Estado de la cuestión de los estudios paleopatológicos realizados

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ESTADO DE LA CUESTIÓN DE LOS ESTUDIOS PALEOPATOLÓGICOS REALIZADOS EN LAS
POBLACIONES ROMANAS Y TARDOANTIGUAS
Joaquim BAXARIAS TIBAU
La importancia de los estudios paleopatológicos y paleoepidemiológicos realizados en
poblaciones romanas y tardoantiguas reside en su objetividad y veracidad.
La información que nos aporta la historiografía en relación a la medicina, sus prácticas, sus
tratamientos y sus escuelas en el territorio de la Hispania romana topa con un sesgo importante.
Salvo el uso de ciertos remedios naturales, la existencia de algún médico concreto y un conjunto
de arquiatras en la Bética, el resto se basa en la superposición de conocimientos externos. El arte médico,
el funcionamiento de sus escuelas, la opinión de sus primeras figuras médicas (Galeno, Celso,
Oribasio...), su terapéutica, en resumen la mayor parte de información que poseemos, proviene de otras
provincias del imperio, por lo tanto no confirma su uso generalizado y no debería aplicarse
indiscriminadamente a nuestra área geográfica. Este hecho es comparable a la actualidad, un tratamiento
puntero en ciertas patologías puede que sea utilizado en algunos países del primer mundo y no en otros
subdesarrollados, incluso dentro de países desarrollados los últimos avances médicos no se encuentran
al alcance de todo el mundo. Nos sorprendería quizá en un futuro lejano encontrar tuberculosis
avanzadas en ciertos barrios de Nueva York o París, al mismo tiempo que otros individuos de las
mismas ciudades se beneficiaban de la terapia génica o de tecnología punta. Este hecho tiene su par, ya
postulado por Laín Entralgo, en la sociedad romana donde existiría una medicina para hombres
adinerados, otra para hombres libres pobres y aún otra para esclavos. En diferentes áreas del imperio
podríamos detectar diferencias significativas en el tratamiento de las enfermedades, incluso entre zonas
rurales y urbanas o aún dentro de los centros urbanos donde los métodos científicos podían mezclarse
con los religiosos, mágicos y teúrgicos.
Es obvio que a este nivel el estudio de los individuos que vivieron, enfermaron y murieron en
nuestra provincia prodrían aportarnos datos capitales y complementarios al estado de la medicina y la
enfermedad en la Hispania romana. Desafortunadamente los estudios paleopatológicos en la península
son escasos, se basan en series pequeñas, en aportaciones de casos o estudios de patologías muy
específicas (ORL, odontológicas...). Aun así se ha mostrado como fuente de valiosisímos conocimientos,
lo que induce a pensar que en el futuro, con estudios extensos y consensuados obtendremos una
información no sólo desconocida hasta ahora sino también falseada por la universalización de los
conocimientos adquiridos por las fuentes históricas. Historiografía y paleopatología son ciencias
complementarias. La historiografia nos dice lo que era conocido (enfermedades, terapéuticas, técnicas) y
la paleopatología lo que era aplicado, lo que realmente se realizaba.
Los estudios paleopatológicos en España, sobre población romana y tardorromana, aWlque son
escasos y están en el inicio de su desarrollo ya han dado algunos frutos. Nos interesa sobretodo aquellos
estudios que han aportado información respecto a la evolución de las enfermedades, morbimortalidad,
actuaciones terapéuticas, reducciones o no de fracturas, indicios de cirugía etc. Incrementar estos
estudios es vital, ya que casos aislados de amputaciones, fracturas no reducidas, cirugía... son
interesantes pero es preciso reunir una gran cantidad de individuos estudiados para observar tendencias
y aproximarse a la realidad. En este sentido es importante entender que la publicación de casos
interesantes aislados siempre es fascinante pero no debería ser nuestro objetivo y que aunque parezca
paradójico Wl gran número de casos negativos a ciertas enfermedades puede ser más enriquecedor para
nuestros conocimientos. En paleopatología hay que olvidarse de lo extraordinario e inusual y buscar lo
habitual y frecuente, así entenderemos mejor las poblaciones que estudiamos.
