Pregón - Agaete

Anuncio
Pregón Fiestas Nuestra Señora de Las Nieves
L
a sombra de los acantilados se acuna en el suave deslizar de las espumas en
la mar de Agaete; el viento silva en las grietas de las rocas, gargantas pétreas de una isla que en ellas murmura oraciones y entona alegres cantares; el
Roque Partido, en su esencia de siglos, es faro inmutable que señala la costa con
toda la luminiscencia de los sentires isleños.
Una “Isla Azul” Atlántico que exclama como “…los altos roques alargan sus cabezas monolíticas, mascarones de proa de un fantástico barco guerrero, sobre el hondo
valle, todo armonía y ensueño, temblando de emoción el ramaje siempre verde, fuertemente oloroso, de los pinos robustos…; mientras “…las palmeras se elevan con airoso perfil elegante, meciéndose suavemente como pendones de gloria y mástiles de ilusiones…; y la playa, recostada en el lomo sólido del viejo muelle, mira el
horizonte y sueña con un mar enramado de algas y retamas.
Juan José Laforet
Sereno despertar de un mediodía estival que tiene aromas de mar, de pinares,
de alegrías festeras; el Puerto de Las Nieves pone proa a Agaete y Tamadaba, que
es llegada la hora de comenzar, un año mas, el camino romero con el que ramas y peregrinos alzarán toda las
inquietudes con las que ya se espera el comienzo de las fiestas. Fiestas de esperanza, de fecundidad, de ruegos y de
bullicio imparable, pues la Virgen de Las Nieves vuelve a la Villa para celebrar su festividad.
Son Las Nieves fiestas de las gentes de esta Villa, de su Puerto, pero también de toda una Isla que en estos días se
siente muy Agaete, y despierta encendida en un regocijo que es algarabía de los sentidos, bullicios de los cuerpos.
Aquí, a nivel íntimo, cuando toda Canarias siente que tiene en La Rama una de las fechas señeras de su calendario anual, también se señala que estas Fiestas de Las Nieves son de especial relevancia para las gentes de su puerto, de su mar, y ya hace muchos años, allá por los últimos años treinta del pasado siglo, así lo destacaba un escritor que visitó muchísimo Agaete y que llegó a escribir un interesante diccionario de voces canarias, con mas de
cuatrocientas inserciones, obra a cuya realización le impulsó mucho el actual Cronista Oficial de Agaete, Chano
Sosa; se trata de Pablo Artiles en su ya mencionado libro “Isla Azul”, que no duda en preguntarse:
—“¿Quién les quita ese regocijo?”
Y él mismo se contesta:
—“Son los amos…Disponen, discuten, ordenan, ¡la Virgen y su ermita es de ellos!
¡A ellos se les apareció la imagen, según viejas leyendas cuentan…Más de una vez les ha sacado de apuros y tormentas, lo
que atestiguan los exvotos, los barquitos primorosos que las paredes de la ermita santa ostenta…!
Y al llegar al pueblo, las campanas vuelan, los “voladores” estallan, los fuegos repercuten con sonoridad inigualable, las
lágrimas corren por los rostros de aquellos marinos curtidos al aire…, que no lloran cuando las bravas tormentas azotan su
barca…”
******
Sr. Alcalde, D. Antonio Calcines, y Corporación Municipal del Ilustre Ayuntamiento de la Villa de Agaete; autoridades; señoras y señores; agaeteras y agaeteros todos.
Antes que nada, en el repique ya encendido de los versos pregoneros que Agaete, su Fiesta de La Rama y su Virgen
de Las Nieves motivan a quién hoy tiene el alto honor de ocupar esta tribuna, enclavada en este Huerto de Las
Flores, uno de los rincones con mas ensueño y estirpe literaria y artística de toda la Gran Canaria, quiero dar las
gracias al Señor Alcalde y a su Corporación por haberme designado pregonero de estas fiestas tan señeras y ya
tan significativas para la tradición, la cultura, el ser y sentir no sólo de Gran canaria, sino de toda Canarias.
Pero también por que esta distinción que se me hace nombrándome pregonero de las Fiestas de Las Nieves y de
La Rama constituye para mi una enorme y muy personal satisfacción, la de quién ha vivido intensamente muchas
ramas, la de quién ha disfrutado aquí en estos días animadas y enriquecedoras tertulias, incesantes paseos, enyesques y brindis, reencuentros con amigos que hacíamos de Agaete cada verano una cita ineludible, especialmente en
aquellos años en los que permanecíamos muchos meses fuera de la isla. Gracias Señor Alcalde, ¡gracias Agaete! ¡me
olvidaría antes de mi mismo, que les olvidara a ustedes!
