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APUNTE XII LA DECADA CONSERVADORA Y EL EMBRION POPULISTA

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE MAR DEL PLATA
FACULTAD DE DERECHO
Historia del Derecho y Constitucional Argentina
Cátedra B – Mg. Alfonsina Guardia
Abog. Francisco N. García - Docente Ayudante Graduado
Abog. Fabián Roberto Mazzitello – Docente Ayudante Graduado
LA DECADA CONSERVADORA Y EL EMBRION
POPULISTA (1930-1944)1
También llamada década infame, para otros oligárquica, en este período se inicia como ya
adelantáramos una época en la cual conducidos por el Ejército, los revolucionarios se adueñaron
del poder cuando el apoyo popular de los radicales se derrumbó después de la depresión.
Durante toda la década de 1930-1940, los conservadores falsearon repetidamente las elecciones
para mantenerse en el poder. Pero también iniciaron una reforma sustancial, que los ayudo a
abrirse camino con éxito en medio de la depresión.
Este periodo fue modelado, primero, por la Gran Depresión y, luego, por la Segunda Guerra
Mundial. La primera dio origen a un grado mayor de intervención del gobierno en la economía.
Entre sus diversas consecuencias se contaron el rápido crecimiento de la industria y un importante
cambio social.
El comienzo de la Gran Depresión, en 1930 enfrento inmediatamente a las élites y las clases
medias; cada una de ellas empezó a exigir políticas incompatibles con los gastos públicos del
gobierno. Las elites querían reducir el sector público, principalmente para disponer de fondos que
las ayudase a defenderse de la gran Depresión. Las clases medias, en cambio exigían su expansión
aun mayor para defender el empleo y contener la caída de los ingresos personales.
El Golpe del 6 de septiembre de 1930 como ya hemos expresado se llevó adelante el primero de
los golpes del Siglo XX efectuado por el Ejército, se llevó a cabo con una planificación
notablemente escaza y solo pequeñas fuerzas. La mayoría de los que marcharon desde la
guarnición de campo de mayo para apoderarse de la Casa de Gobierno, eran oficiales subalternos.
Completaron su tarea rápidamente, con poco derramamiento de sangre y solo contra una
resistencia simbólica.
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El presente resumen da cuenta del análisis realizado en clase por los docentes y fortalece la identificación de los ejes
claves de la unidad.
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Los jefes del golpe estaban divididos en dos facciones, aunque unidos por una larga hostilidad
hacia Yrigoyen, por un lado en la extrema derecha había una facción nacionalista encabezada por
J. F. Uriburu y sus allegados destacados adversarios de la política laboral de Yrigoyen, los
nacionalistas estaban dispuestos a suspender o hacer revisar la Constitucional Nacional, a suprimir
las elecciones y a crear un sistema autoritario basado en la representación corporativa. Estos eran
una minoría en la coalición que derroco a Yrigoyen.
Pero la voz dominante de este grupo golpista la tuvo el otro grupo, los conservadores liberales
dirigidos por Agustín P. Justo, estos se oponían a todas las medidas extremas; consideraban que
su tarea era restaurar la Constitución Nacional, no destruirla, purgando a la sociedad de la
corrupción y la demagogia de los yrigoyenistas. A diferencia del grupo de Uriburu, los liberales no
querían poner el gobierno por encima del conjunto de la sociedad al estilo corporativista o
fascista, sino hacerle directamente responsable ante las elites comerciales y terratenientes.
En 1931 Uriburu, intentando un cuasi plebiscito a su favor, permitió una elección de prueba en la
Provincia de Buenos Aires para elegir un nuevo gobernador. Para su desconsuelo, los radicales
obtuvieron la victoria y éste anuló el comicio, pero el derrumbamiento del régimen nacionalista
liderado por Uriburu se produce en las elecciones de noviembre de 1831, donde los radicales
fueron excluidos por proscripción y por el arresto o el exilio de sus líderes, en estas elecciones
Agustín P. Justo que había mantenido cuidadosamente sus apoyos militares, mientras iba
logrando una mayor adhesión de los grupos de poder, cosechó la mayoría de los sufragios.
Las elecciones de 1931 devolvieron el poder al mismo grupo de políticos que habían controlado el
país antes de 1916; los exportadores de las pampas y los terratenientes menores de las provincias.
La restauración se hizo gracias al respaldo del Ejército, la proscripción de los radicales y una
torpe maniobra electoral; los seguidores de Justo falsificaron listas de votantes y en algunas
jurisdicciones los muertos fueron resucitados para que emitieran los votos. El fraude electoral
fue una práctica normal en los años 30.
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El apoyo a Justo abarcaba una confusa coalición de partidos conocida como la Concordancia, tres
eran los componentes de esa coalición:
1.- Los viejos conservadores anteriores al año 1916, que poco tiempo después adoptaron el
nombre de Partido Demócrata Nacional,
2.- El Partido Socialista Independiente y
3.- Los radicales antipersonalistas.
A diferencia de su predecesor Justo fue un gobernante más tolerante y benigno; fue hostil con las
facciones nacionalistas, y logro superarlas repetidamente en el control del ejército, mientras
evitaba recurrir a la dictadura abierta. Al ocupar el cargo Justo levanto el estado de sitio que se
había impuesto desde el golpe de Estado; liberó y amnistió a presos políticos, principalmente del
radicalismo, también devolvió los cargos a los profesores universitarios que habían sido
destituidos por sus simpatías radicales.
