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Portfolio Exilio

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Inés Fernández Moreno: “Con los años tengo menos
tolerancia a la adversidad”
A veces uno quiere, como un chico, expulsar los malos sentimientos, decirlos para
aliviarse. Pero resulta que de nada sirve arrojar palabras llenas de egoísmo, envidia,
resentimiento o crueldad a otros, porque estos malos sentimientos son pegajosos,
chupan la herida propia como garrapatas, de modo incesante e insaciable. La
escritora Inés Fernández Moreno coincide con la mirada de una de las protagonistas
de su último libro de cuentos - Malos sentimientos (Alfaguara)-, se anima a indagar
en sus propias emociones, a meter el dedo en la llaga y a transformarlas en relatos
de ficción.
Ella llega puntual después de su clase de yoga al bar acordado, en el barrio de
Belgrano; un sitio de techos altos con ladrillos a la vista que podría ser un café de
cualquier lugar del mundo. "Sos vos", dice, cuando se acerca a saludar. Su libro,
con la portada estampada de bichos, está sobre la mesa. Propone conversar en otro
sitio: elige una mesa frente a un ventanal que da a una galería típica de las casonas
antiguas. "En determinadas épocas y de acuerdo a aquello que me está pasando
me surgen ciertos cuentos", dice, para empezar a hablar de su nueva criatura de
169 páginas. A modo de ejemplo, hace referencia a la penúltima novela suya, La
profesora de español, y cuenta que surgió de su experiencia de exilio en España,
donde se mudó con su familia en plena crisis de 2001. "Lo que te produce la crisis
del país, sumado a la situación de vivir afuera ya de grande, dejando cosas acá que
para mí eran importantes fue un momento existencial fuerte. Las ideas literarias que
me empezaron a surgir entonces estuvieron vinculadas con eso", dice.
Inés Fernández Moreno escribe a partir de lo que observa, de lo que es su vida, y
la literatura y el lenguaje son herramientas para elaborar, crear, especular. La
proximidad de lo cotidiano para reflexionar sobre la existencia. Su mirada se pierde
hacia afuera: hay algunas mesas del bar ocupadas, otras libres de clientes; una
larga cola de obreros que parecen esperar alguna paga de final del día; parte de la
iglesia redonda; algunos artesanos en cuclillas en la vereda frente a su vidriera de
objetos a la venta. Lo que ve ella es un misterio. "Yo soy observadora de la ciudad,
ando mucho. Toda mi vida anduve a pie, en colectivos y en subte. Todo lo que ves
en la ciudad es muy rico si estás atento. Todo el tiempo suceden cosas, diálogos,
pequeños sucesos, personajes. Y bueno, yo estoy atenta a eso que sucede", dice1.
1
https://www.lanacion.com.ar/cultura/ines-fernandez-moreno-con-los-anos-tengo-
menos-tolerancia-a-la-adversidad-nid1840352
Septiembre del '88
Cacho Castaña
Septiembre de 1988, Buenos Aires,
Argentina
Querido amigo:
Recibí tu carta de Italia
Y me alegra mucho saber que todo
está bien
Aquí la cosa sigue igual, no es tan
transparente
La crisis se pasea por las calles
Y la tristeza del pueblo
Es como un barco que no llega a
destino
¡No sé que pasó! ¡No sé cómo fue!
Pero no te vuelvas
Te diré por qué
Si vieras que triste que está la
Argentina
Tiene la mirada de los caminantes
que ya no caminan
Se muere de pena por tanta mentira
De tanta promesa por nadie cumplida
Si vieras sus calles que tanto reían
Ya no son las mismas
Si vieras que triste que está la
Argentina
Tiene la nostalgia de aquellos
amantes que nunca se olvidan
La hicieron de goma, parece mentira
La gente se escapa pero no hay
salida
Y hasta los gorriones, de tanta
tristeza
Se fueron de gira
Septiembre de 1988, Buenos Aires,
Argentina
Querido amigo:
Se me acaba de volcar el mate sobre
la carta que te iba mandar
Por eso te vuelvo a escribir
Me alegra mucho saber que te va
bien
Aquí la cosa sigue igual
Pero, de una manera u otra, vamos a
salir adelante
Hay algo que no se debe perder
nunca, y es la esperanza
Si vieras que linda que está la
Argentina
Tiene la mirada de la primer novia
que nunca se olvida
Desde los balcones llueven las
glicinas
Y a pesar de todo, camina y camina
Si vieras de nuevo que linda y que
grande que está mi Argentina
Buenos Aires sigue llena de gorriones
Hay nuevos poetas que escriben sus
tangos
Y hay nuevos cantores
Y sigue teniendo la vieja locura
Que al doblar la esquina haya una
aventura
Ya ves: sigue viva y, a pesar de todo,
llena de ternura
Si acaso te encuentras con otro
emigrante
Decile que vuelva, que pronto
seremos mejores que antes
Que todo fue culpa de cuatro
atorrantes
Que sólo lograran que el pueblo no
cante
Volvé cuando quieras que juntos
podremos salir adelante
Fuente: Musixmatch
Compositores: Humberto Vicente
Castagna
Letra de Septiembre del '88 © Korn
Intersong Ed. Mus, WB Music Corp.
