comité para el desarrollo de la investigación científica y - PUCE-SI

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PUCE-SI
COMITÉ PARA EL DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA PUSE-SI
1
Créditos
PUBLICADO Y EDITADO
Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra
(PUCE-SI)
Comité para el Desarrollo de la Investigación Científica y
Tecnológica (CODICYT)
http://www.pucei.edu.ec
BORDANDO EL IMBABURA
Mónica Polanco
Docente de la Escuela de Diseño
Derecho de autor: 032528
ISBN: 978-9978-375-08-2
Diagramación: Lenin Calderón / Israel Mendoza
Ilustración: Vinicio Echeverría
Corrección de estilo: Marta Jáurequi
Bordado: Teresa Casa
Primera Edición: Enero 2010
3
4
Dedicatoria
A Fernando Polanco Alarcón, que me
enseñó el valor de la cultura de los pueblos
ancestrales.
A Guillermo, Belén, Margarita y Malena,
con quienes comparto este aprendizaje.
San Miguel de Ibarra,
Ecuador, 2010
5
6
Agradecimiento
Adela Carrascal, Aida Buitrón, Anita Cañarejo,
Antonio Maldonado, Asociación Sara Huarmi,
Carmelina Jaramillo, Comunidad de Pesillo,
Comunidad de Pijal Bajo, Comunidad de
San Clemente, Dra. Estelina Quinatoa, Elvia
Toledo de Jáuregui, Enlace Travel, Grupo
de Turismo Comunitario Sumak Pacha,
Guadalupe Tortosa, Hna. Aida Benítez,
Isabel Quilumbaquín, Lucía Gonza, Luzmila
Echeverría, María del Pilar Merlo, María Elena
Ulcuango, María Elena y Barbarita Alba,
María Farinango, María Gertrudis Chachalo,
María Patricia Morales, Marta Jáuregui, Olga
Pupiales, Organización de bordadoras de
Zuleta, Osvaldo Echeverría, Rosa Hinojosa,
Rosa Tocagón, Sabina, Teresa Casa, Tránsito
Amaguaña, Tránsito Serrano, Victoria Flores,
y a todos los miembros de las comunidades
que apoyaron este proyecto.
Mónica Polanco
1
Prólogo
En estos momentos de transición en
que vivimos, donde la tecnología
y sus avances supone mejorar las
condiciones
vivenciales
de
las
personas, cada vez somos más
consientes que nuestras vidas se
desarrollan en sociedades que
manifiestan estados económicos y
tecnológicos demenciales, con una
consecuente hecatombe ecológica y
en los hombres un desmembramiento y
desintegración psíquica que produce
un clima de existencia muy particular.
Compartimos por estas horas el
fracaso de la sociología y las corrientes
filosóficas contemporáneas para
encontrar posibles mecanismos que
puedan modificar este triste paisaje
de nuestra contemporaneidad.
El amor, la alegría, la creatividad, la
belleza, la dicha, la imaginación, la
autorrealización humana no son temas
de preocupación científica, son solo
problemáticas para los diseñadores,
artistas, los profetas, los místicos, los
poetas. La ciencia sigue siendo más
2
un peligro para la humanidad, más un
instrumento para la muerte que para la
vida.
Interpretandoestetiempo,reconociendo
que somos ciudadanos de un mismo
mundo en graves dificultades que ya no
soportan más fragmentaciones, en los
hombres y mujeres que creemos en la
cultura andina, anida la esperanza para
el reencuentro con la sabiduría perdida,
no nos queda otra posibilidad que
generar y apoyar iniciativas de personas
como Mónica Polanco que realizan
en parte competencias de agentes
culturales, que asumen la urgente tarea
de ponerle vida a este mundo que se ha
acostumbrado a honrar la muerte.
Los profesionales que entiendan esta
imperiosa necesidad y compromiso
de trasmitir nuestros valores culturales
proponiendo una concepción integral
en la que la Ciencia, el Diseño, el Arte
y la Filosofía, totalmente trascendidos
entre sí, aporten los elementos que
entendemos indispensables para los que
desde el Diseño y otras competencias,
decidan como misión y destino animar
al mundo.
Es por esto que el presente trabajo
propone animar los mecanismos hasta
ahora olvidados
empleados en el
campo de la capacitación de Agentes
Culturales.
La obra nos invita a recorrer por
un sendero
de colores texturas, y
experiencias claramente graficadas,
de fácil y amena lectura donde se
puede leer el alma de las protagonistas
y nos acerca a una de nuestras tantas
realidades.
Damián Almeida
Director de la Escuela de Diseño
3
La provincia de Imbabura, ubicada en la
serranía norte de Ecuador, es conocida como
la “Provincia de los Lagos”, por encontrarse
dentro de su geografía los mayores lagos
del país como el lago San Pablo, las lagunas
de Cuicocha y Yahuarcocha. Tiene como
capital a la ciudad de Ibarra, y sus ciudades
principales son Cotacachi, Otavalo y
Atuntaqui, las cuales son destino obligado
para turistas nacionales y extranjeros.
Introducción
Cuenta con un amplio territorio en donde se
encuentran asentadas comunidades rurales
de origen indígena, afro descendiente
y mestiza, algunas de las cuales ofertan
servicios de Turismo Comunitario. Este
consiste en mostrar y revalorizar los recursos
culturales y naturales locales. Se lo considera
una modalidad de Turismo Vivencial pues
se caracteriza por la autenticidad de
las actividades turísticas, posibilitando al
visitante compartir y descubrir a profundidad
las tradiciones, costumbres y hábitos de las
comunidades.
El Turismo Comunitario surge como una
alternativa económica de las comunidades
4
propias de un país, para generar ingresos
complementarios a las actividades
económicas diarias y revalorizar los
recursos culturales ancestrales.
El bordado en las comunidades
imbabureñas se conoce como una
práctica ancestral, y, su importancia
dentro del marco turístico-cultural ha
comenzado a tomar protagonismo
a partir del Plan Nacional de Turismo
Comunitario.
Este viene actuando estratégicamente
con el Gobierno Provincial de Imbabura
a través de la Comisión de la Mujer y
la Familia y la operadora de turismo
Enlace Travel.
Las
organizaciones
sociales
representadas por los pueblos Caranqui,
Otavalo, Cayambi y Afros conforman la
red para la implementación de rutas
turísticas que recorran las comunidades,
enmarcadas dentro de los ejes de:
música
y
danza,
gastronómico,
ecológico, cultural, etc.
Se busca por medio de estas rutas
turísticas el crecimiento de las pequeñas
economías de la zona, especialmente
en lo que hace a la relación de las
mujeres con la labor artesanal.
La ruta de los bordados, que recorre
varias comunidades de la provincia se
presenta como potencial campo de
desarrollo turístico, razón por la cual el
estudio de esta temática se ha enfocado
para aportar al conocimiento de esta
actividad artesanal en la región.
Intenta difundir y promover la artesanía
del bordado en la zona norte de
Imbabura a través de la recopilación
gráfica de distintas piezas artesanales,
indicando
su
manufactura.
Este
trabajo tiene la característica de
una recopilación referencial a través
del diseño editorial, no es su objetivo
ahondar en procesos investigativos de
carácter historiográfico profundo.
5
Está destinado a quienes se interesen por
conocer características del desarrollo
artesanal del bordado en la provincia,
teniendo en cuenta su protagonismo cultural
dentro de las comunidades y su esencia
prehispánica a partir de la riqueza de la
industria textil de los pueblos ancestrales.
El tema de estudio se ha desarrollado en 3
ejes:
Antecedentes de bordados en textiles de la
época prehispánica, cuenta la presencia de
esta actividad anteriormente a la llegada
de los conquistadores.
Territorio y comunidades en donde se
observa el desarrollo del bordado y sus
características de producción y uso,
exponiendo su riqueza en las comunidades
de la provincia.
Conclusiones y recomendaciones, expone
las posibles áreas de intervención de Diseño
para futuros proyectos de gestión con las
comunidades involucradas.
6
Considerando la inmensa riqueza textil en la
época prehispánica del Ecuador, se hace
necesario enumerar algunos antecedentes
registrados en esta investigación:
Antecedentes de
bordados
en textiles de la época
prehispánica
La existencia de una momia encontrada
en una cueva en la provincia del Cañar,
con una antigüedad de 900 años, la misma
que corresponde a una joven de dieciséis
años, evidencia a través de su vestuario,
que en esa época los habitantes anteriores
al incario confeccionaban textiles en telar y
además los adornaban con bordados.
Otra fuente de información como son
las crónicas, da cuenta de los tejidos del
Tahuantinsuyo y la presencia de bordados
sobre ellos, realizados en distintos materiales,
incluso en hilo de plata y oro. También se
utilizaban lentejuelas de metales preciosos
y apliques de plumas de colores, de aves
exóticas de la Amazonía y de la costa. Los
incas lograron producir una gran variedad
de prendas de vestir y elementos de uso
cotidiano.
7
8
En la mayoría de regiones del incario la
fabricación de textiles constituyó una labor
permanente y alcanzó un importante
desarrollo tanto de tejidos de algodón,
cuya materia prima era traída desde la
costa, como de lana de alpaca y de llama,
producida en la sierra.
Murra ilustra que:
“una de las obligaciones del individuo y
la unidad doméstica en la sociedad inca
consistía en confeccionar tejidos para
el estado y el culto, lo que garantizaba a
obtener la materia prima de los depósitos
comunales para la elaboración de su propio
vestido” (1)
Con respecto a la calidad de tejido, el
cronista Cieza de León, señala y compara
con la de Flandes la calidad de los tejidos
(2).
Ilustración de bordados en la vestimenta del Inca.
Guamán Poma de Ayala.
9
10
Francisco de Jérez (3), menciona también
que:
“la ropa de Indias es la mejor que he visto,
la mayor parte de ellas es de lana muy
delgada y prima, y otra de algodón de
diversos colores y bien matizados”.
Es conveniente aclarar que el algodón, según
la definición que proporciona el Diccionario
Hispánico Universal “fue cultivado y tejido
en la India tres milenios antes de Cristo”, por
lo cual habría llegado a América con los
conquistadores españoles.
Sin embargo, la presencia de esa fibra en
América y su uso textil se conoce en épocas
muy tempranas. Se lo encuentra en algunas
capas arqueológicas más antiguas. Según
Bennet y Bird (4), esta especie americana
posee un copo más pequeño, su longitud
y calidad es mediana y es denominado
algodoncillo.
Huasipichay(Celebración)
11
En cuanto al teñido, la utilización de colores
como el escarlata, azul, amarillo y negro,
eran empleados con gran conocimiento.
El negro se lo obtenía de la savia de un
árbol. Conocían también la cochinillla,
empleada en el teñido de las mantas. Esta
práctica se da en toda la América Andina,
específicamente en la zona de Mascarilla,
donde se cultiva para la exportación. La
cochinilla es una larva que se cultiva en
la tuna de donde luego se la extrae para
secarla y producir un pigmento rojizo llamado
carmín muy apreciado por la industria textil.
