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Universidad de Costa Rica
UNA VISIÓN HUMANISTA SOBRE EL PROBLEMA DE LAS DROGAS EN CENTROAMÉRICA
Author(s): Daniel Pacheco Hernández
Source: Anuario de Estudios Centroamericanos, Vol. 40 (2014), pp. 229-244
Published by: Universidad de Costa Rica
Stable URL: https://www.jstor.org/stable/43871296
Accessed: 31-07-2019 16:41 UTC
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Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 40: 229-244, 2014
ISSN: 0377-7316
UNA VISIÓN HUMANISTA SOBRE EL PROBLEMA DE LAS DROGAS
EN CENTROAMÉRICA
Daniel Pacheco Hernández
Recibido: 13/12/2013 Aceptado: 11/05/2014
Resumen
Un tema prioritario en nuestra región es el impacto en múltiples niveles de la
producción, comercio y consumo de drogas. Sus efectos se perciben en la salud,
la seguridad, la violencia, el medio ambiente, la economía y la política de todos
nuestros países. Se discutirán algunos conceptos médicos y legales necesarios para
comprender el problema de las drogas en nuestra región, y se observará críticamente
la situación del control de las drogas y sus efectos en nuestro contexto latinocentroamericano. Se privilegia una perspectiva humanista del tema, priorizando
el bienestar integral, la paz, la salud y la vida de los seres humanos que se ven
involucrados en la temática en estudio.
Palabras clave: drogas; políticas públicas; prohibición; legalización; uso de drogas;
adicción.
Abstract
A priority theme for our region is the multi-leveled impact of drug production,
commerce and consumption. Its effects can be seen in the fields of health, security,
violence, environment, economy and politics in all of our countries. Some medical
and legal concepts deemed necessary for understanding the drug problem in our
region will be discussed. The situation of drug control and its effects on the LatinAmerican context will be analyzed from a critical stand-point. It will be favor ad the
humanitarian perspective of the issue, giving priority to holistic well-being, peace,
health and the lives of human beings who are involved with the subject matter.
Key words: drugs; public policies; prohibition; legalization; drug use; addiction.
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Daniel
Pacheco
Hernández
Introducción
En este momento, hay una guerra en el continente latinoamericano. La muer-
te, el miedo y la violencia sin sentido ni fin asolan cada día a millones de famil
en esta región. La porción del territorio americano conformado por el triángulo
Guatemala-El Salvador-Honduras ha llevado la peor parte. Se considera "el triáng
de la muerte"1 por ser una zona de tráfico entre los grandes productores de drogas d
sur y los magnos consumidores de norte. El movimiento de armas, dinero, drogas y
personas no cesa; en medio de las balas disparadas entre ejércitos, carteles, guerrilla
policías, pandillas y hasta ciudadanos, buscando ilógicamente aplacar la violencia
más violencia.
Si bien los medios internacionales no suelen usar la palabra "guerra" y utiliz
eufemismos como "lucha contra las drogas", lo cierto es que en el año 2011, las tas
más altas del planeta las presentó Honduras con 92 homicidios, El Salvador con
Guatemala con 39 por cada 100 000 habitantes (UNODC, 2012). Esto se traduce, segú
datos oficiales, en unos 30 000 muertos debido a la violencia en Centroamérica en l
últimos años (EFE, 2011).
Ningún habitante de esta zona está a salvo. Todas las personas de esta reg
del planeta se han enfrentado alguna vez a una situación vinculada con las dro
algunas han tenido fuertes malestares por ingerir alcohol en exceso, ampara
en una cultura que promueve el consumo desmedido de esta droga; otras han s
asaltados por adictos en la calle, o tenido algún familiar o amigo con problem
serios de consumo. Además, se observa con preocupación cómo se pierde la seg
dad y la paz poco a poco debido al narcotráfico. Así, negar o prohibir ciegamen
consumo y la presencia de los estupefacientes y sus actividades conexas no par
solucionar ninguno de los múltiples problemas que se sufren en este momento
dichas sociedades.
Actualmente, no solo se invisibiliza el dolor social provocado por los miles de
muertos del ejército, de la policía y de los delincuencia, sino que también se ignora
emergencia sanitaria de millones de consumidores en estado de adicción y sus fa
lias, quienes sufren persecución, cárcel, miseria y violencia ante una enfermedad qu
debe ser tratada de forma profesional. Ellos pueden ser contabilizados entre los mu
tos de la actual guerra, fruto de una perspectiva que prefiere combatir las drogas c
balas en lugar de emplear medicina y educación.
Al mismo tiempo, los profundos efectos del dinero sucio y la corrupción
las autoridades gubernamentales causan un daño irreparable en cada país, los cu
tardarán décadas en erradicarse. Además, existen otros daños colaterales del problem
de las drogas que no se han contabilizado, como sus efectos en el medio ambiente, l
productividad y la economía.