O/B/o Warner/ Chappell Music
Argentina S.A., SADAIC LATIN
COPYRIGHTS, INC.
Para los que no saben lo que paso en 1988
En abril de 1988, Argentina entró en moratoria del pago de su deuda
externa. En agosto la inflación alcanzaba el 27,6% mensual. En octubre
el gobierno de Alfonsín puso en práctica un plan de salvataje, el Plan
Primavera, cuyo objetivo primordial era llegar a las elecciones con la
economía bajo un mínimo de control. Básicamente consistía en un
acuerdo de moderación del aumento de precios con la Unión Industrial
Argentina y la Cámara de Comercio y un nuevo régimen cambiario, en el
que el Estado intermediaba en la compra y venta de divisas.
El Plan Primavera fracasó. Los operadores cambiarios lo rechazaron, no
generó confianza y adicionalmente a comienzos de 1989, el Banco
Mundial suspendió su ayuda a la Argentina. A fines de enero se inició
una corrida masiva hacia el dólar. La inflación, que en febrero de 1989
era del 9,6% mensual, alcanzó 78,4% en mayo, mes de las elecciones
presidenciales, adelantadas intencionalmente por Alfonsín. La
hiperinflación de 1989, llevó la pobreza de 25% a comienzos de ese
año, al record histórico de 47,3% en octubre del mismo año.
En las elecciones presidenciales del 14 de mayo, el candidato de la
Unión Cívica Radical, Eduardo Angeloz, fue derrotado por Carlos Menem.
Pero aún faltaban 7 meses para la fecha de entrega del mando que
debían transcurrir en medio de la hiperinflación. Ante el riesgo de
disolución del Estado y la eventualidad de un nuevo golpe militar,
Alfonsín renunció el 9 de julio de 1989 para anticipar la entrega del
mando a Carlos Menem.
Todo eso empujó a muchas personas, que por un motivo u otro no
podían conseguir sus sueños y anhelos, a irse y sufrir ellos y los que
aquí se quedaron la distancia de personas queridas.
Esta canción de Cacho Castaña (Septiembre del ’88) era como una
canción de esperanza.
BIOGRAFÍA DE CACHO CASTAÑA
Humberto Vicente Castagna (11 de junio de 1942- 15 de octubre de 2019) Cantante
y compositor argentino, conocido artísticamente como Cacho Castaña. Es famoso
por sus temas: Café La Humedad, Garganta con arena, Para vivir un gran amor y
Lo llaman el Matador. Se dio a conocer en la década los sesentas apareciendo en
programas de variedades argentinos. Fue miembro de Beto y los Huracanes junto
a Bingo Reyna; y luego debutó con Cacho Castaña (1972). Al mismo tiempo trabajó
en cine y televisión, siendo especialmente conocido por su participación en Los
éxitos del amor (1979) y Ritmo, amor y primavera (1981).
PRIMEROS AÑOS
Nació en Buenos Aires, Argentina, hijo de Antonio Castagna y Rosa Curra. Desde
pequeño mostró interés por la música. A los catorce ya era profesor de piano y
gracias a esto poco después empezó a trabajar como pianista en algunas orquestas
de tango. En la segunda mitad de los sesentas comenzó a ganar reconocimiento
gracias a sus apariciones en televisión. Castaña se presentaba frecuentemente en
los programas ómnibus del canal 9, los sábados en la mañana.
En ese entonces formó junto a Bingo Reyna, el grupo Beto y los Huracanes, con el
cual se dio conocer como vocalista. A comienzos de los setentas, mientras ganaba
reconocimiento como cantante, debutó como actor El mundo es de los jóvenes
(1970), de Julio Porter y poco después apareció junto a Ismael Echeverría en El
cabo Tijereta (1973). También intervino en Los éxitos del amor (1979), de Fernando
Siro y La carpa del amor (1979), de Julio Porter.
TRAYECTORIA DE CACHO CASTAÑA
Debutó a comienzos de los setentas con el álbum homónimo Cacho Castaña
(1972), el cual incluyó grandes éxitos como El Mundo Que Inventamos, Ay Me
Gusta, Me Gusta, Sabes Lo Que Me Esta Pasando y Y Hoy No Me Llama. Unos
años después, apareció Cacho Castaña o Cara de tramposo (1975), álbum en el
que fue incluido su reconocido tema Café La Humedad. A este siguieron grandes
éxitos como Atraparon Al Ladrón, No Sé Qué Hacer Con Mi Libertad y Quieren
Matar Al Ladrón.
Un año después de Quiero Un Pueblo Que Baile (1977), regreso con el exitoso Para
Vivir Un Gran Amor (1978). Seguido lanzó Definitivamente (1981) y Estoy
Cambiando (1985). En estos álbumes presentó temas icónicos como Tengo La Piel
Vacante, La Vida Es Bonita y Pueblo, Tu Nombre Es Argentina.
