Docta03-A - Asociación Psicoanalítica de Córdoba

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Revista de Psicoanálisis
Publicación semestral de la
Asociación Psicoanalítica de Córdoba
Sociedad componente de la
Federación Psicoanalítica de América
Latina y de la Asociación
Psicoanalítica Internacional
Comité editor
Año 3 Número 3
Primavera 2005
Mariano Horenstein
Director
Victoria Cané
Elizabeth Chapuy de Rodríguez
Eduardo Kopelman
Griselda Gianello
Corresponsalía:
Federico Ossola Piazza (París)
Secretaría administrativa:
Norma Arroyo
María Fontanetti
Cuidado de la edición:
Cecilia Curtino
Arte & diseño:
Di Pascuale estudio
Traducción:
Federico Ossola Piazza
Ernestina Garbino
Comisión Directiva APC
Emilio Roca
presidente
Juan Chiappero
secretario general
Cristina Hernando
prosecretaria
Susana Ciceri
tesorera
Carola Kuschnir
directora de Instituto
Juan Baena
secretario científico
Redacción y administración APC:
Independencia 1091
Córdoba – República Argentina
Telefax: (++54) (351) 4697186
E- mail: [email protected]
Correspondencia a:
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Las opiniones de los autores de los artículos
son de su exclusiva responsabilidad y no
reflejan necesariamente las de los editores
de la publicación.
Se autoriza la reproducción citando la fuente.
Comité de lectura
Ricardo Bernardi (APU)
Marta Baistrocchi (APC)
Mario Bugacov (APR)
Alberto Cabral (APA)
Cláudio Eizirik (SPPA)
Ricardo H. Etchegoyen (APdeBA)
Beatriz Gallo (APC)
Javier García (APU)
Carola Kuschnir (APC)
Miguel Leivi (Apdeba)
Mario López Vinuesa (APC)
Jorge Maldonado (APdeBA)
Norberto Marucco (APA)
Clara Nemas de Urman (APdeBA)
Jorge Olagaray (APA)
Oscar Paulucci (APA)
Leonardo Peskin (APA)
Diego J. Rapela (APC)
Abraham Reznichenco (APC)
Emilio Roca (APC)
Daniel Rodríguez (APdeBA)
Elizabeth Tabak de Bianchedi (APdeBA)
Enrique Torres (APA)
José Luis Valls (APA)
Marcelo Viñar (APU)
Felipe Votadoro (APF)
Jorge Winocur (APA)
Bruno Winograd (SAP)
Indice
7
Editorial
Texturas freudianas
13
Tres tres ensayos, por José Treszezamsky.
15
El niño de las ratas: una escena infantil, por Edmundo Gómez Mango.
30
Texturas inglesas
43
La sexualidad, el deseo y el vacío mental, por Jaime Lutenberg.
45
A cien años de Tres Ensayos, por Rodolfo Moguillansky.
63
Texturas francesas
75
La sexualidad a un siglo de los Tres Ensayos, por Silvia Bleichmar.
77
La sexualidad en el discurso del mercado, por Néstor Braunstein.
89
La sexualidad en la subjetividad de la época, por Diana Paulozky.
95
Dossier: Humor y Psicoanálisis
101
El humor es cosa seria, por Daniel Rodríguez.
103
Selección de términos, por Stella Navarro Cima.
118
Psicoanálisis: pasado, presente y futuro, por Rudy.
120
Políticas del humor contemporáneo: la innovación, por Ana B. Flores
126
Macedonianas, por Ana B. Flores.
134
Ironía, por Susana Gómez.
142
Parodia, por Marcelo Moreno.
146
Infancia y humor, por María Florencia Ortiz.
150
El chiste y Lacan, por Susana Gómez.
160
Humor y psicoanálisis, por Crist.
162
Para seguir leyendo, por Ximena Ávila y Eugenia Almeida.
164
Índice
Palabras Cruzadas
169
“Hicimos una tontería enorme al perder a Lacan”. Entrevista a Joyce Mc.
Dougall.
171
El viaje psicoanalítico de Joyce Mc. Dougall, por Elizabeth Chapuy y Griselda
Gianello.
180
Contextos
183
Descubrimiento freudiano y cambio epocal, por Marcelo Viñar.
185
Con memoria y con deseo
193
El freudismo reformista, por Juan Argañaraz.
195
Dicotomía y sacerdocio, por Deodoro Roca.
205
Melanie Klein en Buenos Aires, por R. H. Etchegoyen y Samuel Zysman.
208
Lecturas
229
La sexualidad humana: un teatro complejo. Reseña de “Las mil y una caras de
Eros” de Joyce Mc Dougall, por Dolores Banhos y Niris Peralta de Ribotta.
231
De casos y fracasos: la historia perdida de Sidonie C.. Reseña de “Sidonie
Csillag. La ´joven homosexual´de Freud, de Ines Rieder y Diana Voigt, por
Mariano Horenstein.
235
Reglamento de publicaciones
239
Índice
Humores del psicoanálisis
Somos marginales y nos ocupamos de otros marginales. Si ya no fuera
así, si el psicoanálisis un día cesa de estar al margen de las normas
aceptadas, pues bien, no seguirá cumpliendo su función.
Joyce Mc Dougall
No estaría mal considerar al psicoanálisis como la ciencia de los humores. Menos en el sentido de disciplina que estudia los estados afectivos que en el de la
que se encarga de los líquidos, de las secreciones del cuerpo, ésas que remiten
al corazón de la sexualidad. Y la sexualidad sí, atravesando teorías divergentes
y cambios culturales, crisis económicas y precisiones conceptuales, continúa estando en el núcleo del saber analítico. Y el psicoanálisis se pretende ante todo
como un saber, no instrumental, claro- acerca de la sexualidad.
Y en tanto se ocupa del mundo de las secreciones, se ocupa también de lo
segregado del saber oficial de todas las épocas (antes, los neuróticos; ahora, el
malestar y el vacío que las ideologías del progreso no logran evacuar); así, desde esa perspectiva, el psicoanálisis ha hallado terreno fértil para su reflexión
tanto en los actos fallidos como en los síntomas histéricos, en el sueño como en
el humor.
Apenas se inauguraba el siglo pasado cuando veían la luz dos trabajos de
Freud: El chiste y su relación con lo inconciente y Tres ensayos de teoría sexual.
7
Editorial
Estos dos libros, de cuya primera edición en alemán se cumple este año el centenario, fueron escritos en forma simultánea, según relata E. Jones. Dependiendo del talante de Freud en cada momento, escribía en uno u otro de los manuscritos. Tanto por la contemporaneidad de su escritura como por su vecindad
temática podemos considerarlos parte de un mismo texto, si bien corrieron
suertes distintas. Los Tres ensayos... constituyen uno de los basamentos del edificio teórico freudiano, y da cuenta en la profusión de sus notas y agregados
posteriores del devenir de una teoría viva, en permanente construcción y revisión. En la obra del mismo Freud, al igual que en la de sus continuadores más
conspicuos, constituyen una referencia insoslayable. El chiste... por lo general
corrió un destino diverso, donde quizás no tenga poco lugar la dificultad en
apreciar, más que los mecanismos típicos de las formaciones del inconciente, la
singularidad de los ejemplos. La íntima relación que une al chiste con el lenguaje y por ende la cultura hace difícil percibir el efecto cómico de chistes recopilados mayormente del acervo judío o alemán.
Este solo elemento justifica una puesta al día de las concepciones acerca del
humor, singularidades vernáculas incluidas, que efectuamos en el dossier de este número.
El dossier incluye por un lado un trabajo escrito por un psicoanalista, sobre
y desde el humor, lejos de las veleidades del psicoanálisis aplicado e intentando articular discursos extranjeros, y, quizás por eso, tanto más iluminadores. Su
propósito se acentúa más aún en las colaboraciones del GIH (Grupo de investigadores del humor) equipo severamente contaminado, desde la nominación
que se han dado hasta los códigos con los que escriben y debaten, por su objeto de estudio. Desde la Universidad Nacional de Córdoba vienen trabajando interdisciplinariamente (suponemos que también indisciplinadamente), coordinados por Anabella Flores, y nos acercan una panoplia de artículos para reflexionar acerca de las formas de lo humorístico y el lugar que le cabe en la teoría (y por qué no en la clínica): los trabajos dibujan un arco que va desde la vertiente política e innovadora del humor contemporáneo, ilustrado con ejemplos
desopilantes, hasta la semblanza de Macedonio Fernández como precursor de
algunas tendencias humorísticas actuales, tan afín –más allá de su disputa con
Freud- en su “todoposibilidad” y “libreposibilidad” a las volutas de nuestro inconciente, siempre tan presente en cualquier discurso acerca del humor, pasan-
8
Editorial
do por artículos enciclopédicos acerca de la parodia o de la ironía, un trabajo
sobre la infancia y el humor, guías terminológicas y de lectura, comentarios bibliográficos, etc.. Leer estos artículos constituye un inusitado motivo de disfrute y una fuente inagotable de sugerencias para el analista.
Y, last but not least, halla lugar en nuestro dossier, más allá de la glosa, el
comentario o la interpretación, el discurso “en bruto” de los humoristas: las deliciosas crónicas gráficas de Rep, el Clemente de Caloi en su frustrada experiencia psicoanalítica o las ácidas ilustraciones a que nos tiene acostumbrado Fontanarrosa, junto a las reflexiones de Crist o las extravagantes andanzas de los
analistas contemporáneos y por venir que desnuda Rudy en una hermosa parodia, nos divierten y exudan, desde los márgenes de los discursos científicos o
psicoanalíticos, unos cuantos gramos de verdad.
En fin, el dossier de este número está construido desde diversos ángulos, con
diversas miradas, inteligentes aproximaciones todas, hechas desde detrás del
diván, desde la lucidez que se permiten quienes suelen recostarse en él o desde la calle, ese observatorio cultural de una práctica tan arraigada entre nosotros como la del psicoanálisis.
El humor, la caricatura política, el arte de la parodia siguen siendo, ahora como en la Viena de un siglo atrás, prácticas subversivas, que denuncian las imposturas varias en las que siempre el yo se cree rey. Con el aplomo de un siglo
de existencia, nos permitimos en este número aplicar a nosotros mismos, a
nuestra praxis analítica, las armas desmitificadoras del humor.
Los artículos recopilados en las diferentes Texturas, siempre algo arbitrarias
en el establecimiento de las filiaciones teóricas, recogen trabajos de analistas
que aproximan su lente a la sexualidad desde ángulos diversos, en un mosaico
que lejos de agotar el tema, señala tras su diversidad la inevitable insuficiencia
implicada en cualquier abordaje desde lo simbólico a la sexualidad. Incluimos
también la transcripción de la conferencia que Silvia Bleichmar pronunciara con
motivo de la presentación del número anterior de Docta.
En Palabras Cruzadas transcribimos una entrevista que realizamos en París a Joyce Mc Dougall, que desgrana sabrosas anécdotas de una autora que se
ha internado especialmente en los pantanos de la sexualidad. Complementa el
reportaje una nota que describe críticamente su itinerario teórico y vital.
9
Editorial
La psicoanalista neozelandesa, rara avis que abreva en buena medida en la
tradición inglesa mientras vive en tierra colonizada por Lacan, que sortea las
acusaciones de eclecticismo desde una posición iconoclasta, refractaria a las devociones a cualquier líder de escuela y militante contra lo que llama el terrorismo teórico, nos acicatea desde el epígrafe que elegimos para este editorial. Que
por otra parte nos parece de rigurosa actualidad hoy cuando arrecian las críticas y los oscuros vaticinios: no parece haber pasado tiempo desde la comentada
portada de la revista Time de noviembre de 1993 que rezaba Is Freud dead? y la
reciente (agosto de 2005) de la revista Noticias con un provocativo El fin del psicoanálisis. El psicoanálisis sigue mostrándose urticante, irritando por igual a
neopositivistas y neurocientíficos, a historiadores supuestamente “objetivos”
(como Mikkel Borch-Jacobsen que auguraba su desaparición desde la primera
plana de La Nación del 14 setiembre de 2005), a la industria farmacológica o a
financiadores preocupados por sus costos. Tres portadas que -más allá de las respuestas que merecen de parte de los psicoanalistas- parecen confirmar al psicoanálisis en la senda que sugería nuestra entrevistada desde su Alegato por una
cierta anormalidad. ¿Cabe mejor nombre que éste para definir nuestra disciplina en estos tiempos de aplanamiento globalizado de las diferencias?
Los ejercicios de memoria de la sección Con memoria y con deseo tienen
en este número dos ejes, rioplatense uno, cordobés el otro. R. H. Etchegoyen y
S. Zysman historian meticulosamente la recepción de la obra de Klein en el Río
de la Plata (donde a las revistas de psicoanálisis les ha cabido un papel nada
desdeñable). Sabemos que en psicoanálisis existe una íntima coherencia entre
la revisión y el asentamiento de su historia, que pivotea incesantemente sobre
las mismas fundaciones que el trabajo clínico cotidiano que sustenta y reinventa –más que aplicar- la teoría incesantemente. Los autores reseñan la extraordinaria penetración del psicoanálisis en la vida cotidiana y la prensa desde fines de los años cuarenta hasta el inicio de la crisis de la que ya se ha hecho un
lugar común hablar. Como todo trabajo que se sumerge en la historia, más aún
si lo hace desde la experiencia y la calidad intelectual de quienes lo escriben,
no puede escudarse en pretendidas “objetividades”, y lo leemos en realidad
como una toma de partido, subjetiva claro y discutible, la que hace por ejemplo cuando advierte acerca de un supuesto “progresivo relevo de la clínica kleiniana por la teoría lacaniana”… Estas observaciones del psicoanálisis porteño
se balancean con un trabajo donde Juan Argañaraz rescata la docta figura de
10
Editorial
Deodoro Roca, líder de la Reforma Universitaria del 18, quien había efectuado lecturas de
Freud a la manera de los librepensadores, es decir, mucho antes de cualquier recepción institucionalizada de su pensamiento. Complementa la sección un documento del mismo Deodoro: Dicotomía y sacerdocio.
El siempre lúcido Marcelo Viñar, desde Uruguay, indaga en un texto que se nutre de interesantes aperturas teóricas de otras disciplinas, cómo afectan los cambios epocales al descubrimiento freudiano. Desde Contextos, formula fértiles líneas de investigación en ese
sentido. En Lecturas se reseña, complementando la entrevista a Joyce Mc Dougall, uno de
sus textos capitales. También nos hacemos eco de la aparición en español, hecho editorial
de magnitud en la que una editorial psicoanalítica de Córdoba tiene no poco que ver, de
la biografía de quien fuera la joven homosexual del historial freudiano de 1920.
Desde el título de este número de Docta hemos parafraseado por supuesto al de la clásica novela de García Márquez: Cien años de sexualidad. Quizás habría que haber agregado: Cien años de sexualidad freudiana. Pues es indudable que la sexualidad desde Freud se
ha hecho freudiana, tanto como los laberintos de la burocracia desde Kafka se han hecho
kafkianos o ciertos personajes bizarros se han convertido para siempre en fellinescos. Freud
califica a la sexualidad que jamás podrá volver a ser la de las mistificaciones anteriores a la
invención del psicoanálisis. Hoy nadie pondría el grito en el cielo ante las manifestaciones,
evidentes desde siempre, de la sexualidad infantil, cualquier conversación de café puede
caer en el no te reprimas y a nadie escapa que un acto fallido no es tan sólo una equivocación. Esto no garantiza, por supuesto, que la práctica clínica analítica como tal sobreviva
eternamente, como auguran -¿desean?- las publicaciones a las que aludíamos o los intereses que las fogonean. Aunque es pensable que lo que hagamos los analistas no tendrá escasa influencia en lo que suceda.
Han pasado cien años desde que Freud publicara sus textos canónicos sobre la sexualidad y el humor. En estos primeros cien años de psicoanálisis muchas cosas han cambiado: el
discurso sobre la sexualidad que nuestra disciplina contribuyera en no poca medida a introducir también se ha banalizado, ha teñido todos los contextos, todos los soportes comunicativos; se administra como una técnica más. No podemos dejar de pensar, como en esos
sueños donde Freud señalara que la multiplicación de falos no hacía más que enmascarar
la castración, en que tal proliferación de contenidos o terminologías o imaginerías sexuales siguen estando aún al servicio de obliterar la angustia. Esa angustia que el psicoanálisis
pone de relieve como ninguna otra disciplina y que los flujos y reflujos de su desarrollo
muestran y velan pendularmente.
11
Editorial
Abrevando tanto en la sexualidad como en el humor, pensamos que el psicoanálisis –pese a las deformaciones, vicios y anquilosamientos que indudablemente existen-, amén de
ser la disciplina que más ha podido dar cuenta del malestar, del desacomodamiento estructural inherente a lo humano, sigue siendo capaz de corroer como ninguna los fundamentos discursivos del poder, cualquiera sean las figuras en que éste se encarne, ya se llame
mercado, ciencia cognitiva o estado. Pretendemos, esperamos, con cada número de Docta contribuir a ese trabajo.
Mariano Horenstein.
12
Texturas freudianas
Tres Tres Ensayos:
Un tejido histórico
Dr. José Treszezamsky*
Ensayo I1
Todos sabemos de la importancia de José Ortega y Gasset para la cultura hispana. Entre
sus múltiples intereses también figuró el haber fundado la famosa Revista de Occidente
en 1923, la cual constituyó, desde sus primeros números, una puerta de entrada a las corrientes más innovadoras dentro del pensamiento y de la creación científica, artística y
literaria universal y ejerció en todo el mundo
el papel de luz y espejo que reflejaba el estado de la cultura española y europea2.
Para esa época, Ortega y Gasset formaba
parte de la directiva de la Residencia de
Estudiantes, de Madrid, cuyo director fue
Alberto Jiménez Fraud. Allí, lo más prometedor de la juventud, hasta 150 estudiantes
de distintas disciplinas, se alojaba, convivía y
desarrollaba actividades culturales, mientras
se formaban en los distintos caminos que
habían elegido en las variadas ciencias y artes que la formación universitaria ofrecía.
No poder ser aceptado en la Residencia de
Estudiantes era un verdadero golpe para el
que lo pretendiera. Así Federico García Lorca amenazaba con tirarse desde lo alto de la
Alhambra si fracasaba en su intento.
Junto a Ortega y Gasset podemos hallar
otros nombres conocidos como integrantes
del staff: el de Juan Ramón Jimenez (premio Nobel, que vivió allí hasta su casamiento y participó en el diseño y planificación de
los jardines en cuanto a árboles, arbustos y
flores); Severo Ochoa (premio Nobel), Miguel de Unamuno como un habitué, etc.
Entre los visitantes para enseñanza, estímulo, ilustración y solaz de los residentes figuraban: H.G. Wells, G.K. Chesterton, Albert
Einstein, Marie Curie, el fisiólogo Walter B.
* Psicoanalista (APA)
1 La mayor parte de este sector del trabajo está extraído del capítulo “Garma y la otra España” en el libro 60 años de psicoanálisis en
Argentina. Pasado- Presente-Futuro, publicado por Asociación Psicoanalítica Argentina. Buenos Aires. 2002.
2 Reaparecida en 1963, la Revista inició su cuarta y actual etapa bajo la dirección de la hija del filósofo, doña Soledad Ortega
Spottorno, en 1980.
15
José Treszezamsky Texturas freudianas
Cannon, el astrónomo Arthur S. Eddington,
el físico Maurice de Broglie, Paul Valery, Howard Carter (quien descubrió la tumba de
Tutankamon), Le Corbusier, Louis Aragon,
Paul Claudel, Henri Bergson, Keynes, etc.
También se ejecutaba música y en el desfile
de compositores e intérpretes figuraban
Manuel de Falla, Andrés Segovia, Wanda
Landowska, Igor Stravinski y Maurice Ravel,
entre otros.
Ángel Garma, pionero del psicoanálisis
en Argentina, vivió en la Residencia de Estudiantes de Madrid a partir del año 1925.
Por esa época, a instancias de José Ortega y Gasset, Luis López-Ballesteros y de
Torres, quien no era psiquiatra ni médico3,
ya traducía la obra de Freud al castellano a
editarse por Biblioteca Nueva. Salvador
Dalí, al poco tiempo de llegar a la Residencia comenzó a leer La Interpretación de los
Sueños, obra a la cual le atribuyó posteriormente una influencia fundamental en su vida. Hacía frecuentes referencias públicas a
esta obra entre los compañeros de tal modo
que tanto el psicoanálisis como el surrealis-
mo, representado en la Residencia en 1925
por Louis Aragón, uno de sus más enérgicos
defensores, debían ser conocidos por la mayoría de los estudiantes. Confirma Gibson4
que Freud era un autor muy leído entonces
en la Residencia. Es muy probable que junto con su vinculación con Sacristán5, esto
haya sido el comienzo del contacto de Garma con el psicoanálisis y, además, Dalí, cerca de él y hablando continuamente de los
sueños, pudo haber sido una fuerte marca
que influyó en el hecho de que Garma, testigo cotidiano de esta situación, se dedicara
durante más de cincuenta años a la investigación psicoanalítica de los sueños.
Entre los residentes figuraba también
Luis Buñuel y, siendo jóvenes, no era extraña la influencia de la moda. Así el peinado
al estilo Rodolfo Valentino6 era el que adoptaron Dali, Lorca y Garma, tal como se lo ve
a este último en la foto del Congreso Internacional de Wiesbaden de 1932, en la cual
figura entre Ernest Jones, Anna Freud, y Marie Bonaparte, con quien en años posteriores (alrededor de 1950) tuvo una interesante discusión acerca de lo psicosomático.
3 Era un coronel español, según alguien me dijo hace varios años.
4 Ian Gibson. Hispanista irlandés; autor de un libro sobre el asesinato de Lorca y la represión franquista en Granada; de El vicio inglés
(un estudio sobre la flagelación) y de La vida desaforada de Salvador Dalí. También escribió Vida, Pasión y Muerte de Federico García
Lorca, para el cual consultó, entre muchos otros, a Garma, y de donde extraje datos para este artículo.
5 De la cual ya hablaremos.
6 Aunque las películas preferidas del grupo no eran las de Rodolfo Valentino sino las de Buster Keaton.
16
Texturas freudianas José Treszezamsky
Garma cursó Medicina desde 1921 a 1927 (17
a 23 años) y recordaba como profesores suyos a Santiago Ramón y Cajal (premio Nóbel de Medicina de 1906), Juan Negrín en fisiología, Juan Madinaveitia en patología
general, Pío del Río Hortega en histopatología y Marañón en clínica. Mientras vivió
en Madrid en la Residencia de Estudiantes
cursando los últimos años de su carrera médica, concurrió durante 4 años al Servicio de
Patología Médica del Hospital General de
Madrid dirigido por Gregorio Marañón y
allí trabó amistad con el maestro de la medicina de quién fue un estrecho colaborador. El
servicio editaba una publicación anual titulada Trabajos del Servicio de Patología Médica.
Después de Marañón, Garma, como estudiante y como médico, fue uno de los que
más intervino en todas las sesiones y comunicaciones del Servicio, presentando casos en
forma personal y conjunta con Marañón. Incluso la Editorial Medicina Ibera, publicó un
estudio titulado: Los reflejos de proyección
visceral en la patología tiroidea, septiembre
1927, de Marañón, Jimena y Garma. La misma editorial publicó de Ángel Garma, en el
mismo mes: Consideraciones sobre un caso
de prediabetes. Muchos de los casos clínicos
presentados mostraban análisis bioquímicos
llevados a cabo en el laboratorio de la Residencia de Estudiantes por Severo Ochoa.
En la sala de Marañón, un verdadero
templo de la clínica médica, el 11 de junio
de 1927, Garma presenta un caso de adiposidad dolorosa - enfermedad de Dercum, y
en dicha presentación se adhirió al criterio
de que el dolor era fundamentalmente un
síntoma neurótico, con sólo su sagacidad
clínica y sin formación psicoanalítica.
El Dr. José Miguel Sacristán7 (18871956), era el psiquiatra de la sala de Marañón
y director del Manicomio de Mujeres de
Ciempozuelos, donde, una vez recibido, fue
invitado Garma a trabajar. En sus estudios primarios fue compañero de Ramón Gómez de
la Serna. Una vez dedicado a la psiquiatría
publicó sus primeros trabajos entre 1910 y
1912, varios de ellos en colaboración con Gregorio Marañón. Fue discípulo directo de
Kraepelin en Munich. La obra psiquiátrica de
Sacristán fue sólida y dentro de su especialidad y a tono con las tendencias de la época
introdujo las ideas de Kraepelin en España y
fue un exponente -por su don de gente, su
capacidad en el discurso, su limitación a escribir lo que sabía y su gran autocrítica- del clima que emanaba la Institución Libre de la Enseñanza, de la cual dependía la Residencia de
Estudiantes. Su gran amistad y la comunidad
de ideales científicos con Ortega y Gasset y
con Lafora lo impulsaron a crear en 1919 los
Archivos de Neurobiología8, donde Garma
publicó una serie de sus trabajos iniciales, entre ellos La realidad y el ello en la esquizofre-
7 Muchos datos de este segmento dedicado a la relación de Garma con Sacristán fueron tomados de “José Miguel Sacristán (18871956)”, escrito por J. Germain y J. Solís y publicado en Archivos de Neurobiología, tomo XLV, julio-agosto 1982, Número 4.
8 En esta revista publicó Garma:
Cómo se estudia el psicoanálisis, Mayo/Junio, 1930;
La transferencia afectiva en el psicoanálisis, No. 3, 1931;
La realidad y el ello en la esquizofrenia, No.6, 1931 (trabajo que le valió por unanimidad ser nombrado miembro Titular de la
Asociación Psicoanalítica Alemana, a los 27 años);
Consideraciones psicoanalíticas sobre la vida sexual, tomo XII, No. 4, 1932;
Los restos diurnos y el trabajo del sueño, Junio de 1934, tomo XIII, No. 4 y 6;
Crimen y castigo. Contribución al estudio de la psicología del psicópata delincuente, tomo XIV, No. 4, 1934;
Paranoia y homosexualidad, Tomo XV, No. 2,1935.
17
José Treszezamsky Texturas freudianas
nia, en 1931, datado antes que su aparición
en alemán, y cuyo valor reside en que demuestra lo contrario que la teoría freudiana
en lo que respecta a la relación entre el superyo y el yo en las psicosis. Otros colaboradores de los Archivos de Neurobiología fueron Pi y Suñer, Ramón y Cajal, Marañón, del
Río Hortega y muchos otros nombres destacados de la medicina.
Ortega y Gasset impulsó a la editorial
“Biblioteca Nueva” a traducir y publicar la
obra completa de Freud al mismo tiempo
que en 1923 lanzaba la famosa Revista de
Occidente. Ese mismo año Freud había publicado en su Verlag un artículo fundamental en su obra, El yo y el ello, y fue Sacristán
quien, en la sección de dicha Revista que comentaba otras publicaciones, se encargó de
hacer conocer las nuevas ideas freudianas9.
En el mismo año publicó “La teoría psicoanalítica de Freud”, “El psicoanálisis como
método de exploración del subconsciente”
y “Técnica del psicoanálisis infantil”, en la
Revista de Pedagogía (Madrid); y, en 1925,
en la Revista de Occidente, “Freud ante sus
contradictores”.
Sacristán fue nombrado en 1919 director
del Manicomio de Mujeres de Ciempozuelos
y permaneció allí hasta 1936, en el cual por
la guerra civil tuvo que abandonar el lugar.
Allí hizo escuela y de allí salieron destacados
discípulos: Salas, José Solís y Garma, entre
otros, en quienes infundía el espíritu del investigador.
En la década del ’20 aportó su experiencia
y conocimiento en el Servicio hospitalario de
Marañón donde organizó breves cursos a los
cuales asistió Garma. Nos resulta fácil imagi-
nar a Sacristán hablando con sus discípulos
de todo lo relativo a su especialidad, y por
supuesto, a las ideas freudianas. Habiendo
entrado Garma a tan temprana edad al servicio de Patología Médica de Marañón, y estando en contacto con un maestro que entre
otras cosas traía las ideas freudianas, nos
convence la hipótesis de que fue a través del
Dr. Sacristán que pudo haber tenido una
continuación de los primeros contactos con
la obra de Freud producidos al escuchar a
Dalí, y que aquel comentario a El yo y el ello
que salió publicado en la Revista de Occidente puede ser tomado como germen de lo
que luego fue el esquema referencial de
Garma con respecto a la obra de Freud: instintos de vida y de muerte, trauma y compulsión a la repetición, masoquismo primario, la
teoría estructural del psiquismo y el acento
en el superyo.
J. Germain fue un entrañable y querido
colega y amigo de Sacristán con quién éste
llegó a colaborar en algún escrito y fue el
organizador y revisor de la traducción de la
obra de Freud del alemán al español por
parte de Luis López-Ballesteros y de Torres.
Amigo de los Garma, era visitado asiduamente en sus viajes al exterior.
Marañón era un republicano, junto con
Ramón Pérez de Ayala y José Ortega y Gasset10 funda en 1931 la Agrupación al Servicio de la República, y fue elegido diputado
por la conjunción republicano-socialista. No
sería de extrañar, pues, que unos años después, un 30 de julio haya salido publicado
en un manifiesto de adhesión a la República, una declaración, ciertamente escueta,
suscrita por una docena de intelectuales de
primera fila y que decía así: «Los firmantes
9 Revista de Occidente, Año I, N° V, Noviembre 1923, pág. 263. Agradezco a la Dra. Marta Fatone el acceso a parte de la biblioteca de
su padre, el filósofo Vicente Fatone, donde encontré los primeros números de la Revista de Occidente.
10Emigró a la Argentina durante su exilio de la Guerra Civil Española.
18
Texturas freudianas José Treszezamsky
declaramos que, ante la contienda que se
está ventilando en España, estamos al lado
del Gobierno de la República y del pueblo,
que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades». Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Teófilo
Hernando, Ramón Pérez de Ayala, Juan Ramón Jiménez, Gustavo Pittaluga, Juan de la
Encina, Gonzalo Lafora, Pío del Río Ortega,
Antonio Marichalar y José Ortega y Gasset».
Algo después, la revista Psicoterapia, de
Córdoba, Argentina, dirigida por Gregorio
Bermann, edita el número 4 de 1937 como
homenaje a España. Escribieron en él: Emilio
Mira, un breviario de higiene mental para el
miliciano del ejército popular; René Allendy
sobre el rol de España en el desarrollo del
monismo dialéctico; Goyanes Capdevila sobre Maimónides; Federn sobre el sentimiento nacionalista; Thenon sobre Cajal (muerto
recientemente) y su pueblo; Bermann sobre
la vida y la obra de Bialet-Massé; Freud sobre los tipos psicológicos; Garma sobre evolución y problemas de la teoría psicoanalítica, entre otros, además de Brochazos Psicológicos de Baltazar Gracián.
Garma, en Berlín, había formado parte
de lo que se llamaba el ‘Kinder Seminar’
formado por iniciativa de Otto Fenichel en
1924 con candidatos y miembros jóvenes de
la Asociación Psicoanalítica Alemana. Se
reunían a intervalos irregulares en distintas
casas y en dichas reuniones se alternaban
temas de técnica psicoanalítica con discusiones políticas. Ernst Simmel (presidente de la
Asociación de Médicos Socialistas y presidente de la Asociación Psicoanalítica Ale-
mana), Garma, Margarete Stegmann, Josef
Friedjung, Erich Fromm y Heinrich Meng estaban en relación con los médicos socialistas, mientras que Otto Fenichel, las hermanas Bornstein, Bárbara Lantos, Edith Jacobsohn, Georg Gëro, Wilhelm y Annie Reich
eran los marxistas11. Con los nazis en el poder, cuando se exigió la expulsión de los judíos de la Asociación Psicoanalítica de Berlín, Garma renuncia a dicha asociación y
permanece como integrante de la IPA.
Ensayo II
En 1923 viene a Buenos Aires Gonzalo Lafora12, del grupo de la sala de Marañón. Entre nosotros dicta una serie de conferencias
muy concurridas y a ellas acude un psiquiatra correntino llamado Juan Ramón Beltrán (1894-1947). Este hombre, que se
transformará luego en un divulgador de un
psicoanálisis muy especial en nuestro medio, llegó a ser miembro adherente de la
Sociedad Psicoanalítica de París. En la sesión del 3 de febrero de 1931 de dicha sociedad presenta el trabajo titulado: Psychanalyse et la Criminologie13. Intervinieron en
la discusión Parcheminey, Odier, Loewenstein, Codet, Laforgue, Cénac, Sokolnicka,
Schiff, Morenstern, Allendy y Pichon, a
quienes contesta al final el mismo Beltran,
culminando una exposición pretendidamente psicoanalítica, diciendo que se trataba de “un sujet névropathe présentant des
stigmates organiques de dégénérescence”,
casi el asomo de una anulación de todo intento de comprensión psíquica.
11“Here life goes on in a most peculiar way…” Psychoanalysis before and after 1933. K. Brecht, Volker Friedrich, L. M. Hermanns, I.
J. Kaminer, D.H. Juelich.
12(1886-1971) Compañero de Garma de la Sala de Marañón. Intercambió correspondencia con él por lo menos hasta 1953. A éste y
otros datos de este artículo los obtuve debido a que, gentilmente, Betty Garma me proveyó del epistolario de su esposo.
13Publicado en Revue Francaise de Psychanalyse, Tome IV, Nº 3, 1930-31, pág. 487 y sig.
19
José Treszezamsky Texturas freudianas
En la sesión del 17 de marzo siguiente
Beltrán, de la Universidad de Buenos Aires,
es elegido miembro adherente de la SPP. En
relación a esta membresía dice Plotkin14 que
“Una lectura a las minutas de la sociedad
sugiere que el nombramiento de socios adherentes era un medio de obtener dinero
para la misma, en un momento en que su situación financiera no era demasiado sólida.” En el informe de dicha sesión, inmediatamente al anuncio de la aceptación de Beltrán, se decide aumentar las cuotas de los
socios adherentes15.
Beltrán era un médico criminólogo de
clara filiación fascista que fue profesor en el
Colegio Militar (decía que la formación más
sublime que había era la formación militar
y consideraba a los militares como el único
grupo social que se situaba más allá de intereses sectoriales, como encarnación del verdadero sentir nacional y que tenían la misión de “mantener contra vientos y mareas
el equilibrio colectivo”16), las Facultades de
Medicina y Filosofía y Letras y el Colegio
Nacional de Buenos Aires.
La visión que Beltrán tenía del psicoanálisis era bastante peculiar: veía en él un instrumento pedagógico y para tal fin se apoyaba
en el libro de Pfister “La psicoanálisis al servicio de los educadores”. Le había solicitado al
pastor protestante suizo un artículo para un
futuro libro suyo sobre el tema17 del que no
sabemos si se publicó o no. “Además de conocer las inhibiciones peligrosas que se originan en el inconsciente, la psicoanálisis pone
esas fuerzas en descubierto bajo el dominio
de la personalidad moral”, y de este modo
podría ser utilizado para el mantenimiento
del orden social. En ese sentido, la utilización
que Beltrán proponía hacer del psicoanálisis
era compatible con su ideología de derecha,
que lo mantuvo cerca de grupos militares y
católicos. Beltrán hacía un uso bastante ecléctico del psicoanálisis, al que mezclaba libremente con conceptos derivados de la antropología criminal de Cesare Lombroso y de la
teoría de la degeneración, además de una serie de errores conceptuales.
Fue el primer profesor titular de la cátedra de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de Buenos Aires creada en
1936 y que posteriormente adquirió la categoría de Instituto de Historia de la Medicina cuyo primer director fue el mismo Beltrán, hasta que murió, en 1947.
En 1938 publicaba avisos en los diarios que
decían ‘Juan Ramón Beltrán, Psicoanalista’.
El 27 de noviembre de 1939 le envía a
Garma una tarjeta con el siguiente texto
para concretar una reunión con la finalidad
de fundar la Sociedad Argentina de Psicoanálisis:
14Mariano Ben Plotkin, del Colby College, en Freud en la Universidad de Buenos Aires: la primera etapa hasta la creación de la carrera
de Psicología, en Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Vol. 7, Nº1. Enero-Junio 1996.
15Rev. Franc. De Psychan., Tome IV, Nº3, pág. 598.
16Juan Ramón Beltrán, en “Revista militar”, septiembre de 1936.
17La Psico-Análisis, Juan Ramón Beltrán. Revista del Círculo Médico Argentino,II, 1926, pp. 1952-1987, citado en Freud en Buenos
Aires 1919/1939, compilado y prologado por Hugo Vezzetti.
20
Texturas freudianas José Treszezamsky
El profesor Titular de Historia de la Medicina
Juan Ramón Beltrán
Saluda atentamente a su distinguido colega, doctor
Ángel Garma Zubizarreta, lo invita a concurrir el viernes 1º de diciembre, a las 18, a esta
cátedra, Azcuénaga 923, para fundar la Sociedad Argentina de Psicoanálisis, teniendo
por aceptada su inclusión como fundador en caso de no responder a estas líneas, y le
repite las expresiones de su invariable estima.
Buenos Aires, noviembre 27 de 1939
s/c Florida 895
Sr.Dr. Angel Garma Zubizarreta
Sucre 1882
Ciudad18
Garma, cauto y conociéndolo, pospone
este hecho aunque encauza la propuesta de
Beltrán que termina en la actual Sociedad
Argentina de Psicología Médica, Psicoanálisis y Medicina Psicosomática, una de las integrantes de la Asociación Médica Argentina.
Hacía poco tiempo (24 de junio de 1938) había arribado a Argentina y se proponía la
fundación de una asociación con gente analizada y tener su propia reválida del título
de médico. Beltrán se mantuvo separado de
este intento y hay datos de que en 1940 dictaba cursos de perfeccionamiento en psicoanálisis que tenían valor curricular para la carrera docente en medicina19.
Su docencia en el Colegio Nacional de
Buenos Aires se desarrolló dictando Psicología en 5° o 6° año. Allí era conocido como
“el loco Beltrán”. Era rígido, distante. Hubo
algún psicoanalista que pasó por dicho colegio que sospecha que debe haber sido un
psicótico restituido: entraba a dictar su clase -que consistía en un texto que parecía
habérselo aprendido de memoria-, una psi-
cología del siglo XIX, prepsicoanalítica: la
atención, la memoria, sus funciones, etc.
Terminaba de dictar y se iba.
En la Facultad de Filosofía Beltrán fue
profesor suplente en el curso de psicología
cuando el socialista Enrique Mouchet, médico y filósofo, era su profesor titular. En 1922
se introduce a Freud en el programa de estudios, inclusión que Plotkin considera debido
a la influencia de Beltrán en la cátedra.
En Buenos Aires notamos la entrada del
psicoanálisis por la filosofía, la psicología y
la literatura y, simultáneamente, la resistencia del ambiente médico, pues aún en 1937,
el programa de clínica psiquiátrica de la Facultad de Medicina no contenía ningún
punto vinculado al psicoanálisis.
En cambio en la Universidad de Córdoba
el Dr. Gregorio Bermann, un psiquiatra que
en un principio mostró gran simpatía por el
psicoanálisis y que visitó a Freud en Viena el
miércoles 26 de febrero de 193020, discutía
psicoanálisis en sus cursos dictados en la Cá-
19Dr. René Arditi Rocha, antecedentes ofrecidos al presentar su candidatura para el puesto de Profesor de Clínica Psiquiátrica de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1953.