En una referencia que hace Juan de
Betanzos (5) sobre el “inga” relata que
estando éste comiendo, manchó su ropa y
muy disgustado fue a cambiarse, volviendo
con una capa esplendorosa, con un brillo
muy especial. Al ser interrogado sobre este
tejido específico refirió que fue elaborado
por “los pueblos de la costa”. Se trataba de
un tejido realizado con pelo de murciélago,
lo que nos indica el grado de tecnología
empleada por los pueblos ancestrales.
12
Recogiendo la cochinilla del nopal,
Crónicas Mexicanas
Según relata la Dra. Estelina Quinatoa,
Directora Cultural del Banco Central, “en
el Ecuador hay poquísimos restos textiles a
pesar de que se inician hace 6000 años. Las
técnicas de telar de cintura, los brocados,
la gasa, etc., se hallan en piezas guardadas
en el (museo) Smithsonian, en Washington”.
El Museo del Banco Central conserva
en una de sus salas la Pacarina, la ya
anteriormente mencionada momia cañarí
con una antigüedad de 900 años, es decir,
400 años antes de la llegada de los incas a
esta zona. En sus prendas, elaboradas con
pelo de camélido (posiblemente alpaca o
llama), se aprecia la presencia del bordado
en los bordes del anaco. Los motivos
son geométricos, se nota claramente su
manifestación cultural de lo andino a través
del bordado de la Chakana (representación
de la cruz andina, presente en la cosmovisión
de los pueblos de sur y norte de América).
Podemos ver actualmente este diseño
en la falda de una niña de la comunidad
bordadora de San Clemente, lo que indica
una continuidad de la tipología de motivos
en la vestimenta.
La Pacarina.
13
La especialización técnica del tejido, se
puede apreciar en la reproducción de dos
valores de uso: la ahuasca, de carácter
doméstico, realizada en todos los hogares, a
partir de fibras vegetales como el algodón,
producían tejidos toscos; y el cumbi, tejido
fino hecho de telar más grande y vertical,
cuya materia prima se sacaba de la llama
y la alpaca para uso preferencial de la
nobleza inca.
El tejido fue un elemento de especial
importancia y valoración en la época inca,
y, por lo tanto, esencial para la reciprocidad.
El estado inca necesitaba contar con una
gran cantidad de ellos para satisfacer la
demanda y, por esto, creó los aclla huasi
u obrajes femeninos, lugares donde las
mamaconas se dedicaban a confeccionar
tanto prendas finas (cumbis) como burdas
(ahuascas), y a preparar las bebidas para
las celebraciones y ceremonias oficiales.
Una de las prendas más finas que
produjeron los incas fueron los uncus o
camisetas, las cuales se caracterizaban por
estar adornadas con figuras bordadas de
14
Presencia de la chakana en la
vestimenta andina.
carácter geométrico llamadas tocapu. Los
textiles incas siempre se han distinguido por
su fina hilatura y armonía de sus diseños.
La decoración de ellos obedecía a un
orden geométrico, la disposición espacial,
los colores y forma, unidos al uso de una
determinada técnica se estructuran de
manera tal que el resultado visual varía de
una zona a otra.
Posteriormente, con la presencia hispana
en el continente se produjo la influencia de
los motivos orgánicos, preferentemente de
flores que hoy se observan en los bordados
de todo el territorio, especialmente en la
zona norte (Imbabura) y sur (Azogues).
Tocapu Inca 1200-1500
15
El atuendo indígena
La vestimenta de los pueblos andinos
ecuatorianos ha sido objeto de varias
transformaciones, según las necesidades e
influencias tecnológicas y de materia prima.
Las mantas fueron la base de su atuendo y
nos remiten a la cultura material autóctona.
Encontramos como materia prima la lana
de camélidos trabajada, según relata
Cieza de León (6)”Había en los términos
desta ciudad de Quito gran cantidad deste
ganado que nosotros llamamos ovejas
que más propiamente tiran a camellos”.
Si bien en un principio primó la lana
de camélidos, con la llegada de los
conquistadores se introdujo el ganado ovino,
cuyos rebaños se fueron reproduciendo
constituyéndose en la materia prima que se
utilizaron en los obrajes coloniales. Uno de esos
obrajes, San Joseph de Peguchi, en Otavalo
funcionó como unidad productiva del sector
textil norteño durante la época colonial.
Según Santiesteban (7), las condiciones
favorables existentes en Hispanoamérica
como fueron la abundancia de materia prima,
la facilidad de la adquisición de mano de
16
obra, el sistema de repartimiento de indios
y la baja retribución al trabajo indígena, se
constituyeron en factores determinantes
para la instalación de los obrajes, los cuales
servían para tributar a la corona y para el
consumo interno de los indígenas.
Antes de los españoles, los pobladores
tenían el compromiso de proporcionar la
mano de obra para el tejido, una de las
obligaciones básicas de los pueblos sujetos
al estado inca, el cual proporcionaba el
insumo necesario, constituido en ese tiempo
en lana de camélidos. En el tributo al estado
inca existía una reciprocidad generada por
esta obligación, el derecho a utilizar la lana
o algodón de los depósitos comunales para
hacer su propio vestido. De la misma forma
tenían la obligación de trabajar las tierras del
estado y del culto, con lo cual adquirían el
derecho de seguir sembrando y cosechando
sus propios cultivos en tierras del ayllu.
La ropa que vestían los distintos grupos étnicos
sujetos a los incas era tejida en muchos casos
con materia prima proporcionada por el
estado inca, que no uniformó a los diferentes
Utensillo para el cardado de los paños.
17
pueblos. Mantuvo su diferenciación como
un fenómeno con implicaciones políticas
que fue hábilmente explotado por los incas:
la reafirmación de la identidad étnica de
cada grupo a través de su vestimenta, lo
que permitía un mejor control. Sabemos
que de acuerdo a un mandato inca
las diversas etnias debían mantenerse
separadas unas entre otras y diferenciadas
por
su
vestimenta,
relacionándose
ésta con su lugar de origen mítico.
Las prendas que se utilizaban eran en
el caso de los hombres, una camiseta
(aproximadamente de un metro de alto)
que les servía de túnica, y luego, a modo
de poncho, se cubrían con una manta.
Las mujeres llevaban el anaco, que en ese
entonces era una prenda similar a una túnica,
sujeto con prendedores (tupus) sobre los
hombros, y por encima, como chal, la lliquida.
“Ceñían la manta con una faja de algodón
que les daba seis o siete vueltas al cuerpo.
Sobre esta manta traían otra cuadrada
más pequeña con otro prendedor” (8)
18
Actualmente,
en
los
pueblos
más
tradicionales de la región de San Rafael de
la Laguna, existe aún una prenda llamada
manta, en vías de extinción, que algunas
mujeres mayores la llevan a la antigua
usanza, sujetada con tupus, por lo que se
la conoce con el nombre de tupuchina.
Por otro lado, el sentido de anaco ha
evolucionado, se lleva una blusa de algodón,
y el anaco cumple las veces de una falda.
La comunidad de Pijal Bajo, en la zona del
lago San Pablo, (según estudios etnográficos,
el asentamiento más antiguo de Otavalo,
llamado Sarance), guarda un museo de
sitio, en donde se puede apreciar polleras
antiguas llamadas centros, confeccionadas
con paños de lana ovina, hilada a mano y
tejida en telares artesanales. Estos centros
están elaborados con cuatro piezas
tejidas (cada pieza corresponde al ancho
del telar), cosidas a mano. La cintura
está encarrujada y en el borde inferior se
observa un motivo bordado muy rústico.
Antonio Maldonado, líder de la comunidad,
relata que ha visto centros con siete
19
“paños” (piezas), lo que resultaría ser una
falda sumamente amplia y encarrujada.
Según la cantidad de paños que tenía un
centro, se consideraba más solvente la
persona que lo vestía. Tenemos referencias
en la comunidad de Angochagua, que las
mujeres de allí utilizaban centros de hasta
12 paños, lo que indica que los habitantes
de esta zona han sido más acomodados
con respecto a otros de la provincia.
Actualmente, las mujeres de las comunidades
han cambiado su tradición del anaco por
nuevas prendas, incorporadas con el fin de
establecer “mejoras” en su vestimenta propias
de la occidentalización. Podemos inferir
que las influencias europeas han incidido
permanentemente en el mundo andino, más
aún desde la globalización. Lo que nos queda
claro en esta investigación es la riqueza de
los textiles en cuanto a diseño y tecnología
de nuestros antepasados prehispánicos.
20
Centro antiguo, se observa el bordado en
el orillo en forma de greca, Pijal Bajo.
Territorio y comunidades
Bordando el Imbabura
El bordado en Imbabura se ha constituido en
una artesanía, que, dentro del Plan Nacional
de Turismo Comunitario se establece como
un hilo conductor para la implementación
de rutas de interés turístico, que incidirán en
el desarrollo de las distintas comunidades.
Si bien en el territorio de la provincia
encontramos comunidades en donde
la artesanía de los bordados está más
claramente difundida, no en todas
ellas hay una conciencia clara del
potencial
turístico
que
representa.
Todas las comunidades imbabureñas de
una forma u otra ejercen la tradición del
bordado, diferenciándose por la calidad de
sus productos, por los insumos que emplean,
sean estos hilos o lienzos, y por el destino que
dan a su producción, en algunos casos para
comercializar, en otros para consumo propio.
Dentro de las organizaciones comunales
bordadoras contempladas en el Plan
de Turismo Comunitario se distinguen los
21
pueblos Caranqui, Otavalo y Cayambi,
establecidos en las parroquias de La
Esperanza, Angochagua y González
Suárez.
IBARRA
Caranqui
HDA.
LA COMPAÑÍA
La Esperanza
CUARTEL
YAHUACHI
San Clemente
Rumipamba
La Rinconada
HDA.
EL CUNRRO
Angochagua
San Pablo
del Lago
Zuleta
HDA.
SANTA ROSA
HDA.
ZULETA
Si nos ubicamos en la geografía del lugar,
es notorio reconocer un rodeo del volcán
Imbabura en la ruta que recorrería las
comunidades
bordadoras
estudiadas
en esta investigación. Vale decir que por
cualquier punto geográfico que se inicie
el recorrido, se vuelve al mismo lugar, pero
para los fines de organización, iniciaremos
el mismo en la ciudad de Ibarra, respetando
su categoría de capital de la provincia.
Pijal Bajo
Llano de Alba
Pesillo
HDA.
LA CHIMBA
San Pablo Urco
Límite Interprovincial
CAJAS
Muyurcu
Santa Ana
22
La ruta comienza en la plazoleta de
Caranqui, en la ciudad de San Miguel de
Ibarra, y recorre los barrios de la parroquia
de La Esperanza hasta la parroquia
de Angochagua, pasa por Llanos de
Alba y Pesillo, donde se encuentran las
comunidades de los pueblos Cayambis y
concluye en la Comunidad de Pijal Bajo,
ubicada en la zona sur del lago San Pablo,
un referente del antiguo asentamiento del
pueblo Sarance, que luego pasó a llamarse
Otavalo, distinto al que actualmente se
conoce como capital regional turística. El
pueblo Sarance sería luego desbaratado,
pasando su población a otro asentamiento
colonial, el de San Pablo de la Laguna. (9)
PRIMER TRAMO DE LA RUTA
Caranqui - Pesillo
Se inicia el camino desde Caranqui,
subiendo por la avenida Atahualpa hasta la
calle principal Galo Plaza Lasso que recorre
los barrios de San Francisco, San Pedro,
Santa Marianita, hasta el Hostal Casa Aída,
próximo al Destacamento Militar Yaguachi.
