PDF Diario EL PAÍS

advertisement
Domingo
EL
EL PAÍS
PAÍS 20.02.11
20.02.11
30 años después
Las claves, los testimonios, los secretos del 23-F
Entrevista / Francisco Laína, presidente del Gobierno provisional en el 23-F, revela las claves ocultas del golpe
Una jornada particular, artículo de Juan Luis Cebrián
¿Qué hiciste aquel día? Escriben: José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, José Bono, Esperanza Aguirre,
Pascual Sala, Carlos Dívar, Baltasar Garzón, Carme Chacón, Julio Rodríguez, Fulgencio Coll y Félix Sanz
Foto: EL PAÍS
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Francisco Laína
PRESIDENTE DEL GOBIERNO PROVISIONAL EN EL 23-F
“El Rey me puso en alerta:
‘¡Cuidado con Armada!”
Por JOSÉ LUIS BARBERÍA
L
argamente esperado por los investigadores y estudiosos del 23-F, Francisco Laína, el hombre que ejerció
de presidente en funciones durante las 18 interminables horas de ocupación
del Congreso de los Diputados, accede finalmente a aportar su testimonio sobre aquellos hechos. Lo hace para EL PAÍS, preocupado por la germinación, en los últimos años,
de versiones fantasiosas, erróneas o deliberadamente falsas sobre el 23-F, y consciente
de que el tiempo está acabando con los protagonistas y testigos principales de la intentona golpista. De hecho, él es, junto al Rey y
Adolfo Suárez, aquejado de alzhéimer, el
único superviviente de la Junta de Defensa
Nacional que, una vez finalizado el secuestro de los diputados y del Gobierno, se reunió en La Zarzuela la tarde del 24-F para
abordar la crisis.
Licenciado en Derecho, técnico de la Administración Civil del Estado y ex gobernador civil de León, Las Palmas y Zaragoza,
Francisco Laína (18 de mayo de 1936, La
Carrera, Ávila) abandonó su puesto de director de Seguridad del Estado y la política activa en 1982, pero se mantiene al tanto de la
actualidad y sigue con particular interés la
evolución del problema terrorista en el País
Vasco, su otro viejo caballo de batalla. Sobre
la mesa de la sala de estar en su casa de
Ávila descansa para la ocasión, subrayado y
salpicado de anotaciones, el libro El enigma
del elefante, editado hace 20 años por El
País-Aguilar. Dice que está escribiendo un
libro en el que narra únicamente los acontecimientos de aquellas fechas que él vivió en
primera persona y sobre los hechos de los
que dispone de pruebas fehacientes.
Ágil de movimientos y con una planta
física que parece desmentir su edad, Laína
ha cerrado las puertas de la habitación y ya
no cogerá los teléfonos en las horas siguientes. No quiere interrupciones mientras desgrana su “verdad” del 23-F, un relato rico en
novedades y altamente provechoso que permite hacerse una idea cabal de lo acontecido ese día. Lo que sigue es un anticipo sincopado de su libro y también la respuesta cumplida a la petición de entrevista que este
periódico le formuló hace exactamente dos
décadas.
A propósito de la atmósfera reinante en
los meses precedentes a la intentona golpista: atentados un día sí y otro también, crisis
económica, agitación e intoxicación desde
los medios “ultras”, división interna en la
UCD gobernante, dura confrontación política…, el exdirector de Seguridad del Estado
guarda en su memoria dos escenas relevantes. La primera de ellas transcurre en una
iglesia de Madrid, en el funeral por una de
las víctimas de ETA. Francisco Laína descubre con sorpresa que entre los asistentes al
acto se encuentra el teniente coronel de la
Guardia Civil Antonio Tejero que había sido
condenado a una pena irrisoria, pese a haber sido reconocido culpable del frustrado
proyecto de asalto al palacio de la Moncloa,
conocido como Operación Galaxia.
“Tenía a mi lado al director de la Guardia
2 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
Civil, José Luis Aramburu Topete, quien ha
muerto hace pocas semanas. Le pregunté:
‘¿Oye, qué hace Tejero aquí, en Madrid?’.
‘Ya no tiene mando, está en situación de
disponible’, contestó. Me quedé pensando
que aunque no tuviera mando disponía de
24 horas al día para conspirar. Dejarle en
Madrid libre de vigilancia fue un error de los
servicios de información”.
En la segunda escena, el director de Seguridad del Estado con el Gobierno de la UCD
le entrega al presidente Adolfo Suárez un
informe confidencial elaborado por los servi-
“En el informe policial se
indicaba que el Rey no se
recataba en criticar a
Suárez y planteaba la
conveniencia de un relevo”
“Hay bulos que llevan 30
años por ahí. Que si la
Reina quería una junta
militar... que si hay
cientos de grabaciones...”
“Cuando hablé con Tejero,
me dijo que solo obedecía
órdenes de Milans del
Boch y de Armada, y me
colgó el teléfono”
“A Aramburu Topete le
pregunté si podía contar
con la Guardia Civil. Dijo:
‘Conmigo sí, pero no sé si
obedecerán mis órdenes”
cios de información policiales. “Antes, se lo
había pasado a mi ministro de Interior, Juan
José Rosón, pero cuando lo leyó me dijo:
‘Paco, esto es muy duro. ¿Por qué no lo despachas tú directamente con Adolfo?”. En el
informe, de dos folios, se indicaba que el
Rey no se recataba en criticar duramente al
presidente Suárez en sus conversaciones
con personas y ambientes muy diversos. Se
añadía que el monarca expresaba abiertamente su disconformidad con decisiones
adoptadas por Suárez y planteaba la conveniencia de un posible relevo del presidente.
También se daba cuenta de una comida que
el general Alfonso Armada, gobernador militar de Lleida y antiguo preceptor del Rey,
había mantenido con el responsable de
asuntos de Defensa del PSOE y número tres
de ese partido, Enrique Múgica, en la casa
del alcalde de esa capital, Antoni Siurana.
En el informe se aludía a los asuntos supuestamente tratados en esa comida y a los comentarios suscitados en torno al encuentro.
Acudí a La Moncloa a finales de diciembre a
entregar el informe. Después de leerlo detenidamente, Suárez guardó un momento de
silencio y luego me dijo: “No me cuentas
nada nuevo”.
Pregunta. ¿El Rey instó a Adolfo Suárez a
dimitir?
Respuesta. [En este punto de la conversación, Laína se ha fumado ya el segundo cigarrillo de la larga ristra que quemará durante
la entrevista]. Adolfo nunca me lo manifestó
así en las abundantes charlas que mantuvimos antes de que la enfermedad le minara
la memoria. De todas formas, Suárez era un
hombre valiente y de coraje, y el que le conocía sabía que no iba a arredrarse fácilmente.
La irrupción de Tejero en el Congreso me
pilló en mi despacho estudiando un informe sobre la construcción de la Escuela de
Policía de Ávila, mientras seguía por la Cadena Ser la retransmisión de la sesión de investidura de Calvo Sotelo. Recuerdo que de fondo se oían como un sonsonete los nombres
de los diputados llamados a votar cuando
surgieron los gritos y los tiros. Antes de cinco minutos sonó el teléfono de comunicación con La Zarzuela, que estaba integrado
en un sistema protegido llamado Malla Cero, reservado para las comunicaciones entre
las altas instituciones del Estado. Era el Rey.
Me preguntó qué sabía de lo que estaba
pasando en el Congreso y le tuve que decir
que no más que lo que contaban por la
radio, aunque le añadí mi sospecha de que
ese teniente coronel de la Guardia Civil que
acababa de ocupar el Congreso podría ser
Tejero, el mismo de la Operación Galaxia.
Como primera autoridad civil, en calidad
de presidente de la Comisión de Secretarios
de Estado y Subsecretarios que asumió las
funciones gubernativas, Laína habló esa tarde noche repetidas veces con La Zarzuela,
casi siempre con Sabino Fernández Campo,
secretario general de la Casa del Rey, pero
también con el monarca. “Sobre las 19.45, el
Rey me llamó para advertirme: ‘¡Paco, cuidado con Armada! Te paso a Sabino para que
te lo explique’. Sabino me reiteró que sobradamente la advertencia: ‘¡Ojo con Armada,
que está metido hasta las cejas”.
A esas horas, el juego del antiguo preceptor del Rey había quedado al descubierto
porque, visto que los golpistas decían seguir
órdenes de su Majestad y sostenían como
prueba que Armada estaba en ese momento
en La Zarzuela, el general José Juste, jefe de
la poderosa División Acorazada Brunete,
asentada en Madrid, había optado por tomarles la palabra y verificar personalmente
el dato. Llamó a La Zarzuela, preguntó por
el general Alfonso Armada y obtuvo de Sabino Fernández Campo la respuesta que ha
quedado para la posteridad: “Ni está, ni se le
espera”. A partir de ahí, los intentos del antiguo preceptor del monarca de ser llamado a
La Zarzuela resultaron infructuosos y la coartada real se fue desvaneciendo. “Reconozco
que hasta entonces no había sospechado de
Armada. Cuando hablé con Tejero, me dijo
que él solo obedecía órdenes del capitán
general de Valencia, Jaime Milans del Boch,
y del general Alfonso Armada, y acto seguido me colgó el teléfono”.
P. ¿Fue el Rey quien le designó presidente del Gobierno interino, como se ha escrito?
R. Pese a lo que se ha dicho y escrito, la
constitución de la Comisión de Secretarios
de Estado y Subsecretarios no fue iniciativa
del Rey ni de Sabino Fernández Campo, sino de José Terceiro Lomba, secretario general del ministro adjunto al presidente. Él se
lo propuso a Luis Sánchez Harguindey, subsecretario de Interior, y este a mí. Me pareció oportuno y se sometió a la consideración de Sabino y del Rey. La comisión funcionó por la vía de los hechos, y el Rey no
intervino más allá de darle su aprobación y
su impulso. Lo que pasó es que como director de Seguridad el que tenía más información de lo que estaba pasando era yo. Sobre
el papel, los escenarios se limitaban al Congreso ocupado por Tejero; a Valencia, donde Milans había sacado los tanques a la calle, y a la Acorazada Brunete, pero según
avanzaba la noche se advertía cierta inestabilidad en los Estados Mayores de algunas
capitanías generales porque, como nos indicaban los servicios de información y los gobernadores civiles, había coroneles y tenientes coroneles que pretendían extender la situación impuesta por Milans en Valencia.
Toda la tarde noche fue un continuo pulso, una dura pelea en la que el Rey y Sabino
tuvieron que aplicarse a fondo para sujetar a
los regimientos. La obediencia de la Acorazada estuvo mucho tiempo en el aire, al igual
que la lealtad democrática de ciertos sectores de la Guardia Civil y de la policía. Lo
peor en aquellos momentos, y así se lo dije a
los representantes de los partidos, era que la
gente saliera a la calle a manifestarse para
defender la democracia, ya que esa era la
excusa que muchos militares esperaban para restablecer la normalidad y hacerse con el
control de la calle. Con Fernando Castedo,
director de RTVE, tuve que ponerme muy
serio para que acatara mis órdenes.
Pretendía ofrecer una información continuada de todo lo que estaba pasando y a mí
me parecía que en una situación como aquella, tan explosiva y confusa, transmitir el golpe en vivo y en directo era una irresponsabilidad que podía alentar a los involucionistas. Contra eso, el antídoto era la normalidad: que los transportes funcionaran, que la
gente se fuera a dormir, que los colegios
abrieran por la mañana...
P. ¿Hasta qué punto la autoridad democrática contó con la lealtad de las fuerzas
policiales?
R. Vistas las miradas que me lanzaron
algunos cuando acudí al puesto de mando
del hotel Palace, tuve la sensación de que
muchos de los que estaban allí simpatizaban, en realidad, con los ocupantes del Con-
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
greso. El gobernador civil de Madrid, Mariano Nicolás, amigo mío, me informaba desde
una cabina telefónica que había cerca del
Palace —yo oía caer las monedas, mientras
me daba las novedades—, porque no se fiaba un pelo de la gente que tenía alrededor. A
Aramburu Topete le pregunté si podía contar con la Guardia Civil en el caso de que
hubiera que entrar en el Congreso a liberar
a los diputados. Su respuesta fue: “Conmigo
sí, pero no sé si obedecerán mis órdenes”.
Por el contrario, el general inspector de la
Policía, José Antonio Saénz de Santamaría,
me dijo que estaba en condiciones de ofrecerme el pleno apoyo de sus hombres. Lo
que no podía ofrecerme eran vehículos blindados, muy necesarios ya que había que
contar con que los de dentro nos responderían con fuego real. Todas las tanquetas policiales estaban en el País Vasco.
Además de eso, el problema estaba en
que de acuerdo con los planos del edificio
del Congreso, que nos costó Dios y ayuda
localizar, los puntos más débiles, menos reforzados, de la estructura por los que podíamos penetrar eran justamente los tabiques
de las estancias en las que mantenían secuestrados al presidente del Gobierno y a
los líderes políticos. Descartamos el asalto
puesto que volar esos muros entrañaba el
riesgo de herir o matar a los secuestrados.
Pero de todos modos, como no quería que
Tejero se sintiera tranquilo y seguro, comenzamos a cortarle las líneas telefónicas. Lo
hicimos paulatinamente, de acuerdo con las
recomendaciones de tres psicólogos llamados por Sánchez Harguindey al ministerio
que nos aconsejaban no aislarle totalmente.
“Esos hijos de puta me están cortando los
teléfonos”, se quejó Tejero a su amigo y cómplice el ultraderechista Juan García Carrés
en una de las conversaciones telefónicas
que intervinimos. Como último recurso, Tejero terminó usando el teléfono del coche
del presidente Suárez.
Esa noche, los psicólogos nos adelantaron con gran precisión el momento en el
que empezarían las disensiones internas entre los asaltantes y los abandonos. Nos explicaron que al no ser unidades regulares, sino
gente diversa cogida a lazo por Tejero “para
prestar un servicio muy importante a la patria”, sobre las nueve o diez de la mañana
acabarían viniéndose abajo. Y es lo que pasó. A esa hora, bastantes guardias empezaban a descolgarse y a salir por las ventanas.
P. ¿Por qué el Rey tardó tanto en emitir
su declaración televisiva de condena del golpe y de compromiso con la Constitución y la
democracia?
R. Contra lo que se ha escrito, el problema no fue la ocupación militar de TVE, ya
que los soldados fueron retirados bastante
pronto, no estarían más de una hora. De
hecho, el comunicado que yo emití en mi
condición de director de Seguridad antes de
que se constituyera la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios fue difundido por TVE entre las 21.10 y las 21.15 del
23-F. Eso significa, teniendo en cuenta el
tiempo que necesitó el cámara para llegar a
mi despacho en la calle de Amador de los
Ríos, grabar mi intervención y volver, que
los estudios de TVE estaban ya libres de la
vigilancia militar muy tarde, a eso de las
20.30. Me preocupaba mucho la tardanza
del Rey en emitir el mensaje que previamente Sabino me había anunciado. Yo le apremiaba: “Sabino, el mensaje del Rey tiene
que salir ya”, y él me respondía: “Paco, antes
tiene que hablar con todos los capitanes generales, quiere tener todo amarrado”. En un
momento dado, me preguntó si yo sabía
dónde estaba Ángel Campano, el capitán
general de la VII Región Militar con base en
Valladolid, al que no había forma de localizarle. Llamé al gobernador civil de Valladolid y me confirmó que Campano se hallaba
en la Capitanía General, pero, al parecer, no
quería ponerse al teléfono con el Rey. Tengo
que decir que las órdenes del Rey esa noche
fueron impecablemente democráticas. Sabino me apuntaba: “Paco, convendría detener
al general Armada”, pero yo no podía detenerle, así como así, porque a un militar le
detiene otro militar y aquella noche había
militares que podían hacerlo.
P. ¿El general Armada siguió pugnando
por un Gobierno de salvación nacional después del mensaje real?
Francisco Laína, fotografiado en Ávila, el 16 de febrero de 2011. Foto: Gorka Lejarcegi
Pasa a la página siguiente
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
3
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Viene de la página anterior
R. Cuando Armada salió del Congreso,
una vez que su amistosa conversación inicial con Tejero desembocó en agria discusión, le indiqué a Mariano Nicolás que trajese a Armada a mi despacho. “¿Y si se niega?”. “Venga, Mariano”, le dije, “que tú eres
un tipo bregado y sabes cómo se hacen estas cosas”. Armada llegó a mi despacho con
su ayudante Bonet armado y muy pegadito
a él. A Bonet le dije que saliera de mi despacho y me quedé con Mariano Nicolás y con
el subsecretario de Interior, Luis Sánchez
Harguindey, como testigos. A esa hora, ya se
había difundido el mensaje del Rey, o sea,
que era más tarde de la 1.13 del 24 de febrero. Armada me indicó que el Rey se había
equivocado, que su mensaje iba a dividir al
Ejército y que, en todo caso, ese era un asunto de militares que debía resolverse entre
militares. “¿Pero el Rey no es el jefe de las
Fuerzas Armadas con arreglo a la Constitución? Lo que tenéis que hacer Milans, Tejero
y tú es cumplir las órdenes del Rey”, le subrayé. De manea sibilina, vino a decirme que lo
mejor era que nos sumáramos al golpe. Al
final, al ver que no nos convencía se nos
derrumbó allí mismo. Mientras se tomaba
un café llamé a Sabino. “Tengo a Armada en
mi despacho”. Le pasé el teléfono, pero la
conversación entre ellos no llegó ni a 30
segundos. Con la excusa de que necesitaría
protección y como temía que siguiera enre-
decieron los ojos, inclinó la cabeza, se tapó
la cara con una mano y al retirarla vi cómo
le caían dos lágrimas por las mejillas. Sacó
un pañuelo y se secó los ojos. Luego me
dijo: “Paco, no sé cómo agradecerte lo que
has hecho por la Monarquía y por mí”. El
cese de Milans se aprobó en la Junta de
Defensa, pero no es cierto que en esa reunión Suárez diera instrucciones a Gabeiras
para que detuviera a Armada y que Gabeiras
se mostrara allí renuente. El arresto de Armada se concretó el día 25, en otro escenario.
A la salida de la junta, el ministro de
Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, me
convocó para el día siguiente en su despacho a las 11 de la mañana. “Vamos a detener
a Armada y quiero que estés presente en la
reunión que voy a tener con Gabeiras y
Quintana, pero no intervengas si no te lo
digo”, me indicó. Llegué con algo de antelación y me encontré en la antesala del despacho con Guillermo Quintana Lacaci, el capitán general de la I Región Militar con sede
en Madrid, que había frenado la salida de la
Acorazada Brunete y desbaratado el golpe
en su región militar. “¿Has visto qué panda
de locos y de payasos tenemos?”, me comentó, aludiendo a los golpistas. Llegó Gabeiras
y empezó la reunión. El ministro le preguntó cómo llevaba el asunto de la detención
del general Armada. “Es que no sé hasta qué
punto, él…”, acertó a decir. “Es un traidor y
está en esto hasta las cachas. Hay que arres-
R. Es un cuento. Repito: no hay más grabaciones que las de la mujer de Tejero y las
de García Carrés, que se quedaron en la Comisaría General de Información de Manuel
Ballesteros. Yo no podía grabar las conversaciones de las capitanías generales o de La
Zarzuela: no se me habría ocurrido, habría
sido ilegal y, además, ¡buena estaba la no-
“Existió una trama civil:
excombatientes,
falangistas, algunos
empresarios. No tengo
pruebas sobre el Cesid”
“El general Armada me
indicó que el Rey se
había equivocado, y que
su mensaje iba
a dividir al Ejército ”
Creo que la anécdota más exitosa del género novelado del 23-F es la que sitúa a
Adolfo Suárez en La Zarzuela entre tres capitanes generales. El Rey se ausenta a atender
una llamada telefónica y los capitanes militares le instan a dimitir. Cuando el presidente
les pregunta que con qué autoridad plantean esa exigencia, uno de los capitanes generales extrae una pistola nacarada —lo de
nacarada parece que acentúa la credibilidad
del relato—, la coloca encima de la mesa y
dice: “Por esto”.
Cualquiera que conociera algo a Adolfo
sabe que es imposible que hubiera asistido
a esa escena y no hubiera ordenado la detención inmediata de ese militar. ¡Pero si cuando viajaba a Valencia le exigía a Milans que
acudiera a recibirle y a despedirle al aeropuerto! Jamás comentó algo parecido a eso.
Hace unos días, comentaba eso mismo con
su cuñado. En estas historietas inventadas,
nunca hay un testigo, una fuente, una prueba, pero a fuerza de ser repetidas pasan a
convertirse en la verdad de mucha gente.
P. No se expurgó la trama civil, ni se
aclaró mucho el papel del Cesid.
R. Existió una trama civil: falangistas, excombatientes nostálgicos y algunos empresarios, pero no había muchas pruebas y tampoco creo que tuvieran un papel importante
en el golpe. De lo que no tengo pruebas es
de la posible intervención del Cesid en el
golpe. Alguno de sus miembros fue conde-
El rey Juan Carlos preside la reunión de la Junta de Defensa Nacional, tras el intento de golpe de Estado del 23-F. Laína es el tercero por la derecha. Foto: EFE
dando —nos había llegado información de
que aprovechando las ausencias del jefe del
Estado Mayor del Ejército (JEME), José Gabeiras, había estado intrigando por teléfono
en las capitanías generales—, le puse una
escolta para asegurarme de que iría derecho
a su despacho en el Estado Mayor. La cúpula militar, los jefes de los tres ejércitos, manifestaron su lealtad al Rey desde el primer
momento y estoy seguro de que actuaron
con la mejor voluntad al redactar el comunicado en el que informaban de que asumían
todos los poderes para asegurar la legalidad.
Antes de difundirlo, lo pusieron en conocimiento del Rey que no autorizó su difusión
porque consideró que podía ser mal interpretado.
P. ¿Qué hay de cierto en la versión de
que el Rey se echó a llorar en la Junta de
Defensa Nacional del día 24 al escuchar la
cinta de las conversaciones telefónicas grabadas al general Armada?
