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Breve historia de la ignorancia

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Breve historia de la ignorancia
Breve historia de la ignorancia
Por Carlos Villacís - 25 enero, 2018
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La docta ignorantia
La RAE de ne el término ignorancia como “la falta de conocimiento” o como “la cualidad del ignorante”, el cual
no es otro más que aquel que desconoce algo o carece de conocimientos. Sin embargo, la cuestión es de
mayor calado, puesto que este concepto ha desempeñado un papel fundamental a lo largo de la historia del
pensamiento. En este escrito nos proponemos destacar algunas de las concepciones más importantes de la
ignorancia que se han conformado en la historia. Se trata, como es natural, de un repaso no exhaustivo y de
menciones breves, ya que recoger todos los sentidos del término es una tarea desmesurada por su extensión e
intensión.
Para empezar, cabe señalar que el término tiene la raíz indoeuropea “gno”, que hace referencia a conocer, con
el su jo “-ro”. Etimológicamente, nuestra palabra en castellano procede del latín ignoro, que añade a la
mencionada raíz el pre jo negativo “i-“. De ahí deriva la voz latina ignorantia.
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Ilustración de John Fenerov.
Lo primero que llama la atención es cierta noción de una ignorancia sapiente presente en la Grecia clásica. En
su perspicaz comedia Las nubes, el escritor ateniense Aristófanes alude a este tipo de ignorancia como rasgo
fundamental de la enseñanza socrática. En la obra, Fidípides le pregunta a su padre Estrepsíades sobre qué es
lo que se puede aprender de personas como Sócrates. Ante el interrogante, el padre contesta “Toda la sabiduría
humana. Tú mismo has de conocer lo ignorante y estúpido que eres”.
Esta concepción sapiente de la ignorancia ―valga la contradicto in adiecto― se desarrolla en el texto de
Platón Apología de Sócrates, en el cual el autor escribe el supuesto discurso que Sócrates pronunció como
defensa en su juicio. En la narración de este episodio, Sócrates declara ser consciente de no ser sabio y que,
tras preguntar a las personas que él consideraba sabias como artesanos, políticos o poetas, asegura preferir
“no ser sabio en la sabiduría de aquellos ni ignorante en su ignorancia”. Lo que Sócrates descubre es que
ninguna persona es sabia y que el hombre más sabio es aquel que conoce su ignorancia.
“SÓLO SÉ QUE NO SÉ NADA” (FRASE ATRIBUIDA A SÓCRATES)
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En el mismo contexto platónico, en el diálogo Menón, la noción de ignorancia adquiere un valor cognoscitivo,
en tanto que distinta del error. En esta obra se trata la ignorancia dentro del ámbito cognoscitivo, puesto que
se explica que el que está en el error es aquel que cree conocer lo que en verdad no conoce, mientras que el
que ignora es sabedor, precisamente, de su falta de conocimiento. En la República, Platón relaciona la
ignorancia con lo que no es, en contraposición al conocimiento, que lo relaciona con lo que es. En estos textos,
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se comprende la ignorancia en el contexto de las consideraciones teóricas sobre el conocimiento, es decir, en
conexión con ideas como las de verdad, creencia, falsedad o error.
Para los pensadores clásicos los motores de su quehacer intelectual eran huir de la ignorancia, el afán de
saber y la persecución del conocimiento mismo. Aristóteles reconoce que su tarea losó ca consiste en buscar
una explicación de las cosas, y el hecho de considerar con estima estos logros se debe a la asunción de que se
los ignoraba. Por otro lado, el concepto de ignorancia adquiere matices distintos en formas de pensamiento
escéptico como el pirronismo. En este caso, se acepta que no hay conocimiento verdadero y que el estado
adecuado es la epoche, que implica una suspensión del juicio. En este estado tampoco se podría a rmar que
se sabe que no se sabe.
Tomás de Aquino
Otro contexto en el que el concepto de ignorancia ha incidido con especial relevancia ha sido el de la teología.
Dado que la idea de misterio divino ocupa un lugar central en las doctrinas teológicas cristianas, la noción de
ignorancia también. Esto se entiende en tanto que el ignorante es el término correlacionado a lo secreto y lo
desconocido: si algo es desconocido, lo es para alguien respecto de lo cual es ignorante.
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San Agustín emplea el sintagma docta ignorantia en la Epistola ad Probam para referirse a la conciencia de
los límites de nuestro conocimiento como fundamento del saber. En este sentido, Dios ayudaría contra esta
“debilidad” cognoscitiva, por lo que tal ignorancia sería docta. El franciscano Buenaventura también usó el
término docta ignorantia en su Breviloquium para expresar una disposición del espíritu necesaria para poder
exceder sus límites naturales. Por su parte, Tomás de Aquino en la Summa Theologica confronta la ignorancia
a la nesciencia. La primera es una privación de un conocimiento que por naturaleza somos capaces de
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alcanzar, mientras que la segunda no implica el desconocimiento, sino simplemente la no posesión de una
ciencia, es la llana negación de una ciencia.