La oposición en la década conservadora, no fue ni efectiva ni organizada para que ofreciera
alternativas válidas para una salida democrática. El viejo partido Socialista, debilitado por el sisma
de los socialistas independientes y por la muerte de Juan B. Justo en 1928, decayó en números de
miembros y de influencia durante los años 30. También el partido Radical, poco pudo ofrecer
cuando se consolido el gobierno de facto en los años 30, ya que durante la depresión no supo que
decir, fuerte de imperativos morales, pero débil de contenido, dividido permanentemente en
cuestiones de tácticas y de estrategia.
La Economía
En la década del 30 la cuestión del petróleo tuvo menos importancia. Uriburu y Justo enterraron
la idea de un monopolio estatal del petróleo, y la exportación de petróleo de nuestro país tuvo
un aumento considerable durante la Segunda Guerra Mundial. Una ley promulgada en 1932
eximia de aranceles a los equipos importados por YPF, pero a cambio se le exigía a YPF que
contribuyese con el del 10% de sus beneficios al tesoro público. En 1935 un impuesto similar se
aplicó a las compañías extranjeras; en 1935 Justo resolvió una guerra de precios entre YPF y sus
competidores estableciendo cuotas de mercado.
En 1930 el gobierno de facto tuvo que hacer frente a la crisis provocada por la gran depresión: una
caída del 34% en las ganancias por exportaciones con respecto al año anterior, un descenso del
14% en el conjunto de la producción entre 1929 y 1932, y el cese de la inmigración.
Las primeras respuestas de los conservadores fueron ortodoxas. Antes del golpe de estado habían
difundido rumores de que los radicales planeaban suspender los pagos de la deuda externa; los
conservadores le dieron a esta cuestión una urgente prioridad, la deuda pública extranjera
también había dejado, en buena medida, de ofrecer garantías en oro y era amortizable en papel
moneda. El peso se había depreciado hasta un 25% con respecto al oro con el abandono de la
convertibilidad bajo Yrigoyen en 1929. También esto mitigo la crisis de la deuda externa porque
muchas grandes empresas extranjeras, entre ellas las compañías de ferrocarriles, se abstenían de
efectuar envíos a la espera de un aumento del tipo de cambio.
Vale recordar En 1914 una gran parte de la deuda pública argentina había pasado argentina había
pasado de Londres a Nueva York; cuando el dólar fue devaluado, en 1933, Argentina empezó a
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repatriar su deuda en los Estados Unidos en términos favorables. Además de la deuda externa el
gobierno de facto tuvo que hacer frente a una deuda interna que había aumentado rápidamente
después del retorno de Yrigoyen en 1928. Uriburu respondió con drásticas reducciones de los
gastos públicos, despidiendo a unos 200.000 empleados del gobierno de Buenos Aires, entre 1930
y 1931.
La reducción del gasto público contribuyo a hacer disminuir la demanda de las importaciones, al
igual que al aumento de los aranceles; a partir de 1931 Argentina introdujo el control de las
divisas.
En 1933, Justo nombro como ministro de finanzas a Federico Pinedo, en noviembre éste, impuso
una serie de medidas de emergencia para rectificar la disminución de las rentas causada por la
nueva caída del comercio, entre ellas, figuraba la introducción de un impuesto sobre la renta, idea
discutida por primera vez bajo el mandato de Yrigoyen en 1918, pero frenada durante largo
tiempo por los conservadores.
Pinedo, también reformo el sistema de control de divisas, con estas reformas permitió al gobierno
obtener sustanciales beneficios de sus transacciones con divisas. Entre 1934 y 1940 esos
beneficios llegaron a mil millones de pesos-papel, fue una suma mayor que el presupuesto de
1936.
Debemos remarcar que las distintas medidas de intervencionismo estatal se dió siempre en el
plano económico, pero fue inexistente en el ámbito social. Solo existió una mínima intención de
regular las relaciones laborales a través del Departamento Nacional de Trabajo, lo que solo se dio
a partir de la segunda mitad de la década, y con estrictos recaudos, mientras que en relación a los
desocupados o los sectores más vulnerables no existieron intervenciones del estado que
acudieran en su protección.
La creación de las Juntas reguladoras de carnes y cereales
Algunas de estas rentas fueron usadas para elaborar un nuevo sistema de mantenimiento de los
precios para productores rurales, las ayudas fueron administradas por Juntas Reguladoras de
Granos que fueron creadas para los cereales, la carne, el algodón, los vinos, la leche y otros
productos. Durante toda la década del 30 esas juntas, financiaron la producción, comprando los
excedentes y tratando de asegurar la estabilidad de los precios.
En un contexto de precios internacionales bajos, el Estado procuró regular el mercado de bienes,
de allí que estas Juntas tuvieran el objetivo de comprar productos a precios muy bajos que les
aseguraba una mínima rentabilidad a los productores, y luego se encargaban de la exportación de
estos productos.
