r a r e n u n a d is c u s ió n d e ta lla d a q u e,
e n tre o tra s cosas, a b a rc a u n m in u c io so an á lisis d e la d o c u ­
m e n ta c ió n (te s tim o n io s , p o s ib ilid a d e s te c n o ló g ic a s , y a s í
s u c e s iv a m e n te ) c o n c e r n ie n te a la s c á m a ra s d e g as. O tra s
im p lica cio n es, de te n o r m á s e x p líc ita m e n te te ó rico , fu e ro n
b o sq u e ja d a s p o r V idal-N aquet e n u n a c a r ta a L uce G ia rd in ­
c lu id a e n u n v o lu m e n e n m e m o ria a M ichel de C erteau , e d i­
ta d o h a c e alg u n o s a ñ o s. L ecritu re de Vhistoire [La escritura
de la h isto ria ], p u b lic a d o p o r De C e rtea u en 1975, fue (e sc ri­
b ía V idal-N aquet) u n lib ro im p o rta n te , q u e co n trib u y ó a c o ­
r ro e r la o rg u llo sa in o c e n c ia d e los h isto ria d o re s: “D esde e n ­
to n c e s n o s c o b r a m o s c o n c ie n c ia d e q u e el h i s t o r i a d o r
escribe, d e q u e p ro d u c e u n e s p a c io y u n tie m p o , a u n q u e él
m ism o esté in se rto e n u n esp ac io y u n tiem p o ". S in e m b a rg o
- c o n ti n u a b a V id a l-N a q u e t-, n o d e b e m o s lib r a r n o s d e la
vieja n o c ió n de “re a lid a d ” e n el se n tid o , evocado h a c e u n si­
glo p o r R anke, d e "aquello q u e e s tric ta m e n te h a su ced id o ":
T o m é p r o fu n d a c o n c ie n c ia de to d o esto en el m o m e n to e n qu e
c o m e n z ó e l caso F a u ris s o n , q u e d e s d ic h a d a m e n te c o n tin ú a
a ú n . D esd e lu eg o , F a u ris s o n está en las a n típ o d a s de D e C er­
te a u . E l p r im e r o es u n tosco m a te r ia lis ta que, en n o m b re de la
r e a lid a d m ás ta n g ib le , q u ita r e a lid a d a to d o c u a n to to ca: el
d o lo r, la m u e r te , las h e r r a m ie n ta s de la m u e r te . M ic h e l de
C e rte a u se v io p r o fu n d a m e n te s a c u d id o p o r ese d e lir io p e r­
verso y m e e s c rib ió u n a c a rta a l re s p e c to [ .. .] . P o r m i p a rte ,
e stab a co n ve n cid o de q u e h a b ía u n d iscu rso a tin e n te a las c á ­
m a ra s de gas, q u e to d o d e b ía e s ta r m e d ia d o p o r las p a la b ra s
[mon sentim ent était qu ’il y avait un discours sur les chambres
á gaz, que tout devait passer par le dire], p e ro qu e m ás a llá - o ,
306
EL HILO Y LAS H UELLAS
m e jo r dich o , m á s a c á - de él, h a b ía algo irre d u c tib le que, a
falta de u n a designación mejor, seguiré llam and o realidad. Sin
esta realidad, ¿cóm o se hace p a ra diferen ciar en tre realid ad e
h isto ria ? 20
E n E s ta d o s U n id o s, la p r e g u n ta a c e r c a d e la d if e r e n c ia e n tr e
n o v e la e h is t o r ia s u e le c o b r a r im p u ls o a p a r t i r d e la o b r a d e
H a y d e n W h ite o, e n c u a lq u ie r a d e lo s c a s o s , e n r e la c ió n c o n
ella . L a s d if e r e n c ia s e n t r e H a y d e n W h ite y M ic h e l d e C e r­
te a u d e s d e e l p u n t o d e v is ta d e la p r á c t i c a h is t o r io g r á f ic a
s o n o b v ia s ; s in e m b a r g o , r e s u lt a im p o s ib le n e g a r q u e e n t r e
M e ta h is to r y (1 9 7 3 ) [M e ta h is to r ia ] y L 'é c r itu r e d e V h isto ire
(1 9 7 5 , p e r o q u e t a m b ié n in c lu y e e n s a y o s e s c r ito s a lg u n o s
a ñ o s a n te s ) h a y c i e r ta c o n v e r g e n c ia . N o o b s ta n te , p a r a c o m ­
p r e n d e r p l e n a m e n t e el a p o r t e d e H a y d e n W h ite c o n s id e r o
n e c e s a r io b o s q u e ja r v e lo z m e n te s u b io g r a f ía in te le c tu a l.21
4. E n 1959, m ie n tr a s p r e s e n ta b a a l p ú b lic o c u lto e s ta d o u n i­
d e n s e la t r a d u c c i ó n d e D allo s to r ic is m o a lia so c io lo g ía [D el
h is t o r i c i s m o a la s o c io lo g ía ] - l i b r o e s c r i t o p o r u n o d e lo s
m á s c e r c a n o s s e g u id o r e s d e C ro c e , C a rio A n to n i- , H a y d e n
W h ite se r e f ir ió a l e n s a y o ju v e n il d e C ro c e "L a s to r ia r id o tta
s o tto il c o n c e t to g e n e r a le d e U a r te " [L a h i s t o r i a s u b s u m id a
20 Michel de Certeau, ed. al cuidado de L. G iard , París, 1987, pp. 71 y 72.
E n la carta de V id a l-N a q u e t se percibe que el origen de ese in te rc a m b io de
cartas había sido la p a rticip ació n de am bos corresponsales en la discusión
pública de la thése de Fran^ois H arto g , luego pu b lic ad a con el títu lo Le
m iroir d'Hérodote, París, 1980 [trad . esp.: El espejo de Heródoto. Ensayo so ­
bre la representación del otro, Buenos Aires, Fo ndo de C u ltu ra E conóm ica,
2003], Respecto de algunas im plicaciones de este lib ro , véase "Apéndice.
Pinchas y posibilidades”.
21 Las páginas que siguen se basan en los escritos publicados po r H ayden
W liile . La ponencia que presentó en el sim posio de Los Ángeles ("H istórica!
r.inplnliiu'M t and the P roblem o f T ru th ”, en S. F rie d la n d e r [ed ], Probing the
Lnnits of Hepresentation, op. cit., pp. 37 -53) tiene com o rasgo d istin tivo una
Im m a menos rígida (y 110 poco c o n trad icto ria) de escepticismo.
UNUS TESTIS
307
en el c o n c e p to g e n e ra l de arte ], d efin ién d o lo co m o u n a p o rte
“re v o lu c io n a rio ".22 L a im p o rta n c ia d e ese ensayo, p u b lic a d o
p o r C roce e n 1893, a sus 27 a ñ o s de ed a d , ya h a b ía sid o e n ­
fa tiz a d a p o r el p ro p io a u to r e n su a u to b io g ra fía in te le c tu a l
(C o n trib u tto alia critica d i m e stesso [C o n trib u ció n a la crí­
tica de m í m ism o ]) y, a lg ú n tie m p o d e s p u é s, p o r R. G. Collin g w o o d (The Idea o f H istory [Idea de la historia]).23 C om o
e ra p re v isib le , el c a p ítu lo d e M eta h isto ry q u e se o c u p a de
C ro ce in c lu y e u n a n á lis is d e ta lla d o d e "L a s to r ia r id o tta
so tto il c o n c e tto g en e rale d e ll'a rte ".24 P ero a l ó añ o s d e d is­
ta n c ia , W h ite h a b ía a d o p ta d o u n a a c titu d m u c h o m á s tib ia.
D e c la ra b a c o m p a r tir to d a v ía a lg u n a s a firm a c io n e s c r u c ia ­
les d el en say o d e C roce, c o m o la ta ja n te d is tin c ió n e n tre la
in v e s tig a c ió n h is tó ric a , c o n s id e r a d a u n a a c tiv id a d p u r a ­
m e n te p ro p e d é u tic a , y la h is to ria p ro p ia m e n te d ic h a , id e n ­
tific a d a c o n la n a r r a c ió n h is tó ric a . N o o b s ta n te , m á s a d e ­
la n te p re s e n ta b a e s ta co n c lu sió n :
Es difícil no pensar en la "revolución" de Croce en la sensibili­
dad histórica como una regresión, ya que su efecto fue sepa­
rar la historiografía de toda participación en el esfuerzo -que
estaba em pezando a hacer algún progreso como sociología en
22 Cf. C. Antoni, From History to Sociology, prólogo del traductor ("On
History and Historicism "), Detroit, 1959, pp. xxv y xxvi (cf. también la re­
seña de B. M azlish en History and Theory, i, 1960, pp. 219-227).
23 Cf. B. Croce, Contributo alia critica di me stesso, Bari, 1926, pp. 32 y
33 [trad. esp.: Ética y política; seguidas de la Contribución a la crítica de mí
mismo, trad. de Enrique Pezzoni, Buenos Aires, Im án, 1952]; R. G. Collingwood, The Idea of History, Oxford, 1956, pp. 91 y ss. [trad. esp.: Idea de la
historia, México, Fondo de Cultura Económica, 1952].
24 Cf. H . W hite, Metahistory. The Historical Imagination in Nineteenth
Century Europe, Baltimore, 1973, pp. 281-288 (traducido al italiano como
Retorica e storia, Nápoles, 1978) [trad. esp.: Metahistoria. La imaginación
histórica en la Europa del siglo xix, México, Fondo de Cultura Económica,
1992, pp. 362-369; en adelante, los números de página correspondientes a
la edición en español aparecerán entre corchetes]; B. Croce, Primi saggi,
Bari, 19272, pp. 3-41.
308
EL HILO Y LAS H UELLAS
aquel m o m e n to - p o r c o n stru ir u n a ciencia general de la socie­
dad. P ero tuvo im plicaciones a ú n m ás deletéreas p a ra el p e n ­
sam iento de los histo riad o res en cu an to al aspecto artístico de
su trab a jo . Si b ien C roce e sta b a en lo co rrecto en su p e rc e p ­
ción de que el arte es u n m odo de conocer el m undo, y no u n a
m e ra reacció n física a él ni u n a experien cia in m e d ia ta de él,
su concepción del a rte com o representación literal de la re a li­
d ad a isla b a de facto al h isto ria d o r, en c u a n to a rtista , d e los
m ás rec ien te s - y c a d a vez m á s d o m in a n te s- avances h ech o s
en la re p re se n ta c ió n de los d iferen tes niveles de co n c ie n cia
p o r los sim bolistas y po stim p resio n istas de E u ro p a e n te ra .25
E n e s e p a s a j e a p a r e c e n y a a l g u n o s e l e m e n to s d e la o b r a
p o s te r i o r d e H a y d e n W h ite , q u ie n a p a r t i r d e M e ta h isto ry se
in te r e s ó c a d a v e z m e n o s e n c o n s t r u i r u n a " c ie n c ia g e n e r a l
d e la s o c ie d a d ” y c a d a v e z m á s e n el " a s p e c to a r tí s tic o [d e l
tr a b a jo h is to r io g r á f ic o ] ”. E s e d e s p la z a m ie n to d e l a c e n to n o
es d e m a s ia d o r e m o to r e s p e c to d e la la r g a b a ta lla a n t i p o s i t i ­
v is ta d e C ro c e , q u e , e n t r e o t r a s c o s a s , in s p i r ó t a m b i é n s u
a c tit u d d e s p r e c ia tiv a f r e n te a la s c ie n c ia s s o c ia le s . P e r o e n
M e ta h is to r y el in flu jo d e c is iv o q u e C ro c e h a b í a e je r c id o d u ­
r a n te la s p r im e r a s e ta p a s d e l d e s a r r o llo in te le c tu a l d e W h ite
y a h a b í a lle g a d o a s u o c a s o . I n d u d a b le m e n te , la v a lo r a c ió n
d e C ro c e s e g u ía s ie n d o a lta . S e lo d e f in ía c o m o "el m á s t a ­
le n to s o h is to r ia d o r d e t o d o s lo s filó s o fo s d e la h i s t o r i a d e l
s ig lo ", y, e n la ú lti m a p á g i n a d e l lib r o , r e c ib ía c á lid o s e l o ­
g io s p o r s u s u p u e s ta p e r s p e c tiv a " ir ó n ic a ".26 P e r o la v a l o r a ­
c ió n g lo b a l r e c o r d a d a m á s a r r i b a te s tim o n ia b a la e x is te n c ia
d e u n s ig n ific a tiv o d e s a c u e r d o c o n e s a m is m a p e r s p e c ti v a
h is tó r ic a d e C ro ce .
El p r in c ip a l m o tiv o d e la in s a tis f a c c i ó n e x p r e s a d a p o r
W h ite c o n r e s p e c to a C ro c e v e r s a b a , c o m o y a s e v io , s o b r e
n Cl H. W h ite, Metahistory, op. cit., p. 385 [p. 366],
¡b u l , pp. 17H y 434 [ pp. 359 y 4 12 ].
UNUS TESTIS
309
su “c o n c e p to del a rte co m o representación literal de la re a li­
dad": e n o tro s té rm in o s, so b re su a c titu d "re a lista ".27 D icho
té rm in o , q u e e n ese co n te x to tie n e u n sig n ificad o co g n itiv o
y n o m e ra m e n te estético , a d q u ie re - e n la m e d id a e n q u e se
refiere a u n filósofo n e o id e a lis ta c o m o C ro c e - u n a s o n o r i­
d a d algo p ara d ó jic a . P ero el d e C roce e r a u n id e alism o b a s ­
ta n te e sp ec ial: el té rm in o " p o s itiv is m o c rític o " , p r o p u e s to
p o r u n o de los m á s ag u d o s c rític o s d e su o b ra , p a re c e m á s
a p r o p ia d o .28 L a e ta p a m á s n e ta m e n te id e a lis ta d el p e n s a ­
m ie n to d e C roce d e b e a trib u irs e a la fu e rte in flu e n cia ejer­
c id a so b re él p o r G io v an n i G en tile, lig a d o a él d u r a n te d o s
d é c a d a s p o r u n a e s tre c h ísim a c a m a ra d e ría in te le c tu a l.29 E n
u n a n o ta a ñ a d id a a la Lógica co m e scienza del concetto p u ro
(1909) [Lógica co m o ciencia del concepto puro], C roce tra z ó
u n c u a d ro re tro sp e c tiv o d e su d e s a rro llo in te le c tu a l, d esd e
"La s to ria r id o tta so tto il c o n c e tto g e n e ra le d ell'arte" h a s ta
el re c ie n te re c o n o c im ie n to d e la id e n tid a d e n tre h is to ria y
filo sofía a lc a n z a d o b a jo el im p u ls o d e los e s tu d io s d e G io ­
v a n n i G e n tile ("M i m u y q u e r id o a m ig o [...] a q u ie n ta n ta
ay u d a y e stím u lo d eb e m i v id a m e n ta l").30 P ese a to d o , añ o s
m á s ta rd e , la s in tr ín s e c a s a m b ig ü e d a d e s d e e sa id e n tid a d
27 Ibid., p. 407.
28 E. Colom i, L’estetica di Benedetto Croce. Studio critico, M ilán, 1934.
29 Las cartas entre Croce y Gentile (cf. B. Croce, Lettere a Giovanni Gentile, 1896-1924, ed. al cuidado de A. Croce, intr. de G. Sasso, M ilán, 1981)
dan clara cuenta de ello.
30 “M ió carissimo amico [...] al quale assai aiuti e stimoli deve la m ia vita
mentale.” Cf. B. Croce, Lógica come scienza del concetto puro, Bari, 1971,
pp. 193-195 [trad. esp.: Lógica como ciencia del concepto puro, México,
Contraste, 1980], Cf. también G. Gentile, Frammenti di critica letteraria,
Lanciano, 1921, pp. 379 y ss. (reseña de B. Croce, II concetto della storia
nelle sue relazioni col concetto dell’arte, 1897). El influjo de Gentile sobre el
desarrollo de Croce durante los años cruciales entre 1897 y 1900 puede eva­
luarse si se toma como base G. Gentile, Lettere a Benedetto Croce, vol. i, ed.
al cuidado de S. Giannantoni, Florencia, 1972. Véase también G. Galasso,
en apéndice a la edición de Teoría e storia della storiografia (M ilán, 1989),
publicada bajo su cuidado, pp. 409 y ss.
310
EL HILO Y LAS HUELLAS
- y t a m b ié n , e n u n p la n o m á s g e n e r a l, la s u p u e s t a c o n v e r ­
g e n c ia te ó r i c a e n t r e C ro c e y G e n tile - s a lie r o n p le n a m e n te a
la lu z .31 C ro c e , a l i n t e r p r e t a r la filo so fía c o m o “m e to d o lo g ía
d e la h i s t o r i a ” , p a r e c í a d is o lv e r la p r i m e r a e n la s e g u n d a .
G e n tile se d e s p la z a b a e n d ir e c c ió n c o n tr a r ia . "L as id e a s s in
h e c h o s s o n h u e r a s " , e s c r ib ió e n u n e n s a y o d e 1936, "II s u p e r a m e n t o d e l te m p o n e l la h i s t o r i a ” , " la f ilo s o f ía q u e n o e s
h i s t o r i a e s a b s t r a c c i ó n s u m a m e n t e v a n a . P e r o lo s h e c h o s
n o s o n o t r a c o s a q u e la v id a d e l m o m e n to o b je tiv o d e la a u t o c o n c ie n c i a , f u e r a d e la c u a l n o h a y p e n s a m i e n t o r e a l y
c o n s tru c tiv o " . P o r ta n to , la h is t o r ia (res g e s ta e ) "n o d e b e s e r
u n p r e s u p u e s t o d e la h i s t o r i o g r a f í a ( h is to r ia r e r u m g e s ta r u m ) ’’. G e n tile r e c h a z a b a v ig o r o s a m e n te
la m etafísica h istó ric a (o h isto ricism o ) [que] es la m e tafísica
que surge ju sto a p a rtir del co ncepto de que la h isto rio g ra fía
presu p o n e la historia. C oncepto absurdo, com o todos los c o n ­
ceptos de las dem ás m etafísicas; pero fecundo en peores conse­
cu encias, tal com o re su lta c a d a vez m ás pelig ro so c u a lq u ie r
enem igo que haya conseguido in gresar en n u estra casa y o cu l­
tarse en ella.32
D esarrollo aq u í algunas perspicaces observaciones de Piero G o betti
("Cattaneo", en Scritti storici, letterari e filosofici, T u rín , 1969, p. 199; o rig i­
na ria m e n te pu blicado en L’Ordine Nuovo, 1922).
32
["Le idee senza fa tti sono vuote"; "la filosofía che non é storia é vanissim a astrattezza. M a i fa tti non sono aJtro che la vita del m om ento oggettivo
della autocoscienza, fu ori della quale non c'é pensiero reale e co stru ttivo ”;
"non dev'essere un presupposto della storiografia (historia rerum gestarum)”-,
"La m etafísica storica (o storicism o) [che] é la m etafísica che sorge ap pu nto
sul concetto che la storiografia ab bia pe r presupposto la storia. Concetto
assurdo, com e tu tti i concetti delle altre m etafisiche; m a fecondo d i peggiori
conscgucnzc, come é sem pre piü pericoloso ogni nem ico che sia riuscito
a p e n e tra ra in casa, c a nascondervisi".] Cf. G. Gentile, "11 superam ento
del lem po nella storia”, en Meniorie italiane e problemi della filosofía e della
vita, Rom a, 1936, pp. 314, 308. T rein ta años antes, A ntonio L a briola, en
una t arta d irig id a a Croce, había descrito la relación entre Croce y G entile
en téi m inos curiosam ente sim ilares (A. Labriola, Ifttere a fíenedefto Croce.
UNUS TESTIS
311
Al id e n tific a r la in n o m in a d a “m e ta f ís ic a h is tó r ic a ” c o n el
"h isto ricism o ", G entile re a c c io n a b a c o n tra “A ntisto ricism o ",
en say o d e to n o p o lé m ic a m e n te a n tifa s c is ta q u e C ro ce a c a ­
b a b a d e p u b lic a r.33 E l n ú c le o te ó ric o d el en say o d e G en tile
se r e m o n ta b a a su Teoría generale dello sp irito c o m e a tto
p u ro (1918) [T e o ría g e n e ra l d el e s p ír itu c o m o a c to p u ro ]
o b r a q u e a su vez c o n s titu ía u n a r e s p u e s ta a Teoría e storia
1885-1904, Nápoles, 1975, p. 376 [2 de enero de 1904]): "No entiendo cómo
Gentile, que lanza invectivas aun en estilo hierático contra el reo mundo, no
se ocupa (teniendo al diablo dentro de su casa) precisamente de la benigna
obra de convertirte ante todo a ti". En cuanto atañe a la alusión de Gentile
a Croce, véase la nota siguiente.
33
Cf. G. Gentile, "II superamento...", op. cit., p. 308: "La metafísica storica (o storicism o)...”; ese ensayo había sido publicado anteriorm ente en
Rendiconti della R. Accademia Nazionale dei Lincei, classe di scienze morali,
sexta serie, vol. xi, 1935, pp. 752-769. Las palabras entre paréntesis "(that
is, historicism)" faltan en la traducción al inglés aparecida algunos meses
antes ("The Trascending of Time in History", en R. Klibansky y H . J. Patón
[eds.], Philosophy and History. Essays Presented to Em st Cassirer, Oxford,
1936, p. 95; el prefacio de los compiladores está fechado "febrero de 1936").
Probablemente fueron agregadas después de que se publicara el ensayo
de Croce "Antistoricismo" (consiste en una conferencia pronunciada en
Oxford en el año 1930, pero recién publicada en Ultimi saggi, Barí, 1935,
pp. 246-258). Gentile dictó su conferencia en la Accademia dei Lincei el 17
de noviembre de 1935, y devolvió las galeras corregidas el 2 de abril de 1936
(cf. Rendiconti..., op. cit., pp. 752 y 769). En cuanto a la reacción de Croce
ante los ensayos reunidos en Philosophy and History, cf. La storia come
pensiero e come azione [1938], Bari, 1943, pp. 319-327 [trad. esp.: La histo­
ria como hazaña de libertad, México, Fondo de Cultura Económica, 2005]
(esta sección falta en la traducción al inglés, History as the Story o f Liberty,
Londres, 1941); en p. 322 hay una alusión polémica a Gentile ("una turbia
tendencia mistificatoria"). Véanse también, en ese mismo volumen, las pá­
ginas acerca de "La storiografia come liberazione dalla storia” (La storia...,
op. cit., pp. 30-32): "Noi siamo prodotto del passato, e viviamo im mersi nel
pasatto, che tutt'intom o ci preme [Somos producto del pasado, y vivimos
inmersos en el pasado, que asedia desde nuestro entorno completo]”. Gentile, cuyo idealismo era tanto más radical y coherente, había afirmado que
el pasado (tal como el tiempo) son nociones puramente abstractas, supera­
das en la vida espiritual concreta ("II superamento...”, op. cit ., pp. 308 y ss).
La im portancia de "II superamento del tempo nella storia" de Gentile fue
puesta de relieve por C. Gárboli, Scritti servili, Turín, 1989, p. 205.
312
EL HILO Y LAS H UELLAS
della storio g ra fia (1 9 1 5 ) [Teoría e h isto ria de la h isto rio g ra fía ],
de Croce.34 Pero en 1924, la disputa filosófica entre los dos
antiguos amigos ya había llegado a transformarse en un ás­
pero choque político y personal.
Esta aparente digresión era necesaria para dejar en
claro los siguientes puntos:
a) El desarrollo intelectual de Hayden White sólo puede
concebirse y entenderse si se tienen en cuenta las relaciones
que entabló durante sus años juveniles con el neoidealismo
italiano.35
b) En el planteo "tropológlco” que proponía White en
T ro p ics o f D is c o u r s e [Trópicos del discurso], una recopila­
ción de ensayos publicada en 1978, la impronta del pensa­
miento de Croce todavía podía advertirse. En 1972, White
había escrito que Benedetto Croce
echó a a n d a r [...] desde u n análisis de las bases ep istem ológi­
cas del con o cim ien to h istó ric o p a ra llegar a u n a p o sic ió n en
que in te n ta b a su b su m ir la h isto ria bajo el concepto general de
arte. Su teoría del arte, a su vez, se p rese n tab a com o "scienza
d ell'esp ressio n e e lin g ü istic a generale" (es el su b títu lo de la
E stética). Al an a liz ar las bases lingüísticas de todos los m odos
posibles de a sir la realidad, Croce llegó casi a c a p ta r la índole
esencialm ente tropológica de la in te rp re tac ió n en general. Lo
que le im pidió fo rm u lar esa idea fue, m uy p ro b ab le m en te, el
34
Cf. G. Gentile, Teoría generale dello spirito com e atto puro, 2a ed. revi­
sada y ampliada, Pisa, 1918, pp. 50-52.
15
No quiero sugerir la existencia de un nexo causal simple y unilineal.
Sin duda, la reacción de White al neoidealismo italiano pasó por un tamiz
específicamente estadounidense. Pero también el pragmatismo de White,
al cual alude Perry Anderson al final de su ponencia en el simposio de Los
Ángeles (S. Friedlandcr [ed.J, Probing the Lim its o f Representado», op. cit.,
p 6^), seguí ámenle había sido afianzado por la vertiente pragmatista (me­
diada |m>i Giovanni Vailali), cuya presencia es reconocible en la obra de
í nui', cu especial en la htgica.
