ríosdesangre - BOANERGES · Resistencia Católica

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MÁS DE
1.500.000.000
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DESDE 1980
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ª
EDICIÓN
LA VERDAD SOBRE EL ABORTO
RÍOS DE SANGRE
¿Por qué los católicos luchamos por la Vida?
BOANERGES
MÁS DE 1.500.000.000 DE MUERTES DESDE 1980
La verdad sobre el aborto
RÍOS DE SANGRE
¿Por qué los católicos luchamos por la Vida?
Resistencia
Católica
Centro Cultural Boanerges para la defensa
y difusión de la doctrina católica
Copyright © 2012 por Boanerges, Resistencia Católica
Boanerges, Centro Cultural, 2012
“Ríos de Sangre: ¡Por qué los católicos luchamos
por la Vida? / Boanerges
Incluye fuentes y bibliografía.
3ª Edición, Mayo de 2014
Publicado por Centro Cultural Boanerges
para la defensa y difusión de la fe católica
Se autoriza su republicación y difusión, por cualquier medio, parcial
o totalmente, manteniendo su sentido e intención, comunicando a
los autores la referencia de la cita.
Impreso en los Talleres Gráficos de Centro Cultural Boanerges para
la defensa y difusión de la fe católica. Para mayor información,
escriba a info@elboa.org
~MMX I V~
A los Santos Inocentes, pidendo su intercesión
para que la gracia adquirida en su cruenta inmolación
ayude en estos duros tiempos a defender la vida
de millones de próximas víctimas inocentes,
y repugnar de los métodos y sofismas
de quienes perpetran y/o apoyan
este crimen abominable.
RÍOS DE SANGRE
En la Edad Media se creía que el bebé en gestación
adquiría su alma cuando la madre podía sentir sus primeros
movimientos en el vientre, a los cuatro o cinco meses de
embarazo. Hoy en día sabemos que en realidad se mueve
mucho antes de que ella pueda notarlo, aproximadamente en
la séptima semana desde su concepción.
¿En qué punto de desarrollo podemos considerar que un
ser humano es eso y no otra cosa? ¿El alma se adquiere
después que el cuerpo? ¿Es carne animada, aunque sin alma,
lo que allí se mueve? ¿Es la adquisición de ciertos órganos,
como el corazón o el cerebro, o todos, o tal vez poder ver la
luz del sol lo que nos da el alma?
Si nos desprendemos de la habitual concepción gnóstica
que en estos tiempos se arraiga tanto en el mundo, haciendo
creer a las personas que sólo son de orden espiritual, nos
daremos cuenta de que nuestra naturaleza humana es la
única entre todos los seres creados que posee cuerpo y alma.
Esto es muy coherente con la creencia católica de que la
separación de ambos (cuerpo y alma) en el momento de la
muerte, es sólo temporal. Es así porque nuestra esencia los
tiene a ambos, y por tanto el cuerpo sólo descansa,
aguardando la reunión final. De hecho, la palabra cementerio
viene del griego (koimeterion) y en español significa
"dormitorio". Este término lo comenzaron a usar los
cristianos, ya que antes la zona de entierro de los muertos se
llamaba "necrópolis", que significa “ciudad de los muertos”.
Y es por esta concepción también que nosotros decimos que
la persona que ha fallecido bien está “descansando en paz”, en
espera de la resurrección al fin de los tiempos.
La corrupción temporal de la carne tras la muerte no hace
que ese cuerpo pertenezca menos a la persona que su alma,
sino sólo que estén temporalmente apartados. Esta lógica es
también la base del culto a las reliquias, porque se reconoce
que se mantiene la conexión entre el alma bienaventurada y
sus restos transitoriamente separados aquí en la tierra.
Entendido entonces que alma y cuerpo conforman por
igual al ser humano, se desprende lógicamente que apenas se
crea la primera formación material física, tiene que estar
unida al mismo tiempo al alma que hace a su naturaleza
humana y no otra cosa.
¿Nos preguntaremos ahora si ese ser con cuerpo y alma
tiene vida propia o no la tiene por depender completamente
de la madre para existir? Si atendemos al fin hacia el que
cada cosa se dirige, podemos saber en qué resultará algo aún
antes de que llegue a cierta meta. Así, si alguien se dedica a
cocinar, sabemos que puede lograr un platillo o bien fracasar
en su intento, pero que haciendo esto no obtendrá una
puerta ni una ecuación trigonométrica.
