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I. Humanismo.pdf

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ORIENTACIONES PARA EL ESTUDIO DE LOS CONTENIDOS Y PLAN DE
ACTIVIDADES FORMATIVAS
BLOQUE I: HUMANISMO
Resumen y actividades
Tema 1:
Definición y significado del Humanismo
Si en sentido general, el término humanismo define la exaltación de las actividades espirituales
del hombre, como su sentido de la dignidad, su gran valor y capacidad creadora y la
superioridad de su pensamiento en el mundo en que vive. Por tanto, puede considerarse
humanista cualquier obra o acción que se refiera a las actividades del hombre en cualquier
época y su interés por todo lo humano. En su sentido más preciso, que es el que se va a utilizar
en este estudio, ha de entenderse por Humanismo una determinada actitud del hombre, que
cronológicamente coincide con los siglos XIV y XV, consistente en actualizar la
Antigüedad clásica. Esa actualización se realiza mediante el estudio de las “humanae
litterae”. Esas letras humanas clásicas, recuperadas en todo su valor en esa época, se
sienten totalmente vivas y actuales y se consideran como ideal de vida y de sentimientos y
se proponen como modelos fundamentales para la educación del hombre.
En esas obras clásicas grecorromanas, anteriores a Cristo, se encuentran modelos ejemplares
de hombres perfectos en armonía y dignidad. También su arte y pensamiento se consideraban
tan completos que podían servir para conseguir un ideal pues sus ejemplos han podido servir de
guía en todas las épocas. En la Antigüedad, sin ataduras teológicas, y por tanto, cuando el
hombre estaba educado exclusivamente para su vida terrena, había conseguido llegar a su
perfección. Por ello es fácil comprender que esa perfección y dignidad que los clásicos
(paganos) mostraban en sus escritos (en los que se incluye su sentido de trascendencia)
coincidiese después plenamente con la dignidad del hombre aportada por el Cristianismo. La
espiritualidad, heredada de la religión cristiana, se fundió con el Humanismo clásico y permitió,
en la antesala del Renacimiento, forjar un nuevo sentido de la perfección humana. Para lograrlo
se hizo necesaria una total renovación del individuo de manera que fuese capaz de ahondar en
las esencias de los clásicos. Su medio de realizarlo no podía ser otro que el estudio y
comprensión de los textos primitivos y para conseguirlo era obligado el estudio de las lenguas
clásicas. Por ello se pone de moda en el siglo XV su estudio y los humanistas se acercan
directamente a los textos (no a través de interpretaciones, antologías o citas) para no perder
ninguna información de las obras más representativas. Es la primera vez que se muestra la
importancia del texto base, el único que permite conocer su auténtico contenido, lo cual,
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además de manifestar el profundo interés por esas obras, permitió iniciar lo que después
sería la Filología (edición, con fijación textual, estudio e interpretación de los textos). Por
tanto, la vuelta a la Antigüedad y el estudio de las obras clásicas (en su auténtica realidad
textual, no desvirtuada por traducciones, acumulaciones o sustracciones realizadas a lo
largo del tiempo) es considerada como ideal para el presente. Un ideal que será más
perfecto cuanto mejor se conozca la lengua de los textos, única herramienta capaz de
desvelar la verdad.
Sin embargo, el Humanismo no fue un fenómeno que se presentó de manera
espontánea. Durante la Edad Media hubo numerosos intentos humanísticos, sobre todo desde
que los Padres de la Iglesia (San Agustín, denominado el Platón cristiano, San Gregorio Magno,
San Ambrosio y San Jerónimo, entre los pertenecientes la iglesia latina, y San Atanasio,
San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo, entre los de la iglesia
griega), en el extenso periodo desde el siglo III al VIII, fueron reconociendo el gran valor
que contenían los textos clásicos. Los Padres de la Iglesia consideraron que la mayor utilidad
de esos textos no era su conservación y conocimiento sino su utilidad práctica para enseñar en
todas las épocas. Vieron en esos textos la posibilidad de edificar sobre ellos el pensamiento
cristiano. De ese modo, los textos paganos no solo no se perdieron sino que apuntalaron las
doctrinas cristianas pues las ideas más importantes sobre el ser humano, su finalidad y la
consideración de las relaciones humanas y del Cosmos coincidían plenamente. A modo de
ejemplo puede recordarse la gran importancia de Alcuino de York (siglo VIII), consejero
intelectual de Carlomagno y alma de la Escuela Palatina del Aquisgrán, el primero que quiso
introducir en el Cristianismo todas las riquezas del mundo antiguo y quien se refirió al gran
patrimonio de la humanidad presente en la literatura y en el pensamiento de los clásicos.
