Aquiles Serdán - secretaría de educación del estado del tabasco

Anuncio
Historias que contar
____________________________________
El sacrificio de los Hermanos Serdán
por la Revolución
Cuando en 1908 el entonces presidente Porfirio Díaz declaró en una entrevista que
México estaba listo para la Democracia y que veía con agrado la creación de partidos de
oposición en el país; los hombres y mujeres que buscaban un cambio vieron en esas
palabras los primeros indicios del “cercano progreso”.
Aquiles Serdán, el menor de tres hermanos, fue uno de los hombres con espíritu
antirreeleccionista que apoyó, desde el inicio, a Francisco I. Madero; en Puebla, Serdán
fundó el club político: Luz y Progreso el que editó el semanario La No Reelección y cuyo
tiraje fue muy corto debido a la falta de fondos de los miembros del club. Es en este
semanario en el que las primeras ideas revolucionarias comenzaron a difundirse, sus
páginas presentaban la afirmación que aseguraba que la República sería salvada, no por
los hombres acostumbrados a gobernarla en forma despótica, sino “Por los hombres que
no hayan manchado sus conciencias cometiendo atentados contra la Ley”. Ante estas
publicaciones e ideas, Díaz comenzó a vigilar a los hermanos Serdán, en especial a
Aquiles.
Durante los siguientes meses Aquiles Serdán fue capturado y enviado, con frecuencia, a
prisión. Su trabajo con Francisco I. Madero permitió la fundación del Partido
Antirreeleccionista Local. Fue durante esta época cuando los planes revolucionarios
comenzaron a tomar forma y Serdán viajó a la ciudad de México por armamento, el que
adquirió de Arsenio Combaluzier, amigo y compadre de Porfirio Díaz. Es en la ciudad de
Puebla donde Aquiles Serdán fue comisionado para levantarse en armas el 20 de
noviembre de 1910, pero el 17 de ese mes el gobernador fue alertado del levantamiento
de Madero, y después de un cateo en el que el nombre de Serdán aparecía como el
propietario de las armas, el gobernador envió a la policía para registrar todo el lugar.
El 18 de noviembre, con armas en mano, después de haber sido alertado del posible
cateo, Aquiles Serdán reunió a sus compañeros ya preparados para iniciar la Revolución
Mexicana. Fue ahí, en un pequeño lapso de horas, cuando los hermanos Serdán brillaron
en la historia. Máximo Serdán, hermano menor, fue de los primeros revolucionarios que
lucharon en una notoria desventaja contra los casi mil soldados que el gobernador envió
para terminar con los rebeldes.
Carmen Serdán, hermana mayor de Aquiles, fue de las pocas sobrevivientes de ese
conflicto; ella subió armada al techo de su casa para incitar a los vecinos a unirse a la
lucha, fue herida por una bala y, después del enfrentamiento, encarcelada junto con su
madre en la cárcel de la Merced.
La lucha fue la primer batalla revolucionaria en la que Aquiles Serdán se levantó como el
primer mártir de la Revolución. Serdán murió horas después de que el enfrentamiento
terminara, cuando todos sus compañeros habían perecido y él logró refugiarse en un
hueco en el que escondía armas; allí, a las dos de la mañana, con la casa llena de soldados
buscando el cuerpo del autor intelectual del conflicto armado, un ataque de tos delató a
Aquiles; fue herido de muerte y, además, recibió el tiro de gracia. Su cuerpo fue exhibido
públicamente para alejar de toda idea revolucionaria a quien viera el cuerpo de uno de los
primeros antirreeleccionistas.
Pero su causa no fue en vano, Aquiles Serdán fue nombrado Benemérito de la Patria por el
presidente Abelardo L. Rodríguez, mediante decreto del 11 de noviembre de 1932; desde
entonces su nombre está grabado con letras de oro en los muros de la Cámara de
Diputados: Aquiles Serdán (1876-1910).
Casa de los hermanos Serdán tiroteada por la policía porfiristas de Puebla.
___________________________________________________________________________
Historias que contar
HEROICA DEFENSA DEL CASTILLO DE CHAPULTEPEC
El día 13 de Septiembre de 1847 tuvo lugar el asalto al Castillo de
Chapultepec por varias divisiones norteamericanas comandadas por los
generales Pillow, Worth, Quitman Smith y Clarke. El Castillo estaba
defendido por 832 soldados y un pequeño grupo de Cadetes del Colegio
Militar. El general en jefe del puesto fue el general Nicolás Bravo
secundado por el general José Mariano Monterde, Director del Colegio
Militar. Los lamentables resultados son de sobra conocidos: la muerte
de seis jóvenes cadetes, del coronel Xicoténcatl y de numerosos jefes,
oficiales, soldados que ofrecieron sus vidas en defensa de la Patria
Mexicana.