La creación del Banco Central de La Republica Argentina
El instrumento esencial de las reformas en términos económicos y de intercambio, fue la creación
del Banco Central de la República Argentina (1934). El anterior sistema bancario hacía imposible
controlar la oferta del dinero y manejar la economía en su conjunto con métodos tales como
comprar y vender títulos, el redescuento o modificar la reserva bancaria. El Banco Central fue
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creado como alternativa al patrón oro que mantendría el peso a una paridad fija y reforzaría al
atractivo del país para nuevos inversores extranjeros, evitando los males de la deflación cuando
las reservas de oro cayeran; el Banco Central también recibió facultades para regular la oferta de
dinero, sin embargo en 1935, bajo la dirección de Raúl Prebisch, había desarrollado funciones casi
keynesianas para su capacidad para controlar el crédito y estimular la demanda. El Banco Central
recibió poderes para actuar como agente financiero del gobierno y los bancos privados competían
por fondos del Banco de la Nación.
El acuerdo Roca-Runciman
Otra característica de la política económica de los años treinta fue el esfuerzo para proteger la
conexión histórica con Gran Bretaña mediante el comercio bilateral, pero ese bilateralismo surgió
más de una necesidad comercial y económica que de una elección. Después de años de debate, en
1932, Gran Bretaña adopto la preferencia del que fue el colonialismo español de fines del Siglo
XVIII: Gran Bretaña importaría todo lo que pudiese de su imperio y, a cambio, tendría un acceso
altamente preferencial a los mercados del imperio. Durante la década de los años 30, el comercio
entre Argentina y Gran Bretaña, se había disminuido por la crisis de 1929, y por la creciente
competencia norteamericana; por ello Gran Bretaña acepto las propuestas de Australia y Sudáfrica
de reducir drásticamente las importaciones de carne argentina. El plan era poner reducciones
mensuales del 5% durante el primer año del acuerdo. Es que el Reino Unido tenia prioridad
comercial con sus colonias y debía defender los países del Commonwealth (fundado el 11 de
diciembre 1931), aunque tenga que romper con los lazos comerciales y la compañías de capital
ingleses que estaban en la Argentina.
Las noticias del plan habían provocado una inmediata protesta de la burguesía nacional, lo que
llevo al gobierno de Justo enviar a Londres un equipo de negociadores, encabezados por el
vicepresidente, Julio Roca (h). En 1933 ambas naciones concluyeron un tratado bilateral conocido
como el acuerdo Roca-Runciman; en virtud de este tratado Gran Bretaña recibiría los mayores
beneficios. Gran Bretaña se comprometería a seguir adquiriendo la misma cantidad de carne
argentina que en 1932; también se acordaba que los frigoríficos de propiedad argentina
proporcionaría el 15% de las exportaciones nacionales de carne a Gran Bretaña, estas dos eran las
únicas concesiones importantes hechas por los británicos, que solamente se aplicaban a la carne.
A cambio, Argentina convenía en reducir aranceles sobre casi 350 artículos británicos, y
abstenerse de imponer aranceles sobre productos, como el carbón. Argentina también se
comprometía a dar un trato benevolente a las compañías británicas, recibiría prioridad en la
adjudicación de licencias según el sistema recientemente implantado por el gobierno
conservador. Es decir que las remesas de capital ingles se debían efectuar como una forma de
empréstito extranjero forzoso, que debían ser calculados en libras esterlinas.
El tratado también incluía dos concesiones a los ferrocarriles británicos y una exención de leyes
laborales. Finalmente el tratado dejaba casi todo el comercio entre los dos países en manos de los
exportadores ingleses. Gran Bretaña ganaba algo que equivalía a un retorno a las condiciones de
1929, y en algunos aspectos a las de la época anterior a la primera guerra mundial.
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Los frigoríficos y la investigación del Congreso de la Nación sobre las prácticas
contables fraudulentas (1935)
A comienzos de los años treinta, los conserveros de carne formaron un consorcio, para obligar a
los ganaderos a aceptar la caída de los precios, esto llevo a una queja de los ganaderos, y una
investigación del Congreso en 1935 demostró la mayoría de las acusaciones de la existencia de ese
consorcio. En un informe minoritario a la comisión, un destacado miembro de la oposición
Lisandro De la Torre, fue más lejos y denunció una serie de prácticas contables fraudulentas entre
los frigoríficos y su evasión de impuestos sobre la renta y de las regulaciones sobre el control de
divisas. El senador De La Torre también sostuvo que algunos miembros del gobierno se habrían
beneficiado personalmente con el consorcio. Estas acusaciones fueron discutidas en el Senado, la
atmósfera de creciente recriminación por parte de altos funcionarios del gobierno, generó un gran
clima de hostilidad, lo cual estalló cuando el senador Enzo Bordabehere, electo por la provincia de
Santa Fe cayó muerto por a balazos por uno de los matones de los Conservadores, que buscaba
acallar a Lisandro De La Torre.
El modelo de industrialización por sustitución de las importaciones
A principios de los años 30 la depresión también había envuelto a la industria interna. Pero una
vez que la recuperación de las exportaciones estimulo la demanda, mientras las importaciones
seguían restringidas por el fuerte control de divisas y el bilateralismo, Argentina desemboco en la
sustitución industrial de importaciones, tal fue el crecimiento económico, que la cantidad de
obreros empleados en las industrias registro según cifras de los distintos censos, de 1914: 383.000
obreros industriales; en 1935 el número había subido 544.000, en 1941 alrededor de 830.000, y en
1946 a más de un millón. Análogamente, el número de firmas industriales creció de 41.000 en
1935 a más 57.000 en 1940, y a alrededor de 86.000 en 1946. En 1935 el valor de la producción
industrial era un 40% menor que el del sector agrario; en 1943 la industria supero a la
agricultura por primera vez.
