Subido por María Paula Gago

Gago Saborido La Nación y la revolución rusa

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De los ideales de «libertad y democracia» al «caos». El posicionamiento
del diario argentino La Nación frente la Revolución rusa (1917)
María Paula Gago
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad de Buenos Aires – Instituto de Investigaciones Gino Germani
Mercedes Saborido
Universidad de Buenos Aires
Introducción
La Revolución rusa marcó la historia del siglo XX. Atravesada por numerosas polémicas,
justificaciones, condenas y detracciones, su onda expansiva logró incentivar de forma
inédita la lucha de clases a lo largo del mundo, provocando una efervescencia
revolucionaria que hizo creer a muchos que la victoria del comunismo era posible. Su
triunfo fue tan impactante e inesperado que pareció tener la fuerza como para socavar las
estructuras del orden viejo orden burgués.
En la República Argentina, desde la primera década del siglo XX, la vigencia del “orden
conservador”, que había asegurado el poder para una clase política que apuntalaba un
régimen dominado por los propietarios de la tierra, mostraba fisuras como consecuencia
de diferencias entre los distintos sectores que integraban la elite gobernante pero sobre
todo a raíz de los desafíos que provenían de las demandas de una sociedad cada vez más
compleja en su composición.1 Uno de los resultados más significativos de esa nueva
realidad fue la promulgación en 1912 de la denominada “Ley Sáenz Peña” que estableció
entre otras modificaciones electorales, el sufragio masculino universal obligatorio y
secreto.2 Como consecuencia de ella se produjo el triunfo electoral de Hipólito Yrigoyen,
principal dirigente de la Unión Cívica Radical, en las elecciones presidenciales de 1916.
La UCR surgió en la última década del siglo XIX como una alternativa con arraigo entre
la creciente clase media urbana y los pequeños y medianos propietarios agrarios. 3 Su
vocación reformista, más marcada en el campo político que en el económico, se vio
El libro clásico sobre el tema es BOTANA, Natalio. El orden conservador. Buenos Aires: Sudamericana,
1977.
2
La polémica respecto de las razones por las que el régimen accedió a la modificación de las leyes
electorales puede seguirse en: BOTANA, Natalio. El orden...Op. Cit.
3
Una ponderada historia de la UCR es la de PERSELLO, Ana Virginia. Historia del radicalismo. Buenos
Aires: Edhasa, 2007.
1
afectada por el impacto producido primero por el estallido de la guerra y luego por la
Revolución rusa.
Los sucesos internacionales detentaban un lugar de privilegiado en la prensa local. El
presente artículo propone un objetivo muy acotado: analizar qué posicionamiento
enunciativo adoptó el diario argentino La Nación frente a la revolución bolchevique de
octubre de 1917. La hipótesis que orienta este trabajo sostiene que, si bien es probable
que el diario, por su línea editorial e ideológica, apoyara a una revolución de corte burgués
o liberal como la de febrero de 1917, la polarización política y el avance de la izquierda
en el proceso revolucionario ruso provocará un distanciamiento y cambio drástico en su
discurso respecto del curso de los acontecimientos.
El motivo de trabajar sobre La Nación –cuyo origen está vinculado a los sectores
involucrados en las luchas partidarias decimonónica– se debe a que, desde su aparición
en 1870, ocupó posiciones dominantes en el campo periodístico y se consolidó como un
diario «serio» y actor relevante, que analizaba y explicaba las cuestiones políticas,
económicas y sociales del país.
Partimos de considerar a los medios como difusores de los imaginarios sociales4 y actores
políticos que, en relación con otros actores, buscan influir en la toma de decisiones de un
sistema político.5
Aspectos teóricos y metodológicos
Este trabajo se orienta a analizar los modos en que las prácticas sociales de producción y
recepción de sentidos en un contexto determinado afectan a la construcción de los
discursos que circulan socialmente.6
Verón7 realiza una distinción teórica fundamental en la investigación sobre discursos
sociales: la de producción y reconocimiento de discursos.
Esta distinción, expresa teóricamente –de acuerdo con el autor– la no linealidad de la
circulación discursiva puesto que el análisis de las propiedades de un discurso,
explicables por las reglas de su producción, no nos permite deducir sus efectos de sentido
sobre los receptores.
. BACZKO, Bronislaw. Los imaginarios sociales. Buenos Aires: Nueva Visión, 1999.
