La economía ecuatoriana en su hora decisiva

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La economía ecuatoriana
en su hora decisiva
ENRIQUE ALEJO GONZÁLEZ*
Ecuador se encuentra en un momento decisivo para el futuro de su economía. Después
de más de veinte años de crisis latente, y a diferencia de otros países latinoamericanos que
sufrieron agudas hiperinflaciones y recesiones pavorosas, Ecuador ha postergado las reformas, perdiendo de esta manera no sólo una década sino dos. En este artículo, procederemos
a una evaluación sintética de las debilidades y fortalezas de la economía ecuatoriana hoy,
de sus amenazas y oportunidades, realizando, en apretada síntesis, una radiografía de la
situación por la que atraviesa el país y de sus posibilidades de futuro.
Palabras clave: desarrollo económico y social, reforma económica, sistema político,
desequilibrio económico, recursos naturales, distribución de la renta, ayuda al desarrollo,
Ecuador, Latinoamérica.
Clasificación JEL: O50.
1. Introducción (1)
En su discurso de toma de posesión como presidente de Ecuador en agosto de 1979, Jaime
Roldós trazó un panorama de la situación económica y política del país que distaba mucho de ser
positivo. Y sin embargo, Ecuador acababa de
completar la década de más alto nivel de crecimiento en su historia, propiciado por el descubrimiento y la explotación de petróleo en la Amazonia ecuatoriana. Hoy, 20 años más tarde, la
situación económica y política del país se ha
deteriorado notablemente. En la actualidad, los
salarios reales se han reducido drásticamente
hasta la mitad de su valor real de 1979. La mala
distribución del ingreso ha incrementado aún
más las desigualdades existentes en la sociedad
ecuatoriana, la inflación se ha disparado hasta
* Consejero Económico y Comercial. Embajada de España en
Ecuador.
(1) Algunas de las ideas de este articulo están extraídas del
libro «La ruta de la Gobernabilidad», VVAA. Editado por CORDES y AECI, Quito, 1999.
niveles que pueden alcanzar para el año 2000 el
100 por 100. El crecimiento económico ha sufrido un grave retroceso en estos años hasta situar
el PIB per cápita en los niveles de hace dos décadas. La deuda externa se ha multiplicado por
cuatro, pasando de los 4.000 millones de dólares
de 1979 a los 16.000 millones de hoy. Entonces
un dólar valía 25 sucres, paridad que se mantuvo
durante años, mientras hoy, a las puertas de una
dolarización que hará desaparecer la moneda
local, el dólar vale 25.000 sucres, es decir una
devaluación del 99.900 por 100.
En este artículo se analizan brevemente las
causas de la situación actual y haremos referencia
a las condiciones actuales y potencialidades de
futuro de este país andino. Se tratará, en definitiva, de analizar la estructura económica y sus condicionantes políticos, más allá de la coyuntura,
ampliamente estudiada por los analistas económicos, y que en estos momentos, además, salta
con trazos negativos demasiado asiduamente a la
primera página de los medios de comunicación.
Paradójicamente, la mayor fortaleza de la econo-
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mía ecuatoriana es que está todo por hacer, pero
esa es, a su vez, también su mayor debilidad (2).
2. Debilidades de la economía ecuatoriana
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Las debilidades de la economía ecuatoriana
son de dos tipos: institucionales y económicas, y
dentro de éstas, están las que afectan a las variables macroeconómicas y aquellas que afectan a
las variables productivas.
Por lo que se refiere a las debilidades institucionales, la más evidente es la del sistema político ecuatoriano, tanto en lo que concierne al presidencialismo como al sistema de partidos
políticos. Ambos han demostrado ampliamente
sus dificultades para dotar al país de una estabilidad que le permita sustentar el crecimiento económico. Un dato pone de manifiesto lo que decimos: la duración promedio de los mandatos
presidenciales en la historia republicana ha sido
de ¡2 años!
