Subido por Alexander Reyes

Fernando García Díaz ABORTO E IGLESIA CATÓLICA. CORRIENTES DISCREPANTES DEL PRESENTE

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miércoles, 26 de agosto de 2015
ABORTO E IGLESIA CATÓLICA. CORRIENTES DISCREPANTES
DEL PRESENTE
“Vuelvo a advertir que no quiero convencer a nadie de nada,
sino dar elementos para pensar en el asunto,
si es que se quiere pensar en esto
y no sólo andar vociferando consignas”
Hugo Iriart
SEGUNDA PARTE:
EL PRESENTE DISCREPANTE
El análisis del aborto puede hacerse desde diversas perspectivas. Una de
ellas, es la que centra la atención en los diferentes intereses existentes. Así,
podemos razonar desde la condición del producto de la concepción, o
podemos hacerlo desde la condición de los entes morales que adoptan las
decisiones. En este último caso, si bien debe considerarse el profesional que
ejecuta, el legislador que regula, el principal ente moral es la mujer que
consciente..
Como ya lo señalamos al final de la primera parte, en la actualidad, un número
creciente de católicos, entre los que hay respetables teólogos, sacerdotes,
monjas y laicos, acepta la posibilidad de que el aborto sea legítimo en
determinadas circunstancias. Sus fundamentaciones varían; pero pueden
estimarse centradas en tres líneas argumentales, referidas las dos primeras a
la naturaleza del producto de la concepción, y la última a la condición de los
entes morales. Así, podemos hablar de argumentos, desde el mundo católico,
que permiten el aborto porque: a) aprueban la doctrina del hilemoformismo y
la animación tardía, b) rechazan la fecundación como inicio del individuo,
primeros o c) revalorizan el acto moral.
Pero antes de las consideraciones de los argumentos, si hay algo que primero
llama la atención sobre esta realidad, es el casi absoluto desconocimiento de
su existencia, no sólo entre los católicos([1]), sino en la gran mayoría de la
comunidad pensante sobre este tema. Y por cierto, no se trata de una
causalidad.
En verdad la ignorancia que sobre estos planteamientos existe en el mundo
católico primero y luego incluso en el laico, tiene que ver con la histórica
incapacidad de la Iglesia Católica de soportar el pensamiento discrepante, ya
sea al interior de ella misma, en donde expresiones como cisma, herejía,
excomunión, inquisición, index, dan cuenta de ello, o hacia el exterior, en
donde cruzadas, infiel, pagano, nos recuerdan una larga historia de
intolerancia. En la actualidad, y frente al tema que nos convoca, la propia
autoridad eclesiástica se ha encargado de esconder el pensamiento
discrepante. Y para lograr este hasta ahora exitoso ocultamiento, se han
empleado al menos 4 mecanismos diferentes, respecto de los cuales la Iglesia
tiene amplia experiencia en su uso.
El más básico, y el primero, es la no publicación de las opiniones discrepantes
en los órganos oficiales de la Iglesia, y muy especialmente de aquellosde
divulgación masiva. Basta leer dichos documentos para comprobar que no
hay, una remota mención siquiera a opiniones discrepantes.
El segundo, el retiro obligado de lugares de exposición pública de quienes
piensan distinto. (En los días en que escribo esto, la prensa publica la noticia
de la persecución realizada por el cardenal y arzobispo de Santiago, Ricardo
Ezzati, quien en su rol de Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica
de Chile, le prohibió al sacerdote Jorge Costadoat la posibilidad de seguir
enseñando en la facultad de Teología, pues existía una tensión “entre su
libertad académica y la libertad de la Facultad para permitirle que pueda
continuar enseñando”).
El tercero, el silenciamiento de las opiniones discrepantes, mediante la
descalificación de sus autores, y en muchos casos incluso con la sanción de
prohibición de entregar de manera verbal o escrita esas opiniones([2]). Se
trata de una de las más brutales manera de actuar contra un intelectual, que
recuerda los peores momentos de la inquisición, del silenciamiento del otro,
que como práctica histórica no ha sido abandonada, sino al contrario, es una
realidad permanente, que en Nuestra América se hizo sentir de manera brutal
por el Papa Juan Pablo II. Resulta imposible olvidar que no sólo sigue en pié
la actividad de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no por nada
sucesora del Santo Oficio de la Inquisición, sino que ésta se ensañó con el
pensamiento progresista en América Latina y persiguió y proscribió la llamada
Teología de la Liberación mediante todos los medios anteriores, incluyendo la
condena al “silencio voluntario” (y la expresión no es ironía, ni una dramática
burla, sino la expresión utilizada por la Iglesia) como lo hicieron, entre otros,
con Leonardo Boff, a quien se le ordenó que "no podrá desempeñar sus
actividades de conferenciante y escritor"([3]). Aún tengo en mi computador
archivado el correo recibido hace años, con la invitación, para escuchar la
conferencia sobre el aborto, de un teólogo colombiano, en la Universidad
Diego Portales, y que llevaba la salvedad de no difundirla públicamente, para
que esta persona no tuviera problemas con la jerarquía eclesiástica, que ya lo
había amenazado con prohibirle que difundiera su opinión.
Por último, también ayuda a mantener la ignorancia de las opiniones
discrepantes el uso de expresiones ambiguas, o claramente falsas intentando
dar una imagen de unidad de pensamiento, cuando ello no es real. Así ocurre
por ejemplo, cuando se dice que “Desde el siglo primero, la Iglesia ha
afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha
cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un
fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral”([4]), o ¿Cuál es
el pensamiento de la Iglesia Católica sobre el aborto? Unánimemente, a lo
largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus Pastores y sus Doctores,
han condenado el aborto al que calificaron de homicidio”([5]), en
circunstancias que sabemos que eso no ha sido real, ni menos lo es en la
actualidad.
Pero si lo que primero llama la atención sobre esta realidad, es el casi
absoluto desconocimiento de su existencia, lo segundo, una vez iniciada la
investigación sobre el tema, es la enorme cantidad de teólogos, teólogas,
sacerdotes y laicos especializados en el tema, que rechazan el planteamiento
de condena absoluta al aborto. De hecho, iniciamos esta investigación con la
intención de citar a aquellos católicos destacados que estuvieran dispuestos a
debatir sobre la base de aceptar opiniones diferentes, como una manera de
abrir las posibilidades de diálogo. Hoy hemos asumido dos cambios. Por una
lado, y desde la perspectiva teórica, vemos que no es posible citarlos a todos,
son demasiados. Por otro, y gracias a los comentarios que nos han hecho
llegar sobre la primera parte, que nuestro trabajo puede ayudar a enfrentar
mejor su realidad a quienes, víctimas de una presión indebida, sienten el peso
de la culpa, y a quienes se han creído con derecho a juzgar éticamente a esas
personas.
