Material Niño por nacer 2011 - Universidad Católica de Oriente

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JORNADA NACIONAL DEL NIÑO POR NACER
Marzo 25 – SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN
Justificación: El 25 de marzo se
celebra la
solemnidad
de la
Anunciación, acontecimiento que
señala el inicio de la encarnación del
Hijo de Dios, el gran misterio del “Dios
con nosotros”, el cumplimiento de la
promesa salvífica. En el seno virginal
de María, el Espíritu Santo obra el
milagro de la encarnación, comienza
el recorrido humano de la existencia
del Mesías, enviado por el Padre para
obrar la redención de toda la
humanidad.
La Iglesia celebra este acontecimiento con sentido de gratitud
por el don de la vida que nos llega con el Verbo encarnado. Él
ha venido para que tengamos vida y la tengamos en
abundancia. Desde esta perspectiva aprovechamos la
circunstancia para celebrar la vida, la que nos ha llegado por
medio de María.
Los atentados contra la vida humana no cesan y siempre hay
una amenaza permanente que se ha ido convirtiendo en un
ambiente que el Papa Juan Pablo II denominó el “eclipse de la
vida”. Celebrar esta solemnidad en favor de la vida naciente,
tiene como fin impulsar un ambiente favorable a la cultura de
la vida, especialmente amenazada en quienes están por nacer.
Pedimos a María, la madre solícita y cuidadosa de su hijo que
nos ayude para que las madres gestantes respeten la dignidad
y el valor de la vida de sus hijos que llevan en su seno y
confiamos al Señor de la vida el destino final de tantas criaturas
que son sacrificadas antes de nacer.
Muchas razones aducen quienes promueven la práctica del
aborto y engañan a la sociedad y a las mujeres con argumentos
que no tienen fundamento científico, jurídico ni mucho menos
moral. Esta jornada pretende, también, crear conciencia crítica
frente a estos fenómenos que se presentan como signos de
progreso y modernidad en la sociedad, pues la vida humana
merece todo respeto, consideración y cuidado desde el
momento mismo de la fecundación hasta la muerte natural.
La mejor manera de contrarrestar la
mentalidad anti-vida es promoviendo la
cultura de la vida humana, con el respeto
sagrado por cada ser humano y la
búsqueda de condiciones más humanas
para el crecimiento y desarrollo de todos, en
una sociedad incluyente, justa y solidaria.
Dos temas para nuestra reflexión en esta jornada del 2011:
1. Un discurso del Santo Padre Benedicto XVI a la Pontificia
Academia de la Vida, “El aborto no resuelve nada”, por el
contrario trae problemas a la mujer, a la sociedad y
asesina la vida naciente.
2. El 21 de febrero pasado murió el médico Bernard
Nathanson, considerado en un tiempo como “El rey del
aborto”. Es muy importante aprovechar esta jornada para
rendirle un homenaje de reconocimiento, pues tuvo el
valor de reconocer su error y, desde la ciencia misma,
emprender una campaña fuerte a favor de la vida
naciente y posteriormente se dedicó, desde su fe cristiana
católica, a defender toda vida humana. Se ofrece su
propio testimonio y un mensaje de monseñor Francisco Gil
Hellín, arzobispo de Burgos, con ocasión de la muerte del
Dr. Nathanson.
Celebremos esta jornada, compartiendo estos contenidos con
muchas personas, especialmente con médicos, personal
paramédico, jóvenes.
BENEDICTO XVI: “EL ABORTO NO RESUELVE NADA”
DISCURSO A LOS MIEMBROS DE LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA
LA VIDA
Señores cardenales,
Venerados hermanos en el episcopado
y en el sacerdocio, queridos hermanos
y hermanas:
Os acojo con alegría, con ocasión de
la Asamblea anual de la Academia
Pontificia para la Vida. Saludo en
particular al presidente, monseñor
Ignacio Carrasco de Paula, y le agradezco sus corteses
palabras. ¡Dirijo mi cordial bienvenida a cada uno de vosotros!
En las actividades de estos días habéis afrontado temas de
relevante actualidad, que interrogan profundamente a la
sociedad contemporánea y la retan a encontrar respuestas que
se adecuen al bien de la persona humana.