Ante esto, es necesario comprender y afrontar científicamente estas situacion
para sugerir y acompañar procesos de soluciones eficientes e integrales a esta realid
que acompaña a millones de personas.
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Una vision humanista sobre el problema de las drogas en Centroamérica 231
Drogas: las sustancias y su consumo
Droga es cualquier químico que no alimenta ni hidrata al cuerpo, pero tiene
influencia sobre la biología del mismo.2 Una medicina dada por un farmaceuta o sustancias vegetales bebidas o inhaladas, como el té, el café o la yerba mate, pueden ser
consideradas drogas debido a sus efectos sobre el cuerpo. Por su parte, otras drogas
como el tabaco y el alcohol, conocidas como drogas legales, tienen efectos nefastos en
la salud, la economía y las relaciones sociales de millones de personas alrededor del
mundo. Además, existen otras sustancias alimenticias que causan problemas de adicción en nuestro contexto, entre ellas se encuentran el azúcar y las grasas saturadas, las
cuales enferman a millones de personas.
Los farmaceutas han clasificado un tipo especial de drogas que serán de interés
en este artículo, denominadas psicoactivas abusables. Estas producen un efecto placentero en el cuerpo y se vuelven un peligroso problema cuando sus efectos se salen
de control debido a su uso intensivo. Algunas drogas psicoactivas abusables presentes en nuestro contexto son: cafeína, nicotina, alcohol, cocaína, morfina, metanfetami-
na, alucinógenos como el LSD y varias sustancias obtenidas de la planta del cannabis
(Kleinman et al., 2011).
Cada una de esas sustancias tiene un efecto diferente en el organismo, las
relaciones sociales, la economía y el comportamiento de quienes la ingieren y sus
personas cercanas. Si clasificamos algunas drogas de acuerdo al daño que ocasionan
al consumidor y a otros individuos en la sociedad, en general se podría decir que la
droga más dañina es el alcohol, debido a los daños que ocasiona en la salud, la violencia en relaciones sociales, las muertes por accidentes de tránsito, entre otros. Otras
drogas sumamente dañinas para el consumidor son la heroína y el crack (Nutt, King
y Phillips, 2010).
Las drogas se vuelven un problema de consecuencias considerables cuando se
pasa de un uso controlado en ciertas dosis y contextos y se cae en el abuso, sufriendo
problemas físicos, sociales, económicos, laborales, familiares, entre otros. Cuando los
"malos hábitos" asociados a un consumo de drogas pasan a ser patrones recurrentes
difíciles de romper, o cuando se realizan acciones no deseadas que causan daño, se
puede hablar de casos clínicos de "desorden de dependencia o abuso de sustancias",
cuyo nivel más peligroso y crónico es la "adicción". Pocos seres humanos llegan al
nivel de la adicción crónica o dependencia clínica, pero los daños a la sociedad, a sus
familias y a sí mismos son enormes (Kleinman et al., 2011).
Drogas, cultura y política
El problema de los efectos de las sustancias psicoactivas abusables debe ser
abordado desde diferentes perspectivas, pero considerando sus efectos desde múltiples ángulos, pues cada droga, cada consumidor y cada contexto social es distinto.
Existen drogas que en las debidas proporciones y en los contextos adecuados poseen
un carácter religioso (como las bebidas alucinógenas de varios grupos indígenas
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americanos o la porción de alcohol que
mas cuyo descontrol ocasionan desastre
social. Lo anterior resulta importante d
las moléculas psicoactivas presentes en
rrectos, pueden ser beneficiosas para la
presencia de varias sustancias en ritual
La actitud más justa y coherente con
de daño que ocasionan estas drogas en
políticas públicas buscan disminuir lo
Costa Rica, por ejemplo, se implemento
públicas, y se elevó al grado de delito a
acciones legales, en conjunto con las m
controlar y reducir el daño que causan
En la actualidad, en muchos países
lo cual se convierte en un paradigma
producción, venta y uso de determinad
nales. Cuando se hacen cambios en la pr
nes penales, se habla de "despenalización
drásticamente el número de arrestos po
evitan enormes cargas al Estado y a los
poco a reducir los daños del comercio i
Suele entenderse por "legalización" u
mo de ciertas drogas es legal, aunque se
de conducir vehículos o proveer a me
Estados de Colorado y Washington de E
na para uso personal, siempre bajo cier
En el contexto latinoamericano es
duzcan la mayor cantidad posible de
Además, existen muchas acciones que
para mitigar de forma eficaz algunos g
Por ejemplo, se pueden reencausar los f
gar y reprimir a los adictos crónicos, y
empleo y soporte familiar a estas perso
El escenario global actual. Prohibic
En el continente americano (y en ca
hibicionista sobre muchas sustancias.
personas involucradas con las drogas,
ilícito de sustancias, así como al crimen
nal más difundido para definir cuáles d
sobre Estupefacientes de ONU, la cua
internacional suscrita por la mayoría d
Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad d
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nacionales, no define claramente lo que es una droga, sino que aclara en su artículo 1,
numeral 1, apartado que "Por estupefaciente se entiende cualquiera de las sustancias de las Listas I y II, naturales o sintéticas". Estas listas son variables, y se actualizan
constantemente de acuerdo con criterios políticos internacionales.
