La lírica del siglo XX hasta 1939

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La lírica del siglo XX hasta 1939
1. El modernismo
Supuso una profunda renovación en la poesía de la época. Su introductor es el poeta nicaragüense
Rubén Darío, y destacan: Juan Ramón Jiménez (en sus primeros libros) y Antonio Machado. También
hay que señalar a Manuel Machado, Francisco Villaespesa, Salvador Rueda y Valle Inclán. Entre las
características de la corriente modernista podemos destacar las siguientes:
a) La actitud evasiva frente a la sociedad en la que les tocó vivir: ello les lleva a situar sus
composiciones en lugares exóticos y lejanos (como China) o en otras épocas (la Edad Media, el
siglo XVIII, etc.).
b) La búsqueda de la musicalidad: de ahí que deseen innovar, tanto en el léxico (con preferencia
por términos sonoros) como en las estrofas y en la métrica (muestran un gusto bastante marcado
por el alejandrino).
c) La expresión de conflictos existenciales, que se manifiestan como hastío, aburrimiento,
melancolía, etc.
d) La poesía no debe decir, sino sugerir: por ello, usan símbolos, como forma de mostrar el lado
irracional y misterioso de la vida.
e) Gusto por los ambientes melancólicos e igualmente por lo decadente y por lo lujoso.
Antonio Machado, nacido en Sevilla (1875), de familia culta y liberal, fue profesor de francés en
varios institutos. Su primer destino fue en Soria, donde se enamoró y se casó con Leonor Izquierdo. Tomó
partido por la República, por lo que, en 1939, tuvo que marchar a Francia al exilio; murió pocos días
después de cruzar la frontera con Francia. En su obra se diferencian tres etapas:
1.- La etapa modernista: Escribe Soledades (1903), que amplía en 1907 con el nombre de
Soledades, Galerías y Otros Poemas. Su libro pertenece al modernismo simbolista (emplea
símbolos como la fuente: el transcurrir de la vida; el agua quieta: la muerte; el camino: la vida). Es
poesía intimista, de tono melancólico. Expresa sus sentimientos a través de la identificación con
escenas naturales como viejos parques, atardeceres de otoño, etc. El tema recurrente es el tiempo,
en su transcurrir implacable, la nostalgia del pasado y su recuperación a través del recuerdo.
2.- La segunda etapa se inicia con Campos de Castilla (1912). La principal novedad es una serie
de poemas, más descriptivos, que dedica al paisaje real de Castilla, a la que identifica -como los
del 98- con España. También aparecen reflexiones sobre la decadencia española y el que Machado
considera el mayor defecto de los españoles, la envidia. Todo lo anterior ha llevado a algunos
críticos a pensar que Machado se aproxima en este libro a las posiciones de los escritores de la
generación del 98. En 1917, añade a este libro una serie de poemas sobre Leonor, en los que
recuerda a la esposa muerta, así como poesías de tema andaluz, en las que desarrolla una crítica
social de tono irónico.
3.- La última etapa está representada por Nuevas canciones (1924). Se observa un declive de la
inspiración poética en Machado: reduce su actividad poética que sigue una línea continuista con su
poesía anterior. Quizás este declive también se relacione con el hecho de que Machado no se
sentía a gusto con la evolución que se produce en la poesía española en los años 20; eran los años
de la poesía pura. Lo más interesante en este período son los proverbios y cantares,
composiciones breves de métrica popular, a modo de sentencias en las que expresa sus
preocupaciones constantes: Dios, el tiempo, la vida... De este período son también las Canciones a
Guiomar, poemas amorosos y sus últimos poemas, que escribió durante la guerra.
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2. El novecentismo
El novecentismo es una corriente literaria que se inicia en la segunda década del siglo XX. Los
autores de este período reaccionan contra los excesos del modernismo, en lo referente al sentimentalismo
y al recargamiento de estilo. Estos autores están influidos por el filósofo Ortega y Gasset que afirmaba
que el arte debía presentar las siguientes características: debía ser intelectual, de estilo cuidado,
aristocrático, ético y europeísta.
Juan Ramón Jiménez es el poeta novecentista más representativo; empieza a publicar libros
modernistas en torno a 1900, pero en el novecentismo su poesía alcanza la madurez y su forma más
original.
Nació en Moguer (Huelva) en 1881. Fue a Madrid en 1900, llamado por R. Darío y F. Villaespesa,
como poeta modernista. Se casó en 1916 con Zenobia Camprubí, que lo ayudó en su labor poética. En los
años 20, los poetas del 27 lo consideraban como un maestro, aunque posteriormente se distanciaron de él.
Se exilió al comenzar la guerra, y fue profesor de literatura en Estados Unidos y en Puerto Rico. En 1956,
recibió el Premio Nobel. Murió dos años después.
