Subido por Alí Martínez

El Oficio del Etnógrafo, Ciencia Poder Representación

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Universidad del Rosario
Debates en Ciencias Sociales II
Escuela de Ciencias Humanas
Maestría en Estudios Sociales
EL OFICIO DEL ETNOGRAFO: CIENCIA, PODER Y
REPRESENTACION
Alí Martínez Berrío1
1
Antropólogo y estudiante de la Maestría en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario.
Correo: ali.martinez@urosario.edu.co
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1. Planteamiento
La etnografía se constituye en el método principal de construcción de conocimiento desde la
Antropología. Históricamente, el método etnográfico ha sido utilizado como herramienta de
escritura y representación de los modos de vida de las sociedades no occidentales en el marco
de los procesos de colonización de las potencias europeas. Actualmente, la etnografía es
ampliamente utilizada en diversos contextos, incluyendo el de las sociedades occidentales y
el estudio de campos tan diversos como la investigación de mercados, el diseño de productos,
políticas públicas, entre otros campos.
De manera general, la etnografía se puede definir como la descripción de lo que una
comunidad hace desde la perspectiva de la misma comunidad. En otras palabras, la etnografía
es un método con el que se busca describir las practicas (lo que la gente hace) como los
significados que estas prácticas llegan adquirir para quienes las realizan (la perspectiva de la
gente sobre estas prácticas) (Restrepo, 2016). Con el método etnográfico los antropólogos
buscan representar contextualmente las relaciones entre prácticas y significados configurados
por grupos concretos sobre algún fenómeno particular (ritual, actividad económica, conflicto,
organización). Durante la década de los setentas, se dan importantes debates en torno a la
práctica etnográfica en lo que se conoce como “la crisis de la representación”. Algunos
autores (Clifford, 2001; Clifford y Marcus, 1991) cuestionan la consideración de la etnografía
como herramienta de objetividad, y la consideran parte de una ficción literaria creada bajo la
subjetividad del autor. La etnografía comienza a ser pensada como una posición de poder
desde la cual los antropólogos representan a los “otros” sin que estos sean participes del
proceso. Por lo tanto, se da un giro teórico y metodológico en la forma de concebir y
practicar la etnografía desde la antropología.
Este proyecto de investigación se enmarca en las temáticas de ciencia/poder/globalización y
tendrá como objetivo discutir las relaciones de poder que se establecen dentro de la práctica
etnográfica y sus implicaciones en la representación de los grupos sociales. El proyecto estará
sustentado en autores de la llamada corriente posmoderna en antropología y de los estudios
postcoloniales. En la estructura del proyecto se abordaran los siguientes puntos: pregunta de
investigación y objetivos, ciencia y poder, el método etnográfico en antropología, crisis de la
representación y autoridad etnográfica.
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2. Pregunta de investigación
 ¿De qué manera se manifiestan las relaciones entre ciencia y poder dentro de la
práctica etnográfica de la Antropología?
3. Objetivos de investigación
 Exponer en qué consiste la practica etnográfica en Antropología.
 Debatir sobre la relación entre ciencia y poder.
 Debatir sobre la crisis de la representación y la autoridad etnográfica.
4. Introducción
De manera general, la etnografía se puede definir como la descripción de lo que una
comunidad hace desde la perspectiva de la misma comunidad. En otras palabras, la etnografía
es un método con el que se busca describir las practicas (lo que la gente hace) como los
significados que estas prácticas llegan adquirir para quienes las realizan (la perspectiva de la
gente sobre estas prácticas) (Restrepo, 2016). La etnografía ha sido vinculada al enfoque
naturalista, entendido como una estrategia de investigación que posibilita estudiar in situ, y
de primera mano, la diversidad cultural de los grupos sociales. Por medio de la práctica
etnográfica, se busca recoger desde el lugar de los hechos, los datos etnográficos que se
convierten en materia prima para poder validar hipótesis, teorías y comparar prácticas
culturales (Guerrero, 2002).
