la edItoRIal CalleJa pedro C. Cerrillo - Universidad de Castilla

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LA EDITORIAL CALLEJA
Pedro C. Cerrillo
(Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil.
UCLM)
“Tienes más cuento que Calleja” es una frase coloquial, popularizada a principios del
siglo XX, que cientos de miles de españoles han usado en alguna ocasión y que en el año 2001
fue admitida como tal coloquialismo en el Diccionario de la Real Academia Española de la
Lengua. Aunque es una frase que se suele usar en tono despectivo, su origen está relacionado
con la prolífica labor editorial del burgalés Saturnino Calleja Fernández, continuada por algunos de sus descendientes.
Muchas personas que conocen la expresión antes mencionada se sorprenderán al saber
que el tal “Calleja” existió de verdad y que fue el fundador de una editorial que se dedicó,
sobre todo, a la publicación de cuentos para niños y de libros escolares. El ingenio popular
acuñó esa expresión que ha superado en popularidad a quien le dio el nombre propio.
La Literatura Infantil en el siglo XIX
Pese
al enriquecimiento que había experimentado la Literatura Infantil en el siglo
XVIII, no solo no había logrado desprenderse de sus connotaciones educativas y moralizantes,
sino que las extremó, debido, sobre todo, al empecinamiento de muchos educadores de aquellos años que, metidos a escritores, se dejaron dominar por un exclusivo afán didáctico, esforzándose en acomodar el libro a la medida de los hijos y descendientes de las clases pudientes.
En el siglo XIX, y con la extensión progresiva de la escolaridad, la infancia llegó a
ser considerada como público lector con características propias, aunque la escuela será, lógicamente, la primera y gran destinataria de las ediciones infantiles. Esto que se produjo en
muchos países europeos (Inglaterra, Francia o Alemania), no llegó a producirse con la misma
intensidad en España.
La llegada del Romanticismo abrió una nueva vía en la literatura (en algunos casos,
se reabrió): la del interés por las manifestaciones literarias de tradición popular. Con el movimiento romántico se revitalizaron los folclores nacionales (son buenos ejemplos los de los
hermanos Grimm en Alemania, Afanasiev en Rusia o, incluso, Fernán Caballero en España).
Pero, además, con el XIX nos llegó la primera gran figura de la Literatura Infantil: Hans
Christian Andersen (1805-1875), que es quien dio un impulso, por primera vez y de verdad,
a la literatura para niños. La obra de Andersen abandonó, al fin, una buena parte de los componentes didácticos que solía tener la Literatura Infantil, al tiempo que se despreocupó de lo
preceptivo que tanto encorsetaba la literatura escrita para niños en el siglo anterior: el mundo
literario de Andersen es, en primer lugar, un auténtico mundo literario; y en segundo, un
mundo que está lleno de fantasía y de lirismo.
Un poco más tarde, ya a mediados del siglo, con el Realismo, el camino iniciado continuó. Los nuevos personajes y los nuevos temas responderán a la impronta del momento: se
asoman a los libros los representantes de la pequeña burguesía y las clases medias, con sus
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La editorial Calleja
1
Para comprender la Literatura
Infantil española en el periodo
que va de 1885 a 1905, vid.
García Padrino, Jaime
(1992): Libros y literatura
para niños en la España
contemporánea. Madrid:
Fundación GSR, pp. 17 a 38.
problemas y con sus ilusiones; se supera, por fin, el didactismo didascálico y la Literatura
Infantil empieza a ser verdadera literatura, aunque a veces pueda contener alguna intención
educativa. En el siglo XIX nació también el gusto, a veces incluso pasión, por la ciencia, lo que
provocó un caudal de obras de divulgación científica e histórica, algunas de indudable calidad
artística, como las de Julio Verne.
En España, las mejores pruebas del interés, moderadamente creciente, por la literatura
para niños las tenemos en algunas obras, bien es cierto que aisladas en el conjunto de sus producciones, de los románticos Zorrilla y Hartzenbusch, de los prerrealistas Fernán Caballero
y Antonio Trueba, y del realista Luis Coloma. Todos ellos, en algún momento, escribieron cuentos, fábulas o leyendas; algunas de esas obras han pasado al repertorio clásico de la
Literatura Infantil: el cuento de Ratón Pérez de Luis Coloma, que lo escribió para Alfonso
XIII, cuando este tenía solo ocho años, por encargo expreso de su madre, es un buen ejemplo
de lo dicho.