2. Estética del pensamiento neoplatónico y ética del Cristianismo
El índice del Manual ya resume los elementos fundamentales. La labor de la Escuela de
Florencia y las traducciones de Platón realizadas por de Ficino son fundamentales para mostrar
la importancia e influencia posterior del neoplatonismo en la estética del Renacimiento (que
continuará en gran parte en el Barroco).
No se entendería toda la labor de síntesis del pensamiento antiguo sin la influencia de la
Escuela de Florencia. Igualmente no se puede olvidar que, gracias a Ficino, se traduce a Platón
y el neoplatonismo se erige en pensamiento y estética. Los precedentes humanistas y su
actualidad en el Renacimiento (Dante, Petrarca y Boccaccio) determinan la importancia del
sentimiento artístico, del valor de los clásicos y de la revolución de la novela.
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Una de las grandes aportaciones que introduce el Humanismo es la importancia que se
concede al individuo. Por vez primera, se asientan las bases para buscar la felicidad y se alejan
las viejas ideas sobre la miseria humana. El Diálogo sobre la dignidad del hombre de Pérez de
Oliva (escrito ya en el siglo XVI, antes de 1531) representa la culminación de una serie de
obras escritas en latín en donde se defiende con toda clase de argumentos, la superioridad del
hombre. Además es la primera obra de este tipo escrita en lengua vulgar (castellana) y no en
latín (lengua de cultura en el pasado). La estructura de diálogo, por influencia de los Diálogos
de Platón, permite observar las diferentes teorías anteriores negativas y marca una nueva etapa
sobre la importancia de la persona.
Esta nueva consideración del hombre, basada en la Antigüedad pagana y en el
Cristianismo, condiciona la consideración nueva del hombre: un ser libre, capacitado para
realizar las más grandes empresas en todos los terrenos. Sin esta consideración tan elevada (que
recoge aquí Pérez de Oliva) sería impensable. (Aunque por cronología se trata de una obra
renacentista, responde al principio de los humanistas. Por su importancia para entender el
sentido y valor del hombre se adelanta porque es un verdadero tratado humanista.
3. Importancia e influencia de El Sueño de Escipión y El Sueño de Polífilo
Aunque son de épocas muy distantes (El Sueño de Escipión del siglo I a. C y El Sueño de
Polífilo del s. XV), tanto por la coincidente estructura de sueño como por su influencia posterior
representan la modernidad en sus respectivos contenidos y la importancia de esa estructura del
sueño para las creaciones posteriores.
Tal como documentó Platón en el Timeo, la consideración del mundo por los
neopitagóricos (siglo I. a.C) llevaba implícita una teoría musical que afirmaba la existencia de
tonos musicales acordes con el orden de los planetas. Gracias a Macrobio (escritor latino de
fines del siglo IV), el texto del Sueño de Escipión, que formaba parte del libro VI de la
República de Cicerón (escrito hacia el año 53 a. de Cristo sobre el modelo de Platón), adquirió
vida propia. Macrobio había realizado un Comentario al Sueño que se convirtió en texto
fundamental del Renacimiento tras ser editado en Venecia, en 1472. En dicho Comentario se
refería a la armonía universal: cada esfera respondía a una ciencia y todas las actividades
humanas podían insertarse en las correspondencias universales. Consideraba que existía un alma
en el mundo y que entre ésta y el alma humana había comunicación. La misión de la astrología
debía ser aprehender en cada momento esta comunicación y el estado de las relaciones. De esta
forma la Naturaleza pasó a interpretarse como la proyección de todas las fuerzas anímicas y de
todas las pasiones.
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Pero no se entendería en su totalidad la importancia de este Comentario si se olvida el interés
que tuvo la figura de Escipión entre los humanistas. Lo sentían como un nuevo modelo de
hombre en oposición al propio César.
