Subido por Javier Enrique Perez Ortegon

Psicología en Ajedrez

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COLECCIÓN
QUES
NVKrogms
PROLOGO
Este libro no es un curso sistemático de psicología ajedrecista.
Aún no es el momento de escribir una obra de tanta importancia,
pues la ciencia psicológica está muy en sus principios a este
respecto.
Este libro no es más que la exposición y divulgación de ciertos
problemas que interesan al amplio círculo de aficionados al ajedrez.
Conviene advertir que la práctica de este arte ha reunido
un sinfín de datos característicos de la psicología. Muchos ajedrecistas emplean diversos procedimientos psicológicos para mejorar el juego.
Pero este material, rico en datos, no ha sido lo bastante
divulgado, ni ha dado todavía a la enseñanza del ajedrez la
utilidad que puede dar, por ser aún pertenencia de la experiencia
individual.
El autor intenta explicar ciertas particularidades típicas del
pensamiento y la atención en la lid ajedrecista, y lo hace con la
esperanza de que esta obra ayude al ajedrecista a conocer lo
eficiente y lo deficiente de su juego, y le oriente en su preparación.
Posiblemente, al lector le parezcan discutibles muchos puntos
tratados aquí, lo cual es lógico, pues no se ha realizado una investigación exhaustiva de sus aspectos. Y así, cuanto más aunemos nuestros esfuerzos para investigarlos, más pronto prestará
la psicología su valioso servicio al perfeccionamiento del ajedrecista.
OBJETO DE LA PSICOLOGÍA AJEDRECISTA
La psicología y el ajedrez
Todo ajedrecista cifra en la psicología la esperanza de que le ayude
a conocer sus cualidades personales,
imprescindibles para realizar un juego más eñcaz, y a investigar la regularidad del proceso de formación
y desarrollo de estas propiedades
psíquicas de la personalidad.
Estos dos objetivos determinan
problemas relativamente más particulares: análisis psicológico de las
particularidades del juego del oponente; determinación de los métodos de adiestramiento, teniendo en
cuenta la individualidad del ajedrecista; estudio de los procedimientos
de la meditación racional; lucha
contra la falta de tiempo, y así sucesivamente. Por lo tanto, la investigación psicológica puede y debe
ser aplicada para mejor perfeccionamiento de la maestría del ajedrecista y para desarrollar y mantener sus
facultades deportivas.
Pero eso no es todo. La psicología
conviene al ajedrecista, y el ajedrez
cautiva la atención de la psicología
general. Aquí es oportuno señalar
la importancia que este arte tiene
en la formación del carácter de la
persona, y la influencia positiva que
ejerce en la mente, la voluntad y los
sentimientos de la misma. De poco
tiempo a esta parte, cibernéticos, matemáticos y especialistas en psicolo-
gía aplicada a la ingeniería han aplicado el entendimiento al ajedrez;
lo consideran como un modelo ejemplar para el estudio de la imaginación creadora del hombre, y ven en
el conocimiento de sus secretos la
forma de descifrar el enigma de la
actividad creadora del individuo.
Con todo, hasta aquí no ha sido
muy notable el progreso de los
científicos en la confección de programas ajedrecistas para el juego
realizado por computadores electrónicos. La causa de ello ha de atribuirse a que hasta hace poco los
confeccionadores de tales programas
ignoraron específicamente la capacidad humana para dirigir el juego,
o sea la importancia de los momentos emocionales y volitivos y la intuición, por haberse ocupado sólo
en el análisis lógico de la teoría del
ajedrez.
En los trabajos de las psicólogas
soviéticas O. Tijomirova y V. Puschkina queda bien determinada la diferencia entre la mentalidad del ajedrecista y la de la máquina. Estas
dos autoras advierten, por ejemplo,
que en muchos programas confeccionados para computadores, la búsqueda de movimientos se efectúa
por reducción de las variantes «examinadas». En cambio, el individuo
reflexiona de un modo distinto: al
principio, también deja a un lado
las variantes que no le satisfacen;
pero si el movimiento propuesto no
le conviene, amplía en seguida la
zona de exploración o búsqueda y
analiza nuevas posibilidades.
El académico V. Gluschkov señala que es necesario plantear nuevamente la realización de dichos programas, y escribe: «Acaso el estudio
de los procesos del pensamiento humano sea la única forma conveniente para conocer a fondo la técnica
de programación de las funciones
más complicadas en la esfera del trabajo intelectual del hombre.» A
este respecto ya existen trabajos,
como la competición de programas
de ajedrez entre la URSS y EE UU,
realizada el año 1967, y las interesantes proposiciones que M. Botvinnik ofrece en su libro «El algoritmo del juego en el ajedrez»
La intensa actividad desplegada
en la programación de referencia
impone la siguiente pregunta: ¿Terminará la existencia del ajedrecista
cuando la máquina haya aprendido
a jugar?
Al parecer, ya existe la posibilidad, teórica y de principio, de fabricar un supermaestro electrónico,
por cuanto el ajedrez posee una información grande y finita. Pero no
vamos a formar juicio probable de
los campeones electrónicos, sino de
los de carne y hueso; cuanto más
que a los ajedrecistas y cibernéticos
interesa el material acumulado por
la psicología ajedrecista.
La primera investigación en este
campo se debe al psicólogo francés
A. Binet, y data del año 1894; estudió el llamado «juego a ciegas», y obtuvo interesantes datos que le permitieron sacar la justa conclusión de
que la imagen visual del ajedrecista
tiene, findamentalmente, carácter
mental. Por ejemplo, ciertos maes10
tros no pudieron contestar inmediatamente a la pregunta acerca del
color de tal o cual casilla del tablero.
Al parecer, en aquel tiempo, Binet
tenía poca experiencia en las sutilezas del ajedrez, pues creyó en las
palabras de uno de los sometidos a
examen, quien le dijo que era capaz
de calcular de antemano quinientos
movimientos.
En 1925, los participantes en el
Torneo Internacional celebrado en
Moscú, fueron sometidos a un examen psicológico. I. Diakov, N. Petrovski y P. Rudnik publicaron un
libro sobre dichos experimentos. En
los ajedrecistas, comparados con los
habituales sometidos a examen, se
apreció un alto desarrollo de las
cualidades dinámicas de la atención
y el pensamiento, y también la presencia de memoria exclusivamente
específica. Los tres autores en cuestión propusieron asimismo el llamado «psicograma del ajedrecista»; esto es, las dieciséis cualidades que
determinan, según ellos, el éxito en
el juego. A este respecto, muchas
de sus tesis —como dominio de sí
mismo, fuerza sintética del pensamiento, voluntad disciplinada, y asf
sucesivamente— no ofrecen duda alguna; pero otras son discutibles,
pues sostienen que el desarrollo del
pensamiento del ajedrecista no es
directamente proporcional al nivel
medio de su cultura. Desde luego,
la práctica ha demostrado convincentemente que tal juicio es contrario a la verdad; pues el nivel cultural alto contribuye de un modo
importante al desarrollo de la capacidad del ajedrecista. Que dichos
autores afirmasen que no se descubrió la presencia de talento esencial
y común en los grandes maestros
(recordamos que Lasker, Reti, Tartakover, Torre y otros, estuvieron
entre los sometidos a examen psi-
cológico), puede atribuirse solamente a lo limitado del procedimiento
seguido en la investigación.
El destacado maestro y psicólogo
V. Blumenfeld ha contribuido señaladamente al estudio de los problemas psicológicos referentes al pensamiento en el ajedrez, y ha demostrado que el modo de pensar del
ajedrecista se distingue por su evidencia, matiz exclusivamente emocional y tensión volitiva; señala,
además, el carácter práctico de dicho
pensamiento, por cuanto la idea y la
acción (el movimiento) están directamente relacionadas en él. La tasación del tiempo en la contienda
competitiva intensifica el proceso
mental y fuerza al pensamiento a
trabajar con medios más económicos.
Este autor propuso por primera
vez una serie de interesantes procedimientos a seguir en la investigación psicológica del arte ajedrecista.
Por ejemplo, introdujo la medición
del tiempo con el cronómetro, la
cual ya es popular; el método de
reconstrucción de las partidas jugadas en otro tiempo; la anotación
de las consideraciones del ajedrecista en el transcurso del juego; etcétera.
Igualmente trató de investigar las
formas intuitivas del pensamiento
ajedrecista. En este aspecto, es digna de atención su tesis de la intuición producida por el recuerdo de
imágenes de posiciones anteriores
a la que se analiza en un momento
dado y análogas a ésta.
Y dio muchos consejos prácticos
y valiosos, como, por ejemplo, «primero ha de hacerse el movimiento
forzoso, luego entregarse a la meditación, y no a la inversa». Indicó
que, al efectuar un cálculo, no se
debe fiar sólo en las representaciones visuales de la imaginación,
por cuanto son más desvaídas que
la directa percepción de la postura
en el tablero. De aquí que sea necesario verificar todo movimiento, por
evidente que parezca en un principio.
De poco tiempo a esta parte, se
han publicado varios trabajos sobre
la psicología aplicada al ajedrez. En
su libro «Psicología del ajedrecista»,
Fine analiza la obra de Morphy,
Steinitz, Lasker, Capablanca, Alekhine, Euwe, Botvinnik y otros maestros, y atribuye el desarrollo del
arte y destreza en el ajedrez al papel
que representan en él los «impulsos
reprimidos», usando la terminología
freudiana, y otras tesis poco firmes
del psicoanálisis. Por desgracia, Fine
no ha insertado en dicho libro su
valiosa experiencia adquirida en los
torneos.
La investigación de las perspectivas de los jóvenes ofrece interés
con ayuda del examen introducido
por el checoslovaco L. Cherni: al
jugador sometido a prueba se le
pedía, por ejemplo, que hiciese avanzar con la máxima rapidez un caballo blanco situado en el escaque
1TD; tras haberlo realizado, se situaban cuatro peones negros en los
escaques 3AD, 6AD, 3AR y 6AR,
respectivamente, y volvía a pedírsele
que efectuase la misma operación,
partiendo del escaque antedicho,
pero sin saltar a las casillas ocupadas por dichos peones ni a las dominadas por ellos. En estos y otros
ensayos se midió con un cronómetro el tiempo empleado en ellos; se
tuvo en cuenta la precisión de los
movimientos o el menor número de
errores, y se atendió a la perseverancia del sometido a prueba y su
decisión. Aunque las pruebas efectuadas por Cherni apenas ofrecen
un material completo y objetivo para
poder formar juicio del talento del
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ajedrecista, son dignas de atención
como base posible para otros procedimientos a seguir en la investigación. Es curioso que los experimentos realizados por él, hace varios
años, predijeron el gran porvenir de
V. Corta como maestro de ajedrez,
no obstante haber sido considerado
uno de los ajedrecistas menos prometedores de los sometidos a prueba.
El ajedrecista y la psicología
La opinión de destacados ajedrecistas, sus comentarios sobre partidas, artículos y libros constituyen
un valioso material para el psicólogo. Pero, al analizarlo, ha de tenerse en cuenta lo siguiente: primero, la mayor parte de los maestros
de ajedrez no son psicólogos profesionales y, por lo mismo, los términos que usan no siempre concuerdan
con el punto de vista científico; y
segundo, son remisos en contar sus
ideas e impresiones vivas. A este
respecto, Alekhine se lamenta con
razón: «A mi modo de ver, sería
conveniente, para los millones de aficionados al ajedrez y para el propio
juego, que el maestro fuese más
explícito al referir las causas que le
han forzado a optar por determinados movimientos cuando comenta
sus partidas...»; pues cuando el
maestro describe los momentos psicológicos de la lid, puede darse por
seguro que es un sincero entendido
en este asunto.
Emanuel Lasker fue el primero
en apreciar que, tras la vida de las
piezas, está el individuo con su carácter; y que no se pueden comprender los secretos de la contienda
ajedrecista si se prescinde de la
psicología, las inclinaciones y el carácter del individuo en el transcurso
de esta contienda.
Estimó que el ajedrez es, ante
todo, una lucha entre dos personalidades, entre dos intelectos, y dijo:
«En el tablero compiten hombres,
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y no piezas de madera.» Estudió
detalladamente el estilo, los aciertos
y los fallos de sus contrincantes, a
fin de servirse, en la práctica, de las
conclusiones deducidas. A menudo,
no hizo objetivamente los mejores
movimientos, sino subjetivamente
los más desagradables para sus adversarios.
En una entrevista de prensa expuso: «La partida de ajedrez es una
lucha en que participan factores muy
diversos. Por eso, conocer los defectos y virtudes de los oponentes,
en este aspecto, tiene mucha importancia. Para citar un ejemplo, señalaremos que Maroczi manifiesta en
sus partidas una tendencia a defenderse cautamente y a atacar solamente si se ve forzado a ello; Janovski, en las suyas, pone de manifiesto una inclinación a proseguir
el juego, aunque lo tenga sobradamente ganado; esto hace que acabe
perdiendo la partida. Resumiendo,
se pueden sacar muchas conclusiones del estudio minucioso de las
partidas del adversario.»
En los torneos, aprovechó magistralmente la particularidad psicológica de sus contrincantes y les impuso lo que para ellos era ajeno al
espíritu evolutivo de la partida. Fue
el primero en establecer que el estilo
ajedrecista refleja el carácter del individuo, y demostró la verdad de
esta tesis en la práctica.
Su método no fue entendido debidamente por sus coetáneos de
principios de siglo. Entonces se escribía con frecuencia acerca de !a
inexplicable «suerte de Lasker» como si ésta se debiera a una sugestión hipnótica que él infundiese a
sus oponentes. Hoy en día, el modo
psicológico de abordar el estudio
del adversario está muy divulgado.
Es verdad que, con antelación a
Lasker, el maestro francés Arnaud
de Riviere afirmó que «el carácter,
el temperamento y la personalidad
del ajedrecista se pueden definir por
el estilo de su juego». Sin embargo,
este juicio no fue argumentado y,
por lo tanto, pasó inadvertido.
En cambio, Lasker elaboró detalladamente la clasificación de los
estilos, indicando las siguientes tendencias creadoras del ajedrecista:
1) el estilo clásico, basado en que
el plan de juego no se elige a ciegas,
sino racionalmente y de acuerdo con
los principios del «sentido común»;
2) el estilo «maquinal», en que se
efectúan los movimientos según el
modelo estereotipado retenido en la
memoria; 3) el estilo «sólido», en el
cual se refuerza la posición y se
espera que el adversario cometa un
error; 4) el estilo en que se usa
de ardides o artificios para engañar
al contrincante; y 5) el estilo combinatorio.
Esta clasificación es discutible,
por ser demasiado extensa la interpretación que se da al «sentido común». Pues si el avalúo de la posición sólo es exacta cuando se hace
por intuición, entonces es poco probable que dicho avalúo pueda aplicarse a los representantes de un
estilo determinado. Tampoco hay
principios únicos que determinen la
división de los estilos, incluyendo
en ella los rasgos del carácter (táctica de engañar con ardides o artificios y de esperar cualquier comisión de errores) y la naturaleza del
pensamiento lógico (el modelo, el
dinamismo, etc.).
Con todo, el discutible intento
de Lasker de clasificar los estilos no
ha perdido vigencia; pues, ya en
1925, empleó la tradicional división del estilo en combinatorio y de
posición.
Veamos cómo está actualmente el
estudio de este asunto; circunstancia muy importante en el adiestramiento del ajedrecista para enfrentarse con un oponente. Además de
ciertos avances logrados en la esfera de la aplicación práctica (el
«match» S p a s s k i - T a l , 1965, y
Spasski-Geller, 1968), las investigaciones han progresado mucho. En la
literatura ajedrecista actual, como
en la de antes, con frecuencia se habla de dos estilos: el combinatorio
y el de posición.
Al primero pertenecen los ajedrecistas que tienden al juego tirante y táctico con sacrificios y combinaciones. Se estima que el ajedrecista de estilo combinatorio posee
un elevado desarrollo de la imaginación creadora y una profunda capacidad para el cálculo; dicha imaginación se manifiesta particularmenen las posiciones del medio juego,
puesto que en ellas la mayor parte
de las piezas brinda múltiples posibilidades de elegir un movimiento
determinado. A este estilo hace relación el juego de Andersen, Morphy, Chigorin, Alekhine, Tal, Larsen
y Bronstein.
Los de estilo de posición se caracterizan por plantear de un modo
fundamental y más sereno la partida; en su. juego prevalece el buen
concepto que se tiene de los principios generales de la estrategia, y
el avalúo de la posición se funda
en deducciones lógicas. La generalización de lo condicional, lo consecuente y los indicios aislados es
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su credo artístico. El cálculo concreto es más reducido en el proceso de
la búsqueda mental. Estos ajedrecistas consideran el ajedrez como
una disciplina científica con sus
correspondientes leyes. Según los
comentaristas, Steinitz, Capablanca,
Rubinstein, Botvinnik, Smislov y
Petrosian forman el liderato de los
maestros de estilo de posición.
Hoy en día, se habla de un tercer
estilo llamado universal; en él se
suponen, combinados armónicamente, elementos combinatorios y de
posición, y a él pertenecen el juego
de Spasski y de Keres.
Según nuestro modo de ver, la
tradicional clasificación de los estilos no se asienta todavía en un
sólido estudio de la inspiración ajedrecista. Esta clasificación ha sido
efectiva en el desarrollo de la cultura del ajedrez, y tiene aún cierto
valor positivo; gracias a ella, aunque
en el aspecto general, puede hallarse
el procedimiento a seguir en la investigación del conjunto de cualidades que constituyen al ajedrecista.
Pero esto no es suficiente en la actualidad.
Consideramos que uno de los defectos fundamentales de dicha clasificación es haber definido los estilos
según el principio, excesivamente
generalizado, de la estrategia y la
táctica; lo que caracteriza con demasiada rectitud el espíritu creador
del ajedrecista, y no manifiesta muchas de las características esenciales que distinguen su juego.
Dentro de cada grupo de ajedrecistas de uno de los tres estilos se
pueden hallar importantes diferencias en la forma de pensar, analizar
y calcular. Haber aceptado la correlación entre la estrategia y la
táctica como único indicio de la
división de estilos impide profundi14
zar en estos componentes del arte
creador.
Comparemos el juego de dos
maestros de estilo combinatorio:
Tolusch y Neshmetdinov; si éste
suele calcular exacta y escrupulosamente las variantes concretas, aquél
funda, frecuentemente, sus intenciones en la intuición de las amenazas
combinatorias. Si se parte del existente supuesto de que el fuerte de
los ajedrecistas de estilo combinatorio es el cálculo concreto, podría
suponerse que Tolusch y Neshmetdinov no se diferencian mucho en la
forma de calcular. Pero la verdad
es que el primero no es tan preciso
como el segundo en lo referente al
cálculo de movimientos.
La actual clasificación de estilos
no contribuye a distinguir y detallar
mejor la característica de los ajedrecistas. Lo cual puede inducir a error
en cuanto al trabajo preparatorio y
a la elección de la táctica que debe
emplearse en el enfrentamiento competitivo. Se ha convenido en estimar
que el jugador de posición es más
fuerte en el avalúo de toda situación, y que el de combinación calcula mejor los elementos concretos
de la posición. Sin embargo, Petrosian es bastante preciso en llevar a
término operaciones tácticas, no
obstante estar incluido dentro del
grupo de los maestros de estilo de
posición. No en vano, Spasski señala que se equivocan quienes suponen que el ex-campeón del mundo
no tiene una visión combinatoria
precisa. Y el ejemplo de Petrosian
no es una excepción, pues Capablanca, Schlechter y otros maestros de
juego de posición se han distinguido
por la fuerza de su modo de pensar
concreto.
Por lo visto, los conceptos «estilo
combinatorio» y «estilo de posición» no son precisos y no han sido
estudiados suficientemente; tampoco
está muy claro cómo entender el
término «estilo del ajedrecista».
Por lo general, y en la amplia
compensación filosófica de este término, estilo es el conjunto de procedimientos y formas del conocimiento usados con cierta constancia por el individuo en su, actividad.
Intentemos concretar un poco más
este concepto aplicado al ajedrez.
Para lo cual, supongamos cierta situación en el tablero que brinda una
combinación forzosa y gananciosa:
todos los ajedrecistas la realizarán
de un.? sola forma, sin que se note
ninguna diferencia en su realización.
Las particularidades del estilo se
manifiestan cuando la posición admite varias soluciones y otras tantas
formas de juego equivalentes. Por
tanto, la originalidad estilística se
descubre en situaciones problemáticas.
Al propio tiempo, el ajedrecista
aislado valora con cierta estabilidad
muchas posiciones análogas. Es fácil
advertir en todo maestro determinadas inclinaciones en cada etapa
de la partida; y así, cierta constancia en el avalúo de la posición también es un componente del estilo.
Partiendo de lo dicho, puede admitirse que el estilo es una particularidad constante y privativa de
valorar las posiciones problemáticas,
y su naturaleza viene determinada
por varios factores: el modo de pensar, el grado de emotividad y las
cualidades de la voluntad, la atención y el carácter. En el estilo de
algunos ajedrecistas se descubren
rasgos comunes, lo que nos autoriza
para hablar de grupos relativamente
análogos a este respecto.
Igualmente debe tenerse en cuenta que la estabilidad estilística no
es un fenómeno invariable, pues el
estilo se perfecciona y desarrolla.
Para citar un ejemplo, señalamos que
el de Spasski ha sufrido cambios
esenciales en los últimos años. Refiriéndose a ello, Korchnoi escribe:
«Empezó como ajedrecista con juego
de posición; su talento táctico deslumhró tras haber salido a la arena
internacional, y su juego es más académico en el último quinquenio. Por
el número de derrotas sufridas en
un año, Spasski puede situarse al
lado del 'impenetrable' Petrosian.»
La literatura ajedrecista ofrece
trabajos en que se argumenta el
carácter de la evolución que han experimentado el estilo de Keres, Larsen y Boleslavski. Pero lo más frecuente es que el espíritu creador del
ajedrecista sea estable y permanezca
invariable largo tiempo. Así, vemos
los importantes cambios que ha experimentado el juego de Simagin,
quien ha estado considerado como
un «brillante estilista combinatorio»
en el transcurso de unos decenios,
aunque en más de una ocasión él no
haya admitido tal consideración. La
causa de tan «estática» postura ante
la evolución estilística del ajedrecista debe buscarse por lo común
en la dificultad del análisis; dificultad que se agrava a consecuencia de
la definición, general e imprecisa,
de la clasificación de los estilos.
Donde más se advierte esta evolución es en el juego de los ajedrecistas jóvenes. Y la enseñanza moderna
del ajedrez encuentra ciertas dificultades en formar un punto de vista
propio y justo, debido a los criterios
demasiado generalizados que se
asientan en la tradicional clasificación de referencia,
Por lo visto, establecer una clasificación general de los estilos planteará un problema con perspectivas
poco favorables si no se estudian los
componentes de dicho problema,
como el carácter de la capacidad
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emocional y volitiva del ajedrecista
y las cualidades de su pensamiento.
Hace unos años que el autor de
estas líneas efectuó investigaciones
en este sentido: se intentó distinguir los tipos característicos de la
actividad mental de los ajedrecistas,
apoyándose en el análisis comparado
de las particularidades lógicas y formas intuitivas del pensamiento y la
imaginación. Sobre este particular,
recomendamos al lector el libro
«Problemas de la psicología en el
arte», publicado en Saratov el año
1968, en el cual se toca este tema.
Así, pues, las ideas de Lasker
sobre la propia preparación psicológica para combatir al adversario son
valederas en la actualidad. Dicha
preparación tiene más valor, actualmente, por haber mejorado sustancialmente la clase del juego y haberse producido una nivelación
esencial de las diversas fuerzas de
los ajedrecistas. No se puede contar
con el éxito deportivo si se desestiman los factores psicológicos; por
ello, las ideas laskerianas sobre los
estilos exigen una profunda y ulterior investigación.
Lasker también emitió importantes juicios sobre las virtudes del
pensamiento ajedrecista y la estructura del proceso mental durante la
elección de un movimiento; dijo
que la indispensable virtud del modo de pensar del ajedrecista suponía
un ahorro de esfuerzos, y, al examinar la recíproca relación entre la
belleza y la lógica, escribió: «Sólo
una inclinación alterada puede dar
la preferencia a lo superfluo y no
a lo simple. Entre dos movimientos
igualmente racionales, el individuo
sano eligirá el más rectilíneo, el más
claro o, para decirlo mejor, el menos
paradójico.»
Sometió a crítica las llamadas
«partidas brillantes»; demostró que
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sus autores, cautivados por el efectismo, no hacían más que aliviar la
situación de sus respectivos contrincantes, y dijo que tales casos
recordaban la resurrección de un
muerto con el único fin de volver
a vencerlo.
Con todo, advirtió que la elección
de un movimiento es, no sólo una
deducción lógica fundada en los
principios de la estrategia y del
cálculo, sino también una forma de
remisión a la teoría de las probabilidades: conocer las inclinaciones del
adversario vale tanto como prever
su respuesta a un movimiento determinado.
Por tanto, en su idea del ajedrez
se combinan la lucha psicológica y
el juego con «sentido común», basado en las deducciones de la teoría.
Capablanca, célebre competidor
de Lasker, no se distinguió con tan
profunda y psicológica clarividencia.
Más que polarizar en el juego de sus
adversarios, lo hizo en sus propias
ideas. Las partidas del gran maestro
cubano manifiestan exclusivamente
el carácter racional de su pensamiento; su lema fue eliminar todo lo
artificioso y lo superfluo.
Por ello, la obra de Capablanca
contiene un material ricamente pedagógico que permite formar juicio
sobre los procedimientos de la meditación racional tras el tablero. Indicó los siguientes métodos que le
sirvieron de guía en el proceso del
juego:
1) Es necesario atender a la acción conjunta de las fuerzas ajedrecistas. En el tablero, la operación de
piezas y peones debe completarse.
A este respecto escribió: «Muchos
ajedrecistas intentan atacar cuando
sus piezas están diseminadas por el
tablero y la postura de ellas no concuerda con las operaciones a que se
les destina; y así, tales ajedrecistas,
sorprendidos, tratan de averiguar
dónde han cometido error en la partida. No se debe olvidar que el
principio fundamental del juego es
coordinar la acción de las piezas.»
2) Se debe optar siempre por las
resoluciones más económicas; esto
concierne al ahorro de fuerzas, así
en el ataque como en la defensa. El
empleo de un mayor número de piezas es aconsejable cuando se ataca
contra el rey. Aconsejó: «Ha de
tenerse en cuenta cada movimiento
que gane o ahorre tiempo.»
3) Todo movimiento previsto no
debe diferirse, sino realizarlo en seguida: «Hay que ser decidido en
los propios juicios; esto es, si se
considera que el movimiento elegido
es conveniente, debe efectuarse. La
práctica es el mejor maestro. Muchos imaginan un plan durante el
juego y lo estiman oportuno; pero
temen llevarlo a término. ¡Hay que
decidirse sin vacilación alguna a
realizar lo que se estime conveniente I »
Alekhine desarrolló las ideas laskerianas sobre la necesidad de conocer el carácter psicológico de la personalidad del contrincante. Las precisas e interesantes características
de los ajedrecistas, elaboradas por
él, son el resultado de un profundo
estudio de los adversarios con quienes se enfrentó, y constituyen una
guía práctica para actuar en el tablero.
Ofrecemos unos fragmentos de los
comentarios que h i z o de Capablanca :
«Durante la fase de la partida en
que el preciso saber cede el sitio al
puro arte, Capablanca manifestó con
evidente claridad aquellas aptitudes
que le dieron fama casi legendaria:
exclusiva rapidez en comprender el
estado de la posición, e indudable
comprensión intuitiva de la situa-
ción. Sin embargo, estas dos aptitudes, que aplicadas debidamente
debían situarlo como artista en una
altura poco menos que inaccesible,
en realidad, y de un modo sorprendente, lo condujeron a unos resultados totalmente opuestos: a un punto
muerto; a la convicción de que este
arte había agotado sus posibilidades.
¿Por qué ocurría esto?
«Para poder contestar a esta pregunta es necesario detenerse en
aquellos peligros psicológicos que
entraña la primera de las antedichas
aptitudes de Capablanca. Las manifiestas ventajas que da la rapidez de
comprensión (capacidad de ver casi
simultáneamente una serie de momentos tácticos, que ofrece toda
situación complicada, debido a la
economía del pensamiento y, por
lo tanto, a la confianza en sí mismo)
son, hasta cierto punto, peligrosas:
el ajedrecista puede llegar a la errónea conclusión de que los mejores
movimientos s o n indudablemente
aquellos que él advierte en seguida
al analizar la posición; con lo cual,
su espíritu creador pierde en profundidad lo que gana en flexibilidad.
«Por efecto y consecuencia de
todas las observaciones y consideraciones, llegué a la conclusión, aparentemente paradójica, de que en el
momento de competir con él (1927)
su tendencia a la táctica cedió mucho ante la estrategia; por lo cual
no me pude «fiar» de él en el medio
juego, es decir, hube de verificar
minuciosamente cada uno de sus
propósitos tácticos, pues no se excluía la posibilidad de que cometiese errores.»
Estas deducciones le permitieron
aprovechar los descuidos de Capablanca en la competición valedera
para el Campeonato del Mundo. La
característica psicológica del gran
maestro cubano fue exacta; el aná17
lisis de las partidas que constituyen
dicha competición ponen de manifiesto que ella le facilitó adivinar
más o menos las intenciones de su
oponente.
Su opinión tiene asimismo interés cuando habla del peligro de producirse ciertos rasgos negativos en el
carácter del ajedrecista al valorar
intuitivamente la posición
En cuanto al aspecto psicológico
de la lucha ajedrecista, fue mucho
más lejos que Lasker, pues estimó
necesario tener en cuenta no sólo
las particularidades del juego y el
carácter de sus adversarios, sino
también prever la preparación psicológica de éstos para enfrentarse con
él. Comprendió la importancia de la
relación directa e inversa de tal preparación. Por ejemplo: al prepararse
para disputar con Capablanca el
Campeonato del Mundo, previo que
el maestro cubano trataría de utilizar la estrategia un poco arriesgada
para las negras que con frecuencia
le sirvió de guía en aquel período.
Después de la competición, escribió: «Jugando las negras, usé el
mismo método de simplificación que
Capablanca adoptó en la defensa.»
A pesar de que tal estrategia era
nueva para Alekhine, su efecto psicológico quedó probado en aquella
disputa.