La cuestión del síndrome post-aborto – es decir el grave
malestar psíquico experimentado frecuentemente por las
mujeres que han recurrido al aborto voluntario – deja oír la voz
insoslayable de la conciencia moral y la herida gravísima que
ésta sufre cada vez que la acción del hombre traiciona su
innata vocación al bien del ser humano, y del que da
testimonio. En esta reflexión sería útil dirigir también la atención
sobre la conciencia, a veces borrosa, de los padres de los niños,
que a menudo abandonan a las mujeres embarazadas. La
conciencia moral – enseña el Catecismo de la Iglesia católica –
es “un juicio de la razón por el que la persona humana
reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa
hacer, está haciendo o ha hecho” (nº 1778).
Es, de hecho, deber de la conciencia moral discernir el bien del
mal en las diversas situaciones de la existencia, con el fin de
que, sobre la base de este juicio, el ser humano pueda
libremente orientarse hacia el bien. Muchos quisieran negar la
existencia de la conciencia moral en el hombre, reduciendo su
voz al resultado de condicionamientos externos o a un
fenómeno puramente emotivo, y es importante afirmar que la
calidad moral de la acción humana no es un valor extrínseco o
bien opcional y no es ni siquiera un prerrogativa de los cristianos
o de los creyentes, sino común en todo ser humano. En la
conciencia moral Dios habla a cada uno y lo invita a defender
la vida humana en todo momento. En este vínculo personal con
el Creador está la dignidad profunda de la conciencia moral y
la razón de su inviolabilidad.
En la conciencia de todo hombre – inteligencia, emotividad,
voluntad – se cumple la propia vocación al bien, de manera
que la elección del bien o del mal en las situaciones concretas
de la existencia terminan por marcar profundamente a la
persona humana en cada expresión de su ser. Todo el hombre,
de hecho, queda herido cuando su actuación se desarrolla
contrariamente al dictamen de la propia conciencia.
Sin embargo, aun cuando el hombre rechaza la verdad y el
bien que el Creador le propone, Dios no le abandona, sino que
a través de la voz de la conciencia, continúa buscándole y
hablándole, para que reconozca su error y se abra a la
Misericordia divina capaz de sanar cualquier herida.
Los médicos, en particular, no pueden dejar de considerar
importante el grave deber de defender del engaño a la
conciencia de muchas mujeres que piensan encontrar en el
aborto la solución a las dificultades familiares, económicas,
sociales, o a problemas de salud de sus hijos. Especialmente en
esta última situación, la mujer es convencida, a menudo por los
mismos médicos, de que el aborto representa no sólo una
elección moralmente lícita, sino que además es un acto
“terapéutico” necesario para evitar el sufrimiento del niño y de
su familia y una carga “injusta” para la sociedad.
Sobre un trasfondo cultural caracterizado por el eclipse del
sentido de la vida, en el que se ha atenuado la percepción
común de la gravedad moral del aborto y de otras formas de
atentar contra la vida humana, se exige a los médicos una
especial fortaleza para continuar afirmando que el aborto no
resuelve nada, pero que mata al niño, destruye a la mujer y
ciega la conciencia del padre del niño, arruinando a menudo,
la vida familiar.
Este deber, sin embargo, no afecta sólo a la profesión médica o
a los profesionales sanitarios. Es necesario que toda la sociedad
defienda el derecho a la vida del concebido y el verdadero
bien de la mujer, que nunca, bajo ninguna circunstancia, verá
cumplido en la elección del aborto. De la misma manera es
necesario – como se ha indicado en vuestros trabajos – proveer
de las ayudas necesarias a las mujeres que lamentablemente,
ya han recurrido al aborto, y que ahora experimentan todo su
drama moral y existencial. Hay múltiples iniciativas, a nivel
diocesano o a través de entes individuales de voluntariado, que
ofrecen apoyo psicológico y espiritual para una recuperación
humana completa. La solidaridad de la comunidad cristiana no
puede renunciar a este tipo de corresponsabilidad.
