Subido por francisco de jesus villatoro arguello

CERTIFICADO DE INGRAVIDEZ

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CERTIFICADO DE INGRAVIDEZ
La incorporación de la mujer al mundo laboral es cada vez más notable y adquiere
mayor importancia en la economía nacional. De acuerdo a información del Instituto
Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) por cada diez personas económicamente
activas, seis son hombres (62.7 por ciento) y cuatro son mujeres (37.3 por ciento).
Además, la mujer dedica cerca de 92 horas semanales al trabajo del mercado y del
hogar, superando con 25 horas más el trabajo del varón.
96.1 por ciento de las mujeres que viven en México, especialmente las madres,
aportan su tiempo con esfuerzo y dedicación al trabajo del hogar. Una labor que se
traduce en la educación de los hijos, el cuidado a los integrantes de la familia, la
organización y dirección de los quehaceres familiares, como proporcionar
alimentación, limpieza y arreglo de la vivienda, cuidado de la ropa y calzado, compras
y pagos, entre otros.
El tiempo invertido en dichas labores, al no ser remunerado económicamente, suele
ser menospreciado; sin embargo, resulta ampliamente productivo para la economía del
hogar y nacional. Un estudio elaborado en México por la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (Cepal, 2008) analiza la importancia de la producción no
remunerada dentro del hogar en términos económicos y estima que aproximadamente
ésta representa 20 por ciento del producto interno bruto (PIB). Aunque en la tercera
parte de los hogares la contribución de la mujer es secundaria, se ha incrementado la
proporción de los hogares donde la aportación monetaria de las mujeres es la fuente
principal de ingresos de 9.9 por ciento en 1992 a 15.2 por ciento en 2005.
Estas cifras muestran la importancia del trabajo femenino para la economía nacional,
no obstante, la mujer se enfrenta ante retos y circunstancias que llegan a frenar su
crecimiento y desarrollo.
Ante la actual crisis económica mundial, las mujeres son las más afectadas. Durante
las épocas de crisis se ha observado un incremento en el número de trabajadores no
remunerados y desempleados. A este respecto, tenemos que la crisis financiera afecta
más a las mujeres, debido a que ellas viven una situación de desigualdad en el
mercado laboral, porque la mayoría de las veces las empresas ante la necesidad de
disminuir su personal, despide primero a las mujeres. La crisis genera mayor
incertidumbre en las mujeres, debido a que ellas son las responsables del gasto diario
y del bienestar de los hogares, son las que finalmente resuelven los problemas
cotidianos. La crisis incrementa la carga de su trabajo doméstico.
La doble jornada que representa el trabajo doméstico, aunado a la crisis económica,
apremia la necesidad de impulsar acciones que fomenten la corresponsabilidad de los
géneros en las labores del hogar y a la dignificación del trabajo.
Otro reto que enfrenta la mujer en el mundo laboral, consiste en lograr la concordancia
familia-trabajo. Reto que corresponde a la iniciativa privada, al estado, a la sociedad y
por supuesto a las mujeres. Entre las acciones necesarias para revertir dicha
situación, resulta indispensable mejorar las prestaciones laborales como son el
establecimiento de jornadas de trabajo más reducidas, horarios flexibles, permisos por
paternidad/maternidad, entre otros.
La incorporación de la mujer al mercado laboral ha transformado a la sociedad actual
pero aún son pocas las mujeres que trabajan durante el embarazo y, sólo unas
cuantas reanudan su actividad laboral durante la lactancia.
La gestación y el trabajo son compatibles, pero debido a los cambios fisiológicos,
anatómicos y psicológicos que las mujeres experimentan durante el embarazo,
adquieren una especial sensibilidad ante condiciones y factores de riesgo de su puesto
de trabajo que en otras circunstancias serían considerados como aceptables.
