Subido por Pedro Marqués de Armas

Psicoanálisis en Cuba. El caso de Juan Portell Vilá

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Educación sexual, eugenesia y psicoanálisis. El caso cubano de Juan Portell Vilá
Pedro Marqués de Armas
En febrero de 1925 un editorial de la Revista de Medicina Legal de Cuba, anunciaba la
creación de una nueva sección en su páginas: la de neuropsiquiatría. Desde la extinción
de Archivos de Medicina Mental una década antes, los psiquiatras cubanos no habían
contado con un espacio de prensa propio donde dar a conocer sus trabajos. Confiada a
un “joven que después de dos años en los mejores servicios hospitalarios e instituciones
afines de Francia, Alemania y Suiza, acaba de regresar a su país”, ese joven que asumía
el papel de redactor de su disciplina era Juan Portell Vilá. 1
En noviembre del año anterior, Portell había regresado a La Habana, con el propósito
de fundar una Liga de Higiene Mental a semejanza de la establecida en París, de cuyo
desarrollo fuera testigo y participante. La novedad no radicaba tanto en una propuesta
que, tal como se desenvolvía la sanidad cubana, con una creciente proyección social,
estaba al caer; sino en que ésta fuera lanzada por un médico que, además de bien
relacionado con el movimiento de higiene mental francés, se presenta como conocedor
de la “nueva ciencia” del psicoanálisis.
El psicoanálisis era la novedad. Si al comenzar los años veinte resulta todavía poco
conocido y su difusión en forma de artículos y referencias es muy ocasional, todo cambia
de manera más bien súbita hacia 1925, al producirse, a partir de entonces, una
circulación constante tanto en revistas médicas como en la prensa cotidiana. Buena
parte de esa expansión, sobre todo en el ámbito cultural, estaría motivada por la visita
a la Isla, casi siempre invitados por la Institución Hispanocubana de Cultura –es decir,
gracias a Fernando Ortiz– de intelectuales y médicos españoles que contribuyen a su
divulgación. Fue a través de éstos que el psico-análisis, a veces con guion, o todavía en
femenino, impregna “a la española” los círculos intelectuales; esto es, ligado a la
medicina y, en general, a una moral regeneracionista que tendrá sustento, también, en
la filosofía y el pensamiento religioso.
El listado de visitantes que hablan en espacios públicos de las tesis freudianas es largo,
comenzando por la pedagoga María de Maeztu, y siguiendo con Gregorio Marañón,
Roberto Novoa Santos, Luis Jiménez de Asúa, José A. Laburu y Emilio Mira y López, entre
otros. Para que se tenga idea del interés que despertó en el público cubano la “cuestión
sexual”, se calcula que a la conferencia de Marañón sobre “intersexualidad”, celebrada
en diciembre de 1927 en el teatro Payret, asistieron más de 6000 personas; la inmensa
mayoría tuvo que conformarse con escucharla en los alrededores del Parque Central
donde se colocaron potentes altavoces. 2
1
“Editorial”, Revista de Medicina Legal, 1925, Año IV, núm. 4., p. 92; y Portell Vilá, Juan: “Nuestros
propósitos; neuropsiquiatría”, Revista de Medicina Legal, 1925, Año IV, núm. 4, pp. 111-12.
2
Sobre el viaje de Marañon a La Habana en 1927 existe abundante información recogida en Orozco
Acuaviva, Antonio: Historia de la endocrinología española, 1999, Madrid, Ediciones Díaz de Santos SA, pp.
119-23. Sobre la recepción de sus ideas en Cuba, ver el ensayo de Emilio Bejel “Antecedentes de la
homofobia cubana contemporánea” (Cuba: contrapuntos de cultura, historia y sociedad, 2007, San Juan,
P.R.: Ediciones Callejón, pp. 119-40). La prensa de la época sigue siendo la fuente de información más
No obstante, nada indica que quienes se interesaron en el psicoanálisis tuvieran noticias
solo a partir de esas conferencias. Circulan con anterioridad las Obras Completas de
Freud, en la traducción de López-Ballesteros, artículos sobre su asimilación en Estados
Unidos, y no pocos libros de autores franceses que se aproximan al psicoanálisis desde
la propia psiquiatría, la psicoterapia y la higiene de la infancia.
Hacia 1926 es visible una creciente adscripción a las teorías de Freud entre médicos,
juristas y pedagogos, siempre en el interior de instituciones que no parecen sentirse
amenazadas, en parte por su notable corporativismo, y porque quienes asimilan dichas
enseñanzas no pretenden pronunciarse contra los pilares de la medicina. Podemos
señalar los nombres de Raimundo de Castro, Federico Grande Rosi, Rodolfo Julio Guiral,
René de la Valette, Gaspar Jovet, Juan Antiga y, sobre todo, a Juan Portell Vilá.
Desde la Cátedra de Medicina Legal, ya en 1917, de Castro reconocía la importancia del
psicoanálisis en criminología, pues a su juicio era imprescindible comprender los
“complejos mentales” que movían al criminal. Guiral se vale del método en casos de
“psiconeurosis”, usándolo de modo “silvestre” y dubitativo. De la Vallete lo aplica en el
ámbito clínico, sobre todo a nivel privado. Jovet habla de un “psicoanálisis sintético” que
emplea con enfermos de Mazorra. Y Grande y Antiga pretenden, hasta donde
conocemos, destacar su valor dentro de la medicina o bien en las fronteras con la cultura
y la psicología social. 3
Por su parte, aunque el psicoanálisis no tuvo entre los intelectuales y escritores cubanos
de la década minorista/vanguardista –es decir, entre los años 1923 y 1933– una gran
resonancia, no faltan ejemplos de su influjo en la creación artística, así como en el
ensayo y la crítica, incluyendo algún que otro debate apenas esbozado. Pero este será
tema para otra ocasión.
Neurólogo, psiquiatra, eugenista, médico-forense, entendido en la educación de
menores, y hasta teósofo, bien plantado desde su llegada en los circuitos académicos,
respetado por sus antecedentes parisinos, Portell Vilá lo tenía todo para hacer valer las
teorías freudianas y ponerlas a circular. 4 Los dos resortes de fondo que alentaran la
valiosa para todo lo relativo a las intervenciones de los médicos e intelectuales españoles invitados a Cuba
por la Institución Hispano Cubana de Cultura.
3
"La criminología ante la medicina legal", Raimundo de Castro y Bachiller, Anales de la Academia de
Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, 1917-1918, T-54, pp. 526-40; Rodolfo J. Guiral,
“Histeria ocular”, Revista de Psiquiatría y Neurología, T-II, octubre-diciembre, 1930, núms. 4-5-6, pp. 5052; y, Gaspar Llovet, “Sobre el Psicoanális”, Revista de Psiquiatría y Neurología, T-I, septiembre, 1929,
núm. 3, pp. 92-94.
