Idola fori - Actividad Cultural del Banco de la República

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CARLOS ARTURO TORRES
[DOLA
(Idolos
Bibliotera
Popular
FOR!
del Foro)
de Cultura
Colombiana
Este libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
Bibliotera
Popular
de Cultura
Colombiana
CARLOS ARTURO TORRES
ldola Fori
ENSAYOS
VQLUMEN
VII
Este libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
Editorial
Kelly
Publicaciones
del Ministerio
de Educación
de Colombia
- Bogotá
-
1944
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Carlos
Arturo
Torres
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DE CULTURA
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COLOMBIANA
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PROLOGO
Después de largos días de exaltación romántica ha llegado para nuestra América la hora de
escritores como Carlos Arturo TlOrres. Necesitamos
de enemigos audaces de los IDOLA FORr, del pensamientoy de la pOlitica continental. La ideollOgía
fmncesa, generadora del esfuerzo revolucionario
americano, ha traído el lirismo politico, el ¿acobinismo, abstracciones estériles. Hoy necesita de un
tenaz correctivo de "common sense". Torres tiene
el positivismlo, la inducción paciente de los sajones.
El brillante escritor colombiano viene a recoger la herencia intelectual de Bello y de Alberdi,
ahogada en orgías de romanticismlO político. La
influencia sajona ha templado en él esa actitud
para la oratoria y para la líric'1 que parece privilegio de la Patria colombiana, noble tierra solar.
TL(stimonío glorioso de la madurez de este
pensador, que ha ido de la poesía a la critica y a
la política,es este libro mOLA FORr, en cuyos umbrales qU'iere recibirme su generosa amistad.
Antes de esta obra vigorosa, había hecho ya
abra nacional de períadísmo, ignorada en Améri.
ea, como todos los esfuerzos intelectuales que se
concentran dentra de las límites de nuestras patrias chicas; después, 'O simultáneamente, labar c!e
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PRÓLOGO
polttica iclealista en la intención sagrada, realista
en el estudio de la situación colombiana. Había
condenado las luchas sangrientas, los ásperos y
contradictoriJos dogmatismos. Era poeta y hombre de ¡acción, periodista y ministro, escritor Y
Agente Consular. En suma, individualidad
compleja, rica, definida, en frente a esos improvisadores tum ultuoSlos que en todas partes florecen en
Amérioa.
Sus primeros libros, "Obra poética" y "Estudios ingleses", prepªran armoniosamente la obra
futura. En este pensador, estados de alma, impresiones de viaje, lecturas, reflexiones, todo se
organiza para el libro, todo vive poderosamente en
páginas donde el lirismo se une a la observación.
La idea abstracta, la generalización robusta derivan suavemente de las emocilones del poeta ante
la vida. El idealismo de las poesías de Carlos Ar.
turo Torres, el sentido grave y realista de sus estu
dios criticas explican juntos el libro de hoy, rnbLA
FORI es obra de sintesis. Tiene vida orgánica. Los
capítulos se agrupan, c'::edientes a un ritmo in.
terior. Una idea central los agita. En movimiento clásico, nos lleva a conclusiones de sereno optimismo. P,ara América, donde los librros son obra
de periodismo desordenado y brillante, !DOLA FORI
significa una reacción provechosa.
y, en un continente
donde la doctrina se
convierte en dogm.a y la libertad degenera en jacobinismo, este libro lírico YP1'ácttco promete
renovaciones inesperadas. Es una critica de nuestras supersticiones mentales, estrecheces de tradición, deformaciones hereditarias. Bacon anali.
zabalen otros ídolos, lOs IDOLA FORI. En las plazas
de nuestras ciudades colioniales también hay ídolos, viejos fetiches que engendran luchas irrepa.
rables. A veces, bajo la sugestión de retóricas bi·
zantinos, los ídolos se convierten en fantasmas
.sangrientos. Y la historia de América ha sido
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PROLOGO
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hasta hoy la danza macabra de multitudes ignorantes al rededor de ídolos verbales.
Explicqr a nuestra América que hay superstíciones poltticas, defender la relatividad
de las
ideas y de las instítuciones, en patr;as de dogmatismo, analizar la idea de democracia, privarla
de su sonoridad nefasta, mantener la seguridad
crítica ante las exageraciones declamatorias de
demócratas Y aristócratas, tal es la ardua tarea
que ha realizado en su libro el generoso pensador
colombiano. "Hay, dice admirablemente, el fanatismo de la religión y el fanatismo de la irreligión, la superstición de la fé y la superstición de
la razón; la icbolatría uz la tradición y la idolatría de la ciencia; la intransigencia de lo antiguo y
la intransigencia de lo nuevo; el despotismo teológico y el despotismo racionalista; la incomprensión conservadora y la incomprensión liberal". Es
necesario conservar ante tales corrientes excesivas
una actitud de critica serena, igualnz/3nte enemiga del escepticismo enervante y de la f8 absoluta.
Esa es, precisamente, la posición inexpugnable de carlos Artl1ro Torres. Defiende la necesidad de la evolución mental. La transformación,
que no es negación de La unidad sino sustitución
de una unidad compleja progresiva, sinuosa a la
unidad simple de las mentes dogmáticas. Hay una
rotación de las ideas que es la forma de esa evolución mental. Al imperio absolut'o de una dJctrina científica sucede pronto, merced a criticas
disolventes, la comección de esa doctrina, su
transformación,
su integración en doctrina más
vasta: es el mismo proceSlohegeliano de tesis, antítesis y síntes'is. Cuando el darwinismo y la teoría de la evolución parecieron adquisiciones definitivas, la doctrina de Quinton y la filos'ojía de
Bergson transforman simultáneamente anteriores
concepciones que emn ya dogmas exclusivos.
Quinton establece la ley de constancia, la conservación en el origen de la vida. La célula animal,
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PROLOGO
nacida en ~os mares primitivos, mantiene, contra
el enfriamiento de la vida exterior, su primitiva
temperatura, su fecundo calor vital. A la transformación darwiniana
hay que agregar la ley
de conservación de Quinton. Bergson consagra un
evolucionismo nuevo, creación libre del "élan vital", contra el evolucionismo mecánico éB~ Spencero La materia no produce la vida, por una integración y una deformación perpetuas, en un dinam'ismo regido por leyes inflexibles. La vida se
propaga ltbremente, en "élan lirYiclO", luchando
con esa misma materia que trata de imponerle
concreciones geométricas. A las formas fijas del
espacio oponen la ren'ovación creadora del tiempo. Así se realiza la rotación de las ideas en el
dominio científico.
y en el orden histórico, se observa. análogo
cambio incesante. Las épocas que pareCían muertas adquieren otra vez vida triunfal. Asistimos hoy,
después (Le siglOS de tristeza cristiana y orden católico al renacimlento del ideal griego. ,,1 los períodos d,e anarquía revolucionaria,
suceden mo¡nentos de despotismo férreo. La revolución francesa, qu.e fue ayer un dogma histórico, una etapa
humana indiscutible, pierde su prestigio en manos
dB Taine; es, para los socialistas, el triunfo del
egoísmo; vuelve a ser para Aulard, el gran verbo
democrático que conmovió a Edgar Quinet.
¿QUé hay de más instable que los partidos
p,oliticos? En la historia de sus ideales y de sus
transformaciones, observamos la misma rotación,
el "ricorse" fatal de Vico. El liberalismo inglés se
convierte en radicalismo violento próximo ya a las
aspiraciones del socialismo. Los monárquicos fran.
ceses de hoy son apenas herederos de quienes tra·
jeron la bancarrota moral del antiguo régimen. Al
socialismo clásico sucede el sindicalismo, El catolicismo del Syllabus engendra, por reacciones sucesivas, la democracia, cristiana de Rómulo Murrí,
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tlROLOGO
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el modernism'o violento de LOisy y del Padre Tyrrel.
Si todo es instable e11< la historia, en la política, ¡en la citmcia, en la religión, en la vida, qué
podremos creer de esos dogmas poltticos e intelectuales que han tenido diversa fortuna en el sigLo último, conservaremos la superstición democrática o la superstición aristocrática? Enérgicamente condena carlos Arturo Torres estas supersticiones. Atacar a la opinión pública, ser antidemocrático en nuestras repúblicas, es audacia
intelectual imperdonable. La 'opinión es "la pasión colectiva, el geneml extra vio", dice Torres.
Débemos temer más de "la sorda hostilidad de la
opinión dominante, la tácita reprobación de las
mayorw.s, la abrum,adora adversidad del medio"
que de un Gobierno, por despótico que sea. Es
una ilusión democrática el creer que "muchos
pueden interpretar una idea política, defender un
sentimiento y comprender los intereses públicos
mejor que unos pocos". El héroe popular es inconsciente, primitivo, brutal: es el exponente de
la barbarie.
"La intensidad de las revoluciones está en razón directa de la bondad del giob'rJrnante a quien
se le' hacen a inversa de losagmvios
que haya
recibido el pueblo que las hace. La demagogia
es la aparente amiga de la democracia y su evidente enemiga". Las guerras civiles de nuestra
América han sido fiormas de esa superstición dem'ocrática; fé en el "demos" instable, impulsivo,
y en su instinto divino, promesa de regeneraciones absolutas, gobierno de la lopinión egoísta, consagración de caudillos falaces.
La superstición anti-democrática
es tan exclusiva como la fé en la multitud: prejuicio aristocrático, exaltación de los héroes de Carlyle, de
los lvombres representativos de Emerson, de los
superhombres de Nietzsche. Atribuir a la influencia de un genio político o religioso en la historia
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PROLOGO
la obra definitiva
de un siglo, es tan pelig'J'lOsocomo soñar en la creación espontánea de los hechos sociales por virtud de multitudes impulsiva$.
Guyau explicaba admirablemente
la relación histórica entre el héroe y la multitud. El medio prepara la obra ge.nial y ésta reacciona y créa un
medio nuevo. No de otro modo en las crisis del
avance humano, las transformaciones
morales, invisibles en la 'Oscuridad de la turba, en la agitación creadora de la época, hallan siempre personajes representativos,
que las sienten poderosa.
mente, las concentran, las realizan. No existe fatalismo de individuos
dominadJores ni de razas
dueñas de entera supremacia. Demlocracia o sea libertad, igualdad inicial,
extensión de privilegios
y de castas, estímuLo para todas las capacidades
humanas en abiertas escuelas, fé en el esfuerzo
colectivo, en la organización de la multitud;
aristocracia nacida de esa democracia, en perpetuo
libre juego, consagración de superioridades naturales que la vida créa, con eterno poder glorioso,
"élites" perpetuamente
renovadas, jerarquía necesaria, obra de la democracia en marcha; tal es
la síntesis que la ciencia moderna y la historia
enseñan como ideal para los grupos humanos del
porvenir.
Definir ese ideal es explicar el libro de mi
amigo Carlos Arturo Torres. ¿Cuándo se oyó en
América esta crítica serena, optimismo consciente de las inquietudes contemporáneas, entusiasmo
lirico unido a la visión de los errores pasados?
José E. Rodó, Torres y otros escritores -pequeño
grupo proféticopreparan con la critica de nuestras supersticiones morales y políticas, nuevos destinos para la América. Es obra lenta y dolorosa.
Los cruzados avanzan y lr¡, tierra sagrada huye en
marcha fantástica.
Un fervor tropical engendra
revoluciones,
orgías políticas,
discursos sonoros,
Las nuevas generaciones reniegan de su herencia:
como en el drama de Renan, el iniciado mata al
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PROLOGO
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iniciador. No hay tierra libre para el templo de
la diosa Serenidad.
Por eso es melancólico el esfuer~o de Carlos
Arturo Tiorres. Saludamos a este luchador austero, templado en el norte .'1ombr~ocon el e1emf)lO
de una raza imperial. Su idealismo es de ShelZey
y de Rossett.: eanto selecto, lirismo slecreto, pudoroso. Su elocuencia '6S latina: entusiasmo apocaliptioo de Edgar Quinet y ae Michelet. Llega a
Colombia Heno de fervor puritano, peregrino de
una nt/¡evq "Mayflówer", a predicar su evangelio,
contra los géntiles, contra los bátbaros. Soñemos
para es.a democracia que este director laico de
conciencias libres, tenga discipulos, de generación
en g,eneTlación, PQrqwe él lleva dJon.esciJe amor,
optimismo y sabiduría, porque conserva,en e,elda
sec1'eta, los "pena-&es" de Colombia y de la América.
F. GARCIA CALDERON
París, 1910,
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IDOLA FORI
CAPITULO PRIMERO
LOS IDOLOS DEL FORO
Bien .sabido es que Bacón llama "Idol.los del
Foro" (IDOLA FORI) aquel1alSfórmulas o ideas-verdaderas supersticiones ipol1ticas- que continúan
imtperando 'en 'el espiriltu después d·e que una crItIca racional ha ,demostr:a,dosu falsedad. Un 'con.
cepto que pudo ser verdadero en su época y que
por eso se af'irmó vigorosamente en ,la Iconciencia
human:a, perdura, Icon letal fuerza cataUpttca.
con acción de presencia \Superior a las demolidones del ti,enl.poy a la impostc'ión rect1ficaidora de
nuevas ideas,cuando ya han Víariado por modo
definitivo las perspectivas ,que 10 hiicieron posible
y desaparecido .)as cir'cunstandas que lo impusieron 'como necesario y legítimo. La v,erdad de ayer
conviértese por modo ta:I ,en la !preconcepdón
,perturbadora de hoy; ,el princilpio vivincante y
fecundo degenera en una suerte de lÓ'brega y estrecha prisión de l,a mente, y 'el fantasma de una
v'evdad que se extinguió, convertido y,a en error
dafíOlSO'Por lo inoportuno o €~cesivo del 'culto que
se l'e ,consagra,entenebrec,e, en ,los nive'l,es ib.feriores, el horizonte de 3.a inteligencia y de la razóncomo las sombr:as de la noche cubren aún
los valles profundos cuando ya la Icresta de la
montafía arde en .luz al beso de'l amanecer.
El culto de ~ dlvip.i<t""des
desaparecidas
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CARLOS
ARTURO
TORRES
que reclaman aún ,piara su a~a todas las víctfm'd.s
de los sacrifi.cios antiguos, es en sI ,m.i:smoun eleme'nto d€ error y un principio de muerte. Tal agitación del espíritu en el vacl0, tal persistencia
de dislocadas orientaciones, semej ante a la persistencia de las imágenes en la retina que nos
hac-e ver una línea en donde hay sólo un punto, y una superficie o una €'5f,eraen donde existe sÓlo una línea, -constituye una peligrosa ilusión de óptica moral, y nosengafia con }as seducciones del miraje a111dond€ reinan la 501€dad del desierto o el borror del abismo. Cuando
se medita en el perturbado desarrollo históri,co
de :nu€/Stros pueblos, adviértese que el fanatismo de}os nombres .es una d'e las formas de extravl0 de -criterio que mayores maloes hg. causado en las democracias hispano.ameTÍ1Canas;el ¡poder de lasp.alabras,que
tanto inquietaba a Bacón, ha sido en 'Ocasiones más terrible que la potencia de 'las tinie,blas c'on que nos ,aterra Tolstoi,
el grande. A ab&tra,0ciones que no corresponden
a la concreción de una ralidad 'categórrea, a intangibles f,antasmas de la plaza pública, se han
ofrendado más lágrimas y sangre que a .las divinidades ¡crueles del politeísmo oriental. La sug€stión de una palabra sonora, el presti~io de una
fórmula in comprendida, la brillantez de las colores de una bandera., la idol,atrla de una tradf.ción
ciegamente aceptada, todas -las formas ,primitivas
de esa gran ley de imitación que estudia admirablemente Tarde, han llevado ,a hombres y partidos, plenos de entustasmo generoso, pero desatentado, a la inmolación estéril, al sacrifi'Cio colectivo y al aniqui1amiento nacional en el sangriento histerismo de nuestraJs re'voluciones.
Alguna V'8Z, 'enei1 Icam¡pode la matanza, después del vértigo de una hecatombe inmensa" de
una de esas interminables batallas de las guerras
civiles colombianas, un médico filósofo preguntó
a uno de los heridos a quioo.es retlraban, destro-
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IDOLA FORI
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zados 1013miembros, de en medio de un montón
de ,cadáveres, qué motivo supremo, qué indiscutible santidad de Clliusa ,l,e habia tmpuesto, en
forma tan cruel, ,el a;bandono de su hogar a Ja
miseria, la matanza <de'Sus ,conciudadanos Y últimamlente la orrenda de su propia vi!da, por qué
iba a morir. "La defensa de los principIos de mi
paI1tido", dijo el moribundo con nohle y fi'ero gesto de convi1coión."¿Y podría usted decirme en qué
consisten ellois,?", insis,tió el Icirujano. Quedóse el
inteJ'fogado tal Icomo si por vez primera confrontase su inte1igencia SJemejante cuestión, y
luégo dijo embarazada y amargamente:
"En
verdad, no lo sé, y nunca ha'bia pensado en ello".
Puede af.i'rmamsleque una in1conta'ble mayoría de
l'Os 'im:m01adosen nuestrrus ,carnicerÍias periódicas
está ,en ese 'caso. A las veces, aun 'conodendo oal
menos sospeoh'anldo ,el flamante ¡programa, el proselitismo no prov:il8\ne<de intima e IÍl'reductible
convIc'ción, silno del hábito gregario, del hipnottsmo d'e una palabm, de Ila imiltación, del espíritu ,de escuela, de 1a. lPaJSlÍón~rrazonada de partido. Ante el Iconmovedor espe.ctáJculOde la victima que s,e ofre'ce a 1a muerte Icon 'corazán liIgero,
con fe profunda por una causa que no comprende, que no intentó comprender jamáls, el espiritu
flota, dolorosrumente agitado, entre los dos térm1nos de una e,cuación inquietante: el entusiasmo,
la llamarada de ,la fe, la sinceridad de los ~nchadores demandan su respetJo y encienden su admíración; el extravío, la Iceguedad, la inconsciencia de la 1ucha reCilaman la verif;Í'ca;ción severa
de \Su anáU,sis yel veredi1cto 'condenatorio die su
razón. Importa, estudiar hasta dÓnde', <en los trémulos rizos de un pendón d<eguelI1I'a,simboUzada
está una verdad ¡que justifIque, ante ios fueros
imprescrilptibiles de la vida y ante la equiidad de
la. hÍ'storia, los excesos del rito y la aberrante
crueldad del holocausto; tiempo es ya de ooservar hasta 'qué punto un id<eaJ.representa un prinEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
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CARiLOS ARTURO
TORRES
Ci'pio viviente y ,cuálndo ,empieza a e/SlfUilltanseen
las evanescente.s penumbras d~l GOTTERDAMERUNG;
hasta qué límite 'la nO<CÍónpersonal, el conc'epto
intimo, el NO'OMENO de Kant., esto eS,la convlc~
dón que no es una reaUdaid, [pueden lervantarse,
desde abajo, de emblema de reivindica,ciones colectivas a guisa, o i~onerse,
desde arriba, a fuero de ley y sa:J!ud únicas de los pueblos.
Seguro 'elSltáque en el pl1opósi,to de tales estudios se lleguen a delimitar siquiera los <contornos del vago imperilo de los Idolos del Floro, pero
el sólo intentarlo, e,l señalar la posibiUdad de reducir .a sus v,eDdaderas proporciones de pensares
faHbl€1So calducas opiniones cuantos ya \Se tuvieron por canon y dogma 'mcontrovevtibles de la
politilca y de la filosofía, es despertar los aletargados estimulas del ,ex,amen y exaltar el valor y
las :a,fi'rmaciones de la autoniQl1l1.íahUlffiana.
Por una 'fata:l1\dad de nuestra fOl1macLónmental,existe
,en nosotros 'como impulso nativo la
tendencia a ¡levantar a la 'categoría de inconcusa
verdad la idea consagrada por la moda o por la
fe ,hermétlca en la predicaJción de nuestros director,ese.spirituales.
Aun g,e ha incurrJrdo en la.
paladina inconge,cuenci,a de que pretendamos hacer del mi\simocoIliC'€'})tode reIatividad un dogma
absoluto; un cuarto de siglo hace, cuando 'los principios ,de 1a Filosof1.asintéttca
avasa]laban las inte}j:gencias 'con el :presttgio ,de su lógtca y 1acIarida:d de 'SíUS indu0ciones, llegó&e a sostener por
los más al1dorosos (aunque no 'los más penetrantre) prosélitos del apóstol de "los Primeros Principios" que sus anrmaciones
eran, no solamente
la última ¡posible razón, sino que el sólo 00ncebir
que PUdJi'ElSI€lll
relctifiJca1rse o s{lquiera ampUarse,
er.a blasfemi,a merecedora delesti<gma -con que s.e
señalan 'laclaudi!cación
y la apostasía. La ma'r.
cha del ¡pensamiento humano en veinte afios ha
demostrado hasta dónde pueden complementanse,
ampliarse y rectifircarse conclUSIones que pareEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDOlJA
roa!
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dan definitivas y hasta dónde3l1canza, según la
gráficaexpre.sión
,del trnismo Spencer, a evoLucionar el Isistema de 'evolución. Curioso seria, e iru;tmC'ti:vo3ldemás, el reunir, c'omo bajo la cúpula
de un WaUalah, la figura..cdón de la obra Y de la
personalidad de10s p.ema;dores que han modelado en cada épo,ca la opinión de nuestl'\OIScompatriotasen el de,curso de tres generaJCiones, reuniTlas en serie continua, con su cortejo de deidades
menor,es; el maestro de hoy se susti'tuye al1 de
ayrer y lo halceolvidar, pero en el aparente cambio '31dviértelsleIcuailcará'cter especUico y nexo evidente entre los afiliados la misma intransigencia
de bandería, el mismo Icriterrio de lo absoluto, la
mÍ\Slma intima incomprensión del DEVENIR humano,de .la plasticMa.d de toda 'ffil3Jteriade investiga:ción, de la nocilón de reJ.a:tividad, de la generosa toleranci'a de la inteUgencia 'que algunos de
esos maestros, Spencer por ,ejemplo, asentaron
como sentido supremo y piedra angular del edi.
fileto intele,ctua,l del siglo XIX. Cor<relativ3Imente y
oomo proY€IC0iónnec€lSiaria, aunqu€ ,en apariencia
iIIlversa de ,esa forma 1dolátrica de adoradones intele,ctuales, levantan otros, a manera de oriiflama
e:x:Clusivo,no ya Las dootrinas que fOl1man el ambtente de una generación, sino la espe,culación novísima, 'la teoria de última hora, así sea la más
deUrante,wbsuroa
y antlihumana; es, para emple,alr la ,concreiCión de Tarde, ,la i!m.ita;ción~moda
que se contrapone la la imitación-costumbre.
En el
desarrollo lógi!co ,de tal criterio Ino sería inconcebib'Le que mañana una e'Elcuela de pl'opagan.distas
o una Asamblea deveformwdores
fijasen, a titulo de ley moral, "la mma1 de lOS amos", o impusie
sen, ,con loasaJ.1ción 'cio€<l'lcitivade un mandamiento institu<Cional, el .código mon:struosamente reaccionario,el
·ariostocfa¡ti.smodesp~a.dado de Nietzsche. La fónnula de Bacón podría complementarse, pues, señalando como incluidas en liaoS idolatrí¡:us del Foro, no ~n iSÓIQ la~ idoOO,s cuya falseEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
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CARLOS
ARTURO
TORRES
dad ha sido demostrada ya, sino aquellas cuya
evidencia está .por d,emostrar ,aún a no ¡podrá demostI'lacr.-.se
j,amás.
Opuesto al fanatismo de 1100 princi{pios, yérgu€'se el fanatJhsma obscuro y milenarto de las tra<Urciones;a la ,concepción de un absoluto fHooónCO lS,eenfrenta la de un absoluto teo16giICo,y
partiendo el sol, en 'campo cerrado, tal los gladiak1or,esen las arenas itálicas. rcombaten esos dos
sistemas; tan -ajeno el uno a la e1lación de caridad y amor, a la férvida prosterna;ción ante el
misterio iimpenetralJle que constituye la esencia
íntima del verdadero sentimiento religioso, siempre ,elevado y siempre r€\s!peta,ble,como el otro a
la superior am¡plitud de criterio, a la genuina y
dignificadora libertad del pensami-ento y a la valerosa y desi'nteresada iillvesti¡ga,ción de la verdad,que dan su seLlo de genia:J.nobleza al verdadero espíritu fHosófi'co; ajenos ambos a 'toda tolerancia y a toda generosidad, rígtdos e i!mplacables como .]Iaspamlelas n~gras del odio; opuestOISen 'la posioión, ,pero unos en la esencia, con
esa identidad que les ha g,eñalada ya el criterio
sereno de la ,critica moderna al estudiar la,s analogias de psicología que 8icercan hasta identificarlos a Robespi¡erre y a Felipe II, al j arcobinismo
y a,1ultramontanÍlsmo, al tribunal del Santo Oficio y al tribunal revolucionario. A!Ctualmente, en
los sangrientos espasmos de la Revolución rusa,
¿no hemOlS.visto ----,corroboración ,concluyente de
esa identidad psicológica-concurrir
a un mismo
resultado las o.puestas intransig.encias de 10'sextl'emistas de uno y otro ·campo y por modo tal
im;pedir almbos, como en monstruoso connubio y
aciago 3Jcuerdo tádto, el adyenimtento de la Hbertad en la .patria de Tolstoi? Las bandas negras de
as€~.inos que organiza la poliCía secreta y las banda¡g rOjas de terroristas que organiza el clandestino comité, constituyen, sin sospechar lo, la más
pavorosa y tremenda de 'las alianzas qu·e contra
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IroLA
FORí
el espíritu liberal se haya formado jamás. Reaccionario:s y Uberta'rios, a:l situar en calda, extremo
de 'la baLanza la integridad j¡rrevocalb1ede oSiUS afirmaciOlIles, h:an aplazado, repetimos, quién .sabe
por ,cuanto ;tLempo, a.quel equi~ibrj¡o armonioso y
-estable resultante de las radona:les y mutuas concesiones de los asocj¡a;dos,y ,que Iconsti'tuye el verdadero sent1do de toda dv~lización y de toda justicia .
La marca con que los prej uicios troquelan el
espiritu, el patrón rígido en que ISievacía nuestra
menta1idad, ardiente metal, para ,que modelada
y fría quede para !Siempre, pr,esenta, para resumir, en cada caso :las formas más aparentemente opuestas; di1jéranse monedas que ostentan
unas el sello real y otras el gorro frígio, pero que
todas tienen un mismo (peso y 'un IIDimno valor
y conf.undidrus cir,cUlla:nen :las tmnsacCÍ'ones políticas; hay ,el fanrutísmode la r,elígión y el fanatismo de 'latrreligión; !la 'superstídón de la f.e y
la supe,rstj¡ción ¡de la razón; '1a id()!latría de la tradi'ción y wa,idollatría Ide la ,ciencia; la intransigencia de 10 antiguo y la i'ntransig.encia de 'lo
nuevo; el despotismo teológico y el despotismo
ra,ci,ona1ista; la incomprensión ¡conservadora y la
incomprensión 'liberal. La J:ibertad ti'e!l1:esus fanáticos 'como la oprelSlión,y el que mata a un rey
y el que muere por un r,ey, dke Belfna,rd Shaw, son
iguaJImente idÓ'latras. Como todo conc,elpto 'er;g~do en dogma es 'un pritncipio de tiJrania que comienza por ser meramente ideológica, para trocarse; cuando .la hora Uega, en el impuilso que
enciende aa hoguera o levanta l1a guílil,atína, es
bj¡en que la critica independi¡tmte se ;a.trev,aal santuario. inv]Oola,<1o
,e i!ntente 1,a más nable de todas
lfu')Ubernci'ones: la de la mente, pues no ha'bria
error en afirmar que la ,e'leva.ción y l1a dignidad
de la humana 1",azón¡pueden medirse por l1a variedad d.e concepciones que sea' a.pta a armoniEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
22
éARLOS
ARTURO
TORRES
zar y por la suma de superstj¡cLones de ,que se
haya libertado.
Empero 'una crítIcae~clusi~amente
negativa
y demoledora pueid,e;a,cabar por sustituir al fanatismo de los nombres -<que por funesto que sea,
tambIén ,en ocas~ones \SueLe.ser una gran fuerza
impulsara y un r€sorte supremo dea;ccíón y de
vi:da- el ,esceptIcismo disolvrente y enervador que
acaba con toda fe y 'con toda inicj¡ativa; en verdad que no ¡podría d~irse cuál de 110sdoo extr-e·
mases más funesto. ,Para, ,e1agregado s:ocial..-que
-no es solamente la €xpansión de la energia ind<i.vidual en el espacio y en el tiempo, sino 'una enti
dad per se, según la moderna 'escuerJ.asocio[ógica
de que es verbo el autor de los Principios de la Ci·
vilización Occidental- es nec1elSiario
un id€lal ,c,aida
vez más atto, a fin de que sea siempre v·erdadero
y vivificado esté en oada nueva época ¡por una
superior capacidad de 'Cl"eery de esperar. De las
,d'oiCtrinas más aparentemernte c:ontmdic,torías
puede surgir una a,rmónica irradiación de certidumbres y aun en el mtsmo limo de los errores huma1nos se acendra a'lguna vez un principio 'eiel"no, como en las mat,eri<asimpuras el HUMUS fecundo que nos rinde el néctar de las vides y el perfume de las rosas. Puede ,afirmarse
que entre una creencia errada y la falta total
de toda creencia, un ,es¡píritu comprensivo no vacilará jamás; '€n las vegatl/'a1rdientes d'€ nUeIS,tros
r~os, no deebl'OZiadas aún por el hacha del colo.
no crecen plantas ViCiosasy las hi,erbas malditasenv,enenan
el aire con susef1uvos de muerte; emp'ero, un día será que pe(netre el arado allí
y del sueloexU'oorante ,que el esfurzo del labrador transfovmó, bl"ote aa c{)secha d'e bendictón;
ami está la re.serva del porvenir. Mas ¿quLén puede .esperar nunca la sonrisa de una flor o la ofrenda de un racimo en la roca de1 erío, batida por
los vientos de la desoladón? El culto de ¡las ideas,
encaminado por lo alto, ,cualesquiera que sean SUlS
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ÍDÓLA POR!
orentaoon¡es desarro)!la una sue,rrte de radioactiv~dad de ~nerglas mentales que con su flora.ción de ,anh'e'los y su vtrtUaJlidad de inspiraciones
y de estimulas seria poderoso por sI solo a preservar a G.ahuman~dad ,de la dieg,eneraJCión,que traen
e'l utmtaril~lffio tnte'rpretado por :.Lomás bajo, da
vulgaridad de artibismo !Sin esorÚpulos, el posi- ""
tivi.sn1osin generosidad y la sensualidad sin ideal/'
Benjamin Kidd, .fundador de una nueva filosofía de la historia, dice que el concepto fundaJmentall, la ~dea fuerza ,que modeiló todas 'las
teorias del dJesavroHosocial durante el siglo XIX,
fue el de que el progreso humano cO'll:&isteen iJa'
:lucha entre ,el presente y el pasada y que en este
prim,er 'cuarto Ide ISi,gJoese prindpio se ha sustltu~do por este otro: !la vinculación de'l hoy ,con el
mañaJna, la. ,aotual e'laboración die'!futuro, la asc,ensión del pres,ente hacia eIl :porV'enilr.En la intensa y universal reva¡lualCtónde Vallor,esinteleetua'les que camcteriza la ac'tividad Ici,entifilca Y
fHosófi.ca .de nuestros dlaiS se ha rec,tlificado más
de una falsa .conquista y ~e ha ,rehabia.itado más
de un conce:p1Joque 'la,cienci,a de ayer graduada
habla d,e ·~'antida:d deiSdefia..b'leen el comel"cio <le
las ideas. De todo es>evasto movilmiento intelectual, 'cuya magniltud no podemos lllPreci,ar todavía,
como quien asc,iende por las faldas del Monte
BLanco no advierte, falto de las ¡perspe'Ctivas de la
distancia, ,la totalidad de :aqu~1'1agrandeza, evapórase una sutrl esencia de idlealismo, y e:ae es el
rasgo relevante en }a 'contribución que el pensamiento a<CtuaJlaporta a la ¡profunda y si:lenciosa
elJaboradón ¡del porvenir, 'a la formación die ilia
nueva capa de l)¡ageolog1a mOl'aIldel mundo, para -emplear la su~estiva síntesis de WUliam Ja-
mes.
La demOUción del pasadO que v9J~lerosamente
intentaron e ingenuamente creyeron ha!ber r-eMizado las anteriores generaciones, ,como si el pasado no fu-era la base indestructible del porvenir,
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CAR,LOS ARTURO TORnES
empeño aciago seria y mortal proclividad si las
generaciones nuevas no señ.al.as,en,en la conciliación e integración de lo a,ceptable de los sistemas
antiguos con lo viable de los ructuales,sistemas, la
posibilidad de erigir más allá de ,los,escombros que
la critica amontonó nuevos templos sobre las mon
t.añ.as a.,ej
anas. De este generosa tendencia in teleiCtual pueden ,exhibirs,e exponentes en las investigaciones sociológicas de Kidd, en la rilca ideali·
dad de William James, en el evolucionismo creador de Bergson, entre otros muchos, prec.edidos ,po
co há por la delilcada y ennablecedora ,cre.ación filosófica de Guyau, y par la serenidad del pensamiento solitario de Rencuvier. Ante los abiertos
cauces de la iJnmort.al corriente de las ideas, ante
las perspectiv.ascada vez máJs vanas de la razón.
ante la amplitud ycomprensividad del criterio, ca
da vez mayores, se irá conquistando, así d,ebemos
esperarlo, una suma siempre creciente de tolerancia y libertad: los [dolos del Foro irán desapareciendo en la medida que ello sea necesario 311 progreso del espíri,tu humano; acaso 9.I1gunosde el'los
vuelvan un día a surgir de sus sepulcros con vida
y vigor renovados en las incalculables posibilidades del porv'enir; otros pasarán para siempre
oond,enados por su propia esterilidad; otros pasarán también, mas dejando tras 'sí la memoria de
su acción y la modelrución de su hueHa cuando
fueron fue'l.'zasvivas ,del pensamiento y de la hi\'3to.ria, y ta,l vez alcance a a:.lgunoiS
d,e ellos un jirón
del sudarío de púrpura en que el mago Renán envu'elve piadosamente el cadáver de los dioses.
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C.A})ITUW II
EVOLUCION y UNIDAD MENTAL
Una ctmv}cción inquebrantable se considera
y exalta de 'Ordinario como virtud superior en
los hombres de ll>ccióny en los die ¡pensamiento,
así en las empresas de 11apolit}ca como en la desinteresada \labor die las ideas; illolSl
principios firmes. e~tJo 'es, NIJdtca'l!menteinv,ulnera\bles a toda
m'OdU1icación,diSciernen en el 'común criterio y
en la li:terllltura ,o'Orriente un no sUiperado 'linaje
de 'rectitUid y un timbl'1e lesclarelcildode elevación
m'Ol1ala :100Iconductores de rroopart~doo y a 100
educadores de dos pueblos.' No podría negarse, en
veroad,que
una fe intensa es parte a modelar
vig'Orosamenteel ,cará,,,ter: ,el 'tener siempre ante
sí, con la nitidz de una recta ratio, un camino trazado y idefínitiv:amente escuLpido en la, inmovilidad de un:á roca,es un resorte 'Poderoso de acción y anega eficienda y unidad inc10mparables a
la ,iniciativa y al esfuerzo: fuente ,es, además, de
grande quietud interior, :puesto que imp~ica la
eH:mina;eión de las torturas del pensa,r y de las
'Obsesiones del inquirir. El h'ombre de' una sola:
tdea, el ,creyente inac'ceslble a toda vacilación, I
aquel que n'Ocon'Oció las agonías de !la "noche de
'Dic.ilembre" deJlOuffroy, ha 'Mducido' a la senciHez d'e un dilema elemental 100 más 'complicados
'problemas de la vida
de,l pensamiento: es una
"J
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dÁRiLos
,I
AR'Í'URO TORRES
mentalidad simplista, homogénea, camo un bloque greniticQ, sin complicaiCÍones inquietantes y
que ha a'Lcanzado ciertamente la ibi'enaventur:alIlza que el sennón de !a Montaña recanoce a los
predetSltinados a la \pasesión del reino de las cie105,/Ante 1a ,concreción absoluta de dos fórmulas' queconti:enen 1181 una toda la verdad y toda el
error la otra, ante el si ill're'vOtc,aible
de Ormuzd y
el nó igualmente irrevocabIe de Arimanes, la ele'cción no es dudosa ... quien la ha tomado 'alguna
vez, tiene -¿cóma negarlo?derecho a la admiración ,actual, a Las consagra,ciones póstumas
y a la sempiterna bienandanza más atJlá de la vida: es un elegido. El adusto gesto de Catón y su
a.ctltud hermétilca, ,grande y heroica en un tiempo de universal abartimiento decara.cteres y ennoblecida I}uégo por el prestigio de la tradición
clásica, se Í!llllPone'aún Y se impondrá siempre como arquetipo de Ila virtud antigua; también esa
"lo'ca testarudez de CaJtón", que dice Guillermo
F·errero, suscitará ¡ana.crónioco.simlta.dores "sobre
el papel" 'cua,ndo las 'circunstancias que ,la hicieron oportuna y 'a,¡unplaus~ble han desa¡parecido
y el anáJ.is,Ísrevaluado la noción de ,lo absoluto
y ,ca¡lific8.ldo
las posicionesemremas a la luz de un
criterio superior de humana y generosa fi<1osof1a.
Contra el fiero ideal de lac'ristalización del
pensamiento en formas Ítnmutalbles aparece
el
prlncilpio r€IVdludonario del impu,!so inmanente
de las ideas. Soli>Ciitadaspor interiores estimulas
y por causas ambientes, las ideas están siempre
en mov:tmiento, siellniPre trans1:ormándose, -enriqueciendo de continuo con sus adquisIciones el
patrimonio mental de la humanida.d. He ahí uno
de los más fecundos principios Ide la filosofía moderna: ni Descartes ni el mtsm.o Kant hab1an advertido ,claramente que las ide,as no son fomas
e,c;táJticas,sina que comportan una poder,osa vir.
tuaJidad dinámica que hace de ellas verdaderos
gérme1nés vivientes: fue Hegelquien hizo del dé--"
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ibóllA POR!
27
venir una ley de sistematizacIón :filosófica, y hoy, ')
Fouillée, al formular su teoría d'e "las ideas-fuer- S
zas", ha dado una base psicológi,ca cierta a'l gran (
principro hege1iano. Afirmar la 11egiti:midad,más
que eso, la necesidad de la evolución mental,
es una balSe pre'cisa., un da,to imprescindible al
estudio de las lSupers<tidones polittcas. Oportuno
es, por tanto, ino}uir aquI la página que se verá
en seguida: Idi'chaipágina sugirió este trabajo, f'ue
su ocasión y su pretexto: naturall,elS tambIén que
sea 'lino <de sus primeros Icalpltulos. Mostrar, en
un caso concrevo, I})or rnediode qué Intilmo proceso puede un espirivu p,as>arde una modalltdad de
criterio a otra opuesta, sin 'balStardear IJor eso de
su rectitud ni transigredir el fuero inviolable de su
sinceridad, y mostrarlo tratándolSie precisamente
de una evolución inv,ersa a la \Seguida por Las
ideas del que esto escribe, es asentar el doble y
coexistente prinCipio de la evolución y de ila unidad de la mente.,;-'Úoinbátese así, además, uno de
los Molos del Foro que mayor prestigio alcanzan,
y es aquel ,que consagra la rigildez de una actitud
a las v,enera¡cronelSi
humanas y 'veda, por tanto, la
reotifilCa,ciónde aas ideas Icon ,que ,el 'Preexistente
cincel de la tradlción y de aa enseñanza, de la
moda o de la i:mitación ta:lla hor,a, por hora nuestra individualidad.
EncamInase a tguaJ fin el
mootrar ,cómo puede mantener.s.e el nexo irreducttble Ide un espír1tu y la unLdad de una forma,ción
intelectualrul través !de 1as moldifIcaciones y de Jas
relctifi:cacione's de la convicción y del desarrollo
progresivo de las ttleas; 'cómo esa 'untdad implica
por necesavio modo tai 'variedad y cómo, en fin,
esaa¡parente contradi,cción no es sino el cumplimiento de uno de 100 más reveladores principios
científicos de nuestrOlSdías.
Las notabHístmas investigaciones de M. Rané
Quinton y el gran ¡postu'¡ado bio[ógico que de ellas
se deduce, de lo cual se hablará más adelante,
com.plementan (no infirman, ,como pare,cencroor-
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CARLOS
ARTURO
TORRES
lo Jules de Gautier Y Lucilen Oorpecih'ot) el pl'\incipio universaJ. ,del trruIl8farmismo; si n.o es Hegitimo
aplicar por analogía al domicilio moraJl Las leyes
del mundo físico, ,puede ruf1rmar.seque la "1,eyde
constancia", que en el reina de las tdeas debe
llamarse unidad, 'no s61a se con:c~lia, sino que se
vinou1a vigorolSiamente, ,en su sentido más comprensivo, con la tranSformación spenc€,ri1ana Y
forma un nexo superior que modela, por lo más
alto de la comprensión, de laconvi1coCiónY de -la
tirm.eza, ,el cará!Cter ,d-ela personalidad intelectual.
La 1.ntegri.dad d'efiniúiva del pensamiento de un
laborador de las ideas o de un conductor de 10;3
eSl)iritus, no laconstDtuye una fórmula única, sino
s-erj~s colaterales sucesivas de concepciones, muchas !de ellas a;parentementecontradictorias
entre
si, ¡pero que estudiadas con criterio analit'i.co, revelan una vinCUlación íntima que forma el sello
personal de la obra a d.e ,la actitud y una evidente
unidad de pensamiento aHí dond.e el ánimo limitado o pasional sólo v.eria claudicaciones y apOstasías <
La transformación Y la unidad son, !pues, dos
datos que se complementan y coexisten en las
formaci.ones psicológicas y ,en las de orden moral,
histórico y poUtico, del propio modo como la constancia fisiológica Y la diferencia'Ción anatómica
coexisten en los organismos, según ,la ley de fije,
za,constancia
y unidrud con que M. Quinton h3.
inmortalizado su nombre; 11:e.ahi una concepción
que ofre0e a 'las iniJelig'encias una directiva nueva,
y ya puede ,comprenderse las modificaciones que
ha de implicar en el estudio y concepción de
las leyes sociales, inspiradas para sus inducciollo::S
en las teorlas de la ,evolución y el transformismo.
Cada etapa de ascensión hace cambiar para el viajero de ,las altas montañas todas las perspectivas
del paisaje.circunyacente;
si el observador lograra
colocarse en la ,cima insuperable, la noción del
mundo que desde .aill1se formaría más amplia, haEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDOliA FORI
29
bria de ser más 'cer,cana a la exactitud tdeal deI conocimiento. Las investigaJCi.ones'ci'entificas-avan
ce ascenlcianal de 119.!3 ideas--":levantan igualmente
el criterio a la Icantempladón de panoramas cada
dia más vastos, y toda conquista de' latitud en el
hori~ante, cada extensión de ra;diiovisual, modifican €1 sentido y la posición de las patsajes precedentes. La vfsión de ¡],aa'l:tura suprema, si fuera
concebible el ,a,lcanzarlla alg1una vez, diaria en uno
y atro casa la totalidad del panorama ,con el dable
relieve ,de aa ampliltud de la 'universal y de la precisión de lo definitivo y patentizaría, 'en medio de
laiS idifer<endas de la vída, la serena unídad de
La Naturaleza.
He aquí la páJgína ,en que quien escribe estas
líneas ha aspirado a estable'cer, en la cancre'ción
de un Ca.lSO
pa,rtim.lilar,Í'lustre y notordo, 'la persistencia integral de un cará<Cter y la mitad de una
abra y de una vida €n media de 'las variacion€s de
posícíón y de perspe<Cti'v,as,y a pesar de las aparentes cambios de opinión y, de c,reencia:
1
Monsieur
Paul Bourget.-parts.
Muy disftingu!ilda señar: Debo cansid€rarme
dab[ement·e f,avareddo can la carta ,que, sobre la
publicaCión ide mi ~ibra Estudios ingleses, Estudios
"l/arios y las líneas 'que en él cansagra á ,la personalidad literaria de Uisrted,se ha servida dírigirme;
primera por el hOllíor que me disp,ensa al expanerme la dave de su obra entera, y s'egunda par
la ocasión 'que me brinda de es,tudiar, siqui€ra sea
br,evemente, algunas de las cuestiones ca!pita~es
que agitan el pensami€nto 'cantemparánea.
Me permita transcriibir algunas de los conceptas de esa 'carta !para referirme así málS,directaEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
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CARLOS
ARTURO
TORRES
mente a eHas y para regala y meditaiCión de las
persanas a cuyas manas puedan ]legar estas 11IIle'as.Di,ce usted:
"Hay -en su estudio un concepto sobre el cual
partIcularmente deseo salicrtar su re:lJlexión: el de
que un cambia se ha ve'rificado en mis ideas; esta
tesis disminuiria el valar de mi esfuerza -si alguna tiene-, rompiendo su unidad.
"En el proefacio general de mis Obras completas (edidón Plan), he fijado mi pasiciÓn inte,!ectua,l, que es da sigui,ent,e: a;bslalutamente Icanvencido de 'que la Ciencia y sus méto.dalSconstituyen la
característica misma del espiritu moderna, he
comprobada que 'aplicadas a las ,cosas de la vida
humana (paUtica, éti'ca, pensamJientos, farmación
de las sociedades,etc., etc.,) los métodas de ob\S)ervaciónUegian a conclusiones exactamente semej antes alas !de las enseñanzas tr<adilctonales: la
familia ,como célula social vinculada a [a aristocracia, la monarquia hereditaria como Gobierna,
la moral del Decálogo y del Evangelio. La misma
dia;léciti'caque en el arden b:ológica /lleva al doble
princi'pIo de la evoluci,ón (Darwin) y de la constancia (ley de Quinton) llega en ,las dominios mavales a un acueJ:ldo entre laconcienc'1a reflexiva y
la castumbre, entr,e la razón y la tradición.
"Nada más opuesto que este cancepta a:l-erra-r
anticientifico de los revolucianan'os y de las anarqui-stas, de los soi-dissants li.brepensador-es y de
10'sracionalistas. De ,ahi la inevitable cantradic'ción en que se encuentran can espil'ltt'!Uscient1ficO's
de la especie de GOlTI!pte,
de Taine, de Balzac, de
Le Pllay, de Spencer (Individuo contra el Estada),
las ,cuales llegan a un canservatismo justificado.
Mi caso etSel de estos maestros; debia, pues, señor Torres, como afirma-cIón de simpa,t1a, dar a
usted la clave de mi obraent,era. En mi último
volumen (Soc¡lologie et Littérature) se encuentran
de manera neta todas estas ideas en su completo
desarrollo, etc., etc., etc."
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IDOIJA FORI
31
Antes de pasar rudeLanl,edebo Ideclarar que
el concepto de tran.sforma'oipn por mi em~eado
-conidiJC3.óneseno1aJ.de todos 100fen6menos-, no
i:mjpl1:carepudiaci'Ón :de obra anterior, dnilCa que
rompe la 'uni¡dad 'Ydestruye la armoniosa vlncu.
Q,acl6nde las diversas etapas de ,un esfuerzo mental, dnlce. que puede ser p.ar:tea dl.smlnulr el valor
conjunto de ese eS'fuerzo.La transformación es la
evolución, es e~ proceso asc'endente, e.sla ley suprema del progreso y de la vida; ~a mónera se
transforma en Oil1?lanismo
superior, el instinto en
a,lta ron'Ci!encia fHosófitCa,la honda. en sociedad
civiHzada, dentro de la 'cuail son pOlSliblesesas
manifestaciones de cultura y de lintelectualidad de
que es usted esclarecDda mue.stva. He aihí, en la
tr~p1eesfera de ];aib~ologia,de la psicología y de la
soctología, fenómenos de indiscutida transformación que es SilprOjpiJoiti,empouna hermosa ascensifón. ¿]implican por ventura el rom¡pimiento de la
maravillosa untdSld de la. v1lda,la disInlinuci()n de
su valor inenarrable? Imengoo ,años ih~e ya Hum~
phry Davy, Lavoisier y Da.l'Icetnos enseñarop., y
luego en sus ensayos y experimentos nos lo han
rec'Ordado Moisan, Maumené y Gustave Rousseau,
entre 'Otrosmuchos, que las molécwas de a1gun'Os
carbóníd'Os Slea,cercan entre si estrechamente, se
iJIltegran y reintegl1an en silmétri'ca y regular supel1posi:ción,se cristali'zan, y cen:tuplÍJCandovarias veces.por mOld'Ota'l su coeficiente de peso, d13
cohesión y de valor, forman la ¡piedra hiperfina,
lnvulnel1d,ble,'tlolcaldade luz queesplende con m~gioo SOl1tilegiosobre el seno de la ihl€rmosura y en
la idia'CÍemade los rey€s. Las moléc,ull:asde carbón alSlltranMoranaidas en ellabo~atorio de la Na1iulw1eza,¿valen .acaso m~mos que las que han
mantenido su tnmuta!ble unidad, su 'continuidad
negra en los negros antros de la tierra? Toda
creencia razonaJda, todo conool:miento superior
iIlnplican una transformador a elabora'ción interna,
má~ o menos ~enosa, m~ Q men(),$ wnscienlie y
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CARLOS ARTURO TORRES
que es muchas veces, como la. del ca.rburo que [lega a diamante, 'IDa 'Verdadera transfigura<Ción.
11
!Pero voy máS lejos aún. No ya ia evolutiva
transformación, sino la misma repudiadón de lo
anterior, el .a,¡bsolutocambio de frente, Si obra de
sinceridad irreductiible, lejos de disminuir, COUIStituye a las veces el elemento esencial, lasurgeute
milagrosa de la grandeza y del v9ilor de un es·
fuerzo. Llega para ciertas a1mas férvidas un momento de cr~si:sprofunda en que -lanzan el EVERLASTING NO de carlyle, deponen para Si,empre el
farda y ¡pesaJdUlIIlbre
de los errores Y pretéritas es·
clavitud.es de la mente; es entonces eleI1guirse del
YOintegra,l en su majesbad nativa, porque la re.
pudiación del prejuiciO' corusubstancial constituye
el ¡aletomás va'lel'ooo de autonomía humana Y la
liberación del espir~tu es la más aJ'ugustade todas
las Uberaciones. De OOi la diferencia que en prestigio propagador, en virtud de proselitismo Y en
energita creativa existe 'entre aquellos que han
llegado a una fe nueva al través de -lasorda.uas del
acto morel preliminar de la anulación de una fe
antigua y los 'que, colocados en el camino desde
el ¡principio y ,por 'circunst,anci,as que ellos no determinaron no ,conocieron la trágica zozobra de
esas demoliiciiones y de esas edifi'CaJclones interiores.
Consi¡derroda la ,cuestión desde tan elevado
punto de vista, ¡puede 'afirmarse que ,la un]dad de
un €IS¡plritlU,
esa unidad espléndida y brufiida,
que ,oonstituye el mérirtO'má:s alto
!de un libro, de un di8Jffil1inoo
y de una vida,
según lo cantó herm05amente un .poeta hÍ\S'PanoEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
mOlJA pl()RI
americano, y que para usted preserva y 8Iqullata
-los valores intelectuales, no consÍSte en 'la inmó'Vil
homog.eneidad, en la tenaz persistencia en determina:da 8Jcti'tud, en ,la rfdjeza de una posición intelectual, ni muooo menas en la preeatableclda
limitación del c8Jm¡pode investigaciones mentales,
sino en la perennidad del trabajo, en la jamás
iIl'firm8Jda sinceridad y en la aspir3ición á vtda y no
desf,aUecida ¡que demanda el ,perseguir constante
de 'Un mismo ideal, que en el presente caso es el
de la ¡posesión de 'la verdad; de la verdJa:d que hoy
podemos buscar en pLeno nadir, en tanto que
alcaso esp1ende inaccesi,ble y eterna en el punto
OipU€lS¡to
del horizonte mora¡l.
HaJblando con usted y de uSted, los ej emplos
deben tomarse muy ¡por lo ¡alto; baste a mi em¡pefío uno solo, el m¡ás excelso de ,todos.
CUJando el nalCiente credo de Jesús, ¡que aún no
habla reci<bido la e'onS8Jgración del nombre con
que hizo más tarde la ,conquÍSta re1!tgiosa del
munido, ni desvinculáJdose todavía del mesÍanúsmo primitivo de [a¡s¡ tradiciones del PENTATEUCO,
amagaba descaecer y 'bastardear de la prLstina
grandeza de :la ,ooncepción del Ma<estro !por la
parcial incomprensión de los 'discípU'los;c'Uando
parecía reducirse por tal modo al recinto que cierran las muraUas de Jerusalén y al horizonte que
cir,cunscrib>en las 'colina¡s de Genezareth', un enemigo de ayer, un retaroatario de la hora postrera, v'ero JdIot'ado de mara'VHlo.sa mentalidad
in.
tuitíva, le infundió el 'Ví'Vidouniversalismo de su
genio. MÍSel10 y d>escono'cido, venció con el calor
de su alma el helado recelo ,de sus hermanos de
'adopCión y la ihostil1daJd i'nstinltiva que entocto
cenáJcllio 'enouentra el recién venido, y que suele
apagar las más generDSatS Ua.mas; hizo de la la.stuosa ciudad de los Seléucildes la segund.a rea:pital
del cristianismo; conmovió a Paphos con el hálito
de su ,casta fe yal
AreópagJO
con el rumor 'de su
Y~rQo 1n>culto; en el A>e.t"OCorinto
y ante el templo
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34
CARLQS -ARTURO TORRES
,de Afradita Pandemos fulminó la austera conde·
nadón del paganismo; en Tesalóni'ca, ¡apóstol de
un Dios desconocido, abrió a la.sa1mas un hon·
ronte. infinito, arilla.s del golfo azul que vio 'a
Oieerán langlU~deceren melancóHco ex1l10y que
ref1eja el dombo ide un olimpo ya despoblado; en
Efe.so, baja los ¡pórticos sobevbios y ,cabe las gru_tas Ortigias, sustituyó el culto de la grande Arte,mis por un Ideal más aLto de ,piedad y de abnega·
ción, y consalidó para siempre 'la obra de Juan, el
. 8JPóstol del amar; abatió ¡por dondequiera los
,muros de granito de una intoleran.cia seilSveces
s~lar,
e hizo ,concurrir a una misma misión Y
fundió en una misma síntesis 108elementos Y las
mentaltdatdes aria y remítioc'\ para la propagación
de una creencia que antes ambas detestaran Y
despreciaran igualmente. Por -todas partes, en el
Oriente y en el ODci:dente,en JerUis:alény en Rioma, pereg,rino del iode,al,perseguido, vilipendiadO,
mártir, en harapos Y sin !pan, nO' abandOlfió un
día su labor suprema, viajo, pre:dicó, fundó iglesias y ,escribióncon lla s'angre de su 'cora!Zónesas
cartas que diez y ocho siglos después inspiran ¡tributos de admiración, ,que van desde las
exégesis de Renán hasta las páginas hagiagráficas
de Dean Farrar. E8e videnteeJetraordinario,
de
quien se ¡puede decir con las ,cláusuLas vibrantes
de D'Anunzio que ¡coronó su obra en media de la
tempestad, amandO', sufriendo, cO'mbatiendo, s6la
con su fe, con 051:1 paSión y con su genio, fue un
convertido -y para la mayoria de SUiS 'contemporáneos un a;póstata y un renegado-, fue la figura más grande del Icrdstianismo después de La,extrahumana de su fundador, fue Pablo de Tarso.
El camino de Damasco ha quedado para siempre, según se ha repetido tantas ve,c,e,s,como el
simbolO'de la más trascendental de las crisis molta
les y una de los acontecimientos c.ap1ta~esde los 0_
rigenes d,el cr,edo religioso de'l mundo occidental.
Asi,pues, algún cambio se puede ci,tar que no ha
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lDOLA FORI
disminuido el valor de un esfuerzo; cuando Saulo
el fariseo se transfigura en San Pablo, el -cambio
se llama conversión, se llama iluminación, se llama revelación y regenera al mundo ..
!II
, Ahora permita¡me, señor, que hable de 1M
ideas Ide u.sted.
Es ·evidente que entre ,las diversas etapas y
variados elementos de la labor literaria de usted,
tan importante y ya tan vasta y tan rica, existe
una vincula<criónsutil muchás veces, pero esendal
como aqueI HILO ROJO de que habla Goethe~ que
forma el alma y núcleo tenuísimo alrededor del
cual se integra y retuel"ce la recia contextura' de
los cables de la marina inglesa, y cuya presencia
elSel BRAND auténtico de solidez y de Il'ooistencia.