A pesar de los fines nobles y necesarios que dicha convención anuncia, el
prohibir y criminalizar las drogas puede resultar un remedio peor que la enfermedad. Si se prohiben del todo las drogas y su comercio, el Estado pierde millones en
impuestos y más bien debe invertir en policías, cárceles, armas, entre otros. Además,
aunque las drogas se prohiban, siempre existirán los consumidores y siempre habrá
quién distribuya y comercie drogas. De esta manera, resulta ilógico prohibir una
molécula o una planta (estas siempre existirán en la naturaleza), lo que se debe controlar es su uso indebido o descontrolado y sus peligros asociados. Pues bien, dado
que siempre existirán consumidores, al prohibir las sustancias que estos consumen,
se aumentan los riesgos para estos, empujándolos a la ilegalidad, al trato con delincuentes y a falta de educación, salud y protección ante el grave riesgo de abuso o
adicción (Kleinman et al., 2011).
Un claro ejemplo histórico de los efectos negativos del impedimento absoluto
de una droga en la salud de los consumidores es el análisis de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos durante los años veinte. En las décadas posteriores a esta, las
muertes por causas como la cirrosis hepática aumentaron a niveles aún peores que en
las épocas previas, debido a la falta de controles en la preparación del alcohol clandestino, y a un posible efecto de "fruto prohibido" que llevó a miles de personas a probar
licores adulterados (Miron, 2004).
La prohibición a nivel global tiene efectos nefastos en múltiples niveles de la
economía y la sociedad.3 Si bien el fin de esta política es reducir el consumo de drogas, ciertamente esta política puede ocasionar el efecto contrario con sustancias más
económicas y peligrosas, al tiempo que desata nuevos y costosos problemas como corrupción, violación de derechos humanos a los consumidores, y gastos de guerra y
violencia en países de producción y tránsito (Miron, 2004).
El problema de la violencia se torna particularmente grave, pues los países centro y sur americanos son los encargados de la producción y tránsito de las sustancias,
por lo que cargan la mayor tasa de violencia asociada a las drogas.4
Si bien los niveles de violencia en los principales países consumidores son relativamente bajos
-incluyendo en este grupo los países de Europa en comparación con aquellos países de tránsito,
es justamente esa demanda la que estimula la violencia en el resto de la cadena. Lo que sucede
en México, Centroamérica, los países de la Región Andina y el Caribe no puede entenderse sin
tener en cuenta esa relación (OEA, 2013: 79).
Entre los casos más frecuentes de violaciones de derechos humanos se encuen-
tra la situación de millones de consumidores que han cometido crímenes vinculados
a su condición. Estos sufren de hacinamiento carcelario, falta de atención sanitaria
y educación, vulnerabilidad ante contagios de enfermedades de transmisión sexual,
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entre otros. En fin, se trata de una s
consumidores, sino también a mucho
dades (OEA, 2013).
En general, desde una perspectiv
de la prohibición, actualmente aplic
estrategia de reducción segura del
viable económica y socialmente, debi
colaterales que presenta.
Nuevos escenarios en América
La secretaría General de la OEA publicó en el año 2013 el informe "El prob
de las drogas en las Américas", donde se analizan profundamente varios de los p
mas de muchas políticas aplicadas hoy en día en el continente. Este informe, ba
las decisiones de los mandatarios continentales en las recientes cumbres hemisf
abre la puerta a la discusión de muchas políticas nuevas y formas de abordar el
blema de las drogas. Casi de manera consensual se aboga por tener prioritar
las sustancias en una posición de problema de salud pública, y se sugiere el cam
eliminación de políticas como la criminalización del usuario o las modificaciones
regularización y legalización de ciertas sustancias.5
La OEA reconoce el vínculo del problema de las drogas con temas de in
específicos como el desarrollo, al reconocer que cada eslabón del problema (p
ción, tráfico, venta y consumo) presenta efectos en la economía, la política, la
inclusive el ambiente. El papel de los Estados, los costos, las consecuencias y la e
tividad de las políticas enfocadas en afrontar este problema forma parte de
abierto. Al mismo tiempo, la política prohibicionista tiene como efecto la norm
ción y naturalización del delito entre amplios sectores de la población, así como e
devastadores en el desarrollo social, los cuales de nuevo llevan a la encruc
castigar con represión un problema que debe ser tratado por medio de profesio
en salud pública (OEA, 2013).