Compositor de temas para televisión y cine, en 1980, regreso a la pantalla grande
con La playa del amor y La discoteca del amor de Adolfo Aristarain. Posteriormente
protagonizó Ritmo, amor y primavera (1981) e intervino en Abierto día y noche
(1981). Cuatro años después presentó Escándalo (1985), álbum en el que
aparecerían temas como Tramposa Y Mentirosa, Todavía Puedo, Traficante De
Ilusiones y Fiebre De Verano.
En los noventas publicó su tan famoso, Soy Un Tango (1994), álbum en el que
introdujo los hits Garganta Con Arena, Soy Un Tango Así, Voy Camino A Los 50 y
¿Adónde Vas? Quédate En Buenos Aires. Otros grandes éxitos de este periodo
fueron Cacho de Buenos Aires, Tita de Buenos Aires (homenaje a Tita Merello), y
Tango Triste. Comenzando el nuevo milenio presentó Buenos Aires lado B
(2001), seguido de En vivo (2003) y Espalda con espalda (2005). Ese mismo año,
recibió el Diploma al Mérito en los Premios Konex a la Música Popular (2005),
convirtiéndose en uno de los cinco mejores compositores de Argentina. En 2008,
compuso junto a Valeria Lynch el tema principal de la telenovela Por amor a vos,
con este ganó Premio Martin Fierro a la Mejor Canción Original.
Ese mismo año lanzó el álbum en vivo, Yo seré el amor (2008). Dos años después
regreso con Mas Atorrante Que Nunca (2010) y los temas No soy de aquí, ni soy de
allá, Solo éramos y Por un amor así. Participó en la telenovela Dulce amor
(2012), como Vicente Guerrero y fue jurado del reality Tu cara me suena, entre 2013
y 2014. Después de trabajar Amar después de amar (2017), lanzó su último
trabajo, Distinto (2018).
Durante sus últimos años de vida fue duramente criticado por sus comentarios
misóginos en televisión. Castaña falleció a los 77 años, el 15 de octubre de
2019, tras pasar varios días en terapia intensiva por problemas respiratorios.
MAR DE LA MEMORIA, Mario Benedetti
Cuando se ha visto la sangre,
En la soledad no hay río
Del olvido.
RAFAEL ALBERTI
Es cierto / Rafael / no hay un río
Del olvido / hay un mar de memoria /
Ese que trae amor fatigas gloria
O un privilegio cándido y tardío
El exilio fue siempre un desafío
Una deuda sin paz ni moratoria
Vaya a saber resaca de qué historia
Entre tu mar de Cádiz y el mar mío
A la ausencia no hay quien se acostumbre /
Otro sol no es tu sol / aunque te alumbre /
Y la nostalgia es una pesadilla
Sabemos que ahora vives años buenos
Mas seguimos echándote de menos
Allá lejos y verde / en nuestra orilla.
“El olvido está lleno de memoria”
“Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubieran existido los
combustibles ojos del alma o los labios de la pena huérfana cada vez que nos
dan clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me
convenzo de que mi región no es la farándula de otros.”
Información bibliográfica
Título
El Olvido Está Lleno de Memoria: Poesía
Volumen332 de Colección Visor de Poesía Series
Autor
Mario Benedetti
Edición
2, ilustrada
Editor
Visor Libros, 1995
Procedencia del original
Universidad de Michigan
Digitalizado
8 Abr. 2008
ISBN
847522332X, 9788475223322
Largo
166 páginas
El exilio hecho palabra
por YASMINA JIMÉNEZ
Una vida de 88 años puede dar para mucho. Desde que Mario Benedetti naciera el
14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay, quedó claro que las
mudanzas serían una constante durante su existencia. Primero fue, con cuatro
años, a Montevideo; después, durante su primera juventud, pasaría unos años en
Buenos Aires y un año en París. Mucho aprendió de sus experiencias en el
extranjero, pero nada que ver con lo que le traería la marcha forzada. «Una cosa
es el exilio y otra cosa es el éxodo. En el exilo ponen a uno de patitas en la
frontera y el expulsado se va con su nostalgia a cuestas en busca de otra tierra»,
escribió Benedetti.
Argentina, Perú, Cuba y España fueron sus primeros destinos tras abandonar
Uruguay después del golpe de Estado, en 1973. Huir se convirtió en una tragedia
que nunca abandonó su obra. Atrás tuvo que dejar a su mujer, Luz López Alegre,
con la que se había casado en 1946 y a la que perdería 40 años después por culpa
del Alzheimer.
Durante el exilio, siempre recordó la solidaridad de todos aquellos que le ayudaron
cuando llegaba a un lugar nuevo. Doce años pasaron hasta que pudo regresar a
Montevideo. Y lo hizo, volvió, pero volvió distinto. Después del retorno, él mismo
eligió vivir a caballo entre tierras uruguayas y españolas: seis meses allí, otros seis
aquí. Aunque la capital uruguaya y sus habitantes fueron los protagonistas de
prácticamente todas sus historias.