El libro La Hypnerotomachia Poliphili o Sueño de Polífilo, publicado en Venecia en 1499, ha
sido considerado como uno de los más curiosos y enigmáticos. Atribuido a Francesco Colonna,
desde su aparición se vio rodeado de polémica por su contenido de carácter esotérico, sus
grabados (171) de autor desconocido, y el misterio en torno a su autoría (algunos lo atribuyen a
J. B. Alberti). Relata el camino de ascensión espiritual del protagonista desde el miedo inicial
hasta el encuentro con su amada Polia (una misteriosa ninfa). El relato finaliza con la ruptura
simbólica del velo de Venus por una flecha de oro de Cupido. Este argumento está interrumpido
por complejas historias mitológicas y descripciones de lugares fantásticos (con arquitecturas
extrañas, liturgias mistéricas, tratados sobre propiedades de piedras preciosas, vaticinios,
astronomía, botánica, etc.). Parece que su autor quiso compilar todo el saber humanístico y
comunicar una síntesis de la cultura antigua. La segunda parte tiene por protagonista a Polia, la
amada de Polífilo, quien dejó de aparecer como ninfa y se presentó como una joven real
(Lucrezia Lelli) con grandes dudas sobre ser virgen de Diana o amada de Polífilo. El realismo
de esta parte se corresponde con los datos de la peste de Treviso y los informes de la ciudad.
Aunque podrían parecer dos libros diferentes tienen en común la forma de sueño alegórico en la
línea de La divina comedia de Dante, la Amorosa Visione de Boccaccio o el Roman de la rose.
La gran importancia de la obra reside en haber reunido mitos, jardines, temas alegóricos,
emblemas y, sobre todo, resaltar la importancia del amor.
4. Aportación de Dante, Petrarca y Boccaccio a la modernidad
Entre las aportaciones de los humanistas hay que destacar la de Dante. Aporta el valor de la
alegoría (una metáfora continuada) en La divina comedia; un pensamiento y expresión a veces
críptico pero muy interesante, con símbolos (como el número 3; la luz y la oscuridad, etc.);
también la expresión de un sentimiento auténtico reflejado en la obra (novedad moderna) y la
perfección y personalidad de la obra de arte.
Petrarca se siente identificado con los clásicos porque al leerlos considera que son sus
verdaderos contemporáneos. Respecto a las obras de creación: primero las escribe, las
perfecciona después y las pule más tarde, en un proceso largo de creación hasta considerar que
está perfecta. No publica directamente lo que sus sentimientos le dictan sino que escribe,
reescribe, reordena y define hasta conseguir una obra de arte, merecedora de tal nombre. Esa es
la cualidad que le define como moderno en su creación, a la que se añade el sentimiento
auténtico del que brota su obra y no de una mera retórica. Su influencia en los poetas del
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Renacimiento (desde Garcilaso ) fue fundamental hasta constituir un movimiento denominado
petrarquismo.
La aportación de Boccaccio corresponde a la narrativa. Aporta variedad al contenido de los
relatos, la utilización de la lengua vulgar, no el latín (lengua de cultura) e introduce aspectos
populares y cultos, espirituales e incluso procaces, irónicos y serios, todo en una misma obra.
Con ello trataba de demostrar la complejidad del ser humano.
ACTIVIDADES CORRESPONDIENTES AL BLOQUE I Humanismo
1. El Humanismo como concepto. Definición. Antecedentes en la Edad Media y
consecuencias en las épocas posteriores.
2. ¿Por qué surge en Italia el Humanismo?
3. La labor de Ficino en la Escuela de Florencia. La importancia de la síntesis cultural
realizada en esa Escuela.
4. La importancia del neoplatonismo. Resumen.
5. La Hermenéutica, el Hermetismo y Orfismo qué aportan a la literatura.
6. Resumir las consideraciones positivas y negativas que sobre el hombre se registran en el
Diálogo sobre la dignidad del hombre de Pérez de Oliva. Antecedentes de esta obra.
7. Resumen de los temas de El sueño de Escipión.
8. Influencias y/ o presencias de la música de las esferas en obras y autores posteriores.
9. Recoger textos de El Sueño de Polífilo donde se registren mitos, jardines y su riqueza
artística.
10. El tema amoroso en El Sueño de Polífilo y la presencia de Venus.
11. Aportación de Petrarca a la modernidad. Resumir el contenido de alguno de los sonetos
incluidos en el manual.
