compendio de la vida de josé recio r.

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COMPENDIO DE LA VIDA DE
JOSÉ RECIO R.
(I)
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“STULTORUM INFINITUS EST NUMEROS.”
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Por eso mismo, he dedicado tanto tiempo en escribir todo esto.
”El recuerdo tiene una tranquilidad que ninguna realidad
posee.”
(Kierkegaard)
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5
JOSÉ RECIO ROSA (Pepe)
RECUERDOS de mi VIDA...
a ANTONIO GALA. Gracias.
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UNIÓN FAMILIAR
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RECIO / ROSA
SÁNCHEZ / CASTAÑO
♂
♀
JOSÉ †
♂
DOLORES †
♀
ANTONIO †
ROSA †
RECIO / SÁNCHEZ
♀
♀
CARMELA †
DOLORES
♂
Sonia
16/11/2007
♀
JOSÉ
♂
PABLO
JOAQUIN
♂
JUAN
♀
♂
♀
LAURA
♂
OSCAR
♀
LIBRADA
♀
SUSANA
BEATRIZ
♂
JONÁS
♀
ELENA
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9
Memorizado y escrito por:
JOSÉ RECIO ROSA, según la Partida de Nacimiento;
NIÑO, por mi Madre;
PEPITO, por mi Madrina;
EL HIJO de LOLA, por los vecinos de la calle Peregrino;
TÍO, por mis sobrinos;
PEPE, por algunos amigos;
OYE, TÚ... por mi cónyuge;
PAPÁ, por mis hijos;
RECIO, por algunos compañeros;
24996591 F, por el DNI;
EL DEL 4º A, por unos vecinos de Ciudad 70;
29 / 00275642/38, por la antigua S. S.;
MÁLAGA, por algunos compañeros en la Marina;
28 / 01661309/81, por la S. S.;
DON JOSÉ, por el Director del Banco;
488, por la Nómina de JOTSA;
HIJOPUTA, por un taxista;
OIGA, SEÑOR... por una hermosa peatona;
CABRÓN, por otro conductor;
EL ÚLTIMO... por un señor en una cola de espera;
PENSIONISTA, por el INSERSO;
En cartas por Muy señor mío, Ciudadano, Vecino, Malagueño,
Madrileño,
Cosladeño,
Alcalaíno,
Socio,
Cooperativista,
Accionista, Cliente, Estimado señor,...
En breve... por ‘ERA UNA BUENA PERSONA’...
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“Será agradable recordar los males pasados.”
(Virgilio)
“El pasado es un cadáver que debemos enterrar.“
(Omar Jayyam)
Es principios del año 2004. Acabo de leer una
entrevista que le hicieron al buen escritor Antonio Gala,
para una revista de sicología, publicada en enero de
2003. Estaba recogiendo los periódicos y revistas ya
leídas, para echarlas al contenedor correspondiente,
eran muy atrasadas. Entre todas las revistas, había una
de mi hija, en la que vi la reseña de la entrevista y me
dispuse a leerla. Como todos sus relatos o trabajos, me
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resultó emocionante. Y, es que tiene una forma muy
peculiar, de expresar sus ideas y pensamientos; esa forma
tan sencilla de exponerlos. Opino, que es como uno
mismo lo diría; pero, vamos, ni a un metro.
En un momento de la entrevista, dice Gala, que es
muy bueno escribir los recuerdos de la propia vida. Me
ha parecido una idea excelente. Es por ello, que después
de pensar en su contenido, decido hacer caso; voy a
escribir sobre mis recuerdos, para repasar los momentos
que he vivido. Me parece mucha tarea, han pasado doce
quinquenios, pero veré hasta donde llego, o que es todo
lo que puedo recordar. Y a ello voy a dar comienzo.
Como en los cuentos infantiles se dice: “Érase una
vez...” que nació un niño en Málaga, en el mes de mayo
del año 1940, en una casa familiar, podíamos decir
acomodada; pero, a destiempo.
Sí; verás: En la Málaga fenicia, a final de la
segunda década del siglo XX, existió un matrimonio
entre José y Dolores. Pactado entre familias, con la idea
de crear una familia, esta sería la familia ‘Recio –
Rosa’. Eran muy jóvenes, ella, de unos 16 años, él pocos
años mayor. Ella, (mi madre), saludable, atractiva,
muy bonita. Él, (mi padre), en esa edad, era un apuesto
joven, atractivo, según se puede ver en las fotografías
familiares antiguas; donde no se aprecia su minusvalía:
le faltaba una mano, la derecha. La perdió, según nos
contaron, cuando era un niño. Encontraron una
bomba de mano, del tipo que los alemanes usaron en la
Primera Guerra europea, olvidada en no sé que camino
o arroyo y sin saber nadie lo que era y qué contenía ese
artefacto, él la utilizó como martillo, para construir
una plataforma patín, para Rafael, su hermano menor.
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Explosionó; y quizá por mala fabricación, o por
estar pasada de tiempo, o por la postura del cuerpo, no
le mató; pero se llevó gran parte de esa extremidad
superior derecha, y parte de su alegría juvenil. Alguna
vez, decía que la dolía la mano, la que no estaba. Casi
siempre, cuando soplaba el viento de levante.
Mi hermano, contaba, que cuando se enfadaba (su
padre), y le pagaba, alguna vez, le daba con el muñón.
Decía que el dolor que le causaba, era terrible; le temía.
Con el tiempo, tomó gran destreza en la mano
izquierda; podía, entre muchas cosas, hacer el nudo de
la corbata, o atar los zapatos, con una sola mano. O
contar y recoger en el mandil, las monedas de la caja
de cambios para el negocio. Su trabajo era de camarero
en su taberna; camarero muy hábil. Ahora que lo
pienso, mi hija es ambidiestra y de gran habilidad, ¿no
serán algunos de esos genes hereditarios? Yo, sólo heredé
su mismo nombre, su mal genio y su temperamento
aburrido.
De éste matrimonio nacieron cuatro hijos, Carmela,
Juan y Dolores (Loli) y detrás de la tercera hija, nací yo,
José, el último de la serie. Después de once años, de
haber nacido mi hermana. Por esto digo que a
destiempo. Más, estoy convencido, que ese fue mi primer
error. Yo no tenía que haber nacido ya. Posiblemente,
esta familia hubiese tenido otras formas de estar en éste
mundo. No era necesario uno más. Sí; te lo digo, porque
no he tenido más calor y amor, que el que mi madre, me
dio. Pocos han sido los momentos de repaso a mi
infancia, pero, si pude y aún puedo notar claramente, el
desdén, la frialdad con que fui tratado. Sí, por todos los
familiares, que tenía, en aquellos años, mi padre. Quizá
por todo esto, siempre me he sentido bastante separado
del resto de los familiares. Y de que yo tenga todavía la
sensación de ser el ‘Patito Feo’ de la familia Recio.
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Todo marchaba bien y en armonía, en aquella
vivienda familiar, los niños en la escuela, el padre en su
trabajo y mi madre con las labores de casa, ayudada a
tiempo parcial por una sirvienta de mi abuela materna.
El nombre de ésta mujer, la sirvienta, es sinónimo al del
continente que hay al sur de la Península Ibérica... (sí,
ese, exactamente); pero debió llamarse ‘Cizaña’, (eso es,
cómo la mala hierba)
Mis hermanos le llamaban “Tata”, (¡Vaya por Dios!)
Y, digo esto, por mis sensaciones, ya que los comentarios
familiares fueron escasos y partidistas. Mi madre, por su
parte, me informó de lo esencial sobre mi familia, de los
actos y acontecimientos ocurridos, quitándole todo los
datos penosos, haciéndolo todo sencillo y suave. Para
mí, esa mujer, la Tata, fue la principal causante de la
separación matrimonial de mis padres, cuando yo tenía
sólo cuatro años...
¿Qué no? Entonces, ¿Cómo es que después de la
separación del matrimonio, convivió con mi padre, y
que ha suplantado en todo a mi madre?
No obstante, mi madre siempre me forzaba a no
perder contacto con todos los familiares y así, a que
tanto yo, como ellos, tener que reconocernos como
miembros de esa familia, ya separada. Es ahora, cuando
mi madre ya no está viva, para indicarme las visitas,
cuando yo no hago por estar unido a ellos; no me siento
a gusto. A quien si siento afecto, es a mi hermana, Loli,
la nacida delante de mí, la que vive en Madrid.
Mi hermano Juan, fue un fiel aliado de su padre,
tomando parte favorable con él. Siempre culpó a mi
madre, de todo lo que pudo acontecer para que la
separación matrimonial llegase a termino. Jamás le he
oído decir algo en contra de su padre, ni de la gran
rigidez, o el mal trato y poco amor, con qué trató a su
mujer, mi madre, que también, es la suya. Como hijo, él
también, tuvo motivos injustificables, de conducta.
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Comprendo que mis hermanos no lo pasaron bien, con
esta separación. Ellos tenían 23, 19 y 15 años. Cómo
siempre ocurre en estos casos, son los hijos los que más
sufren. Pero, una madre, siempre atrae. No lo digo por
mí, es comentario general.
Pero, fue mi madre la que recibió todo el rencor,
mal trato y abandono total. He sido testigo de los
reproches y malos modos, crueles en fin, con los que éste
hijo, en algunas ocasiones trató a mi madre, como digo,
también la suya. Del llanto amargo, a solas, con el que
ella pasó muchos ratos. Yo, cómo niño, y aún de joven,
no supe ni pude hacer que esos malos momentos no
existieran. Pasados los años, mi madre ha recibido el
reconocimiento, por algunos familiares, que aún
estaban con vida y yo la he visto, gozar de la
satisfacción, tardía tal vez, pero, de saber que ella no
era la única gran culpable, de los motivos y causas de la
separación familiar. El resto de los familiares, se fueron
con el rencor en el alma. Algunos, a sabiendas, que ellos
eran tan culpables, como otros cualquiera, que intrigó
en éste tan desdichado asunto. Pero, vamos, que los
muertos descansen en paz,... y amen.
De lo que mi madre me contaba, sé que mi abuela
paterna, ‘Mama Carmen’, como la llamaban, era viuda.
También que era analfabeta, no sabía escribir, pero, que
curiosamente, regentaba una tienda de comestibles de
su propiedad. Los apuntes de las cuentas de los clientes
que dejaban a deber sus compras, mi abuela, los tenía
en una libreta, con signos que solo ella conocía, y que de
forma eficiente manejaba. Era, también por cierto, una
señora, seria y enérgica. En pocos momentos recuerdo
haber estado junto a ella. Tampoco recuerdo sobre su
muerte.
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La tienda de mi abuela estaba en un edificio, en
una plaza de un barrio malagueño muy típico, el
Perchel. Barrio donde yo nací, donde viví más de
veinticinco años, donde me casé. Si conoces éste barrio
antiguo,
destrozado
por
la
urbanística
y
la
especulación, la plaza era la de Mameli. Ya no existe,
pero, aún se puede ver parte de ella y de esa finca, en
unos viejos grabados en algunos libros dedicados a los
temas de calles de Málaga antigua. La plaza, no era
una plaza como puede entenderse, la distribución o
forma de plaza, ni redonda, ni cuadrada, era irregular
de límites. Era en realidad un ensanche de las mismas
calles a las que conectaba, hacia el este y hacia el oeste.
En la parte sur de esta plaza, estaba el edificio con la
tienda de mi abuela, que hacía esquina a un callejón,
por el que se iba a la calle Ancha del Carmen, pasando
por delante del cine Rialto. Al oeste, la taberna de mi
padre, que hacía esquina con la terminación de
Callejones del Perchel. En la parte norte, haciendo
esquina con Callejones, había una calle, que no
recuerdo su nombre y hacia la derecha estaba la
entrada de la casa donde vivía uno de mis tíos (Juan),
con su familia. Hacia el este, corría otra calle, que
tampoco recuerdo su nombre. Sobre toda esta parte del
barrio, ahora ya desaparecido, actualmente está el
principio de la avenida de Andalucía, con sus grandes
edificios y amplias calles.
Desde la trastienda, de mi abuela, se salía al portal
del edificio. La construcción del edificio era caprichosa,
mas bien rara. Por el callejón lateral, se entraba al
portal que te digo; pero, era una puerta estrecha, seguía
un pasillo al ancho de la puerta, pero no recto, por
donde se llegaba a un corredor transversal, y a la
derecha, estaba la entrada al patio vecinal, que era
rectangular. En el que, y a la derecha, estaban los
lavaderos de ropa, eran los llamados lebrillos, montados
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sobre una gran peana y con una techumbre. A la
izquierda, estaban unos habitáculos como para
trasteros. Le seguía otro, utilizado como retrete. Me
parecía estar viendo los retretes o letrinas, que usaban
los romanos; formado por un poyete, de medio metro de
altura, y en el centro una taza circular de cerámica,
encastrada al ras, de esa encimera. Para la limpieza,
teníamos que echar agua con un cubo. Las veces que yo
lo utilicé, me dio la sensación de estar como las gallinas
en una percha de su gallinero.
Como te decía, desde el corredor de la entrada y
hacia la izquierda, estaba la entrada a la trastienda y
aquí, la derecha, se entraba un recinto cuadrado, o
zaguán, donde comenzaba la escalera, amplia, para los
pisos superiores. Comenzaba con un tramo corto y
ancho, y seguía un descansillo, a todo el ancho del
habitáculo. Desde aquí, se podía ver el techo muy alto y
se podía comprobar la diferencia de alturas de los pisos.
La planta baja, era mucho más alta que el piso superior.
Durante el día, en éste lugar, había claridad, que
entraba por un gran ventanal, sobre el descansillo.
Girando a la izquierda, se comenzaba el tramo largo de
escalera, que conectaba con una arcada y a la
izquierda, había otra arcada idéntica, pero con
barandilla metálica. Al terminar la escalera, esta
desembarcaba en un amplio distribuidor. A la derecha
estaba la entrada al piso apartamento de mi abuela,
era el más amplio de todos. Yo estuve pocas veces en él,
pero lo recuerdo algo sombrío, a pesar de tener balcones
a la plaza. Con la espalda contra la puerta del piso de
mi abuela, se podía ver a la derecha, las entradas a dos
apartamentos y la embocadura a un pasillo estrecho. En
el primer apartamento, vivía una señora de pelo canoso,
muy ágil, puesto que siempre estaba atenta a cualquier
persona que entrase o saliese. De frente, un balcón, que
daba al patio y desde donde se podía ver otros dos
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balcones, uno a la derecha, donde estaba el pasillo
estrecho, por donde se accedía a las entradas de otros
apartamentos y el otro balcón, al frente, por el que se
veía otro balcón y entre ellos, un pasillo. Se podía
comprobar que constituían como una pasarela, entre el
pasillo estrecho y el apartamento donde vivió y murió mi
padre. A la izquierda, estaba la entrada al
apartamento de mi hermana Carmela y las arcadas de
la escalera de entrada; por donde se podía ver el
ventanal que daba luz a la escalera y vista al solar
colindante.
Éste solar, se utilizaba como almacén de carbón y
donde, además, se fabricaban, con polvo de carbón
mineral, unas bolas ovoides, que se utilizaban para las
calderas de calefacción. Desde unas de las ventanas, en
el apartamento de mi hermana, yo me pasaba largos
ratos viendo como se manejaban las extrañas máquinas
y como se ponían a secar al sol las bolas recién hechas.
Además, la vista era amplia sobre los tajados de las
casas del barrio y parte de los edificios de la zona
central de la ciudad.
Los que conocieron familiarmente, a mi padre, lo
hicieron por el mote de “Moreno”. De él recuerdo su pelo
crespo con amplias entradas y para mí, su mirada,
inquisidora, de aspecto bastante serio, más bien huraño.
Pocos momentos estuve junto a mi padre, después de la
separación matrimonial. En mi primera comunión, que
mi madre me hizo llegar a donde él trabajaba y servía,
otra taberna en otro barrio popular “El Bulto”. Me
recibió, no con mucho calor, me dio un beso y tres
monedas: una peseta y dos de veinticinco céntimos
(Reales) Quise darle una de las estampas que se dan
como recuerdo, pero, no la quiso aceptar, diciéndome
que podía servir para otra persona. Y otra vez y última,
cuando me hicieron estar presente ante él, el día de su
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muerte. Yo tenía diecisiete años. Ese día, si lo recuerdo
bien, por que cuando yo entré en la habitación
dormitorio, a su lado estaba el primo Juan (su
favorito), pero no fue a él, al último que miró, en sus
momentos finales, sino al “Patito Feo”, a mí. Le
preguntó, en baja voz (como hablan las personas en los
últimos momentos de sus vidas), a Juan, mi primo, por
quien era yo, y cuando el primo, le dijo:
--- “Es tu hijo; el Pepe.”
Me miró, y esta vez era dulce su mirada. Tal vez por
que sabía que se moría y comprendía todo el desamor
que nos separaba, o como se dice, el tiempo amansa...
Que sé yo. Su mirada hacia mí, fue aún más extraña,
mantenida y aún más seria, en sus últimos instantes.
Quizá, ¿arrepentimiento? ¿Solicitud de disculpas?...
También; que sé yo. Con él acabó el cáncer de próstata.
Meses antes, mi hermano, nos enseñaba, con las
radiografías que le iban haciendo a su padre (siempre
hablaba de ‘su padre’, sin entender que también era ‘mi
padre’), de como progresaba el deterioro de sus órganos
del sistema urinario. También decía de como se le
cuidaba y de su alimentación.
Mis más lejanos recuerdos, se dispersan en una
infancia difusa. Si creo verme con un traje de marinero,
sandalias y calcetines blancos, tripita abultada (como
ahora), paseando por el parque de la mano de mi
madre. Un llanto desesperado, por haber metido el dedo
índice de la mano derecha, a través de la reja, en un
estanque para los patos y que uno de ellos me había
mordido. Pocos momentos de llantos recuerdo. Mi madre
me tubo que dar una niñez sin sobresaltos o tal vez la
educación tan filosófica, en la que me envolvió. Me
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inculcó, en las creencias de que el cerebro humano está
estructurado de tal forma, que le es muy fácil olvidar los
momentos penosos y a no tener recelo a la muerte. Decía:
--- “...Aquí no nos vamos a quedar aquí, en la Tierra,
cómo para semilla de rábanos, que todos hemos de
desaparecer de forma continua y normal. Que aferrarse
a esta vida, egoístamente, era cosa inútil.”
Como dijo George Steiner:
--- “Todos somos huéspedes de la vida.”
Me enseñó el respeto a los demás y si se hacía mal a
alguien, tendría que ser por error o fuerza mayor. Pero,
también me decía:
--- “Si alguien te hace daño, malvadamente, no pares a
pensarlo. Atízale, tú también; pero nunca tomes la
iniciativa”.
La palabra perdón, quizá fue la que más me
demostró que utilizaba. Sólo recuerdo que me pegó una
sola vez, pero, tengo que reconocer, que tenía motivos.
Fue porque no acudí un día a la escuela, convencido por
un mal amigo. Una compañera de ella, me vio
vagabundear
alegremente
y
se
lo
comentó.
Rápidamente, pidió permiso, en su trabajo. Me buscó y
me encontró. Con la zapatilla en la mano, fue a darme
en el trasero, pero al querer esquivarla, el golpe fue a
parar sobre el omoplato. Me trasladó a casa y me
encerró en mi cuarto. Luego, mientras yo dormía, me vio
la señal que la zapatilla me había dejado,... y la oí
llorar.
Con la separación de la familia, mi madre, quedó
en el piso de alquiler, donde el matrimonio convivía; y
sola, con un hijo, era un lindo bebé, el último, yo mismo.
Creo que fui el que menos sufrió en esos malos años. Que
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por cierto, era posguerra; eran los llamados “años del
hambre”. Yo, no puedo saber, ciertamente, como lo
pasaron mis hermanos; pero por sus cortos relatos, me
hago la idea de como estarían, no de forma envidiable.
Mi hermana Dolores (Loli), la que nació once años
antes que yo, fue enviada a Madrid, a casa de unos tíos
paternos, que estaban en mejor situación económica,
que el resto de la familia, en aquellos años. Y se hizo
mujer lejos de sus padres. No regresó a ser residente en
Málaga. Se adaptó a la vida en la capital y puede
decirse, que es una madrileña más. Sólo los recuerdo, lo
que llamamos morriña, y el deseo de contactar con
algunos familiares queridos, le hace hablar sobre el
tema y añorar algo aquellas tierras.
En Madrid se casó, con un buen hombre:
Bernardino. Persona querida y respetado. Se le puede
tomar como ejemplo de responsabilidad y buen
trabajador y mejor padre. Han tenido dos hijos; la
parejita, que se dice. La hija mayor, Ana María, de
pensamientos libertarios, a mi entender; con la cara
muy parecida a la de su madre cuando era joven.
Bueno, son tres iguales, porque la nieta también es de
aspecto idéntico.
Se casó con un “sudaca”, Richard. También, algo
libertario; feo, sí; pero muy buena persona, simpático,
gran trabajador y mejor conversador. De trato muy
agradable. Tienen dos hijos, la parejita: Sandra y Diego.
Ahora, en éste año, tienen 12 y 9 años. Se dedican,
principalmente, a trabajos de artesanías y a su venta en
mercadillos. Él, como trabajo principal, es transportista
en largas rutas y también cortas. Actualmente, viven en
Chapinería (Madrid)
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Ricardo, hermano menor de Ana María, es
psicólogo y tiene un buen empleo. No se ha casado
oficialmente. No es de pensamientos libertarios, como su
hermana, pero está unido sentimentalmente con Nieves.
Forman una pareja, muy pareja y dan una sensación de
buen entendimiento, quizá mejor que otros matrimonios
oficiales. Tienen dos hijas, Andrea y Lucía, dos chicas
muy vivaces y con una clara inteligencia, que su padre
les hace que la usen en buena forma; ahora con 13 y 11
años. Actualmente, viven en Alcorcón (Madrid)
Mi hermano, Juan, el segundo de la tanda, por ser
el varón y ya mayor de edad, cuando la separación
familiar, es el que peor suerte pasó, en su juventud. Se
independizó, forzosamente. Se casó muy joven. Pero éste
matrimonio, no duró mucho tiempo y terminó de mala
forma, con separación desagradable, por infidelidad de
su esposa. Los detalles de este asunto, para mí resultan
oscuros y no muy fiables de narrar. Tampoco he querido
indagar en preguntas indiscretas; siempre consideré
algo ajeno e inconveniente. Luego conoció a otra mujer,
Isabel, casada, separada y con un hijo, Francisco
(Paquito) Formaron pareja estable. Hay que retraerse a
los años que comento, porque, estas uniones no estaban
bien vistas por el vecindario y por las malas cotillas.
Años más tarde, ya si pudieron realizar un matrimonio
civil. Juan, mi hermano, al ser camarero, y muy activo,
también debido a su peso, tuvo que jubilarse
tempranamente, médicamente, por agotamiento.
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Tuvieron un hijo, Juan (Juani) Éste se crió muy
gordo; demasiado. Tal vez, por las comidas que su
madre hacía. Buena cocinera, por cierto. O tal vez, por
los genes de su padre, que también se criaba con gran
número de kilos, en sus carnes. No fue nunca buen
estudiante. Le gustaba la buena vida, que su padre se
permitía consentirle y regalarle. Ya de mayor, se
trasladó a Sevilla, al amparo de su hermano Paquito. Se
ha casado dos veces. Con el primer matrimonio, tuvo
cuatrillizos y con el segundo matrimonio (su mujer es de
religión mahometana); por ahora tienen una hija.
Paquito, el hermano mayor, ha destacado siempre,
por su facilidad para los trabajos dedicados al cuidado
corporal. De muy joven, trabajaba en una tienda de
perfumerías y cosmética. Hizo estudios apropiados y
entró en todos los cursillos que tenía a la vista, para
tomar prácticas y disponer de los conocimientos, para
entre otras cosas, hacerse acupuntor. Ha montado
clínicas en Sevilla, Madrid y Alhaurin el Grande. Se casó
con la hija menor del primo Juan (el favorito, por mi
padre) Han tenido tres hijos, y ya son abuelos. Se han
rodeado de una vida bastante holgada; de familias
muy conocidas, acomodadas altas. Con grandes
conocimientos de personas influyentes, gran número de
amistades y clientela, para sus clínicas.
Mi hermana Carmela, la mayor de todos, ya muerta
(llegó a jubilarse), tampoco tuvo una juventud muy
envidiable. Siempre fue muy gruesa. Se casó también
muy joven, con Joaquín. En las fotos de su boda, se la
puede ver, con un traje de boda no tradicional. Joaquín
era panadero, por eso tenía el horario cambiado con los
hijos. Cuando dormía, después del trabajo, los niños
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tenían que permanecer en silencio o salir fuera del piso.
Tenía mal genio, cuando le despertaban. Carmela,
sufrió con sus modos; ella era algo apocada, pero de
genio alegre y dicharachero; le gustaba de contar
chistes, y aparentar que todo iba bien. Nunca la vi triste.
A él, mi cuñado, le gustaba bastante los ambientes de
las tabernas y bares. Era dado al convite entre amigotes.
No perdieron mucho el tiempo, porque tuvo una larga
descendencia: sólo nueve hijos.
Es de comprender que hablar de todos ellos, sería
largo de realizar, pero he de reconocer, que no tengo
estrecho contacto con mis sobrinos. Bueno, sí, con Pepe,
el mayor de los varones, alguna que otra vez, por
teléfono, o cuando hemos ido de visitas, a Málaga. Sí te
puedo decir los nombres de todos: María Dolores (Mari
Loli), José (Pepe), Carmina (fallecida), Luis, Antonia
(Toñi), Jorge, Juan Antonio, María Ángeles y Joaquín
(Quino) Todos casados, con hijos, nietos, separaciones...
Mi sobrino Pepe, se casó con María. Viven en
Málaga, cerca de la calle Unión. Han tenido dos hijas,
Cristina y Pilar. Cristina, se acaba de casar. Ahora (año
2005), me dicen que se han mudado a una casa nueva,
en Alhaurin de la Torre (MA). Cuando niño, era un
gran llorón, no quería que me acercase a su cuna,
cuando visitaba a mi hermana, parecía que yo era el
Coco.
Carmela, su marido y los hijos, vivían, al principio
de su matrimonio, en el edificio, donde la tienda de mi
abuela, en el apartamento más alto, el de la habitación
clausurada, hasta que pudieron ir al barrio de
Carranque. La vivienda, no estaba nunca adecentada,
ni la antigua ni la nueva. Mi hermana, en cuanto al
aseo y el orden, nunca fue modelo. Se puede ser pobre,
pero la presencia de las habitaciones se puede tener en
orden de revista y limpieza. Nunca fue así. En su favor,
sólo puede haber, que al ser hija de matrimonio
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separado, y siendo ella muy joven, tubo una insuficiente
enseñanza. Pero su marido, nunca ayudó en nada.
Mis hermanos Carmela y Juan, siempre han vivido
en Málaga. Consiguieron unas viviendas protegidas, de
las que el gobierno de Franco, se bañaban en olor de
multitudes. A Juan, le concedieron un pequeño piso, pero
cómodo y a Carmela, le concedieron una vivienda
adosada, tipo chalet, por ser familia numerosa. En
principio, esa casa, me causaba cierta envidia; pero, con
el tiempo y el mal uso que mi hermana y su familia le
dio, no era nada envidiable, sólo que a veces, decíamos:
“Si yo tuviese esa casa”... Aunque las hijas crecieron, esa
vivienda, jamás tubo el aspecto agradable, para estar
cómoda una visita. Siempre reinó el desorden y el escaso
aseo, de muebles, piso, paredes y ajuar. Convivían
personas y perros, al mismo tiempo y lugar.
Mi vida con mi madre, transcurrió, no mísera, pero
sí, con las restricciones económicas, que tiene que
soportar una mujer sola, sin recursos y en los años de
posguerra. Pero le explotó el coraje de una brava mujer
española y prometió a sí misma que, ni ella, y mucho
menos, para entonces, su único hijo, no pasaríamos falta
de las necesidades básicas; y también, otorgarse algún
capricho oportuno.
Es algo como el tema, que luego se pudo ver en la
película “Lo Que El Viento Se Llevó” Se puso a trabajar
como camarera de comedor, en un céntrico hotel, Hotel
Royal, en la Avenida del Generalísimo (hoy Avenida
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Principal) de Málaga. Que por opinión y disposición de
algún inquisidor del Régimen, hubo de ser manipulado
el letrero y dejarlo en ‘Hotel Roya’. ¡Espléndido! ¿Verdad?
Lamentable, pero al orden del día de aquellos días...
Aquí estuvo trabajando, hasta pasados algunos años,
como 25 años; las dueñas del negocio, lo vendieron y se
trasladó a otro hotel a trabajar, hasta su jubilación. El
motivo de la venta, fue principalmente, porque las dos
hermanas y dueñas del hotel, ya eran muy mayores.
Con su sueldo y con las propinas que conseguía,
tenía para el alquiler del piso, para ropa, tanto de uso
personal, como para el ajuar de casa, para los gastos
extras, que yo, como niño, ocasionaba y para poco más.
Tuvo la idea (no sé sí acertada; ya veremos), de
realquilar parte del piso, a otra familia más apurada, si
es posible la comparación. Les cedió, en principio, una
habitación. Pero, en la práctica, resultó ser casi todo el
piso. Sí; es que mi madre trabajaba todo el día y yo tenía
que ir a la escuela. Entonces, la casa quedaba a su
entera disposición. Como ellos sólo tenían dos camas y
una cómoda enorme, hacían uso de todos los muebles
propiedad de mi madre. Esta familia de realquilados,
los Rando, se componía de un matrimonio, Paco y Ana;
tres hijos, (dos varones y la mayor, hembra), María,
Nicolás y Antonio. Luego, apareció la madre de Ana; en
total eran seis personas. Todos dormían en una
habitación, la más oscura y trasera. Mi madre y yo,
dormíamos en la habitación exterior. Años mas tarde,
aumentaron los miembros de esta familia.
La vivienda era un piso bajo, a ras de la calle
Peregrino, en el barrio del Perchel. Con una entrada
desde el portal comunitario, para los otros dos pisos
27
superiores. Tenía otra entrada, a doble hoja, con
postigos para sombra, con cristales, en la parte superior,
y una barra de cierre metálica, con acceso desde la
calle, directamente a la habitación utilizada como
segundo dormitorio y sala de estar, (en principio, esta
puerta nunca se abría) Contiguo y a la izquierda, a
esta habitación, estaba el dormitorio, donde dormíamos
mi madre y yo, la misma en la que yo nací. Tenía
ventana a la calle con reja y cierre de madera con
cristales, con un poyete de algo más de un metro de
altura. Desde la primera habitación, seguía otra,
mayor, donde estaba la entrada desde el portal, usada,
en principio, como comedor. No era una habitación
totalmente cuadrada; junto a la puerta de entrada, a
la derecha, se formaba una pared angulada,
construida para formar el pasillo de entrada al patio,
cuya entrada estaba en el segundo portal y junto a la
puerta de entrada al piso. Sobre las dos paredes
angulares, a la altura final, se habían colocado dos
ventanas, con rejas en los bastidores y postigos
acristalados, con cierre manual; las dos ventanas eran
de distintas medidas. La habitación comedor, se unía
con un corto pasillo a la cocina, pequeña, con fogón
doble, y pila con agua corriente; todo bajo una
campana traga humos al ancho de la cocina. A la
izquierda había una gran ventana, con reja de hierro,
que deba al patio. El cierre de esta ventana, se tenía que
hacer a través de la reja, y se abría hacia el patio. A la
derecha de la cocina, estaba la habitación de los
realquilados; sin ventana de ventilación, sin puerta de
cierre y con unas medidas aproximadas de tres por tres
metros.
En el patio, estaba el retrete y las pilas de lavado de
ropas. La entrada a este patio, teníamos que hacerlo
saliendo al portal, y luego abrir la puerta de acceso,
para poder utilizar el retrete, o lavar la ropa. Desde el
28
patio, con unas medidas aproximadas de tres por cuatro
metros, de forma irregular, porque en uno de sus
ángulos, se adentraba el muro del patio de la casa
vecina. Desde aquí se podía ver las ventanas de los pisos
superiores y de las casas colindantes y de las escaleras a
los pisos altos. No era un piso luminoso. La luz exterior
solo entraba en las dos habitaciones exteriores, y pocas
horas, por las mañanas. Desde el patio, tan solo, en
verano, y pocos días, un rayo de luz, se dejaba ver en la
cocina. En todos los restantes días, nada más era
claridad, claro está, en los días despejados. Pero, en
Málaga, son muchos los días con sol. Con el tiempo, el
piso, se hizo húmedo y creo que más lóbrego. Las ropas y
los muebles tenían un cierto olor, característico. Debido
a que en la casa contigua, de un número de orden
menor, se produjeron unas fugas de agua, que hicieron
calar la humedad a nuestra casa.
Las casas no tenían las técnicas de construcción
para evitar que las humedades del terreno, apareciesen
por los muros. Aún más, que con las reformas de las
calles del barrio y derribos de edificios para las nuevas
avenidas, en periodos de lluvias, fueron frecuentes las
inundaciones en todo el barrio. Por último, ya el agua
de las inundaciones, llegó a entrar en éste piso.
Esta
familia,
los
realquilados,
los
Rando,
permaneció conviviendo, en éste piso del barrio
malagueño del Perchel, durante muchos años; tantos,
que daría tiempo, a que hiciésemos el servicio militar,
tanto sus hijos como yo mismo, y algún año más. La
convivencia con esta familia, resultó ser una solución,
en partes, para mi madre. Los ratos que yo estaba en
casa, podía estar cuidado por ellos, como un hijo más.
29
Yo tenía la misma edad que el tercer hijo, Antonio, con
la diferencia de unos meses. Compartíamos juegos, los
mismos amigos, los secretos infantiles, los lapiceros,...
Por cierto, ¿has comprobado que si con un
sacapuntas, afilas un lápiz de madera y lo hueles, la
memoria se activa y te puedes transportar a momentos
de la infancia? Compruébalo. Cuando alguna vez lo
hago, primeramente, es como si estuviese en el aula de
una escuela de párvulos, a la que mi madre me hacía
acudir, por semanas; las que podía pagar, otras veces,
no acudía, por falta de pago. Esto me dio un mal
comienzo en la enseñanza. No he sido buen estudiante,
pero tampoco he tenido facilidades, ni buenas ayudas.
De mayor, he sido autodidacta, pero, no muy amplio.
Doña Paquita, la profesora – directora y dueña de
esa escuela academia, era joven y olía bien. Lo sé,
porque cuando se ponía detrás de mí, a dirigirme, con
su mano sobre la mía, el recorrido en la libreta de
caligrafía, notaba su aroma a limpio, como se dice
ahora en algunos anuncios, a Jabón de Marsella. Mi
madre tenía otro olor, más agradable, más cálido.
Si cierro los ojos, en esos momentos, puedo ver los
pupitres de madera oscura, ensamblados con capacidad
para dos niños; con los asientos abatibles; la mesa
inclinada, con bisagras, para poder levantar el tablero
y meter en el interior la cartera, las libretas, el estuche
portalápices articulado. Los tinteros de porcelana. Los
mapas de España, de hule, en las paredes. Tenía
balcones por donde se podía ver la plaza de San Pedro y
la entrada a la calle Del Arco. Como en todos estos
centros, no podía faltar el crucifijo, presidiendo las
estancias o aulas, flanqueado por las fotografías, de
Franco y de José Antonio Primo de Ribera, para
indicarnos que estábamos de nuevo en la ‘España
Católica, Apostólica y Romana’, por ende, ‘Una Grande y
30
Libre y de las J.O.N.S.’ (Ya estábamos en el ‘6º Año
Triunfal’)
Lo digo, ahora, pero en esos años yo no sabía de qué
iba el asunto. Notaba el cuchicheo. En aquellos años, los
cuchicheos que los niños notábamos, eran dos: Uno,
cuando los mayores hablaban de sexo, o la sexualidad
murmurada. Y dos, cuando se hablaba sobre el Régimen
franquista. Éste segundo cuchicheo, tenía un tono más
intimo, como con sordina. El primero, siempre era en
forma reservada; siempre era tabú. Con el segundo, se
percibía como temor, como cuando hacíamos alguna
travesura... Y nuestra audición terminaba con:
--- “Niño; que estamos hablando.”
Esta generación, a la que yo pertenezco, no ha
tenido enseñanza sexual clara. Los cuerpos nos lo hemos
descubierto a solas, o en compañía de los amigos, con
comentarios, quizá, obscenos y siempre exagerados o
incorrectos. Todo éste tema era artículo reservado. Por
ejemplo, la prostitución principalmente, la que se ejercía
en la calle, estaba prohibida severamente, con carreras
policiales y detenciones escandalosas. No en éste barrio,
porque eran sus habitantes gente trabajadora.
Las calles principales, de éste barrio, parecían
grandes almacenes, con sus comercios varios, las viejas
tiendas de comestibles y ultramarinos, los bares, las
tabernas, los balcones y ventanas con macetas y flores,
todo con olores frescos y agradables. Un placer de
barrio... Ya, no.
Mi madre, consiguió con recomendaciones de
amistades y conocidos de conocidos, que me admitiesen
en una escuela gratuita: Escuela del AVE MARÍA. Buena
escuela. Su director, un cura muy severo; hacía que la
31
disciplina fuese un ejercicio continuado. Nunca
consideré la rigidez de éste sistema, hasta que cierto
día, durante uno de los recreos entre clases, yo era el
portero en un partido de fútbol. Estaba tan embebido en
mi cometido, que en un momento que me hacían un
disparo a puerta, no oí la campana que daba fin al
recreo.
Cuando se hacía sonar esa campana, instalada a
un lado del patio, en la galería, todos los alumnos, sin
excepción, teníamos que permanecer quietos, como
estatuas, hasta que se oía el segundo toque de campana
y entonces, y siempre, con buen orden, nos dirigíamos a
los lugares prefijados, para formar las secciones, por filas
ordenadas de cada clase. Yo fui el único alumno que se
movió en ese momento y día, al correr hacia la pelota:
¡Falta grave!.
Pasé, sin verlo, justo por delante del
‘padre director’. Cómo si de un resorte se tratase, el
brazo, juntamente con la mano derecha abierta, de ese
buen cura, fue a dar violentamente en mi nuca; que a
propósito, estaba a la altura conveniente, pues, mi
postura era inclinada, con los brazos adelantados. Por
la velocidad de mi movimiento, por la aceleración
impelida por la mano del director, por la velocidad de
la pelota y su dirección contraria a la mía, el encuentro
entre la pelota y yo, nunca se produjo. Pero, si aterricé,
deslizándome sobre mi tripa, hasta parar varios metros
más adelante. No me hice daño alguno, sólo sobre mi
propia estima, por las risas de todos mis compañeros. La
sorpresa fue grande, para mí y para el ‘cura director’.
Luego de ayudar a levantarme, me reprendió
seriamente; seguidamente, me pidió perdón, diciendo
que podría haberme hecho mucho daño.
Tengo mas anécdotas con miembros del clero; entre
todas, me han capacitado para tener cierta aversión a
los curas, las religiones... Bueno vale. Una de estas
anécdotas, tiene cierta moraleja: Mi madre, con su
32
afán, para que yo tuviese mejor calidad de vida, se hizo
con una de las recomendaciones que siempre estaba
buscando. Quería que entrase en el Seminario
Diocesano de Málaga.
En efecto, con su recomendación escrita y su hijo de
la mano, nos dirigimos a éste centro, cerca y a la vista
del Castillo de Gibralfaro. Nos recibió el secretario del
prior. En uno de los momentos de la entrevista, le
preguntó a mi madre, si podía aportar la cantidad de
¡48.000 pesetas!, cómo dote. Era, para poder ingresar
como alumno seminarista. Imagínate esa cantidad, era
tanto como el sueldo de mi madre, en más de tres años
completos. Claro, ella dijo que no. Éste cura – secretario,
no se inmutó con la negativa, y procedió a hacerme un
examen
verbal
de
cultura
general.
Como
en
matemáticas estaba bastante flojo, él nos despidió,
citándonos para el mes de septiembre, para que “me
hiciese mas fuerte en matemáticas”. Con la indicación
sobre la necesidad de hacer efectiva “la dote”, o un aval,
o un ‘padrino’. O sea, ‘res de res’.
En la Escuela del AVE MARÍA, ocurrió otra
anécdota, esta fue más simpática. Yo tenía 7 años. Nos
iba a visitar el señor obispo. El que luego sería Cardenal
Herrera Oria; que no sé su número de orden, como
obispo de Málaga, desde el Concilio de Illiberis. En la
clase en que yo estaba, por edad, no por conocimientos,
era la de don Antonio, un maestro de edad avanzada,
delgado, nervioso, calvo, sin dientes. Había hecho
fabricar unas placas de madera, cuadradas de 10 x 10
cm, en las que cada una de ellas, tenía escrita una
letra, mayúsculas, minúsculas y números. El profesor nos
decía una palabra o cantidad, el alumno que levantase
la mano, era el que procedía, por el debido orden, a
colocar las piezas, de forma que fuese visible por todos y
poder leer esa palabra o cantidad. Yo era el más
despabilado en esas maniobras. Entonces, el pobre don
33
Antonio, decidió que cuando el señor obispo de acercase
a nuestra clase, el profesor, solicitaría un voluntario,
que, claro sería yo. En esto quedamos todos de acuerdo.
Cuando llegó el momento de la visita, todos los
alumnos estábamos sentados en unos bancos, haciendo
un corro. Apareció el obispo y su séquito, la dirección de
la escuela y parte de los profesores que ya habían sido
visitados, mi profesor, muy atento y contento, les explicó
su sistema, seguidamente, pidió un ‘voluntario’. Mi
mano se levantó rápidamente, me indicó que me
acercase al grupo y me presentó como uno de los alumno
mas aventajado. Entonces, invitó al obispo a que me
dijera una palabra, para que yo la ‘escribiera’ con las
piezas, amontonadas con cierto desorden. El señor
obispo, con voz dulce dijo:
--- “Escribe la palabra, MAÑANA.”
Inmediatamente, me dirigí al montón de piezas y
con las seleccionadas, procedí a colocarlas y éste fue el
orden en que quedaron ordenadas:
--- ¡‘M A N A N A’!
El obispo, sin alterarse y con voz pausada, solo dijo:
--- “Muy bien. Son los nervios. Don Antonio, hay que
continuar insistiendo con el sistema. Muchas gracias.
Adiós.”
Cuando desaparecieron de nuestra visita, todo el
grupo de visitantes (algunos llevaban una sonrisa en el
rostro), el profesor decía en alta voz:
--- “¡Maldito demonio ladrón!
¡¿Cómo has podido hacerme esto?!”
Desde aquel día, jamás me senté en los bancos de
adelante.
34
La escuela del Ave María estaba en el barrio de
Trinidad, en el pasillo de Natera, ahora es Avda.
Fátima, junto al río Guadalmedina (poco agua para
tener nombre redoblado) Daba el aspecto de ser una
casa vecinal. La fachada era corta. De entrada estaba
la portería, con portero físico. Seguía un pasillo, con
puertas de oficinas, a ambos lados, que desembocaba en
un zaguán a cielo abierto. En esta zona había una
planta alta, a la que nunca accedí. Seguía otro pasillo
igual, pero más largo, que terminaba en un amplio
salón, en el que había, a la izquierda, un piano de cola
y sillas. De frente, una puerta de dos hojas con cristales,
a cada lado de ella, dos ventanales de madera pintada
de verde con amplios cristales. Esta estancia se utilizaba
como sala de música. Desde aquí, se salía a una galería
cubierta por tejas planas, con armazón de maderas,
soportadas por pilares cuadrados. Se extendía a los
lados, el de la derecha más largo. Luego, ambos
giraban en ángulo recto, como para dar comienzo a un
patio cuadrado. Que estaba pavimentado con cemento
fratasado y grabado con cuadradillo. Tenia gran
capacidad, dentro había tres hileras de árboles (falso
plátano), con alcorques, formando cuadrículas, en total
18 árboles, grandes y altos.
Por la extensión izquierda de la galería, se entraba
a tres aulas, eran los parvularios y en el ángulo, la
entrada al comedor y cocinas. Desde esta vista lateral,
de éste patio, a través de los árboles, se veían en el otro
lateral de galería, las aulas de los primarios. A la parte
izquierda había un muro, en donde estaban pintados
varios mapas, mundial, Europa, España,... En esta parte
y grabado sobre el cemento del suelo, se podía ver un
ingenioso esquema, formado por dos rectángulos
separados, construidos, cada uno por tres cuadrados
juntos y unidos, y en la parte central, una uve, unida
por sus puntas superiores a los rectángulos, dando el
35
aspecto de una gran ‘EME’. Con éste esquema, se daba
repaso a los verbos y sus tiempos. Centrados sobre el
ángulo de la ‘UVE’, se colocaba el verbo a analizar. El
rectángulo de la izquierda, era para el modo
indicativo, en el cuadrado más alejado, se empleaba
para los tiempos presentes; el cuadrado central para los
pasados y el más cercano para los futuros. El rectángulo
de la derecha era para el subjuntivo; y en los cuadrados
los tiempos como en los de la izquierda. Bajo el ángulo
de la ‘uve’, el imperativo. Junto y a la derecha, dos
círculos, uno para el gerundio y el otro para el
participio. Entretenido, ¿Verdad?
Más allá, había otro esquema para estudiar la
historia de España. Éste era un gran rectángulo
dividido en tres secciones, seguidas verticalmente,
coronado por un casquete circular, éste era para
representar la Prehistoria en España. En la primera
sección, formada por líneas horizontales, separadas a la
distancia que podía entre ellas, colocarse los pies de un
niño, se representaba la Edad Antigua. En la parte
inferior siguiente, se representaba la Edad Media. Esta
parte, estaba surcada por una línea diagonal, que
dividía a las horizontales, desde la parte superior
izquierda, hasta la inferior derecha. Daba la impresión
de ser dos triángulos rectángulo, opuestos y unidos por
la hipotenusa. Toda la parte derecha, la decreciente,
representaba a los personajes árabes españoles y toda la
parte izquierda, la creciente, correspondía a la
representación de los reyes y personajes cristianos
españoles. La parte inferior y última, pertenecía a la
representación de la Edad Moderna y Contemporánea.
Cuando cada niño se colocaba en un renglón, él,
en ese momento, representaba a un rey, reina o persona
importante de nuestra Historia, y tenía que recitar un
relato memorizado, sobre la vida de éste personaje,
siempre en primera persona, como si fuese él mismo. Al
36
cabo del curso, habíamos ‘sido’, casi todos, los reyes de
España.
El muro de esta parte, con los mapas pintados, solo
cubría la mitad lateral del patio; quedando el espacio
restante, abierto a otro patio mayor con más árboles;
pero estos estaban repartidos por el perímetro. En la
parte lateral derecha, separando las aulas antiguas y
modernas, el muro era formado por una pared hecha
con piedra de musgo, y cubierta casi toda ella, por
hiedra. Daba el aspecto de una gruta. En esta parte de
patio, los árboles eran nogales. De un tipo de nuez de
cáscara fina, con forma de balón de rugby, pero de unos
tres centímetros de largas. Entre ellos, en el suelo, con
ladrillos blancos y rojos, se había cubierto un área de
superficie, siendo cada metro cuadrado de un color
alternado; para que los alumnos nos diésemos cuenta
clara de cómo era un metro cuadrado, una área, etc.
En el fondo de éste segundo patio, existía un edificio
de construcción más moderna, de distribución angular,
con dos plantas destinadas para aulas de mayores. Con
galería exterior abierta. En la planta baja, también
había un pequeño taller de carpintería. En la planta
alta, se estudiaba hasta bachiller. También, en esta
planta alta, en el ala de la derecha, había un aula de
mayor capacidad, era destinada al estudio de música,
en ella se reunía la orquesta o banda de música, para
ensayar. En el patio, para ensayar sus músicas, formaba
la banda de cornetas y tambores. Todos tocaban con
buena calidad. Su director, don Perfecto Artola. A estas
bandas, se accedía, por parte de los alumnos, por
oposición y aptitudes. Logrando el puesto cuando
ocurría alguna bacante.
También teníamos capilla, situada en la parte
trasera del edificio de aulas. Pasados los años se
convertiría en la iglesia de Fátima. A diario teníamos
rosario, o novenas y todas las fiestas religiosas. Y, todos
37
los domingos, misa de obligado cumplimiento, después
del listado de asistencia. Nunca faltó el Ángelus al
medio día. Aquí me prepararon para hacer la Primera
Comunión. Falta no me hacía y menos a mi madre,
porque el presupuesto económico no era holgado. Pero,
bueno, mi madre, vendió lo vendible o consiguió algún
préstamo, para poder alquilar un conjunto adecuado
para disfrazarme de marinero abanderado y comprar
tarjetas recuerdos, libro misal y rosario, también
zapatos y calcetines. Todo innecesario; pero...
Después de que hice la Primera Comunión, comencé
el estudio de música y solfeo, para poder acceder a un
puesto en una de los grupos musicales. Me habían
destinado a la lista de espera de algún instrumento de
la madera; me dijeron que por la forma de los labios y
la capacidad pulmonar. No llegué a ocupar puesto
alguno, porque ingresé en otro centro educativo.
Mientras tanto, pertenecí al coro, por mi voz, decían que
‘prima’, a mí siempre me pareció aflautada. Un
invierno, solo quedé yo, como único asistente a éste coro,
los demás estaban enfermos. Ensayábamos en él
comedor. Periódicamente, asistíamos a las misas, en las
iglesias de San Julián, o a la de San Agustín. Alguna
vez, fuimos a cantar en la Iglesia Catedral. Era
emocionante, cantar el ‘Tantum Ergo’, o la Salve,
acompañado por el gran órgano. En otras iglesias, era
el cura director del coro el que tocaba un pequeño
órgano, existente en cada templo. Al terminar, nos daba
unos caramelos y nos íbamos a casa, contentos.
También
me
prepararon
para
recibir
la
Confirmación. La recibí del señor obispo Herrera Oria.
Yo tenía once años. La ceremonia se celebraba en el
Palacio Obispal, situado frente a la catedral de Málaga.
Mi madre, aunque tenía deseos de acompañarme, por
causa de su trabajo, no pudo asistir. Acudí sólo, con
traje veraniego, zapatos de lona blanca, pantalón corto,
38
gris marengo y cazadora blanca, con la abertura de las
solapas unidas con cordones, (como el atado de los
zapatos) En la mano llevaba el certificado relleno por la
escuela, para que fuese sellado después de la ceremonia.
La entrada al palacio, se hacía por la calle lateral, la
de Santa María, un gran portal, con cancela al jardín,
desde el que se llegaba a la escalera para subir al piso
superior. Donde está la capilla. Yo llegué el último, con
unos minutos de retraso, la ceremonia ya había
comenzado. Para mí, fue un momento tenso, pues,
cuando abrí la puerta, esta sonó secamente. Todos se
volvieron, para ver la procedencia del ruido. Hasta el
señor obispo, que estaba dando la confirmación a un
chico, paró y me miró interesado. Cuando todos los
jóvenes pasaron ante el obispo, y como yo no me atrevía
a adelantarme hasta el altar, pasando por entre los
confirmados
y
sus
familiares,
el
señor
obispo,
dirigiéndose a mí, me dijo:
--- “Ven, acércate.”
Cuando llegué ante él, que estaba rodeado de
acólitos, me preguntó que quería. Yo le dije que quería
ser confirmado. Entonces él, suavemente, me quitó el
papel de mi mano y se lo dio a uno de sus ayudantes. Me
preguntó por qué venía sólo. Yo le dije que mi madre, que
era mi única familia, no podía venir, por estar
trabajando. Entonces, me cogió la cara entre sus dos
manos, y me dijo que comprendía la situación, que no
tenía
importancia
y
que
no
me
preocupase.
Seguidamente, procedió a hacer cruces con sus dedos,
impregnados con un aceite oloroso, sobre mi frente, ojos,
mejillas y boca; pronunciando en latín unas oraciones.
Luego me golpeó suavemente en la mejilla y me despidió.
Le besé en la mano sobre el anillo, que él me presentó y
como yo era el último, pues se acabó la ceremonia, y
todos fuimos saliendo hacia la calle.
39
De todos los compañeros y amigos, en esta escuela,
al que más recuerdo con agrado, es a Salvador y a su
familia, los Caparrós, a las que visitaba con frecuencia.
Era una familia numerosa: Matrimonio (Salvador y
María), seis hijos (Mariana, Isabel, Salvador, María,
Pepa y Andrés), y un perro. Salvador, padre, era hombre
serio, pero agradable; marinero pescador de la mar.
María, la madre, mujer grandota, regordeta, muy
habladora y muy simpática. La hija mayor, Mariana,
soltera (bueno, todos eran solteros), era la más seria,
parecía la madre de todos. Isabel, la más bonita, tenía
novio que la visitaba, a la manera tradicional.
Salvador tenía un año más que yo, los demás iban en
forma descendente.
Me gustaba estar con ellos, en esa casa, situada a
mediado de la calle Montalbán, en el Perchel. El piso
estaba al fondo de la planta baja. Con una puerta de
entrada de cristales de colores. La entrada se hacía a
un patio alargado y a la derecha iban apareciendo las
entradas a cada habitación de la casa, con ventanas al
patio. Primero era la cocina, luego la sala (comedor,
estar y dormitorio, según las horas del día), desde
donde se accedía al único dormitorio. Al fondo del
patio, estaba el retrete y las pilas de los lavaderos, que
servían de aseos. En el patio estaba, la familia, las horas
de claridad y en la sala, las horas antes de dormir, o
cuando llovía. Todas las estancias y muebles estaban
limpios; las personas y el perro también. Con ellos he
pasado, muy buenos momentos. Solían decir que yo
entraba en esa casa, más que por ser amigo de Salvador,
era por estar junto a María, la hermana menor que
Salvador. Nos ponían colorados, a los dos, y se formaban
risas y bromas. Bueno, casi era cierto, a los dos nos
40
gustaba estar juntos. Luego, al cambiar de lugar de
estudios y pasar a la Institución Laboral, fui haciendo
cada vez más largo el tiempo de las visitas, hasta dejar
de hacerlo definitivamente. Los horarios y las nuevas
amistades hicieron que éste cambio se produjera.
Ciertamente, mi familia nunca ha sido católica
practicante, a pesar que aquellos años la religión
católica era de obligado cumplimiento. Pues, verás; a mí
me bautizaron, cumplidos ya los cuatro años de edad.
Nunca me preocupé en preguntar por qué, mi madre
tampoco sabía ciertamente el motivo. Yo si me acuerdo:
cuando el cura párroco de la iglesia del Carmen, me
introdujo sal en la boca, la escupí, diciendo que no la
quería.
La iglesia del Carmen. La recuerdo con agrado.
Hecha con ladrillos oscuros. Con dos altas y falsas torres
campanarios, de una sola pared cada una, a modo de
espadañas, con campanas de varios tamaños y sonidos.
Había un patio delantero, cerrado con muretes y verja
metálica y una puerta doble, en la parte central. En
donde corríamos jugando los niños de aquella parte del
barrio. De donde el párroco, o el sacristán, con malos
modos, nos echaban. Daba vista a la calle Ancha del
Carmen. Está situada en una calle que se llamaba Plaza
de Toros Vieja, esa parte de calle, ahora se llama Serna.
Es una calle amplia, nosotros le llamábamos ‘El Llano’.
Aunque, junto a la iglesia estaba la entrada de un
callejón, por el que se llegaba al mercado del Carmen,
en aquellos años, el tráfico de vehículos era escaso. Los
chavales podíamos jugar a nuestras anchas, en ‘El
Llano’, un lujo para los chicos y para las madres, que
41
tenían la seguridad de que sus hijos estaban con poco,
resguardados del peligro de accidentes.
Un día, estábamos jugando a la pelota. Yo era el
portero. Uno de los niños, de otro grupo, había cogido,
de los restos del mercado, la parte vegetal, que une los
racimos de plátanos (lo que llamábamos el basto, por
parecerse al as de bastos, en los naipes) Sin pensar en el
resultado, lo lanzó violentamente, hacia donde yo
estaba, al ras del suelo. Como estaba en la parte trasera,
no lo vi llegar. Me golpeó en los tobillos, de tal forma,
que caí de espaldas contra el suelo. Sólo sentí un golpe
seco, que me hizo cerrar los ojos. Después, no sentí nada
más. Pero, si ocurrió lo que algunos cuentan, en los
casos de estar ‘muertos’ y luego volver a la vida.
Yo sé que veía a los compañeros, a la gente que
acudió, al ver lo que ocurrió. Pero, yo estaba como
flotando sobre ellos, no sentía nada desagradable.
Alguien avisó a mi madre, la vi llegar, de abrazarme,
llorar. Mi cuerpo estaba inerte. Un hombre trajo un
carro de mano, me tendieron encima, a forma de
camilla y salieron, transportándome, a toda carrera,
hacia la Casa de Socorro, que había en la Explanada de
la Estación, al final de la calle Cuarteles. Allí los recibió
el doctor de guardia. Mi madre y él se conocían. Ella, le
rogó que me salvara, pues, para ella, yo estaba
muriendo. Yo seguía viendo la escena, de la forma que
te digo, desde lejos; oyendo las conversaciones. Después
de realizar un examen a mi cuerpo, el doctor, le dijo a
mi madre:
--- “Lola, ahora mismo no se le puede hacer nada más
al niño. Hay que esperar unas horas.”
Las horas fuero doce, en total, las que yo estuve en
ese coma. Fui lentamente, dejando de ver esa escena. Y
desperté. Luego, sólo quedó un enorme chichón... Y, un
regusto extraño cuando hago por recordarlo.
42
A mi madre, sólo le he dado preocupaciones y malos
momentos. Nunca la recompensé sus desvelos y cuidados.
Uno de esos momentos de contrariedad, ocurrió por el
mal sentido del egoísmo, por el interés infantil. Veras:
Ella, por aquellos años, no utilizaba la cocina de casa,
comía en el hotel y yo en la escuela, por las mañanas y
de noche, con los Rando. También, me traía alguna
vianda desde el hotel.
Como salía a la misma hora, por las mañanas, ella
para ir al trabajo y yo a la escuela, tomábamos unos
vasos de leche caliente, en una lechería bar, de la calle
Ancha del Carmen. Luego me daba unas monedas, para
que comprase churros (tejeringos), y de camino a la
escuela me los comía. No los compraba, los ahorraba.
¿La razón?: Era el tiempo de la colecta para el
“Domund”.
En la escuela, en cada clase, había unos carteles
anunciadores, donde se representaba un termómetro
graduado hasta el 100, cada raya, era una peseta
recolectada en esa clase. Cómo premio, en cada clase, y
para el alumno que más entregase, estaba a la vista un
juguete. En éste caso, era un helicóptero, de lata
policromada, accionado a cuerda. Yo estaba prendado
de ese aparato. Pensé en que si no me comía los churros,
el importe en metálico, lo entregaría para los ‘negritos’ y
yo sería, con toda seguridad, el que más recolectara.
Exactamente, así fue, en mi clase, ya teníamos llenos
¡dos termómetros y medio! Cuando el cura director, pasó
por las clases, para realizar la gran colecta general, se
sorprendió de que en aquella clase, y como caso único en
la escuela, se hubiese llenado dos termómetros y medio.
Preguntó el motivo y cuando el profesor le informó que
principalmente, yo era el donante... Sí; me entregaron el
juguete, pero formaron una junta de investigación.
43
El resultado: Pues, como utilizaba el comedor
gratuito de la escuela, en beneficencia por ser pobre,
automáticamente, se me privó de su uso. Citaron a mi
madre, que no sabía nada de lo que yo hacía y le
informaron de la decisión. Por más explicaciones y
ruegos que ella daba, la decisión fue rotunda. Nunca
más utilizaría el favor del comedor de la escuela, ni de
las meriendas de las tardes. ¡Buena decisión! Coñ...
Como comprenderás, eso fue un palo económico
para mi madre. Y también, que a partir de entonces,
tendría que preocuparse de mi alimentación, a unas
horas que ella tenía que atender a su trabajo, en el
comedor del hotel. Fueron días complicados. Lo
solucionó quitando parte de su comida, y haciendo que
yo comprase en el mercado. Más tarde, consiguió que
una amiga, María (la costurera), me atendiese en su
casa, cercana al hotel. Donde pasaba largos ratos. Para
distraerme, además de charlar con ella y sus ayudantas
y acariciar al gato, aprendí a descoser las ropas que
tenían para reparar o transformar.
Meses más tarde, la dueña del hotel, la señorita
Mari, accedió a que yo subiese a comer en la cocina de
su hotel. Me enseñó a manejar los cubiertos, a cortar los
postres, a comportarme en la mesa correctamente y a
muchas cosas más, como, alguna vez, a hacer las tareas
de la escuela. Pero, en contra partida, tenía que
ayudar, a Pepa (la Pinche) luego de comer, a secar los
platos del servicio del comedor. Me llamaban
‘Chanquete’, porque a mi madre le llamaron ‘Pescaíto’,
por decir en la cocina, que no tirasen ese pescadito, que
en el comedor no querían, que sería para su niño. Por
ser hijo de mi madre, tenía acceso libre en el hotel. El
único contratiempo lo tenía con el hijo de una de las
dueñas del hotel, Luisito. Era de unos diez años mayor
que yo. Sabía música y tocaba muy bien el violín. Él no
44
quería que anduviese por el hotel, no quería verme, por
ser pobre, no estaba en la lista de sus amistades.
Como yo comencé a estudiar solfeo, mi madre, le
pidió a Luisito, que me ayudase a los estudios de música.
Decisión
lamentable.
Se
ofreció,
falsamente,
a
ayudarme; pero, no fue así. Cada vez que yo me
equivocaba en una nota, me daba un golpe en la
cabeza. No es buen procedimiento, ¿verdad? Al final, no
soporté más castigo. Abandoné. Con todo lo que siempre
me ha gustado la música. Seguro, que podría haber sido
un buen músico, ganas y gusto tenía y con la ayuda de
la escuela del Ave María, lo habría conseguido. De esta
escuela han salido buenos y reconocidos músicos.
Años más tarde, mi madre se ha encontrado varias
veces con éste Luisito (ya Luis), y en comentarios con mi
madre, le pidió perdón por su comportamiento, y
reconoció su error y las posibilidades que me hurtó.
Además del estímulo musical en la escuela, en el
hotel citado, acudían con frecuencia, músicos de
profesión. Había una pianista, que era gran amante del
estilo de Alicia de la Rocha, un violinista concertista,
también un pianista, que en una noche de celebraciones
y alegrías, despertó a todo los huéspedes, con un toque
de arrebato, imitando las campanas de aviso de
incendio. Fue tan real, que todos salieron de sus
habitaciones y casi llegan a la calle, a no ser que al
salir, pasaron cerca de la sala de estar, donde estaba el
piano y ya se dieron cuenta del error.
A ese hotel, acudían periódicamente, la Compañía
Arroyo, actores a los que muchas noches les llevaba la
cena preparada en el hotel, hasta el teatro Alcázar.
Entre bambalinas les vi interpretar “La Venganza de
Don Mendo” y otras. También, he ido en el autocar de
actores, para ir a los teatros, cuando se hospedaban en
el hotel; por ejemplo la Compañía de Juanito
45
Valderrama y Antonio Marchena. Me encargaban de
llevar y cuidar de las cenas frías.
En la sala de estar, de este hotel, he pasado muchos
momentos, algunos en compañía de hijos de los
huéspedes, otras oyendo a alguien tocar el piano, otras
haciendo los deberes escolares. Alguna vez, a escondidas
y con sordina, he tocado las teclas del piano, para
hacerme a la idea que podía tocar. Muchas tardes, he
dormido la siesta, en el sofá.
El sofá, y las sillas del conjunto, que en una de las
reformas, que se iban ha deshacer de estos muebles, mi
madre, lo consiguió junto con otros muebles, a bajo
precio, para llevarlo a casa. Con el tiempo, he
comprobado que ya no podía dormir en él, por ser yo
más grandote. Esta adquisición de muebles, era
necesaria.
Años antes, mi madre, se deshizo de algunos
mueble, para conseguir dinero extra. Pero, la razón
principal era forzada a que los Rando, los vecinos
realquilados, usaban todo el mobiliario de casa, con un
trato descuidado, de esta forma se los quitaba por el
abuso. Recuerdo un aparador de madera fina, con
estantería superior y puertas con cristales; puertas que
ya no cerraban bien, por tener rotos los topes – bisagras.
Las sillas, que tenían el asiento de tejido calado
con mimbre, ya no lo tenían. Un carpintero les tuvo que
hacer asientos nuevos, con madera contra chapada y
pintadas sobre el barnizado. La mesa del comedor,
preciosa, barnizada con esmero, pulida, brillante; de
madera de roble entero, de tablero articulado, para
hacerla de mayor amplitud, dejó de ser de ese estado:
Ana, la esposa, de Paco el padre de la familia Rando,
comenzó a limpiarla con lejía y estropajo. ¡Que pena! Y
que disgusto, para mi madre, cuando en un día de
descanso laboral, pudo comprobar su estado, estado
deplorable, claro.
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Paco, era de oficio talabartero, y comenzó a traer
trabajo a casa. Primero, sólo hacía trabajos de cosido de
cueros, para los atalajes; luego, con la confianza de que
ya el uso del piso era total, prosiguió con trabajos más
intensos, con materiales más abundantes. Aquello ya no
era un piso normal, era un taller apestoso. Mi madre
tubo que llamarle al orden. Desde entonces, solo hacía
pequeños trabajos, sin materiales abultados.
Como en la habitación que antes era comedor, sólo
estaba la pobre mesa y las sillas, Paco, consiguió de mi
madre que pudiese instalar unas camas para los chicos
mayores. Ana, quedó embarazada. Meses más tarde, el
parto fue doble, fueron mellizos. Les llamaron Juan y
Manuel. Cómo ya eran un total de seis miembros en esa
familia, acordaron que la abuela, pasaría a vivir con la
otra hija. Pero, de momento, sólo fue para dormir,
porque, con la excusa de ayudar a los recién nacidos,
todos los días estaba en casa. Entonces, para dormir por
las noches, en esa casa, ellos serían: matrimonio (2
personas), hija mayor, hijo mayor, hijo menor (3
personas) y los dos mellizos, en total 7 personas. Más mi
madre y yo (2 personas más) Sumados, 9 personas.
Ocurrió un problema económico. Cosa corriente en
aquellos años, de la década de los cincuenta. Mi tía
Lucía, (gemela de mi madre), viuda y con una hija
47
(Juana), que convivía con mi otra tía, Carmen, fueron
desahuciadas, del piso donde vivían. Acudió a mi
madre en auxilio. La solución fue que mi madre, compró
dos camas, del tamaño camero (105 cm), colchones,
sábanas, almohadas y colchas. Se reorganizó el reparto
del mobiliario, en la habitación que tenía la puerta a
la calle. En esta habitación dormirían mis tías y mi
prima, hasta que mi tía Lucía y su hija, consiguieron
‘Carta de Trabajo’ para Barcelona. Por aquellos años, los
españoles no podían trasladarse a otra provincia, sin
acreditar bienes económicos suficientes o la llamada
‘Carta de Trabajo’, certificada en destino. Con nada se
puede comparar en estos momentos. ¿Verdad? Entonces,
los 9 durmientes nocturnos, se convirtieron en 12
personas. Mi madre y yo, en una habitación. Mis dos tías
y prima, en otra habitación. Los cuatro hermanos, en lo
que era el comedor. Y en la última habitación, el
matrimonio y la hija. Bien repartidos, ciertamente.
Mi tía Carmen, soltera, por necesidad, la pobrecita
no era muy agraciada de cara y además con los vestidos
que se usaban, aún menos. Desde mi punto de vista
infantil, la veía mayor. Tenía unos ataques raros, que al
final y por los continuos consejos de Ana, mi madre
buscó ayuda médica. Fue trasladada en ambulancia al
Hospital Noble, y cuando pasó por reconocimiento, la
ingresaron en el Manicomio Provincial, contiguo al
hospital. Sólo tuvimos la posibilidad de realizarle dos
visitas, no continuas. En cada una de ellas, el deterioro
físico de mi tía era manifiestamente progresivo. Primero,
no nos dejaron verla; luego, nos decían que la
prudencia no lo permitía. Al final, a las tres semanas,
de su ingreso, le avisaron a mi madre, para que
acudiese al hospital. Mi tía, había muerto. Éste caso,
siempre lo lamentó mi madre. Se culpaba de su muerte,
por permitir su ingreso en el manicomio. Pudimos ver,
48
con sólo tres visitas, que el trato y cuidado, a los
enfermos, no era muy correcto, ni decente.
Volvimos a ser nueve durmientes, por las noches, en
el piso. Hasta que ocurrió otra dificultad económica,
esta vez, a mi hermano Juan. Se quedó sin trabajo y no
podía pagar el alquiler de la casa donde vivía con su
mujer, al final se quedaba en la calle. Su querido padre,
no podía socorrerlo. Así, que fue su, no tan querida
madre, a quien pidió ayuda. Rápidamente, se
reorganizó el mobiliario de la casa: nuestra habitación,
sería para mi hermano y su mujer, nosotros pasaríamos
a la otra, al comedor se le tuvo que comprimir la
distribución de los muebles y en el dormitorio de los
Rando, serían dos más. No recuerdo cuanto tiempo duró
la estancia de mi hermano y su mujer. Pero, no importó;
fue hasta que él pudo conseguir una nueva vivienda,
más cómoda.
Volvimos, otra vez, a ser nueve durmientes, por las
noches, en el piso de la calle de Peregrino. Y, la vida
continuó con las mismas costumbres, y suavemente, se
fue olvidando la convivencia sin la compañía de una
tía que apareció y desapareció de mi vida infantil y de
la también corta estancia de mi hermano.
Una de estas costumbres era la celebración de la
Navidad. Málaga siempre tenía un aroma diferente
para sus fiestas. También a las distintas calles y a los
distintos barrios, les ocurría lo mismo. Navidad tenía
un aroma muy especial, a dulce frito, a matalahúga
(anís),
conque
se
condimentaba
la
masa
de
borrachuelo.
Era muy común y generalizada en todas las casas,
que se hicieran los preparativos y amasado de esos
pastelillos, rellenos de cabello de ángel o pasta de
batata asada o vacíos, cubiertos de azúcar o miel. La
masa trabajada a mano, extendidas con el rodillo,
cortada con la boca de un vaso y repasadas con el
49
rodillo de estrías, dobladas y rellenas con las cremas
elegidas, a forma de empanadillas y fritas. Soltando ese
olor tan agradable y sugerente... Con estos pastelillos se
solía invitar a los vecinos, acompañándolos con copitas
de ‘ani’ o ‘coñá’ y canciones de villancicos ingeniosos...
¿Se ha perdido esa costumbre?... Mi vecina Ana, tenía
gran habilidad para crear estos dulces navideños.
Siempre, era preceptivo, el ahorro del dinero necesario
para comprar los productos de su composición. A veces,
me enviaban con ‘el mandao’, para la compra de
algunos componentes, en las tiendas de ultramarinos. A
mí me gustaba ayudar en su elaboración, bien en pasar
el rodillo de estrías, o rellenar y doblar; cualquier cosa
era suficiente, para meter las narices y comer las sobras.
Siempre he sido un goloso.
El ‘Corpus’, era otra época con ese olor diferente que
te digo. Como era costumbre de extender al paso de la
procesión, unas hierbas con formas de cintas (no
recuerdo su nombre), el romero, el incienso, el calor
primaveral, todo esto, daba la potenciación a ese
cambio oloroso. Los chavales, una vez pasada la
procesión y antes que los barrenderos recogiesen todo lo
esparcido por las calles, con las hierbas de cintas,
hacíamos un trenzado especial, tejiendo una tira,
dándole una forma de porra final, con las que luego
desarrollábamos
batallas
campales
entre
todos,
golpeando a los adversarios de turno. Muchos tenían
habilidad, para repartir golpes, otros para esquivar,
otros... para recibir. Eran luchas esperadas con afán,
pero aunque parezca un ejercicio violento, la sangre
nunca llegó al río, todo era, más bien diversión, todo
quedaba en empate y risas.
Oyendo las noticias actuales, de las palizas, de los
navajazos, heridas y muertes gratuitas que ocurren en
los lugares de bares de copas, o en las plazas de botellón;
no hay comparación, entre estos casos y aquellas
50
batallas. Dime; ¿No es así? Estos son tiempos más difíciles
para la juventud. Lo siento, pero así es.
La Semana Santa, es otra época del año, en que el
olor ambiental variaba en Málaga. En esos días, es más
frecuente que sople el viento de levante, la ciudad se
impregna
de
humedad
y
sabor
marengo.
En
combinación con el perfume de cera, de los cirios que en
las procesiones portan los nazarenos (los penitentes), y el
añadido del que desprenden los incensarios, las flores
de los tronos o pasos, y más importante, aún, el
embriagador olor de las biznagas, que llevan algunas
mujeres, prendidas del pelo, o introducidas sus ramas
portadoras, en el escote de sus vestidos. Es pura poesía el
aire malagueño, en su Semana Grande.
Si te paras a comprobar lo que te digo, sobre los
olores ambientales de esa ciudad, cuando estés en ella,
haz la prueba, notaras que, además, cada estación
anual tiene olor diferente. En combinación con los
aromas que sus habitantes le proporciona, los vientos,
hacen lo propio. En Primavera, el Levante trae el olor a
mar. Las playas de esa zona, La Caleta, son claramente
diferentes a las de Poniente, más rocosas con algas, y
añaden otro matiz. En Verano, el Terral (el temible
Terral), trae el olor de las tierras secas de los Montes de
Málaga y de las tierras de adentro, con el espliego,
tomillo, romero, pino mediterráneo,... y más. En Otoño,
el viento es mayormente del Oeste y se combinan el olor
de mar del Estrecho, más húmedo, con el que se
canaliza desde la Vega, perfumado de sus plantaciones
de huertas. El Invierno, es aleatorio, tiene vientos de
todas partes; más sentido es el que sopla desde el Norte,
el puñetero es más frío. Los malagueños no apreciamos
mucho el frío. ¿Tu, sí?... Valla.
Otra cosa que me hace retrotraer a mis vivencias
infantiles, es el oír una música específica: “Suspiros de
España”. Me da como escalofrío o como yo digo
51
‘escalocaliente’, cuando la oigo; porque, en realidad, lo
que siento es calor, ese calor de los días primaverales en
el Sur. Verás, es que Radio Nacional de España, en su
emisora de Málaga, hacía su apertura de emisión, con
la sintonía de éste pasodoble. Yo no era un niño de
salud delicada, pero, si recuerdo haber pasado por
diversas enfermedades: difteria, tétanos, resfriados,
gripes... En una de esas gripes, pasé periodos de más de
40 grados, fue necesario que guardase cama, una
temporada. Pasó por Málaga “La Coreana”, un tipo de
gripe muy agresiva, procedente de oriente, por eso lo de
su nombre.
Mi madre me traía, desde el hotel (el de su trabajo),
buenos filetes, frutas, sobre todo, plátanos y chirimoyas,
alimentos, que nuestros vecinos no se podían permitir su
compra. Mi tía Lucia, pícaramente, me decía que
aquello o eso, no estaba bueno y entonces yo lo dejaba,
rápidamente, ella o se lo comía o se lo daba a su hija
(‘por no tirarlos’, decía)
Pero, lo más importante, fue que haciendo un gran
esfuerzo, mi madre, compró a plazos una ‘RADIO’. Me
dijo, que era para poder distraerme durante el tiempo
que estaría enfermo y para que no usase los auriculares
de la emisora de galena, que yo hacía. De por ahí me
viene, creo, la afición a la buena música. La compró, a
través de mi hermano, que a tiempos, también, era
representante y vendedor de electrodomésticos. Desde
entonces, aumentó mi afición al cante flamenco, a la
canción española y a la buena música.
Y, como te decía, siempre escuchaba la sintonía de
apertura de Radio Nacional de España, emitiendo desde
Gibralfaro. Matías Prat (padre), era uno de sus
locutores. Tiempo hace, ¿No? Tengo que reconocer, que
antes no me gustaba la música clásica, pero, como las
emisoras, en tiempos de siestas, la radiaban, me
dije:¿Por qué no? Y comencé a recrearme en su audición
52
y a amarla. Mira, ahora mismo, mientras escribo, oigo,
en una emisora un coro de una opera de Bellini.
En el último piso, del edificio de mi casa, vivía mi
madrina, Mercedes. Era como las madrinas de los
cuentos para niños, pero en modelo pueblerino. Con
cara bonachona y vestidos oscuros, casi siempre con
delantal. Cuando yo subía a su casa, casi sin llamar,
me abría la puerta y me hacía pasar, cogiéndome la
cabeza
con
los
dedos
de
su
mano
derecha.
Normalmente, me decía:
--- “Paza. Mercedita e’tá en la zala.”
Casada con un hombre de la mar, Antonio. Él era
patrón de cabotaje en un barco de pesca, una traíña.
Solía traer a casa unos peces de aspecto raro. Me decía
que se llamaban armadillo, o pintarroja, o raya... Al
final, después de mucho repetírmelo, consiguió que
aprendiese los nombres de los ángulos, en los que se
divide la Rosa de los Vientos; que a los principales él les
llamaba ‘Vientos’.
Sí; mi madrina cocinaba muy bien, su marido, no
le andaba a la zaga; hacían unas comidas exquisitas.
Tenían un fogón, de material refractario y alimentado
con aserrín de madera. Era de forma cilíndrica, con
tapas concéntricas de hierro, cada una de diámetro
más grande, hasta cubrir toda la boca. La boca inferior
del hogar, era de un diámetro pequeño, por donde, para
iniciar la carga de combustible, se introducía un taco
de madera cilíndrica, de igual diámetro. Por arriba, se
introducía otro taco de madera de igual forma y
diámetro
que
el
anterior,
hasta
tocarse
perpendicularmente los dos. Luego, se iba echando
aserrín,
presionándolo
con
un
atacador,
para
53
comprimirlo. Cuando estaba todo lleno, se retiraban,
con cuidado, los tacos de madera, con un trapo
impregnado en aceite usado, se le prendía fuego y se
introducía por el orificio inferior, comenzando a arder
lentamente el aserrín. El fuego se activaba o reducía,
abriendo o cerrando el tiro de salida de humos. La
combustión
duraba
varias
horas.
Una
cocina
económica y muy efectiva.
El matrimonio, tenía tres hijos, dos varones,
Salvador y Martín, la hembra, la menor, Mercedes, como
su madre. Salvador, fue mi padrino. Mi madre me
contaba que Martín era un niño rubio, de melena larga
y además, hablaba de forma muy entrecortada, de
manera notable. De vez en cuando, esperaba a mi
padre, cuando regresaba a casa y desde el primer
descanso de la escalera, le gritaba:
--- “¡Vi - vi - vi - e - e - e – joooo!.”
Y subía corriendo la escalera. Mi padre, entraba en
casa, totalmente enfadado, diciendo:
--- “ Un día... Un día...”
Todos los vecinos del inmueble, se llevaban con gran
armonía y amistad; todos, más aún, las mujeres. Y, es
que comenzaron el inquilinato muy jóvenes y recién
casadas, pues, se hacían mucha compañía. Hasta se
ayudaban en los partos. No ocurrió igual con los vecinos
realquilados en mi casa, no se llegó a tanta amistad, ni
con tantos años que pasaron conviviendo. Nunca los
hijos de los Rando, jugaron dentro de los pisos
superiores, cómo yo solía hacer. Yo tenía entrada cada
vez que lo deseaba, ellos no. He dormido y comido, en
casa de mi madrina, así como en casa de Vitoria, la del
piso primero.
Hay que reconocer, que las tres familias estaban en
el edificio desde hacía muchos años. Vamos a ver,
cuenta, aunque sea con los dedos: mi madre se casó y
comenzó a vivir en su piso, el bajo. A los pocos meses,
54
nació mi hermana Carmela, sin tener en cuenta la
exactitud de los meses, a los dos años, nació mi hermano
Juan, a los dos años siguientes, mi hermana Loli.
¿Cuantos años van ya? Cuatro; pues, suma once más,
hasta nacer yo; son quince, aproximadamente; cuatro,
hasta la separación de mis padres y uno o dos más,
hasta el realquilado, resultan casi veintiuno. Los
Rando, sólo estuvieron unos diecisiete años o poco más.
También, que todos ellos eran menos jóvenes y luego,
estaba la rigidez entre los niños, ya algo mayores, y que
no habían nacido en la casa. Pero, va, nunca hubo mal
trato, todo fue lo que se entiende por normal. Con los
vecinos de la calle, también fue de buen entendimiento,
más con los cercanos. Se notaba la diferencia de trato,
con los vecinos de la última parte de la calle, que era
más estrecha, que con los de la parte anterior.
Y, si nos ponemos a revisar detenidamente,
notaremos la educación errónea, por la costumbre de
mal ver la situación de una mujer separada y
trabajadora, que a la fuerza, tenía que ser de mala
vida, pues, volvía a casa, a horas nocturnas.
Ciertamente,
que
algunas
veces
con
compañía
masculina. A los que nunca aceptó en firme. Y eso, que
algunos, eran buenas oportunidades, para que mi
madre, dejase de trabajar en el hotel. Pero, ella decía,
que si podía mantener el trabajo y buena forma de vida,
no pondría en riesgo la seguridad de su hijo: ¡Podría
recibir mal trato de un padrastro! Así, que hasta el final
se mantuvo soltera,... y sola.
Ocurrió un caso, que para mí fue sorprendente. No
comprendí hasta entonces, la estima que los vecinos de
la parte anterior de la calle, sentían, tanto por mí,
55
cómo por mi madre. Te cuento: El primer piso, quedó
vacío, porque Luis y Vitoria, se compraron una casa
unifamiliar en la parte norte, cerca de la carretera de
Granada. Vinieron a ocuparla los nuevos dueños del
edificio, un matrimonio, gente mayor, con una hija,
también algo mayor. Pretendieron subir los precios de
los alquileres, con el pretexto de haber hecho instalar,
en una parte del patio, unos depósitos para el agua
potable, con una moto bomba. Nos dijeron que ellos
querían más presión en el grifo. Ahí comenzó la tirantez
entre vecinos; (ellos con el resto, claro) Más aún, los
propietarios, pretendían deshacer el contrato de
alquiler a mi madre, (que estaba todavía a nombre de
mi padre), decían, para ocupar el piso su hija. Más,
todos creíamos que era para rehacer los contratos viejos
por modernos y más caros. Caso que nunca ocurrió.
Desde entonces el trato fue rencoroso, por la parte de
ellos. Hasta, que en un día de verano, yo tenía unos
quince años, salí al patio, con el torso descubierto para
refrescarme con agua fría, en la pila de lavar. Entonces,
la hija, me echó encima tierra y agua sucia y se ocultó.
Yo me enfade y le dije:
--- “Asómate. Cara de becerra y explícame por qué me
haces esto.”
No sólo se asomó ella, también sus padres, con gran
número insultos. Pero, los insultos que yo les devolví,
fueron más ingeniosos, los suyos eran torpes y groseros.
Tuvieron la ocurrencia de ir a la comisaría de policía,
para poner una denuncia en mi contra. Vinieron dos
guardias de asalto y me conminaron para que les
tuviera que acompañar, hasta la comisaría. Cuando los
vecinos de la calle, me vieron entre los dos guardias, se
formó gran revuelo, querían impedir que se llevasen ‘al
hijo de Lola’. Los guardias razonaron serenamente con
las gentes, diciendo que era tan sólo para una consulta
con el comisario.
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Ocurrió que el comisario nos conocía a mi madre y
a mí; entonces, cuando le relaté lo sucedido, él no
permitió continuar el procedimiento, aduciendo que
sólo eran un asunto de poca importancia. Los
propietarios y su hija, se fueron contrariados y
marchamos a casa, yo delante de ellos. Cuando
entramos en la calle, los vecinos me felicitaban por que
no me había pasado nada y a ellos les decían cosas
desagradables. Desde entonces, mi actitud fue de otra
forma hacia los vecinos de esa parte de la calle. Pero,
siempre, mis amigos y compañeros de juegos, fueron los
de la parte final y los del ‘Llano’. Entre estos amigos y
compañeros, estaban tres hermanos, el menor era algo,...
bueno, bastante afeminado. Un día, el hermano mayor,
le pegó al menor, para que se reprimiera en sus
amaneramientos; yo le protesté y en contestación, los dos
hermanos, en éste caso, volvieron a pagarle al pequeño,
para contrariarme. Me enfadé con ellos y fui yo el que,
en respuesta, les di una buena paliza a los dos, a la vez,
en medio del corro de compañeros, que jaleaban mi
atrevimiento. Fueron, llorando, a contárselo a su madre
y cuando ella vino a preguntar por qué lo hice, y yo
contarle cómo sucedió, se volvió hacia sus dos hijos y les
prohibió, terminantemente, que jamás volviesen a
pagarle a su hermano por éste motivo. Esto me valió
unos puntos en la estima de los compañeros.