UNUS TESTIS
313
recelo “irónico" que él abrigaba con relación a cualquier sis­
tema en el ámbito de las ciencias hum anas.36
U n p la n te o d e ese tip o c o m e n z a b a e n C ro ce p a r a d irig irse
en u n a d irec ció n c o m p le ta m e n te d istin ta . E n el m o m e n to en
q u e le e m o s "la tr ó p ic a es el p ro c e s o p o r cu y o in te r m e d io
c u a lq u ie r d isc u rso co n stitu y e [las c u rsiv a s e s tá n e n el texto]
los o b je to s q u e p re te n d e d e s c rib ir d e m o d o re a lista y a n a li­
z a r d e m o d o objetivo" - s e tr a ta d e u n fra g m e n to to m a d o de
la in tro d u c c ió n (1978) a Tropics o f D isc o u rse -,37 re c o n o c e ­
m o s la crítica , y a re c o rd a d a , al "realism o " de Croce.
c)
E s ta p o s ic ió n su b je tiv is ta c ie r ta m e n te c o b ró n u e v a s
fu e r z a s c u a n d o se p r o d u jo el e n c u e n tr o d e W h ite c o n la
o b r a d e F o u c a u lt. S in e m b a rg o , r e s u lta sig n ific a tiv o q u e
W h ite h a y a in te n ta d o " d e c o d ific a r" a F o u c a u lt p o r in te r ­
m e d io d e G ia m b a ttista Vico, es decir, el p a d re fu n d a d o r del
n e o id e a lis m o ita lia n o .38 D e h e c h o , la a firm a c ió n d e W h ite
a c e rc a del d isc u rs o q u e c re a su s p ro p io s o b je to s p a re c e h a ­
c e rse eco - c o n u n a d ife re n c ia s u s ta n c ia l a la q u e a lu d iré de
in m e d ia to - d e la in s is te n c ia d e C ro ce e n la e x p re sió n y la
lin g ü ís tic a g e n e ra l c o m b in a d a c o n el s u b je tiv ism o ra d ic a l
d e G entile, p a r a q u ie n la h is to rio g ra fía (historia rerum gesta ru m ) c re a su p ro p io objeto: la h is to ria {res gestae). “Le fait
n 'a ja m a is q u 'u n e e x is te n c e lin g u is tiq u e [E l h e c h o n u n c a
tie n e o tr a ex iste n cia q u e la ex iste n cia lin g ü ística]": e stas p a ­
la b ra s d e B a rth es, u s a d a s p o r W h ite co m o ep íg ra fe d e la re ­
c o p ila c ió n The C ontení o f the F orm (1987) [El co n ten id o de
la fo rm a ], p o d r ía n a trib u irs e a la im a g in a ria c o m b in a c ió n
de C roce y d e G entile q u e re c ié n m e n c io n é . T am b ién la lec­
tu r a de B a rth e s h e c h a p o r W h ite a c o m ie n z o s de la d é c a d a
36 Cf. H. White, “Interpretaron in History" [1972-1973], en Tropics of
Discourse, Baltimore, 1978, p. 75.
37 Ibid., p. 2.
38 H. White, "Foucault Decoded" [1973], ibid., p. 254.
EL HILO Y LAS HUELLAS
314
d e 1 9 8 0 ( e n T ro p ic s o f D is c o u r s e a p e n a s se n o m b r a b a a
B a r t h e s )39 a fia n z ó u n e s q u e m a p r e e x is te n te .
5. E n e s ta r e c o n s tr u c c ió n h a y u n e le m e n to d is c u tib le : el p a ­
p e l a tr ib u id o a G e n tile . E n la m e d id a d e m is c o n o c im ie n to s ,
W h ite n u n c a a n a liz ó lo s e s c rito s d e G en tile; es m á s , n u n c a lo
n o m b r ó ( c o n ta n s ó lo u n a i m p o r ta n te e x c e p c ió n , e n la q u e
m e d e te n d r é d e n tr o d e p o c o ). A p e s a r d e to d o , la f a m ilia r id a d
c o n la o b r a d e G e n tile tr a n q u i la m e n te p u e d e p r e s u p o n e r s e
e n u n e s tu d io s o c o m o W h ite , q u ie n p o r in te r m e d io d e A n to n i
h a b ía s id o in ic ia d o e n la tr a d ic ió n filo só fic a d e l n e o id e a lis m o
ita lia n o . ( P o r el c o n tra rio , u n c o n o c im ie n to d ir e c to d e la o b r a
d e G e n tile d e b e , s in m á s , e x c lu irs e e n el c a s o d e B a rth e s . L a
f u n c ió n d e c is iv a q u e c u m p lió B a r th e s e n e l d e s a r r o llo i n t e ­
le c tu a l d e D e C e rte a u p u e d e e x p lic a r - a u n q u e só lo e n p a r t e la c o n v e rg e n c ia p a r c ia l e n tr e e s te ú ltim o y H a y d e n W h ite .)
E n c i e r t o s e n tid o , lo s e s t r e c h o s v ín c u lo s q u e G e n ti le
tu v o c o n el fa s c is m o , h a s t a s u tr á g i c a m u e r te , o p a c a r o n , a l
m e n o s f u e r a d e Ita lia , la p r i m e r a e t a p a d e s u i ti n e r a r io filo ­
só fic o . L a a d h e s ió n d e G e n tile a l id e a lis m o d e H e g e l e r a el
r e s u lt a d o d e u n a l e c tu r a o r ig in a l d e lo s e s c r ito s filo só fic o s
ju v e n ile s d e M a rx (La filo so fía d i M a rx, 1 8 9 9 ).40 Al a n a l i z a r
la s Tesis so b re F e u e rb a c h , G e n tile i n t e r p r e t ó la p r a x is m a rx is ta v a lié n d o s e d e l f a m o s o le m a d e V ico v e r u m ip s u m fa c í u m [lo v e r d a d e r o e s lo m is m o q u e lo h e c h o ] ; o, m e jo r d i ­
c h o , p o r m e d io d e la i n t e r p r e t a c i ó n q u e el n e o i d e a l i s m o
h a b ía d a d o d e él. S e c o n s id e r a b a q u e la p r a x is e r a u n c o n ­
c e p to q u e im p lic a b a la id e n tid a d e n t r e s u je to y o b je to , e n la
™ En cl índice de nombres, Barthes aparece sólo una vez; pero véase
también p. 24, n. 2, donde se lo nombra con otros estudiosos que trabajan
en cl ámbito de la retórica, como Kcnneth Burke, Genctte, Eco, Todorov.
10
G. Gentile, "La filosofía della praxis”, en La filosofía di Marx. Studi crílit i, l ’ is;i, 1HW, pp. 51-157; el libro estaba dedicado a Cmce. (Véase ahora
al respedo la amplia introducción de K. Garin a G. Gentile, Scrilti filosofwi.
I
v o ls , M i l á n , I
1. )
UNUS TESTIS
315
m e d id a e n q u e el E sp íritu (su jeto tra sc e n d e n ta l) cre a la r e a ­
lid a d .41 L a afirm a ció n , re a liz a d a m u c h o m á s ta rd e p o r G entile, d e q u e la h isto rio g ra fía c re a la h is to ria n o e ra m á s q u e
u n c o r o la rio d e e se p r in c ip io . E s a p r e s e n ta c ió n d e M a rx
b ajo el ro p a je d e u n filósofo s u s ta n c ia lm e n te id e a lista ejer­
ció u n a g ra v ita c ió n d u ra b le so b re la v id a p o lític a e in te le c ­
tu a l ita lia n a . P o r cierto, el u so d e la e x p re sió n “filosofía d ella
p ra ssi" e n los Q u a d e m i del carcere [C uadernos de la cárcel]
de G ra m sc i (allí d o n d e e s p e ra ría m o s " m a te ria lis m o h is tó ­
r ic o ”) e s ta b a d ic ta d o e n p r im e r lu g a r p o r el p r o p ó s ito d e
e lu d ir la c e n s u r a fa sc ista . P e ro G ra m sc i ta m b ié n se h a c ía
eco del títu lo del se g u n d o en say o d e G en tile a c e rc a d e M arx
("La filosofía d ella p rax is") a sí co m o , d e m a n e ra m á s sig n ifi­
c a tiv a , d e la in s is te n c ia d e G e n tile e n la "p rax is" e n ta n to
c o n c e p to q u e re d u c ía fu e rte m e n te (casi h a s ta e lim in a rlo ) el
lu g a r decisivo del m a te ria lism o e n el p e n s a m ie n to d e M arx.
O tro s ecos d e la in te rp re ta c ió n d e M arx p ro p u e s ta p o r G entile fu e ro n d e te c ta d o s e n el m a rx is m o ju v e n il, e in c lu so e n
el m a d u ro , d e G ra m s c i.42 T a m b ié n se h a s o s te n id o q u e el
ta n c o n o c id o p a s a je in c lu id o e n lo s Q u a d e m i d el carcere
- d o n d e la filo so fía d e G e n tile es r e p u ta d a m á s c e r c a n a al
fu tu ris m o q u e la d e C ro c e - im p lic a b a u n ju ic io fa v o ra b le
a c e rc a d e G entile: ¿a ca so G ra m sc i e n 1921 n o h a b ía c o n s i­
d e r a d o al f u tu ris m o c o m o u n m o v im ie n to re v o lu c io n a rio
q u e h a b ía e s ta d o e n c o n d icio n e s d e d a r re sp u e sta a u n a d e ­
m a n d a d e "n u e v a s fo rm a s d e a r te , filo so fía , c o s tu m b re s ,
le n g u a je " ?43 U n a c o n tig ü id a d a n á lo g a e n tre la filo so fía d e
41 G. Gentile, "La filosofía...", op. cit., pp. 62 y 63.
42 Cf. a propósito de la primera tesis G. Bergami, II giovane Gramsci e il
marxismo, Milán, 1977; a propósito de la segunda, A. Del Noce, II suicidio
della rivoluzione, Milán, 1978, pp. 121-198 ("Gentile e Gramsci”).
43 ["nuove forme darte, di filosofía, di costume, di linguaggio".] Cf. S. Natoli, Giovanni Gentile filosofo europeo, Turín, 1989, pp. 94 y ss. (más bien su­
perficial), a propósito de A. Gramsci, Quademi del carcere, vol. ra, ed. al cui­
dado de V. Gerratana, Turín, 1975, p. 2038 [trad. esp.: Cuadernos de la cárcel,
316
EL HILO Y LAS H UELLAS
G e n tile y e l f u tu r is m o , a m b o s v is to s c o m o e je m p lo s n e g a ti­
v o s d e " a n t i h i s t o r i c i s m o ”, h a b í a s id o s u g e r i d a i m p l í c i t a ­
m e n te , e n c a m b io , p o r C ro c e d e s d e u n a p e r s p e c tiv a d e a n t i ­
fa s c is m o lib e r a l- c o n s e r v a d o r .44
O r i e n t a d o p o r u n a l e c t u r a d e i z q u i e r d a d e la o b r a d e
G e n tile (o a l m e n o s d e u n a p a r t e ) , e l d e jo c a s i g e n t ilia n o
q u e s e a d v ie r te e n lo s e s c r ito s d e H a y d e n W h ite a p a r t i r d e
"T h e B u r d e n o f H is to r y ” - u n m a n if ie s to p o r u n a n u e v a h i s ­
to r io g r a f ía e n c la v e m o d e r n is ta , p u b lic a d o e n 1 9 6 6 - p a r e c e
m e n o s p a r a d ó j i c o .45 P u e d e c o m p r e n d e r s e f á c ilm e n te la r e ­
s o n a n c ia ( a s í c o m o la in tr ín s e c a d e b ilid a d ) d e e s te a t a q u e a
la s o r to d o x ia s h is to r io g r á f ic a s lib e r a le s y m a r x i s ta s . E n t r e
fin a le s d e lo s a ñ o s s e s e n ta y c o m ie n z o s d e lo s s e te n ta , el s u b ­
je tiv is m o - in c l u id o el s u b je tiv is m o e x t r e m o - te n ía u n t e n o r
n e t a m e n te r a d ic a l. E n u n a s it u a c ió n e n la q u e d eseo e r a c o n ­
s id e r a d a u n a p a l a b r a d e iz q u ie r d a , re a lid a d ( in c lu id a la i n ­
s is te n c ia e n lo s " h e c h o s re a le s " ) te n ía u n a ir e d e c id id a m e n te
d e d e r e c h a . E s a p e r s p e c tiv a y s u s im p lis m o , p o r n o h a b l a r d e
u n c a r á c t e r s u ic id a , se m u e s tr a h o y e n d ía s u p e r a d a p o r c o m ­
p le to : e n e l s e n tid o d e q u e la s a c t i t u d e s q u e im p l ic a n u n a
s u s ta n c ia l fu g a d e la r e a lid a d y a n o s o n p riv ile g io e x c lu s iv o
d e e x ig u a s f ra c c io n e s d e la iz q u ie r d a . T o d o e llo d e b e r ía e s ­
t a r p r e s e n te e n c u a lq u ie r in te n to p o r e x p lic a r la fa s c in a c ió n ,
v e r d a d e r a m e n t e p e c u lia r , q u e e n n u e s t r o s d ía s c i r c u n d a ,
a u n p o r f u e r a d e lo s á m b ito s a c a d é m ic o s , a la s id e o lo g ía s
e s c é p tic a s . E n t r e t a n t o , H a y d e n W h ite s e h a p r o n u n c i a d o
" c o n tr a la s r e v o lu c io n e s la n z a d a s d e s d e 'a r r i b a ' c o m o d e s d e
'a b a jo ' d e la je r a r q u í a s o c ia l".46 D ic h a a f ir m a c ió n n a c e , c o m o
se lee e n u n a n o ta a p ie d e p á g in a , d e q u e
México, Era, 1982], En cuanto al juicio de Gramsci acerca del futurismo, cf.
Socialismo e fascismo. L'Ordine Nuovo 1919-1922, Tlirín, 1966, pp. 20-22.
44 Cl. B. Croce, "Anlistoricismo”, op. cit., pp. 246-258.
41 Cl. II. White, 7Yopics..., op. cit., pp. 27-80.
4ft Cf. II. White, The Conten! of the Form, Baltimore, 1987, p. 63 [trad.
esp I I contenido de la forma, Barcelona, Paidris, 1992],
UNUS TESTIS
317
m uchos teóricos suponen que el relativismo del que habitual­
m ente se m e acusa im plica el tipo de nihilism o que invita al
activism o revolucionario de carácter especialm ente irrespon­
sable. En m i opinión, el relativism o es el equivalente moral
del escepticism o epistem ológico; adem ás pienso que el relati­
vism o es la base de la tolerancia social, no una autorización
para "hacer lo que se quiera".47
E s c e p tic is m o , re la tiv is m o , to le r a n c ia : a p r im e r a v ista , la
d is ta n c ia e n tr e e s a a u to r r e p r e s e n ta c ió n d e l p e n s a m ie n to
d e W h ite y la p e rs p e c tiv a te ó ric a d e G e n tile n o p o d r ía s e r
m ayor. L a p o lé m ic a d e G en tile c o n tra los h is to ria d o re s p o ­
sitiv istas n o te n ía im p lica cio n es escé p tica s, e n ta n to su p o s i­
c ió n filosófica im p lic a b a u n E s p ír itu tra s c e n d e n ta l, n o u n a
m u ltip lic id a d d e su je to s e m p ír ic o s .48 G en tile n u n c a fu e u n
re la tiv is ta ; p o r el c o n tra rio , a u g u r ó u n c o m p ro m is o r e li­
g io so , in tr a n s ig e n te ta n to e n el á m b ito filosófico c o m o e n
el á m b ito p o lític o .49 Y, p o r s u p u e sto , n u n c a te o riz ó la to le ­
ra n c ia : lo te s tim o n ia el a p o y o q u e le d io al fa sc ism o , a u n
e n su s a s p e c to s m á s v io le n to s; p o r e je m p lo , el e s c u a d ris m o .50 L a n e fa s ta d e fin ic ió n d el g a r r o te [m a n g a n ello ] co m o
“fu e rz a m o ral", e n c o m p a ra c ió n c o n la p ré d ic a -a firm a c ió n
h e c h a p o r G en tile d u r a n te u n a c to d e la c a m p a ñ a e le c to ra l
47 Ibid., p. 227, n. 12.
48 G. Gentile, “II superamento...’’, op. cit., p. 314: "La ciencia histórica
que se enorgullece por los 'hechos' que contrapone a las ideas, como rea­
lidad positiva, sólida, contraria a las construcciones mentales, carentes de
toda consistencia objetiva, vive en ingenua ignorancia de cuanto reciben
los hechos del pensamiento cuando viven robustos frente a la intuición
histórica”.
49 Cf., por ejemplo, G. Gentile, "Caratteri religiosi della presente lotta
politica”, en Che cosa é il fascismo. Discorsi e polemiche, Florencia, 1924 (en
realidad, 1925), pp. 143-151.
50 Cf., por ejemplo, la sección titulada "La violenza fascista” en Che cosa
é il fascismo (conferencia pronunciada en Florencia el 8 de marzo de 1925),
ibid., pp. 29-32.
318
EL HILO Y LAS HUELLAS
d e 1 9 2 4 - ,51 e r a p o r e n t e r o c o h e r e n te c o n s u t e o r í a r i g u r o ­
s a m e n t e m o n is ta : e n u n a r e a l i d a d c r e a d a p o r e l E s p í r i t u
n o h a y c a b id a p a r a u n a v e r d a d e r a d is t in c i ó n e n t r e h e c h o s
y v a lo re s .
N o s o n d iv e r g e n c ia s t e ó r i c a s m a r g i n a l e s . T o d o a q u e l
q u e s o s te n g a la e x is te n c ia d e u n a c o n tig ü id a d te ó r ic a e n t r e
la p e r s p e c tiv a d e G e n tile y la d e W h ite d e b e te n e r e n c u e n t a
e s a s d if e r e n c ia s . D e b e m o s p r e g u n t a m o s , p o r e n d e , e n q u é
s e n tid o p u d o W h ite a f ir m a r, e n s u e n s a y o " T h e P o litic s o f
H is to r ic a l I n t e r p r e t a t i o n ”, q u e s u c o n c e p c ió n d e la h is t o r ia
51
"Estado e individuo [...] forman un todo; y el arte de gobernar es el
arte de conciliar e igualar ambos términos, de modo que el máximo de
libertad concuerde con el máximo no sólo del orden público puramente
externo, sino también, y por sobre todo, de la soberanía permitida por la
ley y sus organismos necesarios. Porque en todo momento el máximo de
libertad coincide con el máximo de fuerza del Estado. ¿Qué fuerza? Las
distinciones en este ámbito son caras a quienes no se sosiegan con este
concepto de fuerza, que de todos modos es esencial para el Estado y, luego,
para la libertad. Y distinguen entre fuerza moral y material: fuerza de la ley
libremente votada y aceptada, y fuerza de la violencia que se opone rígida­
mente a la voluntad del ciudadano. ¡Distinciones ingenuas, en caso de que
se las haga en buena fe! Toda fuerza es fuerza moral, porque siempre se
dirige a la voluntad; y cualquiera sea el argumento utilizado -de la prédica
al bastón policial-, su eficacia no puede ser otra que aquella que incita al
hombre en su fuero íntimo y lo persuade de consentir. Cuál deba ser, luego,
la naturaleza de ese argumento no es materia de discusión abstracta” (G.
Gentile, Che cosa é il fascism o, op. cit., pp. 50 y 51). El discurso, pronun­
ciado en Palermo el 31 de marzo de 1924, apareció primero en revistas
como La nuova política liberóle ( ii, 2, abril de 1924). Cuando a un año de
distancia, después de la crisis [suscitada por el asesinato de] Matteotti y
su violenta conclusión, lo reimprimió, Gentile -quien se había ganado el
mote de filosofo del manganello, "filósofo del garrote”-, insertó una nota
incómoda y arrogante. En ella especificaba que la fuerza a la cual había
pretendido reconocer un significado moral era una sola, la del Estado, cuyo
sucedáneo indispensable en una situación de crisis había sido el garrote
cscuadrisla; cf. G. Gentile, Che cosa é il fascism o, op. cit., pp. 50 y 51. La
argumentación de Gentile no era parliculamente original; cf., por ejemplo,
H. Mussolini, ‘T'or/.a e consenso”, en Gerarchia [1923], luego incluido en
Opera omnia, vol. xix, ed. al cuidado de E. y D. Susmel, Florencia, 1956,
pp. 195 y 196.
UNUS TESTIS
319
tie n e p u n to s d e c o n ta c to c o n a q u e lla q u e "se aso cia c o n v e n ­
c io n a lm e n te a la s id e o lo g ía s d e lo s re g ím e n e s fa sc ista s":
eso s reg ím en es cuyos “p ro g ra m a s so ciales y p olítico s" él r e ­
ch a za , ju z g á n d o lo s " in d u d a b le m e n te h o rrib les".
6. E sta co n tra d ic c ió n , c a p ta d a c o n ta n ta c la rid a d , n o s lleva
al d ile m a m o ra l im p líc ito e n el a b o r d a je p ro p io de W h ite.
Así, él afirm a q u e
hem os de precavem os contra un sentim entalism o que nos lle­
varía a descartar sem ejante concepción de la historia sim ple­
m ente porque se ha asociado a ideologías fascistas. Hay que
afrontar el hecho de que cuandc se trata de aprehender el re­
gistro histórico, en este ú ltim o no pueden hallarse razones
para preferir una forma de construir su sentido por encim a
de otra.52
¿ N in g u n a ra z ó n , n in g ú n e lem e n to ? De h ec h o , al d is c u tir la
in te r p re ta c ió n d el e x te rm in io d e ju d ío s b r in d a d a p o r F a u ­
r is s o n , W h ite n o v a c ila e n p r o p o n e r u n c r ite r io s e g ú n el
c u a l ju z g a r la validez d e in te rp re ta c io n e s h istó ric a s e n c o n ­
flicto. H a g a m o s u n se g u im ie n to d e su a rg u m e n ta c ió n .
L a a firm a c ió n d e W h ite re c ié n c ita d a p re s u p o n e : 1) la
d is t in c i ó n (o , m e jo r d ic h o , d is y u n c ió n ) p r o p u e s ta p o r
C roce e n su p r im e r en say o te ó ric o , "L a s to ria rid o tta so tto
il c o n c e tto g e n e ra le d e ll’a rte " , e n tr e " in v e stig a c ió n h is tó ­
ric a p o sitiv a" y " a u té n tic a h is to ria ”, e s to es, n a r ra c ió n h is ­
tó ric a ; 2 ) u n a in te r p r e ta c ió n e s c é p tic a d e e s a d is tin c ió n ,
q u e e n m u c h o s a sp e c to s co n v e rg e c o n el su b je tiv ism o tr a s ­
c e n d e n ta l d e G en tile. A m bos e le m e n to s p u e d e n d e te c ta rse
en la r e a c c ió n d e W h ite a n te la r e f u ta c ió n , a p o r ta d a p o r
52
H. White, “The Politics of Historical Interpretaron” [1982], en The
Contení of the Form, op. cit., pp. 74 y 75 [trad. esp.: "La política de la interpre­
tación histórica", en El contenido de la forma, op. cit., pp. 93, 94, 96 y 97],
320
EL HILO Y LAS HUELLAS
V id a l-N a q u e t e n “u n a in d a g a c ió n h is t ó r ic a p o s itiv a " , d e la s
“m e n t i r a s ” d e F a u r i s s o n a c e r c a d e l e x t e r m in io d e ju d ío s .
L a p r e m i s a d e F a u r i s s o n e s - a f i r m a W h i t e - “m o r a l m e n t e
o f e n s iv a y d e s c o n c e r t a n t e e n t é r m i n o s in t e l e c t u a l e s ” . S in
e m b a r g o , la n o c ió n d e “m e n t i r a ”, e n t a n t o im p lic a c o n c e p ­
to s c o m o " r e a lid a d ” y " p r u e b a s " , s u m e a W h ite e n u n a e v i­
d e n t e i n c o m o d id a d . E llo q u e d a d e m a n if ie s to e n u n f r a g ­
m e n to p e c u l i a r m e n t e t o r t u o s o : "L a d i s t i n c i ó n e n t r e u n a
m e n t i r a y u n e r r o r o c o n f u s ió n e n la in t e r p r e t a c i ó n p u e d e
s e r m á s d ifíc il d e e s ta b le c e r c o n r e s p e c to a lo s a c o n te c im ie n ­
to s h is tó r ic o s m e n o s d o c u m e n ta d o s q u e el H o lo c a u s to ” . D e
h e c h o , ta m p o c o e n e s te ú ltim o c a s o c o n s ig u e W h ite a c e p t a r
la s c o n c lu s i o n e s d e V id a l-N a q u e t. W h ite s o s t ie n e q u e h a y
u n a g r a n d if e r e n c ia
entre u n a interp retación que "habría transform ado p rofu n d a­
m en te la realidad de la masacre" y otra q u e no. La interpreta­
ción israelí deja intacta la "realidad" del a co n tecim ien to , m ien ­
tras q u e la in te rp re ta c ió n r e v is io n ista lo d e sr e a liz a cu a n d o
efectú a u n a d escrip ció n tal que lo con vierte en alg o d istin to a
lo que las víctim as vivenciaron co m o H o lo ca u sto .53
L a i n t e r p r e t a c i ó n h is t ó r i c a q u e d e l H o lo c a u s to d a n lo s s io ­
n is t a s - a f i r m a W h i t e - n o e s u n a c o n tr e - v é r ité ( c o m o h a b í a
s u g e r id o V id a l-N a q u e t) , s in o u n a v e r d a d :
Su verdad , en c u a n to in terp reta ció n h istó r ic a , e stá p r e c is a ­
m en te en su eficacia para justificar u n a am p lia gam a d e p o líti­
cas isra elíes a ctu a les que, d esd e el p u n to d e v ista d e q u ien es
las eje c u ta n , so n e s e n c ia le s n o só lo para la seg u r id a d sin o
tam b ién para la ex isten cia m ism a del p u eb lo ju d ío.
