Subido por Chema Hernando Gonzalez

OTRA TAREA PENDIENTE EN EDUCACION. La reforma orgánica del Ministerio de Educación del Perú.

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OTRA TAREA PENDIENTE EN EDUCACION
La reforma orgánica del Ministerio de Educación del Perú
En estos tiempos de campaña electoral se multiplican los debates sobre las medidas que el
próximo gobierno debería adoptar para mejorar la calidad de nuestra educación. No faltan
tampoco “innovadoras” propuestas en los programas de los candidatos, alguna de ellas
nacidas de la audacia de quien sabe que nunca tendrá que llevarlas a la práctica. Y por
supuesto nos abruman las listas de medidas a tomar, mayoritariamente decálogos, a las que
nos hemos vuelto, gracias a Internet, tan aficionados. Sin embargo, hay una medida que
pareciera olvidada por todos, candidatos, comentaristas, expertos y “decalógolos”, y no es otra
que la de enfrentar la necesaria reforma orgánica del propio Ministerio de Educación.
El Ministerio de Educación es uno de los pocos que todavía funciona bajo una Ley Orgánica
(Ley 25762, de 1992), y no bajo una Ley de Organización y Funciones como prescribe la Ley
Orgánica del Poder Ejecutivo (Ley 29158), familiarmente conocida como “la LOPE”, que en
diciembre de 2007 concedió un generoso plazo de seis meses a los Ministerios con
competencias compartidas (Educación entre ellos) para la elaboración y promulgación de sus
nuevas leyes de organización y funciones. Pretendía la LOPE, no solo que los Ministerios se
adaptaran a sus preceptos, sino que aprovecharan para incluir en sus estructuras y
organización las modificaciones que las leyes de descentralización (publicadas cinco años
antes) demandaban, y siguen demandando, para permitir la verdadera transferencia de
competencias y su adecuado ejercicio.
Es, por otra parte, la Ley Orgánica del Ministerio de Educación una ley desnaturalizada ya que
en 1995, por intereses políticos del momento, se autorizó (Ley 26510) al Ministerio a modificar
su organización interna mediante decretos supremos. El primero de estos decretos supremos
(DS 51-1995-ED) introdujo en la organización del Ministerio, y por contagio posterior en toda la
educación peruana, la criticada división, por forzada y antinatural, entre gestión pedagógica y
gestión institucional que ocasiona, cuando menos, que las políticas pedagógicas tengan
distinta velocidad que sus necesarios, a veces imprescindibles, soportes institucionales,
generando no pocas dificultades en el quehacer diario del Ministerio. Otros decretos
posteriores fueron redondeando el desastre, poniendo y quitando órganos, direcciones,
unidades y oficinas, obteniendo al cabo de los 20 años transcurridos desde entonces el
frankenstein en el que se ha convertido el Ministerio.
La Oficina de Apoyo a la Administración de la Educación del MINEDU identificó en el año 20131
al menos 10 consecuencias negativas de la comentada organización y estructura del
Ministerio, entre las que merece la pena destacar: (i) sobredimensiona el rol de provisión de
servicios, centrándose en aspectos operativos impidiendo que el Ministerio desempeñe sus
funciones de órgano rector en los ámbitos de su competencia; (ii) no permite la interlocución
interna, entre sus distintas áreas orgánicas, ni con los gobiernos regionales y mantiene un
fuerte sesgo centralista en la gestión de los recursos, no acorde con el proceso de
descentralización; (iii) no facilita soluciones efectivas al ciudadano, sino que propicia el trabajo
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Plan de Modernización Institucional del Ministerio de Educación - Informe Balance 2013
atomizado y la compartimentación, reforzando la disociación entre lo pedagógico y la gestión
en todo el sistema educativo nacional; (iv) confunde las funciones esenciales con las funciones
internas de asesoría y apoyo, al tiempo que funciones claves están asignadas a niveles
organizacionales inferiores.
Ante este desolador panorama, la Ministra Patricia Salas seleccionó como uno de los tres
pilares de su gestión, junto a la mejora de aprendizajes y el desarrollo docente, la
modernización del Sector Educación e impulsó con personal empeño la elaboración del
proyecto de Ley de Organización y Funciones del Ministerio de Educación, proyecto que
mereció la aprobación del Consejo de Ministros y, ya en el Congreso de la República, los
dictámenes favorables de la Comisión de Descentralización y Modernización de la Gestión del
Estado y de la Comisión de Educación, pero que, lamentablemente, pese a ser agendado
repetidamente nunca llegó a ser visto por el Pleno del Congreso, retenido por intereses
partidarios que impusieron la aprobación previa de la Ley Universitaria.
Este proyecto de Ley, que todavía puede ser consultado en la web del Congreso (Proyecto de
Ley número 1994-2012-PE), ofrece varias ventajas respecto a la actual Ley Orgánica del
Ministerio de Educación y sus modificatorias, que vamos a reducir a cuatro aunque sin duda
pueden ser muchas más: en primer lugar, centra la actividad del Ministerio en su rol rector,
permitiendo que se reduzca, hasta eliminarla, la intervención directa en las instituciones
educativas, pero posibilitando esta intervención cuando sea necesario para garantizar el
derecho a la educación. Reduce, en segundo lugar, la confusión de roles, competencias y
funciones con los gobiernos regionales y locales, posibilitando una mejor gestión
descentralizada de la educación. Elimina, tercero, la dualidad entre la gestión pedagógica y la
gestión institucional de la educación, abriendo la puerta a una gestión integral de la educación.
En cuarto lugar, separa las funciones sustantivas de las administrativas, ganando en claridad en
los procesos y permitiendo que los órganos de línea se avoquen a su razón de ser al no quedar
saturados por el quehacer administrativo.
Lamentablemente en el 2015 se abandonó este proyecto y se aprobó una nueva modificación
de la estructura del Ministerio por decreto supremo, en este caso el Nº 001-2015-MINEDU,
con lo que se perdió la oportunidad de dar paso, en este periodo de gobierno, a la verdadera
modernización de la gestión de la educación que resulta indispensable para gestionar
adecuadamente cualesquiera reformas o mejoras que se pretendan introducir en el sistema
educativo peruano. Confiemos, entonces, en que nuestros próximos gobernantes sepan
entender que no es posible la reforma educativa sin que esta se apoye sobre una real y
ambiciosa modernización de la gestión que debe partir del ordenamiento interno de la
estructura orgánica del Ministerio de Educación.
José María Hernando
Lima, 28 de marzo de 2016
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