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Tema41 Las fuentes y Orígenes de la Literatura Occidental

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Temario de oposiciones
LENGUA Y
LITERATURA III
Adam Bartolomé Gallardo Cuenca
Temario de oposiciones de
Lengua y literatura III
Adam Bartolomé Gallardo Cuenca
Primera edición, 2017
Autor: Ádam Bartolomé Gallardo Cuenca
Maquetación: Raquel Garzón Montagut
Edita: Educàlia Editorial
Imprime: Grupo Digital 82, S.L.
ISBN: 978-84-947282-4-2
Depósito legal: En curso.
Printed in Spain/Impreso en España.
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ÍNDICE
TEMA 41 Las fuentes y los orígenes de la literatura occidental. La Biblia. Los clásicos greco-latinos.
TEMA 42 La épica medieval. Los cantares de gesta. “El Cantar de Mio Cid”.
TEMA 43 El Mester de Clerecía. Gonzalo de Berceo. El Arcipreste de Hita.
TEMA 44 La prosa medieval. La escuela de traductores de Toledo. Alfonso X el Sabio y Don
Juan Manuel.
TEMA 45 Lírica culta y lírica popular en el siglo XV. Los cancioneros. Jorge Manrique. El romancero.
TEMA 46 “La Celestina”.
TEMA 47 La lírica renacentista. Las formas y el espíritu italiano en la poesía española. Garcilaso
de la Vega.
TEMA 48 La lírica renacentista en Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Santa Teresa.
TEMA 49 La novela en los siglos de oro. El Lazarillo de Tormes. La novela picaresca.
TEMA 50 El Quijote.
TEMA 51 La lírica en el Barroco: Góngora, Quevedo y Lope de Vega.
TEMA 52 Creación del teatro nacional: Lope de Vega.
TEMA 53 Evolución del teatro barroco: Calderón de la Barca y Tirso de Molina.
TEMA 54 Los teatros nacionales de Inglaterra y Francia en el Barroco. Relaciones y diferencias
con el teatro español.
TEMA 55 La literatura española en el siglo XVIII.
TEMA 56 Formas originarias del ensayo literario. Evolución en los siglos XVIII y XIX. El ensayo
en el siglo XX.
TEMA 57 El movimiento romántico y sus repercusiones en España.
TEMA 58 Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX.
TEMA 59 El realismo en la novela de Benito Pérez Galdós.
TEMA 60 Modernismo y 98 como fenómeno histórico, social y estético.
TEMA 61 La renovación de la lírica española: final del siglo XIX y principios del XX.
TEMA 62 Las vanguardias literarias europeas y española. Relaciones.
TEMA 63 La lírica en el grupo poético del 27.
TEMA 64 La novela española en la primera mitad del siglo XX.
TEMA 65 Nuevas formas del teatro español en la primera mitad del siglo XX. Valle Inclán.
García Lorca.
TEMA 66 Nuevos modelos narrativos en España a partir de 1940.
TEMA 67 La narrativa hispanoamericana en el siglo XX.
TEMA 68 La poesía española a partir de 1940.
TEMA 69 La poesía hispanoamericana en el siglo XX.
TEMA 70 El teatro español a partir de 1940.
TEMA 71 Recuperación de la literatura de tradición oral. Tópicos y formas.
TEMA 72 La literatura en lengua catalana, gallega y vasca: obras más relevantes y situación actual.
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TEMA 41
Las fuentes y los orígenes de la literatura occidental. La biblia. Los
clásicos greco-latinos.
0. Introducción
1. Fuentes y orígenes de la literatura occidental
1.1. EL origen cristiano
1.2. Obra latina medieval
1.3. La literatura árabe
1.4. La concepción del amor en la lírica y en la novela
1.5. El teatro y la prosa
2. La Biblia
2.1. Traducciones
2.2. Los libros de la Biblia. Nómina y clasificación literaria
2.2.1. Antiguo testamento
2.2.2. Nuevo Testamento
2.3. Influencia de la Biblia en la literatura española
3. Los clásicos greco-latinos
3.1. La literatura griega
3.2. La literatura latina
4. Conclusión
5. Bibliografía
0. INTRODUCCIÓN
La civilización occidental se ha conformado, a lo largo de los siglos, con la herencia de tres legados, principalmente: el de los griegos, el de los romanos, y el del cristianismo, a través del cual nos llega Israel.
La literatura es un elemento común a toda la humanidad, previo a la invención de la escritura, que desde
sus orígenes, fue transmitida oralmente.
El cristianismo empezó a extenderse a través de las cruzadas y de las órdenes eclesiásticas al tiempo que
decaía el imperio romano, continuador del pensamiento y de la cultura griega. La importancia de la Biblia
se debe a que se considera revelación de Dios que inspira a los autores de los textos. Esos textos sagrados
contienen las creencias y las pautas de conducta que explican y ordenan el mundo por lo cual deben conocerse e imitarse. Así, los autores medievales, imbuidos en el teocentrismo, beberán en sus fuentes para
escribir sus obras. También, los autores griegos y romanos son considerados modelos de imitación y fuentes
de autoridad. Así se basan en pensamiento y la cultura griega, sobre todo, en autores del periodo clásico
en el que la razón lo impregnaba todo. La literatura latina, que es una imitación de los modelos griegos, a
la que recurrieron tanto autores medievales (Cicerón, Séneca) como renacentistas (Virgilio y Horacio).Y, por
último, los medievales convivieron con la cultura árabe durante ocho siglos.
En la exposición del tema trato, en primer lugar, las fuentes y los orígenes de la literatura occidental, donde
se incluyen las fuentes árabes y, a continuación, caracterizaré dichas fuentes, adaptándome al enunciado
de la segunda parte del tema, comenzando por la Biblia, seguido de la literatura griega, con sus épocas,
autores y obras más representativos, y, por último, la literatura latina, épocas y autores más representativos.
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1. FUENTES Y ORÍGENES DE LA DE LA LITERATURA OCCIDENTAL
1.1. eL Origen CriStianO
Aunque en la época medieval, se produzcan una serie de contradicciones como que junto a la filosofía
que intenta racionalizarlo todo exista la noción instintiva de pecado y castigo, que en el arte se produzca
una extraña simbiosis de primitivismo y refinamiento y que su rígida estructura social experimente unas convulsiones, populares o nobiliarias, que sacuden la convivencia, sin embargo, este periodo se caracteriza
por una visión del mundo señorial y teocéntrica. Su principal preocupación es la relación del hombre con
Dios y este sentimiento religioso se manifiesta en todos los órdenes de la existencia, incluida la literatura.
Tanto el pensamiento, la filosofía como la teología medieval están íntimamente unidos a la concepción
griega, en especial helenística y alejandrina. Prueba de ello son la explicación del misterio de la santísima
Trinidad que hace santo Tomás en la Summa theologica, deudora de las ideas de Plotonio, y la Divina comedia de Dante que no es sino una vulgarización poética de la doctrina escolástica perfectamente asimilada, con adiciones tomadas de un libro hispanoárabe, La escala de Mahoma.
Los talleres monacales contribuyeron al desarrollo de la arquitectura y la escultura.
Lo que distingue y universaliza a los fenómenos culturales europeos frente a los asiáticos hay que buscarlo
en su racionalidad, en los rigurosos esquemas jurídicos y las figuras conceptuales del derecho romano
y del occidental formado en su escuela, en el empleo racional de la bóveda gótica como medio de distribución de los empujes y de cubrimiento de espacios en la creación de los monumentos, totalmente desconocidos en oriente. Racionalidad aplicada también al pensamiento filosófico, científico, técnico, musical
(técnica del contrapunto) o económico.