Señor Cronista Oficial de la Villa de Agaete y compañero Académico Correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y de la Academia de Ciencias Humanísticas y Relaciones de la República Dominicana y de
los Estados Unidos Mexicanos, D. Sebastián Sosa Álamo, mi querido amigo y de todos Chano Sosa, agaetero ilustre que es además Académico de Bellas Artes de Toledo y con quién, entre muchas otras circunstancias y eventos, tuve la oportunidad de compartir viajes de trabajo y estudios por diversos lugares de América como San Anto-
nio de Texas, Miami, Caracas, Montevideo ó Buenos Aires, donde Chano siempre contactaba con los escritores
José Luis Borges y Ernesto Sábato, con quienes mantuvo gratas tertulias y luego frecuente correspondencia, o donde
pudimos realizar cursos de especialización en la Escuela Panamericana de Arte de Argentina.
Una vez más en Agaete, en este Huerto de las Flores, como en otras ocasiones en Las Nieves ó en su viejo Molino, junto a todos los amigos, nunca he tenido la sensación de que el tiempo se vaya, pues este es un íntimo paraíso que se perpetúa en las horas que no pasan; pero el tiempo transcurre y aprovecho también para recordar
unos versos suyos, de un buen soneto que ha publicado para celebrar su ochenta cumpleaños, alumbrado con
unas magníficas ilustraciones del pintor Pablo Sanguino Arellano, que fueron Premio Real Fundación de Toledo;
versos que son elocuentes incluso de ese ámbito que Agaete nos ofrece a todos con enorme sabiduría.
El porvenir me ofrece los peldaños
de una escala que cada día se alarga
en la esperanza dulce que me embarga
y me cubre solemne con sus paños.
Gracias por tus palabras de presentación y muchas felicidades.
******
Sr. Alcalde, Corporación Municipal, autoridades, agaeteras y agaeteros, siempre he percibido, y en esto coincido
con miles de personas de dentro y fuera de la isla, como Gran Canaria, cada mes de agosto, se despierta con el alegre compás de una diana floreada que en las calles blancas, sencillamente íntimas, de Agaete es, desde antes del
amanecer, todo un preludio de la explosión de alegría, de impulso infinito, de entusiasmo a raudales, sin que haga
falta una advocación concreta o mínimamente definida, que supondrá, de la mañana a la tarde, el baile de La
Rama por miles de romeros que, con ramas de Tamadaba y con sus propios cuerpos, golpearán la mar al caer de la
tarde, en una tradición que se pierde en las cuentas de la historia isleña.
La noche del 3 de agosto el pueblo siempre vivió, bullicioso, inquieto y esperanzado, una celebración que se sueña
a lo largo de todo el año en Agaete y en los puntos más equidistantes de la geografía insular o de fuera de ella, lo
que hoy por hoy, y desde hace ya varias décadas, ha convertido a La Rama agaetera no sólo en fiesta grande de
Gran Canaria, sino en cita imprescindible de la movida veraniega isleña, como lo reflejan tanto periódicos, radios
y televisiones locales, como medios informativos nacionales e internacionales que cada año dedican muchos minutos, y páginas a este festejo de encuentros y amistades.