R. Yo no pertenecía a la junta, pero me
incorporé a ella por orden del presidente
Suárez. Por indicación de él y aceptación del
Rey puse para la escucha colectiva la cinta
en la que Tejero, desde el Congreso, habla
con García Carrés. Teníamos intervenido el
teléfono de este último porque era un conspirador declarado que frecuentaba todos los
círculos golpistas. En la cinta, Tejero le dice
a García Carrés que Armada “ha venido al
Congreso porque lo que quiere es la poltrona y le da igual una junta militar que un
Gobierno con comunistas. Le he echado de
aquí”. Al escuchar la cinta, al Rey se le hume4 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
tarle”, le interrumpió Quintana en un tono
muy excitado. Entonces, Gabeiras extrajo de
una carpetita marrón una orden de arresto
contra Armada, pero sin firma y se la pasó al
ministro. Este la leyó y le dijo: “No, esa orden no la firmas aquí, la firmas en tu despacho y me la traes”, le indicó Sahagún. A los
pocos minutos, Gabeiras volvió con la orden ya firmada.
P. ¿Qué decían las otras cintas grabadas
aquella noche?
R. Las únicas grabaciones existentes fueron las obtenidas en las intervenciones de
los teléfonos de las casas de García Carrés y
de Tejero. No hay más cintas que esas. Teníamos el teléfono de Carrés intervenido
porque era el más sospechoso de los ultras,
se movía por los círculos golpistas y hablaba
a menudo con el director del diario El Alcázar, Antonio Izquierdo, que hizo un gran
daño a la democracia. En cuanto me pasaron las cintas ordené detener a García Carrés. La mujer de Tejero se pasó toda la noche al teléfono. Teníamos diez horas de grabaciones de ella con gente muy diversa, incluidos los periodistas Emilio Romero y Luis
María Anson. No se podía controlar telefónicamente a los militares a través de los servicios de información del Ministerio del Interior y, a veces, el aviso de la autorización de
nuestras solicitudes de intervención telefónica les llegaba antes a los ultras sospechosos
que a nosotros.
P. Alfonso Guerra aludió a la existencia
de 125 horas de conversaciones interceptadas de los teléfonos del Congreso.
“Al escuchar la cinta, al
Rey se le humedecieron
los ojos. Vi cómo le
caían dos lágrimas
por las mejillas”
“Mi impresión es que
Armada les engañó a
todos: convenció e
implicó a Milans y
utilizó al Rey”
che para cometer errores! Forma parte de
todos esos bulos que llevan 30 años dando
vueltas: que si el maletín con el que huyó el
capitán Gil Sánchez Valiente contenía decretos del futuro Gobierno, que si esos decretos
fueron guardados en la caja fuerte del Congreso, que si la Reina había dicho en una
ocasión que era partidaria de una junta militar. Todo son fabulaciones y mentiras sin
dueño conocido, pero lo increíble es que
todavía sigan circulando.
nado. Tenían una gran división interna y el
jefe del servicio no controlaba nada. Luego,
tras la sentencia, se produjo un ajuste de
cuentas: voladuras de locales del servicio secreto, el incendio de la vivienda del padre
del comandante José Luis Cortina que falleció a consecuencia del fuego.
P. ¿Cuál es la tesis de Francisco Laína?
R. Mi impresión es que Armada les engañó a todos, convenció e implicó a Milans y
utilizó al Rey.
El presidente del Gobierno provisional
en el 23-F llega al final de su relato con el
cenicero repleto y el brillo en la mirada, como si el retrospectivo paseo por aquellas
horas convulsas, tan trascendentales para la
sociedad española, hubiera desatado en su
interior un apretado nudo de fuertes sensaciones, sentimientos y afectos. Tres décadas
después, Francisco Laína aguarda con ilusión el reencuentro que los integrantes de la
Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios han dispuesto para este 23-F en el
Museo Adolfo Suárez y de la Transición en
Cebreros (Ávila), la cuna del presidente Adolfo Suárez. Dice que guardará siempre en su
memoria el cerrado aplauso que le dispensaron sus compañeros de la comisión gubernativa cuando, tras la firma del llamado Pacto
del Capó, los diputados y el Gobierno salieron del Congreso y volvieron a respirar, libres de la amenaza de las armas. Cómo olvidarlo, si aquel fue el único momento en el
que el presidente en funciones del 23-F, un
hombre de carácter, cedió ante las emociones y rompió a llorar. O
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, pistola en mano, en la tribuna del Congreso durante el golpe de Estado del 23-F. Foto: Efe
Tres tramas en la sombra
La dimisión de Adolfo Suárez fue aprovechada por los golpistas para lanzar su intentona,
tras un cruce de proyectos golpistas que trabajaban en secreto. Ni el general Armada ni el
teniente general Milans del Bosch contaban con la decisiva intervención de don Juan Carlos
Por JOSÉ LUIS BARBERÍA
y JOAQUÍN PRIETO
T
res décadas más tarde, la intentona golpista del 23-F que desbarató
el Rey todavía se resiste a ser enterrada para la historia con la losa de
una interpretación definitiva. Aunque los hechos han quedado esclarecidos en su casi
totalidad, las últimas versiones publicadas
divergen en función del énfasis con que se
subraya la importancia del papel desempeñado por cada una de las tramas que convergieron aquel día. ¿Fue fundamentalmente
un tejerazo improvisado, un audaz golpe de
mano llevado a cabo por elementos espontáneos, o un pronunciamiento militar que se
sirvió de la acción detonante de los primeros? Y en la intención de algunos de los protagonistas, ¿no se trataba de una operación
política estancada en la vía parlamentaria
que quedó desvirtuada al tratar de imponerla por la presión de las armas?
Está suficientemente acreditado que a finales de 1980 había una operación política
en marcha inspirada en los negros presagios
sobre el futuro inmediato de España que el
presidente de la Generalitat de Cataluña, Jo-
sep Tarradellas, venía realizando desde su
regreso del exilio. Esa operación, avalada o
auspiciada por el Rey, contaba también con
la conformidad de algunos dirigentes del
PSOE, PCE, Alianza Popular (AP) y de la propia Unión de Centro Democrático (UCD)
gobernante, que temían que la grave situación económica y política del momento desembocara en un golpe de Estado y que la
democracia volviera a ser, como también
dijo Adolfo Suárez en su discurso de dimisión, “un paréntesis en la historia de España”. La idea era remover al presidente Suárez con una moción de censura que contara
con el respaldo de la oposición y del sector
de UCD liderado por Miguel Herrero de Miñón. Se trataba de formar un Gobierno de
concentración para llevar a cabo el “golpe
de timón” propuesto por Tarradellas: superar la crisis económica, combatir a ETA, corregir el rumbo del proceso autonómico
—“corremos el riesgo de que el Estado se
vaya por el sumidero”, había dicho el propio
presidente de la Generalitat— y enfriar los
ánimos golpistas latentes en los cuarteles de
los que el Rey, como jefe de las Fuerzas
Armadas, tenía constancia.
Ese Gobierno debía estar presidido por
un militar para apaciguar a los sectores más
encrespados del Ejército y transmitir a la
sociedad un mensaje de firmeza. Y ese militar debía ser monárquico, ya que había que
asegurarse de que, a la vuelta de dos o tres
años, dejaría su puesto a indicación del Rey.
Durante algún tiempo, la duda estuvo en el
nombre del pretendido mirlo blanco militar. El jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, fue considerado candidato potencial, pero al final se optó por un perfil
menos jurídico y más militar. El elegido, Alfonso Armada, antiguo preceptor del Rey y
hombre que bebía los vientos por el Monarca, había luchado con la División Azul en el
frente de Rusia y era amigo del capitán general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, el
La idea de 1980 fue que
Suárez fuera removido
con una moción de
censura y sustituido por
un militar monárquico
otro alto militar de más declarada pasión
monárquica. Milans no disimulaba su irritación por el rumbo político del país y había
llegado a insinuar que convendría “hacer
algo”, antes de que le llegara su pase a la
reserva, en marzo de 1981.
El Rey necesitaba devolver a Madrid al
general Armada, en un puesto visible y de
rango superior al que ocupaba como gobernador militar de Lleida y jefe de una división
de montaña, lo que implicaba vencer la resistencia del Gobierno. El antiguo preceptor
del Rey había tenido que dejar su cargo de
secretario de la Casa del Rey porque Adolfo
Suárez y el vicepresidente Manuel Gutiérrez
Mellado pensaban que ejercía una influencia negativa sobre el Monarca. La pluma
que 12 años atrás había redactado la carta
con la que el entonces príncipe Juan Carlos
comunicó a Franco su disposición a saltarse
a su padre en la línea sucesoria no parecía
darse cuenta de que el niño había crecido y
era el Rey. Pero en el otoño de 1980, preocupado, alarmado más bien, por la situación,
el Monarca normalizó los contactos con su
antiguo preceptor, que no renunciaba a recuperar el favor real. Armada se comprometió a tenerle al tanto de los movimientos en
Pasa a la página siguiente
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
5
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
que la primera no dejaba de ser constitucio- promover la Operación Galaxia, un proyecel Ejército y se mostró bien dispuesto a “sa- nal, por discutible que lo fuera políticamen- to de asalto al palacio de la Moncloa. El
crificarse” y a presidir, llegado el caso, un te, y la segunda implicaba forzar el brazo de capitán general de Valencia estaba también
la democracia con la intolerable presión mi- al tanto de las tramas de coroneles y tenienGobierno de concentración.
Concebida como alternativa para una si- litar. Por mucho que se exagerara la grave- tes coroneles que trabajaban minuciosatuación de emergencia —algunos líderes dad de la situación —y en esto los involucio- mente y en silencio en un golpe más duro y,
exageraron la gravedad del momento de ca- nistas encontraron un sorprendente eco en por supuesto, sabía que otros capitanes gera a poder justificar ante sus bases la even- la frivolidad de algunos demócratas—, Espa- nerales, franquistas rendidos como él, quetual elección de un militar como presiden- ña no estaba perdiendo la guerra en Argelia rían acabar con el estado de cosas en la
te—, la Operación Armada entró a partir de y no tenía al general Jacques Massu que España de la Transición.
Tras el encuentro del 10 de enero en Vaentonces en fase de efervescencia. Durante amenazaba con tomar París y el resto de las
los meses previos al 23-F, el gobernador mili- capitales si no se le entregaba el poder al lencia, en el que Armada le habló de atribuirtar de Lleida se ocupó de tomar la tempera- general Charles de Gaulle. No existía esa guetura a los políticos: mantuvo más de un cen- rra, ni ese general ni ese ultimátum, pero
tenar de encuentros con personas relevan- alguien pensó que podría fabricarse. Alfontes, al tiempo que la situación de Suárez se so Armada conocía muy bien el caso francés
hacía insostenible. Suárez conocía las críti- porque inició sus estudios en la Escuela de
cas del Rey a su gestión, pero no dimitió por Guerra de París en 1959, al año siguiente de
eso, ni por el conocimiento de un golpe en que, bajo la presión del ultimátum militar,
De Gaulle fuera votado como presidente de
ciernes.
El primer aldabonazo de que iba cami- la República.
A finales de 1980, el teniente coronel de
no de convertirse en cadáver político le llegó a Suárez de sus propias filas con el nom- la Guardia Civil Antonio Tejero era un hombramiento de Miguel Herrero de Miñón co- bre sin destino profesional, profundamente
mo portavoz parlamentario de UCD. Era la resentido e irritado, que llevaba un proyecto
señal de que la moción de censura contra de golpe de Estado bajo el brazo. Había estuél estaba próxima y contaría con el respal- diado técnicamente la ocupación del Palado de un sector de su partido. El segundo cio Nacional de Managua llevada a cabo por
aldabonazo fue constatar el empeño real el líder de la guerrilla nicaragüense Edén
en nombrar a Armada segundo jefe del Esta- Pastora, Comandante Cero, dos años antes y
do Mayor del Ejército. Suárez comprendió pensaba que él también podría realizar una
que la operación Gobierno de concentra- acción similar. En las vacaciones navideñas
ción con general al frente estaba lanzada y organizó cenas en Madrid con oficiales de la
que la tenaza creada en torno a él empeza- Guardia Civil destinados en el País Vasco, y
ba a cerrarse. Valeroso como era, todavía a una de esas cenas asistió Vicente Gómez
pensó en quemar un último cartucho y rei- Iglesias, capitán de la Guardia Civil adscrito
vindicarse ante el congreso de su partido al Cesid que, años antes, había compartido
en Palma de Mallorca, pero el
aplazamiento del acto, obligado
por una huelga de controladores
aéreos, le llevó a arrojar la toalla.
El 29 de enero dimitió con el propósito de arrumbar así la Operación Armada y darle la alternativa sucesoria a su vicepresidente
para Asuntos Económicos, Leopoldo Calvo Sotelo, que fue elegido candidato a la presidencia
por UCD el 6 de febrero, en medio de una fortísima división interna.
Con el presidente en situación de dimisionario, la decisión
del ministro de Defensa y hombre de su confianza, Agustín Rodríguez Sahagún, de aceptar la
sugerencia de La Zarzuela para
nombrar a Armada segundo jefe
del Ejército le llenó de inquietud.
“Rodríguez Sahagún nos preguntó a Javier Calderón (secretario
general del servicio de información Cesid en el 23-F) y a mí por
Alfonso Armada, y le dijimos que
era un tipo estupendo y un buen
jefe”, señala hoy Florentino Ruiz
Platero, coronel de Artillería ya
retirado. Calderón y él formaron
parte del grupo de militares de
confianza de Manuel Gutiérrez
Mellado, a los que Rodríguez Sahagún consultaba los nombramientos y cambios de destinos
en el Ejército.
A consecuencia de esos inforEl rey Juan Carlos I se dirige a la nación en la madrugada del 24 de febrero de 1981.
mes, Milans del Bosch fue destinado a la capitanía general de Valencia, y no a la de Madrid como
pretendía, y el general Torres Rojas fue rele- destino con él en la Comandancia de Guivado de la jefatura de la división acorazada púzcoa.
Durante la cena, tras dibujar un panoraBrunete, acuartelada en Madrid y sus proximidades, y destinado a A Coruña. Por lo ma catastrófico, Tejero les instó a hacer almismo, en sentido contrario y de cara a ase- go. “¿Y qué haría el Ejército?”, preguntó un
gurar Madrid, centro neurálgico del poder capitán. “Con ellos no se puede contar, son
político, el teniente coronel Emilio Alonso unos calzonazos que harán lo que les diga el
Manglano fue ascendido a jefe de Estado Rey”, le respondió Tejero. “Entonces no hay
nada que hacer. ¿Qué puede hacer la GuarMayor de la Brigada Paracaidista (Bripac).
La dimisión de Suárez desactivó la Opera- dia Civil por su cuenta?”. El interrogante
ción Armada como proyecto parlamentario quedó flotando en el aire, pero hubo quien
legal, pero acentuó las circunstancias objeti- ató cabos y pensó que el imprescindible apovas de vacío de poder, descrédito y división yo militar podía venir de la mano del capipolítica que aprovecharon los golpistas: los tán general de Valencia, Jaime Milans del
del golpe blando, partidarios de presionar Bosch, que ejercía cierto liderazgo entre sus
militarmente a los políticos para imponerles pares y no ocultaba su enfado. Por su ayuun Gobierno de firmeza; y los del golpe du- dante, el teniente coronel Pedro Mas Oliver,
ro, que pretendían volver a la dictadura. El que tenía casa en Madrid y se relacionaba
23-F cabalga sobre el equívoco establecido con el ultraderechista García Carrés, muy
entre la Operación Armada y la Operación amigo de Tejero, Milans supo que el tenienDe Gaulle. Ambas fueron nombradas indis- te coronel de la Guardia Civil había concebitintamente en artículos de los periodistas do un nuevo golpe de mano, el segundo, ya
Emilio Romero y Luis María Anson, pese a que dos años antes había sido arrestado por
Viene de la página anterior
Armada se mostró bien
dispuesto a “sacrificarse”
y a presidir, llegado el
caso, un Gobierno de
concentración
La dimisión de Suárez
desactivó la operación,
pero creó las circunstancias
objetivas que estimulan
a los golpistas
Milans se erigió en jefe
de la conspiración,
congeló las operaciones
en marcha y las supeditó
a la solución ‘Armada’
El factor sorpresa permitió
a Tejero ocupar el
Congreso porque el
Gobierno lo ignoraba todo.
¿También el Cesid?
6 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
le el cargo de jefe de la Junta de Jefes de
Estado Mayor, Milans convocó una reunión
de grupos golpistas en el domicilio de su
ayudante Mas Oliver en Madrid, en la calle
del General Cabrera. En aquel encuentro,
celebrado el día 18 de enero y al que asistieron los generales Carlos Alvarado, Francisco
Dueñas, Luis Torres Rojas y Carlos Iniesta
Cano, entre otros, Milans se erigió en jefe de
la conspiración, congeló las operaciones en
marcha y las supeditó a la solución Armada
que debía permitir modificar la Constitución y encauzar el proceso autonómico. Armada excusó su asistencia por la necesidad
de atender otros compromisos ineludibles.
Milans se lo reprocharía meses más tarde,
durante el juicio: “Alfonso, tú siempre te escapas, tú siempre guardándote”.
Sobre el papel, la retirada de Adolfo Suárez y de su vicepresidente para Asuntos de
la Defensa, Manuel Gutiérrez Mellado, la
otra “bestia negra” de los conspiradores, debía contribuir a calmar los ánimos involucionistas, pero los golpistas no se resignaron a
dejar pasar la ocasión. Espoleado por la ultraderecha civil y por una serie de generales
retirados, parte de los cuales asumió posteriormente la defensa profesional de los procesados, Antonio Tejero decidió lanzarse y
abortar la investidura del sucesor de Suárez,
Leopoldo Calvo Sotelo. ¿Hubo alguien más,
fuera de su círculo, que le dijo “ahora”?
La muerte por torturas en comisaría del
activista de ETA Joseba Arregui, que falleció
el 13 de febrero de 1981, crispó todavía más
las relaciones políticas y enconó los exaltados ánimos de los ultras, que juzgaban intolerable que se pidiera cuentas a
la policía por un etarra. Uno de
los oficiales de la Guardia Civil
asistentes a la cena navideña, el
capitán Jesús Muñecas, se ofreció a Tejero: “Cuente conmigo si
se decide a hacer algo”. Ese oficial mandaba solo a una treintena de hombres, pero a Tejero le
pareció suficiente para echar a
andar. El 20 de febrero, viernes,
envió a Milans el mensaje de que
la operación estaba lanzada y ya
no se podía parar. Era falso, puesto que en ese momento no contaba con la tropa necesaria para
llevar a cabo la operación. Tenía,
eso sí, una poderosa razón para
improvisar sobre la marcha la ejecución de su plan, y es que su
proyecto de asalto a La Moncloa
había sido abortado en noviembre de 1978 porque a uno de los
guardias implicados le entró el
vértigo de la responsabilidad y
acabó yendo a la policía.
Apremiado por Tejero —“a
mí no me empujan los tenientes
coroneles”, dijo—, parece que el
capitán general de Valencia vaciló inicialmente antes de subirse
al carro, el de combate, un gesto
familiar en él puesto que lo había
invocado a menudo en las charlas de sobremesa. Pero su ayudante, Mas Oliver, y sobre todo
su segundo en el mando, el coronel Diego Ibáñez Inglés, que era
su enlace con Armada y el cerebro organizador de la capitanía,
terminaron de despejarle las dudas: “Mi capitán general, ahora no podemos
dejar tirada a la Guardia Civil”. Todo se decantó durante el fin de semana. El domingo
por la mañana, Milans comunicó a Armada
que iba haber una acción importante; convocó al comandante Pardo Zancada a Valencia para encargarle de que activara a la Brunete; envió al gobernador militar de A Coruña, Luis Torres Rojas, el recado de que acudiera a Madrid a hacerse cargo de la jefatura
de esa misma división —todavía el mismo
lunes, 23-F, por la mañana, tardaron dos
horas en localizarle porque estaba haciendo
footing—, y ultimó el programa de despliegue de tropas en su región.
Durante el juicio y con posterioridad, Milans, Ibáñez Inglés y Mas Oliver sostuvieron
que el general Armada transmitió por teléfono su conformidad con la acción detonante
(tejerazo) que debía desencadenar la intervención militar. Como Armada ha negado
siempre esas llamadas del domingo 22-F,
los antiguos mandos del Cesid Javier Calde-
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
rón y Florentino Ruiz Platero, autores del
libro Algo más que el 23-F, apuntan la posibilidad de que, por indicación de Ibáñez Inglés —planificó el golpe en Valencia, incluida la detención de la antena del Cesid en
esa capital—, alguien se hiciera pasar por
Armada al otro lado del teléfono para convencer a Milans de que la Corona estaba de
acuerdo. De esas conversaciones, reales o
ficticias, salió el anuncio de que Armada estaría el 23-F por la tarde en La Zarzuela asesorando al Rey y la idea, utilizada igualmente a modo de consigna con la que vencer
resistencias, de que la operación tenía una
cabeza bicéfala: Milans-Armada, los dos generales más declaradamente monárquicos.
El 23-F fue el infame tránsito de la Operación Armada a la Operación De Gaulle, abortado por Tejero con su proyecto de junta
militar y su irrupción vocinglera y violenta
que, transmitida en vivo y directo por la
radio, forzó a más de uno a volverse atrás. Y
es que en el plan diseñado por los conspiradores de salón hacía falta un poco de presión, pero no tanta. Bastaba, seguramente,
un amago de golpe, la escenificación del
malestar en el Ejército y las Fuerzas Armadas, y estaban de más los disparos en el
avalar la consigna de que se actuaba a las
órdenes del Rey. El antiguo tutor del príncipe incumplió el precepto monárquico de
“no hablarás en nombre del Rey en vano”,
incluso mientras el Monarca trataba de sujetar al Ejército y parar el golpe. “Eres tan
monárquico que para salvar al Rey eres capaz de cargarte la monarquía”, le había indicado Manuel Gutiérrez Mellado en una de
sus discusiones. Armada aterrizó con su proyecto de Gobierno de concentración en una
situación de emergencia que él no había
organizado personalmente, pero se sirvió de
ella para tratar de hacer cumplir, esta vez
con la presión de las armas, su sueño de
presidir el Gobierno. “Yo era bastante vanidoso antes de ir a la cárcel”, ha admitido.
Está fuera de toda duda que, como señala Javier Calderón, “Alfonso Armada incurrió, al menos, en un pecado de omisión”,
ya que él mismo ha reconocido que sabía
que “algo importante” iba a pasar en Madrid y que el movimiento se iba a iniciar en
A Coruña (no pensó en Torres Rojas, interpretó que la iniciativa le correspondería al
capitán general de Galicia, Manuel Fernández Posse). En su defensa, el antiguo preceptor del Rey argumenta que si no informó al
paña pasa por una situación similar a la del
23-F. “Hemos llegado a un punto peligroso.