Fue ese mundo cristiano el que impulsó la racionalización que hizo posible la posterior secularización. La
perduración de la semilla bíblica y cristiana, en lo positivo y en lo negativo, hicieron brotar frutos consistentes, una ciencia racional, un empeño artístico, un dinamismo político y económico que evita el eterno
retorno de otras religiones, así como la repetición incansable de sus mundos artísticos, literarios y hasta
musicales. Sin el eje cristiano no puede comprenderse la peculiaridad de la historia europea.
La idea de progreso en la Alta Edad Media es todavía desconocida, por lo que impregna una idea de estatismo en la sociedad en casi todos los ordenes (escolástica, espiritualismo, feudalismo) si bien, con la Baja
Edad Media se produce una lenta apertura pero constante hasta el Renacimiento, la de la secularización
y aburguesamiento de la cultura. El nominalismo considera como mudable y transitoria cualquier norma
universal. Considera los conceptos no como realidades sino como construcciones verbales. No existe una
norma universal válida sino que toda norma es relativa. Ésta fue la doctrina –guillermo de Ockam– que
puso en cuestión el mundo estático medieval y lo proyectó a la modernidad. Ya no existe ningún argumento
válido de autoridad. Ninguna solución puede basarse en entes de razón creados por la mente como si
existieran en realidad. Los entes no deben multiplicarse sin el apoyo de la experiencia. Así nace la ciencia,
la técnica y el progreso renacentista y poco a poco desaparece la escolástica y la filosofía idealista.
1.2. OBra Latina MeDieVaL
Durante la Edad Media, muchos jóvenes clérigos y estudiantes, rebeldes frente a la tradición, no encuentran
acomodo en el entramado eclesiástico, no terminan sus estudios y llevan una vida de mendigos y comediantes. Escriben en latín y se dirigen a un público culto y restringido, separados de los juglares que utilizan
el vulgar. Componen canciones de amor o canciones báquicas, de argumento profano, en las que colabora hasta el alto clero. Mientras que los Carmina burana parecen canciones de escolares vagabundos, De
Phyllide et Flora debe atribuirse a la nobleza clerical. Al contrario que los trovadores, tratan a las mujeres
con desprecio y el amor sensual no queda ennoblecido por la abstinencia sino cantado en su inmediatez.
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Recibe el nombre de lírica goliardesca.
Disciplina clericalis es la obra de la que más manuscritos medievales se conservan. Su autor es Moisés Sefardí, judio converso de Huesca, que tomó el nombre de Pedro Alfonso y llegó a médico del rey Enrique de
Inglaterra hacia 1100. En torno a 1400 existen versiones reducidas en español. La palabra clericalis tiene el
sentido medieval de “culto”. La doctrina se encuentra adobada con numerosos ejemplos y sentencias de
diversa extensión. Se basa en fuentes árabes y será utilizado por el Sendebar, el Calila e Dima y el Conde
Lucanor. Aunque su latín era un tanto primitivo, la influencia de sus ejemplos y sentencias fue universal.
Destaca, también, la abundante historiografía latina vigente hasta bien entrado el siglo XIII que servía de
fuente a las crónicas, historias universales y nacionales, cantares de gesta y mester de clerecía. Berceo se
sirve de fuentes latinas para refundir sus vidas de santos en la cuaderna vía del mester de clerecía.
1.3. La Literatura ÁraBe
Al principio se transmitía de forma oral por medio de recitadores, figuras legendarias del desierto –mezcla
de poeta, guerrero y bandido– que propagan la “qasida ” prototipo de canción árabe, de estrofa monorrima. Junto a estos poetas del desierto hubo también poetas de corte como Tarafa o Zuhair, algunos de cuyos
poemas han devenido proverbios populares de la lengua árabe. La prosa se cultivaba de forma mínima, en
breves relatos, sentencias y aforismos.
En general, los textos poéticos de esta etapa son de carácter épico, que posiblemente se halle en la base
de la épica hispana.
La fundación y posterior expansión de la fe islámica otorgó a la literatura árabe un carácter particular,
revitalizándola y llevándola por todo el Mediterráneo y Asia Menor, sirviéndose para ello únicamente de
El Corán, libro sagrado para el Islam que se considera revelado directamente a Mahoma (570-632) por
Dios y que se transmitió de forma oral hasta que en el 650 discípulos del profeta se encargaron de ponerlo
por escrito y ordenar las 114 “suras” o capítulos, de desigual extensión y redactados en versículos rimados
sin medida fija.
Durante muchos años este fue el único texto escrito en prosa en la literatura árabe, por lo que es innegable
su influencia en la cultura, pues originó multitud de estudios y comentarios tanto filosóficos, como estilísticos
y lingüísticos pues se tomó como modelo gramatical y literario del árabe clásico de todas las épocas.
Literatura árabe en Oriente, debido a la expansión militar, se cultiva la historiografía árabe además de la
literatura independiente de la religión. La prosa puede clasificarse en dos apartados, la de inspiración y
origen oriental, retórica y rica en recursos estilísticos, que se extenderá en traducciones y versiones por toda
Europa: Kalila wa Dimna, Libro de Barlaam y Josafat y Sendebar; y la propiamente árabe, cultivada en
maqamas, cuentecillos breves, poco refinados estilísticamente, cuyo autor más destacado es Al-Hamadani,
quien no sólo fijó relatos tradicionales sino que también aportó otros de creación propia.
Dentro de este apartado también debe mencionarse el conjunto más importante de relatos árabes, que no
se conoció en Europa hasta el siglo XVIII, se trata de Alflaila wa-laila (Las mil y una noches), donde se recopilan narraciones breves de diverso origen para el entretenimiento, transmitidas oralmente durante siglos,
que mezclan la fantasía y la realidad.
La lírica continúa cultivándose como en la etapa preislámica al menos hasta el siglo VII en las que se originan dos importantes escuelas de lírica amorosa, la de los Udries, que tratan el amor como un sentimiento
puro y auténtico, narrado desde la nostalgia y la separación de la amada y con gran refinamiento, y la de
los poetas de La Meca y Medina, que dedican sus poemas amorosos a mujeres fáciles, con ternura pero
también con desvergüenza, sensualidad, sencillez e incluso obscenidad.
La literatura árabe cuando llega a la península enfrenta a los invasores árabes con una cultura pobre (la
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visigótica) y escriben en árabe los manuscritos durante la época de los emiratos y del califato, se atraen
artistas a Al-Andalus, que crearon escuela y gozaron de eminentes seguidores autóctonos a partir del siglo
IX con Abderramán III, a través de dos importantes escuelas poéticas: la sevillana, proclive a la poesía
amorosa de carácter lírico, y la cordobesa, más filosófica e intelectual.