La democracia ecuatoriana, restaurada en
1979, justo al inicio de la pavorosa crisis económica que atravesó toda América Latina, heredó
una serie de problemas y vicios del Estado desarrollista implantado al calor de las exportaciones
petroleras. La llegada de la democracia se enfrentó en aquellos momentos a un doble desafío: reanudar el crecimiento económico y consolidar las
instituciones políticas nacientes. Hoy, 20 años
después, los retos siguen aun vigentes.
Por su parte, en la cultura económica nunca ha
estado ausente la lógica precapitalista de acumulación primaria de capital, de forma que se desincentivaba la renovación tecnológica e institucional, ya que la rentabilidad obtenida de la
explotación de las ventajas naturales y de la
mano de obra barata era más que suficiente.
De este modo, el Estado ecuatoriano nunca
pudo superar las fórmulas corporativas de
representación tanto en el ámbito empresarial
como en el de los trabajadores.
Por otro lado, los conflictos de tipo regional y
étnico vienen a añadirse a las dificultades de
(2) Como dijo recientemente el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, refiriéndose entre otros países a Ecuador, los Estados
débiles pueden ser una amenaza tan grande como la de los Estados
fuertes del pasado.
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índole política y social que hemos mencionado.
La división existente entre la región costera de
Ecuador, que abarca un poco más de la mitad del
país, y la de la sierra ecuatoriana donde se
encuentra su capital Quito, y que incluye un tercio de la población de Ecuador, se ha agudizado
con el resultado de complicar aún más la crisis
política e institucional. Asimismo, la aparición de
minorías étnicas, como es el caso de los indígenas, ha contribuido enormemente a confundir aún
más el panorama social, y a crear una sensación
de conflicto generalizado, circunstancias que dificultan aún más la solución a la crisis económica.
En conclusión, podemos realmente hablar de
una crisis de gobernabilidad en Ecuador que ha
afectado de forma muy relevante a la situación
económica. Ello se debe a la discontinuidad de
las políticas de estabilización, por los avances y
retrocesos en materia de ajuste fiscal y por la
imprecisión de los gobiernos en la definición y
aplicación de las reformas institucionales, debilitando la puesta en marcha de los programas de
transformación productiva, que hubieran permitido garantizar el desarrollo social económico a
medio y largo plazo (3).
Las áreas, donde se han manifestado de forma
extrema los desequilibrios han sido la Balanza de
Pagos y las Cuentas Fiscales. En lo que se refiere
a la primera, es especialmente relevante el incremento de la Deuda Externa, que en estos momentos está estrangulando las posibilidades de crecimiento y recuperación económica en el país, al
haber pasado de apenas 4.000 millones de dólares
al inicio del período democrático, a los más de
16.000 millones de dólares del momento actual.
En la actualidad, la deuda representa el 120 por
100 del PIB y los pagos por intereses superan el
40 por 100 del Presupuesto anual del Estado (4).
Por lo que se refiere a las Cuentas Públicas, es
de resaltar la mezcla de mal uso de los recursos y
prodigalidad de la estructura de gastos del Estado
(3) De los 8 acuerdos firmados con el FMI desde 1981, sólo se
ha cumplido 1, que, además, fue el primero firmado.
(4) En estos veinte años, a pesar de que el desequilibrio externo fue reduciéndose gradualmente, recientemente han vuelto a
resurgir las tensiones en la Balanza de Pagos con la limitación tan
importante que ello supone para el crecimiento económico, lo que
es síntoma de las dificultades de Ecuador para encontrar su ventaja competitiva en la escena internacional.
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ecuatoriano, a la vez que ha sido normal una restricción de los capítulos de inversión pública y
gasto social. Por el lado de los ingresos, éstos han
permanecido prácticamente estancados en un
nivel muy bajo, mientras que los gastos públicos
han pasado del 24 por 100 del PIB a casi el 28
por 100 que representan en la actualidad.
