Subido por Carolina Laplagne

La historia de Aracne

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La historia de Aracne, la tejedora
La historia de Aracne, la tejedoraEn Grecia vivía una joven llamada Aracne. Su rostro
era blanco pero hermoso y su cabello era largo y oscuro. Lo único que le interesaba
hacer desde la mañana y hasta el medio día era sentarse al sol a hilar; y lo único que le
interesaba hacer desde el mediodía hasta la noche era sentarse a la sombra y tejer.
Y, ¡oh! ¡Qué finas y bellas eran las cosas que tejía en su telar! Lino, seda, lana—
trabajaba todas por igual; y cuando venía de sus manos, el tejido que hacía era tan
suave, tan delgado y tan vivo que venían personas de todas partes del mundo a verlo.
Y decían que un tejido tan excepcional no podía estar hecho de lino, ni de seda ni de
lana, sino que la urdimbre era de rayos del sol y que la trama era de hilos de oro.
Y entonces, cuando la joven se sentaba día tras día al sol a hilar, o en la sombra a tejer
dijo: “No hay en el mundo un hilo tan fino como el mío, ni tampoco un tejido tan suave
y liso, ni una seda tan viva y excepcional".
Una tarde cuando estaba sentada en la sombra tejiendo y hablando con quienes
pasaban por el lugar, alguien le preguntó: "¿Quién te enseñó a hilar y a tejer tan
bien?"
"Nadie me enseñó," contestó Aracne. "Aprendí a hacerlo cuando me sentaba al sol y a
la sombra; pero nadie me mostró cómo hacerlo".
La historia de Aracne, la tejedora"Pero puede ser que Atenea, la diosa de la sabiduría,
te enseñó y tú no sabías".
"¿Atenea? ¡Bah!" dijo Aracne. "¿Cómo podría enseñarme? ¿Acaso puede hilar
madejas de hilos como estas? ¿Puede tejer cosas como las mías? Me gustaría ver
como lo intenta. Probablemente le puedo enseñar un par de cosas".
Subió la mirada y vio en el portal a una mujer alta envuelta en una capa larga. Su
rostro era hermoso al verlo, pero serio, ¡oh!, ¡tan serio! Y sus ojos grises eran tan
penetrantes y tan brillantes que Aracne no pudo sostener la mirada.
"Aracne," dijo la mujer, "soy Atenea, la diosa de las manualidades y de la sabiduría, y
he oído tus alardes. ¿Estás segura de que aún crees que puedes hilar y tejer tan bien
como lo hago yo?"
Las mejillas de Aracne palidecieron, pero dijo: “Sí. Puedo tejer tan bien como lo haces
tú".
"Entonces déjame decirte lo que haremos", dijo Atenea. "En tres días ambas
tejeremos; tú en tu telar y yo en el mío. Pediremos a todo el que quiera que venga a
vernos; y el gran Zeus, que está en las nubes, será el juez. Y si tu trabajo es mejor, no
tejeré nunca más hasta que se termine el mundo; pero si mi trabajo es mejor, entonces
nunca más usarás el telar ni el huso. ¿Estás de acuerdo?"
"De acuerdo", dijo Aracne.
"Muy bien", dijo Atenea. Y se alejó.
Cuando llegó el momento del concurso de tejido, cientos de personas se presentaron
para verlo, y el gran Zeus se sentó entre las nubes y observó.
Aracne tomó sus madejas de seda fina y comenzó a tejer. Y tejió una red de una
belleza maravillosa, tan delgada que flotaría en el aire, y tan fuerte que podría
sostener a un león en sus mallas; y los hilos de la urdimbre y la trama eran de tantos
colores, y estaban distribuidos y mezclados tan maravillosamente entre sí que todos
los que lo veían estaban encantados.
"No es de extrañar que la doncella hiciera alarde de sus habilidades", dijo la gente y el
mismo Zeus asintió.
Luego Atenea comenzó a tejer. Y tomó los rayos de sol que bañaban la cima de la
montaña, y la lana blanca de las nubes de verano y el éter azul del cielo de verano, y el
verde claro de los campos de verano, y el púrpura real de los bosques de otoño—y
¿qué crees que tejió?
La red que tejió estaba llena de dibujos encantadores de flores y jardines, y de castillos
y torres, y de montañas, y de hombres y de bestias, y de gigantes y de enanos, y de los
seres poderosos que moran en las nubes con Zeus. Y quienes vieron el tejido estaban
tan fascinados y sorprendidos que se olvidaron de la hermosa red que Aracne había
tejido. Y la misma Aracne estaba avergonzada y temerosa cuando lo vio; y cubrió su
rostro con las manos y lloró.
La historia de Aracne, la tejedora"¡Oh!, como podré vivir", se lamentó, "ahora que ya
no podré usar el telar ni el huso nunca más"
Y siguió llorando y diciendo, "¿Cómo podré vivir?"
Luego, cuando Atenea vio que la pobre doncella nunca más sería feliz a no ser que se
le permitiera hilar y tejer, se compadeció de ella y dijo:
"Te liberaría del acuerdo si pudiera, pero nadie lo puede hacer. Debes respetar el
acuerdo de nunca más tocar un telar ni un huso. Y como nunca serás feliz a no ser que
puedas hilar y tejer, te daré una nueva forma para que puedas seguir con tu trabajo
sin huso ni telar".
Luego tocó a Aracne con la punta de la lanza que llevaba consigo a veces; y la doncella
se convirtió en una hábil araña que corrió hacia un lugar en el pasto a la sombra y
comenzó alegremente a hilar y a tejer una hermosa red.
He oído decir que todas las arañas que han estado en el mundo desde entonces son
hijas de Aracne. Quizás Aracne aún vive hilando y tejiendo; y la siguiente araña que
veas puede ser la mismísima Aracne.
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