■"II. White, The Contení oflhe Fonn, op. cit., p. 77. Nótese que las cursivas
est.ln ausentes en el original francés.
UNUS TESTIS
321
De m a n e ra a n á lo g a , "el e sfu e rz o del p u e b lo p a le s tin o p a ra
e la b o ra r u n a re sp u e sta p o lítica m e n te eficaz a las po líticas is­
raelíes su p o n e la p ro d u c c ió n de u n a id eo lo g ía sim ila rm e n te
eficaz, u n id a a u n a in te rp re ta c ió n de la h isto ria c a p az d e d o ­
ta rla de u n se n tid o del cu a l ca reció h a s ta e n to n c e s".54 P o d e­
m os c o n c lu ir q u e si la n a rra c ió n d e F a u risso n lleg ara alg u n a
vez a se r eficaz, W hite n o vacilaría en co n sid e ra rla v erd ad era.
¿E se tip o d e c o n c lu s ió n es el r e s u lta d o d e u n a a c titu d
to le ran te ? C om o y a se h a visto, W h ite so stie n e q u e el esce p ­
tic ism o y el re la tiv is m o h is tó ric o p u e d e n a p o r ta r las b ases
e p iste m o ló g ic a s y m o ra le s d e la to le r a n c ia .55 S in em b arg o ,
esa p re te n s ió n es in so sten ib le, ta n to d e s d e el p u n to d e v ista
h is tó ric o c o m o ló g ic o . D esd e el p u n to d e v is ta h is tó ric o ,
p o rq u e q u ie n e s te o riz a n la to le ra n c ia fu e ro n in d iv id u o s q u e
te n ía n fu e rte s co n v icc io n es in te le c tu a le s y m o ra le s (el le m a
de V oltaire "L u c h a ré p a r a d e fe n d e r la lib e rta d d e p a la b ra de
aq u ello s c o n q u ie n es esto y e n d e sa c u e rd o " es típ ico ). D esde
el p u n to de v ista lógico, p o rq u e el e sc e p tic ism o a b s o lu to e n ­
tr a r ía e n c o n tra d ic c ió n co n sig o m is m o si n o se e x te n d ie se
ta m b ié n a la to le r a n c ia e n c u a n to p rin c ip io re g u la d o r. N o
sólo eso: c u a n d o las d iv e rg e n cia s in te le c tu a le s y m o ra le s n o
e s tá n lig ad as e n ú ltim a in s ta n c ia a la v erd a d , n a d a ca b e to ­
lerar.56 D e h e c h o , la a r g u m e n ta c ió n d e W h ite q u e c o n e c ta
v e rd a d y efic ac ia in e v ita b le m e n te v uelve a p o n e r e n ju e g o
n o la to le r a n c ia s in o s u c o n tr a r io (el p a r e c e r d e G e n tile
ac e rc a del g a rro te co m o fu e rz a m o ral). C om o ta m b ié n se h a
visto ya, e n este m ism o en say o W h ite in v ita a to m a r en c o n ­
sid e ra ció n sin "sen tim en ta lism o s" el n ex o e n tre u n a co n c e p ­
ció n de la h is to ria im p líc ita m e n te elo g iad a p o r él y las "ideo­
logías de los reg ím en es fascistas". P o r su p a rte , define co m o
54 Ibid., p. 80. Las cursivas me pertenecen.
55 Ibíd., p. 227, n. 12.
56 Agradezco a Stefano Levi Della Torre algunas observaciones ilumina­
doras acerca de este último punto.
322
EL HILO Y LAS HUELLAS
" c o n v e n c io n a l" e s e la z o . S in e m b a r g o , la m e n c ió n d e l n o m ­
b r e d e G e n tile ( ju n to c o n el d e H e id e g g e r) n o p a r e c e e n a b ­
s o lu to c o n v e n c io n a l d e n t r o d e e s te c o n te x to .57
7. A p a r t i r d e lo s a ñ o s s e s e n ta ta r d ío s , la s a c titu d e s e s c é p ti­
c a s d e la s q u e e s to y h a b l a n d o s e v o lv ie ro n c a d a v e z m á s i n ­
flu y e n te s e n la s c ie n c ia s h u m a n a s . E s a a m p lís i m a d if u s ió n
p u e d e a t r i b u ir s e s ó lo e n p a r te a u n a p r e s u n ta n o v e d a d su y a .
Ú n ic a m e n te u n a t e n ta t iv a d e c a r á c t e r e n c o m iá s tic o p u e d e
h a b e r s u g e r id o a P ie r r e V id a l-N a q u e t q u e " d e s d e e n to n c e s
[la e d ic ió n d e L e c r itu r e d e l ’h isto ire d e M ic h e l d e C e rte a u e n
1 975] c o b r a m o s c o n c ie n c ia d e q u e el h is t o r ia d o r escrib e, d e
q u e p r o d u c e u n e s p a c io y u n tie m p o , a u n q u e él m is m o e s té
i n s e r t o e n u n e s p a c io y u n t i e m p o ” . C o m o m u y b ie n s a b e
V id a l-N a q u e t, e s a m is m a p o s ic ió n (q u e a lg u n a s v e c e s lle v ó
a c o n c l u s i o n e s e s c é p t i c a s ) r e c ib ió u n f u e r t e é n f a s is , p o r
e je m p lo , e n u n e n s a y o m e to d o ló g ic o n o e s p e c ia lm e n te a u ­
d a z c o m o W h a t is H is to r y ? (1 9 6 1 ) [¿ Q u é es la h is to ria ? ], d e
E . H . C a rr, i d é n tic o é n f a s is a l r e a liz a d o tie m p o a n t e s p o r
B e n e d e tto C ro c e .
S i t r a t á s e m o s e s to s p r o b le m a s d e s d e u n a p e r s p e c ti v a
h is tó r ic a , p o d r ía m o s c a p t a r m e jo r s u s im p lic a c io n e s t e ó r i ­
c a s. P o r m i p a r te , p r o p o n d r ía t o m a r c o m o p u n to in ic ia l u n
b re v e e n s a y o e s c r ito p o r R e n a to S e r r a e n 1912, p e r o p u b li­
c a d o re c ié n e n 1927, d e s p u é s d e su p r e m a tu r a m u e rte
(1 9 1 5 ). S u tít u lo - " P a r t e n z a d i u n g r u p p o d i s o ld a ti p e r la
L ib ia " - 58 s ó lo d a u n a v a g a id e a d e s u c o n te n id o . E l e s c r ito
e m p ie z a c o n u n a d e s c r ip c ió n , r e d a c ta d a e n u n e s tilo a u d a z ­
m e n te e x p e r im e n ta l q u e r e c u e r d a los c u a d r o s f u tu r is ta s p i n ­
ta d o s p o r B o c c io n i e n e s o s m is m o s a ñ o s , d e u n a e s ta c ió n
,7 Cl. II. White, The Contení o f the Fortn, op. cit., p. 74.
Cf. R. Sena, Scritti letterari, morali e politici, cd. al cuidado de M.
Isrien^hi, Turín, 1974, pp. 278-288. El ensayo de Seria ya había sido inter­
pretado de modo similar por C. Gárboli, Fallíalas, Milán, p. 150.
UNUS TESTIS
323
fe rro v ia ria lle n a d e so ld a d o s q u e p a rte n , ro d e a d o s p o r u n a
g ra n m u ltitu d .59 E n e ste p u n to , a p a re c e u n a se rie d e o b se r­
v aciones an tiso c ialista s, seg u id as p o r u n a reflexión resp e cto
d e la h isto ria y de la n a rra c ió n h istó rica, q u e de fo rm a b ru sc a
d e s e m b o c a e n u n tr a m o d e so le m n e to n o m e ta físic o , p r ó ­
d ig o e n eco s n ie tz s c h e a n o s. E ste e n sa y o q u e q u e d ó in c o n ­
cluso, y c ie rta m e n te m e re c e ría u n a n á lis is m á s p ro lo n g a d o
y p ro fu n d o , refleja la c o m p le ja p e rs o n a lid a d de u n h o m b re
q u e, a d e m á s d e s e r el m e jo r c rític o ita lia n o d e su g e n e ra ­
ció n , e ra u n e ru d ito c o n fu e rte s in te re se s filosóficos. E n su
c o rre sp o n d e n c ia c o n C roce - a q u ie n e s ta b a lig ad o p o r lazos
p e rs o n a le s m u y e s tre c h o s , a u n s in s e r u n s e g u id o r s u y o -,
explicó la g énesis d e las p á g in a s d e las q u e esto y h a b la n d o .60
É sta s h a b ía n sid o e s tim u la d a s p o r "S to ria , c r o n a c a e false
sto rie" (1912): u n en say o d e C roce lueg o in c lu id o , e n fo rm a
re v isa d a , e n Teoría e sto ria della storiografia. C ro ce h a b ía
m e n c io n a d o la b re c h a , re sa lta d a p o r T olstói e n Guerra y paz,
e n tre u n a c o n te c im ie n to re a l - u n a b a ta lla , p o r e je m p lo - y
los re c u e rd o s al re sp e c to fra g m e n ta rio s y d isto rsio n a d o s q u e
p r o p o rc io n a n la b a s e p a r a las re se ñ a s d e los h isto ria d o re s.
E l p u n to d e v is ta d e T olstó i es b ie n c o n o c id o : é s a b re c h a
p u e d e se r c o lm a d a ta n sólo si se re c o p ila n las m e m o ria s de
to d o s los in d iv id u o s (a u n el m á s h u m ild e so ld a d o ) d ire c ta o
in d ir e c ta m e n te in v o lu c ra d o s e n la b a ta lla . C ro ce r e c h a z a
e s a so lu c ió n , y el e s c e p tic is m o q u e a s u ju ic io e n c e rra b a ,
co m o ab su rd a : "A c a d a in sta n te c o n o c em o s to d a la h is to ria
q u e n o s in te re sa co n o cer"; p o r ta n to , la h is to ria q u e n o co ­
n o cem o s es id é n tic a al "e te rn o fa n ta sm a de la ‘co sa en sí"'.61
59 Véase -por ejemplo, pero no exclusivamente- el muy conocido Trittico
(Quelli che partono, etc.) que se encuentra en el Metropolitan Museum de
Nueva York.
60 Cf. R. Serra, Epistolario, ed. al cuidado de L. Ambrosini, G. De Robertis y A. Grilli, Florencia, 1953, pp. 454 y ss.
61 ["Noi, a ogni istante, conosciamo tutta la storia che c’importa conoscere”; "eterno fantasma della ‘cosa in sé'”.] Cf. B. Croce, Teoría e storia
324
EL HILO Y LAS HUELLAS
Al a u to d e f in ir s e ir ó n ic a m e n te c o m o " u n e s c la v o d e la c o s a
e n s í” , S e r r a e s c r ib ió a C ro c e a f ir m a n d o q u e se s e n tía m u ­
c h o m á s c e r c a d e T o lstó i: " S ó lo q u e - a g r e g ó - m is d if ic u lta ­
d e s s o n m á s c o m p lic a d a s , o m e p a r e c e n s e rlo ”.62 I m p o s ib le
n o d a r le la r a z ó n :
H ay gen te que de b u en a fe im agin a que u n d ocu m en to p u ed e
ser expresión de la realidad [...] C om o si un d ocu m en to p u d iese
expresar algo distinto a s í m ism o [...]. Un d ocu m en to es u n h e ­
cho. La batalla, otro h ech o (una infinidad de otros hechos). Los
d os n o p u ed en h a cer(se) uno. [...] E l h om b re que obra es un
hecho. Y el hom bre que relata es otro hecho. [...] Cada testim o­
n io testim on ia sólo de sí m ism o; de su propio m om en to, d e su
propio origen, de su propia finalidad, y de nada m á s .63
É s a s n o e r a n re fle x io n e s d e u n te ó ric o p u r o . S e r r a s a b ía q u é
e r a la e r u d ic ió n . E n s u s ta ja n te s c r ític a s n o c o n tr a p o n ía a r t i ­
f ic io s a m e n te la s n a r r a c io n e s h is tó r ic a s a lo s m a te r ia le s c o n
q u e e s tá n c o n s tr u id a s . S e r r a s a b ía b ie n q u e c u a lq u ie r d o c u ­
m e n to , in d e p e n d ie n te m e n te d e s u c a r á c t e r m á s o m e n o s d i­
r e c to , s ie m p r e tie n e u n a r e la c ió n a l t a m e n t e p r o b l e m á t i c a
c o n la r e a lid a d . P e r o la r e a lid a d ("la c o s a e n sí") e x is te .64
della storiografia, Bari, 1927, pp. 44 y 45 [trad. esp.: Teoría e historia de la
historiografía, Buenos Aires, Imán, 1953].
62 ["uno schiavo della cosa in sé”; "soltanto che le mié difficoltá sono, o
mi sembrano, piü complicate”.] Cf. R. Serra, Epistolario, op. cit., p. 459 (11
de noviembre de 1912).
63 ["C’é della gente che s’immagina in buona fede che un documento
possa csscrc un’espressione della realtá (...) Come se un documento potesse esprimere qualche cosa di diverso d a se stesso (...) Un documento é un
fatto. La battaglia un altro fatto (un’infinitá di altri fatti). I due non possono
farc uno. (...) L’uomo clic opera é mi fatto. E l’uomo che racconta é un altro
fatto. (...) Ogni testimonianza testimonia soltanto di se stessa; del propino
momento, della propria origine, del proprio fine, c di nient’altro".] Cl. R.
Seria, Scrilti letterari..., op. cit., p. 286.
llu d., p. 287.
UNUS TESTIS
325
S e rra re c h a z a b a de m a n e ra ex p lícita c u a lq u ie r p e rs p e c ­
tiv a p o s itiv is ta in g e n u a . S in e m b a r g o , s u s o b s e rv a c io n e s
n o s a y u d a n a re c h a z a r ta m b ié n u n p u n to d e vista e n el q u e
se s u m e n el p o sitiv ism o (vale decir, u n a "in v estig ac ió n h is ­
tó r ic a p o sitiv a " b a s a d a e n el d e s c if r a m ie n to lite ra l d e los
d o c u m e n to s ) y el rela tiv ism o (vale decir, “n a rra c io n e s h is tó ­
rica s" b a s a d a s en in te rp re ta c io n e s fig ú rales, im p o sib le s d e
c o n fro n ta r y r e f u ta r ).65 Las n a rra c io n e s q u e se b a s a n en u n
te stim o n io ú n ico , d e las cu a le s n o s o c u p a m o s e n la p rim e ra
p a r te d e este ensayo, p u e d e n s e r c o n s id e ra d a s caso s e x p e ri­
m e n ta le s q u e r e f u ta n la e x is te n c ia d e u n a d ife re n c ia c ió n
ta n ta ja n te : u n a le c tu ra d ife re n te d e la d o c u m e n ta c ió n d is ­
p o n ib le influye in m ed ia ta m en te e n la n a rra c ió n . P u ed e p r o ­
p o n e rse la h ip ó te sis de u n a re la c ió n an á lo g a , a u n q u e p o r lo
g e n e ra l m e n o s ev id en te , ta m b ié n a e s c a la m á s g lo b al. P o r
ta n to , u n a a c titu d to ta lm e n te e s c é p tic a c o n re sp e c to a las
n a rra c io n e s h istó ric a s n o tie n e asid ero .
8. A cerca d e A uschw itz, J e a n -F ra n so is L yotard escribió:
Supongam os que un terrem oto destruye no sólo vidas, edifi­
cios y objetos sino también los instrum entos de medir, directa
o indirectamente, los terremotos. La im posibilidad de llevar a
cabo m ed icion es cuantitativas no censura, sin o que por el
contrario sugiere a la m ente de los supervivientes la idea de
una inm ensa fuerza sísm ica. [...] Con Auschwitz, se produjo
algo nuevo en la historia (lo cual sólo puede ser una señal y no
un hecho), a saber, que los hechos, los testim onios que con­
servan las marcas del aquí y ahora, los docum entos que seña­
laban el sentido o los sentidos de los hechos y los nombres y,
por último, la posibilidad de diversos tipos de frases cuya re­
65
Cf. el tramo de Hayden White citado más arriba, amén de "Historical
Emplotment", en S. Friedlander (ed.), Probing the limits of Representation,
op. cit.
326
EL HILO Y LAS H UELLAS
lación con struye la realidad, tod o ello fue d estru id o en la m e ­
dida d e lo p osib le. ¿Acaso n o es tarea del h istoriad or tom ar en
con sid eración , am én d e los daños, las faltas com etid as? ¿Más
allá de la realidad, la m etarrealidad, o sea, la d estru cción d e la
realidad? [...] Su n o m b re [d e A u sch w itz] m arca lo s co n fin es
en qu e el c o n o c im ie n to h istó r ico ve p u esta en en tred ich o su
propia co m p eten cia .66
N o e s to y d e l to d o c o n v e n c id o d e q u e e s ta o b s e r v a c ió n s e a
c ie r ta . L a m e m o r ia y la d e s tr u c c i ó n d e la m e m o r ia s o n e le ­
m e n to s r e c u r r e n te s e n la h is to r ia . "L a n e c e s id a d d e c o n t a r a
lo s 'o tr o s ', d e h a c e r p a r tí c ip e s a lo s 'o tr o s ' - e s c r i b i ó P r im o
L e v i-, h a b í a c o b r a d o e n t r e n o s o tr o s , a n t e s y d e s p u é s d e la
lib e r a c ió n , el c a r á c t e r d e u n im p u ls o in m e d ia to y v io le n to ,
ta n to c o m o p a r a e n tr a r e n p u g n a c o n o tr a s n e c e s id a d e s
e l e m e n ta le s .''67 C o m o d e m o s tr ó B e n v e n is te , u n o d e lo s té r ­
m in o s la tin o s q u e s ig n ific a n " te s tig o ” es s u p e r s te s : q u ie n h a
s o b r e v iv id o .68
66 J.-F Lyotard, Le Différend, París, 1983 (trad. it.: Il dissidio, Milán,
1985) [trad. esp.: La diferencia, Barcelona, Gedisa, 1999].
67 ["Il bisogno di raccontare agli altri', di fare gli 'altri’ partecipi, aveva
assunto tra noi, prima della liberazione e dopo, il carattere di un impulso
immediato c violento, tanto da rivaleggiare con gli altri bisogni elemen­
tan.''] P. Levi, Se questo é un uom o, Turín, 1958, pp. 9 y 10 [trad. esp.: Si esto
es un hom bre, Barcelona, Muchnik, 2001],
6HK. Benveniste, // vocabolario delle istituzioni indoeuropee, vol. II, trad.
il. de M. I.iborio, Turín, 1976, pp. 492-495 (la diferencia entre testis y su ­
perstes es analizada en p. 495) [trad. esp.: Vocabulario de las instituciones
indoeuropeas, Madrid, Taurus, 1983],
XII. DETALLES, PRIMEROS PLANOS,
MICRO ANÁLISIS
NOTAS M A RG INA LES A U N LIB RO
D E S IE G F R IE D KRACAUER*
H isto ry . The L a s t T hings B e f o r e th e L a s t [H isto ria . A ntes
de las ú ltim a s cosas], el lib ro p o stu m o e in c o n clu so d e Siegfried K racau er, fue p u b lic a d o p o r p r im e ra vez en paperback
en 1995. E n esa o ca sió n , P au l O sk a r K risteller, q u ie n h a b ía
p r e s e n ta d o la p r im e r a e d ic ió n e n 1969, e s c rib ió u n n u ev o
p re fa c io . E n los 26 a ñ o s tr a n s c u r rid o s e n tre los d o s tex to s
de K riste lle r h u b o u n a a u té n tic a Kracauer-Renaissanee, te s­
tim o n ia d a p o r re e d ic io n e s, tra d u c c io n e s y e n sa y o s d e d is ­
tin to tip o e n m u c h o s id io m a s . P e ro p a r a el K ris te lle r de
1995, ese re c o n o c im ie n to ta rd ío e s ta b a c o n ta m in a d o p o r la
te n d e n c ia a e lim in a r de la im a g e n de K ra c a u e r to d o c u a n to
n o fu ese a trib u ib le a la E sc u e la d e F rá n c fo rt. C o m o e je m ­
plos de esa le c tu ra d isto rsio n a d a , K riste lle r citó los en say o s
d e G e rtru d K o ch y d e In k a M üld er-B ach a c e rc a d e History.
The L ast Things Before the L ast, a p a r e c id o s e n el n ú m e ro
q u e la re v ista N ew G erm án C ritique h a b ía d e d ic a d o a K ra ­
c a u e r e n 1991. E sc rib ía K risteller:
Esos dos artículos no resumen el contenido del libro ni hacen
notar que difiere sustancialm ente de los escritos previos de
Kracauer. Las notas a pie de página citan sólo [only] libros y
artículos desconocidos para Kracauer, y aluden a escritos an*
Una versión en francés de este ensayo fue leída en junio de 2003 durante
un simposio dedicado a las reflexiones de Kracauer acerca de la historia.
327
328
EL HILO Y LAS H UELLAS
te n o r e s d e él c o m o si esto s co n co rd a sen en tod o c o n el libro
acerca de la h isto ria . A dem ás, n o a d vierten que e ste ú ltim o ,
en las n o ta s y e n la b ib lio g ra fía , cita p o r so b re to d o fu en tes
h istó rica s, filoló g ica s y filosóficas; n u n ca m e n c io n a lo s e sc r i­
tos p revios del autor; m u y raras v ec e s a lu d e a lo s so c ió lo g o s
que en e so s e sc r ito s tien e n u n a im p o rta n c ia p red o m in a n te.
P or ú ltim o - y e sto es lo m á s g ra v e-, a m b o s a rtícu lo s s o s tie ­
nen, d e m o d o im p líc ito o ex p lícito , q u e la h isto ria n o esta b a
en el cen tro de los in tereses in telectu a les d e Kracauer. Todavía
falta u n a in terp reta ció n ad ecu a d a , d irig id a a lo s e stu d io so s,
de la ú ltim a obra de K racauer.1
E s e c r u d o ju ic io , p r o n u n c i a d o p o r e l e r u d i t o q u e n o s d e jó
u n m o n u m e n t o d e e x a c t itu d y p r o b i d a d c ie n tíf ic a c o m o el
I te r I ta lic u m , in c lu y e a lg u n o s e r r o r e s d e h e c h o . U n r á p id o
c o n tr o l d e m u e s t r a q u e lo s e n s a y o s d e G e r tr u d K o c h e I n k a
M ü ld e r- B a c h c i t a n c a s i ú n ic a m e n te e s c r ito s d e K ra c a u e r , o
q u e K r a c a u e r c o n o c ía b ie n , a p a r t e d e d o s o tr e s r e e n v ío s a
e n s a y o s r e c ie n te s a c e r c a d e s u o b r a . P o r lo d e m á s , c o n t r a ­
r ia m e n te a lo q u e a f ir m a K ris te lle r, el e n s a y o d e I n k a M ü l­
d e r - B a c h p o n e d e re lie v e lo s e le m e n to s d e d iv e rg e n c ia e n t r e
el lib r o p o s t u m o a c e r c a d e la h i s t o r i a y a lg u n o s d e lo s e s ­
c r it o s p r e v io s d e K r a c a u e r . ¿A q u é d e b e m o s a t r i b u i r e s a s
im p r e c is io n e s , ta n in s ó lita s p o r p a r t e d e K ris te lle r ? T al v e z
a la in d ig n a c i ó n . L a a l u s i ó n d e M ü ld e r - B a c h a l " e x tr e m o
a i s l a m i e n t o c u l t u r a l y c ie n tífic o " e n q u e K r a c a u e r h a b r í a
e s c r ito s u lib r o a c e r c a d e la h i s t o r i a ig n o r a t á c i t a m e n t e lo
a f ir m a d o p o r K r is te lle r (q u e n o te n e m o s m o tiv o p a r a p o n e r
e n d u d a ) : e s e lib r o h a b í a n a c id o d e la s c o p i o s a s d i s c u s i o ­
n e s q u e él m is m o h a b í a s o s t e n i d o , d u r a n t e a ñ o s , c o n s u
1
S. Kracauer, History. The Last Things Before the Last, "completed after
llie death of the author by Paul Oskar Kristeller”, Princcton, 1995, pp. vm
y ix. El nuevo prefacio de Kristeller no aparece en la traducción italiana,
publicuda diez años antes.