0. Digamos de partida que si bien las fundamentaciones éticas son muy
variadas, con frecuencia se refuerzan unas con otras, toda vez que por regla
general no son antagónicas. En algunos casos incluso son claramente
complementarias, como las que se dan entre quienes sostienen postulados
similares al de la anidación tardía y quienes rechazan la fecundación como
inicio. Pero incluso quienes desarrollan con más fuerza la línea argumental
centrada en la autonomía de la voluntad, suelen presentar posiciones que más
bien se complementan, simplemente al poner énfasis en diversos aspectos del
acto moral.
Ó
Ó
Í
APROBACIÓN DEL HILEMORFISMO Y LA ANIMACIÓN TARDÍA
. Una primera cuestión que resulta esencial para avanzar en el análisis de la
situación del aborto, es saber la naturaleza del producto de la concepción.
Como requisito previo para hablar de aborto como atentado contra la vida
humana individual([6]), debemos definir al producto de la concepción como
individuo humano. Si concluyéramos que no lo es, la muerte del embrión o
feto carecería de la relevancia suficiente como para sancionar penalmente esa
práctica. Así lo han entendido muy diferentes autores, y ello tiene pleno
sentido si asumimos que la discusión que nos interesa se refiere a la
despenalización de la conducta abortiva (y no a una supuesta distinción entre
partidarios y contrarios).
2. Así por lo demás también lo ha entendido la Iglesia Católica y por ello la
preocupación, más que milenaria, en torno a la anidación temprana o tardía.
La naturaleza del ser humano –hijo de Dios, y creado a su imagen y
semejanza- ha constituido una preocupación relevante dentro del pensamiento
católico.
3. En la actualidad, un grupo de destacados autores cristianos, sostiene la
hipótesis de la animación tardía como consecuencia de la concepción
hilemórfica de la naturaleza humana que, a partir del pensamiento aristotélico,
desarrollara con detención Tomás de Aquino y la Iglesia hiciera suya en el
Concilio de Viena de 1312.
4. Incompetente para opinar sobre estas materias, me limito a transcribir, de
manera textual, lo que dice el conocido teólogo JOSEPH F DONCELL( [7]):
“La filosofía tradicional católica sostiene que lo que hace que un organismo sea
un ser humano es el alma espiritual y que esta alma empieza a existir en el
momento en que es “infundida en el cuerpo. ¿En qué momento es infundida el
alma cuerpo? …
“… durante muchos siglos la filosofía y la teología sostuvieron que el alma
humana era infundida en el cuerpo sólo cuando este empezaba a mostrar una
figura o forma humana y poseía los órganos humanos básicos”
¿Por qué Santo Tomás y los grandes pensadores medievales favorecieron esta
segunda teoría? Porque sostuvieron la teoría del hilemorfismo, según la cual el
alma humana es la forma sustancial del hombre, en tanto que el cuerpo humano
es el resultado de la unión de esta alma con la materialidad…”
“El hilemorfismo sostiene que el alma humana es al cuerpo algo así como lo que
es la forma de una estatua, a la estatua misma. La forma de una estatua no
puede existir antes que exista la estatua; no es algo que el escultor haga primero
y después introduzca en un bloque de mármol. Sólo puede existir en la estatua
acabada. De igual manera, el hilemorfismo sostiene que el alma humana sólo
puede existir en un cuerpo humano realmente existente.”
“A pesar de que Santo Tomás no sabía nada sobre los cromosomas, los genes,
el ADN o el código de la vida, sabía que, fuese lo que fuere lo que crecía en el
vientre materno, no llegaba a constituir, en las primeras etapas del embarazo, un
cuerpo humano realmente existente. Por lo tanto, sostenía que no podía estar
animado por un alma humana, de la misma manera como un cubo de mármol no
puede poseer una forma (es decir un alma) humana. Los pensadores medievales
sabían perfectamente que ese organismo en crecimiento llegaría a convertirse en
un cuerpo humano; es decir, que virtualmente, potencialmente, era un cuerpo
humano. Sin embargo no admitían que un alma humana real pudiera existir en un
cuerpo humano virtual. La Iglesia católica, que había doptado oficialmente la
concepción hilemórfica de la naturaleza humana en el Concilio de Viena en 1312,
estaba tan firmemente convencida de esta posición que, durante siglos, mantuvo
una ley que prohibía a los fieles bautizar cualquier producto de un nacimiento
prematuro que no mostrara por lo menos una figura o forma humana.”
“Es por lo tanto, sensato regresar a esa concepción o, por lo menos aceptar las
conclusiones que de ella se siguen. Una de esas conclusiones es que
ciertamente el embrión no es una persona humana durante las primeras etapas
del embarazo y que, en consecuencia, no es inmoral terminar un embarazo
durante ese período siempre y cuando haya buenas razones para realizar tal
intervención”([8]).
5. Se trata por cierto de un argumento teológico, que si bien aparece sustentado en
la metafísica de Aristóteles, (y por tanto pudiera estimarse superado) busca en lo
esencial evitar el dualismo cartesiano, que significa ver al alma y al cuerpo como
dos sustancias completas, el alma una sustancia pensante y el cuerpo una
sustancia externa. Tal como lo señala el propio Doncell, las doctrinas filosóficas
actuales más vigentes sobre la materia, fenomenología de por medio, descartan
absolutamente el dualismo, y en esa medida pueden estimarse cercanas a la
doctrina del hilemorfismo.
6. Comparten la doctrina que permite el aborto temprano por esta razpón, entre
otros, además de Joseph Doncell, ya citado, Daniel C. Maguire, Profesor de
Teología Moral en la Universidad de Marquette, el padre Karl Rahner, S.J., sin
duda uno de los teólogos más importantes del siglo XX. Este último escribió en
1962: "No se puede interpretar a través de las definiciones dogmáticas de la
Iglesia que asumir que el salto a persona-espíritu ocurre sólo durante el
transcurso del desarrollo del embrión, sea contrario a la fe. Ningún teólogo
proclamaría la habilidad de probar que la interrupción intencional del embarazo
[aborto] es en cada caso el asesinato de un ser humano"([9]). En el mismo
sentido, en cuanto a permitir el aborto temprano se expresa el padre redentorista
alemán Bernard Haring, también profesor de teología moral en la Academia
Alfonsiana de Roma por más de 30 años, considerado por algunos como el
maestro de la teología moral católica, y uno de los inspiradores del Concilio
Vaticano II([10]).