. BORRAT, Héctor. El periódico, actor político. Barcelona: Gili, 1989.
6
. VERÓN, Eliseo. La Semiosis Social. Barcelona: Gedisa, 1996.
7
. VERÓN, Eliseo. La Semiosis Social…Op. Cit.
4
5
El análisis discursivo propuesto en este trabajo se centrará en las condiciones de
producción de diario La Nación. Y, a partir de lo anteriormente expuesto, se considerará
la propuesta metodológica de Van Dijk8 que permite abordar distintas propiedades del
discurso informativo como la presentación de la noticia que involucra, entre muchos otros
aspectos, el tamaño de los titulares, fotografías, fuentes tipográficas, espacio de la
superficie redaccional que ocupa y se le adjudica a la noticia puesto que no sólo da cuenta
de la preorganización del proceso de lectura
sino también pone de manifiesto la
prominencia, relevancia e importancia de los sucesos, temas y actores.
Teniendo en cuenta las características del presente trabajo, tomamos 15 artículos
publicados en el diario La Nación entre marzo de 1917 (de acuerdo al calendario
gregoriano) y marzo de 1918, momento de la firma del tratado de Brest-Litovsk.
La Revolución rusa
La participación de Rusia en la Primera guerra mundial (1914-1918) fue un factor
fundamental en el estallido de octubre de 1917. El atraso del país en el desarrollo
económico y el equipamiento militar lo situaba en inferioridad respecto de los principales
combatientes y la adhesión de la sociedad al Estado era limitada, especialmente después
de la revolución de 1905, por lo que era previsible que las derrotas militares en lugar de
cohesionar al país tras sus gobernantes, generasen una reacción contraria.9
En vísperas de la Gran guerra, la situación política, económica y social de Rusia era
complicada.10 El fracaso del sistema constitucional implementado después de 1905, el
incremento de la tensión social producto de los requerimientos bélicos por demás
exigentes en un imperio de esas características, el agotamiento de la política reformista
tras el asesinato de Piotr A. Stolypin de 1911, y el cuestionamiento radical de la
intelligentsia al zarismo, permiten justificar la apreciación de que el país presentaba una
evolución política dificultosa.
La mayor parte de las agrupaciones políticas con representación en la Duma conformaron
en 1915 un bloque progresista que planteó al zar la necesidad de nombrar un gobierno
responsable ante la nación sin que ese reclamo se tradujera en una medida concreta por
parte de Nicolás II.
. VAN DIJK, Teun A. Racismo y análisis crítico de los medios. Barcelona: Paidós, 1997.
. SABORIDO, Jorge. 1917. La Revolución rusa cien años después. Buenos Aires: Eudeba, 2017. 75-87.
10
Para ampliar véase: LIEVEN, Dominic. Russia and the origins of the First World War. Londres y
Basingstoke: The Macmillan Press, 1983.
8
9
En ese entonces, la situación de los partidos de izquierda estaba signada por un proceso
de atomización: el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), fundado en 1898,
había sufrido una ruptura en 1911 el que había dado como resultado la aparición de dos
nuevos partidos, los bolcheviques y mencheviques, con estrategias revolucionarias
divergentes. El Partido Socialista Revolucionario (PSR), representante de los intereses
del campesinado ruso, también había sido testigo de una serie de escisiones de
importancia durante la primera década del siglo XX. El estallido de la guerra obligó a los
dirigentes a tomar posiciones concretas. En este sentido, muy pocos diputados de
izquierda se opusieron al conflicto bélico, figuras como Plejanov y Kropotkin se
manifestaron a favor y, desde su exilio en Suiza, Lenin –líder de los bolcheviques–planteó
una posición extrema afirmando que el hundimiento de Rusia brindaría la posibilidad de
desencadenar la revolución, lo cual lo colocó en una situación de aislamiento.11
Hacia 1917, la hostilidad de los trabajadores urbanos hacia el régimen culminó finalmente
con su derrocamiento, en el momento en que las manifestaciones obreras se sumó la
negativa de los soldados a reprimir. Las diferentes fuerzas del espectro político ruso
celebraron el desenlace de los acontecimientos que llevaron a la abdicación del zar, pero
fueron los trabajadores y los soldados, sin un encuadramiento definido en las
organizaciones políticas existentes, los protagonistas de la revolución de febrero.