4
A los datos biográficos ofrecidos en este trabajo añado la síntesis siguiente: J. P. V. nació La Habana el
19 de octubre de 1898 y falleció en la misma ciudad el 11 de julio de 1958. De niño vivió sucesivamente
en Estados Unidos, España y Francia. En 1911 regresa a Cuba y se establece en Cárdenas, donde realiza el
bachillerato en el Colegio de los Escolapios. Habría iniciado estudios de medicina en la Universidad de La
Habana hacia 1916. Seis años más tarde parte a Europa, radicándose en París. Viajó por Suiza y Bélgica y
visitó numerosas ciudades alemanes hasta afincarse en Berlín en 1923, donde recibe formación por dos
años en el Instituto Neurobiológico. De regreso a La Habana en 1924 participa en el VI Congreso Médico
Nacional, en el que lanza la propuesta de crear una Liga de Higiene Mental. En 1925 se vincula a la Revista
de Medicina Legal, inaugurando la sección de Neuropsiquiatría. En 1926 ingresa en la Sociedad de Estudios
“socialización” del psicoanálisis en Francia, Estados Unidos, e incluso en España, se
encontraban en Cuba en su apogeo. De carácter prevencionista y anclados en el
positivismo “socio-biológico” estos resortes eran la Eugenesia y la Higiene Mental,
corrientes estrechamente relacionadas, capaces de comunicar una serie de prácticas en
estricto vínculo con la medicina, la educación y el derecho.
Ambos resortes se venían articulando en Cuba desde la década de 1910, a muy pocos
años de su emergencia. La higiene mental había despuntado en Estados Unidos tras la
publicación, en 1908, de The Mind that Found Itself, exitoso opúsculo del antiguo
paciente y ahora líder comuninario, Clifford Beer, entrando en consonancia con las
concepciones del psiquiatra de origen judío Adolf Meyer, quien destacaba el papel del
ambiente y de las “reacciones” en la génesis de los disturbios mentales.
Sin embargo, no será hasta los años veinte a través de los vínculos con la higiene mental
francesa, y obedeciendo a la progresiva internacionalización del movimiento, que se
crean en Cuba las condiciones para establecer una Liga de Higiene Mental, la cual se
gestará en la práctica entre 1924 y 1929.
Clínicos con la ponencia “La persuación y la sugestión y ventajas de sus poderes curativos”, y se encarga
de la Junta de Profilaxis del Hospital de Dementes. En 1927, cuando se establece el Pabellón para Niños
Anormales “Dr. Antonio Mestre”, presta servicios como responsable de la enseñanza médico pedagógica,
y dos años más tarde es nombrado Jefe de Departamento de Psiquiatría Infantil. En 1929 presidió la
Sociedad Cubana de Psiquiatría y Neurología, de cuyo órgano de prensa, la Revista de Neurología y
Psiquiatría (1929-1932), fue jefe de redacción. En 1926 había obtenido el premio anual de la Asociación
Pedagógica Universitaria por su artículo “La proximidad morbosa, la constitución asténica y la constitución
erótica”. Al V Congreso Panamericano del Niño, celebrado en diciembre de 1927, presenta dos ponencias
que vinculan el psicoanálisis a la higiene infantil. Fundó en 1929 la Liga de Higiene Mental de Cuba, cuyas
bases da conocer en su conferencia radial “La higiene mental y el contagio psíquico de las multitudes”,
trasmitida por la estación C.M.K para toda América y parte de Europa. En agosto de 1931 asistió al
Congreso Internacional de Neurología de Berna. Fue miembro fundador de la Sociedad de Hidrología y
Climatología. En 1933 integró junto a Emeterio Santovenia, Salvador Massip, Arístides Mestre y Roberto
Agramonte, una comisión para verificar la autencidad de ciertos restos taínos y ciboneyes encontrados en
la Cueva del Jobó. Realizó indagaciones sobre la práctica del espiritismo entre la población habanera. En
Mazorra, hacia 1936, atendió a la célebre curandera Antoñica Izquierdo. En 1938 presentó al VII Congreso
Médico Panamericano un trabajo sobre administración medicamentosa a través de punción cisternal, en
pacientes diagnosticados de neurosífilis, turberculosis y ataxia. En 1947 se presentó a exámenes de
oposición por la plaza de profesor agregado de la Cátedra de Clínina y Patología de las Enfermedades
Nerviosas y Mentales, pero fue invalidado al no contar con los documentos adecuados. En 1951 pronunció
en la Universidad del Aire una conferencia sobre Pasteur, publicada en los cuadernos de aquella
plataforma. El 7 de junio de 1951 fue homenajeado por parte del Servicio de Higiene Mental y
Neuropsiquiatría del Municipio de La Habana. Este mismo año publica su último artículo de que tenemos
noticia: “La psicoterapia de grupo en el frente de batalla”. En 1957 causó baja del Colegio Médico
Nacional, tal vez por jubilación o enfermedad. (Gaceta Oficial, 1957). Dentro de la Asamblea Médica
Nacional, para la que se postuló en varias ocasiones, integró el grupo denominado Pro Ejercicio Libre de
la Profesión, junto a figuras como Pedro Castillo, Ricardo Núñez Portuondo y Clemente Inclán, quienes
tomaban distancia tanto de la Unión Federativa, como del Ala de Izquierda Médica. Su rastreo en la
historia de la psiquiatría resulta notable y responde, sobre todo en los años veinte, a su voluntad de
afianzamiento dentro de la disciplina. En mayo de 1927, por ejemplo, organizó ante la Sociedad Cubana
de Psiquatría y Neurología una jornada de homenaje a Pinel en su centenario.
Los higienistas de la mente eran por definición eugenistas. No existía a esas alturas,
salvo excepciones, una oposición entre los propósitos de mejorar la sociedad siguiendo
vías ambientalistas que actuando sobre la descendencia. El control de la natalidad y de
la trasmisión de enfermedades hereditarias terminó por acoplarse a una serie de
intervenciones higiénicas de largo alcance que, no obstante orientadas hacia el conjunto
social, se dirigían con énfasis hacia las clases bajas o medias, bien de modo directo sobre
familias y barrios, o bien de manera indirecta a través de las escuelas, las fábricas y los
dispensarios.
Si la profilaxis mental quería tocar fondo, tenía que posicionarse en la detección precoz
de una variada gama de enfermedades y, sobre todo, anticiparse a ellas por medio de la
puericultura y la eugenesia. Como expresa Portell Vilá en uno de sus textos: “La profilaxis
mental debe basarse primeramente en la Eugenesia”.5
Al término de la guerra de 1914 fue cada vez mayor, en Europa y Estados Unidos, la
absorción de las ideas de Freud, siendo éstas colocadas al servicio de proyectos
eugenénicos e higiénico-pedagógicos. Su compulsiva socialización implicó desde
temprano el acoplamiento a presupuestos biológicos y políticas sanitarias estatales. Al
regresar a Cuba en el otoño de 1924, Portell Vilá encontró todo un entramado de
instituciones que clamaban por un nuevo ordenamiento y nuevas partidas
presupuestarias. En breve se asistiría durante el Gobierno de Gerardo Machado a la
expansión de las mismas. Nunca antes fue tan potente la relación medicina-Estado,
consolidándose una utopía nacionalista –etnocientífica– que parecía alcanzar su
apoteosis.
Formación en Europa
En la primavera de 1922, Portell Vilá partió a Francia, donde asiste junto al clínico Pedro
Castillo, a un ciclo de conferencias sobre afasias organizado por el Dr. Foix en el célebre
Hotel Dieu.6 Castillo regresaba de Viena después de pasar por Berlín. Desde 1919 había
recibido el aporte de neuropsiquiatras como Ortner y Vogt, con quienes había
completado su formación.7 Es probable que la relación con Castillo influyera en la
decisión de Portell Vilá de trasladarse al Instituto Neurobiológico de Berlín, donde se
especializa en psiquiatría en los años 1923 y 1924. 8 Alterna su formación entre Alemania
5
Portell Vilá, J. “La profilaxia mental como uno de los grandes factores de la medicina social”, Revista de
Medicina Legal, 1925, Año IV, núm. 10, pp. 311-320.