7. Por supuesto, no es nuestra intención lidiar en una disputa que se aparta
absolutamente de nuestros planteamientos más básicos. Lo único que para estos
efectos nos parece relevante, es exponer que esta opción frente al aborto, no
sólo existe hoy al interior de la Iglesia Católica, sino que es compartida por
teólogos y profesores de teología moral de la mayor relevancia intelectual, a nivel
mundial.
RECHAZO A LA FECUNDACIÓN COMO INICIO DEL INDIVIDUO
8. En una nueva perspectiva, siempre centrada en el producto de la concepción,
y desde hace algunas décadas, la Iglesia Católica ha hecho suya la afirmación
que señala que el individuo comienza con la fecundación. Desde ahí se
argumenta que el aborto significaría entonces una especie de homicidio, o
claramente un homicidio. En realidad, “… desde el momento en que el óvulo
es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la
madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo.
Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia
de siempre... la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra
que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será
ese viviente: una persona, un individuo con sus características ya bien
determinadas. Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana,
cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder
actuar.”([11]), dice la encíclica Evangelium Vitae, documento clave en materia
de aborto en la actualidad. Esta misma tesis es expuesta en el Catecismo. Allí
se señala textualmente: “N° 2270 La vida humana debe ser respetada y
protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el
primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus
derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser
inocente a la vida (Cf. CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1) y por lo demás es
compartida por muchas personas, incluso fuera del mundo católico, pues
además se reviste del prestigio de la ciencia.
9. Esta afirmación ha sido cuestionado al interior de la Iglesia Católica, y fuera de
ella.
0. El argumento más utilizado se refiere a la gemelación natural, que ya utilizó el
Sacerdote Salesiano, filósofo y teólogo, Australiano, Norman Ford, profesor de
Ética en la Universidad de Melbourne, en 1988([12]) negando el carácter
individual del embrión. Este argumento se encuentra en múltiples debates y a
él hacen referencia algunos autores católicos al discutir el tema([13]). “Si del
cigoto, o del embrión de menos de quince días –se argumenta- pueden salir
dos seres humanos, es porque no tiene aún ese embrión individualidad
humana”([14]) dice José Ugarte G., y agrega “Esta es la objeción más seria de
las que se hacen a la tesis de que el ser humano comienza con la
fecundación”([15]). Otros autores, como el sacerdote colombiano Alberto
Munera han desarrollado extensamente los argumentos que impiden
considerar que desde la fecundación hay una persona humana. El teólogo
Karl Rahner afirmaba: “entre el óvulo fecundado y el organismo animado por
el espíritu existen varios grados biológicos que aún no son hombres”([16]).
. Los argumentos que cuestionan la concepción como el momento en que se
inicia el ser humano, se sustentan en base a las siguientes ideas centrales:
La afirmación carece de sentido en el ámbito católico.
La afirmación resulta insuficiente, en cuanto no aclara el contenido ni resuelve
los problemas que se plantean.
Si la concepción es el comienzo del individuo humano, no todos los humanos
comienzan por la concepción.
Si la concepción es el comienzo del individuo humano, no todos los
concebidos terminan en seres humanos
2. Desde luego, recordemos que desde la perspectiva católica, y en esto no ha
habido cambios, lo que define al ser humano como tal, es la unión del cuerpo
mortal con el alma inmortal. En el ya citado Catecismo se lee “Maravillosa
visión que nos hace contemplar el género humano en la unidad de su origen
en Dios...: en la unidad de su naturaleza, compuesta de igual modo en todos
de un cuerpo material y de un alma espiritual”([17]). Y, lógicamente, al
sostener que la existencia de un determinado proceso biológico, la concepción
por ejemplo, o de un determinado genoma, es prueba de que existe un nuevo
ser humano, se sostiene que es prueba que Dios ya dotó a esas células de la
existencia de un alma inmortal, y ello, por supuesto, carece de sentido.
3. Por lo demás dicha afirmación tampoco es suficiente para sustentar una serie
de decisiones éticas o jurídica laica sobre la materia, toda vez que, de una
condición del ser, no se deriva necesariamente un deber ser. Es que la
existencia de una determinada condición biológica no es sinónimo de individuo
humano ni siquiera en el ámbito biológico. Claramente se necesita algo más
que la mera afirmación que “la genética moderna otorga una preciosa
confirmación” que “…desde el primer instante se encuentra fijado el programa
de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características
ya bien determinadas…” Se necesita probar que la elección de la fecundación
tiene un sustento especial. De lo contrario ¿por qué no estimar que la
neurología es la que otorga la preciosa confirmación que el individuo
comienza con el surgimiento de la actividad encefálica?, (lo que resulta
concordante con la definición de fin del individuo, en cuanto cese irreversible
de esa actividad), o “…en el séptimo mes del embarazo cuando se termina de
formar la corteza cerebral y se produce el proceso de sinapsis por el que se
posibilitan las interconexiones cerebrales…”([18]), ¿o la cardiología, con el
comienzo de la funcionalidad del corazón? ¿o la embriología, con la
anidación?, ¿o la misma embriología con la viabilidad fetal?,
4. Un análisis del final del ser humano nos puede ayudar a comprender mejor el
hecho de la opción. El ser humano termina con la muerte, y de eso no hay
duda. Hasta la década de los años 60, en la gran mayoría del mundo
occidental se aceptaba, de manera explícita o tácita, que la muerte se
producía con el cese total e irreversible del funcionamiento de los sistemas
circulatorio y respiratorio. De ahí que lo que se buscaba, para certificar la
muerte, era la ausencia de latidos cardíacos o de respiración. Diversas
condiciones que no vale la pena precisar, han llevado a la consideración hoy,
por prácticamente todo el mundo occidental, que la muerte se produce con el
cese total e irreversible de la actividad encefálica (la llamada muerte cerebral).
Nuestra ley expresamente la consagra([19]), y el Tribunal Constitucional se
encargó de precisar que si bien dicha definición parece referirse sólo a los
casos de trasplantes, en verdad ella es aplicable siempre([20]). De este modo,
podemos tener un individuo humano muerto, es decir que dejó de ser ser
humano, -cese total e irreversible de la actividad encefálica- y sin embargo su
cuerpo seguir respirando, y funcionando sus corazón, y el hígado, y el
páncreas, y así cientos de millones de células.
