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S<íi?o
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*
PRECIOS DE SUSCRICIÓN
Madrid,...
Provincias.
Extranjero.
ARO.
SBMSSTRE.
TRIÍIHSTRB.
35 pesetas.
40
Id.
50
Id.
18 pesetas.
?i
Id.
26
Id.
10 pesetas.
11
Id.
14
Id.
AÑO
XXXIV. —NUM. XVII.
*
PRECIOS DE SUSCRICIÓN, PAGADEROS E N ORO.
ARO.
SEMESTRE.
ADMINISTRACÍÓN;
A L C ^ L ^ ,
3 3 .
Cuba, Puerto Rico y F i l i p i n a s . ,
Demás Estados de América y
Asia
Madrid, 8 de Mayo de iSgo.
12 pesos fuertes.
7 pesos fuertes.
5o pesetas ó francos.
3 5 pesetas 6 francos.
*
VIAJE
DEL
PRESIDENTE
DE
LA
REPÚBLICA
FRANCESA.
.
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Svíí^si
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P U E R T O DE T O L Ó N
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I
( F R A X C I A ) . — VISIT.-^ DE M. CARNOT AL ACORAZADO « P E L A Y O » , DE LA MARINA E S P A Ñ O L A DE GUEIÍRA,
(De foLogratÚT d i r u c l a , rt^mitida p o r el Sr. D. E. Ardt;y,)
282
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA.
SUMARIO.
TESTO.—Crónica general, por D. José Fernández rircmón. — Kiicslros j;™''^'
düs, por D. ICuscbio Martínez de Ve]:isco.—La. Exposición de Hclliis Arles,
por D. Federico líalart.—Revista musienl, por D. J, M. Esperanza >• Sola..
— Kl Viajero . poesía , por D. Juan T o m á s Salvany. •—Nocturno, poc?ía,
por D . Naroist) Díaz de Escorar.— Kn Marruecos. Kccuerdos de viaje (continuación), por Fierre Loti,—I-a Isla de Y a p , por D, N ü o María P ' a b r a , ^
Sueltos.—Advertencia.—Libros presentados á esta Redacción por autores ó
editores, por V.-—Anuncios.
GHAtiADos,—Viaje del Presidente de la República francesa. Puerto de Tolón
(Francia) : Visita de M, Carnot al acorazado Pelayo, de la marina española
de guerra. (De fotoj^rafía directa, remitida por D . E. de Ardey.)—Retrato de
I). Pascual Ceri-era y T o p e t e , comandante del acorazado Pi-lava —I-'^ta de
Yap íCarolinas occideu^^les) ; Vista de la bahía de Tomil v campamento
de Reina Sedente;
Un matrimonio iiidíuena: Retrato del primer niño
indígena bautizado por los R R . P P . Capuchinos.—La Manifestación obrera
en Barcelona.: E l Teatro del Tívoli, punto de reunión de los manifestanl e s , el t-." del actual; L a Manifeslación en la pla^a de Antonio López ; La
Manifestación frente a la Capitanía General; el Gobernador civil saludar.do
á los mati i restantes desde el balcón principal del palacio, (De fotografías de
D. Juan Puiggarí.)—Bellas Arles; En el miiflls df Gij&n, dibujo original
de D . Tomás Canipuzano, presentado en la exposición de Blanco y Negro.
—Sa^in de París de 1S90: Riña ds codornices (costumbres de la antigua
R o m a ) , cuadro de M. Rochegrosse. — L a Manifestación obrera en Madrid:
Reunión de albañiles en el Jardín del Buen Retiro, escuchando el discurso
del Sr, Gobernador civil de Ja provincia ; Alrededores del Congreso de los
Diputados, -il pasiir la manifestación ; Obreros leyendo la convocatoria d i
Jos anarquistas ; en la calle de Atocha, frente al Liceo Ríus. (Apuntes del
natural, por Comba )—Las Inundaciones del Míssissíppi; Aspecto de Pof-lar
.'Creeí, en Greenville, durante la inundación.—Madrid: Inauguración del
Dispensaría de Alfonso XIII:
Comida á varios ñilbos y ñiflas nacidos el
mismo día que S. M. el Rey, (Dibujo del natural, por Comba.) ^ Retrato
de la Srfa, D . ' María Luisa Guerra, distinguida pianista argentina, — Ilustración de la obra En Marruecos de Fierre Loti,
CRÓNICA GENERAL.
"""V^í^ff^o-.o se puede negar que en la manifestación
Sfljirlí/'y obrera del i.i^ y 4 del corriente, verificada
.'^iji' en casi
todos los
parte
.
. . países de
üc Europa vy parte
í£ de América, han podido esas clases hacer
.Q}~ alarde de su número. Y su misma muche« dumbrc ha debido hacerles ver la suma in''Z'^Sv r"'^^^''- ^^ sus necesidades y la dificultad de
satisfacerlas. Pues bien: si saliesen á la calle
los que sin ser obreros sufren las mismas privaciones, dice muyl5ien un periódico, se atestarían
•^ de desgraciados. Por eso será eterno el conocido
cuento de Calderón;
("nenian de un sabio que un día
T a n pobre y mísero estaba...,
ctc ; que nadie ignora el final de aquella décima.
Por desgracia, la fiesta del trabajo no ha sido en todas partes ordenada y pacífica como en Madrid. En París ha tenido que disolver los grupos á sablazos la gendarmería. En Barcelona se ha proclamado el estado de
sitio. En Roubaix y Tourcoing se han declarado en
huelga 100.000 trabajadores, cometiendo no pocos excesos. En Valencia los trabajos han estado paralizados;
y en algunos puertos se interrumpieron las operaciones
de carga y descarga de ios buques. En Chicago y otros
distritos norteamericanos la huelga ha tenido mal carácter. En Austria ha habido precisión de apelar á los
rigores de la ley marcial más ejecutiva, Y en otras comarcas se han visto obligados á dejar sus tarcas contra
su voluntad muchos obreros, por miedo á los huelguistas.
Al trancazo corporal ha sucedido en este año de gracia el trancazo social, como si no tuviéramos bastante.
Si fuéramos pesimistas y no confiáramos en la fuerza de
]a necesidad y la razón, que se impone en las relaciones humanas, haríamos tristes vaticinios ante esa nueva
manzana de discordia arrojada en medio de la civilización; pero no lo somos, y creemos que la cordura universal reducirá el problema á sus términos más conciliadores. Ningún enemigo tan mortal para la industria de
que el obrero vive, como la intranquilidad. Todo estado
social, pero particularmente el moderno, es un artificio
delicado, en que la mayor parte es apariencia: ios que
intentan derribar el armatoste para buscar el tesoro que
hay debajo, se exponen á encontrarse con una armadura hueca, y sin embargo irreemplazable, ó á matar la
gallina de los huevos de oro.
Ocho horas de trabajo, ocho horas de distracción y
ocho de sueño: este es el lema de lahuelga; pero el más
general es el de ocho horas de trabajo. Cosas tan serias
como éstas merecen que se demuestre su necesidad ó
conveniencia. ;Por qué ese tipo de ocho horas, y no
nueve ó siete ó cuatro? Desde luego tiene un inconveniente, á más de alterar todos los cálculos de la actual
producción: que si en ciertas industrias mejora la suerte
del obrero, en otras le perjudica, Es verdad que á eso
contestan que ese perjuicio individual permite que disfruten los beneficios del trabajo mayor número de obreros; pero ¿no conduce ese raciocinio á una disminución
de horas indefinida? No aumentaremos la confusión
proponiendo nuevos proyectos. ¡Conque facilidad se
hacen planes en el papel ó en la tribuna! ¡Qué consecuencias tan tristes suelen tener en la práctica los errores que se cometen!
Si la huelga es internacionai, su resolución tiene que
ser internacional también. El Congreso de Berlín inició
la cuestión social: á él corresponde la resolución del
conflicto que ha provocado. Los Gobiernos no pueden
imponer a! industrial las condiciones económicas que se
le exigen. Pero cada Gobierno es propietario é industrial y tiene obreros que dependen del Estado, en muy
diversos servicios. (No se han reunido en Congreso los
Gobiernos europeos para mejorar la suerte de la clase
obrera? Pues la primera pregunta que se debe hacer al
Emperador de Alemania es la siguiente: ¿Qué va á
hacer S. M. I. en favor de ¡os obreros que dependen de
su Gobierno? ¿Está dispuesto á que el trabajo diario se
reduzca á las ocho horas?
Porque, al fin y al cabo, los franceses se quejan de
que las huelgas y excesos de Roubaix y de Tourcoing
fueron promovidas por agitadores extranjeros. Y como
es indudable que viven hoy en guerra industrial unas
naciones con otras, ¿no podrían ser los obreros de algunas de ellas víctimas é instrumentos inocentes de esa
competencia? Las naciones que pueden evitar el conflicto , mientras en otras se desorganiza el trabajo, y !a
industria se paraliza y sufre, ¿no tendrán ventajas en
que éstos sean graves y prolongados? A nuestro juicio,
convendría hacer comprender al obrero español dos cosas : que la ruina de una industria es la del obrero; y que
eso de la solidaridad humana podría, hoy por hoy, y durante muchos siglos, entenderse por la miseria industrial
para nosotros y la prosperidad para el extraño. Lo dice
un refrán muy cierto: nadie tiene enemigo peor que el
de su oficio.
Los hombres desarreglamos el mundo: eso está probado por la experiencia de los siglos. Si tuviéramos
vergüenza, hace años que hubiéramos resignado el mando en las señoras. Por lo menos deberíamos concederlas la cartera de Hacienda, en la seguridad de que administrarían mejor que nosotros el país. (¡Cómo han
hecho las señoras de !a beneficencia de la parroquia de
Santa Cruz para crear un Colegio de niñas en Carabanchel, con treinta plazas gratuitas para huérfanas de padre y madre de aquella parroquia? El edificio se ha levantado, según dice La Correspondencia, aunque hemos
de rectificar algunos ligeros errores, en una finca del
Sr. Marqués de Casa-Jiménez, con la cooperación personal del Sr. Vizconde de Torre-Almiranta, que ha hecho !a referida casa de caridad. El moliiliario, añadimos
nosotros, ha sido costeado por la Junta directiva, contribuyendo en gran parte el ya citado Vizconde y varias
personas caritativas.
El edificio es espacioso, cómodo, ventilado c higiénico; la iglesia tiene tres naves, y el jardín una extensión de 170.000 pies. Hay en los cuatro dormitorios cien
camas, y para el sostenimiento del Colegio se admitirán
alumnas internas, que pagarán veinticinco duros de entrada, y una peseta para ayuda de'los gastos de educación y manutención. Y añade el colega:
a Componen la Junta constructora la Duquesa viuda
de Bailen, presidenta; la Duquesa de Mandas, secretaria; la Vizcondesa del Cerro-Palmas, tesorera; las Duquesas de Bailen y de Ahumada, las Marquesas de Linares, Villamejor y Laguna, la Condesa de Torrejón, la
Vizcondesa de Irueste, la señora de Silvela y algunas
otras damas.
«Constituyen la Junta directiva D,^ Jesusa Ortega de
Aranzazu, D." Amalia Marín de García Ortega, D.'' Concepción Cortada de Cerrajería y otras señoras.
sAl cuidado y educación de las niñas atenderán ocho
Hermanas de San Vicente de Paúl, españolas, cuyo número se elevará pronto á doce.
»La iglesia es de gusto gótico,»
El acto de la inauguración fué una fiesta para el pueblo de Carabanchc!, que engalanó sus edificios. Su Majestad llegó á las cinco de la tarde, acompañada de la
infanta D.-' Isabel, Condesa de Superunda y Duquesa
de Medina-Sidonia, y seguida de su escolta. Asistieron
á la ceremonia el Gobernador de Madrid, el P, Capdepón y el Ayuntamiento de Carabanchel. S. M, y A. fueron recibidas por las dos juntas de señoras, ofreciéndolas ramos de flores la Vizcondesa de Torre-AImiranta y
su hija: entraron luego en la capilla, donde las educandas cantaron una salve, y visitaron después las principales dependencias, mostrándose verdaderamente complacidas, En la sala de Juntas se obsequió á la Reina y
á la Infanta con dos lindos pañuelos, bordados por las
colegialas, y en el comedor se sirvieron dulces, pastas
y refrescos.
Entraron S. M, y A. á visitar á la Superiora, que se
encontraba enferma, para informarse de su salud, y la
entrevista conmovió á los que la presenciaron. Púsose á
la salida del edificio una mesa de petitorio, presidida
por las Duquesas de Bailen y Veragua, y la Marquesa de
los Ulagares, recolección que produjo una fuerte suma,
pues sólo el Marqués de Casa-Jiménez depositó mil duros en la bandeja.
Colegios, asilos de Caridad, refugios para los que sufren, enseñanza para los que ignoran, buenos ejemplos;
esto es !o que resolverá en lo posible la cuestión social,
suavizándola, pues lo que es para arreglar el mundo,
que se desengaiien todos los reformadores, no se lia inventado fórmula ninguna. Se conocen en cambio infinitas maneras de desarreglarle.
***
Ha fallecido en Madrid D. Eleuterio Maisonnave,
propietario de El Globo, ministro que fué de Estado y
Gobernación en la época republicana, diputado á Cortes, y orador y periodista reputado. Era natural de Alicante, y á esta población han sido trasladados sus restos. De ideas templadas, y afiliado ai partido posibilista,
pasaba por ser uno de los hombres más caracterizados
de aquella agrupación que dirige D. Emilio Castelar. Ha
muerto en la fuerza de su edad, á consecuencia de una
pulmonía, y el Congreso ha hecho, al recibir la noticia
de su muerte, una manifestación de sentimiento, que
agradeció en sentidas frases el Sr. Cclleruelo, su amigo
y correligionario.
**
Telegramas de Quebec nos informan de haber ocurrido un incendio tan rápido y violento en el manicomio
de Lougue Point, que produjo la muerte de un gran número de locos, pues las diversas cifras que se citan no
bajan de noventa. Va rayando en historia la gran cantidad de víctimas que producen los incendios en toda la
América del Norte; pero donde se explican menos esas
catástrofes es en los edificios de reclusión, pues por lo
N;o XVII
mismo que ésta es forzosa para los que habitan en ellos,
deben estar construidos en condiciones que alejen toda
contingencia de convertirse en hogueras para los detenidos.
La imaginación más trágica no había discurrido episodio tan terrible como el de una legión de locos rodeada por las llamas, alcanzada por el humo, huyendo
sin dirección, gritando, rugiendo ó lanzando carcajadas.
Espanta el pensar lo que ailí debió ocurrir, y más aún la
posibilidad de que el sacudimiento nervioso que debió
producir en cada loco aquel horrible cuadro, hiciese recobrar á algunos la razón. Otros, en cambio, acaso se
arrojarían á las llamas, creyéndose vestidos de amianto,
ó que eran salamandras.
***
La Academia de Inscripciones de París se ha ocupado
últimamente de un trabajo del abate Requín, respecto
al origen de la tipografía. Según éste, á las ciudades que
se disputan aquella prioridad, debe añadirse la de Aviñon. Parece ser que en los registros de los notarios de
aquella población ha encontrado M. Requin contratos
referentes á la fabricación de utensilios para imprimir,
como prensas, formas y letras separadas y fundidas. Si
existen en realidad esos contratos, ó aquello quedó en
proyecto, ó, como supone el investigador, en Aviñón se
hicieron ensayos del arte tipográfico antes que en ninguna otra parte, aunque no puede afirmarse si tuvieron
ó no éxito satisfactorio,
Es un nuevo dato que añadir al fenómeno observado
en casi todos los descubrimientos notables: parece como
que fiotan y germinan á la vez en varios cerebros, como
si Dios no quisiera confiar á uno solo la semilla que ha
de producir-la nueva creación destinada-á transformar
la sociedad. Acaso rara vez obtienen la gloría los iniciadores, pues, como dijo Calderón:
Los sucesos portentosos
V de lodos ponderados,
í^inDrcndenios los o s a d o s .
Acábanlos los dichosos.
***
-.—X'éme,usted un frasco de tinta, pero que no sea
tan pegajosa como la del último.
— Era tinta simpática. ¿De cuál quiere usted ahora?
— ¿Es simpática la que se pega? Pues démela de la
más antipática que tenga.
Dos mendigos de nacimiento, cubiertos de andrajos,
fuman una colilla antes de acostarse bajo un arco de
puente, y discurren acerca de la superfluidad de la camisa.
— Comprendo—dice el uno —la vanidad del hombre
en la ropa exterior, que al fin se luce; pero en lo que
no se ve, es darse uno tono consigo mismo.
— Te diré: es un placer que se procuran los que poseen: esa tela lina, pegada al cuerpo, es muy agradable.
— ¿Cómo lo sabes?
— En mi juventud me prestaron un día una camisa.
— ¡Apártate! Busca otro arco de puente. Te rechazo
y maldigo por burgués.
— c Qué me dices de la cuestión social ?
— ¡ Psh! Es un pleito de clases en que saldremos todos
condenados á las costas.
JOSÉ EERNÁXDEZ BREMÓN.
NUESTROS GRABADOS.
TOLÓN ( F R A N G Í A ) :
Visita del Presidente de la Rcpóblica francesa, M, Carnol, al acor^izado
español Pelayo.
El PresidenLe de la República franccHa, M. C a r n o l , que salió
de París en la noche del 15 de Abril próximo pasado, para visitar los departamentos del Mediodía de Francia y la isla de Córcega, llegó el 18 á la ciudad de T o l ó n , siendo objeto de aclamaciones entusiastas p o r parte de todas las clases sociales, sin
excluir la respetable del clero católico; hospedóse en la Prefect u r a , donde se le habían preparado lujosas habitaciones, y hubo
de salir repetidas veces al balcón, obligado por los fervientes vivas y burras de la innumerable m u c b e d u m o r e ; salió después á
pie, seguido de brillante comitiva, para recorrer las principales
calles, y , conira su v o h m t a d , las gentes del pueblo le llevaron
en triunfo, gritando cada ves con más entusiasmo: ¡Viva Carnot! ¡Viva la Reptiblica francesa!
En la mañana del siguiente d í a , á las n u e v e , se verificó la recepción oficial, concurriendo todas las autoridades y las personas notables de la población; y M. C a r n o t , después de recibir al
almirante Eovera di Maria, jefe de la escuadra italiana fondeada
en el puerto, quien puso en sus m a n o s una carta autógrafa de
S. M. H u m b e r t o I , acreditándole como enviado extraordinario
para saludar al Presidente de la República francesa en nombre
y representación del R e y de Italia, recibió también al capitán
de navio de la armada española D . Pascual Cervera y Topete,
comandante del acorazado Pelayo (surto en dicho puerto, como
saben nuestros lectores, para cargar su artillería), y á la brillante oficialidad, libre de servicio, del mismo b u q u e , cambiándose afectuosas frases que atestiguaron las excelentes relaciones de amistad que existen entre Esparta y Francia.