Ciertamente, era pequeño el grupo de los vecinos que
nos reuníamos a jugar, nunca más de doce. El líder era
un niño bajo, fuerte y nervioso. En todas clases de luchas
y saltos, nos ganaba. Yo era ‘su segundo’, en escalafón
de poder. Éramos buenos compañeros. Solía llevarme a
su casa para poder oír ‘la radio’ (de galena, con
auriculares), que su padre hacía. A mí me agradaba ese
aparato y le pedí consejo al padre, para poder hacerla.
Me demostró como se hacían y me dijo como hacer los
planos y las posibilidades de realizar cambios en las
57
formas de sus circuitos. Desde entonces, ya me interesó la
electrónica y la electricidad.
Te decía, que en casa éramos nueve personas, a
dormir de noche. Bien, pues, en breve, sería una más. La
hija mayor de los Rando, María, hermosa mujer de unos
veinte años, se quedó embarazada, milagrosamente,
porque ella no tenía novio reconocido. Te digo que era
hermosa, porque en verdad lo era, y porque muchas veces
la he visto en ropa interior y alguna vez, le ayudé a
abrocharle el sujetador. Nuestro comportamiento era
como de hermanos. Bueno, pues, ella en aquellos años
trabajaba de camarera en una cafetería, en la calle
Ancha del Carmen. Y quedó embarazada, por el dueño
de esa cafetería, que a la sazón era casado.
Cuando el padre se enteró, quiso echarla de casa.
No lo logró, porque mi madre, mostrando más coraje que
él, le dijo que si la echaba de su lado, ella, la
ampararía y se quedaba en la misma casa, porque esta
era su casa.
Tuvo una hija regordeta y preciosa, que al final de
tantos disgustos, fue la alegría de todos los habitantes
de la casa, incluido yo mismo. Era para todos como un
juguete. Mientras la niña fue pequeña, dormía con su
madre. Luego, se decidió colocarle una cama para ella,
en la sala comedor.
El resultado de las conversaciones con mi madre,
que los Rando hicieron, dio esta solución: Primero, mi
madre, se deshizo de la cama donde yo dormía (en la
que nací) Esta solución no me agradó en nada. Porque
al ser una cama grande y que en verano, hacía una
toldilla con una sabana, sujetada por sus cuatro
esquinas, en el bastidor de la cabecera y en el de los pies,
58
dando el aspecto de un dosel, de esta forma, y al dormir
desnudo, el calor nocturno, quedaba un poco separado
de mí. En invierno, mi madre dormía conmigo, y me
daba el calor tan confortable que dan las madres. Las
dos camas nuevas, pasaron a éste dormitorio, y la otra
habitación, pasó a ser el comedor y el comedor anterior,
se convirtió en dormitorio. El nuevo comedor, al estar en
donde había una puerta a la calle, decidimos reabrirla.
Lo conseguimos con gran trabajo, porque las bisagras y
la cerradura, estaban oxidadas. Al final, nos pareció
buena idea, era más cómodo salir y entrar. Pero, todos
estos
cambios
daban
como
resultado,
que
los
realquilados ocupaban toda la casa, menos mi
dormitorio. O sea, todo lo contrario que al principio.
Unos años más tarde, María, la madre soltera,
consiguió del padre de su hija, más beneficios
económicos. Tantos, cómo comprar una casa, para ellas,
en el barrio de la zona centro. Esta casa, tenía dos
plantas y terraza superior. Estaba construida sobre otra
anterior de una sola planta; ambas tenían entradas
independientes. De momento, se fueron a vivir a esa
casa nueva, madre e hija y la bisabuela. Compartían las
dos casas los mellizos, porque su hermana, María, les
había conseguido trabajo, donde ella era la encargada.
Al final, se instaló toda la familia, porque la casa era
de mejor calidad y más cómoda y por estar todos juntos.
Estos vecinos, siguieron utilizando nuestro piso
compartido, aunque ya no le hacía falta. Aún
mantenían algunos enseres y muebles. Al final no
querían despedirse honradamente, y quedar todos como
buenos amigos. No obstante, fuimos recuperando todas
las habitaciones, menos la que al principio, les concedió
mi madre, ahí quedaba la cómoda, llena de trastos y
algunos tiestos inútiles.
Se compraron muebles, cortinas, alfombras y
pintamos toda la casa. Reformé toda la instalación
59
eléctrica y cambié todas las lámparas, algunas las
fabriqué yo mismo. En la habitación con la puerta a la
calle, colocamos una mesa de despacho, que ya no
utilizaban en el hotel. Desde ella, yo podía accionar
todos los interruptores de la casa, de forma conmutada.
Estudiaba en ella, hacía trabajos de soldaduras con
estaño, para mis inventos. Siempre estaba haciendo
inventivas. Una de estas inventivas la utilicé en la
bicicleta que me compró mi madre. Le instalé un cuadro
de mandos para poder encender los faros, los pilotos, los
intermitentes de dirección y un sistema que hacía
iluminarse, alternativamente, unos pilotos, de colores
verde y rojo, sujetos en los radios de la rueda delantera.
Resultaba la bicicleta más llamativa de la ciudad, la
gente se paraba para ver en que forma estaba instalada.
Eran tiempos en los que se podía dejar aparcada una
bicicleta, sin seguro antirrobo, y no desaparecía por
robo al descuido.
Mi madre, con el afán de hacer cierto, el dicho que
éste es un país de favoritismos, consiguió otra
recomendación. Pero, esta vez, la recomendación, era
más importante y tuvo duración efectiva para más de
ocho años. Tu verás: Todos los inviernos, regresaba al
hotel un matrimonio residente en Madrid. Eran
jubilados y las personas más amables que jamás conocí.
Él fue director del periódico ABC de Madrid. Su nombre,
don Luis Mesoneros Romano ¿Te suena? En una de las
conversaciones con mi madre, salió la idea de utilizar
su influencia y don de gentes. Con una carta personal,
de don Luis, en la que le rogaba una atención algo
especial, que solo él conocía, mi madre fue a
entrevistarse con el Jefe Provincial de Sindicatos (el
Vertical), la CNS. Éste señor, era, en esos años, uno de los
60
hombres más poderosos en Málaga, por tener ocupado
uno de los puestos más altos del Movimiento. Regresó con
un pequeño sobre, en su interior una tarjeta de visitas,
con algo escrito en la trasera y con la indicación de,
conmigo, presentarnos al Director de la Institución
Sindical de Formación Profesional “Francisco Franco”.
Al día siguiente, allí estábamos los dos. Pero, estaba
terminando el mes de enero (1953, para más señas) Nos
recibió un bedel, nos preguntó el motivo de la visita,
cuando mi madre le dijo que era para poder ingresar
yo, como alumno, le contestó que ya el curso había
comenzado hacía cuatro meses; pero, que si traíamos
alguna ‘recomendación’ (santa palabra) Mi madre le
entregó el pequeño sobre; lo cogió, dijo que esperásemos
a que saliese otra visita, y se alejó un poco. Con disimulo,
miró y leyó el reverso de la tarjeta, luego, de ver a quien
pertenecía, se volvió y le dijo a mi madre, algo excitado:
--- “Seguramente le dirán que sí...”
Efectivamente, cuando salió la visita anterior, el
bedel entró en el despacho del Director, a pocos
momentos, salió y dijo a mi madre:
--- “Señora; el niño, que venga mañana, a las nueve de
la mañana, y yo le llevaré al lugar correspondiente.
Tendrá que hacer un pequeño examen de ingreso.”
Al día siguiente, mi madre fue a la Escuela del Ave
María, para darme de baja y agradecer los servicios
prestados. Mientras, yo me presenté al bedel y me
condujo a la biblioteca, dijo que esperase. En pocos
momentos aparecieron dos profesores, uno me dio un
folio con preguntas de cultura general, para que las
contestase. Luego el otro profesor, me dictó algunas
palabras, que yo escribía en otro folio. Luego, recogieron
los folios escritos y se despidieron. Regresó el bedel, y me
dijo que había aprobado, que le siguiera, y me condujo
a un edificio exterior, en la parte trasera del recinto.
Una casa que me pareció un chalet, por su apariencia
61
externa. Eran las aulas del Curso Preparatorio.
Entramos en el aula ‘A’ y conversó con el profesor. Sólo oí
al profesor, porque alzó la voz, en la frase:
--- “...Pero, cómo puede ser. Bueno, Vale. Nos
arreglaremos.”
Al salir, el bedel, me dio un papel, diciendo:
--- “Éste será tu número personal, a partir de ahora.”
Leí: <00 - 75 - A>. Yo sería el último de la clase, el 75, en
el orden de mi ingreso en la Institución, como alumno.
Estábamos divididos en dos secciones. El profesor, don
José María, rechoncho, con gafas, de cara ancha, pero
agradable, me indicó que me sentase en un pupitre
libre, al final del aula. A los demás, que estaban vueltos
hacia mí, les dijo que yo era un nuevo compañero y que
continuábamos con la clase.
Así comenzó mi primer día, en ese gran y buen centro de
enseñanzas. Siempre he estado orgulloso de ser alumno
de esa Institución. En lo que quedaba de curso, no hubo
ningún problema, los compañeros me aceptaron, como si
hubiese estado desde el principio. La disciplina y el
urbanismo, fue cosa natural en los compañeros que tuve
durante todos los cursos siguientes.
Este tipo de centros y su fórmula de dirección y
mantenimiento, se ha olvidado, por parte de los
gobernantes de este País. Es una pena, que el país entero,
algún día lo sentirá. Por ello, no existe la capacidad de
tener los trabajadores, con aquella calidad de
enseñanza impartida.
Te puedo garantizar que a mí, me enseñaron desde el
comportamiento correcto en una mesa de comedor,
hasta la reparación de un motor de explosión, pasando
por geografía, matemáticas o dibujo lineal, o
carpintería. Hasta teníamos un boletín redactado,
compuesto e impreso, en los talleres gráficos del mismo
Centro. La enseñanza, era sólo para chicos. Estaba al
lado del campo de fútbol ‘La Rosaleda’, del C. D.
62
Málaga.
Su
recinto
amurallado,
era
inmenso
(actualmente, en parte del terreno, han construido
edificios de la barriada “La Palma” y más allá ,“Las
Palmillas”)
El recinto de aquella Institución, estaba amurallado en
su totalidad y pintado de blanco al carburo. Su
extensión, no sé decirte con exactitud, pero sería como
ocho veces la superficie del campo de fútbol “La
Rosaleda”, su vecino. La entrada principal, con tres
arcos, la puerta central para vehículos, a dos vías y las
otras dos para peatones, todas con verja metálica. Desde
aquí, una carretera asfaltada, de unos 180 metros de
longitud, hasta los edificios generales. A ambos lados,
jardines cuidados, con gran variedad de plantas, los
del lado derecho, más amplios, limitados por el campo
de deportes, zona de balón cesto, balón bolea y campo
de fútbol pequeño. Al llegar a los edificios, la carretera,
hacia la derecha, se convertía en una gran explanada.
Limitada por la trasera, con jardines y los campos de
deportes anteriores y por la delantera, con los jardines
de parterres elevados. Con dos escaleras de entradas, la
principal, más amplia, para acceso general; la más
lejana, a la derecha, para acceso a oficinas y
profesorado. Más a la derecha, continuaba la carretera,
para entrada a los talleres, hacia la parte trasera.
Todo el conjunto, de dos plantas. Los diferentes sectores
del edificio, construidos con grandes ventanales con
persianas enrollables de madera y con las fachadas de
ladrillos rojos y lienzos de pared encalada; con el
aspecto, austero y a la vez, robusto. Donde la escalera
mayor, la entrada general, amplia, con puertas de
grandes cristales, y sobre ella formando una pequeña
terraza, estaba los tres mástiles para las banderas
reglamentarias de aquellos años (Española, Falange y
de las JONS) En la parte izquierda, se elevaba un alto
torreón. Más a la izquierda, terminaba el edificio con
63
las entradas a las cocinas y las viviendas de los
guardeses. Por la parte derecha, el edificio se extendía,
unos cincuenta metros y continuaba en ángulo recto, la
parte destinada a oficinas. Aún, ya hacia la parte
trasera, se continuaban las edificaciones con las aulas y
finalmente, los talleres.
Imagínate que es un día lectivo y es antes de la primera
hora de dar comienzo las clases y talleres. Vamos a
pasar al interior. Dejamos la explanada, con los
alumnos (en todos ellos, el color es homogéneo, azul),
los hay de varias edades y alturas, unos formando
corros, otros jugando con pelotas, otros corriendo, los
hay que estudian o escriben, o simplemente sentados en
el murete del jardín, pero todos con el uniforme
reglamentario: pantalón de peto de tirantes y camisa
azul de manga corta. Todos, portan el escudo de la C. N.
S., cosido en la manga izquierda de la camisa y el
emblema de la Institución (es una placa circular de
latón, estampado y esmaltado en colores y de unos 70
mm, sujeta sobre el peto) Si té fijas mejor puedes ver,
además de los símbolos sindicales y laborales laureados,
unos sectores circulares de color rojo. Pero no todos son
iguales, es, que cuantos más sectores posean, más cursos
has realizado. Ingenioso ¿Verdad?
Bueno. Vamos. Sígueme. Una vez franqueada la
entrada, nos encontramos en un amplio corredor, que se
extiende hacia la derecha. Todo está vacío y limpio. Del
techo, a tramos iguales, cuelgan lámparas de globos
blancos. De frente, nos encontramos con las tres
entradas al vestuario de alumnos. Pasa dentro. Cómo
ves, es amplio. Hay varios grupos de pilares ordenados y
con buena amplitud. De forma ordenada, formando
filas y calles, hay taquillas adosadas, construidas con
ladrillos, yeso y pintadas. Cada una es de uso
individual (arriba barra de perchero, abajo cajón de
madera con cerradura y más bajo banco corrido) Al
64
fondo, las duchas. Se nota la limpieza y el orden ¿Eh?
(Ley que impera en todo el edificio) Salgamos.
Seguimos por el pasillo. A la izquierda están los servicios
(tres zonas), con cabinas de retretes, urinarios (de
caballeros, claro) y lavabos, en cada uno, un espejo. A
partir de aquí, el pasillo se estrecha unos dos metros. El
fondo está a unos 70 metros. Por la parte izquierda, se
encuentran los talleres. Puede verse a través del murete
separador y los pilares. A la parte derecha, discurren los
accesos y entradas (por este orden): la primera escalera
para el piso superior, el Laboratorio Psicotécnico,
Despacho Médico, Botiquín y Sala de Curas, Acceso al
pasillo de Exposición, donde están los servicios y Sala de
Profesores, Recibidor del Conserje, centralita de teléfonos
y una salida al jardín y a la explanada de entrada.
Volvemos atrás.
Continúa la segunda escalera a la parte alta,
Almacenes y al fondo la entrada al Taller de Imprenta.
Volvemos hasta el Acceso al pasillo de la exposición, que
queda a la izquierda. A la derecha está el gran pasillo
central de los Talleres, ancho de unos ocho metros y el
fondo de unos sesenta metros. Bajamos los tres escalones.
Piso de hormigón fratasado. Por la derecha, el primero
es Taller de Carpintería (20 X 20 metros), sigue el Taller
de Automovilismo. Continúa el Taller de Chapistería,
terminando en el Taller de Forja y Fundición, con el
cubilote de fundición a la entrada. Éste armatoste,
ruidoso cuando se le hacía funcionar, se sacó al
exterior, en una cabina especial, para evitar el ruido. El
Taller de Chapistería, queda rodeado por la parte de
atrás, a medias con el de Fundición y Automovilismo,
que se juntan los dos. Desde aquí se tiene una vista
general de todos los talleres y los ventanales casi
verticales, orientados al norte, que tienen las distintas
secciones del techo, alto, soportadas por muchos pilares.
Con forma de bóvedas de medio cañón, dispuestas
65
transversalmente al pasillo, éste de techo plano. En días
soleados la luz, entra con gran potencia, sin sol directo.
Retrocedemos, y encontramos a la derecha el Taller de
Soldaduras (eléctricas, oxiacetilénicas y con estaño) El
siguiente y más amplio, es el Taller de Torno y Fresa, con
maquinaria diversa. Por último, el Taller de Ajustes y
Matricaria. Todos los talleres constan con bancos de
trabajos, para dos o tres puestos. Armarios para las
herramientas, las instalaciones eléctricas, iluminación
y accesorios varios; además de una cabina, acristalada
a forma de oficina, para el Profesor o Jefe de Taller.
Todos tienen el mismo fondo que el de Carpintería.
Sube de nuevo los tres escalones; vuélvete. ¿Ves todo el
pasillo central? Pues, aquí se celebraban las misas, los
domingos y las reuniones, para las arengas, que daban
los miembros de la Dirección del Centro (tenían
dispuestos altavoces de gran potencia) Cabíamos todos
los alumnos, formados por secciones y el profesorado.
Cada curso escolar, era cómo media, para 800 alumnos.
A sugerencias del capellán del centro, se solicitó hacer
una capilla sala de actos, a la que accedió la
Administración Provincial, aportando los fondos y las
autorizaciones pertinentes, con la alegría de todos.
Quedó muy moderna y espaciosa. A la pared del fondo
de la nave central, se le practicó una cala, para
realizar un acceso, con escalera, a todo el ancho del
pasillo central. Con esto, se daba entraba a la Sala de
Actos y Capilla, que se procedió a construir. El escenario
era de multiusos. Hasta se proyectaron películas y
NODOS y algunos documentales. La Capilla, quedaba
oculta con un cierre doble de fuelle y delante caía el
telón para proyecciones.
Bien; si te vuelves, podemos subir a la planta alta.
Cuando se termina la escalera, de planta cuadrada,
con tres tramos, el central más extenso, desembocamos
en el pasillo superior, de las mismas medidas que el
66
inferior, por estar encima, se extiende hacia ambos
lados. Vamos a recorrerlo hacia la derecha. Nos
encontramos el aula de Dibujo Lineal; mira a través de
los cristales de las puertas, a modo de mirador, verás el
aula de unos 8 x 15 metros, con los pupitres especiales
para dibujar.
Como fondo del pasillo, está la entrada al Taller de
Radio y Electricidad, es algo más amplio que el aula de
dibujo, a través de los cristales de las puertas verás que
se extiende hacia la izquierda, donde se ven los puestos
de trabajos a modo de bancos corridos, con bases de
enchufes y conmutadores, todas las paredes con grandes
ventanales. Volvemos. Podemos ver todo el pasillo y por
la derecha, las entradas a las aulas. A mitad del
pasillo, está la mesa que utiliza el bedel. Tiene, éste buen
señor, el cometido de atender las comunicaciones
internas y vigilar el orden y disciplina en los pasillos,
que están a la vista. A la izquierda y dando vista desde
el puesto del bedel, hay otro pasillo, de las mismas
dimensiones que el pasillo inferior, donde está la Sala
de Exposiciones y por donde se va a las oficinas del Jefe
de Estudios, del Secretario, de Señor Director, la Sala de
Juntas y la Biblioteca. Volvemos donde el bedel.
Seguimos y encontramos, a la izquierda la entrada a
las oficinas de contabilidad y archivos, los laboratorios
psicotécnicos; por la derecha más aulas y siguen los
servicios, idénticos a los de la planta baja y están sobre
ellos; aquí el pasillo se hace más ancho. Siguen unos
ventanales, por donde se puede ver el Comedor, es muy
amplio, tiene la misma capacidad que el recinto del
vestuario, pues, está sobre él. Las mesas, aún sin la
vajilla colocada, son para cuatro puestos, algunas para
seis. Y al fondo, como de presidencia, una mesa
alargada, para doce puestos, pero, sólo en la parte de la
pared, así, al mismo tiempo, se come y se vigila, ya que
aquí se sientan los profesores de
cada turno. A la
67
izquierda, están las entradas y salidas de la Cocina. No
entramos, te puedes imaginar, es grande, con grandes
fogones y peroles, despensa y lavaderos. Lo corriente.
Saliendo del Comedor, tenemos a la derecha, la entrada
a la cocina, a las viviendas de los guardeses y la subida
a la terraza de todo el edificio. Al frente, un ventanal,
por donde se pude ver una pequeña terraza - balcón y
los mástiles de las banderas y más a la izquierda, está
la escalera. Bajamos a la planta baja, torcemos a la
izquierda y encontramos la puerta de entrada general,
por donde habíamos entrado. Salimos al exterior. Está
sonando una sirena. Los alumnos están formando, en la
explanada, en filas, por secciones. Pasamos por entre los
parterres del jardín, bajamos las escalinatas. Mientras
nos cruzamos con las secciones de los alumnos, que ya se
dirigen, cada una a las aulas o talleres. Nosotros nos
vamos. Ya volveremos otro día.
La vida dentro del piso, en el barrio del Perchel, en
compañía de la familia prestada, transcurría de forma
normal, dentro de los detalles normales, que suceden en
una familia humilde, en un barrio humilde, poco se
destacaban, en poder económico, unos vecinos de otros,
casi todos tenían el mismo aspecto. Pero, yo hacía mi
vida independientemente. Entraba y salía, iba y venía,
siempre con toda libertad. Mi madre siempre confió en
la forma que me comportaba, nunca tubo queja de ello.
Pude ser un niño callejero, gamberro y libertino, pero,
nunca salió de mí esa manera de actuar. Y, nunca, me
asocié con niños o jóvenes de mala calaña.
Vivíamos en el ultimo tramo de la calle. Era una calle
bien definida por tramos. La parte primera, en los
números pares, era la trasera de los edificios de la calle
68
Ancha del Carmen, se utilizaba como almacenes, no
había entradas a las viviendas. Enfrente estaba el muro
de la rampa de acceso al puente de Armiñan, sobre el
río Guadal medina (Bueno, río, sólo en tiempos de
lluvias, el resto del tiempo, estaba seco), por donde se
entraba a la avenida del Generalísimo, ahora, Avenida
Principal. Rampa, por donde subían tranvías, vehículos
y personal. Éste lugar, era una gran explanada, de
planta triangular. Seguía la parte propiamente de calle
y más estrecha. Esta parte de calle, no era recta, los
edificios, no mantenían una alineación continuada,
sobre todo la parte derecha. En parte derecha, la de los
pares, estaba poco habitada, hasta la primera calle que
la atravesaba, la de Medellín. La parte izquierda, la de
los impares, eran las traseras de los edificios de la calle
Cuarteles, en la parte central, estaba una fábrica de
hielos ‘La Paloma’.
Luego, la calle se hacía más ancha y habitada en su
casi totalidad con entradas a los edificios. Esta parte,
estaba subdividida en dos tramos, mi casa estaba en la
parte de los pares, en el segundo y último tramo, que se
cerraba transversalmente con la calle Plaza de Toros
Vieja. En principio, toda la calle, tenía un piso
empedrado, con cantos rodados de zahorra, colocados
de
forma
arbitraria,
pero
formando
tramos
emparejados. Años más tarde, este tipo de piso se levantó
y se cambió por tendido de hormigón nivelado.
Adosándoles a lo laterales unas aceras estrechas; tanto
que en algunos lugares, casi solo estaba el bordillo de
piedra.
Te digo que la calle esta subdividida en dos tramos y era
cierto. Tanto los edificios, como sus habitantes eran de
aspectos diferentes. Y que nadie se moleste, pero,
ciertamente así era de reconocer. En el primer tramo, en
los impares, de aspecto más sombrío, que el siguiente
tramo de calle, existían tres edificios, de los llamados
69
corralones. Viviendas, casi todas, pequeñas, con patio
comunal y galerías con barandillas y entradas a las
viviendas. En la parte de los pares, comenzaba con el
obrador de una tahona y seguían edificios diversos y
mal alineados, a varias alturas, hasta llegar a mi casa,
desde donde ya las casas estaban casi en línea. Éste
último tramo de calle, comenzaba a la altura del
callejón o calle Noblejas, por donde se podía pasar a la
calle Cuarteles (por donde mi madre iba todos los días
a su trabajo), tenía un aspecto más homogéneo, parecía
más moderno, de color más blanco. Los pisos bajos, con
ventanas enrejadas con florones de plomo y otros de
bronce. Los pisos altos, con balcones, todos con macetas.
Algunas fachadas con azulejos de colores.
El edificio donde estaba mi casa, construido en el siglo
XIX, estaba formado por dos plantas altas y la baja (mi
casa) De fachada blanca encalada y friso de color
oscuro, de un metro de altura, desde la línea de calle.
En la planta baja, estaba, a la izquierda, la puerta de
entrada comunal, de madera, con dos hojas, muy
resistente y pintada de color marrón muy oscuro. En
una de las puertas, la de la derecha, se podía ver
grabadas las iniciales de mi hermano Juan. A la
derecha, la otra puerta de entrada, exclusiva para mi
casa, de aspecto igual a la otra puerta principal, a no
ser, por los dos ventanillos, practicados en la parte
superior de cada hoja de puerta, a forma de montante.
Centrada entre las dos puertas, la ventana de la
habitación donde yo nací. En la planta primera, tres
balcones, el balcón central, más amplio, todos con
barandillas de hierro con florones de latón y adornadas
con proyecturas en los jambajes. De igual forma, estaban
los balcones de la segunda planta.
El portal de entrada a la casa, era doble; el primero, un
zaguán cuadrado, encalado y vacío, donde se podía ver
en el suelo, una tapa para registro sanitario de aguas
70
fecales (‘madre vieja’, cómo se dice allá) La separación
entre las dos piezas, lo hacía el conjunto de un bastidor
y dos puertas de madera, trabajadas en cuarterones con
la parte superior con cristales de colores, con zonas
dispares y simétricas; este sistema era como una cancela,
pero con mejor visibilidad desde el interior hacia fuera,
que desde la calle hacia dentro El segundo, más que
portal, era un distribuidor o vestíbulo, con el suelo un
poco más elevado, con un pequeño escalón donde la
puerta separadora; aquí, a la izquierda, estaban los
contadores eléctricos, uno para cada piso y el
comunitario; y a la derecha, la entrada a nuestro piso y
la entrada al patio. Adosada a la pared de la
izquierda, la escalera para los pisos altos, con
barandilla de hierro y como primer asidero, una piña
de bronce y una más, en cada ángulo de la barandilla.
Bajo este primer tramo de escalera, había un chiscón
angosto, utilizado a modo de trastero.
En el primer piso superior, vivían un matrimonio, Luis y
Vitoria. Personas excelentes. Él era cajero en el Banco de
España. Agradable y educado en el trato hacia mí, pero
algo distante. Tenían una casa, cómoda, bien
amueblada, limpia y perfumada. Era mayor que la mía,
porque además, ocupaba la superficie sobre los dos
portales de entrada comunal. Daba gusto estar allí. Ella
me trataba con gran cariño. No así, a los hijos de la
familia Rando. Yo tenía libre acceso de visitarlos.
Muchos días, yo subía para jugar con su hija (Vitori), de
edad menor que yo. Era bonita y alegre. Le gustaba estar
conmigo, éramos buenos amigos. Esta niña, mi amiga,
murió de leucemia, en pocos meses y con poca edad. Fue
un duro golpe para mí; más aún para su madre, claro
está. Yo perdí una amiga y compañera de juegos, pero,
ella, perdió a su única hija, a la que trataba con mimo.
Cambió de forma de ser, perdió la alegría, que siempre
era la expresión de su cara, antes radiaba felicidad...
71
Por esto, dejé de visitarla durante algún tiempo, cosa
que sentía no hacerlo. En ese piso se estaba cómodo.
Muchas tardes, me había quedado dormido, sentado en
la mecedora de maderas retorcidas, con asiento y
respaldo de mimbre tejido. Luego, Vitoria, me despertaba
con el olor de un vaso de leche caliente, que me
acercaba a la nariz hasta que me despertaba y un trozo
de pan con aceite y azúcar, para merendar.
Vitoria, era una mujer de ademanes refinados y su casa
era ejemplo de limpieza y orden, el ambiente siempre
olía de forma agradable. Un tiempo después, quedó
embarazada y de nuevo, fue madre y alegre. Tuvo una
niña preciosa y regordeta; a la que en muchas
ocasiones, le ayudaba en el baño y a tenerla en los
brazos. Con el tiempo, no sé si yo era su compañero de
juegos, o ella era mi juguete preferido. Hasta que, unos
años más tarde, se mudaron a una casa adosada, más
amplia, más cómoda, con un buen patio con una planta
enorme de jazmín; y más adecuada a su situación
social y económica.
En el último piso, vivía mi madrina y su familia, cómo
ya te dije. El hijo mayor, Salvador, mi padrino. Se
marchó a trabajar a Algeciras. Allí se instaló y se casó.
Había hecho el servicio militar en la Armada, como
decimos, La Marina. Le gustaba hacer trabajos con
aparatos de radio, que estudió por correspondencia; sus
libros y apuntes me sirvieron para comenzar mis pinitos
en estos trabajos. También le gustaba hacer modelos de
barcos, con madera; había una reproducción del buque
donde estuvo embarcado. Entre las cosas que dejó, en esa
casa, había unos grandes volúmenes de diccionarios,
me parecían códices. En ellos comencé a leer las
primeras palabras y sus significados. En cierto modo,
esta fue la base de unos problemas sobre la forma de
hablar, que ya te contaré.
72
Martín, el hermano menor, ‘el tartaja’, también hizo el
servicio militar en la Marina. Luego, se marchó a
trabajar, con su hermano. Años más tarde, me enteré
que era el ‘vocero’ en la lonja de pescaderías. ¿Cómo, si
era tartaja? Pues, sí. Su madre, me dijo que era muy
hábil en ese cometido.
Antonio, el marido de mi madrina, le gustaba oír cante
flamenco, en la radio (construida por Salvador) Era un
hombre serio, reservado; muy distinto de cuando se
pasaba con el vino de las tabernas. ¡Qué grandes
broncas montaba! ¿Qué grandes discursos? ¡Que
elocuentes insultos a personas ficticias! Y en plena calle.
Se podía ver a las vecinas, asomadas a hurtadillas, para
oír sus peroratas.
Todos los chicos de ola calle, desaparecíamos de su
entorno; porque, o te daba un discurso pesadísimo o te
insultaba, de forma grosera. Dependía del nivel etílico.
Mi madrina, lo sufría con pena y resignación.
La hija menor, Mercedita, mujer hermosa y muy
agradable y simpática en el trato, tenía diez años más
que yo; éramos grandes amigos. Pasábamos largos ratos
de charlas, le gustaba hablar de multitud de temas;
cuanto más complicados mejor. Yo, siempre, intentaba
responder a todas sus preguntas y comentarios.
A mi madrina le gustaba, también, intervenir, pero
menos, porque ella casi siempre estaba atareada
haciendo comidas y los trabajos de casa; además, que
no era muy instruida, o entendida en estudios. Muchas
veces he comido con ellas y luego dormíamos las siestas.
Incontables días he estado sentado, con una pequeña
silla, en el balcón mirando a la calle. A lo lejos de la
calle, hacia el centro de la ciudad, se veía el letrero
luminoso de ‘ÁTICA’, que estaba sobre el último edificio
de la Avenida del Generalísimo. Más lejos, como fin de
terreno visible, se veía parte del ‘Monte de las Letras’, las
AC, (de Acción Católica), que hicieron pintar con cal
73
sobre la falda del monte, en grandes medidas,
ordenada por los dirigentes del ‘Movimiento’ franquista,
para que la vieran todos los habitantes de Málaga.
También me distraía mirando los tejados, o las nubes, o
intentaba contar las golondrinas y vencejos que
entraban o salían por la reja de un ventanal, en la
parte alta del almacén de muebles, en el edificio de
enfrente.
Siempre
fui
un
niño
muy
retraído,
introvertido. Los otros niños, tenían que llamarme a
jugar, a veces a la fuerza.
Con más años, en la pubertad, mis costumbres
continuaron con ese mismo retraimiento. En las fiestas
del barrio, que se engalanaban las calles con
banderitas, cadenetas y adornos varios. Que se ponía
música, con giradiscos y altavoces al exterior. Donde la
gente bailaba, yo, sólo intervenía en las instalaciones y
colgaduras, pero, no intervenía en el baile. Cómo
mucho, me encargaba del cambio de los discos, en el
gramófono, que yo mismo instalaba
Ciertamente, me fui alejando de los compañeros de
juegos. Me dedicaba, durante muchas horas a leer
revistas, TBO, los planos de las inventivas, etc. A las
tareas escolares le dedicaba demasiado tiempo, no tenía
ayuda,
pero
me
esforzaba
en
poder
hacerlas
correctamente. Hacía radios de galenas, copiadas de las
revistas y con los materiales que podía conseguir, con
trueques y con los escasos ahorros que podía conseguir.
Daba grandes paseos, a solas. Por la cuidad, el parque,
74
el puerto. En el parque, antes había lugares con
pequeñas casetas, donde guardaban libros y los guardas
jurados del parque, lo prestaban para leerlos, sentado en
los bancos del mismo lugar. ¿Se podría hacer eso,
ahora?... ¡Que no!... Que te digo que no. Subía a
Gibralfaro, por el barrio de la Coracha. Me encantaba
ver las amplias vistas de la ciudad y el puerto y estar
entre los olores de los pinos. Y bajaba por el camino del
barrio de Barcenilla, entre los pinos. Entraba en la
plaza de La Merced, atravesaba las calles del barrio del
Centro. Me detenía y entraba en el hotel, veía a mi
madre, charlábamos. Luego, regresaba a casa.
Continuaba con mis cosas o acompañaba a los Rando, a
sus charlas.
A veces, me resultaba entretenido, ver a Paco, como
hacía los cosidos de las piezas de cuero, para los arreos
de las caballerías. De cómo repujaba los collerones y las
orejeras o de hacer el fijado de las hebillas. Sobre todo la
hábil forma de prensar y soltar los materiales con las
‘tablillas’, entre las piernas. Le llamaba a unas maderas
labradas, una de ellas más larga, unidas a forma de
pinzas, dispuestas entre las rodillas y que accionaba con
la presión de las piernas, y la parte final de la pieza
larga, apoyada en el suelo y sobre una pierna y
montando con la otra. A última hora cenábamos. Y yo,
esperaba a mi madre, oyendo la radio. Cuando ella
llegaba, charlábamos un rato, luego, a dormir.
Mi hermano Juan, se asoció con un compañero de
trabajo. Alquilaron un solar, amurallado con lo que
eran las paredes de una antigua casa derribada. Tenía
un portón, que sería la entrada para carruajes.
Construyeron con tabiquería y techumbre, unas
dependencias para utilizarlas cómo gran salón
cubierto; una sala con doble entrada, con dos
75
mostradores, para utilizarla como taberna; una cocina,
un almacén y servicio sanitarios. El resto del terreno, se
acondicionó para terraza de verano. Tan amplio era,
que se montaban unas 100 mesas y sus respectivas sillas.
En el suelo se esparció arena de playa. El ingenio de
alguien, hizo que se la llamase, al local, “La Playa”. Se
le acondicionó con iluminación aérea y banderitas,
como las de feria. Y ahí, comenzaron a servir bebidas y
tapas.
Como yo estaba de vacaciones de verano, acudía a
ayudar en lo que podía, mientras hacían las
construcciones. Y jugaba con mis sobrinos y con los hijos
del socio, que sería el Encargado, cuando el negocio
funcionase. Un día, jugando sobre un montón de arena
de playa, en la que se ocultaba una botella rota, sin
darme cuenta, me produje un gran corte en la rodilla.
De momento, no sangraba; el corte tenía un aspecto
blanquecino. Me limpié la herida con agua del grifo y
me até un pañuelo. Sin darle más importancia,
seguimos jugando. Por la noche, sentí molestias y
desperté a mi madre. Comprobó que la temperatura me
había subido a 39. Rápidamente, me vistió y nos
trasladamos la Casa de Socorro. Cuando el doctor me
reconoció, le dijo a mi madre, que tenía los síntomas del
Tétanos. Ya no recuerdo los detalles y que me
administraron, ni como fue la cura de la herida, pero
estuve en observación durante varias horas. Lo cierto fue
que todo pasó sin graves consecuencias. Recibí una
reprimenda, por no dar a conocer el caso de la herida.
Mi hermano y su socio, cuando ya estaba en marcha el
negocio de la taberna terraza, comprobaron que la
clientela llenaba el local. Además, de estar en la cocina,
las esposas de ellos dos, emplearon a dos camareros más.
El trabajo, sobre todo en horas puntas, les abrumaban.
Cómo el tiempo de vacaciones comprendía más de tres
meses, entonces, me propusieron trabajar cómo camarero
76
ayudante, en la terraza “La Playa”, acepté. De esta
forma tendría ingresos para mis gastos y dejar libre de
ellos a mi madre.
Entraba al trabajo a las nueve de la mañana. Primero,
tenía que ordenar vasos, botellas y los útiles que se iban
a manipular. Luego, llenar botellas con las bebidas que
se sabía que pedirían los clientes. Servía los pedidos de
los clientes, que acudían por las mañanas. Se cerraba
para comer, todos juntos, en familia, seguido de siesta.
Antes de abrir al público, se hacía un riego con
mangueras,
se
desmontaban
las
sillas,
luego
colocándolas a las mesas ordenadamente. Ya, por las
tardes, servía a las mesas en la terraza. Yo atendía a 10
mesas. Mi hermano, 50 mesas y el otro camarero, 40
mesas. Si, la terraza era grande. Todo eran prisas, voces,
discusiones, pedidos... Y si la cocina no atendía los
pedidos con rapidez, se armaba gran revuelo y
discusiones entre el personal trabajador y los clientes,
exigían más atención. De locura, en horas puntas. Pero,
a mi hermano, le daba tiempo a todo, a lo suyo y a lo
mío. Más de una vez, me ha indicado que unos clientes
necesitaban algo o alguna vez, también, me ha
indicado:
--- “Cuidado con los de la mesa número tal.
Esos se te pueden escapar sin pagar.”
Me faltaba experiencia y la atención necesaria para esa
picardía de este oficio. Él siempre tenía tiempo para
entretener a los clientes con chistes y bromas. Era
agradable oírle recitar la carta de tapas y bebidas, de
manera extraña y la mayoría de ellas inventadas, como
‘Cazuela de chumbos’, ‘Chanquetes rellenos’, ‘Alfajores en
pipirrana’... Y, sobre todo, la agilidad, no-solo de
movimientos, sino agilidad mental para dar el
resultado de las sumas de las consumiciones. Todos sus
clientes se iban contentos. Los últimos clientes se
77
retiraban casi a medianoche. A las once, ya se les iba
indicando el fin de la jornada y el cierre. Se hacía el
cierre, recogíamos todos los servicios de mesas, se
limpiaba todo y se retiraban los restos, que los clientes
tiraban por el suelo. Luego de arranchar todo, nos
despedíamos y a casa de cada cual, para descansar y
estar preparados al día siguiente.
Los fines de semanas, el horario se extendía algo más y
el trajín era más intensivo, más agobiante en las horas
puntas. Pero, en las horas de descanso, después de comer,
los jóvenes y niños, hacíamos batallas con sifones y las
mangueras de agua. Cierto día, la batalla tomó un
ritmo más ardoroso, utilizamos escobas, atizadores, el
cuchillo jamonero, el rastrillo, aceitunas, rollos de papel
higiénico; vamos, material diverso. Con tan mala suerte,
que en uno de los lances y al esquivar, en defensa, con la
tapadera de una cacerola, no pude evitar el golpe de
esgrima, del cuchillo jamonero, y lo paré con los
nudillos. El tajo no fue profundo, pero sí escandaloso,
más que sangriento. Después de la cura, se decretó
amnistía y censura para toda clase de batallas. Desde
entonces, jugábamos al escondite.
Cuando se acabó el verano y con él, las vacaciones,
comenzó el curso escolar. Éste sería el comienzo del
primer curso completo. En el anterior, Preparatorio, sólo
estuve en la parte final del curso, cuatro meses. Salí con
calificación de ‘Aprobado’. Cómo antes te dije, el periodo
completo de aprendizaje, comprendía cuatro cursos. Yo,
repetí en todos, menos en Preparatorio y el último,
Perfeccionamiento. El curso de Preparatorio, era un
curso accesorio; solo para chicos de menos edad o menos
preparación escolar. Verdaderamente, el primer curso
78
era el llamado Orientación, en él se empleaba mayor
número de horas lectivas, en las aulas, y sólo dos horas
en los talleres de forma rotativa y diaria, cada día en
taller distinto, para hacer prácticas sencillas, más bien
de reconocimiento de las distintas herramientas y
modos de trabajos. En los cursos superiores, se iban
reduciendo las horas lectivas teóricas y era mayor el
tiempo en los talleres.
Haciendo éste repaso, puedo verme rodeado del resto de
compañeros de la misma clase, en las aulas, en los
pasillos, en los talleres o en el recreo por los distintos
campos de deportes, correteando y saltando. Era un
niño feliz y despreocupado. A esta edad, y en aquellos
tiempos, con 15 años, no se tiene muchas entendederas.
Como terminación del curso, bueno, de todos los cursos,
se tenía por costumbre, de celebrar una gran asamblea.
Que, después de una misa solemne y en presencia de
alguna autoridad ciudadana, de la dirección y
profesorado del Centro, al que se habían invitado a los
familiares de los alumnos, se procedía al repaso del
curso finalizado, de los logros alcanzados y a ensalzar
con los rituales a que se tenía costumbre, en los tiempos
del Movimiento Nacional, la marcha de éste Centro de
Formación, de los alumnos y en especial a los mayores,
que ya pasarían a ser antiguos alumnos de esa
Institución. Se continuaba con premios a los más
aventajados y como formula principal, la entrega de
diplomas a los alumnos que terminaban el último curso
y eran despedidos, entre aplausos de todos. Y se daba por
finalizado el gran acto. Puedes imaginarte la
solemnidad, pues estábamos celebrándolo en el día ‘18
de Julio’, día de ‘Fiesta Nacional’ de aquellos entonces.
A mí me entregaron un certificado, del tamaño de 15 x
11 cm, en el que constaba la calificación media, la
conducta y el aprovechamiento escolar.
79
Cómo de costumbre, en las vacaciones, me tenía que
dedicar al trabajo que mi hermano me conseguía. Éste
verano comencé a trabajar en el mostrador de una
taberna muy renombrada en Málaga, ‘La Manchega’,
en su sucursal central, en la calle Montalbán. Los
dueños, unos hermanos, eran de Ajofrín (Ciudad Real)
El distintivo de estas tabernas era el basar, el lavadero
para los vasos y la ocultación de los barriles. Estando a
la vista, tan solo, las canillas (los grifos) para escanciar
los vinos. El trabajo era diario, no tenía día de
descanso. Así, que cuando aparecía algún compañero
conocido de la escuela, me daba algo de envidia, por no
poder estar de ocio, como ellos.
Para
este
curso,
Orientación,
al
realizar
la
matriculación, como se le llamaba, me dieron un papel
sellado y timbrado con dos sellos de 50 céntimos (de
peseta), previo pago de su importe. En el que constaba el
número de orden, con el que sería identificado durante
toda la estancia en el centro. Éste número fue el ‘0-51-A’.
Esta identificación se entendía así: el cero inicial,
indica el primer curso, el número 51, es el orden de
matriculación y la letra ‘A’, es reconocimiento de nueva
identificación y al mismo tiempo de que no tenía
repetido algún curso. Es todo muy ingenioso, porque con
sólo ver la identificación, se puede saber en que curso
está el alumno y hasta su progresión. Te explico, con esta
serie identificativa, como me ocurrió y creo que soy caso
único, se va cambiando el primer número de la serie,
con cada curso, es decir, sería 0, 1, 2 y 3.
El número cero, identifica al curso Orientación. En él,
todos los alumnos pasan por todos y cada uno de los
talleres de que dispone el Centro. En los que se les
adiestra en los distintos oficios y en sus formas y
maneras de los trabajos de cada especialidad. Las horas
en clases de teorías, como matemáticas, física, historia,
geografía, religión y hasta el poco aceptado de
80
Formación del Espíritu Nacional, que era la inculcación
de las teorías políticas del Régimen franquista y de la
manipulada Historia de España.
De bien, sólo tenía las lecciones de sindicalismo y los
derechos y deberes del trabajador; todo en el sentido del
sindicalismo vertical.
El número 1, es para el curso llamado Fundamental. En
éste curso, las horas empleadas en las aulas, son casi
parejas a las de estancias en los talleres. Al principio de
este curso, los alumnos van pasando por unos exámenes
psicotécnicos, para que se puedan evaluar las
capacidades de cada uno, en las distintas ramas de
trabajos. De estos exámenes dependían los criterios por
los que se predestinaban y se les dirigían a los estudios y
trabajos específicos, para el oficio a que se dirigirían en
los próximos cursos. El número 2, es para identificar al
curso Especialización. Para éste curso, los alumnos
tendrán mayor números de horas en los talleres que en
las aulas. Pero, ya en los talleres propios de la rama a la
que han sido predestinados. El número 3, identifica el
último curso de estancia en el centro, es el llamado
Perfeccionamiento. En éste curso, los alumnos, están más
tiempo en el taller específico de su oficio. Se realizan
trabajos más destacados y hasta, algunos, son expuestos
en la exposición del centro. A veces se han realizado
trabajos para el exterior. Suenan estos nombres algo
rimbombantes, pero, ciertamente identifican muy bien
el nivel de enseñanza.
Lo más ingenioso de esta identificación está en la letra
final. La letra ‘A’ puede ser usada hasta el final de la
estancia en todos los cursos; pero, si algún alumno repite
un curso, ya va cambiando, ordenadamente por cada
curso siguiente. En mi caso, al repetir los tres primeros
cursos, fui usando cada año, una letra diferente. Pasé
de la ‘A’, hasta la ‘G’. La ‘A’ y la ‘B’, para la
matriculación del curso Orientación. ‘C’ y ‘D’, para la
81
matriculación del curso Fundamental. ‘E’ y ‘F’, en el
curso Especialización. Y finalmente, la ‘G’, para el último
curso, Perfeccionamiento.
Te digo que el mío, fue, quizá el único caso. Sobre esto,
me ocurrió una anécdota: En el último curso, y en los
últimos meses, un grupo de compañeros, inmersos en la
euforia de la terminación del curso final, hicimos
bromas con el agua de los lavabos, mojándonos unos a
otros. Apareció el director de disciplina, que a la sazón,
también era el profesor de deportes, y detuvo la batalla
acuática. Comenzó por hacernos formar en fila, después
de amonestarnos muy seriamente, procedió a tomarnos
el número de identidad. Cuando llegó a mi altura y
dar mi número actual, no me daba crédito, porque no
entendía que yo pudiese tener la letra G en el número de
expediente. Se enojó, despidió al resto de compañeros,
librándoles,
entonces,
del
posible
castigo
que,
principalmente, constaría con una anotación de falta
grave, en el expediente personal y me indicó que le
siguiese hacia las oficinas, para comprobar mi número
en los archivos, amenazándome con la expulsión, si le
había mentido y me estaba burlando de él. Cuando
abrió el archivo correspondiente a la inicial de mi
apellido, sacó el legajo de mi expediente y comprobó que
no mentía. Pero, esto no me hubiese salvado, si no
hubiese visto el primer documento del archivo personal,
era la ‘Recomendación Especial’, escrita por el Señor Jefe
Provincial de la C.N.S. (‘El Jefe’) Con cierta perplejidad,
me despidió diciéndome que:
--- “... Pero; para la próxima vez...”
Desde ese día, comprobé la eficacia de un archivo. Aún
no le había hecho caso a lo que me decía mi mentor, D.
Luis Mesoneros. Que cierto día, al pedirme el certificado
de las notas escolares, yo la saqué, arrugada, del
interior de una cartera, que llevaba en el bolsillo. Al
verla, don Luis, me dijo que no era buena forma de
82
guardar un documento. No obstante, en una de las
esquinas del certificado, escribió y firmó:
--- “Está feo de tenerlo en la cartera. Luis Mesoneros.”
Razón tenía, porque el original, no aguantó. En su
lugar, archivado, está una copia, que aún conservo, con
muchos documentos de aquel expediente personal. Mi
primer libro, no de escolaridad, me lo regaló don Luis
Mesoneros, por haber aprobado el curso, fue El Lazarillo
de Tormes. Lo leí y releí; me resultó apasionante. Me
influyó mucho en la lectura, no así, en el estudio
escolar. El archivo académico está casi completo, desde
la copia de la tarjeta identificativa, en la que se puede
ver que pertenezco a la promoción del curso 1953–1954
hasta el carné de antiguo alumno, numerado con el
número 599. En la tarjeta identificativa, consta mi
nombre y apellidos, número de expediente, la
promoción, las secciones y los equipos en los que he
estado, el nombre de mi madre, el domicilio, el número
de la cartilla de ahorros y el material de vestuario, que
se me entregó.
Cómo te he dicho, éste primer curso de oficialía
industrial (Orientación), lo suspendí por tener tres
asignaturas en suspenso: Tecnología (4,50), Geografía
(4,00) y Ciencias Naturales (4,00) Pero, la nota media
fue de 5,25. Por esto, me fue impuesta en el expediente
personal una anotación de falta grave. No se podían
tener, en el mismo curso, más de tres faltas graves. En el
principio de este curso recibí el aviso de tener dos faltas
leves, por ‘reñir con un compañero (23/11/53)’. Que por
causa de mi forma de hablar, sin el ceceo andaluz, que
yo me había impuesto, tuve una gran discusión con un
compañero y reñimos abiertamente, intercambiando
algunos golpes. Luego, la falta grave, que expliqué
anteriormente, por malas notas. (24/03/54) Sin
embargo, vuelvo a tener patente de excepción, que te
puedes dar cuenta, era debido a la primera nota de mi
83
expediente,
perteneciente
a
mi
mentor
y
su
‘Recomendación’. Éste curso (Orientación), lo repetí por
malos estudios, ciertamente, no tenía ni apoyo bueno, ni
conocimientos para que los estudios fueran más fáciles.
Estaba solo. Mi madre no me podía atender
adecuadamente. Ella salía muy tarde del trabajo y
cansada. Tampoco era muy culta, no había recibido
buenos estudios, en la corta juventud que tuvo. Pero, hay
que tener en cuenta, cosa que yo jamás le he
recompensado con nada, que ella se propuso, y así me lo
dijo:
--- “Mientras que yo pueda, tu estarás en los estudios.
Ya tendrás tiempo para el trabajo.”
Para que tuviese más interés en el estudio, mi madre me
ofertó, que si aprobaba el curso que había repetido, me
compraría una bicicleta. Pero durante el curso, recibí
tres faltas graves. ¿Motivos?: Una por “No estudiar y no
presentar los trabajos señalados”, en la clase de
Formación del Espíritu Nacional, (10/2/55) La segunda
por “Tirar terrones de tierras, que hay para arreglar el
campo de deportes, a otro aprendiz” (25/2/55) y la
tercera por “Entrar en el taller de Ajuste indebidamente
uniformado “ (3/6/55) Terminé con un aprobado (5,85)
Las notas finales fueron:
Técnico - Gráficas -------------------------(5,30)
Tecnología ---------------------------------(6,30)
Lectura y Redacción ----------------------(6,50)
Ciencias ------------------------------------(6,30)
Geografía e Historia ----------------------(8,00)
Religión ------------------------------------(5,00)
Formación del Espíritu Nacional--------(4,00)
La conducta -------------------------------“Buena”
Esta asignatura de Formación Espíritu Nacional, nunca
fue mi fuerte. Discutía con frecuencia con el profesor,
que era un oportunista, de los colocados en el
Movimiento.
84
También, recuerdo el disgusto de mi madre, cuando le
traía las malas notas, solía decirme con cierta tristeza y
socarronería:
--- “Hijo; vas ha ser aprendiz de todo,
maestro de nada, paseante en Cortes
y revolvedor de esquinas.”
Luego, la pobre, me daba dos besos y me abrazaba,
porque comprendía que su hijo, no podía o no sabía
estudiar mejor, y es que a nuestro alrededor no teníamos
alguien que me ayudase.
En este curso (1954/1955), nos visitó ‘Su Excelencia El
Generalísimo Franco’. Por eso era lo de las tierras para
reparar el campo de deportes. Durante el recorrido de la
visita, de todo el séquito, de gentes diversas y con
diversas medallas en los pechos estirados y orgullosos,
pasaron por el taller de soldaduras. A mí me habían
colocado soldando con estaño. Por el cristal de las gafas
de soldar, los vi acercarse, se pararon y ‘El Generalísimo’,
a un palmo de mi oreja, me dijo:
--- “Chico. ¿Que es lo que haces?”
Al oír esa voz tan singular, iba a levantarme del
asiento, y ‘Él’, me cogió del hombro derecho, me sostuvo y
me volvió a decir:
--- “Un trabajador, cuando está trabajando,
no se tiene que levantar ante nadie.”
Luego, siguieron el recorrido. Estuve apunto de hacerme
un relicario, con el trozo de camisa que ‘Él’ había
tocado... Pero, no. Si analizas detenidamente la frase,
notarás, que es una apología al ‘servilismo’. Mira, si no,
lo bien intencionada y bien situada que está la palabra
‘levantar’,... ¿O, no? Te lo digo, por la acepción figurada
de: Rebelar, Incitar, Sublevar, Alzar. De lo que ‘Él’ tenía
85
técnica y práctica. Como fin de fiesta, por la visita, con
la totalidad de los alumnos, en el campo de deportes,
totalmente remozado y engalanado, les ofrecimos un
desfile en formación, por secciones, les hicimos unas
composiciones, muy estudiadas y ensayadas y una tabla
de gimnasia, en conjunto, haciendo figuras, con las
posturas de nuestros cuerpos y banderolas. Todo casi
perfecto, hasta salimos en el NODO.
Pasé al siguiente curso, Fundamental (1955/1956) Cómo
oficio, me fue destinado el taller de Automovilismo. En el
mes de noviembre, discutí con el profesor de Formación
del Espíritu Nacional, te he dicho, que nunca fue mi
fuerte, y es que la base de esta asignatura, correspondía
a la enseñanza de la política del Movimiento Nacional,
el ‘Franquismo’; y a mí no me entraba. Por ello, recibí
una falta grave. El suspenso de éste curso, vino dado por
no sacar buenas notas en Matemáticas, Física, Lectura y
Redacción, más la dichosa ‘política’.
Repetí el curso, y al final aprobé todas las asignaturas,
menos ¡la política! (1,50) En éste verano, nada más
terminar el curso, volví a trabajar en las tabernas ‘La
Manchega’. Pero, esta vez inauguramos un local nuevo
en el barrio de Huelin, al final de la calle de Ayala.
Desde ella se podía ver la entrada a la Industria
Malagueña (fábrica textil) Delante del local había una
parada del tranvía. Sólo éramos dos trabajadores, al
servicio de esta taberna: el encargado y yo. Suficiente,
para la clientela que aparecía por el local. El encargado
de esta taberna era el padre del vecino, amigo y
compañero de juegos, el que era más despierto y ágil de
todos, del que yo era su segundo. Ciertamente, el local
no tenía el aspecto de una taberna corriente, por lo de
tener ocultos los barriles de las bebidas. Y, sobre todo, el
basar, alicatado de azulejos blancos y estanterías de
cristal, con el chorro de agua cayendo de forma
86
continua, pero con caudal reducido. En todos los meses
de trabajo, he fregado miles de vasos y todos en buen
orden de revista.
Cuando fue a comenzar el nuevo curso escolar y dar el
aviso de mi marcha, primero el encargado y luego el
dueño, quisieron retenerme, ofreciéndome más sueldo y
hasta proponerme de encargarme de la apertura de otro
nuevo local, donde sería el encargado. Mi hermano, me
aconsejó que aceptase. Pero mi idea era terminar los
estudios y formación profesional comenzada. Por tanto,
no acepté. Con esto, ya no pude repetir en los trabajos de
los veranos.
Pasé al curso de Especialización (1957/1958) Éste curso
fue un desastre. Sólo aprobé Tecnología y Taller. La
conducta, como siempre, buena. Quizá sería por estar en
los comienzos de los enredos con chicas y diversiones de
jóvenes. Pero, hay una anécdota, que pudo tener
resultado grave: Como yo era un destacado alumno en
el taller de Automovilismo, me dieron el encargo de
salir del Centro, para ir a retirar y traer a éste taller,
una motocicleta de uno de los profesores, que no pudo o
no supo poner en marcha el motor.
Cuando llegué a donde estaba la motocicleta, la cogí y
comencé a empujar. Tenía dos caminos a elegir,
callejear por los barrios de Perchel y Trinidad, que no
me pareció el más seguro o cruzar por el puente del río, y
regresar por los Pasillos. Éste camino me pareció más
seguro, pero tenía unos inconvenientes: tenía que subir y
bajar las rampas a los puentes del río. Entonces se me
87
ocurrió una, no muy buena, idea: Intentar arrancar el
motor y trasladarme conduciendo y no empujando. Me
detuve, revisé el motor, purgué el carburador, limpié la
bujía y comencé a intentar el arranque, y, arrancó.
Pensé:
--- ‘No tengo permiso de conducir; pero si voy despacio
y por calles menos transitadas, no pasará nada.’
Me senté, arranqué y comencé la marcha. Sabrás, que ir
despacio en una motocicleta grande, tiene una
dificultad, el trazado en las curvas, se hace un poco más
abierta. Bueno, pues, al iniciar la vuelta y subida a la
rampa del puente, no la pude terminar. La rampa era
de unos 15 metros de ancha. Bajando, venía un coche,
que luego resultó ser francés. Ocupaba más de la mitad
de la vía y con la apertura que yo estaba trazando, se
produjo la colisión. Simple, pero, colisión. Como
resultado: susto por ambas partes y una abolladura en
el coche francés, sobre la puerta del conductor. Pequeña
bronca en francés y en castellano. Al final, entre
francés, esperanto y castellano, conseguí que me
entendiera y me siguiera hasta la Institución. Cuando
nos vieron entrar y di la explicación al profesor, se armó
un gran revuelo a mí alrededor. Bronca monumental,
falta grave en el expediente, con promesa de una
revisión por el tribunal de disciplina.
En el mismo taller de automovilismo, los alumnos,
hicimos la reparación del vehículo francés, con
resultados muy aceptables. Se les ofreció comida en el
comedor general, comieron entre los alumnos del primer
turno, y luego, entre saludos y traducciones, se marchó
esta familia, muy contentos.
En pocos días, el Tribunal Disciplinario, se reunió en la
Sala de Juntas. Entre las consultas y propuestas, estaba
mi expulsión. Pero, mi ángel de la guarda, mi madre,
consultó con el abogado del hotel y éste señor, me
adiestró para que en el momento que me citasen, aún
88
sin que me expusieran el resultado de la decisión del
tribunal de disciplina, en cuanto me diesen la palabra,
en forma serena y hablando muy despacio, tendría que:
‘Primero, pedir disculpas por mi ‘falta imperdonable’.
Pero, que hiciese hincapié en la manera de que se me
había enviado a realizar un trabajo, ‘impropio de mi
categoría de aprendiz y estudiante’, y ‘fuera del recinto
escolar y en horas lectivas’. Aquí tenía que hacer pausa,
e insistir en pedir disculpas.
Así lo hice, y me salió bien, a pesar de saber a lo que me
exponía (y a tener sólo 18 añitos) Claro, que el abogado
me indicó que lo estudiase y repasase varias veces. El
resultado no pudo ser mejor: me dejaron en total
libertad, como si nada hubiese ocurrido y además, la
falta grave borrada, y con notificación firmada por el
señor Director de Centro. Éste incidente, resultó ser un
buen punto para mí, noté que se me tenía en cierta
estima, por el profesorado y compañeros. Es que la
noticia trascendió en comentarios diversos, que muchos
de los compañeros, que no teníamos contacto amistoso,
los sintiera más cercanos.
La repetición de éste penúltimo curso, el de
Especialización (1958/1959), fue el mejor, el más
aprovechado, académicamente; pues, las notas fueron,
buenas, sólo Física y Química tuve que pasarla en
septiembre, y las aprobé. Al mes siguiente me matriculé
para el último curso, Perfeccionamiento (1959/1960), yo
no tenía pensamiento de repetirlo. Durante éste curso,
cumpliría los 20 años.
Los trabajos en el taller de Automovilismo, fueron muy
provechosos. Reparábamos motores, vehículos, hasta los
del profesorado. Nos enseñaron a conducir. A desmontar
89
y volver a montar un motor diesel de 200 CV, y que
funcionase, claro. En fin, se nos hizo ser un buen ‘Oficial
Industrial’ en la Rama del Metal, en la Especialidad de
Automovilismo. Además de los exámenes para esta
Oficialía, realicé el examen de Reválida de Oficialía
Industrial. En un recinto externo, en la Escuela de
Maestría Industrial de Málaga. La nota que obtuve fue
de 6,30.
Tuve muchos amigos, en todos los cursos. Recuerdo sobre
todos a uno que como yo, no tenía padre. Era de
Periana, un pueblo en los Montes de Málaga, al norte de
Vélez Málaga, en la Axarquía, cerca del embalse de La
Viñuela. Pasábamos largos ratos juntos, estábamos en la
misma sección. Él estaba cómo estudiante interno, en la
residencia de estudiantes, o cómo se le llamaba,
‘Internado’, que poseía el Centro, para chicos que
residían en los pueblos de la provincia. Fueron muchos
compañeros cercanos y algunos muy buenos amigos, a
pesar de lo extraño de mi comportamiento e ideas.
Una de estas ideas, que como al ser del signo de Tauro,
que me hace ser muy testarudo, fue, que leyendo un día
un libro de gramática y en los gruesos diccionarios de
mi padrino, me detuve en comprobar que yo no hablaba
tal como leía. Y, entonces, me prometí enderezar la
forma de hablar, la pronunciación, mejor dicho,
cambiar el dialecto andaluz por el castellano que yo
estaba leyendo. Sin comprender, entonces, que es bueno
tener tu propia lengua o dialecto. Y, muy a pesar de los
disgustos y tropiezos con que me encontré muchas veces.
Sobre todo, con los chicos de mí de mi edad. Hasta
llegar a las broncas y peleas.
Estos encuentros y discusiones, me hizo comprar libros de
defensa personal. El mejor y más utilizado, uno referente
a la defensa con sistema Jiu-Jitsu. Que más tarde, al ver
los progresos y las demostraciones que les hacía al grupo
de amigos, me acompañaron para hacer las prácticas.
90
Nos dimos grandes palizas, con los ejercicios, golpes y
llaves. Nuestro tatami estaba, principalmente, en las
playas, las que luego serían invadidas por los turistas de
La Costa del Sol.
En los cursos finales, de los compañeros que me
soportaban como amigo, sólo quedaron finalmente tres:
Miguel, Paco y Juan. Miguel, no terminó el último curso,
se marchó a trabajar con su padre. Así, que quedó el
trío. Paco, era fuerte y bruto. Tenía poca costumbre de
lavarse los dientes y eso hacía que su mal aliento,
acompañase a su mala forma de hablar, usaba la
grosería y los tacos, como algo normal. Cosa que Juan y
yo, intentábamos corregirle. En las visitas que hacíamos
a su casa, se podía comprobar que era la forma habitual
de sus familiares. El más bruto, su padre, luego, en
escala descendente, él mismo, su madre y su hermana.
Actualmente, se les podría comparar con los Simpsons,
de los dibujos animados. Pero, buena gente.
La abuela de Paco, Isabel, vivía en la calle Balmes, en el
barrio del Perchel. En una pequeña vivienda, con puerta
de entrada a la calle. Ahí mismo, había instalado un
puesto de venta de caramelos, golosinas infantiles,
tebeos, tabacos, y cosas varias. Cuando iba a visitarla,
alguna vez le acompañábamos, y pasábamos buenos
ratos. Isabel, era una mujer mayor, o lo aparentaba,
porque siempre vestía con ropajes negros. Imagínate a
‘Doña Rogelia’, de Mari Carmen y sus muñecos. Buena
mujer, gruñona con los niños revoltosos, que no venían
como clientes, amable con el resto.
Estos amigos y yo, formábamos un grupo muy unido,
todos erramos cómo hermanos; íbamos a todos lados
juntos, nunca teníamos broncas, ni tropiezos. Nos
gustaban las mismas cosas, música, deportes, juegos,
poesía,... Éramos un grupo muy alegre. Hacíamos
prácticas de baile de salón, ejercicios de defensa
personal, hacíamos excursiones con las bicicletas,
91
íbamos a la playa. Juan, nos enseñó a nadar en la
playa. Hasta en invierno, íbamos a la playa para hacer
ejercicio. Todos estábamos fuertes y saludables.
En los fines de semanas, en días buenos, con las
bicicletas, hacíamos el trayecto desde el barrio del
Perchel hasta la entrada de Fuengirola. En la playa,
después de hacer unos ejercicios y ensayos de catas, nos
metíamos en el agua. Eran tiempos, en que, de forma
normal, dentro del agua, en la mar, se podía ver
claramente, quizá, hasta los cien metros, o más. Nos
habíamos comprado un pequeño equipo de buceo simple
(aletas, gafas, tubo, cuchillo de pierna, etc), y con
frecuencia, cogimos calamares, con el cuchillo, y
mejillones, en las rocas, bajo la curva de la carretera.
Todo; la arena y el agua de la mar, estaban limpias, y
no solo en apariencia. Ciertamente, te hablo de tiempos
en los que el turismo, no había estropeado el paisaje y los
residentes, por ser cosa cotidiana, no se tenía muy en
uso la playa, para el ocio.
Luego, hacíamos una fogata, con maderas y ramas
buscadas. Teníamos escondida, una chapa, que
formamos de una caja de conservas, para que nos
sirviera de plancha de asados, donde cocinábamos los
calamares y mejillones, y, a comer. Procurábamos dejar
pocos residuos o basuras. Seguidamente, pedaleo, casi en
carrera, hasta Málaga capital, a casa y a prepararnos
para salir de tarde.
Un día, al final de verano, en la playa de San Andrés,
sólo estaba nuestro grupo. Juan, a pesar de ser el mejor
nadador
del
grupo,
tuvo
un
accidente
muy
desagradable: Habíamos visto varias medusas en el
agua, pero no sabíamos del posible peligro del resultado
de su ‘picadura’ y no le dimos mayor importancia; se fue
al agua, para quitarse la arena del cuerpo y mientras
nadaba, se le pegó una medusa, de como 30 cm de
diámetro, tales eran los efectos urticantes, que Juan, no
92
podía nadar entre los estertores y gritos, que daba.
Ninguno sabía que le ocurría y tardamos en reaccionar.
El primero que se echó al agua fui yo, sin pensar que yo
era el que peor nadaba; pude conseguir ayudarle,
primero, a manotazos destrozar la medusa y después,
llevarle hasta la orilla. Se le pidió ayuda a los
propietarios de un chiringuito playero, la señora, con
aceite y vinagre, le hizo unas friegas sobre la piel
afectada, y esto le calmó bastante. Cuando todos
estuvimos serenos, pudimos comprobar el resultado sobre
la piel del torso de mi amigo. Se le quedaron, para
siempre, unas cicatrices como si fueran de quemaduras.
En la Institución Laboral, era conocida la unión de
nuestro grupo, que en todo nos ayudábamos y por eso
nos apodaban ‘Los Mosqueteros’. Pero, en lo único que no
pudieron ayudarme, fue, cuando al efectuar un salto
con pértiga, y poner la pica en el punto de salto, se me
resbalaron las manos, en toda la longitud de la pértiga
y di con mi cuerpo en tierra, hasta casi dar con los
dientes en ella.
Siempre recuerdo con cariño a estos amigos. Durante los
recreos, nuestro grupo era siempre destacado por los muy
diferentes juegos que hacíamos. Por ejemplo: ‘Batallas
Medievales’. Consistían en colocarse un compañero sobre
otro, a horcajadas, el de abajo era el ‘caballo’ y el de
arriba el ‘caballero’. El fin de éste juego, era derribar al
otro caballero, de la forma más agresiva posible, sin
causar daños, ni al cargador ni al cargado. También,
formábamos
corros
y
pasábamos
todo
el
rato
adivinando personajes históricos, que uno de nosotros
pensaba y sólo decía si era varón o hembra, vivo o
muerto. Otro entretenimiento era cambiar con
sinónimos
cualquier
refrán
popular
castellano.
¿Ejemplo? Pues, ese que dice:
--- “Más vale pájaro en mano, que ciento volando.”
93
Cambiándolo por:
--- “Más vale plumífero volátil, atrapado por la
unidad metacarpiana, que el cuadrado de diez,
pululando por el espacio sideral.”
O este otro:
--- “Camina la plantígrada”, que es, “Anda la osa.”
Hubo otro:
--- “Es de resultado superior, tener atrapado un
plumífero volátil
con la unidad metacarpiana, que el cuadrado de
diez,
pululando por el espacio etéreo.”
Y, otro, que dio mucho que hablar, cuando dije:
--- “Ocasionalmente, cuando un ente ciudadano ocupa
un
terreno próximo a un elemento arbóreo, en plenitud
de
su follaje, es beneficiado por la opacidad del brillo
solar.”
Igualmente, era muy frecuente, oírnos cantar, a grito
pelado, arias o coros de operas. A mí, me hicieron
recitar de memoria y con todo lujo de gestos, la poesía
del ‘Conde Sisebuto’, esa que comienza:
--- “A treinta leguas de Pinto y veinte Marmolejo,
existió
un
castillo
viejo
edificado
por
Chindasvinto...” Etc.
A todos les gustó mucho, porque el aplauso fue largo y
entusiasmado.
Paco, estaba prendado por una vecina de la calle
Balmes, que frecuentaba la tienda de su abuela, de
cómo salir y relacionarse con ella, (se trataba de
Librada) Motivos tenía, la chica era una de las más
94
bonitas de esa calle, aunque un poco flacucha. Un día,
nos propuso que deberíamos de acompañarle a
rondarla, y que tanto Juan, como yo, escamoteásemos la
presencia de las amigas con las que salían a pasear.
Para que él se quedase, retirado y solo, con Librada.
Después de muchos ruegos y discusiones, aceptamos.
Sería en el próximo fin de semana, tendríamos que
acechar la salida de las chicas y comenzamos la
persecución, no duró mucho, como éramos conocidos,
resultó tarea fácil. Paseamos, todos juntos por el centro
de la ciudad y por el parque. Pero, no tan fácil le iba a
resultar a Paco, la idea que él llevaba, la de hacer que
Librada, le aceptase como acompañante fijo y luego
como novio; que este era su propósito.
Y, es que verás, las chicas, casi todas, estaban porque
fuese Juan, quien les diese palique. Todas le veían con
buen ojo. Juan, (que todos llamaban por su apellido,
Espinar), era el más alto de nosotros, moreno, en todo,
pelo, ojos y piel. Tipo atlético y bien formado, además
simpático. De maneras correctas, muy bien educado, no
le gustaba de decir tacos, ni groserías, al contrario de
Paco.
En principio, Librada, aceptó que Paco se le arrimase,
pero, cuando él le dio a entender sus intenciones, ella le
rechazó, sin más. A ella le resultaba demasiado bruto y
para su gusto, sus maneras soeces y los tacos, le causaba
total rechazo. Continuamos saliendo más días y meses,
éste grupo que habíamos formado. Se fueron definiendo
las parejas, que tenían mayor afinidad, sin más
complejos, haciendo una buena panda de amigos. Por
mi parte, y con sólo 17 años, no tenía intención de
complicarme con afianzar una relación amorosa, de
forma seria, pero, todo se fue afirmando y haciéndose
costumbre. Sí yo era mal estudiante, con esto, me hice
aún peor. Repetí dos cursos.
95
Aunque Paco, me había indicado la chica a la que
tendría que distraer, al final, me pareció la más
atractiva, esta Librada que te decía. Entre los amigos,
comentamos éste asunto. La opinión de todos fue, que
podía seguir adelante, con la idea de hacer pareja con
Librada, si ella consentía, ninguno tenía nada en
contra. Paco, ya había olvidado el rechazo.
En uno de esos días en que ella, su hermana y sus
amigas salieron a pasear y como nosotros estábamos al
acecho desde la tienda de la abuela Isabel, mis amigos
me empujaron a seguirlas y me dejaron solo. Después de
un rato, me uní al grupo, charlábamos y paseábamos,
hasta que ya de regreso, le dije a Librada que quería
decirle algo a ella a solas. Aceptó, y nos retrasamos un
poco. Yo no sabía como comenzar a decirle que la quería
y todo lo demás. Mi comentario primero fue:
--- “Quiero decirte una cosa, (...);
Que me gustan los huevos fritos. (¿?)...
Bueno..., que quiero saber,...
¿si podemos ser, más que amigos, que si podemos
ser novios, nosotros dos?... ¿Qué me dices?“
La respuesta fue afirmativa y se adelantó hacia sus
acompañantes, les contó el caso, lo comprendí, porque
fueron muchas las risas. Seguramente, a causa del
comentario de los ‘huevos fritos’.
En ello quedamos: seríamos novios. De momento a
prueba. Lo cierto es que a los dos nos gustaba la idea de
estar juntos. A mí, porque me parecía muy bonita y
agradable; algo retraída, algo seria. Y a ella, aunque
hubiese preferido a Juan, tampoco le pareció mala idea.
Me ayudó, el estar con buena figura y que mi madre me
procuraba ropas muy atractivas, sobre todo, una
chaqueta de fieltro azul, pantalón gris marengo y
camisa blanca, que me hacían aparentar mejor figura.
Porque tengo que reconocer que, charlatán yo no era,
tampoco muy divertido.
96
Los ratos que paseábamos por las calles, estábamos
siempre, acompañados por su hermana menor, Beatriz,
a la que le parecía bien esta unión. Cuando volvíamos a
su casa, ellas se adelantaban y yo entraba en la tienda
de la abuela Isabel, que sabiendo el caso, nos dejaba
estar junto en su presencia, aunque no estuviese su nieto.
Pasado un tiempo, Librada, me dijo que su madre
quería hablar conmigo, que quería conocerme. Y es que
a las madres, no se les escapa nada. Sin contárselo, ya lo
sabía. Entonces, salí de la casa de la abuela Isabel y me
dirigí a casa de Librada, que era el portal de enfrente.
Cuando llamé a la puerta, Rosa, la madre de Librada,
me hizo pasar dentro.
Rosa, era una mujer pequeña, delgada, de aspecto serio
y mirada escudriñadora, daba la impresión de estar
indagando en tus adentros, pero sin intimidar, era de
trato agradable. Siempre acostumbraba de usar ropas
oscuras, daba la sensación de estar en luto permanente.
La vivienda de Rosa y su familia, se componía de sólo
dos habitaciones. Era la primera vivienda, a la derecha,
en la entrada a la casa vecinal. Una casa, que en
principio formaba parte de un grupo de casas
construidas para los trabajadores de la fábrica de
cervezas de la empresa Franquelo, donde se hacía las
cervezas ‘Victoria’ (“Malagueña y exquisita”, según el
anuncio) Que estaba junto a la trasera de este grupo de
casas. En sus dos plantas, vivían unas ocho familias. Con
patio comunal, para el lavadero, el agua corriente y el
retrete. La primera habitación, de esta vivienda, servía
como sala de estar, cocina y dormitorio del hermano
mayor, Joaquín. La segunda habitación, servía de
dormitorio al matrimonio y a las dos hermanas y
97
esporádicamente,
de
cuarto
de
aseo.
Las
dos
habitaciones, tenían sendas ventanas con cierres
abatibles acristalados y rejas a la calle. Las dos con
poyete interior.
Joaquín, era compañero en la misma Institución
laboral. Dos cursos más avanzados, entonces no nos
conocíamos de forma personal. Pero, me reconoció
cuando me vio, por las referencias del grupo de amigos,
tan conocidos en la Institución. Luego, a solas le
comentó a su hermana, lo del grupo, y de que no le
parecía bien que estuviese conmigo. Él cursaba el oficio
de automovilismo. El mismo que luego yo cursaría. Con
el tiempo, nos hicimos buenos amigos.
Bueno, que te estaba contando lo de la primera visita a
Rosa. Al entrar, observé todo el conjunto: a la derecha,
en el rincón, la cocina, formada por una peana
horizontal, que servía para ubicar el fogón, centrado en
el rincón, y dos paredes verticales, cubrían los laterales.
El conjunto se cerraba con dos cortinas, una arriba para
el fogón y otra en la parte inferior, que servía de
alacena. Todo se terminaba con una cornisa, que se
utilizaba para colocar los útiles de cocina. Seguía la
ventana, bajo el poyete, dos sillas. En la pared frontal,
junto a las sillas, una máquina de coser cubierta. En la
pared frente a la puerta de entrada, una puerta, de
doble hoja, la parte superior acristalada. En la pared de
la izquierda, un mueble cama y a los lados sillas. A la
parte derecha, en una balda, sujeta en alto, se hallaba
una radio, sobre una pequeña repisa. En el centro de la
habitación, una mesa de comedor, con mantel, sobre él,
un jarrón con flores, no naturales. Para iluminar la
estancia, una pequeña lámpara de cinco brazos. En la
primera pared, la puerta de entrada, con zócalo, a
forma de escalón alto, para en caso de inundación por
lluvias, el agua no entrase dentro. La puerta era de
doble hoja, una (la de la izquierda, siempre cerrada) y
98
la otra, siempre abierta. Y, en ese instante, en ella, yo,
con cara de circunstancia. Rosa, comenzó diciendo:
--- “Pasa... Mira. Pepe. A mí me parece bien que mi hija y
tu comencéis una relación. Lo que no me parece bien, es
que estéis en casa de otra vecina, para que sirva de
comentario de las gentes. Así que desde hoy, puedes venir
a verla cuando quieras, pero, en esta casa. Y cuando mi
marido esté aquí, él te dirá lo que quiera decirte. Yo,
como te digo, no tengo inconveniente, si tus intenciones
son buenas.”
El marido, el padre de Librada, Antonio, en estas fechas
estaba trabajando en Avilés (Asturias), como ferrallista.
Se marchó, porque le pareció que de esta forma
conseguiría mejor resultado económico, para su familia.
Pronto regresaría. Y regresó.
Al día siguiente, me
recibió, me dijo aproximadamente, lo mismo que me
había dicho Rosa, pero añadió algo más, me advirtió,
que si le hacía daño a su hija, se las vería conmigo.
Antonio, era un hombre grandote y muy fuerte, sólo con
mirarle las manos, te daba la idea de como sería el
resultado de sus palabras.
Todo era apariencia, teatralidad de padre. Él era una
persona de un temperamento tranquilo, educado y muy
amable. Sólo en casos extremos se le podría temer. Tanto
es así, que como ejemplo de su personalidad, te diré que
el mote con que se le conocía, en un circulo de
amistades es el de ‘Caballero’. Te aclaras. ¿No?
Desde entonces, tenía el permiso y la facilidad de entrar
y salir de esa casa, siempre que usase el debido respeto y
el horario de retirada establecido: ‘Nunca más tarde de
las 11 de la noche’. También, desde entonces, fui
considerado como un hijo más, se notaba el cariño con
que me trataban. Hasta el hermano mayor, me trató
como uno más de la familia; y yo tan orgulloso y con el
mismo trato, desde mi parte.
99
Ahora, estamos repasando el año 1958. Yo, cumplidos los
18 años, Librada unos dos años menor. Nuestra relación
como novios, duró casi nueve años completos. Siempre
con la inocencia de la educación de aquellos años.
Tuvimos altibajos, como en todas estas clases de
relaciones, pero, a pesar de tener unos caracteres, no
muy apropiados para una unión sentimental, la
hicimos tan duradera. Económicamente, yo dependía de
lo que mi madre me pasaba y de esa forma podía
atender a los gastos en las salidas, en fines de semanas.
Librada, había dejado los estudios sin tener un final
completo. Se unían, en estos años, unas circunstancias
económicas y de responsabilidad sobre las mujeres, que
el destino principal, para casi todas ellas, era el
matrimonio y sobre todo, mandaba más poder ayudar
en los gastos de casa, aportando un sueldo, que en estos
momentos era muy necesario. Trabajaba en todos los
trabajos eventuales que ocasionalmente salían. Tales
como las de embalajes de pasas, de higos, de naranjas y
de conservas de aceitunas o pescados. Éste último tipo de
conservas, era a las que no quería acudir, por el mal
olor que les dejaban en el cuerpo. Pero, como pagaban,
relativamente mejor, pues, al tajo. Tampoco quería que
yo acudiese a las salidas, para acompañarla hasta su
casa. Algunos meses más tarde, consiguió, aprobar el
ingreso en la Industria Malagueña (textil)
Aquel
trabajo ya le pareció algo más adecuado para su forma
de ser. Tenía gran afán cómo trabajadora, pronto
aprendió el oficio sobre el mantenimiento y el buen
funcionamiento de las máquinas bobinadoras del hilo
que se producía en esa industria. En ese puesto de
maestra, estuvo hasta que se casó. Desde la lejanía del
100
momento actual, se considera una decisión errónea,
sobre todo en opinión de Librada.
Por mi parte, una vez conseguido el aprobado del curso
final y de la Reválida y de iniciar los trámites para
seguir en Maestría Industrial. Continué con las
vacaciones de ese año. Pero, ya me asaltaba la idea de
conseguir un trabajo, lo busqué, pero no era tan fácil
conseguir un puesto de mecánico de automóviles, en esos
tiempos y en Málaga, no turística aún. Algunos días, me
desplazaba hasta la Institución laboral, para visitar al
cajero administrador, Eleuterio. Que como él era gran
amante del idioma internacional Esperanto, en los
últimos cursos, consiguió de la dirección del Centro, que
en horas extras voluntariamente, los alumnos pudiesen
aprender este idioma. Yo fui uno de los que se
apuntaron. En principio, éramos casi treinta, semanas
más tarde, sólo estábamos una docena; finalmente,
quedamos el grupo de mis amigos. Cada vez que
entrábamos en el aula, después de la última hora de
clase, Eleuterio, ya estaba en el estrado, escribiendo en
la pizarra el lema que él creía era el más apropiado
para este aprendizaje:
--- “Ciu homo debas scii du idiomoj:
tiun de sia lando kaj ESPERANTO.”
Traducido:
--- “Todo hombre debe saber dos idiomas:
el propio de su país y el ESPERANTO.”
Éste buen hombre, Eleuterio, consiguió con sus contactos
internacionales, a través del Esperanto, que se celebrase
un Congreso Internacional, en Málaga. Nuestro pequeño
grupo sería el encargado de las pequeñas ayudas que
podíamos aportar, para el buen funcionamiento,
actuaríamos como azafates.
Todo resultó un éxito, por lo contentos que todos los
asistentes dijeron estar.
101
La Dirección del Centro Laboral, nos organizó un Viaje
de Estudios (verano de 1960) Para este viaje, los
alumnos aportamos nuestra parte económica, con los
dos
últimos
pagos
de
nóminas
escolares.
Nos
trasladamos a Madrid, como punto medio del viaje.
Pasaríamos por Granada, Jaén, Aranjuez, Madrid y
regreso. Cuando comenzamos el viaje, como yo era uno
de los alumnos más conocidos, me encargaron de
dirigir el traslado de víveres, equipajes, y demás enseres.
Cuando todos estuvieron instalados dentro de los
autocares, nos dimos cuenta, que yo, no tenía asiento
para ocupar. Se tuvo que realizar un recuento. Entonces,
se comprobó que alguien no sumó el puesto de uno de los
profesores, añadido en última hora. ¿Solución?: Pepe
Recio (yo), iría sentado en una silla de escritorio, junto
al conductor, justo detrás del capó del motor. De
momento, no parecía muy cómodo. A las pocas horas del
viaje, me quedé en bañador, alegando que tenía calor a
causa del motor. Además era el único que disponía de
espacio holgado y libertad de movimientos. Algunos
compañeros me ofrecieron cosas para que le cambiase el
puesto, estuve a poco de hacer una subasta.
En Granada, visitamos la fabrica de PULEVA. Por causa
del calor en ese día, todos bebimos leche de la
producción, en sus distintos sabores. Algunos se pasaron
en la cantidad y luego, en el viaje, fueron varios los que
se sintieron indispuestos y devolvieron lo que habían
tomado, manchando el interior del autocar. Dejando,
además, un olor muy desagradable. Hasta que al llegar
a Jaén, el conductor, con ayuda de los alumnos,
baldearon con agua el interior de los vehículos.
