Cuadernillo II trimestre II 3º Bachiller 2016

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INSTITUTO NUESTRA SEÑORA DE FATIMA
INSTITUTO NUESTRA SEÑORA DE
FATIMA
HISTORIA Y CIVISMO
III AÑO BACHILLER ADULTOS
HISTORIA Y CIVISMO
TURNO NOCHE
III AÑO
TURNO NOCHE
CUADERNILLO Nº 2
CUADERNILLO Nº 1
TRIMESTRE II
CICLO LECTIVO 2016
UNIDAD I
CICLO LECTIVO 2012
Profesor: Osvaldo M. Castaldi.
Profesor: Osvaldo M. Castaldi
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PROGRAMA
UNIDAD I
Corrientes de pensamiento y los proyectos de país que se discutieron entre 1810 y 1862.
UNIDAD II
-Las políticas de Mitre y la guerra contra el Paraguay.
-El modelo agroexportador.
UNIDAD III
-Peronismo.
1
Pautas de trabajo
1.
El alumno debe concurrir a la clase con la carpeta y el material solicitado.
2.
La carpeta debe estar ordenada, completa, prolija y legible (se debe entender lo
que está escrito). Se visará y evaluará periódicamente.
3.
La ausencia en clase no justifica desconocer el tema del día ni tener incompletos
los trabajos y tareas asignadas.
4.
Los trabajos prácticos, guías de estudio, tareas y trabajos de investigación deberán
ser confeccionados y entregados en tiempo y forma; es decir, en la fecha solicitada y con
las características que correspondan a cada trabajo. El incumplimiento significa una baja
en la nota.
5.
El alumno debe respetar el ejercicio del derecho al estudio de sus compañeros.
Criterios de evaluación
1.
Se evaluará cotidianamente: la resolución de problemáticas en forma oral y
escrita; la adquisición de los contenidos de la materia; la participación en clase; el
cumplimiento de normas y consignas; el uso de técnicas grupales; análisis de textos; el
manejo del vocabulario y la ortografía.
2.
Las evaluaciones escritas, correspondientes a cada unidad o a la finalización de
un tema, serán avisadas con anticipación.
3.
El tema del día podrá ser evaluado en forma oral o escrita.
4.
Si durante la evaluación, el alumno procede incorrectamente, la prueba será
retirada y el alumno desaprobado.
5.
Sólo se justificará la ausencia durante la evaluación (avisada con anticipación) con
certificado médico. El recuperatorio se tomará en la clase siguiente.
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EL MODELO AGRO-EXPORTADOR
¿Qué fue el modelo agro-exportador y cómo se implementó?
Durante este período, el crecimiento industrial europeo acentuó la necesidad de las potencias
de adquirir alimentos y materias primas para sus industrias a bajos precios. Los sectores
dominantes se basaban en la “teoría de las ventajas comparativas” que decía que cada país
debía especializarse en aquello que producía mejor y a más bajo costo. Esto implicaba una
división internacional del trabajo, existían países industrializados productores de
manufacturas y países como Argentina dedicados a la producción de materias primas para
esas industrias, y también para alimentar a los obreros de Europa.
Dentro de este esquema, Argentina va a insertarse como productor de trigo, carne y lana. Al
modelo que privilegia la producción de materias primas derivadas de la actividad agrícola
ganadera, lo llamamos MODELO AGRO-EXPORTADOR. En las industrias inglesas se
fabricaban todo tipo de artículos que luego países como Argentina compraba. Asimismo, se
incrementaron notablemente las inversiones inglesas en bancos, frigoríficos, puertos y
ferrocarriles y creció nuestra deuda externa al punto tal, que eran los ingleses los que fijaban
nuestra política económica.
Dos instituciones clave para implementar el modelo agro-exportador:
•
•
ESCUELA: sirvió para la creación de una conciencia nacional otorgando un
sentido de pertenencia e identificación con los valores impuestos por la
oligarquía. Considerando el gran número de inmigrantes europeos que se
radicaron en la Argentina desde de 1880 y hasta 1920, especialmente en la ciudad
de Buenos Aires, resultó necesario, para poder integrar la masa de trabajadores
que la oligarquía necesitaba en aquel momento para sus campos y empresas,
darles una formación básica en lenguaje, lectura, escritura, matemáticas, leyes e
historia.
EJÉRCITO: se formó un ejército nacional que se encontraba al servicio de la
oligarquía, y participaba en la represión interna como fuerza de choque en todo el
país. El Ejército Argentino fue el ejecutor de los tres actos de violencia masiva
estatal del período.
Es muy importante destacar que para implantar el modelo agro-exportador, los
terratenientes llevaron a cabo tres hechos de VIOLENCIA ESTATAL MASIVA.
1. LA GUERRA CONTRA EL GAUCHO
(permanente)
2. LA GUERRA CONTRA EL PARAGUAY (1864-1870)
3. LA GUERRA CONTRA EL INDIO
(1868-1888)
1
FUENTES PRIMARIAS
Dos protagonistas de nuestra historia y dos formas de ver la realidad:
"Tengo odio a la barbarie popular. Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos. El
poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la
ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden. Usted tendrá la gloria
de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento
de las masas".
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (Carta a Mitre del 24 de Septiembre 1861)
“Cuando veo que la gente no tiene para comer y los que pueden dar, son mezquinos y
comen ellos solos… yo les quito a esos para darle a los necesitados. Yo no asalto, ni mato
a nadie para juntar y engañar a mi gente. Ellos me siguen porque no tienen trabajo y yo
les doy de comer. Y si me siguen, mejor”.