Antes de iniciar su periplo inacabable, Benedetti ya había escrito, entre otras
muchas, su mejor novela, 'La tregua' (1960), 'Gracias por el fuego' (1961) y 'El
cumpleaños de Juan Ángel' (1971). Las dos primeras llevadas al cine por el
argentino Sergio Renán años después. La versión cinematográfica del amor
de Martín Santomé y la joven Laura Avellaneda a punto estuvo de ganar un
Oscar en 1975. Diez años después, 'La tregua' alcanzaría su 75ª edición.
Siendo todo lo que fue Benedetti —taquígrafo, vendedor, cajero, contable, traductor,
librero, funcionario y periodista— no podía ser de otra forma su obra. Se atrevió
con el cuento, la novela, el ensayo, el teatro y la crítica literaria. Aunque la
poesía fue siempre su verdadera pasión, con la que se sentía más él mismo.
Cantautores como Nacha Guevara, Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Luis Pastor
o Pablo Milanés hicieron suyos a través de la música los versos cargados de
compromiso político y social del poeta uruguayo.
Quizá fue esa manía suya de mantenerse fiel a sus ideas políticas y tratar temas
sociales lo que le generó el aplauso del pueblo y le privó de los mayores
reconocimientos literarios. El mismo Benedetti sabía que la etiqueta de 'autor
comprometido' fue utilizada por algunos para ningunear otros aspectos de su obra.
Aunque para él su galardón más importante era tener lectores, en España su trabajo
fue reconocido con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999. También
recibió en 2001, tras superar una dolencia cardiaca, el premio iberoamericano José
Martí.
Su obra está marcada por el amor y la solidaridad, y a medida que pasa el tiempo,
por la muerte, esa que le miró de frente el 17 de mayo de 2009 en Montevideo. El
adiós definitivo se convierte en un referente, casi en una obsesión. Y aunque él
mismo reconoció en diversas ocasiones su inquietud por el fin de su vida, le
preocupó aún más la muerte de la Humanidad. «Cuando llegue el momento de ser
nadie, el mundo seguirá y no lo veremos. […] Lo cierto es que no somos dueños de
este cuerpo, tan sólo lo alquilamos, hasta que llega el óbito y nos da desalojo. Y
entonces ser nadie es bastante menos que ser poco». La angustia de Mario
Benedetti reflejada en uno de sus últimos libros, 'Vivir adrede' (2007), no borra
su legado literario, más de 80 obras, tocado por el don de la inmortalidad.
NOCIÓN DE PATRIA, Mario Benedetti
Además una cosa:
Yo no tengo ningún inconveniente
En meterme en camisa de once varas...
Nicanor Parra
Cuando resido en este país que no sueña
cuando vivo en esta ciudad sin párpados
donde sin embargo mi mujer me entiende
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres
y llamo a mis amigos de vereda a vereda
y puedo ver los árboles desde mi ventana
olvidados y torpes a las tres de la tarde
siento que algo me cerca y me oprime
como si una sombra espesa y decisiva
descendiera sobre mí y sobre nosotros
para encubrir a ese alguien que siempre afloja
el viejo detonador de la esperanza.
Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas
que se ha vuelto egoísta de puro generosa
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obscena.
Confieso que otras veces me he escapado.
Diré ante todo que me asomé al Arno
que hallé en las librerías de Charing Cross
cierto Byron firmado por el vicario Bull
en una navidad de hace setenta años.
Desfilé entre los borrachos de Bowery
y entre los Brueghel de la Pinacoteca
comprobé cómo puede trastornarse
el equipo sonoro del Chateau de Langeais
explicando medallas e incensarios
cuando en verdad había sólo armaduras.
Sudé en Dakar por solidaridad
vi turbas galopando hasta la Monna Lisa
y huyendo sin mirar a Botticelli
vi curas madrileños abordando a rameras
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas
que preguntaban por el comedor
suecos amontonados en dos metros de sol
y en Copenhague la embajada rusa
y la embajada norteamericana
separadas por un lindo cementerio.
Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve
y el carnaval de Río cubierto por la samba
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros
probé en Santiago el caldillo de congrio
y recibí el Año Nuevo en Times Square
sacándome cornetas del oído.
Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche
y salvando las obvias diferencias
vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses
vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station
y salvando otra vez las diferencias
vi un toro de pacífico abolengo
que no quería matar a su torero.
Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos
con una insolación mediterránea
y me saqué una foto en casa de Jan Neruda
dormí escuchando a Wagner en Florencia
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón
vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall
marcando el jazz con negros zapatones
vi a las mujeres más lindas del planeta
caminando sin mí por la Vía Nazionale.
Miré
admiré
traté de comprender
creo que en buena parte he comprendido
y es estupendo
todo es estupendo
sólo allá lejos puede uno saberlo
y es una linda vacación
es un rapto de imágenes
es un alegre diccionario
es una fácil recorrida
es un alivio.
Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.
Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.
“Noción de Patria”
Autor
Mario Benedetti
Colección
Biblioteca Mario Benedetti
Fecha de edición
1998
Nº páginas
65 páginas
Medidas
17 x 11 x 0,6 cm.
