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Septenario de la Dolorosa
Santa Iglesia Catedral de Pamplona
2º Dolor: “La persecución de Herodes y la huida a Egipto”
Javier Leoz (Delegado de Religiosidad Popular)
Pamplona 13 de marzo de 2016
2º DOLOR: LA HUIDA A EGIPTO
¡Salve, oh Virgen Dolorosa, en nuestros dolores ¡Salve!, y que Dios nos salve!
Hermandad de la Pasión del Señor y Hermanas de la Soledad de Pamplona. Miembros de
Paz y Caridad. Coral Oberena. Hermanos y amigos todos:
Septenario de la Virgen de los Dolores en este Año de la Misericordia. Miramos, a esta
imagen que embelesa los sentidos, y sentimos que –ciertamente- la misericordia de Dios es
así: grande, silenciosa, sobria, pacífica, bella. Tan larga como ese manto de terciopelo
salpicado de oro que, la ciudad de Pamplona en el en 1960, regaló a Ntra Sra de la Soledad.
Hoy, algunos, entre los bordados de este manto dejan caer otras perlas que no son
precisamente de cristal. Pero Ella, la Virgen, avanza por las calles de Pamplona, busca la
Catedral y medita todo en su corazón. ¿Para qué? Para que nosotros hoy reflexionemos con
ella.
“Levántate coge al niño y a su madre y estate en Egipto hasta que yo te avise, porque
Herodes va a buscar al niño para matarlo”. (Mt 2, 13-15)
1.¿Quién nos ha dicho que ser cristiano sea fácil? ¡Nadie! Desde que nacemos tenemos
opción a dos dioses: Satán o Dios. Dos ventanas: la fe o la incredulidad. María las tuvo pero,
por su ventana, dejó que se deslizase el ángel San Gabriel y, ante su pregunta, Ella le
respondió un “sí” sin condiciones e incondicional. No olvidemos que, la vida de María,
estuvo llena de sinsabores (en este septenario vamos a asomarnos a siete) pero nunca Ella, la
Virgen, cayó en la contradicción. Se mantuvo así, como la vemos en esta imagen histórica: al
pie de la cruz y con sus manos no agarrándose a sí mismas (como desesperadas) sino
sabiendo que, en esas mismas manos, estaba la presencia de Aquel que tanto amó: Jesús.
¿Tibieza? Ninguna. ¿Perseverancia? ¡Toda! ¿Valentía? Por supuesto
2. Vayamos al “año 0” con Herodes I el Grande. No sería tan magno cuando temía a un
pequeño. Un infante que, en los brazos de María, y orientado por José era puesto a salvo en
Egipto. ¿Era un Niño que a un “rey” le podía ofrecer la salvación y, ese “rey” prefería los
castillos efímeros a la Ciudad Eterna. No tuvo visión de futuro. Lo tenía todo pero le faltaba
lo esencial: sentido de eternidad.
-Dejemos que vuele lejos nuestro pensamiento, a la línea fronteriza detrás de la tierra de
Canaán, delante de las primeras arenas de los faraones.
Ahí la tenemos; temblorosa como una cierva perseguida, estrechando en sus brazos a quien
le corresponde los dominios de mar a mar y desde el río hasta los últimos confines de la
tierra: es María Virgen.
-El evangelio no dedica una sola línea a aquel momento dramático, pero no nos resulta difícil
imaginar a María decidida, envuelta en dolor, por haber dejado su tierra o parientes por
salvar la vida de Jesús.
¿Quién
de
los que estamos
aquí no
hemos
tenido
alguna
vez esta experiencia, ganas de escaparnos de una situación, deseos de no despertar de
un mal sueño, un trago amargo, una
dificultad, una noche oscura de
la
que
quisiéramos habernos evadido?
-¿Fue huida, lo de José y María con el Niño Egipto? La huída tiene un doble sentido:
peyorativo o preventivo. Me quedo con el segundo: no fue huida sino prevención “PARA Y
POR SALVAR A JESÚS”. Con José, confidente, amigo y fiel, – sobre ese trono- ahí tenéis
Pamplona a la Madre coraje de todos los tiempos. Herodes el Grande no pudo ni con Ella ni
con lo más grande que sus entrañas parieron: CRISTO.