SANTOS GUAYAMA (“el lagunero”)
(Aproximadamente 1833 - 1879)
2
LA GUERRA CONTRA EL GAUCHO / “Guerra de Policía”
En los años posteriores a la derrota de Juan Manuel de Rosas, se impuso en la Argentina la
clase alta terrateniente y con ella se impusieron sus ideas. Esta clase social y sus funcionarios
creían que todo lo europeo era superior a lo sudamericano. Pensaban que Europa era
civilizada y América era salvaje. Ellos mismos llegaban a considerarse europeos a pesar de
que habían nacido en la Argentina.
Juan Bautista Alberdi decía en Las Bases en 1852:
“Los argentinos somos europeos adaptados a vivir en América.
Todo lo que en América llamamos civilización es europeo”
De esta manera implementaron medidas de gobierno tendientes a transformar nuestro país en
base al modelo cultural europeo.
A partir de la batalla de Pavón se sucedieron los gobiernos (Bartolomé Mitre 1862-1868,
Domingo F. Sarmiento 1868-1874 y Nicolás Avellaneda 1874-1880) que llevaron a cabo una
persecución sangrienta del gauchaje y concretaron la derrota de los caudillos federales del
interior por medio de la “Guerra de Policía”. Por medio de la violencia masiva buscaban
exterminar a todos aquellos gauchos que consideraban “barbarie” y obtener así el control
absoluto del país.
Parte de los 500 gauchos de la montonera del “Chacho” Peñaloza antes de ser fusilados.
Paralelamente a la represión de las montoneras se aprobaron leyes como la “Ley de Vagos”
que obligaban a los pobres a ponerse a trabajar para algún patrón en las estancias, bajo la
amenaza de ser encarcelados o enviados a la frontera con el indio como recluta del Ejército.
"La ley es como la telaraña: atrapa a los bichos chicos y deja pasar los grandes”
Martín Fierro, José Hernández, 1872.
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LA GUERRA CONTRA EL INDIO / “La Conquista del desierto” (1868 – 1888)
En 1868 se emprendió la definitiva ocupación de todo
el territorio nacional (en la llamada “Conquista del
Desierto”). El Ejército Argentino al mando de Julio
Argentino Roca organizó matanzas en la Patagonia con
el objetivo de obtener las tierras indias. Luego esos
territorios fueron loteados y entregados a los blancos
para destinarlas a la cría de vacas y ovejas y así exportar
carne y lana a Inglaterra.
Los mapuches sobrevivientes fueron separados de
acuerdo a su “utilidad”: las mujeres y los niños fueron
enviados a las ciudades como sirvientes de los ricos. A
los hombres los trasladaron a zonas de producción
agrícola para trabajar en condiciones de
semiesclavitud. Otros miles, fueron llevados y
recluidos en la Isla Martín García, donde fueron
muriendo por epidemias de polio y fiebre amarilla hasta
extinguirse.
En la invasión del Ejército a las zonas de Chaco y
Formosa y el noroeste, los indios fueron sometidos pero
no se produjeron grandes matanzas para así poder explotarlos luego como mano de obra en
la tala de quebracho y en las cosechas de la zona.
Terratenientes fotografiados junto a un hombre mapuche.
Es muy importante: tener en cuenta que para la realización de la GUERRA CONTRA
EL INDIO, se utilizaron las mismas ideas que para la GUERRA CONTRA EL
GAUCHO y la GUERRA DEL PARAGUAY. El gobierno argentino decía que tenía que
combatir la “barbarie” (gauchos e indios) para instalar en nuestra región una
“civilización” (blancos) de tipo europea. Para lograr construir una nación blanca, los
gobiernos de la época recurrieron a promover la inmigración europea a la que
consideraban culta y trabajadora. La oligarquía, al quedarse con las mejores tierras se
enriqueció exportando carnes, trigo y lana, mientras la mayoría de la población sufría
pobreza y represión.
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A los principales ejecutores del modelo agroexportador desde 1880 hasta 1916 se los conoce
como la “generación del 80” haciendo referencia a la llegada a la presidencia Julio Argentino
Roca en 1880.
Roca continuó la política tradicional de la oligarquía argentina, tendiente a configurar el país
como si fuera una colonia agropecuaria de los bancos ingleses. En ese aspecto Roca es un
perfecto continuador de las políticas de Mitre y su gobierno resulta un claro exponente de las
políticas de la oligarquía.
Los gobiernos de Roca y luego de Juárez Celman se caracterizaron por el auge de la
corrupción en el gobierno y de sus socios extranjeros, mayoritariamente ingleses.
La corrupción de esos gobiernos reflejaba el parasitismo de la oligarquía argentina que se
enriqueció a base de las exportaciones ganaderas y los negociados con las casas financieras
inglesas. Fue una corrupción esencialmente antinacional y completamente contraria al
desarrollo de la Argentina como un país capitalista.
El roquismo se mantuvo en el gobierno usando a manos llenas el fraude electoral y la
violencia contra la oposición, estos gobiernos despreciaban completamente al pueblo y su
voluntad.
“No creo en el sufragio universal. Consultar al pueblo siempre es errar pues este
únicamente tiene opiniones turbias”
Miguél Ángel Juáres Celman.
