Subido por Carlos Efraín Chávez Mora

PROPUESTA DE CÓDIGO DE ÉTICA PARA LA CONFEDERACIÓN LATINOAMERICANA DE CORREDORES DE BIENES RAÍCES

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CÓDIGO DE ÉTICA PROFESIONAL
DE LA CONFEDERACIÓN LATINOAMERICANA DE CORREDORES DE BIENES RAÍCES (CILA)
EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
Emprender la tarea de recoger los valores que comparte la comunidad latinoamericana de
profesionales inmobiliarios, aquellos que los ha aceptado como válidos, esto es, descubrir su
propia deontología para luego reformularla en un código de ética, es la ingente empresa
asumida por el Tribunal de Ética de la Confederación Latinoamericana de Corredores de
Bienes Raíces CILA, conformado por Julio Farah, de Argentina; por wilder Ananikian, de
Uruguay; por Francisco R. Pesserl, de Brasil y por Gerardo Andres Romero Loayza, de
Ecuador.
Uno de los signos que revelan la madurez de las civilizaciones, es la creciente complejidad
de las relaciones de sus individuos. Los ejemplos abundan. Tal es así que de un estadio
inferior, fue del segmento de los comerciantes que surgió, como una especialización, los
comerciantes en bienes raíces. De esta particular clase es que emergen los corredores de
bienes raíces y sus derivaciones profesionales, con sus particulares matices y rasgos
característicos comunes que conforman una militancia y activismo en busca de
reconocimiento social. De ahí que surge la pregunta clave: Estamos hablando de
profesionales del corretaje inmobiliario o no le cabe el término profesión sino que se trata
de un oficio u ocupación propia de comerciantes?
Para saberlo, primero veamos los requisitos que señala la wikipedia para considerar a una
actividad como una profesión: a) conocimientos especializados; b) formación profesional; c)
control sobre el contenido del trabajo; d) organización propia mediante colegios
profesionales, sindicatos o gremios; d) Normas de ética; d) espíritu de servicio a la
comunidad.
Para algunas legislaciones, se llama profesión en general a aquellas que para su ejercicio
requieren estudios especializados a nivel universitario. Quien recibe el título por egresar de
alguna facultad, recibe la denominación de profesional, como ocurre por ejemplo con las
profesiones liberales de médicos, abogados, farmacéuticos o ingenieros. En general se
encuentran agrupados en colegios o asociaciones profesionales por actividad, que
establecen pautas comunes y un código de ética. Los oficios son más prácticos, como el que
ejercen los mecánicos, albañiles o carpinteros. Cuando se habla de profesionalizar una
actividad se la organiza y se la regla, a efectos de jerarquizarla. Sin embargo, considerar
profesión a una carrera solo por presuponer largos estudios, como la medicina, la abogacía,
es concluir la existencia de una profesión solo por el tiempo dedicado al estudio de esta
carrera ocupacional. Es un criterio demasiado simplista. Desde este punto de vista los
corredores de bienes raíces no seríamos profesionales, porque, en los casos en que los
estados han previsto la formación académica del corredor de bienes raíces, lo han hecho
considerando esta actividad como una carrera intermedia.
Para el diccionario, la etimología de la palabra “profesión” proviene del latín professio-onis,
que significa acción y efecto de profesar o ejercer (Larousse, 1984). Profesar, es la palabra
cuya etimología nos lleva a la mejor acepción del adjetivo “profesional”. Tiene un significado
casi místico, que se yuxtapone con el de un oficio. Profesar es prometer fidelidad,
comprometerse. De hecho, solo las personas libres pueden comprometerse. En la edad
media profesar era ingresar en una orden religiosa, haciendo los votos con que el religioso o
la religiosa se consagran a Dios y a los fines de la orden. Por extensión significa ser adepto
de ciertas ideas o doctrinas (al credo se le llama "profesión de fe"). Así, profesar sería
entregarse al trabajo específico con devoción religiosa, estar profundamente convencido de
sus bondades, y hasta proclamarlas y predicarlas. En 1933 Carr Saunders y Willson exigía
para llamar profesión a una actividad, que requiera de una determinada formación, esté
reglamentada y se adhiera a una ética para el bien común de la sociedad.
Entonces lo que distingue a un profesional del practicante de un oficio, antes que el tiempo
dedicado a su aprendizaje, son principalmente las ideas y doctrinas, que se articulan en una
jerarquía de valores. Naturalmente, son los mismos valores, digámoslo así, generales, como
la justicia, la verdad, la belleza, la armonía, etc., de los cuales la nueva profesión decanta
como de una rica veta las costumbres, hábitos, normas de conducta, que guían al
profesional en el camino a su realización personal.
Si bien se ha dicho que en el corazón humano habita la ciencia del bien y el mal, por lo cual
no nos es dable equivocarnos, porque la MORAL es intrínseca y connatural con el ser
humano, que puede distinguir lo bueno de lo malo. La ética, en cambio, está conformada
por todas las ideas, criterios, hábitos, conductas, usos, costumbres y normas legales, que se
encauzan de acuerdo al sentido de la vida. Si el sentido de la vida es Dios, la felicidad o la
realización personal, todo lo que no conduzca a ese sentido no es ético. Contrariamente la
ética se configura con aquello que permite avanzar en lo que da sentido a nuestra vida.
Como lo dice Julio Farah en su Manual de Ética, “Deberemos establecer una jerarquía de
valores y convertirlos en normas de conducta, para que esas normas se constituyan en
hábitos y esos hábitos nos constituyan en profesionales virtuosos, guardianes de ese
sistema de valores que profesamos para ser profesionales”, concluyendo que la ética es la
que le da el carácter de profesión al corretaje inmobiliario. En efecto, aumentar las normas
de conducta y su calidad, favorece su reconocimiento como una auténtica y digna profesión.
La ausencia de criterios uniformes y operativos que permitan delinear correctamente la
profesión del corredor de bienes raíces, perfilando sus límites, relanzando ideales, al mismo
tiempo que actualizando una respuesta ética a los avances de las nuevas tecnologías de la
información, hace imperativa la necesidad de reglamentar jurídica y éticamente la profesión
del corredor inmobiliario. Reglamentar la actividad del corredor con un código deontológico
de aplicación práctica, es un reto de mayor envergadura si consideramos que su accionar
tiene por objeto final incidir en la opinión pública de una región que cuenta con más de 625
millones de personas. Por ello consideramos de primerísima necesidad la iniciativa de este
Tribunal de Ética de la Confederación Latinoamericana de Corredores de Bienes Raíces CILA,
de expedir un código de ética, que de nuestra parte esperamos sea capaz de unificar y
moldear la jurisprudencia a nivel latinoamericano, con criterios que configuren la
deontología para los corredores inmobiliarios, sobre la base de un servicio íntegro a los
intereses públicos. En consecuencia es de esperar que en el camino trazado por el código
que presentamos, el corredor inmobiliario aumente el prestigio de su profesión a la par que
se dignifique a sí mismo. La ética es la ruta probada y segura para que la profesión del
corredor de bienes raíces quede definida con total lucidez en el inconsciente colectivo de la
latinoamérica de hoy.
Las contribuciones para ordenar un código de ética para los profesionales inmobiliarios,
podemos recogerlas desde el muy escaso filón de la jurisprudencia generada por unos
cuantos tribunales de honor nacidos de las lonjas, asociaciones, cámaras y otras
asociaciones gremiales de los corredores inmobiliarios, puesto que la mayoría de estos
tribunales sólo han estado como meros cargos honoríficos; en su mayor parte la doctrina la
extraemos de análisis comparativos de los contenidos doctrinales de los códigos de ética
que se han expedido en los países integrantes de la Confederación Inmobiliaria de
Corredores de Bienes Raíces CILA; y, en gran medida, de la comunidad de investigadores y
profesionales salidos de las asociaciones y gremios, el cual es el venero fresco y prístino
para abordar la ingente tarea de configurar un código deontológico latinoamericano, que
sirva de manual de consulta en la enseñanza de los deberes y derechos de los profesionales
del corretaje inmobiliario y sea un factor positivo en el cumplimiento de la función social de
este profesional. Para esto, las contribuciones del asociacionismo y la
colegiación
profesional, es fundamental. Por ello, creemos que la presente iniciativa formulada por el
ecuatoriano Gerardo Romero Loayza, miembro del Tribunal de Ética de CILA, ha dado por
resultado una propuesta deontológica, elaborada por Carlos Efraín Chávez Mora, síndico de
la Federación Ecuatoriana de Corredores (FENACBRE), por lo que presentamos este
documento precursor para que con la sabia revisión de la Asamblea del CILA, pueda
convertirse en la piedra angular de la deontología profesional del corredor inmobiliario de
latinoamérica, dado que por el momento no existe un manual que sea de obligada lectura y
sirva de consulta básica al corredor de bienes raíces.
Así, la Confederación Latinoamericana de Corredores de Bienes Raíces CILA, organización
supranacional, como generadora de contenidos doctrinales, tiene la grave tarea de elevar el
nivel ético de los corredores latinoamericanos y en general de los profesionales
inmobiliarios; de dar respuestas a aspectos relacionados con la enseñanza de la deontología
profesional en los institutos y escuelas para los corredores de bienes raíces, sobre todo en
países donde la cultura inmobiliaria es incipiente y donde se acusa un vacío legal y ético en
los códigos de conducta profesional de este floreciente sector del comercio.
Esperamos con ello despertar una nueva conciencia de clase entre los corredores
profesionales de bienes raíces y la mejora de sus condiciones morales y materiales.
Entre los temas planteados en este documento que lo hemos llamado precursor, mención
aparte merece el tema de la solidaridad profesional. En esta propuesta de código
consideramos como imperativo de la conciencia del corredor profesional, la unión y
solidaridad orgánica, principalmente expresada a través de listados de bienes múltiples
(MLS por sus siglas en inglés), bolsas inmobiliarias o cualquier otro mecanismo previsto para
compartir trabajos y honorarios. Es que, si la verdad informativa es el cimiento de la ética
del periodista; la unión y solidaridad profesional, es la base ética del corredor inmobiliario.
El corredor de bienes raíces, a diferencia de otros profesionales, conforme avanzan los
tiempos tiende a abandonar un ejercicio aislado e individualista, para pasar a laborar bajo el
principio de solidaridad que está por sobre la idea de competencia que deshumaniza.
Esperamos por ello que el nuevo espíritu que emerja de este código, sea el que logre
consolidar la dignidad profesional del corredor inmobiliario latinoamericano.
Establecer los principios comunes que orientan la actividad profesional de los corredores
en los distintos países iberoamericanos, jerarquizarlos, ordenarlos, desglosar aspectos
jurídico-éticos, como el secreto profesional, las normas de colaboración y distribución de
honorarios, la publicidad, entre otras, es el reto que hemos asumido. Estas normas, en
algunos casos son muy semejantes entre distintos gremios de profesionales; en otras
difieren por completo, como por ejemplo la publicidad de los servicios. Para los abogados,
desde antaño sus códigos de ética han considerado de mal gusto que un abogado o doctor
en jurisprudencia haga publicidad de sus servicios. En tanto, para los corredores la
publicidad de su gestión es parte consustancial con el ejercicio de su profesión. En cuanto a
la representación que ostentan los abogados con respecto a sus clientes, este ha sido un
tema recurrente en sus códigos de ética, no así de los corredores de bienes raíces, que no
han sido considerados como mandatarios o representantes de sus clientes, sino como
meros intermediarios en los negocios de estos. Ahora, la representación del corredor dentro
del mercado con respecto a su cliente, se erige como una necesidad esencial de su accionar,
de manera que es necesario abordar los aspectos éticos que atañen a esta representación,
puesto que el corredor de bienes raíces, desde el momento en que acepta llevar una
propuesta de negocio inmobiliario a los mercados, es evidente que estos contienen una
carga intrínseca de intereses económicos, expresos u ocultos, que deben estar
perfectamente delimitados con respecto a los intereses del propio corredor y de terceros. Si
la representación implica un mandato, resulta el deber de lealtad del mandatario al
mandante con respecto a su manda.
Con este necesario preámbulo, quienes conformamos el Tribunal de Ética de la
Confederación Latinoamericana de Corredores de Bienes Raíces CILA, tenemos el agrado de
entregar el presente proyecto de Código de Ética al seno de la Confederación. Esperamos
que esta iniciativa y el esfuerzo que hemos realizado, cumplan con las expectativas que la
Confederación ha depositado en este Tribunal; y que una vez aprobado por el ente
supranacional, contribuya a elevar la moral y la cultura ética de los corredores de la región y
consecuentemente les permita encontrar favorable acogida en la opinión pública de sus
respectivos países y en el inconsciente colectivo latinoamericano.