2. Y ahora demos un salto, desde tiempos de Herodes del Grande “año 0” a este 2016 donde
viven y reinan los “Herodes de los nuevos tiempos”:
2.1.Los que piensan que por tocar un poco de poder son invencibles y grandes. Los que
creen que, aquellos que estamos por debajo, hemos de guardar silencio y ser más vasallos
que ciudadanos con derechos a ser respetados. Son los que, como entonces, quieren aniquilar
esperanzas inocentes.
-Ahí tenemos las navidades pasadas. Pasarán a la historia porque “algunos Herodes
instalados en los castillos de algunos ayuntamientos quieren usurpar el amor del Niño y
cambiarlo por simples fiestas de invierno”. O la Semana Santa, donde, en el mismo centro de
España, alguna que otra regidora pretende denominarla Semana de la Primavera. ¡Cuánto
bien se puede hacer sirviendo y, cuánto mal, cuando se olvida que el poder ha de ser respeto!
-Cabalgatas de Reyes que, porque son expresión católica y por lo tanto cristiana, se
convierten en parodias con un fin: encandilar a los más pequeños con gestos más propios de
payasos de circo (con toda la admiración que me merece esa profesión) que con regios
personajes venidos de Oriente, sin villancicos, magas en vez de magos y sin animales
porque, el desfile, les produce estrés o cansancio ¿Se darán cuenta que un NIÑO DIVINO
enamora y que lo excéntrico produce carcajadas?
-Herodes que callan, cuando en España mueren 100.000 niños y niñas por el aborto,
miles de refugiados que llaman a nuestras fronteras y, en cambio, echan el grito al cielo
porque muere un toro o sienten pena porque, los animales que desfilan en circos o cabalgatas
les produce ansiedad tan singular trabajo.
-¿Herodes? Hoy como entonces; siglos pretéritos con espada cruel y hoy con guante
blanco pero sin miramiento alguno. Entonces con María que sobre pollino ponía a salvo a
Cristo camino de Egipto y hoy detrás de nuestras convicciones que, sinceramente, se
sustentan poco menos que con alfileres en un cristianismo más sociológico que real. María,
entonces, bien despierta protegiendo al Niño y, en comparación, nuestra tierra católica -creo
yo- adormecida, acomplejada y confundiendo “el ser justos o buenos” con “el buenismo
tonto o atolondrado”. Quién nos iba a decir que, algún que otro “herodes” no diera
importancia a que Pamplona fuese mundialmente conocida por ser la ciudad de la mayor
blasfemia y profanación cometida en una exposición reciente. ¿Callar? “Si calláis hablarán
las piedras”.
“Persecuciones, encarcelamientos y atrocidades contra aquellos que profesan el amor a
Jesucristo, pero un mismo objetivo en todas las épocas: acabar con la presencia de Dios en
el mundo. Así fue el comienzo de la era cristiana, y así sigue siendo veintiún siglos después”
(Benedicto XVI)
-Herodes los que se asoman al balcón (incluso en la Calle Mayor de esta ciudad
amurallada) y, sintiéndose rey o reina, hiere a su pueblo como aquel Herodes de entonces.
Uno con la espada que desenvainada y, los nuevos Herodes, con la lengua que –a veces- en
medio de la noche y ante el paso de la imagen Sagrada de la Soledad en su traslado hasta la
catedral el pasado viernes, nos hirió tanto que nos produjo herida por la que brotaba sangre
desde lo más profundo de nuestra alma.
-Herodes los que en los cementerios (como en Valencia) suprimen cruces. ¿Acaso la cruz,
que es el mayor exponente de reconciliación, supone tanta amenaza a los que tanto poder
sustentan? ¿A que tienen miedo? ¿A que miremos más a la cruz que a ellos?