El desequilibrio fiscal, ha sido el desencadenante reiterado de las tensiones inflacionistas de
la economía ecuatoriana, y se trata de un desequilibrio estructural que requiere la reforma de su
sistema tributario.
Por otro lado, el Presupuesto del Estado ha
venido respondiendo tradicionalmente a presiones
e intereses políticos incluso dentro del propio
Ejecutivo. Esto ha determinado una falta de coordinación y laxitud en la política fiscal, lo que
unido a la inestabilidad de las autoridades económicas, permiten poner en perspectiva el
grave problema que enfrenta el Estado ecuatoriano y su imprescindible reestructuración
si se quiere que sea útil en la estrategia de
desarrollo económico.
Un síntoma que es, a la vez, enfermedad es
el empeoramiento en la distribución de la renta,
a pesar de la reforma agraria y tributaria de los
años 60 y 70. En lo que se refiere a los salarios,
estos descendieron abruptamente en varios períodos, situándose en 1999 prácticamente en términos reales, a la mitad de los que obtenían los
trabajadores en 1980. Esto muestra que en la
economía ecuatoriana los salarios reales han
servido como elemento estabilizador y una
especie de ancla contra la inflación, cuyo lado
negativo ha sido, evidentemente, la distribución
del ingreso, que se ha deteriorado de forma muy
elocuente.
Por lo que respecta al Sistema Financiero,
clave para trasladar el ahorro hacia la inversión
productiva, la experiencia vivida en 1999
demuestra las dificultades que Ecuador tendrá
para consolidar su desarrollo económico mientras
no sanee de una forma eficaz y efectiva el Sistema Financiero. La crisis de 1999 ha supuesto que
más de un 75 por 100 de los bancos del sistema
financiero han pasado a manos del Estado, en virtud de lo dispuesto en la Ley de Garantías de
Depósitos. El coste de la crisis bancaria para
Ecuador ha sido de 2.000 millones de dólares,
casi un 20 por 100 el PIB. Esta banca semiestatizada debe pasar a manos privadas, reducirse y
ajustarse en los próximos años, y constituirse en
la piedra esencial del crecimiento económico.
Además, si tenemos en cuenta la baja tasa de ahorro interna, se deduce la necesidad de un ahorro exterior que solo vendrá con un decidido
apoyo internacional.
3. Debilidades productivas
En lo que se refiere a las debilidades productivas, cabe resaltar como el origen de todas ellas la
cultura rentista en la que se instaló y, en alguna
manera, sigue instalado el país, consecuencia en
parte de las deficiencias del sistema financiero y
en una parte también muy importante del sistema
productivo tradicional, basado en la amplia disponibilidad de los recursos naturales del país y de
una mano de obra barata. Los empresarios ecuatorianos propiciaron así un sistema productivo
basado en la inexistencia de la competencia y, por
lo tanto, en la inexistencia de mercado. La mayoría de los sectores productivos del país se encuentran dominados por pocas y en ocasiones por una
sola empresa. Esto ha impedido el desarrollo de
un mercado interior fuerte y robusto, que permitiera el nacimiento de una industria nacional competitiva, al menos, en algunos sectores. Hoy por
hoy, el sector agrícola es el único competitivo
internacionalmente en determinados productos
como el banano y el camarón. La industria de bienes de consumo, bienes de capital e intermedios,
a pesar de las oportunidades que podría haber creado la Comunidad Andina, no ha progresado suficientemente, y se contenta con atender un mercado interno en recesión. La consecuencia es que
las importaciones mantienen una tendencia estable y una cierta rigidez a la baja.
Asimismo, esta estructura económica y social
ha originado un mercado de trabajo de carácter
paternalista, ampliamente regulado e intervenido
por el Estado. Ello ha derivado también en la
existencia de una mano de obra fuertemente organizada en algunos sectores monopolísticos controlados por el Estado (como el sector del petróleo y el de la energía en general), de carácter muy
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reivindicativo y con amplia capacidad de influencia dentro del Estado ecuatoriano, promoviendo
para sus afiliados alzas salariales muy por encima
del promedio del resto de los sectores económicos ecuatorianos, así como impidiendo y
dificultando la modernización y/o privatizaciones.