Tal vinculación costlituye a mi entender la verdad-era unidad de su obra, pe-ro DO es una estagnación. ni ha excluido la tr.ansformadón, o sI se
quiere el ,doesarroHoque muchos han advertido en
su alto y noble espIiritu.
Cuando en MESONGES, .por ejemplo. pone usted
en labios de un sa,cevdotecatólico opiniones como
la de que la Francia ne0esitJa talenJtos 'cris'tianos,
o cuando en sus admlira'bles Essais de psychologie
oontemporaine dilslcierne en el espfritude
Renán
el odi pnofanum vulgus. no <emite,me parece, opiniones católicas y all'1Jidemocráticas concretas y
personales, sino que estudia ajenos estados de
ahna y 'consigna ajenal::J convi{~ciones: las de un
miniSltro del altar :en el primer 'caso, las de un
aristócrata de la inteltgencia en el segundo, Ese
pr.oCedimiento, per:fectamente iJ-egitimo'y'usual en
la produclción Hteraria, n.o <compromete ni ,puede
comprometer al eSlcritorcon la responsabilidad de
n:odalidades de pensa¡miento que n.o son .suYas,
SInO de sus personajes; que él anota, no prohija.
;Para un ;pensador d-e la intenosidad y honradez de
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CARLOS
ARTURO TORRES
usted, el hecho de no eompartir una opinión o
combatir una teoríA, no es razón pa:ra negar la.
existencia. de ellas, ni para desdeñar el estudiarlas ni a. fin de comprenderlas ,mejor, dejar de
hace1"las compaJ:Iecer a "su laboraltorl0 de estudios
sociales" .
Para aclarar mi pemamientodebo rememorar
la siem¡pre !interesante escena. de Mensonges. Hablan el abate Ta,conet (iSa.CerootecatóUiOO)y CJaudio Larcller (novelista y escritor ¡psicórogo como
usted mismo) de la terri:hle erisis que puso el
anna suicida en manos de RenaJto Vanci. "Es bien
IgencULa,la vida hUlIIlana -<Uce el reliLgioso-; está
comprendida 'toda en1Jeraen los diez mandamientos; mostr8!dm.e un caso, uno solo a que no hayan
respondido antici:padamente ..." "Cla;u<1ioLarcher
--continúa el autorno podia sOP'Ortarlas ideas
que I9.caba:bade enunciar el sacerdote, aun cuando
fuesen las suyas en sus crisis de remordimiento.
Como muchos eSicé¡pticoslde nuestr'Os ,días, suspiraba sin cesar !por la sencillez de la fe, úni'co
principio de continuidad, orden y firmeza en el
q/Uerer, 'Ysin cesar el gusto de las complejidades
1ntelectuailies o sentimentales le hacia ver en una
fe, cuaJquiera que fuese, una mutilación, y no se
atrevia a a'gregar: UNE BETISE".
En ese diálogo ya famoso, el sa.cerdote afirma,
el intelectuafl. no 'concede; el primero exhibe una
concreción de peIllS1amientossencilla y neta como
la fe irrevocable: es un creyente; el otro va'g,apor
l'OSlimbos de lo indeterminado o loSe
extravía en el
labeil'into de sus c{)l1llplicaJcionespsicológicas: no
lo es. El públLco se acos.tumbró a pens.ar que si,
en aquella confrontación de mentalidades, veJ.'lda.
dera síntesis del inquietante confitcto moral de
nuestros dLaIS,el ilustre novelista pretendía traslucir la intimidad de su pensamiento, era nMural
que en Claudio Larcher, escritor ps.icológico, es•.
píritu de refinada y compleja cultura, encarnase
por modo más genuino su propio estado de alma,
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lOOllA FORi
que no en el senciHo sacerdote, que a. todas las
compUc1a,ciones, reconditeces yautoanáUsis'
del
escritor mod:ernilsltaopone esta sola. pala.bra: beat,
pauperes spiritu. Mas si el pública no tuva razón
si las p.ersona:les ideas de M. Bourg'€ftlComportaJban
las del abate Ta1c'Onet,debe convenirse a 1'0 menos >enque por entonces na se formuló nelt;amente
una OIpinión,\O no se -afirmó de una manera positiva, y era el momento de hacerla; cuanda más
hubo una ins,inuadón, y par 'Cierta atenuada e
imprecisa, un germen de la que máls ,tarde haib1a
de ser Icompleta y formal prafesión de fe.
Tiambién re advierte fá:cilmente '€n las .obras
de lo que me ,pel1mito llamar la primera manera
de M. Bourget, que la exquisita distinción de su
espiritu y el refinami'ento de sucu~tura ~e llevan a
indiscutidas ;prefer-6ncias aristocráti,Cias, pero en
el sentido sodal, y ¡por decido asi, artfstica del
ooncepto, no en el 'Propiamente poUtico 'O de derecha púbUco. Empero, en parte alguna de 100libras de esa prilmera manera apare'ce el antidemócrataconvencida
y militante de L'Eta;pe y de
L' Ascension Sociale; por el contrario -y usted la
reconoceasi-,
algunas páginas de sus ilibros (el
principio de OUTRE MER, por ejemplo) fievelan que
creía entonces en la unirversaHdad y necesidad de
la d-emocrada 'coma fórmmla apliicablea la ,constitución de las !Sociedades y al gobierno de los
Estaldos, a a lo menos --son sus propias palabras- "sufría la sugestión de ese /Concepto"; h'Oy
1'0 juzga ,un iprejui.cio, uno de esos tdola lari de
que habla Bacón, .contrario asi a las induccionas
de la cienrciamoderna ¡como a los intereses y gran .•
deza de 'la Fr.a:ncia. Tal -cambio de pun~s de vista
no quita 'a \Supresente pos~ción intelectUall el 'Prestigio -condicionado ¡que .pueda tener ,para elpúbl1eo y absoluto para sus hermanos de pensamiento,
y demuestra, p.o~el contr.ario, ¡primero, ,que en
ella no nay un parti pris, y segunidO, que en sus
lnvesti,gaciones fHosóficas y 'Pol1ttcas nun.ca ha es.•
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38
CARLOS
ARTURO
TORRES
tado esclavizada su mente a la superstición de los
nombres. Ma si si esto es cierto, no loes menos que
eiBe'camb<io de puntos de vista implica toda una
tr.ansformación, cuyo primer término lo ¡constituyen sus prístinas prefer'encias sociales y mentales
y que ,culmina, por últi!mo,en su decidida actitud
del momento presente. El rdelic'ado analizador de
almas, el sutil y sugestivo artista capaz de fijar la
disocia,ción progresiva de un s,enrttmiento llega
hoy, ,con ánimo combativo y siguiendo la atrevida
concreción de Charles Maurras, a formular, como
aspiración suprema y meta de su esfuerzo, el de·
soo y el voto de que sus obras ,contribuyan a la
formación, educadón y advenimiento del Monck
o del Pavia, del porvenir, que ha de restaurar in~
minentemente,
s,egún usted lOel;:p.era, la monarqUía en el país que hizo la revolución y a borrar
de las leyes y de ,la mentalidad de un gran pueblo
el triple ]-ema que la República ha inscrito, como
empresa de sus arnnas, más 'que en 'el frontón de
los monumento.s nadonales, en lo perdura1ble de
su iniciativa y de su ensefianza.
Repito, pues, que entre BiUS primeras y sus
últimas obras se extiende toda la amplitud de
un prnceso evolutivo intlenso, todas las fa..ses de
un deSarroIlo cada vez más ac,entuado y enérgico, como el que existe entre el acto reflejo y la
consciente volición, entre la percepción intuitiva
y la rigurosa deducción, entr·e la tendencia instint~va y la razón ,perfecta. Lo que fue ayer germ-en o
simiente, es hoy exuberante floración, pero una
~¡emilla no es una planta, por más qu-e pueda decirse ,que una plaMa es una. semilla transformada. La unil;iad :d'8 su producdón literaria, que ese
cambio' no ha destrufdo ni desvalorizado, el persistente' HILO ROJO de esa creación :tan hermosa y
admirada aun por los que no compartimos sus
tptlncipios .funCLamentales, 0on.s:ilsrte,a mi entender,
en la orientadón constante de su espíritu y en la
uniformidad de sus métodos literarios; en la ha·
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iix>LA
FORi
mogeneidad de su arte, siempre noble, serio y
tralScendental, Y ,en la disciplina !Científica de su
criterio; en las formas g,enerales y melto'd,ización
de su pensamiento y ,en la finalidad definitiva de
sus concepciones. Exhibe en tOd81l ellas el raro;
hábil y plausi:ble consol'lcio de la ciencia Y de la
poesía, de la ética y de la estética, de las investigaciones positivas y de l:alSelaciones del culto de
lo eterno, hasta, llegar a esa región ISluperior don/qe
Her]).ert Spencer situó la conciliación de las últimas ideas de la religión 'con las últtmas ideas de
la ,ciencia. Vibra en sus páginas el acento de l~
sincer1dadconmovi:da que muestr.a al hombre alH
donde pudier.a. a,par'€lcer demasia¡do el escritor y
cír,cula por todas ellas ,esa inquíeitud de nuestra
moral de que h'abla Maeteruínk, sígno de elecci9J;l
de los ,altos espíritus contemporáneos
a quienes.
lleva la fasiCinación del problema de nuestros des.tinos. ora al concepto de Guyau, que ve en la mor.alidad una ¡plenitud, ora al de Nietzsche, que la
rechaza como una limitación y esculpe cual signo
de dignidad humana su fórmula impla1cabl,e: la
autosupresión de la moral.
La. unidad de su espíritu Q;>uede.compararse a
la quecara:cteriza el 'de M. Renán, aun ·CUl;l.n,'Clo.Ja
evolución de la mentalidad 'del uno haya· sido 5imétricamente
inversa a la del otro, Renán P3{;ó
de 'las disciplinas teológ;'cas a ,La.libertad de investiga:ción; usted :ha pasadO de los métodolS',racionalistas a la tradición y a la fe. Del propio. modo
como hasta en :las más atrevildas. demQUciones
del ,autor de Los lortgenes del Cristianismo se ad'"
vierte 1'0íntimo y viviente del sentimiento rei1g1oso, y si se quiere la unción ar,robaldQra '.del estudiante de Saint-Nilcholas de Chardonnet~nci6n
que es tal vez uno de los s'e'creto:s de, la _:P~siª,.~Y:
de la magia fascinadora de su ,estno-, de la ac .•..
tuaJ. labor de usted -todo lo católica' y todo lo
monarquVsta que se Iqu~,era-4r~ci-ende·á
,cadapaso las modalidades del escritorfilo..sÓficc> y del
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éARtóS ARTURO TORRES
libre espirttu que ha llega;do á la fe tradicionaliBta, no por el seIlJtiimiento ó ,la revelación, sino
"porque ha comprobaido ¡que sus conclusiones
coinciden con las de la denda y SilIS métodos".
De las ¡prestigiOOas investi:gaciones históricas y
de critica religiosa de Renán se evapora como un
aroma de mistico inci,enso; en la onda rumorosa
de la Uteratura tradicionalista de usted se cristaliza la fria esencia del experimentalismo positivo. La intuición ,exegéti,oo.,la superior comprensión de 100 fenómenos morales e hID.s:tórilcos,
he
aqui lo que constituye, al través del ,cambio en
sus ideas, la unidad del espir~tu de M. R'enán; la
virtualidad de \Su 'crilte'rio positivista y su fe en
la ef1cien!Ciade la razón, en la seriedad ¡del pensamiento, en la seriedad del arte, en la seriedad
de la vida, he ahi lacarac1Jeristica uniforme del
esp1ritu de M. Bourget, persistente en medio de la
ya compro'bada evolución de su ipsiColo gla.
1
IV
Cumple ahora lnQuirir si esa tI'lansformación
acendrada por esa uttidrud ha sido un progreso ó
una regresión, si el desarrolla de ilas formas de
sus ¡pensamientos ha sIdo una evolución ascendente o recurrente; si en el ritmo del movimIento
de sus ideas fuerzas ha llegado a, la ctrlminaci6n
definitiva, ,o si por el 'contrario, lo lleva la onda
de descenso a las regiones nocturnas del error.
Cumple estUldiar si las induociones de 'la ciencia
conducen en realida,d a las Iconclusiones a que
U!.Stedllega, o si, ¡por el contrario, ,coma la afirman Laing (1) y los positivistas ingleses de hoy,
tienden a estab1ece'r la universalización del con(1) Modern Science and Modern Thought. Véanse. en
general, las obras de propaganda y vulgarización de la.
Ra tionaUst Presa A.oclaUoll.
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41
cepto democráttco; si la ·oiencia y la tradición
pueden icientificarse en sus finalidades, como usted la ,cree Y 'lo insínúan,entr·e otros, las trabajos del sabio i:esuita WalSlffiann,01 si, ·como la a":
sienta ásperamente Hrekel, sus poSlidones san
irreconciliables; si la vel1dadera célu:l,a sacial es
la .famiHa a es el individua, Y si la ascensión sacial, pl,ausi:ble en el núcleo colelctiva y cuando
cuenta con la \S:aIlJción
legitimador a de'lltiempa, es
cantraria a la físi¡c'apauticacuando
es el individuo ¡quien emerge 'del obscura mar de las multitudes ignaras a las regianes superiares en dande
afirman lia intensid3!d y la totalidad de su vida
las que brinan en el mundo y dirigen aas sociedades.
Es pre!cisa .convenir de una vez en que ei principia que establece la superiaridadespecífica
de la
inStitución real, here'd.i.!tariae inmuta,bl-e sabre
la ,popular,cantractual
Y alternativ.a está muy IJ.ej as de se,r ,axioma incantraV'ertible, ni .tampoco
se comprende bien cómo puedan armanizarse en
la identidad de una provaganda y 'canfundirse
envueltas en las :pliegues de una misma bandera
la moral aristocrá.tica de las amos (pues allá va,
en úlJ.timo,análisís y por la inelucta'ble encadenaci6n de la lógilca, la 'doctrina que ruEiÍgnaa clases
exclusivas el derecho <dedirigir y gabernar) can
la del Evangelia, tesoro de los desheredados de la
tierra, rehabilitación suprema de los humHdes y
de los .a,batidos. También, :por dicha, es verdad
que si 'la ciencia aJca,ba can la ilusión j acobina y
con el falsa m~raje del ig>ua1itarisma al rasera 4e
la más bajo, aquilata y sanciona al ¡propio tiempo la f.e demacráticla cuando con los :postulados de
la biología ensefia que ~l individua no existe sino ·comoelemento ,calIl1¡Panentede la masa, que el
ser vegetal a an1rn.al, según nos 10 ha recordada
ha;ce poco Paul A:cLam,no fue sino un medio de
conservarellcMor prLmitivo en el tiempo en que
la remperaturacomenz6 a enfriarse ·en el ambiene
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CARLOS ARWRO
TORRES
te marino; cUallldo fija en .su V1erdaderoe ineonmovLble ;re'a.lceel valor de losfaotores primeros
en el ascendente desarrollo de los organismos y de
los superol1ganismos; cuando, en :];a.s·concep'CÍones de la sociología, atribuye a la ¡concurrencia de
contingencias atávicas, físicas y de medio ambienteque actúan sobre 'la masa la causa que determina en éstas larupti¡tud de donde surge en el
mundo moral y por la,crisoladora s.elecdón la virtud procera id·elhéroe y ,la maravi110sa mentalidad
del genio;cuando,en
.~:a.s
abstracciones de la filosofía de la hi~toria y a pesar del elocuente apostoJ.ado de un Oarlyle yde un Emerson, patentiza la
.cción colectiva en los grandes movimientos hisóricos; cuando reivindica, en fin, contra toda
suerte de aristocra.tísmos -ora el delic.ado de Renán, ora el inmiseri'col1de de Nietzsche- para los
obreros olvidados, para los cola'ooradores anónimos, el briozoo en latS.construcciones geol6gicas,
la rcélula en las energías 'Orgánicas, el DEEMOS en
el agregado soc~al, consLderados ayer como canti.
dad desdeñable, la importancia. decisiva que tienen en la ciencia, en la historia y en la vida.
He ahl10s elementos de un estudio complejo
y rtentador, que reclama en quien lo a,fronte la
más alta serenidad y una independencia de criterio poderosa ia desvincularle asi del prejuiicio
revolucionario como del tradicionalisita; estudio,
en fin, que es bien em¡prender desde un punto de
vista abstracto y general para quitar toda apariencia de debate a lo que debe s.er solamente desinteresada investig18Jciónfilosófica.
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CAPITULO !II
ROTAClON DE LAS IDEAS. C1ENTIFICO
EL CONCEPTO
Armonizar la democracia can la ciencia a de.
clarar su iI1Jcompatibmdad y candenar la una a
nombre de !}a,atra, ha sida empeño muy visible en
el movimiento de ideas del presente cuarto de
si¡glo. En su ¡anhelar de certidumbres :absolutaiS
busca el espíritu una sanción defini<tiva a sus concepciones y porfia por 'descubrir la roca inconmovi·blesobre Ja ·cual ha de 'asenta¡r la fábl1icade sus
ideas; cuando la sagrado del mandamiento religioso no basta ya como razón ú'1¡tima,apélase a ·10
con:¡agrado del mandamiento cientmca y se aspira a la indefidente ,irradia,ción de la estrella fija
¡para 'la incier.ta luz de la razón encendida en medio <delo descanocido, Icoma hoguera 'ql\1e arde ante
la ;doble hostilidad de la noche y del mar.
Juzgar,empero,
que 1'as afirmatciones de anticientífica lanzadas contra una institución cualquiera Iconstituyen un fallo 'condenatoria inape- .
laMe, a par el 'cotrario, que laa.proba,ción de su
8icuerdo con la 'ci·enlC1ahade ser 'para esa institución una garantía segura de verdad, es suponer
que la ;ciencia está de11in~tivamente constituida.'
Sin ha,blar 'de ese [in aje ¡de infatuación mental, a
un mismo tiempo 'cient!sta y ~ecta,ria que la ironía de Fla ubert esculpió para siempre en la t1~ica .
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ÓARLOS ARTtmO
TORRES
personalidad de M. Homam, puede decirse que la
ilUSión de la infalibíl~dad del conocimiento tiende
a. cortar el vuelo a toda 1nves.tilgación, cierra el
paso al ulterior estUldio de fenómenos cuyas leyes
da como irrevocaiblemente establecidas y suscita
ese d.ogmatismo el9trecho, eterno enemigo de toda
originaUdad, que 'la sanción de [a histo['ia personifica en el Consejo de sabios y de teólogos que
desconoció Y condenó en Salamanca la intuición
maravillosa del navegante
genovés cuanido éste,
sonámbulo del máS grandioso de 100 ensueños,
preparaba a Qa civilización occ~denta;l la ofrenda
de un mundo.
Para comprender lae.sencia de 13.1S ICOsasy conquistar átomos de conocimiento sobre el mi.ste'rio
universal, no tiene el b:ombre más luz que la de su
propia intelig'encia, y esa inte:Iigencia ---{ligan 10
que quieran el at1daz lidealtsmo 'de Eucken y la
novisitna filosofía ;a:lemana -no puede aloanzar lo
absoluto. [)el mundo exterior no nos ,llega otra.
repre.s.enta,¡ción distinta de la que el trémUlO espejo
de nuestra mente reflej a a cada instante y si por
ventura esa mente fuese un espejo deformado de
la vida, las ,percepciones <:Leluniverso f1sico y del
intelectual que por él obtuviésemos no podrían
ser otra cosa que una ilusión; por eso la razón
humana no ,puede, no ¡podrá jamás afirmar nada
de cuanto se encuentre allende los limites de lo
relativo. En \Sus maraviUosoo libros demue&tra M.
POincaré que ¡aún las matemáJtica:s reposan sobre
postu:la.dos muy discutibles. De esto puede deducirse rigurosMn'€'Ilte 'que la filosofiacrltica
no
puede condenara
prior! una noción ,cuaJ.quiera y
que la 'critIca histórica 10 má;s que puede afirmar
es la vir.tud ef~ciente de esa noción 01 ~:uesterilidad
en una época y en función de eireunstaIllclas determ1n,adars. OUanto a Las ciencias de la. Na.tura.le2a, 'Cuyos métodos excluyen toda base diferente
de la observación, la experiencia. y 19.razón, si es
verdad que poseen filayores qui:1a.1iesde 'fijeza. en
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IDO.1IAroRI
'45
sus aplicaciones, también la es ,que, en cambio,
esll\S aplicSlciones están restringidas por estricto
modo a bien deslindados dominios y fuera. de ellos
son impotentes, son ciegas y son mudas. Y aun
dentro de los Unides de \Supropiore1no interior 1M
cel1t1dumbresde esas ciencias son también pura.
mente rela.tilvas: toldo el mundo re,cueroa c6mo
en sus maM!v1ID.osasinvestigaciones sobre ~as últimas ddeas y los primeros principios el autor db
laf,ilooofia sintética nos muestra el impenetmb1e
océano de misterio ¡que hay más ai11áde las nociones comprobables, milsJtel'io que, por una rotación
e uriosa de las ideas, abr,een la misma. extremidad
del campo que el positivismo enseñorea con la rigidez de sus dedUlclCÍones,un horizonte nuevo 'Ysin
limites a las revelalCiones de la fe y a las vuelO\t
de la esperanza. "NtSidie-dice unpensaJdor contemporállleo-- ha logr~dQ descubrir las bases ¡prImeras de ,cada lCienc~a,ni definir sus definidones,
ni demostrar sus axiomas, ni jUSltifi.car SUlS'postulados"; comO' una pirámide diamantina
que
yel1gue SUlSprismas de luz, Umpidamente delJ.ineada en su parte oontr.a~ y que por degra,daciones
sucesivas, de penumbra en penumbra, se esfuma
y desvanece haJS1ia,apagar su arista entre la insOIlidSlbledelc~ela y hundir sus bases en lO' insondable del abismo, la ciencia na muestra a la razón sino SUS más próximos linea,mientos y a.-ecata
a la investigación en ~la naohe de los 'Orígenes su
cimiento y su cima ,en [aJ,Slej aníasdeJ. porvenir.
Nunca ha!bian sid'O más intensas y esenciJales.
las rectifica,ciones de datos dentifioos como en
los últimos veinte años; nunca, por tanto, se ha
¡podido afirmar Icon mayor vigor la relativ~dad del
Iconi()lCimientocientíf.Lco. Un sola deSlcubrimiento,
el ,001 radium, por ej emplo, ha bastad'O para eífec1luar una revolución pr'Ofunda en los principios
más universalmente a'cept1ados como nociones definitiyas; cuando ya II8JSI 'leyes fundamentales
del
mUlliQOfísico parecían e-.%aDle'C1Q~de un modo
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CARLOS
ARTURO
TORRES
,qUe excluía toda idea de posible deroga,ción; cuando, ,como lo observa Georges Bohn, a;lgún sabio
eminente no v.aictIaba en declarar: "no hay mis1ieÍ'iooen la Naturaileza",extrá;ense
de un mineral de Bohemia a:1gunas partÍlculas de un cuerpo
nuevo, y esto ,basta ¡para poner en tela de juicio
los fundamentos mismos de'! edificio científico;
la 'fisica, la química y lla.me,cánf,ca ven ¡súbitamente m0'dificadas sus leyes esenciales. Esta substancia ·enigmáJtica y maravillosa, inagotable manantial de vida y de fuer~a;, de luz, de ca;lor, de
elecbrici'dad, de movimiento, en fin, 10's emite espontáneamente,
incesantemnte, ~in pércUda de
peso, sin transformalción mdleicular, sin recibir del
medio externo ningún elemento que venga a alimentar Y reemplazar el milagro de aquella energía indef1ciente, que irradia y vibm sin cansarse
jamás; es el ensueño Icandoroso de la Edad Media, el movimiento perpetuo hallado :por la qulmf.camoderna; es la íntima mOdi:llica'cióndel ¡principio fundamental del mundo .físico: la ley de la
conservaJción de la energía; es la revolución de
ideas más 'compl'eta en el:campo del humano saber yel súbito descorre·r de uno ¡de esos velos que,
según la :hermosa ficción de SChil1er, velan a los
030001
'de los mortales el santuario de la vida; es un
rayo de luz ¡pleno de revelaciones, ,que sé filtra al
tl1a,vésde los muros de la !prisión de tinieblas que
110S encierra.
El principio de la ind-estructibilidald de la materIa 'era ayer no más un dogma científico into.cable: las investiga1cione.s de un solo sabio, al1á POliel añ.o de 1896 Y s1gudentes, han bastado para. demost:r:a,r,que, lejos de ~I€ret'erna la materia, obede,ce también a la ley fatal que oondena las cosas
y ¡los seres a morir. Nada se crea, nada se pierde,
decía la 'qUímica Iclásica; hoy, un instrumento
solo, el svintriscOlpio, muestra a quienes quieran
presenci.arla la disociación permanente de la materia, «Si la cien~ia de ayer -di (,leLe :6on- esta.b~
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IDOLIA iFORI
fundada sobre la eternidad de la ~IlJa,teria, la de
mafíana estará fundada sobre su desintegraclón'~; i
hasta ayer se Icreía cen LUlcrecie que "la materia.
está compuesta ,de eLementos indi'Visbles, inal~-,
rablles Y etemO\S, l1amadoo' átomos, que ninguna
a,ooión exterior pUed,e altera'r" ;hey se afirma que
el átomo,·iejOiS de ser ~l últimO' términO' de' la división, el elementO' primO' indivisible, €IS!, per el
contrariO', un verdaderO' sistema de ,ouerpos o masas OOlIl:parabl,eaJ sistema :pllanetario, Y en el cual],
tol1oo1l1nosde éter giran con una ra"pidez igual a
la de la luz en tornO' a una o varias masas centrales (1) '1 Abandól1lase, pues, la ayer irreductible
duaJidad entre ID penderable Y 10 impO'nder.able,
entre la energ1a y la materia, y se demuestra que
ésta, tenida por indestructible, \SI€ ,desvanece lentamente por 'la centinua diso.ciaiC1ónd,e los átom08
que la compO'nen; 'que la masa, ,ayer lCens~derada
como inerte, es, por el IcO'ntrario, un C()l08a.l reeeptáoo1o de eneyg1a ,intl"aatómiea, que se emite
en 'efluviO lnde1i1ciente sin recibir nalda de fuera;
que su .di.socia"ción da libertad a aquella energía
1ntraatómica, fuente vhna de la mayor parte de las
fuerzas 'de la Natura.leza, hasta el :puntO' de poder
decirse que la luz, e'l ¡calar, la electricidad, nO' son
otra 'cosa. ,que la transforma,ción, :la estela del prodigiO' de 11a,desm3lterializa.ciónde
,la materia,
Sobre el ,er~gen de la vida -dato ¡primerO', aún
no fijadO' por la ¡biolog1a -;pl'eséntase en 'los mementooaiCtuales
un inter,esante movimiento de
regresión hacia las teorias antiguas ,que la experienda de ayer ha!bía, al parecer, ¡para s,iempre
\Sepultado. La vida, esparcida como sImiente de
Infinita 'fertUildad !por toda la superficie delg1obo,
pa'l¡pitante y múU1ple asi en le insonda!bl'E! de 100
últimos ~ondos submarinos ,como en las perennes
nIeves que 'argentan la cimel'ia.inviolada
de los
(1) Le Bon, L'Evolntlon de la Matlére¡ 11\ Jl!lisljance et
la dlss9l'!ltion d~ la Ma.ti~fet
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CARLoS ARTtrnO TORRES
Andes y del Himalaya, ha aparecido, al decir de
lo:Sgeólogos, en una edad ind€finidamente leiana ,de los tiempos, ¡:JoraNá en ra época en que
.se iban· depositando las 'Primer:a\'3lcapa.se~ltra'tlfl~
cadas sobre el núcl€o, aún ardl€nte, de los terre~
nos fgneos. A la vasta noche plutónica, a la edad
azoÍlca del globo, ,cuando la hermo&a tierra enga~
lanada hoy de mares azu~·es,de verdes monta11M.
de bosques y de ciudades el5ip1éndldas,no era sIno
una masa incandescente, un fosco y abrasado
.erial, sucedió la edad euzolca, en la cual debió la
vida de hacer ,Dor vez primera su aparición sobre
el planeta. Pero ¿de qué ignotas riberas, en a1,as
de qué impaLpables vi{mtos, del seno de qué ma.
tires maraviHolSas lS:urgieron aquellos gérmenes que
iban a fecundar la siniestm masa .de rocas calcinadas errante en los ,espacios, desierta y desolada ,como una visión de la nnche del Erebo? He
aquí el ,problema; la hipótesis de los Icosmozoarios
de Richter, que tuvo la venia nada menoo que de
lord Kelvin y de Helmholtz, y según l;a cual la
vida .oriunda de otras planetas vino al nuestro
transportada por los meteoritos, bajeles de esa
importa'ción interplan.etaria, no hacia sino al'ejar,
a:p1az'are1 problema, no resolverlo. La teoría ari8~
toté'lica de la genera-ción espontánea, tan en boga
en la Edad Media, ·encontró en el siglo XVIII un
adversario vigoroso y triunfante en el italiano
Redi; más tarde el microscopio y Pastenr rel'ega~
ron aquella tesis a lacategoria de una de tantas
candorosas fá,bulas de la antigtiedad, desvanecidas por >elestudio ycorroidas por la criti'ca. Mas
he aquí que en 1905 Mr. G. B. Burke, físi,co inglés
del Cavendish Laboratory de Ca:mbridge, en sus
estudios y ex¡perimentoo sobre la formaiCión de los
agregados mO'l-eculare\Sinstables, ha llega:do, según
parece, a provocar la generación espontánea, a
crear la vida por medio del radium y sin el concurso d,e ningún germen viviente. La vida se crea,
la materia muere ... ¿cómo hUbiera sidocaIlti'CadQ
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¡DOL/!. FOHI
veinte afios há. el Colón de llas·idoo.sque hubiera
tenido la audac'ia de tales afirmaciones ante ,la
eterna Salamanca de la rutina y de la preocupación?
El transformismo y la evolución fueron con
,ocas sus deduccIones y sus datrnsi ,colaterales los
principios modélladores del pensamiento, la fuente suprema de inspiradones en la literatura de
ideas de la segunda mitad del siglo XIX; la doble
concpción de Darwin y de Spenc,er domina . casi
.eJeclusiv,amente, no tan s()lloel campo de las ciencias naotur,alooy ide la mosafia, sino Ila integridad
del movimiento inteleiotual de media centuria.
Esos principios, 'exageradas por los espíritus de
segundo arden y por los de ,todo orden ap'licados
a las más remotas regiones de
actividad mental, Ueg,aron a 'convertirseeíl' dogma ennoblecido
por sus apóstoJ.es, desvirtuado y empequefiecido
por sus fanáticos, álSperamente ,combll1tidopor sus
adversarios, pero de un prestigio innegable Y de
una importancia capital como fuerza directiva de
las iideas. La moral, la polltica y la sociolog1a
buscaban lam sus orientaciones definiitivalSi;la historia, la Uteratura y la estética se modelaban sobre ,aquellas nociones que, verific'adas en un orden
exclusivo de hechosci'ent1ficos,el de la anatom1a,
aparec1an como el fin de todos 100 f1'lnómenos
vitales ,en todos los dominios del ,conocimiento.
Hoy \Se advier,te una intensa modificación en las
cocrientes intelectuales; en ¡}aesf,era de las ciencias naturales M. Quinton, y en la de la filosofia
M. Bergson, presentan puntos de vista enteramente nuevos que complementan, limitan y fijan en
su verdadero ViaJar,éste lacolllcepc1ón de Spencer,
aquél la de Darwin. La vida, expone M. Quinton,
no está dominada exclusivamente por el principio
de la ad'a¡ptación Y del transformismo, sino que
también ..obedece a una ley de constanci'a, a un
principio de fij eza: 1,aadaptación existe, !Si, pero
6610 como UPa acción lSuperfic;iíll,en tanto que l~
la
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fij eza rige y exPlica la intimidad del fenómeno
vital inmut8!b~e en su esencia, tr,ansformable en
.su e¿tructura. Lo.'>seres Y las especies no se trans~
forman para adaptarse a nuevos medios, s~no
para con,servar con obS1tinación invencible el me~
dio ambiente origina:l de la maJt€ria viva; 'nejos de
ser la evolución el fin u objeto de la vida, no es
sino el procedimiento empleado por la vida para
mantener su fii eza" ¡ Aparecida en los or1geneS
del IDundoen
condiciones ,cósmic'as determina~
das, la vida -dice Quinton-- tiende a mantener al
través de las edades y en el interior de caJda or'ganismo su ,condición original; lcomo fue en los
mares yen forma de ,célula como hizo su ¡¡¡part, ción, preserva ,en todos los org,anismos el medio
marino primitivo, de tal suerte que puede decirse
que un hombre, por ej e'IDplo,no es sino una co10nÍla de células marinas (1). Las observaciones,
análisis y experiencias sobre las cual,es se apoya
la ley de constancia,.escrupulasamente
verificadaISen los laboratorios, confirmaron la desconcertante conclu.sión, y la ciencia actual opone, según
las .propias pala:bras de M. Dastre en la Academia.
de Ciencias, "al 'transformismo ilimitado, desenfrenado, desatentado de las formas zoológicas, [a
fi1eza del fondo vital". La obra de la Naturaleza es
comparable, según el mismo Dastr>e a la de un
fundidor que vertiera en moldes esp,ec1ficooa. cada
instante modificados un metal siempre idéntico.
Las perspectivas que el darwinismo a;brió al
esp1ritu moclerno están de esta suerte modificadas
P?r el hoy predominanteconc~pto
de la fijeza.
SI la transformación
no es un principio úni<lo
sino que está ,complementado por el de la 'Cons~
tancia, ~odas la¡s construcciones que en el campo
de las 'Clencias morales y pol1ticas se apoyaban en
10 €x'Clusivo y absoluto de la ley darwiniana que~tensamente
comprometidas. El ~mpUllsoque
(1) Ren6 qulnton, L'Eau de Mer, mUiell organlque.
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· . IDOLA PORI
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llevÓ a. ciertos eSlplriJtus,a la restauración en loa
dominios del pensamiento, d~ lOS S1L~mas de polIUca armtocráti,ca por la evidente analogla de
sus 'Princi'Pios Icanstitutivos ,con la hipótesis extremada de iJa.selección natural y de1 derecho a. la.
superviv.encia acordada tan sólo a los privilegiados de la foorza Y de [la aptitud, queda dislocado
y destituido de la apariencia de rigor dent1fico
queconstituia \SU lógica y 10 agresiva e incontrastablle de su vigar.
Bergson en Francia y Eueken en Alemania. /
entre otros rectifican cada una desde su punto,
de vista .pr~pio la concepción mecanicista d,e los
fenómenos que ha seducido tan poderosamente
los CSipiritus en la vasta y general cancepción de
Spene,er; la teorlade este pensadar, a la vez tan
grandiosa y tan clar:a, qU'e erige ,toda un si\S>tema.
de ciencias y tada una fHa/lofia sobre el enunciado de qU€ la roi,sma ley de ,evolución r,egidor,a del
mundo biOilógLcono puede menos de modelar el
mundo humano, recibe también elcoI1ltragolipe de
las conclusiones de Quintan. Eucken 'Señala además en las por él estudhl.das "corrientes espirituales idel presente" e,l ,anhela y la posibilidad de
Mgoe/5table 'y eterna, la fijeza de un ide,al máls,allá.
de lo cambiante y lo relativo. ,coma ,ellcielo ,preserva e impone la serenidad de su inmutable azul
,encima Ide las 'brumals y más allá de las tempestad€\S. Bel1gson re,a:cciona abiertamente
contra
Snencer, restablece la vinculación entre el mundo
de 10 fisico y el de la me'tafisico, pu.ente sutil como un hilO de luz, 'tendido sobre Jas ne'g'ruras de
'la incognoscible y Que el pasitivismo creyó haber
eortado para \Si'ei!llJpre;cambate el -evolucionismo
mecánico .para sustituirla por un evolucionismo
superior. crelador de impuJsianes vitales; aspira a
colmar las deficiencias de la concepción cosmogón.lca s'Denceriana.demasiaido .general, demasIado
sencHJa, y a lSiO:nprenderlas causas :pro'fundas y la
finalidad \te lo/? fienómepQS, lz? 'te~i§ bergsoniana
~t(j
:~': [A :.iE?Ui3L1tt:.
3nLIOlF.Cf.
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CARLOS ARTURO TORRES
reivindica Icontra el ajustamiento fatal a un plan
preconstituidO, que es la ,esencia del determinismo cierta espontanei:dad de la vida, y representa
un~ modalidad del espiritu moderno ianhelante de
idealismo contra el mruterialismo según llegó a
entendérseloen
'la segunda mitad del palSado
siglo; esta nueva concepción filosófica es la que
tiende a predominar en la ¡actualidad. Con Berg~
son se vuelve, según observa Navarro, en las revueltas de espiral de la historia del perusamiento,
a la posición que representa Hegel en el siglo XIX;
uno y otro, ,con la diferencia que comportan los
tiempos Y la formación intelectual de dos generaciones separada!s por un siglo, "'apelan al devenir, como simbolo supremo para formar una representación 'exacta del mundo".
Del gran movimiento de ideas contemporáneo
vividas Y aladas en totalidad de obras plenas de
ideas de originalidad, reveladoras de una ,cultura
pasmosa y que forma la contribución definitiva
de nuestra edrud al patrimonio intelectual
de
todos lós tiempos, surge, como ya se ha dicho, una
intensa y unánime orientación de rectificaciones
al criterio que privaba veinte años ha: estas rectifi¡cacionesestán encaminadas 'en sus rasgos más
generales en el sentido de abrir horizontes Y dar
vuelo a 'los anhelolSlide:a<lista:sdesdeñados ayer no
más como energias perdidas del pensamiento. Es
Guyau el noble precursor de este ciclo filosófico
en el cual -para aplicar a toda una corriente intelectual la poderosa síntesis de André Beaunier
sobre la filosofía de Maeterlinkel positivismo
se muestran tan respetuoso de lo Incognoscible,
que es al .propio tiempo un misticismo. Nótese que
esos caracteres ruparecen en la esencia intima aún
de las doctrinas más aparentemente inconciliables; s1 ,ellos inspiran la mor:al democrática y la
moral cristiana en sus más elevadas formas,
también aparecen en las concepciones anticristianas y an tidemocr"ticas en sus más rigurosO&
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IooLA POR!
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desarrollos: aquél11l.iSbuscan en ,el más allá de la
vida o ,en un máS allá del presente 1a cludaJClde la
justicia y de la repara,ción; éstas ·creen,con Nietzsrche en la infinita perf!ec,tibmdad humana Y entrevén en el porvenir un ideal ¡de vida: intensa y de
superabundancia
de fuerzas, y para esa suprema
ascensión ,quieren educar a su teoría de ,escogidos;
ambas buscan la ciudad futura, amba\Si tienen co:mo resorte íntimo la afirmación del devenir y la
aspiración al ideal. Tal par,ece que sobre la montaña varias veces secular sobre el hacinamiento
titáni,co de la ciencia po~i:tiva brotaran floralciones d.'esconocirdas; la planta prodigiosa ha nacido
de la mole ingente, :de ella extra·e los 'el,ementos de
vida que evapora :luégo en aroma sut.iI, dilatado Y
místico, en la pur,eza del ambiente sereno; del
acervo de las ciencias humanas, de la polvorosa
retorta de Fausto s'urge así el elíxir supremo del
anhelo idealista.
Las conclusiones a que -llega, hoy la investl>gación -científica cuyo relevante ,carácter se acaba
de señalar, no serán seguramente ínmodificables;
acaso venga una r·ealoción impr.evista, acaso nuevas invootigaciones, y descubrimientos
superiores
a la más atrevida intuición motdifiquen mañana
de un modo radical las corrientes espiritualoes que
hoy avanzan en tan 'abundoso y límpido raudal.
Esla.bón d.e una c:adena infinita en ,su €xtensión y
en su complejidad, el pensami,ento a:ctual de la
humanidad con todas sus contradicciones, sus rectificaciones, sus Icontrapuestos ,puntos <:le vista,
sus regresiones y sus avances, establ'ece, en definitiva, un postula:do superior, el concepto de la
relart;1vidad, yun corolario indispensable, la 'tolerancia de la inteligencia. Desvanecido ellprestigio
de :10inapelable de loa autoridadcientifica,
surge
del polvo de la deidad destronada, pleno de vigorosa juventud, ,el princirpio id,ela indep,endencia del
criterio. La 'libertad y -!:a, verdad ganan igualmente
con la exposición atrevida de todos los sistemas.
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CARLOS AttTURO TORRES
en sus últimas ,consecuencias, con su confrontación inexorab1e Y con la m.~tu~ e il~mit8.!.dacritica
de los unos por los otrosLLa mwl1gencla se despojará sin dolor de las ideas envejecidas y muertas como de u.na vestidura de otra edad, y en la
severa disciphna
de la critica independiente
a;prenderá a amar más la verdad o la ,alSlPir~'~i6n
! a eUaque los precariOS sistemas ,de buscarla.,
En uno de los libros más atr·evidos del solitario de Silvap1ana, Más allá del Bien y del Mal, hay
una página que no pueide leerse sin emoción intensa: podria llamarse el evangelio del desprendimiento y d~ la desvinculación sobrehumana e inhumana;jelcreador
de Zaratustraencafeice
como
bien supremo y suprema fuerza la independencia
individual, ascética, heroica, feroz; independencia
social, independencia
moral, independencia politica, independencia
intelectual, independencia de
todo y de todos: "Es ¡preciso hacer sus pruebas de'aute de sI mismo para d.emostrarque
se ha nad(lo para la independencia y para la dominación; no
adhe.rirse a ninguna persona,aun
cuando sea la
máis cara; toda persona es una prisión; no ,permanecer Jigado a ninguna ,patria, nia
nIngún
umtimiento de pi.edad, ni a ninguna ciencIa, nI
a su propio desprendimiento,
ni a sus propias virtudes; es pr'eciso saber conservarse; es la mejor
prueba de independencia".,
Debe hacerse un asfuerzo para desentrañar el
sentido último del mandamiento
nietzscheano,
descartando cuanto de excesivo, de antihumano y
monstruoso contiene su exposición, y apreciar la
abstra.cta. finalida.d de .esa doctrina de la autoliberación, de la exaltación de la autonomia personal
y afirmación de la voluntad de powncia alli precon zad'as como necesarias ial advenimiento de la
vida superior, fuerte y Ubre del superhombre.Tocla convicción .es una €SclavItud, ...jlo qU€ hay esC'~avitudes saérosantas, como la de la verdad; to.
tl~ disciplina y toda regla. son una limitación, SólQ
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ft>óLA FÓRÍ
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que hay limita,ciones indecUnables, como la del
deber'; plausible empeño es, empero, el de reducir
lo que limita y e.sclaviza a su minimum racional;
el de' combatir el espiritu de sumisión, de secta y
de grey Y estimular en las mentes la aspiración a
buscar por sI mismas las ideas, a vigorizar la persona ,humana y exaltar su potenciaI:dad. El mostrar lo caduco de lo que se tiene generalmente
por definitivo y la falibilidad de J.oque se tiene generalmente por dogmático, es negar, no a la liberación del ,pensamiento y a la ¡plenitud de la vida, porque ésta es una me1ta ina,ccesible, pero a
lo menos a las sendas de ascensión que a ell'a con-
ducen ..
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CAPITULO IV
LA ROTAC ION DE LAS IDEAS.
EL CONCEPTO HISTORICO
La crítica histórica .es ciertamente una gran
labor de demolición, pero en el polvo mismo de
las ruinas que acumula hay algo que renace incesantemente; 100destructores de leyendas, asi los
más grandes como los menores, desde Wolfe y Ni'ebuhr hasta Biré, no han imaginado acaso este brotar tenaz de renuevos en el tronco vencido al goLpe
de su hacha, ni sospechan, en su fervor iconpclasta.
las reparaciones que guarida el porveni'r, fCuando
TaIne, penseroso ante una gloria rdel3aparecida, exc'amó un día melancólicamente en la ciudad eterna: "La historia es un cementerio". olvLdó que
preservado dentro de las cenizas 'de es·e campo
de muerte, arde el fuego de una perpetua resurrección.
Un mismo acontecimiento y una misma instituci'ón reaccionan de diverso y ,a las ve<:,esopuesto modo en cada mente y en cada edad del tiempo; olvidadolS o abandonados hoy como entidades
dOE'deúables de la vida, vuelven B florecer mafianaconel doble prestigio de la rehabilitación y de
la juventud; van muriendo y renaciendo alterna-
tivamente en un ritmo varias veces secular, sin
que pueda predecir.se el punto en que la incierta
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íboLA FOR!
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trayectoria derre lla órbita de su evolución; pudiera comparárselas a esas bamas deol Mersey
que la baja de ras aguas vuelca en la fangosa oriUa o ha;ce encallar en los bancos del estuario;
quien lms ve entonces [lor vez ¡primera, las toma,
sin duda, por despojos inútiles de algún naufragio,
y no acierta a ima;ginar que unas horas más tarde han de desplegar velas :a,los vientos, hendiendo las aguas, graciosas y ligeras, en el orgullo
triunfal de la pleamar.
La sujeción de ,una casta a otra, la existenciladel ilota y dele.sclavo, sin las cuales no hubiera
sido tal vez posible ese florecimiento a:dmirable
de la planta humana, esa armoniosa plenitud de
vida y de fuerza, de ,culto de la inteligencia y de
la 'belle:z¡acon ,que Grecia corona noblemente una
de Ilascumbres d,ela historia como el Partenón la
cima de la Acrópolis, aparece como una institución monstruosa y 'bárbara ante la moral
del
EvangeUo y ante el criterio de la democracia; pasa 'el tiempo y d,entro del seno mismo de esa civi!iza;clón que recibió la herencia helénica complementada, modela;da y rectificada por el concepto
del derecho pÚbliCOmoderno, aparece toda una
filosofía que proclama la legitimidad de la inmolación de la inmensa grey ¡anónima para el advenimiento de una humanidad sUiperior..
La edad media cr,eyó haber destruido para
siempre la concepción heléni'ca de la vida, inmanenteen 'las ¡civilizaciones ,clásicas, en las cu:ales.
el ideal pagano creó un sentido de belleza, de
fuerza y de amable cuLtivo de las gracias de la
forma y del espíritu, pero destituido de esa excelsa capacidad de amor, de caridad y de justicia
que se evaporan, como esencia def:nitiva y aroma
imperecedero, del rupostolado de Jesús; a 100 templos de mármol del Atlca y a J.a serena belleza de
las 'Cstatuas con que el ,g>enio¡antiguo pobló las
riberas del Mediterráneo "en la ,gloria, que fue.
GreCia, y en la fuerza, ,que fu~ Roma.",sucedierol1
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CARLOS ÁRTuRO TORRES
las rigidas lineas de las catedrales gótkas, donde
monjes adustCt3esculpian en la sev·erid.ad'del granito la tristeza de su alma, la austeridad de su
ensueño y la infinita elación de su fe; la lucha
entre esas dos formas del espirf.tu, que si se me
permite usar ¡de una síntesis c-omprelmiva ll:amaré
la estética y la ascética, parecía definitivamente
concluida con el vencimiento y muerte 'de los dioses gríegos; la quejoade -:-lllianoagonizante, sordamente repercut:daen
'cua.~·r·osiglos por todos los
ámbitos de la antigliedad, anuncia que el Olimpo
está despoblado para siempre; el ¡camino de ParOlS
se ha perdid-o, y presa el mundo de las pavuras
del milenario, se convierte en el áspero sendero
-jornada de und:iaque hay que recorrer para
alcanzar la patria eterna!. He aquí, empdo, cómo
después de las desolaciones de la Thebatda viene un día el renacer del espíritu ·clásico en sus
formas más livíanas; se arroja el burdo sayal del
penitente y vuelven a triunfar en la admiración Y
en el deseo las desnudeces escultural es que el ascitismo había veladocastamente
o maldec~do con
la sorda cólera del P:afnuncio de Thais. En las
cortes elegantes y corrompidas ·de Italia que el
Pinturicchio nos ha revelado con riqueza d·ecolorido y detalles que en vano se buscarían en ningúncronista ni htstoriador, halce su reaparición el
alma pagaña, vinculando una vez, durante esta
hora de su avatar, todo el refinamiento ateniense
con las artes más siniestras de los asesinos coronados de la Roma imperial,en la figura de César
Borgia potente y satámica. El Renacimiento enderezó decididamente la proa de la nave occidental
hacia las costas rientelS del mar Egeo, pero con el
decurso de los siglos, el ascetismo resurge bajo
los cielos del Norte, propicios a las brumas de la
tristeza y la. las ¡austeridades de la renunciación.
En la parte .septentrional del archipiélago británico hay una ciudad ilustre que no pued.e visitarse sin que el ánimo del extranjero sea sorprenEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
íbOLA FÓRí
dicto por los caracteres de exteriorización, de objetivación relevante y expresiva que allí han tomado los dos princiq>ios antagónicos de que se viene hablando; contr~puestos y coexistentes en el
mismo acspecto material del panorama, impónense con un paralelismo evidente y sugestivo que
es toda una revelación histórica; aqueUa ciudad
es Edimburgo, "la Atenas del Norte". Cuando se
sale por primera vez de la estación terminal del
Caledonial railway,bautiza<da
con uno de esos
nombres que Walter Scott consagró p:a,ra siempre
con el prestigio de :la leyenda romántica, ~parece
súbitamente ante el viajero un e.s.pectáculo admirable y único; es, esculpida en el granito y en el
mármol, 'en la obra de los hombres y en la obra
de la Natur:a,leza, una síntesis de aquel doble y
paralelo desarrollo intelectual que tan intensamente estudió Buckle; all1están presentadas y
preservadas con sabio esmero las huellas del lSecular confli,cto de dos mentalidades, de las v:arias
faces y vicisitudes del desarrollo progresivo de un
pueblo. Desdobla a la derecha Princes Street la
ISuntuooidad a~quitectónica de sus hoteles modernos, ell ,lujo de sus VITRINAS, la elegancia de sus residencias, todo ello ennoblelcido por la presencia
del monumento del poeta nacional, ,que es como
el numen de la ti'erra y de la raza; a la izquierda,
y oc-\p:a.radade la ciudad moderna vor una honda
quiebra que desciende en ra:mpas 'cubiertas de
j al1dines y en cuyo fondo corren las líneas del ferrocarril caledónico, una fila de \Sombríos y altísimos edificios ,trepa audazmente hasta la roca
granitiC¡¡:l,
'cortada a pico y Icoronada por ,el famoso
castillo que domina y protege 'la ciudad hoy, lo
mismo que hace trece s¡'glos,erecto, en medio de
ella como un ingente 'centinela, ine~pugnable y
a:menaza.dor. A1quelIa Iquiebra separa, más que
dos barrios de unaciudaAi, dosetaplas de la historia y dos formas opuestas del pentsiamiento. So-
bre el terraplén que enlaza ,como un ,puente la
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CARLOS ÁRTURO TORRES
ciudad antigua con la ciudad nueva, dos templos
griegos ofrendan la \Sonrisa de sus líneas armónicas y puras, ¡contrastando igualmente a un lado
con las magnificenci'as 'ffiodenas de Prlnces street
y al otro con las reliquials venerables de 10iStiempos del Covenant; más alla de estos templos; en la
altura, y como mirando fijamente al castillo, Calton Hm, Acrópolis de la moderna Atenas, erige
las ruinosas 'columnas de su Partenón como una
hoja de acanto del .Mica que h'ubiera brotado bajo
el delo l1vido de una ciudad puritana. Aquello
es pintoresco, inesperado y soberbio, pero es sobre todo un símbolo de avasaUadora elocuencia;
no han sido ni la casualidad ni el vano capricho
los qu.e han levantado una ciudad griega enfrente
de una ciudad de la Elda'd Media como dos ideas
advesarias que se arperci,ben a una luch!a eterna.
Realmente no se comprende -cómo Taine 'pasó por
alli sin admirar, sin comprender y sin ver nada.
En dos personalidades eminentemente representativas se encarnan las dos formas del pensamiento y los dos conceptos antagónic<ls d·ela
vida; aquellas personalidades que llenan la capital d·e Escocia con la omnipresencia de su carácter y de su espíritu \Son María Stu:ardo y John
Knox, la joven reina y el viejo puritano. María,
adornada con todas las seducciones de la belleza
y del espíritu, incr-eíblemente ligera, amada y
amante, simboHZ'a un principio; el reformador
sombrío y formidable, el asceta fanático y fiero
que mereció que sobre su tumba se dij eran por
susenem'goisestas
palabras: "Aquí yac·e uno que
nunca tuvo miedo a la faz de ningún hombre",
representa el otro; la lucha entre 10iSdos ne es
una lucha religiosa; ésta s610 es una forma actual
de un conflicto de siglos; es la lu.c11ade dos mentalidades incompatibles, lucha que por esta vez
no puede menos de terminar sino con el triunfo
de las fuerzas más eficientes y arrolladoras, y éstas son siempre las que se ponen al servicio de
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mOJ...A PORI
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una 'convicción que desconoc'e las vacilaciones y
-d·eun f!anatismo que extirpa ,toda fibra hum!lina,
poocipiando por la de la piedad. Con Knox y con
.orómwell el puritanismo hosco y triste impone
incontrastablemente la hellada y estrecha rigidez
de sus fórmulas: la vida se ensombrece, el arte
.se talpaga y se sustituye a J'as amables gradats del
espiritu un tdeal austero de religión y otro más
austero todavia de liberta;d.
La covte d€l Augusto francés en el ·continente
y la de 'la Restauración en el archipiélago británko vieron el renacer Idelespíri!tu que el puritanismo perSiguió ycond€nó, ¡pero la Revolución
preparada por Roussea u reacciona en algunos de
sus más vi:sibles caracteres ,contra un ·concepto de
la elegancia 'en ¡la cual las ascetas d€ la guiUotina
creían ver un cómplice del despotismo y de la
corrupción cortesanos; para R10bespierre como para John Knox, la virtud trágica es 'el arma más
poderosa id€ la libeI'ltad y el discípulo amado de
éste inexorable ,pmfesor de e,stoicaenergía, SaintJust, formula una vez más 'Su profesión de fe ascética: "Una choza :de bálago, un arado y frugalidad, esto ba¡;ta ... vamos a mecer nuestros hijos a
orillas de los ríos". Por una reversión del más vivo
interés en la mar'cha rotaMva de las idea,s y que
pregonando está lo cambtante de las persv'ectivas
politica¡g y lo relativo de las doctrinas, la Revolución asume, en una de 'Sus manif,estaciones más
notorias, a nombre de la República, la misma po~
stciónque tuvo el espíritu que reaccionó a nombre delcristia~i'smo contr,a 'las civilizaciones clásicas. Así se extreman, se falsean y acaban por
invertil'iSe las doctrinas cuando, a una reaI1dad,a
un principio humano, viviente y fecundo, se sustituyen las rigioos abstraccio¡nes y despotismos
de los sistemas absolutos.
