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7ª época, año 4, número 16, abril-junio, 2013
Paris. Les Champs Elysées
AGN,
Colección Luis y Leopoldo Zamora Plowes, Tarjetas postales, 42-30.
Boletín del Archivo General de la Nación
7a época, año 4, núm. 16, abril-junio, 2013
Boletín del Archivo General de la Nación
Archivo General de la Nación
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Directora General
Dra. Gabriela Recio Cavazos
Directora General Adjunta de Administración de Acervos Históricos
Mtro. Alberto de la Fuente Guerrero
Director de Publicaciones y Difusión
Mtro. Marco Antonio Silva Martínez
Jefe del Departamento de Publicaciones
Diseño y formación: Elisa Cruz Cabello
Asistencia editorial: Carlos Alday García
Legajos. Boletín del Archivo General de la Nación, séptima época, año 4, número 16, abriljunio de 2013, es una publicación trimestral del Archivo General de la Nación, donde se
publica y distribuye, con domicilio en Eduardo Molina 113, Col. Penitenciaría Ampliación,
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Legajos. Boletín del Archivo General de la Nación se terminó de imprimir en julio de 2013 en
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Departamento de Economía,
Universidad Autónoma MetropolitanaAzcapotzalco
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Instituto de Investigaciones Dr. José
María Luis Mora
Dr. Juan Voutssas Márquez
Instituto de Investigaciones
Bibliotecológicas y de la Información,
Universidad Nacional Autónoma
de México
Tabla de contenido
GALERÍAS DE LA HISTORIA
Presentación
11
Teatro, religión y censura.
Un caso del siglo XVIII novohispano
Ana Milena Fayad
13
Administrativizar la hacienda pública.
La legislación tributaria del régimen santannista,
1853-1855
Carlos de Jesús Becerril Hernández
35
Población y estructura ocupacional en Zacualpan, 1864
Robinson Salazar Carreño
61
PORTALES DE LA ARCHIVÍSTICA
Legislar sobre archivos: experiencia y reflexiones
Antonia Heredia Herrera
91
La nube
Alejandro Delgado Gómez
107
Los cuadros de clasificación en instituciones
de educación superior: el caso de la UNAM
Brenda Cabral Vargas
123
RESEÑAS
Aaron W. Navarro,
La inteligencia política y la creación del México moderno
Por Marcela Mijares Lara
147
Luis Aboites Aguilar y Mónica Unda Gutiérrez,
El fracaso de la Reforma Fiscal de 1961
Por María del Ángel Molina Armenta
150
Philip C. Bantin,
Entendiendo sistemas de datos e información para
la gestión documental
Por Alicia Barnard Amozorrutia
153
José Antonio Ramírez Deleón,
Gestión de documentos y administración de archivos:
Cuadernos Metodológicos
Por Mercedes de Vega
155
DOCUMENTOS DEL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN
Imagen de portada
Paris. Les Champs Eysées
María Inés Ortiz Caballero
161
Marte R. Gómez y la historia agraria de
Tamaulipas en la primera mitad del siglo xx
Diana L. Méndez Medina
165
Normas para la entrega de originales
186
GALERÍAS
DE LA HISTORIA
PRESENTACIÓN
Con la aparición del número 16 de Legajos. Boletín del Archivo General de la
Nación se cumplen cuatro años de la séptima época de la revista. A lo largo
de este periodo los aciertos y errores han servido de enorme aprendizaje a
todos aquellos involucrados en la manufactura de cada número. El objetivo
ha sido siempre entregar materiales de interés a la comunidad académica
con artículos, reseñas y documentos de un amplio registro temático. Con la
intención de cubrir un mayor número de lectores la versión digital de Legajos,
con un rezago de dos números, puede consultarse en el portal del AGN
(www.agn.gob.mx). Confiamos en que éste y los números futuros reflejen la
vitalidad de los estudios históricos y de archivística en nuestro país.
En la sección Galerías de la Historia, y siguiendo con la intención de la revista
de incluir trabajos de investigadores consolidados, así como de jóvenes en
formación, presentamos con gran satisfacción dos trabajos firmados por
estudiantes de distintos programas de doctorado en historia, en donde es ya
notoria la adquisición del oficio, tanto en el manejo de fuentes como en la
agudeza de las preguntas de trabajo. Es el caso del artículo de Ana Milena
Fayad, quien plantea, con creatividad y rigor al mismo tiempo, interrogantes
de gran relevancia a un expediente del siglo XVIII resguardado en el Archivo
General de la Nación. La reflexión gira en torno de si es posible calificar
como teatro evangelizador a la obra a la que los documentos consultados
se refieren, a pesar del consenso historiográfico que afirmaría que este
tipo de teatro fue exclusivo del siglo XVI. Los participantes en la misma,
la opinión que se genera en torno de ella y las nociones ventiladas en esta
opinión, sirven a la autora para plantear cuestionamientos útiles para la
mejor comprensión de este período transicional de nuestra historia. Lejano
en el tiempo, y con otras preguntas en mente, encontramos el trabajo de
Carlos Becerril sobre la administración tributaria en tiempos de Antonio
López de Santa Anna. En el artículo se sigue la hipótesis de que no todo fue
inmediatismo e improvisación autoritaria en el último régimen santannista,
sino que es posible documentar un intento sistemático por ordenar el caos
que en materia de hacienda pública padecía el país. En ese sentido, puede
constatarse cómo se deposita en la normatividad –reforzada en esos años
por el poder coactivo presente en las propuestas de Teodosio Lares– la
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
11
posibilidad de obtener más recursos fiscales de forma más regular con el
fin de afrontar los costos de la inestable realidad política de la época. Para
cerrar la sección Galerías de la Historia, contamos con un interesante trabajo
de Robinson Salazar, que tiene como fuente central un padrón municipal de
1864. Haciendo uso de herramientas estadísticas, Salazar nos presenta
un detallado cuadro de la pirámide poblacional de Zacualpan, Estado de
México, en un momento clave de la historia nacional. Con información
sobre género, estado civil, oficio y nivel de alfabetismo, el autor nos muestra
la profunda riqueza de la fuente para la demografía histórica, al tiempo que
revela la incidencia de los vaivenes políticos de la época en las dinámicas
demográficas (migraciones y mortandad por guerras).
En la sección Documentos del AGN, contamos con la valiosa contribución
de Diana Méndez, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de
la Universidad Autónoma de Baja California, quien con amplio conocimiento
del período y el contexto específico, nos introduce al universo de la historia
agraria de la primera mitad del siglo XX. En su texto, es estudiado y comentado
a detalle uno de los expedientes resguardados en el Fondo Presidentes del
Archivo General de la Nación. Se trata de un documento fechado en 1939 y
firmado por Marte R. Gómez, quien se dirige al presidente Lázaro Cárdenas
para informarle sobre la dotación de ejidos en el municipio de El Mante,
Tamaulipas, misma que se desenvuelve con un interesante telón de fondo que
Diana Méndez nos muestra en toda su profundidad.
Por último, las dos primeras reseñas incluidas en este número son de
nuevo muestra del talento y rigor con que dos historiadoras en formación
logran presentarnos obras recientes, una referida a la reforma fiscal de 1961
–tema que cobra gran actualidad en nuestros días– y otra sobre la naturaleza
del Estado mexicano en los complicados años de 1938 a 1954.
Con este material reunido, presentamos a ustedes un número más de
Legajos. Como ya es costumbre, no se buscó que el diálogo entre las distintas
colaboraciones fuera requisito para su publicación en este número, pero
sí está presente el esfuerzo por llevar al lector un conjunto de verdaderas
propuestas de investigación, originales y rigurosas en partes iguales.
Graciela Márquez,
María José Rhi Sausi
12
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
TEATRO, RELIGIÓN Y CENSURA.
UN CASO DEL SIGLO XVIII NOVOHISPANO
Ana Milena Fayad*
Resumen
En la historiografía son múltiples los trabajos sobre el teatro en el
siglo XVIII novohispano. De igual forma, son numerosos los textos
sobre la Inquisición en la Nueva España en el mismo siglo y sobre la
influencia de esta institución en la actividad teatral. Lo interesante del
expediente de 1768-1770 aquí analizado, es que se trata de una obra
(La pasión de nuestro señor Jesucristo) de teatro religioso, aún en el
siglo XVIII, es decir: se esperaba que su interpretación tuviera un fin
evangelizador y no incluía en su reparto actores profesionales, sino
únicamente feligreses de una comunidad. Este artículo considera la
particularidad del expediente y lo evalúa bajo los ojos de la justicia,
la censura y la opinión pública.
Palabras clave: teatro en la Nueva España, Inquisición, teatro religioso.
Abstract
In the historiography the works on the theater of XVIII century New
Spain are abundant. Likewise, there are numerous texts on the Inquisition in New Spain in the same century and on the influence of
this institution on the theatrical activity. What is interesting of the
archival record from 1768-1770 analyzed hereby is that it deals with
a play (La pasión de nuestro señor Jesucristo) of religious theater, still
in XVIII century, that is: it was expected that its interpretation had an
evangelist aim and it did not include professional actors in its cast,
only parishioners from a community. This article considers the peculiarity of the archival record studied here and evaluates it under the
lenses of justice, censure and public opinion.
Key words: Theater in New Spain, Inquisition, Religious Theater.
* Estudiante del doctorado en historia, Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
13
1. Introducción
El objetivo de este trabajo es analizar un expediente, juzgado en la
Inquisición de la Nueva España, en el siglo XVIII, bajo los parámetros de
justicia, censura y opinión pública. La fuente a trabajar es un proceso que
sucedió entre 1768 y 1770 en contra de la obra teatral La pasión de nuestro
señor Jesucristo.1 El caso comienza cuando en marzo de 1768, el sacerdote
y comisario de la Inquisición de la provincia de Chalco, Juan Antonio
Victoria, consulta al Tribunal de la Inquisición en México, sobre si debe o
no prohibir las representaciones de la obra teatral La pasión de nuestro señor
Jesucristo, que se lleva a cabo en varios de los pueblos de su jurisdicción
el domingo de ramos de cada año.2 En respuesta a la petición del padre
Victoria, fechada el mismo día que se hace la consulta, llega de México
una orden en la que se indica, entre otras cosas, que se debe prohibir la
obra y recoger los “papeles” relacionados con ella, mientras se la remite a
evaluación de un examinador.3
Para cumplir la orden de recoger los papeles, el mismo día que se
recibe la orden proveniente de México (18 de marzo de 1768), el padre
Victoria nombra como notario al síndico del convento de San Francisco
en el pueblo de Ozumba, Ramón Saldaña, e inmediatamente comienza
las diligencias de averiguación que le permitan llegar al paradero de los
textos.4 La misma diligencia, la practica en el pueblo de Amecameca, junto
al notario Juan Díaz González.5 Para el 12 de abril de 1768, después de sus
propias averiguaciones y las hechas, bajo sus órdenes por otros sacerdotes
de la provincia, remite un informe final a México en el que dice “solamente
tuve noticia de que se representa en el pueblo de Quautla de Amilpas, y en
el de Yautepec en el idioma castellano, por la que llaman gente de razón y
por los indios en lengua mexicana en el pueblo de Xochitlan en el curato
1 Archivo General de la Nación [en adelante AGN], Inquisición, vol. 1072, exp. 10, ff. 195243. Después de la foja 243 se incluyen tres cuadernillos de la obra que fueron decomisados
durante el proceso. La copia de las diligencias se encuentra en: AGN, Inquisición, vol. 1078,
exp. 7, ff. 81-89.
2 AGN, Inquisición, vol. 1072, exp. 10, f. 195r y v.
3 Ibid., ff. 198-199.
4 Ibid., f. 200v.
5 Ibid., f. 201r y v.
14
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
de Yecepixtlan”.6 Además, anuncia el envío de dos cuadernos y 16 papeles
sueltos recolectados en Ozumba y tres cuadernos y un papel suelto que se
recogió en Amecameca.7
El 9 de mayo siguiente, el expediente es remitido al bachiller Antonio
Isidro Pando para que en calidad de “expurgador” conceptúe sobre él.8
Pando entrega su veredicto el 19 de mayo, considerando que las obras, en
efecto, como ha sido acusado, son una mala representación de la pasión
de Cristo y, como un otrosí de su resultado, avisa que tiene conocimiento de
prácticas similares en municipios del obispado de Puebla.9
Unos días después de que el expediente fue enviado a Isidro Pando
se decidió que también debía ser calificado por fray Francisco de Larrea,
maestro y ex provincial de la orden de los dominicos.10 En junio de ese
mismo año llegó el veredicto del segundo examinador y resulta interesante,
que de forma contraria a lo aparentemente esperado por los inquisidores,
Larrea indicó que las representaciones no iban en contra de la fe católica,
considerando que no debían prohibirse, y de ser el caso, tan sólo sería
necesario moderar algunas de las conductas de los actores.11
Siguiendo el dictamen de Larrea y las recomendaciones del fiscal de
la Inquisición, el 5 de julio de 1769, casi un año después de entregado su
veredicto sobre la obra, el Tribunal de la Inquisición en México, emitió un
decreto que permitía las representaciones siempre y cuando se eliminaran
los abusos sobre los que hablaba el padre Larrea en su examen.12 Al día
siguiente, el 6 de junio de 1769, el decreto se revocó con otro emitido por
el mismo tribunal, donde se reforzó la prohibición hecha en marzo del año
anterior, dando como explicación para ello que las obras eran representadas
por “gente de razón”.13 Según el expediente, lo que siguió fue que en el mes
de marzo de 1770 se recibieron cartas de los párrocos de varios pueblos,
incluso de fuera de la provincia de Chalco, avisando estar enterados de
6 Ibid., f. 202r.
7 Ibid., f. 202r.
8 Ibid., f. 221r.
9 Ibid., f. 221r y v.
10 Ibid., f. 221r.
11 Ibid., ff. 222-227.
12 Ibid., f. 228r.
13 Ibid., f. 228v.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
15
la prohibición, algunos de ellos, además, emprendieron procesos para
averiguar el paradero de cuadernillos y papeles relacionados con las obras.14
Es necesario aclarar que al no ser un juicio, el expediente no tiene una
sentencia definitiva; sin embargo, el decreto de prohibición de las obras,
hace las veces de documento final. Ahora bien, de acuerdo con lo planteado,
he dividido el escrito en cinco apartados, de los cuales el primero sería esta
introducción. El segundo, busca ubicar contextualmente el tipo de teatro
al que pertenece la obra La Pasión, analizar la justicia y su administración,
revisando las regulaciones y legislaciones que se produjeron para el teatro
en la Nueva España durante el siglo XVIII y la participación que tuvo la
Inquisición en la imposición y cumplimiento de dichas normativas. La
tercera parte abarca lo correspondiente a la censura; en ese punto se hace
un análisis detallado del veredicto del calificador, su posible particularidad,
causas y significados. En la cuarta sección del documento se trabaja la
opinión pública desde la óptica del teatro religioso como elemento de
difusión de ideas. Por último se formulan unas consideraciones finales.
2. Justicia
Cuando fray Antonio Victoria escribe el primer documento del expediente,
el 16 de marzo de 1768, dice:
que el tiempo de radicar en este reino la fe, los padres que se ejercitaban en
la enseñanza de los indios, conociendo la rusticidad de estos, y que no eran
bastantes las voces, para su instrucción determinaron figurarles algunos de los
misterios de nuestra redención haciendo: que se les representaran a el vivo
para que les entrara por los ojos lo que por el oído no percibían, y así se les
representaba la pasión, desde la oración del huerto hasta la crucifixión.15
Esa práctica conocida como teatro religioso, catequístico o de evangelización,
tiene sus inicios en la Nueva España en el siglo XVI, casi inmediatamente
después de la conquista, cuando fue usado como una herramienta de
14 Ibid., ff. 229r-243.
15 Ibid.., f. 195r.
16
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
evangelización por algunas de las órdenes religiosas que asumieron la
conversión de las comunidades indígenas americanas; principalmente los
franciscanos en el siglo XVI16 y más adelante los jesuitas, hasta el momento de su
expulsión en 1767. El teatro evangelizador, que se inspiró en tradiciones del
teatro religioso medieval, representó “dogmas, pasajes bíblicos o nociones
de catecismo, todo ello sumado a afanes moralizadores o correctivos según
criterio hispánico”.17 Una de las características principales de este tipo de
representaciones teatrales es que no formaron parte de lo que se conoció
como teatro profesional, pues eran principalmente los indígenas y los
mismos frailes quienes actuaban en las obras que se escribieron en náhuatl
y otras lenguas nativas.18 Además, los frailes, que conocían algunas técnicas
de escenificación utilizadas en Europa, hicieron de las representaciones
evangelizadoras piezas con mucha espectacularidad, lo que “tenía el mérito,
al menos, de adecuarse a la idiosincrasia indígena, tan afecta a lo imaginario,
colorido y multitudinario. Esta proclividad indígena, seguramente nacida de
prácticas rituales prehispánicas, fue bien aprovechada por los frailes en su
afán de educar cristianamente”.19
Se debe ser cuidadoso al distinguir entre las obras de teatro evangelizador
y algunas de temáticas religiosas que fueron representadas desde los inicios
del teatro profesional, también en el siglo XVI. Al igual que las obras de
teatro evangelizador, las de temática religiosa comenzaron presentándose en
iglesias, conventos y plazas y para el siglo XVIII eran parte de las temporadas
teatrales del Coliseo. La diferencia entre unas y otras radica en los actores y
la obra en sí misma, pues mientras las evangelizadoras fueron escritas por
frailes, las segundas solían ser escritas por “autores de comedias”, además,
tenían un carácter itinerante que las llevaba a recorrer las festividades de
diferentes pueblos, haciéndose especialmente importantes en las fiestas de
corpus.20
Poco a poco las obras fueron adquiriendo su propia personalidad,
16 Viveros, Manifestaciones teatrales en Nueva España, p. 15.
17 Ibid.
18 Ramos Smith, “El arte de normar y la astucia de transgredir”, pp. 115-142. Información
específica en las páginas 115-119.
19 Viveros, Manifestaciones teatrales…, p. 26.
20 Ramos Smith, “Tercera llamada: Censuramos. El teatro profesional: siglos XVI-XIX”, pp.
143-180. Información específica en las páginas 143-146.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
17
logrando un sincretismo entre la religión cristiana española y las tradiciones
indígenas,21 principalmente en lo relacionado con la escenificación y la
introducción del canto y la danza.22 El sincretismo también se notó en las
fechas escogidas para las celebraciones, en las que confluían festividades de
santos patronos y momentos sagrados del calendario indígena; con todo y
eso, Pascua y Navidad y el Corpus Christi terminaron siendo los momentos
favoritos en los que se fijó la tradición. Así fue como representaciones de los
Reyes Magos, el Nacimiento y la Pasión se convirtieron en las más comunes,
en especial a partir de la primera mitad del siglo XVII, pero también en las
más perseguidas por la Iglesia.
La oposición de la Iglesia se enfocó hacia dos situaciones particulares.
Por un lado hacia el tumulto y desorden que generaba la fiesta, y por otro,
hacia la mezcla entre lo sagrado y lo profano. Se atacó esto último, pues se
corría el riesgo de que los indígenas no fueran capaces de distinguir entre
“la fiesta y la devoción”.23 Es por eso que en la misma carta de fray Antonio
Victoria, a la que ya se hizo referencia, puede leerse: “esta práctica se
continuó hasta nuestros tiempos, experimentándose en ella varios insultos,
y excesos, los que me dieron motivo para no permitir, que se hiciese tal
representación en este curato, desde que en el entré”.24
De igual forma, el dictamen sobre el expediente que escribió Antonio
de Pando el 19 de mayo de 1768, deja ver los temores que generaban la
posición de la Iglesia en contra de ciertas representaciones teatrales:
[…] el traductor le quiso ampliar con extensión a algunos pasajes contemplativos,
valiéndose de ellos para su representación, o farsa, con alusión a todos los
pasos de la pasión, en los que se pueden versar, entre gentes ignorantes muchos
errores de idolatría o superstición, y por lo mismo comprendidos en la regla
décima sexta de dicho Indice [refiriéndose al Novissimo Indice Expurgatorio]: A mas
de que la propiedad con que describe el modo de la crucifixión, flagelación
y coronación está totalmente opuesta a la pública honestidad, y por el tanto
comprendida en la regla undécima, y siendo entre gente de algún más cultivo,
21 Aracil Varón, “Nuevas formas escénicas en el teatro evangelizador novohispano”, pp.
119-138.
22 Ramos Smith, “El arte…”, pp. 119-120. Viveros, Manifestaciones teatrales…, pp. 17-18.
23 Ramos Smith, “El arte…”, p. 124.
24 AGN, Inquisición, vol. 1072, exp. 10, f. 195r.
18
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
o razón, no puede menos que traer como conexa la irrisión, y escarnio, que en
lo sucesivo puede trascender a las imágenes de nuestro Redentor Jesucristo, y
para su sacratísima pasión.25
Debido a las preocupaciones que generaron las representaciones, nacieron
en 1539 y 1544-45 las primeras normativas que buscaron limitar los espacios
de lo considerado pagano. En 1564 se añadió a eso la censura, pues las
obras y procesiones debían ser presentadas previamente ante el cabildo
y el sacerdote para ser aprobadas, además, como muchas de ellas eran
realizadas dentro de las iglesias, se fijaron fechas y horarios para utilizar
los templos como escenario. En 1588 una cédula de Felipe II prohibió el
uso de vestimenta religiosa en las obras, así como la participación de los
sacerdotes en la realización de las mismas. En 1590, por otra cédula real
se prohibió a los sacerdotes asistir siquiera a los espectáculos.26 Se sabe
que las prohibiciones de 1588 y 1590 en particular, fueron frecuentemente
desobedecidas por los religiosos27 y, así podrá verse cuando se analice el
dictamen escrito por Francisco Larrea.
Paradójicamente en el siglo XVIII algunas de esas representaciones, en
especial La Pasión, Los Reyes Magos y las pastorelas navideñas alcanzaron
su mayor auge y fue también cuando la legislación se hizo más dura y
restrictiva frente al teatro religioso popular. Incluso en 1765, Carlos III
prohibió la representación de autos sacramentales en espacios y momentos
no considerados sagrados.28 Es decir, que esta normativa se aplicó
principalmente al teatro profesional.
Las normativas que comenzaron a regular la actividad teatral provenían
de España o, en algunos casos, se trataba de disposiciones locales que
buscaban corregir algún caso específico, o simplemente, obedecían al
gusto o disgusto personal que provocaba el teatro en las autoridades tanto
civiles como eclesiásticas. Sin embargo, tal vez las mayores dificultades y
prohibiciones al teatro, y en particular al teatro religioso, se dieron por
la lucha de poder entre lo civil y lo eclesiástico. Así, por ejemplo, en el
25
26
27
28
Ibid., f. 221r y v.
Ramos Smith, “Tercera llamada…”, p. 154.
Ibid., p. 160.
Ramos Smith, “El arte…”, pp.134-138.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
19
siglo XVI, para que una obra obtuviera su licencia para ser presentada
debía presentarse no sólo ante la autoridad religiosa competente en el
lugar, que en ocasiones podía ser la Inquisición, sino además ante la Real
Audiencia, cada una de las cuales podía agregar o contradecir restricciones
y censuras. El poder de la Iglesia, en particular de la Inquisición para la
obtención de licencias, intentó ser mermado durante el siglo XVII, lo que
generó en respuesta la oposición de la Iglesia a participar de las festividades
municipales y a prestar los espacios religiosos para la ejecución de las obras,
así como también en muchos casos, suspendió la otorgación de licencias
para impresión e inició procesos contra representaciones que habían sido
acusadas ante el Santo Oficio.29
Durante el siglo XVIII el enfrentamiento entre el poder civil y el
eclesiástico se hizo más fuerte, las diferentes normativas habían disminuido
la participación de los religiosos en la composición y presentación de
obras teatrales y en la medida en que las funciones de “prueba” ya no eran
necesarias para obtener licencias, la Inquisición ya sólo ejercía funciones
punitivas.30 En la segunda mitad del siglo las reformas borbónicas hicieron
más latente la situación, lo que se reflejó también en las representaciones
teatrales. A la ya mencionada cédula real de 1765, que prohibió los autos
sacramentales, se sumó la prohibición para las representaciones de comedias
que trataran sobre vida de santos; sin embargo, como en otros casos, las
disposiciones fueron comúnmente desobedecidas.31 Puede decirse que en
la segunda mitad del siglo XVIII, el teatro religioso comenzó a quedar por
fuera del teatro profesional, mientras que el teatro evangelizador que aún
subsistía, libraba una fuerte batalla con la Inquisición.
Resulta interesante que al ser juzgada por la Inquisición, La Pasión no
solamente fue acusada de infringir varias de las normas de las que se habló
en los párrafos anteriores, sino que además, se juzgó por atacar algunos
principios fundamentales de la religión (aspectos comentados en la siguiente
sección sobre el dictamen del examinador Larrea). La particularidad está en
que muchas de las normativas para la regulación del teatro, por ejemplo
aquellas relativas a la prohibición de utilizar indumentaria eclesiástica en
29 Ramos Smith, “Tercera llamada…”, pp. 155-162.
30 Ibid., pp. 164-166.
31 Ibid., pp. 172-173.
20
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
los montajes, fueron dadas pensando en el teatro profesional que se había
estado consolidando a partir del siglo XVII. Se evidencia entonces que ante
una obra religiosa que no tiene características profesionales, su juzgamiento
por la Inquisición se hace utilizando tanto normativa jurídica sobre el
teatro, como normativa de la Iglesia sobre la correcta aplicación y uso de
los dogmas de fe.
3. Censura
Para la segunda mitad del siglo XVIII, momento en que se censura La
Pasión, las normativas alrededor del teatro eran estrictas y definidas. Y
para entonces, a diferencia de lo sucedido durante los siglos XVI y XVII,
la Iglesia no dejaba de considerar la práctica teatral incompatible con las
prácticas religiosas. Paradoja de particular importancia al recordar que fue
precisamente la Iglesia quien promovió el uso del teatro a partir del siglo
XVI. El nuevo elemento, que no se puede dejar de lado y que influyó en la
forma de juzgar, tanto de las autoridades civiles como de las religiosas, es
la Ilustración.32
La influencia de las ideas ilustradas se hizo presente en todos los
aspectos de la vida del siglo XVIII, incluyendo la censura de obras teatrales
y literarias. Esas mismas ideas generaron situaciones contradictorias, pues
mientras algunos textos eran acusados y procesados por poseerlas, existían
examinadores que haciendo gala de una liberalidad, respaldada por lo que se
consideraba un gran conocimiento y “cultura”, aprobaban la ejecución de
ciertas obras, argumentando que eran lícitas desde una serie de elementos
que, podría considerarse, no eran otra cosa que muestras de ideas ilustradas.
32 No se desconoce que el concepto de Ilustración merece en sí mismo una discusión,
así como la aparente oposición y enfrentamiento entre las ideas ilustradas y las religiosas,
argumento que puede verse planteado en los párrafos siguientes; sin embargo, en este trabajo
no se profundiza en dicha conceptualización o discusión por sobrepasar el objetivo del
mismo. El término se aborda bajo la propuesta de características que plantea y discute Roger
Chartier: “la crítica del fanatismo religioso y la exaltación de la tolerancia, la confianza en la observación y en la experiencia, el análisis crítico de todas las instituciones y costumbres, la definición de una moral natural, la reformulación del vínculo político y social a partir de la idea
de libertad.” Chartier, Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII, p. 30. Y frente a la
oposición con la Iglesia, se asume que: “Mientras ésta (la Ilustración) condenaba en nombre
de la propiedad, la modernidad y la Razón, la Iglesia lo hacía en nombre de la moral.” Ramos
Smith, “El arte…”, p. 134.
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Tal es el caso del segundo examinador del expediente, fray Francisco
de Larrea. Desafortunadamente no es mucha la información que se
consigue sobre el personaje para poder conocer su trayectoria y su posición
ideológica frente a otros casos y situaciones. Pero por lo que al expediente
de La Pasión respecta, Larrea, contrariando el dictamen que ya había sido
dado por Pando, y mostrándose afecto a la actividad teatral, asegura que las
interpretaciones que se procesan no ejercen ninguna mala influencia ni en
quienes la actúan, ni en quienes la ven.
Además, en su dictamen Larrea añade: “Supongo lo segundo, que no
solamente se practica dicha representación teatral en varias partes de este
Reino en lengua de Castilla, sino también la mexicana, como yo la vi varias
veces en el pueblo de Tepoztlán; y no es acción bárbara, sino de gentes
también instruidas”.33 No se debe olvidar que desde finales del siglo XVI, por
cédula real, a los sacerdotes se les prohibió asistir a espectáculos teatrales, lo
que confirma que, a pesar de los miedos e impedimentos existentes frente
a las comedias y representaciones de teatro, se seguía asistiendo a ellas y
algunos las veían sin prejuicio.
Y más adelante el examinador precisa: “Asentado esto es mi dictamen
que es lícita la representación teatral de la pasión y muerte de nuestro Señor
Jesucristo en lengua vulgar, castellana, y mexicana, y que se podrán practicar
semejantes representaciones, mientras la malicia no abuse de ellas”,34 dice
también que en la medida en que tanto en España como en América se
hacen representaciones de autos sacramentales y vidas de santos y santas,
así como comedias de la Virgen, no tiene por qué considerarse incorrecto
hacer una del momento de la pasión y muerte de Jesús. Por el contrario,
considera que dichos actos promueven la fe y la devoción, entre otras
virtudes cristianas. Asegura además que la representación de la pasión en
particular, puede generar:
(…) tal vez un dolor intensísimo de las ofensas cometidas contra Dios por
nuestra condición y miseria; como lo comprueban las lágrimas, que derramaban,
y otras demostraciones, que hacían de arrepentimiento, hallándome yo presente
33 AGN, Inquisición, vol. 1072, exp.10, f. 222v.
34 Ibid., f. 223r.
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con otros religiosos, en sus Nixcuitiles, o representación de la pasión, aquellos
neófitos del pueblo de Tepoztlán: pues si la causa es tan buena, y los efectos tan
arreglados, como pueden ser ilícitas estas representaciones?35
Otro de los puntos que tiene Larrea en favor de La Pasión es que no está
atravesada por el interés y la codicia, pues no se paga por verla y sus actores
no son profesionales, comediantes de oficio, quedando fuera de la categoría
de infames e irregulares y merecedores de la excomunión, según lo indicado
en los concilios de la Iglesia católica. En este caso:
se hace la representación para enseñanza y utilidad espiritual del vulgo, que no sabe
otro idioma más que el suyo: los representantes son por la gracia de Dios católicos
cristianos, píos, y devotos, unos viejos y otros neófitos, y no tan avisados que sepan
más de lo que les conviene saber: luego atendiendo a todas las circunstancias, que
acompañan el acto, y pudieran hacerlo viciosos, estas no lo hacen.36
Además, frente a la inmoralidad que puede ser adjudicada a la obra, asegura
que se hace en el Domingo de Ramos, evitando la embriaguez en que suele
terminar la celebración de otras fiestas religiosas. Por otro lado, duda de la
mala traducción de los evangelios, asunto que según la legislación católica
es motivo de excomunión.
Sobre la acusación por la desnudez de quien interpreta a Cristo dice:
Es cierto, que se desnuda el que representa a Chirsto, pero no con ofensa de la
honestidad, como los herejes Turilupinos, Adamitas, y los Cínicos, de que soy
buen testigo por haberlo visto varias veces en nuestro Curato de Tepoztlán; con
menos decencia suelen ser azotados estos miserables por sus Curacas.37
Más adelante, añade su opinión sobre el comportamiento de quien interpreta
a Judas, del que se asegura, todos se ríen, tomando por cómico un pasaje
bíblico.
35 Ibid., ff. 223v.-224r.
36 Ibid., f. 224v.
37 Ibid., f. 225v.
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Nunca vi acciones indecentes en el que representaba a Judas, y en ese caso le
hubiera reprendido, como deben ejecutar los curas, o vicarios, que se hayan
presentes; y aunque ejecute algunos visajes, y se rían los asistentes, no debemos
atribuirlo a menosprecio de los sacrosantos misterios representados, sino a
cierta especie de haberse divertido a otra cosa inútil, aunque no se debe ejecutar
como que es menos propia del objeto y asunto, como tampoco deben ir al
paraje por pura diversión, porque este está constituido en calidad de pecado
venial.38
Otra de las acusaciones que se hacen a La Pasión es que los ensayos se hacen
hasta altas horas de la noche y se convocan a través de una caja, a lo que el
examinador contesta:
Si juzgo lícitas las representaciones teatrales, cómo podré condenar por
malos los ensayos, cuando estos son prueba de aquellas? (…) No dudo estar
prohibidos por leyes imperiales los congresos nocturnos, porque se puede
machinar en ellos contra el Estado, ni niego, que las leyes eclesiásticas han
dado sus pinceladas sobre la materia porque son peligrosos para lo católico y
honesto, como se experimentó en los de los Molinistas, y de los Hugonotes en
la Francia; y otros innumerables; (…) Pero hablando de los ensayos según su
naturaleza, son tan lícitos como las representaciones, y el modo de convocar a
ellos con caja, prueba lo lícito, pues el que obra mal no quiere, ni llama testigos,
y lo que públicamente se practica, lleva consigo el carácter de bondad, y en la
presente materia no puede haber sospecha de maquinaciones contra el Estado,
en que las Justicias seglares pondrán el remedio en caso necesario y los curas
deben velar sobre las buenas operaciones de su rebaño.39
Resulta interesante de este apartado la exposición de la situación política del
momento y la posición política que toma Larrea y que, además, asegura que
deben tomar los otros sacerdotes, en defensa de sus feligreses sin importar
las disposiciones oficiales.
38 Ibid., f. 225v.
39 Ibid., ff. 226v.-227r.
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Larrea también defiende la acusación que se hace a los “actores” de la
obra por utilizar los vestidos de los santos de la Iglesia en su actuación.
Para el examinador, no se trata de una burla, por el contrario, se hace
buscando hacer la representación lo más fielmente posible y debido a la
pobreza de las parroquias que les impide fabricar otros vestidos. En últimas,
prácticamente todas las acusaciones son desmentidas, únicamente se hacen
algunas recomendaciones de “moderación”:
Que no canten himnos, que no se hinquen de rodillas, ni adoren, y digan relative
las palabras en la consagración; que se enmienden los cuadernos por peritos
respecto a las impropiedades que tienen, y que asistan a las representaciones
y ensayos sus curas, o vicarios, para impedir con su respecto los desórdenes.40
Las enmiendas de los cuadernos son dos en particular. La primera es la
supuesta sentencia que dicta Poncio Pilatos en contra de Jesús, esa aparece
de forma suelta junto a los cuadernillos de la obra y también dentro del texto
pero de forma mucho más corta.41 Según Larrea, debe eliminarse porque
sobre ella no consta en las escrituras. La segunda es sobre un dictamen que
aparece al principio de la obra y que en uno de los cuadernillos adjuntos en
el expediente se lee:
Sale el pregonero y publica un edicto en esta forma.
Los pontífices de Jerusalén, mandan a todas las personas, de cualesquiera estado,
y condición que sean, no den entrada a su casa a Jesús Nazareno, antes si luego
al punto, que tengan noticia donde está, den aviso, y manifestándose se halla,
pena de excomunión, y quedarán excluidos de la sinagoga por inobedientes a
sus mandatos.42
Según Larrea, la corrección debe hacerse porque, al igual que la sentencia
de Poncio Pilatos, se trata de un hecho que no se registra en las sagradas
40 Ibid., f. 227r.
41 Ibid., f. 273v. Todas las anotaciones sobre el texto de la obra se toman del primero de los
tres cuadernillos anexos al final del expediente, está fechado en Tenanco, en febrero 18 de
1866.
42 Ibid., f. 254v.
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escrituras. Lo interesante del extracto es la forma en que un libreto teatral
puede reflejar la situación del entorno en que se desarrolla la obra. En este
caso se usa un pregonero, de la misma forma en que se anunciaban los
bandos y otras disposiciones durante el siglo XVIII, además, el castigo que
se amenaza incluye la excomunión, castigo que seguramente no existía en
Jerusalén en el siglo I, pero que era muy común en la Nueva España colonial.