Durante los reinos de Taifas destacan producciones tan importantes como el tratado amoroso que se
difundió por toda Europa con el título de El collar de la paloma, obra del poeta Ibn Hazm (944-1064) de
Córdoba, que introdujo un cambio de gustos, pues además de la poesía culta y cortesana que se había
practicado hasta entonces, los autores comenzaron a cultivar y a interesarse por la poesía popular, y ya en
la época de los almorávides se le atribuye la creación de la Moaxaja, composición culta de varias estrofas
de distinta rima, seguidas de un refrán o estribillo que conocemos como jarcha (total o parcialmente en mozárabe, de base popular y a veces preexistentes a la composición culta), a Muqaddan ibn Muafá al-Qabrí
(el ciego de Cabra), siendo cultivada con gran maestría por Ibn Quzmán (c. 1078-1160), también autor
de Zéjeles, creados en torno al siglo XII, de carácter más popular que las moaxajas; Los almohades, más
preocupados por la pureza de la fe coránica, destacan por la práctica de la literatura filosófica en la que
son dignos de mención los textos neoplatónicos de Masarra o de Ibn Tufayl de Guadix, autor de El viviente
hijo del vigilante, que fue conocido durante la Edad Media como el ‘Filósofo autodidacta’, y textos de base
aristotélica de la mano del gran Ibn Rusd (1126-1198) al que los escolásticos llamaron Averroes e Ibn Arabi
de Murcia, y de Avempace (a quien además se le atribuye la creación del Zéjel)
Entre los textos religiosos no podemos dejar de mencionar a Ibn Hazm por Historia crítica de las religiones,
sectas y escuelas (Al –fisal fi l-milal wa-l-aliwa wa-l-nihal ), más conocido como “El Fisal”, donde se menciona incluso el Antiguo Testamento, mientras que una de las tres versiones realizadas en Al-Andalus, la del
cordobés Isaac Velázquez (946) incluso menciona el Nuevo Testamento; así como el Libro de la escala de
Mahoma traducido en la corte de Alfonso X, que recoge tradiciones y leyendas escatológicas surgidas de
interpretaciones varias del Corán y que pudo haber influido en La Divina Comedia de Dante.
En prosa artística propiamente dicha abundaron los textos misceláneos, tan del gusto renacentista, como el
Arrayán de los corazones.
Por último, la época del reino de Granada es culturalmente muy pobre, pero debe destacarse por ser un
puente entre la cultura árabe y la Europea, en la que las influencias son más que evidentes, mucho más allá
del siglo XV.
1.4. La COnCePCiÓn DeL aMOr en La LÍriCa y en La nOVeLa
La lírica amorosa tiene sus orígenes en la poesía trovadoresca provenzal, según Hauser (1951), la poesía caballeresca cortesana no ha descubierto el amor, pero le ha dado un sentido nuevo. Si en la antigua
literatura greco-romana, especialmente, desde finales del periodo clásico, el motivo amoroso ocupa ciertamente cada vez más espacio nunca consiguió la significación que posee en la poesía cortesana medieval.
Así, en la época helenística, en la Iliada encontramos un atisbo de amor respetado por los troyanos entre
Paris y Helena, en la Odisea Penélope se presenta como un objeto propiedad del héroe. Los líricos griegos
hablan del amor sexual, de gozo y dolor, pero sin influencia sobre la personalidad y el comportamiento. El
primer ejemplo de amor pasional, convertido en conflicto dramático como tema de una acción complicada
es Medea de eurípides. De él toma la comedia antigua y nueva este tema. Los argonautas de apolonio
contiene rasgos sentimentales románticos. Virgilio refleja idéntica pasión en los amores de Dido y Eneas. El
helenismo retoma los idilios románticos: Amor y Psique, Venus y Adonis, Hero y Leandro, Dafnis y Cloe. En
la mitología aparecen otras parejas de dioses y humanos, Venus y Adonis, Apolo y Dafne,... que ejercieron
un poder de seducción omnímodo en los periodos renacentista y barroco.
Entre la época helenística y los trovadores, sólo Ovidio trata el arte de amar pero presenta seres que se
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afanan por seducir más que por amar, Arte de amar y Remedios de amor.
En síntesis, en ellos el amor es visto como un sentimiento tierno pero nunca como un principio educativo
superior. Se tenía preferencia por los mitos y las historias de héroes.
Seguimos a Hauser en la exposición de este punto. En cambio, el culto consciente del amor, con su contenido sensual y como sentimiento que debe cultivarse, fuente de bondad y de belleza, es nuevo en Provenza
y en Occidente: ternura, devoción del amante ante su amada, la infinita sed de amor que nada apacigua,
la felicidad amorosa incluso en el fracaso... el cortejo amoroso, con iniciativa masculina, es parcialmente
novedoso. La mujer es el ser superior ante quien el hombre muestra su sumisión para conseguir la conquista,
simbolizada en la rosa, cuya consecución supone la entrega sexual de la mujer. Lo cortesano es precisamente el desdeñar por parte de la mujer y el consumirse en el amor por parte del hombre. Los términos caballerescos son bélicos: empresa, conquista, alcázar, resistencia, entrega... Pero el amante se satisface con
una sonrisa o una mirada benévola. La paradoja reside en que el amante confiesa en público su inclinación
hacia una mujer casada, no pocas veces, la esposa de su señor, a la que pide correspondencia. Las ausencias forzosas de los varones fuera de sus feudos, en largas peregrinaciones o en cruzadas que duraban
largos años, debió influir en el deseo femenino de sentirse admiradas así como la existencia en los castillos
de muchos hombres y pocas mujeres.
Convencionalismo literario o no, influyó eficazmente en la concepción occidental del amor y nada puede explicarse de la poesía lírica sin este acontecimiento. Quizá el defecto más acusado es que todas las
mujeres están forjadas por el mismo patrón, encarnación de todas las virtudes y bellezas, así como los
poetas abusan de parecidas retóricas, como si las composiciones fueran intercambiables, como un juego
convencional de sociedad. El adulterio era castigado severísimamente y más en ámbitos nobiliarios. Por
eso el poeta, al quejarse del desvío de la persona interpelada, estaba haciendo su alabanza. El núcleo
erótico existía, aunque las convenciones lo mantienen dentro de unos márgenes sociales aceptables. El enamoramiento cortesano manifestado en la canción lírica es la respuesta a una tensión erótica que no podía
encontrar satisfacción sexual. La historia de Occidente apenas tiene otra época en que se hable tanto de
vestirse y desnudarse, de muchachas que bañan a los héroes de noches nupciales, de visitas al lecho, como
la época caballeresca medieval.
El nacimiento de la poesía amorosa se vincula a la difusión de la poesía árabe entre los círculos ilustrados
de la Provenza. La poesía cortesana islámica exalta el amor sexual y la pena amorosa. Una de las primeras estrofas utilizadas por esa poesía amorosa, y que se repetirá con frecuencia es la estrofa con estructura
de zéjel, que sólo se daba en Al Andalus. El primer trovador de nombre conocido, Guillermo de Aquitania,
se vanagloria de conocer el árabe y escribe algunas de sus canciones en zéjeles.
Denis de Rougemont (1977), en su obra ya clásica El amor en Occidente, resume los caracteres del amor
provenzal. Fundamentalmente se trata de un amor gravemente ilícito, por lo general adúltero, a cuya fuerza
los amantes no pueden sustraerse y que atraerá sobre sí la muerte. La relación entre amor y muerte, no tan
presente en la poesía, alcanzará su difusión en las novelas del ciclo artúrico. Parsifal, Lancelot, Ginebra,
Arturo, serán los actantes de una tragedia anunciada. El ejemplo que marcará toda esta literatura será el
de Tristón e Isolda, amantes necesarios en virtud de un filtro amoroso que no podrán evitar el cumplimiento
de su destino, primero de unión amorosa, luego de muerte, aunque sea merced a una equivocación en las
velas de las naves que han de anunciar la llegada de Tristán ileso y lo que anuncian es su muerte, lo que
desencadenará la tragedia.