JRJ consagró su vida entera a la poesía: de ahí, una muy extensa producción poética. No sólo
escribía nuevos libros, sino que rehacía los antiguos: su obra es, durante toda su vida, una obra en
marcha. En su poesía pueden diferenciarse tres etapas (entre paréntesis, el nombre que les dio JRJ):
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la etapa modernista (sensitiva): hasta 1915. Escribe poesía modernista en la que predomina
la sencillez del estilo, el tono melancólico y el gusto por lo sensorial. Pueden citarse Rimas,
Arias tristes y Jardines lejanos.
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la etapa novecentista (intelectual): (de 1916-1936). Abandona el sentimentalismo y emplea
un lenguaje moderno e intelectual. Es una poesía difícil y abstracta, concebida como una
forma de conocimiento: con ella intenta captar la esencia de las cosas. Destaca Diario de un
poeta recién casado, escrito durante su viaje de bodas a Nueva York (1916). Es un libro muy
innovador, en el que se mezcla prosa y verso, lo lírico y lo prosaico, concebido como un diario
de ese viaje, y en donde el mar se convierte en objeto poético fundamental -el mar se
convertirá en un elemento poético importante de su obra posterior.
–
La etapa del exilio (suficiente o verdadera), a partir de 1936. Sigue en la línea de la poesía
inmediatamente anterior: poesía intelectual, que se expresa a través de símbolos. Lo más
novedoso es la aparición de un misticismo no religioso: el poeta siente que ha alcanzado una
plenitud que lo acerca a Dios gracias a la conciencia de la belleza adquirida por medio de la
poesía. Entre los libros podemos destacar Espacio (poema extenso en prosa), Animal de fondo
y Dios deseado y deseante.
3. El vanguardismo.
Son una serie de movimientos artísticos y literarios, que se desarrollaron fundamentalmente en la
segunda década del siglo XX, aunque algunos de ellos surgieron en los años veinte. Todos estos
movimientos tienen en común los siguientes rasgos:
1. Elaboración de manifiestos, documentos en donde expresan sus principios artísticos.
2. Oposición a la tradición artística y cultural anterior y afán de realizar un cambio total.
3. Rechazo de la imitación de la realidad y de la verosimilitud. La obra de arte debe crear una
nueva realidad, que tenga valor por sí misma y no por ser reflejo de nada.
4. Rechazo del sentimentalismo.
5. Rechazo de la razón, como factor dominante de la creación poética, lo que se traduce en la
ruptura de la expresión lógica y el uso de frases con asociaciones arbitrarias e irracionales; interés
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por el mundo de los sueños.
6. Voluntad de renovación y experimentación poética, que se expresa en los rasgos siguientes:
imágenes irracionales; uso del verso libre, disposición tipográfica especial del poema en la
página, caligramas, escritura automática, creación de neologismos...
7. Interés por realizar un arte nuevo, adaptado a la sociedad moderna: de ahí la aparición en los
poemas de objetos como el automóvil, los aviones o el teléfono.
Entre los movimientos vanguardistas destacan: el futurismo, el cubismo, el dadaísmo, el
expresionismo y el surrealismo. Este último es el movimiento más importante por la influencia que ha
tenido en el arte y la literatura; en concreto, es destacable la influencia que el surrealismo tuvo en los
poetas de la Generación del 27. Su creador fue el francés André Breton, que pretendía incorporar en la
obra de arte la expresión del subconsciente, mediante la escritura automática. En España, el principal
promotor de los movimientos vanguardistas fue Ramón Gómez de la Serna, que contribuyó en su difusión
por medio de su revista Prometeo. En el ámbito hispánico, se crearon dos movimientos vanguardistas: el
creacionismo (del chileno Vicente Huidobro) y el ultraísmo (liderado por Guillermo de Torre).
4. Los poetas del 27
Es una generación de escritores, fundamentalmente poetas, que empiezan a escribir en torno a los
años 20. Las razones por las que se considera que estos escritores forman un grupo son las siguientes:
1. No había una gran diferencia de edad entre ellos.
2. Mantenían lazos de amistad entre ellos.
3. Todos ellos poseían una buena formación cultural (algunos de ellos, fueron profesores).
4. Participaban en las mismas tertulias y reuniones y celebraron juntos diversos actos literarios; el
más importante de dichos actos fue el homenaje a Luis de Góngora en el tercer aniversario de su
muerte, celebrado en 1927, que es el que da nombre a la Generación.