12. Tema y características más importantes de La Divina comedia.
13. Estructura de El Decamerón y sobre qué género influyó.
A qué obras pertenecen los siguientes textos. Justificar por el tema, estructura y tratamiento
del mismo. Para realizarlo de forma fácil hay que recordar lo siguiente:
1. Si se trata de verso o prosa.
2. Forma predominante del escrito (exposición, narración, descripción, diálogo).
3. Persona gramatical del emisor del texto (o personas, si aparece un emisor y un
receptor).
4. Palabras destacadas cuyo significado orienta sobre el tema.
5. Resumen del contenido del texto.
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6. Con los datos anteriores se puede extraer una conclusión en la que se justifique a qué
época y obra pertenece. Se completa con un breve resumen del valor de ese texto y sus
relaciones y/o influencias más importantes.
Este análisis de textos puede tener aproximadamente unas 10 líneas. Hay que tener en cuenta
que en el examen hay que responder, para superar la primera parte (eliminatoria), a los 5 textos
propuestos.
Ejemplo de un comentario y su realización práctica.
Texto 1
Los hombres han sido creados con el objeto de que obedezcan la ley que les ordena
proteger aquel globo que ves en el centro de este espacio sagrado y que recibe el
nombre de Tierra; a ellos se les ha dado un alma cuyo origen está en aquellos fuegos
eternos a los que llamáis constelaciones y estrellas, que tienen forma de globo, redondas
y que, al ser sus almas mentes divinas, dibujan sus órbitas circulares con una celeridad
digna de admiración. Por ello, Publio, tú y todos los hombres cumplidores del deber,
debéis retener vuestra alma bajo la custodia del cuerpo y no debéis abandonar esta vida
humana sin que os lo ordene quien os hizo donación del alma, no vaya a parecer que
huis de la función que dios os había asignado como hombres.
Se trata de un texto en prosa pero, por la referencia a Publio, tú y los demás hombres puede
concretarse una forma dialogada. Quien habla se dirige a Publio. En segundo lugar, los
sustantivos nos indican el significado que predomina (hombres, globo, alma, alma, fuegos
eternos, constelaciones, estrellas, cuerpo). Resumen: una persona enseña a Publio cuál es la
misión de los hombres en la Tierra al haber sido creada su alma de la materia de las
constelaciones, es decir, inmaterial (fuego o luz) y de forma perfecta (globo o esfera), según la
estética de Platón, por dios.
Por la persona a la que se dirige el emisor, Publio; por la distancia que se establece entre donde
están los interlocutores con relación a la Tierra (aquel que ves) y por el tema (el alma del
hombre es inmortal (y está en un cuerpo que debe ser protegido igual que la Tierra), no puede
ser más que El sueño de Escipión, donde el padre, en ese sueño que tiene Publio, le enseña
desde el cielo lo que es la Tierra y el hombre y su valor. La obra tuvo extraordinaria importancia
sobre todo desde el Renacimiento hasta prácticamente nuestros días, aunque la escribió Cicerón
en el siglo I.a. C. (etc).
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Texto 2
Todo lo demás que podía contemplar desde ese lugar se me mostraba con una
luminosidad asombrosa. Había estrellas que nunca habíamos visto desde aquí, desde la
Tierra, y de unas dimensiones como nunca habíamos sospechado que fueran; la más
pequeña de éstas, que era la que estaba más alejada del cielo y más próxima a la Tierra,
brillaba con luz ajena. El volumen de las estrellas superaba con facilidad la magnitud de
la Tierra. Tan pequeña me pareció la Tierra que sentí una gran desilusión cuando vi que
nuestro imperio no representaba más que un punto de la misma.