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LAS SOCIEDADES H1STÓRICAS PENINSULARES: EDAD A TIGUA
A nivel de la Hispania Citerior conocemos que la media de vida de sus individuos en época
tardorromana (s. III a V d. e.) era de de unos 33 años, 30 en la necrópolis del Eucaliptal, Puerta Umbría
(Huelva), con un intervalos de mortalidad más elevado en la segunda década de la vida, aunque se
determinaron cifras similares en las tres siguientes décadas. Sabemos que la mortalidad durante el
primer año fue de un 1.5% de la población, en individuos inhumados, posiblemente mayor por el
infraregistro causado por los recien nacidos no enterrados en necrópolis. Recordemos a modo de
comparación que en la actualidad en nuestro país la tasa de fallecidos menores de un año por cada 1000
nacidos vivos es de 5,03, tan solo tres veces menor a la romana aún con el sesgo de los recién nacidos
romanos no inhumados. También entre otros datos tenemos la certeza de que sólo el 5.5% de la
población llegó a superar los 60 años de vida.
La estatura media en los individuos maduros, con metáfisis soldadas fue de 155 cm, la talla media de los
hombres era de 157 cm y de las mujeres 152 cm.
En cuanto a la patología traumática, se encuentra algún tipo de fractura en el 18% de la
población, romana urbana con clara predominancia de las localizadas en en el tronco (47%), en especial
las que corresponden a costillas y clavículas. En general se detectan pocos casos de politraumatimos, los
individuos que presentan más de una fractura con signos de supervivencia no sobrepasan el 1-2%. Este
hecho porría explicarse 'Porque algunas fracturas causantes de muerte hayan podido pasar
desapercibidas como fracturas póstumas. Respecto a las complicaciones no mortales los hallazgos óseos
más frecuentes indican que se debieron a falta de consolidación (o pseudoartrosis) y a infecciones
secundarias (osteomielitis post-traumáticas). A pesar de que en general la pseudoartrosis y la
sobreinfección son poco frecuentes, si nos centramos en el estudio de los huesos largos observamos que
en el 40% de las fracturas o bien no existió reducción, o bien se fracasó en su intento, mostrando
importantes desplazamientos, angulaciones, desviaciones laterales, rotaciones e incluso acabalgamientos
(Fig. 1). La pseudoartrosis, o el fracaso en la consolidación final de los extremos fractuarios, asciende a
un 5% si nos reducimos a los huesos largos.
Se genera la cuestión, ante estos datos, de si se podía haber apurado más en el tratamiento de las
fracturas, en su pronóstico funcional y evitar complicaciones como la consolidación viciosa y la
anquilosis. Este hecho discrepa con las meticulosas descripciones terapéuticas obtenidas de las fuentes
clásicas, sobretodo cuando se trata, en muchos de nuestros casos, de una población perteneciente a ID1a
capital de una provincia del imperio. Las descripciones de las reducciones de fracturas y luxaciones (ya
manuales, ya por aparatos) así como su ulterior inmovilización durante tiempos diversos seg(m el tipo y
gravedad de la fractura (Apolonio de Citium s. 1 a.e.) descritas y recomendadas en otras zonas del
imperio no parecen tener peso influyente en nuestra área. Este hecho podría evidenciar factores de
diferenciación social o económica, o incluso factores individuales respecto a la elección de una medicina
hipocrática o otra empírica, rural, mágica o religiosa. Más improbable sería explicar el resultado como la
ausencia de la difusión de la ciencia médica en esta área, pues aunque desconocemos escuelas médicas
concretas sabemos la existencia de relaciones epistolares con médicos de referencia como Galeno, y la
existencia de médicos propios reputados. En conclusión, este alto grado de complicaciones, sobretodo en
la reducción fractuaria y pronóstico funcional de las fracturas, podría deberse más a una escasa
accesibilidad social, a factores individuales y al uso de una medicina popular más empírica y mágicoreligiosa que a la ausencia de difusión de la ciencia médica o de médicos con pericia.
Respecto a la artrosis, destrucción degenerativa del cartílago y del hueso subcondral y articular
está presente, afectando al menos a una articulación, en ID10 de cada cuatro individuos en la necrópolis
del Francolí en Tarraco. No se observaron diferencias en su prevalencia general entre sexos, aunque no
ocurrió lo mismo en cuanto a las zonas articulares afectas. En general se confirma ID1 incremento de la
artrosis directamente proporcional a la edad, sobretodo a partir de la cuarta y quinta décadas de la vida.
