Subido por Gustavo Sullon

FLUJO CORONARIO

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FLUJO CORONARIO
ANATOMIA DE LA CIRCULACION CORONARIA
ARTERIAS CORONARIAS. Las arterias del corazón son las
arterias coronarias. Son dos: la arteria coronaria izquierda
(arteria coronaria anterior) y la arteria coronaria derecha
(arteria coronaria posterior).
1.
Arteria coronaria izquierda. La arteria coronaria
izquierda nace de la aorta inmediatamente superior a la
parte media de la valva semilunar izquierda o a la altura de
ésta .
Discurre en la profunda depresión que separa el tronco
pulmonar del atrio y de la orejuela izquierdos; alcanza así el
extremo superior del surco interventricular anterior y lo
recorre hasta el vértice; una vez llegada a ese punto, la arteria
normalmente bordea el vértice del corazón y termina en el
surco interventricular posterior, a una distancia del vértice
que varía entre 1 y 3 cm
La arteria coronaria izquierda proporciona múltiples
colaterales: 1. Ramas vasculares destinadas a las paredes
vecinas de la aorta y del tronco pulmonar. Entre estas ramas
se distingue la rama del cono
arterial, que se ramifica en la
capa adiposa situada en la
cara anterior del tronco
pulmonar.
2. Rama circunfleja. Esta rama
se dirige hacia la izquierda y
se introduce en el surco
coronario; termina bien a la
altura del extremo posterior
del surco interventricular
posterior,
donde
se
anastomosa con la arteria
coronaria derecha bien a una
distancia variable de dicho
surco, en la cara inferior o en la cara pulmonar izquierda del
corazón. La rama circunfleja proporciona ramas al atrio y al
ventrículo izquierdos.
3. Entre las ramas atriales originadas de la rama circunfleja se
distinguen una rama atrial izquierda anterior, una rama atrial
intermedia del borde izquierdo y una rama atrial izquierda
posterior.
2. Arteria coronaria derecha. Esta arteria es más voluminosa
que la izquierda; nace inmediatamente superior a la parte
media de la valva
semilunar derecha o a la
altura de ésta. Discurre al
principio posterior y
anteriormente entre el
tronco pulmonar y la
orejuela
derecha.
Enseguida se incurva a la
derecha y se introduce en
la parte derecha del surco
coronario. Llegada al
surco
interventricular
posterior,
la
arteria
coronaria derecha se
acoda, se introduce en
este surco y recibe el
nombre
de
rama
interventricular posterior, que termina a escasa distancia del
vértice del corazón. Se anastomosa frecuentemente en su
terminación con la arteria coronaria izquierda. Esta arteria da
origen a las arterias marginal derecha e interventricular
posterior.
VENAS:
Vena cardíaca magna y seno coronario. La vena cardíaca
magna comienza hacia el vértice del corazón y discurre en el
surco interventricular anterior hasta su extremo superior; en
esta localización recibe el nombre de vena interventricular
anterior. Esta vena se incurva enseguida hacia la izquierda, se
introduce en el surco coronario y lo recorre hasta la
proximidad de la cara inferior del atrio derecho, donde
termina. La vena cardíaca magna recibe venas del septo
interventricular, de la parte anterior de los ventrículos
derecho e izquierdo, de la pared izquierda del ventrículo
izquierdo y del atrio izquierdo. Entre estas venas hay una
ventricular, generalmente más voluminosa que las demás,
denominada vena posterior del ventrículo izquierdo.
Venas cardíacas anteriores o venas anteriores del ventrículo
derecho. Las venas cardíacas anteriores o venas anteriores del
ventrículo derecho (pequeñas venas cardíacas o venas
cardíacas accesorias) proceden de la parte anterior y derecha
del ventrículo derecho. Desembocan directamente en el atrio
derecho, inmediatamente superiores al surco coronario, por
medio de pequeños orificios denominados orificios de las
venas cardíacas anteriores. La más importante de estas venas
es la vena marginal derecha, que asciende sobre el borde
lateral del ventrículo derecho y se abre en el atrio derecho a
la altura de su base.