Las deducciones de -la historia y la politca
están aún muy lejolS',de ha;b€r aJ,canzado la pre~
clsión casi matemática 'que para ellas augura Du~
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CARLOS ARTURO TORRES
bois Raímond, ni at~ siquiera el carácter estrictamente dent1fico ¡que les atribuye
Draper,
pero si/existe en eUas una ley genera1comprobada una y otra vez, esa leyes la de que después de
un ¡período de :anarquía revolucionaria surge el
gObierno absoluto del dominador de brazo y voluntad de hierro; es un ritmo necesario de la historia.
que no ha dejado 'halSta hoy un solo día de cumplir su oscilación falta1. Durante las guerras clvf1es se ¡confunden a la larga los medios con los
fines en la más lastimosa de las rotaciones de
id€3Js,de ta1 suerte que quienes empuñaron las armas con el propócsito de acabar con una dictadura, no vacil:an, llegado el caso, en investir con ella
a su propio caudillo, y de esta suerte los propósitos
iniciales de la guerra se d.csvanecen en las revueltas doelcaminc sangriento, como las brujas de
Macbeth. Por otra parte, los pueblos cansados de
la discordi:a. o amenazados por la disolución, aclaman la dictadura de un hombre o de una Asamblea, de un partido o de un club, y en sus manos
resignan la libertad de que han abusado y el derecho que no han sabido guardar. Para, subvertir la
democracia de Atena!S y estab1ec,er la tirania de
los treinta, Theramenes, Gritias y sus compañeros
;principiaron por promover las turbulencias que
habían de ani,quila.r las instituciones, a nombre
mismo del pueblo que intentaban tiranizar; los
demagogos, los Cleón, los Hipérbolo, los Androcles, ,aparecían como los órganos vivientes d€ las
instituciones democráticas, como los centinelas
vigHantes de los derechos populares, pero en realidad preparaban con la corrupción y ,el debilitamiento de estos derech'Qlsy d€ aquellas instituciones el advenimiento fatal de la tiranía. La guerra
civil hizo posible la dictadura de Sila, y el fun€sto
precedente de decidir las controversias políticas
con la .a,pelación a las armas fue un legado de
muerte que, con el relajamiento general de los
espíritus, preparó la final abdicación del pueblo-
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lOOIJA FORI
6S
rey a la ambición de un César hoy y mañana a la.
ignominia de un Nerón. Las compl~c'enci:as de
César ,por Clodio tienen su lógica, puesto que las
obscuras convulsiones anárquicas de la República romana fueron el antecedente necesario e imperioso de la dictadura; la licencia es el aliado
más formidable de la ambidón contra la libertad,
ILa historia de las 'brillantes republicas itali:anas
, decae en los siglos XIV Y XV ,a una cróni,ca \Sangrienta de guerras intestinas preparadas primero
y luégo d,espiadardamente refrenadas por los Médicis Y los Visconti, los Dorias y los Fieschi, los
Borgia y los Malatesta, los Sforza y los Bentivoglio, hasta que al cabo esa briUante Italia del
Renacimiento, que habia reencendido en Europa
el ardor de las nobles empresas del espíritu, reconciliado el orden civil con la libertad, restaurado 'el estudio del derecho y de la filosofía, creado
y enalteddo el gusto por el arte y ¡por la poesía y
resucitado la 'cienci,a y la literatura de la antigtiedad, vino a ser una vez más Ja presa de los mismos bárbaros a quienes reabría lalS send:as de la
civUización..' Cuando el pueblo inglés, impulsado
- --por las fa1ta)idades históricas, olvidó 'el canon de
sus doctrinarios de ·todos los ti·empos, Force t.s no
remedy, y confió al azar de bataJlas l:a.reivindicación de sus derecholS vulnerados, esculpió los duros y enérgicos rasgos de Orómwell, el más vigoroso de los domadores de hombres; Polonia, presa die una anal1quiJairremediable, atrae sobre sí
la disolución y el despotismo, el más insopor,table e irritante ,de ellos, el que ejerce el conquistador extranjero, y/Ía Revolución e.s el inquieto y
formidable génesis del águila imperial que, con
la inmolación de dos millones de vidas humanas,
oprimió a Fr,ancia y SUbyugó a Europa;/
Séanos permitida una digresión, Quienes, escépticos de la virtualidad del esfuerzo paciente,
d·ela propaganda de 1as ideas y de la educación de
las -masarspara La Ubertad, Ilanzan a las naciones
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64
CARLOS ARTURO TORRES
al vórtice de la contienda civil, van levantando sm
quererlo y sin sospecharlo, mas no por eso de manera menos ,evidente, el pedestal que ha de sustentar mafíana la flgurafatal
de~ domador de
fieras humanas; cuanto más larg¡a 'YmáS intensa
es la precedente convulsión anárquica, máiS' inexorable es la personalidad del César democrático que la sucede y ,que la enfrena; puede decirse
que cada hora que prolonga la contiend,a" cada
acto que la encruelece, cada pasión que aviva su
llama devorante, hacen más ineludible el advenimiento del amo Y desarrollan una fibr.aen su
brazo de ¡pacificador (1). En los períodos de r,epresión que forzosamente suceden a los periodOS
de hilsteri..sIDorevolucionario, los pueblos que no
quieran compartir la suerte de polonia deben vedarse toda recriminación estéril, todo convUlso
conato de alterar por medios violentos el cumplimiento de una ley de causa1idad irremediable.
(1) En la tortura obseslonante de esta persuasión y en
medio de los horrores de una luclha armada que amenazaba prolongarse indefinidamente, el que estas líneas escribe
condensó asi una vez la inquietud de su pensamiento:
iOh pueblOS que encendéis la tea infanda,
castigo y prueba del linajeihumano,
si de duelo y pavor noche nefanda
la patria cubre, si entre el odio insano
y el salva,je furor que se desmanda
sin freno, la figura del tirano
apa:ece Ifatidica y siniestra.
queJaros no podréis: es obra vuestra!
Esto se e.s.cribía en 1900. Quienes hayan seguido con
alguna atenclOn la labor del periodismo. de ideas en eolom~ia,. sabrán si quien así hablaba se limitó al amable esparcmuento de la po.esia en su empeño de hacer cesar la
más funesta de nuestras guerras civiles. La terminación de
18:.g~erra. debida a la, Rctitud patriótica de los Jefes del
eJerCIto liberal, que obraba en Panamá, quienes dieron oidos
a la gran cornente de opinión que se había formado al fin
,en favor de la paz, salv6a Colombia felizmente del ma.l
de que se habla en esta página.
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IDOLIA F'ORI
-65
Quedan para reparar los males de la discordia y
de las ,consecuencias de las represiones, el camino
de la ~epara'ción ienta y segura y de una fuerte
educación nacional. R,eha¡c'er paulatinamente
:ra
conciencia pública dislocada por el criterio de },a
violencia y allelgar para ese alto propólS'ito, no solamente todo el :aluvión de la exrperienci'a, sIno
\' todo lo 'que pueda habery es muchode elemento de bien en las 'fuerzas a 'qui:ene~ ha tocado
en suerte el cumplir en uno u atrocaso [as leyes
fatales de la historia, es labor suficiente para una
! generación y 'amplio campo pa,raque
surja quien
realice la fórmula de lo11dBeaconsfield: "El deber
del hombre de Estadó es efectuar por medios pacificos y constitUlciona,lelS todo lo que haria una
revolución :p'Ormedi'Os violentoo".
Continuemos: el fenómeno histórica del ritmo sucesivo de anal1quía y de 'Opresión, implica
coma predominante
en cada claso su respectiva
psicología po1itilca y un concepto de las necesidades institucionales
correlati-vo a cada situación.
Los partidos,aun
aquelIos ,que ,creen !Suyo el más
preciso y definido de [os programas, lo adaptan
sin ¡propósito predeterminado
al nuevo estado de
alma del agregado social; de ello nos dan ejemplos ilustrativos los estudios de Mommsen y de
Ferrero. La rotación de las idears puede señalarse
entonces con rara y unánime
indefectibilidad.
Cuando la \Sociología b:aya ¡alcanzado la visión
profética de que habla el sabio ,alemán,cuando
pueda fij aren sus ecuaciones, como él lo espera,
el día cierto en que la cruz griega vuelva a coronar l,a ,cúpula de Santa Sofía, o 'en que Inglaterra
queme su último ¡pedJazode carbón ; cuando, para
repetir una expresión ya usada, se puedan ¡predecir ilas revoluci!onescomo
ho~ se predicen los
eclipses y la formación de una nacionalidad, como laexilSrtencia del planeta, de' Leverrier, podria
. declararse profétJicamente también, !por l'a observación d'e un .síntoma el m¡1~ insIgnificante, pon-
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66
CARLOS ARTURO TORRES
gamos por -caso, la tendencia de un periódico, el
rubuso de una autor;dad municipal, la disloCia.ción
d>elcriterio ipúbli'co ten un caso ordinario, la sanción ,aberrante para un hecho y la lenidad de esa
sanción para otro, etc., etc., podría la.firmarse-de
cimas-qué pueblos están elaborando en ISU seno
el g,ermen mórbido que ha de llevarles a :I.'aanarquía y de ahí a la s·ervidumbre y a la disolución.
Los cambios de pers,pectiVlaque el tiempo impone al 'criterio, como se ha visto, en la apreciación de un mismo hecho 'o de un mismo principia
patentizan extrañas contra:dicc10nes Y rectific.aciones de!S'concertantes;aui'en pretenda descubrir
al tl1avés de los anales humanos y a [,a luz de un
jui,.,iO predeterminada
el hilo invariablemente
cODtinuo de un princ'¡pio dado en sus desarrollos
históricos, a mejor dich'O, la 3Jctitud de los hombres y los sucesos ante una Idoctrina ·general, se
vería extraviado en un déé'la]ode impo!s'ibleorlentación. No hay una matemática inflexibloe para
la historia ni 1Jara la po]ft1ca; para poder determinar la bondad 'absoluta o la absoluta condenación de un hecho o de un principio, las ciencias
sociales no son todavía ciencias exactas, y la netitud de una recta iderul en las cosas de los hombres es un vano ensueño y una aspiración quiméricla.; 'sólo las pasiones y los ,prejuicios han pretendido modelar a un sistema particular y reducir a un Call~€ lÍnico la infinita ·complejidad de
corri-entes adventicias Que !determinan un hecho o
ha:cen posible una institución.
"La historia -dice Fre-eman- es la pol1tica
del pasado, como la politica es la histori'a del presente"; por tanto, así como la poUtica refleja el
color del lente de opinión al través del cual se ~a
considera. la historia suele \Siertan cambiante como las ideas de quienes la escriben. Gregorovius
hace de Lucrecia Borgi:a una mujer virtuosa, Y
para Froude~ Enrique VIII es un~ran rey e Isa~~l
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,- IDOlJAFORI
-
l'
"le·es bien inferior; 'elBOIlivar de Larrazáb~l
en
nada se parece al de Mitre; para Napler, los espafioles fueron incapaces de cooperar con los ingleiSesen la guerra de la Independencia de la Peninsula 'contra 'la invasión franc'esa, en tanto que
FOOJ:1d
dice te)Ctualmente: "Wemngton no .ganó en
Espafia viotoFia algunacomparalble
-a Bailén, y
Zaragoza y Gerona eclipsan a Badajoz y a Ciudad
Rodrigo" (1) . Ciertamente no se puede pedir a la
historia el 'que formule Juicios definitivos, pero el
mismo conflicto entre los puntos de vista es en
sí mismo una alta ensefianza de tolerancia; all ver
la dificu}tad que se Uene para juzgar con e:xJactitud, no :solamente 'un acontecimiento,
sino un
hombre, se impone 'la indulgencia para, las dlvergecias de opinión y se llega a no comprender el
odio o el desprecio 'que las diferencias en pollítica
o en religión suscitan. La historia es, pues, el estudio emancipador por excelencia yen él se llega por sobre todas las controversias a patentizar
el encadenamiento lógico de los estados !de civ111zación, de {las-ideas y de las institJUciones y su
desarrollo progresivo; 'entonces, el espíritu se libera y uno s'e ,convierte en hombre de progreso;
enriquéce&e la inteUgencia con ;puntos de 'comparación que acltaran todos los juiCios y llega a la
persuasión de 'que el presente está indisoluble.
mentle ligado al pasado, pero que la humanidad
no puede permanecer inmóvil; une al respeto de
lo .que fue el anhelo de 10 que .será, y se aleja
igualmente delespfritu de reacción y del espíritu
der-e'Volución.
Los lescritorelS que exaltan en la historia inglesa la más genuina tradición de ),as libertades
pÚblicas justifican sin re.striociones la R-evolución
parlamentaría y la muert€ del rey Carlos. Se tra(1) Tbe Contemporary Review, número 504, Df.cember
. 1907.
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68
CARJ.,OS ARTURO TORRE.!!!
taba. de saber, en un momento desicivo de la vida
de una nación, si un hombre puede ser superior a
l<asinstituciones es€nciales ,que representan el supremo fu.ero y la mejorconquistia, del pueblo:
Crómwell, cuyo genio de caudillo seria imposibQe
desconocer, personifica la actitud d,el espíritu 11beralen aquel tremendo drama y- lo hace triunfar. Mas la marcha de los acontedmientos se disloca; los que destronaron al rey \Seconvierten en
oligarqu~a, tan odiosa y tiránica, que el intrépidO
Lil1burn, jefe de aquellos generosos levellers (nIveladores) que combatieron al monarca en persecución de una verdadera República, únicos que,
con MEton, parecen haber tenido .en aquellos conflictos d,e fanatismo religioso un vel"daderoconcepto políti,co y una noción moderna de libertad,
no vacUa en exclamar: "Quisiera vivir más bien
cien años bajo el gobierno del rey Carlos, a quien
cortaron la cabeza por tirano, ,qu.eun solo día bajo
la presente tiranía de los regicidas". El extravío
del infortunado Carlos puede explicar,se, ya que
no justificarse; su origen, su .educación, sus ideas,
el medio que le rodeaba, perturbaron su criterio
hasta hacerle cr·eer su autoridad superior al der-echo de un ¡pueblo. " Mas ¿qué decir :del formidable guardián de la libertad, del rígido jefe de
los Iron sides, .cuando est.ablece violentamente como 'Un princi1pio de gobierno la inferioridad de
los representantes del pueblo ante los representantes del ejército? Carlos era un vástigo real,
Crómwell un campeón de la libertad y un soldado
del Parlamento; todo atentado contra esta iniStltución, si es una tiranía en el primero, ,en el segundo es la más irritante de ellas y además una
monstruosa prevaricadón.
Justificase la actitud
o.el Protector diciendo que el Parlamento que él
disolvía con sus bayonetas era un cuerpolruero y
que al asumir en SUlS manos todos los poderes
procedía en realidad en defensa de las verdaderas
libertades ing\l..e.sas;¡puede ser, pero si es el critierio
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iboÍJA
FORI
69
particular de un hombre a de un ,partida y nO' el
acaltamientO' a un principio la regla plausible para el gO'bierno de los Estados, nO' se comprende
bien la excesiva severidad para juzgar a un rey
que creía -él también-su
actitud l,a mejor para
su patria y para sucausla, identificadas en el mis~
mo amor y en el mismo interés; la pasión de ban~
dería, empero, asumiendO' el mrugisoori'o augusto
de la histOl'ia, l1ama tiráni,eo abuso de autoridad
el proceder de Carlos Estu:a,rdo y salvadora ener~
gía el de su matador. Mas si del conc·epto abstrructo pasamos a la íntima reaUdad del f.enómeno,
observamos que el parlamentarismo,
institución
viviente, nacional y salv:adora con los Hampden,
los Pym, los Vane, los stéiney, en 1640, y representanoo auténtico entonces del e.s¡píritu inglés,
vino 'a ser en 1654 con los Bradshaw y Haslering
un elemento de disociación, una institución extraña y sin verdadera vinculación en el país, un
radaje impotente y estéril; esa es en el f'anda la
explic'aiCión de por ,qué el veredicto ,que condena
al rey absuelve al Protectar, mas el sectartsmo
enamorado de un sistema como una verdad incandicionada, prefiere lantesque aceptar la relatividad de su credo incurrir en la más clamoro!Sa
de las injusticias y en la, más evidente de las can~
tradiociones .
La apreciación de ese colosal movimiento his~
tórico, fascinador y fO'rmidable,que fue la Reva~
lución francesa, extremada como el mismo fe~
nómenaque califica, ha osci'lado en ,el vértigo de
lastarmentas;
iniciativa y obra del espíritu li:beral, realización y :herencia del pell's'rumiento de los
filósafas del sigla XVIII, fue para sus autal'es y
para los posteriares apologistas que proclamaron
sus doctrinas 'cual Evangelio del hombre maderna
y crisis decisiva de la hstoria, "el advenimientO'
de la ley, la reiSurrección del derecha, la reacción
de la justi.cia". Para ju:z¡garla partían el sal, en
campO' ,abierto,d:O's principios irrecOlnciliables;
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70
CARLOS ARTURO TORRiES
bastaba conaC'Elrsu actitud simpática a adversaria
ante aquellos hombres y aquella bandera, para
fijar sin otros datos la filía,¡ción de un espíritu;
sólo Mallet du Plan, acaso, tuvo en las trágicas
zozobras de aquel vértigo, serenidad y ecuanimidad suficientes ¡para calificar los sucesos, los
hombres y las ideas, desde el punto de vista liberal, pero sin la palSión del sectario. Los escritores
de las gen'Elraciones subsiguientes, Michelet, Louis
Blanc,Quinet,
Lamartine, bebían soberbias 1ns;>iracionesen aquel raudal embriagadar, surgenre única para ellos d·el derecha y de la confraternidad humana. Vino un día, y los espíritus más
cultivados, má's apercibidos y más audaces, dentro de La,escuela que demanda a la razón y a la
crítica independientes la fuente de sus juicias (nO'
de 'las filas de los enemigos naturales de la Revalución, pues en éstos tada juiciO' adv-erso es un
hecho tan lógico y natural, qu·e no hay para qué
cansignarlo aquí), iniciaron la más d-emoledora
de la's reacciones. Renán decLara que la Revalución fue una experiencia fracasada, que su ,códigO'nO'·puede engendrar sino debilidad y pequeñez,
y que "can su mezquina concepción de la famiUa y
de la ,propi,edad, los que tan tristemente liquidaron la bancarrota de la Revalución -en los últimos
años del siglo XVIII prepararon un mundo de
pigmeas y de rebeldes". Taine dedica la mayar
parte de su vida y la mejar de su pasmoso es.fuerzo mental, sus admirables dotes de análisis,
la
escrupulosidad benedictina de sus búsquedas, su
riquez'a abrumadora de d{)cumentaci6n, acumulada en treinta y cuatro años del más consciente
y minucioso de ~os estudiasen ,las arc'hivos de la
época revolucionaria, todo ello integra.do en su
obra capital, a desvanecer la leyenda y el ideal de
la Revolución y a rectil'ic!ar el concepto que a cW\S
generaciones hablan inculcado 103 escritores de
1825 y 1848; para él, "todos los articulas de la Declaración de los Derechos del Hombre son puña~
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l.es dirigidascantra
la saciedad humana"; la nache del-4 de Agasta, "fue obra de una tropa de
gentes ,ebrias"; las valuntario.s de 1792, aquellos
saldadas de la Revalución que férvida cantara
Michel-et, fueran "malas sujetas dléllas encrucijadas, vagabundos de las campas"; la libertad se
le aparece "aulladara y manstruasa", proclamada par "brutasenlo.quecidO's"; Robespierre no. es
sino. "un tanto, tímido, delirante, odiaso"; Saint
Just "había robado cuando niña la vajilla de su
madre", y la Rievolución, .en fin, "un cacodrilo,
del cual ha estudiado ,en detallie la estructura, el
juego de laS' órganas,el régimen, los instintos y
los ,apetitas". ¡A esto quedan reducidas, para el
autor de las "Orígeill:!s de ¡t'rancia contemparánea", las héro>esy la admirable epopeya de Michelet y Lamartine! Con raro valor, camprometiendo sus in tereSles, enaj enando sus amistades, perdiendo la admiración y las simpatías de quienes
primeramente le aclamaron, sin más mira que el
servicio desintel1elsado de la verdad como él la entendía, Taine hace a la Revolución ,el proceso más
formidruble !que hay/a sufrido jamás una acción
de los hambr,es. En la infIexibiUdad de su sistleroa, el Hus1lrepensador no vio sino una faz de los
acantecimientas; su pasión de rectificaciones le
nevó más d>euna vez a la inj usticia, cama lo han
comprobado pasteriores investigaciones, las de
Aulard, por ejemplo., pero. su actitud inició tado
un movimiento de ide/as; discípulos eminentes, un
Bourg>et,un Lemaitre, un Vogilé, h-ancontinuado
su propaganda, y no Ipodría negarse que han determinado una nueva orientación en muchos espíritus.
,La figura de Na.poleón, proyectada so.bre las
generaciones subsiguientes al tfia:vés del prisma
cambiante de la pasión O' del interés politico del
rnomento, ha padecidoextrafias
metamorfosis; la
-leyenda del héroe ha ,pasada por ,las fasles más
contradictarias. D'Q,rrunte la restauración de los
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72
CARLOS ARTURO
TORRES
Borbones, el proscripto de Santa Elena, héroe y
.semidiós de las canciones de Berang,er, :apareció
como una especie de mártir de la libertad, sacrificado por su amor a la patria y la sus conciudadanos, personaje idílico, filantrÓ¡pico y liberal, cuyo recuerdo se conservaba ,como el de una propicia ,deidad tutelar en las últimas calbafias de
F~ancia. Medio siglo más tarde, el héroe mártir
era sólo un usurpador sin cohci:encia y sin ley, un
déspota sanguinario que sacrificaba a su ambición personal primero los :principiolS de la Re!pública, y luégo la vida de toda una generación; la
leyenda sigue t~ansf{)rmándose hasta que llegue
un dla,como lo observa Le Bon, en que los sabios
y los historiadOl\...
os, en presencia de tantas relacionescontradictorias,
dudarán de la existencia del
héroe y sólo verán en él algún desarrollo de la
leyenda de Hércules, "¡porque la historia no .eterniza sino los mitos".
Desde una pOSición muy .diferente y a nombre de ideales que la escuela de Taine está bien
lejos de compartir, Karl Marx tiene para los príncipios de 1789 un gesto de acerba ironia, de fiero
desdefio, de corrosivo escepticismo: "j U1Sticia,derecho, libertad, igualdad, fraternidad ... todo ello
simple farsa de los 'burgueses", y una v:anguardia
resuelta del partido social, "los antidemócratas
de la extrema izquierda", que dice Jacques Banville, proclaman sin vacilar, en beneficio de la
obra de Producción, la necesidad de una j erarqula,
el establecimiento de una "aristocracia del trabaj o", nuevo linaj e de superioridad
especifica,
contrapuesta a aquella aristocracia intelectual en
que Renri Berenger cree encontrar la resultante
del conflicto entre la democracia y la ciencia. El
principio igualitario y nivelador de la re,volución,
se ve, pues, asaltado desde todos los puntos del
horizonte; atácalo su tracilcionalaciversario, el
aristocratismo conservador, como 10 ataca la es~
cuela de positivismo histórico de Renán y
de
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lDÓDA FORÍ
73
Taine; atácanlo los colectivistas como lo atacan
los intelectuales, pero de donde rr:>ar1ie
la más decidida y áspera agresión,es de,l campo del racionaUsmo determinista. Lapouge, propagador francés de Haeckel, con rara pre,cisión y lógica innegable esculpe asi la sintesis delconWcto entre las
dos mentalidades: "A la fórmula célebre que resume el cristianismo laico de la Revolución, Libertad, Igualdad, Fraternidrad, nosotros respondemos: Determinismo, Desiguaildad, Selección"; es
casi imposible concr>etar de una manera más neta
yeXJpresiva la rr:>rofesiónde fe antidemocráti,ca de
la ciencia de ayer, más atrevida, empero, más extremOisa aún en su aristocratismo aparece aquella filosofía con que la antorcha de Zara:tustra
alumbra el camino triunfal de los hombres
de
presa.
Por segunda vez el ideal cristiano y el ideal
revolucionario, aparen1ie's adverslarios de todos los
tiempos, se y¡en confundid'osen una misma agresión y vinculaido\Sen la esencia intima de una doctrina común; astros a-parecidos en los dos pOlos
del firamento, ¡giran una y otra vez en órb~tas lejanas y ,contrapuestas, simbolizan por una centuria los dos términos extremoo de una antinomia
al parec'er irreducible y eterna hasta que un dia
en la incesante revalull:Jción de las ideas nos deslumbra en pleno cenit su misteiosae
imprevista conjunción. Destituida qUeda de todo motivo
intrínseco y liatCional la intransig,encia sectaria
que ha enfrenta'do, llenando una edad de la historia con la ardentia de su propaganda yel fra.
caso de \Sus combates, los dos fanatismos consagra,dos; el antJagonismo de dos credos que se han
disputado Icon la implacabiUdad de un odio perpetuamente renovado la direcrCiónde los espíritus
yel gobierno de las sociedades, queda reducido a
la ~ategorfa de un prejuicio vano, de un ídolo del
Foro, sin reaUdad fundamental. Por una ironía
de las ,cosas/que hubiera apareCido como la ina.
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CARLOS ARTURÓ TORRES
nidad de un sueño a los e&piritus de las :postrimeriasdel siglo XVIII, el renacer del idealismo,
tan visible en los precisos momentos en que esto
seescrtoo, y al cual los descubrimientos científicos de Curie, de Quinton y las concepciones filosóficas de Bergson hlan dado extraordinaria y vivida impulsión, restaura, rectificado por el cincel
de la critica, depurados y adaptados. a los conceptos ,modernos por la acrisoladora experiencia,
unos ideales que se tuvieron por herencia de la
filosofía enciclopedistla Y unas doctrinas en que
se vio una vez la resultante y la i!h'Wiradón del
espíritu ,que movió la pluma de Helvecio, de Holbach y de Le Metrie!
La rotación de las ideasen la historia y en la
política, del prOIpiomodo como en la filosofía yen
la ·ciencia, implic,a, decimos, demoliciones y restauraciones sucesívase incesantes; mas a las
ideas acontece lo que a Cristo .en la magn1fica
expresión de santiago Pérez: ,cuando 'Balen del
sepulcro no 'traen ya las huellas de la tortura ni
la saliva del sayón. Esto quiere decir que van desprendiéndose en el camino, que es muchas veces
una ordalia, de la sombra de error que es lote necesario de sus primeralS oscilantes iniciativas; cada lucha las templa, cada proscripción las depura, cada asc·ensión las ennoblece; el tiempo las
desvirtúa o las ,confirma, Y al fin no obtiene el
triunfo definitivo sino lo que en ellas haya alcanzado los caracteres de eternidad. Muchas vec-es.cuando un principio pare1cemuerto para siempl'e en laconcie'llcia de los .pueblos, reposa solamente en el sueño que :precede a los más grandes
despertares; como aquel legado d-e id-ealsque, -en
el admirable poema símbolo de Vigny, un náufr'ago arroja al mar en un frágil vaso de cristal, confiando en el instante de morir a la esperanza el
tesoro de \Suespírítu, una verdad desaparece por
muchos años en el doble a-bismodel olvido y de
la proscripción; créesela perdida para siempre,
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IOÓi!A FORI
75
sin recordar que las naves \Sehunden y los hombres perecen, pero los pensamientos flotan como
el espíritu de Dios sobre las aguas -et spiritus
Dei ferabatur super aquas- en <lagrandiosa concepción del génesis; cuando llega la hora de la
pesca mila,grosa, el porvenir recoge en ignotas
ril>eras el elixir de vida transportado por las ondas, mensaje supremo, vencedor del tiempo y de
la muerte.
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CAPITULO V
ROTAC ION DE LAS IDEAS
CONCEPTO POLlTICO
"Las bases del antiguo radicalismo han desaparecido", ex,clama en la Political Science Quar.
terly uno d-e los radicales más avanzados, uno de
los más notorios escritores poJiticos de la Inglaterra contemporánea, Mr. William Clarke, y luégo añade: "La:s nociones radicales de finalidad
politica han sido juzgadas; desde que el radicalismo fue predicado Po,r vez primera como un credo en Inglaterra, todo el pensamiento Po,litico y
el científico ha sido vitalmente afe,ctado por la
concepción evolucionista". Años ha, -en un opúsculo famoso, Her!bert Spenc€r había señalado, la
inmensa regresión del liberalismo inglés y denunciado la superstición politicaqueen
"su lS'entir
disloca de tal modo las tendencias de ese partida,
que ha acabado, por conv-ertirlo en un neoconservatismo en la a'C>elpción,
si no histórica, sí rigurosamente filosófica del vocablo. El fenómeno debe
estudiarse desde un punto de v:sta abstracto, y
superior, por tanto, al que inevitablemente determina el pensami:ento de losescritol'es militan.
tes, así sean ellos los más serenos y 10'5más justicieros .
El partido liberal inglés, íntimamente vinculado siglos ha con la causa del progl'eso de las
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lOOllA FORI
'7'1
tnstituciones públicas, es, sin duda alguna, [e·
gatario de la más grande tradición poUUca que
la 'civilización occidental h'a producido. De sus
prístinas concepciones, y mucho antes de que recibiera Ira cOn5'agraci6n del nombre que ha fascinado tantos espíritus con el prestigio de sus
doctrina's, brotó el movimi'ento 'que echó las bases de la inconmovible pirámide de las libertades
inglesas; sus principios alentaron el espíritu que
cI'eó las instituciones de la Gran Re¡pública del
Norte, que insp~ró a Pitt en 1788 aqueIJa declaración neta y audaz sobre las restricciones del
derecho de los reyes, que es un axioma de la democracia moderna; sus teorías, afirmadas hace
cinco siglos en las luchas entre el principio de
autoridad y la voluntad popular, fueron la surgente primera de reivindi'CI'aciones que culminaron más tarde en esa síntesis del derecho ¡pÚblico
moderno, que emerge ,como la cima eternamente serena de una gran montaña d-e ent·re las nub-es tempestuosas: los principios de 1789. "Todos
los mojones o miras d-el pensamiento moderno
-dic,e Benjamín Kidd-, incluyendo la crítica de
Kant y la hi¡pótesis darwiniana, se refieren por
modo resencial a sus 'concepciones y a sus actitudes"; todo el modernrOcoThstitucional,i~lmo qu¡e,
Icua1esquiera que sean sus 'eclipses y atenuaciones, triunfa hoy en Rusia yen Persia y en Turquía, como triunfó ay.er en el Japón, ha tenido
allí su fuente, su inspil'ialción y su estímulo. Las
d-eIDocracias d-e la América latina recibie,ron también infiltradols arl través del doble modelo angloamericano y francés ,tOdo lo que éstos ,tomaron
d!el tipo ancentral de 101& liberalismos occidentales.
Puede tomarse, pues, como el genuino exponente
de esas doctrinas y su campeón caracteri?ado;
por tanto, la ,comprObación de todo ,cambio fundamental en sus programas, en sus ¡propósitos y
en sus actuaciones bastaría, rel-evándonos del
minucioso aducir de 'Otras pruebas, a justificar
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CARLOS· ARTUROTORRES
la afirmación ¡general de 'que los partidos reavalúan intensa y substancialmente los valores politicos y ad'aptan sus principios a las necesidades
de los Uempoo y a la. orientación general de los
espíritus.
La -escu-elade Mánchester, forma la más acentuada del partida whig, se puede ,caract-erizar en
la exaltación del .principio del LAISSEZ FAIRE, síntesis soberana de la autonomía individual. Durante -e.lpasado siglo, principalmente, ,la libertad y la
igualdad ,politicas fueron el emblema inscrito como resonante voz de arden en los programas de
ese partido y perennement-e vibrante en los 18ibios
d-esus tribunos y de sus publicistas; desde Cobden
a G1aJdstone, desde Macaulay a Morley, desde
Bentham a Spencer, desde stuart
MilI a Brigh't,
los elementos directivos de su acción o represen.
tativos de su pensamiento fueron los enemigo.!
naturales e impertérritos d-e la ,prerrogativa y d'el
privilegio; los irrecusables abogados ,de lia personalidad humana, de su dignidad y de su r·e:sponsabilidad, de su universal -emancipación y de la amplitud de su capa,cidad cívica. Meta SUiprema de
es,a escuela fue consecuencialmen te el restringir
hasta los últimos limites de la pos~bilidad la esfera de acción, no de un gobi-erno determinada,
sino de todo gobierno, del GOBIERNO. En sus conoopciones, el progreso ¡politico es la resultante de
la libertad que aumenta y de la autoridad que
decl'e·ce; la noción de ;gabierno, abatida al rasero
de un mal, "mal necesario", pero un mal al fin,
debe restringirse dia ,por dia hasta el Estado-gendarme de ciert'oseconomistas, -esto es, reducirse
a la atribución elemental de dar ~'5'eguridad."Un
máximum de libertad y un minimum de gobierno"
es la fórmula adamantinaque
Spencer preconiza
para las sociedades del tipo cooperativa e industrial que han de reempla~ar, según las inducciones d-e su filosofía, a las del tipo semiindustriaJ
y semimilitanteque
predomina hoy 'en las más
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mOllA PORI
'19
avanzadas naciones y ,que se han substituido a 'las
exclusivamente militantes, tipo general de los períodos bál'baros. Con esa aspiración se ha visto
identificado el genio de los pueblos angloparLantes de uno y otro hemisferio en 'el moderno periodo de la historia.
Toda limitación de la libertad personal. toda
forma de intromisión del Estado 'en el real inviolable de los fueros individual,es, venga de donde
viniere. fue ~ ha sido para el Uberalismo inglés el
más intolerables y menos to}erado d<elos abusos:
Burke fulminó ~c'",...,,,..,,,(le su elocuencia contra
la Convención i'·Ja,cionaleX' ':""''l'VIbl'erelmismocriteriocon ,oue :tabla cC1"1batidola cctitud del gobierno metrono1'trno ?t1I-.~ las trece ,colonias sub1ev'añas d,e J\mérir-' ~'~1';¡ él era tan odiosa una
tiraniacuando
la ejerce uno 'solo ,como Icuando
la ej.erce una Asamblea de tiranos. Para limitar
la autoridad de la Corona, cuando en mal hora
Quiso restaurarse en el puebla Que conQuistó "La
Magna Charta"el
principio del derech'O divino,
los ,genuinos ant,epasados de los liberales de hoy
de,capitaron un l"ey y depusieron otro: ellos mismos lucharon contra la dominación que da la
proniedad territorial, no ,por espíritu de hostili.
dad a clases determinadas, sino como prevención
contra las oportunidad'es Que las grandes posesion,es t,erritoriales (latifu!ndios) sueJen ofrece-r
a las dominaciones o¡pre:siv,asde una aristocracia.
soberbia nor su aboleng.o y fuerte por su riqueza.
En el lógico perseguir de sus principios ha inscrito en su programa la extensión de las franquicias, la ernancipa,ción de los católicos, la restricción de ,los privUegiOls,la secularización de la, e11señanza. el home rule. o a 10 menos un temperamento dIe a¡utonomía irlandesa que a él se acerQue, y el 1ibre 'cambio. Opúsose una vez a las Tra.
de-unions y a todo linaje de coacción colecti~Ta
tendiente a limitar la capacidad individual, y si
por una parte combatía el concepto de que el Es-
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80
CARLOS
ARTURO
TORRES
tado sea un pre·ceptor, por otra se oponía a que
fuera ma teriJaexplotable en beneficio de una. ela00 cualquie'ra de la sociedad. Cuanto al derecho
de propiedad como fundamento de las instituciones I1bres, erigía en principios inconmovibles los
formuLados por Bentham., y que son la nega.ción
misma del socialismo: "CuandO' la seguridad y la
igualdad entran enconfJicto, no ¡puede haber vacilación; la última debe ,ceder. La primera es el
fundamenta
mismo de >Ia vida: subsistencia,
abundancia, felicidad, todo depende de- ahí; si
hubiere de atende:rse a la propiedad con la intención directa de establecer una igualdad de posesiones, el mal seria irreparable; no más seguridad, no más industria, no más abundancia; la sociedad volveria al estada salvaje de donde salió".
Esos eran, 'Por sus grandes lineamientos, los
principios fundamentaIes de ayer. ¿Son esos mismos los de hoy?
Hel'bert Spencer, según \Se dice 31rriba, demuestra con lógica imposible decontravertir
y
con abrumador a,cervo de hechos imposibles de
desconocer, que por sus tendencias cada dia más
acentuadas, traducidJas en propagandas y leyes
cada vez más compulsorias, el llamado liberalismO'de hoyes una nueva forma del partido conservador; que los errores y faltas de los legisladores, como antes los de los monarcas, están preparando la esclavitud del porvenir, y que asi como la gran \Superstición poutica del ¡pasada fue el
der·ech'Od~vinO'de los reyes, la gran sUlperstición
política del presente es el derecho divino de los
parlamentos. El pro>fesor LoweIl, de Harvard, en
su reciente admirable estudio: "The Government
of England", que ,es una de los análisis más lúcidos y dentif1cos dels,istema palltico existente en
la Gran Bretaña, señala también de un modo claro las difelt'enciasfundamentales entre el antiguo
1iberal1smo y el radicalismO' contemporáneo. El
primero, según se a,caba de ver, tenia coma canon
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IboLA FOm
.
81 '
sUbstantivo el restringir la esfe'ra de aCClOnd·el
EstJado.ya se le llamase Rey, Ar:stocracia o Pal'- '
lamento; adviérte.se en el último la tendencia'
opuesta, ·esto es, a aumentar las atribuciones del'
Estado y transferirlas a una mayoria numérica y
de ésta al ga1binete qUe eHa scst:ene y 'dé ,quien'.
recibe, no ya inspiraciones solamente, sino el tra- ;
zado casi indiscut:do de una línea de procedi-'
mientas neta y unánilrte. -Al derecho d,e los· par·'
lamentos sucede ya el derecho divino de gabine- f
Des; a la exaltación delindividuosuced·e la e~al- ,
tación del Estado. El radicalismo insular restrin-'
ge hoy, en sus procedimientos administra.tivos y
en· el espíritu de las leyes que préhija e impone;
la libertad d·el individuo, y amplía hasta lo ilirhi- ,
tado la atribución gubernativa; d·e:sde las leyes r
restrictivas y de estricta reg'amentación, d:·ctadas '.
durante ·elsegundo ministerio de lord Palni.erstoh, (
hasta el LICENSING BILL, que h'a 'agitado honda..,.
ment'e :el gob:erho deMr. AsqUtth, adviértése 'el'
m.áscompletocambio de posiciones, el abandono'
gradual del concepto :indlvidualista y el acerca-;
miento al socialismo de Estado. EL"un f,enómeno'
constante en la evolución de los partidos el que '
"la iz,quierda" absorba a la larga al "Oentro" y a:
"la derecha"; el liberalismo fue el ala extrema,
la vanguardia d'el partido whig, y lo suplantó; el '
radica·lismo fue "la izquierda" del Lberalismo y
s>eha sustituido a él; el socialismo es hoy la divi- ,.
sión avanz'ada del radicalismo y prácticamente di':
rige las operaciones de todo el ejército; mas como
'los prlncipios de este último partido son Ja negación misma del credo whig, resulta que en el ea..;
mino teentrante de sus desarroHol3 los más avanZa
dos liberales vienen a ocupar una poskión todaviai
más rezagada que los retardarios tories, y por una·
interesante inversión de papeles, éstos aparecen'
ya an~e los autorit:alfio.ssocialistas como los cam- .
peones pel dereCho individual y de la libertad humanas, a lo menos en determinados debates.· Se l
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CAIU..OS ARTURO TORRES
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ha llegado al punto de que una asociación netamente conservadora ha,ya tomado como lema esta
variación del lema genu~nament'e liberal de Spencer: "Individualismo contra socialismo".
Si se estudia la historia del con.servatismo
inglés, THE OLD STUPID PARTY, aparece un proceso,
si no tan relevante, a ]0 menos sufidentemente
poderoso 'a a¡:;,entar el dato de su evolución (1);
en general, y ya se ha o~.ervado, qu}ere el progreso de las ideas y el constante cambio de posición de los parti:dos que el conservatismo d,e hoy
sea el liberalismo de ayer, así como el liberalismo de hoy será el cOllljervati:smo de mafiana. Si
concibiéramos un poI1tico militante, absolutamente inconmovl,b:e en su credo y a qui·en por un mi1agro de la Naturaleza le fuera dado llevar una
intervención activa en los públicos negocios dufZr.lte den afioS'l,esa personalidad presenciaria
extraños cambios y suj eta estaría a desconcertantes invo'ucraciones e inauditas sorpresas; veria
en torno suyo <comoamigos y correligionarios hoY
a los rojos, mafiana a los azules, y seguramente
pasaría ante el criterio cambiante de los partidos -él, el lnmutablecomo un tránsfuga de
todos ellos, como un pol1tico inconsci.ente Y ligero, infiel a si mismo, incapaz de toda unidad de
acción Od,e perusamiento.
Los pensadores británicos que han sorprendido la inmensa evolución recurr.ente d,el libera'ismo de su país, la han consignado o la han condenado, ,no la han explicado. Esa explicación puede
bal,larse .en la forma y orientaciones gen.era'es de
la mentalidad contemporánea, 'en la cual la teoria del Estado surge de nuevo y tiende a prevale~er sobre el individualismo que demparece. "Considérase hoy a la SQciedad-dice Benj amín Kiddno ,como un simpl,e agregado de individualidades,
(1) Véase Tbe Early Bistory 01 Tories, por M. C. ROl-
lance Kent.
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1D01../\ FOI~1
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po se abandonó; si ajguna vez se tiene el valor de
rectiHcar un pr.nc:vio, casi nunca se tiene el de
abandonar una denaminación y la des.erción de
las d.octrinillsse es,tima en ·Q>ca:siones
menos grave
que la deserción de los partidos, cuando el caso
llega -y l'e.ga con fre'cu,enci,a- de que para S·8guir a éstos haya que desdeñ.ar u olvidar aquéllas.
Aparte de la superstlOión €¡S,peciflCade un
princ pio determinado que la razón rechaza, p-ero
que el hábito mantiene, hay una superstición genérica, si vale la €X!presión, que n.o es la de un
partido, sino l'a de partido en general. El j.n.stinto gregario -he1rEtncLa de las épocas de esclavitud- se impone y tr unfa a pesar de todos las
a1a.r,d'esde inde,uendencia individual y Ubre pensaJmiento, y suele ser complementado y fartallecido por 'Otro más miUtaJnte y combativo: el instinto sectario. El hombre, desd'e las épocas de la
prolit"a y de la prorpiria,anhela una entidad ante la cual prosternarse y busca un gremio, una
confraternidad que le proteja, de la cual 1E,e
sienta parte intelgJrante y ne1c€saria, elemetnta que
signifique y cuente; para colmar esa necesidad
racial e innat1a, y a falta d€ otro, se forja un ido10, la Barna "mi partida" y a él rinde todas las
'Ofrendas, hasta la de la vida. No importa que esa
de:dad n.o corresponda a un concepta cLaro o a
la cancreción de un orden de id·eas; no importa
que, aún corre~ndienda,
éstas no \Se analicen,
ni se avaloren, ni se comprendan. Nó; esa deidad
llega a sustituinse a todo, a exigirlo tada, a tomarla toda; a ella se hace el sllicr:fkio de la famPia, de la patri,a, de los princ.pios: por ella se
mata y por ella se muere. Tal parece que la infortunada estirpe de Caín y de Pr.ometeo, vinculada a la e:sclavitud y al erll'or, lleV1aseel estigma
de una -e·terna subardinación m-ental que la hace levantar nuevos ídolos sobre arus despobladas
y ya barridas por la razón. Canrad,er, en su CAIDA
DE CARTAGO, de esa selección de abras supremas que
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CARLOS ARTURO
TORRES
se llama el MAXIMILIANEUM de Munich, impone a.
nuestro espíritu una de las más trágicas revelaciones de la historia. Detrás del asunto principal
en que Sc~pión dicta al bruno Aso.rúbal de la barba asiria, ah,errojado, pero fiero aún, las duras
condiciones del vencido, aparece un fondo d'e siniestra y terrible grandeza: la ciudad arde; l:as
multitudes, enloquecidas por e,l terror, huyen ante el fuego y ante las legiones romanas, Y allá a
lo lejos, entre el humo y las columnas que se desploman y sobre la lividez del incendio, proyecta
la estatua de Moloch su 'cabeza de ,toro sanguinario; el pueblo corre a las plantas del horrible
dios, y las madres, en el vérttgode la desesperación, e~,treIlan a los illifios de pechos contra el pedestal de la estatua para aplacar al ídol.o insaciable. En la>sdemoeracias americanas el espíritu de
partido ha stdo el Molochebrio de sangre a qUien
se 'le ha ofrecido a torrntes el rojo licor. Ylapuede verse, empero, cómase reducen a sus verdaderas proporciones esas divinidades implacabl,es y
omnipotentes cuando se las somete a lo que Hegel llama "la 'terrible disciplina delconocimiento propio", disciplina ,que ha de llevar inminentemen te, hay que espeJ::arlo,a una de las más hermosas conquistas del espiritu humano: el libre
examenpoliUco.
,
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CAPITULO VI
LAS SUPERSTICIONES DEMOCRATICAS
Si al derecho divino de los rey,es ha sucedidO'
el derecho divina de las asambleas, al de éstas se
sustituye a1guna vez el derecha divina de las
multitudes; la dinastía de las divinidJades tutelares se democratiza, y la superstición que las forja -una en esenci,a, aunque ',asuma en su exteriorización formas diferenws y entre sí antagóni'cas- depone, coma el maligna espíritu en el
dl'1amade Goethe, su antigua arreo de arcángel
miltaniano, para gastar el f,erreruela estudiantil
o el rojo airón de los tumultos y de las carnavales callejeros. El praverbia que atribuye a la voz
del pueblo el maravilloso dón de infalibilidad y
justicia privativias de la voz d,e Dios no se confirma, desgra.ci,adamente,en los más trágicos y
decisi'vos momen.tos de la historia. Desde las turbas que ante el árbol de afr,enta ,es.carnecieron,
a 'nombre d,e la tradición y de la ley antigua, la
doble majestad del martirio y de la excelsitud
moral en la personalidad de Cristo, hasta las que
a nombre de la nueva ley y de ¡,a Revolución inmolaron a los prisioneros de las .cár,celesde· París en la\Saciagas jornadas de S,eptiembre, el impulso de las multitudes representa cuanto hay .de
inconsciente e irraZ<lil1lada
en las ¡acciones humanas; cuanto en éstas se acerca más a la bru-
'más
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94
CARLOS ARTURO TORRES
tal y ciega :tiataUdad de las fuerzas d-ela Naturaleza. QuereraHegar un átomo de razón a esas
impul:siones inst.ntivas seria tanto como pretender discutir con el terremoto o c-onvencer al ciclón; discernir un -prestig;o moral a esas energias primitivas o hac-er a la multitud árbitro de
sentenc~as inapelabl>es, o medir el valor de una
acc:ón, o el mérito de una actitud por el aplauso, o ·el vituperio de esa deidad caprichosa y versátil, es deSiconoc,erlJa intima inconsciencia de
sus juicios, la impulsividEl!dde sus actos. el sim-plismo de su ·criterio, su ductlidad a 'as peores
;sug.estiones y su veleidad en los más trascendentaIes _propósitos. Jorge Brandes .plantea esta fórmula algebraica: "L,a turba no es 1
1
1
1
hasta. la suma total de Ias unidad-es, sino 1
1
X; X, es deci'r, b<?stia'ió3:dqu·e s.e desarrolla
en los individuos cuando se Iconvi-erten en turba" (1). En las épocas ·en que se so:ictan sus>sufragios como la más alta sanción y se la adula como la deidad más poderosa, la razón v,ela ante el
tumulto la faz pudibunda, y sólo imperan en el
mundo los dictados delirantes de la pasión. Puede afirmar.se que si hay en lla multitud un espíritu y una conciencia, esa conci-encia y ese espíritu, ,cualitativamente inf.eriores en muchos grados a los de cada uno de los individuos que la
compc-nen (2), son un e-"píritu informe y una
conc',encia obscura y _primitiva de donde la verdad y la. justicia no emanan sino rara vez, en ráfa.ga:~,momentáneas, en inspiraciones ton1adizas
y efímeras como las o'as del sentimiento popular
qu.e uUla palabra inflama y ctra palabra desvanece.
Muchos rectos cara::teres, muchas inteligencias esclar.eciodasse prost-ernanante
-el supremo
+
+ + +
+
(1) Bran<'les. "Le Grand Bomme", origine et fin de la
civillsation", pág. 22.
(2) Le Bon, Psichologie des FouIes, espoS. 1 y II.
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lDOLA FOI~I
87
precursores del linaje menoo inofensivo de los que
han de hace~ de ell:a una pavarasa reaHdad.
Los partidas de la gran democrac.a americana han ba.stardeado de su .origen, y desprovistos
de grandeza y tle prestigio, apagada aquell:a generosa llamarada de ideal que, siquiera sea el
más utÓpico, constituy.e la íntima razón de ser,
el nable l'Iesorte de toda ,calectividad polItica, difier,en tanto -de las que fundarqn un Hami'ton y
un Jeffer:icn, de las que ilustraron ",m Daniel
Webstoer y un Lincoln, un Calhoun y un Clay,
cuanto pueden diferir la mentaLdad y el carácter
d·e un especulador de Wall Street de los de un puritano de Mayflower.separa
a estos de ewtros
un océano moral, más ancho y más ,profundo que
el de Atlante; a los antiguos 'trascedentMes principios de la edad alciónica de la libertad americana, vibrantes de promes:aiSy plenos de, doctrinas, han sucedida ·cuestiones de un día, cuya misma intrínse,ca vu~garidad eXCluye de ellos tOda
posibiUdad de elev3ición, y sabre las cual·es flata de continuo la amenaza del BLACKMAIL o la
sombra de la corrupción y el peculaao. Los partidos no han revaluado ;sus credos; las han abandonado. Presenciamos en los momentos precedentes a una elección presidencial, no concepcio-,
nes pOl1t'ca:s adversarias ni siquiera dif.erentes
per3pectivas ecanómicas o comerciales, sino cuál
de ellos comprende mejor y con más eficacia ha
de cumplir idéntica propósito, el de limitar el poderío de las TRUSTS, al prop:a tiempo que un terc'ero fulmina acusaciones -que son-como dice M. A.
Oaro de .otro debate "escándala de la historia y de
la literatura" -tendientes
a -establecer la complicidad, sino de los candidatos sí de sus más connotados sostenedores, con esos mismos TRUSTS >cuya
eliminaci'ón 'constituye la única razón de ser de
.sus candidaturas y de sus banderas ... La alta virtud democrática que in.spi;ró a Tocqueville está
en vía de desaparecer; el debate que llenó los
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88
CARLOS ARTuRO TORRES
ámbitos d·e un ·cont·:rJ.:enteccm las resonancias
del verbo de los federa'istas y de los repubUcanoo
democráticos ha cedido el puesto al que busca
o condena (y muchasvec·es condena y busca s1n
que la apariencia d-e lo primero e:x¡cluya.la realidad de lo segundo) las complac-encias doradas
de la "Standard on Company"; al espíritu que
lrradia.ba de EL FEDERALISTA o de las s,everas pági.nas· doctrinales de Jefferson, ha suc,edido. el in'terés que en una' prensa sensacional, de donde
el sentido moral está ausente, muev·e las plum.as
de los innobles profesionales del libelo y de la
d.famaciólll.
Vano empeño seria el'que,en el rastr-eur de
la inmensa parábola que han descr:>to,los partidos en lo que va de historia ll'orteam·ericana desde la ado,pción del cód go f·ederal, aspirara sorprender en ellos la nit:dez de tendencias politiéas firmemente d,elineads2 como las de los partidos .europeos' y los de algun3ls de las Repúblicas d:é H:spano-América. Sup'en aquél'Qs la pobr-eza de doctrina y la PLATITUDE de prospectos con
una discipLna fuerte y tenaz que, u'l favor de la
frecuencia y multidplidad de elecciones, de la
co'oEal importancia de los intereses pecuniarios
en ellas vinculados y de la frecuente carenc:ta de
prestigiospersona1es que deben supUrse por corpora.ciones directivas, convierte a los agregados
políticos en pot,ente:s,organismos, ,en maquinarias de incomparable efl'ciencia, a ,pesar de estar
destituídos de la fuerza moral que dan un ideal
levantado y una tradición gloriosa. El federaliS:mo de abolengo la,ristocrático, y a p.esar de su.
nombre de tendencias centralizadoras, de,:sa,pareció virtualmente en el primer cuarto del siglo
'Pa¡;ado, sin dejar jirones' de su bandera ni lega":
do de sus ideas. Apagada esta fuerza, preponderante un día en la pro,paganda de Madi:son, de
Jay y de HamHtort, interrumpióse tacita actividad
política durant.e' el períódo que ha pasadO a la'
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post'eridad.con el nóinbre sereno y pacifico de ".eraJ
debulma voluntad". Sólo hacia 1830 republicanos
a.:emÓcráticosde Jefferson, Pamados ya simple'niente\demócratas,
vieron alzarse anDe el,los el
partido whig, el cual hubo de {.'.:'-·'ipsarse
ante'los
nuevos republicanos, ,que desde 1856 habían de
Hertar los ,anales' humanos· con a.quel tr,emi'mdo
'Y perdurablemente glorioso confli,cto que acabó
con la esclavitud y cimentó la Unidad ctela: Riepú- '
bHca' (1) . Antes de este culm;nante vértice de
lávida pública americana y aeEpués de él, Viarios
:Óartidos han surgido-flores
de un día~para desiíJpaiecer 'cdnla transitoria combina,ción o elíntérés efimero que les dio ,el ser. Señála&e, empero,
uno entre i(.llooque por la distinción d.e las personalidades que lo ,constituyeron, por el valor civil
,que desplegó al reconocer y ,condena'r las faltas
del partid.o de donde se desprendía, y por la inusíta¡ja elevación de sus propósitos puede considerarse, en esa tierra feliz de todas las iriiciac:ones,
cÓmo el tipo profético de los partidos del porvenir~
Nos 'referimos al grupo de r.epub1icanos independientes que rompió toda solidaridad con Blaine
el! 1884;y aU€ fué bautizado por sus adversar:os
con ,eilextraño nombre de mugwump.
"V;ncu'ación
de sup·eriorescapacidades
polít~éas;,cuyo concepto de la a4tonomía perS<)nalles
'v.b:d.aba
:el sometimiento incondicionado alas éxi~éd'CiM de los :Partidos, es' el mugwump,' en r:gor,
~á.s bien un,a e~,cuela pOliticaque un partida;, es
él' .espíritu' cuyo honrado látitudinarismó ,'se co101130 fuéra de los partidos y eridma de, ellos; no
~uÍla'faiange,
esúna' teoría ciue insc'ri,been'sUs
ar,rríasel lema del florentino inmortal: "A,quel :a
Crll'en)os gibelinos llaman glie1foy lo,S,~ue1fos'gi':'
~lino, ese está en lo cierto". Acáso a los desarro~
'1165 'que a' esa "iniciativa reserVe el' porveriir
~l~efectuár ,la reconciUación del id-ealsmo. po-
cum:-:
f
(1)( Jam€s
Bryce,
The American Common~ealth:
. .'
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CARLOS ARTURO TORRES
lftico con la gran República y restituir -disipado el intenso, pero pasajero eiCli.pseque hoy presenciamos- al amor y a La admiración de los esp1ritus generosos la patria de Washngton y Henry Cl:ay, de John Brown y de Lincoln, de Channing y de Emerson, de Poe y de Walt Whitman.
Las intensaJS !evaluaciones que de sus principios fundamentales han h'€'cholos partidos mod·ernos en el decurso de la última centuria; la
formación frecuente de nuevas agrupaciones poI1ticas y tamb:én su frecuente ¡eliminación; los
crumbios e inversiones de puntos de vista; las
transacciones de las ideas más intrínsecamente
adversarias; la integración transitoria de los ele-:mentos más antagóni,coo. fundidoo, como metaJ..esde ley.e:sdiferentes, para troquelar la moneda que imponen la necesdad de un día o las e:l(:igencias de una situación; J.as subdivisiones de
un ml.<;mo.partido en e~ementos que 'exhiben unos
contra otros, dentro de la común d.enominación,
esa ardentía de acometividad, que hizo observar
a Tocqueville: "No son los colores, son los matices )00 que más cmnba,ten -entre s1"; los .periodos
de estancamiento de toda activi-dad po'lltica y la
consiguiente disociación casi absoluta de los partidos; luégo su inesperado renacer cam~no de metas des1conocidas,tod·o ello es parte la disminuir
el prestigio y a entibiar e~ culto de estas divinidades del mundo mOderno, ¡crueles a las veces.
siemnre exigentes o inexorables. El despotismo
poI1tico, que tantos raudales de elocuencia ha desatado ,contra sI d,e.odeque los hombres han podido esgrimir una pluma o escalar una tribuna,
antója,s,e ·liviano y fácilmente remedla:b',e ante
Biquel otro doopotismo de los hábitos, estudiado
d,e manera tan penetrante por stuart MilI. Muchas Veces se conserva de hecho una creencia o
una Superstición que ~Iehan recha:lJado en el nombre, o por inverso modo, se mantiene un nombre
que corresponde a un hecho que há mucho tiem-
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IDOll!\ FOFa
83
sino como una entidad superior a esto", y que
tiene sus ,p,ropios intereses, sus propias ley·e;:S,
su
propia psicología y su propia s:gnific:ac:ón, La
mentalidad humana elabora en estos momentos
el proceso social en su máis' alta síntesis, -en su
sentido más unive'rsal y recientes desarro11o.s filosóficos, 'el pragmatismo, ponemos Jlor caso, señalan los aspecto13preliminaI\es de ese proceso. Dia
a día se ve sometida la individualidad a ley.e.5cuya acción se exti'ende indefinidamente más allá de
cua}esquiera aprecia;ciúnes de 1ús intereses exclusivos y pa1rticulares; de la integración de las conci.encirusindividuales surge una conciencia cOl,e<:tiva, diferente de cada una de las que la forman
y superior a la suma de todas ellas. La aparición
cada vez más defintda de J a conciencia social es
un hecho que se patent:za primero .por las manifesta;ciones de un espíritu nacional, luég·Qpor las
del espíritu de raza, para ,culminar al fin en la
formación de una conciencia de la hUllllanidad.