E n seguida el Presidente de la Reptiblica dirigióse al arsenal,
y presenció el lanzamiento del acorazado francés Magenta, que
se ejecutó con éxito completo entre vivas entusiastas, y visitó
después el acorazado Forniidcble, uno de los más poderosos buques de la armada francesa, dignándose luego pasar á bordo del
acorazado español Pelayo, donde fué saludado con una salva de
21 cañonazos y los vivas de ordenanza.
Nuestros lectores no ignoran (véanse L A ILUSTRACIÓN de 1887,
lomo I, pág. 129, y de i888, tomo ir, p.ig. 129) que aquel magnífico barco ha sido construido en los talleres de L a Seyne,
cerca de Tolón ¡ F r a n c i a ) , p o r la Sodél¿ des Forges el Chaniiers
de la Médilerrance. y fué botado al a g u a , en L a Seyne, el 5 ^^
Febrero de 1887, bendiciéndole el R d o , Obispo de Frejiis y de
T o l ó n , monseñor D u r y , y presidiendo el solemne acto el excelentísimo Sr. D- Rafael Rodríguez de Arias y Vülavicencio, ministro de Marina de España. Mide; eslora, 105 m e t r o s ; manga,
N." XVII
LA I L U S T R A C I Ó N
20,20; puntal, 12,45; calado, 7,46; desplazamiento, 9.502 toneladas. Para la propulsión tiene cuatro máquinas Co/iipound, de
dos cilindros cada u n a , acopladas cada dos sohre un mismo eje,
siendo, por consiguiente, dos el niimero d e las hélices, y lleva
también máquinas de vapor auxiliares, en número de 42, para
los diferentes servicios, desde la p e q u e ñ a bomba de agua dulce,
hasta las importantes bombas que comprimen el agua para el
movimiento de las torres. Su armamento consiste en 2 cañones
de 32 centímetros y 49 toneladas, montados en dos torres á barbeta sobre el eje longitudinal; 2 de 28 centímetros y 33 toneladas en dos torres laterales á barbeta; un cañón de ló centímetros en la p r o a , y 12 cañones de 12 centímetros en la batería,
siendo todos del sistema González H o n t o r i a , modelo de 1883, ó
sea de acero y á retrocarga; y como artillería ligera lleva 3 cañones Hochldss de tiro rápido, de 57 milímetros, 2 de la misma
clase del sistema Nordenfelt y 47 milímetros; 13 cañones revolvers Hochkiss, de 37 milímetros, un cañón González H o n t o ria, de 9 centímetros, y 2 de 7 centímetros del mismo sistema.
Los trabajos de construcción del buque h a n sido presididos
por el capitán de navio D . Pascual Cervera y T o p e t e , n o m b r a d o
comandante del Pelayo en 1885 y jefe de !a comisión encargada
de vigilarlos, por sus reconocidas dotes de inteligencia, instrucción y carácter á la vez firme y conciliador.
Todo lo visitó el Presidente de la R e p ú b l i c a , manifestándose
verdaderamente complacido: el comandante del Pelayo m a n d ó
que se izase, en el mástil mayor del b u q u e , la bandera francesa,
que tenía en su faja blanca u n a inmensa C (inicial del patronímico C a r n o t ) , bordada en oro; los soldados formaron en el
puente, presentando las armas, y la marinería, subida en las
vergas, dio los vivas de ordenanza; el Sr. Cervera hizo virar el
enorme cañón de 49 toneladas, ya colocado en una de las torres.
El Presidente, al retirarse, expresó la satisfacción que había
tenido visitando el magnifico acorazado, q u e , construido en
Francia, lleva en sus topes la bandera espaiiola, y el Sr. Cervera
le dio las gracias por sus afectuosas frases, p r o n u n c i a n d o otras
de alabanza á la nación francesa, á las que M. Carnot contestó
diciendo que celebraba mucho haber tenido ocasión de saludar
en e! comandante del buque á un digno representante de E s p a ñ a
y de la armada española.
Esta visita del Presidente de la República francesa al acorazado Pelayo ,es el asunto del grabado que publicamos en la plana
primera, hecho sobre fotografía directa, que ha tenido la atención de remitirnos D . E. Ardey, de T o l ó n , á quien damos las
más sinceras gracias.
En la pág. 284 damos el retrato del c o m a n d a n t e de dicho
buque.
Nació el Sr. Cervera en iS de F e b r e r o de 1S39, y lleva ya más
de treinta y cinco años de buenos servicios en la armada española; por ellos está condecorado con varias cruces del Mérito
Naval y. del Mérito Mditar, encomienda de Isabel la Católica,
placa de San Hermenegildo, medallas de África, JoIó, Carraca,
Cuba y Guerra'Civil, y con el honorífico título de benemérito de
la patria; fué nombrado comandante del Pelayo c u a n d o se decretó
la construcción del b u q u e , en 10 de Enero de 18S5, y «bajo su
paternal dirección (escribe en atenta carta el mencionado f.eñor
Ardey), y por la exquisita finura de toda la oficialidad, así como
por la constante vigilancia de la tripulación, no solamente se establecieron desde luego las mejores relaciones de amistad entre
los marinos españoles del Pelayo y las poblaciones de La Seyne
' Tolón, sino que ei digno, simpático y caballeroso c o m a n d a n t e
as establecía también con las autoridades marítimas, militares y
civiles; relaciones de cortés amistad que aun d u r a n , como lo ha
demostrado la viva satisfacción que manifestó la ciudad cuando
el Presidente de la República francesa anunció su propósito de
visitar el Pelayo, tipo completo de los buques modernos de guerra, con los últimos perfeccionamientos, y muy especialmente
cuando M. Carnot otorgó al Sr. Cervera, como recuerdo de su
visita, la cruz de comendador de la Legión de H o n o r , y al segundo comandante del acorazado, el capitán de fragata D . Guillermo Camargo y Abadía, la cruz de oficial de la misma orden
insignes.
Í
APUNTES DE LA ISLA DE YAP, EN LAS ISLAS CAROLINAS OCCIDENTALES,—(Véase el artículo correspondiente, pág. 291.)
LAS MAÍIIFESTACIONES OURERAS EN MADRID Y EARCELOXA.
Ya saben nues';ros lectores (véase la Crónica general) que el
asunto de más importancia en la primera semana del mes corriente ha sido la manifestación obrera en casi todos los países
de Europa y en algunos de América; y p o r lo que h a c e á nuestra patria, cualquiera que sea en lo porvenir el resultado de la
manifestación, en lo que se refiere á las relaciones del trabajo y
el capital, sólo hay motivos para congratularse de la sensatez
de los obreros, por regla general, que en ella h a n tomado parte,
ofreciendo á la nación un ejemplo de extraordinario progreso
en las costumbres públicas, Así lo dicen los hechos.
Empeño vano sería el nuestro si intentásemos describir, dentro de los reducidos límites de esta sección, las manifestaciones
obreras de Madrid y Barcelona; y esa descripción, p o r lo demás, está hecha con amplitud, imparcialidad y gran copia de
datos por la prensa periódica d i a n a : debemos ocuparnos sólo
en la explicación de los grabados de las págs. 285 y 292, relativos á dichas manifestaciones de Barcelona y Madrid, hecho el
primero por fotografías que nos ha remitido D, J u a n P u i g g a r i , y
el segundo sobre apuntes del natural debidos al Sr. Comba.
En Madrid.-^^
viñeta primera representa la reunión de obreros, congregados por el gremio de albañiles, en los Jardines del
Buen Retiro, en la tarde del i.o Después que cí Presidente rogó
á los manifestantes que guardasen orden perfecto, el Secretario
dio lectura á ima exposición dirigida á las C o r t e s , en la que se
pide una ley que fije en ocho las horas de trabajo y que limite prudencialmente el de los niños y las mujeres; y en seguida
el gobernador de !a provincia, Sr. Aguilera, les dirigió la palabra, desde la barandilla del kiosco, elogiándoles por la cordura
con que hacían uso de un derecho que la ley les c o n c e d e , y r e comendándoles q u e , terminado el acto, se retirasen pacíficamente á sus hogares. El discurso del Gobernador fué muy aplaudido por los obreros allí reunidos.
Un grupo de estos obreros, concluido el meeíing, dirigióse por
el Prado y Carrera de San Jerónimo al Congreso de los Diputados (dibujo segundo), y al llegar á la plaza de las C o r t e s , donde
prestaban servicio algunas parejas de Guardia civii y varias de
Seguridad pública, los manifestantes intentaron p e n e t r a r en el
edificio, gritando: l Arriba!; mas la fuerza de Seguridad les impidió el p a s o , invitándoles á que se retiraran. Así se verificó
tranquilamente, y la exposición leída en el nieeíing del Buen
Retiro fué luego presentada por la comisión corresp'^ondiente a!
Sr, Presidente de la Cámara.
En las esquinas de las calles.más concurridas, e! partido anarquista había fijado unos carteles rojos, convocando á los obreros
á un meeí'mg en el Liceo Ríus: éstos leían la convocatoria (asunto
de otra viñeta), y c\ meeiing ^s celebró con'mucha concurrencia
y buen orden, á las diez de la m a ñ a n a , terminando con un viva
á la solidaridad obrera universal, que fué contestado entre aplausos y aclamaciones.
El último dibujo representa el exterior del mismo Liceo Ríus
ESPAÑOLA
283
Y AMERICANA.
en la m a ñ a n a del 4 , mientras se celebraba en el interior la r e unión de los obreros socialistas,
En Barcelona.—La manifestación obrera en la Ciudad Condal,
el día i.'^ de Mayo , honra p o r todo extremo á la culta capital de
Cataluña.
Celebróse el meeting en el teatro del Tívoli, d o n d e no caben
sino 3.400 p e r s o n a s , y esperaba en los alrededores la gran masa
de los manifestantes, cuyo número excedía de 40.000; aprobóse
la exposición á las C o r t e s , en la cual se pide también ocho horas
de trabajo para los adultos y seis para los niños mayores de catorce a ñ o s , prohibición absoluta del trabajo para los menores,
abolición del trabajo nocturno en varias industrias, etc., firmándola los representantes de 37 gremios; partió en seguida la imp o n e n t e manifestación p o r Jas R a m b l a s , plazas de Colón y de
Antonio López y otras calles, siempre con el orden más perfecto, pasando p o r delante del A y u n t a m i e n t o , de la Diputación
provincial y de la Capitanía general; la comisión n o m b r a d a al
efecto entregó Ja exposición al Sr. Gobernador civil, para que la
elevara á las C o r t e s , y pocos momentos después los manifestantes se retiraron pacíficamente, siendo saludados desde un balcón
del edificio del Gobierno por el jefe civil de la provincia.
Nuestro grabado representa cuatro episodios de tan imponente a c t o : el p u n t o de reunión de los obreros, ó sea el teatro
del Tívoli; la manifestación en la plaza de Antonio L ó p e z ; la
misma manifestación al pasar frente á la Capitanía general, y el
m o m e n t o en que el Gobernador civil saludaba á los manifestantes desde un balcón de su palacio.
BELLAS ARTES.
En el muelle de Gijón, dibiijü origldal de Tiimás Caaipuíanü,
Riña de codornices, cuail™ de Rocliegrossc.
El muelle de Gijón, en las horas de subir la m a r e a ; numerosos barcos se columpian sobre las a g u a s ; en el malecón de!
muelle algunas vendedoras de pescado aguardan la llegada de
la carga; á lo lejos se descubre un promontorio; el cielo es claro
y diáfano.
Este dibujo (véase el grabado de la p á g . 28S), seguramente
copia del n a t u r a l , p o r el distinguido marinista D . T o m á s Campuzano, ha figurado en la Exposición de Blanco y Negro ( n ú mero 22 del Catálogo) instalada en Marzo último por el Círculo
de Bellas Artes.
El autor del cuadro Combat de cailles que reproducimos en el
grabado de la pág. 289, M. Roehegrosse, explica así el asunto
de su interesante composición : » E n la antigua R o m a hubo u n a
época en que hacían furor los combates de animales, y aun las
mujeres organizaban en sus gineceos riñas de pájaros, hasta de
codornices y perdices.»
Esto acontecía en la antigua Italia, en la época de los Flavios.
Sobre una mesa de mármol,hay tres .avecillas, u n a ya ensangrentada y m u e r t a , y d o s , cubierta la cabeza d e fino casco de
b r o n c e , que pelean y se atacan fieramente con el pico y las
u ñ a s ; y u n a m a t r o n a , rodeada de sus hijos, presencia el espectáculo
¡ Sin duda la patricia romana intenta preparar el corazón de sus p e q u e ñ u e l o s , para que asistan luego sin estremecerse á los horribles combates de gladiadores!
Es notabilísimo este cuadrito por su buena composición, p o r
la fisonomía expresiva de los personajes y p o r la verdad arqueológica que resalta en los vestidos y en los accesorios.
Figura el Combat de cailles en el Salón parisiense inaugurado
el I.o del actual, y nuestro grabado es obra de Carlos Baude.
LAS INUNDACIONES DEL MISSISSIPPI.
Aí-pecto de una callu de Greenville.
En la pag. 293 damos un grabado que r e p r e s e n t a (según fotografía remitida á la revista ncoyorkina Harper's
Veekly) una de
las principales calles de Greenville, !a Poplar street, vista desde
la avenida de W a s h i n g t o n , durante las inundaciones producidas
por el desbordamiento del Mississippi, en ios primeros días de
Abril próximo pasado.
Estas inundaciones, que se repiten casi todos los a n o s , ocasionando grandísimo estrago en ciudades y c a m p o s ribereños,
h a n dado motivo al Gobierno del Estado p a r a n o m b r a r u n a comisión facultativa, compuesla de distinguidos ingenieros, con el
fin de averiguar las causas del periódico desbordamiento del gran
pathcr of Waters, ó Padre di los Píos, como denominan enfáticamente los norteamericanos al Mississippi; h a b i é n d o s e , por
de pronto, reconocido que el cauce del a n c h o río se eleva en
muchos sitios á diez, diez y siete y veinticuatro pies (ingleses)
sobre la superficie del suelo colindante , por lo q u e el desbordamiento de las aguas, que se extienden i m p e t u o s a m e n t e por llanuras y valles, ocasiona desastres como los de 1882, IS&Í; y 1890.
L a comisión facultativa prosigue con actividad sus i'Studios
sobre el terreno, para proponer los medios de evitar sem ajantes
desastres.
Establecimientos como el Dispensario de Alfonso ^ / Z / j para niños, existen años hace en el extranjero, según el doctor Calatraveño, médico-director del mismo Dispensario:
París poseía dos
en 1883, y después se h a n instalado cinco m á s , habiendo acordado recientemente el Ayuntamiento de la gran ciudad la creación de uno en cada distrito.
El objeto inmediato de esos dispensarios e s :
I.o Evitar á los hospitales la aglomeración de enfermitos, porque la estancia de los nitios en los hospitales es cara y llena de
inconvenientes y peligros.
2,0 Favorecer el tratamiento de los n i ñ o s , estando éstos al
cuidado de sus m a d r e s , dándoles asistencia médico-farmacéutica y socorros, gratuitamente.
3.0 Propagar entre las clases pobres los principios de higiene
infantil y destruir los errores que en materia de enfermedades
de niños existen muy arraigados en las clases menesterosas.
T o d o s los dispensarios parisienses se sostienen con el producto
de donativos particulares y suscriciones mensuales, alguno de
ellos dispone ya de una renta de cien mil francos, y sólo el fundado por M. Ruel en 1S87 ha prestado benéficos servicios, en el
corto espacio de tres a ñ o s , á 41.346 niños.
Si se tiene presente q u e , según el estado oficial publicado
hace pocos días en la Gaceta de Madrid, han fallecido en nuestro
p a í s , durante el año próximo p a s a d o , n a d a menos que 10.163
párvulos, se comprenderá que es necesario comenzar enérgica y
pronta c a m p a n a en favor de los niños enfermos y p o b r e s , que es
el objeto de la sociedad El Porvenir Industrial,
con su Dispensario de Alfonso
XIII.
Asistieron á la inauguración d e éste numerosas y elegantes
señoras, el Ministro de F o m e n t o , varios individuos de la J u n t a
directiva y representantes de la p r e n s a ; después de la Memoria
leida por el Sr. Muñoz, pronunciaron discursos el Sr. D u q u e de
Veragua, el Presidente efectivo de la Socieda,d y el Sr. Moret,
quien invitó con elocuente frase á las madres ricas á escatimar
un juguete á sus hijos para emplear su importe en socorrer á los
pobres niños que son víctimas de la miseria; visitóse luego el
Dispensario, en el que hay sala de reconocimiento, farmacia,
cuarto de baños y d u c h a s , escuela, gimnasia, etc., y se sirvió
una modesta comida á varios niños y niñas (unos 27) que habían
nacido el día 17 de Mayo de 188Ó, el mismo en que vino al
mundo S. M. el rey D . Alfonso XIIL
Este asunto es objeto de nuestro segundo g r a b a d o de la p á gina 293, según dibujo del natural, p o r Comba.
é%
SRTA. D.a MARÍA LUISA GUERRA,
distinguida piaiiLsta argentina.
!
En la noche del 25 de Abril próximo pasado el salón de actos
del Ateneo de Madrid presentaba aspecto de solemnidad inusit a d a : era que la bella y distinguida pianista a r g e n t i n a , señorita
D.a María Luisa Guerra (niña que no viste de largo todavía), daba
u n a velada musical ante aquella culta sociedad, y todos los escaños del ancho salón y de ¡as tribunas aparecían ocupados p o r
selecta concurrencia, en la que dominaban numerosas y elegantes señoras,
María Luisa Guerra, cuyo retrato damos en la pág. 296, nació
en Gualeguaychú (República Argentina), y su genio músico y su
aplicación fueron tan extraordinarios, que apenas cumphda la
edad de seis años, edad de caprichos y juegos infantiles, la niña
argentina empezó á dar conciertos de piano en varías poblaciones de América; viniendo con su famüia ;í E u r o p a , dirigióse á
Italia, donde estudió en Milán con el maestro Lucas Fumagalh,
y más larde á Barcelona, siendo su profesor Carlos Vidiella; estudió luego composición con el Sr. Rodríguez Alcántara, y en
esta corte con el Sr. Arín, y ha dado conciertos en Barcelona y
P a r í s , recibiendo en todos nutridos y espontáneos aplausos.
En el del Ateneo de Madrid entusiasmó al inteligente auditorio por la maestría del mecanismo y Ja duJce sonoridad q u e
arranca á las teclas del p i a n o : tocó sucesivamente la sonata de
Beethoven, La Aurora; una bellísima melodía de Schuman; u n a
obrita característica de I l e n s e l t , titulada ¡Si yo fuera
pájaro!
que mereció los honores de la repetición; unas variaciones sobre
un tema de Paganini, escritas p o r Brahms, obra de prueba p o r
las dificultades que en ella ha acumulado el famoso maestro de
capilla de Viena; un estudio de Rubinstein; u n a composición de
las más simpáticas de Listz; ia bella melodía de Raff, Las Hilanderas; una Tarantela, compuesta p o r la misma joven artista;
y además de estas obras, que estaban en el programa, una danza
y el brillante Vals-capricho de Rubinstein.