Al amanecer del día 12 de Septiembre comenzó el cañoneo norteamericano. Era el principio del fin.
Desgraciadamente, la concentración de soldados en la parte superior del cerro de Chapultepec, dio por
resultado que muchos perecieran sin haber tenido siquiera la oportunidad de combatir. Un cañón
yanqui, colocado en Tacubaya se dedicó a ocasionar daños considerables. Al mediodía el entonces
presidente Adolfo Lopez de Santa Ana (en la época actual considerado como traidor a la Patria, debido
a que por su ineficaz capacidad de gobernar, México tuvo que ceder y perdió mucho territorio que
mayoritariamente le fue robado, perdió México lo que actualmente son estados de la unión americana
como: California, Arizona, Nuevo México y Texas, y todo debido a las guerras provocadas por la
ambición yanqui) fue personalmente a Chapultepec.
Santa Ana se retiró y siguió el acoso de la artillería cuyo fuego no se detuvo sino hasta bien entrada la
noche, los daños eran incalculables, en todos sentidos, las habitaciones del castillo estaban convertidas
en hospital. Cayó la noche y la mente permaneció alerta, los norteamericanos atacarían nuevamente al
día siguiente.
TOMA DEL CASTILLO POR LAS FUERZAS INVASORAS AMERICANAS
Al amanecer del día 13 de septiembre, la artillería volvió a atacar, la infantería yanqui avanzaba en
contra de Chapultepec, que quedó atenido a sus propias fuerzas, ya que Santa Ana ordenó que solo se
cuidara la calzada de Anzures y de la Condesa. Los generales Pillow, Quitman y Worth avanzaron desde
el Molino del Rey, desencadenando la estrategia defensiva; arrollando a los tiradores mexicanos que
estaban tendidos en las cercanías, obligándolos a replegarse hasta el cerro. El batallón de San Blas,
dirigido por el Coronel Xicoténcatl fue aniquilado por los yanquis al pié de Chapultepec. Los
norteamericanos tuvieron algunas pérdidas en la Tíaxpana; pero ante la fuerza norteamericana
formada por el regimiento de Nueva York, el resto de la tropa y los alumnos del Colegio Militar
lucharon valientemente en defensa del pabellón mexicano. Algunos cadetes murieron, otros
resultaron heridos y otros fueron hechos prisioneros.
Cuando el ejército americano comandado por el general Winfield Scott iniciaba el ataque al Castillo de
Chapultepec el 13 de Septiembre de l847 el general Monterde, Director del Colegio Militar ordenó a
los Cadetes que abandonaran el Castillo, sede del Colegio, y que se reintegraran al seno de sus
familias. Los Cadetes reusaron abandonar su escuela, totalmente conscientes de que su determinación
implicaba el sacrificar sus vidas y, se unieron junto con la muerte que avanzaba, para escribir una de
las páginas más gloriosas de nuestra historia, tan rica en actos heroicos. Enfatizar un hecho
importante: Aunque solamente mencionemos entre los héroes a los Cadetes que hicieron el gesto
magnifico con el sacrificio de sus vidas la verdad es que merecen cabalmente el calificativo de héroes a
cuantos estuvieron allí presentes, hayan resultado muertos, heridos o ilesos. Aunque es esta ocasión
mencionemos a los más significativos nombres de aquella batalla en contra del imperialismo yanqui.
En estas breves líneas mencionaremos con el mismo honor a los héroes vivos, quienes juntos con el
Director de la Escuela, general Monterde, cayeron prisioneros: Francisco Molina, Mariano Covarrubias,
Bartolomé Díaz, Ignacio Molina, Laurent, Antonio Sierra, Justina Garza, Lorenzo Pérez Castro, Agustín
Camarena, Ignacio Ortiz, Esteban Zamora. Manuel Rosas, Ramón Rodríguez Arrangoitia, Carlos
Bejarano, Isidro Hernández, Santiago Hernández, Ignacio Burgos, Joaquín Moreno, Ignacio Valle,
Francisco Lazo, Sebastián Trejo, Luis Delgado, Ruperto Pérez de León, Cástulo Carcia, Feliciano
Contreras, Francisco Morelos, Gabino Montes, Miguel Miramón. Luciano Becerra, Adolfo Unda,
Manuel Díaz, Francisco Morel, Vicente Herrera, entre otros, a los cuales recordamos su valor y coraje,
que los llevo a escribir con letras de oro sus nombres en las páginas de la historia de la Nación
Mexicana, que agradecida, los recuerda.