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
329
a m ig o .2 S in e m b a rg o , el p u n to q u e m e u rg e e n f a tiz a r es
o tro : la n e ta c e s u ra e n u n c ia d a p o r K riste lle r e n tre History.
The L ast T hings Before the L a st y los e s c rito s a n te rio re s d e
K ra c a u e r es p o r c o m p le to in so sten ib le.
E l lib ro p o s tu m o de K ra c a u e r c o m ie n z a c o n u n a d e c la ­
ra c ió n a u to b io g rá fic a . "S ólo d e p o c o tie m p o a e s ta p a rte ",
escrib ía,
repentinamente descubrí que mi interés por el tema de la his­
toria, que em pezó a quedar de m anifiesto hace cerca de un
año [esto es, en 1960] y que hasta ahora había creído nutrido
por el im pacto de la situación contem poránea sobre mi modo
de pensar, en realidad surgió de las ideas que intenté volver
activas en mi obra Theory o f F ilm . Al dedicarm e a la historia
no hice m ás que seguir las líneas de pensam iento ya presentes
en ese libro.
L legada e sa in sta n c ia , p ro sig u e K racau er,
me di cuenta en un instante [in a fla sh ] de los m uchos parale­
lismos que pueden trazarse entre la historia [h isto ry ] y los m e­
dios fotográficos, entre la realidad histórica [histórica! reality ] y
la realidad de la máquina que capta la im agen [cam era-reality].
Recientem ente releí por azar m i artículo acerca de la fotogra­
fía y noté con enorme estupor que ya [already ] a partir de ese
artículo de los años veinte [para mayor precisión, había sido
publicado en 1927] había establecido una com paración entre
historicismo [h istorism ] e imagen fotográfica.3
2 1. Mülder-Bach, "History as autobiography: The Last Things Before the
Last”, en New Germán Critique, 54, 1991, pp. 139-157; en especial, p. 139 ("the
extreme cultural and scholarly isolation in which this book was written”);
contra, R O. Kristeller, introducción a S. Kracauer, History, op. cit., pp. v-x.
3 S. Kracauer, History, op. cit., pp. 3 y 4 (cito de Prima delle cose ultime,
trad. it. de S. Pennisi, Casale Monferrato, 1985, p. 3, donde "historism” fue
traducido como "storia", antes que como "storicismo”).
330
EL HILO Y LAS H UELLAS
L a d e te c c ió n d e l p a r a le lis m o e n t r e h is to r ia (e n el d o b le s e n ­
tid o d e p r o c e s o y d e n a r r a c i ó n , res g esta e e h is to r ia r e r u m
g e s ta ru m ) y fo to g ra f ía ( e n s e n tid o a m p lio , q u e lle g a a in c lu ir
el c in e ) c o m o e le m e n to d e c o n t in u id a d e n t r e el p r i m e r y el
s e g u n d o K ra c a u e r, m á s a llá d e la c e s u r a d e l ex ilio , p ro v ie n e
e n to n c e s d e l p r o p io K ra c a u e r. N o p u e d e ig n o r a r s e e s a d e c la ­
r a c ió n , c o m o lo h a c e e n c a m b io , im p líc ita m e n te , K riste lle r,
e n el m o m e n to e n q u e c o n t r a p o n e el lib r o p o s tu m o r e s p e c to
d e la h is t o r ia c o n lo s e s c r ito s p re v io s . D e to d o s m o d o s , d e b e
s e r c o r r o b o r a d a , p o r q u e el f r a g m e n to q u e c ité r e c ié n p o n e a
la p a r, s in e n t r a r e n d e m a s i a d a s u tile z a , h i s t o r i a e h is t o r ic is m o : c o n t ig ü id a d d if íc ilm e n te c o n c ilia b le c o n la s c r ític a s
al h is to ric is m o r e p e tid a m e n te f o rm u la d a s p o r K ra c a u e r.
T a n to la c o n t i n u i d a d c o m o la c o n t ig ü id a d c o n d e n s a d a s e n
e s e t é r m i n o y a s o n , e n t o n c e s , d is c u tib le s . ¿ E s u n a m i n ú s ­
c u la in c o h e r e n c ia a t r i b u ib le a l c a r á c t e r in c o m p le to d e l m a ­
n u s c r it o ? ¿O u n in d ic io q u e s e ñ a la la p r e s e n c i a d e u n e l e ­
m e n to s in r e s o lv e r e n el p e n s a m ie n to d e K r a c a u e r ?
2. P a r a i n t e n t a r d i s c e r n i r e s a a l t e r n a t i v a d e b e m o s t o m a r
c o m o p u n t o in ic ia l a lg u n o s te x to s , s e ñ a la d o s p o r el p r o p io
K ra c a u e r, e n t o m o a lo s c u a le s la d is c u s ió n d e lo s ú ltim o s
a ñ o s a c u m u ló a lg u n a e lu c id a c ió n y m u c h o s e q u ív o c o s . E m ­
p e c e m o s p o r el a r tíc u lo r e s p e c to d e la fo to g ra fía a p a r e c id o e n
1927 e n la F ra n k fu rte r A llg e m ein e Z eitu n g , lu e g o in c lu id o p o r
K ra c a u e r e n la r e c o p ila c ió n D ie O m a m e n t d e r M a sse (1 9 6 3 ).4
E n e s e te x to K r a c a u e r o b s e r v a b a q u e el h i s t o r i c i s m o “se
a fia n z ó c a s i s im u ltá n e a m e n te c o n la té c n ic a fo to g rá fic a m o ­
d e r n a ”, d a n d o a e n te n d e r q u e u n o y o tr a e r a n p r o d u c to s d e la
4
S. Kracauer, Im m assa com e ornam ento, trad. it. de M. G. Ammirantc
Pappalardo y F. Maionc, con prcscntación de R. Bodei, Nápoles, 1982, pp.
111-1 27 Cy víase The Mass Om am ent. Weimar Essays. ed. al cuidado de T. Y.
I.evin, Cambridge [ m a I , 1 9 9 5 , pp. 4 7 - 6 3 [en este caso, la traducción al espa­
ñol rstrt inc luida en: "Objetos externos e internos”, en //j fotografía v otros
i'ii sí/vm I I ornam ento de la masa /, Barcelona, (Jedisa, 2004]).
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
331
so ciedad capitalista. S in em bargo, esa co in cid en cia o cu ltab a,
según K racauer, u n p ara lelism o m ás p ro fu n d o . Los re p re s e n ­
ta n te s del h isto ric ism o , c o m o D ilthey (re fe re n c ia q u e K ra ­
c a u e r elim inó c u a n d o com p iló el ensayo en libro), cre en
poder explicar cualquier fenóm eno únicam ente sobre la base
de su génesis. Consideran [...] poder aprehender la realidad
histórica reconstruyendo la cadena de acontecim ientos en su
sucesión temporal, sin descuidar cosa alguna. Mientras la fo­
tografía ofrece un continuum espacial, el historicism o querría
colmar el continuum temporal.
Al h is to ric is m o y a la fo to g ra fía , K ra c a u e r c o n tr a p o n ía la
m e m o ria y su s im á g en e s. E sta s ú ltim a s son, p o r d efin ició n ,
fra g m e n ta ria s : "La m e m o ria n o a b a r c a la im a g e n e s p a c ia l
to ta l n i el d e c u rso te m p o ra l c o m p le to de u n a c o n te c im ie n to " .5
Y e n ello a p a re c ía el sig n ificad o p ro fu n d o d e la c o n tra p o s i­
c ió n e n tre el h is to ric is m o y la fo to g ra fía , p o r u n la d o , y la
m e m o ria y su s im á g e n e s, p o r el o tro : “E l o b je tiv o q u e d e ­
v o ra el m u n d o es la s e ñ a l d e l m ie d o a la m u e rte . A c u m u ­
la n d o fo to g ra fía s so b re fo to g ra fía s, q u e r r ía p ro c la m a rs e la
p r o h ib ic ió n d el r e c u e r d o d e e s a m u e r te q u e, e n c a m b io ,
e s tá c o p re se n te e n to d a im a g e n d e la m e m o ria ".6
P ese a lo an terio r, es c ie rto q u e e n la co n c lu sió n d el e n ­
sayo, c o n u n a b r u s c a su b v e rs ió n d ia lé c tic a , K ra c a u e r p r e ­
s e n ta b a la p e rsp e c tiv a d e u n a e m a n c ip a c ió n d e la fo to g ra fía
re s p e c to d e la lis a y lla n a r e p r e s e n ta c ió n d e los a c o n te c i­
m ie n to s, re sp e c to de la a c u m u la c ió n d e d e trito s d e las re a li­
d ad e s n a tu ra le s: u n a p o sib ilid a d a trib u id a al cine, q u e (a la
p a r del su e ñ o y d e la o b ra d e K afka) e s ta ría e n c o n d icio n e s
d e r e c o m b in a r d e m o d o im p re v isib le lo s fra g m e n to s d e la
re a lid a d , e n g e n d r a n d o u n o r d e n su p e rio r. P ero , e n su m a ,
5 S. Kracauer, La massa...,op. cit., p. 114.
6 Ibid., pp. 123 y 124.
EL HILO Y LAS HUELLAS
332
p a r a el K r a c a u e r d e 1927, f o to g ra f ía e h is to r ic is m o e s ta b a n
h o m o lo g a d o s e n u n a m is m a c o n d e n a . A e llo s le s c o n t r a p o ­
n ía la “h i s t o r i a ” e n t r e c o m illa s : u n a h is t o r ia q u e h a b r í a d e
e s c r ib ir s e , u n a h is t o r ia q u e d e h e c h o n o e x is tía a ú n .
3. ¿ E s líc ito v e r e n e s a s re fle x io n e s , c o m o s u g ir ió r e tr o s p e c ­
tiv a m e n te K ra c a u e r, el g e r m e n d e l lib r o p o s tu m o a c e r c a d e
la h is to r ia ? S í y n o : e n m e d io h a y u n a d is c o n tin u i d a d , q u e
se p u e d e r e s u m ir, c o m o y a s e s e ñ a ló , e n e l n o m b r e d e P r o u s t
o , m e jo r, e n u n m u y e s p e c ífic o tr a m o d e la o b r a d e P r o u s t.
E n el e n s a y o d e 1927 a c e r c a d e la f o to g ra f ía , P r o u s t n o a p a ­
r e c e s i q u i e r a im p l í c i t a m e n t e , a u n q u e e l te x to t r a t e d e la
m e m o r i a y d e im á g e n e s d e la m e m o r i a .7 E n c a m b io , e n
T h eo ry o f F ilm (1 9 6 0 ) [ Teoría d el c in e ] y e n H isto ry. T h e L a s t
T h in g s B e fo re th e L a s t, K r a c a u e r a n a liz ó , r e s p e c tiv a m e n te ,
la s c a r a c t e r ís ti c a s d e l c in e y d e la h is t o r io g r a f ía , r e m i t i é n ­
d o s e u n a y o tr a v e z a la p á g i n a d e L e c ó té de G u e r m a n te s [E l
m u n d o de G u e r m a n te s ] e n q u e el n a r r a d o r , v o lv ie n d o r e p e n ­
tin a m e n te a c a s a d e s p u é s d e u n v ia je, ve a s u a b u e la s in s e r
v is to y p o r u n m o m e n to n o la r e c o n o c e .8 R e le a m o s a lg u n a s
fra s e s d e e s a p á g in a in o lv id a b le :
De m í [...] no hab ía allí m á s que el testigo, el observador, co n
som brero y gab án d e viaje; el extraño que n o es d e la casa, el
fotógrafo q ue v ie n e a to m a r u n c lisé d e u n o s lu g a res que no
volverán a verse. Lo que, m ecá n ica m en te, se produjo en aquel
m o m en to en m is ojos cu a n d o vi a m i ab u ela fu e u n a fotogra­
fía. [...] Por vez prim era y só lo por un instante, p u es d esap are­
ció bien pronto, d istin g u í en el can ap é, bajo la lám para, c o lo ­
7
Al rcspecto disiento con I. Mülder-Bach, "History as Autobiography..
op. c it. , p. 141.
HCl. S. Kracauer, Theory o f Film. The Redem ptkm o f Physical Reality,
Princeton, 1997, pp. 14-17, 20, 54 y ss. [trad. esp.: Teoría del cine. I a i re­
dención de la realidad física. Barcelona, Paidós, 1989); f listó n ’, op. cit., pp.
H2 -84.
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
333
rada, pesada y vulgar, enferm a, soñando, paseando por un
libro unos ojos un poco extraviados, a una vieja consum ida,
desconocida para m í.9
P o r m e d io d e la m ir a d a e x tra ñ a d a , m e c á n ic a , q u e P ro u s t
c o m p a ra al im p a sib le o b je tiv o d e la c á m a ra fo to g rá fica , el
n a r r a d o r c o m p re n d e d e p ro n to , a p e s a r suyo, lo q u e h a s ta
e n to n c e s el a m o r le im p id ió ver: q u e su a b u e la e s tá p o r m o ­
rir. L a fo to g rafía, q u e p a r a el K ra c a u e r d e 1927 e ra “la se ñ al
d el m ied o a la m u e rte ", se volvió - P r o u s t m e d ia n te - el in s ­
tru m e n to q u e p e rm ite s u p e ra r ese m ie d o , m ir a r a la m u e rte
a la c a ra . P o r lo d em ás, la p re m o n ic ió n d e la m u e rte y a es­
ta b a e n el c e n tro del p a s a je d e las M ém oires [M em o ria s] d e
S a in t-S im o n e n el cu al, si n o m e eq u ivoco, P ro u s t se h a b ía
in s p ira d o . E l d u q u e d e S a in t-S im o n e n tra e n el re c in to d el
D elfín y lo e n c u e n tra e n la “chaise percée e n tre su s c ria d o s y
d o s o tre s de su s p rim e ro s oficiales. M e ca u só g ra n e s p a n to .
Vi a u n h o m b re c o n la c a b e z a g a c h a , d e u n ro jo p u rp ú re o ,
d e a ire id io ta , q u e n i s iq u ie ra vio q u e m e a c e rc a b a a él" .10
A p arte d e la p e rc e p c ió n d e la d e c a d e n c ia físic a a s o c ia d a a
u n a n o ta c ió n d e l c o lo r a n á lo g a (rouge p o u rp re , rouge), el
p r o c e d im ie n to q u e e n los d o s c a so s p o n e d e reliev e la a u ­
s e n c ia d e re c o n o c im ie n to es el m is m o : "Je vis u n h o m m e
[Vi a u n h o m b re ]" (S a in t-S im o n ), "j'apergus [...] u n e vieille
9 M. Proust, Á la recherche du temps perdu, vol. ii : Le cóté de Guermantes,
ed. al cuidado de P. Clarac y A. Ferré, París, 1954, pp. 140 y 141(la traduc­
ción me pertenece) [trad. esp.: En busca del tiempo perdido, t. 3: El mundo
de Guermantes, trad. de Pedro Salinas y José María Quiroga Plá, Madrid,
Alianza, 1996, pp. 158 y 159].
10 Este tramo es comentado (sin mención a Proust) por E. Auerbach,
Mimesis. Dargestellte Wirklichkeit in der abendlandischer Literatur, Tubinga
y Basilea, 1994, p. 399 (trad. it.: Mimesis. II realismo nella letteratura occi­
d e n ta le s ol. n, trad. it. de A. Romagnoli y H. Hinterháuser, Turín, 1964, pp.
192 y 193, levemente modificada) [trad. esp.: Mimesis. La representación de
la realidad en la literatura occidental, México, Fondo de Cultura Económica,
1950, p. 402].
3 34
EL HILO Y LAS HUELLAS
f e m m e [ d is tin g u í a u n a v ie ja ]” ( P r o u s t) . P o r d e tr á s d e la fi­
s o n o m í a a l t e r a d a d e l in d iv id u o a f lo r a el d e s tin o a n ó n i m o
d e la e s p e c ie , s u c o n d ic ió n m o r ta l.
"E l r o s t r o e n el c in e n o tie n e v a lo r si n o h a c e a f lo r a r la
ca la vera q u e h a y p o r d e b a jo . ‘D a n se m a c a b re .’ ¿ P a r a q u é fin ?
E s o q u e d a p o r v e rs e .” E n e s a s fra s e s e n ig m á tic a s s e in te n tó
v e r u n a p r i m e r a r e fle x ió n d e K r a c a u e r a c e r c a d e la p á g i n a
d e P r o u s t. E s tá n to m a d a s d e u n c u a d e r n o q u e c o n tie n e u n
e s b o z o d e la in tr o d u c c ió n a u n lib r o s o b r e c in e : el p r o y e c to
e n q u e e m p e z ó a t r a b a j a r K r a c a u e r e n M a rs e lla d u r a n te d i­
c ie m b re d e 1940, m ie n tr a s e s p e r a b a a n g u s tio s a m e n te el
s a lv o c o n d u c to q u e le p e r m i t i r í a e m i g r a r a E s ta d o s U n id o s
j u n t o a s u m u je r .11 U n a n u e v a v e r s ió n d e l p r o y e c to in ic ia d o
e n M a rs e lla , e s c r ita e n in g lé s e n 1949, p r e s e n ta in ic ia lm e n te
u n a r e f e r e n c ia e x p líc ita , lu e g o d e s a r r o l la d a e n la r e d a c c ió n
fin a l d e l lib r o , a e s a p á g i n a d e P r o u s t . 12 E n M a rs e lla , K r a ­
c a u e r h a b í a e n c o n tr a d o a W a lte r B e n ja m ín , q u ie n d e s p u é s
d e p o c o s m e s e s h u y ó h a c i a E s p a ñ a y h a c i a e l s u ic id io . S e
s a b e q u e e n el p e r ío d o q u e p a s a r o n j u n t o s e n M a r s e lla lo s
d o s a m ig o s h a b l a r o n d e l p r o y e c to d e K r a c a u e r c o n r e s p e c to
a l c i n e .13 N o m e p a r e c e a r r ie s g a d o s u p o n e r q u e , a lo la r g o
11 "Das Gesicht gilt dem Films nichts, wenn nicht der Totenkopf dahinter
einbezogen ist. ‘Danse macabre’. Zu welchem Ende? Das wird man sehen":
cf. M. Hansen, "'With Skin and Hair’: Kracauer’s Theory of Film, Marseille
1940”, en Critical Inquiry, 1993, pp. 437-469, especialmente p. 447. En la
introducción de esa misma estudiosa (que lleva la firma M. Bratu Hansen)
a la nueva edición de S. Kracauer, Theory o f Film, op. cit., p. xxiv, se pone
el tramo antes citado a la par del "impulso alegórico derivado del libro de
Benjamín acerca del TYauerspiel”.
12 S. Kracauer y E. Panofsky, Briefwechsel, ed. al cuidado de V. Breideckcr, Berlín, 1996, pp. 83-92: "Tentative Outline of a Book in Film Aesthetics", en especial p. 83.
n Además de M. Hansen, '"With Skin and Hair’”, op. cit., véanse los
testimonios citados por K. Michael, "Vor dem Café: Walter Benjamín und
Sic-gfi icd Kracauer in Marseille”, en M. Opitz y E. Wizisla (eds ), "Aber ein
Sturm weht vom Parodíese her". Texte zu Walter Benjamín, Leipzig, 1992,
l»l> 2 0 V 2 2 I
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
335
d e esas d isc u sio n e s, B e n ja m in h a y a re c o rd a d o el p a sa je d e
P ro u st q u e a ñ o s a n te s él m is m o h a b ía tra d u c id o ju n to c o n
F ra n z H e sse l.14 L a c o m p a ra c ió n e n tre la m ira d a c o n q u e el
n a r r a d o r re g istra m e c á n ic a m e n te la d e c a d e n c ia física d e su
a b u e la sin re c o n o c e rla y la im p a sib ilid a d d e la c á m a ra fo to ­
g ráfica e lu c id a b a las im p lic a c io n e s d e la n o c ió n de “in c o n s­
c ie n te ó p tic o " q u e B e n ja m in h a b ía p ro p u e s to e n su en say o
'P e q u e ñ a h is to ria de la fo to g rafía" (1 9 3 1 ).15
4. V aliéndose d e P ro u st, ac aso m e d ia d o p o r B e n jam in , K ra ­
c a u e r s u p la n tó la a n a lo g ía e n tre fo to g ra fía e h is to ric is m o
p r o p u e s ta e n 1927 p o r o tr a - c o m p le ta m e n te d is tin ta y en
c ie rto s a sp e c to s c o n tr a r ia - e n tre fo to g ra fía e h isto ria , e n el
s e n tid o d e h isto ria rerum g esta ru m , o h isto rio g ra fía , d is c u ­
tid a r e p e tid a s veces e n H istory. The L a st T hings Before the
L ast. S in em b arg o , p a r a e n te n d e r el sign ificad o del a b o rd a je
p ro p u e s to p o r K ra c a u e r d e b e r e c o rd a rs e q ue, e n la p á g in a
d e P ro u s t, el fo tó g ra fo es el ú ltim o té r m in o d e u n a s e rie
c o n s titu id a p o r figuras m á s o m e n o s análo g as: “el testigo, el
o b se rv a d o r, c o n s o m b re ro y g a b á n d e viaje; el e x tra ñ o q u e
n o es d e la ca sa , el fo tó g ra fo q u e v ie n e a to m a r u n clisé d e
u n o s lu g a re s q u e n o v o lverán a verse". P a ra el exiliado K ra-
14 Die Herzogin von Guermantes, traducción de W. Benjamin y F. Hessel,
Munich, 1930.
15W. Benjamin, "Piccola storia della fotografía”, en L'opera darte nell'epoca
della sua reproducibilitá técnica, trad. it. de E. Filippini, Turín, 1966, pp. 56-77,
en especial, p. 63 [trad. esp.: "Pequeña historia de la fotografía", en Discursos
interrumpidos I, Madrid, Taurus, 1992, pp. 61-83]. Esa misma expresión rea­
parece en el ensayo de 1936, “L’opera darte nell’epoca della sua reproducibilita técnica”, en L’opera d ’arte nell’epoca della sua reproducibilitá técnica, op.
cit., pp. 41 y 42 [trad. esp.: “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", en Discursos interrumpidos I, op. cit., pp. 15-48]. Véase también
B. Balázs, "Physiognomie” [1923], en Schriften zu Film, vol. i, ed. al cuidado
de H. H. Diedrichs, Munich, 1982, pp. 205-208 (citado por M. Hansen, “Ben­
jamin, Cinema and Experience: ‘The Blue Flower in the Land of Technology’”,
en New Germán Critique, 40, 1987, pp. 179-224, en especial, p. 208, n. 48).
336
EL HILO Y LAS HUELLAS
c a u er, e r a o b v io id e n tific a rs e c o n el e x tra n je r o , o in c lu s o c o n
el ju d ío e r r a n te A h a s u e ru s q u e a p a r e c e e n el títu lo d e u n o d e
lo s c a p ítu lo s d e l lib r o p o s tu m o a c e r c a d e la h i s t o r i a .16 P e r o
e r a u n a id e n tif ic a c ió n c a r e n te (a l m e n o s e n la s u p e rfic ie ) d e
p a te tis m o . K r a c a u e r h a c ía é n fa s is e n q u e el e x tra n je r o , a q u e l
q u e e s tá e n lo s m á rg e n e s , q u e " n o e s d e la c a sa " , e s tá e n c o n ­
d ic io n e s d e c o m p r e n d e r m á s y c o n m a y o r p r o f u n d id a d . E l
in s t a n te d e la a u s e n c ia d e r e c o n o c im ie n to a b r e a la m ir a d a
e x tr a ñ a d a d e l e s p e c ta d o r la s e n d a h a c ia la ilu m in a c ió n co g n iti v a .17 N o e s c a s u a l - o b s e r v a K r a c a u e r - q u e lo s g r a n d e s
h is to r ia d o r e s , d e T u c íd id e s a N a m ie r, h a y a n s id o e x ilia d o s:
S ó lo en ese esta d o d e au toan u lación , o e n el estar sin patria, el
h isto r ia d o r p u e d e en trar en c o m u n ió n c o n el m a te ria l q u e
ata ñ e a su in v e stig a c ió n . [...] E n c u a n to ex tra n jero a n te el
m u n d o evoca d o por las fu en tes, d eb e afrontar la tarea -ta r e a
típ ica d el e x ilia d o - d e p enetrar su s a p a rien cia s exteriores, de
m od o qu e aprenda a com p ren d er e se m u n d o d esd e d en tro .18
T o d o e llo p e r m i te e n t e n d e r p o r q u é K r a c a u e r p r e s e n ta b a s u
lib r o in c o n c lu s o a c e r c a d e la h is t o r ia c o m o u n d e s a r r o llo d e
16 "Ahasuerus, or the riddle of time", en History, op. cit., pp. 139-163.