Otro caso, ocasionamos en un restaurante de Aranjuez:
Nos permitieron tomar bebidas del establecimiento y
102
utilizar nuestras viandas. Entre ellas, llevábamos una
gran cantidad de huevos cocidos. Por motivos del calor
que soportaron en el maletero, y cuando los alumnos
comenzaron a quitar las cáscaras, el olor que se
produjo, era casi insoportable. Un alumno, tiró a otro,
uno de los huevos, que este respondió, con el
lanzamiento de otro huevo. Al final, aquello parecía
una batalla campal, a huevazos.
El personal del establecimiento, nos echó del lugar, a
todo el grupo. La bronca, que los profesores responsables
del viaje, nos dieron, fue larga y muy seria. Llegamos a
Madrid. El hospedaje sería en una Residencia Sindical.
La duración estaba prevista para 8 días. Como visitas,
nos llevaron al Museo del Prado, al Valle de los Caídos,
al Escorial. Como visitas técnicas, a STANDARD
ELÉCTRICA, a la factoría PEGASO, a RODAMIENTOS S. K.
F. Y así, varios días.
Por las tardes, libertad de acción, para ir a donde cada
uno desease. Mi grupo y yo, fuimos a visitar a mi
hermana y su familia, a su casa en el barrio de Ventas.
Al tercer día de estancia en la residencia, un alumno
(desconocido), rompió una botella de gaseosa y los
cascotes, los tiró a la taza del retrete; la mujer de la
limpieza,
cuando
hizo
la
faena,
se
cortó
accidentalmente, la mano. Y como colofón, a la estatua
de San Jorge (el santo con armadura), otro alumno
(desconocido), le puso como yelmo, una de las papeleras.
Todo esto, causó la rescisión de pacto de hospedaje y la
expulsión de todo el grupo. El regreso a Málaga, se
produjo rápidamente y casi sin paradas. No tuve ocasión
de despedirme de mi hermana.
103
En una de esas visitas que hice al Centro, durante este
último verano, me encontré con D. Manuel, el jefe de
taller de automovilismo, me preguntó de cómo me iba
todo y si ya tenía trabajo apropiado. Como mi respuesta
fue negativa, me entregó una tarjeta personal y una
dirección de un taller, para que fuese a preguntar si era
necesario un obrero de mis condiciones. Fui a donde me
indicó, era un taller mecánico (Taller Alvarado), pero
no de automóviles; pequeño, situado en el local bajo de
un edificio en el barrio centro, en la calle Tomás de
Heredia.
Los
propietarios
eran
dos
socios.
Me
entrevistaron, y fui admitido.
En el año siguiente, 1961, nos trasladamos a otro local
en un edificio cercano, en la calle Duquesa de Parcent.
El trabajo principal, en este taller, era sobre las
instalaciones y mantenimiento de equipos de bombeo
hidráulico, también se fabricaban las piezas necesarias,
para las bombas y motores.
Había tornos, varias
máquinas herramientas y bancos de trabajo. Comencé a
trabajar en este taller, yo sería el séptimo trabajador en
la nómina. Yo, por ser el último en entrar en nómina,
tendría que hacer los trabajos menos importantes. En
éste ‘Taller Alvarado’, estuve trabajando casi dos años.
Los trabajos que realizaba eran muy variados, nunca
falté en la posibilidad de fallar en su buen resultado.
Pero, la categoría laboral no era la adecuada y los
trabajos más inferiores me eran encargados a mí, como
era el último en el ingreso o escalafón. Fui aceptado por
todos los compañeros, con buena camaradería.
Acudí como ayudante de los oficiales a trabajos en el
exterior. A veces en el campo, para reparar motobombas
y tuberías de riego. Una vez, fuimos al manicomio o
sanatorio, llamado San José, que precisamente estaba
en la urbanización San José, cerca de la carretera de
salida a Granada, para hacer los cambios de los
pistones de una bomba para extracción del agua del
104
pozo, que poseía la finca. Estos pistones eran de cuero
preformado y la bomba, aspirante - impelente, de doble
cuerpo de bronce y acero cromado, preciosa y muy
antigua.
Las monjas regentes del centro, no querían cambiarla
por otra más moderna, yo tampoco la hubiese
cambiado, de ser mía. Estaba situada en el interior de
un pozo de gran diámetro, no muy profundo. La
dificultad era que estaba ubicado en el patio, donde se
paseaban los enfermos residentes. Cuando terminamos y
ya funcionaba todo perfectamente, al intentar salir, nos
dimos cuenta que todo el brocal del pozo estaba
ocupado por los enfermos residentes, mirando hacia
abajo, hacia nosotros. Decidimos no movernos y no
intentar salir. Como la monja que nos recibió en la
entrada, noto que tardábamos, fue a vernos. Nos
preguntó si nos quedaba más trabajo y al decirle
nuestra opinión para no salir, nos contestó:
--- “Pero, si son muy buenos; son unos angelitos. Vamos;
salid.”
Si, efectivamente, eran inofensivos, pero...
Otra vez, había que reparar un ascensor montacargas,
en un almacén de conservas de tomates, donde todo el
personal trabajador era femenino. Cuando pasamos por
entre las filas de las mujeres que estaban trabajando,
nos tocaron las piernas, el culo y las más atrevidas, las
partes íntimas. El error fue que mi compañero, quiso
devolver el tocamiento a una de las mujeres, y cuando
vieron la ‘maniobra’ a una de ellas, se revolvieron
contra nosotros, para mantearnos. Tuvimos que
refugiarnos en el foso del ascensor. Luego, al terminar el
trabajo, salimos por la puerta trasera.
Hice buena amistad con todos los compañeros, sobre
todo, por uno que era aficionado corredor de ciclismo y
al buceo. Tomamos los dos, como costumbre, en tiempos
de calor, a la salida para comer, ir rápidamente, con
105
las bicicletas, hasta el morro de poniente, en el puerto y
hacer varias inmersiones, nadando durante veinte
minutos. Luego, a la carrera, ir a comer, con los tiempos
justos para volver al taller y continuar la jornada. Con
tanto ejercicio, estábamos fuertes, pero sin nada de
grasas.
De nuevo, me di cuenta, que al variar de lugar y de
costumbres, al cambiar el estudio por el trabajo, los
amigos
y
compañeros
también
cambiaron.
Los
anteriores amigos, fueron desapareciendo de mi
entorno y cambiando por estos nuevos, los del taller de
trabajo. Además, las visitas a la novia, influyó en este
asunto.
Al principio de éste año, 1962, segundo en Talleres
Alvarado, ocurriría algo que daría un cambio a mi
vida. Fui llamado para el ingreso en el ejercito. Me
citaron para tallarme y revisar todo lo revisable, en el
cuartel del barrio de Capuchino. Mi madre y los
conocidos, me advirtieron que, en esa revisión, podía
alegar el ser ‘hijo único de viuda’, para poder librarme
de hacer el servicio militar. Pero, cuando el teniente me
preguntó:
--- “¿Tienes algo que alegar?”
No se porque, yo, dije que nada. Fui dado como ‘apto
para todos los servicios’. Cómo es de entender, a mi
madre, esto le sentó como un tiro. Fue un gran disgusto
para ella. Éste ha sido uno de los pagos negativos, que yo
le hice a mi madre. Librada, y sus familiares, tampoco
me felicitaron por esta decisión.
El día que hicieron los sorteos de destinos, yo no acudí a
verlos. Le dije a un vecino, que como él iría, se enterase
de donde me había correspondido. O miró mal o no lo
106
hizo con detenimiento. Me indicó que me había
correspondido a la IV Región Militar (Zaragoza),
Infantería. A otro vecino de mi calle, le tocó el mismo
destino.
En un día del mes de agosto, cuando volvía a casa, para
comer, me vio otro vecino y me dijo que a los reclutas de
mi reemplazo, ya les habían llamado y les estaban
embarcando en el puerto, para trasladarlos a
Barcelona y luego a Zaragoza. También, me dijo, que si
yo no estaba con ellos, sin excusas, me declararían
‘Prófugo’. Con toda rapidez, me fui al cuartel y cuando
conté el caso, apareció un sargento algo contrariado,
que por lo visto, era el responsable del listado y del
embarque de los nuevos reclutas, fue a comprobarlo, con
toda preocupación. Cuándo volvió éste sargento, no
eran flores lo que decía, me despidió de malas maneras,
diciéndome:
--- A donde te ha correspondido es a ¡LA MARINA!
Con destino a San Fernando (Cádiz)
Continué trabajando hasta que me llamaron a la
Comandancia Naval Militar, para hacerme entrega del
informe de ingreso con fecha y destino, con la forma de
traslado. Sería en el mes de septiembre, en la estación de
ferrocarriles. Para entonces, me despedí de los jefes del
taller y de los compañeros. Hasta la vuelta. Esta salida
de Málaga, sería la segunda vez que yo me alejaba, pero
esta era para una larga temporada. En el anden de la
estación, quedaron las dos mujeres que yo siempre he
querido: Mi madre y mi novia. Mi única novia para
siempre.
107
A pocos días antes de mi partida, mi madre fue
acaparando víveres, la mayoría en latas de conservas. El
mismo día de mi marcha, me hizo cargar con un saco,
donde estaban todos los víveres. Ella creería que me iba
al extranjero, o tal vez, sería como castigo por no haber
alegado la orfandad y dejarla sola. Pero, su verdadera
intención es su creencia en la información que le
habían
dado
sobre
la
posibilidad
de
mala
alimentación de los soldados y quería que yo no pasase
faltas, en éste asunto.
Fue un tormento, tener que cargar con el saco, en el
viaje, en los traslados y en las entradas y salidas, a
cuantos sitios tuve que realizar. Dos días duró este
arrastre. Ya era causa de mofa, por los compañeros y los
marinos más antiguos, en el cuartel. El saco, de noche,
me sirvió de almohada, para evitar el ‘saqueo’. Por fin,
me dieron el primer destino, en dormitorio (sollado en
marina), y pude guardar en lugar adecuado todos los
alimentos. Con certeza, no estuvo bien informada mi
madre, las comidas del cuartel, eran bastante decentes.
Mi botín, de víveres, sólo era un lujo innecesario.
Cuando se hubo terminado, claro, comía rancho como
todos. En los tres meses que estuve en ese cuartel, engordé
casi cinco kilos.
Durante todo el tiempo que permanecí en la Marina, no
recuerdo nada más que un solo tropiezo: Cuando me
pasé de listo, porque tenía frío y me puse una camiseta
de felpa, ropa que no estaba descrita en la orden del
día. Me cazó el sargento, porque también me había
pasado de listo, y estaba muy a la vista.
Meses antes, unos amigos que habían servido en el
mismo cuerpo, me adiestraron, con recomendaciones,
para librarme de algunos tropiezos. Una de estas ideas,
era que, cuando se va realizar ejercicios en botes,
procurase ir contando a los compañeros que accedían a
cada puesto en el embarque y procurase introducirme
108
entre los lugares 8º y 9º. Estos huecos serían para los
puestos de proel y popel. Me había colocado de proel, es el
marinero que en embarcaciones pequeñas, desempeña
una maniobra de atraque y desatraque, ayudado por el
bichero (Es una vara, de unos dos metros, de longitud,
que en punta porta un garfio y un puntal) El proel va en
la bancada de proa, el lugar más vistoso de la
embarcación.
Como con los movimientos de los brazos, las ropas se
mueven, pues por la bocana del escote, se veía
claramente el ribete de la camiseta. Cuando el sargento,
con los prismáticos, observó las maniobras de éste bote y
al dirigir su mirada hacia mí, descubrió la diferencia
de mi vestimenta, por los altavoces de ordenes se oyó:
--- “El bote número ocho, regrese rápidamente el
embarcadero.”
El cabo, que estaba al mando de las maniobras del bote
se puso nervioso, y nos amenazó que si alguien había
metido la pata y le daban, a él un ‘paquete’, nos íbamos
a acordar, durante algún tiempo. De nuevo, atronaron
los altavoces:
--- “Bote número ocho. Maniobra de proa.”
A las ordenes del cabo, los compañeros, se afanaron en
realizar correctamente la maniobra. Ció estribor; bogó
babor; luego bogando las dos bandas con suavidad, el
proel, yo, utilizando el bichero, ayudé en la maniobra,
hasta que la proa tocó la banda de atraque y dimos por
terminada la maniobra. Sobre la tarima del
embarcadero estaba el sargento de nuestra compañía.
Toda la tripulación en silencio. El sargento, muy serio,
mirando al horizonte, dijo:
--- “En éste bote, hay algún marinero que me diga, qué
dice
la orden del día, referente a la vestimenta a usar
hoy.”
109
Alguna mano se alzó. El sargento hizo como no verla. Y
sin darme tiempo a reaccionar, se dirigió a mí y
tajantemente, me dijo:
--- “Dime. Tú.”
Mientras yo recitaba el orden de las prendas, fui
dándome cuenta de la situación:
--- “... traje de faena gris, camiseta blanca,...”
Aquí me espetó con sequedad:
---“¿Y, que llevas tú?
Entonces, sin esperar a mi respuesta, me sujetó de la
oreja derecha y me obligó a desembarcar. Se dirigió al
personal del bote y me puso cómo ejemplo de lo que no se
debería hacer nunca, porque la Orden del Día, es
prioritaria. Luego, me preguntó:
--- “¿Cómo es que siempre te veo a proa o a popa?
Sabes contar muy bien.
Embarca de nuevo y ponte en el puesto de primer
popel.
Y no quiero verte nunca más en la proa o en la
popa.”
El puesto de popel (uno a cada banda) es el remero que
maneja el remo más largo y pesado, es un trabajo
complicado izar el remo, de forma vertical, cuando te
dan la orden:
--- “¡Izar remos!”
En todo el periodo de instrucción, que duró tres meses,
los casos que ocurrían a diario, fueron, digamos
normales. Tras todos los exámenes y entrevistas con
especialistas en distintas materias y psicólogos, me
ingresaron en una de las dos compañías, que serían
ocupadas por los reclutas destinados a ser cabos
110
especialistas, con destino específico en alguna unidad
naval.
No asistí a ninguna maniobra, del tipo a que entrenan
a los soldados de infantería, como marchas, uso de
armamento, etc. Pero sí hice gran cantidad de ensayos
con banderines de señales, código Morse, transmisiones
de códigos de señales internacionales, tipo NATO.
Cuando dieron por terminadas las jornadas de
instrucción y adiestramiento, a mediados del mes de
diciembre de 1962, nos dieron 12 días de permiso, para
ir a casa. Luego, cada uno tenía otro destino, dado con
ordenes escritas. A mí me destinaron a Cartagena. Éste
corto periodo de ocio, lo pasé acompañado por mi novia,
todo el tiempo posible. Como casi siempre ocurre, los jefes
militares no comprenden de sentimentalismos. Y, es que
la fecha escrita en la orden de traslado, era para el día
31 de diciembre de 1962 ‘Fin De Año’.
Pues, nada; ese día, cargo con el petate y a comenzar el
nuevo viaje. Esta tercera salida de Málaga, sería para
un periodo más largo: 21 meses, con un solo y corto
periodo de vacaciones.
En el tren que me llevaría hasta Cartagena, me encontré
con que la mayoría de los viajeros, eran militares: de
aviación, de infantería de marina y el mayor número lo
componía los de la marina. La medianoche y cambio de
año, nos encontró, a todos, sumidos en el consumo de
bebidas alcohólicas, cánticos y celebraciones. Como
resultado, todos, estábamos bastante ‘alegres’. Cuando el
tren se paró, el grupo de marineros que me había
acogido, me invitaron a subir a un taxi y me dejarían
de paso, en la puerta del Arsenal. Bajé del taxi, como
pude, mi aspecto no era muy marcial, hasta llevaba al
cuello, no se porque ni de quien, una larga bufanda. Los
pocos metros que me separaban desde el vehículo y la
puerta de ese recinto, los recorrí arrastrando el macuto,
111
mientras se oían, cada vez más lejanas las risas y voces
de los que se alejaban en el taxi.
Me presenté, impresentablemente, a los centinelas de la
puerta y cuando acudió el cabo de guardia, hizo que
dos marineros me introdujeran al interior, mientras un
tercero, se encargó del petate. Cuando estuve en el
interior de un dormitorio, me dijeron que me acostase.
Como era tarde y algunos ya estaban durmiendo,
protestaron; yo me subí a un taburete y dije, con voz
ebria:
--- “Pueblo de Roma; heteme ante vosotros...”
Fui alcanzado por el golpe de una bota, en pleno pecho.
Caí sobre la cama, de espaldas, y ahí, quedé
profundamente dormido.
Al día siguiente, me despertó unos golpes de atención,
dados sobre la puerta del dormitorio, pero, no con
rudeza. Apareció la cabeza de un marinero y dijo:
---“Señores; después del aseo, pueden bajar
al comedor para desayunar” ¿-?
Aquello, en nada se parecía al despertar que nos daba el
sargento en el cuartel. Miré a mí alrededor y me
encontraba en una habitación, bien aseada, en la que
había seis camas individuales, cada una con una
mesilla y armario. El ajuar de las camas, olía a limpio.
Tanto el colchón, de muelles, como la almohada, eran
cómodos, más que cómodos, confortables.
Estaba rodeado por cinco compañeros, también, con
cara de extrañeza. Comencé a ordenar mis ideas,
mientras me desliaba la bufanda que tenía al cuello y
uno de los compañeros me dijo:
--- “Llegaste muy alegre anoche. ¿Eh?”
En la puerta, había una nota, que nos indicaba la
forma del vestuario a usar ese día. Procedí al lavado,
afeitado y cambio de ropas, en unos aseos, que también
olían a limpio. Luego, fuimos saliendo al pasillo,
inspeccionando todo, algo extrañados, porque parecía
112
que estábamos en un buen hotel. Entramos en el
comedor y nos fuimos acoplando a la fila, que
marchaba hacia donde estaban, los que me parecían
eran cocineros, repartiendo el desayuno. Cada uno,
hacía lo que veía de hacer el compañero de adelante,
que cogía una bandeja, pues bandeja, que cogía un bol
de Arcopal, pues, bol de Arcopal a la bandeja. Al llegar
al primer servidor, nos preguntaba:
--- “¿Café, leche, chocolate?
El cocinero de más adelante:
--- ¿Churros, tortada, bollo?
Cada cual, con los ojos muy abiertos, contestaba a su
gusto y así era servido. Cuando terminamos el desayuno,
los primeros, comenzaron a levantar las bandejas, para
llevarlas a los fregaderos; más sorpresas aún, fueron
cortados por unos servidores, indicando que ellos se
encargaban de la retirada de la vajilla:
--- “Por favor, déjenlas sobre las mesas.”
Estábamos en la ‘Residencia de Suboficiales de la
Armada’. Con éste trato y distinción fuimos atendidos
durante nuestra estancia en este recinto: Tres meses.
Durante éste tiempo, nos enseñaron inglés, para
conversaciones técnicas y específicas; señales, códigos,
traducciones,
escrituras
invertidas,
recepción,
transmisión. Algo de física y matemática aplicada. A
resolver problemas vectoriales, de velocidades relativas,
reales. Navegación en la mar. A manejar radares,
teléfonos, transmisores. A manejar mapas, cartas
marinas. A hacer prácticas en zafarranchos de combate
de guerra naval, en superficie, aéreo o submarino, etc.
El ambiente por las mañanas, en esta Residencia, era de
una escuela universitaria. Por las tardes, de charlas,
televisión, ocio o paseos. Por las noches,... descanso y
silencio.
Todos los compañeros, de esta promoción, aprobamos
con buena calificación, éste curso o periodo de
113
adiestramiento. El término del cual, todos recibimos los
destinos casi finales. También nos informaron, que
cuando saliese en el Boletín de la Armada, todos
seríamos ascendidos a Cabo Especialista (con galones
verdes), y a tener un sueldo más elevado. Nos dieron
nuevos destinos, a todos los componentes del curso, en
unidades navales.
Mi nuevo destino sería: Radarista en la corbeta
‘Princesa’, con base en Cádiz. Por este motivo, las
flotillas de corbetas y destructores, atracaron en el
puerto del Arsenal de Cartagena. Cada grupo de
marineros alumnos, se embarcó en cada navío
destinado. Yo embarqué, provisionalmente, en la corbeta
‘Atrevida’, la causa del cambio fue, que la corbeta
‘Princesa’, estaba en reparaciones. El viaje de regreso a
Cádiz, lo hice como personal transportado, sin
ocupación ni destino a bordo, digamos, como pasajero.
La travesía me resultó tal como ir en un buque de recreo.
La mar estaba en calma, llana; menos al entrar en el
Atlántico, que se puso un poco picada. El cruce por el
estrecho de Gibraltar, fue ciertamente, atractivo y, para
mí, muy bonito ver desde esta situación, al Peñón de
Gibraltar.
Cuando hicimos la entrada y atraque en el puerto de La
Carraca, en San Fernando (Cádiz), me comunicaron
que formara en cubierta con todo lo personal. Formamos
un pequeño grupo: tres marineros. Fuimos conducidos
hasta donde se encontraba la corbeta ‘Princesa’, un
dique seco. Es muy extraño ver en esas condicione a
cualquier buque. Cruzamos la pasarela y nos
presentamos al oficial de guardia. Dispusieron de
nosotros como si todo estuviera ya previsto. Me indicaron
114
el sollado (dormitorio), la litera y la taquilla. Cuando
iba bajando al sollado, oía a un marinero (asturiano),
que estaba cantando a pleno pulmón, una canción
montañesa. Me causó un efecto agradable y pensé que
eso sería señal de que mi estancia en ese buque iba a ser
satisfactoria.
Con toda seguridad, eso sería cierto. Mi destino a bordo,
era la camareta de C. I. C. (Centro de Información en
Combate), como empleo principal. En éste lugar, nos
reuníamos un grupo de especialistas y un oficial de
destino. Te puedo asegurar, que en este grupo tan
reducido (un oficial y 8 marineros), gozábamos de una
armonía amistosa, de cómo una familia.
El oficial, nos tenía acostumbrado, al tuteo, cuando solo
estaba el grupo de compañeros y dentro de la camareta;
fuera de ella, o en presencia de alguien que no
perteneciese a nuestro grupo, se establecía el trato
correcto y militar.
Me dieron un carné, en el que se indicaba todo lo
referente a mí filiación y los distintos destinos, en las
diversas situaciones: Guardias, limpiezas, lugar de
destinos en cada uno de los tres tipos de zafarranchos de
combates, o en caso de emergencia, o en todas las
posibles situaciones. En él constaba también, el número
identificativo: 308 (8º puesto de la tercera compañía)
Éste carné, conseguí que me fuese cambiado por el de un
cabo, que se licenciaría en tres meses. Éste cabo, de
apellido Marquiegui, vasco, de Tolosa, gran persona, en
todos los sentidos, quiso que con su carné (el mejor en
destinos), yo me beneficiara. Nos hicimos buenos
compañeros, en tan corto tiempo. Él fue, por quien yo
consiguiera no marearme en las travesías. Él fue quien
me enseñó todos los recovecos del buque, los trucos
posibles, para pasar mejor los días, etc.
En horas de trabajos y limpiezas, mi destino era la
limpieza de un pasillo de entrada al comedor, en la
115
primera cubierta. Éramos dos marineros, para el mismo
destino. Las guardias, serían en el portalón, con
armamento y a cualquier hora del día, que me tocaba
guardia.
Había una costumbre en la Marina, no sé si todavía se
utiliza: A la salida en los días de guardia, los
marineros, tenían que pasar por la enfermería, para
pasar lo que se llamaba ‘inspección sanitaria’.
Esencialmente, consistía en una revisión somera por el
médico y su ayudante, pero que en ese momento se
debería mostrar, al facultativo, los genitales, para ser
inspeccionados... (¿?)
Como es de comprender, en todo el tiempo, que estuve en
esta unidad, además del pequeño grupo de Radarista,
nos hicimos buenos, no diré amigos, sino buenos
compañeros, dos malagueños y uno de Huelva. Sin
embargo, con quien me hacía acompañar, en las
salidas a tierra, era con el grupo de catalanes. Eran
más serios y correctos. Siempre tuvieron la libertad de
poder hablar en catalán o en castellano, yo nunca les
critiqué cuando lo hacían en mi compañía. Esto sí,
cuando me hablaban directamente, tendría que hacerlo
en castellano.
Cómo te dije antes, mi paso por la Marina, fue, para mí,
una temporada agradable. Tanto es así, que consulté
por si fuese posible mi reenganche, para proseguir y
hacerlo como carrera militar.
El inconveniente, estaba en que había de comenzar
desde el principio; esto es, desde el Cuartel de
Instrucción, otra vez de marinero raso. Me contrarió el
no ser convalidado el grado de cabo segunda y
continuar. Pues, no. Entonces,... Pues, no.
Cuando el compañero Marquiegui, se licenció, y
conseguí el cambio del carné, pasé a ser el número 102
(2º de la primera compañía) Éste puesto tenía algunas
buenas situaciones: En horas de limpiezas, tendría que
116
atender a un pasillo pequeño (unos 8 m2, entre la
entrada al camarote del segundo comandante y la
camareta C. I. C) Sólo había dos lugares bien aseados:
el botiquín y éste pasillo. Es que, el tiempo empleado para
su limpieza, era 4 horas (de 8:30 á 12:30)
Otro de los empleos era tener a mi cargo la biblioteca,
secreta del buque. En la que estaban todos los
documentos,
planos,
archivos
del
armamento
embarcado, etc. Pasé buenos momentos de lecturas. En
estas lecturas encontré el Archivo General de Ordenes. En
él pude comprobar que la formula de dar las ordenes
diarias, por megafonía, resultaba muy simple y
aburridas. Tampoco se hacía uso de música ambiental,
en horas de trabajos y faenas. Con el libro en las manos,
consulté con el oficial de guardia y luego fuimos a
donde el segundo comandante. El ‘segundo’, autorizó
los cambios y envió una copia a las demás corbetas.
Habría algunas ventajas: media hora más de sueño
(diana a las 06:45 horas) Un cuarto de hora de plazo
para
entrar
al
comedor
a
desayunar
(no
inmediatamente, al levantarse) Media hora, para
desayunar y prepararse la guardia entrante. La comida
comenzaría a las 12:30 horas; no a las 13:00 horas.
Estos plazos daban casi una hora más de descanso al
personal. Durante las horas de trabajos y limpiezas, se
pondría música ambiental; que algunos se acercaba a
decir que deseaba oír. El tiempo de descanso o siesta,
sería de 15:00 á 17:30 horas. La siesta, terminaba con
música ambiental, con sonido suave, que iba
aumentando, hasta un volumen normal. A las 18:00
horas, se daba la salida a tierra a los libres de guardias
(una hora antes) A las 18:30, la cena, para todos los que
estuviesen a bordo. A las 22:00 horas, comenzaban las
guardias nocturnas y el silencio, para poder dormir el
que ya quería descansar. A muchos compañeros les
117
agradaron estos cambios. A los suboficiales, les tenía que
desconectar la música en sus camaretas.
Al tener a mi disposición los planos del buque, me hice
de copias de las distintas cubiertas, dependencias y
dispositivos. Con esto y las fotografías que con mucha
frecuencia hacía, pude hacer, luego del licenciamiento,
en casa, una maqueta a escala, de esta corbeta. Me salió
tan bien, que aún hoy, ésta maqueta, existe, con todo los
detalles de que disponía el buque.
Otra diferencia que disfrutaba, era en las guardias
periódicas, que se realizan en puerto: sería el ayudante
del oficial de guardia; el telefonista, si lo había en ese
puerto; el encargado de difundir las ordenes del día,
por la megafonía de a bordo. Desde la primera
ocupación de trabajos diarios, hasta el toque de diana,
con arranchado de las literas y el izado de la bandera,
con el cambio de guardias. Por esto, mi guardia
nocturna sería la última (la más cómoda, de 6’00 á
8’00 horas) Siempre estaría con traje blanco simple,
zapatilla deportiva y normalmente, en una camareta,
cerca del portalón. Tan sólo, tendría que estar atento
del horario, para dar aviso al oficial y pedir permiso
para difundirlas. Mientras, tendría total libertad de
movimientos.
En fin, éste carné, era el que mejor situación daba. En
navegación no se tenía distinción, tendría que ocupar
una guardia de cuatro horas, cada doce horas. Pero en
la camareta C. I. C., encargándome, de forma rotativa,
del radar, o de los teléfonos de ordenes, o de las mesas
de navegación o zafarranchos, etc.
Tengo una anécdota, te cuento: Yo siempre he sudado
con facilidad y en navegación, hace calor a bordo,
aunque funcione el aire acondicionado; me he duchado
en alguna ocasión hasta cuatro veces en un día.
Navegábamos y yo estaba en la ducha. En ese instante,
se oyó por la megafonía:
118
--“¡Ejercicio
de
zafarrancho
de
combate
antisubmarino!
¡Ocupe todo el personal los puestos de
zafarrancho antisubmarino!”
Para mí, esa situación (estar desnudo y con ese tipo de
ordenes), era la primera vez. Pensé que mi puesto, en ese
instante era estar en la mesa de navegación, para
resolver los problemas y el resultado pasarlos al segundo
comandante, y él, discutirlos con el comandante, por el
teléfono de ordenes. El ‘Segundo’ estaría ya en su puesto,
delante del mío, esperando mis resultados. Pues, me lié
la toalla a la cintura, y de esa guisa, entré en la
camareta.
Como se trabaja en oscuridad, con luces tenues y
directas a los lugares de trabajos, los ojos al principio no
están habituados. Cuando el ‘Segundo’ se dio cuenta de
cómo yo estaba, me preguntó:
--- “¿Porqué estas desnudo?”
Le conté lo ocurrido, y me dijo:
--- “Cuando oigas ‘ejercicio’ de tal zafarrancho, te vistes
y luego me cuentas por qué tardas en llegar.”
Cuando terminó el zafarrancho y se dio luz normal,
todos reían mi aspecto. Y cuando el ‘Segundo’ se marchó,
hasta el oficial de nuestro grupo, hacía bromas y uno de
los compañeros me jaló de la toalla, dejándome al
desnudo total.
En otra ocasión, gracias al compañero Marquiegui, que
me enseñó la forma para no marearme en navegación,
durante una travesía hacia Canarias, en compañía de
un gran grupo de navíos, con una mar gruesa, no me
mareé. A bordo, quedamos en pié, muy pocos marineros.
Éramos la guardia en el puente (cuatro), los de
máquinas (ocho) y dos en nuestra camareta, en total
catorce marineros, el resto del personal (unos 75
hombres), estaban mareados (algunos por las planchas
de las cubiertas, o en las literas)
119
Como te digo, en mi camareta, quedan dos, uno
atendía al radar y yo la mesa de navegación y los
teléfonos de ordenes y comunicaciones. Hasta que por los
auriculares, mi compañero me comunica que ya no
aguanta más. Dejé la mesa y me dirigí al puesto del
radar. A mi compañero, no le dio tiempo a apartarse y
soltó una bocanada de comida regurgitada... Le sustituí
en el lugar que dejó y cuando me puse los auriculares y
me colgué el micro, la sensación fue de total asco y
bochorno, pues había manchado y llenado al completo
el cono de defensa del micro, que lo solté a toda prisa y
salí para echar el potaje que había tomado horas antes.
Realmente, fue una época que me marcó en mis
conocimientos, en mis sentimientos y en la manera de
ver la vida, que hasta entonces, no tuve ocasión de
comprobar. Analizando este periodo, no encuentro
motivos de rechazo a la formula del mantenimiento del
personal
en
la
marina,
no
me
sentí
nunca
infrautilizado y sí en todo momento, noté el calor de los
compañeros y su camaradería, y por parte de los
mandos,
jamás
vi
una
ocasión
denigrante
o
descalificada, en su comportamiento. Siempre añoré, ese
tiempo pasado, con agrado. Y llegó el licenciamiento...
Cuando fui licenciado, regresé a casa.
Nunca le pedí perdón a mi madre, por no haber
intentado librarme del servicio militar. Ella, tampoco
me lo reprochó. Reanudé el trabajo en el taller, donde
me habían mantenido el puesto. Tan sólo duró mi
estancia en este taller 97 días más. Ocurrió un gran
incendio, en el edificio donde estaba este taller.
Comenzó por unos almacenes, en la planta primera y
120
terminó con todo el edificio. Quedó en pie sólo la
fachada de todo el bloque.
Entre todo el equipo de trabajadores del taller, salvamos
del incendio, gran parte de nuestros útiles, maquinaria
y todo lo que teníamos en el almacén. Luego, ayudamos
a los bomberos, hasta que, los responsables del control,
opinaron que estábamos en situación de peligro, por ser
paisanos. El incendio duró dos días.
Los dos socios, pensaban rehacer el taller, pero, Joaquín,
el hermano de mi novia, Librada, consiguió que me
aceptasen en el taller, donde él trabajaba como oficial
mecánico.
Comencé a trabajar como oficial de segunda. Éste taller,
era el responsable de toda la maquinaria y almacenaje
del material de una empresa constructora, E. TERCA. No
fue largo el tiempo de permanencia en ese trabajo, pero
sí
muy
satisfactorio.
Era
un
taller,
digamos,
tercermundista, no gozábamos de las comodidades
adecuadas. El agua en los grifos, no era potable, el
retrete tenía pozo ciego...
Todo el perímetro estaba al descubierto, menos la parte
correspondiente al taller y la oficina, que tenía tejado.
El taller tenía el tejado y la pared orientada al sur, o
sea, que todos los vientos norte, eran para nosotros.
Pasamos mucho frío y en el verano mucho calor.
En el camino al trabajo, encontré en una chatarrería y
desguace, un motor que se podía acoplar en el bastidor
de la bicicleta. Estaba completo, pero muy gastado. La
marca era Ratón; ciertamente eso parecía. Lo compré a
bajo precio. Me puse a repararlo. Lo conseguí y lo instalé
en mi bicicleta. Era estupendo, marchar sin pedaleo. El
consumo de gasolina era muy bajo. Ahora, si que ya era
121
la mejor bicicleta de la ciudad. Con motor y su
iluminación, sobre todo de noche, resultaba tan
atractiva como una feria.
El encargado, Antonio, al que más tarde, sucedió
Joaquín, no me tenía buen aprecio no le gusté desde el
principio. Cierto día, me hizo entrega de la reparación,
cosa que parecía imposible, de un cubo para
hormigonar. Era de forma cúbica, con boca de descarga
inferior lateral, y capacidad, un cuarto de metro
cúbico. Había sufrido las consecuencias de un
accidente, de caída desde un quinto piso, estaba
totalmente chafado. Me dijo:
--- “Quiero que me repares éste cubo. ¿Vas a poder?”
Mi contestación:
--- “Claro que sí.”
Cuando Antonio se marchó, Joaquín, se acercó y me
informó:
--- “Pepe; éste tío, quiere echarte. Por eso te ha dado este
trabajo.”
Por consiguiente, yo le dije:
--- “No me vais a ayudar en nada. Voy a realizarlo yo
sólo.
Le voy a demostrar cómo soy yo, al sajurdón éste.”
Tardé casi cuatro días, en la reparación, sufrí bastante,
puesto que me costó gran esfuerzo, calentar, apalancar,
golpear, soldar, etc. Pero, cuando apareció, el
encargado, para comprobar mi trabajo, se le notó la
contrariedad; él creyó que no había podido conseguirlo,
se asombró de cómo se encontraba ahora, el cubo,
estaba mejor que estuvo de nuevo. Preguntó a todos
como había trabajado y si necesité ayuda. No se atrevió
a felicitarme y menos a echarme.
Una vez afianzado en el puesto de trabajo (antes los
contratos eran indefinidos), comencé a funcionar como
una persona mayor. En verdad, hasta ahora, viví
despreocupado,
todo
me
vino
servido
por
las
122
preocupaciones de mi madre. Tomé conciencia del
tiempo transcurrido y de la larga duración de mi
noviazgo. Consulté con mi madre, de la posibilidad de
preparar nuestro piso, para que Librada pudiese vivir
con nosotros. Estuvo de acuerdo, que podía hacer todo
cuanto quisiera. Planeé el acondicionamiento de la
casa.
Para comenzar, me deshice del mueble cómoda de la
familia Rando, y de los bártulos que tenían, dando uso
del piso, cómo si fuese un trastero. Lo saqué todo al
segundo portal. Allí se quedó hasta que el hijo mayor,
Nicolás, pasó de visita, cómo solía hacer, para que
constara que daba uso de la vivienda. Cómo cambié la
cerradura, no pudo entrar, ni le abrí, a pesar que
golpeara la puerta y enfadado, nos insultaba y lanzaba
tacos. De esta forma me deshice de la presencia de los
Rando,
finalmente,
no
quisieron
despedirse
decentemente.
Comencé con una limpieza general, tirando todo lo que
me pareció inútil. Cambié parte de la instalación
eléctrica. Repasé las paredes y les di lustre con pinturas
de varios colores, dando le un aspecto más luminoso y
más alegre. Un día, se le ocurrió a Librada, ayudarme
en la pintura de las paredes, cuando su madre se enteró
y acudió a vernos y nos encontró sólo a los dos en la
casa, la bronca fue monumental. Para ella y en aquellos
años, era una gran falta, estar dos novios solos, sin
testigos y en un piso, que no era su casa. Menos mal que
nos encontró a cada uno en un lugar, apartados; que si
no, seguramente hubiésemos de haber ido a confesarnos,
por lo menos.
123
Como te he dicho, mi estancia en este taller, no duró un
año. Caí enfermo; el doctor dijo que era principio de
meningitis. Durante la convalecencia, vino mi hermana
Loli, de vacaciones, con su familia. No se como y por qué,
o mi madre la convenció, o ella convenció a mi madre,
el resultado fue que se decidió mi traslado a Madrid. En
principio, de forma provisional. Pero, tomó cariz
definitivo y ocasionó un total cambio a mi vida, y la de
mi madre; por añadidura, también cambió la de mi
novia, Librada.
Me había despedido del encargado del taller, diciéndole
que iba a Madrid, a solucionar los trámites de una
herencia, que volvería después. La despedida de mi
novia, fue más complicada, pero nos convenció la idea
de que me marchaba para conseguir un trabajo mejor,
con más beneficios.
Lo más triste sería, la despedida de mi madre. Ella,
ahora, sí que se quedaría sola y más vieja. Por esto te
digo, que nunca entendí lo del viaje a Madrid. Ni por
parte de mi hermana, ni de mi cuñado, aún menos de
mi madre,... ¿Y por qué yo consentí?... ¿Y mi novia?... ¿Y
su familia, por qué tampoco forzó, para que éste viaje no
se realizara?...
En fin, cosas que se hacen en la vida. Si lo piensas, verás
que con mis conocimientos laborales y las posibilidades
que se estaban desarrollando en Málaga. Habría tenido
las mismas oportunidades de conseguir, todo cuanto iba
a conseguir en Madrid. Y sin abandonar a los
familiares, ni el ambiente de la costa. Donde con poca
ayuda se pude tener una buena calidad de vida.
La idea no me parecía muy acertada, pero al final,
consentí en el viaje. Era fínales del mes de septiembre de
1965. Bernardino, mi cuñado, había comprado un
cochecito, un ‘600’, con ese vehículo, se trasladó, con su
familia, hasta Málaga para disfrutar de unas
124
vacaciones. Mi hermana, hacía ocho años que estuvo en
su ciudad de nacimiento: desde la muerte de su padre.
Íbamos a realizar el viaje de regreso (para mí sería el
cuarto fuera de Málaga) Ahora serían cinco personas: el
matrimonio, los dos hijos y yo (el cuñado) La salida
empezó desde la casa de mi madre, donde ella se
quedaría sola... Sería para siempre...
Fue duro despedirme de mi madre. Ya sería práctica
habitual, en todas las siguientes visitas y sus despedidas:
Tener que verla llorar, sin que alguien le consolara. Me
lo repito: “Estaría sola”. Esto era otro de los sacrificios,
que hacía por su hijo. Y también me lo repito: Nunca, la
recompensé.
Mi cuñado iba conduciendo, yo en el lugar del copiloto.
Mi hermana quería ir con los niños atrás. Quizá sería
para que no la viésemos llorar. Esto lo hizo durante el
tiempo que recorrimos los primeros kilómetros. En el
techo del vehículo, la baca, con el equipaje de todos. El
maletero, lleno de paquetes. Dentro, los pasajeros,
nosotros, cinco en total. El ‘cochecito’ se portó muy bien,
sobre todo, cuando enfiló la cuesta de salida de
Málaga, por la carretera de Colmenar, en los Montes de
Málaga. Fue subiendo, subiendo. Bajando, bajando.
Ruidos de los cambios de marcha. Me parecía estar
viendo la película de dibujos animados ‘Dumbo’,
cuando el tren marchando decía:
---“Cuesta arriba, cuesta abajo;
que fatiga, que
trabajo...”
Fuimos viendo aparecer y desaparecer la ciudad, por los
espacios entre los montes, hasta que ya no se vio más. Ya
sólo nos entreteníamos en mirar la carretera, y de como
se iban pasando los pueblos y paisajes. Pocas y cortas
125
eran nuestras conversaciones. Hasta que pasamos por
Antequera y la carretera dejó de ser tan empinada
hacia arriba. Parecía que al ser el sonido del motor,
menos bronco, nos invitaba a poder hablar. Durante el
viaje hicimos varias paradas. Todo transcurrió sin
novedades, ni peligros, fue un viaje apacible.
Bernardino conduce bien, es muy prudente. La ciudad
más importante de la ruta fue Córdoba, el resto eran los
pueblos de la ruta en la carretera N – IV. Me hacía
recordar todo, al viaje de estudios. Estaba, casi en las
mismas formas, junto al conductor y sin hacer nada,
tan solo ver el paisaje y hablar, cuando apetecía.
La llegada a Madrid, se hizo por la tarde. Habíamos
salido a las ocho de la mañana y duró casi diez horas.
Todos, estábamos cansados. Fue al ver los primeros
edificios, de la zona sur de Madrid, cuando se nos
olvidó el cansancio. Ciertamente, al ser un coche
pequeño para cinco personas, no estábamos muy
cómodos. Entramos en la capital pasando por Atocha,
por la calle Dr. Esquerdo, la plaza de Manuel Becerra,
enfilando hacia Ventas y terminando en la calle
Hermanos Orozco, en el número 5. Esta calle, estaba
entre la calle de Alcalá y lo que los vecinos llaman ‘La
Carretera del Este’, que se llama avenida de Daroca. Era
una calle corta, en ángulo hacia la derecha y de sólo
una dirección de circulación, desde la calle de Alcalá a
la de Daroca.
El edificio era antiguo, de ladrillos rojos, realizado con
aparejo flamenco combinado con aparejo inglés (esto es,
dispuestos a soga y tizón), sin características
arquitectónicas definidas, digamos como de principios
del siglo XX. De dos plantas altas, con balcones
126
retranqueados, o de proyección corta y barandillas de
hierros con pocas florituras. En la planta baja, un
comercio de muebles y un taller, que ya no funcionaba.
Desde el portal, se accedía a las plantas altas y a un
patio trasero. En éste patio, había dos viviendas
reformadas de antiguos establos.
El piso, donde vivía mi hermana y su familia, formaba
parte de la primera planta, a la derecha. Había dos
viviendas más, en la planta. Estaba constituido por un
pasillo desde la entrada, hasta la cocina, que era el
final de la vivienda. A la derecha, la primera
habitación, comunicada con otra. Seguía el baño, con
bañera, lavabo y retrete. En la primera habitación,
dormían Loli y Bernardino, en la siguiente, los chicos.
Las habitaciones, el baño y la cocina, tenían ventanas
al patio trasero. La ventana del baño, era más pequeña
y de una sola hoja. Entre la puerta de la segunda
habitación y la del baño había instalada una mesita,
adosada a la pared, bajo un espejo, entre dos
luminarias.
A la mitad del pasillo, por la izquierda, colgaba un
teléfono de baquelita negra, seguía la puerta del
comedor, que servía como sala de estar, y por último
otra
habitación,
dormitorio
de
los
padres
de
Bernardino.
Desde que se casó mi hermana, compartió el piso con sus
suegros. El padre de Bernardino, de nombre Bernardino
(como su hijo, o su hijo como él), ya jubilado. De
carácter apacible, aunque a veces, tenía unos arranques
iracundos, por las causas más nimias y sin importancia.
A tiempos, aparecía taciturno y a otros ratos era un
127
hablador incansable. Utilizaba bastón y caminaba con
dificultad, que fue agravándose con los años. Tenía un
afán por coleccionar sellos y algunas otras cosas. La
madre, Carola (de Carolina), mujer, también, ya
mayor. De trato agradable, no muy habladora. Todavía
muy activa, pues, se pasaba gran tiempo en la cocina.
Éste matrimonio, siempre aparentó que me aceptaron
como si fuese un hijo más. Si no fue así, yo no lo noté. Lo
que sí noté es que, aún siendo una misma familia, las
comidas no eran compartidas; los abuelos, hacían la
suya propia y mi hermana, otra diferente para los suyos
y a partir de ahora, la mía también.
Mi dormitorio sería en la cocina, en una cama
transformable. Mi hermana, la montaba a última hora
y yo la recogía por las mañanas. Esta formula, duró casi
un año. Durante los días de la semana, considerados de
trabajo, la hora de levantarme, siempre fue temprana,
pero los fines de semana, serían a las mismas horas,
porque Carola, la abuela, mantenía un horario fijo.
Aunque ella procuraba no hacer mucho ruido, el trajín
con los cacharros de la cocina, para hacer el desayuno,
despierta a cualquiera, aún siendo el más dormilón.
El resto del verano, aprovechando las vacaciones de los
chicos y el tiempo caluroso, lo pasamos en una casa
aislada del pueblo, con espacio alrededor, cerca de la
carretera, y que Bernardino tenía alquilada para cada
verano, en Las Navas del Marqués (Ávila) Mi cuñado,
estaría en los fines de semana, saliendo después del
trabajo. De forma habitual, los fines de semana, se
formaban unas caravanas de coches y como la carretera
de cerca del pueblo no estaba bien asfaltada, se
producían unos adelantamientos raros, para evitar la
polvareda que formaban los vehículos. Fue una
temporada muy agradable y de noches muy frías.
En principio, al no tener trabajo, ni empleo, los días los
dediqué a conocer Madrid, sus líneas de Metro y
128
autobuses, parques, museos,... Al mismo tiempo, con los
anuncios de los periódicos, iba buscando un taller, o
una empresa, un lugar donde poder colocarme
adecuadamente. Me resultaba algo dificultoso, pero
insistía. Me acordé de la visita que hicimos en el viaje de
estudios y fui a ver si sería posible conseguir un puesto en
Standard Eléctrica. Aunque me tomaron los datos, me
indicaron que la empresa estaba en fase de traslado a
un pueblo de la periferia, y que también, tenían una
regulación de plantilla. Estuve en la factoría de
camiones Pegaso, pero, tampoco era tiempo de
contrataciones. Acudí a la factoría de vehículos
Barreiro, aquí me dieron fecha para poder acudir a
unos exámenes de ingreso, a forma de oposiciones, que
tendrían lugar en el mes de diciembre. Llegó el día del
examen, era cercano a las fiestas navideñas. Estuve en el
lugar y hora y lo realicé. La respuesta del resultado, me
sería comunicada por correo.
Mientras, mi cuñado, había hablado de mi situación,
con un amigo. Éste amigo habló con otro amigo, que le
dio la respuesta que él quería: yo, tendría que acudir a
visitarle a su oficina, en un día y hora. El amigo, con el
que mi cuñado habló, era Luis, conocido en cierto
circulo de amistad, por ‘El Rayo’. El otro amigo de Luis,
era Santos, más conocido como Señor Haro. Que a la
sazón, era el Director del Parque de Maquinaria y
Talleres de una empresa constructora: “Construcciones
JOTSA”.
Acudí a la cita, en la calle General Pardiñas, en el
último edificio a la derecha, su despacho estaba en el
semisótano. Ahí me recibió el ‘Señor Haro’, que es como
él exigía le fuese llamado, por los subalternos o gente a
su mando. De aspecto sano, moreno, con el pelo rapado
casi al cero; delgado, alto y de apariencia no muy
atlética. Serio, pero de una seriedad aparentemente
129
forzada, más bien obligada por sí mismo, cómo
disciplinaria.
Me hizo una especie de examen verbal, sobre mis
conocimientos, se le notó que le interesaba más mis
conocimientos sobre electricidad. Al final me informó
que necesitaba a alguien que, supiese mecánica y sobre
todo electricidad. Me preguntó sobre la Ley de Ohm,
sobre clases de cables y se apoyaba en los conocimientos
sobre grúas torres. Y también:
---“¿Que ocurre, cuando una grúa coge un peso
excesivo?”
Cómo mi contestación fue:
---“Pues; que se para, no eleva.”
Quiso saber más sobre mis conocimientos y me ofreció un
libro del manejo de grúa, diciendo:
---“Pero, sobre el plano eléctrico, ¿qué ocurre?
Señáleme sobre el esquema.”
Le explicaba, recorriendo el esquema con el dedo índice,
mientras le hablaba. Quedó satisfecho, porque ya no me
preguntó sobre mis conocimientos, ni oficios. Se limitó a
pasar a la parte económica, al sueldo; me dijo:
---“¿Cuánto quiere usted ganar?” “
¿Cuánto ganaba usted, en Málaga?”
Mi contestación fue un poco exagerada:
---“Yo, gano en Málaga, como oficial de primera,
1.500 pesetas, a la semana.”
Se estiró y me respondió:
---“Eso es imposible. Un oficial, en Málaga,
no puede ganar tanto...
Bueno, como será en pruebas, lo vamos a dejar,
de momento así.
Si responde bien en su trabajo, ya hablaremos.”
Me explicó donde, cuando y como debería ir a trabajar y
una serie de advertencias, a tener en cuenta; sobre el
horario y la formula del taller de esa empresa y a quien
me tendría que presentar. Luego, charlamos de Málaga,
130
de los trabajos que la empresa había realizado en
Torremolinos, de cómo conocía a ‘El Rayo’. Nos
despedimos y no volví a verlo hasta dos semanas después
de haber comenzado a trabajar.
El primer día que comencé a trabajar (el que me había
indicado), fue viernes, 7 de enero de 1966. Por esto,
cómo chiste, casi en serio, digo que fui dado a la
empresa, como ‘Regalo de Reyes’. La jornada sería de
lunes a sábado, de 8 horas y hasta las 19:30 horas.
Pero, las horas de salidas, no serían fijas, pues,
dependerían de las reparaciones o averías que
ocurriesen. Esta formula, se mantendría hasta el final
de la historia, durante más de treinta y cuatro años.
A las 8 horas, menos cinco minutos, yo ya estaba a la
puerta del taller. El taller era un bajo comercial de un
edificio construido por la empresa, en el barrio de
Pueblo Nuevo. Tardaba, andando, unos diez minutos
desde la casa de mi hermana, que ya era mi domicilio.
Entré y me presenté al encargado, su nombre Luis
Azuaga. Era un hombre mayor, como de sesenta años,
pelo canoso y escaso. Poco más alto que yo, pero de
apariencia robusta, no grueso, diría que bastante ágil,
para su edad. Al hablar, se le notaba cierta leve
dificultad, en la parte derecha de los labios y un ligero
guiño en el ojo del mismo lado, apenas perceptible. Me
indicó donde tendría que estar trabajando y me
presentó a los compañeros: al empleado de la fragua, al
almacenero, a los mecánicos, a los electricistas, a los
peones. En total, dieciséis hombres. También, me indicó
que, en la ‘mili’ estaba otro joven, Pedro; que pronto
regresaría, a incorporarse al trabajo, aunque aparecía
periódicamente.
El taller estaba instalado en el interior de lo que serían
los bajos de un edificio, tenía el aspecto de ser una
131
chatarrería, por tener amontonado toda clase de útiles
de obra, hormigoneras, carretillas, andamios, cubos de
hormigonar, etc. Junto a la pared del fondo, estaban los
bancos de trabajos.
Nadie tenía un sitio definido como propio, pero, los
electricistas estaríamos separados de los mecánicos y
estos del resto de personal, como por grupos sin estar así
especificado.
Como te digo, la fecha de ingreso en la empresa, es en
07/01/1966, pero, el periodo de pruebas no llegó a una
semana, la fecha de anotación en el archivo de
cotización para la Seguridad Social, es 13/01/1966. La
categoría como trabajador sería de oficial de primera y
el número de matricula 488. Mis primeros trabajos, en
esta ‘Empresa de Construcciones JOTSA’ (siglas del
nombre del fundador, propietario y principal accionista:
Juan Obregón Toledo, y la S, A, de sociedad anónima),
indicados por el encargado, fueron reparar mangueras
eléctricas, desmontar unos motores quemados en unas
hormigoneras. Los trabajos eran muy simples y sin tomar
mucha prisa (como me indicaban los compañeros y
muchas veces) Había un mecánico viejo, que decía:
---“El trabajo, hay que cuidarlo, para que dure.
Así que, tómate el tiempo que quieras.”
Algunos estaban en la empresa, desde el comienzo como
empresa, hacía unos doce años. Durante la segunda
semana, mí primer trabajo, en el exterior, en una obra,
fue en la Fábrica de ‘Caramelos Fiesta’. Obra que se
estaba construyendo en Alcalá de Henares. El
encargado, Luis, me dijo:
---“Coge algo de herramientas y acompáñame.”
Nos subimos a su coche y salimos de Madrid, por la
carretera de Zaragoza, hasta llegar a la obra, en la
entrada de Alcalá. Allí había una hormigonera, con
cargador de áridos, que decían no poder subir el
cargador. Luis, el encargado, me pidió una llave
132
inglesa, se la di y fue a subir a la hormigonera para
hacer la reparación. Yo, al ver lo que iba a hacer, le
corté diciéndole:
---“Un momento, señor Luis. Soy yo, el que tiene que
hacer
el trabajo.”
Se sorprendió de mis palabras, pero me entregó la
herramienta, al tiempo que me preguntaba por si yo
sabía lo que había que hacer. No le respondí nada. Sólo
que me dirigí al maquinista, para que accionara la
palanca, cuando se lo indicara. Hice unos ajustes en el
embrague correspondiente y cuando el maquinista
manipuló la palanca, la máquina funcionó como
debería ser. Recogimos nuestras pertenencias y nos
volvimos hacia el taller.
Coincidió que el Director, el Sr. Haro, estaba de visita en
el taller cuando llegamos. El Sr. Azuaga, le contó lo
ocurrido en la reparación de esa hormigonera. Esto, me
resultó de beneficio económico y de puntuación como
buen trabajador. Tanto fue, que sin pedirlo, me
aumentaron el sueldo semanal, en 100 pesetas más. Y en
la semana siguiente, otras 100 pesetas más. Y al final de
ese mes cobraba 1.800 pesetas (7.200 pesetas al mes,
bueno para el año 1966) Éste sueldo, en estos años era
considerado como un buen sueldo; que yo no estaba
dispuesto a dejar perder.
Me hicieron un contrato con tiempo indefinido. Les
interesó un trabajador que hacía los trabajos bien, y
sobre todo, que siempre estaba dispuesto a cualquier
trabajo y a cualquier hora. Algunos compañeros, ya
comenzaban a protestar de mi disponibilidad, pero,
ellos siempre tenían pegas para hacer horas extras. Yo,
como no tenía ninguna obligación en casa y la novia
estaba en Málaga, pues, estaba dispuesto en todo
momento.
133
En el mismo barrio, cuatro calles más al norte, se estaba
construyendo un edificio, que en la planta baja
disponía de un gran espacio, que podía servir de nuevo
taller y almacenes. La dirección de la empresa, así lo
dispuso y mientras se proseguía la construcción ya
estábamos disponiendo los preparativos para el traslado.
Cierto día, cuando fui a entrar al taller, para comenzar
el trabajo, me advirtieron que no tocase a ningún sitio.
Dentro, estaban los compañeros que llegaban antes, sin
cambiarse de ropas y además había algunas personas
que yo no conocía, eran policías investigando: se había
producido un robo durante la noche anterior. Se
llevaron algo de herramientas y un poco de dinero de la
mesa de la oficina. Me hicieron un bloque de preguntas,
y de muy mal modo. Luego me dijeron que al ser
personal nuevo, estaba en el grupo de sospechosos. En fin,
todo quedó en simple anécdota y además sin resolver.
En una obra realizada en la calle Francisco Silvela,
había que aumentar la altura de una grúa torre. El
trabajo debía realizarse en fin de semana, en domingo.
Yo era uno de los voluntarios para ese trabajo, pero
como ayudante y me encargaría del empalme de la
manguera eléctrica y de mando. Un trabajo fácil y de
no más de cuatro a cinco horas. Comeríamos en casa.
Ocurrió un incidente, con resultados, que más bien
fueron desagradables, para el equipo de mecánicos
montadores de grúas, y es que dos de los peones del
equipo de trabajadores, eran jóvenes y con más ganas de
alegrías, que de trabajar. A través del patio, entablaron
conversación con unas criadas, en la casa de al lado.
Justo en el piso de más abajo, salió un señor que les
protestó por ser unas horas muy tempranas, en domingo
134
y que las palabras que empleaban eran poco educadas.
Los trabajadores les contestaron groseramente. Para
mala suerte, este señor era Inspector de Trabajo (del
Sindicato, el vertical, el antiguo, el ‘estatal’ vamos...)
Por si fuera, poco, no teníamos permiso para trabajar en
domingo. El inspector bajó a protestarle al encargado y
la bronca, no paró ahí, sino que exigió la paralización
del trabajo de inmediato.
El encargado, se vio obligado a llamar al director. El
resultado fue que tuvimos que dejar el trabajo para otro
día, pero sería en horas de trabajo normal de la obra,
que tendría que paralizar los trabajos dispuestos para el
lunes. Más broncas, porque nadie quería parar los
trabajos. Al final, aparecieron en la obra, más jefes que
operarios. Se decidió que sería más conveniente parar
los trabajos y subir la grúa.
Al día siguiente, lunes; yo no estaba en esta parte del
trabajo. Con las prisas, se les olvidó que las mangueras
eléctricas eran cortas, que el día anterior a mí no me
dejaron hacer los empalmes y cuando prosiguieron la
subida del mástil, los cables se partieron, produciendo
una mala avería. Avisaron al taller y acudimos con
mangueras eléctricas nuevas. Pero, no tenían los mismos
colores identificativos, ni los mismos colores, en los hilos.
Para hacer bien los empalmes, realicé un dibujo, para
poder ir comprobando cada hilo, con sus números y
colores. Para dar más rapidez al trabajo, me dijeron que
el empalme de la parte alta, lo harían otros
compañeros.
Les
di
una
copia
de
mi
plano,
advirtiéndoles sobre el cuidado de la identificación de
tres colores muy parecidos. Quedamos todos de acuerdo.
Pero, no me avisaron que el oficial que iba a realizar el
empalme era daltónico... y se equivocó en los colores de
los hilos de ese empalme.
Cuando me avisaron que estaba listo y terminado el
empalme, procedimos a una prueba simple, para
135
comprobar que todo era correcto. ¡Todo estaba bien!
Dijeron. Más, cuando el gruísta, hizo un movimiento
compuesto, se produjo el inevitable cortocircuito. Se
quemó la manguera vieja y la nueva, toda, entera.
Desde abajo hasta arriba, como la mecha de un
petardo. La decepción, el desencanto, fue total. Había
que buscar un culpable. Pero, la bronca continuaba.
Aquello era más bien un gallinero. Fue la primera vez
que yo grité a todos:
---“¡Eh. Lo importante es buscar una manguera nueva!”
Se hizo un silencio total. El primero que habló fue el
encargado:
---“Vale. Voy a pedir permiso, para poder comprarla.”
Así se hizo y con la manguera conseguida y con mi
plano, bien estudiado, se terminó la reparación y la
grúa podía funcionar. Pero, eran las diez de la noche.
Estábamos cansados, y contentos, aliviados del estrés de
este día. Por la mañana del siguiente día, teníamos
asamblea en el taller. El director, el encargado y todos
los operarios que habíamos participado en las
maniobras del día anterior, con la dichosa grúa.
El Sr. Haro, con tono desagradable, relató todo lo
ocurrido, a lo que no estaba dispuesto para que
ocurriese otra vez, dijo. Su sentencia final:
---“Los peones volverán a las obras; el personal de
contrato corto,
serán despedidos. Los oficiales antiguos, perderán
la gratificación del mes. Todos tendrán una
anotación
pendiente de más sanciones. A usted, Recio, le
consideró
‘no culpable’. Seguirá con su empleo.
Se puede retirar para seguir trabajando.”
Lo más extraño, es con lo que remató toda su perorata:
---“... Y Pedro, cuando vuelva de la mili,
no trabajará más en este taller.” (¿?)
136
Esto nunca ocurrió de esta forma, Pedro, volvió y
continuó trabajando en su puesto. Y, es más, no sólo
siguió en su puesto, sino que fue ‘su mano derecha’, su
‘Pedrito’...
Todo
continuó
pasando
con
total
normalidad, los trabajos se hacían rutinarios y sobre
todo ya notaba que era uno más de esa, ya importante
empresa. Ingresaron otros obreros, algunos más jóvenes
que yo.
Otro día que estábamos en otra obra, nos visitó el Sr.
Haro, para ver como iban nuestras reparaciones y
montajes. Luego, le vi conversar con el encargado, el Sr.
Azuaga. Cuando pasé cerca, le oí al director comentar:
---“Si algunos de estos muchachos tuviese carné de
conducir...
Podríamos comprar una furgoneta, para que usted
no
tuviese que estar con ellos, en las obras.
Tampoco, usaría usted su coche, para trasladarlos.”
Al oír aquello, se me encendió un piloto dentro de la
cabeza. A última hora, a la salida del trabajo, me
dirigí a una autoescuela, que había cerca del taller. Me
apunté a un cursillo. Con los conocimientos que recibí
en la Institución Laboral, en Málaga y con las ganas
que tenía, sabía que pronto tendría el carné.
Al mes siguiente, el profesor de la autoescuela, opinó que
yo estaba en condiciones de superar el examen. Tan solo
hice las prácticas de diez secciones y fueron suficientes:
¡Aprobé! (11/03/1966)
Cuando me entregaron el carné y lo tuve en mis manos,
no solo estaba contento, estaba deseando ver al director.
A mis compañeros no les comenté nada sobre éste
asunto. A los pocos días, apareció en el taller el Sr. Haro.
Tras de su coche, entró una furgoneta nueva, una
Citroën ‘Dos Caballos’. Todos nos acercamos a verla. El
director, le dijo al encargado que la furgoneta se
quedaría allí hasta que encontrase un conductor.
137
Yo le seguí hasta su despacho. Cuando me permitió la
entrada, le dije:
---“Señor Haro, yo ya tengo carné de conductor.”
Saqué de mi cartera, el carné nuevo y lo puse encima de
su mesa. La respuesta fue rápida: Me tiró las llaves de la
furgoneta, sobre el carné, diciendo:
---“Te encargarás de conducirla, así ya no tendremos
que pagar más los viajes en Metro y autobús.”
En principio, la furgoneta, tendría que guardarla, por
las tardes, en el taller. Por esto, el encargado, tenía que
esperar mi regreso, mi aseo y cambio de ropas. Aguantó
pocas jornadas. Protestó al director y decidieron darme
una llave del taller y de esta forma, yo sería el
responsable de cerrar las puertas del taller. Esta formula
tampoco era acertada, tendrían que pagarme las horas
extras, a las que yo cerraba el taller... y no les parecía
suficiente garantía mi palabra, para certificar la
cantidad de horas resultantes. Resultado: Sería el
responsable de la conducción ‘única’ del vehículo, o sea
de forma exclusiva. Sería utilizado para los trabajos y
con él me dirigiría a mi casa. La indicación era que no
debería usarlo para mis asuntos. Pero esa indicación se
fue olvidando. Lo usaba en todo momento, hasta para ir
al cine, como si fuese mío. Por ser el conductor de la
furgoneta, por ser el oficial que siempre estaba
disponible y por tener más edad, me fue encomendado el
cuidado y el control del equipo de electricistas, muy a
pesar de ser el de menor antigüedad en la empresa. Pero
nadie protestó por ello, se sobre entendía y además, era
el más capacitado.
Éste mismo año, la empresa realizó dos traslados, las
oficinas centrales desde la calle General Pardiñas a un
nuevo edificio, que construimos en el final de la calle
Dr. Arce, con esquina a la calle Velásquez; y nuestro
nuevo taller en la calle Mandarina.
138
Con el cambio al nuevo taller, y estar el director, con
oficina fija en el mismo local y disponer de otras ideas
de organización, me fue encomendado el definitivo
mando del equipo de electricidad, de sus equipos y
almacenajes.
A partir de entonces, mi trabajo era disgregado del
mando directo del encargado del taller, seríamos una
sección única y autónoma. Yo sería como un capataz,
pero todavía sin empleo indicado en nómina, pero sí en
el sueldo, que me fue aumentado.
Se compró otra furgoneta, para que los mecánicos
montadores de grúas, tuviesen transporte independiente
y al mismo tiempo, formasen otro grupo autónomo. Éste
equipo lo mandaría otro compañero, Pedrito, el de la
‘mili’.
En las oficinas del nuevo taller, también permanecería
con puesto fijo el administrativo habitual, Enrique. Que
a consecuencias de la convivencia y la tirantez que
había entre él y el Sr. Haro; consiguió pronto, que fuese,
en unos días, sustituido por otro administrativo y
apareció en nuestras vidas otro cuñadísimo: Damián.
Sería hasta su jubilación, el administrativo del Parque
de Maquinaria.
El Jefe de Talleres, el señor Haro, comprobó que el
sistema de especialistas y de los equipos semi autónomos,
era un buen sistema para la mejor disposición y
desempeños de los distintos trabajos, que el taller de
maquinaria y reparaciones tenía que realizar. Para las
instalaciones de fontanería, en los trabajos de obras,
contrató a un oficial fontanero, Ángel Kovian (con K,
como él decía debía ser) Éste fontanero, cómo
trabajador especialista, era muy bueno, sabía todos los
139
trucos y tenía unos estilos muy personales en las
terminaciones de los trabajos. Cómo persona, era
bastante distinto al resto de compañeros.
Desde mi punto de vista, tenía algún complejo sicótico,
en la personalidad. Pretendía vivir en un mundo muy
superior a sus posibilidades, tanto económicas como
culturales. En los primeros momentos de tener
conversación con él, parecía que era muy ilustrado,
erudito y que tenía estudios superiores. En los segundos
encuentros, ya se le veían sus faltas de conocimientos
generales, que suplantaba con una amplia verborrea, de
charlatán embaucador. Pero, en conjunto, era una
persona de buen llevar, si no se le llevaba a extremos de
mala discusión; porque entonces se desesperaba y
arremetía con malas artes.
Ángel, el nuevo compañero, formaría un nuevo equipo
semiautónomo; pero, con la indicación del Jefe, que
principalmente, mi equipo de electricistas y yo,
deberíamos servirle de ayuda y transporte. Decidí que
uno de los últimos oficiales de plantilla, Amor, sería el
que formaría compañía en el equipo, para los trabajos
de fontanería. En primer lugar, me quitaba de la
presencia de Amor, del grupo de electricistas, que
protestaban de él por sus malos olores. Pero, también, me
protestó Ángel, por los olores; pero, principalmente,
porque Amor tenía cortos los conocimientos y cortas las
entradas a nuevos conocimientos.
Entonces; decidí cambiarle por Enrique, un joven lento,
pero, avispado para comenzar a aprender nuevas
formas de trabajos, sería el que se encargaría de ser el
ayudante habitual. Aunque había un encuentro de
personalidades, llegaron a formar un buen equipo para
el trabajo. Ángel, manejaba casi con desprecio a Enrique
y éste, al ser más joven y sumiso, soportaba los malos
arrebatos de su ‘jefe’.
140
Con el paso del tiempo y del continuo encuentro diario,
en el taller y principalmente, debido a mi forma de
llevar el trato personal con los compañeros, fui
conociendo todo lo conocible de este individuo y al
tiempo compañero en los trabajos. Conocí a su madre, a
su mujer, Mari; mujer algo gruesa y sumisa a las
exigencias de su marido, que no eran de trato muy
cortés. A sus hijos, Almudena, la mayor. Una niña
preciosa y delicada, la que hacía llorar de cariño a su
padre y por que no podía darle más de lo que él deseaba.
Ángel, el hijo pequeño, que nació en unos momentos en
que sus padres, no necesitaban y no querían tener más
hijos. Además; en estos momentos, las relaciones con los
familiares de ambos, no eran los mejores. Tan mal se
encontraban estas relaciones que no tenían quienes
pudiesen
ser
los
padrinos
para
bautizarlo
cristianamente. Para este cometido, se vio obligado a
pedirme que fuéramos, Librada y yo, los padrinos en el
bautizo de su hijo. En conciencia, nos vimos, también,
obligados a acceder a su petición. Librada, no estaba de
acuerdo, pero, por el cariño que le tenía al niño,
consintió en ser la madrina. Verdaderamente, no hemos
ejercido cómo tales padrinos.
Con el paso del tiempo, se mudaron del barrio de Pueblo
Nuevo, al pueblo de Mostoles, donde consiguió comprar
un pequeño piso trasero y barato. Allí le fuimos a visitar
varias veces, luego se fueron alargando el tiempo, entre
las visitas, hasta acabar por no haber más visitas. Y es
que a Librada, no le terminaba de agradar las maneras
de Ángel; que llegó a pedirnos algún dinero prestado;
que después de un tiempo, que no lo devolvía, convencí a
Librada, que le perdonásemos el préstamo. Me costó
convencerla y siempre me lo recuerda. Pero, fue forzada
ésta condonación, por el cariño que teníamos a los hijos
de estos amigos, hijos que eran amigos de nuestros hijos.
141
La idea del presidente (D. Juan Obregón), era que la
empresa, diese la apariencia de ser una empresa
familiar y verdaderamente, todos conseguimos el
objetivo, con nuestras familiaridades y además por
intentar y a veces conseguir introducir a nuestros
familiares, a trabajar en algunos de los puestos
disponibles. Yo me apunté a éste sistema, y años más
tarde conseguí que dos de mis hijos (Pablo y Susana)
fuesen trabajadores fijos de plantilla, hasta el despido
colectivo final.
Éste año de 1966, estuvo lleno de cambios que afectaron
de lleno a mi vida y que encauzaron el destino,
afianzándome como vecino fijo en Madrid. Como todos
estos cambios eran beneficiosos y hacían que mi
economía particular, presentara una visión de
confianza, la mentalidad me fue cambiando también.
Comencé a hacer planes para poder casarme con
Librada. Para ello, hice una propuesta a mi hermana y
cuñado: Me pondría manos a la reparación y
acondicionamiento de una de las viviendas que había
en el patio trasero, para que sirviera como domicilio del
nuevo matrimonio, si todo era aceptado. Teniendo en
cuenta que la casa era de los padres de Bernardino,
ellos se encargarían de hacer las consultas adecuadas.
A mí no me llegaron comentarios contradictorios,
tampoco muy satisfactorios.
Por la boda, tampoco hubo comentarios contrarios, me
parecía que todos estaban de acuerdo, porque nadie me
dijo ni una frase en contra.
La vivienda a la que me disponía a usar, era usada por
la familia como trastero. En primer lugar quise tirar
todo lo que me parecía inútil, pero encontré ideas en
142
contra, parecía que todo aquellos cacharros y bultos
eran todos de gran utilidad. Te indico como era y como
quedaría la vivienda que utilizamos como primera
vivienda de mi matrimonio: Desde el portal, se pasaba
al patio, que era rectangular; en el fondo izquierda,
había un retrete y una pequeña habitación, que estaba
utilizada, por el padre de Bernardino, como almacén
de sus cosas particulares. En ese mismo lado, estaba la
vivienda, que constaba de seis habitáculos: Cuatro
habitaciones, una pequeña entrada y una cocina. El
piso tenía un nivel del suelo inferior al del patio. En el
umbral, había un escalón de poca altura, hacia el
patio, pero de unos 30 centímetros de altura, hacia el
interior. La puerta de entrada, era amplia, partida en
dos secciones, la media inferior entera, la parte superior
acristalada, con una tapa, que podía ser retirada de
forma deslizante, con la puerta abierta. La parte
inferior, podía quedar cerrada, y la parte superior, se
podía mantener abierta, para dar luz exterior a la
entrada, que disponía de las puertas de acceso a la
cocina por el frente y por los lados a cada una de las
habitaciones con ventanas al exterior, desde las que se
podía llegar a cada una de las habitaciones interiores.
La habitación interior de la derecha, tenía una puerta
centrada en la pared, con dos hojas con cristales. Por
ello, consideré que esa sería destinada a almacenar
todos los paquetes y bártulos, que se repartían por las
habitaciones, pues la otra habitación interior, no tenía
puertas de separación. Antes de pintar las paredes,
reformé parte de la instalación eléctrica. Quedaron tres
habitaciones disponibles, la entrada y la cocina.
La cocina no tenía luz exterior, sólo la que podía pasar
desde la puerta de la entrada. Había agua potable de
entrada, pero no tenía salida de aguas residuales. Esto
de momento, no me pareció que era un problema. Pero,
cuando se utiliza una cocina, se genera cierta
143
cantidad de agua sucia. Consulté, con Bernardino
(padre) y no me permitió que hiciera ninguna reforma,
para yo mismo hacer el desagüe... (¿?).
La cocina disponía de un mueble metálico de cocina
compuesta, para ser utilizada con carbón. Nunca la
utilizamos. Instalé un mueble de cocina a gas, con
botella de butano. Algunos mueble colgados y bajo el
grifo, un mueble con fregadero. El desagüe se vertía a
un cubo, que cada vez que se llenaba, se tiraba el
contenido al retrete que estaba en el exterior. Esta mala
formula, lo sufrió Librada, por espacio de cinco años. En
verdad, era una tarea penosa y desafortunada. Todavía
no me lo ha perdonado.
En la primera habitación de la izquierda, con ventana
al exterior, decidí que sería utilizada como dormitorio y
la habitación interior, como ropero y vestidor. Compré
un dormitorio muy moderno, para esos años, con un
ropero de cuatro cuerpos, mesitas, lámparas y colchón de
muelles. El resto de muebles, pensé, sería más
conveniente, que la novia, se encargaría de su compra,
cuando ella estuviese aquí. La casa, no era un
verdadero ‘nido de amor’, visto desde la perspectiva
actual. Ahora, considero que fue otro de mis errores, en
esta vida. Pero, creo que estaba forzado por la situación.
Estar en casa de mi hermana, durmiendo en la cocina;
lejos de mis lugares, de mi madre y de mi novia, son
cosas que a cualquiera hace no ver otra salida más
apropiada.
La idea de la boda, le pareció buena a Librada (quería
tenerme a su lado) Ella y mi madre, habían estado en
Madrid, para visitarnos. Vio como era la casa. Y el amor
que me tenía, le hizo no ver los problemas, que se le
presentarían, cuando estuviese aquí. Tampoco, estuvimos
muy acertados, para detectar, que aún, estando cerca
de mi hermana, ¡estaríamos solos! Lo único que
consideramos, es que yo tenía el mejor trabajo y con
144
vistas a tener más ventajas laborales y económicas. Ni
por nosotros, ni la familia, encontramos grandes
problemas. Así, que todo estaba encarrilado y con ideas
buenas.
En los días que estuvieron, mi madre y mi novia,
visitamos todos los lugares a los que yo les llevé, con la
furgoneta de la empresa. Estuvimos en el Escorial, el
Valle de los Caídos, el Retiro,... por las calles de Madrid.
Fueron días muy ocupados.
Otra de las cosas, que no consideramos con suficiente
detenimiento, (que fue un error), es que al casarse y
marchar a Madrid, Librada, dejó su trabajo. Un trabajo
que a ella le gustaba y que estaba próxima a ser
ascendida de categoría laboral. En otro sentido, su
madre perdería la presencia de una hija y se vería
privada del aporte económico del sueldo, que Librada
tenía.
De los preparativos para la boda y de los trámites
administrativos, se encargó Librada, personalmente. Yo
desde Madrid, poco podía hacer. Además, no utilicé la
mitad del permiso de vacaciones, de esta forma, tendría
más dinero para la boda y los billetes del viaje de vuelta.
La fecha definida para la boda, sería el 25 de
septiembre de 1966. Buen año de cosechas de uvas y
aceitunas... Nada más.
¿Recuerdas que mi hermana se vino a Madrid, a casa de
su tío Antonio? Pues, ese tío no tuvo descendencia y se
cubría la falta con sobrinos. Izo que se trasladase a
Madrid al primo Juan (al que yo le llamaba el favorito
del ‘Moreno’, mi padre) Juan era camarero, en Málaga.
Trabajó en compañía de mi hermano, en las mismas
tabernas, llamadas ‘El Sur’ y ‘La Manchega’. Y de
camarero también trabajó en Madrid. Estaba casado y
145
con dos hijos. Al hijo varón, mi tío, consiguió que entrase
a trabajar como conductor, en el Ministerio de Marina.
Estaba casado y con un hijo pequeño. La hembra o hija,
ya te dije que se casó con el hijo de Isabel (Paquito), la
mujer de mi hermano.
Mi tío Antonio, marchó a Alemania, como emigrante.
Desde allí, consiguió llevar a su otro sobrino, el hijo de
mi tío Rafael, Juani. Precisamente, mi hermana me
telefoneó ayer, para decirme que en éste día (hoy
25/03/2004), estaban enterrando a Juani, en Torre del
Mar. Cuando murió, no estaba en buenas condiciones,
ni físicas ni mentales. Tuvo un final lamentable.
Esto me da para pensar, en la cantidad de familiares
que ya no están vivos. A la fecha de hoy, de los que te he
hablado: Mi abuela, sus hijos Juan, José (mi padre),
Rafael y Antonio y sus esposas; Antonio (mi suegro), su
mujer Rosa; mi madre, mi hermana Carmela, su marido
Joaquín y su hija Carmina; mis tías Lucia y Carmela; mi
primo Juan y su mujer; Paco el hermano de Bernardino,
sus padres Carola y Bernardino; Genoveva la hermana
de Bernardino (padre); mi madrina Mercedes y su
marido Antonio y éste primo Juani, motivo de éste
recuerdo y de esta lista, que a día de hoy y sin contactos
con las gentes de Málaga, no sé de cuantas personas
cercanas más, Q. E. P. D. Como se suele decir:
---“Que nos esperen largo tiempo; si esta vida se lo
merece.”
Te estaba relatando sobre los días anteriores a mi boda.
Quería que te dieses cuenta de los familiares que tenía
en Madrid. Falta por recontar los familiares por parte de
mi cuñado Bernardino. Estaban Paco, su mujer
Amparito y sus dos hijos Javier y Almudena y por otra
parte, la tía de Bernardino Genoveva. Ahora repasemos
la lista hacia atrás, de los familiares que estaban en
Madrid: Genoveva, Paco su mujer Amparito y sus hijos
Javier y Almudena, los abuelos Carola y Bernardino, mi
146
hermana Loli y Bernardino, sus hijos Ana María y
Ricardo, mi primo Juan, su mujer Rafaela, su hijo
Manolo y su mujer Nucha,... Todos tenían motivos
personales, para no poder asistir a la boda.
Cierto, que a mi hermana y su familia en Madrid, el
roce familiar que yo les tenía, era de un año escaso y a
los primos, la suma de éste roce o trato familiar,
alcanza un total de pocas horas, contadas de formas
alternas. Por eso, cuando fuimos a casa, del primo
Juan, para hacer una visita periódica y comunicarle la
fecha de la boda, cómo en forma de chiste, me dijo:
---“Que sólo te vas a ver, Pepe.”
Esta frase, nunca la he olvidado, no con desagrado,
creo, que con cierta lánguida indiferencia. Pero, que
ahí está. Yo comenté:
---“Bueno. Mientras asistan los novios...”
Llegaron los calores
del verano de Madrid. Había
previsto para la boda, utilizar los días de permiso, que
por ley me pertenecían y algunos días de las vacaciones
anuales, y así disponer sólo un total de veinte días. El
resto, los trabajaría, para tener más dinero disponible.
Me despedí de mis compañeros de trabajo, con una
pequeña celebración de despedida de soltero; cosa
escasa, en verdad. Nos limitamos a unas reuniones en
bares, con tapas y bebidas. El encargado del taller, el Sr.
Azuaga, me dio algún dinero y entre los compañeros,
reunieron otra parte. Con sus parabienes, me separé de
ellos, hasta el regreso. Que sería ya como persona
casada. Dejé la furgoneta, los trabajos pendientes y a
cargo del equipo de electricistas, a un oficial
distinguido, por su buen hacer y profesionalidad.
147
Desde el punto de vista, en estos años actuales, no se
puede comprender, que nadie, ni familiar, ni amigo, me
diese una charla de las formulas, o de las normas más
elementales, que ha de manejar una persona que se
casa. Cómo se ha de comportar el recién casado. Todo lo
que yo conocía, era el trato de los esposos conocidos, de
familiares o amigos, o de algunas lecturas. Y, no
precisamente de San Juan de la Cruz. Pero, nadie me
dio un consejo de manera acertada o con buena
voluntad. A ninguno de los dos novios. Y es que, ni en
Madrid, ni en Málaga. Para mí, era como el que
abandona el buque, en una emergencia; y ‘que Dios te
ampare hermano’.
Bernardino y mi hermana, me llevaron en su coche a la
estación de Atocha. Allí me despedí de ellos y regresé a
Málaga, de donde salí hacía un año. Con mi llegada a
Málaga, noté, otra vez, la gran diferencia entre las dos
ciudades. Madrid es como muy individual, bulliciosa,
seca y ruidosa por los vehículos en las calles. Sus
habitantes van ensimismados, serios. Sobre todo, se nota
viajando en el Metro.
Málaga es más húmeda, estrecha en el trato personal,
las gentes se comunican sin complejos, aparentan menos
solemnidad en las calles y en los transportes públicos.
Es..., era menos ruidosa, por los vehículos en las calles,
pero más ruidosa, por la forma de hablar de sus gentes.
No te estoy hablando del momento actual, ¿Entiendes?
Los encuentros con mis dos mujeres (mi madre y mi
novia), fueron muy entrañables. Son un buen recuerdo.
Me pareció que el tiempo no había pasado, todo volvió a
ser igual que hacía un año. Mi madre, había ahorrado
para comprar cosas, que tendrían que ir a Madrid.
Fuimos a comprar una vajilla y una batería de cocina.
Compramos ropas interiores, calcetines, pañuelos...
También, Librada, tenía un ajuar, preparado por ella y
148
su madre, que durante tiempo, habían ido guardando.
En parte, iría con nosotros, en el viaje de vuelta a
Madrid y el resto, sería enviado por una empresa de
transportes.
La novia, su madre y su hermana, se habían entregado
en el vestido de boda. Mi madre se entregó en tela de
traje de caballero y un sastre, me izo a medida, el traje
de boda y sobró tela para unos pantalones. Todo tenía
cierta rapidez, porque los días, no serían muchos, para
la boda y para volver a Madrid, pero, todo tuvo su
tiempo y medida. Tuvimos pequeños regalos de casi todos
los familiares más cercanos malagueños. Tampoco
esperábamos gran cosa. Los tiempos y las economías, no
estaban muy boyantes. La boda se celebraría en la
iglesia de San Pedro, muy cercana al domicilio de la
familia de Librada. Era una época calurosa. En Málaga
el mes de septiembre, es todavía pleno verano. Dos días
antes de la boda, mi madre y mi hermano, decidieron
encargarse de hacer la reserva de una habitación,
decidieron que sería en el Hotel Lis, en la calle Córdoba,
era un hotel de una estrella, pero muy distinguido.
El día anterior a la boda, fue un día atareado, todos
queríamos que saliese todo muy bien. Los novios nos
despedimos, un poco tarde. Cuando llegué a la casa de
mi madre, ella me esperaba. Se le notaba algo diferente,
quería aparentar tranquilidad, pero, no lo conseguía.
Aunque nunca me lo dijo, era fácil de entender, que no
estaba muy de acuerdo, en que me marchase a Madrid y
esta vez, ya no tenía el remedio a la mano: todo estaba
decidido. Equivocadamente, pero estaba decidido.
Estuvimos charlando largo tiempo. Reconozco, que no
queríamos que el tiempo pasase. Sabíamos, íntimamente,
que en pocos días la separación tendría forma
149
definitiva. Era muy tarde cuando decidimos acostarnos,
para poder descansar del cansancio, por los nervios.
