El tema racial en José Vasconcelos: entre la `raza cósmica` y el

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El tema racial en José Vasconcelos: entre la ‘raza
cósmica’ y el nazismo
La raza cósmica, Indología, la campaña presidencial de 1929 y
la revista Timón
Joren van Schie, s1691155
2014 (enero)
Prof. dr. H.L.M. Hermans
Departamento de Lenguas & Culturas Romances
Facultad de Letras
Universidad de Groninga
1
CONTENIDO.
0. Introducción
3
0.1. Tema y objetivo
3
0.2. Marco teórico
4
0.3. Estructura
8
1. Biografía de José Vasconcelos
11
1.1. De niño a estudiante
11
1.2. Los años revolucionarios
13
1.3. Los méritos en la educación
15
1.4. Los últimos decenios
17
2. Trasfondo histórico: el espíritu de tiempo
21
2.1. Independencia y bolivarismo
21
2.2. El Porfiriato y el positivismo
23
3. La formación filosófica de José Vasconcelos y su manera de pensar
28
3.1. El Ateneo de la Juventud
28
3.2. Inspiración filosófica
30
3.3. El arielismo
33
3.4. El complejo de inferioridad
36
4. La teoría de la ‘raza cósmica’
41
4.1. José Vasconcelos y el tema racial
41
4.2. El prólogo a La raza cósmica
43
4.3. La tesis de La raza cósmica
45
4.4. El prólogo a Indología
53
4.5. La teoría de Indología
54
5. José Vasconcelos y el nazismo
65
5.1. La campaña presidencial de 1929
65
5.2. Derrotas y desorientación
69
5.3. La revista Timón
73
5.4. La (in)utilidad de relacionar la ‘raza cósmica’ con el nazismo
79
6. Conclusión
83
7. Bibliografía
87
2
0. INTRODUCCIÓN.
0.1. TEMA Y OBJETIVO.
La aportación de José Vasconcelos al tema racial mexicano es impactante y grandiosa,
pero a la vez conflictiva. Lanzó la idea futurística, o mejor dicho, el ideal utópico, de una
‘raza cósmica’, que provendría del encuentro de las cuatro razas humanas principales en
el trópico del continente latinoamericano. Lejos de la controversia que ha surgido en
torno a los caprichos literarios del escritor, la ‘raza cósmica’ sigue ocupando un lugar
único e imprescindible en el debate racial de Latinoamérica, puesto que implica una
unión universal, o ‘cósmica’, de todos los hombres en el suelo del continente. José
Vasconcelos se distingue por sus méritos titánicos, en varios campos intelectuales, que
varían de la educación y la política a la filosofía y la literatura, pero después de haber
perdido las elecciones presidenciales de 1929, su compromiso político como
izquierdista democrático dio un viraje brusco a la extrema derecha y al nazismo, con
graves consecuencias para su personalidad pública.
Con espíritu renovador, Vasconcelos se atrevió a brindarle mesiánicamente a su
propia raza mestiza un papel pionero con respecto a la síntesis de todas las razas del
mundo en una nueva raza universal, que será superior a todas las anteriores. La
superioridad racial de la ‘raza cósmica’ latinoamericana ha sido una tesis audaz ya desde
que fue lanzada, a mediados de los años ‘20 del siglo pasado, y se hizo aún más
controvertida cuando un decenio después los nazis empezaron a aprovechar la idea de la
superioridad racial para sus fines tenebrosos. La colaboración de Vasconcelos con los
nazis en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, facilitó la revaloración de su teoría
racial como una teoría con características nazistas.
A pesar de la lógica aparente en relacionar la ‘raza cósmica’, escrita por alguien que
posteriormente se convertiría en colaboracionista nazi, con las ideas de la superioridad
racial explotadas por el nazismo alemán, se mantiene en esta tesis que tal acusación
parece precipitada y exagerada. Aquí se sugiere estudiar la teoría racial de Vasconcelos
desvinculándola completamente de la aproximación posterior al nazismo. Esto no
implica que no fuera simpatizante del nazismo, puesto que, al contrario, colaboraba
abiertamente con los nazis, ni menos que está justificada su colaboración fugaz con los
nazis, pero su decisión de pasar por una etapa nazista en su vida profesional es
perfectamente explicable con otra argumentación, sin incluir en ella la presuposición de
que en el nazismo hubiera encontrado un nuevo lugar para reanimar su ‘raza cósmica’.
3
Al mismo tiempo, la superioridad racial en la teoría de la ‘raza cósmica’ es perfectamente
entendible sin tomar en cuenta el nazismo en que Vasconcelos se metió unos quince
años después.
Es el objetivo triple de esta tesis presentar, primero, el espíritu de tiempo en que
creció Vasconcelos y exponer las correspondientes influencias filosóficas que le
inspiraron a escribir su avanzada teoría racial, para llegar a una mejor comprensión de
los pensamientos utópicos del escritor acerca de su propia raza; explicar, segundo, el
acercamiento al nazismo como una evolución aberrante de su anterior orientación
política, que tomó a consecuencia de la desilusión provocada por la derrota fraudulenta
de las elecciones presidenciales de 1929; y, tercero, despojar la teoría de la ‘raza
cósmica’ de la sugerida vinculación con la ideología nazista, aduciendo otros argumentos
para el lanzamiento de esa teoría. En otras palabras, es la hipótesis central de esta tesis
que el nazismo de Vasconcelos no se debe relacionar con su teoría de la ‘raza cósmica’,
mientras que haya explicaciones independientes para ambas aventuras vasconcelianas.
0.2. MARCO TEÓRICO.
No hay una respuesta sencilla y unívoca a la pregunta de por qué Vasconcelos lanzó una
nueva teoría racial. Para evaluar la argumentación del escritor, es necesario considerar
todo el abanico de influencias que le llevó a lanzar su teoría, influencias que varían de
experiencias históricas y personales a ambiciones políticas y filosóficas, evoluciones
ideológicas, posturas sociales y éticas, etcétera. Es difícil captar la persona polifacética
que es José Vasconcelos dentro de una sola disciplina, pero el análisis de esta tesis se
aproxima a la metodología de los estudios culturales, una disciplina que tiene la ventaja
de ser inherentemente interdisciplinario. Hace falta definir el campo de los estudios
culturales de antemano, visto que se trata de un término ambiguo, para después aclarar
la manera en que se aplica su metodología en la presente tesis.
Los estudios culturales aparecieron en el mundo académico de Gran Bretaña en los
años sesenta del siglo anterior, y poco a poco han ganado más prestigio en otros países
de Europa occidental y en los Estados Unidos. El objetivo de este campo académico es el
de analizar la cultura en el sentido más amplio de la palabra, desmitificando el
estrechamiento de la cultura como concepción elitista, o en otras palabras, rechazando
la diferenciación entre la ‘cultura alta’ o la Cultura (así, con mayúsculo) y la ‘cultura
baja’, o la cultura popular. De este modo, ya no son sólo las piezas de Arte, Literatura,
4
Música u otras ramas de Cultura los objetos de la investigación, sino todo lo que
posiblemente pertenece al ‘estilo de vida’ de la gente puede convertirse en objeto,
simultáneamente convirtiendo a todo tipo de gente en sujeto de investigación.
La eliminación de la frontera entre las dos definiciones de cultura, con y sin
mayúscula, tiene dos consecuencias relevantes para la metodología de esta tesis.
Primero, dado que hasta las más divergentes expresiones culturales pueden ser
examinadas como objeto de investigación, hay una preferencia en los estudios culturales
por trabajar con ‘estudios de caso’. En los análisis de estos estudios de caso, no se parte
de una estructura fija, inmutable y predeterminada, sino que el punto de partida es el
objeto de investigación mismo, para el cual se busca un marco teórico adecuado,
prestando teorías y enfoques de varios campos académicos con los que el objeto tiene
puntos de contacto. Este método de analizar declara el carácter intrínsecamente
interdisciplinario de los estudios culturales.
Segundo, la inclusión de las expresiones de la ‘cultura baja’ como posibles objetos de
estudio legitima prestar oído a la voz de los grupos que el marxista italiano Antonio
Gramsci ha definido como ‘subalternos’. En su ideario de la ‘hegemonía cultural’,
Gramsci sugiere que son las instituciones dirigidas por la clase dominante o elitista que
imponen en gran medida una identidad cultural al sujeto humano, de modo que se llega
a interpretar la ‘cultura’ en términos de poder y dominancia: las instancias que han
adquirido una posición ‘hegemónica’ son las que determinan las expresiones y los
valores culturales de la mayoría. 1 Esto no significa que la cultura es rígida y que no
cambie sin la intervención de dichas instituciones. Al contrario, hay una interacción
constante entre la clase dominante y la clase dominada, que se caracteriza como una
lucha por el poder cultural, y siempre hay maneras desde ‘abajo’, esto es, desde los
grupos subalternos, de resistirse a los valores culturales impuestos por los poderes
fácticos de ‘arriba’, hasta que los grupos de ‘abajo’ son capaces de formar una
‘contrahegemonía’ que reemplaza la hegemonía de antes. 2
La primera consecuencia, la de la preferencia por trabajar con estudios de caso y la
perteneciente interdisciplinaridad, tiene relevancia para la presente tesis, porque el
tema racial y el nazismo de Vasconcelos, así como la (in)utilidad de relacionarlos, se han
analizado de la misma manera, prestando teorías de varios campos académicos. La
1
2
Jackson Lears, 1985.
En inglés: counter-hegemony.
5
lógica de optar por esta metodología reside en el hecho de que la argumentación de la
teoría racial vasconceliana se entienda mejor si se considera el espíritu de tiempo en que
el escritor se maduró, y si se sigue en grandes líneas la formación filosófica que ha
gozado. Enseguida se detalla cómo se ha elaborado dichas influencias en la tesis.
La segunda consecuencia, el espacio que los estudios culturales brindan a los grupos
subalternos, y a su resistencia a la fuerza hegemónica, es crucial en el análisis de la
teoría racial de Vasconcelos, puesto que en ella, el protagonista es el mestizo, la raza que
ciertamente ya representó la mayoría de la población mexicana cuando Vasconcelos
lanzó su teoría, pero que no obstante fue un grupo subalterno por lo que respecta al
poder continental, que residía en las manos de los estadounidenses. Mejor dicho,
Vasconcelos identifica el problema de que los norteamericanos blancos impongan sus
valores culturales sobre la cultura latinoamericana mestiza e indígena, y advierte al
lector del peligro de la hegemonía estadounidense en ‘las Américas’, que no sólo tiene
consecuencias culturales, sino también sociales, económicas y políticas. Traduciendo
esta idea a un lenguaje contemporáneo, Latinoamérica sería la víctima de una nueva
relación de poderes, un nuevo colonialismo, llamado neo- o postcolonialismo, en que
Norteamérica es el colonizador y los países del Sur son los colonizados.
La crítica al postcolonialismo y la subsiguiente problemática étnica y racial son temas
que han recibido mucha atención en los estudios culturales de los últimos decenios.
Partiendo de la teoría gramsciana de la zona de tensión entre la élite hegemónica y los
grupos subalternos, capaces de formar una contrahegemonía, los postcolonialistas han
desarrollado un debate nuevo acerca de las cuestiones de la identidad o la ‘otredad’ del
sujeto subalterno, con el fin de llamar la atención del mundo académico sobre el
reconocimiento de las minorías. El postcolonialista canadiense Charles Taylor (1994)
escribió un ensayo sobre lo que bautizó la ‘política de reconocimiento’, utilizada por los
subalternos o minorías a fin de ser reconocidos en su ‘otredad’ del grupo hegemónico.
Su reivindicación es ser tratado con dignidad igualitaria, pero la respuesta
paradójicamente depende del mismo grupo hegemónico. Este problema del
reconocimiento de la identidad subalterna se hace visible también en la literatura
postcolonial de América Latina. Diana Palaversich (1995) define la literatura
postcolonial latinoamericana como aquella literatura escrita por los subalternos que
responden al centro del poder hegemónico, euroamericano y blanco, presentando la
6
concreta realidad política, histórica y cultural del continente. En el reconocimiento de la
‘otredad’ de la raza iberoamericana, el problema central es el del mestizaje.
El mestizaje es el producto de la fusión entre españoles e indígenas tras la llegada de
los primeros a la tierra de los últimos. La identidad mestiza es un ejemplo clásico del
‘hibridizaje’ cultural identificado por el postcolonialista Homi K. Bhabha, en que el sujeto
híbrido ocupa inicialmente un ‘tercer espacio’ en la sociedad, balanceando entre ganar y
perder influencia social.3 El ‘tercer espacio’ que el mestizo ocupó en México durante la
época colonial, fue el resultado de su diferencia tanto del colonizador español y blanco,
que ejercía el poder y lo reservaba para sí mismo, como de los indígenas y negros
colonizados, cuya autonomía fue prácticamente nula. Desde aquel ‘tercer espacio’, el
mestizo ha ganado, en un principio lento, pero con aceleración en las luchas por la
independencia, más terreno y prestigio en la nación, hasta llegar a ser símbolo de
nacionalidad ya en los años ‘20 en que Vasconcelos lanzó su teoría. Mas la nueva
amenaza para el mestizo en esa época ya no fue un asunto nacional, sino continental: el
sometimiento postcolonial a sobredicha dominancia hegemónica de los Estados Unidos
en el hemisferio del Nuevo Mundo.
Es frecuente en los estudios postcoloniales la crítica al fenómeno que Edward Said ha
denominado ‘orientalismo’, que se deja definir como una dominancia de enfoques y
metodologías occidentales en el estudio de las culturas orientales, con el resultado de
que se distorsiona la percepción del Oriente. En la actualidad, como explica Quentin
Kayne (2004: 2-3) en un artículo sobre el postcolonialismo en Canadá, la parte ‘oriental’
de la palabra ‘orientalismo’ podría ser ampliada a ‘no occidental’ que incluye el Nuevo
Mundo, dado que el fenómeno ya no se restringe al mundo oriental, sino que es aplicable
a todas las culturas no occidentales. Edward Said abogaba por estudiar las culturas no
occidentales con enfoques no occidentales, para socavar la hegemonía de los métodos
occidentales y evitar que se distorsione la imagen de la cultura en cuestión. En la
prolongación a la crítica de Said al ‘orientalismo’ se encuentra el trabajo de otra
postcolonialista, Gayatri Chakravorty Spivak. En su ensayo Can the subaltern speak? de
1988, ella propone analizar los grupos subalternos de una manera en que se reconoce su
otredad, esto es, por la voz del subalterno mismo.
Vasconcelos escribe, desde la perspectiva del propio mestizo, cómo el mestizaje ha
sido el catalizador de una cultura latinoamericana y reprocha a los Estados Unidos por
3
En inglés: third space.
7
su omnipresencia en los asuntos latinoamericanos. Por analogía con las propuestas de
Said y Spivak, la teoría vasconceliana marca un paso más allá en dirección al
reconocimiento de la ‘otredad’ de la raza mestiza, de sus virtudes y de su capacidad para
escribir su propia historia, hasta que el mestizo jugaría un papel clave en la formación de
una ‘raza cósmica’, término clave de la tesis al que se aborda más a fondo en los
capítulos que siguen. Sin embargo, debido a su formación positivista, corriente heredada
del occidente, el autor tiene dificultad de escapar del enfoque ‘orientalista’ en su
descripción de la cultura iberoamericana.
La situación postcolonial latinoamericana es un asunto ambiguo, sobre en todo en
México. Por un lado, hay una resistencia a la metrópoli, pero con la dificultad de que las
raíces españolas forman parte íntegra de la identidad mestiza. Por otro lado, la
influencia hegemónica de la metrópoli se ha disminuido después de las luchas por la
independencia, pero el mestizo tiene que defenderse del poder hegemónico de un nuevo
invasor, que es el vecino del norte del propio continente. En las obras de Vasconcelos
aquí tratadas, tanto la ambigüedad de la identidad latinoamericana postcolonial, como la
defensa de la hegemonía de los Estados Unidos están presentes. Dentro del marco
teórico, los aspectos más importantes de su manera de pensar son la interacción entre el
positivismo del Porfiriato y el antipositivismo del Ateneo de la Juventud; la
incorporación de la antítesis Ariel-Calibán, o bien, del arielismo; la rectificación del
‘complejo de inferioridad’ del mestizo frente al norteamericano; sus críticas
anticoloniales, antiimperiales y antimonroístas; y su deseo de instalar una nueva unión
bolivariana en el continente latinoamericano a base del concepto de la ‘raza cósmica’.
0.3. ESTRUCTURA.
Para realizar el objetivo triple expuesto al final del primer apartado, sin desviar de la
hipótesis central, la tesis se ha dividido en cinco capítulos. El primer capítulo es la
sinopsis biográfica de Vasconcelos, que contiene toda la información necesaria para
seguir los pasos desde la inocencia de la niñez hasta sus años nazistas. En cada período
de su vida hay experiencias significativas que dejan rastros en la formación de su
posterior filosofía: la infancia y la vida en la frontera; los años estudiantiles, con especial
atención al positivismo y al Ateneo de la Juventud; los años revolucionarios y la
colaboración con Francisco I. Madero; la profesionalización en el terreno de la
educación; la campaña presidencial de 1929 y la subsiguiente amargura a causa de las
8
derrotas; la tendencia a la derecha extrema y al nazismo; y la madurez de su filosofía en
sus últimas decenias. La información biográfica sirve para responder concisamente a la
pregunta de quién era José Vasconcelos y para introducir el transcurso de la vida del
escritor, filósofo, político y educador, para que causa y efecto ayuden a explicar los
sucesos y decisiones más importantes.
El segundo capítulo describe la influencia del espíritu de tiempo en Vasconcelos, y
contiene una perspectiva historiográfica sobre las luchas por la independencia y el
bolivarismo y la relación íntima entre el Porfiriato y el positivismo. El tercer capítulo
trata la formación filosófico-literaria de Vasconcelos, así como las corrientes
intelectuales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que le servían de
inspiración para introducir su teoría de la ‘raza cósmica’. Empieza con la importancia del
Ateneo de la Juventud para el mundo intelectual mexicano en que José Vasconcelos juega
un papel activo. Segundo, se mencionan brevemente las tendencias filosóficas que han
influido el pensamiento de Vasconcelos, las que se extienden desde los clásicos
grecorromanos y el mundo exótico del Oriente, hasta los contemporáneos filósofos
occidentales y latinoamericanos, y el espiritualismo, el catolicismo, el misticismo y el
esoterismo. Especial atención es prestada a los ideales del arielismo, y se da una nota
crítica a los pensamientos utópicos de los pensadores latinoamericanos, Vasconcelos
incluido, a base de la teoría del complejo de la inferioridad de Samuel Ramos.
El cuarto capítulo constituye en los análisis de La raza cósmica (1925) e Indología
(1926). Se ha seleccionado específicamente la combinación inseparable de este ensayo y
este libro de Vasconcelos, porque en el ensayo lanzó por primera vez su teoría racial y
en el libro la ampifica y elabora más detalladamente. Primero, se introduce la teoría de
la ‘raza cósmica’ en general. Después, se analiza profundamente el contenido de ambas
obras, a base de la metodología y las teorías expuestas arriba. Se han separado los
prólogos a las obras en apartados independientes, porque merecen especial atención
que sirve de buena entrada a la materia principal.
En el quinto capítulo se pone en duda, en cuatro pasos, la relación entre la teoría
racial de Vasconcelos y el nazismo. El primer apartado describe el transcurso de la
campaña presidencial de 1929, que fracasó. El segundo paso es la desorientación
provocada por la derrota, que le hizo desviar a Vasconcelos hacia la derecha extrema y al
nazismo. Tercero, se discute la crítica a la culminación del colaboracionismo nazi de
Vasconcelos en la edición de la revista Timón, patrocinada por la embajada nazi9
alemana, que es sólo escasamente expresada y contiene muchos errores y
malentendidos, los cuáles se intenta rectificar. Como se tratará de demostrar, el error
más grande es el de relacionar el nazismo de Vasconcelos con su teoría de la ‘raza
cósmica’, una vinculación que se rechaza argumentadamente en el cuarto apartado.
10
1. BIOGRAFÍA DE JOSÉ VASCONCELOS.
1.1. DE NIÑO A ESTUDIANTE.
José Vasconcelos, completamente José María Albino Vasconcelos Calderón, nació en
Oaxaca el 27 de febrero de 1882. A pesar de haber nacido en Oaxaca, no tenía la
oportunidad de crecer en su ciudad natal e identificarse como oaxaqueño, debido a que
el trabajo de su padre como agente aduanal le colocó en la frontera norteña con los
Estados Unidos.4 Su padre es Ignacio Vasconcelos Varela quien, con Carmen Calderón
Conde, tenía diez hijos, de los que José fue el segundo. Después de vivir un rato en
Sásabe, pequeña aldea sonorense frecuentemente amenazada por los indios yaqui, la
familia Vasconcelos se trasladó a Piedras Negras, ciudad fronteriza de Coahuila. 5
Viviendo en la parte mexicana de la ciudad y cruzando diariamente el puente sobre el
Río Bravo del Norte hacia su escuela en la parte estadounidense, que se conoce como
Eagle Pass, el joven José Vasconcelos cruzaba a la vez un puente cultural metafórico.
Aprende ya desde sus años escolares a defenderse contra los prejuicios y la
discriminación de los niños norteamericanos respecto a los mexicanos. Alejandra
Sánchez Valencia (2009) señala que el reconocimiento de su otredad y su crisis de
identidad ya en edad temprana, provocada en gran parte por aquella discriminación de
los norteamericanos, se cristalizó en una postura antiyanqui en sus escrituras maduras,
en que ataca también al ‘pochismo’ de los norteños, o sea, la pretensión de los mexicanos
del norte de ‘agringarse’, dispuestos a entregar su latinoamericanidad por la tecnología y
el ‘status’ de los Estados Unidos.
Paradójicamente, José Vasconcelos vivía en el último rincón de su propio país y hasta
gozaba la educación primaria en otro, mientras más que nadie se conciencia de lo que
significa su identidad mexicana, y tal vez más importante, iberoamericana, justo por las
diferencias culturales que se le hacen tan marcadas. Esta experiencia de conocer los dos
mundos caracterizaría señaladamente su posterior labor filosófica. Acerca de la vida en
la frontera, Betzabé Arreola Martínez (2009: 4-5) observa: “Este hecho sería definitivo
en la formación de su personalidad, al haber vivido la contradicción entre el Norte
violento y criollo, y el Sur indígena (...). Para él y desde su niñez, la nacionalidad era algo
imaginario e idealizado, extremadamente frágil y siempre a punto de verse asaltado por
indios y norteamericanos.”
4
5
Sánchez Valencia, 2009, pp. 66-7.
Bobadilla, 2000, p. 26.
11
La infancia nómada no se termina con su experiencia en Piedras Negras, puesto que la
familia se muda a Toluca y más tarde a Campeche, donde Vasconcelos entra al Instituto
Científico de Toluca y la Universidad de Campeche, respectivamente. 6 José Vasconcelos
tenía una afición por la lectura y el conocimiento, lo que le llevó a la Escuela Nacional
Preparatoria (ENP), viviendo solo desde 1897 en la capital del país. En aquel entonces,
recibe la noticia de que su madre se murió, lo que le aflige gravemente. A su madre debe
la educación en la tradición católica y el perteneciente conocimiento bíblico, pues siendo
fervorosamente cristiana, Carmen Calderón quería proteger su hijo de la ‘yanquización’,
la influencia bárbara del protestantismo ‘hereje’ norteamericano. La cristianidad y la
espiritualidad inculcadas por su madre, iban a desarrollarse como eje central en la obra
vasconceliana.7/8
El estudiante Vasconcelos seguía residiendo en la Ciudad de México después de la
preparatoria para comenzar su carrera en Jurisprudencia. Aunque su formación estaba
fundada en la ciencia positivista, la corriente filosófica que marca la época del Porfiriato
y que se caracteriza por afirmar únicamente el conocimiento empírico adquirido a base
de métodos científicos, Vasconcelos y los postivistas se divergían de opinión en algunas
líneas. La educación en el dogma católico del hogar paterno chocaba con el rechazo de la
metafísica y de la intuición por los Científicos, y la necesidad de maniobrar
defensivamente la situación discriminatoria como niño mexicano en la frontera con los
Estados Unidos, se oponía a la xenofilia porfirista respecto del vecino del norte.
Vasconcelos pronto se desconformaría con el sistema y se junta con algunos estudiantes
coetáneos de la misma opinión, para buscar una manera de expresarse en contra de las
normas imperantes, lo que resultaría en la fundación del Ateneo de la Juventud
Mexicana en 1909.9
Inesperadamente apoyados por Justo Sierra, uno de los Científicos más renombrados,
quien, no obstante, estimulaba la creatividad de los jóvenes y abogaba en favor del
rejuvenecimiento del mundo intelectual, Antonio Caso, Pablo Henríquez Ureña, Alfonso
Reyes y el propio José Vasconcelos, entre otros, eran los principales fundadores del
Ateneo. Fue un espacio que siguió existiendo hasta 1914, en donde la discusión y la
crítica filosóficas de la nueva generación podía hacer frente al pensamiento positivista.
Sánchez Valencia, op. cit., p. 70.
Estrella González, 2009, p. 19.
8 Rosado Zacarías, 2010, pp. 4-5.
9 Ibid., pp. 5-8.
6
7
12
Vasconcelos descollaba sobre los demás ateneístas por vincular la filosofía con la
política. El Ateneo fue un órgano de suma importancia para el desarrollo intelectual de
Vasconcelos, y un primer paso hacia su compromiso político.
1.2. LOS AÑOS REVOLUCIONARIOS.
En su ansiedad de leer, Vasconcelos adquirió conocimientos, pensamientos e ideas de la
civilización grecolatina de Europa antigua, y descubrió en el movimiento de Francisco I.