Acabado
Tapa blanda
ISBN
978-84-7522-704-7
Mario Benedetti: una poética del acontecimiento
Nancy Morejón (Teatro Nacional de Cuba)
En nuestros días, cualquier lector hispanoparlante -proceda de la Península Ibérica
o de Nuestra América- conoce el nombre de Mario Benedetti porque le es
esencialmente familiar. Y ese nombre está asociado no sólo a la enorme presencia
de la literatura latinoamericana en el mundo de hoy, sino a la relación de su escritura
con sus consumidores. El más versátil de los escritores continentales no sólo ha
gestado un cuerpo literario diverso en cuanto a géneros y estilos -el más diversosino que ha contribuido como pocos a zanjar el ancestral conflicto de la literatura de
cualquier lengua o expresión con la existencia de un público lector capaz de
reconocerse en los libros de aquellos autores que hayan deparado una mejor mirada
hacia asuntos más entrañables. Dicho cuerpo literario fue naciendo a la par que su
creador iba creando un público lector preparado para entender las claves de una
literatura que ya mostraba su rostro específico, su originalidad y su firme anhelo de
independencia artística. Entre los méritos de Benedetti está su concepto y su
práctica de lo que es el oficio del escritor latinoamericano en lo que va de siglo.
Porque, como ha expresado en innumerables ocasiones, el primer público que
Mario eligió como audiencia primordial fue el uruguayo. Los personajes de su
literatura son uruguayos. Benedetti es un hombre enamorado de su particularidad
montevideana y, de esta elección, de esta opción, surge toda una ética intelectual
que, a su vez conforma su sentido universal de la escritura, una escritura que parte
de hechos y situaciones reales, no de abstracciones típicas de cierta literatura
suramericana cuyos derroteros tenían como estímulo un mimetismo a ultranza, o
quizás un bovarismo, absortos ambos en una programada esquizofrenia. Ese
esplendor que ilumina la relación de Mario Benedetti con vastas audiencias no sólo
se produce a partir de la presencia de sus obras en el mercado del libro, sino de ese
acontecimiento insólito que es su popularidad ante muchos públicos de distintas
edades, de variados orígenes, de variados confines, irreductibles fanáticos de sus
poemas, de sus baladas, en fin, de sus canciones. He hablado de acontecimiento.
Es y se trata de un acontecimiento, casi llevado a categoría estética esto que viene
ocurriendo con la poesía de Benedetti375. Su poesía se lee, se escucha, se canta y
es perseguida por sus consumidores. Siendo tan excepcional este extraño
fenómeno editorial, extendido al mundo del espectáculo y el disco, nos parece hoy,
sin embargo, tan natural que no podemos alcanzar a comprender el salto que esto
ha producido en las letras latinoamericanas, particularmente en nuestra poesía.
(…)
El escenario citadino, centro del paisaje que elige la voz del poeta, junto a un
sentido de raigambre, por contraste, establecen una premonición no sólo de lo que
será la biografía itinerante de Mario, sino lo que será la multiplicidad de exilios, por
cierto, tema recurrente en toda su obra. La trayectoria de nuestro autor patentiza
una vocación estilística que atraviesa esa misma obra sobreponiéndose, incluso, a
la mayoría de sus principales temas armando, de este modo, un andamiaje de
recursos tan amplio como los existentes en la caja cuadrada de un mago. Benedetti
viaja del verso libre al ice-berg así como al fluir de la conciencia como formas de
expresión de un coherente cuadro de valores.
Nuestro autor, que es un consumado pensador, diseña en sus poemas aquel
mundo que debe mover al lector hacia una conciencia de la acción enmarcada, en
principio, en la vida civil; en la lucha en favor de los derechos civiles -volatilizados
por las dictaduras suramericanas de la década de los setenta-. Hay un encofrado
de vasos comunicantes que esta poesía genera. Luego habrá un retorno trasmutado
de la prosa a la poesía. Es el momento en que la escritura de Mario Benedetti
alcanza su definición mejor a través de dos libros: Poemas de otros (1973-1974),
y El cumpleaños de Juan Ángel (1975). Pienso que ambos colman las expectativas
de Mario en la medida en que dibujan una tierra de nadie, custodiada por elementos
narrativos descubiertos en La tregua y en Gracias por el fuego, así como también
en Montevideanos. Allí también estalla lo que he intentado nombrar como una
poética del acontecimiento. No se trata aquí de comenzar un estudio comparado de
la estilística de Benedetti situando los paroxismos decisivos que van de su poiesis a
su estilo narrativo. No. Pero sería imposible hablar de su obra poética sin tener en
cuenta cuán transgresora y experimentalista ha sido su vocación literaria puesta en
función de un concepto del mundo y de un concepto de la función de la literatura
como escritura y como hecho social.
(…)
… La obra de Benedetti va y viene por temas que se tornan recurrentes en la medida
en que pueden ser encontrados por el lector, con diferente tratamiento, a lo largo de
su obra poética. Con el entusiasmo de una lectora cubana adolescente (que suman
miles), he creído hallar en toda la poesía de este autor temas significativos y, en el
rastreo que enuncié más arriba, intenté verificar una percepción a su alrededor.