La primera unión de vida formada por el hombre y la
mujer en la concepción tiene un itinerario definido que le
llevará invariablemente por el mismo recorrido que ha
seguido cualquier otro humano, y aún si muere o se deforma
en el camino, será un ser humano sin vida o deformado, y no
otra cosa. Esto se puede ver en su composición genética, y
en que jamás saldrá de la unión de un óvulo con un
espermatozoide humanos ni un pez, ni un caballo, ni una
planta.
Pero esa “formación”, ¿está viva desde el comienzo? Ya
en 1857 la Asociación Médica Americana declaró:
“la existencia independiente real del niño como ser vivo antes de
nacer es una cuestión de objetividad científica”.
Por esta comprensión de biología básica, en 1860 hubo
un movimiento liderado por los mismos médicos de aquel
país para prohibir el aborto. Y nuevamente, en 1946, la
Asociación Médica Mundial hizo una declaración oficial,
reconociendo que la vida humana empieza con la
fecundación.
Luego, el doctor Jerome Lejeune, uno de los padres de la
genética moderna, que en 1962 fue nombrado experto en
genética humana por la OMS y en 1964 fue director del
Centro Nacional de investigaciones científicas de Francia y
profesor de genética en la facultad de medicina de la
Sorbona de Paris, en su libro “El principio del ser humano”
afirma:
“Las señales grabadas en el ADN determinan las características de
la especie. La célula primordial (cigoto u óvulo fecundado) es
comparable al reproductor de audio de una cinta grabada. Apenas
el mecanismo se pone en movimiento, es decir, cuando ocurre la
fecundación del óvulo por el espermatozoide, la sinfonía humana, es
decir, la vida, se desarrolla en estricta conformidad con el programa
de las primeras divisiones hasta la extrema senectud”1.
Por lo tanto, después de lo dicho, está claro que declarar
que no sabemos cuándo comienza la vida humana es un
insulto a la inteligencia, y no se basa en absoluto en hechos
biológicos o científicos. Sin embargo, es verdad que la
ignorancia sobre estos temas en general es asombrosa, y
pocos se preocupan por corregir esta incultura. Lo cierto es
que decir que no se sabe cuándo comienza la vida es
remontarse, con suerte, al conocimiento médico del siglo
XIII.
Ahora veamos algo respecto a la especie. La reproducción
humana – así como la de todo mamífero –, se caracteriza por
"El principio del ser humano" en “Dejadlos vivir”, Ediciones Rialp S.A., Madrid,
España, 1980, p.18.
1
la unión de dos células (espermatozoide y óvulo) llamadas
gametos, dando origen a un nuevo individuo. Cada una de
ellas está dotada de un núcleo que tiene, como el de toda
célula, cierto número de cromosomas. Y todo cromosoma, a
su vez, contiene cierto número de moléculas de ADN (ácido
desoxirribonucleico).
Cada especie biológica tiene células que poseen un
número constante y específico de cromosomas. En el caso
del ser humano la cifra es de 46 por cada célula, y se
encuentran distribuidos en 23 pares. De ellos, un par es de
cromosomas sexuales: X femenino; Y masculino, pero las
células dispuestas para la fecundación: óvulo y
espermatocito, tienen cada una la mitad de ese número, 23,
de modo que al unirse el óvulo con el espermatocito y
constituir el óvulo fecundado o cigoto, se reúnen 23
cromosomas de la madre y 23 del padre, para conformar los
46 necesarios.
Este número de cromosomas varía según las especies
animales. Por ejemplo, el mono Rhesus tiene 42, el
chimpancé 48, y así se dan otras cifras diferentes en los
diversos tipos de primates, pero nunca 46 como en el ser
humano2.
Es el número y la calidad de los genes, o de “las señales
grabadas en esta cinta” – manteniendo la metáfora del genetista
– lo que determina que una molécula de ADN y un
2
Voz "Cromosoma" en Gran Enciclopedia RIALP, López Pérez, J.R. Tomo VI,
Ediciones Rialp S.A., Madrid, España, Sexta edición, reimpresa 1991, pág. 743
cromosoma sean característicos de una determinada especie,
y no de ninguna otra, sin importar su estadio o nivel de
desarrollo temporal.
Claro ya que de esta unión sólo resultará un ser vivo de
nuestra especie y ninguna otra, hablemos entonces del tipo
de formación. Hay dos clases básicamente, y son: formación
por desarrollo y composición por partes.