Por otra parte Juáres Celman, que sucedió a Roca en el gobierno, llevó el dominio de los
banqueros ingleses y sus intereses en la Argentina al extremo, favoreciendo a los
especuladores y endeudando al país hasta límites insostenibles.
Esta etapa se caracterizó por la violencia hacia el indio (Campaña del desierto) y la
profundización del modelo agroexportador. El gobierno de Juárez Celman generó una
oligarquía de gestores corruptos que actuaban como intermediarios entre el estado argentino
y los banqueros internacionales (principalmente ingleses) favoreciendo a los segundos con
quienes se contrajeron deudas millonarias y entregando en manos extranjeras los recursos y
empresas del estado argentino, perjudicando la economía y la soberanía del país.
El P.A.N. (Partido Autonomista Nacional) fue el partido político desde el cual los miembros
de la generación del 80 se mantuvieron en el poder hasta 1916 ejerciendo
indiscriminadamente el fraude electoral.
Sus ideas los llevaron a despreciar profundamente todo aquello que provenía de las
tradiciones americanas por considerarlo “Bárbaro” o “Salvaje” apreciando, en cambio los
esquemas culturales, económicos y sociales de los países del continente europeo,
especialmente de los países industrializados como Inglaterra y Alemania con quienes
mantuvieron relaciones comerciales permanentes.
Los gobiernos oligárquicos de este período llevaron adelante políticas que perseguían atraer
capitales e inmigrantes de países industrializados de Europa con el fin de “Trasplantar” los
principios de esas culturas para “Culturizar” los territorios de nuestro país, sin embargo, sus
emprendimientos económicos estuvieron más ligados a la producción de los campos con el
objetivo de ser abastecedores de alimentos y materias primas para aquellos países
industriales. Esto provocó que quienes optaron por aprovechar los fomentos a la inmigración
que el estado argentino ofrecía resultaron siendo personas pobres, en su mayoría campesinos,
provenientes de los países no industrializados del continente europeo (españoles, italianos,
polacos, etc.), mientras que los migrantes ingleses y alemanes optaban por viajar a los
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E.E.U.U. cuyas clases dirigentes llevaban adelante políticas de industrialización y
producción fabril.
El Yrigoyenismo y los gobiernos Radicales
Al avanzar la primera década del siglo XX, el sistema de gobierno oligárquico chocaba cada
vez más contra los intereses primordiales de la burguesía argentina y, su socio mayor, el
imperialismo Inglés. La falta de democracia empujaba a sectores de burgueses y
pequeñoburgueses al camino de la conspiración incesante y el golpe de estado periódico. Esta
situación hacía que las inversiones y el desarrollo del país se vieran constantemente
amenazados por la inestabilidad política.
Carlos Pelegrini declara en 1905 que: “En nuestra república el pueblo no vota; he ahí el mal,
todo el mal. […] Donde el pueblo vota, la autoridad es indiscutida, y las rebeliones y
conmociones son desconocidas.[…]”
En el mismo año una revolución, liderada por el partido radical de Hipólito Yrigoyen y
apoyada por vastos sectores de la burguesía argentina dejó bien claro a la oligarquía que, si
no permitía a esos sectores el acceso al gobierno en condiciones democráticas, debería
afrontar continuas conmociones con desastrosas consecuencias para sus capitales y para su
crédito ante los banqueros ingleses.
Finalmente en 1912, bajo el gobierno de Roque Sáenz Peña, la oligarquía acepta lo inevitable
y promulga una reforma electoral que establece el voto secreto y obligatorio.
Finalmente en octubre de 1916 Hipólito Yrigoyen llega al poder con más de 100.000 votos
de ventaja por sobre su rival. El triunfo radical de 1916 marca un momento trascendental en
la historia de la Argentina ya que significó la llegada de las masas populares a la escena
política, hasta entonces marginadas por los gobiernos oligárquicos.
Durante el primer gobierno de Yrigoyen la economía del país arrojaba resultados muy
positivos ya que se beneficiaba de que la producción europea se veía tremendamente afectada
por efecto de la 1ª Guerra mundial (1914 -1918). Los países europeos compraban los
productos del campo argentino y se llegó a rescatar una buena parte de la deuda externa
generada en las décadas anteriores.
Sin embargo, la oligarquía argentina trabajó permanentemente en contra del gobierno de
Yrigoyen y posteriormente contra su sucesor, también radical, Marcelo Torcuato de Alvear.
Yrigoyen vuelve a la presidencia para un segundo mandato en 1928 pero, esta vez el gobierno
de Yrigoyen terminó por irritar a la burguesía por la corrupción que floreció durante este
segundo período presidencial y que afectaba a toda la administración nacional, desde abajo
hasta arriba, con la única excepción del propio Yrigoyen, además, el gobierno de Yrigoyen,
que había hecho de la pureza del sufragio universal el tema de su vida, se valió ampliamente
del fraude electoral en aquellos distritos donde no estaba seguro de ganar por otros medios.
Finalmente el 6 de septiembre de 1930 el gobierno de Yrigoyen cae depuesto por un golpe
militar liderado por el general Félix Uriburu y apoyado por la burguesía argentina en su
conjunto que reclamaba nuevamente el restablecimiento del orden para el buen proceder de
sus negocios.