La épica medieval se nutre de la historiografía latina vigente hasta bien entrado el siglo XIII, como se ha
comentado anteriormente. Será la literatura francesa la que sirva de inspiración a las demás literaturas occidentales y la que influya en los cantares de gesta (Mio Cid).
En la Edad Media, la consideración de la mujer alcanza una divergencia casi contradictoria. En la poesía
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popular se la denigra como causa de todos los males –pensemos en las condenas eclesiásticas que
atribuyen a la mujer la incitación al pecado– y se la pinta con negros colores, así el Corbacho del Arcipreste de Talavera. Por el contrario, la elevación casi divina de la mujer en el área provenzal tendrá unas
derivaciones teológicas, sociológicas y literarias dignas de tenerse en cuenta.
La visión religiosa apenas se sale del teocentrismo rígido. La Virgen es la Madre de Dios, pero la Teología
está construida sobre la Trinidad, el Verbo y la Encarnación. San Bernardo de de Clairvaux dedica cantos, predicaciones y libros en alabanza de la estrella femenina emergente en el firmamento teológico. En
momentos de dificultades aconseja una solución: respice stellam, voca Mariam. El Císter se encargará de
divulgar esta devoción mariana, casi desconocida hasta entonces y llenará claustros e iglesias de imágenes
marianas. De los siglos XII y XIII proceden la multitud de vírgenes blancas y morenas que aún conservan
ermitas, iglesias, monasterios y catedrales.
La elevación religiosa de la mujer tendrá influencia extrema en la elevación de la consideración femenina
desde el punto de vista sociológico. Lenta pero constantemente, la semidivinización de la mujer como objeto amoroso y como objeto de culto religioso cambiará la percepción de poetas y novelistas. Es cierto que en
principio se mantiene en un plano idealizador lejos de la realidad, pero la visión femenina de la existencia
irá calando hondamente en la concepción social hasta que su igualdad radical con el hombre constituya
una característica clave de la cultura occidental y cristiana.
Cuando la herejía albigense sea aplastada primero por la predicación de Bernardo de Clairvaux y luego
por la bendición de Inocencio III, que estimula una cruzada exterminadora, el mundo provenzal pierde su
independencia política pero extiende su influencia cultural. En España hacia Galicia y Cataluña; menos por
el mundo castellano y leonés, absorto aún en la lucha contra almohades y los últimos reductos taifas después, en guerras civiles más tarde. La sociedad bélica castellana no admitía sin resistencia las elevaciones
primorosas de una lírica sentida como femenina al menos hasta el siglo XV, en que participará de un tardío
academicismo. Pero el influjo más duradero tendrá lugar en Italia con los poetas del dolce stil nuovo. Dante
con el amor platónico pero consistente y duradero a Beatriz en La divina comedia, así como sus versos de la
Vita nuova y sobre todo Petrarca con las 366 composiciones del Canzoniere in vita e in morte di Madonna
Laura contribuirán a la consolidación de una poética, a la disección de unos sentimientos y al análisis del
alma humana, que llegarán desde el Renacimiento al Romanticismo y que aún hoy conservan su vigencia
literaria y social.
1.5. eL teatrO y La PrOSa
En el nacimiento del teatro medieval tiene escasa influencia el teatro clásico ya que presenta variedad de
situaciones en contraposición a un teórico drama clásico, anclado en la unidad de lugar. Los misterios de la
Pasión, especialmente, constituyen un acontecimiento con variedad de episodios.
Los orígenes del drama tienen una tradición popular, mantenida por el mimo desde tiempo inmemorial al
que se añaden temas de la comedia romana. El teatro religioso medieval es popular por espectadores
y actores a la vez, pertenecientes a todos los sectores de la sociedad. Clérigos, comerciantes, artesanos y
campesinos se unen para representar los misterios cristianos. El teatro profano se nutre de profesionales del
mimo, de la danza y del canto.
La hostilidad de la Iglesia cristiana fue una de las causas de la desaparición del teatro romano, al que algunos padres de la Iglesia llaman “iglesia del diablo”. Los cristianos eluden los teatros y, a partir del siglo
IV, los concilios eclesiásticos exigían que los sacerdotes se fueran de las bodas cuando aparecieran los
actores de farsas que se representaba a esas ocasiones. En el siglo V no se permitió a los actores recibir la
comunión, y se les acaba se prohibiendo su entierro en sagrado.
A partir del siglo IV, las primitivas reuniones de cristianos evolucionan hacia una especie de drama litúrgi9
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co que será la misa, cuyo núcleo será fijo, pero que admitirá tropos en forma de oraciones o cantos breves.
Uno de estos tropos, anotado en un manuscrito del siglo IX, consiste en cuatro versos en latín que representan el diálogo entre el ángel y las tres Marías en el sepulcro de Cristo. El obispo escribió el desarrollo de la
acción y hasta aconsejó a los sacerdotes sobre el modo de moverse. Un sacerdote personificaba al ángel
y otros tres a la mujeres que acudían a ungir el cadáver. El ángel cantaba en latín y las mujeres replicaban.
Esta primera referencia proviene de Inglaterra, pero con seguridad existía ya en Francia en el siglo IX, y
los demás países continentales se incorporaron a la corriente. En un principio la representación era en latín
pero pronto se pasó al idioma vernáculo.
El lugar de las representaciones fue con frecuencia el interior de las iglesias hasta el siglo XVI, pero no era
extraño que las representaciones se sacaran a la plaza del mercado, o en la plaza de entrada a la iglesia.
Los franceses utilizaron también teatros antiguos mientras que los ingleses utilizaron los salones señoriales,
aunque habitualmente montaban las obras sobre carromatos que transportaban de ciudad en ciudad. Hasta
alcanzaban una cierta espectacularidad en el desarrollo de la maquinaria escénica: diluvios artificiales, animales mecánicos, diablos. Los actores, hombres al principio, luego mujeres y niños, cobraban por su trabajo.
Las corporaciones inglesas no disponían de amplias plazas de mercado y decidieron, en los siglos XI y XII,
llevar las representaciones al exterior de las iglesias en una especie de espectáculo ambulante. A veces se
describe el teatro improvisado como “un lugar alto construido como una casa con dos habitaciones, abierta
la de arriba, para la representación”. Los decorados debían ser sencillos.
A partir del siglo XII, las farsas celebradas en el interior de las iglesias comenzaron a degradarse con la
elección de personajes pintorescos, no pocas veces ofensivos con la propia Iglesia que los cobijaba, a lo
que se añadían canciones y danzas, incluso juegos de cartas o dados en el interior, y hasta burla de los
misterios eclesiásticos. Demasiados cánones de concilios episcopales y generales pronuncian condenas de
dichos usos tan arraigados entre el pueblo y el bajo clero, con escaso eco, evidenciado por la reiteración
de prohibiciones.
El papa Inocencio III emite una bula en 1210 por la que ordena la exclusión de los misterios en todas las
iglesias, y no fueron pocos los obispos que censuran los ludi o comedias populares o cualquier espectáculo
representado en terreno sagrado. La inclusión de trasgos y diablos en las misterios se hicieron en exceso
populares entre los feligreses, lo que podía suponer una degradación de la dogmática.