Venas cardíacas mínimas. Se denomina así a pequeñas
vénulas que proceden de las paredes del corazón y que se
abren en las cavidades vecinas, atrios o ventrículos, a través
de pequeños orificios denominados orificios de las venas
cardíacas mínimas. Las venas cardíacas mínimas se
encuentran sobre todo en las paredes de los atrios y en los
músculos papilares de los ventrículos.
FISIOLOGIA:
 La arteria coronaria izquierda nutre principalmente las
porciones anterior e izquierda de las porciones laterales del
ventrículo izquierdo, mientras que la arteria coronaria
derecha nutre principalmente la mayor parte del ventrículo
derecho y también la parte posterior del ventrículo izquierdo
en el 80 al 90% de las personas.
 La mayoría del flujo sanguíneo venoso coronario del músculo
ventricular izquierdo vuelve hacia la aurícula derecha del
corazón a través del seno coronario, que supone
aproximadamente el 75% del flujo sanguíneo coronario total.
Y la mayoría de la sangre venosa coronaria del músculo
ventricular derecho vuelve a través de pequeñas venas
cardíacas anteriores que fluyen directamente en la aurícula
derecha, y no a través del seno coronario. Una cantidad muy
pequeña de la sangre venosa coronaria también vuelve hacia
el corazón a través de las mínimas venas de Tebesio, que
vacían directamente en todas las cámaras del corazón
 El flujo sanguíneo coronario en reposo del ser humano
alcanza un promedio en reposo de 70 ml/min/100 g de peso
del corazón, o 225 ml/min, que es un 4-5% del gasto cardíaco
total.
En este diagrama, el flujo sanguíneo de los capilares
coronarios del músculo ventricular izquierdo desciende hasta
un valor bajo durante la sístole, que es lo contrario de lo que
sucede con el flujo en los lechos vasculares de cualquier otra
zona del organismo. La razón es la importante compresión del
músculo ventricular izquierdo que rodea los vasos
intramusculares durante la contracción sistólica.
Durante la diástole el músculo cardíaco se relaja y ya no
obstruye el flujo sanguíneo a través de los capilares musculares
del ventrículo izquierdo, de forma que la sangre fluye
rápidamente durante toda la diástole. El flujo sanguíneo que
atraviesa los capilares coronarios del ventrículo derecho
también sufre cambios fásicos durante el ciclo cardíaco, pero
como la fuerza de contracción del músculo ventricular
derecho es mucho menor que la del músculo ventricular
izquierdo, los cambios fásicos inversos sólo son parciales, al
contrario de lo que sucede en el músculo ventricular
izquierdo.
Las arterias epicárdicas coronarias de la superficie externa
que nutren la mayor parte del músculo. Las arterias
intramusculares, más pequeñas, derivan de las arterias
epicárdicas y penetran en el músculo, aportando los
nutrientes necesarios. Inmediatamente por debajo del
endocardio se encuentra un plexo de arterias
subendocárdicas. Durante la sístole, el flujo sanguíneo a través
del plexo subendocárdico del ventrículo izquierdo, en el que los
vasos coronarios intramusculares se comprimen mucho con la
contracción del músculo ventricular, tiende a disminuir pero los
vasos extra del plexo subendocárdico normalmente
compensan este descenso.
El flujo sanguíneo que atraviesa el sistema coronario está
regulado principalmente por la vasodilatación arteriolar local
en respuesta a las necesidades nutricionales del músculo
cardíaco. Es decir, siempre que aumente la fuerza de la
contracción cardíaca, la velocidad del flujo sanguíneo
coronario también lo hace. Por el contrario, el descenso de la
actividad cardíaca se acompaña de un descenso del flujo
coronario.
El flujo sanguíneo en las arterias coronarias está regulado casi
exactamente en proporción a las necesidades de oxígeno de la
musculatura cardíaca.