Querría recordar, a este propósito, la invitación dirigida por el
Venerable Juan Pablo II a las mujeres que han recurrido al
aborto: “La Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden
haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos
casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso
dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en
vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo
profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el
desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien,
comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no
lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al
arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para
ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la
Reconciliación. Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a
este mismo Padre y a su misericordia. Ayudadas por el consejo y
la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar
con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más
elocuentes del derecho de todos a la vida” (Enc. Evangelium
vitae, 99).
La conciencia moral de los investigadores y de toda la sociedad
está íntimimamente implicada también en el segundo tema de
vuestros trabajos: el uso de bancos de cordón umbilical, para
fines clínicos y de investigación. La investigación médicocientífica es un valor, y por tanto un compromiso, no sólo para
los investigadores sino para toda la comunidad civil. El resultado
es el deber de promocionar las investigaciones éticamente
válidas por parte de las instituciones, y el valor de la solidaridad
de los individuos en la participación en investigaciones dirigidas
a promover el bien común.
Este valor, y la necesidad de esta solidaridad, se evidencian
muy bien en el caso del empleo de las células madre
provenientes del cordón umbilical. Se trata de aplicaciones
clínicas importantes y de investigaciones prometedoras a nivel
científico, pero que para su realización, muchas dependen de
la generosidad, en la donación de la sangre del cordón en el
momento del parto, por parte de las parturientas. Os invito, por
tanto, a todos vosotros a ser promotores de una verdadera y
consciente solidaridad humana y cristiana. A este propósito,
muchos investigadores médicos con razón miran con
perplejidad el creciente florecer de bancos privados de
almacenamiento de la sangre del cordón para exclusivo uso
autólogo. Tal opción – como demuestran los trabajos de vuestra
Asamblea – además de carecer de una real superioridad
científica respecto a la donación del cordón, debilita el genuino
espíritu de solidaridad que debe animar constantemente la
búsqueda de ese bien común al que, en última instancia,
tienden la ciencia y la investigación médica.
Queridos hermanos y hermanas, una vez más expreso mi
gratitud al presidente y a todos los miembros de la Academia
Pontificia para la Vida por el valor científico y ético con el que
cumplís con vuestro compromiso al servicio del bien de la
persona humana. Mi esperanza es que mantengáis siempre vivo
el espíritu de auténtico servicio que hace sensibles a los
corazones y a las mentes para reconocer las necesidades de los
hombres que son nuestros contemporáneos. A cada uno de
vosotros y a vuestros seres queridos, imparto de corazón la
Bendición Apostólica.
EL TESTAMENTO DEL DR. NATHANSON
Fuentes: Propias; National Catholic Register, 21-02-11;
Parliamentary Network for Critical Issues (PNCI), 21-02-11.
Cómo legalizar el crimen del aborto:
Hacerse con los medios de comunicación; falsificar estadísticas;
jugar la carta del anticatolicismo; ignorar la evidencia científica.
El pasado 21 de febrero, falleció Bernard Nathanson, el médico
que de “rey del aborto”, como se lo llamó, se convirtió en uno
de los más importantes defensores de la vida humana desde la
concepción.
Su cambio radical de médico abortero a médico pro-vida, se
concretó a través de evidencias científicas. “Como científico no
creo, yo sé y conozco que la vida humana comienza en la
concepción”, escribió en 1992.
Se reconoció como responsable directo de la muerte de 75.000
niños no-nacidos. Abandonó la industria del abominable crimen
del aborto en 1979. Su testimonio, especialmente a través de
dos películas, “El Grito Silencioso” (1984) y “El eclipse de la
razón” (1987) y de su autobiografía “La Mano de Dios” (1996), es
capital para el esclarecimiento y la promoción de la defensa de
la vida del niño no-nacido en todo el mundo.
En 1992, escribió una carta pública que constituye un testimonio
excepcional y una advertencia a tener muy en cuenta, sobre
todo en los países que sufren la presión abortista para legalizar el
crimen abominable del aborto.
En 1996, el Dr. Nathanson, judío de nacimiento, fue bautizado en
la Iglesia Católica por el Cardenal John O’Connor, en la
catedral de San Patricio de Nueva York, en la fiesta de la
Inmaculada Concepción.
Carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992):
“Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a
dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.
Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para
Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968.
Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de
que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de
leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años
conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en
1973. ¿Cómo lo conseguimos? Es importante conocer las
tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se
repitieron con éxito en el mundo Occidental.
Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de
comunicación; les convencimos de que la causa proaborto
favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas
veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con
encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según
ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la
implantación de leyes permisivas de aborto. Fue la táctica de
exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente,
basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se
producían anualmente en USA. Esta cifra era de 100.000 (cien
mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los
medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una
mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace
verdad.
El número de mujeres que morían anualmente por abortos
ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que
continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a
pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanas
convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el
aborto.
Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de
las leyes solamente implicaría que los abortos que se
practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad
es que actualmente, el aborto es el principal medio para
controlar la natalidad en USA. Y el número de anual de abortos
se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más.
La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del
anticatolicismo. Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia
Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y
atribuimos a sus Jerarquías el papel del "malvado" principal
entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos
incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al
aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y
una vez más, falsas encuestas "probaban" reiteradamente que
la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes
antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo
americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen
en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los
inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no
católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue
constantemente silenciado.
La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier
evidencia científica de que la vida comienza con la
concepción.
Frecuentemente me preguntan qué es lo que me hizo cambiar.
¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado provida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran
Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una
unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una
nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para
estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro
aborto es aducir la imposibilidad de definir cuándo comienza el
principio de la vida, afirmando que ello es un problema
teológico o filosófico, no científico.
Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida
comienza en la concepción y requiere toda la protección de
que gozamos cualquiera de nosotros.
Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores,
conocedores de la fetología, se desacreditan practicando
abortos?
Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón
quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados
Unidos, implican una industria que produce 500 millones de
dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los
bolsillos de los doctores que practican el aborto.
Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada
destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera
violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado
plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para
solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar
la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden
social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.
Como científico no creo, yo sé y conozco que la vida humana
comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión
determinada, creo con todo mi corazón que existe una
divinidad que nos ordena finalizar para siempre este
infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad”.
Dr. Bernad Nathanson
DE “REY DEL ABORTO” A “HÉROE DE LA VIDA”
Por monseñor Francisco Gil Hellín
Mensaje que ha escrito monseñor
Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, con motivo del
fallecimiento del doctor Bernard Nathanson.
Acaba de fallecer el que fue conocido como "rey del aborto".
Él, no sólo porque practicó varios miles sino porque fue el que
promovió y consiguió el cambio en la legislación de los Estados
Unidos. Ahora lloran su muerte todos los líderes mundiales provida. Se trata del famoso doctor Bernard Nathanson. Yo tuve la
suerte de conocerle personalmente y me complace hablar de
él en este momento, porque es un caso típico de cómo las
personas pueden cambiar si se abren a la verdad científica y a
la gracia. Él mismo ha descrito el itinerario de su vida como
abortista y como defensor de la vida.
Todo comenzó cuando una amiga suya quedó embarazada
por él y no quería seguir adelante con su embarazo. Este caso
suscitó en él una gran sensibilidad por la penosa situación de las
mujeres que recurrían al aborto clandestino, que con frecuencia
era realizado por personas poco profesionales en ginecología.
Como las leyes norteamericanas prohibían el aborto, se decidió
a cambiar esa legislación y fundó, con algunos más, la
Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en
los EEUU, en 1968. A los cinco años, lo había conseguido, pues el
Tribunal Superior legalizó el aborto en 1973. Él mismo ha descrito
las tácticas que emplearon para conseguirlo de modo tan
rápido y eficaz.
El primer objetivo fue hacerse con los medios de comunicación
de masas. "Les convencimos de que la causa pro-aborto
favorecía un liberalismo avanzado y amañamos los resultados
de supuestas encuestas, que ellos publicaron". Amañaron
también el número de abortos ilegales, pues cambiaron la cifra
de cien mil, aproximadamente, por la de un millón. Esta mentira
fue reiteradamente repetida y publicada en los medios de
comunicación, convirtiéndose en verdad.