5. Pero el planteamiento sobre la “concepción” como inicio del ser humano
presenta imprecisiones también de lenguaje. Digamos de partida que la
expresión “concepción”, se refiere a concebir, lo que “dicho de una hembra:
Quedar preñada”([21]) y que sin embargo aquí se extrapola a la unión
gametaria, que puede ocurrir fuera del cuerpo materno. Una segunda
imprecisión se refiere a hablar del “…momento en que el óvulo es fecundado”,
porque no existe un “momento”, sino que se trata de un proceso, que dura
varias horas, y que se puede interrumpir por artificialmente por años y
reanudar más tarde. Es precisamente el hecho de tratarse de un prolongado
proceso lo que hace erróneo hablar de “momento de”, como si se tratara de
una situación que se produce en un instante, o al menos en un período
temporalmente muy breve. La indefinición que ello significa, ha dado lugar a
numerosas discusiones sobre la materia, incluso al interior del pensamiento
conservador de la Iglesia católica. Así por ejemplo José Ugarte, sostiene que
“El embrión es, pues, ser humano, individuo humano, desde el inicio del
cigoto”([22]). En este mismo sentido se manifiestan P. Robert Badillo, Y P.
Eduardo Rodriguez Yunta, cuando señalan “”Desde el proceso de la
fecundación cuando el espermatozoide o célula germinal masculina penetra el
óvulo o célula germinal femenina, formando la única célula del cigoto, la
entidad biológica que emerge es un ser humano”([23]). Gomez Lobos en
cambio es un típico autor de aquellos para quienes sólo la singamia permite
hablar de ser humano. En un artículo sobre la materia indica que “Desde el
descubrimiento del óvulo femenino (von Baer 1827) y del fenómeno de la
fusión de los núcleos de los dos gametos, con la consecuente emergencia de
un organismo con propiedades novedosas e irreductibles a las de sus dos
predecesores, resulta casi inevitable concluir que el final de la fusión o
singamia marca con alta probabilidad el punto en que comienza un organismo
humano” ([24]). En la misma línea se encuentra María M. Martín M, quien
afirma "Con la fusión de los gametos humanos masculino y femenino y la
constitución del nuevo mapa cromosómico diploide comienza a existir un
nuevo organismo varón o mujer, primeramente y por breve espacio de tiempo
unicelular y después pluricelular"([25]).
6. La importancia de toda esta discusión no es sólo académica, como se pudiera
pensar, pues posee hondas repercusiones prácticas. Si concepción es
sinónimo de fecundación, al menos debiéramos proscribir los dispositivos
intrauterinos por constituir elementos abortivos. Del mismo modo, debiéramos
prohibir también varias actividades del los procesos de fertilización asistida.
En todo caso y respecto de esta última situación, adquiere particular relieve la
discusión sobre la etapa precisa a partir de la cual habría individuo, para
efectos de utilizar procedimientos de crioconservación en procesos de
fertilización asistida en humanos. Si antes de la singamia no tenemos
individuo, no hay consideración religiosa que signifique un argumento serio
para impedir la congelación del óvulo cuando aún posee dos pronúcleos([26]).
Por el contrario, si ya se estima que existe individuo humano, la conducta de
crioconservación, a partir de esta etapa, puede estimarse atentatoria contra un
ser humano, y en consecuencia prohibirse.
7. Ahora bien, suponiendo que al afirmar que el inicio de individuo humano
comienza con la concepción, hubiéramos resuelto verdaderamente las dudas
que el tema plantea, resulta que la propia respuesta genera aún mayores
problemas.
8. En el análisis de la hipótesis de la fecundación como inicio del ser humano
uno de los aspectos que más nos ha llamado la atención, es la falta de
consecuencia en quienes la sostienen. Desde luego, ella se plantea
exclusivamente a nivel de ser humano, y nunca referida a plantas o animales,
como debiera serlo si se asume como una consecuencia ontológica, y no de
simple opción humana. Que sepamos, nadie ha sostenido nunca que quemar
unos piñones en una chimenea sea algo paralelo al incendio de bosques, o
que echar al sartén un par de huevos pudiera constituir el delito de maltrato o
crueldad con animales, que contempla el art. 291 bis del C. Penal, ni menos
que a la pregunta ¿Qué es primero el huevo o la gallina? Pudiera responderse
que son lo mismo. Por lo demás esta inconsecuencia también se ve en el
plano religioso, en donde no hemos encontrado esfuerzos por bautizar a
“seres humanos” criocongelados.
9. Pero más grave que todo lo anterior, es que tampoco se asumen las
consecuencias que presenta la hipótesis de la fecundación en cuanto a los
propios seres humanos.
0. Y la primera consecuencia es que la afirmación de la fecundación como
comienzo del individuo humano, implica una contradicción insalvable, un
contrasentido, una verdadera incoherencia lógica, pues si se sostiene esa
afirmación, la primera conclusión es que no todos los seres humanos
comienzan por fecundación. Para iniciar la existencia del individuo humano,
habría al menos cinco caminos, tres productos de la naturaleza y dos más de
la tecnología:
Fecundación. Es la más frecuente. La gran mayoría de los seres humanos
iniciarían su existencia mediante la unión de un espermatozoide y un óvulo.
Bipartición o fisión binaria. A diferencia de la situación anterior, la existencia de
gemelos univitelinos, esto es, con origen en el mismo óvulo fecundado por el
mismo espermatozoide, muestra a algunos individuos en los que el inicio de su
existencia se daría de manera muy diferente. Ya se sostenga la tesis de que los
dos gemelos tuvieron un origen común, en algún momento posterior a la división
del cigoto, en cuyo caso un “individuo” se dividió en dos para dar origen a
individuos diferentes, como las bacterias, o que el segundo (¿?) se generó a
partir del primero (¿?), en ambos casos habría alguno que no tiene su origen en
la fecundación. El argumento parece tan potente para descartar la calidad de ser
humano individual (indivisible, entre otras) que repitiendo los argumentos del
profesor Angelo Serra, José Ugarte, en sólo un par de páginas califica a la
gemelación como “algo excepcional”, “un error genético ambientalmente
inducido”, un “error biológico”, o una “aberración o error biológico”([27]). Concluye
“Cualquiera que sea la explicación válida, se trata de una aberración o error
biológico”([28]). Se trata del argumento más insólito que conocemos. Cuando la
realidad no se encuadra dentro de mi pensamiento, descalifico a la realidad. Y
todo para terminar diciendo que “La generación del segundo embrión sería un
caso de reproducción asexuada” y agregar más adelante “Se trata de una forma
de reproducción análoga a la de los unicelulares...”([29]). ¡Curiosa forma de
defender la dignidad humana equiparándonos con las bacterias!