Ahora bien, el sintagma docta ignorantia adquiere su mayor expresión con Nicolás de Cusa, quien tituló de ese
modo una de sus obras fundamentales. Para este polímata la ignorancia no es mera falta de conocimiento,
sino que se trata del camino a-racional para llegar a verdades trascendentes. El hombre ha de conocer los
límites de su entendimiento y asumir la ignorancia, pero una ignorancia instruida que procede de la
certidumbre socrática de saber que no se sabe. Sólo se puede llegar a ser “doctísimo en la ignorancia misma”.
La docta ignorantia es la actitud adecuada ante la esencia de Dios que es absolutamente in nita y misteriosa
para el hombre. La idea de Dios determinaría, entonces, la frontera de lo cognoscible para el ser humano. No
obstante, no se trata de una degradación del entendimiento, sino de un progreso in nito hacia la exactitud de
la verdad, la cual no se llega nunca a alcanzar.
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Baruch Spinoza
Posteriormente, el concepto de ignorancia adopta matices diferentes en los sistemas racionalistas del
pensamiento moderno. Descartes entiende la ignorancia como un estado de conciencia, como un modo de la
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res cogitans. En las Meditaciones Metafísicas expresa que la “cosa que piensa” es una cosa que “duda, a rma,
niega, entiende poco, ignora mucho, quiere, no quiere, imagina y siente”.
Por otra parte, Spinoza considera que el error sólo se puede concebir como ignorancia, de modo que ambos
conceptos coinciden. El error no puede ser otra cosa que la ignorancia de las causas, esto es, como una falta
del entendimiento, ya que de lo contrario (si no fuese una falta, una ausencia) se violaría la perfección de la
sustancia (Deus sive Natura). Se niega, por tanto, la existencia positiva del error. Además, la falta de
conocimiento lo es respecto a lo verdadero en tanto que, como dice en su Ethica more geometrico
demonstrata, “la verdad es norma de sí misma y de lo falso”.
El empirismo de Locke se aproxima más a una posición de aceptación de la ignorancia para restringir la
actividad del intelecto hacia aquello que se puede comprender. Para el pensador inglés existen causas
ineludibles de la ignorancia. Leibniz, mucho más optimista en las capacidades del entendimiento humano,
critica a Locke desde su racionalismo metafísico con hipótesis como la de la armonía preestablecida o la
monadología.
Para Kant, destacado representante de la Ilustración alemana, la ignorancia pone de mani esto la obligación
de investigar. Para ello es necesario discernir si la falta de conocimiento es contingente o necesaria. Esta tarea
exige, a su vez, examinar críticamente la razón pura para determinar los límites de la razón. Dicha labor es
imprescindible para que el hombre salga de su “autoculpable minoría de edad” y alcance su autonomía, lo
cual es para Kant el sentido de la Ilustración.
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Immanuel Kant
Por último, en la actualidad[1] el concepto de ignorancia se suele asociar con otras nociones como la
ambigüedad, la incertidumbre, la probabilidad o la vaguedad, que se encuentran integradas en aparatos
teóricos como la lógica difusa de Bellman y Zahde, la teoría de los marcadores lingüísticos de Lakoff, modelos
de inteligencia arti cial que procesan información incierta o imprecisa, o la psicología cognitiva de Oden y
Rosch, entre otros.
Concluimos insistiendo en que sólo se han mencionado algunos de los conceptos más representativos. No
obstante, hay que tener en cuenta las concepciones de la ignorancia en culturas como las orientales o las
precolombinas. Asimismo, la noción de ignorancia está presente en conceptos importantes como el del velo de
ignorancia de la teoría de la justicia de John Rawls, y se relaciona con teorías formales como la lógica
epistémica.
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En de nitiva, el concepto de ignorancia puede servir como hilo conductor que nos permite recorrer y examinar
materias fundamentales de la historia de la cultura. La importancia del concepto se acentúa en un contexto
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que asume la inevitabilidad de fuentes de incertidumbre y la pérdida de la certeza, que se pueden manejar con
nuevos modelos teóricos para no caer en el escepticismo radical.
Bibliografía
Smithson, M. Ignorance and uncertainty. Emerging paradigms. Ed. Springer. 1989: Nueva York.
Unger, P. Ignorance. A case for Scepticism. Ed. OUP. 1975: Londres.
Velarde Lombraña, J. El agnosticismo. Ed. Trotta. 1996: Madrid.
[1] Cf. Álvarez Martino, E. “ignorancia”, en Muñoz, J. y Velarde, J. Compendio de epistemología. Ed. Trotta. 2000:
Madrid.
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Carlos Villacís
Redactor de Academia Play. Estudió losofía en la Universidad Complutense de Madrid. Amplió su formación losó ca con un
máster en la misma universidad, y su formación didáctica con un máster en educación en la Universidad Francisco de Vitoria.
Actualmente cursa estudios de Derecho en la UNED. Es un entusiasta del estudio, la lectura y el cine. Le han in uido
especialmente la losofía analítica, Huysmans y Pasolini.
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