Además, la aparición de la editorial Bastinos en Barcelona (en 1852), como editora de
libros infantiles, y la publicación de los primeros cuentos para niños de la editorial Calleja,
en Madrid en 1884, marcaron, probablemente, el inicio de una literatura infantil española
diferente, en la que se ofrecía un modelo distinto de libros infantiles, más apartado de sus
corsés educativos. García Padrino1 se refiere a los últimos quince años de este siglo, con el
afianzamiento de la monarquía constitucional y el dominio social de una burguesía acomodada y conservadora, como un momento en que se renovaron las preocupaciones por el lugar del
niño en la sociedad y por las condiciones de la más adecuada educación; en el ámbito propio
de la Literatura Infantil, aquellos cambios en la sensibilidad burguesa se tradujeron en algunas
iniciativas de indudable importancia, como la ya citada creación de la editorial Calleja.
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Saturnino Calleja Fernández (1853-1915), el fundador, nació en Burgos, aunque su familia era originaria de la localidad burgalesa de Quintanadueñas. Su padre, Fernando Calleja
Santos, fundó en 1876 un negocio de librería y encuadernación, en la calle de la Paz de
Madrid, que su hijo Saturnino compró en 1879, convirtiéndolo en la Editorial Calleja, una
editorial que aportó dos grandes novedades al mundo de la edición española de aquellos años:
publicó grandes tiradas de libros y cuentos para niños que se vendían a precios muy baratos,
por un lado; y, por otro, realizó ediciones muy bien ilustradas con obras de muchos de los
mejores artistas de la época, logrando atraer a la lectura de aquellos libros a millones de niños
españoles e hispanoamericanos.
La labor editorial de Calleja, continuada por dos de sus siete hijos, Rafael y Saturnino
Calleja Gutiérrez, quienes mantuvieron la empresa durante más de setenta y cinco años, fue
fundamental para la difusión y popularización de la Literatura Infantil en España, incluso
desde una singular posición de editores/compiladores, que luego comentaré, y admitiendo que
tuvieron un claro interés por lo doctrinal y lo instructivo como función esencial de sus libros.
La buena Juanita, Flora o Juanito serían tres libros que representarían fielmente esa postura
y que fueron muy leídos en las escuelas españolas del último cuarto del siglo XIX y durante
muchos años del siglo XX. Juanito es la traducción, probablemente también la ampliación
personal con finalidad pedagógica, que el propio Saturnino Calleja hizo del Giannetto del
italiano Luigi A. Parravicini (editado en Italia en 1849) y publicado por Calleja en 1880 en
su Tesoro de las escuelas; es un libro sobre el transcurrir cotidiano de la vida del niño que le da
el título:
No hay otros hechos especiales o extraordinarios en ese transcurrir diario que no sean
los propios de una idílica existencia. Y si el protagonista debía enfrentarse a una
desgracia –la pérdida de sus padres, cambios repentinos de fortuna…–, era utilizada
como pie forzado para insistir en la necesidad de las virtudes exaltadas, como medio
seguro para superar las más graves dificultades y asegurarse un feliz porvenir 2 .
Calleja contribuyó también a la renovación de los libros escolares españoles, distribuyéndolos por las escuelas de los pueblos de España, en las que los maestros tenían que batallar
diariamente con una absoluta falta de medios. Saturnino Calleja fundó en 1884 y dirigió la
revista La Ilustración de España, en cuya cabecera se podía leer “Periódico consagrado a la
defensa de los intereses del Magisterio Español”; la revista se entregaba junto al boletín El
Heraldo del Magisterio. En su afán por dignificar el trabajo de los maestros, Calleja creó la
Asociación Nacional del Magisterio Español y organizó la Asamblea Nacional de Maestros.