6
Portell Vilá, J. “Estudio clínico de la afasia y sus aplicaciones en medicina legal”, Revista de Medicina
Legal, 1925, T-IV, núm. 6, pp. 191-205.
7
Pedro Castillo Martinez (1896-?) fue un destacado médico cubano que ocupara durante décadas la
cátedra de Patología Clínica. Tras graduarse en 1919, obtuvo una beca de estudios que le permitió
continuar su formación, primero en París, y luego en Viena y Berlin. Fue alumno de eminentes
especialistas europeos como Fernand Widal, Wilhem His, Victor Schilling, Ortner y Vogt, entre otros.
8
Por un temprano artículo de Portell Vilá escrito cuando completaba su formación en el Instituto
Neurobiológico, y que enviara desde Berlin a la habanera revista Bohemia, podemos precisar que ya desde
1923 radicaba en esa ciudad, pero que con anterioridad, desde principios de 1922, ya había viajado por
otras varias ciudades alemanas. Ver “Impresiones de Berlín. Carta abierta a nuestro director”, Bohemia,
y Francia, pues aparece, por la misma época, como interno de Sainte Anna e integrante
del Dispensario de Higiene Mental de París. Participa entonces en la organización de la
Liga, entrando en contacto con las principales figuras de este movimiento: Edouard
Toulouse, Georges Genil-Perrin, Henri Claude y Eugéne Minkowski, entre otros. Asistió
de cerca, por tanto, a la creación de las consultas externas y del Servicio Abierto para
casos agudos, establecido según las ideas de Toulouse.
Al celebrarse en 1923 la Asamblea de Higiene Mental en la capital francesa, concurre
en calidad de delegado, siendo uno de los 20 invitados foráneos que participaron. Señala
él mismo haber sido el primer colaborador latinoamericano de Rogues de Fursac, quien
destacó por sus estudios sobre el contagio colectivo y los cuadros conversivos, y a quien
parece ligado de modo más próximo en su periplo formativo.
Alumno de Henri Claude desde que este ocupa la Cádetra de Clínica de las
Enfermedades Mentales en Sainte-Anne, también tuvo de maestros Capgras, Marchand,
Rouvinovith y Mignard, entre otros destacados psiquiatras. En su gira por Suiza visitó la
Casa de Párvulos del Instituto Rousseau de Ginebra, desplazándose, además, a Bélgica.
Portell Vilá profesó desde sus años parisinos ideas esotéricas, puede que influido por
René Allendy, autor de Alquimia y medicina (1912) y creador en los años veinte del
Grupo de Estudios Filosóficos y Científicos para el Examen de las Ideas Nuevas. Allendy
se interesó por el psicoanálisis, siendo discípulo de René Laforgue, al que conoce en
1922 en la Sociedad de Teosofía. Juntos publican La psychanalyse das névroses (1924).
Laforgue se ocupó de la primera consulta hospitalaria francesa de psicoanálisis, en el
servicio de Claude, en Sainte-Anne, mientras Allendy se integra al grupo Evolución
Psiquiátrica y a la Sociedad Psicoanalítica de París (1926).
El psiquiatra cubano fue amigo, además, de Eugéne Minkowski, que atendía la consulta
de psicoterapia del Hospital Henri Rousselle, fundador de Evolución Psiquiátrica (1925),
y destacado luego por su proyecto fenomenológico. Y sostuvo amistad con el chileno
Fernando Allende Navarro, también cercano a Minkowski y que estudiara medicina en
Zurich al tiempo que se formaba como psicoanalista (recibió “análisis didáctico” desde
1920 y fue el primer miembro de habla española de la Sociedad Internacional de
Psicoanálisis), cuya teoría y práctica introduce en Chile a su regreso en 1925. Es probable
que hayan coincidido en Suiza, y no son pocos los paralelos que pueden establecerse en
sus casos.9
Son los tiempos en que la psiquiatría francesa “levanta el cordón sanitario” que había
tendido en torno a las enseñanzas de Freud, y que a éstas se las utiliza en el marco
amplio de la medicina y la higiene mental.
24 de febrero de 1924, p. 19. Se trata de una interesante crónica sobre las penurias del pueblo alemán y
las restricciones impuestas desde Francia, en la que señala los riesgos que ello suponía para la estabilidad
interna y el futuro de Europa. El artículo apareció con una fotografía del joven médico cubano.
9
Parte de los datos citados proviene del propio autor: “La profilaxis mental...”, pp. 311-16. También de
Horacio Abascal: “Necrología: Juan Portell Vilá”, Revista de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina,
1958, Año 1, Núm. 3, p. 52. En la misma publicación y del propio Abascal, pero no consultado: “Resumen
biográfico”, 1960, Año 3, Núm., 1, pp. 17-30.
Engarces higiene mental y eugenesia
Si nos remontamos al siglo XIX ya vemos, en textos como “Higiene General de la
Locura”, del alienista Gustavo López, un claro engarce entre higiene mental y medidas
pre-eugenésicas, orientado hacia la profilaxis sexual de la infancia. 10 El hilo conductor
de este discurso radicará en la relación que se establece entre las nociones de instinto y
y de degeneración, que sirvieron para explicar no solo la transmisión de enfermedades
neurológicas, sino también de conductas, predisposiciones y desvíos tempranos. A la
vez, no pocos factores ambientales se consideraban susceptibles de ser heredados,
como fue habitual en América Latina, donde la tesis sobre la herencia de los caracteres
adquiridos apenas resultó impugnada.
Aunque López tilda de exagerado el papel atribuido a la herencia, y reserva amplio
espacio al ambiente, lo dominante en él era su concepción organicista y, sobre todo, su
prevencionismo. Ante el aumento de "casos de nerviosismo contemporáneo, que
parecen deberse a las condiciones anormales de la vida moderna", solicita a las
instituciones y al gobierno acciones concretas. Se trata de asegurar "el porvenir de los
pueblos, la virilidad de una nación entera, la mejora de la raza, la saludable resistencia
de la humanidad"; y para ello es necesario levantar, como expresa, “un altar a la
meditación preventiva”.
Pone el ojo, desde luego, en los niños: “Los buenos ejemplos, el hábito de las
costumbres morigeradas, la ausencia de ciertos espectáculos, y el atender mucho las
relaciones amistosas de los infantes, deben merecer recomendación especial por
nuestra parte. Deben ser muy vigiladas las reuniones de los niños; y no consentirse, con
los que le lleven apreciable diferencia de edad. Este hecho, cuántas veces es el que
despierta y anticipa la vida genital de las criaturas, dejando maltrecha su natural
inocencia, rasgando su pudor, y abriendo puertas a determinadas perversiones”. A lo
que añade, en alusión a lo que ya entonces se define como infancia degenerada:
“Calculad ahora cual no llegará a ser la resonancia de estos daños, en aquellos seres un
tanto preparados para el mal, en aquellas pobres criaturas, de organización decaída,
estigmatizada, o de inteligencias débiles”. 11
Médicos como Arístides Mestre y educadores como Manuel Valdés Rodríguez, definirán
al niño cubano como tendiente a una precocidad sexual que es expresión lo mismo de
su constitución innata que de las seducciones del medio. No falta la identificación de las
perversiones con el clima tropical, o bien con la vida en reformatorios. Y frente ello
plantean políticas médico-pedagógicas de mayor amplitud. 12
10
López, Gustavo. “Higiene general de la locura”, Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y
Naturales de La Habana, 1896, T-XXXII, pp. 436-55.
