francisco largo caballero

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ego sum
francisco
largo caballero
u tiro
de fusil
—Esconde el cigarrillo; ahí
viene papá...
—Esconde la botella; ahí
viene el chico...
(De Vetcherinaia, Moscú.) á
—¡Atiza, nos
hemos dejado olvidado a Julio!
(De Ballyhoo,
Nueva York.)
EL MARIDO.—Te hubiese matado ya si encontrase dónde esconder el cadáver.
(De New
Yorker.)
(De Smith's Weekly, Sidney.)
(De Ufe, Nueva York.)
andas, Daniel?
DANIEL.—Eeenn Ulaa cu-cu-eeva dee lo-o»
le-leones.
—¿Me pide usted la mano de mi
hija? ¿Sabe usted coser, lavar y cocinar?
—¿Por qué diablos me pregunta
eso?
—Porque mi hija no sabe...
(De Le Miroir du Monde, Parí».).
Gutierre
EL POBRE
-¡Vaya un grano que me ha salido!
-[Y es gordóni
MADRID. 12 DE AGOSTO DE 1933—AÑO V1I.—NUM. 316.
Redacción: Paaeo d» S u Vicenta, 20.—Teléfono 19680.—Buaerlpdóa: Madrid, 7,60 Kmeatre; 14 «fio.—Proriaeia*: 8 aemeitre; IB aBo.—Kxtraa}*ro: 1.1,60 Mnaitr*; 24 alio.—Diaa d» pago: IUDM de elnco a tiete.—Para
la baeaa marcha de aneatra eaatabiUdad debes cobrarte loi erlflnalee
aatea de paaadei tree aeaea deede en publicación, pae« tranaeorrlde eee
tiempo ae entenderá qae raaoxdaa al cobro i n i aatorea.—Loe «Amaro*
atraaadoe de eeta rerlíta ae Tandea al areeie corriente «n el kieaee áe
la calle da Aléala, frente al teatre Alkáiar. — K-HITO, Uírorter.
MARCELINO
LA
FIESTA
N A C I O N A L
resulla que estábamos equivocados y que don
marcelino domingo ortega es un verdadero nacha
¡a
v e r
No nos duelen prendas, y si alguna vez nos
equivocamos, porque es de humanos, en seguida nos apresuramos a rectificar. Y esto por
nuestra propia voluntad y sin que sean precisas presiones de nadie.
Decimos esto porque aquí todo se sabe y en
seguida empiezan las suspicacias y los malentendidos. Por lo tanto, antes de que nadie pueda adelantarse a nosotros, queremos explicar a
nuestros bien vestidos lectores todo lo que nos
ha ocurrido desde que, en nuestro último número, le dimos aquel palo tan enorme a don
Marcelino Domingo Ortega, diciendo que si
era un camelo y que si tal y que si cual.
Ahí va eso.
Advertimos a nuestros lectores que todos los redactores de este periódico tienen orden de ser imparciales en sus escritos y escribirlos con la menor cantidad posible de faltas de ortografía.
Apenas publicada nuestra crónica anterior,
que, como ya decimos y recordarán ustedes,
era un palo para don Marcelino Domingo Ortega, recibimos la visita de un señor que, después de saludarnos muy afectuoso y de darnos
un cigarro puro como un torpedo, nos dijo:
—Hombre, usted que tiene esa cara de listo
tan grande, parece mentira que se meta con
Ortega.
—Uno en su modestia...—contesté con rubor.
—'Nada de modestia, noy. Ascolta: A Ortega le interesa el tener buenos amigos en una
redacción tan culta y tan elegante como la de
GUTIÉRREZ.
—Muchas gracias; es favor.
—Ni favor ni res. Los negocios son los negocios. Ortega no quiere recibir más palos desde esas columnas.
—Pues se va a ver negro, porque es lo que
más nos gusta.
q u i é n
m e j o r a
de
eso
I os
—Se aguantan las ganas. Hay quinientas pesetas al año para vermú.
—¡Caballero!—exclamamos todos los redactores a coro—. Usted no nos conoce. Ante una
cantidad tan insignificante no podemos ofrecerle más que nuestros respetos. ¡Los de GUTIÉRREZ no se venden!
—Perdonen, perdonen. Claro, uno no entiende de esto de los periódicos y se pone uno nervioso. Por cierto que donde he dicho quinientas pesetas quise decir mil.
—Agradecemos el aumento, pero la cifra aun
constituye una ofensa.
—¡Mil quinientas!
-—¡Caballero! No nos coloque en el precipicio.
—¡Dos mil!
—¡Caballerito! No sea usted asi, hombre.
—Dos mil doscientas cincuenta, ni un céntimo más.
—Es poco. Nuestra dignidad...
—Basta. Me voy.
—Aguarde, hombre, aguarde. Decía usted
que dos mil doscientas cincuenta...
Advertimos a nuestros lectores que todos los redactores de este periódico tienen orden de ser imparciales en sus escritos y escribirlos con la menor cantidad posible de faltas de ortografía.
Ni que decir tiene que al ver como alguien
pretendía comerciar con nuestra pluma, obligándonos a vender nuestros adjetivos encomiásticos y reprimiendo la justicia periodística
que solemos hacer en estas columnas, la indignación nos rebosó corazón arriba y nos vimos
obligados a arrojar violentamente a la persona que así trataba de hacer pagar nuestro
honrado trabajo con un cacho de pan cualquiera.
A nosotros faenitas, no. ¡Nos ha araoiao!
La imparcialidad ante todo.
EL NOVIO DE LA CHACHA, por. BLUBF
—¡Infame! ¡Y me dijo que era capitán general!
—Sí; con mando en plazuela.
,
b
a r r e n d a m i e ntos!
Y miren ustedes por qué casualidad más casual, con toda nuestra imparcialidad a cuestas,
acabamos de caer en que estábamos equivocados respecto a Marcelino Domingo Ortega
juzgándole como le juzgábamos en nuestro número anterior.
Porque resulta que Marcelino Domingo Ortega es un verdadero hacha en la profesión
taurina. Vergüenza debía darles a sus detractores: si es que los tiene, que lo dudamos, de
meterse con un hombre que sabe torear tan
estupendamente y que tiene una administración tan perfecta.
¡Y luego lo guapísimo que es y lo simpaticote!
Y lo que entiende de agricultura, que cuando va por e! campo con sus amigos da gusto
oírle diciendo:
—Mira, aquello es un chopo. Eso un olivo;
lo de allí un manzano,
Aunque no solamente es eso, porque, en honor a la verdad, hay que reconocer que además
de decirlo acierta algunas veces. No siempre,
porque los campos españoles están muy descuidados y casi nunca tienen los letreritos necesarios en los árboles; pero es mayor mérito
eso de acertarlos a simple vista.
Otro detalle bueno de Marcelino es el de los
Arrendamientos rústicos, que yo no sé lo que
son, porque en cuanto veo algo de ello en la
prensa me lo salto y leo los crímenes; pero
que a juzgar por el jaleo que ha armado debe
ser una cosa muy seria. Pues Marcelino lo ha
resuelto en seguida a gusto de todos. A gusto
de todos, porque al que le conviene, encantado, y al que le perjudica no le queda más que
aguantarse y esperar otros tiempos arrendatarios. ¿Hay grasia o no hay grasia?
Finalmente diremos que desde ahora somos
de Marcelino. ¡Ay, sí, si! ¡De Marcelino o de
la tumba fría! Que con este calor no sabemos
qué elegir, la verdad.
—Chico, extiende un recibo de dos mil doscientas cincuenta pesetillas.'
ANGELITO
"GUTIÉRREZ"
EN
BERLÍN
en alemania ya no quedan más que cuatro judíos, y esto *^gj
para no estropearles la partida de tute *f
i nuestro sagaz corresponsal)
algo privilegiadamente asqueroso ver de cerca io que
se está haciendo en Alemania
con estos pobrecitos judíos,
sin tener en cuenta que casi todos prestan a
la humanidad infinitos y renovados servicios.
Se me dirá que se trata de préstamos al noventa por ciento y con una tasación inicial
repugnante; pero, bueno, ¿ustedes conocen algún sitio donde se preste en mejores condiciones? Porque si lo hay, yo agradecería que
me enviasen las señas para remitir inmediatamente el piano.
No; lo de aqui no tiene explicación. Es
como la permanencia de los socialistas en el
Gobierno Azaña. Se enuncia y se comenta,
pero no lo explica ni Torres Quevedo.
Ahora mismo acabo de presenciar desde la
ventana de la cervecería un espectáculo que
me ha obligado a sacudirme ocho dobles con
presión.
Bajaba por Goethestrasse un caballero decentemente vestido, o sea con americana,
chaleco y pantalones, portador de cuatro cosas inconfundibles: una perilla, un. cuello de
celuloide y dos tacones de goma.
Un judío, evidentemente; aquí y en la Sinagoga de Toledo.
Pues bien; este señor, que la ñnica molestia que producía era ir recogiendo del suelo
todos los alfileres y todas las cerillas usadas
que descubría, al llegar cerca de la cervecería donde yo estaba, fue abordado por un caballero alto, atlético, con andar de elefante
deportista.
Pocas palabras y todas ininteligibles para
mi.
E, inmediatamente, sin un "¿me permite usted, caballero?", o un "¿tiene la bondad?", el
tío paquidérmico se agarró a la estilizada perilla del sefardita y, ¡zas!, se la arrancó de
cuajo y se la colocó en el ojal de la americana como si fuera una gardenia.
Luego me he enterado que esta escena se
repite hasta seis mil veces en el día, sin que
digan una palabra ni los despojados ni el gremio de peluqueros.
—Pero, bueno, ¿y cómo se toleran estas cosas?—le pregunté a un señor que es ingeniero embalador.
—¿Qué? ¿Lo de la perilla? Es una broma
tudesca resucitada por el "fürher".
—¿Y esa gente no se queja?
—Hay algunos que sí; los que tienen barba
cerrada. La inmensa mayoría prefieren reservarse, y hacen bien. Si se pusieran a vociferar como náufragos primerizos por una
fruslería así, ¿qué iban a dejar para los descuartizamientos en serie y el número de la
apisonadora?
He dicho apisonadora y no quito ni una
tuerca, porque hay que decir toda la monstruosa verdad.
En un principio se empezó a destruir a los
judíos con procedimientos caseros, tales como
la lluvia torrencial de estacazos en el cráneo
y la patada certera en el bulbo raquídeo.
Más tarde, comprendiendo que así se iba
a tardar demasiado tiempo, se racionalizó el
trabajo. Es la era del cortafiambres, la sierra
eléctrica y la apisonadora.
Esta segunda etapa, aunque fructífera, tam
poco dio un resultado demasiado brillante.
Tenía el grave inconveniente de que, a pesar
de lo científico del medio, siempre había un
poquitín de espectáculo, más que nada por los
gritos tendenciosos de los interesados.
Asi que, por último, se ha puesto en circulación un poliasesinato que es la sublimación de la crueldad y de la cobardía.
Consiste en lo siguiente:
Un agente "nazzi" disfrazado de banquero
pasa por una calle en la que habita un millar
de judíos.
Como el que no quiere la cosa, el agente
saca el pañuelo, deja caer una moneda de
diez céntimos y sigue su camino.
En el acto pueden comprobarse los fenómenos siguientes:
No bien ha tropezado la moneda contra el
suelo, todas las ventanas y todas las puertas
se abren vertiginosamente.
Mil tíos con ojos de paludismo salen a la
calle como si los persiguiera una manada de
leones parados.
Los nrl tíos buscan desesperadamente la
moneda caída, y en cuanto descubren donde
está, ¡bum!, se lanzan sobre ella cuchillo en
mano.
Cuando termina el combate entre los dos
últimos aspirantes a la moneda, apenas si han
pasado ocho minutos.
En este momento bellísimo, el nazzi" vuel-
ve a aparecer en el proscenio para representar la escena final. Se acerca al judío vencedor, Je quita la moneda, y, naturalmente, el
sefardita se pega un tajo vigoroso en el cuello y la diña, prefiriendo espantosas maldiciones de la época de los Reyes Católicos.
Esto es todo.
Sencillito. Baratito. Y centroafricanito.
Y no digamos la que se organizaría sin en
el simulacro se empleara un billete de cien
marcos en vez de la modesta perra gorda.
Ese día hay que avisar a Remarque para
que describa el suceso.
L. PIELTA1N
\ calor
cal que hace por a
Señoritas derretidas.
NUEVA YORK.—En este pueblo, que es
donde siempre pasan las cosas más raras, ahora sí que ha pasado una de no te menees.