Ya Henry Ber-enger, en su vibrante libro La conciencia nacional, afirma la pens.onaUdad moral de
una nación per se, la ex:stencia de la conctencia
solidaria d,e un pueblo y la supervivencia de su
id.eal; :aúna en fórmula comprensiva las rectificaciones ,que el ;pensami,ento moderno hace al individualismo 'extremado, y al conciliar la humana
libertad con la amplitud -de la acción del Estado
da como razón sufi,c'ente de un nuevo credo pol1tiJcoel perseguirJa coexistenc:a de un individuo
más libre y más responsa;bJ.e y de una sociedad
más solidaria y más educadora. En una l-ectura
ante la "Englisb: Sociologica Society", Mr. Frands
Galton esdarece una vez más las diferencias entre las leyes d'e la evolución social y las de la individual y expone las bases de una nueva ciencia,
la Eugénica (Eugenics), o sea la ciencia que ,estudie todas las influencias que mejoran las innatas
cualidades de una raza humana y su d,esarrollo
a los más altos grados de :perfección y de eficienEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
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CARLOS ARTURO TORRES
cia. El pensador inglés no .se refiere, en su propósito de exaltación de una entidad colectiva, a
una nadón solamente, como el francés, sino a una
raza esparcida por toda la haz de ,la tierra y constituida ·en nacionalidades diferentes con sólo ·el
nexo d-el común origen racial y de una ideal vinculación de _espiritu. En 'Otra ¡parte se estudiará
la posibilidad de una orientación humana, no con
el ensueño utÓopicode cereíbros generosos, pero soñadores, sino como indeclinabJ.e consecuencia d-el
crecienteco:smopolitismo; baste ahora a nuestro
empeño el patentizar la inmensa evolución del
más genuino, sólido y glorioso de los liberalismos,
el inglés, y apuntar sus causas profundas
En otros país-es las r-ectificaciones de los partidos y aun su co:mpleta inversión de posiciones
son también hechos constantes y ne,cesarios al
d€sarrollo histórico de las naciones y a la exis~
tencia milsma de aquellas entidades políticas; muchas d-e ellas, renuentes la toda adaptación vivificadora, han acabado por ser destituidas de toda
signifi:cación actual y desaparecer. El 'conde de
Chambord, con gesto de fiera y noble dignidad,
prefirió la muerte políti<ca a la a,bdica'Ciónde su
brundera, y envuelto en 10s blancolS pliegues flordeli!saros,comoen
un sudario, sella irreparablemente la extinción de un principio y la eliminación definitiva de una dinastía. El partido monavquista francés de hoy que, con ,la propaganda
de un Charles Maurras, de un Paul Bourg,et, de un
Lama1>tre,ha revivido de un naufragio que .se hubieracreído
definitivo, es tan diferente del que
emanaba del estado de alma de los cortesanos del
R,eY-Sol,simbolizado en el blanco pendón que Enrique V no quiso desgarrar, como puede serIo un
drama de Mirabeau de una tragedia de Racine o
la ciencia de Claude Bernard de la de Ambroise
Paré.
Si los republicanos, al desarrollar por tercera
vez sus doctrinas en instituciones, hubieran inEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDOll.~FOnI
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tentado en 1871 preservar intacto el legado de
ideas de sus predec'esores de 18481 .incurrieran en
err·or por tal manera fundamental, que habría
hecho imposible el advenimiento de la terc'era República. Sin advertirlo acaso, .tom3lron del cesari:smo napoleónico que combatían algunos esenciales principios y los incorporaron en sus programas ,como Uga de metal inferior indispensable
para la ductilidad y resistencia de la obra del
orfebre. El impe'rio cortó 'bruscamente, al parecer,.
el desarrollo del republ'icanismo; parece, pues,
natural que al sucumbir aqué·l, éste regresara a la
integridad de su credo y reanudara !Sin atenuación y sin discontinuidad el hilo de su vida y ~a
tradición de su ideal. Pero no fue así: los principios die 1848 proclamados por es.píritus generosos, pero, si hemos .de valernos de la expresión de
Elis'eo Reclús, "¡profundamente. ignorantes de ,las
dWcultades pr,ecisas que implicaba la realización
de esos ¡principios", los hicieron detenerse o retroceder; los de 1871, aleccionados por una. larga
escuela de prueba y de rectifica;ción, conservatizaron la República lo ,bastante para hacerla posible; en un movimiento progresivo de adapta<Ción
yen larga y penosísima experi'enci'a, modelaron
aquellas provechosas modificaiCiones ,que todo organismo requiere para surbsistir y desarrollarse;
he hai otr.a revaluacón intensa y fecunda de valores políUcos.
En el capitulo anterior vimos esbozarse un
nuevo partido entre las más audaces avanzadas
del socialilsmo francés 'que reniegan "de los fal-·
80S dogmas die 1789" a nombr,e d,el marxismo integral, y condenan todo régimen liberal de la con,currencia y del LAISSEZ FAIRE contrario a sus id·eas
,de organización del trabajo; hace ya afios que
Jules Guesde y Paul LMargue combatieron la declaración de los derechos del hombr,e, y hoy los
"antidemócratas de la extrema izquierda" declaran, con M. LagardeHe, "que la democracia pone
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CARLOS ARTURO
TORRES
en peligro el :Eocialismo",y la combaten como añeja y funesta preocupación burguesa. Compárense
estas declaraciones con las del marqués de la Tour
du Pin Ohambly (1), autoridad no dls,cut:da entre los aristócratas franceses, y se verán por cenU'sima vez los rpuntc:3'de estrecho conta·cto que
existen entre los ext.remistas del pasado y los del
porvenir, entr-e los fanatismos de la tradición y
los fanatismos de la revoluc ón. Pero es de la extrema izquierda d.el radicalismo filosófico aún
ma:~qu·e úe los col,,-ctivist:asde donde viene la más
l3.spera agresión contra ,los -principios Uberales.
Nunca, ni del más 'enconado s-eno de 'los partidos
anti.rrevoluconarios, ni de las plumas de José de
Maistre o d·e Bonald había brotado una negación
más audaz y más fundamental de los principios
d-emocráticos que aquella que, a nombre de la
ciencia y de la fHosofía, opone a la libertad el determinismo; a la igualdad, la superioridad de los
más fuertes, y a la fraternidad, la inm sericordiosa eliminación sel-ectiva de los débiles. En la
lógica irreductible de esa posición :s,ellega al inmora'Lsmo ni-etzscheano en sus más monstruosas
y aberrantes proyecciones, se desconocen las más
nob.es conquidas del derecho, y en el natural
d-esarrollo del af'or smo de Je:an Wéber, "la razón
del más fuerte -es la mejor razón", se legit:man y
g'orif",can los atentados más odiosos, d'esde el del
tirano que expolía y esclaviza a un pueblo, hasta
el del brutal jayán que golpea y roba a un niño.
Ya se ha visto cómo, ,por dicha, las conc]uslones
de una ciencia más avanzada y más alta y las
ccncepciones de una filosoffa más moderna y más
g-enerosa, atemperan -en unos .casos, rectifican en
otros y en a'gunos 'nf'rman las exa,geraciones de
interpretación y las deducciones extremosas que a
ciertas hipótesl.s científl'cas dan qui-enes han asumido el apostolado de la violencia €Ispeculativa.
(1) Aphorismes de Politique Sociale.
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IDOL~ FORI
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tribunal de lootiempas madernos: la .opinión ~úbEca, ;g¡inpensar que en algunas .ocasianes ella
no es sina la pas;ión colectiva, na s:empre legítima, y en atl1as el g€ineral extravío, no s.'empre
inacente; ]a arenga del Stockman de lbsen que
Rodó cita, es la consignac:ón de un hecho frecuente y desconsalador: "Las mayarias compactas son .el ~memiga más /p,eligroso d,e la libertad
y de la v,erdad". Cuando esa mayoría se llama el
pueblo o la nación, es decir, la mmensa masa incontrasta'b'e ,que sug-estiona a :ónspira, mod'ela o
conduoe aquel que sabe abatir su inteligencia ,al
nivel infer:ar de la de ese sempitevno niño, y le
hab'a su prapioOlenguaje, y \Sin escrúpuM>halaga
sus más l'eprobables apetitos. entonces, si eneaminada contra el inic:ador de un espíritu nuevo,
de una revellación superior de 'a verdad 00 a€ clua
ariginalcoucepción
de la filosofía, de la ciencia
o de lapoliti.ca, esa mayoría aeti-ene por siglos y
a las veces haee malograr >definitivamente la
s:embra de ideas que el pensador solitario confía
a·]a inerte gleba del presente pa,ra -que fructifique en ,el -p.orvenir. Hcmbl'es honrados y que individualmente lEerían inofensi'vos, cameten, en las
sediciones y tumultas, crímenes inauditos (1). No
es una corriente unánime ni ~na may.oría poderosa, s"no un grupo desamnarado y casi siemur-e
una !Sola mente de elección, quien señala a las
pueblos, en los mamentas de extravío a en la tenebrosidad de ,Jal~,r'egr-es¡'One~,la vía de salud y
las cúpulas de la ciudad futura. N.o'es de un gobf.erna, así se/a'el más despótico d'e ellos, de donde parten para ,ese pensador a palia, ese grupo las
más aviesas ase'cham~as y] al~'persecuciones más
implacab'es; es la sarda hostJiI1dadde la opinión
dominante, la tácita reprobación de las mayorías,
la abrumadora adversidad d,el med'o, la que niega <elaire y la luz, la que aisla en una suerte de
(l) Siebela. La Folle Deliquent.
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CARLOS' ARTURO TORRES
cuarentena moral ,a los audaces que d·enunc:an·el
prej uicio universal y sacuden, arrojando indis-'
cretas chispas,la antorcha de la verdad so.bre el
espeso manto de tinieblas en que las multitudes
se envuelven obstinadamer~te para negar la luz.
Si los hombres de genio o de inspirac 6n hubie ...
sencedido; en su tí·empo, ,a la;8 presiones dJe la
opinión de entonces, habríase retardado .centuria
tras centuria el advenimiento de la mayor parte
de las grand·es reformas religiosas y políticas, de
los gmudes descubrimientos geográf ,cos, de las
revelaciones científicas, de los maI1avillosos inventos industriales, de los sistemas filosóficos, de
'lascreaciones .artísticas, de las conc~pci-onesliterarias, de todo cuanto forma ,el superior acervo
de' l:ac;Vilización 'c:ontemporánea. Porquel;a:ópi~
nión dominante en una época, ho:~til a todo eso
por su' instintivo conservati:.smo, no la compone
siquiera el promedio de las inteligencias, que
siempre es vulgar, sino algo todavía menos ele~
vado que ese promedio. Todo paso decisivo en el
avance humano obra 'es de las vOlunt.3.,desincólu~
mes y de las mente:s superiores que se han atre~'
vido a tener razón contra los demás, sabiendo hacer suya la alti'va divisa d·el vi,ejo romancecaS:'
teUano: "Yo contra todos y ,todos contra yo".
. Las mayorias parlamentarias, por su especial
psicología, por las 'CircunsvanCia:,g
qu-e presÚteda'
su elec~i6n y por la casi completa irresponsabilidad in:divi:dualde quienes las componen, .están
p3rticularmenteexpuestas
a los extravios de la
nc¡:;uedady de la pasión. Dice Bernard Shaw en su
originalísimo MANUAL DEL REVOLUCIONARIO qu-e las
demacradas sustituyen el nombrami·ento de los
corrompidos pocos por la elección de los incompetentes muchos. Sin dar excesiva importancia a
las paradojas del genial dramaturgo que triunfa
en el terutro inglés, si puede afirmarse ¿on' Le
Bon la relativa inferioridad mental de l'as cuerpos col-egi'ados,maguer los formen oen ellos apaEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDOLA FORI
rezcan intelectualidad.es de excepción; la sugestión los dominla y se observan en ,ellos casos de
inconsciencia im:posiblesen cada uno de los individuos ,que los componen. "Las decisiones que
tanto re noiS,han reprochado-dice
en sus memorias el famosoconv,encion1a.l BHlau:d Varennesno las queríamos frecuentemente el día anterior;
la crisis sola las suscitaba". El iprof,esor Lowe~l
consigna 'alarmado la crec:ente ,e incondicional
subordinación de las mayor~as del P,arlamento inglés a las sugestiones de los LEADERS de los partidos y denuncialla nueva forma ,de absolutismo,
perfectamente irresponsable, que por este medio
puede ,ej'ercer un hombre sobre ,todo el imperio.
Cuando se debatió eln uno de nuestros ,congresos la cuestión más grav,e, acaso, que s·e haya
pr·esentado nunca a la repre~lentación nacional
del ,pueblo colombiano, tuvimos una reve'!la,c:6nde
la manera cOlmose forma y modela lla mentaLidad
colectiva en los momentos de las ,crisis decisivas
de las na,ciones. La fatalidad de las circunSltanc:'as, mucho más que la 'iniciativ,a de los gobiernos y d,e ,vaiS, cancillerias, ha.bia impuesto un trata:do gra,vísimo con una Diadón pod-erosa y absorbente; habría sido ¡preferible que el tratado no
se firmase por el representante 'colombiano, pero
estaba firmado; no era ni con mucho todo lo que
el patriotismo podia ambicionar, pero ,era acaso
1'0 más 'que ,la dura 'realidad de las cosas permitía obtener; el deber supremo de la re!present'ación nacional no era ,el reproche retrospectivo,
siempre fáJcil y siempre ,estéril sino la confrontación firme y s'erena, de la situación real ya creacla yel bm~ar dentro de ella,Ja vía que aS'2gu!'nra a la RepúbU,ca el MAXIMUM de ventaja's, o si se
quiere el MJNIMUM de mal·es; no 'era lamentar 10
que poidí!ahaber sido, pe~o no era, sino el descubrir, d'entro .de lo que ,el'la" la mejor solución, no
deseable, sruo posible. Si habla lugar 'a sanciones
contra los creadores tle tal situación (,cuestión
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98
CARLOS
ARTURO
TORRES
por demás compl.ej'a) pOdían gastar 'en eso los
preciosos momentos que la prutria reclamaba para su saJ.vación. En el ánimo de los congresales,
dicho .seaenb:onor
suyo, pesa;ban sin duda las
consideraciones de ,celo patriótico y de respeto a
su concepto del estatuto nalCiorual;pero pesaban
más, dicho sea en honor de la v,erdad, las consideraciones politicas y las ¡pasiones del momento;
las primeras hubieran podido en rigor conciliarse y encontrarse al fin un temperamento que armoni21aralos fueros de ,Laintegridad nacional con
}os intereses eminentes de la otra potencia signataria y la impos]¡ción de las cIrcunstancias; las
segundas fueron inconciliabJ.es e irreductibles.
JU2jgóseque el desventurado pacto implicaba un
interés ,primordial delg;obierno, y se enaDboló su
neg.ativ<acomo flamante bandera de oposición;
para los congresales -todos ellos indivÍdualmente rpersonasrespetablesla consideración del incalculable mal que pO'día sobrevenira;l .pals des.
apare,ció ante los dictados del odio banderizo;
lleg;aron a imaginarse, por una de 'esas alucinaciones tan frecuentes en J.OiS momentos die exalta,ción, ,que el dafio que podía resultar de su actitud alcanzaba al presidente y no a la patria;
no se d'etuvieron a reflexionar que el mandatario,
hombre anciano, rico y sin ningunas ambiciones,
nada perderta personalmente con ello y que a la.
RepÚblica si podria colocársela aJ bODdede un
abismo, 'exponiéndola la; J.as hmni1Jaciones 'Ya la
mutilación; procedieron como la tripulación que
para hllicer mal al capitán hundiese eJ.baroo que
los llevase a todos" y el mal se cO'illlumó.Como este ej emplo nos suministra centenares la historia
de los cuerpos deliberantes que son, a pesar de
bodo, las mejores ¡formas alctuaJlesde intervención
de los pueblos en el manejo de LSUS propios destinos.
La histor~a de las aberraciones d,e la humanidad, de los inconcebibles extravíos del 'criteriO
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lDOliA FORI
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público, es algo ¡profundamente desal'entador e
inquietante; al reconstruírla se comprende ,cómo
puede su recuento imprimir ese seno de triste resignación, fruto de la experiencia, o e~e gesto de
fiera rebeldia, brote de la indignación, que apa."
.recen sobre la f,az de todos los que ihan sentido el
trágico derrumbamiento de la fe en el hombre y
'la 'dolorosa inanidad de la vida. Cuando ¡presenciamos uno de esos irri'tantes abusos de la fuerza
brutal, uno de esos crímenes cuya r1eparación no
se aloanza a ver, vibra aún en un !pliegue denuestva alma la esperanza de que la reprobación de
la conctencia humana, incorruptible y superior a
los egoísmos de la politica y a las cobardes claudic,aciones de la dip1omacia, pese a lo menos como última sanción sobre 'el detentfl,dor de los derechosde los débÍlles. Ilusión; lae~periencia demuestra que el éxito afortunado alcanza también,
a corromper ese supremo tribuna¡l, y reservado está a la~ inultas v~ctimasel doble ultraje de pre¡
senciar cómo ]¡a.acepta.ción de las naciones legitima el despojo y cómo el a[)lauso uni'versa,l con",:'
sagra a,l despojadorcon el nimbo de los benefac-:.tpres de la humal1idJad. La razón iluede recusa¡;,
altiva el veredicto de la opinión pública, no sólQ
de un país, sino del mundo entero, cuandoapa¡
rece, ,como en el 'caso muy ilustrativo ,que se ve-·
rá en seguida, que 'en lrus decisiones de esa opl-,
nión pesa más el .poder ,que el dere,cho y se tienen más en cuenta las consideraciones de ·La,política 'que los fueros de la equidad. El gobierno
de los Estados Unidos de Américaesta!ba solemnemente obligado, ¡por un tratado público en vigor,
a garantizar a la República de Colombia su soberanía sobre el Istmo de Panamá. Los términos de
ese tratado eran .absolutamente claros, incuesti'o~
nables, y habÍJan sido en repetidas ocasiones ínvo-'
cados y ratÍif1c,adospor la Unian Americana. Vino;:
empero, un día en que el Gobi.erno de la gran República, inspiradO y representad,o ,por el ¡presiden-
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CAR,LOS ARTURO
TORRES
te Roosevelt, cre'yó que a sus intereses conven1a
la cesación de la sobeI1anía de Colombia sobre Ja
región istmica, y entonces proc'edió a la mutil.ación de la República, cuya integridad territorial
le ord·ena,ban garantizar llliSleyes de las naciones
y las leyes del honor. Esa es la intima y nuda reali.
d.ad de las cosas, ¡pues el expediente de fomentar
motinescuarte1arios por medio de la corrupción y
soborno de las .tropas, lejOS de atenuar, reagrava
y recarga de .odiosos ,caracteres la violación de la
fe pÚblica y el inaudito ¡atentado internacional.
¿Habrá necesidad de establecer sobre qué bases
repc~ la ,paz del mundo y cuál es el mandamiento
de honor de las naciones? "Es un principio esenc:al de la ley d,e las naciones-dicen los protocolos d'e la famosa conf.erencia del Mar Negro, el
17 de Enero de 1871-que ninguna potencia puede ,por sí sola Dbertarse de las oblLgaciones de un
tratado, o modificar sus €!s,tipulacionessin el previo 'consentimiento de la otra parte contratante
y por medio de arreglos amigables." Eliminar el
sentido del honor de las relaciones interna>Cionales, por medio de violaciones que hieren de muerte el derecho púbUco externo, es destruir ,toda ba.~e cierta, toda esperanza de permanente paz en
el mundo; semejante golpe a la moralidad universa'l 'es la regresión a las peores formas de la
barbarie, es 11asustitución del Estado pixata al
Estado Icabal'l'ero, es la socied3!d de los pueblOS
convertida en horda, en la cual el más fuerte pufio atrapa la mej or presa y en donde la violencia
es el úni¡co título de propiedad. El incalificable
pro,::'edimiento del.gobernante de Washington contra la República de Colombia no suscitó en la
prensa mundial, vocero del pensar común, una
sola pala'bra de reprobación; la víctima no encontró,con
una nob~e y única excepción, un solo
acento de !Simpatía, y el wctimario, colmado de
honores y de aplausos, llegó a aparecer ante el
mundo, EIRONEIA, como la encarnación del senti-
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101
IDOLA FOR!
miento die la paz y de la frwternidad humanas.
No ignomlmolScuál fue la POSE in1ie,rnacionaI que
valió a Roosvelt el premio Nóbel, y magtier sus
fáciles gestiones de Portsmouth expliquen 10 de
la escogencia, no deja de ser un /cru,el sarcasmo
eso de discernir el premio de la paz Y de la conciliación civiUzada,a quien eje,cutó -el ,bárbaro
atropella de violar un trataldo y el a,cto de guena, de rr,amás injusta y artev,a de ellas, de mutiJar sobre seguro ,el territoriO' de una nadón amiga que estaba soLemnemente (JIbligadoa defender.
En las consagnaciones de otro linaje de glorias
vemos también aberraclones que' no corroboraria
con \Sus sufragios ningún espíritu que se respete,
y que no obstante triunfan en la opinión y perturban el juicio de Qos hombres cre'ando una atmósfera de convencionalismo y de mentira que
muchas veces no se disipa jamás y que justifica
el acerbo teorema de Berna'rd Shaw: la burocracia se compone de funcionarios, la aristocracia
de ídolos, la demolC'racia de idólatras.
El creer que muchos pueden intel'pl'letar una
id/ea politica, de,fender un sentimiento y com¡prender los intleres);s púbLicos mejor que unos
pocos, es una aQucinalCiónde la democracia tan
difícH de desvane'cer, como el más arraigado d,e
rrosprej uiciolSl'e/ligiosos; los dogmas polfticos, pesados en la balanza y hallados faltos, no dejan
por eso de imponerse todavía luengos añaL'!al espíritu es.clavizado por ~13. plasmante presión de
la cre-el1.ciaunánime. La ligel1ezade 10s fallos colectivos, que crean o destruyen reputa,ciones y en
diosan o inmolan ¡personalidades con la misma
pavorosa inconsctencia, es un 'fenómeno mórbido
que la ciiencia ti,en-eya estudia<do y calificado. En
una de nuestras ,ciudades de provincia, y durante la
-ceJebra-ci6n,estruendosa de algún triunfo de bandos en guerra 'civil, una muchedumbre embriagada de entusilalSIDOPATRIOTICO
ydJe fana.tismo banderizo, seguía :al .són de la músioa y d,e 100 coheiJANeO
!J~
rA
REPlJ311CA
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CARLOS ARTURO TORRES
tes a una especie de progonero que ~ba lanzando
evolies frenéticos a su partido y a los héroes de su
partido; detrás d'e aquel vocero de la emoción
¡partidariJsta, un personaje dictaba ,en VO'L: baja
los hombres que debían aclamars,e: "¡Viva el general X!" "¡Viva el coronel Z!". El pregonero repetia, y la muchedumbre asol"daba los espacios con el
clamor de sus apoteosis; deseoso de evitar "¡mueraiS!" para que aquel ardor no degenerase en alguna pedrea a los advers~rios, el personaje que
dictaba los gritos murmuró al oido del pregonero: "Mueras, a n~cHe". "¡Muera Sanabria!", repitió el pregonero, a quien el entusiasmo endurecia el oido. "¡Muera Sanabria!" vociferó con
ira el populacho, resuelto a sacriUcar a aquel Sanabria imaginario, conV\ertido de repente -graciasa un error de audición- en enemigo pÚbliCO
y ,en blanco de un odio tanto más mtenso cuanto
más irrazonado. En nuestra turbulente vida de·
mocrá tica, hemos visto perscgui;¡- con safia de
Shylock a muchos personajes por crímenes tan
reales ¡como el del Sanabria de la patriótica manifestación. El ventilCellodJe don Basilio, deforma de la más absurda manera los más ver,gonzantes rumores, un~ ¡prensa inescrupulosa los acoge y Joslanza a los cuatro horizontes de loapubllciudad; ese es en muchos 'c'asos el 'fundamento de
la opinión y :la 1h.ll5tracl6ndel crIterio emotivo sobre un hombre o sobre un acontJeclmientO'.
La. surg,ente de donde brota en los modernos
tiempO's la inspira"ción del juicio públicO' la prensa, instiltución fundamental de 'la democracia, no
puede ¡concebirse sin libertad, pOl"que es !imposible sin responsabiUda"d, y el sentidO' íntima de la
libertad es l:a respoIliSaibilldad; el hombre \Sano .,
li'bre es responsable; sólo los alineados o los fatuoo o los niños, es decir, aquellas ¡persO'nwsde
capa"cidad cívIca inferior, no lo son. Y la libertad
no puede tener otro límite que el derecho de los
demás, pero es necesario que lo venga y que ese
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IDOLA FORI
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limite sea una murailla infranque'able Y sagrada
CO'IllO
las de iaciud:atd de metal de la .JJeyendaárabe. Pues !bien; esa institución vive mucha5 veces
en ,el real lnterdicho y se alimep.ta sólo de las
vial3lCiones,'de 10 ¡que debería sler inv101a.ble: 1'3.
dignidad de las .personas. En Ingla;terra, p.a1sen
donde la libertad de la prensa ha ,alcanzadola5
formas más 'altas, su relSponsa¡biUd'a¡d
asume también las sandones más e,fica¡ces,y de ambas cón:..diciones nace su moraiJ.idad y su efieiencia. A un
gacetillerOanónimo .se le ocurrió un dIa emitir
desde las columnas del D.aily Mail un cancepto desfavorable contra La SunUgiht Soa¡p CQ; la
ligereza de su corresponsal ,costó al diario populachero sesenta mil Ubra:sesterlinas, y le hubiese
costado el doble si la co~afí.la agraviada no hubiera accedido a una tr,ansaccIón. En un ¡paIs en
donde eso sucede, el concepto de 'la prensa tiene
y debe tener una influencIa Y una reíSpetabiUdad
que la equiparan la un cuarto ¡poder constitucio-·
nal; .en donde esa respoIl\S,abHidadno existe, ora
por las leyes, ora por las costumbres, tampoco se
puede rusrpi,ra:ra esa libertad y a¡ esa respetabllida¡d. E.strusim!plican necesari'amente esotra, Y
esa corr,eLación ti'ene su lógica irreductlble; esa
es ,la ,razón por la cual, a rpesar de los más generosos esfuerzos, la prensa como institución 'fundamental no ha tomado arraiga entre nosQltros Y
no ha sido en muchos c,rusosmás que un Idolo
del Fo.ro, que s€ erige o se derroca según sea la
moda pol1tJica que impere.
Observan los psiiCólogos que la fa,cultad de
a;preelar los matices :constituye €l rasgo más relevante que diferencia una inteligencia desarrollada de otra que no Qoes. Par'a ,el criterio simplista de los salvajes no existe sino lo bueno y lo
ma;10,lo blanco y lo negro, sin que sus s'entidos
rudimentarios
puedan
apreciar las infinQtas
transiciones, lasinnúmeras
graduaciones de luz
y de calidad que oaben dentro de 'los dos térmi-
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CARLOS ARTURO TORRES
nos extremos que lEe imponen a su mentalidad
primitiva. "Donde elcrirerio ·cultivado-:dke Rodó-p.ercibe veinte mat~ces de sentimientos o d'e
ideas, para elegir de entre ellos aquel en que esté
el punto de la equidad y de la verdad, el criterio
vulgar no percibirá más que dos matirces extremos
para arroja,r, de un lado, Itodo el ,peso de la fe ciega, y d'el otro, todo el peso del odio iracundo."
Elcríterio -de los demagogos está a esta altura, y
el de las multitudes por ellos sugestionadas y extraviadas está a un nivel inferior; así 'cuma nada
hay más lastimoso que la abdicación de la inteligencia o del carácter a las impOSiciones del tumulto, tampoco hay fenómeno má,s,explicable y lógico
que el de esa íntima correlación que se establece
entre los sentímientos y las ideas de las masas y
los de los declamadores de la plaza pública o los
profesionales del libelo, auténticos exponentes de
una menta¡lidad de impulsiones irrazonadas.
No es extraño, pues, que tal correlación suela
ser parte a identificar anbe la d\stincíón y la deUcadeza de un criterio ¡superi'or las cOl1.9agraciones de la i)opularídad con los estigmas inequívocos de la vulgaridad. Si, como lo delClara Le Bon,
por el solo becho die hacer parte de una much'€dumbre, un hombre individualm~mte culto desciende v,arios grados en la escala de laciviUzación, el ser verbo aplaudido o intérpret>e genuino
de esa muchedumbr,e son presunciones ¡poderosas a graduarle de instintivo, pues nunca será
ídolo de las ma'sas quien como ellas no sienta y
pi,ense y quien hrubla un lenguaje superior al de
las elementales capa'Cidades colectivas. El gesto
de alto d'esdeño o la sev€ra renu!liciacióndel pensador, jamás ,conquistarán el sufragio público,
aunque a la larga es la recogitla se'veridad del
pensamien te y no lo declamación ti,e la plaza pública el cincel que esculpe la conciencia de un
pueblo. EJ ostracismo 'Perpetuo a que todos los
regímenes someten a las más altas intelectuali-
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o,a.des, según Alir:e,diode Vigny, resulta nimbo
ípresttgioso con que el j'uicio po&terior de las generaciones 'carona la frente de quien no la incEn6 al halago del día ni cortejó el fervor público al preiCiode la infidelidad consigo mismo. Un
Boulangero
un Der,oulede, como' mete'oros brillantes, trazan 'un !in\Stantesu raya argentada en
el espacio y pasan; un Taine e.splende sobre e1
horizonte del .espíritu humano coma una estrella
l.ejana.,pero fija; .el meteoro deslumbra, la estrella
guía; el meteoro se impone bruscamen te a todas las miradas, p.e're nad'ie recor'dJa~ámafiana su
posi!.:;'ióny los ,efímeros mamen tos de suespl.endor; el ojo vulgar no distinguirá acaso la estrella
en lo infinito del firmamento, pero ella está am,
inmutable y s-erena, coma unacristalizac:ón
de
,Her y de luz. El héroe popular puede t.ener ,el valor y el entusiasmo, la fuerza, la f-e de los seres
primitivos, comoOtiene su violencia, suespontaneidad, ¡su i'nconsciencia, la estrechez ,de su jUicio y el arranque de sus lalcametividades; es un
producto nativo y 'bruto, sobre el ,cual la pátina
d.ela cultura y el castiga del razonami-ento no h'an
impreso su alcción desb1'ozadora de las ,aspf:)ridades naturales. Bien pued.en medil'lse ,los grados de
refinamiento de un espírttu por la ing,enua admiración que ,en él dtespi¡erte ese ,exponente ariginal de lasenergias milenari'as y de las herenellas bárbaras de la raza.
Si los pueblos ,tienen una personalidad moral, si existe una concienoia nadonal, ella no
aparece en los movimientos reflejos de IRIS masa:s tur,bulentas; se elabora sHenciosaimente en
el retiro de los hombres de estucLio,en la 'cátedra
discreta, en el persev,el'ante y modesto esfuerzo
de las clas-es medias,en 'que iCon!vilVen
las j o1'naleras lalbores de las prof-esiones liberales, de los
agricultores, de los industl1ial,e'S,de las pequefios
comerciantes. La acción de presencta de todos
elas, poOl'mesurada e invisi'ble que sea, forma, a
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CARLOS ARTURO TORRES
fuerza de sana y vigorosa, el carácter de una nación, pero de allí no brotan las lniciatilvas pol1tic8JSy en su seno no se forja el ra¡yo de las revoluci:O'nes,hilstórtcos ~cudimientos
,dJe donde
suelen la pr·emeditación y la coorrctinación estar
ausentes y faltar, last~mosamente ·a veces, la justtcia y la oportunidad.
Cuando el espíritu se encuentra en {presenda de uno de esos mgentes movimieIlitos de l<>s
'Pueblos, de una d·e esas revolucione¡s,formidables
y sangrientas que pare'cen cambiar la faz de las
sociedades, el irrecusab1e sentimiento de justicia
que vigila en el fondo de nuestro ser, quisiera
encontrar alli uno de esos grandes actos reparadores die las viejws ini'quidades; ,quisiera ver en
las revo1:uciones una reivindi>eación severa, pero
justa, de derechos largo tiempo desconocidos y
de los agraviiOlsinultos; un estallido incontenible de indignacron ,contra la d.njusticia impunida
y triunfadora. Un ,estudio más cercano de tales
acontecimientos. ha'ce cambiar substancialmente
la primitiva luz que a nu€stTOsojos los mostraba,
los justificaba y los engrandecia. Los pueblos no
se ind,igna:n contra.. <las tiranías seculares que
ellos, las más de las veces, han provocado con
sus extravíOiSo hecho posibles con su pasividad;
reservan su alta indígna,ci6n para los gobiernos
que inician la éra de las reparaciOllles, para los
gobiernos que escuchan, para los gobiel'nos que
ceden. La V'ara de hierro no suscita indignación
sino cuando ha sido depuesta; el des¡potismo no
los sublleva sino cuando principia a dejar de serIo; Luis XIV hace ,pesar durante setenta y doS
afios el más depresivo de losab8olutismos y LuIs
XV durante ,cincuenta y nueve la más corrompida de las .tirania\'l" sin que a. sus oídos llegue otra
cosa que el hittnno sempiterno de la alabanza
cortesana, que Los op(t'esores no se 'cansan de oír,
y mueren tranquilos en su lecho y satisfechos de
su obra. Adviene Luis XVI, y por un complejo
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IDOLA FORI
1.07
cúmulO' de circunSitanctM que nO' ml1iJrman,la Observación general que 3Iqul se oamsdgna,él, el rey
buena, el :tIeybien intencianada, tJan ,apartada de
la irritante robeI1bia de Luis XIV 'cama de la repugnante ,disalución de Luis XV, 'V,edesencadenarse 'contra sI la más grande y la más trágica
de ,las l'Ievoluci¡ones,y muere en el cadalsO'. Las
pueblas rerexvan su altivez para los ¡gobernantes
débiles a ,benévalos y ,ceden ante la mana de hierro de las domadores de hambres; de-capitan a
Carlas 1 y entronizan a Camwell; taleran un
Enrique VIII y matan a un Enrique IV; Alejandro II 00 Rusia cuma>le, con rara valor, una de
las revaluciones más a.ntensas de la historia, la
emandpación de los \Siervos y es fulminada ...
(;por los reacciolliarios cuyas' intereses vulneraba
'Y cuyas preocupaciO'nes h-ería? NO':por los reva1ucionarios cuyas quejas oia y cuyas aspiraciones
realizaba. De suel'lte que en las revaluteiO'neshay
un fondO'de injustiJcia aberrante que hiere nuestras más arraigados principios de elemental equldad.
Durante los luctuoooo días de la revO'lución
rusa .pudilmos ¡presenciar y pa:tentizar el fenóme
nO' que se ,apunta; las ,cO'ncesionesdel zar pare-'
cian 'e~acerbar el ánima revaludanario, y ,cada
síntama de que cedía a la opinión, se:ñal era de
e~gencias cada v,ez más audaces, deencano cada v.ez más fiero; si hubiese' persistido en lSiUS veleidades' liberales, canservando la primera Duma y dándole másatribUiciones, 'aestatSi horas prob31blemeÍlrteestaria destronada y tendrlamo.s la,
RepúbUca de todas las R'usiias; 00 acordó. emperO', de ,que era descendi;ente de Iván el Terrible,
responddó a las bandas raj as con las bandas negnas, disolvió la Duma y }a revolución se detuvO'.
A la Bu1garia no se le O'ourr~ó.pmclamar su soberanía, ni a la Creta unirse a Gr,ecia, ni 'a Austria incautar la Basnla y la HerzegoV'lna mien·tras en OonstantinO'pla pesaba un despotismo
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CARLOS
ARTURO
TORRES
asiático, mas trlunfa el esp1ritu nuevo, los Jóvenes TuDCOS
,coronan una de las más hermosas
vevoluciones que registran los siglos, implántase
en la Sublime Piuerta un régimen constitucional
y liberal, y entonces todos se tconjuran para arrebatar al monarca constitucional lo que no se
bJab~an atrevido a pedir 'al dés.pota omnipotente,
En nuestros países presenciamos ta dirario tal
aberración del sentimiento púbUco. En Colombia
las tres guerras más sangrientas, más largas y
más populares, se hicieron precisamente a tres
de los mag1strados más respetuosos de m ley y
deferentes a la opinión: Los,s,eñores Mariano Ospina, Aqun.eo Parra y Manuel A. Sanclremente.
La intensildad de las revoluciones ,está en roazón direeta de ·la bandlad del gobernante a quien
se le hacen, e inverea de los agravios que haya
recibido el puebla que las hace. Elautorit.arismo y
la intolerancia son .para la multitud sentimientos muy claros qu·e comprende y ;PDacti'cay que
acepta cuando hay quien .se los impone; respetuosa de la fuerza, desdeña 1a bondad, que no es
a :sus ojos sino una forma de d,ebilidad; sJ.mpatiza c'on el amo que la enfrena, y si\aplasta al déspota caido, no es por serIo, sino porque, su fue,rza perdida entra ya en la categoria de los débiles.
a quienes se desprecia vorque no se teme. En \su
'PSiCOlogíaelemental, es el temor uno de 10s resortes más enc'aces de su acción, y se pros terna
ante César, sin dejar por eso, cuando el caso llega, de aclamar a los asesinos de César; en el entusiamo que le sus'cita Bruto, no encuentra otra
forma de aplauso y de recompensa que proclamarlo nuevo César. El carácter del demagogo
adulador de los reyes o de los gobiernos, es en el
fondo idéntico; ya 10 han observado Aristóteles
y Burke. eitado por Sainte-Beuve. Los dos cortesanOlS,el de arriba y el de abajo, tienen las mismas mentalidades y la misma bajeza: sus miras
son igualmente interesadas e idélllticos sus proEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
mOLA FORI
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yectos. Halagar las ¡pasianes el que tioene la amnipatencia, ley 'O ¡puebla para 'Obtener personales prav1echas; sóla que en un caso -el déspota
tiene una c¡albeza y en el 'Otrú ,t:lene quinientas
mil.
La demagogia es la aparente al1,ada de la de~
macracia y su ,evid'ente 'enemig1a; es el cuerpo
de franC'atiradores situado 'a vanguardia que extravía, desprestigi'a y hace 'Odioooel ejército; es la
exageración del principio, que viene a infirmar el
princilpia mismo. La actitud evenenada de un
Cleón, de un Simías 'O de un Lacrátides, al extremar sus 8JC'Us:aciones
cantra P'er~cles, parte de un
¡:oncepto plausible: el de la defensa de las intereses públicos; .perú llega a un resultadú funesto:
la persEtc:uciónde Ilas públicas servidúr>es; brote de
celo patriótico, se convi'ert>e-en sevici,a de inn~
bles pasiones y eoncluye par allegar, par acción
1'€laictiv,a,nuevas fuerzas 'a 18JSaliga!l1quias que
pretendía des:trir, y par atrae,r sobre sí la reprobación universal. En Rama es ella el instrumenta pavaroso de Ja¡s,más desCiaradas formas de la
ambición; el populrucho que el 'Odia lanza cantra
las ciudadanos es una mezcla infarm.e de cuanto más bajo a1c'llmu}an, en ,el subsuela de las
grandes ciudades, la miseria y .el crimen en su
siniestro cannubia; multitud ilnmunda y terrible de gentes sin faroma y sin patrLa -dice Gastón Baissi.er- oolocadaASpor la .opinión genel"lal
fuera de la ley y de la sociedad, na 'tenían nada
que respetar porqUI€nada tl€nian ,que perder: "libertos desmaralizados .por lla servidumbre a quienes la libertad no había hecho sino dar elementos ,para ha.c,er el mal", gIadiadal'les adiestradas
en la matanza de las f'¡eras y de las hambr<~s,
esclavos f¡;gitiV()!Sy criminales de todas las razas, he ¡ahí el elemento con que las d.emagogos
concurrieron al aniquilamiento de la República.
En la Revolución francesa las formas de la demagogia, si menos espantabloes que en Roma, fueran
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CARLOS
ARTURO
TORRES
no menos aci'wg,aspara la democracia, sobre la
que arrojaron, como túnica inflamada de Neso,
la sangre de Septiembre y la locura s.am.gr~enta
de las Euménides die' la guillotina. En nuestras
RepúbUcas ella ha sido, por d~cha, más una marea de verbalismo intemperan.te que una pos~t1va actuación 'soci~l, pero si el espiritu e intención
fuesen narma evidente para la 'apreciación de
las bandos y de los hombres, ¡podria señalarse en
la túrbida elocuencia de 'la plaza o en las hoj as
del innoble libelo más de una larva de agitador
que alSpiró a Saint-Just y sólo alcanzó a Hebert.
En Hispano-américa el espiritu demagógico, sin
apreciable influencia en los serios debates de la
politica, va ,a canfundirse y perderse como burbuja en el Maelstrom hervidor, en el vórtice de
las guerras cLviles.
Alguna vez se ha sostenido, de justificación
a guisa, que las guerras civHoo hhspanoamericanas, brotes de la desesperación de los oprimidos,
son causadas por los malos gobiernos. Los gobiern0i3 han sido malos, y en muchos casos sus
abusos bastantes a justi,ficar una ¡pratesta armada, pero no ha sido esa la intima razón del
histerismo de nuestras sangriennas convulsianes.
En Hispano-amérioo se tolera ,cuarenta años al
doctor Francia: y se derroca en qUince días al doctor Lisardo Garcia; trilunfan las insurrecciones
contr,a un gObierno constitucional y son impotentes las que se hacen a una tiranía; las justas
reivindicaciones populares nada tienen que hacer
en esas orgias de sangre; los derechos de la inmensa masa anónima, conculcados o desconocidos antes de la guevra, cuando impera el partidO
A,conculcados y desconocidos continúan después
de la guerra, ¡cuando ha trilUnfado el partido B.
Las guerr-:as, cualesquiera que sean \Su bandera y
sus propósitos, no hacen sino agravar los males
¡permanentes d,e la víctima colectiva, carne de reclutamiento y de 'cañón, blando plasmo para to-
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das las e~poliacioIlies. En la mayoria de los casos, las guerrws civiles amoericanas no han sido ni
serán sino la proyección sobre eJ ,campo de batalla de los oonflictos doeideas o d'e intereses die los
profesionales de la política, !Cuando es un princi,pio o la suerte de un ,part~do lo que se remite a
esos }uiC'iosde Dios; o una simple 'Caza del ¡poder
¡público, euando 'eSI'l!arapaz ambición de un jefoe
10 que entra en juego. Es, en uno y otro caso,
asesinato de inocentes, organizado en prov,echo
de unos ipOCOlS y .aplaudido con pasmosa iinconsctencia por los demás. Na será el autor de estas
líneas quien niegue a alguna.iS de nuestras guerras civiles \Su audacia y su tenalcidad; empera
muy málSdLgna de admiración encuentra, por fecunda y ,por valoerosa, la 'actitud de un Murillo,
!por más 'que no toma:m en \sus manas atro a.cero
que el de su pluma ,luminosa, que n.o el que pueda
desplegar el más arl"ÍSc'ado guerrillero, ,pn ,campañas de salta de mata, 'O domando el mulo bravío, trabuco en mano por ,esas breñas, mitad prócer, mitad merodeador.
Ouando en un rp.afsse impone, coercitiva e inaplazable, una transformación pallUca, siempre
hay, dentro de la act'UacLón,civilizada, manera de
colmar es:a damoroiSl3. ne<:esidad; si no es así,
quiere decir que la anhelada transforma'ción no
carrespondía a UIJ:1:a
evidente justicia pública.
Contr'a los deSllIlan-esde los gobiernos opreiSOres
vale, en último resultado, mucho más el reclamo
d,el d'erecho, vigor.oso, incansable y enérgico, vale más, si se quiere, ,con el g,esto de los senadores
romanos ,envolverse en su manto y esperar, que
dar pretexto y aca¡s,ión a que la vIoLencia se desate, a fuer de saJvagU!ardia del arden y de la paz;
es pr.ecioo evitar la guerra para hacer rposible la
revolución.
Por ella entendemos el movimiento
consciente y aVa5aUadar de U'a opinión, de la verdadera opinión, en que el verbo tiene :mayor patencia demoledora que los cañanoes y el dere,cho
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CARLOS ARTURO TORRES
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de la causa defendida vale por diez -ejércitos. La.
revolución así entendida, es la. reforma o la relParación, ini,ciada y cumplida por los mejores y
por los medios más civilizados, que son les más
,efi¡caces; la guerra es la imposición ciega de los
más. En este concepto fueron
revoluci,onarios
Agis y Cleóm-edes en Espa.rta, CUstenes en Atenas, Dión en S1racus,a, los BrutoiS,y los Gra,cos en
Roma, Arnaldo de Brescia, Sav,onarola y Campanena en Italia, Egmont y Marnix d-e Santa Aldeganda en Holanda, Hampden y Mtlton en Inglaterra, Frankl:n, Jefferson y Hamilton -en América, Miraboeau y los girondinos en Francia; NariñO, Acev-edoGómez y Camilo Torr-es en Colombia.
La revolución puede iniciarse y cumpUr.se sin un
soldado y sin un combat-e: asi se ,estableció el arcontado de Atenas y la República ariiStocrática
en Roma; asi cayó Hipias y comenzó en Gr·ecia el
período de la democr:arcia ¡pura; alsí revivió Rienzi
el tribunado y s,e 'cumplieron varias de las más
famosas r,evolu:ciones italianas de lOiSalbores de
la edad moderna (1); asi se ini,ció la gran Revolución francesa y la mayor parte de laiS de la ind€p-end·encia amer:cana; así laboraron O'Oonne11,
Mazzini, H:erz·en, Lamartine y Ledru Rollin; así
proclamaron la República la,s Cortes Españolas
,el 11 de febrero de 1873, y no de otra manera .se
ef-ectuaron las revisiones f-ederales en Suiza de
1869 en ·adelante. En cambio, s.e ven guerras en
las cuales sobre las char,cas de sangre no brilla el
iris d-e ninguna doctrina política ni las banderas
simbolizan pr~íl1c:ipioalguno ... ¿Y qué valdría
la santidad de una causa ante el hecho brutal
del número de batallones enemigos? Algunos metros más de al,cance en las armas d·e fu·ego, una
linea de mayor prercisión en la (puntería de los artiUeros y sucumbe una causa, desapar,ece un
pueblo y dejoan de valer unos principios!
I
(1) Petrucelli, "La Sintesi della Storia d'Italia".
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El prestigio que consagraba en nuestras democracias los \Servicios m1l1tares en guerra. civil
como ej ecutorias omnlipOtentes Y 'O.nicaspara. tod.as ,laa prebendas Y pasaporte para todas las vías
de la ascensló,n, del provecho Y de 1a grona, empieza a. palidecer a. medida. Que los puel~os se hacen más >conscientes de sus intereses; el ml:litarismo 'como superstición politica ha Visto ya SUS
mejores días. La realizatei6n de los ideales politicos. remitida antaño, camo las causas en la Edad
Media, a lOSmortales j uieios de Dios, confiase hay
a la propaganda intelectual; cumplida esa propaganda, se dejará mafiana a.l Ubre desarrd1'lo de
las puebloo,a 'las fuerzas ge·rminativas de la h'istoria. Tales son las tres etapas de esa conquista
secu1ar: la guerra, la revolución Y la evolución.
La Ubertad que 'la violencia impone, si es pasible cansignar tal paradoja, CONTRADICTO IN ADJECTO, SLn arraigo en ilas ,costumbres ni sólida
vinculación en Ilos caracteres, también por la
VÍlalenci\adlesap)arece; la IProp¡aganda educ\ativa
crea ese ,arraigo, e,l progresivo desarrollo ulterior
la ciment,a definitivamente
Y ampliamente lo
propa,¡ga; ¡pero ese aquél hará laibar fe1cunda que
Ílll>'icribaen \Su vida y en su esfuerzo la altiva dedicatoria de Esquilo: "Al T~empo". Esa fe en la
finalidad de toda esfuerzo generaso, puede ser la
ingenuidad de un .optimisma, pero con esas ingenui.daqes y con esos optimismos se cumple ila
elaoora:ción d.el porvenir:
Lanzan los triunfadores del !presente
al que elabora el porvenir su insulto,
peTO la historia trueca reverente
en altar el desdén, la afrenta en culto.
Por eso el mártir. de esperanza lleno
'Yante el desdén universal tranqullo,
su vida. y S1J¡ lllJbor,alto y sereno,
dedica ,Al 'riealpo ~omQ el vieJo.iEsqullo.
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CARLOS ARTURO TORRES
,La reva[uaiCión de ,los dogmas democra.t1cos
ha sido ,en los úit'l!IloS tiempos tan Int-enlSae Inmil::el'i\COl'de,quetal parece como sI el favor excesivo que les dieron ias formidables resonancLas
de· la Revolución fran1c'esahubiese suscitado una
reacción die-fuerza y de exageración 'correlativas:
imaginámonos,empel'o,
que :Ya principia a esbozarse la ,contr.arrea"ci:Ón. Enfrentados por una
parte a la aristocracia y por otra a 1.a alcracia,
esos princi'Pios representaneI
nivel medIo de las
ideas actuales; su posición ante el .privilegio tradicional, lucha de ayer, empieza a ceder en Interés ante el que comporta su nueva posición, engendradora d·e luchasilnminentes,
y que puede
d,efinirs·e: democracia versus sociaUsmo. A la generosa .alucinación de la fraternidad igualitaria,
se opone la exager-a,'ción del arilStocratismo cientifico, cuya psiCOlogía se patentiza en ,el siguiente tópico del escritor argentino Ingenieros: "La
igualdad humana es un suefio digno de ingenuos
como Cristo y de ,enfermos 'como Backounine".
Parécenosque la Equidad, diosa de di,stinción exquisita, cuyos oidos no soportan bien la percusión
de afirmadones demalsiado extremosas y demasiado violentas, no interviene en estos debat.es en
que .prima, ante todo, el hipnotismo de las tesis
pr,e,constitufdas y en ,que un prejuicio combate a
otro prej uido. Las superstiC'ionesqU/e derrumban
las ,catapultas de la crítica, cuantos son la i.lUls.ión
de la igualdadab.soluta,
la absolluta autoridad
moml de la opinión y de la prensa, el deslumbradorsofisma
del sistema representativo, la infalibilidad d'elcriteriopo'Pular,
el d'erecho divino
de las mayorías, la justicia inma:nente de los movimientos populares, la legitimidad del prestigio
de las. 'caudillos yd~ JI1.<: rm',,,~,g!'9.ci!mesde la popularidad, no atañen al sentido supremo del 'Principio democrático y pueden desvanecense sin que
éste vea dismin uída su integridad filosófi¡ca.
Hoy se identifican, para su ,común demoUción,
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IDOLA -FORI ". !;l"" r"¡ - ,,~~
115
~" -
las doctrinas ,de cristo con los principios de los
modernos demócratas Y se Icondenas. ambos como un,a converg,en.cia de todas las inferioridades
y la eD.ltación -del hampa 'de las mfseras Y de los
degenerados contra la falang,e de los fuertes Y de
los dominad'ores. Acaso .para los ap6stolesde la.
dureza, sea f.lacidez de tristes deprimidas Y actitud de parias Y degenerados la que lanzó "~os cruzll!dos al Oriente y los /Conquistadores al OClc1dente"; la que ha fundado ~a eivilización accidentall Y
el derecho pÚbliCOmoderno Yhace que ,con la. aza.
da 'en la mana, te~ciada ,al hombro la carabina.
Enfie1d y la Biblia bajo el brazo, el calana Y el
farmer 'británicos hayan ,creado .en las d.esiertos
nacion.es 'coma Australia Y Nueva zelamUa,
el Canadá y ,elCabo; la que ,desbrozó ay,er 'Un continente vara erigir en él las formas máS vigorosaS
del progreso humano Y som.ete hoy la un pufiado
de funcionarios 300 millones de ltombres en el semill,ero de las razas arias. Indudablemente la moral1cristiana Y el ideal democrático son exclusivo
lote de los débUes, de los cobardes Y de las esclavos ..
:~111"~
Ante el aposento en donde se elS,criben estas
líneas, en una mafiana de inviterna, un 'Paisaje
severo desdobla la tristeza de sus tonalidades
a.pa~adas; más allá del extenso cuadri,látero de
un paraue ingJ.és. que la escar,cha ,cubre ya con su
tún¡'~a ,de blancura, recorta enérgicamente el horizonte la enorme 'siP'U'etade un h3lcinamiento de
édificios o'ue' una pared de ladrillo circunscribe,
alguisa de muralla; dirial~e una 'ciiudadela que en
vez decastiHos Y almenas irguiese bajo el dombo rnlomizo de los c'elos las chimeneas de una
fábrica y la f,lecha gótica de una iglesia: es un
work.house. Allí los desv,a1id01sde todas las razas
y naciol1a lida'd€is,Que se aglomeran en una ciudad
cosmopolita,' que es al mismo tiempo un gran
puerto ~e mar, encuentran, s~ de una inteligente
investigación pr.~Y~ª !lipª,r.~'c~q1J~lQS JIler~e'en, tei'
-
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116
CARLOSARTURO
TORRES
e
~ho, alimento, medicinas,alguna:s ensefianzas y
trabajó. El sentimi,ento "que induce a proJong,ar
las existencias inferiores con. limosnas de absurdo altruismo" asume en oo,eestablecimiento, que
es al propio tiempo hoo.pi1tal,taller y escuela, la
form'a más €'ÍÍleaz y prena de su expansión. Por
medio de esa institución, ,en que, tendiendo
a
corregir cuan to J a caridad ind';\Sicriminada y la
afeminada sensiblería t:enen de mallSano y iContmproducente, se ha logrado que la caridad se
radonalice y el sentimiento piense, la soc'edad,
incólume aún de las demoliciones ni€tzsooeanas,
da la mano aI que cae, la cura al enfermo y trabajo reparador a todos. Salva alU y fe'Cunda de
esta suerte infinildad de energ~as que, abandonada,s en el momento pavoroso del doofalle-cimiento y la caída, se habrian evaporado como las fuer~as pendidas ,que la catamta devuelve en flotantes mantos de niebla al insondable azur. El sentimiento de que el interés humano es so;1idario y
no se puede c'ondenar a muerte a 10iSvencidos, so
pena de disminuír la suma de bien y de vida que
hay en el mundo, aumenta e intensifica la vida
colectiva, puesto que preserva energias transitoriamente deprimidas; es el médico que, al devolver 'el vigor a un enfermo, enriquece tamb:~n el
vigor y la salud de la sociedad. Tal sentimiento
como ese, patentizado en instituciones como el
work-house, ,es uno de los elementos de poderío
de un pueblo que, la,l favor doe;S,liSconcepciones
esencialmente democrát1cas, por más que conserven a.1guna<sformas tradidonales, ha fundado un
imperdo de extensión y poder que la Roma de los
amos y de los stervOlSno conoció jamás (1). Es(1) Todos los pensadores ingleses estAn de 8{luerdo en
convenir en que el vasto Imperio colonial inglés es posIble
gracias a la politica que concede a las colonIas las mIsmas
iI1$tituciones representativas que tiene la metrópoli. Cuan-
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ii'i
tas afirmaciones, grabadas están en las piedras
ennegreci1das del work.ho1We; Iciudad~la dijimos
y tuvimos razón, 'la ciudadela de la soUdaridad
humana.
do las colonias estuvieron en condición política int:erior,
c9ntOlas trece. de Norteamérica, v.ino la separac16,n.;
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CAPITULO VII
LAS SUPERSTICIONES ARISTOCRATICAS
Advi'értense, en J.o..c;método.e:: .'hi.c:¡t_6ri~o.c:,dl)l'l
concepciones adversarias b~en d-efin.das, que .son
a manera de e~onentes de las dos mentalidades
que han partido el sol en los debates humanos de
todos los tiempos. Atribuye la primera por modo
exdusivo al factor personal la iniiChativa de los
acontecimientOls de lia historia y el desarroHo de
los fenómenos sociales. "La h:lStoria del mundo
-afirma
Carlyle- no es sino la biografía de los
grandes hombres". Nietzsche re/pite -el co-n:::epto
calSÍ:a la letra. "La verdadera historia -diceno
es ¡'a de las masas, sino solamente la de los individuos de genio". "La naturaleza aparece existir por
los hombr·es -excelsos", dilce Emerson, y Wi1liam
James agrega: "Las mutacione's de las IS-ociedades
s.on debidas, dir.eda o indir.ectament,e, a los individuos de genio". Remy de Gourmont, impresionado por la influencia soberacna de lias grandes
mentes en ,el proceso histórico, hace esta observación de rara intensidad: "Puesto que todo en
el hombre se refiere a la inteligencia, todo en la
historia debe referirse a l,a ps1colog1a". Y últimamente, Palante define la soc'.1010gía como "la
cienoia que estudia la mentaUdad de las unidades ligadas ,por la vida social". Siempre el ele.
mento personal como f9.:Ctorexclusivo de la hisEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDoi.A FÓRI
toria y de la vida; no de otro modo en las teogoní:as 'a'ntiguas, Y sobre todo en los hermosos
mitos del pouteísmo helénitco, los rl,eroes y los
semidbses, númenes propicios de ,~aciudad y de
la patri'a, presli'dian omnipresentes e incontrasta.;,
bles el terreno destino desde la cinia de la montaña sa,grada, envueltos en los peplos de diáfano
azur que velaban \Su radiosa serenidad. Esa es
la concepción clásica de la historia. Aspir'a la ,segunda a ha:cer de la historia una verdadera ctenda natural. aIgo como el eslabón superior de la
bitología, y rastr·ea, ,enbodos los acontecimientos
humanos, la pr,esenc1ia determinante del medio,
lastnfluencias climatéricas y ambientes, el lazo
intimo que vincula la suc,esión de 108he,chos humanós a la acción de las fuerzas telúrica,s, la 'armónica y paralela vibración de la Natura1eza Y
del hombre, la ,correspondencia constante de lOS
períodos de la vida de los pueiblos con el cambio
de los medtos geográficos, e inv.ersamente,' la
transformac1ón modelador a d,e los aspectolS' y
condiJCionesterrestres por las alctividades étnic¡as,
y, en fin, la múUiplecausalida:d de 10ishechos fisicos independ!iientes de la humana actu!ación.