5. Experimentaron en líneas generales una evolución parecida de su poesía: a comienzos de los
años veinte, estaban especialmente preocupados por la perfección formal del poema: pretendían
lograr una “poesía pura” (la poesía no debe ser un medio para expresar cualquier clase de
sentimientos, sino un fin en sí misma); pero, a finales de los años veinte, su poesía sufre una
“rehumanización” (se vuelve a concebir la poesía como expresión de los sentimientos humanos).
6. Eclecticismo: Se inspiraron por la poesía tradicional y popular, pero al mismo tiempo todos
ellos estuvieron influidos por los movimientos vanguardistas y experimentaron con las imágenes:
con las metáforas irracionales y los símbolos.
7. Compartían el magisterio, al menos en los primeros años, de Juan Ramón Jiménez, y, desde un
punto de vista teórico, Ortega y Gasset expresa los principios que ellos intentaban lograr con su
poesía.
El grupo de poetas perduró hasta la guerra civil, acontecimiento que supuso la separación física de
la mayoría de ellos y la muerte de García Lorca. A continuación vamos a hablar brevemente de cada uno
de ellos.
Pedro Salinas, madrileño, profesor de Literatura en la Universidad de Sevilla, y luego, tras
exiliarse por la guerra, en Estados Unidos, escribe una poesía intelectual, entendida como un diálogo que
el poeta entabla con el mundo o con la amada. El estilo es antirretórico: emplea un lenguaje familiar y
imágenes sencillas y versos cortos. Destaca como poeta amoroso, en sus libros La voz a ti debida y Razón
de amor. El amor aparece como una fuerza prodigiosa que da sentido al mundo.
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Jorge Guillén, vallisoletano, profesor universitario como el anterior, también tuvo que exiliarse a
causa de la guerra. Es el máximo representante de la poesía pura, libre de emociones que no sean las
estrictamente estéticas. En su obra lo emocional se supedita siempre a lo artístico. Su libro principal es
Cántico, al que se dedicó desde 1928 hasta 1950, aumentándolo en cada nueva edición. Lo más
característico del libro y de la poesía de Jorge Guillén es su actitud optimista hacia la naturaleza y la vida:
el gozo de observar el mundo y de sentirse vivo (“El mundo está bien hecho”). El estilo es muy elaborado
y difícil por su densidad. Es un estilo de tonalidad admirativa, por lo que abundan las exclamaciones.
Gerardo Diego, santanderino, catedrático de Lengua y Literatura de Instituto, permaneció en
España tras la guerra. Jugó un papel importante en la Generación del 27, como director de la revista de
poesía Carmen (1927) y como compilador de una Antología de los jóvenes poetas (1932), en la que los
poetas del 27 presentaban una selección de sus poemas, precedidos de una introducción en la que
expresaban su concepción de la poesía. Destaca su maestría para combinar estilos muy variados. Así,
tiene libros escritos en una línea de poesía tradicional, por ejemplo, Alondra de verdad; y otros, de tipo
vanguardista (creacionistas), por ejemplo, Manual de espumas.
Federico García Lorca, granadino (Fuente Vaqueros, 1898), estudió Filosofía y Letras pero no
acabó sus estudios. Marchó a Madrid, en donde se instaló en la Residencia de Estudiantes (una institución
progresista de enseñanza) y allí conoció a otros artistas de la generación como Rafael Alberti, Luis
Buñuel o Salvador Dalí.
En 1929, coincidiendo con una crisis personal, hizo un viaje a Nueva York, que le produjo una
impresión muy negativa, como modelo de mundo deshumanizado. Durante la República, dirigió la
compañía de teatro La Barraca, con la que recorrió los pueblos con el objetivo de difundir el teatro
clásico español. Fue ejecutado en Granada al comienzo de la guerra.
Los temas principales de su obra son el destino trágico, la frustración o el deseo imposible.
Generalizando, podemos distinguir dos etapas:
1. Hasta 1928, poesía neopopular. Funde lo popular y lo culto, tradición y modernidad. Una obra
muy representativa de este período es Romancero gitano: donde ofrece la visión de una Andalucía
trágica, con un estilo que combina lo tradicional (la métrica, el argumento) y lo vanguardista
(metáforas, símbolos)
2. Desde 1929, predominio de la influencia surrealista, que se manifiesta en audaces imágenes
irracionales, en la actitud de rebeldía, y en el predominio del verso libre. Destaca Poeta en Nueva
York, escrito durante su viaje a esta ciudad, y que es un reflejo de la crisis vital del poeta durante
1929-1930. En esta época escribe también su famosa elegía Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.
Rafael Alberti, gaditano, pensó primero en dedicarse a la pintura, afición que nunca abandonaría,
pero pronto se dedicó a la poesía y fue reconocida la calidad de su primera obra con el Premio Nacional
en 1925. En 1931, se afilió al Partido Comunista y puso su poesía al servicio de la política. Durante la
guerra, fue secretario de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Se exilió en Buenos Aires y, luego, se
instaló en Roma; volvió a España en 1977. Se caracteriza por su dominio técnico y por su fecundidad.