La segunda táctica fue -son sus palabras- "vilipendiar
sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas
sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel
del "malo" principal entre los opositores al Aborto Permisivo". El
mismo Nathanson ha escrito que "los tambores de los medios de
comunicación persuadieron al pueblo americano de que
cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía
Católica y que los católicos pro-abortistas eran los inteligentes y
progresistas".
La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar cualquier
evidencia científica de que la vida comienza con la
concepción.
En 1973 fue nombrado Director de Obstetricia de un gran
Hospital de Nueva York. Allí inició una nueva tecnología que
ahora se usa diariamente para estudiar el feto en el útero
materno. Gracias a ella, pudo tomar por ultrasonido una
muestra de un bebé nonato, mediante un aparato aspirador
para la práctica del aborto, antes de que fuera absorbido del
vientre de su madre. Esas imágenes cambiaron su vida, al
comprobar que allí había vida y que lo que allí ocurría era, ni
más ni menos, el asesinato de un niño indefenso. «Como
científico, no es que simplemente lo crea, sino que sé y conozco
que la vida humana comienza en la concepción y requiere
toda la protección que gozamos cualquiera de nosotros».
Cuando alguien le preguntó cómo, siendo las cosas
científicamente tan claras, no todos los doctores siguen su
ejemplo sino que algunos practican el aborto, contestó: «Es
cuestión de aritmética. A 300 dólares cada uno, un millón y
medio de abortos en Estados Unidos implican una industria que
produce quinientos millones de dólares anuales, y la mayor
parte van a los bolsillos de los médicos que los practican».
Dios ha premiado su honestidad, pues el doctor Nathanson, que
era ateo, fue bautizado en la Iglesia en 1996 y desde entonces
fue un fervoroso católico. De su mano salieron vídeos tan
famosos como «El grito silencioso» ¡Que ese buen Dios le haya
acogido en su gloria!
"Soy un asesino de masas, responsable de la muerte de 75.000
niños inocentes"
Nathanson, el "rey del aborto", habla en exclusiva para LA
RAZÓN
Bernard Nathanson, el "rey del aborto", es ya un hombre mayor y
de salud quebrantada. Con gestos lentos y frágiles, dio su
testimonio en el congreso de conversos "Camino a Roma" que
se celebró en Ávila el fin de semana auspiciado por el
movimiento Miles Iesu. Su exposición serena, sencilla, desnuda
en los hechos, estremece cuando uno intenta visualizar las
escenas, las personas, las cifras. Habla despacio. Da tiempo
para imaginar.
Bernard Nathanson, un médico abortista arrepentido de su
pasado y converso al catolicismo, se presenta a sí mismo como
"un asesino de masas". "Soy el responsable de la muerte de
75.000 niños inocentes", asegura. Nathanson, que fue conocido
como "el rey del aborto", explica que dirigía la "mayor clínica
abortista de Occidente, en Nueva York. Tenía 35 médicos a mi
cargo, con 85 enfermeras. Hacíamos 120 abortos cada día en
10 quirófanos. Durante los 10 años que fui director realizamos
60.000 abortos. Además, yo supervisé 10.000 y personalmente
realicé 5.000. Tengo 75.000 muertes inocentes en mi haber". "Yo
tenía barcos, avionetas, fincas, mujeres... pero era todo en base
a una gran mentira, la mentira de que la persona en el vientre
materno no vale nada", prosigue.
Abortismo y conversión
Nathanson, hijo de un prestigioso médico judío
especializado en ginecología que había abdicado de su
fe, narra el camino que recorrió hasta llegar a esa
situación: "me crié judío, 3 veces a la semana iba a la
escuela judía. Mi padre, educado como judío pero
alejado de la fe, me preguntaba por lo que yo aprendía y
se reía de mí y ridiculizaba lo que me enseñaban. A los 13
años, tras la ceremonia de entrada en la vida adulta judía,
dejé de acudir a la sinagoga. Era un judío ateo", comenta
el médico. "Tuve mi primera experiencia con el aborto en
la Facultad. Mi novia quedó embarazada, y nos parecía
imposible casarnos. Mi padre me pasó dinero para pagar
el aborto, ilegal, que se complicó. Ella casi murió. Yo la
cuidaba, y me llenaba de indignación social contra el
aborto ilegal. Años después otra novia mía quedó
embarazada. Ella no quería abortar pero yo la persuadí.