Es el caso de una tercera de ABC, firmada por el poeta Luis Antonio de Villena, bajo el título de “Canarias Pagana”,
que dio muchísimo que hablar en agosto de 1988, fruto de su visita a esta fiesta y en la que volcó todos los sentimientos y emociones que percibió y llevó allende los mares, y donde resaltó como “La Rama de Agaete, en tal sentido, no es el resto de un culto remoto. Es un culto presente, y la constatación de una necesidad. El ansia carnavalesca de no
reprimir a ese compañero a cuyo través –con harta frecuencia- nos llega la dicha. Y además, supongo, trae buena suerte”
Se trata de un periódico madrileño, de tirada nacional, que ya en su edición del 10 de noviembre de 1903, cuando
el siglo XX comenzaba, hablaba de la carretera que conducía de Las Palmas a Agaete, precisamente a propósito de
unos trabajos para mejorar el abasto de agua para riegos, con una fotografía elocuentísima de aquellas obras hidráulicas, y en el que, el 3 de julio de 1908, Agaete y su puerto volvían a ser noticia de alcance nacional, a propósito del
naufragio de las goletas La Lucía y La Rosa, de las que su tripulación logró “…ganar en un bote la costa norte de la isla”,
según testificaba el corresponsal del rotativo, y que en un reportaje de 1927, firmado por el periodista y Cronista Oficial de Gran Canaria, oriundo de Gáldar, José Batllori y Lorenzo también hacía una referencia expresa a este puerto
“…en el que Alonso de Lugo , fundador de la ermita de Las Nieves, que hoy le da su nombre, concibió a la vista del Teide la
empresa de conquistar Tenerife…”
Una fiesta a la que también se refirió la escritora Elizabeth Hodkinson en una “Guía Turística de Gran Canaria”, que
editó en 1964, impresa en la inolvidable Imprenta Lezcano, regida por el poeta Pedro Lezcano (al que Mestisay
homenajeara con su célebre canción “Agüita” dedicada a estas fiestas), y con fotos de Francisco Rojas, el entrañable Fachico, maestro de la fotografía isleña, y dibujos del gran pintor galdense Antonio Padrón. Y lo hizo tras
recorrer minuciosamente todos los rincones de la geografía insular, donde disfrutó del paisaje, de la compañía
de sus gentes y de los eventos y festejos con los que coincidió. También embargada por la emoción que contagia
esta fiesta a quienes la disfrutan en toda la hondura de sus sentires, no dudo en relatar como “…el día 4 de agosto
se celebra en Agaete la Fiesta de la Rama, una de las más populares de la isla. Su origen es antiquísimo, y expresa una llamada simbólica a la fecundidad.
En su primitiva forma, la rama de los pinos altos de Tamadaba era bajada por el hombre para ser mojada en las aguas
del mar. Así se invocaban las lluvias y la fecundidad de las tierras…”, ilustrando su narración con una magnífica fotografía que recoge un momento del baile de La Rama, en aquellos primeros años sesenta del pasado siglo, donde
niños y mayores agitan sus ramas entre los papagüevos, algunos de ellos con los rostros caracterizados de los personajes populares de la villa en aquel entonces, como fueron El Pupulo, La Pelica, Vicentillo, El Paletúo ó Manué,
en su trayecto frente a la antigua Casa del Médico, donde por esos mismos años Jaime O’Sanahann, jefe de la Sec-
ción Forestal del Cabildo en la década de los años 50, plantó una parte del famoso árbol bonito —un espléndido
ficus que durante siglos resaltó y engalanó la salida de Las Palmas de Gran Canaria por la carretera del centro, a
los pies mismos del Barrio de San Juan, y que fue talado inesperadamente—. D. Jaime recuperó aquellos trozos,
los replantó en el vivero cabildicio en el que entonces trabajaba, ubicado en la zona conocida como “Los Perules”
–donde hoy están los institutos Pérez Galdós y Tomás Morales aproximadamente- y pudo entregar uno de aquellos esquejes florecidos al alcalde de Agaete que lo quería para engalanar el edificio de la Casa del Médico que inauguraría poco después, y gracias a eso el árbol bonito de Las Palmas perduró aquí en Agaete, ante el que tantas y
tantas Ramas se han bailado.
Y me pregunto, ¿será llegada la hora en que un esqueje de este ficus ya agaetero se lleve al entorno del antiguo
emplazamiento laspalmeño y el árbol bonito reviva allí gracias al mimo y cuidado que se le ha prodigado en su
larga estancia en Agaete?
Son motivos mas que sobrados para la charla animada, para la tertulia en cualquier esquina o portal, mientras el
pueblo todo se constituye en una verbena animadísima, en un delicioso paseo por las calles, en el saludo a los amigos que allí se reencuentran de año en año, en el enyesque en tiendas, bares ó ventorrillos –personalmente, y sin
aires de reivindicación alguna, me pediría unas “papitas fritas con berberechos” y un tomatito bien aliñado, para
acompañar una cervecita fresca–.
Que hermoso misterio se contempla en las altas horas de la noche, si uno se fija bien, cuando cientos de lucecillas, como pequeños luceros y estrellas, bajan hasta Agaete de ese firmamento pétreo que es Tamadaba, guiando
el camino de quienes traen las ramas con las que al día siguiente bailarán La Rama y, un año mas, golpearán la
mar y harán su ofrenda a la Virgen de las Nieves.