«Pocas veces hemos oído (escribe un testigo presencial) más
nutridos y prolongados aplausos, a c o m p a ñ a d o s de ¿/•^ZZ'ÍIÍ y hasta
de vivas, como los que el auditorio tributó á la simpática pianista argentina.»
L a Srta. Guerra salió de Madrid en el siguiente d í a , para embarcarse en Cádiz con rumbo á su patria; p e r o deja gratísimo
recuerdo á los aficionados á la buena música, que tienen la esperanza de volver á oiría y aplaudirla en esta c o r t e , si se cumplen los propósitos de la joven artista, en el otoño próximo.
EusEBio M A R T Í N E Z D E
VELASCO.
MADRID;
Una conii(l:i, á niños iicejjides 011 el Dispensario
de Alfonso
XIII.
El día 28 de Abril próximo pasado se inauguró en Madrid una
sociedad benéfica denominada El Porvenir Industrial,
en cuyo
domicilio está instalado el Dispensario de Alfonso XIII, ó sea
un local donde se proporciona á l o s niños pobres asistencia m é dica y farmacéutica, baños de agua dulce y minero-medicinales
preparados artificialmente, ligera alimentación, vestidos, etc.
V<5ase cómo surgió la idea de crear esta benéfica sociedad,
según escribe su secretario D . E d u a r d o M u ñ o z en la Memoria
que leyó en el acto inaugural:
« E r a u n a época reciente de tristísima recordación: á los estragos de un invierno crudo y despiadado, que esterihzó todas
las iniciativas y dejó paralizados lodos los trabajos, uniéronse
los horrores de triste epidemia. Las clases trabajadoras sufrieron
de lleno el r u d o golpe; y el que esto escribe tuvo ocasión de
observar, al ir casa por casa distribuyendo socorros y alumbrand o , siquiera momentáneamente, con el rayo de sol de la caridad
cuadros de negrura indescriptible, la absoluta c a r t n c i a de higiene, la miseria más espantable, la desesperación d e aquellos infelices obreros que se retorcían en el lecho del d o l o r , mirando
cómo se agrandaban sus martirios con el sombrío espectáculo de
un hogar frío y desmantelado, u n a esposa gimiendo por su desamparo y unos hijos que inútilmente pedían p a n y abrigo,
»Entonces surgió la idea de fundar El Porvenir
Industrial,
y surgió—debo hacerle esta justicia—del h o n r a d o artesano d o n
José María Gámez, Los que á su pensamiento dimos forma, buscamos con afán el concurso de los hombres de influencia y valimiento."
N o falta ya ese concurso á El Porvenir Industrial,
á j^ízgar
por su J u n t a directiva: son presidentes protectores SS. MM. don
Alfonso X I I I , Ja Reina Regente, D.a-Isabel II y D P'rancisco de
Asís, y SS. AA. R R . las infantas D.a Isabel y D.a Eulalia, y son
presidentes honorarios los Sres.-Ministro d é - F o m e n t o , Presidentes de.la Dipiitación provincial y. del A y u n t a m i e n t o , Obispo de
Madrid-Alcalá y D . Segismundo Moret y Prendcrgast.
LA EXPOSICIÓN DE BELLAS ARTES.
UPONGO, lector (y perdona si te calumnio), que, artista de profesión ó mero
1^: aficiüimdo como yo, eres hombre de
^ anclio criterio y de juicio desapasiona__
do. No temo que me desmientas; pero
'j^^^íj? si por inverosímil casualidad te reconoces
'^•r^ cS^ falto de uno ú otro m é r i t o ; si te sientes
^ ^ arrastrado por antipatías personales ó embara^ y . zade por preocupaciones de escuela; si te encuentras con ánimo de hollar ]a razón y la
justicia jurando por Rafael contra Velázquez ó por
Velázquez contra Rafael, por Miguel Ángel contra
Fidias ó por Fidias contra Miguel Ángel, por la Alhambra contra el Partenón ó por el Partenón contra
la Alhambra; en suma, si no vienes resuelto á celebrar lo bueno donde lo halles y á reprobar lo
malo donde te salte á la vista, vuelve la hoja y busca ,
en otra parte la satisfacción de tus caprichos ó la
sanción de tus atropellos, porque ni yo he de colmar jamás Jas medidas de tu pasión, ni tú has de
apreciar la sinceridad de mis opiniones," única prenda
que á mis propios ojos las abona.
284
LA
Harto sé que este humor no abunda
en nuestro tiempo ni en nuestra tierra,
donde hoy por hoy no faltan descendientes de aquel puntilloso caballero que se
jactaba de haber tenido veinte duelos por
sustentar la primacía del Ariosto sobre
elTasso, sin conocer un solo verso del
uno ni del otro. Aquí el hombre imparcial sólo consigue granjearse la enemistad de tirios y troyanos, y al fin viene
á quedar en la airosa posición del que se
sienta de golpe entre dos sillas.
Tal es, sin embargo, mi modo de enjuiciar. Para mí, en materia de arte, todo
es bueno—menos lo malo y lo mediano.
Idealista ó realista, nacional ó extranjero, cada autor ocupa en mi estimación
el puesto á que lo elevan sus buenas
prendas conforme al número y á la calidad. Murillo no perdería un átomo de
mi aprecio aunque hubiera pintado en
el Congo ; Vanlóo no ganaría un quilate
de mi estimación aunque hubiera nacido
en el Campillo de Manuela; y por lo
demás, ni la corrección del dibujo ni la
magia del colorido me harán nunca poner á Poussin sobre Rubens, ni á Rubens sobre Miguel Ángel.
Hecha esta sumaria profesión de fe,
para que luego no te llames á engaño,
entremos, si quieres, en el Palacio de la
Exposición, dejando antes á la puerta
toda receta académica y todo compromiso de amistad.
A u n suponiendo (¡y Dios sabe si es
suponer!) que los mil ciento sesenta y
dos trabajos gráficos y plásticos reunidos
en aquel espacioso local fueran otras tantas, maravillas del arte, el conjunto de
tantas obras heterogéneas por su índole,
por su asunto, por su ejecución, por su
ILUSTRACIÓN
D. PASCUAL
COMANDANTE
ESPAÑOLA
Y
CE R V E K A
DEL ACORAZADO
Y
N.« XVII
AMERICANA.
TOPETE.
«PELAYO».
tono y por su forma, necesariamente
había de producir al pronto una impresión confusa y desagradable. E l mármol
y el bronce, el yeso y el barro modelados conforme al gusto de cada escuela
y al capricho de cada escultor; aquí el
gris perlino de un paisaje nebuloso, junto
á los vivos matices de un Horero cargado
de rosas y claveles; allí la tranquilidad
de un interior sombrío, j u n t o al esplendor de un rayo de sol reíiejado en el
agua ; en otra parte una figura risueña
que sólo se ocupa en lucir la frescura de
su cuerpo desnudo, junto á una escena
de violencia y de sangre; todos los contrastes, en fin, de asunto, de composición, de dibujo, de color y de luz, reunidos por la casualidad y barajados por
la inevitable precipitación de una instalación atropellada: eso es lo que se descubre en globo al recorrer por primera
vez aquellas diez salas atestadas de estatuas y cuadros. No es, pues, milagro
que la vista experimente en los primeros
momentos una sensación semejante á la
que sufre el oído cuando simultáneamente lo sorprenden en la calle un organillo destemplado estropeando un dúo
de la S'inámbtda ^ una banda militar caminando al compás de la Marcha Turca, un ciego desentonando la jota, y á
veces un camión cargado de barras de
hierro ó de latas de petróleo vacías. De
varias cosas excelentes puede muy bien
hacerse una mixtura infernal.
La primera hora es tremenda. Después, como al fin y al cabo es más fácil
aislar con la vista un cuadro que con el
oído una melodía, mediante un poco de
paciencia y otro poco de buena voluntad, al cabo de unas cuantas horas y
^
«
ISLA
DE
YAP
^
(CAROLINAS O C C I D E N T A L E S ) . - - V I S T A
-
. ^ . - : -
D E LA BAHÍA DE TOMIL Y CAMPAMENTO DE «REINA REGENTE»,—UN MATRIMONIO INDÍGENA.
RETRATO DHL PRIMER NIÑO INDÍGENA BAUTIZADO POR T.OS REVERENDOS PADRES CAPUCHINOS.
LA M A N I F E S T A C I Ó N
OBRERA
EN
BARCELONA.
EL TEATRO DEL TÍVOLI, PUNTO DE HEUNÍÓN DE LOS MANIKE$TANTKá, KL 1.° DEL A C T U A L . ^ L A
LA MANIFESTACIÓN FRENTE A LA CAPITANÍA GENERAL. — E L
--.
MAXIEESTACIÓN KN LA PLAZA DE ANTONIO
LÓPEZ.
GOBERNADOR CIVIL SALUDANDO Á LOS MANIFESTANTES DESDE EL BALCÓN PRINCIPAL DEL PALACIO.
(De f o t o g r a f í a s de D . J u a n P u i g g a r í . )
286
LÁ
unos cuantos paseos, la criba del juicio va dejando
pasar lo más menudo, y acaba por quedarse con las
dos ó tres docenas de obras que por su importancia
absoluta ó relativa merecen fijar, en bien ó en mal,
la atención de la crítica, y pueden servir de jalones
para señalar el camino y aun los extravíos del arte
en el momento presente.
Esa apreciación, sin embargo, estará expuesta siempre á graves errores si no se toman en cuenta otros
datos complementarios. A nuestros concursos rara
vez acuden los artistas ascendidos al generalato por
la opinión del público. No hablemos de los decanos
del arte, de los maestros de la generación actual, de
los que nos trajeron las gallinas. Esos no entran en
cuenta, como no sea para sancionar con su voto inapelable los triunfos de sus descendientes. Prescindamos
de los que en plena actividad productora tienen su
mercado en Londres, en París, en el mundo entero.
Fortuny nunca envió un lienzo á nuestras Exposiciones oficiales: ¿para qué? Hoy Villegas, Raimundo
Madrazo, Martín Rico—-algunos otros también —se
hallan en el mismo caso. Entre los vivos de casa,
Germán Hernández, Domínguez, Ferrant, Pradilla,
Plasencia, por rara casualidad envían algo, y sus
obras más granadas se han de buscar en Palacio, en
el Congreso, en el Senado, en San Francisco el
Grande, juntamente con las de Suñol y otros escultores de primera fila. Sala y Jiménez Aranda nos
sorprenden este año agradablemente con su visita
inesperada. Por último, Alvarez, desconocido para
la gente que no peina canas, iba ya siéndolo también aun para los que veinticinco años ha celebrábamos las primicias de su talento. Hasta los laureados
con primeras medallas en los certámenes anteriores
brillan en éste por su ausencia o por !a nimiedad de
sus envíos. Formular juicios generales con semejante
falta de elementos, sería incurrir en la temeridad de
quien pretendiera describir la fauna terrestre, sin
más documento que la casa de fieras del Retiro con
su tigre perniquebrado y sus cuatro buitres alicaídos.
Líbreme Dios de rebajar el mérito de los expositores en general, ni las dotes sobresalientes que en
muchos de ellos reconozco y aplaudo. Sólo quiero
decir que las obras reunidas en el Palacio del Hipódromo no bastan para dar cabal idea del arte español en 1890.
Aun así, bien puede decirse que, consideradas en
globo, y salvando las diferencias de peso y magnitud,
descubren las mismas tendencias que en mayor ó
menor grado muestran las de casi todos los ausentes.
Con honrosas excepciones, nuestros artistas, mejor
dicho, nuestros pintores, dan excesiva preferencia á
la ejecución sobre la concepción, al procedimiento
sobre la idea, y, aun dentro de esa esfera limitada,
todavía anteponen lo secundario á lo principal.
Como esto no resultará claro para todos los lectores, perdónenme los peritos cuatro palabras de explicación.
E n la producción de toda obra artística entran dos
elementos: el genio y la habilidad. Si el hombre que
concibe un pensamiento carece de medios para expresarlo, la obra, como suele decirse, se le quedará
en el trascuero: la idea germinará y morirá en la
mente que la concibió. E n todo autor, por grande
que sea, hay dos hombres: un pensador y un ejecutante, un artista y un artesano. Por eso, hablando
con propiedad, no todos los que manejan la brocha
ó el cincel merecen nombre de artistas, por mucha
maestría que luzca el uno en imitar las tintas y el
otro en reproducir las formas del natural. Si, reduciéndose á copiar servilmente el modelo , no interpreta la naturaleza á su modo, no anima la obra infundiéndole su espíritu y marcándola con su sello personal, podrá ser excelente pintor ó escultor consumado, pero tendrá de artista lo que el fotógrafo que
toma vistas para un álbum ó el modelador que con
destino á un musco de ciencias vacia en cera ó en escayola detalles anatómicos ó accidentes teratológieos.
Pues bien : con escasas excepciones , nuestros artistas {aun los que legítimamente merecen ese honroso
dictado) suelen dar más importancia al procedimiento
que á la idea en sus obras-—y en las ajenas.
De treinta años acá, los conocimientos técnicos lian
adelantado extraordinariamente entre nosotros. Kl
último discípulo aprobado en la clase de colorido
podría dar lecciones á Maella y á otros menos desdichados que Maella. Los que luego siguen trabajando
privadamente bajo la dirección de buenos pintores,
adquieren de día en día nuevos recursos de paleta.
Sin salir de la Exposición, encontraremos discípulos
de Casado, de Domínguez, de Plasencia y de otros,
que hacen honor á sus maestros. Allí hay trozos de
pintura magistralmente ejecutada por todos los procedimientos conocidos, desde los sóUdos empastes á
la española, hasta las delicadas veladuras á la holandesa.
El dibujo mismo, aunque menos medrado que el
colorido, tiene sus representantes dignos de todo
aplauso; en muchos cuadros es tolerable; en algu-
ILUSTRACIÓN
ESPAÑOLA
Y
N.» XVII
AMERICANA
nos, bueno; en otros, aunque pocos, excelente. E n
eso, como en todo, suele hallarse el filón donde menos se espera; y quizá en cuadros de asunto trivial, y
aun de cortas dimensiones, hallaremos las figuras
mejor plantadas, los grupos mejor compuestos, los
movimientos mejor sorprendidos y los tipos mejor
caracterizados.
Pero, vuelvo á decirlo, estas últimas cualidades y
otras de mayor importancia, son las nicnos abundantes en el actual concurso.
De ellas pongo en primer término la elección del
asunto y el plan general de la composición. Algo excelente hay en ese punto, pero i qué poco! En todo
trabajo artístico (cuadro, estatua, edificio, partitura
ó poema) ha de haber ante todo la claridad de pensamiento necesaria para que el público comprenda la
intención del autor. Y para que el público comprenda la intención del artista, bueno es que el artista principie por tener alguna intención — fuera de
la de end^adurnar lienzo ó amasar barro á tuertas ó
á derechas.
No pido yo al artista que me pinte aforismos políticos ni que me esculpa máximas morales. Lejos
de eso, si hemos de entendernos, le exijo, ante todo
y sobre lodo, que su intención sea esencialmente artística, ó, de otro modo, que sepa elegir un tema pictórico, si es pintor ; escultórico, si escultor ; arquitectónico, si arquitecto ; musical, si músico ; poético, si
poeta. ¿Qué dogma teológico prueba la Virgen de
la Silla? ¿Qué tesis filosófica desenvuelven las (ieórgicas? ¿Qué cuestión social plantea la Venus de
Milo? ¿Qué problema científico resuelve la Sinfonía
Pastoral de Beethoven? N o ; yo pido á cada arte lo
que buenamente puede darme, sin salir de su circulo
peculiar Si dentro de tales Hmites logra encerrar
además un pensamiento político, moral o filosófico,
eso será miel sobre hojuelas, y yo le daré un aplauso
como artista y otro como pensador; si no, tan amigos como antes. Traspasar los linderos naturales de
un arte, es dar en lo absurdo ; y pronto hemos de tropezar con algún talento de primer orden que, anegado en las dificultades de un asunto ultrapietórico,
ha tenido en último extremo que pedir auxilio y
tomar por colaborador
al dorador del mareo. Eso
debe ser lo que llaman <';salvarse en una tabla».
La concepción general del tema lleva envuelta en
sí la unidad de la composición. Esa unidad varía de
importancia según la índole de cada asunto. Un
paisaje con figuras puede contener varios grupos casi
independientes, porque ahí la figura es lo aecesorio y
el fondo lo principal. Una feria, una romería, un
paseo público se hallan también en ese caso, aunque
la figura recobre en ellos su importaiicia. Aun en
las composiciones de mayor altura por su género y
por su asunto, sobre todo si son ineramente representativas ó principalmente simbólicas, puede haber
partes que no se eiicadenen entre sí con lazo indisoluble. Las Escuelas de Atenas, donde Rafael simbolizó la historia de la filosofía griega, ofrecen grupos
que en rigor podrían constituir composiciones independientes. Sin embargo, aun teniendo en su abono
ejemplo tan ilustre, ese método ofrecería graves inconvenientes, sobre todo si se aplicase á la pintura
dramática, es decir, á la representación de una acción
deternnnada. A medida que un orgainsmo es más
perfecto, va siendo más intima la trabazón de sus
elementos. Ciertos animales inferiores, en los cuales
el sistema nervioso tiene la forma ganglionar, pueden dividirse en partes independientes que siguen
viviendo después de separadas. E n los grados superiores de la escala zoológica nunca se da ese caso: la
amputación produce la muerte de la parte amputada,
y á veces la del organismo entero.
Después de la unidad pongo como condición no
menos necesaria en toda obra de arte U expresión
del carácter peculiar á cada conjunto, á cada grupo
y á cada figura. Ui\ batallón que rompe filas en el
campo, se agrupa espontánea y libremente de muy
distinta manera tiue una comunidad religiosa en la
huerta del convento á las horas de solaz. Cuatro
damas tomando té en un gabinete, nunca se confundirán por su agrupación ni por sus ademanes con
cuatro lavanderas bebiendo pardillo en un ventorro
del Manzanares ; y eso aunque, prescindiendo de todo
accidente indumentario, las adornemos (imaginariamente, por supuesto) con el traje de nuestra madre
común en los mejores días de su vida paradisiaca.
Por último, sin salir de nuestra casa, ni de nuestro
pueblo, ni siquiera de nuestra tarita de patentes, ¡de
qué modo tan distinto se plantan el chalán que examina la boca de un jumento, y el sacaimielas ambulante que desguarnece la de un aguador! Sin embargo, la situacióii no puede ser más parecida.
La expresión de los sentimientos y de las pasiones es otro punto esencial, aunque en realidad puede
considerarse comprendido en el anterior : el sentimiento y la pasión no son, en efecto, otra cosa que
el carácter funcionando con más ó menos violencia.