Madero una manera de democratizar el país y liberarlo del sistema oligárquico del
Porfiriato. Se esfuerza para redactar publicaciones críticas en el semanario del partido
antirreeleccionista, cuyo nombre El Antirreeleccionista es de cajón, pero pronto se ve
obligado a refrenar su actitud rebelde a causa del descontento del lado del régimen
oficial.10 Madero le invita a Vasconcelos a formar parte de su comisión en la lucha
armada contra Díaz, y ése lo acepta gustoso, aseverando que el caos violento fue
necesario para efectuar una transformación de la nación. Es en esta época que se
encuentra con la revolucionaria, maderista y feminista Elena Arizmendi Mejía, su primer
amor significativo, llamada Adriana por él. 11
Cuando en 1911, Madero subió a la presidencia, Vasconcelos presentó su candidatura
como diputado de Oaxaca, pero no fue seleccionado. Se retiró a profesar la abogacía,
alejándose un rato de la política. La presidencia de Madero no iba a durar mucho tiempo,
pues durante la llamada ‘decena trágica’ de 1913, el presidente democrático fue
asesinado por una conspiración contra él. Un año después, Vasconcelos se posiciona al
lado de Venustiano Carranza, pero tuvo que exiliarse al extranjero por los peligros
políticos. Carranza lo contrata como agente confidencial en Estados Unidos y Europa, o
bien, como representante del gobierno carrancista encargado de buscar aprobación
internacional.12 En lugar de sumergirse enteramente en su misión política, Vasconcelos
se decepciona rápidamente de Carranza y aprovecha la oportunidad para pasar su
tiempo viajando con Adriana y conocer el mundo.
De regreso en México, Vasconcelos ya no extiende sus lazos con Carranza, sino se
aproxima a Pancho Villa y Emiliano Zapata, con el fin de asistir a la Convención de
Aguascalientes.13 En las conferencias, opina positivamente sobre el maderismo y su
Bobadilla, op. cit., p. 30.
Betzabé Arreola Martínez, 2009, p. 9.
12 Hiroko Ito Sugiyama, 2006, pp. 91-2.
13 Arreola Martínez, op. cit., pp. 6-7.
10
11
13
atribución principal es, de alguna manera mística, el mensaje que lo primordial de la
revolución es la redención espiritual de México y de sus habitantes, quienes valen más
que el mero asunto revolucionario. El régimen convencionista, bajo Eulalio Gutiérrez, le
nombró a Vasconcelos Secretario de Instrucción Pública y, con ello, le brinda su primera
perspectiva en establecerse como figura importante para la educación nacional, el
ámbito del servicio público en que tal vez los más honorables méritos vasconcelianos se
revelarían posteriormente. No desempeñó ese cargo prolongadamente, pues su
disconformidad con el régimen nuevamente le da el golpe de gracia, lo que le llevó a otro
exilio en 1915.
En los Estados Unidos, vuelve a alimentar su mente leyendo los clásicos griegos en la
biblioteca de Nueva York, como lo había sugerido su consejero Justo Sierra, hasta que
revaloró la ética y estética griegas de manera significante. Publica en 1916 su primer
libro Pitágoras. Una teoría del ritmo. La influencia irrefutable de los clásicos sigue siendo
presente hasta en las últimas escrituras de Vasconcelos. Se reencontró también con la
antigua moral católica enseñada por su madre. Su renovada comprensión de los valores
axiológicos es el resultado de la lectura del filósofo neoplatón Plotino, cuyos
pensamientos acerca del universalismo y ascetismo son adoptados por Vasconcelos de
tal modo que se había convencido de que el alma está encarcelado en el cuerpo y que se
tiene que redimir de ello para poder ascender a una esfera superior.
Es evidente también la inspiración que Vasconcelos encontró en el arielismo de José
Enrique Rodó, pues por la reinterpretada voz del personaje-espíritu Ariel de la obra La
tempestad de Shakespeare, Rodó proclamaba en su Ariel una estética a base de
sentimientos espirituales, que debería caracterizar el nuevo paradigma de América
Latina, resistente al utilitarismo norteamericano. La semejanza entre Rodó y
Vasconcelos se hace completa al considerar la importancia que los dos conceden a la
pedagogía moral de la nueva generación de jóvenes. Vasconcelos puso a la práctica una
versión suya del nuevo concepto de educación y años más tarde recapituló su
magnánima labor en el campo de la educación mexicana en De Robinsón a Odiseo
(1935).14
Otra influencia en la filosofía vasconceliana procede del mundo oriental. Visto que la
materia filosófica de esa parte del mundo sobresale por su abundancia, Vasconcelos no
El el tercer apartado de capítulo 3 se discute la influencia del arielismo en Vasconcelos con más
precisión.
14
14
ha sido capaz de profundizarse en todas las filosofías orientales, pero en sus Estudios
Indóstanicos (1920) da muestras de un amplio conocimiento, digno de llamarlo
significativo para su desarrollo como pensador universal. La influencia de los clásicos
griegos, de filosofías latinoamericanas como el arielismo, y de algunas filosofías
occidentales y orientales en la manera de pensar de Vasconcelos se trata más adelante
en el tercer capítulo de esta tesis.
Por su estancada situación económica, Vasconcelos acepta una invitación espontánea
desde Perú de dirigir el Instituto de Capacitación Tecnológica en Lima y marcha a aquel
país con Adriana. Después de poco tiempo, ella optó por regresar a Nueva York y
separarse de Vasconcelos, lo que en él resucita su sueño plotiniano de domar los
impulsos apasionados del cuerpo por medio de la moral y el intelecto. Su libro
Divagaciones literarias (1919) comprende estas ideas libertadoras, así como su lírica en
La sonata mágica (1933).15 Adriana mientras tanto, entró en una relación con Martín
Luis Guzmán, viejo ateneísta y amigo de Vasconcelos. Cuando éste, de regreso en Nueva
York, encontró a su vieja amante en los brazos de su amigo, se desilusionó aún más del
amor por esta mujer y volvió nuevamente a la política, otro viejo amor suyo.
1.3. LOS MÉRITOS EN LA EDUCACIÓN.
En 1920, Álvaro Obregón asume a la presidencia en México, y se dedica a reconstruir la
economía nacional después del colapso económico de la Revolución. En la década de los
20, México experimenta un crecimiento económico gracias al modelo exportador de las
materias primas agrícolas, industriales y pecuarios. Obregón también hace subir los
presupuestos de la educación y no sólo le abre a Vasconcelos el paso al país, sino incluso
lo invita a ocupar unos puestos muy altos en el terreno educativo, allanando así el
camino hacia la mayor proeza en la historia de la educación mexicana que Vasconcelos,
‘apóstol de la educación’, llevaría a cabo.16 Primero, Vasconcelos se convierte en Rector
de la Universidad Nacional y desde esa posición se veía autorizado a proponer una
reforma constitucional con la que más tarde podía crear su propio ministerio. No era
una idea al azar, sino más bien fue la extensión a nivel nacional de su obsesión personal
por la liberación del alma, pues el papel que su ministerio tendría que jugar era facilitar
la transformación espiritual de la población para llegar a la redención nacional.
15
16
Rosado Zacarías, op. cit., pp. 44-5.
Lazarín Miranda, 2009, p. 11.
15
Esto dicho, el nuevo rector se compromete con su labor educativa de manera
misionera y casi profética; obtiene más autonomía para la Universidad Nacional e
inventa un nuevo lema y un nuevo logo para su escudo, desarrollos que siguen vigentes
hasta la fecha.17 Además, lanza una campaña en gran escala contra el analfabetismo, con
resultado exitoso. En gratitud a su dedicación en el oficio educativo, Obregón le otorga
los recursos económicos para realizar la creación de su anhelada Secretaría de
Educación Pública (SEP) a finales de 1921. El recién instalado ministro se evidencia
contentísimo y fanático en su trabajo, y sus logros son diversos. Reanuda su plan de
alfabetizar la población entera, complementado por la difusión de libros y la instalación
de bibliotecas, establece el desayuno escolar para evitar que el hambre sea un
impedimento para los pobres de visitar la escuela, y funda la revista El Maestro (1921-3)
con el fin de animar a los que tienen empleo en el magisterio. Su amiga Gabriela Mistral,
poetisa chilena galardonada con el Premio Nobel en 1945, con quien Vasconcelos
mantenía el contacto toda su vida presentándola sus teorías, preparó la antología
Lectura para mujeres, publicada por la SEP en 1924.18
Vasconcelos consideraba que la presencia de una destacada cultura nacional daba
muestras de un pueblo civilizado y que las manifestaciones culturales por lo tanto eran
imprescindibles para una educación fructífera de la población. Utilizaba buena parte de
los presupuestos de la SEP para estimular la cultura mexicana en todos sitios, por lo que
la arquitectura y el arte conocieron en los años posrevolucionarios una verdadera
transformación. La difusión del muralismo del ilustre triunvirato formado por Diego
Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siquieros, fue estimulada inicialmente con
el patrocinio de Vasconcelos desde su ministerio. 19 Algunos de los espléndidos murales
pintados por ese trío en los edificios públicos y gubernamentales, incluyendo el edificio
de la misma SEP y la ENP, quedan visibles hasta en la actualidad como verdaderas obras
maestras del arte mexicano.
Los esfuerzos del secretario Vasconcelos en la propagación de expresiones culturales
no se limitan al muralismo, sino que se extienden por todas las categorías de la cultura.
Durante su ejercicio del cargo ministerial entre 1921 y 1924, florecieron el baile
folclórico y la música, tanto la clásica europea como la moderna mexicana, a la vez que
Hoy en día, gracias a la iniciativa de Vasconcelos, la ahora Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) cuenta con autonomía completa. En lo concerniente al escudo de la UNAM, más adelante en la
tesis se discute la alusión a la teoría vasconceliana de la ‘raza cósmica’ en el lema y el logo.
18 Zaïtzeff, 2009, pp. 29-44.
19 Wood, 2011, pp. 369-374.
17
16
se presentó una revaloración de la artesanía indígena y del arte colonial. Además, la SEP
financió actividades culturales y festividades tradicionales, procurando a menudo
actuaciones con entrada gratuita y al aire libre en los parques municipales, con objeto de
que los más pobres pudieran frecuentarlas.20 Vasconcelos desmitificó así, que la cultura
era algo exclusivo y elitista, a pesar de que, contradictoriamente, se autoidentificaba
como aristócrata intelectual, por haber provocado una transformación cultural que
ninguno de sus colegas ateneístas podía emular.
Lo que para unos constituía la mejor contribución a la transformación cultural de la
nación, era para otros puro despilfarro, como para el nuevo presidente, Plutarco Elías
Calles, y sus seguidores. Vasconcelos sigue trabajando como secretario hasta 1923, y
después vuelve a su sueño de hacer carrera en la política nacional probando su suerte
una vez más en la candidatura para el gobierno de Oaxaca, pero fue rechazado de nuevo.
Más tarde, está en disconformidad con Calles por haber acusado al callista Lombardo
Toledano, a la sazón director de la ENP, de abusar la institución como plataforma
política callista.21 El ciclo se repite, pues Vasconcelos es exiliado a Europa y los Estados
Unidos por mucho tiempo. Trabaja un rato de periodista haciendo críticas del régimen
callista en publicaciones para el periódico El Universal, y se hace visible en conferencias
y círculos universitarios.
En 1926, Calles adaptó la ley para permitir la reelección presidencial. Álvaro Obregón
se enganchó a esta reforma presentándose nuevamente como candidato presidencial en
1928. Aunque ganó las elecciones, poco tiempo después le fue quitado el acceso a su
segundo plazo de una manera horrenda, pues fue asesinado súbitamente por el
extremista católico José de León Toral. Emilio Portes Gil, miembro del gabinete callista,
fue nombrado presidente interino desde el asesinato de Obregón hacia 1930. Con
impotencia y esmero, José Vasconcelos se mantenía informado de los desarrollos
políticos en México desde el extranjero, para lo cual tenía un objetivo muy claro:
prepararse para su empresa política más aventurada.
1.4. LOS ÚLTIMOS DECENIOS.
De regreso en México en noviembre de 1928, se presenta como candidato en las
elecciones presidenciales. Rivaliza con el candidato oficial, Pascual Ortiz Rubio. A lo
20
21
Hiroko Ito Sugiyama, op. cit., p. 96.
Estrella González, op. cit., p. 21.
17
largo de su campaña, atrae la atención de muchos obreros, estudiantes y otros grupos
descontentos con el gobierno de Calles, pese a que su programa era algo improvisador.
Sobre todo del apoyo que recibe de parte de los estudiantes resulta su carisma, porque
lo apodan ‘El Maestro de América’, aludiendo así no sólo a sus éxitos en el mejoramiento
de la educación nacional, sino a la vez a su teoría de una futurística unión
latinoamericana en que la raza mestiza tendría un papel primordial, que había publicado
un par de años antes. El apoyo que recibía en número de cabezas contrastaba con el
escaso apoyo económico que tenía. La campaña entera fue financiada mediante
donativos y aportaciones de amigos u ocasionales personas afortunadas, dispuestas a
invertir en el futuro prometedor que les visualizaba Vasconcelos. Una de estas personas
acaudaladas fue Antonieta Rivas Mercado, que pronto sería el segundo gran amante de
Vasconcelos.22
El episodio turbulento en que Vasconcelos intenta asumir la presidencia, se concluyó
de una manera muy insatisfactoria y abrupta, porque el régimen callista, que en cierto
modo se sostenía en pie durante los años interinos de Portes Gil, probó tener otros
planes que la presidencia de Vasconcelos. El candidato percibe su derrota un día antes
de que oficialmente se cerrarían las casillas electorales en un artículo periodístico
neoyorquino. El periódico comunica el triunfo de Ortiz Rubio, con lo cual Vasconcelos se
da cuenta del fraude electoral. Los vasconcelistas se sintieron traicionados y
Vasconcelos intenta recuperar la situación en el Plan de Guaymas (1929) en que se
declaró a sí mismo el único presidente legítimo. En el cuarto capítulo, se tratará con más
detalle la campaña presidencial de Vasconcelos y la derrota que sufrió luego, con el fin
de aclarar en qué sentido su derrota le incitó a tenderse hacia ideologías más extremas.
Finalizado su sueño político, Vasconcelos una vez más emprende un exilio largo, a los
Estados Unidos, los Andes, Centroamérica y Europa. En su estado de exiliado, no tiene
ninguna manera para desmentir los rumores que iban circulando de que ‘traicionó a sus
seguidores’. La realidad del fraude electoral fue desdibujada astutamente por el
gobierno y cualquier esfuerzo de Vasconcelos de revertir la situación fue en vano.
Encima de la derrota profesional de las elecciones presidenciales, perdió en aquel
entonces su amor Antonieta, que se suicidó. A partir de aquel momento, el acercamiento
22
Arreola Martínez, op. cit., p. 9.
18
al poder político, que había llegado a su clímax durante la campaña presidencial, se
disipó completamente.23
Vasconcelos optó por retirarse físicamente de la política comprometida, pero no dejó
de publicar su pensamiento personal, ni sus críticas a la política internacional. En cuanto
a su filosofía, la madurez le hizo más productivo que nunca. Al lado de una autobiografía
llamada Ulises criollo (1935), Vasconcelos escribió en la segunda mitad de la década de
los ‘30 varias obras filosóficas y espirituales, entre las que destacan Estética (1936) y
Ética (1939), con reminiscencias a su predilección por los filósofos griegos. En lo que
concierne a sus críticas políticas, se nota una desorientación total. Dió una vuelta de 180
grados hacia una preferencia por las dictaduras, y se refugió en el nazismo. En 1939,
publicó para la revista nazi Timón. Cuando la revista fue prohibida por el régimen de
Lázaro Cárdenas, después de una circulación de nomás cuatro meses, Vasconcelos ya no
tenía ningún asidero ideológico-político.
Durante el tiempo restante de la Segunda Guerra Mundial y después de esta guerra,
Vasconcelos sólo esporádicamente escribió textos críticos sobre la política internacional,
pero eran mayoritariamente textos destinados a la prensa en los que adopta una
posición mucho más distanciada de sus anteriores objetivos. A la edad de 63,
Vasconcelos entra en matrimonio con la pianista Esperanza Cruz, con quien tuvo un hijo,
Hector Vasconcelos. Sirvió un período como director de la Biblioteca Nacional y se
conformaba con ese puesto. Sus días como director y periodista ya no eran tan
movedizos como antes, sino constantes y rutinarios. Tomás Bernal Alanís (2002) da una
sinopsis casi exhaustiva de la obra vasconceliana y concluye que balanceaba toda su vida
entre el periodismo y la pasión literaria a un lado, y la función política al otro, pero que
sus anhelos políticos culminaron en desilusión y luego en una inclinación a la derecha,
mientras que su pasión por la escritura periodística y literaria seguía siendo constante.
En los años ‘50, se dedicó únicamente a redactar su propia filosofía, que tenía de
baluarte el espiritualismo místico, fundamentado en el catolicismo materno y en los
clásicos grecorromanos. Parece que el espiritualismo, el catolicismo y el clasicismo
siguen en pie como verdades invariables para el amargado Vasconcelos. Eran sus
principales estimulantes para seguir trasladando sus pensamientos al papel. En 1952
publica Todología, el exponente máximo de los pensamientos vasconcelianos, donde lo
filosófico, espiritual, redentorista, místico, ético y estético se encontraron en un sólo
23
Este asunto se detalla en el segundo apartado del capítulo 5.
19
libro.24 José Vasconcelos murió el 30 de junio de 1959, a la edad de 77. Murió solo en su
despacho en Tacubaya, Ciudad de México, a causa de problemas cardíacos, trabajando en
su último libro, Letanías del atardecer (1959), que de inmediato fue publicado
póstumamente, mientras que todavía estaba inconcluso. 25
24
25
Frondizi & Gracia, 1975, pp. 79-88.
Arreola Martínez, op. cit., p. 10.
20
2. TRASFONDO HISTÓRICO: EL ESPÍRITU DE TIEMPO.
2.1. INDEPENDENCIA Y BOLIVARISMO.
A finales del siglo XVIII, surgió en Haití un movimiento revolucionario, influido por las
ideas de la Ilustración e inspirado directamente por la Revolución francesa de 1789. Al
haber luchado por más de una década por su independencia, Haití finalmente alcanzó su
objetivo en 1804. El cumplimiento del sueño haitiano de independizarse produjo un
efecto de bola de nieve en los demás países latinoamericanos, y en las primeras décadas
del siglo XIX, las luchas por la independencia estallaron en todo el continente. Así,
también los países hispanoamericanos vieron una oportunidad de liberarse de la
autoridad ultramarina de la metrópoli.
En México, fue el sacerdote criollo Miguel Hidalgo que en 1810 incitó la rebelión por
la independencia, invocando el Virgen de Guadalupe y declarando la muerte a los
españoles, pero sus fuerzas eran desorientadas y caóticas. Luego el mestizo José María
Morelos siguió su ejemplo, profesionalizando el movimiento independentista. En la
Ciudad de México, otro dúo de criollo y mestizo, respectivamente Agustín de Iturbide y
Vicente Guerrero, combinaron sus fuerzas en la lucha por la independencia, de las que
salieron exitosos en 1821. En otra parte de la región hispanohablante, Simón Bolívar
había empezado a luchar por la independencia, triunfando desde 1817 cuando cruzó las
llanuras del Orinoco y luego escaló los Andes para sorprender a los españoles. En 1822
tomó Caracas y Quito, con las que ganó el control sobre una importantísima parte de
América del Sur. Dos años más tarde, conquistó Bolivia, que lleva su nombre, y
Ayacucho, lo que ahora es Perú. Con esas victorias concluyó la lucha por la
independencia en la primera mitad del siglo XIX. Sólo algunos países del Caribe
retrasaron en independizarse.26
Las ganancias impresionantes obtenidas por Bolívar a favor de la autonomía de la
América latina, le otorgaron un estado de ídolo. El sueño bolivariano y el de su
adyudante Antonio José de Sucre, fue la unión de todos los districtos de América del Sur
bajo un sola administración céntrica. Los latinoamericanos más fervorosamente
orientados a la unión de la región hispanohablante del continente, siguen rendir culto a
estos dos luchadores independentistas. El heroísmo de Bolívar y sus ideas de
independencia y autonomía han inspirado también a Vasconcelos. De hecho es
bolivarista de primer orden, dado que su teoría de la ‘raza cósmica’ es en cierta medida
26
Chasteen, 2006, pp. 90-112.
21
un nuevo intento hacia la unión de los pueblos hispánicos de América Latina. Claro está
que la teoría vasconceliana no anima tanto a la idea bolivariana de una unión política
por medio de la centralización del poder en una administración estatal, sino que apela a
la unión basada en la raza y la tradición de la estirpe compartida.
La instalación de las primeras repúblicas constitucionales después de las luchas por la
independencia acarreó un nuevo honor para la gente de raza mixta, puesto que los
mestizos estaban en gran medida, y a veces protagónicamente presentes en estas luchas.
La revaloración del mestizo provocó a su vez un nuevo sentido de unidad entre las
diferentes razas y clases de las recién independientes poblaciones latinoamericanas. Por
lo tanto, era necesaria una nueva imaginación del nacionalismo, y los patriotas buscaban
los ideales de soberanía, libertad e igualdad. Si bien la igualdad de razas nunca había
estado tan cercana como durante el período relativamente autónomo, que fue el
resultado inmediato de las luchas por la independencia, aún se encontraba lejos de la
realidad.
Las nuevas repúblicas liberales querían reemplazar las viejas jerarquías sociales, pero
no eran capaces de llevarlo a cabo. Aunque las clasificaciones del sistema de castas
fueron oficialmente rechazadas, en la práctica, las viejas diferencias raciales todavía
estaban marcadas. Además, el sueño de la prosperidad y el progreso cedió el sitio a la
cruda desilusión de problemas económicos resultantes de las luchas independentistas;
México sufrió un atraso económico por la recesión minera y por la falta de vías de
transportación modernas, como una red ferroviaria. La promesa de democracia fue
destrozada por la corrupción y la violencia políticas, que llevó al caudillismo neocolonial.
En breve resumen, la búsqueda de los liberales por un nuevo sentimiento de
nacionalismo igualitario fue interrumpida por los problemas económicos acuciantes, a
los que sólo el caudillismo ofrecía la solución.
En los años ‘30 y ‘40 del siglo XIX, el caudillo más famoso de México fue Antontio
López de Santa Anna. Era una persona controversial y oportunista, que vacilaba entre
varios intereses y no sólo ejercía influencia como presidente, sino también sobre otros
presidentes manejándolos como títeres.27 Dos importantes victorias mexicanas, o más
bien defensas a invasiones, son suyas. En 1829, pudo rechazar los intentos españoles de
reconquistar México y en 1838, salió victorioso de la Guerra de los Pasteles contra
Francia y su intromisión en asuntos económicos. Por sus éxitos bélicos que garantizaron
27
Hernández Chávez, 2006, p. 135.
22
la soberanía mexicana, el caudillo ganó mucha popularidad entre sus paisanos. En la
segunda mitad del mismo siglo, otro caudillo, motivado por el santanismo, adquirió
mucha fama por sus logros: Porfirio Díaz.
2.2. EL PORFIRIATO Y EL POSITIVISMO.
Gracias a las intervenciones bélicas de Santa Anna y sus subsiguientes años de
caudillismo, prolongados por Díaz a partir de 1876, la nación recuperó su estabilidad,
fundamento necesario para el desarrollo económico. Cuanto más estable era la nación,
tanto más interesante para los inversionistas extranjeros, y cuanto más interés en
México había desde el extranjero, tanto más podía crecer el país en términos
económicos. Importantes bienes mexicanos todavía eran la plata, las fibras, el café, el
azúcar y otros productos agrarios. Las tierras, minas y fábricas donde estos productos
eran obtenidos, estaban en manos de grandes latifundistas, y la nueva atención a la
exportación reforzó una vez más su posición en la cúspide de la pirámide social.
El clima político del Porfiriato era un sistema oligárquico en que las familias más
afortunadas se enriquecieron aún más debido al crecimiento de la exportación. El flujo
de dinero que entró a México en la segunda mitad del siglo XIX fue invertido en la
construcción de nuevos medios de transportación y comunicación, como la red
ferroviaria y el telégrafo, que hicieron subir aún más el valor de las grandes
propiedades. La prosperidad de las familias latifundistas les hizo desplazarse a las
ciudades, donde sus hijos podían gozar la mejor educación. Por medio de reformas
burocráticas, Díaz creó empleos para las clases medias, que también se trasladaron a las
ciudades. Las clases medias eran mayoritariamente mestizas, y la élite era casi
exclusivamente blanca, pero el contacto entre estas dos clases sociales y raciales
estimuló la mezcla entre ellos. Los mestizos ganaron así más prestigio, pero la clase
rural, que era en gran medida analfabética y que por lo tanto no tenía acceso a los
nuevos empleos en el ámbito administrativo, fue repelida de las ciudades.
Hubo en la época rebeliones de indígenas descontentos con los desarrollos
desiguales, por lo que Díaz y los suyos modernizaron el ejército y las fuerzas policiales,
con la idea de que podían garantizar el orden y reprimir dichas rebeliones, favoreciendo
así el clima para los inversionistas. Era una política de ‘pan o palo’. El lema ‘Orden y
Progreso’ sonó por todos lados, pero el orden, que trajo estabilidad para inversores
extranjeros, benefició a las minorías oligárquicas solamente y el progreso tiene que ser
23
interpretado en términos económicos, de ninguna manera en términos sociales, pues la
desigualdad social se hizo cada vez más marcada.
La gran mayoría rural y pobre no sólo fue físicamente ahuyentada de las ciudades y,
en el campo, robada de las pocas tierras que aún poseía, y mantenida bajo control por la
policía rural, sino para colmo su voz no fue escuchada en absoluto, mientras su nivel de
vida se empeoró sustancialmente. La influencia política fue determinada a base de los
ingresos que uno tenía, y el sistema administrativo de los centros urbanos era frágil y
corrupto. Elecciones fueron fácilmente manipuladas en favor de los más ricos, quienes,
cabildeando, se hicieron cada vez más ricos aún, y de ese modo siempre eran los
porfiristas en ganar las elecciones. El ideal democrático fue prácticamente anulado.
James Monroe introdujo en 1823 su famosa doctrina, con la que garantizó un
continente americano para los pueblos americanos, en que los Estados Unidos
prometieron un apoyo incondicional en el caso de futuros ataques europeos, fuera la que
fuera la parte de América en cuestión. Más allá de una manifestación de hermandad
estadounidense, presentada así la doctrina al mundo exterior, fue una jugada táctica
para expulsar a Gran Bretaña del continente y explotar las riquezas en el patio trasero
que era la América latina. A lo largo del siglo XIX, la influencia británica, antes
dominante, disminuyó paso a paso, y los Estados Unidos asumieron una posición
hegemonial en el continente.28 A finales del siglo, el monroísmo daba frutos para Tío
Sam. Mientras las poblaciones rurales de la América latina empobrecían, los trusts
norteamericanos como United Fruit Company obtuvieron ganancias gigantescas. 29
Porfirio Díaz, exclamando ‘pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados
Unidos’, se veía puesto en un apuro. El Porfiriato era una dictadura neocolonial, que no
tenía otra oportunidad que obedecer al poder norteamericano y conchabarse con aquel
país.30 El inversionismo extranjerizante daba muestras de xenofilia por parte de las
familias olgárquicas, pero la xenofilia porfiriana no fue compartida por todos. Desde
ciertos círculos intelectuales sonaban palabras críticas a la rendición de la autonomía
latinoamericana a favor de los intereses de las corporaciones norteamericanas. Esos
intelectuales, como Rubén Darío, José Martí, José Enrique Rodó y muchos otros,
inculpaban la situación empeorada de las poblaciones rurales latinoamericanas a los
motivos imperialistas de la presencia de los Estados Unidos en la parte sur del
Chasteen, op. cit., pp. 200-203.