11
12
“Higiene general...”, pp. 455 y 475.
Valdés Rodríguez, M. “La educación popular en Cuba”, 1891, La Habana, Imprenta de Álvarez; Mestre,
A. “Sobre la creación de un departamento para la educación médica de los niños defectuosos en sus
facultades intelectuales y morales”, Memoria oficial. Primera Conferencia Nacional de Beneficencia y
Corrección, La Habana, 1902, pp. 250-52.
Se trata de un engarce que cobra fuerza al despuntar el siglo XX, en el marco de la
naciente República, donde la preocupación por la infancia se torna notable como
resultado de la escolarización obligatoria y del incremento de las campañas
antituberculosas (con la figura del “menor pre-tuberculoso” por delante) y, claro está,
con el trasfondo de la pobreza y de la delincuencia infantil. A la sombra de flagelos para
el “progreso de la raza” como la prostitución, el alcoholismo y las enfermedades
venéreas, desde 1909 se suman, a los enunciados sobre educación sexual, los de la
Eugenesia, con su promoción de una “niñez a salvo” de taras hereditarias y su indisoluble
vínculo con la profilaxis mental.
En las primeras décadas republicanas se promueve la creación de un departamento
para niños anormales que se concreta luego en un “aula especial”; se realizan estudios
de antropología física y pedagógica e inventarios de la “psique del niño cubano”; y se
aboga por los tribunales de menores, que vendrán a reforzar las intervenciones sobre el
abandono y la delincuencia infantil.
Están en marcha no pocas campañas contra las narcomanías y las enfermedades de
transimisión sexual. Todo ello se acrecentará durante el gobierno de Machado, mientras
se procede a la creación del nuevo Servicio de Higiene Intantil, del Pabellón para niños
de Mazorra, y de la consulta externa del Hospital de la Infancia.
Son estas las condiciones que posibilitan la emergencia de la “educación sexual” y, más
tarde, la entrada del psicoanálisis, como instrumento a implementar en el interior de
aquella. Curiosamente, será un pedagogo, Salvador Massip, quien realice la primera
recepción de las tesis psicoanalíticas, en un artículo donde señala su valor en el ámbito
educacional. 13 Siguen ocasionales alusiones a la doctrina freudiana en otras revistas de
instrucción, hasta la eclosión, alrededor del Congreso Panamericano del Niño y la
Conferencia Panamericana de Eugenesia y Homicultura, de un produción normativa sin
precedentes sobre la infancia.
Sugestión. Contagio. Mulitudes
Una vez en La Habana, Portell Vilá participa en el VI Congreso Médico Nacional,
celebrado entre 14 y el 20 de diciembre 1924. Es allí donde lanza la idea de establecer
la Liga de Higiene Mental de Cuba y expone su “justificación científica”. 14 Esta idea se
elabora en su caso, lógicamente, durante su estancia en el Dispensario de Profilaxis e
Higiene Mental de París, futuro Hospital Rousselle. Por tanto, la experiencia acumulada
lo convierte en un actor propicio. No vamos a entrar aquí en la gestación de la Liga de
Higiene Mental, lo que hemos tratado en otro apartado, pero sí en algunos de los
presupuestos teóricos de este psiquiatra cubano. A partir de 1925 publicará varios
artículos donde calza sus propuestas y labor propagandista, destacando, entre ellos,
“Psicología colectiva y psicología morbosa” y “La Higiene Mental y el contagio psíquico
13
14
Massip, Salvador. "El Psicoanálisis", Revista de Educación, 1911, Vol. 1. Núm. 12, pp. 33-48.
Portell Vilá, Juan: “Psicología colectiva y psicología morbosa”, Revista de Medicina Legal, 1925, IV, núm.
2, pp. 29-36. Presentado el VI Congreso Médico de Cuba, sección de Medicina Legal y Psiquiatría.
de las multitudes”,15 que condensan sus ideas al respecto y lo muestran deudor de
autores franceses muy próximos entre sí: Paul Rossi, A. Vigouroux, y su maestro Rogues
de Fursac.16
Según Portell, la guerra de 1914 había venido a confirmar las tesis de Le Bon,
Mikhailovsky y Lombroso acerca de los efectos nocivos que, sobre ciertos individuos y
grupos, tuvieron las creencias que condujeron al conflicto. Fursac había publicado al
final de la guerra un Manual de Psiquiatría donde recogía su experiencia en casos de
“traumas” y “psicosis” atribuibles a “conmociones cerebrales”, pero también de
vivencias calificadas como “shocks emotivos”.
Para Fursac, al igual que para Portell Vilá, tres conceptos resultan clave para explicar el
creciente aumento de las “locuras” que sacudía a las sociedades modernas: la sugestión,
el contagio y la “predisposición individual”. Se entendía por “predispuestos” a aquellos
mismos sujetos que, desde tres décadas antes, se les venía clasificando de
“degenerados” en el orbe psiquátrico frances, pero ahora con una diferencia: la de
pertenecer a un grupo todavía más difuso, al abarcar categorías como la “constitución
emotiva” y la “impregnación tóxica”, esto es, variantes que añadían a la fragilidad
cerebral propia de los degenerados clásicos, elementos emocionales y ambientales que
afectaban al cerebro no sólo en su desarrollo sino también por reacción y, por
tanto, desde afuera.
Así, algunas creencias nefastas podían incidir sobre el equilibrio de sujetos
predispuestos, con la misma potencia de un “trauma” físico o una “intoxicación”. Por
medio de este constructo, emotividad y somaticidad quedaban igualados, al tiempo que
los efectos perjudiciales podían propagarse entre unos y otros individuos y revestir
“caracteres morbosos”.
Portell no hacía sino aplicar categorías clínicas a la sociedad en su conjunto. De ahí que
se refiera a los trabajos de Lasègue y Falret sobre la Folie à Deux (o locura compartida),
entidad nosológica que, al igual que la histeria, rendía el modelo clínico que vinculaba a
los “vulnerables” con las sugestiones y, por extensión, con las locuras colectivas.
Para Portell, éstas últimas podían ser expresión de “leyendas y tradiciones” susceptibles
de ser heredadas; el inconsciente mismo de los pueblos, en determinadas
circunstancias, podía emerger dominando a las masas. En este sentido, señala a esas
“multitudes” que se dejan conducir “a las regiones donde ellas inconscientemente
quieren ser conducidas” en virtud de sus tendencias regresivas o atávicas. Como en
la Folie à Deux, también en las locuras colectivas era necesario la existencia de un agente
15
“La profilaxis mental como uno de los grandes factores de la medicina social”, Revista de Medicina Legal,
1925, T-4, Núm. 10, pp. 311-32 (también Higia, Madrid, 1926), y “La Higiene Mental y el contagio psíquico
de las multitudes”, Revista de Psiquiatría y Neurología, T-1, Núm. 3, septiembre, pp. 82-87.
16
Rogues de Fursac (1872-1942), quizás sea la figura que más haya influido en Portell Vilá. Su Manuel de
Psychiatrie fue pulicado en español en 1921 en traducción de Juan Peset. Fursac ahondó en tópicos como
las locuras colectivas, las psicosis tempranas, el retraso mental, y las intoxicaciónes como causa de
patologías psiquiátricas.
“inductor” y otro “receptor”, en otros términos, de líderes políticos o religiosos
sugestionadores y de sus seguidores fanáticos o sugestionados.