El método alekhiniano tiene seguidores entre los ajedrecistas actuales. Para citar un ejemplo, me
remito a un hecho ocurrido en el
transcurso de mi preparación conjunta con el gran maestro Averbach.
Manipulando en el fichero de éste,
descubrí un cuaderno titulado «y. L.
Averbach» junto con las características y anotaciones de partidas de
una serie de ajedrecistas, posibles
futuros adversarios. Reunir el propio
legajo de documentos ajedrecistas
es una forma racional de prepararse,
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deducida de la lógica opinión alekhiniana sobre la necesidad de adivinar cuál será la tendencia teórica y
la preparación psicológica del oponente.
Alekhine señaló la importancia
instructiva que tiene el ajedrez, y
estimó que el logro de grandes éxitos en este arte depende del cultivo
de las virtudes positivas del carácter, y la eliminación de las negativas.
En este sentido, es demostrativo
su ejemplo personal, sobre el que
Red escribió: «Al comienzo de su
carrera, sorprendió a todos con la
abundante fantasía y la volitiva tensión de sus ataques borrascosos.
Pero el hecho de no permitir que
su talento natural, que cautivó a
tantos admiradores suyos, se inclinase a la fantasía y someterlo a la
razón, le permitió alcanzar la cumbre de la maestría.»
Alekhine dijo sin rodeos: «Mediante el ajedrez, he cultivado mi
carácter; este arte enseña a ser objetivo, y en él puede uno llegar a
ser gran maestro si reconoce sus
defectos y errores.»
Y en una seré de artículos se refirió, aunque de una forma breve, a
las particularidades que caracterizan el curso del proceso mental
al analizar un movimiento. Sobre el
juego sin mirar al tablero, escribió:
«El jugador no trata de reproducir
en la imaginación todo el tablero
con sus piezas y casillas blancas y
negras, como supone la mayor parte
de los profanos en esta materia, sino
de recordar únicamente un movimiento característico, la configuración de una parte del tablero...»
Esto es una importantísima advertencia de que en toda posición
deben destacarse constantemente los
elementos más valiosos y significativos, y, según nuestras observaciones, refleja el contenido de la acti-
vidad selectiva al elegir un movimiento en el juego a la vista.
Es interesante la mención del movimiento «característico», porque
afirma una vez más la verdad del
juicio emitido por Blumenfeld sobre
el carácter demostrativo del pensamiento del ajedrecista. El avalúo general de la situación no se puede
concebir como una forma de pensamiento desligada de las ideas aisladas y de la imagen concreta de las
piezas. La unidad de lo sensitivo y
lo lógico, lo concreto y lo abstracto
en el pensamiento ajedrecista se
manifiesta en que la valoración general, las ideas y demás generalizaciones actúan conjuntamente al pensar un movimiento determinado, o
una serie de movimientos (la variante).
Red hizo unas interesantes observaciones sobre el carácter del pensamiento en cuestión. Puesto que su
mentalidad era abstracta, subrayó la
importancia de las valoraciones generales en el juego, y previno contra
el peligro de aficionarse excesivamente al cálculo concreto y al ingenuo intento de explicar el arte del
maestro por el grado de su capacidad para «calcular». Sus observaciones son acaso demasiado categóricas,
si bien no contradicen la idea de la
riqueza de imágenes de dicho pensamiento, y demuestran que estas
imágenes pueden ser diversas, o sea,
más o menos generalizadas.
Y escribió: «Los profanos en este
asunto creen que la superioridad
del maestro es directamente proporcional a su capacidad para calcular
previamente. Tales ajedrecistas se
sorprenden cuando, tras haberme
preguntado c u á n t o s movimientos
suelo calcular en mis combinaciones, les contesto con sinceridad que,
por lo común, no calculo ninguno.»
Pero si no nos apoyamos princi-
palmente en el cálculo, ¿cómo elegir un movimiento? Retí estima que
«todo ajedrecista, sea destacado o
mediocre, posee, consciente o inconscientemente, principios de los
cuales se sirve para seleccionar los
movimientos; el jugador mediocre
quizá se ciñe a principios sencillos...,
y se conforma con poder dar jaque
a su adversario».
Sorprende que los confeccionadores de programas para computadores
no hayan tenido en cuenta estas importantes observaciones de Red;
hasta ahora, han intentado resolver
los problemas del juego de ajedrez
por medio de la selección de variantes, es decir, mediante el cálculo
concreto y continuo. Y sus intentos
no han resultado eficaces.
Los trabajos de Spielmann y Torre
ofrecen interesantes datos en orden
a los estados psicológicos del ajedrecista. Torre analiza minuciosamente el problema de la formación
del estilo, y establece cuatro períodos en la evolución del mismo: 1)
la forma; 2) la expresión del juego;
3) el estilo; y 4) el gran estilo. Recalca la idea de que, aunque la obra
de cada maestro es propia y original,
las particularidades de su juego se
asientan indudablemente en lo acumulado por el desarrollo del arte
del ajedrez y por la experiencia de
muchos ajedrecistas de diversas nacionalidades.
Los soviéticos han estudiado y
desarrollado los métodos de preparación psicológica promovidos por
Lasker y Alekhine.
En ello, el ejemplo de Botvinnik
ha sido importantísimo; en su sistema de preparación y perfeccionamiento psicológico destacan los siguientes momentos: estudiar la característica psicológica del oponente, el estado óptimo de su capacidad
de trabajo durante la partida, y su
19
predisposición psicológica a la competición.
Ha hecho un análisis detallado y
psicológico del juego de sus oponentes, en el cual observa no sólo
los defectos y aciertos palpables,
sino también los detalles sin importancia, como movimientos «largos»,
<-iue Euwe frecuentemente deja escapar. Además, tiene una extraordinaria capacidad para transformar los
datos obtenidos en concretos esquemas de apertura y en una forma general de desarrollar la lucha; esta
circunstancia es, de un modo subjetivo, lo más desagradable para sus
contrincantes. La profundidad con
que comprende a su adversario como
ente humana, se manifiesta notablemente en los match-revancha con
Smislov y Tal.
Ciertamente, no es dado a fiarse
de las primeras impresiones; prefiere reunir un número suficiente
de observaciones psicológicas antes
de sacar conclusiones. Posiblemente
ésta es la razón de que jugase con
más seguridad en las competícionesdesquite que en las precedentes.
Ha comprendido hace tiempo que,
en el aspecto psicológico, al individuo le resulta difícil pasar inmediatamente de una actividad a otra;
digamos, para citar un ejemplo, a
una partida de campeonato. Con el
fin de estar mejor predispuesto a la
competición, de movilizar sus reservas de energía volitiva y sustraerse
de cuanto no está relacionado con
la partida, suele darse un paseo y
entrar en la sala de juego unos diez
o quince minutos antes de sentarse
al tablero. Este procedimiento le
permite abstraerse de toda impresión
ajena al acto deportivo y concentrarse por entero desde que se pone
en marcha el reloj.
Señala también que la serenidad
es condición indispensable para dar
20
mejor rendimiento. Una preparación
especial le ha capacitado para luchar contra la aparición de emociones negativas. Pero su serenidad en
el juego no significa indiferencia,
pues tiene una considerable reserva
de «malicia deportiva», en el buen
sentido de la expresión. Cree estar
obligado a luchar hasta el final, y
poner toda su capacidad y tensión
nerviosa en la partida. En ocasiones
perdió partidas en la undécima y
decimotercera rondas por causa de
la fatiga física; pero, comúnmente,
su total entrega al trabajo artístico
ha dado resultados positivos en la
práctica.
Ha estudiado los problemas referentes al régimen de las competiciones, el método de analizar las
partidas suspendidas, los elementos
que causan la falta de tiempo y demás. El método de perfeccionamiento usado por él ha servido durante
muchos años de ejemplo para la preparación de los ajedrecistas soviéticos.
Sin embargo, Averbach observó
justamente que no siempre dio los
resultados apetecidos, pues fue adoptado a ciegas por maestros y preparadores, a pesar de que su autor
advirtiese: «Posiblemente este sistema de preparación no sea provechoso para ciertos ajedrecistas; cada maestro debe abordarlo con cautela, y usarlo teniendo en cuenta sus
propias cualidades y costumbres privativas. »
Actualmente, los maestros soviéticos se plantean la cuestión de crear
un sistema de preparación que generalice, así la experiencia personal
de los grandes especialistas en ajedrez, como los datos objetivos y
científicos logrados con el esfuerzo
de psicólogos, fisiólogos, pedagogos
y médicos.
i'ara alcanzar este objetivo se dispone de inmensas posibilidades. Los
artículos y comentarios de partidas
de Petrosian, Tal, Bronstein, Averbach, Korchnoi, Simagin, Bijovski y
otros grandes maestros ofrecen valiosas observaciones psicológicas. Es
hora de analizar con todo detalle
estos materiales e incluirlos en un
sistema científico.
Igualmente es instructiva la experiencia acumulada por los preparadores; pero éstos la divulgan muy
poco. Un ejemplo de ello es la interesante pregunta: ¿Cuándo se da
por terminado el período de preparación para un torneo? ¿Cuántos
días hay que descansar antes de tomar parte en él?
Basándose en la experiencia, Botvinnik dice que conviene dejar toda
actividad ajedrecista cinco días antes de la competición. Pero la práctica ha demostrado que esto no es
valedero para todos, pues hay ajedrecistas que en seguida se hacen
al ritmo de la lucha competitiva,
para los cuales cinco días de descanso son suficientes. Pero hay otros
que, por lo común, empiezan el torneo con vacilación, y pierden valiosos «puntos» durante el período de
«adaptación»; para éstos el descan-
so podría consistir en una intensa
preparación, mediante sesiones de
juego simultáneo.
Este asunto depende mucho de la
penetrabilidad psicológica del preparador. Bondarevski supo descubrir
en Geller y Spasski cierta indolencia
al comienzo de la lucha competitiva.
Por lo que aconsejó a Geller realizar una sesión de juego simultáneo
contra reloj entre unos cuantos candidatos a maestro la víspera de su
competición con Smislov (Moscú,
1955), y Spasski no cesó de prepararse hasta el momento de empezar
su duelo con Tal (Tbilisi, 1965). El
resultado fue que los dos pupilos de
Bondarevski mostraron una excelente preparación deportiva desde el
comienzo de la competición.
Los preparadores Rojlin, Neshmetdinov, Voronkov, Ravinski, Koblenz
y otros, ofrecen muchos métodos
interesantes para reflexionar racionalmente en el transcurso de la partida.
Se espera mucho de la psicología
deportiva, particularmente de la ajedrecista. Es de esperar que el estudio de los problemas psicológicos
no tarden en prestar una ayuda
esencial a la enseñanza y práctica
del ajedrez.
21
EL PENSAMIENTO EN EL AJEDREZ
La incógnita de las imágenes ajedrecistas
El estudio de las cualidades que
dan carácter al pensamiento del ajedrecista es quizá el problema más
importante y que más inquieta a
prácticos y a pedagogos del ajedrez.
Este problema aún no ha sido estudiado debidamente; por otra parte,
su investigación presenta dificultades. El objetivo primordial es determinar los defectos típicos de la actividad intelectual en el transcurso
de la partida y hallar un procedimiento que eleve su efectividad.
Como se ha dicho, el pensamiento
del ajedrecista es mayormente imaginativo.
¿Qué significa el concepto «imagen ajedrecista»?
V. Malkin lo define como una
posición modelo que se propone y
sigue para valorar. Desde luego,
aquí se recalca la idea de que dicha
imagen no sólo es un cuadro evidente de la posición en el tablero,
sino también su avalúo; es decir, la
generalización que abarca las particularidades de la postura recíproca
de las piezas y sus posibles acciones.
Con todo, nos parece que no sólo las
posiciones modelo condicionan la
manifestación de las imágenes, pues
toda posición se refleja como una
imagen en la conciencia. Sólo varía
el grado de generalización; o sea,
varían la profundidad y exactitud
22
con que se valoran las varias posiciones.
Gracias a los conocimientos y la
experiencia práctica, el ajedrecista
valora numerosas y diversas posiciones por su semejanza con otras
anteriores; con ello sabe aproximadamente cómo debe proceder. Sobre
la base de estas posiciones se producen imágenes más generalizadas;
pero muchas de ellas no pueden valorarse debidamente, no obstante ser
análogas a otras anteriores y tener
ciertos elementos de la valoración:
posición característica de varias piezas, peligro de doble amenaza, etc.;
aunque estos elementos son, por el
momento, fragmentos de ulteriores
valoraciones generales.
Esta es una imagen más concreta,
por diferenciarse esencialmente de
la posición modelo.
Veamos la naturaleza dinámica de
las imágenes del pensamiento en el
ajedrez, desde cuyo punto de vista
las dividiremos en residuales, inertes y precursoras.
Imagen residual
Es la traslación íntegra del avalúo
de una posición anterior o del de la
acción de unas piezas a la nueva
situación creada en el tablero. Viene
a ser la continuidad de lo pasado
en lo presente; continuidad que a
veces ocupa el lugar de la realidad.
La presencia de imágenes residuales
causa la invariabilidad en el pensamiento y disminuye la variabilidad
de la atención.
Para citar un ejemplo, ofrecemos
el final de la primera partida del encuentro Tai - Gligoric (Belgrado,
1968).
en la partida que jugó con Rosseto
(Amsterdam, 1964).
Ilin-Shenevski ya hablaba de tales
casos el año 1928.
Diagrama núm. 2
Diagrama núm. 1
En esta posición (Ilin-ShenevskiNenarokov, Moscú, 1922), las blancas tienen un ataque decisivo. Prosiguió 1. A7A+, RÍA; 2. D6T+?,
R X A ; 3. T6A+, R1C, y la ventaja
pasó inesperadamente a las negras.
En el cálculo preliminar, las blancas
La situación de las blancas es po- contaron sólo con 3. ..., R1R; 4.
co envidiable. Tal acaba de tomar la D8A+, R2D; 5. D7C+ y 6. T8A,
dama con el movimiento 37. C X D + ,
mate.
aunque con ello no se compensa de
«¿Por qué no a d v e r t í el simla pérdida material.
ple movimiento 3
R1C? —esA este respecto, Koblenz escri- cribe Ilin-Shenevski. ¡ Pues muy senbió: «Después de la partida, el pro- cillo! Obsérvese la posición inicial:
pio Tal confesó habérsele figurado el escaque 1CR negro está atacado
atacar simultáneamente al rey y la por dos piezas, o sea por el alfil
torre IR, con lo cual contó recu- 3CD y la dama situada en 5CR. Al
perar una calidad y llevar a término calcular la combinación, se me fisu superioridad material en un final guró que el rey no podía retirarse
de torres. ¡Pero erró el golpe! Pues a la casilla 1CR.»
la torre de Gligoric ya estaba siCiertas particularidades de la potuada en el escaque 8R y amenazaba sición anterior (dominio en la casimate.»
lla 1CR de las negras, etc.), fueron
La misma causa, esto es, el «re- trasladadas íntegra y mentalmente a
gistro» mental de las piezas, hizo la nueva situación creada en el taque Tal volviese a incurrir en error blero. Las blancas, por ejemplo, po-
23
dían haber mantenido la ventaja de
su posición, haciendo 2. DXA; pero
la imagen residual, o sea la segundad en el dominio del escaque de
referencia, frenó la variabilidad de
la atención y dificultó comprobar
con objetividad la situación.
Veamos una posición de otra partida Ilin-Shenevski-Nenarokov (Moscú, 1923).
modo que, al tomar la dama negra
mi alfil, creí que lo había hecho pasando por encima de dicho peón.»
Un ejemplo de la influencia negativa que puede ejercer la imagen residual lo ofrece el juego de las blancas en la partida Sozin-Kirillov (Moscú, 1931).
Diagrama núm. 4
vimientos aislados, sino también
ideas tácticas y estratégicas que han
sido objeto de una profunda meditación pueden permanecer con su
aspecto relativamente invariable en
la conciencia durante la partida.
Examinemos la posición del encuentro Chejover-Model (Leningrado, 1933).
Diagrama núm. 5
Diagrama núm. 3
m\
ridades de la postura de las tres
piezas atacantes (el alfil, la torre y
la dama) no fueron objeto de una
seria reflexión en la siguiente jugada cuando la situación había cambiado favorablemente.
Se dan casos, aunque relativamente poco frecuentes, en que la
existencia de la imagen residual de
la posición anterior en la conciencia
causa originales ilusiones ópticas e
imágenes de piezas que ya no están
en el tablero, e imposibilita concentrar el pensamiento en otros elementos de la nueva posición, por cuanto
el carácter de la acción de dichas
piezas en el período anterior del
desarrollo de la partida ha sido muy
importante y ha exigido mucha atención.
Veámoslo en la partida SzaboBronstein (Zürich, 1953).
Diagrama núm. 6
Las fuerzas están más o menos
equilibradas. Ilin-Shenevski comenta el ulterior curso de la contienda
así: «Con objeto de hacerme con la
iniciativa, decidí abrir la vertical AR
e hice 1. TÍA, P3CR; 2. D3R, C2R.
Después de esto, pareció que nada
impedía llevar a término mi propósito, y proseguí 3. P4AR; pero resultó lo siguiente: 3. ..., PXP; 4. DXP,
DXA. Esto no formaba parte de mi
plan; había abierto la vertical de
referencia, pero perdí una pieza. Dirán que soy un papanatas. En efecto;
pero la psicología de éste también
resulta interesante. Fraguando mi
plan y mirando el tablero, vi que el
peón negro en el escaque 4R era
como una sólida pared entre la dama
adversaria y mi alfil indefenso. Esta
idea se afirmó en mi conciencia, de
Aquí se prosiguió 26. AXP? A
este respecto, Sozin escribe: «Desde
el punto de vista psicológico, el error
es comprensible en cierto modo: en
sus cálculos, las blancas no contaron
con la posible respuesta T2D; movimiento anteriormente imposible,
por la amenaza de mate con la jugada D8CR.» Las blancas ganaban
fácilmente con 26. T1R; tras su
error, la partida finalizó en tablas.
En el caso que acabamos de ver,
la imagen de la posición anterior
fue tan estable, que infundo a Sozin la convicción de que sus suposiciones anteriores eran justas.
La imagen residual pueden crearla
una pieza determinada con las funciones inherentes a ella o una casilla, y también un grupo de piezas o
casillas con funciones más complejas. No sólo piezas, casillas y mo-
Chejover escribió: «Aquí no conducía a nada la continuación 29.
A7T+, RÍA; 30. D3T+, porque
30. ..., D3D; 31. P5A, D2R. Partiendo de este supuesto, reflexioné sobre la 29. T7T, D5D; 30. D4T, P3CR;
31. D6T y los subsiguientes movimientos T4A y T4TR, y para huir
el mate hice 29. P3TR. A lo que
Model contestó desacertadamente
con 29. ..., D7R?, tras lo cual la
continuación 30. A7T+, RÍA; 31.
D3T+, T2R; 32. A3D daba inmediatamente la victoria. Pero, en la
nueva situación, no pensé en el movimiento A7T + , y jugué de otro
modo. La partida finalizó en tablas.»
Vemos que la conclusión de que
el plan A7T+ y D3T+ carecía de
eficacia se afirmó tanto en el espíritu de Chejover que las particula-
El alfil de casillas negras es la
pieza fundamental en el ataque de
las blancas; por ello, Bronstein lo
elimina: 36. ..., X X A ; 37. D6T,
P3A; 38. PXT, T2C? (es mejor
R2A); 39. T8D!, DXT; 40. D8T + ,
y las blancas ganaron pronto.
24
25
Respecto de su erróneo movimiento 38. ..., T2C? con que intentó cerrar una vez más la peligrosa diagonal 1TD-8TR, Bronstein comenta:
.Hasta entonces, las negras lucharon
contra el alfil adversario situado en
3AD, y efectuaron este movimiento
porque continuaban luchando contra
la sombra del mismo.»
Estos ejemplos nos autorizan a
considerar la presencia de la imagen
residual como una considerable insuficiencia del pensamiento del ajedrecista. El papel negativo de tal
imagen crea una situación paradójica cuando los aspectos importantes
de dicho pensamiento, es decir, la
profundidad y tendencia precisas,
parecen debilitarse. Por otra parte,
esto reafirma lo de «Ajustadme esas
medidas», pues, en los casos analizados, se ha observado que las cosas
no se hicieron en la debida propor.ción en cuanto a la profundidad y
dinamismo del sobredicho pensamiento.
Con todo, dicha imagen no siempre es un impedimento en el proceso
creador: pueden observarse valores
positivos en ella si se regulan conscientemente la atención y el dominio
de sí mismo, porque las ideas originadas anteriormente en la partida
no se convierten en axiomas invariables, sino que se hace uso de
ellos modificándolos conforme a las
nuevas circunstancias de la posición; aquí, la presencia de las imágenes residuales es muy útil, por
cuanto asegura una reflexión consecuente, gracias a lo cual se crean
las premisas para una mejor sucesión de las etapas del desarrollo de
la partida, y el juego es más íntegro
y sistemático.
Ofrecemos seguidamente la posición de la partida Novotielnov-Neshmetdinov (Saratov, 1953).
26
Diagrama núm. 7
Diagrama núm. 8
ftllftl iBá
En ella, las negras se propusieron
responder a 16. C3C con el sacrificio de una calidad: 16. ..., T4R; 17.
P4A, TXA; 18. PXT, CSC, con
buen juego por las casillas negras.
La partida prosiguió 16. D4A, T4R;
17. C3C, C6D; 18. D4T, CXPC; 19.
P4A; aquí realizó Neshmetdinov el
sacrificio propuesto anteriormente:
19
TXA; 20. PXT, CSC! Y la
posición de las negras ofrece buenas
perspectivas de ataque.
En este caso, la idea de sacrificar
una calidad al decimosexto movimiento nos recuerda la acción de un
dueño previsor al abastecerse con
tiempo de lo necesario. Neshmetdinov consideró esta idea, la aprobó
y la diferió para una ocasión más
propicia.
La presencia de la imagen residual permite pugnar consecutivamente por la realización de un plan
determinado o idea concreta ajustados a todo cambio de situación
que se produzca en la partida.
Veamos un ejemplo de ello en la
segunda partida del encuentro Botvinnik-Lówenfisch (Moscú-Leningrado, 1937).
Lówenfisch se propuso romper el
centro de las blancas por medio del
movimiento P3A; pero no pudo
realizarlo en seguida. A este respecto escribe: «Temí, después de 14.
..., P3A, la continuación 15. PAXP,
PRXP; 16. P6R, TXP; 17. P5A,
PXP; 18. AXP, T1R; 19. D5T, CÍA;
20. A3TD, D2A; 21. P4R, PXP; 22.
CXP, con fuerte ataque.» Sin abandonar esta importante idea estratégica, efectúa la siguiente maniobra de piezas: 14. ..., D2R; 15.
PXP, PRXP; 16. P4R! (las blancas
nuevamente impiden el movimiento
deseado, PSD; 17. C1C, P4AD; 18.
C2D (aquí tampoco es posible la
proyectada ruptura, debido a 19.
P6R y 20. P5A; pero la idea de la
misma no abandona a las negras).
P4CR!; 19. P3C, PCXP; 20. PXP,
R1T; 21. C4A, T1CR; 22. R1T,
P3A! ¡Por fin ha podido realizarse
la idea formada anteriormente, y en
el momento más oportuno! Luego
de 23. C6D, PXP; 24. CXA, PXP,
las negras obtuvieron dos peones
por el alfil y contraposibilidades
muy eficaces.
Con frecuencia, la idea formada
con antelación contiene una suti-
leza velada, y es ventajoso realizarla; pero no inmediatamente, sino
en el momento oportuno; de lo
contrario, no reportará ninguna ventaja. En tales casos, el ajedrecista la
retiene en la memoria, y efectúa
maniobras de espera durante cierto
tiempo, con objeto de encubrir su
ardid e infundir a su adversario la
sensación de segundad en la posición. En este aspecto, es característica la experiencia de Bronstein, que
reiteradamente ha empleado con
éxito tal procedimiento psicológico;
son memorables los finales de su
encuentro con Reshevski (Zürich,
1953) y con Mikenas (Tallin, 1965).
Todo intento de aprovechar las
posibilidades prácticas, por insignificantes que sean, es una medida
justificada. En su libro sobre el torneo celebrado en Nueva York el año
1927, Alekhine reprocha justamente
a Spielmann haber aceptado las tablas en varias partidas donde, aunque
mínimas, tuvo probabilidades de
ganar.
Por tanto, al atender conscientemente a los momentos variables de
la situación y al comparar lógicamente la posición anterior con la
presente, la imagen residual influye
de un modo positivo en la eficacia
de la actividad mental y facilita
tomar decisiones con rapidez y
exactitud.
En las características contradictorias de las imágenes residuales arriba citadas, se manifiestan dos tendencias del pensamiento del ajedrecista: por un lado, los movimientos
aislados se consideran como los elementos del desarrollo de la partida
relacionados entre sí (valor positivo
de dichas imágenes, alto desarrollo
de la dinámica del pensamiento y la
atención), y por otro se observa una
tendencia a dividir la partida en
etapas aisladas, al tiempo que las
27
imágenes residuales estáticas o invariables pasan automáticamente de
una etapa a otra.
¿Qué medidas deben tomarse para
eliminar la influencia de las susodichas imágenes? Entre las recomendaciones puramente ajedrecistas
merece atención el juego a ciegas.
Se estima que éste es nocivo para
la salud y no contribuye al desarrollo de la atención del ajedrecista.
No vamos a discutir la justa afirmación de que el entusiasmo por las
sesiones de juego a ciegas no tiene
otro fin que la publicidad y no reporta ningún beneficio. Sin embargo, nuestro consejo se refiere a un
pequeño número de partidas jugadas de este modo como procedimiento de preparación. Lo cual no
resultará fatigoso para un ajedrecista
formado. El juego a ciegas quizás es
el mejor procedimiento de preparación para perfeccionar las propiedades dinámicas del pensamiento y
la atención; el carácter de tal juego
exige una constante y exacta comparación de las imágenes anteriores
con la posición presente, y una sistemática verificación e imposición
de esfuerzos volitivos para determinar la atención abstracta. Sobre todo, es importante no perder de vista
la postura exacta de las piezas. Puede decirse que la pereza de pensamiento no es compatible con el juego a ciegas. Además de lo expuesto,
tal ejercicio facilita el desarrollo de
la visión combinatoria.
Conviene advertir que los preparadores más perspicaces usan este
procedimiento en su trabajo. De esta
manera, Bondarevski aconsejó a
Spasski que realizase a ciegas una
sesión de juego simultáneo en ocho
tableros contra los ajedrecistas más
fuertes de Sochi la víspera de su
competición con Tal (Tbilisi, 1965).
Por ventura deba atribuirse a ello la
28
extraordinaria inventiva y dinamismo de pensamiento que Spasski mostró durante la competición con su
adversario; por lo menos, no se apreció en él ninguna ilusión óptica en
el manejo de las piezas.
Como medio de preparación también puede servir la lectura de trabajos sobre ajedrez sin verificarla
en el tablero, entrenamiento que
Korchnoi, practica asiduamente.
Asimismo es muy útil plantearse
mentalmente la siguiente pregunta
en el discurso de la partida: ¿qué
cambios se han producido en el tablero, después del movimiento efectuado por el adversario? ¿Qué se
amenaza? Este procedimiento fue
adoptado en los torneos por los ajedrecistas de Saratov, y dio resultados positivos. Unos cuantos de primera categoría aprovecharon el citado consejo, y dijeron que ya no
veían las piezas en su postura anterior 91 variar la situación; esta insuficiencia se había observado anteriormente en ellos.
Imagen inerte
Se caracteriza por considerar el
avalúo como" el resultado definitivo
de la partida, porque mentalmente
se estima terminada, aunque en realidad continúa. El ajedrecista imagina que el logro del objetivo requiere poco esfuerzo intelectivo, por
cuanto sólo quedan pequeños obstáculos que vencer. Y así, lo presente (a menudo, lo valorado con error)
pasa a ser automáticamente lo venidero.
Esto hace que mengüe la objetividad de previsión y la exactitud de
cálculo con que se analiza la situación creada en el tablero. En la práctica, la imagen inerte corre pareja
con la incorrecta y precipitada deducción de que la superioridad ma-
terial o de posición, o el conocimiento de que se ha producido una
posición modelo, predetermina el
resultado de la partida.
En cuanto aparece la imagen inerte, disminuye el esfuerzo, y se produce un estado de relajamiento. La
excitación que ha movido a luchar
por el logro de un objetivo trazado
de antemano se transforma en un
autososiego, y hasta en apatía, cuando dicho objetivo parece haberse
logrado. Consecuentemente, la contemplación apacible de la posición
ocupa el lugar de la responsabilidad,
y la variabilidad de la atención y la
facultad previsora descienden bruscamente; este descenso de la actividad intelectiva suele ir acompañado de errores. A consecuencia de
ello, es frecuente no ganar partidas
que ya están ganadas y perder otras
que son irremisiblemente tablas.
Conviene señalar que las imágenes inertes se distinguen por su tendencia a hacer que se valore definitivamente la posición y por su alto
grado generalizador.
En la partida Petrosian-Korchnoi
(Moscú, 1963) se produjo la siguiente posición:
Diagrama núm. 9
Petrosian refiere el posterior curso de la lucha: «Estuve bastante
tiempo convencido de que mi posición era superior a la de mi contrincante; a más de esto, toda la fase
anterior de la contienda, que dejó a
Korchnoi constreñido, me infundió
la creencia en el resultado favorable de la partida...; pero cometí el
inconcebible y e r r o de hacer 35.
TXP7? Escapó a mi penetración el
peligro que suponía el avance P6A,
acaso por contrastar excesivamente
con la indefendible situación de las
negras. Estoy convencido de que,
si un maestro destacado no ve en
seguida semejantes amenazas, no las
verá después, por más que analice
la posición.!
Tras 35. TXP, la partida prosiguió
35. ..., P6A; 36. R5C, R1R, y las
negras ganaron.
En este ejemplo se observa que
la imagen inerte estuvo ligada con la
valoración definitiva de la posición;
por ello, Petrosian disminuyó lógicamente su vigilancia al considerar
que la lucha estaba decidida.
¡Pero el castigo no hizo esperarse!
Se perdió una partida que se tenía
ganada. Este hecho confirma una vez
más el viejo dicho ajedrecista: «La
partida se considerará ganada cuando el ganador haya anotado su punto
en la tabla de la clasificación.»