20The Diary of Sigmund Freud. 1929-1939. A chronicle of events in the last decade. The Hogarth Press, London. 1992. pág. 60.
18Esta misiva me fue mostrada personalmente por Garma.
21
José Treszezamsky Texturas freudianas
tedra de Medicina Forense de la Facultad
de Medicina desde la década de 1920. En la
biblioteca de Freud figuraba un libro suyo:
Toxicomanías. Psicología de la apetencia tóxica. Buenos Aires, 1926.
Volviendo a la Facultad de Filosofía de
Buenos Aires: en 1923 había una bolilla enteramente dedicada al estudio del “psicoanálisis y las modernas corrientes de la psicología”. La bibliografía incluía, junto con Les
nevroses de Janet, la Introducción al psicoanálisis (ya en español) de Freud. En 1925 el
programa incluía la obra de Oskar Pfister:
La psychanalyse au service des educateurs.
Este autor consideraba que el psicoanálisis
podía jugar un papel educativo y moralizante y es fácil pensar que esta referencia
bibliográfica fue puesta a instancias de Beltrán, más aún cuando lo consideraba el
‘gran apóstol’ del ‘creador’… Freud. Aunque el elemento religioso estaba presente
en sus trabajos, sin embargo, a diferencia
de Pfister no parecía haber comprendido
gran cosa del psicoanálisis.
Plotkin señala que Mouchet tenía una actitud más bien neutral respecto al psicoanálisis. No es de extrañar, por lo tanto, que, junto con el psicoanálisis, incluyera la teoría de
la degeneración en sus programas de estudio. Sin embargo, cuando la Sociedad de Psicología de Buenos Aires fue vuelta a fundar
en 1930 por iniciativa del propio Mouchet,
quien también fue su primer presidente, Sigmund Freud fue nombrado miembro honorario de la misma. En los cursos que Beltrán
fue dictando en la cátedra de Psicología, el
psicoanálisis aparece a partir de 1933, cuando el curso se ocupó de la teoría de los instintos. Ese mismo año el tema ‘psicoanálisis’
desaparece del programa oficial de Mouchet
lo que sugiere a Plotkin que había cierta división del trabajo en el tratamiento del tema
entre el titular y su suplente. Posteriormente, en 1944, Beltrán reemplazó a Mouchet
como titular de la cátedra. Estos cambios se
debieron (al menos en el caso de Mouchet,
socialista) al momento político que estaba viviendo el país: el auge del filonazismo junto
a una cierta simpatía de los gobiernos argentinos por el Eje y el ascenso de Perón. Su filiación ideológica se trasluce en sus escritos
psicoanalíticos y en muchas de sus referencias y apoyo hace alusión a la juventud de
‘nuestra raza’.
A pesar de que refiriéndose a las aptitudes que hay que tener para ser psicoanalista, cita a la honestidad, parece haber
sido bastante macaneador. Dos ejemplos:
alardeaba de una supuesta intensa correspondencia con Freud y se sabe que había
publicado una tesis que luego fue cuestionada e invalidada, entre otros motivos
porque en ella citaba en la bibliografía al
Dr. Worterbücher, es decir, Diccionario, en
alemán21.
Parece que la diferencia entre él y Garma
en lo que respecta a formar una asociación
en la Argentina era que uno proponía formarla directamente sin formación y otro ponía condiciones exigentes para su fundación
y los miembros que querían pertenecer a la
misma, incluidos los mismos fundadores. Eso
llevó a Garma a revalidar su título de médico
previendo dificultades que podrían surgir en
el futuro, aún en un momento en que no había ninguna reglamentación como luego impuso Carrillo, el ministro peronista. Dicho sea
de paso, esta disposición limitacionista de la
formación analítica bien pudo apoyarse en el
mismo Beltrán, autor del artículo La psicoa-
21Zimmermann, Edmundo. Conferencia del 29/6/2000: “Precursores del psicoanálisis argentino (1910-1939)” en Asociación
Latinoamericana de Historia del Psicoanálisis.
22
Texturas freudianas José Treszezamsky
nálisis y el médico práctico22. Este artículo nos
da algún elemento para conocer más a este
personaje. El pensamiento religioso y elitista
campea a lo largo del escrito trasluciéndose
la formación psicoanalítica como la incorporación a una secta: “…he debido hacer previamente mi propia iniciación (sic) psicoanalítica, a través de largos y pacientes estudios23,
frecuente comunicación con su creador (sic)
Freud24, y con su apóstol (sic25) Pfister”.
Entre las curiosidades que se pueden encontrar en este artículo está la confusión
entre la regla fundamental de la asociación
libre y el test de asociación verbal de Jung;
el considerar a rechazo de la conciencia como nocivo y a la represión como no ofreciendo ningún peligro al psiquismo. Considera al niño como alguien impuro e inmoral y a quién la educación, la sociedad, las
costumbres y la familia ‘purificarán’ a través
de la moral. Se observa además la tendencia francesa, que ya funcionaba con intensidad, de traducir la mayor parte de la terminología freudiana (“se comienza cambiando las palabras…”, decía Freud) a términos
franceses que poco a poco van produciendo
pequeños deslices26. Luego queriendo referirse al ‘ello’ señala que Édouard Pichon lo
denomina ‘pulsorium’, y aparecen varias citas a este autor a lo largo del trabajo que
seguramente tendrá gran influencia en él y
con quien tenía gran correspondencia ideológica, aunque una gran diferencia intelectual y cultural a favor del francés.
¿Cuál era dicha ideología?27 Pichon era
monárquico, miembro de la liga derechista
Action Française, adherente al antisemitismo de Maurras. Convencido de la superioridad de la civilización francesa sobre todas
las demás, consideraba al catolicismo como
el único capaz de encarnar los valores de
occidente. Era un ferviente partidario de la
virginidad de las jóvenes, estado en el cual
debían llegar al matrimonio. Coherente con
su ideología trató de afrancesar al psicoanálisis freudiano poniendo el acento en la
relación entre el lenguaje (era un eminente
gramático) y el psicoanálisis. Fue el introductor de la noción de forclusión extraída
no de la clínica sino de la lengua del discurso jurídico, pero fundamentalmente, el interés que reviste su obra es en relación a
poder investigar hasta qué punto sus concepciones gramaticales entraban en colisión
con los conceptos básicos freudianos, y cómo se las ingenió para soslayar aparentemente el choque logrando su introducción
al psicoanálisis en París. Lacan es un representante de su herencia y, aunque luego haya habido desencuentros teóricos, fue considerado por Pichon como el único capaz de
asumir la función de ideólogo de un psicoa-
22Revista Psicoterapia. Septiembre 1936. N º3. Número dedicado al Prof. Freud. Director Gregorio Bermann. Ituzaingó 185. Córdoba.
El artículo femenino para referirse al psicoanálisis es una marca de la influencia francesa. Además, en este número de la revista figuran artículos de Honorio Delgado, Ángel Garma, Gonzalo Bosch, Marcos Victoria, Paulina H. de Rabinovich, Allendy y Dostoievsky
y el parricidio de Freud.
23De los cuales no hemos hallado registros.
24‘el creador’. Por supuesto que ya tenemos dudas acerca de estas afirmaciones: de estas supuestas comunicaciones no hay registro.
Hay una carta de Freud a Pfister, del 26/II/1924 en la cual le informa que ‘También yo he recibido una gran cantidad de publicaciones
de Beltrán desde Buenos Aires’, entendiéndose que Beltrán les envió a ambos el mismo material. En cambio, sí hay registro de la
visita de Bermann a Freud como consta en su Diario el día miércoles 26 de febrero de 1930.
25Otro indicio de su clima psíquico religioso.
26Ver correspondencia de Freud con Laforgue señalándole esos desvíos en las traducciones y los afanes de originalidad.
27Me apoyo en estas referencias a Pichon en el Diccionario de Psicoanálisis de E. Roudinesco y Michel Plon. Paidós, 1998. Buenos
Aires.
23
José Treszezamsky Texturas freudianas
nálisis al que había que elevarlo ‘a la francesa’. También Dolto, con su formación derechista, antisemita y católica fue su discípula. Ella se analizó con Laforgue28 desde
1934 hasta 1937 y uno de sus supervisores
entre el ’36 y ’37 fue Ángel Garma, en esos
momentos en París y sin poder retornar a
España debido a la Guerra Civil Española.
Beltrán también se apoyó textualmente
en E. Pichon para oponerse a Freud en la
cuestión del ejercicio del análisis por un
profano, ejercicio que él cataloga de curanderismo29.
El aspecto fundamental (y también más
controvertido) de la teoría freudiana -la
teoría sexual- estuvo ausente de los programas de Psicología y lo estaría hasta más tarde. Ni Mouchet, ni Beltrán, ni García de Onrubia hacían mención a la misma. Sin embargo, aparece como bibliografía introducida en el programa por Beltrán en su curso
en 1936 la obra: Tres ensayos sobre la vida sexual
¿Por qué decimos entonces que la teoría
sexual de Freud parece haber estado ausente de sus programas, como señala Plotkin?
Daremos la respuesta a continuación.
Ensayo III
En mayo de 1926 se publicó el libro más difundido de Marañón: Tres Ensayos sobre
la Vida Sexual, Biblioteca Nueva, Madrid.
Ese maestro de la medicina tenía una
gran confianza en Garma, que demostraba
cuando trabajaban juntos en la sala. Dicha
confianza era compartida por los otros integrantes de la sala del Hospital General -una
prueba de ello fue la invitación de parte de
Sacristán a trabajar en el sanatorio que dirigía apenas recibido Garma- e incluso sus
propios condiscípulos lo veían como una
gran promesa.
A fines del año 1947 la Asociación Psicoanalítica Argentina editó el libro Patología Psicosomática con la compilación y prólogo de Arnaldo Rascovsky, que despertó
una gran reacción en muchos sectores, psicoanalíticos y no psicoanalíticos, por lo original de muchas hipótesis y la agudeza de
sus observaciones. Cuando Marañón recibió
un ejemplar y lo leyó le comunicó a Garma
que se alegraba de ver que las esperanzas
que todos habían puesto en él se cumplían
con creces.
El intercambio epistolar era sostenido por
ambos y la nostalgia que podría haber sentido Garma por su tierra y sus compañeros se
vio fuertemente amainada por el hecho de
que en Argentina se encontraba entre familiares, entre amigos emigrados y con un gran
éxito en su vida personal y profesional, lo
que ayudaba a sobrellevar la persistencia de
la tiranía franquista que lo mantenía alejado
de su España. Aun así, en sus cartas, Garma
le recordaba a Marañón los lazos afectuosos
de su juventud como estudiante y médico en
la Sala del ilustre clínico. Cuando en abril del
’52 Garma le anuncia que va a Madrid, Ma-
28Laforgue, aún en julio de 1946, se defendía de la acusación de colaboracionismo con los nazis diciendo que él, en esos años de prueba, debió socorrer a perseguidos por el régimen y por ocupantes, aún a su propio riesgo. Se quejaba amargamente de que muchos
colegas que se habían beneficiado de su ausencia de París lo estaban calumniando y aunque se había defendido utilizando los mayores recursos estaba pensando, más aún luego de la muerte de su pequeña hija Eva hacían pocas semanas, en la posibilidad de emigrar. Uno de los dos posibles destinos, tentado por la invitación de amigos, era la Argentina.
29La ambivalencia de Beltrán con respecto a Freud, y más profundamente, con sus teorías, se hará más y más evidente para cualquiera
que se ocupe de leer sus escritos.
24
Texturas freudianas José Treszezamsky
rañón se apresura a ofrecerle su cátedra como espacio de exposición de sus ideas.
Marañón tenía no sólo una gran formación médica sino también humanística. Sin
embargo, era reticente con el psicoanálisis,
aunque sabía discriminar, o por lo menos, al
escuchar y leer a Garma la hostilidad al psicoanálisis desaparecía hasta tal punto que
alguna vez le derivó pacientes pues, cuando
de Garma se trataba, las reservas teóricas
respecto al psicoanálisis quedaban de lado
por su ‘su perspicacia, inteligencia y arte’. A
tal punto que el Maestro hablaba entusiasmado en su cátedra de los libros de Garma.
La seriedad y la claridad en la observación
clínica de Garma que ya habían impresionado desde muy temprano a Marañón hicieron que no sólo le derivara pacientes sino
que también le pidiera orientación psicoanalítica con respecto a la comprensión de la
vida y la obra de artistas como, por ejemplo, del Greco30. Ya había germinado en el
médico humanista la semilla psicoanalítica
dejada por Garma, quien lo quería con mucho afecto.
Los ‘Tres Ensayos sobre la Vida Sexual”
de Marañón tienen una introducción laudatoria de su amigo Ramón Pérez de Ayala.
En el primer Ensayo, denominado Sexo,
Trabajo y Deporte, Marañón plantea la tesis
de que el trabajo no es sólo una función
adscripta al instinto de conservación sino
también una función de orden sexual, un
carácter sexual.
Describe los llamados caracteres primarios y secundarios. Mostrando las diferencias entre ambos sexos, termina la primera
sección coincidiendo con Nietzsche: “el grado y la naturaleza de la sexualidad penetran hasta lo más elevado del espíritu humano”. E inmediatamente cita a Freud haciendo la salvedad de que éste ‘no se ocupaba de la vida normal, o en todo caso, la
vida normal de la cual habla parece turbia,
o, en última instancia, será normal para los
pueblos septentrionales’ (sic). Y a continuación se ocupa de corregir, a su criterio, errores de Freud en lo que respecta a los conceptos libido e instinto para luego intentar
demostrar de qué modo interviene el instinto sexual en el trabajo.
Veamos, transcribiéndolos con notas al
pie incluidas, los párrafos en que cita a
Freud:
“Se me dirá que entonces toda la vida humana está influida por el sexo. Y es necesario
responder que sí. Actualmente están de moda -casi empiezan ya a no estarlo- las ideas de
un psicólogo vienés cuyo nombre ha trascendido al público no científico, y figura ya en el
pequeño acervo cultural de los eruditos de
café: me refiero a Freud. Claro es que los antecedentes de la visión pansexualista de la vida son muy remotos, tan remotos casi como
las primeras meditaciones sobre el hombre y
sobre su actividad. Mas Sigmund Freud ha sido quien ha defendido, con mayor acopio de
razones concretas y humanas, la teoría de
que la influencia sexual no sólo rige los actos
directamente sexuales mismos, sino que, como un duende, se infiltra en las actividades
humanas más alejadas del sexo. Pero sus
ideas se refieren más especialmente a la patología, a la neurosis, que no a la vida normal; por lo menos a mí, lo que Freud llama
“vida normal” me ha producido siempre una
30Esta aplicación del psicoanálisis, conocer al artista a través de su obra, despertaba sumo interés en Garma. Lo ejercitaba casi
automáticamente y recuerdo una oportunidad en que en su departamento de Miramar me mostró un cuadro en tinta china de Freud
y me preguntó si yo podría deducir alguna característica del artista. Ante mi negativa me enteré que él había deducido que era homosexual por el detalle que en el chaleco de Freud los ojales y los botones estaban en posición típica de las prendas femeninas.
25
José Treszezamsky Texturas freudianas
impresión de cosa turbia, de normalidad septentrional distinta de la nuestra. [Nota al pie
5: Me he ocupado de este punto en mi Prólogo a la edición española del libro de L. Bloch,
La vida sexual moderna, Madrid, 1925; y en la
serie de conferencias profesadas en La Habana, en diciembre de 1927 y publicadas en el
Siglo Médico de Madrid, volúmenes correspondientes al año 1928]. Sin entrar aquí en
comentarios profundos de la doctrina freudiana, desde un punto de vista puramente
terminológico, hay en sus versiones corrientes un error o, más bien, un equívoco, que es
el origen principal de la irritación que en ciertos medios se ha despertado contra su autor.
Este equívoco consiste en confundir al hambre sexual, esto es, la fuerza de atracción que
hace buscarse y unirse a la mujer y al hombre,
lo que los fisiólogos llaman libido, con el instinto sexual, que es un concepto mucho más
amplio y noble que aquél. La libido es una
manifestación vegetativa del instinto sexual,
como el hambre es una manifestación vegetativa del instinto de conservación. Todos los
aspavientos que se hacen en torno de estos
puntos de vista resultan inútiles con sólo tener presente esta distinción elemental. Y así
será, efectivamente, exagerado el suponer
como ultrafreudianos, en cada objeto de la
vida un símbolo de los órganos generadores
y en cada acto un recuerdo, más o menos modificado o disimulado, de la cópula. Pero no
puede negarse que el instinto sexual, en su
más amplia interpretación, esto es, como expresión de la energía que cada ser viviente
desarrolla para perpetuarse en la especie,
aparece aquí y allá, a cada instante, poniendo su acento vigoroso sobre las diversas actividades humanas. Y este acento sexual es especialmente claro en el caso del trabajo, como intentaremos demostrar. [Nota al pie 6:
Uno de nuestros más distinguidos neurólo-
26
gos, el doctor Fernández Sanz, ha impugnado esta distinción que nos esforzamos en
acentuar entre la libido y el instinto sexual, con razones llenas de perspicacia y cortesía (Archivos de Medicina, Cirugía y Especialidades, Abril, 1925). Realmente, el
concepto de la libido no está muy claro en los
libros de los fisiólogos y psicólogos recientes,
y quizá menos que en parte alguna en las
obras de Freud, que pecan principalmente
por exceso de prolijidad y difusión. Para Fernández Sanz es mejor reservar la palabra libido para el concepto abstracto de la “fuerza
sexual”, cualquiera que sea el modo de manifestarse, y no para ningún mecanismo fisiológico concreto.
La cuestión es puramente terminológica;
pero encierra un problema de concepto
que, si no se pone bien en claro, traerá inevitablemente la confusión a todos estos
asuntos. Que hay que distinguir la atracción
sexual directa; esto es, el impulso del sexo
hacia el objeto que le satisface (cualquiera
que éste sea) y las otras manifestaciones superiores, “sublimadas”, de la vida sexual, es
evidente y están todos de acuerdo en admitirlo. Los libros de Freud y de todos los autores modernos que se han ocupado de la
cuestión están llenos de este pensamiento.
Ahora bien: ¿qué nombre daremos a estos dos tipos de energía? Parece lo correcto
llamar libido al impulso primario de la atracción, al fenómeno genital; y reservar la denominación de instinto sexual para el conjunto de los fenómenos psíquicos y afectivos
suscitados por la energía perpetuadora de la
especie; y al margen de ellos, el amor, fenómeno en gran parte cerebral, aunque con
raíces tan hondas en el instinto que no se
puede separar de él, si no es convirtiéndolo
en una ficción. Libido, del latín libido, luju-
Texturas freudianas José Treszezamsky
ria, se refiere al placer carnal precisamente;
y creo que el darle una significación más extensa, como hacen muchos autores, es una
impropiedad del lenguaje y, repitámoslo, un
origen grave de confusión. El mismo Freud,
en muchos pasajes de su extensa obra, comete este error. Pero en otros fija bien el sentido del vocablo, en el modo restrictivo a que
aludimos nosotros. Uno de sus más conocidos ensayos (Las aberraciones sexuales, en el
volumen II de sus “Obras Completas”, traducción española de López Ballesteros, Biblioteca Nueva, Madrid, s.a.) empieza así: “El
hecho de las necesidades sexuales en el hombre y en el animal es explicado por la Biología mediante la admisión de un “instinto sexual” por analogía con el instinto de absorción de los alimentos, esto es, el hambre. En
lenguaje popular, falta un término que corresponda al de hambre en lo relativo a lo sexual. La ciencia usa en este sentido la palabra
libido.” Como se ve, para Freud no puede ser
más explícita, en este pasaje, la significación
del término libido en el sentido de una fuerza fisiológica concreta y primitiva. Pero no
siempre se mantiene, como ya hemos dicho,
en esta actitud de precisión, y sus críticos se
lo han achacado muchas veces. Adler, por
ejemplo, dice: “Si se traduce la palabra libido por la noción, tan amplia y tan vaga del
amor, se puede, manejando con habilidad
ambos términos, llegar a explicar todo el
funcionamiento cósmico como de naturaleza libidinosa.” (Ueber den nervose Charakter. 2ª Auf. München, 1919)
Hay muchas actividades netamente sexuales que no se pueden llamar libidinosas.
El instinto de la maternidad, por ejemplo,
correspondiente en la mujer al instinto de
la actuación social en el hombre, son manifestaciones netas del instinto sexual. Pero
¿sería exacto incluirlas en la libido? Parece
que no. Y menos aún las otras formas más
elevadas y complejas de la vida en relación
con el instinto del sexo. Nosotros las designamos como caracteres sexuales funcionales secundarios, así como la libido es un carácter sexual primario, según puede verse
en el cuadro de la página 3531. Esta clasificación deja, creo yo, completamente claras las
cosas.”]
En el segundo ensayo, Maternidad y Feminismo, Marañón no cita a Freud y vuelve
a tenerlo en cuenta en el tercero: Educación
sexual y Diferenciación sexual. A continuación los párrafos de referencia:
“Ya hemos dicho al principio que el niño
está muy cerca de la fase de indeferenciación
sexual, y por ello su morfología es tan ambigua. Otro tanto pasa con la fisiología de sus
instintos. Sobre todo, Freud ha estudiado minuciosamente la importancia y la frecuencia
de esta bisexualidad o hermafroditismo del
espíritu infantil, llegando a la conclusión de
que es un fenómeno normal de todos los niños. Cualquiera que sea lo que se piense de
este autor – y yo no soy un incondicional suyo – hay que convenir que ha conseguido
transformar en un fecundo mar tempestuoso
la superficie de la psicología humana, adormilada por varios siglos de gazmoñería; y
hay, sobre todo, que reconocerle una cantidad de aportaciones indiscutibles al conocimiento del alma humana, y una de ellas es ésta de haber señalado la ambigüedad sexual,
la tendencia a la sexualidad pasiva y polimorfa del espíritu del niño. Mejor que hacer aspavientos, es reconocerlo y aceptarlo, porque
es verdad; y aplicarse a sus consecuencias pedagógicas, que son trascendentales [Nota al
pie 80: Me ha producido gran satisfacción el
ver el atinado y sereno juicio que hace de las
31En referencia a la edición de Biblioteca Nueva, Madrid, 1929.
27
José Treszezamsky Texturas freudianas
doctrinas de Freud, aun no compartiéndolas,
un jesuita español, el P. A. Castro, en su libro
Deontología médica en las tendencias
sexuales de los célibes, Madrid, 1927. Es
esto síntoma de un progreso incalculable en
la marcha de nuestra cultura, atosigada, entre otras cosas, por la intolerancia de los rojos
y de los negros. En el libro citado hay otros
varios puntos de vista y datos de observación
sobre el problema sexual, de mucho interés.”
En este tercer ensayo, Educación sexual y
diferenciación sexual, en una nota al pie del
apartado “Retorno a la bisexualidad en condiciones normales y en condiciones patológicas”, dice: “[Nota al pie 71: Para mí es incomprensible cómo este concepto de la bisexualidad orgánica –o intersexualidad, siguiendo la denominación de Goldschmidt–
fuente de tantos fenómenos y trastornos de
la vida sexual, normal y patológica, no es
aceptado, en primera línea, por muchos de
los grandes psicólogos y psiquiatras modernos, entre ellos por los que han dedicado
preferente atención al estudio del homosexualismo: Freud, Adler, etc. Sólo una posición excesivamente psicológica – en el sentido de alejada sistemáticamente de la observación clínica y de la experimentación – puede explicarnos esta actitud.”
Pero ya sea Jung, Pichon, Beltrán o Marañón, o el país más poderoso de la tierra en la
actualidad al unísono con la Iglesia Católica,
siempre habrán Ensayos contra la Sexualidad.
Cuando la revista Docta me invitó a escribir
con motivo del centenario de la primera edición de los Tres Ensayos de Teoría Sexual, de
Freud, pensé que otra vez psicoanálisis e historia volvían a acercarse. Traté de desarrollar,
pues, en forma apretada debido a las necesidades de esta publicación, algunos hilos que
conforman la red cuya trama dio tela para la
confección del psicoanálisis en Argentina y
que pasan, como se ve, por los Tres Ensayos
de Freud, los Tres Ensayos de Marañón, y por
último, por orden de importancia, estos escuetos Tres Ensayos32.
Creo que al lector se le hará evidente la
ambivalencia de Marañón con respecto al
psicoanálisis.
Este libro era Tres ensayos de la vida
sexual que había introducido Beltrán en su
programa de 1936. No era el de Freud sino
el de Marañón. No sabemos si a conciencia
pura soslayando así la teoría sexual de
Freud o si fue una más entre las extravagancias o macaneos de este médico.
32 En el medio de los apellidos de origen español e italiano, el mío era difícilmente pronunciable por mis compañeritos de la escuela
primaria, de modo que optaron por llamarme Tresensa, ¡Tres-ensa -(yos)!
28
Texturas freudianas José Treszezamsky
Resumen
Bibliografía
El autor presenta un entretejido de personajes y acontecimientos de la prehistoria y
los comienzos de la historia del Psicoanálisis
en Argentina dividido en tres partes.
Beltrán, Juan Ramón: Psychanalyse et la Criminologie, Revue
Francaise de Psychanalyse, Tome IV, Nº3, 1930-31.
En la primera de ellas condensa el ambiente intelectual del cual provenía uno de
los pioneros de nuestro psicoanálisis, Ángel
Garma, y la publicación de su primer artículo en Argentina en la Revista Psicoterapia
dirigida por Gregorio Berman, en Córdoba,
antes de su arribo a nuestro país.
Beltrán, Juan Ramón: “Revista militar”. Buenos Aires.
Septiembre de 1936.
Brecht, Karen; Friedrich, Volker; Hermanns, L.M.; Kaminer, I. J.;
Juelich, D.H: “Here life goes on in a most peculiar way…”
Psychoanalysis before and after 1933. Kellner Verlag. Hamburg.
1985.
Freud, Sigmund: The Diary of Sigmund Freud. 1929-1939. A
chronicle of events in the last decade. The Hogarth Press,
London. 1992.
Freud, Sigmund - Pfister, Oskar: Correspondencia 1909-1939.
Fondo de Cultura Económica. México D.F. 1966.
Gibson, Ian: Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca.
Plaza & Janes. Barcelona. 1999.
En el segundo, expone aspectos de la relación de Juan Ramón Beltrán, médico, profesor de las facultades de Filosofía y de Medicina, con los comienzos del psicoanálisis
en Argentina y su posición opuesta al psicoanálisis profano como sustento ideológico de derecha a la ‘ley Carrillo’ del gobierno
peronista de la década del ’50.
Germain, J. y Solis, J.: “José Miguel Sacristán (1887-1956)”,
Archivos de Neurobiología, tomo XLV, julio-agosto 1982,
Número 4.
En el tercero, por fin, los puntos de contacto de Gregorio Marañón con nuestra
ciencia a partir de su relación con Ortega y
Gasset, con la edición española de las obras
de Freud y con Garma, y el extraño hecho
de que en 1926 haya publicado un libro, el
más exitoso de los suyos editorialmente,
con casi el mismo título que la obra fundamental freudiana de la cual se cumple el
centenario de su primera edición.
Sacristán, José Miguel: Revista de Occidente, Año I, N°V,
Noviembre 1923.
Marañón, Gregorio: Tres Ensayos sobre la Vida Sexual. Biblioteca
Nueva, Madrid. 1926.
Plotkin, Mariano Ben: “Freud en la Universidad de Buenos Aires:
la primera etapa hasta la creación de la carrera de Psicología”, en
Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Vol. 7,
Nº 1. Enero-Junio 1996.
Roudinesco, E. y Michel Plon: Diccionario de Psicoanálisis.
Paidós. Buenos Aires. 1998.
Vezzetti, Hugo (compilación y prólogo): Freud en Buenos Aires
1919/1939. Colección La ideología argentina. Puntosur Editores.
Buenos Aires. 1989.
Varios: “60 años de psicoanálisis en Argentina. Pasado –
Presente –Futuro” publicado por Asociación Psicoanalítica
Argentina. Buenos Aires, 2002.
Varios. Revista Psicoterapia. Nº 3. 1936. Córdoba, Argentina.
Varios. Revista Psicoterapia. Nº 4. 1937. Córdoba, Argentina.
29
El niño de las ratas:
Una escena infantil
Edmundo Gómez Mango*
“Me veo... ”
Un hombre recuerda: la escena transcurre en el año 1904, en San José, un pueblito
de la campaña uruguaya.
“ Me veo, siendo muy niño, siguiendo
una mañana hacia el fondo de una vieja casona familiar a una criada que, entre grandes aspavientos, portaba una gran caldera
de agua hirviente.[...]Cuando la criada se detuvo frente a una trampa de alambre que
encerraba dos ratas, el espanto estrujó mi
corazón. Al vernos, ellas se debatieron contra las paredes de la jaula, arañando los
alambres. Luego, se echaron con las cabecitas pegadas el suelo, jadeantes. Sus ojillos
abiertos no querían mirar.
“De pronto, profiriendo a gritos: “¡Destrocen, ahora!” “¡Traigan pestes, ahora!”,
la mujer alzó la caldera. Un chorro quemante, un solo, breve chorro, cayó sobre las ratas, cuyos lomos humearon, despeinándose,
y se encogieron entre ahogados chillidos. La
* Psicoanalista (APF)
30
maldita jaula se estremeció, se dio vuelta,
rodó, saltó, despidiendo un pegajoso tufo a
carne recocida. Como ositos se paraban en
dos patas las infortunadas, rascando con las
uñas los fatales alambres. Y caían. Y en botes de epilepsia se destrozaban los hocicos,
buscando salida. Inexorable, la criada dejó
caer un nuevo chorro; esta vez prolongado,
perseguidor. Sin voz de horror, yo permanecía inmóvil, con los ojos secos, vueltos vidrio. Entre el clamor de los chillidos, la jaula daba tumbos, crujía a influjos de las pequeñas garras urgidas. Y aparecían los dientecillos en las crispaciones del martirio.
- ¡Destrocen, ahora! ¡Traigan pestes,
ahora!
“Hasta que una cayó encogiéndose en
brusca crispatura y se estiró luego, imperceptiblemente. Entonces, enloquecida, la
otra quiso guarecer la cabeza bajo el cuerpo inerte. Pero alcanzada otra vez por el
agua, tocó el techo, de un brinco, rodó también, temblando, y quedó quieta.
Texturas freudianas Edmundo Gómez Mango
“La criada volvió a entrar sin siquiera mirar al niño. El niño rogó a Dios por las almas
de los animalitos. Lo invadió una dulce paz.
Atravesó el patio y volvió a entrar a la habitación de su madre que esperaba en la cama el inminente alumbramiento del segundo niño. “No sé por qué -dijo- guardaba el
secreto de la escena que acababa de ver”.
La madre acariciaba la mejilla del niño. Él le
pidió que cantara, como solía hacerlo, la
canción del viejo arpista que era muy pobre
y tenía muchos niños. Una tarde los niños
gritaron: “¡Danos pan, tenemos hambre!”.
Desesperado tocó el arpa, los niños danzaban, danzaban hasta caer dormidos a sus
pies, para no abrir ya nunca más los ojos. La
madre aceptó cantarle la canción. Pero,
mientras la escuchaba, el niño veía a las ratas, una multitud de ratas que danzaban
hasta agotarse y caer inanimadas.
“De pronto, algo cálido cayó sobre mi
mejilla- recuerda. Estaba llorando mi madre”. “Derramaba lágrimas -piensa ahorapor dos niños, yo y el que iba a nacerle, que
nos hundiríamos pronto en el incierto, hosco porvenir. Recién terminaba una guerra.
El padre, herido todavía no había llegado:
en los fogones revolucionarios las brasas ardían, aún…”1
Es un recuerdo de infancia del escritor
uruguayo Francisco Espínola (1901-1973).
Este texto, escrito en 1936, fue publicado
en 1954. En la escena evocada el niño tiene
tres años: se pudo establecer la fecha teniendo en cuenta el nacimiento de la hermana del escritor y un episodio histórico, la
rebelión armada en la que había participado el padre.2
El carácter alucinatorio de la escena infantil está indicado desde el comienzo: “Me
veo”. La forma pronominal implica una primera circularidad narrativa entre el espectador y el espectáculo, entre el “yo” -el
adulto que ve el recuerdo y escribe- y el niño visto, protagonista de la escena; “me
veo” implica una visión, un “verse” como el
del sueño o el de la ensoñación, es un insight, una visión del interior; como en el
sueño, el poder visual, visionario, proviene
de la escena misma, es ella la que atrae la
mirada del adulto, es ella la que fija sus ojos
y se refleja en ellos. El “me veo” inicial desencadena y pone en movimiento el incesante flujo visual que atraviesa la escena:
entra y sale por los ojos de los protagonistas. Los ojos de las ratas ven los ojos de la
criada y los del niño: “viéndonos”, las ratas
presienten la amenaza, luego, “... no quieren mirar”. El niño con “sus ojos secos, de
vidrio” permanece inmóvil. El “me veo”
-auto-visual- introduce un “ver-no ver” que
teje el relato. Desde el comienzo del fragmento, el niño y las ratas están identificados y confundidos en un peligro común:
una ceguera mutua, la pérdida de los ojos,
los ojos de las ratas que ya no ven, los ojos
vueltos vidrio del niño. La lucidez onírica
del relato pone en evidencia lo invisible que
sostiene cualquier actividad alucinatoria: en
lo más vivo del flujo visual, la “angustia en
los ojos”3; en lo más intenso de la visibilidad
alucinatoria, la fijación, la fascinación, el
punto ciego, la castración y la muerte.
Significaciones múltiples recorren el relato, trazan itinerarios, abren caminos que
establecen semejanzas, identificaciones, correspondencias. Hay una composición en es-
1 F. Espínola, “Las ratas”, Cuentos, Publicaciones de la Universidad, Montevideo, 1961, p.187.
2 Me debo en este desarrollo al excelente trabajo que mi amigo, el psicoanalista uruguayo, Daniel Gil consagró a este texto. D Gil, Las
ratas. Un recuerdo infantil de Paco Espínola, (prólogo de E.Gómez Mango), ed. Imprex, Montevideo, 1986.
3 P. Fédida, Par oú commence le corps humain, P.U.F., París 2000, p.61.
31
Edmundo Gómez Mango Texturas freudianas
pejo, asimétrica, que confronta las actitudes de las ratas enjauladas y las del niño espectador, las ratas con sus gritos penetrantes y sus aullidos ahogados, el niño “sin voz
de horror”; las ratas y el niño en dos patas,
las primeras en una agitación desesperada,
el segundo paralizado en un terror inmóvil.
Hay el “dos”, el par de ratas, los dos niños,
las dos mujeres, los dos chorros de agua hirviendo, las dos escenas, una exterior, la otra
en el interior de la habitación, como si el
“dos” fuera una representación sensible de
los opuestos constitutivos de la vida de los
sentimientos humanos. Está el chorro prolongado y persistente de agua, que quema
a los animales, y las lágrimas tibias de la madre cayendo en la mejilla del niño. Está el
enlace de las dos escenas, dispuesto por el
secreto en el que el niño mantiene el horror
de las ratas cuando está con su madre. Están las ratas enjauladas que sufren el cruel
suplicio, la exterminación y los niños-ratas
de la canción de la madre, con los que el niño se identifica y que, arrastrados por la
música seductora y loca, mueren de agotamiento. Podrían señalarse otros muchos
ecos o resonancias entre los detalles del texto. Una reversibilidad generalizada anima
todo el pasaje y establece una comunicación interna, por el reverso, por lo invisible
que da al fragmento su intensidad onírica.
Esta reversibilidad es una de las cualidades esenciales de la actividad de la fantasía
que sostiene la escena: la pasividad se vuelve actividad, el sujeto se vuelve su predicado, lo que fascina horroriza, el placer deviene dolor; es en el movimiento que va de uno
a otro término del par opuesto, en su articulación y en su inversión, que aprehendemos
y somos aprehendidos por “la inquietante
extrañeza” (“unheimlich”) de la escena; en
ella se encarna, se vuelve viviente el trauma
sexual infantil que se había apoderado de
Paco, el niño de tres años, el pequeño voyeur convertido, a través de la escritura, en
vidente de sí-mismo.
La inminencia del nacimiento del segundo niño supone en Paco el aumento de la
curiosidad y de la pulsión de saber -se conoce su connivencia con la pulsión de ver-, de
la pasión celosa que sin duda es una de las
fuerzas que sostienen el relato. La figura
del padre guerrero, lejano, iluminado por el
resplandor de los fogones de la revolución,
indica tal vez que toda la escena prepara su
regreso, su ascenso.
La escena y la “nada real”
La transformación del niño voyeur de la escena infantil en el adulto viendo una escena de su historia, pone en evidencia que la
escena vista, que la cosa vista y escuchada,
es siempre una construcción presente. La reproducción de la impresión original es imposible. La escena infantil es a la vez auténtica y falsificada, se asienta sobre restos memoriales que, sin embargo, están sobre-elaborados, modificados y recompuestos por la
actividad de la fantasía. La escena de la infancia es, dice Freud, “como una ficción
poética” fabricada en el inconsciente4. Lo
que se presenta como una experiencia vivida de la infancia suele ser una fantasía tardíamente construida sobre la infancia. Lo
que el trabajo de la construcción exhuma
de la escena de infancia, suele ser sólo “una
pequeña realidad”, señala Freud en su estudio sobre Leonardo, una “nada real” (reale
Nichtigkeit).5
4 S. Freud, “Sur les souvenirs-couverture” (1899) O.C., T III, p.269.
5 S. Freud, Un souvenir d‘ínfance de Léonardo da Vinci, (1910) Gallimard, Paris, ed. Bilingüe, 1991, p. 113.
32
Texturas freudianas Edmundo Gómez Mango
El carácter escénico acerca más aún a la
sexualidad infantil. Esta impregna el aspecto “estético”, auditivo y visual: los ojos
de las ratas o de Paco se confunden casi
con la actividad erógena del ojo; la boca
de la criada profiere el grito asesino, los
hocicos y los dientes de las ratas muerden
los hilos de hierro, aúllan, como si se tratara de la actividad vociferante y devoradora del super-yo feroz y cruel. Pero aún, y
tal vez sea el rasgo más característico de la
presencia constituyente de la actividad sexual infantil de la escena: ésta presenta
juntas, una al lado de la otra, sincronizadamente, actividades sexuales diferentes e
incluso opuestas. Volvemos a encontrar en
la escena del niño de las ratas uno de los
rasgos que, en sus consideraciones finales
sobre el ser psíquico del “hombre de los lobos”, Freud consideraba como más característicos de la actividad inconsciente arcaica: “la aptitud de mantener en funcionamiento, unas al lado de otras, las investiduras libidinales más diversas y más contradictorias”.6
En la cura siempre hay una escena infantil: forma parte de una suerte de tópico
fundamental del psiquismo, es un lugar en
el que la acción psíquica se manifiesta y adquiere forma. La escena, otra palabra que
esconde dos sentidos opuestos: etimológicamente, en griego skénè, significa primero
tienda, morada, lugar protegido para albergar a las máscaras, a los actores, a los tramoyistas, pero también la fachada que mira
hacia las gradas; la escena progresivamente
se convirtió en el proscénium, fachada decorada, pintada, móvil, cuyo motivo princi-
pal solía ser un palacio7 (el lugar trágico de
la cópula y de la muerte). La palabra escena
que originariamente designaba lo que se
esconde, lo que se protege, evoluciona hacia su significación contraria, la fachada que
muestra y luego el espacio abierto en el que
se devela, en el que se despliega la acción
dramática.
