Buenos Aires, de enero de 2006

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Buenos Aires, 23 de enero de 2006
A la Sra. Presidenta del
Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Dra. Ana María CONDE
S
/
D
De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a usted en representación del Centro de Estudios Legales y Sociales
(CELS), en el marco del proceso de remoción iniciado contra el juez Roberto Andrés GALLARDO, a
raíz de su actuación en la causa “Juarez, Sara Etel c/ GCBA s/ amparo”.
En todo proceso de remoción de magistrados se pone en juego la independencia judicial. En este
sentido, la ponderación de las razones de promoción de juicios de destitución de magistrados y el
proceso en el que éstos se llevan a cabo requieren un especial cuidado, so riesgo de esconder
persecuciones o diferencias de tipo político o ideológico, o bien un ataque a la independencia
judicial.
La independencia judicial es uno de los principios básicos para la consolidación de las instituciones
democráticas Al respecto, es preciso tener en cuenta que el Estado argentino tiene la obligación
indelegable e irrenunciable de asegurar la independencia del Poder Judicial. Expresamente ha dicho
la Relatoría para la Independencia de Jueces y Abogados de Naciones Unidas que “...en virtud del
derecho internacional el Estado tiene la obligación de garantizar la independencia de la judicatura,
prevista en el principio 1 de los Principios Básicos relativos a la Independencia de la Judicatura. Ello
implica no sólo la obligación de adoptar medidas positivas sino también de abstenerse de adoptar
medidas fundadas en motivos indebidos...”1. La independencia judicial puede vulnerarse tanto desde
una órbita externa, donde son los poderes políticos los que pretender condicionar o remover al juez,
como desde una órbita interna donde los superiores jerárquicos del mismo poder judicial son
quienes deciden sancionar al magistrado.
Es por lo expuesto que desde el CELS hemos seguido con atención el juicio político seguido contra
el juez Roberto GALLARDO, y respetuosamente nos dirigimos a Ud. con el fin de manifestar una serie
de observaciones sobre su sustanciación que, entendemos, constituyen violaciones al debido
proceso que debe primar en este tipo de procedimientos. Consideramos que el Jurado de
Enjuiciamiento está en condiciones de subsanar las violaciones cometidas asegurando el principio
de independencia judicial, garantizando la vigencia de las obligaciones internacionales
comprometidas.
Naciones Unidas, Consejo Económico y Social, E/CN.4/1998/39/Add.1, 19 de febrero de 1998, Informe del Relator
Especial, Sr. Param Cumaraswamy, sobre la independencia de magistrados y abogados, del informe de la misión al
Perú.
1
Como punto de partida asumimos que GALLARDO es un juez controvertido. Como magistrado ha
tomado decisiones que difícilmente otro juez hubiera tomado. Además, en tanto juez en lo
Contencioso Administrativo de la Ciudad, tiene competencia exclusiva en el control de los actos de
gobierno. Es posible, en consecuencia, que algunos de sus fallos no hayan sido del agrado del
gobierno de la Ciudad. Incluso el Jefe de Gobierno ha declarado públicamente que “Gallardo actúa
como Luis XIV” y que “es peligroso institucionalmente”2. No hay que perder de vista que la
denunciante en este pedido de juicio político es la Procuradora General, cabeza de la defensa del
Poder Ejecutivo. Es decir, éste es un juicio político impulsado por el Poder Ejecutivo.
Otra de las circunstancias a tener en cuenta es que GALLARDO tuvo competencia en una causa
contra el Consejo de la Magistratura, en la que decidió una medida cautelar que le redujo el salario a
los consejeros3. Este solo hecho nos hace tener sospechas también por la posible afectación del
principio de objetividad en la actuación del Consejo de la Magistratura al momento de acusar, por un
accionar vindicativo contra el juez GALLARDO.