Después del despertar y hacerme a la idea que este era el
último día de soltero, nos arreglamos, mi madre y yo,
para desayunar en el bar de la calle Cuarteles, donde
íbamos con frecuencia. Continuamos con los últimos
preparativos. Uno de estos preparativos, sería llevar al
hotel concertado, una pequeña maleta, con ropas y
cosas de Librada y mías. El baño y el afeitado, lo hice
con detenimiento. Sería la última vez que usaría el
gran barreño de cinc y el agua calentada en la cocina.
La comida fue ligera, ninguno de los dos teníamos
muchas ganas de comer. Por fin, comencé a colocarme
las ropas que tenía preparada para la boda. Los toques
finales los realizó mi madre. Y los terminó con un largo
beso... y unas lágrimas, que pronto hizo desaparecer,
diciendo que tenía que estar bonita.
Ella sería la madrina de mi boda. También tenía el
traje escogido y preparado para este acontecimiento. En
realidad, este sería el máximo lujo que aportábamos
para este caso. Iba a ser una boda sencilla; nada
parecida a las que se realizan en estos días. Pero, sí con
todo el cariño y sentimiento adecuado para estos
momentos.
Estuvimos
preparados
con
bastante
antelación. Mientras, recibimos la visita de varias
vecinas y amigos. Hasta que apareció el coche
concertado y engalanado para la ceremonia. Era un
coche de marca americana, muy amplio y largo.
Cuando se paró ante nuestra casa, las vecinas y los
niños se agolparon para ver como iban la madrina, su
vecina Lola y su hijo Pepito. Creo que era la primera vez,
que veía a las vecinas de besar a mi madre, y a mí
darme golpecitos en la espalda, felicitándonos. Subimos
al coche y en poco rato estábamos ante la iglesia. La
distancia no llegaba al medio kilómetro. A la puerta, ya
150
estaban algunos amigos y familiares. Entramos y nos
dirigimos al hasta el altar.
Esta iglesia es de estilo neoclásico, sin extravagancias,
de planta en cruz latina simplificada. Posee algunas
capillas en las dos naves laterales. En fin una iglesia
normalita, sin muchas pretensiones.
Por estar ya dentro, nos perdimos la vista de la marcha
y entrada de la novia, que el traslado lo realizó a pie.
Puesto que la casa, donde vivía, distaba unos 150 metros
y las calles eran estrechas. Vino del brazo de su padre,
que sería el padrino. Según, luego me contó Librada,
disfrutó del paseo.
Los vecinos le formaron una carrera entre dos filas,
desde donde les aplaudían y les felicitaban. Desde
nuestro puesto, ante el altar, que podía verse hasta la
calle y todo el pasillo, entre los bancos, ocupados por los
asistentes, la vimos llegar, estaba más bonita que el día
anterior y se la notaba tranquila. No así a su padre, que
demostró ser de todos el más nervioso. Sobre todo,
cuando se le pidió que diese los anillos y entendió que
tenía que pagar algo y sacó la cartera. Fue un momento
simpático.
Después de la ceremonia y sus diligencias, nos llevaron a
casa de unos amigos, que ya se casaron anteriormente,
para en ella, el fotógrafo, contratado hiciera el
‘reportaje’ pertinente. Luego nos llevaron a casa de, los
que ya eran mis suegros. En ella y en el pasillo de
entrada y en la calle, estaban los vecinos, los amigos y
los familiares, que ya habían comenzado a celebrarlo
con una pequeña fiesta, con bebidas y bocadillos. Todo
muy simple y reducido, como en familia, nada de
banquete en un restaurante.
Ya el sol se estaba poniendo y decidieron que los novios
se tenían que retirar. Para ello a Librada le hicieron
cambiar de vestido. Nos fuimos despidiendo de todos.
Era el tiempo de los achuchones y frases raras. Nos
151
fuimos con otra bolsa o maleta pequeña, con cosas de
última hora. Como la distancia no llegaba a los dos
kilómetros y por calles conocidas, dimos un paseo, ya del
brazo de mi mujer y ella de su esposo, hasta el hotel.
Entregamos la maleta en recepción, para que la subiesen
a la habitación y seguimos el paseo, era temprano.
Luego de dar vueltas por las calles del centro de la
ciudad, entramos a un cine. Salimos sin haber
terminado la película. Cenamos en la terraza de un
restaurante céntrico. Antes de la media noche, nos
dirigimos al hotel. Cuando pedí la llave de la
habitación, nos acompañó el botones, para ver si todo
estaba en perfecto orden. Así nos pareció. Se despidió con
felicitaciones y sonrisas.
Como te conté anteriormente, sobre estos primeros
momentos de la vida de un matrimonio, nadie nos
contó
o
aconsejó,
las
formas
o
maneras
de
comportamiento. Todo lo hicimos de las maneras que
mejor nos pareció. Sobre las formas de prevención de los
embarazos, olvídate, que de eso era en esos tiempos,
además de tabú, era impensable y tampoco teníamos
información. Eso sí, como éramos jóvenes y saludables... y
además, sin estrenar... Llegamos en esa noche, hasta ‘el
quinto’... Y, en la noche siguiente,... también. Por éste
motivo, se me encendió el piloto de ‘la reserva’. Me puse
muy malito, tanto que a Librada, se le pasó por la mente
llamar al médico del hotel. Cosa, que al fin, no hizo. Nos
tranquilizamos y con dormir largo tiempo, y con
abrazos cariñosos, pasamos este raro temporal, que nos
sirvió de anécdota. De estas formas, tan solo, lo supo
pronto, Rosa (mi suegra)
152
La separación de nuestras familias, sólo duró dos días.
Volvimos a reencontrarnos, primero, con mi madre, en
el hotel donde trabajaba y más tarde, fuimos a casa de
los padres de Librada. Al día siguiente, sería el viaje a
Madrid. Nos acompañaron a la estación del tren.
Levábamos varias maletas y bolsas. El resto de nuestras
pertenencias, ya fueron enviadas a Madrid, por una
agencia de transportes y la recogeríamos cuando
estuviésemos allí.
Las despedidas fueron largas y con cierto tono de
tristeza. Pues, ya no sabíamos cuando tendríamos
ocasión de regresar. Todo eran recomendaciones y
consejos ya sabidos. Subimos al vagón y entre saludos y
miradas entristecidas, el tren nos llevó al comienzo del
viaje, que nos llevaría a una capital, que aún hoy día,
Librada, no ha podido, ni ha sabido,... ni ha querido,...
estar en ella, como una ciudadana integrada. Su mente
continúa en Málaga. Ciudad, que ya no conoce. Y que
añora, constantemente, con el pensamiento puesto en
volver.
El viaje lo hicimos en la segunda categoría, en un
compartimiento para ocho personas. Tendría el sentido
de cómo un ‘viaje de boda’. Pero, no era tal. Ni la
formula era la adecuada, ni teníamos poder adquisitivo
para esa forma de viaje. Pero, sí tenía la forma de la
entrada a un túnel, a un lugar desconocido y sin saber
como seguiría. Yo sabía, que lo que le ofrecía a mi
esposa, no era muy digno. Pero, la intención era poder
ir dándole, cada vez más, todo lo que pudiese lograr. Y
estaba dispuesto a trabajar para ello. El puesto de
trabajo, que había conseguido, me daba la idea que con
él lo iba a conseguir.
153
Llegamos a Madrid. Librada, estaba tan ilusionada,
que no se daba cuenta de donde entraba, en mi
compañía. Esta ilusión tuvo su primer golpe negativo,
después de los saludos y conversaciones con mi hermana
y su familia, y entramos en lo que desde ahora sería
nuestra casa. Cuando accedimos al patio y fuimos hacia
la entrada de la casa, creo que ella estaba tan perdida,
como Hansel y Gretel de los cuentos de los hermanos
Grimm.
El tiempo no era frío, pero cuando entramos en la
primera pieza de la casa, se notó la frialdad de la
vivienda. Más aún, que se demostró el poco tacto, por mi
parte, de no cubrir la cama con una colcha o alguna
cubierta más aparente. Aunque todo estaba limpio y los
muebles eran nuevos, el aspecto no resultaba muy
acogedor. A esto, se le podía añadir, que sólo estaban
ocupadas dos habitaciones, con los muebles del
dormitorio. La cocina estaba a medio cubrir; faltaba
una mesa y sillas. El recibidor, era un cuadrado vacío,
con puertas en los cuatro lados. Y la habitación que
dedicaríamos a comedor, estaba vacía. La otra
habitación restante, estaba llena de trastos, ordenados
con gran desorden. Librada no demostró contrariedad,
pero tampoco gran entusiasmo.
Dejamos las maletas y los paquetes y nos dedicamos a
poner en orden, primero las ideas y luego las cosas
empaquetadas, para darle un poco de calidez a la casa.
El resto de cosas, que habíamos mandado por transporte,
teníamos previsto recogerlo, cuando tuviese de nuevo a
mi disposición, la furgoneta de la empresa y que aún
faltaba para ello, cinco días. Cuando terminamos de
colocar las cosas y dejar vacías las maletas y los
paquetes, subimos a casa de mi hermana, que en esto
había quedado, para cenar y pasar el resto de la
velada.
154
Los padres de mi cuñado, cenaban siempre en la cocina.
Nosotros dos y los cuatro, que componían el conjunto
familiar de mi hermana, nos acoplamos alrededor de la
mesa de comedor y cenamos todo lo que Loli, nos sirvió.
Las conversaciones fueron muy variadas, casi todas
encaminadas a entretener a Librada, para animarla a
sobrellevar las nuevas formas, en las que se entrenaba.
Mi hermana Loli, nos ofreció la formula para el aseo
integral: poder usar el baño de su casa, las veces que
quisiéramos.
Terminamos la velada, nos despedimos y bajamos a la
casa en el patio trasero, la que sería a partir de ahora
nuestra vivienda. Esta sería la primera noche, en esta
casa. Esta noche y las siguientes, durante el tiempo que
pasamos en esta casa, las recuerdo con una sensación
extraña, cómo de algo que no debió ocurrir, que tuvo
que ser de otra forma. Pero, no es posible dar marcha
atrás. No es que esté arrepentido de lo ocurrido en todos
estos años, es que creo que debió ser de otra forma. De
poder volver a empezar, no cambiaría nada de lo
acaecido, pero, sí los detalles.
Al día siguiente, nos dispusimos a comenzar con nuestra
nueva vida en conjunto y en una ciudad, todavía
desconocida; más para Librada, que para mí, porque yo
ya estaba en ella desde hacía un año. Para ella, sería
más duro, su preparación y conocimientos para llevar
un hogar, eran limitados. Por mi parte, tampoco le fui
de gran ayuda, también estaba limitado en estos
conocimientos.
Por la tarde, salimos a pasear por el barrio, con la
intención enseñarle las calles cercanas y luego ir a un
cine. Subíamos por la calle de Alcalá, ya en Pueblo
Nuevo, Librada se paró para ver unos escaparates de
muebles. Me dijo que sería necesario comprar, para la
cocina, una mesa y sillas. Entramos, preguntamos por el
precio de una, que le pareció adecuada y la compramos.
155
Fue nuestra primera compra, en conjunto, para la casa.
Con el pago de esta compra, nos quedó tan solo, 350
pesetas, en el bolsillo. Económicamente, poco más sería
nuestro capital. Decidimos volver a casa, sin ir al cine.
Pero estábamos contentos, por haber efectuado nuestra
primera compra. Esto me hizo proponer terminar con los
días de permiso, volver al trabajo y de esa forma poder
tener más sueldo disponible. Al día siguiente, me
presenté en el taller, dispuesto a trabajar.
La sorpresa fue grata: Me encontré con un resto de
sueldo sin cobrar y con un reajuste, por aumento de
sueldo. Con éste cobro de sueldo y sobre todo la noticia
del aumento, del salario y de la categoría, me hizo
estar ansioso por volver a casa. Y es que la noticia le
tendría que alegrar a Librada. Éste aumento,
conllevaba la confirmación como jefe de equipo,
pertenecer al llamado ‘equipo de la plantilla’ de
personal de la empresa y más importante, tendría otros
derechos, como a cobrar cuatro pagas más al año, una
paga de beneficios final de año, participar en reuniones
de personal cualificado, y algunas cosas más. Además,
en la nómina, tendría un plus por el matrimonio.
Cuando entré en casa, Librada me recibió como si
hubiese pasado largo tiempo sin verme, se pasó largo
rato abrazada a mí, besándome y estrujándome.
Cuando le conté lo del aumento de sueldo y categoría
en la empresa, no se alegró tanto, como de cuando me
vio entrar. Mi hermana y mi cuñado, se alegraron, pero
no tanto. Eso sí, reconocieron que su participación no
había resultado infructuosa. Vamos, que les había
demostrado que servía para algo.
Los fines de semanas, los dedicábamos a realizar
excursiones al campo de los alrededores de Madrid y
visitar algunos pueblos. Cuando salíamos todos juntos,
156
nosotros dos, siempre iríamos en la furgoneta de la
empresa.
A los aumentos y beneficios, también tuvo acceso mi
compañero ‘Pedrito’. A él le hicieron jefe del equipo de
montadores de grúas, también le dieron una furgoneta,
para el trabajo y podría usarla en casos particulares.
Seríamos dos equipos independientes del taller, que sí lo
tendríamos como base. Estaríamos a las ordenes directas
del director del Parque de Maquinaria. Siempre, con la
deferencia al encargado del taller; pero, el personal de
los dos equipos, estaría a nuestras ordenes particulares:
Yo con los electricistas y Pedro, con los mecánicos
montadores.
Con el paso de los días, mi empeño era reafirmar mi
puesto de trabajo, pues, era evidente que las perspectivas
de futuro, tendría sus frutos y buenos beneficios. Esto
tenía un inconveniente: las horas de entradas al
trabajo, casi siempre, sería a las ocho horas; pero, las
salidas, no tendría ya hora fija. Con el consabido
perjuicio, para la mutua compañía en mi matrimonio.
Pero, es de comprender que ciertas ventajas, tienen sus
inconvenientes. Esta circunstancia, jamás la entendió
Librada. Todavía, hoy, me acusa de ello cómo si hubiese
cometido un pecado grave, sin comprender que era para
poder tener cierto desahogo económico. Yo entiendo, que
ella estaba lejos de su familia y de su Málaga. Sin las
ayudas que su madre y hermanos, les podría ofrecer. Más
aún, que a pocas semanas de estar en Madrid, ya notó
los síntomas de estar embarazada y en una ciudad que
nunca la sintió como propia. Mientras yo trabajaba, sólo
tendría la ayuda o compañía de mi hermana, pero, eso
no era suficiente, en realidad se sentía sola. Y, yo casi
157
siempre aparecía por casa, con alguna hora extra de
trabajo.
Para todo el tiempo de éste de embarazo, y como veían
que Librada, no aparentaba tener buenas formas, su
madre (Rosa), le propuso que su hermana Beatriz,
vendría a Madrid, para pasar una temporada, para
poder ayudarla y hacerle compañía, antes y después del
parto. Así se acordó y así se efectuó. Durante la estancia
de Beatriz, fue un miembro más en la familia y Librada
recobró la cara de alegría. Se le notaba que mis
ausencias, no le afectaban, puesto que la presencia de su
hermana le hacía pasar, casi sin notarlo.
Estas Navidades serían las primeras que íbamos a pasar
en Madrid. Pero, conseguí de mi jefe, por los servicios
prestados, un día más de permiso y el uso de la
furgoneta, para trasladarme a Málaga, en esa
festividad. Así lo hicimos y fue una de las mejores
Navidades pasadas en Málaga. En la Semana Santa,
hicimos el mismo convenio, para el traslado. Las
estancias estaban repartidas de forma que de día
estaríamos en casa de Rosa, y dormiríamos en casa de
mi madre.
El primer hijo, nacería en junio. Todos discutíamos por
el nombre que se le pondría. Yo decidí que él sería el que
indicaría que nombre llevaría, con tener el nombre del
158
santo del día en que naciese. Y como decidió nacer en el
día 29 de junio (San Pedro y San Pablo), nos indicó su
nombre. Eso sí; yo decidí que se llamaría Pablo, no
Pedro. Para que nadie le pudiese llamar ‘Pablito’,
decidimos llamarle como en inglés: Paul.
Estábamos tan mal informados, que Librada rompió
aguas y se marchó a comprar al mercado. Sólo por las
urgencias de mi hermana, a la que se lo comentaron,
me avisaron al trabajo. A las cuatro horas, la estaba
trasladando al hospital.
Tardó bastante tiempo en comenzar el parto, debido a
que perdió la lubricación del amniótico. Sonará como a
chiste, pero el niño nació verdaderamente feo y
delgaducho. Los patucos eran más grandes que él. A
Beatriz, una enfermera, que le estaba enseñando el
niño, tras los cristales, leyó en los movimientos de labios
que decía:
---“Que niño más feo...”
Salió al pasillo y le increpó con mucha energía y muy
enfadada:
---“¡Éste niño no es feo, es precioso! ¡Usted no tiene ni
idea!”
Tuvimos que llevarlo al pediatra, a los pocos días,
porque lloraba demasiado, no sabíamos controlarlo y
además conseguía poco peso diario. Nos indicó que el
niño esta bastante sano, pero hambriento: la leche
materna no era suficiente. Cuando la madre le dio la
papilla preparada, casi se come la cuchara, por las
ganas con la que la cogió.
Las primeras vacaciones de verano, las pasamos en
Málaga. Para el traslado, usé la furgoneta. El periodo
de la cuarentena, no había terminado y estábamos de
159
viaje. Con la cuna, los biberones, los pañales (de los
antiguos), las maletas y bolsas. Tengo que decirte, que
tomamos por costumbre, hacer estos viajes en cada
puente laboral, festividades amplias, vacaciones, en fin
no perdíamos las ocasiones. Y sabíamos que la familia
nos recibía con los brazos abiertos.
Ya en el fin de este año 1967, con las pagas aumentadas
y con la participación en la cena de fin de curso. La
empresa, tenía por costumbre celebrar los fines de curso
o años laborales, con una cena de gala en un
importante hotel de Madrid, a la que asistirían los
accionistas principales, los propietarios fundadores, la
dirección, los jefes, todo el personal de oficinas, los
encargados,
los
capataces
y
nuestras
esposas
correspondientes. Todos con los trajes de buenas
apariencias, las señoras, con trajes largos y todos con la
suntuosidad que se presta a estas ocasiones.
Esta primera cena, para nosotros, se realizó en hotel Luz
Palacio. El edificio fue construido por nuestra empresa.
En el taller, nos encargamos los electricistas, de la
instalación de unos farolillos, confeccionados con luz
interior, para indicar el orden de cada mesa, con una
letra indicativa. Los lugares en las mesas estaban
predestinados, el letrero del nombre de cada comensal,
en mi caso: ‘RECIO ROSA, José’ y en el otro lado ‘Sra. de
RECIO ROSA’. En la mesa letra M, puestos 15 y 16. A mi
lado estaba Pedro, sólo, porque aún no se había casado.
Era una mesa para 22 personas, pero el comensal
número 11, no estaba ocupado. Las mesas estaban
indicadas en librito que nos entregaron, con plano y dos
listas, una con los puestos designados por mesas y la otra
con el orden alfabético. En la portada, se veía que esta
sería la 10ª Cena Fin de Ejercicio (23 Diciembre 1967)
160
La cena estaba amenizada por un músico al piano.
Todo estaba perfectamente ordenado y decorado.
Después de los postres, comenzaron los discursos del
Presidente fundador, del Director Delegado, del Director
Gerente... con brindis de champaña. Durante el café y
licores, se realizaron unos sorteos de regalos (10) Luego
seguía la esperada llamada al estrado central, de todo
el personal, por orden alfabético, para saludarnos
personalmente, el Presidente, su hija (madre de ‘Ana
Obregón’) y los Directores, pero, más importante: al
saludo nos entregaban un sobre, conteniendo el cheque
de la Paga de Beneficios y su informe. A mí me
correspondieron 25.000’00 pesetas. Esto era como las
pagas de casi tres meses. Para el cálculo de estas pagas,
se tenía en cuenta los plazos de las pagas trimestrales.
Esto es, si en el reparto, me correspondían 100.000 y me
habían dado en las trimestrales 40.000, pues el cheque
sería de 60.000
Pocos años más tarde, entró en el departamento de
personal un nuevo Jefe de Recursos Humanos y en
compañía del nuevo Jefe de Administración y otros
listos, inventaron una nueva formula de pagos de los
beneficios. Primero convencieron a los Directores y
Accionistas, luego al Comité de Empresa (el ‘summum’
de las pelotas) y luego, en reunión de casi todo el
personal, con seudo referéndum, dio el resultado de
admitir la disolución de las pagas trimestrales, para ser
disueltas en el salario anual, repartidas en partes
iguales entre cada paga mensual. Desde entonces,
quedamos todos con sólo las pagas mensuales, las dos
extras por ley estatal, más una extra especial, que se
definía con una formula extraña: ‘Paga extra +
semisuma de paga extra + un % de subida anual
personal.’ Algo extraño, pero aceptado por todos. Esta
paga sería repartida durante el mes de octubre.
161
También seguiríamos recibiendo la paga de reparto de
beneficios y otra, para la plantilla general, destinada a
la compra de juguetes para los hijos de empleados. El
criterio principal, aducido, por el grupo de listos, era
que había un comentario en todas las empresas del
ramo, que criticaban de forma negativa, la formula del
reparto de tantas pagas. Pero, nadie objetó en contra,
que estas formas de sueldos nos tenía obligados a
trabajar horas extras, sin su bonificación específica. Esto
me hace pensar en lo que como dijo Cicerón:
---“SUMMUM JUS, SUMMA INJURIA.”
(Extrema justicia, extrema injusticia)
Claro, que era muy agradable, recibir el nuevo sueldo
bastante aumentado; que además, en los casos de tener
un aumento, en los primeros de años, se salía con mayor
ganancia, puesto que los aumentos serían en
porcentajes, no lineales. Tenemos que reconocer, que en
esos años nuestros salarios eran superiores, en
comparación con otras empresas y con los vecinos o
amigos
conocidos.
Esta
apariencia,
se
fue
descompensando, en nuestro perjuicio, por las trampas
administrativas, por la avaricia de los jefes y
accionistas... y no tanto por causa del extraño
comportamiento del sector de la construcción. A la vista
de estos años transcurridos, es necesario tener un buen
reconocimiento, porque la administración de esta
empresa, mantenía en las nóminas, todo cuanto se
abonaba cómo sueldo, que ha resultado justo y
beneficioso para el cálculo de la paga de jubilación.
Otra cosa, a tener en consideración, es el trato amable
de parte de todos los jefes y directores, hacia el resto del
personal.
Estas formas las inculcó el Presidente y fundador don
Juan Obregón Toledo. Siempre quiso que se diera, y así se
mantenía, hacia el exterior una expresión de ser
empresa familiar. Se mantuvo durante muchos años...
162
Lo que tenemos que reconocer, es que el personal que
trabajaba en las oficinas centrales, daba la sensación
de estar algo por encima del resto de trabajadores.
Luego, había otro grupo con cierto aire de separatismo,
que lo formaban los equipos de dirección obra. También
estaban los Talleres de Encofrados y el Parque Almacén y
Talleres, que también, aunque de forma más normal,
daban su sensación de separatismo con el resto de
trabajadores. Pero, cuando había reunión de alguna
índole o asunto a tratar, todos formábamos una piña
de amigos bien avenidos, todo era cordialidad. Pocos
han sido los casos de broncas personales o rencores. Sí,
hemos formado siempre un gran equipo... A todos les
guardo un gran recuerdo agradable y un gran respeto,
por el trato recibido y en reconocimiento a la gran
profesionalidad de todos, sin excepción.
Pablo, ya comenzó a recuperar su verdadera
personalidad y a coger peso normal para un bebé de
poco tiempo. Pero sus padres, nosotros, no habíamos
cogido las buenas formas de proceder, de llevar una
familia con facilidad, sobre todo yo mismo. Con el paso
de los años, reconoceré que he perdido el contacto más
amplio con mis hijos y con mi mujer, a causa de atender
el oficio y el trabajo. Pero, que se puede hacer, si es la
forma de atender económicamente a la familia, algún
extremo tiene que ceder.
Y, es que, no supimos, o no pudimos mantener a la
familia en el número de miembros más oportuno.
Actualmente, éste tema es más fácil de lograr. Con la
posibilidad de tener a mano los mejores anticonceptivos.
Antes, en las farmacias estaban más reacios a la venta
de estos elementos. Por ello... y por las causas naturales,
163
Librada se quedó embarazada, de nuevo y a pocos meses
del nacimiento del primer hijo. Esta vez, sería niña y
nacería en el mes de febrero. Nos lo tomamos con buena
filosofía y nos hicimos a la idea de ser padre de nuevo
Susana nació en el hospital de La Paz, nació más bonita
que su hermano Pablo... Gracias a mi trabajo, ya
consolidado, no tendríamos faltas económicas. Pero,
para Librada, fue más penoso tener doble trabajo.
La casa ya se estaba haciendo incómoda para una
familia de cuatro y manteniendo las condiciones del
problema del agua residual, en la cocina. Éste motivo
principal, nos fue dando la idea que sería conveniente
ir procurando trasladarnos a una vivienda con mejores
condiciones y más moderna. Además se produjeron más
factores que hicieron acelerar que cumplieran nuestros
deseos Bueno; digo la palabra acelerar, pero, no te creas
que tiene la acepción de rapidez, nosotros vivimos en
esta casa seis años. Uno de estos factores, que te digo, es
que la empresa JOTSA, decidió vender el local del taller
donde estábamos, en el barrio de Pueblo Nuevo y hacer
un taller y almacenes nuevos en un terreno comprado
en el límite de Madrid con Coslada y San Fernando de
Henares. Se construyó en poco tiempo y en poco tiempo,
ya estábamos trabajando dentro de él. Susana nació
estando éste taller en funcionamiento. Comprenderás
que la entrada al trabajo, al estar más lejos, me hacía
tener que levantarme más pronto. También, el retorno a
casa
tenía
que
realizarlo
más
tarde.
Otro
inconveniente, para estar aún menos tiempo con mi
familia.
A esto, se le añadía que los responsables de Urbanismo
del Ayuntamiento de Madrid, decidiesen realizar
reformas en la zona de la vivienda donde estábamos.
Primero, eran rumores, luego vimos cómo las casas más
viejas, caían bajo la piqueta del derribo. Pronto sería
expropiado el edificio; pronto comenzarían las obras de
164
remodelación de la zona; pronto, desaparecería el
edificio; pronto, desaparecería la calle Hermanos
Orozco y pronto, tendríamos que desaparecer todos
nosotros de la zona. Cómo nosotros, mi unidad familiar,
no tenía contrato de alquiler, sino que lo poseía (con
buena maniobra) Bernardino, mi cuñado y mi
hermana. Pero sí pagábamos el alquiler, barato, pero,
era un alquiler. Hubiese sido muy penoso, tener que
hacernos los fuertes, manteniéndonos dentro de la casa
y soportar el derribo del edificio o el desahucio oficial y
las broncas y trifulcas, para poder conseguir una
vivienda del IVIMA. No teníamos el espíritu, para ser de
esta índole de personas y tampoco sabíamos como
hacerlo. Así que decidimos buscar un piso nuevo y sería
mejor lo más próximo al nuevo centro de trabajo. El
lugar más apropiado, a nuestro modo de entender y de
pagar. Lo encontramos en el pueblo de Coslada.
Se estaba construyendo un nuevo barrio, en el límite del
territorio urbano y se llamaría 'Ciudad 70'. Fuimos a ver
el lugar. A Librada, de momento, no le agradó, pero,
era porque no se hacía la idea clara de composición,
sobre el terreno. Por mi trabajo en las obras tengo una
predisposición para este menester. Le explicaba sobre los
planos, que en la oficina de venta había conseguido y
sobre el terreno, donde ya estaba trazado el lugar que
ocuparía el bloque que me pareció el más adecuado
para nosotros.
Bernardino y mi hermana, también estaban buscando
nueva vivienda. Pero, por tener otra forma de ver la
situación, y principalmente, empujado por los consejos de
sus compañeros de trabajo, que tenían decidido vivir en
el mismo bloque, se agruparon para buscarlo pasando el
río Manzanares, en la nueva zona del barrio de Aluche.
Para nosotros, esa zona era apropiada, pero, no
conveniente:
tendría
que
atravesar
diariamente
Madrid, para ir y volver al trabajo. Si nos
165
trasladábamos, ellos a Aluche y nosotros a Coslada,
estaríamos a poco más de treinta kilómetros.
El análisis de la situación, no duró mucho tiempo. Lo
decidimos y nos iríamos a Coslada. En esos días, te
puedes dar la idea, que nuestra situación económica no
era muy amplia. Habíamos comprado el resto de
muebles necesarios para la pequeña casa, en la que
estábamos, teníamos dos hijos y no nos privábamos de
hacer todos los viajes posibles a Málaga. Pero, conseguí,
que mi jefe tramitase, las formas oportunas para un
anticipo de las pagas trimestrales (85.000 Ptas.), que
serían descontadas en cómodos plazos de las mismas
pagas trimestrales. Con esa cantidad y el resto, pagué la
entrada exigida para la compra del piso en Coslada.
Según se puede leer en Contrato de Compra - Venta, con
fecha 23 de septiembre de 1969: La vivienda se
entregaría 'aproximadamente' en 18 meses, por la
cantidad de 415.000,00 Ptas. (...) El comprador entrega
en este acto, la cantidad de 85.000,00 Ptas. Con carácter
de arras o señal (...) El resto de 330.000,00 Ptas.
Aplazado en 110 mensualidades iguales en 4.000,00
Ptas. (...) con un interés de 6,50 % anual. Sí señor. En ese
momento, tuve que firmar y revisar 110 letras de cambio,
en presencia de Librada, con su carita de 'Virgen de
todas las Preocupaciones'.
La vivienda estaría en el bloque 83 del nuevo barrio San
Pablo (Ciudad 70) En la avenida principal. En una
cuarta planta, con una superficie aproximada de 75 m2.
Orientada su fachada principal al Este, un Cuarto al
Noreste; con tres fachadas al exterior (sol durante todo
el día) Era, según los planos el edificio más vistoso, a la
derecha, al subir la calle central, (la avenida de
Berlín)
El barrio, tenía un aspecto muy agradable, a la vez,
moderno. Con amplias avenidas y jardines (muchos
árboles) Todos los bloques con el mismo trazado general,
166
en ladrillo visto blanco, con remate en la última altura,
en forma de altillo, que hace no ver el tejado. En la zona
más alta, estaba situada la piscina comunitaria, (que
por causa de los casos, mal llevados por la empresa
constructora,
se
trasladaría
a
propiedad
del
ayuntamiento) Serían entregados los bloques de
viviendas de la primera fase en tres periodos seguidos
(seguramente, el barrio se llamaba Ciudad 70, por que
esta primera fase, constaba de 70 bloques)
La empresa constructora, cometió varios fallos y faltas,
entre todas y principal, el retraso en las entregas de las
viviendas, incumplimientos de normas, trazados
improcedentes, no incluir servicios de contra incendios
generales... Lo cierto, es que en nuestro caso, el plazo de
18 meses 'aproximadamente', se tradujo en que hasta el
8 de junio de 1971 (21 meses después), no estaba
firmada la Cédula de Habitabilidad. Pero, las llaves del
piso, no fueron entregadas hasta octubre de 1972.
Cuando ya estábamos, los vecinos, a punto de quemar
las oficinas, o el barrio o lo que fuese. Te puedo jurar,
que hicimos una manifestación, con coches, pancartas,
pitos y sirenas, desde el barrio, pasando por Coslada,
hasta Madrid (plaza de Roma), donde estaban las
oficinas de la empresa constructora. Para sí era posible,
mantear a su presidente.
Ocurrieron más cosas y casos, que son fácilmente
demostrables: estaban implicados los dirigentes de la
constructora, los responsables de la gestoría en Coslada,
que se encargaba de los trámites burocráticos y hasta el
notario, de donde teníamos que firmar las escrituras...
Forzamos la entrega de las viviendas. A pesar de saber
que no podríamos contratar electricidad o agua. Pero,
estábamos todos dispuestos a dar para todos los
problemas, porque queríamos los pisos. Sufrimos los cortes
de electricidad, por las averías que se producían, al
tener las acometidas conectadas a los cuadros de obras.
167
Los mismos vecinos hacíamos las reparaciones en los
cuadros eléctricos. El agua, también era de la
suministrada a las obras. Pero, conseguimos poder vivir
cada familia en sus pisos. Yo, pude formalizar el
contrato de electricidad el 18 de enero de 1973
Nosotros ya teníamos pagadas, hacía tiempo, las 110
letras de la firma del contrato de compra - venta, que
era el valor total del piso. Pero, la gestoría, no nos
ofrecía la firma de las escrituras, que también teníamos
pagadas, así como los pagos indicados de las plusvalías
y etc. Casi todas las semanas, solía hacer una visita a la
gestoría, para preguntar sobre el estado de las escrituras
y facturas; pero, todo eran palabrerías que ya conocía.
Varios vecinos nos saludábamos con frecuencia, en esa
gestoría.
A principio del año 1979 recibimos informes de que los
bloques de viviendas, en general, resultó ser todo el
barrio, habían sido ofrecidos en garantía de una
hipoteca, por parte de la empresa constructora. Pusieron
avisos y algunos vecinos recibieron cartas para que
pagasen la totalidad del precio de los pisos. Yo dije a los
míos, que como ya estaba pagado, esos avisos no eran
para nosotros.
En el mes de abril, de ese año, recibí la citación para
realizar las escrituras notariales del piso. Acudí a la
notaría, coincidimos con varias familias en la sala de
visitas. Me llamaron el segundo, para entregarme una
copia simple, para revisarla y dar mi conformidad.
Todo iba bien, pero al llegar a la lectura de la página
quinta, la sorpresa fue mayúscula: en ella se informaba
que el piso estaba cargado con una hipoteca por el valor
de 140.000 Ptas. Esperé a que el pasante volviese a
168
recoger la copia y con voz muy sonora, dije que no
estaba de acuerdo, porque yo tenía pagado el total del
valor del piso, desde 4/11/78 y era imposible que estuviese
hipotecado, que yo no había solicitado ninguna
hipoteca.
Se formó un gran revuelo, porque el resto de los presentes
tenían el mismo problema y tampoco estaban de
acuerdo. Nos retiraron las copias y nos dijeron que
había ocurrido un error, que se solucionaría y pronto
nos llamarían de nuevo.
La nueva cita sería para el 11 de mayo. En nueva
lectura de la copia de la escritura, no encontré el
asentamiento de hipoteca, 'estaba libre de cargas'.
Estuve de acuerdo y pasé a las firmas de las escrituras. Al
finalizar el trámite ante el notario, al mismo notario,
le pregunté si faltaba algún trámite más. Me contestó:
---"Pase por secretaría, para resolver los abonos."
Y pasé y aboné lo que la secretaria me dijo. A la gestoría,
le había hecho una provisión de fondos de 60.337 Ptas.
En la secretaría de la notaría me dijeron que debía
pagar 14.065 Ptas. No puse pegas al pago y las aboné. Me
resultaba extraño que hubiese tanta diferencia entre la
provisión de fondos y la factura de la notaría.
Por ello, me dirigí a la gestoría y como ya era conocido,
hablé con la secretaria, sobre la factura de la notaría y
me dijo que le faltaba el sello y la firma del gestor. Pero,
yo insistí en saber el total; me enseño la factura y me
explicó el valor de los conceptos que en ella se
detallaban. Paré el dedo índice en el párrafo de:
---¡'Honorarios y Suplidos de Notaría........ 25.500 Ptas.!
Entonces, le enseñé la factura que había pagado. No
llegué al insulto, pero, faltó muy poco. Y es que yo
siempre
he
comprendido
que
los
trabajadores
subordinados están obligados a realizar actos que no
desearían; otra cosa distinta hubiese sido de haber
169
estado el gestor. Días más tarde, cuando me presentaron
la factura, ya no contenía informe sobre notaría.
Te puedo contar más cosas de esta gestoría, pues, eran
diez años de tratos; bueno, de mal trato. Y, es que se
tenían montados unos trámites raros, en general
vinculados con los jefes de la constructora y promotora
PROVIGASA. Pues, te cuento:
Recibí cuatro 'Cartas de Pago' de la Contribución
Urbana (sí cuatro) Todas con tachaduras y enmiendas
y la principal, era una fotocopia. Anteriormente, nos
hicieron, a todos los vecinos, pasar por el Banco Central,
para pagar un anticipo de 9.282 Ptas. La copia principal
tenía tachada la cantidad y reformada con una
cantidad de 10.636 Ptas. No coinciden las cantidades
¿Verdad? Pero, las otras tres notas, tenían las
cantidades tachadas y una rectificada a mano, la
segunda, con las letras mecanografiadas en minúsculas
y la tercera con letras mayúsculas. En la primera, la
cantidad era de 3.636 Ptas., en la segunda de 2.342
Ptas. Y en la tercera de 5.000 Ptas. Sumémoslas:
3.636
2.342
+ 5.000
10.978
Restemos lo pagado: - 9.282
Da un resto de:
1.696
Que no eran reclamadas. Extraño ¿No? Pues, cómo el
gestor no me recibía, le envié una carta expresándole
mis quejas y contándole las cosas que él conocía. Me
contestó con carta, en la que me decía que las Actas se
habían perdido en Hacienda... Que estaban pagadas
con fecha 31/12/78. Entonces, como es que las matrículas
y fechas están raspadas y rectificadas con fecha de 02
OCT 1978. ¡Que buenos gestores!
Hay más. Cómo te he dicho, la firma de escritura se
realizó el 11/05/79, pues, pasados catorce meses y
170
ningún vecino tenía en su poder las copias de las
dichosas escrituras; yo tampoco, claro.
Durante los últimos meses, estuve visitando la gestoría
periódicamente, para reclamar la copia; como siempre
me daban largas con excusas, en la última visita le dije
a la secretaria, que dentro de quince días volvería. En
ese plazo volví. Cómo ni estaba el gestor ni estaba la
copia de escritura, le informé que me sentaba en el sofá
y no me iría hasta que tuviese una respuesta
satisfactoria. A las 13:30 horas, me dijo la secretaria que
se irían a comer. Yo les dije que de acuerdo, que se
marchasen. Ella me contestó, que yo no podía quedarme
allí sólo.
Mi contestación le sorprendió, le dije que podía llamar a
la policía, porque yo no me marchaba hasta ver al
gestor. Se fueron a comer uno a uno, por turnos, para no
quedarse a solas conmigo. A las 16:30 horas apareció el
gestor. Me saludó, como si nada ocurriese, se metió en su
despacho, seguido por la secretaria. Pero se olvidaron de
cerrar la puerta y desde donde yo estaba se podía ver el
interior del despacho, por un espejo que había en la sala
de estar. Pude ver como bajaban de encima de un
mueble, unios legajos y entre los dos se pusieron a
revisarlos. Cuando lo encontraron, la secretaria salió y
me dijo que enseguida volvería el jefe.
Tardó un ratito y salió con la carpeta de mi escritura.
Me dijo que estaba ahí desde hacía unos días, pero que
la secretaria no lo sabía. Me puse a revisarla,
efectivamente, era la misma que yo firmé; pero, (ya
tenemos éste 'pero'), al final había un justificante del
Registro de la Propiedad, en papel timbrado, donde se
informaba de la hipoteca a favor de Banco Hipotecario
de España, por el sabido importe de 140.000 Ptas. Le
pregunté que significaba aquello y las respuestas que me
daba no me convencían. Yo quería una solución al
problema y la única solución que se le ocurrió fue que
171
me llevaría al Registro de la Propiedad, para ver de
anular el asentamiento, pero que tendría que ser por la
mañana del día siguiente. Me despedí para volver al
otro día.
Claro que volví; a las nueve horas, ya estaba en la
oficina. Tardó en venir una hora y media. Cuando
estuvo ante mí me dijo unas disculpas y nos trasladamos
hasta Alcalá de Henares, que era en ese Registro, donde
estaba asentada la propiedad. Me llevó en su 'Mercedes'.
En el Registro, me hizo esperar en la primera sala,
mientras él se adentraba en el interior de las oficinas,
cómo si fuese suya. Luego salió en compañía del
asentador, que me informó sobre el asunto: No era
posible levantar lo anotado, si no estaba avalado por las
firmas de los responsables del banco y del tomador de la
hipoteca. Que llevaría su tiempo. Que si no tenía
intención de vender el piso, no tendría importancia esas
anotaciones. Que en ese caso, tendría que reclamar a la
promotora. La promotora había cerrado sus oficinas y
los responsables habían huido a Alemania. Por ello, el
Ayuntamiento de Coslada, se ocupó de solucionar todas
las fechorías realizadas por estos mangantes, y de mi
problema también.
En la casa de Ventas, ya estábamos cuatro personas (el
matrimonio y los dos hijos) y para ser más completos, se
nos trastocó el sistema y Librada se quedó, de nuevo,
embarazada. No había que echar la culpa a nadie: es
que éramos unos torpes; principalmente, yo, que me
podía haber estado quietecito, porque luego las manos
van al pan.
El tercer hijo, seria varón y se me ocurrió, sin atender a
la familia, llamarle Jonás. Nació a fin de marzo de
172
1972 Tomamos la idea de que sería el último hijo.
Económicamente, te dije que no teníamos apuros, el
sueldo era suficiente, para nuestros gastos y además del
pago de las letras del piso, me compré un coche. De
segunda mano, pero nuevecito; un Citroën, Dyan 6; de
color verde. Era un lujo, desde luego, porque a diario
usaba el furgón del trabajo; que lo seguía teniendo a mi
disposición. El de éste año, era el cuarto vehículo
estrenado (llegué a estrenar hasta seis furgones y varios
de alquiler); éste era un furgón Mercedes, con la parte
trasera sobreelevada. Con él hacíamos las excursiones de
fin de semana y traslados a todos los asuntos
particulares. Pero, había ciertos asuntos, en los que no
resultaba adecuado aparecer con el furgón. Por eso, fue
hacer la compra de un vehículo propio. Éste coche
particular, se quedaba aparcado largas temporadas en
el aparcamiento del taller; sólo cuando lo necesitaba,
para otros asuntos, acudía al taller para cambiar de
vehículo. Lo lavaba, engrasaba, cambiaba de aceites, en
fin todo lo que me parecía. Al ser el encargado, no tenía
inconvenientes, ni con el guarda, ni con el jefe...
Cómo te contaba, el piso nuevo de Coslada, pudimos
usarlo en el último trimestre del año 1972 Fuimos
comprando muebles adecuados y haciéndolo habitable.
Después
de
las
fiestas
navideñas,
acordamos
trasladarnos a vivir al piso y dejar la casa de Ventas. La
diferencia de calidad de vida, era notable. Tendríamos
un dormitorio para nosotros dos, otro para los chicos y
otro para la chica. Disponíamos del baño moderno,
cocina aireada, dos terrazas, un salón independiente y
sobre todo, unas vistas amplias; se podía ver las luces
nocturnas de Alcalá de Henares. Creo, que esa era la
173
diferencia más notable, entre las dos viviendas. Además,
no teníamos problemas el transporte estaba asegurado,
tenía el furgón de la empresa y yo era 'el dueño'.
Existía un problema, bueno, varios: Librada, estaría
sola, para manejar una casa nueva y con tres niños
pequeños. Estaría en un pueblo desconocido, con un
mercado a unos quinientos metros y el centro del pueblo,
como a dos kilómetros. El taller estaba a casi tres
kilómetros, pero, yo de forma habitual, estaba en obras
por Madrid. Mi vuelta a casa, no sería nunca antes de
las 19 horas.
Pero, teníamos otros problemas y más importantes, como
los que sufren los habitantes de pueblos o barrios nuevos,
sin buenas infraestructuras. Consideremos la principal:
no había escuelas, en el barrio, para la gran cantidad
de niños que se iban agrupando. El Ayuntamiento
dispuso que las primeras aulas serían de construcciones
prefabricadas, mientras se procedía a las construcciones
de los recintos y los edificios apropiados. Esta formula,
las sufrieron los dos hijos mayores, Pablo y Susana.
Pasaron fríos y calores, en aquellas aulas.
Más importante aún, los profesores no eran del nivel
profesional que los padres deseamos; pero, sí; eran muy
deficientes. Los chicos, no-sólo los nuestros, sino en
general, salieron con poca calidad de estudios. Tenemos
que reconocer, que la aportación educativa de nosotros,
no podía ser muy elevada, Librada había tenido
estudios primarios y por mi parte, aunque era algo
superiores, tampoco tenía la facilidad para ser
educador y tampoco padre... Empleé poco tiempo, para la
educación de mis hijos y cuando me di cuenta, ya
habían crecido. Todo esto, ha dado como resultado que
los dos mayores, no puedan acceder a buenos puestos de
trabajos.
Y es que con un examen simple, se pude comprobar que el
nivel intelectual, de nuestros hijos, es muy elevado, de
174
gran capacidad, pero, mal enseñado en la base. Eso
otro, sí. La calidad de educación de urbanidad,
humanismo y social, es alta, quizá demasiado, para el
entorno en que nos movemos. Son los tres, grandes y
decentes personas, ¡más que el Papa! Ya te digo. Sólo con
el pequeño, Jonás, hemos podido conseguir que entrase a
estudiar en la universidad. Siempre lamentaré, no
haber podido darle mejores oportunidades, sobre todo a
los mayores.
Mi cuñado Bernardino, mi hermana y sus hijos, dejaron
de alquilar la casa en la provincia de Ávila, para
dedicarse a hacer acampadas en camping vigilado.
Para ello, habían comprado una tienda de campaña
familiar y todos los artilugios oportunos para estar
cómodos. Habían tomado como punto fijo de acampada,
un camping situado en Arganda del Rey. En él estaban
mi hermana y los hijos, durante todo el verano y mi
cuñado, volvía diariamente después del trabajo.
También estaban las familias de sus compañeros de
trabajo. Recuerdo que una de estas familias era la de
Rosa Quintana (sí; la presentadora de televisión) Gran
persona, Juan Antonio, su padre.
Buenos ratos pasamos todos luego, cuando me
convencieron para comprar una tienda y hacer
acampadas, también. Recuerdo que tomamos por
costumbre, reunirnos después de la cena, en corro, como
en fuegos de campamento. Se tenían preparadas botellas
de leche fría, se abría una y se pasaba de mano en
mano, por todo el corro, pero antes, tenía que contar un
chiste (aunque fuese malo), si tardaba más de quince
segundo en comenzar el chiste, se tenía que beber de la
botella. Luego de contado, pasaba la botella al
175
siguiente. Eran momentos muy agradables, que
mientras, nos hacían no darnos cuenta del calor del
verano y de las molestias de los mosquitos.
Creo que fue por culpa de unos alemanes sosos, claro, y
por culpa nuestra, que no respetamos una noche, el
silencio nocturno y continuamos con la reunión de
chistosos; y es que esa noche se contaron muchos y muy
graciosos. Fui yo el que contó el último, no era un chiste
muy gracioso, pero era tanta la cantidad y que la
inercia de las risas hizo que el final fuese más ruidoso.
El chiste era ese del elefante que mete la trompa en el río
y el cocodrilo cachondo, le muerde la trompa y el
elefante le dice (esta parte se cuenta cogiendo la nariz
con dos dedos), "Te crees muy gracioso". En éste momento
las risas fueron exageradas y ruidosas y fuimos
amonestados, porque querían dormir y nosotros no les
dejábamos. Me parece, que era porque no le entendieron,
que sino...
Le tomamos gusto a la formula de las acampadas. Yo
también hacía lo mismo que mi cuñado. Desde allí,
salía a trabajar y volvía para el baño, la cena, las
reuniones y dormir. Todos formábamos como una gran
familia, y todo el día en bañador. Sobre todo los chicos,
lo pasaban muy contentos y en libertad. Hasta que el
mal tiempo, nos hacía recoger y marcharnos de nuevo a
casa.
Un año, hubo una gran tormenta, con granizos muy
voluminosos, fuerte vientos y buena cantidad de agua
de lluvia. Se produjeron grandes destrozos en árboles,
viñas, pájaros y algunas tiendas de campistas. Durante
todo este mal tiempo, hice que los hijos se cobijaran
debajo de las literas, dentro de la tienda. Cuando todo
pasó, pudimos comprobar los destrozos ocasionados, los
pájaros muertos y los desperfectos por las inundaciones
de algunas tiendas vecinas.
176
Y una de estas tiendas afectadas, era la de mi
compañero de trabajo y su familia: Juan, que durante
algunos años asistió a este camping. Él nos vino a ver,
por si éramos uno de los afectados; pero, venía con tres
botas, las dos de los pies y otra para vino, ya casi vacía,
pues, se la había ‘soplado’ mientras llovía. Nos contó que
su vecina de acampada, antes de la lluvia, le había
pedido unos cubitos de hielo y después de la tormenta,
de la gran cantidad de granizo que había dentro de la
tienda y cogiendo grandes puñados, le decía:
---“Toma. ¿No querías hielo?...”
Ya todas las vacaciones, la hacíamos en camping.
Solíamos dirigirnos a la costa de levante, bajar por el
sur y los días finales, pasarlos en Málaga, en casa de mi
madre, los primeros años y luego, en otros años, en el
piso nuevo de mis suegros.
En unos años, cambié de vehículo. Éste Citroën, se lo
vendí a uno de mis oficiales electricistas, Urbano (que
luego de un infarto, pasó a ser guarda del taller) Lo
cambié por un coche mayor un Renault R12 familiar. En
él, los chicos iban más cómodos y el equipaje también. Y
es que los 'niños' se estaban haciendo mayores; y no me
daba cuenta. Tanto, que ya no querían hacer
acampadas con nosotros los padres. Con ese R12,
aprendieron a conducir Librada y los tres hijos. Más
adelante, pasó a ser de uso, primero de Pablo y luego de
Jonás. Susana pasó a usar otro coche más moderno; ya
te contaré.
177
Pablo, antes de comenzar a trabajar, nos convenció
para que le comprásemos una motocicleta de 50 cc. A mí
me convenció antes que a su madre. Ella nunca estuvo
de acuerdo. Cierto que con ello, tampoco conseguimos
que estudiase más, nunca fue buen estudiante, y eso que
capacidad de aprendizaje tiene. Librada consiguió que
ingresara en Formación Profesional. Para estudiar un
oficio en la rama del metal; pero, no terminó el curso
completo.
Los tres hijos, como trabajos extraescolares, hacían
prácticas en un gimnasio, en el barrio, en la
especialidad de karate. Eran buenos, ganaron medallas
y trofeos en todas las categorías que consiguieron
superar. Al final, sin motivos aparentes, lo dejaron todo.
Susana era la más vivaz. Ya desde pequeña destacaba
en todo cuanto intervenía. En los parques infantiles,
mientras los niños se deslizaban por el tobogán una vez,
ella, lo hacía tres. Participó en una competición infantil
de natación y cuando se dieron cuenta, ella había
terminado la primera.
Si hubiese tenido buenos profesores, habrían conseguido
de ella algo mejor, porque además de ambidiestra, tiene
memoria fotográfica. Una de las profesoras, bueno, sí,
digamos que era profesora, le obligó a estudiar de forma
equivocada y ella entendió que debía memorizar letra a
letra. Y, en uno de los exámenes, le suspendió, porque
creía que había copiado del libro. Librada, convenció a
la profesora, para que le hiciese otro examen,
independiente y vigilado. Así, pudo convencerse, que lo
que hacía era recordar las páginas del libro. Pero, ya te
he dicho que el profesorado era deficiente... y su padre,
también.
Susana, ha cursado todos los cursillos posibles. No ha
querido, jamás hacer una
carrera, porque
se
infravalora. Tiene cursos de mecanografía y es muy
rápida. Ha cursado en el idioma inglés, en Dietética y
178
Nutrición, en Ofimática, en Auxiliar de Enfermería, en
Instalaciones Eléctricas... Ha trabajado de Ayudante de
Clínica, en clínicas de dentistas. Como Oficial
Instalador Electricista. Como Oficial de Mantenimiento
Eléctrico. En venta de seguros a domicilio. También, de
Secretaria Administrativa. De Técnica en Láser, en
Clínica Médica de Belleza y Depilación. Te darás
cuenta, que está capacitada para una gran variedad
de trabajos.
Jonás, tampoco se queda corto, ha trabajado como
Carretillero. Como Reponedor de Artículos en grandes
superficies. Y, ahora, ejerce de Ingeniero de Obras
Públicas. Firma proyectos y realiza las supervisiones de
las obras. Pablo, aunque está más corto en estudios
oficiales,
está
capacitado
para
trabajos
muy
especializados. Ha trabajado como Mecánico en
vehículos industriales. Como Electricista Instalador en
obras de construcción. Como Administrativo, en oficinas
de almacén y taller de constructora. Como Electricista
Instalador de viviendas.
Bien; dejemos estos temas, porque me he saltado docena
y media de capítulos. Esta década y la siguiente (los 70
y los 80), fueron buenos años laborales y prósperos. La
empresa se expandió a provincias, principalmente hacia
Andalucía, en la Costa del Sol.
179
Durante el periodo de estar como jefe de equipo y
continuar
como
encargado
de
la
sección
de
electricistas, podríamos intercalar un tiempo, en el que
realicé unos trabajos como de experimento y pruebas.
Verás: El Sr. Haro, el director del Parque y Talleres, tomó
como costumbre, antes de despedirnos, por las tardes,
hacer (sobre todo conmigo), una especie de ‘mesa
italiana’, para dar un repaso a los trabajos realizados
en el día y a los que quedaban pendientes para el día
siguiente.
En una de estas reuniones, se nos ocurrió que sería
buena formula, para que la maquinaria de obra tuviese
un empleo más rentable, se le hiciesen unas revisiones
periódicas. Para ello sería conveniente, tener un oficial,
que se emplease, exclusivamente, en esas revisiones,
engrases y cambios de aceites, y además llevar un
control y archivo.
La idea, tenía sus ventajas, puesto que con esto se podía
hacer un adelanto a las posibles averías y poner las
soluciones antes que ocurriesen. Maduramos las
posibilidades; pero, repasando al personal disponible, no
hallábamos al individuo adecuado, para éste puesto.
Entonces, el jefe, me propuso que yo fuese, de forma
provisional, el que ocupase éste puesto. Aceptar esta
ocupación, conllevaba tener que dejar el equipo de
electricistas, las instalaciones y reparaciones, no poder
manejar al resto de electricistas y también, tener que
dedicar y adaptar la furgoneta, sólo para el servicio de
revisiones. Hicimos todos los ajustes adecuados, tanto en
el personal, como con el vehículo y comencé con los
nuevos trabajos. Para esto, yo sería como autónomo, sólo
a disposición directa del director, al que respondería
cada tarde, de los trabajos realizados y sus controles.
Llevaría una lista de obras en marcha, en las que se
detallaban las máquinas a las que deberían hacer las
revisiones periódicas, para solicitar de los responsables
180
de las obras escogidas, y poder hacer las paradas de las
máquinas a revisar.
Me fue entregado un 'Buscapersonas', que tendría que
llevar en alerta, para que en caso de emergencia, me
diesen el aviso oportuno y acudir al lugar indicado.
Meses más tarde, éste aparato avisador, fue cambiado
por uno de los primeros radioteléfonos, que se usaron en
Madrid. Era un cacharro compuesto de varios trastos
dispuestos por todo el vehículo, y funcionaba muy bien,
era efectivo, tanto como los teléfonos móviles de la
actualidad.
En pocos meses pudimos comprobar que éste trabajo de
las revisiones periódicas, daban sus buenos resultados,
las averías descendieron en buena cantidad y el
rendimiento de las máquinas, también tenía sus
ventajas. Pero, lo que no funcionaba como antes eran
las instalaciones y reparaciones eléctricas.
Ocurrió la oportunidad adecuada, apareció un oficial
mecánico, Fernando, con muy buenas cualidades, como
trabajador y como persona. Era feo de ver, pero, pronto
ocupó un puesto destacado en la empresa y en nuestras
vidas, como trabajador de calidad, amigo y compañero
de ocio y otras ocupaciones. En cuanto a la empresa,
consideramos que éste sería el oficial adecuado para
dedicarse a las revisiones y así fue dispuesto, él sería el
nuevo encargado de las revisiones periódicas.
Él se quedaría con la furgoneta adecuada para éste
trabajo, y yo pasaría a usar un furgón Mercedes nuevo,
con más capacidad, donde podría desplazar el personal,
de forma más cómoda y también, transportar el
material que me fuese necesario. Con este nuevo
compañero se originó una unión, tanto personal como
con su familia y la mía. Solíamos hacer excursiones en
los fines de semanas y en los cumpleaños de todos, nos
reuníamos para celebrarlos.
181
Para los trabajadores del equipo, esto supuso un
adelanto y más comodidad en el traslado y para mi y
mi familia, mejores desplazamientos, sobre todo en los
viajes en los fines de semanas. También a Pedro, el otro
encargado de la sección de montajes, se le proporcionó
un furgón nuevo, de las mismas características a la que
yo utilizaba.
De esta manera, el dispositivo del Taller estaba de tal
forma organizado, que existiría el Taller y Almacén
como base y dos Talleres Móviles (uno de Electricistas y
otro de Mecánicos Montadores de grúas), más el Equipo
de Revisiones. Así las necesidades de las obras estarían
cubiertas.
Mi puesto como encargado de la sección de electricidad,
ya estaba consolidado y fue hecho efectivo desde el
01/10/70 Desde esta fecha, las nóminas ya venían
indicadas con el membrete de Encargado de Obra, y por
consiguiente el sueldo y las pagas, correspondían a esa
categoría profesional.
Los años pasaban con suavidad, sin tropiezos. En el seno
familiar, los problemas eran los normales, de una
familia de calidad media y de fáciles soluciones. En el
ambiente laboral, ocurría lo mismo. Y, el país entraba
en democracia; transcurrían las cosas con normalidad.
Bueno; Sí. Estuvo lo ocurrido en el Congreso de los
Diputados... Pero; ya pasó y 'Pelillos a la Mar'.
Durante todos los años pasados en los distintos talleres,
de la constructora JOTSA, como encargado de la sección
de electricidad, han pasado por mi mando, una gran
cantidad de trabajadores, casi todos muy jóvenes,
algunos con la edad para el inicio laboral legal. Tan
sólo recuerdo a uno, Victoriano Bustamante, que ya
tenía una edad avanzada; es el primer oficial que se
182
jubiló, estando aún en mi equipo. Otro, Urbano, por
razones de haber sufrido un infarto, se retiró del trabajo
de electricista y se le colocó como guarda del taller.
Sólo a tres trabajadores, se les despidieron por faltas. A
los dos primeros, Froilan y Luis, por negarse a realizar
trabajos que consideraban, según ellos, que les haría
hacer horas extras, una vez ya comenzados esos
trabajos. En principio, era sólo Froilan, el que era de esa
opinión y con quien yo discutía, pero fue Luis el que se
solidarizó con su compañero, cuando al ser citado por
el director del Parque y Talleres, dio como resultado, su
anulación de contrato laboral. Entonces, Luis se
despidió, en ese mismo instante.
Éste par de oficiales, marcó una época en el equipo de
electricistas. Cierto, que el equipo de electricistas, dio
siempre la 'nota'; quizá por ser todos muy jóvenes y
despreocupados. Recibí, muchas veces, amonestaciones
por esta causa, por parte de los encargados y jefes de
obras. Pero, mi intención era que todo mi personal
disfrutase de una cómoda situación laboral, puesto que
siempre, hemos sido como el equipo polivalente para
todo tipo de trabajos y emergencias.
A pesar de las discusiones, propias entre encargado y
trabajador, nunca, fíjate lo que te digo, nunca el equipo
ha fallado en cualquier trabajo encomendado, por
difícil, penoso o fuera de horas. Claro está que yo mismo,
no he estado nunca como el encargado vigilante, sino
como uno más en el tajo, trabajando como cualquier
oficial.
Que
por
esto,
también,
he
recibido
amonestaciones,
para
que
estuviese
sólo
como
'mandamás'.
Froilan, entró a trabajar en el equipo, siendo muy joven,
pronto aprendió todo lo que yo le hacía aprender.
Reconozco, que esta faceta sí es una cosa que se me dio
con facilidad y procuré que cualquier trabajador tuviese
a su disposición todo cuanto yo conocía en el oficio.
183
Luis, también era joven y me pareció buena idea, que
formasen entre los dos un equipo. Formaron una pareja
dispar, sólo a la vista; puesto que Froilan era bajito,
moreno y rechoncho y Luis, era alto, atlético, rubio y de
aspecto escandinavo. Pero en lo laboral, estaban
compenetrados y realizaron buenos trabajos. Con Luis se
produjeron muchas anécdotas, por su comportamiento,
que le agradaba aparentar ser homosexual (nada más
lejos), pero lo llevaba a tal extremo, que cualquiera que
no le conociera, quedaba convencido que sí lo era.
Por éste motivo, fui llamado, por el Jefe de Obra, a las
oficinas de una obra, a la que había sido trasladado,
como oficial de mantenimiento preventivo, fijo en obra.
Y es que, el taller almacén que disponía, le había
decorado con fotos de hombres desnudos o en expresivas
posturas de demostración de músculos, cortadas o
separadas de revistas. Pero; eso, no era todo, lo que al
jefe le preocupaba es que, Luis, se pavoneaba por toda la
obra, con maneras afeminadas, provocando a todos los
obreros. Si algún trabajador le solicitaba, desde las
plantas altas, para que atendiese alguna avería, él le
decía:
---Vete desnudando, que enseguida estoy ahí.
El Jefe de Obra, me dijo:
--- La obra ya no parece una obra de construcción, sino
un
barco pirata lleno de mariquitas.
Ya sólo falta que yo, valla
por ahí,
haciendo
mariconadas.
Recio, haga el favor de echar a ese trabajador de mi
obra.
Se disgustó más aún, porque yo le dije, que no estaba de
acuerdo, porque en primer lugar, hace un buen trabajo
de reparaciones y de instalaciones; en segundo lugar,
no dispongo de un oficial para cambiarlo y tercero, que
184
debería ser él, como Jefe de Obra, quien debería echar a
ese trabajador de su obra.
Con éste Jefe de Obra, me ha ocurrido más casos.
También, hemos coincidido en viajes y excursiones. En
algunos torneos, ¡Hasta le he ganados al mus! De los
concertados por el 'Club de Mus los 16'. Él fue quien me
procuró la oportunidad para poder comprar el piso
ático, desde el que estoy escribiendo ahora. Era el jefe de
la primera fase de la obra. Sufrió un infarto y tuvo que
dejar de trabajar y jubilarse.
Frente a la obra, de la que te hablaba antes, trabajaba
una chica '10', María Amor, a la que Luis, quiso
enamorar. La citó para una noche, y se fueron a unas
salas de fiestas, en las que él era muy conocido. Bebieron
algo de más y la despedida no fue alegre. Al día
siguiente, en la obra y después de comer, cuando casi
todos los trabajadores se reúnen en un bar, para tomar
copas o café, apareció esa chica, María Amor, (entre
muchos trabajadores, estábamos Luis, Froilan y yo), y
desde la puerta gritó:
--- ¡Luis!...
Se acercó hacia nosotros y continuó diciendo:
---...Sí tú lo que querías era joder conmigo, tenías que
haberlo dicho, antes de intentar emborracharme...
El silencio, era total, dentro del bar. Prosiguió diciendo:
---...Mira, Luis; lo que yo bebo normalmente...
Se dirigió al camarero del mostrador y le dijo:
---...Andrés; cariño; ponme lo mío.
El camarero, en una gran copa balón, le sirvió un cóctel
preparado con tres componentes alcohólicos. Seguía el
silencio. Yo estaba sentado en un taburete, cerca del
mostrador y sudoroso. Ella, se dirigió hacia mí, se colocó
entre mis piernas, pasó sus manos tras de mi cogote (en
una de ellas sostenía la copa), y me dijo:
--- Tú, tranquilo. Contigo no va nada.
185
Me dio un beso en la mejilla, me soltó y se dirigió a
Froilan:
--- ¿Quieres salir conmigo,... Para lo que quieras?
Froilan contestó afirmativamente. Luis, dijo en voz alta
y con maneras afeminadas:
--- Me voy... No soporto tus malos tratos. Bonita.
Froilan, estuvo una temporada saliendo con aquella
chica. Él era algo más bajo que ella, pero, se portó como
un jabato... (en la cama) Palabras textuales de ella.
Cuando Froilan salió de nuestra empresa, se trasladó a
Bilbao, se independizó y trabaja como pulidor de
pavimentos. Alguna vez, cuando veo a su hermana, nos
cuenta sobre él.
Luis, se casó estando trabajando JOTSA, en mi equipo.
Cuando estaba preparando el piso, donde viviría, le cedí
(por el valor de 5 pesetas), unos muebles de un comedor
rinconera, que teníamos en nuestro piso y que teníamos
intención de cambiar; estaban nuevos, pero, Librada
quería hacer éste cambio.
Recuerdo, que en el primer taller, había un oficial
(Saturnino), antes de que yo entrase. Buena persona y
estudioso. Ya en el segundo taller, se despidió, para
ingresar en los talleres de Iberia en Barajas, para
trabajar como oficial de mantenimiento de aeronaves.
En aquel primer taller, entraron a trabajar Dionisio,
José Luis y José. Éste era sobrino del Jefe, el Sr. Haro.
Estuvo con nosotros, pocos años. José Luis, pasó a
acompañar a Fernando, con las revisiones periódicas.
Dionisio, estuvo unos ocho años.
186
Tenía por costumbre cantar en francés, mientras
trabajaba. Cierto día, mientras realizaba unos
empalmes de mangueras eléctricas, se concentró tanto
en las canciones que cantaba, que cuando se dio
cuanta, tenía empalmadas todas las puntas y tenía
formado un gran 'cero'.
Antes de comenzar a trabajar en el segundo taller, entró
al equipo de electricistas, el mejor trabajador y
compañero, que he tenido: Agustín. Extremeño, alto,
moreno, delgado y muy agradable en el trato, que
siempre se portó con gran educación y respeto.
Inteligente y leído. Con buen conocimiento de su labor
como electricista y luego demostró capacidad para algo
más. Cuando yo salía a obras (siempre procuramos que
él no abandonase el taller), se hacía cargo de todos los
trabajos de taller y mantenía los archivos actualizados.
Hacía como si fuese el capataz del equipo, pero, no
recibía el sueldo como tal, cobraba más que el resto de
sus compañeros, y eso para él, no era suficiente.
Antes, todos los motores eléctricos averiados, los
trasladábamos a otro taller para que fuesen reparados.
Agustín, me dijo que él podría realizar los rebobinados
de esos motores. Ya no teníamos confianza, en esos
trabajos, puesto que otro oficial, hacía años, nos engañó
y el único motor que rebobino, jamás funciono. Pero, él
insistía y convencía al jefe, para hacer unas pruebas. Los
resultados fueron satisfactorios y desde entonces, se
encargó de las reparaciones de ese tipo.
Como él veía que no tenía posibilidad de ascenso, cierto
día me confesó que estaba en trámites de ir a trabajar a
otro sitio, como socio, como bobinador eléctrico. Yo pensé
que perdería al mejor oficial que tenía y además me
187
acostumbré a que realizara ciertas tareas, cuando yo no
estaba en el taller, que convencí al Jefe para que lograse
que se creara el puesto de capataz de electricidad, lo
entendió y lo consiguió. Luego, al Jefe le pareció que ese
fue un buen acierto. Ya se entendían directamente, el
Jefe y el nuevo capataz, daba la sensación de que al
mismo tiempo, se había creado una nueva sección
eléctrica en el taller. Pero; en realidad éramos
complementarios. Al contrario de como, muchos
opinaron, mi puesto de trabajo, nunca peligró. La
sección de electricistas mejoró en su rendimiento y en
prestigio, con esta nueva formula de composición del
equipo.
Yo siempre he tratado a todos los componentes del equipo
de electricistas, de tal manera como si fuesen mis hijos,
por esto, el enlace mío con ellos y de ellos conmigo, ha
tenido éste sentido de entendimiento. Más que un
encargado, he considerado que era un compañero de
trabajos y la armonía entre todos, siempre gozó de éste
criterio. Como siempre ocurre en todos los encuentros
entre personas, hay roces y discusiones, pero, te repito, la
camaradería y el trato fueron siempre de buena
calidad.
En esta década de los años 80, el equipo eléctrico, llegó a
tener hasta 18 oficiales, con diferentes capacidades de
oficio. Reconozco desde esta distancia, que me resultó
harto complicado manejar a tanta gente, divididos en
varios equipos y repartidos en varias obras y trabajos y al
mismo
tiempo,
desembarazarme
de
la
obsesiva
manipulación de mi jefe directo, el Sr. Haro. Pero; con
tantas situaciones estresantes, pude mantener a raya a
todos los problemas y funcionaba bien todo, a pesar de
las trabas que se me ponían, muestra de ello, es que
todos los trabajos salían. Lo corroboro con la opinión de
Luis Sirvent (el 'Rayo'):
188
--- Hay que tener siempre mucho cuidado con a quien se
ha
de recomendar.
A mí, nunca me agradó apoyar directamente a
nadie,
porque no se sabe como es en el fondo una persona.
Contigo, Pepe, me ha resultado la excepción,
nunca me defraudaste.
Mantuve un criterio muy especial en el reparto de los
trabajos y del personal, siempre, con el consentimiento
absoluto de mi jefe (él, siempre, tenía que dar a todo el
‘visto bueno’), a no ser que fuese, la cosa, realizada y no
tuviese forma de ser retirada o reformada. En éste caso,
se creaba 'apunte' en su 'memoria'.
Ya te lo recordaría para fastidiar. Eso, sí; era
diplomáticamente enervante. Me aconsejaba las formas
de realizar todo, 'a mi manera'. Por ejemplo:
era
necesario, que en el taller se quedase un equipo de
trabajadores, para las reparaciones puntuales, me
indicaba a quienes tenía que dejar, añadiendo siempre
"Bueno; si te parece bien."
De manera habitual, en el taller, quedaba de forma fija
un equipo formado por Agustín, José María, Félix y Pablo
(mi hijo) y destacados en obras estaban Urbano,
Victoriano, Federico y Luis. Durante una temporada
formó parte del equipo de electricistas, el hijo menor del
Jefe, Ignacio (el 'Rubio', según su padre) Durante
algunos años. Luego pasó a trabajar en las oficinas del
taller. Para esto, su padre, el Jefe, el Sr. Haro, desplazó a
las oficinas centrales, al administrativo Antonio.
189
En éste taller (el que estaba cerca de Coslada y de la
factoría Pegaso), se jubiló Luis Azuaga, el encargado
que dirigía, cuando yo comencé a trabajar para JOTSA.
Le sustituyó un oficial mecánico, Antonio Páez; no por
su valía como trabajador, sino por ser mayor y además
granadino, por ser un oficial, que trabajaba en la mina
donde el señor Haro, era jefe de reparaciones y él era su
trabajador de confianza. También llegó a jubilarse en
este taller.
En estos momentos, no había tenido, el Jefe, la
posibilidad de sustituirle y durante algunos meses,
Pedrito y yo nos turnábamos en el empleo de dirigir a
los trabajadores del taller. Se barajó la posibilidad de
que uno de nosotros dos, se quedase como encargado fijo
en el taller; porque, el Jefe, no quería que alguien del
taller, pasase a ser el encargado. Para él nadie tenía la
valía como para serlo...
Pero; a través de unos anuncios de trabajo, apareció el
sustituto: José Luis Pueyo. Buen elemento; maño, mayor
(54 años), serio y responsable. Para mi, que tenía
buenas maneras y dotes de técnico y trabajador. De
conversación lenta y culta (sin el uso habitual de tacos)
En mi opinión, es el fiel representante del ‘católico
español’. (No lo comento con crítica negativa) Casado,
con Pilar, otra católica..., habladora y con una
personalidad absorbente. Tienen dos hijas.
En los equipos de electricistas transportados por mí, en el
furgón y formando grupos de dos o tres personas,
estaban: Froilan , Luis (el rubio), Jesús, José, Pedro,
Rafael, Martín , Amor, Federico, Luis, Francisco, Urbano,
Rafael, Bustamante y Emilio.
190
Yo, formaría a veces, equipo con uno o dos de los
componentes del grupo. Tenía que hacer unas visitas, por
las obras y tajos, donde deberían estar mis oficiales. Y a
última hora, casi siempre, los recogía junto con las
herramientas y materiales sobrantes, para trasladarlos
al taller o dejarlos por el camino de regreso, cerca de sus
domicilios.
Durante unos de estos traslados de regreso, hice una
parada, para ver unos muebles en un escaparate de una
tienda, cuando volvía al furgón, el grupo, se había
bajado y estaban dentro de un local, donde había
futbolines. Y es que unos de ellos, se bajó para comprar
tabaco y los demás le siguieron. Yo me desplacé para
decirles que continuábamos el viaje. Pero, de súbito,
como empujado por la fuerza de un toro, me vi
transportado al fondo del local. Cuando me giré para
ver quien me empujaba, comprobé que era un enorme
policía, de los de antes, de los ‘grises’, que al tiempo
gritaba:
---“Todos quietos y callados.
Ir preparando la
documentación.”
Cuando yo le entregué mi carné, se acercó a un cabo y
comentaron algo. Se volvió a mi y sin decir nada y de
malas maneras, me introdujo en un furgón. No pude
comentar nada, se cerraron las puertas y noté que
aquello se movía. Pensé en la situación de los borregos
cuando se les lleva a quitar la lana o al matadero. El
viaje duró poco, unos cinco minutos. Cuando se abrieron
las puertas y gritaron para que saliésemos, fuimos
saliendo y reconocí la zona: estábamos en la Comisaría
de Ventas. Nos hicieron pasar a un patio trasero. Sólo
había un banco largo de madera en el centro. Calculé
que ahí estábamos unos veinte retenidos. No te puedo
decir quien tenía mejor aspecto, de entre todos. Yo vestía
de ropa de faena, sucia; con botas de seguridad,
también sucias. Seguro, que ni siquiera estaría peinado.
191
El tiempo, a pesar de tener reloj, se me hacía
incalculable e interminable. Algunos se sentaron en el
banco de madera, otros paseaban, otros se apostaron
contra la pared. Yo vi un espacio vacío, al extremo de
banco y me senté. Al poco tiempo, aparecieron varios
policías. Uno le dijo a alguien:
---“Levántate...”
Salté como un resorte y ya estaba de pie, antes que el que
había sido increpado. Nos ordenaron formar filas,
dando vista a la entrada. Los policías se paseaban por
entre las filas formadas. Uno dijo, en voz alta:
--- Aquí hay unos culpables de lo que ya sabéis. Antes de
que se
compliquen las cosas, tenéis que salir y decir quien ha
sido...
Nadie decía nada, salvo uno que comentó:
--- Que frío tengo...
Vi al policía que estaba detrás de él, que cerró el puño
con el dedo corazón más salido y le golpeó en los
riñones. Al momento, el joven, estaba en el suelo, con
muestras de no pasarlo bien. Le ayudó a levantarse y
gritándole para que se callase.
Estuvimos en esas condiciones largo tiempo. Mientras, se
iban llevando a unos por grupos o a solas. Hasta que me
tocó el tuno. Me dirigieron hasta una mesa donde
estaba un agente de paisano. Me preguntó el nombre y
cuando se lo dije, buscó en una caja de madera y sacó
mi carné. Me dijo que le contara porque estaba allí.
Cuando le relaté lo sucedido, que hasta dije que dejé el
furgón en doble fila y con el motor en marcha, comentó
si no pude hacer que me entendieran. Como mi respuesta
fue negativa, dijo algo no muy bueno sobre sus
compañeros uniformados.
Seguidamente, me aclaró que todo había sido por que
mi carné estaba caducado. Hizo que le enseñase las
manos; entonces; comentó algo más sobres sus
192
compañeros. Me preguntó si alguien respondía por mí y
por algún número de teléfono. Le di el de mi casa.
Cuando contestó mi mujer y comprobó quien era, me dijo
que me podía marchar. Salí, casi en estampida y utilicé
un taxi, para volver donde estaría el furgón. Cuando
llegué donde estaba el furgón, allá estaban todavía, el
grupo de oficiales que estaban conmigo, sin saber que
hacer y preocupados. El tiempo transcurrido, casi llegó a
cinco horas. En tantos años pasados, te podría contar
infinidad de anécdotas.
Salvo al grupo formado por Agustín, Urbano, Victoriano,
Luis Trujillo, Martín, Federico, Emilio y Amor, los demás
ingresaron en la empresa y en el equipo de electricistas,
con la edad de 17 ó 18 años. Luego, pasarían al servicio
militar y regresarían al trabajo. Lo mismo ocurrió con
los anteriores oficiales: Saturnino, José Luis, Dionisio y
Miguel. También asistimos a las bodas de Luis, a la de
José María, a la de Jesús, a la de Rafael, a la de
Antonio, el administrativo en el taller y a la del hijo de
mi jefe, Ignacio.
Por ejemplo: Jesús, entró en el taller casi con 17 años.
Fue a la mili, volvió; tuvo novias y con la última se casó
y ha tenido dos hijas. Su mujer trabaja y él hace en casa
casi o más que ella. José, otro caso igual. José María,
tercer caso igual. Pedro (el negro), caso parecido, pero
con anécdota de bebedor y con accidente laboral grave,
que a punto estuvo de electrocución.
Rafael (el Largo), tiene caso aparte; se fue a la mili; no
fumaba y casi no bebía cerveza y cuando volvió era un
gran consumidor de casi todo; parecía otro muy
distinto. Se casó con una buena chica, pero; tanto él
como ella, cambiaron radicalmente: ella se enroló con
193
los Testigos de Jehová y a él hubo que despedirle por sus
faltas, locuras y excentricidades y faltas al respeto a los
jefes inmediatos, no a mí, claro está.
Martín, que solicitó un puesto de trabajo diciéndole al
Jefe (Sr. Haro) que si tenía un puesto de éste oficio, o de
aquel otro, hasta que le dijo:
--- ¿...y de mantenimiento?
Ahí el jefe saltó y le dijo:
--- ¿Es que usted sirve para todo?
Y él contestó:
--- Sí; señor.
Y fue contratado para luego, sustituir a Fernando, en
las revisiones. Porque, para Fernando, se estaba
fraguando una idea que beneficiaba en gran medida a
la Empresa: sería trasladado a la Costa del Sol, de Jefe
de Mantenimiento.
Y Amor, al que todos recordaremos por su mal olor
corporal, sobre todo el repelente olor de sus pies, y por sus
cortos recursos intelectuales; pero su gran corazón y
buen hombre, nos hacía, a todos, tenerle en buena
estima. Y Luis (el Paleto); y Francisco (el Marqués); y
Emilio, el más despabilado y saltarín de todos. Y; ¿cómo
no?, Federico (el Facha), que de anticomunista
acérrimo y ‘salvador de la patria’, pasó a ser
representante sindical, de U.G.T. y luego, pasó a ser
‘Hombre Liberado’, sindicalmente... Casi interminable,
sería esta lista de personajes, tan diversos. Con casi
todos hemos festejado reuniones familiares, hemos
pasados largas horas con las familias, se han mezclados
los hijos en los juegos, hemos celebrado los partos de las
esposas y sufrido algún contratiempo, como si fuésemos
una misma familia. Con muchos de ellos, he viajado a
trabajar en Ávila, Córdoba, Granada, Fuengirola,
Marbella... Hemos soportado nuestros ronquidos en los
hoteles...
194
Con Agustín y su esposa, hemos coincidido en muchos
viajes, que un reducido grupo de compañeros y amigos,
realizábamos. Teníamos una subvención aportada por
la
dirección
de
nuestra
empresa,
de
forma
acostumbrada. Se solía producir, todos los años,
aprovechando el ‘puente laboral’ de los meses de mayo.
También, se realizaban otros viajes, como en las
matanzas de los cerdos, en enero y otras festividades o
puentes.
A estos viajes, siempre asistía otro administrativo de las
oficinas del taller Juan y su esposa. Esta mujer es la
personificación de la paciencia, seguro que tiene
ganada la gloria. Y es que para soportar la forma de ser
de Juan, hay que tener la paciencia que tiene esa
mujer... o la que tengo yo, porque soy yo, el que más le
sabe llevar, de todos los compañeros y es que es muy
pesado. Además tiene un mal resultado con las bebidas
alcohólicas. Al final, suele cantar el 'Cara al Sol', o
demostrar que es 'un caballero legionario paracaidista'.
Pero, es buena persona, muy hablador, sabe de todos los
temas de que conversar... En fin, un buen fanfarrón, del
que si se sabe llevar, se le puede disfrutar durante largo
rato.
Fue por causa de Juan, que hizo que la votación
resultase positiva y pude ingresar en el 'Club de Mus 16'.
A éste Club, sólo podían estar 16 miembros o socios. Su
entrada era aceptada por el resto de los socios, en
asamblea, y siempre que ocurriese una baja. Durante los
años que pertenecí a éste restringido club, gocé de los
buenos momentos de compañía de estos amigos, todos
pertenecientes a la empresa y todos en buenos puestos de
trabajo,
directores,
jefes
de
obra,
jefes
de
departamentos... Yo era el único encargado y Juan el
único administrativo. El Club estaba dirigido por un
195
presidente y un cajero, elegidos, los otros catorce
miembros, éramos socios normales, todos con los mismos
derechos y obligaciones y sobre todo, con el deber
inexcusable de aportar mensualmente, la cuota
económica.
Todos los meses, al menos una vez, nos reuníamos, en
una cafetería restaurante (donde se celebraban los
torneos), para revisar los asuntos oportunos, preparar el
Torneo Anual y jugar unas partidas. Siempre, con barra
libre, que al final, se encargaba de pagar el cajero.
Con la cuota económica mensual, teníamos para dos
cenas anuales, con todos los socios; y una (por lo
menos), en compañía de las esposas y para los
preparativos del Torneo Anual.
A éste Torneo Anual, asistían 16 invitados, como parejas
de los 16 socios. Estos invitados tenían que aportar la
cuota de torneo, consistente entre 13.000 Ptas. y 15.000
Ptas. (entre 78,00 y 90,00 euros), y uno o dos regalos
para ser entregados al final del torneo, de forma
descendente, según el orden de los ganadores.
Tenían derecho a jugar (perder o ganar), a conseguir
uno o varios regalos, a barra libre (durante el torneo) y
a la cena final. Todos los socios, cerca de las fechas del
torneo, solicitábamos de las empresas que nos servían
materiales, o eran subcontratadas, la aportación de dos
regalos para el torneo. Estas empresas eran anunciadas
en los carteles anunciadores, como exponsores.
Por mi parte, me encargaba de recabar el concurso de
las empresas que nos servían el material eléctrico, a los
talleres. Conseguía o unas figuras de porcelana, o
carteras de cuero; pero, siempre les pedía que fuesen por
parejas. Sólo una vez, conseguí sentarme en la mesa de
La Partida Final. Quedamos en el segundo lugar. Y es
que me ganaron por la mano, en la última jugada.
Los regalos que pude conseguir, en los torneos han sido
buenos, aún funciona un teléfono inalámbrico; también
196
tengo una figura, en plata, de una carabela (La Niña),
en un pedestal de ébano; juegos de dominó, llaveros,
bolígrafos, baraja de cartas con mi nombre, tapetes de
mesa, algunas figuras de porcelana...
Después de las cenas periódicas con las esposas y en un
reducido grupo de los que formábamos el club o los
viajes, salíamos a salas de fiestas a terminar las noches.
En estas ocasiones, los gastos, ya eran a escote. Igual
que hacíamos al finalizar las cenas fin de año, que nos
ofrecía la empresa. Son todos gratos recuerdos de éste
grupo de compañeros y amigos.
Como siempre ha ocurrido en mi vida, las alegrías son
de corta duración. Esta década, al ser de buenas
perspectivas, vendría algo de contrariedad, para que
todo no fuese alegría. Empezó con la ingrata noticia, de
la defunción de Antonio, mi suegro, el mismo día que
cumplía 15 años, mi hija Susana, (11/02/1984)
Nosotros no padecimos la parte final de éste buen
hombre. Que demostró tener un gran espíritu de lucha
en silencio. La grave enfermedad, que fue la única que
pudo vencerle, hizo de él que entendiésemos como es un
héroe, en el sufrimiento. Claro está, que de haber sido de
otra manera de pensar, quizá hubiese ocurrido de otra
forma. Y es que tuvo varios accidentes, que coincidieron
en su cuerpo de la misma manera y efectos. Cuando
trabajaba como ferrallista, alguna vez, las barras de
acero le cayeron en el pié.
