MILAGRO PARA LA ARTRITIS PDF GRATIS

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Capítulo 1.
Artritis: Su Definición.
La artritis es la inflamación y/o desgaste de
una o más articulaciones. Tanto la inflamación
como el desgaste articular pueden tener
características leves hasta llegar a ser agudas y
transformarse en crónicas.
En
casos
avanzados
se
pueden
producir
deformaciones articulares notables, generando
tanto atrofia como hipertrofia.
Hablamos de inflación y desgaste articular.
¿Qué es una articulación entonces?
Una articulación es una unión o coyuntura de un hueso u órgano esquelético con
otro hueso u órgano esquelético: articulación del hombro (unión de la parte
superior del tronco con el brazo), articulación del codo (unión del brazo con el
antebrazo), articulación de la muñeca (unión del brazo con la mano),
articulaciones de los dedos (unión entre las falanges de los dedos), articulaciones
de la columna (uniones entre vértebras), articulación de la rodilla (unión del
muslo con la pierna), articulación de la cadera (unión de la parte inferior del
tronco con el muslo), articulación del tobillo (unión de la pierna con el pie). La
articulación está formada por cartílago, membrana sinovial, ligamento y tendón.
La definición de artritis se hace extensiva a unos cien tipos diferentes, que si
bien todas tienen en común el proceso inflamatorio y de desgaste de una o más
articulaciones, exhiben diferencias por las zonas en donde están localizadas o por
la procedencia. Los diagnósticos pueden ser de artritis psoríasica, artritis por
microcristales, artritis reumatoidea, artritis séptica o infecciosa, la osteoartritis,
la fibromialgia, entre otros. En el apartado siguiente vamos a describir los tipos
más comunes de artritis que se pueden diagnosticar.
¿Cómo es el proceso que origina la artritis? Por causas que también
consideraremos más adelante, el cartílago que protege a una o a más
articulaciones se degrada, vale decir, se desgasta y reduce. El cartílago es un
tejido de consistencia menos dura que el hueso, que también está destinado a
absorber los golpes. No tiene vasos sanguíneos ni vasos linfáticos sino que su
nutrición se debe al líquido sinovial. Lo cierto es que si no tuviéramos cartílagos
recubriendo las articulaciones, una acción que llevamos a cabo en forma tan
natural como caminar nos resultaría insoportablemente dolorosa al friccionarse
los huesos de todas las articulaciones con el movimiento, en especial las
articulaciones de las caderas y las que comprometen a las piernas. Lo mismo
sucede con el movimiento de todas las articulaciones, que normalmente no
acusan ningún dolor mientras tienen a sus cartílagos en buen estado de
integridad y lubricación. Cuando tiene lugar un proceso artrítico, los cartílagos se
consumen poco a poco y la fricción en las articulaciones comienza a provocar
inflamación y dolor, que incluso llega a irritar a las terminaciones nerviosas. El
dolor se siente en forma espontánea, ante la presión o al intento de
movilización, por las terminaciones nerviosas que corresponden a la membrana
sinovial, al músculo y al hueso subcondral (por debajo del cartílago). Si no se
trata, la artritis puede convertirse en una enfermedad crónica, es decir, en una
enfermedad de duración extensa y habitual.
Para bajar la inflamación se suele recomendar aplicar hielo en la zona afectada.
Por el contrario, para calmar el dolor se recomiendan las compresas calientes,
las almohadillas térmicas o el chorro de agua caliente golpeando en la zona
dolorida. Lo cierto es que la artritis recrudece y se hace sentir con más énfasis
en épocas invernales, cuando las bajas temperaturas arrasan. Aunque se
considera que no es tanto por el frío en sí que la artritis se siente en invierno
sino porque se tiende a ser mas sedentarios y a exponerse muy poco a los rayos
solares, que son los proveedores de vitamina D, tan necesaria para la formación
de cartílagos y huesos.
Como vimos, la inflamación es la característica principal de la artritis y se
relaciona con la capacidad inmunorreguladora. Allí cobra importancia la función
de las citoquinas, que son las proteínas que regulan la función de las células que
las producen u otro tipo de células. La producción de citoquinas por macrófagos
puede disparar enfermedades que son autoinmunes, como es el caso de la artritis
reumatoidea.
Capítulo 2.
Algunos Tipos De Artritis.