En este sector se encuentra mayoritariamente
bordadoras mestizas que ejercen el
comercio de sus artesanías especialmente
los fines de semana. Sus casas están a la
vera del camino y es común verlas por las
tardes sentadas en las veredas realizando
estas labores. Los fines de semana se instala
la feria artesanal de bordados pasando el
puente de la “quebrada seca” en donde se
bifurca el camino hacia el cerro Cubilche.
23
24
El centro urbano es de población mestiza,
producto de la fusión de los españoles
hacendados y sus sirvientes indígenas,
que formaban parte de la “propiedad”
cuando ésta cambiaba de dueño. Hasta
el siglo pasado (alrededor de 1950), se
acostumbraba a “heredar” la población
indígena junto a las tierras, un sistema feudal
instalado en la memoria colectiva que hasta
ahora mantiene vestigios en el campesinado
indígena.
La idea que predomina en los habitantes
de esta zona sobre el origen del bordado,
se remonta a épocas recientes en que
los mestizos comenzaron a comercializar
camisas bordadas por ellos a los indígenas
de los alrededores. La memoria conservada
sobre el origen de esta actividad se percibe
en los testimonios dados.
Según cuenta la señora Carmelina Jaramillo,
nativa de La Esperanza y fundadora de
la organización Sara Huarmi, que busca
potencializar los bordados de la zona a través
de la unión cooperativa de sus integrantes:
Feria de bordados,
La Esperanza
25
“El bordado esperanceño se inició con la Sra.
Regina Arroyo que vivía en un chaquiñán,
como para entrar a la hacienda San
Clemente. Ahí había una piedrita plana,
en donde se sentaba a bordar, en la calle.
Bordaba las camisas para las indígenas
y las que pasaban se paraban a ver. Se
pasaba bordando, en puntada cruzada, y
la puntada para aplicaciones. Le ponía la
tela dibujada, la hilvanaba para que no se
corriera y le seguía bordando con telas de
colores, eso se llamaba la puntada picada.
Significaba que cuando estaba cogido
todo el filo en la tela, después lo recortaban
y quedaba la tela de color sobre la camisa.
Así hacían las hombreras de las camisas, esa
vestimenta usaba la gente de Yuracruz.”
“Esto data desde 1925 más o menos,
yo aprendí a bordar a través de mi
hermana, ella aprendió de la señora
Regina, ella era muy buena para bordar”.
“Las indígenas no bordaban al principio,
sino que las mestizas bordaban para ellas.
Luego aprendieron. Ellas eran dedicadas
al hilado, tenían una manada de borregos,
26
cada vez que trasquilaban, hilaban y los
maridos tejían en los telares. Propiamente la
vida en esa época en sí no se compraba
nada, porque cosechaban la lana, tenían
la carne para consumir, los esposos tejían y
teñían las telas para los anacos, los anacos
eran unos centros anchísimos, tenían 12,
15 varas, aquí, en la cintura. No tenían
bordado abajo. Luego comenzaron a
ribetear abajo con las primeras máquinas
Singer de mano. Resultaron las primeras
domésticas (máquinas) para ribetear al filo.
Así fue como vestían antes. Se amarraban a
la cintura. En la parte de arriba, las camisas
picadas o bordadas. Quedaban bonitas”.
Este testimonio respecto al inicio del
bordado por parte de mestizas coincide
con el registrado a la señora Victoria
Flores, de La Esperanza, quien expresa:
“Esto es de muchísimos años, mi mamá,
mi abuelita bordaba las camisas para las
compañeras en donde se hacía el trueque, y
cuando iba a la comunidad se la cambiaba
con borrego, con lo que ellas tenían, ellas no
tenían cómo hacer este bordado, porque
27
Hombrera (así llaman a la pechera, por cubrir gran parte de los hombros en la prenda) que
perteneció a una camisa antigua de Zuleta. Colección de la Hacienda Zuleta.
28
ellas se dedicaban a la agricultura,
entonces el bordado nace en la gente
mestiza, el indígena después aprende. El
indígena usaba bordado, pero más hacía
la gente mestiza para ir a hacer el trueque”.
Esta afirmación de parte de la señora Victoria
Flores no se corresponde con los datos que
arrojó la investigación, puesto que como se
ha manifestado anteriormente, el bordado
estuvo presente en la región mucho antes.
Los mestizos establecieron una relación de
comercio con los indígenas. El saber que las
camisas eran un producto valorado por los
indígenas dio lugar a una producción masiva
de las mismas que fueron intercambiadas
por productos como maíz, papas, animales,
etc., en el ejercicio del trueque, utilizado
ancestralmente por las comunidades.
En el barrio San Francisco, la señora Inés
Torres, indica su comienzo en el bordado
alrededor de los 18 años. Actualmente
no sólo borda, sino que da de bordar. La
mayoría de sus trabajos se venden en la Plaza
de Ponchos de Otavalo. Reconoce que su
29
producto no alcanza un precio digno (por
cada camisa que le encargan comerciantes
otavaleños recibe un dólar, con lo cual ella
subcontrata los servicios de otras bordadoras
a las que les paga setenta centavos).
Similar testimonio se obtuvo de las
señoras Carmen Moreno, Elvia Castello
y Rosa Cancán, quienes manifiestan
una larga trayectoria en el ramo
de los bordados (más de 40 años).
Las dos últimas, hija y madre comentan
que Luis Castello (padre), también borda
aportando a los ingresos de la familia.
La vida familiar ha girado en torno a esta
artesanía por generaciones, sin embargo
son conscientes que han disminuido sus
ingresos pues la paga sigue siendo la
misma. También contaron su preocupación
por la desorganización de la comunidad
que al no unirse permite ser manipulada
en el precio de su trabajo. Explican que un
comerciante otavaleño encarga el trabajo
de 1500 piezas semanalmente, las cuales son
exportadas o vendidas en Otavalo, dejando
un margen de ganancia considerable
30
que no se redistribuye equitativamente en
los hacedores de la artesanía.
Cuentan que a ellas les toma la realización
del bordado de una camisa unas tres horas.
Debemos destacar que este tipo de bordado
no es tan minucioso como otros que toman
más tiempo.
Tomando en cuenta que ellas bordan tres
camisas al día, estas artesanas dedican más
de ocho horas a esta tarea por la que reciben
una paga diaria menor a tres dólares, a la
cual tienen que restarle los insumos para
su trabajo como son hilos y agujas. Cabe
resaltar que la marca que utilizan es una de
la más económica y por ende de menor
calidad del mercado
Barrio San Pedro
Subiendo la calle Galo Plaza Lasso, llegamos
al barrio San Pedro en donde se encuentra
la casa de la Hna. de la Providencia Aída
Benítez, la que nos convoca a conversar
con la señora Tránsito Serrano, encargada
del cuidado de la propiedad y bordadora
31
experimentada en el arte del dibujo (el
dibujo es una especialidad que no todas las
bordadoras ejercen).
Comenta que borda desde pequeña. En los
últimos años en la zona se ha incursionado en
el bordado a máquina, esto ha conducido
a que: “…las blusas hechas a máquina se
venden al mismo precio que las bordadas a
mano, se tarda un mes a mano, tres días a
máquina, claro que son mejores las hechas
a mano… la gente no ve la diferencia,
se intentó vender en la zona, pero otras
bordadoras hacen mala competencia,
venden barato…“. Con respecto a los hilos
nos comenta que las marcas Cruz y Ancla,
usados antiguamente, eran más finos que
los actuales.
Santa Marianita
En el barrio Santa Marianita la señora Olga
Morejón también se encarga de tercerizar el
trabajo como muchas de sus vecinas. Violeta
Simbaña y Ana Lucía Pupiales, jóvenes
bordadoras piensan que el bordado es una
herencia. Ellas aprendieron de su mamá y
ésta de su abuelita. Comentan que
32
Detalle camisa bordada, La Esperanza.
los trabajos realizados en sus familias
son
destinados
al
exterior,
(EEUU,
España) por comerciantes otavaleños.
Rosita Hinojosa, experimentada bordadora
y dibujante y también excelente anfitriona,
se muestra entusiasta por la visita y nos dice:
“Nosotros vivimos sólo del bordado, entonces
el problema es esto de que ya estamos
cansados de ir a Otavalo, porque, lo primero
es, cogen, los indígenas y dicen: Déjenme las
prendas, déjenme, pero deme a tanto, a eso,
les dejamos, dicen vendrá tarde, regresamos,
nos dicen no se ha vendido nada, si quiere
llévele, sino déjeme fiado para un mes…”
“… yo organicé el grupo de mujeres
hace 2 años (muestra un periódico en
donde se lee “40 mujeres tras un sueño. “
15/7/2007 La Verdad y 22/7/2007 El Norte).
“Verá, yo, soy madre soltera, yo, tengo a mi
mamá que tiene 77 años, yo vi hacer a mi
mamá de soltera, desde mi abuelita, que,
ella me enseñó a bordar, porque esta es
una tradición, desde la edad de unos siete
años comencé a bordar, no ve que nosotros,
Detalle de bordado en blusa, La Esperanza.
33
hacíamos las vestimentas de los indígenas,
nosotros, después ya los indígenas se dieron
a bordar, porque en las fiestas de San Juan,
nosotros nos amanecíamos bordando
porque necesitábamos venderles las camisas
a las indígenas, después ya fueron ellas ya
aprendiendo ya, entonces nosotras como
ya no había mucha venta… nos fuimos
donde Doña Miche, Miche Flores, que en
Dios descanse, ella vivía en Zuleta, entonces,
ella, en Zuleta igual, ella era la primera que
hizo bordado, ella entonces de ver que
nosotros, ya, se murió la señora y nosotros
nos pusimos a hacer poquito, poquito,
poquito, nos íbamos a entregar en Otavalo,
porque nosotros entregábamos desde que
era tierra Otavalo, eran en unos banquitos
“desos”, “desos” bancos, que ponían así,
dobladitos, ahí vendían y nos esperaban a
nosotros, y llevábamos los primeros vestidos,
se llamaban 05, porque… le pusieron así,
pero lo más que le conocen es ‘vestido
esperanzeño’, entonces de ver que ya
después ya, vamos vendiendo, y después la
gente se dañó, se dañó la gente de Otavalo
porque cogen todo fiado, mi nuera vivió
aquí yo le enseñé a ella también
34
Detalle de terminación en toalla,
flecos anudados.
a bordar, entonces vinieron unos señores
a entrevistarle del Comercio y ella les dijo
la verdad, que es así el trabajo de ella,
entonces nosotros nos vamos a Otavalo y le
coge un indígena y le dice: “ vea señora yo
quiero hablar con usted, ¿por qué nos hace
quedar mal a los otavaleños?, yo no les hago
quedar mal, sino que a mí me entrevistaron
y yo hablé la franqueza, que nos dan los
cheques, nos dan, a veces no hay ni fondos,
eso pasa, entonces viendo eso, yo digo no,
organicémonos, y, llamemos a las indígenas
también aquí hay mestizas, mestizas y
indígenas, entonces la gente no le gusta
luchar, porque no son luchadoras…”
La comercialización de sus piezas, ha
resultado muy dificultosa para estas
comunidades, según lo que también afirma
Aída Buitrón, dueña del famoso hostal “Casa
Aída”:
“Yo vivo 34 años aquí, pero antes tuve
un almacén de bordados dentro de la
Embajada Americana, yo era guía turística,
me iba a Guano, a ver las alfombras, a
Baños, a Ambato, a distintos lados, y ya vi
35
aqui que la gente bordaba… en el 68 ya había
en el hotel Quito los bordados zuletanos,
las meseras eran indígenas de la hacienda
Zuleta vestidas con el traje típico. Años atrás
han venido grupos de norteamericanos, y
de ver que no había nada aquí en el pueblo,
que nadie sabía nada, ellos son los que les
dijeron que borden, que hagan manteles,
caminos de mesa y yo inclusive mandé a
bordar… les doy ideas porque yo quiero
hacer un montón de cositas pequeñas que
yo puedo vender aquí, le voy a enseñar
un mantel que bordé hace 30 años (nos
muestra el mantel y sus toallas bordadas)
Cuando yo vine acá pensando en el turismo,
la gente decía: ‘¿turismo acá, quién va psss
a venir acá?’ Yo dije, no, yo sí tengo la idea.