Julio Farah
Argentina
Francisco R. Pesserl
Coordinador
Brasil
Wilder Ananikian
Uruguay
Gerardo Andres Romero Loayza
Ecuador
PROPUESTA INTEGRAL DE CÓDIGO DE ÉTICA
Los delegados de los países adscritos a la Confederación Latinoamericana de Corredores de
Bienes Raíces CILA
​CONSIDERANDO​:
Que a la Confederación Latinoamericana de Corredores de Bienes Raíces ( CILA), como el
máximo exponente de la actividad gremial de los corredores en latinoamérica, le
corresponde propiciar la creación de las mejores condiciones para el adecuado ejercicio de
la actividad del corredor inmobiliario;
Que es necesario revisar y poner a la altura de estos nuevos tiempos las normas que
mejoren el accionar de los profesionales inmobiliarios, vista su responsabilidad frente a los
Estados y a la comunidad latinoamericana.
Que mediante la ética, vigente en la teoría y en la operatividad práctica, los profesionales
inmobiliarios alcanzarán a mantener intacta la integridad profesional, consolidar la
dignificación y reconocimiento de su profesión en el imaginario social y en la opinión
pública de sus respectivos países;
Que la ausencia de criterios uniformes y operativos en el accionar de los corredores de
bienes raíces y en general de los profesionales inmobiliarios en los diferentes países que
integran CILA, hace imprescindible la necesidad de estimular la uniformidad de las normas
éticas en materia profesional del corredor en todo el ámbito latinoamericano, con lo que se
contribuirá al mejor control ético de su ejercicio profesional;
Que hace falta un código deontológico capaz de orientar a los tribunales de Honor de las
asociaciones de base de CILA, así como de un organismo autorregulador y vigilante de la
cultura etica inmobiliaria latinoamericana, organizador de la jurisprudencia ética, y que a al
mismo tiempo sea manual de consulta de los deberes y derechos de los profesionales
inmobiliarios de la región;
Que entre los objetivos de CILA, previstos en sus Estatutos, es armonizar el contenido de
las diversas normas existentes en materia de ética profesional en los países de América
Latina, que tienda a la consagración de un único Código Comunitario de Ética de la
Propiedad, así como dignificar y jerarquizar la profesión de los corredores inmobiliarios.
Que es necesario la expedición de un código deontológico como instrumento con
autoridad para reafirmar el status profesional del corredor, y como una herramienta
orientativa y conducente al perfeccionamiento de esta profesión, mejorando las condiciones
de su ejercicio;
Que la respetabilidad de la profesión está ligada al cumplimientos de normas éticas, lo
cual favorece las aspiraciones y reivindicaciones económicas de los profesionales
inmobiliarios.
Que el Tribunal de Ética de CILA en cumplimiento de sus deberes y atribuciones ha
formulado una propuesta de código deontológico, elaborada en base al documento
precursor realizado por el abogado y corredor profesional Carlos Efraín Chávez Mora, el
mismo que recoge los lineamientos de los códigos de ética de 19 países integrantes de esta
Confederación Latinoamericana;
Por estas consideraciones, la Asamblea Nacional de la Confederación Latinoamericana de
Corredores de Bienes Raíces CILA
RESUELVE
Aprobar el texto del presente
​CÓDIGO
COMUNITARIO DE ÉTICA INMOBILIARIA
CAPÍTULO PRIMERO
JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA
Art. 1.- Las disposiciones de este código rigen para todos los profesionales inmobiliarios, y
para las personas jurídicas y empresas que tienen como objeto social las labores propias de
dichos profesionales, que se encuentren afiliados a lonjas, asociaciones, federaciones,
colegios, cámaras, sindicatos y, en general, a cualquier gremio
organización
de
que constituya una
base vinculada directa o indirectamente a la Confederación
Latinoamericana de Corredores de Bienes Raíces (CILA). Estas obligaciones se extienden a
todas las actividades relacionadas con las transacciones inmobiliarias realizadas por las
personas naturales antes indicadas y por las empresas y personas jurídicas que tienen por
objeto social las transacciones inmobiliarias como actividad habitual, que deseen acogerse
a las normas del presente código.
Art. 2.- Es responsabilidad de las asociaciones de base indicadas en el artículo precedente,
velar por el cumplimiento y aplicación de las normas del presente código, a fin de encauzar
el correcto ejercicio profesional del corredor inmobiliario, estimular la defensa de la labor
profesional del corredor de bienes raíces y precautelar los derechos de los consumidores de
los servicios de corretaje inmobiliario.
CAPÍTULO SEGUNDO
DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
Art. 3.- Para efectos de interpretación de las normas de este código, se definen las
siguientes palabras:
AGENCIA
INMOBILIARIA:
Empresa
especializada
en
transacciones
inmobiliarias,
especialmente alquiler y venta de inmuebles, que cobra un porcentaje por sus servicios.
AGENTE DE BIENES RAÍCES.- También llamados agentes inmobiliarios, son las personas
naturales que cumplen los requisitos de calificación profesional establecidos por la
normativa específica de sus respectivos países para dedicarse a prestar servicios de
mediación, asesoramiento y gestión en transacciones inmobiliarias. Por lo general, de
acuerdo a la normativa específica, estas personas están autorizadas para ejercer el corretaje
bajo el patrocinio, supervisión y responsabilidad de un corredor profesional de bienes
raíces.
Pueden ejercer como agentes inmobiliarios las personas jurídicas calificadas para el efecto.
AMÉRICA LATINA.- El término América Latina designa convencionalmente un conjunto de
19 países independientes del Hemisferio Occidental que han sido moldeados principalmente
por la tradición cultural latina de Europa: 18 de lengua española (Argentina, Bolivia,
Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México,
Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, y Venezuela), y uno de
lengua portuguesa (Brasil).
Lo región del Caribe, llamada también de las Antillas, está formada por países
independientes y ciertas islas que forman parte de países europeos o de Estados Unidos.
Cuando se habla de las Antillas españolas se incluye a Cuba, Puerto Rico y la República
Dominicana, que forman parte, geográficamente, de este conjunto de islas.
BIENES RAÍCES.- También denominados como bienes inmuebles, son las cosas que no
pueden transportarse de un lugar a otro como las tierras y minas, y las que adhieren
permanentemente a ellas, como los edificios.
CLIENTE.- Persona natural o jurídica que, vinculada por un convenio, utiliza los servicios de
un corredor profesional de bienes raíces o de una empresa o persona jurídica que tiene por
objeto la prestación de servicios de corretaje inmobiliario.
CILA.- Es la Confederación Inmobiliaria de Latinoamérica que concentraba a 4 países en su
inicio, actualmente la integran 18 Países de Latinoamérica y 440.000 Corredores
Inmobiliarios. Representa a 424.000 empresas inmobiliarias profesionales de latinoamérica,
el 80 % de la población y el 84 % del PBI.
CO-AGENCIA.- Es el acuerdo entre dos o más agentes o corredores de bienes raíces para
representar a un mismo cliente, sea este el vendedor o comprador, arrendador o
arrendatario, en una transacción inmobiliaria. Los agentes o corredores de bienes raíces que
acuerdan participar en un contrato de co-agencia, actuarán como si fueran uno solo, así
como también serán solidariamente responsables ante el cliente de sus actos, errores y
omisiones.
CÓDIGO ÉTICO.- Es un conjunto de normas deontológicas emanadas de diversos organismos
internacionales o nacionales, acogidas por los profesionales inmobiliarios, donde se
establecen pautas de conducta profesional encaminadas a dignificar la profesión de los
profesionales inmobiliarios y obtener reconocimiento social.
CONTRATO DE CORRETAJE.- Es el convenio mediante el cual una persona encarga a otra, sea
persona natural o jurídica, habilitada como corredor de bienes raíces, la gestión de ofertar o
demandar contratos, actos y operaciones de compra y venta, hipoteca, anticresis u otros
contratos similares sobre bienes raíces, por lo que adquiere el derecho a cobrar al cliente
una retribución denominada honorario.
CONTRATO DE EXCLUSIVIDAD.- Se llama así al convenio escrito entre el corredor de bienes
raíces o agencia inmobiliaria y el cliente, en el que se ha pactado una cláusula por la cual
este último se compromete a no celebrar la transacción inmobiliaria por sí mismo o a no
suscribir otro contrato similar con otro corredor o agencia, durante el plazo previstos en el
contrato.
Por esta cláusula, que se denomina de exclusividad, se entiende que de celebrar el cliente la
transacción inmobiliaria prevista en el contrato, la transacción se reputa como realizada por
el corredor o agencia que tiene la exclusiva, consecuentemente le corresponde al cliente
pagar los honorarios pactados.
CORREDOR DE BIENES RAÍCES.- Son corredores de bienes raíces los profesionales y/o
personas jurídicas que cumplen los requisitos de calificación profesional establecidos por la
normativa específica de su respectivo país y han obtenido una licencia para recibir por
escrito el encargo de sus clientes, de ofertar o demandar actos y operaciones de
compraventa, hipoteca, alquiler, anticresis u otros contratos similares. Su tarea como
intermediarios es poner en relación a dos o más personas, a las que pueden representar,
con el fin de que celebren una transacción inmobiliaria.
Dentro de la capacitación y competencias de estos profesionales está el avalúo de
inmuebles.
En algunos países las personas jurídicas que cumplan las condiciones legales y
reglamentarias pueden ejercer la labor de corredores de bienes raíces.
CORREDOR DE TRANSACCIÓN.- Es aquel que presta un servicio de asesoría y gestión
administrativa a dos o más partes en una negociación, dejando a los intervinientes en la
transacción inmobiliaria el peso de la negociación.
CORREDOR PRINCIPAL.- Es la persona natural o jurídica que representa los intereses de una
de las partes en una transacción inmobiliaria.
CORRETAJE DE BIENES RAÍCES.- Es la actividad habitual de personas naturales o jurídicas
legalmente autorizadas para prestar servicios tendentes a reunir a las partes interesadas y
obtener la concreción de transacciones inmobiliarias.
DEONTOLOGÍA.- Es la ciencia o tratado de los deberes profesionales. La moralidad, el
honor, la honestidad, el deber, la responsabilidad y la obligación de conciencia referidos al
ejercicio de una profesión,se denomina Deontología o Ética profesional. Son los deberes
expresados en normas codificadas, a cuyo cumplimiento estricto se comprometen o se
obligan autónomamente determinados grupos, asociaciones o instituciones, en virtud de
determinadas opciones valorativas éticas y en orden a la realización de sus actividades
específicas.
ESPÍRITU DE CUERPO.- Sentimiento de honor y orgullo compartido por los ideales y logros
de los profesionales del corretaje inmobiliario y en general de la profesión del corredor de
bienes raíces. El espíritu de cuerpo es también una forma de solidaridad y de abnegación
entre los profesionales del corretaje inmobiliario, que obliga a la correspondencia en caso
de que un miembro se vea afectado por algún mal o peligro.
ÉTICA.- La Ética significa el camino a seguir por el hombre para llegar a su plenitud de ser. Es
la ciencia que nos enseña a llegar a ser lo que debemos ser en orden individual, familiar,
social, profesional, etc.
ÉTICA AMBIENTAL.- ​La ética ambiental es la rama de la filosofía que considera
especialmente las relaciones entre los hombres y el medio ambiente en el cual se
desenvuelven, y que se preocupa y ocupa especialmente de regular que las acciones de los
seres humanos no atenten contra el desarrollo y la evolución de los ambientes naturales.
ÉTICA DEL CORRETAJE INMOBILIARIO.- La Ética del corretaje inmobiliario es un conjunto de
normas deontológicas que rigen la conducta profesional de los profesionales inmobiliarios y
de las compañías que tienen por objeto habitual las transacciones inmobiliarias, y en
general de los profesionales inmobiliarios; que están establecidas en el presente código y en
los códigos de ética de los gremios de base de CILA y en los códigos de ética de las
respectivas asociaciones o gremios a los que pertenecen los profesionales inmobiliarios.
MORAL.- Entiéndase por moral el conjunto de normas vividas que en la realidad histórica
concreta una persona, un grupo o una comunidad de personas asumen para orientar su vida
con referencia a unos valores éticos comúnmente aceptados como tales.
También es aquella disciplina que señala al hombre la justa jerarquía de los bienes, la
calidad de los que siendo más altos son los más capaces para satisfacer el afán de felicidad.
PROFESIONAL INMOBILIARIO.- Es aquel cuya actividad principal está directamente vinculada
con los Bienes Raíces, distinguiéndose por su actividad diferentes denominaciones:
El Valuador Inmobiliario, quien por los estudios realizados tiene una sólida formación
profesional orientada al conocimiento de los métodos y procedimientos para poder calcular
el valor de los bienes inmuebles dentro de un mercado. Su actividad será siempre la de un
prestador de servicios.