Describe, al efecto, delirios de masa y enfermedades mentales epidémicas como la
coreomanía de Madagascar, el furor danzante del Rhin, o el Lathan en Java; mientras
relaciona ciertos “episodios de histeria” colectiva en Occidente, con las mentalidades
del niño, el artista y la mujer, siguiendo criterios evolucionistas que suponían identificar
a los menores como “perversos”, a los artistas como “seres nerviosos” incapaces de
alcanzar el lugar que exige el desarrollo ontogénico, y a la mujeres –a la histérica– en
tanto expresión misma de los fenómenos de masa. Tal como en Le Bon, está implícita la
idea de las masas como femeninas, maleables y destructoras.
A la psicología de las multitudes de Le Bon acude Portell Vilá una y otra vez. Apunta que
la “mentalidad colectiva” es expresión de una “suma de mentalidades individuales” que,
como resultado de un mecanismo “físico-biológico” que facilita la liberación de las
“formas psíquicas inferiores”, induce a una suerte de contagio que desestructura las
jerarquías sociales y acaba con la salud de las naciones. Ante ello se impone establecer,
desde luego, un tipo de higiene mental colectiva encaminada a controlar a los
vulnerables.
En otro artículo, “La persuasión y la sugestión, y algunos de sus poderes curativos” -este
de 1926-, explica que la higiene mental debe dirigirse con especial énfasis a las “clases
trabajadoras”. Contra el higienismo exclusivista surgido el siglo anterior, se trata ahora
de “buscar otros remedios que el que nos puedan proporcionar los balnearios de moda”
(...) “Tendremos que actuar –afirma– en un plano psíquico que nos ponga en contacto
con esas vibraciones, con esas dolencias invisibles que a guisa de vapores mefíticos se
desprenden de todos los ámbitos de las grandes ciudades”. 17
La relación de la locura con los avances de la civilización resulta, en fin, una constante
en su discurso, de frente a cuestiones como el acceso al voto democrático, el consumo
de cine y radio, la expansión del deporte y el turismo, etc., todas expresivas de tensiones
propias de la vida en las ciudades donde el número de individuos proclives de enfermar
sería mayor.
De la higiene escolar a la psiquiatría infantil
En 1926 Portell Vila obtuvo el premio anual de la Asociación Pedagógica por su artículo
“La proximidad morbosa, la constitución asténica y la constitución erótica”, que le
granjea la amistad y el apoyo de Alfredo M. Aguayo, el máximo exponente de la
educación en Cuba, con quien colaborará en la gestación del Negociado de Higiene
Escolar y quien lo invita a impartir una serie conferencias en la Universidad de La
Habana.18
17
“La persuación y la sugestión y algunos de sus poderes curativos”, Crónica Médico Quirúrgica, 1926, T52, pp. 221-27.
18
“La proximidad morbosa, la constitución asténica y la constitución erótica”, Crónica Médico Quirúrigica,
1926, T-52. Por este artículo obtuvo el Premio de la Asociación Pedagógica Universitaria. Sobre el
Un año después participa en el V Congreso Panamericano del Niño. Dentro de la sección
de Psicología, presidida por Aguayo, lee una ponencia titulada “El psico-análisis. Su
aplicación al estudio del niño”; mientras en la de Educación, conducida por Ramiro
Guerra, presenta “La Instrucción sexual en los niños como fundamento de la profilaxis
de las enfermedades venéreas y de la Neuropatología sexual”. 19 A través de Aguayo
conoce a Fernando Ortiz, que lo invita a colaborar en la Revista Brimetre. A finales de
1928 se celebra el Primer Congreso Nacional del Niño, presidido por Pablo F. Lavín, en
el marco del cual Portell Vilá presenta “El niño inestable y su tratamiento” y se lanza la
Declaración de La Habana sobre los derechos del menor.20
Entre sus trabajos de corte psicopedagógico, siempre interconectados con la
emergente psiquiatría infantil, destaca el titulado “Algunas interrogantes sobre el
problema de los retrasados escolares”, que también presenta ante la Asociación
Pedagógica Universitaria.21 Sostenía en el mismo que la mala nutrición causada por la
guerra de 1914 y, en general, por las condiciones sociales, se reflejaba en múltiples
síndromes mentales que afectaron a los niños europeos de aquella generación, entre
ellos las astenias y los trastornos atencionales, las distimias apáticas y la lentitud en el
aprendizaje.
Basado en estas experiencias proponía la necesidad de asegurar el desayuno escolar
entre los menores cubanos, mejorando su alimentación con dietas y suplementos
vitamínicos. Para enfrentar dichos estados, era imprescidible, a su juicio, implementar
la educación física, la gimnasia diaria y el deporte. Pero también la educación artística y
un modelo de educación que tuviera en cuenta la moderna noción de “inteligencia
integral” propuesta por Claparède, que incluía el papel de la invención, de la
comprensión y de las actitudes, y no únicamente el rendimiento académico cuantitativo.
En este sentido, critica la relación inteligencia/mejor alumnado y propone rescatar
aspectos emocionales, higiénicos e institucionales. No quiere ello decir que no defienda
la aplicación de los test de inteligencia y eficencia escolar diseñados por Binet y Simón,
concurso, ver referencias y una fotografía de Portell Vilá en la sección “Actualidades” de la revista
Bohemia (1926, 6 de junio, p. 19). Alfredo Miguel Aguayo Sánchez (Ponce, 1866-La Habana, 1948) fue la
figura más prominentes de la educación en Cuba. Graduado de doctor en Pedagogía por la Universidad
de La Habana en 1903, fue desde 1912 profesor titular de Psicología pedagógica, Higiene escolar e Historia
de la pedagogía. Ese año fundó la Revista de Educación y el Laboratorio de Paidología. Estableció además
la Escuela Normal de Verano. Escribió numerosos libros de texto para la enseñanza primaria y tratados de
Pedagogía, Psicología y Didáctica, entre otros. Organizó en los años veinte la Academia Pedagógica de La
Habana para atender a profesores y maestros. De particular interés en el tema que nos ocupa son sus
Lecciones de Higiene Escolar (La Habana, Cultural, 1929).
19
Actas y trabajos del Quinto Congreso Panamericano del Niño, La Habana, Imprenta de Montalvo y
Cárdenas, 1928.
20
Portell Vilá, Juan: “El niño inestable y su tratamiento”, Crónica Médico Quirúrgica, 1929, T-55, pp.10713, y Revista Bimestre Cubana, vol. XXIV, no 2, marzo-abril de 1929, pp. 247-55. El texto fue presentado
al Primer Congreso Nacional del Niño, celebrado en 1928. Se reprodujo en el Monitor de la Educación
Común, 1929, Año 48, núm. 673, Argentina, Consejo Nacional de Educación; y un resumen del mismo
apareció en La Escuela Moderna, Madrid, 1929.
21
Portell Vilá, Juan: “Algunas interrogantes sobre el problema de los retrasados escolares”, Crónica
Médico Quirúrgica, 1926, T-52, pp. 407-18. Presentado a la Asociación Pedagógica Universitaria.
entre otros autores, pero entiende que es necesario apelar a otros métodos que amplíen
el repertorio “educativo”, como el psicoanálisis, dirigido más a la solución de conflictos
que a la medición de la inteligencia. En este artículo, acaso el más prometedor en
términos teóricos, por apartarse de las categorías psiquiátricas más rancias, termina
lamentando el estado aún muy poco desarrollado de la pedagogía en Cuba y sus
limitaciones para poder aceptar las reformas modernas.