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ESTADO DE LA CUESTiÓN DE LOS ESTUDIOS PALEOPATOLÓGICOS REALIZADOS EN LAS POBLACIONES ROMANAS Y TARDOANTIGUAS
Por encima de la sexta década, la prevalencia real relativa alcanza el 91%, dato que se
corresponde con los estudios epidemiológicos actuales basados en autopsias. En las series esqueléticas
de Tarraco observamos que la localización más frecuente de la artrosis, en ambos sexos, fue la columna
lumbar, con tUl 20% de afectados en mayor o menor grado, seguida por el raquis dorsal y cervical. La
segunda área articular más afecta fue la rodilla, en el 10% de los individuos, tanto en su faceta
patelofemoral como femorotibial. Datos similares hallamos en la necrópolis del Eucaliptal, en Huelva,
con predominio del raquis, coxofemoral y rodilla. Si discriminamos entre sexos podemos observar que
las mujeres romanas en la Hispania Citerior padecían mayor tendencia relativa a la gonartrosis y a la
artrosis temporomandibular, mientras que en los varones es destacable su alta frecuencia en zonas como
el codo y la muñeca, actualmente menos prevalentes, y que parecen estar en relación a esfuerzos
manuales intensos. Las extremidades superiores derechas se hallaron mucho más afectas que las
izquierdas determinándose las primeras como dominantes en la mayoría. Un dato interesante a destacar
entre los individuos estudiados en la necrópolis de Tarraco fue la elevada frecuencia de artrosis
periastragalina y de tobillo, presente en el 8% del total de la población, sin diferencias entre hombres y
mujeres. De los pacientes con artrosis, uno de cada cuatro presentaba esta localización, sobretodo
tibioastragalina, pero tambien subtalar y artrosis del antepie. Este resultado podría ser explicado por
diversos factores tales conlO el tipo de calzado usado, el hábito de realizar grandes desplazanüentos a
pie o la falta de corrección de las malformaciones comunes del pie (pie plarlO, cavo, varo...). Sabemos por
las fuentes literarias que las malformaciones más comunes del pie eran conocidas por los romanos que
incluso las llegaron a tratar mediante yesos y botas especiales de plomo. Aun así debía tratarse de casos
excepcionales los que llegaban a tratarse, siendo terapias SUlllamente largas e incomodas, la norma era
seguramente abandonar la elúermedad a su libre evolución.
Las artrosis secundarias o debidas a otras patologías (diferenciadas del envejecimiento o del
factor mecánico), han podido ser objetivadas en individuos romanos explicando alrededor del 11 % de
los casos. En su mayoría se trata de casos de genu varo, dismetría de caderas, escoliosis, pie cavo y algún
caso de luxación congenita de cadera.
En el caso de los procesos infecciosos la mayor parte de los procesos sépticos, ya conlleven a la
resolución o a la muerte, no suelen dejar rastro sobre el hueso. Tan sólo lo hacen aquellos que por
continuidad, por vía hematógena o por inoculación directa alcanzan al tejido óseo. Las infecciones
detectadas con rnayor frecuencia en paleopatología romana son las secundarias a focos dentales.
Podemos afirmar, por resultados en diferentes series, que alrededor del 10% de la població sufría o había
sufrido un proceso infeccioso asociado a caries en tUl 50% Y a periodontitis en tUl 20%, observando
numerosos abscesos. El 1.4 % de los individuos presentaba una fístula ósea ya sea a nivel maxilar (incluso
drenando al interior del seno maxilar), mandibular, vertebral o en huesos largos (Fig. 2). En el 6% de la
población tardorromana de Tarraco, especialmente en mujeres, se detectan signos de sinusitis crónica.
No existe LUla explicación plausible para este hallazgo, sólo los procesos crónicos sinusales nos dejarán
una impronta de su paso, afectaciones agudas o banales no van a dejar rastro en lUlas cavidades que por
otro lado son dificiles de observar en muchos individuos sin provocar la destruccion del esplacnocraneo.
La radiología con frecuencia nos ofrece falsas imágenes por artefactos (tierra, caracoles, plantas,
insectos...) de tal manera que a pesar de no ser invasiva no ofrece un diagnóstico tan claro como la
observación macroscópica. El sesgo en el caso del estudio sinusal viene dado porque tan solo aquellos
cráneos más friables, o fracturados póstumamente pueden ser observados, quizá sea el motivo por el
cual son más detectables en cráneos femeninos, más frágiles.