Galeano, 2004, pp. 144-5.
30 Ibid., pp. 158-9.
28
29
24
continente americano y a su intromisión aumentada en asuntos latinoamericanos. Más
tarde, José Vasconcelos se inspiraría en estas palabras antiyanquis, antiimperialistas y
anticoloniales. Antes de entrar en más detalle sobre dichas influencias en Vasconcelos,
hace falta profundizar en la vinculación entre el positivismo y el Porfiriato.
En su artículo sobre el espiritualismo latinoamericano, Bernardo Astigueta (2005)
contrapone esta corriente al positivismo que la precedía. El positivismo fue fundado por
Augusto Comte durante la industrialización y la Iluminación europeas, pero pese a que
surgió como movimiento europeo, tuvo un fuerte arraigo en el continente
latinoamericano del siglo XIX. Tanto la creencia positivista de que el conocimiento se
obtiene por excelencia mediante los métodos científicos, como la consiguiente idea de
que la ciencia era capaz de solucionar los problemas humanos, ganaron mucho prestigio
según que se desarrollara la industrialización.
Las ciencias más representativas en la organización del positivismo de Comte eran las
matemáticas, la astronomía, la química, la biología, la sociología y la psicología, las cuales
deberían de ser practizadas por medio del empirismo. Los positivistas se dejaban dictar
por las leyes naturales y operaban con los métodos de la inducción y la deducción, y el
valor de las investigaciones fue medida a base de la importancia que tenían para la
sociedad humana. El positivismo se deja caracterizar, en resumen, por el enfoque en las
ciencias exactas con una implicación utilitaria frente a la sociedad, por el empirismo y el
experimentalismo, la observación objetiva a base de métodos científicos, la
fenomenología, y una actitud en contra de la metafísica.
Las teorías de evolución desarrolladas por Darwin y Spencer caben perfectamente
dentro del marco positivista, y no es de sorprender que muchos positivistas
latinoamericanos eran darwinistas o espencerianistas. Lo que es más, Herbert Spencer,
inventor del darwinismo social, podría ser nombrado el máximo representante del
positivismo en América Latina. El darwinismo social ejercía una atracción especial sobre
los liberales del continente, porque la injusticia social entre las diferentes clases o razas
de la sociedad podía ser justificada con la idea de la lucha por la vida y la supervivencia
del más fuerte en esta lucha. La dialética de diferenciación en términos de superior
versus inferior fue acompañada por una idea de integración forzada al estado (o en
algunos casos incluso el exterminio) del más débil, anulando su libertad individual a
favor de la orden estatal.
25
A Porfirio Díaz, tal discurso darwinista social, dentro del marco positivista, le servía
de excelente apoyo para la justificación de la desigualdad en su propio régimen
oligárquico. De hecho, México durante el Porfiriato ha sido más vinculado con el
positivismo que ningún otro estado latinoamericano. Los más renombrados
representantes políticos e intelectuales de la dictadura porfiriana eran positivistas,
llamados Ciéntificos, quienes fomentaban la posición de la ciencia positivista dentro del
aparato estatal. Gracias a los Científicos, el positivismo adquirió un alcance nacional, de
forma casi análoga a una religión. Entre los más destacados Científicos se encontraban
José Yves Limantour, fundador del grupo; Ramón Corral, el designado sucesor de Díaz en
la presidencia en 1910, candidato oficial que perdió del demócrata Francisco I. Madero;
Enrique Creel, hombre apto en los negocios e imprescindible en el comercio mexicano
durante el Porfiriato, porque hizo prosperar la actividad económica; y Justo Sierra
Méndez, alto dignatario que gestionó entusiásticamente en favor de la fundación del
Ateneo de la Juventud, con el fin de estimular la creatividad de la nueva generación de
jóvenes.31
La incorporación del positivismo en Latinoamérica para algunos equivalía la
deslatinización o la sajonización del continente, puesto que aquella filosofía fue prestada
del Norte sajón. Mientras el régimen porfiriano colaboraba con la Doctrina Monroe y
utilizaba la filosofía positivista xenófilamente para llenar los bolsillos con el dinero de
las inversiones extranjeras, la crítica a este modo de operar aumentó hacia finales del
siglo XIX y al principio del siglo XX. Sobre todo cuando el monroísmo fue elevado a un
plano superior con la promulgación del corolario de Theodore Roosevelt a la doctrina,
que ya no garantizaba solamente la defensa compartida contra agresiones europeas bajo
la hegemonía de los Estados Unidos, sino que facilitaba abiertamente la extensión de
intereses comerciales de aquel país en la parte latinoamericana del hemisferio. A la
medida de que las circunstancias se desarrollaron cada vez más proestadounidenses,
mientras que la desigualdad social no dejaba de ahondarse, Díaz empezó a perder su
popularidad.
Para muchos intelectuales y antiporfirianos, se ha colmado la medida con la
tolerancia de Díaz por los pasos recientes de los norteamericanos hacia el imperialismo,
de los cuales el corolario de Roosevelt fue sólo uno. Otros acontecimientos políticos
recientes exhibieron claramente los motivos expansionistas de los estadounidenses. El
31
Hernández Chávez, 2006, p. 193-5.
26
anexionismo del país hegemónico, que empezó en los años ‘40 del siglo XIX con el robo
de la mitad del territorio mexicano, fue reanudado con la intromisión en las tardías
luchas por la independencia en Cuba y Puerto Rico a finales del siglo, y que terminó en la
transformación de esos países en protectorados norteamericanos. Además, Hawái y las
Filipinas fueron anexados, regiones militarmente estratégicas para la posición
hegemónica de los Estados Unidos. Tercer ejemplo es la injerencia de Roosevelt en la
separación de Panamá y Colombia, acelerando el proceso hacia la construcción del canal
transoceánico, que convenía al comercio ‘gringo’.32
El éxito estadounidense de la política imperialista de Roosevelt tuvo como resultado
una propagación de ideas de supremacía blanca en el terreno cultural y racial. Se hizo
conocida la llamada ‘carga del hombre blanco’, que consistía en la responsabilidad de los
blancos de civilizar a las gentes de ‘razas inferiores’, como los indígenas, los mestizos y
los negros en América Latina.33 Eduardo Galeano escribe cómo el filibustero William
Walker a finales del siglo XIX ganó terreno guerreando en América Central con respaldo
del gobierno estadounidense, y que, en sucesión a tales ganancias, los presidentes
Roosevelt y su sucesor William H. Taft orgullosamente exclamaron ideas de la
supremacía blanca.34
La visión norteamericana de un panamericanismo era muy diferente a la de Bolívar y
Sucre; los Estados Unidos veían la unión americana como ideal estratégico para
garantizar su propio liderazgo en el continente. Algunos latinoamericanos recibían el
mensaje del supremacismo blanco como verdad, que llevó al desarrollo de un complejo
de inferioridad, mientras que otros intentaban a hacer frente a este mensaje. Famosos
por sus expresiones antiyanquis y antiimperialistas eran Rubén Darío en Nicaragua, José
Martí en Cuba, que presentó un continente americano, ‘Nuestra América’, como concepto
de unidad entre las poblaciones latinas, que excluía a los yanquis, y José Enrique Rodó
con la publicación de su Ariel, que se discute más adelante en esta tesis. En la
prolongación de sus ideas, se encuentra la tesis de José Vasconcelos.
Chasteen, op. cit., pp. 203-9.
Ibid., pp. 205-6.
34 Galeano, op. cit., pp. 142.
32
33
27
3. LA FORMACIÓN FILOSÓFICA DE JOSÉ VASCONCELOS Y SU MANERA DE PENSAR.
3.1. EL ATENEO DE LA JUVENTUD.
En su adolescencia, Vasconcelos fue criado con el positivismo. La Escuela Nacional
Preparatoria (ENP) a que asistía antes de entrar a sus estudios, fue creada por Gabino
Barreda en 1868, que era un discípulo de Augusto Comte. La ENP era un órgano que
utilizaba al positivismo como instrumento ideológico en la educación de la futura
generación, con un enfoque unilateral en las doctrinas científicas. La intromisión de
Justo Sierra en el programa de la ENP hizo restaurar el equilibrio entre las ciencias y las
humanidades, que fue un primer paso hacia el movimiento antipositivista por parte de la
nueva generación.35
Esta nueva generación contaba con algunos alumnos bien motivados y autodidácticos,
que deseaban sobrepasar los límites del positivismo doctrinario. Uno de éstos fue
Vasconcelos, que luego entró a la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Su sueño de llegar
a ser filósofo empezó en esa época, pero la educación comtiana de cierta manera le
obstruía el camino hacia una filosofía personal, libre de las convenciones positivistas.
Para profundizarse en la filosofía y desarrollar sus cualidades de escritor, tenía que
buscar otros canales, como revistas intelectuales. Junto con Vasconcelos, muchos
estudiantes intelectuales publicaron en Savia Moderna, la Revista Moderna y la Revista
Moderna de México. Fue nuevamente Justo Sierra en buscar el equilibrio, esta vez entre
la didáctica del estado y la autodidáctica, cuando fundó la Secretaría de Instrucción
Pública en 1905. Este órgano ha sido un plataforma utilizado por los futuros ateneístas
para educarse en corrientes filosóficas universales. Es ahí donde Vasconcelos se
familiariza con Platón, Kant, Nietzsche, Bergson, y muchos otros. Además, es ahí donde
lee Ariel de Rodó, que da origen a la vocación latinoamericanista y antiimperialista de
Vasconcelos.36/37
José Vasconcelos, en su adolescencia, creció intelectualmente bajo el marco del
positivismo, pero pronto se rebelaría más vehemente que casi nadie. Fue uno de los
adolescentes de la nueva generación que de modo creativo comenzaron una reacción
antipositivista dentro de la armazón del Ateneo de la Juventud, que sobre todo se puso
en contra del materialismo y del utilitarianismo que la doctrina positivista defiende. El
Ateneo de la Juventud, que más tarde cambió su nombre a El Ateneo de México, fue, de
Rosado Zacarías, op. cit., pp. 4-5.
Ibid., pp. 6-7.
37 El arielismo se trata más adelante, en el tercer apartado de este capítulo.
35
36
28
1909 a 1914, un plataforma vanguardista en que estudiantes elitarios, descontentos con
la demoralización experimentada durante el Porfiriato, se reunieron con el fin de
rejuvenecer la atmósfera intelectual, instalar una nueva filosofía de concienciación
nacional como fundamento de la educación, y renovar y elevar los valores espirituales,
culturales y morales.
La concienciación nacional fue una búsqueda por la propia identidad mexicana, la
mexicanidad, que los miembros del Ateneo encontraron en su ambigüedad, esto es,
entre lo europeo y lo autóctono, y entre lo criollo y lo mestizo, o bien, como describe
Roberto Con Davis-Undiano (2000: 120-1): “They defined mexicanidad, or ‘Mexicanness,’
as a set of tensions between the ‘autocthonous cultures’ of Mexico and the European
culture that came in the Conquest. Ateneo de México argued that after the Conquest a
class of criollos (of Spanish origin) was controlling a nation of mestizos and fairly
consistently had kept money, literacy, and political power to itself.” Con Davis-Undiano
menciona Vasconcelos como actor decisivo en la búsqueda de la mexicanidad, porque
dedica mucha atención al problema fundamental en ella, que es el mestizaje, ofreciendo
soluciones en la forma de la necesidad de combatir la separación de razas y la
fragmentación de la cultura latinoamericana. La totalidad de las ideas ateneístas acerca
de la mexicanidad en muchos aspectos desafía el Porfiriato, por lo que la censura y los
insultos eran frecuentes.
Acerca del impacto del Ateneo en el Porfiriato, escribe Alejandro Estrella González
(2009: 16-7) que el Porfiriato tenía dos polos, uno hegemónico donde domina el capital
económico, personificado por Yves Limantour, y otro subordinado, reformista e
intelectual, representado por Justo Sierra, y que el segundo polo reformista quería “(...)
insuflar nuevos bríos creativos a la red oficial, de manera que sus líderes apreciaron en
las posiciones críticas de los jóvenes ateneístas la fuerza innovadora (...)”, pero no sabía
en aquel entonces que el Ateneo provocaría una ruptura generacional. En efecto, el
‘binomio porfirismo-positivismo’ fue corroído por el ‘binomio Ateneo-revolución’,
porque el Ateneo produjo toda una revolución intelectual antipositivista, que se puede
considerar como uno de los precursores a la Revolución Mexicana de 1910, que hizo
derrocar el Porfiriato. Paradójicamente, la carga política interrumpió al nivel nacional el
proceso intelectual con que el Ateneo había instigado la revolución. El objetivo de la
reforma intelectual fue alcanzado más bien al nivel individual, porque muchos jóvenes
29
miembros del Ateneo se manifestarían como escritores y educadores importantes y
refrescantes en años posteriores.
José Vasconcelos era uno de estos individuos exitosos de la generación del Ateneo.
Para él, el levantamiento espiritual de la nación fue alcanzable con el catolicismo. La
religión siempre ha tomado una posición central en la cultura mexicana, y hasta los
líderes de las luchas por la independencia eran curas y sacerdotes, pero fue en la época
del Porfiriato que la antirreligiosidad aumentó, pues a los positivistas les importaba más
el razonamiento científico que la mística espiritual. Como reacción a la inversa,
Vasconcelos inventó un concepto de vida místico en el cual el dogma católico del amor
incondicional, de la emoción y de la sensibilidad estética era el factor primordial. Su idea
de la ‘raza cósmica’ es una de las representaciones de este concepto.
La renovada atención a la religión en la filosofía antipositivista de Vasconcelos, que
había sido inculcado con el catolicismo desde niño, fue una reacción diametralmente
opuesta a la pérdida de los valores católicos durante el Porfiriato, pero al mismo tiempo
que propugnaba el antipositivismo, le era díficil escapar completamente del paradigma
doctrinario del positivismo. Grijalva & Grijalba (2004: 336) constatan que si bien es
cierto que Vasconcelos se declara antipositivista, su ensayo sobre la ‘raza cósmica’ no
está libre de afirmaciones positivistas, y que en él recurre frecuentemente al paradigma
de las ciencias empíricas para fundar su argumentación. Dicho de otro modo,
Vasconcelos había quedado atrapado con un pie en el positivismo, mientras con el otro
marchaba hacia el antipositivismo. Expresó su discordia con el aparato oficial de modo
intelectual, si bien vacilante, durante los años del Ateneo, y más bien de modo
comprometido en términos políticos, en los años de la Revolución. Es innecesario repetir
aquí la participación de Vasconcelos en la Revolución, puesto que ya está descrita en el
capítulo anterior.
3.2. INSPIRACIÓN FILOSÓFICA.
La más importante influencia filosófica en Vasconcelos viene de los clásicos griegos y
romanos, omnipresentes en su herencia literaria. El escritor conocía La Odisea de
Homero, que le inspiró a autonombrarse ‘Ulises criollo’ en su homónima autobiografía
de 1935, una de sus obras más famosas. Conocía también las teorías de Pitágoras y
empezó su exposición literaria con Pitágoras, una teoría del ritmo en 1916. La ética y la
estética de Aristóteles, Platón y Socrates, los tres más grandes, fueron elaborados por
30
Vasconcelos en toda su obra, destacan El monismo estético de 1917, Ética de 1931 y
Estética de 1935. Uno de sus últimas escrituras fue el libro Todología, mencionado en el
primer capítulo, en que se dejó influenciar por los pensamientos del filósofo neoplatón
Plotino.
Aparte de su afición por los clásicos grecorromanos, Vasconcelos también se dejó
inspirar por las filosofías del Oriente. En su artículo de 2007, Hernán G. H. Taboada
analiza la presencia del Oriente y del mundo clásico en el pensamiento vasconceliano,
enumerando las numerosas obras que había leído Vasconcelos y que aquí se repiten
brevemente. Afirma que Vasconcelos sufrió cambios notables durante su vida, y que
también sus pensamientos sobre el mundo clásico y el Oriente experimentaron cambios.
A pesar de sus cambiantes ideas alrededor de las filosofías clásicas mundiales,
Vasconcelos se distinguió de sus colegas ateneístas por haberse dejado inspirar por la
estética y la moral de la India, al lado de los clásicos europeos. En 1920, publicó Estudios
Indostánicos (1920) en que la influencia oriental llegó a un máximo. Estas ideas le
incitaron medio decenio después a escribir su teoría de la ‘raza cósmica’.
Algunas de las ideas orientales que inspiraron Vasconcelos eran el yoga ---que
brevemente practicó después de que su amor Adriana partió para Nueva York mientras
él se había quedado en Perú---, el pacifismo hindú, el ascetismo, el vegetarianismo y las
ideas políticas de Mahatma Gandhi. En lo que se concierne a la literatura oriental, se
puede afirmar que Vasconcelos conocía las líricas del poeta Rabindranath Tagore, los
épicos mitológicos y religiosos del Mahábharata y de la Bhagavad-guitá, y las historias
de Turquía, Babilonia y Persia. Bien podría ser que su afición por la India fue el resultado
de la admiración por Madero, quien también había leído los clásicos orientales. Tal como
su ejemplo revolucionario y democrático, Vasconcelos participó en sesiones espiritistas
y esotéricas: asistió a ritos masónicos y ocultistas y se dedicó a leer libros esotéricos,
como algunos de los sobredichos.
En exilio, Vasconcelos no dejó escapar la oportunidad de visitar las bibliotecas
ilustres, como en Nueva York, Berkeley y París, donde nunca fallaba en observar las
colecciones de la India y de otros países asiáticos. Si bien invirtió muchas horas en su
interés por la Asia y hasta dedicó un libro entero a sus estudios indostánicos,
Vasconcelos fue lejos de un experto y la influencia de los clásicos del Imperio Romano y
Grecia como Homero, Pitágoras, Platón y Plotino han sido mucho más crucial en su
pensamiento, aunque debe la revaloración de éstos parcialmente a su investigación de
31
las filosofías orientales. Toda la generación de Vasconcelos leía los clásicos griegos, hasta
que algunos de los intelectuales mexicanos posrrevolucionarios sabían más de la Grecia
que de la propia cultura e historia, pero el Oriente careció de un interés general. En
cuanto a la propia historia, Vasconcelos se dejó seducir por la mitología romantizada.
Cuando Vasconcelos trabajaba para la Secretaría de Educación Pública, el Oriente, el
mundo clásico y la mitología indígena estaban presentes en la arquitectura del edificio,
pues el patio representaba el crisol de las cuatro culturas con estatuas de Buda, Platón,
Las Casas y Quetzalcóatl. En menor grado que sobredichos intereses, Vasconcelos
mostraba un interés por Japón, por el mundo árabe e incluso por los judíos, como está
constatado por Taboada (2007: 114): “(...) durante su viaje a Sudamérica, el que sería
antisemita desde los años treinta envió desde Buenos Aires (1922) un mensaje a la
comunidad isrealita e hizo amistad con un periodista chileno judío.” Sólo en años
posteriores se desilusionó de sus propias aseveraciones acerca del papel de los árabes y
judíos en el proceso de mestizaje, criticando la plutocracia judía y la barbarie
musulmana. Su aversión por esas razas le hace restringirse a su catolicismo materno, al
espiritualismo y a la idea de la redención.
En lo que se concierne a los filósofos contemporáneos occidentales y
latinoamericanos, aparte de los positivistas ya mencionados, Vasconcelos debe su idea
del espíritu como energía vital de Henri Bergson; se interesaba por las interpretaciones
éticas y estéticas y el ‘superhombre’ de Friedrich Nietzsche; admiraba la renovación de
la educación por Sarmiento en Argentina; conocía los discursos sobre la libertad y los
valores axiológicos de Alejandro Korn, paisano de Sarmiento; se familiarizaba con los
pensamientos metafísicos de Arthur Schopenhauer, la ontología de Nicolai Hartmann, y
el existencialismo de Søren Kierkegaard; y hasta algunos de los nuevos conceptos
derivados de la botánica, por ejemplo la herencia genética de Gregor Mendel y la idea de
la simbiosis de Albert Mathieu Leclerc du Sablon, influían su filosofía. En fin, no vale la
pena proporcionar aquí un índice exhaustivo de todos los filósofos y científicos
reformistas que leía, pero con estos nombres ya se puede formar una impresión de la
erudición de don José Vasconcelos. Entre todas estas filosofías, destaca la influencia de
una en especial, el ‘arielismo’ del arriba mencionado José Enrique Rodó, lo que merece
un apartado de particular.
32
3.3. EL ARIELISMO.
Ariel fue publicada en 1900 por el uruguayo José Enrique Rodó, que ha dedicado su libro
‘a la juventud de América’, con el intento de despertar el interés por la propia cultura y
la creencia en las propias capacidades en la próxima generación de jóvenes
latinoamericanos. El escritor uruguayo retoma en Ariel los personajes de La Tempestad
de William Shakespeare, adaptando los caracteres a la situación del continente
americano: el duque Próspero, amo de Ariel y Calibán, que posee conocimiento y magia
en Shakespeare, ahora es el sabio maestro en la versión de Rodó, pero cede su papel de
protagonista simbólicamente a su alumno idealista y espiritualista de nombre Ariel, que
es el espíritu del aire en Shakespeare. Calibán es el salvaje primitivo en la versión
original, que en Rodó representa la torpeza, el utilitarismo, el pragmatismo y el
materialismo del poderoso vecino del norte.
La aplicación de los personajes de la obra shakespiriana a la situación
latinoamericana no es una invención de Rodó, sino más bien la inversión de una
aplicación anterior de La Tempestad a Latinoamérica. Esta interpretación precursora es
de carácter darwinista y espenceriana, y en favor de la raza blanca, puesto que el
espíritu Ariel representa la mente lúcida del blanco, que produce la civilización,
mientras que Calibán, anagrama de ‘caníbal’, encarna el salvajismo o la barbarie de los
pueblos indígenas. Próspero es el colonizador que por su sabiduría y ardides sagaces es
capaz de domar las fuerzas binarias representadas por Ariel y Calibán, por lo que la
interpretación previa a Rodó es, aparte de darwinista, también colonialista. Ya había
críticas prerodonianas a las interpretaciones de la antítesis Ariel-Calibán, por ejemplo en
las obras del poeta nicaragüense Rubén Darío y en las escrituras del francoargentino
Paul Groussac, que criticó la imagen ensalzada de la civilización estadounidense, hasta
llamándola ‘calibanesca’, cuyas palabras palabras seguramente han inspirado a Rodó.38
El escritor uruguayo tenía bastantes motivos para invertir esta interpretación y
asignarle a Ariel el papel de protagonista en Ameríca Latina. Expone en su prólogo
(1900/67: 22) las cualidades de Ariel en la obra shakespiriana, con el cual hace claro su
motivación de convertirlo en protagonista de su propio libro: “Ariel, genio del aire,
representa, en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del
espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la
irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado en la acción, la
38
Reid, 1978, pp. 346-7.
33
espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, - el término ideal a
que asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces
vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de
la vida.”
Concluye (1900/67: 100-2) su Ariel con palabras semejantes, por la voz del mismo
maestro Próspero, que en cierto sentido prometéico dice primero que Ariel es ‘la razón y
el sentimiento superior’, un ‘sublime instinto de perfectibilidad’ y ‘la arcilla humana a la
que vive vinculada su luz’. Sigue con la afirmación de que Ariel vence la rebelión de
Calibán y rompe los lazos materiales, recobrando así su hermosura y juventud. Ariel es
un proceso de ascensión espiritual, en formas organizadores que dan orden en la vida.
La inspiración de Ariel reside en su pensamiento ideal, el buen gusto, el heroísmo y la
delicadeza.
Atribuyéndole a su protagonista todas estas cualidades, aconseja la juventud de
América Latina a tomar a Ariel como ejemplo en la arquitectura de su propio futuro.
Rodó (1900/67: 23) explica claramente que los jóvenes latinoamericanos deberían de
concienciarse de su potencia y responsabilidad, y una manera para alcanzar esto es que
capten el significado de su numen: “Invoco a ‘Ariel’ como mi numen. Quisiera ahora para
mi palabra la más suave y persuasiva unción que ella haya tenido jamás. Pienso que
hablar a la juventud sobre nobles y elevados motivos, cualesquiera que sean, es un
género de oratoria sagrada. Pienso también que el espíritu de la juventud es un terreno
generoso donde la simiente de una palabra oportuna suele rendir, en corto tiempo, los
frutos de una inmortal vegetación.”
Su razonamiento para señalar a las cualidades de Ariel es profundo; hace falta que la
juventud haga frente al pragmatismo, utilitarismo y materialismo de Calibán, al mismo
tiempo que recupere su autoconfianza y que reconozca la superioridad y la originalidad
del genio, en lugar de incorporarse a la mediocridad sin reflexionar, sucumbiéndose así a
la nivelación del consumismo. François Bourricaud (1972: 123) compara la índole
esotérica de la forma en que Rodó comunica su mensaje con el ‘seminario’ socrático en
que los discípulos se reúnen con el maestro ‘pensador’ para escuchar su sabiduría
profunda. Vasconcelos es uno de los jóvenes que se da por aludido con las palabras de
Rodó y que realmente ha captado el mensaje que transmite la obra rodoniana. La
‘arielización’ de la teoría vasconceliana acerca de la raza latinoamericana, es obviamente
34
presente. El escritor uruguayo no sólo despliegue las cualidades de Ariel, sino también
advierte la juventud de dos peligros esenciales.