La escena psíquica puede también ser
vista como la fachada que esconde un secreto y que muestra un decorado, como el
lugar escénico en el que se desarrollan las
“escenas psíquicas”. Puede ser pensada como el lugar que hace aparecer. Las escenas
infantiles son secuencias, divisiones internas
del acto o de la acción psíquica, a menudo
delimitadas-como en el teatro- por la salida
o la entrada de los personajes, y por los
cambios de decorado8.
“Digo que la escena es un lugar psíquico
y concreto que reclama que se le ocupe y
que se le haga hablar su lenguaje concreto”, escribe Antonin Artaud, para quien el
teatro es antes que nada puesta en escena,
“una manera de amueblar y de animar el
aire de la escena”9. Tal vez, en el alba de los
comienzos, un lugar despertó en el hombre
el impulso irresistible de irrumpir, de aparecer en él, de ocuparlo transformándolo en
escena, en Schauplatz, para presentarse ante los otros y representarse a sí mismo.
Se puede sostener la hipótesis de que es
el espacio de la escena psíquica el que llama
y convoca las acciones, las secuencias que se
muestran y se manifiestan en ella. Un espacio psíquico sin nada, vacío, inanimado, es
6 S. Freud, “ A partir de l’histoire d’ une névrose infantile”914), O.C., T.XIII, PUF. París, 1994.
7 Cf. Y M. Croiset, Manuel de la litérature grecque, París, 1900
8 Cf. P.Lacoste, “Scène, l’autre mot.”, Destins de l’ image, N.R.P., nº 44, otoño, 1991.
9 . Artaud, Le théatre et son double, Gallimard, París 1964, p.130-31.
33
Edmundo Gómez Mango Texturas freudianas
insoportable, impensable, algo análogo a la
muerte del alma; debe ser ocupado, habitado, él llama a la acción, a los actores, al espectáculo. Se puede fantasear metapsicológicamente el origen de la escena psíquica
como el advenimiento de un vacío, de un espacio que se dejó vacío cuando, en el momento inicial y mítico, la pulsión sexual naciente abandona el objeto de conservación y
busca la satisfacción alucinatoria. Se crea así
un espacio nuevo, desprovisto aún de representaciones; un espacio que atrae y recibe
los restos mnésicos reavivados por la urgencia del deseo en la búsqueda de su realización. La irrupción de la figura de la sexualidad infantil, que adquiere forma y vida en
una primera relación erótica, se hace en la
urgencia. La urgencia es el “tempo”, el ritmo de la escena; ésta proviene a la vez de la
avidez del nuevo lugar, de su poder de aspiración y de la prisa irreprimible de las representaciones nacientes. La emergencia de la
sexualidad infantil en cuanto escena originaria de sí misma, es a la vez el vacío, el espacio abierto por la pérdida del objeto de la
conservación y el surgimiento de la acción
psíquica, la fantasía erótica, la algarada, el
escándalo que la anima, la habita y la colma.
Podemos reconocer en la escena infantil
la doble función que, desde el comienzo de
su teorización y con una intuición fulgurante, Freud atribuía a la formación de la fantasía: por un lado, la escena nos acerca a un
acontecimiento psíquico rechazado, que se
ha vuelto inconsciente; por otra parte, es un
obstáculo, una barrera montada contra el
posible retorno de las representaciones patógenas reprimidas, inconciliables con el yo
conciente y que, en esa época, eran llamadas
“escenas primordiales u originarias”, urszene. Un fragmento visual se une a un frag-
mento auditivo, forman una fantasía o una
ilusión, y otros fragmentos entran en relación con otras formaciones. Este proceso, observa Freud, “hace que resulte imposible
descubrir la conexión original”. La formación
de la fantasía oculta su origen y a la vez produce “fabulaciones” o “poetizaciones” inconscientes que escapan a la defensa10.
Una memoria sin recuerdos
En la cura analítica, cuando el paciente recuerda escenas infantiles, el analista no las
escucha como puntos de partida, como
fuentes, sino más bien como puntos de llegada, como lugares de entrecruzamiento,
como nudos en los que se entrelazan movimientos de investidura y de deformación de
las representaciones. La escena infantil se
presenta como un punto de anclaje, de fijación en la deriva libidinal. La transferencia
intensifica el movimiento regresivo que anima a la libido desocupada, “déboutée”, como se dice de los extranjeros que demandan asilo y a quienes se niega el refugio político. Clandestina y desestimada, viajera incansable, la libido va y viene, se desplaza o
se fija, inviste las fantasías, los sueños diurnos, hace surgir los recuerdos, los reaviva y
los pone en escena provocando nuevas represiones.
Una escena infantil narrada durante un
análisis, reenvía a la “otra escena”, la escena original. La escena masifica y el trabajo
del analista consiste en recortarla, fragmentarla, retomar pedacito por pedacito, inquietar lo que está inmóvil, desligar lo que
se presenta en haz. La escena solicita la
agudeza de la escucha analítica que, por ser
“flotante”, dispersa y disocia. La escucha
10S. Freud, “Manuscrito M”, (25-5-1897) Cartas a Wilhem Fliess , Amorrortu, Buenos Aires, 1986).
34
Texturas freudianas Edmundo Gómez Mango
analiza la escena pero, atrapada por la
transferencia, se dispersa y se disocia ella
misma, se auto-analiza, se escucha y se ve,
se abreva en el auto-erotismo del analista,
allí donde se urde la palabra de la interpretación. Sólo entonces, en la descomposición, en la derrota del recuerdo, las huellas
mnésicas pueden ser adivinadas o construidas. La derrota de los recuerdos permite
aproximarse a lo que yo llamaría una memoria reminiscente sin recuerdos y no a una
“memoria amnésica”: una Mnemé rememorante originaria, una memoria infantil,
en la que la percepción y el “actuar” (el
Agieren freudiano) se vuelven memoria,
donde lo infantil se presenta por sí mismo,
sin recuerdos. Se trata de una actividad
mnésica -la más específica de la transferencia y que está también en el sueño- que, habiendo olvidado sus recuerdos, se rememora a sí misma; excita y despierta el poder
evocador e imaginativo originario de la lengua, la libertad de asociación de las palabras y de los pensamientos. Esa actividad rememorante permite, al sujeto de la palabra
en el tratamiento analítico -analista y analizado-, el intento de construir en el presente su propia fuente, a pesar de las resistencias y lo demoníaco de la compulsión a la
repetición11.
la sesión, en la repetición normalmente encarnada de los afectos, en el Agieren, el actuar de lo infantil durante la transferencia y
en los rebrotes inconscientes que surgen en
los fragmentos de los sueños, en las ideas incidentes: pequeños resplandores en lo actual que alcanzan e intensifican el reflejo
del pasado. A partir de esos pocos elementos representables, entre la miríada de acontecimientos psíquicos inconscientes y concientes que constituyen la sesión, la palabra
analítica -del analista o del analizado- adivina y construye. Habla. Exhuma, de la abundancia de fantasías innombrables sobre la
infancia, la “pequeña realidad”, la “nada
real”, un fragmento de verdad histórica.
Es quizás la constante más conmovedora
de la experiencia de la transferencia: todo lo
infantil está allí, pero lo que podemos aprehender a través de nuestras representaciones concientes es raro, fugitivo y, por eso,
precioso12. La actividad incesante de la sexualidad infantil se presenta en la escena de
En el tratamiento la palabra analítica
también está provista de una capacidad de
visualización, suele ser animada por el deseo
de lo perceptible, busca las sensaciones perdidas, quiere nombrar -y ver- las impresiones olvidadas. La escucha del analista se deja guiar por la visibilidad de la palabra del
Las escenas de terror de la infancia suelen ser marcadas por la agudeza de lo visual. En su análisis sobre El hombre de arena de Hoffman, Freud observaba que “a
medida que se desarrolla el relato (...) percibimos que el autor quiere que nos miremos a nosotros mismos a través de los anteojos o el larga-vista del óptico demoníaco
por el que seguramente él también observó”13. La escritura misma se vuelve el instrumento de óptica demoníaca, como un “ojo
en erección” (expresión de Picasso): el larga-vista aproxima las escenas del pasado
hasta volverlas cercanas y presentes.
11Freud notó: “Lo que los niños de dos años han vivido sin comprender no lo pueden recordar más que en sueños. Sólo un tratamiento psicoanalítico se los puede revelar...”, in L’homme Moïse (1939) Gallimard, Nuevas traducciones, p.229 cf. también P.Fédida y lo
que él llama “la memoria de lo infantil”, in Par oú commence le corps humain?.
12Evoco aquí una de las perspectivas abiertas por L.Kahn a propósito de la “presentabilidad” y de la representación, en su reporte
sobre la figurabilidad, “L’action de la forme”, La figurabulité, boletín de la SPP., nº59, PUF, 2001.
13S. Freud, L’inquiétante étrangeté (1919), edición bilingüe, Gallimard, 2001, p.67.
35
Edmundo Gómez Mango Texturas freudianas
paciente. Pero el esfuerzo de las palabras
por ir hacia lo sensible, va acompañada de
otra función, en cierta medida antagonista,
que yo llamaría la función de interiorización
de la palabra y que consiste en transformar
lo sensible de la imagen en pensamientos,
en traducir las imágenes al lenguaje. Allí estamos situados en los confines de lo que
Walter Benjamín llamaba Denkbilder14, imágenes del pensamiento, imágenes que suscita el pensamiento, pensamientos que buscan la imagen para representarse. La palabra interioriza, desplaza al interior del sujeto lo que aún quedaba fuera, en lo perceptible. La interiorización por la palabra, experiencia fundamental que requiere la transferencia, está en el origen del trabajo de elaboración (Durcharbeitung).
La escena infantil pone en evidencia un
rasgo que marca la experiencia del niño: la
docilidad, que corresponde a un rasgo mayor de la sexualidad infantil, la plasticidad.
La escena infantil evocada por la palabra
habla la lengua de la sensibilidad, de la impresión, de lo inmediato; es el vestigio del
verdadero nacimiento del ojo erógeno, la
intensa solicitud de los ojos por la efervescencia de los signos, de las sensaciones, del
vértigo sensorial en el que el niño se pierde
sin saber lo que busca, fascinado por aquello de lo que no puede desprenderse.
El relato de una escena infantil pone
además en evidencia la apertura, la extensa
y extrema receptividad de la lengua respecto de la sensación. Las palabras vienen a la
lengua para recibir la impresión de las cosas. La lengua, las palabras y las impresiones
que surgen del otro y del mundo, pero también las que provienen de la carne sensible,
estremecida del niño que las vive, se mezclan en esta emergencia de la experiencia
psíquica, marcada a la vez por el placer de
la excitación sexual, por el dolor de la violencia y por la amenaza presentida, inherente al exceso, al extravío y a la desorientación que lo arrebatan.
La docilidad infantil respecto a lo sensible y al lenguaje, paradójicamente, es animada por la más ineducable, la más indómita de las pulsiones, la pulsión sexual. Es una
de las divisiones internas, de las contradicciones, del polemos sexual infantil, jamás en
reposo, siempre en busca de la excitación. La
pulsión sexual que es capaz de desplazamientos vertiginosos, de retirarse de los objetos tan pronto como los había investido, es
también el origen de las fijaciones más encarnizadas, y de las más dolorosas paralizaciones. Como si el flujo erótico, de curso tumultuoso y rápido, se convirtiera de pronto
en una pez espesa, pegajosa, que ya no se
mueve, que se aferra al objeto, que se adhiere a sí misma y ya no sabe fluir.
El “hombre-niño” y la crueldad
La criada que, de un modo dominado y calculado, vierte sobre las ratas el agua hirviendo por el pico-pene de la caldera, primero un chorro corto, luego el chorro largo, insistente y perseguidor de la orina asesina, que acompaña su gesto exterminador
con gritos e imprecaciones sarcásticas, está
animada por el odio erótico, es cruel: no sólo daña a seres vivos, sino que experimenta
un verdadero placer al hacerlo, le gusta
provocar el sufrimiento. Es exactamente
eso, la pulsión de crueldad evocada por
Freud en varias oportunidades en Tres ensayos sobre la teoría sexual.
14W. Benjamín, Sonetos, ed. Bilingüe, Península, Barcelona, 1996, p.180.
36
La crueldad, la palabra y la noción, tie-
Texturas freudianas Edmundo Gómez Mango
nen una profunda intimidad con la carne.
Crueldad, cruel, provienen del latín cruor,
crudus, crudelis; en español cruento supone
que se vierte sangre. La criada de la escena
goza haciendo sufrir y dando muerte, destruyendo la carne de las ratas. La acción
cruel pone en juego la destructividad que
encuentra placer en exterminar, en convertir seres vivos en seres inanimados. La crueldad extrema -dar muerte gozando con el
dolor del otro- es una figura primordial del
mal. En esta especie de crueldad originaria
aparece un elemento de lo primitivo que es
a la vez irresistiblemente fascinante y absolutamente insoportable, aniquilante.
La convulsión mortal y agónica de la pareja de ratas, los cuerpos que se retuercen,
que se esconden, se disuelven juntos y se
abisman en el horror, desde la perspectiva
infantil, remiten a la convulsión erótica, a la
exasperación de los cuerpos de los amantes
que se mezclan y se confunden en la violencia de la escena primitiva.
La escena cruel se abre así a un abismo en
el que el goce y el horror se fusionan; Freud
veía en el rostro de un paciente -el célebre
Hombre de las ratas- “el horror de un goce
ignorado por él mismo”. “Del erotismo es
posible decir -escribe George Bataille- que es
la aprobación de la vida hasta en la muerte”.
Y se sabe que, por un viraje que sólo es posible calificar de abismal, extremo, la experiencia del alma mística es la que revela en el
lenguaje, el más íntimo secreto de la carne
erótica; basta con recordar a la santa, Teresa:
“Si no muchas veces, a deshora viene un deseo que no sé cómo se mueve, y de este deseo, que penetra toda el alma en un punto,
se comienza tanto a fatigar, que sube muy
por sobre sí y de todo lo criado... Ello es un
recio martirio sabroso…Mas llegada (el alma), a estar en ello, lo que hubiese de vivir
querría en ese padecer”.15
La criada se retiró, después de haber matado las ratas, sin siquiera mirar al niño. El niño queda solo, con el dolor y el mal en los
ojos. El niño aún no sabía, aún no había recibido “el golpe del saber” -la expresión es de
Espínola- que le revelara que las plegarias
son para los humanos, que todo el resto, las
plantas, los animales, toda la tierra, quedan
fuera, en la espantosa intemperie de nada,
de la nada. El niño emerge de su “aniquilamiento” -dice el texto- se arrodilla y ruega a
Dios. El niño vivió la acción cruel como la
puesta en acto del “mal radical”, es decir, del
deseo y de la voluntad gozosa del aniquilamiento de la vida. Las secuencias del relato, el
aniquilamiento del sujeto viendo la muerte
del animal -una figura sacrificial- seguida de
un renacimiento interior en la experiencia,
no ya de la pena, sino de la piedad, adquieren una significación antropogenética profunda. Pienso en el pasaje en el que Freud
considera ciertas reacciones primitivas del niño como “precipitados de la historia de la
cultura de la humanidad, alcanzando una
mayor profundidad que todo lo que ha sido
conservado y dejado huellas en el mito y en
el folclore”.16 Paquito se convierte en la figura misma del Menschenkind, el niño-hombre.
El niño asumió la escena como un rito sacrificial, vivió la angustia hasta la muerte y parece querer superarla a través del llamado de lo
sagrado, gira hacia el grosse Mann17, el “gran
hombre”, el Padre, ruega a Dios. Alcanzado
por la dispersión melancólica del alma infan-
15Santa Teresa de Avila, Livbo de vida, Obras completss, Libro de vida, Obras completas, BAC., Madrid, 1986, p.110, 111.
16S. Freud, Histoire d’une névrose infatile, op.cit., p.88.
17“Nosotros debiéramos habernos dejado guiar por la palabra misma; quién más que el padre, en la infancia, puede haber sido “el gran
hombre”. S.Freud, L’homme Moïse et la religión monothéiste, op. cit. p.208.
37
Edmundo Gómez Mango Texturas freudianas
til, confundido con el animal sacrificial y convertido él mismo en niño muerto en el espanto, ruega para resurgir y resucitar, niño viviente, en el sentimiento de piedad que le
inspira la vida.
Las ratas: su simbólica es conocida, retomada en muchos cuentos y leyendas de las
más diversas culturas. Son los agentes de la
peste, de la infección, de la contaminación;
son los operadores de los suplicios; la rata
es el equivalente de los objetos separables,
el niño, el excremento, el pene; pero aún y
sobretodo, es el símbolo de la actividad desgarrante misma, de la fuerza roedora, mordaz, que devora, que corta y desprende; las
ratas están así en la vertiente de la castración y la pulsión de muerte. Mefisto es el
“líder de las ratas y de los ratones”18. Al mismo tiempo las ratas se multiplican, copulan
sin cesar y engendran poblaciones subterráneas, emigran al seno de la madre tierra,
adoran los cementerios, las alcantarillas, la
carroña, la inmundicia. Michel de M’Uzan
evocó con exactitud “el ser de rata”19 podría atribuírseles el valor de una representación de lo sexual, de lo pulsional, en sus
dos vertientes, de vida y de muerte.
“Era yo el que proponía las ratas al Señor Marcel”, exclamaba el chofer con un tono orgulloso. Las ratas estaban atravesadas
de agujas, heridas con varas, cazadas por jóvenes. “En una charla memorable, relata
André Gide, Proust me explicó su preocupación por agrupar las sensaciones y las emociones más heteróclitas para favorecer el orgasmo,”20 y el narrador de la inflexible
“búsqueda” revela la identidad de los objetos del cruel y sádico ataque: evoca “pesadillas que, estúpidamente, según los médicos
agotan más que el insomnio, cuando en
realidad, permiten por el contrario al pensador evadirse de la atención; las pesadillas,
con sus álbumes fantásticos, en las que
nuestros parientes muertos acaban de sufrir
un grave accidente que no excluye una
pronta curación. Esperando esta cura, los
tenemos en una jaulita para ratas, en la que
son más pequeños que los ratones blancos
y, cubiertos de grandes brotes rozados,
plantados cada uno con una pluma, nos dirigen discursos ciceronianos.”21
****
¿Por qué el teatro es un espacio privilegiado de la crueldad? Porque en él no sólo
hay texto o imagen (como en la literatura o
el cine), en el teatro hay cuerpo, gestos, palabras en las voces; el teatro es juego de
presencia y carne. Escuchemos a Antonin
Artaud “Todo lo que actúa es una crueldad.
Es sobre esta idea de acción llevada al extremo, que el teatro debe renovarse.” “Queremos hacer del teatro una realidad en la que
se pueda creer y que contenga para el corazón y los sentidos esta especie de mordedura concreta que implica toda sensación verdadera.”22
Confrontado a la crueldad exterior y a la
que siente avanzar en su interior, en la intimidad de su carne, el niño sólo puede sentirse sobrepasado, perdido, nuevamente
hundido en la Abirrung, la desorientación
fundamental de lo infantil.
18Es Freud el que cita a Goethe y evoca la escena del “Gabinete de trabajo” cuando Mefisto necesita “el diente de un ratón” para destruir el karma del lugar. S. Freud, “Remarques sur un cas de névrose de contrainte” (1909), O.C., T. IX, p.186.
19M. de M’Uzan, “L’extermination des rats”, La bouche de l’inconscient, Gallimard, 1994.
20Cf. G.D. Painter, Marcel Proust, A Biography, 1965, T.II, p.405.
21M. Proust, Le côté de Guermantes, A la recherche du temps perdu, Pléiade, 1945, T.II, p.87.
22A. Artaud, Le théatre et son double, op. cit, p. 131.
38
Texturas freudianas Edmundo Gómez Mango
El goce y el espanto
“Debemos todo al otro”, dice Levinas. Pero
todo lo que viene del otro llega a la carne
infantil. El significante, el mensaje enigmático, la caricia, el gesto brutal que hace daño,
la ternura, el abrazo de los cuerpos o el rechazo y la distancia, los besos (Leonardo,
“este niño criado a besos”, dice Freud) las
palabras violentas o dulces, y ese reiterado
contacto íntimo, necesariamente invasor, de
los cuidados maternales; todo eso es el afuera que proviene del otro, la exterioridad radical que desencadena lo pulsional psíquico
sólo cuando ese flujo incesante de signos se
encarna, se incorpora en el estremecimiento
carnal del niño. ¿Cómo designar este amanecer, el fruh (en español se diría temprano,
lo que se despierta temprano) lo precoz, lo
inicial en las formaciones psíquicas, donde
se mezclan lo perceptible, lo corporal, lo
emocional, las palabras? Es en este entrelazamiento donde se constituyen y se configuran el trauma y el extravío sexual del niño.
La palabra freudiana Erlebnis -experiencia
vivida o vivencia, constante en la escritura
de Freud cuando quiere designar algo como
elemento primero, como un átomo, del psiquismo- es la que me parece que se acerca
más a la realidad psíquica de los comienzos.
La Erlebnis freudiana es experiencia del otro
y experiencia de sí, en el germen de la psiché incipiente en la carne de la infancia. Es
el acto carnal (Erlebnis) por el cual nace el
psiquismo. En la experiencia sexual vivida, el
mensaje exterior es aprehendido por el sujeto, no en una especie de pasividad desnuda
-como una implantación en el desierto-, sino
por un acto de la carne, por una encarnación, en un estremecimiento sensual del
cuerpo vivo del niño.
La escena del niño de las ratas, la crueldad despertada por el “ser de rata”, símbolo de la actividad pulsional, la mordedura
de “cualquier sensación verdadera”, son las
etapas que me fueron necesarias para repensar el lugar del mal, del odio, de la pulsión de muerte, en la problemática del auto-erotismo infantil y su relación con la
creatividad. Quisiera reunir así el interesante debate que se instauró en torno a las
proposiciones de Daniel Widlöcher en cuanto a la sexualidad infantil23.
Me gustaría volver a la primera página
de los Tres ensayos, y al comentario de
Freud a propósito de la palabra Lust. El germen entero del debate sobre la sexualidad
infantil me parece que está allí, en el secreto de una palabra. La evoco: “al lenguaje
popular le falta una designación equivalente a la palabra “hambre”; para ello la ciencia emplea el término libido”. Y más claramente, en el capítulo titulado “El problema
de la excitación sexual”: “Es extraordinariamente instructivo constatar que la lengua
alemana da cuenta, en su uso de la palabra
Lust, del rol evocado en el contexto de las
excitaciones sexuales preparatorias, que al
mismo tiempo proveen una parte de la satisfacción y por otro contribuyen a la tensión sexual. Lust tiene un doble sentido y
designa tanto la sensación de la tensión sexual (“Ich habe Lust”: deseo, siento la urgencia”), como la sensación de satisfacción”.24
El interés constante, apasionado de Freud
por la lengua, es una vez más fructífero: el
equívoco, la ambivalencia de la palabra, recobra la de la cosa; el Lust, placer sexual, designa a la vez el avance de la tensión-excita-
23D, Widlöcher y J. Laplanche, P. Fonagy, E. Colombo, D. Scarfone, P. Fédida, J. André, C. Squires. Sexualité infantile et attachement,
P.U.F., 2000.
24S. Freud, Trois essais sur de la théorie sexuelle, op.cit., p. 151.
39
Edmundo Gómez Mango Texturas freudianas
ción y su caída, un placer-tensión y un placer
descarga de la satisfacción pulsional.25
En el placer excitación-tensión, el deseo
convoca el aumento de la intensidad, se sostiene de la violencia que la pulsión se hace a
sí misma. Ese placer-excitación implica la sensación de la tensión, que puede volverse dolorosa. El placer y el dolor van juntos. Es aún
una manifestación de la ambivalencia original de la experiencia psíquica humana. Ya se
podría ver allí el polemos, la “tendencia al
conflicto” original26 de la vida psíquica.
Si la creatividad psíquica está vinculada a
la experiencia del placer, a la voluptuosidad
sexual, Lust, es porque ella elabora la tensión propia del deseo sexual: la fantasía sería el origen del conflicto intrínseco del
Lust, que de un mismo paso, con un mismo
alcance, conduce al placer y al espanto. La
manera del placer (Lust) y de la angustia
(Angst) es inherente a los procesos sexuales27. E incluso en las representaciones más
refinadas y exquisitas de la sensualidad y
del goce alegre de la vida, como el rostro y
la sonrisa hechizante de Mona Lisa, Freud
descubre “la más perfecta de las oposiciones que rigen la vida amorosa de la mujer”,
“reserva y seducción, ternura llena de abandono” pero también “sensualidad de una
exigencia sin miramientos, devorando al
hombre como algo extraño”28.
La actividad lúdica y creativa del psiquismo sordo de la tensión, de la violencia originaria del deseo. La actividad auto-erótica
en la que se genera la formación de la fan-
tasía, donde se origina el síntoma de la neurosis o la creación de la obra, está marcada
tanto por el dolor como por el placer psíquico que la acompaña. Una hipótesis es
que el espanto al que el desorden de la pulsión sexual expone el alma infantil, es la
fuente más potente de la actividad de la
fantasía auto-erótica y del deseo de la creación de la obra. Para formularlo en términos metapsicológicos: la Todestrieb, la pulsión, el impulso, lo que lanza más allá del
placer, hacia el agotamiento y la muerte,
habita el auto-erotismo infantil; la tendencia a desligar sin límites exige su retoma por
la forma psíquica, primera manifestación de
ligazón de la energía psíquica, efectuada
por la fantasía sexual.
Tal vez la excitación que da vida a una
forma artística proviene de su esencia más
peculiar: la forma mantiene reunido, incluso en el esbozo del dibujo, lo que tiende a
borrarla, a interrumpirla, a dispersarla en el
reino de lo informe; la forma artística es un
desafío al peligro del desierto que invade, a
la desaparición radical en lo sin forma. Escuchemos a Alberto Giacometti: “La forma se
deshace, no es más que como granos moviéndose en el vacío negro y profundo, la
distancia entre un ala de la nariz y la otra es
como el Sahara, sin límites, nada que fijar,
todo se escapa”29. Nada que fijar, todo se
escapa, eso es la pulsión de muerte, la derrota de Eros y de la forma artística.
Siempre tuve dificultades para seguir la
teoría freudiana del Vorlust,30 placer preli-
25Laplanche rehizo una lectura de ese término en “Sexualité et attachement dans la psychologie”, in Sexualité infantile et attachement,
op.cit.
26S. Freud, Conférences d’introduction á la psychanalyse,, (1916-17), Gallimard, 1999.
27S. Freud, Un souvenir d’infance de Léonard de Vinci, op.cit., p.99
28S. Freud, ibid. p.191.
29A. Giacometti, Ecrits, Hermann, 1990.
30S. Freud, “Le créateur littéraire et l’activité imaginative”, (1908), L’inquiétante étrangeté, ed. Bilingüe, Gallimard, 2001.
40
Texturas freudianas Edmundo Gómez Mango
minar, aplicada a la cuestión de la receptividad de la obra de arte. El artista nos “engatusa”, dice Freud, nos seduce, nos interesa
por una “prima de incitación” (Verlochungsprämie), término generalmente traducido como prima de seducción, con la intención de prepararnos a un mayor goce
del alma.
Se “veía”, en la reciente exposición Picasso erótico, una suerte de Urlust, de voluptuosidad erótica originaria capaz de alcanzar lo que yo llamaría una poïetica erótica
del órgano: ella es la que ve y pinta un ojo
que devora, una boca que ve, una vulva que
muerde, ojos mandíbulas y ojos dentados,
una lengua-verga que sale de la boca de un
caballo destripado, es ella la que pinta y ve
cada órgano como una escena infantil, que
hace de cada órgano una escena-órgano. Es
ella la que recompone y metaforiza una
anatomía de fantasía del cuerpo y que parece reposar en sí misma cuando dibuja un Minotauro melancólico, inmenso y dulce, que
lame la mano de una joven durmiente.
El receptor del mensaje artístico puede
gozar “sin remordimiento y sin vergüenza”
de las fantasías de la obra y de las propias.
Pero esto es una consecuencia del gozo primero, auto-erótico del creador. Es en ella
que lo espantoso de lo sexual infantil se
vuelve bello. Es ella la que permite que lo
más bajo se reúna con lo más alto. En ella se
engendra la “hohe Stimmung”, la “alta tonalidad”, espiritual y sensible, cara a Nietzsche, ese estremecimiento de la carne que se
apodera de nosotros cuando experimentamos la presencia de la obra.
Francisco Espínola había olvidado completamente la escena de las ratas. Había pu-
blicado su única novela Sombras sobre la
tierra en 1933 y diez años más tarde, una
noche, cuando estaba solo, insomne, fumando un cigarrillo, “de repente -escribeme di cuenta de que el germen de toda mi
novela estaba, por completo, en el recuerdo
infantil que escribí después: “Las ratas”. Es
un ejemplo de lo que Proust llamara la “deflagración de los recuerdos”.
Lo más importante de la acción de Sombras sobre la tierra ocurre en un burdel de
bajo fondo de su ciudad natal. La descripción realista de la miseria de las prostitutas,
de los borrachos, de los excluidos de la ciudad, está animada por un soplo dotoïesvkiano que marca el contraste entre lo angelical y lo demoníaco de los personajes31. El
héroe, un joven intelectual devorado por la
obsesión del mal, refleja sin duda aspectos
del autor mismo.
Francisco Espínola se convirtió en un gran
escritor reconocido y querido por sus conciudadanos. En 1962, durante un homenaje en
la capital, pronunció un discurso de agradecimiento. Evocó la escritura de su única novela. Contó la anécdota siguiente: solía frecuentar un viejo café de la ciudad, en el que
le gustaba escuchar a los cantantes, a los guitarristas, y donde, a veces -dice- experimentaba “la tierna presencia de la nación”.
Cuando tenía necesidad de escribir, iba detrás del mostrador del café y entraba a un
pequeño comedor. Sobre el suelo de piedra
había una mesa minúscula. En esa habitación
depositaban las salchichas y los gruesos panes de campo. Apenas se sentaba aparecía
un ratoncito que sólo parecía temer la llegada del patrón o de algunos de los mozos. Daba algunos pasitos, se acercaba al escritor, lo
miraba escribir. “No podía denunciar esta
31Cf. A. Zum Felde, prólogo a F. Espínola, Sombras sobre la tierra, Montevideo, 1966.
41
Edmundo Gómez Mango Texturas freudianas
compañía -confiesa Francisco Espínola- que
se sentía tan bien conmigo, incluso cuando
me movía o cuando me levantaba, y que se
hundía en su pequeña cueva como un resorte, cuando una de las puertas de la pieza se
abría.” Y agrega: “Cuando preparaba la conferencia, ese pequeño compañero reapareció en mi alma... lo vi confiado, corriendo en
mi intimidad como sobre las piedras grises
del viejo comedor, igual que cuando estábamos solos, y sentí que si en otro tiempo, en
San José, había hecho bien en no denunciarlo, ahora me habría equivocado si no lo presentara ante ustedes...”.
La armada aterradora de ratas puede
transformarse, a través del humor o de la
piedad que alimentan la vida del alma del
escritor, en un ratoncito amable. Tal vez sea
el mismo que aparece furtivo en los dibujos
de Plantu32 mirando la crueldad del mundo.
32Célebre dibujante francés del periódico.
42
Resumen
A través la evocación de un recuerdo infantil de Francisco Espínola, se intenta en este
trabajo ahondar sobre la noción de “escena
psíquica”. El recuerdo no de, sino sobre la
infancia, es una construcción que se elabora a partir de un vestigio de la realidad vivencial. Más que de la infancia, se trata de
lo infantil: tiempo presente en la transferencia como en el trabajo del sueño, donde
se encarna la vivencia de la sexualidad. Lo
infantil entendido como el agiren -actuarfreudiano, es la memoria vivida, aunque no
recordada, en la transferencia. La figura de
“las ratas” ha permitido explorar la vivencia
infantil de la crueldad, asociada al goce y al
horror. La pulsión de muerte habita el autoerotismo infantil y el proceso creativo del
artista.
Texturas inglesas
La sexualidad, el deseo y el vacío mental.
Perspectiva actual
del paradigma freudiano
Jaime Lutenberg*
A partir de los primeros escritos referidos al
origen traumático de las enfermedades
mentales (Breuer y Freud, 1893; Freud 189496) Freud da lugar a una nueva visión que
cambió para siempre el curso clínico de dichas afecciones. Desde el principio las presentó como enfermedades a las cuales se les
puede aplicar la visión epistemológica válida
para la medicina de su época. Según su nueva perspectiva, el trauma de origen psíquico
se constituyó en el equivalente etiológico a
la invasión corporal de un agente traumático de origen físico, químico o biológico.
Al postular más tarde que las afecciones
psíquicas están condicionadas por las vicisitudes de la evolución sexual de cada persona; definió con nitidez y precisión las cualidades que diferencian la sexualidad humana de la propia de todas las demás especies.
De sus reflexiones emergió el concepto
de pulsión (trieb) y de deseo, base sobre la
cual se asienta luego toda su teoría. A raíz de
sus originales investigaciones concebidas
mediante la práctica del método hipnótico
primero y del psicoanálisis después, llegó a la
trascendental conclusión de que las afecciones neuróticas y psicóticas que el ser humano padece (Freud 1894), se deben a desórdenes acaecidos en el curso evolutivo de la metamorfosis de su sexualidad infantil; más específicamente, del deseo sexual infantil inconsciente vigente en el adulto (Freud 1905).
A lo largo de su obra, le dio a la sexualidad humana un sello evolutivo que hizo posible la diferenciación entre la sexualidad
pre genital y la genitalidad (Freud 1923). De
sus conclusiones resulta natural distinguir la
sexualidad infantil (polimorfa) de la sexualidad adulta. A pesar de las múltiples evidencias existentes en el curso de la evolución de todas las culturas, nadie antes de
Freud puso énfasis científico en la conceptualización, categorización y evaluación
epistemológica de la sexualidad infantil.
* Psicoanalista (APA)
45
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
Es muy vasto el recorrido transitado por
el psicoanálisis en lo que atañe a la teoría, a
la técnica, a la clínica y a la psicopatología
durante estos cien años que nos separan de
la primera gran síntesis que el padre del psicoanálisis efectuó en 1905 al publicar una
de sus obras más trascendentes: Tres Ensayos de Teoría Sexual.
Hoy estamos transitando por nuevos caminos de la crisis del psicoanálisis, diferente
a los recorridos por Freud en su momento;
se trata de una crisis propia de todo conocimiento humano. Pero en cada región del
mundo, hoy la crisis del psicoanálisis adquiere una configuración que es consonante con las transformaciones socioculturales
propias del lugar. Ello también dio lugar a
la gestación de diversas escuelas.
Si intentamos una rememoración de las
grandes incógnitas empíricas de la clínica
psicoanalítica que sorprendieron a Freud,
podemos seleccionar una que sobresale del
resto: se trata de la interrupción del decurso asociativo de un paciente en la
sesión. Dicho corte en el flujo asociativo ha
sido siempre un indicador de la “resistencia” del paciente a analizarse.
Silencio asociativo, resistencia y represión se constituyeron en una tríada que fue
explorada por Freud en el curso de toda su
obra. Sus investigaciones se extendieron
desde el área de la clínica (silencio asociativo) al área de la técnica psicoanalítica (resistencia, repetición, transferencia) y de la
teoría (pulsión, deseo, representación psíquica, represión).
Freud limitó la técnica psicoanalítica a los
pacientes neuróticos. Muchos investigadores post freudianos abrieron el abanico de
posibilidades terapéuticas del psicoanálisis y
46
extendieron su instrumentación técnica para ayudar a pacientes mucho más graves como los psicóticos, drogadictos, perversos y
borderline. También la práctica sistemática
del psicoanálisis infantil aportó datos sustanciales que iluminaron sectores más oscuros de la teoría psicoanalítica freudiana.
El gran salto conceptual en lo que atañe
a la comprensión de los problemas más graves de la teoría psicoanalítica lo dio el propio Freud con la introducción de la noción
de la “pulsión de muerte” (Freud 1920). Su
resonancia en el ámbito de la clínica psicoanalítica redefinió el sentido y la lógica de la
repetición; ello trajo una nueva visión del
concepto de resistencia, transferencia negativa y reacción terapéutica negativa. Como
es bien sabido, la lógica de la interpretación
de los sueños también varió.
Muchos de los pacientes que nos consultan hoy en día, cuando se quedan en silencio en la sesión analítica, nos están mostrando simultáneamente dos fenómenos
distintos: algunos silencios son derivados directos de la acción efectiva de la represión;
otros, obedecen al vacío mental estructural
que portan. Su silencio es la viva escenificación transferencial de su vacío
mental, no la expresión clínica de un
deseo sexual inconsciente reprimido.
La diferenciación clínica de una y de
otra modalidad del silencio es trascendental, ya que llevan a conductas técnicas muy
distintas. Cuando la palabra ausente es una
consecuencia directa de la represión, la
conducta es la que se deriva del análisis de
las resistencias. Cuando el silencio es la expresión del vacío mental, la técnica está
centrada en la edición transferencial (Lutenberg 1993).
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
En estos últimos años se han incrementado enormemente las consultas por patología borderline, combinadas con drogadicción, complejas y polimorfas “neosexualidades” (Mcdougall 1991-2001) y anorexias
graves. En estos pacientes el problema del
vacío mental es nuclear. Estos pacientes expresan, con dramática elocuencia, que su
perturbación nuclear no radica sólo en el
curso intra psíquico de sus contenidos mentales (deseos), sino en una grave alteración
de su mente como “continente” de dichos
“contenidos”. Para decirlo con más propiedad, estos pacientes nos colocan ante las
dramáticas alteraciones de la relación continente ¤ contenido (Bion 1967-70).
Postulo que en estos pacientes, las variadas figuras neo sexuales que evidencian en
la transferencia y relatan como experiencia
fáctica (cualquiera sea su forma), es un parche defensivo extendido sobre su vacío mental estructural. Está destinado a desconocerlo, disimularlo u ocultarlo, según la conciencia que el paciente tenga del problema. Dicha conciencia depende del grado de evolución vigente en otro sector de su yo escindido, es decir el relacionado con su “narcisismo
trófico”, que es el encargado del sostén de la
“salud mental” de la personalidad total.
Las relaciones dinámicas entre el vacío
mental y la sexualidad sólo son comprensibles si aceptamos la posibilidad de que la
personalidad del analizando porte distintas
escisiones yoicas dentro de sí, sin que entre
las mismas exista el menor contacto. Gracias a esta defensa, el yo no registra la menor contradicción., pero tampoco elabora
síntesis alguna.
Estoy convencido de que algunas de
las complejas perturbaciones en la vida
sexual de los adolescentes y los adultos que hoy nos consultan, constituyen
verdaderos intentos de curación del vacío mental que los mismos portan sin
saberlo. Es muy distinto pensar que las
mismas son la expresión transformada
de sus fijaciones sexuales pre genitales
(Freud 1905), que suponer que dichas
neosexualidades son un intento de
evolución vinculada a la puesta en movimiento (evolutivo) de los sectores escindidos de su personalidad.