Los casos de osteomielitis hematógenas son en realidad cuadros poco frecuentes, se encuentran
en la serie de Tarraco en un 1.8% de la población. Las espondilitis (Fig. 3) representan la localización más
frecuente seguidas por las osteomielitis de huesos largos sobretodo tibiales. Un solo caso de osteomielitis
poliostótica tardorromano con afectación mixta espondilítica, costal, radial y tibial ha sido descrita, y
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LAS SOCIEDADES HISTÓRfCAS PENINSULARES: EDAD ANTIGUA
mostraba signos de evolución cromca. Los procesos de fusión ósea post-infecciosa, la apanclOn de
neoarticulaciones por variación de la estática del esqueleto, las marcas de drenaje purulento mediante
surcos, las comunicaciones entre abscesos son fenómenos que indican al menos una duración mayor a
tres meses en las osteomielitis crónicas
Tan sólo tres casos con marcas de posible actuación quirúrgica son, por el momento, la (mica
prueba que nos resta de la cirugía que se ejerció sobre nuestra población romana. Un caso de
amputación de ambos antebrazos (Fig. 4), interpretado como punitiva aunque no puede descartarse una
causa traumática accidental, muestra signos de supervivencia a largo plazo en el estudio macroscópico y
radiológico. Se trata de un varón procedente de la necrópolis paleocristiana de la Olmeda, Pedrosa de la
Vega (Palencia) (Campillo, 1992). En Tarraco hemos detectado un caso de trepanación por técnica de
barrenado en un individuo robusto de sexo masculino muerto alrededor de la tercera década de la vida.
No existían indicios en el exocráneo ni en el endocráneo que justificasen la intervención, en una zona no
exenta de riesgo como es la adyacente al seno venoso longitudinal superior. A pesar de la existencia de
signos de supervivencia en el díploe y en la radiografía, esta intervención demuestra escaso
conocimiento anatómico y ninguna evidencia de justificación terapéutica. El último caso, también
procedente de Tarraco se trata de un intento de curación de una tumoración facial. Una lesión
penetrante1 de aspecto neoplásico perforaba el maxilar izquierdo en un esqueleto de sexo femenino
fallecida en la quinta década de la vida. La lesión erosiva de forma troncocónica de base externa y
bordes irregulares muestra marcas incisas, regulares, precisas y cortas, de patina antigua y que sugieren
Ul1 intento de exéresis. La zona anatómica en este caso es la adecuada para incidir sin riesgos y existe
una sobrada justificación médica en el intento de frenar el avance de la neoplasia, en especial por su
proximidad a la cavidad ocular. Las dos incisiones más claras que dejó la marca del bisturí modelaban
entre ellas la forma de una hoja de mirto, corte aconsejado por el corpus hipocrático para favorecer la
aproximación de los bordes. Es difícil establecer conclusiones al respecto de la cirugía romana en nuestra
área a través de tres casos tan dispares.
En cuanto a la patología congénita observamos que las anomalías de transición lumbosacras
están presentes en alrededor del 3% de los individuos afectando a ambos sexos por igual. Alteraciones
como la fisura esternal congénita, totalmente asintomática y prácticamente asociable a una variación
anatómica se encuentra en el 2.2% de la población. La espina bífida afectaba al 5.2% de la población. La
distinción clínica entre formas abiertas y ocultas es controvertida en paleopatología (Morse 1978, Barnes,
1994). El 71.4%, es decir casi tres cuartas partes de las espinas bífidas se hallaron en subadultos. Además
los casos que se dieron en esqueletos infantiles mostraban una mayor amplitud del canal sacro y una
mayor eversión de sus bordes, lo cual induce a pensar que podrían tratarse de casos de espina bífida
abierta, a pesar de ser argumentos hipotéticos. La luxación congénita de cadera (no tratada) es un
hallazgo infrecuente, 0.3% de la población tardorromana, conllevando considerables transtornos
funcionales secundarios como la coxa vara, aplastamiento de la cabeza femoral y la atrofia triangular del
acetabulo primario con la aparición del consecuente neoacetábulo en la cara ilíaca externa.