Yo proponía otra cosa distinta: una España
con autonomía administrativa, como decía
el testamento de Franco, pero no este galimatías de las 17 autonomías. El 23-F yo saqué a los diputados sanos y salvos”, enfatiza.
A su manera, ¿no contribuyó también a colocarles bajo el cañón de las armas?
El factor sorpresa permitió a Tejero ocupar el Congreso porque el Gobierno lo ignoraba todo. ¿También el Cesid? Pese a los
años transcurridos, ese sigue siendo un terreno movedizo desde que Tejero, en una
de las cuatro versiones judiciales que dio
sobre los hechos, acusó al entonces comandante José Luis Cortina, del Cesid —absuelto en el juicio—, de haberle empujado a
actuar y haber preparado la supuesta, nunca probada, reunión suya con Armada. ¿Hay
algo de verdad en ese testimonio que cerraría el círculo Tejero-Milans-Armada o forma
parte en su totalidad de las versiones que los
procesados y sus defensores urdieron durante el juicio para implicar lo más posible al
Rey, servirse así de la coartada exculpatoria
de la “obediencia debida” y, de paso, contaminar a las instituciones?
Nadie que conozca a los personajes se
imaginaría a Tejero y a José Luis Cortina
remando en la misma barca, aunque algunos oficiales reformistas confiaron ciegamente en Armada porque veían en él el escudo del Rey y no concebían que pudiera traicionarle. Puede que tocaran la música sin
conocer la letra y ese día se llevaran una
sorpresa mayúscula. El informe interno del
Cesid elaborado por el teniente coronel
Juan Jáudenes dejó constancia de la implicación de Vicente Gómez Iglesias, condenado
en la vista, y de que el cabo Rafael Monge
guió por Madrid con un coche a la columna
del capitán Muñecas en su ruta hacia el Congreso y, según declaraciones de uno de sus
compañeros, se jactó de haber sido advertido por uno de sus superiores con una semana de antelación de la inminencia de una
“acción importante”. Jáudenes confirmó, sobre todo, la existencia de un clima interno
de fuerte división y versiones contrapuestas.
Javier Calderón, que dirigió el Cesid entre 1996 y 2001, y Florentino Ruiz Platero
aseguran que el servicio, como tal, no estuvo implicado en la intentona golpista y reducen el asunto a algunas actitudes personales, poco significativas. Claro que, según al-
Varios guardias civiles zarandean al general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, mientras el presidente Adolfo Suárez (a la izquierda) acude en su auxilio. Foto: Efe
hemiciclo, el tono y lenguaje cuartelero, la
humillación y violencia contra un hombre
mayor y tan digno como Gutiérrez Mellado.
También Milans se retrató esa noche con su
comportamiento. Mandó al comandante
Pardo Zancada, de la División Acorazada,
que acudiera al Congreso con su unidad de
policía militar a respaldar la posición de Tejero, al tiempo que ordenaba a este último
que obedeciera a Armada y le permitiera
postularse ante los diputados para que, con
el miedo en el cuerpo, le votasen presidente
del Gobierno.
Armada, maestro de las medias verdades, habilísimo a la hora de solaparse y fabricar coartadas, consiguió de Milans que reuniera y controlara a las tramas golpistas “por
si surge un movimiento que el Rey necesite
encauzar”, y luego, cuando las piezas saltaron del tablero, excitadas con la oportunidad y animadas con tantos reclamos, no las
denunció, ni desactivó. La tarde del 23-F
trató de ser convocado a La Zarzuela para
Monarca, tampoco cuando supo que la acción era inminente, fue porque pensó que,
como en ocasiones precedentes, el Monarca le remitiría a Gutiérrez Mellado.
“Tengo 90 años y algunos achaques, pero
estoy muy bien de cabeza, y le digo que el 13
de febrero de 1981 ya le advertí a Gutiérrez
Mellado del peligro que había y él me contestó: ‘Tú sueñas’, y me instó a dejar de alarmar
al Rey con lo del malestar en el Ejército”,
manifestó Alfonso Armada, semanas atrás, a
este periódico. “El día que comí con Enrique
Múgica (encargado de las cuestiones de Defensa del PSOE) no hablamos del golpe, ni
de política. Él me preguntó por otras personas, que cómo era Sabino Fernández Campo… Me atribuían la presidencia de un futuro Gobierno y yo tenía el prestigio y estaba
dispuesto a sacrificarme”, subraya. Alfonso
Armada, que sigue definiéndose “español,
católico, apostólico, romano y monárquico”, dice que todavía no entiende por qué le
acusó el Rey. Piensa que también ahora Es-
Alfonso Armada, “español,
católico, apostólico, romano
y monárquico”, dice que
todavía no entiende por
qué le acusó el Rey
Armada: “Yo proponía una
España con autonomía
administrativa, como decía
el testamento de Franco,
pero no 17 autonomías”
gunos de los libros publicados, los que atribuyen la intentona golpista a una ingente
tarea de inteligencia y manipulación a cargo
del Cesid, este hombre, Javier Calderón, sería poco menos que el cerebro del 23-F. Tres
décadas después, parte del anecdotario que
los condenados y sus abogados fabricaron
durante el juicio sigue todavía circulando en
boca de catedráticos e investigadores.
Es como si, en lugar de actuar de trilla
que separa el grano de la paja, depura y
consolida la verdad, el paso del tiempo agitara los sedimentos de las evidencias ya establecidas y aventara de nuevo rumores y ficciones. “Curioso país, el nuestro, que gusta
de dar verosimilitud a los rumores, sean del
23-F o del 11-M, y hace suya la frase ‘cuando el río suena, agua lleva’, especialmente si
el agua que corre es agua turbia”, comenta
con ironía y acidez Javier Calderón. ¿No cabe pedirles ya a Antonio Tejero y otros protagonistas que se sinceren en aras de la verdad histórica? O
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
7
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
EL CONSEJERO DELEGADO DEL GRUPO PRISA Y PRIMER DIRECTOR DE EL PAÍS
CUENTA CÓMO SE VIVIÓ EL 23-F EN ESTE PERIÓDICO Y CÓMO DECIDIÓ SACAR UNA
EDICIÓN ESPECIAL A FAVOR DE LA CONSTITUCIÓN EN PLENO GOLPE DE ESTADO
Una jornada
particular
POR JUAN LUIS CEBRIÁN
A
las seis y veinte de la tarde del 23 porque sugerí que el deterioro político era
de febrero de 1981 bajé el volu- tal en la España de entonces, esa que apellimen de la radio de mi escritorio daban “del desencanto”, que no podíamos
al tiempo que el secretario del descartar una intervención militar. La posiCongreso pedía a viva voz el voto de los bilidad de la misma se venía barajando desparlamentarios para la investidura de Leo- de el descubrimiento, a finales de 1978, de la
poldo Calvo Sotelo como presidente del operación Galaxia, en la que el propio TejeGobierno. Me dispuse a recibir a Antonio ro había colaborado activamente y que en
Ramos, que aguardaba desde hacía un cierta medida resultaba un prólogo de lo
cuarto de hora para verme y a quien que- que comenzábamos a vivir ahora. La debiliría entrevistar antes de contratarle como dad del Gobierno a la hora de reprimir aqueredactor de EL PAÍS en Andalucía. Apenas se aposentó frente
a mi mesa, Augusto Delkáder,
subdirector del periódico, me
llamó por el telefonillo interior.
Parecía alarmado.
—¿Estás siguiendo el pleno
del Congreso?
—He bajado el volumen, no
me interesan las votaciones.
—¡Sube la radio, sube la radio
cuanto antes! —me espetó.
Giré el botón y escuché algunos golpes, voces pocos distinguibles, confusión, y a un locutor
que murmuraba aturdido: entra
gente armada en el salón de plenos, es la Guardia Civil, no sabemos qué sucede.
—Perdona, Antonio —dije a
mi visitante— ¿no te importa esperar un poco más ahí fuera, hasta que se aclare esto? Nos vemos
enseguida.
Y llamé a Augusto para que
viniera cuanto antes a mi despacho.
En la radio seguía escuchándose ruido a soldadesca. El locutor se preguntaba si los guardias
habían entrado persiguiendo a
un comando etarra, pero enseguida oímos un estertor, ¡quieto toPrimera página de la edición especial de EL PAÍS el día del golpe.
do el mundo!, y supimos que
quien se dirigía a los diputados,
pistola en mano desde la tribuna, era el teniente coronel Tejero. Entonces
ya no hubo duda. Se estaba produciendo un
golpe de Estado.
¿Nos pilló de sorpresa? En absoluto. Desde luego no esperábamos una escena tan
histriónica como aquella, pero la posibilidad de una intervención del ejército contra
el régimen democrático se rumoreaba desde hacía meses y era comentario habitual
en los cenáculos políticos. La reciente dimisión del presidente Suárez había alimentado esos rumores en medio de un espeso
ambiente erosionado por la división interna
del partido en el poder, y eran frecuentes y
sonoras las demandas de un “gobierno fuerte” por parte de los sectores más reaccionarios de la opinión pública, aunque también
las expresaban los líderes de la oposición.
Recordé que menos de un año antes, en
un congreso celebrado en la Universidad de
Vanderbilt, en los Estados Unidos, me había
enzarzado en una discusión con el venerado hispanista Raymond Carr, escandalizado
No esperábamos una
escena tan histriónica,
pero se rumoreaba la
posibilidad de una
intervención del ejército
Bajé a la redacción y
pedí a los periodistas
que ocuparan sus
puestos porque íbamos
a publicar EL PAÍS
8 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
lla primera intentona degeneró en una acumulación de incidentes sediciosos protagonizados por el generalato de origen franquista. Todo ello era fiel reflejo de un estado de
cosas brillantemente definido por Winston
Churchill durante la Segunda Guerra mundial, cuando le preguntaron cuál era la situación. “Toda Europa —contestó— está ocupada por el ejército alemán, salvo España,
que se encuentra ocupada por su propio
ejército”. O sea que no era preciso tener
ningún tipo de información privilegiada para saber que, cinco
años después de la muerte del
dictador, los uniformados constituían todavía el primer obstáculo
y la amenaza más identificable
contra la recién estrenada democracia y que el papel fundamental reservado al rey Juan Carlos
durante la Transición no había
sido el de motor del cambio, como lo definió José María de Areilza, sino el de freno de las veleidades de los milicos. Ahora acababan de entrar en el Parlamento,
como Pavía, dispuestos a disolverlo aunque fuera a tiro limpio.
Algunas de estas reflexiones
se embarullaban en mi cerebro
mientras mi despacho, acosado
de visitantes de urgencia, comenzaba a parecerse al camarote de
los hermanos Marx. La plana mayor de la redacción y del Consejo
de Administración del diario se
congregó allí, discutiendo confusamente sobre los acontecimientos cuando todavía faltaba información. Radio Nacional y la cadena SER dejaron enseguida de
transmitir desde el Congreso, lo
mismo que TVE, pero el descuido de los rebeldes permitió que
una de las cámaras siguiera grabando para la Historia lo que sucedía allí dentro. Yo me encontraba entonces bajo protección policial por
amenazas terroristas, y mi escolta fue convocado, como el resto de los que hacían ese
tipo de servicio, a las dependencias del Ministerio del Interior. “Me quedo aquí, contigo, por si hacen falta pistolas”, me dijo, al
tiempo que recomendaba que cerrara los
accesos al periódico. De todas maneras todavía algunos dudaban de que aquello fuera
un golpe de Estado en toda regla y se apuntaban a la teoría de que se trataba solo de una
nueva payasada macabra de Tejero, caricatura viviente de la peor imagen de la Guardia Civil caminera. Como todo el Gobierno
se encontraba secuestrado en el hemiciclo,
se me ocurrió telefonear al Secretario de la
Casa del Rey, el general Fernández Campo,
que me informó de que estaban siguiendo
la situación pero todavía no tenían un análisis preciso. Poco antes de las siete de la tarde una llamada de Ana Cristina Navarro,
redactora de Televisión Española, me alertó
de que las tropas habían entrado en las insta-
laciones de Prado del Rey, e irrumpido violentamente en el despacho del director. Pedí que me pusieran con él y Fernando Castedo me contestó en tono tranquilo, no exento de ironía: te hablo en presencia del capitán Nosequién, que está al mando de los
ocupantes del edificio, no puedo comentarte nada. Casi al mismo tiempo Delkáder me
entregó los cables que daban cuenta de la
proclamación del estado de excepción por
el general Milans del Bosch en Valencia, y ya
no cupieron más vacilaciones: el golpe era
algo organizado y afectaba a otras regiones
militares aparte de la de Madrid. Jesús Polanco se puso en contacto con el capitán general de Burgos, pariente lejano suyo, quien le
comentó que la mayoría de sus colegas
—por no decir todos— apoyaban la conspiración, aunque al parecer (yo no asistí al
diálogo, que se desarrolló desde mi secretaría) él aseguraba no estar implicado. Ese fue
el momento en el que comuniqué a los reunidos en mi despacho que en mi opinión
debíamos sacar una edición especial de inmediato, de acuerdo con lo acostumbrado
por EL PAÍS cuando sucedía una noticia de
extraordinario interés. ¿Una edición para
qué?, me preguntaron. Para lo que un periódico como el nuestro tiene que hacer: contar lo que pasa y emitir una opinión al respecto. El debate se convirtió en discusión y
luego en caos. José Ortega y Jesús Polanco
no estaban seguros de que aquella fuera
una buena decisión. Javier Baviano, gerente
del diario, puso de relieve que no habría
furgonetas para distribuirla y que los quioscos habían cerrado ya que las gentes, atemorizadas, se habían recluido en sus casas. Ade-
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
más, aunque muchos redactores se encontraban para esa hora en el periódico, la mayoría de los operarios de talleres había terminado su turno y no podíamos contar con
ellos. Carlos Montejo, representante del Comité de Empresa, se apresuró a decir que él
convocaría a los que fueran necesarios y
que si se precisaban voceadores los sindicalistas venderían la edición en las calles. Alguien comentó que eso era muy peligroso,
que podían agredirlos los fachas. Delkáder y
Martín Prieto, mis dos subdirectores, me urgían a tomar una decisión, la única posible
según ellos: sacar el diario cuanto antes. El
consenso parecía imposible y el guirigay de
alteradas voces, incontrolable, o sea que al
fin di un manotazo sobre la mesa de cristal
de mi despacho y dije: aunque sea lo último
que haga como director, vamos a sacar esta
edición. A partir de ahí cesó el desorden y
todos se pusieron a lo suyo. Bajé a la Redacción, que hervía de rumores y pedí a los
periodistas que ocuparan sus puestos de trabajo porque íbamos a publicar EL PAÍS. Era
lo único que estaba en nuestras manos para
contribuir a parar el golpe. Añadí que me
habían comunicado que tropas del regimiento Saboya nº 6 avanzaban hacia la capital con la misión específica de ocupar nuestras instalaciones. Por lo tanto, como el miedo era libre, si alguno quería marcharse y no
participar estaba en su derecho de hacerlo.
Mi única preocupación, concluí, era que los
soldados llegaran antes de que hubiéramos
sido capaces de terminar la edición, paralizándola, con lo que el esfuerzo habría sido
vano y la amenaza contra nosotros subiría
de tono al comprobar los militares lo que
estábamos haciendo. De modo que era preciso no perder ni un minuto. Nadie lo dudó,
dejaron de hacer corrillos y comenzaron a
organizar el trabajo. Yo sí lo hice: por un
momento fui presa del miedo al que me
acababa de referir. Entonces imaginé que si
en vez de salir solo EL PAÍS hubiera otros
diarios que hicieran lo mismo, todos estaríamos más protegidos. Me encerré en un despacho, en presencia de Eduardo San Martín, un combativo periodista de izquierdas
que luego fue director adjunto de Abc; y llamé a Pedro J. Ramírez, a la sazón director de
Diario 16. Le expuse mi preocupación y le
pedí que publicaran también ellos una edición extraordinaria. No podemos, me contestó, en ese tono de dubitante seguridad
que todavía utiliza cuando habla por la radio. A estas horas no tenemos obreros, no
tenemos periodistas, no tenemos capacidad
técnica. Pensé que lo que no tenían en realidad eran huevos y se lo dije, aunque no con
esas mismas palabras. Comprendí por lo demás que estábamos solos, que aquella era
una decisión que solo los periodistas compartíamos, con el apoyo de los trabajadores
del taller, y otra imagen del pasado me vino
a la mente: la del presentador de la televisión checa, en agosto de 1968, cuando los
tanques soviéticos invadieron el país y acabaron con la Primavera de Praga, el experimento de liberalización llevado a cabo por
Dubcek. La cara descompuesta del locutor,
reflejada en una pantalla llena de interferencias, y su llamada de auxilio me habían perseguido desde entonces: “Nos invaden,
ayúdennos”. Pensé entonces que era necesario contar fuera lo que estaba pasando, que
Periodistas de distintos medios, en las escaleras del hotel Palace, leen una de las siete
ediciones que EL PAÍS sacó durante la noche
del golpe de Estado.
precisábamos de la solidaridad de la prensa
y la opinión pública internacional si queríamos que el golpe no triunfara. Pedí a Jesús
Hermida, a Ángel Luis de la Calle, a Sol Álvarez Coto, que se pusieran en contacto con el
New York Times, con Le Monde, con el Ti-
Llamé a Pedro J.
Ramírez y le pedí que
ellos también publicaran
una edición. No
podemos, me contestó
Nuestros periodistas
alertaron al ‘New York
Times’, a ‘Le Monde’, al
‘Times’ de Londres para
informarles de los sucesos
mes de Londres, con las agencias extranjeras, para informarles de los sucesos y les
aconsejé que mantuvieran abiertas las líneas telefónicas. Mientras tanto Javier Pradera comenzó a escribir el editorial que debería aparecer en la edición y yo telefoneé a
mi amigo Francisco Pinto Balsemao, primer ministro portugués, compañero de estudios del Rey, para contarle con precisión
lo que sucedía. También hablé con mi padre, un periodista del Régimen que había
dirigido el diario de la Falange, y después
de tranquilizarme sobre la seguridad física
de mis cuatro hijos me animó a que sacara
el diario cuanto antes. A lo largo de la tarde
haría lo mismo repetidas veces con el propio Delkáder, con quien hablaba para saber
cómo andaban las cosas, pues no quería
interrumpirme a mí.
En muy poco tiempo la edición estaba
preparada. Sólo cambiamos de momento
dos páginas del periódico del día. La cuestión era estar a la venta cuanto antes. No
habían llegado todavía las fotos de la intentona que fue capaz de escamotear el reportero
de la agencia Efe y decidimos ilustrar la primera página con una estampa de la fachada
del Congreso. El editorial, como todos los de
Javier, era preciso y contundente, pero quise
añadirle un párrafo introductorio con dos
ideas clave: 1. EL PAÍS sale a la calle en defensa de la ley y la Constitución. 2. Los españoles deben movilizar todos los medios a su
alcance en defensa de la voluntad popular.
Luego quedaba por definir el titular. Desde
que fundáramos el periódico la página de
opinión y los titulares de la primera eran
Pasa a la página siguiente
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
9
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
y la paz de los ciudadanos. Aunque se había
Viene de la página anterior
decisiones reservadas a la única voluntad anunciado una comparecencia del monarca
del director. Jesús Hermida vino en mi ayu- en televisión, ésta se hacía esperar. Decían
da. Discutimos brevemente. Yo quería dar la que por motivos técnicos pero los rumores
noticia, pero también el mensaje que trans- apuntaban que antes de dirigirse al país demitía el editorial. Entre los dos, creo recordar bía estar seguro de que Milans había depuesque en realidad la idea se debió más a él que to su actitud. El convencimiento de que los
a mí, al final escribimos: GOLPE DE ESTA- cazas de la base de Manises estaban dispuesDO. E inmediatamente abajo: El país con la tos a abrir fuego contra los tanques desplegaConstitución. A los pocos minutos Jesús vol- dos por el capitán general en las calles de
vió a mi despacho con la prueba de la prime- Valencia, si éste no se rendía, habría inclinara página. Nos quedamos contemplándola y do finalmente el fiel de la balanza. Cuando
me vino una intuición: si pusiéramos El País, Juan Carlos apareció en la pantalla, con unicon mayúsculas, los lectores entenderían forme militar y gesto adusto, comprendique no solo los ciudadanos en general, sino mos que el golpe había sido abortado. Pero
el periódico en particular, nos pronunciába- Gobierno y congresistas seguían secuestramos contra los rebeldes. Tuvimos dudas, pe- dos y los ocupantes del Parlamento no parero las resolvimos enseguida. Aquello funcio- cían dispuestos a deponer las armas. Cunnaba. A las ocho y media de la tarde las día el temor de que el exceso de alcohol y el
cansancio de la tropa degenerara además
rotativas comenzaron a escupir papel.
Los quioscos estaban en su mayoría ce- en incidentes violentos que pudieran ocasiorrados, según Baviano había advertido, y de- nar una masacre. Fue entonces cuando
cidimos enviar unos miles de ejemplares al Francisco Laína, jefe del gobierno de subsecentro de la ciudad y al hotel Palace, donde se habían concentrado la cúpula militar, los jefes de
la policía y guardia civil y decenas, quizá centenares, de periodistas que trataban de seguir desde allí los sucesos. El general
Sáenz de Santa María, que años
atrás había decidido aplicarme la
ley antiterrorista y enviarme a casa una decena de guardias civiles
de paisano armados hasta los
dientes en busca de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado secuestrado por el
Grapo, estaba ahora del lado de
los buenos. A raíz de aquella bárbara intrusión, y pese a la brutalidad contra mí ejercida, habíamos terminado por trabar una
buena amistad. Cuando recibió
la edición especial de EL PAÍS decidió enviar una mano de ejemplares al interior del Congreso.
Poco después Tejero se presentaba en el hemiciclo desplegando
con descaro las páginas de nuestro periódico. Javier Solana me
contaría más tarde que al verlo
pensó: si EL PAÍS ha salido a la
calle es que el golpe no ha triunfado fuera. A él y a otros rehenes
ese detalle sirvió para insuflarles
ánimo.
Más tarde me llamó Balsemao. Había hablado con el Rey
y le había encontrado tranquilo.