Quería el mejor abortista, y ése era yo: lo hice y así ejecuté
a mi propio hijo, fríamente, sin sentimiento, otro
procedimiento quirúrgico más para mí", prosigue.
El médico explica además que fue fundador de una
asociación abortista: "Junto a otro hombre creé la Liga de
Acción Nacional por el Derecho al Aborto. Tuvimos éxito:
en dos años conseguimos destruir la ley de Nueva York que
penalizaba el aborto desde 1829. Pero el aborto legal no
bastaba: debía ser "barato, seguro y humanitario"",
comenta el ahora anciano médico.
"En esa época no sabíamos nada del feto, no teníamos
forma de medirlo, ni verlo, ni confirmar su humanidad.
Nuestro interés se centraba en la mujer, no en el bebé,
pero cuando dejé la clínica y fui director de obstetricia en
el Saint Luke Hospital de Nueva York, algo cambió",
comenta. "Allí empezábamos a tener la tecnología con la
que hoy contamos. Por primera vez pudimos estudiar al ser
humano en el vientre y descubrimos que no era distinto de
nosotros: comía, dormía, bebía líquidos, soñaba, se
chupaba el dedo, igual que un niño recién nacido. La
verdad era que esto era un ser humano con dignidad,
dada por Dios, que no debía ser destruido o dañado",
afirma Nathanson.
"Tras 3 ó 4 años de estudiar al feto me hice provida;
cuestioné el aborto con conferencias e hice dos películas.
En una se veía un aborto real, un niño de 12 semanas
aspirado hasta la muerte. Se veía cómo le succionaban
brazos y piernas, se rompía el tórax, etc, era muy fuerte. Los
proabortistas dijeron que era un montaje. Yo les he
animado siempre a que, si piensan así, que hagan ellos su
propia película de un aborto real, con sus propias
imágenes. Nunca lo han hecho, porque saben muy bien lo
que se vería".
Pero al cambio de Nathanson le faltaba todavía algo,
según él mismo narra: "A principios de los 80 yo tenía
dinero,
propiedades,
bodegas,
tres
matrimonios
fracasados, un hijo trastornado y 75.000 víctimas. Negaba
que hubiese otra vida, pero sabía que la había. Deprimido,
pensaba en el suicidio. Conocí entonces a un sacerdote
"provida" y empezó un diálogo de 7 años. Él fue mi guía, mi
Virgilio en el infierno. Me convencí de la verdad, de que la
gran mentira ya no dominaba mi vida. Ahora mi trabajo
"provida" salía del corazón y del alma, no sólo del cerebro".
"A menudo se plantea el tema del aborto como libertad
de elección de la mujer. Pero una persona no puede elegir
el quitar la vida a otra. No es posible hablar de derecho a
elegir, porque se trata del mandamiento "no matarás",
concluye.
1. Homenaje sincero de gratitud y reconocimiento al siervo
de Dios Juan Pablo II
El próximo 1 de mayo será beatificado el Papa Juan Pablo
II. Además de la natural alegría que nos produce este
acontecimiento sobrenatural, nuestro gozo es doble, pues
quienes trabajamos en la defensa y promoción de la
cultura de la vida humana, celebraremos este hecho
como una gracia especial del Señor. La vida siempre
triunfa y eso es lo que celebraremos: el Dios de la vida nos
presenta. En su condición de bienaventurado, al “Atleta
de la vida”, al defensor acérrimo de toda vida humana,
desde su fecundación hasta su muerte natural.
Sentimos una alegría inmensa que nos estimula en esta
tarea, a veces tan difícil e incomprendida. Recogemos del
ministerio del Papa Juan Pablo II su amor y fidelidad al
evangelio de la vida, su audacia profética para anunciar
este evangelio en todos los ambientes y sistemas políticos,
religiosos e ideológicos y su ternura para acoger, besar y
bendecir a los niños y a las madres gestantes.