Estas condiciones son esenciales en cualquiera obra
de arte. Con todas ellas todavía puede un cuadro ser
pictóricamente malo; pero sin ellas nunca será artísticamente bueno. La habilidad técnica es importante
y hasta necesaria en todas las artes. Scribe, que
como compositor dramático está cien codos por encima de Bretón, está otros ciento por bajo de él
eomo escritor. E l que no tenga siquiera en grado regular unas y otras condiciones, nunca pasará déla
segunda fila.
Después que una obra reúna todas las condiciones
expuestas, sólo se requiere otra (poca cosa): que produzca el sentimiento estético en el ánimo del espectador. Si lo produce, será excelente. «E si non, non.»
A estos principios generales han de sujetarse mis
juicios, ó más bien mis opiniones personales, que no
intento dar por buenas, sino por mías. Yo soy un
mero espectador que á ruego de un amigo (ó de varios) expone su parecer por escrito, como tantos otros
de palabra. Y eso sin la ridicula pretensión de influir en el ánimo de los artistas, ni apartarlos de los
derroteros por donde los llevan su temperamento,
su educación y su interé,s siempre respetable.
Al fin, el arte, como todo, es un producto de la
naturaleza: el artista da su obra, como el árbol su
fruto, y como yo mi opinión. Ni el árbol ni el artista son seres absolutos. E n relación directa ó indirecta con cuí,nto les rodea de cerca ó de lejos, sufren la influencia de todos los objetos circunstantes,
y aun de todos los que les han precedido en la serie
de los tiempos. La herencia, la educación, el clima,
la sociedad, la naturaleza entera, imprimen su huella
en el individuo. La obra de arte es la resultante de
todas esas fuerzas, más la mente del autor, que también es una fuerza tan digna de consideración por lo
menos eomo otra cualquiera.
Esa influencia universal explica muy bien la variedad de escuelas, de géneros, de gustos, de procedimientos, de aciertos y desaciertos que sorprenden y
ohiscan á quien por primera vez recorre las salas de
la Exposición. Tal confusión responde punto por
punto á la que hoy reina en todas las esferas de la
actividad humana. E l conflicto de ideas y pasiones,
de principios é intereses, de escuelas y partidos que
agita al mundo, halla eco natural en las artes. En
ellas, como en lo demás, todo se halla en tela de j uicio,
todo en fermentación, todo en movimiento molecular. Esa masa fluida espera el molde que ha de darle
forma. ¿Lo hallará? No cabe duda. ¿Cuándo? ¿cómo?
¡Dios lo sabe! Lo único indudable es que el arte futuro se ajustará al molde de la futura sociedad. Anunciar lafoima venidera de la saciedad y del arte, sobre
temerario, es ajeno de este lugar. Bástenos observar
y señalar las tendencias dominantes en las artes gráficas y plásticas entre los españoles de 1890.
Para ello elijamos y estudiemos las obras más características del concurso. Hablar de todas, sería meter la mar en un pozo.
FEDRIÍICO V,.\\ .ART.
E E V I S T A MUSICAL.
Sr.
Dirciior
de LA U.IÍSTRACIÓN- ESPA.'JOLA Y AMEI!IC.\N.\.
^^x I querido amigo:
La .S'jclcdad de Conciertos^ que, como
usted .sabe, tiene de antiguo sentados sus
reales en el teatro del Príncipe All'onEO, y
cuyas sesiones, ¡lucde decirse, acaban de
terminar, anunció este año, en sus pror^^3* gramas, que celebraba sus bodas de plata, ó,
)
¡o que es lo mismo, el vigésimoquinto año de
~(^i su fundación.
,r.
Supuesto el deber que tenía de dar cuenta de
tales fiestas, ocurrióseme que al cumplirte no sería fuera de propósito hacer algo de historia (y perdóneme el galicismo de la frase); recordar los comienzos
de la Sociedad dicha; contar á grandes rasgos sus gloriosas campañas, y mostrar, por ende, el gran servicio
que con ellas había prestado al arte y á la cultura musical del pueblo madrilefio, Pero considerando que, bien
mirado, se trata de hechos recientes y en la memoria
de todos los que de estas cotas se ocupan, y que, á la
postre, todo ello podría dar lugar á comparaciones, y
estas es cosa averiguada que son siempre odiosas, desistí de mi intento y formé el propósito, que he de
realizar en esta epístola, de concretarme al actual momento Inslórico, ó, dicho menos en culto, á los conciertos que, como llevo indicado, acaban de celebrarse,
con gran aplauso de la ^feneralidad del público, y no
poco contento de los artistas, por el resultado pecuniario que han debido obtener.
Satisfecho ya e! gusto de los unos y las legítimas aspiraciones de los otros, paréceme que es ésta la ocasión
de decir á usted con sinceridad y franqueza el juicio
que de las dichas sesiones he formado; juicio (]ue, al
paso que no puede daiíar de presente, sirva, tal vez, de
saludable aviso para lo venidero, en la piadosa suposición de que sea tan atendido como es sincero y leal.
Uno de los títulos que más honran y enaltecen los renombrados conciertos del Conservatorio de París es la
atención preferente que en ellos se presta,á las obras
mejores y más selectas de los grandes patriarcas de la
música clásica, y el religioso respeto con que se ha conservado, desde Habeneck, la tradición en la manera de
N." XVII
LA ILUSTRACIÓN
interpretarlas; y conocido es el libro que D e l d e v c z , actual director de dichos c o n c i e r t o s , ha dedicado á tal
propósito, y en el cual muestra bien á las claras todo el
exquisito cuidado que allí se pone para mostrar en toda
su prístina pureza las dichas obras.
Ese r e s p e t o , ese culto, digámoslo así, á tan inmortales creaciones del genio, debiera ser siempre el lin principal (entiéndase bien, no exclusivo) d e toda Sociedad de Conciertos clásicos, v 'o ha sido en tiempos d e
la nuestra; p e r o , á decir v e r d a d , la pasada campaiía ha
venido á confirmar los t e m o r e s q u e ya d e antes abrigaba, de que tan plausible como artístico objeto viene
desnaturalizándose en la h u e s t e que acaudilla el maestro Bretón, y de que tal vez no ande yo del t o d o descaminado, al suponer en nuestros artistas sobrada p r e ferencia por las obras de autores contem¡)oráncos, á
cuyo estudio se consagran, y por lo que á la música rigorosa y genuinamente clásica atafíe , un amor nada
plausible á descansar á la sombra de los laureles a n t e riormente conquistados, con olvido del m o d o y m a n e r a
como los alcanzaron.
Esto supuesto, no debe usted e x t r a ñ a r q u e , en conciencia, no pudiera y o , á su t i e m p o , unir mi aplauso al
de tantos otros, que más anchos d e manga que yo en la
materia, encontraron buena y aceptable la i n t e r p r e t a ción dada en los conciertos de que vengo .hablando,
ya al Scptim¡no,la Quinta Sinfonía, y las variaciones
de la Sonata en Ja, de Beethoven; ya á la Sinfonía en
jí>/menor (núm, 2 ) , la ovcrtura del J'lavio melifico, y el
Andante del Cuarteto núm. xv, para instrumentos de
cuerda, de Mozart; ya al Andante de la Sinfonía militar
de Haydn; ya, en fin, á la CanzoncHa, d e Mcndeissohn,
toda vez q u e , á pesar de mi buen d e s e o , no p u d e liallar en ellas aquella corrección y e s m e r o en el conjunto,
y aquellos perfiles en los detalles, que solo con un conocimiento profundo del género y un constante y atento
estudio es dable alcanzar.
Omito hacer á usted la enumeración enfadosa, y que á
nada conduciría, de las obras q u e , como los italianos,
podríamos llamar de ripimo, y han llenado no escasa
parte de los programas en las sesiones musicales de que
le hablo, para decirle algo de lo n u e v a m e n t e oído en
ellas; y á este propósito, forzoso es que repita una vez
más lo que tantas veces tengo d i c h o , y es, que mi obtusa
comprensión, que harto me duele t e n e r , hace n o me
sea fácil formar cabal juicio d e una o b r a sin haberla
estudiado, ó, por lo m e n o s , oído diferentes v e c e s ; y
claro es que cuando aquello no ha s u c e d i d o , y éstas no
han pasado de dos, como en las de más altos vuelos ha
pasado, toda reserva mental que haga al comunicar mis
impresiones es poca para lo que el caso m e r e c e y la
reputación de critico imparcial, única á la que me creo
con cierto d e r e c h o , exige.
El preludio de la ópera Trixian ¿Isolda, de W a g n e r ,
satisfizo á los intransigentes partidarios d e este maestro. De mí sé decir á usted q u e me puso en un estado
que no dejaba de tener semejanza con el del negro en
el sermón, á pesar del exquisito cuidado q u e puse en
oirle y de mi deseo de entenderle. Construido algo á 3a
manera del de Lohcngi-hi, que usted c o n o c e , y que tan
gráficamente describió Berlioz, difiere, y m u c h o , de él,
en mi sentir, en su parte más esencial. T a n t o como este
último es claro, de tonalidad bien definida y a b u n d a n t e
en acordes perfectos, es aquél obscuro y embrollado.
Un tema cromático, c o m p u e s t o de cuatro notas y acompañado de disonancias, que á veces torturan el oído,
he aquí lo que le constituye; y p o r cierto que si, como
dice una escritora apasionada de W a g n e r , tales disonancias las puso éste para «dar idea de un t o r m e n t o
que nunca acaba, de una dicha que confina con el suplicio, y de un amor que toca á los límites del odio», á.
fe mía que el Júpiter d e Bayreuth lo consiguió con
creces, por lo menos en lo que al t o r m e n t o , no d e los
personajes del d r a m a , sino d e los oyentes, hace referencia.
No he de repetir á usted lo que no ha m u c h o tiempo
escribí de los pseudo-imitadores del dicho maestro; p e r o
conviene, sí, que se ¡o traiga á la m e m o r i a , toda vez que
tengo ahora que registrar un lastimoso y desdichado
ejemplo de á lo que conduce la exageración d e las doctrinas y principios que aquéllos miran como la buena
nueva que ha de salvar el arte de los malos pasos en
q u e , según los mismos, anda metido. H a b l a n d o Elorimo,
en un curioso opúsculo q u e ya en o t r a ocasión h e citado,
de la música vvagneriana, d i c e : « L a s ó p e r a s de W a g n e r
quedarán como el catecismo del a r t e alemán del porvenir; pero el que osare seguirle en su v u e l o , c o r r e r á
grave peligro de tener la misma s u e r t e que Tearo. » Tal
ha sucedido seguramente con el compositor galaico
V. de Indy, del que los críticos de allende el Pirineo
alababan, arios ha, una comedia musical, AUcndcz-moi
sU>' l'orme, y un poema, musical t a m b i é n , Le Chanl de ¡a
clocke, basado en la conocida poesía de Schiller, y d e
quien sólo nos ha sido dado conocer el triste e n g e n d r o
d é l a Trilogía sobre el Wailenstein, del mismo poeta,
en mal hora escogida por nuestra Sociedad d e Conciertos, y con harto dolor, á juzgar por las m u e s t r a s , interpretado por la misma.
La obra de arte, ha dicho T o n n e l l é , d e b e ser como
una lámpara de alabastro, cuya materia es purajy bella.
La ¡dea de la belleza brilla d e n t r o é ilumina la forma. E s
necesario — añade — que esta forma esté bien trabajada,
y no haya en ella un relieve, un punto solo q u e q u e d e
en la sombra ó ponga obstáculo á la luz; y necesario es
también que ¡a materia sea t r a n s p a r e n t e y deje pasar
por todas partes y difundirse á través de su sustancia el
vivo rayo de la llama divina que arde en su interior.
La negación más absoluta de esta bellísima definición de una obra artística, de! malogrado escritor francés, es la Trilogía de que hablo á usted. Obscura y abstrusa en su fondo, como le he d i c h o , es revesada é
intrincada en la forma, y ni en su conjunto ni en sus
ESPAÑOLA
Y
AMERICANA.
287
detalles v e s e , por ningún l a d o , centellear la chispa del
culpa ha de t e n e r el tono narrativo dei libretto), por el
genio, Paso por alto el decir á usted c u a n t o ha querido vigor con que están escritas y el a c e n t o dramático q u e
describir y pintar índy en la dicha o b r a , y omito apunla musa del compositor ha p r e s t a d o á algunas d e ellas;
tar siquiera las observaciones que á este propósito se
lo que quiero decir á usted es que el conjunto resulta á
me o c u r r e n ; baste decirle q u e , conforme con la opinión
mis ojos desigual, toda vez que la inspiración del maesd e un escritor, ducho en esta clase de asuntos, creo,
tro Bretón no se mantiene siempre á la misma altura, y
como él, q u e «la belleza indefinible, abstracta y casi
en ocasiones decae sensiblemente. Así, al lado d e la
s o b r e h u m a n a de la sinfonía p u r a , nada gana queriendo
severa Introducción, no desprovista d e cierta grandioagregarla las bellezas de otro o r d e n y especie de un
sidad, con (jue el Oratorio comienza; de u n a fuga, de
programa literario, sea cual fuere.» Esto sentado, le añacarácter genuinamente clásico y de gran efecto, y de
diré t a n sólo, para concluir e s t e capítulo, que silo q u e la un coro que á luego s i g u e , y es el trozo d e más s a b o r
m o d e r n a escuela, de que es por las muestras fiel a d e p t o
religioso de toda la o b r a , y 'con el cual termina la priIndy, considera como música la negación absoluta de la
mera parte de ésta; de las arias de contralto, tenor y
melodía, el q u e b r a n t a m i e n t o premeditado y alevoso d e
bajo, en la segunda, impregnada de sentimiento la prilas reglas armónicas más fundamentales y el más commera , de bastante belleza la o t r a , y llena de fuego la terpleto aquelarre i n s t r u m e n t a l , e n t o n c e s la l'rilogia es
c e r a , así como el vigoroso preludio que la p r e c e d e , los
una obra m a e s t r a ; de lo contrario, sólo p u e d e tenérsela
demás números de la voluminosa y complicada partitura
como una lamentable equivocación que únicamente se
del Sr, Bretón acusan más riqueza de detalles que origic o m p r e n d e fuera acogida con algunos, no muchos ni
nalidad y sana inspiración en las ideas; más a c e n t o dramuy entusiastas, aplausos, r e c o r d a n d o la cruel é inmático que aquel otro inspirado por una fe viva y ardienjusta frase de Berlioz r e s p e c t o de una obra de W a g n e r ;
te, y más lujo excesivo de instrumentación y de sonoridad
•s Aplauden al sentir que ha cesado el dolor que p r o d u c e que unción religiosa y aquel misticismo que apoderánel oiría."
dose del o y e n t e infunde un santo t e m o r en su corazón,
ó derrama sobre su alma suavísimo bálsamo que le conPaso por alto un Intermedio scherzoso, de Reinhold,
suela en sus tristezas ó alienta sus e s p e r a n z a s , cualidapara decir á usted cuatro palabras sobre la Sinfonía en
des éstas que deben ser la nota característica en comwí/ bemol, del maestro B r e t ó n , q u i e n , con buen a c u e r d o ,
posiciones del género de las de que ahora hablo á usya se cuidó de advertir en los p r o g r a m a s que dicha
ted. Así y todo, el trabajo del Sr. Bretón es importante,
obra era uno de los envíos que hizo como pensionado
y el público ha r e c o m p e n s a d o sus afanes aplaudiéndoen R o m a , así como el que en ella siguió, cuanto le fué
dable, los inmortales modelos de! arte alemán, o b e d e - selo.
ciendo , al h a c e r l o , á lo que prescribe el Reglamento de
Cierra, por último, y por o r d e n cronológico, el catála Academia de Bellas Artes que allí tenemos. Dicho se
logo de las obras oídas por vez primera en los conciere s t á , por t a n t o , que hubo que considerar la Sinfonía,
tos cuyo relato estoy haciendo, c! Orcsíes, p o e m a sinfómás como la obra de un discípulo estudioso, que como
nico del .Sr. Manrique de L a r a , á quien sólo conocíamos
el trabajo d e u n maestro aleccionado ya p o r la práctica
c o m o entendido critico y escritor c o r r e c t o y elegante.
y avezado á estas ó parecidas lides; y en este supuesto,
Sal">ido me tenía yo d e hace tiempo que el Sr. L a r a e r a
c r e ó m e yo que con ella la reputación de que goza el
wagnerista hasta la medula de los h u e s o s , y si alguna
maestro Bretón no se habrá a m e n g u a d o ciertamente,
duda me quedara, se hubiera desvanecido una vez oído
j)ero t a m p o c o a u m e n t a d o muchos quilates de valor.
su p o e m a , que si me viera obligado á definir, diría que
era la profesión de fe más incondicional y absoluta d e
L a s Sinfonías de B e e t h o v e n , q u e , á no d u d a r , han
cuanto cree y confiesa la escuela cuya Meca está en
sido el modelo que más principalmente ha tenido á la
vista el maestro B r e t ó n , t i e n e n , como uno de sus signos Bayreuth,
más característicos, el p r e s e n t a r , en cada uno de los
R é s t a m e ahora tan sólo hablar á usted de tres artistas
tiempos de que c o n s t a n , u n a ó dos melodías, claras, que han hecho gala de sus talentos como pianistas; dos
puras y bien definidas, cuyos fragmentos van formando
de ellos en el t e a t r o del Principe Alfonso, y una en el
después otros tantos diseños que se amplifican y desen- Ateneo de Madrid.
vuelven con maestría incomparable. <-Todo, dice ElPoco diré á u s t e d , p u e s s o b r a d o t e n g o escrito s o b r e
w a r t , en su conocido libro sobre los Conciertos del Con- el particular, del Sr, T r a g ó , que en dos de los concierservatorio de Música de París, toma forma en manos de
tos, y con más fortuna y acierto en el segundo que en
B e e t h o v e n , vive, se mueve y palpita. L a melodía viviel p r i m e r o , hizo gala del admirable mecanismo que
fica c o n s t a n t e m e n t e el estilo del gran maestro; es un
posee y de todo cuanto atañe á lo que un crítico d e
tejido sin solución de continuidad, b o r d a d o por todas
allende el Pirineo llama la gimnástica del p i a n o , cuyos
las voces d e la orquesta.» Y ésta es precisamente,
recursos y resortes conoce bien á fondo.
amigo mío, la p a r t e flaca de la obra de que hablo, en
El Sr. Bufaleti, que después se ha dado á conocer,
que al estudio atento de las sinfonías del arte clásico, y
discípulo de Constantino Balumbo , uno de los más afaal deseo de imitarlas, de que en ella se da clara muesmados maestros de la escuela napolitana, n o p e r t e n e c e
t r a , no r e s p o n d e n la belleza y originalidad d e las ideas a l a generación de pianistas, harto en boga en estos
melódicas, ni el lógico encadenamiento de ellas, ni el
t i e m p o s , que, sacrificándolo t o d o a u n a corrección estodo armónico que debiera resultar, y t a n t o se admira
merada é i r r e p r o c h a b l e , olvidan de todo punto la e x en las que escribieron los grandes genios del arte
presión y el sentimiento, cuya p i n t u r a , decía S c u d o , es
alemán.