El primero de todos es uno de los más socorridos puesto que bordea, a todas
luces, su expresividad. La patria se percibe como una categoría muy relacionada
con la identidad, más particular o más general. La historia de la patria en la poesía
de Benedetti crea un arco que va desde la familia y la casa hasta el concepto de
«patria es humanidad» que tomara de José Martí, pasando, naturalmente, por la
trascendencia del terruño natal (Paso de los Toros) y la decisiva experiencia
montevideana. En este sentido, quisiera confesar cuánto veo de técnica de
Rashomón (una caja dentro de otra hasta el infinito) en el tratamiento de este tema.
La primera noción de patria aparece en el poema «Esta es mi casa», del breve
volumen Sólo mientras tanto (1948-1950). La casa del poeta es descrita en su
dimensión física remitiendo al lector a su verdadera dimensión que es la existencial.
Este poema de juventud resulta ser una indudable premonición: «No cabe duda.
Esta es mi casa / aquí sucedo, aquí me engaño inmensamente. / Ésta es mi casa
detenida en el tiempo». La casa de este tiempo avizora la patria asediada y convulsa
de los años setenta cuya crisis de valores lanzará al poeta al destierro no sólo por
causa de su soledad, de su angustia por el tiempo, sino de su acción como luchador
en favor de reivindicaciones sociales y políticas. De hecho, el poema «Noción de
patria», que da título a todo un cuaderno, es una confrontación de la patria por
defecto. El poeta, haciendo un recuento de todos los rincones del mundo visitados,
reconoce su rincón, su sitio personal aún consciente de la crisis que por aquel
entonces se avecinaba. Así, opta por reconocer que esa primera noción y opción de
patria tienen un signo en donde prevalece el factor de la colectividad:
…y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.
Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.
La patria del joven Benedetti se alza contra los males y los estereotipos que
asolaban el Uruguay de los años cuarenta, era decir, una patria suiza inigualable,
sin relojes.
Los poemas «Noción de patria» y «Otra noción de patria» enmarcan nociones
distintas de dos momentos históricos diferentes. El primero muestra la toma de
conciencia de una patria asumida más allá del cliché, como una pertenencia
compartida, según un sentimiento de identidad afianzada en lo social. El segundo,
denuncia los resortes del destierro, de la expulsión en masa de «su casa», de su
familia extendida, es decir, de su patria. Los avatares de una errancia inconsolable
quedan fijos en este poema que engloba una suerte de lamento de la diáspora del
Cono Sur. Todos fuera, «el paisito más allá»; todos conscientes de sus razones
históricas contra los depredadores, «hombres de mala voluntad», opresorestorturadores, y el poeta acierta al concluir que, de todos, sólo «uno de cada mil se
resigna a ser otro»
BIOGRAFÍA DE MARIO BENEDETTI
Por Remedios Mataix
(Universidad de Alicante)
Mario Benedetti nació en Paso de los Toros (Tacuarembó, Uruguay) el 14 de
septiembre de 1920, hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia, quienes, siguiendo
sus costumbres italianas, lo bautizaron con cinco nombres familiares como Mario
Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.
La familia residió en Paso de los Toros durante los primeros dos años de vida
del autor, para luego trasladarse a Tacuarembó y Montevideo. Allí, en 1928,
Benedetti inicia sus estudios primarios en el Colegio Alemán, al que seguirían el
Liceo Miranda, donde realizó estudios secundarios de manera incompleta por las
dificultades económicas familiares, y la Escuela Raumsólica de Logosofía.
Desde los catorce años trabajó en la empresa Will L. Smith, S.A. de repuestos
para automóviles, en la que hizo prácticamente de todo: fue vendedor, cajero,
taquígrafo, contable; hasta que en 1939, acompañando como secretario al líder de
la Escuela Raumsólica (de la que formaron parte también su familia y la familia de
Luz López Alegre, quien después sería su esposa), se trasladó a Buenos Aires,
donde hizo también un poco de todo, pero especialmente -según contaría más
tarde, leyendo a Baldomero Fernández Moreno- descubrir su vocación de poeta.
Volvió a Montevideo en 1941, donde pronto consiguió una plaza de funcionario en
la Contaduría General de la Nación y donde (desde 1945 hasta 1974, con la
clausura de la publicación), se integró en la redacción del semanario Marcha, un
importante foro de reflexión y análisis clave en la cultura rioplatense, en el que se
formaron hasta tres generaciones uruguayas de intelectuales (con Juan Carlos
Onnetti, Eduardo Galeano, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Alfredo
Zitarrosa, Daniel Viglietti o Idea Vilariño como nombres principales) de cuya sección
literaria Benedetti sería director en 1954.
Ese mismo año de 1945, publica su primer libro de poemas, La víspera
indeleble, que no se volverá a editar, y un año después, el 23 de marzo de 1946,
contrae matrimonio con Luz López Alegre, su gran amor y compañera de vida, a la
que conocía desde que eran niños. Un año más tarde el matrimonio recorre parte
de Europa con los padres de Luz, en un viaje que será el preludio del que harán en
1957, mucho más largo.