Se encuentra en los seres vivos una diferencia sustancial
con el mundo de las creaciones inanimadas. Una máquina se
“forma” a partir del ensamblaje de diversas piezas. El ser
vivo, en cambio, se desarrolla siguiendo el camino propio de
su categoría, que como ya ha quedado claro, siempre
corresponderá con la de sus progenitores. Eso es así tanto en
una semilla como en un huevo y un cigoto. La semilla está
viva desde el comienzo, y sólo tiene que ir desplegando toda
la potencialidad de árbol de su propia especie, que posee
desde el inicio. Hoy es apenas un brote, mañana será una
planta, y luego llegará a árbol, siempre viva desde su
formación, siempre perteneciente a su especie y siempre
siguiendo el trayecto que le corresponde y ningún otro.
Lo mismo ocurre con las personas. No importa si es un
feto, un bebé ya nacido, un niño o un adulto, el nuevo ser
está vivo desde que se forma y siempre seguirá el desarrollo
en su ruta humana, hasta el final. La diferencia con la
máquina es absoluta. Ésta sólo es lo que es cuando reúne
una serie de partes que la conforman, y el ser vivo es lo que
es desde que fue concebido por una especie y no por otra, y
comienza a transitar un camino del que nunca se desviará.
Algunos son capaces de sostener – en la locura por
mantener a brazo partido sus ideas descabelladas –, que las
diversas formas que va tomando el embrión en su primera
etapa de formación corresponden a estadios animales por los
cuales pasa en su camino hacia la humanidad. Creemos que
esto es tan absurdo que no merece mayores comentarios
después de lo ya explicado, pero aún así evitaremos las
posibles “confusiones” diciendo que es tan acientífico como
sostener que la nuez es un estadio menos evolucionado del
cerebro humano, o los brócolis de los pulmones, las uvas de
los ojos y los porotos de los riñones. Se trata de una
concepción tan infantil, aquélla de buscar en cierta similitud
estética una verdadera relación esencial, que no insultaremos
las inteligencias de quienes nos lean dedicándole a esto una
mayor atención.
Visto definitivamente que tras la concepción hay vida y
humanidad, pasamos a otro punto. El nasciturus crece
protegido por un ambiente inviolable como el que contiene a
los órganos. Tan antinatural es sacarlo de allí antes de
tiempo que el cuerpo debe ser violentado para hacerlo. El
proceso del aborto inducido es similar a quitar una parte
interna del organismo que por capricho personal no
quisiéramos más que esté allí. La única diferencia es que al
arrancar al niño, la madre no sufre en su cuerpo una carencia
orgánica porque, justamente, no son el mismo ser. Por tanto,
¿es válido el acto, en tanto no sufra quien así lo decide? Es
decir, siguiendo la misma lógica, ¿puede matar un asesino si
a él no le daña en nada la muerte de su víctima inocente?
¿Y si además por algún motivo esta víctima le causa
“trastornos psicológicos” con su sola existencia, porque debe
ocuparse de ella por ejemplo, entonces el asesinato será un
derecho para obtener el “bienestar emocional” del homicida?
Si se instituyese una ley semejante, no se podría hacer más
que declararla inicua y por tanto inválida ante la verdadera
justicia, la virtud y la razón.
Pensemos en las consecuencias últimas de semejante
“ley”. Una madre podría acabar con sus hijos, a los cuales
debe educar, alimentar, asear, etc. Un marido podría matar a
su mujer porque la mantiene y debe velar por sus
necesidades y bienestar. Quien cuida a un enfermo, tendría
permiso para deshacerse del “estorbo”. Los ancianos
dependientes no durarían mucho tampoco en manos de sus
propios descendientes, etc. Primaría la más salvaje “ley del
más fuerte”, y el que debe hacerse cargo de otros tendría el
derecho de suprimirlos si le incomodan más de la cuenta.
Pero profundicemos más en el punto de la dependencia.
Si hoy se logra hacer sobrevivir a bebés prematuros de sólo
seis meses de gestación e incluso un poco menos, quiere
decir que antes, porque no están maduros los órganos y no
puede sobrevivir sin su madre, ¿es menos persona?
Volvemos a las primeras preguntas. ¿Es la forma, o tal vez la
independencia lo que nos hace humanos? Eso querría decir
que un deforme, o alguien sin brazos ni piernas, o el que
necesita marcapasos o diálisis, ya no son seres humanos. ¿Se
aplicará la eugenesia en estos casos, eliminando a todo aquel
que no sea “perfecto” para así “mejorar la raza” y –
supuestamente – “evitar el sufrimiento”? Vida dependiente
no es lo mismo que no vida, o no alma, o no ser humano.