Dichas escisiones estructurales del
yo están generadas por los abortos psíquicos padecidos en su historia evolutiva personal (Lutenberg, 2005). Cuando
en la clínica nos encontramos con sus
evidencias directas o indirectas, jamás
debemos pensar en hacer conciente lo
inconsciente, sino proceder a la edición
en la transferencia. Este es el núcleo de la
hipótesis que sustento en este escrito.
Exposición clínica del problema.
A continuación voy a presentar una apretada síntesis de dos experiencias clínicas: una
pertenece a un adolescente que llamaremos
Carlos y la otra a un adulto que llamaremos
Peter. Con ello no pretendo sustentar clínicamente mi postura teórica sino tan sólo remarcar y evocar un espectro de variables
propias de la clínica actual para que cada
analista efectúe sus propias deducciones.
1) Carlos es un muchacho de 20 años, estudiante de Medicina. Consulta luego de
un grave accidente automovilístico del
cual fue protagonista “responsable”. La
tendencia a los accidentes es común en
las personalidades con problemas de va-
47
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
cío mental. Durante la entrevista, Carlos
también me cuenta sus dificultades para
rendir los exámenes.
en una especie de “autómata” sin sentido,
todo lo que hacía quedaba desdibujado y
escindido de su registro mnémico.
Respecto a su vida sexual me relató que
tenía una novia con la cual mantenía relaciones sexuales satisfactorias, pero mantenía una vida sexual paralela con otras chicas que conocía circunstancialmente y veía
solamente una vez. Estos últimos vínculos
se caracterizaban por su violencia y fugacidad. A Carlos sólo le importaba “descargarse de algo” y no sentir emociones. También, mediante su desvalorización del objeto sexual, negaba su dependencia fusional simbiótica con su madre y con su analista en la transferencia.
En estas circunstancias es cuando se dirigía al encuentro de un partenaire sexual,
que debía ser desconocido. No sentía angustia, sino aburrimiento. Mediante sus salidas nocturnas también intentaba disimular y/ o renegar de su insomnio intolerable.
Buscaba un partenaire sexual para que
le ayude a hacer desaparecer, orgasmo mediante, una sensación desagradable que
sentía y que yo inferí que se trataba de un
sentimiento de vacío.
En los adolescentes, el sentimiento de
vacío es bastante frecuente y fluctuante, su
significación psicopatológica es variable,
como todo lo que atañe a este momento
tan particular de la vida. No siempre la aparición de un sentimiento de vacío es sinónimo de una perturbación más compleja; pero sí en Carlos. Más adelante, en un apartado teórico especial, aclaro la diferencia entre el “vacío mental estructural” y el “vacío
mental emocional”.
De repente él se sentía muy “desganado” y nada tenía para él sentido en la vida.
Pude discriminar que no se trataba de un
sentimiento de tristeza o depresión, sino de
oquedad emocional. Cuando se sentía “tapado” por esas vivencias, comenzaba a
deambular durante las primeras horas de la
madrugada con su auto. Se transformaba
48
Respecto a su insomnio, yo inferí que le
resultaba imposible sumergirse en la regresión del dormir por miedo a desestructurarse (terror latente). En su vida onírica eran
muy comunes los sueños aterrorizantes en
los cuales se caía por distintas circunstancias. Por ello, en lugar de dormir tenía que
estar despierto, “de guardia”. Voy a transcribir un fragmento de una sesión.
Llega 20 minutos tarde. Se sienta, no se
recuesta en el diván. Para él fue muy aliviante tener la posibilidad alternativa de
usar el diván para sentarse o recostarse. Inicia así su verbalización:
“Ya sé, llegué tarde (me mira y se ríe).
Anoche me desperté a la mañana (textual)
y sentí que el piso y la cama se movía (me
mira en forma interrogativa para comprobar si yo creo en lo que me dice); usted no
lo va a creer pero eso me despertó...”.
A renglón seguido sigue hablando de
distintas cosas, de su novia, de sus estudios,
toma un tema y lo abandona rápidamente.
Le digo que entendía que era muy desagradable para él sentir los mareos que me
contaba. Yo infería que esas vivencias físicas
podían estar expresando una sensación íntima, una emoción invisible de fragilidad, de
vulnerabilidad de “movidas de piso”.
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
A ello me responde: “Sabe que anoche
tuve un sueño. Después de eso que le conté, me dormí y soñé que mi habitación temblaba pero que también se inundaba, entonces todos nos teníamos que tirar por la
ventana.... no sé por qué”.
Carlos presentaba vértigos entre sus síntomas. Yo tomé su vértigo como un sustituto de la angustia señal, que le advertía de
un peligro vinculado a la sensación voluptuosa que le generaba estar en lugares altos
y que se le presente la “tentación” de arrojarse al vacío. Se trata de una compleja convergencia simbólica que culmina con un
“deseo” de arrojarse al vacío para matar al
muerto que lleva en su interior. Sus agorafobias transitan por la misma ruta defensiva.
La sensación de vacío muchas veces figura en los sueños de los pacientes como vivencias de caídas, de arremolinamiento del
espacio, etc. Por lo general, en su infancia,
estos pacientes se han caído de la cama durante la noche. A Carlos le ocurrió. Viven
una recurrente sensación no siempre consciente “estar a punto de caerse de”....
Según mis deducciones, estas imágenes
que convergen en el “deseo-tentación” de
arrojarse al vacío desde una altura significativa, están generados por una fantasía infantil muy primitiva vinculada a la vivencia
de caerse de los brazos de su madre. Es la
expresión imaginaria (fantasía inconsciente) originada en la sensación de haberse
“caído” de la mente de la madre y del
padre. Es un estado de la mente que yo
denomino “orfandad mental”.
Con este tipo de pacientes, cuando al levantarse del diván sienten en la sesión de
vértigo o cuando la cuentan como un acontecimiento que les suele ocurrir, puede consi-
derarse que dicho vértigo corresponde a una
especie de “contracarga” frente a la atracción que el vacío del espacio les genera. Debemos estar muy atentos a las variaciones
del argumento onírico, del propio contenido
manifiesto de sus sueños; en particular en lo
que se refiere a la forma bajo la cual la caída
se produce o es evitada (caídas desde un balcón, una torre, un tren, un avión).
El estudio del intento de suicido de los
adolescentes es un capítulo aparte; las investigaciones vinculadas al vacío mental estructural me ayudaron a comprenderlo de
una manera diferente y a anticiparlo como
expectativa inconsciente (amenaza inconsciente de suicidio).
Cuando Carlos me mira para ver si le
creo, entiendo está apelando a esta capacidad que debe tener el analista de transformar el terror en angustia señal. Ello se
logra a través de múltiples elementos que
se gestan creativamente en cada momento
de la sesión; entre los cuales también se
cuenta la mirada directa del analista a los
ojos del paciente, no sólo la palabra emitida mediante una interpretación. Se trata de
variables creativas del analista que dependen de sus concepciones personales totales
y del análisis (autoanálisis) de los contenidos inconscientes de su contratransferencia.
Es una verdadera edición vincular,
pues la mirada del analista se transforma en
una vivencia de contención a partir de la
cual los signos del lenguaje adquieren un
valor semántico como verdad (Lutenberg
1998). Se trata de una mirada sostén o
“continente” del terror. Esta mirada puede
transformar una sensación de “terror sin
nombre” (Bion 1967) en pensamiento posible. Resulta también interesante como se
49
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
expresa la parte neurótica de Carlos a través del uso que hace de la negación “Usted
no lo va a creer”. La negación es una figura que devela que algo está muy cerca del
insight (en su clásica acepción de hacer
consciente lo inconsciente).
2) Peter tiene 46 años al momento de la
consulta. Estuvo en tratamiento previamente con otro analista, durante 10 años. Está
casado y tiene 2 hijos. Trabaja como ingeniero de planta de una industria vinculada
al acero. Consulta por dificultades en concentrarse y en tomar decisiones propias de
su autoridad profesional. Más avanzado
nuestro vínculo me comenta su preocupación acerca de determinadas “compulsiones
sexuales” no controlables por él.
Me cuenta que frecuentemente siente
una imperiosa necesidad de ir a lugares un
poco alejados de la capital donde vive gente muy pobre. Siempre concurre a los mismos lugares, en los cuales tiene localizadas
varias mujeres (“profesionales prostitutas”). Habitualmente cambia de pareja sexual, pero dentro de un grupo acotado de
mujeres pertenecientes a ese grupo.
Refiere que con cierta frecuencia se le
presentan -en forma ego distónica- fantasías
sexuales de diversa índole, a raíz de ello se
siente compelido a masturbarse, luego (mas
tarde o al día siguiente) se moviliza en dirección al encuentro con las referidas prostitutas. Quisiera que esas fantasías se le vayan de
la esfera conciente luego de su masturbación, pero no lo logra, por ello no puede evitar el dirigirse a estos lugares tan peligrosos.
Me resultó “curioso” y original, a la vez,
que él tenga tipificada y divididas a “sus prostitutas” en distintas categorías agrupadas en
base a una diferenciación fetichista, como lo
50
es el color de las prendas íntimas que ellas
usan (celestes, blancas, rosa). También me ha
referido (a raíz de mi pregunta) que tenía un
significativo descuido en lo que atañe a la
prevención del SIDA y otras enfermedades
venéreas. Se trata, a mi entender, de una
ecuación entre la sexualidad y la muerte. Es
un referente empírico útil para repensar la
división pulsional teorizada por Freud.
Al segundo mes de tratamiento, en una
sesión, me “confiesa” que no es raro que en
su vida sexual se le presente una impotencia ante la erección que le preocupa; luego
me agrega que en realidad ese era uno de
los problemas que lo llevó a consultarme.
Hablamos de todo ello en relación a uso
del preservativo. El producto de nuestro extenso diálogo puede sintetizarse en una
frase que dijo: “Prefiero quedarme con la
impotencia que con el SIDA.” Más tarde no
tuvo dificultades en sus erecciones teniendo
puesto el preservativo.
Peter tiene una personalidad con marcados rasgos paranoides, que se expresaba en
una tendencia a discutir todo. Esta disposición a litigar se oculta de nuestro diálogo
cuando es eclipsada por una inhibición yoica o anulada mediante una escisión yoica.
Me di cuenta que cuando no querella en
forma manifiesta, su silenciosa violencia paranoide circula escindida por el interior de
la parte psicótica de su personalidad.
Este breve resumen de los problemas de
Peter nos muestra una secuencia de acontecimientos clínicos que fueron observados por
mí en otros analizandos adultos en cuya base estructural subyacen los problemas vinculados al vacío mental estructural. Se trata de
personas cuyo rasgo distintivo propio de su
vida sexual es que conservan una modalidad
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
compulsiva de masturbación que se eterniza
en el tiempo, se inicia en su pubertad.
Desde el punto de vista clínico deseo llamar la atención acerca de la relación entre la siguiente tríada sintomática y el vacío mental:
la conservación de su actividad masturbatoria puberal en su vida adulta.
un marcado desinterés -oscilante- por su
pareja estable (cualquiera sea su condición
“legal”) de la cual no desean separarse.
la práctica paralela de actividades sexuales múltiples. Las fantasías masturbatorias
que las preceden, así como las mismas actividades sexuales pueden ser heterosexuales, homosexuales, bisexuales, compartir un
coito con varias personas.
Según he comprobado en la clínica psicoanalítica, estas fantasías aparecen como
válvula de seguridad frente a un amenazante “sentimiento inconmensurable” de terror que apareció luego de cada separación
simbiótica; por lo general se trata de rupturas simbióticas imperceptibles.
Esta secuencia clínica me indicó que
había una relación diferente entre el deseo sexual y las diversas conductas agrupables como “perturbaciones graves en
la vida sexual”, o “perversiones, o neosexualidades. La emoción que determina las defensas no es la angustia de castración (angustia señal) sino el terror1
(Freud 1926) o terror sin nombre2 (Bion)
En realidad, la vivencia de terror que generan las rupturas simbióticas muchas veces
no aparece como terror, pues el mismo es
sustituido por diferentes sentimientos nacidos de sus defensas secundarias al vacío
mental (defensas neuróticas, psicóticas,
neosexuales o psicopáticas).
Es trascendental diferenciar este sentimiento de vacío de aquel correspondiente a
tristeza del que atraviesa por un estado depresivo ya que dentro de la vivencia de vacío nunca aparece la culpa (consciente o inconsciente); es simplemente un aburrimiento vacío, pero los analizandos suelen
referirse al mismo como “depresión”. Otro
rasgo patognomónico del mismo vacío es
que la masturbación se convierte en el
antídoto al cual siempre recurren.
La vivencia de vacío se genera a raíz
de la ruptura simbiótica y carece de auto reproches, de nostalgia y de cualquier derivado del dolor psíquico que se
produce ante el registro mental de la separación. Es una pura vivencia de vacío.
Los pacientes con vacío mental cuentan
que luego de masturbarse se sienten
más desconcertados que culpables.
Por lo general todas estas actividades
masturbatorias y de promiscuidad sexual
variada, forman parte de un universo de vivencias escindidas del yo, es habitual que
estos pacientes no las comenten espontáneamente. Temen no ser comprendidos y
por ello luego ser “obligados” (deseo del
analista) a abandonar estas fantasías y sus
1 En Inhibición Síntoma y Angustia Freud discrimina la angustia (automática y señal) del terror. La angustia automática es evolutivamente sustituida por la angustia señal. Esta última corresponde a la alerta del yo que lo previene del peligro de volver a sentir la
angustia automática. Dicho peligro puede ser de origen interno (pulsional) o externo (real). “Lo peligroso”, frente a lo cual el yo desencadena la angustia señal como su alerta, es la amenaza de desintegración del yo.
2 Para Bion el terror es una emoción originaria, que sólo adquiere cualidades destructivas para la mente del bebé cuando la experiencia del instante en el cual el terror es vivenciado le indica que su madre no se está haciendo cargo como depositaria, del terror que
él está sintiendo. Cuando “percibe” que su madre demuestra ser indiferente a su terror, este terror propio se multiplica enormemente
y da lugar a lo que el mismo Bion (1965-67) denomina “terror sin nombre”.
51
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
prácticas respectivas. No siempre se trata de
un problema propio del superyo, sino del
componente simbiótico de la transferencia.
Saben que para ellos estas prácticas
constituyen su exclusiva válvula de seguridad, mediante las mismas transforman su
terror latente en algo comprensible y familiar, que da lugar a un malestar mínimo si lo
comparamos con la vivencia de terror. Gracias a su creatividad puesta al servicio de la
sexualidad pueden sobrevivir. Clínicamente
no se trata de una expresión de sus fijaciones pre- genitales, aunque sus prácticas sexuales sean semejantes.
Contaba Peter que para dirigirse a estos
barrios se vestía con ropas muy modestas y
apropiadas al lugar. Hasta llegar a la casa de
la mujer elegida, saludaba en el camino a
varios vecinos del lugar que lo conocían por
sus frecuentes visitas, algunas veces estas
mismas personas avisaban a las prostitutas
para que salgan a recibirlo.
De acuerdo a las hipótesis de Freud podríamos pensar que la selectividad fetichista de los objetos sexuales paralelos de Peter
(él ubicaba exclusivamente en la pobreza,
en la promiscuidad y en los barrios bajos de
la ciudad a sus objetos sexuales) pueden corresponder a fantasías sádicas anales, que le
permitían un reencuentro narcisista con su
madre fálica.
Desde el nivel regresivo anal secundario
de su sexualidad, construía una fantasía sexual narcisista donde los objetos, en lugar de
corresponder a una discriminación de la “sexualidad adulta”, eran catalogados como
“objetos anales”. Esta selección le permitía
vivir una combinación imaginaria entre un
objeto heterosexual, narcisista y homosexual.
52
Desde el punto de vista clínico resulta sumamente sugestivo el hecho de que Peter
buscara su objeto sexual en un contexto sociocultural en el cual se da una indiscriminación entre todos los protagonistas de la escena primaria. Niños, adultos, adolescentes,
hombres, mujeres, todos estos “vecinos” se
hallan presentes casi con una igualdad de
derecho a participar en la escena primaria.
Considero que Peter se sumergía en el
sincretismo propio del barrio al que concurría en busca de “sus prostitutas”, configuraba en su fantasía inconsciente una fusión
simbiótica donde todas las fronteras evolutivas yoicas eran borradas. Mi hipótesis es
que él se dirigía a estos lugares con el fin de
reconstruir un vínculo fusional simbiótico
que se iniciaba en su fantasía, se continuaba en el espacio de estos lugares marginales
y culminaba con su orgasmo.
A través del orgasmo obtenía un test de
realidad respecto a su fantasía escindida.
Este era el precio que pagaba en su vida para conservar la “reserva ecológica” con cuyos “objetos indiscriminados” establecía
una fusión simbiótica que lo ayudaba a no
sucumbir.
Estos pacientes suelen usar el orgasmo como test de realidad de sus fantasías originadas en sus vínculos más primitivos. Estoy convencido que Peter no padecía sólo una regresión a la etapa anal, sino que había conservado en su primitivismo
originario, las fantasías escindidas propias
de la simbiosis secundaria defensiva.
De niño, además de haber vivido en colecho y co-habitación con sus padres, fue internado en distintos colegios pupilos entre
los 5 y los 12 años. Ello ocurrió luego que su
padre abandonó el hogar. Según inferí a
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
través de sus relatos, cuando estuvo internado en un colegio pupilo, pudo sustraerse del
terror diurno y nocturno a través de fantasías sexuales, nacidas a partir del contacto
corporal con sus compañeros de internado.
Me contó que inició su actividad masturbatoria durante su infancia, en el internado.
Luego buscaba tener algún juego sexual con
otro chico. Lo primero que imaginaba -en su
fantasía masturbatoria- era un abrazo con
un compañero del internado estando los
dos desnudos o frotándose los genitales.
Reflexiones teóricas
Para ubicar al lector en el tema que voy a
desarrollar deseo comunicar -desde el inicio- la síntesis de lo que voy a exponer.
Existen analizandos para quienes la
sexualidad perturbada (neosexualidades, según McDougall) es un problema
secundario, ya que compensa otro primario: su vacío mental estructural (Lutenberg, 2003-05).
En ellos, el polimorfismo que adquiere su
vida sexual fáctica intenta tapar, compensar
o superar, según el caso, el vacío mental y el
terror subyacente al mismo. Pensar el problema en estos términos teóricos implica un
replanteo respecto al paradigma freudiano
de la sexualidad así como su relación con las
funciones defensivas del deseo.
Mis reflexiones teóricas están guiadas
por el referente clínico que anuncié en la
introducción: los pacientes que padecen vacío mental tienen una tendencia a pasar de
la angustia señal al terror. Ello nos indica su
labilidad yoica -en general- y en particular
la fragilidad narcisista de sus identificacio-
nes estructurantes. Sabemos que la identificación es tanto un proceso como una estructura, es el núcleo sobre el cual se edifica la configuración del yo y del superyo
(Freud, 1923).
Esta debilidad en su cohesión narcisista
los hace particularmente vulnerables a las
vicisitudes de la regresión transferencial.
Son muy lábiles a la frustración que emerge
de las pautas del encuadre analítico. No
siempre se sienten capaces de recomponerse, luego de una regresión vivida durante la
sesión, una vez que esta finaliza.
Por ello suelen escindir y proyectar sus
deseos concientes, preconscientes e inconscientes en vínculos sexuales polimorfos o
perversos, su dependencia simbiótica con el
analista. Viven en un permanente equilibrio
inestable entre los aspectos más evolucionados de su yo y las complejidades de su
psiquismo arcaico.
Para comprender teóricamente las
múltiples variables de su caleidoscópica
personalidad, debemos aceptar que su
yo se halla escindido en varios sectores,
ninguno de los cuales toma contacto con
el otro y mucho menos todos ellos entre
sí. Por eso no les resulta posible la síntesis yoica de la experiencia vivida en la
transferencia y en el mundo externo.
Para justificar la hipótesis que más arriba
formulo, he de tomar la teoría freudiana
como el referente básico de mis explicaciones metapsicológicas. Luego iré agregando
diferentes hipótesis de otros autores postfreudianos que me ayudaron a comprender
mejor las complejas incógnitas teóricas que
plantea el vacío mental.
De Freud en adelante (Freud 1911), la
53
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
frustración es el punto de partida de una
demanda elaborativa para todo el aparato
psíquico, pero en particular para el yo. La
defensa neurótica típica es la represión. Su
accionar dentro del mismo yo intenta neutralizar el deseo inconsciente intolerable; su
fracaso parcial conduce a la regresión de la
pulsión y luego al síntoma neurótico.
Dentro de la lógica de la metapsicología
de la primera teoría tópica (Freud 1915) la
angustia es secundaria a la acción de la represión. Este proceso defensivo bloquea
en el inconsciente al deseo sexual infantil, el mismo no puede, por lo tanto, acceder a la construcción de la correspondiente representación de palabra que, de existir,
legitimaría su acceso al preconsciente. La
palabra le brinda a la pulsión inconsciente
el pasaporte para su difusión irrestricta en
todas las vías asociativas. Para Freud el preconsciente es el representante del mundo
externo en el mundo interno.
Antes de decidir una acción en el mundo
externo, una pulsión recorre asociativamente las múltiples interconexiones que figuran
en la matriz de su estructura. Esta difusión
preconsciente del deseo que representa a la
pulsión, Freud (Freud1915) la ha denominado “acción de ensayo”. En el preconsciente se evalúa automáticamente la viabilidad
de la descarga de la pulsión en el mundo
externo. De este modo el principio del placer se condiciona al de realidad.
La reacción terapéutica negativa redefinió el sentido de la repetición neurótica. A
partir de 1920 habrá repeticiones “más acá”
y “más allá” del principio del placer (Lutenberg 1993). El concepto de pulsión de muerte divide las fuerzas en pugna dentro del
psiquismo humano.
54
De este modo quedó redefinido -teóricamente- el obstáculo o “resistencia” que
Freud encontró en su experiencia clínica. La
reacción terapéutica negativa quedó teóricamente adscripta a una compulsión repetitiva que está “más allá del principio del placer”, es decir, que desde el punto de vista
ontológico, es previa al nacimiento de
Eros.
Freud afirma que Tánatos es mudo y
que sólo ejerce su acción específica a
través de la descomplejización de lo
construido en base a la fuerza de Eros.
La pulsión de muerte se origina por la aparición de la pulsión de vida. Desde esta óptica, Freud abre un nuevo y trascendental
panorama en lo que respecta al estudio e
investigación de los problemas de la cura
analítica.
Cuando comprobamos hechos clínicos cuya repetición se explica por la lógica que está más allá del principio del
placer, podemos inferir que a través de
cada repetición no se busca una descarga pulsional, como lo indicaría la lógica
de la repetición “más acá” del principio
del placer. En esta otra circunstancia la
repetición busca una carga, pero no una
carga cualquiera, sino aquella que instaure la inscripción psíquica faltante,
aquella que inaugure el recuerdo mediante una nueva representación.
En Inhibición, Síntoma y Angustia (1926),
Freud efectúa un cambio radical en su concepción de la angustia. Aporta la novedad
teórica de que primero existe la angustia y
luego se genera una defensa (represión)
que intenta neutralizarla. Nos habla Freud
allí de la angustia automática y de su cabalgamiento entre lo somático y lo psíquico.
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
Cuando en la adenda del mismo artículo se
refiere al terror, lo define como un estado límite de ruptura yoica, por ello homologable
al estado de angustia automática.
La nueva teoría freudiana de la angustia,
al redefinir las resistencias, nos indica una
nueva dirección en la labor terapéutica. A
partir de su nueva división pulsional, no alcanza con hacer consciente lo inconsciente,
sino que habría que considerar la capacidad
de Eros para amortiguar la fuerza descomplejizante de Tánatos. El núcleo de este proceso está determinado por los procesos de
identificación en el yo y en el superyo.
Cuando en 1927 teoriza acerca de la escisión del yo, define la posibilidad de que una
parte del yo reniegue de la realidad; así queda escindida de la otra, que reconoce y queda condicionada a dicha realidad. Cuando
persiste la lógica narcisista, al yo le resulta
imposible diferenciar lo que le ocurre al sujeto de lo que le ocurre al objeto. Debido a este obstáculo narcisista (propio del yo de placer), el yo no puede avanzar hacia la lógica
de la etapa fálica (sujeto con pene-castrado).
Sólo logra representarse a la madre sin pene
a través de una escisión yoica (Freud 1927).
En 1938 Freud deja inconcluso un trabajo (Freud 1938) en el cual retoma el tema de
la escisión yoica. Encontré allí dos pensamientos que llamaron mi atención. El primero se refiere al hecho de que la escisión
puede ocurrir en períodos mucho más precoces que los que él consideraba en 1927. El
segundo es un corolario del primero ya que
habla del “terror de castración” no de angustia de castración.
A partir de la muerte de Freud, nuevas
experiencias clínicas plantearon nuevos horizontes teóricos. Del análisis de niños y de
pacientes psicóticos (Klein, Bion, Rosenfeld,
Meltzer, Searles, Winnicott) y de la experiencia recogida de la observación de bebés
(Klein-M. Mahler), numerosos autores postfreudianos aportaron nueva luz al estudio
de los pacientes muy perturbados. En particular Bleger, Green, Tustin y Anzieu, con
sus hipótesis, me ayudaron a entender mejor el concepto de terror contenido en la
obra de Freud.
Según Klein (1952), la defensa psicótica
lleva al yo a efectuar una identificación proyectiva. Mediante este mecanismo se genera una alucinación, con la cual se intenta
ubicar en el campo perceptual al objeto ausente (Bion 1967-1974). Ello oculta mágicamente la frustración pero a costa del empobrecimiento de la vida mental.
La defensa simbiótica anula el posible dolor psíquico que la conciencia de
la pérdida objetal podría generar. Opera mediante la sustitución objetal y fusión secundaria con el objeto reemplazante (Bleger 1967).
Para exponer muy brevemente mi perspectiva personal de la articulación entre la
primera y segunda tópica freudiana con mi
concepto personal de vacío mental estructural, voy a presentar una síntesis de las posibles divisiones del yo escindido basadas en
sus potenciales relaciones con la realidad.
Las figuras yoicas son cuatro:
1) Habrá un sector que funciona dentro
de la égida de la angustia señal. Es la parte del yo que es capaz de efectuar dentro de
su preconsciente, lo que Freud denomina
una “acción ensayo”. La realiza en el instante inmediato anterior a tomar la decisión de
la descarga en el exterior a través de la circulación de pequeñas cantidades por su siste-
55
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
ma preconsciente. Durante esta etapa previa
a la descarga, la angustia señal guía el curso
asociativo dentro del laberinto representacional del preconsciente. Luego de este pensamiento preconsciente el yo ejecuta la acción específica. Cuando se trata de deseos no
interdictos vigentes en la “representación
metal” (Freud 1915), el yo usa las funciones
de la represión al servicio de la sublimación.
Así la oralidad canibalística, como función mental, permite “desmenuzar” conceptos, la analidad “descartar” y tirar lo
que no sirve (anal expulsivo) y “retener” los
conceptos útiles (anal retentivo). La síntesis
fálica lleva a decisión que discrimina a la acción específica. Estos conceptos fueron particularmente estudiados en nuestro medio
por David Liberman (1972). Se incluyen dentro del funcionamiento de la angustia realista, indispensable para una alerta útil.
Mediante esta operación preconsciente,
el principio del placer se condiciona al principio de realidad y la angustia señal es utilizada por el yo para precaverse de los “reales”
peligros del mundo externo (angustia realista). Sabemos que el principio de Nirvana se
condiciona al principio de placer (Freud
1938a). De este modo, cuando el yo cumple
eficazmente con sus funciones de síntesis, no
sólo logra la armonía estructural entre ello,
superyo y mundo externo sino que también
compatibiliza los tres principios de la economía pulsional: Nirvana placer realidad.
2) Otros sectores yoicos resuelven económicamente la circulación del deseo al modo neurótico mediante inhibiciones y
síntomas (angustia señal) destinados a evitar la angustia automática (Freud 1926).
3) Otros sectores tendrán una lectura “psicótica” de la realidad y en base a ello
56
efectuarán las resoluciones. Los “deseos” avanzan hacia el exterior sin posibilidad de concebir la frustración; ni nada que limite el deseo. Construyen una
nueva realidad que descarta el “no”. El
aceptarlo generaría un derrumbe narcisista de todo el yo. Es la parte psicótica
de la personalidad, según Bion. La alucinación ocupa el lugar que no puede ocupar la frustración ni la palabra.
4) Otros sectores yoicos permanecerán unidos oceánicamente al universo circundante. Para este sector, “yo”, “ello” y “mundo
externo” forman un continuo “oceánico”
indiscriminado (Freud 1930). Junto con
Bleger (Bleger 1967) podemos concebir
que exista una porción sincrética de la
personalidad que efectúa vínculos simbióticos (simbiosis secundaria) con personas e
instituciones a través de los cuales se paraliza su evolución. Dentro del vínculo sincrético diferentes sectores del “ello”, del
“yo” y del “superyo” de sus participantes
permanecen unidos entre sí. Ello da lugar
a un funcionamiento indiscriminado,
complementario y suplementario.
El vacío mental es un estado virtual del
psiquismo que se pone en evidencia cuando
se rompen o se desarticulan estos vínculos
simbióticos. Cuando los pacientes con estos
problemas nos consultan, tenemos oportunidad de ayudarlos a recorrer un camino
evolutivo al que no han accedido hasta ese
momento en su vida. La presencia de un vínculo simbiótico es testimonio de situaciones
traumáticas muy precoces. Algunas veces corresponden a duelos transgeneracionales de
migraciones muy traumáticas (Lutenberg
1993). La simbiosis secundaria misma es una
defensa ante el vacío y el terror.
Texturas inglesas
El vacío mental
Ante todo, debemos diferenciar el vacío
mental emocional del vacío mental estructural.
1) El vacío mental emocional:
Es el sentimiento de vacío que nos puede ser referido en forma directa o indirecta por los analizandos cuando asocian
“libremente” en la sesión y nos hablan
de sus estados de ánimo. Corresponde a
una vivencia de oquedad interior, de no
tener nada adentro. Lo que falta atañe
al plano de las emociones. Esta sensación
emerge en el presente, pero involucra al
pasado (la memoria histórica) y el futuro
(la esperanza, el proyecto). El sentimiento de vacío puede o no estar vinculado
con el vacío mental estructural.
2) Vacío mental estructural:
Desde el punto de vista metapsicológico,
el vacío mental estructural es una “configuración mental virtual” que cabalga
en el hiato que se produce entre la defensa simbiótica secundaria y la estructura narcisista del ser humano. Se trata de
un fenómeno que ocurre en un sector
escindido del yo total; sólo es concebible
si se acepta que el yo pueda escindirse
en dos o más sectores.
Dentro del sector escindido correspondiente al vacío mental estructural se ha producido un detenimiento en el proceso de diferenciación del ello en su camino en la construcción de la estructura del yo y del superyo.
Se trata de un verdadero “aborto mental”.
Desde el punto de vista de la teoría de
Freud lo “vacío” corresponde a una carencia
Jaime Lutenberg
específica de representaciones inconscientes
y preconscientes, así como de las identificaciones en del yo del superyo. Se trata de un
detenimiento o de una anulación del proceso que para Freud permite el pasaje del “tener” al objeto a “ser” el objeto mediante
una identificación con él (Freud 1924).
Por lo general no vamos a encontrar en la
clínica el vacío mental en “positivo”, debemos inferirlo por sus derivaciones defensivas
secundarias. Las relaciones simbióticas con
personas e instituciones constituyen la característica habitual de estos pacientes. Cualquier resquebrajamiento de sus vínculos fusionales daría lugar a la aparición del terror,
que se hace imperceptible pues es automáticamente anulado por una vasta gama de defensas secundarias constituidas por cuadros
psicopatológicos (neurosis, psicosis, neosexualidades, adicciones, psicosomatósis).
David Liberman (Liberman, 1972) elaboró
una original teoría que hace legible, a partir
del discurso del paciente, la posible doble estructura psicopatológica. Una vez definida la
relación entre el estilo de verbalización del
analizando y la estructura psicodinámica
subyacente, reconoció un “estilo predominante” y “sub componentes estilísticos” en
todo discurso de un analizando. Su visión me
ayudó a entender mejor la relación dinámica
entre el vacío mental y los distintos sectores
estructurados dentro de la defensa secundaria compensatoria (neurótica o psicótica).
Es imprescindible diferenciar el vacío estructural de aquellas configuraciones que
se nos evidencian en el análisis sobre la base de la regresión del “yo” y la regresión de
las pulsiones. De este modo podemos concebir que el vacío mental estructural se le
agreguen nuevas defensas.
57
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
Para Freud la evolución psicosexual se
inicia con el nacimiento y se desarrolla a
partir de la experiencia histórica de las pulsiones. El narcisismo es la pulsión en el yo y
corresponde a la primera estación de la pulsión. Klein (1946-52-57) revisó esta concepción evolutiva, en particular nos legó una
teoría en la cual ha puesto el acento en las
vicisitudes del vínculo materno filial.
Estudios más discriminados del problema
de la simbiosis y del autismo defensivo como los que llevó a cabo Bleger (1967) en la
Argentina y una serie de autores europeos
y americanos como Mahler (1958-67-87),
Bion (1957-59-65-67), Green (1986-90-9396-97), Meltzer (1975), Searles (1980) y Tustin (1981-87-91) entre otros, le fueron dando nuevos matices teóricos a las postulaciones psicoanalíticas originales. Ello abrió el
conocimiento hacia nuevas fronteras.
Green (1986) reconoce específicamente el
sentimiento de vacío, pero lo vincula, desde
el punto de vista metapsicológico, con el
narcisismo de muerte en general y con de
“duelo blanco” en particular.
Bion, Bleger, Green, Klein, Searles, Tustin
y Winnicott, me ayudaron a entender, desde un nuevo nivel conceptual, el concepto
de “terror” y del “narcisismo patológico”
contenido en la obra de Freud. De allí se derivó mi investigación acerca del “vacío mental”. La emoción subyacente al vacío mental
estructural es el terror, no la angustia señal.
La porción sincrética de la personalidad
que efectúa vínculos simbióticos sostenidos
en el tiempo. Este sector del yo es la fuente
de la inspiración de todo creador. Pero en
dicho sector se pueden eternizar vínculos
patológicos; corresponden a la simbiosis defensiva secundaria. Dentro de dicha estruc-
58
tura indiferenciada se compensa el terror y
se anula la cuarta dimensión, el tiempo.
De este modo se eluden todos los duelos; tanto los evolutivos como los patológicos. Dentro del vínculo sincrético, los diferentes sectores del “ello”, del “yo” y del
“superyo” permanecen fusionados entre sí.
Entre los protagonistas de la simbiosis secundaria tiene lugar un funcionamiento
mental indiscriminado, complementario y/o
suplementario.
La noción de vacío, en Winnicott, está
relacionada con su concepción del “temor
al derrumbe” (Winnicott 1982). Para él, el
sentimiento de vacío y futilidad son emociones derivadas del “temor al derrumbe”.
Se trata de traumas muy tempranos que
eternizaron una situación de no-integración del yo, que él, sutilmente, diferencia
de la desintegración.
En síntesis: existe una simbiosis originaria a partir de la cual se da toda la evolución
humana. Pequeños momentos de ruptura
de la simbiosis originaria mamá-bebé, dan
lugar al terror. Cuando en la vida evolutiva
se insinúa el terror, es la expresión del vacío
mental emocional y estructural. Entiendo
que la simbiosis secundaria defensiva y el
autismo secundario son estructuras específicas destinadas a yugularlo.
Estoy convencido de que muchos fracasos
terapéuticos con los pacientes graves, no se
deben solamente a las “resistencias” que los
mismos oponen al tratamiento; sino a la suposición del analista que detrás del silencio
del analizando, siempre hay un pensamiento
interdicto por la represión. A los pacientes
graves les resulta imposible evocar “recuerdos” que jamás han tenido una inscripción
en el sector vacío de su mente, con ellos de-
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
bemos proceder, en la transferencia, a la edición3 de los no-recuerdos, (Lutenberg 1996).
Consideraciones finales
Vale la pena mencionar las enseñanzas
de Freud en lo que atañe al beneficio primario y secundario de la enfermedad. En
los pacientes con vacío mental, el beneficio primario de su polimorfismo
o perversión sexual es el encuentro
fusional con el objeto, cuya formula
más precisa podría sintetizarse diciendo que “estos pacientes se movilizan hacia la búsqueda de sus objetos sexuales como si se tratara de un
ello en busca de un yo”. El beneficio
secundario lo constituye la descarga
sexual.
las complejidades de traumas históricos inéditos en su inconsciente.
Debemos tener en cuenta las enseñanzas de Freud en lo que atañe a la labor de
Eros (complejizante) para neutralizar a Tánatos (descomplejizante). La sexualidad es
una fuerza que a través de su búsqueda objetal logra muchas veces la construcción de
una estructura psíquica que permite recorrer un camino abortado en la historia.
A mi entender existe una simbiosis originaria a partir de la cual se da toda la evolución humana. Pequeños momentos de ruptura de la simbiosis originaria dan lugar al
terror. El terror es un sentimiento que, a pesar de ser “vivido” por el sujeto, no lo puede registrar ni tampoco recordar.
En los pacientes neuróticos, el beneficio
primario de la enfermedad es la descarga
del “deseo sexual infantil” que acompaña a
la puesta en escena de un síntoma; el beneficio secundario corresponde a los que se le
agregan al primario.
En los períodos peri natales es la mamá
la que registra el terror. Cuando aparece como sentimiento, el terror es la expresión del
vacío mental estructural. En consonancia
con Bleger y Tustin y Searles, entiendo que
la simbiosis secundaria defensiva y el autismo secundario son estructuras específicas
destinadas a yugularlo.
En las personas con vacío mental estructural, los polimorfismos sexuales constituyen caminos evolutivos. No siempre debemos reconocer en sus perturbaciones sexuales, la vigencia de una fijación pulsional
pre genital patológica (perversión) sino que
se puede tratar de experiencias “neosexuales” mediante las cuales se intenta escalonar una experiencia evolutiva abortada por
Podemos considerar que el polimorfismo
sexual como fenómeno clínico vigente en la
vida de algunos pacientes no siempre está
vinculado a perturbaciones primarias y exclusivas de la vida psicosexual, sino que
pueden estar generados por rupturas simbióticas; en estos casos, las neosexualidades
intentan una compensación que yugule el
terror subyacente. Ello no anula la cualidad
3 La edición transferencial pretende significar las vicisitudes de una faceta del proceso analítico cuya función es dar lugar al nacimiento
mental de los aspectos de la personalidad del analizando que nunca fueron ni conscientes ni inconscientes. Se trata de sectores que
por efecto de la escisión del yo y una defensa secundaria a ella agregada, quedaron engolfados dentro de vínculos simbióticos (simbiosis secundaria defensiva) o enquistados en el interior de la personalidad, dentro de sus defensas autistas secundarias (Bleger 1967).
En síntesis, la concepción técnica de la edición tiene dos componentes nucleares:
1) El más importante consiste en la creación de la estructura mental que será continente de futuros contenidos.
2) El otro componente atañe a los contenidos a ser editados: representaciones, inconscientes; o transformar en elementos “alfa” los
elementos “beta” eyectados en la persona, en la personalidad del analista, en los elementos del encuadre.