Para finalizar, vale la pena notar que en todo el examen que hace
Larrea no se lee ninguna referencia a la “gente de razón”, motivo último
por el que se revoca el decreto que, acogiéndose a lo propuesto por el
examinador, permitía la realización de dichas obras teatrales. Frente a ese
cambio de enfoque a la acusación, ¿sería necesario tener otra evaluación del
expediente?, ¿habría el padre Larrea cambiado de opinión en su evaluación
del expediente? En esa medida se abre también el interrogante respecto de
si la posición aparentemente “liberal” e “ilustrada” de fray Francisco Larrea
resulta o no excepcional, o si tan sólo se trata de una actitud condescendiente
por tratarse de un caso específico en el que, se supone, sólo intervienen
“naturales”, inquietud que surge debido a las numerosas comparaciones
que hace el sacerdote de los Nixcuitiles a los que asistió y que lo cautivaron,
entre los indígenas de Tepoztlán.
Hay que anotar que para cuando se envía la notificación de prohibición
a las diferentes poblaciones de las que se tiene noticia, los respectivos
sacerdotes contestan explicando que desde el momento mismo en que se
emitió una orden preventiva mientras se estudiaba el caso, se suspendió
la realización de La Pasión. Se tiene entonces que el sólo conocimiento de
que la Inquisición puso a prueba una obra, y esto fue razón suficiente para
dejar de realizarla, aun siendo ésta parte de la tradición popular, pues se
había representado por varias generaciones, ya que el título de la obra de La
Pasión de Cristo está referida entre las primeras del teatro evangelizador del
siglo XVI.43 No obstante, esta afirmación se debe tomar con cautela, pues a
menos que se logre comparar un texto de ese momento con uno de los que
se adjuntan en el expediente que aquí se estudia, es difícil asegurar que se
trataba de la misma obra.
43 Ramos Smith, “El arte…”, p. 118.
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4. Opinión pública
Frente a la opinión pública,44 vale la pena preguntarse sobre la variación en
la intención que tuvieron las obras teatrales. A diferencia de lo sucedido con
el teatro no religioso, para el siglo XVIII, el teatro de evangelización ya no era
utilizado con frecuencia, por el contrario, muchas veces resultó prohibido
y perseguido. El no religioso en cambio, según Juan Pedro Viqueira, fue
la forma escogida por los gobernantes ilustrados para cumplir la tarea de
educar al pueblo y difundir lo que se consideraba era la forma correcta de los
comportamientos y valores; era una forma para “llegar a su entendimiento
a través de su vista”,45 es decir, que para el siglo XVIII el teatro no religioso
tuvo en la Nueva España el mismo uso y fin que el teatro evangelizador en
los siglos XVI y XVII. Eso hizo que se tratara de una actividad de diversión
con menos persecuciones que otras, como las corridas de toros, las peleas de
gallos o las fiestas callejeras, pero es también por eso que su reglamentación
y limitaciones se vuelven abundantes, especialmente en la segunda mitad
del siglo XVIII.
Por otro lado, el teatro de carácter religioso, interpretado como parte del
teatro profesional, estuvo normado por una vasta serie de prohibiciones. Si
se tiene en cuenta que El Coliseo y las compañías teatrales con artistas
profesionales estaban constituidas como empresas, es claro que a pesar de
la legislación y las prohibiciones, respondían tanto a los ideales de las élites
gobernantes, como a las demandas y gustos del público,46 en esa medida, se
puede suponer que el teatro es un reflejo de la opinión pública:47, 48
44 Al igual que el concepto de Ilustración, el de opinión pública también es sujeto de
numerosas discusiones que no son el objeto de este texto. Sin pretender agotar el concepto
o lo que sobre él se pueda decir, en este trabajo por opinión pública se entiende también lo
concerniente a “publicidad”, que según Chartier, en línea con Habermas: “no es únicamente
la de la autoridad estatal, exhibida y ensalzada, y la instauración de un ámbito de lo privado
que incluye la intimidad de la vida familiar, la sociedad civil fundada por el intercambio de
mercaderías y de trabajo y el espacio dedicado al ejercicio crítico, al ‘razonamiento público’.”
Chartier, op. cit., p. 33.
45 Viqueira Albán, ¿Relajados o reprimidos?, pp. 65-67.
46 Viveros, Teatro dieciochesco de Nueva España y Viveros, Manifestaciones...
47 Sin querer entrar en la profunda discusión sobre qué implica el concepto de opinión
pública, aquí se asumirá como la opinión general, difundida entre una sociedad a través de la
publicidad de un instrumento cultural, en este caso, el teatro.
48 Vázquez Mantecón, Los días de Josepha Ordóñez.
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…ahí, en el escenario y en las gradas, en la ‘libertad’ de la creación artística y en
la ‘espontaneidad’ de las reacciones del público se manifestaba la realidad viva
de la sociedad novohispana, se revelaban sus ataduras profundas, y sus fuerzas
nacientes. Ahí convivían, rara vez en armonía, las ideas y las creencias de la
sociedad, sus mitos y sus esperanzas, el pueblo y la élite, el poder del dinero y
las tradicionales jerarquías, el afán de ilustrar y la coerción física, la moralidad
y la desfachatez, el orden y el ‘relajo’, la legitimidad y la rebelión, la norma y la
anomia.49
En esa sociedad habían comenzado a introducirse las ideas de la Ilustración,
la mayoría de las cuales eran consideradas inmorales para la Iglesia. Contra
esas ideas se legisló y en nombre de ellas se condenaron muchas obras.
Según Maya Ramos, ésa fue una de las razones para que se comenzara
a marginar del escenario el teatro religioso, en particular el de carácter
popular.50 Pero vale la pena preguntarse si esa marginalización se dio en toda
la Nueva España, o si al analizar el teatro citadino se está cayendo en una
generalización imprecisa.
El expediente que se analiza en este trabajo puede ser una muestra
de cómo el teatro religioso y en particular el teatro evangelizador, que la
mayoría de los estudiosos del teatro ubican exclusivamente en los siglos XVI
y XVII, continuó estando presente en pequeñas poblaciones novohispanas,
incluso hasta bien entrado el siglo XVIII. No es de extrañar que en lugares
apartados y con poco acceso a las influencias de ideas extranjeras, a donde
no llegaban siquiera las compañías de teatro itinerante, los cambios en la
opinión pública se dieran de forma más lenta que en espacios con mayor
apertura a ideas e influencias, como las ciudades, en particular la ciudad de
México, que gracias a su Coliseo suele ser la más estudiada para el ámbito
teatral.
Desde otro punto de vista, el teatro puede verse no como un reflejo de
la sociedad, sino como una herramienta para la formación de la opinión
pública. Ése fue el objetivo de los evangelizadores que utilizaron las
obras religiosas desde el siglo XVI. También fue por eso que se originaron
49 Viqueira Albán, op. cit., p. 53.
50 Ramos Smith, “El arte…”, p. 134.
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
enfrentamientos entre los poderes civil y eclesiástico, cuando unos u
otros consideraban que se estaban difundiendo mensajes equivocados que
afectarían la opinión de la población sobre ciertos aspectos. Y seguramente
esa idea permaneció hasta bien entrado el siglo XVIII, porque ésa es la razón
por la que se decide recoger los papeles y prohibir la obra La Pasión. A
lo que se teme es al mensaje que puede transmitir y a la forma en que lo
van a interpretar quienes vean la obra. Sin embargo, es interesante notar,
en particular al leer el dictamen de Larrea, cómo para la segunda mitad
del siglo XVIII, además del contenido religioso debe agregarse el contenido
político, asunto que se encuentra como una preocupación transversal a
todas las manifestaciones sociales y culturales del momento.
Al respecto Germán Viveros asegura: “El neoclasicismo teatral
novohispano fue el que, desde el punto de vista del gobierno virreinal, se
constituyó en instrumento idóneo para la formación de una conciencia
civil en el mexicano de entonces, al que, mediante el teatro, también quería
dársele instrucción moral o propia del fuero interior”.51 Asegura también
que otra característica que
(…) hizo mella en la calidad artística del teatro dieciochesco era el probable
gusto estragado de la concurrencia, constituida por gente tosca que muchas
veces era atraída por la música, bailes y cantos que se incorporaban en sainetes,
loas o tonadillas con que se acompañaba una escenificación. Era la misma plebe
que gozaba con peleas de gallos y corridas de novillos, con volatineros, con
juegos pirotécnicos y con espectáculos de magia.52
En ese aspecto vale la pena detenerse, pues debe recordarse que las que se
consideran como las primeras manifestaciones teatrales en la Nueva España,
son las del teatro evangelizador, que estaba dirigido en su totalidad a las
poblaciones indígenas y fue la hibridación entre las tradiciones europeas e
indígenas americanas, la que dio las características festivas particulares al
teatro novohispano. Entonces, es probable que mucho antes del siglo XVIII
ya se dieran muestras del “gusto estragado en la concurrencia”. Sin embargo
51 Viveros, Germán, Teatro dieciochesco…, p. XXXVII.
52 Ibid., p. XLIX.
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y sin querer entrar a discernir sobre el concepto, queda la duda si ese gusto
estragado en la concurrencia podría equipararse al gusto por lo popular. De
ser así, vale la pena puntualizar que si bien es cierto que con la aparición de
las compañías teatrales y los lugares fijos para las representaciones comenzó
a existir una separación entre el teatro de Coliseo y el callejero, y también
entre el público que asistió al uno y al otro (diferenciación que estuvo
mediada por la clase), eso no estuvo relacionado con la aparición de lo
popular. Es probable que la existencia del gusto estragado en la concurrencia
ya se hiciera presente en otras manifestaciones festivas diferentes al teatro,
que existen en América, incluso desde épocas prehispánicas.
5. Consideraciones finales
Es importante aclarar que en este apartado no se pretende llegar a
conclusiones finales o propuestas definitivas, pues lo que se logra en el
trabajo no es desde ningún punto de vista un análisis profundo de ninguno
de los temas que se plantean sino, por el contrario, es tan sólo una revisión
general de posibles temáticas a estudiar y propuestas sobre un punto de
vista para abordar el teatro novohispano en el siglo XVIII, reconociendo,
por supuesto, que se trata de un tópico abordado copiosamente en la
historiografía mexicana. Lo que se propone aquí es abrir una serie de
interrogantes sobre posibles aspectos a analizar.
En general, el análisis del expediente muestra cómo no es erróneo
considerar el siglo XVIII, en particular su segunda mitad, como un momento
de transición. La llegada de la Ilustración, entre otras cosas, provocó
respuestas particulares tanto en el aparato gobernante como en la sociedad
en general. La legislación y la administración de justicia, que se fue ajustando
a las nuevas circunstancias y la forma en que se recibió y aplicó, o no aplicó,
son una muestra del cambio de mentalidad propio de ese momento. Tal
vez por ese carácter transicional es que no debe resultar extraño encontrar
en un mismo expediente y frente a un mismo caso, dos posiciones tan
contrarias como las de Pando y Larrea.
Entre los aspectos que pueden quedar abiertos para una futura
investigación, además de las preguntas que se plantearon en cada uno de los
apartados, se encuentra la inquietud sobre por qué en la historiografía sobre
30
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
el teatro novohispano, se asume al teatro evangelizador como un fenómeno
exclusivo del siglo XVI, con alguna presencia en el siglo XVII; es como si
con la aparición del teatro profesional, las obras de carácter religioso
fueran asumidas por las compañías y casas de teatro, desapareciendo, al
menos de la historiografía, el teatro evangelizador. Valdría la pena hacer
un seguimiento a las obras que, hasta bien entrado el siglo XVIII, como
es el caso de la que aquí se estudia, pueden considerarse como teatro
evangelizador. Se trata de libretos que circularon por varias generaciones y
de representaciones que siguieron realizándose entre los habitantes de los
pueblos para conmemorar festividades religiosas, algunas incluso, según lo
que puede leerse en el examen hecho por Larrea, continuaron presentándose
en lenguas indígenas. Es más, ¿las representaciones de pasajes bíblicos que
actualmente se hacen en las festividades de Semana Santa, son heredadas de
ese teatro evangelizador?
Otro aspecto que puede resultar interesante tratar es el tema de la risa.
De acuerdo con la consulta que hace el padre Victoria a la Inquisición de
México, muestra su preocupación por la risa que causan algunos pasajes
de La Pasión en quienes asisten a la obra. En ese sentido, la risa tiene una
carga de burla y desaprobación, resultando contraria a lo que se indica para
los primeros momentos del teatro evangelizador, cuando la diversión, que
se representaba a través del canto y la danza, fue un elemento importante
a incorporar en las representaciones que buscaban ser enseñanza de la
doctrina, pues se creía que si les gustaba lo que veían y se identificaban
con ello, iba a ser más fácil la aceptación e interiorización del mensaje. Si
se asume que el gusto producido por el canto y la danza pudo haber venido
con expresiones de risa, cabe preguntarse ¿en qué momento cambió la
concepción sobre la risa?, ¿cuándo dejó de ser un elemento necesario para
convertirse en algo sancionable? Puede resultar relevante la división que se
planteó entre las comedias y las tragedias, donde las primeras no eran tan
bien vistas por los “ilustrados”, pero se presentaban con el fin de entretener
al público,53 ¿acaso tratar una obra de carácter religioso como comedia (en
la medida en que producía reacciones de risa), significaba ir en contra de su
mensaje moralizador?
53 Viqueira Albán, op. cit., pp. 101-102.
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También valdría la pena poner atención en la desnudez. Entre las
preocupaciones que se hacen explícitas sobre La Pasión se dice que quien
representa a Cristo sale desnudo, provocando la risa de los asistentes; ésa
era una de las razones para creer que se estaba generando una especie
de profanación hacia un personaje sagrado. Al respecto, Pando no hace
ninguna anotación y Larrea, que en general entrega un veredicto muy
extenso, escasamente le dedica un par de líneas al asunto. En la obra, la
parte donde se despoja a Cristo de su ropa, dice, ocurre cuando es llevado
frente a Poncio Pilatos: “Se desnudan la túnica morada, le ponen la
encarnada, corona caña, y dicen:…”.54 Más adelante, después de que Pilatos
firma la sentencia en contra de Jesús: “Cabeza Christo, le quitan la vestidura
encarnada, y le ponen la túnica morada, preparan la cruz la que mirando
Chirsto le dice”.55 Finalmente,
Llegan al calvario y dice uno: Tire ahí esa cruz, y desnúdese esos vestidos, que
son nuestros, y a nosotros nos pertenecen.
Le quitan la túnica, y la Virgen quitándose las tocas, las echa a Christo en las
espaldas, y Christo hincándose se las ciñe…56
Al parecer no hay ninguna escena en la que el actor permanezca desnudo,
eso lleva a preguntarse, ¿a qué se refería el padre Victoria con desnudez?,
¿cómo era la percepción y el manejo del cuerpo en el siglo XVIII? y además,
¿existía una diferenciación entre lo público y lo privado en un aspecto
relacionado con la intimidad?
Finalmente, Viqueira afirma que en el siglo XVIII una forma en que los
ilustrados, juzgaban y separaban las buenas obras de las malas o “vulgares”
era su capacidad de representar escenas lo más apegadas posibles a la
realidad,57 esto plantea dos grandes interrogantes que se proponen como
cierre para el texto; en primer lugar, ¿puede aplicarse lo mismo para el teatro
religioso en ese periodo?; y de ser así, ¿son acaso la censura a la risa y la
54
55
56
57
32
AGN,
Inquisición, vol. 1072, exp. 10, f. 272v.
Ibid., ff. 273v.-274r.
Ibid., f. 274v.
Viqueira Albán, op. cit., pp. 101-108.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
desnudez censuras a esos elementos en sí mismos, o se trata posiblemente
de una censura hacia la irrealidad de los hechos, lo que dejaría a la obra por
fuera del mundo de la razón y las demostraciones científicas?
Fuentes y bibliografía
Archivos:
AGN,
Inquisición, vol. 1072, exp. 10, ff. 195-243.
Libros y artículos citados:
Aracil Varón, Beatriz. “Nuevas formas escénicas en el teatro evangelizador
novohispano”, en María Águeda Méndez (ed.), Fiesta y celebración. Discurso
y espacio novohispanos, pp. 119-138.
Chartier, Roger, Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los
orígenes culturales de la Revolución Francesa, Barcelona, Gedisa, 2003.
Ramos Smith, Maya, “El arte de normar y la astucia de transgredir: las artes
escénicas en las festividades religiosas”, en Censura y teatro novohispano
(1539-1822). Ensayos y antología de documentos, México, Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional de Bellas Artes/Centro
Nacional de Investigación e Información Teatral Rodolfo Usigli/
Escenología A. C., 1998, pp. 115-142.
Ramos Smith, Maya, “Tercera llamada: Censuramos. El teatro profesional:
siglos XVI-XIX”, en Censura y teatro novohispano (1539-1822). Ensayos
y antología de documentos, México, Consejo Nacional para la Cultura y
las Artes/Instituto Nacional de Bellas Artes/Centro Nacional de
Investigación e Información Teatral Rodolfo Usigli/Escenología A. C.,
1998, pp. 143-180.
Vásquez Mantecón, María del Carmen, Los días de Josepha Ordóñez, México,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.
Viqueira Albán, Juan Pedro, ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida
social en la ciudad de México durante el Siglo de las Luces, México, Fondo de
Cultura Económica, 1987.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
33
Viveros, Germán, Teatro dieciochesco de Nueva España, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 1990.
Viveros, Germán, Manifestaciones teatrales en Nueva España, México,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.
34
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
A DMINISTRATIVIZAR LA HACIENDA PÚBLICA.
L A LEGISLACIÓN TRIBUTARIA DEL RÉGIMEN SANTANNISTA,
1853-1855
Carlos de Jesús Becerril Hernández*
Resumen
A inicios de 1853, el país se encontraba en una crisis política y
hacendaria de dimensiones mayúsculas. No obstante, se trataba
de una serie de circunstancias que el segundo federalismo venía
arrastrando desde su reinstauración con consecuencias como una
dramática caída de los ingresos y la continuación de niveles altos de
gasto. Así, la administrativización del sistema tributario se convertía
en la única forma de combatir la anarquía. La hacienda del país
debía ser “científica”, asegurando así la regularidad, celeridad y continuidad de las operaciones administrativas. Para los ideólogos y
funcionarios del régimen santannista, la Hacienda nacional no era ni
una cosa política ni económica, sino que pertenecía y se regulaba por
las normas del derecho público.
Palabras clave: derecho administrativo, contribuciones, juicio
contencioso administrativo.
Summary
At the beginning of 1853 the country faced a major political and
fiscal crisis. Nonetheless, it was related to a series of circumstances
that the second federalism dragged since its reestablishment with
consequences such as a dramatic fall in revenues and the high level
of expenditure. Therefore, the managerialism (administrativización) of
the revenue system had become the only means of combating anarchy. The public finances should be “scientific”, thus guaranteeing
the regularity, promptness and continuity of administrative operations. To the ideologues and public officials of Santa Anna’s regime
* Estudiante de doctorado, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
35
public finances were neither a political nor an economic issue, rather
they belonged and were regulated by the norms of public law.
Key words: administrative law, contributions, contentious administrative trial.
La historia de los pueblos demuestra a mi juicio, que
las formas de gobierno influyen menos en sus destinos
que una buena administración [la nación mexicana], no
podía conocer lo necesario que es un instrumento para
realizar una idea, y este instrumento no es otro que aquel
de que se han servido otras sociedades para plantificar sus
programas políticos, es decir, un sistema administrativo.
El gobierno sin administración, es como un astrónomo
sin telescopio, o piloto sin timón.
Ortigosa, Cuatro Memorias, pp. I-II.
Introducción
Desde una perspectiva jurídica, Luca Mannori y Bernardo Sodi, en su Storia
del diritto amministrativo (2001), identifican el fin del mundo antiguo con la
invención del espacio administrativo.1 En Europa, la Revolución francesa
significó el inicio de la vigencia del denominado modelo francés de administración,
mismo que sentó las bases para la separación de la jurisdicción común de
la administrativa. Desde entonces, el derecho administrativo representó
un ejemplo para el mundo, su recepción sólo sería equiparable con la del
derecho romano.2
En este contexto, el presupuesto y los impuestos, instituciones básicas
de la vida financiera, comenzaron a ser estudiadas desde un punto de vista
económico, en los tratados de economía política, y, desde una perspectiva
jurídica, en los tratados de derecho administrativo, en la sección de derecho
tributario.3 Es precisamente esta última, de contenido jurídico, la que
interesa para efectos del presente ensayo.
1 Citado en Lorente, “División de poderes”, p. 327.
2 Ibid., p. 311.
3 González, “Concepto y contenido”, p. 5.
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Durante la primera mitad del siglo XIX, la hacienda pública mexicana
sufrió las consecuencias de los constantes conflictos armados que parecían
no tener fin. Las finanzas públicas dependían más de los proyectos políticos
–nacionales o regionales– que del desempeño de la economía.4 El clímax de
esta crisis hacendaria llegó con la caída del segundo federalismo (1847-1853),5
ya que el resultado fiscal fue “un reducido nivel de ingresos que no tenía
precedente desde la consumación de la independencia”.6 Todas las fuentes
de recursos –ordinarios y extraordinarios– habían sido definitivamente
desecadas. El gobierno federal había fracasado en equilibrar las finanzas
públicas, con gravísimas consecuencias políticas, militares y financieras.7
¿Cuál era el remedio contra los fracasos que en materia tributaria había
experimentado el erario nacional desde la Independencia? La respuesta
parecía encontrarse en la conformación de un Estado fuerte, capaz de conciliar los intereses locales y nacionales, a través de la participación de los
diferentes sectores de propietarios que se identificasen con el bienestar
y el progreso de la nación.8 De esta forma, este trabajo intenta explicar
cómo la racionalidad administrativa se convirtió en la herramienta que
los conservadores y los liberales moderados que rodearon a su Alteza
Serenísima trataron de utilizar para guiar el correcto funcionamiento del
sistema tributario santannista. Los funcionarios e ideólogos de la Dictadura9
echaron mano de las teorías y principios del derecho administrativo de la
Francia posrevolucionaria, donde la administración había alcanzado éxito por
encima de las diferencias políticas y sociales, como una forma de organización
estatal, pero también para tratar de controlar al general presidente.
4 Serrano y Jáuregui, Hacienda y política, p. 11.
5 Marcello Carmagnani considera que a partir de 1847 puede hablarse de un “primer
federalismo liberal” y que, a partir de 1856 podemos referirnos a un “segundo liberalismo
liberal”. Carmagnani, “El federalismo”, p. 144.
6 “A esta polémica fiscal tuvo que dar respuesta el régimen político que sucedió a la caída del
presidente Mariano Arista que, entre otros elementos, implicó el fin del segundo federalismo”.
Sánchez, Las alcabalas, p. 254, y Jáuregui, “Los orígenes”, p. 105.
7 Jáuregui y Marichal, “Paradojas fiscales”, p. 115.
8 Lira, “Las opciones”, p. 140.
9 Utilizamos la palabra Dictadura con mayúsculas para aclarar que se trata del último
gobierno del general Antonio López de Santa Anna, 1853-1855. Cuando la palabra inicie con
minúsculas nos referimos al régimen de gobierno autoritario que concentra todo el poder
en manos de una sola persona, un órgano colegiado o una clase. Seco, Diccionario del español,
p. 1598.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
37
La administrativización de la hacienda pública,10 la instauración
de contribuciones directas, el gravamen sin afectar –o afectando lo
más mínimamente posible– a las fuentes de las rentas, así como la
constitucionalización11 de los principios generales que debían guiar la imposición, fueron algunas de las propuestas en boga no sólo en México,
sino en Europa, especialmente en Francia y España, principales países
defensores de la jurisdicción administrativa.
Lo que pretendemos resaltar aquí es la íntima relación que existió
entre política, economía y derecho. Hemos dividido en cuatro apartados el
contenido de este texto. En una primera parte exponemos y cuestionamos
la versión historiográfica tradicional que hacía ver al gobierno santannista
como un régimen anárquico. En segundo lugar, el lector encontrará una
apretada descripción de los proyectos tributarios propuestos para la Dictadura. En un tercer apartado se presenta un panorama general de la
tributación en la república liberal centralista encabezada por su Alteza
Serenísima, mediante un recorrido por las figuras impositivas, las formas
de recaudación y los medios de solución de controversias. Un cuarto punto
expone, a manera de consideraciones finales, una reflexión sobre el legado
del sistema tributario santannista.
10 Desde el punto de vista jurídico, la administrativización de la hacienda pública consiste
en el diseño, creación y puesta en práctica de un conjunto de órganos de la administración
pública encargados de la planeación, recaudación y control de los ingresos fiscales. Esta
administración dependiente del Poder Ejecutivo se encarga de aplicar las leyes fiscales, y de
ejercer el poder fiscal del Estado, inscrito en el principio de legalidad. En la relación jurídicofiscal derivada de esta administrativización, el único sujeto activo es el Estado, quien a través
de la actividad administrativa del poder Ejecutivo, es el único con la potestad fiscal necesaria
para exigir el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Gil y Quintana, “Administración
fiscal”, p. 168.
11 Fernando Sainz de Bujanda afirma: “la materia tributaria se constitucionaliza con el
propósito de infundirle mayor estabilidad y fijeza. Se aspira a que las normas jurídicas de
rango no constitucional –incluidas, por tanto, leyes de carácter ordinario –no puedan alterar
ciertos principios a los que se atribuye un carácter configurador del sistema. Su alteración sólo
podrá producirse, en su caso, por el mismo poder que las estableció: el poder constituyente
–originario o derivado– del que emana la norma suprema del ordenamiento, situada en el
primer rango de la jerarquía”. Sainz, Lecciones de Derecho, p. 146.
38
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
1. En busca de una “verdadera ciencia de la administración”
El gobierno encabezado por su Alteza Serenísima en materia impositiva
–desde la perspectiva de sus detractores– fue una “mezcla extraña de ideas
liberales muy avanzadas, con restricciones casi inquisitoriales”12 en el que se
impusieron contribuciones insoportables a la propiedad y al trabajo, hasta
rayar en “ridículas y extravagantes” algunas de ellas, sin dejar por eso de ser
odiosas y vejatorias.13
Sin embargo, es legítimo cuestionarse: ¿fue la Dictadura una etapa
“aconstitucional” en la que no se dictó disposición impositiva alguna
que no fuera para satisfacer la voluntad del dictador? Por otro lado, si la
historiografía tradicional despectivamente sostiene que la Dictadura fue
“señoreada en casi todo por los aspectos conservadores”, ¿por qué un
hacendista –de postura liberal– como Matías Romero afirmaría que la política
tributaria de la Dictadura era una mezcla de ideas liberales muy avanzadas
con restricciones casi inquisitoriales? Como es sabido, frente a los proyectos
liberal y conservador, Antonio López de Santa Anna finalmente se decidió
por el grupo conservador encabezado por Lucas Alamán. En el ámbito
político esta facción tenía propuestas bastantes claras. Oposición “contra
la federación: contra el sistema representativo por orden de elecciones que
se ha seguido hasta ahora; contra los ayuntamientos electivos y contra todo
lo que se llama elección popular mientras no descanse en otras bases”.14 En lo
económico, reorganizar la hacienda pública, suprimir el agio e impulsar la
industria fueron parte importante de su proyecto.15
Nuestra discusión se centra en el hecho de que si bien es cierto que se
trató de un gobierno aconstitucional, esto no quiere decir que necesariamente
se convirtió, al menos desde la perspectiva tributaria, en una legislación
arbitraria que rompió por completo con los preceptos jurídicos previos, al
menos no durante la totalidad del régimen. La respuesta parece más una
cuestión de periodización legislativa que una pérdida de rumbo en materia
12 Romero, Memorias de Hacienda, p. 382. Citado en Jáuregui, “Los orígenes”, p. 109. Véanse
también: Prieto, Lecciones Elementales, p. 680, Payno, Memoria presentada, p. 3.
13 Portilla, Historia de la Revolución, p. 8.
14 Carta de Lucas Alamán dirigida a Antonio López de Santa Anna, 23 de marzo de 1853,
McGowan, Prensa y poder, pp. 291-294.
15 Sordo, El Pensamiento conservador, p. 155.
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impositiva. Es decir, la actividad legislativa tributaria de la Dictadura puede
dividirse para su estudio en dos grandes etapas: 1) De 1853 a 1854, donde
el orden jurídico tributario se caracterizó por su actividad restauradora
y renovadora del fenómeno impositivo; y, 2) De enero de 1854 al 8 de
agosto de 1855, cuando la legislación tributaria se volvió muy extensa y
llena de inconsistencias. Examinaremos en primer lugar las propuestas
conservadoras, y, en segundo término, la legislación impositiva como
muestra de la conjunción entre teoría y praxis tributaria.
De los proyectos tributarios para la administración santannista
En 1855, Manuel Olasagarre,16 ministro de Hacienda del general presidente,
publicó una serie de reformas que, a su juicio, eran “necesarias para el
arreglo y mejoras de la Hacienda misma”,17 las cuales, de seguirse como
él aconsejaba, “aumentarían los ingresos, extinguirían los hábitos y
costumbres viciosas, prestigiarían al Supremo Gobierno y afianzarían su
estabilidad”. La propuesta tributaria de Olasagarre era simple: “Orden
administrativo y directivo de las rentas públicas: en estas pocas palabras
me aventuro a asegurar se encierra el porvenir de México”.18 Con base en
lo anterior, lo realmente preciso era establecer orden en la administración,
a través del diseño y puesta en práctica de un plan hacendario integral que
necesariamente contemplase:
[…] un arreglo administrativo de las municipalidades, de los procedimientos
judiciales, de la estadística, del comercio, de la minería, de los oficios de
hipotecas, de la policía en varias de las ramificaciones, de la diplomacia en
cuanto tiene por objeto las relaciones comerciales, del crédito público y muchos
16 Manuel de Jesús Olasagarre (¿?- 1858): Originario de Panamá. Hijo natural de Pedro
Juan Olasagarre. Fue uno de los empresarios más atrevidos de Guadalajara que invirtió en
la agricultura, en el comercio y en la industria textil. Propietario de la hacienda La Magdalena,
en 1840 fundó, junto con otros empresarios, la fábrica textil La Escoba. Asociado con otros
comerciantes, estableció, en 1852, la factoría La Experiencia. El 16 de junio de 1854 fue
designado por Santa Anna Ministro de Hacienda, cargo que ocupó hasta el 16 de enero de
1855. Murió el 23 de enero de 1858. Olveda, La oligarquía, pp. 422-423.
17 El Siglo XIX, 18 de enero de 1855.
18 Olasagarre, Informe que por orden, pp. 1-2.
40
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otros ramos, y todo con tal enlace que el menor descuido en los pormenores
podría comprometer el éxito del conjunto.19
Manuel Olasagarre consideraba que la dirección y administración del erario
en todos sus ramos estaba basada sobre regulaciones añejas, inadecuadas y
dispersas en diversos ordenamientos, tantos que “comúnmente [estaban]
fuera del alcance de la mayoría o en publicaciones de muy escasa circulación
y todas en un encadenamiento inútil y molesto por sus continuas citas y
referencias”. Lo anterior hacía necesaria y urgente su codificación.20 Por
otro lado, el orden administrativo implicaba también el reducir el número de
empleados en las oficinas de Hacienda, tarea que, como veremos, Antonio
de Haro y Tamariz había comenzado tan pronto como tomó posesión del
ministerio. Por su parte, Olasagarre advirtió la urgencia de organizar “con
economía y tino las oficinas y abandonar para siempre esa política poco
cuerda que aconsejaba a los Gobiernos la empleomanía como medio de
adquirir proselitismos”.21 De acuerdo con Olasagarre, fue precisamente
esta confusión entre política y administración la que no había permitido a
los anteriores ministros ni la “necesaria libertad para opinar, y menos para
obrar como convenía”,22 porque ninguno de ellos había permanecido en el
ministerio el tiempo necesario como para empaparse del conocimiento más
o menos suficiente para comprender todas las operaciones que se realizaban
en las diferentes oficinas. La inestabilidad política les había imposibilitado
ocuparse de los arreglos de los que pueblos “más avanzados como Francia
e Inglaterra [habían] hecho en muchos años, y cuando disfrutaban de
profunda paz”.23
Las propuestas de Olasagarre concordaban con el ambiente de
cientificidad que en su tiempo se quería atribuir a la hacienda pública.
En materia impositiva, de acuerdo con Olasagarre, no eran necesarias
nuevas contribuciones para contar con un ingreso que correspondiera
19 Ibid., p 12.
20 Ibid., p. 14.
21 Ibid., p. 9.
22 Ibid., p. 5.
23 Olasagarre, Manifestación, 1856, p. 6.
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41
a las necesidades públicas, lo que debería hacerse era moderar algunas y
reformarlas todas.
Por ejemplo, reconoció que debían buscarse contribuciones que, “sin
menoscabar los recursos del erario, proporcionaran la recaudación por
los medios menos odiosos y gravosos”.24 La admiración hacia Francia
por parte de Manuel Olasagarre fue patente, pues en lugar de gravar el
capital, Olasagarre proponía el modelo francés de contribuciones directas
que fiscalizaba el producto neto. Pero no sólo eso, recomendaba a su
Alteza Serenísima “enviar personas inteligentes y dedicadas, a Francia
a perfeccionarse en la teoría y aplicación de un ramo cuyo interés es de
primera importancia”.25
Estos planteamientos, de ningún modo eran una creación del grupo
conservador en el poder, sino que se nutrían de los sistemas en boga en Europa,
especialmente del que Fuentes Quintana ha denominado “modelo tributario
latino”, el cual hacía especialmente aconsejable la institucionalización de la
hacienda pública en su parte administrativa.26 Siguiendo a Francisco Comín,
este modelo tenía su fundamento en cuatro normas: 1) reservar para el
Estado el monopolio del poder fiscal, la fiscalidad debía ser gestionada por
el Ejecutivo, pero tenía que ser aprobada anualmente por el Congreso y
controlada posteriormente por el Poder Judicial, a través de un Tribunal
de Cuentas; 2) simplificar el cuadro tributario y organizar la gestión directa
de los tributos por medio de funcionarios públicos; 3) legalizar la seguridad
jurídica de los contribuyentes; y, 4) la recaudación de los impuestos sólo se
justificaba por su aportación a la financiación de los gastos públicos.27
2. Legislar para reconstruir o ¿legislar la arbitrariedad?
En la primera gran etapa de actividad jurídico impositiva de la Dictadura
– que para efectos prácticos del presente apartado abarcó del 20 de
abril al 31 de diciembre de 1853– se expidieron aproximadamente 67
24 Olasagarre, Informe que por orden, p. 16.
25 Ibid., pp. 30-31. Citado por Sánchez, Las alcabalas, p. 264.
26 Fuentes, Las reformas, p. 450.
27 Comín, Historia de la Hacienda, p. 206.
42
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ordenamientos que tenían que ver directamente con la tributación, de
los cuales 32 eran relativos al pago de contribuciones y derechos, 18 iban
encaminados a realizar arreglos en la administración de la hacienda pública,
14 correspondían al comercio exterior y 3 regulaban la parte procesal y
penal de la imposición.28
En el ámbito legislativo, fue paradójicamente el régimen aconstitucional
santannista el que expidió la legislación tributaria más abundante de toda la
primera mitad del siglo XIX.29 Teodosio Lares ocupó un lugar principal en
este auge legislativo. En lo concerniente al derecho administrativo, Lares
retomó los modelos legislativos en boga en Europa, especialmente el de la
Francia de la época de la Restauración y del régimen liberal de Luis Felipe
de Orleans. El derecho administrativo emanado de Lares era básicamente
estatal, es decir, se desarrolló a partir de un conjunto de normas establecidas
e impuestas desde la cúpula en el poder, evitando así que los intereses de la
ciudadanía fueran afectados de algún modo.30
En el modelo tributario latino, el Estado se reservaba para sí el
monopolio del poder fiscal. En la Dictadura, la centralización de las rentas
públicas, decretada el 14 de mayo de 1853, dejó en claro a los estados,
los territorios y los municipios, que el supremo gobierno se haría cargo
de la administración de las contribuciones y demás rentas generales.31
El gobierno nacional quedó así como el único facultado para ejercer la
potestad tributaria del Estado mexicano, haciéndose cargo del pago de
la deuda interior de los Estados, no obstante que los productos y bienes
municipales seguirían recaudándose e invirtiéndose en los objetos a los que
estaban destinados, conforme a sus respectivos reglamentos.