Un factor no mencionado en la legislación latinoamericana acerca de las d
corresponde a la devastación ambiental causada tanto por los traficantes como p
mismos Estados al luchar contra las sustancias. Los estudios en este sentido aún son
poco concluyentes. Sin embargo, es posible hablar de millones de hectáreas devastadas
por las actividades vinculadas a la producción y distribución de drogas. Por lo que un
cambio de visión humanista del problema de las drogas exige pensar cuáles estrategias
producen menos daño al medio ambiente de una región que reúne una inmensa riqueza en biodiversidad. El escenario actual, con traficantes cultivando en la selva y Gobiernos atacando con herbicidas y armas a los cultivos, no ha funcionado (OEA, 2013).
Entonces, surgen algunas preguntas como: ¿sería mejor regular los cultivos
como la coca o la marihuana, de modo que cumplan con los estándares agrícolas
actuales de cuidado al medio ambiente?, ¿sería más beneficioso dar educación, crédito
y seguridad a los agricultores e indígenas que se ven forzados a participar en los
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cultivos ilegales?, ¿sería mejor permitir que los consumidores de drogas con un arraigo
cultural en el continente siembren sus propias plantas en armonía con el ambiente, de
forma segura, sin intermediarios del narcotráfico?
La ilegal y multimilionária economía de la siembra, producción, distribución,
y consumo de drogas, con diferentes márgenes de ganancias para cada uno de los
actores, genera enormes volúmenes de ganancia, los cuales se traducen en corrupción,
lavado de dinero y detrimento de la democracia, la gobernabilidad y la paz.
En un marco de prohibición, la economía de las drogas ilegales requiere del soborno, la connivencia y la omisión de servidores públicos para proteger sus operaciones y garantizar la impunidad de sus acciones. Si en algo existe consenso en materia de economía ilegal de drogas es que
ésta y el crimen organizado no pueden existir sin corrupción (57).
De esa forma, la OEA revela un nuevo enfoque sobre los problemas vinculados
a las drogas en el continente, con el cual surge un cambio de tendencia hacia la des-
penalización del consumo personal, la disminución de las sanciones ante pequeños
delitos no violentos, la reducción de daños y un cambio de enfoque hacia la salud, el
bienestar de la sociedad y de los consumidores.
Dentro de las recomendaciones de la OEA se sugiere modelos de disponibilidad que permitan acceder de forma legal a ciertas drogas, principalmente la marihuana, bajo controles, precios y tasas, todos estos específicos, solamente para adultos, y
prohibiendo tareas como la conducción de autos y equipo. Bajo este paradigma, varias
sustancias pasarían a estar controladas, como es el caso del alcohol y del tabaco en
muchos países (OEA, 2013).
Una de las promesas más ambiciosas de los planes de legalización de ciertas
drogas propone la disminución del actuar violento de los traficantes, por medio del
desfinanciamiento de sus actividades, transportando este dinero a impuestos y a reducción de costos judiciales, así como la disminución de los costos de la justicia penal en
materia de aplicación de las prohibiciones, encarcelamiento y persecución (OEA, 2013).
Otro posible beneficio de una legalización regularizada de ciertas drogas se vería
directamente en la salud pública, pues disminuiría la morbilidad y la mortalidad asociadas a la situación ilegal de las drogas, que acarrea sobredosis frecuentes entre los adictos,
así como por la ausencia de regulaciones que alienta el uso de adulterantes peligrosos
para la salud. En un régimen legal regulado, las drogas vendidas serían de pureza, contenido y etiquetado reconocido. El VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, estrechamente asociadas con las drogas inyectables, podrían reducirse considerablemente si
los consumidores ya no tuviesen que esconder su hábito y compartir jeringas (OEA, 2013).
El proyecto de ley de regularización de la marihuana en Uruguay entró en vigencia el 11 de diciembre de 2013, y convierte a ese país en el primero donde el Estado
controla toda la producción y venta de esta planta. Esto ocurrió a pesar de la oposición
de múltiples sectores sociales que ven diversos peligros asociados a la liberalización
de esta droga.6 En principio, parece que este proyecto de ley busca fines nobles y un
panorama alentador:
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Daniel
Pacheco
Hernández
Declárense de interés público las accione
pública de la población mediante una pol
daños del uso del cannabis, que promueva
las consecuencias y efectos perjudiciales
rehabilitación y reinserción social de los
regularización
Sin
duda
de
Marihuana
alguna,
legalizar
en
el
una
U
su
sumo, ante lo cual algunos sectores e
uso al jerarquizar los presuntos efect
para la salud. Contra estos argumen
ción argumentan que no se le puede e
exigió durante décadas de fracaso (AF
En otros escenarios similares en el contexto suramericano, un fallo reciente
descriminalizó la tenencia de drogas para el consumo personal en Argentina. Al respecto, el ministro de la Corte Suprema y reconocido penalista Raúl Zaffaroni afirmó:
"si cada consumidor tuviera una planta de marihuana en el balcón entonces no habría
tráfico, porque de una planta qué se puede sacar un cigarro solamente porque no hay
riesgo de distribución" (Los Arides, 2/9/2012).