Resulta que el calor es tan grande, tan grande, que las compañías de ferrocarriles han decidido echar en las calderas de las locomotoras
barras de hielo en vez de carbón, y aun asi
las barras están echando lumbre antes de meterlas en la caldera.
Bueno, pues como iba diciendo, ayer salieron
de paseo unas señoritas y se pusieron a esperar un tranvía, el 17-H, que hace el recorrido
por la calle de Hortalerston. Este es un tranvía
que tarda mucho en llegar, y, en efecto, cuando
apareció el primer coche, en vez de las señoritas habia unos charquitos.
Un guardia se creyó que las señoritas habían
hecho pi-pi y se habían ido, pero al ver encima
de los charcos los zapatos, las medias, los bolsos, etc., se pudo comprobar que se habían
derretido.
La gente aquí va en calzoncillos a la oficina
y por el camino le da diez céntimos a todos los
regadores que encuentra para que le enchufen
la manga, pero ocurre que el agua sale hirviendo, y ya van escaldados lo menos cincuenta pollos neoyorquinos.
Bueno, ¡es que pasa cada cosa en Nueva
York!
Noticia sensacional.
Anoche se recibió en Madrid la sensacional
noticia de que en la punta de un pico de la sierra de Guadarrama, y detrás de una piedrecita,
y junto a una mata de tomillo, había sido des-
cubierto un depósito de nieve de lo menos cuatro kilos.
Al conocerse la noticia se produjo el consiguiente revuelo y se pusieron en marcha hacia
la sierra varios millares de personas, unos en
autos, otros en tren y otros en bicicleta.
A la hora de cerrar nuestra edición se sabe
que alrededor de la nieve se han instalado numerosas tiendas de campaña de excursionistas
que piensan permanecer allí todo el verano metiendo la cara y las manos en la nieve que, al
parecer, es perpetua.
Por dormir en la nevera.
Don Zótimo Sánchez, de cuarenta y cuatro
años, tuvo la mala ocurrencia de, estando sudando como un pollo, meterse a dormir en la
nevera que tiene en su domicilio.
¿Saben lo que le pasó? Pues que todo el sudor que le iba saliendo de los poros empezó
a helarse, y al cabo de un rato don Zótimo se
encontró encerrado en una barra de hielo formada por su propio sudor.
Cuando acudieron sus familiares, lo primero
que hicieron fue abrir un agujerito a la altura
de la boca y meter una pajita para que respirara, y por allí don Zótimo les manifestó que
no le sacaran hasta septiembre, porque allí se
está muy bien.
Por la pajita le pasan leche, huevos batidos,
garbanzos machacados y otros alimentos por
el estilo, y otras veces también le ponen un pitillo en la punta y por allí chupa y echa el
humo.
Están acudiendo muchos curiosos a ver a
don Zótimo dentro de la barra de hielo.
A
ANUNCIOS CONOCIDOS, por MORAN
Vacaciones sin "quorum" ton vacaciones perdidas.
mujer
Págirtia de
oor
el
crónicas veraniegas
Por fin he salido de la cárcel
de Baden-Baden, gracias a una
curiosa estratagema que ofrezco a
mi buen amigo Gandhi, a ver si
le da mejor resultado que la anticuada fórmula de la huelga del
hambre. Mi fórmula podría denominarse la huelga del hartazgo, y
resulta mucho más bonita y nutritiva que la otra.
Yo desarrollé esto de la siguiente manera: el primer día de mi encierro a la hora del rancho pedí
doble ración. No me hicieron caso. Al día siguiente lo mismo, y
al otro igual. A los tres dias se
presentó el inspector de cárceles,
que era uno de los pocos señores
que usamos barba, y nos preguntó a todos ¡os presos si teníamos
alguna reclamación que hacer.
Le dije que si y que no me daban de comer todo lo que quería, con lo cual los carceleros
agravaban de una manera innecesaria mi lamentab e situación,
pues un preso ya hace bastante
con estar en la cárcel para que
encima vengan regateándole la comida. Ademas, que en mi calidad
de preso turista consideraba como un desprestigio para BadenBaden que en una cárcel de tanto postín se comiera tan rematadamente mal. Finalmente me di a
conocer como periodista para público femenino y elegante y janeé la amenaza de que si mis peticiones no eran atendidas en el acto jamás aconsejaría a ninguna de
mis lectoras de GUTIÉRREZ que se
dejase encerrar en la cárcel de
Baden-Baden.
Como no podía menos de ocurrir, esta amenaza dio en la mitad de la yema, como vu garmente se dice, y surtió el electo apetecido, como también se dice vulgarmente para dar a entender que
una cosa ha dado el erecto que
apetece uno. Estos lugares de lujo viven del publico "chic" y temen como una epidemia cualquier
propaganda en contra suya. Por
eso accedieron a darme de comer
todo cuanto quise en la temporada que duró mi encierro.
No quisiera yo presumir ante
mis queridas lectoras de ser extraordinariamente comilón porque
no vayan a tomar esta actitud
por una presunción ridicula. Asi,
pues, me limitaré a referir los
acontecimientos tal como ocurrieron.
A los ocho días de estar allí
pegándome la vidorra padre, y
cuando más entusiasmado me encontraba, irrumpieron en mi celda
ocho señorones vestidos de negro,
con chisteras y bigotes, que durante mucho rato me contemplaron en silencio. Al fin uno de
ellos, más decidido, preguntó:
—¿Qué tal va ese estómago?
¿Hace bien las digestiones?
TTI&QO
daño
libertad, tienes nombre de mujer
—Estupendamente—respondí.
—¿De verdad, de verdad?
—De verdad.
—Pero, ¿ni acidez?, ¿ni pesadez?, ¿ni un poquito de hiperdorhidria siquiera?
—Nada de eso, señores. Tengo
el estómago de roble.
Los ocho señores adoptaron una
actitud de desaliento que me dio
pena. Hubo otra larga pausa, y al
final otro de mis visitantes preguntó de golpe y porrazo:
—¿A usted no le gustaría verse
en libertad?
—¡Hombre, si! Me gustaría,
contesté.
—Pues es muy fácil, queridísimo amigo. Hay un medio muy
sencillo, que ha dado siempre excelentes resultados.
—¿Cuálo?—interrogué en el argot especiai de presidio.
—Declarar la huelga del hambre. Si sabe usted declarar la
huelga del hambre y sostenerla
una temporada como un señorito,
no le quepa duda de que terminarán por dejar.e en libertad. Es
la costumbre.
—Es una idea magnífica como
la fachada de la catedral de Burgos. ¿Y qué tengo que hacer
mientras dure la huelga del hambre?
—No comer absolutamente
nada.
—¿Ehhhh?
-—Ni pizca. La libertad lo
exige.
-—¿Pues sabe usted lo que le
digo? Que a ese- precio ni la libertad ni "el New York Herald"
de Chicago. Me quedo aquí hasta
el día del Juicio anochecido.
—Por su delito no hay que formar juicio.
—Me refiero al Juicio final.
Esta frase y mi actitud decidida causaron tal impresión en mis
oyentes que, sin pronunciar una
palabra más y abandonando tres
chisteras y un bigote, salieron de
la celda. Entonces llamé al carcelero y pedí un "ragout" como
refresco y unos macarrones a la
italiana para postre.
Los macarrones estaban riquísimos.
Transcurrieron seis días más,
durante los cuales comí a mis anchas, y pude enterarme, por una
conversación sorprendida a los
carceleros, que en Baden-Baden se
notaba cierta inquietud por la insuficiencia de comestibles, porque
cada día era mayor el pedido que
hacían de la cárcel, y que el alcalde temía algunos desórdenes
del pueblo, que veía acercarse el
momento de ayunar indefinidamente.
Empecé a recibir prospectos de
propaganda sobre el vegetarianismo y una cantidad abrumadora
de anónimos, en los que unas veces se me rogaba por piedad que
me pusiera a régimen y otras se
me amenazaba con envenenarme
los alimentos. Yo, como hombre
superior al fin y al cabo, sólo tuve
—Te confieso, Eusebio, que he conocido a una mujer que me roba
el sueño.
—¡Pero, hombre! ¡A tu edad ya! ¿Se puede saber quién es la dama!
—Mi mujer. ¡Si la oyes roncar!...
una sonrisa desdeñosa para estas
cartas y pedí un vermú.
Por lo que luego he sabido, la
noticia de quo yo pedía vermú y
que, por lo tanto, era de temer
que se me abriera aún más el apetito, circuló con la rapidez del
rayo y aquella noche se formaron
nutridas manifestaciones de millonarios y aristócratas que cantaban la Internacional y daban vivas al comunismo, a ver si por
este medio conseguían enternecerme y me decidía a compartir con
ellos mis manjares. Pero, claro,
eso es no conocerme a mi.
A la mañana siguiente volvieron a visitarme los ocho enchisterados señores, que, ya sin ambages ni panemas, me dijeron que
aquello no podía seguir así y que,
o comía menos, o me buscaba otra
cárcel, porque ellos no podían soportar tanto gasto.
Les contesté que lo sentía, porque allí me encontraba muy a
gusto; pero que si ellos me despedían, aun con el corazón traspasado por la pena, me tendría
que marchar de allL.., ¡quién sabe
adonde!...
Ocho lágrimas furtivas vi deslizarse cautas de los ojos derechos
de aquellos ocho señores. Yo también sentí un ahogo, una sensación de asfixia, una opresión en el
pecho...
Dicen que no son tristes
las despedidas!
iDile a quien te lo ha dicho
que está apañao!
¡Qué momento aquel de dar mi
mano a los dueños de la cárcel!
¡No lo olvidaré jamás!
—Le daremos un certificado de
buena conducta para que pueda
entrar en otra cárcel el día de mañana—me dijeron.
—Gracias—contesté, y añadí en
seguida—. Pero creo que se les olvida darme algo más.
—¿El qué?—preguntaron espantados.
-—Está bien claro — repuse—.
Ustedes me despiden por su conveniencia, ¿no es eso? Pues la ley
marca bien claro que me tienen
que dar el sueldo del mes corriente y otros tres más en concepto de
indemnización.
—¡Pero, hombre!...
—Ni pero, ni hombre, ni na. O
se sacuden ustedes la pasta o me
voy al Comité Paritario de Presos
Internacionales.
— ¡ ¡ No!!—gritaron aterrados—.
¡Al Comité Paritario, no! ¡Antes
la muerte!
Y temblando como unos azogados me dieron cuánto dinero
quise.
Ya fuera de la cárcel, aun escuché sus voces temblonas murmurando:
—[Al Paritario, no! ¡AI Paritario, no!
CARTAS DE MUJERES, por Dalmáu^
LETREROS
JUEGOS RECREATIVOS
"Se alquila, sin."
(FRANCHY ROCA.)
"No tocar; peligro de muerte."
(LARGO, DE LOS RÍOS y PRIETO.)
"Empujad."
(GIL ROBLES.)
"Composturas en veinticuatro horas."
(AZAÑA.)
"£e prohibe hacer aguas."
(COMPANYS.)
CH1STOFOBIA
—¡Caracoles! Parece ser
q u e los
agrarios se han puesto a ayudar a
Azaña.
—¿A ayudarlo a bien morir?
—¿Sabes que los socialistas piensan
construir una nueva Casa del Pueblo?
—¿Casa del Pueblo? ¡Será un "chalet"!
—¡Hombre! ¿Y esa rotativa? ¿Han
respondido bien los s'mpatizantes?
—Si; han respondido que compremos
una imprentilla.
El juego de "San
DIVERSOS
Pantakón"
Una cosa muy divertida para estas
tardes de verano en que todo se va
haciendo ya tan pesado, tan pesado, es
el bonito y movidísimo juego de "San
Pantaleón" que se ejecuta de la siguiente manera:
Se llama a todos los amigos y conocidos y con todos juntos se forma un
corro (en latín, "quorum").
Se agarran todos de la mano y empiezan a moverse al mismo tiempo que
se lían a cantar:
"San Pantaleón,
que cuantos son.
Ciento óchente y Manolón.
Plata pura
para este "cura";
coche ligero
para Cordero;
coche sencillo
para Carrillo.
Cucurucú, que te vuelvas tú."
Y al decir esto van volviendo todos
la espalda al "quorum", digo, al corro,
hasta que no quede más que uno, que
coge y se marcha a su casa muy enfadado.
¡Es más divertido!
¿Cuál es el país donde mejor se
come?
—¡...!