Antropólogas como Rosana Guber (2001) consideran que la etnografía se presenta en una
triple acepción de enfoque, método y texto. En cuanto enfoque, la etnografía es una
concepción y practica de conocimiento que busca entender los fenómenos sociales desde la
perspectiva de los actores o sujetos. La particularidad del enfoque etnográfico consiste en la
descripción de lo que la gente hace y el sentido que le da a lo que hace. En la práctica
etnográfica se busca presentar una interpretación problematizada2 de los autores en torno de
un aspecto de la vida social. En cuanto a método, la etnografía implica una investigación en
terreno acompañada de técnicas cómo entrevistas, observación participante, diario de campo,
entre otras. La residencia prolongada es una característica de la etnografía, y suele llamarse
2 Según Guber: “adoptar un enfoque etnográfico es elaborar una representación coherente de lo que piensan y
dicen los nativos, de modo que esa "descripción" no es ni el mundo de los nativos, ni cómo es el mundo para
ellos, sino una conclusión interpretativa que elabora el investigador” (Guber, 2001:6).
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también como trabajo de campo; actividad que implica tener las condiciones de acceso y
aceptación por parte de la comunidad o el grupo social donde se realizara la investigación.
Por último, el resultado del trabajo de campo es la etnografía como producto textual en donde
se describen los resultados de investigación. Por lo general es un documento monográfico y
por escrito en el que un antropólogo intenta construir una representación, interpretación o
traducción de prácticas culturales dentro de comunidades especificas. Lo que se propone en
un texto etnográfico será una articulación entre teoría, datos empíricos e interpretaciones del
investigador (Guber, 2001).
En relación a la historia de la Antropología como disciplina científica, hay que reconocer el
papel que tuvo durante el siglo XIX en los procesos de consolidación de proyectos imperiales
y colonialistas de los países europeos (Lecrec, 1973; Restrepo, 2007). A lo largo de este
siglo, la antropología contribuye a cimentar la distinción entre “civilización” y “salvajes”,
entre el “nosotros” y “ellos”; justificando la inferioridad de unos sobre otros a partir de
teorías evolucionistas de la época, en donde la etnografía jugó un papel importante como
herramienta de recolección de información sobre los modos de vida de los no occidentales.
Posterior a la primera guerra mundial, se intensifican los trabajos de campo dirigidos desde
países europeos a los territorios colonizados y la corriente teórica del funcionalismo empieza
a cobrar vigencia dentro de la práctica etnográfica y antropológica. Desde el funcionalismo se
busca entender las interacciones dentro de los grupos sociales a partir de dos ejes: las normas
y los comportamientos. El funcionalismo dejó a un lado los estudios diacrónicos y se enfocó
en entender los grupos no occidentales como entidades estáticas, en permanente equilibrio y
con ausencia de conflictos (Devalle, 1983).
Según lo anterior, se debe tener en cuenta que la Antropología se desarrolla como una
ciencia estrechamente vinculada y permeada por circunstancias históricas especificas,
principalmente la expansión económica, política y cultural de occidente y las practicas
colonialistas. Los antropólogos en este contexto, se convierten en colaboradores de la
empresa colonialista, desarrollando la tarea de etnografiar y analizar los pueblos colonizados
o por colonizar para tener un mejor control sobre ellos (Devalle, 1983; Fernández, 2009). Al
respecto el antropólogo Clyde Kluckhohn afirmaría que:
“Es evidente que los antropólogos poseen conocimientos especiales y determinadas
destrezas para ayudar a los gobiernos a dirigir las tribus primitivas y a los habitantes
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de sus dependencias… la comprensión de de las instituciones nativas es un requisito
previo para el éxito de los gobiernos coloniales” (Kluckhohn, 1948:182)
Se ha destacado el papel que desempeñaron antropólogos durante la época del imperialismo
británico en áfrica, no solo para comprender las costumbres y modos de vida de los pueblos
coloniales, sino también para desarrollar estrategias militares y organizativas que otorgaran
ventajas sobre otras potencias europeas en la lucha por las colonias. En este campo,
antropólogos destacados como Evans-Pritchard, fueron requeridos durante 1930 por las
instituciones coloniales británicas para realizar informes sobre algunas tribus Nuer que
manifestaban resistencias frente a la autoridad colonial. De estas investigaciones Pritchard
elaboraría sus estudios etnográficos sobre titulados: Los Nuer (1940); Parentesco y
matrimonio entre los Nuer (1951) y La religión Nuer (1956). Las informaciones etnográficas
fueron elementos útiles para las intervenciones militares y establecer estrategias no solo para
colonizar los pueblos y sus territorios, sino también, para asegurar la lealtad y servidumbre
consentida sobre las potencias europeas (Medina, 2008).