Cuando compré la casa yo vi el Imbabura…
y la gente vino, la gente llegó”.
A Casa Aída llega innumerable cantidad
de
europeos,
norteamericanos
y
latinoamericanos desde hace más de dos
generaciones. La cordialidad de su dueña,
que recibe gustosa a sus huéspedes sin
privilegiar a ninguno (a pesar de contar
con
36
visitantes ilustres), le permitió granjearse el
cariño de sus huéspedes.
Es así como doña Aída es la gestora del
floreciente turismo internacional que llega a
la Esperanza.
San Clemente
Más adelante, subiendo el Imbabura, se
encuentra a un lado del camino un lugar
muy pintoresco en la comunidad de San
Clemente, dedicada al turismo comunitario.
El letrero “Bordados Sabina” resalta llamando
la atención. Nos atiende una niña de 9
años, con uniforme de escuela. Sabina, que
así se llama, se presta a contestar nuestras
preguntas. Ella sabe bordar desde los seis
años, su madre entrega los bordados en
la Asociación de Bordadoras Sara Huarmi.
Su abuelita Ercilia también borda. Hacen
caminos, paneras, toallas, manteles, blusas,
venden en la casa y en la asociación. Le
pedimos tomarle una foto y acepta gustosa.
Para ello se quita el saco del uniforme
luciendo orgullosa su blusa bordada. Pongo
atención en el filo de su falda, bordado con
el motivo de la chakana, el mismo que luce
Diablo Huma bordado en servilleta.
37
“la Pacarina” en el Museo del Banco Central
de Quito desde hace más de 900 años…
Es evidente el orgullo que Sabina manifestó
por su vestimenta y cultura, una cualidad
que caracteriza a la comunidad de San
Clemente de manera especial, ya que ellos
llevan un camino recorrido en el turismo
comunitario.
Sabina nos indica que más arriba podemos
visitar “donde reciben a los turistas” (se
refiere al Centro Comunal) allá están
Manuel Guatemal, Rosa Pupiales, Olga
Pupiales, Marta Pupiales, Antuca Pupiales,
Raúl Guatemal… La comunidad de San
Clemente es una de las pioneras en
turismo comunitario en la zona. Tienen bien
organizada la recepción a turistas y ofrecen
cabañas y habitaciones como alojamiento
degustando la comida típica y los paseos al
Imbabura y demás cerros de la zona.
Olga Pupiales nos recibe y se muestra
sorprendida por el interés en los bordados,
nos supone turistas.
38
Sabina, San Clemente
Ella dibuja y borda, nos cuenta que cose las
blusas, y las borda para uso personal, para
su familia, al momento está encargada de
la pequeña tienda del Centro Comunal.
Veo bordada una paloma en la blusa de
Olga, es el Espíritu Santo. Nos dice que ella
hacía los dibujos hasta que empezaron a
salir los dibujos en computadora.
“Yo misma hago, de ocho años bordo,
mi mami sabía vivir igual bordando, así
manteles, daba bordando…Mis abuelitos no
bordaban, ellos hacían con lana de borrego,
hacían hilo, lavando, de ahí hacían hilo con
lana de borrego. Yo ya seguí bordando…
Mi marido borda… Luis Pupiales, cuando no
tiene trabajo borda igual, lo que no puede
él es el relleno, hace cordones, cadenas,
pero esta temporada ya no, como ya tiene
como un trabajito seguro…
Vendo cuando viene el turista… yo poco
vendo, yo hago más para las señoras de
Caranqui, sólo camisas como pone el
gobierno, 4 con 50 me saben pagar. En esas
no dibujo. La señora que me hace bordar
Olga Pupiales, San Clemente
39
40
me manda ella misma dibujando … lo que
tiene más salida con el turismo es servilletas,
caminos de mesa, portavasos, individuales,
cosas pequeñas salen más. Los motivos
son bailarinas, chismosas, lo que piden yo
hago.
Mi abuelita era con faldas de esos hilos de
lana, era destas telas, pero ya no era plisado.
Ella ponía adentro otras faldas. Cuando yo
tenía 10 años ya salieron las faldas plisadas”.
Tiene 38 años.
La Comunidad de Chiriguasi, también es
parte de la Parroquia de La Esperanza, María
Juana Farinango es nativa de esa zona, y la
encuentro. Ella relata:
“Cuando tenía 15 años trabajé con la Sra.
Teresita Casa (Teresa Casa es zuleteña, gran
bordadora y conocedora de este arte).
Comencé a bordar cuando era niña, solita
aprendí a bordar, mirando a personas que
bordaban, yo veía que algunas dibujaban y
bordaban, yo comencé con una telita, yo no
viví con mi mamá, a los 8 años comencé a
bordar sola. Dibujaba hojitas, florcitas, luego
comencé el cordón y luego el relleno,
Detalle en blusa, el Espíritu Santo.
41
42
cuando estaba aprendiendo bordaba de
La Esperanza… en el bordado de Zuleta
las hojas son más anchas, en La Esperanza
son más delgaditas. Mi abuelita bordaba, la
mamá de mi abuelita también.”
Zuleta
Subiendo por el camino principal, se llega a
Zuleta, comunidad que debe su nombre a la
famosa Hacienda de Galo Plaza Lasso, gran
personaje ecuatoriano, quien fue Presidente
del Ecuador y Secretario General de la OEA.
La historia de esta comunidad se divide en
un antes y un después de Galo Plaza. Con él
llegó la educación, el trabajo y el comercio
internacional de los bordados.
Teresita Casa, bordadora y gestora de las
camisas del presidente Correa
El relato de Teresita merece ser transcrito en
su totalidad por los novedosos detalles que
revela:
“El comercio de los bordados es una
actividad que se inició en Zuleta desde
43
44
el siglo pasado, cuando llegó a Zuleta
Dña. Avelina Lasso, madre de Galo Plaza,
heredera de la propiedad. Se conoce que
era de origen español. Cuando llegó a
Zuleta vio que los hombres tenían su camisa
bordada y las mujeres llevaban la camisa
adornada con otra técnica, llamada
picada, que consistía en retazos de telas de
colores aplicadas a mano en el fondo de la
tela blanca. Cuando ella vio eso se le ocurrió
que podían llegar a quedar mejor esas
camisas si eran bordadas. Como ella tenía
la oportunidad de traer hilos de calidad y
también conocía algo de su pueblo natal
en Cataluña, algo de bordado, entonces
en uno de esos viajes trajo hilos de marca
DMC, que es de patente francesa, en eso
hasta ahora se ha conservado, ahora se
obtienen en Colombia.
Entonces la Sra. Avelina reunió a las mujeres
mestizas, no a las indígenas, sino a las
mestizas que se radicaron en lo que se dice,
los realengos de la carretera empedrado
que conduce de Ibarra a Olmedo. Ella
despertó el interés en estas mujeres para
que se dediquen a esta actividad porque
El proceso del bordado
en el taller de Teresa Casa
45
podría ser a futuro una actividad que les
permita ayudarse en la economía de sus
hogares y así en el transcurso de los años,
eso se ha cumplido. Entonces estas mujeres
le pusieron todo el gusto, hubo una persona
que igual apareció muy hábil para el dibujo...
hicieron sus primeros diseños y comenzaron
a salir los primeros productos que se
hicieron bordados, fueron las camisas de las
zuleteñas. En ese entonces se conoce que
la capacidad económica de los zuleteños,
como en toda época, era, así, marcada,
había indígenas de condición económica
media, alta y baja; entonces las camisas
eran tan lindas y tan costosas, que no
estaban al alcance de la clase económica
baja, sino de los indígenas que tenían dinero,
empezaron a negociar ellos, no con dinero,
sino con trueque. Empezaban a cambiar las
camisas por ganado, por un chancho, por
un ternero, hasta con productos vegetales,
por ejemplo con guachos de maíz, de
papas… Entonces estas mestizas tuvieron
entonces su bonanza porque tuvieron para
mejorar sus condiciones de vida y así fueron
como pasaron muchos años, quizá unos 10,
20 años de esta manera, y al año 38 llega a
46
Zuleta una ilustre maestra, que fue mi maestra
y también maestra de mis hermanas y de mi
mamá también. Es un caso especial porque
ella se encariñó tanto con aquél que fue
su primer y único trabajo, ahí empezó a
trabajar y ahí se jubiló, entonces ella hizo
obra en Zuleta. Dña. Adela Carrascal fue
una visionaria. Cuando llegó a Zuleta vio
que estas mujeres estaban bordando, se
interesó y pidió que le enseñen a bordar,
aprendió y después dijo ´esto tengo que
enseñar yo a mis alumnas´. Es ahí donde ella
empieza a hacer escuela del bordado y yo
allí también me incluyo en eso, porque la
situación económica en ese entonces de los
hogares era precaria y como ella disponía
de su sueldo, ella inclusive compraba con
su dinero la tela, los hilos y nos iba como
clasificando, quién tenía aptitudes, quién
era hábil para el bordado. En mi caso como
tenía aptitudes para el dibujo, entonces
desde muy pequeña me tenía ya dibujando,
desde un tercer, cuarto grado, parada en
una ventana me decía `dibuje esta florcita`
y yo hacía, después le gustaba y me decía
siga nomás dibujando. Y seguía dando a mis
compañeras para que borden, entonces yo
47
desde allí es que yo viví hasta ahora, del
proceso del bordado, lo que más me gusta
es el dibujo, me encanta esta parte. Es así
como sigue progresando el bordado, es ahí
donde las niñas, las mestizas y las indígenas
aprendemos en la escuela esta técnica
del bordado. Cuando la Srta. Carrascal
considera que ya hemos hecho algo que
valga la pena, es que tiene la grandiosa
idea de hacer una exposición de nuestros
trabajos, y como invitado principal en ese
entonces, nuestro querido patrón Galito. El
va con su esposa Dña. Rosario a la primera
exposición de bordados, y queda fascinado.
