Especial - Juventud Rebelde

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juventud rebelde
por GASPAR GONZÁLEZ LANUZA*
CINCO y 45 de la madrugada del 1ro. de enero de 1959. El sonar constante del teléfono
en casa de mis padres, con los que vivía, interrumpió el sombrío silencio del amanecer.
Tomé el auricular de inmediato. Era la combatiente de la lucha insurreccional del M-26-7
Esperanza Sanjurjo. Me anunciaba la precipitada estampida del asesino y ladrón Fulgencio Batista y Zaldívar y sus cómplices.
La hoy doctora Esperanza Sanjurjo me
informó además de la intentona golpista en el
campamento de Columbia, fraguada por la
Embajada de Estados Unidos y el depuesto
Batista, en contubernio con el traidor general
Eulogio Cantillo Porra, y me comunicaba la
orden del M-26-7 en las provincias occidentales, de encabezar un comando armado
para arrebatarle al enemigo y ocupar inmediatamente la CMQ, Radio Reloj, los canales
de televisión 12 y 2, Telemundo y controlar
sus emisiones.
Las órdenes eran muy precisas: tomar por
asalto esas emisoras y alertar y movilizar al
pueblo sobre los sucesos ocurridos en el
campamento de Columbia, y convocar a la
huelga general revolucionaria por todos los
medios de difusión, evitando los errores cometidos el 9 de abril de 1958.
También radiar de inmediato todos los partes, comunicados y órdenes del Comandante
en Jefe Fidel Castro, recibidos por Radio
Rebelde, y en especial ocupar incondicionalmente todas las instalaciones militares y civiles y sostenernos combatiendo en la CMQ
hasta el último hombre si fuera necesario, hasta recibir los refuerzos en hombres y armas
que la dirección del M-26-7 nos enviaría.
Cerca de las 6:30 a.m. tomamos la emisora, prácticamente sin necesidad de combatir, desarmando a la posta principal en la
entrada de la calle M.
Tan pronto me puse el brazalete de mi
organización, se presentaron los compañeros de la célula del 26 de Julio en la CMQ.
Habían sido avisados anteriormente por mis
superiores. Les ordené mantener Radio Reloj
en el aire y cumplieron las orientaciones con
rapidez y ayudaron en la defensa de la emisora.
Escribí y leí el primer comunicado, que fue
difundido por Radio Reloj, con las instrucciones y en ese momento recordé al líder José
Antonio Echeverría.
Nos encontrábamos minutos después custodiando la entrada principal con el Garand
que le ocupamos a la posta, cuando irrumpió
un auto negro que frenó violentamente a pocos
metros de CMQ. Al creer que eran esbirros
que iban a retomar la emisora monté el arma
dispuesto a combatir. Los ocupantes del auto,
cuatro o cinco, bien armados, al percatarse
de mi brazalete rojinegro avanzaron gritando
¡Viva el Directorio 13 de Marzo! ¡Abajo Batista! El grupo, dirigido por Alberto Mora, subió
eufórico la escalera y nos abrazamos fuertemente, ratificando así la unión entre ambas
organizaciones.
El comandante Mora señaló que irían a
tomar el Palacio Presidencial. Sin embargo,
al comentar el hecho 40 años después con
el comandante Faure Chomón, me explicó
que ya conocía de este encuentro, porque
Mora se lo había informado, pero en lugar
de ir al Palacio habían tomado Radio Progreso.
MISIÓN: APOYAR AL CHE
Fui ascendido a capitán de milicias, ahora
con una ametralladora Thompson 45, varios
peines de balas y cuatro granadas. Me
comunicaron que el Che se dirigía a La Cabaña, cumpliendo orientaciones de Fidel. Apoyarlo en todo era nuestra misión.