Hay diversos tipos de artritis. Resulta importante que
quien padece esta afección tenga un diagnóstico
cierto del tipo de artritis que lo afecta, para así
poder orientar el tratamiento con mayor propiedad.
Muchas veces se puede conocer el tipo de artritis que
se padece al localizar las inflamaciones y los dolores.
También es importante para el diagnóstico reparar
en los momentos en que se intensifica el dolor, si es
a partir de una comida en particular, si es tras la
actividad física intensa, si es tras las horas de descanso, y tener en cuenta si hay
otra enfermedad que se padece que pueda estar ocasionando la artritis.
Por ahora, tomemos conocimiento de algunos tipos de artritis, que casi seguro
habremos oído nombrar alguna vez.
La artritis reumatoidea. Si bien no es tan común como la osteoartritis (que
veremos a continuación), afecta a un número significativo de personas, sobre
todo a adultos de mediana edad y más a mujeres. Suele tener un componente
hereditario.
Involucra a todo el cuerpo, con inflamaciones a nivel del cartílago y de la
membrana
sinovial
que
se
encuentra
alrededor
de
las
articulaciones,
inflamaciones que pueden agravarse con sustancias alérgenas. ¿En qué consiste la
membrana sinovial? Está referida a la sinovia, que es el humor viscoso que baña y
lubrica las articulaciones de los huesos.
La artritis reumatoidea es una enfermedad autoinmune. ¿Qué hace que se la
considere una enfermedad autoinmune?
El hecho de que las células inmunes ataquen a las articulaciones. Dicho en otros
términos, el propio sistema inmunológico se equivoca y ataca a las células sanas.
El ataque provoca los daños en el cartílago y la membrana sinovial alrededor de
las articulaciones, aunque los daños pueden extenderse a los pulmones, a los ojos
y a la circulación en tejidos. El dolor es intenso y se acompaña con la pérdida de
algunos movimientos, el temblor en las manos, la disminución de la fuerza y
deviene en deformaciones articulares. Generalmente la medicina tradicional
prescribe antiinflamatorios, corticoides e inmunodepresores.
La osteoartritis. Resulta la más generalizada de las artritis. Este tipo de artritis
se puede ir conformando desde la mediana edad, aunque está más relacionada
con el envejecimiento cronológico. En los estadios primigenios trabaja en forma
silenciosa, no se hace sentir ni con dolores ni con inflamaciones.
Cuando empiezan a manifestarse las rupturas en huesos y cartílagos de las
articulaciones puede hacerse presente en forma despiadada, ya cuando hay una
considerable degradación y disminución del cartílago.
A la osteoartritis también se la conoce como artritis degenerativa. Puede resultar
sumamente dolorosa con el roce y fricción de los huesos, cuando las
articulaciones están en movimiento y se provoca la consecuente inflamación.
Artritis por microcristales. Comúnmente conocida como la gota, está
vinculada sobre todo con la dieta. El ácido úrico que se acumula en la sangre se
concentra en las articulaciones; suele acumularse en el dedo gordo del pie y
también en otras articulaciones. ¿Qué es el ácido úrico? Se trata del ácido
nitrogenado o cristales de sales de urato que el organismo elimina, que se
encuentra en la orina humana y en menor cantidad en la sangre.
La gota es un depósito de ácido úrico. Los microcristales de sales de urato
pueden acumularse en diversas articulaciones, lo que provoca inflamación y
dolor. Esta afección puede tener causas hereditarias.
Artritis psoriásica. Por lo general la artritis psoriásica se presenta cuando la
persona ya padece psoriasis. Suele comprometer algunas articulaciones, como las
de los nudillos de los dedos tanto de las manos como de los pies. Cuando se
producen casos de mayor gravedad, la afección puede involucrar a la columna
vertebral.
Recordemos que la psoriasis es una enfermedad de la piel que se caracteriza por
parches inflamados, con manchas y descamación. Si además se acompaña con
artritis psoriásica, cuando las manifestaciones en la piel empeoran también es
posible que empeore la artritis.
Artritis séptica o infecciosa. Esta artritis claramente tiene origen en
determinados
gérmenes
patógenos,
virus,
bacterias
u
hongos.
Los
microorganismos de la sangre se depositan en una o más articulaciones, por lo
general en rodilla o cadera.
Asimismo, la articulación puede resultar infectada tras una intervención
quirúrgica o por haber sufrido una lesión. La inflamación de la artritis séptica o
infecciosa es acompañada por un estado febril y dolor intenso localizado en la
articulación afectada, más aún cuando se intentan los movimientos. La infección
se combate con antibióticos.