Por otro lado, la insuficiente inversión en
infraestructura no ha permitido el desarrollo de
las fuerzas de la producción y el incremento sustancial del comercio. La actual estructura de
carreteras, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones y provisión de energía no permiten atender
adecuadamente las necesidades actuales ni tampoco el crecimiento económico futuro. El
deterioro económico de los últimos 20 años
ha situado al país muy por debajo de los niveles de servicios públicos de los que disfrutan
otros países del área latinoamericana.
4. Amenazas de la economía ecuatoriana
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En primer lugar, nos referiremos a las amenazas de índole política e institucional. Mientras el
país no encuentre una cierta estabilidad institucional que le permita garantizar períodos de gestión
económica prolongados durante al menos tres
períodos presidenciales de cuatro años, resultarán
de difícil resolución los problemas del país.
Asimismo, existen otros factores desestabilizadores en el ámbito social como son la presencia
de los movimientos indígenas y de los denominados movimientos sociales, que respondiendo a
una situación de deterioro en los niveles de ingreso y de capacidad adquisitiva de diversos grupos
sociales, están ejerciendo una presión hasta el
momento desconocida sobre el gobierno de Ecuador, presión que incluso en enero último llegó a
provocar la destitución del Presidente Mahuad.
El incremento previsto para el mes de junio
de los precios hasta ahora fuertemente subvencionados de la energía eléctrica y el petróleo supone
una amenaza para la estabilidad del gobierno, que
éste habrá de manejar con tino.
Por otro lado, la cercanía con Colombia está produciendo, fundamentalmente en la frontera Norte de
Ecuador, infiltraciones de movimientos guerrilleros,
asociados como es sabido al narcotráfico, que de
extenderse al resto del país podrían conllevar un
deterioro en la situación económica y social.
Asimismo, la incidencia de los fenómenos
naturales en los últimos años, su posible persistencia en el futuro (como ha sido la erupción volcánica en diversos puntos de Ecuador, los terremotos, así como las abundantes lluvias) están
afectando fuertemente, no solo a las infraestructuras físicas del país, sino asimismo, al capital
humano a través del deterioro en las condiciones
de salud básica de la población (5).
En lo que se refiere a las amenazas de tipo
económico, la más importante es, paradójicamente, la que puede dar lugar a mayores frutos de
estabilidad en el futuro. Nos referimos al proceso
de dolarización de la economía, que supondrá en
la práctica la desaparición de la moneda local y
sustitución por el dólar americano. Como decimos, esta nueva política económica, en algún sentido, habrá de traer, y así lo espera el Gobierno,
mayor rigor y estabilidad al país. Sin embargo, no
podemos olvidar de que en las actuales circunstancias, y a pesar de los beneficios potenciales del
proceso de dolarización, Ecuador con este régimen monetario y económico se enfrenta al riesgo
de que posibles choques externos afecten de
manera irreparable a su economía (6).
Ante la eventualidad de una crisis financiera
internacional e incluso de una crisis en el país
emisor del dólar, Estados Unidos, el Estado ecuatoriano se encontraría inerme, ya que no puede
reaccionar ni con devaluaciones, ni con incrementos de los tipos de interés, ni con políticas
monetarias que provoquen inflación, sino que el
ajuste se producirá, inevitablemente, en cantidades, afectando irremisiblemente al empleo y salarios de los ecuatorianos.
Por otro lado, y dada su actual situación de
debilidad, el sistema financiero se ve afectado por
el proceso de dolarización, en la medida en la
cual el Banco Central de Ecuador ya no estará en
disposición de aportar los fondos que permitan el
rescate de los bancos en situación de insolvencia
o de falta de liquidez temporal.