El aborto inducido es igual al infanticidio tras el
nacimiento. Un niño maduro para respirar sólo, pero incapaz
de alimentarse por su cuenta, de protegerse, de mantener
cubiertas sus mas mínimas necesidades primordiales para la
supervivencia, ¿no es igualmente dependiente y por tanto
destruible, siguiendo la misma irracional idea? Como quien
abandonando el tubo de oxígeno, siguiera postrado y
dependiente de cuidados externos. En tales condiciones, ¿es
más criminal matarlo que antes? ¿La medida está en su
aptitud personal para sobrevivir sólo? ¡Ay de los niños
pequeños, de los enfermos, de los discapacitados y de los
ancianos entonces!
¿Qué es lo que diferencia la muerte anterior a la posterior
al parto? Hoy, aun viendo con la actual tecnología cómo late
su corazón, se mueve e incluso reacciona ante el peligro
desde etapas muy tempranas, le consideramos no humano.
¿Tan bárbaros somos a pesar de nuestros “modernos
adelantos”? No podemos evitar preguntarnos, entonces:
¿Esto es el “progreso”?
El mundo, gracias a los grandes medios, ha sido testigo
de operaciones en que el “feto” toma el dedo del médico, y
también circulan impactantes imágenes de niños en un grado
bastante menor de desarrollo, alejándose de agujas y demás
instrumentos abortivos. Como quedaría demostrado, por
ejemplo, en el famoso video que hizo reaccionar y cambiar al
conocido abortista Dr. Bernard Nathanson, – responsable
hasta entonces de 75.000 abortos como cofundador y exdirectivo de la National Abortion Rigths Action League
(NARAL) – donde se ve claramente a los instrumentos
asesinos persiguiendo al feto que lucha por defenderse de la
muerte.
¿Qué es esto sino una muestra de vida independiente, que
ni la carne inerte ni la que forma parte de algo más puede
mostrar? Un riñón, aún vivo, no se aleja del cuchillo. Una
hamburguesa claramente tampoco lo hace.
Ya en la década de 1980 se hicieron numerosos estudios
respecto a la capacidad fetal de sentir dolor. Veamos algunos
descubrimientos:
“El nervio sensitivo de la cara, el trigémino, se encuentra presente
con sus tres ramas en el embrión humano de cuatro semanas... A
las 7 semanas los embriones sacuden y apartan la cabeza de un
estímulo del mismo modo que defensivamente lo hacen las personas
en cualquier etapa de la vida”3.
“Si se pincha a un bebé con un alfiler de gancho, ese bebé se va a
oponer. Su reflejo de rechazo es exactamente igual al que se produce
en el útero a las ocho semanas de embarazo cuando se aplica al bebé
3
E. Blechsmidt y S. Wintrap. National RTL News, 20/5/1987.
un estímulo doloroso. Los cambios en la frecuencia cardíaca y en los
movimientos del feto sugieren, asimismo, que las manipulaciones
intrauterinas son dolorosas para el feto”4.
“... tan pronto como el mecanismo del dolor esté presente en el feto –
quizá ya a los 45 días – los métodos que se utilicen provocarán
dolor. Y el más intenso y más duradero aparece en el
envenenamiento por solución salina concentrada... Lo que se produce
es la agonía de la muerte”5.
Tan grave y remecedor fue este descubrimiento, que
hubo quienes introdujeron proyectos para exigir a los
abortistas que anestesiaran a la criatura antes de matarla,
como propuso M. Siljander, en el Registro del Congreso
E609 el 23 de febrero 1984. Increíble, ¿verdad? A tal punto
llega la inhumanidad, que en lugar de ver que se está
asesinando a un ser humano sensible, se buscaría la forma de
“calmar la conciencia” matándolo de forma indolora. ¿Será
que así el crimen es menos condenable? ¿Puedo acabar con
mi vecino, entonces, si primero lo duermo con drogas?
Aquí estamos hablando de un ser humano, sin importar la
fase de su desarrollo, que no es sino una etapa como la que
tiene un niño antes de convertirse en adulto. Su muerte
voluntaria, por tanto, es un asesinato como cualquier otro,
pero agravado por el lazo de sangre y de deber que une a una
madre con su hijo desde el inicio y hasta el final de la vida.
4
Voldman y Pearson, "What the Fetus Feels", British Med. Jour., 26/1/1980, págs. 233234.
5
Noonan, "The Experience of Pain", En New Perspectives on Human Abortion,
Aletheia Books, 1981, p. 213
El feto se mueve con independencia de la voluntad
materna desde que tiene suficiente desarrollo para hacerlo, y
que como vimos es bastante temprano en su crecimiento.