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La gran depresión
La Gran Depresión, también conocida como crisis del veintinueve, fue una crisis económica
mundial que se prolongó durante la década de 1930, en los años anteriores a la Segunda
Guerra Mundial. Su duración depende de los países que se analicen, pero en la mayoría
comenzó alrededor de 1929 y se extendió hasta finales de la década de los años treinta o
principios de los cuarenta. Fue la depresión más larga en el tiempo, de mayor profundidad, y
la que afectó a más países en el siglo XX. En el siglo XXI ha sido utilizada como paradigma
de hasta qué punto puede llegar a disminuir la economía mundial. La llamada Gran Depresión
se originó en los Estados Unidos, a partir de la caída de la bolsa del 29 de octubre de 1929
(conocido como Martes Negro, aunque cinco días antes, el 24 de octubre, ya se había
producido el Jueves Negro), y rápidamente se extendió a casi todos los países del mundo.
Hacia 1925, la economía mundial se hallaba bastante equilibrada: la producción había vuelto
al nivel de antes de la Primera Guerra Mundial y la cotización de las materias primas parecía
estabilizada. Sin embargo una serie de equilibrios tradicionales quedaban alterados: la
producción y el bienestar progresaban de manera espectacular en unas partes Estados Unidos
y Japón, mientras que en otras vivían abrumados por el desempleo y las crisis producidas por
las consecuencias de la guerra; en particular en Inglaterra. Al mismo tiempo, los
estadounidenses complicaban la posición de los europeos. La deuda internacional no podía
pagarse sino con oro o mercancías, y los estadounidenses frenaban sus importaciones de
Europa con nuevos y cada vez más elevados derechos de aduana, al tiempo que utilizaban su
superioridad para imponer sus exportaciones a Europa.
Los Estados Unidos disponían de las mayores reservas de oro del mundo, por lo que, para
mantener el patrón oro, hubo de conceder cuantiosos préstamos a Europa.
En 1924, la economía estadounidense vivía en plena era de prosperidad, la capacidad
industrial de los Estados Unidos también había aumentado considerablemente, y su
agricultura progresaba a idéntico ritmo.
Desde 1925, la actividad de la Bolsa había evolucionado tan vertiginosamente como la
producción industrial del país. La cotización de las acciones subía regularmente de año en
año, y fueron numerosos los estadounidenses que hallaron en la especulación de la bolsa la
fuente de una rápida fortuna: la fiebre de jugar a la Bolsa tentaba a toda la población de modo
irresistible. Todo el mundo consideraba que la economía del país se encaminaba hacia niveles
insospechados, y todos estaban persuadidos de que las "mejores acciones" podían
conseguirse con muy poco dinero, pensando que debía aprovecharse aquella buena suerte
antes de que pudiera terminarse.
La continuada demanda hizo subir las acciones a alturas increíbles, y pronto la cotización en
Bolsa fue pura especulación, que nada tenía que ver con los verdaderos valores de una
empresa. Mientras sólo se trató, para el ciudadano medio, de invertir sus economías, la
especulación siguió dentro de unos límites más o menos razonables, pero transcurrió el
tiempo y los estadounidenses empezaron a jugar a la Bolsa con dinero prestado. Una acción
que se suponía que valía cien dólares podía obtenerse solo por diez, mientras el resto, llamado
"excedente" -o sea, noventa dólares-, se pagaba a crédito. Si la acción seguía subiendo, todo
iba perfectamente: un alza del 10 %, esto es, que pasara de 100 a 110 dólares proporcionaba
al accionista un beneficio neto del 100 % sobre los 10 dólares que en realidad había invertido.
En cambio, si la acción bajaba en un 5 o en un 10 %, el corredor de bolsa exigía nuevo pago
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al contado, y si el cliente no podía hacer frente al mismo, se veía obligado a vender con
pérdidas, con el fin de cubrirse él y cubrir a otros acreedores eventuales. Entre los pequeños
especuladores (decenas de millares de ciudadanos) eran muy pocos los que poseían reservas
de dinero considerables.
El crecimiento del valor de las acciones se sostenía así sobre una base sumamente frágil.
Todo el sistema se derrumbó en octubre de 1929, y en pocos días (en cuestión de horas,
incluso) las cotizaciones perdieron todo cuanto habían ganado durante años. Los pequeños
especuladores quedaron arruinados y tuvieron que vender con enormes pérdidas, y al estallar
el pánico, los grandes capitalistas se encontraron también con dificultades.
El 29 de octubre pasó a la historia con el nombre de "martes negro" ya que fue la jornada
más sombría de Wall Street. El pánico fue absoluto: en pocas horas, dieciséis millones y
medio de acciones se vendieron con pérdidas a un promedio del 40 %. y no menos de 50.000
millones de dólares se habían desvanecido como humo.
La quiebra de la Bolsa de Nueva York fue el momento más dramático de una crisis sin
precedentes; de todos modos, el derrumbamiento de Wall Street no fue el prólogo ni la causa
de la crisis económica mundial, fue solo su más espectacular síntoma. La desmedida
producción no planificada, la brutal competencia que acarreó, supuso un rápido aumento de
productos que no hallaban mercado, a la par de una acumulación monopolística de capitales
en unas cuantas manos de grandes propietarios generando una peligrosa concentración de
capitales.
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La década Infame
Se conoce como Década Infame al período de la Historia de la Argentina que comienza el 6
de septiembre de 1930 con el golpe de estado cívico-militar que derrocó al Presidente
Hipólito Yrigoyen y finaliza el 4 de junio de 1943 con el golpe de estado militar que derrocó
al presidente Ramón Castillo.