Que la intercesión del Beato Juan Pablo II ayude a todos
los promotores y defensores de la cultura de la vida
humana, implore la bendición para las madres gestantes y
acompañe a los niños que inician su vida en el seno de sus
madres. “Que desde la ventana del cielo” nos siga
mirando y bendiciendo.
2. Acto legislativo en defensa de la vida humana
Algunos Senadores y Representantes del Congreso de la
República buscan presentar un Acto Legislativo por el
derecho a la vida, para complementar el artículo 11 de la
Constitución Política.
Esta iniciativa multipartidista y multiconfesional, liderada
por laicos y políticos católicos, así como por cristianos
evangélicos, busca complementar el artículo 11 que reza:
“El derecho a la vida es inviolable, no habrá pena de
muerte”. La propuesta es la siguiente: “El derecho a la vida
es inviolable, desde la fecundación hasta la muerte
natural. No habrá pena de muerte”.
Esta propuesta de nuestros legisladores es una buena
iniciativa que debe ser apoyada desde todos los ámbitos
de la vida del país. No olvidemos que está en juego la vida
humana, que debe ser protegida, defendida y cuidada,
como responsabilidad de todos. Estimulemos a los
congresistas para avancen con decisión en la aprobación
de este acto legislativo. Con legítima razón y derecho
exijamos respuestas positivas al voto que un día dimos por
los legisladores, la mejor manera de hacerlo es
comprometiéndolos en la defensa del derecho
fundamental de todo colombiano, la vida.
ALGUNAS SUGERENCIAS PARA LA CELEBRACIÓN
a) De carácter formativo:
Asambleas familiares para estudio de los temas
durante la semana del 24 al 31 de marzo.
Talleres de formación en paternidad y maternidad
responsables, especialmente con los jóvenes en los
grupos juveniles y en los establecimientos
educativos.
Proyección de videos sobre el tema del aborto.
Encuentros y convivencias con personal sanitario de
los hospitales y de las clínicas.
Talleres de formación con dirigentes públicos y
personal sanitario sobre la objeción de conciencia y
consentimiento informado.
Aprovechamiento de este material para programas
de radio y televisión.
b) De carácter social y cultural:
Ambientación y motivación de la jornada del «niño
por nacer» en las jurisdicciones eclesiásticas y en las
parroquias.
Lanzamiento de la jornada a través de los medios
de comunicación.
Realización de marchas y expresiones culturales en
defensa de la vida humana.
Realizar
concursos
de
carteleras,
de
representaciones teatrales y de canción a favor de
la vida humana.
c) De carácter religioso:
Celebración eucarística y bendición de las madres
gestantes.
Celebraciones y jornadas de sanación interior.
RESPONSABLES:
Nivel Nacional: Departamento de Familia, Vida y Estado
laical, Directores de movimientos relacionados con la
familia y vida.
Nivel diocesano: Delegado diocesano de Pastoral familiar,
Delegado diocesano de pastoral educativa, pastoral de la
infancia y pastoral juvenil.
Nivel Parroquial: El cura Párroco, el comité de pastoral
familiar o el Consejo parroquial de pastoral.
RITO DE LA BENDICIÓN DE LA MUJER ANTES DEL PARTO
RITOS INICIALES
Reunida la familia o la comunidad de fieles, el ministro dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden:
Amén.
Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saludo a la mujer y
a los presentes, diciendo:
Jesucristo, el Hijo de Dios, que se hizo hombre en el seno de la
Virgen María, esté con todos ustedes.
U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la
Sagrada Escritura.
Todos responden:
Y con tu espíritu.
El ministro dispone a la mujer y a los presentes a recibir la
bendición con estas palabras u otras semejantes:
Dios es el Señor de toda vida y es él quien determina la
existencia de cada hombre y, con su providencia, dirige y
conserva su vida. Creemos que esto tiene aplicación sobre todo
cuando se trata de una vida nacida de un matrimonio cristiano,
vida que a su tiempo será enriquecida en el sacramento del
bautismo con el don de la misma vida divina.
Esto es lo que quiere expresar la bendición de la madre antes
del parto, para que aguarde con fe y esperanza el momento del
parto y, cooperando con el amor de Dios, ame ya desde ahora
con afecto maternal al fruto que lleva en su seno.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un
texto de la Sagrada Escritura.