De regreso en Montevideo, en 1948 dirige la revista literaria Marginalia y
aparece su primera obra ensayística, Peripecia y novela (1948), a la que siguió su
primer libro de cuentos, Esta mañana (1949), con el que obtuvo el Premio del
Ministerio de Instrucción Pública, galardón al que Mario Benedetti accedió en
repetidas ocasiones, hasta que en 1958 renunció a él por discrepancias con su
reglamentación. Por esas mismas fechas participa activamente en el movimiento
contra el Tratado Militar con los Estados Unidos, su primera acción como militante,
y publica los poemas de Sólo mientras tanto (1950), editado por Número, una de las
revistas literarias más destacadas de la época, de la que Benedetti fue miembro del
consejo de redacción, y que se hará cargo también de las ediciones de Marcel
Proust y otros ensayos y El último viaje y otros cuentos, posteriormente integrados
a otros títulos.
En 1953 aparece Quién de nosotros, su primera novela, que, aunque bien
recibida por la crítica, pasará casi desapercibida entre el público y tendrá que
esperar al tirón del volumen de cuentos Montevideanos (1959) -en los que toman
forma las principales características de la narrativa de Benedetti- y especialmente
al de su siguiente novela, La tregua (1960), para ser leída con atención. Fue esa
última obra, La tregua, la que supuso la consagración definitiva del escritor y el inicio
de su proyección internacional (la novela tuvo más de un centenar de ediciones, fue
traducida a diecinueve idiomas y llevada al cine, el teatro, la radio y la televisión),
que corren paralelas a la creciente relevancia de Benedetti como poeta desde el
rotundo éxito que disfrutaron sus Poemas de la oficina (1956).
Pero ese año 1960 es una fecha significativa también para la trayectoria
personal y política del autor. Ha vivido cinco meses en Estados Unidos (que, dijo,
se le «atragantó» por múltiples motivos: el materialismo, el racismo, la desigualdad),
se adscribe abiertamente al grupo de intelectuales afines a la Revolución Cubana
(«un sacudón que nos cambió todos los esquemas, que transformó en verosímil lo
que hasta entonces había sido fantástico, e. hizo que los intelectuales buscaran y
encontraran, dentro de su propia área vital, motivaciones, temas y hasta razones
para la militancia») y a raíz de todo esto escribe su primer texto explícitamente
comprometido, El país de la cola de paja (1960).
Desde entonces aumentará su participación política y vivirá unos tiempos de
intensa actividad intelectual (trabaja como crítico y codirector la página literaria del
diario La mañana, colabora como humorista en la revista Peloduro, escribe en La
Tribuna Popular, viaja a México para participar en el II Congreso Latinoamericano
de Escritores, es Miembro del Consejo de Dirección de Casa de las Américas de La
Habana y funda y dirige allí el Centro de Investigaciones Literarias hasta 1971),
literaria (Gracias por el fuego, 1965, El cumpleaños de Juan Ángel, 1971, Letras de
emergencia, 1973, La casa y el ladrillo, 1977, Cotidianas, 1979) y también militante:
lidera el Movimiento de los Independientes del 26 de Marzo que luego integrará el
Frente Amplio (alternativa a los dos clásicos partidos: el Blanco y el Colorado). Tras
el Golpe de Estado del 27 de junio de 1973 renuncia a su cargo en la universidad y,
por sus posiciones políticas, debe abandonar Uruguay, partiendo a un largo exilio
de casi doce años que lo llevó a residir en Argentina, Perú, Cuba y España, y que
dio lugar también a ese proceso bautizado por él como desexilio: una experiencia
con huellas tan profundas en lo vital como en lo literario.
Tras esos largos años en los que vivió y escribió alejado de su patria y de su
esposa, quien tuvo que permanecer en Uruguay cuidando de las madres de ambos,
Benedetti regresa a su país en marzo de 1983, se integra como Miembro del
Consejo Editor en la nueva revista Brecha, que dará continuidad al proyecto
interrumpido de Marcha, y sigue escribiendo, engrosando una ya extensa
trayectoria poética (Recuerdos olvidados, 1988, Viento del exilio, 1981 Primavera
con una esquina rota, 1982, Las soledades de Babel, 1991, Preguntas al azar,
1986, El mundo que respiro, 2001, Insomnios y duermevelas, 2002, El porvenir de
mi pasado, 2003, Existir todavía, 2004, Adioses y bienvenidas, 2005, Testigo de
uno mismo, 2008), narrativa (Geografías, 1984, La borra del café, 1992, Andamios,
1996), y ensayística (Perplejidades de fin de siglo, 1993) que disfruta de un
reconocimiento internacional merecedor de innumerables premios y galardones.
El autor repartirá su tiempo entre sus residencias de Uruguay y España hasta
que tras el fallecimiento de su esposa en 2006 se traslade definitivamente a su
residencia en el barrio Centro de Montevideo, Uruguay. Con motivo de su traslado,
Benedetti donó parte de su biblioteca personal en Madrid al Centro de Estudios
Iberoamericanos de la Universidad de Alicante que lleva su nombre.