el v e r d a d e r o destino del arte. En ellos, según afirma
Mayor y más a r d u a e m p r e s a se p r o p u s o allí mismo,
un escritor entendido en estas m a t e r i a s , «la ejecución
en R o m a , el Sr. Bretón, al q u e r e r p o n e r en música, con- se ha hecho de tal manera a s o m b r o s a , que no se concibe
virtiéndolo en O r a t o r i o , n a d a menos que el Apocalipsis, cómo pueda llevarse más allá la estéril habilidad d e !os
del evangelista San Juan, Desde que este género de
tours de/orce; p e r o al propio tiempo la música en sus
música tuvo su origen ( d e b i d o , como usted s a b e , á San
manos ha perdido en delicadeza y suavidad todo lo que
Felipe Neri y á nuestro compatriota el cantor de la Ca- ha ganado en vigor, y no p a r e c e sino que todo un lado
pilla Sixtina Francisco Soto de L a n g a ) , y cuyos p r i m e de nuestra alma se ha hecho impenetrable»; p u d i e n d o
ros esbozos se debieron á Animueci y Palestrina, amigos decirse de tales pianistas lo que d e Liszt, c u a n d o se hadel S a n t o , la historia registra gran n ú m e r o de producllaba en el apogeo de su fama, escribía un crítico musiciones notables, debidas á los más afamados maestros.
cal: « T i e n e vigor, agilidad y limpieza incomparables;
L a Pasión de Nuestro Señor Jesticrish ha sido asunto en
posee t o d a s las cualidades que atañen á, la práctica del
que se han inspirado no p o c o s , y aun hoy mismo es ob- p i a n o ; asombra, a t u r d e , desvanece y hace estremecerse
jeto d e constante y unánime admiración y estudio la
al o y e n t e , pero jamás c o n m u e v e : no se busque en él
que escribió el gran Sebastián Bach; Njc y t\ Diluvio sensibilidad ni encanto.»
han sido cantados por R u g e n h a g e n , Assma rer, Preyer
En bien suyo, el Sr. Bufaleti n o es d e esta casta, y
y S c h n e i d e r ; c o n ó c e n s e , y figuran como i r o d e l o s , la
sobre todo en el scherzo del Concierto d e Litolff, de
Creación^
las Kstaciones, de W.^^<\\\; i¿\. Mesías,
ludas ritmo picante y original, y que dijo de admirable maMacabeo, Aialia, Saitsón y las Fiestas de Alejandro, de
n e r a , o b t e n i e n d o del piano timlires especiales y caracFI(cndel; el Sacrificio de Ahraham, de Cimarosa; el Juiterísticos, mostró poseer, al par de un e x c e l e n t e mecacio final, d e Salieri; Cristo en el Monte de los Olivos, de
nismo y profundo estudio y conocimiento en el manejo
Beethoven; el Paulns y el Elias, d e Mendeissohn, y La
de los pedales, alma de artista que siente lo que exInfancia de Crisio, de Berlioz; y en nuestros mismos días,
presa y sal)G comunicar ese mismo sentimiento á sus
G o u n o d , Saint-Saéns y Massenet han cultivado el misoyentes. A ser imparcial, diré á u s t e d q u e en la Sonata
mo difícil g é n e r o , con mayor ó menor inspiración y
en dj -in-ciior sostenida, de Beethoven ( q u e con la antes
fortuna.
dicha son las dos únicas oliras en que le he oído), mi
entusiasmo decayó, r e c o r d a n d o sobre todo la incompaL a sola enumeración d e estos o r a t o r i o s , los más norable manera como la decía el gran i n t é r p r e t e de la mútables que se c o n o c e n , habrá h e c h o observar á usted
sica de piano de aquel gran m a e s t r o , el inolvidable
que en ninguno de ellos se ha abarcado cuadro tan
Guclvenzu, el único q u e , á mi juicio, ha sabido entre
grande y de tantas variadas tintas, como las sublimes y
á veces t r e m e n d a s revelaciones del evangelista de Pat- nosotros hacer resaltar más y mejor las bellezas sin
c u e n t o que la dicha obra encierra,
m o s , bien que á ninguno también de los que las escribieron se les ocurriera, bien que si por su m e n t e cruzó
P e r o en esas cualidades q u e , repito, constituyen al
la idea de hacerlo, se detuviesen ante la magnitud del
v e r d a d e r o artista, ha mostrado dar quince y raya á toa s u n t o , la inmensa dificultad d e pintarlo con toda la
dos la joven argentina María Luisa G u e r r a , cuya aparimagnificencia que r e q u e r í a , y el t e m o r de que su musa
ción en el A t e n e o de Madrid ha sido para m u c h o s , entuviera á todo momento el a c e n t o s i e m p r e sublime, y á
tre los cuales me cuento, le revelación de un v e r d a d e r o
v e c e s terrible, que era necesario, Al Sr. Bretón no le
genio del piano.
han a r r e d r a d o estos escollos, y si por un lado es de eloNi mi buen d e s e o , ni la b o n d a d o s a solicitud de un
giar el ánimo vigoroso y la firmeza de voluntad que suamigo, lian sido bastantes para adquirir los detalles biopone el e m p r e n d e r y llevar á cabo o b r a tan magna, por
gráficos que yo liubiera d e s e a d o , para comunicar á usotro hace c r e e r , una vez o í d a , q u e circunscrito el
t e d , de la vida artística de la Srta. Guerra. R e s p e t a n d o
compositor á más estrechos límites, buscando asunto
las causas del laconismo g u a r d a d o al efecto, t e n g o que
más sencillo en el rico y siempre poético arsenal de la
limitarme á decirle que tan sólo sé q u e dicha joven, la
religión, su trabajo, al par que m e n o s a r d u o , hubiera
cual sólo cuenta diez y seis años de e d a d , vio !a luz prisido más igual, y más feliz también.
mera en Gualeguaychú (República A r g e n t i n a ) ; estudió
el piano en Milán con L. Fumagalli, y luego en B a r c e No vaya usted á c r e e r por esto que yo niegue al
lona con el profesor Sr, Vidiclla; recibió en esta última
Apocalipsis el mérito y la importancia que en realidad
ciudad lecciones d e armonía y composición del señor
t e n g a , musicalmente considerado, p u e s que de la parte
Rodríguez Alcántara, enseñanza que continuó después
literaria hago caso omiso, ni á n e g a r mi sincero aplauso
aquí bajo la dirección del m a e s t r o d e n u e s t r a Escuela
á varias de sus páginas, más que por la originalidad de
Nacional de Música Sr. Arín; y, p o r último, que es socia
las ideas que encierran (y en lo cual no poca parte de
BELLAS
ARTES.
EN EL M U E L L E
DIBUJO
ORIGINAL,
DE
D. TOI\lÁS
CAMPÜZANO,
DE
PRESBNTADO
KN
GIJON.
LA
«EXPOSICIÓN"
DE
BLANCO
Y
NEGRO».
iir;:
SALÓN»
«RIÑA
DE
CODORNICES»
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CUADRO
DE
PARiS
(COSTUMBRES
DE
M.
DE
DE
1890,
LA
ROCHEGROSSE.
ANTIGUA
ROMA).
290
LA I L U S T R A C I Ó N
honoraria de la Asociación Musical Barcelonesa, y el
A t e n e o de la Ciudad Condal la adjudicó una medalla d e
oro en debido tributo d e admiración á su gran talento.
Por lo que á éste liacc, así como al valer artístico de
la Srta. G u e r r a , ya cabe ser, como usted p u e d e supon e r , más explícitos. R e c u e r d o que no ha muchos años
tuve ocasión de oir, con breve intervalo de t i e m p o , e!
Vals-capridw de Rubinstein, á este coloso dci piano y á
Planté. No es fácil describir á usted la corrección, nitidez y escrupulosa e x a c t i t u d con que este último le int e r p r e t ó ; al paso que el autor de la obra se permitió
ciertos lujos y libertades en ella como quien de io suyo
disponía. Y sin e m b a r g o , ¡qué inmensa diferencia entre
u n o y o t r o ! ¡qué p o r t e n t o s a grandeza, qué clarísima
manifestación del genio hasta en los mismos errores y
equivocaciones de Rubinstein! ¡cuan diferente la impresión que uno y otro me causaron!
Digo á usted e s t o , p o r q u e es posible (aun cuando !e
declaro que esto no pasa de una mera suposición, pues
n a d a ha llcaa-do á mis oídos) que aquellos que sólo se
fijan en ciertos tiquis-miquis del oñcio, hayan podido
r e p r o c h a r en la Srta. Guerra algunas incorrecciones ó
algún descuido en el uso de los p e d a l e s , como pudiera
hacerlo de una obra poética, mirándola tan sólo bajo el
aspecto d e su sintaxis ó de su prosodia, tal cual ingenio
ayuno de toda inspiración; p e r o aparte de lo más ó menos pecúla minuta, que ello pudiera ser, én cambio ¡cómo
brilla en ella aquella luz que ilumina y vivifica el artista!
¡ q u é m a n e r a tan admirable de sentir la música, y de
a t r a e r , conmover y subyugar al oyente por modos y
medios que no se adquieren con el estudio frío, const a n t e y c o n c i e n z u d o , sino que son un v e r d a d e r o don
del cielo! ¡qué m a n e r a tan delicada y elegante de tocar
el p i a n o ! ¡qué sonoridad tan dulce y tan armoniosa
arranca de é s t e ! y en fin, ¡qué modo tan v e r d a d e r a m e n t e maravilloso de i n t e r p r e t a r la música de Heller y
la d e Raff la noche que tuve el placer d e oiría!
No sé quién ha dicho que no se p u e d e ser grande artista sin t e n e r un amor sublime. ILse amor lo siente la
Srta. Guerra hacia la música; así se la ve que al ponerse
al piano y al comenzar á r e c o r r e r las manos sobre el teclado, su fisonomía cambia, t o m a n d o una expresión indefinible de muda contemplación hacia la obra que int e r p r e t a ; y absorta por sus bellezas, abstraída de todo
c u a n t o la r o d e a , vésela consagrar su alma e n t e r a al divino a r t e , objeto de sus ensueños y la pasión á que
consagra su vida. L a Srta. Guerra ha t o r n a d o á su país,
p e r o p r o m e t i e n d o volver a q u í , d o n d e su genio y su talento han sido tan apreciados y ensalzados. ¡Que tan halagüeña promesa se realice!
D e usted siempre afectísimo amigo,
J. M. EsrERAXz.\ Y SOLA,
EL V I A J E R O .
— ( Q u é lugar es este?
•—^El Alando.
¿Deseáis algo?
—Sí, quería
D e s p a c h a r mi mercancía.
^ - ¿ Q u é traéis?
— Amor profundo,
y sobre t o d o , poesía.
T a m b i é n traigo una fe h o n r a d a .
P u n d o n o r de caballero,
Dignidad nunca humillada
— A otro punto , buen viajero ,
Que eso aquí no vale nada.
— ¿Habrá tren?
^Constantemente
¡Mirad! Ahora ha subido
En él un montón de gente.
—Decís bien, ya veo enfrente
El despacho concurrido.
— ¿Queréis?
—Viajar descansado.
— ; U n sleep/'jig?
•—Eso a n h e l o ;
Y p u e s vengo e q u i v o c a d o .
D a d m e v o s , negro e m p l e a d o ,
Un billete para el Cielo.
JUAN TOMÁS SALVANY.
NOCTURNO.
Como globos de luz en e! espacio
Escalaban luceros infinitos
El cielo azul, d o n d e la blanca luna
L a n z a b a sus fulgores cristalinos,
Y era rosa de nieve q u e s e abría
R a s g a n d o las tinieblas del vacío.
Las auras preludiaban su armonía ,
El mar cantaba sus gigantes himnos,
Y los v e r d e s c i p r e s e s que velaban
Junto á las p u e r t a s del feudal castillo
Inclinaban sus copas dulcemente
R e m e d a n d o c a n t a r e s y suspiros.
Juntos ios dos, t u s manos en mis m a n o s ,
T u s ojos abrazados con ios míos ,
Oyendo de los m a r e s y los vientos
E c o s sonoros y armoniosos ritmos,
E n mundo de ilusiones naufragamos,
E n nubes de pasión nos envolvimos
Y en tus labios d e r o s a blandamente
Un dulce b e s o se q u e d ó dormido.
NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR.
ESPAÑOLA
Y AMERICANA.
EN MARRUECOS.
< RTDCTJETÍ130S
POR
FIERRE
TfTS. "V" I ^I*L .T Ji:)
LOTI,
(Continuación.)
otros recintos fortificados c o m p l e t a m e n t e
en ruinas, de una infinita desolación, part e n de estas antiguas murallas, se ramific a n , prolongan la ciudad en la campiña
d e s i e r t a , concluyendo luego p o r confundirse con las r o c a s , los desprendimientos
le t i e r r a , los h o y o s , con t o d o el caos de este
viejísimo sucio, movido y removido por csjiatantos siglos. El tiempo ha cubierto estas
de liqúenes de un amarillo brillante, que resaltan sobre el gris obscuro de las piedras como
manchas d o r a d a s , y el conjunto, bajo el azul intenso
del cielo, es de un tono caliente, con golpes de brocado.
En la parte e n t e r a m e n t e ruinosa de los recintos amurallados secundarios que no sirven ya para nada, se ven
todavía puertas de gallardas líneas como todas las puertas á r a b e s , y r o d e a d a s de mosaicos, visibles aún entre
las manchas amarillentas de los liqúenes: estas ¡tuertas
dan acceso á unas ¡Tilazas solitarias y tristes, d o n d e no
hay más que hierba y cigarras.
En tanto que doy la vuelta á los derruidos bastiones,
me veo forzado á d e t e n e r m e ante una de las cosas más
deliciosas de la arquitectura á r a b e que se han ofrecido
á mi vista desde (¡ue estoy en Marruecos: es una p u e r t a
admirable que eleva su solitaria ojiva en el centro d e
un trozo de muralión ruinoso que mide cien metros. Al
lado, una centenaria palmera eleva en los aires su delgado tronco
Un poco más lejos, se divisa el c a m p a m e n t o del Sultán, cuyas tiendas fingen en la campiíía grupos de cosas
blancas, en medio de tierras rojizas y de lontananzas
azules. Dicese que cuando esté c o m p l e t o , c o n t e n d r á
treinta mil h o m b r e s .
En el centro está la tienda del Kalifa, alta é inmensa,
no viéndose de ella más que el muro de lienzo llamado
en á r a b e larabtcli., que sirve para ocultarla á las miradas
indiscretas, p u e s aun en campaira, la morada del Kalifa
d e b e p e r m a n e c e r oculta. D e t r á s d e esta especie de r e cinto exterior que r o d e a la tienda del Sultán, me dicen
que hay casi una p e q u e ñ a polilación; pues además del
alojamiento del s o b e r a n o y sus d e p e n d e n c i a s , existe
también en él el de su hijo favorito, cl p e q u e ñ o AbdulAziz, y tos de varias damas del h a r é n , designadas p a r a
formar parte del viaje.
Tan luego c o m o la tienda de campaña del Sultán es
sacada dei palacio (seiial de que Mulcy-IIassan p r e p a r a
una expedición militar), la noticia se propaga por t o d o
el Imperio, por medio de las caravanas que pasan inces a n t e m e n t e por E e z , y sobre t o d o , por los p e a t o n e s que
llevan las cartas y las noticias, haciendo cl oficio de correos. T o d a s las tribus son puestas al corriente d e que
ei Sultán se apresta á la guerra, y los rebeldes, á su vez,
se p r e p a r a n á la resistencia.
Sabido es q u e , por lo general, el Sultán vive seis m e ses del año bajo su t i e n d a , nómada p o r n a t u r a l e z a y por
inclinación c o m o sus antepasados de la Arabia, guer r e a n d o sin cesar en su propio Imperio c o n t r a las tribus
levantiscas, q u e todas le r e c o n o c e n como Kalifa en el
o r d e n religioso, p e r o no siempre como soberano. Algunas d e ellas, c o m o , p o r ejemplo, los Zemur y las t u r b a s
que pueblan el Riff, no se le han sometido nunca oficiai mente,
Esta vez dícese que el Sultán t a r d a r á mucho tiempo
en regresar á Fez. E n el intervalo de sus combates y d e
SUS-recolecciones d e cabezas, descansará en sus otras
dos capitales, Mequincz y Marruecos, d o n d e posee,
como aquí, pahicios y jardines im¡3enetral3les.
Esta presunción se funda en q u e , hace una semana,
el resto d e las mujeres del harén que no han d e formar
parte del tren imperial de viaje, han sido enviadas á
Mequinez
N » XVII
A u n q u e el objeto principal de mi excursión de hoy
era visitar el barrio de los judíos y c o m p r a r en él algunos ol^jetos, no p u e d o resistir al deseo que me acomete
de dar un último pasco por la m o n t a ñ a que domina á
Eez el viejo.
Mi calsallo escala a t r e v i d a m e n t e los p e q u e ñ o s senderos de r o c a s , ¡:)or lo que sulsimos muy de prisa, respirando una brisa más viva y más fresca, que pasa sobre
tapices de fiores. D e distancia en distancia se ven árboles en los repliegues del t e r r e n o , y en los vallecitos hay
grupos de olivos, á cuya sombra los pastores entonan
cantilenas dedicadas á sus cabras. Sobre t o d o , hay por
todas partes tumbas antiquísimas, medio ocultas por las
altas hierbas y los aloes. No faltan t a m p o c o « kubas», ó
sean sepulturas de santos, ruinas v e n e r a n d a s cuyos eslícltos pórticos dan abrigo á millares de pájaros. También se ve allí im kiosco histórico, que fué edificado por
un Sultán de otros tiem¡ios, que pagó su capriclio con
su t r o n o ; p u e s las gentes de F e z , inclinadas á la rebelión, no quisieron tolerar que el Sultán pudiera ver,
desde aquella altura, á todas las mujeres de la ciudad,
cuando subían por las t a r d e s á pasearse por las azoteas.
T o d a s éstas, en efecto, se distinguen desde aquí, vacías y solitarias á esta hora de sol abrasador. L a vista
domina en toda su extensión la ciudad s a n t a , sus largas
líneas de muros d e c r é p i t o s , sus bastiones, sus almenas,
sus minaretes y sus escasas yjalmeras. Dos ó tres grupos
d e asnos y camellos que se encaminan hacia no sé que
comarca del Sud, son los únicos seres vivientes que
animan sus solitarios alrededores. Una luz intensísima
cae en inmensas oleadas sobre el ¡naisaje, viéndose solamente algunas nubéculas blancas perdidas á largas
distancias en el azul sin fin del cielo.
Y ningún rumor sul^c de la ciudad, sumergida en la
misma inmovilidad soñolienta de siempre
Me voy decididamente al barrio de los judíos, en demanda de los viejos tapices y de las antiguas armas.