También, tuvo un accidente, conduciendo su bicicleta,
que le produjo roturas en el tobillo. Como siempre, las
curas eran cortas, malas y no terminadas, porque él
decía que no tenía nada. Otra vez, estando de visita en
Madrid, cuando íbamos a entrar a un restaurante, se
197
alejó de nuestro grupo y un perro guardián, le mordió
en esa misma pierna. Las curas de urgencias fueron
buenas, pero, como siempre, mal terminadas. Librada, se
culpa de que por llevarle a ese restaurante, fue causa de
la mala suerte. Como consecuencia de estas heridas y sus
malas curas, siempre padeció, sobre todo, desde el
accidente de bicicleta, de cierta cojera y malestar. Con
los años se fue agravando y al final la mala circulación
sanguínea, esa pierna entró en gangrena y le fue
amputada. La solución, parece que fue tomada algo
tarde y esto fue la principal causa de su muerte.
Nos contaron que en el hospital, dio muestra de
entereza. Todo el personal de enfermería, estaba
extrañado, jamás conocieron a otro enfermo, que con su
padecer, estuviese callado sin pedir ayuda y sin quejarse
de sus dolores. Mi cuñado, Joaquín, le preguntó al
médico, si lo que su padre padecía dolía; el doctor, le
contestó:
--- Te lo voy a demostrar con un ejemplo muy basto:
Imagínate, pillarse los testículos con la tapa de un baúl.
Bueno; pues, ese mismo dolor y de forma continuada, es
lo que tu padre sufre en esa pierna. Yo no comprendo
como no se queja. Por ello, no sabemos si debemos
ponerle algo, para quitarle el dolor. Como él no lo pide.
Éste ejemplo, te dará a conocer, como sería este hombre,
fuerte, rudo, algo basto en sus maneras, pero querido por
todos. Los que le conocimos, siempre le recordaremos con
agrado.
Catorce meses después de la pérdida de mi suegro, y con
gran deterioro de su salud, nos dejó mi suegra, Rosa
(27/04/1985) Al quedar sola, puesto que sus tres hijos, ya
estaban casados y a pesar de que era visitada y pasaba
temporadas con los hijos, en sus casas, la alimentación
fue siendo cada vez peor. Creo, que al ser ingresada, en
un sanatorio, le causó más deterioro, con la peor
alimentación y al poco celo de sus cuidadores. Sí;
198
resulta dura esta afirmación, pero estoy convencido que
se pudo haber hecho un trabajo más profesional. De esta
muerte, también se siente culpable Librada. Dice, que si
ella no se hubiese venido a Madrid, las cosas no
hubiesen ocurrido de esta forma y que la hubiese
cuidado mejor.
No terminan aquí las pérdidas de familiares queridos.
Al año siguiente, (18/02/1986), mi madre también
murió. Fue un cáncer, el causante de su salida de este
mundo. Yo, tampoco, pude estar con ella en sus últimos
momentos. Durante su estancia en el hospital, sólo le
pude visitar en unos pocos días. Desde Madrid, por
teléfono, casi todas las tardes hablaba con ella. Después
de terminar el trabajo, en mi despacho del taller,
pasaba largos ratos hablando con ella. Pero, ya cuando
las enfermeras me daban excusas, de que 'ahora no se
puede poner', o que 'en estos momentos está cenando', o
'está en el baño, pero, no se preocupe que está bien'... A
mí, ya aquello me daba la señal de ser su pronto final.
Murió sola, tal como vivió sola, durante cuarenta años...
De eso... yo, si soy culpable. Y te repito, que jamás le
recompensé con nada. O no pude, o no supe, o no quise
reconocer la forma de hacerlo... Tal vez, yo reciba la
misma forma de pago y con la misma moneda. Ella me
enseñó que el avaro apego a esta vida, es un craso error.
En su entierro, no vertí lágrima física alguna, pero, si te
puedo explicar como sería mi penar, con un verso de un
paisano mío, (Manuel Altolaguirre):
“Era tan alto mi dolor
que la puerta de mi casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.
Era mi dolor tan alto
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.”
199
De una cosa si estoy convencido y reconozco haber
aprendido de mi madre, es que no tengo apego a la vida
en esta Tierra y puedo dejarla sin miedo y sin rencor. Y
es que, en la balanza de mi vida, el platillo de la
felicidad, está más vacío que el de las amarguras.
Quizá lleve razón, con lo que digo en la presentación de
éste escrito, que ocurrirá porque alguien diga que ‘fue
un buen hombre’. Por cierto, estoy escribiendo y sé que
todo esto es para nada; tan sólo, para haber pasado
unas horas distraído. Nada más; pero, gracias por
leerlo; y continúo.
Antes de que terminase esta década, mi hermana
Camela, hizo uno de sus chistes, y se murió. A pesar de
ser siempre una mujer gorda y haber padecido una vida
no muy envidiable, tuvo un carácter alegre y
desenfadado. Todas las penas, parecía que se las echaba
a la espalda. Pudo morir ‘jorobada’ por ello, pero, creo
que murió contenta con haber sido útil para sus hijos.
Como dijo Omar Jayyam:
---“Ni el bien y el mal de los hombres,
ni los goces y penas que nos causa el Destino,
proceden del Cielo, porque el Cielo es - sin duda –
más infortunado que tú cuando busca su cauce.”
A principio del mes de agosto de 1989, hablé con mi jefe,
el Sr. Haro, para pedirle que hiciese los trámites
oportunos para que mi hijo Pablo, pudiese entrar a
trabajar en nuestro taller, aprovechando la nueva
norma de contratos por sustitución a trabajadores que
se jubilaban. Su respuesta, cómo buen representante del
signo zodiacal de Escorpio, fue algo sarcástica y hecha a
la gallega; me dijo:
--- ¿Cómo se te ocurre querer tener a tu hijo,
200
en el mismo lugar de trabajo?
Eso sería lo último, que haría un padre.
Yo sólo le dije:
---“Gracias; por nada.”
Y yo me digo: “¿Cómo es que me hace esta pregunta?” Si
él tenía, como trabajador a tiempo, en mi equipo de
electricistas, a su hijo Ignacio (el rubio) Que luego
quedaría como trabajador con contrato fijo. Y que meses
más tarde, con el sistema del cuclillo, lo encajó en la
plantilla de la oficina del taller, desplazando a otro
administrativo, que fue, impunemente, trasladado a la
oficina central. Aunque, Ignacio, demostró que tiene
gran inteligencia y buenas capacidades organizativas.
Poco tardó en ser trasladado a la oficina central y
ocupar un puesto cercano al nuevo jefe alemán.
Todo esto, mi jefe, lo debió pensar más detenidamente,
porque a los dos días después, me informó que se
aceptaba mi propuesta con mi hijo. Ingresaría, con
contrato de suplencia, con categoría de peón
especialista mecánico, para las reparaciones de
dumperes, carretillas elevadoras, etc.
En unos años más adelante, y después de un accidente
laboral, que pudo costarle caro, pasaría a mi equipo,
cómo electricista.
Éste accidente que tuvo Pablo, se produjo, parece ser,
porque alguien echó un bote con líquido inflamable a
presión, en el hogar de la caldera de la calefacción.
Cuando Pablo, abrió la compuerta de la caldera, para
reactivar el encendido, se produjo una deflagración que
la llamarada le alcanzó todo el rostro y las manos.
Quedó con la cara y las manos abrasadas. Las zonas
mejores tenía quemaduras de segundo grado. Yo, en esos
momentos, estaba con trabajos en obras. Fue trasladado
a urgencias, al mismo hospital en que él nació, el de
Cruz Roja cerca de Cuatro Caminos, en Madrid. Ahí
estaba nuestro médico de empresa, el Dr. Corbatón;
201
excelente persona y mejor médico. Tomó gran interés
para las curas y realizó un trabajo, que a Pablo, no le
quedó ninguna cicatriz o trazos de las quemaduras.
Como estaría de mal aspecto, que en una de las curas,
en las que le acompañaba, Librada, su madre, al
preguntar ella:
--- ¿Se quedará bien doctor?
El doctor Corbatón, le dijo:
--- No se preocupe usted, señora, que a su marido
no le va a quedar ninguna señal de todo esto.
El doctor, no sabía aún que eran madre e hijo y tal vez,
no comprendía que aquel trabajador, con ese rostro,
podía ser el hijo de ella.
Después de la convalecencia Pablo, pasó al taller de
electricistas, pero; mi jefe, me indicó que debería
quedarse en el taller en el equipo fijo, y que sólo saldría
para urgencias, que no lo destinase a obras. Creo que
era un puesto cómodo, para él y estaría a las ordenes
directas de Agustín. Aprendería cosas nuevas y estaría
siempre al cobijo del taller, sin los riesgos de las obras.
Pero; por otra parte, tendría que soportar las más de
una incomodidades y de los comentarios soeces y mal
intencionados, que a mi contra efectuaban los demás
compañeros de trabajo.
Con el paso de los años (tantos como once), Pablo, ha
podido estar en muy diferentes trabajos de instalaciones
eléctricas y otros montajes. Y como te he dicho, mi
equipo, siempre ha sido el comodín para toda clase de
trabajos, en esta empresa, en los que Pablo, también ha
participado con su aportación laboral. Desde montajes
de carteles navideños en las grúas, líneas aéreas con
postes, tendidos de mangueras, instalaciones de
alumbrado de obras y sus instalaciones provisionales,
etc. Y otros trabajos que, en realidad no correspondía a
un equipo de electricistas. Cómo por ejemplo, achicar las
aguas fecales de una inundación de un vaciado de una
202
obra de unos 20.000 m2, por 15 metros de altura, que
ocurrió por la rotura del colector general de la calle.
Manejando bombas de más de 100 Kg. y las mangueras
de salida.
El ritmo de la empresa y su destino, se vería pronto
contrariado por los acontecimientos que se avecinaban.
En primer lugar, forzados por bajos resultados de las
construcciones, por la avaricia de los accionistas, por la
ya ausencia de su fundador y por la cada vez más
dejadez, de los directivos. En segundo lugar, por el
cansancio y la falta de lealtad, de su primer jefe, D.
Antonio García Fernández, que decidió, primeramente,
vender el 50% de la propiedad de la empresa, a otra
empresa extranjera, la Philipp Holzmann. Enorme
empresa
alemana,
de
alcance
mundial.
Y
posteriormente, hizo la venta del resto de la empresa, a
esta
misma
empresa
alemana,
incluidos
sus
trabajadores, como borregos en el mercado, sin ninguna
recompensa económica a esos trabajadores, productores
de sus riquezas y beneficios.
Con la huída de los primeros dueños y de buen número
de directivos, todo esto emparejado con las nuevas
formulas de subcontratación y los malos modos de
terminaciones de las obras, fue haciendo que cada vez
la empresa tuviese menor referencia en el mercado de la
construcción. Los 40 años de trabajos bien realizados, no
serían garantía, para demostrar que seguíamos siendo
203
los mismos de siempre y una buena compañía de buenos
resultados.
A éste taller de Coslada, ingresó un ayudante de
dirección, un Ingeniero Industrial, Luis Palomo. Joven,
de apariencia distraído y algo dejado en su aspecto
personal. Por su cortedad en las maneras y por las
formas de manejo del personal, que tenía su jefe y al
mismo tiempo el mío, su entrada en contacto con el
personal del taller no fue muy, digamos, fluida.
En mi caso, fue, quizá, diferente. Y es que nuestra
diferencia de edad, era notable: él, como veinte años
menos. Cuando cierto día, que él quiso tomar posiciones
y aclaraciones, a indicación suya, salimos fuera de las
naves, para charlar. Durante la conversación, me dijo:
--- Recio; sabes que yo estoy aquí para mandar y
dar ordenes a todo el personal de éste taller.
Y por la edad que tú tienes y por los años que llevas en
la empresa y por tus conocimientos de los trabajos,
me resulta algo complicado darte ordenes.
Mi contestación le sorprendió, pues le dije:
--- Luis; no tienes que preocuparte en lo más mínimo.
Siempre que mantengas presente una formula doble:
‘Dime el QUE HAY QUE HACER, pero nunca,
el COMO HAY QUE HACERLO’;
Y verás como no habrá tropiezos entre nosotros.
Me agradeció mi sinceridad y desde entonces, entre
nosotros hubo, lo que se da en llamar un ‘Entente
Cordiale’.
204
Los que trabajamos en éste taller, de cerca de Coslada,
padecimos en todos los años que allí estuvimos, los
rigores del mal tiempo y del buen tiempo. Sí; es que la
estructura, en general, estaba mal concebida.
Primero: el muro de fachada era de bloques de
hormigón, que para edificar, debían de ser rellenados
con mortero y armarlos con varillas de acero. Esto da
que el muro sea simple y sin cámara de aislamiento y
con gran altura.
Segundo: la cubierta, era un invento artesanal de
paraguas invertidos, en módulos cuadrangulares, con
inclinación de vertido hacia el sur y los ventanales
orientados al norte. Si verificas esta estructura,
comprobarás que todas partes superiores de los
paraguas, reciben rayo solar directo todo el día. La
parte más cercana al suelo es de unos 6,00 metros y
pronto el personal nota el calor emitido. En verano, ni te
cuento. Las partes altas de los paraguas, recibe viento
norte directo en invierno. Por si esto fuera poco, las dos
puertas de acceso, una al este y otra al oeste, recogían
todos los vientos reinantes de la zona. Además; las
puertas no cerraban toda la bocana de apertura,
quedaban las zonas altas al descubierto; sin posibilidad
del cierre total.
Tercero: no se había previsto nada sobre calefacción ni
aireación. Sí; seguramente constaba en el proyecto, que
sería de forma natural; pero, estaban invertidas en su
cálculo: calefactado en verano y ventilado en invierno.
A su interior se colaban todos los vientos, con todas las
polvaredas que se ocasionaban en sus alrededores.
En el rincón donde yo tenía el seudo despacho, llegué a
medir en invierno, por la mañana – 4 ºC y en verano, en
las tardes + 39 ºC. Excelente, ¿no? Sigo con más detalles.
Las oficinas, se puede decir que estaban bien. Si
aclaramos que estaban orientadas al sur, con
ventanales en altura completa de fachada y cristales
205
transparentes
simples,
con
pequeñas
ventanas
deslizantes en la zona baja. Si las abres, para que se
ventile el ambiente, entra el polvo y el ruido que
producen los camiones cubas del hormigón. La luz y
rayo solar, garantizados todo el día; pero, tenían varios
aparatos de aire acondicionados. La renovación del
aire estaba bien dispuesto, claro está, siempre que se
mantuviesen abiertas las espitas de los aparatos de aire
acondicionado.
El comedor del personal, sobre las oficinas y con las
mismas
condiciones
ambientales,
pero
sin
aire
acondicionado (horno en verano y refrigerado en
invierno)
En la misma planta, el vestuario, junto con los servicios
propios para el personal, separados por dos puertas
batientes. Por tanto, estaba garantizado, en todo
momento, un buen ambiente de cierto aroma ‘familiar’
combinado.
Queda un detalle más, que favorecía a los alérgicos: Al
norte, están las pistas de aterrizaje y despegue del
aeropuerto de Barajas y la autovía de Zaragoza (ruido
garantizado). Al este, nuestro taller de ferralla (polvo
de óxidos garantizado). Al oeste, el camino de Rejas,
con buen número de vehículos en circulación
(¡Precaución! Tanto a la entrada, como a la salida). Al
sur, una estación de hormigón preparado, para venta a
obras, con una entrada, de calle exclusiva y mal
cuidada (polvo y gran ruido garantizado)
Todo esto daba garantía a que el ambiente fuese
polvoriento, todo el día. Reforzado, a veces, por el corte
de madera de samba, que hacían nuestros carpinteros,
con sus máquinas, para las piezas de los moldes del
Taller de Prefabricados. En los últimos años de
utilización del taller, se consiguió de colocar unos
filtros, para los restos de las maderas.
206
Durante dos o tres años, el señor Haro, decidió
ofrecernos de su pecunia, unas cenas en buenos
restaurantes, al personal de la oficina del taller y a los
tres encargados, en compañía de nuestras cónyuges. Y a
los postres, nos entregaba unos cheques personales, con
cantidades diversas. En contra partida, todos los
compañeros aportábamos para la compra de unos
regalos, para nuestro anfitrión. Yo siempre me pregunté
de por qué, de aquellas cenas y alguien me lo aclaró:
--- Pepe. Comprende. Al mismo tiempo que se presenta
como
un mecenas, nos tiene, en cierto modo, atrapado en
su circulo y por ende, recibe unos regalos.
Y no te preocupes, por las cantidades de los cheques,
salen de su abultada y gratuita paga final de curso...
y por otros beneficios más.
También, tomó el señor Haro, una costumbre
avasalladora:
A
los
tres
encargados,
a
los
administrativos y a su ayudante, nos hacía permanecer
más tiempo en la oficina, por las tardes, a última hora,
con el pretexto de esperar posibles avisos o pedidos de las
distintas obras. Cómo se nos pasaba el tiempo con
algunas charlas y algo de aburrimiento, yo propuse a
pasarlo con algún juego de mesa, por ejemplo ajedrez.
Así lo hicimos durante varios días; pero, como casi
siempre ganábamos Antonio Cuesta o yo, los demás
compañeros abandonaron y propusieron jugar a mus.
Fue buena idea, porque juegan cuatro y es más ameno.
207
Para darle algo de más interés a las partidas, para no
dar órdagos, en vacío, propuse aportar por cada
jugador 100 Ptas. Se aceptó; pero el señor Haro, propuso
que no se llevase las ganancias ningún jugador, sino
que se ingresase en caja en una cuenta destinada a
darnos algunas cenas especiales.
Resulta paradójico, pero se disponía en poco tiempo,
para unas cenas y para algo más. Si calculas a tres
partidas diarias, cinco días a la semana y cuatro
semanas al mes, obtendrás unas 24.000 Ptas. Son
actualmente, unos 144,00 euros. ¿Qué te parece?
Como Pablo disponía del uso del coche Renault R-12,
convencí a Librada, para que comprásemos un coche
nuevo para nosotros. Es que había momentos, en que
teníamos que ir a sitios y ocasiones, en los que aparecer
con el furgón no era el vehículo más apropiado.
Tampoco era buena forma, de quitarle el coche a Pablo,
cuando él ya tenía sus planes.
En
aquellos
años,
Coslada
no
tenía
buenas
comunicaciones ni el mejor transporte público; por otra
parte, teníamos la malsana costumbre de usar a cada
momento, un vehículo particular, propio o de la empresa
y ninguno estábamos habituado al uso del transporte
público. Nos decidimos por comprar un coche pequeño,
un Citroën AX, el de la gama alta, era pequeño de
longitud, pero era muy rápido y cómodo. Con éste coche,
volvimos a hacer salidas y excursiones por la comunidad
de Madrid y provincias cercanas. Esto nos dio otro deseo,
208
mejorar las formas de las acampadas y por ello,
compramos un carro tienda muy útil y cómodo. Tenía
un sistema que en pocos minutos, se disponía de la
tienda instalada, con sólo la manipulación de dos
personas.
Cuando estaba todo desplegado, se disponía de dos
habitaciones, para cinco personas, de una zona
cubierta para comer y estar y de una toldilla o avance.
Todo realizado con materiales de muy buena calidad.
Para el transporte por carretera, disponía de una lanza
de enganche, con sistema de seguridad y mecanismo
automático para el freno a las ruedas, pilotos de
señalización y rueda de repuesto.
Una vez recogido el sistema de lonas, se quedaba todo
alojado en el interior del arcón y se cubría con una
tapa con cierres y portaequipajes. Tenía un aspecto
compacto y seguro. Para el enganche del carro al coche,
compré en la central de Citroën, un dispositivo completo,
de bola de enganche, de tipo oficial y exclusivo para ese
tipo de vehículo. Cómo el sistema de colocación es fácil y
sencillo, para quien conoce la mecánica, me dispuse a
su colocación, que quedó en perfectas condiciones para
su uso.
Yo ignoraba de un párrafo de las Ordenanzas del
Ministerio de Industria y las de Tráfico, que exige la
colocación expresa por un taller especializado y
autorizado, de este tipo de artilugios en toda clase de
vehículos automóviles. Esta fue la exigencia de los
inspectores de la Inspección Técnica de Vehículos,
cuando llevé el coche a que fuese revisado y autorizado.
No querían firmar y legalizar con ‘Visto Bueno’ la
instalación, que yo de forma particular, había
realizado y que verdaderamente, estaba en perfectas
condiciones de uso y a prueba de toda clase de
seguridad. Es de reconocido criterio, que sólo se disponía
de apartar el parachoques trasero y fijar con cuatro
209
tornillos, a los anclajes prefijados, tal y cómo se
describían en los apartados del folleto, que acompañaba
a los materiales del enganche.
Después de varias visitas e inspecciones negativas y de
varias discusiones, me dispuse a comenzar el viaje de
vacaciones, sin la correspondiente autorización oficial,
exponiéndome a que en carretera me podían multar por
ello. Cuando, de regreso de las vacaciones, fui a
reclamar la autorización y de la última discusión, me
hicieron entrega de los papeles oficiales ya firmado.
Pero, ojo; me fijé en que estaban firmados el día anterior
al que yo estuve allí, antes de ir de vacaciones.
Un camionero, que esperaba turno en la ITV., me
preguntó del por qué discutíamos y le expliqué todo lo
ocurrido, me dijo, que todo me lo habría ahorrado si les
hubiese ofrecido, lo que en Méjico llaman ‘mordida’. Que
ese sistema siempre ha funcionado en todos lados y en
éste país, sigue funcionando a todos los niveles.
Hicimos varias acampadas y un solo viaje de vacaciones,
en compañía de los tres hijos. Luego, ‘San Jamás’. Cada
uno de ellos, quería hacer sus propias salidas y
excursiones. Por esto, me vi obligado a retirarnos del uso
de este carro tienda y aparcarlo. El carro tienda se
mantenía como nuevo, pero sin uso. Le había pedido
permiso al Sr. Haro, para mantenerlo dentro del Parque
de Maquinaria. Me autorizó, sin buen convencimiento,
por su parte; advirtiéndome que tendría que ser de
forma provisional.
Cuando hacía sus paseos por las naves y talleres, para
inspeccionarnos y se encontraba con el carro (aunque
estaba cubierto con lonas), luego me lo recordaba y
hacía que me si9ntiese incómodo, por tener el
beneplácito de su permiso de aparcamiento, que nadie
poseía.
210
Cuando tuve acondicionada la parcela de la Asociación
en Daganzo, hice el traslado del carro y lo aparqué en
la parcela vecina a la nuestra, que aún permanecía sin
ser
ocupada;
tan
solo
la
utilizábamos
como
aparcamiento. Que por cierto, uno de los socios de la
calle 11, procuraba ocupar el sitio, con su coche, en
cuanto que veía que yo lo desocupaba. En varias
ocasiones, hice la apertura del sistema del carro tienda,
para que los demás socios viesen como era y de cómo
estaba de bien cuidado. Hasta que uno de ellos, se fijó y
me propuso de la compra, que pronto estuvimos de
acuerdo con los términos de la compra venta. No se
discutió sobre el precio, que estipulé en que sería el
mismo que yo había pagado, por primera compra. Pagó
y se lo llevó muy contento. Al año siguiente, me informó
que se lo había vendido a otro caprichoso, pero que al
cambio salió ganando, porque le cobró mas de lo que me
había pagado.
Además de por esto, vimos como un buen sistema, el
adquirir la opción se socio en la Asociación Deportiva
Cultural de Daganzo. Sería como volver a las
acampadas, pero con otra calidad y disposiciones. Pero;
que los hijos no lo veían con buen grado. Lo aceptaron,
si; pero, poco uso hicieron de todo aquello.
Fue principio de la década de los 90, que tuve la ocasión
de hacerme socio de la Asociación Deportivo Cultural
Daganzo. En esta Asociación se tiene como derecho
principal a una parcela acotada con seto vegetal, de uso
exclusivo, con una superficie de 70 m2, donde se dispone
211
de agua potable y acometida de luz. El recinto general,
está situado en las afuera del pueblo de Daganzo, a
unos diez kilómetros de Alcalá de Henares y a unos
quince kilómetros de Coslada. Se dispone de campo de
fútbol, de baloncesto, tenis, petanca, motocross y varios
más.
Hay más de veinte mil árboles, viales, piscina,
restaurante - bar. Está vigilado todo el día, por un
equipo de vigilantes jurados. También existe un equipo
de
trabajadores
para
el
mantenimiento.
Hay
megafonía, servicios comunes y todo esto, para 550
parcelas o socios y sus familiares de primer orden. En las
parcelas, cada cual, puede instalar los elementos
apropiados para las acampadas. Todo con el sentido que
da la idea de camping, sin elementos de obra y con idea
de movilidad.
Después de realizar los trámites de ingreso y pagar la
cuota de inicio (que casualmente, yo fui el último en
pagar la cantidad de 500.000 Ptas., los siguientes socios,
pagarían 800.000 Ptas.) Elegí la parcela, que me pareció
la más adecuada, en la calle 10 y la parcela es la 257,
por tener con más frecuencia, que usar el furgón de la
empresa. Resultó ser la más ruidosa, pues está en la calle
de entrada principal.
Esta elección, tendría consecuencias negativas para las
estancias y permanencias durante todo el periodo que
duró nuestra adhesión al grupo de socios; sobre todo en
las horas diurnas, motivadas por las cada vez más
continuas y ruidosas pasadas de las motos de los
chavales, que sin apenas necesidad, se paseaban de
arriba a bajo, por el solo placer de moverse en sus
vehículos escandalosos.
A Librada, le enervaban tanto paso y tanto ruido.
Algunos vecinos, llegaron a protestar a tal límite, que se
insultaron y utilizaron las manos en actos agresivos.
Pero, hay que reconocer que las veladas, en compañía de
212
algunos vecinos, eran muy agradables y amenas, con
partidas de cartas (mus, cinquillo, tute,...), y las charlas
y las invitaciones a café o meriendas. Los paseos, dentro
y fuera del recinto.
Como las caravanas y los ’movilhome’ eran caras,
conseguí a buen precio, una caseta para obras, que a la
sazón se iba a enviar al chatarrero. El motivo era que
por su longitud de ocho metros y medio, no había
camiones apropiados, para su transporte.
El Director del Parque de Maquinaria, mi jefe, (el Sr.
Haro), aceptó que yo pagase por la adquisición. Hizo que
pagase 28.000 Ptas. a la caja del Taller. Me dijo que
accedía, por reconocimiento a mis servicios prestados a
la Empresa, que esa cantidad era la que el chatarrero,
iba a pagar por el peso en material. Claro está que
también tuve que pagar a una empresa de transportes,
por el traslado de esta caseta, desde una de nuestras
obras hasta Daganzo. Me cobraron 35.000 Ptas. (unos
210 €) Los dos pagos sumado da un total de 63.000 Ptas.
(unos 378 €) Bastante menos que por comprar una
caravana y menos aún que un movilhome.
El terreno de la parcela ya estaba acondicionado. Para
ello, hice un cerramiento con puntales metálicos, cosidos
con cables de acero, entrelazándolos, sin hacer anclajes
en tierra. A todos estos puntales y cableados, los cubrí
con
lonas
plastificadas.
Así
quedó
un
prisma
rectangular de 10 metros de largo, 7 metros de ancho y
3 metros de altura. De esta forma, quedé encerrado en
un recinto cubierto del sol y de las lluvias. Ahora que lo
pienso, me resulta una barbaridad, hacer éste montaje,
para en pocos días, volver a desmontarlo. Y todo, con
poca ayuda; pues lo hacía por las tardes, después de
salir del trabajo y en los fines de semanas.
El terreno de la parcela estaba un poco inclinado hacia
la entrada, fui haciendo una nivelación manual
recogiendo las tierras de arriba y trasladándolas hacia
213
las zonas de abajo, ayudándome con estacas y un nivel
de agua, hecho con una tubería flexible.
Los socios vecinos, al pasar por delante de mi parcela y
ver el tinglado que había dispuesto, apartaban las
puntas de las lonas para poder ver el interior. Cuando
me veían, me preguntaban, extrañados, que estaba
haciendo. Pero, ninguna se ofrecían a ayudarme; y eso
que en algunos momentos, me vi apurado para sostener
en vertical los puntales y hacer los cosidos con los cables
de acero.
No obstante; hice un trabajo algo excepcional, de lo que
quedé contento, debido a la prueba a que fue sometido
todo el conjunto: Un día, se preparó una gran tormenta,
con granizo, mucha agua y sobre todo, fuertes vientos
racheados del suroeste.
En algunas zonas de Madrid, se produjeron grandes
destrozos y caídas de árboles. Los vientos alcanzaron
velocidades de 90 Km/h. Yo me mantuve en el interior de
aquel extraño habitáculo, de hierros, cables y lonas. A
veces, tuve que reforzar unos anclajes y sujeciones, que se
aflojaban. Estaba a modo de algún marino, a bordo de
un velero azotado por la tempestad. En ocasiones, algo
acongojado, más que nada, por los daños que podía
ocasionar a los vecinos, puesto que las construcciones de
los
alrededores,
no
son
muy
resistentes.
Pero,
aguantaron puntales, cables y lonas, más de lo que yo
creía. Cuando todo pasó, varios vecinos se acercaron,
unos para ofrecer ayuda, si me hacía falta, otros para
comprobar los desperfectos, que ellos creían se
producirían y pocos para felicitarme, por el trabajo
realizado y por como habían resistido.
En ratos, en el taller de JOTSA, con restos de material,
hice tres peanas metálicas y de un largo igual al ancho
de la bancada de la caseta. Las coloqué a un lado de la
parcela y repartidas a distancias iguales a la longitud
de la bancada. Entonces el trabajo fue ir colocándolas a
214
nivel, para que al ser apoyada en ellas la caseta,
quedase bien situada. Cuando hicimos el transporte, y
con la grúa se colocó en su sitio, la caseta quedó
ajustada casi a la longitud que exigían los estatutos y a
casi la mitad del ancho de la parcela.
Luego de todos los trabajos de acondicionamientos, la
opinión era que debía haber situado la caseta a la otra
parte de la parcela. Debido a que la habitación
independiente, tenía una ventana a la parte extrema
del módulo, y por tanto, como estaba destinada a ser la
cocina, hubiese quedado con vista a la calle y no a la
vista interior, hacia los vecinos.
El nivel del piso quedó como a medio metro de altura.
Para el acceso, fabriqué dos escalerillas metálicas y de
madera, una para cada puerta. La estructura de la
caseta era metálica y las distribuciones internas de
maderas. Tenía tres habitaciones: la primera de 2,85 por
2,85 metros; la segunda de 3,40 por 2,85 metros; entre
estas dos habitaciones, estaba un servicio con lavabo,
espejo y taza de retrete y algún accesorio de baño. La
primera
puerta
daba
entrada
a
un
pequeño
distribuidor con las tres puertas de estas habitaciones y
la puerta exterior de la derecha daba entrada a la
tercera habitación, situada al lado de la mayor y con
las medidas de 2,85 por 1,30 metros. Todas las
habitaciones tenían ventanas de aluminio, cristales y
contraventanas metálicas con seguro de cierre interior.
El servicio tenía una pequeña ventana con lamas de
cristales abatibles.
Todo el conjunto estaba aislado, en forma de ‘sándwich’.
El interior estaba forrado con chapas de maderas
decorativas rematadas con junquillos. El suelo con
lamina de Sintasol, imitación a parqué de tablas. El
techo, con láminas decorativas de Porespán. Todas las
habitaciones estaban instaladas con lámparas de
plafón, interruptores y bases de enchufes. También, hice
215
una
ampliación
de
instalaciones
eléctricas,
mejorándolas
y
actualizándolas,
con
luz
de
emergencia, automático y diferencial de corte y luz
exterior temporizada.
Más adelante, fuimos realizando más cambios, reformas
y ampliaciones. Como acometer agua al servicio y hacer
un tajado metálico, a dos aguas, con chapa ondulada
galvanizada. Compré a buen precio, tubo de perfil
cuadrado de hierro en barras. Con los que fui
construyendo la estructura del soporte para el tejado;
apoyado sobre el techo de la caseta y sobre pilares
metálicos. Así, quedaría cubierta casi toda la superficie
de la parcela. Para este trabajo me traje del Taller, un
equipo de soldaduras y elementos oportunos, como
electrodos, caretas y un cuadro de protecciones
eléctricas, que conecté a la red de servicio de la zona.
Estos trabajos, dio pie para que se produjera una de las
muchas anécdotas que nos ocurrieron en éste recinto de
esparcimiento, todas a causa de la convivencia
humana: Como cada día, uno de los socios que
formaban el equipo de gobierno, vigilaba y preguntaba
sobre los trabajos que yo estaba realizando, hizo que
también me vigilara uno de los operarios del equipo de
mantenimiento. Yo comprendo que al existir unos
Estatutos y en ellos unas normas a cumplir, se tenga
cierta vigilancia, pero estas leyes son para todos, no
para los que a unos les caiga mal de ver y a otros se les
permitan rebasarlas o no cumplirlas debidamente. Pues;
comprobaron las conexiones que yo había hecho, en el
cuadro eléctrico y se produjeron unas secuencias de
iniciativas, para intentar demostrarme que yo había
infringido ciertas normas de seguridad.
Como resultado de estas investigaciones y discusiones,
por parte del equipo de gobierno, recibí una carta, en la
que se me comunicaba las decisiones tomadas: “Se me
privaba de la entrada al Recinto de Acampadas, por el
216
periodo de tres meses, por haber infringido una norma,
al no haber hecho la petición oportuna de que uno de
los operarios de Mantenimiento, hubiese efectuado las
correctas conexiones eléctricas” ¡?!
Les hice una solicitud de reunión urgente, para la
aclaración de esta decisión. Me fue aceptada y preparé
mi alegato, con documentación crediticia de mi
situación laboral y empleo. Para esto, me cedieron en mi
empresa unos certificados de los años que llevaba
desempeñando el empleo de encargado del equipo y
taller de electricistas y de los trabajos que tenía
acreditado. También, copié los planos que yo tenía,
como costumbre, hacer de los trabajos y modificaciones
de las instalaciones y de las distribuciones de los
mobiliarios en la parcela; así como, fotografías de los
cuadros eléctricos de la parcela y de los que yo tenía
intercalados, para los trabajos.
Cuando los cuatro componentes del equipo directivo,
escucharon mis alegatos, vieron los planos, certificados y
fotografías, reconocieron el error cometido y decidieron
anular los efectos de las últimas disposiciones al
respecto, que me comunicaban en su carta y pedir las
oportunas disculpas. De éste modo, subsanado el
malentendido, continué con los trabajos; lo que sí noté
es que ya las supervisiones y preguntas cesaron, solo se
limitaban a los saludos de rigor, al pasar por delante de
donde yo estaba.
Para la cubierta del tejado, tenía previsto hacerlo con
chapas onduladas; las fui a comprarlas a un almacén y
taller, en la zona industrial de Daganzo. Hice el
pedido, seguidamente me las sirvieron en la parcela y
regresé al almacén a liquidar el importe. Cuando la
secretaria de la oficina hizo las cuentas para la
factura, se equivocó y el resultado era muy abultado,
con beneficio a mi favor. Entonces le dije que yo no
estaba de acuerdo con el precio final, que lo pagaba,
217
pero que cuando regresase el jefe, quería hablar con él,
que fuese a visitarme a la Asociación o que me llamase
por teléfono.
Tardó poco tiempo en aparecer en la acampada, venía
algo sofocado. Con previo aviso por megafonía, salí a su
encuentro. Ciertamente, tenía algo de razón, porque el
precio ajustado para la venta, había sido a tan solo su
coste y sin cobrar el transporte; en total le tenía que dar
el resto del importe real, que era de unas 28.000 Ptas.
(unos 168 €) más. Antes de que él dijera algo, le corté
diciéndole que reconocía el error y que aquí tenía la
liquidación del importe. Me agradeció mis formas y me
indicó que para las próximas compras tendría mejores
precios.
Las piezas de chapas onduladas tenían una longitud de
7 metros. Para el manejo y su colocación, esperé a un fin
de semana, para que me pudiesen ayudar Librada y los
hijos. De ello, queda constancia con las fotos, que nos
hicimos. Fue un trabajo agradable y con buen resultado:
Teníamos que trasladar las chapas hasta cerca del
módulo y luego subirlas sobre la estructura soldada,
para ir ordenándolas y sujetándolas con taladros y
remaches. Cómo el tejado estaba proyectado a dos
vertientes, se afirmaba una parte y con el peso de uno de
los chicos, se forzaba, para que fuese cayendo (entre
risas y bromas), hasta hacer tope y ya a taladrar y a
remachar. Cómo te digo, nos quedó un tejado de
profesionales.
Quedó cubierto el módulo y gran parte de la mitad de
la parcela. Esta parte, la utilizaríamos para terraza,
comedor, cocina y zona de estar. Para esto utilizamos
todos los elementos que se usaban en las acampadas de
camping (mesas, sillas, tumbonas, cocinas,...)
Con el furgón de la empresa y casi todas las tardes,
hacía traslados de materiales que recogía en las obras.
En principio, para el suelo de la parcela, traía áridos
218
finos y los iba esparciendo para hacer una cama sobre
la tierra y de esta forma, evitar que se formase barro.
Para el cerramiento de la parcela, trasladé de una
obra, bloques de cerámica, de los utilizados en los
remates de los forjados de plantas y los destruí en la
parte delantera y en la lateral derecha. Los fui
colocando con las tres aberturas hacia arriba, para
utilizarlas a modo de jardineras. En el hueco central
coloqué, hincado en el terreno, con perfil metálico de T
de 50, estacas con altura útil de 0,80 cm, para con
pletinas hacer una valla de cierre. En la parte lateral
izquierda existía un seto de arizónicas, que tenía
plantado el vecino anterior. En el fondo, había otra
construcción de otra familia, que había comprado todo
lo de esa parcela, ya construida por otro socio anterior.
Pero; ¿Cómo es que a ese socio se le había permitido
construir saltando las normas estatutarias? Pues, la
construcción del módulo, estaba justo al ras del límite
de su parcela y la norma exigía dejar un espacio de
medio metro, como mínimo. En los comentarios al
respecto nadie se lo explicaba.
Ese módulo tenía una ventana que daba a mi parcela,
como estaba, hasta entonces vacía, y por ella accedían
al módulo eléctrico, para accionar los interruptores y
diferenciales.
Entonces, decidí no hacer cerramiento en esta parte. De
esta forma, ellos no tendrían que interrumpir la
costumbre establecida y yo me evitaba un trabajo más.
Luego, pude comprobar que no fue una buena decisión;
por la poca afinidad de los componentes de aquella
familia y nosotros, principalmente, a que el padre
(Manolo), era un hombre de trato seco, como su aspecto,
más bien con tendencias desagradables, pero; debido a
nuestra manera ser, siempre se evitó el roce y las
discusiones.
219
En el frente, que sería la entrada, distribuí los mismos
bloques que en el lateral, y construí una puerta de doble
hoja de un metro de altura y un arco elevado, con las
estacas y las pletinas, como cerramiento. Para las
puertas, ideé un sistema con dos estacas cilíndricas
cementadas al terreno, donde pivotaban las puertas.
Cada puerta tenía adosada, un cilindro cerrados por la
parte superior y se embutieron a las estacas cilíndricas a
modo de bisagra; en el interior coloqué unos cojinetes
axiales, para que tuviesen un giro suave y rematé el
sistema, con un cierre inferior con una cadena corta,
para evitar que se pudiese levantar y sacarlas, cómo
seguro. En los huecos de los bloques de cerramiento,
hicimos plantación con hiedra, que con el tiempo,
llegaron a subir al tejado y casi cerrar la visión lateral;
en la parte delantera, no fueron tan frondosas.
En esta parte frontal o de entrada, coloqué un mástil de
antena, aprovechando uno que ya no se utilizaba en las
obras, para los primeros teléfonos móviles, que eran
como maletines, disponían de una antena al exterior
que podían ser cambiadas o combinadas, para cuando
las comunicaciones no eran satisfactorias, porque no
disponíamos de repetidores de zonas, entonces yo me
dedicaba a colocar antenas exteriores elevadas, en las
obras, que lo necesitaban.
Este mástil, utilizado para sostener la antena adicional
de un teléfono instalado en una furgoneta Citroën 2
caballos, aparcada durante las horas de trabajo, en
una obra en el pueblo San Sebastián de los Reyes de
Madrid, pudiesen comunicar con las oficinas centrales,
o hacer los pedidos, o para casos urgentes. Cuando se
recibía una llamada, de otro abonado, se activaban los
pilotos de emergencia y el claxon, conduciendo también
ocurrían estos efectos.
Más adelante, cuando se terminó la obra y el vehículo se
utilizó para otras tareas, desmonté el sistema completo y
220
lo distribuí de tal forma, que los componentes modulares
estaban en el interior de un pupitre de madera, del que
hice el plano y lo construyeron en el taller de
carpintería, del Parque de Maquinaria, en el exterior
coloqué el módulo de llamada, el microteléfono y la
pequeña antena magnética. Con éste sistema se sirvieron
muchas oficinas de obras. Y yo mismo.
Cuando se averiaba y la avería era del sistema interno,
tenía que desplazar el pupitre hasta la calle Orense de
Madrid, donde Telefónica tenia unos laboratorios
específicos. Una vez, que lo entregué para reparar, el
técnico me preguntó los síntomas de la avería. Yo le dije
que recibía todas las llamadas, pero no aceptaba las
llamadas salientes. Él, dijo secamente:
--- Esto es que ustedes no han pagado la factura. Vera
usted.
Cuando se realiza una llamada, con este sistema,
hay una
computadora de enlace, que primero analiza si el
abonado
de éste aparato, está al corriente de pago, luego
establece el
enlace...
Yo le dije:
--- Me extraña, porque este equipo pertenece a
Construcciones
JOTSA...
Se estiró sorprendido y dijo:
--- ¿La empresa del padre de Ana Obregón?
Entonces, la avería es sin duda del equipo.
Espéreme un momento.
Se llevó el equipo al interior del laboratorio y yo quedé
en la sala de espera. De forma habitual, otras veces, me
dijeron que dejase el equipo y que volviese al ser
llamado, para retirarlo. Sin embargo, esta vez, tuvieron
esa
extraña
conducta
y
hacer
la
reparación
221
rápidamente. En un cuarto de hora, el equipo lo estaba
subiendo a la furgoneta y en perfecto funcionamiento.
En cierto modo, esta pequeña anécdota, demuestra en la
estimación de buena empresa que se le tenía en ese
tiempo.
El mástil de antena lo coloqué adosado al lateral del
módulo, o ‘mobilhome’, el que quedó más próximo a la
calle, éste trabajo, lo hice solo, sin ayuda. De tal forma,
que soldé dos soportes, con pletinas, uno en el refuerzo
del techo y otro en el refuerzo de la base. Cómo en esta
zona, la base del módulo quedaba a medio metro de
altura, ahí quedaba la primera sujeción y la segunda, a
los tres metros de alto. En la base, tenía una placa con
anclajes. Así, el primer tramo del mástil, quedó bastante
fijo y seguro.
Luego fui subiendo a mano y sujetándome con el cinto
de seguridad, los dos tratamos siguientes, que
atornillaba en las uniones. A la parte final, sujeté tres
cables de acero para hacer vientos de anclajes. Dos de
ellos, fijados a la estructura del tejado y el tercero, que
quedaba con proyección a la calle, le desvié hacia el
interior, sobre un soporte rígido y afirmándolo a la
base. De esta manera, tenía el aspecto y resistencia de
una viga ‘Cantilever’, pero en sentido vertical. Y
quedaba rematada con un suplemento tubular, donde
se sujetaba la antena de comunicación de Banda
Ciudadana de radioaficionado. En total la altura final
era de 11,50 m. En la parte final de la celosía coloqué
una antena de FM y otra de televisión, más los cables de
conexiones. También, puse a dos tercios de la altura, un
soporte para la driza de una bandera nacional, que
solía instalar en los días de Fiesta de la Asociación. Y
222
alguna vez, en estos días, instalé alumbrado de feria,
con iluminación automática.
En la primera habitación, desmonté el aparato de aire
acondicionado; porque la acometida eléctrica no tenía
la potencia suficiente. La abertura que quedó la cerré
con un trozo de idénticas formas a la estructura. En la
parte interior, en ese rincón, construí un armario ropero
(algo rudimentario, pero útil) Esta habitación la
destinamos para dormitorio de Librada y mío. Para
ello, compramos un somier con patas, colchón,
almohada, colcha, etc. A la ventana le colocamos una
persiana veneciana automática. Bajo la ventana,
coloqué un radiador eléctrico. Sobre la cabecera de la
cama, una repisa, donde pusimos la radio, libros y
recuerdos. En las paredes, cuadros que habíamos hecho
Librada o yo. En fin, quedó un dormitorio muy aparente
y cómodo.
Por cierto; salvo contadas noches de verano, en las que
dormimos allí, siempre tuvimos que hacerlo con mantas
y la mayoría de esas noches, con el radiador encendido,
aún en verano. El termómetro de máxima y mínima,
que tenía en el exterior, marcó en el día más caluroso,
32º C, a medía tarde. Cuando en Torrejón de Ardoz,
tenían 40º C, o más. La mínima en invierno, lo marcó
con -11º C
En la habitación mayor, se colocaron camas literas
automáticas, para los hijos y durante la tarde - noche,
se utilizaba de comedor y sala de estar, cuando fuera,
no teníamos buena temperatura para estar sentados
viendo televisión. Días más tarde, hice una abertura en
el tabique separador de esta habitación y la tercera, que
sería la cocina. A esta abertura le coloqué una puerta
corredera.
De esta forma, se podía entrar y salir, indistintamente,
por las dos puertas exteriores, para acceder a todas las
habitaciones.
223
Para la cocina, adquirimos a buen precio, en una
tienda de Coslada, unos muebles de cocina, encimera,
fregadero, etc. El frigorífico, de casa, lo trajimos
también. La cocina a gas, de dos fuegos, sería la que
utilizábamos en las acampadas (que ya no hacíamos)
Instalé un grifo y toda la tubería para agua corriente,
conectada a la acometida del servicio.
Y las tuberías de desagües, para las aguas residuales;
que desembarcaban en las atarjeas, hacia los alcorque
de los setos entre las parcelas. Fue una torpeza no
instalar servicio fijo de agua caliente. Aunque sí, hice
una instalación exterior, con depósitos de agua, para
tener agua caliente, calentada por el sol, que abastecía
a una ducha. El sistema era sencillo, la presión de agua
se conectaba a un depósito metálico de 15 litros,
colocado en horizontal y pintado con pintura negra y
conectado a otro depósito de plástico resistente, en cuyo
interior se alojaba un sistema de corte con flotador. Y de
aquí al consumo.
Más adelante, decidí hacer una ampliación, sería en el
fondo de la parcela adosar una habitación, que
utilizaríamos como comedor - sala de estar dormitorio. Quedó pequeña, pero es que las normas de
los Estatutos de acampada, no me permitía construir
más volumen cerrado que el 50 % del total d la parcela y
con éste trazado, ya estaba en el límite. Y como tenía
que soportar las continuas visitas de los directivos del
equipo de gobierno, pues; así estamos.
Para éste trabajo tendría que hacer un piso elevado al
nivel del ‘movilhome’. Comencé alisando el terreno,
para colocar un encachado de vigas de madera,
nivelando y cosiendo con travesaños. El material lo
traía de las obras, con el furgón, todo era de desechos,
pero, en buen uso. Continué hasta conseguir una
superficie de 3 x 6,5 metros. Esta superficie la cubrí con
tablas machihembradas de pino. Que me sirvieron a
224
buen precio, en unos almacenes de maderas y bricolaje,
que hacían servicios a las obras. Sobre esta superficie,
hice la distribución de la habitación, que sería de 3 x 3
metros y el resto sería una terraza elevada.
La habitación la comencé haciendo el soporte de las
paredes, con perfil metálico de 40 x 40, el mismo que
utilicé para la estructura soporte del tejado. Para la
parte
exterior,
me
sirvieron
paneles
hidrófugos
canadienses, a cara vista, de gran calidad.
Dejé lugar para colocar una puerta, para acceder desde
la terraza elevada. Entre la puerta y la esquina exterior,
hice un hueco para una ventana, que sería de aluminio
a dos hojas correderas y cristales. En la pared de la
derecha, que sería con vista a la parcela vecina, hice
dos huecos a modo de ojos de buey, que quedarían
cerrados con láminas de plástico de 5 mm, ribeteados
con perfil plástico.
Para el interior, me vendieron y sirvieron unos paneles
decorativos modulares y machihembrados, con cara
vista imitación a roble tableado. Entre estos paneles y los
exteriores, coloqué bloques laminados de Porespan, para
hacer un soporte aislante. Para el techo utilicé esos
mismos bloques laminados de Porespan, sujetos con
perfiles de aluminio y maderas.
Tanto a la nueva habitación como la terraza, le hice
instalaciones
eléctricas
de
bases
de
enchufes,
interruptores y el alumbrado en el interior era con
plafones tipo barco. En la nueva habitación, había base
para la televisión. El mobiliario de esta nueva
habitación, se componía de un mural de módulos bajos
y altos, uno de estos con vitrina de puerta de cristal y
otro como mueble bar. Repisas, televisor, que era el
antiguo que teníamos en casa, con un mueble rodante,
mesa de comedor y sofá cama. Además, hice unos
arcones, adosados a las paredes, que servían de asientos.
Quedó sitio para colocar tres sillas para comer: Tres
225
comensales en ellas, dos en el sofá cama y otro, en el
arcón (normalmente, éste sería mi puesto)
A la terraza elevada le hice una barandilla con listones
de madera y pasamanos. Para subir desde la terraza
inferior a la superior, hice una escalera con soporte
metálico y peldaños de madera y una puerta de acceso a
dos hojas, con bisagras batientes, como las de los ‘saloon’
de las películas del ‘oeste’. La terminación fue con
barniz, dado a todas las paredes, al suelo y a la
barandilla. Todo quedó muy chulo y a los vecinos les
gustó mucho. Ciertamente, el recinto quedó atractivo y
confortable.
El carpintero del Parque de maquinaria me hizo un
tablero para una mesa de 1.50 x 0.70 metros, al que le
reforcé con un canto de aluminio y lo coloqué en un
bastidor de hierro con patas, que hizo, durante mucho
tiempo, un buen servicio como mesa de comedor, en la
terraza elevada. Cómo asientos, compramos seis sillones
de resina blancos. Teníamos, además, dos sillones
tumbonas, abatibles y articulados.
Junto a los cubos de basuras que teníamos ante nuestro
piso, apareció, desechado por alguien, un armazón de
un sofá cama. De madera pintada y con somier
metálico. Librada me dijo que lo quería llevar a
Daganzo, para una vez repasado y limpio, reutilizarlo
como sofá, en la terraza elevada. Así lo hicimos y quedó
colocado y con unos cojines de goma espuma, forrados
con tela. Estorbaba, pero en él se estaba muy cómodo.
Fuera de las tardes y horas muy calurosas del verano, en
esa parcela se estaba muy cómodo. Y en esta terraza,
pasamos largas veladas, hasta las primeras horas de la
madrugada.
Del piso de Coslada, nos traíamos los muebles del
dormitorio de Susana, Librada quiso cambiarlos por
otros, porque la cama no era apropiada ya para la edad
de Susana. Colocamos en la habitación grande, la
226
cama, que era combinada de litera, armario, estantería
– escalera y baúl – pupitre con librería y alumbrado; la
mesa escritorio, el armario ‘sifonier’ y el sofá – cama,
que había servido para que mi madre durmiese en él
cuando nos visitó. En realidad, solo quedó espacio para
poner unos cuadros y el pasillo, entre los muebles.
Durante los días que estuve haciendo los trabajos de
acondicionamientos y mejoras, apareció por la zona de
acampada, un oficial soldador, compañero en el Parque
de Maquinaria, nos saludamos y me contó que su
hermano estaba acondicionando otra parcela en la
calle 9 y él le estaba ayudando con algunos trabajos de
soldaduras. Me indicó que le acompañara para
presentármelo y desde entonces comenzamos una buena
amistad entre las dos familias. Son vecinos en Coslada,
en aquellos días, vivían en un piso de la calle Uruguay.
Era un matrimonio joven, el marido se llama Luis, su
esposa Julita y tienen un hijo, Javier. Los tres, gente muy
agradable y amable. Son de la clase de personas que a
Librada le atraen, por su buena educación. Sobre todo
no acostumbran a decir tacos en las conversaciones.
Bueno; el chico, Javier, con el paso de los años se fue
acostumbrando a utilizar ciertos tacos, como cosa
normal. Son buenos conversadores.
Julita, trabajaba en las oficinas de las ya finiquitadas
‘GALERÍAS PRECIADOS’. Por convenio colectivo, optó por
el despido pactado. Luis, es mecánico especialista en
‘ATLAS COPCO’, tiene un buen puesto de trabajo, al que
entró con pocos años de edad y ya es mayorcito (51
añitos) Por cierto, es nativo de Cáncer y Julita es de
Géminis.
227
Forman una pareja muy bien conjuntada y gozan de
gran amabilidad, tanto entre ellos, como con las
amistades. A los tres, les gustan las buenas formalidades
y el buen gusto por llevar una buena vida con
comodidades y todas la modernidades posibles.
También, hemos conocido a sus familiares (padres y
hermanos), algunos de sus amigos y vecinos. Cómo los de
su antigua residencia en Mejorada del Campo. Porque
tomamos la costumbre de acudir a sus Fiestas
Patronales, para ver los fuegos artificiales (aquí, en
Madrid, se les llama ‘pólvora’)
Como a Luis le gusta hacer amistades, aunque sean
temporales, entabló amistad con otro socio de la calle 8:
Vicente. Casado con Isabel y tienen dos hijos varones:
Vicente, el mayor y Javier, el pequeño. Bien; pequeño de
edad, porque es bastante alto, y además atractivo. Desde
que fuimos presentados, se entabló entre todos, las tres
familias, un trato de buena amistad. Nos hemos
ayudado en lo posible, cuando hacía falta, en los
trabajos en las parcelas y en asuntos particulares.
En las estancias en la Asociación, cuando coincidíamos,
las dos o las tres familias, nos reuníamos en cualquiera
de nuestras parcelas y además de las charlas, nos
festejábamos con aperitivos, comidas, meriendas o cenas
y algunas que otras tartas. Muchas tardes, para despejar
los almuerzos, salíamos al campo de los alrededores,
para caminar y siempre de buenas y largas charlas. En
los veranos, solo acudía a la piscina, Julita y Luis, a
Vicente y a Isabel, no les gustaba remojarse en la pileta.
En esta Asociación, se tiene por costumbre, en el verano,
celebrar unos días de Fiesta propia y como por las noches
teníamos música y bailes, sobre la pista de baloncesto.
228
Casi todas esas noches, acudíamos a danzar unos pocos
bailes y tomar algunas bebidas en los bares
provisionales.
Con los vecinos de las parcelas cercanas, entablamos
amistad, con unos más que con otros, dependiendo de la
afinidad personal de cada uno de nosotros. Primero, por
estar más próximos, con el matrimonio de la parcela de
la izquierda, que era la última de la fila, o la primera
de la calle, por la izquierda.
En unos años, éste matrimonio ya mayor de edad los
dos, se separaron y desaparecieron, vendiendo la
parcela. Cómo la parcela de la derecha, estaba vacía,
nos quedó la sensación de estar algo aislados. Esta
pareja, antes de la separación, eran muy amigos de la
familia que ocupaba la siguiente parcela, de más a la
derecha y al mismo tiempo, de otras dos familias de la
calle once y de otra de la calle uno. A mí me pareció que
algunos de ellos quisieron entablar una amistad más
cercana y para ello, nos invitaron a comenzar a asistir
a sus reuniones, a los baños, a los aperitivos en el bar.
Pero, a Librada, no le convencía en mucho, las maneras
de unos y otros; vamos que no llegamos a estar muy
unidos.
Como en la calle once, la trasera a la nuestra, estaba ya
establecido, el que fuera un oficial electricista, de mi
equipo, Urbano y había adquirido cierta amistad con
sus vecinos, nosotros acudíamos a sus reuniones.
Principalmente, eran un conjunto de unas veinte
familias, en general de clase media baja, pero de buen
trato y muy unidos entre todos. Se ayudaban en todo lo
necesario, para las parcelas, o a los niños, o en las
compras en el mercado, etc. Tenían por costumbre tomar
en conjunto los aperitivos antes de comer, o por las
tardes, después de las siestas, entablar partidas de
cartas, que eran paradas para las cenas y nuevamente,
reanudas hasta el silencio de las acampadas. Nosotros
229
asistimos a muchas de ellas. La mayoría, eran las
mujeres, las jugadoras, los hombres, en épocas de fútbol
televisado, no asistían. En los días de festividad de la
Asociación, en esa calle, se hacían comidas en conjunto,
nosotros participamos en varias de ellas. Además de
aportar económicamente, se ayudaba a el adorno de la
calle, a cocinar, a los preparativos de las mesas y en
todo lo necesario, para que todo resultase agradable.
Tanto Librada, como yo, hicimos buena amistad con
todos ellos, pero algo más destacados con Pepe e Isabel,
con Juan y Adelaida, con... Bueno, con todos. Porque
todos, estando en la Asociación, éramos muy amables y
es que estábamos en unos momentos de esparcimiento y
ocio y no queríamos que sucediese a ninguno malos
momentos. Claro está; que para otros no ocurría de estas
maneras y es que han ocurrido casos y cosas, que
alteraban los momentos de paz y concordia.
Uno de los hermanos de Luis, Juan, es sordomudo. Está
casado con una sordomuda. Tienen dos hijos no sordos.
Todos son muy amables y cordiales viven en Coslada.
Pero, cómo nosotros no sabemos el lenguaje de signos,
nos resulta algo embarazoso entablar conversaciones
con cualquiera de los dos. No obstante, ellos están
acostumbrados y con poco esfuerzo logran hacerse
entender perfectamente. También, se hicieron socios y
compraron una parcela, ya habilitada con un módulo
prefabricado, con una caravana adosada. Cómo Juan
es de profesión pintor y de gran habilidad para los
trabajos de decoración y bricolage, en poco tiempo
nadie reconocía el módulo o toda la parcela.
Vicente, con su servilismo y buenos modos para el trabajo
bien hecho, le ayudó en varios momentos. Yo, también
aporté parte de mi tiempo y conocimientos en
electricidad y le realicé algunos cambios en las
instalaciones.
230
Esta sería otra de las parcelas a la que acudiríamos a
visitar
y
pasar
algunos
ratos
de
charlas
y
entretenimientos. Mientras tomábamos unas bebidas o
cafés y los correspondientes acompañamientos sólidos.
Tenía buena orientación hacia el éste, que en las tardes
era la mejor zona para estar fresquito.
Era costumbre en JOTSA, que cada año se celebrase una
cena, con los principales directivos y los trabajadores
que en ese año hubiesen cumplido 25 años de trabajos
continuados en la Empresa. Yo tenía cumplidos esos años
de antigüedad en la empresa, en el año 1991; pero, éste
año, no se celebró la cena acostumbrada. Al año
siguiente, alguien les recordó a la directiva, de que se
debería volver a realizar esa vieja costumbre, que fue
idea del fundador de la Empresa. Se aceptó reanudar lo
olvidado. Más que olvido era que se estaban anulando
todos los gastos, que a los técnicos económicos les
parecían superfluos o antieconómicos.
La cena se celebró en el restaurante La Dorada, en la
calle Orense de Madrid. Asistieron, por parte de la
dirección de la empresa, D. Antonio García, el director
general Sr. González, el director de administración Sr.
Carvajal, el director de recursos humanos Sr. Mariscal y
los trabajadores que serían los invitados por la
celebración, éramos Pepe Álvaro (jefe de una sección de
la oficina central), Manolo Ramírez (entonces
ayudante de jefe de obra), Ángel García (encargado de
obra), Cesáreo Cháves (administrativo de obra), tres
oficiales de obras (que no recuerdo sus nombres) y yo.
Cuando fuimos llegando los primeros, esperamos la
llegada de D. Antonio, que nos saludó a cada uno y al
estar todos los asistentes, nos hicieron pasar a un salón
231
reservado, dando comienzo la cena. Que fue bastante
amena, como una cena entre amigos.
La mesa era grande y alargada, yo estaba en el extremo
de la banda que estaban los directivo, hacia mi
derecha, el Sr. Mariscal, le seguía el Sr. Carvajal, a su
lado D. Antonio y seguía el Sr. González, en la cabecera
de mesa estaba Manolo y en la otra banda estaban Pepe
Álvaro, le seguían los tres oficiales de obra y en la otra
cabecera de mesa y a mi lado Cesáreo.
Durante la cena, se charlaba amenamente, pero más
aún cuando los caldos escogidos y exquisitos, fueron
siendo consumidos sin previsión ni reparos. Uno de los
oficiales, utilizó un chiste corto, para declarar lo bueno
que eran los vinos. Todos rieron la ocurrencia y más
aún, con mi comentario, que reforzaba la gracia del
chiste. Y aquí, ocurrió un detalle, que yo siempre lo
pongo como ejemplo, para que sea notable, cómo es en
realidad D. Antonio García y Fernández, Director
Gerente de esa Empresa, durante 40 años, que sólo
conocía a los allegados y al resto del personal de ‘su
Empresa’, los desconocía. Después de las risas, le
preguntó al Sr. Carvajal por quien era yo. Y oí que le
decía:
--- Es Recio, el encargado del taller de electricidad,
en el Parque de Maquinaria.
Yo le hubiese dicho y aclarado más:
--- Es tu único encargado, durante casi 35 años...
Que a pesar de haberte hecho trabajos personales,
no le conoces...
A los postres, después de una palabras de D. Antonio,
para agradecernos los servicios prestados a la empresa,
por más de 25 años, nos entregó a cada uno, un reloj
‘Maurice Lacroix’, con caja de oro y en el reverso
grabado “JOTSA, S. A. 25 años”, dentro de un lujoso
estuche.
232
A Pablo, siempre le a fascinado, las armas, el ejercito y
las fantasías propias de gente inmadura. Y es que ha
tenido un padre que le ha facilitado de esas
posibilidades; hasta para la primera comunión, que la
hicieron Pablo y Susana al mismo tiempo, les compramos
y fueron vestidos, con trajes a semejanza a los sargentos
del ejercito americano, esto es, que Susana no llevó traje
blanco de princesita, sino falda militar y galones de
sargento. Jonás les acompañó con las mismas
indumentarias que sus hermanos; formaron un pequeño
pelotón del ejercito.
Con tanto cómo deseaba las armas y estar en el ejercito,
sufrió una gran desilusión, cuando le llegó el tiempo del
ingreso obligatorio en el ejercito; fue dado no apto, por
‘excedencia de cupo’. Para él fue como un golpe bajo.
Pero; no se perdió gran cosa. Otra de las querencias, de
Pablo, eran las motos y no paraba de recopilar fotos de
carreras, de motos de todas clases, de revistas, era
obsesionante, hasta que consiguió convencer, más que a
nadie a mí, porque a su madre le era casi imposible.
Pero, al fin, lo consiguió. Desde que se le compró, a
Pablo, la primera moto, su madre no ha estado nunca
de acuerdo con esta compra. En primer lugar por los
miedos a que pudiese tener un accidente y en segundo
lugar por los dineros que se invierten en la compra y en
los gastos subsiguientes. Siempre ha tenido, ella,
discusiones dispares, con referencias a las motos.
Al principio de trabajar Pablo en el Parque de
Maquinaria, por las mañanas, venía conmigo en el
furgón. Por las tardes, me esperaba y regresábamos a
casa, juntos de nuevo. Pero, la mayoría de los días, yo
tardaba en regresar al taller y él protestaba, porque
eran largos los ratos que tenía que esperar. La solución
233
la vimos pronto, consiguió el carné de conducir y le cedí
el coche que yo no usaba, el R-12, porque a diario tenía
el furgón de la empresa. El acuerdo era, que lo usaría
solo para ir y venir al trabajo, luego, pasó a usarlo por
las tardes y con el uso y costumbre, se quedó como si
fuese suyo. Nosotros compramos el Citroën AX.
Pablo disponía del uso del R-12, libremente, hasta que
por las causas de que su madre, le recriminaba de usar
el coche para pasear a las niñas y amigos y de porque él
quería tener uno de su propiedad, pronto apareció en
casa con un vehículo, de segunda mano, de buenas
apariencias, pero que funcionaba y le hizo un buen
servicio, por algún tiempo y que combinaba con el uso de
la moto de turno.
Cómo desde que comenzó a trabajar, Pablo, disponía a
su antojo de ciertas cantidades de dinero, se permitió los
lujos de cambiar a otra clase superior de moto. La
primera, la vieja, se la cedió a Jonás; con la
contrariedad de su madre; claro está. Me parece que
han sido cuatro las motos que ha tenido o cambiado.
Nunca nos consultó sobre esos cambios, siempre ha
actuado de forma aislada y libre.
No sé yo, quien ha recibido más broncas, sí él o yo.
Básicamente, estoy de acuerdo con la libertad de las
personas; pero, no de la libertad absoluta, siempre que
esta
persona
sepa
darle
curso
con
verdadera
responsabilidad, a esa libertad. A Librada, en todo
momento, le ha parecido que el ejercicio de este derecho
fundamental de las personas, debe estar totalmente
restringido. A mí me ha acusado de ser demasiado
blando con los hijos, pero, a pesar de sus broncas,
prefiero que sean los hijos los que opinen de éste asunto.
Porque si no, tendríamos que haber realizado otra clase
de educación a los hijos.
Pero, por la última moto, fue él quien recibió todo el
furor y malas formas de su madre. Era un fin de
234
semana, estábamos en Daganzo a la espera de que los
tres hijos, viniesen a visitarnos a la hora de la comida.
Aparecieron Susana y Jonás y Pablo nos había
comunicado que vendría con su novia, Sonia. Ya
tardaban en venir y Librada, comenzó a impacientarse.
Decidimos comenzar a comer sin ellos.
En la Asociación de Daganzo, después de las 15 horas, se
anuncia por megafonía que es hora de silencio, para el
descanso de siesta. Había pasado largamente esta hora.
Estábamos sentados a la mesa, en la terraza exterior,
cuando aparecieron los dos (Pablo y Sonia), ataviados
con los trajes de montar en moto, al completo, cascos
incluidos. Pablo empujaba la moto nueva, de la que
nada sabíamos y Sonia le seguía detrás.
Comenzó Librada a increparlo, por la tardanza. De
nada servían las excusas, no le oía. Se fueron
calentando los ánimos y al punto álgido se llegó
cuando Pablo nos explicó lo de la moto nueva. Él venía
todo ilusionado, por tener la posibilidad de poseer una
moto nueva, de su agrado y de un valor superior a un
millón de pesetas y que lo había conseguido por el
esfuerzo en su trabajo. Estaba orgulloso de ello y ufano
delante de su novia. Yo, tampoco, se lo reconocí y me
puse a favor de la opinión y de las palabras de su
madre, que no paraba de increparlo con frases duras.
A tal punto de discusión se llegó, que sin mediar reparos,
por ambas partes, se discutía, creyendo todos tener la
razón. Pablo decidió retirarse y con frases de amenaza
de querer marcharse de casa. Sonia, poco, pero intervino
en defensa de Pablo, con algunas palabras, que más que
ayudar, lo que hacía era soliviantar más los ánimos de
Librada.
Se fueron con malas ganas, con peores enfados y sin
comer. Nosotros, tampoco terminamos la comida. Pero,
esto no era lo más importante. Lo más importante, sería
que desde ahora, Pablo, no aparecería más por el piso,
235
que hasta entonces fue su hogar. El hogar familiar,
donde él había pasado la segunda parte de su niñez, su
juventud y donde pasó de sus veinte años.
Días después, cuando nos encontramos en el taller de
trabajo, tuvimos otras conversaciones sobre su actitud y
de las consecuencias, de cómo estaría de ahora en
adelante. En aquellos momentos, no quise, o no supe
hacer que regresase a casa. Desde el punto de vista de
estos días actuales, considero que fue un error, no hacer
que estuviésemos, de nuevo juntos en casa.
Porque a partir de esos días, las situaciones no han sido
lo correctas que todos hubiésemos querido. Ni él estaba
en buenas condiciones, ni nosotros estábamos contentos
de cómo se había apartado de nuestro lado. Comenzar
una nueva etapa de una vida, sólo, en una pensión
incómoda y tener que realizar todos los gastos que se
acumulan, sin las ayudas de los familiares, creo, que es
muy duro. Y sin verdaderos motivos para ello. El único
contacto era, desde entonces, en los día de trabajo,
durante las pocas horas que podía coincidir en el taller.
Reconozco, que yo no he sido un padre, en la
consideración del amplio compendio del vocablo. Nunca
he tenido una enseñanza directa de mi padre. Ni un
trato muy directo con mis propios hijos; ni aprendí para
ese empleo, ni he sabido hacer comprender, a los hijos,
de la buena enseñanza de estas formas de entender la
vida en familia. Espero, que ellos mismos, hayan podido
asimilar de mis errores y de las posibles enseñanzas de
otras familias, de amigos o vecinos.
En unas de las pocas conversaciones que tuve con Pablo,
me informó de su deseo de emplear sus cortos ahorros, en
la compra de un piso de segunda mano. La idea no
resultaba mala, dada la situación incómoda por la que
pasaba. Me dijo que había consultado con una agencia
de ventas, pero, dado que él sólo tenía la seguridad
sobre un empleo fijo, que económicamente, no tenía
236
otras aportaciones, que en realidad, ni siquiera su
novia le podía ayudar con nada, tendría la necesidad
de que alguien se le presentase como aval.
Hay que reconocer, que en esos momentos, el chico tuvo
que retirar todos sus orgullos, para poder hacerme la
petición de que nosotros fuésemos los avalistas. También,
hay que reconocer, el valor que tuve yo, para poder
convencer a Librada, para que accediera. En los
momentos actuales, me resultaría imposible convencerla
para que accediera. Además de que Librada ha
cambiado de formas de pensar, o entender la vida y sus
conjuntos, las situaciones han dado tantas vueltas y
nada a nuestra satisfacción, que verdaderamente, sería
imposible hacerla que firmase algún papel, menos aún
en un papel oficial y timbrado y menos aún si se incluye
a otra persona que no fuese su hijo.
Después de muchas contrariedades, le acompañamos a
la oficina de ventas, para tomar contactos de primeras
disposiciones, para la compra de un piso. El
administrador de fincas resultó ser un sujeto demasiado
despabilado, nos pidió una aportación inicial de 60.000
Ptas. (unos 360 €), para comenzar los trámites. Nos
pareció excesiva esa cantidad, pero, cómo Pablo estaba
tan ilusionado, tan necesitado y tan obligado a
cualquier cosa, con tal de poder salir de aquella
pensión, y por nuestra parte, queríamos verlo en otras
situaciones y comodidades, que cedimos.
Fuimos a ver varios pisos, que se ofrecían para la venta.
Ninguno nos agradaba. Hubo uno, que reunía unas
condiciones mejores que cualquiera de los que habíamos
visto. Comenzamos los trámites para su compra, pero,
estuvimos a punto de ser estafados, por el dueño del piso
y por la falta de celo de los vendedores. Seguimos
visitando más pisos, hasta que en el último, hubo mayor
consenso. Se decidió que aquel sería el dispuesto para la
237
compra. Estaba en el pueblo de San Fernando de
Henares.
Era un tercer piso; el bloque tenía ascensor y la situación
era correcta y cómoda. Tenía dos dormitorios, salón de
paso, cocina y dos terrazas. Lo dejaban con todos los
muebles. No eran buenos muebles, pero, sería un gasto
menos que tendría que realizar. Las condiciones de
habitabilidad, eran correctas. Por tanto, ese sería el
primer piso, del que Pablo, dispondría.
Pablo, no nos mintió, referente a las escrituras, que
tendríamos que firmar, pero, es cierto, que no nos contó
toda la verdad, de lo que se estaba disponiendo. Cuando
fuimos, como avalistas del trámite de la compraventa
del piso, nos dieron la copia para ver si se estaba de
acuerdo, con todo lo dispuesto, comprobé que como
compradores, estaban inscritos los nombres de Pablo y
Sonia. Aquí comenzaron los primeros tropiezos y
discusiones. Ahí nos enteramos que los dos, sin una sóla
consulta, habían dispuesto tanto la cuenta bancaria,
como la propiedad del piso, a nombre de Pablo y Sonia,
en conjunto. Ella, no había hecho ninguna aportación
a los gastos, ni tampoco ingresos en la cuenta bancaria;
sino que tenía la promesa de que los sueldos de su
trabajo, en el futuro, serían ingresados en la cuenta,
para los pagos. Y tan sólo, era su novia de hacía unos
años. La situación se convirtió en una tirantez
desmesurada. Librada no quería ser ya, avalista, no
estaba en nada de acuerdo, con todo lo que estaba
enterándose. Fuimos requeridos para la firma de las
escrituras. El notario, al ver la actitud de Librada,
confirmó la legalidad de su postura y si ella, libremente,
no quería firmar, nada le obligaba a ello.
Cuando yo pregunté por si esta situación generaría más
gastos, el notario, nos indicó que los gastos de gestoría,
ya estaban realizados, los de esta sesión también y si no
se firmaban estas escrituras, se cobrarían las próximas
238
también. Por todo esto y por mis ruegos y por ver la cara
de amarga situación de Pablo, Librada consintió en
continuar los trámites y a la firma, sin estar de
acuerdo.
Hemos de convenir, que Sonia, actuó de tal forma, que a
nosotros,
nos
resultaba
totalmente
egoísta
e
inexplicable. El trato, de nosotros con ella, en todos los
años que a estado de relación con Pablo, ha sido muy
corto y espaciado, pero correcto. A Librada, desde el
principio de conocerla, no le agradó y creo, que el
desagrado era mutuo.
Desde mi punto de vista, no ya como padre, nunca me
pareció la mujer más adecuada para mi hijo. Jamás me
llegó a dar esa confianza que dan las personas francas,
siempre entró en nuestra casa, de forma retraída y algo
huraña. No llegué a conocerla, ni ha saber de su
personalidad, hasta que nos lo demostró, más adelante.
Aquí comenzó a fraguar y a planear con sus malas
artes, en su único y propio beneficio.
De esta relación, no somos culpables del todo; porque,
nosotros estamos provocados por la necesidad de todo
padre, de querer para el hijo, lo mejor y no
considerábamos, a esa mujer, la mejor para Pablo. Más
que yo, Librada, al pasar el tiempo, nos ha demostrado
que ella tenía razón en este tema.
En ese piso de San Fernando, comenzó a vivir Pablo,
como soltero, durante algún tiempo, hasta que fraguó la
nueva idea de cambiar de piso. Me dijo, que
principalmente, estaba ideando de trasladarse, porque
ocurrirían dos cosas: primero, cambiaría a otro piso
mejor y segundo al cambiar de escritura, nos borraban
de avalista, que ya no hacía falta, puesto que se avalaba
con el valor del piso anterior. Nos pareció una maniobra
correcta y esta vez sí nos consultó para ello.
Éste nuevo piso, está en Coslada, junto al lago de la
vaguada. Tiene cuatro dormitorios, sin armarios
239
empotrados, sólo hay uno en el pasillo. La cocina es
amplia, puesto que se ha transformado la terraza
tendedero en cocina y se ha ampliado con el espacio de
la cocina anterior. Hay un baño completo y un servicio.
El salón es espacioso y se adosa a una terraza cómoda.
Lo más importante de esta vivienda, es que al ser el
último piso de una torre de 11 plantas, tiene unas
amplísimas vistas que, en días claros, se puede ver desde
Colmenar hasta Alcalá de Henares, todas las pistas del
aeropuerto de Barajas y gran parte de los tejados y
azoteas de Coslada y una visión casi en planta del lago.
La ocupación de esta vivienda, no fue toda lo
afortunada que se esperaba; pues, la coordinación de la
ocupación - desocupación, de los tres pisos que
intervenían en la maniobra, se vio malograda porque
quien vendía a Pablo, no tenía todavía dispuesta su
nueva vivienda y el que compraba a Pablo, quería
ocuparla ya. El comprador, no quería dejar pasar más
días sin tener su piso, ya escriturado y el vendedor, no
tenía donde ir y dejar el piso ya vendido. Estos eran un
matrimonio con hijos y aquellos era una pareja de
jóvenes con una familia numerosa y con poca paciencia,
además de que tenían ganas de broncas, porque decían
que estaban siendo estafados.
La solución la tuvo que sufrir Pablo: La administradora
de ventas, corrió con los gastos de la mudanza,
transporte de todo el ajuar y alquiler de un piso, hasta
que el vendedor y su familia se pudieron marchar. El
piso se lo entregaron totalmente vacío.
Tenía unas raras instalaciones para sonido y televisión,
que pronto fueron cambiadas. Los paramentos no tenían
buen aspecto, referente a su pintura. Los suelos estaban
bien. Las puertas eran lo mejor que estaba a la vista.
Para realizar la pintura de todo el piso, solicitamos la
colaboración del mudito, el hermano de Luis; previo
pago de su importe y de la compra de las pinturas y
240
útiles. Una vez que concluyó, Juan con sus trabajos,
Pablo, primero, comenzó a efectuar sus traslados y
acondicionamientos. Al final, todo quedó bastante
aceptable. Con el paso de los días, al piso no le faltó
detalle que sumar. Tenía pecera grande, dormitorio
convertido en gimnasio, otro dormitorio con una gran
exposición de muñecotes de ‘La Guerra de las Galaxias’.
Un dormitorio de matrimonio y el último vacío.
Susana, ha trabajado en varias clínicas dentales.
Cuando comenzó a trabajar en una que estaba en el
barrio de Las Musas, a las horas de salidas por las
noches, no me pareció muy oportuno tener que atravesar
un descampado, para coger el autobús a Coslada.
Entonces, acordamos dejarle, para los traslados al
trabajo, cederle el uso del coche Citroën AX, ya que en
aquellos días, Pablo, utilizaba el Renault R-12 y
mientras le durase éste trabajo. Pero, como a Pablo, la
fuerza del uso diario, hace la costumbre permanente y
ese coche se convirtió en su uso exclusivo. No sin los
amagos de broncas de su madre.
Como te dije, todos los trabajadores de la plantilla de
JOTSA, que estábamos contentos de estar en esa empresa,
deseábamos que, también, nuestros hijos fuesen de la
misma plantilla y a ser posible, en los mejores puestos. Yo
había conseguido que Pablo entrase, primero en la
nómina de trabajadores especialistas y con la ayuda de
Hado, conseguimos que estuviese en la nómina superior.
Para Susana, que en ese momento estaba en paro, se nos
presentó una ocasión especial: JOTSA había formado
una
nueva
empresa
subsidiaria,
MINDESA,
que
funcionaría con una formidable idea de ejecución; por
ser la directora de una sección de mantenimiento
241
integral de edificios y de otra de vigilancia y limpieza
de estos edificios. Esta forma de empresa, bien ejecutada,
tiene la posibilidad de dar buenos beneficios. Pero, de
momento, necesitaba de todo tipo de operarios.
Además de las informaciones personales, se dio a
conocer circulares con estas necesidades. Yo consulté si
para esas plantillas de personal, podía estar una mujer,
que era mi hija. La contestación fue tajante: No sólo
pueden ser ocupados estos puestos de trabajos por
mujeres, sino que al ser tu hija, desde ahora mismo. El
puesto de trabajo a que yo me refería, era de electricista.
Verás: Susana no tiene estudios superiores, pero, si tiene
amplios conocimientos y buenas dotes para el
aprendizaje. Ha cursado varios estudios menores en
academias y colegios especialistas. Hasta ha pertenecido
a un grupo de bailarinas, de una academia de baile y
ha danzado para el público, en múltiples tipos de
danzas,
con
un
aprendizaje
rápido
y
con
aprovechamiento muy eficaz. Uno de estos cursos es el de
instalador electricista, dado por el INEM, con resultados
satisfactorios.
Fue aceptada como integrante de un equipo de
electricistas, para las instalaciones del Centro Comercial
Parque Corredor, en Torrejón de Ardoz. A pesar de las
trabas que sufría, por estúpidos machistas, supo dar cara
a todos los trabajos, por duros o pesados que resultasen,
sin tener nunca malos resultados. Muy al contrario,
superaba a otros hombres, en como saber desenvolverse
en algunas situaciones complicadas. Pocas veces me
consultó, cuando tuvo algún problema.
Cuando las obras y las instalaciones concluyeron y el
Centro Comercial comenzó a funcionar, fue incorporada
a unos equipos, para hacer los mantenimientos de todas
las instalaciones. Para ello, serían varios los equipos que
se turnaban, día y noche. En un de aquellos turnos
nocturnos, le ocurrió un percance, que quizá a otra
242
mujer, le hubiese resultado un incidente con resultados,
sino fatales, si muy desagradables. Según informe
original, de primera mano, ocurrió así:
Mientras, Susana, hacía una de las rondas nocturnas,
de vigilancia y control, por el exterior del edificio, le
salió al encuentro y por sorpresa, un grupo de tres
maleantes, para más aclaración, eran de raza gitana
(de la clase o tipo de persona indeseable y no lo digo por
que eran gitanos) Cuando ellos vieron que se trataba de
una mujer y no mal formada, a pesar del traje de
trabajo, quisieron tener una ‘fiesta’ gratis. Pero,
compraron las entradas equivocadas.
Los tres insurrectos del orden público, iniciaron su trato
de forzar la integridad de Susana, ella les advirtió que
era una trabajadora, que la dejasen en paz, en su
trabajo. Ella, confiaba en que como la zona estaba
vigilada con cámaras, pues, pronto aparecerían los
vigilantes; pero, no fue así.
Como no atendieron a sus explicaciones y ruegos y
viendo que uno comenzaba con su ataque, fue el
primero que recibió un duro golpe, con la linterna, en
pleno rostro, que le dejó fuera de combate. Cuando el
siguiente, acompañándose de toda clase de insultos
soeces,
inició
un
ataque
furioso,
recibió
un
contraataque con un golpe de carate, con barrido por
detrás, en los tobillos, que lo dejó en posición supino. Al
tercero, le propinó una patada en el plexo solar, que
hizo que acompañase a sus dos ‘primos’, en las parecidas
formas
yacentes.
Para
cuando
aparecieron
los
vigilantes, ya tenían poco que hacer. Tan sólo, recoger a
los vencidos y arrestarlos.
Cuando el incidente traspasó a los jefes de la empresa y
cuando, estos, revisaron las cintas de las cámaras de
vigilancia, investigaron de nuevo, sobre el currículo de
Susana; entonces decidieron traspasarla de lugar de
243
trabajo. Dejó las herramientas y el traje de faena y pasó
a las oficinas de MINDESA.
Cuando comprobaron sus aptitudes, la pasaron como
administrativa, luego a secretaria y más tarde, como
secretaria del director. En ese puesto de trabajo, Susana,
estaba contenta, porque estaba cómoda en una oficina
nueva, con unos trabajos agradables y con mando sobre
algunos operarios, a no ser por las maneras tan groseras
y mal educadas de su jefe. Éste individuo, correspondía
esa nueva remesa de malos jefes que se dejaron caer en
las dependencias de JOTSA y sus asociadas. Con todos
ellos, comenzó a declinar el gran proyecto de buena
empresa, que hasta entonces se gozaba y de la gran
estima profesional en la que estaba reconocida, en todos
los círculos de la construcción española. Y no hablo en
balde, con un sólo ejemplo, te puedo demostrar que clase
de jefes se incorporaron a esta empresa:
MINDESA, disponía del beneplácito de poder firmar
contratos rápidos con los edificios que JOTSA edificaba y
terminaba. Uno de estos contratos (muy considerable,
por su buen beneficio), era en un complejo hotelero en
Palma de Mallorca. Al parecer no estaban bien
atendido, por el personal de mantenimiento. Y el
director del hotel, llamó al de MINDESA, que a la sazón
se había tomado unos días de vacaciones. Las
recepciones de las llamadas, las hacía Susana y
comprendió pronto la importancia del asunto, ya que el
de Palma, estaba muy enfadado y amenazaba con
rescindir los contratos.
Susana, reaccionó con celeridad y se le ocurrió que la
mejor forma de eliminar la incomunicación de su jefe,
que aposta, tenía inhabilitado el teléfono móvil, sería
pedir la concurrencia de la Policía Local del pueblo de
la sierra, en el que él estaba. Telefónicamente, contactó
con ellos y les explicó de la urgencia de encontrar a su
jefe, les relató como era su aspecto y sus costumbres, de
244
tal modo, que les resultó muy fácil encontrarlo. Su jefe,
en vez de reconocer el mérito de esta acción, le increpó
groseramente, advirtiéndole que nunca le moleste
cuando él esté de vacaciones. Y cómo reconocimiento, de
la importancia de la perdida del contrato, dijo:
--- Que se la pique un pollo.
