2012-04-25-CAMBIO-JEFE DEL COMANDO CONJUNTO

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CAMBIO DE JEFE DEL COMANDO CONJUNTO
DE LAS FUERZAS ARMADAS
Quito, 25 de abril de 2012
Queridas compañeras, queridos compañeros:
El ejército que organizó, comandó y que lideró
hasta la victoria el Libertador Simón Bolívar,
estaba lleno de gente sencilla, de gente del
campo, de mestizos, de zambos, de pobres; ese
ejército que pasó a la historia por haber llevado a
cabo una de las gestas más grandiosas que ha
conocido la humanidad no se reunió, no se armó,
para invadir, para conquistar, para usurpar, para
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ganar territorios o levantar imperios; ese ejército
que nos llenó de gloria, que nació de un sueño,
de la necesidad urgente de nacer como naciones
libres; ese ejército se financió, se formó, con el
único fin noble de libertar a nuestros
pueblos, a nuestra gente, a nuestros abuelos,
de la opresión que habíamos sufrido por más de
trescientos años.
Ejército libertario, triunfador en mil batallas, con
la fuerza de todas las sangres unidas, de todos
los sueños por cumplir, de todas las necesidades
por resolver; porque Simón Bolívar, antes de
levantar su espada, esgrimió sus ideas; y,
antes de acometer en aquella gesta grandiosa,
estableció el rumbo, trazó el destino de Nuestra
América. Manuela Sáenz toma la espada en
Ayacucho y se alza con la victoria, Rosita
Campuzano, conspiraba en Lima, Manuela
Cañizares, en Quito, cientos, miles de mujeres
donaban sus joyas para que se convirtieran en
balas por la libertad. Su objetivo mayor,
pensando en siglos y mirando en continente, fue
la constitución de la Gran Colombia, esa Gran
Nación de naciones hermanas, diversas pero no
desiguales, que compartieran los recursos, que
construyeran un nuevo mundo.
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El sueño que alentaba el Libertador no pudo
cobrar forma en ese momento, demasiados
intereses pugnaban por el continuismo disfrazado
muchas veces de patriotismo. Y ocurrió que las
Fuerzas Armadas de la naciente República del
Ecuador se formaron a partir de los ejércitos
revolucionarios libertadores, pero estuvieron
sometidas a los manejos, no siempre éticos,
de los políticos de turno, que las usaban para
afianzar su poder, cuando aún no contábamos
con verdadera democracia.
Después de cien años, Eloy Alfaro Delgado, reúne
un nuevo ejército libertador, libertario, ahora
en forma de guerrillas y montoneras, que
durante más de 20 años libra batallas históricas
para cambiar la lógica del poder latifundista,
regionalista y racista que imperaba; promueve
ideales liberales como la separación de la iglesia
y el Estado, el laicismo y los derechos civiles para
todos, sin diferencia de raza, género o credo. Y
en este ejército, montubios, indios, negros y
cholos se alistaron y sirvieron con patriotismo,
buscando un mejor futuro para sus hijos.
El 5 de Junio de 1895, el General Eloy Alfaro
Delgado es nombrado Jefe Supremo, y con ello
se inicia la Revolución Liberal. Ese gran
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bolivariano que era el General, no vino a sentarse
a descansar, vino a dar pelea, a terminar con
siglos de explotación, de injusticia, de inequidad;
su vida entera estuvo al servicio de los grandes
ideales, de la dignidad y de la soberanía de la
Patria. Vino a dar batalla, a poner el pecho; vino
a afrontar el combate final en contra de un
sistema oligárquico, excluyente, oprobioso.
El ejército de montoneros pobres, de angustiados
sin tierra, sin educación, estaba librando una
dura lucha por la vida, por el trabajo, por la
educación laica, por la participación de las
mujeres; este ejército estaba cambiando la
historia; estaba, a fuerza de sueños, abriendo las
puertas del futuro, inaugurando el siglo XX. Ese
ejército que iniciaba el nuevo día, tuvo en el
General Eloy Alfaro una antorcha, el guía
necesario.