[…] Ahí tienes a todo el Universo comprendido por nueve anillos o, mejor,
esferas, de las que una sola es la celeste, la más exterior, que rodea, incluyéndolas, a
todas las demás; ella es la divinidad suprema que encierra y contiene a todas las demás;
en ella se encuentran trazados los círculos orbitales que recorren las estrellas en su
eterno ir y volver. Bajo ésta se encuentran otras siete que giran en sentido contrario al
del cielo. Una de estas esferas es ocupada por aquella estrella a la que en la Tierra dan
el nombre de Saturno. En segundo lugar, viene aquel resplandor, tan próspero y
saludable para el género humano, que recibe el nombre de Júpiter. En seguida, ese astro
rojizo que tanto horror causa a la Tierra y que llamáis Marte. Más abajo, ocupando casi
el medio, se encuentra el Sol, guía, jefe y moderador de todas las demás luces; él es la
mente reguladora del Universo y tiene una magnitud tal que con su sola luz ilumina y
abarca todo el Universo. A éste le siguen, como compañeras, las órbitas de Venus y de
Mercurio; y la última esfera la recorre la Luna, encendida por los rayos del Sol. Por
debajo de ésta nada queda ya que no sea mortal y caduco, con la excepción de las almas,
regalo de los dioses al género humano. Por encima de la Luna, todo es eterno. Por otra
parte, la que ocupa el noveno lugar y es centro del Universo, la Tierra, no se mueve y se
encuentra en la zona más baja, y sobre ella convergen todas las masas arrastradas por su
propia inercia.
Texto 3
Se trata del producido por el impulso y movimiento de las propias esferas, que lo hacen
en intervalos desiguales, pero no obstante, proporcionales; al combinar los sonidos
graves con los agudos de manera equilibrada consiguen sinfonías distintas con
regularidad. En efecto, tan grandes movimientos no pueden efectuarse de forma
silenciosa y es la naturaleza la que hace que las esferas situadas en uno de los extremos
emitan sonidos graves y las del otro extremo sonidos agudos. […] La Tierra, la novena
por posición, está inmóvil, y permanece continuamente fija en el mismo sitio, ocupando
el centro del Universo. En cambio, aquellas ocho esferas, de las que dos tienen el mismo
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impulso, producen siete sonidos diferenciados por intervalos, número éste, el siete, que
es clave para casi todas las cosas. Los hombres cultos, al imitar todo esto con sus
instrumentos de cuerdas y con sus cantos, consiguieron abrirse la puerta de retorno a
este lugar, lo mismo que aquellos otros que con sus portentosas inteligencias cultivaron
durante su vida humana los estudios divinos. Cuando los oídos humanos se llenaron de
este sonido, ensordecieron. […] Pero el sonido éste del que estamos hablando, el
procedente de la rapidísima revolución de todo el Universo, es tan grande que los oídos
humanos no pueden percibirlo, de la misma manera que no podéis contemplar fijamente
el sol de frente, pues la intensidad de sus rayos sobrepasa vuestra capacidad de
percepción.
Texto 4
Nosotros estamos acá en la hez del mundo y su profundidad entre las bestias, cubiertos
de nieblas, hechos moradores de la tierra, do todas las cosas se truecan con breves
mudanzas, comprendidas en tan pequeño espacio, que sólo un punto parece comparada
a todo el mundo; y aún en ella no tenemos licencia para toda. Debajo las partes sobre
que se rodea el cielo, nos la defiende el frío, en muchas partes los ardores, las aguas en
muchas más, y la esterilidad también hace grandes soledades, y en otros lugares la
destemplanza de los aires. Así que de todo el mundo y su grandeza estamos nosotros
retraídos en muy chico espacio, en la más vil parte de él, donde nacemos desproveídos
de todos los dones que a los otros animales proveyó naturaleza. A unos cubrió de pelos,
a otros de pluma, a otros de escama, y otros nacen en conchas cerrados; mas el hombre
tan desamparado, que el primer don natural que en él hallan el frío y el calor, es la
carne. Así sale al mundo, como quien da señal da las miserias que viene a padecer. Los
otros animales poco después de salidos del vientre de su madre, luego como venidos a
lugar propio y natural, andan los campos, pacen las yerbas, y según su manera gozan del
mundo, mas el hombre muchos días después de que nace, ni tiene en sí poderío de
moverse, ni sabe do buscar su mantenimiento, ni puede sufrir las mudanzas del aire.
Todo lo ha de alcanzar por luengo discurso y costumbre. […] Los brutos que la
naturaleza hizo mansos, viven de yerbas y simientes, y otras limpias viandas: el hombre
vive de sangre, hecho sepultura de los otros animales.