Es posible que le farsas se hicieran pronto profesionales en París y cobraran precios reducidos por representar sus comedias en lugares cerrados.
En síntesis, una vez desterrado el teatro clásico del ámbito cristiano, la Edad Media recupera las formas
teatrales a partir de los tropos, pequeños textos que se ampliarán hasta formar breves escenas dialogadas. Uno de los más famosos es el “Quem quaeritis “ en el que los apóstoles visitan el sepulcro de Cristo
resucitado. Los tropos se enriquecen con ludi y otras ceremonias hasta desembocar en el drama litúrgico,
pequeña representación de un episodio de la vida de Cristo adaptada al curso de la celebración. Algo más
elaborados serán el drama sacro y el drama escolar sobre vidas de santos y redactadas por estudiantes.
Generalmente escritas en latín, salvo excepciones. En la península no se encuentran muchos textos latinos,
y el primero escrito en castellano es el Auto de los Magos, de la segunda mitad del siglo XII, procedente de
la Catedral de Toledo y con influencia francesa. Por otro lado, algunas leyes de Alfonso X aluden a diversas
manifestaciones dramáticas realizadas por juglares.
La prosa occidental hunde sus raíces en la prosa latina y en los países europeos florece más tarde que la
lírica y la épica. En sus comienzos coexiste con obras escritas en latín. En España será a partir de la segunda
mitad del siglo XIII cuando encontremos obras en prosa de calidad literaria por la necesidad de redactar los
documentos en la lengua romance. En el siglo XIII se traduce el forum Judicum u, a continuación, empiezan
a redactarse los fueros en romance. También en este siglo encontramos las primeras Crónicas y prosa doctrinal, De rebus Hispaniae de Jiménez de Rada y Disputa del cristiano y del judío, respectivamente.
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2. LA BIBLIA
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La Biblia hebrea ha sido la colección de libros sagrados que, desde hace siglos, ha conformado la identidad de un pueblo, Israel. La Biblia cristiana, que incluye la hebrea, es el libro sagrado ya no de un pueblo
sino de un grupo humano. Su influencia se debe a que se considera revelación de Dios que inspira a los
autores de los textos. Esos textos sagrados han contenido las creencias y las pautas de conducta que explican y ordenan el mundo, incluso en lo que tiene de más amenazante (dolor, sufrimiento, injusticia), para los
occidentales. Las historias bíblicas han sido familiares desde la infancia, sin necesidad de ningún acercamiento erudito ni de especial tratamiento crítico. No es preciso pertenecer al judaísmo o al cristianismo para
encontrarse en esa situación de proximidad. El rechazo, el examen racional o el tratamiento irónico son
también formas de vivir ese legado. Esta proximidad se debe al modo de su transmisión y recepción en los
que intervienen grupos e instituciones de distinto orden: grupos humanos (guerreros, escribas, juglares, clérigos...); instituciones étnico-antropológicas (las lenguas de los pueblos y su prestigio); políticas (imperios,
estados, ciudades y la influencia de sus modelos); culturales (los tipos de escuelas); y religiosas (sinagogas,
iglesias, órdenes monásticas).
Esta gran obra de la cultura hebrea, conocida en el mundo cristiano con el nombre griego de Biblia y que
en el judaico se considera formada y se designa con los términos Torá (ley), Nebin (profetas) y Ketubim
(escritos), equivalentes al cristiano Antiguo Testamento, merece su estudio por la enorme influencia ejercida
en la literatura universal. La colección de libros que conforma la Biblia fue escrita a lo largo de más de nueve
siglos en hebreo, arameo y griego, con frecuencia a partir de tradiciones orales bien fijadas. No empezó a
interesar la Biblia como obra literaria hasta el siglo XIX, momento en que se investigaron los textos babilonios y persas, manifestaciones primeras de las culturas con las que tuvo contacto la hebrea y con las cuales
guarda similitudes. Los géneros y temas literarios dentro de la Biblia son muy variados y similares a los de
las literaturas orientales antiguas.
2.1. traDuCCiOneS
El hecho de que la Biblia fuera Escritura Sagrada ha dificultado que se la pudiera tratar como un libro
humano con una elaboración compleja que es indispensable conocer, no necesariamente para cuestionar
su valor religioso sino para captarlo y comprenderlo de verdad. La idea de Dios que pesa sobre la Biblia
anulaba su realidad humana, de la misma forma que en el judaísmo se considera el Corán. La idea de sacralidad hasta no hace mucho estaba unida a unas ideas de cómo se dio la “revelación” y la “inspiración”
que resultaban inaceptables para la ciencia filológica.
Una fecha importante es la traducción de la Biblia completa al latín realizada por San Jerónimo en el siglo
IV d.C., que es conocida como la Vulgata y está considerada como libro de autoridad por la Iglesia.
Durante el Renacimiento, el interés de los humanistas por que la Biblia fuese leída por la gente que ya no
comprendía el latín, favoreció diversas traducciones que, además, prestigiaban las lenguas nacionales que
comenzaban a adquirir rango de cultura. Aunque los traductores se propusieron partir de los originales
griegos y hebreos, lo cierto es que erasmo, Lorenzo Valla o el mismo Fray Luis de León recogieron el
espíritu de la Vulgata.
A raíz de los conflictos de la Reforma protestante -Lutero extiende entre 1522 y 1532 la idea de la libre
interpretación de las Escrituras- en los países de confesión católica hubo un cierre defensivo. El nuevo tratamiento de la Biblia contribuía a cuestionar la autoridad. En los siglos XVI y XVII su huella es constante, desde
el Códice de autos viejos hasta obras y ciclos religiosos de Lope de Vega, Tirso y Calderón de la Barcas.
Son conocidas las referencias en el Lazarillo, en el Guzmán y muy frecuentes en el Quijote.
Más tarde, el desarrollo filológico y el prestigio de las Luces y de la Razón llevaron a descubrir las incohe-
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rencias textuales de la Biblia y a utilizarlas para poner en entredicho su verdad. Con el tiempo la ciencia filológica ha adquirido una madurez que le lleva a conocer sus límites. Por su parte el cristianismo, sobre todo
protestante, ha madurado un concepto de carácter sagrado del texto que no anula terrenos autónomos y
propios del conocimiento científico. Todo este proceso no ha sido aceptado por la Institución Católica hasta
avanzado el siglo XX, con el Concilio Vaticano II. Todavía a principios de siglo se sostenía una cronología
del origen del universo que coincidía con el año de la creación de Adán. En definitiva, se trata de relativizar
la distinción entre literatura sagrada y literatura profana, y de encontrar un terreno común en el concepto
de fuente clásica.
2.2. LOS LiBrOS De La BiBLia. nÓMina y CLaSiFiCaCiÓn Literaria
2.2.1. ANTIGUO TESTAMENTO
• Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
• Libros históricos:
- Primer grupo: Josué, Jueces, Rut, Samuel y Reyes.
- Segundo grupo: Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester y Macabeos.
• Libros poéticos: Salmos, Cantar de los Cantares y Lamentaciones.
• Libros sapienciales: Proverbios, Job, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría.
• Libros proféticos:
- Mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.
- Menores: Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquear, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías,
Malaquías y Baruc.