VIERNES
04 DE ENERO DE 2013
La toma de CMQ
El Che llegó a la emisora una hora después de entrar a
La Cabaña el 3 de enero de 1959. Fragmentos del libro
inédito 1ro. de enero de 1959. La victoria, de Gaspar
González Lanuza, combatiente del Movimiento 26 de
Julio en la lucha clandestina
En el edificio ocupado por los revolucionarios tenían su sede varias estaciones de radio y
televisión, y el control de sus emisiones significaba un revés para la tiranía batistiana. Foto
de Archivo
La ayuda en hombres y armas llegó a principios de la tarde: me sentí muy tranquilo,
con la defensa del circuito ya bien organizada
y la incorporación constante de gente del
pueblo y de Resistencia Cívica. Establecimos
barreras de contención en todas las entradas de la planta.
Cerca de las 12 meridiano, amotinados
en el Castillo del Príncipe, nuestros compañeros del M-26-7 y otras organizaciones revolucionarias tomaron el penal. La presión del
pueblo y sus familiares complementaron su
liberación, y fueron tomadas las estaciones
de policía y otras unidades represivas del
régimen; pero aún estaban intactas y armadas las grandes unidades militares.
Mientras tanto, en la CMQ recibimos una
llamada conminatoria del golpista general
Cantillo desde Columbia. Nos pedía que les
entregáramos pacíficamente la CMQ al
comandante Boix Comas y sus oficiales,
que ya estaban de acuerdo con Fidel en
todo. Le dije que era un traidor y un miserable, que no tenía palabra de honor, que
incumplió lo pactado con Fidel de evitar un
golpe de Estado, entrar en componendas
con la Embajada de Estados Unidos y permitir la huida de Batista y el resto de los
asesinos. En nombre del M-26-7 le ordenamos que se rindiera incondicionalmente.
Después de anunciar que enviaría tropas
del ejército para desalojarnos, colgó el teléfono. En espera del anunciado ataque, con el
pueblo que se incorporaba, cubrimos con
cocteles Molotov los techos de los edificios
que rodeaban la emisora. Reforzamos las
postas con las armas que anteriormente nos
habían entregado, en especial con una ametralladora de trípode calibre 30, que situamos en el primer saliente del entonces hotel
Habana Hilton, con lo que cubría toda la calle
23 y la calle M.
El traidor Cantillo liberó a Ramón Barquín,
jefe de la conspiración militar conocida como
«los puros» y al resto de los militares que
cumplían condenas en el Presidio Modelo de
Isla de Pinos. Envió un avión a buscarlos y a
su llegada a La Habana le entregó el mando
a Barquín, pues Fidel se había negado a establecer cualquier contacto con él. Barquín
aceptó, cometiendo su primer error; nombró
a sus subalternos y los mandos de las distintas unidades militares y policiales y realizó
esto desconociendo al jefe máximo de la
insurrección, quien tampoco quiso atenderlo.
DE VERDE OLIVO
Al atardecer un grupo de la dirección provincial del M-26-7 nos entregó los primeros
25 uniformes verde olivo. Hice una selección
entre los combatientes más veteranos y nos
vestimos orgullosos y listos para entrar en
combate.
Cerca de las 10:00 p.m., armados y uniformados, organizamos el batallón José
Ramón Rodríguez en homenaje a este bravo
compañero caído en la lucha clandestina.
Con este batallón tomamos el castillo de La
Punta, el Distrito Naval del Norte, La Chorrera,
el Gobierno Provincial, algunos ministerios y la
importante planta eléctrica de Naranjito, entre
otros objetivos, hasta que se agotó el número de combatientes bajo mi mando. Ya para
el amanecer del 2 de enero, la capital estaba
en manos de la Revolución.
Solo le faltaba al Movimiento 26 de
Julio tomar La Cabaña, y en horas de la
noche del día 2 de enero nos presentamos con nuestros combatientes ante su
jefe, el teniente coronel Varela Castro, que
había sido designado pocas horas antes
por Ramón Barquín. Le exigimos que
entregara el mando de esta fortaleza a las
fuerzas del M-26-7, pero se negó. En una
violenta discusión le dije que si insistía en
su posición intransigente la tomaríamos a
la fuerza y que la sangre derramada sería
de su entera responsabilidad. Por fin accedió a la entrega de la fortaleza al M-26-7 e
inmediatamente izamos la bandera del
movimiento en La Cabaña.