El contrato se perdió. Y no pasó nada. Esto, te podrá dar
idea de la clase de tipos mal encarados, que
últimamente, entró a formar parte de la plantilla de
JOTSA; que en conjunto, han sido los causantes
principales de su caída, no sólo de JOTSA, sino de el
Taller de Ferralla, de MINDESA y del Taller de
Prefabricados y del Parque de Maquinaria.
Como, su hermano Pablo, Susana, también nos devolvió,
de malos modos, el coche AX. Ella se compró un coche de
segunda mano (que más bien era de segundo pie) Pero,
recapitulemos con esto de los coches: El primer coche de
mi propiedad, fue el Diane – 6, que se lo vendí a Urbano.
El segundo, fue el Renault R-12, con el que aprendieron
Librada, Pablo, Susana y Jonás. Los tres hijos, lo han
usado a discreción y luego me lo han devuelto, porque
ellos se han comprado sus coches propios.
Pablo y
Susana, lo hicieron, no con muy buenas formas. Jonás,
por los mismos motivos, porque ya el coche tenía sus
pegas y achaques de viejo y porque él quería tener un
vehículo propio, (aunque usado), pero que consumía
algo menos.
El R-12, fue dado de baja y pasó al
desguace.
Luego, compramos el Citroën AX, que lo usaba Librada y
luego Susana. Al quedarnos sin uso de coche, compramos
un Citroën BX. Todos estos vehículos, han tenido muchos
años y pocos kilómetros. Éste último, en el año 2000, lo
entregué al concesionario, para comprar un Citroën
XARA, nuevo; que es el que manejo actualmente. De entre
todos, no olvidaré la comodidad del Citroën BX.
245
Repasando todos estos años, veo que han sido muy pocos
los días que no he conducido, desde el año en que
conseguí el cané de conductor, (año 1966) Con las
furgonetas, los furgones y mis coches propios, han sido
muchos los kilómetros recorridos, creo que pasaran del
millón y medio... Los tres hijos, también, han cambiado
de vehículos en propiedad, tanto de marcas, como de
usados o nuevos. Pablo, ha tenido tres vehículos. Susana
dos y Jonás, tres; y ahora, además, tiene otro que le ha
entregado la empresa donde trabaja.
Jonás ha tenido más suerte que sus hermanos con los
estudios.
Tiene
otra
clase
de
mentalidad,
o
predisposición y por otra parte, los centros de estudios en
Coslada, se estaban normalizando, ya había nuevos
centros y más apropiados para que los chicos tuviesen
buenas
oportunidades,
de
tener
estudios
mas
actualizados y conducidos con mejor criterio. Las notas
que conseguía, eran más altas que las de sus hermanos.
Pudo entrar y seguir los estudios, en el Instituto y tener
mejores calificaciones. Se esforzó y consiguió entrar en
la Universidad. Por unas décimas, no pudo estar en la
que él quería. Pero, se conformó y comenzó los estudios
en la Universidad de Ingeniería Técnica Agrícola. En
principio, no le gustaba y después, tampoco. Pero, como
la nota que había obtenido, no le alcanzaba para otra
facultad, se tuvo que mantener en ella, un año.
246
En el curso siguiente, convalidó asignaturas y consiguió
entrar en la facultad de Ingeniería Técnica de Obras
Públicas. Esto le ha restado la posibilidad de terminar
los estudios, con menos edad. Pero, ha terminado con
calificación aceptable. No ha perdido el tiempo,
mientras estudiaba, o en tiempo de vacaciones. Ha
trabajado en lavanderías de la Seguridad Social, en
hipermercados y de carretillero. En fin; que ha
demostrado, cómo sus hermanos, que no tiene afición
por el ocio gratuito, que procede de unas familias de
buenos trabajadores y que tiene aptitudes más que
suficientes.
Jonás; cuando terminó con los estudios, buscó un
trabajo y lo encontró en una pequeña empresa, en
Alcalá de Henares, DÁRSENA Ingenieros. Tan pequeña,
que tan sólo estaban el jefe, Jonás y uno o dos ayudantes
becarios. El jefe era propietario, en compañía de otros
dos socios, que no aparecían por el despacho, sino que
sólo eran socios para recibir los beneficios. Cómo
comprenderás, del trabajo principal, no ha sido
desempeñado por el jefe; que solo se encargaría de
buscar los trabajos y cobrarlos, mientras que Jonás, se
encargaría de realizarlos. Las firmas de los proyectos,
estaban suscritas por el jefe como responsable y Jonás,
como colaborador; nunca como titular del proyecto.
Los cálculos y realizaciones, de estos proyectos de obras
de naves industriales y urbanizaciones, son moral y
prácticamente, de Jonás. Luego, sí, cobradas, pero con
gran usura, por parte de su jefe. En esta empresa,
también, ha realizado unos trabajos de mediciones de
caudales, en ríos de la cuenca del Tajo. Con gran
cantidad de anécdotas y experiencias de toda índole.
Yo hablé con el Director de Obras y Jonás estuvo a punto
de entrar a formar parte de la plantilla de Jefes de Obra
de JOTSA; pero, por entonces, se iniciaron las maniobras,
247
que fueron el principio, del comienzo, del final, de
aquella buena empresa constructora.
El jefe de esta empresa, DÁRSENA Ingenieros, por su edad
avanzada y por necesidades de empresa, llegó a un
acuerdo con Jonás, se despediría sin indemnización y
continuarían en contacto, para realizar proyectos, en
conjunto. Le concertó un empleo en otra empresa
(ARCÁNGELES), como Jefe de Obra. Ha aceptado y está
terminando su primera obra, un grupo de naves
industriales, muy cerca de Alcalá de Henares.
Sí; hay que reconocer que, mis tres hijos, tienen unas
ideas, muy marcadas, de querer tener, cómo principal
oficio, el de soltero. Ambos tres, han pasado por cumplir
los 25 años, sin tener la más mínima intención de
implicarse en una boda propia. Si; tienen pareja
(heterosexual, claro está), pero, hasta el día en que estoy
escribiendo estas líneas, sólo Pablo, se atrevió a casarse,
con 33 años... Y no debió hacer esa boda nefasta. Porque,
como dijo Dumas, hijo:
---“Hay más mujeres honradas de las que creemos,
que no tantas como se dice.”
O tal vez será por lo que como dijo Eurípides:
---“No hay peor mal que una mujer mala,
pero nada comparable a una buena.”
Bueno; de todo esto, te contaré más adelante. ¡Ánimo!
Sigue leyendo.
248
En los años finales del siglo XX, tuvimos dos jubilaciones
más, en el Parque de Maquinaria, de JOTSA. Primero la
del administrativo Damián: No era mal personaje, pero,
sí algo servicial con nuestro jefe y poco con el resto del
personal del taller. Éste, era uno de los elementos
familiares, que se incorporaron a la empresa, con la
filosofía de la ‘empresa familiar’; era cuñado del
Director General, el señor González. Conmigo, siempre se
portó bien, con buen trato, pero algo distante. En tantos
años de convivencia, no tuvimos, nunca, discusiones en
tono alto.
La mentalidad del señor Haro, no le aconsejaba de
empezar a tener un nuevo operario en el puesto de
Damián, siempre fue reacio a tener nuevos trabajadores,
prefería seguir manipulando a los que tenía a su
alrededor. Y es que ese puesto de primer administrativo
en el taller, conllevaba unos componentes de
confidencialidad y responsabilidades, diferentes a los
otros. Por ejemplo, tendría que manejar las cuentas y los
dineros en metálico del Parque de Maquinaria, la caja
fuerte y algunos documentos particulares, ser como el
secretario del jefe, etc.
Para éste puesto, lo pensó y así lo dispuso, en que se
encargaría de estas responsabilidades sería Agustín. Me
hizo unas consultas previas, más que nada para
aparentar cierta diplomacia, cortesía o sentido de
consideración, por ser yo el encargado; pero, ya lo tenía
decidido. Para ello, durante varios días, Agustín, se
apostaría al lado de Damián, para que éste, le fuese
adiestrando en el manejo de todos los entresijos, de su
puesto de trabajo.
249
Agustín dejaría de ser el Capataz del Taller de
Electricistas y pasaría a ser el Primer Administrativo de
la Oficina del Taller de Maquinaria. Su lugar en el
taller eléctrico, lo ocuparía José María, pero, sin
nombramiento, ni reconocimiento de capataz; eso sí,
con algunas gratificaciones más aumentadas. Éste
oficial, ya tenía los conocimientos adecuados para éste
puesto, pero, no tantos como los que tiene Agustín. Hemos
de reconocer que Agustín posee unas buenas dotes y la
inteligencia suficiente, cómo estar en cualquier puesto
de trabajo, a parte de las propias de su oficio. Asimila
con buena perfección, cualquier nuevo conocimiento,
pues, es además de inteligente, es un buen autodidacta.
Durante todos los años siguientes, no he conocido de que
halla tenido tropiezos en el desempeño de esta labor y
ha estado en reconocimiento de los jefes superiores de la
Empresa. Sigue en su puesto, aún después de los
contratiempos, que se avecinaban, para esa Empresa.
Como te he dicho alguna vez, en el seno superior o de
dirección de JOTSA, estaba convulso. Los que estábamos
atentos a la marcha de la Empresa, por ser antiguos
empleados o por tener cierto interés en que todo
marchase bien, nos dábamos cuenta de que algo gordo
se maquinaba. En efecto, como D. Antonio García, ya
estaba disponiendo a la venta de la mitad de la
empresa a una empresa extranjera, parte del Consejo de
Dirección, le propuso que un equipo de directores y
buena parte de trabajadores seleccionados, le ofertaban
ser los compradores de esa opción. La respuesta fue
negativa, por parte de los accionistas.
En contrapartida, varios altos directivos dimitieron.
Tres de estos antiguos directivos dimisionarios, se
asociaron y formaron una empresa constructora,
TILMON. Con ellos se levaron buena parte de la Cartera
de Clientes. Ya que eran grandes y antiguos conocedores
de todo lo concerniente a la construcción y sus
250
maniobras de ejecución. Con ellos se marcharon varios
jefes de obras y algunos administrativos. Pronto fueron
sustituidos por otros nuevos trabajadores; pero, al
cambio, habíamos perdido. Claro, está; a los accionistas
de esta decadente empresa, no les importa nada, lo
referente a la masa humana, sólo les interesa los
beneficios económicos. Y nunca se enteraran, que éste es
un factor muy importante en toda empresa.
Con ellos, se marchó Fernando Granados, a trabajar
como Encargado General de Talleres y Montajes.
Recuerdo lo nervioso que estaba en aquellos días. Nos
consultaba a los compañeros más allegados, sobre ir o
no ir. Tan sólo lo he encontrado más nervioso, en una
ocasión. Fue una ocasión penosa para todos; más aún
para él. Fue cuando estaba destinado en la Costa del
Sol, cómo encargado del mantenimiento de la
maquinaria y de las instalaciones eléctricas y de grúas
para las obras de aquella zona.
Era un fin de semana, que era festividad y ‘puente’, me
llamó por teléfono y con gran amargura, me informó
que su hijo se moría, que se encontraba sin la ayuda de
nadie, nada más, que su mujer y su hija, que no sabía
que hacer, que si yo podía ayudarle de alguna forma.
Utilicé el teléfono, para llamar al señor Haro. Yo sabía
que si lo podía localizar, se pondría en marcha, una
cosa que en ocasiones existe: la solidaridad. Y más aún
entendiendo en la gran estima que estaba considerado
Fernando, en estos días. Así fue, se puso en marcha una
cadena, que demostró en pocas horas, el poder de una
‘empresa
familiar’.
Además
de
ser
atendido
clínicamente, los compañeros en Málaga, aparecieron
abandonando los días de descanso. Fueron atendidos
251
con todo cariño y es más, la familia completa fue
embarcada en un vuelo especial, (que JOTSA pagaba),
para regresar a Madrid, para estar cerca de los
familiares.
Fernando, ya me había explicado de que Fernandito,
estaba enfermo y los médicos no les deban aclaraciones
de esa enfermedad algo rara. Fernando me consultó,
para ver si yo conseguía saber algo sobre esta
enfermedad, que padecía su hijo. Consulté en todos los
libros de que dispongo y lo encontré en una enciclopedia
específica.
Según pude leer, era producido por un parásito,
infectado por animales, generalmente por perros, que se
introducían principalmente por las vías aéreas; se
implantaban en el cerebro y comenzaban a destruir
células de éste órgano. El resultado era que el individuo
infectado, lentamente se iba degenerando, pasando por
una invalidez total y terminando en la muerte.
Como Fernando me insistía en que le informase, tuve
que mentirle y decirle que como el chico era joven y los
médicos ahora sabían más y los medicamentos
modernos eran mejores, que sería lento, pero que había
que tener paciencia y confianza. Yo había leído sobre los
síntomas y fui viendo como Fernandito se deterioraba.
Pero, lo más raro, es que todo el sistema sexual, sobre
todo los genitales, en poco tiempo, se desarrollo al
completo. Aparentaba estar en la veintena, en vez de en
la pubertad. Finalmente, falleció, entre la amargura de
sus padres y la perdida, por nuestra parte, de un buen
amigo.
252
Como mi trabajo diario, en la empresa, era visitar las
obras para comprobar los trabajos de las instalaciones y
montajes, que se realizaban por mis equipos de
electricistas, contactaba con los compañeros que
dirigían las obras y cambiaba con ellos impresiones
sobre la marcha de sus obras y de las condiciones, en
general, de la empresa. El estado de ánimo era muy
diverso, pero, en todos ellos, se notaba la preocupación
por el alto grado de desinterés, que podían apercibir,
sobre todo en los altos cargos.
Yo me propuse, que mi sección de electricistas, tendría
que tener asegurado el trabajo en las obras que se
estaban ejecutando y más aún, en las que se preveía en
proyecto; de esta forma, mi puesto de trabajo, también
estaría asegurado. Por éste motivo, primero convencí al
Sr. Haro y luego a todos los Jefes de Obras y Jefes de
Áreas, para que las instalaciones de acometidas
eléctricas y contadores, tendríamos que realizarlas los
electricistas del Parque de Maquinaria. Sabía que lo
tendría fácil, porque el trabajo principal de un Jefe de
Obra, es buscar el mejor rendimiento económico final de
su obra, que los precios y los gastos sean los más bajos, lo
utilicé como arma, para convencerles y hacerles ver que
yo podía abaratar todas esas instalaciones eléctricas.
En primer lugar, si era posible, se utilizaría material
usado de los desmontajes de otras obras anteriores. Por
tanto, el precio sería estipulado en el 50 % de su valor.
En segundo lugar, serían nuestros trabajadores y
nuestros traslados. Esto conlleva que nuestros precios
sean más bajos que los de las empresas instaladoras. En
tercer lugar, les demostré que conseguían recuperar,
como mínimo, un tercio del valor de los materiales que
recuperábamos en nuestros desmontajes, a fin de obra y
que se almacenaban en el Taller Eléctrico, del Parque de
Maquinaria. En cuarto lugar, y muy principal, que
seríamos nosotros los que nos encargaríamos de todo el
253
proyecto, del cálculo, de las solicitudes oportunas para
las acometidas y de sus instalaciones.
Como yo no poseo la titulación específica para las firmas
de los proyectos, tendría que ser Luis Palomo, con su
título de Ingeniero Industrial, el que debería solicitar
la potestad de Instalador Autorizado. Yo me encargaría
de los cálculos y borradores de los proyectos y Luis se
encargaría de las firmas y de las autorizaciones. Y así,
fue aceptado el nuevo sistema. Claro está, para mí sería
más
trabajo,
sin
ninguna
contraprestación,
ni
económica, ni en lo personal. Tan sólo, la satisfacción
propia del buen trabajo realizado y que tendríamos
asegurado el trabajo.
De todo esto, me di cuenta un día que, como otras veces,
un Jefe de Obra (José Antonio), me pidió que le revisase
y le comprobase, una factura, que una empresa
instaladora le había enviado, por la instalación de un
cuarto de acometida y contadores de obra. Comprobé
que habían facturado materiales y elementos no
instalados. En esta ocasión, el error económico ascendía
a 500.000 Ptas. (unos 3.000 €) Cuando se lo demostré, ‘in
situ’, con toda frialdad me dijo:
--- Bien; Esto es sencillo. Voy a que estos tíos, me rebajen
la factura.
Serán 250.000 para mí y otras 250.000 para la
Empresa.
Y además, voy a quedar como Dios.
Existía otra razón, en la que yo me apoyé, que estaba
amparada por la filosofía económica, por la que se
mantenía la existencia del Parque de Maquinaria. Y es
que los beneficios o pérdidas que al final de cada curso,
tuviese dentro de la Empresa, el apartado del Parque de
Maquinaria, sería distribuido entre el número de obras
en activo más 1. Éste ‘uno’, sería el específico del Parque
de Maquinaria, dando lugar que, nunca, se tendría
beneficios propios para los talleres. Y en caso de números
254
rojos, serían las obras, las que se encargarían de
absorberlos. No recuerdo de algún curso, que hubiese
números rojos.
Tan sólo, que últimamente, algunos Jefes de Obras no
estaban de acuerdo con el sistema y querían que cada
departamento de la empresa, presentase su balance
independientemente. Pero, siento reconocer, que estos
eran los peores elementos enquistados en la Empresa.
También, me es lamentable reconocer, que tuvimos
algunos Jefes de Obras, que realizaban maniobras que
rayaban en la delincuencia. Como desviar cargamentos
a otros lugares, que no eran las obras a que estaban
destinados; o utilizar personal de las obras, para
trabajos ajenos a las obras propias. En fin, son cosas y
casos, que son complicados de demostrar, pero, fáciles de
desenmascarar. Porque en ciertas ocasiones, se tomaban
medidas oportunas, pero, que no se conseguía llegar al
fondo del asunto y luego quedaban silenciados, sin que
hubiese repercusiones contra los infractores. Todos
conocíamos las maneras, casi ilícitas, que los altos
cargos tenían para enriquecerse aún más, además de
sus altos sueldos, pagas extras y con las compras de pisos,
apartamentos, etc. No creas que te relato todo estos casos
y cosas, por despecho, no es el caso. Es que con la visión
de los años pasados, me doy más cuenta de los detalles y
que ahora estoy en ello, recordando.
En pocos años, el señor Haro, se jubilaría. Le sustituyó en
el cargo su ayudante, Luis Palomo. Se le despidió con los
honores de rigor; pero, en la mente y en los comentarios
de algún atrevido, se le recordaban sus maneras de
gobierno, no en buena sintonía con los pensamientos de,
sino de todos, sí de la gran mayoría. Pero; sí, en la
conciencia de muchos, quedó un vacío agradable, con
cierto regusto agridulce, a pesar de todos los años
pasados en cercana camaradería.
255
Estos años pasados, (pasan de los treinta) siempre, el
señor Haro, nos mantuvo a cierta distancia, la que
quería mantener él como director y a todos nosotros,
como ‘sus operarios’. Esto se puede demostrar con la
anécdota que nos ocurrió en la boda de su hijo Ignacio
(el Rubio), nuestro compañero de trabajo y empresa.
La celebración de la boda, a la que fuimos invitados los
administrativos
y
encargados
del
Parque
de
Maquinaria, aconteció en el hotel Castellana Hilton, de
Madrid. A ello asistimos, con nuestras correspondientes
cónyuges, Luis Palomo, Damián, Luis (el Rayo), Ángel,
Antonio, Agustín, José Luis, Pedro y yo. En las varias
presentaciones, nuestro ‘entrañable’ jefe nos señaló con
estas palabras:
--- Estos son ‘mis operarios’ de ‘mi Parque de
Maquinaria’.
(¡Toma ya!)
Cuando el maître d’hôtel indicó que la cena sería
servida, se produjo una escandalosa y vergonzante
estampida de invitados, cuales búfalos enloquecidos y es
que como los puestos en las mesas no estaban señalados,
cada cual quería ocupar un lugar preferente. Yo me
negué a secundarlos y obligué a mis compañeros a que
se mantuvieran en el centro del salón, hasta que nos
dijeran donde deberíamos acomodarnos. Cuando, tanto
el novio y su padre acudieron, ya los puestos a las mesas,
estaban casi todos ocupados, sin posibilidad de estar
nuestro grupo junto, entonces fuimos distribuidos de
manera aleatoria, en varias mesas.
A Librada y a mí, nos acomodaron en una mesa
apartada, en compañía de los padrinos del señor Haro.
Un
matrimonio
de
personas
muy
delicadas
y
agradables, que sin tener la obligación, para ello, nos
pidieron disculpas por lo ocurrido. Durante la cena, les
comenté el detalle de la presentación a que nos mostró
su ahijado; el señor me dijo:
256
--- Es que Santos, siempre ha sido muy rarito, muy
especial.
Siempre ha sido cómo un niño. No se lo tengan
en consideración.
Otra ocasión, fue en una de las cenas, que compartimos.
Carmen, la esposa de Haro, nos comentó que debido a
todos los años que hemos sido compañeros y amigos,
deberíamos tutearnos entre todos. Yo, comencé a
tutearle y le dije:
--- Mira, Carmen, por mi parte y aún más por el cariño
que te tengo y la simpatía tuya, te tutearé desde
ahora en adelante, pero a tu marido, nunca jamás,
de los jamases.
Como ella se extrañó de mí, quizá, dura contestación, le
expliqué por qué de esta opinión mía. Y es que tenemos el
claro ejemplo, de estar juntos tantos años y tenernos
siempre, a esa distancia de cortesía. Pero, aparece un
nuevo personaje en nuestro entorno, (Luis Palomo) y al
día siguiente le obliga a que entre ellos se tuteen. Al
antiguo encargado, Luis Azuaga, siempre le habló con
el de ‘usted’ y al nuevo encargado, a José Luis, también.
Sin embargo; al resto del personal y a sus más cercanos
colaboradores, en el taller, él nos tuteaba, pero no
permitía nunca que nos apeáramos del ‘usted’ y ‘señor
Haro’, ni siquiera en ‘la intimidad’. En caso opuesto,
ocurría en las oficinas centrales, todo el personal, le
tuteaba, hasta los botones de conserjería... Que bueno...
Que sí; que vale.
A pesar de estar jubilado y sin recordar sus propias
palabras,
él
aparecía
periódicamente,
por
las
dependencias del taller, con la excusa de necesitar de
algo, o de alguna cosa. Él siempre, mantuvo la idea de
que la persona que se jubila, debería mantenerse alejado
de molestar al personal del taller. Se le olvidó.
Cuando aparecía de nuevo por nuestro entorno, se
extrañaba de las formas útiles en nuestro trabajo, en
257
estos momentos y de los cambios que habíamos
realizado, en casi todo. Por ejemplo, le recriminaba a
Palomo, el por qué, Pedro y yo, manejásemos cada uno,
un teléfono portátil, concedido por la empresa. O de las
comodidades que teníamos en nuestras oficinas
particulares; en fin por casi todo.
Han pasado varios años. Un día, recibí una llamada
telefónica en mi casa. Era el señor Haro. Al oírle, fue
como estar de nuevo, delante de él recibiendo ordenes.
Pero, no. El motivo, según me pareció, era que quería
estar, o tener un sentimiento de quedar en paz con todos
los que en otros momentos estuvimos a sus manejos.
Después de los saludos, me pidió perdón por todo lo que
en alguna ocasión, él me haya podido hacer daño.
Cómo me resultaba de todas maneras extraño, le pedí
que me aclarara lo de esa actitud, en mi entender,
totalmente alejada de sus maneras, digamos, normales.
Para que le entendiese, me contó que estaba pasando
por un periodo de una grave enfermedad, que
posiblemente, tendría fatales consecuencias y en su
conciencia de buen católico, le parecía bien, hacer estas
clases de peticiones. No tuve ningún inconveniente, en
decirle, que cualquier cosa o caso, en que él pudo haber
tenido la culpa, de que yo hubiese pasado por malos
momentos, ya estaban superados y olvidados. Aunque,
de algunas cosas, siempre se quedan restos inolvidables,
que para no estar siempre, con el pensamiento en ello, se
le pasaba por el tamiz del olvido y pasaban al rincón
del baúl de los recuerdos personales. Me agradeció mi
manera de darle, lo que él quería. Y a estos días, no se
nada sobre como le va, por esta vida... O por la otra.
258
Verdaderamente, por todos los años pasados, en
compañía de todos los compañeros y jefes de la empresa
JOTSA, en conjunto, no tengo sensación de rencor, por
los momentos que hayamos tenido contratiempos o mal
estar. Únicamente, a los responsables directos del
desastre, del hundimiento de la empresa, tanto en
España, como en Alemania, jamás les perdonaré de sus
malos manejos y sus desafortunadas decisiones, muy a
posta realizadas; me consta.
Con la nueva dirección de Palomo, se tomaron otras
formas de trabajar, y del ordenamiento interno del
taller y los equipos de trabajadores, fueron dispuestos de
un orden más acorde con los criterios de los tres
encargados, que ahora, estaríamos más en nuestros
puestos, sin el manejo inquisidor del anterior ‘amo’. De
éste taller, cerca de Coslada, nos tuvimos que trasladar
a otro, que la empresa dispuso para ello, con la compra
de unos antiguos talleres de prefabricados cercanos a
Camarma de Esteruelas. Y que, como siempre, el equipo
de electricistas de Recio, seríamos los primeros en
intervenir en las limpiezas y acondicionamientos de las
naves de los talleres que existían, en ese lugar.
La primera nave de la izquierda de la entrada
principal, sería para los trabajos de mecánica,
soldaduras, varios y almacén. La oficina, el vestuario, el
comedor, el laboratorio y el cuarto del transformador y
cuadros eléctricos, se distribuían en un edificio adjunto
a esta primera nave, dando vista las oficinas, a la calle
de entrada. Ésta nave tenía un puente grúa, en pórtico,
de gran capacidad, que recorría toda la longitud de la
nave. Pedro, opinó que sería más conveniente cambiarlo
por el otro de menor capacidad, que había en la otra
nave, que el equipo de montajes iba a utilizar.
Más a la izquierda y detrás de la nave estaba el patio de
almacenaje, de descargas del material recibido y donde
259
se colocaron unos recintos cubiertos, adosados a la
pared de la nave, para trabajos varios. En éste patio, se
instaló una grúa torre, para que sirviera a las cargas y
descargas. La segunda nave, a la derecha de la entrada
principal, sería compartida entre los montadores de
grúas y los electricistas. Ésta nave había sido empleada
por un equipo de carpinteros y por tanto estaba
acondicionada para estos trabajos y cuando aparecimos
por ella, aún tenían instaladas las máquinas
pertinentes para esos trabajos.
Cuando me indicaron que tenía que revisarla, para
hacer la transformación y acondicionarla para
nuestros equipos de trabajadores y trabajos, aún estaban
en buen uso las máquinas de carpintería y sus
instalaciones.
Con
un
pequeño
equipo
de
mis
electricistas y un buen mecánico, Fernando Tomeo,
procedimos, primero a la limpieza de toda la nave y
luego al desmontaje de todas las máquinas instaladas.
Mientras el personal de mi equipo, realizaba estos
trabajos, yo me disponía a tomar las medidas de toda la
nave, de todos sus detalles y de las instalaciones
existentes. Hice planos de todo, general, de estructuras,
de instalaciones eléctricas existentes y de las necesarias
para los trabajos de los equipos de montajes de grúas y
electricistas. Hice todos los cálculos oportunos y de los
materiales que se necesitarían, tanto de ésta nave, que
sería la nuestra, como de la de mecánicos y de los
alumbrados del interior y del exterior.
También, hice los planos y preparativos para los puestos
de trabajos eléctricos y de las oficinas, de Pedro y de la
mía. Mi oficina personal, sería terminada con más
detalles, tenía aire acondicionado, telefonía, buen
alumbrado y un servicio de aseo, escamoteado a la vista
de las visitas, con agua fría y caliente. Adosado a las
oficinas, hicimos unos pequeños almacenes. Sobre toda
la estructura de mi oficina y del pequeño almacén,
260
fabricamos otro gran almacén, sólo para nuestro
material eléctrico, con una escalera exterior para el
acceso, amplia y segura. Todo, construido con perfiles
metálicos soldados y pintados de color gris perla. Todas
las paredes estaban realizadas con paneles de madera
laminadas en plástico blanco. Las oficinas disponían de
ventanas de aluminio.
El Director de Obras me dijo que yo era un sibarita, por
el efecto que le causó, cuando vino a ver los trabajos de
reformas de los talleres y ver de cómo había instalado el
taller eléctrico y sobre todo, tenía interés por ver de
cómo estaba mi oficina, con el conjunto de los dos
almacenes para materiales eléctricos.
El módulo destinado para las oficinas generales, los
vestuarios, el botiquín, transformadores y el comedor, se
encargarían, de todo ello, otros equipos ajenos a la
empresa, para su reforma y acondicionamiento. Todo
quedó como nuevo, en nada se parecía a lo que
anteriormente existía.
La zona de las oficinas, se dividió en dos zonas
diferenciadas. La de la izquierda, sería destinada a la
dirección del taller de Prefabricados y la de la zona
derecha sería para la dirección del Parque de
Maquinaria. Cada una, terminaba en un apartado con
las oficinas especificas de los directores. Todo con
ventanales al exterior y muy luminoso, con aire
acondicionado y mobiliario nuevo y moderno.
El terreno que ocupaban los talleres y oficinas, eran
amplios, pero, aún había mas terreno ocupado por otras
naves y zonas de acopios, que tenían mayores
dimensiones. Y todavía, quedaba libre, otra igual
cantidad de metros cuadrados.
Estas naves, de mayor amplitud, eran de unos antiguos
talleres de prefabricados en hormigón. Cómo JOTSA,
tenía una empresa subsidiaria, que realizaban trabajos
en esta materia, ellos se encargaron de comenzar los
261
acondicionamientos, para tener las naves dispuestas a
sus maneras de trabajos.
Como mi equipo de electricistas, no podíamos atender a
las instalaciones que necesitaban en las naves de
prefabricados, se les encargó a la misma empresa que
había realizado todas las instalaciones de acometidas
nuevas y de las nuevas oficinas. Esto otro sí. Nos
encargamos de la nueva puesta en marcha de los
puentes grúas y de reacondicionar la hormigonera
automática y los silos de cemento, con sus tubos ‘sin fin’.
Que sin planos y sistemas bastante añojos, pudimos al
fin, que todo funcionase en buenas condiciones. Con la
garantía, de que al estar en el mismo lugar, tendrían
asegurada la mano de obra, para el mantenimiento.
El director del taller de Prefabricados, era Arturo
Blanco (tartamudeaba al hablar, pero, sin complejos)
Un buen compañero, para mí. No así para sus operarios.
Tiene tendencias a la opresión. Claro está, que para ser
jefe de un taller y tenga que sacar buenos rendimientos,
habrá de ser un poco déspota; que si no, te cubres de
‘caca’ y no de gloria.
También, pertenecía al ‘Club de Mús 16’. Y además, se
apuntaba a todos los viajes posibles, que se nos
presentaban, al grupo habitual de compañeros
excursionistas. Es un gran vividor y un ‘culebrilla’.
Estaba bien considerado dentro de la empresa.
El encargado de estos talleres de prefabricados, era
Santos García. Buen tipo; con cara de apariencia
juvenil. No así, su mujer; que parecía mayor que él. Eran
vecinos de San Fernando de Henares y muy amigos de
Agustín Cortés. Hemos coincidido, además de en casi
todas las reuniones de la empresa, cenas de gala y
262
algunas bodas, en los viajes y excursiones, de nuestro
grupo de compañeros excursionistas.
El traslado del personal a estos nuevos talleres, fue lento,
pero sin pausa. Primero y después de los reconocimientos
de todas las instalaciones, se realizó una limpieza en
profundidad, luego el desmontaje de todo lo que no nos
serviría. Se pintó todo y se comenzó a las reformas e
instalaciones necesarias. Al mismo tiempo, se procedía
al desmontaje y traslado de los equipos del anterior
taller de Coslada, hacia el nuevo de Camarma.
Si de las naves de Camarma, los primeros días, salían
restos inútiles y basura, de las naves de Coslada, el
chatarrero, cargó varias veces el camión y la basura,
era aparatosa. ¿De donde salía tanta porquería? Hasta
se tiraron muebles usados, en los dormitorios de mis
hijos, que nunca más se volvieron a utilizar.
Cuando todo quedó desmontado, despejado y vacío, al
ver la nave solitaria, me recordaba de cuando hicimos
el traslado para comenzar a trabajar en ella. Se siente
algo extraño, posiblemente, se le pueda llamar
¿añoranza? Sí; porque según compruebo en el
diccionario es:
--- Añoranza f. Acción de añorar, nostalgia.
--- Añorar tr., intr. y pernl. Recordar con pena a una
persona
o cosa ausente.
Durante años, he pasado por delante de esta finca, cada
vez sentía algo diferente y cada vez con más lejanía.
Últimamente, he pasado y ya han destruido todo lo que
había construido y han edificado un hotel. Donde
estaba el taller de Ferralla y el taller de Prefabricados,
hay
nuevas
construcciones;
toda
la
zona
es
263
irreconocible. Hasta hay una nueva autovía, sobre lo
que antes era la Senda Galiana, (una vía para ganado
trashumante) Ya perdida en la historia.
En la entrada a estas nuevas oficinas, de Camarma,
(una habitación amplia), estaría un puesto para el / la
recepcionista. Con mesa, computadora, archivos, sofá
para las visitas, teléfono – centralita, etc. Al fondo,
estaba la sala de juntas y los servicios exclusivos del
personal de oficinas. Meses después del comienzo de los
trabajos en éste lugar, hubo que hacer una separación
de la puerta de entrada y el despacho del recepcionista,
por causa de los malos vientos que entraban, cuando
alguien accedía a las oficinas.
Como primer recepcionista entró una joven, amable y
atractiva. A la que le tuve que cambiar mi mesa de
despacho, por la suya. Y es que Luis Palomo, se dio
cuenta que cualquier persona de visita, al sentarse
mientras esperaba, le quedaba la cabeza a la altura de
las caderas de la recepcionista, con la posibilidad de ver
sin esfuerzo, el color de las bragas que llevase ese día.
Con el cambio, quedó solucionado el asunto; porque mi
mesa tenía peto inferior.
Esta joven, por tener un contrato de corta duración, a
través de una empresa de trabajos temporales, fue
sustituida por otro trabajador en las mismas
condiciones de contratación. A los pocos meses, éste
puesto quedó bacante, al despedirse ese último
trabajador.
A Palomo, le pasó algo parecido que a Haro: no encontró
a la persona adecuada para hacerse cargo de la
recepción y archivos del taller. De la oficina central, no
le podían enviar a alguien que ocupase el puesto y
tampoco era conveniente, emplear a otra persona
extraña y comenzar de nuevo con los ensayos y
preparativos de las necesidades de ese puesto de trabajo.
264
Eran muchas las llamadas que se recibían y las que se
tenían que realizar y los tres administrativos no podían
atender ese tráfico y sus trabajos particulares. De
siempre, Palomo, ha tenido un pronto, que rayaba en lo
esquizofrénico. A veces se acercaba a mí, total y
visiblemente nervioso;
me hacía acompañarle para
pasear y mientras charlábamos, pedirme consejos sobre
cualquier tema que le preocupaba. Luego, sin mediar
otra razón desaparecía de mi lado y me dejaba sin
darme más explicaciones. En esta ocasión; el nerviosismo
era más evidente. Apareció de repente, en mi oficina,
cerró la puerta tras de sí y me balbuceó:
--- Pepe. Hay un problema muy grave... No tenemos
recepcionista.
No hay quien se pueda encargar de los archivos y
controles...
Los de la oficina, no pueden atender al teléfono, a los
archivos, los pedidos de obras y sus trabajos
personales...
Tenemos que buscar a alguien que podamos poner en
ese lugar... ¿A quién podemos elegir del personal del
taller?...
Así, de pronto, no entendía lo que me estaba contando.
Le hice que se tranquilizara. Con más serenidad,
comenzamos a dar un repaso y revisar las posibilidades
que teníamos con cada uno del personal del taller, en
esos momentos. Le comenté que los únicos candidatos
posibles. A mí forma de entender, yo, sólo veía que
podían ser tres y de mi equipo de electricistas: José
María, Félix o Pablo. Pero, que todos, tendrían que pasar
por un periodo de preparativos y pruebas. Palomo estuvo
de acuerdo; pero, descartó a José María, por ser el más
sobresaliente del equipo de electricistas. A Félix, porque
se manejaba sólo por las obras. Decidió que sería Pablo,
por ser el más joven y el que más apariencia tenía para
265
ese puesto, por saber manejar una computadora y en
definitiva:
--- ... Porque es tu hijo y me ofrece de más confianza.
Sí...; sí.
Disponlo todo para el cambio y que se valla para
allá.
Pero, ya.
Yo, en esos momentos, deseaba que así fuese, pero,
también comprendía que Pablo, no había estado en
trabajos de ese tipo y que técnicamente, no poseía los
conocimientos adecuados para ello. Sabía que en esos
instantes, estaba muy limitado para desempeñar esa
clase de trabajos. A mi mente, entraban las ideas y
situaciones a la carrera. La principal sería que mi hijo,
con el nuevo contrato de trabajo, estaría incluido en la
nómina de lo que se llamaba, ‘plantilla de empresa’.
Con más sueldo, más consideración y reconocimiento en
los círculos de la oficina central.
Ya no sería oficial electricista, sino como constaría en
las nóminas, Auxiliar Administrativo. Dejaría de vestir
con ropas de trabajo de color azul; estaría toda la
jornada, con traje de calle y sin tener que ensuciarse las
ropas ni las manos... sería un oficinista... No
consideraba, en estos instantes, las contrariedades: Que
tendría que soportar los comentarios envidiosos de los
otros compañeros, por ser el hijo del encargado. Ya los
soportaba, y bastante bien. Que tendría que soportar los
roces, porque a partir de ahora, sería que frenaría las
entradas a los despachos. Pues; que se aguanten. Que
ahora, el trato sería de otras maneras. Pues; adelante.
La ocasión no era para desperdiciarla en nimiedades.
Por otro lado, yo tenía la certeza y la confianza, que
Pablo sabría llevar a la perfección, cualquier tipo de
trabajo. Sí; tiene sus limitaciones, pero, está capacitado
de una buena inteligencia y tiene unos genes y unas
normas de conducta, muy bien inculcados. Y, por mi
266
parte, sentía que había conseguido que mi hijo estuviese
en otras y mejores formas de trabajos.
Tan sólo, que tiene un problema de índole psíquico,
parece tener un síndrome de poca estima de
personalidad, que hace, en momentos, no tener la
suficiente reacción para, a costa de un pequeño esfuerzo,
reponerse
a
cualquier
eventualidad
en
ciertos
momentos. Sé que tuvo, esos momentos problemáticos con
el raro comportamiento de Palomo y con los miedos de
tener un fallo en los trabajos que intervienen las
matemáticas (su punto débil) Y así lo ha demostrado,
con un buen trabajo, durante todo el tiempo que ahí
estuvo.
Desde que se hizo el traslado desde el taller, en la calle
Mandarina, en el barrio de Pueblo Nuevo, al del
Camino de Rejas, cerca de Coslada; yo he visto que era
más factible, vivir en un piso cerca de donde se trabaja,
que mantenerse alejado. Entonces, se produjo la ocasión
de poder adquirir un nuevo piso, cerca de Camarma.
Como comenzamos a construir un gran bloque de
viviendas, en dos fases, el primero que se construía en la
zona del Ensanche de Alcalá de Henares, en unas de las
visitas que realizaba, para los montajes e instalaciones
de obra, hice indagaciones de como eran y de cuales
eran los precios de los pisos.
Visité los pisos que se construían. Comprobé que los pisos
inferiores eran espaciosos y bien equipados; pero los
áticos eran espléndidos, con unas amplias terrazas.
En las oficinas de ventas me informaron que ya
quedaban pocos pisos a la venta, áticos ninguno. Que
podía colocarme en la lista de compradores para
segunda fase, que comenzaríamos seguidamente. De
267
acuerdo con Librada, a la que enseñé y expliqué sobre
los planos, acepté y di una pequeña señal, para ser
incluido en la lista de espera para la compra de un
ático en la segunda fase.
El justificante tiene la fecha de 8/8/94, donde consta el
número de orden de la vivienda (la 252), el tipo, el
número del trastero (el 196) y los dos garajes de que
disponían los áticos (220 y 221) y la cantidad abonada
de 7.000 Ptas. En el mes de noviembre, me avisaron para
firmar el Acta de Ingreso, como Socio Cooperativista
(22/11/1994) y para realizar una transferencia
bancaria, a favor de la Cooperativa de 1.903.935 Ptas.
(11.442,90 €)
Aquí ya comienzan las situaciones raras y las trabas
para dar comienzo a la construcción de la segunda fase
de viviendas. En marzo de 1995, hay una reunión de
socios, donde se presentan unos balances económicos
favorables. El 31 de diciembre de 1995, me envían unos
auditores, el justificante de mis ingresos hasta el
momento (1.903.935 Ptas.) La odisea de la compra de
éste piso, tiene esta trayectoria:
Desde la transferencia bancaria de las 1.903.935
pesetas, pasan 5 meses, hasta la primera reunión
general (fue muy numerosa), pasa un año, mejor dicho,
pasan 14 meses; para que en otra reunión, nos
expliquen, a los pocos socios que quedamos, de que no se
van a poder construir el total de las viviendas de la
segunda fase. Se rehacen las listas de solicitud de pisos,
con fecha de 27/06/96. Me dan una nota, que mi piso
será el 175, en el portal 7, ático A, tipo K, con el trastero
57 y los garajes 147 y 148
Con fecha 01/06/96, me entero de que la segunda fase de
obra, sólo alcanza unos 45 metros de fachada, de la
parte donde estaría mi piso. Lo verifico sobre los planos
de obra y compruebo que mi piso, no puede ser incluido
dentro de la zona a construir. Me pongo en contacto con
268
la dirección de la Cooperativa y me doy cuenta de que
ellos tampoco se enteraron de éste detalle.
Entonces; tuvieron que rehacer las listas y disposiciones,
para poder incluir el piso en el lugar oportuno y para
que todo estuviese dispuesto para la firma del Contrato
de Venta, donde y cuando tendría que entregar otras
133.374 pesetas.
El día 28/10/96 (ya han pasado 2 años), me envían una
carta, informándome que ya se ha ejecutado la
segregación y compra de la parcela B1, del polígono 41,
para la construcción de sólo 58 viviendas. Yo desconfío, y
decido hacer una visita a las oficinas de la Cooperativa,
donde me dan malas explicaciones y peores deducciones.
Les exijo ver el justificante de la compra y me dan otras
raras aclaraciones. Cada semana les hago una visita,
porque, yo como trabajador de la empresa que les iba a
construir, tengo ocasión de obtener información, de
todo cuanto ocurre en la obra.
Y es en mayo de 1997 cuando consigo poder ver y leer el
certificado de Licencia de Obras, dada por el
Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Y ya, en éste mes de
mayo de 1997, los pisos puestos a la venta (sin
construir), han aumentado su precio; de los 15 millones
de pesetas, pasan a los 19 millones de pesetas (unos
115.000 €).
En una reunión extraordinaria, se nos informa de los
cambios de precios. Anteriormente, hubo un abandono
de socios, ahora se irían otros. De los antiguos socios,
sólo quedamos 9. Además; a los que teníamos prevista la
compra de los áticos, nos informan que sólo tendremos
un garaje, que si quisiéramos otro, sería al precio de
1.444.500 pesetas (unos 8.700 €).
Librada ya estaba muy alterada, con todo esto de este
piso y me convenció para renunciar a la compra. Lo
propuse a la Cooperativa y la respuesta fue que no
podían anular mi participación y devolverme el dinero
269
ingresado, porque ya no tenían fondos. Por tanto;
teníamos que buscar un sustituto y que éste me abonase,
con su cuota de nuevo socio, o seguir enganchado al
sistema.
Para el 18/11/97 (ya pasan más de 3 años), me citan
para que abone una diferencia contable, entre gastos
financieros, IVA y otros, en total 28,454 pesetas, que
daban un total abonado de 2.158.798 pesetas (unos
13.000 €) A partir de ésta fecha y mensualmente, se
abonaran 100.000 pesetas y el 20/07/98, se abonaran
637.309 pesetas. Y cuando vamos a la firma de las
escrituras, teníamos abonadas 5.024.765 pesetas (unos
30.000 €) Pero el día de las firmas de escrituras,
entregué un cheque por valor de 296.000 pesetas (unos
1.800 €) y para la legalización entregué 370.000 pesetas
(unos 2.200 €), de las que me devolvieron 55.955 pesetas
(unos 336 €) En total, con el valor de la hipoteca, sin
gastos ni intereses, el piso tenía un valor en gastos de
casi 19 millones de pesetas (unos 115.000 €), muy
distante de su valor inicial de 15 millones de pesetas. Y
además; con una demora de entrega de 6 años; algo
así, como lo que se tarda en construir un gran buque
trasatlántico de lujo.
Pero; no acaban aquí las penas, todavía queda las
trifulcas y dificultades, para que se corrijan los fallos y
desperfectos que encontramos en las viviendas. En
nuestro caso, por estar tanto tiempo cerrado, la tarima
flotante, se puso a flotar; sí, en todo el pasillo de
entrada, que tiene 16 metros de largo, se levantó
haciendo bolsas. Después de muchas contrariedades, me
lo cambiaron todo. Y aún, han quedado dos placas
rajadas, en el suelo del baño 1. Un día, que coincidimos
algunos copropietarios y el presidente de la Cooperativa,
a poco, uno de los vecinos estuvo a punto de apalear a
éste descarado presidente.
270
El final de todo esto, es que desde agosto de 1994, hasta
la ocupación del piso, en marzo de 2000, fueron casi seis
años de contrariedades, que dieron tiempo, para que las
ilusiones que habíamos puesto en el inicio, se fueran al
garete y que los planes que teníamos, se trastocaran
todos. Además; todas las cosas y casos que nos han
ocurrido, en éstos diez últimos años y más en los cinco
últimos, han hecho que todas nuestras vidas, den un
vuelco total.
Una de estas ilusiones, para Librada, era que pensaba
que al estar el taller a tan sólo unos minutos de
traslado, vendríamos todos los días a comer a casa, o al
menos, seguro, vendría Pablo. De esta forma, vería, a su
hijo, a diario. También, se ilusionaba en pensar que
luego, convencería a Pablo para que vendiese el piso y se
trasladase a Alcalá. Claro está, que si el piso nos lo
hubiesen dado con el plazo previsto, Pablo no se hubiese
marchado de casa todavía. Jonás tendría, también
como ahora, más cerca el trabajo de casa. Susana
hubiese encontrado otro trabajo, en Alcalá y por pensar,
como siempre hace Librada, tendría un novio o
compañero, de estos lugares. En fin, que como le ocurrió
a la lechera de del cuento, se nos fastidió todo y hemos
ido recomponiendo, a la mejor forma de entender, cada
problema o caso.
En el año 1996, los representantes sindicalista en la
empresa JOTSA, me convencen de la conveniencia de que
yo ingrese en el Sindicato como afiliado, puesto que en
unos meses se producirían las nuevas votaciones, para
que fuesen elegidos los nuevos representantes y que con
toda seguridad, a mi me elegirían.
271
Nunca he tenido problema alguno con la dirección de
la empresa y por ello, no vi la necesidad de estar
sindicado; pero, ciertamente no es necesario tener
problemas para estar sindicado, sino que es un derecho
reconocido en el Estatuto del trabajador. Más, me
agradó la idea de ser elegido como representante
sindical de mis compañeros y así lo hice. Después de
varios meses, las cuotas sindicales mensuales, por ser
una forma de descuento en la declaración a Hacienda,
pasaron a ser descontadas en la nómina, para mayor
comodidad para el trabajador. Pronto, mi jefe, el Sr.
Haro, se enteró, o le comentaron de mi filiación, con
sarcasmo me dijo:
--- ¿Qué necesidad tienes para estar inscrito en un
Sindicato
de obreros? ¿Tienes problemas con la Empresa?
Yo le contesté de que no, tan sólo que me habían
aconsejado estar afiliado, para el caso de realizarse las
votaciones sindicales, posiblemente, yo sería elegido, por
que ellos, los dirigentes sindicalistas, habían hecho una
pequeña encuesta y daba ese resultado. Aquí, Haro, se
puso de pie, ante su mesa de despacho y me increpó en
tono amenazante:
--- En ese caso, de ser tú elegido representante sindical,
me opondría enérgicamente; porque esto sería lo
último.
Un encargado, no puede ser representante sindical
y perder el tiempo.
En ese momento, no reconocí el valor de las posibles
consecuencias desagradable, que aquel hombre era
capaz de acometer, en mi contra; me sentí amparado y
respaldado por todos los obreros, que han sufrido en las
luchas sindicales, a través de todos estos años pasados.
Mi voz y mis palabras tenían el mismo sobre tono que él,
con todo su orgullo de ‘derechista’ acérrimo. Y es que él,
no tiene la capacidad para reconocer, que aunque sea
272
el director del Parque de Maquinaria, es un trabajador
más, que en estos casos, debería estar al lado de los
asalariados. De siempre me a salido un falso valor,
cuando me he sentido cobijado por la razón y el
derecho; no pienso en las consecuencias y le contesté:
--- Usted, no tiene ni la más mínima idea de lo que
acaba
de decir. Yo, como trabajador libre, puedo y quiero
estar afiliado a un Sindicato de trabajadores;
porque me ampara la razón y la ley...
De todas formas, aún no ha ocurrido éste asunto.
Con cara de pocos amigos y algo frustrado y sobre todo,
extrañado de mi forma de hablarle, con voz firme y de
un tono más elevado que nunca, como de esclavo
revelado, me dijo, en forma de despido y fin de
discusión:
--- Bueno; eso ya lo veremos. Ya aclararemos esto.
Te puedes ir a tus asuntos.
Mientras salía de la oficina, los compañeros me
miraban extrañados, por todo lo que habían oído. Sólo
Juan, me guiñó un ojo y me señalaba con el puño
cerrado y el pulgar elevado. De todo éste asunto, nada
trascendió, lo más seguro, es que su hijo Ignacio, que
escuchó todo, le daría un repaso y le pondría al
corriente del estado actual de las cosas. Lo que sí noté, es
que a partir de unos días después, me cambió la formula
de llamarme Recio a llamarme ‘Pepe’. Pero; vamos, el
trato personal siguió siendo, talmente, el de siempre, el
de ‘Señor’ a ‘Vasallo’.
A finales del año 1998, se celebraron las elecciones
sindicales. La lista presentada por parte de UGT. se
componía de 9 afiliados, en el cuarto puesto estaba mi
nombre, que por prejubilación de Manolo Ramírez, que
dé en el tercero. Pablo también se presentaba a las
elecciones, pero, por la lista que presentaba Comisiones
Obreras, él estaba en el quinto puesto.
273
Pero; aquí ocurrió un caso extraordinario, se presentó
una tercera lista de representantes no sindicados,
identificados como ‘Independientes’, con las siglas de
CSI*CSIF (que ni sus propios padres les reconocían).
Estaban formados por un total de diez miembros.
Podían haber sido más, porque de éste tipo de personal
‘manipulado’, en todas las empresas siempre han
existido. Lo digo, porque de mis propias ideas, deduzco
con claridad, al ver la lista de sus componentes, el de
mayor antigüedad, es un técnico de contratación, con
fecha de ingreso en el año 1969, es sobrino del anterior
Director General. Hay un encargado, con 10 años de
‘servicios’ (léase servilismo).
Y ya, veamos la ‘cuña’ más solidaria, en la que yo me
baso, para argumentar que todos los componentes de
esta lista extraordinaria, es Ignacio Haro, sí el hijo de
mi anterior jefe y Director del Parque de Maquinaria,
que a la sazón es ahora el secretario del Nuevo Director
General (alemán). Él está en un puesto clave para saber
todo lo que está ocurriendo, va ha ocurrir y o se está
manipulando. Además de ser un elemento muy
inteligente y despierto, tiene dotes para manipular a
cualquiera que se le antoje y le dé un beneficio propio.
Entonces; yo creo, que todos los miembros de esta lista de
‘Independientes’, son los ilotas, exaricos o burenques
(léase serviles), dispuestos a estar, en todo los casos de
parte del beneficio de la Dirección y no de los intereses
de los trabajadores, sus compañeros. O sea; que ese
‘sindicalismo’, no tendría el buen fin de que consta todo
sindicato obrero.
Se celebraron los votaciones y hemos de reconocer que
consiguieron sus propósitos, tanto los directivos de la
Empresa, como los que formaban esa lista de
‘Independientes’. La situación del personal, el ambiente
en la Oficia Central, era de total apatía. Todos ellos
conocían, más o menos, las condiciones por las que
274
estaba pasando la Empresa y con las manipulaciones del
grupo de ‘Independientes’, hizo que el resultado fuese
tan desalentador y nefasto. De una lista oficial de
votantes de 194, tan sólo 93 compañeros fueron a votar
(menos de la mitad) Éste fue el escrutinio y el reparto de
escaños o representantes:
CSI ------- 60 votos
CSI ------- 6
UGT ------ 14 votos
UGT ------ 2
CCOO ---- 11 votos
CCOO ---- 1
Blancos -- 8 votos
Nulos ----- 0 votos
Lo que da a entender que en la lista de UGT, al estar yo,
en el tercer puesto, no me correspondía ser representante
sindical. Cómo siempre ocurre en las votaciones, ya sean
sindicales o políticas, cuando los votantes no acuden a
las urnas, siempre salen beneficiados los rufianes. Que
sí; hombre; que sí. No me tomes por receloso, avisado o
picajoso.
El tiempo fue pasando y las apariencias de los trabajos
continuaba los ritmos y formas acostumbradas. Un día
de diciembre; bueno, más bien el 17/12/1998, cuando
me dirigía, con el furgón, en compañía de Jesús, a
comprobar un aviso de avería en una obra en Madrid,
al estar circulando por la autovía A2, dirección a
Madrid y habiendo pasado el puente de San Fernando,
ocurrió un accidente en que me vi involucrado. Los tres
carriles de circulación estaban ocupados por vehículos,
que marchábamos a una velocidad media, los vehículos
que nos precedían comenzaron a detenerse, yo frené a
pocos metros del camión que llevaba delante,
instintivamente, miré por los espejos retrovisores (es un
acto reflejo) y comprobé que se acercaba a velocidad
275
continua el otro camión que nos seguía (en otro acto
reflejo detecté que ese camión no frenaba) Con voz
enérgica y algo de exasperación, le grité a Jesús que se
sujetara.
Todo ocurrió muy rápido y tal como lo presentí. El
camión de atrás, nos envistió, empotrándonos contra el
camión de delante. Se produjo un caos tremendo, un
ruido ensordecedor y unas sacudidas enérgicas, varias
veces atrás y adelante. Yo, instintivamente y en poco
tiempo, quité el contacto, metí el pie en el freno y me
aferré al volante. La sacudida fue tan brutal, que el
cristal del parabrisas desapareció rápidamente, en mil
pedazos; todo lo que estaba suelto se esparció por donde
pudo caer.
Jesús, gracias a que el asiento donde él estaba era
articulado, fue atrapado y transportado bajo el
salpicadero, empujado por el respaldo del sillón y le
salvó de salir catapultado contra la trasera del camión
de adelante (para él las consecuencias hubiesen sido
muy graves) Yo como estaba aferrado al volante, por
causa de la inercia, con el pecho rompí el aro y aunque
con la barbilla golpeé la parte superior del volante, sólo
fue como si me hubiesen dado un puñetazo. Aún hoy,
tengo secuelas en el brazo derecho, cuando hago algún
movimiento inoportuno, en cierto giro. Las gafas que
llevaba puestas volaron, así como el teléfono móvil y
todos los archivos de los trabajos, los cuadernos de
apuntes, las herramientas, en fin, todo nuestro
alrededor estaba sembrado de todos estos elementos.
Cuando me despabilé, acudí en ayuda de Jesús,
quitando el asiento que estaba sobre él, le pregunté de
como se encontraba, me respondió muy nervioso y
agitado:
--- ¿Por que no me has avisado de lo que has hecho?
Intentó salir fuera, pero las puertas estaban empotradas;
toda la carrocería estaba deformada. En ese momento
276
comenzó a entrar vapor del escape del radiador roto; él
creyó que el furgón estaba ardiendo y al no poder salir
libremente, comenzó a gritar, inmerso en un ataque de
pánico. Intenté hacerle comprender que era sólo vapor
del radiador, pero no atendía y se puso a golpear los
cristales de la puerta, salté hasta su lado y le golpeé en
el rostro, con la mano abierta; se calmó.
Cerca de la puerta, en la carretera, ya estaban algunos
conductores, les indiqué que le ayudasen a bajar y bajó,
pasando por el hueco de la ventanilla de la puerta. Por
la otra ventanilla, la de la puerta de mi lado, oí a
alguien que me increpaba, con mal humor; para él, yo
era el causante de que mi vehículo hubiese golpeado la
trasera de su camión, entonces le pregunté:
--- ¿Es que no ves al camión de detrás?...
Ahora, se dio cuenta de cómo estaba el furgón,
arrugado y atrapado entre los dos camiones y comentó
para sí y como para disculparse, dijo:
--- ¡OH!... Dios... Perdona, chico... Yo creía que...
Se retiró hacia la parte de atrás, para hablar con el
conductor del camión invasor. Luego, éste conductor,
me explicaba a forma de disculpa, que no me había visto
y que no sabía como había ocurrido todo, me quería
convencer de que fue un despiste al mirar unos papeles
que se caían, pero no, para mí, es que estaba estresado y
dormido, porque luego, se le escapó decir que estaba de
regreso a Sevilla de un viaje de ida y vuelta continuo,
que había conducido toda la noche. ¿Queda claro, no?
Todo esto ocurría dentro del carril central, los
conductores que circulaban por los otros dos carriles, no
creas que se paraban, además, pitaban y protestaban
porque estábamos parados en medio de la calzada.
Entre los conductores de los camiones parados y Jesús,
hicieron parar a todos los circulantes y como el furgón
no arrancaba el motor, con la tercera marcha y
haciendo girar el motor de arranque, pude colocar el
277
furgón en el arcén derecho y salir luego, por la
ventanilla abierta.
Los otros dos camioneros retiraron sus vehículos y
aparcaron delante del furgón. Ahí comenzamos con
algo más de tranquilidad, a tomar las notas
correspondientes. Claro está, antes yo había buscado las
gafas y el teléfono móvil; con él contacté con el Parque
de Maquinaria para informarles de lo ocurrido. Cómo
me atendió Pablo, se alarmó y le dije que si yo le estaba
hablando en buena forma, esto quería decir que estaba
bien que no se preocupase, que sólo necesitaba un
vehículo grúa para el furgón. Por otra parte, hacía falta
que otro equipo saliese para el trabajo que nosotros no
pudimos realizar. Éste equipo de compañeros, pasaron y
pararon para comprobar el estado en que estábamos
nosotros y el furgón.
A poco de aparecer la grúa, que su conductor era un
antiguo carpintero encofrador, compañero en la
Empresa y que ahora, alternaba el conducir una grúa
de carretera y un taxi, ahora, aparecieron un par de
agentes de la Guardia Civil, en sus motos. Preguntaron
por lo ocurrido y si hacía falta alguna cosa, como la
respuesta fue negativa, nos dieron algunos consejos sobre
la seguridad vial y desaparecieron del lugar, sin más.
Jesús, el conductor de la grúa, hizo los preparativos de
enganche y nos transportó hasta nuestro taller en
Camarma. Cuando nos vieron de entrar, todos los
compañeros del taller se arremolinaron a nuestro al
rededor, preguntando por nuestro estado y viendo en
que condiciones estaba el furgón. Pudimos comprobar
que el golpe era importante, toda la parte delantera
estaba achatada, así como las puertas traseras y el
central de la carrocería, arrugada. Ciertamente, de
haber sido otro vehículo, no estaríamos vivos, porque
todo lo resistió el gran bastidor que posee éste tipo de
vehículo, que es del formado por buenas vigas largueros
278
de acero preformado; de haber sido del tipo
autoportante o monocasco, seguro no hubiese resistido el
empuje del camión cargado, que por cierto, era del tipo
‘trailer’.
A pesar de estar, aparentemente, en buenas formas
físicas, Palomo insistió en tendríamos que recibir un
chequeo en la clínica de nuestro seguro laboral y allí
nos llevaron. La revisión fue completa, y muy exhaustiva,
pero que contestamos bien a todas las comprobaciones.
Nos dieron el informe y volvimos al Taller.
El furgón fue dado de baja total, por el seguro
automovilista.
Aquí, hay que recurrir a las
felicitaciones,
a
los
buenos
administradores,
economistas y gente de esa ralea. Verás por que lo digo:
Desde que en año 1966, comencé a conducir la primera
furgoneta de la empresa, hasta la fecha en que ocurrió
éste accidente, he utilizado cuatro furgonetas y tres
furgones,
todos
nuevos
de
estreno
y
todos
transmitiendose el seguro a ‘Todo Riesgo’, incluido el
conductor y los acompañantes, al número del total de
disponibilidad. Pero; ya está aquí el ‘pero’, a alguien
más listo que el hambre, se le ocurrió, hacer el reajuste
económico, transformando el seguro de los vehículos del
Parque de Maquinaria, de ‘Todo Riego’ al de ‘A Terceros’
(¿?) Si, teníamos todas las rebajas oportunas, por
antigüedad y por falta de siniestros.
¡Maravilloso!
¡Genial!
Después
de
33
años,
se
desperdician las buenas ofertas de aquel tipo de seguro,
por la pésima calidad del servicio éste, indicado como
de a terceros. Además, se perdieron los descuentos y
beneficios de la antigüedad de la póliza anterior. Que
da a entender esto, pues, ni más ni menos que lo que
ocurrió,
después
del
accidente,
la
Compañía
Aseguradora, no está obligada a pagar los desperfectos
del vehículo propio, ni a terceros, porque no los había.
279
¿A quien habrá que felicitar? Pues, el furgón hubo de ser
tirado a la chatarra, sin más beneficio.
Como mi equipo quedó sin vehículo de transporte propio,
la dirección, a indicación de Palomo, autorizó que se
nos alquilase una furgoneta. Ya antes, se hablaba de
realizar unos cambios de los furgones, de Pedro y del
mío. Pero, cuando comprobaron que el alquiler,
resultaba un poco más ventajoso, económicamente, se
consideró no procedente las compras de nuevos furgones.
Más adelante, algún economista avispado, de los que
últimamente,
ingresaron
en
la
plantilla
de
manipuladores de la Empresa, aseguraría que todavía
sería más rentable, alquilar las furgonetas, sólo cuando
puntualmente, hicieran falta. Resultó un verdadero
trasiego de retirar y entregar vehículos. A veces, con la
necesidad de tener que utilizar otro vehículo, para
poder regresar el personal al taller en Camarma. Con el
consiguiente aumento de pérdida de tiempo, en idas,
esperas y vueltas. Pero, como eran las ‘Cuentas del Gran
Capitán’, pues, eso...
Como te decía en ocasiones anteriores, los comentarios
entre todos los compañeros y a la vista de los bajos
resultados
económicos
anuales,
eran
muy
desalentadores, porque notábamos que ya la Empresa no
respondía a nuestros esfuerzos y deseos por tener la
satisfacción del buen deber cumplido, con nuestros
trabajos, que en muchos de los casos, eran realizados
con los mejores deseos y como de siempre estábamos
acostumbrados. No se notaba, que de esa manera
sintiesen los nuevos jefes y directivos. Ya, en mis visitas a
280
las obras, cuando coincidía con los Jefes de Obras y con
los Encargados, cambiábamos impresiones sobre estos
asuntos y recordábamos con nostalgia, los años pasados
y de cómo se había malogrado toda la Empresa, sin
motivos aparentes.
El principio del final, viene dado por la mala gestión de
los anteriores gestores de la Empresa matriz, en
Alemania. Que los nuevos gestores se encuentran con
unas cuentas fraudulentas y ocultadas. Increíblemente,
de tener unos años con facturación ascendente, tal
cómo:
En el año 1994------- 5.411,51 millones de euros.
En el año 1995 ------ 5.764,81
“
“
“
En el año 1996 ------ 5.831,79
“
“
“
En el año 1997 ------ 6.667,24
“
“
“
Y en el año 1998 ---- 4.953,39
“
“
“
Y con las peores perspectivas económicas, para éste año
de 1999, hace que las noticias en los círculos financieros
y empresariales de construcción, caigan como una
bomba en la Bolsa de Francfort, donde las acciones son
suspendidas de cotización, al mismo tiempo que las del
Deutsche Bank (primer acreedor y segundo accionista
de Philipp Holzmann), caigan en un notable porcentaje.
Todo dado por las posibles y más que probables noticias
de tener que suspender pagos.
Una Compañía con una plantilla de más de 28.000
trabajadores, que le hace ser la segunda constructora de
Alemania; con subsedes en Estados Unidos y en Japón; y
por las empresas filiales, el total de trabajadores
dependientes está en el orden de 40.000, dando un total
de 68.000 trabajadores; que gracias a unos desalmados
malversadores económicos, se verán sin empleo.
De todo esto y de todo lo que va a ir ocurriendo, el
despabilado antiguo Director y ‘Amo’ de JOTSA,
(Antonio García Fernández), supo desligarse, con sólo
la diferencia de unas semanas, al vender el 50 %
281
restante de propiedad de la Empresa a Philipp
Holzmann (comunicado el día 3 de noviembre de 1999)
Y además, éste individuo, miente en una entrevista a
unos periodistas económicos, cuando les dice:
--- ...No sabíamos esta bomba de los alemanes, tuvimos
la primera
noticia el viernes; nos fuimos por desacuerdos con
la gestión.
¡Y ahora, voy yo y me lo creo! Vamos. Con la vista que
siempre ha tenido y lo sagaz, artero, perspicaz, ladino,
lince, taimado, astuto y avisado y nunca lerdo, bobo o
incauto. Que hasta se hace un chalet en un páramo de
la isla de Mallorca y tiene la ‘suerte’ de que al perforar
para los cimientos le sale una vena de agua a presión,
la más rica y pura de toda la isla.
Si el anterior comunicado es de fecha de 3 de noviembre
de 1999, y él aún ‘no está enterado’; ¿Cómo es que?... Si
el primer comunicado oficial del Comité de Empresa y
Oficinas, a todo el personal, tiene fecha de 15 de octubre
de 1999, para informarnos del Expediente de
Regulación de Empleo, que se gesta por las noticias
abyectas, que proceden de Alemania.
Y si el Comité de Empresa, está bastante enterado de todo
lo que ocurre, prueba de ello es que solicita a la
Dirección General de JOTSA, S. A., entre otras, las
condiciones particulares del contrato de compra de
acciones, con fecha de septiembre y la lista del personal
que ha causado baja en la Empresa durante el ejercicio
de 1999. ¿Cómo me voy a creer que el citado Antonio
García, como Director General, (aunque su empleo en
nómina era Consejero Delegado), no va ha estar
enterado?
La verdadera realidad, es que en los acuerdos secretos
entre alemanes y los gerentes españoles, se llega a los
acuerdos de hacer la venta del resto de acciones y en ese
paquete, íbamos incluidos todos los trabajadores;
282
ninguno de los cuales, recibió ni una sola peseta, como
desagravio por haber sido tratado como partida de
borregos en el mercado. Estos señores (lo de ‘señores’,
considéralo como descriptivo, aunque sea vejar el
vocabulario),
se
comportaron
cómo
verdaderos
cicateros, cómo ya tenían cómo costumbre.
Te explico: En capítulos anteriores te relaté que los
antiguos beneficios de la Empresa, se repartían en tres
secciones, el primer tercio se destinaba a los propios
socios y propietarios del Sistema Empresarial; el segundo
tercio se destinaba a la propia Empresa, para sus
ampliaciones y mantenimientos generales; y la tercera
partida final se destinaba al reparto proporcional entre
todos los trabajadores de ‘plantilla’. Todo esto, por parte
de los currantes, no lo sabemos si está en los Estatuto de
la Empresa, pero sí, D. Juan Obregón Toledo, en sus
discursos de Fin de Curso, se jactaba en proclamar de
estas disposiciones y repartos.
Pero, (siempre el ‘pero’); vinieron los tiempos actuales,
con los sabios economistas, que campaban por sus
respetos, para que, de forma paulatina, nos fueran
descontando de la tercera partida de beneficios finales,
cantidades
que
sólo
los
muy
cercanos
a
la
administración podían conocer.
Sabes, que los cobros por certificaciones de obras, no se
consiguen al momento, que alguna de las veces, ni se
abstienen por las buenas, ni por las malas. También
sabemos,
que
pasan
meses
en
conseguirse
la
recuperación de estos pagos. Que en los discursos de los
directivos, se declaran estas retenciones, que merman los
beneficios
y
repartos
finales.
Y
que
también,
comprobamos, sin poder reclamar para que sean,
consecuentemente, aumentado el reparto de esos
beneficios, cuando se logran los rescates económicos, de
estas cantidades.
283
Últimamente, sabíamos de casos, en que los deudores
liquidaban sus demoras o hacían sus ‘pagos’, con unas
cesiones de parte de sus propiedades...
¿Cómo?... Sí; hombre, te puedo hacer un repaso de los
bienes inmuebles, que la sociedad JOTSA, S. A. Poseía, y
tú mismo, opina de por qué de las existencias de estas
propiedades:
PARK LANE II
44 plazas de garajes, en Parcela 4a del Plan Parcial El
Castillo de Ansaldo - Alicante.
Finca 15068-32 del Registro de la Propiedad nº 4 de
Alicante. Escritura nº 2610 de diciembre de 1995
Notario Roberto Blanquer.
Avda. DE BARCELONA
80 plazas de garaje en Avda. De Barcelona - Córdoba.
AVENIDA DEL AEROPUERTO
298 plazas de garaje en Avda. Aeropuerto de Córdoba.
Escritura de Declaración de Obra Nueva y División
Horizontal
de fecha 29-04-1997 nº 1757 del Protocolo del Notario D.
Santiago Echevarria.
RESIDENCIAL PLAZA
23 locales comerciales y 1 almacén en Marbella Málaga.
Escritura notarial de D. Francisco Fernández Arévalo de
fecha 07- 04-1996, nº de Protocolo 941
COMPLEJO RESIDENCIAL LAS FLORES -- Calle Jacinto
Benavente s/n - Marbella, Bloques II y III.
8 locales Comerciales.
Escritura de fecha 02-06-1995 ante Notario D. Francisco
Fernández Arévalo, Protocolo 1394, inscritas en el
Registro de la Propiedad nº 2 de Marbella – Málaga.
CAMARMA DE ESTERUELAS
Parcela de terreno en Camarma de Esteruelas, superficie
5.031 m2
284
Número de la finca registral 3786 del Registro de la
Propiedad de Alcalá de Henáres.
Finca con una superficie de 34.494 m2 con edificación de
nave en planta baja ocupando una superficie de 675 m2
Número de finca registral 3133 del Registro de la
Propiedad de Alcalá de Henares.
Escritura notarial de D. Ramón Corral de fecha 16-071999, número de Protocolo 2766
COBEÑAS. JUNTA DE COMPENSACIÓN
Parcela de terreno con una superficie de 60.802,91 m2
Número de finca registral 4489 del Registro de la
Propiedad de Torrejón de Ardoz.
Parcela de terreno con una superficie de 36.314 m2
Número de finca registral 4491 del Registro de la
Propiedad de Torrejón de Ardoz.
Escritura notarial de D. Agustín Sánchez Jara de fecha
19-01-1998, número de Protocolo 304
¿Sigo? Porque hay más, está lo de GRAN VÍA DE
HORTALEZA de MADRID, lo de CALLE JOAN MIRÓ, 125 de
PALMA DE MALLORCA, lo de LAS VILLAS DE LAS HUERTAS
de ALICANTE, lo de AVENIDA DE LA CONSTITUCIÓN de
VALENCIA,...
Y de todo esto, nada revierte en compensar a los
trabajadores, en los siguientes repartos de beneficios. ¿O,
sí? Pero; yo no me enteré.
285
Desde que en 1957 se fundara JOTSA, como Empresa
Constructora, cada año, cada curso laboral terminado,
era constancia de tener conseguido un peldaño más, en
el reconocimiento cómo empresa eficiente y ejemplar.
Siempre se le consideró por su calidad de un trabajo
bien realizado, pues, la idea de sus fundadores, era la
de “Cero Defecto”, en cada obra entregada. Fue
desaparecer D. Juan Obregón Toledo en 1984 y crecerles
la avaricia a los accionistas y a D. Antonio García; verse
la ineptitud de sus nietos... y se cumplió lo que el refrán
castellano dice:
“El abuelo construye, el hijo mantiene y el nieto
destruye.”
La familia García – Obregón, parece que se olvida, que
todo lo que posee, en poderío económico, se lo deben a la
Constructora JOTSA y al gran equipo de trabajadores,
que siempre han tenido. Pasar de esto, es pecar de
desagradecidos, orgullosos y parvos en sus sentimientos
como personas. Con esta actitud, con la venta de la
Empresa a los alemanes y por la mala gestión de estos,
en la administración, han hecho entre todos, que la
muy reconocida Constructora, se difumine en el
mercado de las buenas empresas.
Aquellos directivos alemanes, a pesar de ser unos
‘cabezas cuadradas’, entraron en nuestro entorno, con
toda frialdad y pasamos de ser unos trabajadores
reconocidos por nuestros nombres, a ser distinguidos por
el número de la nómina. Esto daba, aunque si era
cierto, que la plantilla de trabajadores era mayor de
edad. Pero que ahí estaban los resultados con la
calidad de siempre, a pesar de la mala formula
moderna de las subcontrataciones, que estoy por
discutir, con el más entendido, que es uno de los
procedimientos económicos más nefasto, pero sí lucrativo
para unos pocos; y que, más bien creo, es un invento de
algún advenedizo.
286
Y ahora, voy a utilizar la misma demagogia que
emplean algunos destacados, cuando afirman que esta,
o aquella empresa, está en malas condiciones
financieras, debida a la situación del país, al gobierno,
al petróleo, a la bolsa... Qué sé yo. La cuestión es que los
problemas se nos vinieron encima, a pesar de que todo el
personal trabajador de JOTSA, seguía dando su mayor
interés, en que la Empresa y sus puestos de trabajo,
continuasen siendo útiles.
Es ya, en el segundo semestre del año 1999, cuando se
abre ‘La Caja de Pandora’ y se declaran todos los
problemas, que hacen dar comienzo a lo que yo
llamaría “La Larga Marcha Triste”. Se percibe el
inminente hundimiento de la nave y la primera ‘rata’
en abandonar el barco, es su fundador y su Consejero
Delegado D. Antonio García Fernández; claro está con
sus buenos beneficios, que según han declarado, no es
con monedas, sino con ‘ladrillos’. ¡Vista que tiene el
muchacho! Porque al ver la poca consistencia que tiene,
en estos momentos un cheque de la Empresa alemana,
opta por la humilde idea de recibir edificios, o terrenos,
o cosa similar. Como en los Sanfermines: “¡Pobre de
mí!...”
Como te digo, la crisis de JOTSA, comienza en los últimos
meses del año 1999 y es cuando el resto de trabajadores,
se entera de lo que está sucediendo, porque ya no
pueden solapar por más tiempo, las anomalías que van
sucediendo, que fueron tal que así:
15/10/1999 - 1ª Comunicación del Comité de Empresa y
Oficinas a todo el personal citándoles a una Asamblea
General en el día 22/10/1999, para informar sobre la
presentación de un Expediente de Regulación de Empleo,
por parte de la Empresa.
22/10/1999 – Petición del Comité de Empresa de un
aplazamiento de la presentación del Expediente de
Regulación de Empleo hasta el día 02/11/1999
287
29/10/1999 – Celebración de una Asamblea General de
los trabajadores.
02/11/1999 – Petición de la documentación referente a
la presentación del Expediente de Regulación de Empleo.
16/11/1999 – Publicación en EXPANSIÓN de las
situaciones económicas de PHILIPP HOLZMANN, con
deudas de más de 1.227 millones de euros y de la venta
del 50 % de las acciones restantes del valor de JOTSA a
PHILIPP HOLZMANN, que desde ahora es propietaria del
total de la Empresa.
20/11/1999 – Se publica que las deudas en Alemania
ascienden a más de 200.000 millones de euros, que
respaldan los accionistas y bancos alemanes. También se
publica que D. Antonio García, dice que ha vendido el
resto de la Empresa constructora, por “desacuerdos con
sus socios.”
23/11/1999 – Desde Berlín se publican las peticiones del
canciller alemán Schröder, a los bancos acreedores
alemanes, que permitan salvar a la segunda empresa
constructora alemana, que ya tiene más de 150 años de
existencia, que en la actualidad tiene en marcha más
de mil construcciones y da empleo a más de 28.500
personas, de ellas 17.000 en Alemania y unas 500, por
parte de JOTSA, en España... D. Antonio García dice:
--- ...Hemos tenido suerte de salir a tiempo y no
vamos a recomprar JOTSA.
Queremos centrarnos en el negocio inmobiliario.
23/11/1999 – (Circular) Para el control exhaustivo de
las propiedades de la Empresa, se comunica a todos los
Jefes de Obra, la necesidad de “autorizaciones
pertinentes”, de uno de los 8 directivos anotados en lista
adjunta.
24/11/1999 – Comunicado del Comité de Empresa a todo
el personal, de una ‘Reunión Indefinida’ en las oficinas
de la Empresa y de la comunicación de huelga para los
días 29 de noviembre y 1 de diciembre.
288
25/11/1999 – Comunicado del Comité de Empresa de la
decisión por parte de PHLIPP HOLZMANN, de que las
soluciones que se están llevando a cabo en Alemania, no
son trasladables a las situaciones de JOTSA. O sea; que
nos abandonan a nuestra suerte.
26/11/1999 – Comunicado del Director General
HansPeter Klein a los Jefes de Obra, de la solicitud de
“Suspensión de Pagos” ante la Autoridad Judicial. Todo
esto es creado por la falta de créditos bancarios, a
consecuencia del deterioro de la Empresa matriz
alemana, la que nos abandona sin prejuicios.
28/11/1999 – Comunicado del Comité de Empresa a todo
el personal, de las formas de la concentración y
manifestación pública y del itinerario a seguir por las
calles de Madrid.
29/11/1999 – Comunicado del Director General
HansPeter Klein, a todo el personal, sobre la situación
legal de JOTSA, en la que explica de la “Suspensión de
Pagos”, de la supervisión de los Interventores Judiciales,
del compromiso de la continuidad del trabajo, por parte
de todos, de la necesidad de las terminaciones de las
obras y de la garantía de los salarios.
29/11/1999 – Día de huelga de todo el personal y desfile
por las calles de Madrid. Fotos en periódicos.
Publicación de la noticia de la presentación de
“Suspensión de Pagos” por parte de PHILIPP HOLZMANN y
del aval del canciller alemán Schröder, por valor de 150
millones de marcos.
01/12/1999 – Publicación de la “Suspensión de Pagos” de
JOTSA y fotos del desfile de los trabajadores por la
huelga.
03/12/1999 – Comunicado del Comité de Empresa a todo
el personal, sobre los desacuerdos, entre el Comité y los
directivos de la Empresa, por el levantamiento de
la“Suspensión de Pagos”.
289
12/12/1999 – Publicación de la historia de JOTSA como
modelo de empresa constructora y de la foto de las
impresentables hermanas Ana y Celia García Obregón,
posando alegres y despreocupadas de la situación en que
dejan a los trabajadores, de una empresa, que ha sido
fuente de sus ingresos y bienestar.
16/12/1999 – Se nos presenta la lista del contenido de la
Cesta de Navidad que, para muchos, sabíamos sería la
última.
21/12/1999 – Comunicado del Comité de Empresa,
informando sobre las actuaciones de los Interventores
Judiciales. Del recibo de los “Finiquitos” de la relación
laboral individual entre la Empresa y el trabajador.
22/12/1999 – Vista de la copia del resultado de la
presentación de la solicitud de “Regulación de Empleo”
ante el Director General de Trabajo, que ‘DESESTIMA’ las
razones de la Empresa.
Se publica la satisfacción del Gobierno alemán y de los
accionistas de PHILIPP HOLZMANN, por el salvamento
económico de la Empresa.
05/01/2000 – Comunicado del Comité de Empresa a todo
el personal sobre la situación de las obras, de los
créditos y del curso de los trámites actuales.
07/01/2000 – Publicación del interés de Rafael
Fernández, un ex directivo de la constructora HUARTE,
en la compra de JOTSA.
11/01/2000 – Comunicado del Comité de Empresa a todo
el personal, sobre los trabajos de la Intervención
Judicial y de sus reuniones quincenales.
14/01/2000 – Publicación del registro llevado en las
oficinas de PHILIPP HOLZMANN y de la auditora KPMG,
por parte de la fiscalía alemana, a causa del
descubierto de un agujero contable del equivalente a
204.000 millones de pesetas.
15/01/2000 – Publicación de un detallado estado de
volumen de obras, que antes de ser presentada la
290
solicitud de Regulación de Empleo, era de 20.000
millones de pesetas y al día de esta fecha, es de 5.500
millones de pesetas, de esta cantidad, TILMON (la
empresa fundada por los antiguos directivos de JOTSA)
se ha hecho cargo de 2.000 millones.
En esos momentos, JOTSA se encontraba en Suspensión de
Pagos, con un activo de 12.000 millones de pesetas y de
un pasivo de 17.000 millones de pesetas. La Dirección de
la Empresa presentó un Expediente de Regulación de
Empleo, que fue rechazado por las Autoridades
Laborales de la Comunidad de Madrid. Afectaba a 120
trabajadores de los 400 que formaban la plantilla.
Durante esos meses, más de 50 empleados de alta
calificación, abandonaron la Empresa, con lo que se
perdían a los trabajadores más cotizados por el
mercado.
17/01/2000 – Se publica la petición de los acreedores no
financieros de JOTSA, de un plan de salvamento al
Ministerio de Economía y de la intervención ante el
Gobierno alemán, para que PHILIPP HOLZMANN abone
la deuda.
17/01/2000 - Publicación de la posible quiebra de JOTSA.
En la que se afirma el rechazo de las ofertas de compra,
que no autoriza PHILIPP HOLZMANN. Donde, también, se
explica de que el mayor deudor de JOTSA, es su matriz
alemana, al no realizar el ingreso de 2.700 millones de
pesetas. De esta cantidad 1.200 millones corresponden a
la ampliación de capital prevista. Los otros 1.500
millones restantes corresponden al pago, en solares, a
Antonio García, el antiguo propietario de JOTSA.
Esto da a entender que la Empresa matriz alemana,
deja desamparada cobardemente a la quiebra, por
mala gestión de los actuales directivos y del abusivo
lucro de la familia García - Obregón, que pasa
olímpicamente de las situaciones económicas por la que
291
pasará el “excelente equipo humano”, del cual ellos
decían estar orgullosos.
25/01/2000 - Presentación, por parte de HansPeter Klein
(Director General de JOTSA), de un “Recurso de Alzada”
por el Expediente de Regulación de Empleo (rechazado
anteriormente), ante el Consejero de Economía y Empleo
de la Comunidad de Madrid. Que, desafortunadamente,
será concedida favorablemente a la Empresa, dejando
en casi total abandono a los trabajadores. Te recuerdo
que gobernaba el PP.
27/01/2000 - Comunicado del Comité de Empresa a todo
el personal, informando de la reunión mantenida con
la Dirección de la Empresa. Se cree que está a punto de
ser solucionado el conflicto de la Empresa matriz
alemana. Y que, no obstante, JOTSA va a presentar
nuevo Expediente de Regulación de Empleo, que afectará
a 209 trabajadores (doble cantidad del presentado
anteriormente y que fue desestimado)
01/02/2000 - Comunicado interno del Director General
HansPeter Klein a cuatro Directores de Obra, sobre el
acuerdo firmado con Cantos Altos, para continuar las
obras.
01/02/2000
Publicación
del
conocimiento
del
asesoramiento a JOTSA, por parte del ex diputado del PP
Jorge Trías.