Su política de tiradas de libros altas y precios muy bajos era coherente con estas inquietudes
y con su idea de que los libros para niños eran un poderoso instrumento para la educación
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2
Íd., ib., p. 21.
de los más desfavorecidos: conocidísima es su colección de cuentos económicos, al alcance de
todos los bolsillos pues su precio era de 5 y 10 céntimos. El propio Saturnino fue autor de algunos libros escolares, sorprendiendo por la variedad de tema que trataba: geografía, ciencias
naturales, historia, higiene, geometría o cocina; de esos libros se hicieron numerosas ediciones
que llegaron, durante muchos años, a las escuelas españolas y a las de bastantes países de la
América de habla hispana.
La trayectoria de la editorial Calleja presenta cinco etapas diferenciadas:
1. Los inicios. Entre 1876 y 1884. Es un periodo dedicado solo al libro escolar e instructivo, siendo el director el propio fundador, Saturnino Calleja
Fernández.
2. La expansión. Entre 1884, en que se editan los primeros cuentos infantiles y
1915, año en que muere el fundador y director.
3. La renovación. Entre 1915 y 1928. En este periodo el director de la editorial
es el hijo del fundador, Rafael Calleja. En 1918 el sello editorial fundacional
“Casa Editorial Saturnino Calleja” cambió de nombre y pasó a denominarse
“Editorial Calleja, S.A.”
4. La consolidación. Entre 1928 y 1936. Es un periodo dirigido por otro hijo del
fundador, Saturnino Calleja Gutiérrez, en el que la editorial se mercantiliza,
llegando a perder la familia Calleja la participación mayoritaria a partir de
1931.
5. La posguerra. Entre 1939 y 1959. Es una etapa de declive y repetición. El
último libro se publicó en 1958 y la editorial desapareció al año siguiente. En
1960 se subastaron todos los bienes de la editorial.
Hay un hecho muy significativo de las ediciones de Calleja que explica esa singular
posición del editor a que antes me referí: la tendencia a no señalar el nombre del creador
o del adaptador del texto, lo que facilitó la extensión de la expresión “Cuentos de Calleja”,
llegando a identificarse al editor con el autor de muchos de los libros. Lo mismo sucedió con
muchos cuentos populares, anónimos en su origen, que, a partir del momento en que los editaba Calleja, su autoría se asociaba al editor burgalés, a veces con motivo, pues él los alteraba
significativamente, transformando o, incluso, deformando muchas de aquellas historias que
llevaban vivas en la oralidad popular muchísimos años. Calleja no tenía ningún inconveniente
en servirse de aquella literatura folclórica para transmitir sus lecciones y ejemplos. Esas alteraciones también las hizo en libros de autor conocido que él popularizó en España: a Los viajes
de Gulliver, de Jonathan Swift (cuya primera edición inglesa es de 1726), Calleja le cambió
el título, El país de los enanos, lo llamó en una ocasión, y En el país de los gigantes, en otra.
No solo los títulos, también los argumentos podían cambiar de la mano de Calleja: Hansel y
Gretel pasaron a ser Juanito y Margarita; a Pinocho no le da la forma Gepetto, sino un niño;
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El soldadito de plomo, en la edición de Calleja, era devoto de la Virgen del Pilar y no moría
fundido por el fuego.
La Editorial Calleja publicó casi tres mil títulos diferentes. Aparte de las colecciones de libros escolares, libros religiosos y libros sobre diversos aspectos de la vida cotidiana
(cocina, higiene, profesiones o urbanidad), la editorial lanzó diecisiete colecciones de libros
infantiles con más de dos mil títulos y millones de ejemplares3: “Recreo infantil”, “Biblioteca
escolar recreativa”, “Biblioteca ilustrada para niños”, “Joyas para niños”, “Juguetes instructivos”, “Biblioteca de recreo”, “Colorín”, “Cuentos de Calleja”, “Pinturas infantiles”, “Cuentos
de Calleja en colores”, “Cuentos para niños”, “Leyendas morales”, “Cuentos en postales”,
“Biblioteca del bebé”, “Cuentos de plata”, “Pinocho” y “Biblioteca Perla”. De muchas de esas
colecciones tenemos una buena muestra en el Fondo Antiguo “Carmen Bravo–Villasante”
3
Fernández de Córdoba y Calleja,
Enrique (2006): Saturnino
Calleja y su editorial. Madrid:
Ediciones de la Torre, p. 90 y ss.