Fusión. Acción y efecto de fundir o fundirse, dice el diccionario de la Real
Academia de la Lengua Española para esta palabra, y nos parece, resulta una
buena definición de lo que sería el inicio de la vida humana de los individuos
identificados como quimeras. Análisis genéticos realizados a individuos que
presentaban un marcado hermafroditismo, permitieron detectar la existencia de
personas constituidas por la fusión de dos cigotos o embriones distintos. Es decir,
sus estructuras genéticas eran el resultado de la fusión de óvulos distintos,
fecundados por espermatozoides diferentes. Se trataba de la combinación de dos
preembriones distintos, seres humanos ya, en la hipótesis de la fecundación, que
en definitiva en un proceso natural, forman un individuo único([30]).
Si a todo esto agregamos la posibilidad –teórica al menos por el momento- que
por métodos artificiales se tenga origen en una clonación por transferencia de
núcleo, realidad posible desde el origen de la oveja Dolly, habría una cuarta
forma de originarse,
Si consideramos la “gemelación artificial”, una quinta,
Y si además incluimos el proceso de partenogénesis, una sexta.
. La última conclusión a la que se debe arribar, es otra contradicción insalvable,
otro contrasentido, otra verdadera incoherencia lógica, no todos los
fecundados terminan como individuos humanos.
2. De partida recordemos que “Si la palabra natural se utiliza con el significado
del resultado más probable al que llegará la naturaleza en ausencia de
cualquier interferencia externa (y no conozco ninguna otra forma de definir
esta palabra en este contexto) entonces el destino natural de un embrión
humano es la muerte. La biología reproductiva normal de los seres humanos
es tal que el 75 por ciento de de todos los óvulos fertilizados naturalmente
sucumbirán a la muerte naturalmente antes de que se haya completado el
noveno mes de gestación”([31]). En esta misma línea, Fernando Zegershochschild, dice quesólo “… el 20% de los cigotos tiene la potencialidad de
convertirse en embriones clínicamente evidentes. Y esto, sin duda tiene una
clara explicación a la luz de le biología evolutiva, pero dudosa desde la
teología ¿Por qué sacrificar el 80% de las almas a tan temprana edad? X.
Chao Rego, teólogo español se lo plantea cuando señala “También la
Naturaleza fracasa. De hecho, se pierden naturalmente el 50 por ciento de los
óvulos fecundados y, de esa forma, se dan muchos abortos involuntarios.
¿Tenemos que decir que esos fetos o embriones rechazados por la
Naturaleza, eran seres verdaderamente humanos?” Vemos los inconvenientes
que puede traer consigo formular nuestra cuestión desde el feto como si fuese
un valor absoluto”([32]).
3. El mismo embrión puede transformarse en un tumor llamado mola hidatiforme Es
decir, y siguiendo la lógica de la fecundación como inicio, ahora resulta que, en el
caso de la mola hidatiforme, un individuo humano se ha transformado en una
masa, en este caso, en una sobreproducción de tejidos, generalmente compuesto
de material placentario que crece sin control, y junto al cual “Con frecuencia no
existe un feto en absoluto”([33]). Ahora bien como aún cuando las causas no se
conocen completamente, pero se estiman como potenciales entre otras,
“anomalías dentro del útero o deficiencias nutricionales” (“Entre otros factores de
riesgo se pueden mencionar las dietas bajas en proteína, ácido fólico y caroteno”)
([34]), resulta que no podemos estimar que el proceso de fecundación falló (se
podría haber sostenido en consecuencia que no hubo nunca un individuo). No, en
estricto rigor, y según el planteamiento que analizamos, hubo individuo y éste por
condiciones externas se transformó en una mola hidatiforme.
4. Similar, pero más dramático aún resulta la situación del coriocarcinoma, tumor
cancerígeno, y a menudo metastático, que puede desarrollarse a partir de un
cigoto. Fernando Zegers-Hochschild describe gráficamente la situación
señalando “Esto no significa que parte del embrión se maligniza. El embrión deja
de existir como tal y en su totalidad se transforma en un cáncer. Para mayor
redundancia, no es una persona con un cáncer; es simplemente un cáncer”([35]),
pero que originariamente habría sido individuo humano, de aceptar el
planteamiento que cuestionamos, agregamos nosotros. ¡De ser humano a
cáncer! ¿Podría ser esa la evolución de un ser humano?
5. De este modo, y si aceptamos la hipótesis de la fecundación, esta realidad, unida
a la anterior, termina por echar por tierra la afirmación del profesor Vial Correa en
el sentido que “todo organismo sigue un camino de desarrollo “robusto” y
prescrito por la especie: o sea, su estado en cualquier instante de su vida puede
se predicho con razonable exactitud”. Y por cierto también aquella que señala
que “Lo que es esencial en el desarrollo individual es la mantención inalterada de
la trayectoria…”([36]). En todo caso, en nuestra opinión, las afirmaciones del
profesor Vial son correctas en cuanto dirigidas a un individuo humano, sólo que
con la fecundación no se alcanza esa condición.
6. Ahora bien, siguiendo lo señalado con anterioridad, la consecuencia lógica
sería que la filiación tradicional se altera sustancialmente, los fecundados
tendrán padres, los gemelos no debieran tener legalmente padres, o en la otra
hipótesis, uno de ellos sería el padre y el otro el hijo y la situación de las
quimeras sería aún más compleja. Sin entrar en detalles, y para ser
consecuente con el resto del sistema, en el ámbito del derecho penal
debiéramos generar una serie de nuevas figuras penales. De partida una
análoga al aborto –que por definición siempre se ha cometido sobre una mujer
embarazada- pero destinada a proteger la vida del preembrión en situación
extracorpórea. Del mismo modo, debiéramos sancionar penalmente la
criopreservación de embriones, ya con la figura tradicional del secuestro –
encerrar o detener dice nuestro código penal- o con un tipo especial creado al
efecto.
7. En definitiva, de aceptarse la tesis de la fecundación, resulta que ahora los
seres humanos se reproducen, de manera sexual, pero también asexual, por
bipartición, como las bacterias, pueden incluso fusionarse para producir
nuevos individuos, sus relaciones de parentesco son el caos, dependiendo en
gran medida del azar, y algunos humanos morirán, en cuanto cese irreversible
de las funciones encefálicas[37]), pero otros no, no sólo porque aún no
comienzan a tener dichas funciones, sino porque se transforman en una masa
celular que crece sin control, o en un tumor cacerígeno altamente metastásico,
y desde el punto de vista de su tiempo vital, algunos podrían alcanzar la
eternidad, mediante la crioconservación.