El escenario actual en Centroamérica y Costa Rica
Costa Rica se encuentra inserta en una realidad centroamericana donde abun-
da la violencia y el dolor derivado del narcotráfico, la violencia, las adicciones, la pobreza y la desigualdad en general, los cuales solo agravan todos los problemas anteriores.
Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
(UNODC), el principal problema en la zona es el tráfico delictivo de cocaína; no obs
tante, sus desastrosas manifestaciones en la seguridad se manifiestan en la debilidad
y corrupción estatal en bastas áreas del istmo y de México, junto con poderosos y violentos actores locales. Por ejemplo,
En respuesta al creciente ambiente inhóspito en México, los traficantes han trasladado su
enfoque hacia nuevas rutas a lo largo de la frontera entre Guatemala y Honduras, luchando
por nuevas plazas a lo largo de la región. El desplazamiento hacia el Caribe sigue siendo una
amenaza. Si disminuyen los flujos de cocaína, estos grupos buscarán ingresos en otras formas
de delito del que se obtiene una ganancia material, como la extorsión, lo que podría aumentar
los niveles de violencia. Los Zetas, las moras, y otros grupos territoriales parecen estar involu-
crados en el tráfico ilícito de migrantes, la trata de personas y el tráfico de armas de fuego. Esta
participación podría aumentar si descienden las ganancias de la cocaína (7).
Por consiguiente, abordar y buscar soluciones al problema de la violencia en
Centroamérica pasa por mucho más que decomisar drogas y encarcelar traficantes y
delincuentes. Los Gobiernos de estos países necesitan reforzar su gobernanza, luchar
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contra la corrupción, mejorar la capacitación de las fuerzas policiales e invertir en mejores servicios sociales en las comunidades vulnerables. La lista de pendientes sociales
en los países centroamericanos es amplia. Además, el abundante y lucrativo negocio
de la trata y tráfico de personas desde el triángulo norte de Centroamérica hacia Estados Unidos, la trata de mujeres y niñas para explotación sexual, el hacinamiento
carcelario, el constante tráfico de armas de fuego desde el norte, el reclutamiento de
niños y adolescentes por parte de los cárteles, son solo algunas de las amenazas asociadas que se deben combatir (UNODC, 2012). Por eso, el problema de la violencia, el
consumo y tráfico asociado a las drogas debe ser abordado desde múltiples perspectivas en el caso particularmente complejo de Centroamérica y de amplias regiones del
territorio mexicano.
Esto llevó al presidente de Guatemala, Otto Pérez, a proponer la legalización del cultivo de marihuana y amapola en ese país para fines medicinales,
buscando alimentar el mercado farmacéutico internacional. Sin embargo, la pobreza y el aislamiento de los departamentos fronterizos con México ha llevado
a los traficantes a moverse hacia estas zonas, en donde pagan mucho más a los
campesinos que lo que producirían cultivando granos básicos. Las autoridades
guatemaltecas, conscientes de la imposibilidad de luchar contra este problema
por medio de la policía y el ejército, han conformado una comisión que enviará un
informe al congreso hacia finales del 2014 para buscar cambios en la legislación
actual (Elias, 4/4/2014).
En el caso costarricense, la ley que pretende regular el problema de las drogas
es la Ley 8204 "Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no
autorizado, legitimación de capitales, actividades conexas y financiamiento contra el
terrorismo" del 2001. Si bien esta ley controla aspectos como las investigaciones farma-
céuticas y los problemas derivados de la dependencia de drogas, no todas las actividades relacionadas con estas sustancias son controladas de forma estricta y limitada.
Solamente las siguientes actividades pueden ser penadas como delito:
El comercio, el expendio, la industrialización, la fabricación, la refinación, la transformación, la
extracción, el análisis, la preparación, el cultivo, la producción, la importación, la exportación,
el transporte, la prescripción, el suministro, el almacenamiento, la distribución y la venta de
drogas, sustancias o productos a que se refiere esta ley, así como de sus derivados y especialidades (Artículo 2).
De acuerdo con esta ley, el consumo no es una actividad estrictamente regulada o penada, lo cual hace a Costa Rica un país donde el consumo está despenalizado.