En el tema de maternidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha
establecido nuevas medidas para la protección de la mujer durante y después del
embarazo. Recomienda que se otorgue una licencia de maternidad de al menos 14
semanas con goce de sueldo; así como, la no discriminación laboral, es decir,
garantizar que la maternidad no constituya un pretexto a causa de discriminación en el
acceso al empleo y se prohíbe que se exija a una mujer que solicita un empleo
someterse a examen de no gravidez.
A la fecha, el gobierno mexicano no ha ratificado dicho convenio y la legislación
mexicana en la materia, otorga únicamente 12 semanas de licencia de maternidad.
Asimismo no se ha logrado una reforma a la Ley Federal del Trabajo para evitar la
discriminación en los centros de trabajo, donde en algunos casos siguen requiriendo el
certificado de no gravidez a las mujeres que solicitan empleo.
Las empresas establecidas en México con frecuencia rechazan la contratación de
mujeres jóvenes, en edad fértil o que tengan o se pueda intuir la intención de tener
hijos a corto plazo. Este rechazo posee un carácter económico, porque de hacerla, la
empresa pierde dinero con una posible baja por incapacidad por maternidad.
Para algunos patrones contratar a una mujer representa un riesgo económico latente
por la hipotética suspensión del contrato laboral durante el periodo de baja maternal y
periodo de lactancia. Durante este tiempo, la nómina de la mujer que causa baja
temporal por maternidad la paga el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pero
el patrón tendría que asumir el pago de la seguridad social, porque la mujer seguiría
cotizando en el mismo.
Además de este costo directo el patrón tendría que desembolsar el costo del remplazo
temporal de la mujer durante esas 12 semanas. La incorporación de una persona que
sustituya a la mujer embarazada implica una selección y una formación adecuada para
el puesto.
Esta visión del patrón es más frecuente en las pequeñas y medianas empresas, donde
los reemplazos de trabajadoras embarazadas son más complicados.
La propuesta de incentivar fiscalmente al patrón que contrate mujeres embarazadas
y/o madres solteras surge con el fin de impulsar la incorporación y permanencia de las
mujeres en el mercado de trabajo; es decir, se pretende conceder beneficios
impositivos a los empleadores que otorguen trabajo a mujeres desempleadas en estas
circunstancias.
La propuesta de modificar la Ley del Seguro Social en sus artículos 102 y 103 tiene
como objeto garantizar los derechos de las mujeres y evitar la discriminación.
Para que el patrón no tenga que pagar el subsidio de maternidad, de acuerdo con lo
establecido en el artículo 103 de la Ley del Seguro Social, éste deberá asegurar a su
empleada a más tardar dentro de los primeros quince días de embarazo. Esta medida
a lenta la mala práctica discriminatoria de solicitar a la mujer que busca empleo un
certificado de ingravidez, a pesar de estar estrictamente prohibido.
Para contrarrestar esta medida y evitar así la discriminación de las mujeres que
buscan un empleo se propone reformar el segundo párrafo del artículo 103, a fin de
que el patrón cubra 50 por ciento del subsidio por maternidad y el Instituto Mexicano
del Seguro Social el otro 50 por ciento, cuando la asegurada no cumpla con el
requisito establecido en la fracción I del artículo 102 del mismo ordenamiento legal.
En opinión de algunos expertos, señalan que el subsidio de maternidad constituye un
beneficio para las mujeres aseguradas, siempre y cuando hayan alcanzado a cotizar
las 30 semanas establecidas por el artículo 102 de la Ley del Seguro Social. Por el
contrario, la disposición del último párrafo del artículo 103 de la Ley del Seguro Social
hace que la solicitante sea rechazada, este es el motivo por el que se propone
reformar el artículo 102, reduciendo el número de semanas a 20. Con esta propuesta
el patrón podría contratar a mujeres embarazadas sabiendo que no tendría que
financiar la mitad de los gastos por subsidio.
La presente iniciativa toma en consideración las dificultades de las mujeres mexicanas
en el momento de buscar empleo, donde deben afrontar los problemas derivados del
encasillamiento en sectores profesionales, las menores posibilidades de promoción
laboral y retribuciones inferiores en iguales puestos de trabajo.