Juan Carlos estaba telefoneando
a todos los capitanes generales,
a fin de desarticular minuciosamente tanto el golpe como la
patraña de que se trataba de algo dirigido o apoyado por la Corona, pero Milans se resistía a
acatar órdenes. Balsemao me dijo que si quería pedir asilo político podía acercarme a la embajada portuguesa y me lo concederían de inmediato. Ni se me había pasado por la cabeza y además yo estaba seguro de que el
golpe no acabaría triunfando,
Varios guardias civiles abandonan el Congreso por una ventana, horas antes de la rendición del teniente coronel Tejero.
en cualquier caso mi obligación
era seguir en el periódico. Lo
comprendo, comentó él, pero te
lo digo porque Fulano está cenando preci- cretarios creado por Juan Carlos para evitar
samente hoy allí y le ha pedido asilo al que la cúpula militar ocupara el vacío de
embajador. Aproximadamente a esa mis- poder, tal y como habían pretendido los gema hora, un valiente gudari representante nerales, me preguntó mi opinión sobre la
de la izquierda abertzale proetarra escapa- conveniencia de que los geos tomaran por
ba a Francia a bordo de una chalupa fleta- asalto el Congreso y acabaran de una vez
con el problema. Le expresé mi sorpresa anda en Ondarribia.
La radio había estado transmitiendo du- te semejante interrogante, me faltaba inforrante toda la tarde música, pero a partir de mación para hacerme un criterio al respeccierto momento la SER retomó sus emisio- to. En realidad, añadí, lo que me preguntas
nes y comenzó a narrar el golpe. En provin- es qué va a decir EL PAÍS mañana si ordecias, algunos alcaldes reunieron a la Corpo- náis el ataque y sale mal, pero a eso no te
ración y a cientos de sus convecinos en los puedo responder ahora. Luego hablé de nuesalones del Ayuntamiento: siguieron así to- vo con el general Fernández Campo para
dos juntos los acontecimientos a través de comentarle esa conversación y para confirlas ondas. Juntos andaban igualmente los mar que, aunque estaba previsto desde haobispos españoles, reunidos en conferencia cía semanas que el Rey me recibiera precisapor casualidad esa misma tarde, y protago- mente el día 24 de febrero a las diez de la
nistas de un silencio más culpable que co- mañana, daba por hecho que la audiencia
barde. La misma Iglesia que había bendeci- quedaba cancelada.
Mientras todo esto sucedía la situación
do y apoyado décadas atrás el levantamiento fascista del general Franco, callaba ahora parecía cada vez más controlada, el periódiante una agresión armada contra la libertad co producía edición especial tras edición es-
Laína me preguntó mi
opinión sobre la
conveniencia de tomar
por asalto el Congreso
y acabar de una vez
Cuando Juan Carlos
apareció en pantalla, con
uniforme y gesto adusto,
comprendimos que el
golpe había sido abortado
No cabíamos en nuestro
asombro al ver que
los sublevados se iban
tan tranquilos a casa
o a sus cuarteles
Aquel día pensé que no
habíamos hecho sino lo
que nos correspondía:
contar las noticias y emitir
libremente una opinión
10 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
pecial, con las imágenes de Tejero empuñando el arma bajo su tricornio de charol, y la
televisión difundía los planos en que el general Gutiérrez Mellado se enfrentaba a los rebeldes mientras solo Suárez y Carrillo permanecían impasibles en sus escaños en medio
de la balacera desatada. Pero la ocupación
del Congreso continuaba y los nervios de los
derrotados golpistas no auguraban nada bueno. En la madrugada acabó la euforia de los
conspirados y comenzaban a llegar anécdotas ilustrativas. Un capitán general de una de
las regiones más extensas e importantes había celebrado medio borracho y rodeado de
bellas damas el triunfo del golpe, mientras
un embajador en un importante país europeo hacía un brindis por el fin de EL PAÍS y
de todo lo que representaba. En cuanto a la
columna motorizada encargada de ocupar
el periódico, las disputas entre los oficiales
que la mandaban por el número de walkietalkies e impedimenta correspondiente a cada unidad y la necesidad de parar en la gasolinera de la esquina para repostar
los camiones les habían hecho
perder un tiempo precioso, o sea
que nunca llegaron hasta nuestras instalaciones. Durante toda
la noche, centenares de personas
mantuvimos la vela, como en el
resto de los medios de comunicación, aguardando la liberación de
los rehenes y el fin de la dramática charlotada. A mediodía del
martes, y tras intensas negociaciones, por fin comenzaron los rebeldes a abandonar, a través de las
ventanas, las instalaciones del
Congreso. Los policías y guardias
civiles que estaban en la calle les
ayudaban a salvar la distancia
con la acera, sujetándoles el
subfusil. Luego los sublevados recuperaban el arma y se iban, tan
tranquilos, a sus casas o a sus
cuarteles. Algunos no cabíamos
en nuestro asombro pues esperábamos ver cómo aquellos criminales eran esposados y conducidos a las comisarías en coches
celulares. La mayoría de los sediciosos nunca fue castigada. Pero
en aquel momento, la alegría inevitable de los liberados y la sensación de alivio de todos los españoles bastaron para superar cualquier actitud crítica.
Salí del periódico hacia las
tres de la tarde del día 24. Nadie
habíamos pegado ojo en toda la
noche pero no nos sentíamos
cansados. Javier Baviano me entregó las llaves de un apartamento que había alquilado a nombre de un desconocido por si yo
estimaba que era peligroso volver a casa. Lo mismo había hecho, sin consultármelo, un hermano mío. Yo no había sentido
otro temor durante toda la jornada que el que me inspiró brevemente la decisión de publicar la
edición especial. Desapareció
de inmediato gracias a la actividad desplegada y al convencimiento de que la única manera
de resistirnos ante la barbarie
era cumplir con nuestra obligación profesional. A la hora de la siesta, tumbado sobre el lecho, me dije que en realidad los redactores y trabajadores de EL
PAÍS no habíamos hecho sino lo que nos
correspondía: contar las noticias a nuestros lectores y emitir, libremente, una opinión al respecto. Pero ahora pienso que fue
precisamente aquel día el que consagró a
nuestro diario, dentro y fuera de España,
como el icono mediático de la Transición.
****
CUATRO AÑOS MÁS TARDE, en la presentación
de la edición andaluza de EL PAÍS, en Sevilla, se acercó una persona a darme un abrazo. ¿Te acuerdas de mí?, me preguntó con
una sonrisa iluminada. La verdad es que no,
le confesé entre tímido y aturdido. “Soy Antonio Ramos. Estuve en tu despacho el 23-F
y me pediste que te aguardara diez minutos
mientras se aclaraba lo que pasaba en el
Congreso”. No nos habíamos vuelto a ver
desde entonces. O
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
¿Qué hiciste aquel día?
JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO TENÍA 20 AÑOS Y ESTUDIABA AQUELLA TARDE PARA UN EXAMEN PARCIAL.
MARIANO RAJOY SE ENTERÓ DEL GOLPE POR LA RADIO, EN PONTEVEDRA, MIENTRAS SE CORTABA EL PELO. LA
MINISTRA CHACÓN ERA UNA NIÑA DE 9 AÑOS Y RECUERDA A SU MADRE, TEMEROSA, ESCUCHANDO EL
TRANSISTOR. REPRESENTANTES POLÍTICOS, MILITARES Y JUECES RECUERDAN SU PARTICULAR 23-F.
“Pasé la noche pegado a la radio, era una pesadilla”
POR JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO. PRESIDENTE DEL GOBIERNO
R
ecuerdo el 23 de febrero de 1981
con mucha claridad: yo tenía 20
años y aquella tarde estaba en casa
de mis padres en León estudiando para
un examen parcial de Hacienda Pública y
escuchaba de fondo la radio, porque emitían en directo el debate de investidura.
Así que pude oír en directo, en medio de
la votación, los disparos y los primeros
momentos de confusión. Rápidamente
me fui al despacho de mi padre para comentárselo, pero desde los primeros momentos tuve claro que nuestro país estaba haciendo frente a un golpe de Estado,
a una situación extremadamente grave.
A partir de ahí fue una tarde larga y
complicada, sobre todo por la falta de
noticias fiables en torno a la situación;
todo eran rumores. Recuerdo que mi padre se puso en contacto con amigos suyos, abogados y políticos, y en todos había la misma gran inquietud. Pasamos la
tarde en casa, intentando averiguar qué
estaba sucediendo; tengo todavía nítida
en mi memoria la imagen de mi hermano, mi padre y yo intentando saber con
todos los medios a nuestro alcance qué
estaba sucediendo. No dormí en toda la
noche, pegado, como tantos españoles, a
la radio.
Evidentemente, lo viví con desasosiego y con inquietud, no tanto por lo que
podía sucedernos personalmente, aunque mi familia siempre había manifestado abiertamente sus simpatías progresistas, sino, sobre todo, por lo que este golpe
calles, en los centros públicos,
de Estado podía significar para
en las facultades, era de solidarinuestro país. Era como una pesadad con nuestro incipiente sistedilla que repetía los peores moma democrático que, no lo olvimentos de nuestra historia. Pero
demos, todavía era muy joven.
además sentía una enorme indigDespués de pasar ese día parnación personal porque pensaticipando en la organización de
ba que estaban intentando haactos de defensa de la Democracer a nuestra generación lo que
cia, el 27 de febrero fui a la gran
ya habían conseguido hacer a
manifestación celebrada en memuchas generaciones de españodio de un emocionante clima de
les: truncar nuestras esperanzas
solidaridad, de respeto y de conde desarrollo personal y colectivicción democrática y, también,
vo, impedirnos vivir una vida plepor qué no decirlo, de alegría cona de libertad; llenar de nubarrolectiva. Creo que entre los miles
nes un horizonte prometedor.
de ciudadanos que estuvimos en
Rápidamente empezamos a
la manifestación se vivió un amhacer cosas concretas para lubiente difícilmente repetible,
char por la Democracia, para maque luego pudimos comprobar
nifestar nuestra repulsa por lo
que se había extendido por todo
que había sucedido, porque enel país. El pueblo español salía a
tendimos que había que demosla calle para manifestarse públitrar rápidamente en las calles y
camente en defensa de su Constien todos los ámbitos el apoyo de
tución: queríamos escribir nuesla gente a la Constitución. Así
tra propia historia y que nadie la
que en cuanto empezó el nuevo
escribiera por nosotros.
día nos movilizamos, pude haJosé Luis Rodríguez Zapatero, que tenía 20 años, estudiaba esa tarde
Treinta años después, creo
blar por teléfono con algunos
para un examen parcial de Hacienda Pública.
que para los que entonces éraamigos de clase con inquietudes
mos jóvenes y empezábamos a
políticas, jóvenes que entonces
descubrir la realidad de este
también compartían militancia,
y organizamos un acto en el hall de la las libertades, que significaron mucho pa- país, su política y su historia, ese 23-F
Facultad de Derecho bajo un cartel en el ra nosotros porque confirmaron que la supuso el convencimiento de que, por enque se podía leer: “¡Viva la Constitución! gente no tenía miedo. Recuerdo que se cima de todas las resistencias y las dificulprodujo algún pequeño incidente porque tades, la lengua materna de nuestra geneEn defensa de la Democracia”.
Se sucedieron entonces numerosos ac- algunos grupos, muy minoritarios, nos in- ración y de las siguientes era ya, irreversitos de afirmación democrática y apoyo a creparon, pero el ambiente general en las blemente, la de la Democracia. O
“Me pilló recién acabada la ‘mili’ en Valencia”
POR MARIANO RAJOY. PRESIDENTE DEL PARTIDO POPULAR
E
l 23-F me pilló en Pontevedra y no en Valencia por una cuestión de
semanas. Acababa de terminar la mili, que pasé destinado precisamente en la Capitanía General de Valencia. De
milagro no me convertí en testigo directo del estado de excepción dictado por Milans.
La noticia la conocí en el
momento en que se produjo,
por la radio, mientras me estaba cortando el pelo. Aquella
no era una sesión parlamentaria más y los medios la estaban retransmitiendo en directo. Salí de la peluquería y me
fui a casa; a partir de ese momento ya me quedé enganchado a la radio durante toda
la jornada, seguí también en
directo el mensaje del Rey y
todo lo que sucedió en las in-
Mariano Rajoy tenía 25 años y acaba de terminar la ‘mili’ en la Capitanía General de Valencia. Foto: Xurxo Lobato
mediaciones del Congreso de
los Diputados.
Mi primera impresión fue
una mezcla de sorpresa, confusión y profunda incredulidad: no me podía creer lo que
estaba pasando. Luego vino
el temor a regresar a una época de atraso brutal e incluso
un cierto bochorno por aquellas imágenes de España que
estaban viendo en todo el
mundo.
Pasado el primer impacto
de la noticia, vi claro que
aquello no podía triunfar. Como tantos otros millones de
españoles salí a manifestar
mi apoyo a la democracia después de la intentona. Unos
cuantos meses después, a finales de aquel mismo año, comencé a dedicarme en serio a
la política. O
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
11
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Una vuelta por detrás del Congreso
POR ESPERANZA AGUIRRE. PRESIDENTA DE LA COMUNIDAD DE MADRID
E
l 23 de febrero de 1981 yo llevaba ya
cinco años como funcionaria del Ministerio de Comercio y Turismo (había ingresado en el Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo en enero de 1976) y era jefa
del Servicio de Publicidad de la Secretaría
de Estado de Turismo, que tenía las oficinas en el edificio de Alcalá, 44. Y allí estaba
cuando se produjo el asalto al Congreso.
Recuerdo que, al oír la noticia, me fui
con tres compañeros y amigos del Cuerpo, Ignacio Vasallo, Amado Giménez y Paloma Notario, a dar una vuelta por la parte
de atrás del Congreso de los Diputados,
que está muy cerca. Allí vimos que había
un cordón de la policía y decidimos irnos
al Círculo de Bellas Artes para, desde allí,
seguir las informaciones. Estuvimos entre
Aguirre, a los 29 años, era funcionaria. En la foto, con su hijo Álvaro.
El día en que mamá se puso al mando
POR CARME CHACÓN. MINISTRA DE DEFENSA
A
ún no había cumplido 10 años, pero
conservo nítidos algunos recuerdos.
Llegué del colegio con mi hermana pequeña y encontré a mi madre pegada a la
radio, temerosa. Mi padre trabajaba en
Almería y emprendió rápido trayecto hacia Barcelona para reunirse con nosotras;
llamó más tarde diciendo que no podía
cruzar Valencia. Ahí supe de los tanques
en la calle. Y que lo que tuviera que ser,
sería sin mi padre. Mi madre se puso al
mando y nos organizó a mi hermana y a
mí para empaquetar libros y documentos
que intuí comprometedores, peligrosos
para los tiempos que se avecinaban. La
llegada de mi avi [abuelo] aclaró las cosas:
sucediera lo que sucediera, no nos moveríamos de Barcelona. No pensaba volver a
Carme Chacón tenía 9 años cuando el golpe.
el círculo y la oficina hasta que
nos enteramos de que el Rey había grabado un mensaje y, pasadas las diez, nos fuimos a nuestras casas a escucharlo.
Todos los de mi familia, además, seguíamos lo que estaba pasando con un interés añadido porque mi tío Ignacio Aguirre, que
era Secretario de Estado de Turismo, fue uno de los que formaron
parte de la llamada Comisión de
Subsecretarios, que actuó, de facto, como Consejo de Ministros,
ya que los ministros estaban secuestrados en el Congreso. O
refugiarse en Francia; él se haría cargo de
nosotras. También nos aseguró que no
ocurriría nada grave. Nos infundió una
seguridad que entonces me convenció a
medias y que ahora recuerdo forzada, fingida. La aparición del Rey en televisión es
el último recuerdo y está asociado a una
explosión de alegría.
Hoy, 30 años después, nuestras Fuerzas Armadas son la institución más valorada por los españoles. Es en ese magnífico
recorrido democrático donde yo las he conocido: primero en Bosnia, en 1996, y después en mis once años como parlamentaria. Hoy tengo el privilegio de dirigir el
Ministerio de Defensa. O
“Estuvimos muy cerca del desastre”
Julio Rodríguez tenía 32 años, era capitán y pilotaba un Mirage III.
mucha preocupación.
La situación en la ciudad de Valencia era tensa, las cabinas telefónicas de la base, llenas de
monedas, se bloquearon y teníamos una sensación de aislamiento.
Después, tras el
mensaje del Rey, algo
más de tranquilidad, y
finalmente, cuando todo terminó, una sensación de que habíamos
estado muy cerca del
desastre. Un desastre
del que nos salvaron
comportamientos muy
dignos, siendo el de Su
Majestad el Rey fundamental.O
Félix Sanz Roldán era capitán y contaba entonces con 36 años.
ta, y cuando pudimos escuchar en una pequeña
radio a pilas el mensaje
de nuestro Comandante Supremo, monté el
servicio de seguridad y
les ordené descansar.
Al día siguiente me
indigné al ver las imágenes de guardias civiles,
de uniforme, entre ellos
un teniente coronel, zarandeando a un teniente general en el Hemiciclo del Congreso, al que
no le guardaban el respeto que exige la Ordenanza. “Nunca estaré
de su lado”, me dije. Al
volver de maniobras supe que muchos compañeros capitanes sintieron lo mismo. O
Fulgencio Coll tenía 32 años y era capitán de Operaciones Especiales.
muy bueno, cinturón
negro de karate y relacionado con los socialistas, que quería saber si
le podía recibir.
Nos vimos y ante su
preocupación por la situación, le dije que
aquello al día siguiente
habría terminado, porque ni podíamos ni queríamos una aventura como esa.
Es más, me jugué
una cena que gané… y
que aún estoy esperando. O
POR JULIO RODRÍGUEZ. JEFE DEL ESTADO MAYOR DE LA DEFENSA
Q
ué noche la de aquel día!
Ese día estaba de servicio en la
base aérea de Manises. Era capitán y, como piloto de Mirage III, estaba prestando
servicio de alerta en el barracón de alarma donde siempre estábamos preparados para salir al aire en menos de 15
minutos, como parte integrante del Sistema de Defensa Aérea.
Mi primera reacción, cuando me comunicó el suboficial de servicio lo que
ocurría en el Congreso de los Diputados,
fue de sorpresa. Al conectar la radio (local) y escuchar solamente música militar
y el bando de Milans del Bosch, que era
emitido cada media hora, vi claro que
todo apuntaba hacia un golpe de Estado
de libro. Después, cuando fuimos capaces de sintonizar radios de Madrid y extranjeras, donde se decía que la situación
en el resto de España no era la de Valencia, nos tranquilizamos un poco.
Oír esa información y el anuncio en
TVE (por parte de Iñaki Gabilondo, Rosa
María Mateo, etcétera) de que el Rey iba
a emitir un mensaje ayudó a relajar el
ambiente.
Mis sentimientos iniciales fueron de
“Me dije: nunca estaré de su lado”
POR FÉLIX SANZ ROLDÁN. DIRECTOR DEL CNI
S
iempre he pensado que la historiografía sobre el 23-F, tan abundante en
lagunas de detalle como certera en la reconstrucción general de cuanto aconteció, ha dedicado aún poco esfuerzo a señalar el comportamiento de los capitanes
aquella tarde-noche. Cualquiera que conozca mínimamente cómo funciona y se
organiza la milicia sabrá que un capitán,
principalmente en el Ejército de Tierra,
posee una enorme autoridad moral y efectiva sobre su compañía; batería en mi caso, pues soy oficial de Artillería. Aquella
tarde, el comportamiento de la inmensa
mayoría de los capitanes fue de lealtad
absoluta a la Corona y a la Constitución, y
de respeto a nuestra cadena de mando, lo
que hacía presagiar el fracaso de aquella
intentona, ajena en mucho a nuestras principales virtudes.
El 23 de febrero de 1981 yo era uno de
esos capitanes. Servía en el Grupo de Artillería Autopropulsada XI, parte de la División Acorazada “Brunete”, y estaba, con
mis hombres, de maniobras en el campo
de San Gregorio (Zaragoza). Cuando recibí la noticia de lo que pasaba en el Congreso, ordené el repliegue a nuestro campamento. No he podido olvidar la mirada de
mis subordinados que, a pesar de su inquietud, mostraban confianza en mis decisiones. Les mantuve informados y en aler-
“Sentí perplejidad y asombro”
POR FULGENCIO COLL. JEFE DEL ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO DE TIERRA
E
se día estaba en Barcelona. Tenía 32
años, era capitán y mandaba la Compañía de Operaciones Especiales n.º 41.
En aquella hora había finalizado la jornada y me encontraba en casa.
Antes de nada he de decir que la noticia me llegó a través de mi vecino, el coronel del Regimiento. Recuerdo que me comentó: fíjate, mira qué barbaridad está
pasando, y que poco después, al perder la
12 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
señal de TV, me pidió si tenía un transistor
y se lo dejé.
Sentí perplejidad y asombro. Recuerdo
que esa misma tarde, se me acercó un
brigada de la COE [Compañía de Operaciones Especiales]que también vivía cerca de
casa y me preguntó si necesitaba algo, para a continuación decirme que conocía en
un pueblo cerca de Barcelona a un antiguo soldado de operaciones especiales,
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Cuando se nos acabó el tabaco
POR JOSÉ BONO. PRESIDENTE DEL CONGRESO
A
quella tarde estaba en el pleno del Congreso, en mi puesto de secretario cuarto
de la Mesa. Antes de que irrumpiese Tejero,
se escuchó un disparo, que muchos atribuimos a un portazo, porque no podíamos concebir que alguien disparase en la casa de la
soberanía popular. Pero era un tiro y se produjo en el pasillo de entrada al hemiciclo.
Cuando entró Tejero pensé: “Es Ynestrillas”.
Había visto una foto de la Operación Galaxia
en la que estaban juntos y, como Tejero no
era entonces tan famoso, lo confundí. De lo
que no tuve duda alguna desde el primer
instante es de que aquello era un golpe de
Estado. No me pasó como a la mujer de un
diputado socialista, que salió del Congreso
después del asalto y llamó a mi esposa para
tranquilizarla. “No te preocupes que cuando
yo salía ya entraba la Guardia Civil”, le dijo.
Recuerdo que los miembros de la mesa
podíamos ir al baño sin pedir permiso. Los
demás diputados tenían que salir acompaña-
dos por un agente armado. Tanto es así que
Miguel Ángel Martínez tuvo que decirle al
guardia civil que le escoltaba: “O retira usted
la escopeta de ahí o no me la encuentro”.