Referente a la patología dental observamos que el desgaste debido a atrición dental se
correlaciona con el envejecimiento progresivo de los individuos aunque su precisión es insuficiente para
estimar la edad de la muerte cuando se compara con el resto de medidas habituales (cara auricular
sacroiliaca, cara articular costal, carilla púbica...). Existe en el desgaste dental una variabilidad individual
no subestimable y puede tratarse de un método dependiente de factores extrinsecos como la
alimentación, higiene o patologías propias de la cara oclusal. Es un modo útil si se combina con los otros,
dado que con frecuencia la gran resistencia del tejido dental lo convierte en el mejor material por su
nivel de conservación para su estudio. Esta determinación se incrementa cuando se estudia la
cuantificación de la dentina secundaria, dentina tubular y apical, la aposición del cemento, técnicas de
translucidez y la radiología, aun así la edad de la muerte debe ser Ul1 valor que englobe el mayor
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número de datos objetivos para acotar de forma precisa su intervalo.
En Tarraco observamos qt.le las nlujeres mostraron un nivelO de Brabant, es decir de ausencia de
desgaste dental valorable con mucha más frecuencia que en los hombres, mientras que el doble de estos
últimos presentaban un grado 2 de brabant de forma estadísticamente significativa, algún elemento de la
dieta de la población de la capital de la Hispania Citerior debe ser el causante de esta diferencia.
La caries dental durante el periodo romano en diversas poblaciones de Hispania varía entre el 20
y el 30% de la población con algunas oscilaciones, llegando al 56% en la necrópolis del Eucaliptal, en
Huelva. En su gran mayoría se trata de afectaciones de bajo grado y de cara oclusiva o vestibular de
piezas posteriores, tan sólo un 1-2% de las caries afectan a la dentina en profundidad. Es difícil atribuir a
la caries las perdidas dentales, ya que cuando estas ocurren pueden ser debidas a diferentes causas, es
más prudente cuantificar los grados más severos de caries para evaluar su grado de implicación.
La periodontitis en cuya patogenia está involucrada la retención alimentaria crónica a nivel de la
base dental, y por lo tanto es un factor relevante la higiene se encuentra en un 10% de la población de
Tarraco. Cifra notablemente baja si consideramos el 70% actual. A este valor debemos asociar la baja
esperanza de vida, el tipo de alimentación y la misma higiene dental.
La nlayoría de las neoplasias que se detectan en los restos óseos son benignas, principalmente
osteomas a nivel de la calota, más frecuentes a nivel frontal derecho. A pesar de sus características de
benignidad, en algunos casos no debían estar exentos de clínica, como es el caso de los osteomas de
conducto auditivo externo produciendo hipoacusia o los fibromas leiomiomas de la órbita causantes
de diplopia y disminución de la agudeza visual.Tan sólo lUl tumor (0.4 %) detectado en la necrópolis de
tardorromana de Tarraco mostraba características de malignidad. Una prevalencia realmente baja que
podría explicarse por el hecho de que muchas tumoraciones no dejan rastro en el tejido óseo, jm1to a la
menor esperanza de vida en la población romana y al menor número de carcinógenos ambientales.
Recordemos que según las estadísticas en Estados Unidos en 1991 el 85% de los fallecidos por cáncer
eran mayores de 55 aí10s. El envejecimiento es por tanto un factor de riesgo capital para desarrollar
procesos malignos.
Hemos detectado en poblaciones estudiadas la existencia de entesopatia de la aponeurosis
plantar, hernias de schmmorl (25%), lesiones cOlTlpatibles con hernias discales posteriores (2%),
epicondiJitis, epitrocleitis y algún caso de síndrome de Osgood-Slater en adolescentes. Junto a estos
proceso más definidos también se observa múltiples casos de exóstosis en zonas de inserción tendinosa
posiblemente en relacion a actividades laborales pero de escas significación clínica, similares a los
hallazgos radiológicos causales en la práctica clínica. En la consulta actual no es infrecuente la detección
incluso de procesos más severos como protusiones o hernias discales, o artrosis evolucionadas,
aplastamientos vertebrales en pacientes que consultan por otros motivos y jamás han referido clínica
relacionable a estos procesos que se les ha detectado casualmente. No debemos pues olvidar que algunas
patologías no son sinónimos de síntomas o de clínica asociada.