Se dice que Dña. Rosario va en compañía
de la Sra. Esposa del administrador de ese
entonces, Dña. Odila Rivadeneira. En la
hacienda no trabajaba el bordado en ese
entonces pero si, en la elaboración de telas
porque había un obraje, que procesaban
ahí para las prendas de los indígenas. La Srta.
Carrascal comentó que en esa ocasión la
Sra. Rosario le dijo a la Sra. Odila: ‘Mira esto,
esto, esto es lo que tienes que hacer Odila.
Tienes las telas y tienes que hacer’.
48
Entonces se prendió esta idea y a partir de
entonces se instaló ya a partir de allí en la
hacienda un taller de bordados que estuvo
en ese inicio administrado por la familia Plaza
y se unieron otros recursos favorables como
el hecho de que el patrón Galo estuvo como
Secretario General de la OEA, entonces él
llevó hasta ese nivel la mantelería. Desde
un inicio los bordados de Zuleta se ubicaron
al más alto nivel y es por eso que tiene
el prestigio bien ganado hasta ahora,
que Zuleta es sinónimo de calidad y de
importancia que ayuda mucho a desarrollar
la comercialización de sus productos. Esto
fue en los 60s. cuando él regresó cumpliendo
sus funciones de Secretario de la OEA. Yo
era niña aún. Tenía unos 8 años. Tengo en mi
mente el primer programa de recibimiento
a su regreso, participé en una comparsa.
Luego en ese taller se fueron desarrollando
los productos artesanales del bordado. Se
aprovechó que también venían turistas y se
fue impulsando, fue creciendo. En ese taller
iban a trabajar muchachas zuleteñas, en
ese caso, una de mis hermanas, la mayor
49
de mis hermanas trabajó allí. Todas las que
ingresaban iban aprendiendo el proceso, las
medidas, de productos que para nosotros
en nuestra casa eran desconocidos, pero
que en la clase social económica alta son
productos que se los usa mucho, como
hasta ahora: los individuales, los manteles,
etc. Entonces ellas iban aprendiendo y
luego ya tenían sus ahorros, y cada cual
se independizaba y seguía haciendo sus
propios productos y así ha ido dándose
hasta que ahora todas esas personas y
otras que no han trabajado directamente
ahí, pero han aprendido de su familia, son
ahora micro empresarias, me incluyo yo.
Mi hermana también aprendió, mi mamá
aprendió a bordar ahí, mi abuelita también.
Ha sido una semilla fecunda considero yo
personalmente. En mi caso un mantel que
fue trabajo práctico, que hice en 2 años,
una vez que alguien llegó a la casa, le gustó
el mantel y lo compró.
Adonde nació el bordado fue en Zuleta,
y de ahí, como en la creación de este
taller, ha habido momentos en los que se
ha demandado de mano de obra y la de
50
Zuleta no fue suficiente, entonces en algún
momento también las personas responsables
iban y dejaban los bordados en otras zonas,
aledañas a Olmedo y también acá, en
la Esperanza, es ahí donde se expande
esta cuestión del bordado, y yo considero
que ahora no es Zuleta, no es Ibarra, es la
provincia de Imbabura, podríamos hablar de
que Imbabura es una provincia bordadora.
Ahora sé que en Intag también, en la zona
de Cotacachi, no se diga Otavalo, pero la
raíz está en Zuleta.”
Es pertinente aclarar que este último criterio
de Teresa Casa no es coincidente con los
datos de esta investigación, ya que hay una
presencia bordadora en toda la provincia
puesta de manifiesto en los registros de
comunidades apartadas muy anteriores a
Zuleta. Lo que sí es claro es que esta actividad
tomó protagonismo a raíz de la actividad
comercializadora de la Hacienda Zuleta.
Coincide con ello Dña. Adela Carrascal,
la muy querida maestra que formó en este
arte a las zuleteñas.
51
52
La señorita Carrascal
Adela Carrascal, llamada cariñosamente
por sus alumnos “señorita Adela”, nos
recibe en su casa en Quito para compartir
su experiencia de vida en la comunidad
zuleteña.
“Le voy a contar cómo comenzó mi vida
en Zuleta. Fue en el año 38, la Dirección
de Educación me mandó a Zuleta, era
una escuela rural subvencionada por el
dueño… por los dueños las rurales, después
las fiscalizan. Ahí estuve por espacio de un
año seis meses como rural y durante ese
año, yo trabajé dentro de la hacienda,
donde decían el obraje, al lado de la Sra.
Delia, que le recuerdo tanto porque con ella
empecé los bordados, yo sabía los bordados
pero otros, otra clase de bordados, porque
a mí me ha gustado mucho las labores, yo
seguí un curso de labores, tanto bordado
a máquina y empecé con 18 alumnos y
terminé con 500. Le voy a conversar cómo
empezaron los bordados:
Yo vivía al lado de la peona… de una señora,
de una empleada ¿no?, la mujercita, la
Delia Velazco era muy hábil, yo le veía que
Los niños de la escuelita de Zuleta, las hijas de Galo Plaza, la Srta. Carrascal
y Galo Plaza en una presentación en Quito (Archivo Adela Carrascal).
53
en una tabla hacía dibujos, pasaba a la
tela a las telas las camisas de las indígenas y
bordaba, yo me sentaba al lado y veía, me
dice parece que a usted le gusta, mucho le
digo mucho me gusta, tome empiece. Yo le
veía y seguía, ahí aprendí yo el bordado, ya
cuando llegué a la escuela, dije yo bueno,
vamos a dar, había necesidad de aprender
a coser ¿no?, se seguí costuras, dije bueno,
las indígenas me traían para que haga
las camisas, pero yo ya tenía patrones, yo
saqué de doña Delia, saqué patrones para
poder pasarles a las camisas, pasó eso un
tiempito, y cuando ya me fiscalizaron, ya don
Galo me ayudó a conseguir un local propio
porque ya la fiscal pasaba a un local propio,
en el lugar donde era el rollo, ahí se formó
la escuelita, ya iba creciendo, después 80,
después 100, 120, las aulas tenía necesidad
de construir, don Galo me daba haciendo
una, el consejo otra, porque muy activa
había que ser, también las profesoras, ahí me
vino como una ayudante, Inés Perugachi,
me subvencionaba don Galo porque
tenía mucho alumno, y no avanzaba, era
imposible , entonces en una ocasión vino,
en una exposición que hicimos, porque ahí
54
Adela Carrascal.
había exámenes públicos, no como ahora,
solo escritos y nada más, había que hacer la
exposición de los trabajos, durante el año,
había exámenes públicos orales, y… en una
de esos años vino la Sra. Rosario de Plaza,
con la mujer del administrador, con la Odila
Rivadeneira a ver la exposición, entonces:
´¡Odila! Fíjese aquí nos da la idea la Adelita,
fíjese los bordados de los indígenas aplicados
a delantales, a tapetitos a mantelitos, a
fundas de almohadas…` yo les apliqué
esos bordados. Y vamos a formar un taller,
vamos a formar un taller en la hacienda, al
Galo le decimos que nos ayude para dar
trabajos a todas las ex alumnas que había
ya aprendiendo a bordar, así se formó el
taller de Zuleta.
Yo inventé eso de los uniformes con
aplicación de bordados (muestra la
fotografía en donde se ve a Galo Plaza con
el grupo en una presentación artística con
los uniformes, las niñas con el típico traje de
blusa y falda, no la plisada, sino la de paño
(el centro) y a los varones con camisas
bordadas en el frente).
55
56
¿Cómo se inició el bordado? Cuando yo
fui en el treinta y ocho todas las indígenas
tenían ya esos bordados. Eran más tupidos,
más llenos… yo les puse unas ramas, le
simplifiqué. Esos bordados no son de España,
esto es autóctono de aquí.
Yo soy de Quito, pero viví en Ibarra,
ahí me casé. Cuando acabábamos el
trabajo nos quedábamos en Zuleta, en
un departamentito, porque era lejos, a
Ibarra eran seis horas, no había carretera,
era camino de herradura. A mi Don Galo
como una preferencia me dio un caballo,
las demás, pobres, a pie… Ya cuando hubo
la carretera, faltando dos o tres años para
jubilarme, entonces contrataron un carro.
No quiero darme méritos, pero les di una
profesión.”
Feria de Zuleta
Cada quince días el Centro Comunal de
Zuleta se engalana con los bordados que
se exponen para su comercialización. En la
feria un grupo de mujeres bordadoras nos
ilustra sobre su quehacer. María Gertrudis
En la Hacienda Zuleta, una presentación de los niños de la escuelita con la Srta. Carrascal
57
58
Chachalo es la presidente del grupo de
mujeres bordadoras. Ella nos comenta:
“Yo aprendí a bordar con mi mamá, mi mamá
trabajaba así como yo trabajo en esto, yo
de ahí cogí y me fui vinculando más y más
al bordado y cuando nos organizamos… ya
estamos aquí 13 años. Exponiendo nuestros
productos. Desde unos 15 años ayudaba
a mi mamá. Desde los 9 años comencé.
Unas pautas aprendí con la Srta. Carrascal
otras con mi mamá que aprendió de unas
monjitas, en la Hacienda. Mi primer bordado
fue una camisa que me hice con fuccia y
cardenillo, entonces me hice una de esas
cuando estaba en la escuela en 5to grado,
tenía unos 11 años. Hecha a mi manera. De
ahí ya en 6to. Grado, y hasta ahora que me
hago yo misma.
Primerito fue la Hacienda que recogió las
bordadoras para que vayan bordando
ellas, darles trabajo, hubo una señora que se
llamaba Mercedes Flores, estaba mi mamá,
que también bordaba, se llamaba Avelina
Alvear, y ahí también estaba la mamá de
Teresita, Laura Ponce, la Sra. Ermelinda
Feria de bordados, Zuleta
59
Albán, entre ellas, de ahí ya venimos la otra
generación, las que quedamos.
Mis hijas también trabajan en esto, la mayor
más, la otra alguna que otra cosa, mi nuera
también, interviene en el bordado. Todas
nosotras utilizamos las camisas bordadas,
para nosotras y para vender, antes más.
Había en época de mi mamá, por el alto (se
refiere a los cerros) había personas que no
podían pagar, entonces nos encargaban,
las señoras decían que nos va a pagar con
borrego, con gallinas, con granos, entonces
había que valorar el precio y llegar a un
acuerdo. Se tenía para sobrevivir. Todo se
ha hecho de acuerdo a la ocasión, a la
necesidad, al tiempo. Mi marido es sastre,
debe haber hombres bordadores que se
dedican cuando no hay que trabajar en el
campo.
Ahora yo ocupo a 15 bordadoras. No
tenemos muchas bordadoras, hay mucha
competencia, los turistas no ven la calidad,
de calidad tenemos nosotros, tenemos
costureras propias, nosotras controlamos la
calidad por eso se tarda en el bordado.