El rápido crecimiento en la industria empezó a mediados de los años 30 y ganó impulso durante la
guerra. Pero el nuevo sector industrial solo abarcaba bienes de consumo, como sustitución de
importaciones, sin extenderse a la industria pesada.
El Movimiento Obrero en los años 30
El 27 de septiembre de 1930 se crea la Confederación General del Trabajo (CGT), la rica
experiencia en el movimiento obrero argentino, derivo tres semanas después del golpe en la
conformación de la CGT, resultado de la unión entre Unión Sindical Argentina (USA), que eran los
sindicalistas, y la Confederación Obrera Argentina (COA), que eran de extracción socialista. La
actitud contestataria, que confrontaba con los gobiernos de turno antes del golpe del 30, pronto
se fue disolviendo, y se constituyó por otra popular, conformista y reformista. Si bien es cierto que
a comienzos de la década del 30 se produce una notable reducción de la actividad huelguística,
como producto de la represión Uriburista (particularmente estuvo encaminada a deportar y
encarcelar a militantes anarquistas y comunistas), una vez retomada la normalidad, con el
levantamiento del estado de sitio en el gobierno de Agustín P. Justo, comienza a producirse un
aumento de las medidas de fuerza. Los datos del departamento Nacional del Trabajo indican que
para la Capital Federal en el año 1932 se registró un total de 105 huelgas y 34.562 huelguistas,
una cifra superior a la del año anterior de la instalación de la dictadura de Uriburu. La agitación
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obrera tiene su pico en el bienio 1935/36 con las huelgas de los gremios de la madera, textiles y la
construcción, y el movimiento contra el monopolio del transporte.
Nuevos poderosos sindicatos se formaron en la década infame y surgieron de las cenizas de lo que
fueron los gremios por oficio. Los nuevos sindicatos ya más reformistas y más conciliadores fueron
utilizados después del inicio de la década del 40 con el advenimiento del peronismo.
El trabajo de Gino Germani Política y Sociedad en la época de la transición, postula la existencia de
una masa de disponibilidad constituida por trabajadores que provenían del interior del país. Esta
masa de trabajadores en disponibilidad que provenían del interior, carecía de una tradición de
luchas obreras sobre sus espaldas y al llegar a Buenos Aires habían buscado restablecer relaciones
paternalistas típicas del interior del país. Conforme a este autor, Perón se sirvió del nuevo
proletariado “manipulándolo” para que constituyese el núcleo mayor de apoyo de su proyecto
político.
En síntesis, la década del 30 es un momento de reconfiguración del movimiento obrero; se
acelera su institucionalización; pierde influencia la corriente sindicalista y las cúpulas obreras
pasan a estar integradas principalmente por socialistas. La industrialización incipiente del país
provoca la bancarrota de los sindicatos por oficio y su reemplazo por gremios organizados por
rama de la industria; decae definitivamente la tendencia anarquista y crece en gran medida el
peso en el movimiento obrero del comunismo, de fuerte arraigo entre los trabajadores
metalúrgicos, obreros de la construcción, de los frigoríficos y la industria textil.
EL GOLPE DE 1943 Y EL NACIMIENTO DEL PERONISMO
Hacia el año 1943 el clima social era de gran descontento, con una opinión pública pendiente de
los acontecimientos europeos en relación al desarrollo de la 2ª Guerra Mundial y con un sistema
político que se revalidaba en elecciones fraudulentas y carentes de legitimidad. La palabra crisis,
era sin dudas una de las palabras más escuchadas entonces. Crisis que se manifestaba de
diferentes maneras.
a) Crisis de identidad, manifestada por una crisis de concepción de la identidad nacional,
atribuida a la convergencia de dos procesos relativamente independientes el uno del otro:
la pérdida del prestigio de la clase alta tradicional y, por otro lado, la exigencia de
incorporación a la comunidad planteada por los estratos más bajos en rápido desarrollo.
b) Crisis de dependencia, a partir de 1930 se puso de manifiesto la otra cara de la relación de
dependencia: la tendencia al abuso del poder por parte de las naciones dominantes y, para
la Argentina, la necesidad de inclinarse ante sus exigencias.
c)
Crisis de distribución, la creciente distancia entre el desarrollo de la Argentina y el de la
potencia económica dominante, Inglaterra, se reflejó, dentro del país, en la creciente
brecha entre la situación económica de los sectores ricos y la de los sectores pobres de la
población.
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d) Crisis de participación, el sociólogo argentino Gino Germani ha propuesto una tipología de
las fases históricas argentinas según la medida de la participación del grueso de la
población en el proceso político. En dicha tipología, el lapso comprendido entre 1930 y
1943 está clasificado como “retroceso artificial a un sistema de participación limitada”. El
grueso de la población fue excluido del acontecer político, más que nada por métodos de
manipulación de las elecciones.
e) Crisis de legitimidad, ésta fue, quizás, la más importante entre las diversas crisis que se
presentaron después de 1930, pues afectó al sistema político en su sustancia, en su núcleo.