17 Cf. V. Breidecker, "'Feme Náhe’. Kracauer, Panofsky, und 'the Warburg
Tradition’’’, en S. Kracauer y E. Panofsky, Briefwechsel, op. cit., pp. 129-226,
especialmente el parágrafo "Interpretation ais Entfremdung” (pp. 165-176);
pero el ensayo entero es muy importante. Y véase también, de quien esto
escribe, "Straniamento. Preistoria di un procedimento letterario”, en Occhiacci di legno. Nove riflessioni sulla distanza, Milán, 1998, pp. 15-39 [trad.
esp.: Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, Barcelona, Pe­
nínsula, 2000],
IH S. Kracauer, Prima delle ultime cose, op. cit., p. 68 (History, op. cit.,
p. 84). Y véanse las agudas observaciones de V. Breidecker, “'Feme Náhe'”,
op. cit., pp. 176 y ss. (parágrafo "Das Exil ais Text”). A los "grandes” histo­
riadores como exiliados alude A. Momigliano, "La traduzionc c lo storico
classico” (originariamente publicado en History and Theory, 1972), en La
storiografia greca, T\irín, 1982, pp. 42-63, en especial, p. 60 [trad. esp.: La
historiografía griega, Barcelona, Crítica, 19841.
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
337
las tesis fo rm u la d a s e n Theory o f F ilm . L a id e n tifica ció n del
h is to ria d o r c o n el ex ilia d o es el p u n to e n q u e te rm in a u n a
p ro lo n g a d a reflex ió n a c e rc a d e la fo to g ra fía . L a a c titu d de
“p a siv id a d a c tiv a ” q u e K ra c a u e r re c o m ie n d a a los h is to ria ­
d o re s r e f o rm u la (c o m o p u n tu a lm e n te h a s e ñ a la d o V olker
B re id e c k e r) u n a p á g in a d e Theory o f F ilm re s p e c to d e las
d e so la d a s fo to g ra fía s u r b a n a s d e M arville o A tget. L a “m e ­
lan colía" q u e fue re c o n o c id a e n esos p a isa je s p a risin o s, o b ­
serva K racauer,
propicia el autoextrañam iento, el cual a su vez im pone la
identificación con todo tipo de objetos. Es probable que el in­
dividuo m enguado se pierda en las configuraciones casuales
del contexto, absorbiéndolas con una intensidad desintere­
sada que ya no está determinada por sus predilecciones ante­
riores. Esa clase de receptividad recuerda la del fotógrafo de
Proust, visto en el papel de extranjero.
S in e m b a rg o , es u n a re c e p tiv id a d q u e se im b r ic a c o n la
elec ció n , c o n la c o n s tru c c ió n : la fo to g ra fía n o es m e ro e s ­
p ejo d e la re a lid a d . E l fo tó g ra fo p o d ría s e r c o m p a ra d o - o b ­
serv a K ra c a u e r - c o n “u n le c to r lleno de im a g in a c ió n , q u e se
o c u p a d e e s tu d ia r y d e s c ifra r u n te x to cu y o sig n ific ad o n o
llega a c a p ta r ".19 E sta s o b se rv a cio n e s, q u e se leen e n la p r i­
m e ra p a r te - p o r m u c h o , la m á s sig n ific a tiv a - d e Theory o f
F ilm , e x p lic a n p o r q u é K ra c a u e r e s c rib ió a A d o rn o q u e el
cine, e n ese lib ro , e ra sólo u n p re te x to .20 K racau er, q u e d u ­
ra n te a ñ o s h a b ía leíd o ju n to al jo v e n A d o rn o la Crítica de la
19 S. Kracauer, Theory o f Film, op. cit., pp. 16 y 17, que comenta B.
Newhall, "Photography and the Development of Kinetic Visualizaron”, en
Journal o f the Warburg and Courtauld Institutes, 1944, pp. 40-45. Acerca de
todo ello, cf. D. N. Rodowick, "The Last Things Before the Last: Kracauer and
History”, en New Germán Critique, 41, 1987, pp. 109-139, especialmente-p.
123; V. Breidecker, ‘"Feme Náhe’”, op. cit., pp. 178 y 179.
20 M. Hansen, ‘"With Skin and Hair’", op. cit., p. 447.
338
EL HILO Y LAS H UELLAS
ra zó n p u r a , q u e r ía e x p lo ra r, e n el c in e y m e d ia n te el c in e , u n
m o d e lo c o g n i tiv o .21 E s a e x p l o r a c ió n p r o s ig u ió e n e l lib r o
p o s t u m o a c e r c a d e la h i s t o r i a : ú l t i m a e t a p a , d e s t i n a d a a
q u e d a r in c o m p le ta , d e u n c a m in o in te le c tu a l p r o f u n d a ­
m e n te u n i t a r i o , n o o b s t a n t e la v a r ie d a d d e c a m p o s d e i n ­
v e s tig a c ió n to c a d o s .
5. U n a in s p i r a c ió n k a n t ia n a es d e te c ta b le ta m b ié n e n el f a ­
m o s o e n s a y o d e P a n o fs k y a c e r c a d e l c in e , s o b r e to d o d o n d e
se a lu d e a l " f a s c in a n te e s p e c tá c u lo d e u n n u e v o m e d io a r t í s ­
tic o [q u e ] p o c o a p o c o s e v u e lv e c o n s c ie n te d e s u s le g ítim a s
(e s to es, p e c u lia re s ) p o s ib ilid a d e s y s u s lím ite s p r o p io s ".22 Y
p e s e a ello , c o m o a g u d a m e n te d e m o s tr ó T o m L ev in , e s e e n ­
s a y o to m ó c a s i d e in m e d ia to u n r u m b o d is tin to , m e n o s a m ­
b ic io s o .23 T a n to m á s f e c u n d a s s o n la s re fle x io n e s p o te n c ia le s
r e s p e c to d e l c in e q u e c o n t ie n e ( s u g ie r e L e v in ) el e n s a y o d e
P a n o f s k y a p r o p ó s ito d e la p e r s p e c tiv a c o m o f o r m a s i m b ó ­
lic a , p u b lic a d o e n el W a rburg Vortrage e n el a ñ o 1 9 2 7 .24 U n a
a lu s ió n in d ir e c ta a e s e e n s a y o c o n s ta , c o m o y a s e s e ñ a ló , e n
21 T. W. Adorno, "Uno strano realista. Su Siegfried Kracauer”, en Note
p e rla letteratura 1961-1968, Turín, 1979, pp. 68-88, en especial, p. 68 [trad.
esp.: Notas sobre literatura. Obra completa, 11, Madrid, Akal, 2003].
22 E. Panofsky, "Style and Médium in the Motion Pictures", en Three
Essays on Style, ed. al cuidado de I. Lavin, Cambridge (m a ) , 1995, pp. 93125 (versión modificada de un ensayo aparecido por primera vez en 1936;
cf. ibid., p. 204, n. 22). El fragmento citado se encuentra en p. 108 [trad.
esp.: "Estilo y medio en la imagen cinematográfica”, en Sobre el estilo. Tres
ensayos inéditos, Barcelona, Paidós, 2000].
23 Cf. T. Y. Levin, "Iconology at the Movies, Panofskys Film Theory”, en
I. Lavin (ed.), Meaning in the Visual Arts: Views from the Outside. A Centennial Com m em oration o f Erwin Panofsky (1892-1968), Princeton, 1995, pp.
313-333, en especial, pp. 319 y ss.
21
E. Panofsky, “Die Perspektive ais ‘symbolische Form’”, en Bibliothek
Warburg. Vortrüge 1924-1925, 1927, pp. 258-330 (trad. it.: La prospettiva
to m e "lorma simbólica" e alln scritti, ed. al cuidado de G. D. Neri, con una
iiola de M. Dalai, Milán, 1963) [liad, esp.: l/i perspectiva com o “form a sim ­
bólica". Maii elona, Tus(|uels, 1973|.
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
339
u n a c a r ta d e B e n ja m in a K ra c a u e r d e 1928.25 P ero a u n q u e
K ra c a u e r n o h u b ie ra le íd o el e n sa y o a c e rc a d e la p e r s p e c ­
tiva, p u d o c a p tu r a r su n ú c le o e s e n c ia l p o r m e d io de o tro s
escrito s de Panofsky. E l m a te ria l p re p a ra to rio del lib ro p o s­
tu m o a c e rc a d e la h is to ria in c lu y e u n a p á g in a d e a p u n te s ,
s o b r e la c u a l V o lk er B r e id e c k e r lla m ó a c e r ta d a m e n te la
a te n c ió n , titu la d a "E m p h a sis o n m in u tia e - C lose-u p - m icro -analysis". C om o ejem p lo d e close-up, K ra c a u e r m e n c io ­
n a b a el “p rin c ip io d e d isy u n c ió n " ex p lic a d o p o r P anofsky,
v ale decir, la se p a ra c ió n , típ ic a d el a r te m e d iev al, e n tre te ­
m a s clásicos re p re se n ta d o s d e m o d o a n a c ró n ic o e im ág en es
a n tig u a s c ris tia n iz a d a s .26 E n el lib ro p o s tu m o a c e rc a d e la
h is to ria , e sa veloz a lu s ió n es e lu c id a d a e n d o s d ire c c io n e s.
E l “p rin c ip io de d isy u n c ió n " d e P an o fsk y es c ita d o p rim e ro
c o m o e je m p lo d e p e rfe c to e q u ilib rio e n tre " te n d e n c ia r e a ­
lista" y "te n d e n c ia creativa", ju n to a u n a fo to g ra fía d e A lfred
S tieglitz; luego, co m o ejem p lo p a ra d ig m á tic o de "m icro h isto ria " , o “h is to r ia a e s c a la r e d u c id a " , c o m p a r a d a c o n u n
c lo s e -u p P E n a m b o s casos, la fo to g ra fía (o el fo to g ra m a ) fi­
g u ra co m o té rm in o de c o m p a ra c ió n ; p e ro a q u í m e in te re sa
la se g u n d a c o n fro n ta c ió n .28
¿ S in el c in e , s in el c lo se-u p , K r a c a u e r h a b r ía p o d id o
o c u p a r s e d e m ic r o h is to r ia ? O b v ia m e n te , é s ta es u n a p r e ­
g u n ta re tó ric a . N o es c a s u a l q u e K ra ca u er, p a r a h a c e r h in ­
25 W. Benjamín, Briefe an Siegfried Kracauer, ed. al cuidado del Theodor
W. Adorno Archiv, Marbach/Neckar, 1987, pp. 65 y 66 (señalado por W.
Breidecker, ‘"Feme Náhe’", op. cit., pp. 186 y 187).
26 E. Panofsky, Renaissance and Renaissances in Western Art, Estocolmo,
1965, pp. 82 y ss. [trad. esp.: Renacimiento y renacimientos en el arte occi­
dental, Madrid, Alianza, 2006], Y véase V. Breidecker, ‘"Feme Náhe’", op.
cit., p. 175.
27 S. Kracauer, History, op. cit., pp. 56 y 57 (Prima delle cose ultime, op. cit.,
pp. 45 y 46); History, op. cit., p. 105 (Prima delle cose ultime, op. cit., p. 85); y
véase también History, op. cit., p. 123 (Prima delle cose ultime, op. cit., p. 99).
28 Acerca de la primera, véanse las excelentes observaciones de V. Brei­
decker, “‘Feme Náhe’", op. cit., pp. 176-191.
340
EL HILO Y LAS HUELLAS
capié en el nexo entre investigación macrohistórica y clo seu p s basados en m icroindagaciones, cite un pasaje de
Pudovkin acerca de la pluralidad de puntos de vista impues­
tos por el relato fílmico.29 La fotografía y sus prolongacio­
nes (cine, televisión) abrieron, tal como en tiempos pasados
la perspectiva lineal, una serie de posibilidades cognitivas:
un nuevo modo de ver, relatar, pensar.30 Las reflexiones de
Kracauer recogidas en el libro postumo acerca de la histo­
ria nacen de la conciencia del surgimiento de un mundo
que todavía hoy (hoy más que nunca) es el nuestro.
Un nuevo modo de ver: ¿pero hasta qué punto? Como
escribió T. S. Eliot, toda innovación en el ámbito expresivo
construye su propia genealogía a contrapelo. El cine no es la
excepción a esa regla. Serguéi Eisenstein sostuvo que el pri­
mer plano inventado por Griffith tenía un antepasado litera­
rio, la representación aislada de los detalles en las novelas de
Dickens.31 En otro ensayo, Eisenstein citó también el en­
cuentro entre Emma y Rodolphe en M a d a m e B o v a r y como
un bellísimo ejemplo de montaje alternado de diálogos.32
Esa observación se me escapó cuando años atrás, analicé una
serie de procedimientos usados por Flaubert en L ’é d u c a tio n
s e n tim e n ta le [La e d u c a c ió n s e n tim e n ta l ] -el primero de todos
es el b la n c tan admirado por Proust-, insertándolos en un
contexto modelado por la fotografía, el panorama, el tren.33
29 S. Kracauer, History, op. cit., p. 122 (Prima delle cose ultime, op. cit.,
p. 98).
30 Cf. "Distanza e prospettiva. Due metafore", en Occhiacci di legno, op.
cit., pp. 171-193.
31 S. M. Eisenstein, "Dickens, Griffith e noi", en Forma e técnica del film
e lezioni di regia, Turín, 1964, pp. 172-221 [trad. esp.: "Dickens, Griffith y
nosotros”, en Anotaciones de un director de cine, Moscú, Progreso, s. f., pp.
231-305],
w S. M. Eisenstein, "Dal teatro al cinema”, en Forma e técnica del film ...,
op cit., pp. 13 y 14.
H C Ginzburg, Rapporti di forza. Storia, retorica, prova, Milán, 2000,
pp 109 126
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICRO ANÁLISIS
341
T am bién se m e esca p ó u n a rea cció n te m p ra n a a L’éducation
sen tim entale d e la cu al q u e rría h a b la r aquí: d ig resió n que, si
n o estoy e n error, ay u d a a c o m p re n d e r m e jo r las reflexiones
de K racauer.
6 . E n d ic ie m b re d e 1869 a p a r e c ió e n la R e v u e des D eu x
M o ndes u n la rg o ensay o : “Le r o m á n m y s a n th r o p iq u e ”, d e ­
d ic a d o a L e d u c a tio n sentim entale, re c ié n p u b lic a d a .34 E l a u ­
to r d e ese en say o , S a in t-R e n é T aillan d ier, h a b ía e s c rito e n
su ju v e n tu d u n a m o n o g ra fía a c e rc a d e S c o t Erigéne et la p h i­
lo so p h ie sc h o la stiq u e (1843) [E s c o to E ríg e n a y la filo so fía
esco lástica], c o n u n ojo e n H egel y e n S chelling; lu eg o h a b ía
e n s e ñ a d o lite r a tu r a e n v a ria s u n iv e rs id a d e s ( E s tra s b u rg o ,
M o n tp ellier); p o co d e sp u é s c o n c lu iría su c a r re ra e n la Acad é m ie F ra n g a ise .35 E n 1863 h a b ía p u b lic a d o , ta m b ié n e n la
R evue des D eu x M ondes, u n en say o a c e rc a d e S a la m m b ó ti­
tu la d o "Le ré a lism e é p iq u e d a n s le r o m á n ".36 De u n c rític o
u n iv e r s ita r io d e f o rm a c ió n c a tó lic a y g u s to s m o d e ra d o s
co m o T a illa n d ie r c a b ría e s p e r a r u n a c o n d e n a de la "in m o ­
ra lid a d " y d e las a u d a c ia s estilístic a s d e F la u b e rt. Y la c o n ­
d e n a llega, c o m o p re v e ía m o s ; p e ro d e n tro d e u n d is c u rs o
c rític o q u e b a jo n in g ú n a s p e c to es o b v io , e n e sp e c ia l p a r a
n o so tro s, q u e p e rte n e c e m o s a u n a p o s te rid a d a c o s tu m b ra d a
a le e r L e d u c a tio n sentim en ta le c o m o u n clásico. Taillandier,
q u e la le ía c o m o u n a n o vela, re c ié n sa lid a d e im p re n ta , d e
u n e s c r ito r c o n s o lid a d o y e s c a n d a lo s o , n o s c o m u n ic a e n
c a m b io la ag ita c ió n in e sp e ra d a d e lo nuevo.
15 de diciembre de 1869, pp. 987-1004.
35 Saint-René Taillandier, Histoire et philosophie religieuse. Études et jugements, París, 1859; Études littéraires, París, 1881.
36 Revue des Deux Mondes, 15 de febrero de 1863, pp. 840-860. Véase
también, del mismo autor, el artículo acerca de La tentation de Saint-Antoine
("Une sotie au dix-neuviéme siécle”, en Revue des Deux Mondes, Io de mayo
de 1874, pp. 205-223).
34 Revue des Deux Mondes,
342
EL HILO Y LAS HUELLAS
Im ag in en u ste d es a u n a rtista que p re te n d a re p ro d u c ir de la
m a n e ra m á s fiel la re a lid a d y em p iece p o r e c h a r so b re esta
re a lid a d el velo ex tra v ag a n te de su sistem a . In ú tilm e n te se
p ro p o n e m o stra r todo, sim ila r al rayo de sol que atrav iesa la
c á m a ra o scu ra del fotógrafo (p. 988).
La analogía entre Flaubert y un fotógrafo podrá parecer ba­
nal. No lo es en medida alguna, como demuestran las frases
inmediatamente posteriores:
E n v an o p ro c u ra se r ag u zad o , m o rd ie n te , co m o el filo q u e
hien d e la piedra, com o el ag u a fu erte que roe el cobre: c a p tu ­
rad o p o r el efecto, sólo pien sa en el p rocedim ien to , en la d o ta ­
ción, las h e rra m ie n ta s, los ácidos. Se olvida la ric a v arie d ad
de la n a tu ra le z a : y lo vem os rec lu id o en u n la b o ra to rio m a l­
san o . E l ru d o a rte sa n o del re a lism o v elo zm e n te p e rd e rá la
p e rc e p c ió n del m u n d o real. Tiene u n a p e q u e ñ a c a n tid a d de
m o d elo s a n te los ojos, y esos m odelos, can sa d o s, d esfig u ra­
dos, fastidiados y fastidiosos, se to rn a rá n p a ra él u n a im agen
del destino h u m a n o (p. 988).
Taillandier reconoce que Flaubert “no es por cierto un escri­
tor mediocre”, “produce poco, pero cada obra suya testimonia
una meditación intensa y una ejecución minuciosa”. Sin em­
bargo, un libro como Madame Bovary “es una sabia disección
ejecutada con impasibilidad glacial", que escandalizó no por
el tema sino por “la indiferencia del pensamiento" que la ins­
piraba (pp. 988 y 989). “El realismo épico de Salammbó tenía
la misma característica de fantasía inhumana ’ (en el artículo
anterior Taillandier se había referido sin medias tintas a un
“elemento de imaginación sádica').31 De allí la pregunta: "¿Qué
era, pues, ese escritor que, si bien trabajaba con tanto cuidado
’7 Revue des Deux Mondes, 15 de febrero de 1863, p. 860 (las cursivas
peí luncccn al original).
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
343
en su o b ra, p e rm a n e c ía sin e m b a rg o ta n to ta lm e n te ajen o a
ella? ¿Q ué significaba esa figuración im pasible?" (p. 989).
Im p a ssib ilité , im p a ssib le : e so s té rm in o s , q u e re p e tid a s
veces re a p a re c e n e n el a rtíc u lo , d e riv a n d e la c o m p a ra c ió n
in ic ia l e n tre e s c rito r y fo tó g rafo . E n e sa im p a sib ilid a d T ai­
lla n d ie r ve "el re s u lta d o d e u n sistem a , la e x p re sió n de u n a
filosofía o culta": u n a m is a n tro p ía e n el s e n tid o m á s am p lio
d el té rm in o . “Inflig ir al h o m b re u ltra je s d e esa s u e rte sig n i­
fica u ltr a ja r al m u n d o y a aq u e l q u e lo h a cre ad o , si a d m iti­
m o s q u e el m u n d o es o b r a d e a lg u ie n [...]. U n a s u e rte d e
a te ís m o : h e a q u í la filo so fía d e e s te lib ro " (p. 990). P e ro a
esa in te n c ió n filosófica se u n e “el d e se o d e e s c rib ir u n a p á ­
g in a d e h isto ria " . S e g ú n p a re c e , F la u b e rt d e se ó s u g e rir “la
id e a d e u n a o b r a e n q u e los a c o n te c im ie n to s p ú b lic o s [de
los ú ltim o s 25 a ñ o s] so n ex p licad o s p o r las c o n d u c ta s in d i­
v id u a le s. L a e d u c a c ió n d el p e r s o n a je p r in c ip a l se c o r r e s ­
p o n d e ría e n to n c e s c o n la e d u c a c ió n d e la so c ie d a d p a ris in a
en u n p e río d o d e n u e s tra h isto ria ".
Resulta difícil no aceptar esta hipótesis, por extravagante que
fuese -prosigue Taillandier- en el m om ento en que nos damos
cuenta de que con toda evidencia el autor im ita el estilo que
M ichelet adoptó en los últim os volúm enes de su Histoire de
France. Encontram os la m ism a manera quebrada, convulsa,
el m ism o m odo de fragmentar la narración, de pasar brusca­
m ente de una escena a la otra acum ulando los detalles y su ­
primiendo las transiciones. La novela nunca habló una lengua
de ese tipo; uno tiene la im presión de encontrarse frente a una
crónica, un diario adusto y apurado, una recopilación de no­
tas, de señales, de palabras; sin embargo, la diferencia es ésta:
que en el caso del historiador las señales tienen incidencia, las
palabras expresan, las notas resu m en -o r a bien ora m a lácontecim ientos relevantes, mientras que en el caso del nove­
lista esas formas sabiamente, laboriosamente destiladas se re­
fieren a aventuras por com pleto insulsas (pp. 993 y 994).
344
EL HILO Y LAS HUELLAS
A la y u x ta p o s ic ió n d e M ic h e le t y F la u b e r t v o lv e ré d e n tr o d e
p o c o . P e r o T a illa n d ie r n o ta q u e la c o n tr a p o s ic ió n q u e e n él
s u r g ió e s p o n t á n e a m e n t e e n t r e lo s " a c o n t e c i m ie n to s r e l e ­
v a n te s ” d e s c r ito s p o r el p r im e r o y la s " a v e n tu r a s p o r c o m ­
p le to in s u ls a s " r e la ta d a s p o r el s e g u n d o e s in e x a c ta . Q u ie n
le e L e d u c a tio n s e n tim e n ta le r e c ib e el im p a c t o d e a lg o m u y
d if e r e n te , d e l e n t r a m a d o e n t r e v id a s p r iv a d a s y a c o n t e c i ­
m ie n to s p ú b lic o s : e n e llo T a illa n d ie r v is l u m b r a "el p r o p ó ­
s ito d e c o n f u n d i r la s c o s a s g r a n d e s c o n la s p e q u e ñ a s , la s
s e ria s c o n la s r id ic u la s , p a r a f u n d a r s o b r e e s a p r o m is c u id a d
la d o c t r i n a d e l d e s p r e c io u n iv e r s a l” (p . 9 9 9 ). S e p o n e to d o
e n u n m is m o n iv e l: "Ya n o c o n s is te e n u n a b a n a l in d if e r e n ­
c ia , s in o e n u n a d e l i b e r a d a v o l u n t a d d e d e s e n c a n t a r el
m u n d o y d e g r a d a r la n a t u r a le z a h u m a n a ” (p . 1 0 0 2 ). L a p a ­
la b r a d é s e n c h a n te r r e a p a r e c e h a c ia la c o n c lu s ió n : u n a v e z
te r m in a d o el lib ro , " n o s d e c im o s q u e to d o e llo e s fa lso , q u e
el a u t o r n u n c a r e p r e s e n t ó n i el a m o r n i la a c c ió n , q u e c a ­
lu m n ió a la h u m a n id a d , q u e la v id a e s a lg o q u e tie n e u n v a ­
lor, y q u e el a r t e r e n ie g a d e s í m is m o c u a n d o s e o b s ti n a e n
d e s e n c a n ta r la o b r a d e D io s" (p. 1003).
7. A je n id a d d e l a u t o r c o n r e la c ió n a la o b ra ; p r o c e d im ie n to s
n a r r a ti v o s q u e s o n fin e s e n sí; im p a s ib ilid a d ; in d if e r e n c ia ;
h is to r ia e n la q u e se e n t r e la z a n a c o n te c im ie n to s p ú b lic o s y
tr a y e c to r ia s p r iv a d a s s in im p o r ta n c ia ; ir r e le v a n c ia d e c o n ­
ju n to ; d e s e n c a n to d e l m u n d o . N o s e r ía d ifíc il d e t e c ta r e n el
lib ro p o s tu m o d e K r a c a u e r a c e r c a d e la h is t o r ia te m a s s im i­
la re s a los q u e T a illa n d ie r d e te c tó e n L 'é d u c a tio n s e n tim e n ­
tale-. e x t r a ñ a m i e n to , d is ta n c ia , im b r ic a c ió n d e m ic r o y m a c r o h is to r ia , r e c h a z o d e la filo so fía d e la h is to r ia , e s to es, d e
la b ú s q u e d a d e u n s e n t i d o g lo b a l e n la h i s t o r i a h u m a n a .