La batalla de Gatazo, se libró el 14 de agosto de
1895 y fue decisiva para el triunfo de la
Revolución Liberal. Ese día, llegó la aurora, el
nuevo amanecer para la Patria. Reconoció en el
grado de coroneles a los indios Alejo Sáez y
Manuel Guamán, que fueron los dirigentes que
entraron con él a Gatazo, junto a los indios de
Guamote y Cajabamba.
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Contó entre sus filas con la presencia de mujeres
altivas, guerreras libertarias a quienes reconoció
también como sus coronelas, la fluminense María
Gamarra, la manabita Filomena Chávez; las
coronelas guarandeñas (como nuestro nuevo
Comandante de la FAE, dicho sea de paso, y
felicitaciones a la provincia de Bolívar) Joaquina
Galarza y Feliza Egüez, que pusieron la vida en el
esfuerzo para que las mujeres sean reconocidas
en sus verdaderas potencialidades, para que no
fueran solamente parte de la vida doméstica, de
encierro, de falta de oportunidades, para que
pudieran abrir de una vez y para siempre las
puertas de los colegios y de las universidades,
para labrar los conocimientos, la reflexión, el
pensamiento.
Mucho tiempo después de que muriera el
Libertador atravesado por la soledad, la
incomprensión y las traiciones; después que lo
más oscuro de los intereses económicos de la
oligarquía ecuatoriana levantara la Hoguera
Bárbara, en contra del mejor ecuatoriano de
todos los tiempos, nuestras naciones, en su gran
mayoría, perdieron soberanía sobre el manejo de
sus Fuerzas Armadas, que pasaron a jugar los
roles estratégicos que se definían en el norte.
Entramos a formar parte de las estrategias de la
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“guerra fría”, en la que, por un supuesto frente
de batalla global contra el comunismo, nuestros
ejércitos, muchas veces pasaron a convertirse en
EJÉRCITOS DE OCUPACIÓN de nuestros pueblos.
La “operación cóndor” de ingrata recordación
para nuestros países hizo posible la proliferación
de dictaduras en el continente.
Hace 30 años que la democracia regresó a
nuestra vida política, pero todos sabemos que lo
hizo envuelta en una fragilidad tan extrema que
baste decir que antes de este período de
gobierno tuvimos 10 presidentes en 11 años,
algo inaudito para cualquier democracia, y esto
ocurrió, en parte, porque nuestras Fuerzas
Armadas se definían como “garantes de la
democracia” (entre comillas), en lo que era un
contrasentido
fundamental,
porque
en
la
democracia las cosas no se definen por las
armas, sino por los votos. Los garantes de la
democracia,
queridas
compañeras
y
compañeros, no son los soldados, somos los
ciudadanos.
No obstante las grandes hazañas históricas de
Paquisha, Mayaicu, Machinaza, Cóndor Mirador,
Tiwinza y el alto Cenepa, heroísmo de nuestros
soldados que para siempre tendrán un sitial de
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honor en la memoria de la Patria, el nivel de
decadencia fue tal que llegamos a tener una
base militar extranjera en el suelo patrio, y
sufrimos impunemente el ataque aleve en
Angostura.
El vínculo de las FUERZAS ARMADAS con el poder
civil era endeble. Y las propias FUERZAS
ARMADAS habían perdido no solo poder
operativo, pues estaban casi desmanteladas, sino
que las condiciones mismas para ejercer su
trabajo eran penosas, sin equipamiento, sin
armamento,
sin
viviendas
adecuadas
y
suficientes, sin salarios justos.
Pero después de algo más de un siglo de la
Revolución Liberal, la Revolución Ciudadana
remueve las anquilosadas estructuras de poder y
renueva instituciones para devolverles su razón
de ser, genera políticas públicas soberanas en
función, exclusivamente, de los intereses de
nuestra gente, del país, de la Patria Grande.
Nuestra Constitución define a las FUERZAS
ARMADAS, ya no como “garantes democráticos”,
casi ajenos a la democracia, sino como actores
fundamentales
de
esta
democracia,
involucrados en el desarrollo integral de los
territorios y la población, brindando apoyo
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productivo y en casos de emergencia, articulando
su praxis bajo la visión civil de la conducción del
Estado, respetando los tiempos institucionales de
relevo y cambio, como verdaderos defensores de
los derechos y guardianes de nuestra soberanía.