Sin embargo, los cuerpos policiales no tienen insumos o indicaciones claras sobre cuál
es la diferencia entre un consumidor o un traficante, por lo que suele darse represión
contra simples consumidores. La situación se complica cuando la vulnerabilidad social de ciertos usuarios de drogas, en estatus de adicción, cometen delitos vinculados
a su condición, por lo que
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Daniel
Pacheco
Hernández
Es deber del Estado prevenir el uso in
ta identificación, el tratamiento, educac
social de las personas afectadas, asi co
Es deber de todas las personas colabor
el consumo ilícito de drogas y demás s
a procurar la seguridad y las garantí
mencionada en este artículo... (Artícu
La
en
la
redacción
realidad
de
esta
ley
cotidiana
y
de
sus
la
pos
lucha
ambigüedad y falta de precisión pasm
metido un delito, ya que para ingerir
cito. Entonces, cabe preguntarse ¿a q
a prevenir y reprimir los delitos y e
delito bajo ninguna circunstancia? Es
de cárcel asociadas a estas actividades son altas:
. . . pena de prisión de cinco a quince años, a quien, sin autorización legal, distribuya, com
suministre, fabrique, elabore, refine, transforme, extraiga, prepare, cultive, produzca, tra
te, almacene o venda las drogas. . . o cultive las plantas de las que se obtienen esas sustanc
misma pena se impondrá a quien posea, sin la debida autorización, esas drogas, sustan
productos, para cualesquiera de los fines expresados, y a quien posea o comercie semillas
capacidad germinadora u otros productos naturales para la producción de las referidas dro
(Artículo 61).
La ley, a pesar de presentar algunas ambigüedades en sus términos, tiene u
rigidez tal que impide aplicar elementos jurídicos básicos de derechos human
algunas circunstancias. Casos reiterados de violaciones de derechos humanos relac
nados a esta ley se dan en relación con detenciones arbitrarias, hacinamiento
lario y condenas de mujeres que ingresan con drogas a prisiones, muchas vece
amenazas y extorsión.
Algunos costos humanos de una represión generalizada
La represión contra las sustancias provoca varios efectos colaterales sumam
te costosos y dolorosos en el contexto latinoamericano. Parece ser que la guerra c
tra las drogas no es contra las drogas en sí, sino contra los usuarios y person
la transportan, pues los grandes traficantes corruptores tienen mejores herrami
para contar con el beneplácito de las autoridades.
Entre otros graves efectos invisibilizados de la prohibición, se pue
mencionar los contagios de VIH/SIDA y otras enfermedades entre los usuari
drogas, pues
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Una vision humanista sobre el problema de las drogas en Centroamérica 239
Las prácticas represivas ligadas a la aplicación de las leyes anti-drogas alejan a los usuarios de drogas de los servicios de salud pública y los obligan a permanecer en ambientes
ocultos donde el riesgo de contraer VIH se eleva notablemente. El encarcelamiento masivo
de personas por delitos no violentos relacionados con drogas también desempeña un papel
importante en el aumento del riesgo de contraer VIH (Informe de la comisión global
de políticas de drogas, 2012: 2).
En cuanto al acceso a los sistemas de justicia, en América Latina se da una
escasez crónica de recursos en el ámbito de la administración de la justicia. Los costos
de acceso a los servicios legales son altos, y los esfuerzos destinados a la prevención,
la reforma y el tratamiento son prácticamente nulos. En este escenario, la aplicación
de la ley se concentra en aquel aspecto menos complejo y más "barato" del proceso,
por lo que la gran mayoría de los detenidos por delitos de drogas terminan siendo los
pequeños productores o traficantes.
Si bien es cierto, se ha logrado descriminalizar el consumo de drogas, pero la
represión contra los pequeños traficantes y los consumidores ha aumentado. Estas medidas, además de no solucionar los problemas de violencia y consumo de sustancias,
dejan libres a los grandes delincuentes que manejan sumas millonarias invertidas en
corrupción o en acciones violentas para defender mercados y rutas de tráfico.7
Como consecuencia de los altos niveles de hacinamiento en las cárceles, las
personas en prisión suelen ser víctimas de abuso sexual, extorsiones y matonaje. En
Centroamérica, las cárceles femeninas están llenas de pequeñas traficantes no violen-
tas, que tienen como denominador común una alta vulnerabilidad y marginalidad
social, así lo demuestra
Una investigación realizada por la Defensa Pública en abril de este año [la cual ] determinó
que el perfil de las reclusas condenadas por introducción de drogas a un centro penal es el de
madres jefas de familia, desesperadas por la pobreza y agobiadas por la necesidad, que nunca
antes habían cometido un crimen. Dicha cárcel (centro penal femenino El Buen Pastor en
Desamparados) tiene una capacidad de 796 privadas de libertad, pero actualmente hay ahí 805
reclusas. De este total, hay 123 mujeres prisioneras por introducción de drogas a un centro
penal, es decir, aproximadamente el 15% (Mata Blanco, 2012: 7).
Las situaciones humanitarias como la extorsión, la pobreza extrema, las familias desintegradas y sin empleo, la precariedad de vivienda, el empleo, la educación
y la salud, donde uno o ambos padres están en la cárcel por delitos poco violentos,
exigen observar cada caso de forma diferenciada. Todo lo anterior, constituye un gran
riesgo social, cuyos efectos se podrían paliar atenuando cada uno de los eslabones de
la cadena de los problemas sociales.