El Asesor en Crédito Inmobiliario, es aquel que sin formar parte de una organización
crediticia, tiene los conocimientos para orientar profesionalmente al cliente, respecto a las
mejores alternativas de crédito con que puede contar para la adquisición de una propiedad
inmueble. Se considera también como tal, al que formando parte de una organización de
crédito, tiene los conocimientos necesarios para orientar profesionalmente al cliente
respecto al sistema de crédito que representa. En el primer caso su actividad será
precisamente la de Prestador de Servicios, en la segunda se considera como empleado
asalariado, pero la dignidad de su trabajo permite considerarlo como Profesional
Inmobiliario.
El Vendedor Inmobiliario, dedicado fundamentalmente a promover las ventas de Bienes
Inmuebles, llamado también Promotor de Ventas, podrá trabajar en forma individual o
integrado a equipos de ventas, su actividad principal la podrá realizar mediante la venta
activa o práctica del Cambaceo de puerta en puerta, o venta pasiva siendo quien captura en
una promoción al cliente, trabajará en la venta unitaria o en la venta de conjuntos,
fundamentalmente es un prestador de servicios profesionales.
El Agente Inmobiliario y el Corredor de Bienes raíces, definidos en el presente código,
profesionales que por su capacitación están en condiciones de coordinar grupos de
vendedores y pueden asesorar en definición de productos inmobiliarios, promoción de
ventas y publicidad, así como en los aspectos legales y fiscales básicos para la
administración de inmuebles y la realización de operaciones de compraventa, bajo
cualquiera de las modalidades de propiedad. Sus actividades por lo general la realizan como
prestadores de servicios profesionales.
El Comercializador Inmobiliario, quien además de las funciones del Agente Inmobiliario,
dirige una empresa de prestación de Servicios Profesionales de Comercialización
Inmobiliaria dando asesoría Fiscal, Legal, Financiera, por medio de expertos especialistas en
cada una de estas áreas, adicionalmente elabora estudios de mercado y de factibilidad
comercial, su especialidad se enfoca al Marketing Inmobiliario integral y es posible que
participe del riesgo del negocio así como de las utilidades del mismo, lo cual lo realizará
como una actividad de carácter comercial.
El Gestor Inmobiliario ya sea persona física o moral cuya actividad preponderante es la
prestación de Servicios Profesionales para la Gestoría de todos los trámites para la ejecución
de un negocio inmobiliario, desde la obtención de permisos de uso del suelo, licencias de
construcción, avalúos, créditos puente, formación de expedientes para créditos individuales,
y escrituraciones individuales, su actividad preponderante es como prestador de servicios
profesionales.
El Promotor Inmobiliario quien promueve con base a una oportunidad de mercado la
realización de un negocio inmobiliario, planeando operando y controlando todos los
aspectos del mismo, desde la investigación del mercado, definición del producto,
elaboración de estudios de factibilidad inmobiliaria, integración del grupo inversionista,
compra del terreno, elaboración del proyecto, contratación y supervisión de la obra,
contratación
y
supervisión de la comercialización, obtención y operación de
financiamientos, proceso de adjudicación, constitución de regímenes de propiedad, manejo
de la tesorería y administración del negocio, cumplimiento de obligaciones fiscales, y
disolución de la sociedad. Su actividad podrá ser únicamente como prestador de Servicios
Profesionales o como participante minoritario en la inversión y el riesgo, con lo que toma un
carácter empresarial.
El Desarrollador Inmobiliario, es quien realiza las mismas actividades de Promotor
Inmobiliario pero por cuenta propia, siendo un participante importante tanto en la toma de
riesgos como en la aportación del capital y las utilidades o pérdidas del negocio su actividad
es en todos los casos de carácter comercial.
El Consultor Inmobiliario, es quien por su preparación y experiencia, tiene la capacidad para
asesorar sobre una o varias de las actividades del negocio inmobiliario, con conocimientos
especialmente cualificados, basados en su experiencia y en una formación profesional de
alto nivel. Su actividad invariablemente es como prestador de Servicios Profesionales.
PROSPECTO.- Se le llama al potencial cliente, esto es, a la persona natural o jurídica que se
ha vinculado con un corredor de bienes raíces con fines consultivos y que aún no han
celebrado un contrato de servicios, por lo tanto no se ha creado la relación de cliente
RATIFICACIÓN.- Es la aceptación expresa o tácita, relacionada con el acto de representación,
por la cual el corredor principal, y en general un profesional inmobiliario, en una
negociación reconoce como válidas las gestiones realizadas por un corredor profesional u
otro profesional que actuó sin su autorización previa.
REPRESENTACIÓN.- La representación o gestoría es una atribución de los agentes y
corredores de bienes raíces por la cual pueden intervenir en el negocio inmobiliario
representando solamente a una de las partes participantes, salvo que los contratantes de
estos negocios acuerden ser representados por un mismo corredor de bienes raíces en cuyo
caso se denomina doble agencia o representación consensuada.
La representación en tanto implica asumir la posición e intereses de los clientes en una
transacción inmobiliaria,
obliga al corredor en su lealtad y confianza para con su
contratante.
SEÑAL O ARRAS.- Importe anticipado de parte del precio de una compraventa del
comprador al vendedor. Esta entrega a cuenta subraya la firmeza del contrato de
compraventa. Si el comprador decide no comprar perderá la cantidad entregada, y si es el
vendedor el que decide no consumar la compraventa, deberá devolver al comprador lo que
éste le entregó anticipadamente más otra suma igual, si así se pacta.
SOBREPRECIO.- Es el acuerdo entre el profesional inmobiliario con su cliente por el que se
estipula el precio neto que el vendedor recibirá si se vende la propiedad objeto del contrato,
estableciendo que los honorarios que recibirá por sus servicios de corretaje, serán
obtenidos de un valor superior de venta que el profesional inmobiliario deberá conseguir en
la transacción inmobiliaria.
TRANSACCIÓN INMOBILIARIA.- Es cualquier gestión, acuerdo, promesa de negocio o
actividad que implique la oferta o proceso, realizada a título personal o a nombre de
terceros, sobre cualquier predio urbano o rural, residencial, comercial e industrial, con el
objeto de gestar, intermediar, perfeccionar, acordar o realizar la compraventa, promesa de
venta, opción de compra o venta, permuta, anticresis, arrendamiento, subasta,
administración de inmuebles; o donde
el objeto de la transacción resulta, en la
transferencia de dominio o arrendamiento en cualquiera de sus formas sobre un predio
donde intervienen uno o más corredores en representación de sus clientes.
CAPÍTULO TERCERO
VALORES MORALES DEL EJERCICIO PROFESIONAL
Art. 4.- VALOR DEL COMPROMISO.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios, además de la responsabilidad que impone el deber, asuman las exigencias que
impone el honor frente a la obligación contraída, la palabra dada y la fe empeñada; que
sean comprometidos, de manera especial en los siguientes aspectos:
a) Comprendiendo las posibilidades y limitaciones económicas de su cliente;
b) Promoviendo, cuando sea el caso, que se dé respuesta a las necesidades del cliente;
c) Promoviendo la creación de espacios que proporcionen bienestar a los clientes y usuarios
por encima de cualquier especulación de carácter económico;
d) Considerando que su profesión, ante todo, es una profesión de servicio, deberá poner su
capacidad profesional en favor de su cliente;
e) Propiciando la concienciación por parte de la sociedad, respecto a su responsabilidad
profesional con la comunidad.
f) Propiciando que los Profesionales Inmobiliarios se conviertan en líderes de servicio a la
sociedad y desarrollen acciones permanentes de solidaridad dentro de su campo;
g) Desarrollando acciones gremiales que propicien el sano desarrollo de la profesión y un
servicio a la sociedad;
h) Contribuyendo con sus capacidades al desarrollo gremial y social, con vías a la transición a
modelos de vida sustentables;
i) Propiciando el respeto por la palabra dada, la obligación contraída, la fe empeñada y la
responsabilidad personal que impone el deber;
j) Cumpliendo con los compromisos que le impone el honor;
k) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan de la búsqueda del compromiso una obligación permanente que los
caracterice.
Art. 5.- VALOR DE LA CONFIANZA.-
La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios obtengan la preparación profesional adecuada y actúen responsablemente
para proporcionar soluciones confiables, de manera especial en los siguientes aspectos:
a) Emitiendo juicios que sean resultado de un planteamiento serio, una investigación
objetiva y bien fundamentada y un razonamiento lógico, evitando improvisaciones;
b) En el desarrollo de hábitos a lo largo de su trayectoria profesional, que lo distingan como
un profesional confiable.
c) En su comportamiento profesional, que debe responder a los planteamientos,
ofrecimientos, precios y alcances de los trabajos en los que interviene;
d) En su accionar en los negocios para que no pierda la confiabilidad que se le ha depositado
por descuidos en la administración de los recursos del cliente;
e) Cuidando que en caso de situaciones que provoquen duda y en las que se encuentre
inmiscuido el profesional inmobiliario entre su cliente y un tercero, se informe previamente
de manera clara y transparente al cliente, para evitar malos entendidos que generen
desconfianza;
f) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan de la búsqueda de la confiabilidad una obligación permanente que los
caracterice.
Art. 6.- VALOR DE LA CONGRUENCIA.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios obren en correspondencia con lo que dicen; que obren en consecuencia con
sus principios y valores éticos, siendo congruentes, de manera especial en los siguientes
aspectos:
a) En los ofrecimientos que expresen a los clientes, donde estos deben ser coincidentes con
su realización;
b) En los argumentos que utilice para convencer al cliente, los cuales deben corresponder
con lo que posteriormente se realice u obtenga;
c) En la línea de acción propuesta al inicio de la relación contractual, la misma que debe
continuar ajustándose a dichos términos o a los que se corrijan con conocimiento del
cliente;
d) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan del valor de la congruencia un hábito permanente que los caracterice.
Art. 7.- VALOR DE LA DISCRECIÓN.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios sean sensatos a la hora de actuar y expresarse, obrando con discreción, de
manera especial en los siguientes aspectos:
a) Gestionando en forma adecuada la información directa o indirecta que reciba de su
cliente, o empleador, considerando lo que deba ser tratado como secreto profesional;
b) En los juicios y opiniones profesionales que emita sobre proyectos, avalúos,
presupuestos, etc., en los que se cuidará de no afectar a clientes, a terceros, de manera
particular a otros profesionales inmobiliarios;
c) En las situaciones incorrectas y perjudiciales que se presenten, en cuyo caso deberá
orientar adecuadamente, proporcionando elementos fundamentados que contribuyan a
soluciones viables y, de ser el caso, a restablecer la armonía en las relaciones;
d) En su modo de hablar y de obrar, utilizando un lenguaje profesional, comprensible por el
cliente, cuidando de herir sensibilidades ni ofender a terceros;
e) En los juicios que emita sobre valores, precios de venta, proyectos, construcción o
cualquier otro elemento relacionado con su actividad, que los hará únicamente en aquellos
casos en que cuente con información completa y confiable.
f) En el ámbito profesional y laboral, influyendo para que sus colegas, empleados,
comisionistas y todos los que se relacionen con él, hagan de la actitud discreta un hábito y
virtud permanente que los caracterice.