(5) Se ha detectado un recrudecimiento de enfermedades que
se creían olvidadas, como la malaria y el dengue.
(6) Decía G. SOROS que una oferta monetaria estable no crea
una economía estable.
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Asimismo, el proceso introducirá en la economía ecuatoriana una nueva dinámica que puede
producir un ajuste económico en el sentido inverso, al dar lugar a alzas tanto de precios como de
salarios indiscriminados, que deterioren la competitividad de las exportaciones ecuatorianas.
Esto acabaría produciendo un estrangulamiento
de balanza de pagos que impediría el funcionamiento de la dolarización, que, como es sabido,
necesita del aporte de los capitales externos y de
un superávit de Balanza de Pagos para alimentar
la oferta monetaria en dólares. La renegociación
de la Deuda Externa es imprescindible para la
reactivación económica en Ecuador. La solución
pasa por un acuerdo previo con los Organismos
Financieros Internacionales.
5. Fortalezas y oportunidades
de la economía ecuatoriana
En primer lugar, hemos de decir que una vez
alcanzado el acuerdo con el FMI (7), la ayuda
externa llegará de forma inmediata al país, lo que
supondrá una entrada de recursos de unos 2.000
millones de USD en tres años. Ello, junto con la
estabilización económica, permitirá crecer a
Ecuador a un ritmo cercano al 5 por 100 en lo
próximos años, hasta alcanzar el nivel de PIB de
unos 20.000 USD, desde los poco mas de 11.000
actuales. Lo que da idea de las grandes oportunidades que se abren para la inversión (especialmente por las privatizaciones) y el comercio en
un mercado en crecimiento.
Al referirnos a las fortalezas de Ecuador es
necesario poner de relieve la enorme fuente de
recursos que suponen el petróleo, la energía
hidroeléctrica, las minas, la madera, y en general
la biodiversidad existente en los bosques del
Ecuador. No en vano, Ecuador es el primer exportador mundial de banano y el segundo de camarón cultivado.
En lo que se refiere al sector de hidrocarburos, podemos decir que las reservas de petróleo
alcanzan en estos momentos más 3.500 millones
de barriles de petróleo, de los cuales el 81 por
(7) La carta de intenciones fue firmada el pasado día 5 de abril,
y aprobada por el directorio del FMI el 19 de ese mismo mes.
100 pertenecen a los campos explotados por la
empresa pública Petroecuador. La producción
diaria de petróleo alcanza en la actualidad más de
300.000 barriles, y existe una posibilidad inmediata de incremento en la producción de otros
300.000 barriles diarios, es decir, se podría doblar
en un corto espacio de tiempo la producción diaria de petróleo en el Ecuador. Sin embargo, este
incremento se encuentra frente al cuello de botella del transporte y distribución del crudo, además
de la dificultad de poder refinar en Ecuador en
estos momentos más allá de los 160.000 barriles
de crudo diarios. En este ámbito existen una serie
de oportunidades que es conveniente resaltar. Por
un lado, la participación del sector privado en la
explotación de la reserva petrolífera existente
fundamentalmente en la Amazonia, así como la
reserva gasística que existe en el Golfo de Guayaquil.
Por otro lado, un proyecto que puede ponerse
en marcha de forma inmediata es la construcción
de un nuevo oleoducto de crudos pesados (OCP)
que haga posible que el incremento real de la producción pueda ser verdaderamente exportado y
refinado. Asimismo, en el área de refino, existe la
posibilidad de participar en la concesión o privatización de algunas de las refinerías hoy existentes así como la de ampliación de capacidad de
refino, que produciría al país un incremento del
valor añadido de su crudo.