Por otro lado, los teóricos del derecho administrativo señalaban que
la fiscalidad debía ser gestionada por el Ejecutivo, pero tenía que ser
aprobada anualmente por el Congreso, para después ser controlada por el
Poder Judicial a través de un Tribunal de Cuentas. La breve duración de la
Dictadura no nos permite observar el desarrollo completo de este supuesto,
28 Dublán y Lozano, Legislación, VI. Recopilación y ordenamiento míos. v 29 Vázquez, Santa
Anna y la encrucijada, p. 70.
30 Cabrera, La Suprema Corte, p. 85.
31 Decreto del gobierno. Centralización de las rentas públicas, 14 de mayo de 1853, Dublán y Lozano,
Legislación, VI, p. 404.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
43
pero sí una intención que se quedó en la norma, pues las adversidades de la
época impidieron su aplicación. Las Bases para la administración de la República
hasta la promulgación de la Constitución, expedidas en 1853, en su carácter
de ordenamiento constitucional temporal nos proporcionan un somero
acercamiento.
De acuerdo con las Bases, la Secretaría de Hacienda formaba parte de
las cinco que debían encargarse del despacho de los negocios hasta la
promulgación de la Constitución (artículo 1). La necesidad de que hubiese
regularidad en la administración de la hacienda pública hacía que los
asuntos que importasen alguna medida general, que causasen gravamen a la
hacienda o que su gravedad lo requiriese a juicio del gobierno, se tratarían
en una junta de ministros.32 El asunto de egresos se previó con el uso de un
presupuesto. En éste se contemplarían los gastos de la nación, a discutirse
también en una junta de ministros, y serviría de regla para todos los gastos
que debían erogarse, sin que pudiera “hacerse ninguno que no estuviese
comprendido en él o que se decretase con las mismas formalidades”. Esto
último confirma el gran desarrollo de las ideas tributarias y fiscales en boga,
así como su aceptación en amplios sectores del espectro político de la
época.33
Si el modelo fiscal latino pretendía un control por parte del poder judicial
a través de un tribunal de cuentas, la legislación tributaria santannista fue
más allá. Al menos cuatro instrumentos jurídicos comprueban esta afirmación:
la ley para el arreglo de lo contencioso administrativo de 25 de mayo de 1853, la
ley orgánica de los tribunales y juzgados de hacienda de 20 de noviembre de
1853, la creación del Tribunal de Cuentas el 23 de noviembre de 1853 y la
ley penal para los empleados de hacienda de 28 de junio de 1853.
La ley para el arreglo de lo contencioso administrativo revolucionó la
administración de justicia a nivel nacional, ya que separó la jurisdicción
ordinaria de la administrativa, un reclamo del derecho administrativo
europeo34 que la doctrina mexicana había adoptado, y es que a decir de
32 Tena, Leyes Fundamentales, p. 482.
33 Ibid., p. 483. Aunque nunca se llevó a la práctica, el encontrar previsto un presupuesto en
un ordenamiento constitucional producto de un gobierno conservador podría dar más pistas
para sostener que su constitucionalización, en 1857, provenía de un reclamo generalizado de
tiempo atrás. Véase: Carmagnani, Estado y Mercado, 1994.
34 Colmeiro, Derecho Administrativo, p. 341.
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Teodosio Lares, “la separación de los poderes administrativo y judicial,
[era] un principio constitucional, de un orden tan elevado como la
libertad individual y los principios de igualdad”, puesto que “la autoridad
administrativa, y la autoridad judicial tienen una esfera de acción del todo
diferente”, por lo que “una vez determinada la competencia judicial o
administrativa por las leyes o por la naturaleza de las materias, los límites de
la una deben impedir la acción de la otra”.35
A partir de la expedición de la ley para el arreglo de lo contencioso
administrativo, “no [correspondía] a la autoridad judicial el conocimiento
de las cuestiones administrativas”. Con base en la fracción III, del
artículo 2 de esta ley, eran cuestiones de administración las relativas a
“las rentas nacionales”. En este sentido, la parte contenciosa de las rentas
nacionales era lo relativo a las contribuciones, por lo tanto, eran cuestiones
administrativas “las que versaran sobre la recaudación, pago y liquidación
de las contribuciones y la cuota impuesta a los contribuyentes, salvo las
excepciones expresadas en las leyes”.36 Lo anterior no sólo significó la
separación de lo administrativo de lo judicial, sino que los actos provenientes
del Poder Ejecutivo (administrativos) iban a ser juzgados por él mismo a
través de un Consejo de Estado (artículo 4).
La mencionada ley también prohibió a los tribunales judiciales decretar
en “ningún caso” mandamientos de ejecución, ni providencia alguna de
embargo contra los caudales del erario o bienes nacionales, ni contra
los fondos o bienes de los estados, demarcaciones, ayuntamientos o
establecimientos públicos que dependieran de la administración nacional
(artículo 9), sólo podían establecer la obligación de pago (artículo 10).
El erario público fue declarado tácitamente inembargable. Por otro lado,
contra la resolución administrativa procedían dos recursos, el de aclaración
(para que la administración aclarase si su resolución era contradictoria,
ambigua o confusa), y el de nulidad (contra las actuaciones por defecto de
procedimiento, o contra la resolución definitiva).
La ley orgánica de los tribunales y juzgados de hacienda expedida el 20
de septiembre de 1853 complementó la novedad en materia administrativa
35 Lares, Lecciones de Derecho, pp. 210-211.
36 Decreto del gobierno. Ley para el arreglo de lo contencioso administrativo, 25 de mayo de 1863.
Dublán y Lozano, Legislación, VI, pp. 416-419.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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anteriormente descrita. Mediante este ordenamiento se suprimieron los
juzgados de distrito y los tribunales de circuito quedando en su lugar
los juzgados especiales de hacienda. Los jueces de hacienda quedaban
facultados para conocer “de los negocios judiciales civiles y criminales que
versaran sobre bienes y rentas nacionales y municipales” pero también “de
los que versaran sobre contribuciones o impuestos y de todos aquellos en los
que el fisco [tuviera] interés o crédito actual y existente”.37 No obstante lo
anterior, sus competencias incluían “los crímenes, delitos y faltas de los
empleados de hacienda, y del delito que [cometieran] los que [sobornaran]
a los mencionados empleados”.38 Con esta disposición, no sólo se reforzó
al poder ejecutivo, sino que se creó una verdadera base material para
resolver las cuestiones de hacienda. La autoridad administrativa resolvería
en primera instancia las cuestiones inherentes a su función, y en segunda
instancia, los jueces de hacienda tendrían la última palabra.
Hasta aquí, la Dictadura había regulado la función administrativa
de la tributación con respecto a los contribuyentes. ¿Qué pasaría con
los funcionarios? La contaduría mayor de Hacienda y Crédito Público
se convirtió en un Tribunal de Cuentas a partir del 26 de noviembre de
1853, y con ello, se reguló la facultad del Estado de “exigir cuentas de los
[funcionarios] que por cualquier motivo [debieran] responder de su manejo,
reclamando las que faltaren, concluido el término en que debían ser
presentadas a la contaduría”, lo que incluía “a toda clase de responsables,
aun los aforados” conforme a la legislación contenida en la Recopilación de
Indias, “en todo lo relativo al manejo de caudales en dinero o especie de la
hacienda o crédito público”.39
La administración santannista fue más lejos en su esfuerzo por ordenar
la administración impositiva. Una ley penal para los empleados de hacienda
expedida el 28 de junio de 1853 tipificó los crímenes, delitos, y faltas de sus
empleados.40 Así, fueron considerados crímenes la sustracción fraudulenta
37 Decreto del gobierno. Ley orgánica de los tribunales y juzgados de hacienda, 20 de septiembre de
1853, Ibid., pp. 672-673.
38 Ibid., p. 673.
39 Decreto del gobierno. Establecimiento del tribunal de cuentas, 26 de noviembre de 1853, Ibid., pp.
776-782.
40 Las faltas divididas en el propio ordenamiento en graves y leves, tienen el carácter más
de sanciones administrativas que de penales, pues su punición no implicaba pena corporal,
sino una serie de medidas que iban desde el descuento mensual de la mitad del sueldo hasta
46
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de caudales públicos hecha con ánimo de aplicarlos a usos particulares, su
ocultación maliciosa, los convenios o actos cuyo objeto fuera defraudar al
erario público, la ocultación o inversión en usos propios de los mismos, así
como la tolerancia de los superiores respecto a los crímenes de los inferiores.
Toda contravención dolosa a las leyes fiscales relativas al establecimiento
de contribuciones generales o particulares, a la recaudación o distribución
de sus productos, y la extorsión o vejación que los funcionarios cometieran
sobre los particulares-contribuyentes o deudores del erario nacional fueron
considerados como delitos. La demora en los procesos administrativos, la
ausencia laboral, la falta de atención en el trabajo, toda omisión o descuido,
la falta de respeto a los superiores y el trato familiar en horas laborales
constituían las faltas graves. La injerencia en el trabajo de otro empleado,
las faltas de cortesía y atención para con los contribuyentes y concurrentes a las
oficinas, así como también las faltas de urbanidad y decencia en las horas
de oficina, constituían las faltas leves. La punibilidad de los actos anteriores
iba desde la multa equivalente al haber de un día hasta el de un mes. Penas
corporales que iban de 3 hasta 5 años de presidio, llegando incluso a los 10
años, e incluso la pena de muerte para la sustracción fraudulenta, ocultación
maliciosa de caudales públicos, falsificación de documentos y el uso [a
título] propio de los mencionados recursos.41
Otra de las exigencias del modelo tributario latino consistía en
simplificar el cuadro tributario y organizar la gestión directa de los tributos
por medio de funcionarios públicos. Mediante decreto del gobierno se
declararon centralizadas todas las rentas públicas, incluidas desde luego
las contribuciones. Ante el universo de legislación patria que componía
al sistema jurídico tributario del periodo, se optó en primera instancia
ínterin a la fijación de los ramos que habían de formar el erario nacional
que “continuarían vigentes las contribuciones y demás rentas existentes
hasta la fecha del Decreto” (14 de mayo de 1853), en “todos los lugares
de la República, exceptuando la capitación”, que en este primer momento,
“quedaba desde luego extinguida”.42 El cuadro tributario se simplificó
la pérdida del empleo. Decreto del gobierno. Ley penal para los empleados de Hacienda, 28 de junio de
1853, Ibid., pp. 568-578.
41 Idem.
42 Decreto del gobierno. Centralización de las rentas públicas, 14 de mayo de 1853, Ibid., p. 403.
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47
todavía más con un decreto posterior que habría de especificar los ramos
que formaban la hacienda pública, que a partir del 29 de mayo de 1853
había quedado como sigue:
I.
II.
III.
IV.
V.
VI.
VII.
VIII.
IX.
X.
XI.
XII.
XIII.
XIV.
XV.
XVI.
XVII.
XVIII.
XIX.
Todos los derechos de importación y exportación (los de muelles
y averías), tonelajes, anclaje, de puerto, internación, almacenaje
y tránsito, que se cobrarán conforme el arancel en los puertos
habilitados para el comercio extranjero.
El derecho de circulación de moneda y los demás impuestos al
oro y plata exceptuándose el real llamado de minería no por ser
renta nacional.
Los derechos de consumo que se cobren en toda la República a
los efectos extranjeros.
El derecho que se cobre en toda la República por ventas de fincas
rústicas y urbanas.
El derecho de fortificación de Veracruz.
Los peajes.
El derecho de consumo de los géneros, frutos, licores y efectos
nacionales en toda la República.
El derecho de pasaportes y cartas de seguridad.
Los derechos sobre títulos.
Los de oficios vendibles y remunerables.
Impuestos sobre herencias transversales.
Impuestos sobre fincas rústicas y urbanas de la República.
El derecho de patente sobre giros mercantiles.
El derecho sobre establecimientos industriales.
El derecho sobre profesiones y ejercicios lucrativos.
El derecho sobre objetos de lujo.
El derecho sobre sueldos y salarios.
El descuento por montepío militar.
El derecho de amortización de impuestos sobre la adquisición de
fincas y capitales por las manos muertas.43
43 Decreto del gobierno. Se declara los ramos que forman la Hacienda pública, 29 de mayo de 1853,
Ibid., p. 427.
48
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Sin embargo, nuevas contribuciones se dictaron a lo largo de la Dictadura y
hasta su caída en agosto de 1855. Muchas de ellas expedidas ante la urgencia
de obtener recursos extraordinarios para combatir la rebelión iniciada en
Ayutla en 1854.
Si en la primera etapa legislativa del periodo santannista se dictaron
alrededor de 67 ordenamientos tributarios, de enero de 1854 al 8 de
agosto de 1855 se dictaron alrededor de 39. De los cuales, 20 se referían a
contribuciones y derechos, 12 fueron expedidos para terminar de ordenar
la administración, 6 regulaban la parte procesal, y 1 tenía que ver con el
comercio exterior. ¿Qué hace a este período un paradigma en el orden
jurídico tributario de la Dictadura?
Ante el universo impositivo que representaría el análisis de todas
ellas, hemos optado por una exposición articulada a partir del volumen de
aportación, es decir, sólo se enumeran las que lograron una recaudación
considerable de acuerdo con los datos disponibles. Lo anterior responde
a lo difícil que resulta tener una idea clara del resultado financiero de las
medidas legislativas emprendidas por la Dictadura. Por ello nos apoyamos
en la estimación de los ingresos de la hacienda nacional de 1853 a 1854
propuesta por Manuel Olasagarre, tomando en consideración únicamente a
las contribuciones (véase cuadro 1).
CUADRO 1. ESTIMACIÓN DE LOS INGRESOS DE LA HACIENDA NACIONAL,
1853-1854
Concepto
Recaudación
Periodo
Contribuciones interiores
9,011,010
Julio de 1853-junio de 1854
Alcabalas
1,830,677
Julio-diciembre de 1853
Derechos de consumo
440,761
Julio-diciembre de 1853
Circulación de moneda
186,290
Julio-diciembre de 1853
Otros
771,798
Julio-diciembre de 1853
Contribuciones directas
438,781
Aumento de contribuciones
directas
1,298,299
300,000
Julio-diciembre de 1853
Enero-noviembre de 1854
n.d.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
49
Concepto
Recaudación
Periodo
Peajes (netos)
450,000
n.d.
Naipes (netos)
29,360
n.d.
Correos (netos)
72,434
n.d.
Tabacos (netos)
735,000
n.d.
73,598
n.d.
400,000
n.d.
Otros
3,295,460
n.d.
Total
17,519,128
Estancos, monopolios y
derechos
Casas de moneda
Nieves, papel sellado, fondo
de relaciones, etcétera.
Fuente. Olasagarre, Informe que por orden, pp. 32-35. Citado en Sánchez, Las alcabalas, p. 260.
En principio, cabe señalar que los ingresos por concepto de contribuciones
indirectas sobre el comercio externo (derechos de importación, internación,
exportación, avería, etc.) continuaban siendo la base fiscal de la hacienda
nacional con una recaudación de 9,011, 010 pesos, cuando el total estimado
fue de 17,519,128 pesos, es decir, representaba 51.4% de los ingresos
totales.44 Sobre este ramo de las contribuciones de la hacienda pública
mexicana, destaca la expedición de un nuevo arancel de aduanas marítimas
y fronterizas el 1 de junio de 1853. En él se localizan dos tendencias de la
Dictadura, en primer lugar el libre intercambio de productos a través del
comercio exterior y, en segundo, el proteccionismo a la industria nacional.
Las ideas liberales “muy avanzadas”, a las que se refería Matías Romero
en 1870, se materializaron en la legislación aduanera, pues se admitía todo
buque de cualquier nación que se hallara en relaciones de amistad con la
mexicana, aun cuando no tuviera celebrado con ella un tratado especial
de comercio, pero también se hicieron presentes las “restricciones casi
inquisitoriales”, pues se prohibió, bajo la pena de comiso y otros impuestos
de arancel, la importación de productos tales como: aguardiente de caña,
azúcar de todas clases, añiles, hilaza de algodón por el término de un año,
44 Ibid., pp. 34-35.
50
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
naipes de toda clase, rebozos de todas clases, tabaco de todas clases y en
cualquier forma, por mencionar los más representativos.45 Además, el
derecho de exportación sobre la plata acuñada aumentó de 4% a 6%.46 Es
decir, se trataba de medidas liberalizadoras que eran complementarias con
la protección a determinados sectores productivos (agrícolas e industriales),
unido a una elevación de la carga fiscal.
Las contribuciones interiores representaban 18.43% del total de la
recaudación (3,229,526 pesos), y se componían principalmente, en orden de
cuantía, de las alcabalas, derechos de consumo, de circulación de moneda
y otros de menor recaudación. Las alcabalas quedaron restablecidas en
aquellos lugares en donde se habían abolido a partir del 1 de julio de 1853,
por lo que no se encontraba comprendida en la clasificación de rentas
del 29 de mayo de 1853.47 El restablecimiento “en todos los lugares de
la República” de las contribuciones directas tales como fincas rústicas y
urbanas, establecimientos industriales, profesiones y ejercicios lucrativos,
sueldos y salarios, objetos de lujo y patentes sobre giros mercantiles
representó un acierto, pues para 1854, representaron 11.62% del total de la
estimación de los ingresos propuesta por Olasagarre.
Por otro lado, el intento de organizar la gestión directa de los tributos
por medio de los funcionarios públicos tuvo dos vertientes. En primer lugar,
la regulación de sus derechos y obligaciones, así como la restauración de sus
facultades económico-coactivas, y en segundo término, la especialización
de las oficinas recaudadoras.
Para dar respuesta al primer supuesto, notamos que comenzó a expedirse
una serie de preceptos encaminados a regular las actuaciones, funciones y
derechos de los empleados de hacienda. En este tenor, es común encontrar
disposiciones encaminadas a regular la cesantía y jubilación de los empleados
45 Decreto del gobierno. Arancel de aduanas marítimas y fronterizas, 1 de junio de 1853, Ibid., pp.
463-503.
46 Decreto del gobierno. Sobre exportación a la plata acuñada, 23 de mayo de 1853, Ibid., p. 416.
47 Debe recordarse que la “ola abolicionista” de las alcabalas se produjo en la ciudad de
México durante la ocupación que sufrió por parte del ejército de los Estados Unidos, misma
que tuvo lugar del 14 de diciembre de 1847 hasta el 12 de junio de 1848. Entre 1847 y 1852
se produjo una ola abolicionista en diversos estados de la República mexicana, entre los que
destacan, Zacatecas, el Estado de México, Veracruz, Nuevo León, Coahuila, Sinaloa y Puebla.
Sánchez, Las alcabalas, pp. 237-254.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
51
de hacienda, ordenar la separación de los agregados y supernumerarios y
la derogación del ordenamiento que concedía la propiedad de los puestos
públicos a ciertos empleados. Aunado a lo anterior, se reforzó la actividad
recaudadora de los funcionarios de hacienda cuando el 31 de enero de 1854,
se declaró “vigente en toda la República” el decreto del 20 de enero de 1837 y
su reglamento, en lo concerniente a la “recaudación de los impuestos indirectos
y cobro de toda deuda a favor del erario; así como para contribuciones directas
se observaría el decreto de 20 de noviembre de 1838 y su reglamento de 31 de
diciembre del mismo año”.48 En materia de contribuciones indirectas dichas
facultades declaraban autorizados a los ministros de la Tesorería General de
la República, a los jefes principales de los Departamentos de Hacienda, a los
administradores, y en general, a todo empleado encargado de la cobranza
de rentas, contribuciones y deudas del erario, a ponerlas en práctica
inmediatamente, y en caso de no hacerlo, existía una responsabilidad
pecuniaria a fin de hacer efectiva la recaudación y cobro de los créditos
pendientes o los que se causaran. Las facultades económico-coactivas
consistían en realizar cobranzas por medio de apremios, haciendo cerrar
las cajas de giro o trato, y tomar las providencias necesarias, tales como el
secuestro de bienes y hasta el embargo.49 En el caso de las contribuciones
directas, las facultades económico-coactivas se extendieron a los encargados
de secciones en las administraciones principales y a los jefes y encargados de
las oficinas sujetas a las administraciones subalternas. Sus atribuciones se
ampliaron en extremo, pues no sólo estaban facultados para embargar los
bienes equivalentes al adeudo, sino también para mandarlos valuar, y en su
caso, verificar su remate en almoneda pública.50
Si 30% del total de los ingresos interiores de la hacienda pública
mexicana, de acuerdo con Olasagarre, provenían de las contribuciones ya
fueran directas o indirectas, esto ayudaría a explicar por qué se crearon
48 Circular del Ministerio de Hacienda. Se declaran vigentes las leyes sobre facultades coactivas, 31 de
enero de 1854, Dublán y Lozano, Legislación, 1877, VII, p. 32.
49 Decreto del supremo gobierno. Se declaran autorizados todos los empleados encargados de la cobranza
de las rentas, contribuciones y deudas del erario, con responsabilidad pecuniaria, para ejercer las facultades
económico-coactivas, a fin de hacer efectiva su recaudación y el cobro de los créditos, 20 de enero de 1837,
Ibid., III, p. 266.
50 Ley. Medidas para hacer efectivo el pago del arbitrio extraordinario, 20 de noviembre de 1838, Ibid.,
III, p. 562.
52
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
además dos plantas administrativas especializadas en contribuciones.
Una que debía administrar la recaudación de las contribuciones directas
emanadas del decreto del 30 de mayo de 185351 y otra que debía encargarse
de las contribuciones indirectas, comprendidas en éstas, las de alcabalas
sobre efectos nacionales, y derecho de consumo sobre efectos extranjeros.52
Todavía más importante es el hecho de que el 6 de diciembre del mismo
año se hubiese creado una dirección de impuestos a cuyo cargo estarían
“las contribuciones directas o indirectas, establecidas o que se establecieran
en lo sucesivo”. Las rentas estancadas, las casas de moneda, la renta de
correos y todas las demás que fuesen propiamente de giro, pertenecerían a
la dirección de rentas estancadas.53 Lo cual reflejaba que la recaudación era
significativa y que por ende necesitaba de oficinas especializadas para su
mejor administración.
Otra de las exigencias del modelo tributario latino propugnaba por la
legalización de la seguridad jurídica de los contribuyentes. Como se ha visto
en el desarrollo de este apartado, cada una de las contribuciones se expidió
con base en una ley que brindaba certeza jurídica a los gobernados, por lo que
este principio se cumplía cabalmente. Es decir, el principio tributario que reza
no hay tributo sin ley se cumplía pues la contribución se encontraba prevista en
un ordenamiento legal, aunque la eficacia de esta disposición se discutiera
a la luz de la práctica.
La última exigencia del modelo en cuestión era que la recaudación de
los impuestos sólo se justificaba por su aportación a la financiación de los
gastos públicos. Ante la falta de un presupuesto, y ante la ausencia misma
del concepto de “gasto público”, interpretamos que el fin del modelo se
cumplía, ya que conforme al decreto del 29 de mayo de 1853, las rentas
nacionales, incluidos los impuestos, tenían por objeto pagar, entre otros, a
los supremos poderes y demás empleados públicos, las oficinas, legaciones y
consulados, las pensiones civiles y militares, cesantías, jubilaciones, retiros,
51 Decreto del gobierno. Se restablecen las contribuciones directas, 30 de mayo de 1853 y Decreto del
gobierno. Planta de la sección de contribuciones directas, 20 de junio de 1853, Ibid., VI, pp. 437 y 542.
52 Decreto del gobierno. Planta de la sección de contribuciones indirectas, 20 de junio de 1853. Ibid., p. 543.
53 Decreto del gobierno. Se establece una dirección de impuestos, 6 de diciembre de 1853. Ibid., pp.
799-801.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
53
ejército y marina, las congruas de los ilustrísimos obispos, asignaciones a
los establecimientos de instrucción pública, a hospitales, casas de caridad
y beneficencia pública, deuda interior de los estados, deuda exterior,
convenciones diplomáticas, conservación y apertura de caminos y canales.
Como puede observarse, el intento por reconstruir y sistematizar el “caos
inextricable” que era la hacienda pública fue visible durante la Dictadura,
de manera que no todo se limitó a la tarea de crear cuantos impuestos
fuesen necesarios para satisfacer la voluntad del dictador, sino que hubo un
verdadero intento por establecer el orden en la administración hacendaria
pública en cuanto a la obtención de recursos a través de las contribuciones
se refiere. Determinar el momento exacto en que la legislación tributaria de
la Dictadura se volvió muy extensa y llena de inconsistencias es una tarea
que escapa de los alcances y límites de este ensayo.
GRÁFICA 1. LA LEGISLACIÓN TRIBUTARIA DEL RÉGIMEN SANTANNISTA,
1853-1855
54
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Fuente. Dublán y Lozano, Legislación,
VI
y VII.
La Gráfica 1 muestra el desarrollo legislativo impositivo del régimen,
como puede observarse, las medidas coercitivas aumentaron en detrimento
de las de carácter tributario, es posible que el estallido del movimiento de
Ayutla hiciera replantear la necesidad de aumentar la punibilidad por el
incumplimiento en el pago de los impuestos, tratando de evitar así que
fuesen a parar a manos de los insurrectos.
Consideraciones finales
Como hemos visto, en materia tributaria, la Dictadura representaba la
única forma de gobierno capaz de solucionar todos los problemas que
los regímenes anteriores a él no habían podido lograr: desaparecer el
déficit presupuestal, aumentar la recaudación, cumplir con el pago de la
deuda pública, así como combatir el desorden administrativo. En este
contexto, el derecho administrativo, y por ende, la administrativización del
sistema tributario, se presentó como una salida política legítima, ya que la
regularización de la imposición bajo la guía del derecho público prometía
mayores beneficios a un menor costo económico y político. Éste garantizaría
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
55
el correcto funcionamiento de los procesos tributarios, principalmente la
recaudación, evitando con ello tocar los “grandes y poderosos intereses”
a los que se refería Olasagarre. Nos encontramos frente a lo que puede
considerarse “la primera gran reforma de la administración pública del
siglo XIX,54 la cual fue realizada con base en principios que, en parte, serían
retomados por el Imperio, la República Restaurada y el Porfiriato.
Los conservadores y sus propuestas, unidos políticamente a un régimen
que había enajenado sus apoyos iniciales, verían derrumbarse su obra
legislativa y su inicial orden en la administración hacendaria, y es que a
la caída de este gobierno la mayoría de sus leyes y decretos prácticamente
quedaron sin efectos, con graves consecuencias para el sistema jurídicotributario mexicano.
Por ejemplo, en cuanto al ordenamiento de la hacienda nacional a través
del derecho público, los conservadores de la Dictadura, y más tarde los
partidarios del Imperio, optaron por otorgar facultades jurisdiccionales
al Poder Ejecutivo, a través del juicio contencioso administrativo. Dicho
recurso había generado polémica desde su propuesta inicial en las Lecciones
de Derecho Administrativo de Teodosio Lares, en 1852. No obstante, como
bien lo ha advertido Andrés Lira, el régimen de su Alteza Serenísima indica
la presencia de la institución en nuestro país.55 Las valoraciones posteriores
en contra de este recurso iban más encaminadas a la cuestión política que
a la jurídica, es decir, resaltaban su origen bajo la dictadura santannista.
El 27 de junio de 1879, Ignacio L. Vallarta, como ministro de la Suprema
Corte, sostuvo su inconstitucionalidad, “por ser contrario a la división de
poderes garantizada en el artículo 40 de la Constitución de 1857”.56 Desde
entonces, la jurisdicción administrativa quedó en suspenso, máxime que,
a partir de 1861, los liberales centralizaron la impartición de justicia en el
Poder Judicial de la Federación por medio del juicio de amparo. Habría que
esperar hasta 1937, cuando la creación del Tribunal Fiscal de la Federación,
54 Ludlow, “El largo siglo”, 146.
55 Lira, “Orden político”, p. 196.
56 “No puede el poder administrativo de la República, juzgar, fallar litigios aunque sean
suscitados entre él y los particulares, porque el artículo 50 de esta ley prohíbe que ese Poder
y el judicial se reúnan en una persona o corporación”. Amparo pedido contra la declaración
de caducidad hecha por la autoridad administrativa, de la concesión de un ferrocarril, en
Vallarta, Cuestiones constitucionales, p. 176.
56
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
mediante la Ley de Justicia Fiscal de 1936, facultaría al Poder Ejecutivo, no
sin contratiempos, para conocer de controversias tributarias de naturaleza
administrativa.
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60
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
POBLACIÓN Y ESTRUCTURA OCUPACIONAL EN ZACUALPAN, 1864
Robinson Salazar Carreño*
Resumen
El artículo analiza el padrón de Zacualpan del año 1864, en el que se
informa la población de este centro minero. El objetivo es conocer los
patrones demográficos y socioeconómicos de Zacualpan a partir de
este documento, la estructuración del espacio del distrito, e indagar
qué factores pudieron incidir en las dinámicas poblacionales. Con este
fin, describe a grandes rasgos el panorama político-administrativo,
económico y demográfico que caracterizaron a Zacualpan de 1864,
en particular las tendencias poblacionales por género, edad y estado
civil. Enseguida se aborda la dinámica ocupacional y los niveles
de alfabetismo, vinculándolos con la configuración espacial del
municipio.
Palabras clave: estructura demográfica, padrón de 1864, Zacualpan,
centro minero.
Abstract
This paper analyses the 1864 census of Zacualpan which provides
information on the population of this mining center. Based on this
document our goal is to know the demographic and socioeconomic
patters of Zacualpan, the conformation of the public space of this
district as well as to inquire which factors might have influenced
the population dynamics. To this goal, the paper outlines the
political-administrative, economic and demographic outlook that
characterized Zacualpan in 1864, in particular the population trends
by gender, age and civil status. Next, it deals with the occupational
dynamics and the illiteracy levels, linking them with the spatial
configuration of the municipality.
* Estudiante del doctorado en historia, El Colegio de México.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
61
Key words: Demographic structure, 1864 Zacualpan Census, mining
center.
Introducción
Este trabajo es un aporte al conocimiento de la población mexicana de la
segunda mitad del siglo XIX, entre el régimen liberal, la segunda intervención
francesa y el imperio de Maximiliano, a través del estudio de un pequeño
centro minero. El análisis que se hace corresponde a una muestra
representativa de Zacualpan1 –en el suroccidente del Estado de México–
con los datos apuntados en el padrón de 1864, ubicado en el archivo del
municipio.2 Cuatro barrios de la cabecera, un pueblo, una ranchería, un
mineral y una cuadrilla fueron detalladamente registrados en el censo,
es decir, parte de las entidades que constituían el territorio municipal.3
El objetivo que se persigue en esta investigación consiste en examinar
la estructura demográfica de Zacualpan, caracterizando las categorías de
género, edad, estado civil, profesión y conocimientos de escritura, así como
realizar una aproximación preliminar al panorama socioeconómico del
distrito.
La metodología que se empleó fue la elaboración de una base de datos
con el programa SPSS Statistics 19, a partir del cual se pudo ordenar la
información en las siguientes variables: apellido y nombre de cada uno de los
miembros del grupo familiar, la edad, el género, el estado civil, la profesión,
si la persona sabía escribir o no, el lugar censado y la fecha del padrón. La
información así sistematizada posibilitó cruzar las variables y realizar las
tablas y gráficas que se presentan y describen en esta investigación.
1 Rivera, Viaje, p. 93. “[…] Zacualpan o Tzacoalpam que significa: Sobre el escondite […]”.
2 Los datos fueron tomados entre el 16 y 26 de febrero de 1864 por el auxiliar propietario
Genaro González y el auxiliar suplente Mateo de Labra. Padrón de Zacualpan 1864, Archivo
Municipal de Zacualpan (en adelante AMZ). Agradezco la gentileza de la doctora Anne Staples
por facilitarme la información del censo abordado en esta investigación.
3 En el padrón de 1834 aparecen 18 entidades censadas: la cabecera, 2 barrios, 4 pueblos, 5
cuadrillas, 3 rancherías y 3 haciendas. En mayo de 1868 fueron censados la hacienda Huertas,
el pueblo de Mamatla y el pueblo de Zacualpilla, este último carece de fecha. AMZ, Padrón
de Zacualpan 1868; Padrones de 1834, imagen 62, Parroquia de la Inmaculada Concepción de
Zacualpan. Consultado en: https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-14684-3301912?cc=1410092&wc=6852839.
62
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
El texto se divide en tres acápites. En el primero se realiza una breve
presentación de los procesos político-administrativos, demográficos y
económicos de Zacualpan en los años cercanos al censo de 1864. En el
segundo se abordan las principales características poblacionales del centro
minero en cuestión a partir del género, la edad y el estado civil. En la última
parte se estudia la estructura ocupacional y los conocimientos de escritura
que tenía los zacualpenses de la época del padrón.
1. Zacualpan alrededor de 1864
La fundación hispánica del Real de Minas de Zacualpan se realizó en 1527,
constituyéndose un cabildo conformado por dos alcaldes ordinarios, los
regidores y un alguacil mayor.4 Zacualpan se localiza al suroccidente de la
ciudad de México de la que dista aproximadamente 100 km, y de Toluca
–capital del Estado de México–, unos 66 km (véase mapa). La cabecera se
ubica en lo alto de una montaña, el terreno que la rodea es seco y montañoso,
bañado por un río y cinco arroyos, y atravesado por la cordillera que corre al
sur de Zacualpan con formaciones de rocas graníticas y porfídicas.5
A mediados del siglo XVIII, Zacualpan era la cabecera distrital del
partido de Escateopan6 (hoy Ixcateopan). Consolidada la Independencia
nacional, el 6 de agosto de 1824 fue creado el Estado de México con la
Ley Orgánica Provisional, subdivido en 8 prefecturas o distritos. Zacualpan
hizo parte de la prefectura de Taxco como cabecera de partido que reunía
los ayuntamientos de Coatepec Harinas, Ixtapan, Ixcateopan, Telolopan y
Zacualpan.7 Los conflictos políticos internos, las luchas contra los ejércitos
invasores y las reformas territoriales modificaron las divisiones políticoadministrativas del país durante el segundo cuarto del siglo en 1827, 1833,
1835, 1848 y 1852.
4 Estrada, Zacualpan, p. 95.
5 Velasco, Geografía y estadística, I, p. 156.
6 Villaseñor, Theatro americano, p. 229. Consultado en: http://fondosdigitales.us.es/fondos/
libros/3686/258/theatro-americano-descripcion-general-de-los-reynos-y-provincias-de-lanueva-espana-y-sus-jurisdicciones/
7 Moreno, El estado de México, pp. 51 y 54; Estrada, op. cit., p. 97.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
63
MAPA DE ZACUALPAN A FINALES DEL SIGLO XX
Fuente: Gama Granados, Federico, Zacualpan, México, Gobierno del Estado de México,
1986, p. 20.