Este es el concepto sociológli.co.Para Grant Allen,
"las diferencilas ,entre una nación y otra, ya ",¡ea
en intelecto, en 'comercio, ,en arte, en <moralidad,
en temperamento general, dependen, en ,ÚltimÓ
análisis, no de ningunas misteriosas 'propiedades
de raza, nacionaUdad ni otras descono.cidas e inteligi,bles abstrao.:iones, sino lS,impley únicamente de las iCircunS'tancias físicas 'a que están sujetas". Paraes,te d\~cipulo de Spenc,er, la cultura
griega "fue, en abS01lutoy sin reservas, el producto de la geográfica HeHas en acdón sobre el factor dado del no 'diferenciado ,cerebro ario". Para
Novicow, todo lo Iqueen estudios históri'cos "no re
funde en las ciencias naturales, está edificado
sobre ,arena";' "la ei,encia es una, como la Natu·,
rale~; no hay ninguna solución de conti:nuidacJ
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éARLOS ARTUR.O
TORRES
entre la qu1mica, la bilOlogia,la sociología y la
hilStoria". Dra;per niega rotundamente el libre arbitmo histórico Y pretende para lasc'Osas humanas una ti:gurosa ,concadenación
determinista;
"un he'cho \Sale necesariamente de otro y produce no menos necesa.riamente otro hecho poster~or". Augusto Compte, Buckle, Spencer y Ta;ine,
pueden ser considerados como los númenes prestigiosos y 1'0,13 altos 'inspiradores de la Iconcepción
sOCiológicade ,la historia,así como Carlyle, Emerson, Briand, Niet:zJsche y William James han sido los más férvidos apóstoles del Evan~Uo de los
grandes hombres.
Entre estos !contrapuestos Y más o menos exclusivos sistemas, puede \Situarse el punto de vista que concilia y complementla Ia.s causa.s naturales con las 'causas humanas, el determinÍlSmo
de las rinfluencias fiskas ambientes y la libre inici:ativa de la espontaneidad genial, reconociendo,
con el criterio 'Sereno que busca ,la verdad más
allá del conmcto de las te'Oria:sy encima del campo cerrado de las tesis, a 'Uno y otro factor la realidad de su influencia y el verdad·eroalcance de
su actuación. Taine 10 ha di1c'holuminosamente:
"Los hombres no son antro;poides y la sodologia
no debe ser só'o el estudio de los factores geográficos y fisiológicos, 'sino también de los factores
morales, ipOl'que la influencia de la Naturaleza
sobre la sOClÍedadno es mayor que la que sobre
ella ejercen los individuos que la componen". La
posiCión en ,que se sitúa .este elevado espíritu, nos
permite ver a una luz de comprensión y de revelación algunas de llas leyes fundamentales que rigen el desarrollo ,colectivo de la humanidad sobre el planeta; destácanse de esta .suerte con todo su l'elie'Velas infLuencias telúricas que actúan
sobre la htstori'a 'Y las de la obra humana sobre
las conddcilones fisi1ca:sdel :globo, doble corr'ente
de fuerzas modeladora,g que inspiró a Reclus el
compren.sivo lema de su obra póstuma: "La GeoEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
lOOi.A
FOR!
121
grafía es la Historia en el EsPaJCi10,
y la Historia
es la Geografía en el Tiempo", y a ~arl Ritter su
famoso paralel,ismo entre la geografía y la civiJización. Disdérneseasi, por una parte, hasta dóndeel,cielo azul del Atilca y l'OSgenerosos pámpanos de Samos encendieron el toque de luz de la
estatua de Ba,las Atenea y desUgaronel vuelo de .
'las odas de Ana'creonte o si ,los Eddas y las ensueñas misticos de SWiedienbol"'g
podrianc'oncebirse
bajo otros cielos d~stintos de Ilos hiperbór'eas que
cabijan las c'OstalSrún~cas!batidas par los vientos de la desola'ción. Apréc1ese por 'Otra .parte todo lO'que al aci!cate d'Ella 18.1Coffiletivildad
de' un Bismarck, por ,ejempla, debe atribuirse en la transformación de la sañad'Ora Ailemanda en el farmidable ~mperio germánico d'Elnuestrosdias,
Y se
da la impQrtancia ,capital que realmente tiene,
pero sóla ,esa, a la ini'ciativa de las hombres de
exc€,lsas dotes que llegados a ,las plenitudes de la
~nteUgen'Ci'a,de la fuerza y de la ,actividad, elaboran la voluntad potente que CQThStruyey recanstruye el munda.
El ,concepto clásilca, que ha troquelada CQmo
moneda de -un:iv,ersalrecd:bo el criterio humano
en asuntos 'histór,icos ,durante mglos, tiende, según se absevvó ya, la la exaltaoión d'Ellos hombres
representativas máls allá de la equidad y de la
verdad, hasta ,la frontera extrema de la ,qUJese
me permitirá llamar, valga ,el neologismo, la he.
rolatria O' adoración de lQsh'éroes (hero-worship
de Carlyle) y la exclusiva atr;lbución a sus dates
geni1ales de una virtualidad inenarrable en la
creaclión de los acontecimientos deeisivos d,e ,las
pueblas. Una Idislacalción de €Isecriterio, ya de
suyo Qfus'cado par el e.stimulante embri,agador de
la idolatría y de la exagera;ción, .pQr las seducdones de ,la p'ElrsondficaiCióny del símbolo, lleva
a una de las fnrmas más visibles de lo que llamamos superstic1ón aristocrática", y es aquella
que ,cons,ist·een atribuir a un hombre sO'loel métl
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122
CARLOS ARTURO
TORRES
rito de la obra cole,cUva; en condensar sobre la
cabeza de un gobernante, por ejempla, para nimbarla así a las aplausos y ,cosechas del ¡presente y
las veneraciones del porvenir, todos los dispersos
rayos de luz que han brotado d,el genio na,cional.
La ,superioridad heraica por tal modo farj acta es
cas.i Isiempre la surg,ente de un aristocratisma que
el tiempo acaba por consagrar, y al cua,l se discierne por derecho prclpio, por la fuerz,a incontrastable de la costumbre, sin 'crítica ni examen,
el legado acumulativo de las 'cualidades que determinaron la discutible superioridad inicial. El
esfuerzo de todo un pueblo, en laborar de centurias o en una hora d,e entUiSiasmo milagroso y
de tervIda VIrtud constructiva, levanta a manera
de ingent·e y eternal pirámid>e >elmonumento de
sus inst. tucioUoc'3,o de su pod·erío, la grandeza de
su ,pr,nducción o de su genio; adviene entonces
uno de los predestinados dé la fortuna, de la auda,~ia y del éxito. y erige lcon mano ruda su propia ,efigi.e sobre el vértice de la inmensa fábrica
del obrero anónimo. Desd·e ese momento toda la
anterior labor desarparece, la figura del hombre
l"e,pr·esentativo surge, ante la ingenuidad de las
ignaras multitudes con la estatura integral de la
¡:Jirámide que él no levantó, y en la cual ocupa
sólo un punto. Permnas-enos aclarar nuestro pensamiento por medio d,e un caso ilustrativo y evidente.
Uno de los espectáculos al propiO tiempo más
h~rmo'30s y más extraños que nos ha dado la
historia, es sin duda el de la dislcusión y estudio
del GÓd'go civil por l'a Convención Nacional francesa en 1792 y 1793; sorpl'ende en verdad ,que
quienes con Taine han tenido fras,es de tan severa reprobación para aquella Asamblea inmortal,
como el eSa;liritu alto y noble y luminoso del pensador h~lSpanoamer;,cano José Enrique Rodó, no
se hayan det.enido suficientemente en ese momento fértil entre todos de la obra d,e la Coni
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íbOLA FÓRí
i23
vención Nacional, par.a atenuar con eJ. mérito
de esa actitud la rigidez de su veredtcto condena.
torio. En aquellos dfas trágicos y supremos las almas eran como hogueras sobre las cuales pasara incesantemente un hálito tempestuoso y fecundador;encendidas
para el incendio, pero tam
bién para la iiluminación~ En guerra abierta con
la Europa, ,desgarrada horriblemente por las lu.
chas a muerte de los partidoOs, entre las convulsiones de la agonia de una -edad y del alumbramiento de otra, la Francia veia corr-era torrentes
su !Sangre en los campos 'cont:nentales, ,en ta:nto
que en los de la patri'a la guHlotinacaia, caia implacable ,como el destino antiguo y siniestra como
una Erinna, sobr-e las más altas cabez,as; en tal'es momentos como €Sos, decimos, se echaban las
bases -eternas deI monumento de la I~_abiduriay
de ola equidad, del Id-erecho,poOsitivoy de la jus1Ji.ciacivil. Inmediatamente d'espués de una sesión en 'que la elocuencia arrebatada de loOsÚ'radores de combate pedía la inmolación de un rey
o lanzaba al mundo un Icartel de reto, Igraves y
reposadoiS j urisconsul tos. un Tr-eillard, un Thlbaudeau, ,un Ca.mb8iceres a,scendían lentamente
a la tribuna, vibrante aún con los ecolSde la elocUlencJ.s.o d,el delirio y allíeXiplilCaban, como en
cát.edra reposada, las más intrinc8idas cu:estiones de la j uri:sprudencia. Cabezas que momentos antes a,rdían en el vértigo de l:as demoliciones o que se pl'eparaban ¡para ,caer al día si:guiente entre el tumulto de la plaza pública, oS'eserenaban ·como .por mHagro y medían y pesaban,
artículo por art~culo, palabra por palabra, con
la \S-er.enidadde un Areópago y la corrección de
una Academia, 'los prinClipiOlsy fórmruas de aquella concreción insuperab'e
del derecho de los
hombr,es. "Domo una mar furiosa -dIce Edgar
Quinet- deposita en ,el fondo dIe \Su lecho tran.
quilas estra-tifi.c,a.ciones de mármol, asi ·la Revo·
luj1ión Francesa, len .sus más terribles tiempos,
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CARLOS ARTURO TORRES
atsienta en el fondo de su ledto lalSbases ,paratlelas, simétricas. armoniosas, de los derechos priv.3Idos". Después del decreto de1evaen
masa,
cuyas cláusulas repercuUan por la bóveda resonallte con 1a persistente vibración de un clarín
de guerra en las montañas, se diSlcutían los derechos de la muj1er, la salva,~uardia de los niños 'Y
de los fatuos, las tutelas o las .capitulaciones matrimoniales; anteslie una sesión en la que se 'Condenaba a muerte a tojo un partido, se delimitaba
la libertad de testar o se d-eflnia la natllraleza
del fideicomiso. Aquella Asamblea delirante,pe1'0 gloriosa, ,elaboraba
sin pre,cipitación, como
quien construye para todos los tiempos, las disposiciones que reguiari:ti111la ~xi.stencia de 1:::.f9.miDa y de la sociedad; el 'código ci¡vilbrotó de allí,
según la elocuente expresión de Quinet,.'como las
tablas de la ley mosaica, entre truenos y relámpag01S. La grand~ obra quedócalSi coronada 'en
1793; si no se.1e dio entonces ,el toque último y la
fina,l promulgación, fue porque en su generoso
laborar, no para un pueblo sino pa'ia la humanidad, no ;para una épO'ca sino para siempre, los
hombres ,del año t,errible 'crey.eron que la forma que los jur:ístas habian dado al código no
era sufic;lentemente filosófica. La mare·a de los
3Iconte,cimientJos barrió luego a .los hombres Y
proscribió los principios: el prestig.io del monumento de la codifi,ca1ciónde las institucipnes civiles de Franc:'a no ·le fue departtdo a la famosa Asamblea. Bon~parte, en su pretensión
de
apatreC>ercomo legisalador a la misma altura que
habia alca,nzado como guerrero,comisionó
a los
miiSmos jurilSiconsultos que habían trabajado en
la Convención para que,apl"ov·echando el enorme cúmulo de materiales ya elaboradoo en 1791 y
1793, di<eran alguna aparienciJa de novedad a la
obra de la Revolución y cubrieran con 'ella, como
con una toga purpurada, la espalda del primer
cónsul. El sot.dado sin ley .detentó la obra de los
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IbOLA FORI
125
iegisladores; e1 usurpador de los ,poderes públicos
usu!1PÓeon la m:\Sma in escrupulosidad la gloria y
el esfuerzo de J.OIS r€presentantes del pueblo. Y
no .se diga· que en el código que el César bautizó
con su nombre hubi,era impreso el sello de su genio !ConT>eliey¡e
,bastante poderoso a legitimar la
audaz detentación, ¡porque es bien sabi<loque las
alteraciones del código de Napoleón sobre e-l código -civil de la Convención, no siempre, por <:::l8r,
to, encaminadas 'en el sentido del ¡progreso de
las ideas, fueron iruspir,adas ante todo por el ;propoo>itoaVl:lesode dar ,alguna apariencia de originalidad a ,la ,copia, pa'ra ¡poder así reJ.egar más
fácilmente al olvido a los autores despojadOS, Si
el hecho de ordenar una obra o allegar algunas
observadones aeHa fuera título suficiente a reclamar y adjUdicarse paternidades intelectuales
co:r;no¡quien hace una presa marítima, podrían con
igual justi'cia atribuirse 100 frese·os de la Ca¡pilla
Sixtina, en donde Miguel Ange.l puso lo mejor
de su g,enio, al Papa 'que los ordenó, y que es fama suministró algunas ideas y aun se permitió
algunas observadones.
Napoleón, el primero de los so1dados yel más
arbitrario e insoportable de los déspotas, apropió
~in ,límite y sin piedad a -las 'exigencias de SiU colosal egoísmO' cuanto un gran pueblo puede dar:
sus vidas, sus riquezas, su 1iber1Jad; detentó las
enel1gías oles¡pertada1spor la Revolución y acabó
por persuadilrse, y 'con él el mundo, de qt:.e esas
energías eran su 1P11opiaobra. Cuando se regístran las lisúas de los oficiales de los ej ércitos de
la RepÚbI1,ca,\Seh'allan allí todos los nombres resonantes que hicieron ¡posible el imperio; la gloria ,con que el despotismo se armó a \Símismo contra la libertad, fue la <que ésta habia creado; las
legiones milagrosas que la Revolución hiizo brotar
para d'efender la patria y halcer 'la :propaganda
de la R>epúb1ica,él las 'convirtió en el instrumento del despotismo y ;¡,aconquista, y después de saEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
,126
CARLOSARTUiROTORRES
crifrear dos miHones de vidas humanas dejó a 1:a
Francia dilsminuida Y defrauda.da la Rievolución.
En verdad que hay ,pa,ra desesperarse con la :pérd~da de Waterloo (1). El corso de los Icabellos
lisos, 'que id:ileeBarbier, lo usurpó todo, pero en
ninguno de 'sus despojlOOaparecen tan desnudos
los caracteres del dolo como en 'el de las labores
de legislación civil de la Convención Nrucional.
Emp,er,o, en elst'e ca&ode despojo de la glon!a
Icole>Ctiv,a
por la perronail., puede a1egarse al menos como ,eXlpUcaciónel real y portentoso, aunque funesto genio del "hombre representativo";
su superioridad no existia en el caso parFcular
de que aqui se trata (2), pero si de un modo formid¡:tbl~mente coeroitivo ~m otros rt1.lliCS ,cfu la
a:ctividad humana; mas la superstición hel'olátriea ,cubre a las veces con el Zaimph constelado e
intocable fi.gura\s muy menos grandes y fascinadoras, y por un procedimiento inverso al que imputa al carnero em~í9ariotodos los pe.cados de la
tribu, cue,lga sobre hombros que no lo han menester ni 10 merecen todo lo que una nación debe a su prop!io esfuerzo y a sus virtudes raciales;
levanta luégo alto, muy alto, la personalidad por
modo tllil enriquedda con la imputación de las
cualidades cOlectiv,as,la convierte en amo yse pros
terna ante él. Este fenómeno de antosugestión
para 'la idOi1!atria,se preoonta de un modo constan
(1) "Hay dos cosas de que la !humanidadno podrá consolarse jamás: la muerte de Margarita Gautier y la pérd1da
de la batalla de Waterloo". J. H.
(2) Es sa;bidoque Napoleóntenia pasmosa facilidad de
asimilación,de tal suerte que con una rápida ojeada podía
luego disertar brillantemente y aun deslumbrar a los es:pedalistas; pero a pesar de su arueconsumada en estas
suertes de escamoteo intelectual, su paternidad sobre el
código civil no pasó de ser uno de tantos juegos de incorrecta pr,estidigitación,para aparecer ante la posteridad
como un gran legislador.
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IDOLA FOR!
te en los paiSes de estructura
127
fuertemente
aris-
t<J'CTátilca •
No sólo ,e,lvulgo ingenuo, sino escritores y peri.odlscas de' no-ta, lalhablal' de lJ.a";era victoriana"
ha,n (Sostenido, y Icon i~ndiscutib1e buena fe, que
las amables cuaUdades de la dama que ~)iCUPÓ
el
trono del Reino Unitd.odurante tres cuartos de
siglo, fueron e}emento de cuenta en lJ.'Os inmensos
progresos realizados por el mundo 'en tan largo
periodo; las pJaza,s ,Públicas de l,as ciudades inglesas exhiben en heroilcas acti'tudels y en forma
que abona más las cuaiJ.idades ladmirativas que
las estéti'c'as de los insulares, la apoteosis en 'bronce del caballel'Oque tuvo Ia buena fortuna de poseer la mano y el corazón de Ila relina, mérito
sUificiente-¿quién 10dU1da?-a equipa,rarl.o a Sha.
kespe>are, á Newton o a Nelson. Las virtudes domésticas y privadas que el soberano Hega a p.oseer le son abonadas como ,dotes eXlc,epcional Bs
y proceras; los favores de la suerte, el talento de
los escritores y d'e los artilstas, la's victor:'as de los
ejércitos y los des,cubrimientos de los sabios resultan obra del soberano y Ise albonan a sus e}ecutorias, ante la posteridad.
Para ese criteriio,
una mimda de Luis XIV enge.ndraba un genio.
l
Un re,gard de Louis enfantait
des Corneille.
EJs-un poder más que divino; ese es el sentido de esas frases consalgradas "elJ. siglo del Rey
Sol", "el de !sabe,l de Inglaterra", '\el de Augusto", ",el de PeriJcle,s",así de lalS!eyendalS'de Cj1ro,
de Carlomagno y de Rama y de todas las que imputan graci'osamente a e-slQ,s
.persanajes }á admirable fLoración del elSpíritu humano que, por dicha. mas no a virtud de ellos, 'COi:ll1cidióconsu
remado o ,con la ,éPoca de Su infIuencia politka.
¡Cuánto más hermoso es e,lgesto de noble digntdad que ha ínmortalizado 1a fórmula. del juramento de 1'0$f1eye:s'de Ara.gónen la éPoca lejana
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CARLOS ARTURO TORRES
128
y pr,estig;lolsade los fueros! •'Nosotros, que cada
uno vale tanto como vos, y unidos valemos máJS
que vos... "
La supersttciónaristocrática
que hace del soberbio Barbón un \Soly una deidad, Y de los grandes Y tltulosde lJ.acorte 'astl'lOSY semidioses, se
ha ilmpuesto en todolSlos tiempos Y en una u otra
forma al alma :pávida Y la,cerada del rebaño humano con el fuero ,de la e~oli:actón, que las prescripciones del tiempo 'conv;'el'lten en der'echo, Y
coneiJ. ,atributo .de ,la sangre, que -las sanciones
aberrantes de la sociedad convterten en blasón.
Lecky demuestra (1) que mucho más de la mitad
de las guerras que han deva1stado a la Europa
h'aD l'rovp.nido de míseras cuestiJones de familia
entre las casas reinantes, cu'Csti.onesen las Icuales Ilos pU'eblos h,an tenido pocas veces conocimiento, e interés jamás. El fanatismo por la:s glorias (jpieas Y por loS\ hombres de ,ra:pJñ;n,tan
exaltado enoiertos momentos de sombría regresión, ,cuando se proclaman la dureza Y la soberbia como el ,evangelio de los I:'leVOS,es en definitiva una de las form:ls más primitivalS del fetichiismo que 'abate la frente del salvaje pre,histórilc'Oante el ídolo sediento de 'sangre en la adusta soledad de la selvacuaternaria.
Es la actitud
del escita simeriano ante su d'Budadinmisericordie: la espada.
Ante esa forma rediviva de la
antigu\'1 'Bsda:vi!tud, el g.enerolso esfuerzo ¡perpetuamente defraudado, que viene reclamando mayor 'libertad :para la <nl'Bnt>e
y un sentido más alto
dedilgnidad ¡para "la carne de cañón", justinca
y comprende, a pesax deQdesprestilgio en qU1ese
ha hundido la 'retóri,ca jacobina, la íntima verdad
y la justicia ,que entraña el lema del per,iódico de
Lousta1ot, al cual dio Proudhon la égida de su
adopción: "Los grandes sólo nos parecen grandes
povque estamos de rodillas: levantémonoi:s".
(1) "History 01' England in fue Eighteenth
Century".
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tDOLA
J!'Ofl,1
, .129
D.espuesde que .se ha hallado uno en pre~en4
da .del fanatismo de las falsas superioriclac1es,
impuesto arri¡ba, y aI~ea>tadoabajo, con la dobl~
ceguedad tdelamo que se tcree semidiós Y del esclavo 'que ,confirma esa tCreen-cla,el elSpirltu se ve
Ipoderosamente in,c[inado a legJtlmar como una
victoria d,el discernimiento eleva:do sobre la pavura y 1a estiUlta prosternación del ánima esclava, aqueUa otra "hero1a:tría" que consagra con el
verbo apoca!líptico de Oarlyle a las veneraciones
humanfuS cilertos hombres realmente superiores,
sobre todo las héroes del pensam"ento solitario
y creador. Empero, preciso es reconocer que la
teoria que podría 11:ama,rs'ede les Hombres Síntesis, si es un hermoso recurso de liiteratura, Y
aun a las ve·ces una ,poderosa conc'reción h'istóríea, es, en lelsencia, inexacta, inj usta y pe1igrO\Sa;
el f.ormular: el héroe como divintdad es Odin, como profeta ,es Mahema, tcomo poeta es Shakes¡pe.are,,como sacerdote Knox,como letrado Johnson. 'como hombre de gobierno Cromwell; a afirmar: P1atÓn es la filosofía, Danta la insp~a;ción,
Swedemborg el mistici~mo, Mirabeau 1aelocuenIcia, Napoleón ea. geni'O militar, Goethe el genio
lit'€riario, puede ser, repetimos, un elocuente tropo retórico, p·era es una verdad incompleta y una
generali¡zación ínatc.eptable. El enca\Tnar en un
individuocualidadtls
geniales que muchos otros
comparten, es 'OcalSionado,por ,inevitable exten~ión,a susoitar tll desdén ¡por la obra impersonal,
que es enorme en la hhstoria, y a imponer con ca
ra<cteres d,edogma la semidivinidad de unos a expenlSas dlel resto de laespecre humana, por tal
modo como es injustamente despojada y dilsminuida. Esta tendencia mental y este ,criterio predominan hoy y han predominado casi siempre
como criterio y tendencia de la mayoría inc'Ontable. En estos momentolS se presenta a nuestra
consideración un hecho poco .significativo en aparienci'a, pero queesl en ~!f~)lldio,Qa típi'Ca revela-
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130
CARLOS ARTURO TORRES
ción de ,toda una psicología; se trata de la ma~
nera como se ha creído ce'ebrar más apropiadamente el día en que cumple la República de Colombia el primer siglo de su existencia como entidad nacional, de conmemorar el primer centenaTÍlOde la fecha clásica que el país ha consagrado como la iniciación de su independeIliCia.
El día 20 de jul.o de 1810, el pueblo de Bo~
gotá, en un movimiento ~umultuoso, pero fecundo, hizo acto de ,presencia americana e inilCióla
Revolución de la Independenciad>el virreinato de
la Nueva Granada; qUÍlnceafios antes, los mejores espíritus ·de'lpats, por med:o de "la labor sil(mciosa de las letras ocultas", habían .principiado la gran siC1nbraque en aquella fecha abría al
sol su ¡primeracO'secha de ideas; debe considerarse, pues, tal día, ¡por una ¡parte como la culminación de un intenso trabajo anterior, y por
otra, -como la inlcialCión de todo un pueblo-representado ¡por los exponentes genuinos y castizos de la t:'erra- en la vida :púbUca y ~n los
altos deberes de la libertad. Bien o mal, aquel
pueblo y aquellos hombres realizaron sus propósitas fundamentalets y constituyeron nu'estra nacionalidad; la cimenta~on con fecollmovedora y
Ump1da intencÍlón, a pesar de su inexperiencia,
de ~a pobreza de sus medios y d'e sus inevitables
errores y faltas, y hasta tal punto de solidez, que
pUdi'eron más tarde dar auxHio al brillante oficial venezolano que lo ped1a en su grandioso
empefio d'e lucha contra Espafia en su país natal. El 20 de julio de 1810, es, pues, la cifra de
valor entendido del esfuerzo colectivo de los grana<linoo: cuantos fueron pueblO o ,tribunas, hombres de Estado, de Iglesia o de guerra, ,c'ampesinos o .estudiantes, todos afirmaron la sinceridad
de sus id'eales y }a intensidad de sus convic'Ciones. quiénes en el patíbulo, qui'énesen 108 cam!pos de 'batalla, quiénes 'en las prisiones y en el
~~lio. ~ suerte del tribuno l\;cevedo GÓmez.
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IDOLA PORI
131'.
~
abandonado y demente por el terror y por el hambl"e en la montaña de ,los Andaqmf¡es, es urna
muestra tomada entre miles de los titulos de padeci¡miento y de prueba con que los hombres de
1810 (pueden apelar de la ingratirtmd y de la incomprensIón de la poste'ridad. Esta generación
realizó noblemente su cometido hi5tórico y aqul[ató en la prueba difieil de la a'Ctuación política
100 mej'OrelSy más relevantes caracteres
del espíritu nacional; la tradición lega'ista, el predominio de[ civmsmo, la preocupación constante
por las fórmulas institucionales, un 'Sentido de
genel'{)¡~ii,dad
y aun de ingenua fe en las tJeorias
de gobierno, la seriedad doel carácter y la deci-'
sión por lalS,COISas
de la inteligencia, todo, en fin,
lo Que de bueno hemos tenido, todo lo que nos
distinguió a fuer de pueblo culto e intelectual
en:re nuestros hermanes de América. Su.s nobles
iniciativas se vieron luego detenidas y parcialmente malogradas; decimos parcialmente porque
aun en ·los días de máis densa cerrazón del terror
y de la reacción pacincadora de Morilla, alentaba
aún !con brio indormable en algún punto de la.
RepÚlb'ica el espIr~tu de la revolución del 20 de
julio y fIameaba su trémula bandera en el des:erto; porque sin esaardentia
patriótica, latente lcomoel ascua baja la ceniza, Bolívar y Santander no hubiexan encontrado al bajar de los
páramos andinos de Novagote aquel vívido entusiasmo y aque11Q\S inrupreciables auxilios de soldados y de elementos que los habitantes de la província de Tunja se apresuraron a ofre'cer, y sin
los cuales la campafía de Boyacá habría fracasado sin remedio. La exaltación de ese arran- '
QU'8 generoso de nuestro pueblo. que preparó la
independencia, la realizó y luego hizo pOSible la
liberación defi~itiva de 1819, parece que hubiera
de haber sido el sentido supremo que inspirara
las rememoraclones de la fie.sta de nuestra eman'Cipación, L~ CQS~ pas~on ~e otro modo: para
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CARLOS: ARTURO
TORRES
la clásica so}iemn1dad \Se decretó un monumento
al Libertador 'Pr€s1dente con las alegorías representativ'as de las cinco República.s cuya independencia coronaron el genio y la fortuna de aque'l
hombre superior; el centenario del 20 de julio
fue, pues, un segundo Icentenario de Bol1vaa-.T'al
a¡precia1ciónde los hechos mstórilcoscorre parejas con la ,que hubieran exhibido ~os franceses
si. en tratándose de h8Jcer memori,a del 14 dej ulo de 1789, levantaran un monumento a los vencedores de Valmy o de Marengo y olvidaran a lOS
asaltantes de la BastUla. Los organi~adore.$ de
las festividades del Centenario procedieron con la
más pura y patriótica intención, como en cumplimiento de un deber incuestionable y elemental; ni· ellos ni el :país sospecharon Siquiera que
se cometia una injusticiaclamorooa
con los hom
bres a ,quienes se debía .precisamente la in'lCiativa política 'que se trataba de conmemorar y no
.se conmemoraba. A la memoria a'cude con persistente remembranza la amarga imprecación que
Vargas T,ejada ¡pone en labios de Catón en Utica:
i Un hombre, un hombre solo coge el fruto
de tantos sacrificios y victorias!
La apoteosis del héroe vencedor, del que Coronó el edificio, hubo de arroj ar a las exteriores
tilnieblas del desconoc;mientoa
los que pUSieron
los ,cimientos, hondos, muy hondos, como la fosa
ignorada que recibió suscue~os
delSlpuésde la
inmola1ción, y que nadie ha vuelto a encontrar
jamás. El guerrero vencedor 'es la síntesis del
esfuerzo y del sacrificio de todos los demás; su
glorificación exclusiva colma completamente rros
anhelos patrióticos de los que todavia pi~nsan
en esas cosas; eligiendo nuevos monumentos e.l
capitán victorioso pueden tranquilamente
relegarse al o.lvido. los otros próceres; la fama del
vencedor integra o dilsuelve la de sus predecesoEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
fi>oLA POR!
133
res -los padres de la patria; la deuda ¡para con
éstos ,queda salvada y-satisfecha la jUsticia r~tro.speretiva. La mentalidad que para lós prQ1.JC>sitos de la. rememoración y de la gloria sustit uye
así \Unhombre a ¡un pueblo y que', nos apresuramos a declararlo, no ha sido la de un gruTJo de
ciudadanos, sino la de todo el ¡país; es la misma
que hemOlSba~utizadoaquíconel
nombre bárbaro de h,erolatría, en ,cuanto ésta comporta la
injusta aplicación a uno solo de lo 'que de muchos es; el procedimiento entra, :pues, a titulo de
sintoma dentro de la esfera de la psicología que
estamos estudiando y se' confirma una vez más
que, ,ante l.a fas'CinatCióndel héroe afortunado Y
del éxito coactiwo, todo desaparece, principiando
por la justÍlcia y acabando por la memoria.
Vióse en el 'anterior capítulo 'cómo la ilusión
jacobina del igualitarilSmo ¡por los rasero.'> inferiores l1a sido re:valuada y desechada; la d€molición ni\veladora de ¡cuanto 'es ,cumbre o en las
alturas arde y alumbra, brote es de pasión insana y concepto que ánfirma las intimas realidades d,e la vida .ordinaria, las lecciones de la historia y las leyes de la Naturaleza. Cuidémonos, em'pero, <le Ih'8iCeren nuestroo pueblos el peligroso
apostolado de las jera1rquías necesarias; n.o es
tiempo todavía. Resérvese tal labor Ic'Úmoesa para las sociiedades en donde las .ondas turbulenta¿
de la demagogia han amagado alguna vez c'Ún
la total d€strucción del acervo de cultura acumu.lado por los si'gloo:y en donde las más legítimas
-excelsltude.s<dela mente o del carácter han sido
esttgrna de odio y .sefiuelo para las perseicucíones.
No es ese el caso entre nosotros; la enfermedad
nacional es el abatimiento y la depresión, y no es
por cierto e,l peUgro de las reivindica.ciones democrá.ticas e)OOesivasel que nos amenaza; procuremos, ,antes b.en, levantar por la valítente afirmación de ,lo reversible y eterno .del dereeho y
de la virt~d vivif~cante de la proPia. e.stima y de
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- 134
CARLOs AR1'URó TORRES
la confianza en las cualidades modestas de la
raza, el alma abatida e idolátrica de nuestras
multitudes. No p.ermitamos que, por creer10 una
fatalidad de la Naturaleza, se resignen definitívamentea
la inferioridad y a la servidumbre;
son 18.!smasas .el granilto es-encial d'e la grandeza
de las naciones; si -dejamos que ,el nuestro &e
ablande en las resignlliciones del desaUento, ¿sobre qué esculpiremos mañana iEJlmonumento de
la rehabilitación nacional? Si las sUiperiori<iades
existen, ellas se impondrán, y !Seimpondrán acaso más allá de 1'0que demanda la equidad; no las
estimul'emos por el prest.gio ú,e la palabra escrita. Aun la más legitima y hermosa de todas ellas,
la superioridad del pensador, del poeta, del apóstol, si deformada por la adm.'ra>Ción excesiva,
puede convertirse y (Seha convertido más de una
vez en tiranía, y .en la peor de ellas, en la de la
mente. Ya lo dijo Guyau: "Querer gobernar los
espíritus es peor ,que querer gobernar los cuerpos; hay ·que huir como de un azote de ~oda especie de directores de conciencia o d·e dirr.ectores
de pensamiento". Esa debe s€r la respuesta a la
propaganda de una aristocracia inteJ.ectual que
ha de entenderse como un propósito de asumir
las d"recciones del pensamiento na,cional, o no
significa nada. Obra benemérita será la que se
enfrente a todas las formas de la detentación y
del despojo de los más por los menos; desconocimiento d'6 la inmensa colaboración anón;ma en
prov€cho del diirigente gendal, disminución de la
obra y de la signH:/Cación de lo,s precursores en
provecho 'del elegic1o, <1espojo del fruto del esfuerzo. pa,ciente y mi'enario, de'l número por la
audac!a de la unidad.
Si el mundo, ha visto alguna vez las reales superioridadoes barridas por la racha poplliar, escarneddas por las irre7erenoias del tumulto y
azotadas por el lodo, que arro'ja l'a recua de la
vulgaridad que palSa, cuántas otras, en cambio,
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:rbOLA FORÍ
ias
las mansas virtudes de la humana gr€'y han sido
explotadas sin tregua y sin pi'edad por la ambi~
ción y el orgullo y la codicia del dominador. Sólo
que :las tempestades de plaza pública estallan una
vez en un siglo y aparecen con todo el estrépito
y fracaso de los ca:tacli¡smos,Y como éstos impresionan las mentes para la eternidad, en tanto que
la acción detenta,dora que paTte de arriba, como
la del mar que corroe si!glos há las ,costas d\€ la
Gran Bretafia,es silenclOlSae invisible, pero constante; principia por lamer una playa y a.caba por
sepultar una comarca.
Obra b,enemér'irt¡aserá
tambi<én la que tienda a vigol'Úzarlas fuerzas de
resfstencia de la masa a las iniciatilv,as perniciosas de los caudillos, ,para que cuando llegue l'a
hora de,1llamamiento siniestro haya una energía
reactiva que diga: "No!" cuando Zara'thus,tra pide
para los siervos la moral del deber y de la obediencia, sabe muy bien que es ese el medio más
eficaz ,de implantar la moral de los amos, de orguJIo y de dominación; sabe bien que el abatimilento y la depresión de abajo engendran y perpetúan la violencia Y el abuso de arriba, y tiene
muy presente que "la producción de toda aristocracia necesita un ejército de esclavos".
La predicación del egoísmo, de la voluiJ)tuosidad y del instinto dominador, esto es. la neg.adón
de la democracia Y la abolidón de la moral, triun
fan hoy en cierto medio intelectual como interpretación ligera y ,por la ,peor 'paDre de las concepciones 'atrevidas de Nietzsche (esp1ritu genial,
pero más literario que fi!osófJc'O),y han dado ardimiento a la primitiva acometividad, mal disfrazada en ciertas índoles bajo el frac, de la moderna cultura. Tal instinto como ese brotaba ayer,
cuando la moda iba en esa diTección en las ex~
plosiones de la ira demoledora del j acobinismo;
hoy -pu<es en tal direcdón va la Inoda- declama con igual violencia el canon arilStocráttco de
que el derecho del genio suprime todos los demás.
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CARLOS ARTURO TORRES
Refiere Taine que a ,ciertos justisimos reproches
de Joseflna, Napoleón contestó un dla; l'A todas
las quej as contra mí, r€lSponderé con un eterno
YO; soy a,lgo a.parte del resto del mundo y no se
me aplican ,las oond1cionesde
los demás". Y 110
más curioso deJ.caso y lo que revela mejor la honda dislocación delcriterío
de que se trata, es que
hoy cualquier mal zurcidor de frases se gradúa
a sI mismo de superhombre
y reclama el lauro
inmarcesible, sin que 'deje de ver&e~ y esto es
más curioso todavíael abslurdo maridaje que
algunos casos de ínfatuación mental nos ofrecen
de la egolatría arl\stocrática a lo D'Annunzio con
las más innobles formas de la demagogia enherbolada, ,aquellas que valieron al "infame Hebert"
el ,esti¡gma !con que lo ha señalado el ver,edicto
unánime de la historia.
La teoría ¡pagana del Hombre Superíor, o mejor, de los hombres superior€s al mandamiento
regular de la moral y de la ley, que hoy se nos
da como novedad fla.rnnnte, es -observa
Fouilléc- tan antigua como el mundo: Hércules tomaba los bueY'2s de Geryon sin más titulo de propiedad qu,e el de ser HéI1cu]es. La concepc2ón
r,edivlvad'c casta emana enteramente de esa razÓn primitiva de la fuerza en su forma más gro.
sera; la maza de HéI'.;ules se llama, en el lengua.
ie mod·ernista, big-stick, y la gasta un RooI2'evelt:
el tipo antiguo ha perdido su pristina belleza y se
ha vulgarizado, pero Iconserva los Icaracteres y
el prestigio. Alguna vez hemos tenido la v:Gión
reveladora de lo que fue en su ¡pasajera, pero genuina .s,ncarnación, el dominador nietzscheano y
dannunziano que .se nos exalta en ci,erta iiteratura
como ideaJ de vida, para mo<lelarel espiritu que
lo ha de proclamar mafiana. en cierta P01itiCR.
como iidea.l d.e gobierno. Uela. aQiuí.
Bello y fuerte como un tigre joven, César
Borgia, legado pontifi-do.atraviesa
el puente
de
Sant-AngelQ, báj o el ctlll.l arra:stra el Tiber la
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Ít>OLA FÓn!
·13'1
amarillenta p€sadez de sus aguas gloriesas. La
agenia del sol pone un toque de incendie sobre el
joyel diaman1í~o que prend€ al gorro carmesí
las f.1amas del ai<rón y sebree1 ascua de los rubtes que roecaman la 'empuñadera de su estoque
florentino y de su daga española, ga,rras de aquel
felino fermidable y LSutiJ.Ha asesinado a su he,rmano y habría sido c~paz de violar a su hermana,
y en el v'értigo sini¡estro de su ambi.ción, farj a el
sabio [>lan de nuevas monstruosidades, que han
de abrir herizontes fantástilcos a su ansi'a de poder y fuente de placeres inauditos :al refinamiento. perverso. de sus \S€utidos. Ya ha formulado su
credo: ('el interés, tal mi derecho; ,el éxito, tal mi
religión; la fuerza, tal mi Dios", y a la pavoresa
intensid.ad de suscancepc.iones
pelitlcas, a los
frias y certeros cá',culos de su talento., a1 arranque audaz e implacable de su ambición, a la satánica malicia de sus medio6 y a la, faslcina.ción
de su persona, na:d:a ¡mede resistir: el mundo se
le entrega como una 'cortesana ebria, 'en el espasmo del .víno y Ja vOluptuosidad. La guardia
papal, el col-egio 'card~nalilCio, los embaja¡dores
extranjeros y la plebe, a,claman al dominador Qmnipot'ente y se le prooternan como ante el semidiós d>e1neopaganisano; en la apoteosiLSdel triunfo, del pOder y de la gloria, ·corenado de rosas como un ef,ebo y de p,edrerias cemo una bailarina
oriental, es[>J.endeen la púrpura de la tarde aquel
ba.ndido que ha subyuga.do a Roma y que ha rea •.
lizado lIa intensidad diíOn'lsiana de la vida; es un
Sobr·ehumano. Cuando en la obscuridad de la noche se dirige a su., aventuras deesteta
corrompido, al pasar frente al Palartino, en la soledad de
las ruinals augustas, Jas sombrtas de Nerón, de Ti,'
berdo y d-e, Helogabal, el andrógino, aparecen a la
misteriosa evocación, y ante él se incl'nan
trel>
ve'ces.
A la deirficfación de los hombres de presa, dI::'
lo.shéroes y de los providenci:IUeS salvador,es de
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iM
mebloo, formas de la moderna superstición arls •
.ocrática en los puebloo de instituciones democrát.-cas, es preciso oponer el respeto ·a la ley, el
concepto de dign"dad nacional y e,l cul'to serio de
la libertad. Nos cuenta Renri Beranger que
cuando para rehacer una popularidad que se le
escapaba, quiso Thiers. ministro entonces de Luis
Felipe, agitar los recuerdos napoleónicos, trans.
portando a Francia las cenizas que guardaba la
isla de Santa Elena, todos los franceses se entregaron al imprudente :culto de las evocaciones imperiaJistas; los poetas, sobre todo Victor Rugo y
Beranger, en resonante himno~ogia, hactan del
héwc u:,a religión nacional, y todo el país ardía en el amor delirante y en el recuerdo de las
glorias miilitares. Entonces Lamartine, el gran
Lamartine, ascendió a la tribuna de la Cámara
de Dilputaidosy pronunció estas pa~abras, que son
acalSosu mejor titu.lo al respeto de las conciencias libres: "Vengo a ha:cer una 'ConfesiÚ.npenasa, que el1acaiga enteramente sobre mi; acepto la impopularidad de un día. Aunque admirador del pasado, no tengo un entusiasmo sin re'cuer
do y sin previsión. No me prcsterno delante de
)sta memoria; no pertenezco a esta religión na,¡loleónica, a este culto de la fuerza que de algún
tiempo a esta parte se qu'ere susti:tuír en el espíritu de la nación a la reUgión seria de la libertad. No creo que sea bueno endiooar así, sin cesar. la guerra, como si la paz, que es la felici:dad
y la gloria del mundo, pudiera ser la vergtienza
de las naciones. Tened -cuidado 'de no dar semejante espada !por juguete a un 'Pueblo; nosotros,
sefiores, que tomamos la libertad a 10 serio, midámonos en nuestras demostraciones no s'eduzcamos tanto la opinión de un pueblo 'que aprecia
más lo que le deslumbra que 10 que le .es útil. SI,
sefior.es, lo confieso: temor tengo de que se haga
pensar al pueblo de la SI1guientemanera: 'Al fin
le cuentas, ¡lo único popular es la gloria, no hay
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iboí..A Fóí:ií
moralidad sino en el éxito; sed grandes y h'aeed
lo que queráis; ganad batallas y burlaos de las
instituciones de vuestro paí:s'. ¿Es esto a. lo que
se quiere que vayamos a parar? ¿Es asi como se
enseña a una nación aa;pre'ciar sus derechos?"
Cumpliémnse fatalmente las predicciones del tribuna: la nación, extraviada por la embriaguez
de las evocacion€lS napoleónicas, sustituyó en
breve un Napo1€ón a la RepúbLica y el culto de
un hombre al de un principio. Nadie mostró entonces la clarividencia, el valor y la honradez del
hombre de Estado a mayor grado de 'altura que
el glorioso Lamartine, cuyo prestigio como hombre público ha sido des.pués disminuido por la
incomprensión que atribuye al poeta los errores
del politico, como si los polittcos que no son poetas estuvieran exentos de los mismoo y más grandes errores. Las profundas parabras del vidente
perdurard€ben
como admonición saludable contra el ~mpeño del endiosamiento de los hombres,
funesta idolatria que, si se trata de il.os muertos,
fals€'a la historia y diJSlocapeligrosamente el criterio de los ¡pueblos, y si de los vivientes -reba.
jada al ra:sero lastimoso de lisonja o asalar~ada
adulación-, pronto corrompe al mandatario mejor intencionado y degrada, más <pronto aún, al
'Pueblo más altivo. Francisco Chavassu nos refiere cómo el l,ngenuo artista a quien se ocurrió
primero retratar al general Boulanger sobre su
caballo negro y en la heroica 8Jctitud de vengador de la Franc' a, fue el iniciador más eficaz de
un movimiento de opinión que estuvo a ;punto de
acabar con la RepÚblica y lanzar a Francia . en
una laca aventura de REVANCHE. La imagina,ción
popular, deformada por la acción plasmante de
la iconogtafia y del periodismo tur1fero.s, forja
el idolo y luego ofrenda en sus altares cuanto hay
de más sagrado y de málSinaH-enable.
La superstición de las supe,r:orilda<1esevoluciona: de las de casta se pasa a 1as de raza. y d-e
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CARLOS ARTURO TORRES
140
éstas a las de nacionalidad. Gobineau sostuvo,
con grande aplau.so de la escueJ.aimperialista alemana, la delSigua,1dadnecesaria de las razas humanas, \la superioridad especifilca de la europea, Y
sobre todas eNas la de la blonda germánica; legitl.
ma, por tal modo, el triunfo de las razas superiores sobre las inferiores Y la selección aristocrática en provecho de las nacionalidades formadas
de aquellas razas lSupuestas mejores. Este francés ha suministrado a los enemigos de su patria
razones para ju.stificar la desmembración de la
Francia, que en su tes:s resulta racialmente inferior a su vencedora de allende el Rhin. Nietzscheacepta
Ia teoria de Gobineau, pero sostiene que la superioridad e!stá vinculada a la raza
eslava, de la cual secr·ee vástago germanizado.
En tanto que l'Ús filósofos ,condenaban \Sin apelación a ,las razas n'Ú europeas ni septentrionales
a la esclavitud, en la fabulosa C:pango se elaboraba silenciosamente el argumento, algo brusco
pero decisivo, que en Tu:sihima y en Muckden habiade reducir a su verdadero sentido la flamante
teoria de las superioridad·es radales. El conce¡pto
perdura, no obstante, y .perdurará por mucho
tiempo; en las escuelas de la Gtan Bt'etaña se
inculca a los niños como princ'pio elemental e
incontroverti.ble la intrinseca superioridad angla.
sajona, a,l favor de genel1alizaciones tan espiritua'.es y <genercisascomo éstas, que ,s.eimprimen
enelcer·zbro infantil de los futuros Oecil Rhodes
y l-ospreparan para las conqu\stas inminentes: el
francés es frivolo, el alemán pesado, el espafiol
perezoso; aun cuando alli mismo, en estas escuelas, los alumnolS -de raza latina infirmen con su
carácter y con sus aptitudes, frecuentemente superiore $ a las de los insulares, la absurda calificación corporativa. El poderl0 que merced a la
compleja y mú'rti:ple causa1idad de la historia y
de la g.eografia llega ,a adquirir un pueblo, con·
\r~értese por qUienes han contribuido a formarlo.
r
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IDOLA FORI
tanto como ,una ¡predicadora del Salvation Army a la carg,a de Bala'C'lava, en argumento demostratIvo de des.ig:ualdad:es individuales, ha:sta
el punto de qruecualqUJierclerk del ~ino Unido se tiene muy seriamente por superior a la más
distinguid'a
personalidad
extranjera.
Cuanto
se ha,ce o se dLce en esos paises, ma,gnificado por
una prensa propicia, así sea ello \)0 más banal y
de poco momento, asume para propios y extraños
caralcteres de importancia propordior-.ales a la
grandeza nacional, en tanto que el más .genial y
meritorio esfuerzo de los ciudadanos de pais.es
reputados inferilores se desvanece en el 'sillencio y
se hund.e en el desconocimiento . La tab.la de los
valores está, pues, virtualmente adulterada por
la perturba.ción ,que <las pe,rspectivas engañosas
causan al juicio humano en esta ,forma -y no ,
de las menoresde la universál denegaiCión de
justida de l(l,s fuertes a los ,débiles.
Una insnección cercana y continua de las
grandes eilVli1izacioneseuropeas
Heva al ánimo
del observador hispanoamericano la intima persua:sión td.eque, a¡parte de excelsitudes de excepción, flor suprema de una cultur,a var~,as veces
secular, el nivel medio, intelectual y mOTa1de la
humanidad civHi,zada de nuestros jóvenes Estadoo no es ni con mucho inferior al de las viejas
sociedades europeas; 'Convicción de óptima fecundidad para eJesfuerzo, y poderosa a reencender
el fuego del entrusi,asmo y <dela fe en nosotros
mi..."J:llos,
,que ha venido apagán<dos.een largos dias
de pru.eba y de abatimi'ento.
Bila ilusión jacobina del absoluto i¡gualitarismo se ha desvaneiCido, desvanécese igualmente la concepción d~ la desigualdad desde el punto
de vista del tradIcionalismo aristQicráti<co.En la
Naturaleza y en las :SlOcied:ad'es
humanas. existen
categorias, mas no son ciertamente aquellas que
establ'eció en ,el pasa<do, y 'Pretend<e sostener aún
el criteriQ retard;a tari,O de. ~a reacción antidemo-
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CARLOS AR'tURÓ
TORRES
crática. Cunndo ante ciertos postulados de }a
.ciencia. se llegó a e~clamar "la democrllicia ha
sido demolida", no se tuvo en cuenta que la misma tesis selectiva, a la cual se atribuía la dernoliociÓnde los pnncip.os democráticos, demo~ia
también la concepción clásica del artstocratismo.
Si conforme al dogma de la selección natural,
"los mejor organizados, los más sanos, los más
activos o los más inteligentes, ganarán a la larga
inevitable ventaj a sobre 105que no están dotados
de ~as cond.ciones" (1), es claro que es a la ap·
titud y no a otra c:rcunstancia a 10 que la t'Cloria
darwiniana discierne la superioridad natural, y
esa aptitud no está demostrada como privati'ia de
familias, castas ni, nacionaHdades determinadas.
Hay más aún: las leyes de la Naturaleza, en cuyo
nombre se Uegó a la renegación de )a demccracia, no son el decálogo inmutable y absoluto grabado en la eternidad del bronce y superior a toda
humana derogaiCÍón; nuevos puntos de vista han
surgido que, como lo hemos dicho atrás, me difiean sub.stanciaJment.e los puntos de vista cLmtificos y atenúan sus otras implacables com:;'usiJnes;
.dviértese que aqueDas leyes son más maler,bles,
más e1ásticas, y, si vale la expresión, iSuscep';ibles
ie más permisivas interpretaciones;
la e itica
noderna, para decirlo de una vez, ha limita' lo su
.l~ance y disminuido su prestig'o. El espírit'l den 1Cráti'coasume ante las Jeyes naturales un t do)lt;~ actitud: .en un s€ntido tascorroborr,
en
)tro las rectifica. En su empefio de elimin:lción
le todas las desigualdades extrinsecas, unj~¡·ersaiza y da toda su amplitud a la gran ley de la
,oncurrencia vital, que lo:s regímenes cons-=rva:!or.es,con la d'stribución arbitraria de las ven,ajas y .preeminencias con el cúmulo de institu;iones ln,ohibitllVas y' monopolizadoras, oon las
.argas diferenci'ales, los privilegios y las excep(1) Wallaoe, "Darw1nism.".
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IDOLA TORI
143
ciones, entrabán y perturban hasta detener el Ubre desarrolJo de la potenciaL dad integral de ,la
Naturaleza y del trabaj o; ilquilata la ·sigIlifica;.
ción biológica d>elfactor colectivo y reduce' a su
verdadera pos:,ción al individuo, como elemento "
competente de la masa, y no a algo distinto y superior a ella; fija, como ya se dijo antes, el valor
inmenso de los factores primeros, del colaborador sin número y sin nombre en las creaciones de
la Naturaleza y de la humanidad, y al abatir las
barreras que el régimen de castas doquiera ha levantado entre el hombre y el hombre, si por una
parte contraría no bien probadas leyes de herencia, f,avorece, por otra, los cruzami,entos que hacen más fácil el proceso de renovación antropológica y sirven de preventivos contra la degradación de la especie,
Ni puede negarse ta:mpoco que en ciertos conceptos el espíritu democrático rectifica esas mismas leyes naturales ,cuando quiera que la necestdad se revela de Iponer a salvo los derechos esenci,a'es d,e la persona humana contra la inclemencia de la fuerza yel abuso, q:ue la Naturaleza, impasibIe y fría como una tumba, consiente y san.
ciona, Pero esa actitud modificadora no es propiamente ANTIFISICA, sino una tendencia de humaniza·ción de la áspera hostiIidad primitiva de
las IcoiSas;la democracia, en su e:sencia, no es sino
la rea,oción de la conci;encia humana contra la
naturaleza, en el sentido de la justicia. Si la naturaleza niega a los débiJes el derecho a la vida,
el espíritu ,democrático, sentido supremo del espíritu cristiano, en nombre de una equidad su!perioral ciego y brutal fatalismo de las cosas,
ofrece la esperanza de la rehabilitación al c~jdo,
y al parIa la posibilLdad de la a:scensión. "La suma de justicia que a pesar <le todo hallamos en
~l mundo -dice el gran poeta filósofo Maeterlinck-, no proviene de la Naturaleza, sino sólo
de nosotros, que la incorporamos a 18 naturaIe.
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CARLOS ARTtmO
TORRES
za". La ,ciega confarmidad a las leyes naturales
coma criteriO' de maral y de paUtica, seria una
renega,c;ón de [os más esenciales frutos, del esplritu humana Y la 9Jceptación cama gula de una
Juz insuficiente. "Ning'\1n sér -observa el misma
Maeter1inck con ese s,exto sentida .que e,sla cara;cter1stica de su nable geni'o- está organizado, como nosatros, para prod:uc'r (>"efluida extraño que
llamamos perus.amiento, inteligencia,entend 'mienta, razón, alma,espiritu,
potencia ,cere'bral, virtud, bellez'a, saber, porque posee mil nombres,
bien que sea una sala su esencia". La misión verdadera de 1as sociedades es ha'c-er predominar en
el mundO', contra toda suerte de desa,fueros de
la impulsión brutal. esals fuerzas ariginales: la
demncracia, al corregir hasta donde es legítimo,
nor la just~cia contra la inhumanidad de la Naturaleza, las desigualdades primitivas, y al afirmar, cantra las extremasas conclusiones de la
concurrencia vita'l, el principio deil der,echa mínimum de ,cada una en -elpatrimania calectiva de
la humanídad, repr.esenta una de las formas más
altas de la equidad y una de 18.'smás nobles conquistas de la 'civilización.
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",
..
_OAPITULO VIII
CORRIENTES FILOSOFICAS EN LA
AMERICALA TI NA
Con este mismo titulo el literato y distingui~
do pensador peruano, don Franciseo Garcia Calderón, ha presentado una interesante Memoria al
COngreso de Fílosofia de Heidelberg, en 1908, aco,..