¡Bareelona, porque siempre se están
atracando "1
¿A qué no sabe usted cómo resuelve
el Consejo de Ministros los problemas
que se le presentan?
—I...!
¡Pues por la regla de tres! (Largo,
De los Ríos y Prieto).
¿Por qué la situac'ón política no llegará nunca a tener cura?
—¡...!
¡ Porque estamos en un Estado laico,
hombre!
ADIVINANZA
Impero en la estratoesfera,
en la Cámara (y lo siento),
en el cerebro de muchos
y en las arcas del Ayuntamiento.
Si no sabes lo que soy
te lo soplo en un momento.
SOLUCIÓN: (¿Qué dice usted? ¿Qué
la letra t? ¡Use ron-quina, porque se va
usted a quedar calvo!)
EL AIRE.
CANTARES
A tu puerta hemos venido
cuatrocientos en rebaño;
si quieres que descansemos,
¡no nos saques un escaño!
Tres cosas hay en el mundo
que no entiende ni Papús;
la "Ilíada", el comunismo,
y la actitud de Lerroux.
Diz que no se van, pues tienen
aún quehacer largo y tendido.
¡En leyes nunca les falta
un roto "pa" un descosido!
CURIOSIDADES
La palabra "socialista" es hoy día el
sésamo, ábrete" de "Ali Baba o los
cuarenta ladrones".
El sanatorio mejor de España está en
la calle de Piamonte.
Parece mentira que en esa calle pueda ser tan sano, ¿verdad? ¡Pues si vieran ustedes qué gordos y qué lucidos
se ponen todos los que están en él!
El "crucero" por el Mediterráneo se
denomina asi por las muchísimas personas a las que ha dejado haciéndose
cruces.
JUGANDO A LOS MINISTROS, por ORBEGOZO
—lQuJ¿s sabe, quién sabe! ¡A lo mejor algún día llegará a serlo "de verdad"!...
—Oiga, usted. ¿Dónde está metido
Vihuales?
—¿Qué dice usted?
—Que ¿dónde está Viñuales?
—¡Pero, hombre; vaya una curiosidad!
EL ECO DE VILLABERZOTAS
Periódico semanal de gran circulación en este
Director y ordenanza: A- G.
DALMAU
pueblo. — Se publica los días I y 15 de cada mes
AÑO 1933
- -
NUMERO 11
iiiniii
En defensa propia
del hogar dichoso, desde el jueVeS por la tardé. Alegres perfumes de rosas embriagadoras dan
su tono de discreta elegancia a la
casa feliz do moran nuestros queridos amigos a quienes, rindiendo
la debida pleitesía, felicitamos
Sentimos" molestar la atención
desde estas columnas.
de este digno vecindario c o n
—¿Pues, qué ha pasao en ca
pleito* que en realidad sólo a
el tío Pirracas?—preguntará el
nosotros nos incumben; pero es
que está en entredicho nuestra
dulce lector al encontrarse con las
honradez, y con nuestra honradez anteriores frases.
no se juega porque le partimos
Pero no. No queremos hacer
la cabeza a uno. Porque, como
esa ofensa al dulce lector. ¿Cómo
ha dicho muy bien el señor alel dulce lector va a estar ignocalde, nosotros somos la clase inrante de lo que ha ocurrido en
telectual de Villaberzotas, pero
ca el tio Pirracas? ¡Si ya se han
eso no quiere decir que seamos
enterado hasta los más tontos del
menos brutos que el resto de
pueblo! Pues así que no fue rumnuestros paisanos, y cuando tobosa la ceremonia. Digámoslo
can a dar leña, atizamos como el
presto: la alegría que hoy inunda
primero. ¡Estaría bueno, hombre!
hasta rebosar el dulce hogar de
Lo ocurrido es lo siguiente:
los señores de Minjillón se desDe todos es sabido que al apareprende de la elegante y dulce cecer a la luz pública E L ECO DE remonia de poner de largo a su
VILLABERZOTAS, y por indicación
encantadora hija, la gentil Pepode nuestro director, que es a la
rra, la bisoja, como la decimos
vez presidente del casino, la juntodos cariñosamente.
ta directiva de este lugar de esLa gentil Peporra, con su cara
parcimiento acordó tener siempre
picara y alegre, Se ha asomado
en su salón de lectura un ejema las puertas de la pubertad más
plar del periódico, renovándolo
cuando estuviera demasiado sucio encantadora, abandonando los felices días de la niñez, idos, ¡ay!,
y lo aconsejara la higiene. Mepara nunca más retornar, cual
dida sabia y limpia que habla
pajarillos desagradecidos. Se acamuy alto de las excelentes cualibaron ya, gentil Peporra, las aledades de este digno vecindario y
gres pedreas con los chicos del
de sus clases directoras.
pueblo, donde tantos timbres de
gloria alcanzaste, y tampoco volBueno, pues desde q u e se
verán aquellos deliciosos ratos en
adoptó este acuerdo, raro es el
que te entretenías en tirar piedía que no hay que comprar cindras desde el balcón a todo el
co o seis ejemplares de nuestro
que pasaba por tu calle. Deja que
periódico, porque yo no sé qué
un pobre cronista con alma de
pasa que aprovechando la dispoeta llore un momento esos entracción de los socios alguien se
cantos esfumados.
entretiene en embadurnan E L
Eco de grasa, imposibilitando su
¡Mas no; no lloremos, leñe!
lectura.
Eres ya una encantadora mujerY algunos chismosos, que nun- cita, y ahora lo que hace falta
ca faltan, andan diciendo por ahi
es que te salga un novio, que si
que quien embadurna los ejemque te saldrá, porque tus padres
plares del casino es nuestro proson ricos, y aunque mires contra
pio director con el fin de obligar
el gobierno, como dicen tus amia la junta a renovarlos constangos, eso no les importa a los
temente, y en consecuencia conhombres que saben amar.
siguiendo un considerable aumenY ahora vamos a referir los
to en la tirada.
detalles más interesantes de la
Verdadero desprecio merecen
encantadora ceremonia, a la que
los que tal propalan. Nuestro diasistimos amablemente invitados
rector es incapaz de hacer esas
por doña Ausencia, la esposa del
cosas, y el hecho innegable de
tío Pirracas, la madre de la gentil
que se pase las horas muertas en
Pepona, la tía Zancajos, en fin.
el casino con un bote de grasa
—Que no deje ustez de veen la mano y que la grasa que nir—n
o s dijo campechanamenembadurna los periódicos s e a
te—, que daremos merienda y se
igual a la del bote, no quiere depuede ustez llevar las sobras pa
cir nada.
sus chicos.
Hay que tener cuidado con lo
Y, claro, uno, esclavo de su
que se dice.
deber periodístico, pues se presentó de los primeritos. Apenas
nos vio el tío Pirracas, nos estrechó la mano y nos dijo: —A ver
si dices cosas bonitas en el papel, que pa eso te hemos dejao
venir a la fiesta. ¡Ah!, y procura
Puesta de largo
decir en la información, como que
sale de ti, pa que no se vea que
Alegre sol de felicidad eterna
es anuncio, que he recibió unos
brilla en el dulce y tranquilo hogarbanzos de Castilla a 1,20 que
gar de los acaudalados señores
son manteca. Y a ver si le dices
de Minjillón, los de la tienda de
a tu mujer que venga a pagar lo
la plaza o, como más vulgarmente
de la semana pasa.
se les conoce en el pueblo, en ca
el tío Pirracas.
A los melodiosos acordes de
Alegre gorgear de pájaros ves- un elegante gramófono de preciotidos de gayos colorines parece
sa bocina verde, se animó súbitamente la fiesta y empezó la
embalsamar aquel dulce ambiente
No toleramos esa
insidia
Ecos de sociedad
danza entre la gente joven, que
no cesó de divertirse en toda la
tarde, sobre todo cuando a mitad de cada pieza, por ser corta
la cuerda del gramófono, había
que parar el disco y dar vueltas
a la manivela para luego continuar cómo si tal cosa.
El eje de la fiesta, la gentil
Peporra, aparecía cual un astro
rutilante con su vestido largo
amarillo con lunares verdes y
grandes rosas rojas estampadas,
haciendo guirnalda, y entre cada
dos, una linda figura color azul
eléctrico figurando un barquito
de vela. En la cabeza una cinta
de moaré color grosella y zapatos color malva. Una f i g u r a
inolvidable, en suma.
A la hora de la merienda, hubo gran derroche de pastas y
vino, aunque algunos invitados
sin educación cometieron la grosería de llenarse los bolsillos con
las sobras, sin tener en cuenta
que eso está muy feo y además
que las sobras me las había ofrecido a mí el ama de la casa.
El exceso de vino trasegado
por los muchachos jóvenes les
indujo a gastar algunas cuchufletas a los presentes, como aquella de coger a la Peporra y tirarla al poío del corral, de donde la sacamos como una sopa, y
como no tenía más que un traje
largo, pues tuvo que vestirse otra
vez de corto. Pero en cuanto se
le seque el traje amarillo se lo
pondrá otra vez.
Entre las personas que asistieron a la fiesta, recordamos las siguientes:
Don Remigio Zunzunegui, alias
Ladrón Tocineiro, padrino de la
gentil Peporra, que tuvo el gesto
caballeresco de obsequiarnos con
un cigarro puro que nos fumaremos el día del santo patrón.
La tía Guinda con sus tres lindos pimpollos, que se llevaron
más de medio kilo de pastas,
después de hincharse de tragar.
La Consuelo la del Carranquc,
que nos parece que se guardó
una servilleta haciendo que era el
pañuelo.
Doña Elodia, la rmestra, que a
todo trance quería leernos unos
versos de su hijo.
Y otros que sentimos no recordar.
Lina gran fiesta, en suma.
los que no somos muy jóvenes,
lo ocurrido con la última cuadrilla de cómicos que vino al pue~
blo, que se iuntaron todos los;
mozos, y que quieras que noagarraron a toda la cuadrilla, los
dejaron en pelota, lo mismo mujeres que hombres, y llevándolos
a la carretera los ataron a sendos postes de telégrafo, dejándolos al sol hasta que el gobernador ordenó concentrar la Guardia
Civil y se acabó la juerga. Desde entonces no ha venido un cómico por Villaberzotas ni en fotografía.
También fue muy bueno aquello de quemarles las casas a siete familias veraneantes aprovechando que estaban durmiendo
como tontos; y lo de soltar dos
perros rabiosos en la kermesse
que organizó la colonia el año
pasado tampoco estuvo mal. Son
alardes de humorismo que si causan alguna víctima—nunca han
pasado de tres muertos por temporada—no es de la gente del
pueblo, sino forastera, y, por lo
tanto, no tiene mayor importancia.
Pero hogaño han variado las
cosas. La colonia de veraneantes
de esta temporada está compuesta por un montón de señoritos
bárbaros que no le dejan divertirse a uno. En cuanto se les
hace algo se lian a puñetazos y
le ponen a uno las narices que
se cree uno que son de otro.
El otro día, sin ir más lejos,
la pandilla del Braulio, que total eran qunice o veinte, se encontraron en la carretera con dos
pollitos de esos de Madrid, y al
Braulio se le ocurrió reírse un
rato cortándoles el pelo al rape
con una navaja cabritera. Bueno, pues los señoritos, sin venir a
razones, sacaron las pistolas y
empezaron a tiros con los mozos,
que tuvieron que correr de lo
lindo.
A ver si va a poder ser, señor
alcalde, que, si seguimos así, se
va a perder la limpia historia de
los mozos de Villaberzotas, que
siempre han tenido fama de ser
más bestias que nadie.
AVISO
EL BARÓN DEL DRAGÓN DE ORO
Contra el salvajismo
Llamamos la atención del señor alcalde de Villaberzotas para
que vea la forma de corregir el
salvaj'smo de que están haciendo
gala los forasteros que han venido este año a pasar el verano.
Pueblo, el nuestro, simpático
y artista por excelencia, trata de
captarse las simpatías del veraneante por medio de bromas sin
malicia, que, rebosantes de buen
humor, sirven después, en el invierno, de ameno tema de charlas para pasar las veladas en la
taberna y en el casino.
Aun recordamos con agrado,
Como ya es sabido, mañana
dará un concierto en la plaza
Mayor la banda municipal de
Villaescombros, que todos l o s
años por estas fechas viene a dar
un concierto a nuestro pueblo.
Se avisa al distinguido público de esta localidad que las dos
primeras piezas del programa dicen que son preciosas, de manera que, para no perderse este espectáculo de arte, no se les debe
apedrear a los músicos hasta que
empiecen la tercera pieza.