En junio de 1862 el Estado de México fue dividido en tres distritos militares,
Toluca, Actopan y Cuernavaca, siendo Zacualpan asignado al de Toluca como
parte del partido de Sultepec. Hacia 1868 Zacualpan pertenecía al distrito de
Coatepec Harinas, que en 1871 tomó como nombre Zacualpan. En 1878 una
nueva organización estatal disolvió el distrito de Zacualpan, siendo reubicados
sus municipios en otros distritos; el mismo Zacualpan fue puesto bajo el
distrito de Sultepec. Con la Constitución Política de 1917 cada estado que
constituía el país fue fragmentado en municipios, lo que se constituyó en la
64
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
base de la administración política como entidad libre e independiente. No
obstante, en el campo rentístico y judicial el Estado de México mantuvo la
división en 16 distritos.8
Ahora bien, en términos demográficos, en el censo de Villaseñor y
Sánchez en la década de 1740,9 Zacualpan presentó una composición
demográfica de 240 familias de indios que habitaban tres pueblos y los
barrios de la cabecera urbana –como el de Chacopinga y Calvario, que en
1864 estaba habitado por familias de indios–, 50 familias de españoles y
“otras tantas” de mestizos y mulatos. Años después en 1834, el párroco
bachiller don Francisco Aromir y Bustamante empadronó su feligresía,
contabilizando 3,724 almas.10 A diferencia de este último censo, el padrón
de 1864 fue más completo por el tipo de información registrada para 2,145
personas, a pesar de no haberse encontrado los registros de la hacienda de
Huertas y los pueblos de Zacualpilla y Mamatla.11 El censo de 1864 presenta
datos detallados sobre la ocupación de los hombres y si sabían o no escribir,
además de la lista de personas que componían las familias con nombres y
apellidos, edad y estado civil. Sin embargo, el informe del censo carece de
las relaciones de parentesco de los empadronados.
En 1854 fueron registrados 7,850 habitantes, de los cuales 3,760 fueron
hombres y 4,090 mujeres.12 Otros datos demográficos de años cercanos al
padrón de 1864 son las impresiones de los viajeros y científicos del siglo
XIX que pasaron por Zacualpan y que pueden ser de alguna utilidad para
aproximarnos al comportamiento poblacional de la zona. En la segunda
mitad de la década de 1840, Carl Bartholomaeus Heller, naturalista y
botánico del imperio austriaco, calculó 2,000 zacualpenses.13 A principios
8 Moreno, op. cit., pp. 136, 154-155 y 159-160.
9 Villaseñor, op. cit., p. 230. Consultado en: http://fondosdigitales.us.es/fondos/
libros/3686/259/theatro-americano-descripcion-general-de-los-reynos-y-provincias-de-lanueva-espana-y-sus-jurisdicciones/.
10 Padrones de 1834, Imagen 62, Parroquia de la Inmaculada Concepción de Zacualpan.
Consultado en: https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-14684-3301912?cc=1410092&wc=6852839.
11 Estas poblaciones fueron censadas en mayo de 1868, por tal motivo no fueron tenidas
en cuenta en los resultados que se presentan en este trabajo. Hay que aclarar que el informe
correspondiente al pueblo de Zacualpilla carece de fecha. En total contabilizaron 1.070
habitantes. AMZ, Padrón de Zacualpan 1868.
12 Noriega, Estadística, p. 127.
13 Heller, Viajes, p. 173.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
65
de la década de 1880, Manuel Rivera Cambas estimó 2,800 personas,14
y un escenario de decadencia económica de Zacualpan. En palabras del
veracruzano: “El aspecto de la población nada ofrece de particular: casitas
de pobre apariencia, calles tortuosas, sin empedrado y poco concurridas;
la falta de ruido, la pobreza y el tinte sombrío que caracteriza a todos los
minerales que están en decadencia”.15
Sin embargo, en 1889 el panorama económico y demográfico de
Zacualpan era otro, dado que Alfonso Luis Velasco contabilizó 13,168
habitantes. La reactivación de las explotaciones de la plata en 32 minas
–otras 32 permanecían paralizadas–, y en 11 haciendas de beneficio por el
sistema de amalgamación, tal vez fue uno de los motivos que atrajeron un
considerable flujo de personas.16 Es evidente que al lado del descubrimiento
de nuevas minas, la pacificación del país lograda por el régimen de Porfirio
Díaz,17 el fomento de la economía nacional y la mayor resistencia biológica
a las epidemias generaron una tendencia de recuperación demográfica en el
último tercio del siglo XIX.18
En el plano económico, las actividades productivas de Zacualpan
dependían de la riqueza de sus yacimientos mineros, lo que determinó el
dinamismo económico, la riqueza de los habitantes y el comportamiento
demográfico. Las bonanzas atraían trabajadores, las borrascas los hacía
migrar en busca de nuevos horizontes. En 1854 había 11 minas activas y 42
abandonadas, lo que indica que este ramo se encontraba en decadencia.19
Años más tarde y en la década de 1860 la producción de plata aún permanecía
14 Rivera, op. cit., p. 93.
15 Ibid., p. 94.
16 Velasco, Geografía, pp. 156-157.
17 Zacualpan hizo parte de la zona de influencia de la guerrilla de Juan Álvarez, y estuvo
inmersa en continuas guerras, levantamientos armados, revoluciones e intervenciones
extranjeras, ocasionando muertes, asaltos, saqueos y migraciones que afectaron negativamente
la consecución de mano de obra para las minas de plata. Por ejemplo, John Kicza menciona
que la guerra de Reforma (1857-1861) tuvo un impacto demográfico negativo en las regiones
en conflicto, mientras que Georgina Moreno indica que en 1855 tropas rebeldes al régimen se
tomaron Zacualpan y Sultepec. Además, Anne Staples dice que durante la guerra de Reforma
la minería de Zacualpan se paralizó por la huida de la población, el templo parroquial fue
saqueado y quemado, y en 1858 la cabecera municipal estaba ocupada por “disidentes” que
impedían trabajar. Ver Staples, Bonanzas, pp. 237 y 257-259; Kicza, “Historia demográfica”,
p. 135.
18 Lugo, “La población”, p. 136; Kicza, op. cit., p. 230.
19 Noriega, op. cit., pp. 159-161 y 693.
66
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
en declinación por el ambiente bélico, dado que minas como la del Alacrán
y La Canal sufrieron saqueos de sus instalaciones, robos y destrucción de
maquinaria y herramientas.20
Otros problemas de la minería de la zona hacia mediados del siglo XIX era
el mal estado de las vías que conectaban a Zacualpan con Toluca, la ausencia
de líneas férreas y la inseguridad de los caminos por las guerrillas, las luchas
armadas y las incursiones de bandidos.21 Además, estaban los impuestos y
gravámenes que representaban una cuarta parte de la plata acuñada, y el alto
precio del mercurio en 1846 adquirido a 146 pesos el quintal, cuando en la
segunda mitad del siglo XVIII José de la Borda lo adquirió a 30 pesos.22 La
financiación fue otro de los inconvenientes del sector minero, pues ya no
podía depender del tipo aviador-comerciante colonial, sino de empresarios
convertidos en industriales mineros por medio de acciones.23
En 1889, Alfonso Luis Velasco indicó el impulso y la diversificación
de las actividades económicas del distrito de Sultepec, del que hacía
parte Zacualpan: “La industria de los habitantes consiste en la minería,
la agricultura, el corte de maderas, la fabricación de aceites de ricino y
ajonjolí, harinas de trigo, jabón, sebo, manteca, piloncillo, hilados y tejidos
de algodón, etc.”24 En particular, el motor de la economía de Zacualpan
era las minas de plata y las haciendas de beneficio. En un segundo plano
estaban los cultivos de maíz y frijol, los trapiches para la elaboración de
miel, azúcar y piloncillo, y la madera para construcción que provenía de
20 Staples, op. cit., pp. 259-261.
21 Burnes, La minería, p. 144; Heller, op. cit., pp. 168 y 173; Velasco, op. cit., p. 151. Heller
cuenta sobre el trayecto que hizo desde Toluca a Zacualpan por donde atravesó un bosque:
“Pero aun si conserva el camino correcto, en ninguna otra parte es mayor el riesgo de morir
indefenso a manos de un asesino, ya que a causa del transporte de la plata tiene allí su guarida
una horda de los ladrones más atrevidos y peligrosos”.
22 Brading, Mineros, p. 271; Urrutia, “La minería”, p.135. Según María Cristina Urritia, desde
1830 la Casa Rotschild monopolizó la explotación y distribución mundial del mercurio.
El precio de este producto disminuyó con el descubrimiento de las minas del Nuevo
Almaguer en San José de California. Pero en 1872 los precios se volvieron a incrementar
inmoderadamente.
23 Burnes, op. cit., pp. 143, 146 y 150; Urrutia, op. cit., p. 120. Después de las guerras de
independencia se produjo una fuga de capitales con el éxodo de españoles. El ministro
británico Herry Ward calculó en 36 millones de pesos el capital retirado del país, mientras que
autores mexicanos mencionaron una cifra de 100 millones.
24 Velasco, op. cit., p. 151.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
67
los bosques de pinos y encinas en el camino que conducía a Jaltepec.25 En
Zacualpan y los municipios vecinos de Almoloya, Texcatitlán y Sultepec no
había grandes terratenientes, a lo sumo pequeñas haciendas ganaderas que
no excedían las 200 hectáreas, junto a pequeñas propiedades campesinas y
tierras comunales de los pueblos.26
2. La estructura demográfica de Zacualpan en 1864
De acuerdo con las estimaciones de los datos del padrón de 1864, que
como se dijo en páginas anteriores sólo contamos con una parte de la
población total de Zacualpan, había 2,145 habitantes. Como se presenta
en la Tabla 1, el Mineral de Tecicapan y el Barrio de Memecla concentraban
la mayor cantidad de personas, los cuales eran los espacios con la mayor
concentración de familias de operarios. Por otra parte, el Barrio de la Plaza y
la Fuente Principal y la Cuadrilla de San José presentaron el menor número
de habitantes. El primero de los sitios era el núcleo comercial, de servicios
y artesanal del casco municipal al lado del Barrio de la Carrera y Palacio,
mientras el segundo estaba habitado principalmente por trabajadores
relacionados con la minería y las labores rurales.
Del número total de habitantes que conocemos el género –2,139
zacualpenses–, 1,017 eran hombres (47.5%) y 1,122 eran mujeres (52.5 %),
lo que indica la superioridad del género femenino en los datos demográficos
absolutos (véase tabla 1 y gráfica 1). No obstante, al desagregar la información
del género con los sitios empadronados encontramos que la balanza se
inclinó levemente a favor de los varones en el Mineral de Tecicapan y en el
Barrio de Memecla, mientras que en el Pueblo de San Antonio Mealco las
mujeres superaron a los hombres por 40 personas.
25 Velasco, op. cit., pp. 156-157; Heller, op. cit., p. 172; Rivera, op. cit., p. 94.
26 Schenk y Orensanz, “La desamortización”, p. 8.
68
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
TABLA 1. POBLACIÓN DE ZACUALPAN EN 1864
Número de
familias
Hombres
Mujeres
Total
Mineral de Tecicapan
100
254
248
502
Barrio de Memecla
63
165
160
325
Barrio Chacopinga y
Calvario
54
117
145
262
Ranchería de Apecanaclan
48
116
117
233
Pueblo de San Antonio
Mealco
53
96
136
232
Barrio de la Carrera y
Palacio
48
98
114
212
Barrio de la Plaza
y Fuente Principal
33
87
117
204
Cuadrilla de San José
40
84
85
169
Totales
439
1,017
1,122
2,139
Sitio empadronado
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, Archivo Municipal de Zacualpan.
Gráfica 1. Proporción hombres y mujeres en Zacualpan, 1864
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
69
Es probable que Zacualpan, por ser un centro minero de manera
semejante a la ciudad de Zacatecas de 1857,27 presentara dinámicas
demográficas que estaban relacionadas con la migración más que con el
crecimiento natural de la población. El agotamiento de los yacimientos o
el descubrimiento de nuevas vetas generaban el movimiento de población,
especialmente de hombres solteros en busca de trabajo.28 Otro factor que
se ha de tener en cuenta para entender por qué la inclinación femenina de
la población zacualpense es el reclutamiento y muerte de varones en los
ejércitos que combatieron en la guerra de Reforma (1857-1861).29
Al relacionar género con edades, encontramos un predominio de la
población de 0 a 14 años, así como la preponderancia masculina en esta
etapa de la vida30 (véase gráfica 2 y anexo 1). A partir de la adolescencia la
relación se modificó levemente acentuándose con la entrada de las personas
a la edad adulta a los 15 años, y prolongándose la distancia numérica entre
los sexos a favor de las mujeres hasta los 34 años. Desde los 35 años la
tendencia fue al equilibrio de los géneros, pero con una leve inclinación
femenina, lo que indicaría el mayor desgaste físico de las mujeres en los
partos y, tal vez, en actividades productivas como las mineras. En síntesis,
en Zacualpan se presentaron diferencias en los géneros en tres etapas
importantes de la vida del ser humano: la dependencia de los padres durante
la infancia y adolescencia, en la que se resalta una mayor presencia de los
varones; la soltería, búsqueda de cónyuge y el nacimiento de los hijos entre
los 15 y 34 años, en la que predominaron las mujeres; la consolidación de la
familia, la crianza de la prole y la entrada a la vejez a partir de los 35 años,
en la cual se tendió al equilibrio entre hombres y mujeres.
27 Pérez y Klein, “La población”, p. 81.
28 Robinson, “Patrones”, p. 194. En San José del Parra la reducción de mano de obra
masculina vinculada a las actividades mineras fue considerable entre 1768 y 1788, dado que
pasó de 75 a 47% del total de la estructura ocupacional.
29 Kicza, op. cit., p. 230.
30 Cook, “La población”, pp. 146-148. Cook observó una tendencia similar en la mitad de
los novohispanos de 1793.
70
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
GRÁFICA 2. PIRÁMIDE DE EDADES EN ZACUALPAN, 1864
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
La cuestión que surge es por qué este cambio marcado a partir de los
15 años muestra que la presencia de los hombres disminuye con la entrada
de éstos a la mayoría de edad. Las explicaciones reiteran el papel negativo de
las guerras en la población masculina, así como la migración para buscar
trabajo. La pirámide poblacional muestra que los varones disminuyen
considerablemente entre los 20 y 29 años, dado que la llegada a la adultez
y el estado civil solteros les permitían una mayor movilidad geográfica que
a las mujeres para buscar empleo y pareja en los distritos circunvecinos. La
tendencia era a migrar siendo solteros que hacerlo en grupos familiares.
El problema del censo analizado de no incluir el origen poblacional de los
empadronados hubiera podido ayudar a despejar dudas al averiguar por el
origen de nacimiento de las parejas de casados.
Como Zacualpan no ofrecía muchas posibilidades de empleo además de
tener una minería en estancamiento, un sector rural de relativa importancia
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
71
y de realizarse escasas labores artesanales, la fuerza de trabajo masculina
mostraba tendencias de crecimiento. Así pues, como veremos en el siguiente
acápite, las únicas actividades de importancia para los hombres eran las
relacionadas con la minería. Por lo tanto, de manera similar al padrón de
Zacatecas de 1857, no sorprende encontrar más zacualpenses ocupados
en oficios como operarios, mineros, jornaleros, etc., que en ocupaciones
artesanales y semicalificadas.
El censo proporciona importante información en cuanto a los patrones
matrimoniales dado que se registró el estado civil. Los hombres casados
sumaron 304 individuos y los viudos 40, mientras las mujeres con pareja
estable constituyeron 281 y las viudas fueron 137 (véase gráfica 3 y anexo
2). Las mujeres se casaban a más temprana edad que los hombres, pues la
esposa más joven fue registrada con 13 años, mientras el marido con menor
edad fue de 20 años. La misma tendencia se observó en el estado civil
viudo/viuda, dado que entre la población femenina fue empadronada una
viuda de 14 años, mientras que entre los varones hubo un viudo de los 16
años. Este último dato señala que había hombres que se casaban por debajo
de los 16 años.
GRÁFICA 3. CASADOS Y VIUDOS POR GÉNERO EN ZACUALPAN, 1864
Fuente:
72
Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Como se puede ver en la gráfica 3, desde los 20 años los hombres contraían
nupcias, mientras las mujeres se casaban desde los 15. Para la edad de 20
a 29 años había más mujeres que hombres en estado matrimonial, pero
a partir de los 30 años y hasta la vejez la situación se invirtió, a pesar de
la inclinación femenina de la población. Que se presentaran más varones
casados que mujeres puede estar indicando la dificultad que tuvieron ellas
para volverse a casar tras la muerte del marido.
La tendencia de la viudez muestra la existencia de personas en este
estado civil a partir de los 20 años e incluso antes; también que desde los 40
años había un número mayor de viudas que de viudos, y en especial con la
llegada de los 60 años. Herbert Klein y Sonia Pérez atribuyen este patrón
al desigual acceso de los géneros a la propiedad, pues como los hombres
poseían las propiedades les resultaba más fácil volver a conseguir parejas
estables.31 Estos datos confirman los patrones matrimoniales de otros
espacios para el mismo período, como la ciudad de Zacatecas de 1857.32
3. Las profesiones y la instrucción en escritura (Zacualpan, 1864)
La población que registró la “profesión”, en su gran mayoría hombres a
excepción de algunas domésticas y una molendera, correspondió a 484
habitantes, esto es algo menos de la mitad de los varones. Los trabajadores
que se desempeñaban en oficios mineros –operarios, mineros, ademadores,33
herreros, guardas, carpinteros, albañiles, leñeros, madereros y azogueros–
totalizaron 48.9%,34 lo que reitera el peso de la actividad minera en la
estructura económica de Zacualpan. Los oficios de este ramo, que no se
reducían a operarios y mineros, indica una especialización de la actividad
y la incorporación de ocupaciones semiespecializadas como la herrería, la
carpintería y la albañilería, que aseguraban la reparación de herramientas y
el refuerzo de las estructuras de las minas.
31 Pérez y Klein, op. cit., p. 92.
32 Ibid., p. 95.
33 El ademador era el operario que se encargaba de apuntalar o sostener las minas con
madera. Diccionario de la lengua española - Real Academia Española. Edición de 1852 http://
buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0.
34 Brading, “Grupos”, p. 164. En Guanajuato de 1792 los trabajadores vinculados con la
minería constituían 55% de la estructura ocupacional.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
73
Llama la atención la importancia numérica de los registrados como
“jornaleros” (32.6%), término problemático porque no especifica un tipo de
actividad en particular, pues sólo indica a cada trabajador que se empleaba
en cualquier clase de labores por un día entero de trabajo a cambio de
un estipendio o sueldo.35 Es posible que los jornaleros zacualpenses se
emplearan por días en distintos trabajos relacionados con la minería y la
agricultura de acuerdo con la demanda de mano de obra según las dinámicas
propias de estas actividades, lo que facilitaba la movilidad espacial hacia
los partidos y distritos circunvecinos. Guadalupe Nava dice que durante
el porfiriato los gambusinos y buscadores coloniales –trabajadores
particulares que se dedicaban a las labores mineras por su propia cuenta–
se transformaron en jornaleros, se caracterizaron por ser los trabajadores
especializados en diferentes etapas de la minería, que ganaban de acuerdo
con sus conocimientos, aunque a la gran mayoría de ellos se les asignaban
las tareas más pesadas y peligrosas.36 En suma, la mitad de los hombres
en edad productiva se dedicaban a las explotaciones mineras, y ocho de
cada diez trabajadores estaban enlistados en los oficios relacionados con la
minería y la agricultura.37 En el número restante se ubicaba la mano de obra
correspondiente a los servicios, el comercio y a los oficios semicalificados
y artesanales, como por ejemplo los comerciantes,38 arrieros, zapateros,
panaderos, sastres, etc., que más que un oficio masculino era una labor
familiar (véase tabla 2).
Al examinar la distribución de las ocupaciones según el lugar
empadronado es posible localizar las actividades económicas en el territorio,
es decir, la división del trabajo espacialmente. Como era de esperarse en la
cabecera urbana –barrios de Chacopinga y Calvario, de la Carrera y Palacio,
35 Diccionario de la lengua española - Real Academia Española. Edición de 1852 http://buscon.
rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0.; Cook, op. cit, p. 153.
36 Nava, “Jornales”, pp. 62 y 64.
37 Pérez y Klein, op. cit., p. 87. En Zacatecas los trabajadores relacionados con la minería y la
agricultura constituían un 41% del total de mano de obra de la ciudad.
38 Ibid., p. 89. Al igual que el estudio de Sonia Pérez y Herbert Klein para Zacatecas de
1857, en el padrón analizado en esta investigación no es posible definir a los comerciantes
según el tamaño del establecimiento o el tipo de negocio que desarrollaban; Noriega, op. cit.,
p. 694. En 1854 el sector mercantil se reducía a tiendas y tendajones que expendían toda
clase de productos nacionales y extranjeros, como lencerías, quincallería y mercería. Había
establecimientos que les permitían a sus dueños vivir con menos privaciones que los dueños
de establecimientos miserables.
74
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
de la Plaza y Fuente Principal, y barrio de Memecla– se localizaba el área
de servicios y oficios artesanales. Los operarios se distribuían en los 8 sitios
registrados, aunque con mayor presencia en el barrio de Memecla y en el
Mineral de Tecicapan. Los jornaleros se ubicaron mayoritariamente en
Ranchería de Apecanaclan y en el Pueblo de San Antonio Mealco (véase
tabla 2).
TABLA 2. RELACIÓN DE OFICIOS Y LUGARES EMPADRONADOS
EN ZACUALPAN, 1864
Sitio
1
Sitio
2
Sitio
3
Sitio
4
Sitio
5
Sitio
6
Sitio
7
Sitio
8
Total
Operario
27
21
7
50
10
87
0
0
202
Jornalero
21
4
4
4
20
9
42
54
158
Comerciante
1
9
9
6
1
2
0
0
28
Zapatero
4
1
2
0
0
2
0
0
9
Sastre
2
3
4
0
0
0
0
0
9
Minero
0
2
6
0
0
0
0
0
8
Carpintero
2
1
5
0
0
0
0
0
8
Panadero
2
1
0
1
0
3
0
0
7
Albañil
5
0
0
0
0
0
0
1
6
Doméstico (a)
1
0
5
0
0
0
0
0
6
Arriero
0
0
0
1
3
0
1
0
5
Herrero
0
0
1
1
0
2
0
0
4
Barbero
0
3
0
0
0
0
0
0
3
Artesano
2
0
0
0
0
0
0
0
2
Azoguero
0
0
0
0
1
1
0
0
2
Ademador
0
0
0
0
2
0
0
0
2
Maderero
0
0
0
0
2
0
0
0
2
Ladrillero
0
0
0
0
2
0
0
0
2
Labrador
0
0
0
0
0
2
0
0
2
Dulcero
0
2
0
0
0
0
0
0
2
Oficio
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
75
Oficio
Sitio
1
Sitio
2
Sitio
3
Sitio
4
Sitio
5
Sitio
6
Sitio
7
Sitio
8
Total
Leñero
0
0
0
0
1
1
0
0
2
Polvorero
0
0
0
1
0
0
0
0
1
Velero
0
0
0
1
0
0
0
0
1
Platero
0
1
0
0
0
0
0
0
1
Tintorero
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Sombrerero
0
0
0
0
0
1
0
0
1
Molendera
0
0
0
0
0
1
0
0
1
Empleado
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Escribiente
1
0
0
0
0
0
0
0
1
Guarda
1
0
0
0
0
0
0
0
1
Cura
0
0
0
0
0
1
0
0
1
Sacristán
0
0
0
0
0
1
0
0
1
Dependiente
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Ciego
0
0
0
0
0
1
0
0
1
Impedido
0
0
0
0
0
1
1
0
2
TOTALES
69
48
46
65
42
115
44
55
484
Sitio 1 = Barrio de Chacopinga y Calvario; Sitio 2 = Barrio de la Carrera y Palacio; Sitio 3
= Barrio de la Plaza y Fuente Principal; Sitio 4 = Barrio de Memecla; Sitio 5 = Cuadrilla de
San José; Sitio 6 = Mineral de Tecicapan; Sitio 7 = Pueblo de San Antonio Mealco; Sitio 8 =
Ranchería de Apecanaclan.
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, Archivo Municipal de Zacualpan.
El barrio de Chacopinga y Calvario, residencia de familias indígenas desde
tiempos coloniales, se caracterizaba por estar habitado principalmente por
operarios y jornaleros que compartían el espacio con algunos comerciantes,
zapateros, sastres, carpinteros, panaderos, albañiles y escribientes. El barrio
de Memecla era principalmente la residencia de los jornaleros, con la
presencia de algunos operarios, comerciantes y artesanos. Los dos barrios
restantes –de la Carrera y Palacio, y de la Plaza y Fuente Principal– eran
la habitación de unos cuantos operarios y jornaleros, y además residían
todos los mineros, la mayoría de los comerciantes, sastres, barberos,
76
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
dulceros, el tintorero, el platero, algunos domésticos (as), tres de los zapateros,
el empleado39 y uno de los herreros y panaderos. Estos dos espacios eran el
corazón comercial, de servicios y artesanal de Zacualpan lo que se percibe
por la diversidad de oficios.
Como se mencionó en párrafos anteriores, la Ranchería de Apecanaclan
y el Pueblo de San Antonio Mealco eran eminentemente sitios donde
habitaban jornaleros, salvo un par de casos de un arriero y un albañil.
Por otra parte, a pesar de que la Cuadrilla de San José tenía la mitad de
residentes jornaleros y operarios, y el Mineral de Tecicapan estaba habitado
principalmente por operarios, otros trabajadores atendían las necesidades
de los lugares con sus servicios y productos. Tal es el caso de los leñeros,
azogueros, panaderos, comerciantes, el cura y sacristán.
A partir de la agrupación de los oficios por edades (anexo 2) se puede
establecer que la mayor parte de la mano de obra se concentró en la época de la
vida más productiva para las personas, esto es entre los 20 y 49 años, teniendo
una mayor importancia los que oscilaban entre los 30 y 39 años con un
24.1%. Los trabajadores entre los 10 y 14 años sólo representaron el 5.6%,
mientras los mayores de 60 años el 9.5%, constituyéndose en los rangos
de edades con menor presencia de fuerza de trabajo dadas las limitadas
habilidades y de fuerza física.
Los rangos extremos estuvieron en el caso de los operarios y jornaleros.
En los primeros se presentaron tres trabajadores que tenían 10 años y uno
con 90 años, y en los segundos dos jornaleros tuvieron 12 años de edad y
uno 92 años. La utilización de niños en las labores dentro de los túneles de las
minas de Zacualpan se debió a la estrechez, irregularidad y poca altura de
las excavaciones, lo que hacía necesario que “[…] todo el mineral tiene que
ser sacado en canastos por muchachos muy pequeños”.40 El diseño y las
condiciones de los socavones requería de mano de obra capaz de moverse
en espacios tan estrechos, pero a su vez, las mismas necesidades de las
familias de aumentar sus ingresos las impulsaba a emplear a sus hijos como
39 El Diccionario de 1852 define “empleado” como “el destinado por el gobierno al
servicio público”. Diccionario de la lengua española - Real Academia Española. Edición de 1852.
Consultado en: http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0.
40 Heller, op. cit., pp. 174-175.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
77
operarios y jornaleros desde muy temprana edad. Los padres enseñaban a
sus pequeños hijos las tareas de la minería en la práctica y en el mismo campo
de aprendizaje, asegurando que el conocimiento no se perdiera. Incluso,
las esposas de los trabajadores laboraban en las bocaminas escogiendo el
mineral de buena ley y esperando a sus parientes al final de la jornada, lo
que indica que la minería no era una actividad esencialmente masculina.41
Además de los casos de los operarios y los jornaleros, las domésticas,
los arrieros y los barberos también presentaron mano de obra entre los 10
y 14 años. Las demás ocupaciones artesanales y de servicios tuvieron una
importante presencia desde los 20 años de edad. Es posible identificar en
algunas ocupaciones la continuidad de la profesión entre las generaciones,
es decir del padre al hijo. Tal es el ejemplo de los dos únicos dulceros
registrados en el padrón, Tiburcio Mejía de 54 años y su hijo Mariano de 25
años, que vivían el Barrio de la Carrera y Palacio, o Hermenegildo Gómez
de 60 años y su hijo José de 30 que tenían el oficio de zapateros y residían
en el Mineral de Tecicapan.42 Casos como los anteriores muestran cómo
los padres de familia introducían a sus hijos en los oficios productivos, y
seguramente a las mujeres aunque las fuentes no lo declaren, con lo cual la
ocupación del cabeza de familia se convertía en el trabajo y negocio familiar.
Al reorganizar las ocupaciones por la información concerniente a
“Sabe escribir”, encontramos que de los 484 individuos que registraron un
oficio o profesión, solamente 94 sabían escribir (el 19.3%). Esto indicaría
el desinterés de los zacualpenses por enviar a sus hijos a la escuela. Por
ejemplo, durante la semana del 12 al 16 de octubre de 1835, de los 22
estudiantes que acudían a la escuela de primeras letras de Zacualpan,
ninguno asistió la semana completa, mientras que 18 de ellos faltaron todos
los días a las clases.43
La tabla 3 muestra la relación entre ocupación y conocimientos de
escritura, destacándose la importancia del número de operarios y jornaleros,
41 Staples, “Familias”, pp. 292, 294 y 298; Nava, op. cit., pp. 56 y 60. Los hombres se
desempeñaban en las pesadas labores de explotación, extracción y beneficio de los minerales,
mientras las mujeres y los niños se dedicaban a las de pepena y quiebra de los minerales.
42 AMZ, Padrón de 1864, Mineral de Tecapan y Barrio de la Carrera y Palacio.
43 Establecimiento de Primeras letras de Zacualpan. Lista de los niños ausentes de este
establecimiento en la semana de la fecha con expresión de los nombres de los respectivos
padres. AMZ, Fondo Presidencia, c. 1, exp. 3, f. 2r, 17 de octubre de 1835.
78
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
es decir, oficios no calificados. Sin embargo, esto resulta engañoso dado
que de los 202 individuos registrados en el primer grupo, apenas 27
sabían escribir, equivalente al 13.3%; mientras que en la segunda categoría
solamente el 10.1% de 158 jornaleros tenían la capacidad de escribir. Estos
datos revelan que en oficios no calificados había dificultades de diversa
índole para ingresar al sistema educativo, introduciendo a los niños a los
quehaceres remunerados para aumentar los ingresos de las familias.
TABLA 3. OFICIOS Y CONOCIMIENTOS DE ESCRITURA EN ZACUALPAN, 1864
Oficio
Sabe
escribir
Oficio
Sabe escribir
Operario
27
Arriero
1
Jornalero
16
Azoguero
1
Comerciante
10
Panadero
1
Minero
6
Velero
1
Sastre
5
Sacristán
1
Carpintero
4
Impedido
1
Barbero
3
Labrador
1
Doméstico (a)
3
Artesano
1
Herrero
2
Albañil
1
Zapatero
2
Guarda
1
Dulcero
2
Empleado
1
Escribiente
1
Dependiente
1
Cura
1
TOTAL
94
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
El panorama del alfabetismo es diferente en las demás ocupaciones, pues
exigían tener ciertas habilidades y conocimientos para desarrollar los
oficios y facilitar el buen funcionamiento del negocio. Éste es el caso de
los comerciantes, entre los cuales más de una tercera parte de ellos sabía
escribir. Dos de los nueve zapateros, seis de los ocho mineros, cinco de
los nueve sastres, la mitad de los carpinteros, azogueros y de los herreros,
y la totalidad de los dulceros y barberos sabían escribir. Un grado mayor
de educación lo tenían el escribiente, el empleado, el sacristán y el cura,
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
79
especialmente el último, que debió prepararse en las instituciones de
educación superior.
Al relacionar la información concerniente al nivel de educación (saber
escribir), las ocupaciones y el espacio es posible establecer la estructura
socioeconómica de Zacualpan.44 En la tabla 4 tenemos que el Barrio de
la Plaza y Fuente Principal concentraba el mayor número de los varones
instruidos en la escritura con 63% del total que registraron una profesión y
se encontraban en edad de trabajar. Se puede entender que en aquel barrio
casi 2/3 de los varones requerían de cierto grado de formación debido a
los oficios que desempeñaban, relacionados con el comercio, las labores
artesanales y los servicios, esto es, ocupaciones semicalificadas. Aquí
habitaban los zacualpenses que gozaban de los mayores niveles de riqueza
y posición social, constituyéndose en el centro económico y político de la
cabecera municipal.
TABLA 4. SITIOS EMPADRONADOS Y CONOCIMIENTOS DE ESCRITURA
EN ZACUALPAN, 1864
Sitio empadronado
Sabe
escribir
Barrio de la Plaza y Fuente principal
29
63
Barrio de la Carrera y Palacio
15
31.2
Barrio de Memecla
15
23
Mineral de Tecicapan
21
18.2
Barrio Chacopinga y Calvario
12
17.3
Cuadrilla de San José
6
14.2
Ranchería de Apecanaclan
7
12.7
Pueblo de San Antonio Mealco
4
9
TOTALES
Porcentaje relacionado con
población laborando
109
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, Archivo Municipal de Zacualpan.
44 Pérez y Klein, op. cit., p. 89; Cook, op. cit, p. 155. Sonia Pérez, Herbert Klein y Sherburne
Cook pudieron establecer la estructura social y económica en sus investigaciones a partir de
la reorganización de los datos con las variables de oficio y nivel educativo de cada habitante.
80
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
El segundo lugar en cuanto a niveles de conocimiento de escritura lo ocupó
el Barrio de la Carrera y Palacio con 31.2%, en donde convivía la población
que ejercía oficios comerciales, de servicios y artesanales con la fuerza de
trabajo minera y rural. La proporción de los habitantes que sabían escribir
se reduce en los barrios de Memecla y Chacopinga y Calvario, espacios
donde tenía su residencia un amplio número de operarios y jornaleros, esto
es, población de extracción social inferior.
Por fuera de la cabecera municipal es interesante el caso del Mineral de
Tecicapan, dado que tuvo una cantidad representativa de población con
capacidades de escritura, pese a estar habitado por un elevado número de
operarios, como se observa en la tabla 2. El caso opuesto se presentó en el
Pueblo de San Antonio Mealco que contaba con cuatro personas que sabían
escribir, es decir, 9% de los hombres que se ocupaban en algún oficio.
La estructura ocupacional del pueblo –asentamiento de indios– revela
que entre 46 hombres que registraron su profesión, 44 eran jornaleros, lo
cual ayuda a entender porqué este sitio se ubicó en el escalón inferior de
instrucción educativa, y por ende, de la estructura socioeconómica de los
lugares censados en 1864.
A modo de conclusión
El análisis realizado del padrón de Zacualpan de 1864 es un acercamiento
preliminar a los patrones poblacionales del municipio a través del género,
la edad, el estado civil, los oficios y los niveles de alfabetismo. Es un
ejemplo de las potencialidades de los padrones y cuan valiosos son como
fuentes para los estudios de demografía histórica. Las páginas precedentes
revelaron que las dinámicas demográficas de un espacio minero como
Zacualpan de 1864 estaban articuladas con las bonanzas y borrascas de las
vetas y con los avatares de la turbulencia política mexicana del siglo XIX,
que se traducían en migraciones y muertos en los campos de batalla. Estos
factores acentuaron el predominio de la población femenina y una marcada
inferioridad numérica de los varones en las edades más productivas del
ciclo de la vida (15 a 34 años).
Zacualpan representa una población compleja al entrar en el detalle de
sus barrios, pueblos, minerales, rancherías y cuadrillas. La incorporación de la
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
81
variable espacial ha permitido obtener un acercamiento a la geografía de
las ocupaciones, del nivel de instrucción de escritura y la estructura socioeconómica del municipio. La presencia indígena se evidenció en uno de los
barrios de su casco urbano –el Barrio de Chacopinga y Calvario–, y en uno
de los pueblos que estaban bajo su jurisdicción: el Pueblo de San Antonio
Mealco. El centro del poder económico y social se ubicó donde se tomaban
las decisiones de la política local: en el Barrio de la Plaza y Fuente Principal.
Fue allí en donde la actividad comercial, artesanal y de servicios otorgó cierto
nivel de riqueza, status e instrucción educativa a sus residentes. A medida
que se alejaba de este barrio, las capacidades de escritura, económicas y
sociales de los zacualpenses se transformaron. Aparecieron los barrios en
donde predominaban los operarios y los jornaleros, así como su presencia
en el mineral, la cuadrilla, el pueblo y la ranchería. En últimas, fueron los
trabajadores vinculados a la minería los que definieron el tipo de población,
de sociedad y de economía de Zacualpan.