60
María Gertrudis Chachalo,
feria de bordados, Zuleta
Una blusa a mano tarda uno y medio mes,
trabajando cuatro horas por lo menos,
cuesta 150 a 180 dólares. Usamos el (hilo)
DMC, otras (camisas) de Otavalo va con
otra calidad de hilo. Ellos (los otavalos) están
haciendo tejer industrialmente. Nosotros
aplicamos el bordado en la tela Zuleta
también (se refiere a la producción de telar
que se confeccionaba en la hacienda
Zuleta y ahora se ha industrializado).”
Guadalupe Zarsoza
“Los bordados aquí en Zuleta es una técnica
que se viene desarrollando muchos años
atrás, esto he aprendido de mi madre y
hemos transmitido a nuestras hijas.
Yo no sé cómo ha aprendido mi abuelita.
Yo trabajo en el magisterio y de tarde me
dedico a esta labor. Yo dibujo y bordo
y también doy a bordar a personas que
trabajan. Las personas son de la zona,
de acá arriba, uno les indica al gusto a la
manera de cómo quiere que le hagan el
bordado. Es inspiración del momento, lo
único que se tiene como patrones es las
61
rositas, que son de acá, diferentes rositas,
tamaños, lo demás hacemos nosotros a
nuestra creatividad, hay la flor estrella.
Mi hija también borda. Como asociación
nos han invitado a exponer, hemos ido a
Quito, a Ibarra, a Guayaquil…
Nuestra mayor ilusión es llegar a la
exportación. Nos interesaría llegar a tener
una capacitación para exportar. Trabajar
todas en conjunto para exportar. No hemos
conseguido nada hasta ahora.”
Cuando se le pregunta a Guadalupe sobre
la posibilidad de integrarse a una red de
asociaciones, por ejemplo a Sara Huarmi, la
organización de origen esperanceño, ella
responde:
“Con Sara Huarmi no hemos hecho nada.
Parece que hay una relación de ellas con
el Municipio, entonces las invitan a esos
eventos. Ellas tienen un bordado diferente,
aquí es diferente. Los acabados son más
finos.
62
Las señoras de Pesillo trabajaban para
la Fundación y para nosotros también
trabajaban, ellas aportaban su mano de
obra, ganaban bordando, mas no se ponen
a elaborar, ellas sólo bordan”, no venden.
Sobre las faldas de lana (centros) nos
comenta que las indígenas utilizaban faldas
de lana, tejidas, con los bordados al filo igual
a la mano, más o menos hace unos 45 años.
“Eran unas rositas, unas hojitas, unos churitos,
eran unos bordados chiquitos…Antes había
la técnica del piquetado en las camisas,
hacían con piquitos. En el cuello también.
El piquetado se hace con cuadritos de tela
sobrepuesta, entonces era geométrico. Todo
geométrico. Mi mamá nos hacía cuando
era niña. Me ponía. Todo era piquetado.
Con el pasar del tiempo ha ido
evolucionando, se ha perdido lo geométrico,
ha vuelto lo geométrico con las camisas del
Presidente.”
63
64
Luzmila Echeverría
“En los bordados nos hemos iniciado muy
pequeñitas, yo por ejemplo desde la
edad de siete años, bordé las prendas de
la Hacienda de Zuleta. Nosotras éramos
obreras de ahí. Así aprendimos nosotras el
bordado, aprendí a dibujar porque una
tía mía dibujaba en la hacienda todos los
productos, entonces yo ahí seguía cogiendo
las telas y seguía dibujando al revés, hasta
aprender y una vez que aprendí a dibujar
y bordar ya recogí un poco de dinero,
compré las telas, me puse a hacer vestidos
para Otavalo, con lana. Quise dejar de
vender a Otavalo, porque me llamaban a
cobrar pasados 6 días, 10 días y eso no me
gustó, luego, por medio de una amiga, ella
me dijo “no Luzmila, no haga vestidos, haga
toallas y paneras y suba a Quito, yo conozco
y le voy a presentar a unas señoras de unos
almacenes” ahí yo me hice en ese tiempo
como 20 sucres, me hice 6 paneras, 6 toallas
en tela dril, luego, ya estaban listas, lavadas
y planchadas, porque yo sabía dibujar
dibujaba yo misma, y poner los colores.
Luzmila Echeverría, feria de bordados, Zuleta
65
Nosotras nos reunimos aquí por medio de
una señora gringuita del Cuerpo de Paz,
llamada Pamela y la señorita Cristhy, que
hasta ahora vive aquí. Ellas nos organizaron,
nos ayudaron muchísimo, entonces ya
comenzamos a agruparnos, a organizarnos
más y más, y a quedarnos aquí (en la feria),
se acabó el almacén de entregada allá,
nos interesa muchísimo que venga el turista
para acá y venderle directamente, porque
nosotras nos ponemos a hacer las prendas
con qué sacrificio, con el tiempo, todo eso
tiene que ser recuperado en la prenda,
porque nosotras al ir a vender a Quito, hemos
trabajado duro y la prenda no llega a valer
lo que debe costar, porque les gusta que les
entreguemos muy barato y Ud. sabe para
qué para que el comerciante sólo saque
de la funda, exhiba y venda a qué precio,
entonces eso no nos conviene, porque las
que nos sacrificamos somos nosotras, ahora
vendemos aquí.
Yo cuando era pequeña, en la Hacienda, ahí
era un tipo de colores diferentes, pero en el
dibujo era bien, bien cargado, por ejemplo
las blusas eran bordadas así (señala
66
pechera y parte de debajo de la prenda)
unos lindos bordados, bien cargados, habían
muchas lindas cosas. Mi tia dibujaba para
ese taller, cuando mi tía me enseñaba y no
me salía bonito, me daba en las manos ´no
se hace así, se va a zafar´, cuando hacía las
borlitas de los tapetes, me decía. Y aprendí.
Las propias zuleteñas con borlitas… éstas
son. En un día y medio se hacen las toallitas,
pero por ejemplo en un mantel no se acaba
ni en 2 meses.
Yo fui alumna de la Srta. Carrascal, Adela y
Beatriz, su hermana, nos enseñó muchísimo
el bordado pero en puntada limeña, yo
aprendí con la Srta., es una puntada cruzada,
se le llena solo cruzada, cruzada esta
puntada se llama rellena. La puntada limeña
ocupan en la Rinconada, en las camisas. Yo
con ellas aprendí, pero con mi tía Domitila
Quishpe aprendí mucho mejor. No conozco
cómo aprendió mi tía. Ella bordaba camisas
para la venta, para la gente indígena, ella
es zuleteña, yo también soy zuleteña. Así
aprendimos y así trabajamos.”
67
Los testimonios de las bordadoras de Zuleta
expresan un profundo orgullo e identidad
con la región, sobre todo por la fuerte
relación que se dio con la familia Plaza y
su maestra Adela, a quien recuerdan con
cariño y respeto. Según lo registrado en
las crónicas primero y en los testimonios
recogidos después, el bordado estuvo
presente en la región mucho tiempo antes
a la llegada de la familia Plaza. Lo que sí se
ha comprobado a través de estos relatos
es que su uso en artículos hogareños como
tapetes, sábanas, almohadones, etc. y su
comercialización sí se dio con la presencia
en Zuleta de la familia Plaza a través de la
enseñanza de Adela Carrascal.
Sin desmerecer estos testimonios, y siguiendo
con el hilo de la investigación, se quiso
establecer una comparación con el grupo
de bordadoras esperanzeñas Sara Huarmi,
a través de la voz de su presidenta, la
señora Victoria Flores, quien relató el camino
recorrido por parte de la Asociación.
68
Ibarra, plazoleta Calderón
La Asociación Sara Huarmi,
Esperanza Flores
Con fines que hacen a la organización de
los testimonios, se hace necesario intervenir
en un espacio en el que converge un grupo
de bordadoras establecidas en la ciudad
de Ibarra.
En la plazoleta Francisco Calderón, en
pleno centro de la ciudad de, se encuentra
la sede de la Asociación de bordadoras
Sara Huarmi. Fundada en el año 2003 la
empresa ha implementado la producción
y comercialización de bordados a mano,
recibiendo capacitación en aspectos que
hacen a la socio organización, liderazgo y
crecimiento personal.
Después de seis años de labor, este grupo
de bordadoras está planificando salir al
mercado internacional, a una feria en
Milán para ofrecer sus productos. Esperanza
Flores, presidenta de Sara Huarmi compartió
su experiencia en el relato:
69
70
“Estamos aquí trabajando desde algunos
años y capacitándonos a través de ONGs
que nos han dado capacitación para
seguir adelante en la producción, es
así que nos ha apoyado el FEPP (Fondo
Ecuatoriano Popularum Progressio), y
bueno, hoy estamos trabajando ya solas y
bueno, ahora con esto del turismo desde
Quito, desde MIPRO (Ministerio de Industria y
Productividad), también vamos a recibir otras
capacitaciones, en donde las compañeras
entrarán a la confección en tallaje y varios
cursos más, eso estará dándose por el lapso
de un año, serán 30 mujeres las que se
capacitarán. Son 6 comunidades las que
estamos ahorita, están: San Clemente, El
Abra, La Florida, La Cadena, La Esperanza y
La Magdalena.
Estamos liderando la asociación Sara
Huarmi. Hemos hecho todo este trámite
para ser beneficiadas todos los sectores
sociales, también está Urcuquí, también
son bordadoras. La diferencia entre La
Esperanza y Zuleta, Zuleta tiene colores más
fuertes, y las compañeritas de los sectores
rurales ya se han capacitado en colores,
Detalle de bordado en toalla. Asociación Sara Huarmi, Ibarra.
71
hemos buscado quien nos capacite sobre
terminados y colores, el hilo DMC es el mejor,
utilizamos ese hilo. Aquí ya se ha dado el dar
una mejor presentación en todo sentido.
Nosotras dibujamos en la tela nuestros
dibujos, a mano alzada, repetimos en varias
prendas, es por eso que ahora estamos
haciendo las camisas de nuestro Presidente,
utilizamos motivos precolombinos, son un
poco demorosos, pero vale la pena, que
prevalezca el bordado a mano.
En La Esperanza se ha dado esto que la gente
de Otavalo se llevase nuestros productos
a la venta. Ahora estamos trabajando
directamente,
vendiendo
nuestros
productos para dar el producto a un precio
módico pero justo, la asociación no trata de
enriquecerse, sino de dar la posibilidad de
una mejor ganancia para las compañeras, se
ha dado eso y ahorita se está reemplazando
de punta con el bordado a máquina en
Otavalo. Mucha gente que no se da cuenta,
opta por lo más barato, pero no le está
dando el valor. Nosotras debemos darnos
72
nuestro puesto como bordadoras a mano, por
eso estamos ahorita con Hatun, Cinchi, Sara
Huarmi, son señoras que confeccionan en
Alpachaca, en una red, organizadamente.