Lo más acertado sería definirla como la suma de las restantes crisis, referida al sistema
político.
Vísperas del Golpe de 1943
El país se encontraba huérfano de líderes (Alvear y Justo habían muerto poco tiempo atrás) y el
ejército pudo perfeccionar un modelo autoritario, que en el futuro tendrá una insospechada
proyección.
Los últimos gobiernos conservadores estuvieron representados por Castillo, que debió reemplazar
a Ortiz, ya que este último tuvo que renunciar al cargo por cuestiones de salud; su gobierno solo
duro tres años y se advirtió al retorno a la tradición del fraude.
Los candidatos de la década del 40 se acercaban más a los intereses de los Estados Unidos, ya que
el mandatario Ramón Castillo (1942-1943); apoya la candidatura del conservador Patrón Costas,
sus industriales lo acercaban a EE.UU, esta preferencia de Castillo por Patrón Costas, preocupó a
sectores del Ejército que eran partidarios del Eje. Dentro de estos sectores estaba agrupada una
logia secreta conocida con el nombre de Grupo Oficiales Unidos más conocido como el GOU. Este
grupo de oficiales del Ejército experimentaban un creciente malestar hacia la táctica y los planes
políticos de Castillo, lo que creo un escenario ideal para la intervención militar. La mayoría de ellos
habían participado en la revolución de 1930, así Perón y sus colaboradores evocaron distintos
temas: la necesidad de evitar un alzamiento comunista; el temor al compromiso en la guerra como
resultado de la presión externa; y el resentimiento ante la intromisión de la política en el Ejército.
Los miembros del GOU insistieron en proclamar su absoluta falta de ambiciones personales; no
habría jefe o líder, sino un cuerpo que se manejaría de manera anónima, su único interés era el
bienestar del Ejército y la Patria.
Frustrar la candidatura de Patrón Costas fue el objetivo principal del GOU, se habían sumado
diversas figuras políticas, las que compartían el rechazo de la candidatura impulsada por el
conservadorismo.
El Golpe de Estado del 4 de junio de 1943
En las maratónicas jornadas del 3 y 4 de junio, se aunaron grupos dentro de las Fuerzas Armadas,
participaban del movimiento el GOU, oficiales de origen justitas y Arturo Rawson, aliadófilo, por
lo que se consideró desde un primer momento como un jefe del golpe y futuro presidente
provisional de la Nación.
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No fue un Golpe elaborado por el GOU, ni por los EE.UU, ni por la embajada alemana en Buenos
Aires, como llego afirmarse.
Ante la mirada estupefacta de la población porteña, que nada sospechaba de la inminencia del
golpe, sacaron a la calle las tropas de guarniciones vecinas a la capital y depusieron sin lucha al
presidente de la república Ni las fuerzas que habían prometido fidelidad a Castillo ni el jefe de la
policía de Buenos Aires hicieron demasiados esfuerzos para sofocar el levantamiento. A media
tarde la ciudad ya era de Ramírez, y el presidente Castillo se encontraba en La Plata remitiendo su
renuncia.
Manifiesto y proclama del Golpe del 43
La Proclama
Decía: “Propugnamos la honradez administrativa, la unión entre todos los argentinos, el castigo de
los culpables y la restitución al Estado de todos los bienes mal habidos”. El levantamiento es
contra el fraude, la venalidad, el peculado y la corrupción.
En lo más íntimo y puro de las conciencias argentinas pesa una honda y angustiosa inquietud, ante
la evidente convicción de que la corrupción moral se ha entronizado en los ámbitos del país como
un sistema. El capital usurario impone sus beneficios con detrimento de los intereses financieros
de la Nación, bajo el amparo de poderosas influencias de encumbrados políticos argentinos,
impidiendo su surgimiento económico.
El comunismo amenaza sentar sus reales en un país pletórico de posibilidades, por ausencia de
previsiones sociales.
La justicia ha perdido su alta autoridad moral que debe ser perenne.
Las instituciones armadas están descreídas y la defensa nacional negligentemente imprevista.
El Manifiesto
Al pueblo de la República Argentina:
Las FFAA, fieles y celosas guardianes del honor y tradiciones de la Patria, como asimismo, los
derechos y libertades del pueblo argentino, han venido observando las actividades y desempeño
de las autoridades superiores de la Nación.
Dichas fuerzas, conscientes de la responsabilidad que asumen, deciden salir en defensa de los
sagrados intereses de la Patria.
La defensa de tales intereses impondrá la abnegación de muchos, porque no hay GLORIA SIN
SACRIFICIO.
SOSTENEMOS nuestras instituciones y nuestras leyes, persuadimos de que no son ellas, sino los
hombres quienes han delinquido en su ampliación.
ANHELAMOS firmemente la unidad del pueblo argentino, por el Ejercito de la Patria, que es el
pueblo mismo, que luchara por la solución de sus problemas y la restitución de sus derechos y
garantías conculcados.
LUCHAREMOS por mantener una real e integral soberanía de la Nación; por cumplir sólidamente el
mandato imperativo de su tradición histórica; por hacer efectiva una absoluta, verdadera y leal
unión y colaboración americana y cumplimiento de pactos y compromisos internacionales.