Estos riesgos han estallado en varios sitios de América Latina con la muerte, la
violencia y el dolor vinculados al narco. El tráfico de armas a nivel internacional, las
diferentes redes ilegales que han adquirido un carácter mundial, la violencia social
contra los consumidores excluidos, las batallas entre delincuentes, ejércitos y policía
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por el dominio de las rutas de tráfico
por el consumo de drogas son menor
represivas conexas a las drogas. ¿Serí
dujera menos violencia? Disminuir la
los pueblos de América Central es un
dar por medio de un cambio de estrat
año deja las estadísticas más nefastas
Soluciones humanistas a un prob
disminuir los daños, descriminal
El presente ensayo ha sido escrito
blemas descritos. Reducir el daño, m
y la corrupción, y atender médicame
familias,
son
solo
algunos
de
los
pu
debe partir la agenda de discusión.
Es imperativo buscar una serie de
me al continente latinoamericano a n
gico, entre otros. Para esto, se debe c
uso y abuso de las drogas desde la me
calidad de vida y los derechos de los
Por eso, el nuevo paradigma debe
contra
las
drogas.
En
lugar
de
anun
(arrestos, decomisos, condena, entre o
de daños y de oferta, disminución de
ciadas en las comunidades. Para esto,
ciones de vulnerabilidad social y excl
en Latinoamérica, mejorando otros
salud del continente. En muchas oc
drogas han sido asociados a violacione
viduales, al tiempo que el narcotráfic
En la discusión actual, un tema
traficantes y consumidores, quienes
derados a la hora de buscar la paz.
millones de personas que no tienen
la cárcel; sin embargo, es posible bus
centivos tendientes a la reconstrucció
perpetradores que caigan en nuevas f
con
la
sociedad
deben
someterse
a
posibilidades de reinserción de perso
facciones de maras opuestas en El Sal
resultado fue una drástica reducción
soluciones negociadas siguen siendo
Anuario
de
Estudios
Centroamericanos,
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Universida
Una vision humanista sobre el problema de las drogas en Centroamérica 241
Si bien la regularización de ciertas sustancias conlleva situaciones preocupantes como el aumento en el consumo y la disponibilidad, es fundamental moderar la demanda y tener personal y planes de contingencia en caso de que aumenten
los abusos por desórdenes en el consumo. Esto se puede lograr redirigiendo una
parte de los impuestos obtenidos por la venta de las mismas drogas a planes de
capacitación, prevención y tratamiento. Sin estos planes de contingencia, los resultados de una legalización y regularización de sustancias como la marihuana o la
coca podrían tener efectos devastadores, ante riesgos reales como la ingesta de estos
productos entre adolescentes.
Además, nuevos temas deben ser discutidos en cuanto a la producción y el
consumo de drogas. Uno de ellos es la perspectiva cultural, pues se considera que
muchas plantas como la coca y la marihuana tienen usos rituales dentro de culturas
específicas. La prohibición a priori de todas estas moléculas, al desvincularlas de sus
contextos culturales deja solamente el consumo, sin considerar los posibles usos seguros en ciertos grupos sociales. La guerra capitalista contra las drogas, al vaciar de sentido cultural el consumo de las plantas centro y suramericanas, reduce las sustancias
a una lucha de mercados, donde prima la ley salvaje del más fuerte.
Actualmente, otro enfoque urgente apenas considerado es el devastador efecto
en el medio ambiente del tráfico y producción de los cultivos ilícitos de coca y marihuana. Es posible hacer cambios legales que fomenten un cultivo controlado y amigable con
el ambiente de estas sustancias. Algunas plantas, como el cáñamo industrial (variedad
de cannabis índica), pueden ser utilizadas incluso como fuente de fibra natural para
una industria amigable con el ambiente en la lucha contra el calentamiento global.
Sin embargo, muchos gobiernos de la región se niegan a tan siquiera plantear
el tema dentro de una agenda de discusión, defendiendo a lo largo de los años la estrategia de guerra y prohibición mientras la violencia, la corrupción y los problemas
de salud solo aumentan. La actitud de no dialogar y el seguir una estrategia fracasada
ante la evidencia parecieran ser asuntos de orgullo y de falta de voluntad de muchos
países y de sus políticos:
Asistimos a un duradero conflicto en el sistema de la ONU entre las naciones que se aferran al
mantenimiento del statu quo del régimen prohibicionista basado en la 'tolerancia cero' y las que
admiten su fracaso y su retórica vacía y poco realista, que optan por abordar la cuestión desde
un enfoque más racional y pragmático (Jelsma, Blickman y Montañés, 2003: 6).