Es mucho el camino recorrido, pero es mucho
más
el
camino
por
recorrer.
Sabemos
perfectamente que ni de lejos hemos resuelto
todos los problemas de adecuadas condiciones
laborales, adecuado equipamiento… Se ha hecho
mucho, lo sabemos, nadie se engañe que falta
muchísimo más por hacer y debemos seguir
trabajando, en primer lugar, en atender lo más
importante que tienen nuestras FUERZAS
ARMADAS, que no son sus tanques, sus barcos o
sus aviones, sino ustedes, el ser humano, aquel
ciudadano de uniforme que ha seguido la
vocación de soldado. Es necesario continuar
racionalizando, mejorando y homologando los
esquemas salariales dentro de la fuerza pública,
acelerar el paso en la construcción de vivienda
fiscal, para que la familia que comparte la
vocación de soldado, sufra lo menos posible. Es
necesario realizar una verdadera revolución en
cuanto a la mejora de cuarteles, muchos de los
cuales muestran graves signos de deterioro.
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No obstante a que la profesión y vocación de
soldado implica estar en todo momento dispuesto
a cualquier sacrificio por defender la Patria, era
necesario reconocer a aquellos que cumplieron
más allá del deber en los conflictos bélicos que
asecharon al país. ¡Cómo habían sido olvidados y
hasta maltratados nuestros héroes, aquellos que
se jugaron todo por el país! Baste decir que
después de que nos llenaran de gloria en el alto
Cenepa en 1995, empezó un abandono
irresponsable a las Fuerzas Armadas y en general
a la Defensa Nacional.
Por ello, es el Gobierno Nacional, este
gobierno, el que envía a la Asamblea Nacional la
llamada “Ley de Héroes”, para en algo hacer
justicia con aquellos patriotas que dieron tanto
por el país. Gracias a esta ley, más de mil
veteranos de los conflictos de 1981 y 1995 han
sido reconocidos como héroes y, con esto,
recibido pensiones vitalicias, prioridades en
programas públicos, y algunos otros beneficios,
siempre insuficientes para lo que arriesgaron por
el país. Debe entenderse que este reconocimiento
no es por haber participado en un conflicto –no
es una ley de veteranos, es una ley de héroes-,
pues esa era su misión de soldados, sino,
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insisto, es un reconocimiento por haber cumplido
más allá del deber.
Seguramente se han cometido errores, que serán
corregidos. Hay los mecanismos permanentes
para aquello. Lo que molesta ciertamente es la
mediocridad, el oportunismo y no pocos abusos,
que hasta en algo tan sagrado buscan la forma
de sacar inmerecidas ventajas políticas, grupales
e individuales. Parte de la grandeza de un héroe,
es su sacrificio anónimo, sin tener que gritarlo a
los cuatro vientos. La mayor recompensa de un
verdadero héroe siempre es y deberá ser la
satisfacción
del
deber
cumplido.
Estas
equivocadas actitudes que hemos visto en los
últimos días y semanas, queridos soldados, son
también batallas en las que tenemos que vencer.
Aunque hemos dado pasos gigantescos, sobre
todo en cuanto a la Fuerza Aérea se refiere
(prácticamente no existía Fuerza Aérea cuando
llegamos al gobierno), es menester seguir
incrementando la capacidad operativa de
nuestras fuerzas armadas. Sin embargo, aquí es
necesario replantearnos la pregunta hacia dónde
vamos, para qué tanto esfuerzo. Un país pobre
NO puede darse el lujo de tener unas fuerzas
armadas, sólo para el caso de una guerra
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convencional. Sería aquello demasiado talento
humano, demasiados recursos materiales sub
utilizados,
un
verdadero
desperdicio.