En casa del tío Pirracas se
venden castañas pilongas muy
apropiadas para este fin.
Al mozo que más veces le dé
en la calva al director de la música se le regalará un bonito paraguas,
+++/
¡ B O L
don inda compra una
el valenfín vilcnes del
un rumor. —la confirmac
bandista —a don Ir
Un rumor.
UE sí, hombre, que sí! Y que
te conste que tratándose de
don Inda, cuando yo digo que
si es que si, y bien puedes
decir que sí. ¡Como si no conociese yo a don
Inda!
Esto me lo decía la otra tarde en la tenaza
de un café un intimo amigo mió, tan íntimo que
no sé cómo se llama; pero que él se emperra en
que es amigo mío. Bien es verdad que también
se empeña en que es amigo de don Inda, y a
lo mejor resulta que tampoco. El caso es que
me afirmaba la exactitud de sus noticias con
una insistencia sospechosa; y por otra parte se
trataba de algo verdaderamente sugestivo para
todo periodista. Sin embargo, sin saber por qué,
yo desconfiaba y dejaba pasar el tiempo sin
hacer nada, exponiéndome a perder la información, contingencia equivalente a perder el
apetito a fortiori. Pero pasaron algunos días y
volví a oír hablar de lo mismo; y tardes después se reprodujo ante mí el mismo tema, y en
otras varias ocasiones; así es que no tuve otro
remedio que salir de mi indiferencia al ver que
el rumor se convertía en rumor. Esto es: al ver
que el rumor se acentuaba.
Y dispuesto a confirmarle me dirigí a la busca y captura de don Inda, empresa que no es
tan fácil como en tiempos pasados fuera, pues
ahora el personaje se reserva y espacía más
sus exhibiciones; que no en balde el don Indalecio Prieto Tuero de estos días, acostumbrado a lucir el smoking en los estrenos teatrales,
no es aquel camarada Prieto de la boina que
iba todos los años a Baños de Montemayor para hacer rabiar a don Ale, jactándose ante él
de la amistad que le unía con el peón caminero.
Serán contados los españoles que no pretendan
conferenciar con don Inda; pero casi ningún español le puede ver. Intentamos verle en "El
Socialista —año de la rotativa—sin conseguirlo, y en el Ministerio, y en el Congreso. Todo
inútil.
Entonces pensé ir a verle a la Casa del
I ueblo, de su pueblo; pero allí me dijeron que
el que era de su pueblo era yo, y que el ministro de Obras Públicas no iba por alli más que
una vez por Pascua florida, o antes si espera
peligro de muerte... ministerial.
Y cuando ya había renunciado a conseguir
mi intento, la casualidad—diosa protectora del
reportero—que me presenta a don Inda de manos a boca en un evacuatorio subterráneo de
la Puerta del Sol jugando a los enlaces ferroviarios.
—¡Don Inda de mi corazón! ¿Qué es de su
vida?
—Pues ya lo ves, chico. Por aquí me ando.
Y como para el informador de raza todas las
ocasiones son propicias, comencé la interviú.
Conque, ¡vayan pasando, señores, y verán
de como...!
Perlita Greco, pongo por ejemplo, de cosa rica.
Y gracias a ello la noticia que yo deseaba confirmar quedó confirmada, pero sin el tortazo
consabido con que se acompañan todas las
confirmaciones. De lo que me alegré en el alma, pues dado el tamaño de manos que tiene
el bizarro estadista vasco-astur, una bofetada
suya debe ser a'go así como si corriesen dé
una vez todos los cierres metálicos del comercio del barrio de Pozas.
Lo primero que me dijo fue:
—Viene usted equivocado. La información
hay que buscarla en Fernando de los Ríos.
•—La información, ¿de qué?
—De la crisis y del momento socialista.
—Yo no venía a hablar de política, don Inda; pero, en fin, ya que usted se empeña, ¿es
cierto que usted se separa del partido socialista para formar un nuevo grupo parlamentario
con Azaña?
—Oh, la, la, mon Dieu! No hay tal cosa,
y usted me perdone, mi encantador amigo, si
le llevo la contraria. Yo no pienso separarme
del partido socialista, y en cuanto a mi unión
con Manolo, mientras no terminen las obras
que vienen realizándose en la avenida de la
La confirmación.
Antes de seguir adelante: pierden el tiempo
los que esperen ver esmaltadas estas páginas
de tacos aplastantes y delicadísimas blasfemias,
de esas que el ilustre procer emite a granel. No.
Eso jjería antes. Al presente don Indalecia usa
unas expresiones almibaradas y melifluas que
parece un trasunto del ex conde de Rodezno.
O del Torrezno, que dice un tabernero cavernícola que me honra con su amistad. Conque
nada de eso de ¡Recontracordones de las botas de Pateta!, ni demás frases gruesas de las
que tanto gusto dieron en temporadas anteriores. Y de genio, no digamos. Una malva. Un
encanto. Un sol. Si no fuese por la forma externa no sabríamos distinguir cuándo hablábamos con dott Inda de cuando hablábamos con
EL
NUEVO
JO\
LA BALLENA DIABÉTICA.—¡Atiza, ahora me aci
A
V A I
PARA LA HISTORIA
las chifladuras de los genios ¡:
:uadra d e carreras
socialismo espano
da no se le va una
ese de GUTIÉRREZ." Y se asoman a ver
Vilches del nuevo Régimen. Hasta he adquirido una cuadra de caballos de carreras.
—Luego, ¿era cierto?
—Y tan cierto. Más verdad que los rayos
fúlgidos con que engalana nuestro peripatetismo el dorado Febo.
—¿Eso se le ha ocurrido a usted solo, señor
ministro?
—Sinceramente, no. Es una frase de latiguillo que me ha enseñado Bruno Alonso.
La jaca del contrabandista.
—¿Y también es de Bruno Alonso la idea
de comprar la cuadra?
—La idea de adquirir los equinos veloces
fue sugerencia de una frase mía: aquella de la
jaca del contrabandista. Tuvo tal éxito que deduje que mi porvenir estaba entre serretas y
estribos y que yo pasaría a la historia como
un gobernante ecuestre. Le debo muchas inicia.
tivas a March; una de ellas las tan traídas y
llevadas obras del ferrocarril de enlace realizadas o en realización por los paseos del Prado,
Recoletos y Castellana, que forman en su conjunto la avenida de la Libertad; porque siendo
"La Libertad" de March, ¿qué menos podia hacer yo que abujerearla por debajo?
—Evidente. Pero esto no se compagina bien
con la destrucción del Hipódromo.
—No; yo no he destruido el Hipódromo. Yo
sólo he hecho cambiarle de sitio para erigir
uno mejor que el desaparecido y, sobre todo,
porque éste, después de los caballos que habían corido en él, no era digno de ver correr
los míos, que son más bonitos que los de las
barajas de Heraclio Fournier.
AS.
por
MORAN
:do que el médico me ha prohibido comer Com-pan-ys!...
Redacción de GUTIÉRREZ.
Y conste que aunque a alguien le parezca inmodestia, no nos ciega la pasión de madre. Es que somos así.
Las chifladuras de los genios actuales son:
La de "K-Hito", creerse que está
educando a su caballo porque ya ha
conseguido hacerle parar a menos de
doscientos metros de donde se lo propone. El día 15 de julio consiguió detenerle frente a la puerta misma del hotel, circunstancia que le llenó de regocijo hasta que se fijó que en aquel preciso momento pasaba una hermosa yegua por la carretera y por eso...
La de Menda, el suponer que el dia
menos pensado va a pescar una trucha.
La verdad es que las truchas ya le conocen y se rien mucho diciéndose unas
a otras: "Oye, tú, que ya ha venido
ón.—la jaca del contra-
Libertad no me pillarán en lo de "participo a
usted su efectuado enlace ".
—Pues ¿entonces?
—Lo que yo intent» es apartar al partido
socialista del partido socialista. Quiero decir,
o si le parece a usted mejor, mi más vehemente
deseo es manifestar que intento modificar en
absoluto la contextura de nuestra agrupación
proletaria, convirtiendo las Casas del Pueblo
en viveros de pollos ultradistinguidos, capaces
de lavarse los pies y todo, o, cuando menos,
de no cortarse a mordiscos las uñas de las extremidades inferiores. Espero que un plazo no
muy largo la minoría estará capacitada para
que Gil de Esca'ante hable de ella en los Ecos
de esa sociedad buena que hay.
—Me parece muy bien, don Inda.
—Estimando, prenda. Y yo mismo, para dar
el ejemplo, me he hecho retratos de etiqueta
con sombrero de copa y todo. Qué diferencia
de éstos a aquéllos de mi juventud, con mono
de mecánico. Claro que entonces estaba más
mono. La edad.
•—Sí; la edad y la indumentaria.
—Usted conocerá seguramente a ex Cimera.
—Seguramente.
—Pues a eso aspiro yo. A ser el Valentín
Un diario madrileño que sale cada
ocho días ha publicado una relación de
las locuras en que incurrieron los genios de las épocas pasadas. Con notoria injusticia se olvida de los hombres
geniales de la época presente, y nosotros vamos a remediar el olvido.
Podemos hacerlo porque los únicos •'.
genios que circulan hoy día *por la pe- !',
Iota terrestre son los que componen la
cómo se hincha de jamón empanado.
Porque el pescado no lo prueba desde
1914.
A Castell le da por engordar, que es
una chifladura como otra cualquiera. Lo
malo es que tenemos que empalmarle
dos sillas.
A Graciella p o r aprender inglés,
cómo si eso lo pudiera aprender alguien.
A Torremocha por hacerse el serio y
tener la barba muy cerrada.
A Bluff por ganar al tute.
A Moran por perder al tute y decir
palabrotas.
A Orbegozo por llevar unas corbatas
muy raras.
A Alfaraz por hablar de los paritarios, que es una chifladura muy siglo XX.
A Galindo por preferir irse con la
novia en vez de estar con los amigos.
(¡Pues mira, no está tan loto cómo decíamos! )
A Bellón por las películas.
Y a un señor que viene por la Redacción todos los lunes y todos los
jueves porque le publiquemos unos dibujos muy malos y por darnos sablazos de tres pesetas o de tres cincuenta.
Según.
El único genio que no tiene ninguna
chifladura y que da gusto estar con él
y que es muy buen chico es Dalmáu.
Además es un geniazo de esos buenos.
Nota.—Al lector que averigüe quién
es el autor de este trabajo y presente
una peseta en nuestra Redacción, cualquier lunes de cinco a s'ete, se le regalará un pitillo de 0,70.
debe ser cosa de los nervios, se lo cuenta usted a Teodomiro.
—Y, a propósito. ¿Conoce sus planes de usted Teodomiro? ¿Y Atanasio? ¿Y Remigio? ¿No
teme usted que le llamen derrotista y burgués?
—Yo estoy en todo, mi predilecto y entrañable interlocutor. Y en previsión de tales reproches, y a fin de darles la sensación de que
yo seguía siendo el mismo demócrata y el mismo revolucionario de siempre, al mismo tiempo que los pura sangre he comprado en un
A don Inda no se le va una. saldo media docena de burras de leche.
— ¡Colosalísimo!
—Perfectamente, Prieto. Es usted el español
—Por cierto que una de ellas se la he commás grande que ha visto la luz desde el Guadalquivir al Nervión y desde el Segura al Miño. prado a un pastor y aspiro a que me dé leche
—¿Muiño, dice usted? ¡Dónde va Muiño pasteurizada.
•—¡Señores, qué hombre más grande!
comparado conmigo! Y del cardenal Segura, ni
hablar.
Cuando las generaciones venideras quieran
escribir la historia de estos tiempos no encon-—La comparación con el Guadalquivir la
acepto porque, en el fondo, Diego Martínez Ba- trarán más que dos figuras.
rrios es un buen chico. Y eso del Nervión, que
Don Indalecio y Larita.
AY que ir urgentemente a una
revisión de valores. Porque ya
nada es lo que era. Ni la Geografía. Ni aun siquiera la simpática y modesta geografía de
nuestra Península. Los catalanes en esto, como
en todo, han acabado por imponerse.
Prueba al canto.
Una revista semanal ilustrada, gloria y prez
de la prensa española, hab'a de la exportación catalana de cementos, óxidos, perfumería,
abonos, ácidos, sueros, etc., y publica unos
cuadritos estadísticos, de cantera catalana, desde luego, en los que las cifras de porcentaje
aparecen agrupadas en dos secciones:
España exporta
Cataluña
"
tanto.
cuanto.