Antes de eso, con sólo tres semanas de gestación, el cerebro,
el corazón, la médula espinal y el tubo digestivo ya
comienzan a desarrollarse, y ya con cuatro semanas el
corazón late con ritmo regular, habiendo empezado a
hacerlo entre los 23 y los 25 días desde la concepción, y
desplazando sangre a través de los vasos mayores.
Pero incluso nos preguntaremos, después de todo lo
dicho: ¿son los órganos los que nos humanizan?
Comenzamos a desarrollarlos cuando nuestras madres
apenas se han enterado de que existimos. Y aún así, somos
tan humanos con ellos como sin ellos, como lo es quien no
tiene funcionales los riñones, o los pulmones, y hasta ahora
no se les considera animales, o mero “tejido orgánico” por
su carencia.
Por cierto, hoy se utilizan eufemismos para no llamar a
las cosas como son, encubriéndolas con palabras
distractoras. Tal como dice muy bien Clayton Trotter, de la
Justice Foundation, hoy se habla del “producto de la
concepción”, de “masa de tejidos” y términos semejantes. Y
añade,
“Todos somos una masa de tejidos. Todo ser humano lo es. Yo soy
cien kilos de masa de tejidos. Pero esto plantea la pregunta: ¿vamos
a proteger a esa “masa de tejidos”, o vamos a permitir que se
destruya indiscriminadamente?”.
El nuevo ser tiene un sistema de desarrollo distinto al de
la madre. No tienen la misma edad, ni los mismos órganos.
Los hechos científicos no se pueden cuestionar. Lo que se
puede ver al comparar el genoma y el ADN de la madre con
el del embrión incluso en la fase más temprana, es que se
trata de dos individuos independientes y distintos. Y por
distinto queremos decir que es un ente separado de su
madre, que no forma parte de ella, aunque se aloje
temporalmente en la misma.
Se trata, por lo demás, de lo único que puede crearse,
crecer, separarse luego y seguir vivo fuera del cuerpo
materno. Simplemente es un ser en progreso hacia la
independencia, con un plan definido de desarrollo, con
órganos propios, movimiento independiente, sensibilidad,
instinto de preservación y con alma… es, en definitiva, un
ser humano. Sólo se encuentra en una fase de su desarrollo
que requiere el soporte de la madre, como luego necesitará
ser alimentado, bañado, protegido y trasladado.
Preguntémonos por última vez entonces, ¿qué nos hace
humanos sino nuestra condición material y espiritual propia
de la especie a la que pertenecemos? ¿Lo determina la forma,
la independencia, el tamaño, ser visibles, el contacto con
otros, cierta etapa de desarrollo y otra no?
Aclarémoslo definitivamente. Forma: ¿y el deforme?
Dependencia: ¿y el bebé, el enfermo o el muy anciano?
Tamaño: ¿matamos también a los enanos adultos entonces,
por no tener ciertas medidas? Visibilidad o contacto: ¿y el
incomunicado, el preso, el inmunodeficiente? ¿Será que
tenemos que replantearnos si todos esos seres son alguna
otra cosa distinta a nosotros, y por tanto susceptibles de
muerte a voluntad de los que sí se consideran humanos?
No hay condición humana que amerite la muerte de un
inocente, y por eso no hay excusa para acabar con su vida,
atentándose directamente contra el mandamiento de no
matar si se hace caso omiso de este hecho.
La madre es responsable de la existencia del niño que
lleva en su vientre. El concepto del “derecho sobre el propio
cuerpo” es totalmente falso. Nadie tiene derecho a hacer
algo que atente contra un bien. Este error es similar al de la
libertad.
Si creemos en Dios y sus infinitas perfecciones (y como
católicos lo hacemos), entonces estar a favor de la “libertad”
de obrar como Él quiere o contrariarlo, es lo mismo que
decidir que a partir de hoy será igual ganarse algo
honradamente que robarlo, o cuidar a un niño que matarlo a
golpes. El “derecho sobre el propio cuerpo”, si atenta contra
otra vida, no es más que egoísmo criminal. Es, en realidad,
un “derecho de asesinato”. Y no se trata del cuerpo de la
mujer, porque allí hay una vida nueva, distinta de la suya.
Si entendimos hasta aquí que se trata de un ser humano
vivo e inocente que nos necesita, ¿qué podría justificar
matarlo? ¿La supervivencia de la madre? Porque está claro
que un estado emocional, por grave que sea, no admite un
asesinato ni lo vuelve legal en quienes ya han nacido.