Considerando, señores, la composición del hombre, de quien hoy he de decir, me parece
que tengo delante de los ojos la más admirable obra de cuantas Dios ha hecho, donde
veo no solamente la excelencia de su saber más representada, que en la gran fábrica del
cielo, ni en la fuerza de los elementos, ni en todo el orden que tiene el universo, mas veo
también, como en espejo claro, el mismo ser de Dios, y los altos secretos de su Trinidad.
Parte de esto vieron los sabios antiguos, con la lumbre natural, pues que puestos en tal
contemplación, dijo Trimegisto, que gran milagro era el hombre, do cosas grandes se
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veían; y Aristóteles creyó que era el hombre el fin a quienes todas las cosas acatan; y
que el cielo tan excelente, y las cosas admirables que dentro de sí tiene, todas fueron
reducidas a que el hombre tuviese vida, sin el cual todas parecían inútiles y vanas. Sólo
Epicuro se quejaba de la naturaleza humana, que le parecía desierta de bien, y afligida
de muchos males […] Por lo cual le parecía, que este mundo universal se regía por
fortuna, sin providencia que dentro de él anduviese, a disponer de sus cosas. Mas de
cuánto valor sea la sentencia de Epicuro, ya él lo mostró cuando antepuso el deleite a la
virtud. […] Dios fue el artífice del hombre; y por eso si en la fábrica de nuestro ser
hubiese alguna falta, en él redundaría más señaladamente que de otra obra alguna, pues
nos hizo a su imagen, para representarlo a él. Si en la figura pintada, do algún hombre se
nos muestra, hubiese alguna fealdad, ésta atribuiríamos a cuya es la imagen, si creemos
que fue hecha con verdadera semejanza; pues así las faltas de naturaleza humana, si
algunas hubiese, pensaríamos que en Dios estuviesen, pues ninguna cosa hay que tan
bien represente a otra, como a Dios representa el hombre. En el ánima lo representa más
verdaderamente, la cual es incorruptible y simplicísima, sin composición alguna, toda
en un ser como es Dios, y en este ser tres poderíos tiene, con que representa la divina
Trinidad. El padre soberano, principio universal, de donde todo procede, en
contemplación de su divinidad engendra al hijo, que es su perfecta imagen, y
conociéndose por ella, produce amor. De esta manera con su memoria con que hace la
imagen, y con el entendimiento que es el que usa de ella, y con la voluntad adonde
mana el amor, representa a Dios, no sólo en esencia, sino también en trinidad.
Texto 5
Considerando, señores, la composición del hombre, de quien hoy he de decir, me parece
que tengo delante de los ojos la más admirable obra de cuantas Dios ha hecho, donde
veo no solamente la excelencia de su saber más representada, que en la gran fábrica del
cielo, ni en la fuerza de los elementos, ni en todo el orden que tiene el universo, mas veo
también, como en espejo claro, el mismo ser de Dios, y los altos secretos de su Trinidad.
Parte de esto vieron los sabios antiguos, con la lumbre natural, pues que puestos en tal
contemplación, dijo Trimegisto, que gran milagro era el hombre, do cosas grandes se
veían; y Aristóteles creyó que era el hombre el fin a quienes todas las cosas acatan; y
que el cielo tan excelente, y las cosas admirables que dentro de sí tiene, todas fueron
reducidas a que el hombre tuviese vida, sin el cual todas parecían inútiles y vanas. Sólo
Epicuro se quejaba de la naturaleza humana, que le parecía desierta de bien, y afligida
de muchos males […] Por lo cual le parecía, que este mundo universal se regía por
fortuna, sin providencia que dentro de él anduviese, a disponer de sus cosas. Mas de
cuánto valor sea la sentencia de Epicuro, ya él lo mostró cuando antepuso el deleite a la
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virtud. […] Dios fue el artífice del hombre; y por eso si en la fábrica de nuestro ser
hubiese alguna falta, en él redundaría más señaladamente que de otra obra alguna, pues
nos hizo a su imagen, para representarlo a él. Si en la figura pintada, do algún hombre se
nos muestra, hubiese alguna fealdad, ésta atribuiríamos a cuya es la imagen, si creemos
que fue hecha con verdadera semejanza; pues así las faltas de naturaleza humana, si
algunas hubiese, pensaríamos que en Dios estuviesen, pues ninguna cosa hay que tan
bien represente a otra, como a Dios representa el hombre. En el ánima lo representa más
verdaderamente, la cual es incorruptible y simplicísima, sin composición alguna, toda
en un ser como es Dios, y en este ser tres poderíos tiene, con que representa la divina
Trinidad. El padre soberano, principio universal, de donde todo procede, en
contemplación de su divinidad engendra al hijo, que es su perfecta imagen, y
conociéndose por ella, produce amor. De esta manera con su memoria con que hace la
imagen, y con el entendimiento que es el que usa de ella, y con la voluntad adonde
mana el amor, representa a Dios, no sólo en esencia, sino también en trinidad.