De donde resulta bien claro que Cataluña es
un cosa y España otra. Esto es francamente
descaradillo y más gordo que Rico, Prieto, Juarros, Ruiz Funes y Gordón en un manojo. España exporta tanto, y Cataluña, que no es España, cuanto. Hasta que España reaccione y
no le importe lo que Cataluña exporte. Y luego
mucho llorar Companys en el Congreso cuando habla de Madrid y sus virtudes, y mucho
pedir la cartera de Justicia, vacante por fallecimiento político de Albornoz, para Sbert o
cualesquiera otro vivo diferencial.
Antes se enseñaba en las escuelas: España limita al norte con el mar Cantábrico y los
Pirineos, que la separan de Francia.
Ahora se dirá: España limita al norte con el
cuatro cosas
Cantábrico y con Maciá y Ventura Gassols,
que la separan de Europa.
Sépanlo los maestros laicos y háganlo saber a la muchachada estudiantil.
Que si los maestros laicos no lo hacen saber así ya se encargará don Francisco Barnés
de apretarles los tornillos. Porque ante todo la
enseñanza laica. Don Paco tiene la doble obligación de velar por ella como ministro y como Barnés.
Me explicaré.
Como ministro, por la obligación que en abstracto tiene todo funcionario púb ico de cumplir y hacer cumplir la Constitución y demás
leyes que de ella se derivan.
Y como Francisco Barnés, como un purgante, como un laxante, cuando menos, de su conciencia profesional.
Porque mucho se ha hablado de los vicios
de la enseñanza religiosa; de lo que empobrecía la imaginación y depauperaba mentalmente
a los escolares de los tiempos anteriores a éstos aquella clase de enseñanza. Y como don
Francisco y su hermano don Domingo tienen
en ello una no pequeña parte de responsabilidad directa por haber pertenecido al cuadro de
profesores de un colegio burgués y aristocrático llamado de El Sagrado Corazón de Jesús.
\
EL ADULADOR, por ALFARAZ
—El niño se parece mucho a usted.
—¿De verdad?
Sí. Únicamente le falta la tripa, el bigote, la estatura y el sombrero.
en el que había capellán y capilla, y enseñaban conforme a aquellas normas, sin haber tenido nunca un rasgo de independencia ni de
personalidad ante aquella forma de educación..., ni ante el dinero de los padres, es ló»
gico suponer que quieran ahora purificarse de
su pecadillo de juventud implantando \n enseñanza laica en todos sus grados y abarrotando
España—esta España de nuestros días que limita al norte con Maciá y Ventura Gassols—
de maestros laicos, bien sea por el procedimiento cursillista, bien mediante un convenio
con el Uruguay que nos los mande congelados.
Digo: si esto no les sabe mal a los gallegos
y nos arman otra furio 'a to-menta amenazando con llevarse a Casares Quiroga, que no se
iría. Apuesto doble contra sencillo. ¡Es que
hay que ver el susto que nos han metido con
eso del tratado con el Uruguay, la carne congelada y los aceites españoles!
Y todo, ¿para qué? Porque la cosa es bien
sencilla. Hay que pen.«ar en los intereses generales. Si Galicia se perjudica en parte por su
riqueza ganadera, que piense en los intereses
generales y en que será indemnizada por Andalucía con lo que ésta gane con sus aceites.
De manera que si los celtas al perder no van
a perder nada, porque lo que pierdan se lo devolverán los héticos, y éstos al ganar tampoco
van a ganar, po-que los beneficios se los entregarán a aquéllos como indemnización, quedando todo conforme como estaba, ¿por qué
no prueban ustedes a callarse?
Menos mal que este teje-maneje artificioso
ha servido para que los periódicos reproduzcan
una opinión sensata emitida por el diputado
vitivinícola don José Manteca. Que la opinión
del señor Manteca sea sensata no es nuevo,
porque lo fue siempre. Manteca es un hombre
eminentemente sensato y laborioso. Pero no está de más que de vez en cuando se repita a
beneficio de los desmemoriados.
Desde estas columnas le proclamo mi jefe
po.'ítico, sin que me arredren los chistes malos
que se puedan hacer, pues cualquier otra jefatura resultaría más grasienta—con grasa de
unto—que la suya, que, parodiando una frase
fin de drama de un truculento dramaturgo del
siglo pasado, "es mancha que limpia".
Y por si sale a argüirme un espíritu fuerte
(los hay que ya peinan canas y que ya no
tienen ni canas que peinar) que recordar a
Echegaray es cultura de céntimo y cuartillo,
con la que se empequeñece el asunto, me confieso sin méritos para alcanzar las alturas y
modestamente pasaré de un tema que ha finalizado en céntimo y cuartillo a otro de céntimo
nada más. A los sellos de Correos de un céntimo.
El otro día me vi obligado a franquear unos
impresos y mi asombro fue grande al comprobar que todos los sellos de Correos de un céntimo que me iban dando eran de "aquéllos".
Con su corona monárquica; con su flor de lis;.
con su borreguito y todo colgando de los eslabones del gran collar del Toisón.
—Pero, ¿todavía circula esto?—le pregunté
al estanquero—. Y me dijo:
—¡Anda! Y lo que te rondaré, morena.
Mientras queden, porque como es una franquicia de poco valor...
—¡Pues me gusta la franquicia!
Yo no creo que al Estado español le sobre
mucho dinero; pero tampoco creo que le falte
mucho. Sobre todo, que regatee un poco en las
obras del ferrocarril de enlace, por ejemplo,
¿eh, don Inda?, y con la economía remedie esto, que no es de tan poca monta como parece,
puesto que esos humildes efectos postales van
a provincias y al extranjero, sobre todo a Hispano-América,'y representan una desidia muy
grande, un desafecto muy grande, incluso un
portillo abierto al absurdo de par en par.
En cambio un amigo mío, de mi misma "peña" del café, muy cuidadoso de su ropa, que
conserva aún unos tirantes con la bandera bicolor, que se compró en un brote de entusiasmo patriótico cuando se acabó la guerra de
África, los llevaba el otro día puestos, y si no
se abrocha a tiempo la americana, ¡pa qué en
el mundo la que se organiza!
Y siempre ha de representar menor sacrificio
para el Estado emitir nuevos sellos que para
iri amigo comprarse otros tirantes.
R. G, C.
mi s
clásicos
"ifigenia en... pejjgro"Jjj>
"En Nueva York hace un calor tan grande que se celebran los
banquetes en calzoncillos."
Bueno, y ¿qué tiene que ver el calor con la buena educación?
Porque ya sabemos que en Yankilandia nadie se asusta de nada;
pero no se trata de sustos, se trata de que un tío en calzoncillos es
una birria.
Y si el tío es un guapo de esos como Ramón Novarro, más birria todavía.
Dice Marcelino Domingo que en el partido radical-socialista no
hay crisis.
¡Ya nos parecía a nosotros! Con esto de los nuevos modos, hablar de crisis es hablar de la mar.
Y de sus peces.
IFIGENIA Si yo tuviese, padre, la elocuencia de Companys, y
como él pudiese enternecer las p'edras con un castizo acento madrileño y ablandar con mis lágrimas los corazones, a la elocuencia pediría ayuda. Pero mi única elocuencia es "El Liberal" de Bilbao y
"La Hoja Oficial de los Lunes". Abrazaré tu cuerpo como rama de
suplicantes; me enlazaré ferroviariamente a tu cuerpo estrechándolo
contra este cuerpo mío que parió mi madre chiquitito y bonito, ¡ay,
ay, ay! Chiquitito y bonito. ¿Por qué he de ser víctima de las nupcias de Alejandro y Manolo? Mírame; acerca a mí tu rostro; dame
un beso en la boina. Y tú, hermano Fernando, pide a papá Julián
Agamenón que no muera tu hermana. Míranos, padre; de rodillas te
lo pedimos dos hijos a quienes tú amas. ¿No bastan a detener tu
campanilla, ¡reajos puñaleros!, mis ruegos ni las medias granainas
de éste? Los muertos nada son, y delira el que anhela morir. Más
valen obras públicas penosas que dimisión con gloria, aquí y en
Mieres.
CORO DE MUIÑOS.—¡Oh. infausto Azaña! Por ti y por tu himeneo
con don Ale, horrible lucha aflige a los Teodomiros, Remigios, Brunos y Atanasios.
Pasa lo mismo que con el consciente ciudadano que antes se quejaba a la hora de no papar al casero:
•—\Hay una crisis tan grande!
Pero ahora ya no rechista.
Porque ya no hay ni la crisis.
Se ha desmentido oficialmente la posibiVdad de un combate entre
Paulino y Primo Camera.
Felicitamos efusivamente a Paulino.
Y a Primo Camera.
A nosotros, esto de evitar broncas nos parece de perlas.
Y es que nuestro puesto está en la Conferencia del Desarme, no
hay que darle vueltas.
Entre la gente del campo ha causado verdadera impresión la Ley
de Arrendamientos rústicos.
Claro que, como siempre, haij descontentos.
El otro día decía un hacendado de Noblejas, refiriéndose a Domingo:
—Pues lo que es con eso de los Arrendamientos, no le arriendo
las ganancias.
AGAMENÓN BESTEIRO.—-Amo a mis hijos, que el no hacerlo sería
cruel locura; pero me apena no cumplir mi deber. ¿No visteis la
amenazadora nube de la crisis y los numerosos agrarios armados dispuestos a caer sobre las urnas, si no te sacrifico a ti, Ingenia, prieta
y rolliza, hija mía? No me arrastra Guerra del Río, hija mía, ni su
opinión me coacciona. U. G. T. es la que me obliga, y en su provecho, quiera o no, he de inmolarte, viendo correr tu sangre socialista
como si fuese perfumado chacolí. (Sale.)
CLITEMNESTRA.—(¡Vaya un nombre largo, caballero!) ¡Hiia, cuánta desventura para nuestro partido tu pérdida inevitable! Huye tu
padre, entregándote a la caverna. Pero como me llamo Paca en la
intimidad, que donde le vea le estuco los dientes.
IFIGENIA.—¡Mi madre! Te vas a arruinar. ¡Ay de mi, madre mía!
Un mismo canto de muerte conviene a nuestra común desgracia, que
ya se acaban para mí este resplandor del sol..., y los autos con radio y termosifón. ¡Recontracamiones! Ojalá que nunca hubieran
visto mis ojos a Sánchez Román, el castigador envanecido con sus
atractivos. Ni a Ortega el bueno, con su inmensa sapiencia filosófica.
Ni aun al jenízaro zamorano. ¡Ni aun a Balbontín, el pollo fruta
proveedor de ciertas casas! Mas quien dio vida a esta desventurada
hija tuya huye y me echa la zancadilla, y perezco por orden impía
de un padre también impío, aunque ligeramente humorista. Desdichado es, sin duda, el l;naje humano, y fatal desgracia que los hombres se atraiqan además nuevos infortunios, ¡con lo bien que estaba
yo en Atocha, carabí!
AOUILES DE LOS Ríos.—(Entre lloros, jipíos y ay, ay, ay.)
No tengo nada completo:
tanto me sobra de largo
como me falta de prieto.
Te estoy viendo en un hoyito.
Ingenia de mi alma,
tan orande como uno de esos
que has hecho en la Castellana.
Parecía que esto de las vacaciones parlamentarias debía ser un
anhelo general de todos los diputados; pero ha habido alguna excepción.
Por ejemplo, la de un socialista, hombre probo y aún probé, que
con las mil pesetillas atiende a sus numerosos gastos personales sin
reservarse para sí más de dos o tres duros al mes.
El hombre no ha perdido hasta ahora ni una sola sesión parlamentaria, parte para justificar el sueldo, y parte para matar la tarde,
y cuando vio que eso de las vacaciones se ponía serio de veras, se
dirigió a Largo Caballero y le dijo:
—Pero, hombre, don Paco, ¿para qué vamos a dejar de venir al
Congreso? También son ganas de pervertirse por ahí y de gastarse
los cuartos.
"El número de parados en Francia es menos este año que el
pasado."
No diga usted más. Eso es que se han venido aquí.
Hace un calor asqueroso, ¿verdad, usted?
Se le quitan a uno las ganas de todo. Hasta de meterse con Galarza.
a
Los miembros del Reichswehr sólo deben casarse con arias.
Ya ve usted, y nosotros que creíamos que lo elegante era casarse con la marcha nupcial de Lohengrin. Y aun más elegante no
casarse.