En lo que se refiere al sector eléctrico, en
estos momentos el país tiene un déficit de energía
en torno a 500 GW, lo cual está ocasionando una
pérdida a la economía nacional de alrededor de
500 millones de dólares. Sin embargo, la riqueza
y el potencial del crecimiento de la producción
eléctrica en el país son muy importantes. En estos
momentos existe la posibilidad de incrementar la
producción energética a través de diversos proyectos hidroeléctricos hasta en 10.000 megavatios
y en el caso de proyectos termoeléctricos hasta en
1.500 megavatios, lo que supondría una inversión
que alcanzaría para ambos tipos de proyectos los
15.000 millones de dólares. Como en el caso del
petróleo, no solo se trata de incrementar las posibilidades de generación eléctrica sino asimismo,
de invertir en la transmisión y distribución de la
misma. Las inversiones previstas para mejorar la
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red de transmisión y distribución eléctrica alcanzan los 800 millones de dólares. Se trata, en definitiva, de poner en marcha todo un potencial
energético disponible que no solo permita atender
la situación actual del país sino las futuras
demandas de energía que se producirán como
consecuencia del desarrollo económico y, en su
momento, incluso poder exportar los excedentes a
los países vecinos.
Otra importante fuente de riqueza es el sector
minero, en el cual se encuentran por explotar
minas de diversos metales, así como minas de oro
que podrían incrementar notablemente su producción actual.
Por otro lado, la existencia de bosques inmensos en la Amazonia y en las regiones de la sierra
ecuatoriana permitiría con un tratamiento adecuados en términos ecológicos el incremento de la
producción maderera que podrían destinarse a la
exportación de algunas maderas especialmente
apreciadas en los mercados internacionales.
La biodiversidad existente en los diversos
territorios del Ecuador y básicamente en la Amazonia pueden ser una fuente de grandes ventajas
económicas mediante el tratamiento farmacéutico
y bioquímico de algunas especies existentes, únicas en el mundo. Asimismo, esta riqueza podría
ser fuente de una nueva forma de turismo en
Ecuador, produciendo un significativo flujo de
recursos para el país.
Por su parte, los recursos pesqueros, tanto
marinos como fluviales, de Ecuador son muy
altos, en su mayoría pendientes de explotación.
Por otro lado, ciertas oportunidades nacen de
las deficiencias y debilidades de la economía
ecuatoriana.
Existen posibilidades de inversión en las infraestructuras del transporte. La red vial nacional
conformada por 43.000 kilómetros, de los cuales
más del 70 por 100 se encuentra muy deterioradas
y con falta de conservación. Los requerimientos
de inversiones en un plan de 5 años contemplarían la construcción, mejora y mantenimiento de la
red primaria que abarcan más de 8.000 kilómetros, lo cual supondría una inversión de entorno a
5.000 millones de dólares. Asimismo, el programa de concesiones viales, permitiría la construcción de más de 2.000 kilómetros de carreteras con
una inversión aproximada de 600 millones de
dólares.
Existen posibilidades de inversión en otras
infraestructuras, como las siguientes:
Telecomunicaciones: A finales de 1999, Ecuador disponía de poco más de 850.000 líneas telefónicas instaladas, mientras la demanda total se
calcula en 1.500.000 de líneas. Mientras en Ecuador hay 8 líneas por cada 100 habitantes, el promedio de América Latina es de 20 líneas por cada
100 habitantes. Según estas cifras, la inversión en
telecomunicaciones podría alcanzar más de 8.000
millones de dólares.
Aeropuertos: La instalación de dos nuevos
aeropuertos en Quito y Guayaquil podría suponer
una inversión en torno a 700 millones de dólares.
Puertos: La modernización de los puertos de
Guayaquil, Manta, Esmeraldas y Puerto Bolívar,
podría suponer una inversión de casi 100 millones de dólares.
Por lo que se refiere al déficit de vivienda, que
se calcula en 50.000 por año, las inversiones previstas podrían alcanzar los 50 millones de dólares.
Asimismo, en lo que se refiere a las infraestructuras de agua potable y saneamiento, Ecuador
se encuentra entre los países más deficientemente
atendidos en cuanto a servicios de agua potable y
alcantarillado. Se calcula que más de un 40 por
100 de la población carece de agua potable y un
60 por 100 no dispone de alcantarillado, siendo
estos datos aun peores para las zonas rurales.