Se instauró entonces en Petrogrado una situación de «doble poder». Por un lado, se
encontraban los partidos políticos representados en la Duma que constituyeron un
gobierno provisional encabezado por el príncipe Alexei Lvov, compuesto por grupos
liberales, con la participación activa del socialista Alexander Kerenski quien contaba con
un gran prestigio político y, por el otro, los soviets de obreros, campesinos y soldados,
quienes consolidaron su poder debido al gran apoyo popular.
En los meses siguientes, se verificó un proceso de politización, motivado en parte por las
vicisitudes de la guerra. Los reclamos iniciales de obreros y campesinos orientados a
cuestiones económicas pronto se transformaron en demandas políticas.12
Cuando Lenin, procedente de su exilio en Suiza, llegó en abril a Petrogrado, impulsó la
toma de poder para iniciar la transición al socialismo. Sus tesis, todavía apoyadas por
unos pocos, se centraban en la entrega de tierras de la nobleza al campesinado y en la
negociación de una paz inmediata «sin anexiones ni indemnizaciones». A medida que la
. SABORIDO, Jorge. 1917. La Revolución rusa cien años después… Op. Cit. p. 110
. Sobre este tema se recomienda: FERRO, Marc. «La Revolución rusa», Revista Cuadernos Historia 16,
N°25, Madrid: Información e Historia, 1995.
11
12
guerra se extendía y la situación se agravaba tanto en el frente de batalla como en la
retaguardia, los bolcheviques se posicionaron como el grupo político que tenía un plan
concreto para superar los problemas del momento, a diferencia del resto de las
agrupaciones que no sabían cómo abordar el tema de la guerra. La inoperancia del
gobierno provisional, su falta de pericia para resolver problemas acuciantes para la mayor
parte de la población y su impopular voluntad de cumplir con los compromisos contraídos
en la guerra no hicieron más que echar por tierra las expectativas que tenía la sociedad
frente al gobierno.
A mediados de 1917, producto de un confuso episodio protagonizado por el general
Kornilov13, y del transcurso de la guerra que solo anunciaba penurias para los rusos, Lenin
comenzó a presionar a sus camaradas para que preparasen una insurrección. Entre ellos,
contaba con León Trotsky, quien ejercía control sobre el Soviet de Petrogrado. Sin
embargo, tenía la oposición inicial de Grigory Zinoviev y Sergi Kamenev. Una vez
superadas estas diferencias, la Guardia Roja –nombre que recibía la milicia bolchevique–
se hizo en el poder entre el 24 y 25 de octubre de 1917, en una operación en la que
participaron pocos militantes,14 aprovechando la salida de Kerenski de la ciudad para
buscar refuerzos y parte de la guardia se negó a resistir.
La Nación (1870)
El diario La Nación fue fundado por Bartolomé Mitre15 en 1870. Desde su comienzo, el
matutino luchó por ocupar posiciones dominantes en el campo periodístico y se consolidó
como un actor relevante que analizaba y explicaba las cuestiones políticas, económicas y
sociales del país. Presentaba un formato sábana, con predominio del texto escrito por
sobre la imagen.
Autodefinido como una «tribuna de doctrina» desde el primer editorial,16 el matutino «no
quería ser un puesto de combate, aspiraba a situar su mirada por encima de los
enfrentamientos».17
. Lavr Kornilov era el general más prestigioso del ejército ruso. Había sido convocado por Kerenski, quien
comenzó a sospechar que aquel planeaba un golpe de Estado en su propio beneficio. Kornilov fue destituido
y la izquierda ganó protagonismo.
14
. SABORIDO, Jorge. «La Revolución rusa»…Op. Cit. p. 489.
15
. Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821. Fue político e impulsor de
la organización nacional.
16
. SIDICARO, Ricardo. La política mirada desde arriba. Las ideas del diario La Nación 1909-1989.
Buenos Aires: Sudamericana, 1993.
17
. SIDICARO, Ricardo. La política…Op. Cit. p. 13.