La
probabilidad, queridos soldados, de lo que en la
jerga militar llaman la “hipótesis Sur” es casi
inexistente, y, pese a Angostura, la probabilidad
de la “hipótesis Norte” también lo es. Nuestras
fronteras con el hermano vecino del Sur, por
primera vez en la historia, están completa e
incuestionablemente marcadas, tanto en la tierra
cuanto en el mar. Pronto, esperamos este mismo
año,
determinaremos
indefectiblemente
la
frontera marítima Norte, sobre la cual no hay
ninguna polémica. Entiendo muy bien que lo
último que puede decir un soldado es que no
existe ninguna posibilidad de guerra, pero es
claro que dicha posibilidad es muy remota.
Las Fuerzas Armadas junto con la Policía Nacional
(y me ha agradado mucho escuchar en los dos
discursos precedentes esta misma visión), las
Fuerzas Armadas junto con la Policía Nacional,
como lo establece el artículo 158 de la
Constitución de la República, son instituciones
de protección de derechos, libertades y
garantías de los ciudadanos.
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La primera, tiene como misión fundamental,
pero
no
exclusiva,
jamás
exclusiva,
fundamental, la defensa de la soberanía e
integridad territorial. La segunda, la Policía
Nacional, tiene la responsabilidad de la
protección interna y el mantenimiento del orden
público, sin que esta responsabilidad sea
tampoco
exclusiva
de
la
Policía,
como
frecuentemente se mal entiende, sino que, por el
contrario, como claramente lo define la
Constitución,
es
función
privativa
el
mantenimiento del orden interno, pero del
Estado, al cual también pertenece las Fuerzas
Armadas, quienes en el marco de la ley deben
aportar a la seguridad ciudadana.
Hasta el día de hoy se publica esta imprecisión,
que se requiere que las Fuerzas Armadas se
involucren en seguridad interna cuando es “una
labor privativa de la Policía”. Esto es un grave
error que se repite una y otra vez, tal vez por
imprecisión, tal vez por mala fe, Dios quiera que
no sea lo segundo, jugando con cosas tan
importantes; pero para que no quede ninguna
duda me voy a permitir leer literal, textualmente
el artículo 158 de la Constitución de la República
al cual he hecho referencia:
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Artículo 158 (por favor, señores periodistas).Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional son
instituciones de protección de los derechos,
libertades y garantías de los ciudadanos.
Las Fuerzas Armadas tienen como misión
fundamental la defensa de la soberanía y la
integridad territorial.
La protección interna y el mantenimiento del
orden público son funciones privativas del Estado
(por ningún lado dice funciones privativas de la
Policía, como se está malinterpretando y como
hasta el día de hoy se ha publicado en un
importante diario nacional) y responsabilidad de
la Policía Nacional.
Por en ningún lado nuestra Constitución dice que
el orden interno, la seguridad ciudadana es
función privativa de la Policía, se le da esa
responsabilidad, pero tampoco dice que es una
responsabilidad excluyente o exclusiva de la
Policía Nacional. Corrijamos esa imprecisión que
se repite una y otra vez y algunas veces se cree
que en la repetición está la demostración, así sea
de una gran mentira.
De esta forma, insisto, no es cierto, como
algunos sectores y actores políticos sostienen,
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muchos o algunos al menos amparándose en su
condición de militares retirados, que las Fuerzas
Armadas no puedan ni deban involucrarse en
cuestiones de seguridad ciudadana. Por el
contrario, no solo que pueden, sino que, de
acuerdo a la Constitución, al ser una institución
de protección de derechos, libertades y garantías
ciudadanas, deben hacerlo; y aquí, estimadas
compañeras y compañeros, hemos tenido un
gran déficit, no obstante los inmensos esfuerzos
que se hacen, sobre todo en frontera norte.
Pese, por ejemplo a los equipos entregados, el
control de armas, fundamental para controlar la
delincuencia, ha sido absolutamente insuficiente.
Con el inmenso cariño que le tengo a nuestra
Armada Nacional, debo decir que aunque se la ha
atendido con todo el equipo solicitado –aviones
no tripulados, lanchas rápidas, muelles flotantes,
etc.- no noto una substancial mejora en la
seguridad marítima, y sobre todo los más pobres,
nuestros sencillos pescadores artesanales, siguen
siendo víctimas de piratas y delincuentes.