Nosotros, los mexicanos, cantamos en las estrofas del Himno Nacional:
*
"Para ti. las guirnaldas de oliva, un recuerdo para ellos de gloria; un laurel para ti de victoria, un
sepulcro para ellos de honor
EL CADETE JUAN ESCUTIA
Nació en Tepic, Nayarit, el único que aún no era alumno del Colegio Militar, ya que por su edad y por la
situación que prevalecía no se le había aceptado formalmente Esperando que pasara la rebelión, con
una ocupación asignada por el General Monterde, Director del Colegio. Estando de guardia, fue
sorprendido por un rápido ataque de las tropas invasoras norteamericanas que iban avanzando por las
rampas de acceso al Castillo de Chapultepec. Hizo fuego con sus armas, pero ante la desigualdad
numérica tuvo que retirarse, pero antes recogió una bandera mexicana y cuando se dio cuenta que su
resistencia era inútil, saltó al vacío envuelto en la bandera, encontrando la muerte. Para así evitar que
el ejército invasor tomara la bandera de su Patria. En 1952 se le rindió un homenaje nacional junto
con los demás Niños Héroes en Palacio Nacional. Sus restos reposan dentro de una cama de plata y
cristal.
Sin duda, la batalla librada con el ejército norteamericano tuvo que haber sido muy desigual, tanto por
la preparación técnica como la falta de efectivo económico que padecía el Gobierno Mexicano. Fue el
clero quien hizo diversos préstamos en efectivo para poder sostener parte de esta guerra, donde no
debemos de olvidar se perdió la mitad del territorio nacional. No se resta valor a las estrategias de los
militares mexicanos; la toma de Churubusco debió haber sido triste al honor militar, pero por otra
parte fácil para el ejército norteamericano, ya que había muy poco material bélico para poder
defender la plaza.
A pesar de que México perdió la mitad de su territorio a manos del imperialismo estadounidense,
hombres de esta nación, mostraron valentía y en ningún momento se atemorizaron ante el poderío
militar de los Estados Unidos.
_________________________________________________________________________________
Historias
Historiasque
quecontar
contar
EL NIGROMANTE
Fue hijo de José Lino Ramírez y de Ana María Guadalupe Sinforosa Calzada. Su padre fue un insurgente
durante la Guerra de Independencia de México.
Inició sus estudios en Querétaro, ciudad natal de su padre, y en 1835 fue llevado al Colegio de San
Gregorio, en la Ciudad de
México, donde estudió artes. En 1841 comenzó estudios en jurisprudencia y en 1845 obtuvo el grado
de abogado en la Universidad Pontificia de México. Ingresó a los 19 años en la Academia Literaria de
San Juan de Letrán, integrada por los hombres más ilustrados de la época. Es célebre en los anales
literarios de México la presentación de Ramírez en dicha Academia, donde leyó un discurso sobre un
tema tan controversial que entonces hizo el efecto de una explosión de dinamita. Ahí expresó: No hay
Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos. Fue aceptado no obstante las protestas que
causó su tesis tan revolucionaria y el discurso que petrificó de estupor a la asamblea. Sin embargo,
sería exaltado como el primer orador y más tarde como el mejor escritor de su tiempo.
Inicio de su carrera.
Se inició en el periodismo en 1845, al fundar, con Guillermo Prieto y Vicente Segura, la publicación
periódica Don Simplicio, firmando sus artículos con el seudónimo El Nigromante. Sus colaboraciones se
distinguieron por ser encendidos artículos y agudos versos satíricos en donde hacía una terrible
censura a los actos del gobierno conservador, abogando por la reforma del país en lo económico,
religioso y político, lo que provocó que el periódico fuera suprimido y Ramírez, encarcelado.
También fundó el periódico Themis y Deucalión, donde publicó un artículo titulado "A los indios", que
defendía a los indígenas y pugnaba por su libertad a rebelarse contra la explotación a que eran
sometidos; ello lo llevó a juicio, pero resultó absuelto gracias a sus artículos editados en El Demócrata,
en los cuales defendía su causa. Junto a Ignacio Altamirano, Guillermo Prieto y otros liberales, en
septiembre de 1867 fundó El Correo de México, financiado por Porfirio Díaz.