Uno de los objetivos de esa reforma era el establecimiento de los dispensarios médicoescolares, un dispositivo que definía como verdadero centro neurálgico de la atención a
los menores, “piedra de toque que rindiera sus más valiosas informaciones, tanto a las
juntas de educación como a los tribunanes para niños”.22 Éstos estarían integrados por
psicólogos, psiquiatras, educadores, maestros normalistas, enfermeras y trabajadoras
sociales, encargados de llevar entre todos una ficha a la vez clínica, pedagógica y social
de la “totalidad de los niños” donde se registrasen sus rasgos psicológicos, psiquiátricos
y educativos.
A esta propuesta vuelve en “El niño perverso como delincuente patológico”,23 texto
dedicado a Fernando Ortiz, ahora para señalar los delitos más frecuentes en los
menores, el problema de las fugas escolares y de la deambulación infantil, y el de la
precocidad sexual que advierte entre los infantes cubanos. Además de insistir en la
prioridad de establecer “en nuestro medio la profilaxis de las enfermedades mentales
vigilando al niño en su desarrollo psíquico y sorprendiendo a tiempo los primeros
síntomas que denuncian un futuro peligroso para él y la sociedad”, recalcaba la
necesidad de concretar la existencia de los dispensarios, ya que ello permitiría articular
acciones específicas como las visitas a las familias disfuncionales, siguiendo así de cerca
a los menores en riesgo de delinquir, o propiamente delincuentes, lo que debía ser
gestionado desde los tribunales de menores.
Pero Portell debió encarar la realidad. Su posición prevencionista y su apertura hacia la
higiene mental se verían en gran medida frenadas por las contigencias del
desenvolvimiento institucional de la psiquiatría cubana que, lejos de salirse del
manicomio en aquellos años, encontrará en él –por razones políticas, pero también
inherentes al desarrollo de la disciplina– su exclusivo destino. Cuando se inaugura en
1927, en Mazorra, el Pabellón para Niños Anormales “Antonio Mestre”, comenzará a
prestar servicios en el mismo como responsable de la enseñanza médico pedagógica,
siendo nombrado, dos años más tarde, jefe de los servicios de psiquiatría infantil. El
modelo a implementar prentende ser también educativo, como no menos familiar, y
22
Portell Vilá, Juan: “Ventajas que nos ofrecería el dispensario médico escolar”, Crónica Médico
Quirúrgica, 1927, T-53, pp, 63-68. Otros textos de Portell Vilá enmarcables en la higiene escolar y la
psicopedagogía: “El sistema pedagógico de Winnetke”, Crónica Médico Quirúrgica, 1927, T-53, pp. 22932; "Algunos postulados clínicos-pedagógicos relacionados con la educación de los niños epilépticos",
Revista de Medicina Legal, 1927, Año VI, núm. 1, pp. 37-39; “La casa de párvulos del Instituto Rousseau
de Ginebra”, Revista Medicina Legal, 1927, Año VI, núm. 4, pp. 151-56; “Nuevos métodos para la
enseñanza de los niños subnormales”, Crónica Médico Quirúrgica, 1931, T-57, pp. 269-71; e “Higiene
mental durante la edad escolar”, Crónica Médico Quirúrgica, 1931, T-57, pp. 449-53.
23
“El niño perverso como delincuente patológico”, Revista Medina Legal, VI, 1927, núm. 2, pp. 64-67.
dotarse de todas las promesas inherentes a la modernización de la asistencia,
incluyendo el psicoanálisis; pero las paradojas sobran y la fatalidad se impone. Es así que
debe ejercer sus buenas intenciones en un espacio que sigue siendo asilar, entre los
casos más graves y a menudo largamente institucionalizados, observándose en su labor
una deriva psiquiatrizante, incluso experimental, que lo aboca a la más pura psiquiatría
biológica. 24
Un psicoanálisis vigilante
El primer artículo sobre psicoanálisis escrito por Portell Vilá, “El pansexualismo y las
doctrinas de Freud”, apareció en 1925 en la Crónica Médico Quirúrgica, y un resumen
del mismo fue reproducido en la Revista de Instrucción Pública. Tuvo, por lo visto,
repercusión inmediata, al punto que al año siguiente era calificado (desde los Anales de
la Academia) como “el mejor resumen publicado en castellano de las teorías del ilustre
profesor de Viena”. 25 Es en este texto donde, en claro gesto de autolegitimación, revisa
la biobiografía psiquiátrica y pedagógica cubana en busca de “antecedentes” del
psicoanálisis, topando al respecto con la recepción inicial de Salvador Massip, lo que le
lleva a expresar que, salvo ese artículo y un fragmento de “Las incertidumbres del
psicoanálisis” de Laumonier traducido en 1923 para la Crónica Médica Quirúgica,26
nadie en la Isla se había ocupado de la “nueva ciencia”. Era él, pues, el llamado a
introducirla.
En su artículo, Portell Vilá realiza un recorrido histórico por los orígenes de la teoría
freudiana, en el que reseña la visita de Freud a Charcot en 1885, así como su relación
con Breuer, a la vez que argumenta algunos de los principales conceptos y
descubrimientos psicoanalíticos: la interpretación de los sueños, los mecanismos del
proceso onírico, la libido y sus etapas, el complejo de Edipo, el narcisismo y el refugio en
la enfermedad en las afecciones neuróticas, etc.
Portell Vilá se pregunta sobre la conveniencia de fomentar una educación a través de
estos principios, cuestión a la que responde que sería perjudicial “en las tiernas
cabecitas de nuestros escolares”, pero no así en la de maestros y en aquellos que
afrontan “la vida marital”. No es a los niños, pues, sino a pedagogos y futuros padres a
quien estaría destinada la enseñanza del psicoanálisis, para que éste sea aplicado “al
estudio” y la “educación” de los menores. Consideraba, en este primer acercamiento,
24
En la dirección terapéutico experimental ver los artículos “Informaciones Clínico-Prácticas. Un niño
turbulento tratado por bulbocalpina”, Revista de Psiquiatría y Neurología, 1931, T-3, núms. 1-6, pp. 37 y
ss. Sobre la institucionalización de la psiquiatría infantil en Cuba, con agudas observaciones sobre la
práctica psiquiátrico-pedagógica de Juan Portell Vila y su deriva biologicista, ver el excelente estudio de
Jennifer Lambe (2017), “El niño problema como objeto institucional: la psiquiatría infantil en Cuba, 19261945”, Asclepio, 69 (2): p194. doi: http://dx.doi.org/10.3989/asclepio.2017.17.
25
Portell Vilá, Juan: “El pansexualismo y las doctrinas de Freud”, Crónica Médico Quirúrgica, 1925, T-51,
pp. 495-510; un resumen del mismo en Revista de Instrucción Pública. Sobre la recepción de este trabajo,
ver Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, 1926, Vol. 61, p. 511.
26
Laumonier, Jean: “Las incertidumbres del psicoanálisis”, Crónica Médica Quirúgica, 1923, T-49, pp. 237
y ss. Jean Laumonier (1859-1932). Médico e higienista francés. Fue uno de los primeros impugnadores de
Freud. Sus críticas sobre el psicoanálisis se remotan a 1914 y fueron recogidas en Le Freudisme. Exposé et
critique (París, Alcan, 1925). En Cuba era un autor bastante citado desde comienzos de siglo. Su ensayo
“Les incertitudes de la psychanalyse” apareció Le Monde Médical en 1923.
que “el análisis de los conflictos” podría realizarse sin que la técnica terapéutica se
aplicara directamente sobre el sujeto de estudio.
