Matta 1911-2011

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EXPOSICIÓN MATTA 19111911-2011
16/05/11–
16/05/11–21/08/11
Museo de Bellas Artes de Bilbao, sala 32
COORGANIZADA
COORGANIZADA POR ACCIÓN CULTURAL ESPAÑOLA,
ESPAÑOLA, EL INSTITUTO VALENCIÀ
D’ART MODERN Y EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO
PATROCINA IBERDROLA
Por su relevancia como miembro del grupo surrealista y por su enorme influencia en el desarrollo
del expresionismo abstracto americano, Matta (Santiago de Chile, 1911–Tarquinia, Italia, 2002) es
una de las figuras más significativas del arte del siglo XX. Fue un artista visionario y controvertido,
precursor de las relaciones entre el arte y la ciencia y la naturaleza, y defendió el papel primordial
del arte en el desarrollo del ser humano.
Esta exposición, coorganizada por Acción Cultural Española (AC/E), el Instituto Valenciano de Arte
Moderno (15/02/11–01/05/11) y el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde cuenta con el
patrocinio de Iberdrola, conmemora el centenario del nacimiento de Matta y pretende dar una
visión completa de su obra a través de un recorrido por los momentos más significativos de su
trayectoria. Reúne para ello 32 pinturas de gran formato –algunas miden más de diez metros–,
fechadas entre 1939 y 1999, y seleccionadas por la historiadora Marga Paz. Constituye la más
importante retrospectiva de Matta en nuestro país desde hace más de una década.
La pintura de Matta mantuvo referentes figurativos a lo largo de toda su carrera. A mediados de los
años treinta inicia un camino hacia la abstracción, situando formas biomórficas en una suerte de
paisajes interiores. En la década de los cuarenta, su lenguaje se hace más abstracto al tomar
elementos de la naturaleza, la ciencia, las matemáticas y la geometría. A partir de 1944 los
acontecimientos dramáticos de la Segunda Guerra Mundial despiertan su conciencia, rompe con la
abstracción y pinta humanoides en escenarios de pesadilla.
Esta doble tensión entre figuración y abstracción y entre el reflejo de estados interiores y el mundo
exterior caracteriza toda la trayectoria de Matta, pero a mediados del pasado siglo sus
preocupaciones se dirigen hacia el comportamiento humano y su violencia, en contraste con la
abstracción y el informalismo por entonces dominantes. En las obras de este periodo, cargadas de
angustia, violencia y sexualidad, recoge, además, la influencia del arte primitivo y de las
civilizaciones de la Antigüedad, la antropología y la mitología, en una amplia iconografía que va
desde Nueva Guinea hasta la América pre-colombina. Esta fascinación por el arte primitivo se
materializó también en una extraordinaria colección que Matta reunió a lo largo de los años.
Junto a ello, el aliento poético de las composiciones, el dominio obsesivo del espacio pictórico y el
uso expansivo y dinámico del color conforman la personal, y poco convencional, concepción de la
pintura de Matta. Figuras extrañas, humanoides o autómatas, animan un espacio complejo, surreal
o imaginario, y componen un enigma que parece apelar a nuestro inconsciente y, al mismo tiempo,
revelar las tensiones del hombre contemporáneo.
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Matta fue el primer artista latinoamericano con una sólida reputación e influencia determinante en
la vanguardia artística internacional de los años cuarenta. Su primera exposición en Nueva York, en
1940, reunió obras con pintura fosforescente e iluminadas tenuemente, que sorprendieron a la
crítica: “Matta trae algo nuevo a América… los artistas […] deberían observar atentamente a este
generador de lo que está por llegar”.
Considerado el último gran surrealista, fue además durante los años de su exilio en Nueva York el
enlace entre el surrealismo y los jóvenes artistas americanos de la Escuela de Nueva York, como
Robert Motherwell o Jackson Pollock, entre otros. Su obra, extensa, compleja y prolija en temas,
motivos, formas, colores y medios, configura un lenguaje artístico único y de difícil clasificación.
MATTA (Santiago de Chile, 1911–
1911–Tarquinia, Italia, 2002)
Matta nació en Santiago de Chile en una familia acomodada de origen vasco. Allí cursó estudios
universitarios en la Escuela de Arquitectura, formación presente en su pintura a lo largo de toda su
vida. Tras terminar su formación, viajó a Europa en 1933 y conoció a Le Corbusier, en cuyo estudio
trabajó durante algunos años.