Entonces, este juicio político debe poder despejar todas las dudas sobre la afectación a la
independencia judicial y la falta de objetividad en la acusación que puedan presentarse. Para ello, es
crucial que este Jurado de Enjuiciamiento garantice a rajatabla el cumplimiento de las garantías de
debido proceso, como lo dispone el artículo 123 de la Constitución de la Ciudad.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos, interpretando la garantía de debido proceso de la
Convención Americana, ha establecido que “si bien el artículo 8 de la Convención Americana se
titula ‘Garantías Judiciales’, su aplicación no se limita a los recursos judiciales en sentido estricto,
sino el conjunto de requisitos que deben observarse en las instancias procesales a efecto de que las
personas puedan defenderse adecuadamente ante cualquier tipo de acto emanado del Estado que
pueda afectar sus derechos” (Corte IDH, “Tribunal Constitucional (Aguirre, Roca, Rey Terry y
Revoredo Marsano) vs. Perú", sentencia del 31 de enero de 2001, párrafo 69. El destacado nos
pertenece).
El mismo tribunal a su vez ha dicho que, de conformidad con la separación de los poderes públicos
que existe en el Estado de Derecho, si bien la función jurisdiccional compete eminentemente al
Poder Judicial, otros órganos o autoridades públicas pueden ejercer funciones del mismo tipo. Es
decir, que cuando la Convención se refiere al derecho de toda persona a ser oída por un “juez o
tribunal competente” para la “determinación de sus derechos”, esta expresión se refiere a cualquier
autoridad pública, sea administrativa, legislativa o judicial, que a través de sus resoluciones
determine derechos y obligaciones de las personas. En función de ello, la Corte Interamericana
Ver diario La Nación, 29/06/05, “Gallardo actúa como Luis XIV”.
Caso March Zambrana, Carlos c/ GCBA s/ amparo. Expte. 13702. De este modo, los consejeros Betina CASTORINO
(que antes de la cautelar cobraba un salario bruto de $9.991,98), Juan DE STEFANO (de $10.636,35), Diego MAY ZUBIRÍA
(de $13.472,97), María IRAIZOZ (de $10.181,24) y Carlos ROSENFELD (de $14.117,39) pasaron a cobrar un máximo de
$5.500.
2
3
considera que cualquier órgano del Estado que ejerza funciones de carácter materialmente
jurisdiccional, tiene la obligación de adoptar resoluciones apegadas a las garantías del debido
proceso legal en los términos del artículo 8 de la Convención Americana (Cf. Corte IDH, “Tribunal
Constitucional (Aguirre, Roca, Rey Terry y Revoredo Marsano) vs. Perú", cit., párrafo 71).
Sin embargo, hasta el momento, se han producido ciertas violaciones al cumplimiento del debido
proceso que motivan esta presentación.
1. El derecho a un tribunal imparcial: la falta de imparcialidad del Dr. RUSSO como jurado,
y la falta de imparcialidad del Dr. ROSENFELD para resolver la recusación de un jurado
Una derivación del debido proceso lo constituye el derecho a ser juzgado por un tribunal imparcial.
En este proceso, la composición del tribunal de enjuiciamiento contrae algunos reparos.
La presencia del Dr. Eduardo RUSSO, quien ya se ha expedido en la causa “Juarez” constituye una
violación a la garantía de imparcialidad. El Dr. RUSSO ya ha participado previamente en la adopción
de decisiones judiciales que sirvieron de sustento a la acusación, al declarar la nulidad de la medida
precautelar dictada por GALLARDO. Por este motivo, no reviste de la imparcialidad necesaria para
integrar un tribunal de enjuiciamiento.
Así, el 20 de septiembre de 2005, con el voto de los doctores Esteban CENTANARO y Eduardo RUSSO
la Sala II de la Cámara Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad, declaró la nulidad de
todo lo actuado en la causa “Juarez” y decidió su reasignación a otro magistrado. Pero además, en
dicho pronunciamiento, la Sala (con la firma de RUSSO) se manifestó en términos muy fuertes hacia
el desempeño del magistrado. La Cámara en su fallo consideró que “la gravedad de los hechos
descriptos en el considerando anterior impone ser muy riguroso atento a que las equívocas
decisiones adoptadas en materia de conexidad alteró el principio general que informa que la
asignación de expedientes en el fuero debe hacerse por sorteo”. Y que “la sentencia pronunciada sin
un análisis de los hechos que son materia de juzgamiento se torna nula, ya que la garantía de la
defensa en juicio incluye la exigencia de que los fallos judiciales tengan fundamentos serios”. Y
agregó que “en estos autos se dictó una decisión carente de todo fundamento”.