Éste despabilado abogado (que no se irá con las manos
vacías), ha sido contratado para ayudar a la pandilla
de desalmados, que sin un ápice de pudor, harán
desaparecer a una buena Empresa y dejar en
desamparo, a una plantilla de trabajadores de calidad,
que además, se esforzaron (gran parte de ellos),
durante la cantidad de años que se considera, para
formar una nueva generación de ciudadanos. Siendo
sabedores de la oferta lanzada por el Comité de Empresa
y respaldada por la casi totalidad de los trabajadores,
que principalmente, trabajaríamos horas extras no
292
remunerables, congelación de los sueldos y vigilancia
total del rendimiento de todo el personal. Esto, no fue
admitido, ni tan solo a discusión, por parte de los
directivos, que claramente, se veía que estaban
empeñados en la desaparición de la Empresa. Digo yo;
¿No estaría detrás de todo esto, algún conocido y
cercano desaprensivo interesado en la compra de la
Empresa, a bajo precio? ¿Eh? Me apostaría la ronda de
un mus.
Gracias a la habilidad de ese abogado y de la
complacencia de las Autoridades Laborales, primero de
doblar la cantidad de trabajadores afectados, en esta
nueva Regulación de Empleo y en segundo lugar las
indemnizaciones son escatimadas al máximo, o al
mínimo, como mejor resulte. En una Asamblea de
trabajadores y Sindicatos, se llegó a aceptar los despidos
y prejubilaciones, pero con unas indemnizaciones
dignas y ajustadas a ley, que sería hasta llegar a un
total de 580 millones de pesetas, en las correspondientes
indemnizaciones. Pero, ahora, se nos oferta reducir la
plantilla a 85 personas y las indemnizaciones reducirlas
a 25 días por año trabajado y a un máximo de un año.
Esto sería como indemnizar con una paga de 14 meses,
a sueldo básico.
En mi caso sería, como unos tres millones de pesetas,
después de haberle dedicado a la Empresa 34 años de
trabajos continuados y siempre a pleno rendimiento, sin
tener en cuenta los tiempos empleados. ¡Gracias, Sr.
Trías! Es usted formidable.
Tengo a la vista una amplia publicación, con referencia
a la Empresa JOTSA y la compra del primer 50 %, por
parte de PHILIPP HOLZMANN, titulado “LAS EMPRESAS
DEL 2000”, donde, en portada se lee:
”JOTSA - La vida de esta constructora de tamaño medio no se ha
visto alterada por la llegada a su accionariado del grupo alemán
Philipp Holzmann AG. Al contrario, juntos desafían los malos
293
tiempos que corren con una clara política de buen servicio al
cliente y rentabilidad interna. Los resultados están ahí, 37 años
consecutivos de beneficios.”
Esto debería de volver a leerlo D. Antonio García
Fernández, sobre todo el último párrafo. Considero y
estoy plenamente convencido que éste, antes considerado
‘ilustre señor’, se ha cegado de ganar fácilmente el
dinero y las buenas energías, que antes demostraba, se
han apagado y se afana en ver los buenos y fáciles
resultados que le da PROSA y PROMOTORAUNO,
olvidando, como digo, que esas dos inmobiliarias son el
resultado de JOTSA.
Por otro lado, se puede leer en esa publicación, que en la
nueva Dirección de Empresa están los nombres (por
orden en la foto) de José Antonio Vargas, director financiero;
Antonio García Fernández, consejero delegado; Dieter Mittelmann,
consejero director gerente; Luis Carvajal Torremocha, director
general y José Ramón Alonso, director técnico. Pues, bien;
después de leer:
---“...Los resultados están ahí, 37 años consecutivos de
beneficios.”
Podemos afirmar que a ésta nueva directiva, sólo les ha
bastado ¡SEIS AÑOS!, para conseguir hundir a esa
misma Empresa y repito, con el beneplácito de la
Autoridad Laboral; oye; que eran del PP. Y digo más; no
sólo se han cargado a JOTSA, sino antes, Don Antonio
García Fernández, se había encargado de deshacer,
--- ... El mejor Taller de Ferralla de Europa....
Fueron sus palabras cuando se inauguró y más tarde, en
el año 1998, hicieron desaparecer a MINDESA. Una
empresa de mantenimiento integral de edificios, que
como antes te expliqué, le sería muy fácil obtener
beneficios, si los directores fuesen buenos; a estos sólo les
duró casi tres años. Y la cosa extrema, ha sido lo de
JOTSA:
Imagina una baca a punto de morir en un páramo y
varios buitres volando sobre ella... Te oriento en esta
294
parábola: La baca es JOTSA; los buitres Dieter
Mittelmann, HansPeter Klein, Rafael Fernández (el ex
director de HUARTE), José M. Ruiz - Mateos (el de
RUMASA), La Caixa, Banco Urquijo, Deutsche Bank,
Commerzbank, y Banco Popular; lejos, los otros buitres
reposando en tierra, (los acreedores no financieros) ¿El
fotógrafo de esta escena?: D. Antonio García Fernández,
rodeado de su familia, todos con los ojos muy abiertos y
con un rictus de risa sardónica. ¿Qué te parece?
Esclarecedora, ¿No?
En el Parque de Maquinaria se seguía trabajando como
de costumbre, no nos parecía que estábamos llegando al
final de la existencia como trabajador de una Empresa,
que considerábamos nuestro ‘hogar’ por la cantidad de
años que teníamos recorridos, dando lo mejor de
nuestra juventud y esfuerzo.
Por orden de la Dirección de la Empresa, nos habían
puesto un control, con vigilantes armados; los primeros
días, nos sentíamos como encarcelados y reos culpables
de algo que nos resultaba raro, casi increíble; ¡Si no
habíamos hecho nada! Esto ocurría en los últimos días
de diciembre del año 1999, cuando se estaban gestando
los días de huelga anunciada. Mi jefe me llamó a su
despacho y al entrar, me dijo:
--- Cierra la puerta.
Cuando esta frase era dicha y casi en ‘soto voce’, me
indicaba que algo anormal ocurría y no quería que
nadie más se enterase, por ahora, de lo que tenía que
decirme. Comenzó con frases casi sin sentido, hasta que
yo le dije:
--- Luis; cálmate y ve directamente al asunto.
Ya estamos casi acostumbrados a las malas
noticias y las que tienen que llegar.
Entonces me dijo que el vehículo que yo conducía,
aunque no pertenecía a la Empresa, que era alquilado,
tendría que dejarlo todas las tardes guardado en el
295
interior del Taller de Electricidad. Me dijo que, Pedro
Saceda, el encargado de montajes, también tendría que
hacer lo mismo. Y por consiguiente, Martín el oficial que
hacía las revisiones a la maquinaria de obra, también
tendría que dejar la furgoneta y utilizar el autocar, que
usaba el personal.
Todos los días, desde que nos trasladamos desde el
anterior taller, cerca de Coslada, para que todo el
personal que no usaban sus vehículos propios, eran
trasladados al taller de Camarma, en un autocar de
alquiler concertado. Esta fue una de las cláusulas del
acuerdo, entre la Empresa, Sindicato y trabajadores,
para no tener que pagar a cada trabajador un plús por
traslado.
Esa tarde, esperé a mi hijo Pablo y me trasladó a casa
(ya nos habíamos mudado a vivir en el piso nuevo de
Alcalá). Al día siguiente, y ya hasta el final, usé mi
propio coche, para trasladarme de casa al taller y hacer
el regreso. Bueno; durante 33 años, ya había usado el
vehículo de la empresa, cosa de agradecer.
Aunque todo seguía con las mismas formas de trabajo,
tengo que reconocer que sentía como de ser culpable de
algo, que inexplicablemente, había momentos que me
sentía confuso; luego me despabilaba y proseguía mi
ritmo diario.
En uno de estos repasos a los momentos, días y años
transcurridos, recordé una reciente visita a la Oficina
Central de la Empresa y saludé al que ahora era el Jefe
de Personal, Cesar, por que el anterior se fue (ese era
una de las ‘ratas’ que abandonaron el barco, al primer
peligro) Me contó que a último de octubre de 1999, tenía
confeccionada una lista de personal, ha ser consultado
para que fuese prejubilado; en esa lista que me enseñó,
estaba mi nombre. Pero; me informó que como se
avecinaban unos momentos muy raros, se suspendía
296
estas prejubilaciones. ¡Lastima para mí!; porque hubiese
conseguido otros mejores beneficios.
Pasó enero y llegó febrero, naturalmente. Un momento;
ahora, veo que en los meses de febrero (puedo decir que
no soy supersticioso), lo único agradable que me ha
ocurrido es el nacimiento de mi hija Susana... Bueno;
cómo te digo, llego febrero, que era el segundo mes del
año 2000 (último año del siglo XX) y se comenzó a
perfilar el final de ser trabajador activo en JOTSA.
Se nos comunicó que habían, salvajemente, admitido a
trámite el Expediente de Regulación de Empleo; que se
quedarían, aún, además de los Representantes
Sindicalistas,
85
personas
de
la
plantilla
de
trabajadores. Aún no estaba al conocimiento público,
quien estaba en esa lista; muchos lo suponíamos. En mi
caso, mi actual jefe directo, me hizo entrar en su oficina
y como a forma de disculpa, como si él fuese el causante
de mi próximo despido, me pidió disculpas y me quiso
dar unas explicaciones de quien se quedaría, del
personal de mi equipo; que haría todo lo posible para
que yo me quedase; que sentía que mi hijo Pablo, era
uno de los que saldrían. Él ya conocía la lista de todo el
personal que sería despedido y no tenía por qué dar
falsas explicaciones, si (cómo dijo Cristo) ‘ya todo estaba
consumado.’
El día 01/02/2000 los sindicalistas, nos pasaron las listas
de todo el personal que estaba disponible en la
Regulación de Empleo, donde se podía leer los nombres,
las categorías, las fechas de ingreso en la Empresa y la
del nacimiento y la clase de contrato. Todos clasificados
por zonas y obras. La suma total de operarios eran 179
fijos de plantilla y 31 eventuales, que da una suma de
210 trabajadores. Eran más de los que se fijaron en el
Expediente de Regulación de Empleo.
En el apartado de Parque de Maquinaria, estábamos 2
administrativos (Juan Nuevo y Pablo Recio) y dos
297
encargados (José Luis Pueyo y yo mismo) No estaban
incluidos Agustín Cortés, Ángel Blanco, ni Pedro Saceda.
Cuando tuvimos conocimiento de todo esto, los
comentarios eran de toda índole y estado de desazón o
agitación, sin llegar a la violencia, pero sí a las frases
soeces. A esta lectura de la lista tuvo, naturalmente, sus
críticas, no al número de trabajadores afectados, sino a
las indemnizaciones reflejadas en ella.
A la semana siguiente, recibimos otras listas, más
detalladas, pues, se habían cambiado la cantidad de
trabajadores afectados hasta los 196, que era la
cantidad que se reflejaba en la solicitud de Regulación
de Empleo, para los trabajadores de los centros de
trabajos en Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y
Málaga. En ella se detallaban todos los datos de cada
trabajador y se indicaban todas las indemnizaciones
individuales, con unos complementos discutidos y
aceptados y eso sí, las firmas de todos los que habían
intervenido en esa reunión, donde se aceptaron las
condiciones finales.
Las sumas de las indemnizaciones de todos, no
alcanzaban ni a la mitad de lo que por ley, en aquellos
días, nos correspondían y que se solicitaron. En el
apartado del Parque de Maquinaria, correspondiente a
los administrativos y encargados, ahora, estaban
incluidos Pedro Saceda y Ángel Blanco. O sea; en las
Oficinas sólo quedarían el Director del Parque Luis
Palomo y el administrativo Agustín Cortés. En el Taller
de Electricista, dos oficiales José María Martínez y el
sindicalista José Félix Ropero; en el taller de mecánica
estarían los sindicalistas Carlos Tejero, Manuel López y
José León. Los ‘hombres liberados’ Victorio García y
Federico Vila, no estarían en el Taller, sino que harían
sus funciones de zascandiles, como hasta ahora. Luego,
al ser despedidos, recibirían el doble de indemnización,
298
por los ‘servicios’ prestados a la Empresa y no a sus
compañeros. Esto tiene explicación más adelante.
La fecha propuesta y acordada para la finalización de
los contratos de los 196 trabajadores, era el 15/02/2000
Antes de esa fecha, fuimos haciendo los oportunos
inventarios de materiales y herramientas, que eran de
propiedad de la Empresa y por parte de mi equipo de
electricistas, se recogieron y entregaron el almacén
general. Los elementos propios de nuestro departamento,
los recogí en nuestro almacén propio y las herramientas
especiales, en mi oficina. Los archivos que yo creé y que
eran de mi uso particular, los fui revisando y
destruyendo; poca cosa quedó servible, pues a nadie más
le tendría que hacer servicio. Las llaves de los
almacenes, de la oficina y del taller, tendría que
hacerle entrega al oficial José María Martínez, que
quedaría al cargo de todo lo relativo al mantenimiento
y a las instalaciones eléctricas del Parque y de obras.
Recordaba cuando éste trabajador entró en el taller de
electricistas, era un mozalbete despabilado y activo. Fue
su padre, cuando en una obra, que él estaba de
almacenero, me consultó sobre la posibilidad de que su
hijo entrase en nuestros talleres, le recomendé que se
dirigiera personalmente a mi jefe, que yo le prepararía
las condiciones, poniendo en antecedentes al Sr. Haro.
Fue aceptado y con mis informes periódicos, el Director
del Parque de Maquinaria, quedó convencido de la
buena calidad de ese trabajador; no sin antes decirme:
--- ...A ti, siempre te parece bien y buenas personas,
pero ya veremos...
José María se esforzó en aprender todo lo relativo a
nuestros trabajos: como se dispuso que casi siempre
estuviese en el taller y saliese poco a las obras, hizo buen
equipo con Agustín, que también tenía disposiciones
para instruir. También siguió estudios de electricidad y
bobinado de motores, que apoyado por las enseñanzas
299
de Agustín, se convirtió en el segundo oficial del equipo.
Luego marchó al servicio militar, volvió y se nos casó y
fue padre. Él era uno de los cuatro oficiales que, al tener
una mujer trabajadora, fuera de casa, hacía de todos
los trabajos caseros, con toda naturalidad y agrado. La
única falta que se le podría achacar, es la de ser un
poco opresor, con sus compañeros en cuanto se establecía
una discusión, del tema que fuese; hay que reconocer,
que él estaba bien informado en todo.
Aceptaremos que todo el personal que ha pasado por el
equipo de electricistas, no ha sido conflictivo, nunca
hemos tenido enfrentamientos graves, tan sólo los
frecuentes entre gente que pasa mucho tiempo junto, los
roces normales. Esto también se estableció con los
compañeros de los talleres de mecánica, montajes de
grúas, ferrallas y con los de prefabricados de hormigón.
Llegó el ya esperado día 15 de febrero de 2000 La
entrada la hicimos como de costumbre, a la misma
hora. Los que usábamos nuestros coches particulares,
entramos los primeros, un poco más tarde, pero a su
hora acostumbrada, lo hizo el autocar concertado.
Nadie demostró estar nervioso, pero, sí se notaba cierto
estado confusional casi imperceptible. Ninguno cambió
su vestuario por los trajes de faena, ya sabíamos que no
sería necesario. Todos estaban sin ocupar sus puestos de
trabajos y se dedicaban a deambular por las
dependencias, o en pequeñas reuniones. Yo hacía algo
parecido, pero estuve más tiempo dentro de mi oficina,
haciendo los últimos repasos de todo el inventario y
recogiendo mis útiles personales, para guardarlos en mi
coche. Y por fin, entregué el teléfono móvil, que hasta
entonces usaba, para las comunicaciones con el Taller y
las obras, o mi familia
A la hora que estaba establecida para hacer descanso
para el bocadillo de la mañana, los compañeros de la
oficina del taller, nos fuimos a un restaurante cercano,
300
donde con frecuencia comíamos, para hacer un
segundo desayuno; en la oficina se quedaron Luis
Palomo y Agustín, que irían en el segundo turno.
Antes de medio día, nos trajeron de la oficina central de
la Empresa, el legajo de documentos, para que se
realizaran
las
firmas
de
los
finiquitos.
Los
administrativos, con la supervisión de Palomo y de un
responsable de la Oficina Central, fueron haciendo una
revisión y ordenamiento de documentos, para que se
fuesen pasando a las firmas por orden de listado. Los
representantes sindicalistas habían acudido a éste
momento, y estaban dentro de la oficina, observando
todo y dando los últimos consejos y consignas a los
compañeros.
La documentación que a cada trabajador se le fue
entregando era una copia de la resolución sobre la
Regulación de Trabajo, una copia del listado del
asentamiento de entrada del trabajador en la Empresa,
una copia de los TC2 de las cotizaciones a la Seguridad
Social en los últimos seis meses, un certificado de las
cotizaciones firmada por el Jefe de Personal, una copia
de parte del listado de trabajadores (donde constaban
sus datos), una carta fotocopiada y especificada a cada
trabajador, un recibo de finiquito y el cheque por el
valor de la indemnización.
Las indicaciones que los abogados sindicalistas, nos
habían dado al respecto de las firmas de los finiquitos,
eran que el no estuviese de acuerdo con las cantidades
de las indemnizaciones, no se deberían negar a las
firmas y retiradas de los documentos, pero, sí podríamos
poner antes de la firma del recibo del finiquito y en el
recibo, una nota que debería decir:
---“No estoy de acuerdo y me reservo las acciones
oportunas.”
Luego, sin más comentario, se revisaría todo lo que nos
presentaran,
se
firmaría
y
retiraríamos
la
301
documentación y el cheque; se harían los saludos de
despedidas de rigor, o no y abandonaríamos el recinto,
sin más espavientos y el que deseara ser asistido por
abogados se disponía de una lista de ellos. Yo me hice
anotar en una lista de compañeros, para ser asistidos
por un abogado en las reclamaciones legales pertinentes
a una denuncia en Magistratura Laboral, o donde el
abogado tuviera oportuno realizarlo. Pablo, mi hijo, no
quiso apuntarse a tal evento.
Luis
Palomo
nos
rogó
a
los
encargados
y
administrativos, que fuéramos los últimos en las firmas y
que estuviésemos presentes en las firmas y despedidas de
los oficiales y hasta ahora compañeros de trabajo; así lo
hicimos y fuimos saludando a todos, como cuando en
Navidad o Año Nuevo, nos saludábamos, a cada uno y a
cada cual, con la correspondiente afectividad; pero,
esta vez, pocos eran los que se iban con cara alegre. Y no
te diré quien mostraba una lágrima furtiva. Ninguno
teníamos corbata, pero; que se nos podía notar un nudo
en la garganta, que solapábamos con un rictus de
sonrisa. Pocos abrazos fraternales hubo, pero; a flor de
piel estaban las últimas miradas y los últimos apretones
de manos, de los que durante tantos años habíamos
compartido, buenos y malos ratos.
Cuando se terminó con las formalidades de las firmas
de todos los oficiales, los administrativos y encargados,
pasamos por el mismo trance. Luego, cuando ya sólo
quedábamos nuestro ex Director, Agustín, los ex
encargados y ex administrativos, Luis Palomo, nos dijo a
todos
unas
torpes
palabras
de
despedida
y
agradecimiento. Entre todos volvimos a recordarnos los
números de teléfonos personales, nos saludamos para
despedirnos.
Palomo comentó que deberíamos hacer la despedida
abriendo unas botellas de cava, pero yo le dije con
ironía:
302
--- Luis, es mejor que nos marchemos y así podremos
‘llorar’,
cada uno, cuanto quiera.
Este fue el último comentario festivo, que hice al grupo
de, hasta entonces, amigos y compañeros más cercanos
en esa Empresa. Nos fuimos marchando, con los últimos
saludos y comentarios. Mientras salíamos, como
automáticamente, dábamos las miradas finales a todo
los rincones visibles. Yo utilicé mi coche y Pablo el suyo y
salimos enfilando camino de Alcalá de Henares. Yo me
quedé en Alcalá y Pablo siguió hasta su casa en Coslada.
Cuando entré en casa, Librada, mi mujer, vino a
preguntarme de cómo habían ido las cosas en el Taller.
Le relaté, no con muchos detalles, todo lo ocurrido aquel
último día en conexión con la Empresa. Lo cierto que
tenía un sentimiento de cómo cuando uno se despide
para ir de vacaciones, pero; con el auto convencimiento
de que ha de ser de forma terminal, que ya no se
continuará, ni se volverá para seguir haciendo los
trabajos de siempre; que vamos, que se acabó, que no hay
más, que estás en el mismísimo ‘P-A-R-O’.
A las 7:30 horas, sonó el despertador, me despabilé y
comencé a salir de la cama. Librada, me pregunta
entonces:
--- ¿A dónde vas?... Ya no tienes que ir a trabajar.
En ese momento, fue cuando conecté con la realidad.
Por la costumbre, había dejado conectado el sistema del
radio – despertador a la misma hora de todos los días
laborables. Y le dije:
--- Bueno; de todas formas tengo que ir a la oficina del
‘paro’.
303
El aseo, el desayuno y los preparativos para salir de casa,
fueron como los días anteriores: automáticamente
realizados. Cogí los documentos que me habían
entregado y me dirigí andando hacia las oficinas del
INEM. En estos casos, a pesar de que nunca se han hecho
estos asuntos, uno se orienta fácilmente con las lecturas
de los carteles, o preguntando a las personas que se
encuentran dentro de estos centros. Pedí la vez a los que
me antecedían y aunque nadie guardaba un orden de
filas, ya se tenía en cuenta quien estaba delante y
detrás.
Cuando me tocó el turno, accedí a la mesa que acababa
de quedar libre. Amablemente, la señora funcionaria,
me preguntó a que asunto venía y cuando le expliqué lo
ocurrido en la Empresa, me fue pidiendo los papeles que
yo portaba; cuando vio a que empresa correspondía, me
informó que ya habían pasado por esa misma mesa dos
compañeros, hacía unos momentos. También me dijo que
no comprendía, de cómo una empresa como esa se
encontraba en esta situación; de cómo la ‘Empresa de la
Ana Obregón’, podía estar en esos trances.
Esta amable señora funcionaria, me dio entrada a mi
solicitud y me entregó nuevos papeles que tendría que
rellenar y entregar, en esas oficinas, pero en otras
dependencias, en compañía de un certificado de mi
‘Vida Laboral’, que me expedirían en las oficinas de la
Tesorería de la Seguridad Social.
En esas oficinas de la Tesorería de la Seguridad Social,
hice la petición de la ‘Vida Laboral’, en no mucho
tiempo me la entregaron. Salí y por la calle fui leyendo
todo cuanto en ella se decía; pero, no me cuadraba las
cuentas totales. Volví a entrar y realicé otra petición y a
esperar.
Ahora, para la espera había más personal que antes.
Como mientras esperaba, anteriormente, vi que los
funcionarios a cada poco consultaban con una señora,
304
que deambulaba entre las mesas de los demás y parecía
que les resolvía todas las preguntas que les formulaban,
diciéndole “Rosa, oye, esta tal cosa es así, o...” Pues; yo
hice lo mismo, cuando estuvo libre y pasó cerca de
donde yo estaba; le hice un gesto y le pregunté:
--- Rosa; éste informe, me lo acaban de entregar y no
está correcto, le faltan fechas de días trabajados.
Ella se sorprendió, quizá de cómo yo le llamaba por su
nombre, pero no lo quiso demostrar y me cogió el
informe, lo leyó y me dijo:
--- Bien; es posible. Ven a mi mesa, que lo vamos a
comprobar.
Manipuló en el teclado de su ordenador y me informó
que sí, que era correcto, que verdaderamente, se
indicaba que en mi caso, había unos datos
suplementarios en el ‘Archivo Histórico’; se inclinó sobre
el teclado, mientras me decía:
--- Espera; lo vamos a hacer desde aquí...
Te voy a hacer la petición y en unos días
lo recibirás en tu casa. Bueno; eso es todo.
Esta chica tenía que haberse dado cuenta antes.”
Le agradecí el servicio y salí a la calle y mientras
caminaba, releyendo el documento, pensaba que había
hecho una maniobra, que normalmente, nunca hago: y
es la de no respetar el turno de fila. Pero; que caramba,
algunas veces veo a otras personas que si lo hacen y con
menos gracia. Porque yo de nada conocía esa tal Rosa.
Mientras caminaba hacia mi casa, leía el informe que
me habían entregado y aunque estaba falto de algún
detalle, comprobé lo mayor que ya era. Aunque las
sumas estaban expresadas en días trabajados, de las tres
empresas en las que yo he trabajado, al final de la hoja
de decía que el ‘Total General’ eran 35 años – 6 meses –
17 días. Entonces, si yo comencé a trabajar con 21 años,
son 56 años, más dos en el servicio militar, en la
‘Marina’, son 58 años, más 2 años que faltaban por
305
justificar del ‘Archivo Histórico’, sumaban 60 años, que
son los que en estos momentos tengo. Que barbaridad,
que exacta es la Matemática.
La manipulación personal de Rosa, fue efectiva, a los
dos días, recibí el certificado oficial de mi ‘Vida
Laboral’, rectificado. Con él y el resto de documentos, me
dirigí de nuevo a las oficinas del INEM. Esta vez la
espera en las filas fue más larga y cansada. Cuando yo
me acoplé a la fila de ‘esperadores’, mi puesto estaba al
pie de la escalera de acceso al primer piso. Tendría que
pasar esa escalera, un amplio descansillo en la planta,
un largo corredor y un distribuidor, antes de la oficina,
donde me atenderían definitivamente. A las casi dos
horas de espera y lenta caminata, llegué hasta la mesa
donde estaba, increíblemente amable, la funcionaria,
que tras de la enésima vez de explicar la misma
retahíla, volvió a repetírmelas a mí. De allí salí con
otros documentos y con la información de que ya
recibiría en casa, por correo, más.
Efectivamente, a pocos días, recibí por correo, bueno, con
más exactitud, quien repartió ese día el correo en el
edificio, dejó una nota, donde se informaba al
interesado que podía retirar de las oficinas de Correos,
una carta, pues en la nota a mi nombre , decía que ‘no
figura en el buzón’; seguramente el sol no le dejó leer.
Vale; recogí un documento, de esos que hay que rasgar
los cuatro lados para acceder al interior, tienen la
extensión de la tercera parte de un folio, en vertical, ya
podían haberlo redactado sobre medio folio, así las
partes a leer serían más fáciles. Las partes legibles, eran,
de momento, incomprensibles y para las partes no
legibles, tuve que usar una lupa y con toda calma ir
descifrando su contenido que me iba revelando lo que se
me explicaba. Eran los datos personales, que yo conocía,
pero que eran para la verificación y los datos de la
‘prestación’ que se me había concedido, que después de
306
35 años de cotización, tenía derecho a ello (Mire usted
por donde)
Durante los nueve meses siguientes, supe y pude
comprobar, lo mal que responde el servicio del
departamento de las oficinas del INEM, los controles de
las ‘plantillas de parados’ es casi de total anulación.
Durante esos meses, tan solo recibí tres ofertas de
trabajo:
1ª - Oferta nº 0111/991011442/1001 para el día
18/09/2000 (a los siete meses de paro), que una empresa
de Zaragoza, que iba a construir una nueva sede en el
Camino Largo de Ajalvir, dentro del término de Alcalá
de Henares, necesitaría un electromecánico para el
mantenimiento de los talleres y durante las obras de
construcción iría tomando contacto con todas las
instalaciones; mientras tanto las obras daban comienzo
yo estaría ‘a verlas venir’. Sin sueldo.
2ª - Oferta nº 0111/281268186/1004 para el día
24/11/2000 (a los nueve meses de paro), que una
empresa de Alcalá de Henares, necesitaba oficiales para
reparaciones de toda índole en fábricas del Corredor del
Henares. La formula, que me explicó el joven que me
entrevistó, era que yo estaría a disposición de esa
empresa, en las 24 horas del día, atento a sus llamadas
por teléfono y desde mi domicilio, con mis herramientas
y mi vehículo, respondería raudo y veloz a donde
estuviese una avería.
La forma de cobrar sería un
307
pequeño sueldo, algo superior al salario base, más el
pago de los desplazamientos y finalmente, un plús por el
computo de todas las averías solucionadas en el periodo
del mes anterior. Cuando yo les dije, al que me hacía la
entrevista, que me parecía una barbaridad y un
atropello la formula de esa forma de contrataciones, me
dijo muy indignado:
--- Tú lo que no quieres es trabajar...
A lo que yo le contesté:
--- Desde luego que no; con esas maneras, ni yo ni nadie
que se estime como persona y no como esclavo.
Mira, no quiero discutir contigo, así que firma
el albarán del INEM y gracias por haberme atendido.
La tercera oferta fue para primeros de diciembre del
2000 (diez meses de paro), no me quedé con el
comprobante para poder saber ahora el número de la
oferta. Pero; te diré que fue para un puesto de Monitor
de Electricidad en una Escuela de Oficios, que
regentaría el Ayuntamiento de Torres de la Alameda
(Madrid), cerca de Alcalá de Henares (á 11 Km)
En el mes de mayo de 2000, decidí cambiar el coche,
pues, ya había comenzado a dar problemas con averías,
que sólo daba la sensación de tener poca seguridad y
muy bajos rendimientos. Tenía bastantes años y como
ahora disponíamos de ahorros adecuados para
permitirnos ese cambio, que no por capricho.
Antes ya había estado en otros concesionarios, donde
vendían vehículos Citroën, entonces, decidí ir al
concesionario principal de Citroën, en Madrid, porque
daban mejor oferta al comprador y formalizamos los
trámites, para el cambio por un Xara. Nos acompañaron
Sonia y Pablo, porque habíamos decidido comer en un
restaurante, los cuatro juntos, no en casa. Y así poder
charlar sobre la próxima boda de ellos dos.
308
El joven comercial, que nos atendió, tuvo que soportar
las peticiones que Librada le formulaba, pues consiguió
que de forma ‘gratis’, nos diera con el vehículo,
alfombrillas, herramientas especiales, repuestos, alerón
trasero montado, repuesto de las lámparas halógenas y
el depósito de combustible totalmente lleno; hasta que
ya le dijo que no pidiese más cosas, que hasta había
conseguido hacerle una rebaja del precio final de
700.000 Ptas. El coche ya lleva cinco años en mi poder,
no alcanza los 35.000 Km recorridos, pero todos los
hemos realizado sin salir de la zona central de la
comunidad de Madrid.
Casi dos años antes de que a nosotros, a Pablo y a mí,
nos incluyeran en los despedidos por la Regulación de
Empleo de JOTSA, Susana ya fue también despedida por
el cierre de la Empresa MINDESA, subsidiaria de JOTSA.
Que también, desgraciadamente, sus jefes se encargaron
de destrozar, con todas agravantes y alevosías. Tuvo la
satisfacción de devolverle a su jefe la despreciable frase,
que él solía decir, pero, sin el tono grosero que empleaba,
al querer contarle a ella sus penas por la perdida del
puesto de director, Susana le dijo:
--- ¿Sabes que te digo?... ¡Que te la pique un pollo!
Por las cualidades de ser de ella, no soportó el estar en
el ‘paro’ y pronto consiguió estar de nuevo empleada.
Esta vez, por tener titulo de Ayudante de Clínica, fue
admitida en el Instituto Médico LÁSER, de nueva
apertura, con todo lujo en la calle Almagro de Madrid,
para manejar unas máquinas de depilación corporal
por láser. De éste tema y de esta forma de trabajo, no
tenía ni la más mínima idea, pero; está adiestrada
para no ceder en que alguien se de cuenta de que está
falta de conocimientos y pronto se hizo con el manejo y
309
trucos oportunos, para desarrollar esa labor. Tanto es
así, que ya va para ocho años que está empleada en esa
Empresa.
El día de la inauguración del Instituto, los doctores y
dueños de la Empresa, dieron un corto cóctel a las
amistades, futuros clientes y familiares del personal,
para mostrar las dependencias, quirófano, salas y
cabinas de trabajos. Nos informaron a todas las
preguntas que se nos ocurrían y de a cuanto ascendían
los gastos empleados para el montaje de todo. El jefe, a
mí, personalmente, me dijo que había contratado a mi
hija, no solo por sus cualidades para el trabajo, sino,
más por la atractiva sonrisa, ideal para el trato con los
clientes.
Susana, ahora, por sus conocimientos actuales y por el
tiempo de experiencia y de los trabajos bien realizados,
los jefes, dispusieron que sería ella la encargada del
personal de depilación y anexos. Pero; por que no tiene
las dotes de intimidación y de despotismo necesario,
para el trato hacia el personal y más que ella, al estar
fuera de las cabinas de tratamientos, no tenía el trato
directo con los clientes. De esta forma no se activaban
los presupuestos de los siguientes, o posibles tratamientos,
necesarios o no, que ella conseguía hacer ver a los
clientes, como que lo necesitarían. Entonces, decidieron
cambiarla por otra compañera de trabajo, que esta sí,
tiene las malas formas y ganas del mal trato al
personal, sin ningún pudor. A Susana le mantienen el
mismo sueldo y un mejor trato, casi familiar. Pues, ya ha
sido invitada por su jefe, en su gran mansión, por algún
evento, como cumpleaños.
Actualmente están reformando un palacete, junto a la
Embajada de Reino Unido, para instalar allá un nuevo
Instituto Médico Láser y pronto harán los traslados. Han
tenido varias reuniones para acordar y ajustar los
cambios de formas de trabajos y de personal. En la
310
última reunión, ocurrió un contratiempo, por las formas
que su jefe utilizaba los análisis de la situación de la
Empresa, que Susana, no pudo ni disimular ni consentir.
Durante el tiempo de descanso y entreacto, de la
reunión, de forma personal y en lugar apartado, le
aclaró a su jefe que estaba en un grave error de
conocimientos de cómo estaba funcionando los trabajos
exactamente, le razonó sobre la verdadera situación y le
dio a conocer detalles que él aún no sabía.
Cuando se reanudó la reunión, el jefe se dirigió a todos
y les relató la falta de tacto que había cometido, sin el
conocimiento exacto y de lo agradecidos que estaban
con Susana, por sus trabajos y desvelos y que a partir de
ese momento, sería, además, la ‘encargada general’ del
mantenimiento y control de todos los equipos, que se
utiliza en ese departamento.
Ojalá Pablo tuviese la mitad de coraje y valor, que su
hermana. Cuando fue despedido de JOTSA, al tiempo
que a mí, tardó bastante tiempo en reaccionar y
encontrar un empleo. Paréceme que él creía, que los
empleos que se iba a encontrar a su disposición,
tendrían las características y los salarios, de que ha
tenido en el empleo anterior.
Aún peor; no me ha aclarado todavía, por qué entre su
novia Sonia y él mismo, decidieron casarse, estando
todavía en ‘paro’. Sí, claro; por parte de ella ya se me ha
despejado la incógnita, por todo lo ocurrido hasta
ahora. Ella, se encuentra con un buen hombre, un buen
piso montado con casi todos los detalles necesarios, con
un coche a su disposición y con unos ahorros (de él),
aumentados con los dineros de la indemnización del
despido. Ya te digo; ahora comprendo y veo los rápidos
311
cálculos mentales que haría y de cómo le salió (a esa
mala arpía): al hilo de su gusto.
Pocos fueron los razonamientos que su madre y yo, le
dimos, porque Pablo, ya tenía las ideas fijas, o fijadas
por ella y no atendía a las explicaciones. Comenzaron
los preparativos para la boda, que se celebraría, no en
los Jerónimos, de Madrid, (como ella intentaba que
fuese), sino en una iglesia de poco lustre, en San
Fernando de Henares. La fecha concertada, el
09/09/2000
Posiblemente, éste año sería un buen año para el vino,
pero lo que es para esa boda, fue de un resultado de
poca calidad. Creo que tampoco se habría conseguido
mejores efectos, si Librada o yo, hubiésemos participado
en los preparativos de la boda. Que tuvo hasta la
anécdota que a la novia (y a su familia), se le olvidó el
ramo de flores, cuando entraba a la iglesia. Si, la
iglesia resultó cutre para la ceremonia, la planeó el
cura con tal mal gusto, que ni había música y los novios
y padrinos estaban desplazados a un lateral, no en el
centro de la nave, para que hubiese lucido algo más.
El reportaje de fotografías, fue hecho en los jardines de
la finca abierta al público del Parque de Osuna, ‘El
Capricho’, en Barajas, Madrid. Todo estuvo dispuesto y
manipulado por una parte de los familiares, de la
novia, que me parecían a una bandada de córvidos. La
celebración o fiesta, a los invitados, se realizó en un
restaurante, en la zona de Puente de Vallecas, en
Madrid. A la mesa de honor, junto a los novios,
estábamos los padres de la novia y nosotros dos.
Librada, madre del novio, asistió como madrina de
boda y como padrino, estaba el padre de la novia. El
traje y los complementos que se compró para la
ceremonia, aún, todavía no los ha vuelto a lucir. Los
familiares y los invitados por parte del novio, sólo
312
ocuparon dos mesas, de diez comensales cada una, los
invitados por parte de la novia... los ‘101 dálmatas’.
Te creerás que durante, los algo más de diez años, en
que Sonia y Pablo estuvieron de novios, sólo, en los pocos
meses antes de la boda, estuve reunido cerca de los
padres de Sonia y después de la boda, una sola vez.
Por parte de los amigos y familiares de la novia,
quisieron demostrar que eran los más alegres y
divertidos del barrio, porque los regalos y sobre todo el
dinero que aportaron como obsequio por la boda,
estaban encerrados en cajas metálicas selladas,
revueltas en el interior con salsa de tomate... Que
gracia... Las madres que los parió.
Sonia no se había dado cuenta que procedía de una
familia no rica; que su novio, procedía de otra familia
en igualdad de condiciones económicas y más aún, ella
misma, acababa de formar otra unidad familiar, con
menos recursos y para redoblar, su novio, marido ya, en
esos momentos estaba en ‘paro laboral’ y desde no se
cuando y no se por qué, no supo comportar un buen
ahorro y hacer que su compañero, se ajustase a esa
norma también. Pero; no. Los gastos fueron siempre más
que los ingresos, aunque ella trabajase y Pablo
consiguiese otro empleo, pero eso sí, de peor salario del
que tenía en JOTSA. Que para tener más ingresos,
tendría que hacer más horas extras de trabajo.
Con éste conjunto de no muy buenas condiciones, para
comenzar un matrimonio y el descontrol económico,
comenzaron las controversias. En cada conjunto
familiar, cada cosa tiene su importancia y su orden de
valores. Entre los dos no supieron mantener las
necesidades, dentro de un buen orden de gastos.
Pablo no consiguió aprender de su madre, los trucos de
la economía domestica y Sonia, como ‘niña mimada’,
no tenía ni el comienzo de ese aprendizaje. Todo esto me
313
hace pensar y recordar un refrán castellano que bien
dice:
“Cuando en la casa de una pareja, los problemas entran
por la puerta, el amor sale por la ventana.”
A éste progresivo desbarajuste, se fue asociando y
aflorando la mala calidad moral de Sonia y la peor
calaña de los amigos de ambos, que con la infortunada
forma de proceder de Pablo, que no supo o no pudo
mantenerse dentro una buena armonía conyugal, fue
creando, no una buena esposa, sino una mujer
zarrapastrosa y peor (aún en estos tiempos amorales),
ella llegó a los más bajos niveles de decencia y
compostura, para una mujer casada. En fin, la
impostura llegó a las apariencias y tal vez, a la más
amarga realidad, de ser una mujer casada e infiel.
De éste bastardear, sólo puedo dar mi opinión y no por
los
conocimientos
personales,
ni
por
los
pocos
comentarios de mi hijo Pablo, sino por los resultados de
las consecuencias y por la degeneración de ese
matrimonio. Que hasta el día de hoy, en que te relato
esto, no he recibido ni una sola comunicación, por parte
de Sonia, aunque sea para decirme que mi hijo, su
marido, no se comporta como ella esperaba. Pero; ella si
se ha comportado como yo no esperaba.
“La mujer prudente construye su casa, la insensata
la echa abajo con sus propias manos.”
(Proverbios)
Lo cierto, es que como resultado de éste desgraciado
asunto, se ha llegado al divorcio, de éste matrimonio,
que ha durado el escaso tiempo, de casi los tres años, sin
llegar a los cuatro. Lo peor, para mí abominable, es lo
de una mujer que no aporta nada de calidad, ni en lo
económico, ni en lo moral, a un matrimonio, y se salga
de éste, en tan corto plazo, con la mitad de todo y con
la mitad de la venta de un piso que, en realidad, sólo
era de mi hijo. Pero; con la frialdad de esa afectada ley,
314
que todos padecemos, pues, nada hay que hacer. Que
cómo dijo Gómez de la Serna:
---“El pijama del hombre le viene grande a la mujer.
Gracias a eso, el hombre tiene pijama...”
Hay otra cosa que considero peor: Es la penosa tarea del
desmontaje de una vivienda, que se ha montado con
todo cariño y esfuerzo. Que si no se dispone, de las
buenas formas de solucionar esa situación de
desamparo, los dos componentes de éste matrimonio, se
encontrarían en una grave y penosa forma de
continuar sus vidas.
En el caso de Pablo, tubo la buena oferta de su hermano
Jonás, que le ofreció su vivienda, recientemente
comprada en Torrejón de Ardoz;
donde ha estado
viviendo durante el espacio de un año y donde ha
podido encerrar y guardar todo lo que de su casa pudo
retener.
Y hablando de parejas y pisos, Jonás, ha tenido otra
experiencia muy parecida a su hermano Pablo. Jonás
estaba gozando de la buena compañía de una novia,
Bea, durante varios años, que ya habían dispuesto de la
compra de un piso en construcción en Torrejón de Ardoz.
Amplio, bonito, cómodo y en una urbanización
agradable. Pero; a poco de serles entregado éste piso, se
rompe la unión sentimental y económica. Aquí aparece
otra mujer calculadora y manipuladora y de igual
conocimientos de ética, educación y respeto, que la otra.
Y es, porque al igual que con Sonia, de esta, no hemos
recibido ni una sola llamada de teléfono, para dar una
simple explicación, que como padres de su novio y de
tener patente de buena educación, para con ella, creo
tener derecho a ello.
Digo lo de calculadora y manipuladora, a Bea, porque
los pagos realizados para la compra de ese piso, no se
habían efectuado a partes iguales. Pero, si el reparto, de
los beneficios de su venta, realizada sin los mejores
315
resultados. Y con la destrucción de los deseos y anhelos
de Jonás. Memos mal, que con los escasos beneficios de
esa venta y la ayuda de sus padres, Jonás a conseguido
realizar otra compra de otro piso, menos amplio, menos
bonito, menos cómodo, y eso sí, en una urbanización
casi igual de agradable, en otra zona de Torrejón de
Ardoz. Así que sería conveniente aceptar lo que nos
canta Joaquín Sabina:
---“Tanto la quería
que aprendí a olvidarla
19 días y 500 noches.”
Aunque hay que tener en cuenta que:
“La buena conducta de la mujer es un don de Dios.”
(Eclesiatés, XXVI, 17)
Cuando iniciamos los trámites para la compra del piso
en Alcalá de Henares, pusimos en ello grandes ilusiones,
porque vimos que ese piso posee mejores condiciones de
habitabilidad que el que teníamos en Coslada y en el
que hemos estado desde 1971 hasta 1999 (28 años) En
una cuarta planta, sin ascensor, 5 personas en 68 m2; es
cómo 13 m2 por persona; con paredes mínimas y unos
servicios sociales, en todo el barrio, también mínimos. Sí;
en éste nuevo barrio de ‘El Ensanche’, también estamos
en ‘mínimos’ con los servicios sociales. Todavía, en el
2005, estamos en igualdad de condiciones, no hay
escuelas,
ni
ambulatorio,
los
parques
están
abandonados, las líneas de autobuses escasean...
Éste bloque de pisos que se estaba construyendo, donde
estría nuestro piso, era el primer bloque que se hacía,
tendría que ocupar toda una manzana, pero se quedó
en la primera fase, o sea, en la mitad. Actualmente, en
el año 2005, después de casi 15 años, ya hay ocupadas
más de 60 parcelas o manzanas, entre edificios de pisos
y otras de chales, en todo ‘El Ensanche’.
Se prevé ahora, la construcción de un colegio de
primaria, otro de segundaria, un ambulatorio, una
316
zona de deportes, unos jardines nuevos, repaso de todos
los demás jardines, en fin, bla, bla y más de bla. Creo
que éste es el barrio más extenso de Alcalá y se puede
decir, que es el más abandonado por la Junta de
Gobierno de éste Ayuntamiento. Pero, vamos; se está
cómodo y solapamos todas las faltas, con lo que hay en
otros barrios.
A lo que te estaba contando, las ilusiones estaban
planteadas de esta forma: sería un piso nuevo, más
grande, con dos baños y con una gran terraza y
especialmente cerca del lugar de trabajo, donde
estábamos Pablo y yo. Iríamos a comer todos los días
laborables (Librada vería a diario a su hijo Pablo, que
ya vivía en Coslada) Jonás, tendría tren directo a la
Universidad (Atocha) y también estaría para comer en
casa. Bueno; Susana, es la que estaría con el trabajo
lejos, pero, luego tendría su nueva habitación, más
grande y con un baño exclusivo, también podría tomar
el sol en la terraza. En esta terraza celebraríamos los
cumpleaños, las reuniones familiares, los desayunos de
fin de semana...
Pero, (siempre el ‘pero’); se truncaron todas las buenas
ideas. Primero, la Cooperativa comenzó con sus
problemas de malas administraciones y retrasos, por lo
que se fue aplazando las entregas de los pisos. Con ello,
se dio tiempo a que fueran apareciendo nuevos y peores
problemas. Y esto es, que MINDESA desaparece, por tanto,
Susana queda en paro laboral. Luego, JOTSA, hace los
despidos salvajes, por lo que Pablo y yo, pasáramos al
paro laboral.
Susana encontró un nuevo trabajo en Madrid, en el que
está contenta y por ahora segura. Pablo se refugió en su
317
piso de Coslada y con el mal cálculo, se casa con Sonia;
luego trabajaría por Madrid, con muchas horas de
labor. Luego vendrían las desavenencias matrimoniales
y el divorcio.
Jonás, al término de sus estudios universitarios,
encontraría trabajo en una empresa en Alcalá. Entre el
poco tiempo del que disponía, al estar en la Universidad
y luego con el trabajo en Alcalá, a su novia, que residía
en Coslada, le dedicaba poco tiempo. Sumado a la poca
categoría moral de esa novia, dio como resultado la
separación de la pareja.
Jonás tiene nueva pareja (Elena), y ha decidido
trasladarse a su nuevo piso en Torrejón. Solo aparece,
por casa, a la hora de comer, en los días de trabajo,
siempre que se lo permitan las obligaciones propias de su
empleo de Jefe de Obra. Está dirigiendo una
construcción de un grupo de mini naves, en la zona de
La Garena en Alcalá de Henares. Las noches y los fines
de semana, los pasa en su casa con su pareja. Haber si se
cumple lo que decía Dumas hijo:
---“Hay más mujeres honradas de las que creemos,
pero no tantas como se dice.”
Susana que tiene un novio, que entre ella y él, sólo
suman 0,5 puntos para conseguir las ganas de formar
una pareja estable y por tanto una nueva unidad
familiar (y ella ya está por los 36 años de edad) Pero, es
la única de los tres hijos que se mantiene junto a
nosotros, en éste piso. Eh...; tan sólo en los días
laborables, pues, en los días de descanso laboral y los
fines de semana, desaparece.
Pablo, ya a penas aparece por nuestra casa. Después de
la separación y divorcio, estuvo viviendo en el piso de su
318
hermano Jonás, en Torrejón, hasta que le han
entregado el pequeño piso que ha comprado en Meco.
Ya llevamos cinco años viviendo en éste piso de Alcalá y
son los que, a Librada, le ha costado habituarse a
convivir en esta zona. Los primeros días, ella confiesa,
haberse perdido por estas calles. De hasta pensar en
maldecir el momento en que decidió venir a vivir a
Alcalá... y a Coslada... y a Ventas... y a Madrid. Si ella
nunca ha ‘entrado’ en Madrid, imagínate estar ahora
perdida en Alcalá.
Por todos estos problemas, por la menopausia, por la
edad, porque yo no la atiendo cómo ella desea, por no
estar conforme con vivir en éste piso, ni estar en El
Ensanche, ni en Alcalá, ni en Madrid y con las
continuas añoranzas de su Málaga, está de un trato
insostenible... Hay un proverbio chino que viene a decir
algo así como:
“Las mujeres y los tontos no perdonan nunca.”
Porque, Soy yo, el que recibe todas las broncas y
reproches...
Soy yo, el culpable de haber ocasionado todos estos
malos momentos...
Soy yo, el que nunca debí dejar Málaga...
Soy yo, el que con mi ‘mal fario’, he ocasionado todas las
desventuras...
Soy yo, el que no le he proporcionado la realización de
todos sus sueños...
Soy yo, el culpable de todos los males...
Soy yo, en fin, el que ciertamente recibe todas las
amarguras, broncas y discusiones.
Por todo esto, la convivencia entre Librada y yo, ya no es
lo fluida y amable que debería ser entre dos personas,
que por más de 48 años, han estado juntas y creo que ya
no unidos. Lo que llaman ‘Tercera Edad’, no la tenemos
bien determinada, para gozarla con tranquilidad. Por
mi parte, yo creo y quiero reconocer, que no tenemos
319
grandes razones para estar infelices. Y eso, que ya
estamos a la mitad de conseguir ser un buen
matrimonio, porque como dijo el filósofo francés
Montaigne:
---“Un buen matrimonio se hace con una mujer ciega y
un marido sordo.”
(Yo ya estoy casi sordo, pero no hace falta que ella
cumpla lo dicho)
Económicamente, no estamos mal, desde hace muchos
años. Podríamos tener lo que deseáramos, si Librada, no
tuviese ese mal afán por el ahorro. Ya no tenemos ni la
edad, ni la necesidad de ese ahorro.
Si; Pablo se ha divorciado; pero ha rehecho su vida.
Jonás perdió una mala novia y un buen piso; pero ya
está contento con su nuevo piso y su nueva novia.
Susana perdió su trabajo, pero tiene otro que le gusta
más y aunque no ha perdido a su aparatoso novio, está
de acuerdo con tenerlo y está pagando la construcción
de un piso en Meco.
Eso otro sí; por causa de ese síntoma ahorrativo y viendo
que al estar en el ‘paro’ y teniendo a la vista los pagos de
la compra del nuevo piso y los gastos del antiguo piso
(aunque ya pagado), creí muy necesario deshacerme
del piso de Coslada y terminar con la hipoteca del piso
nuevo. Pensé en ponerlo en alquiler, pero, por lo ‘gafoso’
que soy, decidí no arriesgarme en los posibles problemas.
Así pude resolverlo y convencer a Librada, para vender
el piso viejo y con las ganancias eliminar la hipoteca del
nuevo. Trabajo y lágrimas le costó, que aunque el piso ya
no tenía el valor para mantener nuestras necesidades,
ella le tenía en muy buena estima. La venta la
realizamos antes del ‘bum inmobiliario’, que todos los
españoles estamos sufriendo. Pero, bueno; el piso nos
costó menos de un millón de pesetas y lo vendimos por
320
más de doce millones de pesetas. Cinco años después, ese
piso se puede vender por más de treinta millones de
pesetas. Con bastante insistencia, Librada, me reprocha
que hemos perdido esta diferencia.
Cuando ya estábamos acostumbrándonos a las nuevas
normas de convivencias y a las formas de continuar
nuestras vidas y con la situación de ‘parado’, me llegó
la oferta de trabajo para poder ser ‘Monitor’ de
electricidad en una Escuela Taller, en Torres de la
Alameda.
Antes del día de la entrevista, realicé la llamada de
contacto a la que me decían en la nota informativa, me
atendió el Técnico del Ayuntamiento, que dijo sería el
Director de la Escuela. Me dio cita para un día y que
preguntase, en el Ayuntamiento por José Luis Cordón
Santiago (era el Técnico del Servicio de Desarrollo
Local)
Antes del día de la cita, hicimos Librada y yo, una visita
al pueblo de Torres de la Alameda, pues; nunca
habíamos estado por sus calles, no lo conocíamos. Dimos
unas vueltas por varias calles, primero me dirigí hacia
el Ayuntamiento, vimos la plaza principal, luego
recorrimos, las que parecían las calles principales y
dimos, con lo que me pareció, el antiguo depósito de
aguas y su torre isotónica, del que antes se abastecía el
pueblo. Nos pareció, eso, un pueblo, aparentemente bien
de aspecto, aseado, cómodo y tranquilo. Pero, no en el
que quisiéramos vivir.
El día de la entrevista, llegué al Ayuntamiento y después
de preguntar por José Luis Cordón y esperar un poco, fui
recibido por el que iba a ser mi futuro Director. Pasados
los
saludos
pertinentes,
pasó
a
las
preguntas
321
impertinentes. Todo le pareció bien y más aún después
de leer mi currículo. Él me aceptaba como buen
candidato, pero; a mi me parecía un poco corto el
sueldo (aún estaba acostumbrado a los salarios que
recibí en JOTSA) Me comentó que habían tenido un
acuerdo, entre el Alcalde y él mismo, en el que, él como
Director, no recibiría el sueldo correspondiente y que
sería distribuido a partes iguales, entre los seis
Monitores, que se había llegado al máximo posible en el
ajuste de los sueldos (235.469 Ptas., en euros 1.415) y que
se disponía, además, que el computo total anual de
2.825.760 Ptas., se dispensaba en sólo 12 pagas
mensuales; que cuando el Ayuntamiento consiguiese,
algunas rentas o beneficios, se harían unos repartos
proporcionales extras.
A todo esto que me contaba, yo le comenté que mi
situación actual de ‘paro’, me hacía disponer de casi el
mismo tiempo que durarían los dos cursos y de estar
cubierto por la prestación y con más cotización a la
Seguridad Social, que aceptando el trabajo ofrecido. Por
otra parte, mi edad me hacía poder disponer de una
prejubilación, en caso de necesidad, si las condiciones
eran favorables.
Después de un rato de charla, mientras íntimamente,
pensaba en la aceptación, o no del trabajo, de sus pro y
contra, resumí aceptar, con la reserva de que para el
día de la firma del contrato, si no estaba convencido de
la buena oportunidad del caso, no aceptaría. Pero;
acepté. Verás por qué: en el ‘paro’ recibía 127.199 Ptas.
son 764,48 € por mes y en 14 pagas, eso es como cobrar al
mes 891.90 €, aunque se me mantenía la misma base de
cotización que tenía en JOTSA (399.780 Ptas. son
2.402,73 €). En ese empleo cobraría 235.469 Ptas. son
1.415,20 € por mes y una cotización a la Seguridad
Social de 302.362 Ptas., que son 1.092,18 €. Pensé que en
322
el computo del cálculo para la jubilación, no sería tanto
el ‘resto’, que haría de disminuyendo.
Entonces, por aquello de “Más vale pájaro en mano
que...”, es por lo qué acepté. Ten en consideración, que
estamos hablando de las situaciones económicas del
año 2000.
El trabajo sería tener que dar enseñanza a un pequeño
grupo de entre 8 y 12alumnos, por cada equipo, durante
dos cursos consecutivos, de un año cada uno. Esto es, el
contrato laboral sería por un total de 24 meses,
contados los dos de vacaciones, en 7 horas diarias
consecutivas, de lunes a viernes (35 horas semanales)
Seríamos seis Monitores para seis especialidades:
Albañilería --------------------- Monitor ---- José
Carpintería -------------------- Monitor ---- Jesús
Electricidad ------------------- Monitor ---- Pepe Recio
Energías Renovables ---------- Monitor ---- Rubén
Ferralla y Soldadura --------- Monitor ---- Paco
Fontanería --------------------- Monitor ---- Vicente
El curso comenzaría el 18 de diciembre de 2000, con
unos alumnos que habían solicitado el ingreso, desde
varios pueblos cercanos, como Torrejón de Ardoz, Alcalá
de Henares, Valverde de Alcalá y de el mismo Torres de
la Alameda. Son gente joven, de entre 16 y 20 años, con
malos resultados escolares, algunos con no muy buena
conducta y baja educación social. Se puede decir que
eran unos ‘brutos niños modernos’.
Para hacer el inicio de curso, se haría una presentación
de alumnos, de familiares, de Monitores y representantes
del Ayuntamiento. A éste acto, el Director citó a los
padre y alumnos, en el Salón de Actos del Ayuntamiento.
A las nueve de la mañana, todos estaban concentrados
en la gran sala que forma el centro del edificio, en la
planta baja, a la que se accede desde el exterior por
doble puertas de cristales.
323
Desde el centro de esta sala se puede ver, empezando
desde la izquierda, un mostrados que separa a los
visitantes de la telefonista, que además hace de
informante, para eso sobre el mostrador está el cartel de
INFORMACIÓN, girando la visión hacia la derecha,
sigue una parte de muro con un tablón de anuncios o
informes, más a la derecha está el gran mostrador, no
recto de gruesa madera, tiene varias angulaciones,
cómo para hacer apartados; tras él se encuentran unos
diez puestos de trabajo, cada uno con mesa sillón,
ficheros, teléfonos, calculadoras, papeles, etc.
Más atrás, las paredes con ventanales que muestran las
vistas de la plaza del Sol y al fondo, la vieja iglesia de la
Asunción con su torre, que es el centro del pueblo.
Seguimos girando la vista por el interior y encontramos
varias puerta de despachos y luego sigue una zona, que
se va haciendo más angosta cuanto más lejos y ya nos
encontramos con la gran escalera principal, formada
por dos tramos; el segundo tramo, sube girando a la
izquierda y enlaza con un pasillo en galería, que
discurre en semicírculo sobre la gran sala inferior,
dando acceso a los despachos superiores y al Salón de
Actos. El despacho más alejado por la izquierda, es el del
Señor Alcalde y junto está el de Secretaría. Hacia la
derecha está el Salón de Actos, que coincide sobre la
zona donde están los puestos de trabajo, de la zona
inferior.
El tono de las paredes es blanco satinado, las puertas y
los mostradores de madera Sapeli, el suelo, los escalones
y la pared donde se apoya la escalera, son de mármol,
no de primera calidad; pero, da un aspecto moderno y a
la vez austero.
Alguien nos indica que ya se puede acceder al Salón de
Actos y comenzamos a subir. El Director, acompañado
por el Concejal de Educación, nos indica a los Monitores,
que esperemos a que todos estén acomodados y que
324
después de la presentación por el Concejal y el Director,
nosotros, uno a uno, nos iríamos presentando a los
alumnos y familiares, desde la tribuna, en éste caso,
delante de la gran mesa presidencial.
Cuando me indica que es mi tiempo, subo al estrado y
junto al Concejal, al Director y los otros compañeros que
ya se habían presentado, giré y me enfrenté a algo más
de 100 personas, la mitad de ellos los 50 alumnos, que
esperaban lo que yo le tenía que decir y comencé
diciendo:
--- Hola, a todos. Mi nombre es José Recio y seré vuestro
Monitor
de Electricidad. Tengo
60 añitos, (aquí algunos
sonrieron)
Estoy casado y tengo 3 hijos,
cada uno de ellos mayores que cualquiera de
vosotros.
Mis conocimientos están basados en una experiencia
de más
de 30 años de trabajo como Encargado en talleres de
mantenimientos y debido a mi edad y situación,
quiero que sepáis, que todos mis
conocimientos están a vuestra disposición,
para el que esté interesado en aprender de este oficio;
por mi parte, no voy a escatimar en esta oferta.
Y a los padres, bueno, a las madres, ya que estáis en
mayoría aquí, les puedo garantizar,
que sus hijos estarán en buenas manos, pues,
mis compañeros y yo, nos vamos a esforzar en su
cuidado
y enseñanza. Gracias, por la atención.
Ya, dejé de temblar. Después de las presentaciones y las
últimas recomendaciones del Director, se pasó al ‘ruegos
y preguntas’, donde tan sólo dos señoras hicieron unas
pocas preguntas. Tras éste acto, el Director informó que
el resto del día quedaba libre para los alumnos, para
325
que pudiesen regresar juntos a casa, pero, que ese sería el
único día de vacación gratis. Luego, el Director y los
Monitores, pasamos a unos momentos de charlas,
aclaraciones sobre el curso y de las formas que él creía se
debería impartir las horas de estudios y trabajos.
Visitamos el recinto donde estaríamos repartidos por
especialidades para las clases de teoría y el lugar
destinado a los trabajos.
De momento, el tiempo destinado las clases de teoría,
serían las 2 ó 3 primeras horas, el resto de horas
disponibles, serían para los trabajos de rehabilitación
del antiguo depósito de aguas para el pueblo, que luego
se destinaría a Sala Multifunción, para actos varios y
exposiciones. De conseguirse éste objetivo, se pasaría a
convertir el depósito isotónico, en un mirador y
observatorio del pueblo. También, estaríamos a
disposición de las necesidades del pueblo, en los recintos
propiedad del Ayuntamiento.
Como no había lugar apropiado para todos nosotros, de
momento, las clases de teoría se darían en el edificio del
antiguo Ayuntamiento. Éste edificio está situado en la
calle Mayor, en su zona media y la más ancha; a medio
camino entre el nuevo Ayuntamiento y el viejo depósito
de aguas, hacia la parte este y en una de las zonas más
elevada del pueblo.
La formula de distribución de los alumnos, era una
idea del Director: Primero, los propios alumnos, en su
solicitud, indicarían en que especialidad querían estar.
Segundo, en unas entrevistas, entre los alumnos, por
grupos y cada Monitor, se harían preguntas recíprocas;
el Monitor, con charlas y aclaraciones, ‘vendería’ su
oficio y los alumnos ‘comprarían’ sus puestos. Tercero, el
propio Director, con nuestras ofertas, haría las
distribuciones de cada alumno con cada Monitor. De
éste reparto, a mi me fue destinado un primer grupo de
8 alumnos: Benjamín, Antonio, Julio, José Manuel, Fran,
326
Luis Ramón, Marcos y David; éste sería el grupo de
principio, luego vendrían variaciones o cambios. El
mayor de todos mi alumnos José Manuel, 20 años; me
confesó que sólo tenía el Graduado Escolar, un Permiso
de Armas, por haber sido vigilante y un carné de
conductor del Ejercito y que tenía ganas de tener un
oficio para poder trabajar. El más joven, Roberto 16
años; tan sólo tenía Graduado Escolar y pocas ganas de
más.
Teníamos ‘Lista de Espera’, donde los aspirantes a la
Escuela Taller, se apuntaban y cuando un alumno
abandonaba y se despedía, otro entraba en su puesto. De
esta forma, en mi equipo, salió Julio y entró Roberto; se
fue Andrés y entró Oscar; éste se fue y vino David; que
también se fue y entró José; se marchó Roberto y entró
Patricia. Sí, una chica, había varias, unas en
Albañilería, otras en Fontanería, otras en Carpintería y
en Ferralla; todas buenas trabajadoras, pero con pocos
estudios terminados. Eso, sí, casi todas fumadoras,
menos la chica de raza gitana, que estaba en
Albañilería.
Esta chica de mi equipo, Patricia, de veinte años, vivía
en Torrejón; también con pocos estudios, pero le
gustaban los ‘modelitos’, cada día venía con distintos
vestidos, maquillada y le gustaba cantar (me regaló un
CD grabado por ella) Ya van tres Navidades pasadas y
me llama por teléfono para felicitarme. Ella y José
Manuel, son los únicos que se han recordado de mí y
alguna vez me llaman. José Manuel, ya me ha llamado
varias veces para consultarme algo referente a
instalaciones que estaba realizando.
En el recinto del antiguo depósito, nos reuníamos todos,
después de que se terminaba el tiempo de las teorías y de
los bocadillos. Cada equipo, por separado, comenzó a
investigar como estaba construido el depósito; como se
habían seguido las reformas, por los equipos de los cursos
327
anteriores; como podíamos seguir día a día, con los
trabajos específicos de nuestro oficio e intentar no
entorpecer los trabajos de los otros equipos.
Los componentes de la Escuela Taller anterior a nosotros,
habían realizado una plataforma o piso añadido sobre
la cubierta del viejo depósito; luego habían construido
unos muros perimetrales, intercalados con pilares
metálicos, que serían las bases para las cerchas o
pórticos de la cubierta o tejado. Dentro de ese recinto,
habían construido una entre planta reducida, dejando
una gran parte libre a forma de sala.
Sobre el habitáculo que sería el recinto para las
bombas, habían construido el inicio de dos aseos. Todos
los equipos actuales, tendríamos que continuar con estos
inicios y tratar de terminar todos los detalles. El
antiguo depósito de aguas, estaba en un terreno, no
llano, que hace esquina entre dos calles, Rondaderos y
Miralrío, con una cuerda en cada calle de unos 60
metros. La calle Rondaderos, está al noreste; la calle
Miralrío está al sureste; la medianería y parte más baja
del solar, está al noroeste, formando ángulo, casi recto.
La estructura del depósito, de hormigón, estaba cercana
a la esquina, que era la parte más elevada del terreno.
La torre isotónica está cerca del depósito y paralela a la
calle Rondaderos. La superficie del terreno, según los
planos levantados por mi grupo de alumnos y yo, pasaba
en algo a los 3.520 m2 A estos alumnos, les hice trabajar
en cosas diferentes y ajenas a nuestro oficio; luego, nos
saldrían trabajos por todo el pueblo, fuera del que
teníamos destinado.
En el mismo recinto, en la parte más baja, existía un
gran módulo metálico diáfano, construido con vigas y
chapas onduladas galvanizadas, de unos 80 m2, de
planta casi cuadrada, montado sobre una solera de
hormigón, con dos ventanales a una cara, una puerta
doble de aluminio y cristales a otra cara y una puerta
328
sencilla a otra cara, la cuarta cara, estaba casi
adosada al muro de la parcela vecina. En el interior
había un cuadro eléctrico en muy malas condiciones. El
tejado estaba bien, con dos zonas de paneles
translúcidos. Éste recinto se acordó serviría para taller
de carpintería.
Desde éste módulo y hacia la salida a la calle, habían
realizado un hogar, con chimenea, le seguía un
pequeño edificio, también adosado al muro de la
parcela vecina, que estaba compuesto en su interior por
un baño incompleto, un inicio de cocina y una sala. A
ese proyecto de casa, se acoplaban dos servicios, en
pareja, mal realizados.
Se podía notar que los ejecutores de todo esto, tenían
pocos conocimientos técnicos de lo que debería ser una
casa bien hecha; se podía decir o pensar, que si lo
habían realizado unos alumnos aprendices, pues, vale;
pero, estarían los Monitores para vigilar los trabajos,
digo yo. Porque, durante todo el curso, he conseguido
que todos los trabajos, que han realizado los alumnos,
quedaran con todas las garantías de un buen trabajo
bien terminado; siempre estuve pendiente de las
terminaciones y les inculqué la vigilancia de la
seguridad en el trabajo; por esto estoy contento, de que
en los dos años que estuve con ellos, no ocurrió ni un
sólo accidente en nuestro equipo.
La idea general, era que el equipo de Albañilería,
debería de tomar, digamos el ‘mando’ y comenzar los
trabajos pertinentes y los demás equipos, seguirles,
acoplando nuestros trabajos específicos a todo lo que
estaba hecho y sobre los tajos que ellos realizasen. Todos
estos trabajos deberían ser organizados por los
Monitores, aportando nuestras ideas y razonamientos,
según nuestros criterios y experiencias particulares,
basándonos en las directrices que el Director nos había
informado y que eran las que el Ayuntamiento deseaba.
329
Estuvimos unos días sin lugar donde refugiarnos, porque
hasta el sótano del depósito tenía goteras, por no estar
impermeabilizado y comenzaron a traernos unos
módulos portátiles de los que se emplean en las obras,
para barracones y oficinas.
Entre todos, los alumnos y Monitores, nos dedicamos a
buscar los lugares adecuados, hacer limpieza de hierbas
y piedras, para luego, con tablas, hacer las nivelaciones,
para que los montadores hicieran los acoplamientos de
los módulos de dos en dos, para dejar unos conjuntos de
6 por 6 metros; algunos diáfanos y otros con un servicio
de aseo incluido.
Yo, conociendo los resultados, por el mal trato que se da
en las obras a éste tipo de módulos, elegí uno sin servicio
y de esa forma, también, estarían aprovechables los 36
m2. El Monitor de Carpintería, Jesús, eligió el más
alejado de la entrada, en la parte más elevada del
recinto, entre la valla de cerramiento y el edificio del
depósito. En la paralela de la calle Miralrío, algo
alejado del módulo de Carpintería, se instalaron otros
dos, el primero lo utilizarían los de Energías Renovables
y el otro por el equipo de Ferralla. Hacia el interior del
recinto, entre el viejo depósito y el muro de medianería,
se instalaron los tres restantes, dos casi adosados, dando
cara al depósito y el tercero casi adosado, pero
formando ángulo con los otros dos. Dándole cara a los
módulos, el de la izquierda era para el equipo de
Electricidad, el centrado para los de Fontanería y el de
la derecha para los de Albañilería.
Como la entrada se hacía por la calle Rondaderos, lo
primero, por la derecha, que se encuentra son los dos
servicios, la casita y el módulo metálico; más adelante,
hacia la izquierda, el primer módulo que aparece, es el
de albañilería, luego el de l fontanería y el de los
electricistas; por la izquierda está el depósito isotónico y
el viejo depósito; de frente están los dos módulos de
330
Ferralla y el de los de Energía Renovables y más al fondo
por la izquierda, el de los carpinteros. Pero, éste módulo
y el de los de Energía Renovables, cuando terminamos
las instalaciones eléctricas, el alumbrado y la
colocación de las máquinas de carpintería, en el
módulo metálico, el equipo de Carpintería, se trasladó a
éste módulo, con todos los enseres y equipos. Y los de
Energía Renovables, se acoplaron con los de Ferralla, en
un solo módulo.
En el lugar que había quedado, donde estaba el módulo
de los carpinteros, se procedió a instalar, al aire libre,
un taller para los ferrallistas, con las máquinas, bancos
de trabajos y cuadros eléctricos, construidos por mis
alumnos y mis disposiciones adecuadas a las
necesidades del taller de ferralla.
A nuestro equipo, el primer trabajo al que les hice
acometer, fue la instalación general y la interconexión
de todos los módulos. Para ello, sobre un bloc de notas
comencé las primeras explicaciones teóricas, de cómo
deberían ser calculados los cables, de cómo se tendrían
que hacer los trazados y conexiones, desde el módulo
más alejado, hasta el mas cercano a donde estaría la
acometida. Les hice entender que la acometida eléctrica
general, está en la calle Rondaderos, pero que según
estaba el cuadro de la Compañía suministradora, no
estaba en buenas condiciones y que sería conveniente,
de hacer los cambios oportunos, previo cálculo de los
elementos necesarios.
De forma provisional, se harían las conexiones y que
más adelante, tendríamos que hacer una solicitud de
ampliación de acometida, un cuadro de distribución
primaria y otro de distribución secundaria, éste
instalado en el interior del módulo metálico, para que
sirviera de protección a los módulos de cada equipo y de
maniobras para el taller de carpintería.
331
Una vez hecha estas conexiones provisionales y cada
módulo con iluminación, nos dedicamos a procurarnos
el mobiliario adecuado. Te diré, que las herramientas
con las que se realizaron estas instalaciones, eran las
mías propias, que yo pícaramente, me había pertrechado
en mi coche, a sabiendas que todavía no tendríamos a
nuestra disposición las que nos proporcionarían para la
Escuela Taller. Cómo yo, todavía, no conocía a los
alumnos, ni sus habilidades, cada movimiento y cada
herramienta, las tenía vigiladas y más aún cuando se
hizo la conexión eléctrica.
El Director, desde ahora le llamaremos José Luis, aceptó
la sugerencia de utilizar los sillones pupitres que
estábamos
utilizando
en
el
edificio
del
viejo
ayuntamiento. Para ello, todos los alumnos y Monitores,
nos desplazamos hasta allí y fuimos trasladando, cada
uno su propio sillón pupitre.
Cómo en el sótano del depósito, se encontraban los restos
del anterior curso, cada Monitor fue ordenando la
búsqueda y limpieza de las mesas, con patas
articuladas, que nos parecían las mejores y en mejor
estado de uso y las fuimos colocando en los interiores de
los módulos, para hacer con mesas y sillones, una forma
de aula, para comenzar las clases teóricas.
Antes de nada, volvimos todos al viejo ayuntamiento,
para que en las oficinas de nuestra secretaria
administrativa (por cierto, es la esposa de José Luis, que
de manera torpe, mantenían en secreto), nos entregaría
los materiales de uso escolar, como cuadernos lápices,
gomas, reglas, folios, etc. Además, a los Monitores, nos
dio un cuadernillo, con las explicaciones de cual era la
idea general de los cursos, por especialidades, para que
nos sirviera de consejo o norma de cómo seguir las
distintas materias de enseñanza.
Yo le había hecho una lista de pedido, de los materiales
de más urgente necesidad, a José Luis. Él me informó de
332
las formas y procedimientos para hacer las peticiones de
necesidades, para cada equipo y durante el curso.
Porque la Escuela Taller (que se llamaría Escuela Taller
ERTA 2000 – La Masía), tendría un presupuesto general
combinado, de donde se tendría que administrar los
sueldos de los Monitores, de la Secretaria y de los 50
alumnos, y los materiales y herramientas que se
necesitasen, para los trabajos y estudios. Los Monitores,
tendríamos que hacer un esfuerzo en hacer los pedidos
anticipados y con la más estricta austeridad y buen
sentido del ahorro. Le propuse que para los materiales de
las instalaciones eléctricas, le podría facilitar de los
beneficios de unas empresas que nos suministraban, estos
materiales a JOTSA, aceptó la oferta y me puse en
contacto con los representantes de CANDIA y de DAVID
DÍAZ, para los materiales de electricidad y con el
representante de REDONDO Y GARCÍA, para los
materiales y herramientas de ferretería, para que se
entrevistase con José Luis.
Los tres coincidieron con la explicación del mismo
problema, se trataría de un ayuntamiento y de su
peculiar forma de realizar los pagos y además, los tres
coincidieron en aceptar las entrevistas y que ya verían
de las formas de resolverlo, teniendo en cuenta que era
yo el que había hecho esa solicitud, que de otra manera,
no aceptarían el riesgo. Llegaron a unos acuerdos y les
ofrecieron los descuentos que se le podían hacer a un
cliente del tiempo de conocimiento, cómo a mí; desde
entonces, se hacían los pedidos a cada una de estas
empresas suministradoras.
Los seis equipos de alumnos, teníamos todos los trabajos
para no estar parados: Los de Albañilería, tenían las
reformas y trabajos en el viejo depósito y además
tendrían que acondicionar la casita, que el curso
anterior, no había terminado, para que sirviera de
oficinas, almacén y servicios.
333
Los de Carpintería, tenían que acondicionar el módulo
metálico y montar el taller de carpintería; tendrían que
preparar las puertas de los servicios y de la casita, más
algunos trabajos que le comunicaba José Luis. Los de
Energía Renovables, de momento, estarían dedicados a
sus propias enseñanzas y a las ayudas a los otros equipos.
Los de ferralla, tenían trabajos de acondicionamientos
en el viejo depósito y algunos trabajos en unas obras del
Ayuntamiento.
Los de fontanería, tenían que acondicionar los baños,
los servicios y dar acometidas y hacer los desagües de los
módulos aulas, que estaban equipados para ello y hacer
reformas de las líneas para la obra y también, algunos
trabajos por el pueblo, en los edificios del Ayuntamiento.
Para nuestro equipo, teníamos los trabajos de
acondicionamiento y reformas de las instalaciones de
los módulos, de taller de carpintería, de las oficinas y
los proyectos de las instalaciones del viejo depósito; pero,
en caso de estar desocupados, los hacía intervenir en
ayudas en los trabajos a los otros equipos. En más de una
ocasión, me protestaron por que opinaban que no eran
trabajos propios del equipo de electricistas; pero, yo les
hacía comprender que al ayudar en otros trabajos, se
beneficiarían con las enseñanzas de los trucos de otras
especialidades y además, que yo siempre he querido que
mi equipo, fuese el equipo especialista en todos los
trabajos, algunos no lo entendieron, pero, es porque
eran de tonalidad vaga.
El Monitor, Rubén, del equipo de Energías Renovables,
desde los primeros momentos, se notó que no hizo buen
contacto con José Luis. Por parte de Rubén, existía su
peculiar forma de entender la vida, era muy, como lo
diría, muy bohemio y despreocupado, greñudo, poco
adecentado en el vestir, como un ‘profesor chiflado’,
olvidadizo y poco ordenado. Enfrentado a José Luis, un
‘pimpollo’, algo engreído, que quería ser refinado, pero,
334
en realidad era basto y algo soez, tenía un genio, que
en momentos era de trato agradable y de momentos, en
los que era casi agresivo y mal encarado.
Sin embargo, conmigo, nunca tuvo de esos momentos
desagradable, puede que fuera porque consideró que yo
era muy mayor (le superaba en 20 años), o tal vez,
porque nunca le di motivos para que pudiese encararse y
que realmente, mi postura siempre fue lo más correcta en
todo momento. Tanto con él como con los alumnos,
mantuve una cierta distancia de respeto mutuo, donde
no permití nunca las graserías, ni las gamberradas, ni
fumar en clase, ni tan siquiera el uso del móvil, dentro
del aula. Eso sí; las discusiones sin alterar el orden, sin
ofensas, ni palabrotas mal sonantes, las permití.
Viendo y comprobando, que el vocabulario empleado,
por los alumnos en sus conversaciones, era tan reducido,
que tal vez no alcanzasen la cantidad de 400 palabras
diferentes, me preocupé hacerlos que se interesasen por el
idioma y las palabras y empleé buen tiempo en recopilar
pensamientos de personajes y refranes, para por la
mañana, antes de comenzar las clases teóricas,
escribiría uno cada día, en la cabecera de la pizarra,
sin hacer comentarios, hasta que alguno de ellos,
preguntase por su significado.
Pronto se comprobó que se interesaban, cada día;
algunos me seguía para ver que frase o refrán anotaba,
para seguidamente, preguntar por su explicación y
charlar sobre el tema que generaba. Alguna vez, cundo
me volvía de la escritura en la pizarra, allí estaba José
Luis (el Director), leyendo el escrito, guardándose los
comentarios. Estas pizarras que nos facilitaron, eran de
las que van montadas en un trípode y son para escribir
en ellas con rotuladores especiales, y luego se borra con
un trapo o con la mano.
Profesionalmente,
los
Monitores
estaban
bien
preparados. El que demostró no estar a la altura
335
correcta, fue el de Albañilería, teóricamente si estaba
preparado; conocía las técnicas básicas de la
construcción y poseía libros sobre la materia. Pero;
debido quizá a su enfermedad, que como dice ‘Cruz y
Raya’: “...Eso debe ser del riego.” Tenía momentos que no
coordinaba bien y tomaba varias pastillas diarias. Por
otra parte, no tenía buenas dotes de mando, ni tacto
correcto con los alumnos. José Antonio estaba soltero y
sin previsión de dejar de estarlo.
Total que los trabajos que su equipo debía realizar, antes
de que los otros equipos entrasen en los mismos tajos, no
quedaban
terminados
a
tiempo,
o
resultaban
defectuosos y con poca técnica. También, tuvo mala
suerte con el reparto de los alumnos, no eran de buena
calidad, ni como personas, ni como estudiantes, ni como
trabajadores. Tan sólo dos, podían valer cómo
trabajadores y sólo uno cómo estudiante. Había uno,
buen trabajador, pero a ratos, luego se convertía en el
enano saltarín, cómo yo le decía, y él me respondía:
--- No me diga eso; Sr. Recio...
Al tiempo que me amagaba con unas cintas de boxeo.
Había otro de éste grupo, que hubo que hacerle
expediente de expulsión, cuando a una pequeña broma,
de uno de mis alumnos, él le atenazó salvajemente y a
punto estuvo de machacarle la cabeza, sino acudo en su
socorro con rapidez. Y como no pudo hacerle el daño que
él quería, se volvió y golpeó, con los puños cerrados, la
pared exterior del módulo metálico, dejando la huella
de los puños en la chapa, moviendo de su alojamiento el
panel. No era la primera vez que nos demostraba esos
excesos de locura.
El equipo de Albañilería debería ser el exponente
principal para la Seguridad en el Trabajo, pero, ni por
parte del Monitor, José Antonio, insistió en ello, ni los
alumnos demostraban el más mínimo interés por hacer
336
gala de estar aprendiendo. Del uso de los cascos y de los
cintos de seguridad, eran constantemente amonestados.
Jesús, el Monitor de Carpintería, si era un buen
profesional, buen trabajador, puro nervio, pero algo
falto para la enseñanza teórica. Se veía que los trabajos
que realizaba su equipo, resultaban excelentes, pero,
porque las terminaciones eran suyas y sin entrar en
muchas explicaciones. Sí, se le notaba el celo en la
vigilancia, cuando los alumnos manejaban alguna
máquina herramienta, sobre todo la máquina
combinada y más que nada cuando usaban la
regruesadora, o el cepillo.
Rubén, el Monitor de Energías Renovables, técnicamente
estaba bien preparado, hacía pocos meses que terminó la
carrera en la Universidad. Pero, en el trabajo práctico,
era muy deficiente; se notaba que era su primer trabajo
y que no había visto nunca un programa de bricolaje.
Alguna vez, le demostré de cómo se debería doblar un
jersey, para no tenerlo arrugado, como él casi siempre lo
llevaba.
Los alumnos de éste equipo, demostraron ser los más
vagos para el trabajo. Tan sólo uno, resultó
aprovechable y consiguió trabajo en la empresa que
realizó los trabajos principales, de las instalaciones de
las placas solares en varios edificios del pueblo y en las
que mi equipo intervino, en las acometidas eléctricas y
conexiones.
Paco, el Monitor de Ferralla y Soldadura, era un buen
trabajador como ferrallista, no como soldador, ya que
declaró, él mismo, ser un negado en ello, que sólo
conocía la soldadura porque tenía un amigo que era
soldador de oficio. Como enseñante era demasiado
enérgico. Según nos contó había trabajado primero a
las ordenes de su padre y luego como encargado de un
equipo en obras. Había hecho el servicio militar en
Fuerzas Especiales, como ‘boina verde’. Entre que era
337
grande y fuerte, en que fue encargado, por los restos que
le quedaba de los ‘boina verde’ y por tener una
personalidad altiva y exigente, sus alumnos eran los
más disciplinados, a pesar de ser todos unos rebeldes,
pero, Paco, los supo mantener siempre firmes y dispuestos
a la primera orden. Éste Monitor, nos demostró que tenía
buen conocimiento práctico de las obras de construcción
y de tener buen gusto por la buena vida y el lujo, sin
poder. Estaba casado y con un hijo nacido al principio
del curso.
Vicente, el Monitor de Fontanería se podía decir que era
el ‘profesional’, muy técnico en su oficio y experto en
varios oficios más. Sabía combinar el trabajo de
monitor, con los de su oficio en trabajos particulares;
era como el ‘fonta’ del pueblo. Desde el principio, nos
demostró que era un ‘independiente’; pero tenía buenas
dotes para que sus alumnos pudiesen aprender las
buenas formas de su oficio. Su módulo aula, siempre
estuvo limpio y ordenado. Su equipo estaba compuesto
por mayoría de chicas. Como te decía, además de ser él
mismo un independiente, al equipo le inculcó éste
despego al resto de los otros equipos, pero, les hacía
trabajar bien y mucho. Los trabajos que realizaron,
tanto en el aula, como en el viejo depósito o en otros
lugares del pueblo, todos resultaron muy buenos.
Por último, queda aclarar cómo era mi equipo. El
trasiego de alumnos, fue en la primera fase del curso,
luego todos se mantuvieron estables. A finales de agosto
de 2001, David (19 años) causó baja, dijo que encontró
trabajo. Le sustituye José (16 años), pequeño y gordo,
con gafas y no muy lúcido. Una semana después, a
principio de septiembre de 2001, causa baja Roberto (16
años), chico raro y mal estudiante. Le sustituye Patricia
(20 años), que reingresó en octubre de 2001 Ya, a cinco
meses de terminar el curso, causa baja Marcos (19
años), se marchó por tener trabajo de mantenimiento en
338
una empresa; no le sustituye nadie. El último día de
septiembre de 2002, se va Fran (18 años), tampoco hay
sustituto y hasta fin de curso, el equipo se mantiene con
5 alumnos.
Como te decía, los alumnos de éste curso, no eran
estudiantes ni de vocación, ni por necesidad. Algunos
padres ni siquiera respondieron a las llamadas del
Director. Durante los dos años que duró el curso, sólo
tres madres y un padre, se les vio aparecer por el recinto
de la Escuela Taller.