13
Si bien Nación Argentina18, antecesor de La Nación, defendió el gobierno de Mitre,
cuando éste dejó el poder político, cedió lugar al nuevo matutino porque pretendía
canalizar ideas no ya desde el gobierno sino que procuraba «hacerlo con las inquietudes
y demandas de la sociedad. Pero en ambos casos había un objetivo en común: construir
la opinión pública».19
El matutino definía como interlocutores privilegiados al Estado, los gobiernos, los
sectores que «se encontraban en las posiciones más altas de las estructuras del poder
político, del sistema económico y de la jerarquía del poder social».20 Aunque la
fragmentación de los sectores sociales que buscaba unificar –pues el ocupar posiciones
altas no garantizaba que los individuos tuvieran una visión homogénea– aumentó el grado
de autonomía del diario respecto de ellos.21
A lo largo del tiempo, el diario conservó su tradición liberal–conservadora y la valoración
positiva de las instituciones democráticas, siendo esto último un postulado contradictorio
ya que aceptaba las interrupciones militares en tanto «pusieran fin al poder de los sectores
que el propio diario calificaba como no democráticos».22
En el período que nos centramos, 1917-1918, el diario combinó su preferencia por los
conservadores con periódicas declaraciones de neutralidad política.23 Apoyó con énfasis
la reforma electoral propuesta por el presidente Roque Sáenz Peña, ya que la asociaba a
un avance en el proceso de democratización de la sociedad, posicionándose así dentro de
los sectores más progresistas de los núcleos dirigentes. Sin embargo, a un apoyo inicial
brindado al gobierno de Hipólito Yrigoyen, evolucionó hacia posiciones interpretativas
elitistas, fundamentalmente las referidas a la supuesta demagogia del dirigente radical.
Cuando el régimen democrático se convirtió en realidad, después de 1916, se tornó en eje
vertebrador de los debates que presentaba La Nación.
La Revolución rusa en la agenda informativa de La Nación
Las noticias internacionales ocuparon un lugar central en la superficie redaccional de La
Nación. Entre 1917 y 1918 el diario contaba entre 18 y 20 páginas aproximadamente de
. Antes de fundar La Nación, Mitre junto con el imprentero José María Gutiérrez publicaba La Nación
Argentina. Véase: ULANOVSKY, Carlos. Paren las rotativas. Tomo I. Buenos Aires: Planeta, 2005, p. 22.
19
. SIDICARO, Ricardo. La política…Op. Cit. p. 14.
20
. SIDICARO, Ricardo. La política…Op. Cit. p. 10.
21
. SIDICARO, Ricardo. La política…Op. Cit. p. 10-11.
22
. GONZÁLEZ, Mercedes. «Prisioneros del pasado». La memoria del terrorismo de Estado en los
editoriales del diario La Nación (2003-2007), Tesina de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social,
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2009, p.87.
23
. SIDICARO, Ricardo. La política…Op. Cit. p. 55.
18
las cuales entre 3 y 4 eran destinadas a la cobertura de la Gran guerra y de la actualidad
política y económica de las naciones involucradas. El matutino incluía crónicas que
reproducían los radiogramas enviados por los corresponsales de guerra y por las agencias
de noticias internacionales como así también la información publicada por diarios
internacionales. Como llegaban con retraso se fechaba y se indicaba la hora en la que
habían sido recibidos por la redacción.
En dichos artículos se daba cuenta de los sucesos ocurridos en el frente de batalla24 como
de la realidad política y económica de los países involucrados.
De la revolución de febrero a la crisis de julio
En relación al proceso revolucionario de febrero de 1917, el diario brindó su consenso
inicial puesto que consideraba que se trataba de la oportunidad de derrumbar a un régimen
autocrático a la vez que aseguraba que Rusia seguiría en la guerra. Si bien la noticia tardó
en aparecer en La Nación, el 16 de marzo de 1917, en la página 9, el diario habló de la
«Revolución de Rusia», en la cual reproducía cables de Petrogrado, como así también de
otras capitales europeas, para informar que luego de una huelga, que había tenido como
protagonistas a mujeres obreras, las protestas se propagaron por Rusia y la acabaron con
el régimen autocrático, liderado por un zar que si bien «hasta el momento de su
abdicación ha sido la de un jefe militar que se ha impuesto al respeto del ejército (…) las
afinidades especiales del monarca le hacían casi imposible mantener su posición».25
De modo inmediato, el diario mostró su beneplácito frente a los acontecimientos de
febrero porque la revolución traía al país de «regreso a la vida libre».26
Hacia julio de 1917, los triunfos parciales que las tropas rusas obtenían en el frente de
batalla, tuvieron su contrapartida en la retaguardia puesto que en Petrogrado una
movilización organizada por los bolcheviques había puesto en jaque al gobierno, a punto
de acabar con la existencia del partido:
«Ha habido mucha excitación en la reunión del gabinete donde se ha discutido la
situación ministerial. Algunos (…) pedían que renunciaran los cadetes y fueran
reemplazados por los socialistas. A media noche se habían generado tumultuosas
. Por ejemplo: «Raid de los franceses cerca de Ville-Sur-Tourbe y destrucción de trincheras alemanas».