Veámoslo. La madre, que debe velar por la vida que le fue
confiada y que significa continuidad de nuestra especie, es la
que puede voluntariamente sacrificarse si llegase el caso
eventual de esta necesidad de elección de una vida u otra. El
niño no puede decidir, y por tanto sólo sería víctima en
beneficio de quien decide tiránicamente sobre él. La madre
que se sacrifica por su hijo adquiere mérito por un acto de
generosidad y nobleza, mientras que el niño es forzosamente
pasivo e indeterminado en esta situación. Entonces, si todo
acto en la tierra es medido para la eternidad, ¿quién debe en
esa condición mostrar su amor a Dios y al prójimo actuando
virtuosamente, aún en desmedro de su propia vida?
La madre que muere por su hijo no se está suicidando, o
sea, procurando su propia muerte, sino permitiendo –
llegado el caso – que ocurra lo que tiene que ocurrir
naturalmente en ella, sin tomar la decisión a la cual no tiene
derecho, de matarse ni a sí misma ni a su hijo.
Por lo demás, los “permisos casuísticos” siempre
degeneran en abusos y desórdenes de todo tipo. Hoy
vivimos en una sociedad que perpetra un aborto cada 24
segundos, alrededor de 126.000 al día, lo que da una
espantosa cifra de aproximadamente ¡46 millones de
asesinatos materno-filiales al año!6. Muchos creen hoy que lo
peor que ha ocurrido en el mundo son las guerras mundiales.
Sin embargo, el aborto a estas alturas ha generado muchas
más muertes, y del peor tipo: la madre atentando contra su
propio hijo.
Si han habido matanzas genocidas históricas por raza,
posición social o nacionalidad (entre otras), ahora se hace
por la etapa de desarrollo. De todos los crímenes que ejecuta
el ser humano contra su propia especie, éste es
probablemente el más extendido y brutal de todos, y la
sangre inocente clama a diario por la justicia divina.
Pero continuemos con esta idea de la “salud de la
madre”. ¿Sabe usted que en Estados Unidos, por ejemplo, el
aborto se puede realizar durante los nueve meses de
embarazo por esa causal, y que “la salud” se definió como
“la salud mental”?
“¿Y qué diría una joven asustada, por ejemplo, sobre si tiene
problemas o sobre si puede finalizar su embarazo?”, pregunta
Carol Everett – ex dueña independiente de clínicas abortistas
–, para luego responder: “Diría que sí, y eso se marcaría en el
informe psicológico”. De esta forma es como se abre el permiso
para matar al niño a cualquier edad gestacional. Esto quiere
decir que ya no importa si es un ser humano o no, ni si es
viable su existencia independiente o no lo es. Lo que quieren
6
Según datos suministrados por The Alan Guttmacher Institute, centro de Investigación
del mismo Planned Parenthood, no “acusable” precisamente de ser una entidad “provida”.
es terminar esa vida como sea, y nada tiene que ver con
ciencia, con justicia, ni con "derechos humanos" claramente
tan mal comprendidos.
Ahora, ¿quiere saber por qué se ha modificado la causa de
aborto por la de “daño psicológico” en lugar del físico que
tanto se esgrime como argumento casuístico “de fuerza”?
Fue así porque el 99% de los abortos se practican sin
ninguna razón médica real7.
Pero veamos, de hecho, algo más en relación a la
verdadera salud mental de la mujer. Lo cierto es que las
consecuencias psicológicas dependen en gran medida de la
calidad moral de quien actúa mal, tanto si no asume su
condición, como después de haber incurrido en un crimen.
Por otra parte, si cualquier práctica médica tiene el deber
de notificar al paciente acerca de los potenciales riesgos
posteriores a cualquier tratamiento, remedio o intervención,
lo cierto es que nadie le dice a las mujeres qué puede suceder
con el aborto antes de que tomen una decisión que además
de todo lo antes dicho puede causarles serios daños a ellas
mismas, incluso por décadas. Es lógico que sea así, dada la
antinaturalidad criminal del hecho.
El doctor John C. Willke dijo al respecto: “Es más fácil
sacar al niño del útero de su madre que sacarlo de su pensamiento”. Y
“Why can't we love them both?”. Dr. John Wilke y Barbara Wilke. Hayes Publishing
Company. 2000.
7
es que a los numerosos riesgos físicos que implica el aborto
provocado para la mujer hay que añadir el frecuente y
silenciado Síndrome Postaborto (SPA).