A nosotros, por un raro privilegio, nos
dejaban ir al servicio siempre que queríamos
y yo aprovechaba para hacerlo cuando salían los ministros, en la creencia de que coincidiendo en los urinarios podría obtener una
información más valiosa. Pero no fue así.
Aunque ahora nos choque, entonces se
podía fumar en el hemiciclo. Cuando se nos
acabó el tabaco, solo nos quedaban los celtas cortos de Gómez Llorente, que no le gustaban ni a Landelino ni a casi a nadie de la
Mesa. Así que le pedí permiso al guardia que
tenía al lado para ir a buscar un cartón de
Winston a mi despacho. Subimos y, una vez
allí, me dijo si podía llamar a su esposa. “Como usted comprenderá”, le respondí, “a los
secuestrados no se les pide permiso”. Le pasé el teléfono y dijo: “María, estoy en el Pala-
Los tanques y el país maldito
POR PASCUAL SALA. PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
E
l 23 de febrero de 1981 era yo magistrado de lo contencioso-administrativo de
la entonces Audiencia Territorial de Valencia. La tarde de ese día había llevado a mi
hijo al oculista y al volver a mi casa, sobre
media tarde, el encargado del garaje me dio
la noticia de que ETA había entrado en el
Congreso de los Diputados. Me pareció inverosímil y subí a mi piso extrañado por lo
confuso de la información. La preocupación vino nada más entrar en mi casa y
decirme mi mujer, muy alterada, que unos
guardias civiles habían entrado en el Congreso y secuestrado a los diputados. Efectivamente, en televisión pude comprobar esta realidad al observar las imágenes de to-
dos conocidas. Percibí la gravedad de la situación y la realidad de que se había producido un golpe de Estado en Madrid, aunque, en el momento, sin tener conocimiento de cuál era su alcance y extensión. Intenté inútilmente contactar telefónicamente
con mis amigos y compañeros de Madrid, y
buscando por la radio pude oír desde una
emisora valenciana el bando del general Milans del Bosch declarando el estado de excepción, reproducción del que acompañó
la sublevación de Franco contra la República en julio de 1936. Entonces, y poco después de escuchar en una ciudad con las
calles vacías el ruido de los carros de combate tomando posiciones, comprendí la mag-
“Las horas transcurrían despacio”
POR CARLOS DÍVAR BLANCO. PRESIDENTE DEL SUPREMO Y DEL CGPJ
R
ecuerdo que el 23 de febrero de 1981
era titular del Juzgado Central de Instrucción nº 4 de la Audiencia Nacional y
me encontraba en mi despacho cuando
tuve noticia de lo sucedido en el Congreso de los Diputados durante la sesión de
investidura de D. Leopoldo Calvo-Sotelo.
Ante la gravedad de los hechos, decidí permanecer en el Juzgado para poder
atender inmediatamente cualquier actuación que, como juez, pudiera plantearse para la aplicación de la Constitu-
José Bono tenía 30 años y era secretario cuarto de la Mesa del
Congreso de los Diputados.
nitud del golpe, que aparentemente pare- Rey y las noticias que entonces sí pude recicía, al menos desde Valencia, muy extendi- bir de Madrid, y algunas antes de Cataluña,
el golpe, localizado finalmente en Valencia,
do.
Sentí que una vez más se frustraba en había sido abortado. Claro que hay que recordar que en mi ciudad
España la posibilidad de
duró hasta las 5 de la mañaun Estado democrático, cona del día siguiente.
mo era el instaurado por
Lo importante, a mi juila Constitución de 1978
cio, fue la reacción popular
después de una dictadura
unánime que se produjo
de 40 años y que al mardías después con masivas
gen de la represión que se
manifestaciones en toda Esavecinaba —los antecepaña en defensa de la Consdentes no dejaban lugar
titución y la democracia.
para la duda—, parecíaFue impresionante cómo
mos un país maldito en
acudimos a ellas —yo en
vez de un Estado a punto
Valencia, claro— acompade incorporarse a realidaPascual Sala tenía 45 años.
ñados de nuestros hijos y
des tan palpables como
cómo aprendimos a valolas de las comunidades eurar nuestra Constitución coropeas, garantizadoras de
progreso, democracia y reconocimiento in- mo instrumento absolutamente necesario
para nuestra convivencia y, aún más, nuesternacional.
Menos mal que tras la intervención del tra subsistencia. O
ción y de la legalidad entonces vigente.
En esa época —año 1981— el Consejo
General del Poder Judicial ocupaba las últimas plantas del mismo edificio en el que
estaban los Juzgados Centrales de Instrucción, en la calle García Gutiérrez esquina
con Génova (Madrid); su entonces presidente, Federico Carlos Sainz de Robles, regresó
apresuradamente desde Mallorca, donde se
encontraba de visita oficial en los tribunales
de Baleares, y me mantuve en contacto con
él así como con el vocal, hoy magistrado de
la Sala Segunda del Tribunal Supremo, An-
Prismáticos para vigilar el cuartel
POR BALTASAR GARZÓN. CONSULTOR DE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL
N
ada fue lo mismo después del 23 de
febrero de 1981 para los españoles.
Todos vivimos desde una u otra posición
aquel aciago día en el que la alta bota y la
larga mano del fascismo estuvieron a punto de retomar la dirección de nuestro país.
Se ha escrito mucho del cómo, del quién
y del porqué, pero siempre será insuficiente
porque, a pesar de las investigaciones judicial, periodística e histórica, siempre habrá
unas zonas menos nítidas que otras en torno a un hecho que durante unas horas nos
transportó al arcano más rancio y cuartelero
de España.
Aquel fue para mí un día como cualquier
otro. Se cumplían exactamente diez días de
mi toma de posesión en mi primer destino,
Valverde del Camino (Huelva). Después de
la celebración de los carnavales, apenas había comenzado a examinar los miles de casos acumulados en un juzgado sin titular
desde hacia casi dos años cuando esa tarde
mi colega Fernando Tesón, juez de Aracena
(Huelva) y con iguales días de antigüedad,
me llamó y me dijo: “Tejero ha entrado en el
Congreso”.
Si tengo que decir la verdad, inicialmente
no le di demasiado crédito, pero la seriedad
de Fernando me hizo comprender que era
cierta la noticia. Después de un ¡joder! arrastrado en la sílaba final, nos quedamos en
silencio y ambos decidimos, pasadas las seis
de la tarde, irnos a los respectivos domicilios
para esperar acontecimientos.
Guardé algunos papeles, principalmente
aquellos que no tenían que ver con el juzgado, y me fui rápido hasta el piso que habíamos alquilado días antes.
La terraza de la casa estaba en línea recta
con el cuartel de la Guardia Civil. Lo primero
que hice fue agarrar unos prismáticos, siempre con el transistor al lado y la televisión
encendida, y me puse a observar los movimientos que se hacían en el cuartel. Tengo
que reconocer que no fueron anormales, ni
sospechosos. Me imagino que estaban tan
cio de la Moncloa…” Cuando lo
escuché me quedé espantado.
Aislados y sin noticias de lo
que sucedía en el exterior, temí
que, en un macabro juego de la
oca, los salvapatrias nos metieran otra vez en el pozo de la
historia. Afortunadamente no
fue así. Supe que el golpe había
fracasado a través de EL PAÍS.
Una de las veces que fui al baño
un guardia estaba hojeando un
periódico y, cuando pasé a su
lado, lo cerró. Pude leer el titular que decía: “El País, con la
Constitución”.
A mi regreso al hemiciclo, informé a Landelino y a todos los
demás de lo que había leído en
el periódico.
Pero aquello pudo acabar
muy mal. Acabábamos de hacer
un seguro de vida para los diputados y Leopoldo Torres, en un
rasgo de humor negro, me pasó
un papel en el que había escrito: “350 por 10 [millones de
pesetas] =3.500 millones. La ruina de la Unión y el Fénix”. O
Garzón, con 25 años, se estrenaba como juez.
sorprendidos como yo. Así me lo dijo días
después el capitán de la línea.
Lo cierto y verdad es que mientras los vecinos iban llegando para quedarse en nuestro
piso al creer que con el juez de instrucción
estarían más seguros, yo pensaba que, después de tanto esfuerzo de mis padres y mío
drés Martínez Arrieta, a quien había conocido al coincidir nuestro destino judicial anterior en el País Vasco.
El Consejo fue la primera institución que
emitió esa misma noche un comunicado en
defensa de la Constitución y en apoyo de la
legalidad que se pretendía subvertir; las largas horas transcurrían despacio y, en un salón de la planta 4ª, junto a la biblioteca,
seguimos en televisión la intervención de Su
Majestad el Rey; a partir de ese momento el
panorama empezó a despejarse y, poco a
poco, la normalidad se fue recuperando. O
para llegar a ser juez, tan solo diez días después se iba a terminar, si triunfaba el golpe,
porque no me veía yo juzgando a personas
en una dictadura. Nunca lo habría hecho.
Afortunadamente no fue así y pasó aquella tarde-noche en la que las libertades recién conquistadas estuvieron al borde del
abismo.
La cordura y la firmeza del pueblo español se impusieron por encima de aquellos
golpistas de opereta que casi acaban, antes
de que naciera, con la esperanza de todo un
pueblo. Me quedan de aquellos días dos certezas y una duda. En cuanto a las primeras:
la defunción de los métodos fascistas para
gobernar y la convicción de que la fortaleza
de los ciudadanos unidos puede evitar, cuando quiere, la humillación violenta de unos
pocos. Y la duda de si la justicia hizo todo lo
posible para sancionar severamente a los
culpables.
De lo que no cabe duda es que aquel
hecho, finalmente, nos fortaleció a todos y
nos dotó de nuevas energías, frente a quienes todavía dudaban de la democracia, para
continuar. Hoy, 30 años después, no debemos olvidar que el bacilo de la peste (el fascismo), como decía Camus, puede estar por
siglos latente para reaparecer en cualquier
momento y adueñarse de todo. O
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
13
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Mi general: con usted, no
Las calles se vaciaron mientras se libraba la batalla de jefes en que derivó el 23-F. Después,
una explosión de apoyo popular dejó claro que el tiempo de los ultras se había acabado
Por JOAQUÍN PRIETO
y JOSÉ LUIS BARBERÍA
D
e las impresionantes escenas del
pueblo en las calles y enfrentándose a la represión, proporcionadas por las revueltas del presente
en el mundo árabe, no hubo nada en la
España del 23 de febrero de 1981. Prácticamente todo el mundo se metió en casa para
esperar el desenlace de la batalla de jefes
que dirimió la intentona. Es un hecho que la
reacción popular no fue inmediata. ¿Los sindicatos, los partidos políticos, el pueblo en
general deberían haberse lanzado a las calles el día del golpe? ¿Los valencianos habrían tenido que colocarse delante de los
tanques? Pese a la tradición de manifestaciones durante los años anteriores, la Transición había sido obra principalmente de políticos y en ellos se había depositado la confianza para facturar las reformas.
El pánico provocado por los golpistas y
las exhortaciones del Rey y del Gobierno de
facto (dirigido por Francisco Laína) a evitar
concentraciones públicas contribuyeron a
vaciar las calles. La gran mayoría de la población se confinó en sus casas y una minoría
de personas, que se sintió en peligro inminente, trató de esconderse ante la previsible
represión que se avecinaba. Todo cambió
tras el desenlace del golpe. El 27 de febrero,
un inmenso gentío llenó el centro de Madrid, transformando lo que comenzó como
cabeza de la manifestación en “centro” de la
enorme concentración humana, incluidos
dirigentes políticos y sindicales de un amplio abanico, desde la Alianza Popular encabezada en aquel tiempo por Manuel Fraga,
hasta el Partido Comunista dirigido por Santiago Carrillo. Otras grandes manifestaciones se celebraron en Valencia, Sevilla, Barcelona, Zaragoza y otras decenas de lugares. Al
fin, la fuerte presencia popular dejaba muy
14 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
claro que España no estaba por la vuelta
atrás.
Para que esa explosión popular fuera posible tuvo que producirse antes la batalla de
jefes. Fue la lucha del 23 y 24 de febrero, por
fortuna incruenta, en la que ganaron los
que, pese a que estaban apresados el Ejecutivo y los parlamentarios, contaban con un
mando claro. Y en la que perdieron los rebeldes, que carecían de un jefe definido. Enredados durante años en elucubraciones sobre quién podía ser aquel a quien durante el
juicio del 23-F se aludió enigmáticamente
como el Elefante Blanco, se ha perdido de
vista que a los cabecillas golpistas no les dio
tiempo a establecer un mando alternativo al
representado por el Rey y el Gobierno de
facto. Habría sido más complicado desbaratar el golpe de haber surgido un jefe bien
caracterizado entre los golpistas, que se hi-
Tras el golpe salieron a
manifestarse ciudadanos
de clases acomodadas,
por primera vez desde
la muerte de Franco
Habría sido más difícil
desbaratar el golpe
de haber contado los
conjurados con un jefe
bien caracterizado
cieron un lío monumental: el teniente coronel Tejero, asaltando el palacio del Congreso y colocándose a la espera de “una autoridad militar, por supuesto”; el teniente general Milans del Bosch, que lanzó tropas a la
calle, pero solo en su región militar; el coronel José Ignacio San Martín, que recibió noticias del despliegue de unidades acorazadas
en Madrid a través de un subordinado, Ricardo Pardo Zancada, que se había enterado el
día anterior de que había que mover a toda
una división, y hubo de localizar a toda prisa
al general Torres Rojas para que corriera a
ayudarles; o de un general Armada que estuvo y no estuvo en el 23-F, y cuando quiso
entrar de lleno, se encontró con que otro de
los conjurados, a la sazón Tejero, le paraba
los pies y le dejaba con las manos vacías.
La verdad es que la atropellada ejecución
del golpe del 23-F tuvo su origen en una
decisión de Adolfo Suárez. No se trata de su
tantas veces alabada actitud en el hemiciclo
ocupado por Tejero y sus guardias, reclamando respeto a su condición de presidente del Gobierno, ni por negarse a besar el
suelo mientras silbaban las balas. Fue su
dimisión de semanas antes, el 29 de enero
de 1981. La renuncia de Suárez puso en marcha el mecanismo constitucional para relevarle en la presidencia del Ejecutivo, y esto
solo podía conducir a la designación del candidato del partido con más diputados, la
UCD. Cuando los rebeldes interrumpieron
la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo lo
hicieron de manera tan zarrapastrosa que,
treinta años más tarde, el 23-F ya solo es un
lejano recuerdo.
Aún así, el triunfo de Suárez no pudo
evitar un fracaso: el golpe, y sobre todo la
gestión del golpe, terminaron de hundir para siempre las posibilidades de una fuerza
moderada y de centro en España, iniciándose así el camino que ha conducido, a la postre, a la polarización política y la crispación
en la vida pública. El espacio de la modera-
ción se lo repartieron fuerzas de perfiles mucho más definidos y muy enfrentadas incluso en temas que en otras democracias maduras se consideran “asuntos de Estado”. Eso
no es una consecuencia directa del 23-F,
pero sí podría apuntarse como una de sus
víctimas colaterales.
Lo sucedido entre el 23 y el 24 de febrero
de 1981 tuvo otras consecuencias positivas,
como la ruptura de la ósmosis entre la ultraderecha y gran parte del mando militar. En
los años previos al 23-F, los ultras llevaron a
cabo ruidosas campañas de agitación, difundidas a través del diario El Alcázar y otras
publicaciones, basadas en la idea de que
ellos representaban a la verdadera España y
que tenían el derecho de parar las decisiones políticas que no les parecieran oportunas. Sostenían que el Ejército era una cosa, y
otra muy distinta el teniente general Gutiérrez Mellado —el principal apoyo militar de
Suárez—, a quien llamaban despectivamente el “señor Gutiérrez”, para ellos un traidor
al servicio de las fuerzas que habían hecho
de parteras de las autonomías (o sea, del
posible desmembramiento de la patria), la
partitocracia, cierto sometimiento de las
Fuerzas Armadas al poder civil y debilidad
frente a los asesinos de ETA. La banda terrorista mataba entonces a razón de 130 personas por año, la mayoría militares y policías.
Y en el ambiente cargado de electricidad de
la división acorazada Brunete se había pensado por su propio jefe, el general Torres
Rojas (más de un año antes del 23-F), que si
caía uno de sus subordinados, la división
entraría inmediatamente en estado de alerta; lo cual forzó al ministro de Defensa a
suspender los movimientos nocturnos de
tropas que, a título de “ejercicios”, realizaba
el mando de la Brunete. (Este es el general
que fue destituido y enviado a A Coruña,
desde donde regresó el día del golpe).
En varios funerales de asesinados por
ETA se gritó repetidamente “Ejército al po-
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Cabecera de la marcha del 27 de febrero de 1981 en Madrid, en apoyo a la democracia. A la izquierda,
detrás de la pancarta, se distingue a Felipe González y, a su derecha, Enrique Múgica, Simón Sánchez
der”. ¿Trama civil oculta? Era bastante públiMontero, Nicolás Sartorius, José Luis Corcuera y José María Zufiaur, entre otros. También se observa en
ca. ¿Quiere esto decir que miles de personas
primera fila a Nicolás Redondo, Marcelino Camacho, Rafael Calvo Ortega y Agustín Rodríguez Sahagún.
sabían que Tejero iba a ocupar el Congreso,
En la parte derecha de la foto figura Manuel Fraga. Foto: EL PAÍS
o que Milans del Bosch pretendía sacar los
tanques el 23-F? No. Que existieran miles de voluntades empujando a “militares de prestigio”
no implica que los ejecutores del
23-F concibieran aquello con
“paisanos” más o menos incontrolados. El propio teniente general Milans del Bosch impidió al
civil Juan García Carrés, dirigente de los antiguos sindicatos franquistas, que asistiera a la reunión
de conspiradores celebrada en
Madrid semanas antes del golpe.
Los generales que ejecutaron
el 23-F pretendían forzar un pronunciamiento “institucional” de
las Fuerzas Armadas. Pero nadie
lo encabezó abiertamente. El propio general Armada se vio impedido de consumar su sacrificio
como nuevo jefe del Gobierno,
en el que pensaba implicar a personas de diversos partidos, porque tal proyecto horrorizó a Tejero. Armada colaboró incluso en
un desenlace incruento de la ocupación del Congreso. Actitud que
al juez instructor del 23-F, el general José María García Escudero, le recordaba la de Francisco
Franco en la primavera de 1936,
Despliegue de tanques en Valencia por orden de Milans del Bosch, el 23 de febrero de 1981.
“reservándose hasta el último
momento, entrando a medias en
la conspiración, desligándose a
medias también cuando no vio el éxito cla- to de que don Juan Carlos le preguntó qué
ro, aunque en definitiva se quedó dentro y pasaría si algún exaltado decidiera actuar
triunfó. Armada se quedó fuera y perdió”, por su cuenta. Ocho días antes, Milans del
Bosch había aprovechado unas maniobras
ha dejado escrito en sus memorias.
Don Juan Carlos y su pequeño equipo de para encontrarse con San Martín, a quien
La Zarzuela dieron prioridad —y acerta- preguntó cuál era el estado de ánimo de la
ron— a abortar las tentaciones de sumarse Brunete; el coronel le contestó que si el Rey
al golpe de varios capitanes generales. En el requería un apoyo firme, lo obtendría sin el
deseo de no ser descubiertos y de jugar con menor titubeo.
Minutos antes de que Tejero ocupara el
el efecto sorpresa, los conspiradores del sector Milans-Tejero acortaron tanto los plazos Parlamento y sus aledaños con los 445 guarque no les dio tiempo a preparar decente- dias civiles que había reclutado, los mandos
mente el golpe. Aún así, pudo triunfar si la de la Brunete recibieron órdenes de situar
división acorazada Brunete hubiera actuado tropas en Madrid, “al servicio de España y
como catalizador para los mandos dubitati- en nombre del Rey”. Se les habían asignado
vos. El 18 de noviembre de 1980, en una las siguientes posiciones: la carrera de San
audiencia que hoy podría resultar sorpren- Jerónimo (eran los tanques y la “autoridad
dente, el coronel José Ignacio San Martín, militar” que esperaban Tejero y sus capitaentonces jefe de Estado Mayor de la divi- nes), el parque del Retiro, el canal de Isabel
sión, fue recibido por el Rey, a quien le dijo II, el Campo del Moro (adyacente al Palacio
que el Ejército estaba de luto (por el terroris- de Oriente) y medios de comunicación. Las
mo) y que en la división se encontraban tropas de la Brunete no llegaron a esos luga“cabreados, muy cabreados”. Hasta el pun- res gracias a la energía desplegada por el
El fracaso de la
intentona rompió la
ósmosis entre la
ultraderecha y parte
de la milicia
A los golpistas no les
dio tiempo a establecer
un mando alternativo al
representado por el Rey
y el Gobierno de facto
capitán general de Madrid, Guillermo Quintana, que contuvo a los mandos de las unidades que ya estaban saliendo; secundado
más tarde por el jefe de la Brunete, el general José Juste, al darse cuenta de
que el Rey no había ordenado
ningún movimiento de tropas,
contra lo que le habían anunciado los conspiradores. Quién sabe
si habría cambiado el curso de la
historia si el comandante Pardo
Zancada, en lugar de ir al Congreso, se hubiera decidido a acudir
con sus policías militares a la capitanía general de Madrid como
planeaba, según dijo San Martín
en su día (el excomandante no
ha querido perder tiempo en hablar con este periódico). El teniente general Elícegui, capitán
general de Zaragoza, hizo caso al
Rey y tampoco usó el centenar
de carros de combate que realizaban maniobras a las afueras de la
capital aragonesa.
“Papá… ¿qué va a pasar?” Esta pregunta la planteó don Felipe de Borbón al comienzo de la
larga noche del 23-F. Entonces
tenía 13 años. El propio don
Juan Carlos le obligó a quedarse
en el despacho junto con sus
principales colaboradores, los generales Nicolás de Cotoner y Sabino Fernández Campo. “La Corona”, le contestó el monarca,
“en estos momentos está en el
aire y yo voy a hacer todo lo posible para que caiga del buen lado”, según
palabras atribuidas a don Juan Carlos en
sus conversaciones con el escritor José Luis
de Vilallonga. Nunca el Rey ejerció tanto
poder como aquella noche, desde la promulgación de la Constitución, aunque al
día siguiente dejó claro a los líderes políticos que no volvería a hacerlo. Es decir, que
el restablecimiento de la normalidad constitucional y del juego político previsto por la
ley lo era a todos los efectos.