59
Jaime Lutenberg Texturas inglesas
que para muchos pacientes tiene el polimorfismo sexual como tal o como perversión primaria. He expuesto las relaciones
entre la sexualidad perturbada y el vacío
mental, para llamar la atención frente al
hecho de que ante determinadas conductas
sexuales humanas perturbadas, muchas veces la ansiedad subyacente no es la angustia
de castración sino el terror.
Es muy distinto confrontar ambos términos cuando estamos discutiendo teorías entre colegas, ya que su trascendencia no va
más allá de la que tienen los acuerdos y desacuerdos interpersonales, mas allá que terminen en enojos o en fructíferos estímulos
para la investigación.
Pero cuando estamos con los pacientes
en la sesión psicoanalítica, es muy distinto
pensar que debajo de una conducta sexual
perturbada subyace la angustia de castración, que inferir que una conducta sexual
perturbada es una defensa contra el terror
sin nombre (Bion).
Cuando interpretamos que una conducta sexual debe sus vicisitudes a las perturbaciones propias de la represión, podemos
pensar que la lógica del principio del placer
y el deseo sexual interdicto marca la conducta y timonea el destino sexual del analizando. La segunda tópica freudiana nos advierte que la repetición de determinados estereotipos sexuales puede corresponder
tanto a las fuerzas que dirigen la repetición
según el principio del placer y/o estar generada por fuerzas cuyo automatismo está
más allá del principio del placer.
La repetición bajo la lógica del principio
del placer, como el cumpleaños, indica algo
que ya ocurrió. La repetición más allá del
principio del placer, intenta un nacimiento
mental. Cuando consideramos que los pa-
60
cientes que padecen compulsiones sexuales
intentan yugular el terror no podemos esperar de ellos ningún recuerdo ya que sus
conductas sexuales que homologan o imitan las infantiles, no constituyen el núcleo
del problema sino un paliativo al mismo.
La orfandad mental estructurada en su vacío mental constituye el núcleo del problema
a resolver. En estos casos, debajo del silencio,
hay vacío, no represión. En esta dimensión el
concepto freudiano de resistencia del ello, adquiere una extensión que no estuvo contemplada en la propia teoría que Freud enunció.
Texturas inglesas Jaime Lutenberg
Resumen
Podemos considerar que el polimorfismo
sexual como fenómeno clínico vigente en la
vida de alguno de los analizandos no siempre está vinculado a perturbaciones primarias y exclusivas del deseo, sino que pueden
estar relacionados con rupturas simbióticas
que buscan en los vínculos sexuales una
compensación que yugule el terror subyacente. Ello no anula la cualidad que para
muchos pacientes tiene el polimorfismo sexual como tal o como perversión primaria.
He expuesto en el trabajo las relaciones
entre la sexualidad perturbada y el vacío
mental, para llamar la atención frente al hecho de que, ante determinadas conductas sexuales humanas perturbadas, muchas veces
la ansiedad subyacente no es la angustia de
castración sino el terror sin nombre (Bion).
La orfandad mental estructurada en su
vacío mental constituye el núcleo del problema a resolver. En estos casos, debajo del
silencio hay vacío. Cuando nos encontramos
con el mismo debemos proceder a la edición en el análisis.
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62
A 100 Años
de Tres Ensayos.
Rodolfo Moguillansky*
Introducción
A 100 años de los Tres Ensayos, la sexualidad
sigue siendo, hoy en día, un tema actual. A
mi juicio, todavía no nos hemos hecho cargo
de todo lo revulsivo que ha sido ese texto en
el que, como sabemos, nació un nuevo modo de concebir la sexualidad humana.
Más aún, aunque parezca irreverente,
intuyo que Freud no previó cabalmente la
ola que sus ideas iban a producir, ya que la
marea que suscitó, aunque él quizás no lo
pretendía, se extiende, anticipa y explica,
las nuevas formas de la sexualidad que han
aparecido al son de la pos-modernidad, formas difíciles de imaginar en su tiempo.
En Tres Ensayos -hace a nuestro abc psicoanalítico- está implícita la no articulación entre
sexualidad y reproducción, sin embargo no
resulta creíble que Freud previera la envergadura que iba a tener la radical desarticulación
que se ha dado, y que se va a seguir dando,
entre sexualidad y reproducción. En esa línea
tampoco tenemos que dejar de advertir que,
a raíz de las nuevas técnicas reproductivas, sexualidad y reproducción devendrán no solamente no articuladas, sino heterogéneas. Sobre esto me voy a extender en el final de este
escrito. Previamente haré un sucinto recorrido
acerca de cómo fue cambiando la concepción
sobre la sexualidad dentro del psicoanálisis y
en el imaginario social.
1-La sexualidad antes
de Tres Ensayos
Forjar la concepción acerca de la sexualidad, en Tres Ensayos, no fue soplar y hacer
botellas, se logró luego de un arduo trabajo, es el final de un largo camino. No borremos de la memoria que Freud partió - en
sus primeros trabajos (Freud 1893/18941)-,
* Psicoanalista (APdeBA)
1 Breuer y Freud. 1893: “Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar”. Obras Completas, vol 2. Amorrortu. Buenos Aires. 1997. Freud, S. 1894. “Las neuropsicosis de defensa”. Obras Completas, vol, Amorrortu. Buenos Aires. 1997.
63
Rodolfo Moguillansky Texturas inglesas
como no podía ser de otro modo, de la noción de la época sobre la sexualidad y apoyado en esa peana tuvo que construir lo
que enunció en 1905.
Para contextualizar este tema, no dejemos en el tintero que la sexualidad, a fines
del siglo XIX, era pensada emergiendo en la
pubertad, en la que estaba presupuesta la
existencia de dos sexos diferenciados que tenían como fin último la reproducción, esto es
acoplarse hombres y mujeres para la preservación de la especie. También formaba parte
de las convicciones sociales, congruente con
el “fin reproductivo”, que las prácticas y modos de sentir que no entraban dentro de esa
sexualidad reproductiva, no correspondían a
la naturaleza humana normal, eran “aberraciones”. Por otro lado, como es lógico, desde
esta definición, la sexualidad era un fenómeno a enmarcar y acotar socialmente.
Había, sin embargo, un clima propicio a
nuevos modos de pensar: recordemos que
promediando el siglo XIX, después de la
oleada de revoluciones liberales europeas,
Gustave Flaubert (1821-1880) provoca un tumulto, al publicar en 1857 Madame Bovary2.
Para medir la importancia que provocó
Madame Bovary, reparemos que, según la
crítica literaria, fue probablemente la novela
francesa más influyente del siglo diecinueve,
y es, sin duda, una de las más penetrantes reflexiones sobre el mundo de esos tiempos.
Madame Bovary no fue algo totalmente
externo a la vida de Flaubert y a su entorno
familiar y cultural. Sartre3 en su monumental
estudio sobre Flaubert nos dice que el autor
de Madame Bovary y su novela son el producto de los prejuicios sociales y familiares
de su época; lo describe a Flaubert como un
hombre pasivo, despectivo, que refleja en su
conducta personal y más tarde en toda su
obra, las consecuencias de las difíciles relaciones familiares con las que convivía: una
madre poco afectiva, un padre tirano, amén
de sus dificultades con las palabras por la
emulación impuesta por su hermano mayor.
Flaubert con Madame Bovary escandalizó a su tiempo, al denunciar la insatisfacción
que campeaba en la vida marital de la época. Recordemos como la Emma Bovary de
Flaubert, aburrida ama de casa de provincia,
con una sexualidad encorsetada en un contrato matrimonial desprovisto de vitalidad,
de sensualidad, tratando de vivir un desesperado amor, abandona a su marido para
seguir a Rodolphe. Esta búsqueda del amor
era inadmisible para la sociedad de la época, era escandaloso como Emma hacía caso
omiso de sus deberes de esposa y madre para perseguir ideales románticos. Flaubert
fue condenado por el establishment por
describir lo que para su tiempo era un comportamiento inmoral de la protagonista.
Freud, a su vez, ve cómo Ana O., Cecile
M., Elizabeth von R y Emma luchan con
ideas y sentimientos indeseables como los
que tenía Emma Bovary. Estas pacientes tenían ideas inconciliables, ideas sexuales, inconvenientes para la moral de la época: era
inaceptable que una señorita tuviera ideas
o sentimientos amorosos con su cuñado o
ideas de infidelidad; las ideas sexuales provocaban un conflicto en sus pacientes por la
eficacia que tenía dentro de ellas la moral
victoriana de fines del siglo XIX.
Que les era conflictiva quería decir que,
por efecto de esa pacatería internalizada, es-
2 Flaubert, Gustave, 1857, Madame Bovary, Ed. Sopena, España, 1972
3 Jean Paul Sartre, L’Idiot de la famille. Gustave Flaubert de 1821 à 1857. P., NRF, “ Bibliothèque de Philosophie “, 1971-72, 3 vol.
64
Texturas inglesas Rodolfo Moguillansky
tas ideas les suscitaban asco, vergüenza, angustia, sentimientos que promoverían la defensa. Al expulsar las ideas mediante la defensa se aliviaba la conciencia de lo inconciliable, pero como contraprestación esas ideas
conformaban un grupo psíquico separado.
Las ideas expulsadas retornaban a la conciencia, adquiriendo presentación deformada a
través de un síntoma histérico, causalidad
que más tarde extiende (Freud, 18944) a la
neurosis obsesiva, la fobia y la paranoia. La
gran novedad teórica que traía Freud consistía en que todas ellas eran deformaciones,
expresiones encubiertas, de una sexualidad
inconciliable con la conciencia.
En 18965, la clínica le impone concebir la
existencia de una sexualidad infantil, sus
pacientes le relataban escenas sexuales ocurridas en la infancia, le contaban escenas en
las que un adulto los había seducido siendo
niños.
La “escena de seducción” funda esta sexualidad infantil, esta sexualidad contra natura, haciéndola nacer en un momento de
la vida que no corresponde. La sexualidad
infantil que Freud admite entonces, en esos
tiempos, es una sexualidad infantil patológica. La tienen solamente los niños seducidos por un adulto que, a partir de esta introducción a destiempo, pasan a tener sexualidad infantil.
Freud recién cuestiona la idea de una sexualidad infantil patológica alrededor de
1897.
A partir de su auto análisis6 -más específicamente del análisis de los sueños de Irma
y los de Roma- descubre sus apetencias se-
xuales infantiles por sus padres y puede,
desde ellos, comprender la inhibición que
tenía para entrar en Roma.
Recordemos que a través de los cuatro
sueños de Roma elabora su inhibición para visitar esa ciudad. Llega, luego de analizar estos sueños, a la conclusión que su inhibición
estaba motivada porque Roma representaba
a su madre, penetrarla implicaba una pelea
con el padre. Esta interpretación, una precaria y primera descripción del Complejo de
Edipo, lo ayuda a pensar que no era cierto
que la sexualidad infantil sólo existiría en los
niños “inoculada” por un adulto. Da entonces un paso audaz, hace una generalización:
supone que cada cachorro humano tiene una
sexualidad infantil como la que él había descubierto en sus sueños; los niños tienen apetencias sexuales sin que nadie se las “inocule”
y cada niño tiene que procesar esta sexualidad que cursa con conflictos con los padres;
los padres son objetos amorosos o rivales sexuales. Así había Freud comprendido en sus
sueños su sexualidad infantil y los conflictos
que le planteaba su familia. Más aún, a partir
de aquí dirá que estos conflictos, originados
en esa sexualidad infantil, son los responsables de los síntomas e inhibiciones adultas.
Entonces, no es la sexualidad conflictiva porque la sociedad la concibe como sucia o non
sancta, sino que la sexualidad es intrínsecamente e inevitablemente conflictiva en tanto
se procesa en medio de conflictos familiares.
Esta nueva noción de la sexualidad conlleva un cambio teórico que Freud expresa
en la carta 69 cuando le escribe a Fliess: “ya
no le creo más a mi neurótica”7. Este cambio
supone -sexualidad infantil mediante- que lo
4Freud, S., 1894, Las neuropsicosis de defensa, Obras Completas, vol 3, Amorrortu, Buenos Aires 1997
5 Freud, S., 1896, Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa, Obras Completas, vol 3, Amorrortu, Buenos Aires 1997.
6 Anzieu, Didier, 1959, El autoanálisis de Freud y el descubrimiento del psicoanálisis, Siglo XXI, México, 1980
7Freud, S., 1897, Fragmentos de la correspondencia con Fliess, carta 69, Obras Completas, vol.1, Amorrortu, Buenos Aires 1997
65
Rodolfo Moguillansky Texturas inglesas
que importa no es tanto lo que a un sujeto
le ocurrió, sino las fantasías -sexuales- que un
niño se hace en su relación con los otros. Allí
Freud empieza a pensar la sexualidad no ya
como fenómeno patológico sino como un fenómeno inherente a todo ser humano.
Pero éste es sólo una parada en su camino. Hay un salto colosal de la idea de 1897
-una sexualidad infantil con características
similares a las adultas, pero que se vive en
la infancia y que fundamenta la sexualidad
adulta-, a la sexualidad que es concebida en
Tres Ensayos.
2-La sexualidad en Tres Ensayos...
Una nueva concepción sobre
la sexualidad
Lo que Freud define como sexualidad en
Tres Ensayos no se refiere al mero intercambio sexual humano, aunque lo incluye, sino
a un fenómeno más amplio: cualquier actividad humana, en especial cualquier actividad corporal, en particular la que transcurre por los orificios apuntala una tendencia
que allí surge, una tendencia a repetir esta
experiencia. Esa compulsión encuentra su
“causa” en un empuje, en una apetencia
que no se origina en los órganos sexuales,
sino que cualquier actividad humana la
puede hacer nacer. A esa tendencia la llamara pulsión (trieb).
Freud nos enseña entonces que los bebes
humanos intentan repetir experiencias, una
repetición no ya fundamentada por los beneficios otorgados por los intercambios orgánicos, sino por el anhelo de recapturar el placer
que se tuvo en ese intercambio. Ese intento
por repetir hace al carozo de la sexualidad
que describe Freud en Tres ensayos....
66
3-La sexualidad de Tres ensayos y
las rupturas que origina
Aunque trillado, lo que sigue, necesito remarcarlo para darle continuidad a mi razonamiento. Al describir la sexualidad en Tres
Ensayos discrimina dos fuerzas opuestas en
cada ser humano:
• un movimiento causado por la necesidad
orgánica, que uniformiza alrededor de
lo que va a llamar los instintos de auto
conservación, y, por otro lado,
• una apetencia no ligada a ninguna necesidad orgánica, sino al placer sexual que
intenta poner a la necesidad orgánica a
su servicio.
En el conflicto entre estas dos fuerzas, la
sexualidad, nacida del apuntalamiento del
funcionamiento corporal, le marca el paso a
la necesidad orgánica.
Se redefine entonces el conflicto. El conflicto humano es entre la “sensata autoconservación” y esta “disparatada sexualidad”,
en fin, el deseo.
La sexualidad tal como es concebida en
Tres Ensayos se desarticula de:
1. la clásica y popular noción de sexualidad
adulta;
2. la noción de reproducción;
3. las necesidades corporales;
4. un objeto sexual predeterminado instintivamente (como en los animales). Lleva
a pensar que el objeto de placer sexual
puede no ser una persona del otro sexo,
puede ser un zapato, el brillo de la nariz
o cualquier otra cosa. Diferencia radicalmente el objeto sexual del objeto de la
necesidad;
Texturas inglesas Rodolfo Moguillansky
5. las diferencias sexuales. La diferenciación
sexual es una eventual, posterior adquisición. Se rompe con la idea de que los hombres son atraídos por las mujeres y estas
por los hombres. A la vez aparece como
una noción clave la idea de bisexualidad;
6. la genitalidad. A esta sexualidad, Freud,
la ubica nacida y apuntalada en las zonas de intercambio, y entonces explica
cómo se organiza esa sexualidad pregenital y cómo tras una serie de complejos
rodeos advendrá “genital”, con la consiguiente adquisición, no siempre segura,
de las diferencias sexuales.
4-El advenimiento de
una sexualidad inquietante
eficacia adquirió la burguesía liberal un relevante papel político.
La burguesía no participó en las revoluciones liberales, pero supo aparecer como la
opción moderada, estabilizando el régimen,
abriendo posibilidades de innovaciones10.
La consolidación política de la burguesía
liberal contribuyó a forjar el vínculo con la
cultura anterior y la tradición imperial, a reforzar esa ´”segunda sociedad, donde los
burgueses en ascenso se encontraban con
los aristócratas dispuestos a adaptarse a
nuevas formas de poder social y económico,
un entresuelo en el que la victoria y la derrota pasaran a ser compromiso social y síntesis cultural” (Schorske, 1961, p. 67).
Para mostrar el contexto en que se dio Tres
Ensayos demos un paseo por La Viena de la
época. Recordemos que junto a Freud, anunciando esta sexualidad inquietante, en La Viena de fines de siglo XIX y comienzos del XX se
produjo uno de los procesos más atrayentes y
sugestivos de la historia de la humanidad.
En ese entresuelo hirvieron la música dodecafónica con Shöenberg; la arquitectura
moderna de la mano de Loos y Otto Wagner; el positivismo lógico con Wittgenstein11; el sionismo de T. Herzl; el pangermanismo de Schönerer y Lueger, inspiradores y
modelos políticos de Hitler; la Secesión con
Klimt; el psicoanálisis con Freud.
William Johnston8 sugiere que lo ocurrido en la Viena a finales del siglo XIX, tiene
uno de sus orígenes en la oleada de revoluciones liberales9 europeas, ya que por su
Me voy a detener un momento en Klimt
porque refleja muy bien los cambios que se
dan en los modos de concebir la sexualidad
en la Viena de esa época12.
8 William Johnston, 1972, The Austrian Mind, an intellectual and social history 1848-1938, University of California Press, 1984
9 Las revoluciones liberales de 1848 en Europa requerirían un estudio detallado por los efectos que produjeron en pueblos y regiones,
pero no dispongo de lugar aquí para ello. Digamos, no obstante, que tuvieron en común que ocurrieron casi simultáneamente y que
todas ellas estaban imbuidas de una misma atmósfera romántico-utópica y una retórica similar. Esta “primavera de los pueblos” así se las llamó- no perduró, pero dejó como resto la consolidación de la burguesía en el viejo continente.
10 Eric Hobsbaum, 1975, La era del Capital, 1848-1875. Grijalbo, Barcelona, 1998
11 Allan Janik y Stephen Toulmin, 1973, La viena de Wittgenstein, Taurus, España, 1998.
12 Para situar el contexto en que aparece Klimt, digamos que, en los finales del siglo XIX, se inició una amplia renovación política, artística, arquitectónica, ideológica, en la Viena liberal. En el campo del arte y la arquitectura es importante destacar, para comprender lo que sucedió, que un grupo de jóvenes artistas, bajo el nombre de die Jungen, se organizaron para romper con los imperativos académicos dominantes, en beneficio de una actitud abierta y experimental. Luego de retirarse de la tradicional Casa de los artistas vienesa, fundaron en 1897 la Secesión presidida por Klimt. Todo esto movimiento, a juicio de Schorske configura una suerte de “revolución edípica”, “son productos de la disolución de la confianza de los hijos en las perspectivas de los padres”; Schorske interpreta esta revuelta artística no como una sublevación de artistas marginales, sino más bien como producto de un conflicto
generacional, una revuelta de Edipo, una revuelta de hijos contra los padres y su tradición.
67
Rodolfo Moguillansky Texturas inglesas
Evoquemos que Klimt13, al enmarcar la
primera exposición de la Secesión con un
sugerente cartel que ilustraba el mito de Teseo asesinando al brutal Minotauro para liberar la juventud de Atenea, proclamaba la
rebelión generacional.
Cuando se consolidó el movimiento de la
Secesión, Klimt exploró nuevas formas
orientando su indagación a la vida pulsional; la mujer emergió entonces como el símbolo por excelencia de esta alegoría instintiva; la tela Nuda veritas, hoy colgada en el
Historisches Museum de Viena, muestra una
verdad de carne y hueso, una verdad que se
identifica con el seductor erotismo femenino. En esta obra de Klimt la mujer se exhibe a sí misma y a su erotismo, no encarnando un significado abstracto.
En Serpientes bajo el agua (1904-07), expuesta en la Galería Weltz, de Salzburgo, la
sensualidad femenina es incluso más amenazadora. Lo amenazador es la comodidad
que parece tener estas mujeres moviéndose
perezosamente en la semisomnolencia de la
satisfacción sexual. Las jóvenes retozando
en la profundidad están totalmente de
acuerdo con su medio viscoso. Lo que estoy
diciendo es que estas mujeres serpientes de
Klimt abruman a los hombres, en tanto se
sienten inadecuados frente a esta capacidad femenina, aparentemente inagotable,
de éxtasis sexual. Advirtamos que las mujeres de Klimt no son vedadas son turbadoras.
Klimt en su exploración de lo erótico,
desterró el sentido moral del pecado que
había atormentado a sus padres, pero en su
lugar representó el temor al sexo que acosó
a muchos hijos sensibles.
La sexualidad que pinta Klimt no es prohibida, es inquietante.
5-Sexualidad y matriz familiar
como portavoz de los enunciados
de fundamento
Luego de desatar el infierno con el anuncio
de esa sexualidad inquietante, que había
presentado Freud y que había pintado
Klimt, el psicoanálisis dedicó un gran esfuerzo a tratar de dar cuenta de la articulación de lo que esta enunciación había desarticulado. A esta sexualidad inquietante,
insensata, había que reconducirla a la “genitalidad”. En la llamada primera tópica se
intentó dar cuenta de “esta progresión” a
través de la teoría de evolución de la libido.
Más tarde se postuló que la familia daba
los mojones para que esta sexualidad inquietante se volviera sensata y se pusiera al servicio de la genitalidad, la procreación. La “sexualidad” era civilizada, pacificada, por la
“matriz familiar” en la que se humanizaba el
cachorro humano. La matriz familiar para esta humanización proveía una estructura encargada de instaurar el tabú del incesto, la
regla de todas las reglas, llave que instituía
las “reglas del parentesco”, haciendo posibles las diferencias generacionales y a la vez
empujaba a “realizar” la sexualidad en la
exogamia. Esta matriz, además posibilitaba
la asunción de identificaciones, otorgaba lugares, planteaba ideales, prefiguraba conflictos. El aparato psíquico -de la segunda tópica- estaba construido sobre la base de la
internalización del conflicto que se daba entre la pulsión sexual y la matriz familiar.
Por otro lado la sexualidad era puesta al
servicio de la generación que lo antecede:
en la consideración de los padres, su hijo,
“his majesty the baby” debía realizar sus
sueños irrealizados. El sujeto era entonces
un eslabón en una cadena, estaba dividido,
13 Gottrieb Fliedl, Gustav Klimt, El mundo en forma de mujer, Benedikt Taschen Verlag, Koln, 1998
68
Texturas inglesas Rodolfo Moguillansky
entre la doble necesidad de ser para sí mismo su propio fin y ser el eslabón de una cadena generacional a la que estaba sujeto
sin la participación de su voluntad.
La sexualidad humana era entonces sexualidad culturalizada. Se comprendió que
esta matriz, en particular la madre, era el
portavoz del discurso del medio sociocultural al que ese sujeto iba a ingresar (Aulagnier, 1975). Para pertenecer a lo humano el
bebé tenía que involucrarse en un contrato
narcisista.
El contrato narcisista alude a cómo el discurso social anticipa y proyecta sobre el infans la esperanza de que éste se convierta
en transmisor del modelo sociocultural. El
niño, para pertenecer a la sociedad, debe
tomar los enunciados de fundamento de ese
discurso y hacerlos propios. Los enunciados
funcionan como soporte identificatorio.
René Kaës, reforzó esta apuesta al plantear que el individuo no podía rehusarse a
ser un sujeto de herencia. El sujeto de herencia, nos decía Kaës es un sujeto de grupo que se constituye como sujeto del inconsciente según dos determinaciones convergentes: una, dependiente del funcionamiento del espacio intrapsíquico y, otra, subordinada al trabajo impuesto a la psique
por su ligazón con lo intersubjetivo, por su
sujeción a las distintas formas de agrupamiento en que está incluido, tales como la
familia, los grupos, las instituciones.
6-la revolución sexual y el ocaso
de los “enunciados de fundamento”
Los nuevos modos de pensar la sexualidad,
surgidos de Tres Ensayos, fueron una de las
levaduras que fueron minando los enunciados de fundamento anteriores.
Cabe preguntarse ¿el contrato narcisista
en el que la sexualidad se “humaniza” siguió siendo el mismo en todo el siglo XX y
comienzos del XXI?
Para explorar el tema, digamos de inicio
que la literatura del siglo XX hincó fuerte
en este sujeto conflictuado por su anhelo
de amor que, a la vez, había perdido el inequívoco marco de los enunciados de fundamento del siglo XIX.
Tomaré primero, como ejemplo privilegiado de este sujeto moderno, que vivió en
los comienzos del siglo XX, que perdía un
mundo seguro, el que describió Virginia
Wolf. No perdamos de vista que los personajes conflictuados de Virginia Wolf - y el grupo de Bloomsbury - viven en una sociedad
en la que colapsaban las seguridades imperiales británicas propias del siglo XIX. Este es
el sujeto sobre el que pensó inicialmente el
psicoanálisis. Retomando, recordemos que
Wolf continuaba el camino que habían empezado en los años 20 y 30 Joyce, Eliot, Lawrence, etc., poniendo en cuestión la inmovilidad de una forma privilegiada de entender
el mundo. En ese sendero su narrativa, con
contenidos revulsivos, se atrevía a transgresiones sexuales como las que quedan expuestas en Orlando (1928). Ponía, con su escritura, una cuña al mostrar con palabras
que connotaban y denotaban la patria, la
familia, el amor, la trascendencia, cómo había arena movediza debajo de ellas. Esta cuña se evidencia con claridad en la Señora
Dalloway, cuestionando las certezas trabajosamente transmitidas por el establishment
intelectual acerca de la unicidad de la persona, de la posibilidad de la comunicación a
través de un lenguaje unívoco y neutro.
69
Rodolfo Moguillansky Texturas inglesas
La escritura revulsiva de Virgina Woolf, la
vemos también cuando a través de Bernard
en “Las olas”, afirma: Empiezo a desear un
lenguaje parco como el que usan los amantes, palabras rotas, palabras quebradas, como
el roce de las pisadas en la acera, palabras de
una sílaba como las que usan los niños cuando entran en un cuarto donde su madre está
cosiendo y cogen del suelo una hebra de lana blanca, una pluma, o un retal de chinz.
Necesito un aullido, un grito14.
Convengamos que hay una solución de
continuidad enorme desde la subjetividad
de Emma Bovary a Mrs Dalloway o Bernard.
Lo que en Flaubert era una denuncia a la
pacatería victoriana, en Wolf es un aullido,
un grito que hace temblar la sociedad.
Pero estos cambios que se empezaron a
dar en el imaginario social todavía fueron
mucho más allá por efecto de la llamada “revolución sexual” que se dio después de la segunda guerra mundial. De la mano de esa
revolución cayeron tabúes y la sociedad fue
más permisiva con una sexualidad que se salía del formato de los ideales victorianos; empezaron a adquirir carta de ciudadanía, no
sin sobresaltos, formas de relación que hubiesen sido pensadas como inadmisibles para los Enunciados de fundamento anteriores.
Para evocarlos me voy a permitir recordar las reacciones y movimientos que se
produjeron cuando Vladimir Nabokov publicó en 1955, “Lolita”. Estas iban del éxtasis al ultraje. Graham Greene, en una entrevista publicada en esos tiempos en Londres,
proclamó que Lolita era uno de los mejores
libros del año. En el mismo diario se le respondió -a Greene- que “Lolita” “era el libro
más asqueroso” y que se trataba de “pornografía libre escarpada”.
En consonancia con el rechazo social que
suscitó la novela de Nabokov, el Ministerio
del Interior británico ordenó a funcionarios
de costumbres secuestrar todas las copias
de Lolita que entraban en el Reino Unido y
se ejerció presión sobre el ministro francés
del interior para prohibir el libro. El 20 de
diciembre de 1956, la policía de París lo incautó y Lolita estuvo prohibida en Francia
por dos años.
Todavía conmueve, cuando dice Nabokov en Lolita, que “entre los nueve y los catorce años de edad, aparecen niñas que, ante la mirada de algunos atónitos viajeros,
dos o tres veces mayores que ellas, revelan
su auténtica naturaleza, que no es humana
sino nínfica (entendamos demoníaca); y, para esas criaturas, elegidas, propongo el
nombre de nymphets”.
La Lolita de Nabokov es una…, de doce
años y siete meses, de inquietante encanto,
inocente impudor y esa punta de vulgaridad que caracteriza a la nymphet. El otro
personaje de la novela es Humbert Humbert, europeo, en la cuarentena, que vive
en Norteamérica desde hace poco tiempo.
Humbert descubre a Lolita en una pequeña ciudad donde pasa sus vacaciones.
Para poseer a la niña se casa con la madre,
quien muere al poco tiempo. Humbert lleva, después de la muerte de su esposa, a Lolita a un hotel llamado Los cazadores en-
14 “I begin to long for some little language such as lovers use, broken words, inarticulate words, like they shuffling of feet on the pavement. Words of one syllable such as children speak when the come into the room and find their mother sewing and pick some scrap
of white wool, a feather, or a shred oh chinz. I need a howl, a cry. But for pain words are lacking. There should be cries, cracks, fissures, whiteness passing over chinz covers, interference with the sense of time, of space: the sense also of extreme fixity in passing objects; and sound very remote and then very close: flash being gashed and blood spurting a joint suddenly twisted – beneath all of with
appears something very important, yet remote, to be held just in solitude” The Waves. Londres. The Hoharth Press, 1931, página 189
70
Texturas inglesas Rodolfo Moguillansky
cantados, le da un somnífero, pero no se
atreve a aprovecharse de su sueño; su meta
no era tener sexo con Lolita, ella nunca debía saber lo que él hacía. Pero por la mañana, Nabokov, en su novela sube la apuesta,
Lolita pasa de víctima inocente a seductora.
Lolita lo seduce a Humbert.
Nabokov relata entonces la larga huida
de Lolita con su padrastro de un extremo a
otro de Estados Unidos. Lolita, más tarde
escapa con otro hombre de edad madura al
que Humbert mata. Como remate de la novela, a los diecisiete años Lolita, casada desde hace poco con un joven y honesto técnico, muere en el parto. Pocas semanas después Humbert gracias a un ataque cardíaco
se libra de la pena capital.
Aún hoy la maravillosa novela de Nabokov estremece, en tanto pone dentro de
nuestro mundo, una sexualidad difícil de digerir. Incluso se puede decir que es difícil
para el paladar de Nabokov, pues necesita
para su novela un final trágico.
La narrativa de Nabokov, es uno de los
tantos hitos, un hito magistral, de una sexualidad que se abrió paso en el siglo XX,
sin pedir permiso, por fuera de los ideales
victorianos del siglo XIX, una sexualidad cada vez más alejada de la reproducción.
15
7- La genitalidad , la ilusión del
reencuentro de la sexualidad y la
reproducción
En este recorrido, un tanto moroso y no muy
ordenado por la amplitud del tema que
quiero abarcar, quiero detenerme ahora en
la genitalidad, en tanto en ella se centró la
ilusión del psicoanálisis de reencontrar la armonía entre la sexualidad y la reproducción.
Como vimos, el psicoanálisis, al extender
el concepto de sexualidad provocó el “escándalo” de no subordinarla a la función de reproducción, sin embargo, pese al valor heurístico de esta desarticulación, se siguió con
la idea que una parte de la sexualidad, la genitalidad, seguiría ligada a esta función. En
rigor, convengamos que, si en un principio,
el psicoanálisis rompió con las pautas culturales al separar la sexualidad de la reproducción, buena parte de los psicoanalistas, Freud
incluido, mantuvo la ilusión de volver a juntarlas. Como evidencia de ese movimiento
en donde podía volver la armonía, es destacable lo que Laplanche y Pontalis16 en su Diccionario comentan. Ellos dicen que la nítida
oposición acentuada inicialmente entre la
sexualidad puberal y adulta -en tanto organizadas por la primacía genital- y la sexualidad infantil -con su carácter polimorfo, perverso y anárquico-, fue perdiéndose gradualmente (J.Laplanche y J.B.Pontalis, 1971).
8- ¿Reencontramos en la genitalidad
el eslabón que reencadena
la sexualidad y la reproducción?
¿Pero hasta dónde estaba el psicoanálisis dispuesto a borronear la adquisición genital?
Decíamos con Seiguer (1991) que K.
Abraham (1924), en su célebre Breve Estudio, creyó reencontrar la conexión de la sexualidad con la genitalidad y la reproducción. También afirmábamos que era una as-
15 La argumentación del apartado 7 y 8 reproduce el que seguí en “Reconsideraciones sobre la Genitalidad” (1991), Rodolfo Moguillansky y Guillermo Seiguer, Relato oficial en el XX Congreso Latino americano de Psicoanálisis, Fepal, luego publicado en La vida
emocional de la familia, Ed. Lugar, Bs. As. 1996
16 Laplanche, J. y Pontalis, J.B. (1971) Diccionario del Psicoanálisis, Labor, Barcelona, 1971
71
Rodolfo Moguillansky Texturas inglesas
piración kepleriana a una órbita perfecta
de la libido, la concepción de K.Abraham
(1924) que calificaba de post-ambivalente a
la genitalidad. A nuestro juicio, resultaba
una pesada carga en tanto desligaba la sexualidad-genital del conflicto.
que el siglo XXI verá nacer un bebé por ectogénesis (el desarrollo de un embrión fuera del organismo humano), es decir, de un
útero artificial. Atlan nos anticipa, en su ensayo, que se concretará lo que narró A. Huxley en Un mundo feliz.
No olvidemos que las consideraciones
de Abraham tendían a equiparar genitalidad con criterios de norma o de salud, con
lo que el posible conflicto genital se limitaba a un infiltrado pre-genital. En esa
senda el preciado “amor objetivo completo” genital (Abraham, 1925), en el planteo de Abraham era tan elevado que corría el riesgo de desaparecer finalmente
de la mira del psicoanálisis. Recordemos
que aspiraba a una supuesta objetividad
final para el desarrollo: el sujeto “ha destruido el poder del principio del placer sobre su conducta”.
Atlan nos cuenta que tras el auge de la
reproducción in vitro, la nueva frontera es
la reproducción fuera del cuerpo de las mujeres. La mecanización de la gestación ha
dejado de pertenecer al ámbito de lo imposible para entrar en el de lo probable. Aunque muchas mujeres, seguramente seguirán
prefiriendo seguir gestando niños en su
útero, es probable que algunas, o muchas,
elijan no transitar por un embarazo.
M.Balint17 (1936-1947) remarcará sutilmente la dificultad para concebir la genitalidad al afirmar que sus características solo
se describían en negativo, como ausencia
de los rasgos positivos de la pregenitalidad.
Esta dificultad, al separar “la genitalidad”
del conflicto se acentuaba al hablar de un
“carácter” genital (W.Reich18, 1933).
Resulta evidente que la separación entre
sexualidad y reproducción se acentuará, es
posible que en la ectogénesis los hombres y
mujeres sólo cuenten a la hora de dar un
óvulo y un espermatozoide o ni siquiera eso
con la difusión de la clonación.
Podemos anticipar una gran discusión,
quizás sea uno de los grandes temas de este siglo que recién empieza.
En este panorama, lo develado en Tres
Ensayos, es una herramienta imprescindible
para pensar.
9-La sexualidad humana
en el siglo XXI
En un largo salto pasemos al 2005. Nuestras
ideas sobre la sexualidad en los comienzos
del siglo XXI están recibiendo noticias que
nos obligan a repensarlas. Henry Atlan acaba da publicar este año en Francia L´utérus
aritificiel (El útero artificial)19, anunciando
10-Epílogo
Vivimos en un mundo en transición, somos,
o al menos yo soy una persona de la modernidad, que vive en una pos-modernidad
que va marcando nuevas formas de subjetivación, nuevos modos de relación.
17 Balint, Micharl; (1936) Eros and Aphrodite; Genital Love. Primary Love and Psycho-Analytic Technique, Tavistock. London, 1965
18 Reich, W., (1933), Análisis del Carácter, Paidos, Bs. As., 1965
19 Henry Atlan, 2005, L´utérus aritificiel, Ed. Seuil, París.
72
Texturas inglesas Rodolfo Moguillansky
El mayor hiato que, a la luz de lo que
nos anticipa Atlan, se dará entre sexualidad y reproducción traerá como inevitable consecuencia nuevos modos de relación, seguramente la polaridad masculino-femenino tienda a atenuarse y asistamos a la emergencia de prácticas y sentires en torno a la sexualidad impensables
para nuestra época.
¿Cómo serán “los enunciados de fundamentos” de la sociedad que adviene? No lo
sé muy bien, pero estoy seguro de que no
serán los mismos que nos subjetivaron. Es
difícil pensar que la estructura de parentesco no va a sufrir enormes barquinazos.
El desafío es enorme, nuestra teoría y
nuestro dispositivo tendrá que tener, en
“ese entresuelo”, la elasticidad de contener
a la sexualidad moderna en la que nos criamos y relacionamos, junto a una sexualidad
que, con novedosas formas, adquiere cada
vez mayor presencia.
Resumen
El autor transita por los 100 años de sexualidad freudiana.
Inicia su hoja de ruta con el artículo de
tres ensayos de freud como punto de partida de un nuevo modo de concebir la sexualidad.
El articulo esta entrecruzado con evocaciones literarias que sustentan la trama de
la cual nace esta nueva manera de concebir la sexualidad humana.
Gustave Flaubert, Klimt, Vladimir, Sartre,
Virginia Woolf son algunos de sus compañeros de ruta que acompañan al autor en
el devenir de sus pensamientos.
Con la pregunta ¿como serán los "enunciados de fundamento" de la sociedad
que adviene? Corona su trabajo anunciando el desafió que tanto para la teoría como para el dispositivo que hoy conocemos
tendrán que enfrentar para contener una
sexualidad con nuevas formas que cada
vez tienen mas presencia.
73
Bibliografía
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libido”. Psicoanálisis Clínico. Horme. Buenos Aires. 1959
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En castellano Las olas. Editorial Lumen. Barcelona. 1990.
Wolf, Virginia. La señora Dalloway. Cátedra. Madrid. 1993
Texturas Francesas
La sexualidad a cien años
de los Tres Ensayos1
Silvia Bleichmar*
Han pasado cien años de la publicación de
Tres Ensayos, en 1905, y si bien cabe preguntarnos qué ha pasado en el psicoanálisis a lo
largo de un siglo, la cuestión principal es qué
ha pasado en la sociedad con los cambios que
se han operado respecto a la sexualidad. Y es
desde esta perspectiva que hace tiempo intento distinguir, en función de la organización del pensamiento psicoanalítico y de ir
ubicando los problemas del futuro del psicoanálisis, cómo separar aquellos núcleos de verdad que permanecen a través del tiempo y
que remiten a cuestiones invariables de la
constitución psíquica de los modos de la subjetividad que han cambiado a lo largo de
tiempo. Lo que se llama producción de subjetividad es del orden político e histórico. Tiene
que ver con el modo con el cual cada sociedad define aquellos criterios que hacen a la
posibilidad de construcción de sujetos capaces de ser integrados a su cultura de pertenencia. Hay proyecto de producción de subjetividad en cada sociedad y estos proyectos de
producción de subjetividad, tienen ciertas ca-
racterísticas: el modo de funcionamiento de
la familia del siglo XX en Occidente, con funciones bien diferencias, es del orden de la
constitución de la subjetividad. Mientras que
la diferenciación tópica en sistemas regidos
por legalidades y tipos de representación es
del orden de la constitución psíquica. De ahí
que lo constitutivo del psiquismo, da cuenta
de aspectos científicos del psicoanálisis y que
se sostienen con cierta trascendencia por relación a los distintos períodos históricos.