·gida luégo por 1,a: "R'é:vue de Metaphysique et de
MoraLc" en suplemento especial (1), singular ho"
nor que bien claramente está diciendo del vMer
del autor y de la entidad de su tra>baj;o.El joven
escritor 'a cuya vigilante pljeocupación por los
protb[emas del pensamiento contemporáneo debe
ya la 1iteratur,a hispanoamericana .obras d<eraro
mérito, p~enas de vastisima inf.ormación y d.e un
espiri'tu de a;1ta y. generos~ serénidad.· a.borda· en
'Su Memoria una materia que entra naturalmente
dentro d.e >100limites de este ensayo en el punto
mÍlSmoen que se estudia en él la rota'Ción de la.s
~dea'8'Eln.la esfera :de la investigación filosófica.
En aa América espafiola, yen Colombia muy par •.
ticularment.e, eles¡piritu especulativo ha sosteni~
do. ta:n asiduo e in:timo comentario de las cues ..
tiones de política geneI1aJ,ha estado por tal ma •..
nera. vinculado durante extensos periodos a nUes:~
(1) Les courants phiIosopl1iques dans L' Amerique Iatine.
par García Calderón.
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146
CARLOS ARTURO TORRES
tra histor:a y a ,la modelación de nues.tro carácter, que lEería im:posib:e no tener en cuenta sus
oríentacione's sucesivas, la fuent3 de sus inspiraciones y su persistente
a,ctuaciónen
nuestros
hombres y en nuestras illJ3tituciones, 'cuandoqu~era q~'e directa o indirectamente se c()!l;S}derenéstas o s·eestudi·e la posición d13 aquéllos.
Muy más que 'parcialidades po~íticas, han sido
en ocasiones nU€lStr.o.spartidos escuelas filosóf1cas; superst:ciones, exc€~os o fanatismos de do'ctrina,. sus errores, y al'ena de sus d·ebates nuestra
histoihi, r~asta lel punto de haberse dado el caso
singular de qu·e la adopción de un texto universitario de ideología o de legislación haya sido abundeso pábulO de .enardeddas discusiones en nuestros parlamentos, de vehementes 'campañas en
nuestra prensa poUt:ca, causa de ·c'onmoción social e indirecta bander,a de agitadones int>enSLS1·
mas y d-e guerras civi'€s.
Para García Calderón, la independencia po·
lítica de la Améa:íca -latIna fue la surg.ente prinl<era de donde hub: eron de brotar las actuales corri-entes de especulación
filosófica en aqu2'Los
¡pai:es,. int·c0ectualmente a~et(argrados ·durante el
períodO tres veces secular de la dominación -españo':a, "que fue nuestra Edad Media". En aquella.
é¡:;'Gcaluenga y soporo~a domina el d,cgma, la InQuisición se establ>ec'e, una escolá.9tica de decadencia oprime el espíritu de nuestras un'versidades, sobre todo las de México y Lima, troque'adas
en el molde salmantino del siglo XVI; la curiosi,.
dad ínte'le-ctual se desperdicia y gasta en obras
atiborradas de erudición, d·e disputa.s b zant:nas
y en c'omentarios de viejos textos 'e.<;tr·echosy excesivos. La filosof:l), dominante es más bien la.
'de DUll.s Scott que la de Santo Tomás; es un peli'¿;amiento sut 1, un ejercicio dialé::tico en el vacío.
Adviértese la influencia de Suár-ez, el teólogo español, mas nunca la de la filosofía española lib:o-radadel dogma. con el criti·clsmo de Luis Viv'zs,
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IDOLA' FORI
14'1,
el" cartesianismo
de Gómez Pereira o la escuela
de derecho natura;l de Victoria. Allí no ha pen'e,..
·trado todavía ninguna ráf;a,ga del pensamiento fi.,losófico que ya había inspirado a B:a,con la fórmula
,el método experimental y encendido ,en obscura
,buhandilia del barrio ÍJSr,a,elitade Amsterdam la
'mente que produjo la ETICA y los principios del
;panteÍlSmo absoluto, del pobr~y
g,randle Baruch
.Splinoza .. Es iS~lamente a fines dea si,glo XVIII
,culaindo lasdocrtrinas
de Desca["tes y de Newton
son conocidas y"comentadas en las publicaciones
de la époCJa.,como El Mercurio Peruano, de .Lima'.
-En \Suma, la ,activi,dad intelectual d<e:lperíodo que
'precedió a 18. independencia es ,pobre y f'illtrabada;,
no hay MU ndngún rayo die originalid: d, ' ningún
'conato ,de autonomía, ningunaefi0ó:l,cia
literaria
·¡ni poJíttoo..
,',Estas observaciones contienen; \Sin duda, '11Il
'g¡ran f,ondo d"e verdad, pero no toda la v,erdad; e'n
Colombia, a 10 menos -:-pai:s que el docto auto>!
.de la Memorila no incluy.e sino por una mención,
muy honrolSa, 'crie'rtamente, ¡para e:l ,que esto escribe=-- puede observarse un fenómeno inverso, estp
€I.;'" que la actividad
intele·ctual .no brotó de la re':volución de la ind€pendencia, s~noque, en cierto
modo, <esta revolución COIlS'Bcue.nCLa
fue de aque~
Ha acti'vidia.q. El.movimiento de idea\Sque pre,cedió
a la gl.lerra emancip~ol'la,
concentrado en apaj'lencia con Caldas, y ios l:niembros de l!a Expedición Botánica casi qe rÚMo e~clusiyo a inves''tigacionesc~entífi¿as,
impHc.aba' 'en.el fcn,do un
intemso despertar filosófi,coquehabia
de' s,er má;s
.taro-e, por iJrr.evo-cal)lesleyes decaus.a1idad, inspi .
..ración y numeii1~e Ia rev,olúciól1 pomlca. En iu
:grMlide lobra pó\Stuma)o observ,aRieclús: "No fue
.Juno'cl,e los menores triunfos del espíritufUOiSófico
del siglo XVIII la g:m,ciosa autorización 'dada a
astrónomos franceses p~a medir un arc:o ¡tl.el Ifié'1'Iidiano '€iIl las ffi>eLSaS
and!inas y más ta;vde las 1i~
oencias para emprender .viajes . de e~piora.ción
I
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14<8
CARLOS ARTURO TORRES
ooncedidasa€~~añcl!t2,s Y extmnj.eros; asi se vio
a Félix de Azara crear la g,e,ografíade .las regiones del Plata, las neogranadinos Mutis (1) y Cal.
das y a les españoles Ruiz y Pavón estudiar la historia natural de las r'egiones andinas" (2). Libros
que decían d.eI gran movimiento de ideas de la
época, clande'S'tinamente importados y s'gHosa y
áVidamente leidos y comentados en }.as TERTULIAS
de los hombres más dist'Jlguido:s de la ,colonia,
elaboraban el 'e\~pirítu que había de dar luego for.
ma a la r,eve:lución, cuyo primer ACTO fue la tra ...
ducción y propaganda de los Derechos del Hombre, que Naríño tomó de una hístoria de la Asam.blea Constituyente y que lanzó al país como doctrina y mensaj e de las aspiraciones am,e,ricanas.
La acción int,el·ectual de la Revolución francesa
precedió, ,pues, en nuestro país a la independene:a: propagó sus idea~es y la preparó con las labores de 1013 grandes intelectuales de aquella épo'ca, que lo fueron Nariño, Camilo Torr'es, Zea, Caldas y los demás.
,a
En la antigua Presidencí'a de Quito, según lo
observan escritor,es 'como don P.edro Moncayo' ,y
el doctor Ricardo Becerra, ya a fines del siglo
XVIII, empieza a sentirse la influeD'l::a de las
nuevas ideas filosóficas "y aun la i;JoJítica mi3ma, la cíencia IwdaI, vedada por lOSreyes absolutos, empieza po,co a poco a conquistar un pequeño campo en la región escolar; empiezan a
o1rse citar \Sin escrúpulOS los nombres 'de De~cartes, Bacon y Leibnitz, de Becar'a y de Filangieri, y ~la se hab:a de libertad y de indelpenden,.
cia en la enseñanza, c'omo de independencia y lib·ertad en la v da púb'i~a". EspejO y los jesuitas
Magnin, Agui,lar, Hospital y Aguirre pued~n s·eñalarse ,::omo }als ,encarnaci'ones más visib',es de ese
(1) Mutis era ga,ditano, pero domidliado en Nu~va Grá.~L
'
(2) E. Reclús, L'Bomme et la Terrc, vol. 5, pág, 88.
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.149
movimiento de ideas en la andina ciudad, al clla:l
debe atribuirse la prel3JCión que la ciudad de Quito puedie reclamar en las iniciativas revoJuclóna""
rias ,que fund.aron ~a indtzp:;l11ldenciah:3panoameri'cana.
En 10iSaños que sigui'2,ron al €stabl,e'cimiento de la indepedencia -agrega
Garcia Ca~dJeróntod'a la fHo:sMña, tedo el pensamento
hispanoamericano se orienta hJalcia la ;política y son las
inf:luencias francesals las que pn"dom:nan: liberail~mo die Benj amin Corustant, dc,::tric:1a,"':'U:<mo
de
Guizot, por dondequiera luchan y seilm;ponen; en
1á!bl'oSy foHetms cOlIlléntans.e estas doctrinas que
los hombres de ese tiempo, en tentativas estériles
a 18:3 veces, I.;,e'esfuerza,n por nz'aIizar .en formas
prácticas, En el ol'den del pensamiento
puro, la
influencia de Cowsín y del 'e'c':,e'ct:cismo 'com~'enza
hacia 1850, pa,ra prolonga1:"s.e con la a,cción ejercida por [os libres de SaiE:set, de Panl J'ane,t y de
Ju1es Simón hasta la:s pOIStrimerías del 'siglo, Aquí
apar·ec'6 nuevamente Colombia [,eparada del movimiento genefJa,1 hispanoamericano
como se estudia en la Memoria. El n01table hcmbl'e
Esta"do a quien cupo ,en suerte organiz:a.r el país y fun:..
dar en él la admini;stración pública, después del
'triunfo sobre España y después d<e la di:solución
dte la gran Colombia. se inclinaha porca;ráJcter
y
por temper'amento intel'ectual al pensamiento británic'O en sus formas más positivas;
el general
Sant,and>er, pues, 'con sus ,colaboradores Soto y
Azuero, fomentó en les coJ,egi,olSna,cionales 'eJ es.
tudio de los principios de legislacíón y de ontología de Bentha:m, que el autor .mísmo había rl:;lrmilUdo a BoIíva.r en 1825, principios ,que hallaa.-on
:luego .en Ez¡equiel Rojas y en Rojals Garrido apél3tales que ¡llevaban a la defensa y propagación d<el
.credo utmtario toda la ardentía
y toda la intransig,encia <del sectarismo racionalista.
Impug:...
nábanlos 'con Ibríos no m.enores, ya <de'Sd,eel <día
siguiente al 25 de septiembr.e, el ministro Restre,.
de
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160
CARLOS ARTURO TORRES
.po (dreular aQa.s UniviersilClades,de Octubre de
1825) ,ora much-Q máS tarde, y .enfrentadol3 al-os
dos Roj as y sus diJs'C1pulos,atlgunolsliberales idea·listas -de la mentalidad de Ricardo de la Parra. y
lae.scuela tradicionalista y .coooervad,or<aque teniaa su servic:o ·a 1·0:3primeros -e.scritOl'ES,acaQO,
.del país,cc!U Mariano Ospina, José Euselbto y después Mtguel Antonio Caro. El pen:samiento filosófi~o fran~és estuvo repr-esentado casi exclusi\'amente lentr-e nosotrCtS ~urante tla .primera mitadde.l pasado ~iglo por el ~5'en:suaUsmo
de Destutt
de Tracy, tan magilStralment,e juzgado por T-aine,
como el de Gondma-c y Cabanis (1) .
Es Trrucy uno de los ultimas l"e;p:r·e:s>entantes
delespiritu .c~ásico que predominó en los dos penúlltimos siglos-, así -en Descartles y les pa.rtidarios
de las ideas puras, como en los sen:sua.listas, 'a cuya escuela pertenecía el fllósofo ¡ldmirado de
nuestros padres. La ccmpr'en:sión limitada de es,..
te espíritu le veda -dice Tj9.ine- ir más allá de
la superficie (te la:.s:cosas, -estudiar ,el' hecho vivi!ente y probatorio: "j amás como en los sistemas
de estos filósofos -agrega
el autor de La Inteligencia.- se construyeron. edificios más regulares
y espaciosos con tan pobre .extracto de la natu-;,
raleza humana; la escuela sub.sd.stióen la Revoluc:ón, -en el imperio y hasta la r-estauración, fir;me en la rigidez de su código, en la umformida9.
de su criterio y de sus obras y en la estrechez de
su juicio". Entl'e nos>otros su influencia se hizo
sentir has'~a fines del tercer cuarto del s'glo pasado. B:entham y Tracy eran para nuestros padres
el stm.oo<losupremo del pensamiento liberal min-ante, y sus nombres indisolublemente aparea"
dos resonaron por mucho tiempo como el pean de
una ardiente lid a un tiempo fEosófica, religiosa
y poJ.itica. Corrientes máls, modernas empiezan ~
apar>we:r,y Stuart MilI inspira a Flol"entino Gon(1) Les origines de la France contemporaine.
Régúne. l, pág. 316.
L'Ancien
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IDOLAFORI
,151
zá:1ezsu obra de ,derecho .constitucional, Y Qerl;le-:león Pinzón en su fJo\SOfiamomlexhibe un }em:peramento conciliador y ecléctico, ,en Que no apar·ecen hu.ellas de la influencd.a francesa .
. En el resto d·e la América latina, la acción
delpens,ami'ento inglés es IDuch9 menor; sin embargo, un gran pensador se forma en la ·8¡:..·:;'uela
<;leRetd y de Dugald Stewart: es Adrés Beno, nacido ·en Voenezuela,que a la cabeza de la vida intelectual .<;leChile influye e~ dondequiera. Su espiritu de .análisis, su fuerte lógica, su ps\icologia
un poco abstracta, pero penetrante y ~·egura, le
daban acción original, varia. y profunda sobre la
direceión de las ideas. ApUca el anális\s inglés a
los principios de, la gramática, a la lógicá, a los
códigcl3, a las leyes de la lengua, al der·echo internacional, y siempre &e exhibe como, filósofo de
la eiEl:melaanglosajol1la, lleno de common, sense~
doeestoicismo moral. de anális,is cerrado y pode::rosa; el argentino Alberoi recibe, como él, la in':'
fluerx:'ia inglesa, pero más bien en sus doctr:nas
po'iticas y :;:,ociales,mientras que Sarmiento roepresenta en e·l mismo país, por 10 mejor de su espiritu y de su influ·encia la tradición francesa y
latina. La influenc:a de 'Bello en nuestro país se
impuso &obre todo en. el estimulo a doctas disquisicionLS filo!ógicas y gramaticales, que han
rayado a alturac¡asi insuperable en las' obras
de Caro (M. A.) Y del ilustre autor del Diccio.
n1ario (i¿. construcción y régimen de la lengua castellana, Rufino J. Cu,erV'o;en lOS estudios de de-
recho internacional determinó la orientación general del espiritu sajón de Martinez Silva; su literatura contribuyó a formar ·el gusto por el genuino casticismo ca:s'tellano, y sus fórmulas del
derecho civi.l, esculpidas en 'el Código clrileno,
fueron ·adopta-das s:tn :modificaciones irreveren.
tes por nuestros 'legisladores.
Al espíritu dásico, padre ¡común, al decir de
Taine, asi de la tragedia polit1ca del Terror como
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152
CARLOS ARTURO TORRES
de la filosofía de la sensación de Condillae y de
Condorcet, de Cabanis y de Tracy, sucedió, con
las nu€v,a,s corlientes literarilas, el movim~ento
romántico de ia politica y de la filosofía, en lOs
cuales, como esencia íntim¡:l.e incorruptible, !Se
advierte una tertder.lC;'laespiritualista, patente en
m-edio de las más audaces concepciones revolucio:'
narias y de las demoliciones in:stitucionales más
intensas. El espíritu de 1848, que ~,a.sóO;:;'Jmo
un
hálito vivificante y ardoroso por el mundo occi'dental con todo 10 que ímpl1ca de ,corriente dé
ideas, de anhelos de justicia y de humanitarisltlO,
de escuelas emocionales de rehabilitación de los
opr'd:m~:ios~d-e.simpatía por' el pI"o!etariado, de
liberación de la:s patrias irredentas, tuvo en nuestro pais acci6n vis~'bley honda; así 10 hace resaltar, en obra re.ciente, un sabio y pensador libertario (1), Las nobles aspíraciones, la filosofía del
!progre¡<;o,]a preponderancj a d'el ideal sobre la
inercia de las cosas, los conceptos morales de
caída y de redenK:Íón que se IRcendran hacia la
latitud de las pampas en inspiraciones poéticas,
como en el oa;sodel argentino Andrade '.;'itado por
Calderón, culminan entre nosotros en' hermosa
aunque no rica floración intelectual y en una acti.
vídad política que no tuvo precedentes ni ha dejado imitaciones,
En otra parte lo hemos dicho ya; parecía
que las lenguas de fuego del ala.do espíritu hubieran descendido sobre aquellas mentes yencumbrasen en aquellas almas la noble llama que ilu;'
mina 1a transforma:ción social por la justicia y la.
confraternidad. El espíritu nuevo, vibrante en la
acción y clamoroso en la palabra de los inolvida(1) "POUirl'AmériJquelatine 11en ¡fut autrement; l'inf1uence morale de la Franee est teIle dans ees eontrées que
sa révolution nouvelle (1848) oocoua fortment les esprits et
produisit ea et lá, notamment dans la Nouvelle .Grenade,
mouvements politj,ques",Reclus, L'Homme et la. Terre, vol,
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mOLA FORI
153
bles soñadores de la Escuela· republicana,· discípulos de Michelet y de Quinet e imbuídotSen .las
vagas. gel}era1iz\9.,eiones
histórico-fllosóD;:;s de Herder, inspira. el Códtgo generosa de 1853. La innovación atacaba de lleno los residuosu·el régimen
colonial desde el si:Btemarentístico hast.a las ~.:(}nceprJion.oode la filosofía y del derecho. En aquella figuración histórica de nuestra segunda independenc:a, MuriIlo fue nuestro Ledru Rollin, como Carnacho Roldán nuestro Lamartine. Nadie
podrá.desdeñar la obra yel pensamientodeaqueVas almas inflamadas, de aquellos caracteres de
elección: Vicente Herrera, R~l.:::ardode la Parra,
los Samperes, 'los Solanos,José· Joaquín ,v.argas,
Ricardo Becerra, toda aquella nobiUsima teoría·
del ideal que un adversario ingenioso personificó
con maleante intención y afortunja¡do cincel en el
don :Demóstenes d,e Manuela, de Eugenio Diaz
Castro, y a quienes se l~amó "gól[JIotas" por sus
constantes invoca'cianes al "Mártir del Gólgota",
considerado por ellos c,omo el primera y más sublime de los demét.::ratas de todos los siglas. Ideas
más prácticas y más concretadas a la política, perO n.o menos generosas, propagaban brillantemente Ancizar, Santiago y ~elipe Pérez, Zapata y el
profundo Cuenqa..
La doctrina laica ¡contraria a los dogmas y la
ardentía de su batallar contl'la las tr,adiciones de
la escuela conservadora y ca.WDe;'arel,evantes en
la posición y en los escrItos de V{gil en el Perú,
de Bilbao en Chile, de Ocampo y de Juárez en
México, encarnó entre nosotros en Rojas Garrido,
orador perfecto, pero espiri'tu intransigente
y
retardatario que supo, no obstante, ejercer irresistible faB~inac:ón sobr,e la juvent)ld de su tíempo;
BU verbo rotundo y abundoso fue vehículo de ese
absolutisma de las ideas que ca'racterioo. la mentalidad j~\(;'obina,y fundó la escuela d,e la violencia en el pensamiento. cuya proyección necesaria
en la política es la escuela de la violenc:u en los
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164
CARLOS
ARTURO
TORRES
hiechos, bautizada
entonces con el nombre de
y gólgotas, más
que dos fracciones políticas del Lberalismo son
dos formaiS antagón:cas del pensamiento,
dos
corl~epcion'es distintas y opuestas de la política
y de la vida que Shakespeare, 'e~x~gran vid,:mte,
f:jó en la actitud de Casio y en 'la de Bruto después de la tragedia de ,los Idus ct.::Marzo, y que
en la Convención francesa abrió entr.€' la Montaña y la Gironda un pmceloso piélago de sangre,
El criterio de lo absoluto y la intol·er·a.ncia dogmátÍl::a, su nc.:'esaria consecuencia debían también separar en el campo de la ,especulación nosófiq:;¡,a ]os disc~pulos de Rojas, entre quienes se
distinguieron ATrieta, poeta y tribuna, Juan de
D, Uribe, ~critor genial, y Juan Manuel Rudas,
incansable laborador de ideas, de la generación
subsiguiente que, fervorosa del ¡autor de la F¡Zosofía Sintética entreveía más allá d·e ,sus inducciones amplios horizontes intelectuales y substan.
tivas mc.p.ificaciones en la apw.:'iación de los fe.
nóm-enc8 d·e la vi'da d·e relación, Al entusiasmo
por Hentham. Tracy y Rojas, sucedió, pu·es. el
estudio sosegado y profundo o'e Herbert Spencer,
cItado, acaso por primera vez entr,e nosotr03, por
un hombre muy discutido, pero de innegables ejecutorias intelectuales: Rafael Núfi.ez,
El positivismo de Comte habia hecho ya paro.
entonces alguna carrena, en otras repúblicas, según nos lo dice García Calderón: "En Chile, Lagaguirre, discípulo de Comf¡e, explica y defi-ende
\Sus <l.o>ctrinas;en Méx:co, la Revista Positiva,
de Aragón, que defi.ende ]as m'lEmas ideas, tiene
una curiosa vitalidad; el positivismo, de:;~'2 el
primer momento, debía conquistar el pensamiento d.-ela Amér~::a latina como no lo había hecho
ninguna otra doctrina filosófi'ca", La fórmula de
Comte "todo es relativo, he ahí el úni.co principio absoluto", 'implica una complct!l. reacc:'ón
contra el espiritu jacobino; es su refutación ra"draconianismo".
Draconianos
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IDO~
.FORI.
di,cal y 'levanta elcan<>epto d~ taleran<;:;'a.8, l~S
regiones superiores, en donde el ,espiritil de1 si.,
gla XIX, en. vigorol!;locontra.ste .con ef del XVIII;,.
~itúa la po.s:bilidad de ~oncilialción y <de.arnH:m~
por. 10 alto, 'entre, las más veneran(ia~ tiadicio-::
nes de la humanidíl'd y las más atrevidas alSpiraciones de ,la libertad. Mas fue Spers;'cr, en Co",:
lombia. quien imprimió una nueva oriep.tac:ón a
los espiritus, seducidos, sin duda, por 10 que Bergson, llama iConpropósitoimpugnativo
las dimeI13io
nesg:gantesca.s de sus deducciones, la limpidez y
;g.ernralización de sus fórmulas evolutivas y. la
clari,dad superHcial de sus ,é:ompara1cion.esy de
,sw metáforas me,cánicas. Por· una part'e, era lógico, coma lo reconoce el mismo Bergsol1, !lll!eel
s:stema spenceriano,sedujese las inteligel1iCias pre
:paradas por los descubr:mi·entos y las teorias ambientes a aceptar la expli-ca.ción más univ.er.-sal de
los fenómenos bajo la forma de una ·estátka y de
.una dináml'c'8, generales y a cancebir' la historia
,del mundo como una historia d'el movimiento. f1;.
.l;l:CO.¡ Por otra, su conoepción de la relatividad, su
afirmación de lo incognOSCi'bl.e,la amplitud de su
.criterio ¡política y su concepto de que la ciencia y
'la ~ligión no. son in1conc:lliables, s'el'enaban los
.espír:tus fatigados de la esterilidad de una lucha
síntregua
y sin piedad entre dossistema:s igual,mente extremooos e igualmente dogmáticos. Los
Prtmdros principios
fueron toma,dos literalmen,te como .el Evangeli-o de las ídeas modernas. Ni;..
,colás Pinzón W., espíritu luminosiO cuya pérdida
no ha.podido reemplazar la República, Herrera
'Olarte. J. D. H.enera, Iregui, fueron' apóstoles
convencidos y militantzs de la filosofía sp<enceriana. Así como en México. extractos' de los Prin •..
cip;os de Etica, de Spencer, y de 'la Lógica, de
.Stuart MilI, sirven de tzxtos universatarios, en
:nuestra "Externa-do" de Bogotá sintetizacion-e:3 de
,la Moral y de lbS Prime.ros principilos, hech;as,
\y'bien hechas;' por Tomás Ea-stmaneIgnacio
V.
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156
CARliOS ARTURO TORRES
Espinosa, servían de textos de Etica y PsLcologia.
Años antes, y por la iniciativa de Rucias, había.
traducrdo Madi-eda, y se propagaban entre la juventud, el extl'iacto de la Lógioa, de stuart MilI,
por Taine, y .conde:macianes de Grote de Bain,
de Claude Bernard, de Ribcrt, de Zoubarou3ki. El
pensamiento entraba en un período de hermooa.
actividad, a la que ,contribuían no po-co '¡as en·
~efiazas en que Vargas V,ega, nuestro Littré primero, y posteriormente J. D. Herrera, hacíán de
ia biología .algo como el eje fundamental d,e la
f;¡lms.ofíamo,(/3rna y J.as conferenc:aa eclécticas
a lo Janet, pero nutridas de vast.a y novísima informa·ción del prof·esor suízo RotbBlísberg.sr. No
apareció, sin embargo, entonc,es, ni ha aparecido
después, salvo algún trabajo inédito de Iregui y
alguna conferenc:a de Carnacho Carrizosa a de
Diego Mendoza, ningún estudio de &(.I';'~i(}logia
comparab1e, por su entidad siquiera, a los ,de Gornsjo
en el Berú, Letelier en Chile, Bulnes en México.
Báez en el Paraguay, GJ Fortoul en Venezue~a, y,
últimamente, Garcí:a Calderón en su vasta trabajo Le Pérou cont¿mp'orain.
Mas 113, supremacia del positivismo ha producido dos reacciones: honda la una y d,s ya muy
apreciable influencia en las modalidades d,el criteTio filosófico en su aplicación a la literatura y a
la polít~ca; briUante y fascinadora la 'Otra por la
aparente novedad y aud["I(;'iade las doctrinas y el
roea!genio de su apóstol, pero que no podría decirs,e en rigor que haya t.enida una verdadera actuación filosófica. EDas dos corrientes quedan
defin~idas y caract·erizadas con dos nombr'es de
cuyo pr.estigioestá plena la contemporánea literatura de ideas: Guyau y Nietzsche. Como lo observa {;'on tanta penetración Fouillée, los doo filósofos poetas sacan, de análoga concep.::ión d,e la
vida intensiVa dos Iconclusione,s·diametralmente
opuestas. Cosideran ambos la vida coma una actividad que encuentra en su may'or 'expansión y
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InOLA FORI
157
en su más al!ta inteIlGildad sugo.ce más alto, pero.
en tanto qu·e el teutón domina'Cior ve en la sup,er-:abundacia vital una patenc:a de do.minación, de
agr·esión y de tirania, Guyau, en cuyo. no.ble genio. paw::en culminar l<asmá13excelsas cualidad€s
ftatinas, a:firma, Po.r el contrario., que tal superabundaIllcia es un elemento. necesario. de la simpatía y de la so.lidar:rdaid humanas. "La fuerza
s61,o.de,be Dervir para el ataque", exc'ama el uno..
"Sin·e tambiÚn, y lS:rve mejor, para la coorper.a:Ción",dice el atro.. "Les fuertes se aislan, sólo.
los débiles se asocian" así,enta 'el germano.. "El
mayor 'd'2sarrollo. cerebral, ;que es una ,de las faces más eficientes y perdurab:'es de la fuerza-demuestra el latino-, tiende a la a.soeiación coo.pe':'
rativa". En'(;·amína.~·ela corriente filosófica de
Guyau 'en el sentido rde la ,expansión simpátiea
hacia lo,s demás, l,a de Nietzsche en el 'de la expansión agresiva contra lo.S d·emás; sigu',endo. la
'Primera se funda el al,truísmo. natura.l sabr>e las
ley~1Smismas c.e la vida, que es en el fo.ndo. el
praceso. íntimo de la civilizaJcÍ'óno.ecid·ental; p'ermané,cese en el adusto aislamiento prmitivo en
que el hombr·e abate a.l hambre, en la prehistórica
época ,c·elaacometivi:dad sin atenuación y de la
11:'..;·~1a
sin pi,edad, en la eterna desigualdad, la
.eterna o.presión y la guerra ·eterna, siguiendo. la
seguncl,a. Ambos f.lósafas, ambo.s altisimos poetas, Guyau y Ni€t~lS'che,penetrados. en su sen:tida más handa, de la seriedad del pensam;'ento.,
de la se:ri·edad de,} arte y de la seriedad de la vida, combaten elconc,epto. d,el art-e por ,el arte y
buscan en la poesía, co.mo.Mazzini, un vehÍ!culo.
a las grandes ideas; ,el uno. Co.mo.un nuevo. campo pana desp:egar su Po.tencIa, matcht auslas.sen, el o.tro.par1a expandir su alma en efluvio.S
generosos de s mpa!tla, de fraternLdad y d,e amo.r.
En el terreno. Po.lítico., el alemán ve en la vio.lencia una eJq>ans1ónvictoriosa d·e la potenC';a interior, en tanto ,que el francés declara: "Dar por
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CARLOS ARTURO
TORRES
obj-eto a la vOlun~adel abatimiento de !los otros,
es darleun
objeto insufictente y €mpobre,cersiS
a si m;smo". Para el primero es, naturalmente,
la completa domina!ción el ideal de la expansión
de la vida; Guyau ct..emuestra,por el eontrario.
que la voJuntad, cuando llega a haceme abso1utamente ineontrastabl-e, se desequilibra y degene.:ra; "el déspot~3.,entregado a caprichoscontradictorios y sin freno, se convierte en un nifio y toda
su omnip.otencia 'Objetiva acaba por produc;'r ,una
real impotencia subjetiva (1).
No cr'eemos que las 'espíritus d:stinguidos que
en Colombia y en el resto de la América la'tina
\Se han llamado "'nietzschi~an08" hayan lacepta~
do de los sermones líricos de Zarathustra otra cosa, aparte 'ct..elas bellezas literarias, que aquellas
generalizaciones inofensiv.as del concepto a.políneo de la vida y la intensidad del vivir, sin llegar
jamás seriamente a la Icondenad6n de la justicia y de la ;piooad,a 1813 dos morales, o mejq.r, al
inmoralismo, ni a pensar en el abatimiento y sujeción de la inmensa mayoría de sus conc;uda.
danos convertidos en rebafio de esclavos. Si en lOS
pueblos modernos ha de surgir el dominador "inmtsericOTde",dertamen te no s·erá del gr,emio,de
los artistas literatos, intel.ectuales más o menos
modern:stas que hoy legitiman el ministerio del
opresor desalmado; leB ROE,asy los Mel.garejos no
se forman, por dicha, en el comerci:o de los refinami'entos literarios y de los estetil.:mos exóti'Cos
y exquisitos.
· . Las ideas de Guyau con todas sus proyecdo· nes en el campo de la litera,t~ra. del arte, de ~a
moral y de la poilíti!ca, encontraron entre nos.·otros resonancia y prosélitos en el reducido grupo de escritores' que habló al país desde las .ca· :lumnas de dos diarios que llegaron a adquirir al(1) Education et Heredité, pág. 53; "Esqu1sse d'llne ma-
· rale sans obligation ni sanction".
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mOLA FORI
159
guna nGtQriedad, siquiera sea por la's tempestades que S{)breellos se desat.aron: La Crónica y
El Nuevo Tiempo. En otros, paises de América,
según García Calderón, "la aGción de FouilJée y
de Guyau ha sido muy íhteru~a, prir:'(;'lpalmente
la d,el primero, en los estudios jurídicos Y socia-les. Las nuevas genewC'lones leen a G:uyau y lo
cDmentan sin ~~esar,y un joven penq,l,dor, defensor br:i1lante del id€alismoy d'el latlnísmo en
'Amé:ri'ca, José Enr:que Rodó, ha he'cho grandef3
..elogies:de ,él en su libro Ariel, cuyo titulo es ya
"un .símbolo de rena"cimiento y de generoso id,ealilsmo. "Todas las figuras, inter€'l'ianbes del pen,umiento contemporáneo en la América Latina
·-continúa'
C'3.rcía Ca"ltlerón- están or:.erutados
,ha~:ia.eJ idealismo; en Méxioo, donde dominaba
el positiv:r2mo, ~e advi€!Vte un .cambio de frente;
.el ministr,o, d·e Instrucción Púbr'ca, Justo Sierra,
;hablaba recientemente de la 'crisis filosófica, y
-Bergson h;a, d,estronado a Spencer.
En Chile un
·prof·esoral,emán, -el doctor Wilhellm Mann, d~rige
.en el Insituto Peq,a"gógico un nuevo mov:miento
de ideas contrario a la tradición positivista de
aquel pueblo; en el P-e:rú los prof'esores DeUl.~rtua
y Javier Pra"do, en el Urugn'.¡y Vaz Ferreira, en la
Argent,na, Car'os O~tavio Bunge e Ingenieros,
'en Cuba Enr que José Varona, en el Paraguay Ma.
-nuel Dominguez, propagan ideas ba"stant,e aná1o~Ia.spara ,que sea permitido señalar una corriente
filosófica m:eva".
La tendencia al ideallliano co.n la Bosofia de
Reno.uv.er, d·e Boutroux, de Bergson, de WiUiam
Jarr.'c..s,}::arece ~eñalar el" rasgo más relevante de
la actua'orientación
del €~,píritu en Hispano América como. en el resto. del mundo. Implica. al
reivind.'~ar 100 derechos del misterio y del ensue,ño en el pensami>ento. y en la Cobra,una suerte de
reacc ón contra el racionalismo algo estrecho. y
'l:'ontra' el criterio dc.gmático que constituy·eron lOS
-caracteres de lasfilcsor:,lS ,anteriormente enseño.-
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CARLOS
ARTURO
TORRES
readas de la dirección de ideas. y de la .dirección
de la vida. La ,exces~,vasupremacía de lo práctico,
el exclusivo culto de la riqueza y del éxito material, el 'egoÍJSmoY a}gunas ve,ces un amoralismo
aJ cuaJ. las do·ctrinas d,e Nietz~\:'"'.Íle,
mal intei'pretadas, han dado su fuerza y !Su brillo, han s~do.
según el joven filósofo peruano lote de la. escuela posdtiva ~onfu"ael cual reacc:ona el ideaJ.ismo;
podría observars,e que esas manif·e.sta.ciones del
espíritu yanqui ha.n: provenido, en primer término, de índividualidades sobre quienes lascorrAlnt€.13filooó·ficas ejere,en un mínimum de influencia, si alguna, y más de una vez se ha patentizado también que mentalida:des troque.ladas por la
más idealista de las doctrinas y la más renunciativa de ilas religiones no hayan sido extrarlas a la
gros€ra y letal conta,mína'~lón.
El crit,erio filosófico, cada vez más tolerante
y lato, Tesultado de la general cultura de nU€.f3tros
dfJas, influye neoesal'Íiaanente en. las modaJ.id)a.,.
des inteleotuaJelS de ¡pueblOSque rastrean con ávida persistencia, para imitarlo y a las veces para
exagerarlo, el movimiento de las ideas europeas,
pero está muy lejos de haberse a1canzado una nivelación unifOrme, por lo alto. en la parte mili.tante de la inteUgencia latinoamerioana que autorice, !Sin substanC'lales distingas, una oolificación y una clasificación generales. Ni se ven todavía conatos de aquella origin¡alidad filosófica que
las formas cara.cteristÍiCas y ¡peculiares de nues_
tra mentalidad demandan, y que no ha apa:recido
tarn¡poco con relieve sufi:clente en otras ramas
de la actividad intelectual que de aquélla se derivan. La reversión de los idea.les, la interusa.
reacción de los principios, 'la no interrumpida
mudanza de perspectivas intelectuales que hace
;Pa.Siardel idealismo al sensualjsmo, de éste al positivismo y del posittvismo a nuevas fonmas de
idealLsmo, dl€terminan diLslocaciones del criterio
y retraros del ~nsamlento, IDOLA FORI de la filoI
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rDOLA FlOR!
161
sofía 'que engendran los IDOLA FORI de la políti,ca.
Fuerza es convenir igualmente ·en que las ideas
más avanzadas y generosaLs, ,como sol nacient'e,
iluminan sólo las cimas más al\tas y qu,e aquel
grupo profético de ;que habla Quinet, destinado a
r;e,cibir,aelaborm: y :a 'Propaga'r las ideas que han
de ser más tard,e la fórmula salvadorad·e una sociedad yel lote ,común de los pueblos, tiene que
pagar al precio de la perse:c'uciÓl1,del deiS,conocimiento y de la injusticia, el dón de su darividen~
cia y la a:udacia de sus 'r·evelaciones. En la masa
profund¡a; y amaría domina unas ve'c;'esel prejuicio del pas8ido y otras, lo que es peor aún, las
formas más delirantes e innobles de la diatriba
Ipanfletaria y de la retórica ja:cobina. La organización política y las doctrinals insti,tucionales, oscHanves ,en su pola'ridad .entre los más contrapuesltlos ideales, no han int,erpretado aún el sen....
tido exacto del pensamiento moderno en 'cuanto
éste .implica de amplia ·conciliación entf\e lo rpráctico y lo genoroso,entre
10 tolerante y 10 justi'ciero, entre las leyes de constancia de evolución
y die r,evoluci,ón.
I
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CAPITULO IX
CORRIENTES POLlTICAS EN LA
AMERI CA ESPAÑOLA
El movimiento político en Hispano-América
y Jaoocilación del equilibrio de lclS partidos han
.sido en el primer siglo de ind,ependencia reflejo
de ,correlativos movimientos europeos, que ·las c'rcun.sta:i1cias ambientes peculiares a nuestro l11Undo, o mejor, a las diversas secciones de nuestro
mundo, con su virtualidad refradiva,
atenúan o
€xag-zran en cada ocasión. Formadas las nE.,',:jonalidades ameri·canas
por el aluvión del viejo
mundo que una onda migratoria incesante deposita en sus ,playas desde hace cuatro siglos, aluvión que f.·e sup.erpone unas veces al res'duo autÓctono y otra13 se sustituye completamente
a él,
son ideas europeas las que g·erminan y luchan,
triunfan o sucumben sobre nuestro suelo. vigoros.amznte re'tocadas casi siempr,e por los tonos
ardientes de nuestro sol. Ha carecido el e~emento nativo de iniciat:.las propia13 -salvo en el caso aislado de esta o esotra personalidad de ex{;:¿:,pción-, y casi s:€mpre ha servido de materia
plástica sobre la cual la inquieta mano del artífice polit',co ensaya las modelacionoes de uno y
otro sistema. Los errores y l3.lSutopias. las agitaciones €spasmódi·cas y la fla;cidez de las postraEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDOLA FORI
163
ciones, los abusos y los delirios que tan duramente se nos reprochan, MÍ como lasaCitttudes generosas y las felices adaptaciones que tan escasamente se nos reconocen, no son \Sino una lejana y a las V1élC;!es
'll\PIag1adane!p¡'eI1CUist6n
de lrus
grandes IconmocionelSde ultramar. La chispa ha
partido de allí, y si arde en propicia hoguera, vigía deJ:uz sobre la lcumbre de nuestras montañas,
() si el huracán de nuestros desiertos la desata
en llamaradas de incendio, no deben olvidarse
pa["a la exaltación o para el vituperio la ,fragua
lejana donde se forjó ni el aliento d·e alada pro,¡:p¡gandaque nOlsla trajo. El juicio europeo -el
de un Gervinus, por ejemplo-, implacable en su
lSeveridadcon nUles,tros errores, olvida el determinismo de los fenómenos de la imitación y de
la herencia y condena en nosotros, como espontáneo brote y vi'cios,a propensión, lo 'que no es
muchas v,€'c;'es
sino la fatalidad de un leg,ado indeclinable, que la doble colaboración de la raza y
d,el medio desarrolla en extrañas germinaciones.
Los descubridores de la Costa Firme, aqueUos
arriscados y legend9Jrios "conquistador,es del oro",
que cantó Heredia, su vástago afrancesado, y sobre quienes la aberración de la conciencia histórica, particularmente injusta en todo lo que a España se reofiere, parece haber 'C;'onsagradola romaneis,ca pre&ent~atCÍón
que Enrique H\eine hace
del más garboso deenos :ceñL,a e'l laurel su frente, lucian en sus botas los a:CÍcabesde oro: con
todo, no era ningún héroe; no era ni siquiera un
caball·ero; no era más que un jefe de bandidos
que con mano insolente grabara en el libro de la
fama 'Su insolente nombre: Hernán Cortés". Esos
hombl'eis extraordinarios, decimos, pmfe~ores de
energia en las coma1!'cas fabulosas y ,cabaUeros
sin miedo, aunque no sin tacha, tIlajeron a Amé~
rica vívido, ¡bajo el a'C;'erode sus 'corazas, un sentimi:ento de ruda energía: no era ciertamente el
austero ,concepto de la libertad, irreductibloe bajO
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CARLOS ARTURO TORRES
el sayal puritano de los pel'egrinos del May FlOwer, pero había de tener, como éste, ,prodigiosa
fecundidad. Salidos de su tierra antes de que la
rota de Villala.r b:ubiera dado el último goLpe a
las tradtcionales libertades de la patria o poco
después de tan funesto día y cuando el absolutismo de la casa de Austria aún nO había troquelado para la servidumbre el alma -española, aportaron al Nuevo Mundo, con el milagro de su tenacidady de sus brios, toda la altiy.ez y el celo
de las Cdmunidade,s castellanas. Tal espíritu como ese agonizante bajo la inmediata opresión del
primero de los Habsburgos. importador del despotismo exótico en la tierra de los fueros, trans!portábase sobre los bergantines aventureros a las
.soledad€s del mundo n:x;'ientemente descubierto
y hubo de prcscrvarse en aquellas 'provincias d,e
la España trasatlántica en donde predominó, como -en real propio, el ,carácter altivo e infl€xibM
de castellanos y leonese.s, fuerte de aragones.;s
y vizcainos, que no a todos los indianos retrata la
filiación que Cervantes hizo de ellos en El celoso
extremeño. El vallaJdar insondable que abre el
mar de At:¡a,nte ente uno y otro mundo; lo bravío d,e las selvas; las medrosas perspectivas dei
desierto y la agria murlaHa de ias serranías, am¡paraban a los halbitantes de lals ti-erras nuevas
con una suerte de aislamiento, de desvinculación
y de independencia imposible en la Peninsula,
bajo la mirada vigilante de los agentes inmediatos de la c.orona. "Se obede,ce,¡pero no se cumple",
respondió 'una v€z a la comisión ell'c'argada de
;promulgar las leyes de Indias el osado Belalcázar: esa fórmula es toda una revelación de la a:ctitud de los espafio~es en Amértca ante la corte
imponente y lejana. Ese mismo sentimiento, pe¡"o
al cual las pasiones más á:speras habían tocado
ya con el ascua de su contaminación, fue sin duda el que determinó los 'movimientos tmnultuarios de Alvaro de OyÓn, de l.os Pizarras, de CarEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
IDOLA FORI
165
vajal, de Oe;peda,de Hernando contreras, de Juan
Bermejo, de Villagrán, del volcáni,co LQpe de Aguirre y de todos ¡alquellosTIRANoS,como se les
llamaba entonces, que tiñieron los primeros' con
sangr·e española por españoles vertida, l,as eTónicascoloniales de las postrimeríals del siglo XVI.
Si las 'colonias españolas, a diferencia d~ la,s
inglesas, no pooeían ninguna forma de gobierno
Il'epresentativ.o ni. otras prerrogativas diferentes
de las meramente municipales, no era 'en realidad porque 'estuviesen en ¡condición m2diatizada.
En cuanto a fueros insti.tucionales, ocupaban
esencialmente la misma poskión que la madre
patria, de suerte que ¡puede d'edrse sín paradoja
quecClmo 'colon'ias, las hispanas est:abanen mejor condición política, con r,especto a la metrópoli europea,que no las británicas, pues a éstas
n.o se reconocía situación de derecihos públicos
íguaI ¡a,la de Inglruterra; sólo que, aSÍ y tod.o,la,s pre
.rrogartivas políticas de l.os angloamericanos eran
superiores, no ya a las de ~a,s'e'olonias hispanas,
sino a ,las de España m~sma; los ingleses y los a'l'lgl.oameri,can.os eran ígual:es en la esclavitud. Ell
gran poeta español que recogióelce\tro de Quintana, en reproche a AmériJca,c.on un fondo innegable de verdad, exclama dolorosamente:
España te oprimió mas no la culpes,
pOI'que, ¿cuándo la bárbara conquista
justa y hUlIllana fue? ¡También clemente
te dio &u sangre, su robusto idioma,
Sus leyes y su iDios! ¡Te lo dio todo
menos la libertad! ... Pues mal pudiera
darte el Único bién que no tenía.
Los descendientes de l.os c.omune,ros venidos:
a Améri'ca no habían sido, pues, deprimidos en
grado mayor que sus hermanos que ·en España
queda;ron: con Juan dle Padilla pereció la libertad de unos y de otros. Ya hemos vísto que el aJe:..
jamíentoera las más de las v,eces algo ,c.omouna.
pro.tectoraégida, sólo que el poder real ej ercido
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CARLOS ARTURO TORRES
¡por delegacion·estransitorias, a larga distancia,
si crnenoscoercitivo, 'es más od~o.soy suele también ser ocasionado a abusos, por la misma razón que no es de todos los insta;núes y de que aquellas sobre quienes gravita de tiempo, en t:empo, han disf'rutadoen el comedioc1e relativa libertad ,cuotidiana. Los encomenderas, visitadores,
regentes, residencia dores, alcabaJeras yfi.scales,
ávi'das sabuesas a quienes 'el soberano d€lega,ba
en mal hora una que atra vez eX1trlliordinariasfa<mItades, dejaron ominosa huella en nuestros anales: a ellas cumplía apretar 'el 'eslabón c1e la
cadena que la diJStancia afloj aba, y era su a'Cti1md tanto más depl1esivacuanta más amplias las
prerrogaltivas que amaga:ban call'C;'u}car
y más arraigado el sentimiento de fu·ero regional que v·eniana herir. El ti:empo fue cubriend'o con denso
sudario, die cenizas el ,fuego de la ancestral altivez castellana, pero los acantecimientos demuestran que no, se €X1tinguiódel toda, pues había de
encumbrar·~·e en llamas al primer hálito, de las
nuevas ideas. En presencia de las movimientos
populares de la villa granadina del Socorro ·en
1781, antój asenos asistir al reencender del entusiasmo y del firme1concepta de su derecho que
llevó a las segavianos a castigar sin 'Piedad a !Sus
procuradores débiles o infieles que en las Cortes
de La Caruña s¡acrif]c'aran las intereses públicos a
las exig·encias ·de la corona, y que apelltdó más
tarde a la,s comunidades para la resistencia y 'el
sacrificio. La sugestión de la similitud de nombres, pues comuneras se llamaron éstos yesotras,
entra 'en esta equiparación por ITlIenasque la real
identidad de espíritu, patente a pesar de las deS'emejanz,as de propósitas y de circul1lStancias.
CuancLolelcumplimiento de los impxorrogabl:es plazos d'e la historia impuso la independencia de la América española, la triple influencia
de la tradición ,castellana prea ustriroca y d-e las
corrientes adventicias del federalisma norteame-
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IDOLA FORI
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ricano y del unitarismo de la Re'Volución frane·e.
sa,en extraño connubio unas veces, otras en conflicto vio1ento, y:siempre naturalmenbe modificadas por la espontaneidad de los caracteres y la
originalidad de las situa<:iones, trazó los atormentados lineami.entos de nuestra historia politica. Debe tenerse en cuenta igualmente en ese tra
zo general todo lo que las formas geográf.!':aGprec,eterminan en el desarrollo soc:ológico y en las
mOdalid,ades int·electuales, y que influj1en, por ejemplo, para que en las provincias del Plata apareciera desde el ,primer mcmento C';:¡IDO :espontánea gémula de la v.eg·etación pampera la tendencia f-ederalista y en Chile 1a rigidez de las
fórmulas de la centraI:za~ión. El relieve natural
que d-et·ermina la vari-e.dad de climas y la diferenciación étni'ca, a-centuaba, -diesdeantes del descubrimi·ento, car~..I.::teresdistintivos bien defin'dos
entre 1a13tr:bus salvajes de las costas de México,
del P.erú y de Colombia y l·os 'Pueblos die relativa
c1vilizalc:ón que dominaban las mesetas frias del
Anahuac, de Cundinamarca y del Cuzco: integrábaus-e ésta'3 en nacionalidades rudimentaria.s,
es eLerto. poero con algunas nQdones de unidad
religi·o~)a,c1e idi,oma y de gobierno, en t3:nto que
en los valles ardientes d-e los ríos, en las costas
de los océanos y ·en las llanuras orkmta}.Ei3hordas aisladas guerreaban entre sí tan extrañas
unas de otras como del hijo del Sol qu·e las confundió en la común exterminac:ón.
El sistema colonial aportó Il, esos paises, a la
Nu·e-va Grana,da, por ,ejelmplo, la apa-ri-encia de
una organizac:ón unitaria, pero la realidad d·e
una deLS,centralización admini~)trativa; de ahí el
que cuando llegó el momento d·e las iniciativas
polí:ticas, surgiera espontáneo y coercitivo ·zl pr:ncipio f·ederalista ~on todas las exagera-ciones de
la ;primera hora. Igual d-etlBrminante g-eográfi'ca
debe tenerse en cuenta para apreciar en su valor y sentido intimos las dos corrientes adv-ersa-
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CARLOS ARTURO TORRES
rias d,e prin'~'Ípio's,'cuya "lucha pe,rsist,e aÚn, y que
han enfrentado el conservatismo de las tierr-as
altas, reconcentr3ldo en la tradición y sumiso a
la influencia 'religiosa, al LIBERALISMO TROPICAL
que realiza, más que en sus programas, en la mentalidad de sus ea udiJllos, Itodo lo que el V'ocablo
implica como valor entendido en rasgos étni,cos
y en modaUdades psicológIcas.
En México, cuando el ensayo de imperio de
Itúrbide hubo fracasado y el espiritu nacional
pudo manifestar su natural orienta!ción durante
el período 'de influell'c'ia del general Victoria; en
Centro América desde los ptimeros momentos de
vida independiente y luégo baja la ruda impul.
sión de qarrera; en Colombia y en Buenos Aires
como un instinto nacional, identifíca'se la federación durante el pr.imer lustro de gobierno propio con los más avanzados programas del libera-lismo. Los espiri;tus más altos de la revolución
ilustraron en aquellos momentos iniciales los d'ebates de la,s dos aspira'ciones; no ,es posible determina:!.' exactamente y de un modo absoluto en
cuá!1de los dos campos había una v,isión másclara del bién pÚbliCO,en esos momentos, ni es éste
un libro de polémica o de propaganda para hacerla; mas sí puede aHrmars-e la altitud prOlc'era
y la sinceridad insospechable de los hombr,es que
intervinieron de una y otra parte en ,el debate.
Personif,icó la 'aspiración f.ederaUsta de Nueva
Granada el doctor Grumilo Torres y la unitaria
en la Argentina el ínclito Rivadavia; la figura
estatuarila de esos dos precla'ros repúblIcas. pare,ce simboli~!ar ,el papel que a sus r,espe,c'tivas
patr,ias reservaban los hadas en el primer siglo
de vida independiente. Torres surg,e primero, y
su figura, de austero perfil antiguo, ennoblece
nuestros anales y reivindica para nosotros la tradición del civilismo y el concepto de pueblo propi'c'Ío a las mej ores formas de la civiLización. Su
trágica desaparición privó a la patria del pro-
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IDOLA FORI
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hombre civil que habría repr,esentado 'en :el Nor.te de Améric'a del Sur el sentimi,ento cívico y '~a
supremacía de ideas que en 13;S a'fortuna:das regianes del Plata tuvo su ,culmina,ci6n en la personalidad de Rivada,via. Oonc,e'oióel Hado al arg.entino lo que al ,colombiano negara, y de su labor en el gobierna irradia para su ¡patria el prestigio de haber realiza:do una de las más lucidas
.manifeSlta'ciones de cultura y de intelectualismo
en la politica. Reolamaba el pa:rttdo lcentralist'a,
en presencia de los peligros de lals nacientes nacionalidades, 'aquella unidad de Rcción, de propósito y de sentimiento que con su fórmu}a adamantina "la RepÚbl1ca una e indivisible", Ue'vó a
los r.evolucionarios franrc'es-esa imponer la plenitud de su utopía; por eso Illoshombres del 'c-entralismo eran los hijos directos de la Revo,lución
f.rancesa,como Narifio,como Miranda, 'como Rivada via, ,como ¡todos los que pedían la unidad por
base a la libertad; los fe{iera'listas se ori,entaban
más bien por el ejemplo de la gr¡a;nRepública anglosaj ona, la heredera enrtonce,s de los puritanos,
la ciudad de la libertad, l:a na,v.edeCporvenir (1).
Miranda, Narifio, Bolívar, Sucr,e, O'Higgins,
Belgrano, San Mar,tin y Santander, a la vez soldados y hom<breisde p-ensamiento, algunos de eUos
hombres de Estado de primer ord-en, todos ,espíritus elevados y cora:wnes generosos, con la necesaria ,sombra de error y de falta que la ,com¡plejidad de la situa<CÍónqu-e les cupo en suerte
afrontar ha:cía imposible prevenir, representan
en la política ameri\c'ana el período de formación,
~a inilci,at.iva gloriosa, el épicoci,clo de la lucha,
,·la elación del patriOltilsmo,-el nimbo luminoso de'l
(1) El eminente escritor ,colombiano dodor Ricardo Beoerra en su Vida de Miranda, llama a la revolución angloamericana "tradicionalista y conserv8idora y defensa de deT€\Chosseculares", y a la !francesa "impuJ.siva e innov8idora
. al grado del espkitu especulativo a que en parte debe su
. orig,en·".
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CARLOS ARTURO TORRES
triunfo, la edad heroica de nuestra histor:a: son
los precursores o los fundadores de la indep·en~
dencia. y su i:deal político, limpidamente d-e"inea~
do fulge como la via láctea al través de los cie[os: crear, ant,e todo y sobre t,odo, la nacionalidad,
y luégo, ante todo y sobre todo, Ié:Jooervar!a. Ae<a00 una convi,cción errada, pero en todo caso s:ne<era, llevó a algunos de ellos -San Martín, por
ejemploa imaginar en el tipo m<márquico la
organi~ación más poderosa, a consolidar la ,existencia de iJ.osEstados recién creaodo.sy a garantir
las conquistas más €Soenc:alesd.e la independencia: ni puede pret·end-erse que quien-es habían laborado como ellos para levantar sobre la inerte
gleba colonial la fábrica de un pueblo, no viel.sen
en la estabilidad d.,esu '<";':'cación la primera necesidad pública, s:qui.era e.::a estabilidad hubiese
de afirmarse más d.-e una vez a expensas de la
libertad. Todos 100S oaudrllos libertadore.s, pues,
sin excluír al mismo Santander, jefe má'3 tard<J
del .partido liberal granadino. pueden considerarse en el primer lustro de la ind·e'"penct.enc:a,
y aun
cuando no existían t'::Jdavía las modernas denominacioncs. como pertenecientes al partido CO!lSlerva.dor.Lo fue Pá,ez en Venezue'la lo fu·e Flores en el Ecuador, lo fueron Lamar y Santa Cruz
en el Perú y en Bolivia. En Méxilco,país que con
el P.erú conservó mej'or que otros la.s costumbr·es
y tradidonetS españolas y la sugestión fastuc\S:l>
de las ccrtes, la tendencia monárquica ha dem03trado més arraigo que en pa.rte alguna d,e Hi,3rpano-Améri;:a: dos emperadores ha tenido, una
Alteza SeF,mísima (cuya s·er.¡mi.daden el gobierno brilló por su ausencia), y, aun predominante
el liberalismo, ha h8nado manera de perpetuar
a un ciud[:11anoen el poder, a fuero d-e "c:vilizadar formidabl,e". En el P·erú las fórmulas constitucionales no mod·elaron en la primera mitad del
siglo XIX el alma colectiva; las antjgua!~ y fastuosas coatumbres del virreinato, los instintos se-
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culares, persisten bajo l'Osnuevos nambres, el pader se hace despÓlth~ay el tI'labajo es cansiderado
coma 'Ocupación inferiar: 'así en el tiempa de las
FeUpe,s,seentranizan
en el poder verdaderas dinastías, el Estada se \c'anvierte en gerente d,e las
fortunas, y CjaudiHosy dirigentes imperan sin
cantrrupeso (1); luég'Ovendrá el desa,str,e y 081 dalor .fecunda, y can enos el vívida des¡pertar y la
reacción enérgica, 'vibrante y salvadora. Las das
grandes virreinatoo que las das más grandes conquistadares fundaron sobre las escambros de :!¡as
das más grades 'civi!liza!.;'ionesprecolambinas,
a¡parecen en la Améri,c¡a;independiente cama levitas del templa derruído y larmados caballeras de la
tradición.