Es discutible la afirmación, de
Petrosian, de que en tales casos no
es posible hallar el movimiento conveniente, por más que se analice la
posición. Naturalmente, la imagen
inerte se distingue por su elevado
carácter estático, puesto que está
relacionada con la manifestación de
un constante y emocional estado de
exceso de seguridad; sin embargo,
esos estados psíquicos pueden ser
superados por la voluntad del individuo, mediante una crítica y con-
29
cienzuda verificación de las ideas
propias.
Volvamos sobre otros ejemplos
que nos ofrece la práctica del ajedrez.
He aquí la posición de la partida
Gablikovski - S i m a g i n (SzavnoZdruy, 1950).
Diagrama núm. 10
Wri
Las blancas tienen una considerable superioridad material: una calidad de más y la inevitable conversión del peón 7T en dama. Pero Gablikovski polarizó su atención sólo
en cómo asegurar la defensa de su
rey. Desde luego, la amenaza de las
negras es tan poderosa y la valoración del momento, expresada en el
grito de «¡Salvar al rey!», fue tan
dominante, que las blancas se pusieron inmediatamente a la defensiva:
37. P8T=D+, R2T; 38. D6TD,
D7C + ; 39. R1R, C7A + ; 40. R2D,
C X D, y la partida terminó en tablas.
Con todo, las blancas ganaban con el
siguiente e inesperado contraataque: 38. D8T+! (en vez del tímido
movimiento 38. D6TD), R X D ; 39.
D6T+, y así sucesivamente. Gablikovski no pensó en las posibilidades
que le ofrecía la segunda dama en
30
el escaque 8T; esto pone de relieve
la constante y enorme influencia que
ejerció la imagen de la posición reflejada en este diagrama, y que, al
valorarla, las blancas pensaron únicamente en defenderse. El movimiento 37. P8T=D+ fue calculado
y hecho con la posibilidad defensiva
de situar la dama en el escaque 6TD,
sin relacionarlo con otras particularidades de la situación. Después
de la partida, Gablikovski dijo que
no pudo advertir la posibilidad de
sacrificar inmediatamente la segunda dama, por cuanto atendió solamente a la peligrosa situación en
que se encontraba su rey en la casilla 1AR.
El siguiente ejemplo ha sido tomado de la partida Ivkov-Vasiukov
(competición U R S S - Yugoslavia,
1962).
Diagrama núm. 11
reH
misma ni a que su principal triunfo, el peón de referencia, pueda ser
eliminado. Prosiguió 19. T3T. P4TR;
20. TXP?? Esto es un grave error.
Con el movimiento 20. DXPT y,
luego, P4CR, se podía mantener un
fuerte ataque. El yerro cometido por
Ivkov puede apreciarse en la variante 20. ..., DXP; 21. T8T+,
R X T ; 22. D4T + , R1C; 23. D6T,
D8T+; 24. R2D, D X C + ; 25. RÍA,
A X P A , y de repente se aclara que
el peón 6A, principal soporte de la
posición de las blancas, pudo ser
eliminado impunemente. De esa manera, se desmoronó el fundamento
en que se asentaba el avalúo de la
posición, y cuya solidez en el ulterior desarrollo de la partida aseguró
la imagen, surgida «por inercia».
La creencia en que los elementos
constitutivos de la valoración de una
determinada posición son estables,
y en el siguiente período del juego,
junto con la insuficiente variabilidad de la atención, son las causas
psicológicas que impiden prever las
llamadas combinaciones que producen el empate.
El siguiente diagrama refleja la
situación de la partida Evans-Reshevski (Nueva York, 1965).
Diagrama núm. 12
El ataque del maestro yugoslavo
es decisivo; en el cual uno de los
componentes importantes es el peón
6A, que las negras no pueden eliminar de momento, porque está defendido por su alfil. Al valorar la
posición como favorable, lo que no
ofrece duda, Ivkov intenta ganar
inmediatamente la partida, y no
atiende a los posibles cambios de la
Las blancas están en un apuro,
pues su adversario lleva una pieza
de ventaja, y amenaza seriamente
contra el rey. Por lo visto, estas
consideraciones parecieron tan claras y evidentes a Reshevski, que, al
calcular su próximo movimiento, lo
consideró como una valoración estable en lo sucesivo; si no, hubiese
prestado atención a los pequeños,
pero esenciales, c a m b i o s que se
producirían en el tablero, caso de
tomar el peón blanco 3C. Esto es,
los demás peones blancos no pueden
avanzar, el rey se halla en situación
de «ahogado» y la postura de las
dos piezas blancas en 8AD y 7AR
brinda la posibilidad de forzar el
empate con el sacrificio de las mismas.
Pero la confianza en la victoriosa
realización del ataque fue tan grande, y la atención estuvo tan fija en
los elementos positivos de la situación en el tablero, que Reshevski
cometió la imprudencia de tomar
el mencionado peón. Después de
48. ..., DXPC??, los defectos del
juego «por inercia» se manifestaron
rápidamente. Prosiguió 49. D8C + ,
R X D ; 50. T X P + , y hubo que aceptar el empate.
Si hubiera atendido a los cambios
que podía introducir el movimiento
48. ..., DXPC, sin duda habría previsto la combinación de su adversario, y jugado de otra manera; por
ejemplo: 48. ..., DSC; 49. T8A,
D3R; 50. PXC, T8R+ y 51. ...,
D7T+, lo que le daba inmediatamente la victoria.
Se advierte que las imágenes inertes suelen presentarse cuando el
ajedrecista logra aventajar a su contrincante en la posición; esto hace
que no prevea posibles cambios en
la misma, incluso los más paradójico's, y se guíe sin reflexión por la
31
persistente imagen del avalúo lavorable de dicha posición.
Al surgir la persistente imagen
inerte, hasta el ajedrecista más destacado pasa automáticamente los
rasgos de la situación presente a la
futura; aborda de manera trivial la
valoración de las condiciones venideras. Por consiguiente, las imágenes inertes dificultan la búsqueda
de nuevas posibilidades, y reducen
al mínimo los elementos de la imaginación creadora.
A diferencia de las imágenes residuales, que se presentan con valor
positivo y negativo, las inertes son
equivalentes, pero, condicionadas
por el desequilibrio de la dinámica
del pensamiento, intervienen siempre como factores negativos.
La disminución del pensamiento
y de la variabilidad de la atención
está relacionada principalmente con
los rasgos volitivos del carácter.
Para subsanar los defectos de la
atención, como presencia de la imagen estable «por inercia» que hemos
visto anteriormente, es necesario
cultivar la autocrítica y el dominio
de sí mismo.
Ejercitarse en el hallazgo de soluciones paradójicas, esforzarse por
descubrir toda excepción de la regla
y desarrollar lo concreto del pensamiento son condiciones indispensables para luchar contra las imágenes inertes. En las partidas de preparación es útil aplicar las variantes de apertura más difíciles, con el
fin de ver el objetivo principal, no
en el resultado, sino en la búsqueda
de los recursos ocultos de la defensa.
Con ello, el ajedrecista se contamina
inadvertidamente con el espíritu del
escepticismo en cuanto a la valoración, por contrastable que sea. También puede servir el estudio de las
partidas de Lasker y Korchnoi.
Lowenfisch escribe sobre el enorme sentido crítico del pensamiento
laskeriano: «Analizar en compañía
de Lasker era un placer. ¡Cuántas
características de su estilo, diversas
y a menudo convincentes, he oído
en mis días I... Subrayo solamente
un indiscutible rasgo de él: su escepticismo y fe en la defensa. Nos
poníamos a analizar una variante de
determinada apertura, que a mi ver
no convenía a las negras. Pero Lasker empezaba a buscar ingeniosamente contraposibilidades inadvertidas, y se descubría que dicha variante era aceptable e irrebatible.»
Durante la partida conviene, a
veces, abstraerse de los propios intentos; «cruzar la línea del frente»,
y tratar de pensar por el adversario.
Caso de introducirse profundamente
en los «intereses» de él, pueden descubrirse ideas que suelen escapar a
la penetración cuando se piensa unilateralmente; de ese modo, se asegura un tratamiento más objetivo
del avalúo de la posición.
culto supersticioso, y se toma por
factor real del avalúo de una posición que existe sólo en la mente. Y,
en otros casos, se da demasiada importancia a posibles y activas maniobras de las propias piezas en el
futuro, y no se considera con la
debida claridad si su realización es
o no oportuna; al contrario, a la
valoración de la posición real se le
añaden automáticamente «castillos
al aire», formados por la fantasía.
Esta falta de sentido traslativo de
una situación supuesta a otra perceptible conduce a casos de «manía
de hacer proyectos», a una irreal
planificación de las operaciones mentales en el tablero.
Veamos seguidamente la posición
del encuentro Bondarevski-Flor (Kstocolmo, 1948).
Pero la maniobra P5AR impresionó tanto a Flor, que, sin considerar
otras particularidades de la posición,
su respuesta fue dictada por la idea
fija de impedir el avance del peón
de referencia.
Prosiguió 28. ..., P4AR?; 29.
PXP. a.p., CXP6A; 30. P5AR! Las
negras salieron inesperadamente de
lo malo y entraron en lo peor. La
imagen precursora hizo que las medidas profilácticas, tomadas contra las posibles amenazas en un
futuro lejano, se convirtiesen en una
amenaza real y efectiva en lo presente. Las blancas consiguieron una
ventaja evidente, mediante 30. ...»
P4CR; 31. C5T, CXC; 32. DXC.
Examinemos la posición del encuentro Capablanca-Alexander (Nottingham, 1936).
Diagrama núm. 13
Diagrama núm. 14
Imagen precursora
Se produce al pensar en los posibles cambios de la situación futura;
en ello, se sobreestima la importancia de los inminentes acontecimientos en la partida, de suerte que el
ajedrecista los toma casi por reales
y existentes. Blumenfeld escribió:
«A juzgar por mi propia experiencia,
hay momentos en que la idea, formada por la fantasía visual, ocupa
el sitio de la realidad.»
El papel negativo de las imágenes
precursoras es doble. En unos casos,
se atribuye existencia real a posibles
amenazas del adversario, con frecuencia imaginarias, que se exageran
y se convierten en amenazadores gigantes legendarios en la conciencia;
la perspectiva lejana es objeto de
*
a»
Las blancas tienen ciertas posibilidades de ataque; de ellas, la más
«eficaz» acaso es el avance del peón
4AR, aunque, por lo pronto, no
entraña peligro para las negras. Lo
cual puede probar, por ejemplo, la
siguiente vanante: 28. ..., T1R!;
29. P5A, DXPR; 30. PXP, PAXP;
31. D7A + , R1T. Esto es el avalúo
real de la posición.
Prosiguió 26. ..., D1R? Con motivo de este movimiento, Altkhine
escribió: «No sólo se ha perdido
un tiempo valioso, sino que se brinda a las blancas la posibilidad de
desatascar a su alfil de la darra. Por
cuanto el adversario no amenazaba
inminentemente, las negras hubiesen podido iniciar el ataque en el
flanco de la dama, mediante 26. ...,
33
32
A3T y el subsiguiente avance del
peón 3C. Tras lo cual, el resultado
de la partida habría sido totalmente
indefinido.»
Posiblemente, las medidas defensivas de las negras estuvieron condicionadas por la sobreestimación de
la ilusoria amenaza D5T. La partida
continuó 27. P4CR!, D3C; 28. PXP,
TXP; 29. TXT, DXT+; 30. R1T,
T1AR; 31. D1T, y las blancas se
hicieron con la iniciativa.
Reshevski también se privó de
su único y activo plan (P5CD) al
temer el movimiento de ruptura
P4TD adversario, poco eficaz para
éste en la situación dada (SpasskiReshevski, Amsterdam, 1965).
Diagrama núm. 15
Aquí las negras hicieron 33. ...,
P5T. Y al remate de 34. D3R, D3D;
35. P3CR, las blancas aumentaron
su superioridad, porque aquéllas no
pudieron actuar eficazmente; como
se ha dicho, se privaron de su único
y activo plan al analizar la realización de la amenaza P4TD del adversario.
Un caso por el estilo ocurrió en
la partida Krogius-Shujovski (Sochi, 1967), en que, al cabo de 1.
34
P4D, P4D; 2. P4AD, P3R; 3. C3AD,
C3AR; 4. PxP, PXP; 5. A5C, A2R;
6. P3R, P3AD; 7. C3A, C1C2D; 8.
A3D, 0-0; 9. D2A, T1R; 10. 0-0,
CÍA; 11. T1T1C, P4TD; 12. P3TD,
C3C; 13. P4CD, PxP; 14. PXP.
C5R; 15. A XA, D x A ; 16. P5C,
A5C; 17. AXC!, PxA; 18. C2D,
P4AR; 19. PXP, PXP, las amenazas
del bando negro D4C y C5T fijaron
la atención del blanco. Estas amenazas parecieron tan reales y peligrosas, que forzaron a ponerse a la
defensiva: 20. P3T?, A4T; 21.
T1C1R?, C5T; 22. C2R, con lo que
se cedió la iniciativa a las negras.
En vez de dejarse influir por la
acción de la imagen precursora, convenía rrber calculado la variante
20. T6C, C5T; 21. T1-1C, D4C; 22.
P3C, con lo que las blancas adelantan a su adversario en la ofensiva.
Por ejemplo: 27. ..., C6A+; 23.
CXC, AXC; 24. TXP, D4T; 25.
CSC, D6T; 26. D4A+ y D1AR.
En los ejemplos que acabamos de
ver se han observado casos de sobreestimación de futuras amenazas del
adversario y de subestimación de
las posibilidades de la posición propia; en ellos se eludieron voluntariamente y sin motivo las operaciones activas y se pasó a la defensiva.
Tal pasividad, producida por autosugestión, hace que disminuya considerablemente la producibilidad
del pensamiento, y se empiece una
lucha contra «molinos de viento».
En casos así, se observa insuficiente
variabilidad de la atención, que se
fija principalmente en un futuro lejano y huye de la posición real en
el tablero.
Niemzowitsch define acertadamente estas propiedades de la imagen precursora en su conocido aforismo: «La amenaza parece mayor
que su realización.»
Con frecuencia aparece la otra
cara de la imagen en cuestión; esto
es, se exageran las probabilidades,
y la atención se fija únicamente en
considerar las posibilidades de las
propias piezas, por lo que no se
justiprecian las respuestas del oponente.
Veamos un fragmento de la partida Krogius-Bronstein (Tbilisi, 1967).
Diagrama núm. 16
En esta posición, Bronstein se
propuso atacar al rey adversario con
el movimiento P5T y, si se diera el
caso, con los P3A y P4CR. Estas
activas posibilidades de las propias
piezas cautivaron tanto la atención
de Bronstein, que consideró sus
supuestas amenazas poco menos que
únicas y efectivas para valorar la
posición. Por ello, sucedió 13. ...,
P5A? Este movimiento es ineficaz,
porque, entre otras desventajas, tiene la de liberar a las blancas en el
centro y en el flanco de la dama;
sin embargo, Bronstein polarizó su
atención en atacar al rey, por parecerle la acción que mayores perspectivas le ofrecía. Con todo, advertimos que el avalúo de la posición requiere seguir presionando en el cen-
tro, para lo cual convenía haber hecho 13. ..., D3C. La partida prosiguió
14. A2A, D2A; 15. C1C, 0-0-0; 16.
C3A, A3T; 17. D1R, T1D1R; 18.
P4CD!, A2C; 19. P4TD, P3A?
Las negras continúan en su irrealizable proyecto. La imagen precursora de poder atacar al rey blanco fue tan firme que, incluso en la
posición actual, donde el ataque de
las negras no ofrece ninguna perspectiva, Bronstein realiza el «seudoactivo» avance P3A, y no cuenta
con el brusco empeoramiento que
ha experimentado su situación, porque persiste en su mítico ataque
contra el rey.
20. R1C, D1D; 21. T2T!, P5T;
22. A1C, PXP? Influidas por la imagen precursora, las negras han efectuado de nuevo unos movimientos
carentes de actividad, y el último
de ellos es un error decisivo. Al
principio, las blancas han tenido posibilidad de realizar el plan P3CR,
T2CR y, luego, P4C; pero, ahora,
lograrán una iniciativa amenazadora
en el otro extremo del tablero. Por
lo demás, repetimos, la serie de
errores de las negras no es fortuita,
pues la atención de Bronstein hace
rato que es cautiva de supuestos
irrealizables.
Continuó 23. PDXP! Después de
la partida, Bronstein manifestó que
había esperado que su adversario
hiciese 23. PAXp. ¡Esto pone de
relieve cómo el cálculo de la posición dada estuvo sometido a la influencia del pensamiento, concentrado en los deseados cambios de la
posición futura I Al seguir una dirección «determinada», impuesta
por la imagen precursora, cupo esperar los siguientes movimientos:
23
C1C; 24. A3R, C3A; 25.
D2A, P6T; 26. P3C, P3C; 27. P5T,
R2C; 28. AXC, PC XA; 29. PXP,
PXP; 30. T1A1T, D2A; 31. C4D,
35
T1T; 32. C5C, TXT; 33. DXT, y
las negras se rindieron.
La imagen precursora suele actuar cuando el ajedrecista cree en
la aceptación irrecusable del sacrificio o cambio de piezas que propone
a su contrincante.
Veámoslo en el siguiente fragmento de la partida Liebersohn-Taimanov (Tbilisi, 1967).
es decir, de la conveniencia de respetar los valores materiales y los
principios de la estrategia. Por ello,
toda posición saturada de ideas no
estereotipadas confunde incluso al
ajedrecista más original.
Veamos la partida NiemzowitschAlekhine (Dresde, 1926).
Diagrama núm. 18
Diagrama núm. 17
R2R, y, tras unos movimientos, se
acordó dejarlo en tablas.
En ocasiones, al meditar sobre una
situación futura, la atención se estabiliza hasta el punto de ignorar por
entero la realidad; el ajedrecista
crea en la imaginación movimientos
venideros, y no advierte el peligro
inmediato de perder una pieza o
un peón.
Sobre este particular, el maestro
Riumin dice:
Diagrama núm. 19
^e advierte la acción de la imagen
pre ursora en el cálculo de Taimanov. ^uien creyó en lo irrecusable
de 1 variante 35. ..., TXC; 36.
PX1, T8D+, lo cual redunda en
beneficio de las negras, y que efectivamente sucedió en la partida. Sin
embargo, las negras no previeron
el movimiento intermedio 36. D6A!,
que alteraba la valoración de sus
intenciones. Debe advertirse que en
lo psicológico es difícil prever los
llaiiados movimientos «intermedios»
y «solapados», porque comúnmente
se relacionan con la negativa de
ganar material inmediatamente y
con la infracción de los, aparentemente evidentes, avalúos de la posición; en cambio, la práctica convence al ajedrecista de lo contrario,
36
Las negras hicieron 35. ..., T1AD.
Y Alekhine escribió al respecto:
«Esta innecesaria sutileza pone en
duda la victoria. Debía haberse proseguido 35. ..., AXPC; 36. AXC,
DXA; 37. AXP, P6D; 38. A X A ,
PXT, y las negras obtenían una
calidad por un peón. Pero se me
figuró que el movimiento efectuado
en la partida era más eficaz y me
reportaría un final favorable dentro
de cuatro movimientos.»
Sucedió 36. AXC, DXA; 37.
T2AD!, AXPC; 38. AXP, P6D; 39.
T3A, P7D!; 40. D2A! «No previne
este movimiento defensivo —prosigue diciendo Alekhine—; sólo conté
con la toma del peón, lo cual me
daba la ventaja.» El juego prosiguió
40. ..., A X A ; 41. TXA, TXT; 42.
DXT, T1AD; 43. D2R, D3C + ; 44.
D2A, D X D + ; 45. R X D , T7A; 46.
«IAl reflexionar, advertí de pronto una «combinación»: 26. ..., C4A;
27. ..., D X T + y 28. ..., C6D+, con
lo que ganaba una torre! Situé el
caballo en el escaque de referencia
y paré el reloj, sin esperar la respuesta de Capablanca.»
Pero la verdad es que Riumin no
se dio cuenta de que Capablanca le
tenía amenazada la dama, porque
su atención estuvo concentrada en
la búsqueda de futuras operaciones.
Como vemos, atender extremadamente a las posibles ventajas que
pueda ofrecer la acción futura de
las piezas propias también influye
negativamente en el avalúo positivo
de la situación, por cuanto se pon-
dera la superioridad de la posición
propia; ello hace que disminuya la
esfera de atención del ajedrecista,
que se sustrae de lo demás y sigue
únicamente lo que inquieta sus
ideas; tanto es el entusiasmo por lo
complicado que a menudo se efectúa
el cálculo como si el adversario no
existiese.
Por consiguiente, la forma de
pensar condicionada por la imagen
precursora negativa se presenta en
dos planos: en uno, la insuficiencia
de dinamismo del pensamiento induce a una excesiva circunspección
cuando «se abren demasiado los ojos
ante el peligro», y en otro a una
audacia sin límite, a una presunción
exagerada, y hasta a una manía de
hacer proyectos.
A pesar de eso, es necesario señalar el valor positivo de la imagen
precursora en el desarrollo de la
fantasía del ajedrecista.
En la obra de Tal, Larsen, Korchnoi, Neshmetdinov y otros, la fantasía está, por lo general, relacionada con la realidad mediante un análisis crítico; gracias a la consciente
variabilidad de la atención, esta
mezcla de fantasía y percepción ayuda a ser previsor y exacto en el
cálculo y a hallar ideas originales.
Veamos la posición de una partida Neshmetdinov-Kasparian (Riga,
1955).
(Véase diagrama núm. 20)
Aquí se le ocurrió a Neshmetdinov dar un bello mate al rey negro.
Esta idea se refuerza con el cálculo
preciso y se convierte en realidad.
Atendamos a las dificultades que
presenta su análisis, por cuanto la
posición es complicada y tirante por
uno y otro lado.
Sucedió 38. A6R!, T1T+; 39.
A3T (el sentido del movimiento 38.
37
vimiento, conviene dar otra ojeada
al tablero para cerciorarse de si el
adversario amenaza con otro imprevisto. Generalmente, es acertada
la idea de que todo movimiento
debe hacerse en cuatro compases:
trazarlo, registrarlo, verificarlo y
realizarlo; de ese modo se comprueba todo intento, por más evidente
que parezca.
Para combatir las imágenes precursoras de carácter negativo recomendamos ensayar el método de
«finales intermedios». Este método
consiste en proponer al ajedrecista
que solucione un complicado problema de muchos movimientos, pero
sin mover las piezas. Así que ha
A6R está relacionado con la variante dado con la solución, se le quita el
38. ..., T X T + ; 39. DX.T!, T7D; tablero y se le propone que diga
40. AXD), CXP; 40. T7A + , R3T; la posición exacta de cada pieza a
41. DXC + !, y las negras se rindie- partir, por ejemplo, del segundo
ron, porque se les da mate dentro movimiento de la combinación, del
quinto, y así sucesivamente.
de seis movimientos.
Este procedimiento de preparaPor tanto, las imágenes precursoras pueden ser un factor importante ción tiene cualidades fundamentapara desarrollar la capacidad de les; entre ellas la de que muchas
prever los acontecimientos en el ta- imágenes precursoras se manifiestan
blero. Pero ¿cómo eliminar las de como incógnitas de valor intuitivo.
En la incógnita intuitiva, el ajedrecarácter negativo?
A este respecto, Blumenfeld da cista advierte el momento culminanlos siguientes consejos prácticos: te en que se realiza una idea, pero
«Por más poderosa que sea la ima- omite los eslabones intermedios.
El siguiente fragmento de la parginación reproductora, la representación mental es sin duda menos tida Sherbakov-Bijovski ilustra fielviva que la percepción visual. Por mente el valor de dicho método.
ello, cuando el adversario ha efec(Véase diagrama núm. 21)
tuado un movimiento, incluso el esperado, conviene reflexionar bien,
salvo en el caso de extremada falta
Bijovski comenta: «Meditando
de tiempo, sobre la respuesta pre- sobre esta posición, bastante abruparada de antemano, porque ésta madora para mí, «vi» de pronto la
ha sido ideada en el momento en siguiente serie de movimientos: 1.
que la posición tenía existencia sólo ..., CXPA; 2. CXA, C6T+;3. R1T,
en la mente.»
D6A+; 4. D2-2C, C7A+; 5. R1C,
Aunque interesen las ideas bellas C6T+; 6. DXC, T7T; 7. AXT,
y las maniobras efectistas, nunca se TXA. Esta variante pasó veloz por
debe olvidar la «prosa» en la vida mis ojos, y la mente fijó sólo la
ajedrecista. Antes de hacer un mo- posición final. Volví a analizarla, y
Diagrama núm. 20
I
Diagrama núm. 21
*'
mi
38
descubrí que las blancas no podían
eludir el jaque continuo; pero, al
calcularla detenidamente, hallé que
aquéllas disponían de la contundente respuesta 3. R2C y que, luego de
3. ..., D6A+; 4. RXC, las negras
no podían resarcirse de la considerable pérdida material. Como la elección era limitada, resolví hacer 1.
..., CXPA, y experimenté un gran
alivio cuando Sherbakov continuó
2. CX A, C6T+; 3. R1T. Mientras
pensaba la respuesta, «vi» dos variantes: una empezaba con D6A+
y la otra con T7T. Traté de profundizar en ellas; pero me lo impidió
la idea de poder lograr un empate
bastante sutil. A consecuencia de
tal «pensamiento», deduje que ambas variantes conducían a un mismo
fin, e hice 3. ..., D6A+?, a lo que
siguió 4. D2-2C, C7A+; 5. R1C,
C6T+; 6. DXC, T7T; 7. A5D!, y
las negras se rindieron. Si éstas no
hubieran trocado él cálculo por la
«visión» y hubieran fijado la posición en la mente después de cada
movimiento, habrían logrado fácilmente las tablas, mediante 3. ...,
T7T!»
Al analizar las particularidades
dinámicas del pensamiento, hemos
aludido inadvertidamente al problema de sus componentes. Veamos,
pues, una de las formas más complejas del proceso intelectivo.
La intuición en el ajedrez
Se llama intuición la percepción
clara, instantánea de una idea o
verdad como si se tuviera a la vista.
Este concepto acaso es uno de los
que han suscitado más vivas discusiones; hasta el punto de intentar
excluirlo totalmente del uso. Las
discusiones en cuestión también se
han referido al ajedrez.
Por tanto, ¿cabe la intuición en
el arte ajedrecista?
En su libro Torneo internacional
de los grandes maestros, Bronstein
habla de los componentes de dicho
arte, y entre otras cosas dice: «Con
todo, hay un cuarto componente
que por ventura es el más atrayente,
aun cuando se olvide con frecuencia. Me refiero a la intuición o, si
lo prefieren, a la fantasía ajedrecista. .. La intuición ha sido y es uno
de los principios del arte del ajedrez.»
Este autor se inclina por la intuición, aunque la compara con la
fantasía del ajedrecista.
En su libro El ataque, Panov dice:
«El término intuición es, desde luego, impreciso y, como se sabe, el
preferido de la filosofía idealista,
la cual lo define como la percepción
clara de una verdad; una especie
de «revelación» de arriba... El ajedrecista debe guiarse del olfato, el
39
cual le prueba si está justificado el
sacrificio de material en posiciones
donde no es posible calcular todas
las variantes...»
Vemos que Panov está en contra
de la intuición y en pro del «olfato
ajedrecista». Posteriormente se verá
comprobado que esto, más que la
manifestación negativa de una conclusión combinatoria sin calcularla
exactamente, o de una anticipada y
armoniosa serie de deducciones en
el ajedrecista, es un malentendido
terminológico.
En el libro ¿Su juego preferido?
¡El ajedrez!, Linder dice: «Toda
partida es, del principio al fin, un
conjunto de deducciones unidas lógicamente unas con otras.»
Este autor patentiza la idea de que
toda partida es siempre un proceso
consciente, dentro del cual no tiene
lugar lo irracional o lo inconsciente.
Veamos lo que la teoría marxista
del conocimiento nos dice acerca
de la intuición, cuyo justo entendimiento filosófico ayudará a determinar su puesto en el arte del ajedrez.
En uno de sus renombrados «medios», Pavlov dice: «A mi modo
de ver, la intuición no es más que
lo último que el hombre recuerda
del camino preparado y recorrido
por él. y que excluye en ese momento.»
En el Diccionario filosófico, edición de 1963, leemos: «La intuición
representa un papel auxiliar en el
proceso del conocimiento. En realidad, detrás de la facultad de percibir «instantáneamente» la verdad,
se acumula la experiencia adquirida
anteriormente. Los resultados del
conocimiento intuitivo no necesitan
un criterio particular de la verdad,
como «autoevidencia», etc.; pero
también se demuestran y verifican
lógicamente en la práctica.»
De las tesis expuestas se deduce
que la intuición en general y la ajedrecista en particular son un componente del pensamiento perfectamente definido. A diferencia del
análisis lógico, en la conclusión intuitiva se comprende sólo el resultado final de las operaciones intelectivas, y el proceso precedente de la
búsqueda es, en ese momento, incomprensible.
En el arte del ajedrez, la intuición se presenta al modo de «hallazgo instantáneo», en cuyo momento
el ajedrecista no comprende el período preparativo para llegar a una conclusión.
Como en la conclusión intuitiva
se tiene plena conciencia de un resultado («visión» de una serie de
movimientos o de una maniobra) y
se omiten de un modo subconsciente
los detalles o eslabones de la cadena del razonamiento, el ajedrecista admite dicha conclusión como
algo íntegro, generalizado. A este
respecto, A. Binet dijo: «La comprendo (la situación en el tablero)
del mismo modo que el músico comprende un acorde.»
Advertimos que el objeto de la
intuición pueden ser elementos de
la combinación o de la posición
de la contienda ajedrecista.
A título de ejemplo nos remitimos
a la grandiosa combinación que se
produjo en la partida PolugaievskiNeshmetdinov (Sochi, 1958) y a la
profunda clarividencia de Chigorin,
quien demostró que los caballos
eran suficientemente potentes para
luchar contra los alfiles en su memorable partida con Lasker (Hastings, 1895).
Estimamos que atribuir el «olfato
ajedrecista» exclusivamente a los
momentos combinatorios y a los sacrificios empobrece el concepto de
«intuición ajedrecista». Por otra par-
te, es incorrecto identificar la intuición con la fantasía. Pues la fantasía del ajedrecista, la previsión de
futuros cambios en el tablero, no va
necesariamente acompañada de la
percepción «instantánea» de una
idea, porque, en el análisis de un
plan trazado, es posible un cálculo exacto o la comprensión de todas
las fases lógicas.