Israel engarza los relatos y los hechos en, una sucesión unitaria, en tomo a unos personajes profundamente
humanos que encarnan el destino de su pueblo. El pueblo es el verdadero protagonista junto con Yahvé,
con el que sella una alianza y al que confía su destino. Por eso, lo esencial de la historiografía hebrea es su
carácter providencialista. Esa interpretación se fue recogiendo en diferentes materiales (tradiciones orales,
relaciones escritas) que se unificaron en distintas recopilaciones, primero tras el reinado de David, durante
el de Salomón, después en el destierro de Babilonia, y por último, al regreso del Exilio.
El conjunto de narraciones comprende los siguientes libros:
- El contenido del Pentateuco, cuya historia comienza con la creación del mundo y del hombre y termina con la muerte de Moisés a las puertas de la tierra prometida. Es la historia fundacional de Israel,
el objeto de su fe: creer que Dios lo ha elegido y confiar en él.
- El libro de Josué encabeza el ciclo histórico desde el siglo XII hasta el siglo II. Nana la salida del
desierto y la conquista de la tierra prometida. El libro de los Jueces narra los primeros asentamientos
y los encuentros y desencuentros de un pueblo del desierto, Israel, con un pueblo del mar, los filisteos
o palestinos. Prosiguen los dos libros de Samuel y los dos de Reyes.
- Un grupo peculiar de narraciones lo forman los libros en torno a un personaje de vida ejemplar: Rut,
Judit, Ester y Tobías, de valor más narrativo y moral que histórico.
Job, los Salmos y el Cantar de los Cantares son libros de alto valor literario como cima de la poesía
religiosa y se cuentan entre los de mayor influencia en la literatura occidental.
- Los Salmos expresan, por una parte, la condición amenazada y trágica del hombre perseguido y, por
otra, modalizan todas las voces con que el hombre puede dirigirse a Dios: la pregunta, el reproche, el
ruego, la alabanza. Su característica poética es el paralelismo semántico de los versículos o sentencias, con un balanceo de conceptos que permite el desarrollo de la sinonimia y la comparación.
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- El Cantar de los Cantares es un poema dramático, una colección de canciones para una boda y unos
diálogos de espera y de recuerdo. Impresiona su sensualidad y su corporalidad. La metáfora de las
bodas siempre ha parecido la más idónea en Occidente para expresar la unión del hombre con Dios.
- Job es un poema dramático que plantea la cuestión del mal, del dolor y de la adversidad del hombre
inocente.
- Proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría son textos notables por su profundo conocimiento del
alma humana. Su forma es la poesía gnómica, de sentencias y reflexiones, consejos y pensamientos.
- Por último, los libros proféticos escritos por los “profetas”, que hablan en nombre de Dios, proponen
críticas a la mediocridad e infidelidad del pueblo pero mantienen su esperanza mesiánica.
Está escrito casi en su integridad en hebreo, con excepción de algunos fragmentos en arameo. Será traducido al griego Alejandría) y éste será el canon a seguir por la iglesia primitiva. Destaca la Biblia Políglota
Complutense (1517-20) promovida por Cisneros y que incluye en seis gruesos volúmenes el texto hebreo, el
griego, el Tárgum arameo, con traducciones latinas interlineales y la Vulgata. Las traducciones católicas fueron tardías debido a la prohibición del Concilio de Trento de traducir el antiguo testamento en lengua vulgar.
2.2.2. NUEVO TESTAMENTO
No me extenderé en una lista detallada de los veintisiete libros que lo componen, lo cual sería imposible
aquí, sino que comentaré algunos aspectos destacados.
La autoría de los escritos del NT es problemática. Detrás del nombre de cada uno de los evangelistas hay
una amalgama compleja de fuentes parciales, de tradiciones orales, de relatos y sentencias que se fueron
juntando. Por otro lado, cada evangelista, al organizar y ensartar su material le da un enfoque personal.
Otra cuestión conflictiva ha sido la relación entre las verdades religiosa e histórica que se atribuían a estos
textos. Los escritos del NT son fruto de la fe, son textos para las comunidades y no son textos de información histórica objetiva. Su lectura pide un “pacto” en cierto modo similar al pacto narrativo entre el autor
y el lector de una novela. Esto se relaciona con la peculiaridad del género literario de los Evangelios. No
son biografías, cuyo interés reside en contar la historia externa e interna de un héroe. Tampoco son libros
de memorias para mantener vivo el recuerdo de la vida y milagros de un personaje. Y tampoco pretenden
presentar la vida ejemplar de un sabio de la que se desprenda la comprensión de su doctrina. Pretenden
despertar la fe.
Está escrito en griego (excepto el Evangelio de San Mateo, que está escrito en arameo). Tardó en redactarse unos diez siglos y conoció diferentes versiones.
2.3. inFLuenCia De La BiBLia en La Literatura eSPaÑOLa
La influencia de la Biblia no fue global sino que se fue haciendo una selección de pasajes e historias, no
tanto por su belleza literaria, sino por su interés doctrinal o utilidad moralizadora.
En la Edad Media, al mismo tiempo que los padres de la iglesia se manifestaban contra el teatro, dentro del
templo, el más importante de los ritos religiosos, la liturgia, en el periodo de la Pascua cristiana, evoluciona
hacia el llamado drama litúrgico. En él se reactualizan pasajes bíblicos, con el fin de instruir a aquellos
que no saben leer las Sagradas Escrituras, con los principales episodios del cristianismo, sobre todo los que
rodean al tema de la Resurrección y al del Nacimiento de Jesús. De las escenificaciones religiosas en el
interior del templo se pasa a las representaciones más elaboradas en el exterior. La fiesta del Corpus Cristi
dio pie a una procesión en la que se ilustraban los principales episodios de la historia sagrada. Más tarde,
en el siglo XV, el teatro de Juan del encina y Lucas Fernández recoge también aspectos del Antiguo Testamento y de la vida de Jesús. Otros autores que se han visto imbuidos por la presencia de la Biblia en sus
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obras son alfonso X el Sabio, gonzalo de Berceo, el arcipreste de Hita, el Marqués de Santillana
y Jorge Manrique, cuya conocida imagen “las vidas son los ríos que van a dar al mar que es el morir”,
parte de un versículo del Eclesiastés.
En el Renacimiento se trabajan las traducciones de la Biblia a las lenguas romances. Los autores religiosos
más importantes del siglo XVI se inspiraron, sin duda, en la Biblia: Fray Luis de León, traductor del Cantar
de los Cantares y del libro de Job; Santa teresa y San Juan de la Cruz.
En el Barroco las obras de Lope, tirso y Calderón tuvieron en cuenta tanto los personajes bíblicos como
la problemática alrededor del cristianismo. Mención aparte merece el auto sacramental,que se origina
gracias al desarrollo del drama litúrgico medieval. Los autos sacramentales tienen un propósito didáctico y
doctrinal. Por primera vez vemos piezas dramáticas dedicadas a una verdad de fe. Está patrocinado por
las instituciones cívicas, es el ejemplo máximo de un teatro sostenido por la responsabilidad pública. Son
historias teológicas, apologéticas, épicas o hagiográficas con un componente literario y de ficción.
Ya en el siglo XX, España no se quedó al margen de la crisis que afectó a Europa. Leemos a Machado
“siempre buscando a Dios entre la niebla” en un poema de Soledades. El noventayochismo adopta una
actitud ante lo religioso que va desde el escepticismo de azorín y Maeztu que evoluciona a “un catolicismo
firme, limpio y tranquilo” en el caso del primero, y a una postura católica más tradicional, en el caso del
segundo; hasta los conflictos existenciales y religiosos de Unamuno, en cuya obra la presencia bíblica es
ineludible. No será frecuente la temática religiosa en el Generación de 1927, sin embargo, Jorge guillén
titula su libro Cántico (acción de gracias o alabanza), el subtítulo “Fe de vida”, de claras connotaciones
bíblicas, traduce la complacencia del autor ante todo lo creado.