A caso K r a c a u e r n o h a y a le íd o el a r tíc u lo d e T a illa n d ie r; s in
e m b a rg o , leyó a F la u b e rt, e n los a ñ o s d e W e im a r c o n te m p ló
la im p a s ib ilid a d f la u b e r tia n a c o m o u n id e a l, y h a c ia el fin al
d e la g u e r r a p r o y e c tó u n e n s a y o ( n u n c a e s c r ito ) a c e r c a d e l
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANALISIS
345
p e s im ism o d e F la u b e rt y d e los in te le c tu a le s d e la T erce ra
R e p ú b lic a .38 S in e m b a rg o , la c o n v e rg e n c ia q u e d e lin e é im ­
p lic a algo m á s c o m p le jo q u e la le c tu ra de u n m is m o a u to r
p o r p a rte de dos lecto res m u y d istin to s, a u n siglo d e d is ta n ­
cia. E n esta o p o rtu n id a d , n o to d o co n siste en rec ep ció n , sin o
en rec ep ció n y p ro d u c c ió n sim u ltá n e a m e n te . E n u n lib ro ex­
tra o rd in a rio , y to d a v ía in su fic ie n te m e n te u tiliza d o , M ichael
B a x an d a ll d e m o s tró q u e los p in to re s ita lia n o s d el Q uattrocento se d irig ía n a u n p ú b lic o q u e e s ta b a en c o n d ic io n e s de
d e s c ifra r su o b ra s g ra c ia s a u n a se rie de ex p e rien c ias so c ia ­
les co m p a rtid a s: libri d'abaco [libros q u e e n s e ñ a b a n los ru d i­
m e n to s de la a ritm é tic a ], p réd ic as, d a n z a .39 P o d ría re p e tirse
el e x p e rim en to c o n la fotografía, eligiendo u n á m b ito esp ec í­
fico: F ra n c ia h a c ia m e d ia d o s del siglo xix, la A lem an ia d e las
p rim e ra s d é c a d a s d el xx, la E u ro p a d e c o m ie n z o s d el xxi.
Q ue q u ed e claro: esa p ersp e ctiv a de in v estig ació n n a d a tien e
q u e v e r c o n el d e te rm in is m o . Si el h o m b re es (e n tre ta n ta s
d e fin icio n e s p o sib le s) u n a n im a l m e ta fó ric o , e n to n c e s p o ­
d ría m o s d e c ir q u e los libri d ’abaco, la fotografía, etc., p ro p o ­
n e n al a rtis ta y a su p ú b lic o o tra s ta n ta s ex p e rien c ias tr a t a ­
b le s c o m o m e tá f o r a s , c o m o m u n d o s ais ob, re s p e c to d el
m u n d o ficticio c o n s titu id o p o r la o b ra . E n el caso q u e e s ta ­
m o s d isc u tie n d o , la fo to g ra fía ofreció a F la u b e rt la p o sib ili­
d a d de e la b o ra r u n a se rie d e e x p e rim e n to s co g n itiv o s y n a ­
r ra tiv o s , y a s u s le c to r e s la p o s ib ilid a d d e d e s c if r a r lo s .
C u an d o T aillandier h ip o te tiz a, sin a p o r ta r referen c ias p re c i­
sas, q u e F la u b e rt se in s p iró e n el e stilo ta rd ío d e M ic h elet
-" la m is m a m a n e ra q u e b ra d a , co nvulsa, el m ism o m o d o de
38 K. Witte, "'Light Sorrow’. Siegfried Kracauer as Literaiy Critic", en
New Germán Critique, 54, 1991, pp. 77-94, sobre todo, pp. 93 y 94 (a propó­
sito de Hemingway, In Our Time)-, Kracauer a Panofsky, 8 de noviembre de
1944 (S. Kracauer y E. Panofsky, Briefwechsel, op. cit., p. 38).
39 M. Baxandall, Painting and Experience in Fifteenth Century Italy,
Oxford, 1972 (trad. it.: Pittura e esperienze sociali nell’Italia del Quattrocento, ed. al cuidado de M. P. y P. Dragone, Turín, 1978).
346
EL HILO Y LAS H UELLAS
f r a g m e n t a r la n a r r a c ió n , d e p a s a r b r u s c a m e n t e d e u n a e s ­
c e n a a la o t r a a c u m u la n d o lo s d e ta lle s y s u p r i m i e n d o la s
tr a n s ic io n e s " - es im p o s ib le n o p e n s a r e n la f o to g ra fía y ( a n a ­
c r ó n ic a m e n te ) e n el m o n ta je c in e m a to g rá fic o .
I n te n te m o s a h o r a p o n e r a p r u e b a la h ip ó te s is d e T a illa n ­
d ie r e n u n f r a g m e n t o to m a d o , c a s i a l a z a r, d e l d é c im o n o ­
v e n o y ú lti m o v o lu m e n d e la H isto ire de F rance d e M ic h e le t.
E s la d e s c r ip c ió n d e u n o d e lo s e p is o d io s d e la r e v u e lta n o ­
b ili a r ia q u e p r e c e d ió la g r a n r e v o lu c ió n : la c o n o c id a c o m o
jo u m é e d es tu ile s, u n le v a n ta m ie n to q u e s e p r o d u jo e n G re n o b le el 7 d e ju n io d e 1788. M ic h e le t tu v o a n t e s u s o jo s u n a
d e c e n a d e in f o rm e s a c e r c a d e e s a jo m a d a : "L a m e jo r, d e u n
fra ile , e s d e u n a s e n c ille z e n c a n t a d o r a ”. V a ld ría la p e n a v e r
e n q u é m o d o r e o r g a n iz ó e s e m a te r ia l ( p a i a e m p e z a r, la p u n ­
tu a c ió n ) . P e r o o ig a m o s a M ic h e le t:
Era m ed iod ía. Ante e se fragor sin iestro, que reson ab a p or los
recod os del valle profundo, los to sco s ca m p esin o s de T ronche
y las com u n as aledañas, en u n terrible ím petu, em p u ñ aron los
fusiles, se ech aron a correr. Pero las puertas estaban clavetea­
das. Van a buscar escaleras. D esafortu n ad am en te eran cortas.
Term inan por abrir una brecha en un a m uralla que encerraba
una p u erta falsa. In su m ió m u c h o tiem p o; p ero su p rese n c ia
bastaba para dar a en ten d er que el cam p o estaba al u n íso n o en
contra de la ciu d ad .40
A e s a s u c e s ió n d e s e n s a c io n e s v is u a le s y a u d itiv a s , e s c a n d i­
d a s p o r c lá u s u la s b re v e s , q u e b r a d a s c o m o f o to g r a m a s , q u e
se p r o l o n g a p o r p á g i n a s y p á g i n a s , p o d r í a m o s a c e r c a r la
e s tu p e n d a e s c e n a d e L e d u c a tio n s e n tim e n ta le e n q u e se d a
J Michclet, Histoire de France, vol. xix, París, 1879 (pero cl prefacio
estA fechado París, 1" de octubre de 1855), pp. 360 y 361. En cuanto a un
primer cotejo, véase I. Sgard, I jl's trente récits de la Joumée des Titiles, Grenohle, I9H8, en especial, p. 93.
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANÁLISIS
347
m u e rte a D u ssa rd ie r.41 E n vez d e ello, c ita ré u n tra m o r e ­
d a c ta d o e n la m o d e s ta p r o s a d e u n m a n u a l d e d ir e c c ió n
c in e m a to g rá fic a :
Para tener una idea clara y precisa de la manifestación, el ob­
servador debe [...] primero trepar hasta el techo de una casa
para ver la m archa en su conjunto y calcular su magnitud;
luego debe descender para mirar desde la ventana del primer
piso y leer los carteles que llevan los m anifestantes, y por úl­
tim o debe m ezclarse con la multitud para formarse una idea
del aspecto exterior de los participantes.
E s el fra g m e n to d e P u d o v k in c ita d o p o r K ra c a u e r e n r e s ­
p a ld o d e s u te s is d e im p lic a c ió n r e c íp ro c a e n tr e m a c r o y
m ic ro h is to ria , e n tre lo n g -sh o ts y c lo s e - u p s 42 P o r m i p a rte ,
c ita r ía la s p á g in a s d e K ra c a u e r e n re s p a ld o d e la te sis d e
las im p lic a c io n e s c o g n itiv a s (y n o só lo r e tó ric o -o rn a m e n ta le s) d e c u a lq u ie r n a r r a c ió n .43 E n e s te a s p e c to , K ra c a u e r
se n o s m u e s tra , h o y m á s q u e n u n c a , c o m o u n in te rlo c u to r
in d is p e n sa b le .
8 . “E n la p a n ta lla n o h ay co sm o s", e s c rib ió R o g e r C aillois.
K racauer, q u e citó esas p a la b ra s c o n e n fá tic a ap ro b a ció n , co ­
b ró ta n to im p u lso co m o p a ra a u n afirm ar: “E n el cine, el a rte
41 La cité y comenté en Rapporti di forza, op. cit., pp. 113 y 114.
42 S. Kracauer, History, op. cit., p. 122 (Prima della cose ultime, op. cit.,
p. 98).
43 Remito, a propósito de este punto, a mi libro Rapporti di forza, op.
cit. Según Peter Burke, Kracauer habría sido el prim ero en sostener que
las novelas de Joyce, Proust y Virginia Woolf proporcionan al relato his­
tórico “a challenge and an opportunity [un desafío y una oportunidad]”
("Aby W arburg as historical anthropologist", en H. Bredekamp, M. Diers y
C. Schoell-Glass [eds.], Aby Warburg. Akten des intemationalen Symposions,
Hambiirgo, 1991, p. 237, reproducido en S. K racauer y E. Panofsky, Briefwechsel, op. cit., p. 147, n. 80). Sin embargo, K racauer (Theory of Film, op.
cit., p. 219) rem itía a Auerbach.
348
EL HILO Y LAS HUELLAS
es r e a c c io n a r io p o r q u e s im b o liz a la to ta lid a d [w h o len ess]”.44
E s e o b s tin a d o r e c h a z o p o r la to ta lid a d , q u e n u tr ió el r e c e lo
d e K r a c a u e r c o n r e la c ió n a la f ilo s o fía d e la h is to r ia , e c h a
u n a lu z ir ó n ic a s o b r e la s fra s e s e s c r ita s e n M a rs e lla d u r a n te
n o v ie m b r e d e 1940: "E l r o s tr o e n el c in e n o tie n e v a lo r si n o
h a c e a f lo r a r la c a la v e ra q u e h a y p o r d e b a jo . ‘D a n se m a c a b r e .'
¿ P a r a q u é fin? E so q u e d a p o r v e rs e ”. "Z u w e lc h e n E n d e ? ” E l
sig n o d e in te r ro g a c ió n d e ja a b ie r ta la p o s ib ilid a d d e q u e m á s
a llá d e l fin al, el c u a l s e d a p o r d e s c o n ta d o , h a y a ta m b ié n u n
telo s, u n p r o p ó s ito . S in e m b a r g o , el títu lo , ta m b ié n ir ó n ic o ,
d e l lib r o in c o n c lu s o a c e r c a d e la h is t o r ia - T h e L a s t T h in g s
B efore th e L a s t- ev o c a el m u n d o d e la c o n tin g e n c ia , el m u n d o
d e s e n c a n ta d o p o r el c u a l h a b í a n p u g n a d o F la u b e r t (c o m o e s ­
c r ib ió T a illa n d ie r ) y M a x W e b e r.45 E n m i o p in ió n , to d o e llo
d is u a d e d e e n r o la r a K ra c a u e r, c o m o a lg u ie n h iz o , e n t r e lo s
s e g u id o re s d e u n m e s ia n is m o , s iq u ie r a a te n u a d o .46 E l "¡ n o !'’’
q u e K r a c a u e r e s c rib ió e n s u e je m p la r d e lo s e s c rito s d e B e n ­
j a m in p u b lic a d o s e n 1955, j u n t o a la ú lti m a f ra s e d e la s é p ­
tim a te s is s o b r e la filo so fía d e la h is to r ia , m a r c a u n d is e n s o
q u e la tr á g ic a m u e r te d e s u a m ig o n o h a b ía s o f o c a d o .47 V ale
la p e n a r e le e r lo q u e h a b ía e s c r ito B e n ja m in :
Fustel de C oulanges reco m ien d a al h istoriad or d e seo so de re­
vivir u n a ép oca que se q uite de la cab eza tod o cu an to sep a del
d ecu rso p osterio r de la h isto ria . M ejor n o p u ed e d efin irse el
p ro ced im ien to c o n que ha roto el m a teria lism o h istó rico . Es
un p roced im ien to de em patia. Su origen está en la d esid ia del
44 S. K racauer, Theory o f Film, op. cit., p. 226 y nota, p. 301.
45 S. K racauer, "The H otel Lobby”, en The Mass Omement, op. cit., p.
!78 (es un cap ítu lo de S. K racauer, Le román policier, París, 1971: cf. p. 68).
Según T. Clark, la expresión “m u n d o d e se n c a n ta d o ” deriv aría de S chiller
(Farewell to an Idea, New Haven y L ondres, 1999, p. 7). Pero p ro b a b le m e n te
Schiller conociera el libro de B a lth a sa r Bekker que lleva ose m ism o título.
4,1 M. Manscn, "Willi Skin and H air ”, op. cit.
47 W Miviclecker, "'F em e NíUie”’, op. cit., pp. 178 y 179.
DETALLES, PRIMEROS PLANOS, MICROANALISIS
349
corazón, en la acedía, que desespera por adueñarse de la au­
téntica imagen histórica que relumbra fugazmente. Los teólo­
gos de la Edad Media la tenían por la razón fundamental de la
tristeza. Flaubert, que congenió con ella, escribe: “Pocos intui­
rán cuánta tristeza hizo falta para resucitar a Cartago [Peu de
gens devineront com bien il a fallu étre triste pour ressusciter
Carthage]". La índole de esa tristeza se vuelve patente al pre­
guntar con quién "entra en empatia" el historiador del histori­
cism o. La respuesta reza inevitablemente: con el vencedor.48
K racauer, q u ie n se definía p a r tid a r io d e las c a u sa s p e rd id a s
y a s o c ia b a al close-up el te m a d e D avid y G oliat, e s to es, la
co n v icc ió n de q u e las fu e rz a s m á s sig n ificativ as q u e d a n de
m a n ifie sto e n a q u e llo q u e es p e q u e ñ o e in sig n ific a n te , n o
p o d ía a c e p ta r la c o n c lu sió n d e B e n ja m ín .49 T am p o co p o d ía
a c e p ta r lo q u e la an tec ed ía : la c o n d e n a a la m e lan c o lía , a la
e m p a tia , a F la u b e rt a s im ila d o al h isto ric ism o . E n c u a n to al
h is to ric is m o , su ju ic io e r a a m b iv a le n te . P e ro la c o n fia n z a
e n la id e a d e p ro g re s o , e x p r e s a d a (c o n o s c ila c io n e s ) p o r
D ilthey, le p a re c ía in a c e p ta b le .50 E l p e s im ism o de F la u b e rt
le e r a ta n to m á s c o n g e n ia l. Y, a p e s a r d e to d o , e n la id e a
( a n tim e s iá n ic a ) d e r e d e n c ió n d e la r e a lid a d fís ic a se a d ­
v ie rte u n in u sita d o a c e n to u tó p ic o .51
48 Uso la traducción de R. Solmi (W. Benjamín, Angelus Novus. Saggi e
frammenti, Turín, 1962, p. 75) [trad. esp.: Angelus novus, Barcelona, Edhasa,
1971],
49 S. K racauer y E. Panofsky, Briefwechsel, op. cit., p. 91. Y véase el epí­
logo de History, op. cit., p. 219.
50 Ibid., p. 202 (Prima delle cose ultime, op. cit., pp. 160 y 161].
51 Cf. la conclusión de Theory of Film. The Redemption of Physical Reality, op. cit., pp. 300-311 (con un significativo reenvío a las páginas finales
de Auerbach, Mimesis, op. cit.).
XIII. MICRO HISTORIA:
DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA*
1. C r e o h a b e r o íd o h a b l a r p o r p rim e ra vez de "m icro h isto ria" en 1977 o 1978, de b o ca de G iovanni Levi. P ienso q u e m e
ap ro p ié de esa p a la b ra n u n c a a n tes o íd a sin p e d ir elu cid acio ­
n es re sp e c to de su sig n ific ad o literal: m e h a b ré c o n te n ta d o
- im a g in o - c o n la referen c ia a la esca la re d u c id a de la o b ser­
vació n, q u e el prefijo "m ic ro ” su g ie re . E n ca m b io , re c u e rd o
b ie n q u e e n n u e stra s conv ersacio n es de en to n ces h a b lá b a m o s
d e "m ic ro h isto ria " co m o d e u n ró tu lo to sc a m e n te p eg a d o a
u n cajó n h istoriográfico co m p le ta m e n te vacío to d a v ía.1
T iem po después, G iovanni Levi, S im o n a C erutti y yo e m ­
p ezam o s a tra b a ja r en u n a colección, p u b lic a d a p o r el e d ito r
E in au d i, p recisam en te b ajo el títu lo "M icrostorie". E n ella sa ­
lie ro n d esd e en to n ce s u n a v e in te n a de v o lú m en es, ta n to d e
a u to re s italian o s com o extranjeros; alg u n o s de los títu lo s ita ­
lianos fu ero n trad u c id o s a varias lenguas; en algún sitio se h a ­
bló de “escuela m ic ro h istó ric a italian a". P ero rec ien tem en te,
g racias a u n a p eq u e ñ a investigación léxica retrospectiv a,2 des-
*
Agradezco a Patrick Fridenson, con quien sostuve una fructífera dis­
cusión m ientras escribía estas páginas. Perry Anderson las leyó y criticó
antes de que adquirieran form a definitiva. Mi deuda con ellos es, una vez
más, muy grande.
1 Levi retrotrae las prim eras discusiones acerca de la colección que sos­
tuvo con Giulio Einaudi y conmigo "en tom o a los años '74, '75 y ’76” (cf.
"II piccolo, il grande, il piccolo. Intervista a Giovanni Levi”, en Meridiana,
septiem bre de 1990, p. 229); pero se trata de un recuerdo erróneo.
2 Dicha investigación fue posibilitada por orion, el program a sobre el
cual se basa el catálogo inform atizado de la ucla Research Library (actual­
m ente Charles E. Young Research Library [yrl]).
351
352
EL HILO Y LAS HUELLAS
c u b r í q u e y a o tr o s h a b í a n u s a d o e s a p a l a b r a q u e c r e ía m o s
d e s p ro v is ta d e c o n n o ta c io n e s .
2. E n la m e d id a d e m i c o n o c im ie n to , el p r im e r o e n e n a r b o ­
l a r el té r m in o " m ic r o h is to r ia ” c o m o u n a a u to d e f in ic ió n fu e
u n e s tu d io s o e s ta d o u n i d e n s e , G e o rg e R . S te w a r t, e n 1 959.
S te w a r t - n a c i d o e n 1895 y m u e r t o e n 1980, d u r a n te m u c h o s
a ñ o s p r o f e s o r e n la U n iv e r s id a d d e B e r k e le y - n o d e b í a s e r
u n a p e r s o n a p a r a n a d a b a n a l. L a c o p i o s a b ib li o g r a f í a d e
e s te p o líg r a fo liberal a b a r c a , a d e m á s d e v a r ia s n o v e la s - q u e
n o le í- , u n te m p r a n o m a n if ie s to e c o ló g ic o (N o t s o R ic h a s
Y ou T h in k , 1968 [N o ta n r ic o c o m o c re e s ]); u n a r e c a p i t u l a ­
c ió n d e la h is t o r ia u n iv e r s a l e n f o r m a d e a u to b io g r a f ía d e la
e s p e c ie h u m a n a (M an: A n A u to b io g ra p h y , 1946 [E l h o m b r e :
u n a a u t o b io g r a f ía ] ) ; u n a c r ó n ic a , e s c r i t a e n c o l a b o r a c i ó n
c o n o tr o s , d e la r e s is te n c ia o p u e s ta p o r el p r o p io S te w a r t y
o tr o s p r o f e s o r e s , e n t r e lo s c u a le s s e c o n t a b a E m s t K a n to r o w ic z , a l j u r a m e n t o i m p u e s t o e n la e r a M c C a r th y p o r la
a d m i n i s t r a c i ó n d e la U n iv e r s id a d d e B e rk e le y (T h e Y ear o f
th e O a th , 1950 [E l a ñ o d e l j u r a m e n t o ] ) .3 L o s lib r o s m á s c o ­
n o c i d o s d e S te w a r t ( Ñ a m e s o n th e L a n d , 194 5 , 1 9 6 7 [L o s
n o m b r e s d e n u e s tr a s tie r r a s ] ; A m e r ic a n P lace Ñ a m e s , 1 9 7 0
[ N o m b re s d e lo c a lid a d e s e s ta d o u n id e n s e s ] ) e s tá n d e d ic a d o s
a la to p o n im ia d e lo s E s ta d o s U n id o s .4 E n u n a c o n f e re n c ia ,
to m ó c o m o p u n to d e p a r ti d a lo s to p ó n im o s m e n c io n a d o s e n
3 Kantorow icz, no n om brado pero fácilm ente reconocible, destella p o r un
instante en la reseña de Stewart; cf. The Yearof the Oath, Berkeley, 1950 (reed.
1971), p. 90. Véase tam bién E. H. K antorow icz, The Fundamental Issue. Documents and Marginal Notes on the University of California Loyalty Oath, San
Francisco, 1950, p. 1: "This is not intended to be the history o f ‘The Y earof the
O ath’. This subject has been adm irably dealt w ith by Professor George R.
Stew art [Ésta no pretende ser la historia del año del ju ra m e n to ’. Dicho tem a
fue adm irablem ente afrontado p or el profesor George R. Stew art]”.
4 Cf. M. S. Beeler, "G eorge R. Stew art, to p o n y m ist”, en Ñames, 2, 1976
(el n ú m ero lleva cl encabezado Festschrift in Honor on Professor George
U Stewart), pp. 77-85. Véase tam b ién "G eorge R. Stew art on Ñ am es and
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
353
u n a o d a de H o ra cio y sostuvo que, p a r a in te rp re ta r u n texto
lite ra rio , h a c e fa lta a n te to d o d e s c ifra r las re fe re n c ia s a m ­
b ie n tales -lu g a re s , vegetación, c o n d ic io n e s m e te o ro ló g ic a sq u e incluye.5 E sa p a sió n p o r el d etalle m ic ro scó p ic o ta m b ié n
in sp iró el lib ro q u e a q u í m e in te resa : P ic kett’s Charge. A M icrohistory o f the Final A ttack at Gettysburg, July 3, 1863 (1959)
[La c a rg a d e P ick e tt. U na m ic ro h is to ria d e la a c o m e tid a fi­
n al en G etty sb u rg , 3 de ju lio de 1863]. E n ese libro, S tew art
a n a liz a a lo la rg o d e m á s de tre s c ie n ta s p á g in a s los p o rm e ­
n o re s d e la b a ta lla decisiva d e la g u e rra civil estad o u n id en se .
El títu lo se refiere a u n ep iso d io q u e d u ró u n o s vein te m in u ­
tos: la d e s e sp e ra d a c a rg a d e u n b a ta lló n su re ñ o lid e ra d o sin
éx ito p o r el g e n e ra l d e d iv isió n G eo rg e E d w a rd P ick e tt. El
re la to se a r tic u la d e n tro d e u n e s p a c io exiguo, d u r a n te u n
la p so d e 15 h o ra s. Los p la n o s y los d ia g ra m a s q u e a c o m p a ­
ñ a n el te x to lle v an ep íg ra fe s c o m o “E l c a ñ o n e o (1:10-2:55
p m )". L a s u e rte d e la b a ta lla d e G e tty sb u rg se ju e g a e n u n
p u ñ a d o d e se g u n d o s, e n tre u n m o n te d e á rb o le s y u n a m u ­
ralla d e p ie d ra s.6 M e d ian te la d ila ta c ió n del tie m p o y la c o n ­
c e n tr a c ió n d el e sp a c io , S te w a rt a n a liz a c o n m in u c io s id a d
ca si o b se siv a lo q u e él defin e el “m o m e n to c u lm in a n te d el
a c o n te c im ie n to c u lm in a n te d e la g u e rra , el m o m e n to c e n ­
tra l de n u e s tra h isto ria [th e clim ax o f th e clim ax, th e c e n tra l
m o m e n t o f o u r h istory]"; y, en c u a n to tal, p a rte de la h isto ria
u n iv e rsa l. Si la fallid a c a rg a de G eorge E d w a rd P ick e tt h u ­
b ie ra sid o c o ro n a d a p o r el éxito - a f ir m a S te w a rt-, la b atalla
d e G e tty sb u rg p o d r ía h a b e r c o n c lu id o d e o tro m o d o ; y “la
e x iste n c ia d e d o s re p ú b lic a s riv ales p ro b a b le m e n te h a b r ía
im p e d id o la in te rv e n c ió n d ec isiv a e n las d os g u e rra s m u n ­
Characters", entrevista publicada en esa m ism a revista, 9, 1961, pp. 51-57;
J. Caldwell, George R. Stewart, Boise ( id ), 1981.
5 Cf. G. R. Stewart, “The Regional Approach to Literature”, en College
English, 9, 1948, pp. 370-375.
6 G. R. Stewart, Pickett s Charge. A Microhistory of the Final Attack at Get­
tysburg, July 3, 1863 [1959], Dayton ( oh ), 1983, pp. dc, 211 y 212.