No me fío, no me fío
de ningunos ojos neqros,
que así los tiene Julián,
y ya ves lo que nos ha hecho.
lFrc,ENTA.—(Convencida de que su sacrificio es necesario,
se des-
pide de su madre.) Madre, escúchame; veo que te indignas en vano
pretendiendo un arreglo imposible. Oye, madre, lo que pensando se
me ha ocurrido: resuelta está mi muerte, y quiero que sea gloriosa,
¡me caso en esto y en aquello!, despojándome de toda innoble flaqueza porque, ¡mira tú que flaquezas
yo! Bilbao entero tiene puestos
en mí sus ojos, y yo, dando mi v:da, puedo hacer que Cordero ron
sus enchufes electrocute a los Morenos Galvachones, y a los Basilios,
y a los de la Orga o la Órdiga, para que en adelante esos repugnantes republicanos no vuelvan más a meterse con los socialistas de
ambos sexos. Todo lo remediará mi muerte, y mi gloria será inmaculada. Ni debo amar demasiado la v'da ministerial que me diste para
H:en de todos, principalmente mío. No conviene que Aquiles de los
Ríos pase a otro ministerio, continuando esa carrera que lleva, que
ni la de un auto de aauiler. Y si la concordia me pide la vida, ¿me
ooondré, simple mortal, a los deseos de una diosa? No puede ser.
¡Hay que molerse, qué mala pata la mía! Doy, pues, mi vida en aras
de la confederación de izquierdas. Matadme, pues; devastar las obras
del Hipódromo, monumento de urbanismo que yo había 'maginado
bello y trompeta de mi gloria. ¡Refajo! ¡¡Peineta!! ¡üMoñoü! (Y
revienta como ¡m triquitraque. Cae el telón. Mientras, Ossorio llora
como en otra histórica y memorable ocasión. Y Companys también
llora un poquito, por- el qué dirán, y entona un cántico a este Madrid
de sus amores. Y Margarita Nelken se deshoja. Se deshoja xj se
desoja para ver meior el espectáculo, pues hasta a la Nelken le va
a parecer mentira el día que los socialistas dejen el Poder.)
(Traducido directamente de Eurípides por Unamona.)
Visto bueno,
Rafael.GONZÁLEZ CASTELL
para
una
lod
muchacha
CUADRO PRIMERO
MODESTO.—'¡Quite, mujer! ¿Quién piensa en
ello?
LUCILA—Me alegro. ¿Usted sabe algo de
cocina?
Un bar.
MODESTO.—¿De qué cocina?
MODESTO y PETRONIO.
LuctLA De cualquiera, de la nuestra; es
decir: de la española; más claro aún, de sus
guisos más usuales. Tanto al hombre como
a la mujer les conviene saber de todo.
PETRONIO.—Tú lo que debes hacer es casarte.
MODESTO—'¡No dices na, casarme! ¿Te
crees que no lo he pensao muchas veces?
MODESTO.—Yo no sé... Siempre me he dao
mala maña pa ¡a cocina.
LUCILA.—¿Pero sabrá usted freír unos huevos?
PETRONIO.—¿Y qué te contiene?
MODESTO.—Varias cosas; primero, ¡a "pasta"; después, ¡as costumbres modernas...
PETRONIO—Tú neces'tas una mujer apaña. Un hombre célibe sólo se ptte admitir con
dinero; pero sin dos reales hay que pasar
por el anillo de boda.
MODESTO.—Tics razón. Mi habitación de la
casa de huéspedes da frío.
PETRONIO.—Te falta la mujer...
MODESTO
La mujer y un brasero. Con una
sola manta en la cama; con un lavabo inestable y un jarro que se rezuma por toas partes,
con una luz mortecina, que ni leer se puede...
PETRONIO.—Me hago cargo. Viviendo asi,
no hay más remedio que buscar una mujer y
enamorarse.
MODESTO.—Pero, ¿dónde encontraría?, Petronio. ¿Dónde se encuentran las mujeres?
PETRONIO.—Te diré. A las mujeres se las
encuentra en la mar de sitios. Lo mismo en el
"Metro" que en el kilómetro tres de la carretera de La Cortina; lo mismo en el río, lavando, que en las piscinas, "ídemse"; en la
iglesia, en el "cine", en el taller, en la oficina...
MODESTO En toas partes menos en la
casa.
PETRONIO.—Hay pa tos los gustos. Y si a
ti te subyugan las caseras, entoavía pue que
quede por ahí escondida alguna atonta.
MODESTO.—No sólo me subyugan, sino que
una de esa clase me beneficiaría. Porque no
olvides mi caso; con un sueldo más corto que
un "maillot" no se puen hacer filigranas, y a
ver qué harías tú.
PETRONIO.—To ¡o contrario que tú; buscar
una chica del comercio, u oficinista, que te
ayudara con un sueldo a engordar el tuyo
anémico. En mi casa viven dos hermanas comerciantas que fien ahora unas bases espléndidas.
MODESTO.—¿Han engordao?
PETRONIO.—Bases
aprobés
por don Largo Caballero.
r e cientemente
MODESTO.—¡Ah!...
PETRONIO.—Y en el primero habita un socialista. ..
MODESTO.—Yo quiero una mujer que no
sea frivola.
PETRONIO.—Más seria que ésta que te
digo no la encuentras. ¡Buenos duros que
gana! Por las tardes está emplea en un Comité paritario; es secretaria de no sé qué sindicato femenino; lleva la contabilidá por partida doble de diez a doce de la noche, en
una cacharrería-frutería, que por eso digo doble; y por la mañana es auxiliar femenino
en no sé qué Ministerio.
MODESTO—No está mal la auxiliar. ¿Tú
crees que me podría auxiliar?
PETRONIO.—/ Vaya! Como que está deseando casarse, aunque lo disimule. Cuando sube
a casa y la gastamos chirigotas respective a
la boda, lanza unos suspiros que menea la
pantalla del comedor. Ahora que, ya te digo,
lo encubre muy lien, porque lo que es estira,
es un rato estira.
MODESTO—¿Y de cara, qué tal anda?
PETRONIO.—Mejor que de cruz, porque es
guapilla, pero demasiao estiliza o huesuda.
MODESTO.—Lo más estrellarlos.
LUCILA ¿Y de las patatas, qué me dice
usted?
MODESTO.—Que son muy ricas.
LUCILA.—¿Y los callos, cómo los condimenta usted? ¿Los pone con morcilla?
MODESTO.—La verdá..., yo, de callos..., no
ando muy bien; pero, por mí, que los den
morcilla.
LUCILA—Veo que no entiende usted mucho
de cocina.
MODESTO.—¿Y usté?
LUCILA.—Yo, regular. Mis actividades no
me han permitido dedicarme de lleno al fogón.
Lo mejor será que tomemos una cocinera,
puesto que contamos con dinero de sobra.
MODESTO—Ya engordará.
PETRON:O—Eso creo yo. De seguro que el
ajetreo que se trae no la deja engordar. ¿Qué,
te animas? No puedo hacer más por ti.
MODESTO—£o agradezco y no lo pienso.
Hecho. ¿Cuándo me la presentas?
PETRONIO.—El domingo. Vete por casa, a
eso de las doce de la mañana, que es cuando
oímos la banda por radio. Allí estará ella radioescuchando. Lo demás corre de tu cuenta.
Tú te encargarás de emitirla tus deseos pertinaces.
MODESTO—El caso es que soy
tan ner-
vioso...
PETRONIO—No te azares. A las mujeres no
hay que dejarlas descansar.
MODESTO.—Bueno. Espérame. Llegaré al
descanso.
CUADRO SEGUNDO
Una calle.
LUCILA y MODESTO.
MODESTO—Ya hablamos lo bastante el otro
día, pa que usté se diera cuenta de que yo
soy un hombre íntegro, honrao, trabajador,
que gana cincuenta duros escasos y padece
colitis y reuma.
LUCILA.—Sí, si. Me causó usted una excelente impresión. Es usted arrogante...
MODESTO.—¡Vamos, calle usté!...
LUCILA.—Tiene ¡os ojos rasgados e inquietantes...
MODESTO—¡Qué aduladora!...
LUCILA—Sedoso el pelo y ondulado: habla
usted con cadencias guayabas... En resum-'das
cuentas: me satisface usted ti nos casaremos.
MODESTO—Eso está bien hablao. Pero no
olvide usté que yo sólo gano cuarenta u siete
duros con dos pesetas y treinta y cinco céntimos de ordenanza. '
LUCILA—No importa. Yo reúno ocho mil
pesetas anuales. Ah. porque no entrará en sus
cátenlos el que yo abandone ninguno de mis
cargos.
MODESTO
Bueno.
LUCILA—Otra cosa. ¿Qué tal zurce usted?
MODESTO.—Muy mal, con franqueza.
LUCILA
¡Qué contrariedad!
MODESTO—No se disguste usté. Si hace
[alta aprenderé.
LUCILA ¡De ningún modo! Llamaremos a
una costurera para que nos repase la ropa
una o dos veces por semana. Afortunadamente podemos desprendernos de unas pesetasPasemos a otra cosa.
MODESTO.—La veo de venir a usté. Ahora
le toca eí turno a la lavandera.
LUCILA ¿Tampoco sabe usted lavar la
ropa?
MODESTO.—Sé ensuciarla.
LUCILA..—Bien. Llamaremos a una lavandera. Y también nos hará mucha falta una muchacha.
MODESTO
Y acaso un ama de cria.
LUCILA
¡Cállate, Modesto!
MODESTO
amas
de
¿Modesto?
Bueno,
pues
dos
cria.
CUADRO TERCERO
Una habitación en una modesta casa de huéspedes.
REMEDIOS y MODESTO.
MODESTO.—Pase usté y siéntese. ¿Es usté
la muchacha que me recomienda doña Aurora?
RBMBDK>S.—La rnitma, pa servirle.
MODESTO.—¿Cuánto quie usté ganar?
REMEDIOS
¿lete duros.
MODESTO.—Ya sabe usté que hasta el mes
que viene no la necesitamos a usté.
REMEDIOS—Puedo esperar. ¿Se casa el señorito pa esa [echa?
MODESTO.—¡Qué va uno a hacer! ¡A los
PAGINAS CIENTÍFICAS
agricultura,
ganadería y mercados
treinta y cinco años, y sin familia, a la tuerza ahorcan!
REMEDIOS ¿Está usté sólo en el mundo?
MODESTO.—Mas sólo que don Melquíades.
REMEDIOS.—igual que yo.
MODESTO.—¿También usté? \Qué lástima!
¡Tan bonita!...
REMEDIOS.—Gracias, señorito.
MODESTO.—No me llame usté señorito, que
entoavía no somos na. ¿Cuántos años tie usté?
REMEDIOS.—Veintitrés cumplidos.
MODESTO.—¡Bonita edá! Bueno, ¿qué sabe
usté hacer?
REMEDIOS—De to. Lavo, [riego, plancho,
coso, guiso...
MODESTO ¿También entiende usté de cocina?
REMEDIOS.—Es mi especialidá. Hago unos
macarrones a la italiana...
MODESTO.—¡Huy, macarronea!...
REMEMOS.—Y unas piernas de cordero
asas, con patatas doras, que ¡vaya patatas!...
MODESTO.—/ Vaya piernas!
REMEDIOS y unas "cocretas", y unos arroces, y unas migas al estilo de mi tierra...
¿Usté cree que hago buenas migas?
MODESTO.—Con cualquiera, hija; pero basta, por favor, que estoy a régimen de judías
verdes.
REMEDIOS Y si es de postre, ¡hago unos
[lañes!... En [in, el señorito me dirá si soy
de su agrado y lo que tengo que hacer.
MODESTO.—Lo que tie usté qué hacer, si
quiere, es casarse conmigo.
TELÓN
Pablo
TORREMOCHA
(Ilustraciones de Galindo.)
que es un cuchillo en forma de cuerno, y, ¡zas!,
tajo por aquí; ¡zas!, un tajo por allá; en cinco
En agosto vamos a tomarnos una copita de minutos tiene usted todo el campo tan limpito
y lleno de melones, que es lo que más frecuenmosto. (A mí con seltz). El que en agosto con
niños se acuesta, las costuras le hacen llagus. temente se siega, aunque también las sandías
Dime dónde veraneas y te diré quién eres. En nc le van en zaga.
Algunas veces se escapa la mano al segar los
agosto cualquier señor se achicharra de calor.
me.ones y con la hoz se les abren rajitas. Estos melones son ios que se llaman calados.
Labores agrícolas.
Hay quien cree que también se siega con hoz
el trigo, la cebada y aemás cereales, pero no.