En fin, la movilización ciudadana en los
días posteriores a la intentona no se debió
solo a la izquierda, entonces más ducha en
esas lides, sino a ciudadanos y ciudadanas
de las clases acomodadas que votaban opciones de centro o de derecha. Esto era la
primera vez que sucedía masivamente desde la muerte de Franco. Les enviaron un
fuerte mensaje a los militares ultras, a los
herederos del franquismo: que no estaban
con ellos; que su tiempo se había acabado
definitivamente. O
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
15
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Los que quedan del golpe
Armada escribe sobre Jovellanos. Tejero se prodiga poco. Pardo Zancada se ha vuelto un
defensor de la Constitución. Cortina, que fue absuelto, es un exitoso empresario
hice fue informar el 13 de febrero de lo que
iba a pasar al general Gutiérrez Mellado, que
no me hizo caso. Luego, ese día me limité a
obedecer en todo al general Gabeiras. Estuve toda la noche con él, sin despegarme, y
obedeciendo su iniciativa fui a ver a Tejero y le ofrecí un avión para salir de España, y firmé el que se ha llamado pacto del
capó. Todo eso de que iba a ser presidente
del Gobierno es ridículo”.
Armada parece cada vez más apegado
a la historia familiar. “Tengo esa finca heredada de mi padre, en Santa Cruz, y allí
he puesto un vivero de camelias. He escrito mis recuerdos de Galicia, un libro en el
que hablo de [Gaspar Melchor] Jovellanos,
porque ahora se cumplen 200 años de su
muerte. Y es que era un poco pariente
nuestro. Pasó allí temporadas y hay correspondencia suya que he podido utilizar”.
¿Tiene alguna espina clavada por esos casi
diez años pasados en prisión? “No. Pese a
todo, estoy contento, porque lo que ocurrió ha servido para afianzar la monarquía, y yo soy católico, español y monárquico, y estoy muy orgulloso de ello”.
iglesia. Tejero, casado con Carmen Díez,
maestra jubilada, tiene seis hijos, uno de
ellos teniente coronel en la Guardia Civil,
y 16 nietos. Su hijo Ramón, párroco en
n civil y 32 militares fueron prouna localidad de la Costa del Sol, es el
cesados por el intento de golpe
único que contesta al teléfono: “Mi padre
de Estado del 23 de febrero de
no tiene nada que decir. Y cuando quiera
1981. Solo tres fueron absueltos.
decir algo, ya se pondrá en contacto con
Uno de los implicados, el entonces capitán
ustedes, los periodistas”, explica, antes de
de la Guardia Civil Gil Sánchez Valiente,
colgar para ir a un cursillo de bautismo.
huyó de España dos días después de la inMálaga, que fue uno de los destinos de
tentona, en circunstancias nunca aclaradas,
Tejero en la Guardia Civil, es el lugar dony no regresó hasta abril de 1987. Fue condede veranea y donde, al menos hasta hace
nado a dos años de prisión y expulsado del
cuatro años, cultivaba aguacates. Los Tejecuerpo por abandono de destino. Una quinro son una piña. Y en torno al exteniente
cena de oficiales del Ejército y de la Guardia
coronel se ha creado un círculo de incondiCivil recibieron condenas de uno a tres
cionales. Aunque su hijo sacerdote, Raaños de cárcel, con lo que pudieron reincormón Tejero Díez, es el más encendido de
porarse a sus puestos sin mayores problesus defensores. En febrero de hace un par
mas. De los protagonistas de la intentona,
de años envió una carta al diario Abc llena
han fallecido ya Jaime Milans del Bosch,
de elogios a su padre, en la que recordaba
Luis Torres Rojas, José Ignacio San Martín,
lo que le dijo este, la mañana del 23-F,
Diego Ibáñez Inglés y Pedro Mas Oliver.
antes de dirigirse al Congreso. “Al salir de
También han muerto otros dos personajes
la capilla, con una mirada penetrante —y
menos relevantes de los que se habló mume atrevería a decir que trascendente—,
cho: el capitán de navío Camilo Menéndez
contempló la Bandera Nacional y, con voz
Vives y el civil Juan García Carrés.
serena, tranquila y gallarda, me dijo: ‘Hijo,
Los supervivientes del núcleo duro del
por Dios y por Ella hago lo que tengo que
golpe, el exgeneral Alfonso Armada, el ex
hacer...”.
teniente coronel Tejero y el excomandan- »Antonio Tejero Molina
Tejero Molina pasó 15 de los 30 años a
te Pardo Zancada, viven en Madrid dedica- El cabecilla visible de la intentona golpisdos a sus familias numerosas, y siguen ta, a punto de cumplir los 79 años de edad los que fue condenado en tres diferentes
defendiendo que fueron engañados o in- (el 30 de abril próximo), es un malagueño penales militares: en Ferrol, en Figueres (Gijustamente castigados. Paradójicamente, que vive en Madrid, no lejos de Alfonso rona), donde el coronel al mando le ofreció
el entonces comandante del Cesid José Armada. De misa diaria, como el exgene- una cena-homenaje, y en la prisión de AlcaLuis Cortina Prieto, absuelto de todos los ral, alguna vez han coincidido en la misma lá de Henares. Su imagen, tocado con el
tricornio, pistola en mano, y
cargos, no se reincorporó al
la primera frase que pronunservicio de información.
ció al entrar en el hemiciclo
del Congreso: “¡Quieto todo
»Alfonso Armada
el mundo!”, han pasado a
Comyn
simbolizar el 23-F incluso en
la prensa internacional. Otra
El aristocrático exgeneral del
de las frases célebres que se
Ejército, marqués de Santa
le atribuyen: “Se sienten, coCruz de Ribadulla, acaba de
ño”, no está claro que la procumplir 91 años de edad (el
nunciara él, y hay quien sos12 de febrero) y, pese a su delitiene que fue dicha por Vicencada salud, lleva una vida sote Ramos Rueda, uno de los
cial bastante activa. Contesta
oficiales de la Guardia Civil
al teléfono con amabilidad y
que le acompañaban.
responde a todas las pregunEn una rara entrevista, de
tas. En persona, sin embargo,
febrero de 2006, Tejero declaArmada es cortante y escueto.
ró al diario italiano La RepubUn jueves de febrero llega, a
blica: “Yo de aquel día no habordo de un taxi, a la sede de
blo, porque no sé qué ocurrió
la Santa, Pontificia y Real Heraquel día”. Y añadió: “Quien
mandad del Refugio y Piedad
habría debido hablar, se cade Madrid, una institución de
lló. Alguien traicionó, hay de1705 a la que pertenecen tamArmada abandona el Congreso, el 23 de febrero de 1981. Foto: Marisa Flórez
masiadas sombras todavía.
bién los Reyes. De hecho, fue
Yo cumplí con mi deber de
en el refugio, como lo denomiespañol, he pagado por culna coloquialmente, donde vio
pas que no tengo. La historia lo dirá”.
a don Juan Carlos por última vez, “hará siete
Tejero es muy aficionado a la pintura y
u ocho años”. Armada, un anciano enjuto y
le encantan los trabajos de albañilería, aunconsumido, vestido con abrigo oscuro, acuque la política sigue siendo central en su
de a una reunión del patronato de la instituvida. Desde la cárcel, en 1982, promovió un
ción y a una misa. Todos le saludan con
partido, Solidaridad Española. El lema de la
respeto. “Mi general”, “don Alfonso, cuánto
campaña era: “Entra con Tejero en el Contiempo sin verle”. Armada no quiere posar
greso”. La candidatura fracasó, pero su actipara el fotógrafo en el interior del edificio y
vismo político no ha menguado. Periódicale apremia para que acabe pronto.
mente escribe cartas a la prensa quejándoPese a los achaques, el que ocupara duse de la situación política. Resulta sorprenrante más de 15 años la Secretaría del Príncidente, no obstante, que pudiera montar el
pe primero y después del Rey se conserva
23-F tres años después de su detención cobien. “Tengo una gran familia que me cuida
mo uno de los conspiradores en la trama
mucho”, dice. “De mis 10 hijos, uno es jesuigolpista conocida como Operación Galaxia.
ta; otro, misionero comboniano y lleva años
en África; otros siete están casados, y tengo
una hija soltera. Son 25 nietos y 14 bisnietos
»Ricardo Pardo Zancada
ya”, confiesa orgulloso. Pasa el año entre su
Nacido en Badajoz, era comandante de
pazo gallego y Madrid. Va a misa a diario.
infantería de la División Acorazada BruneSobre el 23-F dice: “Yo no conocía a los golte, en Madrid. La madrugada del 24 de
pistas, a ninguno de ellos; yo no soy uno de
febrero de 1981 se presentó con 113 polilos nombres famosos de aquella historia. ¡Se
cías militares en el Congreso de los Dipuhan contado tantas mentiras de mí! Lo que
Por LOLA GALÁN
U
“Me limité a obedecer
en todo al general
Gabeiras. Esa noche no
me despegué de él”, dice
el exgeneral Armada
“Cuando mi padre
quiera hablar ya les
llamará a ustedes”, dice
Ramón, el hijo sacerdote
de Antonio Tejero
16 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
tados, cuando era ya evidente que el golpe
había fracasado. Fue el encargado de firmar el llamado pacto del capó, que contenía las condiciones para la rendición de
los golpistas. Pardo Zancada, de 75 años,
lleva una vida discreta y rechaza hablar
del 23-F. “No participo en estas cosas. No
colaboro con la prensa. Y en cuanto a mi
vida, es algo que solo le interesa a mi familia y a mis amigos”. Pero el golpe le interesa. Le ha dedicado dos libros: 23-F. La
pieza que falta, publicado en 1998, y una
revisión del mismo, que salió a las librerías en el 25º aniversario de la intentona:
23-F: las dos caras del golpe. Ese año, en
una entrevista concedida al diario minutodigital.com, declaró: “Los ejecutantes creyeron en el impulso soberano, porque así
lo afirmaban los dos generales de mayor
grado implicados en la acción —Milans
del Bosch y Armada—, también debo decir que la intervención televisada del Rey
fue decisiva en la resolución del golpe.
Recordaré a este respecto las palabras del
entonces capitán general Quintana Lacaci
al ministro Oliart: “El Rey me ordenó parar el golpe, y lo hice; si me hubiera ordenado asaltar las Cortes, las habría asaltado”.
En la misma entrevista se declaraba defensor de la Constitución, pese a reconocer que votó en contra de la Carta Magna
en 1978. En 2006, la consideraba como el
único freno a los separatismos. Condenado a 12 años de cárcel, pasó siete en la de
Alcalá-Meco, tiempo que aprovechó para
estudiar periodismo. Y como periodista
trabajó al salir en libertad. Fue director de
la revista Iglesia Mundo y colaborador del
semanario MC, del ex banquero Mario
Conde.
Pardo Zancada es ultracatólico, de derecha radical, y tiene fama de persona
vehemente. Le interesa la vida cultural y
está atento a lo que se publica. Al menos
una vez acudió a la presentación de un
libro de Pío Moa. En julio de 2006, en una
carta abierta a la entonces líder del PP en
el País Vasco, María San Gil, que reprodujo la web franquista generalisimofranco.
com, Pardo Zancada rompía su imagen
de golpista. “No espero ni deseo”, decía
en el párrafo final, “que sean los militares
quienes bajen al ruedo para enderezar
una situación que es cada día más alarmante. Creo, con toda sinceridad, que
debe ser la sociedad civil la que ponga las
cosas en su sitio”.
»José Luis Cortina Prieto
Cortina, de 72 años, estaba en 1981 al
frente de la Agrupación de Operaciones
para Misiones Especiales (AOME) del Cesid. Detenido a raíz de las declaraciones
de Tejero, entre otros, pasó un año en la
cárcel hasta que el Consejo Supremo de
Justicia Militar le absolvió, en junio de
1982. Poco después se casaba con Margarita Aracil Pizarro, veinte años más joven.
Cortina, que dejó el Ejército en 1991
con todas las condecoraciones posibles
(la Cruz Blanca del Mérito Militar y la
Cruz y Placa de San Hermenegildo, que
se otorga “a una conducta militar intachable”) es hoy un exitoso empresario. Preside i2V, una consultora en torno a la que
se ha creado el grupo de actividades Atenea, que se dedica al asesoramiento y
análisis de mercados para empresas de
Defensa, edita una revista, Atenea, y tiene
un diario electrónico dedicado también
al mundo militar. El grupo se ha convertido en un think tank, que colabora tam-
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
bién con universidades y escuelas de Defensa en promover la información sobre
estos temas. A Cortina se le puede ver en
lugares como el Salón de Tecnologías de
la Defensa, que organiza su firma en Ifema, o en buenos restaurantes cerrando
algún trato empresarial. Vive en Madrid,
ha engordado un poco, tiene blanco el
escaso pelo que conserva. El excomandante del Cesid pasó a la reserva con el
grado de coronel.
Pese a haber sido absuelto de cualquier implicación en la intentona golpista, su nombre sigue ligado al 23-F en los
miles de artículos, análisis o libros que se
han escrito sobre el tema. Cortina, por
puro culto a la discreción, a la cultura de
silencio en la que se ha formado, no concede entrevistas ni ha hecho declaraciones públicas para aclarar nada. Los que
lo conocen aseguran que sigue insistiendo en que no hubo intervención del Cesid en el golpe, ni la más remota implicación del Rey en el mismo. Dicen que lee
con morbosa curiosidad todos los libros
que se escriben sobre el 23-F, y le parecen auténticas “novelas”, en las que los
autores no aciertan jamás cuando hablan
de él.
De la misma promoción que el Rey en
la Academia Militar de Zaragoza, y de su
misma compañía, todavía decora su despacho empresarial la foto de una audiencia que le concedió el Monarca. La que
tenía dedicada de puño y letra de don
Juan Carlos se quemó en el trágico incendio que se produjo en su casa de Madrid
en 1983, en el que falleció su padre.
Tras su detención, Cortina no regresó
al Cesid quizá por temor a que su reincorporación fuera interpretada erróneamente. Pero, tras una etapa en Barcelona, re-
Dicen que Cortina lee
con morbosa curiosidad
todos los libros del 23-F,
y le parecen auténticas
“novelas” inexactas
En una carta abierta a
San Gil, en 2006, Pardo se
declara favorable a que
la acción política recaiga
en la sociedad civil
Alfonso Armada, exgeneral condenado por el intento del golpe del 23-F, en una calle céntrica de Madrid, la semana pasada. Foto: Luis Sevillano
gresó al Cuartel General del Ejército, donde se produce el pequeño escándalo de
los papeles filtrados sobre los planes para
enviar una brigada española a la primera
guerra del Golfo. Cortina era uno más de
los muchos que se había llevado esos papeles a su casa, y eso provocó una sanción, pero una investigación posterior le
exculparía de la filtración. En 1991 sale
del Ejército con el grado de coronel.
Es notoria su falta de sintonía con Tejero y con Pardo Zancada. Para Cortina, el
23-F fue un intento chapucero de torcer
el destino de España. Un golpe de fin de
semana que no tenía posibilidades de
triunfar, ni conexión alguna con las rumoreadas negociaciones, en aquellos años
de profunda crisis de la Transición, para
crear un Gobierno de concentración, con
la aquiescencia del Rey, posiblemente
presidido por el general Armada e integrado por algunos socialistas.
Tejero le inculpó en el juicio del 23-F
asegurando haber recibido ayuda de los
servicios secretos militares, y aunque Cortina fue absuelto, un hombre del Cesid, el
capitán de la Guardia Civil Vicente Gómez Iglesias, fue condenado por su participación en el golpe a seis años de cárcel
y tuvo que dejar el cuerpo. Gómez Iglesias no estuvo mucho tiempo en prisión
porque recibió el indulto en 1984.O
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
17
TREINTA ANIVERSARIO DEL 23-F
Un país con pérdida de renta, paro y una inflación del 15%
Datos clave
ESPAÑA 1980
Por MIGUEL ÁNGEL NOCEDA
EL AÑO 1981 HABÍA ARRANCADO con la imagen de una España
muy debilitada. El mundo sufría el impacto de una brusca subida de
los precios del petróleo y se tambaleaba en una crisis de
dimensiones parecidas a la actual; pero para España existía la
diferencia importante de que no estaba dentro del paraguas
comunitario y, menos, de una moneda única. Las razones eran
palpables: la producción nacional solo cubría el 31% del consumo de
energía, por lo que la dependencia del petróleo era inevitable. Y esa
dependencia afectaba a la demanda interna, la balanza de pagos, la
inflación y el empleo. Hace 30 años, como ratificaría posteriormente
el Banco de España, la economía española se había empobrecido
tres veces más que la del resto de países de la OCDE en el periodo
1979-1981. La pérdida real de renta había sido de tres puntos
porcentuales para esos países y de seis para España.
El panorama, por tanto, no era nada halagüeño en materia
económica como para calmar las revueltas aguas políticas. No hay
más que mirar los datos. No obstante, los salarios, que partían de
una base muy baja, habían aumentado un 50%, exceptuando el
sector agrícola, entre 1973 —anterior crisis del petróleo— y 1980,
cuando en los países industrializados el crecimiento había sido del
11%. Eso explicaba en parte el aumento imparable de la inflación,
que cerró 1980 con un 15,3%, y, según el Banco de España, que se
generara más paro como resultado de la compresión de los
márgenes de excedentes empresariales y la rentabilidad y la
consecuente reducción de la inversión productiva del sector privado.
La política económica concedió prioridad a la lucha contra la
inflación, seguramente porque tres años antes, cuando se firmaron
los Pactos de la Moncloa, había superado los 25 puntos.
Pero eso no arreglaba los otros problemas. De hecho, provocó más
paro. El empleo no agrario cayó un 2,3% en 1980 dejando la tasa de
desempleo en el 12,43%, es decir, 1,674 millones de personas sobre
una población activa de 13,4 millones.
En resumen, 1980 había sido un año de lento crecimiento (el PIB, no
obstante, creció el 1,4%, gracias al sector primario), bajos niveles de
actividad y fuertes desequilibrios; el consumo privado avanzó el 1%,
y el público, un 3,5%; la actividad productiva recibió el mayor
impulso de la demanda interior, pero apenas de la exterior; la
formación bruta de capital (inversión) se elevó, en términos reales,
un 2,3%. Y el encarecimiento de las importaciones y la caída del
comercio mundial empujaron la balanza de pagos a un déficit de
más de 3.000 millones de dólares.
Población total
Población activa
Paro
Inflación
PIB*
Déficit público
Exportación*
Importación*
Parque de coches
37,5 millones
13,4 millones
12,4%
15,3%
95.333
3,3% del PIB
8.974
14.728
9.556.511
ESPAÑA 2010
47,7 millones
23,4 millones
20,3%
3,0%
1.062.591
9,0% del PIB
279.001
301.995
22.300.000
* En millones de euros. El de 2010 es una estimación.
EL PAÍS
Asimismo, por entonces se estaba todavía digiriendo una
reestructuración bancaria de calado, con la desaparición de cerca de
un centenar de entidades bancarias. En 1980, el Fondo de Garantía
de Depósitos procedió al saneamiento de una docena de bancos. Por
primera vez, el dinero dedicado a sanear créditos y valores superó a
los beneficios, que fueron de 128.840 millones de pesetas (aumento
del 11,8% sobre el año anterior y del 21,1% en las cajas). O
Cordones de vigilancia en las cercanías del Congreso durante la madrugada del 24-F, cuando las fuerzas de Tejero y de Pardo Zancada retenían en el interior a los parlamentarios y al Gobierno en funciones. Foto: EL PAÍS
Humillados en la habitación del pánico
No había teléfonos móviles, ni Facebook, tampoco Twitter. Lo que sobraba era miedo
Por JUAN FRANCISCO JANEIRO
H
an pasado treinta años y es
imposible olvidar. Los periodistas seguíamos la votación
nominal para la investidura
de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno en sustitución de Adolfo Suárez
cuando en medio de la letanía de nombres nos sorprendieron extraños ruidos y
voces en los pasillos. El secretario de la
Cámara, Víctor Carrascal, enmudeció tras
citar al diputado Manuel Núñez Encabo.
Eran las seis y veintitrés de la tarde. Una
mezcla de perplejidad y angustia nos sacudió al ver la entrada de Tejero con su
inconfundible bigote y un pistolón que
agitaba bravucón y altanero: “¡Quieto todo el mundo!”. El obstinado golpista había conseguido superar todas las barreras
para llegar con un grupo de fanáticos hasta el hemiciclo; un recinto que debería ser
infranqueable, una especie de habitación
del pánico a salvo de cualquier agresión,
sobre todo en una jornada en la que se
elige al presidente del Gobierno. Una cadena de errores y la contundencia de las
18 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
armas permitieron a Tejero adueñarse del
lugar.
La sensación de impotencia y abatimiento se incrustó en todos los que nos
amontonábamos en la zona de informadores. Nos miramos sin cruzar palabra, sin
escribir una línea, atónitos ante lo que
estábamos presenciando. Instantes después escuchamos esa frase imperativa
que ha hecho historia: “¡Al suelo, al suelo
todo el mundo!”. El general Gutiérrez Mellado intentó hacer valer sus galones para
detener aquella locura y fue zarandeado
por Tejero y su gente. Los guardias empezaron a disparar hacia el techo obsesionados en convencernos a todos de que no
presenciábamos una comedia bufa y que
la intentona iba en serio. Solo tres personas mantuvieron el tipo y no se arrastraron ante metralletas y pistolas: Suárez, Carrillo y, por supuesto, Gutiérrez Mellado.
Varios balazos impactaron a pocos centímetros de la tribuna de prensa. Apretujados y estrujados bajo las sillas, nadie soltó
un grito. Lo peor podía llegar en cualquier
momento. La tensión era máxima. Un inquietante silencio lo dominaba todo. Desde allí, al lado de la cámara que más tiem-
po permaneció enfocando aquel patético
escenario —hasta que un golpista la giró
hacia la pared—, podíamos ver a las taquígrafas bajo su mesa de trabajo, el ir y
venir de guardias civiles, las espaldas dobladas de diputados. Poco a poco, los ministros se deciden a emerger y sentarse.