354
EL HILO Y LAS HUELLAS
d ia le s , q u e tr a n s f o r m ó a lo s E s ta d o s U n id o s e n u n a p o te n c ia
g lo b a l” .7 L a m ic r o h is to r ia d e S te w a r t d e s e m b o c a e n u n a r e ­
fle x ió n a c e r c a d e la n a r iz d e C le o p a tra .
3. A p o c o s a ñ o s d e d is ta n c ia , d e m a n e r a p o r c o m p le to in d e ­
p e n d ie n te d e S te w a rt, u n e s tu d io s o m e x ic a n o , L u is G o n z á le z
y G o n z á le z , in tr o d u jo la p a l a b r a " m ic r o h is to ria " e n el s u b tí­
tu lo d e u n a m o n o g r a f ía (P ueblo e n vilo. M icro h isto ria de S a n
J o sé de G racia, M éxico, 1968). É s ta in d a g a , a lo la rg o d e c u a ­
tr o sig lo s, la s tr a n s f o r m a c io n e s d e u n p o b la d o m in ú s c u lo ,
"ig n o ra d o " . S in e m b a rg o , la s p e q u e ñ a s d im e n s io n e s s o n r e s ­
c a ta d a s p o r la tip ic id a d : a d e m á s d e q u e G o n z á le z y G o n z á le z
n a c ió y v ivió allí, ése es el e le m e n to q u e ju s tific a la e le c c ió n d e
S a n J o s é d e G ra c ia e n t r e o tr o s m il v illo rrio s a n á lo g o s . A q u í,
m ic r o h is to r ia es s in ó n im o d e h is to r ia lo c al, e s c r ita - c o m o e n ­
f a tiz a b a G o n z á le z y G o n z á le z , c ita n d o a P a u l L e u illio t- c o n
u n a v isió n c u a lita tiv a , n o c u a n tita tiv a .8 L a f o r tu n a d e P u eb lo
en vilo ( re e d ita d o y lu e g o tr a d u c id o a l f ra n c é s ) le d io a lie n to
al a u t o r p a r a te o r iz a r s u e n f o q u e e n d o s e n s a y o s, “E l a r te d e
la m ic r o h is to r ia " y “T e o ría d e la m ic r o h is to r ia " , in c lu id o s e n
d o s r e c o p ila c io n e s , q u e re s p e c tiv a m e n te lle v a n lo s títu lo s I n ­
v ita c ió n a la m ic r o h isto ria (1 9 7 3 ) y N u e v a in v ita c ió n a la m i ­
cro h isto ria (1982). E n s u s p á g in a s , c u y o e c o es p e r c e p tib le e n
o tr a s p u b lic a c io n e s d e e so s m is m o s a ñ o s ,9 G o n z á le z y G o n z á ­
lez d ife re n c ió la m ic r o h is to r ia d e la p e tite h isto ire, a n e c d ó tic a
y d e s a c r e d ita d a ; r e c a lc ó s u id e n tid a d c o n lo q u e e n I n g la te ­
rra , F ra n c ia , E s ta d o s U n id o s se d e n o m in a h is to r ia lo c al, q u e
7 G. R. Stew art, Pickett's Charge, op. cit., p. ix.
H L. G onzález y G onzález, Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de
Gracia, México, 1968, p. 2 ("La pequeñez, pero la pequeñez típ ic a ”); en p. 3
consta la referencia a Leuilliot.
'l Cf. I.. Aboites, I m revolución mexicana en Espita: 19¡0-1940. Microfustona de la fonnación del Estado de la revolución, México, C entm de Inves­
tigaciones y E studios Super iores en A ntropología Social (Cuadernos de la
Casa Chala, 62), 11>82.
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
355
N ietzsc h e h a b ía d e s ig n a d o “h is to ria a n tic u a ría o a rq u e o ló ­
gica". P o r ú ltim o, p a ra re c h a z a r las objeciones su sc ita d as p o r
la p a la b ra s "m icro h isto ria", su g irió dos alternativas: h isto ria
“m atria", la ad e cu a d a p a ra se ñ a la r el m u n d o "pequeño, débil,
fem e n in o , s e n tim e n ta l d e la m a d re ", ta l co m o es aq u e l q u e
g ira en to m o a la fam ilia o la aldea; o b ie n h isto ria yin , el tér­
m in o ta o ísta que evoca to d o aqu ello "fem enino, conservador,
te rrestre, dulce, o scu ro y d o lo ro so ” ex iste n te.10
4. Si b ie n reiv in d ica b a u n a s u sta n c ia l p a te rn id a d d e la p a la ­
b ra "m icro h isto ria ", G onzález y G o n zález re c o rd a b a q u e ella
y a fig u ra b a e n la in tro d u c c ió n d e B ra u d e l al Traité de sociologie (1958) [T ra ta d o d e s o c io lo g ía ] d irig id o p o r G eo rg es
G u rvitch, p e ro “sin significació n c o n c re ta re c o n o c id a ".11 E n
rea lid ad , p a ra B rau d e l m icrohistoire te n ía u n significad o s u ­
m a m e n te específico, p e ro negativo: e ra sin ó n im o d e histoire
événem entielle, de esa “h is to ria tra d ic io n a l" q u e veía la “se d i­
ce n te h is to ria del m u n d o " d o m in a d a p o r p ro ta g o n ista s s im i­
la re s a d ire c to re s de o rq u e sta . E n el á m b ito del tie m p o b reve
y esp a sm ó d ic o , B ra u d e l c o n s id e ra b a q u e esa h is to ria tr a d i­
cio n al era, de to d o s m o d o s, m e n o s in te re sa n te q u e la m icro sociología, p o r u n lado, y q u e la ec o n o m e tría , p o r el o tro .
C o m o se sa b e , B ra u d e l h a b ía d e c la ra d o su h o s tilid a d
fre n te a la histoire événem entielle, id e n tific a d a c o n la h is to ­
ria p o lític a ya d esd e la é p o c a de M éditerranée (1949). L uego
d e d iez añ o s, B rau d e l e x p re sa b a de nuevo, co n asp erez a, esa
m is m a in tra n sig e n c ia . P e ro e ra d e m a s ia d o in te lig e n te , d e ­
m a s ia d o im p a c ie n te p a r a c o n te n ta r s e c o n r e p e tir lo q u e,
p o r efecto de su a u to rid a d , ya se h a b ía vuelto p a ra m u c h o s
u n a v erd a d ad q u irid a . S o slay a n d o re p e n tin a m e n te las q u e a
10 L. González y González, “El arte de la m icrohistoria”, en Invitación a
la microhistoria, México, 1973, pp. 12-14.
11 La introducción fue vuelta a publicar, parcialmente, con el título "His­
toire et sociologie”, en F. Braudel, Écrits sur VHistoire, París, 1969, pp. 97-122.
356
EL HILO Y LAS HUELLAS
e s a a l tu r a le p a r e c ía n y a " a n tig u a s d is p u t a s ”, B r a u d e l e s c r i­
b ió : "E l h e c h o d e c r ó n ic a (si s e e x c e p tú a e s a s u e r te d e so c io d r a m a q u e e s el a c o n te c im ie n to ) e s r e p e tic ió n , r e g u la r id a d ,
m u ltip lic id a d [m u ltitu d e ]: n o e s tá d ic h o q u e n e c e s a r ia m e n te
e s e n iv e l c a r e z c a d e v a l o r o d e f e r tili d a d c ie n tíf ic a . H a r í a
f a lt a p r o f u n d i z a r e s a c u e s t i ó n " .12 P a r a q u e e s a i n d ic a c ió n
tu v ie r a u n a r e c e p c ió n d e b ía n p a s a r 25 a ñ o s .13
L a p o s ib i lid a d d e u n c o n o c im i e n to c ie n tífic o d e la s i n ­
g u la r id a d q u e d a b a , p a r a B r a u d e l, e x c lu id a : el fa it d iv ers p o ­
d ía , e v e n t u a l m e n t e , r e s c a t a r s e t a n s ó lo s i y p o r q u e s e lo
c o n s id e r a b a r e p e titiv o : a d je tiv o q u e e n la s p á g in a s d e G o n ­
z á le z y G o n z á le z se v o lv ió " típ ic o " . S in e m b a r g o , la m ic r o h i s t o r i a s e g u ía s ie n d o c o n d e n a d a . 14 E s a p a l a b r a , e v id e n te ­
m e n te c a l c a d a d e m ic r o e c o n o m ía , m ic r o s o c io lo g ía , q u e d ó
r o d e a d a p o r c i e r to d e jo t e c n ic is ta , ta l c o m o s e d e s p r e n d e
d e l s ig u ie n te f r a g m e n to d e L es fle u r s b le u e s [F lores a z u le s ],
la ( q u iz á ) m á s h e r m o s a n o v e la d e R a y m o n d Q u e n e a u . L o s
d o s in te r lo c u to r e s s o n el d u q u e D 'A u g e y s u c a p e llá n :
— ¿Qué es ex actam en te lo que q u ieres saber?
— Lo q ue p ie n sa s d e la h isto r ia u n iv e rsa l e n g en era l y d e la
historia general en particular. S o y tod o oíd os.
12 Cf. E B raudel, Écrits sur l ’Histoire, op. cit., pp. 112 y ss.: "Le fait divers
(sinon l’événem ent, ce socio-dram e) est rép étitio n , regularité, m u ltitu d e et
rien ne dit, de fa^on absolue, que so n niveau soit sa n s fertilité, ou valeur,
scientifique. Il fa u d ra it y re g ard e r de p ré s”.
13 Cf. Fait divers, fait dhistoire (colaboraciones de M. P. Di Bella, M. Bée, R.
Comaschi, L. Valensi, M. Perrot) en Annales esc, 38, 1983. Al presentar esos en­
sayos, M. Ferro señaló una cercanía entre el análisis del fait divers y los trabajos
de m icrohistoria en cuanto operaciones sim ilares e inversas, pero com plem en­
tarias (p. 825). En ese m ism o núm ero de la publicación (p. 917), M. Perrot, "Fait
divers et histoire au xcx1, siécle”, reenvió al fragm ento de Braudel recién citado.
H Aún hoy, ese térm ino no consigue lib rarse de u n a aureola irónica,
com o consta en una alusión de G. C harachidzé, La niémoire indo-européenne du Canease, París, 1987, pp. 131 y 132 ("ce que j ’avais voulu appeler,
p a r jen, m icro-hisloire [aquello que p o r m i p a ite , en brom a, h ab ría qu erid o
llam ar m icrohistoria]").
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
357
—Estoy muy cansado —dice el capellán.
—Ya descansarás m ás tarde. Dime, ese C oncilio de Basilea,
¿es historia universal?
—Ajá, sí. Historia universal en general.
—¿Y mis cañoncitos?
—Historia general en particular.
—¿Y el casam iento de m is hijas?
—Apenas historia événementielle. A lo sum o, microhistoria.
— ¿Y eso qué viene a ser? — aúlla el duque D’Auge— . ¿Qué
d em onios de lenguaje es ése? ¿Acaso para ti hoy sería Pen­
tecostés?
—Tened a bien disculparm e, micer. Como veis, todo es obra
del cansancio.15
E l d u q u e D 'A uge (al ig u a l q u e, p re s u m ib le m e n te , m u c h o s
le c to re s d e Q u e n e a u e n 1965) n u n c a h a b ía o íd o h a b la r d e
m ic ro h isto ria . Tal vez p o r ello, ig n o ra n d o la co n c isa clasifi­
1S
Cf. R. Queneau, Ifiori blu, trad. it. de I. Calvino, Turín, 1967, p. 69; Les
fleurs bleues, París, 1965, pp. 84 y 85 [trad. esp.: Flores azules, Barcelona,
M artínez Roca, 1991]:
"—Que voulez-vous savoir au juste?
—Ce que tu penses de l'histoire universelle en général et de l’histoire
générale en particulier. J’écoute.
—Je suis bien fatigué, dis le chapelain.
—Tu te reposeras plus tard. Dis-moi, ce Concile de Bále, est-ce de l’histoire universelle?
—Oui-da. De l’histoire universelle en général.
—Et mes petits canons?
—De l’histoire générale en particulier.
—E t le m ariage de mes filies?
—A peine de l’histoire événementielle. De la m icrohistoire, tout au plus.
—De la quoi? Hurle le duc d'Auge. Quel diable de langage est-ce lá?
Serait-ce aujourd’hui ta Pentecóte?
—Veuillez m ’excuser, messire. C'est, voyez-vous, la fatigue”.
Si
no me equivoco, los textos de Braudel citados a propósito de ese frag­
m ento p or R. Romano, "Un modéle pour l’histoire", en A. Bergens (ed.),
Raymond Queneau, en núm ero monográfico de L’Heme, París, 1975, p. 288,
valen para histoire événementielle, no para microhistoire.
358
EL HILO Y LAS HUELLAS
c a c ió n d e l c a p e llá n , e l e d i to r q u e e n 1977 p u b lic ó la t r a d u c ­
c ió n a l f r a n c é s d e P u eb lo e n v ilo d e G o n z á le z y G o n z á le z n o
v a c iló a l s u s t i t u i r el té r m in o " m ic r o h is to r ia ” e n el s u b títu lo
y e n el te x to , lo g r a n d o e f e c to s i n v o lu n t a r ia m e n te c ó m ic o s ,
c o n " h is to ir e u n iv e r s e lle ” .16
5. M ic r o h is to r y , m ic r o h is to r ia , m ic r o h is to ir e : ¿ a c u á l d e e s ­
ta s tr a d ic io n e s , p o r c o m p le to in d e p e n d ie n te s , e s tá lig a d o el
t é r m i n o i t a l i a n o m i c r o s t o r i a ? E n e l n iv e l e s t r i c t a m e n t e
lé x ic o , d o n d e h a s t a a h o r a m e d e s p la c é , la r e s p u e s ta e s in e ­
q u ív o c a : a l f r a n c é s m ic r o h is to ir e . P ie n s o , a n t e to d o , e n la
e s p lé n d i d a t r a d u c c i ó n d e L es fle u r s b le u e s ( a p e n a s c ité u n
f r a g m e n to ) q u e p r e p a r ó I ta l o C a lv in o y e n t r ó e n p r e n s a e n
1967.* E n s e g u n d o lu g a r, p ie n s o e n u n p a s a je d e P r im o L evi,
d o n d e la p a l a b r a m ic r o s to r ia a p a r e c e p o r p r i m e r a v e z - a l
m e n o s , s e g ú n c r e o - e n ita lia n o d e m o d o a u t ó n o m o . 17 E s el
16 Cf. L. G onzales [51c], Les barrieres de la solitude. Histoire universelle de
San José de Gracia village mexicain, trad. fr. de A. Meyer, París, 1977, p. 11.
* "—Cos’é e sa ttam e n te che volete sapere?
—Q uello che pensi della sto ria u niversale in generale e della sto ria generale in partico lare. Ti ascolto.
—Sono p ro p rio stanco, —disse il cappellano.
—R iposerai dopo. D im m i u n p o \ q uesto Concilio di B asilea, é sto ria
universale?
—Ma si: é sto ria u niversale in generale.
—E i m iei can n o n cin i?
—S toria generale in particolare.
—E il m atrim o n io delle m ié figliole?
—A m ala pen a sto ria 'événem entielle'. M icrostoria, tu tt’al piü.
—Storia com e? urla il Duce d'Auge. —Che diavolo di linguaggio é questo?
Che gio m o é oggi? Pentecoste?
—Vogliate scusarm i, signore. E ffetti della stanchezza, vedete.”
17 A ese pasaje reenvía S. B attaglia, Grande Dizionario della Lingua Ita­
liana, vol. x, 1978, a pro p ó sito de microstoria (categorizada com o "voce
d o tla ”). La definición que sigue -"sto ria p a rticu la rm e n te breve e succinta,
racconlo so m m ario cd essenziale [histo ria p a rticu la rm e n te breve v sucinta:
reíalo su m a rio y e sen cial]”- se m u estra decid id am en te inadecuada. (Pero
véase, m.ís adelan te aquí, el "posl sc ríp tu m ”. )
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
359
c o m ie n z o de “C arb o n o ", el c a p ítu lo q u e c ie rra II sistem a p e­
riódico [El sistem a p erió d ico ], lib ro de 1975:
Llegado a este punto, el lector se habrá dado cuenta hace un
buen trecho de que éste no es un tratado de química: mi presun­
ción no es tan grande, "ma voix est faible, et mém e un peu pro­
fane". Tampoco es una autobiografía, salvo dentro de los límites
parciales y simbólicos en que es autobiografía cualquier escrito,
e incluso cualquier obra humana; pero en cierto modo no deja de
ser historia. Es, o habría querido ser, una microhistoria, la histo­
ria de un oficio y de sus derrotas, victorias y desdichas, tal como
cada quien desea contar cuando siente próxima a concluirse la
parábola de su propia carrera, y el arte deja de ser largo.18
E n tr e e s ta s p a la b r a s re p o s a d a s y m e la n c ó lic a s n a d a h a c e
p r e s a g ia r q u e 12 a ñ o s m á s ta r d e s u a u t o r se q u ita r ía la
v id a . E n la a c e p ta c ió n d el lím ite ( p a r a la e x iste n c ia , p a r a
las c a p a c id a d e s p e r s o n a le s ), q u e es la d o m in a n te d e e s te
p asaje, se e n g lo b a ta m b ié n la re d u c c ió n de e sc a la su g e rid a
p o r la p a la b ra m icrostoria. P rim o Levi la h a b r á e n c o n tra d o
e n la v e rs ió n ita lia n a d e C alvino, q u iz á la h a b r á c o m p u l­
s a d o c o n el te x to d e Q u e n e a u . E l c o n o c im ie n to d e la t r a ­
d u c c ió n de Les fleu rs bleues m e p a re c e in n e g ab le , d a d o s los
e s tre c h o s la zo s q u e u n ía n a P rim o Levi c o n C alvino: e n tre
o tr a s c o sa s, la ú ltim a p á g in a d e “C a rb o n o " , c o n q u e c o n ­
18
["II lettore, a questo punto, si sará accorto da un pezzo che questo non
é un trattato di chimica: la m ia presunzione non giunge a tanto, ‘m a voix
est faible, et méme un peu profane’. Non é neppure un ’autobiografia, se non
nei limiti parziali e simbolici in cui é u n ’autobiografia ogni scritto, anzi,
ogni opera umana: m a storia in qualche modo é puré. É, o avrebbe voluto
essere, una m icrostoria, la storia di un m estiere e delle sue sconfitte, vittorie e miserie, quale ognuno desidera raccontare quando sente prossim o a
conchiudersi l’arco della propria cam era, e l’arte cessa di essere lunga."]
Cf. P. Levi, II sistema periodico, en Opere, Turín, 1987, vol. i, p. 641 [trad.
esp.: El sistema periódico, Madrid, Alianza, 1999],
360
EL HILO Y LAS H UELLAS
c lu y e II sistem a periodico, s e h a c e e c o - s i n t o m a r m u c h a
d i s t a n c i a - d e la ú lti m a p á g i n a d e II barone rampante [El ba­
rón rampante].19 U n n u e v o e n c u e n t r o e n t r e C a lv in o y P r im o
L evi p o r in te r m e d io d e Q u e n e a u s e p r o d u jo a ñ o s m á s ta r d e ,
a in s t a n c ia s d e la tr a d u c c i ó n a l ita lia n o d e Petite cosmologie
portative [ P e q u e ñ a c o s m o lo g ía p o r tá t il] .20
P o c o d e s p u é s d e s u a p a r ic ió n e n II sistema periodico, la
p a l a b r a microstoria e n t r ó e n e l lé x ic o h is t o r io g r á f ic o i t a ­
lia n o p e r d ie n d o - c o m o s u e le s u c e d e r - s u c o n n o t a c ió n n e g a ­
tiv a o r ig in a r ia . E n e l o r ig e n d e e s te t r a s p l a n t e e s t a b a s e g u ­
r a m e n te G io v a n n i L ev i ( p r im o e n t e r c e r g r a d o d e P r im o ) .21
Microstoria s u p la n tó r á p i d a m e n t e micro-analisi, q u e h a b í a
s id o u t i l i z a d o p o r E d o a r d o G r e n d i e n e s o s m is m o s a ñ o s ,
m á s o m e n o s c o n el m is m o s ig n ific a d o .22
6 . U n s ig n ific a d o q u e r e s ta e s p e c ific a r: la h is t o r ia d e u n a p a ­
la b r a d e te r m in a , c o m o r e s u lt a o b v io , s ó lo e n p a r t e s u s p o s i­
b le s u s o s . E llo e s i n d ir e c ta m e n t e c o r r o b o r a d o p o r la " Z a h a r o ff L e c tu r e " q u e e n 1976 R i c h a r d C o b b d e d ic ó a R a y m o n d
19 La analogía no pasó desapercibida para C. Cases, introducción a P.
Levi, Opere, vol. i, op. cit., p. xvn. En cuanto a la solicitud de Calvino para
con Levi aprendiz de escritor, cf. I. Calvino, I libri degli altri, Turín, 1991, pp.
382 y 383 [trad. esp.: Los libros de los otros. Correspondencia (1947-1981),
Barcelona, Tusquets, 1994], amén de la carta (de muy distinto tono) con
respecto a la revisión de II sistema periodico (ibid., p. 606). Cf. también S.
Cesari, Colloquio con Giulio Einaudi, Roma, 1991, p. 173.
20 Cf. R. Queneau, Piccola cosmología portatile, trad. it. de S. Solmi, se­
guida por "Piccola guida alia Piccola Cosmología" de I. Calvino, Turín,
1982, p. 162. Cf. también P. Levi, L'altrui mestiere, Turín, 1955, pp. 150-154,
y el testimonio de Cario Carena en S. Cesari, Colloquio..., op. cit., p. 172.
21 De todos modos, consistía en un eco inconsciente: ante la pregunta
"¿de dónde deriva el término microstoria?", Giovanni Levi añnmó que sólo
sabía que el término había sido usado por Queneau (29 de diciembre de
1991). La parte final del pasaje antes citado de Queneau había sido usada
por Raúl Merzarío como epígrafe de II paese stretto, uno de los primeros
títulos de la colección "Microstorie" del sello Einaudi (Turln, 1981).
12 Cf. E Grendi, ' Micro-analisi e storia sociale”, en Quademi storici, 35,
1977, pp 506-520
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
361
Q u e n e a u : u n a s u e rte d e m a n ifie s to h is to rio g rá fic o q u e n o
c o in c id e c o n n in g u n a d e las te n d e n c ia s h a s ta a q u í d is c u ti­
d as. C obb to m a b a co m o p u n to d e p a r tid a la iró n ic a s im p a ­
tía d e Q u e n e a u p o r los p e rs o n a je s tím id o s, m o d e sto s, p r o ­
v in c ian o s d e su s novelas; se a p r o p ia b a d e su s p a la b ra s p a r a
c o n tr a p o n e r los h e c h o s d e c r ó n ic a - lo s ú n ic o s in te r e s a n ­
te s - c o n los d e la p o lític a ; y c o n c lu ía a d o p ta n d o c o m o d i­
v isa p ro p ia la co lo rid a im p re c a c ió n la n z a d a p o r Z azie h a c ia
N a p o le ó n .23 E n re su m e n , u n a e x a lta c ió n de la h is to rio g r a ­
fía m e n o r (C obb n o u s a el té rm in o m icro h isto ria ) c o n tra la
h is to rio g ra fía q u e g ira e n to r n o a los g ra n d e s p e rs o n a je s y
a lo s p o d e ro s o s . L a in g e n u id a d d e e s ta in te r p r e ta c ió n es
e v id en te. B ajo n in g ú n a s p e c to Q u e n e a u se id e n tific a b a co n
s u s p e rs o n a je s . L a t e r n u r a p o r la v id a p r o v in c ia n a d e E l
H av re co e x istía e n él c o n u n a o m n ív o ra , e n c ic lo p é d ic a p a ­
sió n p o r los sa b e re s m á s im p re v isib le s. S u b u rlo n a c u rio s i­
d a d p o r los fa its divers n o le im p e d ía p r o p o n e r u n re m e d io
d rá s tic o p a r a el c a r á c te r p re c ie n tífic o d e la h is to rio g ra fía ,
e la b o ra n d o u n rig u ro s o m o d e lo m a te m á tic o en cuyo m a rc o
e n c e r r a r el d e s o rd e n a d o s u c e d e rs e d e los h e c h o s h u m a ­
n o s.24 S in em b arg o , el a u to r d e Une histoire m odéle a s í co m o
el o y en te y lu eg o e d ito r d e los c u rs o s d e A lex an d re K ojéve
a c e rc a d e la F enom enología d e H egel n o a p a re c e n e n el r e ­
tra to , sim p lifica d o h a s ta la d is to rs ió n , q u e tra z ó C obb. E n
d ic h o re tra to la te n sió n , q u e s u rc a to d a la o b ra de Q u en e au ,
e n tre la calid ez de la m ira d a c e rc a n a a d o p ta d a p o r el n a r r a ­
d o r y la fria ld a d d e la m ira d a d is ta n te d el científico e stá p o r
c o m p leto a u s e n te .25
23 Cf. R. Cobb, Raymond Queneau, "The Zaharoff Lecture for 1976",
Oxford, 1976.