Asimismo, debemos tratar con
sentido crítico el juicio emitido por
Linder; si «toda partida es, del
principio al fin, un conjunto de deducciones unidas lógicamente unas
con otras», ¿dónde situar la conjetura y la búsqueda?
En suma, estimamos que el arte
del ajedrez es un trabajo intelectual
y consciente en donde hay, sin embargo, componentes inconscientes
que incluyen el pensamiento intuitivo del ajedrecista.
¿Cuáles son las particularidades
de la intuición en el ajedrez?
Primero: es necesario distinguir
la relativa rapidez con que se suceden las conclusiones intuitivas en el
juego.
Segundo: la intuición del ajedrecista tiene un carácter totalmente
voluntario, y cada movimiento es
una operación que incluye un fin
determinado, o sea, en unos casos
el ataque, y la defensa en otros; por
eso mismo, aquél no puede esperar
el momento favorable que le ilumine artísticamente o que le inspire,
como ocurriera con Arquímedes y
con Newton.
En todo instante, el ajedrecista
no necesita otra idea, por original
que sea, sino aquella que resuelve
una situación dada; y así, el valor
de cada conjetura que forma depende de su momento oportuno. Si la
idea de sacrificar la dama, en el
conocido encuentro Averbach-Kotov
(Zürich, 1953), se le hubiera ocurrido «instantáneamente» a su autor
unos movimientos después, habría
producido indudablemente un pesar
tardío. En el tablero se deben buscar
soluciones incansablemente, sin diferirlas para luego, y en ello ha de
ponerse cierto esfuerzo volitivo. Lo
cual produce, durante la partida, una
exclusiva tensión en los procesos
mentales.
Creemos necesario objetar a Blumenfeld, quien, en su artículo «El
carácter del pensamiento ajedrecista», dice que el pensamiento intuitivo es involuntario tras el tablero,
por cuanto los dos oponentes piensan normalmente. ¡Aceptar tal juicio significa desorientar infundadamente al ajedrecista, pues resulta
que no es necesario aspirar al logro
de un objetivo determinado, que la
«inspiración» vendrá de suyo!
Tercero: la conclusión intuitiva
acertada corre pareja con fuertes
emociones positivas, sensación de
placer artístico, segundad, triunfo.
Bronstein dice acertadamente: «La
intuición... ha dado al arte jdel ajedrez las más bellas combinaciones,
y ha permitido al ajedrecista sentir
el verdadero placer que proporciona
el arte.»
Cuarto: el carácter práctico y
efectivo del pensamiento en el ajedrez se manifiesta cuando el ajedrecista experimenta intuitivamente el
«sentido del momento»; «siente»,
por ejemplo, el instante en que toda
dilación significa la muerte, y debe
inmediatamente atacar, retirarse, sacrificar un peón, etc.
El «sentido del momento» se manifiesta en el ajedrecista que posee
un perfecto «sentido del peligro».
Kotov dice: «Prever el peligro vale
tanto como evitarlo, y es la garantía
del éxito en las competiciones. Esta
40
41
cualidad se apellida «sentido del peligro» en el ajedrez.»
Vamos a detenernos en las circunstancias que determinan la ma„.testación de las conclusiones intuitivas en el proceso de considerar un
movimiento. El acto intuitivo suele
seguir a un análisis lógico de la
posición en el tablero; en este aspecto, la intuición es secundaria respecto de la consciente búsqueda de
un movimiento. Sin embargo, el proceso del razonamiento ú t i l o el
cálculo preciso de variantes no siempre permiten el acto selectivo, porque el ajedrecista duda a menudo,
y presiente que no es satisfactoria
la continuación que le dicta el análisis lógico. La limitación de tiempo a que está sujeto el pensamiento
pone aún más de relieve la imposibilidad de ceñirse al rígido método
de las operaciones lógicas.
En momentos así se recurre a la
intuición. En este aspecto, el psicólogo Ponomariev dice: «El acierto de toda conclusión intuitiva depende de cómo se logre alejarse de
lo común, convencerse de la inutilidad de ciertos medios conocidos
antes y mantener el entusiasmo por
los problemas.»
El paso de la lógica a la intuición
causa un singular estado emocional
en que se observa una combinación
de emociones opuestas. Por un lado,
el ajedrecista no se siente satisfecho
del curso del análisis lógico (emoi iones negativas), y por otro mantivne la tendencia a la búsqueda o
ai interés en ella (emociones positiv \st.
\ tamos unos ejemplos que ilustran el carácter «secundario» de la
intuición.
Encuentro K r o g i u s - G e l l e r
(XXVH Campeonato de la Unión
Soviética).
Acerca del decimonono movimiento de las negras, Bronstein comenta:
«Estuve mucho rato pensándolo
—d i j o posteriormente Smislov—,
pues me tentaba tomar la torre;
cuanto más que no veía que las
blancas pudiesen ganar. ¡Quién desperdicia la ventaja de una torre!»
No obstante, y después de un prolongado análisis del movimiento 19.
..., PXT, las negras hicieron 19. ...,
PXP! Esto fue una conclusión intuitiva, ya que no era posible calcular
todas las variantes. ¡De esa manera,
primero se efectúo el análisis y, luego, se llegó a la conclusión intuitiva!
La conjetura que se ha formado
y la conclusión intuitiva vuelven a
los límites del análisis lógico, en el
cual se verifican. Acerca de esta
partida, Bronstein continúa diciendo: «La intuición no engañó a
Smislov, quien hizo el mejor movimiento, lo cual pudo comprobarse
en el análisis efectuado después del
encuentro.» Resulta que, luego de
19. ..., PXT; 20. 1>XP, T1R, las
blancas cortaban la retirada del rey
negro con 21. P4TD!
Por lo visto, puede decirse que las
formas lógicas del pensamiento son
la condición indispensable para manifestar la intuición y para determinar lo justo de la idea intuitiva. Las
conjeturas intuitivas del ajedrecista
toman cuerpo en los movimientos
y planes sobre el tablero, tras una
verificación más completa por medio
del análisis lógico. Sobre la necesidad de verificar toda conclusión intuitiva, el psicólogo M. Bunge dice:
«Ella (la intuición) puede predisponernos a favor de una teoría o método en perjuicio de otros procedimientos o teorías. Pero la sospecha
no es una demostración. La hipótesis fundada intuitivamente necesita ser estudiada conforme a la razón
Diagrama núm. 22
«Aquí se me ocurrió de pronto la
idea del movimiento C X P, tras haberme convencido de que varias
continuaciones lógicas no me satisfacían, por cuanto reforzaban la posición de las negras.»
Y así, p r o s i g u i ó 23. CXP,
T1T1AD; 24. D X P, T X P; 25. P3TD,
R2T; 26. T3CD, R3T; 27. A7C + ,
y las negras se rindieron.
Partida Keres- Smislov (Zürich,
1953).
Diagrama núm. 23
y, luego, verificada por los procedimientos usuales... La intuición no
nos dispensa de hacer una demostración exacta, o, por lo menos, muy
aproximada.»
Pudiera parecer que subestimamos
y empobrecemos la importancia de
la intuición. No es así. La intuición
es un importante componente del
pensamiento del ajedrecista, si bien
no se debe ponderar su significación;
no es una fuerza misteriosa, cuya
procedencia se desconozca y cuyas
sugerencias sean siempre precisas;
depende del consciente trabajo mental del ajedrecista, y se manifiesta
a través del análisis consciente y
lógico, por el cual se comprueba.
Se nos puede replicar diciendo
que hay casos en que la idea se
manifiesta intuitivamente después de
la respuesta del oponente. No obstante, nos parece que la posición
que se produce tras dicha respuesta
posiblemente se ha previsto con bastante precisión, y ha tomado forma
a modo de análisis lógico de la posición futura y como actividad de
búsqueda intuitiva en los movimientos precedentes.
En la intuición deben distinguirse
ciertas operaciones mentales, que el
ajedrecista realiza en cierto modo
«automáticamente» y que casi no
se perciben en el proceso del juego.
Por ejemplo: el conocimiento exacto
de una posición de un final de partida o una variante de apertura, simples procedimientos tácticos y técnicos. A consecuencia de múltiples
repeticiones, se produce cierto automatismo en la aplicación de tales
procedimientos; puede observarse
con frecuencia como la torre se sitúa detrás de un peón libre, los
peones se disponen en los escaques
de color contrario al de los del alfil
43
42
\
propio cuando apremia la falta de
tiempo, y así sucesivamente. En realidad, estas reacciones automáticas
son particularidades de la habitud
del pensamiento y se caracterizan
por su forma única; en ellas falta
el elemento creador.
En cambio, el contenido de los
procesos intuitivos es muy distinto.
La intuición es un proceso creador
cuando descubre cosas nuevas y originales; aunque su mecanismo procede, al parecer, de la comparación
de posiciones semejantes que el ajedrecista recuerda, esta comparación
no sirve, ni mucho menos, para repetir inconscientemente un modelo
conocido.
También conviene observar que es
difícil establecer una diferencia entre la parte lógica y la intuitiva del
pensamiento, porque las dos están
estrechamente ligadas en un proceso
único de percepción.
Hemos visto que la intuición no
es una misteriosa «revelación» de
arriba, sino un componente necesario y perfectamente definido del
pensamiento creador del ajedrecista.
Dado esto por sentado y existente,
prescribir diversos procedimientos
para acrecentar la capacidad intuitiva podría ser un asunto interesante.
Pero, ¿hay tales recetas?
Veamos el problema fundamental
que explica el mecanismo de la intuición; problema en que está muy
interesada la ciencia moderna. Intentemos analizar las presuntas circunstancias que originan las conclusiones intuitivas en el arte del ajedrez.
Primeramente, conozcamos las observaciones que Blumenfeld hace sobre la partida Bogoliubov - Mises
(Baden-Baden, 1925); observaciones
que, a nuestro modo de ver, son
interesantísimas.
44
Diagrama núm. 24
Diagrama núm. 25
M,., ^y
^v
I
s
«Esta posición se produjo tras el
vigésimo primer movimiento de las
negras. Bogoliubov halló la siguiente
combinación: 22. AXP, PXA; 23.
TXP+, RXT; 24. D6A + , R1C; 25.
T1C+, DSC; 26. TXD, PXT; 27.
P5A, lo que da a las blancas una
superioridad definitiva... Esta combinación requirió un minucioso cálculo y un avalúo correcto de la posición. Pero todo esto es cuestión
de técnica y experiencia.
»E1 valor fundamental de la idea
de esta combinación estriba en el
movimiento 22. A X p , pues el pensamiento puramente esquemático y
basado sólo en los principios generales no es capaz de concebirla; en
ella intervino indudablemente cierta
asociación. No se excluye la posibilidad de que a su hallazgo contribuyese, aunque de una forma inconsciente para el propio Bogoliubov, la conocida combinación que
Morphi hizo contra Bird (Londres,
1885).»
Veámosla.
(Véase diagrama núm. 25)
Sucedió 17. ..., TXPA; 18. AXT,
D3-3T!, con un ataque victorioso. •
Por tanto, el principio de la conclusión combinatoria intuitiva se explica por cotejo de una posición dada
con las ideas que la memoria retiene
de una experiencia anterior. En el
subconsciente proceso de comparación se manifiestan la diferencia y
los elementos de semejanza de la
posición presente con la pasada.
El mecanismo comparativo de lo
presente con lo pasado quizá permanece asimismo invariable en el
hallazgo de ideas intuitivas de orden
estratégico más general. En el encuentro Wittelky - Krogius (Sochi,
1967), las negras sacrificaron intuitivamente una calidad, apoyándose
en diversas impresiones anteriores
acerca del valor del alfil en la defensa india clásica.
Con todo, y a pesar de la supuesta
naturaleza común del principio de
las conclusiones intuitivas, en la
práctica se manifiestan de un modo
diferente e individual. Por ejemplo:
la intuición de Petrosian se diferencia esencialmente de la de Tal o
de Bronstein. ¿En qué consiste? Posiblemente en que la diversidad de
formas del pensamiento intuitivo se
deba al tipo de asociación en que
preferentemente se ai'oya el ajedrecista cuando medita sobre un movimiento o combinación. Esto nos
autoriza a admitir que unos ajedrecistas, en primer lugar y de un modo
subconsciente, tienen en cuenta los
elementos que engloban muchas posiciones, y por tanto confirman la
regla, mientras que otros hallan excepciones y momentos contrastantes con las reglas. Por tanto, en unos
casos actúa el mecanismo de asociación por semejanza, y en otros por
contraste. Aclaremos esta idea mediante unos ejemplos.
En el encuentro Geller-Keres (Zürich, 1953), tras los movimientos de
apertura 1. P4D, C3AR; 2. P4AD,
P3R; 3. C3AD, P4D; 4. C3A, P4A;
5. PXPD, PAXP; 6. DXP, PxP;
7. P4R, C3A; 8. A5CD, CXP; 9.
0-0, C3A; 10. T1R + , A2R, sucedió
11. D5R. Posiblemente esta idea no
llamó fortuitamente la atención de
Geller, pues un motivo análogo se
halla en su partida con Jolmov
(XVII Campeonato de la Unión Soviética), aunque en aquélla las negras lograron defenderse efectiva
mente con la maniobra T2TD, luego
del correspondiente avance de los
peones.
Volviendo sobre la partida en
cuestión, era más efectivo el movimiento 11. A X C + , PX A y, después,
12. D5R y la amenaza C4D. Keres
consiguió librarse de la atadura mediante 11
0-0! Y a 12. A X C
sucede 12. ..., A3D. Posiblemente,
Geller no hizo 11. A X C + porque
«formaría» intuitivamente otra asociación por semejanza con la partida
de dicho campeonato: «no cooperar
en ningún movimiento de los peones
adversarios del flanco de la dama,
por cuanto ello redunda en beneficio de las negras.»
Veamos la posición de la partida
Tal-Keller (Zürich, 1959).
45
Diagrama núm. 26
Puede asegurarse que todo ajedrecista que apoya su reflexión en ideas
halladas antes en posiciones análogas a ésta, habría proseguido más o
menos así: 14. C4TD, C2D; 15.
PXP, PXP; 16. C4D, 0-0-0; 17.
AXP.
Pero Tal' es distinto; su conclusión (seguramente intuitiva, por
cuanto no fue posible demostrar o
calcular con la debida precisión)
contrasta con una experiencia anterior y contiene una invitación directa a dicha experiencia. Hizo 14.
PXP!?; esto no es un caso excepcional en él. Sus partidas, con lo
que de pasada mencionamos el arte
creador de Lasker, Korchnoi y otros
maestros, están saturadas de hallazgos intuitivos que contradicen lo
que aprueba la experiencia anterior;
y así, resulta que la intuición está
en desacuerdo con ella misma, incluso en un tipo de juego y talento
equivalentes. Por consiguiente, cada
tipo de pensamiento intuitivo tiene
sus defectos y virtudes.
Pero, ¿cómo debe el ajedrecista
combatir los defectos de su «olfato»
y desarrollar las virtudes del mismo?
Ya que hemos hablado tanto de
que las conclusiones intuitivas dependen de la experiencia anterior,
la respuesta parecería muy sencilla:
analizad muchas partidas, leed más
artículos sobre teoría; de esa manera tendréis asegurada una buena
porción de aolfato ajedrecista». Pero
esto no es tan fácil en la realidad.
Capablanca se dedicó relativamente
poco al estudio del ajedrez, pero
poseyó en grado sumo la facultad
intuitiva; en cambio, los maestros
actuales tienen conocimientos enciclopédicos, pero temen a la intuición
y no saben confiar en ella.
Desde luego, los conocimientos
constituyen un logro meritorio; pero
lo importante no consiste en su amplitud, sino en la racional organización de los mismos.
Hemos dicho que la intuición se
basa en comparaciones y asociaciones; esto significa que es necesario
hallar la relación entre posiciones,
ideas y variantes aisladas, compararlas y tratar de descubrir lo fundamental que las une y distingue. La
experiencia anterior ha de elaborarse, comprenderse y generalizarse más
activamente.
Es preferible poseer una pequeña
suma de conocimientos, flexible, entendida y sistematizada a una enorme masa de factores aislados que
representan un s i n g u l a r capital
muerto ajedrecista. Pues leerse uno
tras otro los artículos de un diccionario enciclopédico no es el mejor
método para desarrollar el intelecto.
Capablanca tuvo una habilidad extraordinaria para comparar y descubrir lo común en las situaciones más
complicadas y contradictorias. Recordamos su relato de cómo aprendió a jugar al ajedrez:
«Al tercer día de observar el juego, mi padre, aficionado sin experiencia, movió un caballo de un
escaque blanco a otro del mismo
color... Tras haber ganado la partida, le dije que era un tramposo y
me reí de él. Después de una pequeña discusión..., le mostré cómo había
movido dicho caballo. Me preguntó
qué entendía yo de ajedrez y dónde
lo había aprendido. Contesté diciendo que si jugaba una partida conmigo se la ganaría. Dijo que eso era
imposible, pues seguramente no sabía
ni siquiera colocar las piezas. Nos
sentamos frente al tablero, y le gané
la partida. Este fue mi estreno en
el ajedrez.»
Sorprende que un niño de cuatro
años manifestase tanta capacidad a
los tres días de observar el juego;
advirtió la semejanza de los movimientos de las piezas, hasta entonces
desconocidas para él, y sacó conclusiones (conoció las reglas del juego,
y hasta adivinó que el caballo salta
de una casilla blanca a otra negra y
viceversa).
La manifestación de estas cualidades en su tierna infancia explican
la economía de su pensamiento y
su elevada intuición que posteriormente le dieron fama.
Se nos objetará diciendo que esto
no es un ejemplo típico, ya que el
gran ajedrecista cubano poseyó un
gran talento. Pero no vamos a discutir sobre la importancia del talento;
hemos citado un fragmento de su
biografía con el único propósito de
demostrar la grandiosa importancia
que tiene la eficaz y sintetizada actividad en adquirir conocimientos
ajedrecistas.
Y en lo relativo al acertado desarrollo de las aptitudes es necesario,
sobre todo, trabajar tenaz y organizadamente. Por ello, la intuición
puede y debe evolucionar, independientemente del grado de talento
natural, y se forma mejor mediante
un trabajo consciente y perseverante
en el cual se comparan, analizan y .
generalizan las partidas y los datos
teóricos. Por lo general, cuanto más
estrecha y profundamente están unidos los conocimientos anteriores,
tanto más abonado estará el terreno
para el desarrollo de la intuición.
46
47
LA ATENCIÓN
«¡Todo consiste en el reconcentramiento!»
Es fama que el ajedrecista tiene
una gran capacidad de reconcentramiento. Cuando comete un acto de
negligencia en su actividad laboral
cotidiana, se oye con frecuencia la
sincera exclamación: «¿Cómo puede
una persona capaz de calcular complicadas variantes no advertir cosas
tan simples como ésa?»
Por lo demás, está convencido de
poseer dicha capacidad; este convencimiento se manifiesta en muchos de nuestros colegas al considerar los descuidos e inadvertencias
como una circunstancia fortuita y
no característica del clan de los ajedrecistas. Pues es frecuente que, después de haber perdido una partida,
traten de demostrar no sólo con variantes, sino también con la expresión de su rostro, que han jugado
excelentemente, ¡y que, de no ser
por la fatal casualidad...!
Entonces, ¿son fortuitos los errores que no se pueden atribuir a la
poca experiencia o a los rudimentarios conocimientos del maestro?
Desde luego, no nos proponemos
negar el papel positivo que el ajedrez representa en el incremento de
la atención. La continuidad de los
cambios que se producen en el tablero y la obligación de calcular
toda posibilidad, por mínima que
sea, indudablemente favorecen a di48
cho incremento. Fijar la atención es
un ejercicio imprescindible para cosechar éxitos en las competiciones.
Y no extraña que N. Grekov, P.
Rudnik y otros autores afirmen justamente que el ajedrez es un medio
eficaz para combatir la distracción,
considerada como uno de los trastornos más graves de la atención. El
primero de ellos dice:
«La aptitud para concentrar, prolongada y profundamente, la atención en lo que sucede en el tablero
de ajedrez es una adquisición valiosa
para todo aquel que es propenso a
distraerse o a padecer trastornos en
la atención.
«Después de muchos años dedicado a observar este fenómeno, no
sería arriesgado afirmar que muchos
casos de brusca mengua de la distracción en los niños y adolescentes
coincide con el comienzo de su afición al juego del ajedrez, el cual
influye, sin duda, en la mentalidad
de ellos.»
Sin embargo, y a pesar del relativamente alto nivel de atención de
los ajedrecistas, los errores y descuidos trashuman de torneo a torneo; lo cual podría parecer incompatible con la clase de juego de sus
participantes. Realmente, esto no se
puede atribuir al desconocimiento ni
a la incomprensión. En efecto; ex-
presándose en el lenguaje de la cibernética, sería risible hablar de falta de información del maestro cuando no advierte, por ejemplo, que su
adversario le amenazará la dama en
el siguiente movimiento.
No siempre son convincentes los
intentos de explicar que tales hechos
se deben a la falta de tiempo o la
fatiga. Pero no ofrece duda de que
estos dos factores influyen bastante
en el descenso de la atención; con
todo, son más bien un terreno abonado para la comisión de yerros,
aunque poco nos aclaran sobre la
naturaleza de los mismos. Pues sería
injusto atribuir las causas de un delito a la oscuridad de la noche, al
mal tiempo, a la desolación del lugar y a otras circunstancias, por el
simple hecho de que ello contribuya
a crear una situación tan desfavorable a la víctima.
La clave del enigma de muchos
descuidos y errores, «inexplicables»
a primera vista, consiste, al parecer,
en estudiar las características de la
atención de cada ajedrecista; también estos defectos personales, y bastante típicos como podrá comprobarse, de la atención se manifiestan
por lo común y con más intensidad
en condiciones desfavorables; o sea,
en la falta de tiempo, en la fatiga,
etcétera.
En primer lugar, veamos cómo define la ciencia psicológica este concepto: Atención es el estado activo
de la mente e inseparable de todos
los procesos, mediante los cuales el
individuo verifica diversos aspectos
de su actividad. En igual medida, el
reconcentramiento es necesario, así
en la percepción como en la retención, reproducción y actividad del
pensamiento y la imaginación en
todas las etapas del acto volitivo:
proponer el objetivo, realizar la acción y verificar su cumplimiento. La
mención igualmente favorece a la
profundidad y estabilidad de las impresiones emocionales del sujeto, y
no se puede reducir a un proceso
psicológico aislado, pues el simple
reconcentramiento no basta para conocer una nueva variante de apertura ni levantar el ánimo combativo.
Por otra parte, la atención no da
ningún conocimiento ni produce
emociones, si bien es un necesario e
importante aliado de todos los procesos psíquicos, y proporciona a cada
uno de ellos una particularidad psicológica cuantitativa.
La atención se manifiesta estrechamente unida al pensamiento del
ajedrecista; esto da facultad para
hablar de la naturaleza intelectual
de ella. A la actividad ajedrecista
pueden incluirse sin reserva alguna
estas palabras de Juan Petrovich
Pavlov: «Todo consiste en el reconcentramiento. La regla fundamental
del pensamiento es fijar la atención.»
La del ajedrecista tiene, evidentemente, un carácter voluntario;
cada movimiento entraña un fin
determinado, y él aplica conscientemente los esfuerzos volitivos a profundizar en el trabajo y cumplir mejor el fin señalado. Los rasgos volitivos del carácter regulan el nivel de
la concentración. La intensidad, la
capacidad y la variabilidad de la
atención aumentan o disminuyen en
razón directa de la potencia y la dirección de los procesos volitivos.
La importancia de la voluntad como regulador de la concentración se
observa particularmente al comparar
la capacidad de pensar, durante la
partida, con el análisis efectuado en
casa; en ello, la diferencia de los
estados emocionales representa también un importante papel. En igualdad de tiempo, pensar en el transcurso de la partida resulta más efectivo, por cuanto en ella se determi49
nan con más claridad los objetivos
concretos de la lucha, y se observa
un mayor poder de las impresiones
emocionales.
Las emociones del ajedrecista ejercen una gran influencia en el grado
de atención. Se sabe que el enojo,
la desilusión y el temor impiden reconcentrarse y profundizar en el
análisis. Por el contrario, la confianza y el sosiego permiten mantener la vigilancia durante la contienda.
«El sosiego no es ni mucho menos
una cosa decorativa; la cabeza me
funciona mejor cuando estoy tranquilo. Por eso, he procurado desarrollar tal estado anímico; especialmente para participar en los torneos», dice Botvinnik en su libro
sobre el XI Campeonato de la Unión
Soviética.
«A más de esto, la atención se
manifiesta espontáneamente no sólo
al elegir un movimiento, sino también al saber observar los estados
psicológicos de los demás. La importancia de tal clarividencia psicológica es inestimable en la preparación del ajedrecista. ¡Cuántos errores se han cometido en el tablero
por no saber o no querer observar
el estado psicológico del adversario!
Un ejemplo de ello es la final del
XXIV Campeonato de la URSS, en
que el aspecto deprimido del gran
maestro Vasiukov, quien comúnmenmente es risueño y alegre, me confundió. Me causó la impresión de
estar disgustado por sus fracasos
precedentes; de importarle un comino el resultado de sus partidas siguientes; y de querer terminar cuanto antes el torneo. No comprendí
debidamente la conducta de este
maestro moscovita, por lo cual tomé
lo deseado por realidad. A consecuencia de esto, empecé con bastante
imprudencia la partida; pero advertí,
50
de súbito y con gran sorpresa, que
me enfrentaba no con un adversario
indiferente y desconcertado, sino con
uno que insistía en lograr la victoria.
Este error es imperdonable si se tiene
en cuenta que hace muchos años
que lo conozco, y más de una vez
me ha sorprendido la tenacidad con
que lucha hasta el final, especialmente con los que encabezan la clasificación, aun cuando le vayan mal
en el torneo.
Vasiukov llevó la partida con firmeza y precisión, y la ganó merecidamente. Tras esta derrota, perdí
la posibilidad de participar en el
torneo interzonal.»
Estos casos de inadvertencia psicológica pueden observarse en el
período de preparación y en el transcurso de una partida de competición.
Cuando el ajedrecista pierde su especial contacto psicológico con el
contrincante y deja de observar las
alteraciones del estado de ánimo de
éste, suele caer en la trampa. Se dice
que Najdorf es un especialista en
«cazar» a los oponentes confiados.
Ingeniosamente, Tal aprovechó la
insuficiente clarividencia psicológica
de Fischer (torneo de candidatos,
Yugoslavia, 1959). V. Vasiliev refiere
este episodio:
«Se produjo una situación en la
cual Fischer pudo haber puesto a Tal
en serios aprietos, con el movimiento de la torre. En aquel momento
dramático, el maestro soviético paseaba por el escenario...; de pronto,
y por el rabillo del ojo, advirtió que
el otro anotaba su movimiento, y
con cierta e incomprensible insistencia ponía el impreso en el lado de
la mesilla ocupado por él; evidentemente trataba de que éste mirase la
anotación. ¿Qué pretendía con ello?
Bueno; Tal miró el impreso, y vio
que Fischer había anotado el movimiento que le tenía tan preocupado.
¡Aquí comprendió que Fischer lo
sometía a pruebaI... ¿Qué hacer?
¿Fruncir el entrecejo? Pero eso no
haría más que confirmar lo que Fischer se proponía. ¿Sonreírse? Esto
podía contribuir a que se diese cuenta de la maniobra... Por ello, Tal
continuó paseándose con el rostro
serio como si tal cosa. Y entonces
Fischer, desconcertado por la inmutabilidad de su adversario, cayó en
su propia trampa... Estimó erróneo
su plan originario y movió otra
pieza.»
Pero este caso evidente no debe
confundir al lector. Porque no se
puede fiar por entero en la observación del estado de ánimo del adversario, por profunda que sea. Desde luego, es necesario observar su
comportamiento psicológico; pero
no debe considerarse como un medio
universal para competir en el ajedrez, no obstante ser un factor importante.
Volvamos sobre los problemas,
cuya descripción es más precisa. Nos
detendremos en el análisis concreto
de las particularidades de la atención que frecuentemente se presentan en la práctica. Las propiedades
fundamentales de la atención del
individuo son: intensidad, capacidad de reconcentramiento, estabilidad y variabilidad.
La intensidad es e) índice de reconcentramiento en un objeto, y la
premisa psicológica necesaria para
profundizar en la actividad ajedrecista. Puede suponerse que la indebida intensidad complica la sucesión
y sistematización del pensamiento
del ajedrecista y, por lo mismo, la
claridad con que se analiza la posición.
La capacidad es el número de objetos que la atención abarca en un
momento dado; esta cualidad carac-
teriza un amplio reconcentramiento
y permite determinar con mayor precisión la diferencia personal entre
los ajedrecistas; por ejemplo: diferenciar su capacidad de llevar mejor
el juego en uno de los flancos; en
todo el tablero, caso de abrirse el
centro, y así sucesivamente.
La estabilidad y la variabilidad
son las cualidades dinámicas de la
atención; la primera es la duración
del apoyo necesario que una fuerza
determinada presta a la meditación
útil, a la intensidad de la atención,
y no se manifiesta como un estado
estático, sino formando conjunto con
la variabilidad y las oscilaciones de
la atención. Estas oscilaciones representan d i v e r s a s distracciones,
producidas espontáneamente (ruido
en la sala de la competición, falta
de tiempo en la mesilla vecina, etc.).
El signo distintivo de la variabilidad es su carácter consciente; aquí
el reconcentramiento pasa intencionadamente a otro flanco, al cálculo
de otra variante, al avalúo de otra
amenaza. La variabilidad consciente
es el mecanismo fundamental de la
dinámica intelectiva en la actividad
del ajedrecista.
Hemos investigado las particularidades de la atención mediante el
análisis de partidas y comentarios
sobre ellas, la observación del curso
de las competiciones, y una serie de
otros experimentos. Se ha logrado
establecer, en los ajedrecistas, algunos defectos típicos en orden al grado de intensidad, capacidad y dinámica de la atención, cuyos casos
de alteración examinamos detalladamente, pues prevenirlos tiene un valor práctico muy importante. Asimismo, se ha tratado de relacionar
los defectos típicos citados arriba
con las particularidades individuales
de la actividad mental de cada ajedrecista.
51
Inestabilidad de la atención
Examinemos la situación de la
partida Kasparian-Mazel (VII Campeonato de la Unión Soviética).