Un ámbito de misterio sereno, sencillo, pero de hondos sentires, que trascienden el alma isleña y se universalizan;
un ritual que año tras año engarza las piedras de un sendero que llevan los nombres de todas y cada una de las
generaciones de agaeteros que, a través de las centurias, han hecho de esta fiesta una hermosa y esplendida ceremonia de grancanariedad, una “… fiesta llamada La Rama, tan secular como el propio pueblo de Agaete y tan bella en
su policromía como el pluripaisaje del lugar norteño que la enmarca…”
Así lo contó y así lo dejó escrito el siempre recodado artista y escultor José de Armas Medina, en un pionero, elocuente y premonitorio artículo suyo sobre esta celebración de gozo, vida, esperanza y alegrías que publicó en 1968
una de las publicaciones turísticas y culturales mas señeras y antiguas de Gran Canaria, la revista Isla, editada
por el Centro de Iniciativas y Turismo, institución donde siempre se habló y se defendieron todos los temas de
interés para Agaete, algo de lo que, en una época larga y determinada, pude ser testigo en sus reuniones mensuales. Un organismo histórico de Gran Canaria en el que el año 1972 se celebró con enorme alegría la justa y meritoria declaración de La Rama como Fiesta de Interés Turístico Nacional, una distinción que contribuyó señaladamente a su difusión fuera de las fronteras insulares; institución en la que también participó el propio D. José de Armas,
quién nos contaba como ya en la década de los cincuenta del pasado siglo trabajó por reactivar la construcción y
la utilización de estos papahuevos, teniendo a Chano Sosa como colaborador directo en aquel trabajo que ahora
afrontaban como si fueran verdaderas esculturas, amasadas inicialmente en barro, luego pasada a escayola y sobre
ella se le pegaban papeles y papeles, hasta que, de las magia de aquellas manos artesanas populares, surgía los rostros de los personajes más populares de la Villa.
******
Aún no se han despejado las sombras de la noche cuando, desde una plaza recoleta, en la parte alta del pueblo,
camino del Valle, un volador rompe el sopor estival y al instante la banda, fresca, bullanguera, simpática, con una
fama bien ganada en toda la isla y fuera de ella, arranca con el toque de la esperada y deseada ansiosamente diana
floreada; incluso los papahuevos, que aún deben reposar hasta bien entrada la mañana, parecen entonces dibujar
una sonrisa en sus rostros amplios y deformes.
Sí, se trata de la Banda de Agaete; es nombrarla y llegarnos con su sereno ímpetu el sonido de todas las notas musicales más alegres que cualquiera pueda soñar, pasacalles, dianas, pasodobles, y cualquier música que requiera la
animación de un evento, como ellos mismos ofrecen; con una musicalidad innata que los ha consagrado desde
1911 como Banda Municipal y después de 1950 como entidad independiente, que ha sabido mostrar como nadie
que la música es un verdadero lenguaje universal con el que ellos se han expresado y se expresan aquí, pero con
el que también saben dialogar y entenderse con todos en otras fiestas del Archipiélago como en la de El Charco,
en La Aldea, la de La Traída del Agua, en Lomo Magullo, las Fiestas del Rosario en Puerto del Rosario, las de la Virgen de La Peña en Betancuria, en carnavales y en muchísimas otras ocasiones, e incluso fuera de las islas, como
cuando obtuvo nada menos que el segundo puesto en la modalidad de banda tradicional, en el Festival Internacional de Condom en Armañag, Francia. Son desde luego un verdadero Roque Nublo de nuestra isla, merecido galardón que el Cabildo les concedió por este centenario de una labor tan bien hecha y arraigada en el pueblo isleño.
******
La Rama ha amanecido así, un año más, en todo su antiguo y siempre actual esplendor; ahora romeros venidos de
todas partes se disponen, en unión profunda con todo el pueblo de Agaete, a bailar durante horas uno de los ritos
ineludibles del estío grancanario, al unísono de la música de otra banda que tampoco quiero dejar de mencionar,
la Banda de Guayedra, más moderna, pues nació en 1978, y de una enorme calidad, en la que se percibe la presencia de magníficos profesores de música formados dentro y fuera de la isla, con la presencia siempre atenta de D. Jerónimo Martín Trujillo, que tampoco olvida, a lo largo del año, el ofrecer unos espléndidos conciertos; una banda también bien integrada en el ser y el alma de estas fiestas y de las gentes de Agaete y de toda la Gran Canaria
Unas fiestas, un ritual y una celebración que tiene hoy muchos ojos puestos sobre ella; ojos isleños, pero también de diversas latitudes, pues como verdadera fiesta popular, que surge del pueblo para el pueblo, es un auténtico reflejo insustituible de esa sociedad en la que germina, en la que crece y con la que se transforma, se hace seña
de identidad y símbolo de sus aspiraciones y de sus esperanzas.