En éste curso hubo un personaje digno de mencionar:
Sebastián, pasaba de los 40 años, de raza gitana, rudo
en el trabajo y exquisitamente educado; era un
trabajador del Ayuntamiento, como jardinero y de 9 á
13 horas, como adjunto o capataz en el equipo de
Albañilería. Aunque yo le advertí que podía tutearme, él
siempre me trató como ‘Sr. Recio’ y nunca se apeó del
‘usted’.
Tenía a una hija y a una sobrina en el equipo de
Albañilería y a un sobrino en el equipo de Fontanería.
El trato hacia ellos fue siempre igual que a los demás
alumnos, en horas de trabajo, a todos les exigió el
mismo rendimiento y de las mismas formas respetuosas.
Antes de terminar el curso, él dejó de asistir a la Escuela
Taller y nos hizo una despedida, a cada uno, con un
buen apretón de manos; a mí me dijo, que estaba
orgulloso de haber conocido a un Monitor de tan grato
trato.
Entre los seis Monitores, desde el principio, se estableció
una cordial camaradería. Hay que hacer notar, cómo te
he dicho, Vicente formaba un grupo único; José Antonio,
por los malos momentos de su enfermedad y su gesto
taciturno, también era un poco ajeno; Paco, Rubén y
Jesús
formaron
un
grupo
homogéneo
y
yo,
zascandileaba en todos los grupos.
339
Siempre que se tenía que disponer de un trabajo en
conjunto, la voz cantante o el que más hacía destacarse,
era Paco. Jesús discutía, pero al final aceptaba lo que
disponía Paco; Rubén siempre seguía al grupo; la
opinión de José Antonio estaba siempre con la mayoría;
Vicente por libre y yo, discutía otras posibilidades, pero
no siempre salía con la razón.
Desde el comienzo, a los alumnos de mi equipo, procuré
de convencerles sobre lo que yo deseaba que fuese éste
curso: ellos serían los estudiantes, tendrían derecho a
hacer todas las peguntas posibles, pero estarían
obligados a intentar, al máximo, aprender y a llevar un
comportamiento digno de personas bien educadas. Que
yo, cómo Monitor, tenía la obligación de hacer
comprensibles
todos
los
temas
y
a
tener
la
responsabilidad y cuidado de todos ellos, en horas
lectivas y de trabajos. Y éste fue el trato que les hice
mantener durante esos dos años, durante los que
estuvimos unidos. No creas que los alumnos eran dóciles,
ni siquiera los de mi grupo, aunque les hice destacar de
entre los otros grupos. Les propuse, además, que para los
trabajos propios de nuestro oficio, formaran grupos de a
dos. Primero lo comentamos y ellos mismos se ofrecieron
en formar los respectivos grupos, pero, al final fui yo,
como el elector de éste sistema, el que dispuso de quien
estaría con quien, por haberles analizados y por evitar a
los grupos negativos.
El grupo número 1, lo formaron Benjamín y Antonio.
Benjamín (17años), era muy conocido en el pueblo,
aunque vivía en Valverde de Alcalá; espigado y fuerte,
aunque el trato lo quería hacer de cómo persona mayor,
era un infante, le gustaba la broma en todo momento;
mal estudiante, pero bueno en el trabajo. Antonio (17
años), moreno, alto, delgado y de carácter serio, pero
aceptaba cualquier broma; de procedencia extremeña,
con gusto por la caza, pero falto para los estudios y poco
340
rendimiento en los trabajos. Vivía en Torrejón de Ardoz.
Era primo de Fran.
El equipo número 2, lo formaron José Manuel con
Roberto;
luego le sustituyó Oscar, a éste David y
finalmente José, que se quedó hasta el final del curso.
José Manuel (20 años), de aspecto británico, fuerte y
serio; vecino de Alcalá de Henares. Su comportamiento
durante todo el curso, fue de persona seria y responsable,
con gran afán por aprender el oficio y sus buenas
terminaciones. Mantenía cierta eversión a los demás
compañeros, que estaban desinteresados por el trabajo.
Era el único que verdaderamente se interesaba por las
calificaciones que yo les ponía. José era el que entró
último al grupo y el más joven de todos; bajo, rellenito
de carnes, con gafas, algo torpón y de la misma
tonalidad de estudiante que todos. Se vio obligado por
el manejo de José Manuel. Vivía en Torrejón de Ardoz.
El equipo número 3, lo formaron Fran y Luis Ramón.
Fran (cumplido ya los 18 años), es el típico niño egoísta,
mal criado y fanfarrón, un verdadero ególatra (si él
leyese esto, me montería lo que él llamaría ‘un pollo’),
amigo del que le aceptase y que él pudiese doblegar a sus
caprichos; acostumbrado a los beneficios económicos
familiares, que él no ganaba y fácilmente conseguía,
como el carné de conducir, coche propio, dinero
disponible, ropas caras, etc. Mal estudiante y peor
trabajador, intentaba siempre no cansarse y en cuanto
me distraía le pasaba las herramientas a sus
compañeros. Vecino de Torrejón de Ardoz. Luis Ramón,
(19 años), muy moreno, bastante alto, delgado, fuerte,
con buenas dotes para los estudios, pero vago; bueno en
el trabajo; como Fran adicto a las artes marciales y a los
‘porros’. En varias ocasiones les sorprendí fumando a
escondidas y las broncas fueron espectaculares. También
vecino de Torrejón de Ardoz.
341
El equipo numero 4, lo formó Marcos con Roberto y luego
con Patricia. Marcos un gigantón jugador de
baloncesto, buen estudiante y bueno en matemáticas;
cómo trabajador ciertas limitaciones, pero voluntarioso.
Patricia (20 años), una chica menuda y despabilada,
muy adicta a la moda, la música y al tabaco; mal
estudiante y buena trabajadora. Vecina de Torrejón de
Ardoz.
Aún conservo los archivos y notas de los alumnos de ese
curso. Para darle más seriedad e interés, me esforcé en
llevar nota diaria de la asistencia, de poner
calificaciones en las clases de teoría, en los trabajos que
cada uno realizaba y en las conductas individuales.
Creo que siempre mantuve un criterio correcto e
imparcial, en cuanto a colocar las calificaciones
personales.
Al inicio de las clases, después de las charlas sobre las
frases de la pizarra, discutíamos de las notas que yo
había puesto en el día anterior y luego pasábamos a los
problemas y esquemas eléctricos. Les hacía escribir todo
cuanto ahí se decía y sobre todo lo más importante. La
mitad de ellos, llevaba una redacción correcta y casi
todos eran especialistas en el ‘escaqueo’, o a zafarse de
mi constante ejercicio de conseguir que el estímulo
individual, saliese del interior de cada uno. Pero,
tropezaba siempre con sus limitaciones y escapismos. Si
los chicos eran malos estudiantes y no muy buenos en le
trabajo, los Monitores, no pudimos hacer más por
sacarles de estas costumbres. Con el mal orden que nos
emanaba desde el Ayuntamiento, poco teníamos a
nuestro favor. Las formulas establecidas para las
adquisiciones de los materiales, herramientas y
accesorios, eran muy deficientes, bastante escatimados
durante todo el curso. Se puede decir, que con el cúmulo
de factores que se sumaron no fue posible la terminación
de los objetivos de éste curso.
342
Luego estaban las no asistencias diarias injustificadas;
aunque la secretaria llamaba a sus domicilios, no se
conseguía gran interés, ni por los familiares ni por ellos
mismos. El mes más completo de asistencias, fue mayo de
2002, con 31 días y 10 no lectivos, 6 alumnos faltaron
cada uno 1 día y 2 alumnos faltaron 2 días cada uno.
Las notas de ese mes fueron, la más alta 7,63 y la más
baja 6,31. Fue un mes de buenos resultados en teoría y
prácticas y la conducta en general buena. Las notas
medias más altas, en el mejor mes han sido de 7,00 en
teórica, de 7,42 en prácticas y de 8,00 en conducta. Las
notas finales han sido, por orden y equipos: 5,68 – 5,43;
6,80 – 5,67; 5,42 – 4,72; 6,05 – 5,64, todas compensadas.
Yo les decía que las notas tenían en nuestro caso, ciertos
recortes:
---“El ‘10’, era para Dios, que está en casi la perfección.
El ‘9’, era para mí porque soy el enseñante,
El ‘8’, para el alumno que esté en mejores condiciones
y
de ahí en adelante, hasta el ‘0’ patatero.”
Quise que los trabajos específicos de electricidad les
resultasen amenos, creo que es la forma de atajar el mal
endémico que padece esta nueva juventud, no saben
valorar todo cuanto reciben y que deberían conseguir
con sus propios esfuerzos. Para esta tarea, me apliqué la
formula de antes de comenzar un trabajo, hacer una
exhaustiva explicación teórica y de las formas de
comenzar, continuar y terminar, teniendo en cuenta
siempre, la seguridad en los trabajos; esto, sobre todo, se
los hice ver hasta que se comprendiera con toda
claridad.
Dentro del recinto del antiguo depósito, realizamos
desde las instalaciones de las casetas aulas, el Taller de
Carpintería, el alumbrado de los servicios, las
instalaciones completas de la casita destinada a
oficinas, con teléfono, calefacción, timbre, luz exterior
343
temporizada, hasta la ampliación de la acometida
general. Luego la distribución de los cuadros de
protecciones por zonas, con la idea de que serían los
cuadros definitivos de esa finca. Estos cuadros fueron
realizados por cada equipo, uno distinto para cada
zona, teniendo en consideración las utilidades y los
consumos.
Si complicado era que los trabajos descritos en teoría, los
realizaran en los tableros, en el aula, para que vieran
como después funcionaban, al dar a los interruptores,
imagínate, hacerles trabajar en los tajos de forma que
resultasen un buen trabajo y sobre todo, que
funcionasen. También, en realizar zanjas con pico y
pala, distribución de tubos con guías, introducir los
cables y finalmente, hacer las conexiones correctas. El
conjunto de todos los trabajos que deberíamos realizar,
todos los oficios, si lo hubiese efectuado una empresa
constructora a ritmo normal, calculé que en ocho o diez
meses, lo hubiesen terminado; nosotros teníamos dos
años y la transformación del viejo depósito quedó sin
terminar. Y es que, por parte del Ayuntamiento, el aporte
de materiales y las ayudas oportunas del equipo de
trabajadores y sus maquinarias, resultó deficiente, muy
deficiente.
Mi equipo, continuó con los preparativos de las
instalaciones para el interior del antiguo depósito;
primero en los dos habitáculos del sótano y luego, con lo
que sería la sala de actos y los servicios. Pero, ya no
podíamos seguir haciendo más trabajos, porque el
equipo de Albañilería, no tenía más tajos preparados.
Por consiguiente, nos vimos obligados a prestarles
nuestra ayuda. No sin gastar mucho tiempo en
discusiones con los alumnos, para convencerles de que
era una buena solución, por tener ocasión de hacer
trabajos nuevos y hacer las previsiones para los tajos de
nuestro oficio.
344
Estas ayudas, no sólo era acarrear ladrillos, sino hacer
la pasta o mortero, hacer fábricas de tabiquería,
nivelaciones del terreno, ajustes, nivelaciones y
aplomadas de las miras, enfoscados varios, en fin, todo
cuanto creímos necesario para levantar muros, suelos,
escaleras, etc. La idea de todos estos trabajos, sólo estaba
en el aire, no teníamos planos de ninguna clase. Más
adelante y después de varias entrevistas con el Director y
el Aparejador del Ayuntamiento, nos sirvieron unos
planos básicos, del conjunto, sin ninguna clase de
detalles, ni medidas correctas. En vista de esta mala
aportación, decidí encargarme de ir haciendo los
planos de los detalles, según las ideas y comentarios,
entre todos los Monitores.
Con los alumnos de mi equipo, comenzamos a tomar las
medidas de todo, sobre el terreno, levantando los planos
y haciendo las inventivas oportunas. Esto es, para
empezar, me inventé la ‘Cota Cero’, para desde ella,
partir con las acotaciones de los planos y las medidas en
los tajos de las obras. Comprobamos que el piso de la Sala
de Actos estaba a +2,65 m. Para acceder a ella,
tendríamos que construir dos escaleras en la zona sur,
donde habían realizado dos aperturas del muro.
José Antonio, no supo demostrarnos sus dotes de buen
profesional, en la práctica, nos demostró que no sabía
aplicar los conocimientos teóricos. Entre Paco y yo, vimos
la forma de construir esas escaleras y yo me dediqué a la
realización de los planos y él a aportar los materiales y
el personal de su equipo, que con la ayuda de los míos, se
formó el encofrado, las distribuciones de los bloques de
cerámica y de las barras de ferralla, luego, fabricar el
hormigón y hacer el relleno, para el fraguado de las
rampas. Esas dos escaleras, servirían como escaleras de
escape o servicios. Tendríamos que realizar la tercera y
sería la entrada principal. Total, que el equipo de
Albañilería, eran los ayudantes y nosotros los maestros
345
de obras. Para comenzar la escalera principal, hicimos
otra consulta al Aparejador y nos dio unas soluciones
bastante
pobres.
Cuando
entre
los
Monitores,
proseguimos con las discusiones de cómo continuar la
realización de esa escalera, yo les hice una pregunta,
con comentario:
--- Vamos a ver; vamos a ver. Si nos han dicho que éste
edificio,
una vez terminado, va ha servir como sala de
exposiciones
y actos públicos. ¿Nadie ha pensado que
entre el público no va ha venir un minusválido,
un anciano o alguien con una pata escayolada?
¿Cómo van a subir a esa planta?
Más discusiones y aportes de ideas. Por consiguiente,
nuevas consultas con el Aparejador del Ayuntamiento y
de recibo sus ‘buenas ideas’. Nos dijo de hacer una
rampa y una escalera. Y ahora, otra vez a ‘marear la
perdiz’. Pero, en tan corto espacio de terreno ¿Cómo se
puede hacer una rampa cómoda y segura? Para eso, me
puse a recrearme en los planos de unas rampas
combinadas.
La idea final sería, una galería adosada al edificio,
desde el nivel del suelo de la entrada a la sala y el
comienzo del descenso de la escalera, hasta media
fachada, donde comenzarían las cuatro rampas, con
descansillos, para hacer giros de 180º y cada una
descendiendo unos 50 cm, con una longitud de 8 m.
cada una y a un ancho de 1,50 m. Así resultaban unas
rampas cómodas y suaves. Cuando presenté los planos al
Director y al Aparejador, no creas que dijeron unas
palabras de agradecimiento, sino que se limitaron a
decir:
--- Bien; pues, que sea así...
Pensando en el sótano, que estaría destinado a ser Sala
de Exposiciones, sólo tenía una entrada estrecha, que
346
era la vieja sala de bombas, para el antiguo depósito y
éste depósito a su vez, dividido en dos vasos, con un buen
muro intermedio y el nivel del suelo de los dos vasos o
salas a – 1,47 m., y en la entada a – 1,22 m., donde
había 5 escalones, verás que pocas sillas de ruedas
pueden bajar. La solución nos la dieron, con hacer una
nueva abertura en el otro extremo (donde estarían las
rampas de la sala superior) y ahí construir la entrada
principal al sótano. Habría que construir una rampa.
Por tener poco espacio y mucha altura, tuve que idear
unas rampas combinadas, saliendo a corta distancia y
girando hacia la izquierda, con un descansillo, y otra
rampa hasta enlazar con la base de la escalera
principal. Esta escalera, la ideó Paco, que sería de forma
volada, con una gran zanca y cosida al conjunto de
vigas de la entrada al piso superior, dando ahí y
descanso y el comienzo de la galería elevada, para
acceder a las rampas combinadas. Debajo de esa
galería, ideamos debería ir un pequeño almacén y el
compartimiento para la maquinaria de la calefacción.
Paco, se había entretenido en hacer las mediciones
exactas de los pilares metálicos, intercalados, en la que
sería la Sala de Actos; los vanos resultantes serían cada
una de una medida distinta. Con esas medidas y
previsiones, se encomendó, en unos talleres de éste mismo
pueblo, la fabricación de las cerchas o vigas para la
techumbre, de todo el edificio.
Como el equipo de Albañilería, estaba empleado en
completar las escaleras con peldaños utilizando
ladrillos aparejados en soga, para formar unas huellas
normales y Vicente, viendo que aquello se eternizaba,
decidió que él con su equipo de Fontanería, se emplearía
en realizar los trabajos propios de fontanería en los
servicios y cubrirlos, luego, con alicatado; que resultó un
trabajo como de profesionales.
347
Jesús, con su equipo de Carpintería, estaba empleado en
construir varios muebles y útiles para varias zonas del
pueblo. Por su parte, Rubén, con su equipo, estaban
comenzando a realizar los preparativos para construir
unos captadores solares, para dejarlos en función,
dentro de recinto del viejo deposito, adosado a la
fachada sur, entre las dos escaleras de servicio.
A mi equipo, José Luis, quiso encomendarles las
instalaciones complementarias de los equipos de paneles
solares en varios lugares del pueblo; me consultó si fuese
factible y acepté el reto. Las instalaciones consistían en
una línea con conectadores telefónicos y otra línea para
alumbrado y conexión de un sistema informático entre
la red fotovoltaica y la línea de la Compañía
suministradora del sector. Éste sistema se instaló en 10
edificios o lugares del pueblo. Todo quedó funcionando
y en perfecto orden de revista. Los alumnos se portaron
muy bien, porque comprendieron que era un trabajo
efectivo y vistoso. Se sintieron útiles.
Otro trabajo que nos encargaron, fue dar servicio y
funcionamiento de las bombas y alumbrado de una
fuente pública de nueva construcción, con todos los
automatismos apropiados, tanto para las bombas, cómo
para el alumbrado. Les hice confeccionar desde los
planos y el cuadro de aparellaje, hasta las instalaciones
de los sensores y todas las conexiones. Fue otro trabajo
que quedó de forma satisfactoria. Pero, donde más
estuvieron entusiasmados, los alumnos, fue en los
preparativos de todas las instalaciones eléctricas de los
cuadros, bases y focos; así como de los ensamblajes de los
paneles para formar los puestos, necesarios para la Feria
de Medio Ambiente, en sus dos series de los años 2001 y
2002 Y luego, los días en que tuvieron que estar como
vigilantes, por todo el recinto ferial, por si ocurría
alguna avería. Después, hacer los desmontajes, de hasta
348
la moqueta, con la que habían cubierto el suelo de todo
el recinto cubierto.
También, cuando se instaló todo lo necesario para las
dos aulas de informática. Donde después, todo el equipo
(incluido yo), hizo un curso de informática para
usuario; del cual tengo el diploma acreditativo. En total
fueron más de 50 los trabajos extras, para el pueblo, que
realizó el equipo de electricistas, todos bajo mi control y
supervisión; algunos con la patente de mi inventiva. El
trabajo más extraordinario, en el que intervinieron
todos los equipos de alumnos y monitores, fue para la
construcción del tejado sobre la Sala de Actos, sobre el
antiguo depósito de aguas. También, prestaron su
ayuda y esfuerzo, con aporte de maquinaria, el grupo de
trabajadores especialistas del Ayuntamiento, para el
montaje de las cerchas y correas metálicas, para el
ensamblaje del soporte de la cubierta de tejas. No
conseguimos que nos sirvieran, desde el Ayuntamiento,
el total de los andamiajes modulares, necesarios para
cubrir las cuatro fachadas del edificio. Fue lamentable
ver, que a cada poco, se tenía que desmontar los
módulos utilizados en una zona, para volver a
montarlos en otra zona.
Para la elevación del material necesario en la cubierta,
los
alumnos
tenían
que
hacer
unos
esfuerzos
innecesarios, con una cuerda acoplada en una polea.
Yo encontré, entre los restos del curso anterior, una
máquina de elevación (lo que llaman ‘maquinillo’), que
estaba casi inservible. Hice al equipo de electricistas, que
lo limpiasen para comenzar a su reparación, ajuste y
puesta en marcha. Hubo que hacerle varias reformas,
instalar un interruptor inversor y repasar la caja de
bornas del motor.
Las pruebas dieron buen resultado, funcionaba. Pero,
como todo el artilugio, pesaba más de 100 Kg, no
podíamos colocarlo encima del andamiaje, ni sobre la
349
cubierta del tejado en construcción. Así que puse en
marcha mi inventiva y resultó algo como de los inventos
del TBO. El maquinillo de fijó sobre la base de un banco
– jardínera, hecho de ladrillos, luego el cable de
elevación se subió a la parte alta del andamiaje, allí se
fijó un artilugio, realizado con la rueda de una
bicicleta, sin cámara, a modo de polea, sujeta en
vertical; por la llanta se pasó el cable, por donde se
deslizaba y luego bajaba o subía, a voluntad del que se
encargaba de manejar el maquinillo. Fue preciso la
machacona advertencia y vigilancia, para que los
finales de carreras, estuviesen bien realizados, con toda
garantía de seguridad, puesto que en ese momento se
carecía de los topes de limitación. Con esta forma de
vigilancia y atención, se consiguió que no hubiese
accidente alguno y el acarreo de material se hizo más
liviano.
El montaje de la cubierta y tejado, resultó ser como una
obra faraónica, ya sabes, José Antonio, fallaba en las
prácticas de su oficio de albañilería, en lo que tanto
Paco, como Vicente, como yo, teníamos que ocuparnos de
aportar nuestras experiencias y conocimientos en obras.
Así, que como se decidió por la construcción de un
tejado ‘cuadrado’, con dos pendientes, o sea ‘equilátero’
y rematado con teja ‘árabe’, en aparejo de ‘teja ana’,
fue necesario hacer una cubierta soporte, con un tablar
formado con rasillón machihembrado y una cubierta de
hormigón aligerado y armado, sobre lo que irían las
tejas.
En la práctica, ninguno de los Monitores habíamos
realizado éste trabajo. En nuestras andanzas por obras
de construcciones, si lo habíamos visto y por tanto,
aportamos nuestros recuerdos, para poder ayudar al
equipo de Albañilería y poder continuar con éste
trabajo. Para que los alumnos tuviesen la seguridad
garantizada, al estar moviéndose sobre las vigas de la
350
techumbre, hice un pedido urgente de cinturones con
arneses, una bobina de cuerda y unos equipos de redes
de seguridad; con todo ello, hice que los alumnos
formasen una gran red contra caídas, debajo de todo el
armazón metálico de la cubierta. De esta forma, si
fallaba algún bloque, o resbalaba uno de nosotros,
caería sobre la red; porque la altura mínima de caída
era de 4,75 m.
En la segunda mitad del curso, José Luis, nos reunió a
los Monitores, para ver de solucionarle un problema que
le planteaba la falta de medios para el curso de
Garantía Social, que se impartía para chicos de edades
entre 12 y 16 años y que una vez que se estaba acabando
las enseñanzas de los módulos de teórica, no tenían
posibilidad de tener continuidad con los módulos, o
enseñanzas de las prácticas de oficios.
Entonces nos propuso de ocuparnos de esos grupos,
durante una hora diaria, que serían después de las
horas de teorías, que se daban con nuestros alumnos.
Por tanto, es de entender, que durante esa hora,
nuestros alumnos quedarían en recreo. No nos pareció
muy correcto, pero aceptamos; más que nada, por la
oferta, de que habría una gratificación económica.
Durante el tiempo que duró éste apartado, (unos seis
meses), fue algo estresante; porque además de tener que
‘luchar’ con los alumnos de mi equipo, ya casi
‘domesticados’, aparecieron estos otros, más jóvenes, algo
más salvajes y más bulliciosos y con más o menos la
misma calidad de su educación social. El trabajo resultó
bastante agotador, pero algo enriquecedor en lo
personal. Así como también, que éste periodo de trabajos
en este pueblo, me sirvió para conocer a una gran
variedad de gentes distintas, desde el propio Alcalde
(Paco), a varios Concejales, a personal vario de tiendas
y bares, a la encargada de la estafeta de Correos, a
policías locales, a trabajadores especialistas de
351
mantenimiento, a las profesoras de informática, en fin
de toda la variedad de personas y clases sociales.
El curso se terminaba y el objetivo planteado, como fin
de éste empleo, no quedaría terminado; esto nos dio a
todos, una cierta inquietud interna de no haber podido
hacer la culminación de lo acordado.
Yo hice que en nuestro equipo, se sintiese una
formalidad de verdadero curso escolar y propuse un
examen final a forma de compendio, de todo los temas
tratados durante los dos años. Todos los alumnos me
aprobaron satisfactoriamente.
Ya en los últimos días, se hizo un inventario de todas las
herramientas y materiales, para luego hacer un acopio
en el almacén y así, podría quedar todo guardado en
previsión del próximo curso. En los tres últimos días, se
fue desmontando todas las conexiones eléctricas y de
aguas, que tenían los módulos de aulas. Se fueron
llevando los módulos y el último fue el nuestro, el de los
electricistas.
El penúltimo día, fuimos citados en el Ayuntamiento, los
Monitores, para hacer las formalidades y firmas de los
finiquitos. Cómo es normal en todo despido, firmamos los
papeles oficiales y nos fue entregada la documentación
pertinente, para la presentación en las oficinas del
INEM. Bien; otra vez en el ‘paro’. Pero esta vez, no con el
amargo sentimiento, de cómo haber cometido algo
malo. Si no con una sensación de haber hecho algo
positivo, aunque sólo sea por el intento de sobre educar
a ocho alumnos y dejar constancia de unos trabajos
bien realizado en ese pueblo de Torres de la Alameda.
El último día 18/12/2002 amaneció nublado, con
maneras de empeorar y provocar lluvias; de esa forma
procedió el tiempo, haciendo que el día por ser el final
del curso, le diese algo más de color triste. Y así fue, a
pesar de que todos lo teníamos bien preparado para que
resultase como un buen fin de fiesta. Menos el equipo de
352
Fontanería, que se preparó su fiesta particular, el resto
de equipos, a excepción de algún alumno que no tenía
posibilidades, teníamos acordado, en un restaurante
del pueblo, celebrar una comida de hermandad. Claro
está, después de los correspondientes saludos y
despedidas, que nos harían desde el Ayuntamiento.
Pero; esos ‘correspondientes’ saludos y despedidas, no
tuvieron lugar ni modo; se iba acabando el tiempo y las
horas de estancia en el recinto escolar y allá no
apareció nadie, ni el Sr. Alcalde, ni el Concejal de
Cultura, ni el Director, ni tan siquiera el Paje de los
Reyes Magos.
La desilusión se expandió por los ánimos de todos los
alumnos y Monitores, pasamos a ser ‘ex alumnos’ y ‘ex
monitores’, sin penas ni glorias. Esto sí; esos malos
sinsabores, los cubrimos con buen vino de la tierra y con
buenas viandas, que nos tenían preparadas en el
restaurante. Entre la buena camaradería final, de los
‘ex’, a alguno se le ocurrió brindar elevando las copas y
soltando algún improperio, dedicado al Director y al
Concejal de Cultura y al Alcalde.
Después de los postres y copas de regalo, se fueron
despidiendo los más huidizos, luego los tardones y por
fin el resto. A todos les prometí que esta mala
formalidad, con la que fuimos despedidos, no se
quedaría en saco roto, me prometí y les prometí que, el
Sr. Alcalde, recibiría la más dura de mis quejas en un
escrito, dirigido a su persona, con acuse de recibo, para
que
constara
en
‘acta’,
sus
feas
formas
de
desagradecimiento.
Una vez realizadas las formalidades en las oficinas del
INEM, ya dispuesto a dejar pasar los días, en la espera de
353
la mejor y oportuna ocasión, para solicitar la
prejubilación, no dejé más días para hacer lo que había
prometido y me empeciné en la redacción de un escrito,
dirigido al Sr. Alcalde de Torres de la Alameda. En el
que después de un corto saludo y de mi presentación, le
relaté con todo detalle, lo improcedente de las acciones
recibidas, o no recibidas (según se mire), en el último
día de estancia como Monitor y de la despreciable no
‘despedida’, por parte sus ayudantes en la Junta de
Gobierno y de la responsabilidad en último caso, de él
mismo, como el Alcalde. Cómo final, le remitía a una
lista adjunta de todos los trabajos, que el equipo de
electricistas había realizado a favor y por todo el pueblo
y le indicaba de los trabajos que los otros equipos, tenían
acreditados.
Esta misiva tuvo su efecto; en pocos días recibí la
contestación, en la que el Sr. Alcalde, me citaba,
personalmente, para que a él mismo le contase y
demostrase todo lo que en mi carta le reprochaba. Acudí
a su cita. Y cuando me indicaron que ya me podía
recibir, el mismo Alcalde me esperaba en la antesala de
su oficina, en compañía de la secretaria.
Después de los saludos, me ofreció la entrada a su
despacho y una vez dentro, quedamos los dos solos. Me
indicó un sillón delante de su mesa de despacho y él
giro alrededor de la mesa para sentarse en su sillón.
Comenzó diciéndome que durante esos dos años de
estancia en la Escuela Taller, había tenido pocas
ocasiones de contacto personal y que de encontrarme por
la calle no me hubiese reconocido. Luego, me entregó la
carta recibida, que yo le había enviado, diciendo:
--- Esta carta, ¿la has enviado tú personalmente?...
Como mi contestación fue afirmativa, comentó:
--- Caramba; vaya bronca me echas... y que bien
redactada está.
¿Tienes otros estudios, además de los que dices en tu
354
currículo?”
Me reafirmé en lo que constaba en el currículo y añadí
que en estos últimos años he procurado de hacer más
amplio mis conocimientos y he sido un autodidacta, en
varias materias. Quiso disculpar al Director, por lo
ocurrido, o no ocurrido aquel día, asegurándome que
estaba algo enfermo y desquitarse las posibles culpas
personales; pero, que en verdad no tenía conocimiento
de esas anomalías.
Yo le dije que si, José Luis, estaba algo enfermo, nos
llama por teléfono, que para eso nos dio un móvil a
cada Monitor, para estar en contacto y acudiríamos
todos a las puertas del Ayuntamiento, allí nos podía
haber dicho unas pocas palabras, aunque sólo hubiesen
sido “Hola, gracias y adiós”. Poro, no; nos hizo una
despedida ‘a la francesa’. Vergonzante.
Luego, la charla derivó en lo anecdótico y sobre los
resultados de este curso, ya terminado. De porqué se
había dejado empleado al Monitor de Carpintería, con
contrato para realizar varios trabajos, de cómo también
estaban empleados, una chica del equipo de Fontanería
y el mejor de los alumnos del equipo de Electricidad, de
los que estaba contento de sus trabajos y respuestas de las
enseñanzas recibidas. Y sobre la posibilidad de hacer
otro nuevo curso, en el que prometía poner más empeño y
seguimiento.
Me ofertaba otro puesto de Monitor, para ese curso, pero,
al desvelarle mi situación, por la edad de posible
jubilación y de las pérdidas económicas, por la inferior
cotización en la Seguridad Social; que al pronto no se lo
creía, le quise demostrar con los documentos del INEM,
de esa realidad y me respondió que no hacía falta, que
de ser así, él mismo haría lo mismo. Me confirmó que
además ese posible nuevo curso, los sueldos de los
Monitores tendrían que ser algo más bajos. Aseguraba de
hacer un nuevo estudio sobre todo lo comentado y si les
355
hiciera
falta
de
mi
concurso,
me
llamaría
personalmente,
paras
hacer
las
consultas.
Nos
saludamos en despedida y regresé a mi domicilio.
Después de aquel día, no he regresado a ese pueblo, ni he
recibido más comunicado desde ese Ayuntamiento. Si sé,
que el Alcalde, ya no es el mismo, ha sido sustituido por
otro de otro partido.
Bueno; a partir de ahora, otra vez en el ‘paro’; con la
creencia de que esta vez el sistema funcionara mejor y
recibir alguna oferta de buena calidad, o consumir
todo el periodo de prestación y luego, a la espera de que
con las nuevas formulas sobre las jubilaciones, tuviese la
buena oportunidad de acogerme a este sistema.
En las oficinas del INEM, me informaron que al no haber
agotado los meses de prestación anteriormente, porque
sólo había consumido 9 meses, tenía el dominio de
decidir sobre aceptar la continuidad de la anterior
cotización, hasta completar los 24 meses y `posible
prorroga, o recibirla con la nueva cotización, sobre estos
dos últimos años. Matemáticamente, no daba lugar a
dudas, la anterior cotización, al ser más elevada, tenía
un sueldo superior, por consiguiente, decidí con la
continuidad. Volví a casa con la nueva documentación
y ya sólo quedaba estar a la espera.
Tres
meses
duró
la
espera,
para
la
primera
comunicación de oferta de un trabajo. Ni siquiera te
sonrías, con lo que te voy a decir: La oferta que me
propusieron era para ser otra vez Monitor de
electricidad; pero, esta escuela estaba dentro del recinto
penitenciario de Alcalá Meco...
--- ¡Que no te rías!...
356
Sí; sería para enseñar el oficio a un grupo de presos, de
los que en un año tenían sus salidas concertadas, por
finalización de penas. Aunque así en frío, resulta
chocante, me dijeron que tendría toda garantía de
seguridad. Lo más interesante, era el sueldo ‘15 euros
por hora’ (2.496 Ptas.), más otros incentivos, durante 6
horas diarias, en 5 días (30 horas por semana), dan un
sueldo mensual de 1.800 euros (299.945Ptas.) Pero; sentí
algo de recelo y con la negativa de Librada, pues...
Volví a las Oficinas del INEM y les planteé mis reservas,
que tendría que darle más vueltas y pensarlo mejor, que
por ahora, no aceptaba. No se si fue una mala decisión,
pero, no lo puedo saber, porque desconozco estar en esa
situación. Así, que lo olvidé y me dirigí a las oficinas de
la Tesorería de la Seguridad Social, a fin de solicitar
una copia sobre mi ‘Vida Laboral’ actual y con el
documento en las manos, me dirigí a las otras oficinas
de información de la Seguridad Social, para que me
hicieran una demostración, de cómo sería mi jubilación
en el momento actual. La funcionaria que me atendió,
me demostró que con las cotizaciones de que se
demostraban en la pantalla de su ordenador y las
cantidades que leía, no tenía problema en que se hiciese
ya la solicitud para la jubilación y que los resultados
serían muy buenos, pero, que sería mejor esperar a que
yo cumpliese los 63 años y desde entonces, las notas
serían más elevadas. Así se decidió y ya sólo recibí un
total de seis meses de prestaciones por desempleo y
ninguna oferta más.
Desde que salí de JOTSA, han sido pocos los contactos con
los compañeros de trabajo, con los que he estado, unos
35 años, juntos casi a diario y durante los dos años que
357
estuve en la Escuela Taller, me comunicaba, por teléfono
con Agustín, con Juan, con Tomeo, con Jesús y alguno
más; también estuvimos reunidos en casa de Juan o de
Agustín, o en el nuevo chalet de José Luis (el ex
encargado del taller de mecánicos de JOTSA) y otra vez,
en una reunión de antiguos compañeros de JOTSA, a
otros los he visto por las calles... Luego se han ido
extendiendo las llamadas y las citas y parece ser que
tanto por mi parte, como por parte de los antiguos
compañeros, hemos pasado a la tercera fase de las
amistades (‘los que se olvidan’)
Se que unos ya se han jubilado, otros han conseguidos
empleos, razonablemente, bien pagados, otros están en
otros empleos diferentes a los que desempeñaban y de
otros tantos no se nada. De casi todos, por los
comentarios de unos y otros, no tienen ni la calidad de
trabajos, ni los sueldos de que disponíamos en JOTSA.
Esto es lo que, todos les reprochan a los antiguos jefes,
que teníamos y a los que les achacamos la destrucción
de nuestra forma de estar y vivir. Ojalá, la ‘Parca’ les de
un mal cruce de la laguna Estigio y que Cancerbero, les
de tres mordiscos en donde más les duela, para que
pasen los peores momentos en ese lugar satánico, donde
estarán, porque se lo merecen. Y como el teléfono ha
dejado de sonar, por las llamadas de los antiguos
compañeros, pues, yo, también estoy pasando.
Lo cierto es que, por estas causas, Librada y yo, estamos
en un estado de abandono de relaciones sociales y de
letargo, en los que nunca hemos estado, en los tantos
años de vida que tenemos. Y más aún, ahora, que
estamos en el piso nuevo de Alcalá de Henares.
Ya sabes que en las nuevas comunidades de vecinos, las
relaciones son lentas y en la mayoría de las veces cortas
y frías. Por tanto, desconectados de las relaciones de
vecindad, con los vecinos de Coslada, con los vecinos de
la Asociación de Daganzo y la cada vez más larga
358
ausencia, de la compañía de nuestros hijos. Ya lo dijo
Aristóteles:
“Quien deja de ser amigo, no lo ha sido nunca.”
A éste piso en Alcalá de Henares, nos vinimos a vivir
Librada, Susana, Jonás y yo, pero con menos ilusiones de
las que habíamos pensado para ello. Jonás, reconoce que
en éste piso, él está más cómodo y está contento por tener
una habitación propia y moderna; además, cómo ya
trabajaba en Alcalá y no tenía problemas con la
movilidad por esta zona, tanto mejor.
A Susana, no le agrada mucho éste pueblo, aunque
últimamente, reconoce que Alcalá es mucho mejor
pueblo que Coslada, ‘que no hay color’; ella no tiene
dificultades en desenvolverse por aquí; pero, ha
reconocido que cierto día, se perdió por las calles del
centro de Alcalá y no sabía volver a casa, hasta que
reconoció unos edificios, desde donde ya supo
orientarse. Ocurre, que aunque tiene mejor habitación,
está en un piso mayor y éste ser un pueblo con más
servicios y posibilidades, el novio está en Coslada, los
amigos están en Coslada, los fines de semanas se va a
Coslada y hasta el arreglo del coche lo hace en Coslada,
pues, ya me contarás para que le sirve todo lo que tiene
aquí, si pasa más tiempo en el trabajo, luego en Coslada
y sólo los días laborables, duerme aquí.
Yo, conocía todo el entorno y además no me molesta lo
desconocido, es más, me agrada esa aventura de estar
en lugares que no conozco y realizar escapadas, o
descubiertas, para ir asimilando en mi mente las
situaciones de las calles y pedir planos en los lugares de
información de Turismo... A Librada, le ha costado más
tiempo adaptarse a éste pueblo, porque tiene menos
359
capacidad para la orientación, debido, quizá, a
consecuencia de que siempre ha estado despreocupada,
por mi ayuda constante en las salidas por Madrid, o por
Coslada. Ahora, en Alcalá, se considera estar más sola y
con más necesidad de salir a sus compras y con el afán
de conocer el entorno.
Claro está, que ha venido aquí con pocas ganas de
cambios y sin alegría por éste nuevo piso. En
conversaciones sobre éste asunto, ella reconoce que no
ha sabido comprender, ni dar soluciones a ese problema
o autofobia, por lo que cree es desconocido, con un ápice
de agorafobia, que añadido a una suma de pequeños
problemas, como verse mayor, la menopausia, el despego
de los hijos, por ser ya mayores, las perdidas de los
empleos de los hijos y el mío, de los problemas con la
entrega de éste piso, con la perdida de las ilusiones que
teníamos formadas, combinado a un poco de depresión,
con la paulatina perdida de los contactos con los
amigos y un largo etc., le ha creado esta conducta
fóbica, que alguna vez le ha hecho desembocar en unos
ataque de histerismo. Todo esto, aumentado por los
problemas que yo causo o pueda causar, por mi personal
forma de ser y por las largas horas de convivencia, son
los que dan unas situaciones algo desagradables y
discusiones, todas banales, pero que hacen que la vida
cotidiana no sea lo agradable que debería ser. Te digo,
que estos últimos años que nos van quedando, no
sabemos adecuarlos a un estado de bien vivir, como ya
suelo decir: llevamos una ‘vida de mierda’...
Y es que, a poco que se desvíe una situación, se nos coloca
delante un problema, sin pedirlo, mira: Tomamos la
decisión de salir a ver unos muebles para decorar el
salón, en almacenes de por aquí cerca, ese día estaba en
casa Bea (la novia de Jonás), durante los comentarios,
ella, nos dice que quisiera acompañarnos a ver muebles,
entonces, decidimos ir todos en el mismo coche y juntos.
360
Ya en unos almacenes, en la zona de la Dehesa, cerca de
Alcalá, comenzamos a deambular por los apartados y
ver los distintos modelos. A Jonás, le gustó un dormitorio
para su habitación, aconsejado por su novia Bea, lo
compramos. Pero, con el tiempo y ya colocado, no sé
verdaderamente, si es de su agrado, o si es lo que él
pensaba que debería ser, pero, no se le nota muy a gusto,
de cómo ha quedado.
A Librada le gustó un conjunto para el salón, pero ella
quería ver más modelos y en otros lugares; más con mi
opinión y con la de Bea, se decidió comprobar que tal
estaría, para ello, nos hicimos aconsejar los vendedores,
con planos, medidas, escalas y demás; sobre los planos
todo encajaba y se veía bien; luego con los gustos
combinados de todos, pero, más por la opinión de Bea, se
decidió la compra de unos sofás. Para todo esto, se
acordó la visita a casa, de uno de los vendedores, para
comprobar las medidas. A partir de aquí, empezaron los
problemas:
Primero, apareció uno de los vendedores, éste señor,
desapareció de ese trabajo y tuvo que venir otra chica, a
volver a realizar las medidas en el piso; sigue que nos
convencieron en colocar la mesa de comedor ovalada y
no circular y de tener que dar la dichosa señal
económica, para el encargo de los muebles (cosa que
exaspera a Librada); la entrega se demoró algo más de
lo convenido y cuando es el día de la entrega y montaje,
los operarios rompen uno de los muebles, que tienen que
reparar. Una vez realizado los montajes y colocación, se
puede ver que los espacios demostrados en los planos no
son los aceptados, que los muebles resultan enormes para
las medidas del salón.
Por si todo esto era poco, comprobamos que los sofás,
eran los de exposición (no nuevos) y que la factura final
estaba aumentada por los sobre precios de las sillas y su
tapizado. Cómo no estuvimos en acuerdo, con las
361
explicaciones que nos dieron en la tiendad, yo fui a las
Oficinas Municipales de Información al Consumidor
(OMIC) y con lo que el abogado me informó, volvimos a
la tienda y las discusiones y explicaciones eran largas y
a nosotros nos resultaban fuera de lugar. Pero, en
previsión, ya llevábamos el cheque con el valor del resto
por abonar, pero, con las cantidades que nosotros
exigíamos que fuesen cobradas y el informe del
abogado, se lo entregamos y además, Librada exigió la
entrega de los dos cuadros que nos habían ofertado
cómo regalo; nos lo entregaron y nos marchamos con
clara enemistad, por ambas partes.
Siempre que sale el recuerdo de esta compra, Librada,
me reprocha el no haberle consentido la idea de ir a
otros almacenes, para ver más muebles y por dejarnos
aconsejar por Bea, y porque la decoración de éste piso,
deberíamos haberla realizado con más tranquilidad y
mesura. Y es que la distribución del piso, es un desafío
para un decorador. Sí; verás, el primer acceso y entrada
al piso, es un pasillo, de algo más de un metro de ancho,
que se extiende seis metros de largo, a derecha y otro
tanto a la izquierda, dando una longitud de doce
metros, y en cada extremo hay puertas que dan acceso a
unos distribuidores, de dos metros de largo cada uno,
dando ahora dieciséis metros de longitud, desde las
entradas a los baños, con otros dos metros de profundo
cada uno, que si se mantienen abiertas las dos puertas
de estos dos baños, se ve y se comprueba la longitud de
los veinte metros, que tiene el piso de largo. Si te pones en
un extremo, verás que en toda esta longitud, no hay
una pared, que tenga dos metros continuos. Porque
están las puertas de los dormitorios, de los baños, de los
distribuidores, de la cocina, de las dos terrazas
tendederos, de la entrada al piso, el armario y las
cuatro hojas de la entrada al salón. Piensa en como
decorarlo...
362
El salón, bueno salón, son algo más de dieciocho metros
cuadrados, no es tanto para la palabra ‘salón’. Verás,
desde su interior, viendo la puerta de entrada, que está
centrada en su longitud, a los dos lados, la pared forma
como una hornacina a cada lado. Entonces, tienes a la
espalda un amplio ventanal, con cuatro hojas
correderas y una pequeña, centrada y fija, todas de
cristales, con un desnivel elevado, dando salida a la
terraza y aquí, delante y dentro del espacio interior,
hay un puñetero pilar cuadrado, ocupando espacio del
salón. En el rincón lateral izquierdo está la puerta de
acceso a la cocina. Anda, piensa, también, en como se
puede decorar esto.
La cocina, es amplia, cuadrada y cómoda, pero tiene un
mamotreto, que es una caldera mixta para la
calefacción y además, una puerta al pasillo, otra al
salón y una a la terraza, de doble hoja corredera de
cristales, también como el salón, con elevación de salida
hacia la terraza. Nos la entregaron sin mobiliario,
vacía.
La terraza, es de la misma forma y superficie del piso,
esto es, de veinte metros de largo, por más de cuatro
metros de ancho, con una jardinera corrida, en el borde
del murete exterior, a toda su longitud, además, hay
cuatro hermosos prismas cuadrangulares, a forma de
chimeneas, adosadas a la pared exterior del piso, para
que sirvan de ventilación a los baños de los pisos
inferiores. Bien medida, da una superficie de 88 m2. A la
terraza dan además de las puertas acristaladas del
salón y la cocina, las otras tantas de los tres
dormitorios, todas con escalones, en el ante alfeizar.
Toda la terraza está sobreelevada del nivel del piso, o
sea, para salir, hay que levantar la patita.
En toda la terraza, hay una pérgola, formada con vigas
de hierro, fijadas a la pared y lanzadas hacia el
exterior y apoyadas sobre las jardineras, con cinco
363
hermosas peanas, que da cobertura a toda la extensión
sobre la terraza. En la construcción de la primera fase
de obra, yo he visto y comprobado, cómo está realizada
la cubierta de esta terraza y te afirmo, que no será fácil
que haya goteras, porque se apilan nueve capas de
elementos, sobre el forjado de hormigón, de mayor
espesor, que el de los pisos inferiores El suelo, a la vista,
está enlosado por placas de hormigón poroso, de 60 por
40 cm. Sí, señor; un técnico paisajista, disfrutaría con
éste espacio, pero para el propietario, es una ruina.
Los dormitorios están bien, pero, al igual que la cocina,
tienen puertas de entrada y otra de salida a la terraza,
y las de los armarios; hay que darle al ‘coco’ para
formar una buena disposición del mobiliario.
Menos mal que los baños nos lo dieron con todos los
sanitarios, que sino... Por si fuese todo esto poco, tenemos
dos terrazas tendedero, adinteladas con el forjado de la
terraza superior, una a cada lado de la entrada
principal, con salidas desde el pasillo y desde los
distribuidores.
A propósito de la entrada, el señor arquitecto (el muy...),
ha dispuesto que al ser el espacio exterior de la entrada
igual a los dos pisos inferiores, pero en éste caso, con una
sola puerta de entrada, el otro hueco, lo ha dejado con
un cristal (doble, sí, del tipo ‘Climalit’ y translúcido,
pero un cristal al fin), sin más protección; para que
cualquier caco, sólo tenga que golpear y entrar y luego
salir sin más dificultad.
Los suelos, menos la cocina y los baños, son de tarima
flotante, de roble satinado. Cuando se abre la puerta de
salida del piso, se observa un contraste total, con las
baldosas del suelo del pasillo de entrada, desde el
ascensor hasta los pisos, son del tipo confeccionadas con
china lavada. Tienen un feo aspecto rugoso total. El
cabezotas del Arquitecto del edificio, se empeñó en que
fuese así, por pensar que al estar despajadas las
364
embocaduras del pasillo y las escaleras, con la posible
lluvia que caería desde el exterior, con otra clase de
baldosas, se podría causar resbalamientos del personal.
De esta forma, se evitan los recuerdos hacia la madre
del arquitecto.
Después de estar todo el piso amueblado, no hemos
quedado muy satisfechos de cómo ha resultado. Librada
me dice, siempre que se habla de esto, que yo he corrido
demasiado en decorar, que podíamos haber estudiado
más en los detalles. Puede que tenga razón, pero, revisa
lo que te acabo de explicar y cuéntame que soluciones se
encuentran.
Como desde ahora, ya estoy de nuevo en el ‘paro’,
recibiendo la exigua prestación económica. Como gastos
fijos, están los correspondientes al piso de Coslada, que
permanece cerrado y sin uso y todos los que
corresponden a éste de Alcalá, incluida la hipoteca, los
gastos de la Asociación de Daganzo, más, claro está,
todos los de usos generales. El total de la prestación no es
suficiente para todos estos gastos.
Al ver que el tiempo que queda es largo, para liquidar la
hipoteca, pienso que es buena solución vender el piso de
Coslada y liquidar esa hipoteca. Después de discutir éste
asunto, entre Librada, los hijos y yo, se sigue
discutiendo, pero, es la mejor solución. Imagínate si no,
que llegue a unos meses que el presupuesto no de para
pagar los gastos y tengamos que ir desquitando de los
pocos ahorros; si con buen desahogo, Librada está, que
para gastar, mira las dos caras de las monedas, que
sería si los ahorros fuesen disminuyendo, como la luna
menguante, pues, sería el olvido del armisticio y el
montaje de las trincheras.
365
Entonces, resuelto, se vende el piso y para ello, acudimos
a la misma agencia que atendió a Pablo. En pocos
meses, apareció el primer presunto comprador. A cada
visita para enseñar el piso, era una llantera de Librada,
que no quería vender. Luego, aparecieron los
‘aprovechados’ y por último una familia con necesidad
urgente de tener un piso disponible. Pues, ellos ‘pagaron
el pato’ y lo estipulado para la venta. En poco tiempo, el
piso pasó a manos de esta familia, con todos los trámites
que ello conlleva.
El dinero obtenido por la venta, se ingresó en el banco,
con la condición de que éste banco, fuese haciendo los
trámites oportunos para liquidar el resto de la hipoteca.
Como sobraría, por ser el total de la venta superior al
resto de la hipoteca, se colocó el sobrante en Letras del
Tesoro Público, a tres años, que nos dio un buen interés y
algo más en la Declaración de Hacienda.
¿Tú tienes hipoteca? ¿La has pagado? Pues, entonces,
sabrás lo que se siente, al estar ‘libre de cargas’. Sí, es
algo más que al perro que le quitan pulgas. No se llega a
tanto, pero, si dan ganas de salir corriendo como las
niñas de la serie de televisión ‘La Casa de la Pradera’. Y
más aún, cuando te llaman desde el banco para poder
retirar las escrituras de fin de hipoteca y leer ...”libre de
cargas”...
Bueno; ahora es el año 2003; el tiempo lo pasamos, entre
el piso de Alcalá y la parcela de la Asociación en
Daganzo, aprovechando todos los fines de semanas y
días festivos. Pero, como ya nos está ocurriendo, los hijos
no aparecen por esta Asociación y es motivo de reproches
de Librada, que cree que por estar en esta parcela, los
hijos nos van olvidando.
366
También,
ocurre,
que
esta
Asociación
se
está
deteriorando mucho, en cuanto a la convivencia,
porque el respeto a las ordenanzas no se cumple, los
silencios no se cumplen, por los continuos paseos de los
jóvenes en sus ‘locos cacharros’ (motos ruidosas); la
calidad de los servicios y prestaciones, no se
corresponden con los gastos de las cuotas mensuales; por
la baja calidad personal de sus socios, que da la
sensación de que les da igual dos que cuatro; por las
protestas de Librada y por la disparatada comparación
con la estancia en la parcela y la estancia en el nuevo
piso. A esto se le une, que ya cada vez más, a los amigos
Luis y Vicente, les ocurre lo mismo que a nosotros y al ver
que nosotros decidimos colocar el cartel de venta, ellos
deciden secundarnos en la misma idea y colocan sendos
carteles, en sus parcelas.
Y es Vicente, el que primero que se va apartando de venir
con más frecuencia y luego Luis, también va espaciando
las venidas a su parcela y alargando los tiempos de
ausencias. Esto es producido, creo yo, por Vicente, que se
ha comprado un chalet, en La Garena, en Alcalá y Luis,
que se ha comprado un piso nuevo en Coslada. Ambas
viviendas son muy confortables y se han volcado en
dejarlas con buen ambiente de lujo y confort, que
comparadas con las de Daganzo, dan la razón para ir
olvidándose de sus usos.
Es a Vicente, a quien le compran antes la parcela de
Daganzo y a buen precio. Pronto se la compran a Luis y
nos quedamos privados de sus visitas y compañías. A
nosotros nos visitan varios compradores; pero, es a varios
meses de diferencia, cuando unos jóvenes, aceptan la
cantidad fijada en el precio de venta y realizamos la
operación de tramitación de cambio de titularidad de
socio. Y por ese precio acordado, entregamos todo tal y
como está, incluido el viejo televisor, menos los efectos
367
personales, los cubiertos y la vajilla, se quedó hasta la
antena de comunicaciones.
Después de 13 años de convivencia en esa Asociación,
nos vamos sin mucha pena, tan sólo recordando los
buenos momentos pasados. Fuimos despidiéndonos de los
vecinos más cercanos y amistosos y salimos con la
intención de no volver.
Hemos de reconocer, que esta es otra etapa de nuestras
vidas, que ha pasado al lugar de los olvidos. Del que nos
debemos de desembarazar, o quedaremos embarazados
por tiempo indefinido.
Jonás se montó el gran teatro de la vida, en compañía
de su novia Bea y quiso continuar introduciéndose en
los recovecos de los problemas de los contratos, de las
letras bancarias, de las hipotecas, de los planos, de los
planes, etc. Antes nos invitaron, a Librada y a mí, para
acompañarles a ver varios pisos en ventas, por varias
zonas de Alcalá y de Torrejón. Pero, a mí me da la idea,
que ya estaba decidido, que sería uno que había sido
visto por ellos.
Creo que todo, en la pareja, marchaba con normalidad;
pero, algo alteró la armonía, que trastocó esa relación
sentimental y se separaron, manteniendo los acuerdos
económicos sobre el piso que estaba en compra. Éste
acuerdo final estuvo, en que tendrían que permanecer
ligados, en éste asunto, porque las disposiciones de la
constructora y el banco no daban facilidades para la
anulación de los contratos, tendrían que estar unidos a
ellos hasta la escritura de propiedad. Y entonces, se
podría poner a la venta. Para ello se solicitó la
intervención de la conocida agencia de compraventa de
pisos, para hallar un comprador.
368
Cuando se realizaron los trámites de venta al nuevo
comprador y se firmaron las nuevas escrituras, se
recibieron los dineros y se hicieron los repartos, con sus
ajustes de diferencias, la pareja, quedó definitivamente
separada. Para Jonás, esto fue como un divorcio, hasta
cambió de carácter, a más huraño.
Jonás, continuó en contacto con la familia de Bea. Pero,
por parte de ella no quiso, para nada, mantener esa
igualdad de contacto con nosotros; creo que ya había
cumplido con el objetivo de su propio negocio económico
y se retiraba con las ganancias previstas, ya no le
hacíamos falta para nada más, (Que la santa de la
pata a rastras, le asista en los cálculos para sus gastos y
le dure poco) Porque, para mi opinión, la venta de ese
piso estuvo mal calculada y se vendió sin las buenas
ganancias de estos tiempos y más aún, sin el buen
criterio de favorecer a uno de los dos, que debería ser a
Jonás, por tener mejores disposiciones económicas, en ese
momento y haberse quedado en posesión del piso,
abonándole a ella, la parte correspondiente, que no
aceptó.
La convivencia conyugal, entre Librada y yo, está
entrando en unos momentos muy conflictivos. Porque yo,
estoy a todo tiempo, en presencia en el mismo piso y
lugar y o estorbo, o no estoy a disposición.
Porque al no tener, ella, contactos con sus amistades y
antiguas vecinas de Ciudad 70, ha perdido los
momentos de expansión y recreo, en los talleres de
manualidades y encuentros callejeros.
Porque al no tener ya los contactos con los antiguos
amigos y compañeros de JOTSA, no hacemos los viajes y
excursiones, ni las cenas, ni las reuniones.
369
Porque ya no tenemos la posibilidad de desplazarnos a
Daganzo, a la Asociación, para tener aquellos
momentos de esparcimiento y charlas.
Porque tampoco son ya tan frecuentes los encuentros con
los amigos Vicente y Luis y sus esposas y echamos de
menos esas reuniones tan amenas (y tan empalagosas,
por las tartas)
Porque los hijos no nos acompañan, salvo en pocas
ocasiones.
Porque no hacemos ni un pequeño viaje de placer.
Porque hace mucho tiempo, quizá lustros, que no
tenemos tiempos de vacaciones.
Porque ya cualquier cosa nos molesta y es motivo de
discusión o reproche, más de ella, que de mi parte (yo
más lo pienso, que lo digo)
Porque ya nuestra unión verdaderamente está, no fría,
sino helada.
Porque ya no tenemos ni humor para hacer ‘el amor’.
Porque ya pasamos demasiado tiempo delante de la
televisión, sin hablar.
Porque ella, lo verdaderamente útil que realiza, es el
resultado de los trabajos de casa.
Porque ya, lo único útil que estoy haciendo, es la
escritura de estos folios o una pintura al óleo.
En fin, son tantos los porque, que podría seguir
relatando algunos más.
”No obstante lo que le pase a los hombres...
el mundo está bien hecho, sin embargo.”
(Robinson Jeffers)
Son pocas las veces que nos encontramos con los antiguos
vecinos de Coslada, hemos recibido en éste piso de Alcalá
a uno de los matrimonios, que prometieron visitarnos
370
(Ignacio y Blanqui) A otros, los hemos visto cuando
nosotros hacemos visitas al dentista, el conocido del
barrio, o fuimos a retirar la correspondencia, que aún
se recibió en ese domicilio. También, hemos hecho
algunas visitas, pero las peores han sido por los
fallecimientos de dos vecinos del antiguo bloque nº 83 y
por las misas de difuntos. Por teléfono, si hemos tenido
algunas comunicaciones y felicitaciones navideñas,
pero nada más, nos vamos difuminando en el espacio de
los días.
Por parte de Luis y Julita, ya el año pasado, no nos
llamaron para ir a ver el programa de los fuegos de la
Feria de Mejorada del Campo y éste año, tampoco nos
han avisado para asistir a los de las Fiestas de Coslada.
Es cosa lógica y natural entre dos familias que disponen
de distinta vivienda, distinto barrio, distinto pueblo y
distintos quehaceres. En cuanto a Vicente y a Isabel, se
puede decir que la relación está en suspenso, o algo
parecido, o puede que si, o puede que no. O sea, que
estamos en las mismas condiciones que con el resto de
antiguos vecinos. Bueno; lo cierto es que por mi parte, no
hago por utilizar el teléfono para comunicarme con
ellos. Yo, también soy un puñetero olvidadizo. Y así van
pasando los días, que me acuerdo y no es ocasión y
cuando es ocasión, no me acuerdo. Vamos; un lío en
espiral, de movimiento permanente.
Ahora hay que recordar que mi hermana Loli y
Bernardino, se casaron el 21/06/1953 en Madrid. En éste
año de 2003, hace 50 años de aquel evento; esto es, ‘Las
Bodas de Oros’ (que barbaridad, que mayores son y yo
también)
371
Para celebrarlo, invitaron a familiares y amigos a una
comida en un restaurante que hay en el recinto del
aeródromo de Cuatro Vientos y allá acudimos en tropel.
Desde Logroño vino Javier, sobrino de Bernardino, con
su esposa y su hija. Desde Toledo vino Amparito y
Almudena, cuñada y sobrina de Bernardino, con su
esposo y su hijo. Desde Málaga vino mi hermano Juan y
su mujer Isabel; también mi sobrino Pepe y su mujer
Mari.
Claro está asistieron los hijos de ‘los novios’, Ana con
Richard, Sandra y Diego, Ricardo con Nieves, Andrea y
Lucía. Nosotros fuimos Librada, Susana, Jonás y yo.
Pablo no asistió, excusándose de no estar en condiciones
optimas, por los malos momentos por los que pasaba, con
lo del divorcio. También asistieron unos viejos
compañeros y amigos de Bernardino y unos antiguos
vecinos, del bloque de pisos donde viven. Creo que
éramos 30, los reunidos.
A los postres y después de los brindis, se efectuaron varios
regalos a ‘los novios’, uno muy especial fue un cuadro
enmarcado, de una caricatura sobre la vieja fotografía
de ‘los novios’ en su primera boda, causó gran alboroto y
aplausos. Después, pasamos todos a la terraza exterior,
para tomar otras bebidas y sumarnos a los danzantes,
en la pista de baile amenizada por una pequeña
orquesta, ofrecida por la dirección del restaurante. Allí
pasamos unas horas de charlas entre los amigos y
familiares.
En orden de cercanía en el tiempo, que hacía que nos
veíamos, estaban mis sobrinos Ana y Ricardo, luego los
vecinos de mi hermana y Bernardino, después los
antiguos
compañeros
de
Bernardino,
a
Javier,
Almudena y Amparito, a mi sobrino Pepe y por último,
más alejado en el tiempo de no vernos a mi hermano
Juan y a su mujer Isabel. Por la distancia de los años de
desencuentro, yo a ellos (a Isabel y a Juan), los noté
372
más envejecidos, más a Juan que a Isabel. Juan, tenía
demasiado volumen o peso. Isabel, no estaba muy
cambiada, si se le notaban los años pasados, aunque se
le reconocía casi como antes. Pero, parece ser que el
choque, que mi visión les produjo, (más a Juan que a
Isabel) fue superior, no le dejó retener una exclamación
de sorpresa, por lo envejecido que me encontraron, o que
suponía que no debía de estar, pues, mi hermano
comentó en voz alta:
---¡La madre del cordero!...
Nos abrazamos sin reprocharnos los tiempos de
ausencias o contactos, luego nos preguntamos por el
estado general de nosotros mismos y después nos
contamos de cómo estaban nuestros hijos y de cómo les
iba, en esta vida de contratiempos.
Pasadas unas horas en esta compañía, se fueron
marchando los amigos y vecinos. Mis hijos, se tenían que
marchar, pues tenían unas citas acordadas; entonces
quedamos en que se llevarían mi coche, y algunos de los
familiares nos trasladarían hasta Alcalá. Luego se
marcharon Javier y Almudena. Entre todos, nos
intercambiamos saludos, abrazos, comentarios diversos,
promesas de llamadas, todas esas cosas de la rutina de
las despedidas. Quedamos ‘los novios’, hijos, nietos,
hermanos y sobrinos y se decidió pasar otro rato, en otro
lugar y tomar las penúltimas copas. Marchamos en
varios coches a una terraza restaurante al aire libre;
pues, el tiempo era muy agradable.
No estuve muy acertado, en consentir que nos
reuniésemos en ese último restaurante; y es que debí
haberles ofrecido mi casa y mi terraza, para de esta
forma, primero, hubiésemos estado más cómodos y
segundo, cómo sólo mi hermana y Bernardino conocen
mi casa, los demás la hubiesen visto y disfrutado de la
estancia de una noche de verano en esta terraza. En fin,
que perdí esa ocasión para darles nuestra hospitalidad y
373
ser unos buenos anfitriones, porque al día siguiente, se
marcharían los familiares que viven en Málaga.
Ya cumplidos los 63 años, quise iniciar los trámites para
mi jubilación, tal como me había aconsejado la
funcionaria que me atendió en las oficinas de la
Seguridad Social. Para esto, yo ya tenía realizado unos
cálculos, sobre la cantidad que tendría que cobrar por
la pensión de jubilación, en consideración de las
cotizaciones, durante mi vida laboral y según me había
explicado la mencionada funcionaria. Mi cálculo sería
de forma aproximada, pues, es sabido que por una parte,
yo no tengo todos los datos exactos y tampoco sé
verdaderamente, los que se manejan en la central de
datos de la Seguridad Social. Pero, vamos; que sólo me
equivoqué en 3 euros, en exceso.
Desde que Don Luis Mesoneros Romano, me indicó la
falta, con que yo manejaba los documentos, mis archivos
han estado siempre, o casi siempre, revisados al día, en
el espacio de cinco años anteriores al actual año en
curso. Por esto, las nóminas que me harían falta para
este cálculo, estaban dispuestas y a mano. De esta forma,
se puede ver desde el comienzo de mi archivo académico
en la Institución de Formación Profesional de Málaga
(en el año 1953), hasta la terminación (en el año 1960)
y continuando con mi vida laboral, en la empresa
Talleres Alvarado, luego del servicio militar obligatorio,
el reingreso en Talleres Alvarado, más tarde en la
empresa E. TERCA y de mi traslado a Madrid, el ingreso y
finiquitación en Construcciones JOTSA, de la estancia en
la Escuela Taller (como Monitor de Electricidad) y
374
finalmente, los tiempos en el ‘paro laboral’ (ya en el año
2003) Fíjate, que todo éste bloque de palabras,
comprende un total de 50 años y se sobre entiende que
faltan 13 años más de mi niñez. Da el total de 63 años,
que en estos momentos tengo y veremos cuantos tendré,
cuando ponga punto y final a esta narración (que no la
estoy haciendo muy rápida)
El 13 de mayo..., (esto me recuerda cierta musiquilla, de
cuando en mi niñez se hacían las ‘novenas’ a la Virgen
de Fátima, en la Iglesia de La Trinidad, en Málaga)...
de 2003, entrego en las oficinas de la Seguridad Social,
la solicitud para la jubilación. En 30 días recibo la
RESOLUCIÓN afirmativa de la JUBILACIÓN definitiva, ya
soy PENSIONISTA y por concordancia familiar, Librada
también. El primer pago (parcial) de la PENSIÓN, la
recibo el 30/05/2003 El día 02/06/2003 recibo la Tarjeta
Sanitaria de Pensionista. A la semana siguiente, desde
la central de datos del INEM, me envían la notificación
de la liquidación por terminación de prestación debido
a la jubilación y la cantidad retenida, en el principio
de la prestación. Con éste trámite, ya sólo queda estar
atento a los ingresos periódicos, de la prestación por
jubilación.
Todo no va a ser ‘jubileos’, el día 09/06/2003 recibo la
copia de la sentencia final del Tribunal Superior de lo
Social, (que me envía mi abogado), en la que además
de poder leer la ‘negativa’ de ese Tribunal, en referencia
a la apelación por las injustas retribuciones, en los
pérfidos
despidos,
que
realizó
la
directiva
de
Construcciones JOTSA, me explica que sería algo
improcedente, arriesgarse a presentar otro amparo
judicial, porque en el caso (ya en alta consideración de
375
pérdida), de ser rechazada de nuevo, los gastos se
elevarían, por no estar sujeta a bonificaciones y
resultarían ser bastante altas. Teniendo en cuenta,
también,
que
muchos
compañeros
ya
tenían
confirmadas sus renuncias, es por tanto, que yo me
sumaba a la opinión de zanjar esta desgraciada y
larga cuestión y dar todo por perdido, para eso se lo
comenté a mi abogado, por tanto, con ese bufete,
también, se finalizó la unión que hasta entonces
teníamos. Y es lamentable reconocer, la malicia de
algunas personas, situadas en puestos de relevancia
política, que se afanan en despreciar la ley vigente, para
beneficiar a unos desalmados, consiguiendo estos y
quizá, aquellos, amplias ganancias económicas.
Todo tiene su comienzo desde el punto en que, con la
sentencia primera, la verdaderamente lógica, daba la
razón a los alegatos presentados por nuestro abogado,
en el primer juicio. Pero, que con las siguientes
aportaciones, por parte de la Empresa y con las ayudas
de los sindicalistas y más aún con la de los dirigentes
laborales del gobierno (del PP), hacen que en ese alto
Tribunal, se adopte la sorprendente decisión, de dar por
desestimada
la
opinión
del
primer
Tribunal.
Olvidándose la legal ordenanza laboral del Estatuto de
los Trabajadores, por la que en despidos colectivos, se
establezcan las indemnizaciones legales y por las que
realizaran
los
cálculos
efectivos
teniendo
en
consideración los años que el trabajador estuvo en la
empresa, sin discriminaciones entre ellos. En mi caso, el
saldo total individual recibido el día del finiquito, fue
de 6.701.605 Ptas. (son 40.277,46 €) En la primera
sentencia de 31/10/2000 se dictaba, la no toma en
consideración de nuestro alegato, en el total individual
pedido de 19.389.730 Ptas. (serían 116.534,63 €) y se
estimaba en el total individual otorgado de 13.846.954
Ptas. (serían 83.221,87 €) Que por la sentencia final, se
376
puede ver que he perdido la recepción de 7.145.349 Ptas.
(serían 42.944,42 €), buena cantidad para resolver
algunos problemillas.
Era a finales del año 2003, cuando Jonás decidió
emplear sus ahorros en comprar otro piso. Dijo que era,
principalmente, porque le parecía que los dineros
conseguidos en la venta de su piso anterior, los tenía
que emplear en la compra de otro piso, para evitar que
Hacienda,
le
molestase
con
indagaciones
a
consecuencias de haber tenido una Cuenta de Ahorro
Vivienda, en la adquisición del anterior piso.
Para ello, se dirigió a las oficinas de compra ventas de
pisos, en Torrejón de Ardoz; que le ofertaron un piso en
una zona nueva, en la confluencia de la avenida de la
Constitución y la avenida de la Fronteras, denominada
Corazón de Ardoz II. El piso es un ático, en planta 5ª,
sin terraza y con dos dormitorios, un baño, terraza
tendedero, cocina, recibidor de entrada y salón de paso.
Éste piso era semi nuevo, estaba habitado hacía pocos
meses, por un joven matrimonio, que estaban
disponiendo su marcha a Barcelona. La oferta de
tasación sobre pasaba la tercera decena de millones, en
pesetas.
La zona construida es un polígono de seis bloques
espaciosos, construidos en fases, en donde se han creado
cuatro calles nuevas. Está situado entre el Polígono
Industrial de Torrejón y la Estación de autobuses. Son
unos bloques cuadrangulares, con los espacios interiores
abiertos y destinados a las piscinas y zonas de juegos
infantiles. Los pisos están distribuidos de forma que los
hay de vistas al interior, a donde las piscinas y los hay
con vistas a las calles exteriores. Los hay en planta baja,
377
elevadas sobre el nivel de calle y los hay en hasta la
sexta planta o áticos. Cada piso tiene dispuesto en los
sótanos un aparcamiento numerado. La construcción es
atractiva y moderna; pero a mí no me gusta que se
haya empleado, para los tabiques separadores de las
habitaciones, paneles de preformados de yeso; tan sólo
en las terrazas tendederos, escaleras y ascensores, se han
empleado tabiquerías de ladrillos.
Éste piso está hipotecado a favor de Caja Navarra, a
donde se dirigió Jonás, para consultar los trámites
necesarios, para la compra y la subrogación a esa
hipoteca. La contestación obtenida de esa entidad
bancaria, era que o tendría que aportar el
acompañamiento legal de un avalista, o hacer la
aportación monetaria, para nivelar las exigencias de
garantías. Entonces, recurrió a donde por entonces
podía recurrir, a sus padres. Pero, mucho es el cariño
maternal, más, de avalar nada de nada; Librada, está
estigmatizada por las desagradables consecuencias de
las manipulaciones de Sonia.
Jonás, se vio en la tesitura de hacer una ‘amenaza’, que
sería en que sino le apoyábamos con un aval, o un
préstamo de 23.500 euros, se marchaba de casa, para
mudarse a un piso en alquiler. Aunque la cantidad es
algo elevada, a Librada, le vino mejor cederle ese
dinero, que pasar por un aval. Se acordó en que iría
devolviendo, en cómodos plazos, porque consideramos
que nuestro patrimonio es de reparto equitativo, en caso
de herencia. Y gracias a éste aporte, Jonás, consiguió
firmar las escrituras. En principio, la opinión de Jonás
era que ese piso, lo tendría para dejarlo sin uso
continuado, pero, ha ido empleando los ahorros en
compras de enseres y mobiliarios y al día de hoy ya está
casi completo. De esta forma, para el año 2005 ya lo
tiene como vivienda habitual.
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Como ya se le ha pasado los pesares de la separación de
Bea, ha vuelto a tener pareja; se podría decir que pareja
estable, pero, corren unos tiempos raros y algo complejos,
para definir estas uniones sentimentales; así que prefiero
dejarlo en esta simple explicación . Es una chica maja,
(así será, hasta que esta unión dure), algo más joven
que él y buena habladora, su nombre es Elena (sí, cómo
la de Troya), tiene titulación académica de Filología
Inglesa.
A mí, sólo me ha permitido hacer unos cambios de
instalaciones eléctricas y a un cambio de mobiliario en
el lavabo del baño, el resto de reformas lo ha hecho, por
su cuenta y gusto. Está quedándole un piso, aunque
pequeño, bastante chulo. Por esta casa de Alcalá, ya sólo
aparece en día de labor, a las horas de comer y para
hacer un poco de reposo, o para retirar, o colocar algo
que le hace falta; ya no duerme en la cama de su
dormitorio.
Pablo, después de perder el puesto de trabajo en JOTSA,
tuvo un lapso de tiempo, en conseguir ser de nuevo
empleado o trabajador. Craso error, que yo me encargué
de recalcarle y que él se encargó de despreciar. Que una
vez, pasado el tiempo de la boda, se propuso remediar
consiguiendo ingresar en una empresa de instalaciones
eléctricas, en obras y reformas. Esta empresa, según me
contó, dejó de funcionar y volvió a pasar largo tiempo
en ‘paro’.
Estos tiempos de parada laboral, él las justifica en que
por alguna razón u otra, le viene bien en dejar pasar el
tiempo, para hacer esto o aquello. Creo que en algún
momento, lo va ha resentir, pues, aún es joven para
despreciar las ofertas que les ofrecen, no por tener
titulación, sino por tener los conocimientos adecuados
en el oficio de electricista y es más, yo creo, que con poca
ayuda puede trabajar en cualquier otro oficio. También
creo, que estos tiempos de parada laboral, algo largas,
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las causa su temperamento, o más bien entendido, su
falta de ánimo emprendedor, o de valentía de
arranque, en situaciones nuevas o desconocidas; esta
falta, o tal vez, impedimento psíquico de su
personalidad, debería corregirlo, para su mejor
comportamiento, en esta fea y abusiva sociedad, en la
que nos ha tocado vivir. No obstante, ojalá, tenga más
suerte en los próximos trabajos para lucimiento de su
inteligencia. Comenzando en el trabajo que nos ha
comunicado, ahora tiene, para hacer las instalaciones
eléctricas de unos cuantos chalet.
Como ya te he dicho en alguna parte de esta narración,
Pablo, por su amarga experiencia matrimonial, ha
tenido que desmontar el piso que tenía montado, como
vivienda conyugal y mal venderlo, para que su
desagradable esposa, pudiese tener las ganancias, según
yo creo, ya calculadas. Y como te dije, gracias a su
hermano Jonás, Pablo pudo refugiarse en el piso, que ha
usado durante algo así como un año. Ha conseguido
emplear sus mermados ahorros, en la compra de un
pequeño piso en el pueblo de Meco.
El piso está ubicado en un bloque de nueva construcción,
en una calle en la zona céntrica del pueblo. Es uno de
los cuatro pisos de la planta baja. Tiene una
distribución simple, pues consta de un recibidor, desde
donde se accede al baño y al salón y desde aquí, se tiene
acceso a la cocina, al dormitorio único y a un patio de
uso exclusivo; desde la cocina se dispone de una
pequeña terraza tendedero. Aunque el salón es
relativamente grande, ha usado unos mueble, para mi
entender, algo voluminosos; ha distribuido, sobre las
cuatro paredes, varias estanterías de tamaños y usos
diversos y una gran pecera (la que disponía en el piso
anterior de Coslada); en el centro de la estancia, ha
dispuesto un sofá de rincón y una mesa de comedor,
junto a la salida hacia el patio, hay una mesa para el
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equipo de ordenador. Ha quedado el sitio mínimo para
el paso y recorrido de una persona. Los mueble son un
tono de color oscuro. Pero; por si esto fuera poco, las
estanterías están sobre cargadas, por todas la serie de
muñecotes de ‘La Guerra de las Galaxias’. Es como el
museo de cera, pero, en miniatura. No obstante; si él
está conforme, pues de acuerdo.
Durante la estancia de Pablo, en el piso de Jonás, tuvo
la ocasión de conocer a una amiga de Elena, la
compañera de Jonás. Con la que acordaron harían las
salidas de esparcimiento y recreo y en compañía de
Elena y Jonás. A tal punto llegaron estas salidas, que ya
son salidas y entradas. Total, que han formado pareja
estable y ella se ha ido a vivir en el piso de Meco, en
compañía de Pablo. Su nombre es Laura; es, a mi
entender, una chica excelente y por lo que nos cuenta
Pablo, una buena mujer... (pero, insisto, como en el caso
anterior), será de esa forma hasta que esté unida a
Pablo; luego, ya veremos, ‘hermano’. Tiene habilidad en
varios oficios, como dibujo, fotografía, diseño. Lo mejor
de todo esto, es que Pablo está contento con estar junto a
ella. Y digo, como Librada:
--- De ser así, bien podía haber conocido antes a esta
chica.
Caso extraño: desde el primer momento, en que Librada
conoció a Laura, la ha aceptado de buen grado, tal vez
por la presencia de serenidad que imparte, o por los
comentarios favorables de Pablo; que sé yo. Lo cierto es
que, para ella, no ha utilizado ninguna frase típica de
‘suegra’.
Como siempre ocurre en nuestro entorno, no todo van ha
ser flores. Digo esto, porque por alguna razón
inexplicable, en los últimos tiempos de estancia de Pablo
en el piso de Jonás, las relaciones de amistad entre
Elena y Laura, no eran lo fluidas que hasta entonces
eran y por consiguiente, entre Elena y Pablo, resultó
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unos momentos de tirantez y discusiones, propias de,
como yo digo, de cuñados. El resultado, digo mejor, el
mal resultado de todo esto es que, debido a esos malos
modos de comportamientos, la relación entre Pablo y
Jonás, ha terminado algo dañadas, cosa que su madre
y yo, lamentamos. Y cómo ya me cuentan, las salidas en
compañía de las dos parejas, ya no se realizan. Más
acentuadas ahora que, como dice el dicho: ‘Cada pareja
está en su olivo’. Y según parece, estas desagradables
situaciones, no tienen buen modo de ser resueltas,
tendrán que poner algo más de cordura y de amor
fraternal, para que esto tenga una buena continuación
y un mejor final. Quisiera yo, que cuando tengáis
ocasión de leer todo este ‘emplasto’ de palabras, hagáis,
los cuatro, sendos actos de constricción y volváis a los
cauces
normales
de
una
buena
amistad
y
concordancia, que es de bien nacidos, hacer el bien en
esta vida (...amigo Sancho) De antemano:
--- Gracias; queridos; y un beso para cada uno.
Susana, en éste año de 2005 acuciada por los ejemplos
de sus dos hermanos, o por las amistades, o por los años
que van pasando, o por las ganas de probar que se
siente, cuando uno se enreda en el ‘mare mágnum’ de
las letras bancarias y las aportaciones para rebajar las
cantidades de una hipoteca, se ha metido en el mal
vicio, de iniciar la compra de un piso en construcción.
Éste piso, se está construyendo en el pueblo de Meco,
cerca de donde tiene el piso, su hermano Pablo, a unos
100 metros, en una calle contigua. Ninguno sabía de
esta cercanía, hasta que han ido a verificar la situación
de los pisos.
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Éste piso, según los planos, es un tipo duplex, consta en la
primera planta de un salón de paso, en donde se
configura la cocina y desde aquí, se accede a un
dormitorio y a un baño, posee dos ventanales, uno a
modo de balcón; luego se asciende a la parte alta que
consta de un baño y una amplia estancia y un
dormitorio; esta zona tiene el techo inclinado y con dos
ventanales a modo de buhardilla. Además, posee
trastero y garaje en el sótano.
Ha iniciado la compra con la presentación, para ello,
de su única garantía; pero, con el acuerdo particular
de las aportaciones monetarias de Oscar, su novio. Éste
acuerdo, según me cuenta Susana, además tiene la
particularidad, de que en caso de separación
sentimental, ella le tendrá que devolver el montante
económico,
correspondiente
a
sus
aportaciones
entregadas.
Yo he comentado, que en caso de que esta supuesta
separación de la pareja, se ocasionara antes del uso y
usufructo en conjunto, se declara lógico. Pero, que si esa
supuesta separación, se ocasionara después de tener
cierto tiempo de uso en común, la devolución no debería
ser al completo, sino con un descuento en compensación
de uso o pensión. No obstante, estos problemas
económicos, se han de dilucidar en buena armonía o
con la ayuda y consejo de un abogado. Éste caso, no es el
único y ya habrá jurisprudencia para tomar ejemplo.
También, hay que tener en cuenta, que esta pareja de
Susana y Oscar, ya llevan unos 14 años de unión y... (si,
puede ocurrir) pero, no se espera que se llegue a producir
estos desencuentros, de calidad desagradables. Pero,
vamos a esperar, porque hasta dentro de unos meses, no
se harán las entregas de esos pisos y queda todavía,
dilucidar lo de la hipoteca correspondiente, que no es
‘peccata minuta’. Así, que mantengamos los dedo
cruzados, comenzando con el ‘Paternóster’...
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En éste verano de 2005, Pablo ha estado unos días de
vacaciones en la provincia de Málaga, concretamente,
en Torre del Mar. Parece que a Pablo le atrae el pueblo
donde nació su abuelo, mi padre (‘el Moreno’). Ha
estado en compañía de Laura y cuando han vuelto, nos
han visitado y han traído unas buenas fotografías,
realizadas por ella. Entre estas fotos, está una, en la que
se puede comprobar de cómo ha pasado el tiempo y de
cómo Pablo ha cambiado, porque la estatua de ‘Platero’,
que está en el Parque de Málaga, no ha podido cambiar
ya que es de bronce.
También, Jonás y Elena se han marchado de vacaciones
a la provincia de Huelva, a Tarifa, para hacer prácticas
de navegación a vela con tabla, (esto, el que quiera, que
lo traduzca al inglés) También nos han visitado, pero,
antes de marchar, para dejarnos el encargo de cuidar
de un pájaro enjaulado, (una ‘Carolina’) Es un
pajarraco muy simpático y agradable. Cómo yo digo:
--- Ya que no tenemos nietos... pues, nos traen otros
animales.
Ya en otras ocasiones, Pablo nos hizo otros de estos
encargos. La primera vez, tuvimos la mala suerte de que
el gato al que cuidábamos estaba pachucho y luego se
nos murió; fue desagradable, pero, lo hacemos con gusto
y de todas formas, cómo Librada y yo, ya no tenemos el
placer de organizar nuestras propias vacaciones, pues
estamos disponibles, para estos menesteres. Por otra
parte, cómo unos vecinos, que tienen niños pequeños,
algunas veces nos traen a casa, a uno de ellos para que
en unas horas les cuidemos, mientras ellos salen a
efectuar unos asuntos. En cierta ocasión, nos ha
propuesto Carmen, que así se llama la madre, de que nos
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encargásemos del cuidado de sus hijos, mientras el
matrimonio está en el trabajo; pero, yo le dije que no era
correcto, en apoyo a que Librada le fuese a decir que sí;
pero, Librada ya estaba a la defensiva y también estuvo
de acuerdo en negar esa responsabilidad.
Hoy (08 de noviembre de 2005), cuando ya tenía
acabada esta hoja, recibimos una llamada telefónica
desde Málaga, para comunicarnos que Eva, la hija de
Joaquín , el hermano de Librada, ha tenido un hijo
(José Daniel), por lo tanto la familia, en la rama de los
Sánchez - Rivas, tiene un miembro más. Será un
‘Escorpio’, con Ascendente en Tauro; que le pronostica
que será una buena persona, si no me lo malea, esta
juventud moderna, que cada vez tira más a cafre, dicho
por su segunda acepción... ¿Qué? Pues; búscalo en un
diccionario.
Bueno; y estro es todo, amigo... (caramba; me recuerda
a cierto conejo de dibujos animados) Pero, sí; hasta aquí
vamos a dejar éste relato compilado y con pocos detalles,
que sería bueno de editar, si yo fuese alguien de
importancia en éste país, o fuese un indigno ‘famosillo’...
Y, queda de usted, suyo, afectísimo servidor...
(Posdata).- Si más adelante, considero abrir capítulo,
así lo haré.
“Sigamos al Destino a donde quiera que nos lleve.”
(Virgilio)
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