También se ha discutido el rol que desempeñaron antropólogos durante la segunda guerra
mundial para justificar el predominio racial europeo y la implementación de las políticas del
Nazismo. Autores como Gretchen E. Schafft (2004) en su libro “From Racism to Genocide:
Anthropology in the Third Reich” manifiestan que los antropólogos sirvieron de facilitadores
para los genocidios por medio de investigaciones tanto etnográficas como biológicas, en
donde legitimaron la ideología nazi. Schafft (2004) considera que los antropólogos fueron
esenciales para proporcionar sustentos empíricos a las teorías, políticas e intervenciones nazis
y justificar la superioridad racial alemana.
Por otra parte, se ha debatido el papel que jugaron las investigaciones de las antropólogas
Margaret Mead y Ruth Benedict para conocer culturalmente a los países del eje durante la
segunda guerra mundial. En este sentido, investigaciones etnográficas como “El crisantemo y
la espada: patrones de la cultura japonesa” de la antropóloga Ruth Benedict (1946) fueron
encargos de las autoridades militares norteamericanas para conocer al detalle los modos de
vida japonenses en torno a valores como la culpa y el honor. La representación etnográfica de
los valores culturales japonenses fue importante para la modificación de las estrategias
militares norteamericanas en la comprensión de la institucionalización del emperador y su
honor. Benedict planteaba que con el asesinato del emperador no habría ninguna persona con
autoridad en el pueblo japonés para aceptar una rendición, lo cual traería como consecuencia,
5
que los japoneses siguieran luchando. Por lo tanto, se recomendaba buscar una humillación
que diera como resultado que la máxima autoridad representada por el emperador asumiera
su derrota seguido de la aceptación de la sociedad japonesa.
Por otra parte, se ha mencionado en Marzo (1998), que durante las tensiones de la guerra fría,
el general de la fuerza aérea,
Edward G. Lansdale en su participación como jefe de
operaciones de la CIA durante las intervenciones militares contra los rebeldes Huk en
filipinas; se valió de la práctica etnográfica para conocer las supersticiones locales y explotar
el miedo de las guerrillas Huk hacia un ser sobrenatural llamado “asuang” con características
de vampiro. En un primer momento se busco replicar anécdotas sobre un asuang que
permanecía en las montañas donde se habían establecido las bases guerrilleras.
Posteriormente se capturo un guerrillero Filipino para asesinarlo y perforarle el cuello
dejando una marca de dos agujeros y colocándolo cabeza abajo para que se desangrara
completamente. El cuerpo fue encontrado por los Huk, y al siguiente día se retiraron de sus
campamentos dando por exitosa la estrategia militar de la CIA. En este sentido, la etnografía
sirvió como herramienta de poder para el control de los pueblos filipinos y la creación de
estrategias militares basadas en la cosmovisión histórica de los filipinos.
De acuerdo con los ejemplos anteriores, la etnografía se caracteriza por hacer de la
observación la herramienta apropiada para el conocimiento y también, por configurar una
dicotomía entre sujeto-objeto dentro de las relaciones entre el antropólogo y los pueblos a
investigar. Según lo anterior, el antropólogo se reviste de objetividad y es poseedor del
conocimiento científico, mientras que
los colonizados son abordados como objetos de
investigación sin capacidad de agencia (Guerrero, 2002). De igual manera, se busca con la
producción del texto etnográfico, construir un discurso científico que explique las leyes
universales de la cultura y los patrones de comportamiento. Así mismo, los grupos
“primitivos”
son entendidos como elementos “estáticos, ahistóricos, homogéneos,
armónicos y funcionales al orden social dominante” (Guerrero, 2002:13), logrando justificar,
de esta manera, la misión civilizadora europea sobre sus colonias. En contraparte a lo
mencionado anteriormente, durante la década de los ochenta, algunos autores (Clifford, 2001;
Clifford y Marcus, 1991) van a cuestionar la objetividad de la práctica etnográfica y van a
criticar la posición de poder desde la cual los antropólogos representan a los “otros” sin que
estos sean participantes de la producción etnográfica. Este giro teórico y metodológico será
conocido como la crisis de la representación y la autoridad etnográfica
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5. Ciencia y Poder: Algunas consideraciones
Existe un imaginario social construido históricamente, en el que se entiende la ciencia como
un campo de producción de conocimiento que funciona bajo estrictos lineamientos
metodológicos, teóricos y epistemológicos. La ciencia está estrechamente asociada al método
científico, el cual determina el proceder riguroso, sistemático y reflexivo como elementos
constitutivos del carácter de objetividad y verdad. Si bien estas características de la ciencia
las asumimos como hechos reales de cualquier disciplina del conocimiento, existen unas
consideraciones a tener en cuenta, que muchas veces son pasadas por alto dentro de la
creencia de la ciencia como practica neutral, aséptica y libre de culpas. Según Mauricio
Nieto (1995) la imagen convencional del trabajo científico, como una actividad intelectual
indiferente de un contexto social e independiente de intereses ideológicos, políticos y
económicos, ha de ser revaluada y cuestionada. Para tal ejercicio de revelar las condiciones
que favorecen y son determinantes en la producción y reproducción del conocimiento
científico, emergen los trabajos llevados a cabo desde la historia y la filosofía de la ciencia,
quienes han construido toda una trayectoria histórica en la labor de entender las practicas y
los hechos científicos en relación a sus determinantes sociales y de otros tipos.