Hasta ahora se ha dejado de lado el estudio de la composición familiar,
el peso de los tipos de familias –nuclear, extendida y múltiple–, de los
solteros, la incidencia de familias encabezadas por mujeres, la elección
de cónyuge y la edad al matrimonio. Las posibilidades de interrogantes se
pueden ampliar desde un enfoque de historia de la familia para un caso en
particular como el de Zacualpan. Será interesante detallar cuáles fueron las
características y singularidades de las familias de un distrito minero y si es
posible establecer las continuidades o transformaciones de estas parentelas
por varias generaciones al comparar con otros censos.
Fuentes
1. Archivos
Archivo Municipal de Zacualpan: Padrón de 1864.
Archivo Parroquial de Zacualpan, La Inmaculada Concepción, Padrones
de 1834. Consultado en: https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-114684-33019-12?cc=1410092&wc=6852839
82
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
2. Libros y artículos
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__________, “Grupos étnicos, clases y estructura ocupacional en
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(comps.), Demografía histórica de México. Siglos XVI-XIX, México, Instituto
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Heller, Carl Bartholomaeus, Viajes por México en los años 1845-1848, México,
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Kicza, John E., “Historia demográfica mexicana del siglo XIX: evidencia y
aproximaciones”, en Elsa Malvido y Miguel Ángel Cuenya, (comps.),
Demografía histórica de México. Siglos XVI-XIX, México, Instituto de
Investigaciones Dr. José María Luis Mora/Universidad Autónoma
Metropolitana, 1993, pp. 217-262
Lugo Olín, María Concepción, “La población de Cuautitlán durante el siglo
XIX”, en Elsa Malvido y Miguel Ángel Cuenya, (comps.), Demografía
histórica de México. Siglos XVI-XIX, México, Instituto de Investigaciones
Dr. José María Luis Mora/Universidad Autónoma Metropolitana, 1993,
pp. 123-137.
Moreno Coello, Georgina, El estado de México, la historia de un proceso de
definición territorial: 1824-1917 (tesis para optar el grado de licenciatura
en historia), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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Historia Mexicana, vol. 12, núm. 1, julio-septiembre, 1962, pp. 53-72.
Noriega, Joaquín, Estadística del departamento de México. Formada por la comisión
nombrada por el Ministerio de Fomento, y presidida por el Sr. D. Joaquín Noriega;
de Septiembre de 1853 en que comenzó sus trabajos, a Febrero de 1854 en que los
concluyó, México, Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, 1980.
Pérez Toledo, Sonia y Herbert S. Klein, “La población de la ciudad
de Zacatecas en 1857”, en Historia Mexicana, vol. 42, núm. 1, julioseptiembre, 1992, pp. 77-102.
Rivera Cambas, Manuel, Viaje a través del Estado de México (1880-1883),
México, Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, México, 1972.
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en Elsa Malvido y Miguel Ángel Cuenya, (comps.), Demografía histórica
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María Luis Mora/Universidad Autónoma Metropolitana, 1993, pp. 179216.
Schenk, Frank y Lucrecia Orensanz, “La desamortización de las tierras
comunales en el Estado de México (1856-1911). El caso del distrito de
Sultepec”, en Historia Mexicana, vol. 45, núm. 1, julio-septiembre, 1995,
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México, El Colegio Mexiquense, 1994.
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Centro de Estudios Históricos, 1996, pp. 289-299.
Urrutia de Stabelski, María Cristina, “La minería (1821-1880)”, en Ciro
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Imprenta de la viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746. Consultado
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
en: http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/3686/10/theatroamericano-descripcion-general-de-los-reynos-y-provincias-de-la-nuevaespana-y-sus-jurisdicciones/
Anexos
ANEXO 1. GÉNERO Y GRUPOS DE EDAD EN ZACUALPAN, 1864
Grupos de edad
Hombres
Mujeres
0-4 años
174
151
5-9 años
216
162
10-14 años
159
165
15-19 años
78
103
20-24 años
48
76
25-29 años
41
81
30-34 años
68
94
35-39 años
54
47
40-44 años
44
60
45-49 años
36
39
50-54 años
40
46
55-59 años
22
18
60-64 años
17
33
65-69 años
9
5
Más de 70 años
23
25
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
85
ANEXO 2. RELACIÓN DE CASADOS Y VIUDOS CON GRUPOS DE
EDADES EN ZACUALPAN, 1864.
Condición
10-14
años
15-19
años
20-29
años
30-39
años
40-49
años
52
101
68
Casado
Viudo
Casada
1
Viuda
1
TOTALES
2
50-59 Más de TOTALES
años 60 años
52
31
304
1
3
4
7
9
16
40
11
86
94
51
24
14
281
4
20
35
34
43
137
145
219
161
119
104
762
12
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
ANEXO 3. RELACIÓN DE OFICIOS Y GRUPOS DE EDADES EN ZACUALPAN, 1864
10-14
años
15-19
años
20-29
años
30-39
años
40-49
años
50-59
años
Más de
60 años
Operario
12
30
45
50
33
18
9
Jornalero
11
18
20
35
28
26
20
Comerciante
1
2
6
5
6
5
4
Zapatero
1
3
4
Sastre
1
3
4
1
Minero
1
2
1
2
2
4
1
1
1
1
1
3
Oficio
Carpintero
Panadero
2
Albañil
1
Doméstico(a)
1
1
Arriero
1
2
Herrero
Barbero
2
1
1
4
1
1
1
1
1
Artesano
1
Azoguero
86
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
1
2
Ademador
Maderero
1
2
2
1
1
1
1
1
1
Oficio
10-14
años
15-19
años
20-29
años
Ladrillero
Labrador
30-39
años
40-49
años
50-59
años
Más de
60 años
2
1
Dulcero
1
1
1
Leñero
1
1
Polvorero
1
Velero
1
Platero
1
Tintorero
1
Sombrerero
1
Molendera
1
Empleado
1
Escribiente
1
Guarda
1
Cura
1
Sacristán
1
Dependiente
1
Ciego
1
Impedido
TOTALES
2
1
27
62
91
116
81
(5.6%) (12.8%) (18.9%) (24.1%) (16.8%)
58
(12%)
46
(9.5%)
Fuente: Padrón de Zacualpan 1864, AMZ.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
87
PORTALES
DE LA ARCHIVÍSTICA
LEGISLAR SOBRE ARCHIVOS: EXPERIENCIA Y REFLEXIONES
Antonia Heredia Herrera*
Resumen
La legislación entendida como conjunto de normas de diversas
categorías es fundamental para la convivencia. El amparo legal se hace
imperativo en un estado de derecho y los Archivos y sus documentos
no se pueden quedar al margen. Aunque nos encontramos con
situaciones muy diversas de unos países a otros, existen realidades,
funciones y procesos que no deberían obviarse a la hora de elaborar
una ley de “archivos” para la que la doble acepción de contenidos
documentales y de instituciones para su custodia, gestión y servicio
ha de ser el punto de partida. En este trabajo se insiste en unas y
otros dentro de un contexto en el que están presentes no sólo los
cambios sufridos por la archivística sino las transformaciones sociales
y tecnológicas.
Palabras clave: Archivos, documentos de archivo, legislación
archivística.
Abstract
Legislation understood as the group of regulations of different categories is fundamental for coexistence. The legal protection is imperative in a rule of law and records and archives and their documents
are not outside. Eventhough we find ourselves with very different
situations from one country to another, there are realities, functions
and processes that should not be overlooked when developing a law
of “archives” so that the double meaning: of documentary content
and of institutions for custody, management and service must be the
starting point. This paper emphasizes in both documentary context
* Doctora en historia de América, archivera.
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and institutions within the context in which not only the changes in
the Archival Science but also the social and technological transformations are present.
Key words: archives, records, archival legislation.
En todas las áreas de la actividad humana, la legislación entendida
como conjunto de normas de diversas categorías es fundamental para la
convivencia. El amparo legal se hace imperativo en un Estado de derecho y
los Archivos y sus documentos no se pueden quedar al margen.
En el ámbito de los “archivos” la necesidad de legislar es evidente –no
olvidemos que ese ámbito se refiere tanto a los documentos de archivo
como a las instituciones o Archivos que son responsables de los mismos–.
Esa necesidad resulta obvia tanto por lo que supone de auxilio a la
gestión administrativa como por la obligación de configurar el patrimonio
documental y salvaguardar parte de la memoria social. Hemos de reconocer,
sin embargo, que existe retraso respecto de otros ámbitos, diversidad
normativa y, lo que es más llamativo, distanciamiento entre lo legislado y su
aplicación, cuando la vigencia de una ley debería ser paralela a su eficacia y
sin embargo no pocas veces lo legislado se aparta de la práctica.
Partimos de situaciones muy distintas; de unos países a otros lo que
dificulta la elaboración de normas tanto jurídicas como técnicas, teniendo
en cuenta que en teoría las primeras obligan y suelen conocerse como
disposiciones legales y las segundas recomiendan y orientan y suelen
mantener la denominación de normas. Más flexibles las segundas que
no obligan lo que las primeras, de cuyo incumplimiento se derivan las
correspondientes sanciones.
En esta ocasión nuestro contexto será el de las primeras y como bien
señala nuestra amiga y colega Aída Mendoza Navarro (Mendoza Navarro,
2012, p. 12), frente a leyes que parten de intereses generales, las leyes sobre
“archivos” provienen mayormente de la comunidad archivística de cada país.
Mi exposición sobre este tema, a partir de aquí, la voy a basar
fundamentalmente en mi experiencia.
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El 19 de junio del 2008 tuve el honor y la satisfacción de asistir
junto con otros nueve profesionales, ocho de ellos también archiveros,
a la sesión constitutiva del grupo de trabajo encargado de redactar el
borrador de la que iba a ser la segunda ley de Archivos para Andalucía, la
mayor de las 17 comunidades autónomas en que actualmente está dividido
administrativamente el Estado español. Ley que ha sido aprobada por el
Parlamento andaluz en noviembre pasado. Hace precisamente un año.
Recuerdo mis sugerencias que puse por escrito nada más iniciarse
el trabajo, unas tenidas en cuenta en su totalidad, otras sólo en parte y
algunas no prosperaron. Así en cuanto al objeto de la nueva ley propuse
trastocar el orden tradicional: documentos y Archivos, mejor que Archivos
y documentos, teniendo en cuenta:
 que no hay Archivos sin documentos,
 que los documentos existen antes que los Archivos y
 que a la hora de las administraciones electrónicas se refuerza el papel de
los documentos mientras que los Archivos tienden significativamente
a reducirse en número.
La propuesta trascendió al título de la ley que fue completado con patrimonio
documental y no pretende sino evidenciar que no todos los documentos
con los que trabajan los archiveros son patrimonio documental sino sólo
algunos. Así pues, la nueva ley lleva el título de “Documentos, Archivos y
Patrimonio documental”.1
Ese título y su orden han pretendido ir más lejos de una enumeración
discrecional, testimoniando que el trabajo de los archiveros no se inicia
en los Archivos a partir del ingreso de los documentos sino muchísimo
antes, incluso antes de su producción, evidenciando la necesidad del
desplazamiento de los archiveros que han de situarse fuera de los Archivos,
en un espacio de trabajo anticipado al que ahora ocupan.
Otra proposición fue la de destacar el contexto para el que íbamos
a legislar. Habíamos ya superado –a partir del Reglamento en vigor del
1 Ley de Documentos, Archivos y Patrimonio documental, 3 de noviembre 2011 (Boja núm.
22, 11 de noviembre de 2011).
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2000–2 una gestión documental integrada que había hecho desaparecer la
frontera entre los Archivos administrativos y los históricos relacionándolos
en una secuencia continuada o red de Archivos, gestión que se iniciaba a la
hora del ingreso de los documentos y que salvo la valoración documental
no exigía la corresponsabilidad con otros profesionales. En cambio
ahora la gestión documental a que había de referirse la nueva ley tenía
que ir más lejos. En este momento como cualquier manifestación de la
gestión administrativa electrónica es responsabilidad de las instituciones
productoras de los documentos (ISO 15489) y había de convertirse en el
instrumento indispensable a la hora de la transparencia administrativa. Una
gestión que se adelanta a la creación y a la producción de los documentos,
habiendo de estar presentes los archiveros desde esos momentos.
A esto pude añadir que no era posible la amplia liberación de la
información que demandaba la sociedad sin archivos organizados y descritos
y son los Archivos, como instituciones los que tienen que hacerlo posible.
Estos planteamientos han trascendido en buena parte a la exposición de
motivos de la referida ley.
He comentado que no todas mis sugerencias prosperaron. Pues bien,
una en particular que entendía era importante no fue estimada. Se trataba de
la conveniencia de que –previendo el nuevo modelo de gestión documental
transversal y del que las organizaciones iban a ser responsables– a la hora
de la elaboración de la ley habrían de haber participado en el grupo de
trabajo responsables de la administración electrónica que está en vías
de implantación y que junto a los archiveros también se están llamando
gestores documentales.
Pero no quedaban aquí mis sugerencias que no fueron otras que:
 La necesidad de ampliar y actualizar los derechos democráticos
de los ciudadanos en relación con la consulta de los documentos
administrativos y con el acceso a la información en ellos contenida,
porque los ciudadanos no tienen porqué saber de archivística, ni
de instrumentos de descripción pero quieren y tienen derecho a
2 Reglamento del sistema andaluz de Archivos (Decreto 17/2000, 6 de marzo, Boja núm. 43,
11 de abril de 2000).
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la información. De tal manera que no ocurra que el ejercicio del
acceso pase de ser un derecho, a ser un calvario, como recientemente
afirmaba un catedrático de derecho administrativo en mi país.
 La conveniencia de garantizar la configuración del patrimonio
documental como parte de la memoria de nuestra comunidad
impulsando las medidas para la conservación, autenticidad, integridad
y fiabilidad de los documentos, especialmente en el caso de los
electrónicos. En esta configuración patrimonial serían importantes
las medidas preventivas en relación con los fondos privados, entre
otros los de las empresas.
 Incorporar los Archivos del sistema a los planes de gestión de calidad
de las respectivas organizaciones, sin limitarse a la publicación de
cartas de servicios como meros brindis al Sol.
En cuanto a la terminología que habría de emplearse –cuestión importante
en una ley –insistí en la necesidad de distinguir claramente las dos principales
acepciones del término “archivo” como contenido documental y como
custodio de ese contenido, y llamé la atención sobre lo inconveniente que
resultaba utilizar “documentación” en lugar de documentos de archivo.
Por otra parte, si ya teníamos precisado y superado en el Reglamento del
2000 que los ingresos habituales afectaban a los documentos y no a los
fondos, era pertinente mantener tal precisión y también seguir manteniendo
valoración documental y no calificación de documentos –que algunos han
pretendido–. No fueron éstas las únicas insistencias terminológicas por mi
parte.
De la nueva ley andaluza creo que puede afirmarse que se integra, como
avanzada, entre las leyes que podemos llamar de segunda generación y
puede ser tenida como referente a la hora de pensar, de hablar sobre legislar
para Archivos.
Dicho esto y como idea que afecta a la contextualización de cualquier ley
de Archivos entiendo que legislar para Archivos supone estar en conexión
con los cambios sufridos por la archivística. De aquí la presencia suficiente de
archiveros a la hora de redactar sus textos normativos, empezando por las leyes.
Es cierto que estos cambios avanzan con una velocidad que los textos
legales, por más estables, son difíciles de asumir, y ocurre que al cabo de
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poco tiempo quedan desfasados. De aquí la conveniencia de que una ley no
deje de ser un marco amplio para no dar lugar a la obsolescencia en corto
espacio de tiempo. Ahora bien, una cosa es ser un marco y otra cosa es una
desiderata que no contemple sino buenos deseos mirando al futuro: se deberá,
se favorecerá, se promoverá, se asegurará, se contribuirá, se fomentará, es
decir buenas intenciones comprometiéndose poco con el cómo.
Con todo, hay cambios que en este momento inevitablemente han de
asumirse. Cambios que no tienen que ver sólo con el desarrollo archivístico
sino con los cambios sociales y tecnológicos. Los Archivos, sin dejar de
ser instituciones culturales, son primero unidades de gestión y así hay que
reconocerlos para gestionarlos.
A este respecto y volviendo sobre una alusión ya hecha, hay dos
acepciones fundamentales que hemos de reconocer sin posibilidad de
confusión: los contenidos documentales, es decir, los documentos y los
custodios de esos documentos para su gestión y servicio. Personalmente
para esa distinción he recurrido a una recomendación que hiciera en su
día el Consejo Internacional de Archivos (CIA), utilizando archivo con
minúscula para los contenidos documentales que en cierta medida coinciden
con la “archivalia” que nos transmitió nuestro querido y siempre recordado
Aurelio Tanodi, reservando Archivo con mayúscula para la institución, para
el custodio.
Ocurre sin embargo que, con demasiada frecuencia, la discrecionalidad
del uso de la grafia, en este caso, no hace sino confundir, cuando a la
referida discrecionalidad se añade en los ambientes digitales la identificación
terminológica de documento de archivo con archivo que nos lleva al
disparate conceptual. Les invito a comprobarlo con la lectura de muchos
textos normativos y bibliográficos.
Por otra parte hemos de despojar a los Archivos –con mayúscula–
de esa exclusividad de históricos. Los denominados Archivos históricos
no son sino la culminación de los administrativos y no habrá buenos
Archivos históricos sin atender y ocuparnos debidamente de los Archivos
administrativos. El ropaje historicista está demodé, apartado de las pasarelas
de la moda.
Lo que hemos también de tener claro, a la hora de una ley, es que
un Archivo, como institución, no es un simple depósito para almacenar
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y distribuir documentos, como parece definir la traducción en español de
InterPARES (TEAM, 2012, p. 1). Es mucho más. Y esto con perdón de mi
amiga y colega Alicia Barnard.
En cuanto a los documentos de archivo, hay que reconocer tanto a los
de soporte papel como los electrónicos, pero en cuanto a éstos deberemos
acotarlos como verdaderos documentos de archivo y no como cualquier
registro de información electrónico y esto puede ocurrir cuando decimos
“documento electrónico” y lo definimos como cualquier registro de
información electrónica. Y del contenido documental de un Archivo nos
libraremos muy mucho de identificarlo como “colección documental”,
como recientemente he visto en una publicación.
Insisto, importa y mucho que definamos lo más nítidamente posible
estos dos términos: documento de archivo y Archivo porque en torno a
estas dos realidades gira la ley que estemos elaborando.
Antes de seguir adelante, expondré, de la forma más general y clara
que sea capaz, la situación en España por lo que afecta a la legislación
sobre “archivos”, donde hemos pasado, a partir de 1984, de la incuria a la
abundancia.
A nivel estatal hemos contado con un reglamento de Archivos
que databa de 1901 y que hasta recientísimamente con el real decreto
1708/2011 de 18 de noviembre3 no ha sido derogado. No han faltado sin
embargo normativas específicas aparte de otras leyes colaterales que les han
afectado directamente como son la ley de Patrimonio histórico español del
85, las leyes varias sobre el acceso, sobre la protección de datos, sobre el
procedimiento administrativo común, sobre el acceso electrónico de los
ciudadanos a las actuaciones públicas, la reciente ley de transparencia, etc.,
pero hasta ahora el Estado carece de una ley de Archivos propiamente dicha
sin que hayan faltado intentos recientes que no han prosperado. El decreto
al que acabo de aludir viene en alguna medida a paliar esa ausencia. En él se
diseña por una parte el Sistema español de Archivos, por otra se regula el
Sistema de la Administración general del Estado, abordando en tercer lugar
un procedimiento para el ejercicio del derecho de acceso.
En cambio a raíz de la Constitución de 1978, con la descentralización
3 Real Decreto 1708/2011 de 18 noviembre (BOE núm. 284, 25 de noviembre de 2011).
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estatal y el establecimiento de las 17 autonomías, las leyes archivísticas se han
multiplicado en las referidas regiones, una vez asumidas las competencias
sobre la materia, establecidas en los respectivos estatutos autonómicos.
Fue la primera, la 3/1984 de 8 de enero de Archivos para Andalucía,4
pionera en la materia y referente para las leyes que vinieron inmediatamente
después en las respectivas comunidades autónomas. Leyes en las que sus
títulos y contenidos transmitían todavía un tufo historicista, sólo se referían
a documentos en papel con funciones archivísticas realizadas puertas
adentro de los Archivos a partir del ingreso de los documentos, en las que
todavía se hablaba sólo de instrumentos de descripción y de expurgo y la
autonomía de los archiveros era manifiesta.
Los reglamentos que siguieron a estas leyes dimensionaron los
contenidos: fijaron los respectivos sistemas y en algún caso, como ocurrió
con el Reglamento del Sistema andaluz de Archivos del año 2000, se reconocía ya una gestión documental integrada que definitivamente rompía la frontera entre los Archivos administrativos y los históricos, se reconocía la identificación como la primera etapa del proceso documental afectando a la
clasificación, a la descripción y a la valoración, se abordaba la valoración
como función corresponsable. Sin embargo, los artículos sobre el acceso
todavía se quedaban escasos produciendo insatisfacción.
La ley andaluza, la primera de las españolas, es del 84 y hasta dieciséis
años después no se elabora el correspondiente reglamento que la desarrolla.
Lo cual no debe ser tomado como ejemplo a la hora de los lineamientos
que pretendéis a partir de la reciente Ley Federal de Archivos en México.
Todo esto hasta aproximadamente el comienzo del siglo XXI en que
los cambios sociales y tecnológicos van denunciando la obsolescencia
de los referidos textos legales, iniciándose las segundas leyes que pueden
estimarse de 2ª generación, que tratan de adecuarse a los nuevos espacios
con la incidencia generalizada de lo sistémico, con la insistencia en la gestión
documental de las organizaciones, en la mayor liberación del acceso, en la
transparencia, en la corresponsabilidad profesional, en la convivencia de
documentos en papel y electrónicos, en la ampliación y dimensionamiento
del servicio a partir de portales y de proyectos de digitalización. De estas
4 Ley de archivos andaluces 3/1984, 9 de enero (Boja núm. 11, 28 de enero de 1984).
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leyes la última en España, por el momento, es la Ley de Documentos,
Archivos y Patrimonio documental de 2011 a la que ya me he referido,
habiendo sido la primera la del 84 también para Andalucía, mi tierra.
Hasta aquí el escenario en mi país, pero para él y para cualquier otro
espacio de no estar establecido con anterioridad, ha de estructurarse el
sistema de Archivos o sistema archivístico para dibujar y fijar la posición
de cada Archivo en el territorio marcado por la ley y las relaciones con los
demás a partir de redes o de subsistemas de Archivos.
Voy a detenerme y precisar alguna cuestión a este respecto. Sistema
de Archivos ha sido la expresión habitual para referirse a esa estructura
integrada por los Archivos como instituciones, pero podíamos entender
que los elementos en dichas estructuras se ceñían sólo a esas instituciones,
siendo sin embargo en la práctica una estructura mucho más amplia y
compleja. La aplicación de archivístico al término sistema testimonia mejor
esa amplitud porque lo archivístico puede referirse tanto a los Archivos
como instituciones, como al contenido documental, como a los órganos
responsables de la política archivística, como a los órganos asesores,
como a otros centros específicos relacionados con los Archivos y con los
documentos, con los recursos, con las normas.
Si la primera ley andaluza optó por sistema de Archivos, la segunda ha
preferido sistema archivístico y como tal lo ha definido y usado (Heredia
Herrera, 2012, p. 366). Lo que no debe ser pertinente es el posterior uso
aleatorio de una u otra expresión.
Resulta indispensable dibujar esa estructura para establecer las
competencias en la materia no sólo del órgano o ente rector de la política
archivística sino de los órganos asesores reconocidos como tales, sin
perjuicio de los posteriores y necesarios desarrollos reglamentarios al no
proceder la casuística completa en el contenido de la ley.
Y en cuanto a las redes de Archivos dentro del sistema no existe
unanimidad en España en su conceptuación pero sí en el propósito de
constituir agrupaciones de instituciones de Archivo potenciadas por la
gestión documental. El concepto de red de Archivos, en unos casos se
ha entendido como la agrupación de Archivos de características similares
con un paralelismo en su gestión documental y bien pudiera estimarse como
un subsistema (Archivos universitarios, Archivos municipales, Archivos
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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comarcales, etc.), en otros casos la agrupación de Archivos ha venido de
la sucesión de Archivos establecidos para la estancia de documentos según
su edad y uso (Archivos de oficina, central, intermedio e histórico) para
los que se reconoce una gestión documental única y continuada (Heredia
Herrera, 2012, p. 370).
Lo que no podremos confundir es el Sistema de Archivos o Sistema
archivístico con el Sistema de gestión documental.
Reconocí en Manzanillo, en la Reunión Nacional de Archivos de 2011,
cómo los archiveros hablamos hoy más de gestión documental que de
archivística (Heredia Herrera, 2012, p.119) de aquí que teniendo muy claras
las relaciones de la archivística con la gestión documental, hoy una ley sobre
Archivos no puede dejar de implicarse decisivamente sobre la misma. De
tal manera que de los múltiples modelos existentes habrá de optar por uno y
posicionarse –con independencia del obligado desarrollo posterior– sobre sus
funciones, sus responsables y sobre los instrumentos tecnológicos para ella.
A partir de aquí no haré sino observaciones y planteamientos puntuales,
y personales, sobre aspectos formales y sobre alguno de los capítulos y
artículos previsibles en una ley sobre la materia que nos ocupa.
En cuanto a las que pudiéramos estimar como cuestiones formales
siempre suele haber una exposición de motivos o preámbulo que antecede a
los títulos y capítulos, aunque su elaboración corresponda a la etapa final de
la elaboración de la ley. No siendo norma, sin embargo debe ser transmisora
de la filosofía de la norma sin dar lugar a equívocos contradiciendo el
articulado posterior y esto puede ocurrir al ser elaborada por terceras
personas que se valen de un vocabulario que los lleva al uso de un lenguaje
no acorde con los contenidos de la ley.
Las leyes españolas son proclives a exposiciones extensas, extensísimas,
que contrastan con la mayor brevedad de los textos hispanoamericanos.
Prueba de lo que acabo de comentar es precisamente la extensión del
referido preámbulo en la ley andaluza del 2011 y la concisión en el caso
de la reciente ley federal mexicana (artículo 1, del capítulo único del título
primero de las disposiciones generales).
También como aspecto formal pudiera estar el glosario que suele
formar parte del primer capítulo. No hay texto legal archivístico que se
exima de aportar una relación de términos específicos para los que no
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
existiendo una conceptuación única es preciso delimitar para fijar su uso
en la ley, uso que no debe llevar a la discrecionalidad, así por ejemplo,
unas veces y aleatoriamente archivo con minúscula y otras Archivo con
mayúscula, unas veces selección y otras, valoración, unas veces documentos
producidos, otras, creados. El uso posterior de los términos debe atenerse
a las definiciones propuestas y, más aún, no cambiarse a la hora de las
órdenes de desarrollo de la ley. No hay regla, ni convención acerca de
su número, pero en principio no debería ser excesivo porque no se trata
de hacer un diccionario. La sobreabundancia podría transmitir falta de
uniformidad en la formación archivística del país o territorio al que afecte la
ley. En España las leyes aprobadas en el siglo XXI han oscilado entre 7 y 12
términos. En ninguna faltan archivo, documento de archivo, documento de
archivo electrónico, patrimonio documental, gestión documental. Sin duda
que para todos ellos existen definiciones múltiples, unas más acertadas que
otras. Mejoremos las existentes pero no inventemos otras, llevados por un
afán de novedad mal entendido, alejándolas de la comprensión de quienes
tienen que leer y aplicar la ley. Y en este sentido quiero referirme a una
definición de “archivo” que quizá por deformación profesional me provoca
rechazo. Se trata de la definición de “archivo” como custodio, a la hora de
una traducción en español, que lo identifica como “instancia” cuando de instancia dice el DRAE que es el grado jurisdiccional para alegar en un pleito
(1ª y 2ª instancia) y además la acción y el resultado de instar y también
memorial, solicitud. He tenido ocasión de comprobar que en México hay
un uso frecuente de instancia como institución, sin embargo entiendo que
hubiera sido más fácil por más generalizado mantener “institución”, que ya
está inventado y reconocido por los que hablamos la citada lengua.
Ya me he referido a la necesidad de un capítulo que precise y acote el
sistema archivístico de no estar previamente establecido o en todo caso lo
mejore y amplíe. De su estructuración, acotación y fijación de competencias
se constatarán las respectivas responsabilidades. No sólo es importante
la fijación del ente u órgano rector sino de los órganos consultivos que
nunca deberían sobrepasar el número de dos –a mi entender–, ni sus
componentes o vocales constituir una cantidad excesiva que haga peligrar
su respectiva operatividad. Los referidos órganos asesores necesarios
para el funcionamiento del sistema podrían ser, con independencia de su
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
101
denominación, uno para la coordinación y asesoramiento general y otro
específico e inexcusable para la valoración documental y el acceso.
La inexcusabilidad para este segundo órgano está determinada por la
importancia de la citada función y la necesidad de corresponsabilidad para
la misma. Función comprometida, difícil de aplicar, de la que deriva la
configuración del patrimonio documental y la conservación de parte de
la memoria social. Ocurre que si describimos mal un documento se puede
remediar, pero difícilmente habrá solución para un documento eliminado,
La responsabilidad y dificultad de aplicación exigen compartir la una y la
otra, de aquí que en la composición de este órgano lo profesional prime
sobre lo honorífico: archiveros en primer lugar, gestores administrativos,
juristas y usuarios cualificados. No creo que en esa comisión tenga cabida
como vocal un obispo, como he visto en alguna propuesta.
Es cierto que la ley, como marco normativo, no debe extenderse en
precisar el funcionamiento de dicha comisión ni en fijar sus objetivos que
no pueden ser otros que:
+ la aprobación –que no elaboración– de tablas de valoración o
calendario de conservación –mejor que catálogo de disposición–,
+ la normalización de los estudios de identificación, valoración y
selección de series documentales,
+ el control de las eliminaciones y su cuantificación, aparte de las
resoluciones a las cuestiones sobre el acceso.
No cabe duda que la valoración de las series en última instancia está
relacionada con la normalización de los procedimientos administrativos y la
misma no corresponde a los archiveros, ni a la comisión de valoración. Ahora
bien, mal empezaremos si a una serie la denominamos “calamidades”. Pero
sí será competencia de dicha comisión, a la hora de la orden de desarrollo
o de los lineamientos –como se dice aquí– la elaboración de instrumentos
precisos para su funcionamiento.
Acotado el sistema archivístico, no deberá faltar la precisión de
patrimonio documental porque no todos los documentos que se producen
tienen por qué formar parte de él. Dos observaciones se me ocurren al
respecto. Por una parte el patrimonio documental de un territorio pueden
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formarlo tanto los documentos públicos como privados, pero no estando
los privados sino en Archivos privados que pueden no formar parte
del sistema, sería bueno que la ley prevea medidas de prevención y de
colaboración con respecto a esos documentos que podrán formar en su día
parte del patrimonio documental y de la memoria social.
En España para los documentos privados los plazos para formar parte
del patrimonio documental son de 40 y 100 años, y pudiera ocurrir que
muchos no alcancen tal plazo, por incuria, deterioro o destrucción. Pero hay
más, superados dichos plazos como para ellos no está prevista la valoración,
ocurre que por el hecho de ser centenarios se convierten en patrimonio
histórico y lo histórico no tendría que ver sólo con la antigüedad.
La segunda observación en relación con el patrimonio documental la
voy a referir a los documentos públicos. En España la Ley del Patrimonio
Histórico del 85 –que obliga a todas las comunidades autónomas– los
reconoce desde el momento de nacer como pertenecientes al patrimonio
documental y ciertamente casa mal la noción de patrimonio con la eliminación
que resulta obligada para un porcentaje muy elevado de muchos de ellos.
Hubiera sido a todas luces más coherente determinar a la valoración como
la llave para la configuración del patrimonio documental, partiendo de la
conservación a ultranza de todos los documentos públicos hasta la pérdida
de la vigencia administrativa, pero sin estimarlos patrimonio documental
(Heredia Herrera, 2012, p. 374).
En Perú, por lo que sé, se estima que “los documentos de los
Archivos pertenecientes a los organismos públicos integran el patrimonio
documental”5 que ciertamente no es exactamente lo que se reconoce en
España. Mi pregunta: ¿sólo los que han entrado, cuando hay tantos que
no han ingresado? Para México en cambio la acotación de Patrimonio
documental, si no me equivoco, resulta mucho más amplia por cuanto
reconoce como tal los documentos de archivo, los originales y además los
libros que para nosotros forman parte del patrimonio bibliográfico. Por
otra parte entiendo que determinadas copias forman parte del patrimonio
documental, sería el caso de los registros cedularios y de los traslados de las
reales provisiones y reales cédulas del período colonial, entre otras.
5 DL 19414.
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Entiendo que por lo que respecta al patrimonio documental tendrían
que hacerse acotaciones más precisas y coherentes, tanto allá como acá.
Y no perdamos de vista que la acotación del patrimonio documental
está ligada a la obligatoriedad general, total, de las transferencias. Pero ¡ojo!
los Archivos no pueden ser depósitos de documentos inútiles.
Ni que decir tiene que cualquier ley de “archivos” exige un capítulo
dedicado al acceso a sabiendas de que las competencias sobre el derecho
a la información y su consecuente aplicación a partir del acceso a los
documentos –al menos en mi país– corresponde a otros.
Y quizá, por mi adicción a la terminología, me gustaría insistir en que el
acceso no se practica sobre la documentación, ni sobre los fondos. El acceso,
como el ingreso, como la conservación afecta sin más a los documentos y a
la información en ellos contenida.
Existiendo esa competencia, atribuida y ejercida por otros que han
legislado sobre el acceso, sobre la protección de datos, sobre la transparencia,
es obvio que una ley de “archivos” no pueda apartarse de esa legislación y en
todo caso no le cabe sino interpretar y precisar su aplicación con la mayor
benevolencia. No cabe duda que, a partir de esta situación, el capítulo sobre
el acceso siempre se quede corto y dé lugar a insatisfacciones, aunque no
haga sino trasmitir la normativa de textos específicos sobre el tema.
Sin duda que hemos avanzado muchísimo en el acortamiento de los
plazos de consulta. En España, la ley del 84 fijaba un plazo sin reservas de
30 años a partir de finalizar la tramitación administrativa, plazo que quedó
desfasado a partir de la aparente liberación total de la ley del Estado de
30/1992 del procedimiento administrativo común, pero ciertamente con
ella empezaron las exclusiones.
Estando este derecho investido de una gran sensibilidad y siendo más de
uno los que tienen competencias sobre el mismo, los textos normativos se
han multiplicado en España hasta el punto de provocar cierta incertidumbre
no conveniente, a pesar de que los tribunales tienen declarado que el
canon hermenéutico en esta materia es el favorecimiento del principio de
transparencia y no la interpretación restrictiva de las exclusiones.
Aunque ya hice referencia al principio, entiendo que en este momento
ninguna ley pueda dejar de posicionarse sobre el modelo de gestión
documental que necesariamente ha de enlazar con la implantación del
104
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gobierno o administración electrónica y la consecuente gestión documental
prevista en la ISO 15489 y en la ISO 30300. Es obvio que se ha de insistir
en el espacio virtual que supone el nuevo contexto archivístico para la
gestión de los documentos y de los Archivos como custodios. De no ser
así es posible que el papel que en ese espacio han de jugar los archiveros lo
ocupen otros. Yo diría que ya está ocurriendo.
Y concluyendo, el capítulo de las sanciones debe redactarse pensando
en su aplicación efectiva. Sin duda la sanción es el elemento coercitivo
que facilita el cumplimiento de cualquier ley, sin embargo en nuestro caso,
existiendo leyes, asombra la impunidad e inacción de las autoridades que
habrían de aplicar sanciones cuando se dañan, se pierden, se eliminan
discrecionalmente los documentos.
Como norma adicional, de no estar previsto, deberá elaborarse el censo
de Archivos del territorio en cuestión, previendo su actualización. El censo
de Archivos es instrumento indispensable para la planificación de cualquier
política archivística.