En los últimos años la salud del escritor se resiente y es hospitalizado a menudo
hasta que el 17 de mayo de 2009 muere en su casa de Montevideo, a los 88 años
de edad. El gobierno uruguayo decreta duelo nacional y dispone que su velatorio se
realice con honores patrios en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio
Legislativo. A los pies del ataúd se acumulan decenas de flores y bolígrafos que la
gente deposita como último tributo al escritor. Al día siguiente el féretro es
trasladado desde el Congreso hasta el Cementerio Central, donde se le rinde
homenaje, en cortejo por las calles de Montevideo acompañado por miles de
personas. Desde el 19 de mayo el cuerpo del poeta descansa junto al de su esposa
Luz en el cementerio del Buceo de Montevideo.
El exilio en la literatura hispanoamericana
El exilio ha dominado a lo largo del siglo XX la literatura hispanoamericana,
tanto a un lado como al otro del Atlántico. Esta condición anómala del escritor
abarcó a españoles, argentinos, chilenos, uruguayos, paraguayos, salvadoreños…
entre muchos más. El exilio se manifestó en muchos de sus poemas, cuentos,
novelas o ensayos, y fue una característica que los acompañó el resto de su
vida, incluso si pudieron regresar a su país natal. Pues como muy bien
definió Adolfo Sánchez Vázquez en su libro ¡Exiliado!, publicado en México en
1977: “el exilio es un desgarrón que no acaba de desgarrarse, una herida que no
cicatriza, una puerta que parece abrirse y nunca se abre (…) el exiliado descubre
con estupor, primero con dolor, después, con cierta ironía más tarde, en el momento
mismo en que objetivamente ha terminado su exilio, que el tiempo no ha pasado
impunemente, y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un
exiliado”.
Se suele emplear el nombre de exilio cultural para referirse al exilio impuesto, en
particular, por la situación en que se encuentra la producción del libro y la acogida
por el público lector. La literatura en el exilio conlleva un doble sentido: en sentido
estricto, es la literatura de los autores que tratan en sus obras el tema del exilio; en
un sentido más amplio, es toda la literatura escrita por los autores desterrados. Pero
el peor de los exilios para cualquier escritor fue el exilio interior al que muchas
veces se sometía su pensamiento y su obra, fuese o no un exiliado real.
Es un hecho que la opresión, la censura y el miedo de los países nativos
aplastaron in situ muchos jóvenes talentos cuyas primeras obras tanto prometían.
También lo es, el que los escritores exiliados en el extranjero se mostraron en
conjunto más fecundos que aquellos a quienes las condiciones internas
acorralaban. Estos escritores no solamente favorecieron su creación literaria y
proyección internacional con el exilio, sino que también se integraron en el
contexto intelectual del país de acogida, de manera que su obra tuvo un gran
impacto e influencia posterior allí donde se publicaba. Es el caso, por ejemplo,
de
los escritores
del Boom latinoamericano, García
Márquez, Vargas
Llosa y Cortázar entre ellos, cuyas obras encontraron un fuerte respaldo entre el
sector editorial barcelonés, en las décadas de 1960 y 1970.
Para citar otro ejemplo en sentido opuesto, los escritores españoles que a finales
de 1939 partieron de Francia hacia México huyendo de los horrores de la guerra
y de la persecución del franquismo, muchos de la generación del 27 como Juan
Rejano o Luis Cernuda, encontraron un hogar donde expresarse y crecer
intelectualmente. Tal es así que su herencia literaria enriqueció el acervo cultural
mexicano, creándose una serie de amistades y proyectos editoriales entre
intelectuales de ambos países.
La influencia mutua entre los contextos culturales del país natal y del país de
acogida no se limitó al mundo literario, sino que trascendió al panorama político o
cinematográfico. Sin embargo, no fue un camino fácil, pues para muchos de ellos
las palabras fue el único vínculo que conservaron con el país de origen, siendo una
constante en su obra la obsesión por la patria perdida. En palabras de Julio
Cortázar: “El escritor exiliado es alguien que se sabe despojado de todo lo
suyo, muchas veces de una familia y en el mejor de los casos de una manera y
un ritmo de vivir, un perfume del aire y un color del cielo, una costumbre de casas
y de calles y de bibliotecas y de perros y de cafés con amigos y de periódicos y de
músicas y de caminatas por la ciudad. El exilio es la cesación del contacto de un
follaje y de una raigambre con el aire y la tierra connaturales; es como el brusco
final de un amor, es como una muerte inconcebiblemente horrible porque es
una muerte que se sigue viviendo conscientemente “2
2
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hispanoamericana/
PORTAFOLIO: EXILIO
OBRAS:
 “Carne de exportación”, Inés Fernández Moreno
 “Septiembre del ‘88” Cacho Castaña
 “Mar de la memoria” Mario Benedetti
 “Noción de patria” Mario Benedetti
CAMARGO, Gabriela Soledad
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