Vida política
En 1846 fundó el Club Popular, donde divulgó sus ideas liberales avanzadas en materia de reforma
política, económica y religiosa, por lo que estuvo en prisión. En 1853 se fue a radicar por un tiempo a la
ciudad de México; ejerció como profesor en el Colegio Políglota. Criticó fuertemente a Antonio López
de Santa Anna, lo que motivó que lo encerraran once meses en prisión, la mayor parte de ese tiempo
encadenado.
Ramírez y la Constitución
Regresó a Sinaloa como juez civil, pero volvió a la capital del país como diputado por el estado de
México al Congreso Constituyente de 1856-1857, donde fue el más notable orador y una de las más
grandes figuras del ala izquierda jacobina; fue además miembro de la Comisión de Revisión de
Credenciales; su suplente fue don Ramón Isaac Alcaraz, reconocido literato y liberal. Los otros dos
diputados propietarios que representaron al estado de Sinaloa fueron los licenciados Antonio Martínez
de Castro y Mariano Yáñez. Cabe mencionar que, según la Historia del Congreso Constituyente, obra
de don Francisco Zarco, el licenciado Ignacio Ramírez ocupó un altísimo lugar como orador
parlamentario y líder del radicalismo.
Ramírez y la Reforma
El Nigromante también participó en la elaboración de las Leyes de Reforma, y fue uno de los liberales
más puros. Al ser derrotados los conservadores, el presidente Benito Juárez lo nombró Secretario de
Justicia e Instrucción Pública. Durante su gestión creó la Biblioteca Nacional y unificó la educación
primaria en el Distrito Federal y en los territorios federales.
Del 19 de marzo al 3 de abril de 1861 ocupó la Secretaría de Fomento. Asumió la responsabilidad de la
exclaustración de las monjas; reformó la ley de hipotecas; hizo efectiva la independencia del Estado de
la Iglesia; reformó el plan general de estudios; dotó con equipo los gabinetes del Colegio de Minería;
seleccionó un excelente cuadro de profesores de la Academia de San Carlos; salvó cuadros de pintura
que existían en los conventos. La honradez de Ramírez fue acrisolada, pues cuando fue ministro
pasaron por sus manos millones de pesos y nadie osó decir que se hubiera apropiado lo más mínimo
de los tesoros que manejó. No tomó jamás ni un solo libro de los millares de volúmenes sacados de las
bibliotecas de los conventos, ni una pieza de los centenares de cuadros extraídos de los claustros. No
insinuó ni aceptó la menor recompensa por sus persecuciones y miserias que pasó por largos años, ni
se adjudicó la más pequeña propiedad para pasar holgadamente el resto de sus días.
En Puebla, trabajó en la desamortización de los bienes del clero y en septiembre de 1861 fue electo
presidente del Ayuntamiento de la Ciudad de México.
Ramírez durante la intervención francesa
Durante la guerra de intervención, combatió a los franceses en Mazatlán.
Mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central
Su ateísmo fue causa de escándalo cuando el muralista Diego Rivera pintó un mural en el hotel Del
Prado con Ignacio Ramírez sosteniendo un letrero diciendo "Dios no existe". Rivera se rehusó a
eliminar la frase por lo que el mural estuvo oculto por 9 años - cubierto hasta que el pintor lo cambió
por "Academia de Letrán 1836", en alusión al sitio donde el Nigromante pronunció la provocativa
frase, luego de que Rivera acordara eliminarlo. El afirmó: "Para decir que Dios no existe, no tengo que
esconderme detrás de don Ignacio Ramírez; soy un ateo y considero la religión una forma de neurosis
colectiva. No soy enemigo de los católicos, así como no soy enemigo de los tuberculosos, los miopes
o los paralíticos; uno no puede ser enemigo de alguien enfermo, sólo su buen amigo para ayudarlos
a curarse".
___________________________________________________________________________
Historias que contar
FRANCISCO ZARCO
Francisco Zarco nace en la ciudad de Durango el 3 de diciembre de 1829. Su nombre completo es
Joaquín Francisco Zarco Mateos.
Fue hijo de Joaquín Zarco, coronel del ejército de Morelos y de María Mateos Medina. Tuvo dos
hermanos, Ana, nacida en 1842 y Joaquín Gregorio, nacido en 1851.