La concepción positivista de la ciencia, entendida como un paradigma racional de la
modernidad se caracteriza por la producción de saberes privilegiados que han trascendido, en
ciertos casos, para convertirse en leyes que rigen el mundo exterior o la naturaleza. Como
también la concepción del investigador y sus prácticas científicas que le permiten realizar
seguimientos sistemáticos de una realidad independiente de cualquier factor humano y
revestido de objetividad. Estos hechos empiezan a ser cuestionadas desde disciplinas como la
historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia y recientemente los estudios sociales de ciencia
y tecnología. De manera general, los autores enmarcados en estas disciplinas enfocan su
mirada en otros aspectos de la ciencia y pasan a entenderla como un “espacio de lucha que
responde a ciertas imposiciones sociales y políticas, establece coactivamente prácticas
discursivas, sociales y políticas en la sociedad” (Pérez y Díaz, 2007:59). Autores como
Michael Foucault han otorgado énfasis en el análisis de los discursos científicos inmersos en
relaciones de poder, y a su vez, productores de regímenes de saber y verdad. Para Foucault:
“cada sociedad tiene su régimen de verdad, su política general de la verdad: es decir,
los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o falsos, el modo
como se sancionan unos y otros; las técnicas y los procedimientos que están
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valorizados para la obtención de la verdad; el estatuto de quienes están a cargo de
decir lo que funciona como verdadero.” (Foucault, 2007:154)
Según la anterior cita, las prácticas científicas deben ser entendidas a partir de la producción
de discursos sobre el saber, inmersos en complejas redes de poder y con efectos en la vida de
las personas. Desde esta perspectiva, las comunidades científicas están coaptadas por
diferentes fuerzas e intereses en un momento histórico específico en donde se legitiman
ciertos discursos científicos mientras que otros se ocultan o se sustituyen.
Para Ludwik Fleck (1986) la ciencia “es algo realizado cooperativamente por personas; por
eso deben tenerse en cuenta, de forma preferencial, además de las convicciones empíricas y
especulativas de los individuos, las estructuras sociológicas y las convicciones que unen
entre sí a los científicos” (Fleck, 1986: 22 en Pérez, 2010). Según esta cita, se debe reconocer
la actividad científica como una construcción social donde intervienen diferentes individuos,
con el propósito de conformar un colectivo de pensamiento para resolver problemas
científicos por medio de diferentes métodos y teorías acordadas. Desde estos postulados, la
ciencia se convierte en una práctica cooperativa condicionada por unos supuestos culturales y
sociales que influyen de manera divergente entre la realidad y la producción del
conocimiento. De manera que la búsqueda de una verdad absoluta sería algo inalcanzable
para cualquier comunidad científica.
De acuerdo con todo lo anterior, ciencias como la antropología se encuentran determinadas
por relaciones de poder en el marco de la expansión capitalista eurocéntrica. La producción
del saber antropológico se ha elaborado desde el centro (Europa), ocultando los discursos
construidos por las antropologías periféricas o no hegemónicas de otras partes del mundo.
Desde el centro se ha determinado el tipo de conocimiento, las reglas metodológicas y
epistemológicas que definen la práctica y el oficio de la antropología; como también, los
objetos de estudio y el sistema teórico de la disciplina (Escobar y Ribeiro, 2008). Por lo tanto,
prácticas como la etnografía serán criticadas por algunos sectores científicos, en tanto la
consideran una actividad marcada por profundas relaciones de poder, e intereses de todo tipo.