Se desconoce por qué el aumento del consumo de oxígeno
provoca la dilatación coronaria. Muchos investigadores han
propuesto que el descenso de la concentración de oxígeno en
el corazón provoca la liberación de sustancias vasodilatadoras
desde los miocitos, que dilatan las arteriolas. La adenosina es
una sustancia con una gran actividad vasodilatadora. En
presencia de concentraciones muy bajas de oxígeno en los
miocitos, una gran proporción del ATP celular se degrada a
monofosfato de adenosina, pequeñas porciones del cual se
degradan después y liberan la adenosina hacia los líquidos
tisulares del músculo cardíaco, con el aumento consiguiente
del flujo sanguíneo coronario local. Después de que la
adenosina provoque la vasodilatación, una gran parte de ella
se reabsorbe hacia las células cardíacas para ser reutilizada.
La distribución de las fibras nerviosas parasimpáticas
(vagales) hacia el sistema coronario ventricular no es muy
grande, pero la acetilcolina liberada por la estimulación
parasimpática tiene un efecto directo dilatando las arterias
coronarias. La inervación simpática de los vasos coronarios es
mucho más extensa.
Los receptores constrictores se denominan receptores α y los
dilatadores son los receptores β. En los vasos coronarios hay
receptores tanto α como β. En general, los vasos coronarios
epicárdicos preponderan sobre los receptores α, mientras que
las arterias intramusculares preponderan sobre los receptores
β. Por tanto, la estimulación simpática puede provocar, al
menos en teoría, una pequeña constricción o dilatación
coronaria, habitualmente una constricción.
El músculo cardíaco consume normalmente ácidos grasos
para aportar la mayoría de la energía, y no hidratos de
carbono (aproximadamente el 70% de su energía procede de
los ácidos grasos). Sin embargo, también es así en otros
tejidos, y el metabolismo cardíaco puede activar mecanismos
de glucólisis anaeróbica para obtener energía en condiciones
anaerobias o de isquemia. Por desgracia, la glucólisis
consume cantidades enormes de glucosa sanguínea, a la vez
que forma grandes cantidades de ácido láctico en el tejido
cardíaco, que es quizás una de las causas de dolor cardíaco
en las afecciones cardíacas isquémicas.
Los nervios simpáticos discurren por todo el corazón
siguiendo a los vasos arteriales. La estimulación de estos
nervios condiciona que el corazón lata con más frecuencia y
con más fuerza. Los receptores adrenérgicos β1 en los
miocitos cardíacos actúan como mediadores de estas
respuestas cronotrópicas e inotrópicas. El incremento del
trabajo metabólico del miocardio da lugar a vasodilatación
coronaria a través de vías metabólicas. Sin embargo, durante
la inhibición farmacológica de los receptores β1, que impide el
incremento del metabolismo, la estimulación simpática da
lugar a vasoconstricción coronaria. Esta respuesta es el efecto
directo de la actividad nerviosa simpática sobre los
receptores adrenérgicos α en las CMLV de los vasos de
resistencia coronarios. Así, el bloqueo de los receptores β1
«desenmascara» la vasoconstricción adrenérgica. Sin
embargo, en condiciones normales (es decir, sin bloqueo β),
la tendencia de las vías metabólicas a vasodilatar supera con
mucho la tendencia de las vías simpáticas a vasoconstreñir.
NOTA: Cuando un músculo se contrae en un medio anaerobio,
el glucógeno desaparece y aparece lactato; cuando se admite
oxígeno, tiene lugar la recuperación aerobia, y ya no se
produce lactato. No obstante, si ocurre contracción en
condiciones aerobias, no hay acumulación de lactato, y el
piruvato es el principal producto terminal de la glucólisis. El
piruvato se oxida más hacia CO2 y agua. Cuando hay carencia
de oxígeno, la reoxidación mitocondrial de NADH formado
durante la glucólisis está alterada, y el NADH se reoxida al
reducir piruvato a lactato, de
modo que se permite
que
continúe la glucólisis. Si bien la
glucólisis puede ocurrir en
condiciones anaerobias, esto
tiene un precio, puesto que
limita la cantidad a 2 mol de ATP
formado por cada mol de glucosa
oxidada, de modo que debe
metabolizarse
mucha
más
glucosa
en
condiciones
anaerobias que en condiciones
aerobias.