Estudió idiomas en el Colegio de Minas, Derecho, Teología y Ciencias Sociales, pero su formación fue
principalmente autodidacta.
En 1844 entró a trabajar como meritorio en el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Cuando el gobierno mexicano debió marchar a Querétaro, tras la invasión estadounidense, Luis de la
Rosa, Ministro Universal, lo nombró Oficial Mayor de las cuatro secretarías que componían el gabinete
de Manuel de la Peña y Peña.
El Presidente Pedro María Anaya lo designó Oficial Mayor interino de la Secretaría de Relaciones
Exteriores (noviembre de 1847 a junio de 1848).
En 1849 colaboró en El Álbum Mexicano y en 1850 redactó y publicó "El Demócrata", del que
aparecieron 103 números. Encarcelado por sus críticas a Mariano Arista.
En 1851 presidió el Liceo Hidalgo, publicó "La Ilustración Mexicana", redactó "El Presente Amistoso
Dedicado a las Señoritas Mexicanas" y fue elegido diputado suplente por Yucatán.
El 1 de enero de 1852 empezó a escribir en "El Siglo XIX" bajo el pseudónimo de Fortún. Entre mayo y
junio fue uno de los redactores del periódico "Las Cosquillas" y Arista, ya presidente, pretendió
enjuiciarlo pese al fuero de diputado, lo que obligó a Zarco a ocultarse hasta diciembre, cuando el
Congreso emitió un segundo dictamen absolutorio.
El 30 de abril de 1853 se convirtió en editor responsable de "El Siglo XIX", cargo que ocuparía hasta su
muerte.
Durante la dictadura del último periodo santanista se le impusieron varias multas, fue obligado a no
publicar editoriales y para preservar la vida del periódico lo limitó a la mera reproducción de partes del
gobierno y noticias generales.
A la caída de su Alteza Serenísima insertó en el diario el Plan de Ayutla, cuando la guarnición capitalina
todavía no decidía apoyar la revolución encabezada por Juan Álvarez. Se opuso a que se tomaran
represalias contra los órganos conservadores y defendió su derecho a la libre expresión.
En 1856 fue elegido diputado pro Durango al Congreso Constituyente, donde ocupa 150 veces la
tribuna y es, simultáneamente el cronista más puntual de esta asamblea, en la que defendió su
derecho a elaborar una nueva Norma Fundamental y no simplemente a reformar alguna de las
anteriores, logro que se garantizara la gratuidad en la impartición de justicia, que se entendiera la
libertad de imprenta como "la más preciosa de las garantías del ciudadano" y evitó, siempre que pudo,
que se pusieran taxativas a los derechos individuales. Abogó por la tolerancia en materia de cultos, se
opuso a la supresión el Senado, pugnó por el federalismo y, por el voto unánime de sus colegas,
redactó y leyó el Manifiesto a la Nación que precedió a la nueva Constitución.
Después del golpe de Estado de Comonfort, Zarco decidió no tratar asuntos políticos para proteger a
su periódico, pero ante la hostilidad de los conservadores, el 29 de enero dejó de ser editor
responsable y perseguido por los golpistas decidió ocultarse y publicar el Boletín Clandestino. Como
respuesta a los asesinatos ordenados por Leonardo Márquez el 11 de abril, Zarco publicó, también
desde su escondite, el folleto Las matanzas de Tacubaya.
En esa rigurosa clandestinidad, sirvió en la capital en diversas misiones al gobierno de Benito Juárez
hasta que el 13 de mayo de 1860 fue aprehendido y torturado. Durante siete meses de
encarcelamiento estuvo reducido a una pequeña celda donde contrajo la tuberculosis.
Con las fuerzas liberales en la capital, salió de prisión el 25 de diciembre de 1860. De inmediato editó
un Boletín de Noticias que dejó a Pantaleón Tovar al volver a la dirección del Siglo XIX.
El 12 de enero de 1861 fue nombrado Secretario de Relaciones Exteriores del gabinete juarista, puesto
que asumió el día 21 y después se encargó del despacho de Gobernación. Instituyó como día de fiesta
el 5 de febrero, día de la Constitución; expidió la Ley de Secularización de Hospitales y
Establecimientos de Beneficencia y la disposición que impedía al Estado intervenir en la administración
de sacramentos; levantó el estado de sitios y expidió una nueva ley de imprenta. El 9 de mayo de 1861
dejó el gabinete.