El primero es el empequeñecimiento del espíritu a causa de sobredichos ‘ismos’
encarnados por Calibán. Estos ‘ismos’ suelen presenciarse en Estados democráticos,
para los cuales la igualdad es uno de los pilares. La igualdad democrática, según opina
Rodó, es un buen punto de partida, pero sólo si el Estado ofrece los medios necesarios
para que se puedan desarrollar los que están dispuestos a hacerlo. Si bien es cierto que
el efecto de esta libre interpretación de los principios democráticos será justo una
desigualdad jerárquica, que la democracia pretende minimalizar, serán los más
inteligentes y más aptos quienes descuellan sobre la muchedumbre, empujando la
nación adelante. El peligro de mantener la igualdad en todos los sentidos y a toda costa,
resultaría en lo contrario, o sea el poder de la muchedumbre y el dominio subsiguiente
del ‘número’ sobre la ‘calidad’.
El segundo peligro es el proceso que Rodó bautiza ‘nordomanía’. Al fin del siglo XIX, la
época en que habla Rodó mediante la voz de Próspero, las naciones latinoamericanas
todavía se encontraron en plena formación y modelación. En lugar de concentrarse en el
proceso de eclosión de sí mismo y enfrentar las dificultades iniciales, fue fácil eludir al
exterior para encontrar en el otro un modelo a seguir. El poder, la libertad, el bienestar y
la prosperidad de los Estados Unidos son ciertamente valores respetables y atractivos
para otras naciones, hasta que el mismo Rodó muestra su admiración por los logros de
los americanos del norte, pero la América sajona y la América hispánica son
sencillamente dos mundos distintos. Rodó se preocupa de la posible ‘deslatinización’ del
propio continente que será el resultado de la ‘nordomanía’ de los latinoamericanos, si
éstos se ceñirían a la imitación de los norteamericanos, olvidándose del desarrollo de sí
mismo. El engaño de la reproducción de lo exterior lo compara Rodó con “(...) la ilusión
de los principiantes candorosos que se imaginan haberse apoderado del genio del
maestro cuando han copiado las formas de su estilo o sus procedimientos de
composición.”
En su artículo sobre la antítesis de Ariel-Calibán, John T. Reid (1978) explora los
orígenes y la evolución del arielismo, así como la utilidad del discurso arielista para la
generación de jóvenes del principio del siglo anterior. Mantiene que les sirvió de arma
tanto en la lucha política en contra del imperialismo norteamericano, como en la lucha
doctrinaria en contra de las frecuentes tesis raciales cuyas conclusiones hablaban
35
abiertamente en detrimento de las razas de color. Reid observa una interesantísima
evolución del arielismo: la imagen pintada de los Estados Unidos fue inicialmente idílica,
porque los latinoamericanos admiraban el progreso material y la estrucutra política del
vecino del norte, pero a medida que el expansionismo de los Estados Unidos empezó a
amenazar la integridad de los países latinoamericanos hacia finales del siglo XIX, la
admiración se convirtió en antipatía, siendo el mismo materialismo el factor principal de
aversión, y la espiritualidad antes considerada factor de atraso, llegó a ser el orgullo
compartido.
Es ahí donde Rodó ocupa el lugar clave: acentúa que si bien los norteamericanos
tenían una civilización superior en cuanto al materialismo, la raza latinoamericana se
destacaba por la cultura espiritual, que es una cualidad digna de apreción que no debería
de sumergirse por la creciente influencia hegemónica de los Estados Unidos. La
‘nordomanía’ bien puede ser un síntoma del complejo de inferioridad de los
latinoamericanos, pero Rodó los avisa que el enfoque en la imitación del vecino del norte
puede tener consecuencias peligrosas para la autoimagen. Este complejo de inferioridad
fue descrito por Samuel Ramos en 1952 y guarda relación tanto con Rodó, aunque es de
origen uruguayo, como con Vasconcelos, quienes no padecen directamente de este
síndrome de la raza latinoamericana, sino que estando consciente de la falta de aplomo
de su raza, intentan a rebatirlo y rectificar la importancia del mestizo mediante sus
teorías prolatinoamericanas. Para explicar mejor este punto, se profundiza primero en el
complejo de inferioridad presentado por Samuel Ramos.
3.4. EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD.
La publicación en cuestión es El perfil del hombre y la cultura en México (Ramos, 1952).
Como el título sugiere, Ramos da un intento de esbozar las características de la cultura
mexicana en conjunto con una sinopsis psicoanalítica del mexicano. La inclusión de la
teoría de Ramos en el análisis de la filosofía de Vasconcelos no es aleatoria. De hecho,
Ramos menciona la participación de Vasconcelos, en combinación con Antonio Caso y
Alfonso Reyes, en la formación del Ateneo de la Juventud, como un ladrillo en la
construcción de la disciplina cultural. Interrumpido por la Revolución, que dió la puntilla
al Ateneo en 1914, el camino hacia la disciplina cultural de Vasconcelos continúa en
1919 con la fundación de la Secretaría de Educación Pública. Por sus méritos en el
36
ámbito cultural, intelectual y educativo, Vasconcelos es una de las figuras más
importantes en cuanto a la concienciación de la identidad nacional mexicana.
En este apartado, el objetivo no es de describir las influencias filosóficas ajenas que
han llegado a inspirar y caracterizar la propia filosofía de Vasconcelos, como en los
apartados anteriores del capítulo. Más bien, con visión retrospectiva, se analiza aquí la
‘mexicanidad’ de la propia filosofía vasconceliana colocándola en la teoría de Ramos,
para poder entender mejor la influencia subconsciente de la cultura mexicana y del
carácter del mexicano en la teoría de la ‘raza cósmica’, como introducción al análisis de
la teoría en el capítulo que sigue. Vasconcelos con su ‘raza cósmica’ ocupa en el
piscoanálisis de Ramos un lugar bastante especial.
El escritor prometéico, que ataca el materialismo y el imperialismo sajón con la
intención de sustituirlos por una renovada espiritualidad y una unión bolivariana de los
países latinoamericanos, representada por una nueva raza fuerte e integrada, puede ser
visto como una de las inspiraciones principales de la teoría de Samuel Ramos, pues como
escribe Andrés Donoso Romo (2010: 53): “Para Vasconcelos, quizá lo más perjudicial de
las filosofías materialistas era el menoscabo que inflingían a la autoestima y capacidad
creadora de nuestros pueblos. Poco a poco fue cimentando una reflexión que años más
tarde sería retomada por Octavio Paz, la idea de que el mexicano se escondía tras
sentimientos de inferioridad que lo sumían en caminos conducentes, en último término,
a la desunión política, favorable sólo a los invasores.” Donde Donoso Romo menciona
Octavio Paz, sin problemas se puede leer Samuel Ramos, puesto que Octavio Paz, a partir
de la segunda edición revisada de El laberinto de la soledad de 1959 (1ª ed.:1950),
incluso cita al libro de Samuel Ramos en cuestión, para fundamentar su propia idea
sobre los sentimientos de inferioridad del mexicano, esto es, el ‘laberinto de soledad’
que el mexicano ha creado a causa de su alienación nacional.
Ahora bien, el eje central en la teoría de Ramos es este complejo de inferioridad. El
mexicano se siente inferior a otras culturas, principalmente a la europea, por lo que el
mexicano denigra su propia cultura e imita la cultura ajena para sustituir la suya. Esta
imitación por gran parte tiene lugar inconscientemente. Una razón plausible para
aclarar el fenómeno autodenigratorio del mexicano, es la escisión que marca su cultura.
Con la llegada del español, que impuso su lengua y cultura sobre la población autóctona,
el mexicano ya no es indígena. La españolización tampoco no se ha completado al cien
por cien; el ser mexicano no equivale el ser español. La herencia indígena es una
37
herencia americana, la española es europea. Por lo tanto, el mexicano no es indígena, ni
español, y no es americano, ni europeo. El mexicano se encuentra en una crisis de
identidad, por la facilidad de autodescribirse en tales términos negativos y la dificultad
de aplicarse términos afirmativos.
Sobre todo la afirmación de la herencia indígena es problemática, porque el indígena
por muchos siglos ha sido discriminado. Una de las causas del complejo de inferioridad
es la imagen del indígena creada desde el mundo exterior en la época de la conquista,
que tiene repercusión hasta en la actualidad. Al indígena le fue atribuída la primitividad,
a pesar de su herencia histórica de las grandes civilizaciones precursores a los imperios
maya e inca. La civilización del antepasado indígena fue escamoteada a favor de la nueva
medida de civilización que le impuso el blanco desde Europa. Aunque la falsa idea del
indígena como raza inferior no fuera compartida por todos, sólo esporádicamente fue
desafiada por individuos radicales. El indígena ha aprendido a quedarse pasivo, a servir,
y a ser útil para su propio grupo social, enfocándose en la colectividad. A consecuencia
de su pasividad, el indígena se ha conformado en cierto modo con la imagen establecida
desde el exterior.
Para el mexicano, es difícil enorgullecerse de su herencia indígena, porque así reta
individualmente la imagen negativa que de siglos había sido impuesta en la raza
indígena. A causa de la imagen distorsionada del exterior, la sangre indígena le da
vergüenza al mexicano, en vez de orgullo, pero al mismo tiempo, el mexicano
sencillamente no puede negar la herencia indígena en su sangre. Cuando México se
independizó, más que nunca fue necesario construir una nueva y sana identidad
nacional. No es de sorprender que el líder en este proceso no fue el indígena, sino el
mestizo. La sangre indígena no llegó a ser producto de orgullo nacional, sino justamente
la mezcla de esa sangre indígena con la sangre española. El mexicano tenía que
reconocer sus dos estirpes y buscar una manera de enorgullecerse de su ambigüedad, y
la solución no la encontró en celebrar una pronunciación de la diferenciación étnica, sino
en una mayor integración del indígena en una identidad nacional compartida, pero en
principio construida y dominada por los mestizos. La teoría de Vasconcelos es, tal vez, el
paroxismo de este proceso.
Pero extraer autoestima de una fuente ambigua y moldearla en una matriz híbrida no
era una faena sencilla. Ramos, más adelante en su libro, dedicando espacio al
psicoanálisis del mexicano, introduce personajes arquetípicos de la sociedad mexicana
38
para explicar la dificultad que experimenta la mente mexicana al reconocer su
ambigüedad. El pelado, que se siente un nadie por la poca importancia económica que
tiene, es, casi siempre, aquel indígena pasivo, habitante del campo, que compensa su
vacío insignificativo con una exagerada presencia masculina, pero esa masculinidad es
una apariencia falsa con la que camufla su debilidad. Está en una lucha interna,
escondiendo su personalidad real bajo el escudo de la personalidad ficticia, su arma
defensiva contra los sentimientos de inferioridad y autodesconfianza.
Aunque la raza indígena es pasiva, sirve de catalizador de la actividad del mestizo y
del blanco en las ciudades, ubicados en la clase media y la clase alta de la sociedad. Ellos
también sufren el problema de compensar su autodesconfianza e inseguridad con una
representación exagerada de lo que quieren ser, y hasta con violencia imponen la
imagen de su ser ideal al otro. Ramos atribuye al mexicano de la clase media los valores
de inteligencia y culto, y la clase media no quiere ser comparada con los pelados que
carecen estos valores. En negar su conexión con los pelados, el mexicano culto debe de
tener cuidado con la pedantería, su deseo de mostrar el orgullo del talento, de la
sabiduría y de la erudición, puesto que fácilmente es entendido como un sabelotodo, a
pesar de sus buenas intenciones colectivas. Tal como el pelado, olvidándose de los
aspectos que le dan vergüenza, crea un ‘ego ficticio’ con el que cubre su verdadera
personalidad. En lugar de huirse de sí mismo, el mexicano necesita concienciarse de sus
propias cualidades, así como de sus carencias, para aprender equilibradamente a
automejorarse.
En el camino de conocerse, el mexicano balancea entre el fracaso de imitar estilos de
vida ajenos y la dificultad de formular su propia cultura y propio destino nacionales.
Cuando el positivismo disminuyó en fuerza después de la Revolución, el acento en la
búsqueda por la identidad mexicana se desplazó, desde la imitación de lo europeo, a la
expresión de nuevos sentimientos de nacionalismo, que no obstante aislaron al país y
crearon una falsa y estereotipada imagen de la nacionalidad mexicana, que sólo poco
tiempo después sería retada por la influencia de la cultura norteamericana en el
continente latinoamericano. El mexicano debe de aprender que está formado de todas
estas partes y tendría que integrarlas en su propia nacionalidad, sin menospreciar o
sobrevalorar cualquier pedazo del mosaico. Puede hacerlo por medio de la educación,
enseñando a los paisanos a no ser esclavos de intereses extranjeros y a evitar la
mecanización de la sociedad, pero enseñando a la vez a no producir utopías surreales.
39
Para lograrlo, la educación tendrá que ser motivada por la pasión, cualidad humana
común del mexicano, como factor general que determinará lo realmente importante en
la vida y el conocimiento nacional.
La filosofía vasconceliana enlaza perfectamente con este psicoanálisis de Ramos, si
bien el peligro al que advierte Ramos también se aplica a Vasconcelos. Era uno de los
mexicanos de la clase media que salvaguardaban su inteligenca y culto como bienes
valiosos, y de hecho sobresale en muchos aspectos por su erudición, pero no ha sido
capaz de escapar la creación de una utopía que vela la realidad. Vasconcelos era muy
motivado por la pasión, y hasta la instituía como fundamento de su programa educativo,
pero su pasión literaria le llevó a un terreno donde dominaban contradicciones y
romanticismos, o bien, como observa Oscar Mata (2007: 149) algo exageradamente: “(...)
llenaba las cuartillas con pasión más que con inteligencia”. Súmmum de la utopía
vasconceliana es su teoría de la ‘raza cósmica’, que tampoco no está libre de
contradicciones, ni menos de romanticismos, pero que a la vez rinde cuentas sobre
algunos de los más íntimos deseos de Vasconcelos por el futuro de su continente y raza.
La teoría se analiza detalladamente en el capítulo que sigue.
40
4. LA TEORÍA DE LA ‘RAZA CÓSMICA’.
4.1. JOSÉ VASCONCELOS Y EL TEMA RACIAL.
En 1925, Vasconcelos publica La raza cósmica, subtitulado Misión de la raza
iberoamericana. La tesis central, en las palabras del escritor, es que “(...) las distintas
razas del mundo tienden a mezclarse cada vez más, hasta formar un nuevo tipo humano,
compuesto con la selección de cada uno de los pueblos existentes.” Esta teoría es una
agregación bastante original al debate racial latinoamericano. La tesis vasconceliana
supone que las regiones tropicales del continente latinoamericano constituyen el suelo
fructífero para la creación sintetizante de una nueva raza. Es una raza ‘cósmica’, una
quinta raza que se eclosiona cuando las cuatro razas antiguas del mundo se encuentran.
En otras palabras, es América Latina el crisol de todas las razas del mundo y la cuna de la
formación de una quinta raza síntesis procediente de ese encuentro.
Antes de pasar al análisis, vale la pena mencionar dos observaciones previas acerca
de la teoría. Primero, en las palabras de Ignacio Sánchez Prado (2009: 385): “(...) resulta
esencial recordar que las ideas del mestizaje y la raza cósmica operativas en Vasconcelos
no están pensadas como descriptores de la realidad continental, sino como
articulaciones de un futuro posible.” O bien, en palabras semejantes de Arnaud Bobadilla
(2000: 33) sobre La raza cósmica: “Aunque no lo diga abiertamente, puede entreverse
en Vasconcelos una suerte de deseo por crear un paraíso terrenal donde se dieran cita
las virtudes humanas y las bellezas de la naturaleza. Solamente que parece estar cegado
por ese fin, por lo que no toma en consideración otros factores reales que se
interpondrían para alcanzar su meta y que, de hecho, hasta hoy, no han permitido
siquiera vislumbrar un rayo de luz sobre la teoría vasconceliana, la cual está destinada a
fracasar en la realidad por no carecer de fundamentos científicos.” Un juicio severo con
palabras claras, aunque Bobadilla no menciona, o tal vez no sabe, que en el prólogo a
Indología, Vasconcelos abiertamente expresa dudas sobre su propia teoría.
Segundo, la posición que Vasconcelos ocupa en el tema racial, con su teoría elaborada
en sobredichas obras, es ambivalente y controversial. Por un lado, es una teoría
eugenética respecto de la propia raza mestiza. La valoración del mestizo como raza
integral de las cuatro razas antiguas del mundo corta las alas del complejo de
inferioridad arriba mencionado, recompensándolo con un ideal utópico en que la propia
gente desempeña un papel decisivo en la evolución de la humanidad. Por otro lado, es
fácil dejarse seducir por la idea de un mejoramiento de la especie en que la finalidad de
41
la ‘raza cósmica’ será alcanzar la superioridad a las demás razas. De este modo, la tesis
paradójicamente no escaparía del discurso racista, e incluso algunas aseveraciones en la
teoría son plenamente racistas, dando fuerza a la consideración racista de la tesis.
Por supuesto, presuponer la superioridad de una sola raza equivale invocar cierto
tipo de racismo. Mientras la eugenesia es benéfica para la autoconfianza y el orgullo
racial, a la vez provoca sentimientos de inferioridad en las personas de otra raza.
Además, ya desde que el ‘superhombre’ de Nietzsche fue generalmente aplicado al
debate sobre la superioridad racial, hasta que Gobineau publicó su teoría
inherentemente eugenética del ario puro, la eugenesia ha sido un tema frágil y causa de
violencia innecesaria, no tanto por la naturaleza de estas mismas teorías, sino más bien
por las posteriores reinterpretaciones racistas y nazistas.
Ya que Vasconcelos pasaba por una etapa nazista en su vida cuando trabajaba para la
revista Timón, algunos críticos de Vasconcelos, que se discuten más adelante en la tesis,
notaron que esta colaboración podría ser un paso en falso para encontrar un espacio con
el cual podía dar nuevo aliento a su anterior teoría de la ‘raza cósmica’. La ubicación de
la ‘raza cósmica’ en la ideología nazista no es de sorprender a la luz de la superioridad
racial y la posterior alianza entre el escritor y el eje nazista. Sin embargo, en esta tesis se
mantiene que la vinculación entre la ‘raza cósmica’ y el nazismo está basada en un
malentendido, pese a que sobredichos aspectos del discurso faciliten la conexión.
Primero, si bien el escritor en algunas expresiones toca el borde del racismo, la
intención de Vasconcelos de ninguna manera era la de imponer la supremacía de una
sola raza en detrimento de las demás, sino justo de proponer la fuerza simbiótica de las
razas cuando estén totalmente fusionadas. Segundo, en los años 1925-6, Vasconcelos se
encontró en la fase inicial de su campaña presidencial y tenía su mente fijada en otros
asuntos. Tercero, la comparación entre el ‘superhombre’ de Nietzsche y la ‘raza cósmica’
o el ‘Totinem’ de Vasconcelos, es apropiada, pero la interpretación nazista del primer
término no valida automáticamente una interpretación nazista de los otros dos
términos.
En este capítulo, se discute sólo el primero de los tres puntos, para volver
argumentadamente a los otros dos en el capítulo que sigue. Como la refutación del
primer punto de arriba comienza en forma negativa, o sea que indica que Vasconcelos
no tenía la intención de ser racista, cabe preguntar más sobre lo afirmativo de la
segunda parte de la refutación. ¿Cuáles eran las intenciones de Vasconcelos de lanzar su
42
teoría? El análisis del presente capítulo no pretende dar una respuesta elaborada al ‘por
qué’ de la ‘raza cósmica’, por la imposibilidad de calar todos los pensamientos de
Vasconcelos y la consiguiente falta de espacio. Sirve más bien para mostrar las pautas
principales de la teoría, expuestas primero en el ensayo y luego más extendidamente en
el libro, de tal manera que el lector pueda formar una opinión objetiva sobre las ideas
aducidas por Vasconcelos, y las influencias que le inspiraron a tales ideas.
4.2. EL PRÓLOGO A LA RAZA CÓSMICA.
Ya en el primerísimo párrafo del prólogo, Vasconcelos hace alusión a la doctrina
darwinista de la selección natural, posteriormente aplicada a la teoría social por el
francés Joseph Arthur de Gobineau, que “(...) dio origen a la teoría del ario puro,
defendida por los ingleses, llevada a imposición aberrante por el nazismo.” Al haber
mencionado estas doctrinas, seguidas por una reprobación de la interpretación nazista
de éstas, Vasconcelos muestra que está consciente a priori de que su tesis se dirigirá a
una zona de tensión y procura distanciarse en ella de la ideología nazista.
Empieza el prólogo de su tesis con Darwin y Gobineau, por ser éstos los primeros en
suponer un tipo de evolución de la especie con la superación de sí mismo o del otro.
Mientras que Darwin dedujo de sus observaciones de la naturaleza su famosísima idea
del origen de las especies por medio de la selección natural, publicada en el homónimo
libro de 1859, limitándose en sus métodos a la ciencia natural, Gobineau observó un par
de años antes a la publicación del libro de Darwin una conexión entre raza y cultura,
aplicando inconscientemente la doctrina darwiniana a las diferencias entre las razas
humanas.
La idea expresada en el subtítulo del libro de Darwin, que sugiere la preservación de
las razas favorecidas en la lucha por la vida, también le sirvió de hilo rojo a Gobineau un
par de años antes, en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853/55). La
raza favorecida de Gobineau fue la blanca caucasiana, o bien el ario europeo, que según
él consideraba, era una raza superior a la negra o a la amarilla mongólica en términos de
desarrollo y cultura. Gobineau advertió a su lector de la pérdida de la superioridad del
ario y asimismo del caos que resultaría de la mezcla de razas. Según la conclusión de
Gobineau, los árabes y judíos eran los culpables a la degeneración de los pueblos
nórdicos.
43
No podía saber Gobineau que, medio siglo después de su muerte en 1882, la teoría
suya de que el purismo racial convendría al ario llegó a ser explotada por el nazismo
alemán y que tendría efectos desastrosos en la sociedad. Mas ni siquiera fue Gobineau,
sino Herbert Spencer quien trasladó el darwinismo al nivel social y lanzó la idea de la
supervivencia del más fuerte. Por la contraposición de las razas humanas en una
dialéctica de fuerte versus débil, el darwinismo social era muy susceptible de
distorsiones racistas en términos de civilización versus barbarie. Pronto, las razas de
color y las razas mestizas fueron vistas como razas bárbaras inferiores a las razas puras
civilizadas, como la raza blanca.
Había, claro está, también voces en contra de esta dialéctica darwinista y
espencerianista, entre las cuales se encuentra la de Vasconcelos. Como queda constatado
en el capítulo anterior, Vasconcelos se había acostumbrado con la doctrina científica del
positivismo, lo que le complicaba posicionarse puramente antipositivista. En el prólogo a
la tesis de la ‘raza cósmica’, el autor se expresa en contra de la idea discriminatoria
derivada del darwinismo social de que las razas mestizas sean inferiores a las razas
puras, con la aseveración de que las civilizaciones más impactantes de la historia
florecieron en épocas de mestizaje. Su primer ejemplo es el imperio de Egipto antiguo,
que comenzó como una civilización bastante blanca y relativamente homogénea, y cuya
cultura, tras la penetración negra, cayó en decadencia, pero que merced a la formación
de la nueva raza mestiza se convirtió en un segundo imperio más avanzado y floreciente
que el primero. Es la etapa mestiza que lleva al Egipto a su apogeo cultural.
El segundo ejemplo es la cultura helénica de la Grecia antigua. Allá no ha sido una
mezcla de razas blancas con razas de color, sino una mezcla de los diferentes tipos de
europeos entre sí, en producir la edad avanzada de la Grecia clásica. Dice Vasconcelos
que cuando el Imperio de Alejandro decaía, esta decadencia facilitó la conquista romana,
que produjo mestizajes entre griegos y romanos, pero también entre ellos y galos,
españoles, británicos, germanos, celtas y toscanos. La invasión de los bárbaros y las
mezclas resultantes han sido la fuente de la cultura moderna en Europa. Esta visión
vasconceliana, aunque suene a paradoja, brinda a los bárbaros un papel íntegro en el
proceso de la civilización, e intenta desmentir así el pensamiento maniqueo en que la
barbarie y la civilización son polos opuestos.
Los Estados Unidos y Argentina son el tercer ejemplo, tomado del Nuevo Mundo, de
que el mestizaje ha producido naciones poderosas. El primero es crisol de razas
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europeas que ha experimentado un desarrollo en la música, el baile y la sensualidad por
la penetración del negro, el segundo es amalgama de razas inmigrantes europeas que ha
igualado el bienestar europeo en poco tiempo. En los países hispanoamericanos, se han
mezclado preponderantemente españoles e indígenas autóctonos, que a pesar de ser
tipos de humanos muy distantes, han engendrado al mestizo que en la actualidad
representa la mayoría de la población hispanoamericana. La conclusión que Vasconcelos
(1925: 4) deriva de los ejemplos dados del Egipto antiguo, la Grecia clásica y las
naciones poderosas del continente americano es que “(...) aun los mestizajes más
contradictorios pueden resolverse benéficamente siempre que el factor espiritual
contribuya a levantarlos (...)”, y ese factor espiritual es la religión cristiana, que ha
ayudado a avanzar a los indios americanos desde el canibalismo hasta la relativa
civilización; los pueblos asiáticos al otro lado, que no han sido cristianizados, deben la
decadencia de su cultura a su aislamiento.
4.3. LA TESIS DE LA RAZA CÓSMICA.
La primera parte de la tesis de la ‘raza cósmica’ habla del tema de mestizaje. Vasconcelos
comienza con una descripción socialgeográfica de América Latina, constatando que el
continente tiene tierra y población vieja. Testimonian de su punto la masa de los Andes y
las ruinas arquitectónicas de las poblaciones indígenas. Estas ruinas son indicaciones de
una civilización avanzada en edad temprana, ya fundada anteriormente a los
establecimientos europeos y orientales. Recurriendo a la mitología, uno de sus temas
favoritos, Vasconcelos aclara la curiosidad de la antigüedad de América por medio de la
afirmación de la hipótesis de la Atlántida. Esta civilización misteriosamente
desaparecida ha sido, según esa hipótesis, la cuna de la civilización americana de los
hombres rojos.
Acompaña esa leyenda con otra de la civilización lemuriana, que dio origen a la raza
negra en la África, y que precedía a la civilización atlántida. Sólo después aparecieron los
hombres amarillos en la Asia y subsiguientemente la civilización blanca en Europa. Se
observa una herencia de la teoría de Gobineau en la organización de las razas en color de
piel y continente de origen, pues a la raza negra africana, la raza amarilla asiática y la
raza blanca caucasiana está agregada por Vasconcelos la raza roja americana. Pero más
importante que complementar la teoría de Gobineau, Vasconcelos la invierte
diametralmente. Él no cree que haya superioridad de una raza sobre la otra, ni que la
45
mezcla de razas provoque degeneración o caos, sino que del mestizaje de las cuatro
razas resultará precisamente la superioridad de una quinta raza, compuesta de todas las
estirpes.
