lectio divina 26 de Junio 2011

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La Buena Noticia
Dios nos Habla hoy
LECTIO DIVINA
26 de
Junio del
2011
Año 2 N° 67
SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE JESUCRISTO
Nuestro Blog : http://orlandocarmona75.blogspot.com/
† Lectura del santo Evangelio según San Juan (6, 51-58)
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El
que coma de este pan vivirá para siempre. El pan
Comentarios y Sugerencias al Email: Diosnoshablahoy@yahoo.es
que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del
mundo.»
Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste
darnos a comer carne?» Jesús les dijo: «En verdad
les digo que si no comen la carne del Hijo del
hombre y no beben su sangre, no tienen vida en
ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre vive de
vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá
por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que
comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre”.
Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra.
Publicación Bíblica Semanal. Pagina Web: www.pastoralfamiliarvenezuela.org/ www.apologeticacatolica.org/
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1.LECTURA ¿Qué dice el texto?
El sentido de esta fiesta, que se instituyó en el año 1264, es la consideración y el culto a la presencia
real de Cristo en la Eucaristía.
La fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo tiene el sentido de celebrar nuestra alianza con Dios por medio de Jesucristo, nuestro mediador, que hizo el pacto, en nombre nuestro, con su propia sangre.
Hoy tomamos conciencia que somos el pueblo de Dios y por ser su pueblo, tenemos una identidad que
nos distingue entre otros pueblos y religiones y asumimos la responsabilidad de cumplir nuestra misión.
2
MEDITACION ¿Qué me dice el texto?
Preguntas para la meditación
¿Qué significa para mí la Eucaristía?
¿Creo en la presencia real de Jesús en la Eucaristía?
¿Voy con respeto y amor a comulgar?
¿Permanezco en Cristo y Cristo en mí?
¿Qué es para mí la Transustanciación?
3
ORACION: ¿Qué le digo?
Oremos con la secuencia que la liturgia de la Palabra nos propone en esta solemnidad
Alaba, alma mía, a tu Salvador; alaba a tu guía y Pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas, porque Él está sobre toda alabanza, y jamás podrás alabarle lo bastante.
El tema especial de nuestros loores es hoy el Pan vivo y que da Vida.
El cual no dudamos fue dado en la mesa de la Sagrada Cena a los doce Apóstoles.
Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre, sea pura la alabanza de nuestra alma.
Porque celebramos solemnemente el día en que este divino Banquete fue instituido.
En esta mesa del nuevo Rey, la Pascua nueva de la Nueva Ley pone fin a la Pascua antigua.
Instruidos, con sus santos mandatos, consagramos el pan y el vino, que se convierten en Hostia de salvación.
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CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el mensaje
Contemplemos las palabras de Jesús acerca de su presencia divina en la Eucaristía.
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El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
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El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
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El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra
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5. ACCION: ¿A que me comprometo?
Propuesta Personal
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Comulgar con más frecuencia , para así estar en la santa presencia de mi Señor.
CATEQUESIS
SAN AGUSTIN
AGUSTIN ALAL
EVANGELIO
CATEQUESIS
DEDESAN
EVANGELIO
Cuando se come a Cristo se come la vida
¿Que palabras habéis oído de boca del Señor que
nos invita?, ¿Quién nos invita? ¿A quiénes invitó y
qué preparó? Fue el Señor quien invitó a sus siervos,
y les preparó como alimento a sí mismo. ¿Quién se
atreverá a comer a su Señor? Con todo, dice: Quien
me come, vive por mí (Jn 6,58). Cuando se come a
Cristo, se come la vida. No se le da muerte para comerlo; al contrario, él da la vida a los muertos.
Cuando se le come, da fuerzas, pero él no mengua.
Por tanto, hermanos, no temamos comer este pan
por miedo a que se acabe y no encontremos después
qué tomar. Comamos a Cristo: aunque comido, vive,
puesto que habiendo muerto resucitó. Ni siquiera lo
partimos en trozos cuando lo comemos. Así acontece, en efecto, en el sacramento.
Los fieles saben cómo comen la carne de Cristo: cada uno recibe su parte, razón por la que a esa gracia
llamamos «partes». Se le come en porciones, pero
permanece todo entero; en el sacramento se le come
en porciones, pero permanece íntegro en el cielo,
integro en tu corazón. Íntegro estaba junto al Padre
cuando vino a la Virgen; la llenó, pero sin apartarse
de él. Venia a la carne para que los hombres lo comieran, y, a la vez, permanecía íntegro en el Padre,
para alimentar a los ángeles. Para que lo sepáis, hermanos -los que ya lo sabéis; y quienes no lo sabéis
debéis saberlo-, cuando Cristo se hizo hombre, el
hombre comió pan de los ángeles (Sa177,25). ¿En
basé a qué, cómo, por qué camino, por mérito de
quién, por qué dignidad iba a comer el hombre pan
de los ángeles si no se hubiera hecho hombre el
creador de los ángeles? Comámosle, pues, tranquilos; no se agota lo que comemos; comámoslo para
no agotarnos nosotros. ¿En qué consiste comer a
Cristo? No consiste sólo en comer su cuerpo en el
sacramento, pues son muchos los que lo reciben indignamente. De ellos dice el Apóstol: Quien come el
pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, come y
bebe su condenación (1 Cor 11,29).