Fue elegido diputado a la segunda Legislatura pero no pudo ocupar su curul. Nuevamente diputado en
1863, salió de la ciudad de México con el gobierno juarista y fundó en San Luis Potosí, el 15 de junio de
1863, "La Independencia Mexicana", en el que llamó a emplear todos los medios para "generalizar la
guerra contra el invasor", en Saltillo, a partir del 16 de marzo de 1864, publicó "La Acción". En este
periódico aparece una serie de artículos sobre los Tratados de Miramar, que se coleccionan y publican
en folleto con ese título, en Colima, al año siguiente.
Enfermo se trasladó a Estados Unidos con su familia. En Nueva York continuó su defensa de la causa
mexicana en el Herald y en sus colaboraciones para el Mercurio, de Valparaíso, Chile; la Reforma
Pacífica, de Montevideo; El Comercio y El Veracruz, Idea Libertad, de Puebla, y El Ferro-Carril, de
Orizaba.
En Noviembre de 1867 volvió a la ciudad de México, fue nuevamente diputado y reasumió la dirección
y ese mismo día la Cámara de Diputados acordó que se inscribiera su nombre en el salón de sesiones.
El 22 de diciembre de 1869, una tuberculosis pulmonar lo llevó a la muerte con sólo 40 años de edad.
Sus restos reposan en el histórico Panteón de San Fernando, donde también reposa el cuerpo de
Benito Juárez, de quien fue colaborador y amigo leal.
El carácter y personalidad de este ilustre duranguense hizo posible que el Congreso de la Nación lo
declarara Benemérito de la Patria por su lucha incansable de la libertad de expresión, característica
fundamental del gobierno republicano.
___________________________________________________________________________
Historias que contar
Francisco J. Múgica
(1884-1954)
Nació el 3 de septiembre de 1884, en Tingüindín, Michoacán, hijo de un maestro de escuela.
Como su padre era cambiado con frecuencia de escuela, vivió en Zináparo, la Piedad de
Cabadas, Purépero, Chilchota y Sahuayo, en donde concluyó su primaria e ingresó al
seminario. Tradujo del latín a Ovidio, Horacio y Cicerón.
En 1906 se inició en la política de oposición al régimen porfirista mediante la fundación de
periódicos y como corresponsal de "El Diario del Hogar" y "Regeneración". En 1909 se
declaró reyista y participó en la campaña de los claveles rojos, por lo que fue encarcelado. Al
ser puesto en libertad, publicó "El 1910", periódico que al poco tiempo fue clausurado.
Participó en los motines por el linchamiento de Antonio Rodríguez en Texas. En marzo de
1911, fue uno de los firmantes del Plan Político Social; luego, fue a San Antonio, Texas, a
entrevistarse con la Junta Revolucionaria que organizaba la lucha maderista. Regresó al país
con armas y combatió en Chihuahua; con Pascual Orozco participó en la toma de Ciudad
Juárez.
Al triunfo de Madero, no encontró trabajo en la ciudad de México. En 1912 Carranza lo
nombró director general de Estadística en su gobierno en el estado de Coahuila; luego, lo
mandó como observador de los sucesos de la llamada Decena Trágica, (los informes que
envió no le sirvieron porque eran muy generales). Participó en la redacción del Plan de
Guadalupe, que suscribió a pesar de la negativa de Carranza a su propuesta de incluir
demandas campesinas, obreras y otras reivindicaciones sociales, que según el Primer Jefe se
dejarían para cuando la revolución triunfara. Sin embargo, Incorporado a las fuerzas de Lucio
Blanco como jefe de su estado mayor, en 1913 Múgica participó en la Hacienda de Borregos
en el primer reparto agrario efectuado en el norte del país, hecho por el que Carranza lo retiró
del mando.
A la derrota de Huerta, en 1914 ocupó la Administración de la Aduana de Veracruz. En 1915
fue presidente del tribunal de Justicia Militar y en 1916, Comandante Militar y gobernador de
Tabasco. Su gestión la caracterizó su política agraria: repartió las tierras de El Chinal y armó a
los campesinos para que defendieran sus tierras; suprimió las jefaturas políticas, fomentó la
educación liberal y restituyó su nombre a Villahermosa. Asimismo, ayudó a los revolucionarios
guatemaltecos que trataban de derrocar a Estrada Cabrera. En 1917, siendo diputado por
Michoacán, integró con Heriberto Jara y Luís G. Monzón, el grupo radical o jacobino que dio el
tono de izquierda a la nueva Constitución en sus artículos 3º sobre educación, 27 sobre la
tenencia de la tierra y la propiedad nacional del subsuelo, 123 sobre los derechos de los
trabajadores y 130 sobre la secularización de los bienes del clero.