Se trata también de una batalla por sostener nuestros enunciados científicos en el
marco de la época que nos toca vivir, pero
también por lograr su trascendencia. Cuando a veces me pregunto qué espero de lo
que hago, me respondo, de manera espontánea, que espero que en el futuro al menos no se considere como absurdo aquello
que guió mi pensamiento y mi acción. Si alguien, por casualidad, leyera dentro de cincuenta, o cien años, nuestros escritos, supongamos, que alguien encuentre en una
1 Transcripción de conferencia dictada por la Dra. Silvia Bleichmar en la presentación de la revista Docta Nª 2 (Córdoba 18 de marzo de 2005)
* Psicoanalista
77
Silvia Bleichmar Texturas francesas
biblioteca algo de nuestro tiempo -un tataranieto, por ejemplo- que piense que fui
digna para la época que viví, que no fui una
payasa, que lo que dije, aún errado en muchos aspectos, fue honesto y avanzado para
la época que me tocó y que estuvo cerca de
lo más avanzado de esa etapa histórica.
Es en razón de esto que voy a someter
algunos de los paradigmas del psicoanálisis
a este clivaje, si ustedes quieren, entre constitución del psiquismo y producción de subjetividad. Tomemos como ejemplo la tópica
tripartita propuesta por Freud; tanto su primera formulación, a la que recién aludí, como en la segunda, con el ello, el yo y el superyo, para poner de relieve que más allá
de que las inscripciones que constituyen las
instancias secundarias puedan sufrir variaciones culturales, habrá elementos insoslayables de la pautación que imponen sus regulaciones para que los seres humanos puedan vivir en común y sostenerse en el marco de los riesgos que los acechan.
Sabemos que es muy discutible que las
formas de la moral tengan carácter universal. Y una ilusión que hemos debido abandonar, y que tuvo mucha preeminencia en
el ejercicio del psicoanálisis de la segunda
mitad del siglo XX fue la convicción de que
alguien que aparentemente era un inmoral,
en realidad tenía reprimida la culpa o se defendía de una angustia extrema, cuando el
tiempo nos ha demostrado que esto bien
puede no ser así -al menos, ni culpa ni vergüenza parecen existir en estar reprimido ni
producir síntomas en tantos sujetos que hemos visto desfilar por la historia argentina
de los últimos treinta años-. Por otra parte,
estos mismos sujetos se pueden melancolizar si pierden el dinero o el poder, dando
cuenta que su escala de valores está regida
por otros enunciados que aquellos que nos
constituyen. Sin embargo, más allá de esto,
es indudable que las condiciones de existencia de una sociedad no se proyectan hacia el
futuro sin una cierta universalización ética,
que opera como imperativo categórico para el universo de sujetos que engloba.2
La segunda cuestión que puede ilustrar
la diferencia entre producción de subjetividad y constitución del psiquismo tiene que
ver con la causalidad de la patología psíquica. Si bien hay cambios en la psicopatología
actual, con dominancia de síntomas y trastornos que no son los mismos que clásicamente conocimos, la cuestión es si esto implica relevar el paradigma de la causalidad
psíquica psicoanalítica, vale decir el de la
determinación libidinal del sufrimiento psíquico. No se trata de desconocer los cambios operados, pero tampoco de ceder en el
debate por la defensa de los paradigmas
ante la neurociencia, con su pretensión de
anular toda causalidad representacional de
la patología mental. Aceptar, por ejemplo,
la denominación de “fenotipo TOC” -trastorno obsesivo compulsivo-, implica, de hecho, convalidar que hay un genotipo determinante de este modo de funcionamiento
psíquico, tirando por la borda años de trabajo fecundo tanto en la investigación como en la transformación de esta patología.
Nuestro trabajo debe centrarse en el trabajo de revisión intrateórico que permita
2 Cuestión a tener en cuenta, porque nuestro ideal universalista, proveniente de la tradición del Iluminismo, impone una concepción
del semejante amplia y abarcadora, mientras que para otros modos políticos de pensamiento el universo de iguales no implica al conjunto de la humanidad. Es esta definición de “universo del semejante” lo que permite que un terrorista fundamentalista no sienta culpa por matar niños a los cuales no considera de su “especie”, o que los jefes nazis de los campos de concentración pudieran mandar a miles de personas a la muerte sin que se les moviera un pelo, ya que estas personas no eran consideradas como parte de la
raza aria, equivalente a la única humanidad válida.
78
Texturas francesas Silvia Bleichmar
afrontar las nuevas cuestiones atinentes a la
sexualidad, luego de más de un siglo de psicoanálisis. Por eso el curso de postgrado
que dicto este año en la Universidad Nacional de Córdoba se llama Que permanece de
nuestras teorías sexuales infantiles, título
que remite a un enunciado provocativo de
Laplanche, aludiendo a la teoría de la castración femenina como constructo infantil
para dar cuenta de la diferencia sexual anatómica que consideró “la teoría sexual de
Freud y de Hans”.
disociación de la reproducción, corroborando las tesis psicoanalíticas a niveles impensables en su momento de partida. Al punto
de que podemos afirmar que si durante siglos la humanidad trató de tener relaciones
sexuales sin procrear, esta etapa se caracteriza por el intento de procrear sin tener relaciones sexuales, lo cual implica un giro
monumental, al cual la Iglesia intenta poner coto con la prohibición de los anticonceptivos -lo cual es casi incitación al delito
en una humanidad diezmada por el SIDA-.
Vayamos en primer lugar al aporte capital que propone Freud en Tres ensayos al esbozar, por primera vez en la historia del
pensamiento, el concepto de sexualidad ampliada. No se trata sólo de reconocer que los
niños tienen sexualidad, sino que la sexualidad tiene un carácter polimorfo, invasivo de
las funciones básicas, que no se reduce a la
función genital. Se trata de definir lo sexual
como un plus de placer no reductible a la
autoconservación, donde el chupeteo cumple una función autoerótica, desprendida
de la función alimenticia, y cuya finalidad se
ve desgajada de lo autoconservativo. El chupeteo posterior a la ingesta pone de relieve
que está destinado al reequilibramiento de
la energía psíquica, más allá de lo somático,
ya que se rige por una economía libidinal
puesta en marcha a partir de procesos de excitación, y cuyas vías de resolución son irreductibles ya al plano autoconservativo, en
virtud de que se rige por el placer-displacer
y no por la saciedad o carencia somáticas.
Y si este descubrimiento psicoanalítico
que pone de relieve la des-soldadura entre
la sexualidad y el instinto es coherente con
la separación de la función nutricia o excremencial respecto al placer oral o anal, hace
obstáculo desde el interior mismo de la obra
freudiana: la imposibilidad de sustraerse de
una cierta teleología de la sexualidad que
culminaría necesariamente en la genitalidad
procreativa, con reunificación de lo parcial,
y una suerte de ideal madurativo de la genitalidad adulta -cuestión que luego retomaré
para revisar el concepto de perversión-. Desde el punto de vista intrateórico, esta valoración de la reproducción al servicio de la
conservación de la especie, sostenida desde
una epistemología de la contigüidad para la
cual las leyes que rigen la naturaleza se extenderían a lo psíquico, o incluso expresarían los mismos principios, culmina en una
impasse que lleva a Freud, en la segunda
teoría de las pulsiones, a colocar a la sexualidad del lado de la pulsión de vida a partir
de su subordinación a la especie, lo cual
echa por tierra lo fundamental del descubrimiento, vale decir, el carácter disfuncional,
mortífero del deseo inconsciente. Dualismo
de las pulsiones de vida y de muerte que podrían rescatarse al poner del lado de la vida
Lo central del descubrimiento freudiano
radica en la no subordinación de la sexualidad al instinto, su carácter irreductiblemente ligado a las series placer-displacer. Y esto
nuestra época lo ha llevado hasta el límite,
poniendo en el centro de la vida sexual su
79
Silvia Bleichmar Texturas francesas
el amor por el yo y por el semejante, incluso
aquello del orden de lo que yo he conceptualizado como “narcisismo trasvasante”,
que lleva no sólo a la preservación del sujeto y del objeto sino incluso a abrir espacio
representacional para el hijo que viene a
trascender amorosamente la angustia de
muerte y el vacío de existencia que impone
la reducción a la inmediatez a la que condena el goce. En este sentido, dualismo recuperable si se define como un dualismo entre
dos tipos de sexualidad, ligada y amorosa
por un lado, desligada y parcial -o perversapor otro, dando cuenta de dos formas de
funcionamiento respecto al objeto y de dos
tipos de legalidades.
Esta epistemología de la contigüidad
que hace tabla rasa con la diferencia entre
la vida natural y la representacional que da
pie a concebir la pulsión de muerte como
retorno a lo inorgánico, que tiene su enlace
con la metabiología propuesta por Ferenczi
en la cual se articula un continuo entre el
hombre como ser social y la naturaleza, se
contrapone a otros momentos de la obra
freudiana en la cuales muy claramente
Freud plantea la necesidad de intervención
del otro humano como transformador de la
tendencia a la descarga absoluta, cualidad
básica de lo biológico -como en el Proyecto,
por ejemplo-. Esta epistemología de la contigüidad aparece en Tres ensayos también a
través de la noción de estadio, que sabemos
ha dado sustrato a una psicología del desarrollo a partir del psicoanálisis, psicología
cuya génesis se ve endogenamente determinada y que lleva a alguien como Spitz a
afirmar que así como se caen los dientes de
leche, la fase oral precede a la anal, desde
un determinismo para el cual lo somático
determina lo psíquico desde una delega-
80
ción que antecede al concepto de pulsión
como concepto límite..
Volviendo al polimorfismo perverso infantil, no podemos dejar de subrayar que
tiene el valor de plantear la potencialidad
perversa no como una degeneración en el
ser humano sino como la acentuación de un
modo de ejercicio de la sexualidad. Polimorfismo que puede devenir perversión si no
encuentra regulación en los momentos que
tendría que ordenarse, en razón de lo cual
la neurosis aparece como negativo de la perversión, vale decir como pasaje a otro registro, dado que las representaciones pasan de
estar en lo manifiesto a verse reprimidas.
Esta generalización de la potencialidad
perversa, que saca a la perversión del concepto de “degeneración” y abre perspectivas
inéditas, ha operado como obstáculo sin embargo en el psicoanálisis de niños cuando se
ha escamoteado, detrás del polimorfismo
perverso, la posibilidad de aparición de la
perversión como estructura clínica en la infancia. Porque ya desde los momentos de regulación de la economía libidinal con los
cuales la represión originaria plantea el sepultamiento de este polimorfismo, podemos
detectar en algunos casos, en la infancia, la
supervivencia de un goce en cuyo ejercicio se
desconoce la subjetividad del otro humano,
estando ausente la ligazón que lleva en primera instancia a renunciar al autoerotismo
primer por amor al objeto, y luego por autorespeto del yo. Siendo, en verdad, el polimorfismo perverso un modo de potencialidad universal de la perversión, pero al mismo tiempo que en el momento en que ya
hay un yo, condiciona y establece una relación con el objeto y siendo intercambios
amorosos ya la idea de polimorfismo perverso se detiene. Esto yo lo he trabajado mucho
Texturas francesas Silvia Bleichmar
en relación a cómo se establece el control de
esfínteres, donde se renuncia en principio,
por amor al otro y después recién se establece la represión, pero diríamos que no hay
manera en que se establezcan la renuncias
pulsionales, si no hay una intervención del
otro en la cultura y ese otro que interviene
no solamente interviene pautando o prohibiendo, sino a partir de que es una renuncia
amorosa. De modo que la idea de polimorfismo perverso queda ahí emplazada como
una cuestión a acotar en términos de que no
implica que el niño sea un pequeño inmoral,
sino que tiene formas de goces a las que debe renunciar u otorgar un destino.
Tres ensayos tiene casi tantas notas como texto, porque fue el texto más revisado
por Freud a lo largo de su vida, al introducirle a posteriori la teoría de la castración, la
teoría del Edipo, todo lo que no tuvo presente de entrada se lo fue agregando en
notas al pie. Y por suerte tenemos ahora
ediciones en las cuales las notas están fechadas, permitiendo hacer un trabajo más
cuidadoso sobre la obra, mientras que las
primeras ediciones tenían las notas como si
el conocimiento se constituyera a partir de
una evolución lineal, sin permitir al lector
comprender el despliegue del concepto en
su nexo.
Es evidente que la genitalidad no reúne
ni coarta el goce de la pulsión parcial de modo total. Sabemos que la gran parte de los
problemas que tienen las parejas es precisamente la persistencia del autoerotismo,
ejercido más allá de los límites del respeto
hacia el otro. ¿De qué se queja la gente en
la entrevistas de pareja? No lo voy a decir escatológicamente, porque todos sabemos
que muchas veces en las entrevistas de pareja las señoras se quejan de las chanchadas
de los maridos, ¿qué son las chanchadas?...
son modos de ejercicio infantil del autoerotismo, polimorfismo perverso, sin que eso
implique necesariamente perversión, aunque su ejercicio dé cuenta del descuido por
el otro, vivido, correctamente, como falta de
amor por quien lo padece, en la medida en
que la necesaria renuncia a su ejercicio está
articulada tanto por el autorespeto como
por el respeto al semejante. Esto es lo que
afirma Freud en la metapsicología respecto
al autoerotismo reprimido: “se renuncia por
autoestima del yo”, vale decir, para sentirse
valioso y “amable” -digno de ser amadotanto por el yo como por el otro humano.
Y bien, uno de los problemas que plantea el capítulo acerca de la metamorfosis
de la pubertad, es dejar flotando la idea de
que la identidad sexual termina de articularse con la elección de objeto, anudando,
de modo contradictorio con otros enunciados freudianos, heterosexualidad e identidad. Si el texto señala de manera clara que
la homosexualidad no es “una mente de
mujer en cuerpo de hombre”, masculinidad
no se liga necesariamente a heterosexualidad masculina, ni feminidad a heterosexualidad femenina. Hoy podemos afirmar
más firmemente aún que sería imposible
pensar que la identidad de género sea el
desenlace de la elección de objeto, porque
la identidad no es correlativa a la elección
de objeto. Los teóricos de los movimientos
gay discuten actualmente que se los despoje de su masculinidad en función de un tipo de elección de objeto. Por otra parte sabemos que en el pasado las prácticas homosexuales fueron consideradas muchas
veces rituales de iniciación de la masculinidad, sobre todo ante los griegos -en el libro
sobre sexualidad masculina que estoy ter-
81
Silvia Bleichmar Texturas francesas
minando podrán ver desarrolladas ampliamente estas cuestiones-.
En este sentido es importante rescatar la
diferencia establecida por Freud entre Untershied y Vershidenheit, que es la relación
entre diversidad y diferencia anatómica,
abriendo la posibilidad de pensar que la
identidad en género coexista con el polimorfismo perverso siendo anterior a la elección
de objeto genital. Yo quisiera detenerme un
momento en esto, ya que aparece acá una
idea muy fuerte e importante. Ustedes saben
que se ha hecho mucho hincapié en el estudio de géneros en estos años, y yo he formulado mi objeción a hablar de psicoanálisis del
niño y de la niña, ya que considero que esto
que aparece avanzado políticamente es al
mismo tiempo regresivo teóricamente: el
psicoanálisis del niño y de la niña es prefreudiano, en la medida que vuelve a poner en el
centro la cuestión de la identidad y no la
cuestión del inconsciente, que no es ni masculino, ni femenino; siendo en todo caso sólo un elemento a articular de la relación del
Yo -donde se inscribe la problemática de género- con aquella que remite a la sexualidad
en sentido estricto, inconsciente. Sin perder
de vista, en todo caso, que el concepto de
género es un concepto sociológico no psicoanalítico, ¿qué quiero decir con esto? Que
toma en cuenta la definición de los roles que
hacen al modo de ejercicio de la sexuación,
vale decir, los modos con los cuales cada cultura define qué es lo femenino, qué es lo
masculino y de qué manera se ejerce socialmente la diferencia.
En los primeros tiempos de la vida todo
niño sabe si es niña o niño más allá de la diferencia anatómica. Durante los primeros
tiempos, desde la lógica identitaria que
constituye los organizadores sociales, los
82
atributos de la diversidad definen el género: tener aritos o no tener aritos, vestirse de
un color y no vestirse de otro, en fin, estos
elementos determinan la identidad, esta es
la identidad de género, que por supuesto
tiene variaciones culturales y variaciones familiares y se expresa también en modos de
definir conductas, acciones racionales del
sujeto social. Pero también es verdad que la
dinámica de género cobra cierta evolución
una vez lanzada, llamando la atención de
los modos con los cuales incluso la patología se organiza al respecto: la aparición de
una anorexia, por ejemplo, en un varón, ligado a una preocupación por la estética
corporal, en un niño que no es psicótico,
nos puede llevarnos a explorar, de modo
más cuidadoso, la posibilidad de trastornos
en la identidad de género a partir de modos miméticos de instalación de rasgos de
género respecto a figuras femeninas dominantes en su entorno familiar o cultura.
Para puntualizar, podemos entonces afirmar que la identidad de género coexiste con
el polimorfismo perverso de los primeros
tiempos de la vida en las propuestas identitarias que el niño recibe, y luego, cuando
aparecen las primeras formas precipitadas
del yo como modo de constitución del mismo, y se resignifica a partir del descubrimiento de la diferencia anatómica encontrando su rearticulación en el entramado
que constituye por una parte, la sexualidad
ampliada, y, por otra, la sexuación y el género, al final de la pubertad. La noción de homosexualidad inconsciente que Freud enuncia como un universal, cuestión notablemente avanzada para su época, deja abierta
una problemática que es la siguiente: hablar
de homosexualidad inconsciente, aunque
implique un gesto de audacia brutal al uni-
Texturas francesas Silvia Bleichmar
versalizar para toda la humanidad la idea de
homosexualidad, se torna sin embargo contradictorio con el estatuto mismo del inconsciente, en la medida en que la coexistencia
de los contradictorios es parte de la legalidad del inconsciente: la articulación conjuntiva (y…y) pone de relieve que nadie es en el
inconsciente homosexual ni heterosexual.
La identidad, siendo una cuestión del Yo, da
cuenta del modo con el cual éste cualifican
los deseos que el inconsciente porta. Estamos ante una cuestión central de nuestra
práctica, ya que al interpretar ciertas tendencias, ciertos fantasmas, como homosexuales -cuando en realidad pueden ser perfectamente, como en algunas situaciones
que yo vengo trabajando, fantasmas de
masculinización- se anula la posibilidad de
comprender la verdadera función estructural que cumplen en la economía libidinal.
En algunos niños el deseo de incorporar
un órgano masculino bajo formas fantasmáticas no obedece a un deseo homosexual, sino una paradoja de la masculinización, en
tanto podemos estar ante la búsqueda de incorporación del atributo viril para culminar
un proceso de virilización. El análisis, si no toma esta determinación en cuenta, reproduce
la posición del yo del sujeto que considera
homosexual a algo que está tendido a la búsqueda de la resolución de la virilidad fallida.
Y es muy interesante ver cómo en muchos
casos adolescentes que van a la búsqueda de
una masculinización se encuentran con situaciones de pasivización a las que los llevan
los grupos en los que participan, coagulación
patológica de una situación en la que tratando de masculinizarse se ven sometidos a una
situación de incremento del fantasma homosexual. Traigo todo esto para mostrar la discordancia existente entre el fantasma y la
identidad, discordancia necesaria e irresoluble que sostiene en el marco de la noción de
conflicto que la identidad no es el resultado
de una forma evolutiva en el aparto psíquico
sino el efecto de una recomposición de las
relaciones entre género, elección de objeto y
deseo inconsciente.
Vayamos ahora a la cuestión de la perversión, que debe ser revisada en el marco
de las nuevas prácticas sexuales para darle
nuevas especificidades en psicoanálisis. Sabemos que Freud sostuvo la diferencia entre polimorfismo perverso y perversión clínica, ubicando dos grandes rangos de la
perversión: el ejercicio de la pulsión parcial
en las prácticas genitales como sustitución
de zonas y metas, y luego, en su segunda
teoría sexual, el posicionamiento del sujeto
en la verleunung de la castración como mecanismo dominante -renegación o juicio de
desestimación, según las traducciones-. Por
su parte Melanie Klein da un giro importante, al poner el concepto de pseudo-genitalidad como modo de relación parcial de objeto aún cuando se ejerza, desde lo manifiesto, la genitalidad con un objeto que toma la fenomenología de total. Se trataba
de que podía haber una genitalidad en la
cual el otro fuera un objeto parcial, un mero lugar de ejercicio de goce sin reconocimiento de mociones amorosas, bajo modos
que podemos considerar parciales, vale decir, “desubjetivados”, en un lenguaje que
no era accesible para su época. Sin embargo, hay allí una idea anticipadora extraordinaria, porque lo que estaba allí planteando,
es que la definición de perversión no pasaba por la zona que estaba en juego, sino
por un modo de relación con el objeto.
Es absolutamente inevitable que los textos freudianos, más allá de su anticipación,
83
Silvia Bleichmar Texturas francesas
del modo con el cual llevan hasta el límite
la moral sexual de su tiempo, se vean atravesados en algunos aspectos por esta moral
de su tiempo, quiero decir, la transgrede, la
impulsa, la amplían, la modifican y al mismo tiempo no puede eludirla totalmente.
En razón de ello, si en Tres ensayos está muy
bien planteado el hecho de que el ejercicio
de la pulsión parcial es una forma de perversión, más allá de los ejemplos históricos,
habría que ir a lo fundamental del paradigma expuesto, y no a lo anecdótico. Retomemos, por ejemplo, esta afirmación de las
transgresiones de zonas, que lleva a afirmar
a Freud que la felatio es un modo de ejercicio perverso de la sexualidad. Esta misma
idea podría ser retomada desde otro ángulo, por ejemplo, si se tratara de la instrumentación de la boca femenina como mero
estimulador mecánico, no importando en
absoluto el goce de la mujer implicada, estando la mujer que ejerce la acción simplemente como un auxiliar del placer del otro,
podríamos considerar que hay perversión
porque estaría desubjetivizado uno de los
autores implicados en la relación. En este
caso, por ejemplo, la mujer no sería un ser
con el que se goza, sino un ser sobre el cual
se goza, en la medida que la pulsión parcial
estaría dada no por el empleo de la zona, sino por la forma en que queda capturada la
zona y la fijeza de la escena. Hay que conservar la idea central de perversión freudiana, entonces, separándola de las teorías
morales de su época, recuperando los aspectos metapsicológicos que toman en
cuenta el ejercicio de la pulsión parcial como desubjetivación y la Verleugnung de la
castración como desestimación del límite
que implica para el propio goce la presencia
del otro humano. Redefiniendo entonces la
perversión en términos del empleo del cuer-
84
po del otro como objeto de goce más allá
de la subjetividad de quien lo sostiene.
Vuelvo a la definición entonces para reafirmar mi posición: debemos redefinir la
perversión como empleo del cuerpo del otro
como lugar de goce de quien rehúsa reconocimiento o intenta la destitución subjetiva del otro implicado en la acción. Es en este sentido que, por supuesto, son perversas
todas las prácticas de dominación sobre el
cuerpo del otro con fines sexuales, lo cual
implica, como ya sabemos, acciones muy patológicas que no sólo capturan al partenaire
empleado, sino a quien lo ejerce. Un joven
que fue mi paciente durante algún tiempo,
pero a quien atiendo periódicamente porque vive ahora en el exterior, sostenía, sobre
la base de una fobia severa a la vagina -determinada por corrientes severamente afectadas de su vida psíquica- una forma de goce que lo obligaba a eyacular sobre el cuerpo de la mujer y no en su interior -en particular sobre los pechos-. Por supuesto, esto lo
llevaba al fracaso de todo intento de relación amorosa con mujeres que pretendieran
sostener relaciones más o menos “normales”, las cuales no sólo se sentían insatisfechas sino que expresaban un profundo rechazo por el modo con el cual se establecía
esta forma de sexualidad, lo cual no le permitía, indudablemente, sostener ninguna
relación de contigüidad. Carente de la posibilidad de reconocer el rechazo que producía en las chicas que quedaban absolutamente anonadadas por al escena en la cual
de pronto se veían incluidas, me vi en la
obligación de hacerle saber que si no tomaba conciencia de que esto constituía un síntoma, él mismo se vería compulsado a establecer relaciones en las cuales la mujer sólo
sería accesible a partir de este modo de la vi-
Texturas francesas Silvia Bleichmar
da sexual y no de la complementariedad como persona que él buscaba. La compulsión
perversa, en este caso, más allá de la evaluación moral que no me compete como analista, constreñía su vida amorosa dando cuenta de que la perversión no es, como se pretende a veces desde posturas hedonistas,
una ampliación de la libertad del sujeto, sino una verdadera restricción que lo captura
bajo reglas tan estrictas de ejercicio del goce como las que impone al partenaire. No
siendo, en tal sentido, sólo desubjetivación
del otro sino de sí mismo.
Vayamos ahora a la cuestión de los cambios sufridos respecto a los modos tradicionales de constitución familiar que dieron
marco a la estructura del Edipo durante el
siglo XX. Si pretendiéramos atender hoy a
niños clásicos que odian al papá por que
duermen con la mamá, serían muy pocos
nuestros pacientes. El otro día escuche decir
a un niño refiriéndose a un amiguito: “¡Pobre! Sólo tiene cuatro abuelos”. Los niños
de hoy tienen seis abuelos, u ocho, y si bien
no tienen muchas madres y padres, es también de hacer notar que no siempre aquél
que duerme con la madre es el padre, de
modo tal que la pregunta que surge es: ¿de
qué manera entonces se produce la desapropiación edípica a partir de la disociación
establecida entre engendramiento y sexualidad? El hombre, el marido que comparte
el lecho con la madre luego de un divorcio
no es en general quien ha engendrado al
niño, y la escena primaria queda claramente separada del engendramiento de hermanos, para devenir lugar de goce e intercambio entre adultos de la cual el niño está excluido. Lo cual nos lleva dejar de lado los clichés para poder establecer una práctica más
cercana al fantasma infantil.
Ese Edipo que se sacaba los ojos, ese ser
moral, personaje trágico que marcó nuestra
formación, debe reencontrar su lugar hoy en
una cultura en la cual la paidofilia y el abuso
sexual infantil cobran extensión ya no mítica
sino degradada. Por eso de lo que se trata es
de recuperar lo esencial de la propuesta freudiana más allá de los modos históricos que ha
tomado, que consiste en la regulación del goce intergeneracional como eje de pautación
de la cultura. Redefiniendo entonces el Edipo
como el modo con el cual cada cultura pauta
el acotamiento de la apropiación del cuerpo
del niño como lugar de goce del adulto, salimos del pequeño marco de la familia occidental del siglo XX y de la condena moralista
a la cual nos convoca, para rescatar, sí, la gran
cuestión ética que está en juego. Ya que el
gran descubrimiento del psicoanálisis que da
cuenta de esta prohibición articula también
el descubrimiento de una asimetría de poder
y saber que el adulto sostiene respecto al niño, simetría que debe consistir en la protección y cuidado de la cría para crear las mejores condiciones de humanización. Es en ese
sentido que nos conmociona la brutalidad
con la cual nuestra sociedad actual, ha vuelto
a desarticular la protección de la infancia y la
ha convertido en objeto de la sexualidad
adulta. El turismo sexual en este momento,
no es para buscar mujeres, es para buscar niños. Es una de las cosas más patéticas que está ocurriendo en esta época. Malasia, lugares
de Centro América, parte de la triple frontera, son lugares por donde se cuelan situaciones de turismo paidófilo. Las redes que se
han encontrado de turismo paidófilo, que ustedes saben que inclusive acaba de encontrar
una red en la que hay argentinos implicados
dando cuenta de la necesidad de recuperar el
descubrimiento psicoanalítico, pero en particular los desarrollos de Lacan al dar un nuevo
85
Silvia Bleichmar Texturas francesas
giro a la cuestión, poniendo en el centro el
deseo del adulto respecto al niño, el cual
vuelve de modo invertido del lado del niño
por primera vez en la historia. Lacan da vuelta esta historia, y dice: “el Edipo proviene del
otro adulto, y cobra su forma invertida en el
deseo del niño”. La propuesta de Lacan reposiciona la cuestión, dando un giro al endogenismo paralizante que sostenía el estadismo
al cual nos hemos referido anteriormente,
pero dejando a su vez por resolver la cuestión
del erotismo del adulto. Digo erotismo, o deseo erótico del adulto, y les pido tolerancia a
los colegas lacanianos presentes, ya que Lacan pone en centro la problemática del narcisismo del adulto, y muy particularmente de la
madre. Sobre esto también hay que retrabajar para salir del estructuralismo formalista
que devino un nuevo obstáculo en la práctica con niños -de todos modos no es el tema a
desarrollar hoy-.
Sí quisiera remarcar las grandes líneas que
se abren, aquello que sí hay que recuperar,
entonces, del concepto de prohibición del
Edipo, a partir de esta redefinición que acabo
de ofrecer poniendo el acento en el modo
con el cual la cultura la cultura pone coto a la
apropiación del cuerpo del niño como lugar
de goce del adulto. Instauración de una pautación que no se reduce al hecho de que el niño no pueda acostarse con la madre, sino
fundamentalmente de que el adulto no puede usar el cuerpo del niño como lugar de
ejercicio de su propio goce -lo cual propicia,
en última instancia, el fantasma de reencuentro erógeno del niño con el adulto-.
Y con esto voy al último aspecto que quiero marcar: “Teoría de la castración”. Les confieso que siendo la obra de Freud el corpus
teórico con el que trabajo permanentemente
algunas afirmaciones me producen, a esta al-
86
tura, un cierto escozor. Cuando leo, por ejemplo, afirmaciones acerca de la castración femenina, siento pudor, ya que Freud se hace
cargo de una teoría sexual infantil de su época respecto de la diferencia anatómica, y la
eleva a teoría general del psicoanálisis. Teoría
que por supuesto cada vez escuchamos menos, y que en caso de ser formulada lo es en
otros términos y sostenida por poco tiempo
en la primera infancia. Habría que clivar, de
ese descubrimiento, lo fundamental: el hecho de que el deseo no está articulado por la
castración, en el sentido de la pérdida del pene, sino por la castración, en sentido ontológico La perspectiva abierta por Klein respecto de la envidia al pecho en correlación con la
envidia al pene, da cuenta de esto como un
descubrimiento muy importante en psicoanálisis, que permite definir la cuestión en los
siguientes términos: la castración es el reconocimiento de la falta ontológica, vale decir.
es el reconocimiento de que hay algo del orden de la incompletud, de la imposibilidad
del sujeto de encontrar en sí mismo todo el
orden deseante, todos los objetos, todas las
posibilidades. Y es en este sentido que creo
que Lacan apuesta algo muy importante, que
trasciende la afirmación de que el pene siga
siendo el significante de la falta, al colocar el
concepto de falo no como remitiendo a un
objeto parcial sino como un ordenador de todo intercambio posible. ¿Deberíamos seguir
llamando fálico al investimiento narcisista
que da cuenta del orden de la completud
narcisismo, una vez que no consideramos al
pene como el significante privilegiado de la
presencia-ausencia de la completud ontológica? Después de todo seguimos hablando de
teoría atómica, cuando ya sabemos que el
átomo es divisible, y no constituye la parte
más pequeña de la materia. Los conceptos
trascienden el conocimiento mismo que ge-
Texturas francesas Silvia Bleichmar
neran, y devienen articuladores que pueden
ser llenados de nuevos sentidos, por lo cual
podríamos, por ahora, de manera provisoria,
sostener esta nominación como sostén de un
descubrimiento que vale la pena conservar
en el marco de la desarticulación de los modos de significación de las diferencias anatómicas desde el punto de vista histórico. Las niñas de hoy, en general, no plantean que
quieren tener un pene, más aún, los varones
se quejan de ser discriminados por ser varones, que a veces las niñas son tratadas mejor,
son mejor vistas por las maestras, los trata
mejor, por ejemplo, como decía un pacientito
con tono reivindicativo: “claro a mí me tratan
mal, porque soy un varón en la escuela”, refiriéndose a la maestra, o: “claro, a mi hermana siempre le dan más porque es mujer”. Esto no tiene nada que ver con lo que relatan
algunas pacientes hoy, gente grande ya, de
cómo fue significada en su casa la cuestión
durante su infancia. Hoy se podría someter a
caución que el fantasma dominante acerca
de la completud sea el pene -al menos en Occidente- quedando abierto el problema acerca de qué manera se fantasmatiza la diferencia anatómica.
De todo esto surge un nuevo orden de
cuestiones, que remite a las nuevas formas de
organización de las relaciones de alianza y filiación. Desde las familias homoparentales
hasta las monoparentales. Ello nos lleva indudablemente a revisar el concepto de familia,
para poner el centro en la relación de filiación y no en la relación de alianza: hay una
familia en la medida en que hay alguien de
una generación que se hace cargo de alguien
de otra, o incluso cuando los vínculos generan una asimetría en la cual alguien toma a
cargo las necesidades de otro para establecer
sus cuidados autoconservativos y su subjeti-
vación. Una pareja en sí misma no constituye
una familia, su existencia sólo determina la
relación de alianza. Y en el caso de las familias homoparentales, uno de los aspectos importantes a pensar es cómo se articula en este caso la cuestión de la alteridad, la cual
quedó de manera poco fecunda reducida a la
deferencia anatómica, siendo inherente a la
relación al semejante en la cual la diferencia
anatómica devino paradigmática durante un
período histórico. Sabemos que se puede tener una relación sin reconocimiento de la alteridad entre un hombre y una mujer y se
puede tener una relación de alteridad entre
dos hombres entre dos mujeres y por su puesto se pueden plantear todas las fallas de alteridad en el interior de una relación homosexual o heterosexual. Hace poco vino un señor
y me dijo algo que me llevó a una respuesta
que nunca había formulado: “Bueno, mi mujer y yo no estamos de acuerdo en muchas cosas, y en la crianza de los hijos tenemos las diferencias que pueden tener cualquier hombre y cualquier mujer”. Y le dije: “No, tienen
las diferencias que pueden tener dos seres
humanos: trate de criar sus hijos con su socio
y va a ver cómo también tiene una enorme
cantidad de diferencias”… Porque en realidad las diferencias están dadas no porque él
sea un hombre y ella una mujer, sino porque
provienen de familias distintas, de historias
edípicas distintas, o de organizaciones deseantes diferentes y con modalidad de organización del ideal diferente. Si no fuera así,
estarían muy locos, ya que estas diferencias
dan cuenta de la existencia de un encuentro
de alteridades, por eso es inevitable la pelea,
ya que lo que está en pugna es el modo en
que coagula la historia. Volvamos ahora al tema de la homosexualidad, tema importante
de nuestra práctica, que ya es imposible, como siguen algunos analistas sosteniendo, re-
87
Silvia Bleichmar Texturas francesas
mitir a la estructura de la perversión. Freud
define el mecanismo de la Verleugnung, vale
decir, de la renegación o de la desestimación
por el juicio, para dar cuenta de una relación
entre el enunciado y la visión; lo interesante
de la renegación es que es un juicio sobre la
percepción, es la anulación de un precepto y
un enunciado. El sujeto ve algo: la ausencia
de pene en la mujer, y desestima el sentido
de la percepción, no escotomiza lo que ve.
Sabemos, por nuestra práctica, que hay sujetos heterosexuales cuyo psiquismo funciona a
dominancia renegatoria, y homosexuales
que no funcionan bajo estas premisas.
Si la perversión es un modo de posicionamiento que reconoce la ley pero no como imperativo categórico universal, si es un modo
de elusión de la normativa pero no se puede
abstener del conocimiento de la ley que burla, y si el aspecto central que la caracteriza es
precisamente la des-subjetivación del otro
humano, no puede ser anudada a la homosexualidad como forma de elección genital y
amorosa de objeto. Es imposible hoy asimilar
la estructura del Superyo a la heterosexualidad, tanto por razones de registro de la realidad como teóricas. Hemos encontrado a lo
largo de nuestra práctica y de nuestra observación distintos modos de organización del
psiquismo, en los cuales la presencia de aparatos psíquicos con un Superyo muy estructurado en algunas mujeres y hombres no depende de sus elecciones homo o heterosexuales. Por otra parte, y para mencionar solo
algunas de las polémicas actuales, es evidente que ni la feminidad está exenta de Superyo -como concluía Freud en un deslizamiento
cuasi silogístico de la teoría de la constitución
de la instancia moral como efecto de la angustia de castración- ni la mujer es más ética,
como proponen algunas feministas. Y si no,
alcanza con una muestra como la que tene-
88
mos en nuestro país donde mujeres profundamente inmorales han coexistido con otras
que constituyen un modelo ético que se ha
sostenido a lo largo de toda una trayectoria.
Tal vez, en este caso, deberíamos recuperar
esa idea foucaultiana respecto a que lo que
define es el poder y no el género, y afirmar,
como lo viene demostrando nuestra historia,
que el poder es impiadoso con la moral
Lo central que quisiera transmitir esta
noche, sin embargo, refiere a la recuperación de los aspectos centrales de los paradigmas del psicoanálisis a partir del freudismo y de los aportes más lúcidos a lo largo
de su historia, de los cuales sobresalen tanto Melanie Klein como Lacan, para poner
de relieve que ellos deben ser retrabajados
en su especificidad y no pueden quedar
anudados a las formas de la subjetividad
del siglo XX, ya que ni ha sido destituido el
valor teórico y práctico que guardan, ni
tampoco pueden ser recuperados como un
todo al estar infiltrados por formas de subjetividad de una época que la historia ha relegado al pasado. Esta es la gran tarea que
tenemos por delante, para que la forma
más avanzada hasta el presente de concebir
y transformar la subjetividad, que constituye el psicoanálisis, no se pierda en la hojarasca de sus propias aporías y contradicciones. Y en este sentido es que espacios como
los que genera Docta, con su apertura y rigor, propician el clima privilegiado para
que este trabajo se realice. La distancia entre rigor teórico y dogmatismo alienta a todos aquellos que nos sentimos convocados
a acompañar su producción, y nos liga en
un compromiso cada vez más profundo con
sus editores. Muchas gracias.
La sexualidad
en el discurso del mercado
1
Néstor A. Braunstein*
En 1908 Freud escribe una especie de apéndice a los Tres ensayos de teoría sexual y
lo publica en una revista especializada en
cuestiones de sexualidad. El título del artículo es, de por sí, una curiosidad: se llama
“La moral sexual “cultural” y la nerviosidad
moderna”. En ese trabajo el inventor del
psicoanálisis acepta una reciente distinción
propuesta unos meses antes por von Ehrenfels en un libro titulado Ética sexual: la distinción entre una moral sexual “natural” y
otra “cultural”. De ahí las comillas que envuelven a la palabra “cultural” en el título
de Freud: tal palabra es una cita de otro autor. Es obvio que ninguna “moral sexual” es
natural o cultural, sino lenguajera.