8. En fin, si recordamos la imagen tradicional de ser humano, esa de un sujeto
biológicamente único, que es posible diferenciar de otros de su misma
especie, que tiene vida e integridad propia, que es indivisible y que sólo se
desarrolla, esto es, respecto del cual los cambios que pueda experimentar, no
alteran sus características esenciales y le mantienen siempre en su
individualidad, sólo podemos concluir que aceptar la tesis de la fecundación,
altera sustancialmente lo anterior y representa un cambio muy significativo, no
sólo para nuestro ordenamiento jurídico, sino para la concepción de ser
humano que nuestra sociedad posee.
REVALORIZACIÓN DEL SUJETO MORAL.
9. A diferencia de los argumentos anteriores en donde el centro de atención se
ponía en el producto de la concepción, en este caso la preocupación central
está dirigida al sujeto moral. Y ésta, la que hemos definido como la tercera
línea argumental al interior de la Iglesia Católica, para justificar el aborto en
ciertos casos, es seguramente la que cubre el mayor espectro de defensores.
Aquí encontramos no sólo destacados teólogos, sacerdotes o monjas, sino
también sacerdotes de diócesis y por supuesto laicos. Con este variado
espectro, los razonamientos que fundamentan estas opiniones son también
muy variados. Los hay quienes fundamentan desde antiguas posiciones
teológicas, desde los modernos principios de la bioética y por cierto quienes
opinan desde los más profundos sentimientos que una vida al lado de los más
desprotegidos les entregan.
0. En nuestro país, el ícono de los sacerdotes que defendieron los derechos
humanos durante la dictadura, el sacerdote José Aldunate, ha opinado en
reiteradas oportunidades, haciendo presente que el proyecto actual no se
hace cargo de los abortos clandestinos y que en caso de violación, debe ser la
mujer quien decida si llevar a término o no su embarazo. En Argentina
conocida es la figura popular del sacerdote Guillermo “Quito” Mariani, como
partidario de la despenalización del aborto, y lo mismo ocurre en Colombia
con el padre Carlos Novoa, y así en múltiples países.
. A diferencia de lo que sucede con los otros argumentos, en este caso existen
diversas organizaciones de católicos que compartiendo visiones similares,
difunden y promueven posiciones en virtud de las cuales se le permite a la
mujer, decidir en conciencia sobre si abortar o no. “Muchos teólogos y
teólogas y laicos y laicas piensan hoy en día que el aborto puede ser una
decisión moral y que la conciencia de cada persona es finalmente el árbitro
para tomar una decisión sobre el aborto”([38]). “Si los hombres se pudieran
realizar abortos, esta práctica ya sería legal. Pero evitar que las mujeres se
hagan cargo de sus cuerpos es el último resquicio de los sectores retrógrados.
Las mujeres debemos escapar de las estructuras patriarcales y hacernos
cargo de este debate, que muchas veces encabezan los hombres”([39]), son
algunas de las afirmaciones que se leen en la actualidad, sobre la
despenalización del aborto, al interior de iglesias cristianas.
2. A continuación desarrollaremos algunas de las principales ideas que
innumerables católicos han ido presentando en su oposición a la versión
oficial de la iglesia en materia de aborto, y que junto con ilustrar las
complejidades que puede tener el problema, aportan argumentos para una
visión menos radical y sesgada sobre la materia. Por supuesto no buscan
cubrir todo el espectro de ellas, sino sólo mostrar su existencia y algunos
aspectos que nos parecen particularmente significativos.
3. Una de las líneas argumentales en materia de ética consiste en retomar los
planteamientos históricos del llamado “probabilismo”. Esta doctrina, que tiene
como sustento de fondo el reforzamiento de la libertad humana, frente al
problema de la duda, sostiene que está justificado el realizar una determinada
conducta, aún en contra de la opinión general, si es que hay una probabilidad,
aunque sea pequeña, de que sus resultados sean buenos. Tuvo su origen en
España, se desarrolló especialmente entre fines del siglo XVI y fines del siglo
XVII y puede resumirse en una frase del fundador de ella, que escribió en
1580: “Me parece que, si una opinión es probable, es lícito seguirla, aunque la
opinión opuesta sea más probable”. A partir de esta expresión del fraile
dominico Bartolomé de Medina, los jesuitas desarrollaron la teoría del
probabilismo. En la actualidad, uno de sus sustentadores es Daniel C.
Maguire([40]), otro, X. Chao Rego([41]).
4. Conocemos al menos un autor cristiano([42]) cuyas posiciones se dan desde
una profunda reflexión teológica, que cuestiona planteamientos tan
tradicionales como que “Dios es el dador de la vida”. Roy H. May, Ministro de
la Iglesia Metodista Unida y profesor de ética teológica en la Universidad
Bíblica Latinoamericana, San José de Costa Rica se pregunta “¿es Dios el
Dador de esa vida que se gesta dentro de la mujer violada?” Y agrega más
adelante “Si decimos que si, entonces nos encontramos en la dificultad éticateológica de comprender a Dios como violador (o por lo menos como
cómplice). En este sentido, también tendremos que atribuirle a Dios todas las
horribles malformaciones y enfermedades congénitas, como lo hacen los
evangélicos mexicanos. Entonces dios es un sádico que se deleita causando
el sufrimiento humano”. A partir de estos radicales planteamientos, concluye
que “…el aborto no solamente es moralmente legítimo, sino exigido, por lo
menos en algunos casos bajo ciertas circunstancias” Y agrega “No es que
“favorezco” el aborto –nadie lo “favorece”- pero sí, creo, como una intuición
ética, que se podría aprobar el aborto, y aún exigirlo, para asegurar la vida y el
bienestar de la mujer embarazada, en caso de violación e incesto y también
en el caso en que el embrión con toda seguridad padece un mal congénito
que no le permitirá vivir una vida ni semejante a una vida normal”([43]).
5. Una cuestión que se suele destacar, es que la discusión correcta es entre
partidarios de penalizar y partidarios de despenalizar el aborto, no entre
“partidarios” o “contrarios”, al aborto, ya que esa es sólo una caricatura del
problema. Tampoco entre quienes lo ven como un pecado y quienes no, o
entre quienes lo consideran un hecho moral o inmoral. El verdadero dilema se
centra sobre la despenalización o no del aborto, esto es, la eliminación o no
de su definición como delito. Y aquí se suele agregar que dicha cuestión
corresponde al ámbito del Estado, para todas las personas, y no al religioso,
referido a los miembros de la respectiva creencia. Dicho de otra manera, el
tema no es que visión o sistema normativo imponemos los católicos, sino cual
es el mejor en una sociedad democrática.