Diagrama núm. 27
II
JÜ
1*1
justificase, el bando negro modificó
su plan tres veces en el transcurso
de seis movimientos; o sea, la atención pasó de una parte del tablero
a otra. Y así, las blancas obtuvieron
ventaja al término de 19. C2AR y
la subsiguiente ruptura P4R.
Ilin-Shenevski refiere un caso instructivo que le sucedió en el transcurso de su vida ajedrecista:
«Suele darse la circunstancia de
poder elegir entre dos planes de juego, y lo peor es tratar de realizarlos
a la vez, porque se produce una confusión de ideas, y no se lleva ninguno de los dos a feliz término.
Diagrama núm. 28
El juego de las negras podría consistir en los siguientes movimientos:
P4AR, P4R o bien P4AD. Al principio, Mazel polarizó su atención en
el lógico P4R, para lo cual hizo el
movimiento preparatorio 12. ...,
T1A1R.
Al cabo de 13. P3C, A2C; 14.
A2C, las negras modificaron repentinamente su plan; rehusaron su
primera idea, e hicieron 14. ..., C5R;
15. D2A, P4AR. Tras la realización
del nuevo plan P4AR, se aclara que
el movimiento 12. ..., T1A1R no fue
lógico.
Prosiguió 16. C1R, C2D3A; 17.
P3A, C4C; 18. C3D, P4AJ? ¡Otra
sorpresa! Las negras han vuelto a
modificar su plan, sin haber llevado
a término el iniciado anteriormente.
Como se ha visto, sin nada que lo
52
1*11
•Aquí (encuentro Ilin-ShenevskiGrigoriev, Moscú, 1919) se me ofrecieron dos continuaciones: una era
aprovechar la mala situación de la
torre negra, por medio de 1. A1A,
T5T; 2. D2R y la amenaza DSC, o
bien 2. A3D y los subsiguientes movimientos A2A o D2R en cuyo caso
las piezas del flanco de la dama ne-
gra se hallarían en una situación mente con rasgos del carácter, como
nada envidiable; y la otra consistía exceso de confianza en sí mismo e
en aprovechar el debilitamiento de irreflexión.
la apertura del peón negro 4D, meLa inestabilidad de la atención
diante 1. P4A, P3CR; 2. P4C y, lue- está relacionada con ciertas particugo, P5A. Pero las dos continuaciones laridades del pensamiento; aquí, el
se fusionaron, e hice 1. P3T? (este ajedrecista cree mayormente en la
movimiento es totalmente ineficaz, valoración general intuitiva o en la
ya que el alfil negro no puede situar- «visión» momentánea de variantes,
se en el escaque 5CR, debido a la lo cual es contrario al análisis lórespuesta AXP4D), P4CD; 2. P4A
gico y circunstanciado. Es cierto que
(tras haber perdido un valioso tiem- este modo de jugar comúnmente
po, opté por la segunda continua- libra de la falta de tiempo; pero no
ción, aunque ya era demasiado tarde es menos cierto que reduce el diapara poder llevarla a término), P5C; pasón artístico.
3. PXP, PXP; 4. A1A (he aquí la
Posiblemente la causa primaria de
primera continuación o, por mejor
decir, una parodia de ella), P X A; 5. estas insuficiencias estriba en la naAXT, DXA; 6. PXP, AXP, y den- turaleza del carácter individual.
tro de unos movimientos hube de ¿Qué hacer para superarlas? Cultivar la decisión y firmeza en orden
rendirme.»
a la elección de un movimiento.
A estas palabras de Ilin-Shenevski Esto trae a la memoria lo que Bronsdebe añadirse que el insuficiente retein dice: «A menudo, realizar un
concentramiento en cada una de
plan defectuoso es más conveniente
dichas continuaciones y la excesiva que pasar brusca e inmotivadamente
rapidez con que se pasó de una a de una idea a otra.»
otra y viceversa produjeron la disPodrían darse algunos consejos
persión o fragmentación del curso
para incrementar la estabilidad de
de los procesos mentales.
Por tanto, la inestabilidad de la la atención. A nuestro modo de ver,
atención se manifiesta cuando el pen- lo apropiado sería leer trabajos ajesamiento pasa apresuradamente de drecistas y solucionar composicioun punto a otro de la posición, y nes sin la presencia del tablero, y
hace que se carezca de la continui- también jugar partidas de preparadad necesaria para poder tomar una ción con los ojos vendados; esto
conclusión útil; por consiguiente, último eleva el grado de reconcense altera la sucesión en el juego, los tramiento en la postura de las piezas
planes e ideas se mezclan y se rea- y en cada idea que va surgiendo en
el transcurso de la partida. La reprelizan desacertadamente.
La inestabilidad de la atención se sentación mental es menos viva que
caracteriza por la renuncia a buscar la percepción visual, y, sin embargo,
las posibilidades originales y encu- eleva la facultad de verificar toda
biertas que pueda ofrecer la posi- conclusión tomada y exige reflexioción. En ello, el ajedrecista suele nar con exactitud y ordenación.
Mi experiencia me faculta para
tener fe en el avalúo o cálculo primero, no obstante ser a las veces aconsejar que durante la partida se
superficial, por parecería que todo es formulen mentalmente las siguientes
sencillo y claro; esto hace que la preguntas: ¿Me habré precipitado
inestabilidad se combine frecuente- en valorar la posición, el plan o la
53
idea? ¿Habré terminado demasiado
pronto el análisis de la variante? Y
así sucesivamente.
Los renombrados consejos de Kotov tienen importancia pedagógica;
pues él propone analizar una posición complicada, sin mover las piezas
y empleando veinte o treinta minutos en ello, como medio para ejercitar la visión combinatoria.
TXP+?; 54. A XX, C6A-K+??!!
Este último movimiento se efectuó
en la partida; con gran confusión,
Romanovski dijo a su competidor
que tenía atado el caballo: «Al principio no entendió lo que le decía;
comprendió su error cuando le señalé la diagonal 1TD-8TR con la mano, y volvió el caballo a la casilla
4R.»
¡Las negras fijaron la atención
en una estrecha parcela del tablero,
de modo que lo demás dejó de existir para ellas! Esto produjo el curioso caso de faltar a las reglas del
juego del ajedrez.
La estrechez de la atención es
particularmente peligrosa cuando hay
posibilidad de emprender acciones
por todo el tablero. Con razón se
dice que lo más difícil es jugar en
ambos flancos.
Lo cual ilustra esta posición del
encuentro Zaitsev-Schabanov (Krasnoiarks, 1959).
Estrechez de la atención
Alekhine, Botvinník y otras autoridades ajedrecistas opinan que el
jugador no puede abarcar simultáneamente todas las complejas y recíprocas relaciones de las piezas;
separa mentalmente una parcela del
tablero, un grupo de piezas, una variante aislada o un plan, en calidad
de principal objeto de la meditación.
«El ajedrecista no presta atención a
ciertas piezas; en sus cálculos participan de tres a seis de las veinticinco o treinta de que dispone», dice
Botvinnik.
De esa manera, es psicológicamente comprensible y explicable que sea
necesaria cierta estrechez de la atención del ajedrecista; cierta división
mental del tablero en parcelas principales y secundarias.
La elevada variabilidad de la aten
ción no es un defecto si se ejerce
dominio sobre ella, ya que no se observa ninguna disconformidad entre
la tendencia a meditar debidamente
sobre una vanante y a saber cuándo
es necesario y oportuno poner la
atención en otro objetivo.
Pero el ajedrecista está a veces tan
sumergido en una idea determinada
que no puede apartarse de ella. La
insuficiencia de dominio de sí mismo
estabiliza la estrechez de la atención;
limita la amplitud del pensamiento;
conduce a un avalúo no objetivo dé
la posición, y hace que se cometan
errores.
Para citar un ejemplo veamos un
fragmento de la partida Romanovski-Kasparian (Leningrado, 1938).
Diagrama núm. 29
i
»
riantes: 25. ..., PXC; 26. PXP+,
RXP; 27. T1C + , R2A; 28. DXC,
con un ataque contundente, o bien
25. ..., P5R; 26. P X P + , RXP; 27.
TXP, TXT; 28. DXT, PxC; 29.
D4C + , lo cual situaba a las blancas
en una posición muy activa.
Pero Schabanov contestó con 25.
..., DXP+J ¡Esto es una fuerte e
inesperada réplica en el otro flanco!
Las blancas, sumergidas en la idea
de atacar contra el rey, ignoraron
totalmente la existencia de la otra
mitad del tablero. Prosiguió 26.
DXD, TXD; 27. C5C + , PXC; 2*.
PXP+, RXP; 29. RXT, P6C; 30.
P5A, P5R; 31. P6D, PÍSR; 32. P7D?,
T1C+; 33. R2A, PXT; 34. T8R,
P7C, y las blancas se rindieron.
Un caso parecido ofrece Ilin-Shenevski al citar un ejemplo de la
partida Alekhine - Blackburn (San
Petersburgo, 1914).
Diagrama núm. 31
Diagrama núm. 30
Las perspectivas del bando blanco
son poco prometedoras; tiene un
peón de menos, y está sometido a
un fuerte ataque del adversario, que
puede ganar de varias maneras la
partida. Sin embargo, Kasparian decide dar mate con el fin de terminar
pronto la contienda, para lo cual
polariza su atención en formar una
red de mate con ayuda de la dama y
el caballo. Esta idea lo absorbe hasta
el punto de no advertir la postura
de las demás piezas; el objeto de
su atención es la parcela del tablero
limitada por la línea 5T-5C-6A-8R.
Prosiguió 52. ..., D8R+ (aquí
anunció Kasparian dar mate dentro
de t r e s movimientos); 53. R2.T,
Los acontecimientos se desarrollaron así: 24. P4C, PXP; 25. P5T.
¿Cómo deben continuar las negras?
Según Friedstein, participante en el
posterior análisis de esta posición,
Zaitsev examinó las siguientes va-
54
«Aquí hizo Alekhine 1. C2D, a lo
que sucedió 1. ..., D4T; 2. P4TD,
P3TD, y se pierde el alfil blanco.
Tras lo cual le pregunté:
>—¿Cómo ha podido tener semejante descuido?
«Contestó:
55
I
»—Pues muy sencillo; he olvidado
la existencia de este alfil.
•Olvidar la existencia de ciertas
piezas propias es un fenómeno bastante frecuente.»
En este ejemplo, las blancas fijaron la atención en operar activamente por el centro, para lo cual la
movilización del caballo cautivó el
ánimo de Alekhine; tanto que olvidó
por entero el flanco de la dama.
A par de los ejemplos que acabamos de ver, en que el objeto de la
atención ha sido un plan o una combinación, se dan frecuentemente casos de polarizar en un movimiento
aislado; sobre todo si éste forma
parte de una acción ofensiva o defensiva inmediata.
Ello produce un singular estado
de engaño a sí mismo, pues se estima
forzosa la defensa de una pieza, o
retirada, cuando es atacada, sin que
se tengan en cuenta otras posibilidades. En tales casos, los límites espaciales de la atención son muy reducidos; tanto que a menudo se
limitan a unas casillas.
Esto puede verse en la posición
de la partida Jodos-Sergievski (Voronesh, 1959).
Diagrama núm. 32
Las negras hicieron 19. ..., P5C?
en lugar de 19. ..., PXP, con mejor
juego. No ofrece duda de que Sergievski tuvo en cuenta solamente la
respuesta 20. C1CD, lo cual era ventajoso para su posición tras 20. ...»
T1A1D, y polarizó en esta continuación, que, a primera vista, parece
forzosa.
Los escaques 4TD y 5D blancos
y las otras parcelas del tablero rebasaron los límites de la atención
de las negras, por cuanto a su modo
de ver no resolvían el problema de
la salvación del caballo situado en
3AD.
Por ello, la brillante respuesta de
Jodos, 20. C4T! fue inesperada para
Sergievski. El sacrificio de este caballo ofreció la posibilidad de un
fuerte ataque. Prosiguió 20. . . . ,
CXC; 21. D7D+, C2R; 22. D6R,
P4T; 23. P4CR, C4D; 24. D7D+,
C2R; 25. PXPT, D4A; 26. D6R, y
las blancas ganaron pronto la partida.
En el encuentro Sokolski - Ilin Shenevski (Leningrado, 1937) se
produjo esta complicada posición.
Diagrama núm. 33
III*
i*|
mm
Itl
tol
Sokolski dice: «En esto hice 25.
P5T?, inducido por las variantes 25.
56
..., DXPT; 26. T1T, DSC; 27. T X P I
y no se puede contestar con 27. ...,
R X T , porque sucede 28. C5C + , o
25. .... C5A + ; 26. AXC, P X A j 27.
T1TR, PXP; 28. T4T. Por un ofus
camiento incomprensible, ni IlinShenevski ni yo nos dimos cuenta
de la simple respuesta 25. ...,
C X P + , tras lo cual las blancas habrían tenido que rendirse.»
Hemos visto otro caso de estrechez de la atención en que el análisis mental abarca sólo dos posibilidades: la toma del peón atacante
y la lógica retirada del caballo, como
si no existiese una tercera posibilidad; o sea, el fuertísimo contragolpe de las negras que decidía inmediatamente la partida.
Al estabilizarse la estrechez de la
atención, no se advierten a menudo
los llamados movimientos «intermedios», ni otras inesperadas réplicas
del adversario en las parcelas «secundarias» del tablero.
En los ajedrecistas, cuya estrechez
de la atención suele ser estable, hemos podido observar un relativo
atraso en comprender la dinámica
de la lucha en el tablero comparado
con su elevada capacidad de analizar
profunda y detalladamente una idea
o una variante. Posiblemente, tales
ajedrecistas tienden en parte a un
exceso de escrupulosidad, o lo que
es lo mismo, a comprender más y
mejor la idea que les atrae.
Las partidas rápidas pueden ser
un medio eficaz para combatir tal
defecto. Porque la rapidez con que
cambian las situaciones en esta suerte de juego impide extremar la profundidad en el análisis de un plan
determinado, pues los problemas se
plantean continuamente en todo el
tablero y exigen que la atención varíe constantemente.
Por otra parte, y remitiéndome a
mi práctica de preparador, estimo
oportuno aconsejar que las sesiones
de juego simultáneo con limitación
de tiempo (jugar contra ocho o diez
tableros, disponiendo de cuarenta a
sesenta minutos para efectuar cuar e n t a movimientos) contribuyen
efectivamente a aumentar la capacidad de la atención.
Igualmente ha dado buenos resultados el siguiente ensayo: se mostró
a un grupo de ajedrecistas de primera categoría y aspirantes a maestro posiciones complicadas; después
de haber pasado la vista por ellas
durante unos veinte segundos, se
retiró el tablero, y se les pidió que
estableciesen mentalmente la posición y diesen por separado la característica general de la lucha en uno
y otro flanco.
Dispersión de la atención
Con este término se designa la
excesiva amplitud de la atención, o
tendencia a abarcar lo inabarcable
en el tablero; desparramar su «poder» por los incontables elementos
de una posición complicada menoscaba el reconcentramiento en la parte principal y decisiva de la lucha, y
dificulta valorar la situación. Esto
hace que las ideas, dirigidas hacia
el análisis de numerosas variantes
concretas, se dispersen con frecuencia, y la consideración sobre el planteamiento general y estratégico pase
al plano posterior.
Tal entusiasmo por los momentos
concretos, en detrimento de las consideraciones generales, es la causa
57
de que no se adviertan los principales indicios determinantes de la posición, maduren las circunstancias
favorables a la falta de tiempo y se
valore la posición sin la debida objetividad, por cuanto se incurre en
exceso de pormenores.
Conviene subrayar la diferencia
esencial entre las particularidades
de la inestabilidad de la atención y
su excedente variabilidad cuando
aquélla se pulveriza. En el caso de
inestabilidad de la atención, el pensamiento pasa consecutivamente de
un objeto, importante en un momento dado, a otro; y en el de pulverización se observa una tendencia a
abarcar toda la diversidad de detalles de la situación que se produce,
mediante un acto simultáneo de percepción.
Tal describe justamente el estado
de pulverización de la atención en
el comentario que hace sobre la novena partida de su encuentro con
Botvinnik (Moscú, 1960).
Diagrama núm. 34
l+l
lil
rar
«Así que 4a torre del rey negro
neutralizó la presión que las blancas
ejercen en la vertical R, pudieron
darse por superadas las dificultades
58
fundamentales del bando negro...
Aquí quise distraerme un poco. En
el transcurso de la contienda, las
ideas de los oponentes discurren de
modo distinto. Muchos ajedrecistas,
particularmente los de la nueva generación, se ocupan fundamentalmente en hacer cálculos durante las
cinco horas que dura el juego, y su
trabajo en el proceso de la partida
se reduce más o menos a esto: si
hago eso, él hará eso otro, etc.
¡Cuánto esfuerzo...! Para ilustrarlo,
quisiera insertar el diálogo que sostuve con Botvinnik después de la
partida. Cuando empecé a desembuchar cual una ametralladora las variantes calculadas en el discurso dt;
la partida que demostraban la buena
posición de las negras, Botvinnik
respondió: «Al principio, esta posición me pareció ser lo más conveniente a las blancas; pero luego descubrí un plan eficaz, consistente en
cambiar las torres y conservar las
damas». En principio, esta valoración me pareció totalmente abstracta; pero en cuanto volví a analizar
las numerosas variantes de referencia, hube de aceptar que la opinión
de Botvinnik era justa.»
Lo curioso es que Tal cometió un
error decisivo en la fase posterior
de la partida, pues, sumergido en
un mar de variantes concretas, no
advirtió la principal idea estratégica
de esta compleja posición: el cambio de torres era desventajoso a las
blancas. Pudo haber hecho 21. P4AR
y 22. T5R, formando un puesto avanzado en la crítica vertical R; pero
esta posibilidad se le escapó a su
penetración, seguramente por estimar demasiado costoso profundizar
en las operaciones sólo por dicha
vertical.
En este aspecto es instructivo el
comienzo de la partida Lein-Stein
(Tbilisi, 1966): 1. P4D, C3AR; 2.
C3AR, P3D; 3. C1C2D, A5C; 4.
P3A, P3A; 5. D2A, C1C2D; 6. P3R,
P4R; 7. PXP, PXP; 8. A4A, A2R;
9. 0-0, 0-0; 10. T1R, D2A; 11.
P3TD, P4CD; 12. A2R, P4TD; 13.
P3CD, C4A; 14. P4C, C5T; 15. P4R,
T1T1C; 16. P4A, PTXP; 17. Al A,
T1-1A; 18. PAXP, PXP; 19. DXD.
TXD; 20. CXP, A3R; 21. C3D,
P6C.
Diagrama núm. 35
El estado de las blancas causa
una impresión deplorable. Si se analizan los movimientos efectuados por
Lein, es fácil advertir que cada uno
de ellos no parece desacertado y
concuerda con la resolución de un
problema concreto; pero careció de
un plan general de juego.
La falta de tal supone la dispersión o fragmentación de los procesos del pensamiento y la atención.
En el caso que acabamos de ver, la
causa principal del trastorno de la
atención de las blancas ha de atribuirse, por lo visto, al estado emocional de Lein. Pues el resultado de
esta partida suponía mucho para él;
caso de ganarla, puede darse por
seguro que hubiese participado en
el torneo interzonas. Su extraordinaria atención estuvo ausente en
este encuentro. La dispersión del
curso de las ideas y la pulverización
de la atención recibieron su rápido
y merecido castigo.
Los casos de dispersión de la atención nos recuerdan en parte a los
computadores electrónicos, c u y o
funcionamiento se basa en la selección de variantes. Este ingenio calcula mucho y con rapidez; pero no
puede distinguir lo principal de lo
secundario.
Desde luego, dicha dispersión quebranta lo sistemático del proceso
creador del ajedrecista, y éste no
puede formar el plan estratégico
único que constituye, desde el principio hasta el fin, la partida de ajedrez.
El desarrollo de la capacidad taxativa del ajedrecista es un medio eficaz para superar la dispersión de la
atención. Por ello, al analizar una
posición en todo trabajo de adiestramiento, conviene ante todo hallar
una respuesta clara a la pregunta
«¿qué hacer?» y no a la «¿cómo
hacerlo?»
Un ejercicio práctico es la solución de posiciones sobre el tema
«Hállese un plan para las blancas o
para las negras». Por desgracia, los
manuales de ajedrez carecen de tales
problemas, salvo los de Lisitsin.
En mi trabajo docente con ajedrecistas de primera categoría he practicado el procedimiento de valorar
rápidamente posiciones; los asistentes debían fundar sus deducciones
e indicar las principales ideas tácticas y estratégicas de la posición en
el transcurso de tres a diez minutos.
Los primeros intentos en este sentido arrojaron un resultado positivo;
pues los más propensos a dispersar
su atención en toda suerte de menudencias empezaron a meditar con
bastante disciplina, hasta el punto
de tener que combatir el extremo
59
opuesto, es decir, la tendencia a
solucionar toda posición por medio
de deducciones exclusivamente lógicas.
El estudio de la obra de Rubinstein, Capablanca, Botvinnik, Smislov
y Petrosian puede ser muy útil para
combatir la sobredicha dispersión.
En sus partidas se advierte con claridad que la atención está orientada
hacia un objetivo determinado, ya se
trate de un plan estratégico de largo
alcance o de una breve operación
para mejorar la postura de una pieza.
Particularidades individuales de la atención
Al investigar estas particularidades, ha de tenerse en cuenta que el
carácter selectivo del reconcentramiento depende de los conocimientos, la experiencia y el punto de
vista estético del ajedrecista, cuya
esencia y propiedad de carácter, propensión e interés contribuyen considerablemente a orientar la atención.
Vamos a especificarlo.
Diagrama núm. 36
• 11*1
*•*
La atención depende de los
conocimientos teóricos
y de la experiencia
Y suele fijarse en un elemento de
la posición o pasar a otros elementos movida por el conocimiento y
la experiencia; o sea, por el hallazgo
de una semejanza entre posiciones
conocidas antes y la presente en el
tablero. La experiencia viene a ser
un semáforo para la atención del ajedrecista: la «luz verde» señala recuerdos agradables, y la «roja» indica el peligro que entraña la asociación de dificultades halladas anteriormente.
Veamos a modo de ejemplo la fase
de la apertura del encuentro WinterCapablanca (Hastings, 1919).
(Véase diagrama núm. 36)
La idea de excluir el alfil blanco
del teatro de las operaciones, mediante los movimientos P3TR y
60
P4CR, cautivó la atención de Capablanca. Prosiguió 8. ..., P3TR; 9.
A4T?, P4A; 10. C5D?, P4CR; 11.
CxC+, DxC; 12. A3C, A5CR;
13. P3TR, AXC; 14. DXA, DxD;
15. PXD, P3AR.
«Basta dar una ojeada al tablero
para ver que las blancas tienen prácticamente un alfil de menos», escribe Capablanca.
Posiblemente, al maestro cubano
fijó la atención en las operaciones
del flanco del rey, por asociación
con una serie de partidas precedentes en que él realizó ideas semejantes a la antedicha; esto puede verse
en los primeros movimientos de la
partida que jugó con M o r r i s o n
(blancas) en Nueva York un año
antes: 1. P4R, P4R; 2. C3AR, C3AD;
3. A5C, P3D; 4. C3A, A2D; 5. P4D,
PXP; 6. CXP, P3CR; 7. C3A, A2C;
8. A5C, C3A; 9. D2D, P3TR; 10.
A4TR?, 0-0; 11. 0-0-0, T1R; 12.
T1T1R, P4C!; 13. A3C, C4TR; 14.
C5D, P3T, y el alfil blanco 3CR no
participa en las operaciones.
Indudablemente, los conocimientos regulan en cierto modo la atención del ajedrecista; pero estimamos necesario advertir que lo mejor
para regularla son aquellos conocimientos que han sido suficientemente comprendidos.
Esto confirma una vez más lo provechoso que es analizar las partidas
propias, y hacerlo pormenorizando
y con sentido crítico a fin de descubrir los cambios bruscos de la contienda y los errores cometidos en
ella. Korchnoi indica que el análisis de las partidas propias ha de
hacerse como si fuese un trabajo
para publicarlo.
Por desgracia, en muchos ajedrecistas no se observa este detalle;
en el mejor de los casos, los textos
de sus partidas están cubiertos de
polvo en los estantes de su librería
esperando ser objeto de un estudio
crítico
Es claro que también debe conocerse la experiencia de otros ajedrecistas; en este aspecto, el cuadro
parece más favorable. Pues se estudian los artículos teóricos y las partidas de los maestros destacados;
sin embargo, también aquí se recuerda con facilidad toda partida rápida
que aparece en las colecciones de
partidas de torneo, aunque falta el
análisis serio. Nos parece que los
partidarios de tal procedimiento rápido no adquieren conocimientos
con ello, sino el defecto de la atención dispersa.
La comprensión del material estudiado es más efectiva si se gene-
raliza verbalmente. Pues la palabra,
incluida la referente a las posiciones en el ajedrez, permite comparar
y distinguir mejor lo principal; hacer
deducciones prácticas. La formulación verbal de muchos acontecimientos ajedrecistas ofrece la posibilidad
de alcanzar un nivel de cálculo puro:
«yo por ahí y él por allá; yo de
nuevo por ahí, etc.». Lo cual es muy
importante para el desarrollo de la
capacidad taxativa.
Desde luego, no pretendemos negar la importancia de las imágenes
visuales en el estudio de la experiencia anterior; sólo queremos decir
que el recuerdo visual y el mental
deben desarrollarse con armonía y
simultaneidad.
El experimento realizado por nosotros con un grupo de diez ajedrecistas de primera categoría y candidatos a maestro confirma la importancia que la noción visual tiene
para el acto de fijar la atención. A
dichos ajedrecistas se les dijo que
valorasen la posición y formasen un
plan de juego en una variante de la
defensa india clásica que les era familiar. En el tablero se introdujo un
detalle nuevo y, al parecer, insignificante: se cambió el color de las
piezas y peones, pero sin variar la
posición que ocupaban.
Aunque el sentido de la posición
no varió, los resultados del ensayo
fueron inesperados; en el transcurso
de él, que duró unos quince minutos, la mayor parte de los sometidos a prueba no llegó a comprender
claramente la equivalencia de las
dos posiciones, y formó planes poco
frecuentes y desacertados. Con ello
quedaba comprobado de nuevo que,
en el arte del ajedrez, el conocimiento de la posición tiene armonía y consonancia con el acto de la
percepción de la misma,
61
La atención depende
de la corriente artística
Cada ajedrecista tiene su rasgo
personal. En el arte se distinguen
grupos de caracteres semejantes que
forman lo que llamamos estilo.
A pesar de haber varios estilos,
muchos ajedrecistas se hallan bajo
la influencia de la corriente artística que está de moda.
De esa manera, y en su día, la
doctrina de Steinizt, los puntos de
vista de Tarrasch, las ideas de Capablanca y de otros grandes maestros
influyeron en el repertorio de aperturas y en los procedimientos técnicos empleados por muchos ajedrecistas, de diversos estilos, coetáneos
suyos.
Hoy en día ocurre más o menos
lo mismo cuando en la apertura de
la defensa india clásica y de la siciliana, y particularmente en el medio
juego, predominan las populares y
típicas posiciones con presión dinámica en el centro o con asalto de
peones a la fortaleza del rey, mediante el apoyo flanqueado del alfil.
Por ello, y según nuestras observaciones, en la actual fase evolutiva
del ajedrez hay numerosas posiciones con estructuras de peones simétricas en el centro (para citar unos
ejemplos señalamos las que se producen en la defensa ortodoxa y la
eslava) que se hallan al margen de
la atención de muchos ajedrecistas
y que se desestiman por considerarlas aburridas, y hasta conducentes a
un simple empate; en cambio, se
atiende a estructuras de piezas más
«modernas».
¡No es un tributo a la moda!
A este particular, es significativo
lo que cuenta el gran maestro Taimanov acerca del seminario para
jóvenes maestros que dirigió el año
62
1967; señala que seis ajedrecistas
de diversas tendencias artísticas desatendieron posibilidades análogas a
las arriba citadas, buscaron con interés y hallaron en las partidas ideas
tácticas y estratégicas más modernas
que se emplean últimamente.
La atención depende del punto
de vista estético
Un bello sacrificio y una idea extraordinaria, comúnmente llaman la
atención de los ajedrecistas de diversos estilos; en ello se observan
ciertas dificultades al pasar la atención de una variante efectista a
otra prosaica, aunque sea más eficaz; esto se debe a la enorme influencia que los momentos estéticos
ejercen en el jugador. A la vez, se
exige un serio esfuerzo volitivo, lo
cual suele observarse en los ajedrecistas con mucha imaginación, a fin
de desestimar una maniobra más
efectista, pero menos eficaz, y optar
por la simple prosa que lleva más
pronto al objetivo propuesto.
Muchos maestros parecen estar
convencidos de que lo racional es
la belleza suprema en este arte; sin
embargo, en su interior alienta el
sentimiento de que sacrificar la dama y ganar dentro de cinco movimientos es preferible a lograr la
victoria sin complicaciones y dentro
de cuatro, por ejemplo.
Posiblemente, esta idea se debe
a la prolongada y extensa publicidad en favor de los sacrificios y
riesgos en el tablero de ajedrez; sin
duda, la idea en cuestión es discutible. Pero qué se va a hacer si el
romanticismo sigue oponiéndose al
realismo en la literatura ajedrecista.
Veámoslo en el siguiente fragmento de la partida Krogius-Kuznitsov
(Essentuki, 1962).
Diagrama núm. 37
movimiento C2D era más defensivo);
28. CXP, PXP; 29. C5C+, R3C;
30. A7A + , R4A; 31. T5R + , R X P ;
32. P3C + , y las negras se rindieron.
La tensión depende de las
características del juego
del adversario
La actividad ajedrecista supone
meditar sobre la posición propia y
a la -vez pronosticar la dirección del
pensamiento del competidor. La
elección de cada movimiento plantea la siguiente pregunta: ¿Qué
piensa el contrincante, y qué pretende?
Por eso, la atención del jugador
debe estar gobernada por el conocimiento de los lados fuerte y flaco
del oponente y por la penetración
en las particularidades de su estilo.
Ofrecemos la ejemplar opinión de
Larsen sobre la siguiente posición
de una de sus partidas del encuentro
con Ivkov (Bled, 1965).
Las blancas tienen muchas posibilidades. El simple movimiento 14.
R1T y el subsiguiente P5A les dan
la victoria. Pero ¿a qué ajedrecista
no le da un vuelco el corazón cuando ve la posibilidad de sacrificar la
dama? El bando blanco fijó la atención en su casilla 4D; las demás
posibilidades (R1T) flotaron en el
pensamiento, y se esfumaron en seDiagrama núm. 38
guida. También a mí me dio un
vuelco el corazón, e hice 14. DXA.