El dC'c'trinarismo radUcal emerge ya del revuelta mar de la 'guerra de libetación, para identificarse casi siempre con las I3.Spiraciones federalistas y arde ,como el ascua bíblirca en la mente de 100 hambres -civiles c'ooembianos. Las docto:res Azuero y Sota, nuestra grande e infal'tunada
V>aI'lgasTejada, que fue un Andrés Chenier con
las ideales políticQ'S ,de Vergniaud y el ,oarazón
de Bruta; Pedro Oel:estina Azuera, el joven filósafo, sa,cricr'icadaen el :cada;lsopolí:tilc'Ocomo habían sido inmolados 'antes par una dalorasa fataUdad de nuestra histaria casi todas las hlOII1bres q:ue representaban la excelsitud del pensamiento. en el periada de formación de la Repúbli-ea; Ezequiel ROjaJS,Flarentil1la Ganzález y toda
.aquellIa brillante j'uvenrtud bogatana a qui,en la
le.ctura ,de Plutarco y el ejemplo de la RevQlu,ción
francesa llevó, en hara infausta, a la r-epetición
-de la jo,rnada de las rDUS DE MARZO, despiertan una
reaJCción cantra el predominio de las hombres y
de la política del militarismo Hbwtadar, victari'Osa y omnipotente. Aspiran a la limitación de
'las faoultades del ejecutivo y a la aeentua:ción,
(1) Garcia Calderón, ~
Pérou Contemporain.
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CARLOS' ARTUROTORRES
en general, de las formas democráticas contra el
natural autoriltarismode losca udillos vencedores.
Deisde su apari,ción en elcoIlicierto de las naciones hasta 1885 es Colombia el heraldo del espíritu liberall, oc~pa casi sin intenupción la extrema izquie:r;da del movimientO' poUtico. ameri'cana
y las más avanzadas teorías enouentran ·en sus
insti tuciones una pasaj era realización.
Vencido y proscrito en una, colonia extranj era, entrevió BoUvar, en 1815,' el cuadro de 10
que habia de ser el porv,enir de la vasta domina-'ción e,spañola de ambas Américas. La mara villa"
Sa presciencia intuitiva del genio le hacia ver sus
obras realizadas y consti,tuídas las nuevas nacionalidades. Sorpr:ende, en verda:d. la 'exactitud de
algunas de sus prediccione¡s: según él, México seria una República con un presidente, que ¡podría
sel"lo vitalicio "si desempeña sus funciones con
acierto y justJ:cia", o tendrá la monarquia apoyada por el partido militar y aristocrático; los
Estados del centro de Amérka formarán 'Una con.
federación, "y sus ,canales acortarán las distan'clas del mundo"; Nueva Granada, Venezuela y el
Ecuador formarán la República de Colombia; Chile será la más estable de las repúbHcas ameri'canas; en Buenos Aires dominará por 10 pronto
el ,elemento militar hasta que se implante la oligarquía o la monocracia; el Perú será presa de
las duras pruebas ,a que lo arrastrará su condi.
ción, porque encierra los dos elementos enemigos
de todo régimen j us,to y liberal: oro y esclavos (1).
No todo ha resultado como él 10 preveía, pero es
lo cierto que unos mismos principios, instituciones muy semej antes y 'un 'desarrollo histÓ'rico casí paralelo ha grabado en 'C'adauno de los paises
hispanoamericanos un !Sello,diferente a su ¡proceso politi:co.
Los gobiernos ¡personales se han acentuado en
(1) Gil Fortoul, Historia constitucional
de Venezuela.
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IDOLA FOR;L
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Méxi,co;Centro Améric'a y Venezuela; Cnile, por la
Tigidezde su estíruCltura de República aristocrátie¡a, parece imi'tar ,a Inglaterra, a la cual le acercan también sus tradi'Ci'ones de ¡parlamentarismo
y su íntima ,conviv,encia'con el mar; en la República Argenltina, ,CJUYo
extraordinario desarralla es
el paJsmo y el orgullo del ¡continente sudameri'cana, los cona;tíos de un aristacratLsmo de terratenientes aparecen más en ilascostumbres socia.
les que en las públicas, y no alcanzan en tado casa a desvanecer la iUradidón repÚlbli'C'anay demaIcrá'ticaquefundaran
un Riva<da.via,un Ejarmiento ,y un Mitre; el Berú, can natable espíritu de
solidaridad nacianal, bUS!cael retocar de !Sus antiguas timbres en 'la paz yen la :LegMidad,y, a pesar de :reacciones y desfallecimientas, ,el país :que
par su carácter y 'espíritu, por su educación y sus
tradicianes, está más 'definitivamente ganada a la
dempC'faicia,en la A¡mérica española, es Calombia.
Tres 'caracteres bi,en definidas sUlrgen temprana en las ·carrientesg.enerales de la palítica hispanoamerilcana: e1l autari'tarisma conservador y
tradicianalista, el draconianismo militar o escuela de la violencia y el dactrinar:isma 'rrudical. En
sus farmas máls vigarosas tiene el ¡primera dashambres representaJt;ivos muy notables: portales
en Chile y Garcia Marenoen el Ecuador; im¡pera ,el dr·a'con~anismo 'con \c'M1di:Hoscamo Santa
Ana en México, carfleriaen Centra América, Melgarejo en Bolivia, Rosas en la Argentina y Fran,cia ·en el P·a1raJguay;'el dactrina,rismó inspira a
repúbUDas de la mentalidad de Juárez en México,
Muri!l1oenCalombia y SarmieIllto en la Argentina. Portales y Garcia Mareno, muertos trágicamente coma Cánovals, y como él apóstol·es de la
inflexibiUdad de, un ·p,rincipia y del fanatismo de
una canvicción hanrada, son al propio tiempo.
hambres de 3;ctción y teóricos de la autoridad.
Es'el ,chileno viviente espíritu y verbo de la resistencia >OIligárquicaal espíritu radkal, al favar
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CARLOS ARTUiRO TORRES
del eterno .sofisma dilatorio de que los pueblos
no están aún ma'duros !para la libertad: ese es el
lema de los pelucones Ichilenos, de quienes el fuer.
te hombre d-e Esta;doera numen prestigioso: con
todo, a el .se .debe la .famosa Constitución de 1833,
en la que se trató de conciliar la forma republicana con la creación de un Poder Ej e'cutivo
vigorosisimo y los dere1c'hosdel pueblo con las prenogativas de la fortuna, idea que Bolívar había
condenado cuando dijo: "Saber y honradez, no
dinero, requiere el ejel1cilciodel poder público".
Garcia Moreno aparece en la historia americana
como la encarnaiCÍón más acentuada y alta del
conE:ervrutismo¡teocrático: ruutoritario por principios y por ill\stinto, excesivo a las veces en la severidad de sus represiones, ¡pero eminente por el
enérgico relieve de su lCará!cter,por la unidad rectilinea de su actuación política, por su inlteUgencia y por la impulsión de su a'ctivida;d, era un
José de Maistre, pleno de amor patrio yextraviado en una na'ciente demoC'rada americana. No
tuvo, como Portales, la fol1tuna de dar forma a
sus id-eas sin condensar sobre su frente la nube
!preñada de responsabilidades que el ejercicio del
poder supremo fatalmente tmtraña: por eso su
recuerdo no sUis1cita,como€Ildel legislador y esta<Usta chileno, el alto sufragio del respeto adversario. otros conservadore-s han ilustrado los analoesde su partido en nuestros paises, pero no cumplen el cometido histórico de estos dos, como 'Co'ampeones de la autoridad. Mariano Ospina, el tcolombi¡a:no,habría pasado en otro país por liberal,
y por liberal así de actitud como de doctrina:
es la más genuina encarnación de lo que pudíera llamarse elconservatismo repUblicano y democrático. Los reaccionarios que en México labor¡a,ron en la conciencia na'cional desde J.as columnas de EL UNIVERSAL para haicer ¡posible el adveni.
miento del imperio, Gutiérrez Estrada, Almonte
y hasta el brillante Miramón, que compartió con
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IDOLA FORI
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Maximiliano el emífero encubrimiento y la trágica inmolación, rebasan 100 límites del partido
genuinamente americano, para constituir un desventurado ensayo de exÚtico monarquismo, dos veICeshundido en la patria de Guatemoc .en un naufragio de sangre.
La justi.rz~aveda equiparar a los sinc·eros apóstoles del Evang·elio de la autoridad y de la represión en honrada si .excesiva demanda d,el orden,
de ,la ~t3t·a.bilidady del re,speto al gobierno como
emanación di'VIna-v·erdad·eros doctrinarios de la
trad.ciÓn-----<:onlos arrIscados caudil~{)s que infligen a la América el ultraje de la,g más bár,baras
aberraciones del despotismo. La violencia es norma única d·e esos gobiernos :p·ersonal·2'-",aunque
alrgunctSde ellos s·e han d'ecorado pcrmposamente
con la divisa liberal y se han hecho declarar restauradores c..e las ley·es, precisarm-ente '.:;ua:ndohan
sustituido su interés a todas eUas. Las convulsiones inces,antes y sangrentas, lote fatal de las
épocas de formación, la carencia de educación
política, la descomposición de los partidos, todas
las formas de la anarquía hac-en iSurgir el ci·clo
Ineroniano de Rosas. el extrañ.o d,espotismo del
doctor Francia, los deL'..;'oncertant.esarranques de
Melgarejo, las audacias de Carrera y las av ·2sa.s
artes con que Santa Ana logróconv.ertir la hiSJtoria
de México durante varios lustros en el relato l:amentab'-e y exclusivo de su ambición y d·e SU3 atentados (1). Esos hombres son la encarna:ción
de la guerra civil, su fruto y su lógica: sustitúyase
la v:olenlCÍaa la firme reclamación del derecho, y
se tendrá un Rosas; erija.::e al pronunciamiento
en única fórmula po':ítiJ::a,y surgirá un santa Ana. Cuando, según la -expresión d,e Shak·2Speare
en Timón de Atenas, POlicy sits abOve oonscience, crpndo se sustituye la voluntad de uno a ~a
(1) Véase Lu:as Alamán, Historia de México.
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CARLOS ARTURO TORRES
maj estad de la loey,los pueblos han retrocedido a
las forma,s más pa v;orosas de la barbarie: tal es
el cuadro de aquellas épocas <luctuosas. La representación nacional. amenazada por el puñal o
humillada y enmudecida por el terror, se desvanecia o se convertía, lo que era peor aún, en el
mis,ero instrumento de los !caprichos del lancero
omnipotente, sin freno y sin ley: atropelladas las
formla:smás elementales de república, de libertad
y de civilización, aquello fue la invasión de los
bárbaros en nuestra historia, la regresión siniestra,el eclipse y la noche. El momento de id'eas y
de instituciones que concibiera el g,enio de los
fundadores d·e la nacionailidad y que su virtud
pocera,erigió,
ennoblecido p.or la austeridad de
l.os rnagi,strados y vibrante aún con el verbo arrebaitado de los tribunos, vio ultraj ada su ma}estad
por las montoneras semisalvajes. En lugar de la
legión del intelectualismo militante, que soñó para la América las más hermosas conquistas del
derecho, campea el :cuadrillero brutal; Rosas re'emplaza a Rivadavia, y las sa'crosantos pórtic.os de la
nueva Atenas se ven profanados por el 'casco 'de
los potros de la nueva Numidia. En la indeClsión
de esa hora siniestra, onda de illlt·enso descenso
en el ritmo de nuesrtra historia, la América agoniza en pleno nadir. Mas si h'ay una ley de las
tempestades en la historia como en las de la Naturaleza, acaso esos hombres hayan cumplido entre no~otros la misión del huracán o el misterio
devastador del terremoto; tal vez la prueba a que
han sometido a sus paJtrias tenga una finalidad
y valga como episodio augural que prepara en los
designios del destino las armonías luminosas del
porvenir.
Sobre las pa vuras, de este fondo e:stigiano ha
de destacarse, para que aparezca más fúlgido el
toque de luz de su visión ~oIlítíca, la segunda generación republicana de Hispano-América. Si NaEste libro fue Digitalizado por la Biblioteca virtual Luis Àngel Arango del Banco de la República, Colombia
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rifio, Miranda y Rivadavia fueron hijos dire'ctos
de la primera Revolución francesa, los oradores
de ¡palabra inspirada y de espíritu ardiente que
dieron modeladón alensuefio
,generoso de ¡s,us
principios en las constitucione,s granadina
de
1853 y mexi,c!aa d,e 1856, en las reformas chilenas
de 1871 y afirmaron ,en la Argentina el predominio
del poder 'civil con la d'estrucción de López Jordán, ea. ULTIMO CAUDILLO, representan la proyecctón
en nU€lOltrohemisferio de lars más encendidas ráfagas 'de,lideal humanitario de 1848, Nada es más
hermo:so que este universal RISORGIMENTO del espíritu liberal en la seguda mitad dell siglo XIX. En
el 'capitulo VII vimos c'omo en concepto de un
pensador francés fue en Nueva Granada donde
esa explOSión de ideas tuvo un e,co más intenso y
más prOllongado, El noble partido GOLGOTA, esos
nuevos girondinos inmaculados de todo estigma
de sangre, que no vacilaron, cuando 11egóel caso,
en colaborar con el cons'ervatismo republicano
para evitar a su patria la deshonra del 'caudillaje
dracon'ano de Melo, implantó, durante la administración del general Lóp.ez, traducidas en ,instituciones, lais más atrevidas sofiaciones del anhelo
politko. La eSIC'lavitudy 1'a pena de muerte por
delitos políticos quedan abolidas; ampl'ada hasta
los últimos limites de la aspiración fi!losófica la
garantía de los derechos individuales; .establecido
el ju'cio por jurados; descentraJizadais, las rentas
y buscadas para el impuesto las formas más generosas ,que, dentro de J.os límites de la practicabilidad, Tealizaranel
ideal social de la segunda
Revollución francesa; declarada libre la imprenta
y atbi'erta a todos los pabePones la navegación de
nuestros ríos. Establecióse igualmente la tolerancia religiosa, y 'c'ometiendo un generoso error, se
.separó Ua Iglesia del Estado, deshaciendo así de
una ;plumada la ingentecQnquista
que los monarcas €spafioles habían procurado al pOder secular con el establecimientt;> del ;patrollifl'to,yenfren_'
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CARLOS ARTURO
TORRES
tando c'on inconcebible imprevisión una entidad
a otra, imperium in imperio. En otra parte lo
hemos di!cho: Murillo aparece como -el genial ex·
ponente de esta germinaJaión y florescencia amen.
\Canas de lo que la historia ha ·consa1grado con el
ncmbre de "espíritu de 1848", Y que dictó, según
las propias palabra :> del secretario de Estado de
López, "el código más liberal y democrático del
mundo americano Y quizáS del mundo entero".
Con .ese gran movimiento de ideas quedó consumada verdaderamente la independencía nacional.
l
La constitución mexicana de septiembre de
por los mismos ideales, consignaba principios semejantes, solamente que en
este ú'tmo país no tenían suficiente arraigo ni
las trad'ciones ni el espíritu demo·cráti·,:o predominantes Y prestigiosos entre los granadinos.
Juár.ez, que rescata para su raza las excelsitudes
de la mentalidad Y del carácter que hoy les níega
-el aristocratismo de Gobineau; Mur1ll0,que en la
prensa y en la magistradura, como propagandista
y como gobernante hace de su obra y de su vida
un apostolado politko, y Sarm'ento, "el presidente institutor" .cuyos lemas de administración: "Sin
instrucción no hay libertad", "Tened escuelas y
no tendréis revoluciones", deberían esculpirseen la
eternidad del mármol pontélico sobre todos los
santuarIos de la Repúb'ica, simbolizan en América la culminación Y el más eficiente ministerio del
espíritu civil, en ·contraste con la hosca barbarie
de los caudillos militares de la época anterior.
Es el Rena.c'miento después de la Edad Media: es
el fuego del culto apolineo re-encendido en el ara
délfica después de la profan@c.1ónde Bl'eno.
El draconianismo o partido de la violencia en
los hechos, ha tenido en nuestro continente su naturalcorrelación
en el campo de las id-eas; ese -e·l
j acobinismo, cuya psicología, entre nosotros, cofr-esponde eXactamente a la que Taine estudió y
1856, inspirada
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lOOLA FORI
179
fijó con energía no e:lrenta de 'pasión (1). Frente
a él se han erguido !como un absoluto opuesto a
otro absoluto los que, por un:a.evidente similitud
de psicologia y de fanatismos, podrian llamarse
"los carlistas hispanoamericanos". A las exagera<Cionesde esas dos escuelas y a la ciega obsesión
de sus intolerancia.s -que ha ensangrentado máS
de una vez la ipaJtria heredaddeben atribuirse
mayormente las violentas oscilaciones de reacción
y de revolución que han detenido Y aun hecho retroceder tantas veces el progreso politico en nuestro lcontinente. La lucha entre esas dos formas retardataras de la pol1trca con la int>Oleranci'aY las
persecuciones religiosas y antirreligiosas que necesariamente impUca, pertenece ya al pas1ado.
Si la severa ob~ervación que Flora Tristán hizo en 1834, "no es actua'mente por princ'pios por
lo que ccmbaten las hispanoamericanos, sino por
jdes que les recompensen con el despojo de sus
hermanos," pudo ser doloro,~,amente cierta en esa
época y en algunos paises durante los días negros
del ,caudilJaje, resulta injusta tratándose de país€Scomo Colombia, en los cuales en toda época,
y sean cuales fueren 10S extravíos y los excesos,
si,empre se ha combatido por principios; hánlos
(1) Rodó, en su opÚsculo Liberalismo y JMobinismo,
tan noble y alto en las ideas ccmo gallardo en la forma,
estudia con admirabl'B lucidez la diferencia que existe entre la escuela libEral, propiamente dicha, Y el ja-::obinísmo.
Antes que el ilustre pensador de Mont€"lideo, aunque a infinita distanda d,e él (n el mérito literario de su esfuerzo,
el autor de este ensayo había tratada el mismo asunto y
~on el mismo criterio en l('s diarios de Bogotá. La Cróni"a.
y El Nuevo Tiempo. y tn un litro, Estudios ing'leses - Estudios varios (ensayos sobre Sp-n2er, Morle¡y, Desmoulins,
QUinet, Murillo, etc.). El autor del prólogo de la edición
mexicana de Ariel, que honra al que esto es€ribe incluyendo su nombre entre los que en Hispanoamérica han seg,uido la propaganda de Rodó, no. tuvo en cuenta, sin duda
por serIe desconocida, esta circunstan~ia. Nuestros olb&~uros trflb'ljos no pasaron las fronteras de Colombia, ni lo
pretendian.
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180
CARLiOS ARTUR(J
TORRES
invocado a lo menos los caudillos para conseguir
prosélitos entre la juventud, que en nmgún caso
hubiera combatido por el interés bastardo de un
jefe, como ha sucedido en otras parte's. La e~plicación que Seignobos da de las guerras civiles hispanoamer~canas. sierrc'.erra grandes v,erdad·es, adolece de las faladas de toda generalización (1).
Por regla gen€ral, puede decirse que en Colombia
se ha luchado por politica y no por personas, por
ídolos del Foro máis.que por los intereses ·egoístas
de una personalidad dirigente.
Mas aunque los móvi~€s de las guerras sean
diferentes-laca
usa de un hombre o la de un partido-, los resultados son si·empr-elos miSlInos: la
inmolación de la masa anónima-tan
extraña al
partido -como al personaje en cuyo nombre se la
Tec1uta en uno u otro caso, se Qa,expolia y se la
aselSina-, la destucción de las vidas y de la riqueza, del crédito yde la lib'ertad; la aniquilación
del der€'c'ho, que se sustituye por la vIolencia y el
allanamiento del camino a las peores formas de
la dictadura; el retroC€so indefinido de la civilización y la siniestra regresión de las ideas. Marco Bruto, que habla adquirido en los 'campamentos el invencible horror a las guerras civiles, so(1) La pablación (hispano.americana) apartada de la
vida pÚblica, no. ha tenida ninguna experiencia palítica; los
indígenas están habituades a obedecer al clero. y a les
prapietarios: los criollas mismas no. tienen atras ideas po.'
lít1eas que las que han aprendido en los libres o en Europa (¿En cuál~s otras fuentes -fuéra
de esas das- habrán tomada las suyas les .europeos?); toda su bagaje se
reduce a frases o a formas. La guerra interiar es hecha
por una multitud de jefes que la paz deja sin ecupación,
muy orgullosos de su papel y muy ambkiosos. Las dos condiciones, peblación ignarante y jefes de guerra desocupados y ambiciosos, han dominado toda la vida política (el
docto historiador francés alvida o desdeña la gran labor de
las hombres civiles hispanaamericanos -de uno y de atro
partido-, (te la cual se hace el deficiente e imperfecto tra'
zo en este capitulo) de las nuevos Estados \hasta 1860, Revue de C01!ll"Seet de Conférences.
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IDOLA FORI
181
Ha decir a Su amigo Favonio, 'el filósofo: "V¡ale
más sufrir un pOd,er arbitrario que encender
guerras (civiles", y es bien lSabido que ~as que
en Hispanoamérica s'e han hecho pail'a acabar
con los gobiernos malos, los engendr'an pésimos.
La paz y el desarrollo de la riqueza púbUca, su
f€\c'undacons-ecuencia han h:echo más por la libertad de América ,q~e todos los caudillos de todas las revueltas, y puede decirse que el progreso y la cultura de un pueblo están en razón inversa del número de sus generales. Si en América gobernar es poblar, según la fórmula de un
estadista argentino, ¡cómo hemos de juzgar esas
matanzas estériles que destruyen en un año por
selección invertida -esto es, eliminando los más
vigor,osos-cantidaJd
mayor de vidas humanas
que la que representa el crecimiento normal de
la pObla'ción en una dé'cada! Cuenta Teophilacto,
his,tori'ador de las guerras de Mauricio contra los
ávaros del Danubio, que uno de lOS generales de
aquel emperador lloraba la víspera de una gran
batalla por el número de seres humanos que iban
seguramente a perecer. No estremeció jamás pensamiento igual la mente d-e los jefes que desatan
las guerras, de las masais, que las fomentan y las
se'cundan, de los hombres de ¡pensM11iento que
las glorifican y de todos los ,que no saJoon cumplir con el d<eber de ,condenar a ,tiempo, a nombre de laciviliza,ción y de la humanidad, eso que
para emplear una síntesis de Carlyle pOdría llamarse el prtoducto combinado ([el Odio y de las
tinieblas".
El debate entre partidas que inscriben en sus
banderas ,como 'término d-e un 'confUcto eterno y
negras paralelas de un odio siempre ,encendido
a,quí TRADICION, allá PORVENIR, .aquí AUTORIDAD, LI~
BERTAD acul'á, sin tener en cuenta todo lo que hay
de '~onci1iable y relativo -entre los dos extremos;
ese compasiona:do debate, decimos, remitido con
fe,cuencia aciaga de la prensa, de los iparlamen.
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CARLOS ARTURO TORRES
182
tos y de lOiScomicios al duelo judi·ciario de las
batallas, co~ma nuestra historia hasta los albores de la presente !Centuria, arista d-e un plano
superior que abre un nuevo ciclo y dibuja una
tournant en nue:stra inquieta vida nal~ional. Refiérese (lo recuerda Piñeyro) que un día un via·
j era cubierto con el polvo de los '.;'aminos del destierro Y la pensero.m frente arada por las zozobras de la persecuciÓn, tocó a 'as pu,ertas del monasterio d·e Corvo, en Italia: preguntado qué buscaba, cont,estó misteriosamente: "La paz". Era
Dante. Rendido ya a la estoer,ldad de una lucr..a
sin tregua, fustigadcs sin vagar por la d scordia,
y sin piedad despedazados por las facciones, los
pueb:os (le Hi::panoamérica, 'como el gibelino, víctima inmortM ó.e 'a inclemencia de íos partidos.
r,edaman también aquel dón supremo Y su grito
C':amoroso llena los ámbitos de un hemisferio ,y
d,espierta un siglo a la vida:
lO
'/:0
gridando
pao3, pace, pace ..•
La rea'cción contra las antiguas formas del
d,ebate político asume en genera' dos caracter,es:
el de la rectif.cac ón teórk:a de los principio3 y
l:as consigu entes regeneraciones administrativas
e institncionales, y el de la renegs.'...;'lóntransitoria de los ideales, como una tregua ,en el combat€
o un alto en 'a marcha y la sus.t tuc.ón del debate doctrinario por la escue~lade }aJ3prosperidades
materiales y de la vigorcsa iniciativa gubernamental. Puede di:scernirse el pnmero de estos caracteres a personalidades como Núñ'ez en Co~ombia y Balmaceca en Ch~le; c'as 'fícam:,e en el se,gundo los que 1'ea"izan el ti,po del "civ.lizador formidable", s'egún un escritor v,enezolano Lama a
uno de ellos, Guzmán B' ar.'¡;'Q.Este, acaso Mosquera, en algunas de las fases de su complejo cará!cter, y Parfirío Dlaz -a quien la circunstanciade haber colmado ya la 1ntsgr.dad de \Su ea-
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motA Fom
lil3
metido histórl!co Y llegado casi al punto terminal
de 1 a hipérbole que ha descrito su extraordinaria carrera autorizan a incluir en una apreciaetón que ~o puede ni debe alcanzar a los que
aún viven y militan ---,puecren'c'omprenderse dentro de esta categor1a por el tipo d'ecivilización
que los seduce y por la modla~idad predominante
de su a;ctuación. Tanto Núñezcomo Balmaceda
encabezan, desde el ailto \asiento adonde lesexaltara el voto copartidario, una realcdón :a lo Marino Fa'lier y ,contra los pr~ncipio:s o las prácticas politi1cas de los suyos. Coronó su obra el 'Colombiano; sucumbió trágicamente el chileno ante el inmisericorde asedio de los adversos destinos. El primero verificó la regresión hada formas constitucionales más rigidas, pasó de ~a federación al centralismo, de' la supremaJcia de la
representación nacional a la del Eje,cutivo, de la
ilimitada libertad a la no siempre limitada restricción,de la fórmula de CaV'Our"lla Iglesia Ubre
en el Estado l"bre" al Concordato, ,como se habia
pasado antes del patronato a la sepruraoción.Balma'ceda, semejante al Dux deca;pitado, euyo retrato interrumpe con la lobreguez de un paño 'fÚnebre la galeria de efigies fPurpuradas del palado
ducal de Venecia, tuvo ,el propósito de ponerse a
la caJb.ezadel movim'ento de rei'vindicación democrát~'ca contra las leyes y los hábitos que en
las repúbli.cas aristocráticas, mucho más que en
las monarquias, acentúan soberbiament'e su fuerza y su orgullo: la obra del colombiano, si aparentemente coronada por el éxito, no dio los resultados que él soñó, la del chileno, venc'do Y
muerto, ha cont'nua;do su incontenible elabOración en la conciencia públ~c:a,y realiza, para el
suicida insubyugado, aquel magnifico a¡póstrofe
de Hugo: "Grandes hombres, morios hoy si queréis tener razón mañana". El espiritu de independencia que imp1"'ca la actitud de los dos estadistas, encaminado en opuestas direcciones, sus-
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CARDOS
ARTURO
TORRES
citó Icontra ellos la pasión contemporáne¡a. en toda
su a~dent~a, y en vano será aún bUlScar.serenas
fuentes de información para fundar el 'Criterio
definitivo que ha de juzgarles.
Después de un largo período de barbar:e o de
anarquía o cuando los pueblos se han embriaga~
do, según la expresión del Apocalipsis, con el vi~
no de la ira y del rencor, viene el dominador ge~
nial y enérgico que -encamina a un Estado por la
vía del desarrollo ma:terial, y es Pedro el Grande;
o funda el orden y la paz a expensas de la libertad, y es Augusto; o impulsa la pro8p-eridardmater.al y el prestigio exterior sobre -las ruinas de
las instituciones de su patria, y es el terc-er Napoleón. No es un ideal politico loqu-e ~}ersiguen
estas voluntacles dominadoras y eficientes (mezquino seria a su alta ambición el papel del usurpador vulgar) ni las ;mtisfacc ones del poder por
sí solo son parte a co'mar su afán de gloria; quieren tallar con mano firme su propio engrandecimi,ento en el de su patria, 'con quien 10 identifican; concentran €n sí una enorme suma de (poderpÚbiico, pero el tácito consentimIento de los
pueblos sanciona este poderio y le da el vigor
que la sola fu-erza material jamás .sería poderosa
a asegurar; aspiran, -en fin, a que se midan su
carr-era y su gobi-erno por el número de progresos materiales que traza su iniciativa y corona
su activ.dad. Los pueblos, bajo su dominación,
que ti,ene algo de yugo y algo de égida, rescatan
en estabi'idad lo que pierden en lihertad; en crédito y respetabilidad exterior 10 que sacrifican
en interior-es prerrogat vas; en avall'(;'e material
10 que renuncian en ideales y en doctrinas. Pero
la apariCión sola de etSosdom:nadores implica un
período de retroceso y d,e inferioridad y una honda perturbación pública: en los paises b en constituidos, yen los períodos normales, la libertad
es una de las fuerzas impulsaras del progreso. y
la ley la úniml. égida y la norma única j nada hay
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185
más funesto para los puebLos que el perder el hábito. del ser! government por Inveterada abdicación, y contraer el de deferir el estudia y salución de los pr-oblemas púbUcos a una sala inteliger...'.;'iay a un;a sOllavaluntad, asi sean ellas verdaderamente superioT€s. A ese patrón saberana
pertenE!(;'en con su faz /Sombría y con su faz luminosa, con tadas las variacianes de praparción
que el medio, el t.empo y las !perspe,cMvasimplican, las hombres del tipo' de Guzmán y de Díaz.
La razón d>eser de la iniciativa de todos estas poderosos re.ctif1cadores de carrientes y de
orientacionels pOlíticas, asi de 1018 hombres de pen\ iSamiento, Balmaceda y Núñez, coma de los de acción y strenous life del t.po de Díaz y de Guzmán,
responde al acervo de ,error 3icumulado por los
partidos antes de ,que ellos emerjan a los vértices
del valimento y de la influencla: la fecundidad
de su labor puede medirse, más que por las da-¡
tes personal-esque, alLegan a !Sus empeños, por la
suma de verdad política Ique les fuera dada in1ievpretar, y ésta por el exponente de la situación
que en pos de ellos queda coma resultado. último
de su labor .Si por ellos se ,aumentó la swna de
b~en público en los paises que intentaron remadelar, si iSe alc·entuó allí una noción más depurada de la libel1tad y may-or respeto a la dignidad
humana, si se conciliaron todas las derechas, si
se fundó, en ,fin, -el progresa políti:ca y el verdadero engrandecimiento. nacional, quiere d€.'c'.r que
su actuación se imponía y que ellos fueron heraldos de una necesidad; si no fue así, su papel hiJs.
tóríco fue falso ,e insana la marea de ideas que
levantaron las renunciaciones que impus.eran y
las :l'Umbosque s-eñalaran. La' pasión palítica del
día, o el reproche de las intereses vulnerados, o.
e[ .señuelo del favor. corte.sano, no serán nunca
elementas propicias a ilustrar la oanciencia púbUca, y si -para juzgar al hombre puede tene'rse en
'Cu-enta el mérito. d-e las intenc.ones, hoasi pata
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cARLOS ARTURO TORRES
juzgar la obra: tan sólo los frutos nos pueden en·
señar si la siembra fue de granos de bendliCióno
de plantas malditas.
Los ideales que han agitado a la América espafiola durante una centuria, alcanzan algunos
su realización otros se han modificado, otros han
s:do totalmente rectificados o abandonados: casi
todos pertene.cen al pasado. Las luchas que SUS.citen ¡aún o los entusiasmos que aún enciendan,
si laligunos, pue'den c<.\1SJ:derarsecomo el culto
tll'rdio de la costumbve a los idolos derro¡:;'adosde
la plaza pública. otros horizontes se descorren,
otras esperanzas sonríen, otros problemas surgen,
otras necesidades apremian, otros peligros amenazan, otro espiritu nac'e: nuestras costumbres se
Lmpregnan calda dia má..'l de ;coomo.poilit.smo, nues.
tra mentalidad se emplia y nuestra polit ca tiende a universalizarse. Nunca como en este primer
cuarto de siglo se había patentizado mejor la
unidad mental del mundo; en la América española tal fenómeno como ese ha tenido su manifestación inicial en corrintes unánimes de filosofía
y 1iteI1atura; luego vendrá ,el paralelismo y similitud de las 'corrientes políticas. !revolución de
independencia, oscilaciones turbulentas de centralismo Y descentralización, simas de la anarquia, vórtice del despotismo neroniano, generosos
erusuefios del radicalismo, implae>ables reacciones
de la autoridad, barbarie de la guerra e.vil, alto
8.lpostolrudode las ideas, he ahi los comunes lineamientos de la evolución histórica de un continente. La edad que adviene, para emplear las
fórmulas de Bagehot, no será ya la de la lucha,
ni a\::asola de la discusión, será otra \Sin duda menos brillante, pero en la cual predominen máS
el sentido de la realidad y los intereses de la na~
cionaliclad, Los problemas l'e'igiosos tienden a
erucontrar las amplias soluciones de la tolerancia
ilustrada Y del mutuo respeto por el intimo fuero
tie las .c'oncienc:as. No ha .surgido, por dtcha, to~
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i:botA FbRí .
187
davia entre no~otros el gran ,conflicto entre el
caJpital Y e'l trabaja que condensa tan pavorosas
nubes sobre el horiz'onte europeo (1) ni rasga todaviael nuestro la silueta de Ana!rkos, inqUl'etante y lívida.
En el empeña de conj urar desde ahora por
la justida prevent.v:a -que impU,ca la paralela
labor d,e extender Y cimenta:r abajo el resp·eto del
der,echo individual Y el tra,bajo a'(;'umu:ado, y en
esta,blecer arribae'lconveniente
contrapeso a lOS
desbord.es de la plutocraciael advemmiento d-e
esa:3 formas implaca.b"es de la lucha vital, parece que hay campo a muchas actividades polít.·cas
y horizonte donde despUegruen su vuelo los más
deL:u.'óauas id.(¡a.l!.),;mo~.
Nuestros padres hic'leron
a la Jibertald todos los ¡2,a!crifi.cios:a nuevas generaciones tocó ha,cer a otras deidades-al
Orden
y >laEstablidadsacrif.i.-cios,si muy menos gloriases, no menos crueles; ofr,endaron los unos su
sangr.e y ¡2Uv~da; hicieron >losotros la renuncia.:~iónde sus más caros ideales, sangre Y vida
de su s€r moral. La tarea pública que aparece
ahora, reclama imperiosamente con la más generosa amplitud de las id·eas y de la pOlíti'ca ,la armonizt.••.
;·ón de la escuela de la prosperidad material con la escuela de los nob'€i3y eternos principiJs: el exclusivo predominio d,e la primera, cuya figuración a:rquetípica es el imperio del tercero de los Bonapartes, si desarrolla las potenc alidades mater"ales de una na.ción enerva en cambio los más predosos r'ésortes de' la vida mora/l, y
la vida moral de un ;pueblo €tselculto
del derecho y el respeto a la justicia: el ,exclusivo predomi'uio de la segunda desdeña e,l desarrollo de la
(1) Escrito <esto,~emos que el S~iallst Anual para 1909
in( Juye, entre los mIembros sO.ial1stas que comu.rren ac'
tlldl!!l(,ntc a 10<;parlamentos del mundo, tres en el de Ohllu C'orrespond',entes a 18.000 votantes) y uno en el de la
Aref;ntina (correspondi€nte a 3.500). ~
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CARLOS ARTURO TORRES
riqueza púbUca, que entre nosotros reclama el estimulo del Estado y empobrece a la larga a los
pueblas: bien C'omprobado está, por desgrac.a, que
pueblo mis>erable es materia propicia al despotismo de los propios y a la expoliación de los extraños. Debemos aspirara
ser ricos sin dej al' de
ser libres, y no olvidar que para merecer 'el respeto
del mundo es pl'eciso exh.bir cifra igual de ¡poder
material y de 'civilización política. La verdadera
medida d,e toda", las cosas ~dij o Pascal- está
en el pensamiento. y es preciso mant,ener despierta y vivida, hora por hora, la fidelidad a las cosas del espir¡tu, sin menoscabo del trabajo, del enriquecimiento y del progreso.
El grande orador latino que comparte con
César la gloria de su siglo. intentó 'conciliar, en
una de las épocas más inciertas de la República
las austeras virtudes latinas con la filosofía y lá
estética de los helenos, e infiltrar -en las ásperas
e implacables costumbres de su ti-empo, cuando
el derecho de los fuertes era incontrastado y brutal, un sentido de equidad. de amplitud y de dulcificación política que conciliase la 1i.bertad de
la R'epública COnsu estabJidad y con su fuerza:
tan hermoso ensuefio alcanzó \Su realización fugitiva en el gobierno de Marco Aure1io. Tal par,ece ser en toda su nitidez y 'en toda su altura el
combinado propósito de quienes aspir'en a colmar
los anhelos de un nuevo tiempo.
Nuestras RepÚblicas han condensado en un
siglo de vida varios siglos de historia: vinieron,
como dice el poeta, demasiado tarde a un mundo
viejo ya, y, nacidas ayer, puede d€'cirse que son
tan antiguas como Biz'am:;io. Las genera,cione.s
precedentes, guiadas casi siempre por ,el miraje
d'e un millenium imposible, determinaron bruscas
oscila,ciones en que se ha pasado sin transición
del polo al e'cuador, para volver luego con igual
violencia del e;cuador al pOlo: su error principal
fue un error ideológico, el de su concepto de lo ab.
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rDOLA FORr
189
sOluto; laboraron, empero, inmensamente, admira.
blemente en ocas:ones, y su obra tiene todos los
c'amcteres de la sinceridad. Nosotros no la podemos repudiar; la recog,emos con respeto para
adaptarla a los cauces nuevos que abre una nue.
va edad, y como los exploradores de las riberas
nocturnas del Fingal, cuando un guia se rinde a
la fatiga de la marcha en tinieblas, ponemos la
antor,cha en manos del más vigoroso para que
aparezca siempre en la primrea fila, flámula de
luz vig.lante sobre los vórtices más allá del d2Sfallecimiento y de la vacilación.
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CAPITULO X
HACIA EL FUTURO
El dilema que se planteó a si mismo el gran
noeta ita'iano de nuestros dias, "renova.rs-e o morir", confróntanlo
las sG'c1edades, los partidos y
los hombres, no en esta época, sino en todas eras.
El pasado, con su cortejo de eXlper encías y de
memorias, principia a cada instante, y la elaboración del porvenir por el presente se cump'e hora por hora, como la proyección, en el tiempo, de
la eficiencia a'ctual. La lenta gestación f€paradora no t ene vagar, porque el hilo de la vida, de
que es última sin tesis, es infrangible en la Naturaleza. Muchas veces se ha repetido, refiriéndose
a un periodo determinado:
"Estamos en una época de transición", como si pudiera concebirse alguna que no lo fuese. No ha dado aún todo su
fruto el pensamiento de una generación, cuando
el de la subs'gui,ente, ávido de espacio y de luz,
principia por reclamar un puesto y acaba por tomarlos todos, no sin que, en esa que imagina incontrastada
conquista,
haya dejada al fin de
a\~'eptarbuena parte de cuanto al principio aspiró a reemplazar comp"ertamente. Incalculable sería, así en extensión como en intens'dad, la trayectoria humana, sin ese incesante trabajo de demoI:ciones, de rectlficac10nes y de rehabilitaciones,
pero ellas acrisolan la obra común, haciéndola
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motA FÓRI
191
cuartativamente superiar y como ex!presión del
esfuerzo y del cará:eter de una g,eneración. coma
el sella auténtico de su mentalidad Y la huella
de su paso en la historia, son legitimas, neceiSarías e inevitables; por eso la cifra del progreso
n.o es una recta continua sino un z gzag CUYO-J
ángulas, de grados diversos, dan la exacta medida del desarrollo def nitivo de la /Civilización. El
no interrumpida renovarse, el €iS:fuerzode permanente adaptación se impone, pues, como ley que
no es dable transgredir a quienes aspiren a la vida y al triunfo, o a la menos no quieran verse
relegados, como fuerzas
perdidas y e'ementos
lnert,es, a la vera de todos los caminos del avance humano.
Mas la rectificadora labor n.o puede ser, repet'mas, ex<.;:usivoimpulso de renegación, fatiga
de SisUa, eternamente estéril. otro es su mensaje: acabamOfs de obse,rvarcómo en Ja obra de
una generación existen dos grados: el primero de
rectificaciones al pasado. el segundo de rectificaiCÍonesa si misma; su primera impulsión de acomet vidad révolucionaria la lleva demasiada lejos, más allá de las lindes de la equidad, que no
es J1cito franquear, y luégo tiene necesariamente
que deshacer buena parte del camino; la diferenda entre lo andada y los desandado constituye
la realidad de su aporte al 'progreso estable, El
emblema del espiritu de rE,'\:'tificaciónes un cincel, n.o una 'P'queta; su men~aje es de perfeeclonamiento, n.o de aniqui,lación. Cuanda denuncia
las supersticianes o elimina los prejuicios, n.o le
mueve alienta de rebeldia, sino ese propósito constructivo que lleva a desmontar el andam'aje
cuando el edificia puede desplegar ya en la libertad del aire y de la luz la armonia de sus lineas
y la riqueza de sus frisos; le guía esa clariv:dencia salvadora quea1igera la nave alada, en el pre.
ciso mamento, de la rémora y del peligro de un
lastre inút:1; su sent~do intimo es, pues, en defi-
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CARLOS ARTURO
TORRES
nitiva una afirmación. Ideal de sereno y discreto
optimismo el suyo y de movimiento d,e acelera'.;'ión uniforme y ponderada, igualmente distante
de dos términos de exagerac_ón. Primero, del nihilismo rencoroso de los demoledores, inepto para comprender la significación suprema del pasado, inhábil para valorar el tesoro que aportan
al presente los acopios fisiológilcos d,e la h'erencia y los a,cop~osmorales de la tradición; imposibilitado, entre el fracaso ensordecedor de .sus
asaltos, para un instante de reflexión en lo que
representan la actividad a,cumulada de los siglos
y la virtualidad constructiva de las razas; incapaz de un minuto de ese silenc'io augusto, de ese
recogmiento de todo el ser para ,eslcuchar mejor
a los muertos que hablan, según la hermosa expresión de M. de VogUe. Segundo, de aquel' a actitud hermética y solemneae quietismo y petrificación, de aquel aferramiento a lo inmutable
que por su misma intrínseca estrechez llega a contaminar con la ingrata aparienc'a de un prejuicio hasta el más generoso principio y a hac,er de
un liberal, por ej emplo, el más intransigente y
dogmático y sumo de los sac'erdotes; hO¿'¡;'arebeldía, a lo nuevo, que desconociendo la virtud progreSiva de las ideas, asp'ra para la humanidad a
la actitud de una estatua de piedra, inmóvil a
orillas del rio del Ti empo .
El que se revalúe aquí ese linaje de inmovilidad, íbamos a decir, anqui'osis mental, tan venerada como poco venerable, esa forma de sob(crb.;a l.nteltl::tual que r1ech'aza toda modifi.c:ación, toda rectificación, todo análisis y todo progreso, e~a aparente firmeza, que -es real impotencia, no implica el que se justifiquen, absuelvan y
legitimen las vre¡;O.lacionesy c'audicaci.ones, la
versatilidad ligera, el escepticismo disolvente y
enervador, nó; interpretarlo
asi, sería la total
incomprensión, no sÓlo del propósito de este ensayo, sino del sentido definitivo del pensamien-
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·IDOLA FORI
1DS
tú contemporáneo. Si se ha roto el prisma azui
del optimismo, sI la mente flota aun en las bruma.s de lo impreciso, reafírmanse en cambio la
libertad y la amplitud del sentido /Critico, la serenidad del juicio, el anhelo intenso de la verdad
y la no d-esmayada y desinteresada labor de per~eguirla, siquiera sea en la forma relativ:a y fragmentaria que está a nuestro alJcance. Compréndese bien que para ese alto propósito es prepara:ción inicial indispensable el liberar, hasta donde
sea posible, la mente humana de los férreos moldes del preju:cio y la consiguiente eX8Jltación de
su aptitud receptiva para todo aquello que, aun
en las más atrevidas y desconcer~antes concepciones, deS/cubra sendas inexplomdas, átomos de
verdad, y revele una int·erpretación genial o
plausible de los problemas del mundo y de la
vida. El valor que consiste en desafiar la impopularidad y en ata·car de frente los preju~cios poderosos, es raro en la raza latina; Goethe dijo una
vez: "Todo francés que se atrev'e a pensar por si
mismo es un héroe", mas no es esa una razón que
nos vede el anhelo de levantar nuestras personalidades a la altura de ese heroísmo, sustituyendo,
si vale la síntesis, al criterio de lo inmutable, al
criterio de 'lo progresivo y a la:s conviociones tradicionales e inquebrantab!es, las oonvicdones racionales y perfectibles. Ese es el merusaje supremo de estas páginas.
Toda Iconvicción es una fuerza, pero es precisoque no sea una fuerza Iciega y estática, un
instrumento de opresión y de parálisis, sino un
impulso generDiSOy fecundo; que sea el resulta.
do de la ,crítica libre e ilimi:tada, no de la modelación de la mente por las ideas preconc-.ebidas,
¡por las escuelas y las tradiciones, ni de la imposición de actitudes -que muchas veces son posepredeterminadas .por las exigencias gr.egari:as o
de bandería, los intereses partiJCulares o colectivos. Que sea una fuerZa viva, propia, original,
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-194
CARLOS ARTURO TORRES
sUS\:lepti,blede enriquecerse día por día con 100
tesor<ls que el esfuerzo intelectual de la humanidad descubre constantemente;
apta para coro·
pl'.enderlos, asimilar.os y ap!iearlos, y .si así 1.0 ordenan el im[lerativo categóric.o de la c.onc encia
y los fueros d-e 'a v-erdad, capaz, por su g·enerosidad, de r-ecoger las más acendradas y caras creencias, de d·e.p·oner,por su h.onradez, los más arraigadOS errores, y por su elevación, de 'comprender
las más opuestas y lejanas perspectivas; fuerza
en que la amplitud no e~cluye la precisiÓn, en
que la libertad no daña a la firmeza y en ,que la
rectificación es per'fe.ccionanúento y no versatilidad. Lo que má:.s contrf.buyó a hacer a los romanos dueños del mundo-observa Montesquieufue el que habiendo combatido ,sucesivamente a
todos los pueblos, renunciaron a ;sus propios usos
siempre que encontraban otros mejores que imitar. Es porque una de las energías virtuales de
la vida es justamente la apt tud humana de la
mOdificac,ón para la perfe·ctibilidad. Todo triunfo perdurab:,e es el resultado de u.'1a transacción;
Tarde ha formulado así una de las más constantes leyes sociales: "Todo comienza por lo infinitesimal y pa~o a paso se -exUende, se desarrolla más
y más, evo:ucionando 'CJmo un círculo concéntrico
ca:da vez mayor, y esto en todos 1013 terrenos, fí:sico, moral, social, hasta el momento en que las
fuerzas opuestas, incapaces ya d-e ensar.'.:harse
más, ti-enen que ccnclliarse, .siguiendo las leyes
de la adaptación" (1).
la sin.tesis del sentido hístór'co del siglo
XIX es la crítica intensa y la lucha por la independencia de los pUEblOSy de los espíritus, emancip"''';':ón de cr'edc\S y de comercf.o, de industria y
de pensamienw, de i.ndivauas, de c'at,es y de pp..
cionalidac€s; iaimitada amplitud de di.scusión Y
r'~ ---"'iisis, liberación de todas las formas y con\./ G. Tarde, Les lois sociales. F. Akan, Parls.
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.IOOLA FORI
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di:c:ones de la humana actividad. Heahi el princi¡pio que reper,cute en la literatura de ideas de
la pasada centuria como un pe,an resonante y sostenido, y cuy¡a consecuencia es la disocia'c'lón,aun
en progreso, de todas las formas del absolutismo
en opiniones, en ét:'ca, en religión, en denc1a, en
filosofía, en literatura yen política. El sentido
de la éra que empieza, es el de conciliación y'Concordancia. Si examinamos el procelSo de ideas en
un ramo de la act~vidad humana, el fenómeno
económico, por ej.emplo, podr'emos en la concre- ~
ción de un caso relevante patentizar el postulado sociológico de que se !trata. Ri~ardo y la escuela d,e Mánchester afirmaron la irreductible
virtualidad del no regido juego del ínterés individual y la función incondicionada de la oferta y
la demanda, para regularizar y estimular el doble fenómeno de la producción y del consumo.
Amplitud ilimítada para la iniciativa particu1ar,
proscripu:ón de toda presencia 'interventora del
Estado; l,ibre cambio, libre trabaj o, mel1cados libres; tal la revelaciónevangéUca, 'el principio su.premo y salvador de la ,ci'encia, que descubrió
Adam Smith al mundo occid,ental. En ningún otro
aspecto de la vida de elación se ha,bía proclamado 'tan vigorosamente el concepto de independencia y de individualismo. En la embriaguez de ese
'culto de la libertad y de la autonomía humana,
,::¡uetanto impulso dio a la industria y tan enérgicamente acentuó la hegemonía comer<Cialde la
Gran Bretaña durante los días alciónicos que siguieron a la predicación del Evang-elio de Cobden, se llegó a pensar en la absoluta disgregaiCión
del trabajo. Cuando la aplicaJción de la electrícidad, que l:a hulila blanca generaba. a bajo precio,
puso pequeñas máquinas al alcance de _todos, llegó a ·cJnc·ebirse la ciudad futura 'como una diseminación de pe'queñas fábricas autónomas, manejadas por un individuo ,que debía ser, al mismo tiempo, el propietario, el empresario cie in-
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CARLOS ARTURO TORRES
dustria Y el obrero; era la última Thu'e del anh:elo liberal la fabulc.sa utopia del individual 'Smo
y la desc~ntralización. La cOIli~epción.emancipadora de la escuela inglesa encierra, sm que esto
pueda revocarse a duda, grandes v~rdade~, pero
no toda la verdad' fue una impulsión vivida de
ideas y de activid~des, una exaltación de la dignidad y un .estimulo poderoso de la voluntad; su
exageración, empero, suscitó un movimiento conelativo de ideas, encaminadas primero a ateroperarla, y últimamente, a rt.'Ctificarla. Ya la construcción filosóf lea de Augusto Corote establecia
en favor del concepto social una limitación a las
in~;;'lativas individuales; la escuela socialista combatió en seguida la esencia misma del credo
de la ilimitación individual; el pr Ilicipio científ 'eo con que vVc1ssmann comp!ementú la ley darwiniana, y según el 'C'ual "la durac¡ón de la vida
está gobernada por las necesidades de la especie,
no por las del individuo", dio una base positiva,
cierta, a la tendencia social, que .parece detlerminar el movimiento reentrante de una parábo'a,
cuyos puntos trayectorios pudieran fijars-e asi: el
ind'viduo, confundido en la masa, democracia; el
individuo, diferenciado de la masa y superior a
ella, aristocracia; el individuo, reintegrado a la
masa, socialsmo de Estado, Todas las leyes ing'esas a que se hizo ref.erencia en el capitulo V,
revelan una ingerell'i:;'la siemprecl'1elCiente del Estado en la esfera que el liberalismo reserva exclusivamente a las iniciativas de la industria y el
comercio particulares.
Las organizaciones colectiv:stas, las trade
unions, las boLsas del trabajo, todas las formas
de la &olidaridad obrera en frente de los trusts, del
~ock-out de todas las formas de la solidaridad cap"t;a'ilsta, en aqueHa lucha que e¡enunció Karl
Marx (combatido hoy por Bernstein y los nuevos
socialistas alemanes), corresponden a un estado
l;l.~espíritu en que el conc'epto de gremio o de SQ-
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ciedad tiende a prevalecer sobre el exclusivamente individual. La organiz&.'.:;'lónde las huelgas que
principió por pequeños grupos esporádtcos, del3V?culados entre si, y luego integrados en propósIto
común e interés col.ectivo solidari o, ha legado a
conv'ertirse en esos movimientos formidables Y
unánimes que se decretan por la ini,ciat:va sindicalista y que, en un momento dado, paralizan toda la
acti'vidad industria'l de una comarca y hasta llegarán a d·etener un punto las pu'lsaciones de la v:dá
nacional. Frente a el~as, la ambición capitalista
sustituye dia a día a la disgr.eg@clónantigua de pe
queñas fábricas, la fábrica colosal, verdadera ciudad de la esclavitud, en que -el hombre, convertido en máquina, obedece automáticamente a una
disciplina Icuartelaria; a los almacenes de· espec'alidades van sustituyéndose esos opul<entos emporiosde organización admirabl<e, en donde el
consumidor lo encuentra todo y a todos lOS precios; inmensas industrias se integran en algunas
manos con una ,merte de monopalio contra el cual
la ley y la sanción nada pueden, fenómeno el má·~
inquietante de las cvilizaciones pletóricas de' día.
La hue,lga y e'J lock-out, el colect"vismo y los trusts,
los cabUilleros del tra.bajo ("Knights 01 LabOur")
y las dinastías del oro, son todas forma,s d,e solidaridad, resultantes de un mismo espíritu
de
asolciación , bien lejano por cierto de la act'tud
del individualismo integral de la escuela de Manchester; son organismos contrapuestos, pero que
correlativamente se implican, y que cuando hayan alcanzado sus extremos limites verán cumplirse en ellos la ley de Tarde, tra~cri<ta arriba:
"L18.s fUterzas opuestas, incapaces ya de ensan'C'harse más, tienen que corici!iarse, siguiendo las
leyes de la adaptación".
El e.studia de esas leyes, como el de las le'yes
de la historia, ha d<eprObar a la larga a los revolucíonarios que no se transforma 'a sociedad én
un día, y que ellos -misanos, por la- vio!enc:a
..
', re-,
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CARLOS ARTURO TORRES
tardan la realización de sus ideales. Probará igualmente a los rea!ccionarios que es en vano que
traten de imp>edir la transformación necesariade
las instituciones del pasado, transformaJc. ón que,
por el contrario, ellos provocan y aceleran por la
dega tenacidad de SiliS resisterJ.'C:ias,como provo'can, por su ete!\nal denegación de justicia, r:
voluciones funestas de que ellos son las primeras
víctimas. La €volución gradual d·e las l'elac:ones
del >capital y el trabaj o ha seguido una tray,ectoria bi>en definida: del régimen pa tria!\cal se ha
pasado al régimen servil; del régimen servil al
trabajo asalariado; de éste t:ende a pasarse al
trabajo asociado, ensuۖo del colectivismo. Tanta locum habtia-observa Gabriel Monod-cn que.
re imponer por la fuerza la utopía c\Ylectívista comoen pret'ender eternizar las formas actualesd.:el
asalariado; un concepto de la realidad intíma del
fenóme·no podria dar por resultado el convencer
a unos y otros de la ciega inutilidad, ora d·eentra_
bar, ora de precipitar una evolución inevitable,
si, pero que no es una revolución ni una concesión.