Entre 1935 y 1937 viajó por toda Europa. Residió una temporada en Madrid en el año 1935 y entró
en contacto con el mundo cultural y artístico español, del que guardó siempre el recuerdo del
enorme impacto que le causó la figura y obra de Federico García Lorca.
Ese mismo año se instaló en París, en donde se sintió atraído por los estudios de física y de
psicoanálisis que, por entonces, estaban de plena actualidad. El conocimiento de las nuevas teorías
del psicoanálisis freudiano y de la física moderna le sirvió para construir una iconografía propia,
capaz de transmitir la nueva realidad del hombre contemporáneo, fruto de la acción conjunta de las
fuerzas del inconsciente y las de la naturaleza.
El 1936 trabajó como obrero en el Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional
de París, donde se relacionó con Picasso –que estaba en ese momento pintando el Guernica–, Miró,
Magritte y Calder. Por medio de Dalí, y gracias a una recomendación escrita por García Lorca,
conoció a André Bretón, quien le invitó a formar parte del movimiento surrealista en 1937, a
publicar en la revista Minotaure y a participar en la célebre Exposición Internacional del
Surrealismo de 1938. Durante ese periodo conoció a prominentes artistas contemporáneos, y entre
ellos a Marcel Duchamp, quien se convertiría en una influencia decisiva en su obra y con quien
entablaría una amistad que se prolongaría a lo largo de los años.
Las ideas de Duchamp sobre el tiempo y el cambio fueron de una importancia crucial para el
desarrollo del joven artista. Ya con anterioridad Matta se había interesado por las fotografías de
modelos matemáticos de Man Ray, realizadas en 1936, y por los descubrimientos del Pabellón de
las Ciencias de la Exposición Universal de 1937 que visitó en París.
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Así surgió su fascinación por la geometría no euclidiana y por las teorías matemáticas y algebraicas
de Henri Poincaré, que fueron la base de sus formas biomórficas y de los modelos circulares
concéntricos. Con ellos Matta creó una nueva articulación de un espacio pictórico indefinido e
irracional con el que experimentar de manera aleatoria con la indeterminación del universo onírico y
con la desorientación espacial del mundo exterior. En 1938 inventó el concepto de “morfología
psicológica”, dando lugar a una nueva espacialidad pictórica en donde se enfrentan energías
exteriores e interiores.
Un año más tarde, con 27 años, se trasladó a Nueva York, donde sus obras pobladas de formas
biomórficas, unidas a su deslumbrante personalidad y a las innovadoras ideas y técnicas de su
estilo, le convirtieron en el centro de atención de los pintores de la New York School y en una figura
decisiva para el desarrollo del expresionismo abstracto americano y su comunicación con las ideas
artísticas europeas.
Matta llevó una existencia nómada y cosmopolita. En 1948, después de romper con los surrealistas,
regresó a Europa y se instaló en Roma. A partir de entonces y hasta su muerte, viajó mucho y vivió
entre Tarquinia (Roma), París y Londres. En 1957 el MOMA de Nueva York realizó una retrospectiva
de su obra, que también fue mostrada en Minneapolis y Boston. En 1983 realiza una gran
retrospectiva repartida entre Barcelona y Valencia que, a continuación, se expone completa en el
Palacio de Cristal de Madrid y en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Expuso también en el Centre
Georges Pompidou de París en 1985 y su obra está representada en las colecciones y museos más
prestigiosos de todo el mundo.
Artista social y políticamente comprometido, a lo largo de su vida Matta se implicó en los
movimientos sociales de su tiempo. Realizó varios viajes a Cuba y en 1970 visitó naciones árabes,
donde mantuvo encuentros con artistas e intelectuales y pintó para el movimiento de liberación de
Angola. En 1972 regresó a Chile invitado por el presidente Allende y trabajó en murales colectivos y
en numerosas obras.
El talento creador de Matta se mantuvo hasta el final de su vida, dejando una extensa obra en
pintura, dibujo, escultura, arquitectura y poesía que se escapa a las categorías habituales y que
trata de implicar al espectador en un universo propio. En él están presentes el espacio y el tiempo,
la comunicación, la revolución cósmica y la vida de los hombres, sin olvidar la naturaleza poética y
la transformación del inconsciente y del deseo de las obras más tempranas de Matta, a quien
Marcel Duchamp definió como “el pintor más profundo de su generación”.
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