La Nación. 27 de febrero de 1917, p. 6.
25
. «La Revolución de Rusia». La Nación. 16 de marzo de 1917, p. 9.
26
. «La Revolución de Rusia». La Nación. 4 de abril de 1917, p. 7.
24
protestas en contra del gobierno. Resultaron varios muertos y heridos. El orden quedó
restablecido».27
Hacia el día 22 de julio, se hizo conocida públicamente la dimisión del príncipe de Lvov
y la asunción de Kerenski a la presidencia del consejo.
El desencadenamiento de los hechos de julio fue acompañado por la decisión del gobierno
provisional de neutralizar a los bolcheviques denunciando públicamente sus relaciones
con los alemanes. Desde allí en adelante, el diario encuadró28 los acontecimientos a partir
de ciertas palabras clave e imágenes estereotipadas, coincidentes con los del gobierno
ruso, que proveyeron juicios reforzados temáticamente: los bolcheviques estaban
financiados por los alemanes, Lenin era bolchevique, de lo cual se deducía que era espía
alemán.29 Por ejemplo:
«El plan alemán para derrocar la revolución, que debe haber estado formándose desde
que esta empezó, ha quedado ahora en plena luz. El dinero alemán fue repartido a manos
llenas entre varios centenares de obreros anarquistas y revolucionarios (…) Ninguno de
ellos tenía menos de 300 rublos en el bolsillo y algunos tenían algunos miles. (…) De
este atentado de la perfidia alemana el Sr. Kerenski ha salido más fuerte que nunca y su
popularidad aumenta de día a día».30
El razonamiento de La Nación frente a los acontecimientos de julio era claro: la
revolución que había triunfado en febrero de 1917, había sido amenazada por peligros de
dos clases, internos y externos. Dentro de los primeros, La Nación identificaba no sólo a
los «oportunistas» liderados por Lenin sino también a «los vencidos de marzo, deseosos
de recuperar lo perdido y de vengarse además».31
Entre las amenazas externas, el diario reconocía el interés de Alemania por lograr una paz
separada, la cual contaba con el apoyo de «los elementos extremos del socialismo con
Lenin a la cabeza». 32
. «Los acontecimientos de Rusia». La Nación. 18 de julio de 1917, p. 7.
. Tomamos el concepto de encuadre de ENTMAN, Robert M. «Framing: Toward Clarification of a
Fractured Paradigm». Journal of Communication, 43(4), 1993, 51–58.
29
. «El atentado contra Kerenski». La Nación, 22 de julio de 1917, p. 8 y «La situación de Rusia». La
Nación, 22 de julio de 1917, p. 9.
30
. «El plan alemán en Rusia». La Nación. 24 de julio de 1917, p. 7.
31
. «La crisis rusa». La Nación. 24 de julio de 1917, p. 15.
32
. «La crisis rusa». La Nación…Op. Cit. p. 15.
27
28
El diario entendía que un triunfo bolchevique ponía en juego la suerte no de un grupo
determinado de revolucionarios sino de la revolución misma, por este motivo, en tono
admonitorio, preveía que una vez que desaparecieran el gobierno provisional y las tropas
que le permanecían fieles, la revolución habría perecido para dar lugar, primero, a la
anarquía y, después, a la reacción, el zarismo.
La revolución de octubre y las negociaciones de paz
El 7 de noviembre de 1917 (según el calendario gregoriano y no el juliano que se utilizaba
en Rusia), La Nación contaba que desde Londres se informaba que a causa de la situación
creada en Petrogrado por el golpe revolucionario de los «maximalistas» las noticias de la
capital rusa quedaban sujetas a la más rigurosa censura. Otro cable, recibido desde
Petrogrado, daba cuenta de que la agencia telegráfica, que era una institución del
gobierno, había sido ocupada por los bolcheviques.