Uriburu, que asumió el gobierno de la nación tras derrocar a Yrigoyen, terminó con la
corrupción administrativa que había reinado durante el gobierno Yrigoyenista para establecer
la suya propia, mucho más gigantesca y astuta. Dictó un decreto confidencial y sumamente
ingenioso, estableciendo que el estado se haría cargo de todas las deudas privadas de los
oficiales del ejército. Todo lo que los oficiales debían hacer era informar a su coronel que
tenían una deuda, no se requerían detalles ni se formulaban preguntas.” Mucho tiempo
después los diarios informaban que el decreto le había costado al gobierno más de 7 millones
de pesos. Pero Uriburu no pudo mantenerse largo tiempo en el poder. El terror policial fue
aceptado cuando se utilizó para aplastar a la clase trabajadora y a lo que quedaba del
radicalismo, pero cuando Uriburu quiso utilizarlo para sus propios fines, toda la burguesía y
sus políticos se le pusieron en contra incluyendo a los más poderosos sectores de la prensa a
quiénes Uriburu intentó censurar.
Los más poderosos sectores de la burguesía y el capital inglés reclamaban el retorno a la
normalidad así que finalmente Uriburu convocó a elecciones completamente fraudulentas,
en las que se impidió participar a la U.C.R. y de las que salió nombrado como presidente el
general Agustín P. Justo.
Durante el gobierno de Agustín Justo las exportaciones de carne se vieron perjudicadas por
la firma del tratado de Ottawa en 1932 en el que Inglaterra, que adquiría el 99% de la carne
que se exportaba desde la Argentina, aseguraba a sus dominios coloniales una creciente
participación en la importación de carnes, en perjuicio de la cuota, cada vez menor, de la
Argentina.
La desesperación de la oligarquía terrateniente argentina por mantener los lazos comerciales
con Inglaterra llevó a la firma de tratados como el firmado por el entonces vicepresidente
Julio A. Roca (hijo) y el encargado de negocios inglés Walter Runciman que, aseguraba la
continuidad del mercado británico con respecto de la carne argentina pero otorgaba, a cambio
toda clase de preferencias a Inglaterra, como por ejemplo:
Se concedía a empresas británicas el monopolio del transporte en la ciudad de Buenos Aires,
hundiendo a los transportistas nacionales. Se hacían concesiones aduaneras por importe de
25.000.000 de pesos, que permitían el libre ingreso de mercaderías inglesas, perjudicando la
recaudación fiscal y la industria nacional. Se asignaba para las compras en Inglaterra cambio
abundante, a valores preferenciales, mientras que se cerraba el mercado argentino para los
competidores de Inglaterra. Además todas aquellas empresas inglesas en la Argentina que en
su balance daban pérdidas fueron incluidas en un plan para nacionalizarlas de tal modo de
pagar a los empresarios ingleses altos valores por empresas que, se sabía, iban a generar
déficit al estado.
La crisis mundial de 1929 llevó a la burguesía argentina a promover el desarrollo industrial,
lo que genera serios inconvenientes a los sectores ligados a la agricultura. A partir de 1932
la desintegración del comercio mundial, la crisis agropecuaria y el desarrollo industrial
modifican el mapa y el panorama social del país.
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El crecimiento de la clase obrera y la aparición de la C.G.T.
El desarrollo de las fábricas disimulaba la crisis de la agricultura, que cada vez era más grave
por la baja de los precios mundiales provocada por la crisis de 1929. Los que alquilaban los
campos muy difícilmente podían llegar a comprarlos y para los peones era imposible siquiera
llegar a alquilar. Los pequeños propietarios perdían sus tierras. En ese marco, los trabajadores
del campo comienzan a mudarse masivamente a las ciudades buscando trabajo en las fábricas
que surgían con el crecimiento industrial.
El aumento numérico de los obreros industriales y los problemas económicos que
enfrentaban hizo que, a pesar de la represión del estado, se fuera organizando un movimiento
obrero que, poco a poco, iba aumentando su fuerza.
En enero de 1936 una huelga general paraliza a la Capital Federal por dos días, pocos meses
después se constituye la Confederación General del Trabajo (C.G.T.). La combatividad de
los obreros se contagió al resto de las clases trabajadoras, y se produjeron también huelgas
agrarias, mientras que las burguesías se organizaban en movimientos estudiantiles en las
universidades que denunciaban sistemáticamente el control que Inglaterra ejercía sobre la
vida de la Argentina.
La dirigencia de la C.G.T. se fue volviendo cada vez más burocrática y con todo tipo de
compromisos políticos a espaldas de los trabajadores hasta terminar por recomendar a los
obreros que prestasen su apoyo al general Justo y sus candidatos.
En 1937 mediante una elección totalmente fraudulenta, Roberto Marcelino Ortiz es declarado
presidente, integrando la fórmula con el conservador Ramón S. Castillo como vicepresidente.
El presidente Ortiz gobernó poco tiempo, afectado por una enfermedad que lo obligó a
delegar sus funciones en el vicepresidente Castillo.