En agosto el labrador se hincha de coger el
Para esto el procedimiento mejor es el de las
fruto de sus trabajos. ¡Qué tíol ¡Y encima se
maquinas de cortar el pelo, iguules que las de
queja!
Y no es sólo esto, sino que además de reco- las personas, pero mas grandes.
£.11 las granues explotaciones agrícolas de
ger las cosechas, las recoge al sol, que da ese
c<¡ orcito tan rico y que sienta tan bien al or-Pensylvania se rían heuio algunos ensayos para
segar ei trigo, que, al parecer, no han dado
ganismo.
ina-os resultados. 5e trata tie lo siguiente:
El labrador en el mes de agosto se levanta
Primero, con unas gigantescas broclias y jaa las cuatro de la mañana, y lo primero que
hace es darse la ducha. Luego hace el desayuno bón, se jabonan bien las espigas hasta que todo
acostumbrado por los labradores, o sea hue- ei campo se llene de e¿puuu, y luego, con unas
vos con jamón, frutas y. té. También es muy maquinas especialmente construidas por la casa
Ljiueue, se va aieitanuo el trigo. Por último, se
saao, y lo aconsejamos a los labradores que
riega el campo con un poco oe agua de colose estimen, hacer media hora de magnesia sueca
a! levantarse y tomarse un vasito de agua con nia para evitar las irritaciones.
Ei trigo tiene muenas aplicaciones, pero la
una cucharada de gimnasia efervescente.
Después del desayuno, a eso de ;as seis de principal es para volverlo a sembrar para que
la mañana, cuando ya el sol deja sentir el efec- nazca otra vez y poder divertirse nuevamente
segundo.
to beneficioso de sus rayos sobre el cuerpo, ¡a
Antiguamente se usaba mucho para hacer el
gozar al campo recogiendo los sabrosos frutos
pan, pero nace tiempo se descubrió en Madrid
que tanto dinerito producen!
que el pan sale mucho mejor hacicndo.o con
Lo más divertido de todo es eso de segar,
una mezcla de serrín, yeso y masilla de los
ejercicio muy sano que abre tanto el apetito.
cristales.
Consiste en coger un aparato llamado hoz,
Como en todos les deportes, en este de la
siega están abusando los proíesionales que, encuna ae divertirse y tomar el sol, todavía quieren que les paguen dos o tres duros todos los
di as.
Por eso es digna de loa la campaña de los
dueños de los campos que propugnan por el
amateur ismo.
lambién en agosto se hace la recolección de
algunas frutas, como los melocotones.
esta operación es bastante diticil y comprometida, porque hay que ir de noche, procurando no meter ruido, Se sube uno despacito al
árbol y se van echando los melocotones en un
saco. Cuando se llena se lleva a casa con grandes precauciones y se vuelve a repetir la operación, y así hasta que amanece. Entonces hay
que suspender el trabajo, porque le puede ver
a uno el guarda y se acabó la recolección.
Otra labor interesante que realizan ahora los
labradores es la recolección de pitillos, que se
verifica en los terrenos próximos a los caminos. Consiste en pedir un pitillo a cada veraneante o excursionista que pasa, y por este procedimiento raro es el labriego que no se lleva
su cajetilla diaria sin costarle un céntimo.
Refranes de agosto.
Ganadería.
Entre las labores ganaderas que se realizan
en el campo en agosto figura la exportación de
moscas a las grandes ciudades.
El labrador procura cuidadosamente la reproducción del simpático insecto por medio de
montoncitos de estiércol simétricamente colocados en el campo y por grandes depósitos en los
corrales.
Al llegar agosto recoge el fruto de sus desvelos y puede gozar viendo los millones de
moscas, gordas y sanas, que alegran el paisaje
con sus complicados vuelos.
AMOROSA,
por
GALINDO
Tus labios son un rubí
partido por gala en tres.
Cotización de mercados.
BARCELONA.-Monchetas, 0,40 raciónPistolas, 0,05 (con seis cargadores).
MADRID.—Termómetros, 39 al sol; Horchata, 18 pesetas un cubo; Hielo, 0,15 el kilo;
Ventiladores, desde 14 pesetas.
F. PERDIGUERO
u
N
m a r Ii e n e
d i et ric h
y
e1
senor
de
1ut 0
L O hay que tomar demasiado a
broma eso de que Marlene
Dietrich se vista tanto de señor, porque después vienen las
confusiones, y no hay nada más antipático y
que más rabia dé que casarse y que después resulte que la señorita con quien uno se ha casado no es una señorita, sino que es un señor muy
serio con su callo en el pie y todo.
Eso le pasó a aquel caballero de luto que,
aunque ya había notado que su novia llevaba
siempre pantalones y americana, nunca se pudo
imaginar que fuese de verdad un, señor, pues
estas cosas, tal como está hoy el mundo, no
se las figura uno nunca.
—•Las señoritas estas modernas no saben qué
hacer para imitar a Marlene Dietrich, y por
eso viene vestida así—pensaba aquel caballero
cuando iba a esperar a su novia y su novia
llegaba con un bonito uniforme de comandante
de Carabineros, pues era comandante de Carabineros.
A su vez, como en los vodeviles, el comandante de Carabineros creía que aquel señor de
luto que le hacía el amor era una señorita que
imitaba en el traje a Marlene Dietrich, y estaba encantado de que se le diese tan bien y de
que le invitase a cada momento a cerveza y a
gambas.
Pero cuando se casaron y a la hora de descubrir estas cosas descubrieron que no había
nada de eso de Marlene Dietrich ni de tonterías, se disgustaron muchísimo y se pusieron los
dos a llorar.
-—¡Qué desgraciado soy!—decía el comandante de Carabineros, en calzoncillos, curándose su callo en una butaca de la alcoba.
Y el otro, con su camiseta limpia de los domingos, daba paseos por la habitación llorando sin cesar y decía que se quería ir a casa
de su madre, que es lo que dicen todos los
hombres cuando^ les ocurre una cosa así.
Sin embargo, como no querían desaprovechar
los billetes que ya tenían sacados para hacer
su viaje de novios, ya que un viaje de novios,
sea con una señorita o con un comandante de
Carabineros, siempre es bonito, emprendieron
su viaje de novios muy cogidos del brazo, pues
en todos los documentos figuraban como matrimonio y no querían que la gente pensase que
se llevaban mal, que es tan feo.
Todo el mundo miraba mucho a aquel matrimonio que iban a todas partes juntos, fumándose cada uno un puro, y trataban de adivinar cuál de los dos era la mujer, y nadie
acertaba, pues ninguno era la mujer.
—Yo creo que la mujer es el de luto—decia
otro señor que era fascista y estaba tendiendo
su camisa en un balcón.
—Pues yo creo que la mujer es el de uniforme—decía otro señor que también era fascista y que se estaba planchando su camisita.
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Pero era muy difícil de adivinar, y aquellos
señores terminaron por no hacerles caso y por
preocuparse solamente de sus camisitas, que es
lo principal.
Los dos se llevaban muy bien, y el señor de
luto, que era muy bueno, por las noches le curaba el callo al comandante de Carabineros,
que empezaba a estar contentísimo de haberse
casado, porque además de curarle el callo el
señor de luto sabía freír muy bien un huevo.
—Realmente los hombres casi siempre nos
casamos para poderle enseñar el callo a nuestras mujeres, que entienden tanto de callos, y
que ellas nos digan qué tal va el callo, si va
bien o sí va mal. Pero, bien mirado, da igual
enseñárselo a un señor de luto—pensaba el comandante, que no era nada tonto.
Los dos empezaron a comprender que no estaba tan mal casarse con un señor en lugar
de casarse con una señora, porque las señoras,
al fin y al cabo, lo único que saben es si la
pescadilla está fresca o no está fresca, y esto
se arregja no comiendo nunca pescadilla.
Para aquel matrimonio compuesto de dos
hombres muy hombres la vida tenía un nuevo
estilo y empezaron a sentir la alegría del que
ha descubierto un nuevo horizonte, que no podía ser nunca escandaloso, ya que ellos estaban casados con todas las de la ley y se podían presentar en todas partes con la cabeza
muy alta.
Como los dos ganaban su dinero, entre ellos
nunca había disgustos por cuestión de intereses y eran galantes y generosos el uno con el
otro.
—Necesito comprarme un sombrero—decia
un día, por ejemplo, el señor de luto.
Y el comandante de Carabineros le llevaba
a una tienda y le compraba un sombrero hongo
precioso.
—Estoy sin guantes—decía en otra ocasión
el comandante de Carabineros.
Y el señor de luto le llevaba en un coche a
otra tienda y le compraba los mejores guantes
blancos de la tienda. Y después se iban a jugar al billar.
Pero un día el señor de luto empezó a ponerse triste y a no querer comer nada. Y además
comenzaron a gustarle las películas de "la Pandilla".
—¡Cómo me gustaría tener un niño!—terminó por decirle una noche, todo colorado, al comandante de Carabineros.
Y al fin les sucedió lo que les sucede a todos los que se casan y tienen todos su papeles
en orden. Que tuvieron un niño. Y después
olro. Y otro, hasta ocho.
Los dos estaban locos de contentos con aquellos niños que no tenían madre, y el señor de
luto curaba el callo al comandante con más cariño que nunca.
Pero esta felicidad duró poco. Ocurrió lo que
tenía que ocurrir. Que en cuanto al comandante se le curó el callo se marchó a Lisboa con
una rubia y se dejó de tanta pamplina.
El señor de luto, al verse abandonado con
ocho hijos, creyó morirse de pena, y a todo el
mundo le iba diciendo que el comandante era
un sinvergüenza que le había engañado y que
en cuanto le viese le iba a partir la cara.
Lo de todos...
Y, total, que el señor de luto se volvió loco
y cuando llegó la hora de colocar a sus hijos
les dijo que no necesitaban estudiar nada porque se le habia ocurrido una idea muy mona.
Era ésta:
Les aconsejó que se fueran al campo y que
hiciesen una torre muy alta, que llegase al cielo. Y los hijos empezaron a hacer la torre, y
cuando iban llegando al cielo pasó lo que pasó
con la torre de Babel, a orillas del Eufrates:
Que vino la confusión de lenguas.
Y uno empezó a hablar el inglés, y el otro'
el alemán, y el otro el francés, y el otro el italiano, y así todos.
Y ya cada uno en posesión de un idioma,
que es tan útil, el padre los colocó en una oficina con cincuenta duritos al mes.
Menos da una piedra.
Miguel SANTOS
MIHURA.
(Dibujos de Miliura.)
Pacholo sospecha que su mujer le engaña,
Dispuesto a sorprender su desdicha, tinge un
viaje üe varios üias. be despide cariñosísimo
ue su bella consone. Aquella misma noche
regresa.
Llega a su domicilio y con sumo cuidado
abre la puerta. o¿ descalza. Atraviesa los oscuros pasillos sin producir un solo rumor.
Mas..., iun, desgracia!, tropieza con una siH¿j y el ruido que produce es ensordecedor.
Apresurase y penetra en la habitación de su
espusa.
l_,a dulce Leocadia, cuyas desnudeces cubre
una piadosa saban^, reprime un grito, Está horrorizada. 1 iembia.
Pacholo, moderno Ótelo, pasea la furibunda
mirada por la alcoba; una prenda masculina le
revela la atroz verdad. Grita:
—¡infame! ¡Falsa! ¡¡Os mataré a los dos!!
¿Dónde está ese canallaí...
La adultera quisiera reducirse a la nada. Solloza.
Pacholo empieza a buscar al burlador. Mira
bajo el lecho.
— ¡Aquí no está!...
En el armario.
—¡iNadie! ¡¡iNadaü
.'
'Iras el sota.
— ¡No hay nadie!
Con el cabello revuelto y los ojos sanguíneos,
Pacholo está imponente. Lina idea se posesiona de su mente.
—¿Estará en el cuarto de baño?...
En dos zancadas se planta ante el lugar y de
una manotada entreabre la puerta.
El ojo ci.indrico de una pistola le mira con
ñjeza metálica.
Tembloroso da un portazo. Angustiado y con
voz tartamudeante se justifica:
—Aquí... tampoco... hay nadie...
Remite: Uvedeuve. Jaén.
Alejandro Dumas (padre) era hijo de un
mulato, del general Alejandro Davy de la Paillaterie, quien a su vez era hijo del marqués
de la Paillaterie y de una negra. El novelista
no se avergonzaba de tal ascendencia y la confesó más de una vez. Sin embargo, en una
oportunidad se enojó ai preguntarle un individuo, famoso por sus impertinentes preguntas y
su orgullo mal fundado, y que imitaba tontamente todas las atrocidades de la moda.