Fibromialgia. Nos referimos a una enfermedad del sistema nervioso central que
provoca un trastorno músculo-esquelético, que se manifiesta con dolores
musculares acompañados de fatiga. Si bien las articulaciones no se hallan
afectadas, se tiene la sensación de que el dolor proviene de las mismas. El dolor
se expande a todo el cuerpo.
Los síntomas más evidentes son de mucho cansancio, trastornos en el sueño y
rigidez muscular. Luego del descanso nocturno los dolores se agudizan y las
articulaciones permanecen rígidas por un buen rato.
La dolencia puede agravarse en épocas de frío intenso por falta de vitamina D o
ante estados de estrés. Justamente, el origen de la fibromialgia puede
encontrarse en el estrés, aunque también en procesos infecciosos o en
traumatismos.
Capítulo 3.
Etiología De La Artritis.
Las causas que puedan haber originado la
artritis son múltiples. Cuando hablamos de
osteoartritis y en menor cantidad en otro tipo
de artritis, las causas pueden ser hereditarias,
vale decir, se hereda la predisposición y en
algún momento se puede desencadenar la
enfermedad.
En la familia puede haber algún antepasado de filiación directa que haya
padecido o padezca artritis.
En el caso de la artritis reumatoidea mencionamos la autoinmunidad, que es
cuando el sistema inmunológico por error ataca a las células sanas y termina
destruyéndolas. Las células inmunes atacan a las articulaciones, hasta resentirlas
y degradarlas. También las enfermedades autoinmunes como la artritis
reumatoidea pueden obedecer a factores genéticos.
Si se ha sufrido una fractura ósea que involucre alguna de las articulaciones,
puede ser que en el lugar se produzca artritis. La fractura puede haber sido
varios años atrás de cuando se empieza a sentir el dolor y la inflamación
articular.
También nos referimos a la artritis séptica o infecciosa, caso en que claramente
se provoca a partir de la infección generada por algún virus, hongo o bacteria.
Los gérmenes se acumulan en una articulación.
El sobrepeso puede originar artritis. A mayor sobrepeso hay más probabilidades
de sufrir la dolencia. El exceso en el peso afecta en particular las articulaciones
de la cadera, las rodillas, los tobillos y los pies; vale decir, todas aquellas zonas
donde se soporta el peso exagerado con mayor intensidad.
Existen deportes que practicados con intensidad y por mucho tiempo pueden
llegar a generar artritis. Nos referimos a los deportes que provocan impacto
sobre una articulación, impacto que se reitera en forma sistemática. Ejemplo de
ello puede ser el fútbol americano, el baloncesto, el remo, el lanzamiento de
disco, el tenis, que con la práctica intensa pueden provocar artritis en el hombro
o en la muñeca o en el codo.
Quizás la causa más común de artritis se deba al desgaste y deterioro de las
articulaciones debido a la edad avanzada. Generalmente se trata de osteoartritis
y puede comenzar a gestarse alrededor de los cuarenta años, aunque hacer sentir
sus síntomas muchos años más tarde.
Y para finalizar podemos enumerar entre las causas a factores que obedecen a
cuestiones emocionales o de índole psíquica. Podríamos hablar del estrés
crónico, que entre la cantidad de desórdenes orgánicos que provoca puede
devenir en artritis.
Capítulo 4.
Los Síntomas De La Artritis y Sus Complicaciones.
Tanto los hombres como las mujeres que padecen
artritis suelen percibir con intensidad el dolor
articular. A veces la manifestación de dolor tiene un
brote agudo, para luego calmarse e incluso alternarse
con
un
período
totalmente
asintomático
(sin
síntomas).
El síntoma que caracteriza a la artritis es la
inflamación articular, lo que puede provocar una
incapacidad de leve a severa para poder movilizar las
articulaciones.
Se puede sentir dolor de leve a intenso en una o en más articulaciones: cuello,
hombro, codo, muñeca, falanges de dedos (de manos o pies), espalda (columna
vertebral), cadera, rodillas, tobillo. Por lo general el dolor se acompaña con
rigidez, que es más intensa al despertarse tras varias horas de descanso.
Por ello se aconseja darse una ducha o baño caliente a la mañana y hacer algunos
ejercicios de movimientos suaves, como para poner en movimiento las
articulaciones.