En 1939 estalla la segunda guerra mundial y de inmediato llega al país una misión británica
para establecer los términos en los que la Argentina participaría en la guerra apoyando a los
ingleses. El ministro de relaciones exteriores Julio A. Roca (Hijo) Manifiesta la intención de
nuestro país de permanecer neutrales en el conflicto que, hasta entonces, se desarrollaba casi
completamente entre países europeos. “Somos y queremos ser neutrales. Mientras tanto,
compláceme ofreceros toda nuestra colaboración en la vasta empresa en la que vuestra
misión hállase enfrentada” tras estas palabras Roca manifestó su plena disposición a renovar
el tratado Roca-Runciman, lo que llevó a la opinión pública a calificarlo de “una neutralidad
teñida con abierta simpatía por la causa británica” A medida que pasaba el tiempo se
terminaron volviendo evidentes los acuerdo a los que el gobierno había llegado con los
ingleses: La Argentina permanecería neutral, sin alianzas con los E.E.U.U. que pudieran
desplazar a Gran Bretaña de su posición dominante, se exportaría a Inglaterra todo lo que
ésta necesitase, a precios fijos, a crédito sin interés,; en compensación Inglaterra pagaría con
títulos de la deuda externa Argentina. Hacia 1941 el estado concentraba por lo menos dos
tercios de las exportaciones de granos, fijaba los precios de las cosechas y acordaba
directamente con el gobierno inglés, sin intervención de los dueños de los campos, las
cantidades y los precios de la carne enviada a Inglaterra.
En estas circunstancias el sentimiento popular argentino intensificó su rechazo hacia la real
dominación que los ingleses tenían sobre la economía y la política de nuestro país y
comenzaron a formarse grupos que promovían el nacionalismo y el corte de los beneficios
otorgados hacia Inglaterra, pero que tampoco tenían intensiones de retirar esos privilegios a
los ingleses para luego entregárselos a los norteamericanos, por lo tanto comenzaron a
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plantear la idea de un acercamiento a los enemigos de ambos países, encarnados por los
países miembros del “Eje” es decir, la Alemania Nazi de Hitler, Austria, la Italia fascista de
Mussolini y la España falangista de Franco. En contraposición al grupo de los “Aliados” en
el cuál se incluían tanto Gran Bretaña como los Estados Unidos.
El GOU
Los orígenes del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) se remontan a la acción de dos tenientes
coroneles, Miguel A. Montes y Urbano de la Vega, aunque es preciso aclarar que quienes
inspiraron y definieron el sentido de la sociedad secreta fueron el entonces teniente coronel
Juan Domingo Perón (quien actuó en un principio representado por Montes), Juan Carlos
Montes, Urbano y Agustín de la Vega, Emilio Ramírez, Aristóbulo Mittelbach y Arturo
Saavedra, entre otros.
Los objetivos del grupo, según sus postulados ideológicos, eran:
Afianzar la organización y la unidad interna de la Argentina, objetivo surgido de las
preocupaciones profesionales de la sociedad militar.
Prevenir una revolución comunista.
Oponerse al ingreso argentino a la Segunda Guerra Mundial por la influencia de la presión
estadounidense.
Oponerse a la intromisión del sector político en la organización y unidad profesional del
Ejército.
Trabajar para el bienestar general de la Patria y el Ejército.
Evitar en consecuencia el acceso a la presidencia de Robustiano Patrón Costas, político
conservador salteño.
La decisión de establecer el grupo en marzo de 1943 se debió a dos factores: uno interno,
originado por el conocimiento de que la gestión política del entonces presidente Ramón
Castillo utilizaría todos sus recursos en favor de la candidatura de Patrón Costas quién sería
un continuador de las políticas de la oligarquía Argentina a favor de sus socios ingleses, y
otro externo, surgido del profundo descontento que suscitó la política exterior del Ejército en
los integrantes del GOU tras darse a conocer en febrero de 1943 un memorándum transmitido
por el jefe del Estado Mayor, General Pierrestegui (considerado amigo del Bando de los
Aliados de la segunda guerra mundial), quien en agosto de 1942 había expuesto su
preocupación por la ruptura del equilibrio de fuerzas de la Cuenca del Plata, reclamando un
arreglo con los Estados Unidos para la dotación de armamentos para el Ejército.
Como se dijo anteriormente, el principal objetivo del GOU era evitar la candidatura de Patrón
Costas, a causa de sus conocidas relaciones con grupos conservadores y su apoyo indiscutido
a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, por las históricas relaciones económicas y
sociales de la oligarquía argentina con el Reino Unido.
En la madrugada del 4 de junio de 1943, se realizaría la marcha sobre la Casa Rosada con un
contingente de casi 10.000 soldados.
Luego de que Castillo demostrara abiertamente su apoyo a la candidatura de Patrón Costas,
la organización decidió buscar contactos entre sus opositores a través del teniente coronel
González, y decidió dar el golpe en septiembre de 1943. El Ministro de Guerra, general Pablo
Pedro Ramírez (padre de Emilio Ramírez, integrante del GOU), quien se decía sería el
posible candidato presidencial de la Unión Cívica Radical, se encontraba al tanto de los
movimientos del GOU, pero no actuó contra ellos ni los pretendió frustrar, mientras que
corrían rumores de una posible insurrección radical que tendría como jefe al general Arturo
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Rawson. Para las 10 de la noche del 3 de junio, las fuerzas armadas se hallaban movilizándose
para efectuar un golpe de Estado que terminara con el gobierno de Castillo.