La Nación pronto manifestó su preocupación por el triunfo de los «insurrectos» y por la
situación rusa, a la que definió como un «caos».33 Las primeras noticias publicadas eran
confusas y hasta contradictorias. Por ejemplo, en la página 7, de la edición del día 7 de
noviembre, el diario, por un lado, informaba que «el nuevo embajador de Rusia (…)
expresó que después de reconocer (…) los sacrificios hechos por Francia, aseguraba la
firme voluntad de Rusia por continuar la guerra inseparablemente unida a los aliados»34
y, por el otro, confirmaba «Los maximalistas en acción. Fuerzas de marinería ocupan el
telégrafo y el palacio María».35
En los días siguientes, el diario apeló a un discurso de tipo informativo, que se limitaba a
reproducir lo que se publicaba en medios internacionales, como la información que
recibían de las agencias y corresponsales: la derrota de Kerenski, las nuevas autoridades,
la persecución a los miembros del gobierno provisional, el llamamiento que el nuevo
gobierno hacía a obreros, soldados y campesinos. La editorialización y la toma de postura
frente a los acontecimientos la expresaba a través de los títulos. Utilizaba preferentemente
aserciones simples, con el objetivo de presentar lo ocurrido como una verdad objetiva.
Por ejemplo: «Los acontecimientos de Rusia», «La situación en Rusia», «El nuevo
régimen ruso», que se terminaron convirtiendo en rúbricas de un espacio de la superficie
. «El caos ruso». La Nación. 8 de noviembre de 1917, p. 6.
. «Rusia y sus aliados». La Nación. 7 de noviembre de 1917, p. 7.
35
. «El nuevo régimen en Rusia. Los maximalistas en acción». La Nación. 7 de noviembre de 1917, p. 7.
33
34
redaccional dedicado especialmente para dar cuenta de la coyuntura de aquel país. Sin
embargo, como hemos mencionado, explicitaba su postura a través de subjetivemas36 que
calificaban al nuevo gobierno como extremo y radical. Esto se aprecia en los siguientes
titulares: «Contra el reconocimiento del gobierno maximalista»37,
«El régimen
maximalista en Rusia»38.
A diferencia de su actuación en julio donde sí editorializa sobre lo que implicaría un
triunfo bolchevique tanto para Rusia como para los aliados, si bien La Nación otorgó
cobertura a la nueva fase en la que había entrado la revolución política y social ocurrida
en Rusia, lo hizo en menor medida que en julio. Dicho de otro modo: el diario en octubre
le otorgó mayor espacio de la superficie redaccional a lo que ocurría en el frente de batalla
que a la toma del poder por parte de los bolcheviques. Probablemente, el matutino, dada
su línea editorial, inicialmente decidió no otorgarle más “visibilidad” a los sucesos a la
vez que especuló con un eventual triunfo de Kerenski frente a los insurrectos. Sin
embargo, una vez confirmada la derrota de aquel, el diario rápidamente se ocupó de las
consecuencias que tendría el retiro de Rusia de la guerra y no así de los efectos que tendría
la implantación del socialismo para los rusos en el orden interno39:
«Si se tratara de una paz impuesta por la negativa de las tropas a continuar combatiendo,
el beneficio para los imperios centrales sería poder disponer de gran parte de las 130
divisiones que vigilan actualmente el frente occidental y reforzar además, sus efectivos
con el millón y medio de prisioneros austro-húngaros y alemanes tomados por Rusia
durante los tres años de guerra. No hay para qué insistir mayormente sobre las graves
consecuencias que puede acarrear la equívoca determinación de los revolucionarios
moscovitas».40
El primer Consejo de Comisarios del Pueblo liderado por Lenin fue puramente
bolchevique, con algún apoyo de los socialistas revolucionarios de izquierda. Las
medidas iniciales apuntaban a satisfacer las principales reivindicaciones de las masas:
reparto de tierras, control obrero de la producción y se iniciaron conversaciones
inmediatas para negociar una paz unilateral con Alemania.
36
. Los subjetivemas son adjetivos y/o sustantivos que sirven para nombrar, evaluar y calificar.
. «Contra el reconocimiento del gobierno maximalista». La Nación. 11 de noviembre de 1917, p. 7
38
. «El régimen maximalista en Rusia». La Nación. 11 de noviembre de 1917, p. 7.