Art. 8.- VALOR DE LA HONESTIDAD.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios sean probos e íntegros, y rectos en el actuar y en el hablar, reconociendo los
aciertos de los demás y los propios errores, de manera especial en los siguientes aspectos:
a) En el cumplimiento de la palabra empeñada y en el compromiso adquirido, los cuales
debe corresponder con lo que se piensa;
b) En el tratamiento de soluciones que proponga al cliente en materia de adquisición de
inmuebles, que efectivamente den respuestas adecuadas a sus necesidades, así como a las
del usuario;
c) Aceptando sus propias limitaciones y comprendiendo las limitaciones de aquellos con los
que se relaciona.
d) En cuanto a prevenir al cliente de las circunstancias adversas que se puedan presentar en
una compra, proyecto u obra y que puedan modificar las condiciones de trabajo
originalmente planteadas por el Profesional Inmobiliario, advirtiendo al cliente de los
incrementos en el costo de los proyectos o de la obra, o variaciones en el precio pactado,
por modificaciones ordenadas por el cliente al proyecto o por cambio de especificaciones,
así como por incrementos en el precio del bien establecido. Estas advertencias se deberán
informar por escrito.
e) En cuanto a aceptar responsabilidades, únicamente en aquellos ofrecimientos para los
cuales tenga capacidad profesional, de acuerdo con sus habilidades y oficio, y que cuente
con los recursos intelectuales, materiales y de tiempo, que le permitan cumplir con sus
compromisos cabalmente;
f) En situaciones que lesionen o puedan lesionar derechos de terceros, en las cuales no se
prestará ni cederá cuando a su juicio y por su naturaleza puedan acarrear accidentes;
g) En el campo de la formulación de juicios y opiniones, donde se abstendrá de emitirlos
respecto al trabajo de otro profesional inmobiliario, sin antes haber investigado las causas y
los antecedentes que originaron la realización del trabajo respecto al cual tiene que emitir
opinión;
a) En su actuación profesional que debe estar orientada al recto proceder;
b) En la integridad de su palabra fundada siempre en su leal saber y entender;
c) En el manejo de los recursos económicos, campo en el que debe ser escrupuloso,
entregando siempre cuentas claras, con administración transparente de los dineros;
d) En los descuentos, emolumentos y más beneficios que se logren en favor de su cliente y
que deben ser entregados a éste sin dilación;
e) En el destino de los dineros que se reciban en concepto de una transacción inmobiliaria,
teniendo cuidado de que no sean utilizados para financiar actividades distintas a las
señaladas por el cliente;
f) En los recibos y facturas que tenga que otorgar, los mismos que deben corresponder a los
hechos;
g) En la retribución de su trabajo circunscrita a los honorarios que paga el cliente; en la cual
debe excluirse ingresos por otras vías como pudieran ser de los vendedores, promotores,
publicistas, u otros agentes o corredores de bienes raíces, aún en el caso de que estos
hubieran contratado con el cliente del Profesional Inmobiliario.
h) En las modificaciones que deban hacerse a los términos de la contratación inicial, en las
cuales debe advertirse de manera anticipada, especialmente cuando éstas reporten o
puedan reportar incrementos de precios, por lo que deberá concertar nuevos términos de
trabajo.
i) En relación con colegas o profesionales afines, facilitando a los publicistas o comisionistas
el cobro del trabajo realizado, o apoyando y defendiendo las situaciones justificadas del
comisionista o proveedor de servicios ante su cliente.
j) En su accionar diario, influyendo con su modo de ser para que sus colegas, empleados,
comisionistas y todos los que se relacionen con él, hagan de la práctica de la honestidad y
honradez una virtud permanente que los caracterice.
Art. 9.- VALOR DE LA JUSTICIA.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios mantengan la constante voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde, de
manera especial en los siguientes aspectos:
a) En la retribución a comisionistas, empleados y más colaboradores, a los cuales se les debe
pagar la remuneración adecuada por su trabajo, de acuerdo a la ley o a la costumbre del
lugar;
b) En las condiciones de trabajo que deben tener sus comisionistas, empleados y más
colaboradores, con seguridad física y material, que propicien su desarrollo hacia mejores
condiciones de vida;
c) Intercediendo en la defensa de sus sus colegas, comisionistas, contratistas y proveedores,
cuando sea necesario;
d) Respetando la Constitución, la Ley y en general los derechos de sus conciudadanos en los
lugares, vigentes donde se desarrollan sus proyectos o transacciones inmobiliarias;
e) Retribuyendo a la sociedad lo que de ésta ha recibido, con un compromiso de solidaridad
social, buscando los caminos más adecuados por los cuales pueda colaborar en la transición
y establecimiento hacia una sociedad justa y sostenible;
f) En su accionar diario, influyendo con su modo de ser para que sus colegas, empleados,
comisionistas y todos los que se relacionen con él, hagan de la práctica de la justicia una
virtud permanente que los caracterice.
Art. 10.- VALOR DE LA LEALTAD.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios obren con fidelidad, gratitud y honorablemente frente a todas sus relaciones
profesionales, de manera especial en los siguientes aspectos:
a) Mostrándose solidarios y consecuentes con las asociaciones, instituciones gremiales y
más formas de relaciones profesionales de los corredores, así como con los clientes o
instituciones en la que preste sus servicios;
b) No aceptando la competencia desigual o aquella en la cual se afecten alguno de los
vínculos o valores de cualquier clase que se hayan generado como producto de una relación
profesional;
c) Con los principios que tengan significado de valor. Defendiendo su escala de valores de
manera consistente, incluyendo en esto su profesión, su familia, sus relaciones de trabajo y
su religión, viviendo con congruencia.
d) Respetando las diferencias que se generen con sus semejantes y en las que se haya
aceptado como valor común la confianza.
e) Siendo fiel a los principios de su gremio, generalmente aceptados.
f) Evitando la competencia desigual con otros Profesionales Inmobiliarios, evitando hacer lo
que no quiera que se sepa.
g) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan de la búsqueda de la lealtad una obligación permanente que los caracterice.
Art. 11.- VALOR DE LA PRUDENCIA.- La ética inmobiliaria exige que los agentes y corredores
inmobiliarios, sin desconocer la conveniencia y necesidad de tomar riesgos en los negocios,
obren con prudencia, de manera especial en los siguientes aspectos:
a) En su trabajo y en sus relaciones con los demás, esto es en el manejo cuidadoso de las
relaciones humanas;
b) Enjuiciando la información recibida, cuidando de validar su veracidad, anticipándose a
analizar sus consecuencias antes de tomar una decisión;
c) Respetando el derecho de los demás para actuar de acuerdo a sus particulares maneras
de ser y obrar;
d) Cuidando que el trabajo encomendado a terceros no los exponga a peligros previsibles;
e) Cuidando que al comunicar a otros situaciones penosas, no se afecte a su integridad o se
provoquen traumas, demostrando en todo momento nuestro interés por el bienestar del
otro.
f) Promoviendo con los comisionistas de ventas que se capacite a los vendedores para evitar
accidentes en el desarrollo de su trabajo cuando estén en las obras, creando normas de
higiene y seguridad.
g) Cuidando la optimización en la utilización de los recursos empleados en la realización de
inmuebles, evitando el dispendio.
h) Cuidando que los comisionistas de ventas transmitan a su cliente adecuadamente las
disposiciones técnicas de los proyectos ejecutivos de los inmuebles que realicen o que les
hayan sido encomendados para su venta.
i) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan de la la prudencia una virtud que los caracterice.
Art. 12.- VALOR DE LA RESPONSABILIDAD.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios obren asumiendo las consecuencias de sus actos razonados, de manera
especial en los siguientes aspectos:
a) Asumiendo las consecuencias de las decisiones que tome o acepte, buscando el beneficio
de los involucrados en las mismas.
b) Generando el compromiso que exige la propia responsabilidad, para llevar a cabo
cabalmente las obligaciones contraídas, sin que medien excusas para justificar su
incumplimiento.
c) Cumplir en forma detallada con lo indicado en los contratos que celebre. Cumpliendo con
lo ofrecido en cuanto calidad, cantidad y tiempo, aunque en situaciones adversas tenga que
responder por encima de sus propios intereses.
d) Cumpliendo íntegramente con la confianza que le ha sido depositada.
e) En situaciones en las que detecte que los convenios celebrados no responden a los
intereses del cliente, advertirá al mismo, indicando las consecuencias que su no corrección
acarrearán, así como los ajustes que haya que realizar para su rectificación.
f) Respondiendo ante las autoridades por su desempeño profesional.
g) Evitando deteriorar el medio ambiente, y el contexto en el que se ubique su inmueble, ya
sea natural o histórico.
h) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan de la búsqueda de la responsabilidad una obligación permanente que los
caracterice.
Art. 13.- VALOR DE LA VERACIDAD.- La ética inmobiliaria exige que los profesionales
inmobiliarios cultiven la cualidad de decir la verdad y se guíen por el deseo de veracidad en
todos sus negocios, de manera especial en los siguientes aspectos:
a) Haciendo de su permanente búsqueda de la verdad una manera de ser, que le permita
ser
confiable.
b) Indagando siempre hasta encontrar el origen de la verdad de las cosas que le permita
actuar con veracidad.
c) Hablando y actuando con la verdad aún sobre sus propios intereses, haciendo de la
verdad una cuestión de honor.
d) Actuando en contra de toda acción que indique corrupción, opacidad o parcialidad.
e) Influyendo para que sus colegas, empleados, comisionistas y todos los que se relacionen
con él, hagan de la búsqueda de la verdad un compromiso permanente que los caracterice.
CAPÍTULO CUARTO
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL EJERCICIO PROFESIONAL
Art. 14.- Principio de Honestidad y transparencia.- El corredor de Bienes raíces deberá, en
sus negocios, comportarse y expresarse con sinceridad y coherencia, respetando los valores
de la justicia y la verdad. Actuará en ellos correspondiendo a la confianza de sus clientes y
de los demás corredores.
Art. 15.- Principio de buena fe.- Es el criterio ético de interpretación proba de los contratos
que todo corredor realizará en las transacciones inmobiliarias, en la cual actuará con lealtad,
honradez y rectitud en cuanto al móvil en su celebración y ejecución. Consecuente con este
principio los contratos deben ejecutarse de buena fe, y por consiguiente obligan no sólo a
lo que en ellos se expresa, sino a todas las cosas que emanan precisamente de la naturaleza
de la obligación, o que, por ley o la costumbre, pertenecen a ella
Art. 16.- Principio de legalidad.- El corredor, en sus negocios, observará las normas
constitucionales,
la ley, los reglamentos y el presente Código de Ética, confrontando
hechos y documentos de manera que su accionar contribuya a la paz social y a la seguridad
de los negocios a él encomendados.
Art. 17.- Principio de formalidad.- Es obligación de todo corredor inmobiliario suscribir y
documentar, contratando previamente, sus encargos de corretaje. Procurará que las
ofertas, contraofertas y otras incidencias del negocio consten en documentos físicos o
digitales.
Art. 18.- Principio de lealtad.- Todo profesional inmobiliario observará respeto y fidelidad a
sus clientes, a los demás profesionales del sector, así como a las asociaciones, gremios de
corredores u otras estructuras de negocios de corretaje inmobiliario, a los que pertenezca,
honrando los compromisos adquiridos en el ejercicio de su profesión.
Art. 19.- Principio de publicidad.- El corredor de bienes raíces se promocionará y
promocionará sus ofertas y los bienes que demanda, mediante cualquier medio lícitos,
cuidando de no realizar publicidad engañosa y precautelando el prestigio y la dignidad de la
profesión.
En ningún caso anunciará tarifas que estimulen competencia entre corredores, o
reducciones y ventajas que no correspondan a los honorarios del corredor .
En los anuncios cuidará su buena imagen, así como la de otros corredores y de la profesión
del corredor.
En un mismo inmueble no debe haber más anuncios que los de un corredor o empresa de
corretaje.
Art. 20.- Principio de cooperación.- El corredor de bienes raíces cuidará en todas sus
gestiones profesionales de distanciarse de manera personal o grupal de sus colegas, a través
de prácticas que estimulen la competencia. Su trabajo deberá estar orientado a la
cooperación mediante asociaciones de corredores, de bolsas inmobiliarias, listados de
bienes multiplices o cualesquier otra forma que implique mejoramiento profesional o
compartir negocios y honorarios. Por este mismo principio observará respeto a las
asociaciones de profesionales inmobiliarios en cualesquiera de sus formas, y a la
Confederación Inmobiliaria Latinoamericana de Corredores de Bienes Raíces CILA, dentro
de las cuales actuará bajo el precepto de asistencia mutua y colaboración.
El profesional inmobiliario tendrá cuidado de no fomentar o estimular en su localidad la
injerencia de multinacionales o franquicias que ejerzan prácticas de corretaje inmobiliario
en detrimento de la actividad de los profesionales del sector.
Art. 21.- Principio de educación continua.- Es obligación de todo corredor la mejora y
actualización constante de su formación profesional.
Art. 22.- Principio de información continua.- Es obligación profesional del corredor estar
bien informado de las condiciones de los mercados, a fin de prestar mejor servicio a sus
clientes.
Art. 23.- Principio de lealtad.- Todo corredor debe ser leal a sí mismo, a sus clientes y a los
demás corredores, actuando con probidad en sus negocios. Cuando actúe representando a
sus clientes, debe hacerlo como lo haría su representado, con fidelidad a su manda, y
ponderando el cuidado de sus intereses. Se abstendrá de utilizar medios dolosos o
fraudulentos.
Art. 24.- Principio de remuneración justa.- El corredor pactará libremente sus honorarios,
negociando conforme a los parámetros que le franquea la Ley y las correspondientes
regulaciones. No establecerá su ganancia en base a un sobreprecio del valor de venta
señalado por el cliente.
Al fijar el monto de sus honorarios lo hará considerando la justa compensación a su trabajo,
teniendo en cuenta las tablas de honorarios previstas o la costumbre en la plaza donde está
situado el bien.
Art. 25.- Principio de beneficencia.- Es la obligación moral de actuar en beneficio de otros,
promoviendo sus legítimos intereses y evitando perjuicios. Este principio requiere que se
maximicen los beneficios, se minimicen los daños y se equilibren los beneficios contra los
riesgos.
Art. 26.- Principio de la no maleficencia.- Es la obligación de no hacer daño intencionalmente
a los demás.
Art. 27.- Principio de justicia.- Es darle a cada quien lo que le corresponda, con la finalidad
de disminuir las situaciones de desigualdad ideológica, social, cultural, económica o de otra
naturaleza.
