la música al servicio de la fe

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LA MÚSICA AL SERVICIO DE LA FE
El título podría traducirse como “una forma bella al servicio de la fe y vehículo de la
misma”.
No es “la única” pero me atrevería a decir que, frente a la pintura, la escultura y la
danza, es una forma privilegiada.
Desde tiempos inmemoriales, el hombre “hizo música” y cantó. También “le puso
música a la fe” e intentó traducirla en palabras cantadas.
Siglos más tarde, san Agustín podría afirmar que “es del enamorado, cantar”. Es del
enamorado de Dios, cantar al objeto de su amor.
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Pondré ejemplos de autores famosos y de compositores desconocidos cuyas
obras también lo son: hay miles de ejemplos “de autor anónimo” (Cantos
religiosos, Lieder, en el mundo y en la cultura germana; Villancicos, en todo el
mundo); Negro spirituals, en el Sur negro de los Estados Unidos; la música
litúrgica, en el Cristianismo de Oriente y de Occidente…).
No tocaré el tema “Música y canto en la Liturgia”, pues aunque es rico, es
vastísimo.
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Podríamos balancear el lenguaje musical con la palabra hablada. Ambos son
“lenguaje” y, como todo lenguaje, tiene sus reglas. Nadie habla como quiere, sino
como el idioma lo reclama.
Un sujeto no es un verbo, y tampoco lo es un complemento directo…
Un pequeño libro de 95 páginas, escrito en 1920 por Igor Stravinsky, famoso
compositor, lleva como título Poética musical.
Nos dice en unas de sus páginas, al hablar del “Fenómeno musical):
Tomaré el ejemplo más banal: el del placer que uno experimenta al
escuchar el murmullo de la brisa en los árboles, el trino de un ruiseñor, el canto de
un pájaro. Todo ello nos agrada, nos entretiene, nos encanta. Podríamos decir: ¡Qué bella música! (…) Esos sonidos nos evocan la música pero aún no son
“música”. Es cosa buena que nos gusten y también es bueno imaginar que, en
contacto con ellos, nos convertiríamos en músicos y.., estirando un poco, en músicos
creativos (…) Pero sostengo que dichos elementos sonoros no constituyen “música”
sino por efecto de su organización, y esa organización presupone una acción
consciente del hombre (p. 17).
Por lo tanto, así como en el ‘lenguaje escrito’ importa tanto la obra como el escritor,
así, en el ‘lenguaje musical’ importan la partitura musical y aquel que organizó los
elementos sonoros: el compositor. Sonidos sueltos y desordenados constituyen un
“caos sonoro” (¿un ruido?). Sonidos enlazados y organizados dan a luz una Sinfonía
o una Cantata o una Ópera…
Albert Schweitzer, a comienzos del s. XX, en su voluminoso libro Juan Sebastián
Bach: el músico poeta, nos ofrece una profunda visión del gran compositor.
En primer lugar, muestra que nadie puede sustraerse a su tiempo. Bach muere en
1750 y es un hijo del Barroco, como Schubert y Schumann lo serán del
Romanticismo.
Pero hay “algo” (¡o mucho!) en su música, que puede ser captado por los oídos de
cualquier tiempo y de toda cultura. Y no sólo “captado”, sino también sentido,
comprendido y amado. Más o menos lo mismo que le pasó a Eduardo Falú (conocido
folklorista argentino, gran compositor e intérprete) en sus numerosos conciertos en
Japón, donde cosechó grandes éxitos.
Bach no sólo fue un músico, sino un músico alemán, del Barroco y, además, un
músico cristiano. Su honda relación con la Palabra de Dios cualificó a su música,
porque -antes- había empapado su vida entera.