Vasconcelos parte de la idea de Alfred Wegener de la deriva continental, que sostiene
que los continentes estaban unidos, formando un solo continente, antes de irse
disgregando hacia las posiciones que ocupan en la actualidad. La civilización en la parte
atlántica de este supercontinente dispersado era más vieja que la civilización europea.
Las excavaciones de, por ejemplo, Chichén Itzá y Palenque, dan testimonio de esa idea,
que implica que el término ‘Nuevo Mundo’ es una invención errónea de los invasores
europeos. Después de su grandeza, la civilización de la Atlántida decayó en los imperios
azteca e inca, marcando así el principio de la formación de las posteriores civilizaciones
indígenas en América que hoy conocemos. En las otras partes del mundo florecieron las
civilizaciones de Egipto, India y Grecia, entre otras.
Como ya se ha señalado arriba, Vasconcelos dividía las razas en cuatro troncos: el
negro, el indio, el mogol y el blanco. Este último, así afirma, se ha convertido en el
invasor del mundo. Vasconcelos no liquida este papel del blanco como un asunto malo.
Por el contrario, al penetrar todas partes del mundo, el blanco podrá servir de puente
para que los cuatro troncos puedan fundirse en formar una quinta raza universal. La
invasión del mundo rojo de América ha sido ejecutado por dos ramas del blanco en
particular, luchando entre sí por el poder del continente: el español y el inglés. Su
predominio en América será, sin embargo, sólo temporal, pues la ‘raza cósmica’
desempeñará el papel principal en el futuro del continente.
En línea con el pronóstico de Vasconcelos, la colonización del continente americano
por los blancos ingleses y españoles, rivalizando entre sí, ha sido un paso importante
hacia el establecimiento de una transformación racial. En la fase inicial de la conquista
del blanco, los dos tipos de este tronco racial han sido culpables de mucho
derramamiento de sangre del lado de los indígenas autóctonos. Hay una diferencia en la
solución posterior al problema racial entre los ingleses del Norte y los españoles del Sur.
En 1830, los sajones declararon la Acta de Remoción de los Indios, con la que borraron
todas las huellas de la civilización roja del territorio de los Estados Unidos, restringiendo
el territorio original del indio a un par de reservas únicamente.
El español ha efectuado una lucha cruel en el principio de la conquista del continente,
expuesta con sublimidad desde la perspectiva del indio por Miguel León-Portilla (2010)
46
en su Visión de los vencidos. No obstante este principio atroz y las injusticias sociales que
perjudicaban el indio durante siglos, el español a fin de cuentas ha buscado maneras
para incorporar a la raza indígena a la nación, en lugar de eliminarla físicamente de la
superficie. El español se ha demostrado dispuesto a sucumbir a la tentación de cruzarse
con otras razas, mientras que el sajón sólo se ha acercado a las otras razas con el fin de
consolidar su propia posición, económica y políticamente. La expresión de Vasconcelos
de que los ingleses sólo se cruzaban con otros ingleses, mientras que los españoles se
habían mezclado con los indios y negros a base del amor, es algo exagerado, pero
contiene un fondo de verdad.
Explican Patrick J. Carroll & Jeffrey N. Lamb (1995) que la importación de esclavos
africanos, principalmente vía el puerto de Veracruz, ha provocado la penetración de
negros por toda la república y que, contrariamente a lo popularmente dicho, no se
restringían a las zonas costeras por donde entraban, pero que trabajaban también en la
agricultura azucarera y tabacalera de la tierra adentro, donde se mezclaban con la
población indígena; y, lo que es más, que las castas de descendencia africana, los
mestizos y los híbridos raciales entre estas castas, son los grupos raciales que mostraban
la más alta frecuencia de matrimonios interraciales, teniendo así un papel de ‘puente’
étnico hacia los demás grupos sociales, blancos e indios, un papel proactivo en la
creación de la ‘raza cósmica’. La esclavitud impuesta a los afroveracruzanos importados
por los españoles en principio tiene poco que ver con el amor que Vasconcelos pretende
observar, pero al otro lado, la importancia de los negros, mestizos y castas híbridas entre
estos grupos raciales en propagar el mestizaje es muy digna de estar subrayada.
Para regresar a los blancos, asevera Vasconcelos que la diferencia entre los dos tipos
de blancos presentes en América ha tenido consecuencias ambivalentes. Remonta
frecuentemente a Trafalgar para explicar uno de los aspectos de su punto. En 1805, los
ingleses ganaron la Batalla de Trafalgar a los franceses, estos últimos aliados a los
españoles. El triunfo de los primeros les permitió a ampliar y fomentar su imperio
mundial, que tenía extensión hacia en la India, Canadá y Australia. El mundo anglófono
siempre ha sido una unión bajo la metrópoli de Londres, capital financiera, a partir de
esta batalla decisiva en la historia, mientras la unión bolivariana no llegó a ser más que
una promesa vaga, una utopía bondadosa. En cierto sentido, el resultado de la batalla
tenía su repercusión en el continente americano, donde los británicos ejercían cada vez
más influencia que el eje francoespañol. Otro ejemplo de la derrota de Francia en
47
América es la entrega de Luisiana a los norteamericanos, lo que facilitó su expansión
territorial hacia el suroeste del continente, es decir la conquista de Tejas y California,
territorios anteriormente españoles.
Como se ha constatado en el capítulo anterior, los sajones americanos reemplazaron
la posición dominante de los británicos en Latinoamérica en el período del Porfiriato.
Los norteamericanos, una vez independientes de Londres, crearon un nuevo
internacionalismo con leyes desfavorables para Gran Bretaña, que servirían a sus
intereses y que garantizaban su posición hegemonial. Los mexicanos que establecían su
nacionalismo durante el Porfiriato se aliaban algo inintencionadamente y bajo mucha
presión con el sajón. Mientras el sajón estaba limpiando su propio territorio de indios,
mogoles y negros con el fin de mantener pura la propia raza blanca, ha sido el español,
derrotado por el sajón en términos territoriales e imperiales, que se acercó a las otras
razas para asimilarlas y formar así una nueva unión latinoamericana en términos
raciales.
Vasconcelos escribe que los latinos ni siquiera han sido capaces de unir los cinco
pueblos centroamericanos, a causa de la intromisión de los Estados Unidos en los
conflictos en esa parte del continente latino, para mostrar la debilidad imperial del
español frente al sajón. La fuerza del español no fue entonces su imperialismo, pero la
derrota imperialista del español se recompensó con el papel muy importante en la
mezcla de razas. El español ha sido el puente entre los blancos y las otras razas
presentes en el continente, españolizando al indio e incorporando también al negro y al
asiático, en lugar de rechazarlos, e instalando así lentamente una mayoría mestiza.
Mediante este papel intermediario, el español ha establecido las bases para un nuevo
período de fusión entre todos los pueblos, que últimamente llevaría a una raza síntesis.
Esa idea de la ‘raza cósmica’ fue una reinterpretación de Vasconcelos de la federación
bolivariana, en la forma de una raza que últimamente llegaría a ser superior, más fuerte
y omnipresente en América. De ahí la ambivalencia en la diferencia entre los sajones y
los españoles: mientras los primeros han podido superar, en el sentido imperialista y
económico, a las otras razas, destruyéndolas todas sin vergüenza y bajo la excusa de que
fueran sencillamente inferiores, el español al otro lado, al fundirse completamente con
las otras razas, ha establecido las bases para una transformación gigantesca hacia la
creación de una nueva raza síntesis que será a largo plazo superior a todas las razas
anteriores.
48
Para Vasconcelos, no es una coincidencia que la transformación racial tendrá lugar en
el territorio latinoamericano. Según su hipótesis, la tierra latina tiene todas las
cualidades y es suficientemente fértil para la producción de la futura raza síntesis, y lo
primordial de la geografía de América Latina es su clima tropical, pues las grandes
civilizaciones procedían del trópico y la nueva raza regresará al trópico. América Latina
se caracteriza por su abundancia en riquezas naturales del trópico y además por el
espacio vasto en que éstas prosperan, así que convendría explotar los productos
tropicales por medio de los recursos científicos para garantizar el bienestar de la nueva
raza. Para alcanzar la mayor finalidad en este proceso, es útil aprovechar de las
capacidades diferentes de cada raza integrándolas en un poder científico combinado. De
este modo, la quinta raza será el fruto de potencias superiores, sin exlcuir a ninguna de
las razas anteriores.
La idea de la región tropical latinoamericana como cuna de la ‘raza cósmica’ no se le
ocurrió al escritor de repente en un momento arbitrario. Como parte de su intento de
extender los lazos entre México y los países de América del Sur, el presidente Álvaro
Obregón manda a José Vasconcelos a Brasil en un viaje diplomático en 1922. Regina Aída
Crespo (2003) analiza tanto aquel viaje diplomático de Vasconcelos, como el de Alfonso
Reyes en 1938, otro viejo ateneísta encargado de intimar México con Brasil, para llegar a
la conclusión, en el caso de Vasconcelos, de que la estancia en Brasil fue de suma
importancia para su teoría racial. Aída Crespo (2003: 190) señala a este hecho, diciendo
que: “(...) o ministro anunciava que a quinta raça --- a raça cósmica --- surgiria como uma
civilização refinada, que responderia aos esplendores da uma natureza generosa e cheia
de potencialidades. Conquistado o trópico pela ciência, a terra da promissão --- Brasil
inteiro, Colômbia, Venezuela, Equador, parte do Peru e da Bolívia e a região superior da
Argentina --- seria uma realidade.”, y más adelante, que Brasil le estimuló a escribir su
libro: “Nao deixa de ser interessante conhecer, passados quase oitenta anos, as
magníficas impressões que o ministro mexicano levou de sua viagem oficial ao Brasil e
que o estimularam a escrever o seu famoso livro.”
La imagen que Vasconcelos pinta de Brasil, mediante dichas impresiones incluídas en
los informes de su viaje, es idílica y poco realista. Por ejemplo, Vasconcelos aplauda la
política armónica de los presidentes brasileños contemporáneos Passoa y Bernardes,
dejando de lado los problemas del país. Abrumado por el esplendor de Brasil,
Vasconcelos casi no tiene atención por su tarea de poner México en la agenda política de
49
Brasil. En cambio, se cerciora de que el trópico del continente podría ocupar una
posición crucial en el futuro del continente. En algunos discursos integracionistas,
sugiere
una
unión
latinoamericana
como
solución
ideal
al
expansionismo
norteamericano. Aída Crespo (2003: 196-7) cree que Vasconcelos lo hizo porque preveía
un papel importante para sí mismo en tal unión, y que la publicación de esta idea en La
raza cósmica es una idea eufórica y ficticia de un escritor filosófico, que no ha sido capaz
de realizarla como político. Agregan Grijalba & Grijalba (2004: 335) sobre el viaje de
Vasconcelos a Brasil: “Las crónicas de viajero de Vasconcelos (...) pueden ser releídas
como una encarnación presente de esa utopía americana futura sobre la que él discurre
en la primera parte de su obra”, y más adelante: “(...) Vasconcelos ‘mitologiza’ su propia
experiencia de viaje: no descubre ni conoce nada nuevo sino que, como Colón,
comprueba y reconoce lo que ya sabía: América es una geografía de mestizajes y
utopías.”
La integración de todas las razas en la formación de una raza íntegra y la colaboración
de todos en el trópico del continente americano es la idea principal de la ‘raza cósmica’.
Al expresar esta idea, Vasconcelos no excluye a ninguna de las razas, a pesar de que les
otorga a cada quien sus cualidades a proporción. Si bien Vasconcelos distingue
diferencias marcadas entre los cuatro troncos ordenándolos fácilmente por su color de
piel, no tiene el ánimo de perjudicar u ofenderlos, sino contrariamente presupone una
superioridad que resultaría de la mezcla total de todas las razas, que identifica como un
proceso casi espiritual en que cada quien contribuye sus cualidades. Dicho de otro modo,
cada raza tiene cualidades y deficiencias, pero juntando lo mejor de cada quien, la nueva
raza podrá superar los defectos.
En la mitología y la esoteria, se encuentran divisiones paralelas, que muy
probablemente han servido a Vasconcelos de modelo. La semejanza con la mitología
autóctona es obvia al considerar la leyenda cosmogónica azteca, cuya Piedra de Sol
divide la historia del mundo en cinco soles, en que el Quinto Sol sería un período de
transformación.39 El proceso que lanza Vasconcelos en que divide cuatro troncos ya
existientes en la tierra, que, sólo juntados, evolucionarían hacia un quinto tronco
cósmico, muestra semejanza también con el quinto elemento del ‘eter’, o bien la
quintaesencia, que según las escuelas de Aristóteles y Platón, se difiere de los cuatro
elementos terrenales aire, fuego, tierra y agua, por su incorruptibilidad. La división en
39
Sánchez Prado, op. cit., pp. 391-2.
50
colores de piel, o sea, blanco, rojo, amarillo y negro, cada cual con sus propias
cualidades, incluso hace pensar en los cuatro humores de Hipócrates, respectivamente la
flema (blanca), el sangre (rojo), la bilis amarilla y la bilis negra, fluidos que cada cual
provocan algún temperamento correspondiente. Tal como Hipócrates creía que el
equilibrio de los cuatro humores garantizaba el mejoramiento de la salud, así
Vasconcelos pensaba que el cruce equilibrado de las cuatro sangres garantizaba la
superación hacia la ‘raza cósmica’.
El cruce de sangres eventualmente será un proceso espontáneo, súbdito a la ley del
gusto. Serán la curiosidad por el otro y el amor interracial los motivos espirituales en la
elección de una persona entre la multitud. La ‘ley del gusto’ es una idea con
reminiscencias nietzscheanas, por la típica división de la estética en tres etapas. 40 En la
unión espiritual que lleva a la formación de la nueva raza mediante la ley de gusto,
primero pasamos por un estado material o guerrero. El bienestar material está a la base
de cohesión en cada tríbu, y la fuerza material del grupo se defiende con una actitud
guerrera, repeliendo agresiones ajenas o haciendo pactos con grupos vecinos. Tal como
José Enrique Rodó, en su Ariel, asevera que el bienestar material sólo ha de servir como
fundamento necesario para dar a la vida un sentido espiritual que va más allá del
materialismo, el estado guerrero de Vasconcelos da sólo un principio a posteriores
conexiones entre los seres humanos a base de la ley del gusto, y sirve así de fundamento
para garantizar el camino hacia los siguientes dos estados.
Cuando toda agresión está contenida, los pactos están firmados, las fronteras
definidas y el bienestar material garantizado, el segundo estado sale a escena, que es el
intelectual o político. Cada grupo se organiza intelectual y políticamente, y establece
relaciones diplomáticas con los demás, por medio de leyes recíprocamente benéficas.
Aunque el segundo estado es un paso en adelante hacia el último estado espiritual, sigue
siendo un paso intermedio en que no todo es pintado color de rosa. Por el contrario, en
la descripción de Vasconcelos del segundo estado, es evidentísima su crítica tajante al
positivismo. Dice que estamos presos a la ley del segundo período y que por lo tanto es
menester salir de la fórmula en que presta su fe, esto es, la combinación de regla, norma
y tiranía. Vasconcelos esboza este estado como un período en que la mezcla de razas y
las ligas matrimoniales son estrictamente controladas por las reglas de la norma social,
Lo material o guerrero, lo intelectual o político y lo espiriual o estético en la ‘ley del gusto’ de
Vasconcelos, estados que se detallan directamente después, son comparables con lo apolíneo, lo dionisiaco
y lo místico, etapas en la estética de Nietzsche. Véase: Rosado Zacarías, op. cit., p. 31.
40
51
en que la libertad individual es restringida dogmáticamente por una política tiránica,
que hace hincapié en la razón y la lógica superficial, y en que, además, esa tiranía se
funda en datos científicos incompletos y falsos, con resultados inválidos. 41
El segundo período, que tiene un parecido extraordinario con el positivismo del
Porfiriato, es degenerado conscientemente como paso intermedio entre el primer estado
guerrero o material y el tercer estado espiritual o estético. Así, Vasconcelos astutamente
desvaloriza el positivismo e impone sus propios valores antipositivistas como objetivo
final del tercer estado. La humanidad alcanzará el último estado cuando hace regir las
leyes de la emoción, el sentimiento, la belleza, la fantasía, la alegría, la gentileza, el buen
gusto en la elección de parejas y la fusión de razas. Entrando en terrenos más
valorativos, Vasconcelos identifica como resultado de este proceso, en que el buen gusto
por la belleza es la cualidad predominante, un tipo de especie humana superior en
términos de temperamento, hermosura, simpatía y felicidad, porque la fealdad no
encontrará posibilidad de procrear.
El tercer estado de Vasconcelos pretende ir más allá del darwinismo inglés de los
primeros dos estados. La teoría inglesa, por ejemplo, define al negro como el tipo de
humano que más cerca está al mono, y que necesita ser borrado de la superficie de la
tierra para no ensuciar la estirpe blanca, que es vista como la superior por su
dominación ecónomica y moral. Es una teoría discriminatoria que presupone una
supremacía racial, conveniente para justificar el imperialismo y la exterminación del
rival, pero por el enfoque en tal dualidad irrazonable nunca llegará al tercer estado y
efectivamente verá su ocaso. No será una raza sola que triunfa en el tercer estado, sino la
humanidad en su totalidad. El mestizaje en tres estados, regido por la ley del buen gusto,
tendrá efecto en la tierra latinoamericana por excelencia.
Dicho esto, Vasconcelos no considera al mestizo inferior ni superior al blanco o a los
demás razas. La supuesta inferioridad de la raza mestiza es sencillamente impuesta en
ella por la explotación inglesa de la teoría darwiniana. La raza mestiza tampoco no ha de
perseguir una falsa ambición de conquistar a las demás razas violentamente para
evolucionarse hasta llegar a ser una raza superior a las demás, porque así se restringiría
a las leyes del segundo estado. El próposito de la raza mestiza es ascender al tercer
estado mediante el esfuerzo de producir en América los fundamentos para la quinta raza
‘cósmica’, que sustituirá los antiguos dogmas dualistas por el solo dogma del amor
41
Vasconcelos, op. cit., p. 24.
52
incondicional por todos los hombres. Vasconcelos cree que los iberoamericanos son
especialmente potentes en realizar esa tarea, porque por naturaleza mantienen el amor
por la belleza y la sensibilidad estética como razones mayores de toda cosa. He aquí, a
propósito, en la tarea que le espera al mestizo en el porvenir, la influencia católica en
Vasconcelos, instalando el dogma de amor al prójimo y la estética católica como pilares
para la realización de la ‘raza cósmica’.
Como conclusión y resumen, la idea central de La raza cósmica es que la parte latina
del continente americano posee todas las cualidades para cumplir dicha tarea, esto es,
cuenta con un territorio fecundo con abundantes recursos naturales y la presencia de
todas las cuatro razas, o sea la blanca, la roja, la negra y la amarilla, que darán su
contribución proporcional a la fusión hacia una quinta raza universal, una ‘raza cósmica’,
cuya formación se realizará por medio de ejercer la triple ley del gusto, partiendo desde
el estado material, pasando por el estado intelectual y llegando finalmente al estado
estético, siempre que el amor incondicional estimule el proceso.
4.4. EL PRÓLOGO A INDOLOGÍA.
Como se ha indicado arriba, Indología es la prolongación de La raza cósmica. El escritor
mismo lo explica al final del prólogo. Peculiar es que el prólogo a Indología es
desproporcionadamente largo, ya que ocupa una quinta parte del libro. En él,
Vasconcelos se queja del hecho de que los libros con temas fundamentales para América
Latina no se encuentren jamás en las librerías, mientras la destinación de los
latinoamericanos es formar una colección de los libros herméticos y canónicos.
Honestamente, el autor advierte al lector que tiene dudas acerca de lo que había escrito
y que no está contento al cien por cien. Por lo tanto, recomienda al lector no leerlo con
mucha insistencia y le pide que se realice de que el autor se había dejado guiar por la
ambición, más que por la modestia. Eso testifica que Vasconcelos tenía un sano
conocimiento de sí mismo y además que estaba muy consciente de la crítica ajena. 42
Hay más cosas del prólogo que llaman la atención. Primero, cuenta que en la edición
de la revista La Antorcha, se puso en contra de los trusts norteamericanos, haciéndose
enemigos con muchos interesados en la cooperación con los norteamericanos. Dejó la
revista a causa del clima paranoico lleno de espionaje, traición y riesgos. Segundo, relata
de sus viajes a algunos lugares caribeños, europeos y norteamericanos. En digresiones a
42
Vasconcelos, 1926.
53
menudo poco necesarias, explica que en Cuba se ponía en contacto con los amigos de
Unamuno, que las bibliotecas de Italia le inspiraban a construir una biblioteca pública en
México, que viajando por Europa se había convencido del atraso mexicano y que la
ciudad de Nueva York le fascinaba por la arquitectura.
Más interesante es la indicación de que escribió Indología por encargo de Lester
Wilson, representante de la Universidad de Puerto Rico. Los portorriqueños veían su
tierra lentamente absorbida por el yanqui imperial, que imponía su ciudadanía.
Vasconcelos compara el yanqui con negocios en Puerto Rico con un ave de paso, que
saca beneficios del país para sus propios trusts, mientras que sólo esporádicamente
aterriza en la isla. Debido a su popularidad repentina en todo el mundo iberoamericano
tras la publicación de La raza cósmica, los portorriqueños veían en la teoría
panamericanista de Vasconcelos una apertura hacia la impugnación del invasor Calibán
y estaban interesados en una prolongación a la teoría.
Después de Puerto Rico, Vasconcelos viajó a la adyacente República Dominicana,
donde fue acogido con el mismo entusiasmo. Se sorprendió de su propia popularidad,
pero relativiza inmediatamente la importancia de su teoría racial, aseverando que es
algo arbitraria e igual de frágil como la teoría de la superioridad de los blancos.
Consciente pues, de que su teoría racial y la prolongación de ésta en Indología es
cuestionable y permeable a la crítica, no se repara en publicarla una vez más, en un libro
mucho más elaborado. Indología está dividida en siete capítulos: ‘El Asunto’, ‘La Tierra’,
‘El Hombre’, ‘El Pensamiento Iberoamericano’, ‘La Educación Pública’, ‘El Conflicto’, y ‘El
Ideal’. El término ‘indología’ es una referencia al Oriente y a los estudios de Vasconcelos
de las filosofías indostánicas, pero a la vez refiere a las Indias, o sea, el Nuevo Mundo.
4.5. LA TEORÍA DE INDOLOGÍA.
Vasconcelos abre su Indología con una discusión sobre la ciencia. Esta discusión de una
vez expone el desacuerdo de él con la universalidad científica como instrumento
imperialista. En lugar de intentar a realizar una universalidad imperialista, hace falta la
unión entre los hombres respetando y exaltando las características de cada pueblo. Por
ende, cada pueblo necesita definir lo suyo, así también el pueblo latinoamericano. En la
visión de Vasconcelos, América Latina todavía se caracterizaba por una ‘incultura’, o
bien una inferioridad a la civilización de la antigua metrópoli. Este pensamiento refleja
que Vasconcelos es incapaz de escapar del complejo de inferioridad, descrito por Samuel
54
Ramos, pese al ensalzamiento del papel de la propia raza en la transformación cósmica
de esta. Análogo al modo de analizar de Ramos, este exagerado papel central cedido a la
propia raza mestiza equivaldría el escudo de protección bajo el cual se esconde la
verdadera raza mestiza que tiene poca confianza en sí mismo.
Como primera característica que comparten el Nuevo Mundo y la metrópoli,
Vasconcelos menciona la religión cristiana. Ya se ha observado que la cristianidad es un
invariable en el pensamiento del escritor, y también en Indología es un pilar
principalísimo, dado que propugna la ‘hermandad de todas las estirpes’. Problemática
para el fomento de esta hermandad es el aislamiento físico que Vasconcelos identifica en
el continente. Considerando las propiedades geográficas, Vasconcelos se da cuenta de
que las diferencias de condiciones físicas acentúan el fraccionamiento en nacionalidades,
mas las diferencias entre las particularidades de cada grupo étnico en América Latina
son menores a la diferencia entre la América hispánica del Sur, en su totalidad, frente a
la América sajona del Norte.
Aclara su punto en forma dialéctica de yanqui contra latino, con clara reminiscencia
arielista. En cuanto al yanqui, es un ser pragmático y utilitario, que necesita el trabajo
para vivir y que goza de los resultados inmediatos de su producción, pero es así víctima
esclavizada de su propio maquinismo y su deseo de trabajar. He ahí la comparación con
Rodó que, citando al físico francés Blaise Pascal, observa el círculo vicioso de ‘la
anhelante persecución del bienestar, cuando él no tiene su fin fuera de sí mismo’,
denotando con estas palabras el ritmo de trabajo de la vida norteamericana. 43
Vasconcelos sigue el ejemplo de Rodó en denunciar el utilitarismo sajón, pero a
diferencia de estimular la juventud positivamente a no hundirse en ese ritmo
norteamericano, como hace Rodó, Vasconcelos pinta una realidad algo penosa de su
propio pueblo, pues según su observación, el latino es el típico bon vivant que
perezosamente evita el trabajo para invertir el tiempo en sí mismo. Cabe preguntar en
qué medida su observación será una subordinación sumisa justo a la imagen
estereotípica impuesta al latinoamericano por los mismos sajones. Además, el prejuicio
de que no hay utilidad en desistir del trabajo para gozar la buena vida, proviene
precisamente de la filosofía utilitaria, y la sumisión a esta visión será un acto de
inferioridad por parte de Vasconcelos.
43
Rodó, op. cit., p. 78.
55
Aparte de la descripción un tanto negativa de su propia raza, Vasconcelos apunta a la
incoherencia espiritual de ésta, que hace necesaria una reafirmación del continente. De
ahí su llamamiento del prólogo a la creación de un canon de la literatura fundamental
latinoamericana, que podría servir de lazo espiritual entre los pueblos latinoamericanos.
Si no es el utilitarismo sajón y la persecución vana del bienestar material, ni tampoco la
pereza que hace evitar todo tipo de trabajo y desaprovechar el tiempo que sobre,
entonces es la espiritualidad latinoamericana, representada por Ariel, que puede
vincular la raza y establecer una personalidad colectiva, a pesar de las diferencias entre
los países.