6. Otras argumentaciones se dan desde lo que podríamos llamar la perversidad
ética de la situación actual, correspondiente a los abortos clandestinos. Así, se
suele destacar, especialmente por aquellos que vienen desde una experiencia
de vida al servicio de los pobres, que lo que verdaderamente favorece la
muerte es la criminalización del aborto, que no disminuye la práctica del
mismo, sino que simplemente discrimina, una vez más, entre ricas y pobres.
Las primeras, se practican el aborto en clínicas privadas o en el extranjero,
con todas las condiciones de higiene y seguridad que ello significa. Las
segundas, en las peores condiciones posibles, arrastrando consigo muchas
veces muerte materna por complicaciones post aborto, o secuelas como
lesiones de los órganos genitales, infecciones, hemorragias, perforaciones del
útero, histerectomía, problemas de esterilidad, incontinencia etc.([44]). A
menudo estos autores destacan la necesidad de profundizar, desde
planteamientos católicos, en la justicia, la misericordia, y el compromiso con
los más desposeídos. María Consuelo Mejía, desde México nos dice “…de lo
que se trata es de evitar la muerte de miles de mujeres sin recursos que
siguen muriendo por abortos practicados en condiciones deplorables y de
reducir los costos emocionales y materiales que este procedimiento conlleva
…”([45]).
7. Algunos autores, aún estando en contra del aborto, aceptan que la decisión
última es de la mujer y no se consideran con autoridad como para
condenarla.José María Díez-Alegría, sacerdote y teólogo español dice “En
principio, aborto no, porque la vida, incluso la del no nacido, es un valor final
que exige respeto. En casos límites de dificultades inmensas, enormes, para
poder llevar adelante las cargas de la maternidad, la cuestión es difícil y se
debe dejar a la conciencia de la persona concreta. Yo no entraría en más,
porque no se pueden dar recetas y no condenaría a la persona afectada por
este problema”(cit por X. Chao Rego). En Chile, una postura similar es la que
presenta Felipe Berríos, conocido y destacado sacerdote jesuita, escritor y
fundador de instituciones sociales destinadas a apoyar especialmente a
quienes no tienen casa. La organización “Un techo para mi país”, hoy se
encuentra presente en 19 países bajo el nombre TECHO. El sacerdote Felipe
Berríos ha destacado por su consecuencia en el trabajo con los más
desposeídos, compartiendo sus condiciones en distintos lugares del planeta
en donde ha vivido.
8. La gran mayoría de los autores que podemos integrar a esta sección y luego
de transitar por diversos argumentos, terminan reconociendo que no
existiendo consenso sobre la valoración de la conducta abortiva, y por el
contrario, existiendo importantes argumentos para cuestionar la naturaleza de
ser humano del producto de la concepción, lo único lógico, es permitir que sea
la mujer quien decida. Se trata, como se puede apreciar, de fortalecer el
principio de autonomía individual, que hoy infunde prácticamente todos los
modelos éticos vigentes, y que en el ámbito de la bioética –disciplina a la que
por definición le corresponde abordar estos temas- se ha transformado en uno
de los cuatro principios que la sustentan.
9. Y permítaseme terminar con un extenso párrafo titulado “María fue consultada
para ser madre de Dios”. En él se lee: “Las mujeres ‘deseamos’ ser madres
por varias razones, muchas de ellas positivas, pero si desmitificamos el
ejercicio de la maternidad podemos reconocer que hay madres malas, madres
crueles, madres locas, madres irresponsables, madres indiferentes. ¿De qué
sirve entonces obligar a muchas mujeres a tener los hijos que hubieran
deseado abortar? Ya hay suficientes testimonios como para saber que los
hijos no deseados sufren, y, posteriormente, al reproducir el rechazo que
vivieron, hacen sufrir.
Para promover y defender la libertad y autonomía de las mujeres hay que
dejar de considerar a la maternidad como destino y comenzar a verla como un
trabajo de amor que, para ejercerse a plenitud, implica algo previo: el deseo.
La maternidad voluntaria, como inspiración ética que funda un sujeto
responsable de sí mismo, es un requerimiento de una sociedad democrática
que desmitifica tener hijos como un hecho ‘natural’ o un regalo del cielo, y lo
plantea como una elección, un hecho amoroso que requiere deseo,
compromiso y trabajo. Pero redefinir la maternidad como una voluntad gozosa
y responsable de tener y criar hijos conlleva un reordenamiento jurídico: las
mujeres deben poder decidir si continuar o no con su embarazo.”([46]).
Santiago, agosto 2015
Mail: f_garciadiaz@yahoo.es
Sobre el “aborto” en este mismo blog:
·
ABORTO E IGLESIA CATÓLICA. Otro mundo es posible
·
¿DESPENALIZAR O LEGALIZAR EL ABORTO?
·
LA FECUNDACION COMO INICIO DEL INDIVIDUO HUMANO
[1] Con una buena dosis de amigos católicos practicantes, no he conocido ninguno que sospechara siquiera de la existencia
de estos planteamientos.
[2] Probablemente una de las mayores manifestaciones contra esta doctrina la constituya el llamado “Manifiesto de Colonia”,
documento en el que más de 200 teólogos criticaban abiertamente a Juan Pablo II principalmente por tres temas, el
nombramiento de obispos sin considerar la opinión de las iglesias locales, la prohibición a teólogos críticos de ejercer el
profesorado y la autoridad incontestable del Pontífice en temas doctrinales, todos ellos, como se puede apreciar, que de una
u otra manera inciden en el tema del aborto
[3] La notificación fue firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, con aprobación del papa Juan Pablo II
[4] Catecismo N° 2271
[5] Así en http://www.fadm.org.ar/biblioteca/familia/aborto/aborto4.htm (10.11.05)
[6] No es delito contra la vida, pues la vida es un continuo que se inició hace millones de años; no es un delito contra la vida
humana, que comenzó hace miles de años, y se manifiesta también en el órgano extraído antes de ser trasplantado, en las
líneas celulares, como las HeLa o las HEK 293, que se mantiene activas y prestan valioa colaboración en múltiples
investigaciones científicas, en el cadáver que se mantiene sin actividad encefálica, etc.
[7] Los textos siguientes están extraídos del artículo “A liberal Catholic View”, (1970), publicado en español en numerosas
oportunidades. Tuvimos a la vista la versión del libro “Controversia sobre el Aborto” (págs.. 113 – 120), ya citado en otras
oportunidades en este mismo artículo
[8] DONCELL, JOSEPH F., S.J. “Un punto de vista católico liberal”, en Controversia sobre el aborto Margarita M. Valdés,
(compiladora), editorial Fondo de Cultura Económica, México, 2001, pág. 119.