Escribí un informe para que se entregara
al Comandante Guevara en cuanto llegara.
En este le señalaba sobre la tranquilidad
NACIONAL
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existente en la capital y que nos poníamos
bajo sus órdenes. A las 4:00 a.m. del 3 de
enero llegó el Che a La Cabaña.
Recibí una llamada de uno de los combatientes dejados en dicha fortaleza, quien
informó que el Comandante Guevara partía
hacia la CMQ. Organizamos el recibimiento.
Lydia Doce, mi inolvidable compañera en la
guerra, me había transmitido su enorme
amor y respeto por el Che.
«APRENDISTE LO MÁS DIFÍCIL»
Un auto gris frenó en seco frente a la emisora, el primero en bajar fue el Che. A ambos
lados Harry Villegas (Pombo) y Hermes Peña,
oficiales de su escolta. Se quedaron en el
carro Aleida March, combatiente y futura esposa del Che, y el combatiente Alberto Castellanos.
Nos presentamos y comencé a rendirle el
parte. Interrumpió: «Necesito hablar urgentemente con Camilo. ¿Llegó bien? Supongo que estás en contacto con él»… «Sí,
Comandante», respondí. «Bien, llévame a tu
puesto de mando».
Al pasar le presenté a los oficiales bajo mi
mando, y a muchos artistas de la televisión y
miembros del M-26-7. «Tan pronto hable con
Camilo, quiero hablar con Fidel por Radio Rebelde»… «Desde luego, estamos en contacto con la Comandancia», le respondí.
Lo dejé solo en mi despacho, y cumplí su
orden de llamadas. Sé que habló con Camilo y por último con Fidel. Al rato lo vi. Relajado. Sonrió por primera vez.
«Bien, ahora. Capitán vamos a ver si te
has ganado los grados… ¿Cuántas armas
y hombres tienes contigo?», preguntó, y
siguió interrogándome sobre el armamento
y el parque mientras recorríamos la emisora y realizábamos las presentaciones al
paso y él respondía a los saludos del personal. Cuando quedó satisfecho, señaló:
«Vamos a ver las postas». Se detuvo en la
calibre 30 emplazada en la esquina de 23
y M. «Sí, está bien instalada entre la calle
23 en ambas direcciones y toda la calle M.
¿Fuiste militar?»… «No; yo no; mi padre sí.
Combatió en España del lado de la República», respondí.
Después mi jefe me comunicó que por
orden del Che me presentara a sus órdenes
en La Cabaña, lo cual efectué a finales de
esa misma mañana. El Guerrillero Heroico
señaló como tarea principal ponerme al frente de un departamento por él creado, de
Investigaciones, Búsqueda y Captura (de los
asesinos personeros del régimen y chivatos).
Trabajaría directamente bajo su mando. Y
que seleccionara a un grupo no mayor de 25
compañeros, priorizando la incorporación de
integrantes de miembros del 26 de Julio en
la clandestinidad.
«Para que no te me acomodes, te nombro
Gobernador Provincial de La Habana». Le
repliqué que yo no sabía nada para ejercer
cargo como ese. «¿No tomaste el Gobierno
Provincial el 1ro. de enero?»... «Sí —le respondí—, pero no sé si…». Me interrumpió.
«Ya aprenderás sobre la marcha; aprendiste
lo más difícil: ser revolucionario».
El 4 de enero me señaló: «Asistirás en mi
representación a la conferencia de prensa
con el Bloque cubano de prensa en el
Gobierno Provincial, a la cual no puedo asistir». Continuó: «Te acompañará el capitán
Armando Acosta. Eso sí, nada de alardes
bélicos ni exageraciones. Habla de la obra de
la Revolución que tú conoces bien».
Así comenzaron mis encuentros con el
Guerrillero Heroico.
* Integrante del Movimiento 26 de Julio
en la clandestinidad y miembro de la Asociación de
Combatientes de la Revolución Cubana.
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