En la postguerra, Blas de Otero también reclama a Dios en el poema titulado “Hombre”:
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
3. LOS CLÁSICOS GRECO-LATINOS
3.1. La Literatura griega
En la época arcaica (s. Viii – V a.c.) para los griegos el mundo mitológico constituía una especie de
prehistoria de su país, un culto tradicional que unían al presente. Esas narraciones maravillosas vinculadas
a determinadas creencias son el fondo al que se remitirá y del que emergerá la primera literatura, y por
extensión, del que se nutrirá el arte y la literatura europeos. Las primeras manifestaciones literarias griegas
remiten, por tanto, a una serie de mitos y leyendas que luego serán recreados por la civilización occidental.
Las epopeyas homéricas marcan artísticamente la cuna en la que nace Occidente. El argumento de La
Iliada abarca cincuenta y un días del cerco de Troya. El poeta se centra en un conflicto humano: la ira de
Aquiles porque Agamenón le roba una esclava, Criseida, y su retirada del combate hasta que, al morir su
amigo a manos de Héctor, vuelve él y mata a éste. Dentro de este tema particular se presenta algo más
general: el genio y el espíritu griegos. Por otro lado, La Odisea narra el regreso de Ulises a casa que dura
diez años. Personajes como Penélope o Nausíaca resultan sumamente atractivos y algunas de las aventuras
pasan al acervo de los materiales que recreará la posteridad.
La poesía lírica se manifiesta con diversos subgéneros tanto en la línea coral como en la individual. Dentro
del lirismo coral existen las variantes del epitalamio (canción de boda), el treno (de carácter funeral),
el encomio (de tipo elogioso) y el ditirambo (cantos dionisíacos). En la lírica de tono personal cabe
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distinguir la elegía, cultivado por Calino y Tirteo; el yambo, donde destaca Arquíloco; el epigrama, con
Simónides de Ceos, y la escolia (canción de mesa), que tiene a Terpandro como autor más importante. La
expresión máxima de esta lírica personal proviene de la escuela de Lesbos, en la que destacan Alceo y
Safo con una poesía amorosa muy intensa.
En la época clásica (V y.iV a.c.) destaca el teatro, tanto trágico como cómico.
La tragedia griega nace a partir de celebraciones rituales, las de Baco o Dioniso, dios del vino, en un
lugar con graderías semicirculares, frente al templo de Dioniso. La tragedia nos presenta conflictos que,
a pesar de su origen legendario o de su carácter extraordinario, arrancan de pasiones humanas eternas.
Dos son los elementos de lo trágico: las catástrofes humanas y el sentimiento de que se deben a potencias
sobrenaturales y ocultas cuyas decisiones son ininteligibles (la fatalidad). Son de sobra conocidas algunas
obras de los tres grandes autores trágicos: Los persas de esquilo, Edipo Rey de Sófocles, o Las Bacantes
de eurípides.
La comedia también procede del culto a Dioniso, pero más bien en un ambiente rural. aristófanes representa la comedia antigua. Retrata, caricaturizando, la vida cotidiana, inventa sus argumentos, en los que el
público se ve reflejado y se ríe de sí mismo. La paz, Las nubes y Las ranas son sus obras más destacadas.
Más tarde, Menandro encarna el espíritu de la comedia nueva. De gran influencia en Plauto y Terencio,
solo se conserva una obra casi completa suya, El Misántropo.
En cuanto a las obras en prosa, una de las primeras manifestaciones literarias a la que la humanidad ha
accedido es la fábula. Las fábulas son pequeñas alegorías, minúsculas ficciones, predominantemente animalísticas, llenas de ingenio, maestras de la concentración de la acción y del alarde del diálogo escueto.
esopo, padre del género, fue muy imitado. Recuérdese su presencia en el Arcipreste de Hita y cómo es
conocido por Sancho Panza que lo llama “isopete”. En los siglos XVII y XVIII, La Fontaine, Samaniego e
Iriarte son continuadores suyos.
Cuando Grecia se consolida en estados-ciudades, nace la historiografía, que intenta narrar hechos contemporáneos de modo que quede su recuerdo disponible para el futuro. Herodoto no sólo es el primer
historiador, también es el primer prosista europeo.
El eje de la filosofía griega es Sócrates, Platón y aristóteles son su descendencia, su linaje, porque Sócrates no escribió nada, lo escribieron sus discípulos. Platón es el creador del “Diálogo filosófico”, que implica una fe práctica en la capacidad de la razón dialogante como vía de verdad, además de ser un modo
ameno de exposición. El diálogo filosófico fue muy apreciado en el Renacimiento: Diálogo de la lengua de
Juan de Valdés o De los nombres de Cristo de Fray Luis de León. Incluso Machado con Juan de Mairena se
integra en esta tradición. aristóteles es el primer gran teórico de la literatura. Sus dos obras conservadas,
la Retórica y la Poética, son punto de referencia obligado para secundarlo o criticarlo (recuérdese el Arte
nuevo de Lope de Vega).
En la época helenística (s. iii – i a.c.) Alejandría es la ciudad que simboliza la expansión del espíritu
helénico por oriente y, posteriormente por occidente. Los géneros literarios decaen y ceden el puesto a la
erudición y a la ciencia. El único género en el que se produce es el lírico, aunque sin espontaneidad y con
demasiada erudición. La forma más usada es la elegía (nostalgia de las ciudades ante la atracción del primitivo paraíso rural). Los autores más representativos Calímaco de Cirene y teócrito, este último inaugura
la poesía bucólica, que continuarán Virgilio, Garcilaso, Cervantes, Góngora, etc. Al final de la época se
crea, con carácter de evasión, el género conocido como novela bizantina, con una estructura abierta en
la que se engarzan los sucesos de los protagonistas y tiene como antecedentes los poemas épicos homéricos así como Las argonáuticas. Inspiró a autores medievales como Chaucer y Bocaccio.
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3.2. La Literatura Latina
La literatura latina no es original sino que, a sabiendas, es una imitación de los modelos griegos. Llega a
través de Alejandría a partir del siglo IV a. C.. Distinguiré varias etapas mencionando solo los autores principales, para luego hacer un balance de su influencia.
La edad arcaica latina (S. iii – i): de los primeros autores destacamos a ennio que compuso los Annales;
pero sobre todo resalta en este periodo el teatro. Plauto es el más importante comediógrafo latino. Sus
obras son palliatas, es decir, comedias de asunto griego. Retrata una sociedad de clase media, decadente,
grotesca, con mucho desenfado y con un lenguaje coloquial. De su obra Anfitrión, destaca la actitud desmitificadora e irreverente respecto a los dioses. Ha influido en obras de Camoens o Moliére. terencio aspiró a
un público más joven y trabajó más el aspecto psicológico de los personajes. Su influencia fue grande, por
ejemplo, en la Celestina. La figura más destacada en prosa es Marco Porcio Catón, del que de su obra
Orígenes solo se conservan algunos fragmentos y donde recopila la historia de Roma desde su fundación
hasta el siglo II. Son más célebres, no obstante, los Preceptos de su hijo, donde reivindica los valores de la
cultura latina.