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6. Crisis de la representación y la autoridad etnográfica
De acuerdo con Restrepo (2012), parece existir un consenso en torno al libro Writing
Culture: Poetics and Politics of Ethnography, coordinado por James Clifford y George
Marcus (1986), como el texto esencial y fundador del postmodernismo en antropología. Esta
corriente ha sido asociada a los debates dados dentro de las instituciones antropológicas de
los Estados Unidos durante los años 80. Entre los autores más relevantes de la antropología
postmoderna se han identificado a Vicent Crapanzano, James Clifford, Michael Fischer,
George Marcus, Michel Taussig y Stephen Tyler. La antropología postmoderna constituye
una inflexión de los planteamientos interpretativistas de Clifford Geertz, donde se deja de
lado estudiar la cultura como un texto, para estudiar los textos sobre las culturas escritos por
antropólogos.
Para los autores de la antropología postmoderna, las prácticas de escritura y las monografías
etnográficas se vuelven objeto de estudio porque permiten entender las formas en que los
antropólogos han representado a las sociedades que estudian y examinar cuáles son las
consecuencias que derivan de la practica etnográfica. Para autores como James Clifford
(2001), entre otros, las descripciones etnográficas no son totalmente inocentes. Por el
contrario, la actividad de la escritura contiene elementos subyacentes que generan efectos de
verdad y autoridad del autor; como también, la producción y reproducción de
representaciones sobre las sociedades estudiadas. Uno de los elementos analizados sobre las
tácticas de escritura, es cuando los etnógrafos escriben relatos en primera persona, sobre
situaciones y eventos que vivieron mientras hacían trabajo de campo; recurriendo a los
idiomas nativos como forma de validar su producto etnográfico por el hecho de conocer de
primera mano las cosas de las cuales esta relatando (Restrepo, 2012).
La autoridad etnográfica refiere a la capacidad del autor de la etnografía de justificar su
producción textual por el hecho de “estar allí”, en el lugar de los hechos y vivir con los
miembros de una sociedad. El autor, al ser testigo de lo que narra, tiene la autoridad para
decir lo que dice y producir efectos de verdad. Para la antropología postmoderna las
etnografías son pensadas como retóricas literarias, en tanto suponen que se describe la
“totalidad de la cultura”, o, “como tal cual es” a partir del conocimiento experto y objetivo
del antropólogo (Restrepo, 2012). Otra de las consideraciones retoricas de la etnografía, está
constituida por los efectos de exotización y otrificación de las sociedades estudiadas. En los
textos etnográficos se sobresalta lo diferente, olvidando otros aspectos culturales que no
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aparecen como exóticos para la mirada del etnógrafo. Para la antropología postmoderna, esto
es un indicio de que se siguen marcando fronteras epistemológicas como la distinción entre
sujeto-objeto o el nosotros (antropólogo-etnógrafo) y los otros (sociedades, pueblos)
(Guerrero, 2002).
Otras anotaciones que realizan los autores de la corriente postmoderna sobre las retóricas de
los textos etnográficos, refiere a que producen efectos de comunalización y primitivización
de las poblaciones que estudian (Restrepo, 2012). En cuanto a la primera anotación, se
produce por el hecho de que los etnógrafos generalizan las perspectivas de los pueblos, sin
tener en cuenta las tensiones, diferencias y contrastes que puedan darse al interior de las
prácticas y significados de los miembros de la población estudiada. Por otra parte, la
primitivización consiste en el hecho de describir las poblaciones ubicadas en una dimensión
temporal distinta al del etnógrafo. Ambas criticas, comunalización y primitivización llevan al
error de considerar las prácticas observadas como elementos culturales estáticos y
esencialistas que no se transformar y deberían seguir permaneciendo de la misma forma.
De acuerdo con lo mencionado anteriormente en relación a las retoricas de las monografías
etnográficas, la antropología postmoderna va a considerar que la actividad etnográfica está
estrechamente relacionada con las políticas de la representación, esto es, con las relaciones de
poder que se materializan en los textos etnográficos, donde los antropólogos representan y
producen un discurso en nombre de los otros. Por lo tanto, las críticas de autores como James
Clifford van dirigidas al estatuto de las políticas de la representación etnográfica, es decir,
¿Cómo se representa al otro? ¿Quién representa a quien? ¿Con que propósitos y cuáles son
las implicaciones derivadas de tal representación? Preguntas que tienen que ver con las
relaciones de poder que se establecen dentro de la escritura etnográfica como forma de
representación.