Como sucedía en nuestra E u r o p a de la E d a d Media,
son los judíos los que acaparan no solamente el oro y
las fortunas, sino también las p e d r e r í a s , fas joyas antiguas en sus artísticos cofres, y todas las mil preciosidades que los visires y los kaids, llenos de d e u d a s , han
concluido por abandonar entre sus manos. A pesar de
su riqueza, hacen e x t e r i o r m e n t e alarde de miseria: desdeñados por los á r a b e s , más todavía que ¡sor los cristianos, viven e n c e r r a d o s en su barrio olsscuro y estrec h o , siemjsre temerosos por sus intereses y por su vida.
Habiendo descendido de la luminosa montaña donde
tantos santos y derviches d u e r m e n el sueno eterno bajo
las fiores, costeo largo tiem¡30 los muros asombrosam e n t e viejos de Fez el micvo, por unos senderos floridos,
s o m b r e a d o s por las m o r e r a s , donde hay arroyos claros
en cuyos lechos c r e c e n juncos, lirios y grandes convólvulos blancos.
L a s murallas del barrio judio son tan altas y tan almenadas como las de los barrios á r a b e s , y sus puertas ojivales tan grandes como las de éstos, con las mismas
hojas pesadísimas y forradas de hierro. T o d a s las noc h e s , bien t e m p r a n o , se cierran las tales p u e r t a s , y
unos guardianes israelitas, de centinela en los alfeizar e s , impiden el paso á t o d o sujeto s o s p e c h o s o : se ve
que viven en un p e r p e t u o t e m o r de sus vecinos, ya
sean árabes ó b e r e b e r e s .
Delante de la entrada del barrio de que me ocupo,
los árabes han instalado, como galantería hacia los judíos, el principal depósito de animales m u e r t o s ; por
consiguiente, para llegar á él, hay que a t r a v e s a r por
entre montones de cadáveres de caballos y p e r r o s , que
se yjudren tranquilamente al sol, exhalando un olor sin
n o m b r e . Los judíos no tienen d e r e c h o á quitar de allí
aquella hedionda p o d r e d u m b r e , que p r o p o r c i o n a , por
las n o c h e s , opíparo f e s t i n a los chacales. T a m p o c o se
les da el d e r e c h o de p o d e r limpiar sus calles de basura,
por lo q u e , durante meses y m e s e s , se van amontonando
en ellas los h u e s o s , los despojos de legumbres y hortalizas, y toda la basura d e las casas, hasta que á un kaid
á r a b e le place hacerlas limpiar, mediante una considerable suma d e dinero. E n este b a r r i o , húmedo y obscuro , hay hedores p e r m a n e n t e s especiales, y los rostros
de sus habitantes reflejan bien á las claras las detestables condiciones higiénicas en que viven.
Dos ó tres individuos, a¡30stados á la entrada del
barrio, me miran llegar con la curiosidad evidente de
N* XVli
LA I L U S T R A C I Ó N
cuá! será el objeto de mi visita, fijando en mí sus ojos
ladinos y codiciosos, como gentes que hucleri algún
negocio en perspectiva. A p o c o , veo que van acudiendo
otros sujetos de fisonomía larga y e s t r e c h a , con narices
delgadas que no tienen fin, y cabellos largos y grasicntos que les caen en tirabuzones sobre las sucias túnicas
negras, pegadas á los hombros puntiagudos
Vayan al
diablo las preciosas telas y las armas antiguas: yo no
puedo resolverme á pasar mi tiempo en licdiondos tugurios enmohecidos, rodeado de seres tan feos, una víspera de partida, una tarde tan h e r m o s a , ¡mi última
tarde de F e z ! cuando el sol dora tan radiosamente las
tranquilidades d e la vieja ciudad musulmana
Vuelvo bridas, sin traspasar la p u e r t a del barrio judío,
y me encamino del lado del palacio del Sultán, adonde
llegaré á la hora en que todos los grandes personajes
vestidos de blanco salen de la audiencia de la tarde p a r a
regresar á sus moradas en Fcz-Bali, y me, será dado
contemplar una vez más este desfile de figuras de otra
edad, en la admirable decoración d e las espaciosas plazuelas amuralladas y de las grandes ruinas.
Heme aquí de nuevo en las inmediaciones del palacio.
He aquí los antiguos muros, erguidos, salvajes Í5 idénticos todos entre sí. H e aquí la serie de patios lúgubres,
que son grandes y vacíos como campos de maniobras,
y parecen casi estrechos en fuerza de ser elevadas las
murallas que los circundan, en términos que , para t e n e r
el sentimiento e x a c t o de sus dimensiones, es preciso
fijarse en lo pequeños que p a r e c e n los h o m b r e s que
pasan.
El sol declina ya cuando llegamos mi guardián y yo al
primero de estos recintos amurallados, que comienza á
invadir la sombra. Los altos murallones sombríos h a c e n
disminuir la luz súbitamente, como unas inmensas pantallas de aspecto amenazador y c r u e l , con sus filas de
agudas almenas. En el centro de la muralla del fondo,
la gran ojiva que da paso á los recintos interiores se
abre flanqueada por sus cuatro torres c u a d r a d a s , imponentes como los restos que se conservan en E u r o p a de
las fortalezas de la E d a d Media. El suelo de este inmenso patio, plaza de a r m a s , ó como quiera llamársele,
está sembrado de guijarros, d e mil cosas r o t a s , d e osamentas de perros: dos ó tres camellos se pasean en
busca de la escasa liicrba, y, perdido en un rincón, hay
un pequeño campamento de tiendas blancas, que p a r e c e
una aldehuela de p i g m e o s , al pie de los terribles murallones almenados. T r e s jjersonajes envueltos en F>US albornoces, que desembocan de la obscuridad d e la gran
puerta, resultan de aspecto liliputiense en aquel espacio tan grande. No faltan en el aire las inevitables cigüeñas, ni en los salientes d e los muros los millares d e
pájaros negros apretados en racimos, tocándose todos,
empujándose todos, subiéndose los unos encima de los
otros, formando manchas movientes como esas capas
espesas de moscas q u e en el verano c u b r e n las cosas
inmundas. Y mientras me d e t e n g o á contemplar a q u e llos montones de p e q u e ñ a s alas y p e q u e ñ a s u ñ a s , se
acercan á mí los tres graves personajes que minutoí;
antes había visto desembocar por la ojiva, y que resultan ser tres afables señores d e e d a d , q u e me dan s o b r e
ja existencia y costumbres de los tales pájaros extensas explicaciones que no e n t i e n d o , puesto que me hablan en árabe. Debo advertir que la afabilidad de los
marroquíes con un nazareno p a r a ellos desconocido es
cosa muy poco vulgar y que se ve raras v e c e s , y por eso
refiero una aventura en sí insignificante.
Habiéndome despedido c o r t é s m e n t c d e los viejos, me
dirijo hacia la gran puerta del fondo, q u e me conducirá
á un segundo recinto, d e ordinario más a n i m a d o , y en
el cual dan diariamente sus audiencias los visires vestidos do blanco que administran la justicia al pueblo. ¡Oh!
¿como deci-v- el indefinible encanto que hay para mí cu
el solo aspecto de estas puertas árabes, con su variedad
infinita de misteriosos dibujos, la especie de melancolía
religiosa y de ensueño del pasado q u e todas cilas me
inspiran? No puedo saciarme de contemplarlas, aisladas
en el centro de muros tristes como muros de prisión;
encerrando en su forma ojival, festoneada ó redonda,
un no sé qué de inexpresable que siempre es lo mismo,
en medio de la diversidad más fantástica, metidas siempre dentro de esos cuadros de finas ornamentaciones
geométricas, cuya rara elegancia tiene algo de severo
y de idealmente p u r o , de místico en grado supremo
El nuevo recinto, donde p e n e t r o después d e atravesar una bóveda obscura, es tan g r a n d e , tan i m p o n e n t e ,
tan salvaje como el primero; pero está, como yo esperaba, lleno de gente, de caballos y d e muías q u e esperan í sus dueños. L a razón de h a b e r esta concurrencia
es que al fondo, dentro de una especie de covachas de
piedra, funcionan todavía las oficinas ministeriales, casi
ai aire libre, con muy pocos escribientes y muy escaso
número de papeles.
En una de las oficinas — digámoslo así — d e s p a c h a sus
asuntos e! Visir de la Guerra. En o t r a , el Visir de la j u s ticia pronuncia fallos que no tienen apelación: sírvenle
de auxiliares unos cuantos soldados que apartan á palos
á la muchedumbre cuando se acerca d e m a s i a d o , y que
conducen ante el Visir á p r o c e s a d o s , d e m a n d a n t e s y
testigos sin distinción, por el invariable p r o c e d i m i e n t o
de llevarlos agarrados del cogote.
Teniendo estos parajes la reputación de ser p o c o seguros para ¡os nazarenos, me detengo á la entrada, para
no provocar complicaciones diplomáticas. P o r otra part e , las audiencias tocan ya á su t é r m i n o , como yo me
suponía. El u n o después del o t r o , los visires, ayudados
por sus criados, suben en sus muías para regresar á sus
casas, Llevan barbas blancas, vestidos blancos, velos
blancos; montan muías ensilladas d e paño rojo, y sus
criados van también vestidos de blanco, con gorros encarnados. Y mientras la m u c h e d u m b r e se aparta á su
ESPAÑOLA
Y
2&1
AMERICANA,
p r e s e n c i a , ellos se van á paso tranquilo, magníficos
como viejos profetas, con la mirada anegada en un sombrío e n s u e ñ o , niveos en su blancura sobre el fondo gris
de los inmensos bastiones ruinosos
El sol camina á su
ocaso, y, como todas las t a r d e s , un viento frío se levanta bajo el cielo súbitamente e m p a ñ a d o ; muge en las
altas ojivas y sillía en las seculares piedras.
Yo también e m p r e n d o el r e g r e s o d e t r á s d e los visires.
Quiero ver por última vez las maravillas de mi azotea, á
la hora santa del Mo<'hreb
Allá a r r i b a , en las alturas de mi casa, tiene lugar e!
mismo encanto qne todas las t a r d e s ; la ciudad, envuelta
en oro y r o s a ; las azoteas más p r ó x i m a s , s e p a r a d a s de
mí por impalpable vapor azulado, y las azoteas lejanas,
los millares de c u a d r a d o s de p i e d r a s , l)añados en tintas
irisadas que se degradan , viniendo á parar sobre las colinas como cosas d e s p r e n d i d a s , hasta el cinturón de
murallas y d e jardines frondosos. Como todas las tardes,
las esclavas n e g r a s están en sus p u e s t o s , con sus rostros de é b a n o sonrientes y sus cabezas envueltas en
pañuelos blancos ó de color de rosa. T a m b i é n están allí
todas mis bellas vecinas de mitra d(n'ada, las unas con
los codos apoyados sobre los pretiles; otras tendidas;
orgullosamente enhiestas o t r a s ; todas muy graciosas de
postura y muy brillantes de color, con sus anchas fajas
que sostienen el opulento p e c h o , sus largas mangas
caídas, y todo lo que flota, d e t r á s de ellas, de telas doradas y de cabellos colgando.
Y una vez m á s , como desde hace siglos y siglos, la
gran plegaria resuena en acentos tristemente prolongad o s , en t a n t o que las nieves del Atlas se extinguen sobre el amarillo pálido del cielo
Por e x c e p c i ó n , salgo por la noche después de comer,
acompañado d e mis c r i a d o s , que me van alunibrando
con linternas, para despedirme del Ministro y de los
demás miembros de la eml^ajada, antes de que se cierren las puertas que p o n e n en comunicación los diferentes barrios d e la ciudad.
El capitán PI. d e V. y yo , d e b e m o s partir mañana al
amanecer. Cada uno de nosotros ha sido obsequiado,
por orden del Sultán, con una tienda d e c a m p a ñ a , una
muía superior y una silla á r a b e : nos han d a d o , además,
una tienda para nuestra s e r v i d u m b r e , un /ca/d para servirnos de guia, y ocho muías con sus c o n d u c t o r e s para
transportar nuestros bagajes.
Me e n c u e n t r o al personal de la embajada instalado,
como de c o s t u m b r e , en el embalsamado jardín de naranjos, bajo el mirador del viejo kiosco. E l Ministro ha
recibido el salvoconducto ó « c a r t a de m u ñ a » , con la
firma y sello del Sultán, que d e b e facilitarnos el paso á
través del territorio de las diferentes t r i b u s , y revestirnos del indispensable d e r e c h o de recibir subsistencias.
P e r o , á pesar d e todas las gestiones que personalmente
se ha dignado practicar en nuestro o b s e q u i o , todavía
no le ha sido posible o b t e n e r la carta para las autoridades de la ciudad de Mequinez, ni el permiso que habíamos solicitado para visitar los jardines d e Aguedal. No
es, c i e r t a m e n t e , falta de b u e n a voluntad por parte do
de ¡os altos funcionarios m a r r o q u í e s ; es la lentitud é
inercia naturales en estas gentes que n u n c a tienen prisa: el Gran Visir se ha acordado demasiado tarde de que
tenia que recoger la firma del Sultán antes de la hora de
la plegaria vespertina; p e r o ha prometido que mañana
por la m a ñ a n a t o d o quedaría firmado y sellado, y que
si nos halláramos ya en camino, mandaría unos jinetes
en n u e s t r o seguimiento, hasta Mequinez ni'smo si p r e ciso fuera, para llevarnos la carta en unión de unos regalos que el Sultán nos destina, l'^rancaniente, la idea
que t e n e m o s de la actividad árabe, nos hace desconfiar
del cumplimiento de esta promesa.
Nuestros compañeros d e viaje, q u e se q u e d a n en
F e z , sienten no p o d e r venir con nosotros. Se permanencia aquí, parece d e b e r prolongarse más ai'á de lo
(]ue habían s u p u e s t o : hay mil negocios complicados, que
no acaban de arreglarse n u n c a ; cuestiones que remontan á muchos años; créditos de judíos imposibles de
realizar
Con esta g e n t e , en nada se llega á un resultado. El Sultán p e r m a n e c e casi siempre invisitile, atrincherado como un ídolo en su palacio impenetrable. Los
visires se limitan á ganar tiempo, procedimiento q u e
constituye la gran fuerza de la diplomacia musulmana.
D e s p u é s , se aproxima el Ramadán ó Pascua áralie, durante la cual no se p u e d e hacer n a d a , y cuya infiuencia
comienza ya á dejarse sentir. Por otra p a r t e , el único
m o m e n t o en que pueden tratarse los negocios oficiales,
son las primeras horas d e la m a ñ a n a , y para eso se
pierde mucho tiempo en perífrasis orientales: las horas
del mediodía se reservan á las plegarias y al sueño, y
la n o c h e , á los asuntos interiores. H a y también la funesta coincidencia de que uno de los más importantes
personajes políticos acaba de ser mordido en un brazo
por una de sus numerosas mujeres b l a n c a s , celosa de
una de sus también numerosas mujeres negras, lo que
le obliga á guardar c a m a , c r e a n d o u n nuevo retardo.
Nuestros amigos nos llenan de encargos para Tánger,
para el mundo m o d e r n o y viviente, del cual se siente
u n o aquí tan separado. L o s q u e se q u e d a n , están ya
atacados de esa especie de enfermedad particular, bien
conocida, que se puede llamar «ganas de marcharse»,
enfermedad q u e , según p a r e c e , acomete infaliljlemente
al personal de las embajadas á los quince días de permanencia en F e z , y que es también un recurso político,
con el cual están acostumbrados a c o n t a r los diplomáticos árabes. Yo mismo, que me quedaría de tan b u e n a
g a n a , me explico ese sentimiento, por la opresión del
Islam que á v e c e s h e e x p e r i m e n t a d o
XXXII.
Domingo, 2S de Abril.
Amanece. El tiempo n o se p r e s e n t a muy b u e n o para
una mañana de partida.
E n torno mío ya no hay colgaduras ni t a p i c e s , ni
traza alguna de mi efímera instalación de viajero: t o d o
ha sido embalado, con lo que la vieja casa ha r e c o b r a d o
su aspecto de vetustez y de miserable a b a n d o n o .
He Convenido con mi amigo el c a p i t á n , que viajaremos en traje del país, para excitar menos la atención
de las tribus cuyo territorio atravesemos. Así, pues,
c o m o mi g u a r d a r r o p a indígena n o está e x c e s i v a m e n t e
bien provisto, he h e c h o lavar ayer, en previsión del
viaje, mis largos camisones dotantes y mis a m p l i a s / h radjiai- blancas, que han pasado la noche tendidas, en la
azotea, para secarse.
JMÍ primer cuidado al levantarme es subir á la azotea
para recogerlas, sirviéndome de regocijo este detalle,
que me identifica por un instante con la existencia de
un verdadero moro \iobre, que hace sus preparativos
d e viaje.
Por cierto que los camisones están todavía b a s t a n t e
h ú m e d o s , y me causan, al p o n é r m e l o s , una gran impresión de frío.
Desde mi azotea he podido c e r c i o r a r m e de q u e el
tiempo está de un gris uniforme. Un silencio profundo,
triste y solemne, pesa á esta hora matinal sobre la ciudad, apenas salida de las sombras de la noche. Me despido para siempre de las azoteas contiguas, ahora vacias y lúgubres; digo adiós á las viejas p a r e d e s , d e t r á s
de las cuales d u e r m e n todavía mis vecinas, incluso la
bella indómita, de la que jamás volvere á saber nada.
A las cinco llega á mi p u e r t a mi muía enjaezada, conducida por un soldado del Sultán. El capitán H. de V.
ha quedado en e s p e r a r m e con la servidumbre y los bagajes á la salida de la ciudad, cjue dista bastante de mi
casa. E s t a será la última vez que camine por el dédalo
de las tenebrosas callejuelas d e F e z , en medio de un
montón c o m p a c t o d e b u e y e s , q u e son e n c e r r a d o s p o r
la noche dentro de la ciudad, por miedo á los b a n d o leros y á los chacales, y vueltos á llevar á sus pastos en
cuanto llega el día.
Una vez salido, por las altas ojivas negras, del recinto
de Fez el viejo, prosigo mi camino costeando las antiguas murallas de Fez el nuevo. L a habitual tristeza d e
todas estas cosas ruinosas y d e c r é p i t a s se a u m e n t a e n
el silencio gris de la mañana: no oigo en torno mío más
que el ruido que hacen al andar las piaras de bueyes d e
que voy rodeado. Los pastores e n c a p u c h a d o s que las
custodian, van envueltos en unas hopalandas grises, terrosas , como difuntos.
He aquí que llegamos á las sombrías puertas del palacio, por las que d e s e m b o c a u n a fila de esclavos negros,
llevando en la cabeza esas cúpulas d e esparto pintarraj e a d o cpic sirven d e receptáculo á inmensos platos d e
comida, y un olor de alcuzcuz caliente va q u e d a n d o á
su paso en el aire fresco. E s que hoy se celebra una
gran fiesta musulmana <]ue p r e c e d e á los ayunos del
Ramadán (algo así como nuestro m a r t e s de Carnaval),
y es c o s t u m b r e , en semejante ocasión, que el Sultán
envíe á todos los dignatarios de la ciudad un plato aderezado en sus cocinas.