La incorporación de la mujer al mundo laboral es cada vez más notable y adquiere
mayor importancia en la economía nacional. De acuerdo a información del Instituto
Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2009) por cada diez personas
económicamente activas, seis son hombres (62.7 por ciento) y cuatro son mujeres
(37.3 por ciento). Además, la mujer dedica cerca de 92 horas semanales al trabajo del
mercado y del hogar, superando con 25 horas más el trabajo del varón.
96.1 por ciento de las mujeres que viven en México, especialmente las madres,
aportan su tiempo con esfuerzo y dedicación al trabajo del hogar. Una labor que se
traduce en la educación de los hijos, el cuidado a los integrantes de la familia, la
organización y dirección de los quehaceres familiares, como proporcionar
alimentación, limpieza y arreglo de la vivienda, cuidado de la ropa y calzado, compras
y pagos, entre otros.
El tiempo invertido en dichas labores, al no ser remunerado económicamente, suele
ser menospreciado; sin embargo, resulta ampliamente productivo para la economía del
hogar y nacional. Un estudio elaborado en México por la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (Cepal, 2008) analiza la importancia de la producción no
remunerada dentro del hogar en términos económicos y estima que aproximadamente
ésta representa 20 por ciento del producto interno bruto (PIB). Aunque en la tercera
parte de los hogares la contribución de la mujer es secundaria, se ha incrementado la
proporción de los hogares donde la aportación monetaria de las mujeres es la fuente
principal de ingresos de 9.9 por ciento en 1992 a 15.2 por ciento en 2005.
Estas cifras muestran la importancia del trabajo femenino para la economía nacional,
no obstante, la mujer se enfrenta ante retos y circunstancias que llegan a frenar su
crecimiento y desarrollo.
Ante la actual crisis económica mundial, las mujeres son las más afectadas. Durante
las épocas de crisis se ha observado un incremento en el número de trabajadores no
remunerados y desempleados. A este respecto, tenemos que la crisis financiera afecta
más a las mujeres, debido a que ellas viven una situación de desigualdad en el
mercado laboral, porque la mayoría de las veces las empresas ante la necesidad de
disminuir su personal, despide primero a las mujeres. La crisis genera mayor
incertidumbre en las mujeres, debido a que ellas son las responsables del gasto diario
y del bienestar de los hogares, son las que finalmente resuelven los problemas
cotidianos. La crisis incrementa la carga de su trabajo doméstico.
La doble jornada que representa el trabajo doméstico, aunado a la crisis económica,
apremia la necesidad de impulsar acciones que fomenten la corresponsabilidad de los
géneros en las labores del hogar y a la dignificación del trabajo.
Otro reto que enfrenta la mujer en el mundo laboral, consiste en lograr la concordancia
familia-trabajo. Reto que corresponde a la iniciativa privada, al estado, a la sociedad y
por supuesto a las mujeres. Entre las acciones necesarias para revertir dicha
situación, resulta indispensable mejorar las prestaciones laborales como son el
establecimiento de jornadas de trabajo más reducidas, horarios flexibles, permisos por
paternidad/maternidad, entre otros.
La incorporación de la mujer al mercado laboral ha transformado a la sociedad actual
pero aún son pocas las mujeres que trabajan durante el embarazo y, sólo unas
cuantas reanudan su actividad laboral durante la lactancia.
La gestación y el trabajo son compatibles, pero debido a los cambios fisiológicos,
anatómicos y psicológicos que las mujeres experimentan durante el embarazo,
adquieren una especial sensibilidad ante condiciones y factores de riesgo de su puesto
de trabajo que en otras circunstancias serían considerados como aceptables.
En el tema de maternidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha
establecido nuevas medidas para la protección de la mujer durante y después del
embarazo. Recomienda que se otorgue una licencia de maternidad de al menos 14
semanas con goce de sueldo; así como, la no discriminación laboral, es decir,
garantizar que la maternidad no constituya un pretexto a causa de discriminación en el
acceso al empleo y se prohíbe que se exija a una mujer que solicita un empleo
someterse a examen de no gravidez.