ISQUEMIA:
En medicina, se denomina isquemia (del griego ἴσχειν, ísjein,
‘detener’ y αἷμα, aíma, ‘sangre’) al estrés celular causado por
cualquier disminución transitoria o permanente del flujo
sanguíneo en el capilar y consecuente disminución del aporte
de oxígeno (hipoxia) y de la eliminación de productos del
metabolismo del tejido. Este sufrimiento celular puede ser
suficientemente intenso como para causar la muerte celular
del tejido al que pertenece (necrosis).
Si la isquemia es muy grave puede llegar a la anoxia, lo que
implica que los tejidos de esa región no podrán contar con la
energía necesaria para sobrevivir y el tejido morirá. Durante
la isquemia el músculo cardíaco no dispone de un aporte
suficiente de nutrientes desde la vascularización coronaria
para mantener la polarización normal de las membranas.
La presencia de un flujo sanguíneo insuficiente al músculo
cardíaco reduce el metabolismo del músculo por tres
motivos: 1) ausencia de oxígeno; 2) acumulación excesiva de
anhídrido carbónico, y (3) ausencia de suficientes nutrientes
alimenticios. En consecuencia, no se puede producir la
repolarización de la membrana muscular en las zonas de
isquemia miocárdica grave.
En la isquemia coronaria intensa el ATP se degrada primero a
difosfato de adenosina, después a monofosfato de adenosina
y, por último, a adenosina. Como la membrana celular del
músculo cardíaco es ligeramente permeable a la adenosina,
gran parte de ella puede difundir desde los miocitos hacia la
sangre circulante.
Normalmente, una persona no puede «sentir» su corazón,
pero el músculo cardíaco isquémico provoca una sensación
de dolor, a veces intenso. Se desconoce qué es lo que causa
este dolor, pero se cree que la isquemia hace que el músculo
libere sustancias ácidas, como el ácido láctico u otros
productos que estimulan el dolor, como la histamina, las
cininas o las enzimas proteolíticas celulares, que no se
eliminan con la rapidez suficiente debido a que el flujo
sanguíneo coronario
se desplaza lentamente. Las
concentraciones altas de estos productos anormales
estimulan después las terminaciones nerviosas del dolor en
el músculo cardíaco, enviando los impulsos de dolor a través
de las fibras nerviosas sensibles aferentes hacia el sistema
nervioso central.
PATOFISIOLOGÍA
La isquemia miocárdica ocurre cuando hay un desequilibrio
entre el suministro y la demanda de oxígeno miocárdico. La
demanda de oxígeno del miocardio depende de varios
factores, como la frecuencia cardíaca, la contractibilidad del
miocardio, la poscarga (por razones prácticas, la presión
arterial sistólica a menudo se toma como un sustituto) y la
tensión de la pared ventricular (precarga). Sin embargo, para
fines clínicos, la frecuencia cardíaca, la presión arterial
sistólica y el producto doble calculado (FC x PA sistólica) se
consideran los determinantes más importantes de la
demanda miocárdica de oxígeno. El espasmo de la arteria
coronaria es una causa conocida de reducción primaria en el
suministro de sangre que puede conducir a isquemia
miocárdica.
Los mecanismos precisos por los cuales, en un individuo
dado, algunos episodios isquémicos están asociados con
dolor torácico y otros no presentan síntomas, no se conocen
bien. Los mecanismos que se han propuesto para explicar el
desarrollo de la isquemia miocárdica silenciosa incluyen:
● Incapacidad para alcanzar el umbral de dolor durante un
episodio de isquemia.
● Menor gravedad y menor duración de los episodios
isquémicos.
● Presencia de un umbral más alto para el dolor.
● Percepción generalizada defectuosa de estímulos
dolorosos.
● Mayores niveles de beta-endorfina
● Mayor producción de citocinas antiinflamatorias, que
pueden bloquear las vías de transmisión del dolor y aumentar
el umbral para la activación nerviosa.
Enfermedad cardíaca isquémica: una condición en la cual el
desequilibrio entre el suministro y la demanda de oxígeno del
miocardio, causado con mayor frecuencia por la
aterosclerosis de las arterias coronarias, produce hipoxia
miocárdica y acumulación de metabolitos de desecho.(1)
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