Art. 28.- Secreto profesional.- Los profesionales inmobiliarios, incluídas las personas
jurídicas o empresas dedicadas al corretaje inmobiliario, tienen el deber y la obligación
moral de guardar el secreto profesional, esto es, la obligación de no manifestar a terceros lo
que se conoce por vía confidencial con ocasión de un contrato expreso o tácito entre el
profesional y su cliente.
El secreto profesional es la regla general que se priorizará, a la que solo por casos muy
excepcionales cederá en aras del interés legítimo de la sociedad en el descubrimiento de la
verdad.
Este deber incluye la obligación de adoptar medidas adecuadas para evitar la divulgación del
secreto profesional.
El corredor profesional no podrá hacer uso de lo que conoce por vía de confidencia en
perjuicio del cliente.
Art. 29.- Cláusula de conciencia.- Es el pacto, expreso o tácito, entre el profesional y su
cliente, de que los fines de cada uno de los contratantes, están en armonía con las normas
previstas en el presente código y con lo principios de la ética ambiental, entendida esta
como el respeto a los deberes y responsabilidades del ser humano con la naturaleza, los
seres vivos y las generaciones futuras.
En caso de conflicto entre los interese del cliente y el presente código, o con los postulados
de la ética ambiental, el profesional inmobiliario está en la obligación de no aceptar
encargos profesionales; o, de abandonarlos, en caso de cambio de la línea de orientación
del cliente.
Esta obligación se entiende implícita en todos los contratos realizados por los profesionales
del corretaje inmobiliario.
CAPÍTULO QUINTO
DIGNIDAD PROFESIONAL
Art. 30.- Integridad profesional.- El corredor de bienes raíces debe ejercer su profesión con
decoro, dignidad e integridad, con observancia de los principios previstos en el presente
código. Rechazará dádivas de terceros o cualquier forma que implique un beneficio en favor
del corredor, a cambio de realizar u omitir un acto inherente a su actividad profesional.
Salvo pacto en contrario, las rebajas, descuentos, bonificaciones u otros beneficios que
obtenga un corredor cuando actúa por cuenta de un cliente, como al efectuar un pago,
estos corresponden al cliente.
Art. 31- El corredor cuidará que su nombre o licencia profesional, no sea usado por otras
personas, asociaciones, empresas, franquicias o estructuras comerciales similares, para
amparar actividades propias de la actividad del corredor inmobiliario.
Art. 32.- Corresponde al profesional inmobiliario respetar y hacer respetar la dignidad de su
profesión. No practicará ni permitirá la práctica de actos que comprometan la dignidad de la
profesión.
Art. 33.- El corredor debe abstenerse de prestar servicios profesionales a personas o
entidades cuyas prácticas de corretaje inmobiliario, estén en contra de la moral o de lo
prescrito en el presente código.
Art. 34.- Está prohibido a los profesionales inmobiliarios servirse, en cualquier forma, de las
personas que ejercen ilegalmente actividades propias de los agentes y corredores de bienes
raíces.
CAPÍTULO SEXTO
RESPONSABILIDADES Y LIBERTADES
Parágrafo 1°
​ RESPONSABILIDADES ENTRE CORREDORES Y ASOCIACIONES DE CORRETAJE
Art. 35.- El corredor debe defender su derecho a la digna retribución de su trabajo y el de
sus colegas. En su ejercicio propiciará el respeto a las tablas de honorarios fijadas por la Ley,
por los organismos estatales pertinentes o por las respectivas asociaciones de corredores,
según el caso.
Art. 36.- Es obligación de los profesionales inmobiliarios contribuir con su participación para
el mejor desempeño y logro de los fines de las bolsas inmobiliarias, lonjas, o listados de
bienes múltiples, o cualquier forma prevista por los asociados locales o nacionale para
compartir encargos y honorario, a las que se halle suscrito. En estos casos el accionar del
corredor inmobiliario tenderá al bien común y a la justicia social de los participantes.
La obligatoriedad de la colegiación o afiliación de los agentes y corredores de bienes raíces a
cualquier forma de asociación profesional, es deseable cuando tiene por finalidad la unidad
colectiva, vinculados con la ética y responsabilidad profesional, y cuando no implica negar el
derecho al trabajo del corredor profesional, o a derecho de libre asociación, ni restringir ese
derecho.
Del mismo modo es ético en los casos en que los Estados han delegado en los colegios o
asociaciones profesionales la expedición de licencias profesionales, o donde esté implícita la
obligatoriedad de asociarse para el ejercicio de la profesión de corredor de bienes raíces,
cuando tiene por objeto el interés público de asegurar una correcta preparación profesional
y un estricto apego a las normas éticas.
Art. 37.- Cuando el corredor comparta trabajos y honorarios por cualquier sistema como
bolsas inmobiliarias o servicios de listados múltiples, deberá de registrar de manera verás
las propiedades que anuncie, y retirarlas de la misma una vez que dejen de estar a la venta.
Art. 38.- En su trabajo el corredor observará la regla de no hacer discriminación por motivos
raciales, o de cualquier otra índole que implique no dar igual tratamiento, sea a otros
corredores o a clientes.
Art. 39.- De surgir controversias entre corredores, estas serán resueltas de mutuo acuerdo.
De no arribar a una solución serán sometidas a un tribunal arbitral o un árbitro, y sólo en
última instancia acudirán a los jueces de derecho.
Art. 40.- Es obligación de todo profesional inmobiliario contribuir a la existencia, prestigio y
fines de las entidades de clase o asociaciones de profesionales inmobiliarios que tengan por
fin compartir encargos y honorarios.
Art. 41.- Es deber del profesional inmobiliario auxiliar la fiscalización del ejercicio
profesional, observando el cumplimiento de los postulados del presente código. Denunciará
con discreción y fundamentadamente, ante los órganos competentes, las infracciones de
que tenga noticias sobre hechos que afecten el prestigio de la profesión o que vaya en
detrimento del ejercicio profesional.
Art. 42.- Está prohibido a los profesionales del corretaje inmobiliario:
a.- Promover la intermediación con cobro de sobreprecio;
b.- Desviar, por cualquier modo, cliente de otro profesional inmobiliario;
c.- Practicar cualquier acto que resulte en competencia desleal a los colegas;
d.- Aceptar intervenir en transacción que esté entregada a otro profesional inmobiliario, sin
darle previo conocimiento;
e.- Aceptar colaborar con un profesional inmobiliario o sustituirlo, en una transacción, sin
contar con dicho profesional;
Parágrafo 2°
RESPONSABILIDADES CON CLIENTES Y SOCIOS COMERCIALES
Art. 43.- Corresponde al corredor de bienes raíces o agente inmobiliario la representación
de los intereses de sus clientes con diligencia profesional, actuando con celo, cuidado y
prudencia. El deber de diligencia, que corresponde a todos los profesionales inmobiliarios,
no es incompatible con la desidia, despreocupación, inacción y displicencia.
Art. 44.- El corredor de bienes raíces o agente inmobiliario no puede abandonar sin
justificación los deberes inherentes a la representación de sus clientes, sobre todo cuando
tal conducta les cause daño. En este caso deberá notificar a su cliente su voluntad de
separarse de la representación y tomar las medidas razonables para evitarle perjuicios.
Art. 45.- El profesional inmobiliario se abstendrá de representar intereses encontrados, aún
cuando estos intereses provengan del mismo profesional.
Art. 46.- El profesional, agente o corredor de bienes raíces, tiene para con su cliente el deber
de lealtad completa. Este deber incluye la obligación de participar al cliente de las
circunstancias y de sus relaciones con las partes de un negocio inmobiliario, con terceras
personas, y con cualquier interés en la negociación que pudiera influir en el negocio al
momento de realizar una transacción inmobiliaria.
Art. 47.- Su actividad estará orientada a la consecución de los negocios encomendados,
precautelando el bien común y los intereses de sus clientes y demás contratantes,
previniendo y protegiendo de fraudes, abusos y prácticas ilegales o inmorales. Cuidará de no
afectar los derechos de otros corredores inmobiliarios o de terceros.
Desarrollarán su actividad con la mayor diligencia, buena fe y sentido de la responsabilidad,
protegiendo y promoviendo los intereses de sus clientes.
Art. 48.- La cuantía de la retribución que obtengan los profesionales inmobiliarios por la
realización de sus funciones, no deberá incidir en ningún caso en la calidad de sus servicios.
Art. 49.- El agente o corredor de bienes raíces que esté interesado en adquirir la propiedad
de su cliente o venderle un inmueble, se lo hará saber en el momento en que surja este
interés, delimitando las responsabilidades que pueden resultar como la de realizar un
avalúo por un avaluador independiente, procurando en todo caso que el avalúo que se
realice refleje el precio real del bien inmueble en el mercado y que el cliente reciba o pague
el precio justo por la propiedad.
Art. 50.- El corredor de bienes raíces o agente inmobiliario está obligado a comunicar
inmediatamente al cliente sobre la recepción de valores o documentos a él destinados; a
prestar cuentas detalladas tan pronto como haya concluído el negocio o cuando el cliente lo
solicite; a restituir al cliente los documentos que ya no necesite; a dar recibo de las
cantidades que el cliente le pague o entregue a cualquier títulos; y, a recibir, sólo de una
sola parte, comisiones o compensaciones por el mismo servicio prestado, salvo que, para
proceder de modo diverso, tenga el consentimiento de los interesados, o sea habitual en la
plaza donde se celebra el negocio.
Art. 51.- Está prohibido a los profesionales del corretaje inmobiliario:
a.- Aceptar trabajos para los cuales no está preparado o no se ajusta a las disposiciones
existentes, o que puede prestarse al fraude;
b.- Recibir comisiones que no se ajusten a los honorarios pactados o ventajas que no
corresponden a servicios efectiva y lícitamente prestados;
c.- Abandonar los negocios confiados a sus cuidados, sin motivo justo y previa notificación al
cliente;
d.- Solicitar o recibir del cliente cualquier favor a cambio de concesiones ilícitas;
e.- Retener negocios, cuando no tenga probabilidad o interés de realizarlos;
f.- Recibir señal o arras en los negocios que le sean confiados si no está expresamente
autorizado para ello.
Parágrafo 3°
RESPONSABILIDADES CON EL ESTADO
Art. 52.- El Profesional Inmobiliario no debe contribuir a asentar datos falsos en escrituras u
otros instrumentos públicos, ni a falsear declaraciones ante cualquier autoridad.
Art. 53.- Está prohibido a los profesionales del corretaje inmobiliario:
a.- Mantener sociedad profesional fuera de las normas y preceptos establecidos en ley y en
Resoluciones;
b.- Dejar de atender a las notificaciones para aclaración a la fiscalización o citas para
instrucción de procesos;
c.- Promover transacciones inmobiliarias contra disposición expresa de la ley;
d.- Dejar de cumplir, en el plazo establecido, determinación emanada de la Ley y del órgano
o autoridad competente
e.- Utilizar su posición para obtener ventajas personales cuando se encuentre en el ejercicio
de algún cargo o función pública.
Parágrafo 4°
RESPONSABILIDAD CON EL MERCADO
Art. 54.- El corredor cuidará de que la ponderación de las bondades de lo que oferte, no
exceda los límites de la buena negociación, incurriendo en engaño a los interesados.
Deberá exponer la información pertinente con la que cuente.
Art. 55.- El corredor inmobiliario deberá hacer uso adecuado de la publicidad como medio
para captar y conservar sus clientes, suministrando información clara, verificable, oportuna
y veraz.
Art. 56.- El corredor procurará, para el avalúo de inmuebles, en todo tiempo fundar sus
estimaciones en la objetividad e imparcialidad, sobre todo cuando actúe como auxiliar de la
justicia, en cuyo caso deberá ceñirse a los métodos técnicos de avalúos de inmuebles.
Comunicará toda duda razonable a quien ordene o encargue el peritaje.
Parágrafo 5°
RESPONSABILIDADES COMO CIUDADANOS
Art. 57.- El profesional inmobiliario está obligado a denunciar ante los Tribunales de Honor
de las asociaciones o gremios respectivos, o si fuere del caso, ante las autoridades
pertinentes, los actos dolosos perpetrados por colegas que afecten o puedan afectar a las
asociaciones y estructuras laborales de los corredores, o a los intereses de compradores o
de vendedores de inmuebles, o que encubran el delito de lavado de activos, o que afecten al
Estado o a la comunidad, y en general todos los que constituyan contravención al presente
código de ética o comprometan la dignidad profesional.
Art. 58.- Es obligación de todo corredor de bienes raíces actuar con responsabilidad social y
medioambiental.
Se abstendrá de participar en negociaciones que impliquen quebrantamiento de los
mandatos que tengan que ver con el lavado de activos y las que se hagan a expensas del
daño ambiental y de los recursos naturales.