La bondad de una ley no debería permitir el distanciamiento entre
lo regulado y su puesta en práctica. No caben buenas intenciones sino
compromiso de aplicación. Una ley puede quedarse en letra muerta
si los Archivos carecen de recursos económicos y más aún de recursos
profesionales, y además si no reciben en los plazos establecidos las
transferencias de todos los documentos producidos sin excepción. De aquí
que ha de hacerse una apuesta por la formación archivística y en cuanto a
las transferencias –insisto– no han de limitarse a los documentos inútiles.
No olvidemos que una buena gestión de las transferencias es indispensable
en el buen funcionamiento del sistema y en su fluidez.
Una ley, como marco legal –ya lo comentamos– no puede llegar a
particularizar hasta convertirse en un manual de procedimientos. De aquí la
inmediatez de un reglamento seguido de las normas de desarrollo pertinentes.
No olvidemos que un reglamento no puede modificar la ley –ni siquiera sus
términos– y menos desnaturalizarla, lo que hace es agregar especificaciones
y detalles que la ley por su naturaleza no puede técnicamente contener. A
este efecto habrá de incentivarse la formación de grupos de trabajo para
llevar a cabo tareas e instrumentos comunes tanto para los documentos
como para los Archivos de instituciones similares, valga el caso de Archivos
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105
municipales, Archivos universitarios para cuestiones como cuadros de
clasificación o tablas de valoración de series comunes. Actualmente, los
esfuerzos plurales para las mismas cosas no tienen sentido.
Bibliografía
Heredia Herrera, Antonia, “Archivística y Legislación: términos y
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106
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
L A NUBE
Alejandro Delgado Gómez*
Resumen
El presente artículo explora el modelo de negocio conocido como
Cloud Computing y sus relaciones con la gestión de documentos y de
información. En primer lugar definimos qué es el Cloud Computing
y sus propiedades y modelos de uso. En segundo lugar, describimos
tanto los beneficios como los retos derivados del Cloud Computing.
Por último, argumentamos que, de hecho, los riesgos existen ya
desde antes de la existencia del fenómeno.
Palabras clave: Cloud Computing, confiabilidad, sistemas distribuidos
de información.
Abstract
This article explores the business model known as Cloud Computing
and its relationships with recordkeeping and information management. First, we define what is Cloud Computing, and its properties
and use models. Secondly, we describe both benefits and challenges
derived from the Cloud Computing. Finally, we argue that, in fact,
risks already existed, before the emergence of this phenomenon.
Keywords: Cloud Computing, Distributed Information Systems,
Trustworthiness.
*Ayuntamiento de Cartagena-Archivo Municipal
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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Introducción
El presente artículo pretende explorar el modelo de negocio conocido
como Cloud Computing y sus relaciones con la gestión de documentos y
de información. Los motivos de esta exploración son varios y de diversa
naturaleza, pero no es el menor de ellos el hecho de que, con independencia
del esfuerzo promocional de la industria y de la enorme cantidad de
literatura que toda tendencia novedosa genera, el trabajo cotidiano en la
nube será una realidad más bien a corto que a largo plazo, en primer lugar,
simplemente porque es más barato, más cómodo y más operativo que otros
modelos en uso; y, en segundo, porque básicamente no hay que inventar
ninguna tecnología, sino tan sólo re-ordenar algunas de las existentes. De
hecho, es más que probable que en este momento ya estemos utilizando en
nuestras organizaciones algunas de tales tecnologías para el soporte o para
la realización de ciertos procesos o de determinadas tareas.
Es cierto que el fenómeno del Cloud Computing genera inquietud entre
los gestores de documentos y de información, no siendo descabellado
argumentar que quizá derive del temor a perder una potencial posición
de privilegio como “guardianes de los documentos”, tristemente uno de
los pocos privilegios del profesional. Sin embargo, contra esta inquietud
cabe argumentar que los sistemas de gestión de documentos se encuentran,
en general, inscritos en los sistemas más amplios de gestión de las
organizaciones, que los controlan, digamos, mediante sus áreas o servicios
de tecnologías de la información. En un escenario en el que el mundo aún
no ha salido de una de las peores crisis globales jamás conocidas y en el
que la salida parece pasar por nuevas economías enfocadas hacia marcos
tecnológicos sostenibles, pedir a una organización, por ejemplo, que no
ahorre costes colocando sus datos en la nube se diría ingenuo, cuando no,
si se piensa detenidamente, incluso poco ético. Además, la decidida apuesta
de la industria a favor de este modelo de negocio y la presión publicitaria,
que descubre cada día un nuevo beneficio y un caso de uso mejor que el del
día anterior, está convenciendo a muchos. Este convencimiento no tiene
por qué estar equivocado.
Puesto que cada momento genera un estado del arte de la tecnología,
y ésta se ha utilizado de la mejor manera posible en cada momento para
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
crear, gestionar, conservar y utilizar documentos e información, el presente
artículo no pretende ni demonizar ni bendecir el modelo de negocio del
Cloud Computing, sino estudiarlo tan objetivamente como sea posible en
las condiciones de su ocurrencia, para poder crear, gestionar, conservar
y utilizar documentos e información “en nuestro tiempo” y también en
las mejores condiciones posibles. De hecho, la nube ya está conformando
desde hace tiempo las conductas de gestión de documentos personales,
y ha comenzado a conformar también las organizativas, tanto privadas
como gubernamentales. Esto no es, en principio, ni bueno ni malo;
es simplemente el signo de nuestro tiempo, y la inquietud, que no va a
cambiar este signo, debería venir reemplazada por un análisis riguroso y
detallado de los indudables beneficios, pero también de los retos, de las
tecnologías en uso, con el objeto, por una parte, de ajustar adecuadamente
nuestros procesos a las mismas; y, por otra, de descubrir el modo en que los
documentos y la información, en un nuevo entorno, pueden seguir siendo
evidencia de acciones. Desde luego, el hecho de que los documentos, la
información, los datos, no estén detrás de las paredes de nuestro archivo
no implica necesariamente que no puedan crearse, gestionarse, conservarse
y utilizarse documentos, información y datos, sino más bien que estas
actividades han de ejecutarse de otra manera. De igual modo, no implica la
desaparición del concepto de evidencia, sino más bien la necesidad de que
éste sea repensado, necesidad, por lo demás, que no se plantea por primera
vez ni en el tiempo ni en el espacio en la historia de la humanidad.
Así, pues, definiremos qué se entiende por Cloud Computing y sus
propiedades y modelos de uso. Esta definición, por supuesto, ya ha
sido emprendida, pero no parece de más retomarla en el contexto del
presente artículo, siquiera a efectos de comodidad de lectura. Además,
expondremos tanto los beneficios como los retos que otros han descubierto
en el fenómeno del Cloud Computing, e intentaremos argumentar que, de
hecho, los riesgos existen ya desde antes de la existencia del fenómeno.
Este marco inicial debería servir para profundizar en un cuerpo central de
exploración, a saber: cómo se crean documentos, información y datos en
este marco; cómo deberían gestionarse, conservarse y utilizarse; y cómo
deberían establecerse las oportunas garantías para que tales resultados sigan
siendo evidencia de acciones, es decir, sigan manteniendo las propiedades
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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de autenticidad, fiabilidad, integridad y disponibilidad que los convierten,
más allá de mera información, en documentos de archivo.
Definiciones
El Cloud Computing no es internet, ni las conocidas como granjas de
servidores, ni la web 2.0, sino más bien una combinación de tecnologías,
entre las que no tienen por qué no encontrarse las mencionadas, para la
prestación de servicios remotos. Una definición más refinada y mejor
consolidada la proporciona el Information Technology Laboratory del National
Institute of Standards and Technology (NIST):
El Cloud Computing es un modelo para hacer posible un conveniente acceso en
red bajo demanda a una fuente compartida de recursos informáticos configurables
(p. ej., redes, servidores, almacenamiento, aplicaciones y servicios), de los que
se puede hacer provisión rápidamente y lanzarse con un mínimo esfuerzo de
gestión o de interacción con el proveedor del servicio. Este modelo de nube
promueve la disponibilidad y está compuesto de cinco características esenciales,
tres modelos de servicio y cuatro modelos de utilización (Mell y Grance, 2009).
Como reconocen los autores de la definición, no existe aún un modelo
consolidado de Cloud Computing, y el ecosistema de participantes en el
mismo es lo suficientemente grande como para impedir una definición
más restringida, de tal modo que, añadimos nosotros, la definición del
NIST, a simple vista, lo abarca absolutamente todo: en principio, todos los
esfuerzos que una organización lleva a cabo actualmente con respecto a
sus sistemas de información –adquirir hardware, configurarlo, mantenerlo,
comprar licencias de software, instalarlas, actualizarlas, adquirir servidores
de ficheros, conceder privilegios y restricciones de acceso, etc.– podrían
trasladarse, a un coste mucho menor, a un proveedor de servicios en la nube,
liberándose de esta manera de muchas rutinas molestas, y desplazando las
inversiones monetarias y humanas desde estas rutinas hacia, por ejemplo, la
investigación y desarrollo. El atractivo es innegable, pero las cosas no son
exactamente así. De serlo, todo el mundo querría estar, y estaría, en la nube.
El propio NIST establece algunas restricciones sobre el modelo propuesto en
110
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
la definición citada: esas cinco características esenciales, esos tres modelos
de servicio y esos cuatro modelos de utilización.
En lo que concierne a las características del modelo en la nube, para que
una prestación de servicios remotos pueda considerarse conforme con el
mismo debe:





tratarse de un autoservicio bajo demanda;
proporcionar acceso mediante red de banda ancha;
constituir una fuente de recursos;
poseer una rápida elasticidad; y
tratarse de un servicio medible.
En lo que concierne a los modelos de servicio, para que la prestación de
éstos pueda considerarse en la nube debe ser:
 prestación de servicios de software: consiste en un despliegue de
software en el cual las aplicaciones y los recursos computacionales se
han diseñado para ser ofrecidos como servicios de funcionamiento
bajo demanda, con estructura de servicios llave en mano. De esta
forma se reducen los costes tanto de software como de hardware, así
como los gastos de mantenimiento y operación.
 prestación de servicios de plataforma: el servicio se entrega como
bajo demanda, desplegándose el entorno (hardware y software) necesario
para ello. De esta forma, se reducen los costes y la complejidad de
la compra, el mantenimiento, el almacenamiento y el control del
hardware y el software que componen la plataforma; o
 prestación de servicios de infraestructura: la infraestructura
básica de cómputo (servidores, software y equipamiento de red) es
gestionada por el proveedor como un servicio bajo demanda, en
el cual se pueden crear entornos para desarrollar ejecutar o probar
aplicaciones (Inteco, 2011).
Aunque el documento no lo menciona, se entiende que una combinación
de modelos de servicio es concebible.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
111
Por último, en lo que concierne a los modelos de utilización, éstos han
de ser:
1) una nube privada: la infraestructura se crea con los recursos propios
de la empresa que lo implanta, generalmente con la ayuda de
empresas especializadas en este tipo de tecnologías;
2) una nube comunitaria: dos o más organizaciones forman una alianza
para implantar una infraestructura Cloud orientada a objetivos
similares y con un marco de seguridad y privacidad común;
3) una nube pública: la infraestructura y los recursos lógicos que
forman parte del entorno se encuentran disponibles para el público
en general a través de internet; o
4) una nube híbrida: implica la utilización conjunta de varias
infraestructuras Cloud de cualquiera de los tres tipos anteriores,
que se mantienen como entidades separadas, pero que a su vez se
encuentran unidas por la tecnología estandarizada o propietaria,
proporcionando una portabilidad de datos y aplicaciones (Mell y
Grance, 2009).
Aunque desde luego las restricciones mencionadas en el párrafo precedente
contribuyen a evitar la idea de que la nube lo es todo, resultan a nuestro juicio
insuficientes para perfilar adecuadamente qué cosa sea la nube, si es que este
perfil resulta posible, dado el actual estado del arte. El Cloud Computing Use
Case Discussion Group, que asume la definición y las restricciones del NIST,
elabora una taxonomía que quizá contribuya a re-elaborar tal definición,
a partir de la dilucidación de los roles que juegan los distintos agentes
participantes en la nube. De conformidad con el Discussion Group, existen
básicamente tres tipos de agentes: consumidores de servicios, proveedores
de servicios y desarrolladores de servicios, cada uno de los cuales juega un
papel diferente en la nube, cuenta con determinados recursos, y mantiene
diferentes relaciones con los otros agentes. Así,
1) el consumidor es el usuario final, individuo o corporación, que disfruta
de los servicios prestados por el proveedor, previa negociación, más
o menos estricta, de las condiciones de prestación de esos servicios;
112
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
2) el proveedor de servicios presta tales servicios, que pueden
ser extremadamente diversos, de software, de plataforma o de
infraestructura. Por lo que nos interesa, es el agente que dispone de
mayor número de cartas en la mano;
3) por su parte, el desarrollador crea, publica y supervisa un recurso en
la nube.
De manera muy significativa, el Discussion Group introduce distintos modos
en que los agentes de esta taxonomía se relacionan con las normas; así,
existen normas que:




atraviesan toda la nube,
son de aplicación a los proveedores dentro de una nube,
relacionan a una empresa con la nube, o
son de aplicación dentro de una empresa (Cloud Computing Use Case
Discussion Group, 2009).
Decimos de manera significativa porque es en este punto, en la aplicación
de normas, y particularmente en los bloques tres y cuatro, donde los
profesionales de la gestión de documentos y de información pueden
encontrar su espacio en la nube.
Desde luego, diríase que la taxonomía de agentes del Discussion Group
contribuye en algo a restringir la definición inicial. Y no obstante, a la vista
de los recursos de que dispone, y que presta, el proveedor de servicios de
esta taxonomía –aplicaciones, en torno de software, infraestructura, recursos
virtualizados de almacenamiento o red, imágenes virtuales que incluyen
metadatos, recursos de seguridad, capacidades de gestión y, sosteniéndolo
todo, el firmware y el hardware del propio proveedor–, a pesar de los
refinamientos introducidos, la nube sigue siéndolo todo. Sólo hay que echar
un vistazo a los distintos estudios de caso propuestos por el Discussion Group
para consolidar esta sensación:
 relaciones entre un usuario final y la nube;
 de una empresa con un usuario final a través de la nube;
 de una empresa con la nube;
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113




de una empresa con otra empresa a través de la nube;
una nube privada;
una nube híbrida;
un cambio de proveedor de servicios.
La nube es invasiva y a menudo invisible. Como dijimos, esto no es en
principio ni bueno ni malo, en la medida en que las tecnologías no son,
nunca lo han sido, ni buenas ni malas. Son buenos o malos los usos que se
hacen de ellas. Por ello, deviene urgente conocer cuáles son los beneficios y
cuáles los riesgos de vivir, de trabajar, de documentar en la nube.
Beneficios y riesgos
Desde hace varios años, las conductas personales de gestión de documentos
han venido siendo permeadas por la nube, algo que no es de extrañar, dados
los numerosos atractivos de la misma: el usuario no paga o paga por uso,
se ahorra espacio de almacenamiento, no existe la necesidad de instalar
aplicaciones complejas que consumen recursos, no deben realizarse copias
de seguridad, existe una mayor capacidad para interactuar con la máquina,
con otras máquinas, y con otros usuarios. Google, con herramientas App
o las grandes capacidades de almacenamiento de GMail, constituye un
inmejorable ejemplo.
Como es natural, si estas ventajas, entre otras, han atraído masivamente a
los individuos, no existe ningún motivo para pensar que no habrían de atraer
igualmente a las organizaciones, y son muchas las empresas privadas que,
en mayor o menor medida, están haciendo también uso de la nube (Spinola,
2009). Y no sólo esto: la administración Obama tiene como una de sus
prioridades económicas y técnicas la construcción de un marco tecnológico
gubernamental apoyado en el Cloud Computing (Crosscutting Programs, 2009);
y el gobierno japonés prepara un marco similar, tentativamente llamado
Kasumigaseki, que abarcará a los ministerios del gobierno central y, en la
medida en que la legislación lo permita, prestará también servicios a nivel
local y de prefectura (Chan, 2009).
Por supuesto, como indicamos, no existe un solo modelo de nube, y
diferentes tipos de usuarios adoptarán un modelo u otro, dependiendo
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
de factores tales como la necesidad de que sus datos permanezcan bajo
estrictas condiciones de seguridad, de las posibilidades económicas, o de la
obligación de adecuarse a un entorno regulador determinado. Por ejemplo,
es probable que un abonado personal a GMail requiera condiciones de
seguridad básicas o que pueda perder determinada información sin que
esto suponga una crisis para su sistema; pero, dadas las restricciones de la
legislación nacional, la nube gubernamental japonesa adoptará el modelo
de nube privada interna. De igual modo, no es casual que la definición
norteamericana de nube y la exploración del modelo a adoptar hayan sido
encargadas al NIST.
Precisamente esta flexibilidad, que permite el uso de distintos modelos,
o de combinaciones entre modelos, incluida la posibilidad de colocar
determinados recursos en la nube mientras otros permanecen bajo control
del usuario final, constituye uno de sus principales, aunque quizá no el más
publicitado, atractivos. En realidad si, tal y como indicara Gilder en su
célebre artículo, “La red es el ordenador” (Gilder, 2006), de lo que estamos
hablando es de personalizar la red a un precio en ocasiones inferior al de un
ordenador personal. Unido, como se dijo, al hecho de que la salida de la
crisis global pasa por una redefinición de las propiedades y los usos de las
tecnologías de la información y de las comunicaciones, y a la aserción de
que el Cloud Computing no es primariamente una revolución tecnológica,
con los esfuerzos que ello implica, sino sobre todo una re-ordenación de
tecnologías existentes, mucho más cómoda, la tentación no sólo es grande,
sino también plenamente justificada.
Sin embargo, no todo son ventajas. Existen sin lugar a duda riesgos,
alguno de los cuales ya ha tenido lugar, y de los que no son los menores las
brechas de seguridad, la falta de previsión con respecto a la interoperabilidad,
o la no perdurabilidad de la información. Aunque los gigantes de la nube,
como Google, Amazon, o el líder del desarrollo web Sun Microsystems,
afirman haber desarrollado o estar desarrollando nuevas herramientas para
garantizar que tales riesgos no se producirán, los especialistas son prudentes.
Indudablemente, el riesgo dependerá en gran medida de la actividad que se
ubique en la nube. Por ejemplo, en muchas regulaciones, incluida la española,
la privacidad de los datos no es un absoluto, sino una determinación, caso
por caso, de capas o niveles, de tal modo que una brecha en la seguridad de
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
115
una agenda de protocolo cuyo contenido se puede obtener mediante una
guía de teléfonos parece intuitivamente menos crítica que una brecha de
seguridad en expedientes policiales; intuición que no evita la eventualidad
de que una de las personas que aparecen en la agenda no quiera que sus
datos circulen en la red. El equilibrio entre beneficios y retos, por tanto,
depende una vez más de un estudio de casos que, por otra parte, la propia
flexibilidad de la red permite.
De conformidad con Spinola, los beneficios de trabajar en la nube, sea
cual sea el modelo que se emplee, o la combinación de modelos, pueden
englobarse en tres categorías (Spinola, 2009):
 suministro más rápido de servicios,
 reducción de costes y
 enfoque sobre la innovación más que sobre el mantenimiento y la
implantación.
De manera más específica, indica que no existen inversiones en
infraestructura y, por tanto, el riesgo financiero es menor y la competitividad
mayor. En este sentido, se ha hecho popular la expresión “pagar sólo por lo
que se usa”. Además, el acceso a los recursos de hardware es casi inmediato,
y el multi-arrendamiento de centros de datos, compartiendo recursos,
proporciona ventajas a nivel de economía de escala. No debemos olvidar
que las redes consumen enormes cantidades de energía eléctrica, cuyos
costes derivarían hacia las compañías proveedoras de servicios en la nube,
que se instalan en localizaciones físicas donde la electricidad es más barata
(Gilder, 2006). Desde el punto de vista técnico, la gestión del cambio de
infraestructura es más sencilla, la agilidad en el suministro de soluciones
queda mejorada y se eliminan los problemas cotidianos de mantenimiento
de hardware, software, servidores, depósitos, etc., y el personal de tecnologías
de la información puede enfocarse sobre la innovación de servicio, más que
sobre tal mantenimiento.
No obstante, la misma autora descubre algunos interesantes interrogantes
que, tras examinar los beneficios, las organizaciones deberían plantearse,
por ejemplo: ¿dónde están mis datos? ¿Con qué seguridad entran en y salen
mis datos de la nube? ¿Quién tiene acceso a mis datos? ¿Cómo se protegen
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
mis datos mientras están en tránsito? ¿Quién se hace responsable si algo va
mal? ¿Cuál es el plan de recuperación de desastres, incluidas las respuestas
a una pandemia? ¿Cómo se satisfacen legislaciones como las de exportación
y privacidad? ¿Desaparecerán mis datos si mi almacenamiento en línea
se corta? ¿Qué pasa si desaparece mi proveedor en la nube? ¿Cómo se
supervisa el entorno en previsión de fallos de las aplicaciones, del sistema
operativo, de las bases de datos? ¿Cómo se notifican estos fallos? ¿Cómo se
protegen y aseguran los datos contra robo o daño? ¿Se encriptan? ¿Cómo
rotan y se gestionan las claves de encriptación? ¿Es fácil la integración
con las tecnologías de la información ya existentes a nivel local? ¿Tiene el
sistema la suficiente capacidad de personalización como para adecuarse a
mis necesidades? ¿Es difícil volver a migrar a un sistema local? ¿Es posible?
¿Existen requisitos normativos en mi actividad que me impidan utilizar la
nube?
Con el objeto de que el gestor de documentos dispusiera de un
mecanismo para ponderar los riesgos de trabajar en la nube, la Australasian
Recordkeeping Initiative (ADRI) desarrolló una metodología que incluía
una cómoda lista de verificación de la conformidad.
Por otra parte, el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación
(Inteco), a partir de informes anteriores, ha categorizado los siguientes
riesgos:
 De acuerdo con la Cloud Security Alliance:
 Abuso y mal uso del Cloud Computing;
 Interfaces y APIs poco seguros;
 Amenazas internas;
 Problemas derivados de las tecnologías compartidas;
 Pérdidas o fugas de información;
 Secuestro de sesión o servicio; y
 Riesgos por desconocimiento.
 De conformidad con Gartner:
 Accesos de usuarios con privilegios;
 Cumplimiento normativo;
 Localización de los datos;
 Aislamiento de datos;
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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 Recuperación;
 Soporte investigativo; y
 Viabilidad a largo plazo. (Inteco, 2011)
Desde luego, no son dudas triviales: tienen que ver con la supervivencia
de nuestros datos, con la privacidad de los mismos, con la posibilidad de
cambiar de opinión. La propia nube ya ha respondido a algunas de ellas;
pero lo realmente divertido no es esto. Lo que llama nuestra atención es
que muchas de estas dudas deberíamos plantearlas también en nuestros
entornos de trabajo fuera de la nube, pero rara vez lo hacemos. Como
indicamos anteriormente, la nube no es una revolución, es una reordenación. De igual modo, las prevenciones que provoca, prevenciones
que pueden resumirse en los términos precariedad e invisibilidad, no son
novedosas, existen en nuestro entorno cotidiano. La diferencia, con toda
probabilidad, es meramente de tamaño y alcance.
¿Realmente estamos seguros fuera de la nube?
De igual modo que, como dijimos, el Cloud Computing no es una novedad, las
dudas que plantea, en nuestra opinión, tampoco lo son. En realidad, desde
que dejamos de utilizar el papel y comenzamos a utilizar ordenadores,
comenzamos también a perder el control. En el mejor de los casos, lo
perdimos cuando dejamos de trabajar en equipos locales y se generalizó
el uso de redes de área local, primero; de arquitecturas cliente-servidor,
segundo; y, más recientemente, de arquitecturas multicapa o tecnologías
como la de la virtualización. Veamos si los interrogantes de Spinola pueden
plantearse de igual modo en un escenario que todavía no ha pasado por la
nube, digamos las aplicaciones y los datos de un archivo que pertenece a
una organización compleja (en este caso, el escenario en el que trabajamos
de manera cotidiana).
¿Dónde están mis datos? Bien, mis datos están, según me han dicho, en
un Oracle 11 al que no puedo acceder directamente, alojado en un servidor
del que sólo sé que se llama Minerva y que se comparte con otras unidades
vinculadas al archivo. Ignoro dónde se encuentra ese servidor, aunque
el equipo del Servicio de Informática es amigo y “confío” en ellos. Mis
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Legajos , número 16, abril-junio, 2013
ficheros están en un servidor del que sé que se llama Artillero y que veo
todos los días, pero sobre el que no puedo ejecutar ninguna operación. Una
vez más, “confío” en los amigos.
¿Con qué seguridad entran y salen mis datos de la nube? Bueno, no están
en la nube, están en un entorno cerrado, aunque a veces hay que abrirlo, o
acceder mediante mecanismos como los de una red privada virtual, porque
preciso realizar operaciones desde lugares remotos, digamos un hotel en
México D. F. “Confío” en la seguridad de una red privada virtual.
¿Quién tiene acceso a mis datos? Realmente, no lo sé; presumiblemente
hemos establecido permisos y restricciones de acceso muy estrictos, pero al
menos el Servicio de Informática y una compañía privada que ha firmado
una cláusula de confidencialidad tienen los mismos permisos que yo. De
nuevo, es una cuestión de “confianza”.
¿Cómo se protegen mis datos mientras están en tránsito? Tampoco lo
sé, o, en sentido estricto, lo sé: el equipo de criptografía de mi organización
trabaja muy bien y documenta sus procedimientos de encriptación.
Además, me facilita esta documentación. La parte mala es que, puesto que
no soy especialista en criptografía, no entiendo prácticamente nada de esta
documentación. Utilizaré una vez más la expresión “confío” en el equipo
de criptografía.
¿Quién se hace responsable si algo va mal? Eso está claro: todos los que
estamos implicados en el funcionamiento del sistema y, en último extremo,
nuestros superiores pertenecientes a la alta gestión; lo cual, por supuesto,
no evita que se pierdan datos si algo va mal. “Confío” en que nada vaya
nunca mal.
¿Cuál es el plan de recuperación de desastres, incluidas las respuestas
a una pandemia? Las medidas para prevenir desastres y pandemias, y para
recuperarse de ambos, son exhaustivas, en ocasiones paranoicas, lo cual es
bueno; no sé si funcionan, o “confío” en que funcionan, porque hasta el
momento no hemos padecido un desastre ni una pandemia.
¿Cómo se satisfacen legislaciones como las de exportación y privacidad?
Se satisfacen hasta el aburrimiento, pero somos tantos los implicados en
conseguir que se satisfagan, e intervienen tantos sistemas en conexión y
tantos datos transitan de manera tan continuada que, de nuevo, deviene una
cuestión de “confianza”.
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¿Desaparecerán mis datos si mi almacenamiento en línea se corta? No
desaparecerán, pero no podré trabajar, o podré hacerlo de manera limitada,
hasta que se recupere la línea. Tengo que “confiar” en que la línea no se
corte, aunque a veces sucede, de modo que, para ser exacto, tengo que
“confiar” en que suceda muy raras veces.
¿Qué pasa si desaparece mi proveedor en la nube? Puesto que no estamos
hablando de un escenario en la nube, tengo que plantear la pregunta en
otros términos: ¿qué pasa si el equipo de informática se va de vacaciones?
¿Qué pasa si se quema un servidor? Bien, “confío” en que esto no suceda, o
al menos que no suceda de manera simultánea, simplemente porque habría
que restaurar la última copia de seguridad, y yo no estoy cualificado para
hacerlo. Incluso aunque el equipo de informática no esté de vacaciones, a
veces me llaman para decir algo del estilo de “tengo que reiniciar el servicio”.
No sé ni cómo ni por qué, pero “confío” en ellos.
¿Cómo se supervisa el entorno en previsión de fallos de las aplicaciones, del
sistema operativo, de las bases de datos? A decir verdad, no creo que se supervise:
actuamos más bien “confiando” en la posibilidad de que no se produzcan
fallos. Como éstos, a pesar de todo, se producen, actuamos a posteriori, con
la “confianza” en la posibilidad de que podremos solventarlos. Hasta ahora,
nos ha ido bien.
¿Cómo se notifican estos fallos? Se notifican mediante intranet: si se advierte un fallo se envía la incidencia y se traslada a aquel en quien se “confía”
como más cualificado para solventarlo y, si el fallo es de relevancia, esta
persona de “confianza” va llamando a su vez a otras personas de su
“confianza”, hasta que todo se soluciona. En realidad somos un buen
equipo: “confiamos” todos en todos.
¿Cómo se protegen y aseguran los datos contra robo o daño? No lo sé,
por todo lo que dije antes. Nos movemos en un entorno cerrado, pero en
ese entorno cerrado no todos tienen las mismas habilidades y no se descarta
la posibilidad de que alguien se equivoque, incluido yo. “Confío” en que
esto no suceda.
¿Se encriptan? Sí se encriptan y se documentan los mecanismos de
encriptación. Como dijimos más arriba, la parte mala es que, al no entender
esta documentación, tengo que “confiar” en que seremos capaces de
desencriptarlos.
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¿Cómo rotan y se gestionan las claves de encriptación? No lo sé. De
nuevo, es una cuestión de “confianza”.
¿Es fácil la integración con las tecnologías de la información ya existentes
a nivel local? En absoluto: los frecuentes cambios de tecnología, o la
integración de tecnologías existentes, son complicadísimos y llevan meses
de trabajo de uno o varios equipos compuestos por muchas personas.
El cambio tecnológico no es fácil, pero “confiamos” en que entre todos,
combinando las mejores destrezas de cada uno, podremos llevarlo a cabo.
¿Tiene el sistema la suficiente capacidad de personalización como para
adecuarse a mis necesidades? No: mis necesidades, o las necesidades del
archivo y unidades asociadas, son tan diversas, variables e insospechadas
que no creo que ningún sistema las acomode con facilidad. Una vez más,
“confío” en que el equipo multidisciplinar que gestiona las tecnologías
tenga capacidad para elaborar tales personalizaciones.
¿Es difícil volver a migrar a un sistema local? Sería una pesadilla,
“confío” en que no tenga que retroceder a un sistema anterior. ¿Es posible?
Sí, al menos “confío” en ello, aunque no será ni fácil ni barato.
¿Existen requisitos normativos en mi actividad que me impidan utilizar
la nube? Por supuesto, existen, particularmente los referidos a seguridad,
protección de datos, privacidad, etc.; pero existen, después de todo, nubes
privadas, firmas de convenios o redes seguras en desarrollo. Tendría que
“confiar” en este marco y la infraestructura que implica. Paulatinamente se
han promulgado requisitos normativos que me permiten usar la nube bajo
ciertas condiciones: también tendré que “confiar” en ellos.
La cuestión es que en nuestros entornos cotidianos de trabajo ya no
tenemos de hecho el control y, sin embargo, confiamos en el sistema, aunque
el sistema a veces falla. Seamos realistas: trabajamos con las tecnologías
no sólo porque en términos objetivos nos facilitan las cosas; también
porque somos capaces –social, organizativa y culturalmente– de establecer
mecanismos subjetivos de confianza en las mismas y en el entorno que las
gestiona. La nube no es diferente; simplemente es más grande y más difusa.
Esto no es motivo suficiente para abandonar sus ventajas, entre otras cosas
porque a medio plazo no existirá otra alternativa.
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122
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
LOS CUADROS DE CLASIFICACIÓN EN INSTITUCIONES
DE EDUCACIÓN SUPERIOR: EL CASO DE LA UNAM
Brenda Cabral Vargas*
Resumen
El presente artículo habla del proceso que se llevó a cabo para la
creación del Cuadro general de clasificación archivística de la UNAM.
En éste se precisan los pasos que realizó el Comité Técnico del Sistema
Institucional de Archivos de la UNAM para poder organizar, acorde con
las necesidades universitarias, el Archivo de esta casa de estudios.
A su vez, para poder comprender el proceso realizado, se explica
lo que es un cuadro de clasificación y el camino que debe seguirse
para poder desarrollarlo. Finalmente, se habla de la selección de
documentos para su conservación a corto, largo y mediano plazos,
proceso que debe generarse para evitar el archivo de documentos
innecesarios, así como para salvaguardar la memoria universitaria.
Palabras clave: Cuadro de clasificación, archivos, clasificación de documentos institucionales.
Abstract
This paper refers to the process that is being carried out by UNAM for
the development of a classification schema. The steps followed by
the Institutional Records/Archives Technical Committee for this task,
according to the University requirements are described. Besides, in
order to understand what is a classification schema and the process
to follow in order to develop it is explained. Finally, records selection for their short and long time maintenance and preservation is
discussed. Such process must be carried out to avoid unnecessary
records keeping, as well as for safeguarding the University memory.
Key words: classification schema, records, institutional records classification.
* Coordinadora del posgrado en Bibliotecología y Estudios de la Información de la UNAM.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
123
El orden y la simplificación son los primeros
pasos hacia el dominio de un tema.
Thomas Mann
Introducción
Dice Anatole France que un diccionario es un universo en orden alfabético.
Del mismo modo, organizar un archivo no es muy diferente a crear un
diccionario, se tiene entre las manos un universo y es menester acomodarlo,
ordenarlo, facilitar el acceso a éste.
Así, cuando un usuario requiera una información específica se acercará al
archivo y encontrará lo que busca de manera tan sencilla como si abriera un
diccionario, lo que no sabrá es que este archivo contiene todo un universo
y que, para que pudiera llegar a sus manos la información tan fácilmente,
tuvo que desempeñarse un trabajo gigantesco en el que participaron miles
de manos, de mentes, de ideas…
En enero de 2012 comenzó a definirse una agenda de organización,
recuperación y preservación de los documentos generados por cada una
de las dependencias que pertenecen a la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), este proceso se estructuró en tres fases: ciclo piloto, en
el cual participaron las autoridades; ciclo uno, donde se delimitaron los
problemas a enfrentar a partir de un diagnóstico de la información con
la que se cuenta en la UNAM; y el ciclo dos, abordando los cuadros de
clasificación y la formación de recursos humanos.
Es precisamente el proceso que se llevó a cabo en este segundo ciclo
el que se abordará en este documento. De manera especial se hablará
sobre la realización de los cuadros de clasificación, que son, precisamente,
aquellos que establecen el orden, es decir, que simplifican todo el universo
de información con que se cuenta.
1. Importancia de los cuadros de clasificación para la organización
de archivos
La información que se conserva en los documentos que conforman los
124
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
archivos es imprescindible para la administración y la cultura, así como
para la toma de decisiones basadas en antecedentes. Pasada su vigencia,
estos documentos son potencialmente parte del patrimonio cultural y de la
identidad nacional.
Su importancia surge a partir del valor que tienen para:







la administración,
la investigación,
la comunidad y el Estado,
el desarrollo económico y social,
el desarrollo científico y tecnológico,
el fomento de la cultura y
el desarrollo de la identidad nacional.
Por ello se requiere de una serie de herramientas y de instrumentos para
su manejo; entre ellos, tener un cuadro de clasificación bien elaborado
nos dará la garantía de reunir cada uno de los expedientes de las distintas
dependencias de una organización de la manera más adecuada y facilitar así
su recuperación.
La UNAM es una de las instituciones educativas más grandes del país
y la más importante en el nivel de educación superior. Tener un cuadro
de clasificación para todos los tipos de archivos con los que cuenta no es
una tarea fácil, debido a la complejidad y a la generación diaria de la gran
cantidad de documentos por parte de las dependencias y que se requiere
tener a disposición tanto para los distintos trámites que se realizan, como
para dejar testimonio de las distintas funciones que se deben documentar
como evidencia de un proceso o trámite.
Para poder desarrollar el Cuadro de clasificación archivística de la
UNAM se plantearon varias etapas y algunas políticas. La primera fue la de
mantener una organización normalizada que permitiera centralizar y llevar
un control sobre la infinita cantidad de documentos que se mueven en cada
una de sus dependencias.
Es un gran reto para cualquier institución gubernamental la identificación
de las secciones y series documentales, las cuales se encuentran agrupadas
en cada una de las unidades administrativas.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
125
La base para una correcta identificación es la aplicación de los principios
por los cuales se rige la organización de los documentos, siendo uno de
ellos el principio de procedencia, que establece la necesidad de mantener la
estructura que tuvo el documento durante su utilidad administrativa.