A la fecha, el gobierno mexicano no ha ratificado dicho convenio y la legislación
mexicana en la materia, otorga únicamente 12 semanas de licencia de maternidad.
Asimismo no se ha logrado una reforma a la Ley Federal del Trabajo para evitar la
discriminación en los centros de trabajo, donde en algunos casos siguen requiriendo el
certificado de no gravidez a las mujeres que solicitan empleo.
Las empresas establecidas en México con frecuencia rechazan la contratación de
mujeres jóvenes, en edad fértil o que tengan o se pueda intuir la intención de tener
hijos a corto plazo. Este rechazo posee un carácter económico, porque de hacerla, la
empresa pierde dinero con una posible baja por incapacidad por maternidad.
Para algunos patrones contratar a una mujer representa un riesgo económico latente
por la hipotética suspensión del contrato laboral durante el periodo de baja maternal y
periodo de lactancia. Durante este tiempo, la nómina de la mujer que causa baja
temporal por maternidad la paga el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pero
el patrón tendría que asumir el pago de la seguridad social, porque la mujer seguiría
cotizando en el mismo.
Además de este costo directo el patrón tendría que desembolsar el costo del remplazo
temporal de la mujer durante esas 12 semanas. La incorporación de una persona que
sustituya a la mujer embarazada implica una selección y una formación adecuada para
el puesto.
Esta visión del patrón es más frecuente en las pequeñas y medianas empresas, donde
los reemplazos de trabajadoras embarazadas son más complicados.
La propuesta de incentivar fiscalmente al patrón que contrate mujeres embarazadas
y/o madres solteras surge con el fin de impulsar la incorporación y permanencia de las
mujeres en el mercado de trabajo; es decir, se pretende conceder beneficios
impositivos a los empleadores que otorguen trabajo a mujeres desempleadas en estas
circunstancias.
La propuesta de modificar la Ley del Seguro Social en sus artículos 102 y 103 tiene
como objeto garantizar los derechos de las mujeres y evitar la discriminación.
Para que el patrón no tenga que pagar el subsidio de maternidad, de acuerdo con lo
establecido en el artículo 103 de la Ley del Seguro Social, éste deberá asegurar a su
empleada a más tardar dentro de los primeros quince días de embarazo. Esta medida
alenta la mala práctica discriminatoria de solicitar a la mujer que busca empleo un
certificado de ingravidez, a pesar de estar estrictamente prohibido.
Para contrarrestar esta medida y evitar así la discriminación de las mujeres que
buscan un empleo se propone reformar el segundo párrafo del artículo 103, a fin de
que el patrón cubra 50 por ciento del subsidio por maternidad y el Instituto Mexicano
del Seguro Social el otro 50 por ciento, cuando la asegurada no cumpla con el
requisito establecido en la fracción I del artículo 102 del mismo ordenamiento legal.
En opinión de algunos expertos, señalan que el subsidio de maternidad constituye un
beneficio para las mujeres aseguradas, siempre y cuando hayan alcanzado a cotizar
las 30 semanas establecidas por el artículo 102 de la Ley del Seguro Social. Por el
contrario, la disposición del último párrafo del artículo 103 de la Ley del Seguro Social
hace que la solicitante sea rechazada, este es el motivo por el que se propone
reformar el artículo 102, reduciendo el número de semanas a 20. Con esta propuesta
el patrón podría contratar a mujeres embarazadas sabiendo que no tendría que
financiar la mitad de los gastos por subsidio.
La presente iniciativa toma en consideración las dificultades de las mujeres mexicanas
en el momento de buscar empleo, donde deben afrontar los problemas derivados del
encasillamiento en sectores profesionales, las menores posibilidades de promoción
laboral y retribuciones inferiores en iguales puestos de trabajo.
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