A fin de ultimar los detalles del golpe, se organizó una reunión en la Escuela de Caballería
de Campo de Mayo, encabezada por el coronel Elbio Anaya, y a la que asistieron Rawson,
González y Carlos Vélez, además de varios oficiales superiores, pero no Perón. En esta
reunión se decidió adoptar un manifiesto redactado por Perón y Miguel A. Montes, en el que
se anunciaba al pueblo que el golpe de Estado denunciaba la banalidad, fraude, peculado y
corrupción del gobierno derrocado; que el movimiento era esencialmente constitucional y
que lucharía para mantener una real y total soberanía de la Nación. En la madrugada del 4 de
junio de 1943, se realizaría la marcha sobre la Casa Rosada con un contingente de casi 10.000
soldados.
Presidencia del general Arturo Rawson
Así comenzaron las brevísimas 72 horas de gestión del general Arturo Rawson, quien había
servido con González y cuya mayor contribución con el nuevo régimen fue obtener la actitud
neutral de la Marina. Mientras los hombres del GOU tenían ideas bastante claras sobre los
objetivos de la logia y del rumbo que tomaría el Estado. Rawson sin embargo nombró dentro
de su gabinete a varios conocidos conservadores que abogaban por el apoyo del país a los
“Aliados”. Los integrantes del GOU se opusieron decisivamente a las designaciones de
Rawson, especialmente Perón y González, que entendían que era necesario removerlo del
Gobierno.
Este impulso contrario al presidente también era avalado por un grupo de oficiales que en
Campo de Mayo se reunió a fin de resolver la situación de Rawson en el gobierno; cansado
de tratativas y negociaciones, el coronel Anaya decidió resolver la situación. La noche del 6
de junio Anaya ingresaba en el despacho de Rawson y le explicaba que carecía de apoyo en
Campo de Mayo. Frente a esto, el ahora ex presidente se sintió profundamente traicionado,
firmó su renuncia y abandonó la Casa Rosada negándose a ser escoltado.
Presidencia del general Pedro Ramírez
Tras la caída del general Rawson, este fue reemplazado por el general Pedro Ramírez. Las
dos líneas de fuerza que signarían su gobierno y que determinarían profundamente a las
gestiones venideras, serían: los conflictos internos, gestados en la pugna por la dominación
del plano político nacional, y la política exterior, subyacente en las presiones extranjeras por
el ingreso de Argentina en la guerra a favor de los aliados, y la división interna entre
aliadófilos, neutralistas y germanófilos.
La gestión del general Ramírez fue ampliamente fructífera para los intereses del GOU. En
poco tiempo ingresaron varios militares en la presidencia, en los ministerios y en las
secretarías —capitanes, mayores, tenientes coroneles, coroneles o generales del GOU—
contando entre ellos al coronel Juan Domingo Perón quien fuera secretario de "Trabajo y
Previsión" y que ya desempeñaba una función poco destacada como secretario personal del
Ministro de Guerra. Dentro de esta estructura de poder favorable al GOU, se destacaría
particularmente la figura del entonces coronel Juan D. Perón, quien hábilmente aprovecharía
el clima de tensión política que dividía a los grupos rivales, escalando posiciones lentamente
hasta alcanzar una notable posición de poder y reconocimiento popular, que no se
materializaría en esta gestión, pero si en las subsiguientes, hasta finalmente alcanzar la
investidura presidencial.
El coronel Perón contaba ya con el apoyo ideológico de militantes y notorios escritores
nacionalistas y se encontraba actuando en la revisión de la política social del gobierno y las
relaciones con los gremios. En octubre de 1944 fue designado como titular del Departamento
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Nacional de Trabajo; uno de sus principales colaboradores de entre las filas del GOU, sería
el teniente coronel Domingo Mercante, oficial hijo de un ferroviario del sindicato La
Fraternidad, quien se constituiría en el principal colaborador de Perón.
Si bien Perón logró formar una importante base de poder sustentada en un vasto apoyo
popular e ideológico, no todos los integrantes del GOU y del gobierno adherían a sus
pretensiones; particularmente, pueden destacarse ciertas contradicciones importantes como
las de los coroneles Ávalos y González. Esas contradicciones fueron ganándose
paulatinamente el apoyo del presidente Ramírez, quien, observando a los oficiales peronistas,
habría aceptado reemplazar a Farrell y sus allegados por sus asesores más cercanos. Frente a
esta jugada de Ramírez, un grupo de oficiales, alentados por Farrell y Perón desde el
Ministerio de Guerra, demandaron su renuncia. Ramírez comprendió entonces su absoluta
carencia de apoyo entre los sectores que lo habían llevado al poder, y el 24 de febrero redactó
su renuncia dirigida al Pueblo de la República y fundada en que había perdido el apoyo de
los militares de la Capital, Campo de Mayo, El Palomar, y La Plata. Si bien se había logrado
asestar el tercer golpe de la organización, quedaban aún ciertas complicaciones de carácter
internacional que el GOU debía superar si estaba interesado en legitimar su poder frente a
los ojos del mundo. Para evitarlas, se hacía preciso salvaguardar la continuidad formal entre
Ramírez y su sucesor, siendo esta misma la causa por la que se optó por descartar el texto
original de la renuncia y se lo reemplazó por una "versión oficial" en la que se explicaba que
Ramírez delegaba el poder en el vicepresidente Farrell fatigado por la intensidad de sus tareas
de gobierno.
Presidencia del general Edelmiro Farrell
Este tercer golpe de Estado encubierto, consumado en 1944, puso en la presidencia al general
Edelmiro Farrell aunque no sin mayores complicaciones. Si bien, como se hizo notar en el
proceso golpista contra el saliente general Ramírez, Farrell contaba con una importante base
de poder, producto del apoyo de los sectores del GOU favorables a Perón y a los grupos de
oficiales que acompañaron la caída de Ramírez, era evidente que tanto el nuevo presidente
como sus partidarios debían hacer frente a los crecientes grupos de opositores y sus críticas.