Para finalizar dentro del campo de las cribras y las osteoporosis hiperostóticas, patología que se
ha intentado asociar a diversas hemopatías, en especial a las anemias carenciales y ferropénicas y las
talasemias observamos gran variabilidad entre diversas poblaciones de época romana en diversas
localizaciones en la provincia. En alguna zonas la cribra orbitalia alcanza el 80% de la poblaciones si bien
en la mayoría se encuentra entre el12 y e130%.
En la necrópolis de Tarraco observanlos la presencia de cribra orbitalia en alrededor del 12% de
la población y cribra femoralis en el 26% ambas presentan una asociación estadística significativa que
nos indica que muy probablemente son expresiones de la misma enfermedad en diferente localización.
Existe un solo estudio experimental realizado en Valencia que demuestre lUla cierta relación entre déficit
de oligoelementos (incluido el hierro, y el destete precoz) con la aparición de lesiones cribosas en
ratones.
°
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LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES: EDAD ANTIGUA
Existe además una fuerte asociación estadística entre la cribra femoral y la espina bífida, en
especial en los individuos inmaduros, esta asociación plantea la hipótesis de una relación añadida entre
ambos procesos, con la posibilidad de que espinas bífidas con muertes en edades tempranas fueran de
tipo abierto e influyeran junto al déficit de nutrientes en la producción de lesiones cribosas.
En conclusión se pude inferir que observar grandes conjuntos de individuos es una fuente
primordial de conocimientos de la enfermedad, su evolución y su tratamiento en la época romana, en
este caso en nuestra área geográfica. Perseverar en este sentido nos ayudará a comprender y valorar
mejor la medicina de esta época. Los estudios paleopatológicos y paleoepidemiológicos se encuentran en
un estado inicial pero se observa un incremento que promete aportarnos nuevos e importantes
conocimientos del estado de salud de la época romana en Hispania. Siempre deberemos conservar en
nuestro trabajo la gran frontera, el gran línüte que representa estudiar en la mayor parte de casos restos
esqueléticos. Jamás deberiamos caer en el error de pensar que la paleopatología nos ofrecerá una visión
global de la patología romana, esta deficiencia es importante y no debe subestimarse nunca. Las muertes
por apendicitis, colecistitis, infarto de miocardio, insuficiencia respiratoria por asma o neumoconiosis,
infarto pulmonar, muchas infecciones complicadas y un sinfú1 de otros procesos no dejan rastro directo
sobre el hueso y se escapan del abaste diagnóstico paleopatológico. Se trata de un lapsus patológico
importante l que por el momento debemos sobrellevar. Así mismo multitud de patologías menores, sin
ningún riesgo para la vida: del individuo, y muchas veces asintomáticas o de clínica leve son
sobrevaloradas en paleopatología, es cierto que tienen su importancia pero con frecuencia es mucho
menor de lo que se le atribuye. Esto tan sólo sin entrar en detalle en las variantes de la normalidad,
caracteres epigenéticos o 1l1arcadores de origen desconocido como son las cribras, cuya valoración en la
patología antigua resta de momento con un valor incierto. Es cierto que puede resultar fustrante no
hallar en muchos casos la causa fundamental de la muerte de un individuo, pero debe1l10s reconocer que
la paleopatología nos ha ayudado en muchos aspectos de importancia, como la media de vida, el grado
de desgaste articular, su localización, los tipos de fracturas y su consolidación más o menos correcta,
algunas actitudes terapeuticas y a establecer prevalencias.
Es todavía pronto para generalizar conclusiones, la mayoría de datos ofrecidos en este capítulo
proceden de zonas concretas de la Hispania Citerio y alglmas necrópolis de la Bética (necrópolis del
Eucaliptal, Punta Umbría, Huelva) y del levante (necrópolis de la calle Quart, Valencia), es probable que
muchas prevalencias cambien por infradiagnóstico, que aparezcan nuevos casos de terapéutica, que
observemos diferencias sociales, que aprovechemos y mejoremos las nuevas tecnología médicas, pero
sobretodo debemos incrementar el número de individuos estudiados...si es así, cualquier dato que nos
aporte la paleopatología será objetivo y fiable, digno de una ciencia estricta y científica.
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Figura 1. Fractura femoral no reducida
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Figura 2. Fístula en osteomielitis tibial
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Figura 3. Osteomielitis.Espondilitis infecciosa dorsal.
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Figura 4. Amputación de ambos antebrazos con supervivencia
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