La reafirmación espiritual de la raza latina es un asunto de parentesco de sangre y
comunidad de cultura, pero aún así los yanquis no están excluídos de participar en el
progreso. De hecho, las dos culturas del Nuevo Mundo tendrían que convertir las
diferencias, la rivalidad y el conflicto entre sí en factores de progreso para un
mejoramiento recíproco. Tal unidad espiritual panamericana y bolivariana, establecida
en la parte latina del hemisferio, en que todos los pueblos y razas tienen un lugar parejo
es, nuevamente, la esencia, el leitmotiv de la ‘raza cósmica’, tanto en el ensayo
homónimo, como en la extensión de ése, que es Indología. La raza iberoamericana, que
siempre ha resolvido sus conflictos interhispanoamericanos de manera diplomática, ha
de recobrar la concienca de su unidad, con la que es capaz de poner en efecto la fusión
espiritual de una raza mixta total en una confederación política, que puede presidir el
camino hacia un nuevo ciclo en la historia del mundo.
El escritor de Indología deplora que América Latina cayera en las manos de unos
caudillos ignorantes, bárbaros y despóticos, que propagan una falsa idea de un
nacionalismo patriótico, importada de Europa, que produce aislamento y censura, y que
obstaculiza dicha colaboración interhispanoamericana hacia un nuevo sistema político
continental. Será sólo después de su propia derrota política que Vasconcelos empezó a
simpatizar con los mismos dictadores que reprende en Indología. Por decirlo a la
inversa, al escribir Indología un par de años antes de lanzar su propia campaña
presidencial, Vasconcelos todavía no quería tener nada que ver con las dictaduras, pero
será a partir de la derrota de las elecciones, que se acerca a los dictadores
latinoamericanos y, finalmente, al régimen dictatorial nazista de Hitler.
Tal como en La raza cósmica escribe que la tierra latinoamericana es el suelo ideal
para la creación de la nueva raza, en Indología prosigue desde el mismo punto de
56
partida, y da una descripción más elaborada de las cualidades del continente. Designa a
México, por ejemplo, la cualidad del papel céntrico que puede jugar en la creación
arquitectónica del nuevo continente, por la ambivalencia de su arquitectura, que está
inspirada en la arquitectura europea y completada con elementos típicamente
mexicanos. Además, confirma una vez más la necesidad de extraer los recursos naturales
de la selva tropical para el bienestar de las gentes del continente, a condición de que sea
por una industria sostenible, pues de la forma en que un pueblo cultiva su argicultura, se
puede indicar su grado de civilización. A la idea de Bergson, Vasconcelos mantiene que
los frutos de la tierra dan las energías vitales al hombre, que debe de utilizarlas como
energías místicas para la exaltación de su personalidad. Sería un error antieconómico y
una mera injusticia social dejar que se exploten la abundancia de América Latina y el
esfuerzo de sus braceros para las ganancias acaparadas de los trusts norteamericanos en
posición de monopolio. La colaboración bolivariana de los países latinoamericanos
puede ayudar a combatir los excesos del materialismo y resistir el imperialismo
norteamericano fomentado por las corporaciones estadounidenses.
Constante en la teoría de Vasconcelos es la idea de que “la civilización nació en el
trópico y ha de volver al trópico.” 44 Los monumentos más grandes de la humanidad se
encuentran en el trópico y prueban el nacimiento de altas civilizaciones; sitios como
Chichén Itzá, Palenque y Uxmal hablan por sí solos. Vasconcelos cree que la llegada de
las razas germánicas al trópico de América Latina es una indicación de su deseo
subconsciente de retornar a las zonas cálidas del mundo donde nació su civilización,
dado que estas razas fueron estimuladas por motivos imperialistas a emigrarse hacia el
Nuevo Mundo, mientras que la raza americana que allá se econtraba, se había quedado
pasivamente en su propio territorio sin pensar en exploraciones ultramarinas.
Alimenta su argumento con la decadencia más reciente que se ha presentado en
Europa durante y después de la Gran (Primera) Guerra Mundial, como resultado del
nacionalismo, o bien, la perduración del hombre blanco en el mismo estado, tanto en el
sentido figurado como literal. Mejor obra para el progreso humano es la del mestizaje.
América Latina está destinada a abrigar a todas las razas, pues ya conoce todo tipo de
combinaciones de mestizajes entre indígenas, negros, europeos e inmigrantes asiáticos.
El sajón no está excluído del proceso, pero la imitación ideológica del imperialismo, de la
supremacía racial y del desdén de cruces interraciales con razas vistas como inferiores
44
Vasconcelos, op. cit., p. 65.
57
no ha de imponerse en América Latina, porque será contraproducente a su destino.
Vasconcelos encuentra soluciones a esos términos de desunión en la forma del
mejoramiento de la educación.
Por medio de una educación moral hay que eliminar los prejuicios raciales y los
sentimientos nacionalistas y patrióticos, y enseñar en la igualdad de razas para facilitar
la reunión de todas. En otras palabras, habrá que corregir en la escuela los viejos
conceptos de raza, los cuales serán ideas trasnochadas en cuanto todas las razas estén
reunidas en una sola raza universal. Problema adicional a la integración planetaria de las
razas es cómo sobrepasar el motivo de Babel de la diversificación de los idiomas. El
inglés y el español son idiomas candidatos para evolucionarse en linguas francas
universales, y dominarlos es indispensable para el futuro ‘hombre cósmico’. El español
de América es más coherente que el español de la propia metrópoli, y es además
enriquecido por criollismos e indigenismos. Para que el español llegue a ser puente de
razas futuras, es necesario estandarizar el sistema lingüístico del castellano por medio
de, nuevamente, la educación. El enfásis de Vasconcelos en el mejoramiento de la
educación es un vestigio de sus grandes méritos en la transformación educativa de la
nación con la creación de la Secretaría de Educación Pública.
En cuanto al debate sobre el pensamiento iberoamericano, Vasconcelos arguye
sorprendentemente en contra de una filosofía regional, y en cambio aboga por una
filosofía mundial en que cada raza aporta lo suyo después de haber revaluado los valores
impuestos en sí. La gran aportación de América Latina al conjunto filosófico entonces
podría ser una filosofía que ofrece perspectivas distintas y renovaciones acerca de las
tradiciones antiguas, debido a la concienciación nacional que sólo empezó después de
las luchas por la independencia de la primera mitad del siglo XIX, alterando después de
siglos la filosofía de la época colonial. Al otro lado, la civilización autóctona de América,
gracias a sus herencias atlántidas, posee una tradición cultural antigua y un avanzado
desarrollo espiritual, que ha conservado su esencia a través de los siglos. La filosofía
iberoamericana es una creación sincrética, pues, que por un lado ha sido creado con la
conquista, el colonialismo y la teología cristiana, pero que ha renovado estas tendencias
mayoritariamente occidentales después de las independencias, y que al otro lado ha
heredado el espiritualismo, la mística y las religiones indígenas como invariables de la
historia.
58
Cuando la independencia hizo disminuir la influencia del mediterráneo, la filosofía
francoinglesa penetró el continente americano, introduciendo en las numerosas
universidades latinoamericanas las ideas de Rousseau sobre la razón y el dogmatismo,
las teorías de la evolución y la selección natural de Darwin y Spencer, y los métodos
científicos del positivismo comtiano. Sacada de éstas ideas fue la suposición de que el
mestizo, como producto híbrido, fuera una raza inferior a las de sangre pura, como el
blanco europeo. Había dos salidas del positivismo para los propios mestizos, la de
restituirse a las anteriores teorías poco satisfactorias, y la de sucumbir a la creciente
influencia norteamericana que difundió una filosofía utilitaria de materialismo social.
Para Vasconcelos, que había crecido como adolescente en el Porfiriato positivista y
que en el Ateneo de la Juventud había encontrado la oportunidad de rebelarse contra el
positivismo y propugnar un renovado espiritualismo, fue una enfermedad del espíritu el
materialismo ateísta y consumista que provenía de Calibán del norte. Evoca en Indología
una vez más a la memoria ese peligro de los Estados Unidos, con el mismo tono arielista.
Repite la solución que ofrece en La raza cósmica, y es un movimiento filosófico fundado
en decisiones emotivas, porque la raza iberoamericana, si motivada por la ley de la
emoción, será capaz de hacer frente al materialismo con el enfoque en el juicio estético
de la belleza.
No fue el materialismo pues, sino la ley del buen gusto que se tenía que enseñar en las
escuelas públicas. Vasconcelos ingeniosamente recurre al culto indígena de los dioses
Huitzilopochtli y Quetzalcóatl para aclarar la dialéctica entre el materialismo y el
espiritualismo. El primer dios era el dios sanguinario de los guerreros aztecas y el
segundo era el dios educador que representa la sabiduría y la virtud. El primero
corresponde con el primer estado de Vasconcelos, el estado guerrero o material,
mientras que el segundo corresponde con la educación hacia el tercer estado espiritual o
estético, por medio de la ley emotiva del buen gusto.
América Latina debe un gran paso al frente en la organización sistemática de la
educación pública a la labor de los misioneros. Donde ellos por un lado, al imponer en
los indígenas el idioma castellano y la fe católica, destruyeron las creencias y tradiciones
autóctonas, por otro lado trataron de conservarlas por escrito, e hicieron subir el nivel
de alfabetismo, enseñando a los indígenas a leer y escribir, en tanto que erigieron
escuelas de religión, lengua y arte. Por haber emprendido el camino hacia el
mejoramiento de la educación, los misioneros contribuyeron al entendimiento mútuo y
59
así a la homogeneización de la población latinoamericana, mientras que en los Estados
Unidos el territorio indígena fue aislado en reservaciones restringidas, dificultando el
contacto interracial y agudizando literalmente las fronteras entre las razas. En contraste
con los conquistadores, que no trajeron más que violencia, explotación y exterminio,
agravando las diferencias raciales, los misioneros tenían un papel asimilador expresado
en su labor educativa.
La inclusión en Indología de los méritos educativos de los misioneros es una alusión a
la misión que el propio escritor quería cumplir en elevar el nivel de la educación en el
continente. Enumera y aplauda otros avances en el sistema escolar, entre los cuáles el
trabajo ejemplar de Sarmiento en Argentina, que ha reformado la escuela básica al
modelo europeo, con énfasis en la moral; la enseñanza secundaria en Brasil, que ha
elevado el nivel de sus gobernadores y políticos; la lucha costarricense en contra del
analfabetismo, que ha resultado exitoso en extirparlo casi completamente; y el alto nivel
de los gramáticos y poetas colombianos. Estos avances en el progreso de la educación
contrastan con el estancamiento que se ha presentado en las tiranías oligárquicas de
otros países, México incluido.
El santanismo de México, resucitado durante el Porfiriato, dejó a las masas en
ignorancia acerca de su verdadera historia nacional, porque favoreció la penetración
sajona en México, mientras que celebraba hipócritamente el heroísmo de sus déspotas. 45
La renovación del santanismo durante el Porfiriato, le causó sentimientos de dolor y
vergüenza a Vasconcelos, porque la educación debería de ajustarse a los verdaderos
intereses nacionales. Solamente apruebe el esfuerzo del porfiriano Justo Sierra en
modernizar la enseñanza primaria, a pesar de que su ministerio tenía limitados fondos a
su disposición. Como Sierra le había ayudado a Vasconcelos en fundar el Ateneo de la
Juventud, cabe reconsiderar la parcialidad del juicio del último sobre el primero.
Además, Vasconcelos aplauda Madero y Pino Suárez, otros ejemplos suyos, por subir los
presupuestos destinados a la educación pública, logros desgraciadamente revertidos por
Carranza. Terminado el carrancismo, fue bajo el mandato de Álvaro Obregón que los
presupuestos para la educación, tras un tajo inicial, nuevamente aumentaron. Es en
aquel entonces que José Vasconcelos pudo efectuar su obra titánica de crear el Instituto
de Indios y la SEP.
45
Sánchez Valencia, op. cit., p. 68.
60
Vasconcelos dedica bastante espacio de Indología a la estructura de dichas
instituciones por él creadas, probablemente como preludio a lo que la población podía
esperar en los futuros años de su presidencia, hipotéticamente hablando, porque nunca
llegarían a efectuarse. El Instituto de Indios tenía como objetivo la integración de los
indígenas a la sociedad mexicana, proyecto que fue apoyado tácticamente por el
gobierno, al que convenía una población más coherente. La integración del indio en el
sistema nacional favoreció a la vez la mezcla de sangres entre el indio, el mestizo, el
blanco y el negro. La SEP fue una institución dividida en tres departamentos: uno
Escolar, para la organización de las escuelas, uno de Bibliotecas, y otro de Bellas Artes.
La importancia de la SEP fue enorme para la propagación de la cultura nacional: mejoró
la educación y el magisterio, hizo circular los libros clásicos y aumentar la cantidad de
bibliotecas, y subvencionó conciertos al aire libre, decoraciones muralistas, obras de
teatro y música, canto popular, baile nacional, etcétera. Además, la SEP se esforzó por
combatir la pobreza ayudando a los más necesitados. 46
Para regresar al tema racial, Vasconcelos descubre en Indología un conflicto
doctrinario de ideas entre la América sajónica y la América hispánica respecto del
encuentro de las razas. La primera doctrina, defendida por los sajones, es la
espenceriana del predominio del más fuerte, que está opuesta a la otra, la hispánica, que
defiende una cooperación de razas y culturas. Como causa del conflicto, el autor sugiere
el desequilibrio de fuerzas en el continente entre la raza blanca y la raza mestiza e
indígena. Su previa incitación de explorar el vasto territorio latinoamericano y explotar
sus recursos naturales con inteligencia y justicia no es sólo una manera de hacer elevar
el bienestar de la futura ‘raza cósmica’, sino también una defensa al poder egocéntrico y
hegemónico de los Estados Unidos, que había usurpado Tejas, California, Cuba y Puerto
Rico, y que además se había entrometido rigurosamente en asuntos de Centroamérica,
por ejemplo en Nicaragua y Panamá.
Debido a la situación sofocante del caudillaje y el atraso económico que sufren las
masas, muchos mexicanos y venezolanos, entre otros latinoamericanos, optaron por
mudarse a los Estados Unidos en expectación de más libertad de movimiento y fortuna
económica, pero la respuesta de los Estados Unidos fue la de cerrar sus puertas a los
inmigrantes indeseados. Ni siquiera los caudillos son enteramente culpables de engañar
a las propias poblaciones, porque la victoria de armas, en lugar de una victoria de la
46
Lazarín Miranda, op. cit., p. 12.
61
justicia, hace que los líderes de estados latinoamericanos se vean forzados a cooperar
paranoicamente con los Estados Unidos, para no tener que encontrar la oposición de
aquel gigante hegemónico. Como reacción a esta cuestión complicadísima, Vasconcelos
se pregunta si es mejor dejarse dominar y venderse, o en otras palabras, ‘prostituir el
interés patriótico’, para la mera satisfacción de otro país, que encima había provocado la
rivalidad, en lugar de reunirse en una unión latinoamericana, que puede hacer frente a la
amenaza de los Estados Unidos.
De nuevo, Vasconcelos tiende a apelar al fenómeno autodenigratorio del
latinoamericano, definido como complejo de inferioridad por Samuel Ramos, para
después inmediatamente rectificarlo en un contexto más positivo de relativización.
Cuando escribe que la situación en que se encuentra Latinoamérica es precaria, en
contraste con el ‘éxito’ imperialista de los Estados Unidos, enseguida afirma que la
cuestión del desequilibrio y de la injusticia es un problema compartido. Dicho de otro
modo y con las propias palabras del escritor, “(...) la situación es grave: Grave para
nosostros, que en estos instantes somos los débiles; pero en realidad no menos grave
para los más fuertes de hoy, porque la decadencia de los más grandes imperios siempre
se inicia con la injusticia que se comete contra los vecinos.” 47 De la misma manera en
que ya aclaró en el prólogo de La raza cósmica por medio de algunos ejemplos históricos
del destino de grandes imperios de la antigüedad, Vasconcelos supone que tales
imperios decaen irrevocablemente siempre que no abriguen a todas las gentes con
equivalencia.
Como ya está analizado, la solución que Vasconcelos ofrece al problema es el
mejoramiento de la educación. Como el problema es compartido, el mejoramiento de la
educacion también debería de efectuarse a ambos lados del continente. La iluminación
acerca del valor de la propia raza y la persuasión de que sea capaz de realizar grandes
cosas, así como el error del carácter dócil y tolerante frente a las dictaduras y los
caudillos asesinatos, es una lección necesaria para los latinos, al mismo tiempo que los
norteamericanos en su enseñanza deberían de ser convencidos de la virtud de la justicia.
Según los ideales de Vasconcelos, hay que denunciar todo lo que va en contra de los
intereses humanos, como el odio entre las razas y los abusos injustos, y por el contrario
hay que enfocarse en la lealtad y la hermandad.
47
Vasconcelos, op. cit., pp. 198-9.
62
Hablando de los ideales de Vasconcelos, éstos se lee en las reflexiones finales de
Indología. El escritor está muy consciente de que no todo lo que escribe es aceptado por
las corrientes principales en los pensamientos iberoamericanos, y actúa además con
prudencia, porque en su libro ha entrado frecuentemente a un discurso peligroso en que
los poderes fácticos están asediados críticamente. Invita al lector a utilizar acá y acullá
un tanto de fantasía e ilusión, que están a la base de todo tipo de creación, para poder
seguir, o incluso aceptar, los ideales utópicos de la teoría, y para luego interpretarlos
individualmente, pues cada afirmación admite múltiples interpretaciones.
El ideal vasconceliano es la formulación de un nuevo credo continental con una
doctrina racial correspondiente que posibilita el progreso. Sin mencionarlo
explícitamente, es obvio que hace alusión a su propio aporte a la doctrina racial como
escalón en dirección a tal formulación. Su aporte en la forma de la hipótesis de que
surgirá una ‘raza cósmica’ está sustentado por la ley de los tres estados, lanzada en La
raza cósmica, y extendida en Indología con una subley de cinco períodos. El resultado es
una ley de tres estados, el primer estado guerrero o material, el segundo intelectual y el
tercero estético, que equivalen, respectivamente, al período militar, al período de los
acuerdos, del intercambio, de la organización, y de la concepción emotiva de la belleza
de la vida.
La subdivisión quinaria en períodos que apontocan el transcurso de los tres estados,
que a propósito hace pensar otra vez en la leyenda cosmogónica de los cinco soles, está
aclarada por medio de una caracterización estereotipada de las profesiones más
representativas de cada período. Estas son el soldado, que representa el estado guerrero
y el caudillaje; el abogado, que redacta y defiende las reglas jurídicas y los acuerdos; el
economista, que tiene que cuidar el bienestar económico de la población; el ingeniero,
cuya tarea es de garantizar un mundo habitable y duradero; y últimamente el filósofo,
que hace asequible los conocimientos necesarios para la elevación del espíritu. Al
momento de escribir su Indología, Vasconcelos supuso que la humanidad había llegado
lejos ya en los períodos del segundo estado intelectual, pero que se encontraba con
dificultad de escapar de algunos de los rasgos del estado materialista o guerrero, y que
por lo tanto no estaba al cien por cien preparada todavía para ascender al tercer estado
espiritual y estético.
La ley de tres estados, subdividida en cinco períodos, sólo funciona bajo la condición
de que se fusionen las razas y culturas de tal manera equilibrada que ya no se puede
63
hablar de superioridad versus inferioridad. Vasconcelos propone muchos cambios
fundamentales para realizar la metamorfosis al tercer estado. Ha de acabar el
imperialismo, con sus implicaciones oprobiosas para los pueblos oprimidos, antes de
que se decaiga, y hay que sustituirlo por un sistema de conexiones entrelazadas con
beneficio mútuo. Han de acabar el acaparamiento y la corrupción, y hay que dejar la vía
libre a la inteligencia, la justicia y la moral, que son necesarias para un aprovechamiento
abundante, igualitario y humano de los recursos naturales. Ha de ser evitado, además, el
sistema corporatocrático, los monopolios de los trusts, el latifundismo y el caudillaje que
los soporta, y hay que instalar una industria que está al servicio de todos, para que eche
una mano a la civilización entera, que luego podrá invertir su energía colectiva en las
cuestiones trascedentales de la vida y la superación espiritual.
Ningún tipo étnico está excluído del destino de Latinoamérica, al mismo tiempo que el
porvenir del continente no pertenece a ningún tipo étnico exclusivo. La creencia del
‘pueblo elegido’ es una idea anticuada, y no es más que un reflejo del atraso de aquel
pueblo. Es el destino del continente que todas las razas se crucen, tanto indígenas y
blancos, como negros, mestizos, asiáticos, mulatos, etcétera. Vasconcelos considera el
proceso de mestizaje como una fusión biológica contraria al darwinismo, y aclara su
punto por medio de una digresión a la botánica. La estrategia de supervivencia no es la
lucha por la vida, sino la simbiosis, y son la sensibilidad, la simpatía, el instinto y la
belleza, como valores dominantes de la espiritualidad, los principios que promueven la
elección de los genes hereditarios. Los que aumentan su potencia espiritual son los que
convierten su superación individual en un factor de servicio general. Son ellos que se
caracterizan por su tendencia al sincretismo, a la eugenesia, a la incorporación de
concepciones religiosas y morales en su vida, y a la revelación de su energía divina. Son
ellos los paladines del nuevo ciclo mundial en que la América latina tiene un papel
primordial. Un ciclo, en resumen, en que la humanidad conocerá la universalidad de
todos los valores combinada con la síntesis de todas las razas.
64
5. JOSÉ VASCONCELOS Y EL NAZISMO.
5.1. LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DE 1929.
Desde su campaña racial de la ‘raza cósmica’ en 1925-6, Vasconcelos se preparó para su
campaña política más atrevida y avanzada: la de las elecciones presidenciales de 1929.
Elevó su mensaje mesiánico del tema racial al plano político en sus discursos de la
campaña presidencial. En contra del candidato oficial Pascual Ortiz Rubio, apoyado por
el régimen pseudodemocrático de Calles, Vasconcelos se presentó como un reformador y
prometió el público la vuelta a la independencia, al estado libre, democrático y honesto,
con especial atención a la soberanía del propio pueblo. Hay una semejanza entre su
campaña presidencial y la de su ejemplo en los años de la revolución Francisco I.
Madero, como describe Oscar Mata (2007: 151), y es que en la fase inicial las dos
campañas fueron vistas con burla en círculos oficiales: “Lo llamaron ‘el loco
Vasconcelos’, como antaño habían llamado loco a Madero.”
La campaña de los vasconcelistas no transcurría sin problemas ni peligros. Teniendo
los ojos cada vez más puestos en su propio acceso al poder, Vasconcelos desdeñaba la
aportación de sus partidarios. Incluso ignoraba la voz de los que lo habían prestado
apoyo económico. Aún así, los vasconcelistas mantenían confianza en su líder y no
dudaban de sus competencias, pero en cuanto a su meta de dominar la presidencia bajo
Vasconcelos, tal vez no eran muy realistas, pues la dura y peligrosa realidad se manifestó
en una conferencia de vasconcelistas cuando un joven de la preparatoria fue matado a
balazos. Aunque Vasconcelos tuvo que pagar su candidatura presidencial con la vida de
un estudiante suyo, el incidente no hizo desvíar la gran mayoría de la población de un
provasconcelismo comprometido, y el líder del partido quiso seguir a toda costa.
De hecho, en algún aspecto lúgubre, Vasconcelos estaba acostumbrado a los
asesinatos políticos. Pertenecía a la comisión revolucionaria de Madero, el ‘apóstol de la
democracia’ que fue asesinado en la Decena Trágica, junto con su mano derecha José
María Pino Suárez, y además vivió el asesinato de Álvaro Obregón en 1928, ya
mencionado en el primer capítulo, el presidente que ocho años antes le había dejado el
paso hacia la profesionalización en las instituciones educativas gubernamentales.
Mientras los asesinatos de Álvaro Obregón y del estudiante vasconceliano tuvieron lugar
en vísperas de las elecciones, el candidato no se dejó desconcertar, y continuó su
campaña a pesar de otros peligros que acechaban.
65
Para alcanzar su objetivo, el Ulises criollo tenía que pasar por el estrecho de Escila y
Caribdis: a un lado se encontraba la probabilidad de más asesinatos en el caso de que la
campaña vasconceliana se presentaría más rebelde, hasta que arriesgaría su propia vida;
al otro lado Vasconcelos no podía ser dócil, pues tenía que vencer la oposición del
aparato oficial, que no le tomaba en serio y que fácilmente era capaz de obstruirle el
paso hacia la victoria. El segundo monstruo causó últimamente la derrota de los
vasconcelistas.48 Como en esta tesis se presenta la derrota de las elecciones
presidenciales en 1929 como causa principal para el giro brusco de Vasconcelos hacia la
derecha extrema, hace falta tratar con más detalle el transcurso de su campaña para
entender la situación precaria en que se encontraba el jefe del partido, antes de volver al
tema del fraude electoral.
El candidato empezó su campaña estando en exilio en los Estados Unidos. Su primer
discurso tuvo lugar en Tucson, Tejas y su segundo discurso, el primero en suelo
mexicano, el 10 de noviembre de 1928 en Nogales. 49 El Ulises criollo tenía ya muchos
compañeros en la fase inicial y una sólida base de apoyo del pueblo y de los cristeros. La
gente del pueblo le daba los recursos financieros necesarios para posibilitar la campaña,
los segundos eran miembros del Ejército Cristero, que le servía tácticamente a
Vasconcelos para intensificar la presión sobre el gobierno callista, es que un par de años
antes a las campañas presidenciales, en 1926, había estallado la Guerra Cristera, en que
religiosos fervosoros abogaron por más influencia de la Iglesia Católica en asuntos
nacionales y políticos. Cuando el régimen oficial de Plutarco Elías Calles no prestó oídos
a los deseos de los cristeros, ésos se reunieron junto a Vasconcelos para combatir el
callismo. Por presión internacional desde los Estados Unidos, el conflicto cristero llegó a
su fin justo poco tiempo antes de la vuelta de elecciones, una gran decepción para
Vasconcelos y los suyos.