24 Cf. R. Queneau, Une histoire modéle, París, 1966 (pero escrito en 1942);
Bátons, chiffres et lettres, ed. aum entada, París, 1965, pp. 170-172 (consiste
en un artículo publicado en Front National el 5 de enero de 1945).
25 Véase, en cambio, la bella introducción de Italo Calvino a R. Que­
neau, Segni, cifre e lettere e altri saggi, Turín, 1981 (es una recopilación
362
EL HILO Y LAS HUELLAS
N a d a tie n e e llo d e e x tra ñ o . C o b b e s u n e m p ir is ta q u e se
d e c la r a s u p e r i o r a la s p r e g u n ta s te ó r ic a s ; y, e n ú l t i m a i n s ­
ta n c ia , Q u e n e a u es p a r a él u n m e r o p r e te x to .26 S in e m b a r g o ,
la p r o p u e s ta d e u n a h is to r io g r a f ía m e n o r h e c h a e n n o m b r e
d e Q u e n e a u tie n e u n a im p o r t a n c i a s i n t o m á t i c a q u e C o b b ,
c o n v e n c id o c u l t o r d e s u p r o p i a e x c e n tr ic id a d , s e r ía e l p r i ­
m e r o e n r e c h a z a r. L a c o n tr a p o s ic ió n e n t r e la H is to r io g r a f ía
c o n h m a y ú s c u l a y e l “N a p o lé o n m o n c u l” d e Z a z ie p u e d e
h a c e r p e n s a r - p e s e a la o b v ia d if e r e n c ia d e t o n o - e n la c o n ­
tr a p o s i c i ó n e n t r e " h i s t o r i a p a t r i a ” e “h i s t o r i a m a t r i a ” d e ­
l in e a d a p o r L u is G o n z á le z y G o n z á le z . C ie r ta m e n te , la m i ­
c r o h is to r ia d e e s te ú l t i m o in s i s te e n e l f e n ó m e n o típ ic o ; la
p e tite h isto ire d e C o b b , e n el fa it d iv e rs im p r e v is ib le e ir r e p e ­
tib le . P e ro , e n a m b o s c a s o s , la e le c c ió n d e u n a p e r s p e c tiv a
a c o ta d a y c e r c a n a d e ja t r a s l u c i r u n a in s a tis f a c c i ó n ( e x p lí­
c ita y a g r e s iv a e n el c a s o d e C o b b , d is c r e ta y c a s i im p e r c e p ­
tib le e n el d e G o n z á le z y G o n z á le z ) 27 c o n r e la c ió n a l m o d e lo
m a c r o s c ó p ic o y c u a n tit a ti v o q u e d o m in ó - e n p r i m e r lu g a r,
a lo la rg o d e la a c tiv id a d d e F e m a n d B r a u d e l y d e lo s h is t o ­
r ia d o r e s r e u n id o s e n la r e v is ta A r m a le s - la e s c e n a h is to r io g r á f ic a in t e r n a c i o n a l e n t r e f in a le s d e lo s a ñ o s c i n c u e n t a y
c e r c a d e la m it a d d e lo s a ñ o s s e te n ta .
d istin ta a su h o m ó n im a fran cesa, y m ás a m p lia que ella), e sp e cialm en te
pp. xix y xx.
26 Cf. R. Cobb, A Sense o f Place, L ondres, 1975; sobre éste, véase E.
G rendi, “Lo storico e la d id a ttic a incosciente (R eplica a u n a d isc u ssio n e )’’,
en Quademi storici, 46, 1981, pp. 339 y 340.
27 La intran sig en cia a n te las p reten sio n es de la histo rio g rafía científica
resulta m ás evidente en u n ensayo de L. G onzález, "De la m últiple u tiliza ­
ción de la historia", en la recopilación ¿Historia? ¿Para qué? [1980], M éxico,
1990, pp. 55-74, que desde el títu lo m ism o calca con b a stan te fidelidad la
segunda Inactual de N ietzsche.
[ E n su e d i c i ó n p a r a la e d i t o r ia l Alianza, A. S á n c h e z P a s c u a l prefirió
t r a d u c i r al c a s t e l l a n o llrueitgemüse Betrachtungen c o m o Consideraciones
mtemi>e\li\'(is; la s e g u n d a d e ellas se refiere a “la u t i l i d a d <e> i n c o n v e n i e n ­
tes del e s t u d io d e la h i s t o r i a p a r a la v i d a ”. N. del T.l
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
363
7. N in g u n o de los e s tu d io so s ita lia n o s d e m ic ro h is to ria (u n
g ru p o p a s a b le m e n te h e te ro g é n e o ) se re c o n o c e ría e n la h is ­
toire événem entielle q u e m e d ia n d o p o c a d is ta n c ia p r a c tic a
G eo rg e S te w a rt, e n la h is to ria lo cal p r o p ia d e L uis G o n z á ­
lez y G o n zá lez o e n la p e tite h isto ire d e R ic h a rd C obb. S in
e m b a rg o , n o p u e d e n e g a rs e q u e ta m b ié n la m ic r o h is to r ia
ita lia n a , a u n ta n d is tin ta (ya d e s d e s u s a m b ic io n e s te ó r i­
c a s), n a c e d e la o p o s ic ió n al m o d e lo h is to rio g r á fic o q u e
a c a b o d e m e n c io n a r. A m e d ia d o s de los a ñ o s s e te n ta , é s te
fu e p re s e n ta d o , c o n el a v a l d e B ra u d e l, c o m o la c u lm in a ­
c ió n del e s tru c tu ra l-fu n c io n a lism o : p a ra d ig m a h is to rio g rá ­
fico su p re m o , el te rc e ro d e los su rg id o s a lo la rg o d e las m á s
q u e b im ile n a ria s v ic isitu d e s q u e c o m e n z a ro n c o n H e ró d o ­
to .28 P e ro a ñ o s a n te s , u n a c ir c u n s ta n c ia in tr ín s e c a m e n te
c e re m o n ia l c o m o los M élanges (1973) e n h o n o r a B ra u d e l
h a b ía d e ja d o traslu cir, e n el m o m e n to m is m o del triu n fo , la
e x iste n c ia d e te n s io n e s e in q u ie tu d e s s o te rr a d a s . U n a le c ­
tu r a e n p a ra le lo d e d o s e n say o s p u b lic a d o s e n e s a o ca sió n ,
"U n n o u v e a u c h a m p p o u r l'h is to ire sé rie lle : le q u a n tita tif
a u tro isié m e niv eau ", d e P ie rre C h a u n u , e "H isto ire e t eth n o lo g ie", d e F ra n g o is F u re t y J a c q u e s Le G off, p a re c e h o y
e n día, a v ein te a ñ o s d e d ista n c ia , in stru c tiv a : ta m b ié n p o r­
q u e e n a m b o s caso s u n a reflexión h is tó ric a g e n e ra l p re s e n ­
ta b a y ju stific a b a u n p ro g ra m a d e tra b a jo h isto rio g rá fic o .29
28 Cf. T. Stoianovich, French Historical Method. The Annales Paradigm,
introducción de E Braudel, Ithaca (ny), 1976, quien designa respectiva­
m ente "exemplary” [basado sobre el exemplum] y "developmental” [que
prioriza el decurso de los acontecimientos] a los dos paradigm as anteriores.
Acerca de la m icrohistoria como respuesta a las crisis de los "great Marxist
and functionalist systems", cf. G. Levi, "On Microhistory", en P. Burke (ed.),
, New Perspectives on Historical Writing, Oxford, 1991, pp. 93-113, en especial
pp. 93 y 94. Véase también, del mismo Levi, L’ereditá immateriale. Corriera
di un esorcista nelPiemonte del Seicento, Turín, 1985, introducción.
29 Cf. Mélanges en l'honneur de Femand Braudel, vol. n: Méthodologie de
ITíistoire et des sciences humaines, Toulouse, 1973, pp. 105-125, 227-243. El
texto de Furet y Le Goff está dividido en dos partes, que desarrollan dos po­
364
EL HILO Y LAS HUELLAS
C h a u n u se r e f e r ía a l fin a l d e la s g u e r r a s d e d e s c o lo n iz a c ió n
( m e n c i o n a n d o s ó lo a F r a n c i a ) y a r e v u e lta s e s t u d i a n t i l e s
( e n A m é r ic a y e n E u r o p a ) ; a u n a d is g r e g a c ió n d e la I g le s ia
r o m a n a lu e g o d e l C o n c ilio V a tic a n o II; a u n a c r is is e c o n ó ­
m ic a e n lo s p a ís e s m á s a v a n z a d o s , q u e p o n ía e n e n t r e d ic h o
la id e a m is m a d e d e s a r ro llo ; a u n a p r o te s t a c o n t r a lo s id e a ­
le s d e l i l u m i n i s m o , i n t e r p r e t a d o c o h e r e n t e m e n t e p o r él
c o m o t r a n s p o s i c i ó n s e c u la r i z a d a d e u n id e a l e s c a to ló g ic o .
F u r e t (e n p á g in a s q u e d e b e m o s s u p o n e r c o m p a r tid a s p o r L e
G o ff) o b s e r v a b a q u e e l f e n ó m e n o m u n d ia l d e d e s c o lo n i z a ­
c ió n h a b í a p u e s to a la g r a n h is to r io g r a f ía d e c im o n ó n ic a , e n
s u s d o s v e r s io n e s , m a n c h e s t e r i a n a y m a r x i s ta , f r e n te a la
n o - h is to r ia : e l d e s a r r o l lo y e l c a m b io h a b í a n c h o c a d o c o n
la in e rc ia , c o n la in m o v ilid a d . C o m ú n a a m b o s e n s a y o s e r a ,
p u e s , u n t a j a n t e r e c h a z o p o r la s t e o r í a s d e la m o d e r n i z a ­
c ió n ( c o m o la r e c o r d a d a p o r F u r e t y L e G o ff, y p o r e s e e n ­
to n c e s e n p le n a b o g a , d e W. W. R o s to w ) q u e e n C h a u n u h a ­
lla b a c a b id a e n u n r e c h a z o p o r la m o d e r n i d a d p r o p ia m e n te
d ic h a . L o s p r o g r a m a s d e i n v e s tig a c ió n q u e d e r i v a b a n d e
e llo e r a n m u y d is t in to s . C h a u n u p r o p o n í a a n a l i z a r la s s o ­
c ie d a d e s tr a d ic io n a le s d e l a n d e n ré g im e, o b s e r v a n d o q u e la
" g r a n c o n t in u id a d d e l c r is t ia n i s m o la tin o q u e , s e n s ib le m e n - ,
te, se t r a n s f o r m ó e n E u r o p a o c c id e n ta l” e r a “in f in it a m e n te
m á s a t r a c ti v a q u e lo s n a m b i k w a r a s o lo s d o g o n e s ” : e x p r e ­
s ió n q u e h o m o lo g a b a e n u n a p e y o r a tiv a r e p u ls a a p u e b lo s
d e d is t in to s c o n t in e n t e s , e s tu d ia d o s p o r e tn ó lo g o s ( C la u d e
L é v i-S tra u s s y M a rc e l G ria u le ) p e r te n e c ie n te s a á m b ito s in -
nencias "préparécs en c ollaboration [red actad as en colab o ració n ]”, resp ecti­
vam ente tituladas "L'histoire et T hom m e sauvage”’ y "L'historien et T hom m e
q u o tid ic n ”'. En la prim era, Furet traza un cu ad ro general; en la segunda, Le
Goff propone un p rogram a de trabajo, con ejem plos tom ados del á m b ito de
la m edievalística. Si bien en la exposición diferenciaré entre esos dos textos,
presupondré -salvo m ención en c o n tra rio - cl acuerdo subyacente d eclarado
por sus autores. Acerca de C haunu y Le Golf, pueden leei'se los a u to ire tra to s
incluidos en I*. Nora (ed.), iissais d'i’xn-histoiiv, París, 1987.
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
365
te lec tu a les m u y le ja n o s.30 F u re t y Le G off su g e ría n , en c a m ­
b io, r e a n u d a r los lazos q u e b ra d o s d e sd e tie m p o a trá s e n tre
h is to r ia y e tn o lo g ía , a d o p ta n d o u n a p e r s p e c tiv a a m p lia ­
m e n te c o m p a ra tiv a , b a s a d a e n el re c h a z o ex p lícito (Le Goff)
de u n p u n to d e v ista e u ro c e n tris ta . S in em b arg o , a lc a n z a d o
ese p u n to , las p o sic io n e s volvían a conv erg er: ta n to C h a u n u
c o m o F u re t a p u n ta b a n a u n a h isto ire sérielle, b a s a d a e n el
a n á lis is d e fe n ó m e n o s "e leg id o s y c o n s tru id o s e n fu n c ió n
d el c a r á c te r re p e titiv o de ellos” ( F u re t).31 Le G off s u s c rib ía
el re c h a z o c o n tra el a c o n te c im ie n to in d iv id u a l p o r p a rte de
los etn ó lo g o s, y su c o n c e n tra c ió n en "a c o n te c im ie n to s re p e ­
tid o s o previstos": el a n á lis is del c a rn a v a l d e R o m a n s r e a li­
za d o p o r Le R oy L a d u rie , si b ie n re c ib ía elogios, e v id e n te ­
m e n te e r a c o n s id e r a d o u n a e x c e p c ió n . C h a u n u d e c la ra b a
q u e, d e s p u é s de las e c o n o m ía s y las so c ie d a d e s, h a b ía lle­
g ad o el m o m e n to d e a f r o n ta r c o n m é to d o s an á lo g o s el te r­
c e r nivel, el d e las civilizacio n es; y c o n c a lu ro sa a p ro b a c ió n
h a b la b a d el e s tu d io d e M ic h el Vovelle a c e rc a d e los te s ta ­
m e n to s p ro v e n z a le s . L e G o ff e n f a tiz a b a q u e la a te n c ió n
d e s tin a d a al h o m b re c o tid ia n o p o r s u g e re n c ia de la e tn o lo ­
g ía "lleva n a tu ra lm e n te al e s tu d io de las m e n ta lid a d e s, c o n ­
c e b id a s c o m o 'a q u e llo q u e m e n o s c a m b ia ' e n la e v o lu c ió n
h is tó ric a ”.32 A m bos e n say o s te rm in a b a n p o r re c a lc a r la v a­
lid ez del p a ra d ig m a b ra u d e lia n o , a u n q u e fuese e x te n d ie n d o
su s ám b ito s de ap lica ció n .
8 . E v a lu a r la
llo. E n to d a s
r u p tu r a s - se
c o n tin u id a d
g ra v ita c ió n d e ese "a u n q u e fuese" n o es se n c i­
las in stitu c io n e s, las n o v ed a d es - e in c lu so las
a b re n c a m in o m e d ia n te la re a firm a c ió n d e la
c o n el p a s a d o . E n los a ñ o s sig u ie n te s , ju s to
30 Mélanges en l’honneur..., op. cit., p. 109. Como se sabe, en francés, el
térm ino ethnologue es m ás usado que su sinónim o anthropologue.
31 Ibid., p. 231.
32 Ibid., p. 237.
366
EL HILO Y LAS HUELLAS
m ie n tr a s la o b r a d e B r a u d e l e r a tr a d u c id a a n u e v a s le n g u a s
(e n p r i m e r té r m in o , el in g lé s ) y a l c a n z a b a u n p ú b lic o m u ­
c h o m á s a m p lio q u e el d e lo s e s p e c ia lis ta s , el p a r a d ig m a q u e
p o r c o m o d id a d lla m é b r a u d e lia n o d e c a ía r á p id a m e n t e . L e
R o y L a d u r ie , d e s p u é s d e p r o c la m a r q u e la e s c u e la h is to r io g rá fic a f u n d a d a p o r B lo c h y F e b v re d e b ía a c e p t a r el d e s a fío
e s ta d o u n i d e n s e c o n v ir tié n d o s e a l c r e d o in f o r m á tic o , p u b li­
c a b a c o n g r a n f o r t u n a M o n ta illo u : u n a in v e s tig a c ió n , e f e c ­
tu a d a d e m o d o a r te s a n a l, a c e r c a d e u n a a ld e a m e d ie v a l h a b i­
ta d a p o r d o s c ie n t o s in d iv id u o s .33 F u r e t s e d e d i c a b a a e s o s
te m a s d e h i s t o r i a p o lític a e h i s t o r i a d e la s id e a s q u e h a b í a
ju z g a d o i n tr ín s e c a m e n te r e f r a c ta r i o s a la h is to ir e sé rielle.34
C u e stio n e s q u e se c o n s id e r a b a n p e r if é r ic a s s a lta b a n a l c e n tr o
d e la e s c e n a , y v ic e v e rsa . L as p á g in a s d e A rm a les (y d e la s r e ­
v ista s d e m e d io m u n d o ) se v e ía n in v a d id a s p o r lo s te m a s q u e
L e G o ff s e ñ a la b a e n 1973: f a m ilia , c u e r p o , r e la c io n e s e n t r e
lo s se x o s, g r u p o s e tá r e o s , f a c c io n e s , c a r is m a s . L o s e s tu d io s
d e h is to r ia d e lo s p re c io s r e g is tr a b a n u n a b r u s c a c a íd a .35
P a r a d e s c r ib ir e s e c a m b io d e c lim a in te le c tu a l, q u e c o in ­
c id ía s ig n if ic a tiv a m e n te c o n el fin a l d e l la r g o p e r ío d o d e d e ­
s a r r o llo e c o n ó m ic o in ic ia d o e n 1945, s e h a b ló , e n F r a n c ia ,
d e n o u v e lle h is to ir e 3b E l t é r m in o e s d is c u tib le ; p e r o la s c a ­
33 Cf. E. Le Roy L adurie, "L’h isto rie n et l'o rd in a teu r" [1968], en Le territoire de Vhistorien, París, 1973, p. 14; y Montaillou, village occitan de 1294 á
1314, París, 1975.
34 Cf. F. F uret, "L'histoire et T h o m m e sauvage”’, op. cit., p. 232.
35 Acerca de este cam b io historiográfico, véase, con u n a p erspectiva p a r­
cialm ente d istin ta a la aquí expuesta, J. Revel, "L’h isto ire au ras d u sol”,
intro d u cció n a G. Levi, Le pouvoir au village (versión francesa de L'ereditá
immateriale, op. cit.), París, 1989, pp. i-xxxm, a ctu alm en te d e sa rro llad o en
"M icro-analyse et re co n stitu tio n du so cial”, M inistére de la R echerche et
de la Technologie, Colloque Anthropologie Contemporaine et Anthropologie
Historique , núm . 2, pp. 24-37 (texto re d ac ta d o d u ra n te la p re p ara ció n del
sim posio de M arsella, 24-26 de sep tiem b re de 1992).
IJna recap itu lació n consta en J. Le Goff, R. C h a rtie r y J. Revel (eds.).
hj nouvelle histoire, París, 1978 [trad. esp.: Ui nueva historia, Bilbao, Men-
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ELLA
367
ra c te rís tic a s d e b a s e d el fe n ó m e n o e s tá n cla ra s: d u r a n te el
tr a n s c u rs o d e los a ñ o s s e te n ta y o c h e n ta , la h is to ria d e las
m e n ta lid a d e s a la c u a l B ra u d e l a tr ib u ía u n a im p o r ta n c ia
m a rg in a l a d q u irió , a m e n u d o c o n el n o m b re d e anthropologie h isto riq u e, u n p e s o p a u la tin a m e n te m a y o r.37 S in d u d a ,
la “a m b ig ü e d a d ” id e o ló g ic a p u e s ta d e re lie v e p o r Le G off
e n 1974 c o n tr ib u y ó c o n ese b u e n é x ito .38 A p r o p ó s ito de
ello, P h ilip p e A ries e sc rib ió p a la b ra s m u y p e rsp ic a c e s:
La crítica del progreso pasó de una derecha reaccionaria, que
por lo dem ás la había dejado de lado, a una izquierda o, m e­
jor, a un izquierdismo de contornos indefinidos, confuso pero
vigoroso. Creo (y es una hipótesis) que hay relación entre la
reticencia que surgió durante los años sesenta con relación al
desarrollo, al progreso, a la modernidad, y la pasión con que
los historiadores jóvenes encararon el estudio de las socieda­
des preindustriales y sus mentalidades.39
sajero, 1988]. Véase ahora el ensayo introductorio de Burke a New Perspectives..., op. cit., pp. 1-23.
37 Cf. G. Duby, La dimanche de Bouvines, 27 juillet 1214 [1973], París,
1985 [trad. esp.: El domingo de Bouvines, Madrid, Alianza, 1988], introduc­
ción a la nueva edición, pp. 7 y 8: "L’histoire [...] q u’on devait dire, plus tard
et abusivement, ‘nouvelle’ (je dis abusivement, car la plupart des interrogations que nous fumes si fiers de forger, nos prédécesseurs, avant que ne
s’appensantisse la chape du positivisme, les avaient formulées dans le second tiers du xixe siécle) [La historia que habríam os de llamar, m ás tarde y
erradam ente, nueva’ (digo erradam ente, pues la m ayoría de los interrogan­
tes que tanto orgullo nos dio forjar, nuestros predecesores los habían for­
m ulado en el segundo tercio del siglo xrx, antes de que el bloque del positi­
vismo cobrara peso)]". Véase al respecto el m uy instructivo libro de C.
Rearick, Beyond Enlightenment. Historians and Folklore in Nineteenth Cen­
tury France, Bloomington y Londres, 1974.
38 Cf. J. Le Goff, "Les mentalités: une histoire am bigue”, en J. Le Goff
y P. Nora.(eds.), Faire l'histoire, vol. m, París, 1974, pp. 76 y ss. [trad. esp.:
Hacerla historia, 2 vols., Barcelona, Laia, 1985].
39 Cf. P. Ariés, "L’histoire des mentalités", en J. Le Goff, R. Chartier y J.
Revel (eds.). La nouvelle histoire, op. cit., p. 411.
368
EL HILO Y LAS HUELLAS
E r a n p a l a b r a s im p líc ita m e n te a u to b io g r á f ic a s . E n s u ju v e n ­
tu d , A ries h a b í a s id o s e g u id o r d e M a u r r a s y h a b í a m ilita d o
e n la s fila s d e la A c tio n F r a n g a is e . A p a r t i r d e lo s a ñ o s s e ­
te n ta , e s te h is to r ie n d u d im a n c h e ( c o m o s e d e f in í a i r o n i ­
z a n d o s o b r e s í m is m o A ries) s e v io p o c o a p o c o in c o r p o r a d o
a l g r u p o d e lo s h is to r ia d o r e s d e lo s A n n a le s ,40 h a s t a s e r e le ­
g id o p a r a la É c o le P r a tiq u e d e s H a u te s É tu d e s . E s a tr a y e c ­
to r ia a c a d é m ic a p u e d e s e r c o n s id e r a d a u n o d e lo s i n n u m e ­
r a b le s s ín t o m a s d e u n c a m b io m u c h o m á s a m p lio , n o s ó lo
f ra n c é s y n o s ó lo a c a d é m ic o . D e él f o r m a n p a r te , p o r e je m ­
p lo , la r e c u p e r a c i ó n a m e n u d o in c o n s c i e n t e d e lo s te m a s
d e l a n t ic a p ita lis m o r o m á n t ic o p o r p a r te d e lo s m o v im ie n to s
e c o ló g ic o s o r ie n ta d o s h a c ia la iz q u ie r d a .41
L a “ré tic en ce n o u v e lle ” m e n c io n a d a p o r A rie s p o d ía t r a ­
d u c ir s e e n a c tit u d e s d iv e rg e n te s . C o m o s e r e c o r d a r á , F u r e t
h a b ía p r o p u e s to c o m b a ti r c o n u n a d o s is d e e tn o lo g ía la a b s ­
tr a c c ió n e t n o c é n tr i c a d e la s te o r ía s d e la m o d e r n i z a c ió n .42
C h a u n u h a b í a s u g e r id o e c h a r p o r la b o r d a , ju n t o c o n la s te o ­
r ía s d e la m o d e r n iz a c ió n , lo s id e a le s d e la m o d e r n i d a d lig a ­
d o s a l ilu m in is m o . L a s e g u n d a o p c ió n , a p a r e n te m e n t e m á s
r a d ic a l - p o r lo m e n o s d e s d e el p u n t o d e v is ta id e o ló g ic o - ,
r e n u n c ia b a a p o n e r e n d is c u s ió n la s h e r r a m ie n ta s d e tr a b a jo
40 P. Ariés (con la colab o ració n de M. W inock), Un historien du diman­
che, París, 1980.
41 Cf. A. L tidtke (ed.), Alltagsgeschichte. Zur Reconstruktion historischer
Erfahrungen und Lebensweisen, F rán cfo rt del Meno, 1989; G. Eley, "L abor
History, Social History, A lltagsgeschichte: E xperience, C ulture a n d the Politics of the E veryday - A N ew D irection for G erm án Social H istory?”, en
Journal o f Modem History, 61, 1989, pp. 297-343.
42 Cf. F. Furet, "L’histo ire et T hom m e sauvage'”, op. cit., p. 230: "Il n ’y a
ríen d ’é to n n a n t ñ ce que, en m ém e tem ps q u ’ellc [la g ran d e h istoire du xixl‘
siéclc] chcrche désesp &eacu