Otro de los síntomas que suele tener la artritis es el calor localizado en torno a la
articulación afectada, como si la temperatura en esa zona superase la
temperatura normal que suele tener el cuerpo humano. Dicha articulación suele
mostrarse enrojecida y muy sensible a cualquier estímulo.
Asimismo, la artritis puede derivar en episodios febriles, sobre todo si se trata de
artritis séptica o infecciosa. También la persona afectada por artritis puede
llegar a perder peso sin proponérselo. O puede notar un sarpullido intenso en la
piel.
El médico puede diagnosticar la artritis con la observación de la zona afectada y
escuchando la descripción de los síntomas. La corroboración o error del
diagnóstico suele hacerse con un análisis de laboratorio de sangre y radiografía
de la zona afectada o artrografía.
También se puede realizar un análisis en laboratorio del líquido sinovial. Si al fin
se prescriben medicaciones vía oral o inyectables para desinflamar y calmar el
dolor, es muy posible que en el corto plazo los síntomas de la artritis deriven en
síntomas de otras enfermedades provocadas por los efectos adversos de dichas
medicaciones.
Capítulo 5.
Población Afectada Por La Artritis.
La artritis afecta tanto a los hombres como a las
mujeres. Se considera que aproximadamente la
mitad de la población que está por encima de los
sesenta y cinco años de edad padece artritis.
De acuerdo a cifras de la Organización Mundial de
la Salud (OMS), padece artritis un ochenta por
ciento de la población de más de sesenta y cinco
años de edad en los países industrializados.
En realidad, a partir de la cuarta década de vida, la mayoría de las personas
tiene algún proceso artrítico, aunque todavía no le reporte síntomas de ningún
tipo. Cuando la artritis se manifiesta en personas de menos de cuarenta y cinco
años, por lo general hay más hombres que mujeres afectados.
Por el contrario, a partir de los cincuenta y cinco años la tendencia se revierte,
hay una proporción mayor de mujeres afectadas.
En cuanto a la artritis reumatoidea, que suele afectar a adultos de mediana edad
(entre cuarenta y cincuenta años), las mujeres son tres veces más proclives que
los hombres a padecerla.
Capítulo 6.
Tratamientos Médicos Convencionales Para La Artritis.
Para calmar el dolor, desinflamar y aliviar la rigidez,
se suelen prescribir analgésicos, antiinflamatorios no
esteroides (AINE), inmunodepresores, inyecciones de
cortisona a aplicar en la articulación afectada.
Asimismo, suele prescribirse sulfato de glucosamina,
combinada o no con sulfato de condroitina.
La glucosamina es una sustancia natural del cuerpo, importante tanto del tejido
de las articulaciones como de los cartílagos y en el líquido de las articulaciones.
La condroitina también se produce en el cuerpo y brinda elasticidad al cartílago.
La glucosamina que se sintetiza en el laboratorio es más utilizada en
osteoartritis. También hay cremas o pomadas con glucosamina y alcanfor que
están destinadas a aliviar el dolor provocado por la artritis.
Por otra parte, se suelen prescribir sesiones de fisioterapia. La fisioterapia puede
abarcar la aplicación de calor infrarrojo o de otro tipo de calor o en algunos
casos frío localizado. Como complemento, puede hacerse un programa de
ejercicios
indicados
por
un
fisioterapeuta,
acorde
al
tipo
de
artritis
diagnosticada. Los ejercicios contribuirán en gran medida a mover las
articulaciones, a proporcionar fuerza muscular y a mantener el peso corporal.
En algunos casos, se recomiendan dispositivos ortopédicos o férulas para apoyar
las articulaciones dañadas y dolorosas.
Si el problema es en cadera o rodillas, se puede recomendar el uso de un bastón
para aliviar el peso y no recargar la articulación afectada.
Cuando la artritis es avanzada puede llegar a practicarse la artroplastía, para con
ese procedimiento quirúrgico corregir y reconstruir hombro, rodilla, cadera,
codo, dedos, tobillo y vértebras. Se trata de una cirugía plástica que repara o
reemplaza la articulación defectuosa.
La artroplastía o procedimiento quirúrgico de la artritis no está exento de los
riesgos o complicaciones que conlleva cualquier cirugía: infección, hemorragia,
incluso problemas con la anestesia. En algunos casos puede ser que el reemplazo
articular no funcione como era de esperar y que se necesite realizar otra
intervención al poco tiempo.
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