Un segundo principio es el relacionado con el orden natural u original
de los documentos, que indica que la documentación debe conservarse en
el orden que recibió durante su función administrativa; en nuestro caso
debe ser entendido como el principio que hace referencia a la secuencia
lógica en la que han sido creados o producidos los documentos.
Quizás, hablar de cuadros de clasificación resultará un poco trivial o
carente de importancia debido a que existen algunos documentos que se han
referido a ello (como el del AGN o el de la Secretaría de Seguridad Pública),
sin embargo, éste sería un caso práctico en el que se están logrando grandes
resultados y puede quedar documentado para casos similares: es decir, para
la creación de cuadros de clasificación en instituciones educativas.
Pero para entender cómo se está diseñando el Cuadro general de
clasificación archivística de la UNAM es importante conocer el contexto en
que se dio este cuadro, así como algunos procedimientos o etapas previas
para el desarrollo del mismo. No es fácil poner orden al universo documental
que conforma esta casa de estudios, es por eso que fue necesario planear
detalladamente, establecer propuestas, crear limitantes y reglas, determinar
funciones y formar recursos humanos adecuados para no sólo originar sino
mantener el orden del archivo a través del tiempo. Para poder llevar a cabo
todo este proceso se creó el Sistema Institucional de Archivos de la UNAM.
2. Organización del SIA de la UNAM
Para poder iniciar la labor fue necesario designar un Comité técnico para
la conformación del Sistema Institucional de Archivos de la UNAM. Éste
quedó establecido del siguiente modo:
Coordinadores del Comité:
* Mtro. Miguel Robles Bárcena, Secretario de Servicios a la Comunidad.
* Lic. Eduardo C. Cacho Silva, Director General de Servicios
Generales.
126
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Miembros del Comité:
* C.P. Agustín Mercado, Subdirector de Certificación y Control
Documental.
* Dra. Brenda Cabral Vargas, Investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información.
* Lic. Elizabeth Meza Jerónimo, Subdirectora de Servicios y Prestaciones de la Dirección General de Personal.
* Mtra. Sandra Peña Haro, Coordinadora del Archivo Histórico.
* Dra. Gloria Villegas Moreno, Directora de la Facultad de Filosofía y
Letras.
* Mtro. José Agustín Hernández Ibarra, Jefe del Departamento del
Archivo General.
Posteriormente se sumaron a este esfuerzo otras personas y en algunos
casos salieron otras, debido a cargas excesivas en sus áreas de trabajo.
Una vez elegidas las personas que trabajarían en el diseño de éste; se
definieron, a su vez, los compromisos y responsabilidades de los miembros.
Posteriormente, se planteó una forma de organización para el Sistema
Institucional de Archivos de la UNAM. Este planteamiento surgió a partir de
los problemas que se identificaron, los cuales fueron:
 Falta de recursos humanos calificados.
 Necesidad de uniformidad en el manejo de términos archivísticos.
 Desconocimiento de las Leyes y normativas por parte de algunas
autoridades.
 Falta de sensibilización sobre el tema de algunas dependencias.
 Carencia de recursos para dar orden y sistematización a la información
institucional.
Después de analizar los problemas y visualizar las posibles soluciones,
se estableció el objetivo del SIA de la UNAM, así como los medios para
alcanzarlo, los cuales se definen a continuación:
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
127
Objetivo del SIA: la labor del Sistema Institucional de Archivos es
organizar, conservar, salvaguardar, describir, facilitar el acceso a los
documentos y difundir el patrimonio documental universitario.
Medios para lograr todo esto:
 Definir políticas, lineamientos, responsabilidades y procedimientos






para los archivos de trámite, concentración e históricos.
Generar el Cuadro general de clasificación archivística de la
UNAM.
Crear un manual de procedimientos e instructivos para la
Clasificación.
Asegurar que el personal constitutivo del Sistema cuente con
conocimientos y experiencia archivística.
Supervisar la operación de las políticas de archivo en la Unidades
Universitarias.
Incorporar software y hardware para la gestión documental y prever
su actualización.
Crear un sistema de gestión electrónica de los documentos que se
producen en la UNAM.
3. Profesionalización
Fue necesario determinar el tipo de personal que participaría en la creación
del cuadro de clasificación. Para ello fue necesario especificar qué es la
profesionalización.
Ésta maneja tres aspectos:
 experiencia,
 conocimientos,
 habilidades y actitudes.
Estos tres elementos fueron clave en el momento de seleccionar, en el área
de las humanidades y ciencias sociales, a las personas que participarían
en el diseño del cuadro. Tomando en consideración a los profesionistas
128
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
más aptos para el saber y el actuar, esto es, que no actúen sin analizar,
pensar y profundizar, así como que no se estanquen en la teoría sino que
sepan llevar su conocimiento al entorno. Debían saber trabajar en equipos
multidisciplinarios, además de haber presentado planes de trabajo en sus
instituciones que resolvieran problemáticas particulares.
Además del diseño del cuadro de clasificación, se trabajó en la planeación
para formar recursos humanos que organicen de manera óptima cada uno
de los archivos que se manejan dentro de la UNAM; se recomendó un curso
en el que se sentaran las bases de la archivística, éste debió cursarse tanto
por los miembros del comité como por los encargados de archivos de la
UNAM, ya fueran archivos administrativos, de concentración o históricos.
El curso se recomendó para los días 27 a 31 de agosto, dado que para
esas fechas ya se tendrán todas las herramientas que se requieren para
recuperar y organizar todos los documentos de los archivos; entre los temas
que se tiene pensado abordar se han elegido: los conceptos generales de
la archivística, la legislación y normatividad de la misma, la organización
de archivos y documentos, la descripción de los mismos, la valoración de
documentos y series documentales, así como la transferencia, selección y
depuración y de los documentos electrónicos de archivo.
Fue necesario designar funciones e instruir al personal que quedaría a
cargo del archivo, para que éste pueda funcionar correctamente no sólo en
un principio, sino a lo largo del tiempo. Se acordó que este personal debe
estar capacitado para:
 Adoptar programas para administrar de manera correcta el servicio
de consulta y la conservación de documentos con sujeción a las
pautas y principios establecidos por la ley y las normas internas.
 Proponer un plan de capacitación para los recursos humanos de su
área.
 Sugerir políticas, planes y programas para la selección, eliminación,
transferencia, conservación y limpieza anual del archivo y verificar su
cumplimiento conforme a las normas legales.
 Responder por el correcto manejo de recursos del archivo.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
129
 Proponer procedimientos o instrumentos requeridos para el óptimo





funcionamiento del archivo.
Recibir las transferencias documentales de las diferentes
dependencias.
Revisar los listados enviados por las dependencias.
Organizar los archivos por años y por dependencia.
Facilitar la consulta de los documentos que reposan en el archivo.
Administrar, controlar y custodiar los bienes y el recurso humano
asignado para el cumplimiento de sus funciones y las demás que le
sean asignadas que correspondan a la naturaleza del grupo.
Como el tema central de este trabajo es cómo se llegó a la creación de un
cuadro de clasificación, el punto siguiente se concentrará en abordar cómo
fue dicho procedimiento.
4. Creación del Cuadro general de clasificación archivística
El cuadro general de clasificación es una estructura jerárquica y lógica
que refleja las funciones y las actividades de una organización, las cuales
generan la creación o recepción de documentos. Es un sistema que organiza intelectualmente la información y permite situar los documentos
en sus relaciones los unos con los otros para constituir eso que se llama
generalmente expedientes. El sistema de clasificación es un modelador de
información elaborado a partir de las funciones de la organización, tiene
como ventaja el normalizar la denominación de los expedientes. El requisito
previo indispensable para la elaboración de un sistema de clasificación es,
pues, un perfecto conocimiento de las funciones del organismo que genera
los documentos.
¿Cómo se elabora un cuadro de clasificación?
Para elaborar un cuadro de clasificación se deben considerar:
 Los instrumentos jurídicos, de organización y de normatividad de la
dependencia o entidad.
130
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
 Los esquemas de clasificación existentes.
 Los recursos con que se cuenta.
El cuadro general de clasificación archivística debe delimitar los documentos
a clasificar; poseer unicidad; basarse en las atribuciones o funciones de la
dependencia o entidad, cuya permanencia garantice una clasificación segura
y estable; asimismo, debe permitir el crecimiento de sus secciones y series
sin romper su estructura; debe ser universal y flexible, para ser adoptado
en todos los supuestos posibles, de este modo se establecerán divisiones
precisas y necesarias sin tener que descender a subdivisiones excesivas.
Para elaborar un cuadro de clasificación es necesario:
• La clasificación archivística, que consiste en realizar un proceso
de identificación y agrupación de expedientes homogéneos con base
en la estructura funcional de cada dependencia o entidad.
Para tener una idea de la documentación que se maneja en la UNAM,
el Comité Técnico para la Conformación del Sistema Institucional
de Archivos envió un cuestionario a las diversas dependencias de la
universidad.
• Ordenar los documentos de archivo estableciendo la relación
entre cada agrupación o serie documental de acuerdo con una unidad
de orden establecida para cada caso.
En esta etapa se obtuvieron fuentes de información que
proporcionaron antecedentes sobre algunos cuadros de clasificación
existentes.
De este modo, siguiendo como modelo el cuadro de clasificación
respectivo de las universidades de Puebla, Sonora y Navarra, y
teniendo en cuenta los posibles archivos de la UNAM, se generó un
ejemplo de posible clasificación acorde con estas instituciones, a
continuación se muestra un pedazo de éste.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
131
TABLA 1
Universidad de
Sonora
Gestión administrativa
Universidad de
Puebla
Documentos UNAM
C
Legislación
C
Legislación
C.2
Programasy proyectos
sobre legislación
C.1
Proyectos normativos
C
Programación,
organización y
presupuesto
C
Programación, organización
y presupuesto
C.18
Programas y proyectos en
materia presupuestaria
C.7
Programas en materia de
presupuestación
1C
Planeación, información,
evaluación de políticas
1C
Planeación, información
evaluación y políticas
Plan de desarrollo
1C.6
Plan de desarrollo
institucional
1C.2
Plan de desarrollo
institucional
Informe anual de
trabajo
1C.11
Informes de labores
1C.5
Informe anual
Evaluación de los
informes anuales del
personal académico
1C.12
Informes académicos y
evaluación de políticas
1C.7
Indicadores y evaluación de
actividades
Políticas de
investigación
1C.2
Programas y proyectos en
materia de planeación y
políticas
1C
Planeación, información,
evaluación y políticas
Dictamen de proyectos
de reglamento interno
Proyecto de
presupuesto anual
TABLA 2
Universidad de Navarra
UNAM
Dictamen de proyectos de reglamento
interno
I100
Normativa y asuntos jurídicos
I103
Normas de desarrollo y reglamentos
Lineamientos generales para la creación
de nuevos institutos y centros del área
correspondiente
Programas anuales de trabajo del personal
académico
132
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Normas de desarrollo y reglamentos
J100
Gestión de los recursos académicos
K128
K133
Evaluación académica
Evaluación docente
K100
Organización de la docencia
K101
Programación universitaria
Universidad de Navarra
UNAM
L100
Gestión de la investigación
Elaborar proyectos e iniciativas
L110
Proyectos de investigación
Planes y programas de investigación
L110
Proyectos de investigación
La estructura del cuadro debe ser jerárquica, es decir, establecer los niveles
de relación o coordinación, así como de semejanza y diferencia entre las
categorías de agrupamiento identificadas.
La jerarquización de dichas categorías debe ser objeto de un proceso
de comparación que permita ubicarlas en un contexto general de
ordenación o “relación”, el cual ha de distinguir elementos de gradación
(o categorización) diferentes, para ubicar la categoría de agrupamiento en
el lugar correspondiente. Después de generar esta jerarquización, deberá
codificarse, esto logrará hacer más claras las relaciones documentales e
interconexiones características de los documentos de archivo.
Un cuadro de clasificación archivística se divide en:
Fondo: es el conjunto de documentos producidos orgánicamente
por una dependencia o entidad con cuyo nombre se identifica.
Sección: es cada una de las divisiones del fondo, basada en las
atribuciones de cada dependencia o entidad de conformidad con las
disposiciones legales aplicables.
Serie: es la división de una sección que corresponde al conjunto de
documentos producidos en el desarrollo de una misma atribución
general y que versan sobre una materia o asunto específico.
Expediente: es la unidad organizada de documentos reunidos por el
productor para su uso corriente, o durante el proceso de organización
archivística, porque se refieren al mismo tema, actividad o asunto.
Unidad documental: es la unidad archivística más pequeña e
indivisible, por ejemplo: una carta, una memoria, un informe, una
fotografía, una grabación sonora.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
133
Unidad documental simple: es la que está conformada por una
sola tipología, ya que su función es la misma.
Unidad documental compuesta: es la que posee o contiene
variedad de tipologías documentales que van o están relacionadas
con algo en común.
Es muy importante contar con un cuadro de clasificación, ya que facilita
la localización conceptual de la documentación, o lo que es lo mismo, el
acceso a la información contenida en el acervo documental, a la vez que
también permite la localización física de cada documento o expediente para
su eficaz control y manejo.
El proceso de clasificación sistemática de los documentos en una
organización es de vital importancia, tanto para las actividades habituales
como para futuras consultas a los mismos. Es común que los miembros
de las organizaciones, en todos los niveles, para la realización de sus
actividades, requieran datos que complementen sus tareas y que en esta
búsqueda normalmente acudan a los archivos para su localización.
La seguridad de contar con los documentos de archivo en cualquier
momento que se requieran, se debe a la utilización de los cuadros de
clasificación en el proceso de gestión documental. El primer paso para
contar con un buen sistema de gestión de documentos es el proceso de
clasificación, a través de la identificación de forma estructurada y lógica de
las actividades y documentos de archivo dentro de la organización; así como
de su agrupación en categorías de acuerdo con convenciones, métodos y
procedimientos; además de que es fundamental su representación en un
cuadro de clasificación.
Éste es la adhesión de los expedientes en una forma estructurada que
manifieste las funciones de la actividad que se está realizando. En forma
general, el cuadro de clasificación es una jerarquía de niveles, en donde los
documentos de archivo electrónicos se almacenan junto con otros documentos
de archivo que definen su contexto y sus relaciones, agrupados en expedientes
o volúmenes, y ubicados en cualquier nivel, de acuerdo con su alcance.
En la jerarquía también se establece el término clase, que básicamente se
refiere a una porción de la jerarquía que representa una serie o grupo y que
congrega a todos los expedientes que se sitúan debajo de ésta. Las clases
134
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
también pueden considerarse como una rama del árbol y pueden agrupar a
otras clases.
Un expediente puede contener uno o varios volúmenes, tal y como se
agrupan de forma tradicional, ya sea debido a su tamaño o a la facilidad en
su gestión.
En el siguiente diagrama se puede observar la estructura o jerarquización
de un cuadro de clasificación:
Imagen 1
Finalmente, tras tener en cuenta la manera en que debe elaborarse un cuadro
de clasificación, así como después de leer y analizar diversos documentos
pertenecientes a las dependencias universitarias, se elaboró un cuadro de
clasificación propio, el cual delimitaba las secciones en que se dividiría el
Cuadro general de clasificación archivística de la UNAM.
Tabla 3
Sección
Series
Legislación
1C.1
Disposiciones en materia de legislación
1C.2
Programas y proyectos en materia de legislación
1C.3
Legislación universitaria
1C.4
Acuerdos generales
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
135
Sección
Series
1C.5
Lineamientos
1C.6
Circulares
1C.7
Instructivos jurídicos consensuales
1C.8
Criterios de interpretación
Asuntos jurídicos
2C.1
Disposiciones en materia de asuntos jurídicos
2C.2
Programas y proyectos en materia de asuntos jurídicos
2C.3
Registro y certificación de firmas
2C.4
Actuaciones y representaciones en materia legal
2C.5
Asistencia, asesoría y consulta
2C.6
Juicios contra la UNAM
2C.7
Juicios de la UNAM
2C.8
Juicios de amparo
2C.9
Procedimientos administrativos de recisión
2C.10
Inconformidades y peticiones
2C.11
Recomendaciones de derechos humanos
2C.12
Recomendaciones Defensoría de Derechos Universitarios
2C.13
Actas jurídicas
2C.14
Propiedad intelectual, autoral e industrial
Recursos financieros/finanzas
3C.1
Disposiciones en materia de recursos financieros y contabilidad
3C.2
Programas y proyectos en materia de recursos financieros y contables.
3C.3
Gastos o egresos por partida presupuestal
3C.4
Ingresos
3C.5
Estados financieros
3C.6
Libros contables
3C.7
Pólizas de diario
3C.8
Registro y control de pólizas
3C.9
Registro y control de pólizas de egresos
3C.10
Auxiliares de cuentas
3C.11
Conciliaciones
3C.12
Asignación y optimización de recursos financieros
3C.13
Valores financieros
3C.14
Estado de ejercicio de presupuesto
3C.15
Transferencias de presupuesto
3C.16
Ampliaciones de presupuesto
3C.17
Aportaciones a capital
3C.18
Créditos concebidos
3C.19
Cuentas por liquidar certificadas
3C.21
Compras directas
3C.22
Control de cheques
3C.23
Pago de derechos
136
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Sección
3C.24
Series
Financiamiento externo
Personal (recursos humanos)
4C.1
Disposiciones en materia de personal
4C.2
Programas y proyectos en materia de recursos humanos
4C.3
Expediente de personal
4C.4
Registro y control de plazas (cobertura de plazas)
4C.5
Nómina de pago de personal
4C.6
Reclutamiento y selección de personal
4C.7
Incidencias del personal (tarjeta de asistencia)
4C.8
Descuentos
4C.9
Estímulos contractuales (antigüedad, cláusula 68 y calidad y eficiencia)
4C.10
Escalafón (evaluaciones y promociones)
4C.11
Tabuladores (de puestos)
4C.12
Afiliación al ISSSTE
4C.13
Control de prestaciones en materia económica (FONACOT, Sistema de
ahorro para el retiro, seguros, etc.)
4C.14
Jubilaciones y pensiones
4C.15
Programa de retiro voluntario
4C.16
Becas
4C.17
Relaciones Laborales
4C.18
Seguridad e higiene en el trabajo
4C.19
Capacitación y adiestramiento
4C.20
Servicio Social
4C.21
Expedición de constancias y credenciales
4C.22
Contrato colectivo de trabajo
Recursos materiales y obras
5C.1
Disposiciones en materia de recursos materiales, obras conservación y
mantenimiento
5C.2
Programa y proyectos en materia de recursos materiales, obras, conservación
y mantenimiento
5C.3
Licitación e invitación
5C.4
Adquisiciones
5C.5
Contratos de obras
5C.6
Sanciones inconformidades y conciliaciones, derivados de contratos
5C.7
Seguros y finanzas
5C.8
Suspensión , recisión, terminación de obra
5C.9
Bitácoras de obras
5C.10
Calidad en materia de obras, conservación y equipamiento
5C.11
Precios unitarios en obra y servicios
5C.12
Asesoría técnica en materia de obras
5C.13
Conservación y mantenimiento de la infraestructura física
5C.15
Arrendamientos
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
137
Sección
Series
5C.16
Disposiciones de activo fijo
5C.17
Inventario físico y control de bienes muebles
5C.18
Inventario físico y control de bienes inmuebles
5C.19
Almacenamiento, control y distribución de bienes muebles
5C.20
Disposiciones y sistemas de abastecimientos y almacenes
5C.21
Control de calidad de bienes e insumos
5C.22
Control y seguimiento de obras y remodelaciones
5C.23
Comités y subcomités de adquisiciones, arrendamientos y servicios
5C.24
Comité de enajenación de bienes muebles e inmuebles
5C.25
Comité de obra
5C.26
Comisiones consultivas mixtas de abastecimiento
Servicios generales
6C.1
Disposiciones en materia de servicios generales
6C.2
Programas y proyectos en materia de servicios generales
6C.3
Servicios básicos
6C.4
Servicios de seguridad y vigilancia
6C.5
Servicios de limpieza, higiene y fumigación
6C.6
Servicios de transporte
6C.7
Servicios de telefonía , telefonía celular y radiolocalización
6C.8
Servicio de correspondencia
6C.9
Servicios especializados de mensajería
6C.10
Mantenimiento, conservación e instalación de mobiliario
6C.11
Mantenimiento, conservación e instalación de equipo de cómputo
6C.12
Control de parque vehicular
6C.13
Control de combustible
6C.14
Control y servicios en auditorios y salas
6C.15
Protección civil
Tecnologías y servicios de la información
7C.1
Disposiciones en materia de telecomunicaciones
7C.2
Programas y proyectos en materia telecomunicaciones
7C.3
Normatividad tecnológica
7C.4
Desarrollo e infraestructura de telecomunicaciones
7C.5
Desarrollo e infraestructura del portal de internet de la dependencia
7C.6
Desarrollo de redes de comunicación de datos y voz
7C.7
Disposiciones en materia de informática
7C.8
Programas y proyectos en materia de informática
7C.9
Desarrollo informático
7C.10
Seguridad informática
7C.11
Desarrollo de sistemas
7C.12
Automatización de procesos
7C.13
Control y desarrollo del parque informático
7C.14
Disposiciones en materia de servicios de información
138
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Sección
Series
7C.15
Programas y proyectos en materia de servicios de información
7C.16
Administración y servicios de archivo
7C.17
Administración y servicios de correspondencia
7C.18
Administración y servicios de bibliotecas
7C.19
Administración y servicios de otros centros documentales
7C.20
Administración y preservación de acervos digitales
7C.21
Instrumentos de consulta
7C.22
Procesos técnicos en los servicios de información
7C.23
Acceso y reservas en servicio de información
7C.24
Productos para la divulgación de servicios
7C.25
Servicios y productos en internet e intranet
Comunicación social
8C.1
Disposiciones en materia de comunicación social
8C.2
Programas y proyectos en materia de comunicación social
8C.3
Publicaciones e impresos institucionales
8C.4
Material multimedia
8C.5
Publicidad institucional
8C.6
Boletines y entrevistas para medios
8C.7
Boletines informativos para medios
8C.8
Inserciones y anuncios en periódicos y revistas
8C.9
Agencias periodísticas, de noticias, reporteros, articulistas, cadenas televisivas
y otros medios de comunicación social
8C.10
Notas para medios
8C.11
Gaceta UNAM
8C.12
Disposiciones en materia de relaciones públicas
8C.13
Actos y eventos oficiales
8C.14
Encuestas de opinión
8C.15
Registro fotográfico
Auditoría
9C.1
Disposiciones en materia de control y auditoría
9C.2
Programas y proyectos en materia de control y auditoria
9C.3
Auditoria
9C.4
Visitadurías
9C.5
Revisiones de rubros específicos
9C.6
Seguimientos a la aplicación en medidas o recomendaciones
9C.7
Participantes en comités
9C.8
Requerimientos de información a dependencias y entidades
9C.9
Quejas y denuncias
9C.10
Peticiones, sugerencias y recomendaciones
9C.11
Responsabilidades
9C.12
Inconformidades
9C.13
Inhabilitaciones
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
139
Sección
Series
9C.14
Declaraciones patrimoniales
9C.15
Actas de entrega-recepción
9C.16
Libros blancos
Planeación (información,evaluación y políticas)
10C.1
Disposiciones en materia de planeación
10C.3
Disposiciones en materia de políticas
10C.4
Programas y proyectos en materia de información y evaluación
10C.5
Programas y proyectos en materia de políticas
10C.6
Plan de desarrollo
10C.7
Programas anuales
10C.8
Programas de acción
10C.9
Sistemas de información estadística de la dependencia
10C.11
Normas de elaboración ya actualización de la información estadística
10C.12
Captación , producción y difusión de la información estadística
10C.13
Desarrollo de encuestas
10C.14
Grupo interinstitucional de información (comités)
10C.15
Evaluación de programas de acción
10C.16
Informe de labores
10C.17
Informe de ejecución
10C.18
Indicadores
10C.19
Indicadores de desempeño, calidad y productividad
10C.20
Normas para la evaluación
10C.21
Modelos de organización
Transparencia y acceso a la informacion
11C.1
Disposiciones en materia de acceso a la información
11C.2
Programas y proyectos en materia de acceso a la información
11C.3
Programas y proyectos en materia de transparencia
11C.4
Unidad de enlace
11C.5
Comité de información
11C.6
Solicitudes de acceso a la información
11C.7
Portal de transparencia
11C.8
Clasificación de información reservada
11C.9
Clasificación de información confidencial
11C.10
Sistema de datos personales
5. Ciclo vital y valoración de los documentos
Un tema que no se debe pasar por alto al elaborar un cuadro de clasificación
es observar si existe en alguna de las dependencias valoración de los
documentos, debido a que esto nos permitirá saber qué documentos deben
140
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
permanecer en nuestra colección y cuáles no; así como el tiempo en que
deben estar en cada archivo: trámite, concentración e histórico. Pero antes
de conocer esto mencionaré parte de los fundamentos de esta temática y
algunas sugerencias para llevar a cabo dicha actividad.
El ciclo vital de los documentos depende de si su importancia es
inmediata o histórica. Las fases básicas de la gestión de documentos son:
 Primera: nacimiento y elaboración de documentos en los archivos
de gestión.
 Segunda: utilización y mantenimiento. Esta fase comprende la
utilización, control y almacenamiento de los documentos en el
archivo central. Se caracteriza por asegurar:
- la disponibilidad de la información y los documentos ordinarios;
- la utilización a bajo costo de la información y los documentos
ordinarios;
- la selección de material auxiliar, equipos y lugar de almacenamiento
de los documentos adecuados a la frecuencia y a la naturaleza de
su utilización.
 Tercera: conservación y eliminación. Implica decir cuáles documentos
se deben conservar como testimonio del pasado y cuáles se deben
destruir. En el segundo caso, en cuánto tiempo se deben conservar
por razones administrativas o jurídicas.
Imagen 2
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
141
En su artículo “Criterios para la valoración y selección de la documentación
sobre la educación en México”, Federico Lazarín Miranda delimita la
valoración de documentos en los siguientes pasos:
 Valoración primaria: consiste en separar la información administrativa,
legal o contable (fiscal). A partir de esto se delimita la utilidad del
documento. Los documentos administrativos, por ejemplo, dejan
de tener valor aproximadamente en un periodo de 1 a 3 años. Al
concluir este lapso los documentos deben almacenarse durante un
tiempo de guarda precaucional.
La información legislativa y administrativa que generan las
instituciones suele ser inicialmente información muy activa, no
obstante, con el tiempo deja de ser usada y muchas veces queda
abandonada en cajas, en los rincones más olvidados. Es menester
que esto no suceda y, para ello, todo documento debe trasladarse a
una unidad de archivo de concentración, donde esté a disposición
durante su fase semiactiva. Al cumplir un determinado lapso, estos
documentos deben seleccionarse, en cuanto a su utilidad institucional
y social, para pasar a formar parte de un archivo histórico o recibir
su baja definitiva.
 Valoración secundaria: En esta etapa se establece si un grupo
documental merece ser conservado o eliminado.
Proceso de Valoración:








Se establece la procedencia institucional del grupo documental.
Se determina el volumen del acervo para saber el espacio que ocupa.
Se precisa la tipología de los soportes materiales que lo conforman.
Se detalla el estado de organización del acervo y el tipo de clasificación.
Se señalan los elementos descriptivos con que cuenta.
Se delimita el periodo de tramitación que abarca la documentación.
Se hace una descripción detallada de la información que contiene.
Se mencionan grupos documentales afines, lugar de procedencia y
posibles restricciones públicas.
 Se aplica la valoración primaria,
142
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
 Se aplica la valoración secundaria.
 Se detalla la existencia de cualquier tipo de reproducción que se haya
hecho del grupo documental.
A través de este proceso se busca responder a la pregunta de si la información
posee utilidad social. En caso de ser así, se almacena el grupo en el archivo
histórico. De no cumplir con este requisito, se elimina físicamente la
documentación.
Reflexiones finales
La organización de los archivos en la UNAM se llevó a cabo a partir de la
planeación adecuada de cómo llevar a cabo cada una de las tareas. Esto
ayudó en la toma de decisiones, se identificaron muchos de los problemas
que surgen a partir de la organización y acceso a los documentos, asimismo,
se desarrollaron las posibles soluciones, se realizaron hipótesis y se tomaron
decisiones viendo hacia el futuro.
Fue necesario respaldarse en los reglamentos y en la normativa más
adecuada, así como en los lineamientos internos de cada dependencia de la
UNAM, los cuales permitieron diferenciar y precisar tanto las actividades que
se llevan a cabo, determinando su trayectoria institucional, como el proceso
de dictaminación requerido para que la documentación sea valorada por
parte de las dependencias.
A su vez, se planteó la profesionalización de los recursos humanos para,
con su ayuda, facilitar el acceso a la información y, con ello, en algunos
casos generar nuevo conocimiento.
La creación del Cuadro general de clasificación archivística fue el proceso
más laborioso, ya que se debió crear intentando que los documentos –de las
distintas dependencias de la UNAM que se hayan generado en el pasado, se
generen hoy en día y se vayan a generar en un futuro– puedan organizarse
bajo un mismo esquema.
Una de las mayores problemáticas, además de la gran cantidad de
información que se genera en la UNAM día a día, es que no existe una forma
homogénea de llevar a cabo los trámites, esto quiere decir que cada una de las
dependencias cuenta con diferentes documentos; así como la gestión de
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
143
su papeleo, derivado de lo anterior las funciones y los documentos que se
generan, así como la acceso y preservación de los mismos genera distintos
expedientes. Es por dicha razón que este cuadro general de clasificación
archivística aún no se concluye, ya que al enfrentarnos a la parte práctica
dentro de un plan piloto estamos regresando a modificar e incluir algunas
series requeridas por algunas dependencias.
La UNAM cuenta verdaderamente con un universo documental, la
organización de la información generada por las instituciones, así como
la valoración de los documentos facilitará el acceso y la preservación de lo
que hay de verdadero y de valioso y, desde luego, se debe orientarlo para
beneficio de la comunidad, ya que de nada sirve que exista conocimiento
teórico cuando no es aplicado en nuestra sociedad.
Bibliografía
Carpizo Mc Gregor, Jorge, “Transparencia, Acceso a la información y
Universidad Pública Autónoma”, en La transparencia en las Universidades
Públicas de México, México, Artículo XIX. 2009.
Lazarín Miranda, Federico, “Criterios para la valoración y selección de la
documentación sobre la educación en México”, en Entre Historiadores y
Archivistas: el dilema de la valoración documental, México, Archivo General
de la Nación, 1995.
Manual de Archivo y Correspondencia del Instituto Nacional de Salud de
Bogotá, 2005.
Ramos Ramos, Leonor, Los documentos de archivo: cómo se accede a ellos, España,
Ediciones Trea, 2011.
Ruiz-daza Cruz, María Elena; Patricia Galeana de Valadés, Entre historiadores
y archivistas: el dilema de la valoración documental. AGN, México, 1995.
Secretaría de Seguridad Pública [en línea], disponible en: http://www.
ssp.gob.mx/portalWebApp/ShowBinary?nodeId=/BEA%20
Repository/1036024//archivo (Consultado: el 5 de enero 2013).
144
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
RESEÑAS
DE LA REBELIÓN ARMADA A LA REBELIÓN ELECTORAL
Aaron W. Navarro, Political intelligence and the creation of Modern Mexico, 1938-1954, University
Park, The Pennsylvania State University Press, 2010, 320 pp., ISBN: 978-0-271-03706-6
La reciente publicación de Political intelligence
and the creation of Modern Mexico, 1938-1954 es
motivo de celebración para la historiografía
política y militar que revisa el siglo XX, pues
contrapone la idea de que el país gozó de un
régimen político estable después de 1940. El
trabajo –tesis doctoral del autor– se estructura
en cinco capítulos que relatan cronológicamente
los procesos electorales y la oposición política en
México, apuntan las dificultades que enfrentó el
sistema político mexicano y trazan nuevas rutas
de investigación sobre las fuerzas armadas.
La riqueza de esta obra radica en la revisión minuciosa de numerosos
documentos y publicaciones de bibliotecas y archivos mexicanos y
norteamericanos. En ese sentido, cabe señalar la importancia que ocupan
en el cuerpo de la investigación los provenientes del Archivo General de
la Nación, en particular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y de la
Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), fondos
de la Secretaría de Gobernación que se mantuvieron bajo reserva durante
mucho tiempo. El análisis detallado de numerosas cajas que hace una década
carecían de una clasificación adecuada, con información que en ocasiones
se basaba en rumores y datos innecesarios para complacer a las autoridades,
es un esfuerzo titánico digno de señalarse y reconocerse en esta reseña.
Ahora bien, el autor cuestiona el argumento clásico que ha predominado
en la historiografía sobre la transición del militarismo al civilismo en México,
definido por el sometimiento de las fuerzas armadas al poder civil mediante
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
147
el establecimiento de un partido hegemónico que ordenó la sucesión y
desmilitarizó la política, aunado a la modernización y profesionalización
de las fuerzas armadas. Estas dos variables, partido y ejército, ejes de la
investigación, son puestas a prueba a través de un análisis pormenorizado de
tres procesos electorales (1940, 1946 y 1952), con el propósito de demostrar
que tal equilibrio es discutible, pues la participación de los militares en
la oposición muestra notables indicios de que el partido en el poder fue
incapaz de sumarlos a su proyecto político.
A diferencia del pasado, que se caracterizó por la asonada militar que
cuestionaba al gobierno en turno, los procesos de selección y la valía política
de los candidatos, las elecciones se convirtieron en el espacio legítimo
para dirimir conflictos. De hecho, a lo largo de la década de los cuarenta y
cincuenta, el reconocimiento de esa nueva regla por parte de los militares
y su desplazamiento del partido oficial, explica la fundación de nuevos
organismos políticos, la defensa de sus derechos ciudadanos y la demanda de
comicios libres y justos. Por su parte, en el PRI, el control y el afianzamiento
de los mecanismos electorales provocaron que decayera la influencia de los
miembros del ejército. Esa pérdida, que se tradujo en la consolidación de la
élite civil, fue recompensada con la integración de jóvenes oficiales a los
servicios de inteligencia que se desarrollaban en esos mismos años.
Los orígenes de este tipo de agencias en México datan de 1918 con
la creación del Departamento Central, mismo que hacia 1938 cambió al
nombre de DGIPS y dependía directamente de la Secretaría de Gobernación.
A diferencia de lo anterior, la DFS se estableció en 1947, estuvo dominada
por los militares y dependía directamente de la oficina de la Presidencia
de la República. Asimismo, la DFS también fue fruto de la relación entre
México y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el
vecino del norte exhortó a nuestro país a sumarse en el tema de la seguridad
hemisférica, lo que implicó un gran avance en la organización de dicha
dependencia. En el contexto de la inminente Guerra Fría, el presidente
Miguel Alemán (1946-1952) redujo y removió la influencia política de los
militares, y al mismo tiempo aceleró la profesionalización de la policía política
al servicio del partido en el poder. Así, bajo las órdenes presidenciales, la
DFS se convirtió en una herramienta para subvertir, cooptar y destruir a la
oposición electoral.1
148
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
Después de la elección de 1952, el papel de los militares en política fue
marginal, se produjeron los últimos ajustes de la maquinaria política que
apuntaló el liderazgo del partido hegemónico y se garantizó una relación
armónica entre los líderes civiles y militares. En cuanto a la DFS, otro acierto
de la investigación es matizar que los cuerpos de inteligencia no siempre
fueron violentos y actuaron impunemente como en la “guerra sucia” de la
década de los setenta; en su lugar, aclara que, al menos desde su fundación
y hasta 1952, la policía política se dedicó a desarrollar habilidades técnicas y
a recopilar información. Sin embargo, el entrenamiento norteamericano
y la salida definitiva de los militares de la política, la afianzó como una
herramienta de control político.