39
. El diario expresa su opinión sobre las consecuencias que tendría para Rusia el triunfo bolchevique en un
editorial que hemos citado previamente: «La crisis rusa». La Nación…Op. Cit. p. 15.
40
. «Los acontecimientos de Rusia». La Nación. 11 de noviembre de 1917, p. 8
37
Los primeros meses posteriores al triunfo bolchevique fueron complejos. En el ámbito
económico, el reparto de tierras del que participaron los soldados que estaban en el frente
de batalla, produjo una catástrofe económica en la medida en que el fraccionamiento de
tierras propiedad de la nobleza disminuyó sensiblemente la posibilidad de generar
excedente. En las ciudades, la industria socializada por los obreros, denominado
habitualmente el «control obrero de la fábrica» llegó al punto de la desintegración. En el
campo político, la falta de control efectivo sobre el extenso territorio nacional empujó a
los bolcheviques a implementar una serie de medidas excepcionales entre las que
contaron la prohibición de los partidos denominados burgueses. Sin embargo, el mayor
problema era acabar con la guerra y ganar tiempo para tomar las medidas necesarias para
controlar la situación interior.
Las negociaciones con Alemania fueron difíciles e implicaron para Rusia un costo
altísimo, pues tuvo que entregar un vasto territorio como la región Báltica, Finlandia,
Ucrania y zonas de Transcaucasia a favor de Turquía.41 Las mismas terminaron en marzo
de 1918 con la firma del tratado de Brest-Litovsk y sus repercusiones fueron enormes
tanto a nivel internacional, por la salida de Rusia de la guerra y la desaparición del frente
oriental, como a nivel nacional, por la posibilidad que encontraron los revolucionarios de
aplicar medidas tendientes a finalizar con el conflicto interno y consolidar su poder.
Conclusiones
En el presente artículo nos propusimos estudiar la cobertura que el diario La Nación
realizó de la Revolución rusa, con la finalidad de describir y analizar cuál fue el
posicionamiento que el diario adoptó frente a dichos acontecimientos.
Si recordamos que para Borrat,42 la prensa como actor político se sitúa como narrador,
comentarista o participante del conflicto político, entendemos que La Nación acentuó
algunas actuaciones por sobre otras. Teniendo en cuenta que se dirigía a un lectorado
conformado por las familias tradicionales de la burguesía agropecuaria argentina, a las
que pertenecían las personalidades influyentes de la sociedad de la época que,
generalmente ligados al poder terrateniente, se desempeñaban en las altas esferas de los
campos económico, político y cultural, el diario actuó predominantemente como un
narrador y comentarista de los acontecimientos internacionales, que apeló a un tipo de
discurso de corte informativo con el fin de generar un efecto de objetividad.
41
42
. SABORIDO, Jorge. 1917. La Revolución…Op. Cit.
. BORRAT, Héctor. El periódico…Op. Cit.
Sobre el sentido de la revolución ocurrida en febrero de 1917, el matutino situó su
discurso a favor de los ideales de «libertad y democracia» que aquella invocaba, sin
embargo, a partir de noviembre de 1917, se verificó un cambio drástico en la cobertura:
el diario entendía que el golpe de Estado que había derrocado a Kerenski y socavado los
ideales por los que aquel había luchado, había sido ejecutada por una minoría
«maximalista», liderada por un espía alemán.
Un triunfo bolchevique ponía en juego la suerte de la revolución misma, pues La Nación
consideraba que la desaparición del gobierno provisional, a su entender los «auténticos»
revolucionarios, y de las tropas que le habían permanecido fieles era motivo de duelo para
todas las democracias del mundo, y para los aliados significaba la necesidad de mayores
esfuerzos y de mayores sacrificios.
Finalmente, debemos señalar que La Nación adjudicó un lugar preponderante de su
superficie redaccional a las cuestiones vinculadas con la política internacional, con una
creciente vehemencia en su discurso. Esto se verifica, por ejemplo, en coyunturas como
la crisis de julio de 1917 cuando el diario manifestaba que el peligro que enfrentaba el
gobierno provisional no sólo amenazaba a la potencialidad de la Entente para salir airosa
de la primera guerra sino que también implicaba «el hundimiento de Rusia en un régimen
de terror como nunca se vio; y en lo externo, su paso a la condición de satélite de
Alemania, sabe Dios por cuántos siglos».43
43
. «La crisis rusa». La Nación…Op. Cit. p. 15.
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