Lc 1, 39 – 45: Saltó la criatura en el vientre.
Escuchen ahora, hermanos, las palabras del Santo Evangelio
según san Lucas.
“Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la
montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y
saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la
criatura en su vientre y dijo a voz en grito:
-«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En
cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en
mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho
el Señor se cumplirá.»
Palabra del Señor.
Pueden también leerse: Lc 1, 26 – 28; Lc 2, 1 – 14.
Según la oportunidad, se puede decir o cantar un salmo
responsorial u otro canto adecuado.
Salmo responsorial
Sal. 32 (33), 12 y 18. 20 – 21. 22 (R.: 5b)
R/ La misericordia del Señor llena la tierra.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
El pueblo que él se escogió como heredad.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
En los que esperan en su misericordia. R/.
Nosotros aguardamos al Señor:
Él es nuestro auxilio y escudo;
Con él se alegra nuestro corazón,
En su santo nombre confiamos. R/.
El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los
presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban
por la fe el significado de la celebración.
PRECES
Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se
proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan
más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas
con las circunstancias de la mujer o del lugar.
Alabemos debidamente a Cristo, el Señor, fruto bendito del
vientre de María, que por el misterio de su encarnación ha
derramado en el mundo la gracia y la benevolencia, y
digámosle:
R/ Bendito seas, Señor, por tu bondad y tu misericordia.
Tu que te dignaste hacerte hombre naciendo de una mujer,
para que recibiéramos el ser hijos por adopción. R/
Tu que no desdeñaste el seno de una madre, sino que quisiste
que fueran proclamados dichosos el vientre que te llevó y los
pechos que te criaron. R/
Tu que en la Virgen María, bendita entre todas las mujeres,
dignificaste el sexo femenino. R/
Tu que en la cruz diste como madre a la Iglesia a la misma que
habías elegido por madre tuya. R/.
Tu que fecundas a la iglesia con nuevos hijos por el ministerio de
las madres acrecentando la alegría y aumentando el gozo. R/.
ORACIÓN DE BENDICIÓN
El ministro, si es sacerdote o diácono, extendiendo, según las
circunstancias, las manos sobre la mujer, o haciendo la señal de
la cruz en su frente, de lo contrario con las manos juntas, dice la
oración de bendición:
Señor Dios, creador del género humano,
Cuyo Hijo, por obra del Espíritu Santo,
Quiso nacer de la Virgen María,
Para redimir y salvar a los hombres,
Librándolos de la deuda del antiguo pecado,
Atiende los deseos de esta(s) hija(s) tuya(s),
Que te suplica(n) por el hijo que espera(n),
Y concédele(s) un parto feliz;
Que su hijo se agregue
A la comunidad de los fieles,
Te sirva(n) en todo y alcance(n) finalmente la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/ Amén
Después de la oración de bendición, el ministro invita a todos los
presentes a invocar la protección de la Santísima Virgen María,
lo que puede hacerse con la recitación o el canto de la
antífona:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios;
No desprecies las súplicas
Que te dirigimos en nuestras necesidades;
Antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
Oh Virgen gloriosa y bendita.
En lugar de esta súplica pueden decirse también otras plegarias,
por ejemplo, la antífona Madre del Redentor, el Avemaría o la
Salve.
CONCLUSIÓN DEL RITO
El ministro, si es sacerdote o diácono, vuelto hacia la mujer,
concluye el rito, después de la invitación: Inclínense para recibir
la bendición, u otra semejante, diciendo:
Dios, fuente y origen de toda vida,
Te proteja con su bondad.
R/. Amén.
Confirme tu fe, robustezca tu esperanza,
Aumente cada vez más tu caridad.
R/. Amén.
En el momento del parto
Atienda tus súplicas
Y te ayude con su gracia.
R/. Amén.
Finalmente bendice a todos los presentes, diciendo:
A todos ustedes, que están presentes,
Los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo.
R/. Amén
El ministro concluye diciendo:
Se pueden ir en paz.
R/ Demos gracias a Dios.
Oración de "Evangelium Vitae"
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida. Amén
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