Parágrafo 6°
RESPONSABILIDADES DE LAS PERSONAS JURÍDICAS
Art. 59.- Las empresas y personas jurídicas previstas en el Art. 1 del presente código,
además de lo previsto en el presente código en lo que le fuere aplicable, deberán observar
los siguientes lineamientos:
a.- Promover la mejora continua de todo su personal en capacitación profesional y en
valores éticos.
b.- Asumir esquemas de trabajo que contribuyen al bien común.
c.- Sensibilizar a su personal con el recto actuar y los valores y principios éticos previstos en
el presente código.
d.- Cumplir con la normatividad legal y con los preceptos del presente código.
e. Promover y respetar la dignidad profesional de los profesionales inmobiliarios.
f.- Velar por que sus transacciones sean respetuosas con la naturaleza y el medio ambiente.
g.- Pagar salarios dignos a los profesionales del corretaje inmobiliario.
CAPÍTULO SÉPTIMO
RÉGIMEN DISCIPLINARIO
Parágrafo 1°
ÓRGANOS CON JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA ÉTICA
Art. 60.- Créase el CONSEJO DE ÉTICA como organismo autorregulador, desarrollador y
vigilante de la cultura etica inmobiliaria latinoamericana, con jurisdicción en los países
integrantes de CILA, encargado de conocer y juzgar los casos de violaciones evidentes y
manifiestas a las normas del presente Código, aplicando sanciones morales temperadas
conforme al grado de responsabilidad de los denunciados. Sus resoluciones podrán ser
apeladas ante el Tribunal de Ética de CILA.
El Consejo de Ética es el encargado de desarrollar la legislación ética de CILA y de emitir
dictámenes generales que actuarán como pautas en los casos de dudas en la interpretación
de las normas de este Código.
Será además el organizador de la jurisprudencia ética en la región latinoamericana y el
encargado de llevar el Sistema de Registro de Información Disciplinaria.
Su conformación y accionar estará regulado mediante el Reglamento que expedirá CILA
para el efecto.
Art. 61.- Corresponde al Consejo de Ética velar por que las federaciones y asociaciones de
base de CILA cumplan y hagan cumplir los preceptos constantes en éste código.
Art. 62.- Los órganos disciplinarios cuya actividad establece y regula este Código,
garantizarán el debido proceso, así como los principios de legalidad, publicidad, igualdad,
imparcialidad, contradicción, economía procesal, eficacia, celeridad, proporcionalidad,
adecuación, concentración e inmediación, idoneidad, excelencia e integridad.
Art. 64.- Los órganos que en el ejercicio de la jurisdicción disciplinaria por infracción a los
principios y deberes señalados en el presente código de ética tienen competencia exclusiva
sobre sus asociados, son los Tribunales de Honor o Tribunales de Ética, o cualquiera sea su
denominación, de las respectivas asociaciones o gremios, en primera instancia; los órganos
previstos en esas asociaciones o gremios para conocer los recursos de apelación; de no
preverse en dichos estatutos el órgano que conocerá las apelaciones, será la asamblea
general o el mayor órgano de decisión de la asociación o gremio.
El Consejo de Ética previsto en éste código será el encargado de resolver en primera
instancia las controversias éticas de competencia de CILA; y el Tribunal de Ética previsto en
los Estatutos de CILA, será el que conocerá los recursos de apelación a las decisiones del
Consejo antes señalado.
Art. 65.- Los órganos con jurisdicción y competencia disciplinaria ética previstos en el
presente código, podrán conocer y resolver controversias en las cuales los denunciados o
infractores pertenezcan a otras asociaciones o gremios, cuando las controversias provengan
de transacciones inmobiliarias realizadas entre profesionales inmobiliarios de distintas
plazas o de distintos países. En tales casos la competencia se radicará en la jurisdicción que
los profesionales hayan acordado. De no existir acuerdo alguno, el órgano competente será
el que se encuentre en la plaza o país en que esté ubicado el inmueble objeto de la
transacción. De tratarse de inmuebles ubicados en distintas plazas o países, cualquiera de
los órganos con jurisdicción y competencia ética podrá conocer la controversia; o, de estos,
el que primero prevenga en el conocimiento del asunto será el competente para conocer y
resolver la controversia.
Las sanciones que deben imponerse, serán las previstas en el presente código. Las
resoluciones serán acatadas por las asociaciones o gremios y más instituciones de base de
CILA, a las que pertenezcan los infractores, so pena de incurrir estas en falta grave.
Art. 66.- Corresponde al CONSEJO DE ÉTICA, como órgano de primera instancia de CILA para
los asuntos previstos en el Art. 60 del presente código, la aplicación de los principios
orientadores y deberes en materia de ética contenidos en el presente Código. En este orden
el Consejo ejercerá las funciones de control durante la fase de investigación; decretará las
medidas procedentes; celebrará el juicio; resolverá las incidencias que puedan presentarse;
dictará la decisión del caso; impondrá las sanciones correspondientes y velará por la
ejecución y cumplimiento de las mismas.
El Consejo de Ética tendrá las atribuciones sancionatorias que establece el Art. 12 de los
Estatutos de CILA, con respecto a sus socios, para lo cual se ceñirá a las normas de
procedimiento previstas en éste código.
Integración y permanencia de el Consejo de Ética
Art.67.- El Consejo de Ética estará integrado por tres jueces o juezas principales y sus
respectivos suplentes; la permanencia en el cargo será por un periodo de tres años con
posibilidad de reelección. Dicho Consejo estará presidido o presidida por uno de los jueces o
juezas principales.
Art. 68.- Corresponde a al Tribunal de Ética de CILA, como órgano de alzada, conocer de las
apelaciones interpuestas contra decisiones del Consejo de Ética, y garantizar la correcta
interpretación y aplicación del presente Código.
Parágrafo 2°
INTEGRACIÓN Y PERMANENCIA DE LOS JUECES DE ÉTICA
Art. 69.- Para ser juez o jueza del Consejo de Ética se requiere:
1. Ser corredor profesional de bienes raíces afiliado a una organización de base de CILA;
2. Ser abogado o abogada de reconocida honorabilidad, probidad y honestidad.
3. Haber sido propuesto para el cargo por una asociación o gremio de base de CILA.
Art. 70.- El Consejo Directivo de CILA, conforme al Art. 12 de los Estatutos de la
Confederación, deberán dictar el reglamento orgánico, funcional e interno del Consejo de
Ética.
Los tribunales de honor o de ética de los organismos de base de CILA, así como sus
correspondientes órganos de apelación o de alzada, deberá atender los lineamientos
organizativos y de funcionamiento previstos en el presente código y los que se dicten
conforme a las disposiciones del presente artículo.
Art. 71.- Los integrantes de los órganos con competencia disciplinaria podrán ser removidos
de sus cargos, siendo causa grave para ello las faltas que acarrean suspensión y expulsión
previstas en este Código.
Art. 72. Las normas contempladas en el presente capítulo serán aplicables en cuanto no
contradigan lo dispuesto en la Constitución y Leyes vigentes en los respectivos países donde
tengan que aplicarse.
Los jueces y juezas integrantes de los órganos con jurisdicción y competencia ética previstos
en el presente código, que infrinjan estas disposiciones, omitan o retarden la ejecución de
un acto propio de sus funciones o lo cumplan negligentemente o que por cualquier otro
motivo o circunstancia comprometan la observancia de principios y deberes éticos, deberán
ser sancionados o sancionadas según la las normas que se prevén en el presente capítulo.
Los órganos de la jurisdicción disciplinaria ética, llámense estos tribunales de honor,
tribunales de ética o cualquier otra denominación que le den sus respectivos estatutos, así
como los jueces o tribunales de alzada previstos en los mismos para conocer y resolver los
casos venidos en apelación, incluído el Consejo de Ética y el Tribunal de Ética de CILA,
podrán aplicar cualquiera de las sanciones previstas en éste capítulo, utilizando para tal fin
el procedimiento y las garantías establecidas en este Código.
Art. 73. Los órganos con competencia disciplinaria garantizarán el debido proceso, así como
los principios de legalidad, publicidad, igualdad, imparcialidad, contradicción, economía
procesal, eficacia, celeridad, proporcionalidad, adecuación, concentración, inmediación,
idoneidad, excelencia e integridad.
Art. 74.- El juez y la jueza de los órganos disciplinarios previstos en el presente Código, así
como los tribunales que integran, en ejercicio de sus funciones son independientes y
autónomos, por lo que su actuación sólo debe estar sujeta a la Constitución de la República
donde ejercen jurisdicción ética, así como al ordenamiento jurídico respectivo y a las
normas previstas en éste código.
Parágrafo 3°
ARGUMENTACIÓN E INTERPRETACIÓN DE LA NORMATIVA ÉTICA
Art. 75.- Las argumentaciones e interpretaciones éticas deberán corresponderse con los
valores, principios y más normas previstas en el presente código. El juez o la jueza, o los
tribunales no debe invocar en su favor la objeción de conciencia para no aplicar las normas
previstas en éste código.
Art. 76.- El juez o la jueza de los órganos con jurisdicción y competencia ética, deben
garantizar que los actos procesales se realicen conforme al debido proceso, Igualdad ante la
ley y en respeto de los derechos, garantías constitucionales y legales de su respectivos
países.
La justicia Ética deberá impartirse de manera oportuna y expedita, sin dilaciones indebidas,
conforme a los procedimientos aquí establecidos, procurando que el procedimiento
prevalezca libre de formalidades inútiles y no esenciales. En consecuencia, el juez o la jueza
de ética, o los tribunales de honor o de ética, no podrán abstenerse de decidir, ni retardar
injustificadamente sus decisiones, alegando pretextos de silencio, contradicción o
deficiencia de las normas previstas en este código, so pena de Incurrir en falta disciplinaria
y causal de recusación.
Art. 77. El juez o la jueza deben asegurar el acceso a la justicia ética a toda persona, con la
finalidad de hacer valer sus derechos e intereses, con relación al presente código; deberán
tomar las las precauciones necesarias que garanticen la justa aplicación de sus decisiones,
tutelando los derechos y garantías de los justiciables en los procedimientos disciplinarios
éticos, prodigando con prontitud las decisiones correspondientes, sin dilaciones y
formalismos innecesarios.
Art. 78.- Los órganos con competencia disciplinaria contarán con un sistema de registro
digitalizado de información disciplinaria, que contenga resumen curricular, el número de
expediente y las sentencias debidamente motivadas con las sanciones que se hayan
impuesto. Esta información deberá ser remitida semestralmente al Consejo de Ética, vía
correo electrónico, para los fines previstos en éste código.
Art. 79.- En protección de los derechos constitucionales de las partes a la intimidad, vida
privada, confidencialidad, propia imagen, honor y reputación, el juez o la jueza de ética
debe guardar la debida confidencialidad en los procesos y casos que sean objeto de su
conocimiento, así como sobre los hechos de que se percaten en límites de su oficio; no
podrán comunicarlo a personas distintas de las partes y a los funcionarios y funcionarias de
los tribunales de honor o de ética. En ningún caso, obtendrán provecho alguno de la
información proveniente de las causas que conocen.
Expresión de opiniones
Art. 80.- El juez o la jueza se abstendrá de expresar opiniones que comprometan su
imparcialidad en los procesos disciplinarios éticos. No deben emitir juicios de valor que
critiquen o censuren las decisiones de otros jueces, salvo que se trate del ejercicio de votos
salvados, concurrentes o corrección de las decisiones.
Actuación digna
Art. 81.- El juez o la jueza de ética debe actuar con dignidad, ser respetuoso o respetuosa,
cortés y tolerante con las partes, los abogados y las abogada de estos, si los hubiere.
Asimismo deben exigir, de manera adecuada, el debido comportamiento de los justiciables
de los procedimientos sancionatorios.
Gestión administrativa
Art. 82.- Los órganos de la función disciplinaria ética deben realizar sus funciones con
eficiencia, teniendo en cuenta para ello las garantías previstas en el presente código;
deberán vigilar, conservar y salvaguardar los documentos confiados a su guarda, uso o
administración.
Art. 83.- La conducta de los miembros de los órganos con jurisdicción y competencia ética,
deben fortalecer la confianza de la comunidad agremiada a CILA por su idoneidad y
excelencia, integridad e imparcialidad para el ejercicio de la función jurisdiccional en
materia de ética; y evitarán realizar actos que los hagan desmerecer la estimación de la
comunidad de profesionales inmobiliarios o que puedan comprometer el respeto y el
decoro que exige el ejercicio de su función.
Parágrafo 4°
DE LAS SANCIONES
Art. 84.- Los profesionales inmobiliarios y las empresas y compañías previstas en el Art. 1 del
presente código podrán ser sancionados o sancionadas por faltas cometidas en el ejercicio
de sus actividades profesionales, según la gravedad con:
1. Amonestación escrita
2. Suspensión de uno a seis meses en el ejercicio de de los derechos dentro de las
respectivas asociaciones profesionales o gremiales.