Das fórmulas abSJolutas del clasicismo económico s>ehan visto sujetas a a'gunas derogf.'(:0nes perentorias: ejemplo muy interesante de esta infirmación de principios universalmente reconocidos, nos ofreeen las leyes prohibit vas del
Estado brasi1ero de San Paulo, Cuando la superproducción del café llegó a asumir en esa región
proporciones que 8imenazaban abatir para muIChosaños y casi :al ra,sero de la total d>esvaloriza-ción el grano a cuyo predo están vinculados ingentes intereses y que constituye, por de,:::rlo'asi,
la vida misma de la región, los leg'slador·es pauUstas,desdeñando
los axioma's de la escuela
-científica, d:'ctarc:n ley>esque ha!::líianimposible
el establecimiento de nuevas plantaciones, y asumieron la iniciativa de la valorización oficial v
por tanto artificial, del artículo; aqu-el atent~do
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contra el ejerclcio de una industria libre, aquella intromisión del Estado en la l'egularizatCión de
fenómenoseconómiccl3, dominó, al decir de sagaIces obs,ervadores, una criss que !Se pr·esentaba
con las más alarmantes proporclones; est,e 'ejemplo t,ene los caracteres de un ,casOtípico y es toda una reve' ación . En el campo d·e la activídad
económica se pr.elsenta, pups, de una manera espontánea, y con esa suerte de :nconctencia qu;
caract'eriza el ,cumplimiento de los f'enómenos n,a.
turales. un comprom.so tácito, una concilia'ción
evidente entr,e el ,conc,epto de la Uimitada iniciativa personal y .el patronato e intervención del
Estado, De esa cor.'Ji1iacién 'surge el verdadero
t.;arácter de la entidad social, que es no solaroE'n·
te una suma o ljoO'J'l°P'r',no dp ln,<j ;nt. 1'es·pc:;
ind'vidualE's sino algo superior a eso y a'go dif·orr
eso: la na,::iona,idad. El proceso s·ociol6gico ascensional de la famita al clan, de éste a la comuna, d-e la comuna a la prOVincia y a la nac'onalidad, impone hoy esta última, noción con inusitado vigor; mañana aca,so tal concepto, rebasando sus límites actual€s, asuma las proporciones
de una amplia.ción mundial. en que todas 'as naC(lnalid,ades vengan a confundirse en un conIcepto g·eneroso d.e Humanidad; proceso de am..c
pliación que ha decumplir.se, salvo siniestra.s regresiones, no conforme al ideál napoleónko de
sujeción y de conquista, sino al id.eal kantiano
de just'cia Y d·e fraternidad.
La eoncecpción que hace de un Estado no solamente una entida,d poJíti,ca y un 'término geo·
gráfico sino, ,ante todo y sobre todo, una entidar1
mOl'ial y una persona dntern:a'\:onal, ,constituYI~
el campo de ,colllciliación de los si,stemas .económ"ces y una de las grandes preocupaciones de la
era contemporánea. El aofán'd,el día es 'el. vigori-'
zar del concepto social y de 'a poter.'C';alidad eol€.ctiva, y, como cons'E'C;'uencia
de todo ello, e! enér.
gico estimular d.e.la solidaridad. na:cional ti de ,la
0
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CARLos ARTURO TORRES
noción de patria. Cada país quiere crecer en significación internacional, en riqueza, en cultura,
en poderío y en pObla'ción. La ley de Malthus,
suicida desde el punto d·e vista sociológico, falsa
desde el punto de vista biológilco, falsa y suicida
desde el punto de vista económico, perdió para
los oídos modernos aquel prestigio profético de
airada e implacable condenadón de "la especie
degradada", que le discernían años ha los apGstoles de la violencia. Tmpéñese ·cada raza, cada Estado no solamente en desarrollar sus posibilidades.
si~o en acentuar el sello de su carácter, ene.9.:;'ulpir
con labor tesonera su propia fisonomía y su propia originalidad en el arte, en la literatura, en la
filOOOfiay en la cJ..encia.
Los fenómenos económicos que se cumpU,eron en COlombia con el eX'c:esode emisiones de
papel moneda demostraron la defi!ci,enc;a de los
principios generales de la economía política para
prever resultados y estudiar soluciones. Lo que
ha acontecido en aquel país hubo d'e despistar
por ,compJ.etoa los economistas europeos y traspaSial' los limites de toda conc,epción suya en tales
materias. Del propio modo como se ha creado una
medicina tropical, está en vías d,e formarse una
economía !política que adapte a sus principios y
fórmu'las las condiciones especialísimas de un país
que podría con el esfuerzo de 'una generación bastarse a sí mismo. Re ctama , en efecto, observación
directa y principios originales un país donde el escalonamiento de 1013 climas, que dic·e Reclús, 1'08'Corre la integridad de sus graderías y superpone
en abundosas unidades territoriales las condiciones étnicas y toPográficas de dos zonas, d'e tal
suerte que .a poca distancia de una sabana fría
que r€'cue~da las planicies de Flandes o del LanlOOi.Shire, despliega la riqueza de su luz y la brillantez de su verdura un valle ardiente como el
del Congo o e1Indus;en donde el trigo crece en un
peldaño de la cord1Uera, el café en el inferior y
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IDOLA FORI
201
el cacao más abajo, y -en dond-e los tejedores d-e
Boyacá podrían (con un med~,ano desarrollo ferroviario) cambiar en un día sus prOductos con
los plantador,es del valle del Magdalena. Un país,
en fín, que por la intensidad y reclusión de su vida íntima, insospechada para el comercio ext·erno,
y por la calidad de sus propiedad,es teritoriales
del interior, que le dan un Icoe1ficientede riqueza
propia muy superior al que aparece en las estadísticas del inter,cambio mund.al, ha podido dominar tipos de cotización monetaria incomprensibles en otras partes, y que sin duda habrian
traído el desastre def,nitivo a Estados más ri'c'os,
pero diferentemente dotados.
Así como ha habido una filosofía inglesa y
una filosofía alemana, una escuela pictórica española y otra flamenca, una literatura francesa
y otra italiana, hay hoy la aspirac.ón a fundar
una ciencia de cada nalCión, esto es, una origi;nalidad naciclIlal en las inviestigac:ones científicas. Los rasgos distintivos de cada país, sean
cuales fueren, caracterizan el relieve de su personalidad prop:,a, y el ,encauzarlos y exaltarlos
a sus más altas potencias de fecundidad para
el bien, es empeño mucho máls eficiente que el
que se abate a una imitación más o menOiSservil y
más o menos tentada de car~cteres €xtr:años y extranjeras oulturas. Por eso en los países bi,en constituído el concepto de patria priva en todo ca.so,
&ob:recualesqui~ra otros, el de partido, porej,emplo,
En Inglaterra, conserVladores y liberales apoyaron
la pol1tica exterior d€ lord Lanc1sdown, conser,vador, y apoyan la de sir Edward Grey, liberal.
Las declaraciones de los socialistas al€manes del
Congreso Internacional de Stuttgat, severa lección a los insanos delirios de un Hervé, fueron
a este respe'cto .absolUltamente Iconcluy,entes. A
ese fin se encamina todo ,esfuerzo que,como el
del presente ensayo, tiend,e ,a atemperar la ininfluencia y el pI'e8tigio de entidades banderizas
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CARLOS ARTURO
TORRES
que se han sustituido más de una vez, en horas
negras de la historia, al sagrado pendón de la patria. Pasaron ya los t.empos en que el interés de
un partdo lle'vaba a los caudHlos a sO'.icl.tar,auxilios extranjeros o a aceptar al anza's más o menos
SOSpL"';'J.'10~as.
Ya no veremos más a 103 m'ercenarios imponiendo la paz o la guerra como en Cartago, ni a un Ricardo el caballero aceptando a
los arqueros de Robin Hood, ni a los príncipes
soUcitando para las 'contiendas civiles la espada
de lCI3lansquenetes de A:eman.a, de Jos v,er,eder¿s
doeFranc a, de los condo¡;tieri de ItaLa; ya los
reyes no rel~ibirian, pam ganar o sost'ener un trono, el socorro extran}ero, como Enrique IV el de
Isabel de Inl6~óttcrra, ni los partidos apelarian
a él, ,como les ligueros al del Papa y al de la mon.arquia española. La histeria ha dictado su fallo sobre 10:.sem,gIados, Y nada hay más lastimoso que la actitud de un Dumouriez, de g' orioso 'Pafado, concertando planos militar,es contra su patI' a e importunando a lord Wellington con lo
rendido de sus parabienes y lo excesivo de su
adhesión,
Al pedir al Gobierno y a losei udadanos de
Colombia un monumento para uno de esos férv~dos ap6stoloes d,el ideal que fundaron nuestra
na..::iona'idad, el general Nar ño, ~'e di}eron las
siguientes palabras, que es oportuno repetir aqui:
En la socledad mundial de los pueblos, una
nación puede m,edir el derecho que tiene al respeto
ya la consideración de las d,emás, tal v,ez no tanto
por !a Jmposición abrumadora de su entidad o
el exponente de su po~'encia ma'ter;al, cuanto por
los grados de cap:..!-:~dad,d,e amor a ella qu,z se
acendran en el corazón de sus prapios hijos. Ante
el criterio superior de la razón, un ciudadano de
Ginebra t"€"ne mayor e:.'2reehoa enorgd.').:c'ers'e
de su patri,a que no un súbdito del zar de todas
las Rusias, y Grec a afirma en la historia una
virtualidad !Civilizadora que el mayor de los impe.
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lÍiOLA FoiÚ
2lÍ3
ríos <no ha pose ido jamás. El sentimi'ento del amor
patrio debe, pues, cultivarse con tenaz y nimio
esmero, como un elemento moral de ef-cÍ'encia
irrecusable como un f,actor d,e fértil r,ealidad en
todo em!p~ño enC'a.m'1nado al d'w'arroll<o de !:as
fUl3rzas vivas de un pais. Ni puede transitori,o
desmedro alegarse como razón para que ese amor
decaiga y amengtie, puesto que es IPrecisament(;
el cultivo de tal .sentimiento, el re'enc'ender de :
amor, uno de los agentes más poderosos a levantar de postra'ciones y a restaurar fi.erezal5 abatidas. Es, pues, necesario regr,esar al o¡pttmismo,
es ne'cesario ICl'€,eren la patria, en su pot;enciaEdad, en su porvenir y -enla alteza de sus destinoo.
El concepto de patria no es, como se a>treven
a sostenerlo hoy laJgunos, ni un prejuicio desdefiable, ni una vacua abstrac.;'j,ón, ni un señuelo de
cándidos, ni urd'mbre de patrioteros; es, por el
contrario, algo muy real: una comunidad de muy
tangible.s y positivos intereses humanos y al propio tiempo una vinculación id,eal de tradición, de
sentimientos y aspirac ones. Es Icuanto amamos
y cuanto nos ama; lo menos fugaz y lo mejor de
'ncsotros míl3mos; la piedra ennegrectda de nuestro hogar, la cuna de nuestros hijos y la tumba
de nuestros padres; el val1e de nuestro pasado
y la ciudad de nuestro porvenir. ¡Desconfiad de
los hombres sin patria! La e:x¡altacón de esa reUg,ón de la patria-y
!testas 'como la del centenario son una manera muy eficaz de esa exaltaciÓn-comporta
también la más pura enseñanza
ética, como que es natural la ampliación, la proyecc ón luminosa en el tiempo y ,en el espada,
de aquel precepto d,e eJ.emental -equidad y de sacrosanta y eterna Slabiduría que nos ,pr,eviene ante
todo, sobre todo y a pesar de todo: "Honra a tu
padre ya tu madre."
Se ha ,observado ya que todos los pueblos comprenden la necesidad y la import:ancia de una
gloriosa tradición nacional, y 'cuando la tienen
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204
CARLOS ARTUROTORRES
eSica:sala magnific'an Y cuando no 'la tienen ,la inv,entan; de ahi el endiosar a un Washing1ton y el
crear a un Guillermo T€ll: el héroe engrandecido
po la veneraCión nacional y el héroe forj acto por
la tradi:ción popular. El general de milicianos,
probo y patriota, p·era desprov.sto de la llamarada interior del genio, s,e transfigur,a por la alquimia milagrosa del amor Y de la gra:titud en el héroe epónimo de un continente, "el primero en la
paz y el primero en la guerra"; el cazador legendario, el arquero fantást-co, perdura con acción
de pr,esencia que la critica corrosiva que le n,eg8.
no ha podido destruir, como el simbolo sacramental de una idea. La adoración colectiva, auténtica
manifestación de una !colectiva neces.dad, erige
asi en el vértice de las tradiciones de cada puebloell superhombre representativo en qui,en se
encarnan las condiciones superiores de la raza;
la surgente milagrosa y única de dond,e las na'.::iones,con genero~a superst. ción, hacen brotar su
origen, su carácter, su historia y su gloria, como
de un inviolado Horeb.
Nosotros, por dicha, no hemos m·enester de
la lámpara de Aladino, de la fantasia y de la leY'enda,para hacer surgir nuestros héro,es a la extencia y a la glorificac ón; les tenemos reales y
de una excelsitud que se antoj aria leg·endaria si
no estuviera ahí la historia para afirmarla con
sus comprobaciones irrevoca·b'es. A esas eLgies
egreg as sólo falta un pedestal digno de ellas para
que sean visib:,es de~de todos los puntos del horizont,e mundial. Levantémos·elo.
El Evangelio de la patria, integración excel.
sa del Evangelio de la paz y del amor, impone hora por hora el deher de pre.s·ervar para la creación de nuestros padres el sentido intimo que tuvo en la mente de qUi,enes la 'C'Qncbieron: enti.
dad de fortoaleza, de dignidad y de justicia, solar
hospitalario y heredad fecunda a todas las labores del bien, repuesto albergu~ de nuestra vida
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IDOLA FO:RI
mora.l y ara d'e nuestras
adoraciones .inmuta.bles.
El apostolado d-e la Repú::.blica, que VIene a Ident-ficar~e por modo superi or con el apostolado del
-ideal, €s hoguera encendEda en una cumbre muy
alta; para ascender hasta la irradiación vivificadora de sus llamas, cumpl e llenar la tarea tres veces santa de fortalecer ::los músculos nacionales
'Por el trabajo, de serenaI:::" el corazón por la toleram:'ia y de levantar el eSJ)íri tu por la justicia. Si
la lbertad, don precioso, se compra al precio de
'la sangre, la paz, el orde:t::1y el engrandecimiento
material -forma ;prí::Una y ne,cesaria del engrandecimiento definitivo-es
decir, el poderío nacio~
na.l y la nac'onal respetabilidad,
sin los cuales la
independer.'cia es precaria y la libertad imposiJ'f
piden también y merecerL srucri.fdos do'lorosos y
renunc'adones supremas. :Para f.Exmndarlos campos de la patria, nE!08sari!.o es arrancar primero
de ellos toda semPla de odio, porque el odio es
consubs.tanc-almente infec~mdo y devastador; después precisa sembrar, set:nbrar mucho, sembrar
ideas, sembrar virtudes, se mbr,ar esfuerzos y sem.
brar granos, sembrar er:J. la ti,erra y sembr:ar
en el espíritu, sembrar pa=ra ell presente y sembrar para el porv€nir;
cuando
venga la cose·
cha que ganó nuestra buena voluntad, que ven·
drá por la Óptima y nec-essria causalidad de toda
expansión de v:da, será una cosecha de bendición,
como la del sembrador de la parábola; entonces
tendrán nuestros héroes UlIll1ped-estal digno de su
estatura. Tal es el examen de conciel1'c"a que determina y el pensami-ento ..qu-e evoca la fecha del
centenario, pregonera de qWle la República ha llegado ya a su mayor edad.
Mas del propio modo
como en las religiones positivas se disiCierne un
elemento esencial y otro f-ormal, el dogma y las
prácticas, en el amor pa,tr-()I8,que, como se dijo an.
tes, es también una reli,gió::n, hay una doctrina y
hay un culto, y el culto es plausible y necesario
COmo manera de exterioriz:;a-ción de sentimii(lntns
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CARLOS ARTURO TORRES
sociales; es la dedica1c:ón de lo oS emblemas visibles y objetivos con que el respeto pÚblico honra
nuestro mej,or blasón y la más pura de nuestras
tradiciones: tale.s el sentido se::rio de las festivi.
da.des iCÍvicas,de las apoteosis Y" de las estatuas.
La concepción de patria, to:anada por lo alto,
no infirma el ideal de soUdarids.d humana, ni siquiera su primero y á8pero ¡pelds.fio, el internacionalismo, en lo que éste pueda. ~ner, y mucho tiene, de aspiralci.ón legitima. La c-onsagr:al:lón de la
Humanidad \)omo supremo agr-egado sociológko,
imprca, por el contrario, la pl~nitud vital de las
uni:dades internacionales que l:::J.an d,e integrarlo,
del propio modo como una, soci'E=dad de superhombres seria la más perf,ecta de todas ellas. Para
ha'cer parte de la universal asc::.ciación se requiere, consiguientemente, aquel de ..sarrollo a los más
altos grados de potencial" dad r-.acional que constituye el derecho y el deber pr:::-imordial de todos
los pueblos. A las primeras con..ferencias internacionales de la paz, no fueron ir-witadas las R.epúbli!.::as latinoamericanas;
preciiso fue que éstas,
por sucrecmiento
en importan cia y ¡por el robustecimiento de la solidaridad panamericana,
impUSieran aquella invitación reservada sólo a los
paises que han surg'do a la -categoria de cantidades apreciables en el concierto del mundo.
Mas si nada es más hermoso q-,¡e el amor de una
patria grande y justa, surgente de la ascensión de
todas las s,avias de la raza y del m·elo, no hay tampoco posi:ción menos simpMica. ni más estrecha
que la de una exagerada var-.id.ad nacional, lote de jingJes y chauvins
que principia por a,larde pueril de pretendidas supe::rioridades y acaba
por la impulsión que lleva al i.uperialismo y a la
conqui~.ta. El internacionalisma:o, su antit.e.sis, es,
en alguna forma, la desatentad a reclamación con·
tra una injusticia clamorosa, justa s,ed de reivindicaciones social-es, que apela s m€dios vedados y
a sanciones aberrantes. Cegu~dad seria, empero,
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1DOM FORl ..
imprim'r el estigma de una l'eprobación en bloc
sobre aquel tumultuQ¡~o movimento de ideas, sobre aquella marea formidable qu·e h'izo vibrar dolorosamente el alma de Alfredo de Vignycuando llegó hasta el recinto de su torre de marfil
... el gran gemido
con que mundos y edades la humanidad asorda,
de ll!frentas y amarguras su corazón henchido,
que al fin, de la injusticia cansado, se desborda
en túrbidos torrent€s de ciega indigna:ión;
¡palabras sofocadas en vano, porque asci,enden
y uniéndose en los cielos, fspacio y tiempo hienden
y un solo dolor lloran y ,un solo grito son (1).
La obra de repara'c;'ión de las grandes iniqui.·
dades, cumpl'da por el amor y por la justicia, no
por el odio y por la vindicta, constituye la l.abor
capital de la ascensión humana; parécenos que
las tendencias de las escuelas del moderno pacifismo en todos' su:s matices, desde el -de J.aurés
hasta el de Richet, d,esde el de Bebel hasta el de
Morley, y que ayer inspiraron a Shelley,a Ruga,
a Lama.rtine, a Mazzini, a Quinet, a cástelar, a
Pi y Ma.rgall y a ·espíritus g·enerosQs, rea'iza la
conciliación por lo alto de las ·construC',:;·lonesdel
pasado y de ]:38 al~piracior..oes
del porvenir, del ideal
de patria y del ideal de humanidad.
En la exposición de escultura del Grand Palais, en París, podia verse en 1905 un bajorrelieve
admirable como ejoecución y más admirable aún
como l!oncepción. Una barca boga en mar misterioi5oqut' hálitos ignotos hacen estremecer er. la
bal'.:a van tres mujeres jóvenes y oe'las, pero de
una diferente y pecul:ar belleza. La que ocupa el
centro del esquife rema con vigor, y en sus facciones ·esculpida está la energía del esfuerzo actual, la labor inmediata y apremiante, ]a obra del
día, ·el afán de !a hora; la que va en la popa. lánguida y pens·erosa, hunde la mirada plena de las
\1) La Maison du Ber~er.
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208
CARLOS
ARTURO
TORRES
meJancolias y las sofiaciones del recuerdo en la
playa que se va alejando, en todo lo que la ausenca irremediable arrebata 'para siempre, en todo lo que se ama y se deja para no volverlo a ver
j'amás; la que v;a en la proa, radiante de fe y de
juv,entud lecta, explora férvida las a~ules lejanías
en donde ha de surgir la isla encantada que forj a
el ensuefio y promete la esperanza. Al pie hay gra
badas estas palabras: Pasado, Presente y Porvenir.
Ese símbolo de la vida, tan poético y tan verdadero, es también el símbolo de la mentalidad de
nuestros días, en la doble correlatCi6n de su sentido
actual '(;'on sus tradiciones, por una parte, y con
sus lllSp:raciones, por otra. Legataria del ayer,
obrera de hUy, peregrina del mañana, integra, en
la triple significación de su actitud, la superior
unidad de su carácter y el impu'so creador de su
iniciativa y d-esu esfuerzo; vincula, en la irradiación de un solo foco, la potencialidad de tres corrientes y erige !Conlas energías del presente, :sobre las formaciones del pasado, los sistemas del
porvenir. La historia ~observa Materlinckestá
todavia lejos d-e haber saEdo del periOdo de las
gen-eraciones sa'cTificadas, y ascender el escalón
superior inmediato a ese p-eriodo es no s610el supremo anhelo, sino el deber más alto que, en la
soJidaridad ineluctable d-e las genera,ciones humanas, ti-enen las del presente con las que han de
sucederles en el decurso de los tiempos; es una
suerte de paternal obligac:ón que no es lícito pretermitir. No vemos para alcanzar este propósito
un medio más directo ni una necesidad más apremiante que la de afirmar, esclareloor y propagar
el coo'c'€pto d-e la j usti-c1a, d-e esa raigada virtud,
d-ela insuperable fórmula de don Alfonso de Castilla, y que no sólo debe alcanzar a los hombres,
sino a las ideas. El pensamiento 'C'ontemporáneo,
o, mejor dicho, las ,corrientes -espirituales que predominan en el momento :presente, quinta esencia
de tantas rectificaciones, de tantas demolicione.s
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mOLA POR!
209
y de tantas rehabilitaciones,
es ante todo una .entidad de justifcia, tomada por lo más alto y por lo
más comprensivo, justicia que señ.ala la posibnidad
de orientaciones generosas para el espíritu, que
armoniza como en un haz de luz los destellos de
verdad surgentes al choque de las más opuestas
'concepciones humanas y traza una senda de salud, aun en medio del caos de escombros del más
pavoroso cataclismo. Por eso no repudia con la
incomprenSión del iconoclastismo revolucionario
la totalidad de la obra del pasado, porque eso seria obra de estéril y suiJCidademolición; no intenta paralizar la acción actual, encadenando el presente a la inmutabPidad de las tradic;ones, porque eso seria voto de impotencia y mensaj e de
muerte; no pretende desviIl'(;'ular el porvenir de
la ley nece~,aria de causa1idad, porque eso sería la
mórbida obsesión de un delirio. Discierne,
con
ínspirac: ón de equidad, lo que puede haber de
falso y deleznable en los ideales más caros para
abandonarlo sin recriminaciones y sin pesar, recoge el átomo de verdad que ;puede existir aún en
la más absurda de las creencias y el rayo de luz
que puede sorprenderse amn en pleno nadir, para adaptarle sin reticenc:a y sin vacilación, y enciende el fuego de lOShogares de la ciudad futura
con llama que se comunica a los corazones por
su mPagrosa virtud de sinceridad. De esta suerte, aunando el' esfuerzo que ,estimula, las legitimas venera,ciones que preserva y los ferviente'
anhelos que despierta, tres factores adventicios,
pero convergentes, ¡como en el del bajorrelieve de
Frémiux, equi,pa la na've humana para Las exploraciones del pervenir.
A pesar de la teoria restaurada hoy por la
elocuente propaganda de William James y de otros
seguidores de Carly1e y de Emerson, y que atribuye exclusivamente a los hombres de genio -héroes del pensamiento o de la acción- la iniciativa en los grand.es movimi~ntos de los pueblOS o de
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210
CARLOS
ARTURO TORRES
las id>eas, creemos que una concepción perdurable
y fl\:unúa solamente surge y Gl'lllnla cuanuú .as
ideas generales de qu·e .es exponente eXisten de
modo virtual en el ti·empo y en -el medio y flotan como impalpab.es átomos de luz en la atmwfera €n que se ha formado -el cer·e1bro gen~al
que ha de eU.;'Jntrar la fÓlmula defmit va del
sistema. Si en esos mom.nvos hay -como no
pued,e r·evocar~o a duda qu ·en siga el movimiento
de ~as i·é.·eascontemr-oranta.suna orientación de
lo,s espiritus más acentunda que nunca hacia los
conceptos de .equidad social, de just.cia y generosic.ad inte:ectuales,
de rEnaCimlento ideal.sta y
d-e formación c1e una superior '..;'.:mciencia de la
humanidad; s todo ello -es resultado de la múltlp"e corriente de revaluación de valores c:entificos,
filosóficos y pOliticcs y de una cultura más_ extensa, de un criterio más genero.3o y más ampliolJ,
de una critica - al propio ti·empo más l bre, más
g,eneral, más audaz y más comprensiva; si presenc:amos la restaura'ción de muchos ideales pros,critos y el crepúscu:o de muchos [dOlos del Foro;
~i advertimos finalmente
la exaltación de una filosofía elevada, de expans ón armónL:la, de -esfuer.
zo y de esp,eranza, debemos creer que toda afirmación de esa actitud y de esa mentalidad de las
pr,esentes generacionEs ('s un paso en el propósito, si no c1e realizar t<:l.na'to ideal, remoto pero
no quimérico, a lo menos de buscar el camino
que conduce a él. La preponderancia
de la m-ente
humana, como fuerza motriz directiva de las soci'eC:ades, es obra de una lenta mOdiL'..;'ación de
las energías moralEs d·e la masa, que se efectúa
por medio de la propaganda de todos los momentos; a ese resultado conduce una labor tenaz de
vulgarización
de aqueEos principios que han de
ser más tarde hechos, credos e instituciones, porque, como lo d ce Alberto La.fargue, el hecho sale
de la idea como la vida del germen. Es preciso que
las ideas que hoy t:otan en cierto ambiente de
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IDOLA PORI
211
elección, y que han de ser, de ello estamos ciertos,
elementos de vida por su óptima y necesaria finalidad, se conviertan en el patr.monio intelootual del maY'0rnúmero, se transformen en palpable.s y vivientes rea~idades, y que de ellas se im.
pregnen las multitudes para que éstas sean ,soporte y vehícuao de esas ideas y no.valladar que las
detenga ni desl·erto de gélid~ indif·erencia que las
mate. En este empefio toda in~',:;·~a.t_va
de actuación o de palabra tiene inenarrab'e virtud de fertilidad, porque para que a¡parezca y se imponga
una cCil1cepcióncomoprincipio verdaderamente e)
le-ctivo, humano, universal, cada mente ha de aportar a ella la contribución de su -esfuerzo.,'como
para formar la gran voz del Océano levanta caa:;
ola su rumor.
FIN
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APENDICES
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CARLOS ARTURO TORRES
"Siente la mayor obligación
de amor humano",
RODO
De ti~mpo en Uempo, con regularidad casi ti~a, los pueb10s experimentan la nec},~sidadde ve.
ricar el balance -tanteo
o a'Cance parece qu.e
e la expresión castizade sus hab,~res y exisneias m..mtq!es. Tal parece cual sise preguntan: ¿H'Jmos merecido el humano vivir? ¿Hp-mos
mplido con los fines supremos y heroicos de la
istencia? Y al efecto tantean los fastos y anal3S
su intJligenci'a. El a'!:ance comienza trad 'cionalmt,: por las gestas guerreras; continúa por las
zañas y genealogías de caudillos, tiranos y reyes;
'UlJcon la narración maravillosa de la vida de sa.
'dotes, brujos, adiv:nos y taumaturgos: prosigu3
¡ la de sus mártires,
profetas y pontific':s, para
'minar en la exaltación de; la vida y obra de sus
r¡,tOTIf3S
y aedas. Y parece que estas últ'mas son
primeras. entf\3 ctras razones, poraue son 8ras
que salvan al muncJ¡ode di!uírse obscura y me.
~cólícamenf;e .m la inanidad de los tiempos. El
>nbr'J,ha dicho el fi!6~ofo Dilthey, es un animal
¡vido de histor:cidad. La frase parece pedant.:.~;
"ía las delicias de José Ortega y Gasset. No obs~te, es una fratlJ a'go más que certera y acera, puesto qu'¿ es cierta. Cierto es, o, lo Que en
'Jr es lo mismo, {}Jguro, v;;rdade"o e indubitable,
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216
CARLOS ARTURO TORRES
que no tanto queremos vivir, como el haber vivido históricamente, vale decir, valiosamentv. Y oo.
mo no a todos los seres humanos nos es dado vivir
en divina gravidez histórica, por la misma parvedad humildJJ d3 nuestra vida personal, de ahí que
periódicamente
nos sintamos ind'ominablemente
tentados al tanteo o avance retrosp::ctivo ciJJ nuestro pasado colect;vo. ¿A fin de qué? De vivir en la
ún'ica forma de vivir histórico que nos es concedi·
da: vivi",ndo en las figuras proceras, heroicas, que
han sido autores y actores, a la par, en el drama
continuo, vivo e interm;nable
de la historia. Asi
se va formanao y cuajando en formas diamantinas eso de que tan desesperados andamos: el al.
ma nacional, la oonciencia nacional, la cultura
autónoma, propia, peculiar.
Una cultura IJs un sistema de valores humanos plenariamente
expresados. Cuando el periódico tanteo o balance arroja tal haiber, mayor que
las -existencias, el pueblo que tal halre puede ufanarse sana y sólidamente de poseer una cultura.
Necesarios son los iconoclastas, ¡cómo no y tántof,
p;;ro aún más necesarias son las revaluaciones. Ca
da geni10 ha sido una reva!uación, Cada cultura,
una revaluación incesante. Y qU3 no se tome por
dJclarac:ón de "reaccionarismo",
de idolatría del
pasado. Nó. Del pasado, lo viviente, lo v;vo; no lo
fósil, lo pétmo, lo muerto. Del pasado su vibración
en lo viviente: ¿a qué sepultar lo vivo 810 pretexto
de dar vid:a: a lo definit;vamente
muerto? Cultura
es sí lzaltad al pasado, en cuanto haya de vivo en
el pas'ado. Leemos con cálido fervor, con agudo
renovado deleite a Cervantes, a SJt.akIJSp3are, a
Platón no por lo muerto, sino por lo que hay de
vivo, de vivi;::nt,¿, de palpitante en ellos.
Periódica, rítmicamente, por la necesidad intima a que venimos aludiendo, nos vemos obligados a 1\3valuar y revivir las figuras del tiempo pasado. Es el TEMPS RETROUVE del mágico nov¿lista francés. Penetramos entonces, quizá sin saber-
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IDÓLA li'ORÍ
2i7
lo, en la vívida 11 mágica jiloSlojía de los valores 11
las 'asencías. Del hombre pasooo no es tanto la
materia de su vida lo que nos atrae y s::duce, cwanto el valor, la jlor 11 la esencia de esa vida. No la
biografía, sino -"l vahar simból;co de aquella VIDA.
Entonces nuestr.a atención incitada, inquisitiva,
enardecida, se hinca y det.~ene en aquellas figuras d;¿persistente y meridiano valor simbólico. Por
eso la cultura no sólo es un viaje de ida y regreso,
'Sino de un regreso insistente 11 p¿rpetuo.
Careos Arturo Torres es una de aquellas figuras simbólicas y pcrmanent~s: poeta, diplomático, ministro de h'acienda y de relaciones exteriores, periodista, critico, proj¿sor, ensayista, filósofo, sociólogo, Enviado extraordinario
y ministro
plenipotenciario de Colombia ante el gobierno de
V¿nezuela, "uno de los hombres más representativ10sde la América española", Carlos Arturo Torres es uno de nuestros clásicos. Uno de nuestros
clásicos ingrata 11 transitoriamente
olvidados. Una
d.3aquellas figuras cerebrales y humanas a las
cuales la conciencia
nacional
tiene que consagrar su atención, de tiempo en tiempo, '.3'11.
busca
de 7'lormasy estimulas mentales. La obra de Carlos
Arturo T0T11,3S
sorprende, hoy más que ayer, por
su claridad, por su elegancia, por su secref)o -entusiasmo, por su serena, ideal y noble en.¿rgía. Su
prosa "admirable" nada ha perdido con el variar
de las épocas. Es todavía, 11 lo será con la misma
dJcantación crU;ca de los tiempos, un caso de prosa varonil, tras lúcida, nutrida y ejemplar. Si algún reparo pUdo hacérsele, en un momento dado,
fue el de que aquel sereno y s.3ñoril prosar estaba
en vieces recargado de nombres extranjeros, de
exóticas refeJ'.mcias, de tecnicismos. Mas no era
aquello ostentación inúta. La época de Carlos Ar.
tUT\OTorr¿s, no lo olvidemos, fue una sazón de nu.
trición y agitación mental en el mundo d3 la cul.
tura. Carlos Arturo Torres pertenece a Za generaci6n ávida que surgió, en Colombia, apen(Z$ t~r-
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218
CARLOS ARTURO 'tORRES
minada la revolución de 1885. Habia hambre exasperada de {deas y r.movación espiritua~ en el. ambiente. Esa generación y esa época le dzeron a Bogotá 'o3Ititulo p,erdido de Atenas de Suramérica.
La prensa entonoes era una prensa de ideas. Los
articulos eran "artículos de fondo"; asi se l:amaban. Los 'o3scritorcsno se creían, como hoy, en las
cumbres mismas de la cultura, sino inictando el
d"jicil y labiOrioso ascenso. Agitaban el pensamiento Kant, Hegel, Nietzschc, Hoffding,
S'j."4,.mcer,
Comte, Taine, Renan, /bsen, Kidd, Buckle, Darvin, los dos Mill, los dos Reclus, Claudio Bernard,
'fIux?ey, Ribot, Brand.~s, Tolstoi, James, Guyau,
darlyle, Emerson, Marx, Bakunin,
Dostoievskl,
BergSion, " La socioLOgía naciente fertilizaba
el
pensamiento. La cconomia poutiCla, como un es~rem€ct1nieto sisrnico, sacudía ya los fundamentos
mismos de la v':ejia y sórdida estructura social. La
psicologia hundia su friJo escal¡"'.Jloen las ardientes, decisivas y desconocidas entmñas del alma
ftumana. Nacía entre los héroes del p:;nsami,m~o,no una nueva credulidad, sino una nueva fé,
una mística nueva: la Ciencia. El hombre (.\.Jscuoria los prod'gios reales e inverosímiles de su pf10oio cerebro. Sd sentía no sólo el animal pensante
:lel medioevo, sino el a:;da del yo, la' sociedad y
:a natu'f1aleza. Un sér, el sér, la la par, individual
I social, substancialm·.mte cerebral y reb,::lde. El
'a'blaratorio fue su templo. El laboratorio era la
fuman 'dad. Su diosa, la Libertad (asi, con mayúsula). Ese pensador fue pasmosamente positivista,
'omántico y austero. La cultura no fue para él
údica, un juego -ludus- como hoy se dice,. sino
ma ASKES/S, un brioso, apasionado y noble as·
:etismo, que de lúdico tenía, esto sí, la elegancia y
obr'edad del estilo. Aq'lt.Jl pensador no avanzaba
na idea sin fundamento, -trem,mdo
fundamento
xprimído de l'a historia comparada de las rtligio_
~es,de la embriología comparada, de la sociologia
..::la psicologta, de la eoonomía política emJrgen:
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fOOLA
FORi
219
tés ('asta última, en aurora roja) de la linguistica, de ha historia de las revoluCiOnJS, del análisis
minucioso y corrosivo del capitalismo y del imperial;smo "liberticidas y humanicidas". -En
a.
quel mundo caótico sólO fulgura'ban, puras, indestructibl'Js y eternas,las Ideas, como en la teoría o vi
sión platónica. Brillaban también puras, indestruc
tibles y eternas, las mentes de los apóstoles nove~"mtistas de la Cienc;a, el Progreso y la Libertad.
¿Ingenuos? Ingenuo significa, s::;gún el Diccionario de la Lengua, "el que nació librJ y no ha perdido su libertad",. significa, además, puro, leal.
real, sincero, sin doblez.
Carlos Arturo Torres fue un poeta simbolista
y cerebral, no popucar. En su obra poética, como
Quintana, comlo Núñez de ArcoJ, buscó -son sus
palabras a propósito de Núñez de Aro3- "la ener.
g1iadel verbo, la altura del conc'Jpto, el vigor de
la impresión". Qu;so hacer d.'3 sus poemas símbo-,
l:os de una filosofía de la historiá y de una socio-'
log~a "del incorruptib¡IJ porvenir". Una poesía, en
versos sol']mnes y graves, de las ideas abstractas
y de las visiones o tf)orías morales. Quiso alejarse
--como siempre el mismo Tlorres lo anota---- d~
aquel "linaje dJ literatura destituído de todo sociomorfismo superior", para "ensanchar el hari,.
zonte de la poesía Clonun nuevo reino y una nue.,
va conqu:sta y cr'Jar la poesía científica, esto es,
dar un lenguaje propio a lo queStout
ll~amtt el
aspecto emocional de la filosofía". Previendo el
clamor irritado de los .(3stetas,decia el mismo Torres: "Es imposible que los altos intereses de las
sociedades, las aspirac "¡onesdJ los pueblos o los
movimientos de los Estados en busoa d.] una meta..
más o menos elevada, no conmUJvan hondamente
las inteligencias de elección".
y movido ya por esta herida y v~brante sen.
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CARLós
ARTURO TORRES
sib:Zidad de lo slocíal, hablaba de los poetas del
futuro, de los "apóstoles de un socíomorfismo superior qCJ hacen suyas las ideas de su tiempo, las
aspiraciones y las agonías de su raza, que traducen en ·símbolos gigantescros los idwles contemporáneos, qut: se yerguen ante la iniqu··dad triunfadlora, que luchan por una idea contra unla socie·
dad, que d:::safian el odio y desprecian la preocupación, que [.fjñalan en medio de las sombras del
presente la ceja d3 luz del incorruptible porvenir
y dejan su torre de marfil para bajar a la arena
de la lUcha humana" -Estudios varios: Núfiez de
Arce-. Torres concibe así el simbolo: "Es la fórmula soberana para expresar artísticamente
algún p:::nsamiento superior de la fi~osofia; a él ha
de aspirar el escritor cuandoqu··era que pretenda
dar poético carácter a las concepciones trascend:::ntales de la inteligencia,
a la vez subyugada
por el problema moral e impulsada por el aguijón
interior a los campos de la poesía, vago reino d(!Z
ensueño y de la inquiJtud". Con sus símbolos tras.
cendentales, "claros y traslúcidos, como los de
Vigny", Carlos Arturo Torres "avanzó hasta los lin
deros del modernismo". Sin ·Jmbargo, sobre la poe.
sía fines:::cular de "simbolistas, decadentes, deli·
cuesc·Jntes, jóvenes efebos, nuevos estetas, magos,
instrumentalistas
evolutivos, magnificJnt:::s, etc.,
etc," -son palabras de Torreslanzó el mismo
Torres, "con su serJna faz de estio", el mismo con.
cepto de "ese gran espíritu solitar·;o" qUlJse llamó
Alfredo de Vigny:
"Seul le silence
est grand, tout le reste est
faiblJsse !"
Carlos Arturo Torres fue en América, en la
Amérioa nuestra, un paladín de la dignidad humana. "Siente la mayor obligación de amor humano", escribió hermo8amcnte Rodó sobre Carlos
A.rturo TOrYJ8. Poseía Torres aquella genial sym-
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IDOLA FORI
221
patbia de ~os griegos que capacita al humano
ser y al escritor, específicamente, para penetrar
'en la entraña viva de las personas, los hechos y
las ideas y comprenderlo todo. A lo largo de su
obra el gran prosador coDombiano r"Jpite, con apasionada insistenc;a, la fórmuDa clásica y evagélica del maestro francés: Tout 'c'Omprendre c'est
tout pardonner". Es un ritornello. Anhelaba y perseguía '¿l sociólogo, el ensayista, el poeta, la eman.
cipaCión, la libertad momtal de los hombres de
América, nuestra Amér;ca. A ese fin, hoy como
entonces aetualísimo, enderezó su labor de prosista noble, viril y compr.msivo, Busca el equilibrio, la conciliación musical, sinfónica de las fdeas:
"De las doctrinas más aparentemente contradictor'as puede surgir una armónica irradiación de
coJrt'dumbre, y aun en el limo de los errores humanos se acendró alguna vez un principio eterno,
como en la materia impura el humus fecundo qu'e
nos rinde el néctar de las vides y el perfume d'e
las rosas".
'
"Como critico, dijo M. Soto Hall, Carlos Arturo Torres es de una profund 'dad, una elevación
y un juicio tan serenlo y claro que puede colocársele entre los mejoes de la América hispana". Y
Silvio Villegas, obseso del estilismo, no puede menos de rendir pleitesía a "la b'dlleza de expresión y
la síntesis inmensa de las ideas", que resplande.
c<Jn,inmarcesibles, serenas, e'lJlas prosas del autor
de InoLA FORr.
Carlos Arturo T10rres fue un abanderado del
porvenir. Con Benjamín Kidd, zahorí de una nueva filosofía de la histor:a, Torí1ds creía que la lucha estér;l y pertinaz del presente 0011, el pasado
-origen
de dos fanatismos rígidos e implacab?tJs
"como paralelas negras del Odio", según apunta
en sus IDoLA FORr- quedaba inhumada con el fin
del siglo XIX, y q,~d el nuevo siglo, nuestro s';glo,
inicia "la vinculación del hoy con el mañana; la
elaboración ddl futuro (el futuro incorruptible),
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CARLOS ARTURO .TORRES
la ascensión del presení'Ú al porvenir, por ~osabiertos cauces de la inmortal corriente de Zas ideas"
(IDOLA
FORI)
,
Creía Carlos Arturo Torres que "el Días fuerte
es el Dios de las ideas".
Como lvombre de Estado, Torres, "en tiempos
difícil:s, ·Jn época ac;aga, emprendió la obra re·
generadora (esa sí, decimos nosotros) de sanear
la conciencia nacional,
pervert-"da por pasiones
m'alsana"S,¿nf:::rma por el constante guerrear y
aletargada, en cierto modo -con reacción al pro.
greso- por la costumbre de los gob:ernos de re.
conocida insuficiencia y de inacción musulmana;
gobiernos que tuvieron un obrar que sí les fu"¿
constante: las maquinaciones por mantener el
país en el desconocimiento de sus aereclws para
hacer perdurar la dictadura, que atrofia y enerva
la mentalidad de un pueblo, y contra la cual sólo
existió el lamentable desahogo de la guerra",
Cuando Torres lur- llamado al Ministerio de Hac¿cnda, la administración pública 1/)0 existia porque las emisiones cl:andestinas de papel moneda
"habían alterado hasta la noción di.] los valores".
Sin embargo, transcurridos pocos meses de su ac.
ti1/idad minister:al,
Torres pudJo anunciar en su
Memoria y Presupuesto presentados al congreso de
1904, qu~ eld:-sastre económico y fiscal estaba con.
1urado -merced
a una labor t.maz, impecable y
silenciosa-o
Sus revistas consulares desde Liverpo!ol, luego,
"son verdaderos capítulos de sociología". Hizo, ad'.].
más conocer a Colombia en Inglaterra -"la
Isla
sana y brumosa" como la llamaba T'orres- median
te infatigables publicaciones "discretas, masura.
das, altamente verac::s". Despejó y reafirmó las fa
laciones entre Colomb;a y Ven"azuela.
En política defendió el radicaIismo, el radio
calismo libertario y civilista. En la terribl:; pugna
políticra su emblema fue SERENIDAD. Y así vino un
día a qu~dar situado entre ~os(los bandos pugna-
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. ¡boLA 1"0Rl·· ...
_ 223
ces; cegados por el odio, con su ense1fiade paz;. y
recib ó las saetas arditntes, enhJrboladas de una
y otTa facción. Se l~ echó en cara que mientras
todos -¡todos!
se desangraban en las tirnche. ras de las guerras ci'liil'Js, él, mistíco e impasible,
escribía prosas perfectas sobre la paz! "Y así, motejado de reaccionarilo para los unos, y d¿ demagogo por lOs otros, incomprendido casi siempre y perseguido con acritud incr~íble por aquellos de sus
compartid arios qUJ no entendían de nuevos puntos de vista n¿ de modificaciones de ideas, nos
dice Armando Solano -también
prosawor exquisito-, pasó por la vida haciendo su labor de bien,
. predicandio s,n miJdo su verdad, impasible y sereno, como si creyera qU:Jla intangibilidad
inmortal
de .las ideas e; que servía no podía menos de ampararlo también".
¿InoLA FORI? "Es un gran lIbro; lo 'es por la diafanidad dvl pensamiento, por 1,0, noble contextura
de la forma, por la patriótica intención que al escribirlo gUió a su autor ..• Es Obra sana, robusta,
rebosante de consoladoras a¡:rmacilones; obra que
d~biera¿star
en manos de la juventud pensante
de Colombia, para que ella se desligara de los prejuicios políticos, en cuyo 1/Jombre tánta, tan pura
y tan inocentJ sangre ha sido vertida". ¿Eso y nada
más? "Con la crítica de nuestras superstic;ones
morales y políticas preparaba 1J,uevosdestinos para la América", dejó escríto Francisco García Cal.
derón. Aún más, otro ·¿scrilor llama a InoLA FORI
"libro abierto sobre el devenir". Y Fernando de la
Vega, "el análisis más completlo sobre nUJstra psicología nacional".
Y en tales conceptos no hay literaria hipérbole. InoLA FORr es un gran libro colombiano como
son grandes libros españoDJs, digamos por' ej ~mplo, el Idearium de Ganivet; En torno al cas-
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CARLOS ARTURO TORRES
ticismo, de Unamuno; ingleses, franceses y espafioles, de Madariaga; Los comentarios sens.tivos,
de Azorín; El pobrecito habiador, de Larra.
Libros que se leen y releen con agudo deleít'J sor.presívo en la América hispana y 'cm la España
re·almente ligada a la América por la sangre, el
alma y el habla. Son libros espejos, pues refle1an, tersos, luminosos Y profundos, la imagen persistente, viva y p¿rdurable, de un pueblo, con sus
sonrisas, sus iras, sus deformidadJs
(idola), sus
éxtasis, sus ironías, sus melancolías y sus gestos
hero¡cos.
Dentro de tal ,estilo y manera, IDOLA FORr es
unJO de los grandes y primeros ensayos de sociología nacional en Colombia.
J. RODRIGUEZ
PARAMO
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Montevideo, septiembre
Señor D. Carlos Arturo
10 de 1909 .
Torres.
Liverpool.
Muy distinguido amigo;
Pensé acompañar a mi último libro, Motivos de
Proteo, cuando VA envié a usted, una carta mía. Pe
ro me ocurre con mi correspondencia algo que parece contradictorio, aunque tiene su explicación; y
es que las cartas que con más int¿rés anhelo escr'lbir son las que más retardo, cuando suelo escribirlas. El deseo de hacerla con toda '¿xtensión y repo.
so explica que las deje indefinidamnt3 para un ma .
ñana que suele no llegar ... Pero la z:::ctura, que
h:.3 terminado, de su InoLA FORI, meacicatea para
cumplir, siquiem sea en breves líneas, un improrrogable deber intdJctual.
Cruzáronse nU'Jstros libros, IDoLA FORI y Motivos de Proteo, en el camino, y nos llevaron al uno
y al otro n1J¡¿VO
testimonio de la afinidad de nuestras ideas, de la "simpa tia" intelectual que nos
une IDOLA FORI y la parte de Proteo
donde se ha
bla d¿ la evolución del pensamiento, vibran al
uníson1o.
Por la noble austeridad de su pensar y el sentimi'Jnto amplia y generos1oy la severa elegancia
del estilo, IDOLA FORI es obra que honra a la inteligencia americana. cuando entre el tumulto de
libros vanos y triviaLJs que salen de las prensas
de América, aparece uno de esta entidad y de esta calidad, dM esta dignidad, d'J esta distinción, se
experimenta un gran consuelJoy se recobra la fé
en los destinos intvlectuales y sociales de nuestras
democracias.
Por la selección de 'su espíritu y la índole de
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CARLOS ARTURO TORREe
sus ideas, usted es de lOSescritore3 que merec~rian
tCn'.Jren Amér ca "cura de almas". Su libro es una.
lección que harta enorme biln en la cátedra de;
instrucción cítica y de moral, pocas lecturas tan'
oportúnas y provechosas para la juv:mtud en estos pueblos; y .m general, no hay espintu s ncero
y Tf flexivo que no tenga allí mucho qU3 aprovechar.
Si pudiéramos dar impu!so, con nuestro ejemplo, en América, a un inovim~.;nto de idfas y d::
producción lteraria,
que se encaminase a un fin
de educación social, d3 formación de la concien.
cia co'·.Jcti?:ade estas sociedades, sobre fundamentos de paz, de amor, d:J tolerancia y de cultura! .•.
Será para mí un placer y un lwnor prologar
la' segunda cdie 'ón de un libro tan eXC'J~entey
nobl-; como InOLA FORI. Yo hago aqui propagada
por él, recol1u;ndándolo comlo exquisito manjar espiritual a mis amigos, de los cuales he oído ya muy
altos elogios para (.1 auf;or y para la obra,
En estos días salgo para Río de Jan~iro como
miembro d:; una delegación diplomática que e~
gobi.Jrno de mi país em:ia al Brasil con mot:vo
d':l tratado de limites que ¿stá ya acordado. A mi
regreSlo -que será antes de un mes- mlJ ocuparé
en escribir un estudio largo -algo así como el qu¿
escribi para Rubén Daríosobre su Lbro y se lo
enviaré sin demora,
Excuso decirle q'l..'4.J no cs esta la cada extensa
y cuidada que pienso escribirle; es ésta sólo una
expresión muy ínsujic:ent3 dt la alta consideración intelectual y personal que le consagro al emi.
nente colega colombiano, a quien otro vez, con mo-voo aan]. ''!::0Twod '!::TqO 1i. sasélr2uI S'OTpnlS':!{ ap oa11sión de llamar "poeta y pensador, alto y noble espíritu".
Su af:;ctisímoamigo
y admirador,
JOSE ENRIQUE RODO
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SOCIOLOGIA HISPANOAMERICANA
APOSTI LLAS
Nachodstr,
15 -
Sr. Dr. CarLos Arturo
Berlin, 27 de julio: 1909.
Torres.
Mi distinguida co!ega y amigo:
L2 mando hoy mi segundo tomo de Historia
Const'tucional
de Vfnezue:a.
Acabo de leer InOLA FORI. Libro pensado, bien
escrito, y aue deb'eran consultar cuantos ~n nuestra América viv~n todavía de supersticiones política.s".. , y también los que no viven de e¡;[as. Usted
nos da a todos una excelente lección d!. filosofia Y
d3 hi~toria, Lo fel"citocordia.lmente.
Tengo la costumbre de escr"bir notas al mar.
gen do! las páginas que me interesan. Voy a copial'
algunas.
Página 94. Se habla de las ci~gas impulsiones de
las muchedumbres. En las modernas t'Jorias sobre
los instintos e impulsos de la turba popular, po..
réceme que sue7e exagJrarse la tend;ncia pesimista, Acerca' de la fórmula d-: Brandes diqo algo en
la pác(na 244 dJ mi seaundo tomo de 1·0.Historia
Constitucional
de V€nezue:.a.
página 103. Se hab-a de qU'J la facultad de apre.
cim' los matices es ~xclusiva' de las inteligencias
('1l1t''Cadas; para los salrajes no existen sino los
extremos:
lo absolutam".mte bueno y lo absolu-
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CARLOS ARTURO TORRES
tamen~¿ malo. CuandD los civilizados actuales pronunciamos juicios categóricos sobre la mentalidad de los salvajes, incurrimos tal vez en un error
aná:ogo al de lOs ideólogos que hablan de la psicoDogía, por ejempl ,de. las hormigas o úe las abejas.
¡'Cuánta gente civilizada n:ega todavía la intelig.mcia, el razonamiento de los anirnales interiores
al hombre! La psicologia del salvaje no ha llegaao aún a convertirse
en estudio r;gurosamente
científico,
no !obstant/:j la enorme literatura
que
ya tenemos a este respecto. La general:dad de los
sociólogos acepta sin discusión puras teorías ideológicas.
Páginas 105 Y siguientes. Sobr.3 la frecuente in
1ustic:a de las revoluc~oncs. En la masa popular
8e van acumulando
poco a poco .<;entimt.m,tos, pa.
siones, ideas, que al fin estallan en revoluc:ón. Si
los pU;:blos tardan en indígnar:Je contra las t:ranías que elbos mismos -como
observa ustJd muy
bien"han provocado con sus extravíos o hechos posibles con su pasividaa", es porque la protesta contra la iniquidad
n,~cesita tiempo para
tmcars,¿ en acc"ón consciente. A menudo no se
reacciona contra el tirano, por micdo. El heroísmo moral es una excepción, y requiere tiempo, a
v'Sces generaciones
sucesivas, para contagiarse,
para llegar a convert:rse en impulso d'] conciencia colectiva. Cuando a un tirano sucede otro que
lo es ll~,mos, ya se puede aprovechar la ocasión;
estalla la protesta contra el pasado; pagan culpas
de sus predecesore's lOs gobernantes ahora débil'Js,
o liberalizados, o empujados p,or su medio social
a una transtormac'ón
preparada d~ tiempo atrás,
Pág;na 110. Sobre las causas de las gueras civiles hispanoam\3ricanas.
En el volumen que le
envfJ:J ins,'sto muchas veces sobre la causa principal, permanente, de nuestras revueltas,' escasa población, inCULta y pobre, diseminada en inmensos
territorios
sin caminos. Lo que impide el desarrollo de grandes intere:''-is económicos capaces de
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IDOLA FORI
229
entrenar la actividad disociadora de unas doce"
nas de cerebros r,~Jdianamente cultos qU~ se arrogan la gObernación del Estado. México -cuya paz
se atribuye erróneamente a Diaz, no obstante su
gran talento de estadistamantiene la paz con
la industria y ·Jl comercio que la inm."gración d~
capitales extranjeros le ha permitido fomentar,
y con su red de fcrrocarrLes, ef'Jcto de los mi~1."os
capitales. La vecindad con los Estados Unidos le
hace sombra, dJsde el punto de vista políticointernacional; pero no cabe duda que le sirve para
su evolución económica pacífica. E: ¿jemplo de la
Argentina es igualmente muy sugestivo. Su situa·
ción fue por largos años peor que la de Colombia
y Venezuela. Con la inmigración de capital inglés
y brazos italianos, su política camb:ó y cambiará
aún más en los años venideros.
Página 114. Sobre la revaluación de los dogmas
democráticos y aristocráticos. Si la igualdad d3
aptitudes es un mdo, la igualdad de d¿rechos es
un ideal realizable; y a ella vamos, cada pueblo o
cada grupo de pueblos, por caminos dijer¿ntes, pe.
ro c:n el mismo rumbo. Lo indica usted :¿n la pá"
gina 135.
Felicitación especial por loS párrafos que em133-137.
piezan en la página 121, y bravo! por las páginas
IDOLA FORI será digna introducción
a la Evolu~:dónpolítica anunciada. permítome recomendarle que nos explique claramente -con
·¿l cri.
terio que le caracterizala verdadera causa
de esa tenaz persistencia I,m Colombia de la idea
religiosa mezclada con la id::a politica. Nlo recuer.
do que se haya estudiado este punto con el int-Jrés
cientifico que merece. ¿Por qué en Venezuela no
ha suced."do lo mismo? Sin embargo, :o3l nivel intelectual de Nueva Granada fue, desde la Colo.
nia, superior al d¿ Venezuela. Acaso -aunque parezca paradojase hallará en esta m.ism.a dite~
rencia una de las causas determinantes d·Jl fenó-
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CARLOS ARTURO TORRES
me1/!o. En Venezu;;la los conservadores han hJchó
siempr.J más que los Libel a.es en mantener al clero
apartado de ia lucha puramente polít ea. Y, en resumen, la religión no entra como tlem.Jnto de la
clasificación
de partidos. Lo que usted exponga
en su Evolución po'ític.'3, s€Ttira para un 'Jstudio
comparativo. Manos a la obra.
Quisiera saber si ya están publicados los Papeles de Santander, y a qui:::n pudiera dírig:rm'¿
para obtenerlos. Grac:as anticipadas.
Créamc siempre su af .Jctísimo amigo y lector,
,
JOSE GIL FORTOUL
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IN Die
E
Pá.gs.
Prólogo ...
o"
••
7
,
Los tdolos del Foro
15
Evolución y unidad mental
25
Rotac ón de las ideas.-El 'Concepto científico ., .. , .. , .. , .. ,.
43
La rotación de las ideas.-El
tórico .,
56
O
o.'
o
.,
••
,
••
,
.,
o'
••
conc·epto his~
••••••••••
o"
Rotación de las ideas.-Concepto
Las supersticones democráticas
Las supersticiones
••
aristocráticas
po'líth;'o.
....
., ..
,
o
o
o.
o
•••
76
93
118
Corrientes nosóficas en la América Latina.
145
~orri-entes pol1ti>cas-en l,a,América Es,pafio~a
162
.lacia el futuro ., .. ,
190
A.péndices
213
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