Se puede o no coincidir con la decisión de la Cámara. Sin embargo, lo que interesa a la luz de este
proceso de remoción es que resulta evidente que este juez ya tiene un prejuicio sobre cómo se
comportó el Dr. GALLARDO en esta causa.
Pero además es preciso tener en cuenta que esta sentencia de Cámara es el origen y sustento del
juicio político. Todo lo que investigó el Consejo de la Magistratura en estas actuaciones se reduce a
la actuación del juez GALLARDO en esta causa, y en base a lo que alegó la Cámara al anular la
sentencia. Esta sentencia, firmada por el Dr. RUSSO, dio origen a la investigación y es sustento de la
acusación. Tanto en la resolución 950/05 del Consejo de la Magistratura, como en la acusación de
los doctores ROSENFELD y BALDOMAR, se transcriben pasajes textuales de esta sentencia para
sustentar el enjuiciamiento.
Difícilmente el Dr. RUSSO pueda ser imparcial en este proceso. Es necesario traer aquí algunas
palabras de MAIER que —aunque dichas para analizar el tema de la imparcialidad judicial—, explican
el sentido de lo que se denomina “el deber de apartarse” y el “derecho a recusar”. En ningún
momento se trata de atacar la “honestidad personal” de quien se solicita que se aparte del caso. Por
el contrario, sólo existen como resguardos para el justiciable y para una correcta administración de
justicia4.
Es por esto que el Dr. RUSSO tenía el deber de excusarse de entender en este juicio político. No sólo
no lo hizo sino que, cuando fue recusado por el juez GALLARDO, el pleno del Jurado resolvió
desestimar in límine la recusación por supuestos problemas formales.
Resulta preocupante que estando en juego la garantía constitucional de ser juzgado por un tribunal
imparcial, el Jurado de Enjuiciamiento, haya desestimado el planteo in límine amparándose en
supuestos problemas formales. En este punto, es preciso recordar que las garantías del debido
proceso son derechos de los justiciables pero además deberes que debe asumir el Estado más allá
de su alegación por las partes.
El deber de imparcialidad es un atributo imprescindible de la función judicial para preservar sin
alteraciones la confianza pública, y una condición inexcusable para asegurar un juicio justo. En ese
sentido, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha sostenido que todo magistrado en relación
respecto del cual pueda haber razones legítimas para dudar de su imparcialidad debe abstenerse de
conocer en ese caso. Lo que se encuentra en juego es la confianza que los tribunales deben inspirar
a los ciudadanos en una sociedad democrática (cf. TEDH; “Piersack”; sentencia del 1 de octubre de
1982; publicada en Boletín de Jurisprudencia Constitucional 25 años de Jurisprudencia,
Publicaciones de las Cortes Generales, Madrid, pág. 876).
El segundo problema de constitución de un tribunal imparcial lo constituye la aplicación en este caso
del artículo 15 de la ley 54 en ocasión de la recusación de la Dra. CONDE. La ley prevé que las
recusaciones a los jurados serán resueltas por el presidente del Consejo de la Magistratura, con
vista al recusado. Sin embargo, en este proceso, la aplicación directa de esta normativa implicaba
una evidente vulneración del principio de imparcialidad. Ello por cuanto aquí, el presidente del
Consejo de la Magistratura, el Dr. ROSENFELD, es —además— el designado por el Consejo para
llevar adelante la acusación. En otras palabras, haciendo un paralelismo con el proceso penal, en
este caso quien debía resolver las recusaciones al tribunal era el fiscal de juicio, parte claramente
interesada.
4
Ver, en este sentido, Maier, Julio B. J., Derecho Procesal Penal, Tomo I, Editores Del Puerto, Buenos Aires, página 759
y ss.