La historia se repite; de la misma manera en que Madero entró a la Ciudad de México,
recibido por el pueblo como apóstol de la democracia, así Vasconcelos entró a la capital
agasajado por el pueblo, y tal como Madero fue avisado por el embajador
estadounidense Henry Lane Wilson que no se arriesgara a comportarse demasiado débil
con tantos intereses nortamericanos en el negocio mexicano, Vasconcelos tuvo una cita
A mitades de los 30, Vasconcelos se autollamaría ‘Ulises criollo’, haciendo alusión al protagonista de La
Odisea de Homero, comparación que se elabora más adelante en este capítulo. La metáfora del estrecho de
Escila y Caribdis, préstamo de aquella historia griega, ya se utiliza aquí para aclarar la situación apretada
en que se encontraba el candidato presidencial.
49 Mata, op. cit., p. 152.
48
66
en la Embajada de los Estados Unidos con el embajador Dwight Morrow, que le
comunicó que la campaña vasconceliana no podía contar con el apoyo norteamericano
por haber retado demasiado los poderes fácticos. Además, Morrow le anunció que el
camino hacia la democracia encomendado por Vasconcelos era ciertamente una buena
causa, pero que, a pesar de su popularidad inmensa, no tuvo la más mínima posibilidad
de triunfar de la maquinaria oficial, y aún menos si optaría por rebelarse en contra del
sistema oficial.50
En la semana antes de las elecciones, la tensión llegó a más. Había desfiles de
partidarios vasconcelistas en las grandes ciudades, que se pusieron cada vez más
inquietos, a lo que la polícia intervino utilizando violencia. En un par de ocasiones, el
propio Vasconcelos estaba al borde de ser decapitado por el monstruo de Escila, si no
fuera que bajo las ordenes del embajador norteamericano su vida fue salvado, es que
Morrow había guardado en mente que el involucramiento en el asesinato de Madero le
ha salido caro al entonces embajador Henry Lane Wilson, y en vistas de la reputación de
los Estados Unidos, Morrow no quería cometer el mismo error de su predecesor de ser
involucrado en una matanza injusta.
Nadie sale indemne del estrecho de Escila y Caribdis, y salvado de Escila, el segundo
monstruo impuso su autoridad sobre el Ulises criollo. Él mismo aclara los sucesos del
fraude electoral en su Plan de Guaymas, redactado el 10 de diciembre de 1929, que fue
un intento desesperado de autodeclararse presidente en contra de la declaración oficial
que había ganado Ortiz Rubio.51 Leyendo un artículo de prensa internacional de Nueva
York, Vasconcelos ya se percata asombrosamente de su derrota tiempo antes de la cierre
de los locales electorales. Aprende de este modo del fraude electoral por parte de la
maquinaria oficial, que se había apoderado de las casillas. Se ha convertido en realidad
el incidente al que ya le había avisado el embajador Morrow, que sabía del fraude de
antemano, porque cooperaba tanto con el gobierno mexicano como con los
norteamericanos interesados en las elecciones. Morrow respaldó el artículo de prensa
con comentarios en favor de Ortiz Rubio.52
Ibid., pp. 156-8.
Vasconcelos, 1929.
52 En el Plan de Guaymas se lee: “Es de señalarse a la atención del público que los diarios de la ciudad de
Nueva York dieron la noticia del triunfo de Ortiz Rubio, respaldada con los comentarios del Embajador
Americano, muchas horas antes de que cerrase la votación en México, es decir, cuando no se podía tener
noticia cierta del resultado de la elección, cosa que entre nosotros requiere varios días por la imperfección
de nuestro método de registro.”
50
51
67
Como reacción al fraude, los vasconcelistas se sintieron traicionados. La multitud
agitada ya salió a la calle para protestar, y se hubiera rebelado con violencia si no fue por
el consejo de Vasconcelos de que una nueva rebelión no tenía sentido. Ha aprendido, de
las palabras de Morrow de que una rebelión tendría un efecto contraproducente, y
además, de los sucesos que había sufrido el México revolucionario con los asesinatos de
Madero y Obregón, que era mejor controlarse y evitar la rebeldía. La decisión del retiro
fue tomada en detrimento de la confianza que en él tenían sus seguidores, que no
entendieron la convocatoria repentina al retiro de las acciones de protesta. Para calmar
sus secuaces y seguir protestando pacíficamente, Vasconcelos publicó el Plan de
Guaymas.
En el plan, Vasconcelos empieza con amonestar el presidente Calles por su deslealtad.
Calles había prometido elecciones abiertas y honestas, pero la realidad fue muy
diferente. Vasconcelos deplora el hecho de que las elecciones fueran tan
antidemocráticas, ya que la democracia era uno de los valores más civiles de su partido.
Agrega que su partido tenía el aplauso de la mayoría de la nación, y que fue financiado
por el pueblo, acontecimiento único en Latinoamérica. Llama la atención que
Vasconcelos de golpe carga contra los hacendados, nombrándolos bolcheviques,
echándoles a ellos la culpa de haber manipulado las elecciones y de haber hecho circular
propaganda en contra de su partido. Este reproche hacia los bolcheviques podría ser una
primera muestra del odio que Vasconcelos tenía al eje judeocomunista por haberle
impedido el acceso a la presidencia, aunque aquí todavía no menciona el judaísmo
explícitamente. La relación entre el comunismo y el judaísmo la establecerá Vasconcelos
más tarde.
Inmediatamente después de publicar su Plan de Guaymas, Vasconcelos optó por
autoexiliarse al extranjero, porque se encontraba rodeado constantemente por las
fuerzas oficiales de la policía y del ejército. Estas fuerzas armadas, que pretendían
defenderle, en realidad lo encerraron en su propio país, y Vasconcelos no podía aguantar
esta presión. Se remonta a los ejemplos de Madero y Obregón que también tuvieron que
exiliarse o esconderse, pese a que habían ganado las elecciones. Para los vasconcelistas,
la huida de Vasconcelos del país sentía como otro abandono débil. Aparte de la
manipulación de las elecciones en favor de Ortiz Rubio, la salida del líder del partido al
68
extranjero, y su renuncia de la rebelión, había otra consecuencia dura y paranoica para
los partidarios de Vasconcelos, pues muchos fueron detenidos en ataques policíacos. 53
Para colmo, a todos les fue impuesto el silencio, quedáronse así los vasoncelistas sin
voz. La versión ‘oficial’ de la derrota, inventada completamente por los callistas, fue
propagada para que nadie se enterara de la verdad, y las quejas de Vasconcelos sobre el
procedimiento injusto después del Plan de Guaymas no fueron escuchadas ni leídas. El
Plan de Guaymas fue un fracaso total. En cinco puntos Vasconcelos se declaró presidente
y advirtió que regresaría a México para asumir su presidencia merecida y para tomar
medidas en contra de los usurpadores, pero de manera quijotesca luchaba contra
molinos de viento. Al haberse agotado su papel de líder de partido, el sueño político de
Vasconcelos se vino al suelo. No podía hacer otra cosa que distanciarse físicamente de su
compromiso político y desahogarse en sus escrituras.
5.2. DERROTAS Y DESORIENTACIÓN.
Después del fraude electoral de 1929, Vasconcelos viaja a los Estados Unidos, y al año
siguiente pasa por Colombia, Ecuador y Centroamérica, para llegar a Europa en 1931.
Ese período anuncia el comienzo de una nueva etapa en la vida de Vasconcelos, marcada
por la amargura y la desorientación política. Seguro de que el gobierno había cometido
fraude, pero reacio a la relebión por la incapacidad de llevarla a cabo eficazmente,
Vasconcelos decidió a luchar con pluma para tener la razón de su parte, y escribió en
contra de todos tipos de poderes fácticos, que juntos constituían una plutocracia que
tenía el poder en las manos: denunciaba el callismo del gobierno mexicano; atacaba el
imperialismo y el monroísmo de los yanquis; hablaba mal del comunismo y del
judaísmo, que consideraba entrelazados; y advertía a las consecuencias del
‘poinsettismo’ de la primera mitad del siglo XIX, tendencia conspirativa que establecía
una supuesta relación entre las primeras logias masónicas instaladas en México por Joel
Roberts Poinsett y el paulatino sometimiento de México al control norteamericano.
El periplo de aquel destierro es descrito detalladamente por Pablo Yankelevich, quien
observa (2003: 57): “Después de un fugaz viaje a Nueva York, Vasconcelos terminó
convencido que el gobierno de los Estados Unidos influido por los poderosos intereses
de Wall Street, habían decidido la suerte de México”, y más adelante que “(...) la vieja
imagen de un Calibán sajón, amenazando a toda una civilización hispanoamericana
53
Mata, op. cit., pp. 159-60.
69
comenzará a adquirir tonalidades cada vez más conservadoras: una recuperación
hispana y católica del pasado americano, empezó a contraponerse a la mirada de lo
estadounidense como un territorio gobernado por herejes: protestantes, masones y
judíos.” Con un antiimperialismo retomado, Vasconcelos iba, pues, en busca de los
culpables de su derrota, una búsqueda que le hace marchar a la deriva.
Por haber escrito contra el gobierno de los Estados Unidos, le fue difícil encontrar
trabajo en ese país. Se fue a Panamá y Costa Rica para dictar una serie de conferencias
en círculos intelectuales, en que denunciaba el monroísmo de Dwight Morrow y el
imperialismo sajón. Cuando le fue rechazado el paso a Guatemala, se fue a Colombia,
pero su posición antiyanqui no fue del todo apreciado. Típico de sus ideales, Vasconcelos
siguió la ruta de Bolívar por los Andes, y llegó a Ecuador, donde denunció de nuevo el
callismo y los yanquis. Desde Ecuador embarcó a Cuba, donde encontró a Fernando
Ortiz, que posteriormente escribiría un famosísimo libro en contra de la explotación
tabacalera y azucarera.54 De Cuba al trópico de Honduras, se reafirmó una vez más que
la civilización triunfaría en aquel clima latinoamericano. En una última etapa por El
Salvador, la República Dominicana y Colombia, regresó a Nueva York, y con el patrocinio
de Argentina podía trasladarse a Europa; a París, Madrid y otras partes de España. 55
Durante su viaje, el candidato defraudado encontraba consuelo en su amor por
Antonieta y ella sirve de gran ayuda en mantenerlo alejado de la desesperación. El plan
de Vasconcelos en Europa era defender la moral latinoamericana en la nueva edición de
su revista La Antorcha, que a la par le brindó espacio para reavivar el fraude que llevó a
su derrota, pero sus quejas en papel de víctima no fueron recogidas por las masas. 56
Antonieta le ayudó en el diseño y el contenido de la revista, pero no duró mucho tiempo
su colaboración. Mientras que había dado un nuevo impulso a la labor comprometida de
su amante, ella ya no podía aguantar la presión de los bajos fondos económicos y
padecía irónicamente la misma desesperación de la que había hecho desistir a
Vasconcelos. Se suicidó el 11 de febrero de 1931 en la Nuestra Señora de París, con la
Ortiz, 1940.
Como está mencionado, el vagabundeo de Vasconcelos entre 1930 a 1933, después de su estancia en los
Estados Unidos, es descrito por Yankelevich, op. cit., pp. 58-61.
56 La Antorcha fue editada ya en 1924-5, y la última edición fue de 1931. La palabra ‘antorcha’ refiere
claramente a la historia de Prometeo, prestada del ideario griego. También el diseño de la cubierta
muestra una antorcha, reminiscente de Prometeo. Podría ser una referencia a la formación de la nueva
raza humana, la cósmica, proceso en que Vasconcelos se hubiera autoadscrito el papel prometéico de
‘portador de la antorcha’, si hubiera ganado las elecciones presidenciales.
54
55
70
propia pistola que siempre traía consigo Vasconcelos. 57 En tanto que se evaporizaba
poco a poco el sueño del poder político, con el suicidio de Antonieta, de pronto perdió su
otro gran amor. Así, a principios de los años treinta, Vasconcelos quedó con las manos
vacías y la mente desilusionada.
A pesar de la muerte de Antonieta, Vasconcelos sigue publicando, sea brevemente,
algunos números de La Antorcha en solitario. Viaja después a Buenos Aires en 1934 y a
los Estados Unidos en 1935. Por los recién sufridos contratiempos, se muestra
desorientado y resentido en sus escritos. Esboza una imagen de México sometido a los
intereses bursátiles norteamericanos. Ataca el monstruo de Mammon. Desde los ideales
izquierdistas y democráticos en lo más florido de sus años, tiende a un inesperado
aplauso de gobiernos autoritarios y dictatoriales de la región hispanohablante en las
décadas de los 30 y 40. Aplauda el gobierno guatemalteco de Augusto Cesár Sandino,
visita Fulgencio Batista en Cuba, recomendándole a ser duro y no seguir por el mismo
camino democrático y débil que Madero, es recibido por el dictador argentino Juan
Perón, alaba al dictador dominicano Rafael Trujillo, y expresa su aprecio por el falange
creado por José Antonio Primo de Rivera. Este giro a la derecha está violentamente en
contraste con la posición antidictatorial que antes tomaba en su escalada pacífica hacia
el poder político.
Publica a mitad de la década de los 30 su autobiografía Ulises criollo, uno de sus libros
más famosos en que la semejanza, que el título sugiere, entre su vida y la del Odiseo de
Homero, ni siquiera es tan rebuscada que parezca. Tal como Odiseo regresa finalmente a
Ítaca con la ayuda de la sabiduría de Palas Atenea, después de 20 años de vagabundeo
que le fue impuesto por la venganza de Poseidón, deidad del anchuroso e impetuoso
mar, sólo para encontrar en su morada a su anhelada esposa Penélope rodeada de
pretendientes, así el Ulises criollo regresa a México después de sus múltiples y
tumultuosos exilios en los Estados Unidos y Europa a sabiendas de que en el entretanto
su tan deseada influencia política se ha agotado, y encuentra al poder en manos de una
plutocracía codiciosa y extranjera.58 La gran diferencia es que el Ulises criollo nunca
sería capaz de vengarse de los pretendientes de la presidencia a la misma manera que
Odiseo de Ítaca sabía expulsar a los intrusos de su morada.
57
58
Arreola Martínez, op. cit., p. 6.
Inspirada en la comparación de Hiroko Ito Sugiyama, op. cit., pp. 79-81.
71
En 1938, le fue abierto la entrada al país por el presidente Lázaro Cárdenas, pero de
regreso en la Ciudad de México, la Ítaca mexicana, la impotencia política del Ulises
criollo lo convirtió en un hombre amargo. Hacia finales de los años ‘30, su orientación
política, si bien pasiva, había pasado de un extremo a otro. Empezó a simpatizar con el
fascismo, porque veía en el fascismo y en el nazismo una manera de expresar su
descontento con el orden establecido y de desahogarse de las injusticias sociales
resultantes del sistema capitalista judeomasónico. Tal como siguió a los dictadores
hispanoamericanos con gran interés, Vasconcelos se interesó de repente por Hitler y
Mussolini, se dejó convencer de que el comunismo, creado por el judaísmo, era el
enemigo para el occidente.
El ya citado artículo de Estrella González (2009: 21), resume la situación desde la
derrota presidencial hacia la derecha, de la siguiente manera elocuente: “Ante este
fracaso, la autoestima del pensador oaxaqueño sufre un severo revés que le obliga a
revisar uno de los fundamentos más arraigados en su habitus: la disposición a identificar
redención colectiva y personal; véase: la subordinación del éxito de salvar a México al
reconocimiento de su función extraordinaria como guía espiritual. Roto este vínculo,
Vasconcelos se ve entonces obligado a eligir entre una revolución que no requiere de sus
servicios y conculcar su función profética, o mantenerse aferrado a dicha función, a la
espera de nuevas empresas de salvación. Vasconcelos finalmente, incapaz de renegar de
sí, renegará de la revolución y emprenderá una progresiva derechización que lo llevará a
defender al fascismo italiano, al franquismo español y al nazismo alemán.”
La más extrema tendencia hacia la derecha fue la colaboración en la revista Timón,
cuya distribución fue estimulada y pagada por la embajada alemana en México. La
redacción de los 17 números de esta revista habló con enconada crítica sobre las fuerzas
aliadas e increparon al judaísmo internacional, a la vez que elogió los recién crecidos
régimenes del eje nazista. Vasconcelos encontró en Timón la perfecta ocasión de agredir
de palabra contra los usurpadores de su anhelado poder presidencial. 59 Después de su
colaboración en Timón, se retiró de redactar abiertamente artículos nazistas, pero tal
vez su más notable escritura antialiada después de la guerra, es el prólogo, añadido a
partir de la segunda edición de 1955, al libro Derrota Mundial de Salvador Borrego, en
En cuanto a la etimología de Timón, la palabra refiere por un lado al misántropo griego Timón de
Atenas, y por otro lado, como observa Orestes Aguilar (2007: 151-2): “La palabra ‘timón’ podía asociarse
lo mismo a la conducción, al dominio, al liderazgo o al líder, que al puesto de mando en un navío.” en:
Orestes Aguilar, 2007, pp. 151-2.
59
72
que éste, antisemita y negacionista de Holocausto, echa la culpa a la Unión Soviética,
ayudada por una conspiración judía internacional, de haber empezado la Segunda
Guerra Mundial, con el fin de instalar un sistema capitalista controlado por el judaísmo y
los países aliados. El prólogo en aquel libro, escrito por Vasconcelos, es sorprendente,
incómodo y controversial, lo que demuestran sentencias como “La obra de Salvador
Borrego E., que hoy alcanza su segunda edición, es una de las más importantes que se
hayan publicado en América.”; “Colocados nosotros del lado de los enemigos del poderío
alemán, es natural que todas nuestras ideas se encuentren teñidas con el color de la
propaganda aliada.”; y “La difusión del libro de Borrego es del más alto interés patriótico
en todos los pueblos de habla española.” 60 Aquí, sin embargo, se restringe a las
declaraciones nazistas de Vasconcelos en la revista Timón.
5.3. LA REVISTA TIMÓN.
El primero en investigar la colaboración de José Vasconcelos con los nazis en la revista
Timón ha sido Itzhak Bar-Lewaw. Hasta la fecha, el trabajo hecho por él en los años ‘60 y
‘70 no ha sido superado ni ampliado. Hector Orestes Aguilar es el único que en 2007 ha
escrito un artículo sobre el colaboracionismo de Vasconcelos en Timón, pero a través de
la investigación de Itzhak Bar-Lewaw, e indica (2007: 157) que: “A excepción de Itzhak
Bar-Lewaw, nadie ha vuelto a explorar con rigor las páginas incendiarias y
perturbadoras de esta revista.” 61 En 1971, Bar-Lewaw publicó un libro sobre la revista
Timón y la participación en ella por Vasconcelos. 62 El prólogo, las notas y los
comentarios son de Bar-Lewaw. El libro está compuesto de una selección de artículos
tomados de Timón, ordenados categóricamente en cinco partes: los editoriales de la
revista, los artículos firmados por José Vasconcelos, artículos antialiados, artículos
antisemitas y artículos netamente nazi-alemanes.63 Orestes Aguilar (2007: 151) afirma
lo siguiente acerca del libro: “Puede suponerse que, hacia finales de los 1960, BarLewaw debe de haber encontrado ---acaso en alguna hemeroteca o fondo reservado
canadiense, pues para entonces daba clases en la Universidad de York, en Toronto--algunos números de Timón. La humillación, la vergüenza y el rencor que su hallazgo sin
duda le produjeron lo llevaron a concebir un volumen editado en condiciones
Borrego, op. cit., pp. 3-4.
En el internet circula una cantidad de weblogs sobre el tema, pero carecen de valor académico y de
referencias, por lo que aquí no se consideran fuentes viables.
62 Bar-Lewaw, 1971.
63 Ibid., p. 69.
60
61
73
sumamente precarias, hoy inasequible, fetiche de unas cuantas bibliotecas privadas y
señalado como si fuese un libro maldito: La revista ‘Timón’ y José Vasconcelos”.
Como la información crítica acerca de la vinculación de Vasconcelos al nazismo es,
pues, escasa, es imprescindible analizar detalladamente la crítica de Bar-Lewaw, pero
por la inasequibilidad de su libro en México y la restricción de su circulación en
bibliotecas privadas, así como por razones de espacio, aquí se limita a discutir el artículo
mencionado, puesto que enumera brevemente los comentarios del prólogo al libro. El
investigador fue invitado al IV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas en
agosto del año en que publicó su libro, y las actas de su aporte al congreso fueron
publicadas once años después por Eugenio de Bustos Tovar.
Bar-Lewaw emite en ese artículo un juicio implacable sobre Vasconcelos. Citando a
Vasconcelos, que había dicho que ‘la verdad hay que decirla, aunque sea motivo de
escándalo’, Bar-Lewaw comunica que tiene que decir la verdad sobre Vasconcelos, que
en su modo de ver es, pues, escandalosa. Así de obligado a expresar la verdad se siente,
justo porque él mismo escribió en 1965 y 1966, esto es, un par de años antes, un libro
sobre José Vasoncelos, llamado Introducción crítico-biográfica a José Vasconcelos, 18821959, sin saber en aquel entonces de la etapa nazista de Vasconcelos. En sus propias
palabras: “Mas tengo que confesar lo siguiente: Al publicar mi libro en 1965 y 1966 no
sabía que José Vasconcelos ---el tan llamado Maestro de la Juventud Latinoamericana,
aunque nunca haya tenido cátedra en América Latina, sólo en los Estados Unidos, que
soi-disant tanto odiaba--- durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, entre los meses
de febrero y junio de aquel año, nuestro don José era un agente de la propaganda nazihitleriana de la peor especie.”64
Aparte de la inexactitud factual de que Vasconcelos no tuviera cátedra en América
Latina, una inexactitud muy sorprente, puesto que en la página siguiente menciona el
nombramiento de Vasconcelos como rector de la Universidad de México en 1920 --¡vaya cátedra!---, la manera en que Bar-Lewaw pretende sacar a la luz la verdad sobre
Vasconcelos, utilizando palabras reprobatorias como ‘de la peor especie’, no sólo es poco
profesional, sino incluso característico de su razonar, a la par que da muestras de un
juicio parcial e inherentemente de una verdad sujetiva sobre Vasconcelos.
Que la inexactitud y la ofensa son recurrentes en la argumentación de Bar-Lewaw, es
fácil de mostrar. Por ejemplo, abre su artículo como sigue: “Aun muy pocos especialistas
64
Bar-Lewaw, op. cit., p. 151.
74
de la literatura hispanoamericana, en general, y de la literatura mexicana, en particular,
saben de la existencia de la revista Timón y lo que ella tiene que ver con José
Vasconcelos (…)”, para observar en la página siguiente que “(…) hay que adimitir que
muchos mexicanos no sabían de esa bochornosa revista de Vasconcelos.” 65 Se refiere, en
el primer caso, tal vez a los especialistas coétanos y, en el segundo caso, a muchos
mexicanos en la época de Vasconcelos, pero no indica cómo solucionar esta
contradicción.
En el mismo párrafo, tras mencionar que no ha recibido apoyo de la UNAM ni de
hombres de letras en sus indagaciones sobre la colaboración de Vasconcelos con los
nazis, explica Bar-Lewaw (1971: 152) que sus “(…) búsquedas en la Embajada alemana
de México entre 1956 y 1961 no eran fructuosas, puesto que me he encontrado con un
muro de silencio por parte de los empleados y diplomáticos. Me explico la actitud de los
mexicanos como deseo de olvidar el pasado de Vasconcelos, ya que tenían vergüenza a
causa de esa revista. Otra explicación no hay, o por lo menos, no la encuentro yo.” Como
indica el investigador mismo, es una mera suposición que el escamoteo de la revista
Timón en la UNAM y en la Embajada alemana fuera por vergüenza, pero aquí pasa algo
diferente que llama la atención. Sorprendentemente, al admitir que entre 1956 y 1961
estaba indagando la implicación de Vasconcelos con el nazismo hasta en la Embajada
alemana, parece que el crítico ya se ha olvidado por completo de su confesión de la
página anterior de que en los años posteriores 1965 y 1966, en que publicó su libro
biográfico sobre Vasconcelos, no sabía de su etapa nazista. O bien, se equivoca en la
determinación de los años, y en tal caso sus búsquedas en la Embajada alemana tuvieron
lugar después de 1966, o bien se contradice gravemente anulando su propia ‘confesión’.
Sin dar pruebas, Bar-Lewaw asevera que Vaconcelos era en su juventud un
comunistoïde, o sea, un pseudocomunista, y que en años posteriores volvió al
catolicismo. También menciona el cambio en la actitud de Vasconcelos hacia las
dictaduras latinoamericanas, pues primero combate la dictadura de Juan Vicente Gómez
en Venezuela, para simpatizar años más tarde con Perón y otros dictadores de la región
hispanohablante, pero otra vez falta la explicación de esta inconstancia en la actitud de
Vasconcelos. Dicho esto, de ninguna manera es justificada que Vasconcelos colaboraba
con los nazis y con dictadores; al contrario, es reprensible, efectivamente. Pero al mismo
tiempo que es reprensible, debería de ser también explicable, sobre todo al considerar
65
Ibid., pp. 151-2.
75
detalladamente el transcurso de la vida de Vasconcelos, procedimiento habitual de
biógrafos. En lugar de anunciar una verdad objetiva acompañada por un intento de
explicar el traspié de Vasconcelos por lo menos, Bar-Lewaw no pasa de imponer su
juicio parcial y de expresar su incomprensión y lamentación.
Aunque procede prejuiciada y negligentemente, será incorrecto deducir de ello que
Bar-Lewaw no tenga conocimiento de la causa. Al contrario, algunas de sus
observaciones son muy plausibles. Por ejemplo su punto que Vasconcelos en la época
carecía de los recursos económicos para fundar la revista, y que por lo tanto la redacción
fue financiada por la Embajada nazi, que buscaba personas con influencia para propagar
la ideología nazista en América Latina, continente estratégico para el mapa nazi. México,
como puente entre América del Norte y América del Sur, podría ser un aliado
interesante para Hitler en vísperas de la guerra.
México no sólo fue estratégico por su posición, sino también por la abundancia en
petróleo y además, porque varias firmas alemanas ya habían instalado sucursales con
intereses económicos en México durante el Porfiriato xenófilo. Era una cooperación
fructífera con dignidad mútua, sin motivos imperiales del lado de Alemania, a diferencia
de los otros países europeos. En la Primera Guerra Mundial, Alemania casi logró
establecer una alianza bélica con México, si no hubiera sido interceptado en 1917 el
famoso telegrama Zimmermann, en que Alemania propuso a México tal alianza, en
contra de los Estados Unidos, lo que incitó el odio norteamericano a Alemania. Un
segundo intento de aliarse con México en la fase inicial de la Segunda Guerra Mundial
parecía inocente, pero cuanto más presión de Alemania, tanto menos propenso era
México para aliarse, y en efecto, la revista Timón fue prohibida por el propio régimen
mexicano después de haber estado en circulación sólo un par de meses.