Aunque no me cuento entre los partidarios de la tendencia romántica,
los momentos estéticos se apoderaron incomprensiblemente de mí en
esta partida. En resumen, las blancas
I
ganaron, si bien no por el medio directo. Como se ha dicho, el movimiento 14. R1T daba inmediatamente la victoria. La partida prosiguió 14. ..., CXD, 15. C6D+, RÍA;
16. CX A, D5T; 17. P3CD, CXP;
18. PXCl (este nuevo sacrificio también contribuyó a la elección del
decimocuarto movimiento de las
blancas), DXT; 19. A3R, D7C; 20.
A X P + , P3D; 21. A X P + , R1C;
Aquí hicieron las blancas 15. C5D,
22. C7R+, RÍA; 23. T1R!, P4TR; a lo que sucedió 15. ..., DXP.
24. C6C + , R1C; 25. T8R + , R2T;
Como se ha dicho, la atención es
26. CXT, D5D+; 27. RÍA, P3T (el un proceso selectivo; es la tría de
63
ciertos objetos, a fin de reconcenEn su segundo encuentro con Tal
trarse en ellos y abstraerse de los (Moscú, 1961), Botvinnik orientó
demás. En el presente caso, la aten- con acierto su atención, cuyo sisción de Larsen estuvo orientada tema «localizador» se fijó principalhacia el cálculo de la posición des- mente en el cálculo de las posibilipués del cambio de damas, mucho dades tácticas y agresivas de su comantes de que el bando blanco pen- petidor.
sase hacer 15. C5D. El lector se preEn la práctica pueden verse muguntará: ¿Y por qué no lo estuvo
hacia el movimiento 15. ..., DXP? chos casos de acertada tendencia de
Sobre la posibilidad de dicho mo- la atención hacia posibles respuestas
vimiento, Larsen dice: «Ivkov no del adversario, condicionadas por
acostumbra tomar tal peón; estuve las particularidades del estilo. Lo
convencido de ello; por eso no ana- cual ilustra el juego de Spasski en
licé las consecuencias de este acep- sus encuentros con Geller (Sujumi,
table movimiento. jHay que ahorrar 1968) y con Tal (Tbilisi, 1965).
tiempo en la meditación! >
Podría decirse que hemos analiDe ese modo, Larsen no profun- zado detalladamente las particularidizó en el cálculo de las variantes dades individuales de la atención
relacionadas con 15. ..., DXP. Lo del ajedrecista. Es importante la precual ha de atribuirse al conocimiento gunta metódica y práctica: ¿Cómo
de las características del juego de relacionar las particularidades de reIvkov, que tiene por norma no acep- ferencia con los varios estilos de
tar el sacrificio de los peones del juego?
extremo del tablero, aun cuando
Al parecer, no se puede dar una
tenga que ceder la iniciativa a su
respuesta concreta. Porque en el arte
adversario.
Pero si esto hubiera ocurrido en del maestro se observa la presencia,
un encuentro con Korchnoi, es in- relativa y a la vez condicionada, de
dudable que Larsen hubiese orien- puntos flacos y fuertes en orden
tado su atención hacia el cálculo al reconcentramiento. Con todo, padel movimiento 15. .... DXP, pues, rece ser que existen determinadas
como se sabe, aquél acepta casi todo tendencias que relacionan el estilo
sacrificio, por más arriesgado y du- del juego con ciertos índices cualidoso que parezca. En este ejemplo tativos de la atención. Pero este provemos cómo las particularidades de blema actual es por el momento inla atención y del pensamiento se soluble.
adaptan al estilo individual del conConfiémoslo a los futuros investrincante.
tigadores.
64
LA FALTA DE TIEMPO
Un fenómeno psicológico
Esta expresión significa que no
hay tiempo suficiente para meditar, der con precisión, por tratarse de
y éste es un factor importante en la un concepto relativo y, en cierta
práctica del ajedrez, pues el pensa- medida, subjetivo. En unos casos se
miento, la voluntad, los sentimien- dispone sólo de unas decenas de
tos y otras particularidades de la segundos para hacer dieciocho o
personalidad del ajedrecista no se veinte movimientos; en otros, ocho
manifiestan en una situación normal, o diez minutos para efectuar cinco
sino extraordinaria, y que exige lle- o seis de ellos; también se considera
gar inmediatamente a una conclu- falta de tiempo, si la situación es
sión en condiciones de juego a la complicada. El origen de este fenómeno se determina con frecuencia
vez muy complejas.
El conocimiento de las particula- por las impresiones subjetivas del
ridades del juego es importante ajedrecista, que relaciona el valor
cuando falta tiempo, y tiene cierto de la reserva de tiempo con su exvalor psicológico por cuanto aumen- periencia individual, el carácter de
ta esencialmente la característica es- la posición, las particularidades del
pecífica del pensamiento del jugador juego de su competidor, etc. Por
y los componentes volitivos y emo- ejemplo: Korchnoi estima normal
cionales de su carácter.
hacer cinco o seis movimientos en
Como se verá comprobado más tres minutos; en cambio, ello es
adelante, este fenómeno se semeja una considerable falta de tiempo paa una serie de situaciones extraor- ra Jolmov o Zaitsev. Nos ceñiremos
dinarias que suelen darse en la vida al parecer de los jueces arbitros,
cotidiana, y cuya solución también quienes dicen que debe considerarestá limitada por el tiempo. Por esa se falta de tiempo cuando se disrazón, nos detendremos en las cau- pone de tantos minutos como movisas que lo producen, y analizaremos mientos quedan por hacer hasta llelas particularidades fundamentales gar al límite del tiempo señalado;
del curso de los procesos mentales además, la reserva de tiempo no debe
que tienen lugar en él.
sobrepasar los diez minutos. RecorPrimeramente hay que darle una
damos
que en las competiciones se
definición formal; esto es, ¿qué límite de tiempo puede considerarse dan dos horas y media para efeccomo falta de tal? Es difícil respon- tuar cuarenta movimientos, lo cual
supone una media de tres minutos
65
y cuarenta y cinco segundos para
cada movimiento.
El reloj usado en el ajedrez es el
atributo indispensable de los torneos, y la práctica ha demostrado
que es imprescindible. Su ausencia
originó desigualdad de condiciones
en las contiendas de antaño y llevó
a emplear irracionalmente el tiempo;
así, en la celebrada en Nueva York
el año 1857, las ocho partidas jugadas entre Morphy y Paulsen duraron sesenta y dos horas, y en ellas
se efectuaron solamente trescientos
once movimientos. La partida Morphy-Lówental (Londres, 1858) se prolongó veinte horas y se hicieron sesenta y siete movimientos. Los circunstantes dijeron que los adversarios de Morphy pensaban tres o
cuatro movimientos en una unidad
de tiempo, mientras éste pensaba
uno, si bien ello no les reportaba
ninguna ventaja.
En el torneo de Nuremberg (1906)
se estableció una norma, según la
rual había que hacer quince movimientos en una hora; cada minuto
que pasase de dicho límite se castigaba con la pérdida de la partida
o se imponía una multa. Pero este
intento de disciplinar el pensamiento
de los jugadores fue un fracaso, pues,
transcurridos unos días, muchos participantes hubieron de declararse
insolventes. Ante el inminente peligro de disolverse el torneo, hubo de
prolongarse y cancelar dicha norma;
por lo cual duró más tiempo de lo
regular. ¡Lo curioso es que el índice
artístico no fue ni mucho menos
superior al de otros torneos donde
tomaron parte los mismos ajedrecistas y en que se adoptó el reloj! Por
ello, Spielmann señaló acertadamente que el torneo de Nuremberg disipó la duda de si era conveniente
el uso del reloj; resulta que sin él,
los ajedrecistas meditan más tiempo
66
sobre la posición, aunque su rendimiento es menor.
Aquí se plantea otra pregunta:
por cuanto la norma a que se ha de
ajustar el empleo del tiempo ha sido
establecida objetivamente, ¿no es demasiado severa? Pues en toda ronda
de cualquier competición pueden observarse muchas partidas que transcurren en condiciones de extrema
falta de tiempo. Zemischa, Benko,
Reshevski, Alatortsev, Veresova, Sabona y otros se cuentan entre los
ajedrecistas que experimentan sistemáticamente la falta de tal.
Creemos que dicha norma concuerda más o menos con las necesidades objetivas del ajedrecista; esto
lo prueba el hecho de que la ampliación del límite de tiempo no ha
contribuido a remediar este fenómeno.
Un ejemplo de ello nos lo ofrece
el torneo internacional, celebrado en
Bled el año 1931; en él, se dieron
dos horas y media para realizar
treinta y cinco movimientos; a pesar de ello, dicho fenómeno persistió con todas sus consecuencias. A
este respecto, Korchnoi dijo: «Por
más tiempo que se dé, siempre habrá jugadores a quienes apremie la
falta de él en un momento dado.»
Las razones expuestas nos autorizan para suponer que la causa de
ello tiene carácter psicológico. Veamos el juicio emitido por los especialistas en esta cuestión. Botvinnik dice:
«A menudo, el ajedrecista malgasta su valioso tiempo en calcular variantes que son de antemano inadecuadas, o en continuaciones que,
aunque tentadoras, no reportan ninguna ventaja. Hace tiempo, propuse
a nuestros maestros, que sistemáticamente se ven apremiados por la
falta de tiempo, un procedimiento
para combatir este defecto: es ne-
cesario jugar partidas de preparación
atendiendo sobre todo al reloj y no
a la calidad del juego ni a sus resultados, y proseguir estos ejercicios
hasta habituarse a distribuir convenientemente el tiempo para poder
calcular todas las variantes necesarias.»
Aunque hace mención de ciertas
premisas psicológicas, el consejo
práctico y concreto de Botvinnik se
reduce a jugar partidas de adiestramiento; pero, no obstante su valor metódico, poco dice acerca del
contenido psicológico de la falta de
tiempo y de lo que la origina. De la
impresión de que ésta ha de buscarse solamente en la insuficiencia de
preparación. Puede decirse que numerosos ajedrecistas han seguido su
consejo muchos años, y, con todo,
no han podido superar este defecto.
Abervach dice:
«Mi propia experiencia manifiesta
que la falta de tiempo no es ni mucho menos falta de habilidad para
distribuirlo convenientemente, sino
un defecto del carácter ligado con
la indecisión; un defecto de la práctica relacionado con la vacilación.
El ajedrecista se halla falto de tiempo no por no saber distribuirlo, sino
porque no está suficientemente seguro de sí mismo, no confía en su
cálculo y, por lo tanto, comprueba
un sinfín de veces la misma variante.
«Con ser el método de Botvinnik
tan sencillo, esto es: jugar partidas
de preparación atendiendo sobre
todo al reloj, a mí me parece poco
efectivo y demasiado superficial. El
propio Botvinnik dice que con este
método se cura por entero el noventa por ciento de los que «adolecen de falta de tiempo»... Si esto es
cierto, entonces yo pertenezco, por
lo visto, al diez por ciento restante;
y me parece que en este último tanto
por ciento debe incluirse al autor
de dicho método.»
El juicio de Abervach relaciona la
manifestación de la falta de tiempo
con las particularidades individuales
del carácter del ajedrecista y da, a
nuestro modo de ver, una explicación más completa sobre la naturaleza del fenómeno de la misma.
Nuestras observaciones (que incluyen los siguientes torneos: Nottingham, 1936; Moscú, 1936; La
Haya-Moscú, 1948; Zürich, 1953;
el de pretendientes, celebrado en
Yugoslavia el año 1959; la competición Unión Soviética-Yugoslavia,
1956-1966; el XXXIV Campeonato
de la URSS, y otros con un total
de más de quinientas partidas; además de haber observado el curso de
todas las competiciones soviéticas e
internacionales desde 1965 hasta
1968, y cambiado impresiones con
sus participantes) nos facultan para
destacar determinadas causas objetivas y subjetivas que producen la
falta de tiempo. Veamos las objetivas.
Insuficiente preparación teórica
El escaso conocimiento de las posiciones típicas del medio juego y de
los finales, y particularmente de los
esquemas de desarrollo y variantes
de apertura, hace que se emplee más
tiempo en meditar sobre la posición.
Polugaievski dice que su frecuente
falta de tiempo se debe a la insuficiente preparación en orden a las
aperturas. En el torneo internacional en memoria de Chigorin (1965),
el autor de estas líneas también la
experimentó, a pesar de que generalmente no adolece de tal defecto,
por la misma causa que Polugaievski
expone.
La insuficiente y endeble información teórica hace que vacilemos;
67
de aquí que se verifiquen con exceso las hipótesis que se producen
durante la búsqueda de un movimiento.
En este sentido es interesante la
opinión de la fisióloga P. Simonova,
quien atribuye el origen de las emociones negativas a la insuficiencia
de información. Por ejemplo: el individuo que desconoce las normas
de la circulación rodada experimenta
una sensación de temor al cruzar
una vía concurrida. Por lo visto, el
ajedrecista experimenta una sensación parecida cuando, con su escaso
cauda] de conocimientos, trata de
cruzar la «arteria principal del ajedrez»; esto es, se decide a elegir un
movimiento en posiciones analizadas
por la teoría.
Falta de preparación práctica
Una prolongada inactividad también suele reducir la capacidad de
trabajo mental del ajedrecista. Por
ello, es necesario jugar unas partidas
preparatorias cuando se ha de participar en una competición. Estas
partidas crean las premisas imprescindibles para que él se adapte fácilmente al ambiente de la lucha
competitiva, y contribuyen a que se
manifieste la original y dinámica
habitud en su juego.
Los consejos de Botvinnik arriba
citados pueden ser un medio eficaz
para combatir la falta de tiempo en
los casos de insuficiente preparación
práctica; igualmente pueden serlo
unas sesiones de partidas rápidas.
Al ajedrecista suele faltarle el tiempo, especialmente al comienzo de la
competición, si no ha realizado un
previo trabajo preparatorio.
Debe advertirse que la falta de
preparación práctica hace que disminuyan los automatizados compo68
nentes del pensamiento, o los hábitos particulares e intelectuales, que
esencialmente limitan la inversión
de tiempo en el cálculo y solución
de los problemas concretos y tácticos, y no que disminuya la capacidad
de valorar intuitivamente la posición.
Objetiva complejidad de la situación
Las situaciones complejas, dinámicas e indefinidas requieren una
meditación meticulosa y detallada;
una profunda búsqueda del plan de
juego. Y lo mismo requieren las posiciones en que se producen cambios
esenciales e inesperados.
Botvinnik dice: «Durante la partida se producen momentos en que
hay que estudiar minuciosamente la
posición, lo cual exige invertir veinte
o treinta minutos, y, después, hacer
con rapidez los movimientos que
quedan hasta el límite del tiempo
establecido. Esto es una falta de
tiempo normal, y que yo no trato
de subsanar.»
Este juicio tiene importancia, por
cuanto manifiesta que la objetiva
complejidad de la posición es directamente proporcional al tiempo empleado en resolverla. Y así, parecen
ingenuas las siguientes consideraciones que aún perduran entre los ajedrecistas: invertir no más de treinta
minutos en la apertura, o dividir el
tiempo por el número de movimientos a fin de fijar el que ha de invertirse en meditar sobre cada uno
de ellos.
Debemos abordar críticamente el
consejo de Spielmann, según el cual
conviene reservar cinco minutos para el último movimiento, por si acaso son necesarios. La reducción mental del tiempo a cinco minutos tiene
cierta importancia como medio de
aautoverificación» en el proceso evolutivo de la partida; pero seguirlo
al pie de la letra puede llevarnos a
invertir el tiempo donde no sea necesario, o no lo exija la partida.
La objetiva complejidad de la elección produce con relativa frecuencia
la falta de tiempo, si uno de los dos
bandos se encuentra en una situación embarazosa. El que lleva ventaja comprueba con mucho cuidado
sus planes, por temor a cederla, y
el que se defiende busca salir del
atascadero con más tenacidad de lo
habitual.
Falta de tiempo premeditada
Esto se observa cuando, insatisfecho del curso de la partida, el
jugador la provoca y la usa como
un procedimiento psicológico de lucha. Ello suele dar resultados positivos. Pues al querer aprovechar
nuestra falta de tiempo en beneficio propio, el adversario se excita
y pierde la capacidad necesaria para
abordar críticamente la situación;
el carácter objetivo de su meditación
se transforma en arrebatos impulsivos. Se pierde el sentido de la objetividad; el dominio sobre las emociones propias lleva a la comisión
de errores, y a menudo justifica el
procedimiento en cuestión.
Debe señalarse la posibilidad psicológica de que uno cometa errores,
debido a la falta de tiempo del adversario, ya que desciende la actitud
crítica ante los propósitos de éste y
se subestiman sus posibilidades de
profundizar en la posición.
Se afirma que Reshevski usa tal
procedimiento. A este respecto, es
instructivo el encuentro KorchnoiSuetin que, en la final del XXVII
Campeonato de la Unión Soviética
(Leningrado, 1960), decidió el primer
puesto. Suetin logró ventaja en la
apertura y, a consecuencia de ello,
reforzó la presión en el medio juego.
Pero Korchnoi, por su parte, provocó la falta de tiempo; y así consiguió apartar a su contrincante del
pausado ritmo de la partida. Este
formó un concepto equivocado en
cuanto a la posibilidad de una victoria rápida: empezó a precipitarse,
cometió errores graves y perdió la
partida. Gracias a su oportuna «falta
de tiempo», Korchnoi logró una importante victoria.
La falta de tiempo premeditada
se aplica cuando se ha analizado detalladamente el conjunto de causas
objetivas (una posición difícil) y subjetivas (la individualidad del oponente, la posibilidad de que incurra
en errores, etc.).
Hemos incluido las especies por
las que se entra en conocimiento de
la falta de tiempo premeditada en el
grupo de las causas objetivas que la
originan, puesto que la especie determinante es aquí un criterio perfectamente objetivo: la posición no
satisfactoria..
La falta de tiempo también la producen causas subjetivas: la manifestación de determinadas cualidades
individuales del pensamiento, la voluntad y el carácter emotivo del
ajedrecista. El psicólogo Tieplov dice que la unidad de la mente y la
voluntad tiene mucha importancia en
la actividad práctica del pensamiento. Esta tesis puede incluirse por
entero en la esfera deportiva del
ajedrez. El quebrantamiento de la
unidad entre el contenido del pensamiento y su rigurosa orientación hacia los límites de una lucha intensiva
es una de las causas principales de
esta falta de tiempo. En la práctica.
tal quebrantamiento produce una
sistemática renuncia a tomar conclusiones, una incertidumbre en valorar
69
la posición y una inevitable tendencia a prolongar la elección de un
movimiento forzoso.
En algunos ajedrecistas la inapetencia y falta de habilidad para tomar una conclusión se convierten
en hábito y en postura sistemática.
Bronstein suele meditar mucho, incluso sobre los primeros movimientos; en su partida con Stein (XXVIII
Campeonato de la URSS) invirtió
veinte minutos en hacer el primer
movimiento. Y aunque consiguió
situarse en una posición con buenas
perspectivas, todo su esfuerzo fue
desvalorado por la falta de tiempo;
cometió una serie de errores, y perdió la partida. Abervach cuenta:
11 Bronstein invirtió una vez cuarenta minutos en hacer el primer movimiento!» Y Panov cita a Grigoriev
al referir casos de meditación prolongada al comienzo del juego.
En estos ejemplos se observa una
inversión excesiva de tiempo en efectuar los primeros movimientos, sin
serias causas objetivas que la motivasen, pues los sistemas de apertura
y sus primeras jugadas son sobradamente conocidos de todo ajedrecista
calificado; además, en las partidas
citadas, ni Bronstein ni Grigoriev
descubrieron nada extraordinario en
la fase de la apertura, sino que se
limitaron a elegir sistemas conocidos. Cabe suponer que la prolongada meditación de estos dos maestros
se interpretó como un momento
subjetivo que determinaba por un
lado el problema de ¿qué esquema
de apertura será más desagradable o
resultará menos atrayente al contrincante? ; o lo que es lo mismo,
por una parte trazaba el contorno de
una lucha psicológica, y por otra
superaba el estado de sobreexcitación propia y de inseguridad, y se
predisponía a trabajar normalmente.
Como se ve, la mayor parte de aje70
drecistas vuelve a orientar sus ideas
y sentimientos hacia la competición
en que participa. La lentitud de
Bronstein y de Grigoriev al comienzo del juego puede interpretarse
como una particularidad individual
de su mentalidad, y, ante todo, insuficiente dominio de sí mismo er
el momento de comenzar la confien
da; los dos pueden reconcentrarse
en la partida una vez iniciada la lucha. Esta circunstancia ilustra el desacuerdo entre la mente y la voluntad, mencionado anteriormente.
Por analogía, es oportuno insertar aquí lo que Tieplov cita acerca
de Napoleón, quien dijo del mariscal
Masséna que era incapaz de trazar
con antelación el plan de una batalla y que manifestaba su capacidad
de estratega sólo cuando la artillería
empezaba a retumbar.
Hemos visto que existen ciertas
causas subjetivas que aumentan la
inversión del tiempo en la meditación y, por lo mismo, contribuyen
a que se manifieste su falta. Como
se ha dicho, estas causas se deben
a la renuncia a tomar conclusiones,
y entrañan inseguridad e indecisión.
Los negativos rasgos volitivos del
carácter, que hemos señalado, son
producidos por dudas y vacilaciones
de contenido vario. Por ello, al determinar las diversas causas subjetivas que dan lugar a la falta de
tiempo, nos detendremos en analizar
las dudas que tiene el ajedrecista,
y que ayudan a descubrir la naturaleza de estas causas.
Dudas de carácter analítico
Se presentan cuando se insiste en
hallar el movimiento mejor, único y
exclusivo casi en cada posición. Esto
hace que una variante aceptable no
parezca bastante eficaz; se quiere
encontrar algo más contundente. A
consecuencia de lo cual, el ajedrecista continúa la búsqueda y se le
despierta la duda, lo cual le entorpece la capacidad selectiva. Se produce una singular e ilusoria busca
de la verdad. Spielmann dice: «Desde el principio, tal ajedrecista está
condenado al funesto método de la
escrupulosidad exagerada. En cada
situación busca objetivamente el mejor movimiento, si bien no tarda en
perder la posibilidad de orientarse
en el caso de todos los pros y los
contras posibles. El valioso tiempo
transcurre inconteniblemente, y, a la
postre y en la mayor parte de los
casos, tiene que decidirse por un movimiento dictado por el sentido, más
que por el cálculo matemático. Pero
en ese momento su sentido está envenenado por infinidad de dudas y,
por lo mismo, le dicta un movimiento desacertado.»
Spielmann quizás es demasiado
categórico; pero caracteriza justamente a los ajedrecistas que tienden
a buscar siempre la mejor solución.
Debe advertirse que esta tendencia
es, teóricamente, inconsistente. La
diversidad de posibilidades hace que
la práctica del ajedrez sea inagotable; por eso, querer abarcar lo inabarcable es punto menos que imposible en la mayoría de posiciones.
Es claro que los maestros no llegan a tal extremo; pero, en la práctica, a menudo intentan descifrar
por entero las particularidades de
una posición compleja. Y cuando
ven comprobado que ello es imposible, empieza la duda de cómo continuar, y la falta de tiempo se cierne
sobre ellos. Muchas partidas de Borisenko, Kotov y Udovchich ilustran la duda de carácter analítico.
Refiriéndose a esta forma ineficaz
de abordar la búsqueda de un movimiento, Botvinnik dice que es ne-
cesario hallar la medida razonable
en el diapasón de la búsqueda y el
límite del tiempo, disminuyendo la
calidad de la partida si es necesario.
Y así, el divulgado aforismo «Es preferible un plan deficiente a carecer
de él» tiene importancia en la previsión de la falta de tiempo. Aunque
no tratamos de recusar la opinión
de Alekhine •—quien dijo que es
peligroso fiar en la primera impresión del avalúo intuitivo sin verificarlo y que conviene atender al hallazgo del mejor movimiento—, no
debemos tomarla por absoluta, sino
compaginarla con las posibilidades
reales y efectivas.
Spielmann da unos consejos prácticos y acertados: t¡No juguéis con
apresuramiento 1 ¡ Investigad todo
movimiento, por más lógico que
parezca! ¡Huid de toda quimera!
¡Si tras un breve análisis os convencéis de que el movimiento previsto os conviene, hacedlo! ¡Si
tenéis que elegir entre varios movimientos equivalentes, no profundicéis en comparaciones infinitas!
¡No olvidéis que en la mayor parte
de posiciones hay sólo ciertas continuaciones aceptables; pero debéis
elegir una de ellas; si no, será demasiado tarde! ¡No busquéis siempre y objetivamente el mejor movimiento, pues en realidad no suele
existir, ya que, generalmente, es
cuestión de gusto; buscad simplemente uno que os convenga I »
Debe advertirse que en la caza
de «mirlos blancos» el ajedrecista
analiza un número de variantes relativamente grande y trata de calcular prolongadamente cada una de
ellas; en esto manifiesta su deseo
de no interrumpir el cálculo y valorar críticamente la posición que origina dicho cálculo.
71
Dudas en función de sobreestimar
el carácter estilístico del adversario
Despertadas por la característica
no objetiva del contrincante y por el
registro exclusivo del lado fuerte
de su juego, estas dudas hacen que
se subestimen las propias posibilidades, se piense de un modo pasivo
y se manifieste el complejo de emociones negativas; esto es, el temor,
la apatía o la impulsividad, la vacilación y la sujeción. En este caso,
las ideas no se distinguen por un
cálculo profundo ni por un amplio
diapasón de variantes. El número de
variantes comparadas en el análisis
es reducido; y el cálculo concreto
es menos profundo de lo normal.
Las hipótesis que surgen al tomar
una conclusión definitiva se verifican muchas veces, y se efectúa el
movimiento tras una comprobación
minuciosa que exige un gasto de
tiempo considerable.
De esa manera, muchos oponentes
de Tal (por ejemplo: Smislov, en
el torneo de pretendientes del año
1959; Polugaievski, en el XXVI
Campeonato de la Unión Soviética,
y otros) anduvieron escasos de tiempo, debido a la minuciosidad con
que comprobaron las reales, y a la
vez no tan reales, posibilidades tácticas de su oponente. Daba la impresión de que ellos buscaban amenazas y las hallaban donde objetivamente no existían. El temor subjetivo a la capacidad combinatoria
de Tal fue la causa de la inseguridad, la duda y el reiterado cálculo
de dichos ajedrecistas.
En su partida con Lein (Sochi,
1967), Zaitsev, cuyo juego es bastante rápido, anduvo escaso de tiempo; la causa de ello fueron las dudas en cuanto a la veracidad de sus
cálculos, porque había perdido to-
72
das las partidas jugadas anteriormente con aquél.
Lo mismo le sucedió a Bilek en
su partida con Taimanov (Budapest,
1965); en el transcurso de ella, el
maestro húngaro calculó numerosas
variantes contundentes y posibles
por parte de su competidor. Después
del encuentro, se pudo comprobar
que el recelo de Bilek carecía de
fundamento. Pues Taimanov dijo
que no quiso complicar el juego,
sino limitarse a sostener su pequeña
superioridad en la posición.
El exceso de creencia en la fuerza
del adversario, o lo que es lo mismo,
la sobreestimación de sus posibilidades, es característico en Bronstein,
quien dice que con frecuencia rehusó continuaciones interesantísimas
porque veía los ocultos recursos defensivos de sus competidores. En
suma, Bronstein huyó objetivamente
de posibilidades muy eficientes y
optó evidentemente por movimientos menos eficaces, con lo cual facilitaba el juego de su competidor;
mientras el tiempo transcurría en la
búsqueda de posibilidades ocultas y
en la idea de si su adversario podía
defenderse de ellas, el autor de esta
búsqueda andaba falto de tiempo.
Dudas en función de la importancia
del resultado de la partida
Hay partidas que tienen una importancia deportiva muy particular:
es necesario ganar para ser el vencedor del torneo; hacer tablas para
cumplir la normativa de maestro o
para participar en la siguiente fase
de las competiciones selectivas, etcétera. Con frecuencia, las consideraciones deportivas producen una
emoción, una vacilación y un sentido de responsabilidad excesivos y
crean un estado de cohibición.
Aumenta la importancia de cada
movimiento, ya que cualquier error
puede ser decisivo para tomar parte
en un torneo. En tales casos, algunos
ajedrecistas saben dominarse. El resultado de la partida puede influir
mucho en el curso de las ideas y en
la opción de uno u otro movimiento. Aquí, las dudas causantes de la
falta de tiempo suelen estar en función de cierta subestimación de los
valores de la posición propia y de
sobreestimación de la del adversario. Por citar un ejemplo mencionamos la partida Danov-Sajarov (Irkutsk, 1966); la victoria suponía
para Sajarov participar en la final
del Campeonato de la Unión Soviética. En el medio juego consiguió
aventajar a su contrincante en un
peón; en circunstancias normales,
posiblemente hubiese optado por reforzar la posición y ganar paso a
paso la partida; pero, ante la responsabilidad del resultado de aquel
encuentro, empezó a dudar de si
las maniobras lentas conducirían al
objetivo propuesto; forzó los acontecimientos, y, apremiado por la
falta de tiempo, perdió la partida.
Un cuadro análogo se observa en
las partidas Stein-Gort (Los Angeles,
1968) y Geller - Spasski (Sujumi,
1968), en que la duda estuvo en
función del resultado de las mismas;
produjo la falta de tiempo, y, por
consiguiente, la comisión de serios
errores.
Dudas en función de lo
experimentado en la partida
Se manifiestan cuando uno se da
cuenta de haber cometido un error
u omitido una posibilidad. Panov
dice: «El peor defecto de muchos
ajedrecistas es lamentarse, durante
el juego, de haber omitido posibili-
dades en movimientos anteriores.
Esta inútil meditación sobre unas
variantes que hubiesen podido realizarse no bace más que distraer la
atención, disminuir la capacidad
competitiva y absorber un tiempo
valioso».
A esta oportuna característica dada por Panov, añadiremos que las
dudas producidas por lo experimentado en la partida y el recuerdo de
los errores causan la falta de tiempo. En el encuentro Ivaschin-Krogius (Yaroslavl, 1949), las negras
llevaban ventaja; hubo un momento en que pudieron acelerar efectivamente la victoria; pero, al examinar esta posibilidad, cedieron la
ventaja en cuestión, y la partida
llegó a un final equilibrado y común. Mientras meditaban sobre el
discurso de aquel simple final, recordaban la posibilidad omitida, lo
cual les dificultó la elección de movimientos y, de ese modo, se produjo
la falta de tiempo. Y, en una posición de simples tablas, las negras
no advirtieron que había terminado
el tiempo reglamentario, y aún les
faltaba hacer un movimiento.