-Herodes los que, en Murcia –para este próximo 17 de marzo- desean que las calles estén
exentas de toda referencia cristiana en Semana Santa: vacías de contenido divino. Gracias a
DIOS las cofradías lejos de “huir hacia adelante”, ponen sus hombros bajo los tronos, los
pies en el suelo y dicen: “No renunciamos al Niño que es pasión, gloria y resurrección”. Las
calles también son nuestras.
-Herodes; los que no quieren a Dios en las aulas o confunden la procesión de San
Fermín con “desfile del día grande” en Pamplona. Como si, el día grande, fuera para
agasajar a los que nos mandan y San Fermín fuera un niño a combatir. ¿Se darán cuenta que,
San Fermín, es Patrón y –algunos con estas pretensiones- son modelo del esperpento y lo
grotesco?
-Herodes los que, no creyendo en nada más que en lo que ellos dictan, se burlan de lo
que para nosotros es vida y esperanza (como ocurrió recientemente en los carnavales). ¿Se
atreverían hacer lo mismo con una viñeta de Mahoma sobre sus hombros?
Ella, María, calla. Pero calla porque Cristo, desde la cruz, le dejó a un hijo “Juan” para que
la defendiera y protegiera. ¿No somos ese Juan tú y yo? ¿O tal vez preferimos ser el mal
ladrón: “baja de la cruz para que creamos” “apáñatelas tú Dios como puedas”. Eso no es una
huida hacia Egipto eso es, simplemente, una mortal evasiva.
3.¿Pero qué ocurre? Nos callamos. Falta gente decidida como José y como María que “sin
perder al Niño” lo coloquen en los Egiptos de hoy. Os dejo tres pistas:
-Testimonio: nadie va a defender lo que es nuestro. “Mirad que os envío como ovejas en
medio de lobos; sed astutos como serpientes y sencillos como palomas”. No puede ser que,
por sistema y otras justificaciones, nos quedemos con la candidez de la paloma y perdamos
la avidez de una serpiente.
-Comunión. La unión hace la fuerza. No podemos andar divididos ni dar sensación de “yo
soy más que tú”. Los personalismos, la cortedad de miras y la falta de obediencia o fidelidad
(ahí estuvieron Judas y Pedro) se paga con alto precio. Todos bajo un mismo estandarte y
mirando hacia la misma cruz. Al amparo de la cruz y todos, a una, arropando a la misma
Madre. Lo demás sobra todo. No es bueno y nos debilita. “Piedras los de fuera
comprensible; pedradas desde dentro, inadmisible” (Juan Pablo II)
-ESPERANZA. ¿Os habéis parado a pensar alguna vez con quién dialogó Jesús desde la
cruz? Además de con Dios que nunca le contestó, con los que esperaban algo de Él.
+Habló con Juan: “ahí tienes a tu Madre”.
+Se dirigió a su Madre: “ahí tienes a tu hijo”.
+También dialogó con el ladrón arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Desde
luego no entró en coloquio alguno con el mal ladrón, con el que le increpaba, con el que le
decía, -como en la Calle Mayor- poco menos que no era hijo de su madre. Uno, el maldito,
se murió envuelto en su odio (el tiempo pone a cada uno en su sitio) pero en cambio, su
compañero, como buen ladrón le arrancó a Cristo en el último instante de su vida el reino de
los cielos. Ya veis: una misma propuesta para dos diferentes respuestas.
¿Está hablando hoy el Señor con nosotros? ¿Tiene motivos para hablar o para callar?
¿Somos valientes o cobardes? ¿Católicos de cintura con el cinturón ajustado? ¿Cristianos
convencidos o cristianos vencidos?
Quiero terminar preguntándoos:
¿Por qué habéis venido en esta tarde a la Catedral de Pamplona? ¿Os lo digo yo? Entre
otras cosas porque no queréis que nadie ni nada (los Herodes de los nuevos tiempos) hieran
de muerte con su espada a ese Niño que todos lleváis –llevamos- dentro. Hoy, hemos hecho
el papel de San José: para defender, conservar y sentir vivo a ese NIÑO DIOS, hemos
acompañado y venido hasta este Egipto que es la Santa Iglesia Catedral. Hemos
acompañando y hemos sido acompañados por Nra Sra de la Soledad.
Que así sea.
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