Ustedes ya conocen al compañero Presidente.
Nunca
esperen
de
mí
subterfugios
ni
eufemismos. Eso sería insultante, más aún al
hablarles a valerosos soldados. El problema no
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está solamente en equipos y materiales,
está, y sobre todo, en que no hemos
integrado aún en la visión de nuestras
Fuerzas
Armadas
la
necesidad
del
involucramiento en la seguridad ciudadana y
la lucha contra el crimen organizado, y esto
tiene que cambiar.
Desde el más sencillo clase hasta el Presidente de
la República, dentro del marco de la Constitución
y la Ley, estamos para servir al pueblo
ecuatoriano,
incluso
sacrificando
legítimas
aspiraciones,
y
sin
duda,
la
principal
preocupación de nuestra gente es la inseguridad
ciudadana, y para combatirla requerimos de
nuestras Fuerzas Armadas, para lo cual, si es
necesario cambiar visiones, estrategias, tácticas,
formación, capacitación, debemos hacerlo. Es
una guerra, queridos soldados, que estamos
obligados a enfrentar y ganar.
Por otro lado, el artículo 162 de la Constitución
de la República establece que las Fuerzas
Armadas sólo podrán participar en actividades
económicas relacionadas con la defensa nacional.
Sin embargo, aún tenemos muchas empresas
agroindustriales, inmobiliarias, de servicios,
etcétera, además de importantes extensiones de
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terrenos –tan necesaria esa tierra para nuestros
pequeños agricultores-, aún tenemos estas
empresas, estas tierras en manos de las Fuerzas
Armadas, y no tienen ninguna relación con la
defensa nacional. Comprendo perfectamente que
todo esto fue y es herencia de una época en la
cual la deserción del Estado de sus principales
responsabilidades obligó a las Fuerzas Armadas a
buscar una suerte de autarquía para poder
sobrevivir, pero también todos debemos entender
que vivimos una nueva época, marcada sobre
todo por nuestra nueva Constitución, a la cual
debemos ceñirnos. Es necesario que todas esas
empresas no relacionadas a la Defensa, pasen a
manos civiles y que incluso las que de acuerdo a
la Constitución queden en manos de nuestras
Fuerzas
Armadas,
tengan
los
mejores
administradores y no, con todo respeto, solo
altos oficiales en servicio pasivo.
Esas son las nuevas FUERZAS ARMADAS del
Ecuador, al servicio de su pueblo, compuestas
por hombres y mujeres de altísima calidad moral,
llamados a salvaguardar el Bien Público, los
Derechos Ciudadanos y la seguridad de la Patria.
Es este, ahora, un verdadero ejército
liberador, como el de Bolívar, como el de Alfaro,
que enfrenta las guerras más importantes que
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debemos librar como nación: la guerra contra el
hambre, contra la miseria, el discrimen, la
ineficiencia, la cultura de la mediocridad, el
subdesarrollo; ésas son las más importantes
batallas que libramos hoy y que, insisto,
debemos vencer en estas batallas fundamentales
para el bien común, para el desarrollo, para el
buen vivir.
Queridos soldados de mi Patria,
compañeras, queridos compañeros:
queridas
La estabilidad de la Comandancia es, por fin,
una realidad institucional. Este principio
elemental había sido inobservado por décadas, la
carrera
militar
estaba
fracturada,
la
institucionalidad misma del sector de la Defensa
estaba desarticulada, por eso es tan relevante
que, tan solo por segunda vez en este siglo y
ambas ocasiones en nuestro Gobierno, se
cumplan los años reglamentarios de la Jefatura
del Comando Conjunto.
El General Ernesto González Villarreal, hoy
entrega la jefatura del Comando Conjunto de
nuestras Fuerzas Armadas, luego de haber
servido por dos años en estas altísimas
funciones; además de haber servido también dos
años como Comandante de nuestra Fuerza
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terrestre. El General González Villarreal se retira
de la vida militar, luego de haber entregado toda
una existencia al servicio del país. General
González, la Patria agradece su vida de servicio
impecable. Descanse junto a su familia, con la
satisfacción del deber cumplido. Un cariñoso
abrazo y gratitud también en nombre de la Patria
a su señora esposa, a sus hijos, su familia que,
todos sabemos, comparten ineludiblemente la
dureza de la vocación militar.