En el encuentro SchamkovichWittelky (Sochi, 1967), y en el medio juego, las negras habrían podido lograr una ventaja aplastante
mediante un bello golpe táctico. Al
advertir esta posibilidad un movimiento después, Wittelky se desazonó. Según él, sus ideas no se
apartaban de aquella omisión, lo
cual se reflejó muy pronto en el
posterior desarrollo de la partida;
intervino la falta de tiempo, y el
bando negro perdió un encuentro
que había jugado excelentemente
hasta el momento referido. Se podrían citar muchos ejemplos como
éste.
Se ha visto que esta suerte de
dudas no sólo causan un gasto de
73
tiempo suplementario, sino también
un estado de emociones negativas
que hace que mengüe bruscamente
la eficacia de la actividad mental y,
por ello, se emplee más tiempo en
recordar el error cometido que en
solucionar los problemas simples.
¡ Cuan perfectamente casa este género de dudas con el habitual consejo de «Convenía haber hecho tal
y tal cosa»! Por lo demás, este consejo se da en el momento en que
toda lamentación no tiene sentido:
en que ya es demasiado tarde para
enmendar las cosas y, por tanto, hay
que meditar profundamente sobre
los problemas que plantea la nueva
situación. Esta pequeña digresión
confirma una vez más que la vacilación radica sobre todo en la naturaleza del carácter del individuo
que dirige los movimientos de las
piezas. Al combatir toda lamentación relativa a los yerros cometidos
durante la partida, ¿no merece la
pena preguntarse si nos dejamos
arrastrar por las inútiles lamentaciones acerca de la suerte adversa no
sólo tras la mesilla de ajedrez?
Dudas en función de la experiencia
individual
El conocimiento de los esquemas
de evolución de las aperturas y de
los procedimientos para desarrollar
las posiciones típicas del medio juego y del final, sin relacionarlo críticamente con la experiencia y los conocimientos propios, puede ser motivo de duda en él proceso de la meditación y de falta de tiempo.
En la partida Krogius-Spasski (Leningrado, 1960), las blancas advirtieron de pronto la ganancia de un
peón 9. AXP+ en la siguiente e
investigada apertura: 1. P4R, P4R;
2. C3AR, C3AD; 3. A5C, A4A;
74
4. 0-0, C3A; 5. CXP, CXP; 6. D2R,
CXC; 7. DXC, D2R; 8. P4D, C3C.
Estuvieron unos veinte minutos
meditando sobre si tomar el peón;
además, el contenido del proceso
intelectual no consistió en un análisis circunstanciado de la forzosa
v a r i a n t e 9. A x p + , A X A ; 10.
DXP, 0-0; 11. PXA, DXP, sino
en la vacilación condicionada por la
circunstancia de que nadie había
jugado así en esta variante, reconocida y aprobada; por otra parte,
influía el incontenible deseo de ganar un peón. Al remate se impuso
la fe en la irrevocabilidad de la
teoría, y las blancas hicieron 9.
D X D + ; este movimiento fue menos eficaz que 9. A X P + , lo cual
se vio comprobado en el análisis
hecho después. Los veinte minutos
gastados en vacilar acerca del noveno movimiento se reflejaron en el
curso de la partida; debe advertirse
que este tiempo no se invirtió ni
mucho menos en comparar la variante A x P + con la D x D + , sino en
la abstracta idea de si estaba justificada la fe en la teoría.
Esta suerte de dudas se manifiesta
con frecuencia en los ajedrecistas
que creen demasiado en lo conoc-do
y lo aceptado por todos; cuando
hallan una posibilidad original e inesperada, la reciben con precaución
y recelo, lo que da lugar a la duda:
¿cruzar el umbral de lo conocido y
lo seguro o decidirse por una perspectiva atrayente, aunque poco clara? En la práctica, toda duda suele
decidirse en favor de las alternativas aprobadas por la experiencia
anterior. Señalemos que toda duda
seria en solucionar un problema, se
confíe o no en la autoridad de la
teoría, eleva la inversión del tiempo
y produce la falta del mismo.
Esto puede verse comprobado en
el encuentro Riumin - Lówenfisch
(Moscú, 1936); al decir de Riumin,
las negras meditaron treinta minutos
sobre el eficaz y contundente, aunque un poco extraño en la posición
de la partida, movimiento 14. ...,
T5D que entrañaba el sacrificio de
una calidad. A pesar de esto, en la
partida se efectuó el habitual movimiento del caballo. Riumin dijo no
haber entendido la decisión to.nada
por su competidor.
Nos parece que la prolongada
meditación de Lówenfisch sobre dicho movimiento se debe, más que
a un minucioso análisis de las dos
variantes antedichas y su comparación, a dudas de orden general:
¿merece la pena meterse en complicaciones poco claras si con el habitual movimiento del caballo se recupera un peón y se garantiza una
posición más o menos sólida?
La indecisión y la duda en los
ejemplos que acabamos de ver se
deben a la falta de independencia
del pensamiento.
De ese modo, el insuficiente sentido crítico en el análisis y la costumbre de apoyarse en lo habitual
entorpecen la aplicación dinámica
y artística de la experiencia. Al contradecirse la inseguridad objetiva de
la situación con la tendencia subjetiva del ajedrecista a no considerar
esta inseguridad y a fundarse en lo
aprobado y lo común facilita que se
manifiesten la indecisión y la duda.
Lo cual también produce la falta de
tiempo.
Dudas en función de las
particularidades individuales
del estilo
Si se analiza sistemáticamente
toda partida en que a uno de los
jugadores le haya faltado tiempo,
podrá observarse que ello se debe,
además de la influencia de algunas
de las causas antes mencionadas,
también a cierto carácter típico y
determinado de la posición que se
produce. Por lo común, los ajedrecistas experimentan la falta de tiempo cuando se encuentran con posiciones ajenas a su estilo, lo cual
les crea subjetivamente grandes dificultades.
Comentando el encuentro Botvinnik-Bronstein (Moscú, 1951), Panov
dice que la falta de tiempo de Botvinnik se produjo, por regla general,
en posiciones dinámicas y complejas, en las cuales la singularidad y
originalidad de los problemas no le
permitieron apoyarse en la lógica
de las consideraciones estratégicas.
Estas situaciones fueron subjetivamente desagradables a Botvinnik,
porque no se correspondían del todo
con las principales exigencias de su
estilo: estructura lógica de los planes, integridad de la partida, fe en
la consecuencia científica y causa
de la variación de los hechos que
se desarrollan en el tablero.
A este respecto, Botvinnik dijo
más de una vez que su juego adoleció de poca visión combinatoria.
Las posiciones dinámicas y de estructura estratégica indefinida fueron bastante difíciles de resolver,
incluso para el propio Botvinnik.
Esto se debió a las particularidades
individuales de su estilo, y fue la
causa de la prolongada meditación
y falta de tiempo que hicieron que
cometiese serios errores en algunas
partidas.
Panov señala igualmente que la
falta de tiempo de Bronstein, de sentido opuesto a la de Botvinnik, fue
de orden técnico y se produjo en
posiciones con pocas piezas, en las
cuales su adversario tuvo cierta preponderancia. También observamos
aquí una relación directa entre el
75
gasto de tiempo en meditar y las
particularidades del estilo del ajedrecista. Las situaciones que requerían una realización precisa y ofrecían menos posibilidades para efectuar ideas combinatorias originales
resultaban extrañas, aburridas y
anormales a la abundante fantasía
artística del estilo de Bronstein.
Puede afirmarse que Botvinnik
combatía mejor la falta de tiempo
en posiciones con pocas piezas; posiciones que, en cambio, ecan para
Bronstein la piedra de toque.
Pueden citarse o t r o s casos.
Neshmetdinov, por e j e m p l o , se
orientaba con b a s t a n t e rapidez
en toda complicación táctica; por
el contrario, anduvo escaso de tiempo en la lucha de maniobra menos
compleja y más reposada. Y Korchnoi invirtió más tiempo en calcular
posibilidades de ataque que en la
defensa de posiciones difíciles. Estos casos confirman la presencia de
una relación causa-efecto del origen
de la falta de tiempo con las particularidades Individuales referentes
a los puntos flacos de la actividad
mental.
El conocimiento de las propiedades individuales del estilo del adversario que, en ciertas posiciones,
le predisponen a meditar prolongadamente, a menudo sirve de procedimiento de lucha psicológica en
la práctica. Veámoslo en la partida
Gligoric-Tal (torneo de pretendientes, ronda vigésimo tercera, 1959).
Éste logró una pequeña ventaja en
el vigésimo sexto movimiento; pero
era difícil sacar provecho de ella,
debido al curso metódico y sosegado de la partida. Considerando la
tendencia de Gligoric a una lucha
basada en la lógica, Tal eligió una
continuación arriesgada y contundente para uno y otro bando, aunque objetivamente fuese menos efi76
caz. Y su conjetura se vio comprobada, pues Gligoric, confuso por
el modo de jugar al a margen dé
toda regla», meditó mucho; anduvo
falto de tiempo; cometió errores, y
perdió la partida.
Diagrama núm. 39
IBi
En esto sucedió 26. ..., PXQ?
Acerca de ello, Gligoric dice: «Eso
es característico de Tal. La continuación 26. ..., DXC; 27. D X D ,
P X D ; 28. TXT, CXPD era más
segura y objetiva para las negras,
porque las blancas habrían tenido
que conformarse con el logro de
unas tablas... Pero las negras, contando con la falta de tiempo del
oponente, optan por una posición
contundente para uno y otro bando,
en la cual las blancas se privan de
su plan de juego».
Prosiguió 27. T X D , TXT; 28.
P3C, C7R + ; 29. R2A, R1C; 30.
C3R? (30. P4A!, T1R; 31. D X P ) ,
C5D; 31. P4A, T5R; 32. P4CR?,
T X P + ; 33. R2C, PXP, y las negras
ganaron pronto.
Además de las sobredichas causas subjetivas que originan la falta
de tiempo, y que, a nuestro modo
de ver, son las más importantes,
oeñalamos otras: las dudas relacionadas con los puntos de vista estéticos, con ciertas posiciones y procedimientos de juego modernos, etcétera. A modo de ejemplo, citamos
lo que Abervach recuerda de una de
sus partidas que tenía ganada, y en
la que vio dos posibilidades de asestar el golpe definitivo; pero, en vez
de verificarlas, empezó a reflexionar
abstractivamente sobre cuál era eJ
medio más correcto en orden a lo
estético: ¿la belleza elemental o la
clara y simple continuación? Concluye diciendo: «A la postre, llegué
a la lógica conclusión de que el sacrificio es una belleza innecesaria, y
opté por lo segundo, porque me pareció mejor. Pero luego se vio comprobado que en dicha variante no
advertí la pérdida de una pieza; el
juego se complicó extremadamente,
y tuve que hacer un enorme esfuerzo
para conseguir la victoria».
¿Cómo prevenir la «enfermedad»
de la falta de tiempo, llamada acertadamente azote de este arte? Por
el breve relato de las causas que la
originan, se ha podido ver que los
signos de ella abarcan una extensa
zona emocional y volitiva del carácter del ajedrecista. El análisis de
las causas concretas que la producen ayudará a determinar un diagnóstico más preciso en cada caso
particular, y esperamos que contribuya a combatir con más eficacia
y mayor amplitud este complejo fenómeno mental. Pues la falta de
tiempo no es la consecuencia forzosa de meditar sobre los secretos
del arte del ajedrez, sino, mayormente, el resultado de la indebida
postura del sujeto ante estos secretos.
£1 pensamiento y la falta de tiempo
Hemos analizado la dinámica de
los procesos mentales, la aptitud del
ajedrecista para generalizar, y las
propiedades del sentido crítico y de
la independencia del pensamiento
cuando hay déficit de tiempo.
Ante todo, debe advertirse que tal
déficit exige mucha agilidad de pensamiento, y pone extremamente en
tensión a los componentes emocionales y volitivos del carácter, por
cuanto las acciones y movimientos
deben realizarse sin dilación. La rapidez con que cambian las situaciones despierta el sentido de la responsabilidad en cada hipótesis, y
produce un estado de temor e inseguridad ante los propuestos y aceptados medios de solución.
Cuando falta el tiempo y hay
abundancia volitiva y desarrollo
emocional, a menudo se observa una
contradicción entre la subjetiva tendencia a elevar al máximo el efecto
de la actividad mental y la objetiva
imposibilidad de comprender debidamente la posición y de solucionarla. En suma, la solución negativa
de dicha contradicción, como pérdida material, decuido y error, hace
que descienda bruscamente el tono
emocional y volitivo del ajedrecista
por un período largo. La falta de
•tiempo somete el carácter a una
prueba difícil, y jugar sistemáticamente sometido a ella facilita la
tendencia a un descenso general de
las cualidades volitivas y a una elevación de la excitabilidad emocional.
77
Dinámica de los procesos mentales
Por lo común, cuando hay falta
de tiempo, disminuye la aptitud para
verificar crítica y objetivamente los
cambios de situación, y aumenta el
sostén en que se apoya la búsqueda
de una solución en los elementos
estáticos y relativamente constantes
de la posición. Estas particularidades del pensamiento se presentan de
dos formas.
1) La tendencia al aspecto externo
de la evidencia, la derechura y la
naturalidad de las soluciones elegidas; esta tendencia se caracteriza
por una considerable reducción del
número de alternativas examinadas.
En una posición saturada de posibilidades tácticas, el objeto de la meditación suele ser una alternativa
que lleva en sí amenaza inmediata
o que facilita el rechazo de otra
amenaza. De esa manera, el ataque
directo contra una pieza produce
una reacción favorable a defenderla.
La elección de un movimiento, condicionada por un motivo determinado, también suele ser una tendencia
a atacar en seguida: amenaza de tomar una pieza, dar mate, y así sucesivamente; pues el juego se plantea con frecuencia según el principio de «atacar vale tanto como defenderse»,
Veámoslo en este fragmento de la
partida Botvinnik-Reshevski (La Haya-Moscú, 1948).
(Véase diagrama núm. 40)
Sobre esta posición, Keres comenta: «Por faltarles tiempo, las negras
no dan con una respuesta oportuna
y hacen un movimiento cualquiera,
el cual les priva de las ventajas de
su posición y, por consiguiente, de
ganar la partida.» Reshevski hizo
28. ..., A4AD?? Lo curioso es que
78
Diagrama núm. 40
Diagrama núm. 41
Diagrama núm. 42
«un movimiento cualquiera» puede ser el ataque directo contra una
de las piezas más importantes del
adversario, en un extremo déficit
de tiempo. Entendemos que esta
opción no fue casual. Por cuanto
otro movimiento que rechazase la
amenaza contra el peón 4A (28. ...,
P X P ; 29. TxC) no satisfizo a las
negras, y Reshevski eligió 28. ...,
A4AD de entre los movimientos que
hacen relación a dicho principio. La
sutil variante 28. ..., C4C, propuesta
por Keres, daba a las negras una
evidente superioridad; pero no pudo
formar parte del análisis porque, en
extremas circunstancias de falta de
tiempo, no respondía a ninguna de
las dos exigencias de la solución:
la defensa y el ataque inmediatos.
En una contundente lucha táctica, y si apremia el tiempo, la necesidad de atacar o defenderse inmediatamente induce a un inconsciente, en cuanto al avalúo objetivo
de la posición que va a producirse,
cambio de piezas.
Veámoslo en la siguiente posición
de la partida Boleslavski-Pirts (Helsinki, 1952).
Acuciado por el tiempo, Boleslavski adopta «automáticamente» un
procedimiento lógico, y cambia un
peón: 40. PXP? El análisis posterior demostró que este cambio era
erróneo; con 40. P5C se ganaba la
partida. El juego acabó en un empate.
El cálculo concreto se caracteriza
por un amplío diapasón de ramificaciones examinadas, pues a menudo se omiten movimientos intermedios y variantes accesorias. Lo
cual indica que la atención no está
distribuida suficientemente cuando
falta tiempo. En el cálculo se descubre un descenso de la capacidad
dinámica del pensamiento; en muchos ejemplos hemos observado que
los ajedrecistas calculaban variantes
como si se guiasen por las reglas del
juego de damas; esto es, la obligación de aceptar el sacrificio de toda
pieza y peón.
A este respecto ofrecemos la siguiente posición del encuentro Reshevski-Botvinnik (La Haya - Moscú,
1948).
Falto de tiempo, Reshevski optó
por la variante 29. A6A + ?, C X A ;
30. PXC, C5A! Por lo visto, este
intermedio y eficaz movimiento escapó a su consideración al estimar
obligatoria la respuesta 30. ..., DxP,
lo que daba a las blancas la preponderancia después de 31. T3C3R.
Casos como este, o parecidos, se
dieron en las partidas Kan - Flor
(Moscú, 1936) y Suetin - Krogius
(Tbilisi, 1967); en ellas, Flor y Suetin, escasos de tiempo, basaron su
cálculo en que el adversario debíc
aceptar el sacrificio que le ofrecían
La tendencia a resolver directa
mente las posiciones que se desarro
lian con relativa lentitud y manió
bra se manifiesta en la elección d«
movimientos asentada en medios
técnicos «autorizados». Tal es la
naturaleza psicológica de s i t ú a
«automáticamente» peones en esca
ques de color distinto del de los al
files; de abrir una salida en la po
sición del enroque, y así sucesiva
mente.
«No nos dejemos influir nunca
por el aparente bienestar que produ*
cen los movimientos lógicos», ad-
79
vierte Alekhine. Esta advertencia
debe tenerse en cuenta cuando el
tiempo apremia.
2) La tendencia a apoyarse en los
elementos estáticos y relativamente
constantes de la posición destaca
sobre todo cuando se intenta obtener ventaja material. «Puede perderse la iniciativa; pero queda la
pieza ganada. La ventaja material
es una cosa segura.» Esto es lo que
más o menos piensa el ajedrecista
que anda escaso de tiempo. «Todo
jugador tiende a tomar cualquier
peón que se le ofrezca cuando el
tiempo acucia», dice Bronstein. Los
momentos dinámicos que determinan el valor de las piezas pasan a
segundo término, pues, carente de
tiempo, el ajedrecista no puede calcular objetivamente el valor de ellas,
relativo por que varía de un movimiento a otro; y así, se guía por la
determinación exterior del valor formal y absoluto de las mismas.
Veámoslo en esta posición de la
partida Simagin-Udovchichi, Belgrado, 1961).
da con 33. P6A. Pero como el tiempo no permitió a Simagin entretenerse en valorar las posibilidades
dinámicas y ocultas que ofrecía su
posición, éste tendió a restablecer
cuanto antes el equilibrio material,
e hizo 33. C6A. Acerca de ello, dice:
«Este ineficaz y catastrófico movimiento no se me borra de la memoria... Por lo general, no acostumbro establecer en seguida el
equilibrio material, después de haber
realizado una combinación... Los últimos minutos decidían el resultado
del encuentro; por ello, me precipité.» El encuentro terminó en un
empate.
En tal sentido, también es ejemplar la partida Benko-Gligoric (Yugoslavia, 1959).
Diagrama núm. 44
Diagrama núm. 43
•11*111
a no permitir ninguna pérdida material. Era mejor sacrificar por breve tiempo un peón: 36. A1A, T4CD;
37. A2D, TXP; 38. AXA, PXA;
39. TÍA, y las blancas acercan el
rey a dicho peón y lo ganan. En la
partida, Gligoric logró una posición
ventajosa.
Por iguales consideraciones que
en la tendencia a conseguir ventaja
material, el ajedrecista procura ocupar un punto importante con una
pieza, asegurar a su rey un buen
refugio, etc.
Las dos tendencias en cuestión
hacen que se sobreestime la importancia de los elementos estáticos de
la posición y se valoren con escasa
objetividad las posibilidades dinámicas. En la práctica esto supone
un descenso de la capacidad de prever cualquier «truco» táctico y réplica inesperada del adversario. Tales «trucos» y trampas suelen dar
buenos resultados cuando el tiempo
se agota: pero no por su objetividad,
sino por su sorpresa. Y generalmente
se basan en la evidente y lógica respuesta del competidor, que cae en
la trampa al no advertir el encubierto peligro que puede entrañar
un movimiento ingenuo.
Lo cual puede verse en la partida
Reshevski - Keres (La Haya - Moscú,
1948).
(Véase diagrama núm. 45)
Las blancas lograron un fuerte
ataque, tras haber sacrificado dos
calidades. Aquí se ganaba en segui80
Benko experimenta falta de tiempo. Al ver que las negras amenazan
con ganar un peón, mediante 34. ...,
TIT, decide mantener rápidamente
el equilibrio material, lo que momentáneamente es oportuno. Prosiguió 34. P3T, PXP; 35. AXP,
T4R; 36. A6D? Esto ya es un error,
aunque comprensible si se tiene en
cuenta la tendencia de las blancas
Con motivo del movimiento 35.
P5T, Keres dice: «Es un truco habitual cuando escasea el tiempo, y
las negras pican en el anzuelo. Objetivamente era mejor 35. C5D.»
Después de la evidente, pero errónea, respuesta 35. ..., P4CR (era
más lógico y eficaz 35. ..., PxP),
con la cual Reshevski contó, las
blancas llevaron una ventaja decisiva y ganaron pronto la partida.
Diagrama núm. 45
KWZÍtm
2ü*2g%
En los encuentros Euwe-Reshevski
y Smislov-Keres (torneo La HayaMoscú, 1948) abundan las sorpresas
producidas por la falta de tiempo.
La aptitud del ajedrecista para
generalizar y abstraerse
Bronstein dice: «A medida que
se acerca la falta de tiempo disminuye la estrategia y aumenta la táctica.» Conviene señalar que, al faltar tiempo, se tiende a resolver los
problemas que plantean determinados objetivos concretos; las consideraciones sobre la integridad de
un plan estratégico único y el avalúo general de la posición pasan al
plano posterior, y el contenido de
las ideas tácticas se empobrece sensiblemente, porque el cálculo tiene
un carácter más reducido al estar
orientado hacia el logro de objetivos
inmediatos y fáciles de comprobar
por el análisis; y así, los elementos
tácticos y estratégicos no se manifiestan con tanta claridad como
cuando se juega en condiciones normales. Sin embargo, Bronstein está
en lo cierto, pues, cuando elige un
81
movimiento, caracteriza una importante particularidad del ajedrecista
compelido por el tiempo: el descenso de la capacidad para valorar
toda la posición, y la tendencia a
servirse de los elementos particulares y a las veces aislados de la
misma; en ello, la táctica resulta
ser un componente superior a la
estrategia, incluso allí d o n d e el
cálculo de la variante es reducido.
En Ja falta de tiempo, estas particularidades de la actividad mental
se caracterizan por lo siguiente:
1) La tendencia a simplificar, o
lo que es lo mismo, a desbrozar y
reducir la posición, se debe a la
objetiva necesidad y comprensión de
que es de todo punto imposible resolver satisfactoriamente los problemas que plantean las situaciones
complejas y dinámicas.
La simplificación de la posición
se logra con el cambio o la limitación de la movilidad de las piezas
del oponente, y suele precipitarla
aquel que lleva ventaja o su posición
equivale a la de su contrincante. Por
lo general, el método de simplificación no se aplica a las posiciones
demasiado difíciles, por cuanto puede brindar al adversario la posibilidad de realizar su preponderancia.
Las más de las veces, dicha tendencia no es objetivamente correcta, y
está dictada por las dudas de carácter emocional negativo que ocasiona
la escasez de tiempo.
Con motivo del cambio de damas
propuesto por Benko en su partida
con Keres (Yugoslavia, 1959), Ragozin dice: «Al disponer armónicamente sus piezas, las blancas preponderaron de un modo considerable en la posición. Y las negras estuvieron reducidas en el centro y
privadas de todo contrajuego. Se
podía reforzar la presión, haciendo
23. C4AR. De pronto, Benko deci-
dio el cambio de damas. Posiblemente, tal decisión fue motivada por
la falta de tiempo...»
Sobre las causas de la simplificación, Bronstein opina: «Ya no había
tiempo para calcular la variante;
por ello, se comprende que Reshevski optase por una continuación más
simple.» Acerca de la posición del
encuentro Simagin - Udovchich, el
cual hemos visto, Simagin dice que
decidió forzar la simplificación de la
partida por faltarle tiempo; y así,
se le malogró la victoria.
Pero se dan casos en que la objetiva exigencia de la posición y las
particularidades de la falta de tiempo no se contradicen cuando el ajedrecista tiende a simplificar la lucha.
Comúnmente, estos casos son característicos de una posición con ventaja material o con ciertas posibilidades estratégicas.
Veámoslo en este fragmento de
la partida Ragozin-Taimanov (Leningrado, 1956).
rial: 34. T8A, C5A + ; 35. TXC,
TXT, y ganaron pronto la partida.
2) La tendencia a simplificar la
posición sobreviene junto con la
renuncia a tomar decisiones complicadas; en tal caso, se adopta la táctica de espera durante la falta de
tiempo.
Esto se observa cuando el ajedrecista valora con bastante acierto su
situación; si la considera desesperanzadora, entonces acepta cualquier
complicación con tal de hallar una
salida.
La siguiente posición pertenece a
la partida Nedelkovich - Wohlpert
(Belgrado, 1961).
Diagrama núm. 47
Diagrama núm. 46
• 11*1
Agobiadas por el tiempo, las blancas difirieron para más tarde la búsqueda de un plan que les permitiese
realizar su preponderancia en la posición; por lo cual el rey blanco
hizo diez movimientos por el cuadrado 3A-4A-4D-3D.
Sobre una de sus partidas de la
competición del año 1948, Keres
comenta: «Los últimos movimientos fueron hechos en circunstancias
Las blancas se hallan en una falta
de tiempo extrema y, por lo mismo,
deciden simplificar la posición, conformándose con restituir al adversario una parte de su ventaja mate-
82
de tiempo agobiadoras; por lo cual
ambos contendientes se limitaron a
hacer jugadas neutrales, con el fin
de no menoscabar su posición con
algún movimiento desacertado.»
Estas palabras reflejan que es difícil psicológicamente tomar una determinación cuando el tiempo escasea, porque no se puede meditar en
debida forma sobre ella, y su valoración depende de los momentos
circunstanciales. En este mismo sentido se manifiesta Bronstein al analizar la partida Stahlberg-Boleslavski
(Ziirich, 1953): «No se puede hacer
tal variante cuando el tiempo apremia.»
Las partidas que Smislov jugó con
Euwe, Geller y Petrosian (torneo de
pretendientes, Zürich, 1953), y en
las que repitió una serie de movimientos con el fin de tomar una
determinación después de haber recuperado el tiempo, son de importancia y utilidad para comprender
las particularidades del pensamiento que venimos refiriendo.
En los casos analizados se ha podido observar un descenso de la
actividad mental y la presencia de
irresolución. En la práctica se producen los llamados «jaques por falta
de tiempo», a consecuencia de que
la actitud de espera también depende del contrincante, que trata de
frustrarla. Dichos jaques no se deben
mayormente a un plan determinado,
donde el jaque es uno de sus eslabones, sino al propósito de demorar
los planes del adversario y a prolongar la toma de cualquier decisión
propia, y con frecuencia son errores
que empeoran considerablemente la
posición de aquel que los da.
Lo cual puede verse en este fragmento de la partida Winter-Capablanca (Nottingham, 1936).
83
I
Diagrama núm. 48
m\
peón; pero después se entretuvieron
en maniobrar con las torres por sus
escaques 1AD, 1AR, 1AD, 2AR,
5AR, 2AR y 3AR en vez de rechazar metódicamente las amenazas,
poco peligrosas, del adversario. Cada
una de estas maniobras fue un acto
defensivo u ofensivo de una jugada
y no el eslabón de un plan único. Y
las negras pronto perdieron su preponderancia.
Una situación análoga se ve en
el encuentro Benko-Keres (Yugoslavia, 1959).
Diagrama núm. 49
La situación de las negras empeoraría después de 37. D4A. Pero
a Winter se le agota el tiempo, y
decide dar jaque a fin de recuperarlo y luego analizar la posición.
Prosiguió 37. D7T+7?, y las blancas
hubieron de rendirse, porque el rey
negro dio inesperadamente con un
refugio seguro, mientras que su colega blanco estaba indefenso de la
amenaza de mate.
En su partida con Geller (Belgrado, 1961), Udovchich también perdió al dar un «jaque por falta de
tiempo» en espera de poder tomar
una decisión.
Hemos visto que la tendencia a
simplificar, a emplear la táctica de
espera y a eludir las soluciones complicadas e importantes causa la fragmentación del pensamiento y la inconsecuencia del juego; se altera el
lógico enlace entre los movimientos
aislados, se contradicen los proyectos posteriores con los anteriores, y
se produce una confusión de ideas.
Por lo común, el juego con falta de
tiempo consta de planes de un solo
movimiento desligados u n o s de
otros.
En la partida Kan-Ragozin (Moscú, 1936), las negras ganaron un
84
Prosiguió 39. P6A + , RXP. Aquí
era de esperar 40. A3T, porque en
ello se basa el sentido del sacrificio del peón; pero Benko no llevó
a término su idea, sino que jugó
40. D3R?, y perdió luego de 40. ...,
P7C. ¡He aquí un caso de fragmentación total del pensamiento I
Las partidas Olafsonn-Tal y Gligoric - Smislov, pertenecientes también al torneo yugoslavo, son un
ejemplo de fragmentación del pensamiento y de inconsecuencia del
juego por falta de tiempo.
Nos parece que la inconsecuencia del juego no se produjo casualmente en los numerosos ejemplos
citados antes: la inclinación a resolver los problemas relativamente
aislados ocupó el lugar del planteamiento estratégico de la partida;
planteamiento que reúne las operaciones tácticas aisladas y las compacta. Ello motiva que, poco a poco
y con ayuda de la falta de tiempo,
se altere la sucesión de las etapas
de la partida y desaparezca la continuidad, o motivación lógica de las
resoluciones estratégicas fundamentales.