Quizá por ello al hablar de fiestas populares, y en especial cuando se argumenta la defensa de sus aspectos más formales de sus usos y costumbres, siempre se recurre a la palabra tradición; y, sin embargo, si observamos con detenimiento el origen y desarrollo en el tiempo de estas fiestas, nos encontramos con que tradición y evolución son
elementos inseparables, casi consustánciales para la dialéctica de la vida.
Por mucho que nos quieran hacer ver que todo es igual a como lo fue años atrás, siglos atrás, nada es igual, aunque sólo sea por lo dicho en aquella expresión de Lampedusa –ya tan trillada- de que todo debe cambiar, para que
todo permanezca igual.
Pero esto no es malo, todo lo contrario, es buenísimo, pues las fiestas son la expresión de un pueblo vivo, y como
tal evolucionan, avanzan, en la medida que ese pueblo lo hace, y lo tradicional se muestra entonces como ese pozo
residual de usos y costumbres, ese aliento espiritual de formas de ver y entender estas celebraciones, que permanece en la memoria colectiva que se transmite de padres a hijos, que se adquiere desde los primeros años de vida,
en los mismos brazos de sus progenitores, que los alzan ante la Virgen de las Nieves como la más viva, hermosa
y encendida de las ramas que nadie pueda levantar y agitar nunca ante ella.
Esta preocupación por la fiestas populares, por lo que representaron en el pasado, por su realidad en un momento dado de la historia insular y por su evolución posterior, no es nueva, sino que se manifestaba hace siglos.
Es algo que ya se refleja en el informe que la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria solicitó,
allá por los últimos años del siglo XVIII, al sacerdote Francisco Martínez de Fuentes acerca de los “Usos, Costumbres
y Fiestas de Gran Canaria” en ese siglo, ó en las páginas y dibujos que a estas celebraciones populares isleñas dedicó a mitad del siglo XIX el primer conservador de El Museo Canario, Víctor Grau-Bassas; ó en los cuadros canarios
de “Donde nací”, libro de costumbres isleñas editado cuando ya finalizaba aquel siglo por Rafael Ramírez y Doreste,
cofundador en 1904 con Fray Lesco del histórico y modernizador periódico grancanario “La Mañana”; documentos y crónicas que son necesarios repasar hoy con detenimiento e independencia de criterio, si queremos acceder a
una mejor valoración sobre la tradición y la evolución de las fiestas populares en Gran Canaria.
Ó una obra muy reciente, que personalmente me ha sugestionado, “Flores del Faneque. Cancionero popular de Agaete”, recuperado por ese ilustre intelectual oriundo de esta Villa que es D. José Antonio García Álamo, y que, en
palabras de uno de sus destacados colaboradores, el historiador y profesor D. Cristóbal García del Rosario, se
trata de un libro “… muy heterogéneo, como una arquitectura de textos literarios que contribuye a consolidar y
garantizar toda la identidad agaetera…”; un verdadero ramillete que nos presenta a Agaete en mucho de su honda
y rica esencia, que trasciende tiempos y geografías en las magníficas ilustraciones que Pepe Dámaso preparó a este
efecto; ilustraciones personalísimas que se aúnan al alma ancestral de un pueblo.
Sobre ello, de forma elocuente y alumbradora, se pronunció el propio Néstor Álamo en 1949, cuando no dudó en
resaltar como …hay que estimular el sentido popular y de creación de estas cosas, llevarlo por rumbos limpios, por caminos propios pero inéditos. Es decir, se hace necesario vitalizar estas expresiones. Eso es lo que hay que hacer; lo demás no
serán más que esfuerzos –loabilísimos claro- pero sin mas valor de consustancialidad y pervivencia que el de lo añadido y
lo externo…
Y si en Gran canaria hay una expresión de lo que es el origen verdaderamente popular de unas fiestas, de una celebración, esa es la de estas fiestas de La Rama; rama suplicante de fecundidad, de agua, agüita…, rama de enramadas que hacían de las calles y fachadas frondosos y aromáticos pinares. Música y baile cotidianos en la vida del
pueblo, que este día se consagran como la más sin par e inolvidable melodía para la danza popular y amical.