Al margen de que él pudiera reconocer
la importancia del factor “constitucional”
en la sexualidad del mamífero humano,
Freud dedica su artículo a resaltar las consecuencias nefastas para la cultura de la imposición de lazos para domeñar la pulsión
1 Transcripción de conferencia dictada en México, 2005.
* Psicoanalista (México)
sexual y reanuda las consabidas críticas a la
institución del matrimonio monogámico y a
la hipócrita doble moral sexual con que se
regula la vida de los hombres y de las mujeres. El precio de la coerción social ejercida
sobre las pulsiones y sobre el goce sexual es,
en la opinión de Freud, la generalización de
la “nerviosidad” que él califica de “moderna” y con ello apunta a las características de
la cultura de los comienzos del siglo XX.
Aporta a favor de su tesis una larga y sobrecogedora cita bibliográfica de Wilhelm Erb,
quien, en un trabajo de 1893 titulado
“Acerca de la creciente nerviosidad de
nuestro tiempo” describió las condiciones
de la vida “contemporánea” de entonces
en términos que nos asombran, porque
prácticamente pueden reproducirse sin alteraciones para describir la vida de nuestra
sociedad postmoderna. Su pintura casi apocalíptica de la cultura de fines del siglo XIX
no necesita sino de unas “pinceladas de detalle” (como dice Erb mismo) para retratar
Néstor A. Braunstein Texturas francesas
las condiciones subjetivas de la existencia
en las sociedades postindustriales de nuestro tiempo. Ahorro la lectura del texto pero
lo pongo a disposición de ustedes (O.C., vol.
IX, pp. 164-165).
Freud coincide también con Binswanger
que, en 1896, señalaba que era significativo
que el diagnóstico de “neurastenia” hubiese sido propuesto por un médico norteamericano, indicando así la relación entre esa
entidad y “la vida moderna, la prisa desenfrenada, la caza de dinero y bienes, los
enormes progresos técnicos que han vuelto
ilusorios todos los obstáculos temporales y
espaciales en la vida y en el comercio entre
los hombres”.
Acotemos por nuestra parte que, así como Beard introdujo la “neurastenia”, es
igualmente significativo que haya sido el
primer médico norteamericano al que Freud
psicoanalizó, Adolph Stern que llegó a su diván en 1920, el que en 1938 escribió el artículo pionero que registra la literatura sobre
los casos límite, sobre los borderline, de
quienes él observa que han aumentado considerablemente su frecuencia “en los últimos tres o cuatro años”. No hay autor después de él que no empiece por enfatizar el
aumento de la frecuencia de los casos límite.
Freud reproduce los textos de Erb, Binswanger y de otros que tienen un sentido similar y les reprocha el olvido en que dejan
a la “sofocación de la vida sexual de los
pueblos” como factor etiológico sustantivo
de las psiconeurosis. Según él, el hecho
esencial debe buscarse en la moral sexual
“cultural” de las sociedades avanzadas y
sostiene con toda firmeza su conocida postura de que: “En términos universales, nuestra cultura se edifica sobre la sofocación de
90
pulsiones”.
Su tesis es que las fuerzas valiosas que se
ponen al servicio del Kulturarbeit (de ese
trabajo de la cultura que es el mismo que
invocará 25 años después para postular que
el yo debe advenir donde ello estaba) se obtienen por la sofocación de los elementos
llamados perversos de la excitación sexual,
los mismos –dirá– que caracterizan a los homosexuales por una particular aptitud para
la sublimación cultural.
Llegado a ese punto es cuando Freud articula con mayor precisión que nunca la relación entre la neurosis, negativo de la perversión, y la cultura. La neurosis es el efecto
negativo que resulta de la represión de lo
positivo, es decir, de la pulsión sexual que la
cultura descarta por ser “perverso”. La formulación se hace rutilante: “Todos los que
pretenden ser más nobles que lo que su
constitución les permite caen víctimas de la
neurosis; se habrían sentido mejor de haberles sido posible ser peores”. Y da un maravilloso ejemplo clínico que es genérico e
hipotético: “Hartas veces en una misma familia el hermano es un perverso sexual, en
tanto que la hermana, dotada de una pulsión sexual más débil en su calidad de mujer, es una neurótica cuyos síntomas, empero, expresan inclinaciones idénticas a las del
hermano sexualmente más activo; en consonancia con ello, en muchas familias los
varones son sanos, pero inmorales en una
medida indeseada por la sociedad, mientras
que las mujeres son nobles e hiperrefinadas, pero... sufren una grave afección de los
nervios”. Más adelante, golpea con ironía
agregando que: “El remedio para la nerviosidad nacida del matrimonio monogámico
sería la infidelidad conyugal (pero) cuanto
más severa haya sido la crianza de una mu-
Texturas francesas Néstor A. Braunstein
jer, cuanto más seriamente se haya sometido al reclamo cultural, tanto más temerá esta salida y, en el conflicto entre sus apetitos
y su sentimiento del deber, buscará su amparo otra vez... en la neurosis. Nada protegerá su virtud de manera más segura que la
enfermedad” (p. 174).
Hemos empezado con esta algo extensa
revisión de un texto conocido –aunque quizás no tanto como debiera serlo– porque
nos permite eslabonar nuestras reflexiones
sobre la moral sexual “cultural” y la nerviosidad “postmoderna” 100 años después de
los planteos surgidos de la exploración psicoanalítica, estos planteos nuestros que han
tenido un lugar prominente en la promoción de los cambios con respecto a la moral
sexual cultural y que todos se complacen en
publicitar con términos “positivos” como
“revolución sexual” o “negativos” como
“desublimación represiva”.
Podemos detenernos, al igual que tantos
otros que se regodean en hacerlo, en destacar la multiplicidad de los cambios que cualquiera puede ver en la fenomenología de la
vida sexual de nuestros contemporáneos. Las
observaciones exactas o exageradas, tachonadas de ejemplos y estadísticas, alimentan y
dan combustible a discusiones entre tradicionalistas patriarcales y libertarios apologistas
de la perversión. No es nuestro objetivo: que
se lea a Lipovetsky (La era del vacío y El imperio de lo efímero) o a Lasch (La cultura del
narcisismo) o a Bruckner (El nuevo desorden
amoroso y La euforia perpetua) o a las varias
novelas de Houellebecq, y se tendrá un panorama cargado de detalles cosquilleantes y
escabrosos. No es ese nuestro objetivo sino
que queremos ir a los elementos estructurales puestos en juego en este cambio del que
todos se apresuran a dar cuenta.
Vayamos al grano: la situación denunciada por Freud corresponde puntualmente a
la hegemonía en su tiempo de una variante
del discurso del amo que Lacan caracterizó
como “discurso del capitalista”, un nuevo
discurso que puede sumarse a los cuatro tan
conocidos y que tiene efectos manifiestos
sobre los modos de articulación del goce y
el deseo en los integrantes de la cultura. Recordemos que Lacan hace derivar este discurso del capitalista de la copulación del
discurso del amo con la ciencia y que la
esencia de esta modificación consiste en no
querer saber nada de lo que es el amor, en
una forclusión y un rechazo hacia el exterior de las cosas del amor (lo que hace necesario que aparezca el discurso del analista y
ponga de relieve lo excluido, es decir, la castración). El discurso del amo normativizaba
a los sujetos sometiéndolos al significante
uno que decretaba dogmáticamente organizando las vidas de hombres y mujeres al
servicio del nombre del Padre. La variación
introducida por el discurso del capitalista
consistía en colocar en el lugar del agente a
un sujeto ($) que se manifestaba como una
voluntad de goce perversa y que obedecía
al paradigma de la sexualidad fálica, acentuando la conveniencia de la restricción del
goce al servicio de la acumulación del capital. Por eso Lacan hace coincidir los comienzos del nuevo discurso con la aparición en
posición dominante de una ética calvinista
con sus valores fundamentales: austeridad,
puritanismo, extracción y acumulación de la
plusvalía, es decir, del plus de goce.
Creemos que el discurso del amo en su
forma tradicional (agente: S 1) corresponde
a una sociedad fundada en la extracción de
las riquezas de la tierra (avalada por doctrinas económicas fisiocráticas) mientras que
91
Néstor A. Braunstein Texturas francesas
el discurso del capitalista (agente: $) es el
que se manifiesta en las sociedades “modernas”, industriales, cuya ciencia económica es de índole liberal.
Lo que personalmente queremos agregar a esto es que tenemos, en nuestro tiempo, un nuevo modo de organización social
y cultural que no se ajusta a los modelos estructurales de los discursos del amo y del capitalista. Hemos propuesto llamarlo “discurso del mercado”. El énfasis no recae sobre la producción (que es encargada a mecanismos automatizados y producidos por
la ciencia cibernética) sino sobre el consumo. Las doctrinas económicas no son ya las
del liberalismo sino las del neoliberalismo
que, lejos de pedir que haya una regulación
que permita el funcionamiento de los mercados, reclama que sean los mercados mismos los que establezcan las reglas para el
funcionamiento de los estados nacionales,
de las sociedades humanas y de la cultura.
De allí los cambios en la “moral sexual
cultural”. Las metas culturales no se alcanzan
por medio de la sofocación de las aspiraciones pulsionales sino por la utilización de las
mismas para la dilapidación de las energías
libidinales por medio del ofrecimiento de
una “democratización” del acceso al goce y
de la incitación a un consumo desenfrenado
de mercancías “gozógenas” constantemente
sustituibles, de rápida obsolescencia, que
sostienen el flujo de capitales.
El agente de este nuevo discurso no es ya
ni el S1, amo, ni el $, el sujeto capitalista, sino el objeto mismo, el mercado con sus leyes informuladas y jamás discutidas ni promulgadas, una voz ubicua e impersonal que
habla por los miles de canales de difusión
de masas y por los satélites de intercone-
92
xión a las redes informáticas. De este modo
se unifican los modos de representación y
comportamiento a la vez que se ofrece la
apariencia de una infinita posibilidad de
elección a los consumidores de estos servicios. La presentación oficial de estos múltiples objetos destinados a ser desperdicios
desechables es como “servomecanismos”,
como sirvientes destinados a satisfacer las
demandas de sus usuarios, esos sujetos que
son el “otro” del discurso del mercado. La
verdad que está detrás del objeto @, agente de este discurso, es el saber de la ciencia,
presente y a la vez oculto, inaccesible, en el
servomecanismo. Muy especialmente, el dominio corresponde a una ciencia que no es
la de la naturaleza sino la ciencia económica neoliberal, organizadora oculta de la aldea global, anónima, supuestamente “objetiva” y desprovista de intenciones, por eso
misma indiscutible.
¿Qué hace, qué produce, qué necesita, el
sujeto cuyo deseo ha sido sepultado por la
satisfacción supuestamente ilimitada de sus
demandas? Él requiere de significantes amo
que le den un semblante de identidad y que
remedien la ausencia de una palabra, voz o
significante capaz de conferirle un lugar definido en el mundo de los intercambios. El
sujeto, puesto a actuar por los servomecanismos que la industria tecnocientífica pone a
su disposición, selecciona los sustitutos de
ese lugar del Padre ausente (S 1) y se integra
alrededor de las identificaciones secundarias
con otros huérfanos como él que hallan en
las aficiones, en los gustos, en las ideologías
más o menos fundamentalistas que comparte con otros congéneres, la sensación de pertenencia a una comunidad tan artificial como lo es la situación de aislamiento en la
cual los mercados lo han encapsulado.
Texturas francesas Néstor A. Braunstein
La moral sexual cuyos efectos patógenos alarmaban a Freud, se ha invertido. Ya
no se trata de producir y ahorrar en función de la acumulación sino de consumir y
dilapidar en aras de las conveniencias de
los mercados desatados y globalizados. El
mensaje patriarcal y explotador se ha visto
sustituido por un nuevo mensaje de apariencia liberal. La consigna no es la de reprimir sino la de gozar. ¿Es que se ha producido un “progreso” o estamos ante una
“peligrosa regresión”? El pensamiento psicoanalítico no está ni para regocijarse ni
para lamentar sino para mantener la apertura crítica para que el sujeto destrabe
aquello que mantiene oculto a su deseo inconsciente; la tarea del psicoanálisis no es
la de indicar caminos hacia el goce. Nuestra
acción se interrumpe en el momento en
que el sujeto tiene los caminos del deseo
abiertos ante sí y está en condiciones de resolver cómo se orientará desde ese deseo
hacia el a una vez atravesada esa barrera
interpuesta en el camino del goce, secuestrado en el síntoma.
Dos consideraciones se imponen cuando
se llega a este punto. La primera es que el
discurso del mercado tal como lo hemos definido:
Agente
Verdad
@
S2
otro
producción
$
S1
tiene la misma fórmula que el discurso
del analista. Esta incómoda coincidencia no
podrá ser tratada aquí pues es el objeto de
otro trabajo de próxima aparición , con
otros objetivos, en donde se precisan las
analogías y sobre todo las radicales diferencias entre ambos.
La segunda puntualización, igualmente
importante, es que la apuntada sucesión
histórica:
1) discurso del amo correspondiente a las
sociedades esclavistas y feudales, articulado por un discurso patriarcal y religioso;
2) discurso del capitalista propio de la sociedad industrial y sostenido por un discurso liberal individualista; y
3) discurso del mercado que se abre paso
en las sociedades informáticas y que deriva del discurso de las ciencias y del
neoliberalismo económico, discurso
“anomizante”;
no implica una sustitución lisa y llana de
uno por el otro. En la sociedad contemporánea estas tres modalidades del discurso
del amo con sus distintos agentes (S1, $ y
@) coexisten y cada uno de ellos se manifiesta fenomenológicamente por maneras
distintas de abordar las materias del sexo y
del amor.
En la sociedad capitalista el sexo era
oculto y reglamentado (con todas las precisiones que Foucault ha manifestado al respecto) y el amor era idealizado y considerado como un desiderátum, especialmente
bajo las formas falsificadas del “romanticismo” cuyo final perfecto era el matrimonio
burgués. En la sociedad organizada por el
discurso del mercado los valores se han invertido y hoy en día el sexo es ostentado,
cuantificado y reverenciado mientras que
el amor es considerado vergonzante e inconveniente, un mero obstáculo para la libertad. La cultura impone la orden de ser
“non-dupe” del amor. La palabra de Lacan
incita, por el contrario, a pensar que les
non dupes errent. La moral sexual impe-
93
Néstor A. Braunstein Texturas francesas
rante es la contraria pero la coacción de la
voz dominante es la misma: “contrólate” o
“goza”, “reprime” o “actúa” tus mociones
pulsionales; en ambos casos el sujeto es un
súbdito de mandamientos superyoicos y es
llevado a confundir sus deseos con las demandas (del Otro).
En el texto de Freud se lee con claridad
la intimación a vivir bajo los emblemas de
la neurosis y se apunta que la opción es la
perversión (“sentirse mejor siendo peores”). Podría pensarse que la inversión operada en la cultura ha llevado del mandamiento neurotizante al mandamiento perverso y que la humanidad se debate en las
sociedades industriales avanzadas entre
esas dos alternativas.
¿Cuál es la perspectiva psicoanalítica correcta? Digámoslo muy sumariamente: la de
pasar de la adicción, @dicción y A-dicción a
la dicción de un sujeto que pueda hacer
transitar el deseo a través del diafragma de
la palabra, absteniéndose de toda tentativa
de orientación erótica con respecto al sujeto. Es él quien tendrá que acabar por definir su diferencia en relación con los mandamientos que pretenden regularlo o indicarle caminos de redención por la vía de algún
discurso bien intencionado sobre el amor o
de otros discursos igualmente bien intencionados sobre las ventajas de los caminos
de la perversión.
Ya sabemos que “el goce puede ser alcanzado a condición de que sea rechazado...”.
Es necesario, tanto para el sujeto como
para el psicoanalista, optar, tomar una decisión. O el psicoanálisis o el mercado. En esta disyuntiva, llevamos las de perder. Y sin
embargo...
94
La sexualidad
en la subjetividad de la época
Diana Paulozky*
¡Cómo no sorprendernos al leer que el genio de Freud y su deseo como investigador
ha podido cuestionar la moral victoriana de
su época! No nos sorprendemos, en cambio,
cuando critican de pansexualista a quien se
atrevió a derribar los semblantes de la época, una moral hipócrita y acartonada, que
no toleraba que se insulte a la pureza de los
niños, cuando, es cierto, Freud los confronta con que también ellos, sus niños, no sólo
tenían sexualidad sino que los llamó perversos polimorfos.
Freud separa la vertiente imaginaria, el
romanticismo, de las condiciones de la vida
amorosa y cuando profundiza en esas condiciones, se encuentra con el goce. Freud no
duda en referir esas condiciones particulares
al universal. Estas condiciones están bajo el
régimen del para todos, “...también en los
individuos sanos, de tipo medio, e incluso en
personalidades sobresalientes, hemos observado una conducta análoga”1, nos dice.
No es la idea sublime del amor. Lo que
es universal es que siempre se trata de un tipo particular de elección de objeto.
Freud fue un revolucionario que cambió
no sólo los criterios de normalidad, sino que
al diferenciar el placer del goce, separó la
sexualidad de la genitalidad y amplió el
campo del goce al estudiar las pulsiones
parciales.
Freud aborda el tema de la vida amorosa desde la pulsión, dejando el tema del
amor a los poetas. Dejó planteadas dos preguntas centrales que resuenan a través del
tempo: ¿por qué no nos quedamos en un
goce masturbatorio? y ¿por qué caprichos
de la pulsión elegimos a quien elegimos como partenaire?
Me interesa trabajar la resonancia de
esas dos preguntas en nuestra cultura
hoy.
* Psicoanalista (EOL)
1 S. Freud. “Sobre un tipo especial de elección de objeto en el hombre”, A.E, O.C.
95
Diana Paulozky Texturas francesas
La época del Know How
No hay duda que nuestra cultura ha sufrido
cambios sustanciales en lo que a la sexualidad se refiere. Mientras que Dora, la paciente de Freud, se entretenía leyendo “La
fisiología del amor” de Mantegaza, las adolescentes de hoy obtienen en cualquier revista de peluquería, los secretos del goce sexual. Desde qué conviene decir o nunca preguntar, hasta dónde tocar, cuándo suspirar
y cómo sorprender.
Toda revista actualizada incluye hoy los
10 mandamientos del goce sexual. Se crea
así un mapa erótico y consejos claves para
hacer gozar o llegar al famoso punto G.
El modo en que la sexualidad aparece en
publicaciones de moda, entremezclada con
temas triviales, ofrece diversos enfoques de
análisis.
Hoy la sexualidad forma parte del tener,
es un bien a adquirir. Tener sexo, acceder al
orgasmo, es una meta que puede ser tratada como un bien necesario para pertenecer
a lo que dicta la norma social. Hoy se puede
manejar un cuerpo con la complejidad de
cualquier aparato moderno. ¿Pero cómo
manejar el deseo?
Por otro lado, el hecho de que el sexo haya dejado de ser un tema tabú y forme parte del imaginario, de lo que se ve y lo que se
habla, cambia las modalidades de relación.
Hoy el imperativo es: ¡goza! El goce ha
ganado terreno por sobre el ideal. Entonces
estamos en la época que todos o casi todos
los goces están permitidos. Aparece el intento de hacer manejable el goce, de dominar lo que se escapa, lo que queda fuera de
control.
96
Pero si constatamos desde Freud, que la
prohibición orientaba al deseo, esta época
de goces multiformes lejos de orientar, desorientan y taponan la posibilidad de desear.
Otra vertiente, para mí la más importante, es que el sexo es un asunto de lenguaje.
No sólo incide en la forma que hablamos,
agregando siempre una connotación sexual
(a los perdedores siempre “los cogen”), sino
que el lenguaje incide en el sexo.
El imaginario colectivo cambia las modalidades de relación.
Así por ejemplo, el síntoma de la frigidez
en la mujer era tolerado en una época en
que la mujer no accedía al goce sexual. Hoy,
que el discurso da sus directivas, que se pierde la distancia entre lo público y lo privado,
se hace más fácil el acceso a un goce que nos
iguala en la norma. El imperativo es que la
mujer, si puede, debe acceder a ese goce.
¿La naturalidad con que se tratan los síntomas de impotencia no genera más impotentes? ¿La oferta (de Viagra) no crea la demanda?
¿Que en los nuevos mapas de la erótica
femenina se generen nuevos puntos de goce, no hace que se los busque?
La ciencia al nombrarlos los hace existir.
Se descubre algo y todos corren a experimentarlo, sin saber hacia dónde. Lo importante es no quedar fuera.
Lo que se constata es el carácter performativo de la palabra, decir algo, nombrarlo,
es hacerlo existir.
No debemos olvidar el marco socio-político. En la era victoriana, nos situamos en
plena etapa de la revolución industrial. La
Texturas francesas Diana Paulozky
abstinencia sexual iba de la mano con concentrar toda la libido en producir. Hoy el
imperativo no es producir sino consumir.
Hay una promoción de los objetos y un ensalzar los goces que ellos producen.
El sexo es un objeto más del consumismo. El sexo separado del amor, como una
mercancía. Cuando los lazos se resquebrajan se produce la proliferación de los goces
y la multiplicación de los objetos.
Se borran las diferencias público-privado; la diferencia hombre-mujer, la familia
se disgrega y el hombre se relaciona con la
máquina, lo cual lo llevaría a él mismo a
convertirse en una máquina más.
La fractura de los lazos sólo lleva a la
búsqueda de objetos. También lleva a un
proceso de objetivación en sí mismo, la
fragmentación del cuerpo, en la cirugía estética, es un efecto de esa objetivación,
donde se borran los rasgos, para pasar de
ser único a ser típico.
El lugar de la mujer ha tenido cambios
radicales. Históricamente su goce quedaba
oculto, cuando no era descartado. A los que
intentaron hablar de él no les fue muy bien.
americana con su libro “La conducta sexual
del hombre”. Se basa en una investigación
exhaustiva realizada con entrevistas que
animaban a hablar de la sexualidad. Todo
fue con éxito hasta que intenta investigar
sobre la mujer, que fue tomado como un
ataque a los valores sociales.
Hoy las mujeres hablan de sus experiencias, pero la paradoja es que cuando más se
hace existir a la mujer como un sujeto de
derecho más se la hace desaparecer como
mujer, en la mascarada masculina.
Es en este punto donde se sitúa el cambio más radical en las relaciones.
Lo que ha cambiado son los significantes
amos, han cambiado los semblantes. Decía
que el psicoanálisis ha derribado ciertos
semblantes en relación con la sexualidad.
También es cierto que ha instaurado otros.
Es verdad que también ha inventado un
nuevo lazo, con el concepto de transferencia,
y con ella, la transferencia, ha inventado un
nuevo amor, pero eso abre otra perspectiva.
La realización del fantasma
En 1996 Federico Andahazi ganó el premio”Fortabat” con “El anatomista”, que es
la historia de un descubrimiento: el amor
veneris. Así bautiza el órgano que gobierna
el goce de la mujer.
Freud decía que los neuróticos se contentan
con soñar o fantasear lo que los perversos
actúan. Hoy los fantasmas, se concretan, se
realizan o intentan realizarse.
Andahazi sitúa su novela en el Renacimiento y en el relato no sólo se funda una
nueva mujer, sino que lleva a su descubridor
a la inquisición. El escritor ha captado el
real de aquella época.
Basta tomar el cine de nuestro tiempo.
Es evidente que el cine se ha convertido en
el arte de nuestro tiempo, imponiendo una
estética a las nuevas modalidades que los
síntomas tomen.
Otro ejemplo es el del científico Alfred
Kinsey que en 1948 revoluciona la cultura
¿Qué encontramos como signos? Encuentros casuales, puntuales, sin compromiso, pa-
97
Diana Paulozky Texturas francesas
ra un fin sexual, es el signo de una época
marcada por lazos frágiles y temporarios.
amor, listo para debutar con una nueva relación sin compromiso.
Un ejemplo de esto es el film de F. Fonteyne, “Una relación particular”, que con el
agudo guión de Blasband, refleja muy bien
los desencuentros amorosos de nuestra actualidad. Trata de una mujer que pone un
aviso en una revista porno para realizar una
determinada fantasía sexual. Un hombre
acude a la cita, por curiosidad y de allí, unidos por esa fantasía serán ella y él, sin nombres, en un encuentro puntual, sin historia,
ambos consumidores de un objeto sexual,
prét a porter. También hemos visto el mismo tema en otro film francés, “Intimidad”
de P. Chereau, en la que una pareja se encuentra los miércoles, sin conocerse, para
un exclusivo y apasionado contacto sexual.
También es importante mencionar que
tanta oferta de sexo produce anoréxicos sexuales. La proliferación del sexo virtual, que
es un sexo sin sexo, así lo prueba.
Son relaciones basadas en un pacto implícito de no saber nada uno del otro, de
mantenerse así, suspendidos en el anonimato, como condimento necesario para realizar el fantasma.
Evitan así, confrontarse con lo que son
en realidad, por miedo a que el bordado de
la realidad rompa la tela fantasmática.
En ambos ejemplos la sorpresa es que el
equilibrio se rompe cuando aparece el interés de uno por el otro, y aparece como obstáculo el miedo de otro tipo de relación.
A pesar de tener claridad en lo que buscan se enfrentan con lo que ya Sade nos advertía. El fantasma aburre; no llega a sostener el lazo y la relación se estanca. Aparecen los miedos al fracaso, a no poder sostener la exigencia de una relación.
Cada uno se queda así, solo con su recuerdo, solo con su goce, a resguardo del
98
La homosexualidad como síntoma
No es fácil abordar el tema de la homosexualidad, porque barre con los lugares simbólicamente constituidos de lo que es un
hombre y una mujer; provoca cambios en
lo legal, lo que rige las normas de las distintas comunidades y necesita un profundo
análisis social.
Es indudable que el tema ha sufrido los
cambios históricos desde los griegos hasta
hoy, pasando por la segregación que no tuvo miramientos con grandes hombres como
García Lorca, Oscar Wilde o Rimbaud entre
otros, para aplastar el genio, de lo que la
sociedad amenazada en sus ideales decadentes prefirió calificar de enfermedad.
El síntoma no es la estructura, el rasgo
no es el sujeto.
Digo que la homosexualidad es un síntoma que refiere a la elección de objeto, independientemente de la estructura subjetiva
en la que se enmarque. En esa elección de
objeto es necesario diferenciar las elecciones por amor o las compulsiones del sexo.
Un claro ejemplo de esta división amor y
sexo lo vemos en la pareja André Gide y
Madelaine. Ella le permitía sus aventuras de
goce sexual a condición que el amor quede
de su lado. Es por eso que cuando ve una
mirada de amor dirigida a uno de sus obje-
Texturas francesas Diana Paulozky
tos sexuales, se venga de Gide, lo ataca en
su objeto más preciado: quema sus cartas
de amor. El amor y el sexo debían ir por caminos diferentes.
Vemos que algunos eligen en forma
compulsiva sus partenaires siguiendo una
elección de goce; mientras que otros toman
la vía del amor, en una permanente demanda de reconocimiento.
El mismo Gide nos explica que la fuerza
espiritual del amor, inhibía todo deseo sexual. Esas cartas sin copia, en las que Gide
había puesto su alma, eran su fetiche.
Encontramos en Leonardo la inhibición
sexual, cuyo amor por los hombres era a
través de una identificación materna. Era
un abstinente sexual, una verdadera madre
para sus discípulos. Su goce estaba puesto
en la mirada. Sus productos: una mano, el
dedo de San Juan, una sonrisa enigmática,
eran sus fetiches.
Son distintas posiciones. Leonardo por
amor juega con los objetos que hace para
otro. Gide, desde su saber-hacer, juega a
amar en Madelaine a sus cartas.
Ni tener o no pene ni ser el falo dan respuesta a la cuestión homosexual. Se trata
de la posición respecto al goce.
Lo que el transexualismo
nos enseña
Si bien en nuestro país las operaciones de
genitales están prohibidas, en Europa y Estados Unidos, con la única condición de una
entrevista psiquiátrica, son moneda corriente. Estos hombres convertidos en mujeres
pueden casarse, tener hijos o inseminar ar-
tificialmente a sus esposas. Parece un mundo de ciencia ficción en el que se hace una
realidad a la medida de cada quien. Los
transexuales dicen poseer un alma femenina prisionera en un cuerpo de hombre. Es
esa la transformación que realizan, ciencia
de por medio.
Sin embargo la norteamericana J. Raymond alertaba a las feminista sobre cómo el
transexualismo podría transformarse en el
último invento de los hombres para asegurarse su hegemonía, provocando un mundo
donde la mujer no sea necesaria, porque
ellos, los transexuales, ocupan mejor ese lugar. Convirtiéndose así, en una nueva forma
de penetración en el mundo de la mujer.
Por un lado podemos plantear con Lacán
que la psicosis encuentra en el transexualismo su realización. Es lo que conocemos como “empuje a la mujer”. Sabemos también
lo que hay de común entre la posición femenina y la psicosis. Si bien se ha constatado en muchos estudios el transexualismo
como salida psicótica, no podemos concluir
en que es una regla.
Por el contrario el hecho que muchos
transexuales terminan convirtiéndose en
lesbianas pone la cuestión en un cono de
sombra que nos llena de interrogantes. Así,
entonces un hombre (que no puede estar
con una mujer) elige a otro hombre, para lo
cual se hace mujer. Pero cuando hecho mujer se hace lesbiana, es que elige finalmente estar con una mujer.
¿Cómo no sorprendernos frente a tan
largo recorrido que tiene que atravesar su
libido para llegar a un punto que de otra
manera era imposible?
Es una pregunta que si bien complica, es
99
Diana Paulozky Texturas francesas
necesario tener en cuenta a la hora del
diagnóstico.
Lo que se ha constatado es que la operación a la que un transexual se somete, puede en muchos casos, estabilizarlo.
El empuje a la homosexualidad
¿Quién nos describe la realidad actual, mostrando el devenir social, sino Almodóvar?
Es él quien nos pone el proyector en un
mundo que tiende a la feminización, con
mujeres abismadas, hombres desdibujados,
débiles, afectados por el sida, la droga y la
inseguridad.
Almodóvar no sólo enfatiza el empuje a
la homosexualidad, con sujetos camuflados
en la mascarada femenina (travestis, drag
queens, yonquis), sino que las víctimas como en “La mala educación”, también son
verdugos, en un mundo sin referentes, indiferenciado, sin orientación.
Un rápido análisis de nuestro momento
actual, nos ubica en la falta de límites, en la
permisividad de los goces más diversos, en
que todo se dice y todo se muestra.
Época en que la eficacia prevalece a la ética, la técnica a la ciencia y la avidez por conocerlo todo, impide pensar. Una época en
que prima la pulsión por sobre los ideales.
Entonces la homosexualidad como síntoma de esta época sin límites aparece más
que como rechazo a la mujer, como demostración de que se puede ser todo, hombre y
mujer a la vez.
Sin duda los modos que la sexualidad va
tomando, han cambiado a través del tiempo.
100
El modo de abordaje clínico no se perderá en el extravío mientras pueda tener como
referente la relación del sujeto a su goce.
Resumen
La autora describe y problematiza nuestra
época en relación con la sexualidad, una
época en que el goce es un imperativo que
prima sobre el ideal. Se borran las diferencias hombre-mujer; público-privado; padres-hijos. Si la prohibición freudiana orientaba el deseo, hoy la diversidad de los goces
no sólo desorientan sino que saturan la posibilidad de desear.
La fractura de los lazos lleva a la búsqueda de nuevos objetos de satisfacción, que
alimentan el consumismo y provocan un
empuje al goce.
También la época del sin límites y el borramiento de las diferencian lleva a la feminización en las distintas mascaradas sexuales.
La época del sin límites hace de la homosexualidad un síntoma que prueba que se
puede ser todo, hombre y mujer a la vez.
Bibliografía
S. Freud, A.E, O.C., Bs.As.
“Sobre un tipo especial de elección de objeto en el hombre”
“Sobre una degradación de la vida erótica”
“El tabú de la virginidad”
“Introducción al narcisismo”
J. Lacan, Escritos, Siglo XXI, Bs.As.
“Juventud de Gide”
“La significación del falo”
“Congreso sobre sexualidad femenina”
Sem. XX, “Aún”, Paidós, Bs.As.
Humor y Psicoanálisis Dossier
Nota: las ilustraciones aparecen con la expresa autorización de sus autores.
El humor es cosa seria1
Daniel Rodríguez*
“No te subás las medias que la foto es de carné”
Autor anónimo
Despejando el territorio
La decisión ya tomada acerca de mi futuro
epitafio: “Aquí yace D. R., tenía sentido del
humor, pero no buen humor” no debe considerarse como muestra de un carácter previsor, rasgo del que desgraciadamente carezco, ni como la sincera aceptación de un
escepticismo que de a ratos me invade, tornando difícil la convivencia conmigo mismo. Es también, y fundamentalmente, el
testimonio de un loable esfuerzo sostenido
a lo largo del tiempo, por establecer diferencias dentro del combo del humor que a
mi entender incluye componentes que no
suelen ir necesariamente de la mano.
No me ocuparé, entonces, de aquel humor de la teoría hipocrática de los humores,
que nos hablaba de misteriosos fluidos corporales que determinarían cierto tono afectivo básico de los sujetos en su paso por la
vida (el mencionado “buen humor”, por
ejemplo) ni de lo cómico que, en el clásico
ejemplo de la cáscara de banana, arranca la
carcajada del espectador que asiste a una
caída que da por tierra con la pomposa actitud erguida de otro humanoide.
Me interesan más las características y
efectos del humor de los que hablaba Freud
(1905) en el clásico ejemplo de ese judío
que ante la pregunta acerca de si había “tomado” un baño, contestaba “¿qué?, ¿acaso
falta alguno?”, jugando con los distintos
significados del verbo“tomar”.O, siguiendo
con el tema, citar el más reciente y local
cuento de las “ovejitas chetas”:
Ovejita cheta 1: “¿No sabés dónde está el
rebaño?”
Ovejita cheta 2: “¿Qué?, ¿te reperdiste?”
Ovejita cheta 1: “No, me estoy repishando”
1 Agradezco a Valeria Pujol Buch y Leandro Luciani Conde, compañeros de tareas en el Departamento de Salud Comunitaria de la
Universidad Nacional de Lanús, por la lectura y comentarios del borrador.
* Psicoanalista (APdeBA)
103
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
Este ejemplo no sólo aprovecha, como
en el caso anterior, las posibilidades que
brinda el lenguaje, sino que destaca el uso
del “re” que es un recurso de la jerga con el
que algunos de nuestros jóvenes intentan
enfatizar algo en su discurso, marcando simultáneamente, y como al pasar, cierta pertenencia de clase.
Me ocuparé de ese humor desencadenado por el juego de las palabras, que posibilitado por la falta de solidaridad entre el
significante y el significado, marca una característica esencial y distintiva del lenguaje
humano. Porque, como dijera alguna vez
Oscar Masotta (1973) a propósito de las clásicas comparaciones con el lenguaje de los
animales y de la intención que algunos
hombres muestran de acortar distancias con
ellos: “¿Ha imaginado alguien a una abeja,
utilizando el código de señales de la especie
para hacer un chiste al colmenar?”
Sobre mecanismos
y funciones del humor
Los mecanismos que subyacen al chiste, que
como señalamos se apoya en la falta de solidaridad entre las palabras y las cosas o entre
las palabras y sus posibles distintos significados, lo ubican como uno de los tantos cambios de perspectiva que modifican en los seres
humanos una versión previa de los hechos.
Esto justificaría, por ejemplo, emparentar al chiste con los trabajos de De Bono
(1977) acerca del pensamiento lateral, aunque esta segunda mirada persigue fundamentalmente la finalidad práctica de encontrar una solución a una situación que se
presenta sin salida, como en muchos juegos
de ingenio, mientras que el chiste, a dife-
104
Dossier
rencia de aquél, tiene que cumplir, en primer lugar, y para ser considerado como tal,
con la exigencia de hacernos reír.
La condición de nueva perspectiva que
supone el chiste es la que sustenta, por
ejemplo, el valor pronóstico que tiene la
presencia o ausencia del sentido del humor
en alguien que se aventura en un tratamiento psicoanalítico, del que se espera
aparezcan nuevos datos a partir del desciframiento de los determinantes inconcientes de los síntomas, datos diferentes a los ya
dados por la conciencia oficial representada
por su Yo. O, desde otra perspectiva, la posibilidad que pueden tener algunos advertidos sujetos de encontrar en un mundo globalizado, que la cultura mediática presenta
como el único posible, opciones diferentes
a las que se les muestran y transmiten.
Aunque el chiste sustente muchas veces
su gracia en la exageración de un rasgo,
más que en la producción inesperada de un
sentido nuevo, siempre se aparta, en algo,
de la característica que toma como punto
de partida de su comparación, ya que tienen por estructura, y a veces mas allá de las
intenciones del emisor, un carácter subversivo frente a lo dado, a lo instituido.
De hecho, los mismos mecanismos retóricos de la metáfora y metonimia, en los
que se sustenta generalmente el chiste,
fueron y son utilizados como maneras de
hablar de lo prohibido, intentando que el
poder no se percate de ello, y ésta es la razón por la cual los humoristas han sido
siempre observados con atenta suspicacia
por los gobiernos dictatoriales. De todos
modos sería osado o exagerado incluir al
humor como un elemento motor de cambios sociales, del mismo modo que tampo-
Dossier
co sería justo cortar toda vinculación entre
aquél y éstos.
Las expresiones artísticas de todo tipo,
sean estas literarias, pictóricas o humorísticas, no deben ser consideradas sólo como
un mero recurso distractivo, sino como un
importante aporte creativo de representaciones, valores o propuestas, que, sin modificar directamente la realidad, proveen elementos de reflexión que colaboran en dicha
tarea, acompañando o precediendo a procesos de cambio, sin estar necesariamente
al frente de ellos. Desde esta perspectiva,
¿cómo podrían medirse, por ejemplo, el impacto y los efectos que puede generar la
contemplación del Guernica de Picasso sobre las tendencias humanas al belicismo?
A pesar de su mencionado carácter disruptivo cabe destacar que el humor no es
sólo un instrumento al servicio de la deconstrucción de lo dado, sino también un
recurso que contribuye a preservar rasgos
culturales propios, cosa que se da más en el
humor escrito que en el chiste mudo, más
pasible, por su misma estructura, de ser
mundializado. Mientras que en un lenguaje
visual que reviste cierto grado de universalidad que no requiere del trabajo de los traductores, la imagen habla por sí sola. En
muchos de los ejemplos de humor que tomaremos como base para el análisis, aunque la prescindencia de la imagen entrañe
la pérdida de los trazos del artista y su aporte a la comicidad del chiste, el relato igual
conserva lo esencial.
En épocas en las que un discurso único,
proveniente de una cultura que Pierre
Bourdieu (1971) calificara de “MacDonalizada”, arrasa con las diferencias que establecen las marcas de identidad de pueblos y
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
razas, vemos cómo el humor -apoyado sobre la lengua, en la que sustenta su accionar y a la que, a su vez, contribuye a sostener- colabora en la preservación de dichas
marcas. Y aún en el caso de los usuarios de
una misma lengua como podría ser el castellano, es necesario, a nivel de la comunidad
y como diría Lacan, ser “de la parroquia”
para participar de la fiesta.
El humor y la parroquia.