Escribió Juan de Dios Bojórquez (Crónica del Constituyente): “He aquí al verdadero paladín
del Constituyente. Líder de las mayorías y conductor de la primera comisión de reformas, el
general Francisco J. Múgica fue, sin lugar a duda, la figura más conspicua del congreso. Sin
ser abogado, sabía legislar como ninguno; sin ser orador etiquetado, en la tribuna arrancaba
las ovaciones más largas y estruendosas; sin ser higienista, entendía los problemas de la
salubridad; sin ser maestro de escuela, podía dar una conferencia sobre sistemas de
enseñanza...Nadie trabajó más que él, ninguno estudió tanto como él, nadie rindió mayor
labor que la suya, ninguno lo superó en la tribuna defendiendo los más altos valores del
pueblo mexicano. Batallador de los más radicales de la izquierda, fue seguido
entusiásticamente por las mayorías y respetado por los hombres de la derecha.” Tal fue la
admiración que despertó entre los diputados constituyentes que después de la cena de
despedida fue llevado en hombros a su residencia entre aclamaciones.
Acertadamente se ha dicho de él, que a más de 50 años de su muerte, sigue siendo guía de
la izquierda mexicana. Como orador, estaba dotado de una gran inteligencia y de una vasta
cultura. Siendo diputado el General Múgica no sólo fue el alma de la primera Comisión de
reformas, sino también uno de los oradores más fecundos, batalladores y elocuentes del
Congreso. Defendía sus puntos de vista con gran fervor que enseguida se ganaba al
auditorio. La defensa de una Educación laica fue uno de los temas más relevantes en su labor
como constituyente
Esta era la visión de un hombre cuyo nombre está grabado con letras de oro en el Muro de
Honor del Salón de Plenos de la H. Cámara de Diputados.
"ningún momento de los que la Revolución ha pasado, ha sido tan grande, tan palpitante, tan
solemne como el momento en el que el congreso Constituyente, aquí reunido, trata de discutir
el artículo 3° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. ¿Y por qué, señores?
Porque en aquellas etapas gloriosas no se trataba más que vencer de una vez por todas al
que tenía el poder usurpado en sus manos o de acabar con la reacción, y aquí se trata de
nada menos que el porvenir de la patria, del porvenir de nuestra juventud, del porvenir de
nuestra niñez, del porvenir de nuestra alma mater, que debe engendrarse en principios
netamente nacionales y en principios netamente progresistas [...]
La enseñanza es indudablemente el medio más eficaz para que los que la imparten se
pongan en contacto con las familias, sobre todo, para que engendren, por así decirlo, las
ideas fundamentales en el hombre [...]
__________________________________________________________________________
Historias que contar
Gral. Francisco Coss Ramos
Allá donde termina el bulevar Coss en Coahuila, al poniente de la ciudad, está una estatua. Es un
hombre montado a caballo lazando un cañón de artillería. Pocos son los que la observan, muchos
menos los que saben que se trata del revolucionario que le da nombre a esa calle y que además fue
coahuilense. Se trata de Francisco Coss Ramos, un héroe que aun siendo General tuvo que vender
barbacoa para alimentar a su familia. "La anécdota más importante es la de aquel sábado de gloria en
que lazó ese cañón que estaba haciendo mella por las tropas federales en la toma de Saltillo, y para
repechar la salida de don Venustiano Carranza a la Hacienda de Guadalupe", narra Francisco, su nieto.
Lazó un cañón
Frente al Palacio de Gobierno de Saltillo se libraba una batalla; la diferencia la hacía un cañón federal
que mantenía a raya a los carrancistas. Fue entonces que Francisco Coss montó su caballo y a fuetazo
limpio cabalgó a todo galope hacia el cañón, pasándole las balas como mosquitos, dice su nieto.
"Con una mano sostuvo las riendas y con la otra elevó una reata al puro estilo norteño, y cual res
bravía lazó el cañón y se adueñó de él", comparte. Pero el general Coss no
fue sólo aquel valiente de 1.90 de estatura que lazó un cañón en plena Plaza de Armas, o el que peleó
primero a las órdenes de Madero, luego con Carranza, y que incluso fue Gobernador de tres estados.