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Algunos apuntes sobre el G.O.U., el Golpe y el Contexto
Al comienzo de la década del ‘40 se había formado una logia militar secreta, especialmente
difundida entre coroneles, denominada Grupo Obra de Unificación o, según otros, Grupo de
Oficiales Unidos (GOU). Se trataba de un grupo con orientación nacionalista, fuertemente influido
por ideas de derecha prevalecientes en ese campo intelectual en aquel entonces, y con simpatías
por los países del Eje Roma-Berlín-Tokio, al que le asignaban fuertes posibilidades de ganar la
guerra. Muchos de sus miembros, sin embargo, eran más bien pragmáticos y buscaban desarrollar
una política que permitiera al país asumir un rango importante en el mundo, como líder de un
área económico sudamericana.
El complot pretendía, por espíritu de disciplina, llevar al poder al ministro de Guerra de Castillo, y
al general Pedro P. Ramirez. Por otra parte marchaba un proyecto independiente, dirigido por el
general Arturo Rawson. Antes la crisis desatada por la perspectiva de continuismo conservador,
ambos proyectos confluyeron, y una asonada militar rápidamente derrocó al presidente el 4 de
junio de 1943; sólo hubo una pequeña resistencia y una treintena de muertos.
El resultado de estos dos factores fue una situación confusa, pues asumió la primera magistratura,
provisional, el general Rawson. Pero a los tres días ya había sido desplazado por Ramírez. Detrás
de éste había un grupo de poder que incluía como elemento importante al coronel Juan D. Perón y
otros tres o cuatro miembros del GOU.
Uno de los mitos propiciados por el propio GOU era el de considerarse los responsables del
movimiento del 4 de junio.
Los ministerios fueron ocupados por militares, casi todos del GOU, divididos entre los que eran
fuertemente neutralistas (o simpatizantes del Eje) y los que preferían que el país se acercara a los
Aliados. Por razones de técnica y de vinculación con el empresariado, se designó a un civil, Jorge
Santamarina, en Hacienda.
Las tropas que habían salido a la calle lo habían hecho comandadas por sus jefes naturales. Esto le
había dado a la revolución un carácter estrictamente castrense. Sin embargo en el espectro
político los distintos partidos se mantuvieron expectantes con la idea de ubicarse
provechosamente en el nuevo cuadro de situación. Los militares golpistas adquirieron para un
amplio sector de la opinión pública la imagen de salvadores de la república frente a un futuro que
prometía ser el continuismo del fraude conservador, de los negociados, de la venalidad de los
hombres públicos. El manifiesto revolucionario prometía terminar con la corrupción y el fraude
que habían “desvinculado al pueblo de la cosa pública” y Rawson denunciaba el peligro de que el
comunismo ganara terreno en un país lleno de posibilidades.
Ante el hecho consumado la Suprema Corte de Justicia avaló el gobierno de facto con una
acordada redactada en los mismos términos que la del año ’30.
Para comprender el marco político en el que se dieron los hechos, debe considerarse la división en
las filas conservadoras en torno a más de una candidatura.
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Varias fueron entonces las motivaciones que guiaron a este grupo de militares en la búsqueda
del poder, la ruptura del continuismo conservador, del fraude patriótico, y también la lectura de
una sociedad que había sufrido grandes cambios. El aumento de las masas obreras como
consecuencia del proceso de industrialización, había desbordado a los dirigentes, tanto políticos
como sindicales. El peligro de un giro de estos grupos hacia la izquierda también era preocupante.
Fueron muchos los intereses que coincidieron, para que el golpe tuviera el éxito esperado. Los
grupos nacionalistas, presentes en el Ejército y en la Iglesia, contaron con el tácito apoyo de todos
los partidos políticos que se veían afectados por el fraude conservador. Los sindicatos, en su
mayoría de tendencia socialista y comunista, aguardaban expectantes, mejoras a sus condiciones
laborales, las que no podían esperar del gobierno conservador. Ya veremos que muchas de estas
alianzas, tácitas algunas y concretadas otras, se modificarían en el curso de los próximos dos años.
Ramírez en el Gobierno
La experiencia presidencial del general Ramírez fue más prolongada que la de su predecesor (el
Gral. Rawson, depuesto a poco de asumir), pero en todo caso fugaz, pues debió renunciar el 24 de
febrero de 1944. Durante su gestión comenzaron a definirse ciertas líneas de fuerza del proceso
político inmediato.
Las líneas se vinculaban con el conflicto interno por la dominación y con la política exterior, que en
todo caso era discernible pero no independiente de aquél. El gabinete de Ramirez dio, para los
informados, las primeras pautas del sentido del conflicto interno: el ministerio de Guerra fue
adjudicado al general Edelmiro J. Farrell, jefe de Perón, y el ministerio del Interior al
coronel Alberto Gilbert, amigo del coronel González. Era evidente que el G.O.U. había obtenido
una importante victoria. Pero también que los coroneles tendrían importante participación en el
gobierno y que la división entre “neutralistas” o germanófilos y los partidarios de los aliados
separaba a sus filas.
El general Ramirez sólo formuló vagas declaraciones al respecto, y mientras aumentaban las
presiones, la incorporación de elementos nacionalistas al gobierno de facto fortalecía la posición
neutralista. Poco después se decretaban la disolución de los partidos políticos y la imposición de
la enseñanza religiosa obligatoria.