Portell quiere tocar a las puertas de la enseñanza universitaria, porque allí “no se
enseña el freudismo”. A través del Ministerio de Instrucción y, en particular, de la
Asociación Pedagógica, que en 1926 le entrega su premio anual, logra de hecho acceder
a la facultades de educación y de derecho, transmitiendo, en diversas ocasiones, la
necesidad de divulgar el psicoanálisis entre profesores y estudiantes. Identifica su
prédica con una suerte de bagaje general que debían poseer los profesores, pero
también de “secreto” a desvelar, si se quería entender el verdadero funcionamiento de
la sociedad y de la sexualidad. Se trata, a su juicio, de mantener “avisados” a pedagogos
y tutores sobre lo que subyace oculto en la cultura y tiene su explicación en la represión
del instinto sexual. A propósito, elige esta cita de Freud: “Podemos decir a la sociedad,
que lo que ella llama su moral cuesta más sacrificios de lo que vale, y que sus
procedimientos carecen tanto de sinceridad como de prudencia”. 27
Como médico político y práctico que es, se preocupa, más que nada, por las ventajas
sociales del psicoanálisis: su valor pedagógico en relación a la sexualidad infantil; su
valor médico-legal, ya que el freudismo inaugura, según expresa, una nueva orientación
para determinar la responsabilidad criminal; y, por último, su valor mediador, a través
de la sublimación. Noción clave esta última, se trata en todo momento de recalcarla. Su
función sería la de solventar aquellos conflictos derivados de los instintos no resueltos,
bien con el sobreauxilio de la propia educación, o bien mediante la acción “facilitadora”,
pero debidamente administrada, del arte y las ciencias.
Tres años más tarde, Fernando Ortiz le abrirá las puertas de la Revista Bimestre Cubana,
donde publica “El psicoanálisis y su aplicación al estudio del niño”. 28 Aquí propone, sin
embargo, no tanto su difusión en los medios universitarios, como su aplicación desde
variadas instancias médico sociales y diversos niveles de la enseñanza pública. De modo
más firme, postula esta vez instituirlo como instrumento de evaluación y diagnóstico, y
en tanto herramienta psicopedagógica. Dicho en sus propios términos, aboga por una
“vigilancia psicoanalítica” que considera provechosa para imponerla tanto a los alumnos
externos de las escuelas ordinarias, como a los “internos” de instituciones benéficas, si
bien en estos últimos –“niños anormales”– reconoce su escasa “respuesta”.
Se trata, aclara, de una tarea en cualquier caso compleja y todavía por emprender,
frente a lo cual sugiere comenzar ofreciendo conferencias “para capacitar y captar a
maestros y profesores”.
En consonancia con lo que reclama una puesta en práctica institucional más extensa,
dependiente del imprescindible apoyo del Gobierno, corresponde en este artículo,
como suplemento, una segunda parte en la que expone algunos conceptos freudianos:
inconsciente, pre-consciente, censura, represión, Edipo, Electra, etc.
27
“El pansexualismo...”, p. 500.
Portell Vilá, Juan: “El psicoanálisis y su aplicación al estudio del niño”, Revista Bimestre Cubana, 1928,
vol. XXIV, núm. 4 julio-agosto, 534-541. Fue presentado al V Congreso Panamericano del Niño en 1927.
28
Veamos una serie de clichés salidos de su pluma que indican un uso nada canónico de
la doctrina de Freud: “¿A qué edad y en qué circunstancias deberá empezarse a aplicar
la vigilancia psicoanalítica?”, se pregunta, para responder: “Ciertos autores
recomiendan investigar las tendencias libidinosas lo antes posibles”, pero “opinamos
que a no ser cuando se trate de niños que presenten estigmas degenerativos, o síntomas
de perversión sexual, no debemos considerar acciones las amistades y situaciones
espontáneas por sujetos de otro sexo, siempre y cuando no se compruebe una
predilección por un amigo determinado”.29
En otras palabras, Portell Vilá proponía intervenir en casos de perversión sexual,
estableciendo un continuum que iba del niño claramente degenerado a aquel propenso
a establecer una relación específicamente homosexual.
Se hace patente así la prioridad del control sobre la teoría, o el sometimiento de la
teoría a la función de vigilancia corporal.
Concluía su artículo con la exposición de cinco aspectos de lo que denomina
proyecto psicoanalítico, a articular cuando se presenten situaciones como las siguientes:
* “Facilitar al alejamiento oportuno de los hijos del lado de sus padres cuando quedaran
bien comprobados los complejos de Edipo y de Electra”.
* “Respetar el desarrollo psíquico y mental siempre que no estén en pugna con las leyes
biológicas, para que el curso natural de la sexualidad infantil, Lidibo Sexualis, se vaya
cumpliendo en todas sus épocas”.
* “Contribuir por medio de los textos oficiales a despejar el Enigma de la Esfigie”.
* “No precipitar los procesos de sublimación –para el caso de delirios místicos– con el
objetivo de no impedir un completo desarrollo sexual”.
Y sin dudas, el más tangible de estos aspectos: “Solicitar de la Secretaría de Instrucción
Pública de Cuba y demás centros docentes, la autorización oficial para realizar un ciclo
de conferencias sobre esta materia educativa”.30
Desde una perspectica clínico-etiológica, el psicoanálsis retorna en su artículo “El niño
inestable y su tratamiento”.31 Pocas categorías tan elásticas como la del “inestable” y,
por tanto, tan sospechosas de propósitos que irían más allá de lo taxonómico. Exclusión
29
“El psicoanálisis y su aplicación...”, p. 540.
30
“El psicoanálisis y su aplicación...”, p. 541.
31
Portell Vilá, Juan: “El niño inestable y su tratamiento” (Presentado al Primer Congreso Nacional del Niño,
1928), Crónica Médico Quirúrgica, 1929, T-55, pp.107-13; y Revista Bimestre Cubana, vol. XXIV, núm. 2,
marzo-abril de 1929, pp. 247-55. También en Monitor de la Educación Común, 1929, Año 48, núm. 673,
Argentina, Consejo Nacional de Educación.
hecha de “deficientes” y “orgánicos”, para Portell caben en la misma desde el
“emocional apático” hasta grados diversos de “hiperactivos” y otros “trastornos” de la
atención. El inestable se presenta, pues, como una categoría extensa que pretende
pasar por específica, cuando el verdadero propósito es el de colocar una posición
etiológica. “Éste es el hijo”, expresa Portell Vilá, de las “familias neuropáticas”. Sin
abandonar las entidades nosológicas, que continúan ramificándose, trae a colación el
ejemplo de un “padre esquizoide” y una “madre ciclotímica”, mientras se apoya en un
rosario de tipos hereditarios que incluye lo mismo a la herencia moreliana, al “plasma
germinativo”, que a la nueva genética de Mendel, sustentados en esta ocasión, con
notorio acento, por la endocrinología, las constituciones y los biotipos.
En fin, se extiende desde lo clínico-categorial –agolpando etiquetas constitucionales,
degenerativas, biológico-carenciales y tóxicas al servicio de una percepción etiológica
en extremo amplia– hacia el ámbito más optimista de los “tratamientos curativos” y
“complementarios”.