En este sentido, algunos autores proponen hacer frente a la autoridad etnográfica por medio
de una etnográfica polifónica en oposición a la etnográfica ventrílocua o monofónica. Con la
etnografía polifónica se buscaría integrar las múltiples voces de los miembros de las
sociedades estudiadas, por medio de la descripción que ellos mismos realizan de sus prácticas
y actividades. Por otra parte, George Marcus (2001) propone la realización de etnografías
multilocales que se distinguen por poseer objetos de estudio que no pueden ser explicados
etnográficamente en un solo lugar. Se busca con la etnografía multilocal desarrollar
etnografías móviles en diferentes espacios para indagar por la circulación de prácticas y
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significados culturales, objetos e identidades en espacios no delimitados. A su vez, se busca
con este tipo de etnografía descentralizar el análisis desde varias perspectivas que superen el
eurocentrismo e inviten diversos puntos de vista.
Hasta el momento hemos presentado algunos puntos centrales de la llamada antropología
postmoderna en relación a la práctica etnográfica. Sin embargo, se han planteado múltiples
críticas a las ideas de las corrientes postmodernas sobre la autoridad etnográfica y la crisis de
la representación. Una de las principales críticas que se le hacen es por hacer demasiado
énfasis en las relaciones de poder expresadas en la escritura etnográfica, desconociendo que
las relaciones de poder son derivadas de las que existen entre las sociedades estudiadas y la
sociedad del etnógrafo. Es decir, que las relaciones de poder se manifiestan son en la vida
social y no en los textos etnográficos, es en los trabajos de campo y no en las formas de
escritura que desarrolla el etnógrafo. En este sentido, la escritura seria solo un fenómeno
derivado y secundario. Sumando a lo anterior, los críticos del postmodernismo consideran
que lo suficiente no es dar voz en el texto a los miembros estudiados, sino, cambiar las
formas de realizar el trabajo de campo (Restrepo, 2012; Vasco, 2002).
Por otra parte, se ha criticado el hecho de que en el trabajo de James Clifford se hagan
distinciones tajantes entre nosotros/ellos. La crítica sostiene que los antropólogos
postmodernos dan por hecho las demarcaciones entre objeto-sujeto y que todas las
elaboraciones sobre representación etnográfica reproducen un mundo compuesto por culturas
radialmente diferentes y espacializadas. En consecuencia, es necesario que antes de dar por
sentada la otredad de los otros y la unidad del nosotros desde la premisa de la discontinuidad
espacial, se debe preguntar por la trayectoria histórica de la producción de las diferencias
(Restrepo, 2012). En otras palabras, lo que se busca es cuestionar la construcción histórica y
discursiva de que aparentemente el mundo social se divide entre objetos y sujetos, o entre
“nosotros” y “ellos”. Por último, para antropólogos como Carlos Reynoso (2003), la
antropología postmoderna ha criticado las políticas de la representación etnográfica y las
relaciones de poder pero desde posturas relativistas que suponen una reproducción del status
quo. Es decir, que desde las corrientes postmodernas hay una tendencia por el “todo vale”,
que es lo mismo que “todo siga igual”, ya que no existe ningún procedimiento que garantice
la verdad en lo que se expresa.
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7. Conclusiones
A lo largo del documento hemos tratado de mostrar las relaciones que se presentan entre la
ciencia y el poder, específicamente en la Antropología y la practica etnográfica. Los textos
científicos, al igual que las etnografías, deben ser entendidos como complejos procesos en
donde se interrelacionan estrategias retoricas como también múltiples relaciones de poder
asociadas al contexto (histórico, político, cultural) de producción del discurso científico. De
esta manera, los procesos de construcción de conocimiento serian el resultado de prácticas de
negociación entre el científico, su contexto y los demás elementos que entran en juego dentro
de su objeto de conocimiento (intereses, financiamientos, grupos sociales, artefactos
materiales, entre otros). Superar la autoridad etnográfica, implica el entendimiento de que la
etnografía es una mediación libre de interpretación que debe ser cuestionada pero también
desanclada de su etiqueta como forma de dominación. La etnografía es re pensada y re
estructurada constantemente a partir de nuevas tradiciones, nuevos actores, nuevas
textualidades y nuevas formas de interacción que superan la división tajante entre
investigador e investigados.
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