En Enero de 1944 la situación internacional de nuestro país había llegado a un punto de
aislamiento insostenible y las amenazas de sanciones económicas parecían
inminentes. Ramírez optó entonces por romper relaciones con el Eje, medida recibida
burlonamente por los sectores aliadófilos y restó al gobierno el apoyo de gran parte del
nacionalismo. En el orden interno, provocó la renuncia del propio Ramírez, cuyo desgaste no pudo
resistir la presión de los coroneles de la guarnición de Buenos Aires, liderados ya por Perón
Se había convenido en levantar el virtual bloqueo económico que pesaba sobre la Argentina a
cambio de la declaración de guerra. De no hacerlo, nuestro país no podría participar en la
Conferencia de San Francisco en la que se constituiría la Organización de las Naciones Unidas. Era
un trago durísimo para un gobierno cuyos sostenedores habían lanzado la consigna “Soberanía o
muerte”. En pocos meses, pues, se habían consumado tres golpes de Estado. El primero
contra Castillo, desde fuera del poder. El segundo y el tercero desde dentro,
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contra Rawson y Ramírez. Para evitar complicaciones, era preciso que no hubiera una
discontinuidad formal entre Ramírez y su sucesor. El texto original de la renuncia de Ramírez fue
retirado, y se difundió una versión oficial en la que delegaba el poder en el vicepresidente Farrell,
en la cual alegaba estar fatigado por la intensidad de sus tareas de gobierno. La declaración de
guerra había sido una humillación para el gobierno militar y lo debilitó frente a la opinión pública y
frente a las fuerzas armadas. Ahora, la claudicación del 27 de marzo sólo podía tener una secuela
lógica: el llamado a elecciones.
Sin embargo, aunque la política internacional había sido conducida sobre premisas equivocadas (el
triunfo alemán), el gobierno de facto no había fracasado en otros aspectos. Más aún, en gran
medida había tutelado un proceso nacional de extraordinaria trascendencia. El valor de la
producción industrial había superado, por primera vez, el de la tradicional producción
agropecuaria en 1943. Entre 1942 y 1946 se habrían creado 25.000 nuevos establecimientos
industriales de diversa envergadura.
Naturalmente, este proceso se debía en gran parte al proteccionismo forzoso impuesto por la
guerra. El gobierno de facto no condujo al proceso de industrialización, pero tampoco intentó
frenarlo y concretó algunas iniciativas para estimularlo.
A través los decretos firmados por el Poder Ejecutivo de facto entre 1943 y 1946, se percibe el
deseo de modernizar la estructura del Estado. Pero la obra de mayor trascendencia del gobierno
revolucionario fue dada a través de una serie de medidas adoptadas bajo la directa conducción
de Perón, en el orden social.
La autodesignación de Perón en el Departamento Nacional del Trabajo, provocó una política cuya
intención pudo estar nutrida de demagogia pero que, tendía a una mejor redistribución de la
riqueza nacional y al establecimiento de relaciones más humanas entre el capital y el trabajo.
Con este espíritu es extendió el régimen jubilatorio, se crearon los tribunales del trabajo y el
decreto sobre asociaciones profesionales otorgó a los sindicatos una importancia decisiva en la
vida nacional. A estas tres medidas fundamentales, deben agregarse otras de caracteres
circunstanciales como la aprobación de estatutos para diversos gremios, el pago de vacaciones,
institución del aguinaldo, diversos aumentos de salarios, etc.
Cambios en el escenario nacional
Los cambios realizados en política exterior y el cada vez más significativo trabajo de Perón en el
ámbito social, provocaron un sustancial cambio en el escenario nacional. Un sector dirigente, el
vinculado a la producción agraria, se veía desplazado parcialmente del control de la economía del
país, ya que el rubro que manejaba dejaba de ser el más importante. Entraba en acción otro
grupo, el de los empresarios industriales, reclamando apoyo y créditos. Por otro lado, grandes
masas de trabajadores se concentraban ahora en el cinturón industrial de las grandes ciudades,
especialmente Buenos aires y Rosario.
Borrados de la escena, fruto de su desprestigio, los partidos políticos en los primeros años del
régimen no participaban de los acontecimientos nacionales. Los conservadores, damnificados
directos de la revolución, se sepultaron en un hosco resentimiento, los radicales, en un primer
momento favorecidos por la caída de Castillo, fueron retrayéndose a medida que el gobierno
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evidenciaba su escasa simpatía por la causa aliada. En cuanto a los socialistas y demócratas
progresistas, ejercían su descontento hacia los sectores nacionalistas que formaban parte del
gobierno. Los comunistas no tardaron en enfrentar al gobierno de facto desde la clandestinidad.
Así, a pocos meses de la revolución, todos los partidos políticos estaban pronunciados contra el
régimen militar, el que no se manifestaba preocupado, ya que el país real no estaba ya
representado por los partidos políticos.
En cuanto a la Iglesia, el golpe de junio, contó con el apoyo y participación de muchas figuras del
catolicismo dominante. La prensa nacionalista celebró largamente el suceso, en el que veía, por
fin, la encarnación de sus proyectos, este gobierno se acercaba mucho a lo que los católicos
buscaban.