Rostro de un pueblo que sabe representarse y enaltecerse con sabia ironía plasmada en los rostros de sus papahuevos, elaborados, década tras década, por manos de espontáneos artesanos que hacen de su arte el mejor pregón
del sentir vecinal y popular.
Una Rama, una fiesta que hoy es también, como ha resaltado José Antonio Godoy Rodríguez, en su libro “A la
sombra del flamboyán”, una “…marea humana enramada bajando la calle Guayarmina, un encuentro con la gente de
siempre en la esquina del Perola y un chapuzón en la playa, seguido de un pescado fresco en cualquiera de los restaurantes
del Puerto de Las Nieves”.
Y yo esta noche añadiría, desde mi hondo y más que emocionado recuerdo de tantos y tantos años de apego a
estas fiestas de La Rama y de Las Nieves, a sus gentes y al aire marinero que nos aúna en el ritmo de los mas hondos
sentimientos isleños, que son también un encuentro con los amigos mas queridos que ya no están; amigos que estarán muy pegados a mi de nuevo en la tertulia, en el paseo, en la danza, en la subida a Tamadaba a por las ramas, que
este año tan significativo me gustaría hacer acompañando a los romeros, en la oración a esa Señora de Agaete que
reluce en su cuadro flamenco; amigos que serán devueltos a mis ojos, aquí siempre asombrados y entusiasmados, en
el misterio y la leyenda que envuelve esta celebración, este ritual festero y hondamente humano.
Y es que, entre la bulla que ya presentimos en la calle, entre la alegría y el gozo derramado generosamente, en este
pórtico pregonero de las fiestas, también se impone un momento para el recuerdo, para la añoranza, para el recuerdo de quienes nos precedieron en ellas, de quienes ya no están y tanto estuvieron con nosotros, de quienes nos
quieren y nos recuerdan en estos días desde otras latitudes; especialmente recordaré a quienes desde muchos Hogares Canarios, como el mío, el de Sevilla, también procuran celebrarla de la mejor manera que pueden en la intimidad de sus centros, pero con la nostalgia y la alegría amasadas en el mismo barro que moldea el corazón generoso de esos grancanarios que viven en el exterior, pero nunca alejados de su tierra, ni de sus celebraciones mas
señeras, como esta de La Rama y de Las Nieves, con la que en esta misma hora ya se encuentra aunados.
******
Agaeteras y agaeteros, amigas y amigos todos, llega espléndida, en la plenitud del alegre estío grancanario, la
Fiesta de La Rama, estas Fiestas en Honor de Nuestra Señora de Las Nieves, y por calles y callejuelas, por plazas y
plazoletas, se consagra un ritual hecho de un bullicio, que no es otra cosa que la voz de un pueblo que se enaltece en los más nobles valores con que se adorna su alma isleña y marinera.
******
Quimeras, sueños, creación, son estandartes que señalan la esencia y la historia de este Huerto de Las Flores creado por la familia Armas, entre árboles de alcanfor, de la canela, güiros, marácanas, guanábanas, vegetación que
señala la proximidad de otros continentes en nuestra historia isleña; y Agaete que es además puerto, también le
incumbe ser parte de esa puerta de América que Canarias fue para los europeos, y de Europa para los americanos,
como resaltó el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri. Un huerto mas que centenario en el que pasó sus mejores horas el soñador del Atlántico, Tomás Morales, poeta al que se le ha consagrado este año el Día de las Letras
Canarias, cuyos versos parecen impregnar cada una de las piedras, de los ladrillos, de los parterres y arriates, que
no le olvidan y repiten muchos de ellos, ¿no los escuchan? Estar atentos:
Y he recordado…El breve rincón de un pueblecillo;
una casa tranquila inundada de sol;
unas tapias musgosas de encarnado ladrillo
y un jardín que tenía limoneros en flor.