(Ctinliiiuani.)
LA ISLA DE YAP.
'N mi amigo, el c o m a n d a n t e de E s t a d o Mayor D. Manuel IMoriano, comisionado por
el Capitán general de las Islas Filipinas
pjara el estudio del Archipiélago carolino,
ha tenido la b o n d a d d e facilitarme datos
sobre el resultado de sus investigaciones,
q u e , sin detrimento del s e c r e t o profesional,
puedan ser del dominio [lúblico. Mi artículo
se basará, p u e s , en los discretos á la par que interesantes informes que he recogido de los autorizados labios de aquel distinguido oficial de nuestro ejército, Cjue acaba de visitar las remotas colonias d e
E s p a ñ a en la Micronesia, quien desea h a c e r constar que
d e b e muchas d e las noticias p o r él comunicadas á los
Rdos. P a d r e s Capuchinos y á otras personas allí residentes.
En el siglo XVII, el almirante español Francisco Lezcano descubrió en el O c é a n o Pacífico una isla q u e bautizó con el n o m b r e de Carolina, en honor del e n t o n c e s
rey de E s p a ñ a Carlos II, denominación que se dio luego
á todo el Archipiélago.
E x t i é n d e s e é s t e , c o m p r e n d i e n d o las islas Palaos, ent r e los o'J y 13" d e latitud Norte y los 139" 12' y 170"
13' de longitud E s t e del Meridiano d e San F e r n a n d o .
T o m ó E s p a ñ a posesión de dichos territorios, y mandó
á varias de las islas misioneros; p e r o las noticias por
ellos transmitidas, confirmadas más tarde por diferentes
n a v e g a n t e s , acerca de las dificultades que se oponían á
la colonización y del escaso fruto que era de presumir,
dieron lugar á que el Archipiélago permaneciese en
completo abandono, hasta (]ue en el año d e 1885 el Gob i e r n o español, c e d i e n d o á p o d e r o s a s razones políticas y á móviles tan plausibles como patrióticos, mandó
al Capitán general de P~il¡pinas que p r o c e d i e s e á la ocupación efectiva de aquellos a p a r t a d o s dominios.
Dispuso la indicada autoridad q u e previamente los
visitase un b u q u e de g u e r r a , y en vista del dictamen del
comandante, se eligió la isla d e Yap para residencia del
gobierno de las Carolinas Occidentales,
En los primeros días d e Agosto de 1885, la expedición se hizo á la vela en el p u e r t o d e Manila, foiidgando
292
LA I L U S T R A C I Ó N
LA
ESPAÑOLA
.Al A N I F E S T A C I Ó N
Y AMERICANA.
OBRERA
EN
N.» XVII
MADRID.
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loñüiCilif'!
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REUNIÓN DE ALBAÑILES KN EL JARDÍN DEL HUEN R E T I R O , ESCUCHANDO EL DISCURSO DKL SR. GOBERNADOR DE LA PROVINCIA
, A L . E D E D O H E S DHL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, AL PASAR LA MAXIKKSTACIÓN. - OBREROS LKVEXDO LA CO.VOCATORrA
EN LA CALLE DE ATOCHA, FRKXTE AL I.ICLO RÍCS. — ( A p u n t e s del natural, por Comba.)
DE LOS A T A ' K O U I S T A S
N.« XVJI
LA
LAS INUNDACIONES
ILUSTRACIÓN
ESPAÑOLA
Y
AMERICANA
D E L M I S S I S S I P P I . — A S P E C T O DE «POPLAR STREET», EN GREENVILLR, DURANTE LA INUNDACIÓN.
M A D R I D . — INAUGURACIÓN DEL «DISPENSARIO DE ALFONSO XIII» : COMIDA Á VARIOS NIÑ03 Y NIÑAS NACIDOS EL MrSMO DÍA QUE S. M. EL REY.
( D i b u j o del n a t u r a l , p o r
Comba.)
29(
2^4
LA I L U S T R A C I Ó N
en Tomil ( Y a p ) á fines del mismo mes. A las pocas h o r a s , y antes q u e saltasen en tierra los marinos españoles, echó el ancla en aquella bahía la goleta likis, d e la
a r m a d a alemana, y d e s e m b a r c a n d o el c o m a n d a n t e c o n
parte d e la tripulación, proclamó la soberanía del Imperio sobre el territorio.
R e c i e n t e s son ios sucesos, y mis lectores n o habrán
olvidado la h o n d a impresión q u e la noticia del h e c h o
produjo en t o d o s los ámbitos d e España. Resuelto el
conflicto, d e s p u é s del laudo del S u m o Pontífice, q u e r e conoció nuestros d e r e c h o s , otra expedición p r o c e d e n t e
d e Manila t o m ó posesión efectiva d e la isla d e Yap e n
Mayo d e 1886, y posteriormente del grupo de las Palaos
y d e las d e Oleay, Ifalik, T r u c k ó Hogulu, Ascensión ó
P o n a p é , Pinguelap y Kusai ó Ualau.
El G o b i e r n o d e c r e t ó la división del Archipiélago e n
dos gobiernos político-militares, denominados d e Carolinas Occidentales y Palaos e¡ uno, y d e Carolinas Orientales el otro, c o n residencia respectivamente e n Yap y
Ascensión, confiándose los m a n d o s á oficiales d e la Armada.
guerra,
á pesar
limitar
cambio
ESPAÑOLA
y en segundo lugar las bebidas espirituosas que,
d e los b a n d o s del G o b e r n a d o r , encaminados á
la v e n t a , se emplean con preferencia para el
d e p r o d u c t o s con los naturales.
L a isla d e Y a p , ó U a p , está situada p r ó x i m a m e n t e á
los 1440 16' d e longitud E . del Meridiano d e San F e r n a n d o , y á los 9*^ 3 ' d e latitud N. T i e n e u n a extensión
d e 30 kilómetros de largo p o r g de ancho, recorriéndola
d e N O . á S E . u n a cordillera c e n t r a l , q u e e n su mayor
altura se eleva á 150 metros sobre el nivel del mar. El
suelo, d e naturaleza volcánica, ofrece, hasta u n a p r o fundidad d e m e t r o y medio, u n a capa de tierra arcillosa,
bajo la cual e n c u ó n t r a n s e lechos d e pizarra consistente. Escasa e s la ñ o r a , y casi nu!a la fauna. Pueblan las
costas b o s q u e s d e c o c o t e r o s , cuyo p r o d u c t o constituye
la única riqueza del país, y en el interior se encuentran
r a r o s ejemplares d e otras especies d e árboles q u e crecen en las islas Filipinas. No existe río alguno: sólo en
la é p o c a d e las lluvias los b a r r a n c o s conservan d u r a n t e
b r e v e s días exiguo caudal d e a g u a , y no se conoce más
fuente q u e u n a en la bahía d e Tomil. L a mayor p a r t e d e
los indígenas viven condenados á n o b e b e r m á s agua
q u e la q u e encierra e l c o c o .
Arrecifes madrepóricos rodean la isla, haciendo muy
difícil su acceso á los navcgantes.-EI único p u e r t o ' a b o r dable para buques de cierto calado es el d e Tomil, cuya
vista reproducimos (véase la pág. 284), tomada de fotografía directa p o r los P a d r e s Capuchinos, d u r a n t e la permanencia e n Y a p d e mi amigo el Sr. Moriano. Hállase
situado e n la costa oriental, teniendo u n a entrada q u e
apenas llega á 100 metros d e a n c h u r a , ceñida por peligrosos escollos. E n u n a isleta llamada d e Tapalao, situada d e n t r o d e la bahía, se ha instalado la Casa
Gobierno d e las Carolinas Occidentales y parte del camp a m e n t o denominado de Jíetna Regente. Las obras construidas en esta isleta, núcleo de la colonia, son: un magnífico pa7italán ó d e s e m b a r c a d e r o , de 75 metros de largo
p o r 5 d e a n c h o , construido d e piedra madrepórica y
cal; la Casa Gobierno, edificio d e m a d e r a y t e c h u m b r e
d e zinc, d e 14 metros d e frente y 10 d e fondo; el cuartel d e infantería, d e 40 metros d e longitud p o r 10 d e
latitud, construido también d e tablas, elevado sobre
fuertes pilotes á u n a altura d e un m e t r o del suelo; el
edificio destinado á factoría militar; otro cuartel, también d e m a d e r a , q u e o c u p a n las fueraas del batallón
disciplinario, y , p o r ñ n , el polvorín p e q u e ñ o , repuesto
de 4 m e t r o s en cuadro, cercado p o r p a r e d e s d e mampostería.
Comunícase la isleta d e Tapalao con la isla p o r m e dio d e u n puentecillo d e tablas d e 11 m e t r o s d e largo,
tendido sobre u n a cortadura abierta próximamente á la
mitad d e u n istmo artificial q u e mide 150 m e t r o s d e
extensión y 3 d e ancho.
P a s a d o el istmo, a p a r e c e u n a h u e r t a q u e a p e n a s mide
u n a h e c t á r e a , d o n d e se d a n toda clase d e legumbres y
hortalizas , d e d i c á n d o s e á su cultivo soldados d e la guarnición. Siguen luego algunas casas t o s c a m e n t e construid a s d e m a d e r a d e coco y b o n g a , destinadas á oficiales,
y la enfermería, compuesta de cinco edificios, cuyas par e d e s son d e tablas m u y ligeras, y el t e c h o d e coco ó
palma, comunicándose aquéllos entre sí p o r galerías d e
bonga. E n la c u m b r e d e u n c e r r o d e n o m i n a d o Cabul,
situado á d o s kilómetros, se h a construido un fuerte,
d e forma c u a d r a d a , d e 11 m e t r o s d e l a d o , circundado
de un foso; abierto e n roca viva, de tres metros de ancho
p o r dos d e profundidad. E n este fuerte s e halla instalado
un p e q u e ñ o faro.
Inmediata á la enfermería s e levanta la iglesia, q u e
mide 9 m e t r o s d e frente p o r 17 d e fondo, siendo sus
p a r e d e s d e b o n g a , el suelo d e tablas y el t e c h o de zinc,
y al lado del templo la casa d e los P a d r e s Capuchinos
d e la misión d e Yap.
Eí escaso comercio d e la isla está e n manos d e casas
extranjeras establecidas en ella antes d e la ocupación
española. Consiste aquél exclusivamente en la adquisición d e la cupra (i), q u e venden los naturales a! p o r m e n o r , y es e x p o r t a d a en cuatro ó cinco barcos d e vela
que anualmente visitan el p u e r t o de Tomil. Figura como
principal artículo d e importación el carbón d e piedra
para consumo d e la colonia y d e nuestros buques d e
Si la felicidad estriba en la falta d e n e c e s i d a d e s , los
indígenas d e Y a p y del resto del Archipiélago carolino
son los seres más dichosos d e la tierra. U n a choza d e
ramas t o s c a m e n t e entretejidas, sustentada sobre rústicas e s t a c a s , les defiende y ampara de la inclemencia del
cielo, benigno y s e r e n o , si se e x c e p t ú a d u r a n t e la é p o c a
del año en q u e , como a c o n t e c e bajo los trópicos, se desgajan ¡as nubes en torrenciales lluvias, t a n d e suyo violentas como p o r fortuna pasajeras.
Para alcanzar el natural s u s t e n t o , bástales t r e p a r por
el cocotero, q u e generoso les convida con el sazonado y
dulce fruto p e n d i e n t e del flexible y esbelto tronco.
L a indumentaria no ha p e n e t r a d o todavía en aquellas
incultas r e g i o n e s , p o r q u e el frío y la h o n e s t i d a d , (|uc
fueron sin duda el origen y fundamento de aquélla, se
desconocen d e t a l s u e r t e , q u e ni a u n el rudimentario
adorno femenino acusa el ingenuo rubor ó la incipiente
coquetería. Sólo en las costas, d o n d e la presencia d e forasteros ha e n g e n d r a d o tal vez el r e s p e t o d e la ajena
m i r a d a , andan algunas Carolinas t a n pomposas y c o m puestas con los e x t r a ñ o s , primitivos y sutiles atavíos q u e
revela el g r a b a d o , c o m o nuestras elegantes c o n las p e regrinas invenciones de !a moda caprichosa.
L o s h o m b r e s , p a r a quienes !a holganza es el s u p r e m o
bien, pasan la vida e n t r e g a d o s á soiíolienta pereza,
mascando ¿/^ü (2), p e r o n o el usado e n Filipinas, sino
un v e r d a d e r o c á u s t i c o , tal es la cantidad d e cal mezclada c o n las o t r a s sustancias d e q u e se compone aquél,
ó fumando t a b a c o , que apagan y encienden á cada mom e n t o , sin d u d a para q u e su sabor resulte m á s a c r e y
fuerte.
L a condición d e la mujer, c o m o s u c e d e e n t o d o s
los países sumidos en ¡a b a r b a r i e , es harto lastimosa.
A p e n a s n a c e , la miran con m e n o s p r e c i o , incluso s u s
propios p a d r e s , á quienes causa p e s a d u m b r e y enojo la
venida al mundo d e una niña; la alimentan desde sus
primeros días c o n leche d e c o c o , y le dan p o r cuna un
miserable rríontón d e hojas. Supeditada siempre á sus
hermanos v a r o n e s , q u e monopolizan las caricias paternales, cuando ía sabia Naturaleza, más solícita y clem e n t e , le da las necesarias fuerzas, vcse obligada á
ayudar á su madre , no sólo en los trabajos domésticos,
sino también en las faenas agrícolas.
E n t r e t a n t o , los h o m b r e s p e r m a n e c e n en la llamada
casa grande, edificio q u e no falta en ningún pueblecito,
y siempre el mejor, d e propiedad y usufructo común,
residencia de las mujeres robadas al e n e m i g o , las cuales
siguen la misma suerte y condición que la finca p o r ellas
habitada.
Al c e r r a r la noche, y particularmente las de luna, a q u e llos seres a b y e c t o s , q u e , olvidando el hogar doméstico,
han pasado e¡ día en la casa grande rodeados d e sus favoritas, se dirigen al bosque, y se entregan á bailes desenfrenados, especie de simulacros de combate, saltando
como si esgrimiesen la azagaya ó la lanza contra enemigos invisibles, hasta q u e , aturdidos, y cediendo á la
fatiga, d a n con sus cuerpos e n tierra.
Sus ideas religiosas se limitan al culto d e los muertos,
creyendo q u e las almas d e éstos vagan p o r el b o s q u e
y se ponen en comunicación c o n el gran sacerdote ó
medhim conocido con el n o m b r e d e Matsé-Mats, especie
d e anacoreta, objeto de general veneración, q u e vive en
lo más intrincado d e la selva, evocando espíritus, según
d i c e , para implorar su protección y ayuda.
P o r los restos d e las magníficas murallas d e piedra
que s e e n c u e n t r a n en Tomil y Goror se d e d u c e q u e la
isla estuvo habitada p o r u n a raza superior á los actuales pobladores. Son éstos, al p a r e c e r , oriundos de japoneses mezclados c o n los antiguos papuas ó negritos. L a
población total d e Yap asciende á 9.000 h a b i t a n t e s , divididos e n 107 pueblecitos. T i e n e c a d a u n o u n cacique
ó régulo, i n d e p e n d i e n t e , á quien llaman filmii: sus d o minios n o pasan m u c h a s v e c e s d e u n kilómetro cuadrado, y sus vasallos d e un par d e docenas.
• E n las expediciones e n t r e ios pueblos d e la costa los
naturales emplean p e q u e ñ a s naves, llamadas ¿/«^oj-, tosc a m e n t e labradas y d e u n a sola hatanga; e n su manejo,
sobre todo á la vela, d e m u e s t r a n habilidad suma y destreza notable.
Muy contados son los europeos q u e residen en la isla,
fuera del e l e m e n t o oficial: el establecimiento d e a q u é llos data d e veinte años, en cuya época el coco tenía
gran precio e n los m e r c a d o s e u r o p e o s , asiáticos y australianos. E n t o n c e s debieron realizarse pingües b e n e ficios, p u e s los naturales d a b a n d e d o s á cinco toneladas de cupra, cuyo valor n o bajaría d e cien pesos, en
cambio de un fusil q u e podía adquirirse e n E u r o p a p o r
ocho ó diez. Ahora ha bajado notablemente el precio
del indicado artículo, y a d e m á s es muy difícil cambiarlo
por fusiles ó p o r a g u a r d i e n t e , p o r q u e las autoridades
españolas, con laudable i n t e n c i ó n , prohiben severam e n t e la venta á los naturales d e los primeros, y ponen
cortapisas á la introducción del segundo.
( i l Llámase asi la parle carnosa del coco; ó sea la pulpa, que so emplea
para producir el aceite de coco.
f=) E l buyo se cumpone del fnilo de l a bonga niciidadü cnn cal y envuelto
en hojas de lielel.
FOTOGRAFÍAS
Grandes colecciones de modelos (hombres y
mujeres), paisajes magníficos de modernos maestros. l U O fotogr, en miniatura con 4 fotogr. gabinete, 25 reales (admítense sellos de correo),
las proporciona Adolf EstiuK^cr, editor de
objetos artísticos fotogr, Budapest VI. (Hungría).
L a producción del coco en Yap se calcula próximam e n t e en óoo toneladas anuales, siendo tres las casas
extranjeras dedicadas ai comercio d e su exportación.,
Componen actualmente la misión católica d e la isla
tres Padres Capuchinos é igual n ú m e r o d e hermanos.
G r a n d e s son las dificultades con q u e luchan estos r e ligiosos q u e , con santo celo y arrostrando todo linaje
de penalidades, r e c o r r e n aquellas salvajes regiones
p r o p a g a n d o el Evangelio entre gentes más incultas que
la misma naturaleza. L a primera d e t o d a s , ó sea el medio de poseer la lengua d e los naturales, la h a resuelto
á fuerza d e asiduo trabajo u n o d e los misioneros, escribiendo la gramática del dialecto d e Yap. Gracias á su
conocimiento. F r a y J o s é , a c o m p a ñ a d o d e un lego, pudo
visitar u n a parte d e la isla y establecer u n a misión en
un sitio llamado S a n F r a n c i s c o d e G o r o r , bastante lejano p o r cierto de la capital, y convertir al cristianismo
s.\ pUiíni ó reyezuelo d e la c o m a r c a y á todos sus subditos. Aquél y algunos d e éstos han a p r e n d i d o también á
leer y escribir en castellano.