Sus nietos recuerdan otras anécdotas: las del padre, las del ser humano sencillo, pero duro de carácter.
La capitana
"En una ocasión llegó una soldadera que había conocido en Puebla; le decían "La Capitana"; llegó ya
siendo una anciana y tocó a las puertas del general Coss, allá en Ramos Arizpe. El General estaba ya
acostado, con una embolia. Tenía a un soldado de guardia y le dice: `Oiga General, viene una viejecita
que dice que fue soldadera en Puebla, ¿la dejamos pasar?, platica Francisco. Fue entonces que Coss se
levantó y preguntó cómo se llamaba la mencionada mujer, y su soldado le reveló un nombre, al que de
inmediato el General exclamó: "¡Ah! ¡Es `La Capitana'! Déjenla pasar", agrega su nieto, quien continuó:
¿A qué viene?, le preguntó a `La Capitana', y ella le contestó: `A morir aquí, mi General'. `Pásele,
pásele', le dijo Coss. La dejó quedarse meses en un cuarto de su casa, donde finalmente murió".
Y es que Coss era de cuna humilde. Oriundo de Ramos Arizpe, nació el 15 de agosto de 1880; desde
muy joven trabajó, primero en el campo, luego en las minas.
En Las Vacas, Coahuila, lo envolvió el torbellino magonista, allá por 1906, pero al fracasar la rebelión
fue perseguido y tuvo que exiliarse a Estados Unidos.
"Me comentan mis hermanos mayores que pasó a Estados Unidos por Ciudad Juárez, en una carreta, y
gracias a la persona que estaba ahí en la fonda no lo mataron, porque le preguntaron `¿Quién es ese
hombre que va ahí?'; `es un campesino que va todo moribundo', y lo dejaron pasar. Eran los federales
los que estaban guarneciendo esa frontera", cuenta Francisco, su nieto.
Cuando regresaba a México, el General se volvió a topar con aquella mujer que le salvó la vida, de la
que sólo recordaba le decían "La Tigrilla"; entonces le agradeció diciéndoles que él era aquel hombre
que pasó en la carreta anteriormente, a lo que la mujer le contestó: "Ya lo sabía, mi General".
En ese entonces era el año de 1910, y tras el levantamiento maderista se unió a la Revolución,
alcanzando el grado de Teniente Coronel y obteniendo la jefatura del grupo de nuevos rurales al llegar
Francisco I. Madero a la Presidencia de México. Ya siendo General permaneció fiel al carrancismo,
hasta que don Venustiano, siendo presidente, lo designó Gobernador provisional de Puebla, Morelos y
Tlaxcala.
Vender para vivir
Una sola desavenencia tuvo Coss con el jefe constitucionalista, cuando éste último apoyó la
candidatura de Gustavo Espinoza Mireles para Gobernador de Coahuila, mientras que el general Coss
postulaba a Luis Gutiérrez, hermano de don Eulalio. Sin embargo, no logró su cometido y prefirió
volver al exilio.
Fue entonces que Carranza fue asesinado y sus seguidores perseguidos, entre ellos Francisco Coss, que
tres años después se volvió a aventurar en la rebelión delahuertista contra Obregón, pero fracasó y
entonces decidió volverse a exiliar, ahora sí por casi 20 años.
Primero vivió cinco años en San Antonio, luego se fue a Corpus Christi, ahí se puso a vender barbacoa y
chorizo para mantener a su familia, y cuando hizo amistades, éstas le decían: `¿Onde va General?, si
aquí está muy bien; sus hijos pueden andar en el lago entre los patos', y él les dijo; `Es que yo quiero
amanecer en mi patria, en México", expresa el entrevistado.
Y ese amanecer llegó en 1942, cuando regresó trayendo consigo un camión internacional lleno de
chivas y gallinas, y se estableció en la llamada La Casita, su hogar en Ramos Arizpe, donde se hizo de
algunas tierras y comenzó de nuevo, como campesino, a cosechar frijol, maíz y trigo.
"Murió con su pensión de revolucionario, sin riquezas; su única riqueza era la gente que lo visitaba: ex
gobernadores, ex senadores, diputados; toda la gente quería disfrutar de viva voz aquellas hazañas,
pues las contaba como las vivió, sin ningún tinte político ni interés material", concluye su nieto. El
general Francisco Coss falleció en Saltillo en el año de 1961.
Descargar