Si bien el Jurado de Enjuiciamiento pareció darse cuenta de este problema al resolver la recusación
del Dr. RUSSO, no actuó del mismo modo respecto de la recusación de la Dra. CONDE. Lo que
correspondía en este caso para garantizar el debido proceso era, al igual que en la recusación del
Dr. RUSSO, que el planteo sea resuelto por el pleno del Jurado y no por el presidente del Consejo de
la Magistratura.
2. Objetividad en el acusador: la sospecha de animadversión del Dr. ROSENFELD
Un punto cuestionable en este proceso es la actuación del Dr. Carlos ROSENFELD. El Dr. ROSENFELD
no sólo resolvió la recusación de la Dra. CONDE, sino que además es quien lleva adelante la
acusación ante el Jurado de Enjuiciamiento. Sin embargo, como veremos, no goza de la objetividad
que se exige a todo acusador.
Creemos que el Dr. ROSENFELD debió haberse excusado. Como dijimos anteriormente, el juez
GALLARDO había intervenido en una causa contra el Consejo de la Magistratura y había resuelto
reducir el sueldo de los consejeros, entre ellos el del Dr. ROSENFELD (de $14.117,39 a $5.500). Esta
circunstancia tiñe al proceso de una posible falta de objetividad en el acusador porque existe una
razón cierta para sospechar que quien tiene a su cargo la investigación y la promoción de la
acusación se encuentre motivado en un interés personal que va más allá de los elementos objetivos
que deben sustentar una acusación de este tipo.
Si bien esta circunstancia ya es suficiente, hay más razones que incrementan las sospechas de falta
de objetividad en el acusador. En este sentido, en el expediente en el que GALLARDO resolvió la
reducción cautelar de los sueldos de los consejeros, el Dr. ROSENFELD había recusado con causa a
GALLARDO ya que, alegó que “razones de decoro y delicadeza debieron obligar al Dr. GALLARDO a
excusarse, ya que había sido notificado de un trámite de juicio político en trámite ante el Consejo de
la Magistratura presentado por la Asociación de agentes de Lotería”. En dicha presentación adujo
que el juez GALLARDO, al resolver la reducción de sueldos, había “sorteado la reglamentación vigente
en caso de subrogancias, y que había alterado el orden de subrogación”. La Cámara del fuero,
oportunamente rechazó la recusación presentada. Este incidente en una causa personal del
acusador, puede demostrar cierta animadversión en contra del Dr. GALLARDO.
Por los mismos motivos de decoro y delicadeza que alegó ROSENFELD, creemos que el consejero
debió excusarse. No haberlo hecho da lugar a que se dude de su objetividad al momento de llevar
adelante la acusación5.
El Jurado de Enjuiciamiento debe poder despejar las dudas que suscitan la conformación del tribunal
y de la objetividad del acusador. Éstas son exigencias de la garantía de debido proceso que se
El principio de objetividad en el acusador es una derivación del principio de igualdad ante la ley y del de debido
proceso. Puede ser afectado en casos de “acusación selectiva” o “acusación vindicativa”. En estos supuestos, el tribunal
puede controlar la facultad propia del acusador. Ver al respecto Bovino, Alberto, Justicia penal y derechos humanos, Ed.
Del Puerto, 2005, p. 170.
5
aplica al enjuiciamiento de GALLARDO, conforme lo dispone la Constitución de la Ciudad, la
Constitución Nacional y los instrumentos internacionales de derechos humanos. El Jurado de
Enjuiciamiento que usted preside está en condiciones de subsanar las violaciones al debido proceso
cometidas, asegurando el principio de independencia judicial y evitando que el Estado argentino
incurra en responsabilidad internacional.
Aprovechamos la oportunidad para saludar a la Sra. Presidenta muy atentamente
Andrea Pochak
Directora Adjunta
CELS
Recibido por Gonzalo Villahoz, Prosecretario Letrado. Jurado
de enjuiciamiento. El 24/01/06, a las 13:25 hs.
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