En la literatura en la época republicana destaca la poesía de Catulo (87-52 a. C.) quien inauguró el
verso endecasílabo que tanto éxito tuvo después con Petrarca y Garcilaso. Cicerón es el modelo clásico
latino por excelencia. Aficionado a la filosofía, a las ciencias y a la política, aunque en lo que más destacó
fue en la oratoria. De inestimable valor son sus Catilinarias y sus Epístolas.
Un gran historiador de la época imperial, que continuó la línea de Julio Cesar, fue tito Livio. La grandeza
interna de su obra, Ab urbe condita, ha sido comparada a su contemporánea La Eneida de Virgilio.
No obstante, la poesía de esta época nos ha dejado el inmenso legado de Virgilio, Horacio y Ovidio.
Virgilio (70 a. C.-19 a. C.) influyó poderosamente en la creación de un marco bucólico amoroso en la poesía renacentista, donde el poeta se proyectaba en sus personajes a través de una ficción cortesana dentro
de un ambiente, pastoril (Bucólicas, Geórgicas y su obra maestra épica, La Eneida) En el Renacimiento
se fusionarán los temas horacianos (Odas, Epístolas...) con diversas corrientes culturales: el Carpe diem
conecta con el hedonismo; el Aurea mediocritas con el epicureísmo; y del Beatus ille emana el tópico del
menosprecio de corte y alabanza de aldea. Ovidio (50?-15 a.C.), el gran poeta del amor, fuente inagotable desde la Edad Media, con obras como las Heroidas, Amores y su obra maestra, Metamorfosis, amplio
poema épico que describe diversas leyendas mitológicas relacionadas con el motivo de la transformación.
En la prosa de los siglos i y ii d.C. destaca la obra de Séneca. Éste defendió y divulgó el estoicismo,
aunque en su vida se dan debilidades y conductas desacordes con esa doctrina. De estilo elegante e inteligente, elabora un pensamiento selecto y aristocrático. Su elevada actitud moral lo hizo muy apreciado en la
Edad Media y se le llegó a suponer relacionado con el cristianismo y con San Pablo. El senequismo fue toda
una corriente en el Barroco español, recuérdese El Heráclito cristiano de Quevedo. El Satiricón de Petronio
y El Asno de Oro de Apuleyo cierran este periodo. El Satiricón es una extensa novela de carácter picaresco
y de aventuras, de la que conservamos únicamente algunos fragmentos en los que destaca la fina ironía y
la sensibilidad para describir las costumbres de la sociedad en la época de Nerón. En El Asno de Oro se
inserta el cuento Amor y Psiquis y se nos muestra la sociedad decadente desde un punto de vista decadente.
Es bien conocido el prestigio del latín en la Edad Media, era la lengua de cultura por excelencia. Ese
prestigio de la lengua y la literatura latinas llega por una doble vía:
• Por vía intelectual: el hombre medieval culto, el clérigo, ve en los clásicos de la literatura latina unos
modelos de imitación y unas fuentes de autoridad. Sin embargo, un mismo autor podía escribir y
utilizar indistintamente el latín o la lengua vulgar, por tanto, las literaturas románicas medievales
conviven con una intensa tradición latina no sólo clásica, sino también medieval.
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• Por vía litúrgica: el latín será la lengua oficial de a investigación teológica pero también de una liturgia con amplias resonancias populares. El drama litúrgico igual que determinados himnos religiosos,
dejará sus huella tanto en el naciente teatro medieval románico como en la creación poética.
Ramón Menéndez Pidal ante la opinión de que las literaturas románicas nacen dirigidas por clérigos imitadores de la cultura latina y de la antigüedad clásica, apunta el papel de los juglares como los iniciadores
del cultivo literario de las lenguas neolatinas a través de sus espectáculos. Para ellos era necesario darse a
entender, haciendo que el habla de los vulgares usos cotidianos entrase más y más en la prosa recreativa
y en la canción musical del improvisado espectáculo público. A España se aplica rutinariamente la teoría
de los orígenes monacales, sin hacerse cargo de que el espíritu de los cantares de gesta es tan civil como
no eclesiástico. La historia de las literaturas occidentales durante toda la Edad Media y hasta comienzos de
la Edad Moderna, es la historia de cómo los legos van entrometiéndose a tratar en su lenguaje vulgar los
temas o géneros reservados a la lengua latina, y cómo los clérigos se van sintiendo tentados a abandonar
su latín por la lengua vulgar. Destacan Las confesiones de San Agustín y Las Etimologías de San Isidoro,
presentes en toda institución monacal de Europa.
4. CONCLUSIÓN
En síntesis, las dos grandes fuentes que nutren la cultura occidental son la hebraica y la grecolatina; con el
tiempo estas se verán enriquecidas por las aportaciones orientales que se expanden por Europa a través
de España. La presencia de unas y otras servirán de base para la literatura occidental desde sus mismos
comienzos en la Edad Media. Las inquietudes humanísticas posteriores fomentaron el estudio y la imitación
de los grandes autores y obras de la Antigüedad. Así, la Filología desempeña un papel fundamental en el
estudio y comentario de los textos.
Resulta comprensible, así, que se conozcan las fuentes de la literatura occidental para mejor comprender y
valorar la herencia recibida.
5. BIBLIOGRAFÍA
CODOÑer, C. (1997): Historia de la literatura latina. Cátedra. Madrid.
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garCÍa guaL, C. (1988): Los orígenes de la novela. Ed. Itsmo. Madrid.
HauSer, a. (1951): Historia social de la literatura y el arte, vol. I. Ed. De bolsillo. Barcelona.
LeSKy, a. (1972): Historia de la literatura griega. Ed. Gredos. Madrid.
riCO, F. (1988): Historia y crítica de la literatura española, vol.. Ed. Crítica. Barcelona.
rOugeMOnt, D. (1997): El amor en Occidente, traducción de Antoni Vicens. Ed. Cairos. Barcelona.
rOugeMOnt, D. (1997): El amor en Occidente, traducción de Antoni Vicens Ed. Cairos. Barcelona.
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RELACIÓN DE LOS CONTENIDOS CON LA NORMATIVA EDUCATIVA ESTATAL Y
AUTONÓMICA (ANDALUCÍA)
real Decreto 1105/2014, de 26 de diciembre, por el que se establece el currículo básico de la
educación Secundaria Obligatoria y del Bachillerato (ANEXO I: materias del bloque de asignaturas
troncales. 24 – Lengua castellana y Literatura). Se desarrollan los contenidos, criterios de evaluación y estándares de aprendizaje evaluables en los diferentes cursos de los bloques: 1- Comunicación oral: escuchar
y hablar; 2- Comunicación escrita: leer y escribir; 3- Conocimiento de la lengua; 4- Educación literaria
Orden de 14 de julio de 2016, por la que se desarrolla el currículo correspondiente a la educación Secundaria Obligatoria en la Comunidad autónoma de andalucía, se regulan determinados aspectos de la atención a la diversidad y se establece la ordenación de la evaluación
del proceso de aprendizaje del alumnado (ANEXO I: materias del bloque de asignaturas troncales.
Lengua castellana y Literatura). Se desarrollan los objetivos, estrategias metodológicas, contenidos y
criterios de evaluación de los diferentes cursos de los bloques: 1- Comunicación oral: escuchar y hablar;
2- Comunicación escrita: leer y escribir; 3- Conocimiento de la lengua; 4- Educación literaria
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