3. Expulsión de la asociación, gremio, bolsa inmobiliaria o sistema de listado múltiple o de
cualesquier otra forma de trabajo compartido, hasta por un máximo de cinco a años, dentro
de los que no podrá ser admitido, en atención a la gravedad de la falta cometida.
Amonestación escrita.
Art. 85.- La sanción de amonestación escrita se impondrá al profesional inmobiliario,
empresa o compañía, sin más trámite que la elaboración de una información sumaria que
contenga los hechos denunciados y el descargo del presunto infractor o presunta infractora.
El órgano con jurisdicción disciplinaria ética decidirá en un lapso no mayor a cinco días. Si lo
estima necesario oirá a las partes en una audiencia de juicio. En todo caso, los lapsos para la
sustanciación se reducirán a la mitad de los contemplados en este Código para el
procedimiento de suspensión temporal o expulsión.
El procedimiento podrá iniciarse de oficio o mediante denuncia por cualquier persona
afectada o interesada.
Contra la decisión que imponga amonestación escrita la parte afectada podrá apelar en el
término de cinco días ante el ´órgano disciplinario que éste haya designado para conocer de
las apelaciones; de no haberse designado alguno, conocerá el máximo organismo de
decisión del gremio o asociación. Este órgano decidirá en el término de cinco días hábiles
contados a partir de su primera reunión o convocatoria después de recepción de la
apelación, sin menoscabo de los recursos jurisdiccionales ante la justicia administrativa
común que pudiera ejercer.
Suspensión temporal o destitución.
Art. 86.- Las sanciones de suspensión y la consecuente inhabilitación serán impuestas por
los órganos con competencia disciplinaria conforme al procedimiento establecido en el
presente Código.
El tiempo de la inhabilitación temporal se impondrá atendiendo a la existencia de
intencionalidad o reiteración como a la naturaleza de los perjuicios causados.
Causales de amonestación escrita.
Art. 87.- Son causales de amonestación escrita las siguientes:
1. Las que se refieran a ofensas a clientes, colegas, empresas o compañías, o a las
asociaciones y gremios previstos en el Art. 1 del presente código, o a sus auxiliares,
empleados o empleadas, bajo su supervisión.
2. Las que estén relacionadas con sus deberes profesionales, u omisiones, sin causa previa
justificada, salvo caso fortuito o de fuerza mayor, cuando no supongan daño económico
directo a clientes.
3. Las que se relacionan con la omisión al no advertir las irregularidades o no denunciar,
solicitando la aplicación de las medidas disciplinarias a que hubiere lugar.
4. Incurrir en retrasos o descuidos en el trabajo profesional encaminado a obtener la
concreción de los negocios encomendados.
5. Permitir en el ejercicio de sus funciones, retardo injustificado, atención displicente por
parte de los auxiliares o empleados del profesional inmobiliario.
6. Omitir injustificadamente, los deberes y obligaciones que le corresponden como miembro
de una asociación profesional o de una estructura prevista para compartir trabajo y
honorarios, como las bolsas inmobiliarias y los MLS.
7. Las que afecten o puedan afectar la reputación de la profesión o de las asociaciones o
estructuras de las que trata en el numeral precedente.
Causales de suspensión
Art. 88.- Son causales de suspensión del Profesional Inmobiliario o de la empresa o
compañía inmobiliaria:
1. Las transgresiones a las normas del presente código que resulten en perjuicio económico
para clientes o colegas, por Inobservar sin causa justificada las normas, valores y principios
previstos en el mismo.
2. Las que afecten el prestigio de la profesión de los agentes y corredores de bienes raíces,
así como de los profesionales inmobiliarios y las estructuras establecidas para compartir
encargos y honorarios, tales comos las bolsas inmobiliarias y las MLS.
3. Las transgresiones a las normas del presente código relacionadas con los mercados, que
resulte en afectación de la libre competencia, y de actos u omisiones que afecten al
mercado o al trabajo de otros profesionales inmobiliarios.
4. Las infracciones a las normas del presente código que causen perjuicio a los clientes o
que de algún modo deriven en provecho propio o de terceros afines al infractor.
5. Incurrir en contravención a las normas que rigen la correcta representación de los
intervinientes en una transacción inmobiliaria.
6. Incurrir en una nueva falta disciplinaria después de haber recibido dos amonestaciones
escritas en el lapso de un año, contado a partir de la fecha de la primera amonestación.
7. No prevenir las faltas a la lealtad, probidad, ética profesional, colusión, o fraude que
intenten las partes o demás intervinientes en el negocio inmobiliario, cuando estos hechos
han causado perjuicios a las partes.
8. Perjuicio material causado por negligencia manifiesta a los bienes confiados a su cuidado,
siempre que la gravedad del perjuicio no amerite su expulsión.
9. Incurrir en las faltas relacionadas con las las obligaciones y deberes con respecto a las
asociaciones, gremios o sistemas diseñados para compartir encargos y honorarios, cuando
estos hechos han causado perjuicios a uno o más intervinientes de un negocio inmobiliario.
Causales de destitución
Art. 89.- Son causales de expulsión:
1. Las infracciones por acción u omisión previstas en el presente código, que resulten en
grave daño a la imagen de la profesión del agente o corredor de bienes raíces, o a otro
corredor profesional, o a las asociaciones, gremios y las estructuras asociativas destinadas a
compartir encargos y honorarios.
2. Los acciones u omisiones previstas en este código, relacionadas con dádivas u otros
beneficios que no sean honorarios pactados, cuando resulten en daño económico grave
para algún interviniente en una transacción inmobiliaria, aún cuando estas procedan de
constreñir a cualquier persona para que le proporcione un beneficio, por sí o por
interpuesta persona.
3. Realizar por interposición de cualquier persona no calificada, actos propios del ejercicio
de la profesión del agente o corredor de bienes raíces.
4. Realizar actuaciones que supongan discriminación por razón de raza, sexo, religión,
idioma, opinión política, nacionalidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o
social; o pertenecer a organizaciones que practiquen o defienden conductas discriminatorias
o que afecten el buen ejercicio de los profesionales inmobiliarios.
5. Incurrir en una nueva causal de suspensión, habiendo sido ya suspendido en dos
oportunidades anteriores dentro del lapso de tres años, contado desde la fecha de la
primera suspensión y hasta la fecha que da lugar a la tercera suspensión.
6. No compartir los honorarios correspondientes en los casos de concretar negocios a través
de bolsas inmobiliarias o Sistemas de Listado Múltiple o de cualquier pacto que lo
establezca, o permitir que esto suceda en detrimento del trabajo de algún colega.
7. Proceder con error inexcusable e ignorancia en las transacciones inmobiliarias, faltando a
las normas previstas en el presente código, de lo cual resulte daño considerable a los
clientes o intervinientes en una transacción inmobiliaria.
8. Cuando las infracciones a las normas del presente código causen daño considerable a la
reputación de la profesión, de las asociaciones, gremios y estructuras para compartir
encargos y honorarios, o a sus bienes, por imprudencia, negligencia o ignorancia.
Art. 90.- Prescripción de las acciones.- La acción disciplinaria para sancionar la expulsión
prescribe a los cinco años contados a partir del día en que ocurrió el acto constitutivo de la
falta disciplinaria. Las faltas con sanción de suspensión prescriben en un año; las demás
prescriben en seis meses.
El inicio de la investigación disciplinaria interrumpe la prescripción.
Art. 91.- Cómputo de los lapsos procesales.- A los efectos de este Código, los términos y los
lapsos procesales se computarán por días continuos, exceptuándose los días declarados no
laborables por las leyes nacionales y aquellos que se declaren no laborables por las
autoridades competentes. Cuando el vencimiento de algún lapso ocurra en un día no
laborable, el acto correspondiente se efectuará el día de despacho siguiente.
Parágrafo 5°
DEL PROCEDIMIENTO DISCIPLINARIO
Art. 92.- El procedimiento disciplinario de profesionales inmobiliarios será breve, escrito
cuando no sea posible oral, y público, conforme a las normas previstas en el presente
Código. Siempre que no se opongan a estas normas procedimentales, se aplican
supletoriamente las reglas que sobre el procedimiento establecen y/o rigen a los
correspondientes órganos de base de CILA.
Art. 93.- Oficina de Sustanciación.- Los presidentes, directores o quien haga sus veces, de
las asociaciones y gremios de base de
CILA, actuarán
como órgano instructor del
procedimiento disciplinario, con su respectivo secretario o secretaria, quienes iniciarán de
oficio o por denuncia las investigaciones contra los profesionales inmobiliarios, y de
considerarlo procedente lo remitirán al órgano con competencia disciplinaria de primera
instancia, de la respectiva asociación o gremio; brindarán el apoyo y la colaboración que
requieran los órganos con jurisdicción y competencia disciplinaria, a los fines de garantizar
la correcta recepción y trámite de las denuncias que se presenten.
Art. 94.- Investigación.- El procedimiento de investigación se iniciará:
1. De oficio.
2. Por denuncia de persona agraviada o interesada o sus representantes legales.
3. Por cualquier asociación o gremio de base de CILA.
La denuncia se presentará ante el Presidente, Director de la asociación, federación o
Confederación CILA, o gremio a que pertenece el supuesto infractor.
Denuncia de persona interesada
Art. 95.- Cuando el procedimiento de investigación se inicie por denuncia de parte agraviada
o por cualquier asociación o gremio inmobiliario, se interpondrá por escrito, haciéndose
constar:
1. La identificación del denunciante o de la denunciante, y en su caso, de la persona que
actúe como su representante legal, con expresión de su nombre y apellido, domicilio,
nacionalidad, estado civil, profesión y número de cédula de identidad o pasaporte.
2. El correo electrónico donde se harán las notificaciones pertinentes.
3. Los hechos, actos, omisiones, razones y pedimentos correspondientes, expresando con
toda claridad la materia objeto de la solicitud, y la identificación del denunciado o de la
denunciada.
4. Referencia a las pruebas y a los anexos que lo acompañan, si tal fuere el caso.
5. La firma del denunciante o de la denunciante o de su representante legal si fuere el caso.
Si existiere falsedad o mala fe en la denuncia, el denunciante o la denunciante será
responsable conforme a la ley.
Art. 96.- Admisibilidad de la denuncia.- Recibida la denuncia por secretaría de la asociación o
gremio de base de CILA, o de la Confederación CILA, el presidente o director la admitirá a
trámite el primer día hábil siguiente a la recepción y la remitirá al órgano disciplinario ético
respectivo que deberá conocer en primera instancia.
El órgano disciplinario ético no admitirá la denuncia cuando:
1. De los recaudos presentados no se pueda determinar la existencia de un hecho sujeto a
sanción disciplinaria.
2. La acción disciplinaria ha prescrito o resulta acreditada la cosa juzgada.
3. Se haya producido muerte del supuesto infractor.
Del auto que no admita la denuncia, se entregará al Presidente o Director para que disponga
la notificación al denunciante o a la denunciante, quien dispondrá de cinco días hábiles
contados a partir de su notificación, para apelar ante el órgano previsto conforme al Art. 64
del presente código.
Art. 97.- Reserva de las actuaciones de la investigación.- Las actuaciones sólo podrán ser
examinadas por la parte denunciada y las demás personas intervinientes en la investigación.
Solicitud de práctica de diligencia
Art. 98.- La parte denunciada así como las personas a quienes se les haya dado intervención
en el proceso, podrán solicitar al tribunal disciplinario respectivo la práctica de diligencias
para el esclarecimiento de los hechos. El tribunal de honor o de ética las llevará a cabo si las
considera pertinentes y útiles, debiendo dejar constancia de su opinión contraria.
Duración de la investigación
Art. 99.- El tribunal de honor o tribunal de ética respectivo procurará dar término al
procedimiento, con la diligencia que el caso requiera, en un lapso de diez hábiles Contados a
partir del auto de apertura de la investigación, Vencido el lapso otorgado, el tribunal deberá
decidir decretar el sobreseimiento de la investigación y ordenar el archivo de las
actuaciones.
Art. 100.- Apelación de archivo de las actuaciones.- Del auto razonado por el cual el tribunal
de honor o de ética ordena el archivo de las actuaciones, los interesados o interesadas
podrán apelar conforme lo previsto en este código, dentro de los cinco días de despacho
siguientes a la notificación de las partes.
Art. 101.- Sobreseimiento.- El tribunal de honor o de ética decretará el sobreseimiento de la
investigación cuando:
1. El hecho objeto del proceso no se realizó o no puede atribuírsele al supuesto infractor.
2. La acción disciplinaria ha prescrito o resulta acreditada la cosa juzgada.
3. La muerte del supuesto infractor.
El auto razonado por el cual el tribunal de honor o de ética decrete el sobreseimiento de la
investigación, tendrá consulta obligatoria ante el tribunal de alzada, dentro de los cinco días
de despacho siguientes.