Un huerto y un lugar que la escritora Carmen Laforet, distinguida con el “Can de Gran Canaria”, dejó reflejados
en su guía de esta isla, publicada en Barcelona en 1961, al recordarlo como “…el pueblecito de mar más encantador
que pueda soñarse, y que desde aquí, desde lo alto de Tamadaba, vemos con su Puerto y su Ermita de las Nieves, tendido
a nuestros pies”. Y en esta onírica tertulia literaria, entre las sombras y el duendecillo de las flores, también nos surge
la voz de Alonso Quesada, que nos susurra “…el mar calla, la luna se aparta del mar y camina hacia las montañas de
Tirma…”, y con ellos la remembranza de aquella inolvidable puesta en escena de su obra “La Umbría”, por la compañía Teatral Ombú, bajo la dirección de Tito Santana. La mar, un monumento, la viva presencia de tres poetas,
Morales, Quesada, Torón y un pintor fotógrafo, Tomás Gómez Bosch, que se nos aparecen imperecederos como
bandera de versos y futuro en el mismo cenit de unas fiestas que ennoblecen con su alegría la hondura espiritual
de un pueblo, en el que surge un arte que le universaliza y se universaliza con él, la obra de Pepe Dámaso, moldeada en sus sueños al borde mismo de este Huerto de Las Flores, con una denominada “trilogía de Agaete” que
inició con el film “La Umbría”, donde ya se descubre que su ancestral pasión por el arte también reside en el cine,
y completó en 1988 con una inolvidable e imprescindible creación “La Rama: Collage”. Particularmente le agradezco su bellísima serie de caballos, los equinos que contribuyeron enormemente al poblamiento y al progreso de
la isla, y cuya singular historia, en un extenso libro de María Reyes García Gómez, está resaltada por un bello caballo creado por Dámaso.
******
Y La Rama llega a la mar y de su vera sale La Virgen de las Nieves; esa mar y esas playas que hacen que Gran Canaria también haya sido conocida como su novia, “la novia del mar”, pues como nos la describió Néstor Álamo, la
isla “…es una redoma brizada por el mar. Las aguas, cariciosas, bruñen sus madréporas íntimas, y las playas curvan y
recortan espadas de oros y aceros bajo el sol, por el litoral…”, una isla donde la sucesión de playas es un verdadero rosario de bellísimas cuentas, que aquí en Agaete se plasma en algunas tan hermosas y aplacibles como La Caleta, las
Salinas, de Las Mujeres, Guayedra o Faneroque.
Playa del muelle y del puerto donde los romeros golpearán las aguas con las ramas convertidas, tras tantas horas
de danza incesante, en verdaderas extensiones de su cuerpo. Si un volador señaló, a primera hora de la mañana,
el inicio del baile, en la media tarde esos cuerpos danzantes, jadeantes de alegría, de fervores encontrados, de ilusiones un año mas hechas realidad, son el mas hermoso estruendo ante Ermita de Las Nieves que señala que La
Rama ha culminado donde señala la tradición, donde se depositan las ramas con las que se ha uncido la mar a la
vista del Roque Partido, al que Domingo Doreste Fray Lesco denominara Dedo de Dios.
Aquí queda la ermita marinera y la Virgen, en ella bautizada de “Las Nieves”, en el cuadro que nos trajera Antón
Cerezo y su mujer; dadivoso prócer que al parecer incluso en Vegueta adquirió una casa que puso a disposición de
la Hermandad de la Vera Cruz , que era referente innegable de buenas obras en aquel primer siglo de historia grancanaria.
Esa antigua y blanca ermita, que es una prolongación de las espumas que rompían en la cercana playa, en la que
Bartolomé Cairasco de Figueroa, el primer gran poeta de Canarias, celebró su primera misa, y conociéndole seguro que también festejó aquí convenientemente este señero evento de su vida; y que a Agaete y su entorno de
mar y huertos parecía referirse cuando en su canto “Gran Canaria” incluyó los versos que dicen como:
Del cielo puso a parte lo más puro;
del aire entresacó lo más templado;
de la tierra y el mar, lo más seguro;
de la fertilidad, lo más granado;
del tiempo, lo más blando y menos duro;
de las estrellas, lo mejor parado;
de las fuentes y arroyos, los mejores;
lo propio de las selvas, frutas y flores.
******
Agaeteras, agaeteros, las Fiestas de las Nieves y su Rama, llegan un año mas. Mi gratitud eterna por haberme convertido en su pregonero. Nunca olvidaré estas horas en el frescor sereno de este Huerto de las Flores arropado
por el calor de vuestros corazones.
Pronto la alegría imparable llenará las calles, carreteras, senderos caminos, barrancos y playas de Agaete. Disfrútenlas en paz y en armonía; hagan de ellas lo que de verdad siempre han sido, un punto de encuentro para la amistad, la camaradería y la solidaridad festera.