A partir de los cambios inesperados por parte del gobierno, los cuadros reclutados en las filas
católico-nacionalistas veían peligrar sus objetivos. La declaración de guerra y ruptura de relaciones
con el Eje, provoca la renuncia de la mayoría de los nacionalistas: era el fin de su hegemonía y el
inicio de la de Perón. Las reformas instauradas por la Secretaría de Trabajo y Previsión, forzaron a
un replanteamiento por parte de los católicos, en cuanto a la justicia social y al papel de los
obreros en la sociedad. Además debían pronunciarse sobre la personalidad que emergía como el
nuevo depositario de la confianza popular.
La confusión aumentaba al comprobar que Perón se apropiaba de algunos de sus slogans ya que
poseía un discurso nacionalista en el plano económico, la reivindicación de sus encíclicas papales
para imprimir un signo cristiano a su obra social, la posibilidad de consolidar la enseñanza religiosa
mediante este heredero del régimen que la había implantado. Estas ventajas venían acompañadas
de elementos menos atractivos.
Perón y los gremios
Cuando se produjo la revolución de 1943 existían cuatro centrales obreras antagónicas, dos de
ellas de tendencia socialista y una anarquista. El régimen militar que conquistó el poder con el
golpe del 4 de junio clausuró e intervino varios sindicatos, promulgó un “estatuto de las
organizaciones gremiales” de corte totalitario y reprimió movimientos reivindicatorios con
medidas policiales.
La creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión y la acción personal de Perón modificaron, a
partir de noviembre de 1943, una situación tensa que estaba a punto de estallar en una violenta
huelga general.
Poco tiempo después, a medida que avanzaba la gestión directa de Perón, una de las centrales
obreras empezó a absorber a la otra y adoptó una actitud de colaboración con el gobierno. La
transformación no fue difícil, ya que solo bastó cambiar algunos de los interventores de sindicatos
entre ellos los poderosos ferroviarios, que solicitaron el envío del teniente coronel Domingo A.
Mercante, derogar el decreto fascista y promover la formación de nuevas organizaciones obreras.
La unidad sindical alrededor de la CGT se fue concretando rápidamente; los dirigentes comunistas
fueron drásticamente corridos de la conducción sindical. Algunos dirigentes socialistas prefirieron
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trabajar pacíficamente con el régimen militar y en la medida que obtenían victorias para sus
gremios se iban desvinculando de su partido.
Perón realizaba un seguimiento permanente en lo que significaba el desarrollo de las relaciones
entre los sindicatos y el Estado, y a pesar de su colaboración con el sector militar de extrema
derecha, a cierta altura de este período comprendió que el actual gobierno no podría sobrevivir
exclusivamente por la fuerza, como lo habían intentado los regímenes de la década de 1930; sino
que entendió que, para prolongarse en el tiempo, debía contar con un amplio apoyo político del
pueblo. En ese acercamiento permanente con los sindicatos buscó interpelar a los mismos con
relación a cuales eran los objetivos que perseguía el movimiento obrero, razón por la cual a partir
de sus pedidos y acuerdos buscó responder a las demandas de igualdad de status con respecto a
todos los demás grupos integrantes de la sociedad argentina, y un gobierno representativo de sus
intereses y aspiraciones. Pero además ideo un sistema de “libertad” de agremiación en todo el
país, a partir de un Ministerio de Trabajo eficaz, con sistemas de jubilaciones y de previsión social,
y el fin de la intervención oficial en los gremios en forma directa.
El 27 de octubre de 1943, el gobierno nombra a Perón director del Departamento de Trabajo y
Previsión Social. En un mes consiguió aumentar la importancia de su nuevo puesto, al convertir al
Departamento en una secretaria independiente cuyo titular poseía rango ministerial.
Los migrantes internos y los trabajadores sindicalizados se miraban con hostilidad y desconfianza.
Los nuevos trabajadores no conocían el socialismo, el fascismo, la democracia o la Constitución de
1853. Su concepto del gobierno derivaba de la relación patrón-peón en la estancia, paternalista y
autoritaria, y es en el marco de esta dicotomía obrero nuevo - obrero viejo, que Germani basa su
teoría del nacimiento de los movimientos populares en Argentina.
BIBLIOGRAFIA UTILIZADA:

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José Luis Romero – (Fondo de Cultura Económica) Breve Historia de la Argentina
Félix Luna. Breve Historia de los Argentinos
GALLETTI Alfredo.- HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA; La Plata Editorial Platense, 1972.
LOPEZ ROSAS, José Rafael Historia Constitucional Argentina Editorial Astrea 1975
CATTARUZZA, Alejandro; Historia de la Argentina 1916-1955 Siglo XXI Editores
FERNS H. S. ; La Argentina Editorial Sudamericana 1972
BRAILOVSKY, Antonio Elio; Historia de las Crisis Argentinas 1880-1982 Editorial de Belgrano
ROCK, David; Argentina 1516-1987 Desde la colonización española hasta Raúl Alfonsin. Allianza
Singular.
GERMANI, Gino; Política y Sociedad en una época de transición. De la sociedad tradicional a la
sociedad de masas. Paidos. 1962
Juan Carlos Torre – Daniel James – Emiliano De Ipola – Marysa Navarro, Mariano Plotkin –
Federico Neiburg – El 17 de Octubre de 1945 – Ariel 1995
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