Como Lorca, une lo tradicional y lo vanguardista. Se distinguen cuatro etapas:
1. Poesía neopopular: Sus primeros libros, en los que recrea las formas de la lírica popular.
Destacamos Marinero en tierra.
2. Vanguardismo: (de 1927 a 1930). Destaca Sobre los ángeles, en donde se percibe la influencia
del surrealismo.
3. Poesía comprometida: (desde 1930 hasta el final de la Guerra Civil). Poesía revolucionaria,
combativa. Con los zapatos puestos tengo que morir.
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4. Poesía del exilio: Continúa la poesía política, pero vuelve la actitud lírica en poemas en los que
trata el tema del exilio: Canciones y baladas del Paraná, y otros temas como el de la pintura o
Roma en Roma, peligro para caminantes.
Luis Cernuda, sevillano, fue profesor en Inglaterra y Estados Unidos, tras exiliarse. Pasó los
últimos años de su vida en México. Escribe una obra intimista y de tono romántico. Reunió su poesía
bajo el título La realidad y el deseo, título que nos da una pista sobre el conflicto que enmarca su vida y
su propia poesía. Expresa el sentimiento de soledad, la nostalgia de un mundo diferente, el amor. Su estilo
es denso y emotivo, pero próximo al lenguaje hablado, a lo coloquial.
Vicente Aleixandre, nació en Sevilla, aunque pasó su infancia en Málaga. La mayor parte de su
vida la pasó en Madrid, donde permaneció tras la guerra. Dámaso Alonso y él fueron el nexo entre la
Generación del 27 y las nuevas generaciones de poetas de la posguerra. En 1977, recibió el premio Nobel.
En su obra podemos distinguir cuatro etapas:
1. Etapa inicial: En la línea de la poesía pura, con Ámbito.
2. Etapa surrealista: en la que expresa un pesimismo radical sobre el ser humano. El amor
aparece como una fuerza que permite romper la radical soledad del hombre y fundirle con la
naturaleza. Destaca La destrucción o el amor. Su estilo se caracteriza por la riqueza de imágenes
que aluden a la naturaleza y por el uso del verso libre.
3. Etapa humanista: Posterior a la guerra civil. Es una poesía en la que el estilo se simplifica, se
vuelve más coloquial y más fácilmente accesible. Pretende hacer una poesía que sea testimonio de
la vida de todos: Historia del corazón (1954).
4. Poemas de la vejez: Escribe Poemas de la consumación y Diálogos del conocimiento. El tema
es el sentimiento de la aproximación a la vejez y a la muerte. En cuanto al estilo, recoge las
imágenes irracionales de su juventud, pero con expresión más contenida.
Dámaso Alonso, madrileño, profesor universitario y crítico literario, permaneció en España tras la
guerra y fue director de la Real Academia Española entre 1968 y 1982. Su poesía inicial es de tono
neopopular: Poemillas de la ciudad. Pero tras la guerra, evoluciona a una poesía existencial: en la que
defiende una expresión antipoética, fuertemente emotiva, con la que comunicar su angustia ante la vida y
los hombres (Hijos de la ira). Este libro, publicado en 1944, inicia en la posguerra una corriente de poesía
a la que se denomina poesía desarraigada.
Miguel Hernández, por edad no pertenece a la Generación del 27, pero fue amigo de algunos de
sus miembros y empieza a escribir sus primeros poemas en torno a 1925. Como algunos poetas del 27,
combina lo popular y lo culto, y su poesía muestra la evolución desde la deshumanización de los
comienzos a la rehumanización y al compromiso.
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En su primera etapa expresa su admiración por Góngora con deslumbrantes metáforas en Perito
en lunas (1933).
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La etapa de madurez se inicia en 1936 con El rayo que no cesa, donde aparecen sus temas más
característicos: amor, vida y muerte. Predominan los sonetos, forma que obliga al poeta a
concentrar su desbordado apasionamiento. A este libro pertenece también la famosa Elegía a
Ramón Sijé.
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La poesía social: durante la Guerra Civil pretende ser la voz del pueblo y escribe poesía
comprometida: Viento del pueblo y El hombre acecha.
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La poesía última: escrita en la cárcel, donde muere en 1942. Está recogida en Cancionero y
romancero de ausencias. El poeta lamenta la ausencia de su mujer y de su hijo, así como la falta
de libertad. El estilo es sencillo y concentrado, con formas de la lírica tradicional. De esta época
son las Nanas de la cebolla, dedicadas a su hijo.
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