En el caso del inestable, los estigmas clásicos del degeneracionismo van a ser
complementados (no sustituidos) por otros de carácter fisiológico y conductuales. Este
hijo de “neurópatas”, según la definición de Charles Féré, tiende a producir “orinas
ácidas”, presenta reflejos tendinosos y cutáneos “exaltados”, y alteraciones de su
“estado coloidal plasmático”. A su vez, suelen alterar de tal modo la convivencia en el
hogar que, sobre los diez años, sus padres tienen que internarlos. Es entonces que se
vuelven “inquietos” y que habría que acudir, según Portell, al psicoanálisis "para ver si
con un poco de paciencia logramos descubrir la existencia de algun complejo que irrita
su imaginación psicosexual." (Subrayado nuestro.)
Sin salirnos del organicismo, por tanto, entramos de lleno en las nuevas especulaciones
que incorporaba, ya entonces, la psiquiatría infantil, en una suerte de adelanto de la
“bioquímica cerebral” y su papel en la génesis de las enfermedades mentales.
En este sentido, Portell realiza un guiño a cierto experimento que por aquellos años se
llevaba a cabo en Mazorra. Me refiero a la vacuna creada por el doctor Américo Feria,
la llamada Equilibrina, supuestamente concebida según los principios de la “teoría
coloidal”, y que mejoraba o incluso curaba a los enfermos más graves en virtud de su
acción a nivel cerebral. 32
Se añaden, en este contexto, los tratamientos “a base de vitaminas”, “extractos
glandulares” y “complementos alimenticios” (el aceite de hígado de bacalao para los
“enclenques”), en lo que condiciona un higienismo de arraigo bio-médico que articula
biología y ambiente, atención a la pobreza y correctivos morales, etc., y que recuerda
de paso las campañas contra la tuberculosis.
32
Feria, Américo: Psiquiatría. Orígenes de las locuras. Su etiología y patogenia a la luz de los nuevos
conocimientos de psicología experimental, biología y teoría coloidal, y su tratamiento racional y positivo
por las equilibrinas, La Habana, Cultural, S A., 1928.
Al propio Portell Vila se lo recuerda cuando expresa: “Ya dijimos que nuestra táctica
debía ser parecida a la que se empleó con los pre-tuberculosos”, con la diferencia de
que habría que actuar sobre “los predispuestos a la locura con mayor circunspección,
pero al mismo tiempo, con más tenacidad”, ya que muchos no asistirían por sí mismos
a los dispensarios.
En “La profilaxis de las enfermedades venéreas y neuropatología sexual de los niños”,
también de 1929,33 se muestra de modo más claro el rol dominantemente moral y
legitimador de presupuestos biomédicos que tiene el psicoanálisis en este contexto. Al
igual que en los anteriores artículos, Portell no se sale de categorías ilusorias que
comportan lo mismo orígenes hereditarios y congénitos, que ambientales (estos últimos
susceptibles de ser heredados).
La lógica doméstico-aprensiva del artefacto psicoanalítico se coloca al servicio del más
puro pesquisaje, el del contagio sexual. Por otra parte, ya no se apela en exclusivo a las
tesis freudianas, sino que éstas aparecen junto a las de Adler, Jung y Ellis, en función de
esa “vigilancia” que el autor llama “psicoanalítica”.
A propósito, propone una serie de consejos a seguir en el medio familiar que, por
caricaturescos, suponen un lenguaje más explícito que el de las taras y estigmas clásicos:
“Recomendamos a las madres de familia y nodrizas que no enseñen a hacerse
titilaciones en los órganos genitales para procurar la micción”. Simplemente grotesco:
“No propinar a los niños golpecitos en las asentaderas para propiciar el sueño”. De rigor:
“Obligar a los niños a orinar antes de acostarse”. De sospecha: “No abusar de los lavados
intestinales con cánulas abultadas que dilaten el esfínter anal para no excitar zonas
erógenas que puedan despertar necesidades contranatura”. De los abusos: “Separar a
los menores de los mayores para que éstos no inicien a los primeros en prácticas
libidinosas”. De una anatomopolítica: “Presencia de las manos sobre los pupitres
durante la clase”. Del aplacamiento del deseo: “Bromuro y veronal si se presenta
autoerotismo psíquico”. Y concluye: “Cuando se sospechen maniobras onanistas,
suprimir los bolsillos de los pantalones e impedir el uso de ropa interior de franela para
evitar el aumento de la fruición en los muslos”. 34
Un último texto al que me gustaría referirme es a su conferencia “Sexo y cultura.
Hombre y mujer. Su educación sexual”, presentada al Primer Congreso Internacional de
Higiene Mental, celebrado en Washington en 1930. 35 En este evento Portell Vilá
representaría a Cuba, restableciendo contactos con algunos de los psiquiatras franceses
con los que se había formado en Francia. A estas alturas la Liga de Higiene Mental
33
Portell Vila, J: “La profilaxis de las enfermedades venéreas y la neuropatología sexual en el niño”, Crónica
Médico Quirúrgica de la Habana, 1929, T-55, núm. 2, pp. 53-61.
34
35
“La profilaxis...”, p.
Portell Vilá, Juan: “Sexo y cultura. Hombre y mujer. Su educación sexual”, Crónica Médico Quirúrgica,
1930, T-56, pp. 519-27.
cubana era un hecho, y nuestro psiquiatra una figura de proyección internacional, cuyos
artículos eran reproducidos o reseñados en revistas españolas, argentinas y francesas.
Vuelve aquí a Freud, Jung y Adler en apoyo de la educación sexual del niño, cerrando,
alrededor de ésta, el círculo higiénico-eugénico. “De nada nos serviría propagar los
beneficios de la Eugenesia y multiplicar los Congresos de Maternidad –expresa– si tanto
los hombres como las mujeres siguen ignorando los conocimientos necesarios para
lograr una hermosa y saludable prole, y se obstinan en incurrir en los mismos defectos
de nuestros padres sobre este particular...”. Y luego afirma: “El instinto sexual puede ser
refrenado según las edades y circunstancias de la vida, pero no siempre sin menoscabo
de la juventud e infelicidad humana”. Por lo que para alcanzar la “salud perfecta” es
necesario “poner en juego todas nuestras facultades, para que se dirigan en bien de la
maternidad y paternalidad conscientes”, lo que solo será posible mediante una “nueva
ética” que, además de acentuar “diferenciación entre los sexos” conduzca a la “ruta de
la libertad y del amor”, es decir, “de la higiene mental”.
En resumen, el psicoanálisis, tal como intenta implementarlo Portell Vilá, es un
instrumento que viene a sumarse a los enfoques médicos y normativos en la gestión de
la sexualidad infantil. Sirve para detectar los desvíos tempranos, evitar los peligros y, en
última instancia, enderezar al menor. Asimismo podría servir para reencuazar la
sexualidad de jóvenes y adultos por las vías del matrimonio y de la asunción de roles
parentales. En sus confluencias con la pedagogía, la medicina y la criminología, llega en
auxilio de las tesis biológicas dominantes que, en modo alguno, resultan desplazadas, si
bien su instrumentación apunta, en ocasiones, a una mirada menos tosca capaz de
incluir factores familiares y ambientales.
Útil más que nada en manos de psiquiatras y maestros, padres y tutores, es entendido
como recurso “coadyuvante”, sin que se le articule como terapia individual, ni separe de
las intervenciones propiamente conductuales.
Se trata –en fin– de un “psicoanálisis vigilante” que introduce como ganancia el
concepto de sublimación y, quizás, una incipiente atención a los “conflictos” y
“dinámicas” familiares, si bien su papel mediador no parece todavía muy halagador que
digamos.
ANEXO ICONOGRÁFICO
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