Ana Magdalena Bach, su segunda esposa, narra algunas escenas de la vida de Bach,
que condicen con su fe. Nos dice que una noche despertó y no vio a su marido en la
cama matrimonial. Abrió suavemente la puerta que daba a la habitación vecina y se
encontró con esta conmovedora escena:
. Bach estaba de rodillas
.Apoyaba la partitura de su
Pasión según san Mateo, en la
base de una silla
.Frente a él, tenía un crucifijo
.Su rostro, estaba bañado en lágrimas
.Signaba cada página de esta composición, con las letras
adg, “Ad Dei gloriam”, “Para gloria de Dios…”
ººº
Contemporáneo de Bach, Haendel es uno de los grandes de la música, y de este
singular servicio a la fe de que hablábamos al comienzo.
Su El Mesías, obra maestra orquestal, coral y para solistas de canto, es clara al
respecto de la comunión estrecha entre música y texto. Hace unos años leí un
pequeño libro de Jordi Guardia, musicólogo catalán, ligado por estudios y afecto al
Monasterio benedictino de Montserrat y al Centre de Pastoral litúrgica de Barcelona.
Ese libro se titula: El Mesías de Haendel: escuchar la fe.
Ese título puede sonarnos extraño, pero… no lo es. Es una guía de lectura (¿o “guía
de escucha?) a dicho Oratorio.
Este trabajo no es un “musical” sobre la vida de Jesús, como lo es “Jesus, super
star”, sino una gran confesión de fe expresada en un lenguaje particular, el de la
música y sus “sonidos organizados”.
Haendel nació en 1685. Era un buen organista y clavecinista. También tocaba el
violín. A los veinte años se representó su primera ópera. Vivió largo tiempo en
Inglaterra (lo que explica que los textos usados en El Mesías sean en inglés. La letra
pertenece a Charles Jennens, evangelizador de la Iglesia anglicana. Casi todos los
números del Oratorio que consideramos, son textos bíblicos o arreglos de los
mismos.
Preguntémonos: ¿Qué es este oratorio?
Una obra en tres partes, finalizada en sólo veinticuatro días.
Es una afirmación de la doctrina cristiana, desde la promesa de salvación hecha por
Dios, hasta el triunfo universal de la fe y la victoria final de Jesucristo sobre la
muerte y el pecado.
Alterna arias, recitativos y Corales. Su origen son las Cantatas, en la que Bach fue
prolífico (Componía una para cada Domingo del año, en la que glosaba el Evangelio.
La famosa “Cantata de Navidad” es la unión de seis Cantatas, para ser interpretadas
el 25, 26 y 27 de Diciembre, el Domingo después de Año nuevo y el 6 de Enero. En
esas Cantatas, el coro asume el rol de la asamblea de los fieles).
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En El Mesías, Haendel
1. No nos describe la vida de Jesús
2. Pero se alude a ella (Is 53,51: “Sus cicatrices nos han curado”-Nº 35)
3. Los textos usados son tomados del Book of common prayer, familiar a
los anglicanos
4. Cita muchos textos del AT, pero con su cumplimiento en el Nuevo (Cf
Is 40,3: “Prepárenle un camino al Señor” y Mt 3,3; Mc 1,3; Lc 3,4; Jn
1,23)
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“El Mesías: paso a paso”
1. Promesa de salvación, profecía del Mesías y vida de Jesús
2. Cumplimiento de la salvación a través de los sufrimientos de Jesús
(Rechazo …. Victoria)
3. Vida gloriosa en el Reino: acción de gracias por el triunfo del Mesías
sobre la Muerte
Al final de la 2ª parte viene el tan conocido Aleluia (pieza para el coro solo).
Describe el triunfo final de Jesús, poniendo término al conflicto entre la bondad de
Dios y la malicia del hombre: todos los redimidos cantarán la victoria del Señor.
El resto de este “Oratorio” nos mostrará la vida eterna, la conexión de nuestras
vidas con la segunda Venida de Cristo y el ingreso en la bienaventuranza definitiva
(El libretista de Haendel se basó en el “Ritual de exequias” anglicano, donde se
destaca que la vida eterna echa sus raíces en la esperanza de la resurrección, como
una gran confesión de fe en Aquel que ha vencido a la Muerte).
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