Finalmente, el trabajo de Aaron Navarro ofrece copiosas fuentes de
México y Estados Unidos que dialogan entre sí, lanza hipótesis sugerentes
del sistema político mexicano, brinda datos inéditos sobre la oposición
política, propone una atractiva mirada al ejército, y presenta una historia
de los servicios de inteligencia. No obstante, si la obra referida revisa la
participación de los militares en política, se extraña que no profundice en la
organización de las fuerzas armadas y las reformas que se implementaron en
esa época, instrumentos que le permitieron a la institución un mayor control
de sus miembros. Sería deseable abordar en una siguiente publicación otros
estímulos que habrían recibido los militares con aspiraciones políticas para
retirarse de la arena pública, además de la incorporación de los jóvenes
elementos a los servicios de inteligencia. Por fortuna, este libro abre nuevos
caminos y pistas para quienes estén interesados en estudiar la historia
política contemporánea.
Marcela Mijares Lara,
Estudiante de doctorado, Centro de Estudios Históricos,
El Colegio de México.
1 Otra obra que revisa el tema de los servicios de inteligencia en tiempos de guerra es la
de María Emilia Paz, Strategy, Security and Spies. Mexico and the U.S. as Allies in World War II,
University Park, The Pennsylvania State University Press, 1997.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
149
EL FRACASO DE LA R EFORMA FISCAL DE 1961
Luis Aboites Aguilar y Mónica Unda Gutiérrez, El fracaso de la Reforma Fiscal de 1961, México,
El Colegio de México, 2011, 296 pp., ISBN: 9786074623246 · 9681212517 (obra completa).
U
na revisión historiográfica de los estudios
que en los últimos treinta años han abordado
el problema de las finanzas públicas mexicanas
permite identificar un vacío importante de
investigaciones sobre la hacienda pública del
periodo posrevolucionario. Esta ausencia
responde, entre otras cosas, a la falta de
documentos que posibiliten y faciliten el quehacer
histórico. En este marco, El fracaso de la Reforma
Tributaria de 1961, al contener una selección de
obras que sobre el problema hacendario escribió
el economista Víctor Urquidi, quien fuera uno de
los funcionarios más destacados del Banco de México y de la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público desde la década de los cuarenta hasta los
primeros años de los años sesenta del siglo XX, permite documentar un
periodo de la historia fiscal del México contemporáneo. Éste es, como
señalan los autores, el principal objetivo del texto que, dicho sea de paso,
representa el cuarto volumen de una serie de publicaciones, a cargo del
Colegio de México, que buscan rendir homenaje al quehacer económico e
intelectual del economista señalado.
La estructura del texto está constituida por tres secciones. La primera
de ellas contiene un estudio introductorio que ubica en el contexto fiscal de
aquellos años la reforma tributaria de 1961. En este sentido, los autores
dejan claro que dicha reforma respondió a la necesidad de incrementar
los ingresos tributarios que, para entonces, resultaban insuficientes para
financiar el gasto que en inversión hacía el Estado con el propósito de
150
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
impulsar el crecimiento y desarrollo económico. Sin embargo, subrayan
los autores, a partir del estudio sobre el sistema tributario mexicano
que el entonces Secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, encargó a
Nicholas Kaldor con la intención de tener un referente para reformarlo
y de esa forma, incrementar la recaudación, se evidenciaron dos grandes
defectos de éste. Uno económico relacionado con el nivel de recaudación,
y otro de carácter social relacionado con la composición del Impuesto
Sobre la Renta (ISR). Es decir, la recaudación resultaba insuficiente porque
el diseño del ISR, que tasaba en función de la clasificación de los ingresos
en cédulas desde su creación en 1924, no permitía que el Estado gravara
todo el ingreso disponible, e injusta porque buena parte del ISR provenía
de los ingresos derivados del trabajo y no del capital. Aboites y Unda van
más allá al demostrar que la reforma tributaria de 1961 –propuesta por
Kaldor y posteriormente respaldada con menor radicalidad por un grupo
de economistas de la Secretaría de Hacienda, entre los que se encontraba
Víctor Urquidi– consistente, groso modo, en establecer un sistema global
que al agregar todos los ingresos de una persona física o moral permitiría
incrementar la recaudación y liberar el peso que el ISR tenía sobre los
ingresos derivados del trabajo, fracasó por el favoritismo que las autoridades
hacendarias concedieron al sector empresarial.
La segunda sección se integra por tres artículos de Víctor Urquidi ya
conocidos y publicados en otras partes. El primero de ellos aborda el papel
de la política económica en el desarrollo nacional, el segundo, aún más
específico, trata sobre la relación de este último con el ISR, mientras que el
tercero es un escrito sobre la obra de Nicholas Kaldor. La valía de estos
tres artículos radica, como señalan los autores, en ofrecer al lector una
especie de introducción para la tercera sección toda vez que le permiten
a aquél conocer de mejor manera el contexto general de la economía y su
relación con el sistema fiscal. Por su parte, la tercera sección se constituye
por escritos antes inéditos. Entre ellos se encuentran el informe completo
del estudio de Nicholas Kaldor arriba mencionado, las minutas que Urquidi
realizaba de las sesiones de la Comisión de Hacienda que Ortiz Mena formó
con la intención de elaborar la propuesta de reforma que sería presentada
al Congreso en 1961, el Informe Confidencial sobre la Reforma Tributaria
que resultó de los trabajos de esta última, así como un estudio, también
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
151
confidencial, que el grupo Secretarvía de Hacienda-Banco de México
elaboró sobre el crecimiento que la economía mexicana presentó entre la
década de 1940 y 1960. Esta sección documental, al constituir una fuente
primaria que puede ser analizada desde varios frentes, representa, sin duda,
el mayor acierto del texto.
De esta manera, El fracaso de la Reforma Fiscal de 1961 no sólo representa
un texto de riqueza documental invaluable para el estudio de las finanzas
públicas del México posrevolucionario, sino también muestra, como lo
hacen Aboites y Unda en el ensayo introductorio, que el estudio de las
cuestiones hacendarias constituye una ventana para entender el arreglo
político de cada sociedad en determinado tiempo. Así, el texto aquí
reseñado se convertirá, sin duda alguna, en un referente obligado para la
construcción de la historia fiscal mexicana del siglo XX, cuyo entendimiento
mucho ayudaría a proponer una reforma tributaria integral tan urgente en
nuestros días.
María del Ángel Molina Armenta,
Estudiante de doctorado, Instituto de Investigaciones
Dr. José María Luis Mora.
152
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
DATOS PARA ENTENDER LA GESTIÓN DOCUMENTAL
Philip C. Bantin, Understanding Data and Information Systems for Recordkeeping, Nueva York, NealSchuman Publishers Inc., 2008, 331 pp., ISBN: 978-1-5557-0580-0..
Understanding Data and Information Systems for
Recordkeeping (Entendiendo sistemas de datos
e información para la gestión documental) es,
sin duda, una obra de consulta recomendable
para archivistas, debido a la importancia que el
autor le da a la necesidad de que los gestores de
documentos y archivistas entiendan los sistemas
de información dedicados a producir y manejar
documentos de archivo y para que puedan, a
la vez, interactuar con los desarrolladores para
comunicarles sus necesidades y/o dudas.
En los primeros capítulos Bantin ofrece un
panorama acerca del impacto de los documentos de archivo digitales en la
teoría y práctica archivísticas durante los últimos 50 años del siglo XX. También
aborda temas relacionados con las características de los sistemas de gestión
documental, donde ofrece definiciones sobre el documento de archivo digital,
los sistemas de gestión documental y los requisitos funcionales básicos para
estos sistemas. En los siguientes capítulos brinda información acerca de los sistemas de gestión y los principios que aplican a los mismos, tales como los
sistemas de procesamiento de transacciones basados en modelos de bases
de datos relacionales, los sistemas de manejo de documentos de empresa y
los de administración de contenido. Trata además sobre sistemas de apoyo
a decisiones y almacenes de datos.
Los últimos capítulos de la obra se orientan al manejo del correo
electrónico y los aspectos legales relacionados con el mismo, así como
algunas estrategias para la toma de decisiones sobre la retención del
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
153
correo electrónico y su gestión. Bantin hace una revisión de la legislación y
reglamentos en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido y su impacto en
la ausencia o existencia de sistemas de gestión documental. De lo anterior
ofrece una serie de lecciones aprendidas tales como “para cumplir con
obligaciones, las organizaciones deben desarrollar programas efectivos de
gestión documental que los manejen a lo largo de su ciclo de vida”, “las
políticas y procedimientos para la retención y disposición son elementos
clave…”, “las auditorías son esenciales para cumplir con los requisitos”,
entre otras.
Para finalizar, Bantin comenta acerca de la importancia de la gestión documental en las organizaciones, la mejora de la funcionalidad de gestión
documental, la mejora continua de las herramientas de software para manejar
objetos digitales y documentos de archivo, así como la motivación que los
temas relacionados con el cumplimiento de obligaciones conllevan para la
instrumentación o mejora de los sistemas de gestión documental.
Como complemento a lo dicho en un principio, la obra enseña a
comprender los sistemas de gestión documental, no propone que los
archivistas o gestores documentales pretendamos convertirnos en sus
desarrolladores. Si bien la obra pudiera parecer “vieja” en términos de la
obsolescencia tecnológica, no lo es y sigue vigente en parte importante de su
contenido. Tal vez se requiere actualizarla en temas relacionados con la web
2.0 o las redes sociales. No obstante, es útil en el entorno de nuestro país,
donde recién se intenta establecer lineamientos o disposiciones relacionadas
con la gestión documental y los documentos de archivo digitales.
Philip C. Bantin, es director de la Oficina de Archivos de la Universidad
de Indiana y profesor asociado adjunto en la Escuela de Biblioteconomía y
Ciencias de la Información de la misma Universidad donde es director de la
especialización en Archivos y Gestión Documental.
Alicia Barnard Amozorrutia,
Archivista, consultora independiente.
154
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
COMENTARIOS EN TORNO DE LA COLECCIÓN
GESTIÓN DE DOCUMENTOS Y ADMINISTRACIÓN DE ARCHIVOS:
CUADERNOS METODOLÓGICOS
José Antonio Ramírez Deleón, Cuadernos de la serie Gestión de documentos y administración de
archivos: Cuadernos Metodológicos, México, IFAI/AGN, 2011, ISBN de la Col.: 978-607-716-003-8.
Entre las tendencias actuales de la administración pública y la ciencia
política se ha ido reconociendo la importancia de los archivos como
fuentes de información y herramientas para la toma de decisiones. El
énfasis puesto en impulsar gobiernos eficaces y eficientes, que respondan
por su desempeño ante el ciudadano y que ejerzan sus funciones de manera
transparente, ha transformado la actividad gubernamental, al tiempo que
ha provocado que los estudios sobre estos temas amplíen sus perspectivas.
Por la dinámica actual de la archivística, en la que se entrecruzan
tradiciones, rupturas e innovaciones tecnológicas, hoy es impensable
abordarla sin una mirada multidisciplinaria y debe construirse bajo la
premisa de que se podrá construir saliendo de sí misma, discutiendo sus
bases teóricas y metodológicas con áreas del conocimiento, como las que
enseguida mencionamos:
1) Con la ciencia política, para definir modelos teóricos y en tanto que
el Estado es un productor natural de información y administrador de
la que generan otras fuentes informativas; su función, desempeño y
relación con la sociedad pueden observarse mediante el contenido y la
gestión de la información y del conocimiento que genera y acopia.
Hoy, uno de los ejes en los que gira el debate en torno del Estado es
el papel de la información en los planos económico, político, social
y cultural.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
155
2) Con las ciencias de la información, imprescindibles para hacer
frente, en un mundo globalizado, a una constelación de tecnologías
que permean toda actividad humana como nuevo paradigma,
que han creado la llamada Sociedad de la Información donde
confluyen la electrónica, la informática, las telecomunicaciones y la
optoelectrónica, pero que no es aún la Sociedad del Conocimiento a
la que debemos aspirar: “una sociedad que sea propia de los saberes
para todos y por todos” (Armand Mattelart), o bien, “aquella cuyo
capital básico es la inteligencia colectiva y la información distribuida
por todos lados, continuamente valorizada y puesta en sinergia en
tiempo real” (Delia Crovi).
3) Con la administración pública, para la definición de políticas públicas
que favorezcan el desarrollo de las capacidades gubernamentales del
Estado, la interacción con la sociedad y la participación social, así
como para crear sistemas de información que abatan las desigualdades
políticas, económicas, culturales, entre y dentro de los países.
4) Finalmente, con otras disciplinas, como la historia, la sociología y la
informática, con la que la archivística debe caminar de la mano.
José María Jardim, historiador y archivólogo brasileño, sostiene en Políticas
y sistemas de archivos (Red de Archivos Diplomáticos Iberoamericanos,
México, 2010, pp. 28-29) que “la archivística no necesita fundarse de
nuevo. La archivística demanda cada vez más una postura crítica por parte
de los archivistas en sus diversas prácticas. Eso significa ir más allá de la
comodidad de los manuales cuyas preguntas y respuestas quizás hayan sido
suficientes durante tantos años. Repensar la archivística en sus diversas
dimensiones parece ser un ejercicio fundamental para reconocer nuevas
inquietudes y hallar nuevas respuestas”.
En el caso de México, repensar la archivística en su dimensión inter
y multidisciplinaria para producir nuevos conocimientos basados en la
literatura existente, en la experiencia acumulada y puestos al día a partir de
otros saberes es tarea urgente. Una rápida revisión de la bibliografía sobre
la materia producida en México nos permite concluir que, pese a esfuerzos
realizados por diversas instancias, estamos ante un campo descuidado,
que exige investigación científica y educación archivística de calidad, que
156
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
deben ser promovidas tanto por las instituciones educativas cuanto por
instituciones archivísticas, así como por los institutos federal y estatales
dedicados a aplicar las leyes que obligan a la transparencia, el acceso a la
información pública gubernamental y la rendición de cuentas.
Los Cuadernos de la serie Gestión de Documentos y Administración
de Archivos escritos por José Antonio Ramírez Deleón y publicados por
el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos y el
Archivo General de la Nación, además de impulsar esa tarea de repensar
nuestra archivística y aportar elementos para abordar los temas aquí señalados,
son “guías técnicas metodológicas que orientan el conocimiento básico de
los principales procesos documentales y auxilian a los sujetos obligados
en la construcción, mantenimiento y actualización de sus instrumentos de
control archivístico” en cinco áreas básicas: la organización de sistemas
institucionales de archivos, manejo de correspondencia y desempeño del
control de gestión, los sistemas de clasificación y ordenación archivística, la
descripción y sus instrumentos, y la valoración y disposición documental.
De indiscutible utilidad para realizar las tareas cotidianas de todo archivo
con base en una metodología científica en las cinco áreas mencionadas y con
una clara intención técnico-pedagógica que busca abatir el alto rezago en
la profesionalización de quienes laboran en los archivos, los Cuadernos
Metodológicos, particularmente el número 1, plantean también las bases de
una discusión futura acerca del qué y el para qué de los archivos, mediante
la definición de varios conceptos clave de la administración de documentos,
hacia la que ha evolucionado la archivística: archivo, ciclo vital de los
documentos y sistemas institucionales de archivo.
A partir de un recuento rápido del desarrollo archivístico contemporáneo
de México, cuyo estudio deberá seguir siendo promovido, Ramírez
Deleón expone los desafíos a los que se enfrentan los archivos mexicanos:
organizacionales, jurídicos, administrativos, pedagógicos, tecnológicos,
etc., y propone un esquema teórico-metodológico inspirado en la teoría
general de sistemas, en el que la entropía (desgaste o destrucción del
sistema) y la homeostasis (capacidad del sistema para guardar equilibrio
entre sus componentes) se conjugan para garantizar la permanencia del
sistema mediante la adaptación a un entorno siempre cambiante. Este
esquema lo extrapola al universo de los archivos para sostener el principio
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
157
del ciclo vital del documento como condición ineludible para crear sistemas
institucionales de archivo.
Ante la escasa literatura sobre archivística, la gran demanda de
capacitación y una oferta educativa insuficiente, los Cuadernos Metodológicos se convertirán en instrumentos indispensables para el trabajo
cotidiano de los archivistas, por su contenido, lenguaje claro y diseño ágil
que cubrirán necesidades de conocimiento, y porque serán una herramienta
para la capacitación de quienes desconocen los procesos y principios
fundamentales de la administración de documentos. Contribuirán también
a la discusión teórica de los temas más acuciantes de las nuevas tendencias
de la administración de documentos, dentro y fuera de México, tales como:
el Estado y su acción productora, receptora, ordenadora y difusora de la
información; la información archivística y su vínculo con los procesos
políticos de la organización que la produce; la revolución tecnológica de la
información que genera desequilibrios entre quienes poseen la tecnología
y quienes carecen de ella; la globalización, la sociedad de la información y
la sociedad del conocimiento como nueva utopía; el “nuevo orden”
internacional de la información, vale decir, núcleos que monopolizan la
información versus los excluidos de la información.
Ejercicios similares a los de Ramírez Deleón deberán ser promovidos
en el futuro para fomentar la producción de conocimientos archivísticos
con un enfoque interdisciplinario, basados en la rica experiencia mexicana
que debemos revitalizar, y en las aportaciones de los estudiosos de otras
latitudes.
Mercedes de Vega,
Directora General del Acervo Histórico Diplomático
de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
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DOCUMENTOS DEL
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN
Imagen de portada
Paris. Les Champs Elysées
María Inés Ortiz Caballero*
En esta edición se incluye la segunda de las postales elegidas como
portadas de nuestra publicación en 2013. Dichas imágenes forman parte
del fondo de tarjetas postales: Colección Luis y Leopoldo Zamora Plowes, que
resguarda el Archivo General de la Nación.
Una vista de los Campos Elíseos en París a finales del siglo XIX es la
imagen de portada del presente número de Legajos. Boletín del Archivo General
de la Nación, la cual pertenece a la colección de tarjetas postales del grupo
documental Luis y Leopoldo Zamora Plowes.1
La avenida de los Campos Elíseos es la más importante de la ciudad
parisina y tiene su origen en el siglo XVII cuando María de Médici decidió
construir un camino del Palacio de las Tullerías al antiguo Castillo de
* Jefa del Departamento del Centro de Información Gráfica, Archivo General de la Nación.
1 AGN, Colección Luis y Leopoldo Zamora Plowes, Tarjetas postales, 42/30.
Legajos , número 16, abril-junio, 2013
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Versalles, refugio de Luis XIII. Sin embargo, fue hasta 1667 cuando Luis XIV
ordenó extender los jardines palaciegos de las Tullerías y del Louvre con
un sendero lleno de árboles. El diseño estuvo a cargo de André Le Notrê,
quien concibió la idea de un ancho y prolongado camino con árboles en
su costado para comunicar los jardines de ambos palacios. El resultado del
proyecto fue una avenida muy amplia, alineada con olmos, donde cabían
al menos tres carruajes.2 En 1709 se denominó a este lugar como Campos
Elíseos.3
El camino debió ser tan bello y lleno de un verdor perpetuo –ocupado
por flores de todos colores, el canto de los pájaros y el Sol siempre
dispuesto– que mereció tal nombre. En la mitología griega, los Campos
Elíseos era el sitio destinado a las almas de las personas buenas cuando
llegaba su muerte. Era un lugar fecundo, donde no había lugar para el dolor
ni la enfermedad, nada podía abatir el alma, y las pasiones aviesas de los
mortales eran desconocidas.4
Desafortunadamente, tiempo después, durante la ocupación de los
ejércitos de la Primera Coalición contra Francia, esta área fue tan seriamente
afectada que quedó en ruinas. En los primeros años de la reconstrucción
francesa se proyectó la restauración de esta avenida, que se convirtió
paulatinamente en la vía más importante de Francia. En el siglo XIX se
establecieron residencias, comercios y oficinas, transformándose en un
barrio exclusivo que albergaría lujosas y glamurosas boutiques.
La escena de esta tarjeta postal es una ventana que nos permite
asomarnos a otro espacio y a otro tiempo, para recrear un instante que ya
no existe, donde los paseos en carruajes tirados por caballos y el traslado en
bicicleta era parte de la vida cotidiana de finales del siglo XIX, recorriendo
la gran avenida de los Campos Elíseos para encontrarse o dejar atrás al
famoso Arco del Triunfo.
2 James H. S. Mc Gregor, Paris from the ground up, Harvard University Press, Cambridge, 2009,
pp. 251-253.
3 Champs-Élysées, en http://en.wikipedia.org/wiki/Champs
4 Según la mitología griega, cuando alguien moría su alma iba al inframundo, reino de Plutón
o Hades, para ser juzgada. Mercurio conducía las almas ante un tribunal de jueces integrado
por Minos, Eaco y Radamanto, quienes en representación de Plutón emitían una sentencia
y los buenos eran conducidos a los Campos Elíseos. J. Humbert, Mitología griega y romana,
Madrid, Editorial Gustavo Gili, 1978, pp. 32-34.
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Esta tarjeta postal impresa en color, de manufactura francesa, tiene
el número 353, indicando con ello que pertenecía a alguna colección. Se
imprimió mediante un proceso fotomecánico conocido como colotipo,5
el cual permitía la reproducción de cientos de éstas, promoviendo la
elaboración masiva en los talleres de impresión.
La industria de este tipo de tarjetas también impactó positivamente
el desarrollo del correo, ya que las mismas oficinas postales las ofrecían;
igualmente estimuló la afición y el gusto por coleccionarlas, también motivó
a los propios fotógrafos y editores quienes, en su propósito de producirlas,
buscaban escenas originales y atractivas para cautivar a los coleccionistas.
Actualmente podemos concebir esta pieza como un documento
histórico y estético que ha llegado a nuestros días en calidad de testimonio
de la cultura y del arte, y que nos deja ver un instante del pasado sin obligar a
nuestra imaginación a recrear una tarde en los Campos Elíseos del siglo XIX.
5 Un colotipo es una reproducción sobre papel, obtenida de una matriz de origen fotográfico,
sin que el producto final sea una fotografía propiamente dicha. Esta técnica –patentada en
1868 por Josef Albert– ofrecía imágenes de gran calidad y permitía la impresión de varios
centenares de ejemplares. Bertrand Lavédrine, (re) Conocer y conservar las fotografías antiguas,
París, Éditions du Comité des travaux historiques el scientifiques, 2010, pp. 192-193.
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M ARTE R. GÓMEZ Y LA HISTORIA AGRARIA DE
TAMAULIPAS EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
Diana L. Méndez Medina*
En el Fondo Presidentes del Archivo General de la Nación (
AGN) se
encuentra un extenso memorándum escrito por el ingeniero Marte R.
Gómez y dirigido al presidente Lázaro Cárdenas en torno de “la situación
agraria y agrícola de El Mante”.1 El propósito de este documento, fechado el
18 de noviembre de 1939, es explicar al mandatario el proceso de dotación
de ejidos ejecutado en el municipio de El Mante, localizado en la parte
central del sur de Tamaulipas, entre 1937 y 1939.
El relato de Marte R. Gómez, ingeniero agrónomo, nacido en
Reynosa, Tamaulipas, y que había sido secretario de Estado antes de llegar
a la gubernatura de su entidad natal en 1937, se encamina a defender la
instrumentación de la política agraria durante su gobierno en una localidad
que había cobrado importancia para el gobierno federal y para el presidente
Cárdenas debido a la participación de Plutarco Elías Calles en la Compañía
Azucarera establecida en El Mante.2
Esta empresa había sido fundada en marzo de 1930 con la intención de
construir y operar un ingenio para fabricar azúcar, producir alcohol y otros
subproductos. El 20 de febrero de 1939 el presidente Cárdenas decretó su
expropiación. El argumento central de esta decisión fue el proceder de los
accionistas para conseguir el financiamiento. En el decreto se señalaba que la
inversión de capitales obtenidos por “influencias de carácter político” y con
* Profesora-investigadora, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Autónoma
de Baja California.
1 AGN, Fondo Presidentes, Lázaro Cárdenas, vol. 991, exp. 562.11/222, 88 fs. “Memorándum al
señor presidente de la república sobre la situación agrícola y agraria de El Mante”, Ciudad
Victoria, Tamaulipas, 18 de noviembre de 1939 (en adelante, al citar el memorándum sólo se
darán las fojas como referencia).
2 Se desempeñó como secretario de Agricultura y Fomento de 1928 a 1930 y secretario de
Hacienda y Crédito Público entre 1933 y 1934.
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la única finalidad de “llenar propósitos predominantes de interés particular”
se apartaba del objetivo de las instituciones nacionales de crédito. Por lo
tanto, “es preciso, para que esa desviación no prevalezca, tomar medidas
que corrijan los efectos inconvenientes de tales operaciones y procuren que
la inversión no continúe destinada a explotarse para beneficio individual,
sino que se convierta en una fuente económica de provecho social”.3
La expropiación del ingenio provocó que se demandara extender el
decreto a todas las propiedades de la Compañía Azucarera, es decir, las
tierras, los animales y la maquinaria agrícola. Marte R. Gómez refiere que
tal reclamo se sostenía en acusar errores en la dotación ejidal realizada hasta
ese momento. Señala que esa aseveración es falsa y ofrece información para
rebatirla a lo largo del memorándum. Al respecto, el ingeniero sintetiza sus
argumentos de la siguiente manera:
QUINTA.- Personas que ocupan puestos de significación en Instituciones de
Crédito Nacionales, han sido los principales sostenedores de la expropiación
total. Desde este punto de vista los campesinos se sienten estimulados para
creer que tienen razón al pedirla y hasta muestran el mayor desagrado en contra
de las autoridades que no la sostienen. Ellos creen que se trata inclusive de actos
interesados y tendientes a contrariar la política del mismo señor presidente de
la República.
SEXTA.- La agitación de que se trata, no obedece a una real y urgente
necesidad de tierras. Un cotejo de los censos ejidales con las listas de raya de la
Administración del Ingenio, permite comprobar que de los 1.638 campesinos
dotados sólo 1.333 están a la fecha en los ejidos. Lejos de haber déficit de
parcelas, hay sobrantes por llenar. Las circunstancias de que haya aparentes
grupos de peticionarios, precisamente a inmediaciones de ejidos donde hay
parcelas vacantes, es argumento en contra de la existencia real del problema.
No menos fuerte es el argumento de que, hecho el cotejo de los nombres de los
peticionarios con los de los censos en los ejidos ya dotados, aparecen múltiples
repeticiones. En numerosos casos aparecen como peticionarios ejidatarios ya
dotados. En otros no se han encontrado nombres nuevos ni siquiera para la
integración de los Comités Particulares Ejecutivos Agrarios (ff. 78-79).
3 “Acuerdo que declara de utilidad pública la expropiación de los bienes de la Compañía
Azucarera del Mante, S. A.”, Diario Oficial (20 feb. 1939).
166
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En medio de la defensa de la dotación ejidal en El Mante, Gómez elabora
un diagnóstico certero sobre las condiciones de este municipio y los
obstáculos que impedían el desarrollo agrícola. A lo largo de las ochenta y
ocho fojas que integran el memorándum, el ingeniero aporta un cúmulo de
datos y opiniones calificadas que convierten su informe en un documento
valioso para reconstruir la historia agraria y agrícola del municipio de El
Mante en el tránsito de los años treinta y cuarenta. Cabe anotar que su valor
se acrecienta ante la escasez de fuentes primarias para la historia de esta
localidad.4
Marte R. Gómez advierte las condiciones que determinaron la dotación
de ejidos en El Mante. Refiere que la elección de los campesinos fijó la
asignación de parcelas: “En términos generales ellos escogieron tierras cuya
bondad conocían, pero la asignación de un lugar expreso dependió a veces
hasta de simples movimientos románticos. Más de un grupo insistió en
que se le dieran determinadas tierras porque ahí tenían X años de trabajo,
o porque podían construir un poblado en un sitio cuya belleza natural los
seducía” (f. 4).
Subraya que la negociación con los campesinos para acordar la dotación
fue crucial: “No se tiene en cuenta que en la cuestión del Mante no se
versaba un simple problema de teodolitos, cintas y estadales. Había que
celebrar pláticas con los campesinos, interesarse en su sentir, desentrañar
porque insistían en pedir determinados terrenos y hacer labor de persuasión
para que los peones acasillados se incorporaran en los censos” (f. 43).
Desde su perspectiva, la postura de los campesinos que se empleaban
en las haciendas, a quienes denominaba peones acasillados, dificultó la
conformación de ejidos, ya que ellos consideraban “en general que sus
derechos quedaban más asegurados como peones acasillados que como
ejidatarios libres” (f. 3). Advierte que la influencia de este grupo había
retrasado el arraigo de los ejidatarios y con ello la productividad agrícola.
Por otra parte, señala que la falta de población establecida en la zona,
ante la carencia de trabajo durante los meses muertos después de la zafra,
4 El 25 de abril de 2012 se decretó la creación del archivo municipal de El Mante. Detalles
en: http://www.cuartopoderdetamaulipas.com.mx/index.php?option=com_content&vi
ew=article&id=6501%3Aun-exito-la-presentacion-de-la-conferencia-de-canoas-a-ciudadmante&catid=86%3Anoticias-principales, consultado el 3 de febrero de 2013.
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dificultaba el arraigo de los campesinos y el incremento de la producción en
los ejidos (ff. 4, 26, 27, 40 y 41). De igual manera, la deficiente administración
del sistema de riego por parte del Banco Nacional de Crédito Agrícola
repercutía en los bajos rendimientos de las superficies sembradas con caña
e imposibilitaba la extensión de tierras cultivables para experimentar con
otros productos (ff. 17-26).
Hay aquí todo un programa a desarrollar: para diversificar la producción, para
aclimatar productos complementarios que coadyuven inclusive a mejorar la
dieta alimenticia de los habitantes de la zona y sobre todo para buscar empleo a
la mano de obra durante el tiempo muerto, pues este último es, por excelencia,
el problema del Mante: abundancia de trabajo durante una época limitada del
año y ausencia de actividad durante otra época, que los trabajadores se ven
obligados a llenar empleándose como asalariados, emigrando a las pizcas de la
región de Matamoros y en general con procedimientos que los hacen perder
su condición de vecinos del Mante y hasta su mentalidad de campesinos (ff.
26-27).
Frente a los problemas que aquejaban la producción agrícola en El Mante
e impedían la consolidación de los ejidos, Gómez planteaba estrategias
para brindar trabajo a los campesinos y ejidatarios durante los meses de
inactividad.
Si se recuerda que precisamente durante esta parte del año hay excedentes
inaprovechados en el río y si se coteja esta pérdida con la de la mano de obra,
salta a la vista con claridad meridiana la urgencia de organizar trabajos agrícolas
que coincidan con las que en Tamaulipas se llaman siembras de tardío. Hacer
labores de tardío será inclusive el único medio capaz de permitir que la población
del Mante arraigue en la localidad (f. 41).
También indicaba la pertinencia de que los campesinos conocieran y
entendieran la labor de los obreros del ingenio: “que se vigilen mutuamente
y que se ayuden a vencer escollos que se presenten en cada faena, tiene
que aumentar los lazos de solidaridad, mejorar el conocimiento mutuo y
fomentar la unidad de los trabajadores” (f. 84).
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De igual manera, Marte proponía la formación de una segunda unidad
de riego para aprovechar las aguas de retorno de la primera unidad en
labores agrícolas y lograr ampliar el área cultivable. En el tema del agua,
sugería que el Banco Nacional de Crédito Agrícola realizara las labores de
limpieza y mantenimiento de los canales de riego, además de revisar las
cuotas cobradas por el agua recibida (f. 86).
Los detalles que Marte R. Gómez proporciona sobre el proceso de
dotación ejidal en El Mante, es decir, los criterios para asignar la tierra,
las condiciones de los ejidatarios, las divisiones entre los campesinos y las
dificultades que enfrentaban los agricultores alumbra el panorama de la
historia agraria de Tamaulipas.
Algunos estudiosos han descrito el desarrollo del agrarismo en el estado
de manera general.5 Sin embargo, existen grandes lagunas respecto al
conocimiento de este proceso y sus avatares en las distintas regiones de
la entidad.6 Si bien el ingeniero brinda los detalles de una zona específica,
este caso puede ser utilizado como punto de contraste con otras regiones
de Tamaulipas e incluso del norte del país. En el memorándum se deja de
manifiesto cómo influyó la baja densidad de población y el gran porcentaje
de población rural, que se movían dentro del estado según los ciclos de
cosecha en la solicitud de dotación de ejidos. Ambos elementos, presentes
en Tamaulipas todavía a mediados de los años cuarenta,7 permiten atisbar
que la dotación de ejidos tuvo un cariz particular y que aún desconocemos.
Por otra parte, se debe resaltar el atinado señalamiento de los problemas
latentes en El Mante: la baja productividad agrícola, debido a fallas
técnicas que limitaban la explotación de la tierra y el aprovechamiento del
agua, la carencia de empleo en épocas muertas, el constante movimiento
de población, así como las diferencias entre obreros y campesinos que
convergían en la producción de azúcar.
En este sentido, el memorándum que hemos analizado es un excelente
diagnóstico de los problemas en este naciente polo agroindustrial hacia
5 Heather Fowler, “Tamaulipas, la reforma agraria”; Ramos, Marchemos, agraristas; García
Cabriales, El agrarismo.
6 Al respecto, existen muy pocos estudios. Por ejemplo, Alanís, El valle bajo.
7 “Gira presidencial de inauguración de las obras de irrigación terminadas durante el sexenio
1940-1946”, en Irrigación en México, 27: 4 (oct.- dic. 1946), pp. 47-63.
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el primer tercio del siglo XX, el cual demuestra el conocimiento técnico
de Marte R. Gómez en materia agrícola. Asimismo revela la agudeza y
sensatez con la que el ingeniero observaba al ejido, calificado como uno
de los máximos logros de la Revolución. Desde su óptica, el ejido era la
organización agraria idónea para el desarrollo de agricultura en el país, sin
embargo, era un sistema perfectible.
Fuentes citadas
AGN:
Archivo General de la Nación
Diario Oficial de la Federación
Alanís Enciso, Fernando S., El valle bajo del río Bravo, Tamaulipas, en la década de
1930, México, El Colegio de San Luis, El Colegio de Tamaulipas, 2003.
Fowler Salamini, Heather, “Tamaulipas, la reforma agraria y el Estado”,
en Benjamin Thomas y Mark Wasserman (coords.), Historia regional
de la revolución mexicana. La provincia entre 1910-1929, México, Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, 1996, pp. 255-299.
García Cabriales, Libertad, El agrarismo de Marte R. Gómez: pensamiento y
acción, 1909-1940, Ciudad Victoria, Comisión Organizadora para la
conmemoración en Tamaulipas del Bicentenario de la Independencia y
Centenario de la Revolución, 2010.
Ramos, Francisco, Marchemos, agraristas. La Liga de Comunidades Agrarias y
Sindicatos Campesinos del Estado de Tamaulipas (1926-1940), Ciudad Victoria,
Comisión Organizadora para la conmemoración en Tamaulipas del
Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, 2009.
“Gira presidencial de inauguración de las obras de irrigación terminadas
durante el sexenio 1940-1946”, en Irrigación en México, 27: 4 (oct.- dic.
1946), pp. 47-63.
A continuación se reproduce un extracto (fojas 77-88) del “Memorándum
al señor presidente de la república sobre la situación agrícola y agraria de El
Mante”, Ciudad Victoria, Tamaulipas, 18 de noviembre de 1939.
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1. Sólo se recibirán materiales inéditos.
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por una coma, p. o pp. seguido por el número(s) de página(s).
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c. Para artículos o capítulos de libros deberá seguirse el siguiente
modelo:
Apellidos seguidos por una coma, título resumido entre comillas
seguido por una coma, p. o pp. seguido por el número(s) de
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Ejemplo: John Tutino, “Soberanía quebrada”, p. 34.
d. Las referencias de diferentes autores se separarán con un punto y
coma.
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apellido, título resumido en itálica, páginas del capítulo.
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vol., número, año, páginas.
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Legajos. Boletín del Archivo General de la Nación, 7a época, núm. 16,
se terminó de imprimir en julio de 2013
en Tipográfica, S. A. de C. V.
Se tiraron 500 ejemplares.
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