Art. 102.- Citación.- El Tribunal de Honor o de de Ética citará al profesional inmobiliario o
empresa o compañía denunciada, señalando el motivo de la citación para que comparezca
en la oportunidad que indique el Tribunal y aportar o promover las pruebas que consideren
pertinentes.
La citación para la comparecencia de los profesionales inmobiliarios y otros interesados,
podrá ser realizada en forma personal, o mediante telegrama, por fax, correo electrónico o
correo con aviso de recibo.
Art. 103.- Derechos del interesado o interesada.- El interesado o la interesada en el proceso
disciplinario tienen los siguientes derechos:
1. Presentar denuncia e intervenir en el proceso, conforme a lo establecido en este Código.
2. Ser informado o informada de los resultados e incidencias del proceso, aun cuando no
hubiere intervenido en él.
3. Ser oído u oída por los órganos disciplinarios de ética.
4. Impugnar el sobreseimiento o la sentencia absolutoria.
Intervención de organizaciones comunitarias y otros entes colectivos
Art. 104.- Las organizaciones de base de CILA en asuntos que afecten intereses colectivos o
difusos, que además se hayan constituido con anterioridad a los hechos generadores de la
denuncia, podrán hacerse parte en la causa, previa solicitud como tercero interesado.
Acumulación de causas
Art. 105.- Cuando un asunto, sometido a la consideración de un tribunal disciplinario de
CILA, tenga relación determinante o conexión concluyente con cualquier otro que se tramite
en la misma, el juez presidente o la jueza presidenta del tribunal ordenará, de inmediato, de
oficio o a solicitud de parte, la acumulación de las causas.
Art. 106.- En el día y hora señalados por el tribunal de honor o de ética tendrá lugar la
audiencia; previo anuncio de la misma. Esta fase será pública, y la preside y dirige el juez
presidente o jueza presidenta, quien debe explicar a las partes la finalidad de la misma.
El tribunal de honor o de ética oirá las intervenciones de las partes, primero la parte
denunciante y luego la parte denunciada, permitiéndose el debate entre ellas bajo la
dirección del juez presidente o jueza presidenta. Sus intervenciones versarán sobre todas y
cada una de las cuestiones formales, referidas o no a los presupuestos del proceso, que
tengan vinculación con la existencia y validez de la relación jurídica procesal, especialmente
para evitar quebrantamientos de orden público y violaciones a garantías constitucionales
como el derecho a la defensa y a la tutela judicial efectiva. Las observaciones de las partes
deben comprender todos los vicios o si1uaciooes que pudieran existir, so pena de no poder
hacerlos valer posteriormente. Cuando por alguna razón no pudiere efectuarse el
procedimiento oral, se lo realizará por escrito, en cuyo caso las partes remitirán por escrito y
por una sola vez todos los documentos, sean estos pruebas, alegatos y más observaciones,
que el tribunal respectivo resolverá en una sola audiencia.
Art. 107.- De las pruebas.- El tribunal debe analizar las pruebas consignadas en la denuncia,
las aportadas en la audiencia o aquellas que hayan sido evacuadas en el transcurso del
proceso.
Art. 108.- No comparecencia a la audiencia.- Si la parte denunciante o la denunciada no
comparece sin causa justificada a la audiencia, se debe continuar ésta con la parte presente
hasta cumplir con su finalidad.
Si ambas partes no comparecen continuará el proceso si el Tribunal Disciplinario Judicial así
lo considere pertinente.
Art. 109.- La audiencia debe ser reproducida en forma escrita, debiendo el Tribunal
Disciplinario ético remitir junto con el expediente la resolución al presidente o director para
que por su intermedio, de ser el caso, remita al tribunal de alzada.
Art. 110.- Validez de la audiencia.- Para la validez de la audiencia, el Tribunal Disciplinario de
ética se constituirá con la totalidad de sus integrantes, así como con la presencia de su
secretario o secretaria o de un secretario o secretaria ad hoc.
Art. 111.- Contumacia.- Si el profesional denunciado, dentro del lapso de tres días de
despacho siguientes a la fecha acordada para la celebración de la audiencia, comprobare
alguna circunstancia que justifique su incomparecencia, el Tribunal Disciplinario ético fijará
inmediatamente nueva audiencia, salvo en caso de fuerza mayor comprobada.
Art. 112.- Dirección del debate y registro.- El juez presidente o la jueza presidenta, actuando
como director o directora de la audiencia, dirigirá el debate y ordenará la recepción de las
pruebas promovidas, admitidas y evacuadas exigirá el cumplimiento de la solemnidad que
corresponda, moderará la discusión y resolverá, conjuntamente con los demás miembros
del Tribunal Disciplinario ético, las incidencias y demás solicitudes de las partes.
Art. 113.- Respeto del debate.- El presidente o la presidenta del Tribunal Disciplinario Ético,
cuando se trate de audiencia oral, impedirá que los alegatos se desvíen hacia aspectos
inadmisibles o impertinentes, o que el vocabulario, comportamiento o expresiones de los
participantes sean soeces o vulgares, pero sin coartar el derecho de las partes o a la
defensa; pudiendo imponerle orden al que abusare tal facultad.
Para garantizar el desarrollo adecuado de la audiencia, el Presidente o la Presidenta del
Tribunal Disciplinario Ético realizará las prevenciones y solicitudes que considere
pertinentes, destinadas a mantener el orden y decoro durante el debate y, en general, las
necesarias para garantizar la eficaz realización de la audiencia.
Art. 114.- Deliberación y decisión.- Concluido el procedimiento los jueces o las juezas del
Tribunal Disciplinario ético deliberarán, con el fin de adoptar la decisión correspondiente,
fundamentándola en los hechos y circunstancias que resultaron probados de las actas
contenidas en el expediente. La decisión será tomada con el voto de la mayoría de los jueces
o juezas.
En la sala de audiencias, al décimo día hábil de haberse admitido la denuncia, el presidente
o la presidenta comunicará la decisión a las partes y los interesados, explicando
sucintamente los motivos de tal decisión y la sanción a imponer si fuere el caso. Si hubiere
voto salvado o concurrente de alguno o alguna de los jueces o de las juezas del Tribunal
Disciplinario Judicial, se dejará constancia en el acta y éste será posteriormente consignado
al momento de la publicación de la decisión.
Las partes se tendrán por notificadas desde el momento del pronunciamiento decisorio,
dejándose constancia de ello en el acta del debate. Si se tratare de procedimiento escrito, se
notificará mediante correo electrónico.
Art. 115.- Publicación de la decisión.- Dentro de los cinco días siguientes, el Tribunal
Disciplinario ético publicará el texto íntegro de la decisión y no notificará al Consejo de Ética
de CILA. Esta decisión podrá ser apelada ante el órgano previsto para apelación por la
respectiva asociación o gremio de base. Si no existiere previsto ninguno, será el máximo
órgano de decisión de la asociación o gremio, el competente para dictaminar en recurso de
alzada.
Parágrafo 6°
DE LA APELACIÓN
Art. 116.- De la sentencia definitiva se admitirá apelación. La apelación se interpondrá en
forma escrita ante el Tribunal Disciplinario ético dentro de los cinco días siguientes a la
publicación de la sentencia en forma escrita, el cual la admitirá o negará el día siguiente al
vencimiento de aquel lapso. Admitida la apelación se remitirá, por el presidente o director
de la asociación o gremio, al día siguiente el expediente, según sea el caso, al órgano
encargado de la apelación.
Las partes y quienes tengan interés directo e inmediato en la materia del juicio, podrán
apelar de la decisión.
Ar. 117.- Fijación de la audiencia.- Al quinto día siguiente al recibo del expediente, el órgano
encargado de resolver la apelación debe fijar, por auto expreso y aviso a las partes por
correo electrónico, si hubieren señalado, el día y la hora de la celebración de la audiencia de
apelación, dentro de un lapso no menor de tres días ni mayor a diez días, contados a partir
de dicha determinación. El o la recurrente tendrá un lapso de tres días contados a partir del
auto de fijación, para presentar un escrito fundado, en el cual debe expresar concreta y
razonadamente cada motivo y lo que pretende, y el mismo no podrá exceder de tres folios
útiles y sus vueltos, sin más formalidades. Transcurridos los tres días antes establecidos, si
se ha consignado el escrito de fundamentación, la contraparte podrá, dentro de los tres días
siguientes, consignar por escrito, los argumentos que a su juicio contradigan los alegatos del
recurrente. Dicho escrito no puede exceder de tres folios útiles y sus vueltos.
Será declarado desierto el recurso, cuando la formalización no se presente en el lapso a que
se contrae este artículo o cuando el escrito no cumpla con los requisitos establecidos. Si la
contestación a la formalización no se presenta en el lapso a que se contrae este artículo o
cuando el escrito no cumpla con los requisitos establecidos, la contrarrecurrente no podrá
intervenir en la audiencia de apelación.
Art. 118.- Pruebas.- En segunda instancia no se admitirán otras pruebas sino la de
instrumentos públicos y la de posiciones juradas. Los primeros se producirán con la
presentación de los escritos de formalización y contestación, si no fueren de los que deban
acompañarse antes, y las posiciones juradas se promoverán con la presentación de los
escritos de formalización y contestación, oídos los alegatos y defensas de las partes se
evacuarán en la audiencia de apelación.
El órgano encargado de resolver la apelación puede dictar auto para mejor proveer en la
misma oportunidad en que fije la audiencia de apelación, podrá acordar la presentación de
algún instrumento, la práctica de una inspección judicial O de una experticia, o que se
amplíe o aclare la que existiere en autos, y, en general, la evacuación de cualquier prueba
que estime indispensable para la decisión del asunto.
Art. 119.- Desistimiento de la apelación.- En el día y la hora señalados por el órgano de
apelación para la realización de la audiencia, se producirá la vista de la causa bajo su
dirección, en donde las partes deberán formular sus alegatos y defensas oralmente, o por
escrito, de manera pública y contradictoria.
En el supuesto que no compareciere a dicha audiencia la parte apelante, se declarará
desistida la apelación. En caso que no comparezca la otra parte se continuará con la
celebración de la audiencia.
Art. 120.- Sentencia.- Concluido el debate oral, los jueces o juezas se deben retirar de la
audiencia por un tiempo que no será mayor de sesenta minutos. Concluido dicho lapso,
pronunciará su fallo en forma oral y/o escrita, y reproducirá, en el primer caso, en todo
caso, de manera sucinta y breve la sentencia, dentro de los tres días siguientes, sin
formalismos innecesarios y dejando expresa constancia de su publicación. A los efectos del
ejercicio de los recursos a que hubiere lugar, se debe dejar transcurrir integralmente dicho
lapso.
Podrá también el tribunal de apelaciones de oficio, hacer pronunciamiento expreso, para
anular el fallo recurrido con base en las infracciones en el procedimiento, que en él
encontrare, aunque no se les haya denunciado.
Art. 121.- Registro de la audiencia.- La audiencia debe ser reproducida en forma escrita y la
sentencia reducida a escrito.
Sección Séptima: de la ejecución de la decisión Incorporación de la decisión al expediente
del infractor o infractora.
Art. 122.- De la decisión definitivamente firme dictada se remitirá copia certificada al
Consejo de Ética para que sea incorporada al Sistema de Registro de Información
Disciplinaria.
Art. 123.- De la forma de ejecución.- Las decisiones serán ejecutadas, según sea el caso, de
la siguiente forma:
1. La decisión de amonestación escrita definitivamente firme, al notificarse y crearse un
expediente del infractor en la asociación o gremio al que pertenece el o la infractora.
2. La decisión definitivamente firme que ordena la suspensión o expulsión del profesional
inmobiliario sancionado, mediante la inmediata notificación al Consejo de Ética de CILA.
3. La decisión definitivamente firme que ordene la realización de un nuevo juicio oral y
público, remitiendo el expediente respectivo al tribunal de honor o tribunal de ética de la
respectiva asociación.
Judicial.
4.- Notificándose a la asociación o gremio o estructura profesional de trabajo compartido a
la que pertenece el infractor o la infractora, para que proceda a acatar las disposiciones
emanadas del órgano con jurisdicción y competencia disciplinaria pertinente. La asociación
o estructura profesional notificada dará cumpliento a lo resuelto dentro de los ocho días
subsiguientes, debiendo en en el mismo periodo hacer conocer al órgano jurisdiccional
sancionador el cumplimiento de las disposiciones resueltas, bajo pena de falta grave a las
órdenes de autoridad competente.
El presente Código de Ética de los Corredores Inmobiliarios, entra en vigencia en el
momento de su aprobación por la Asamblea (Congreso etc,) el día de hoy….
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