La red nos ha beneficiado. La Sra. Carmelina
Jaramillo es nuestro pilar en la Asociación
Sara Huarmi, nos viene dando empuje desde
mucho tiempo atrás. Ella sí puede dar razón.
Ella fue amiga de Galo Plaza Lasso, ella iba
a Zuleta a ver esto de los bordados y cómo
se creó esos almacenes. Desde Imbabura,
lo que es nuestro.
Mi afán es que sigan adelante, seguir
adelante conjuntamente con ellas y
ser beneficiadas entre las dos partes,
trabajando conjuntamente entre mestizas y
las compañeras.”
Carmelina Jaramillo y su relato de
“cómo se inició el bordado esperanzeño”
La señora Carmelina nos recibe en su casa,
en el centro de La Esperanza. En su sala se
aprecia un gran cuadro en el que se ve
tres muchachas bordadoras, el resto de
las paredes está tapizada de recuerdos:
diplomas, reconocimientos, y fotos, inclusive
Detalle del cuadro de Rosero, propiedad de la
Sra. Carmelina Jaramillo.
73
una condecoración del Municipio de Ibarra
por sus aportes a la comunidad.
Como relataba Victoria Flores, Doña
Carmelina ha sido el pilar de la Asociación
de Bordadoras esperanzeñas y lo expresa
en su relato:
“El bordado se inició con la señora Regina
Arroyo. Ella vivía en un chaquiñán, como
para entrar a la hacienda San Clemente,
ahí había una piedrita plana, en donde se
sentaba a bordar, en la calle. Bordaba las
camisas para las indígenas y las que pasaban
se paraban a ver. Se pasaba bordando,
en puntada cruzada, y la puntada para
aplicaciones. Le ponía la tela dibujada,
la hilvanaba para que no se corriera y le
seguía bordando con telas de colores, eso
se llamaba la puntada picada. Significaba
que cuando estaba cogido todo el filo en
la tela, después lo recortaban y quedaba
la tela de color sobre la camisa. Así hacían
las hombreras (término que se refiere a la
pechera y parte de los hombros, formando
un sector muy destacado en el frente y
74
dorso de la prenda) de las camisas, esa
vestimenta usaba la gente de Yuracruz. Ella
indicaba la puntada al pasado, que es la
que se enseña actualmente. La ambateña,
la puntada cruzada no es fácil, ni siquiera
para abrir. Esto data desde 1925 más o
menos, yo aprendí a bordar a través de mi
hermana, ella era muy buena para bordar.
Las indígenas no bordaban al principio,
sino que las mestizas bordaban para ellas.
Ellas eran dedicadas al hilado, tenían
una manada de borregos, cada vez que
trasquilaban, hilaban y los maridos tejían
en los telares. Propiamente la vida en esa
época en sí no se compraba nada, porque
cosechaban la lana, tenían la carne para
consumir, los esposos tejían y tenían las
telas para los anacos, los anacos eran unos
centros anchísimos, tenían 12, 15 varas aquí
en la cintura. No tenían bordado abajo,
luego comenzaron a ribetear abajo con las
primeras máquinas Singer de mano. Resultó
las primeras domésticas para ribetear al filo,
Así fue como vestían antes. Se amarraban a
la cintura. En la parte de arriba, las camisas
picadas o bordadas. Quedaban bonitas.
75
76
Yo formo parte de Sara Huarmi. A las
indígenas se les ha enseñado bastante, para
que ellas tengan un medio de ayuda para
vivir, nos propusimos a formar con ellas Sara
Huarmi, porque entonces, el lugar, la forma
de pensar nuestra es que ellas se cultiven,
se abran al conocimiento y puedan ser una
ayuda para sus familias.”
Llano de Alba, Pesillo
Pasando la Hacienda Zuleta, subiendo hacia
Pesillo se encuentra la comunidad Llano de
Alba, la cual hace honor a su nombre. La
campiña se muestra en una llanura abierta
y acogedora. La población en esta zona
está dispersa en caseríos aislados que por
tener esta característica ha conservado sus
tradiciones mucho más que sus vecinos de
La Esperanza y Zuleta.
María Elena Ulcuango, María Nieves y
Barbarita Alba, todas ellas bordadoras se
prestaron gustosas a ser entrevistadas.
María Elena Ulcuango
“Mi historia de mi bordado es que yo
bordaba desde mis 15 años. Mi mamá
Subiendo a Llano de Alba
77
sabía bordar obras de Zuleta, entonces
por ayudarle a ella, es que nosotras hemos
aprendido. No le puedo dar razón de cómo
aprendió mi mamá. La mayoría hacemos
eso nosotros aquí. Nosotros bordábamos
aquí camisas como para vestirnos nosotros,
entonces viendo la necesidad de que
nosotros necesitamos… Todo a mano,
a mano se dibujaba y se bordaba. Los
dibujos compramos en Ibarra o vienen a
vender por aquí, antes a mano se dibujaba
y se bordaba, por ejemplo, yo sabía dibujar
también. Si dibujo a lo que piden, pero
ahora ya vienen bastante cambiados los
dibujos, ya no, ya casi no podemos al mismo
dibujo de la máquina. En bordar se hace 8
dias para una camisa, bien sentada, pero
“diay”, demora un mes.
Aquí los hombres nos ayudan a hacer unos
churitos, ellos nos ayudan, porque, nosotros
por la necesidad hacemos obra. De esas
obras tenemos que terminar, entregamos
en Ibarra, en Zuleta, en Cayambe, de todo
lados bordamos, Yo bordo camisas, centros,
en máquina o a mano.”
78
María Elena y Barbarita Alba
“Desde 15 años para arriba que bordo, mi
mamá me enseñó.”
Barbarita Alba aporta un detalle muy
significativo cuando relata sobre el
“bordado picado” o “picadillo” un estilo
que aparentemente precedió al conocido
actualmente y que consistía en coser sobre
la hombrera (pechera) de la prenda retazos
de telas de distintos colores con motivos
geométricos, conformando un diseño muy
particular. En el testimonio de Carmelina
Jaramillo también se menciona esta técnica.
“Desde chiquitica que aprendí a bordar, a
coser. En La Esperanza me daba comprando
mi mamá las camisas de bordado picado,
hay que “debujar” en la tela, se le va
cortando y se le va pegando en la máquina,
en la máquina, si… esas de pedal, hay que
“debujar deseños antiguas”, entonces se
le va pegando. Yo tenía de pequeñita con
esos bordados con puntadita de tuna. Los
hombres usaban camisas bordadas con
puntadita de tuna, eso sabía hacer, y otras…
no se qué, que dibujos mas sabria hacer,
María Elena,
Llano de Alba.
79
pero no me acuerdo, pero había como tuna,
si eran lindas, se amarraba así con telitas, lo
mas era con telitas, si, bien bonito era, Mi
abuelita usaba esas camisas.”
María Elena se apura a intervenir:
“Yo era la que traía como comisionada de
ellas, de la hacienda de Zuleta, traía, yo para
reunir a la gente y entregar para que borden,
ahí bordaban y yo llevaba para allá. Pero se
terminó, se terminó la hacienda Zuleta, ya
no dan a bordar, ya la hacienda se terminó
ya. Ahora bordan así, en otro lado, de la
calle y entran ahí ,… unas trabajadoras
que estaban trabajando, pero son como
9 o como 10 trabajadoras que trabajaban
en la oficina y ahí se hicieron cargo, en la
oficina por la liquidación, se hicieron cargo
de la oficina de allá de Quito, ahora ellas
trabajan dando de bordar, yo trabajo con
una señorita Francisca, ella era la que nos
daba en la oficina los bordados, ahora tiene
ella igual directo, ella manda de su propia
cuenta ella, de ahí también bordo yo de
donde la señorita Francisca, ella vive de la
Hacienda Zuleta de abajo, de Cocha, de
80
un lado arriiiiba, vive ella. De ahí yo me voy y
traigo así para bordar. Sí nos pagan bien, pero
hay algunas partes que pagan bien barato,
en La Esperanza sí, hay otra señora que viene
a dejar aquí, de Angochagua viene, ella
paga bien baratísimo, pero asimismo es todo
el pecho y la falda de aquí, paga un dólar
cincuenta. “
Preguntamos sobre el precio de los
manteles
“Por un mantel de 8 puestos, creo que está 25
creo me dijo la Francisca, porque yo casi un
año me he retirado “della”, porque de ella,
ya toca traer de la casa, de aquí me toca
coger el bus y me toca ir unas, sí ha de ser
unas 5 cuadras arriba, toca subir, entonces…
yo por eso no me he ido a traer, me fui la otra
semana y me dijo que estaba el de 6 a 20, el
de 8 estaba a 25, y el otro estaba a 27.”
Se pregunta sobre la conveniencia de
organizarse como las bordadoras de la feria
de Zuleta.
“Sí sería bueno, yo por mí… El grupo que
yo tenía, tenía de 18, 18 personas que
bordaban, pero… así recogiendo, tenía de
Isabel,
San Pablo Urco.
81
82
aquí, de Llanos de Alba, de Pesillo, de San Pablo
Urco, también hay así mismo compañeras
que éramos de la misma organización que
bordábamos en la hacienda Zuleta, así entre
ellas así organizando, yo por mí si quisiera,
porque.. bastante nos perjudica a nosotros,
es que el trabajo que hacemos nosotros es
más duro, en cambio ellos solamente nos
da la tela y los hilos y nada más, el trabajo
de nosotros es bastante duro.”
Preguntamos sobre el proceso, si saben bien
cómo hacer la preparación, el planchado.
“Sí, claro, todo eso sabemos, de ahí como
para coser los filos… todo eso, mi jovencita
(hija) que está ya es costurera.”
María Elena se compromete a conseguir una
entrevista con “mayorcitas” para mostrar
camisas antiguas con la técnica del picado.
A la semana iniciamos el recorrido por San
Pablo Urco a la búsqueda del “eslabón
perdido” con Wilson, marido de María.
Nos toca caminar bastante, hasta que
damos con “la mayor”. Isabel, en San
Pablo
Camisa antigua,
San Pablo Urco
83
Urco, nos cuenta que aprendió a bordar
desde niña. Trae una camisa antigua bordada
con lanilla de lana de borrego. También nos
muestra un centro, éste en vez de tener varios
paños es de uno sólo, es el primero que vemos
con estas características. En este caso se
aprovechó el ancho del telar y se tejió de una
sola vez todo el material, por ello el centro tiene
una sola costura. Lo más importante es que en
el filo se puede observar la técnica del picado.
Este consiste como nos habían relatado en un
aplique de tela sobre el paño del centro, el
aplique rodea todo la terminación del centro
a manera de una greca encimada y cosida.
La costura está elaborada a máquina.
Cuando preguntamos qué tipo de máquina
se utilizaba nos refiere que era manual (de
las que tenían una manivela con la cual se
impulsaba el engranaje para coser) Isabel
nos da el nombre de las puntadas: estrella
y palma. Cada nombre corresponde a la
tipología de su forma. La cintura, cosida a
mano, está fruncida, con intención de plisado
muy bien terminada. Nos comenta que la
confeccionó Don Luis, un sastre de la zona
que también bordaba y enseñaba a bordar.