Globalización e identidad
Un chiste de Caloi (1994), que pertenece a
una inolvidable serie dedicada a los deportes en la que expone no sólo su exquisito
sentido del humor sino también su profundo conocimiento acerca de dichas actividades, muestra, en el escenario de un torneo
de ajedrez, a uno de los jugadores, de pie y
con una mano apoyada en el tablero de
juego, cantando lo siguiente: “cómo pretenden que yo, que lo crié de potrillo...”.
El típico monito comentarista, que como
el Mendieta de Inodoro Pereyra suele completar el cuadro, acota: “parece que el
maestro se niega a sacrificar un caballo”.
Disfrutar de este chiste supone poder jugar con el significante “sacrificar” que nos
habla tanto de la aceptación de la pérdida
estratégica de una ficha del juego, como de
la necesidad de dar muerte a un animal ya
desahuciado. Y aunque el chiste fuera pasible de ser traducido eficazmente a otra lengua en la que estos dos significados estuvieran presentes, seguiría faltando saber algo
del folklore nacional, como conocer la canción “El corralero”, popularizada por Hernán Figueroa Reyes, que cuenta sobre “ese”
potrillo al que había que sacrificar.
105
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
Para participar del juego verbal de un periódico, que encabezaba la fotografía de un
funcionario sorprendido en un aeropuerto
portando “sustancias prohibidas” con el título “Más que ñoqui, raviol” habría que estar
al tanto de las acusaciones circulantes previas acerca de que se trataba de alguien que
ganaba su sueldo sin trabajar y, al mismo
tiempo, conocer cómo se denomina comúnmente en el argot a los sobres de cocaína.
En nuestros pueblos del interior, con más
posibilidades de preservar ciertos espacios
lúdicos sostenedores de la identidad local
ya que los cuentos y las anécdotas tienen
todavía su lugar, nunca se sabe quién fue el
inventor del mote con el que la comunidad
destaca algún rasgo de uno de sus conciudadanos, porque circula a través de un:
“viste cómo le dicen a fulano”. No sería nada improbable que el autor original de la
chanza, de modo de ponerse a cubierto del
enojo del involucrado, lo hubiera lanzado
al ruedo con este mismo packaging.
Tampoco se está nunca seguro respecto
del lugar geográfico de origen del chiste,
aunque en este caso, a diferencia del anterior, hay mayor tendencia en las comunidades pequeñas a atribuirse, con cierto orgullo, la paternidad del producto.
Hechas estas salvedades, sin abandonar
las oportunidades para el humor que nos
brinda el juego ciencia, recogemos de General Villegas, Provincia de Buenos Aires, el
mote de uno de sus ciudadanos, que habiendo tenido una parálisis facial que le había dejado como secuela una asimetría en
su cara, era reconocido como “el alfil”, porque, según la comunidad, al igual que la
mencionada pieza de ajedrez, “comía de
costado”.
106
Dossier
De la localidad de Navarro, también Provincia de Buenos Aires, extraemos el calificativo de “primer nieto” que se le aplicaba a
un vecino que era famoso por sus aventuras
amorosas, dado que, según se decía, “estaba siempre alzado”. En este segundo ejemplo, los requisitos para poder gozar del juego significante que permite el término “alzado”, no sólo hay que contar con los distintos significados posibles, sino también poseer ciertos saberes de la vida rural con sus
correspondientes imágenes y posturas de
animales en celo. Tratando de no exaltar la
propensión a un nacionalismo, que tan fácilmente se nos dispara, cabría destacar que
estas características del humor que reconocemos en nuestros pueblos del interior, son
también fácilmente observables en zonas
rurales de otros países. Un colega nos habló
en una oportunidad de una región en un
país centroamericano en la que existía una
fuerte impronta religiosa que determinaba
que, durante el curso de episodios agudos
de psicosis, los afectados mencionaran con
frecuencia en sus delirios a Jesús, la Virgen
María o San Pedro. En estos casos, la comunidad, haciendo uso de una destacable austeridad y economía significante, calificaba
de un modo aparentemente no discriminatorio al miembro en cuestión como alguien
que, simplemente, “estaba de Biblia”.
Los casos mencionados nos hablan no sólo de la preservación de algunos espacios en
los que a través de sus modismos y juegos
de palabras se sostienen atributos de las
identidades locales de un modo que se torna a veces indescifrable para los que no pertenecen a las mismas, sino, también, del
mantenimiento de ámbitos que en las grandes ciudades han prácticamente desaparecido por efecto de los procesos de urbaniza-
Dossier
ción, y que en las comunidades del interior
todavía permiten a sus integrantes tramitar,
con humor y grupalmente, los aconteceres
de su existencia, sus enfermedades y sus
amores.
Dentro del grupo de cientistas sociales
que destacan la actual oposición existente
entre globalización e identidad, cabe citar a
Manuel Castells (1999) quien estudia las expresiones de identidad colectiva, que en defensa de la singularidad cultural, se enfrentan a la globalización.
Dice Castells: “las identidades son fuentes de sentido para los propios actores, y
por ellos mismos son construidas mediante
un proceso de individualización” (…), “la
construcción de las identidades utiliza materiales de la historia, la geografía, la biología, las instituciones productivas y reproductivas, la memoria colectiva y las fantasías personales, los aparatos de poder y las
revelaciones religiosas”.
Este autor llama“Identidad de Resistencia”a un modo de construcción social de
identidad que se genera en ciertos actores,
excluidos por la lógica de la dominación,
que lleva a la construcción de“trincheras de
resistencia y supervivencia”que pueden, a
través de la “Identidad proyecto”, redefinir
su posición en una sociedad a la que intentan transformar.
De todos modos no todas son rosas en esta tarea de preservar la identidad, tarea a la
que el humor como vemos contribuye, porque en un mundo que tiende a una homogeneización visualizada como amenaza, y
dentro de lo que entendemos como valiosos
esfuerzos por definir y mantener los rasgos
diferenciales que hacen a cualquier identi-
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
dad, asistimos, yendo de menor a mayor:
a) a la constitución en las grandes ciudades de lo que se ha dado en llamar “tribus
urbanas” (motoqueros, sinkheads, etc.),
grupos que muestran una serie de rasgos y
actitudes con los que intentan diferenciarse
del resto y que suelen manifestar frecuentemente conductas antisociales;
b) al resurgimiento, a nivel de grandes
conjuntos sociales, de los llamados fundamentalismos y sus preocupantes consecuencias;
c) al fracaso en cadena que se está registrando en la aprobación de una constitución común en el intento de conformar la
aparentemente tan ansiada Unión Europea.
Aunque no existe todavía acuerdo entre
distintos observadores respecto de las razones que dan cuenta de este último hecho
muchos piensan que detrás de él se esconden actitudes nacionalistas de rechazo hacia
los inmigrantes, que encarnando nuevamente la figura del temido “otro”, amenazan sus fronteras y pertenencias. Un reciente comentario del diario Clarín2 muestra claramente en sus párrafos las dos vertientes
de la temática identificatoria: a) la de resguardo de la identidad: “Los franceses le
metieron el dedo en la nariz a la globalización: se negaron a aceptar la liquidación definitiva de su estado de bienestar; le dijeron
al mundo que sus quesos y vinos no podrán
ser arrasados por las hamburguesas y salchichas anglosajonas”; y b) la discriminatoria:
“El no de los holandeses a la Constitución
Europea que debilita a la Unión Europea y
hace tambalear al Euro, contuvo “claros sobretonos racistas” de oscuro temor por “el
otro” el inmigrante extranjero, de regiones
2 Clarín del 8 de Junio 2005. Sección Sociedad
107
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
a las que antes, no hace tanto, solían colonizar por las armas o el mercantilismo”
El sostén de la identidad a nivel individual, grupal, nacional o supranacional -temática dentro de la cual, como venimos señalando, el humor junto a distintas expresiones culturales tiene su lugar ganado- supone el trazado de un límite demarcatorio
que, como en el caso de cualquier conjunto,
intenta definir lo que le pertenece y lo que
no. Pero, más allá de la necesidad de ese
movimiento instituyente, la cuestión que se
plantea, luego de delimitar y definir aquello que se considera como propio, es la de
ver cuál es el tratamiento que se propina a
lo distinto, a lo diferente, a lo ajeno.
El humor referido al género, los chistes
de gallegos en nuestro medio o los de los
polacos en Europa, encierran claros componentes de discriminación. Los chistes sobre
los argentinos, surgidos en España y algunos países latinoamericanos a raíz de nuestros procesos migratorios, del tipo “el mejor
negocio es comprar un argentino por lo
que realmente vale y venderlo al precio que
él cree que tiene”, nos devuelven la gentileza y nos muestran en contrapartida cómo
somos visualizados por los otros. El humor
de género es un recurso útil para analizar
de qué modo el ser humano ha tratado desde tiempos remotos a la diferencia entre los
sexos y para mostrar que aquello del pensamiento único o hegemónico que hoy nos
preocupa tiene antecedentes de larga data.
Humor y salud. La resiliencia
Son muchos los trabajos que actualmente
destacan la correlación positiva entre humor y salud. N. Cousins, en su libro “Anato-
108
Dossier
mía de una enfermedad” (1977) que parece
participar de ese afán que algunos tienen
por intentar medir lo inconmensurable o de
envasar algún producto potencialmente
útil o exitoso en el mercado, comenta que
diez minutos de risa -vaya uno a saber de
qué modo obtenidos- procuran dos horas
de sueño aliviador en un cuadro desesperante de un trastorno articular crónico.
Sin poner en tela de juicio la seriedad de
estos estudios, aunque no muy interesados
en ellos, nos hemos venido ocupando en estos últimos años de la relación entre Humor
y Resiliencia.
El término Resiliencia aludió inicialmente, en el campo de la salud, a aquellos componentes individuales (factores de resiliencia) entre los que figuraba el humor, que se
habían encontrado en sujetos, que a pesar
de iniciar su vida en condiciones adversas
de todo tipo -ya sea familiares, individuales,
biológicas o sociales- habían logrado alcanzar posiciones de éxito inesperadas para lo
que eran los pronósticos previos.
Los primeros estudios sobre el tema, provenientes de Estados Unidos y Europa, se centraban fundamentalmente en situaciones
vinculadas con las problemáticas de la infancia y la pobreza en poblaciones marginales.
Los estudios sobre resiliencia individual
que destacaban como componentes de dicha capacidad, entre otros, a la autoestima,
la creatividad o al humor, enfatizaban, a diferencia de los clásicos modelos de riesgo
basados en características más bien somáticas, aspectos ligados con la subjetividad,
más cercanos a la Psicología. Desde una mirada predominantemente latinoamericana,
el enfoque inicial de resiliencia individual se
fue ampliando, incluyendo nuevos desarro-
Dossier
llos, como es el caso de los estudios sobre
resiliencia comunitaria. De este modo, la resiliencia fue ingresando gradualmente como tema en el territorio de las ciencias sociales. Actualmente, dentro de este proceso
de integración disciplinaria, el matrimonio
que se presenta como más promisorio dentro de las nuevas relaciones establecidas es
el que se ha ido dando con la educación.
En este tránsito de lo individual a lo social, la resiliencia, que en algunos estudios
iniciales pareció prestar excesiva atención a
factores individuales acercándose peligrosamente a lo constitucional con el riesgo de
desatender el peso de los determinantes sociales, fue visualizada como un elemento
encubridor de las condiciones de inequidad
imperantes y sospechada de fortalecer con
su silencio tanto a los postulados vigentes
de los modelos neoliberales, como a ciertas
corrientes neodarwinistas, que en consonancia con ellos, promovían el triunfo de
los más aptos como ideal de realización del
sujeto moderno3.
Los modelos centrados en la resiliencia
comunitaria se interesan más definidamente por lo que desde las ciencias sociales se
conocen como mecanismos sociales de producción de subjetividad.
Enfocar la temática del humor, dentro de
los estudios de resiliencia, desde una mirada
centrada en los conjuntos sociales y la subjetividad nos aleja del análisis de las estructuras psíquicas intervinientes en el mecanismo
del chiste, tal como fueran desarrolladas por
Freud en sus ya clásicos trabajos, y nos acerca, en cambio, a los distintos mecanismos sociales que dan cuenta de las condiciones y ca-
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
racterísticas de la subjetividad actual, dentro
de las que hoy se destaca lo que podríamos
llamar un preocupante estado de “empobrecimiento subjetivo” que, en particular dentro del área educativa, hace obstáculo a los
procesos de enseñanza-aprendizaje.
Las pobrezas. El pensamiento
único y el pensamiento crítico
Las ciencias sociales están dejando de hablar de “la pobreza” en singular, para pasar
al plural que supone “las pobrezas”, término que intenta dar una idea de la complejidad de la denominación de un fenómeno,
que, cuando se limitaba a las condiciones
materiales de vida, parecería más fácil de
definir que de solucionar.
Sin ánimo de incursionar audazmente en
terrenos disciplinares ajenos, entendemos
que detrás de estos cambios se esconden interrogantes tan amplios como los que se
plantean, por ejemplo, respecto de países
de América o de Asia, los que a pesar de
contar con cuantiosos ingresos materiales
provenientes de la comercialización de valiosas materias primas como el petróleo,
nunca lograron, superado el aparente momento de esplendor económico, modificar
su estructura productiva ni salir de su lugar
de países dependientes.
Esto pone en evidencia que en un mundo en el cual la información es un bien de
creciente y fundamental importancia no
son sólo las condiciones materiales, económicas, armamentales o territoriales las que
rigen su actual funcionamiento, perpetuando los estados de inequidad existentes.
3 En un reciente artículo publicado en el diario Página 12, el 5 de Mayo de 2005 en la Sección Psicología titulado “El poder dicta, por
la palabra del sujeto mismo, lo que hay que hacer”, las autoras, Ana Berezin y Gilou García Reinoso, desde una lectura que sólo incluye como referencia de su crítica ciertos trabajos centrados en casos de resiliencia individual, llegan a comparar a la Resiliencia
con la “obediencia debida”.
109
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
Dentro de este apartado sobre las pobrezas, a partir de una mirada centrada en
la educación y en las mencionadas características preocupantes de la subjetividad actual mencionadas en un artículo de M. T.
Sirvent (2001), destacamos dos de ellas que
vale la pena considerar en este breve recorrido: la pobreza política o de participación
social, que fomenta el individualismo y el
escepticismo político y que subyace al “que
se vayan todos” que marca la crisis de representatividad existente no sólo en nuestro país sino también en el resto del mundo;
y la pobreza de comprensión que alude a
los factores sociales que dificultan, a través
del pensamiento único, un manejo reflexivo
de una información que por vía de lo que
Bourdieu (1999) llamara “Violencia simbólica” nos encolumna pasiva y acríticamente
en un mundo que nos es presentado como
el único posible.
La polaridad establecida particularmente por Ignacio Ramonet (1994) entre pensamiento único y pensamiento crítico, desarrollada por este autor a propósito fundamentalmente de los efectos de la globalización y la economía de mercado, habla de la
tensión existente entre, por un lado, una
marcada tendencia a instalar en el mundo
una mirada única, deshistorizada y naturalizada, que presenta a las actuales condiciones de vida como las mejores y únicas posibles; y, por otro, la resistencia ofrecida a la
misma por un pensamiento crítico, que trabajando en dirección contraria, deconstructivamente, analiza la relación existente entre los contenidos y valores trasmitidos por
la cultura imperante, su momento histórico
y las necesidades de la minoría a la que esta ideología dominante sirve.
Dossier
Una publicación reciente sobre aprendizaje subliminal se refiere a un experimento
realizado en la Universidad de Boston. El
mismo lleva como título “Demostraron cómo se puede aprender sin decidir hacerlo”4, y explica cómo un grupo de científicos
americanos logró identificar el funcionamiento del cerebro en el proceso de aprendizaje subliminal.
Este trabajo podría, desde una perspectiva utilitaria en la que se trata de no desperdiciar nada, ser tomado como una nueva
forma de aprovechar el tiempo y tratar de
aprender cosas aún durmiendo. Pero un
apartado dentro de la misma noticia titulado “Claves del mensaje subliminal” nos
acerca otra posibilidad menos “enriquecedora” y más inquietante de este recurso.
Comenta que durante la campaña presidencial de G. Bush sus aspiraciones electorales
se vieron afectadas por el descubrimiento
de que había utilizado prácticas subliminales para atacar a su entonces rival Gore,
cuando en su crítica a la posición de este
candidato respecto de un problema ligado
con un tema de reembolsos por la compra
de medicamentos y en el uso de la palabra
“burocrats” con que se calificaba a sus rivales demócratas, se destacaba en grandes caracteres blancos y de un modo no demasiado evidente la palabra “rats”.
Noam Chomsky, destacado lingüista y
politólogo contemporáneo, se ha dedicado
con ahínco, desde una posición de aguda
crítica respecto de la política interior y exterior de los EEUU, a analizar las modalidades
de instauración y sostén del pensamiento
único, y a mostrar las distintas estrategias,
que desde los medios masivos de comunicación y a través de variados mecanismos de
4 Oscar Raúl Cardoso: Clarín, 4 de Junio de 2005 “Unión Europea: ¿era esto lo que pretendencia el No?” Sección Panorama Internacional.
110
Dossier
control del pensamiento, intentan y logran
manipular y dominar a la opinión pública
local e internacional.
En un texto que reseña brevemente aspectos esenciales de su obra se cita un caso seguido y publicado por Chomsky, ocurrido en el
transcurso de la segunda guerra mundial, en
el que el Reino Unido logró que EEUU, hasta
entonces desinteresado por entrar a la contienda, finalmente ingresara a ella.
El accionar de un “Comité de Información Pública” llamado “Comisión Creel”, en
sólo seis meses logró convertir a la hasta entonces pacifista población americana en
una población belicista deseosa de destruir
todo lo que tuviera que ver con Alemania.
Uno de los falsos datos que se aportaban
era, por ejemplo, que los alemanes arrancaban los brazos a los bebés. Cita el trabajo
que mecanismos similares se emplearon
oportunamente para sembrar “el terror rojo” o, ya en la actualidad, como lo repite
con insistencia en nuestro medio en sus
conferencias el periodista y escritor José Pablo Feinmann, para satanizar al pueblo Islámico de modo de plantear una supuesta
contienda entre el bien y el mal, intentando
embarcar al resto del mundo en una aparente guerra santa que ya a nadie engaña
respecto de los intereses materiales puestos
en juego.
En el mencionado texto de Gabriela Roffinelli (2003) se destacan aportes centrales
de la obra de Chomsky entre los que cabe
mencionar los intentos del autor por dar
respuesta a la pregunta fundamental acerca de cómo es posible que en una sociedad
democrática de masas se dé el caso que dicha población sea sometida a la dirección
ideológica de una elite. Chomsky recuerda
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
que no se puede dominar a la población sólo a través de la fuerza (invasiones, represiones, torturas, dictaduras, etc.), porque la
misma, para ser efectiva, debe ser acompañada por la construcción de consenso, por
una tarea de ininterrumpida elaboración de
la hegemonía, que va, diríamos nosotros,
más allá de arrojar papelitos desde los aviones luego de las operaciones militares de
conquista.
En el mismo texto, en una serie de observaciones que nos hacen centrar nuevamente la mira en el humor y los humoristas, se
comenta, desde la perspectiva de Chomsky,
cuál sería la cuota de responsabilidad que
les cabe a los intelectuales, tanto en la fabricación de consenso como en la develación de sus razones ocultas, a través de la
tarea de desenmascaramiento de las mentiras de los gobiernos y del análisis de los motivos ocultos de los hechos sociales. Esta responsabilidad se sustenta en que, según
Chomsky, la democracia occidental otorga a
una minoría privilegiada el tiempo libre, los
instrumentos materiales y la instrucción que
permiten la búsqueda de la verdad escondida tras el velo de las deformaciones y las
falsas representaciones que sustentan los
intereses de clase.
Volviendo al tema del humor, y respecto
de la mencionada tensión existente entre
pensamiento único y pensamiento crítico,
podemos ver cómo el mismo juega simultáneamente, respecto de los hechos a los que
apunta, un doble papel. Porque, como se
puede verificar en cualquiera de los ejemplos que estamos comentando, el chiste, en
un único acto, por un lado, se apoya y apela a lo ya dado en el imaginario social, funciona de contraseña sostenedora de valores, modismos, identidades y hábitos, con-
111
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
tribuye a su necesario sustento y confirma
de algún modo ese digitado consenso; y,
por otro, a través de los distintos mecanismos con que opera (juego de palabras, exageración de un rasgo) pone simultáneamente en cuestión, graciosa y críticamente,
lo establecido.
En el caso de un chiste de Caloi (1994)
usado con fines didácticos para analizar la
problemática del género se dio en un curso
una situación particular que nos puede servir para ilustrar el tema. La escena relatada
transcurre en el andén de un ferrocarril,
con un hombre y una mujer tomados de la
mano, despidiéndose y manteniendo el siguiente diálogo:
-¿Me vas a extrañar mi amor?
-Lo intentaré
En este caso y a diferencia de otros chistes en los cuales los globitos que habitualmente salen de la boca de los participantes
señalan quién dice cada cosa, faltaba este
elemento. El docente que venía desarrollando el tema había dado por sentado, no
muy concientemente que digamos, que “lo
intentaré”, que despertaba la risa de la mayor parte de la concurrencia, correspondía
al varón tradicionalmente ubicado en el lugar del que recibe la demanda femenina de
amor. Hasta que una (sí, digo bien, una) integrante del público le preguntó de dónde
sacaba que la que quería ser extrañada era
la mujer.
Una vez que el docente se recuperó de
un cierto sentimiento de vergüenza (como
de haber sido pillado en falta y hasta casi
ser calificado de machista por esta oyente),
el ejemplo comentado sirvió para instalar la
pregunta acerca de hasta dónde la gracia
112
Dossier
del chiste no requería precisamente de una
cierta condición de partida, dada por el modo con que las diferencias de género estaban tradicionalmente instaladas en la cultura. O, dicho de otra manera, ¿resultaba
igualmente gracioso para la mayoría de los
presentes que fuese el hombre el que reclamaba amor?
Dentro de una línea de trabajo que vincula a la educación con la salud y en la que
el desarrollo del pensamiento crítico se nos
presenta como un importante recurso de
fortalecimiento subjetivo, los chistes sobre
género que desatan apasionados debates
ya que cuando se habla de este tema no se
registran habitualmente votos en blanco,
han demostrado en nuestra experiencia ser
un excelente instrumento para analizar la
temática de pensamiento único/pensamiento crítico, como paso preparatorio para ingresar en otras dimensiones de la cuestión
que suelen pasar más desapercibidas a pesar de, o quizás justamente por, su importancia.
El humor político.
La corrupción y el lazo social
En nuestro país, como en el resto del mundo, los avatares de la política alimentan
constantemente la creatividad de los humoristas que siguen paso a paso sus procesos y
contradicciones tal como lo muestra una
pequeña tanda de ellos:
Uno.(Paz Daniel-Rudy) Uno de los más
logrados chistes de la década del 90, referido a las vacilaciones de la identidad política
de nuestros gobernantes que suma puntos
Dossier
a un descrédito que reconoce un conjunto
de causas, fue aquel en el que aparecía el
entonces presidente Carlos Menem entrevistado por un periodista:
Menem: “Yo nací peronista y moriré peronista
Periodista: “Sí, pero, ¿y mientras tanto?”
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
gún periódico argentino en ocasión de prepararse la publicación de un resonado caso
de corrupción en nuestro país, el de los “autos gemelos”. Allí se da el siguiente diálogo
entre dos periodistas:
Periodista 1: “Según esta denuncia en
el caso de los autos gemelos estarían
involucrados dos jueces, tres abogados,
cinco empresarios y varios policías”
Dos. (Paz Daniel-Rudy) La escena es en
una pizzería donde un empleado atiende a
un personal policial que, apoyando con aire
autoritario su codo en el mostrador, está
efectuando una ya folklórica y tradicional
gira sospechosamente cercana al horario de
la cena:
Periodista 2: “¿Ningún chorro?”
Periodista 3: “No...toda gente de
bien”
El infaltable y pequeño comentarista
agrega: “D.C.U., delincuentes como uno,
viste”.
Agente: “Soy de la división narcóticos,
¿Qué es esto que tiene acá?
Empleado: “Pizzas”
Agente: “Ah... Ahora le dicen pizzas. ¿Y
qué es eso blanco?”
Empleado: “Muzzarella”
Agente: “¿Son para consumo personal?”
Empleado: “No...las vendemos”
Agente: “Ah...Traficantes, van a tener
que acompañarme”
Empleado: “¿Nosotros?”
Agente: “No, las pizzas”
El monito comentarista acota: “Sale una
corrupta con fainá”
Tres. (Paz Daniel-Rudy)La escena
transcurre en la oficina de redacción de al-
En un trabajo dedicado al efecto disolutivo que ejerce la corrupción sobre el lazo
social Elbio N. Suarez Ojeda (2001) señala
que “en la realidad latinoamericana la corrupción es el principal factor inhibidor de
la resiliencia comunitaria”, dado que “ninguna población está dispuesta a brindar su
esfuerzo o donar recursos para la reconstrucción después de una catástrofe si no
puede confiar en la administración correcta
de sus recursos”.
El mencionado descrédito popular por la
clase política, alentado por las tradicionales
e incumplidas promesas preelectorales, el
camaleonismo político y la corrupción, generan periódicamente espasmódicos intentos de volver a formas populares de decisión a través de asambleas populares o mecanismos de democracia directa, no sustentados en la idea de representatividad inherente a la democracia, que son de corta du-
113
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
ración dada su inaplicabilidad una vez que
los conjuntos humanos ya han alcanzado
cierto número de habitantes.
Zygmunt Bauman (2001) -destacado sociólogo de nuestra época- en uno de sus
tantos textos dedicados al análisis de nuestra sociedad, nos dice que dentro de un sector importante de la misma se registra la
coexistencia simultánea de dos creencias: la
de que el tema de la libertad humana se ha
resuelto del modo más satisfactorio posible,
de forma tal de no sentir la necesidad de salir a la calle para reclamar por ella; y la de la
convicción de que es muy poco lo que se
puede cambiar, ya sea individual o grupalmente, en pos de mejorar las actuales condiciones de vida. Esto compone una mezcla
en la cual el incremento de la libertad individual parece coincidir con el incremento de
la impotencia colectiva frente a las indeseables condiciones de vida de gran parte de la
humanidad.
Dossier
dictatoriales, ni a algún gobernante en particular al que se podría derrocar. No debemos perder de vista que estas condiciones
de vida se han desarrollado en el transcurso
de gobiernos elegidos democráticamente.
Dentro del conjunto de humoristas que
en su producción apuntan a los condicionantes globales de desigualdad mostramos,
a través de dos ejemplos, algo de la rica
producción de Sendra (1986).
En los chistes de este humorista los personajes que hablan, generalmente tres, lo
hacen de izquierda a derecha y no tienen
ningún rasgo identificatorio, hecho éste
que, de modo más destacado que en otros
autores no hace más que poner en primer
plano al discurso:
1. “¡Ultimo momento! ¡Conferencia de
los “7 grandes!”
El estandarte-señuelo de la libertad, sobretodo el de la libertad de movimiento de
los capitales transnacionales, promovida como ideología globalizada del modelo económico reinante y enfrentada al supuesto autoritarismo que entrañaría la deseable regulación de los mismos, ha erosionado a los estados en su capacidad de preservar los intereses del conjunto social, instalando el tema
de la corrupción en otra escala y perspectiva
a la ilustrada en los anteriores chistes.
2. “Los 7 grandes países de Occidente se
reunirán bajo un mismo lema.”
En la misma línea de los autores que como Bobbio (1990) han caracterizado como
“las promesas incumplidas de la democracia”, cabe destacar que, en lo que hace a
nuestro país, el incremento de la desigualdad, la exclusión, etc., ya no son atribuibles
como antes a la existencia de regímenes
3. “La cuarta parte restante pretende el
desayuno en la cama.”
114
3. “Cuando hablan los grandes los chicos
se callan la boca.”
1. “¡Continúa el hambre en el mundo!”
2. “Las tres cuartas partes de la humanidad se acuestan con hambre.”
A todo lo dicho podemos agregar el comentario de García Canclini (1999), quien
para destacar el actual estado de situación
Dossier
del mundo bajo el reinado de las leyes del
mercado y a pesar de que puedan detectarse muchos beneficiarios de las condiciones
dadas, nos dice que“David ya no sabe dónde esta Goliat”. Esta cierta invisibilidad de
un enemigo que se encarna más en las reglas de juego instaladas que en sujetos de
carne y hueso, torna aún más difícil desarrollar una mirada crítica de la población en
el intento de modificar las causas de su malestar.
Cierre en alemán
Las actuales condiciones de vida en el planeta -que hasta la caída del Muro de Berlín
permitían alguna utopía de acceso a un
mundo mejor- hoy muestran, bajo el predominio exclusivo de un sistema político y económico que potencia la desigualdad e incrementa la pobreza de gran parte de la
población mundial, un panorama sumamente inquietante que requeriría de un esfuerzo también globalizado y utópico al
modo de “si todos los hombres del mundo”
para revertirlo, movimiento que hoy en día
no se nos presenta ni cercano ni posible.
De todos modos, como en la fábula del
“medio vaso vacío/medio vaso lleno”, la situación reinante da tanto para aquellos que
opinan que existen importantes riesgos para la humanidad toda, y en un plazo relativamente cercano, como para aquellos que,
apoyándose en lo que de posibilidad de
cambio encierra el termino crisis, piensan
que el modelo reinante podría estar agotándose para dar paso a otras posibilidades para desarrollar una mejor vida en común.
Para muchos, el sostén de las identidades de un modo no jerárquico, que permita
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
tolerar las diferencias evitando la discriminación y la xenofobia, así como el desarrollo de procesos educativos basados en una
educación reflexiva que fomentara el pensamiento crítico, serían importantes recursos en el camino que lleva a una mejor integración y enfrentamiento, no sólo de la desigualdad, sino también del modelo de pensamiento que tiende a mantenerla.
Dentro de este complejo panorama el
humor ha sido, es, y seguirá siendo, junto a
otras expresiones artísticas y culturales, uno
de los recursos simbólicos sostenedores de
la subjetividad, un acompañante crítico y vigilante de todas nuestras actividades y momentos históricos, que muchas veces opera
exasperando o resaltando con ironía crítica
alguna característica de la época, como lo
muestra el último ejemplo con el que JURO
que cierro la serie.
Se trata del cuento de aquella señora,
que entrada lo suficientemente en años como para haber sobrepasado con holgura su
etapa fértil, decidió, a pesar de todo, embarazarse y dar a luz, contando con todos los
recursos técnicos que la época ofrece para
sortear los límites biológicos de un modo
que parece alentar las fantasías de inmortalidad del sujeto posmoderno.
Cuando los amigos, en presencia de Julia, la reciente madre que se les ha presentado con las manos vacías, le trasmiten, sentados en el living, su impaciencia y curiosidad por conocer a su hijo, se suscita el siguiente diálogo:
Madre: -Tengan paciencia, tenemos que
esperar un poco todavía, piensen en mí, en
todo lo que yo he tenido que esperar.
115
Daniel Rodríguez Humor y Psicoanálisis
Amigos: - Sí Julia, te entendemos, lo
que pasa es que tenemos muchas ganas de
conocer a tu hijo...”
Durante un largo rato Julia sirve un té con
masas a sus invitados y éstos inventan algunos temas de conversación para pasar el rato.
Después de una larga media hora, cuando ya
alguno de ellos empieza a levantarse para
partir, uno del grupo, algo fastidiado por lo
que entiende es una actitud desaprensiva de
Julia para con ellos, le pregunta:
-Pero, Julia, ¿qué es lo que estamos esperando para poder conocer a tu hijo?
Julia: -Tenemos que esperar que llore,
porque no sé adónde lo puse.
Varias de las características de la época se
dan cita en el cuento. Una que se destaca es
la que alude implícitamente al incremento
de los nuevos objetos que la tecnología pone a nuestro alcance, exponiéndonos a nuevas pérdidas o extravíos y obligándonos a inventar mecanismos de búsqueda diferentes
a los habituales. Y ni que hablar del fantasma del Alzheimer, ya oficialmente reconocido como “el alemán”, quien con insistencia
saquea nuestro disco rígido cerebral avanzando de la mano, inexorablemente ligado
a la prolongación, muchas veces artificial, de
nuestra existencia.
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Dossier
Resumen
El humor, ampliando la irrenunciable función de hacernos reír, es ubicado por el autor dentro de los recursos simbólicos que
hacen al sostén de la subjetividad e identidad. El escrito muestra cómo, en espacios
todavía conservados de las comunidades rurales, se tramitan con un humor que preserva modos y decires locales, distintos aconteceres de la vida en común.
El cambio de perspectiva que permiten
los juegos de palabras nos autoriza además
a incluir al humor dentro del conjunto de
recursos con que contamos para llevar a cabo una lectura crítica de lo instituido por la
cultura en cada momento histórico.
En la oposición planteada entre la tendencia a instaurar en el mundo un modelo
de pensamiento único al servicio de intereses y políticas dominantes y el pensamiento
crítico que intenta encontrar alternativas al
mismo, el humor se inscribe, casi por estructura, dada su condición de mirada alternativa, dentro de la segunda posibilidad.
Dossier
Bibliografía
Barman, Zygmunt: 2001. En busca de la política. Fondo de Cultura Económica. Argentina.
Bobbio, Norberto: 1990. Las promesas no cumplidas de la democracia. Editorial Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
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L’année Sociologique.
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de la identidad. México. Siglo XXI.
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1994. Con el deporte no se juega/2. Ediciones de la Flor SRL.
Argentina.
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Norton.
Diario Clarín Demostraron cómo se puede aprender sin decidir
hacerlo. Sección “Sociedad”. Argentina. 8 de Junio 2005.
Humor y Psicoanálisis Daniel Rodríguez
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2004. “Resiliencia. Subjetividad e identidad. Los aportes del
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la vida. Paidós. Buenos Aires.
2004. “Humor y resiliencia” en Seminario Internacional sobre
aplicación del Concepto de Resiliencia en Proyectos Sociales.
Colección Salud Comunitaria. Serie Resiliencia. Ediciones de la
UNLa. Reedición.
Roffinelli, Gabriela: 2003. Noam Chomsky y el control del pensamiento. Serie “Intelectuales”. Campo de Ideas. Madrid.
Sendra: 1986. ¿Quién es Sendra?. Ediciones de la flor. Argentina.
Sirvent, María Teresa: 2001. El talón de Aquiles del pensamiento
único. Revista “Voces”. Número 10.
Suárez Ojeda, Elbio Néstor: 2001. “Una concepción latinoamericana: la resiliencia comunitaria” en Resiliencia. Descubriendo las
propias fortalezas. Colección Tramas Sociales. Paidós. Buenos
Aires.
De Bono, Edward: 1998. El Pensamiento lateral. Manual de creatividad Editorial Paidós. Buenos Aires. Argentina.
Freud, Sigmund: 1973. “El chiste y su relación con lo inconsciente” en Obras Completas. Madrid. Biblioteca Nueva.
García Canclini, Néstor: 1999. La globalización imaginada. Buenos Aires. Paidós.
Masotta, Oscar: 1970. “Psicoanálisis y Estructuralismo” en Introducción a la obra de Jacques Lacan. Editorial Proteo. Buenos
Aires.
Paz, Daniel-Rudy: 1991. Ríanse no los voy a defraudar. Ediciones
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1991. Primer mundo allá vamos. Ríanse 2. Ediciones de la flor.
Argentina.
Ramonet, Ignacio: 1998. Pensamiento crítico vs. Pensamiento
único. Editorial Debate SA. Madrid.
117
Rastreo etimológico
Latín-Griego-Indoeuropeo
Stella M. Navarro Cima*
Las siglas entre paréntesis corresponden a
las fuentes bibliográfícas
Parodia:
Del Griego parodia, contra-oda, contra-canto.
Obra que transforma irónicamente un texto
anterior mofándose de éste mediante todo
tipo de efectos cómicos. (P. P)
Sátira:
Del Latín
Satur-tura-turum: saciado, harto, satisfecho // -a –orum n. pl.: temas inagotables,
materia fecunda (retóricamente)
Satura o Satira-ae f.: plato de diversos frutos y legumbres//sátira. (V. L)
Ironía:
Raíz Griega de Parodia:
(Del euronia, disimulo)
Odé: Canto, poema lírico (de aeido, cantar)
Hay ironía cuando un mismo enunciado revela más de su sentido evidente y primario,
un sentido profundo a menudo contrario al
primero. Ciertos signos (entonación, situación, conocimiento de la realidad descripta)
indican de una forma más o menos directa
que es preciso superar el sentido evidente
para reemplazarlo. (P. P)
Parodia imitación, burlesca de una obra literaria o de una música seria; aplicación de
una letra burlesca a una música seria. (Parodia; pará, junto además de.)
Parodiar remedar imitar (parodeo, cantar
con otro aire, pará, junto a) (Q. C)
* Licenciada en Lengua y Literatura (UNC)
118
Dossier
Humor y Psicoanálisis Stella M. Navarro Cima
Eiro: decir, hablar, juntar, reunir. (Q. C)
de al instinto de juego, el gusto del hombre por la broma y la risa, a su facultad de
percibir aspectos insólitos y ridículos de la
realidad física y social. Como arma social,
ofrece al ironista los medios para criticar su
entorno, para ocultar su oposición a través
del ingenio o de la farsa grotesca. Como genero dramático centra la acción en torno a
los conflictos y peripecias que testimonian
la inventiva y el optimismo humano entre la
adversidad. (P. P)
Comedia:
Humor:
La palabra comedia procede del griego Komedia. El Komos era el desfile y la canción
ritual en honor a Dionisos; por ello la comedia no puede renegar de sus orígenes religiosos y orgiásticos. (P. P)
Del Latín
Raíz Griega de Ironía:
Eironeia: Ironía (de eiro, hablar)
Ironía burla fina y disimulada // figura retórica consistente en dar a entender lo contrario de lo que se dice // interrogación//
método didáctico utilizado por Sócrates,
consiste en fingir que se ignora una cuestión y se pregunta al discípulo, obligándolo
así a encontrar a si mismo la respuesta.
Umor (no humor) -oris m.: líquido de cualquier clase // humedad // los humores del
cuerpo humano.
Fumus, I (Quizás del gr. thymos) m. Humo.
Raíz Griega de Comedia:
Kome aldea, pueblo (de keimai, estar echado)
Comarca división de territorio que comprende varias poblaciones (Komarches,
principio, mando)
Thymos: sentimiento, ánimo, alma, corazón, timo (glándula).
a) con significado de glándula, tymo. Timo
glándula endocrina de los vertebrados a la
cual se atribuía la regulación del sentimiento. (V. L)
Comedia canto que según Aristóteles, se iba
cantando por los pueblos. Obra dramática
de enredo y desenlace festivos (Komaedia,
odé, canto.) (Q. C)
Referencias bibliográficas
Cómico:
Lo cómico no se limita al género de la comedia, es un fenómeno que podemos
aprender desde diferentes ángulos o campo. Como fenómeno antropológico respon-
V. L.: Mir, José María: Diccionario Ilustrado Vox, Latino-Español/Español- Latino, Barcelona, Editorial Bibliograf, S.A., 1997.
P. P.: Pavis, Patrice: Diccionario del Teatro, Dramaturgia, Estética, Semiológica, Barcelona, México, Bs. As., Paidós Comunicación, 1990.
Q. C.: Quintana Cabanas, José Ma.: Raíces Griegas del Léxico
Castellano Científico y Médico, DYKIMSON, 2da Edición, 1997.
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