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precio de 30 céntimos de peseta el ejemplar. Se publicaron varios cientos de números de la
revista, y en ella aparecieron textos de importantes escritores, como Magda Donato, Edgar
Neville, Antoniorrobles, Manuel Abril o José López Rubio, e imágenes de ilustradores como
Penagos, Bartolozzi, Tono, Robledano, Pellicer, Emilio Ferrer o José Zamora.
Calleja popularizó en España los cuentos de las Mil y una noches, los cuentos de Charles
Perrault y de Andersen, así como las fábulas de Esopo, La Fontaine, Iriarte y Samaniego,
y algunas obras emblemáticas de Cervantes, Schmid, Madame d´Aulnoy, Emilio Salgari,
Julio Verne, Daniel Defoe, Emily Brontë o Swift, entre muchos otros. Para ilustrar sus libros, Saturnino Calleja contó con artistas de la talla de los anteriormente citados, además de
Méndez Bringa, Santiago Regidor, Cilla, Federico Ribas, K-Hito, Sánchez Tena, Reinoso o
Manuel Ángel, muchos de los cuales eran colaboradores habituales de importantes revistas
como Blanco y Negro, La Esfera o Estampa.
A partir de la tercera etapa de la vida editorial de Calleja, la empresa incorporó importantes avances técnicos, como la impresión en “offset”, un método de reproducción de documentos e imágenes sobre papel o materiales similares que aplicaba una tinta, generalmente
oleosa, sobre una plancha metálica, casi siempre de una aleación de aluminio; la imagen o el
texto se transfería por presión a un rodillo de caucho, para pasarla, luego, al papel por presión. Esta técnica, que venía a sustituir al sistema dominante anterior en el que la tinta pasaba
directamente al papel, le dio a las ediciones una calidad de impresión superior, ya que el recubrimiento de caucho del rodillo de impresión era capaz de impregnar superficies con texturas
irregulares. Además, Calleja incluyó cuatricomías en el interior de los libros, los maquetó en
formatos diversos, algunos especialmente grandes, y aportó un nuevo concepto de libro ilustrado, muy cuidado y sin renunciar a popularizarlo entre todo tipo de lectores, incluyendo los
de menor poder de compra.
de la biblioteca del CEPLI (Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura
Infantil”, ubicada en la biblioteca del Campus de Cuenca.
Del total de esas colecciones quisiera destacar dos: en primer lugar, la excelente colección “Biblioteca Perla”, diseñada y editada con esmero, mediante la que se ofrecieron a los niños de la época colecciones de cuentos muy importantes, como la de los hermanos Grimm. En
segundo lugar, la de Pinocho, uno de los grandes éxitos de Calleja desde el mismo momento de
su aparición en el año 1917; este Pinocho, recreación de la historia creada por el italiano Carlo
Collodi, era obra, en su escritura y en su imagen, de Salvador Bartolozzi, quien incorporó
pronto otro fantástico personaje, Chapete, como compañero/antagonista de aventuras de su
Pinocho. El éxito de este Pinocho llevó a Rafael Calleja Gutiérrez a crear una revista titulada
Pinocho. Semanario Infantil (a partir del nº 18 el título se simplificó en Pinocho), dirigida por
el propio Salvador Bartolozzi, y cuyo primer número apareció el 22 de febrero de 1925, al
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“Instruir deleitando”
El empeño de Saturnino Calleja por atender las desatendidas escuelas de finales del
siglo XIX y principios del XX, por proporcionar materiales escolares a sus maestros y por
ofrecer a los niños los cuentos que él consideró que debían ser leídos pudiera concentrarse en
la expresión “instruir deleitando”, que, en sí misma, puede esconder una contradicción. Pero
así fue: Calleja dedicó su esfuerzo editorial a los cuentos –aunque a menudo elegidos, adaptados o alterados para conseguir su objetivo de moralizar o instruir– y a los libros escolares.
Su gran valor es que lo hizo cuidando con esmero sus ediciones, ilustrándolas con trabajos de
importantes artistas plásticos y haciéndolas llegar a todos los públicos.
De todo ello investigadores y estudiosos tiene cumplida muestra en la referida biblioteca del CEPLI de la Universidad de Castilla-La Mancha.
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