L a obra d e la conversión y d e la cultura adelanta, sin
e m b a r g o , l e n t a m e n t e e n los d e m á s p u e b l o s , incluso los
inmediatos al c a m p a m e n t o de Reina R e g e n t e , á pesar del
c e l o , solicitud y perseverancia d e los virtuosos Padres
á quienes está confiada la noble y pacífica conquista
d e la isla p a r a la religión y la patria. El c a r á c t e r apático
c indolente d e los indígenas, q u e les hace mirar con
desdén todas las innovaciones; la falta absoluta d e necesidades, q u e n o despierta en ellos las energías d e la lucha p o r la existencia; el t e m o r d e p e r d e r sus costumbres licenciosas, d e q u e da u n r e p u g n a n t e ejemplo la
existencia d e ]&& casas grandes, y o t r o s q u e o m i t o , acaso
más repulsivos, son causa d e q u e las autoridades espaiiolas y los misioneros n o hayan conseguido a ú n reducir
á todos aquellos insulares á la vida d e los pueblos civilizados; p e r o esta es o b r a q u e sólo p u e d e realizar el
t i e m p o , sobre todo si no falta e n el porvenir la solícita
protección q u e el Sr. Weyler, digno é ilustrado Capitán
general d e las islas Filipinas, dispensa ahora á la naciente colonización del Archipiélago carolino.
- •
l>»s iiíldorjis IScsIaiii'iKlorflN Foriiilfriicrn producen
maravillosos resultados en las dolencias crónicas del estómago y
en todos los casos de anemia y debilidad general,
F n f e r m e d a d e s d e l a g a r g a n t a y d e l a l a r i n g - e . —Gracias á. sus propiedades anestésicas, las Pastillas Houdé lí la cocaína procuran el mayor alivio; son soberanas para calmar y curar las enfermedades de
\& gargaiita, las rnfiqurras, las extinciones de la vol, las laringitis, las
anginas, las coses violentas.—CímXxibxíyea k hacer desaparecer las comezones,
pnirilos, sensaciones de irritación, y á tonificar las cuerdas vocales. Se TECOtaicnáan í \os oradores, í'antantes , pro/esorcs , y hacen la voz más clara y
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P REÍ'ARADO POR V I O L E T
29, Bould, des Itallens, PARI3
E l considerable n ú m e r o d e originales literarios a d quiridos p o r esta Dirección, y el escaso espacio q u e dejan disponibles las secciones fijas q u e tiene establecid a s L A ILUSTRACIÓN EÓPAÑOLA y AMERICANA, la obligan á
suplicar nuevamente á las muchas personas q u e anuncian el envío d e nuevos escritos s e abstengan d e h a cerlo, á fin d e evitarse inútiles molestias, y á la Dirección la c o n t r a r i e d a d d e t e n e r q u e archivarlos p o r u n
tiempo indeterminado.
No se devuelven originales, ni se r e s p o n d e d e los
q u e , á pesar de ¡a presente Advertencia, se remitan á la
Redacción.
e n l a P e r f u m e r í a c e n t r a l d e A G N E L , 16, A v e n u e d e l'Opéra, PARTS
gue posee en ^aris,
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T A.3?IOCJ^ —T E S
r e e o i t t p e n s a H incliiiEttriales
M I A L ; OALLE MAYOK, 18 Y 2i
N o XVII
295
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA.
PECTORAL de CEREZA doiÜP. AYER
KanangaaJapon
SALICILATOS DE BISMUTO Y CERIO
ji;wLU iiii üiío u lÁ ymmm n mMh%¡
EItJAUD7C^PerM^''
Rí'omeitdadospor
la
'irT'¥r A C
m ^ l X i r ^
Recetadoxpor los médicos
Real Academia ue Medicina. D E V X V A »
STXAMXXA^M
de España y
Ühramar.
Adopln-lfisünloshospiialesy Iri Marina, P O R Q U E C U R A N I N M E D I A T A M E N T E , C O M O
N I N G - U N O T R O R E M E D I O t-mploado hasta elília, teda clasií dü vcjrajtos y aiarrcas: ik-los tísicos,
de los viejos, de los iiifios, cók'ra, tifus, disenterias, viimilos de los niños y de las embarazadas, cal.irros y lí leerás
del estóniaifii, piroxis cotí eniplos fétidos. Ningún remedio alcanzó de los médicos y del público t a n t o f a v o r
p o r s u s ¿ u e n o a r e s u l t a d o s , como nuestros
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la y pulmones principian por desórdenes que b'
curan fácilmente si se les aplica á tiempo el re
medio propio. La dilación suele ser fatal. I A )
l t E S i F K I A l > 0 ! « V K A T O » . si no se cui
dan. pueden degenerar e n I v A l l í M í ^ B I t í * .
IZOD'S
Corsé priTÜogiado
EL MEJUR DE TODOS
I Z . O D S C O " S V T S COXFBCCEONATIO l'OR NUEVO Y ESPECIAL
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pnrii la saluil. La opinión publica de
todo el mundo cslá unánime en decianr
que ninguno le avcnl.ija por su r.oiiiffirt, su lidcliurn y stf durnclón.—
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Jaban de Kananga
El n i í ñ í-rato y
un tuü.^d.conserva
al c u l i s -SU
Híi caraba
trauspaiencia.
CABELLOS
Loción oegetal de Kananga
largos y espesos, por acción del E x t r a c t o c a p i l a r d e l o s B e n e t i i c t i u o s del Monte Majella,
que destni3'e l a caspa, detiene la caída de los cabellos, les hace brotar con fortaleza y retarda ou
decoloración; á 6 fr. cada frasco E. S E N E T , ADMINISTRADOR, 3 5 , rué du 4 Septembre, París.
I l i m p i a la cabeza, abrillanta el c a b e l l o y
evita s u calda, t o n l ü c á u d o l o .
F a d r i d : ¡Romero V i c e n t e .
B a r c e l o n a : C o n d e P a e r t o y G'\
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H , Place de la Madeleine, fánles, 207, RueSt-Honoró), PARÍS
FERNET-BRANCA
DE LOS SRES. B R A N C A J j E R M A N O S , DE M I L A N O
Las ijircoí; que tienen el verdadero y auténtico método de fabricación.
B*t'4-niut4l«>s e o n M e d a l l a s d e o r o e n l a s p r i i i e i p a l e S . E x poísif-MHM'w U n i v e r s a l e s v p r i v i l e g ; - i a d o s p o r e l t i o b i e r n o .
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•\"eiitlí«-in<-o .'ifios d e e o u i p l e t o éxJifo, o b t e n i d o e n E u r o p a ,
Aiii<'i'i<*a y O r i e n t e .
Es rocomtndado por. las celebridades medicales, y empleado en muchos
hospitalps.
El F E l í r V E T - W R A I V C A n o d e b e s e r confundido con
»>ti'<>s i n u e h o s l ' ^ e r n e t q u e s e v e n d e n d e s d e p o e o t i e m p o , y
q u e s o n f a l s i í i e a e i o n e s d a ñ o s a s é i n i p e r k e e t a s . El P E I t ]Ñi !•! I - I 5 K A I V C A apaga la sed, facilita la digestión, estimula el apetito,
rura las calenturas intermitentes, dolencias de cabeza, vértigo, enfermedades del
hígado. e s | f l i n , mareo y náuseas en general. Es V e r n i í f u g - o , A n t i SUS IIFEGTOS SOR GAKAKTIZADOS POR ATESTACIONES DE MÉDICOS
U i i í e a J i r i - e n d a t n i ' i a i»;ii'j» A m é r i c a «leí S u r ;
Casa CAllLO
F.'^" líOJ'JEIi
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Genova
MEDALLA DE ORO EN LA EXPOSICIÓN DE PARÍS, 1889
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M u e v o a p a r a t o de destilación continua de l í g ' i ' o l
para destilar aguardientes , espíritus de vino . ron , aguardiente de arroz i ofrecj 1 is ventajas de ¡uslalación y marclia
fácil, á la par (]ue es relalivam-ntc menos voluminonu, de
lo que resulta un embalaje y transporte Jiieno;; costoso.
Odontalina
PASTA DENTARIA, VERDADERO CARMÍN DE LA BOCA (
PARÍS iHerSiMÜfl'Engliiea
BRONQiUITIS C R Ó N I C A S , T O S E S P E R T I N A C E S . CATARROS,
C u r a c i ó n pnrla E M U L S I Ó N MARCHÁIS.—MAiinin,HIolGhar- Garcii.
BuliNOs-AvRES.Demaiobiho'.-MoNTiLviUEO.LasCasBS.-MEXiGO.VanJiEuWiugatrL
Reíase de las arrugas, que no =e atrevieron nunca á señalarse en su epidermis, y se conservó joven y bella hasta más allá de sus Üo añus, nimpiendo una vez y otra su acta de nacimiento á la faz
del tiempo, que en vano as:itaba su guadaña delante de aquel rostro sedncuii- sin poder mortificar1-.—Este secreto que la g;rati coqueta egoísta no quiso revelar á ninguno de sus contemporáneos,
ha sido descubierto por él doctor l.econte entre la • hojas de un tomo de la Historia amorosa de las
Galias^ de Bussy-Rabutin. perteneciente á la biblioteca de Voltaire y actualmente propiedad exclusiva de la l ' c r r i i m c r i a ¡Vinoii (Aíaison Leconie\ 3 1 , r u é d u 4 Septembre, j r , París.
Dicha casa entrejja el secreto á sus elegantes clientes bajo el nombre de V c r i f n i í l c E a n d e
I t l i i o n y de S l i i v c t Av I l i i t o t í , polvo de arroz que Ninon de Léñelos llamaba « l a juventud en
una caja»,—Es necesario exigir en la etiqueta el nombre y la dirección de la C a s a , para evitar las
falsificaciones.—La Par^merie
Ninon expide á todas partes sus prospectos y precios^corrientes
Depósitos en Madrid:
ria Oriental, Preciados
meria Inglesa,
Carrera
fonl, 22, calle del Qall.
Las P A S T I L L A S N I E L K calman la irritación producida por el excesivo nso del tabaco,
y Bon indispensables á las personas que hacen sufrir i su g a r g a n t a un trabajo fatigoso, especialmente ios oradores y cantantes. — Para evitar imitaciones y falsificaciones exíjase
en las cajas td sello de la Sociedad Farmacéutica Española G. Formiguera y £7,", Barcelona,
impreso e n t i n t a roja.—Al por m e n o r , en las principales farmacias.
Todas las familias deben tener un frasco
E s t e maravilloso bálsamo está cornpuesto con el E x t r a c t o P u r o
del Pino Amarillo, y es completamente v e g e t a l .
Con las aplicaciones locales de este excelente medicamento se
obtieni' la ránida curación de Ins dolores r e u m á t i c o s ; de la n e u r a l g i a , y a sea f a c i a l , i n t e r c o s t a l ó c i á t i c a ; de los t u m o r e s blancos,
c a l a m b r e s de las p i e r n a s y b r a z o s ; h i n c h a z o n e s , dislocaciones,
e s g u i n c e s , q u e m a d u r a s , s a b a ñ o n e s , lobanillos y toda clase de
c o n t u s i o n e s , golpes y p i c a d u r a s de insectos.
Lo prescriben los doctores en el extranjero para curar los dolores
que notan muchos enfermos en el c u e l l o , pecho y espalda, pues,
gracias á !a volatibilidad de este remedio, aplicado sobre la piel se
absorbe en cantidad variable, según la superficie de aplicación, y penetra hasta la parte dolorida, sin acarrear los males que con frecuencia se observan empleando otros similares.
•De venta en las principales Farmacias y Droguerías.
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Sólo se vende en la ParfurueHe Exoti^jue, 3 5 , rué du 4 Septembre, París.
A R I S T O C R A T I Z A D V U E S T R A S M A N O S ?".!'
deí Prélaís, inventada por el fraile Dom. del Giorno para el papa León X . — Esta Pasta maravillosa blanquea , suaviza y d a tersura á la epidermis, y tiene además el privilegio de prevenir ó
destruir las g r i e t a s , los sabañones V sus cicatrices, etc.—Propiedad exclusiva d e l a Parfumerie
Exotique, 3 5 , r u é d u 4 Septembre, París.
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Aguirre y Moliuo, Preciados, l,^r en Barcelona, en casa de los Sres. José Lafont, 22, calle del Cali,
296
LA
N.o XVII
ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA:
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó
Abril de 1890.—También hemos recibido un ejemplar del Recuerdo de la inauguración del Dispensario de Alfonso XIII, de dicha Sociedad, escrito por
el director del mismo Dispensario, Dr. Calatraveno.
—Madrid, 1890.
EDITORES.
C a i i t a l a L l a u r n t l o r a V a l f í i n - í j i i i í i , poesía l l t mosina de Franccsch Barber y Bas, F.sLa composición fue premiada en los Juegos florales celebrados
p o r Lo Kat Penal. V a l e n c i a , 1889,
A v e n t u r a s d e cuali-o m u j o r e s y un loro,
• p o r A. D u m a s , hijo; traducción de D. Torcuato
Tasao y S e n a . Dos tomos de 238 y 221 páginas
en S.o—Precio: 2 pesetas. Diríjanse los pedidos al
editor, D, Luis Tasso, Barcelona (Arco del Teatro, 21 y 23).
K e b i i l o s : » d e C o l ó n , según observaciones hechas
en ambos m u n d o s ; indicación de algunos errores
que se c o m p r u e b a n con documentos inéditos, por
D. Cesáreo Fernández D u r o , .de la Real Academia
de la Historia. Este eruditísimo académico sigue
c o n su laudable afán de disipar c o n la hiz de l a
verdad no pocas .nieblas de la historia patria, y en
e l l i b r o que a n u n c i a m o s , todo él relativo al insigne
descubridor de A m é r i c a , examina con impareial
criterio las obras modernas de los Sres. Harrisse y
Pcragallo; h a c e atinadas observaciones acerca de
la fiebulosa en los Estados Unidos de América, en
l a América española y en E s p a ñ a ; dilucida con
cíaridad las cuestiones referentes ií la patria y á la
casa mortuoria de Colón, y transcribe interesantes
d o c u m e n t o s inéditos. El libro Nebulosa de Colón
será objeto de estudio para las personas ilustradas
de E s p a ñ a y de América.' Elegante volumen de
2 S 4 p á g s . en 8.", que se v e n d e , á 3 p e s e t a s , en las
principales librerías, y en la Administración de L A
I L U S T R A C I Ó N E S P A Ñ O L A Y AMERICANA , Madrid
X o e i o n e s d e <ie()^Tíif¡a p a r a u s o d e l o s
niños en las escuelas de primera enseñanza, por don
Enrique Velasco y A l m a r z a , profesor de instrucción primaria. Obrita que se recomienda á los señores profesores p o r su estilo sencillo y lacónico.
F o r m a un volumen de 117 páginas en 8.0, y se ven4 c , en Toledo, librerías de los Sres. J a n d o , Lara y
M e n o r , h e r m a n o s , al precio de 75 céntimos de
peseta ejemplar, y 7,80 pesetas docena. Diríjanse
los pedidos al a u t o r ( D o s Codos, 5 ) .
A n u a r i o t'(>to{3;ráíico h i s ¡ i a n n - a m e r i c a n o
pura 1890. Este útil libro ha de tener gran éxito
entre los fotógrafos y los hoy tan numerosos aficionados á la fotografía. F o r m a un volumen de cerca
de 300 páginas y contiene listas de los fotógrafos
híspano-americanos, d e las sociedades y periódicos
fotográficos, etc. Su precio es 2 pesetas en rústica
y 2,50 e n c u a d e r n a d o e n t e l a á la inglesa, dirigiendo
los pedidos á la librería de D . F e r n a n d o F e , Madrid
(Carrera de San J e r ó n i m o , 2).
{Al-
calá, 2 3 , principal), á donde se diririginín los pedidos de provincias.
H i g i e n e y E c o n o m i a , por D.a Mariana Alvare?.
B. Carretero, maestra d e u n a de las escuelas municipales de Burgos. Concienzudo resumen del Catecismo de Higiene y de liconomía doinésiicas escrito
p o r el padre de la autora, y aprobado por el C o n sejo de Instrucción pública para texto en las E s cuelas normales de Maestras y en las de primera
enseñanza. Está ilustrado con algunas viiíetas y u n a
linda portada al cromo por D . Isidro Gil, Diríjanse
los pedidos al editor, D. Santiago Rodríguez Alonso, Burgo.s (Pasaje de la Flora, 12).
1,0 < 1 ¡ s p e r s o , p o r D . Vicente Bas y Cortés. Un volumen de cérea de 300 páginas en 8.0, donde aparecen coleccionados varios discursos y algunos artículos importantes del autor. Véndese, á 3 pesetas , eti las principales librerías, y en casa del señor
Bas y Cortés. Madrid (Atocha, 25, tercero izquierda).
l í l P r o y e l c o n t r a , p a r a d o j a s , p o r D . Antonio
María del Valle y S e r r a n o , marqués ríe Villa-Huerta. Ingeniosísimo trabajo, muy bien pensado y bien
escrito : al lado del pro, aparece el con Ira; frente al
sabio, el i g n o r a n t e ; frente al soberbio, el humilde, etc. H a y en ese libro retratos y tipos para todos
los gustos. Véndese en las principales librerías.
I.-;i L e g - i s l a e i ó i i | i í n ' l i i f i n e s a e o i i l e m p o r á nea, estudios de legislación co.iiparada, p o r don
Rafael María de Labra. E s el tomo x x i i de la Bil'lioteca Andaluza, y se v e n d e , á 1,50 p e s e t a s , en
la Administración de la m i s m a , Madrid ( O b e lisco , 8).
K l P o r v e n i r I n d u s t r i a l , Sociedad benéfica;/lA'7«íí«ii leída en el acto de la inauguración solemne
de dicha Sociedad p o r el secretario primero de la
J u n t a de gobierno D . E d u a r d o Muñoz, en 28 de
SRTA. D.^ MARÍA LUISA
IlISTINGUIDA
PIANISTA
K e s i i i u e n elínico tic l o s e n f e r m o s t r a t a d o s
y de las operaciones practicadas durante once
a ñ o s , en Madrid, p o r el doctor A. de la l'eiía, médico-oculista, ex jefe de Clínica del doctor Wecker, etc. Un folleto muy curioso, ilustrado con algunos grabados y fotograbados. Véndese, á una
p e s e t a , en casa del autor, Madrid (Alcalá, ó).—V.
GUERRA,
ARGENTINA.
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Htumores,oijstruccioness
humores fríos, Qic.),-^
¡ afecciones c o n t r a las cuales son I m p o t e n t e s 5
I los simples f e r r u g i n o s o s ; en la c l o r o s i s •
\{colorespáUéos),JiiG\kcoTTea[^Qresl}lancas\
I la A m e n o r r e a Imenstritaciun
nula á difíK « ) , la T i s i s ,
I En Dn. ofrecen á los p r á c ü c o s u n a g e n t e
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I m u l a r el organismo y modllicar las consli- 9
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N. B. — El Jodiiro de Iiierro impuro ó al- Q
I terado e s u n m e d i c a m e n t o i n í l é l é i r r i t a n t e . O
• Come p r u e b a de pureza y autenticidad d e ©
I las verdaderas P i l d o r a s d e B i a n c a r d , 9
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EL MAS EPIOAZ REPARADOR, EL M E J O R DE LOS FERRUGINOSOS
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F á l n - i c a : A s l o n IS 1 1 ! M I I V ( i H A M
MADRID, —Establecimiento tipolitográfico «Sucesores de Rivadencyra»,
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