Texto 6
Así que, a solas con los altos pensamientos del amor, consumiendo insomne la larga y
tediosa noche, desconsolado y suspirando a causa de mi estéril fortuna y mi adversa y
mala estrella, llorando por un importuno y desgraciado amor, recapacitaba sobre lo que
representa un amor no correspondido […]. Me nutría de un falaz y falso placer
ocasionado justamente y sin duda por un objeto no mortal, sino antes bien divino: Polia,
cuya idea venerable vive profundamente impresa en mí, íntimamente grabada como mi
invasora. […] Entonces, entrecerrados los húmedos ojos con los párpados enrojecidos,
fluctuando entre la áspera vida y la suave muerte, fue invadida y ocupada sin demora
por el dulce sueño aquella parte que no está unida con la mente ni con los espíritus
amantes y despiertos ni es partícipe de tan altas operaciones.
Oh, Júpiter que resuenas desde loa alto, ¿cómo calificaré yo a esta inusitada visión, que
no encuentra en mí átomo que no tiemble y arda al meditar sobre ella? ¿Feliz, admirable
o aterradora? Me pareció estar en una amplia llanura que se presentaba muy adornada,
toda ella verdeante y pintada de diversos colores por muchas clases de flores. Y
acariciada por suaves brisas, reinaba en ella el silencio y ningún ruido ni voz alguna
llegaba a mis atentísimos oídos. […]
Vagando por este lugar […] en aquellos herbosos lugares no veía ni pastores,
ni
cabreros, ni boyeros, ni yegüerizos, tocando sus rústicas siringas de dos cañas y sus
flautas de corteza, ni vagaban por allí rebaños ni manadas.
Texto 7
11
Había una máquina giratoria en forma de cupulilla fijada sobre un perno o eje que
retenía la imagen de una ninfa […], capaz de llenar de estupor a quien la miraba
atentamente y con mirada insistente. […] Su vestidura volante dejaba al descubierto
parte de las carnosas pantorrillas y dos alas abiertas estaban aplicadas entre sus
hombros, figurando el acto de volar. Su bellísima cara y su mirada benévola estaban
vueltas hacia las alas. Tenía el cabello situado en la frente, en trenzas que volaban
libremente, y la parte del cráneo y la nuca calva y sin pelo; […] En su mano derecha,
según se la miraba, sostenía una artística cornucopia llena de todos los bienes, vuelta
hacia la tierra, y con la otra mano se apretaba el desnudo pecho. Esta estatua giraba
fácilmente de un lado a otro según soplaba la brisa, con tal chirrido del roce de la vacía
máquina metálica como nunca se oyó en el erario romano.
Texto 8
Descansando sobre el costado derecho, tenía el brazo de este lado doblado y apoyaba
ociosamente ene él la cabeza, con la mano bajo la mejilla; el otro brazo, libre y sin tarea,
pendía en el costado izquierdo y la mano abierta descansaba en la carnosa pierna. Por
los pezones de sus pechos (como si fueran pequeños caños) brotaban sendos hilos de
agua fresquísima del derecho e hirviente del izquierdo. Los dos caían en un vaso de
pórfido que constaba de dos recipientes unidos en una sola pieza, colocado a seis pies de
la ninfa delante de la fuente sobre un pavimento de piedra […]
El artífice realizó tan perfectamente esta notabilísima estatua, que verdaderamente dudo
que fuera semejante la Venus esculpida por Praxíteles: que para adquirirla (como quiere
la fama) Nicomedes, rey de los Gnidios, empeñó todo el haber de su pueblo; y tan
hermosa la hizo que los hombres, excitados por ella a una sacrílega concupiscencia,
profanaron su imagen con las manos.
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