Por último, desde una perspectiva humanista religiosa, los cristianos del continente deben recordar que "Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco
en el corazón de la Iglesia". En la actual guerra civil continental han muerto ya miles
de hermanos, y millones de consumidores y sus familias atraviesan dolorosas situaciones inhumanas de exclusión, pobreza y enfermedad. El compromiso humano ante
la muerte, el dolor y la desesperación que apremia a millones de personas, exige una
búsqueda nueva y valiente de soluciones de justicia, paz y vida, ante un problema que
lleva décadas desangrando a los pueblos.
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Notas
1 Múltiples publicaciones en los medios utilizan este título para describir al norte de
Centroamérica. Véase medios como El País de Colombia, que titulaba en noviembre de
2012: "Centroamérica un triángulo de miedo y muerte. Honduras, Nicaragua y El Salvador
son, según informes internacionales/ los países más peligrosos del mundo". Véase:
http://www.elpais.com.co/elpais/internacional/noticias/centroamerica-triangulo-miedoy-muerte
2 Para redactar los conceptos de esta sección me he basado en M. Kleiman, J. Caulkins y A.
Hawken en Drugs and drug policy (Oxford U. Press, 2011) y en las orientaciones de la OEA en
Informe sobre el Problema de las Drogas en las Américas (2013), entre otros.
3 Datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito demuestran que el
suministro mundial de opiáceos ilícitos, tales como la heroína, ha aumentado en más de 380
por ciento en las últimas décadas, pasando de 1000 toneladas métricas en 1980 a más de 4800
toneladas métricas en el 2010. Este incremento coincidió con una disminución del 79 % en el
precio de la heroína en Europa entre 1990 y 2009. A pesar de que hubo un aumento mayor al
600 por ciento en el presupuesto federal antidrogas de los Estados Unidos desde inicios de la
década de 1980, durante este período el precio de la heroína en los Estados Unidos disminuyó
aproximadamente un 80 por ciento y la pureza de la heroína aumentó más de un 900 por
ciento. ("Informe de la comisión global de políticas de drogas" 2012: 2).
4 La violencia asociada al tráfico de drogas se encarece conforme la represión y el precio en el
mercado internacional aumenta. Por ejemplo, en el caso de Colombia, se ha estimado que un
aumento del 10 % en el valor de la cocaína en el mercado internacional produce un incremento
en la tasa de homicidios de entre 1,2 % y 2 % (OEA, 2013).
5 El espíritu de la cumbre hemisférica de mandatarios de la OEA del 2013 permite entrever un
cambio de rumbo en el tema del tratamiento de las drogas: "Los mandatarios del Hemisferio
iniciamos una valiosa discusión sobre el problema mundial de las drogas. Coincidimos en la
necesidad de analizar los resultados de la actual política en las Américas y de explorar nuevos
enfoques para fortalecer esta lucha y para ser más efectivos. Le hemos dado un mandato a la
OEA para tal fin." (Discurso del presidente de Colombia JM Santos tras la clausura de la VI
cumbre de las Américas, 15/4/2012).
6 El Huftington post del 9/12/13 publicó, con respecto del proyecto uruguayo: "Los educadores
pronosticaron fracasos en las escuelas. Los psiquiatras, un crecimiento de pacientes y familias
sufriendo conflictos sociales. Los farmacéuticos -que venderán cigarrillos de marihuana como
cualquier otra droga controlada- dijeron que la ley dañará su imagen profesional. Pero todas las
quejas fueron desoídas ante la insistencia del gobernante Frente Amplio de que la ley no sufra
cambios en su redacción y así no tenga que volver a la cámara baja, donde apenas logró ser aprobada
por una exigua mayoría de un único voto." Disponible en http://www.huffingtonpost.com/huffwires /20131209/ ams-gen-uruguay-marihuana/?utm_hp_ref=homepage&ir=homepage
7 En Brasil se experimentó un gran incremento en la población de presos por tráfico como
consecuencia de la nueva legislación del 2006. Si bien la ley abolió la pena de encarcelamiento
para consumidores de drogas (aún esta conducta es considerada un crimen), no contó con una
clara definición jurídica sobre lo que significa consumo personal. La nueva ley aumentó la pena
mínima para el tráfico de drogas y la previsión legal de prisión preventiva obligatoria. Entre 2007
y 2012 el número de presos por este delito creció en 123 %, pasando de 60 000 a 134 000 (OEA, 2013).
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M.Sc. Daniel Pacheco Hernández. Costarricense, es Master en Teología
Católica con énfasis en Teología Fundamental de la UNED y egresado de Maestría en
Antropología de la UCR. Ejerce como profesor de Historia de la cultura, Metodología
de investigación y ética profesional en UMCA y UIA. Así mismo, trabaja en
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proyectos de reducción del daño pa
drogodependencia y explotación se
José, C. R. Entre sus últimas publica
de la investigación a partir de la ética d
latinoamericana desde las enseñanzas de m
dilemas
de
la
migración,
Contacto:
Anuario
de
diversidad
cult
[email protected]
Estudios
Centroamericanos,
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