Una psiquiatra española, la doctora Carmen Gómez
Lavín, explicó que las consecuencias psicológicas del aborto
que se dan con más frecuencia son “cuadros depresivos que se
acompañan de un sentimiento grande de culpabilidad”. Y una
psiquiatra canadiense, la doctora Susan Standford, ha ido
más allá, explicando las tres fases de este proceso:
desasosiego y tristeza; se revive continuamente el momento
traumatizante del aborto de un modo muy profundo; y
finalmente llega una gran depresión.
En un estudio norteamericano sobre 500 mujeres que
abortaron, los investigadores encontraron que el 50%
expresaban sentimientos negativos, considerándose que más
del 10% había desarrollado “complicaciones psiquiátricas
serias”8. Y en una encuesta a más de 100 mujeres que habían
sufrido trauma post-aborto, el 80% expresó sentimientos de
auto-odio. En el mismo estudio, 49% reportó abuso de
drogas a partir de este hecho y 39% comenzó a beber
alcohol en exceso. Además, el 60% informó ideas suicidas,
con 28% que lo intentaron realmente, de las cuales la mitad
trataron de lograrlo dos o más veces9.
8
"El proceso de toma de decisión y el resultado del aborto terapéutico". Friedman,et.al.
Periódico Americano de Psiquiatría. 12/12/1974. vol.131, págs. 1332-1337.
9
"Criterio para la identificación de pacientes de abortos de alto riesgo: análisis de una
encuesta en profundidad de 100 mujeres que abortaron". Reardon. Presentado en la
Sesión de 1987 de la Asociación de Investigación Interdisciplinaria, Denver.
Otros estudios dentro de las primeras semanas después
del aborto han descubierto que entre 40 y 60% de las
mujeres consultadas informaron reacciones negativas10.
Dentro de las ocho semanas tras sus abortos, 55% expresó
culpa, 44% se quejó de desórdenes nerviosos, 36% tuvo
perturbaciones de sueño, 31% se arrepentía de su decisión y
el 11% había recibido prescripción de medicina
psicotrópica11.
Por supuesto, nada de esto se le dice a la aún embarazada
cuando se pretende que aborte. Y lo mismo sucede con
otros potenciales peligros de los que “convenientemente”
jamás se habla. Por ejemplo, el Journal of the National
Cancer Institute, el ya lejano – a estos efectos – 2 de
noviembre de 1994, publicó un informe según el cual los
investigadores del Fred Hutchinson Cancer Center de Seatle
descubrieron que las mujeres que habían tenido un aborto
inducido tenían un 50% más de probabilidad de desarrollar
cáncer de mama que el resto. Además, el daño cervical
producido por abortos inducidos aumenta el riesgo de
aborto espontáneo, nacimiento prematuro y complicaciones
de parto durante embarazos posteriores entre el 300 y el
500%12. ¿Alguien les advierte todo esto? Por supuesto que
no.
10
"Mujeres que abortaron, no más silencio". Reardon. Chicago: Loyola University
Press. 1987. "Pasaje a través del aborto". Zimmerman. Nueva York. Praeger Publishers,
1977.
11
"El resultado psicosocial del aborto inducido". Ashton. Periódico Británico de
Ob&Gyn. 1980. vol.87,págs. 1115-1122.
12
"Secuelas tardías del aborto inducido: complicaciones y resultado del embarazo y el
parto". Harlap y Davies. Periódico Americano de Epidemiología, 1975. vol.102, nro.3. /
"Impacto del aborto en la subsiguiente fecundidad". Hogue. Clínicas en obstetricia y
ginecología. Marzo de 1986. vol.13, nro.1. / "Problemas de fertilidad tras el primer
embarazo abortado". Lembrych. Ed. Hilgers, et.al., Nuevas Perspectivas sobre el aborto
La realidad es que a pesar de hablar de “libertad de
elección” u “opción”, el mayor número de los abortos (80%)
ocurren con poca información y bajo coerción ambiental.
Así, la mujer decide hacerlo por desesperación, crisis o
desaprobación del entorno. En ello no hay "libertad de
elección", sino coacción, de la cual se aprovechan los centros
abortistas, mal aconsejándola para que aborte, que es como
ganan dinero.
Se trata, por cierto, de un negocio millonario, que sólo en
España, por poner un ejemplo, se calcula en una ganancia de
50 millones de euros al año. La misma arrepentida abortista
norteamericana Carol Everett, antes mencionada, – y
responsable, como ella misma reconoce, de 35.000 abortos a
través de sus centros –, explicó de su propio caso:
“Las clínicas se amortizaban en el primer mes. El plan era abrir
tres clínicas más en el ‘83, para que yo pudiera ser millonaria en el
‘84”.