Víctor Carrascal opta por encender un cigarrillo, muchos le siguen en un intento
de controlar el nerviosismo. Aparece un
oficial —posteriormente identificado como el capitán Muñecas— que con tono
pausado quiere sosegar los ánimos: “No
va a ocurrir nada, pero vamos a esperar
unos momentos a que venga la autoridad
Madrid eran paradas de
autobuses llenas de gente
que quería irse a casa y
comercios echando el
cierre antes de la hora
militar competente para disponer lo que
tenga que ser… y lo que el mismo diga”.
Unas palabras que disparan infinidad de
interrogantes entre los presentes y que
todavía hoy siguen estimulando las disecciones de los historiadores.
A las siete y media, los asaltantes nos
mandaron salir a los periodistas. Camino
del periódico para contar lo ocurrido, pudimos comprobar que el pánico también
estaba fuera. Paradas de autobuses repletas de gente que quería volver a casa, todos los taxis ocupados, los comercios bajando sus persianas antes de la hora… Era
como si los gases paralizantes del franquismo —que sostuvieron la dictadura hasta
la muerte de su creador— volvieran a surgir de las alcantarillas. Al echar la vista
atrás en estas fechas, cuando los egipcios
acaban de liquidar con sus movilizaciones
una larga etapa de opresión, resulta un
tanto vergonzante la escasa reacción popular ante aquel secuestro de la democracia española que, como diría el poeta Celso Emilio Ferreiro, estuvo a punto de devolvernos a una larga noche de piedra. No
había móviles, no había Facebook y tampoco Twitter. Sobraba miedo. O
OPINIÓN
DON DE GENTES
Chicas de novela
Juan Cruz
Anónimos
Fotograma de la serie de televisión ‘Mad Men’.
Elvira Lindo
LOS TACONES son para la noche. Cuando
me los pongo sé que lo que mis pies
sufran estará compensado con lo que
yo, la mujer que camina sobre ellos,
disfrute. Primero, han de cumplir su
función cultural, asistiendo a un acto
literario. Luego, emprenderán camino
hacia una lucecita que nos promete refugio en este bosque urbano, el neoyorquino, tan pobremente iluminado. La
luz de neón reza “P. J. Clarke’s”. Llevo
dos años sin pisar esta taberna del corazón de Manhattan que ha resistido milagrosamente desde hace siglo y medio el
azote de la especulación. Ya no habrá
quien la derrumbe. La pequeña casita
construida a mediados del diecinueve
es ya una rareza histórica rodeada de
rascacielos. Mientras camino hacia ella,
con el frío mordiéndome las piernas,
pienso que si no vamos más a menudo
al P. J. Clarke’s es porque sabemos que
siempre estará ahí, acogiendo a diario
al batallón de ejecutivos del Midtown
que, tras quitarse la corbata y metérsela
en el bolsillo, superan la ansiedad laboral con una cerveza de grifo, masticando a dos carrillos la que se anuncia
pomposamente como “la mejor hamburguesa de la ciudad” y completando
este cóctel revitalizante con una copa
en uno de esos vasos cortos que parecen estar hechos para que los personajes de las películas puedan beberse un
whisky de un solo trago. Las películas.
Ninguna guía turística podrá competir
jamás con los sueños que nos despierta
la ficción por ciertos lugares. Para estos
jóvenes ejecutivos de pecho de toro
que se apiñan en la barra, el P. J. Clarke’s es una vía de escape tan cotidiana
que es posible que no sean conscientes
ya de su rústica belleza. Frank Sinatra
solía terminar sus juergas en esta taberna y celebraba el encanto del lugar diciendo: “Ah, esos urinarios”. Urinarios
para un Gulliver en el país de los gigantes. Pero nosotros, extranjeros, por más
que nos familiaricemos con la ciudad,
nos valemos de la ficción para hacerla
nuestra. En este local algunos de nuestros personajes más queridos se han
acodado a la barra. La experiencia que
a nosotros nos falta la compensan ellos.
Recuerdo a una chica memorable,
Peggy Olson, esa secretaria de la serie
Mad Men que a fuerza de talento y tesón acaba introduciéndose en el universo de los creativos publicitarios. Peggy
estuvo aquí y nosotros con ella. Peggy,
en esta sala en la que ahora nos sentamos, bailando una canción que sale del
jukebox, todavía vestida con su conjuntito cateto de chica de barrio obrero, a
punto de convertirse en otra. Peggy,
transformada ya en mujer de Manhattan, peleando a diario porque su ta-
Ninguna guía turística
podrá competir jamás
con los sueños que nos
despierta la ficción
por ciertos lugares
A la protagonista de la
novela ‘Brooklyn’, le he
puesto la cara de
Elisabeth Moss, actriz
que da vida a Peggy Olson
lento sea reconocido, acodada a esta
misma barra y diciéndole a un muchacho que acaba de conocer: “¿Que mi
acento no parece de Brooklyn? Deja
que haga efecto esta copa y verás cómo
sale”. Mientras devoro una hamburguesa, que no sé si es la mejor de la ciudad
pero se acerca, le recuerdo la escena de
Peggy a la actriz Carmen Ruiz, que vive
entre la emoción y la sorpresa continuas su primera visita a Nueva York.
“Sí, Peggy baila en esta misma sala”.
Carmen recorre el lugar con otros ojos,
con los ojos de quien ha estado aquí
antes. No, una guía turística informa, es
necesaria, pero la ficción permite que
entendamos que cada lugar contiene la
gran novela urbana, la que encierra la
vida de cada una de las personas que
estuvieron aquí. A la protagonista de
Brooklyn, la novela de Colm Tóibín, le
he puesto la cara de la actriz que da
vida a Peggy Olson, Elisabeth Moss. Tal
vez porque se trata de otro personaje
humilde e inteligente que intenta labrarse un futuro en mundo ajeno. A
oídos de un neoyorquino, Brooklyn suena como el barrio obrero, con carácter,
rudo y peculiar en su acento que todavía es, a pesar de que haya zonas colonizadas por chicos modernos o por escritores como Paul Auster. En los oídos de
un español, la palabra Brooklyn carece
de rudeza, Brooklyn suena a un paraíso
de casas antiguas adosadas. Pero historias como la que Tóibín cuenta, la de la
chica irlandesa que llega en los años
cincuenta a Brooklyn a mejorar un destino que en su pueblo natal ya estaba
escrito, nos sitúan a la misma altura
que la de las personas comunes, nos
hacen comprender mejor la riqueza y la
dureza de un barrio en el que los inmigrantes recién llegados se refugiaban
entre los paisanos que habían llegado
antes, conformando un crisol de países:
aquí, la pequeña Irlanda; allí, la pequeña Italia; más allá, los judíos del este de
Europa. Cada comunidad recelando de
la comunidad fronteriza, pero aprendiendo a convivir con ella. Solo una novela puede colarse en los anhelos de
una joven que llega a Brooklyn con miedo y esperanza; solo en la ficción (cuando está escrita por un hombre como
Tóibín, que con tanto respeto reproduce la voz de las personas humildes) encontramos cómo la nostalgia de los primeros meses se va transformando en
familiaridad y la chica de pueblo se convierte en chica de barrio. Esas dos jóvenes Peggy y Eilis, las dos con el rostro
de Elisabeth Moss, me enseñan a mirar
la ciudad sin olvidar el pasado que habitó en sus aceras. Siento el impulso de
correr al rincón de la vieja gramola, meter un dólar y hacer que suene Lullaby
of Birland, de Georges Shearing, que
acaba de morir y que seguro que más
de una vez estuvo aquí. O
DE LA MANIFESTACIÓN de los anónimos llamados
Anonymous que se manifestaron el domingo último a las puertas del Teatro Real para poner
verdes a la ministra y a los actores y a otros
asistentes a la gala de los Goya me llamó la
atención que los manifestantes fueran precisamente anónimos, es decir, que no enseñaran
sus caras.
Ha tomado carta de naturaleza el anonimato
como una de las bellas artes de la era de Internet. Pocos se oponen, me resulta intrigante.
¿Por qué? En otros tiempos, los anónimos, o los
seudónimos, ocultaban nombres propios en peligro, que necesitaban protegerse; o nombres
propios que hacían doblete, por ejemplo, en el
periodismo. En este caso, era gente que escribía
en un medio y al mismo tiempo lo hacía en otro,
y, por tanto, tenía que disimular sus dos sueldos. Pero eso ahora no pasa, o no pasa de manera tan abundante como para llamar la atención.
Cuando nació este periódico, pocos meses después de que muriera Franco, que también tuvo
seudónimo, el Libro de estilo obligaba a que firmáramos con nombre y apellido y jamás con
seudónimo. Había —y hay— nombres tan notorios que no necesitaban apellidos u otras especificaciones: Peridis, Máximo, Forges, Romeu…
Pero en el periódico no se aceptaban seudónimos ni siquiera en las Cartas al director.
En fin. Pero ahora en el periodismo digital ha
tomado carta de naturaleza el anonimato en las
conversaciones con los blogueros, en los comentarios a las informaciones o a las opiniones, y a
mí me parece que eso crea un ruido formidable
pues las conversaciones se hallan distorsionadas por la evidente desigualdad de los términos
del diálogo: quien escribe dice su nombre y apellidos, pero quien le replica estima oportuno
guardarse la identidad bajo innumerables nicks
que cambia según su libérrimo criterio para expresar sus libérrimas —y muchas veces insultantes— opiniones propias. ¿Cómo se puede expresar anónimamente una opinión propia?
Ese anonimato que se presenta bajo tantas
formas (nicks, anónimos propiamente dichos,
nombres supuestos, nombres de otras personas
que se usan falsamente, e impunemente) se ha
Grupo de Anonymous, en los Goya 2011. Foto: Cristóbal Manuel.
trasladado ahora a la calle; los hemos visto en
Londres y en otras capitales, y el domingo último desembarcaron en Madrid esas caretas idénticas tras cuyo amparo se esconden personas
como cualquiera de nosotros que, en su caso,
parecen querer decirle a la ministra de Cultura y
a sus antiguos colegas del cine que no están de
acuerdo con lo que ellos piensan acerca de la
ahora llamada ley Sinde. Lo que no se comprende muy fácilmente es que en esta sociedad, donde se dice en la prensa, en la radio, en los taxis,
en la universidad y en el mercado lo que nos da
la real gana sin tartamudeo alguno, alguien tiene que ponerse una careta y titularse anónimo
para decir lo que se le antoja.
Puede ocurrir que este disfraz obedezca a
razones estéticas, que les parece conveniente
usar una careta para darle dramatismo a la situación, para llamar la atención. Pues podrían llevar la careta en el envés de la cabeza, de modo
que aparecieran por un lado con su rostro y por
el otro con esa inquietante careta que ahora
convierte su aparición en un símbolo de tan
innecesario anonimato. O jcruz@elpais.es
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
19
OPINIÓN
CAJERO AUTOMÁTICO por El Roto
La feria
Javier Pradera
Candidato superlativo
LOS AVATARES PROCESALES del caso Gürtel —un
escándalo de corrupción que anega a varias organizaciones regionales del PP—
han mantenido durante semanas las incertidumbres en torno a la candidatura del
presidente de la Generalitat valenciana para las autonómicas del próximo 22 de mayo. Enterrado en falso —a comienzos de
agosto de 2009— por el Tribunal Superior
de Justicia de Valencia (TSJCV) un sumario por cohecho pasivo contra Francisco
Camps y otros tres imputados del PP regional, el Supremo ordenó a instancias de la
fiscalía —en mayo de 2010— la reapertura
de las actuaciones. El pasado 25 de enero,
el juez encargado de la causa declaró concluida la instrucción. Las conclusiones
provisionales del ministerio público formuladas hace 10 días solicitan la pena de
41.250 euros por un delito de cohecho pasivo cometido por el presidente de la Generalitat al aceptar de una empresa de la
trama Gürtel el regalo de 11 trajes, 5 americanas, 5 pares de zapatos y 4 corbatas
valorados en 14.000 euros.
No acaban aquí los peligros de que la
campaña electoral en ciernes sea interferida en Valencia y en el resto de España por
los escándalos de corrupción. Tras un fatigoso viaje ralentizado a causa del obstruccionismo procesal del PP, el Tribunal Superior de Madrid se inhibió el pasado sep-
El presidente de la
Generalitat valenciana
fuerza su candidatura
para las elecciones
autonómicas
tiembre a favor del TSJCV (que aún no ha
asumido la competencia) respecto a la parte del sumario dedicada a las operaciones
triangulares entre el PP, la trama Gürtel y
algunos empresarios beneficiados por la
Generalitat a fin de pagar clandestinamente gastos electorales del PP por importe de
varios millones de euros.
Aunque el desfachatado vicesecretario
de comunicación del PP Esteban González Pons se mofe del regalo de “cuatro
trajes y cuatro corbatas” a Camps (“por
eso no se vende un presidente”) y ponga
“las dos manos en el fuego” por su inocencia (sería imprudente que ampliase el riesgo a otras partes aún más delicadas de su
cuerpo), resulta lógico que Rajoy aplazase
lo más posible la proclamación electoral
de esa acicalada bomba de relojería atacada de los nervios. Inquieto por el retraso,
el presidente de la Generalitat pisó a fondo el acelerador y forzó el pasado lunes su
atropellada designación por el Comité
Electoral Regional, con la impertinente y
antiestatutaria posdata de que el Comité
Electoral Nacional del PP deberá ratificar
la propuesta.
Con la mueca sonriente y desafiante
que solían desplegar los actores secundarios de un típico péplum hollywoodense
al saltar a la arena de un circo romano
para ser devorados por los leones, Camps
aseguró tras su bautismo electoral que “es
el candidato más respaldado de todos los
candidatos de la historia de las democracias occidentales en todo el mundo”. Ni
siquiera el también imputado en la causa
Ricardo Costa podría mejorar —con una
expresión pija al estilo de “hipermegasupercandidato”— ese larguísimo autopiropo superlativo. O
20 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
LA COLUMNA
Un nuevo sujeto político
Josep Ramoneda
EL AÑO 1968 REPRESENTÓ la aparición de la juventud como nuevo sujeto político. De Tokio a Berkeley, de México a París, de Milán
a Praga, un sinfín de movilizaciones antiautoritarias, cada una de ellas con sus peculiaridades locales específicas, dieron cuenta de que el aumento de la esperanza de
vida daba coherencia social y significación
política a una franja de edad a la que hasta
entonces no se le habían atribuido intereses propios: los jóvenes. Aquellos jóvenes,
al meter una cuña en las viejas estructuras
culturales y morales de las dos culturas de
la guerra fría, abrieron la transición liberal
que culminaría con el hundimiento de los
sistemas de tipo soviético.
Ahora, las revueltas árabes de 2011 es
probable que queden para la historia como símbolo del momento en que nació
otro sujeto político: las redes sociales. Con
la clase obrera fragmentada en grupos de
intereses diversos y, a menudo, contradictorios, con los valores de la burguesía desvencijados por la arrogante hegemonía del
poder financiero, se venía buscando un
nuevo sujeto de cambio. Ya está aquí.
Un nuevo modo de producción —la sociedad de la información— necesita nuevas formas políticas. La crisis ha acabado
con la utopía del fin de la historia, de la
superación del conflicto y de la inutilidad
de la política. Y han aparecido estos nuevos sujetos políticos que identificamos co-
mo redes sociales. Empieza otro flirteo entre lo nuevo y lo viejo que cristalizará en
nuevas formas de institucionalización.
No estoy haciendo pronósticos sobre el
destino de las revoluciones árabes. En Egipto, técnicamente lo que tenemos es un golpe de Estado incruento que ha llevado a
una junta militar a asumir todos los poderes. Las primeras promesas son esperanzadoras: nueva Constitución, nuevas elecciones. Pero Mohamed Tantaui, el líder de los
militares, es un hombre involucrado en el
régimen anterior hasta las cejas. ¿Será el
buen traidor, como fue el rey Juan Carlos
entre nosotros, o será el encargado de cambiar lo mínimo para que no cambie nada?
La explosión ha llevado las reivindicaciones sociales a la calle, lo que puede tensar
las cosas. El estado de revuelta es por definición provisional. El día después siempre
lleva consigo limitaciones y frustraciones.
Pero la irrupción de las redes sociales como motor de cambio es ya irreversible.
Naturalmente, el primer problema que
aparece es cómo traducir la indignación
de las redes sociales en proyecto político. Y
todo el mundo está pensando en qué partidos políticos asumirán la representación
de la revuelta. El propio El Baradei ha pedido a los militares que retrasen las elecciones para dar tiempo a crear los partidos
que Egipto hoy no tiene. Pero la cuestión
es: ¿pueden salir de las redes sociales partidos como los que conocemos? ¿O tenemos
que empezar a pensar en organizaciones
de otro tipo más permeables, menos cerradas y, por tanto, menos abocadas a la obediencia incondicional y a los incontrolables manejos de los aparatos? Todo nuevo
sujeto político es portador de una utopía.
En este caso, quizá el defecto utópico esté
en la forma de organización.
Las informaciones de Wikileaks sobre
el enriquecimiento de los autócratas árabes han sido uno de los catalizadores de
las protestas. En contra de lo que dice el
simplismo occidental, las revueltas no tienen tanto que ver con la miseria y la desesperación como con el deseo de los ciudadanos de disponer de sus vidas y de acabar
con la humillación sistemática a la que les
someten Gobiernos indecentes. La estrategia de las redes sociales ha ido directamente al objetivo: descabezar el régimen, sin
perderse en rodeos por las vías tradicionales del antiamericanismo y del antisemitismo. Lo cual es una relevante novedad en
el mundo árabe. Las líneas fronterizas de
los combates ideológicos están cambiando.
Las redes sociales significan la multiplicación y la propagación de la información
hasta límites insospechados. Es una nueva
cultura que mezcla la relación punto a punto —el individualismo, la gran conquista
de la modernidad que ha llegado a amenazar la misma idea de sociedad en los últimos años— con la realidad de una conexión constante, creativa y amplificada
con los demás. Este fenómeno transversal
que son las redes rompe la sumisión al
Uno que, como explicó La Boétie, ha conformado la servidumbre voluntaria y la cultura del miedo que tiene atrapados a los
ciudadanos. Todo lo oculto puede disolverse con los rayos de las redes sociales. Esta
es la gran arma y el gran problema. ¿Se lo
van a permitir? ¿Se lo podrán impedir? No
hay consolidación de un nuevo sujeto político sin confrontación. O
OPINIÓN
PUNTO DE OBSERVACIÓN Por Soledad
Gallego-Díaz
Den un paso al frente
Joaquín Estefanía
Obama y el ajuste
VAN PASANDO LAS SEMANAS y la Unión Europea sigue lastimosamente
sin dar señales de reacción ni de comprensión de lo que está
sucediendo en el mundo árabe. “Estamos actuando como si se
tratara de una crisis humanitaria, del envío de unos sacos de
comida o de unos millones de euros, y no se trata de nada de eso.
Esta es una crisis política, importante y esperanzadora, y lo que
hace falta es que la Unión Europea sea capaz de reaccionar con
política: con una gran, enorme, presencia y actividad política”, se
queja un importante, y frustrado, funcionario de la UE.
Las sociedades árabes están dando pruebas continuamente
de ser mucho más maduras y abiertas de lo que sus dictadores
habían dejado entrever, pero la respuesta
que obtienen de Europa es claramente insuficiente, tanto a nivel nacional como de
la propia institución, y corre el riesgo de
paralizarse todavía más con los acontecimientos de Bahréin. Es cierto que algunos
países del área mediterránea (los que deberían estar más entusiasmados) atraviesan una pésima situación. Francia ha visto
sus relaciones en la zona muy deterioradas con el escándalo de los negocios familiares de su ministra de Exteriores en Túnez. Italia, el país que hace 20 años habría
sido decisivo en impulsar la reacción europea, esta enfangada en la porquería de su
primer ministro, Silvio Berlusconi, que pretende convertir la crisis política del norte de África es una especie de problema de
seguridad interna.
Y España, que no tiene esos problemas, que podría aprovechar la situación para aumentar su protagonismo en Europa, que
tiene a su favor, incluso, que la nueva ministra de Asuntos Exteriores no mantuvo relaciones personales con los dictadores anteriores, resulta que está simplemente exangüe, sin tan siquiera la
sensatez de recurrir a sus mejores funcionarios europeos (o
exfuncionarios, como Javier Solana) para crear una célula de
análisis que impulse, en estos momentos, y no dentro de meses,
propuestas y contactos.
No se trata solo de un problema de dinero, aunque seguramente tanto Túnez como Egipto necesiten rápidas inversiones
para el desarrollo de sus zonas más deprimidas. Se trata de
apoyar a Túnez en el FMI o en el Banco Mundial, de conseguir
que no le suban las tasas de interés, de lograr que Egipto disponga de todos los instrumentos que precise para identificar liderazgos internos y promover una estructura sólida de partidos. ¿Acaso ya nadie se acuerda del formidable apoyo internacional que
tuvo el proceso de transición democrática española? ¿De los
centenares de expertos, cursos, becas y contactos personales que
ayudaron al desarrollo de la política en España? ¿De las continuas visitas de líderes europeos, con mensajes de ánimo e impulso? ¿A qué espera
Europa para volcar en el mundo árabe todos los recursos políticos de que dispone?
Quizá los ciudadanos europeos tengamos que tomar ejemplo de los egipcios o
los tunecinos, en el sentido de presionar
directamente por lo que queremos, sin esperar a que nos caiga del cielo. Quizá algunos europeos prominentes deberían empezar ya a exigir acción y responsabilidades. Si la alta representante, Catherine
Ashton, es manifiestamente incapaz de hacer frente a la situación (¿cuántos países
europeos o del norte de África conocía
esta ilustre británica antes de ser elegida para el importante
cargo que desempeña?); si el presidente Herman van Rompuy es
un especialista en componendas internas (muy valiosas en ocasiones, nadie lo niega), pero un pésimo comunicador hacia el
exterior, empeñado como está en colgar videomensajes en su
página web, pero en desaparecer de cualquier escenario
público… entonces es quizá el momento de que este grupo de
prominentes europeos, que saben perfectamente que esta es una
ocasión única, para el mundo árabe y para la UE, se atreva a dar
un paso al frente y lanzar el mensaje político, profundamente
democrático y europeo, que nuestra propia historia reciente se
merece y que nadie pronuncia. O
¿A qué espera la Unión
Europea para volcar en
el mundo árabe todos
los recursos políticos
de que dispone?