En materia de asistencia sanitaria se estima
que faltan alrededor de 23.000 médicos en el país,
y las camas hospitalarias solo cubren el 30 por
100 de las necesidades.
Por otro lado, otra de las ventajas con que
cuenta Ecuador es su fuerza de trabajo que es
amplia, abundante y barata (8), lo que puede
hacer rentable una inversión, especialmente en
los sectores productivos intensivos en mano de
obra.
Asimismo, la situación estratégica de Ecuador
respecto del mercado andino y concretamente a
países que atraviesan o han atravesado situacio(8) Una reciente Ley establece que la remuneración mínima
del trabajo por hora será de 0,50 dólares
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nes conflictivas como son Colombia y Perú hacen
que el posicionamiento y la ubicación de empresas y actividades productivas en el Ecuador pueda
resultar rentable no solo para atender y satisfacer
las demandas del mercado interno sino, asimismo, para atender el mercado de exportación a los
países del entorno inmediato.
En definitiva, puede ser un buen momento
para invertir en determinados activos cuyos precios en comparación con los estándares internacionales son realmente bajos (9).
Asimismo, el actual gobierno ha logrado lo
que antes nunca otro logro en un plazo récord,
que es aprobar un paquete de reformas denominado Ley de Transformación Económica de Ecuador, que además de la dolarización, incluye reformas que permiten la privatización de sectores
como el eléctrico, las telecomunicaciones, la
construcción del Oleoducto de Crudos Pesados, la
reforma parcial del mercado de trabajo. Todas
ellas con el debido complemento permitirán al
país instalarse definitivamente en la modernidad.
6. Conclusiones
En resumen, el Balance entre fortalezas y
debilidades de la economía ecuatoriana pone de
manifiesto la necesidad de proceder de forma
inmediata a determinadas reformas. Se trata de
poner el énfasis en un modelo de competitividad
que se consigue a través de un sistema económico
que promueva la eficiencia, el crecimiento y la
redistribución de oportunidades entre todos los
(9) Como muestra, valga un ejemplo: el precio de la construcción en las zonas residenciales de Quito no supera los 500 dólares
el m2, mientras que en ciudades como Bogotá y Lima no bajan de
los 1.000 dólares.
ciudadanos, más allá de la existencia de recursos
de carácter natural que sustenten el sistema productivo de un país.
Ecuador necesita reformar su Estado y ponerlo
acorde con la situación internacional de globalización de los mercados, lo cual exige dos condiciones fundamentales:
En primer lugar, la separación de competencias entre economía y política, o lo que es lo
mismo la liberalización y una concepción distinta
del desarrollo productivo, cuyo eje sea la competitividad. En particular, este modelo de estado
exige una estrategia de modernización social que
incluye cambios tanto en el régimen económico
como en la concepción de las políticas públicas y
en la preparación y realización de políticas encaminadas a la mejora en el sistema productivo y en
la distribución de la renta.
En segundo lugar, para alcanzar estos objetivos, es necesario un conjunto de reformas inevitables. Por un lado, las que podríamos denominar
como relativamente asequibles (en el comercio
exterior, el sistema financiero y las privatizaciones) y otras de mayor dificultad por exigir el
apoyo de la población y del sistema político que
permitan afrontar con confianza la reforma tributaria y fiscal, la descentralización económica y
política, la reforma de la Administración Pública,
una mejora en el sistema de supervisión bancaria,
la regulación de los monopolios privatizados, la
reforma de la Seguridad Social y la reforma del
sistema de contratos y el mercado de trabajo.
Asimismo, son absolutamente imprescindibles, la mejora en el capital humano, a través de
la reforma educativa, y la reforma del sistema
jurídico y judicial que permita crear los órganos
que aseguren el orden instituido en el futuro.
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