Veamos un ejemplo impresionante en el reporte de ACI
Prensa del 17 de abril de 2002, donde se informaban los
siguientes datos:
humano. Frederick, Md.: University Publications of America, 1981. / "Algunas
consecuencias del aborto inducido para niños nacidos posteriormente". Wynn y Wynn.
Periódico Médico Británico. 3/3/1973. Y Fundación para la Educación e Investigación
en embarazo. Londres. 1972.
“Desde 1977 Planned Parenthood ha recibido 815 millones de
dólares por concepto de procedimientos abortivos. Sólo en el año
2000 recaudó más de 68 millones de dólares por concepto de
procedimientos abortivos. Estos procedimientos representan el 29%
de los ingresos de Planned Parenthood. Durante el año fiscal 2001,
el 30% de sus ingresos provinieron de fondos tributarios. La cifra
anual de abortos practicados por Planned Parenthood ha crecido
progresivamente desde 1994. Sus ganancias en los últimos quince
años, superan los 454 millones de dólares. En el año 2000
practicaron casi el 15% de todos los abortos en territorio
estadounidense. Planned Parenthood ha practicado más de tres
millones de abortos desde 1977".
Y el dinero así generado en cada país se reinvierte en
parte en las campañas políticas que apoyan a los candidatos
que luego lo mantendrán vigente, como mínimo sin hablar
en contra de quienes les financiaron. Y como el silencio es
consentimiento, todo líder que calla la realidad actual está
ayudando a perpetrar el genocidio de su propio pueblo.
El aborto, además del evidente asesinato, afecta física,
emocional y espiritualmente a quienes lo producen,
empezando por la madre. E incluso a nivel metafísico, hay
algo muy grave que comprender: con esta política de la
supuesta "libertad de elección" se ha logrado que millones de
mujeres a nivel mundial, incapaces de cometer delitos aún
menores e incluso cuidadosas de no contravenir una ley
higienista como la de no fumar en lugares públicos, se
conviertan masivamente en asesinas de sus propios hijos.
Mujeres que luego caminan por las calles como cualquiera,
sin ser juzgadas ni mal consideradas por nadie, e incluso
compadecidas por el "problema" que las llevó a este acto
salvaje, sin dedicar en ciertos casos ni siquiera un
pensamiento al niño muerto por decisión de quien debía ser
su máxima protectora. ¿Esto no es, acaso, una muestra de
grave descomposición social y moral?
Por la absoluta comprensión de la gravedad y
criminalidad de esta práctica, el Código de Derecho
Canónico de la Iglesia dicta que, sin ninguna excepción:
“Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión
latae sententiae”13.
Hoy miramos con conmiseración, cuando no con
orgulloso desdén, al hombre antiguo que creía que el mundo
era plano y estaba más atrasado en ciencia y tecnología. Sin
embargo, nosotros negamos su humanidad al niño por
nacer, y con mucha mayor culpa, porque tenemos los
medios para conocer, y un acceso a la educación que debería
ayudarnos a usar la capacidad de razonar que Dios nos ha
otorgado. En cambio, dogmatizamos ideas como la similitud
del feto con el perro, el pez o el caballo, y descuartizamos
niños más por conveniencia que por otra cosa, mientras
luchamos denodadamente por “el derecho de los animales”.
13
Se refiere al tipo de excomunión en que se incurre automáticamente. Se cae en tal
sentencia de excomunión “por el sólo hecho de haber cometido la ofensa” (Catecismo
de la Iglesia Católica - CIC - 2272)
¿En qué posición nos deja esto ante la verdadera
civilización, de la que hablamos pero que bien poco
conocemos? ¿Podemos los católicos desentendernos de este
horror sin hacer nada por intentar hacerlo retroceder? ¿Con
qué ojos mirará Dios estas atrocidades cometidas ahora, en
este mismo instante en que usted lee estas palabras, en
numerosos lugares de la tierra, como un crimen impune que
se extiende cual lepra incontrolable, bajo el infame título de
“libertad de opción”?
Rogamos a los Santos Inocentes su intercesión para que
la gracia adquirida en su cruenta inmolación ayude en estos
duros tiempos a defender la vida de millones de próximas
víctimas inocentes, y repugnar de los métodos y sofismas de
quienes perpetran y/o apoyan este crimen abominable.
Esta obra se acabó de reimprimir en
los talleres gráficos de Centro
Cultural Boanerges para la defensa y
divulgación de la fe católica,
a 13 días del mes de mayo de MMIV,
fiesta de Nuestra Señora de Fátima,
Reina de la Paz y Luz
en las tinieblas de los Últimos Tiempos.
FINIS CORONAT OPUS
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