TORMENTAS PERFECTAS
La orquesta del ‘Titanic’
Lluís Bassets
EL CRUJIDO DE LAS CUADERNAS debiera hacernos estremecer. Un mundo entero, el mundo que hemos conocido, se está hundiendo. Dentro de poco no podremos reconocerlo. Es como una segunda réplica del final de la guerra fría, un arreón que se está
llevando por delante lo que quedó de todo
aquello. Congelados en la historia, los pueblos árabes se habían convertido en la variable fija sobre la que se asentaban todos
los otros cambios. Los antiguos países comunistas accedieron a la libertad; terminó
el apartheid en Sudáfrica; Europa se encaminó con desigual fortuna a su unificación;
emergieron las potencias del futuro bajo el
rótulo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y
China); el islamismo democrático llegó y se
asentó en el poder en una Turquía también
emergente; y Estados Unidos, país fundado por terratenientes ilustrados y esclavistas, puso al fin a un afroamericano en la
Casa Blanca. Y los pueblos árabes, mientras tanto, siguieron petrificados en su régimen de siempre, bajo la bota de unos autócratas casi siempre corruptos y ladrones.
Era la fatalidad, el destino. Maktub. Estaba escrito. Hasta ahora, cuando el choque
de placas tectónicas o la colisión con el
iceberg, no importa la metáfora, ha resquebrajado el casco de este buque, que es el de
nuestro viejo mundo, el del mundo tal como lo hemos conocido. No sabemos cómo
será y hay que confiar en que sea mejor e
incluso echar una mano para que así sea,
en vez de lamentarse por su hundimiento
o despotricar contra quienes han permitido que se hundiera. Pero será distinto. Ya
no desde Marruecos hasta Bahréin. Aquí
mismo, en la Europa que se creía un balneario y se verá ahora obligada a tomar el
pulso a la criatura y adaptarse a su ritmo.
Costará. Y mucho. Para empezar, enterarse de lo que está ocurriendo. En dos meses han caído dos regímenes. No hay país
árabe que no se halle afectado por la llamada a la revuelta, dirigida por los jóvenes y
sus habilidades tecnológicas. ¿Hay conciencia ahora mismo en España de lo que supondría una revolución democrática en Marruecos, que pusiera en jaque a la monarquía feudal de Mohamed VI? ¿Tienen nues-
tro Gobierno y nuestra oposición ideas claras sobre cómo quisiéramos que fuera el
Marruecos del futuro? ¿Saben qué papel
deben desempeñar Ceuta y Melilla? ¿Estamos preparados para ayudar a su transición hacia una monarquía constitucional y
un Estado descentralizado y democrático?
Donde más costará enterarse, está visto,
es donde menos debiera. Mientras se incuba la revuelta entre nuestros vecinos marroquíes, aquí seguimos con nuestra vieja y
aburrida música doméstica, ajena a los crujidos del buque. Ocupados por obligación
en la rectificación de nuestras cuentas y
medios de vidas, y por devoción a desprestigiar al adversario, somos los músicos del
Titanic, dispuestos a seguir con la murga
mientras el transatlántico se hunde. O
OBAMA HA PRESENTADO los Presupuestos del
año fiscal 2012, que en EE UU comienzan
el 1 de octubre del ejercicio anterior. La
novedad más subrayable es que son los
primeros de este presidente en los que
predomina una reducción del gasto, aunque no tanta como exigen sus oponentes.
Los demócratas, que han sufrido una muy
dura recesión de dos años y medio, en la
que se perdieron ocho millones de empleos, buscan el equilibrio entre la vuelta
a la ortodoxia fiscal y evitar una recaída en
el crecimiento que traslade más parados
al ejército de reserva. Aunque ha previsto
un crecimiento del 3,6% del PIB en 2012,
la creación de empleo en enero pasado
fue muy tímida (36.000 personas, la cifra
más baja en cuatro meses y cuatro veces
menos de lo pronosticado).
El déficit fiscal asciende ahora en
EE UU a casi un 11% de su PIB. El director
de la Oficina del Presupuesto de la Casa
Blanca, Jack Lew, ha declarado que el plan
de reducción supondrá un ahorro de un
billón de euros (la producción de un país
como España en todo un año) de aquí a
2021. Pero, como decía Keynes, a largo
plazo todos muertos. Más significativa es
la secuencia inmediata: entre 2011 y 2012
Los demócratas quieren
encontrar un equilibrio
entre la reducción del
déficit fiscal y el
estímulo al crecimiento
se prevé una reducción del déficit fiscal de
cuatro puntos, y para 2015, volver a la
senda de un 3% máximo de desequilibrio
fiscal. Es decir, dos años más de flexibilidad para volver a la “normalidad” fiscal de
los que se ha dotado Europa, cuyos países
tienen que llegar a ese objetivo en 2013.
Ello significa que la principal parte del
ajuste comienza ahora en EE UU, cuando
el país ya ha recuperado el crecimiento.
Esos cuatro puntos —del 11% al 7%— se
pretenden lograr con una reducción del
gasto y un incremento de los ingresos. Lo
más significativo es la composición de
esas dos partidas: se van a tocar gastos
sociales de segunda magnitud por su volumen (subsidios a la calefacción de los hogares más desfavorecidos, becas, ayudas a
instituciones educativas afroamericanas,
programas ambientales secundarios, etcétera) y el presupuesto de Defensa, pero no
se va a sacrificar el grueso del peculiar
Estado de bienestar americano (ayudas a
los jubilados, mayores de edad y pensiones) y los capítulos dedicados a educación, infraestructuras, innovación y energías renovables. Los mayores ingresos llegarán por el incremento de los impuestos
a las rentas más altas y el recorte de exenciones fiscales a la compra de viviendas.
Esto es lo que pretende Obama, pero es
difícil que se aproxime a lo que ocurra
dada la correlación de fuerzas entre demócratas y republicanos en el Congreso. Estos últimos pretenden reducciones más
fuertes del déficit público y la historia remite a las tremendas dificultades de este
tipo de negociación. Por ejemplo, los Presupuestos de 2011 todavía no han sido
aprobados y la Administración de EE UU
gasta en una especie de excepción legislativa. Si no se llegase a un acuerdo, se podría
volver a los tiempos de Clinton en los que
se paralizó la actividad estatal. O
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
21
Pasatiempos
SUDOKU KILLER CLARITY MEDIA | PLANET SYNDICATION
TREDOKU® MARCA REGISTRADA PROPIEDAD DE © MINDOME (UK) LTD. 2010
En el killer se siguen las reglas
del sudoku, pero
en vez de colocarse algunos
números iniciales se agrupan
casillas por medio de una línea
punteada y se
da la suma de
estas. El objetivo, como siempre, es completar los números
del tablero. No
se puede repetir un número
dentro de las líneas punteadas.
DIST. EN EXCLUSIVA EN ESPAÑA: WWW.CREATIVESERVICES.ES
KENKEN © 2009 TETSUYA MIYAMOTO | GAKKEN
Como en el sudoku, rellene las casillas con los números
del 1 al 9, de modo que no se repitan en la misma fila o
columna, ni en el cuadrado de 9 casillas. En el tredoku,
Las reglas del juego son las siguientes: debe colocar los dígitos
del 1 al 6, sin repetirse, en cada
fila y cada columna del cuadrado.
En este aparecen bloques remarcados por una línea gruesa, y en
cada uno de ellos hay un número
junto al símbolo de suma, resta,
multiplicación o división. Este dígito es el resultado, en cada caso,
de sumar, restar, multiplicar o dividir los números contenidos en
el bloque. Averigüe el número de
cada casilla.
las líneas de los cuadrados de 9 casillas pueden ser rectas o curvas. Siga la dirección de cada línea en busca
de pistas.
CRUCIGRAMA Por Eduardo Delgado
CRUCIGRAMA BLANCO Por Mambrino
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
1
1
1
2
2
3
3
4
4
5
5
6
6
7
7
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
8
8
9
9
10
10
11
11
12
12
13
Horizontales: 1. Antonio Banderas se pasa al otro lado de la
cámara en esta valiente y visceral visión de la adolescencia
(cinco palabras) / 2. Todas las llamadas a los bomberos son
pocas ante estas lenguas de fuego. Como no se mueve, vale
para político / 3. Aglomeración confusa de sucesos, de gentes o de cosas en movimiento, torbellino. Como apellidos, Fernández lo es de Fernando; Martínez, de Martín / 4. Mirando
hacia atrás con ella escribió John Osborne. ¿Qué es esto?:
sacar la cabeza del tiesto. Melodía canaria. Hablamos más
de la cuenta, “_” la lengua a paseo / 5. Hagan deporte en Bremen. Procede contra alguien judicialmente, lo... Viva... de espaldas al vecindario. Entrada en falta / 6. Afirmaciones. Me
valí de. Secuela o señal de una enfermedad o achaque. Donde se salta del laberinto al 30 / 7. El shakespeariano rey de
Bretaña. Saco sin fondo. La ciudad italiana de la Villa d’Este.
En el Pirineo, la Val d’... / 8. Cuaderno de anillas. Santo patrón
de Madrid. Insustanciales (pero como medicamentos, calmantes) / 9. Aplicará el médico el fonendoscopio al paciente,
lo... El mayor río de Venezuela, limítrofe con Colombia. Cola de
perdiz / 10. En camisas del rey. Reemplazó a Karachi como
capital de Pakistán. Disparate, despropósito, barbaridad /
11. En 2003, fue nombrado primer ministro turco. Dedos que
están para chupárselos. Gas noble, usado en radioterapia /
12. El beatle que se pasó una semana encamado como protesta por la guerra de Vietnam. Chico para todo de un hotel.
La que paga mal y nunca.
22 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
Verticales: 1. Lindo es todo lo que escribe. Y aquí, un buque
que no sube / 2. Sientas vivamente la muerte de un amigo, lo...
Le saque pasta al negocio, se... / 3. ¡Qué poco duran a la puerta de un colegio! Don / 4. La de llaves de Rebeca. El éxito de
la Viagra / 5. De color rojo oscuro. Asco me da el musgo /
6. Cuando llueve y hace sol, sale este arco de color. Eluden
una dificultad en Cuba, la... / 7. Ciudad portuaria de Francia,
meta de caminantes. No están al completo, pero Laurel sí /
8. Célebre teatro parisino. Tailandia también vale una misa. La
hepatitis que causa cirrosis / 9. David no prueba el vino. ¿Cómo
está Schwarzenegger?: cerrado por cuatro líneas rectas iguales que forman otros tantos ángulos rectos / 10. Émulos de
Kim Philby. La capital del reino alauí / 11. Lujos, los mínimos. A
Sue toda vacación así le parece corta. Poco mal y bien quejado: me pica una araña y me “_” una sábana / 12. Te decantas
por. La más delgada. Por él juraba el vikingo / 13. Ruina en el
Sardinero. Nombre del gran arquitecto finlandés Aalto. Ley
con un pie fuera / 14. Volveros por donde habéis venido. Las
musas / 15. Se queda frito el bebé al oírla. Payasos de igual a
igual / 16. Esteres de los ácidos grasos con la glicerina. El
mandarín paralítico / 17. Acercará posturas enfrentadas, “_”
asperezas. Hijo de Dédalo / 18. Raíz o vocablo de que procede
otro. Encestar el baloncestista / 19. La higuera egipcia, de madera incorruptible, con que se hacían los sarcófagos. Un pirado / 20. Noticias. Palacios del juego / 21. ¡Socorro! Un incondicional. Sector.
14
15
Horizontales: 1. Momento de descanso / 2. Inspeccionase el sabueso / 3. Programas de nutrición / 4. Camas de campaña / 5. Kierkegaard el Filósofo / 6. Plato popular de Madrid. Criaturas arbóreas de J. R. R. Talkien / 7. Bikini, en ocasiones. Prepare el barbecho / 8. Frases de los frontispicios. Bahías protegidas / 9. Se
da cuenta de repente. Como el realismo de García Márquez /
10. Huésped del establo. Desgastaras por el uso continuado /
11. Filtro de cocina / 12. Fiestas del Rey Momo / 13. Profesión de
carrera (?). Personaje de cabalgata / 14. Laureles. ”_” plaisir,
mademoiselle. / 15. Fila ordenada. Enemiga de Aníbal.
Verticales: 1. Copia con papel carbón. Josep autor de Viatge a
Catalunya / 2. Miras desde la torre de control. Verdosa tinta de
imprenta / 3. Disfrutan del bufé. Peligro de terrenos montañosos / 4. Lucio Cornelio enfrentado a Mario. En un tiempo ya pretérito / 5. Piezas de fontanería. Bruckner organista y compositor /
6. Grabaron escenas en película. Damnificada de Ricitos de Oro /
7. Lo más granado de la sociedad. Hijo de Indira / 8. Pasa por el
colador. Esconder detrás / 9. Invite a medirse en el campo del
Honor. Opuesto al cénit. Hizo la colada / 10. ¿Conque “_” tenemos? Estallido final. ¡A ver cómo salgo de esta! / 11. Anillos de
compromiso (?). Masas neuronales. Nada mojada.
PASATIEMPOS
AUTODEFINIDO Por Tarkus
RAZA
CANINA
MADRIGUERA
MACHO
ALADO
ZEUS DE LA
VENDIMIA
DUCADO
DE LA UE
PREMIO
SUECO
NÚCLEO
DEL ISLAM
LATIDO
RELOJERO
POLICÍAS
CATALANES
DÉJELA
LIBRE
VA DE
LUN.
A
DOM.
PATITO
NUMÉRICO
PICAR
TARDE
HILERA
RITMO
HIP-HOP
RODEADO
DE
MISTERIO
...
VITAE,
SOLUCIÓN
ETÍLICA
OBRAS DE
BROADWAY
PRODUCTO
DE LAVADO
SUCESOR
DE CLINTON
RIVAL DE
PIKOLIN
SALEN SIN
PERMISO
CÚMULO
ESTELAR
POSTERGAR
QUESO
CREMOSO
EQUIPO DE
LA NFL
ENSAYA
ANTES
LUMINOSA
CHICO
ARGENTINO
SUCIEDADES
GORRO
DEL
PAPA
EMITE
DE SI
RESULTA
CANSINO
CAPITAL DE
UCRANIA
HOMBRE
DE CIENCIA
(?)
PERRA
ESPACIAL
DADOS
ÓSEOS
SALUDADA
CON AMOR
DISPOSITIVO
HINCHABLE
CHUPAR
LA
ABEJA
SENSOR
OCULAR
PEGUE
VIVIENDAS
PELÍCULA
EN 3D
BARCOS
DEPORTIVOS
DAMERO MALDITO PorVirginia Montes
3
M
4
SOLUCIONES
F
5
B
6
K
7
A
8
O
9
I
10
J
:
11
D
12
G
23
L
24
F
13
L
14
N
25
M
15
F
16
H
17
K
18
B
19
O
20
E
21
A
22
I
26
N
27
C
28
D
29
G
30
A
31
E
32
B
41
M
42
G
43
E
54
K
75
E
.
33
L
34
I
,
35
J
36
O
37
38
K
F
39
40
C
N
,
44
45
I
B
46
47
H
J
48
L
49
C
50
O
51
D
52
A
53
I
64
D
,
55
G
65
K
66
E
76
F
77
K
87
D
88
M
56
78
N
H
57
B
58
J
67
H
68
M
79
C
80
B
89
K
90
B
69
91
C
A
59
C
60
F
61
L
62
O
63
A
70
N
71
B
72
O
73
A
74
L
81
I
82
N
83
O
84
E
85
G
86
F
92
C
96
F
97
O
93
N
94
H
95
J
104
E
105
J
106
G
,
98
M
99
D
100
B
101
L
102
N
103
A
107
O
.
A. Profesión de la ley de Moisés .......................................................................................................... ––– –––
91 73
B. Se dice del lance o suerte en que el diestro se pasa el engaño por encima de la cabeza ........ ––– –––
18 32
C. Escudo, arma defensiva .................................................................................................................. ––– –––
49 79
D. Novillo desde los dos años hasta cumplir los tres ........................................................................ ––– –––
28 87
E. Echen las plantas raíces que penetren bien en la tierra .............................................................. ––– –––
20 84
F. Pasan por alto o de largo, dejando de lado alguna dificultad ...................................................... ––– –––
60 24
G. Alcanzar con la vista algo ................................................................................................................ ––– –––
85 55
H. Punto que en la órbita de un planeta dista más del Sol ................................................................ ––– –––
46 67
I. Huella que en forma de circunferencia deja en el suelo la caballería que saca agua de una
noria o da movimiento a otra máquina semejante ........................................................................ ––– –––
9 34
J. Estimulan a las bestias para que echen a andar, o para que sigan caminando, o para que
aviven el paso.................................................................................................................................... ––– –––
58 95
K. Conjunto de ganado caballar .......................................................................................................... ––– –––
77 37
L. Coloquialmente, reprensión corta, pero fuerte.............................................................................. ––– –––
33 13
M. Confirmar, probar, sostener alguna opinión o doctrina ................................................................ ––– –––
41 98
N. Que carece de pericia (femenino) .................................................................................................. ––– –––
102 40
O. Basto y mal hecho ............................................................................................................................ ––– –––
8 62
–––
30
–––
90
–––
92
–––
99
–––
75
–––
96
–––
29
–––
78
–––
52
–––
5
–––
27
–––
11
–––
31
–––
86
–––
106
–––
2
–––
7
–––
100
–––
69
–––
51
–––
104
–––
38
–––
12
–––
16
–––
21
–––
45
–––
59
–––
64
–––
43
–––
4
–––
1
–––
94
–––
63
–––
80
–––
39
–––
103
––– –––
57 71
–––
66
––– –––
76 15
–––
42
––– ––– ––– –––
44 81 22 53
–––
47
–––
89
–––
23
–––
88
–––
93
–––
72
–––
105
–––
65
–––
101
–––
25
–––
82
–––
83
–––
10
–––
54
–––
48
–––
3
–––
14
–––
50
–––
35
–––
17
–––
61
–––
68
–––
56
–––
36
–––
6
–––
74
–––
70
–––
97
–––
26
––– –––
19 107
TREDOKU
H
DIOSES
DOMÉSTICOS
MOTORISTA
DE LA FOTO
UNIDAD
DE RAM
DONAD
2
PREPARE
LA
PASTA
RÍO
RUSO
CASSIUS
DEL BOXEO
NOVIA
DE
WALL-E
KENKEN
REED
CANTANTE
CAMPO
DE CEPAS
TALLA
GRANDE
DEAMBULAR
SUDOKU KILLER
GENTE 10
HORNEA
CRUCIGRAMA BLANCO
(Los l corresponden a las casillas negras).
Horizontales: 1. El camino de los ingleses / 2. Llamaradas l Paralítico / 3. Vorágine l Patronímicos / 4. Ira l Esto l Isa l Sacamos l / 5. Remen l Encausa
lléroM lF / 6. Asertos lUsé lLacra lOca / 7. llLear lSa lTívoli l
Aran / 8. Bloc l Isidro l Anodinos l / 9. Auscultará l Orinoco l Iz / 10. JC l
Islamabad lDesatino / 11. Erdogan lDátiles lRadón / 12. Lennon lBotones
lMorosa.
Verticales: 1. Elvira l Bajel / 2. Llores l Lucre / 3. Caramelos l Dn / 4. Ama l
Erección / 5. Magenta l Usgo / 6. Iris l Orillan / 7. Nantes l Stan l / 8. Odeón
l Siam l B / 9. Da ll Cuadrado / 10. Espías l Rabat / 11. L l Asueto l Ató /
12. Optas l I l Odín / 13. Sar l Alvar l Le / 14. Iros l Aónides / 15. Nana l
Clones l / 16. Glicéridos l M / 17. Limará l Ícaro / 18. Étimo l Anotar / 19. Sicomoro lIdo / 20. Ecos lCasinos / 21. SOS lFan lZona.
CRUCIGRAMA
Horizontales: 1. Recreo / 2. Oliese / 3. Dietas / 4. Catres / 5. Soren / 6. Cocido.
Ents / 7. Atolón. Are / 8. Lemas. Radas / 9. Cae. Mágico / 10. Asno. Ajaras / 11. Tamiz / 12. Carnavales / 13. Piloto. Paje / 14. Lauros. Avec / 15. Andana. Roma.
Verticales: 1. Calca. Pla / 2. Oteas. Cian / 3. Comen. Alud / 4. Sila. Otrora / 5. Codos. Antón / 6. Rodaron. Mamá osa / 7. Élite. Rajiv / 8. Cierne. Agazapar / 9. Rete.
Nádir. Lavó / 10. Esas. Traca. Ejem / 11. Oes. Sesos. Seca.
AUTODEFINIDO
Horizontales: 2. Baco. Esotérico. Aqua / 3. Lux. Musicales. Bush / 4. Nobel. Escapan. Frito / 5. Mírenlo. Aplazar / 6. Sol. Jets. Brie. Asa / 7. Pibe. XXL / 8. Perrault. Eva. Ural / 9. Lou. Laika. Marc Coma / 10. Viñedo. Airbag. Libar / 11. Tabas.
Retina. Adose / 12. Besada. Avatar. Yates.
Verticales: 2. Palomo. Élite / 3. Cubil. Roñas / 4. Bóxer. Prueba / 5. Lejía. Dad /
6. Sem. Nebulosa / 7. Suéltela / 8. Mossos. Tiara / 9. Tic. Kiev / 10. Meca. Harta /
11. Rap. Bit / 12. Fila. Emana / 13. Cenar. Vagar / 14. Dos. Pixar / 15. Flex. Clay /
16. Labra. Lúcida / 17. Quizá. Robot / 18. Gustas. Amase / 19. Ahora. Lares.
DAMERO MALDITO
“Ala y raíz: la eternidad es eso. / Y aquí, de frente al mar, en la ribera, / la vida es
como un fruto que cayera / de un alto gajo, por su propio peso”. Leídas verticalmente las iniciales de las palabras obtenidas con las definiciones dadas, deben
decir: J. A. Buesa: Ala y raíz.
CHARLES
DE
CAPERUCITA
ROJA
G
YA
MISMO
EN BRAZOS
DE MORFEO
ESTUDIO
DE CARS
OBSÉRVENLO
ZONA DEL
TENDIDO
1
¿TE
APETECE?
PUDIERA
SER
TRABAJA
CON
LOS
BUEYES
EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
23
24 EL PAÍS DOMINGO 20.02.11
Descargar