Más adelante en su artículo, Bar-Lewaw (1971: 152) menciona que Vasconcelos era el
director del primer número de Timón, que apareció el 22 de febrero de 1940. Constata lo
siguiente: “De esta bochornosa revista editaron 17 números. Al ser nombrado rector de
la Universidad de México en 1920, Vasconcelos proclamaba como lema: “Por mi raza
hablará el espíritu”; y en la revista Timón, por la gargante [sic] de Vasconcelos habla la
voz de Hitler y Goebbels, y sus secuaces.” La inserción repentina del lema, que
Vasconcelos inventó cuando ocupaba el rectorado, en medio de observaciones sobre la
revista Timón, estaría muy fuera del contexto, si no fuera que Bar-Lewaw presume
76
observar una conexión entre el lema y la revista; ¿acaso supone que por el lema
universitario, en 1920, hubo hablado ya la voz de Hitler y Goebbels?
La conexión entre el lema de Vasconcelos y el nazismo será, en primer lugar, un
ataque columniosa a la integridad de la UNAM, y para más, un error absurdo, dado que
en ese año Vasconcelos todavía no se preocupaba por la ideología nazista. Como está
expuesto arriba, el lema universitario no tiene nada que ver con la teoría racial
propagado por Hitler y Goebbels, sino fue un anuncio de Vasconcelos a su propia teoría
de la ‘raza cósmica’, que en aquel entonces ocupaba su mente, y que cristalizó en la
publicación de La raza cósmica en 1925 y de Indología en el año siguiente.
El único lugar en Indología donde se podría relacionar el lema universitario con el
nazismo es al final del tercer capítulo, pero de ninguna manera será una relación lógica.
Vasconcelos revela ahí el contenido de su lema: que la mayor esperanza para
Latinoamérica es la creación de un nuevo tipo de mestizaje, puente de razas futuras, o
bien, de un nuevo hombre universal o cósmico, realizable con la elevación del espíritu.
También menciona en aquel lugar algunos de los obstáculos para la llegada de la nueva
raza. Por ejemplo, deplora la avaricia de la aristocracia, representada simbólicamente
por Mammon, el ídolo bíblico, y lamenta que el dinero sea factor principal del desarrollo,
en lugar del intelecto y la colectividad. Un poquito más adelante, hace un cumplido
simpático a los judíos por su mayor competencia comercial y bancaria que los
norteamericanos. Esto implica que en la visión de Vasconcelos, no son los judíos, sino los
yanquis la aristocracia que obstaculiza la creación de la ‘raza cósmica’. Accidentalmente,
el escritor cierra el capítulo declarando que propugna el espacio vital para todos. Muy
diferente al expansionismo territorial alemán de la ‘voz de Hitler y Goebbels’, sin
embargo, la voz de Vasconcelos es inspirada por los ideas de Bergson y alude
sencillamente al derecho a la comida y al techo para todos. 66
Bar-Lewaw cree que la intención de Vasconcelos de pasarse al bando del nazismo era
la de probar su suerte de nuevo en la presidencia, pues tras mencionar (1971: 152-3) las
‘locuras’ de Vasconcelos, o sea, “(…) sus escándalos, sus pleitos, sus querellas, amoríos
baratos y más serios (…)”, que poco tienen que ver con el asunto, Bar Lewaw asevera:
“(…) la locura de la revista Timón, a mi modo de ver, no tiene otra explicación sino la
siguiente: Vasconcelos pensaba seriamente que Hitler ganaría la guerra en Europa, y uq
(sic) en México habría un régimen pro nazi bajo la presidencia… --- ustedes adivinan ya-66
Vasconcelos, op. cit., pp. 105-7.
77
-… de José Vasconcelos.” Al haber sufrido muchos percances durante y después de su
campaña presidencial, al haber dado toda una vuelta a la derecha extrema, y al haber
dedicado bastante tiempo a descifrar los poderes fácticos y coquetear con las dictaduras,
parece poco probable que Vasconcelos intentaría de nuevo a ser presidente, como
representante de muy otro polo de la orientación política. Es más lógico que en Timón
había encontrado un lugar para descargar su ira en el sistema imperante.
En su artículo de 1971, Bar-Lewaw sigue impartiendo su juicio despiadado, y
descuidado, al colaboracionismo nazista de Timón. Los colaboradores son ‘todos gente
mediocre o de pésima fama periodística en México’ y la temática de la revista ‘busca
complacer al vulgo a quien está destinado’. Hablando de los mapas incluídos en la revista
Timón, se contradice en constatar que “(…) la redacción del Timón ni siquiera se
molestaba en traducirlos al español”, y más adelante en la mismísima página que “Los
colaboradores del Timón traducen aún del alemán términos nazis, verbigracia: espacio
vital (Lebennsraum en la lengua alemana)”. Aparte de tales errores de Bar-Lewaw y sus
ataques a Timón, hay algunas observaciones más en su artículo acerca del contenido de
la revista y del involucramiento de Vasconcelos en ella que valen la atención.
Por ejemplo, Vasconcelos se preocupa por los llamados Protocolos de los sabios de
Sión, en los que se supone que el judaísmo expone su conspiración contra la humanidad,
con el fin de lograr unilateralmente el poder mundial. En otros lugares en la revista,
Vasconcelos alaba Hitler y su ejército, habla de la perfidia de los países aliados, dispara
expresiones casi racistas sobre los ingleses y su omnipresencia en los negocios, y
expresa su deseo de que Alemania vaya a constituirse en campeón de Latinoamérica.
Bar-Lewaw (1971: 156) se hace la pregunta pertinente de por qué lo hizo Vasconcelos:
“¿Por dinero? ¿Por haber sido simplemente agente nazi? ¿Por venganza en contra de las
autoridades mexicanas que, según él, le impidieron la presidencia en 1929? ¿Por odio a
los norteamericanos en particular, y a los judíos y anglosajones en general? ¿Pensaba
Vasconcelos de veras llegar a ser sátrapa de México después de la ‘victoria final’ de
Hitler?”, para luego concluir que la colaboración con los nazis en la revista Timón
constituye “(…) una mancha muy grave en la vida de este escritor mexicano.”
Vale la pena repetir que en esta tesis se mantiene que después de la derrota de las
elecciones presidenciales, Vasconcelos perdió por completo su anterior orientación
política. Los artículos de Timón de la mano de Vasconcelos, son desenfrenos y desahogos
de un hombre que perdió todo, y que, en busca de los culpables de su derrota, simpatiza
78
con la derecha extrema y despotrica contra el poder fáctico, que encuentra en una
conspiración aliada y judía. La tercera pregunta de Bar-Lewaw parece la más acertada
entonces, Vasconcelos lo hizo por venganza, descontento y desorientación. El José
Vasconcelos de los años ‘20, que en su paroxismo del amor a su propia raza y continente
querido escribió apasionadamente La raza cósmica e Indología, ya no se reconoce en
Timón. La otra sugerencia, mencionada por otros críticos, de que Vasconcelos
encontrara en el nazismo un nuevo espacio para avivar su teoría de la ‘raza cósmica’, y
que por eso optara por colaborar con los nazis, parece muy ilógico. Hace falta dedicar
algunas palabras más a la refutación de la presunta relación entre la ‘raza cósmica’ y el
nazismo.
5.4. LA (IN)UTILIDAD DE RELACIONAR LA ‘RAZA CÓSMICA’ CON EL NAZISMO.
Es fácil, pero falso, sucumbir a la tentación de tomar la teoría de la ‘raza cósmica’ como
una teoría racista a la idea de la interpretación nazista del superhombre de Nietzsche. Lo
fácil es ver que tal como los nazis utilizaban la teoría de Nietzsche para legitimar un
superhombre ario, Vasconcelos con su ‘raza cósmica’ pretende crear un tipo de ser
humano superior a los tipos anteriores, esto es, un tipo de superhombre nietzscheano.
Los dos partidos, el nazismo y Vasconcelos, se dejaban inspirar por la misma fuente, la
idea del superhombre de Nietzsche. Lo falso es la conclusión precipitada y carente de
fundamento de que Vasconcelos lanzó una teoría nazista por reinterpretar el
superhombre de Nietzsche de modo semejante que los nazis.
En su artículo sobre la estética mexicana, Ana María Alonso (2004: 465) incluye
algunas reflexiones sobre la teoría de la ‘raza cósmica’. Dice que la obra vasconceliana,
que rechaza el darwinismo social y el espencerianismo, es valiosa para la comprensión
del México postcolonial, pese a “(...) the presence of a disturbing Nietzschian undertone
celebrating the mestizo ‘superman’”, como si fuera algo negativo, e inmediatamente
después asevera que Vasconcelos en La raza cósmica a menudo se contradice,
rechazando la misma cosa que afirma, y que por esta característica caprichosa no la
sorprende nada que en 1940 llegó a ser editor de la revista Timón. Sin embargo,
teniendo razón en que Vasconcelos se contradice en algunos instantes, si bien faltando
en aclarar su punto para el lector, Alonso no tendría por qué estar perturbada por la
comparación entre Nietzsche y Vasconcelos, ni menos relacionar indirectamente la
influencia nietzscheana con las contradicciones de Vasconcelos y su colaboracionismo
79
con el nazismo, si hubiera tomado en cuenta que no era Nietzsche mismo en cargar su
ideal del ‘superhombre’ con una interpretación nazista, y que además la aproximación al
nazismo por Vasconcelos no está motivada por una continuación bajo esta ideología de
su ‘raza cósmica’.
La falsedad de la relación entre Nietzsche, Vasconcelos y el nazismo se manifiesta,
pues, por medio de un silogismo equivocado: la primera premisa es que los nazis
utilizaban el superhombre de Nietzsche a su favor, reinterpretando la teoría
nietzscheana en términos de superioridad racial, siendo el ario puro, con cuna en
Alemania, superior a las demás razas; la segunda premisa es que Vasconcelos lanza una
teoría semejante, también con rasgos nietzscheanos, en la que crea, a su favor y con cuna
en Latinoamérica, una ‘raza cósmica’ superior a las demás razas; y la conclusión es que
Vasconcelos lanzó una teoría nazista. La conclusión establece una conexión errónea
entre el nazismo y la teoría de la ‘raza cósmica’, pues el hecho de que los dos partidos se
hayan dejado inspirar por la misma teoría no necesariamente significa que tienen el
mismo motivo con sus reinterpretaciones de esa teoría. Semejante cosa pasa con la
influencia de Gobineau en La raza cósmica, donde Vasconcelos adopta el modo de obrar
de Gobineau, a la vez que lo invierte.
El resultado es muy diferente, pues Vasconcelos no aboga por la depuración de alguna
de las razas en especial, tal como la idea del ario puro de Gobineau, ni tampoco expecta
una degeneración cultural que resultaría del mestizaje, sino justamente concluye que el
mestizaje lleva a la superioridad. Donde Gobineau les echa la culpa de la degeneración y
el caos del mestizaje a los judíos y árabes, Vasconcelos los menciona solamente una vez
en el contexto de la mezcla de razas y de ninguna manera es en forma negativa, hasta
aplauda los árabes por su sensualidad. Señala sencillamente a la presencia de los judíos
y árabes en el territorio español y la frecuente mezcla de sangre entre esas razas y el
blanco español en la época antes de la Reconquista, para mostrar que un mestizaje entre
muchas razas puede producir una riqueza interracial. Es una clara muestra cuantitativa,
a la vez que cualitativa, que la teoría de la ‘raza cósmica’ de ningún modo es antisemita.
Tal como los nazis interpretaban la teoría de Nietzsche a favor de su causa, así
aprovecharon de la teoría de Gobineau, pero ambas interpretaciones nazistas son
diferentes a la influencia de esas teorías en Vasconcelos.
En el análisis de Indología del capítulo anterior, se ha saltado a propósito un aspecto
importante de la teoría, puesto que cabe perfectamente en el discurso abordado en este
80
apartado. Esto es, que Vasconcelos ha inventado una palabra para denominar el
producto de la mezcla de razas del nuevo ciclo, el ‘totinem’, compuesta de ‘todo’ (tot-) y
‘hombre’ (-inem).67 Esa denominación igual de enigmática como la ‘raza cósmica’ tiene
quizá aún más puntos de contacto con la filosofía del ‘superhombre’ de Nietzsche. Por la
semejanza entre el ‘totinem’ y el ‘superhombre’, la prolongación de la interpretación
nazista del segundo término hacia el primero es fácilmente hecha, aunque sigue siendo
errónea. El ‘totinem’ es sencillamente el producto de la ‘raza cósmica’, es “(...) el hombre
todo, el hombre síntesis, el prototipo y tipo final de la especie.” 68
José Vasconcelos mismo pone en claro que el ‘totinem’ difiere del ‘superhombre’ de
Nietzsche. Su deseo de diferenciarse de Nietzsche proviene de su creencia de que el
‘superhombre’ equivale el hombre selecto por la ley darwiniana de la lucha por la vida, y
no se pone tanto en contra de Nietzsche, sino más bien en contra de Darwin.
Aparentemente, Vasconcelos no sabía que el propio filósofo alemán desafiaba el
darwinismo, y que la relación que establece entre el ‘superhombre’ de Nietzsche y la
lucha por la vida de Darwin es un error. Como explica Stefan Lorenz Sorgner (2010: 2),
uno de los más distinguidos filósofos del transhumanismo, corriente filosófica moderna
a la que enseguida se dedica algunas palabras más, Nietzsche, seguidor del
evolucionismo, se opuso a la idea de la lucha por la vida como principal propulsor de la
evolución, o bien, en las palabras de Sorgner, Nietzsche “(...) criticized him (i.e.: Darwin,
JvS) for a specific reason: not for putting forward a theory of evolution, but for putting
forward a theory of evolution based on the assumption that the fundamental goal of
human beings is their struggle for survival. According to Nietzsche, the world is will to
power, and hence the fundamental goal of human beings is power, too.” A pesar de este
error evaluativo de Vasconcelos acerca del pensamiento de Nietzsche sobre Darwin y su
subsiguiente reclamación a la diferenciación entre el ‘superhombre’ y el ‘totinem’, la
influencia nietzscheana en Vasconcelos no se niega, y los dos términos de hecho tienen
bastante en común.
En la novela de 1883 de Nietzsche, Así habló Zaratustra, el protagonista homónimo
revela la invención del autor del ‘super’- o ‘transhombre’. Zaratustra sabe que si se
supera a sí mismo, podría llegar a ser ‘superhombre’, un ser humano futurístico con
potenciales, capacidades y cualidades superiores al ser humano contemporáneo. Así,
Derivativos del latín: tot- es la raíz del pronombre totus, ‘todo’, e –inem es la terminación sacada de
hominem, el acusativo de homo, ‘hombre’.
68 Vasconcelos, op. cit., p. 93.
67
81
también los conceptos vasconcelianos de la ‘raza cósmica’ y el ‘totinem’ prometen la
evolución a un nuevo tipo humano que supera sus predecesores. Los conceptos de
Vasconcelos podrían ser potencialmente interesantes para el transhumanismo, que ya se
ha mencionado arriba, visto que es una rama de la filosofía moderna que especula sobre
el futuro de la humanidad y sobre cómo romper los límites de la especie para
evolucionarnos, interesándose especialmente por ideas atrevidas como el ‘superhombre’
de Nietzsche que ofrecen visiones espectaculares y útopicas, a la vez que prometedoras,
al debate sobre el futuro humano.
Dentro de los estudios culturales hay mucha atención por los avances tecnológicos y
el impacto de ellos en el hombre y la sociedad, y el interés por la evolución de nuestra
especie al post- o transhumano cabe perfectamente en la disciplina, pero no habrá aquí
una mayor digresión al transhumanismo, porque el tema en sí no tiene tanta relevancia
con los puntos centrales de esta tesis. Aún así, en dos aspectos la visión transhumanista
de Sorgner sobre Nietzsche y su ‘superhombre’ hace una buena contribución final a la
argumentación de arriba. Primero, retoma la idea nietzscheana sin dejarse engañar por
los resabios de la interpretación del nazismo, para aplicarla neutralmente a la filosofía
sobre el futuro de la humanidad. Así, revalúa el lanzamiento de Nietzsche del
‘superhombre’ de la misma manera neutral en que la invención de Vasconcelos de ‘la
raza cósmica’ o el ‘totinem’ debería de ser revaluada. Segundo, de manera casi graciosa,
Sorgner (2010: 14-16) explica la absurdez de considerar los resabios del nazismo en
Nietzsche como algo que viene del filósofo alemán mismo, puesto que “Nazis are people
who supported Hitler as political leader. Nietzsche was definitely no Nazi, because he
was dead when Hitler was a political leader.”, y además porque Nietzsche “(...) regularly
expressed that he was an anti-anti-Semite, and that he did not want to have anything to
do with anti-Semites.”
82
6. CONCLUSIÓN.
El superhombre latinoamericano que José Vasconcelos ha creado en la figura del
‘totinem’, representante de la ‘raza cósmica’, difiere substancialmente de la distorsión
nazista del superhombre de Nietzsche, quien a su vez se declaró ‘antiantisemita’ y de
ninguna manera tenía la intención de lanzar una teoría de supremacía racial. 69 La
comparación entre el ‘totinem’ de Vasconcelos y el ‘superhombre’ de Nietzsche se hace
menos distorsionada, pues, al rechazar posibles interpretaciones nazistas. Esto dicho,
José Vasconcelos era abiertamente simpatizante del nazismo en los años ‘30 y ‘40, y
tenía unos pruritos antialiados hasta en los años ‘50, pero cuando lanzó su teoría racial a
mitades de los 20, tuvo su mente fijada en asumir la presidencia algunos años más tarde,
en 1929. La raza cósmica e Indología eran más bien anuncios de los pensamientos
utópicos de Vasconcelos sobre su continente y raza, o bien una sinopsis de las ideas
progresistas acerca de la transformación de Latinoameríca hacia una unión continental,
pero el fracaso de su campaña presidencial le hizo desviar de esta orientación política,
buscando bruscamente direcciones radicales en la derecha extrema y coqueteando con
el nazismo. En la crítica literaria de Vasconcelos, frecuentemente se señala a su
volubilidad de opiniones.
Mejor dicho, Vasconcelos mantiene un equilibrio entre la inteligencia, la erudición, y
el razonamiento científico a un lado, con los que reivindica su credibilidad, y la pasión, la
emoción y la estética al otro lado, que a veces lo llevan a aducir ideas controversiales,
bizantinas, caprichosas y enigmáticas. Este equilibrio está muy obviamente presente en
la teoría de la ‘raza cósmica’. Al haberla escrito con mucha pasión, y apelando en ella
tanto a la emoción de la estética, como a su inteligencia y cultivación, el escritor ha
llegado muy lejos en desenmascarar eugenéticamente las cualidades de su propio grupo
racial y lo importante que éstas pueden ser en el proceso de mestizaje entre todas las
razas, pues atribuye al mestizo la función de ladrillo en la creación de la quinta raza
universal. Además, la ambigüedad del mexicano, que según la teoría de Ramos le
provoca mucha confusión en formar su identidad nacional, ha sido convertido por
Vasconcelos en un rasgo muy valioso en el futuro proceso de mestizaje mundial.
El funambulismo de Vasconcelos entre la pasión y la inteligencia, es la consecuencia
de haber quedado atrapado en el espíritu de su tiempo. Creció como niño en la frontera
Nietzsche adoptó una postura en contra del antisemitismo y haciendo alusión a la palabra misma, se
declaró ‘antiantisemita’.
69
83
con los Estados Unidos, donde experimentaba discriminación que alimentó su
antisajonismo, y en sus años estudiantiles fue sumergido en las doctrinas positivistas,
que conocía a fondo sin que le satisficieran, por lo que se agrupó con otros intelectuales
universitarios en el Ateneo de la Juventud con el propósito de reformar la conciencia
cultural de la nación. Participó luego en la Revolución bajo el bando maderista, y se
dedicó a la obra titánica de reformar la educación nacional. Decisivo para la manera de
pensar de Vasconcelos en aquel entonces es el arielismo, que le inspiró a revalorar el
espiritualismo latinoamericano y rechazar el materialismo y el utilitarismo de los
Estados Unidos. Sin embargo, su intento de crear toda una filosofía propia, estilo
antiimperialista y bolivariano, resultó utópico. Tanto, que para escapar del paradigma
positivista, Vasconcelos tenía que recurrir a la mística y a la mitología, pese a que estas
corrientes filosóficas y esotéricas se caracterizan por la imaginación y el misterio, que
sólo débilmente compiten con el método empírico positivista. Con la inserción del mito
de la Atlántida en la historia de América, observan Grijalva & Grijalba (2004: 333): “José
Vasconcelos no sólo extiende la historia del mestizaje americano a un tiempo originario
y prestigioso de características míticas, sino que también concibe al mismo espacio, a la
geografía física de América, como un continente de utopías, una tierra de ‘antecedentes
misteriosos’ que estaría predestinada a ser el lugar de un mestizaje universal futuro de
la humanidad.”
A pesar de sus buenas intenciones, Vasconcelos sólo difícilmente ha podido
distanciarse de otro paradigma, el complejo de inferioridad expuesto en el psicoanálisis
de Ramos. En su teoría de la ‘raza cósmica’, desplaza el papel importante del mestizo a
un proceso que tendría lugar en un porvenir incierto, lanzando así un mestizo ficticio,
catalizador de un mestizaje futurístico. Padece así los mismos síntomas que Ramos
atribuye al estereotipo mexicano, el deseo de crear un ‘ego ficticio’ debajo del cual se
esconde la realidad, pero al mismo tiempo que evoca este ideal optimista, Vasconcelos
frecuentemente saca a la luz la misma realidad escondida, pues con un renovado
arielismo muestra su antipatía por el imperialismo norteamericano, diciendo que esa
fuerza domina hegemónicamente sobre el hemisferio americano. Es en la mitología
donde Vasconcelos contribuye a la concienciación eugenética del valor de la propia raza
mestiza con la creación de un nuevo producto de orgullo continental, en la forma de una
historia ancestral que se remonta a los orígenes de la civilización de la Atlántida,
compartida por todos los pueblos del continente. La raza latinoamericana no tiene por
84
qué sentirse inferior a las otras civilizaciones, porque su propio continente ha sido cuna
de una de las civilizaciones más grandes, si no la más grande, que el mundo jamás ha
conocido. Intenta de este modo a recuperar la autoconfianza latina, o dicho de otro
modo, de combatir el complejo de inferioridad del latino.
Andrés Donoso Romo (2010: 58) resume la intención del lanzamiento de la teoría de
la ‘raza cósmica’ por Vasconcelos de manera siguiente: “Vasconcelos, al reflexionar sobre
la raza cósmica, sabía que se inscribía en una lucha ideológica que no se ganaba
precisamente en la lógica racional, sino en la capacidad para convocar simpatías y
movilizar acciones libertadoras. Sosteniendo que la liberación advendría sólo cuando el
sentimiento de inferioridad inyectado por los dominadores fuera neutralizado. Así, su
misión moral, su mesianismo mestizo, era aportar a la construcción de una raza cósmica
que fuera el imperio de la integración, la creación y el amor.” Afirma también que
Vasconcelos creía que el mejoramiento de la educación procuraría la panoplia con la que
sería posible combatir la ignorancia, el imperialismo y el neocolonialismo, y que por lo
tanto se esforzó tanto en efectuar un mejoramiento en gran escala de la educación,
opinión que en esta tesis se ha compartido.
Pese a que la teoría vasconceliana de la ‘raza cósmica’ fue bien leída en los años ‘20, la
popularidad del escritor sólo fue tranistoria. Después de los años ‘30, ya no está de moda
su contribución al debate racial latinoamericano. Alejandro Estrella González (2009: 156) declara que el impacto relativamente pobre sobre la evolución posterior del
pensamiento mexicano no se debe a la calidad de Vasconcelos mismo, sino al mercado
intelectual mexicano, en que los jóvenes filósofos mexicanos se dejan inspirar por
nuevas corrientes filosóficas, como la fenomenología, el marxismo y el neokantismo, y
que “tampoco su utopía ideológica de la raza cósmica (...) encuentra, pese a los primeros
éxitos, un sustrado adecuado en un mercado filosófico cuya reflexión sobre la esencia de
México iba a tomar la senda del análisis historicista, existencial o marxista.” Concluye
Estrella González más adelante (2009: 22) que Vasconcelos influyó a muchos de su
generación y a sus discípulos de la generacion de después “(... ) abriéndoles las puertas
de puestos académicos y administrativos e imprimiendo a través del magisterio
ejemplar y carismático una predisposición a entender su labor en términos de acción
apostólica.”
Aunque su ambición política no terminara con la institucionalización de un aparato
educativo mejorado, sino más bien residía en obtener el poder presidencial, la tentativa
85
a la presidencia en 1929 no tuvo el resultado deseado: se le escurrió en aquel año el
control sobre todo lo que había construido. Perdió el poder político y la perspectiva al
cumplimiento de dicha ambición, perdió por muchos años el acceso al país, perdió su
popularidad como escritor mesiánico, y por último, perdió su amor Antonieta a causa de
su suicidio. El año 1929 marca en la vida de Vasconcelos la escisión entre todo el
esfuerzo que había tomado para realizar sus deseos políticos, y la pérdida de toda
esperanza a tal realización.
La raza cósmica de 1925, e Indología de 1926, son productos finales del período
anterior a la escisión de 1929. La aproximación al nazismo en los años ‘30 del hombre
amargo, derrotado y desorientado, es un capricho controversial posterior a la escisión
de 1929, concentrado en descargar su desilusión respecto de los poderes fácticos y en
atacar una conspiración plutocrática, judeomasónica, sajona y capitalista, que
consideraba culpable a impedirle la presidencia. Aunque su teoría de la ‘raza cósmica’
parece dirigirse a la supremacía mestiza en algunos instantes, la eugenesia positivista
que adoptó, sólo sirve de escalón hacia la propagación de una fusión de todas las razas
en el continente latinoamericano, un mestizaje que producirá la superioridad ‘cósmica’
justo cuando todas las razas combinarían igualitariamente sus cualidades. La escisión de
1929 podría aclarar el enigma de que el nombre de José Vasconcelos, el escritor, filósofo,
educador, político, místico e inventor de la ‘raza cósmica’, apareció sorprendentemente
como editor de la revista Timón.
86
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