Pero, ¿cómo ha de ser comido Cristo? Como él mismo lo indica: quien come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en mí y yo en él (Jn 6,57). Así, pues, si él
permanece en mí y yo en él, es entonces cuando me
come y me bebe; quien, en cambio, no permanece en
mí ni yo en él, aunque reciba el sacramento, lo que
consigue es un gran tormento. Lo que él dice: Quien
permanece en mí, lo repite en otro lugar: Quien
cumple mis mandamientos, permanece en mi y yo
en él (1 Jn 3 24). Ved, hermanos, que si los fieles os
separáis del cuerpo del Señor, es de temer que os
muráis de hambre. Él mismo dijo: Quien no come
mi carne ni bebe mi sangre, no tendrá vida en sí (Jn
6,54). Si, pues, os separáis hasta el punto de no tomar el cuerpo ni la sangre del Señor, es de temer que
muráis; en cambio, si lo recibís y bebéis indignamente, es de temer que comáis y bebáis vuestra condenación.
Os halláis en grandes estrecheces; vivid bien, y esas
estrecheces se dilatarán. No os prometáis vida, si
vivís mal; el hombre se engaña cuando se promete a
sí mismo lo que no le promete Dios. Mal testigo, te
prometes a ti mismo lo que la verdad te niega. Dice
la Verdad: «Si vivís mal, moriréis por siempre», y
¿dices tú: «Viviré ahora mal, pero viviré por siempre con Cristo»? ¿Cómo puede ser posible que
mienta la Verdad y digas tú verdad? Todo hombre
es mentiroso (Sal 115,11). Por tanto, no podéis vivir
bien si él no os ayuda, si él no os lo otorga, si él no
os lo concede. Orad y comed de él. Orad y os libraréis de esas estrecheces. Al obrar el bien y al vivir
bien, él os llenará. Examinad vuestra conciencia.
Vuestra boca se llenará de alabanza y gozo de Dios,
y, una vez liberados de tan grandes estrecheces le
diréis: Libraste mis pasos bajo mí y no se han borrado mis huellas (Sal 17,37).
SERMON 132 A
Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra
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La Familia: Meditando el Evangelio (Jn 6,51-58)
“Tenemos la necesidad de alimentarnos de Cristo”
En este segundo domingo después de Pentecostés la Iglesia celebra la solemnidad del Corpus Christi, del
Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Y este día, nos invita a la meditación, para que descubramos la necesidad que tenemos en nuestras vidas
de alimentarnos. De recibir el Pan de Vida, en que es el propio Jesús que nos alimenta en cada Eucaristía.
Jesucristo dice al partir el pan: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo”; y entregando la copa dijo: “Esta es
mi sangre”.
En esta cena, donde Cristo se despide de sus discípulos, Jesús, les deja algo. Así como cuando nosotros
nos separamos de una persona querida, le damos una foto, inclusive con una hermosa dedicatoria, y no
sabemos qué más darle para que nos tenga presente. Humanamente, no hay nada más que podamos hacer.
Cristo, que sí pudo dar algo más, les dio a sus discípulos y nos dió a nosotros, mucho más. Se quedó con
nosotros. Cristo fue al Padre, pero permanece entre los hombres.
Cristo, quiso quedarse entre nosotros, pero bajo otra apariencia, se quedó bajo la apariencia de pan y de
vino.
Por eso en esa última cena cuando parte el pan les dice: “esto es mi cuerpo” y cuando les pasa el vino les
dice: “esta es mi sangre”; y después les dice: “hagan esto en memoria mía”.
En cada misa, en el momento de la consagración, Cristo se hace presente en el pan y en el vino consagrados.
Cristo se hace presente, con su cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su divinidad.
Este es el gran Misterio de Nuestra Fe, como decimos en cada misa, en cada partícula de hostia consagrada, en cada gota de vino consagrado, está Cristo, está todo Cristo... presente.
Pensemos en el amor y en la humildad de Jesús, que ha querido quedarse entre nosotros, pero sin asustarnos.
Cristo ha querido que pudiésemos comerlo sin que nos produzca repugnancia. Fue tan delicado para con
nosotros, que se quedó como pan y vino, como cosas. Cosas que son comunes para nosotros.
Pero qué riesgo corrió Jesús!
Se arriesgó a que lo mirásemos con indiferencia, como se mira un pedazo de pan.
A veces somos tan miopes, que no vemos detrás de ese pedazo de pan, que el sacerdote nos ofrece en cada
comunión, en esa hostia consagrada que está colocada en la Custodia, a Cristo. No vemos.
Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra.
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