Por un lado, se encontraban los sectores políticos y militares considerados liberales, que
observaban cómo el proceso llevado adelante por el GOU había entrado en una "peligrosa
fase" y que por esto no servía más a sus intereses originales por los cuales lo habían apoyado
en primer lugar; por esto intentaron convencer a Ramírez de retornar al poder.
La sólida base de poder que poseía el coronel Perón se había visto notablemente reforzada
por el apoyo del Presidente, del Jefe de Campo de Mayo, del coronel Ávalos y luego de su
asunción, el 29 de febrero de 1944, del contralmirante Alberto Tessaire. Esa situación permite
ver además que si bien los liberales conservaban una gran cuota de poder, se reafirmaba
decisivamente la influencia de Farrell y Perón. Cabe también aclarar que el nuevo cargo en
el Ministerio de Guerra realzaba aún más la influencia de Perón, gracias a su nueva facultad
de asignar, remover o cambiar posiciones vitales en la milicia, como ser asignaciones,
destinos, promociones y cambios, que a la larga lo consagrarían como una pieza maestra en
la estructura de este grupo.
A pesar de que el poder militar poseía un marcado predominio en la política nacional y se
observaba un aumento del poder de los grupos nacionalistas de derecha favorables a las
Fuerzas Armadas, cada vez se hacía más notable la presencia de grupos sociales que buscaban
retornar al régimen constitucional.
En esta etapa de la carrera política resaltarían ciertas características de la personalidad del
coronel Perón que le asegurarían una decisiva predominancia en la realidad política nacional.
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Perón explotaría al máximo las posibilidades que le brindaran las Fuerzas Armadas en la
carrera por el poder y, previendo la decadencia del régimen militar, optaría por afianzar su
posición entre los sectores políticos y profesionales. Farrel, preocupado por las demandas de
retorno a un sistema democrático, comenzaba a "alertar" a sus oficiales sobre "el peligro y la
falsedad de la prédica política", aclarando que no se hallaba entre sus planes inmediatos
realizar un llamado a elecciones.
Desde la renuncia de Ramírez, y el ascenso al poder de Farrel como Presidente de la nación,
la vicepresidencia se hallaba aún vacante. El coronel Perón, observó atentamente la gran
oportunidad que le proporcionaba esta situación, y fue entonces que aceleró sus pasos sin
escatimar en medidas. Primero, llama a una asamblea de oficiales del Ejército, en la que
busca ganar el apoyo de la mayoría, logrando el tan preciado predominio, con un ajustado
margen frente a los partidarios de Prelinger. Habiendo obtenido el apoyo necesario entre los
oficiales mencionados, se reúne con el ministro de Marina, y le informa que cuenta con la
supremacía dentro de las filas del ejército; frente a esta situación, el ministro confirma el
apoyo de la Marina. Habiendo logrado el respaldo de las principales esferas del poder militar,
Perón informa al ministro del Interior que demanda su renuncia en nombre de ambas fuerzas.
Prelinger, principal oponente de Perón, carente de apoyo entre la oficialidad, y abandonado
por el presidente Farrell, (quien observa preocupado la popularidad del coronel Perón, y teme
ahora por su propia permanencia a cargo del país), decide dejar su cargo frente al ministerio.
Habiendo logrado la caída definitiva de Prelinger, y reteniendo el aval del ejército, la Marina,
y ahora también del presidente, acceder al próximo peldaño del poder, era solo cuestión de
tiempo; el 7 de junio de 1944, un decreto firmado por Farrell y Tesaire, designa al coronel
Juan Domingo Perón, como vicepresidente de la Nación. Ahora, el coronel Perón, ostentaba
los títulos de ministro de Guerra, Secretario de Trabajo y Previsión, y vicepresidente de la
nación, contando además, con una sólida base de poder político y militar, que no solo
emanaba de sus contactos y partidarios, sino de la totalidad de posibilidades y poderes que le
otorgaba la suma de sus cargos. Perón continuó desarrollando su plan de mejora social en
una serie de disposiciones que mejorarían radicalmente la situación laboral de la masa
trabajadora nacional, llevadas adelante por el coronel Perón y el teniente coronel Mercante,
desde la secretaría de trabajo, que a la larga se constituiría en el principal punto de apoyo y
poder de su carrera política; entre estas podemos contar el aumento de salarios a nivel general,
revisión de las condiciones laborales, creación de estatutos destinados a la protección de
trabajadores de gremios diversos, asimismo como de los Tribunales del Trabajo,
reglamentación de las asociaciones profesionales, unificación del sistema de previsión social,
extensión de los beneficios de la ley 11.729 a todos los trabajadores. Otro punto vital de esta
política de acercamiento al sector trabajador y profesional, sería el diálogo frecuente y fluido
con dirigentes de diversas jerarquías, provenientes de varias organizaciones obreras, a
quienes se les aseguraba el contacto directo y la participación política para los sectores hasta
el momento olvidados por los sucesivos gobiernos.
Durante todo este período, y hasta las elecciones que consagraron el 24 de febrero de
1946 a Juan Domingo Perón como presidente constitucional del país, el GOU controló
el gobierno a pesar de que la mayoría de la población no conocía su existencia.
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