Particularidades del sentido
crítico del pensamiento
en la falta de tiempo
Ya hemos señalado que el ajedrecista agobiado por el tiempo tiende
a rehuir toda decisión importante,
a simplificar y a sostenerse en los
elementos estáticos y relativamente
constantes de la posición; con ello
está íntimamente relacionado el descenso del sentido crítico del pensamiento. Por un lado, esto se manifiesta con excesiva pasividad de
Jas ideas, falta de fe en las posibilidades activas y renuncia a tratar
el contenido de la posición propia;
por otro, con la exageración del
poder de los planes activos del adversario. De esa manera, se produce
una actitud carente de sentido crítico ante las posibilidades del contrincante y de las propias. La carencia de dicho sentido sobreviene
a menudo junto con la estrechez de
la atención y del pensamiento. La
idea exagerada del poder de las amenazas adversarias produce con frecuencia una sobreexcitación, que induce a tomar decisiones impulsivas
y arriesgadas. Veamos más detalladamente 1 a s particularidades en
cuestión.
1) La tendencia a elegir continuaciones relativamente pasivas se ca-
racteriza por rehuir, en lo posible,
las operaciones activas que impliquen cualquier riesgo. Acerca de su
partida con Botvinnik (torneo La
Haya-Moscú, 1948), Keres dice que
el apremio del tiempo no le permitió calcular una variante compleja
y activa; y así optó por una defensa
pasiva. En el análisis posterior se
pudo comprobar que dicha variante
aseguraba el empate; pero Xeres
perdió la partida. Igualmente, en el
encuentro Botvinnik - Smislov, perteneciente a aquel torneo, las blancas, acuciadas por el tiempo, no se
decidieron a que su rey hiciera una
incursión activa relacionada con el
sacrificio de un peón, y perdieron
la posibilidad de ganar.
La siguiente posición es del encuentro Flor - Capablanca (Moscú,
1936).
Diagrama núm. 50
í
ÜÜP ntri
t
JJJJJÍT&
t
Las blancas llevan la ventaja de
una calidad. El movimiento 30.
T7A! decidía la partida, por cuanto
armonizaba perfectamente con la
postura atacante de las otras piezas.
Apremiado por el tiempo, Flor decidió, sin embargo, reagrupar sus
piezas cerca del rey para defenderlo.
Prosiguió 30. A4C?, CX A; 31. PXC,
85
R3C; 32. T1D? (era más eficaz 32.
T7A), A3T; 33. D5A + , y la partida
terminó pronto en tablas.
Un caso análogo ocurrió en el encuentro Krogius-Korchnoi (Tbilisi,
1967). Las blancas calcularon las
consecuencias del atrayente sacrificio de una torre; tanto, que la falta
de tiempo se cernió sobre ellas y
hubieron de elegir una continuación
menos contundente, pero más segura; a la postre se produjo el empate.
La tendencia a la pasividad se manifiesta frecuentemente al querer
asegurar la defensa mutua de un
grupo de piezas, lo cual ha de atribuirse a la estrechez del pensamiento y de la reconcentración producida por la falta de tiempo. El temor
a perder una de las piezas diseminadas por el tablero obliga a reagruparlas, en lo posible, al objeto de
distribuir mejor la atención.
Véannoslo en este fragmento de
la partida Euwe-Keres (La HayaMoscú, 1948).
Diagrama núm. 51
B*
poco de 34. ..., T8A-f. El movimiento 34. D3T era un medio defensivo; pero no lo tendría en cuenta, por causa del aislamiento de sus
fuerzas.
En la falta de tiempo se observa
una clara tendencia a «renovar el
seguro de vida». Esto es, a situar
las piezas según el principio: «No
hace falta mucho; basta con que se
defiendan unas a otras.»
No pretendemos ni mucho menos
censurar los racionales métodos de
lucha aprobados por la práctica.
Los ejemplos que hemos citado sobre este tema, y sobre otros, muestran solamente los casos de comisión
de errores por causa de falta de
tiempo, y su objeto es únicamente
ilustrar nuestra opinión de que la
aptitud de la actividad mental disminuye por la misma causa.
2) La tendencia a sobreestimar el
efecto de las posibilidades activas
del adversario distingue por lo general a muchos ajedrecistas, y la
falta de tiempo le da un impulso
considerable. En circunstancias de
juego normales, el jugador precavido valora con más o menos objetividad un peligro; pero cuando no
tiene tiempo para analizar, busca
una respuesta para defenderse inmediatamente y no para rechazar
los propósitos del adversario.
Esto se ve ilustrado en la posición
de la partida Chirich-Polugaievski
(Vrniachka Bania, 1965).
(Véase diagrama núm. 52)
Con el fin de reagrupar sus piezas en el centro, Euwe hizo 34.
D4D?, olvidando que su rey estaba
en peligro, y hubo de rendirse a
86
Aquí, Chirich jugó erróneamente
40. T1R1D. A este respecto, dice:
«Apremiado por el tiempo, me pareció peligrosísima la amenaza del
adversario en su diagonal 1TD8TR; por eso hice ese «eficaz»
movimiento en vez de 40. XX PCD;
de haber hecho éste, y no el otro,
Diagrama núm. 52
el resultado de la partida no ofrecía
duda.»
La inseguridad en el valor de la
posición propia y la sobreestimación
del de las posibilidades activas del
competidor producen las decisiones
impulsivas y el juego al azar cuando falta tiempo. Y esto no es seguridad ni audacia, sino jugar a la
ventura para librarse de la tensión
volitiva y emocional. Esto nos trae
a la memoria cuando a veces se
presentan serias dificultades en la
vida cotidiana y el sujeto se «cansa
de luchar con ellas», entonces se
cruza de brazos o actúa impulsivamente y al azar con el fin de salvarlas como sea y librarse de su nerviosidad. En tal estado se encuentra a
veces el ajedrecista apremiado por
el tiempo. Una serie de entrevistas
realizadas después de una sesión de
juego han mostrado que los maestros
experimentados no pueden explicar
el por qué de ciertos movimientos
contradictorios con el sentido común, y afirman que, en general, los
han hecho contraviniendo a su concepción del ajedrez, y en particular
a los designios formados durante la
partida. Para citar un ejemplo me
remito al encuentro Krogius-Osnos
(Tbilisi, 1967). En él, las blancas
quisieron acelerar el empate después de haber analizado la posición
que se iba a producir; jugada tras
jugada iban convenciéndose de que
su cálculo era exacto y dando cada
vez mayor importancia a las amenazas del adversario, hasta que de
pronto mudaron de propósito: iniciaron un ataque a la ventura y
perdieron la partida. Lo cual se
debe a la fuerte impresión que les
causaron las amenazas - avance de
los peones libres del centro del competidor; impresión que produjo una
reacción emocional negativa e hizo
que descendiese bruscamente el sentido crítico del pensamiento.
Tras cotejar las características del
estado psíquico del sujeto cuando
está a la defensiva y cuando a la
ofensiva, se ha comprobado que
le es más difícil sus acciones defensivas. El estratega M. V. Frunze
dice: «Considero que el ataque actúa siempre en la psicología del adversario, de modo que ello basta
para incrementar la libertad de acción.» Este criterio es aplicable al
ajedrez; por esa razón, la tendencia a la pasividad, a la defensa, ocasionada por la falta de tiempo, dificulta gobernar las acciones y facilita el desarrollo de la carencia de
sentido crítico, de independencia;
y de otros defectos del pensamiento.
Los casos que hemos examinado
no se deben estimar inevitables en
toda contienda en que interviene la
escasez de tiempo, pues cualquier
episodio concreto de ésta también
contiene sutilezas específicas que
dependen de las circunstancias y de
los competidores. Nos hemos detenido sólo en ciertas tendencias generales que, a nuestro modo de ver,
son importantes para todo posterior
estudio de este complejo problema.
87
La influencia negativa de la falta de tiempo
En el examen de las particularidades del pensamiento en circunstancias de carencia de tiempo se ha
descubierto una tendencia general a
descender el rendimiento de la actividad mental. Esto suscita dos preguntas interesantes: ¿es regular el
descenso de la capacidad de trabajo
del pensamiento?, y ¿qué valor tienen los componentes mentales, como
lógica, intuición e imaginación artística, en tales casos?
Para contestar a ellas conviene
primero detenerse en las particularidades de la relación recíproca entre la experiencia general del ajedrecista, la particular del asunto que
se ha desarrollado anteriormente en
la partida, y el juego de aquél.
Para lo cual nos remitimos al siguiente fragmento de la partida Reshevski-Boleslavski (Zürich, 1953).
Diagrama núm. 53
'*'
(ti
Reshevski andaba apurado de
tiempo. Para comprender el posterior curso de la lucha es imprescindible considerar lo que Bronstein
88
dice: «Temiendo cometer un error,
por faltarle tiempo, Reshevski decidió de antemano hacer los movimientos T3A, T3D, T3-7D y T7AR,
lo cual era realizable si el peón negro continuaba en la casilla 6C;
pero daba a las negras la posibilidad
de salvarse si dicho peón conseguía
situarse en la 7C.»
La partida prosiguió 34. T3A,
P7C; 35. T3D, A1A; 36. T3-7D (era
mejor T8D, por cuanto las negras
estaban salvadas, tras haber adelantado el peón; pero Reshevski prosiguió en su plan), A4A; 37. T8D + ,
A1A; 38. T8-8C, y las negras abandonaron el juego.
En el análisis de este ejemplo se
advierte que el juego de las blancas
se apoyó mayormente en el cálculo
hecho con antelación, es decir, en
la maniobra T3A, T3D, T3-7D, y
en la previa valoración general de
las posiciones que se produjesen.
De ese modo, dicho juego estuvo
directamente relacionado con la experiencia del asunto desarrollado
anteriormente en la partida, aunque
fue errónea la previa conclusión de
que la maniobra T3-7D era efectiva;
o sea, casi se había previsto lo que
iba a suceder en medio de la falta
de tiempo.
Sin embargo, con frecuencia se
observan casos en que las ideas tácticas o estratégicas previstas ya en
la apertura, o al comienzo del medio
juego, no se realizan en seguida, sino
mucho después y en circunstancias
de escasez de tiempo. Por ejemplo:
en el encuentro Flor-Ragozin (Moscú, 1936), las negras trazaron un
plan, consistente en el enérgico movimiento PSD en el transcurso de los
movimientos decimoséptimo y vigesimoquinto; sólo consiguieron realizarlo en el trigesimotercero, después de diversos cambios de situación y cuando intervenía la falta de
tiempo. Desde luego, las consideraciones sobre las ventajas y desventajas de dicho plan, hechas unos
veinte movimientos antes, influyeron en la decisión de las negras.
Las impresiones emocionales referentes al curso anterior de la partida y la experiencia emocional de
encuentros anteriores con el oponente a quien volvemos a enfrentarnos actúan influyendo en la objetividad del análisis si el tiempo
apremia. En su partida con Keres
(Tallin, 1965), Korchnoi no advirtió a tiempo la configuración del
ataque que su adversario iba a empezar, por un lado por encontrarse
bajo los efectos del desarrollo de
su iniciativa en la primera mitad de
la partida, y por otro influyeron en
él los anteriores encuentros con su
competidor, los cuales habían redundado en beneficio de éste.
Por tanto, se puede fundadamente afirmar que la falta de tiempo
es una fase de la partida y, por lo
mismo, está ininterrumpidamente ligada con la evolución precedente,
pues en ella se conserva, en cierto
modo, la sucesión de planes trazados anteriormente, de ideas tácticas
y de avalúos de la posición e interviene la experiencia anterior del ajedrecista en una forma artística rehecha y aplicable a las nuevas circunstancias concretas. Por ello, dicha experiencia, concretada en la
nueva fase de la partida, influye
considerablemente en el pensamiento de aquél y le ayuda o le estorba
cuando acucia el tiempo.
Debe señalarse la diferencia fundamental que hay entre la partida
rápida y la falta de tiempo, porque
comúnmente se consideran idénticas; en la primera, el juego no tiene la experiencia particular del
asunto que se ha desarrollado anteriormente; en la segunda, por el
contrario, el juego ofrece más posibilidades de abordar la elección artística de una solución, gracias a las
etapas precedentes del desarrollo de
la posición. Pues, al producirse la
falta de tiempo, la posición ya tiene
su estructura y se realizan planes
consecutivos y operaciones tácticas,
al contrario de la partida rápida en
que predomina el cambio casual de
situaciones en el tablero, y la experiencia anterior del ajedrecista se
reproduce de modo fragmentario y,
mayormente, se reduce a establecer
una relación de semejanza entre los
indicios exteriores de la posición.
Si en la falta de tiempo el ajedrecista apoya su meditación en los conocimientos anteriores y los relaciona
con todo el curso del juego presente,
en la partida rápida tales conocimientos no son más que recuerdos
incompletos. Y la característica de
estos dos fenómenos también es diferente. Bronstein dice que es mucho más fácil jugar una partida
rápida en un minuto que hallar un
movimiento eficaz en cinco o diez
minutos en una partida seria. La
falta de tiempo implica una exclusiva saturación de procesos volitivos y emocionales que ponen en
tensión a la actividad mental. El
citado autor dice fundadamente:
«No es ningún secreto que cada uno
de nosotros olvida por entero el movimiento anotado en el transcurso
de los diez primeros minutos, después de haberse librado felizmente
de la falta de tiempo. Y puede volver a meditar una vez se le han
calmado los nervios.» La partida
rápida no causa tan profundas y
firmes impresiones, y su juego pro-
89
duce con frecuencia un relajamiento
emocional; esto nos faculta a no
considerarla como un medio eficaz
para ejercitarse en el juego con falta
de tiempo; en cambio, es muy útil
para preparar a los ajedrecistas que
llevan mucho tiempo sin haber participado en torneos, pues les ayuda
a restablecer la práctica y a reforzar los procedimientos técnicos.
Así, pues, hemos señalado la relación de la falta de tiempo con la
experiencia del asunto que la ha
precedido, y la gran importancia que
esta experiencia tiene cuando el
tiempo apremia. Antes de examinar
el papel que representan los particulares componentes del pensamiento en circunstancias de falta
de tiempo, debe advertirse que todos
ellos tienen un índice de productividad más elevado cuando la escasez de tiempo está más ligada con las
posiciones de las etapas precedentes
de la partida. Podrían citarse varios
ejemplos de partidas en que los ajedrecistas acuciados por el tiempo
realizan un juego excelente. Sin embargo, el análisis de estas partidas
demuestra que en ellas los varios
estilos tienen una misma tendencia:
se observa mejor calidad de juego
cuando la falta de tiempo aparece
paulatinamente y sin cambios bruscos en el transcurso de la partida.
Los componentes del pensamiento
La escasez de tiempo dificulta valorar la posición mediante deducciones. En los casos en que las valoraciones del período precedente a la
falta de tiempo dejan de actuar, el
avalúo lógico de la posición es con
frecuencia una combinación de juicios aislados (en el flanco de la dama se tiene un peón de más; en
cambio, el caballo adversario ocupa
90
una posición predominante en el escaque 4D; además, amenaza el avance P4AR negro, etcétera) que no
constituyen una deducción general.
La capacidad para hacer una valoración general y lógica de la situación suele disminuir considerablemente cuando no hay tiempo. Sobre este particular, Korchnoi comenta: «Lo más importante y difícil es decidir dónde las piezas
estarán mejor situadas o qué reagrupamientos conviene que haga el
oponente; dicho de otro modo, dar
una valoración estratégica a las posiciones que van a producir las variantes calculadas.»
Por lo común, el cálculo de variantes es bastante reducido; se
analizan las simples y no las complicadas; esto es, las de dos o tres
movimientos que representen inminentes amenazas del competidor o
posibilidades evidentes de la posición propia. También el número de
variantes que abarca la atención se
reduce a dos o tres alternativas.
Por esa razón, al. imprevisto movimiento del adversario sucede una
reacción mínima; o sea, se responde con un movimiento que ha sido
previsto para otra combinación. Con
todo, el cálculo de variantes, a pesar
de su estrechez y limitación, es uno
de los instrumentos fundamentales
del pensamiento cuando se experimenta falta de tiempo, porque aquí
las consideraciones generales pasan
al plano posterior y el objetivo fundamental es resolver los problemas
particulares de la posición.
La intuición
Se manifiesta precisamente en las
posiciones similares a situaciones
que han sido el objeto del análisis
en el período precedente a la falta
de tiempo; pero en ellas la com-
probación de las hipótesis intuitivas, mediante el análisis lógico y
consecutivo, tampoco se realiza con
la debida exactitud. Allí donde la
lógica continuidad de la partida se
quebranta, no se produce por lo general la suposición intuitiva. Sin
embargo, en la falta de tiempo se
puede observar a menudo la rápida
«visión» de amenazas tácticas y
otros elementos de la posición y la
elección de movimientos sin meditar previamente. El psicólogo Ponomariev no incluye estas operaciones
en la intuición creadora. Convenimos totalmente con su criterio. La
instantánea «visión» de combinaciones, de matices de la posición, no
supone un hallazgo de nuevas y originales ideas de la estrategia y la
táctica del ajedrez, ni una intuición
creadora, sino, como se ha dicho,
unos componentes «automatizados»
del pensamiento; hábitos intelectuales propios y privativos del ajedrecista. Tales ideas tácticas, o sutilezas de la posición, han sido estudiadas en otro tiempo y convertidas
en procedimientos «automatizados»
tras una aplicación prolongada en la
práctica.
Dichos hábitos intelectuales también son importantes en el ajedrez,
por cuanto sin ellos no sería posible
orientarse en la diversidad de variantes, ni distinguir lo conocido de
lo desconocido, ni comparar y analizar. En la falta de tiempo adquieren
particular importancia debido a que
la intuición y la abstracción lógica
pierden efectividad. Por lo mismo,
la imaginación del ajedrecista impelido por el tiempo no tiene generalmente carácter creador. La previsión abarca la perspectiva más inmediata (comúnmente dos o tres
movimientos) y se funda en el cálculo de la variante. Por eso, predominan los mecanismos que reconstru-
yen la imaginación; o sea, la imaginación basada hasta cierto punto
en los conocimientos anteriores. Y
así, puede afirmarse, por más paradójico que parezca, que los métodos
estereotipados de juego son, en cierto modo, convenientes para salir
airoso de la falta de tiempo. En ello,
no hacen falta grandes descubrimientos; lo importante es hacer los movimientos en su momento oportuno.
Incluso partiendo del breve resumen de las particularidades del pensamiento, de la intuición y de la
fantasía lógicos, se puede admitir
que la capacidad creadora del ajedrecista disminuye en circunstancias de falta de tiempo; en ellas, el
hábito, los procedimientos estereotipados y el reducido cálculo concreto de la variante determinan el
contenido del juego; no la búsqueda
de lo nuevo y lo original. Por consiguiente, se observa cierta estrechez en la dinámica artística. Como
se sabe, el valor relativo de las piezas y los escaques y el constante
cambio de la situación en el tablero son elementos que unen las
correlaciones temporales y espaciales. En la acción dinámica del pensamiento se reflejan la unidad y la
dependencia recíproca del concepto
de tiempo y espacio en el juego de
ajedrez. En la falta de tiempo, y
con el descenso de la dinámica del
pensamiento y la atención, se quebranta la objetividad perceptiva de
las correlaciones espacio-tiempo.
El estilo y la falta de tiempo
Como ya se ha señalado, la falta
de tiempo es un estado mental del
ajedrecista y se produce por una
u otra cualidad individual.
Por ello, es muy importante in-
91
tentar establecer la relación entre el
estilo del ajedrecista y su predisposición a la falta de tiempo y el buen
éxito del juego en la misma. Se
puede hablar con propiedad de la
presencia de tal relación, pues el
estilo del ajedrecista refleja en gran
parte los rasgos de su carácter y
temperamento.
Durante la IV Espartacada de la
RFSSR (Leningrado, 1967) hicimos
una encuesta referente a este asunto. Los ciento veinticuatro cuestionarios, rellenados por los participantes en dicha competición, contienen interesantes datos que permiten hablar con cierta seguridad
de que existe una relación entre e!
estilo y el apego a la falta de tiempo.
Basta dar una ojeada a la obra
de los representante^ del arte ajedrecista, de los grandes maestros de
diversas tendencias artísticas, para
ver cierta regularidad en su actitud
ante la falta de tiempo.
Capablanca y Petrosian se parecen mucho en el estilo de juego:
abundante intuición, dominio perfecto de la táctica, tendencia a la
simplicidad y claridad de los avalúos: además, les une la poco frecuente falta de tiempo en sus partidas. Si alguna vez la han tenido,
se debe principalmente a la necesidad de solucionar nuevos y complicados problemas estratégicos. Lo
cual puede verse en las partidas de
Capablanca en el torneo de A. V.
R. O. (1938) y las de Petrosian en
sus encuentros con Botvinnik (1963)
y con Spasski (1966). Por lo general, los dos han jugado excelentemente en la falta de tiempo, pues
en ella han manifestado un perfecto
dominio de los hábitos de juego y
procedimientos técnicos.
92
El arte de Botvinnik y de Portish ofrece un cuadro distinto; estos dos maestros experimentan con
frecuencia falta de tiempo producida por una situación compleja y
dinámica cargada de motivos combinatorios, entre los cuales el brusco
cambio de los acontecimientos y el
giro de la partida son un a catalizador» poderoso, y en ella juegan con
menos espíritu práctico y cometen
más errores.
En cambio, la causa de la falta
de tiempo de Korchnoi es distinta:
las tempestades combinatorias no le
intranquilizan demasiado; medita
más sobre el ataque, para lo cual
quema sus naves, o sobre situaciones en que el cálculo concreto de
la variante no es posible, y que requieren una valoración bastante abstracta.
No es frecuente ver a Spasski
acuciado por el tiempo; si lo está,
se debe, más que a la posición, a la
sorpresa psicológica que le da su
adversario. La universalidad de su
estilo le permite jugar las más diversas situaciones y le ofrece muchas ventajas, como forzar al adversario a que juegue en posiciones
que no son de su agrado. ¡Pues el
propio Spasski no conoce posiciones desagradables! Pero cuando no
lo consigue y se ve forzado a encauzar la partida por la estrecha nespecialización» de su contrincante,
empieza a vacilar más de lo habitual
y, a veces, anda escaso de tiempo.
Y así, puede afirmarse que cada
ajedrecista tiene su estilo y su falta
de tiempo propios y privativos.
Como es difícil valorar la importancia práctica de un ulterior estudio
de este problema, debe considerarse
asunto de futuras investigaciones.
Consejos prácticos
Las particularidades psicológicas en la falta de tiempo; cometió un
del juego preciso cuando al compe- error, y perdió la partida. Sobre otro
tidor se le agota el tiempo, y los caso igual, ocurrido en la partida
problemas que plantea librarse Flor-Novotelnov (Moscú, 1950), Paoportunamente de la falta de tiem- nov comenta: «Novotelnov experipo propia, tienen mucha importancia mentó falta de tiempo en el vigésipráctica.
mo movimiento, y disponía sólo de
Si al oponente le apremia el tiem- cinco minutos para efectuar veinte
po, es necesario ante todo partir movimientos. A pesar de su predel avalúo objetivo de la posición ponderancia y de sobra de tiempo,
Flor trató de aprovechar la situay no sobreestimarlo.
La inclinación a acelerar el ritmo ción de su adversario; sacrificó un
del juego propio para impedir que alfil al objeto de tenderle un lazo;
el contricante medite «a costa aje- jugó precipitadamente, y no pudo
na» es un error psicológico muy ex- recuperar la pieza.» Flor perdió la
tendido, en el cual se produce una partida.
En estos dos ejemplos, la escanivelación real del tiempo y no se
tiene en cuenta que la tendencia sez de tiempo del oponente excitó
emocional del competidor es jugar hasta el punto de producir un esde prisa, ni que comprende perfec- tado emocional en la consecución
tamente la importancia de cada mo- rápida de la victoria; la sucesión de
vimiento que efectúa. Por el con- las operaciones mentales se quebrantrario, el ajedrecista que tiene tiem- tó, la conciencia no pudo dominar
po de sobra se encuentra en una los impulsos, y el ajedrecista se
situación desfavorable cuando em- halló en un estado afectivo.
La falta de tiempo del adversario
pieza a precipitarse, pues no se
halla en el mismo estado volitivo debe aprovecharse de un modo más
que su oponente, ni comprende las racional. Para ello, teniendo en
dificultades psicológicas de su situa- cuenta la tendencia de los procesos
ción; en suma, quebranta con fre- mentales a solucionar exteriormente
cuencia la continuidad de las ideas, los problemas particulares y a verijuega calculando con una o dos ficar los factores estáticos de la pojugadas de antelación, no verifica el sición, es necesario examinar proanálisis, disminuye el sentido críti- fundamente y comprobar una varianco de su pensamiento y se deja lle- te de cinco o seis movimientos cavar por una lucha demasiado arries- paz de hacer que cambie la situación, y luego efectuarlos con rapigada.
Precisamente, Tal empleó esta dez; en tal caso, puede esperarse
desacertada táctica en la octava par- que el adversario cometa errores si
tida de su encuentro con Botvinnik ello le coge desprevenido.
(Moscú, 1960). Al estar mejor situaDesde luego, conviene tener en
do, quiso acelerar la victoria y sub- cuenta las particularidades indiviestimó la capacidad de su competi- duales del estilo del oponente. Veador para hallar movimientos precisos mos un ejemplo: en su encuentro
93
con Botvinnik (Moscú, 1951), Brons- no les reportó ninguna ventaja, pues
tein usó con acierto y frecuencia el Botvinnik rechazó con firmeza el
procedimiento de complicar aún más juego impulsivo, y se hizo con ¡a
las complicaciones tácticas; en una victoria.
de sus partidas de dicho encuentro
Durante la propia falta de tiempo
perdió una torre, aunque en la falta
se manifiestan c l a r a m e n t e las
de tiempo supo agravar la posición
particularidades de la personalidad
de tal suerte que consiguió hacer del ajedrecista en reaccionar a las
tablas. Por su parte, Botvinnik, en dificultades objetivas; del dominio
sus encuentros con Bronstein y Tal,
de sí mismo depende la acertada
aprovechó acertadamente la relativa superación de la falta de tiempo, en
incertidumbre del juego de sus dos
oponentes en posiciones simplifica- la cual es necesario abstraerse de
las ideas ajenas a la partida y redas, no obstante experimentar falta
concentrarse en ella. Nuestras obde tiempo.
servaciones nos facultan a suponer
En las situaciones en que el com- que un método útil es aquí la autopetidor anda escaso de tiempo, pero sugestión, expresada en ia forma verprepondera en la posición, no con- bal de «autoorden». Al meditar, es
viene variar el ritmo del juego, y necesario atender a las fluctuaciones
los movimientos deben hacerse a un de la atención que se observan ducompás normal. A este respecto no rante el cálculo de variantes. Hay
estamos de acuerdo con el juicio que que regular la variabilidad de la
Panov emite en su libro «El ataque», atención en el cálculo de '.as altersi bien está en lo cierto cuando afir- nativas siguientes, únicamente desma que ha de procurarse confundir pués de haber determinado el valor
al adversario en este momento. Pero de la variante calculada previamencomplicar la situación no ha de ser te. Si ya se tiene un plan trazado y
el resultado de un deseo impulsivo, bien examinado, no debe rechazarsino el producto de un análisis ob- se; si tal plan no existe, es convejetivo y crítico de ella. Por eso, la niente reducirse, como enseña la
tendencia a complicar bruscamente práctica, a la táctica de espera, prola posición debe basarse en los fac- curando no menoscabar la estructores objetivos de ésta, hallados por tura estratégica de la posición y remedio del análisis. Estimamos que nunciando a toda resolución imporlo más racional es aquí el procedi- tante y comprometedora.
miento de lucha indicado anteriorEn toda situación en que se mamente; esto es, trazar cuidadosa- nifieste la falta de tiempo propia
mente el plan de una variante de conviene verificar consciente y siscinco o seis movimientos, compro- temáticamente las acciones. Lo cual
barla, y luego efectuarlos con ra- se logra preguntándose mentalmenpidez.
te: ¿Qué se amenaza? ¿Qué inconEn la partida Botvinnik-Reshevs- venientes puede este movimiento
ki (La Haya-Moscú, 1948), las ne- poner al adversario? También debe
gras plantearon su juego de acuerdo verificarse repetidamente la elección
con el criterio de Panov; hallándose de toda resolución propia.
en peor situación que su adversario,
En resumen, la falta de tiempo
el cual experimentaba falta de tiem- es una prueba difícil para la psicolopo, efectuaron los movimientos casi gía del ajedrecista, y la manifestasin meditar sobre ellos. Pero esto ción de tal falta estriba fundamen-
talmente en causas subjetivas: disminución de las cualidades volitivas
e insuficiencia de sentido crítico del
pensamiento.
El ajedrecista puede combatirla
y debe hacerlo, teniendo en cuenta
que es un fenómeno psicológico,
para lo cual hace falta perfeccionar
las facultades del carácter, de la
voluntad y de la atención, además
de los ejercicios puramente ajedrecistas.
La falta de tiempo es un impedimento perfectamente salvable, pues
la práctica ha mostrado que puede
superarse e impedir su manifestación cuando hay orientación y sentido crítico.
«El pretexto de la falta de tiempo
no es justificable, del mismo modo
que no lo es el recurso del delincuente al alegar que estaba bebido
en el momento de cometer el delito.
La incapacidad del maestro experimentado para atenerse al tiempo es
un defecto como incurrir en error»,
dice Alekhine.
Como se ha dicho, el estudio de
la falta de tiempo tiene gran importancia de carácter psicológico general con objeto de investigar el estado de frustración; o sea, «la paciencia en cuanto a las dificultades
de la vida y la reacción ante ellas».
Las dificultades de la vida, según
Pavlov, ora producen sobreexcitación, ora depresión. Las dificultades
objetivas de la falta de tiempo en
el ajedrez conciernen al grupo de
dificultades de la vida superables,
y pueden ser superadas con el perfeccionamiento de ciertos rasgos del
carácter: paciencia, sosiego, refrenamiento de la sobreexcitación o
depresión. Todo esto facilita la manifestación de la falta, no obstante
la presencia de causas objetivas y
subjetivas.
Creemos que existe una relación
psicológica entre la falta de tiempo
y otras situaciones de la vida común
que producen una sistemática renuncia a tomar decisiones: como
dejar las cosas para última hora en
el trabajo, diferir la preparación a
exámenes para la víspera de los
mismos, etcétera.
El conocimiento de las particularidades de la falta de tiempo en
el ajedrez puede ser importante para
el planteamiento de los problemas
concretos a fin de perfeccionar el
carácter.
Pues se dice fundadamente que,
¡determinar un defecto del carácter
supone medio éxito en combatirlo!
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