Ese individuo preguntó a Dumas en una reunión y con el propósito de desairarlo:
—¿Es cierto que su padre era mulato?
—¿Cómo no?—contestó Eximas amablemente.
—¿Y entonces su abuelo era negro/
—No; mi abuela.
—¡Ah!, pero entonces su bisabuelo...
—Sí; mi bisabuelo era negro y sus antecesoles eran monos. Mi árbol genealógico empieza
donde termina el de usted.
Remite. Reyes. Barcelona.
ANECDOTARIO
GUTIÉRREZ otorgará cada «emana un premio de "veinte" pesetas a la mejor anécdota que se le remita y publique en esta
sección. Los de provincias deben reclamar el importe por carta, escrita con la
misma letra o firma, para que les sea girado el importe, y los de Madrid lo harán efectivo en esta administración los
limes, de cinco a siete. El texto no debe
exceder de una cuartilla escrita por una
sola cara.
Se trata de un bohemio y vago empedernido. Y, ¡naturalmente, nunca tiene una peseta!
No hace mucho le llevó unos zapatos viejos
a su zapatero para que se los compusiera, Y
el día que le dijo el zapatero que estarían terminados compareció en la zapatería.
—Señor Juan; vengo a decirle que como no
tengo dinero haga el favor de guardarme los
zapatos, que así que pueda pasaré a recogerlos.
—Usted es un hombre sin palabra y sin formalidad, y un vago, y un...
—¡Basta, señor Juan! ¡Le he dicho a usted,
y ahora le repito, que haga el favor de guardar la "compostura debida"!
Remite: Bermaes. Madrid.
En la feria de Leipzig se detienen ante un
"tío vivo" dos amigos. Uno de ellos dice al
otro:
—Vamos a subir; soy amigo del dueño.
Así lo hacen. Uno sube a una vaca y el
otro a un cerdo. Según van dando vueltas empieza a ponerse pálido el que invitó a subir.
Acaba devolviendo la comida, pero sigue dando vueltas como si tal cosa. El amigo le dice
que se baje, pero aquél contesta:
—No. no puedo; porque el dueño me debe
dinero y me lo estoy cobrando.
Remite: Juan Ormaechea. Madrid.
Premio del número anterior, a la anécdota remitida por Pilar García Gutiérrez. Corana.
—Mire usted, don Virgilio—decia el muy sinvergüenza al bonachón catedrático—; sé que
usted ha de suspenderme y reconozco la justicia de su proceder; pero mi padre ha de venir a verme examinar y le ruego que para cubrir las apariencias ante él me pregunte la lección 13, que es la única de que puedo hablar
algo.
Y llega el examen.
—Dígame lo que sepa de la lección 32.
—¿No recuerda nada de la lección 32? Pues
a ver qué me dice de la lección 13.
—j...!
— i Pero, hombre, si acabo de decirle la lección 13!... Haga memoria...; si yo sé que usted se sabe bien la lección 13...; fíjese bien:
¡¡la 13!!...; mire usted el programa...
Y por fin nuestro hombre rompe su elocuente
mudez para decir:
—Es inútil que se moleste; ¡mi padre no ha
venido!
Remite: "Mydoll". Madrid.
—Pero, ¿puede saberse por qué motivo siempre que vengo a tu casa te encuentro haciendo
un solitario?
—Porque tengo la solitaria y voy a ver si la
hago salir con reclamo.
Cuéntase de cierto señor que era tan crecido el número de sus deudas que por todas
partes era conocido con el remoquete de "el
deudor impenitente".
Cuéntase también que en cierta ocasión y estando leyendo nuestro hombre determinado periódico tropezó con un interesante reportaje
acerca de "Las recompensas a los héroes de
las guerras modernas", y en el que se reproducía fotográficamente cierto documento que decía, sobre poco más o menos: "El capitán...
(aquí el nombre del glorioso combatiente) por
su heroico comportamiento en el combate librado contra el enemigo en la madrugada de ayer,
se ha hecho acreedor..."
No leyó más. Y doblando y guardando rápidamente su periódico:
—¡Tendré que intervenir en algún hecho
glorioso para ver si soy "acreedor" alguna vez,
hombre; que no hago más que ser deudor!
Remite: L. G. S.
Nos encontramos en un pueblecito cerca de
Berlín. Hay en él un señor que se las da de
ilustrado, más que nada por los embustes que
suelta. Los demás, pobres aldeanos, lo creen
a puño cerrado y es de ellos admirado.
Fue una vez este señor a Berlín y a su regreso, queriendo ensalzar más todo lo que veía,
ante un corro de pobres aldeanos, en el casino
del pueblo, contaba ante la admiración del auditorio:
—Vi el otro día cómo pescaban en Berlín
una docena de ballenas, y me dijeron que dentro de una semana sacarían otras doce más.
Tanto les animó que al fin se decide uno, después tres, ocho, veinte... Y el señor mentiroso,
viendo que toda la gente se marchaba a verlo,
se queda pensando y dice:
—Cuando tanta gente se marcha a verlo, ¿Sera verdad?
Y cogiendo el camino de Berlín se fue a
verlo.
Remire: P. Sn-O. T. Valencia.
En un Instituto de segunda enseñanza quiso
el director establecer la costumbre de visitar
periódicamente las clases, con el fin de estimular a los profesores. La primera vez que visitó
la clase de Derecho estaba explicando pacientemente el profesor, un señor gordo, con cara
de estar harto de explicaciones.
El director le pregunta su método de enseñanza.
—Estaba desarrollando el tema "La libertad
humana .
—Muy bien..., muy bien..., y..., ¿qué tal?
—¡Oh! Todos han comprendido perfectamente; pregunte usted a quien guste.
—A ver, el de la segunda mesa, lugar primero, hágame el favor. ¿Usted es libre?...
—No..., no, señor; soy oficial.
Remite: José Carretero. Almería.
Juan oyendo hablar un día a sus amigos de
lo mucho que se divertían cuando salían de caza decidió (por no ser menos) asistir a una de
ellas. Fuese inmediatamente a comprar todo lo
que se requiere para cazar.
Una mañanita, y con aires de gran cazador,
salió con sus amigos a cazar perdices. Cuando
llegaron al sitio destinado se dirigieron cada
cual donde más les agradaba, yendo Juan a refugiarse detrás de un montón de paja.
No estaban cinco minutos escondidos los amigos de Juan cuando oyeron que del sitio donde
éste se hallaba acababan de partir dos disparos, y todos corrieron hacia donde éste se hallaba. Uno de ellos le preguntó:
—Qué, ¿cuántas han caído?
Y el pobre hombre, todo compungido y señalándose las muelas, dijo:
—De las de arriba, todas; y de las de abajo
solamente dos.
Remite: Macoba. Valencia.
X
Gutií
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— R.di
M~A~ D-R-l-D
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Conectamos hoy nuestro micrófono con el salón-teatro de Azuquiqui del Monte, donde se están celebrando los acostumbrados
juegos florales. Los malos tragos
pasarlos pronto. Empezamos con
el discurso del mantenedor:
"Porque, ¡ah, señores! Yo no
soy orador. Pero, aunque yo no ojos tiernos..., ¡y eso, no! Hoy lectura a la poesía que le ha
todos muy amigos y a aplaudir
sea orador, eso no tiene nada
dado el triunfo y que se titula:
que ver para que uno se en- esas aleluyas tan bonitas que ha
¡A ELLA!
hecho el poeta. Pero mañana ni
cuentre embargado ante el honor
Son tus ojos dos luceros,
nos conocemos y mucho ojito con
de verse nombrado mantenedor
tus labios son de coral,
andar mareándome a la chica. A
de los juegos florales. Porque,
y tu carita de rosa
¡ah, señores!, eso siempre es un mi niña no se la lleva ningún
es un edén sin igual.
orgullo para uno. Claro que sus poetucho para darse buena vida
Luego tienes unas manos
buenos dineros le cuesta a uno, con mis dineros. Y termino pitan marfileñas y finas
diendo perdón, si por la falta de
¿eh? Porque he tenido que regaque valen bastante más
costumbre de hablar en público
lar un objeto de arte para el poeque tu fábrica de harinas.
ta premiado y dar trescientas pe- no he sabido explicarme con cla¡Pues mira tus rizos de oro
ridad. He dicho."
setas para alquilar el teatro. De
cayendo sobre el cogote!,
Atención: el hermoso discurso
manera que si vamos a mirarlo
bien, el honor me sale por un ojo del mantenedor de los juegos flo- cada vez que te los veo
hago así y pego un bote.
de la cara. Pero no quiero que . rales ha causado tan enorme imTienes el cuello de cisne
digan que uno no tiene cultura, presión en el poeta premiado que
y tu talle es de palmera,
se huí desvanecido, y ahora mis
y que uno no sabe andar entre
mo empieza a recobrar el conoci- \ y además tu dulce padre
artistas, porque uno tiene fábrica
en tu educación se esmera.
miento: Una vez repuesto dará
de harinas. Yo tengo la mejor
fábrica de harinas de la comarca y a mucha honra, y a pesar de
ello sé andar entre poetas y deAdvertimos a nuestros colaboradores espontáneos
más gente por el estilo, como lo
demuestro en este discurso. Cla- que no se devuelven los originales, ni se sostiene
ro que este acto no debe tener otra correspondencia sobre ellos que la del altavoz.
mayor transcendencia, ¿eh?, por- Cuando vean publicado algún trabajo pueden haque a mi niña la han nombrado
cerlo efectivo los lunes, de cinco a siete, en esta Rereina de los juegos y parece que
dacción.
el poeta premiado la mira con
Son rus labios un rubí
partido por gala en dos,
que arrancaron para ti
de la corona de un Dios.
Atención: Conectamos c o n
nuestro estudio para no oír más
tonterías y damos unas cuantas
contestaciones de postín:
Atlante. Murcia Por nuestra
Iparte no hay inconveniente en
«que usted sea atlante, efectiva•'mente. Después de todo no hay
nada que permita afirmar que en/tre los atlantes no hayan existido los idiotas.
Damián Pecóte. Sax.—¿Pinta
de bruto? Bueno. A confesión de
parte... Su cuento pesadísimo,
tontísimo y larguísimo. Ha ido al
cestísimo.
El chico de 11. Madrid ¡Dispensa, chico! Otra vez será.
Mariano Aire. Toledo.
Intente otras cosas. No le faltan
condiciones. Sobre todo haga
algo personal, huyendo de imitar
a los que ya están arriba.
Doroteo Sánchez. Almería. —
También usted debe intentar otras
cosas. Cargar baúles, por ejemplo.
Cierre de la estación:
Tachín, tachín, tatachinda;
tachín, tachín, tatachinda.
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—Don Pedro, ¿es verdad que el calor dilata
los cuerpos?
—Sí, don Inda; es una ley física.
—Entonces, ¿adonde vamos a llegar, don Pedro, adonde vamos a llegar?
(De Tocar, en "Leí Voz".)
/QUE
OBRERO.—Una de cal y otra de arena. ¿Y
qué ha conseguido usted con todo esto?
LARGO.—Ahondar un poquito más la distancia que los separa. ¿Te parece poco?
-¿El señor ministro de Industria ha salido?
-Noj pero va a salir de un momento a otro(De "K-Hito", en "El Debate".)
(De "La Nación".)
AL PASAR
Papá, ¿e«e señor es diputado, verdad?
-Ese es quorum.
(De "K-Hito", en "Ahora .)
¡CALOR, CALOR!
\UP, QUE CALOR!
En las últimas veinticuatro horas no se ba
dejado sentir ni una ligera ráfaga de aire.
(De "Bluff",
PASANDO
¡Esto es la asfixia, la liquidación completa!
(De Tovar, en "La Vor".)
en 'La Libertad' .)
EL
RATO
—¿Un solitario nuevo, don José?...
—Sí; uno con bigote recortado y gafas: yo
mismo.
(De "Bluff", en "La Libertad".)
LAS REPÚBLICAS SOVIÉTICAS
PAÑOLA
Y ES-
•—¡A la luz de las estrellas
nos hemos reconocido...!
(De "Sueno", en "A B C".)
HACIA LA UNION DE LOS REPUBLICANOS
—¿Usted a qué partido pertenece?
—Yo al grupo disidente de los disidentes, de
los disidentes, de los disidentes de] partido radical socialista disidente.
(De "Menda", en "El Liberal".)
CUESTIÓN DE TONOS, por ALFARAZ
-Desengáñate- Somos hombres obscuros.
-Serás tú. Porque yo soy «clarinete».
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