84
Detalle del “bordado picado” en centro antiguo,
San Pablo Urco.
La Chimba y Mama Tránsito
El camino desde Llano de Alba pasa por Pesillo,
Olmedo, San Pablo Urco, El Chaupi, Santa Rosa
y Ayora hasta desembocar en la Panamericana
Norte que conduce por el sur hacia Cayambe
y por el norte hacia San Pablo del Lago, la
última parada de nuestra ruta. La intención
es dar un rodeo al Imbabura para abarcar las
comunidades bordadoras imbabureñas. Los
caminos están interconectados de manera
tal que por varios sitios se puede acceder a un
destino determinado.
Estando en Pesillo, me parece Indispensable
acceder a La Chimba, comunidad de la
parroquia (ahora Olmedo). Sede de los
pueblos Caranquis y Cayambis, que, oprimidos
por el sistema de huasipungo durante años,
encontró en la indígena Tránsito Amaguaña y
otros líderes una reivindicación de sus derechos.
“Mama Tránsito”, como le dicen, vivió en la
Chimba hasta su muerte, en mayo de este
año. Tuvimos el honor de conocer su obra y
compartir con ella una tarde maravillosa,
en donde relató sus viajes a la capital para
defender los derechos de su pueblo.
Tránsito Amaguaña,
La Chimba, Pesillo.
85
86
LA RUTA HACIA SAN PABLO
La comunidad de Pijal Bajo
Bajando hacia la Panamericana, en el tramo
que va de Cayambe a San Luis de Cajas,
el límite interprovincial entre Pichincha e
Imbabura, se accede a una vista majestuosa
del Lago San Pablo y el Imbabura. Es la
parroquia de González Suárez. En la zona
se asientan comunidades indígenas, todas
ellas mantienen su tradición bordadora.
Una de ellas es Pijal Bajo que junto a Pijal
Alto formó parte del antiguo asentamiento
del pueblo Sarance como se menciona en
el capítulo anterior.
La comunidad de Pijal forma parte de la
Red de Turismo Comunitario “Sumak Pacha”.
Antonio Maldonado es el coordinador y
explica los servicios que se brinda al turista:
tienen una oferta de hospedaje y comida,
con recorridos adecuados de acuerdo a
los intereses de los huéspedes. Brindan un
menú típico y muestran las costumbres de la
comunidad. Reciben huéspedes nacionales
y extranjeros, mayoritariamente europeos y
Rosa Tocagón,
hilando la lana de borrego. Pijal Bajo.
87
88
asiáticos. Entre los oficios que muestran a sus
visitantes, está el de textiles bordados.
Rosa Tocagón, Isabel Quilumbaquín, Anita
Cañarejo y Lucía Gonza, bordadoras de
Pijal, explican el hilado en lana de borrego.
Cuentan cómo tejían en telar:
“La gente muy antigua como tenía hartos
hijos, tenía que hacer harta ropa para
todos. Hacía para hombres y para mujeres,
pantalón blanco, calzones era para los
hombres, de algodón, hecho en telar, mi
papá sabía hacer eso. Había telares.”
Las camisas muestran un bordado minucioso,
no así sus costuras, están
cosidas a
máquina con diferentes puntadas y algunas
piezas de las prendas tienen diferentes
calidades de telas. Me llama la atención
el bordado. Recuerdo que en la visita a
Adelina Carrascal mostré fotos de bordados
de Pijal y las confundió con zuleteñas.
89
En Pijal viven 400 familias entusiasmadas
por mejorar su calidad de vida a través del
proyecto de turismo comunitario. Orgullosos
de su cultura ancestral, ponen empeño en
lograrlo.
El resto de la ruta, nos regresa al inicio, la
ciudad de San Miguel de Ibarra, en donde,
privilegiando su jerarquía de capital de
la provincia comenzamos el recorrido del
desarrollo del bordado y sus características
dentro de las comunidades imbabureñas.
Cerramos de esta manera “la puntada
bordada” alrededor del Imbabura, ícono
de la cultura de sus pueblos.
90
Conclusiones y
recomendaciones
La presencia de bordado prehispánico en
la región ecuatoriana y su influencia en
el diseño contemporáneo de los pueblos
originarios ha quedado demostrada teniendo
en cuenta la aproximación de tipologías
entre la momia cañarí y el diseño existente
en las piezas de indumentaria estudiadas.
La artesanía del bordado ha obedecido
desde sus inicios a una necesidad básica
como es la vestimenta, pero también con
un gran componente simbólico, ya que el
adorno a través del diseño se presenta como
un bagaje cultural ancestral. El bordado
toma características representativas de
los pueblos con los cuales convive. Su
importancia comercial actual surge a partir
de la producción que se da en Zuleta con la
presencia de Galo Plaza Lasso y su familia,
quienes hacen esfuerzos para instalarlo
en el mercado internacional con muy
buenos resultados. Es allí donde trasciende.
Anteriormente a esto, el bordado era
ejercido para el adorno de la vestimenta de
los indígenas, mas no como un comercio.
91
Este surge primeramente con el
trueque que luego prospera en su
comercialización, en el cual su principal
exponente es Zuleta.
En lo que hace al turismo comunitario se
puede afirmar que:
La Ruta de los Bordados se presenta
como un referente atractivo dentro del
desarrollo del turismo comunitario en la
provincia de Imbabura.
El
bordado
imbabureño
está
ampliamente extendido en todas
las comunidades, conservando sus
características de acuerdo al contexto
en que cada una de ellas se encuentra
inmersa.
Se distinguen grupos que están
avanzados en la valorización del
potencial humano y en el desarrollo
de las capacidades organizacionales y
empresariales como Sara Huarmi, el cual
cuenta con un enfoque participativo y
92
una preocupación por la formación y
capacitación de sus asociadas, fruto
de la intervención de agentes de
desarrollo. A pesar de ello, sus productos
aún no alcanzan la factura e innovación
en diseño esperadas.
Otro polo de atención es Zuleta, una
comunidad que tuvo prosperidad en
tiempos en que la familia Plaza Lasso se
involucró en beneficio de sus comuneros
aportando en educación e impulsando
su desarrollo. Actualmente con un
bordado de características impecables
en cuanto a factura, excelente control
de calidad, pero con ciertas repeticiones
muy notorias en cuanto a diseño. La
Hacienda Zuleta ha cerrado su almacén
de bordados, el cual quedó en manos
de sus empleadas más antiguas. Esta
autonomía ha llevado a sus artesanas
a buscar canales de comercialización
más adecuados (actualmente cuentan
con el almacén de Quito y la feria de
bordados en el Centro Comunal cada
15 días) Están seguros de la necesidad
de llevar sus productos al mercado
internacional, puesto que sus precios
podrían ser muy competitivos en este
escenario. Necesitan realizar alianzas
estratégicas con organismos que
les proporcionen las herramientas
necesarias para alcanzar este objetivo.
El bordado de Pijal se distingue por sus
características minuciosas en la puntada
y también en cuanto a morfología de
sus diseños. Es variado, tiene poca
repetición, pero las piezas en cuanto a
costura y soporte (tela) son deficientes.
No hay una sistematización en cuanto
a control de calidad y proceso. Por
otro lado, su comunidad está muy
comprometida en el turismo comunitario
a partir de la red “Sumak Pacha”, sus
miembros están convencidos de la
necesidad de contar con asesorías en
el área de diseño y producción, como
también en cuanto a hotelería y turismo.
En esta comunidad se observa una gran
disposición y disciplina para aprender.
En este estudio se han tomado como
referentes estas tres comunidades, sin
desestimar las muchas otras alrededor
de este recorrido que no han sido
tratadas.
De acuerdo a las conclusiones
expresadas precedentemente surge la
recomendación pertinente para cada
una de ellas.
• Grupo Sara Huarmi: Se sugiere la
asesoría en diseño de motivos y la
inclusión de otras comunidades en la
red.
• Comunidad de Zuleta: Se recomienda
una intervención de Diseño en cuanto
a creatividad y también se hace
necesaria la inclusión de comunidades
que forman parte del bordado zuleteño
sin pertenecer a Zuleta, ya que la
mayor parte de bordadoras provienen
de comunidades como Llano de Alba,
Pesillo, San Clemente, etc. Este grupo
93
debe
potencializarse,
fortalecerse
y
capacitarse para emprender la exportación
de sus productos.
• Comunidad de Pijal: Necesita urgentemente
un proyecto de gestión no sólo en el campo
del Diseño sino de Hotelería y Turismo. Este
grupo forma parte de la Red Sumak Pacha,
cuenta con el aval de organizaciones como
el Municipio de Otavalo, el BID y otros.
Se recomienda considerar una alianza
estratégica para lograr capacitarlo.
94
Glosario
Aclla huasi: donde vivían las mujeres elegidas
aisladas para servir al Inca bajo la vigilancia
de las Mamaconas.
Ahuasca: tejido tosco, burdo
Anaco: Camisa de mujer
Ayllu: agrupación de familias organizadas. El
imperio inca estuvo conformado por ayllus.
Cañarí: Pueblo que habita la zona sur
ecuatoriana.
Cochinillla: Insecto que parasita las hojas del
nopal o tunera. Tiene forma de grano rojizonegro cubierto por un polvo blanco. Son
colocados en las pencas en trapos que se
sujetan a los picos de las hojas de las tuneras.
Cuando han alcanzado su desarrollo (unos
8 milímetros), se recogen con un cepillo y
se colocan al sol o se secan en hornos. El
producto final se utiliza para teñir tejidos de
grana y carmín.
Chakana: cruz andina, símbolo de la
cosmovisión de los pueblos ancestrales.
Su forma es la de una cruz cuadrada y
escalonada, con 12 puntas, representa la
Cruz del Sur.
Cumbi: tejido fino.
95
Cumbicamayos: tejedores varones que, al
igual que otros artesanos especializados
en el estado inca quedaban exentos de
tributo.
Lliquida: especie de chal que se usa sobre
los hombros.
Mamaconas: mujeres que vigilaban y
formaban a las elegidas para el inca.
Tocapu: diseño geométrico presente en los
textiles incas.
Tupus: prendedores que servían para
sostener el anaco y la tupuchina.
Uncu: Precedente del poncho, su decoración
variaba según el estamento social de su
propietario.
96
(1) John V. Murra, La Organización Económica del
Estado Inca, México, Siglo XXI, 1980, p.113.
CITAS
(2) Pedro Cieza de León, Primera parte de la Crónica
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(4) Wendell Bennet y Junnius Bird, Andrean Culture
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Murra, Formaciones Económicas y Políticas …,p. 147.
(5) Juan de Betanzos, “Suma y Narración de los
Incas”, edición de María del Carmen Martín, Madrid,
1987.
(6) Pedro Cieza de León, Primera parte de la Crónica
del Perú, Biblioteca de Autores españoles, Tomo 26,
Madrid, 1974, p.392.
(7) Fernando Silva Santiesteban, Los Obrajes en el
Virreynato del Perú, Lima, Publicaciones del Museo
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(8) Jiménez de la Espada, 1965 T. 184:237
(9) Chantal Caillavet, Etnias del Norte, p.397
97
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99
PUCE-SI
100
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