Saludamos al General Leonardo Barreiro
Muñoz, que hoy toma la posta y asume este
puesto en virtud de sus méritos. Durante su
impecable trayectoria militar se ha destacado en
el cumplimiento de las responsabilidades que se
le asignaron como Comandante General de la
Fuerza Aérea Ecuatoriana, Jefe de la Sección
Operaciones de Estado Mayor de la FAE, Edecán
presidencial, Secretario de la Dirección de
Aviación Civil, Director de personal de la FAE,
profesor de la Academia de Guerra de la Fuerza
Aérea y de la Academia de Guerra del Ejército.
Estamos seguros de que cumplirá sus funciones
con excelencia. Felicitaciones General Barreiro,
cuente siempre con el apoyo del Gobierno
Nacional, porque los esfuerzos para preservar la
soberanía del país y la seguridad de sus
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ciudadanas y ciudadanos debemos hacerlos,
como Usted dijo y como lo manifestó el General
González, de manera conjunta, coordinada y
eficaz, para construir el Buen Vivir que todas y
todos merecemos. También, como siempre,
enfatizar la gratitud a su señora esposa, a su
familia, porque sabemos muy bien que sin el
apoyo de la familia, lo que llamamos en el
gobierno el frente interno, no pudiéramos contar
con estos valiosos soldados de la Patria
Nuestro reconocimiento especial al Teniente
General Alonso Espinoza Romero y al Brigadier
General Eduardo Esparza Paula, extraordinarios
oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, quienes
han culminado con honor y patriotismo sus
brillantes carreras militares, ejerciendo con
calidad humana y profesional, las más altas
jerarquías en la Fuerza Aérea Ecuatoriana. La
Patria y el Presidente de la República siempre les
estaremos agradecidos a ustedes y nuevamente
también, como siempre, a sus respectivas
familias.
Saludamos la incorporación del Brigadier
General Enrique Velasco Dávila como nuevo
Comandante de la Fuerza Aérea Ecuatoriana,
cargo al que se ha hecho merecedor por su hoja
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de vida brillante y ejemplar. Ha sido piloto de
combate durante toda su vida militar y se le ha
distinguido con responsabilidades de primer
orden. Fue Primera Antigüedad en vuelo y
académica
en
Estados
Unidos,
Primera
Antigüedad en cursos de Estado Mayor,
Comandante del Escuadrón Jaguar, Segundo
Comandante del Ala 21 Taura. Por sus méritos y
por sus destacadas actuaciones, depositamos en
él la conducción de la Fuerza Aérea Ecuatoriana.
Felicitaciones Brigadier General Enrique Velasco y
nuevamente nuestra gratitud en nombre del
gobierno, del país a su esposa, a su familia por
permitirnos tener a estos valiosos oficiales
comandando nuestras fuerzas.
Compatriotas:
Vivimos un cambio de época, no solo una época
de cambios; ésta es una nueva democracia para
construir la Patria nueva, renovada, altiva y
soberana; recordamos nuestra historia para
proyectarnos hacia el futuro; hoy en día, a casi
doscientos años de su desaparición física,
reconocemos que el camino trazado por Simón
Bolívar sigue siendo el presente y el futuro de
nuestra América.
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Diremos, parafraseando a José Martí, que el
trabajo libertario de Simón Bolívar, de Eloy
Alfaro, está todavía por hacerse. Aquí están
las espadas libertarias, aquí está el ejemplo y la
memoria combativa. No vamos a fallarles; de
esta batalla por la vida de todo un pueblo
saldremos airosos, victoriosos.
Soldados de mi Patria: ¡Nada nos es imposible!
¡Hasta la victoria siempre!
Rafael Correa Delgado
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA
REPÚBLICA DEL ECUADOR
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