[9] Cit. por Daniel C. Maguire, “Opciones Católicas para el debate sobre el aborto. El probabilismo en una sociedad plural, en
Conciencia latinoamericana Vol. XIX, N° 18, disponible en http://www.catolicasporelderechoadecidir.net/ver_publi.php?idp=36
[10] A quien por lo demás lo persiguió el Santo Oficio, poniendo espías que secretamente concurrían para escuchar sus
conferencias.
[11] Evangelium Vitae, N° 60
[12]
Así, JOUVE, NICOLÁS “Explorando los genes. Del Big Bang a la nueva Biología”, Ediciones Encuentro Ensayos de
Ciencia. Madrid (2008).
[13] Véase por ejemplo JESÚS BALLESTEROS, “El Estatuto del embrión humano: cuestiones cien tíficas, filosóficas y
jurídicas, en Manual de Bioética, editorial Ariel, 1ed. Barcelona 2001, pág. 218. Disponible
enhttp://www.mercaba.org/Filosofia/Etica/BIO/estatuto_del_embrion.htm, José Ugarte, op. cit., Mónica López, en El estatuto
biológico del embrión humano, en Manual de Bioética, editorial Ariel, 1ed. Barcelona 2001,
[14] UGARTE G., JOSÉ, , El Derecho de la Vida. El Derecho a la Vida. Bioética y Derecho”, editorial jurídica de Chile, mayo
2006,pág. 242
[15] Idem
[16] Citado por E. MIRET MAGDALENA en “El aborto, ¿un crimen?” en El País, jueves, 18 de abril de 1991, disponible
enhttp://elpais.com/diario/1991/04/18/opinion/671925612_850215.html
[17] Catecismo N° 360
[18] MEJÍA, MARIA CONSUELO, Directora de católicas por el derecho a decidir, México, “Un dilema ético en el tema del
aborto”, en Conciencia latinoamericana op.cit
[19] Ley N° 19.451, que establece normas sobre trasplantes y donación de órganos, artículo
11.
[20] Véase la sentencia de trece de agosto de mil novecientos noventa y cinco, del Tribunal Constitucional, ante el
requerimiento presentado por una serie de senadores frente a cierto articulado de la Ley de trasplante de órganos.
[21] Diccionario de la Real Academia Española
[22] UGARTE GODOY, JOSE J. op. cit. Pág. 235
[23] BADILLO,P. ROBERT y RODRIGUEZ YUNTA, P. EDUARDO “El cigoto, inicio de la vida humana desde una perspectiva
biológica y metafísica”, en Ars Médica, Revista de Estudios Médico Humanísticos, N.
6http://escuela.med.puc.cl/publ/ArsMedica/ArsMedica6/Art04.html
[24] GOMEZ-LOBO, ALFONSO
“Clonación humana: posibilidades y problemas éticos”, Revista Estudios Públicos, Nº 89
(verano 2003), pág. 18.
[25] MARTÍN M., MARÍA M. "Inicio y desarrollo del ser humano", en Los derechos de la persona que está por nacer.
Conferencias Santo Tomás de Aquino.”, Universidad Santo Tomás de Aquino, Santiago, noviembre de 2000, pág. 50
[26] En algún momento, en nuestro país, en los tratamientos de fertilización asistida, precisamente se paralizaba el proceso
de desarrollo en la etapa de pronúcleos, esto es, antes que pueda darse por finalizada la fecundación, precisamente
atendidas estas consideraciones
[27] UGARTE, JOSE J. Op. cit. Pág. 297 y siguientes
[28] UGARTE GODOY, JOSÉ, op. cit. pág. 243
[29] UGARTE GODOY, JOSE J., op. cit., Pág. 298
[30] . Es interesante destacar que, a diferencia de lo que ocurre con los gemelos, no tenemos ningún indicio de la magnitud
de este fenómeno, que sólo adquiere visibilidad cuando los preembriones que se fusionan son de sexos diferentes.
[31] SILVER, LEE M. “Vuelta al Edén. Más allá de la clonación en un mundo feliz”,editorial taurus, España 1998, pág. 67
[32] Rego X. Chao, en Rego “La tremenda cuestión del aborto”, disponible en http://mpsp.webs.uvigo.es/rev02-1/aborto-021.pdf
[33] Enciclopedia médica Medline Plus, en http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000909.htm
05.06.06
[34] Enciclopedia médica Medline Plus, en http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000909.htm
05.06.06
[35] ZEGERS-HOCHSCHILD, FERNANDO. “Fecundación in Vitro: Aspectos médicos y éticos”, en “Bioética. Fundamentos y
dimensión práctica”, editores, Ana Escríbar w., Manuel Pérez F. y Raúl Villarroel S., editorial Mediterráneo Ltda.. Santiago,
2004., pág. 270
[36] VIAL CORREA, JUAN DE DIOS “El embrión humano”, en Ars Médica, Revista de Estudios Médico Humanísticos, N.1
[37] Ley N° 19.451, que establece normas sobre trasplantes y donación de órganos.
[38]
Católicos por el derecho a decidir ”Católicas y el aborto”. Disponible
enhttp://www.catolicasporelderechoadecidir.net/catolicas-3.php
[39] PONS, MARIEL, pastora de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina “Un cura, un rabino y dos pastores a favor del
aborto”, 24siete.info, Disponible en http://www.24siete.info/nota-170392-umcura_un_rabino_dos_pastores_favor_aborto.html 14.08.2015
[40] Véase MAGUIRE, DANIEL C. “Opciones católicas para el debate sobre el aborto. El probabilismo en una sociedad
plural”, en Conciencia Llatinoamericana, volumen XIX N° 18, diciembre de 2010, disponible en
[41] CHAO REGO, X “La tremenda cuestión del aborto”, disponible en http://mpsp.webs.uvigo.es/rev02-1/aborto-02-1.pdf.
[42] Y recordamos que lejos de ser expertos en la materia somos simplemente aficionados que sentimos la necesidad de
abrir nuevas puertas para favorecer el diálogo.
[43] MAY, ROY H. “El aborto: una reflexión teológico-etica” en Conciencia Latinoamericana, op.cit
[44] Véase por ejemplo CORDOVA, JULIO “La despenalización del aborto como un imperativo ético desde una teología de
la misión integral”, en Conciencia Latinoamericana op. cit
[45] MEJÍA, MARIA CONSUELO “Un dilema ético en el tema del aborto”, en Conciencia Latinoamericana, op. cit.
[46] HOJA INFORMATIVA DOMINICAL, ELABORADA POR CATÓLICAS POR EL DERECHO
A DECIDIR, NÚMERO 13 MAYO 2008
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