Que esta Rama, ofrenda ancestral que en su imparable danza llega al Puerto, a la playa, continúe en su esencia
sobre las aguas del Atlántico sonoro y se universalice en ese encuentro con otros pueblos hermanos y amigos de los
mas diversos continentes que ya inició efectiva y fecundamente hace muchos años.
Amigas y amigos Las Nieves lucen ya sus mejores galas; por el Faneque, el Valle, Guayedra y Tamadaba florecen
en todo su esplendor los frutos, las flores y las ramas que sueñan con el baile y la mar, con noches y días en la gloria festiva.
Agaete es fiesta y sentimiento,
es Rama, gozo alegre y bullanguero
que se crece por los senderos;
entre la luna y el sol
luce la Virgen de Las Nieves
y entre la noche y la aurora
todo su pueblo la invoca
con el murmullo de las olas.
Bandas, voladores y bullas,
papahuevos, ramas y banderolas;
la fiesta de Agaete comienza
con la voz del pueblo que a una grita:
¡Viva la Virgen de las Nieves!,
¡viva La Rama!, ¡viva la fiesta!.
Agaeteras, agaeteros, grancanarias y grancanarios, amigas y amigos todos, las Fiestas de Las Nieves y de su Rama
2011 han comenzado. Felicidades y muchas gracias.
J. J. Laforet, 2011
Juan José Laforet Hernández
Doctor en Historia del Periodismo y en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de
Madrid, en la que también siguió estudios de Sociología, es Master en Periodismo por la Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria, Técnico Superior en Protocolo de Estado e Internacional, por la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores, Diplomado en Protocolo por la Universidad de Oviedo, y ha seguido estudios de Historia en las universidades Complutense de Madrid y de Sevilla. Es diplomado en Estudios Cooperativos por la Universidad Politécnica de Madrid.
Cronista Oficial de Las Palmas de Gran Canaria y Cronista Oficial de Gran Canaria, Académico Correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
En la actualidad es vice Director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, ha sido
miembro durante varias legislaturas del Consejo Municipal de Cultura y del Consejo de Monumentos y Patrimonio del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, socio de número del Museo Canario, y académico correspondiente de la Academia de Ciencias Humanísticas y Relaciones de los Estados Unidos de México
y República Dominicana. Desde 1996 es coordinador de los Paseos Nocturnos por la Vieja Ciudad, actividad que inició él mismo en 1978, con motivo de los actos del 500 Aniversario de la Fundación de la Ciudad
y que cada año se celebra con motivo de las Fiestas Fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria.
Pregonero vocacional, desde hace muchos años ha pronunciado muy distintos pregones dentro y fuera de
Canarias. De los pronunciados en Gran Canaria se pueden recordar el Pregón de Semana Santa de Las
Palmas de Gran Canaria del año 2004; el Pregón de Semana Santa de la Cofradía y Hermandad de Nazarenos del Cristo de la Salud y de la Esperanza de Vegueta en dos ocasiones en los años 1985 y 2002, el
Pregón de Navidad de Las Palmas de Gran Canaria en dos ocasiones consecutivas, lo años 1996 y 1997; el
I Pregón de la Romería del Rocío a Teror, en el año 2002, Pregón de las Fiestas de La Naval en Honor a la
Virgen de La Luz en 2006 ó Pregón de las Fiestas de Las Palmas de Gran Canaria en junio de 2007.
Está en posesión de la Cruz de Oro de San Juan Evangelista, impuesta en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid, tiene la Medalla de Plata del CIT de Gran Canaria, Medalla Iltmo. del Ayuntamiento de Teror, Cruz de la Orden Rey Fernando Guanarteme, de Gáldar, Gran Canaria, y Cruz de la Academia de Ciencias Humanas de la República Dominicana. Es Socio de Honor del Hogar Canario de Sevilla,
del que fue uno de sus fundadores.
Entre sus publicaciones reseñar: “Orígenes del Periodismo Canario”, “Orígenes de la imprenta en la provincia
de Las Palmas”, “100 años de Diario de Las Palmas”, “Metodología para el estudio de la Historia del Periodismo
Canario”, o “Crónicas de la Semana Santa laspalmeña”, entre otros libros suyos como “Crónica Isleña”, “Parques y Jardines de Las Palmas de Gran Canaria”, y “El Carnaval: 525 años de Historia. Las Palmas de Gran Canaria”, o “Semana Santa. Las Palmas de Gran Canaria”, conjuntamente con José Miguel Alzola, así como “La
Fundación Universitaria y el Dr. Juan Díaz Rodríguez”.
Descargar